Ortodoxia y Romanocatolicismo (el papismo) principales diferencias

 

Repasada traducción 10/01/2025

Ortodoxia y Romanocatolicismo (el papismo) principales diferencias.

+Archimandrita Gheorgios Kapsanis del monasterio San Gregorio de Athos

 

a) El Estado del Vaticano

b) El Filioque

c) La Creada Gracia

d) Primacía de autoridad e infalibilidad

 

Después de la entronización del nuevo Papa, Benedicto XVI, en la sede de Roma, se anunció la reanudación del diálogo teológico entre ortodoxos y romano-católicos, que había sido interrumpido en julio de 2000 debido al problema de la Unía. Se han realizado diversas estimaciones sobre la postura que adoptará el nuevo Pontífice respecto a los serios problemas teológicos que existen y dificultan la apocatástasis (restauración) de la unidad eclesiástica.

Independientemente de estas estimaciones, los ortodoxos entendemos la restauración de la unidad eclesiástica como el regreso de los romanocatólicos a la «fe ortodoxa entregada una vez para siempre a los santos», de la cual se desviaron con los dogmas heréticos como el primado de autoridad papal, su infalibilidad, el Filioque, la gracia creada y otros.

Para que se conciencie y se comprenda qué esperamos del diálogo, que parece que se reanudará, publicamos con algunas modificaciones una homilía que pronunciamos en 1998, sobre las diferencias fundamentales entre la Iglesia Ortodoxa y el Romanocatolicismo o Papismo. Esta homilía fue presentada en una ciudad provincial por invitación del obispo local, debido a que se habían producido casos de proselitismo contra los ortodoxos por parte de los papistas romanos*.

(*) Véase la revista MARTYRIA, de la Santa Metrópolis de Kidonias y Apokoronou, número 192, enero-febrero de 1998, Janiá, Creta.

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Una de las características de nuestra época pluralista es el esfuerzo por acercar a los diferentes pueblos y culturas. En esta dirección, representantes de diversas confesiones cristianas o religiones se reúnen periódicamente para llevar a cabo diálogos oficiales o no oficiales. Para que estos diálogos sean posibles, inicialmente se busca encontrar algunos puntos comunes entre las partes dialogantes. Por ello, en esta coyuntura histórica, quizás parezca paradójico enumerar las diferencias entre nuestra santa fe Ortodoxa y el romanocatolicismo o papismo.

Sin embargo, un ecumenismo superficial y frívolo, que ignora las diferencias, aleja en lugar de acercar la unidad. Sobre este ecumenismo superficial y frívolo, escribe el padre Dimitrios Staniloae:
«Surge constantemente, del gran deseo de unidad, un entusiasmo fácil y simplón que cree que puede, con su calor emocional, disolver la realidad y rehacerla sin dificultad. También se genera una mentalidad conciliadora y diplomática de compromiso, que piensa que puede reconciliar posiciones dogmáticas, doctrinales o situaciones generales que mantienen las iglesias separadas, mediante concesiones mutuas. Estos dos enfoques, que abordan —o ignoran— la realidad, revelan cierta elasticidad o relativización del valor otorgado a ciertos artículos de fe de las iglesias. Esta relativización refleja quizás la baja importancia que ciertos grupos cristianos —en su conjunto o en ciertos círculos— asignan a estos artículos de fe. Por eso, proponen sobre ellos, por entusiasmo o por mentalidad diplomática, transacciones y compromisos, precisamente porque no tienen nada que perder con lo que proponen. Sin embargo, tales compromisos o conciliaciones presentan un gran peligro para las Iglesias donde estos artículos correspondientes tienen una importancia primordial. Para estas Iglesias, tales propuestas de transacción y compromiso equivalen a ataques descarados» [1]. (1. Dimitru Staniloae, Para un Ecumenismo Ortodoxo, ediciones Athos, Pireo 1976).

Existe otra razón por la que debemos conocer las diferencias. Es necesario mantener en estado de alerta la conciencia dogmática de los Ortodoxos.

Vivimos en una época de confusión, sincretismo intercristiano e interreligioso, y promoción de la llamada «Nueva Era». La tripulación o pueblo fiel de nuestra Iglesia Ortodoxa se ve afectado. Recientemente, un profesor de la Universidad de Atenas escribió que podría encender una vela frente al icono de la Παναγία Panaghía Santísima, así como frente a la estatua de una de las diosas del hinduismo.

Es un deber pastoral imperativo de los pastores de nuestra Iglesia confesar la Fe Ortodoxa sin compromisos, sin conciliación alguna cuando dialogan con los heterodoxos, pero también enseñarla al pueblo ortodoxo, especialmente donde esta se confunde debido a la ignorancia de las diferencias con otros dogmas y religiones. Aún más, es necesario enseñarla y mostrar las diferencias en áreas donde se ejerce proselitismo directa o indirectamente. El consejo del gran Apóstol Pablo a los obispos y presbíteros de la Iglesia sigue resonando también hoy: “Cuidad de vosotros, cómo vivís y cómo enseñáis. Cuidad de todo el rebaño espiritual, del que el Espíritu Santo os ha constituido como guardianes para apacentar la Iglesia del Señor y Dios, que el mismo Señor ha adquirido con su propia sangre” (Hechos 20,28). Examinemos las diferencias más importantes

 

a) El Estado del Vaticano
El Vaticano es un centro, un palacio con un mecanismo administrativo- sistema de la Iglesia Romanocatólica-Papista y del estado Papal. El Papa es tanto el líder de la iglesia Romanocatólica como el jefe de Estado del Vaticano, que cuenta de ministros, economía, y aunque en el pasado tuvo ejército, hoy tiene policía, diplomacia y otros elementos propios de un Estado.

Sabemos que en el pasado los Papas llevaron a cabo muchas guerras sangrientas y prolongadas, especialmente durante la «lucha por las investiduras», que comenzó con el Papa Gregorio VII en 1075 y duró 200 años. El objetivo de estas guerras era garantizar y expandir el territorio del Estado del Vaticano. Incluso hoy, a pesar de su reducido tamaño territorial, el Vaticano interviene activamente y promueve soluciones que benefician sus intereses, perjudicando a otros pueblos, especialmente a los Ortodoxos, como ocurrió recientemente en la guerra entre croatas y musulmanes contra los Serbios Ortodoxos.

En los distintos países, el Papa está representado por el nuncio, quien actúa como sus ojos y oídos. En Atenas, además, están presentes el arzobispo latino, el obispo uniata y el nuncio, tres representantes del Papa. Estas pretensiones papales y cesaristas (papocesáricas) quedan ejemplificadas en las palabras del Papa Inocencio III (1198-1216), el más destacado de los Papas medievales, quien en su discurso de entronización declaró:
«El que tiene la novia es el novio. Pero esta novia (la Iglesia) no llegó ni se casó con las manos vacías, sino que me ofreció como dote incomparablemente preciosa la plenitud de los bienes espirituales y la amplitud de los bienes mundanos, la grandeza y la abundancia de ambos… Como símbolo de los bienes terrenales, me otorgó la tiara; la mitra, para el sacerdocio; y la corona, para la realeza, haciéndome representante de Aquel cuya vestidura y muslo llevan escrito: Rey de reyes y Señor de señores». (Migne, PL217, 665 AB. Y Archimandrita Bilalis, Ortodoxia y Papismo, pág. 155, Atenas).

Según la tradición occidental, el emperador debía sostener las riendas y el estribo del caballo papal durante los encuentros oficiales, demostrando así su sumisión al Papa.

La coexistencia de poder eclesiástico y político en la misma persona es inaceptable según las enseñanzas de nuestro Señor y los santos Apóstoles. Es bien conocida la frase de Señor: «Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios» (Marc 12,17). El santo Nicodemo el Atonita califica esta fusión como «una mezcla inadecuada y un monstruo aberrante» (Pidalion, pág.109). Esta confusión entre los dos poderes, el espiritual y el secular o mundano, entre los dos reinos, el celestial y el terrenal, es un signo alarmante de la secularización o mundanización de la Iglesia. En tales condiciones, la Iglesia sucumbe a la segunda tentación del diablo hacia Cristo, cuando le pidió que lo adorara a cambio del dominio sobre todos los reinos del mundo. A esto, el Señor respondió: «Adorarás al Señor tu Dios, y a Él solo servirás» (Mat 4´10). Recordemos al Gran Inquisidor de Dostoievski.

Esta mezcla aberrante afecta negativamente y seculariza toda la institución de la Iglesia.

Esta diferencia nuestra con el Vaticano es significativa y se tiene que discutir en el diálogo en curso y en cualquier diálogo. ¿Cómo puede la Santa Iglesia Ortodoxa unirse con una iglesia que también es un Estado?

Cabe señalar aquí que una cosa es el poder del estado y la otra, por economía, la toma provisional de una misión de etnarca por parte de la Iglesia, que se ha hecho en ciertos momentos históricos difíciles para consolar y sostener a sus miembros bajo opresión. En épocas de esclavitud y opresión, la Iglesia a menudo asignaba al Patriarca y a los obispos funciones de Etnarca. Sin embargo, el rol o misión del etnarca es completamente diferente al de un primer ministro o presidente, quienes ejercen el poder estatal. El etnarca es un protector del pueblo Ortodoxo perseguido y torturado. Es ampliamente conocido el papel significativo que desempeñaron los Patriarcas Ecuménicos como etnarcas, no solo de los ortodoxos helenos-griegos, sino de todos los pueblos ortodoxos durante la época de la dominación turca. Muchos de ellos pagaron con su sangre este rol, como el santo Gregorio V, que fue torturado y ejecutado por los turcos.

Ahora pasemos a las otras diferencias teológicas.

 

b) El Filioque
Se trata de la conocida adición «y del Hijo» al artículo del Símbolo de la Fe o Credo sobre el Espíritu Santo. Según esta enseñanza, el Espíritu Santo procede no solo del Padre, como dijo el Señor en el Santo Evangelio, sino también del Hijo. Esta herejía fue condenada por primera vez por el gran Focio y posteriormente por numerosos santos Padres, como San Gregorio Palamás, San Marcos de Éfeso y otros, estigmatizaron con invencibles e irrefutables argumentos esta adición herética del papismo.

Escribe el gran santo Focio: «El Señor y nuestro Dios dice: ‘El Espíritu, que procede del Padre’; pero los padres de esta nueva impiedad y estafa dicen: ‘El Espíritu, que procede del Hijo’. ¿Quién no cerrará los oídos ante semejante exceso de blasfemia? Esto se opone a los Evangelios, contradice a los santos Sínodos Ecuménicos, borra a los bienaventurados y santos Padres: el gran Atanasio, el renombrado Gregorio el Teólogo, la prenda real de la Iglesia san Basilio el Grande, y la boca dorada de la ecúmene y el océano de sabiduría el verdadero Crisóstomo (Boca de oro). ¿Y qué digo de uno u otro? Esta voz blasfema y teomáquica (enemiga guerrera contra Dios) se enfrenta a todos los santos profetas, apóstoles, jerarcas, mártires, e incluso a los logos mismos del Señor» (Epístola de San Fotios 1,13,16, PG 102, 728D, 729A).

Según la enseñanza de los santos Padres, esta adición es antievangélica. El Señor dice explícitamente que el Espíritu Santo procede del Padre. El Filioque (el hijito maldito, dicen los Padres) afecta al mismo misterio Trinitario, ya que introduce una diarquía (dualidad de dos principios) en la Santa Trinidad y racionaliza el Misterio que trasciende la razón o racionalismo, es decir, intenta abordarlo racionalmente y no a través de la fe.

Son característicos los logos de Vl. Lossky al respecto: «Si en el primer caso (el del Filioque) la fe busca la comprensión para trasladar la apocálipsis-revelación al ámbito de la filosofía, en el segundo caso (en la Triadología Ortodoxa) la comprensión busca las realidades de la fe, para metamorfosearse, (transformarse), entregándose más profundamente en los misterios de la apocálipsis-revelación. Dado que el dogma de la Trinidad representa la esencia de todo pensamiento y concepto teológico, al surgir del ámbito que los Padres helenos-griegos llamaron “la teología por excelencia”, se entiende que cualquier diferencia sobre este punto esencial, por muy insignificante que pueda parecer a primera vista, tiene una importancia tan decisiva». Se trata de «un antropomorfismo filosófico, que no tiene nada en común con el antropomorfismo teofánico de la Biblia». «A través del dogma del Filioque, el Dios de los filósofos y de los científicos es introducido en el seno del Dios vivo, ocupando el lugar del Deus absconditus, quien “puso las tinieblas por escondite suyo”. La esencia desconocida del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo recibe atributos positivos. Se convierte en objeto de una teología natural: es un “Dios general” que podría ser igualmente el Dios de Descartes o de Leibniz, e incluso, quién sabe, quizás hasta cierto punto el Dios de Voltaire y de los descristianizados deístas del siglo XVIII». ((Vl. Loski, en ”Como icona-imagen y semejanza de Dios” pág. 72,78,80).

Asimismo, Su Santidad el Patriarca Ecuménico, hablando en la Universidad de Tesalónica el 1 de octubre de 1997, señaló la particular importancia de las implicaciones del Filioque en la Eclesiología.

Esto es especialmente relevante porque algunos ortodoxos y heterodoxos sostienen que Oriente y Occidente expresaban de manera diferente la misma tradición apostólica, afirmando que esta sería la tradición fotiana. Solo mediante una grave tergiversación de la historia pueden formularse tales opiniones, y menos aún atribuirlas al gran Focio, el confesor por excelencia de la Ortodoxia, quien refutó con firmeza la kakodoxía y herejía del Filioque.

 

c) La Gracia creada

Cuando en el siglo XIV el monje occidental Barlaam llegó a Bizancio predicando que la Χάρις (Jaris: Gracia, energía increada) de Dios era creada (es decir, creación), los Ortodoxos, a través de san Gregorio Palamás, demostraron y confesaron que la divina Χάρις (Jaris: gracia) es increada. Esta diferencia también es de gran importancia.

Si la divina Χάρις Jaris es creada, no puede divinizar al hombre. El propósito de la vida en Cristo, si la Gracia divina es creada, no puede ser la θέωσις* (zéosis: divinización, glorificación), sino una mejora moral. Por esta razón, los occidentales no hablan de la θέωσις zéosis* como el objetivo de la vida humana, sino de un mejoramiento y perfección moral: que debemos convertirnos en mejores personas, pero no en dioses por la Χάρις Jaris increada. En consecuencia, la Iglesia no puede ser una κοινωνία (kinonía: conexión, participación, comunión y unión) de θέωσις zéosis*, sino una institución que proporciona a las personas la justificación de una manera legalista y jurídica, a través de la gracia creada. En última instancia, esto destruye la misma verdad de la Iglesia como realidad de una κοινωνία kinonía divino-humana. (ver https://logosortodoxo.es/la-zeosis/)

En este contexto, los Misterios (Sacramentos) de la Iglesia no se ven como signos de la presencia de Dios en la Iglesia y de la κοινωνία kinonía con la Χάρις Jaris increada de Dios, sino como si fueran «grifos» que la Iglesia abre para que fluya una gracia creada, de la cual las personas esperan beneficiarse y justificarse jurídicamente. Así, los Misterios se entienden y se consideran de manera legalista y no eclesiológica. Asimismo, la ἄσκησις (áskisis, ascesis, práctica espiritual) ortodoxa se reduce a un ejercicio moral, humanista. El cristiano luchador no puede recibir la experiencia de la Χάρις (Jaris: Gracia, energía) increada. No contempla la Luz increada de la Metamorfosis del Tabor. Por lo tanto, según san Gregorio Palamás, queda aparáclitos (desconsolado, sin consuelo) ni agapi-amor del Divino Resplandor. No participa de la δόξα (doxa: gloria, luz increada), la luminosidad y el reinado de la Realeza increada del Dios Trino. Así, la teología, sin la experiencia de la Luz increada, se vuelve escolástica e intelectual. El hombre permanece encerrado en la oscura prisión de este mundo presente, sin apertura ni anticipo y presabor de la Realeza increada venidera.

Nuestra Iglesia Ortodoxa, en los grandes Sínodos (Concilios) del siglo XIV, confirmó la enseñanza sobre el discernimiento entre οὐσία (usía, esencia, sustancia) y ἐνέργεια (energía) de Dios, y sobre las Energías increadas y la Luz increada, haciéndola su teología. Proclamó a san Gregorio Palamás como didáscalos gran maestro inconfundible e iluminador de la Iglesia, y anatematizó a quienes no aceptaran esta enseñanza. Hasta hoy, los papistas no han aceptado esta enseñanza, y muchos de ellos combaten a san Gregorio Palamás.

Esta es otra diferencia importante, que no ha sido discutida en el diálogo teológico y que es necesario abordar. Porque, si en algún momento llegara la unión, ¿podríamos nosotros creer en una Χάρις Jaris increada mientras ellos creen en una creada? Recordemos aquí las palabras de san Gregorio el Teólogo a los Pnevmatomajos (guerreantes contra el espíritu): «Si el Espíritu Santo no es Dios, que primero se convierta en Dios, y luego que me divinice junto con el Dios igual en honor.» (si el Espíritu santo es creado entonces el hombre como creado también es igual que el santo Espíritu). (San Gregorio el Teólogo. Para los que llegaron de Egipto, 1985, tomo 2º pág.142).

La fe inquebrantable de la Iglesia Ortodoxa es que la divina Χάρις Jaris increada es una energía increada del Dios Trinitario, y es contemplada mística e inefablemente por los perfectos y santos como Luz increada, como Luz del Tabor. Esta es la experiencia de la Iglesia, vivida por los santos a lo largo de los siglos.

Según san Marcos de Éfeso, el Amable: «Nosotros afirmamos, según los Padres, que tanto la voluntad como la energía de la naturaleza divina son increadas; mientras que ellos los latinizantes (los de espíritu francolatino), siguiendo a los latinos y a Tomás de Aquino, dicen que la voluntad es idéntica a la esencia, y que la energía divina es creada, ya sea que se le llame deidad o divinidad, luz inmaterial divina y santa, Espíritu Santo, o cualquier otra cosa similar. Así, proclaman como criaturas malvadas una divinidad creada, una luz divina creada y un Espíritu Santo creado» [13: San Marco de Efeso. Epístola hacia todos los Ortodoxos Cristianos que están en toda la tierra y las islas,. 14: En Juan Karmiris los monumentos Dogmáticos y simbólicos de la Iglesia Ortodoxa Católica. Atenas 1960, tomo 1º pág.428]

Experiencias, ejemplos y testimonios personales de santos yérontas (stárets) contemporáneos, como los venerables padres Sofronio y Paísios, confirman esta verdad. El venerable yérontas Sofronio Sajarov, monje del Monte Athos y fundador del Monasterio Patriarcal de san Juan Bautista en Essex, Inglaterra, expresó su experiencia de la Luz increada en los importantes libros que escribió y dejó como legado de amor. [S. Sofronio: “Contemplamos a Dios tal como es”. San Siluan el Athonita: “Sobre la oración etc.”].

 

d) Primacía de autoridad e infalibilidad

Con la doctrina del Filioque, sobre la “procedencia del Espíritu Santo también del Hijo”, se introduce una diarquía (dos principios) en la Santa Trinidad, lo cual constituye una especie de διθεΐα (dizeía: doble deidad, dos dioses, diteísmo) y subestima al Espíritu Santo (San Fotios). Este desprecio del Santo Espíritu generó un vacío importante en la Iglesia, que debía ser llenado por alguien. Ese «alguien» resultó ser un hombre: el Papa. Así, la infalibilidad que, en la Iglesia, procede del Espíritu Santo fue transferida a un hombre «infalible» y gobernante absoluto de toda la Iglesia.

Para ser justos con la iglesia Romanocatólica, citamos a continuación un pasaje significativo de la “Constitución Dogmática sobre la Iglesia”, uno de los documentos que contiene las decisiones del Concilio Vaticano II, considerado por los romanocatólicos como el vigésimo concilio ecuménico [17]:

“Pero el colegio, asociación o cuerpo de los obispos no tiene autoridad si no se encuentra en comunión con el Obispo de Roma, sucesor de Pedro y Cabeza del Colegio, ya que permanece íntegra la autoridad del Primado sobre todos los pastores y fieles. De hecho, el Obispo de Roma, en virtud de su oficio como vicario de Cristo y pastor de toda la Iglesia, posee autoridad plena, suprema y universal dentro de la Iglesia, la cual puede ejercer siempre libremente… El Obispo de Roma, como sucesor de Pedro, es el principio perpetuo y visible y el fundamento de la unidad, tanto de los obispos como del conjunto de los fieles” [II Sínodo Vaticano, Lumen Gentium].

17] Los católicos romanos, como es sabido, no se quedaron en el VII Concilio Ecuménico, sino que convocaron otros trece. Estos concilios, hoy en día, son para ellos un gran obstáculo, porque, aunque desearían superar el escolasticismo y el espíritu legalista, no pueden hacerlo, ya que están atados por las decisiones de esos concilios. A esta conclusión llega el estudioso del «Catecismo de la Iglesia Católica», que es el último catecismo oficial tras el Concilio Vaticano II y refleja su espíritu.]

Además, citamos fragmentos relevantes del Catecismo de la iglesia Romanocatólica:

“La única Iglesia de Cristo… es aquella cuya dirección y pastoreo confió nuestro Salvador, después de su Resurrección, al Apóstol Pedro (ver Jn 21,17), encomendando a él y a los demás apóstoles su propagación y gobierno… Esta Iglesia, constituida y organizada como comunidad en el mundo, subsiste en la Iglesia Católica, gobernada por el sucesor del Apóstol Pedro y por los obispos que están en comunión con él”.

“El colegio de los obispos ejerce su autoridad sobre toda la Iglesia de manera solemne en un concilio ecuménico. No puede haber concilio ecuménico si no es confirmado o al menos aceptado por el sucesor de Pedro”.

“Esta infalibilidad la posee el Obispo de Roma, cabeza del colegio episcopal, por virtud de su oficio, cuando, como pastor y maestro supremo de todos los fieles, que confirma en la fe a sus hermanos, proclama mediante un acto definitivo una doctrina sobre la fe o la moral…”.

“[…] Para la ordenación legítima de un obispo, hoy se requiere el permiso especial del Obispo de Roma, debido a su papel como vínculo supremo y visible de la comunión entre las Iglesias locales dentro de la Iglesia única y garantía de su libertad” (Catequesis de la Iglesia Romanocatólica, Vaticano. Ediciones Cactos, Atenas 1994, pág. 271, 293, 295, 488)..

Cabe señalar que el Papa, en documentos oficiales, no firma como Obispo de Roma, sino como Obispo de la Iglesia Católica o simplemente con su nombre, por ejemplo, Juan Pablo II. Esto refleja la percepción de sí mismo como un Superobispo o Obispo de los Obispos.

El dogma de la infalibilidad fue particularmente enfatizado y reconocido durante el concilio Vaticano II:

“Esta sumisión religiosa de la voluntad y del entendimiento debe mostrarse de manera especial al magisterio auténtico del Pontífice Romano, incluso cuando no habla ex cathedra” [24].

Esto indica que la infalibilidad se extiende a todas las decisiones del Papa. Es decir, mientras que en el concilio Vaticano I solo las declaraciones solemnes, pronunciadas ex cathedra y con el uso del término “definimos”, eran consideradas infalibles; el Vaticano II declaró que el Papa es infalible no solo en sus pronunciamientos solemnes, sino siempre que se pronuncia. Además, según lo anterior, el concilio ecuménico se convierte en una pandilla (de carcas, trileros), en un cuerpo asesor del Papa. En la iglesia Romanocatólica, la infalibilidad no pertenece al concilio ecuménico, sino al Papa.

Pero, ¿quién declaró infalible al Papa? ¿El concilio falible?

De esta manera, la primacía sinódica o el principio sinodal, transmitido por los santos Apóstoles, es sustituido por el principio, autoridad y poder papocéntrico. El Papa «infalible» se convierte en el centro y fuente de unidad de la Iglesia, lo que implica que la Iglesia necesita a un hombre para mantenerse unida. Esto margina y degrada la posición de Cristo y del Espíritu Santo. Además, con la transferencia de la infalibilidad del Espíritu Santo al Papa, se restringe la perspectiva escatológica de la Iglesia en la historia y se convierte en una institución mundana; (gobernada por leyes mundanas, chico bueno, chico malo, eres bueno Dios te quiere, eres malo no te quiere y te castiga, eres malo y tienes dinero, pagas al banco del Vaticano y te salvas; en definitiva, un Dios cambiable cosido a la imagen y semejanza del papa, como las leyes mundanas de comercio, derecho, política y tribunal).

Los ortodoxos, con profunda tristeza y, a veces, con santa indignación, leemos estas decisiones. Las consideramos una blasfemia contra el Espíritu Santo. Por ello comprendemos las palabras severas, pero también filantrópicas del venerable padre Justin Popović:

“En la historia de la humanidad hay principalmente tres caídas: la de Adán, la de Judas y la del Papa” [Arch. Justino Pópovits, Ortodoxa Iglesia y Ecumenismo, pág. 212].

Un lenguaje similar al de Justin Popović ha sido usado por la Iglesia Ortodoxa a lo largo de los siglos. Frente a las pretensiones papales de primacía de autoridad e infalibilidad, los ortodoxos siempre han resistido y defendido la Eclesiología Ortodoxa.

Según Mitrofanis Kritópulos, Patriarca de Alejandría: “Jamás se oyó que un hombre mortal y culpable de innumerables pecados sea llamado cabeza de la Iglesia. Porque ese hombre es sujeto a la muerte. Mientras otro sea elegido en su lugar, la Iglesia necesariamente quedará descabezada durante ese tiempo. Pero, así como un cuerpo no puede mantenerse ni siquiera por un instante sin cabeza, de igual manera es imposible que la Iglesia permanezca sin su Cabeza adecuada, ni siquiera por un breve período. Por lo tanto, la Iglesia necesita una Cabeza inmortal para que siempre esté viva y activa, como su Cabeza… Y esta Cabeza de la Iglesia Católica Ortodoxa es nuestro Señor Jesús Cristo, quien es la cabeza de todo, de quien todo el cuerpo está ensamblado y acoplado…” [26 Ioannis Karmiris, Monumentos dogmáticos y simbólicos]

Según Dositeo de Jerusalén, en su conocida “Confesión” durante la época de la ocupación otomana (1672): “De la Iglesia Católica (refiriéndose a la Iglesia Ortodoxa), dado que ningún hombre mortal puede ser cabeza universal e inmortal, es nuestro Señor Jesús Cristo quien es la Cabeza y quien lleva el timón en el gobierno de la Iglesia, dirigiéndola a través de los santos Padres” [27Ibíd., pag 752]

En 1895, el Sínodo del Patriarcado Ecuménico, bajo el Patriarca Anzimos VII, emitió una encíclica de gran importancia dirigida al clero sagrado y al piadoso pueblo del Trono Patriarcal de Constantinopla, en respuesta a una carta encíclica del Papa León XIII. En dicha carta, el Papa se dirigía a los gobernantes, los pueblos del mundo y a la Iglesia Ortodoxa, invitándolos a unirse a la iglesia papista tras reconocer la infalibilidad, el primado de autoridad y el poder universal del Papa sobre toda la Iglesia. A continuación, presentamos un extracto:

«La Iglesia Ortodoxa Oriental y Católica de Cristo no reconoce a nadie más infalible en la tierra, aparte del Hijo y Logos de Dios que se encarnó inefablemente. Incluso el apóstol Pedro, de quien el Papa pretende ser sucesor, negó tres veces al Señor y fue reprendido dos veces por el apóstol Pablo por no actuar ortodoxamente conforme a la verdad del Evangelio» [28 Ibic. Pag 941]. Mientras que la Iglesia Ortodoxa Católica conserva la fe evangélica sin adulterar, «la iglesia papista romana actual es la iglesia de las innovaciones, de la corrupción y falsificación de los escritos de los Padres de la Iglesia y de la interpretación errónea de la Sagrada Escritura y de los cánones de los santos Sínodos (Concilios). Por esta razón, con justicia ha sido rechazada y sigue siendo rechazada mientras persista en su error y posición engañosa. Porque “mejor es una guerra digna de alabanza que una paz que separa de Dios”, dice el divino Gregorio el Nanciano» [29 Ibíd. Pag 942].

En éste punto me gustaría contestar sobre posibles objeciones.

Últimamente, el Papa y algunos teólogos católicos romanos han hablado ocasionalmente con elogios hacia nuestra Iglesia Ortodoxa y han hecho algunas manifestaciones filo-ortodoxas (amistosas). ¿Ha cambiado algo que justifique también un cambio de actitud por parte de nosotros, los ortodoxos, hacia el Papismo?

En efecto, existen algunas personas católicas romanas que expresan con sinceridad posiciones filo-ortodoxas. Sin embargo, la política oficial del Vaticano es diferente. El Vaticano emplea doble cara, un doble discurso y lenguaje. Cuando se dirige a nosotros, utiliza expresiones de amor, pero en otras ocasiones, especialmente cuando se dirige a los católicos romanos, adopta las conocidas y duras posturas tradicionales.

También debemos recordar que no todas las declaraciones filo-ortodoxas se refieren necesariamente a la Iglesia católica Ortodoxa, sino que a menudo se refieren a la Iglesia Oriental en general, que para muchos católicos romanos se identifica con las comunidades uniatas.

Citamos el texto del fallecido profesor de Nuevo Testamento de la Facultad de Teología de la Universidad de Atenas, Ioannis Panagópulos, quien no puede ser considerado anti-ecumenista, comentando la encíclica con el tema de la unión de las Iglesias, que dirigió el Papa Juan Pablo II del 25 de mayo de 1995 hacia los romanocatólicos y sobre todos los cristianos, se refiere:

«[…] A la Iglesia Ortodoxa, la encíclica dedica especialmente varias secciones (50-61). Mientras que respecto a otras comunidades cristianas acepta que conservan ciertos elementos genuinos de la verdad y santidad cristiana (10-13), por el contrario, la Iglesia Ortodoxa es reconocida como una Iglesia hermana, el otro “pulmón” del cuerpo de Cristo (54), que, sin embargo, permanece separada de la Iglesia Católica Romana. También se reconocen claramente la sucesión apostólica y los Misterios (sacramentos) de la Iglesia Ortodoxa, y se honra sinceramente Su riqueza espiritual y litúrgica. Sin embargo, a pesar de esta concesión, se insinúa claramente que la Iglesia Ortodoxa tampoco posee la plena verdad cristiana, al igual que las denominaciones protestantes, mientras no entre en comunión con la Sede Romana. La Iglesia Católica Romana desea aparecer nuevamente como la fuente, la última y única autoridad o autenticidad y juez de la eclesialidad (eclesiología) de todas las comunidades cristianas. […] La encíclica reafirma con intransigencia y rigidez las declaraciones del Decreto sobre Ecumenismo del Concilio Vaticano II. Su principio fundamental es: “La comunión de todas las Iglesias locales con la Iglesia de Roma es una condición necesaria para la unidad”. El primado del obispo de Roma se basa en la voluntad de Dios y se entiende como supervisión (“episkopé”) sobre la unidad eclesiástica, la transmisión de la fe, la liturgia sacramental, la misión, el orden canónico y la vida cristiana en general. Solo la comunión con los sucesores de Pedro garantiza la plenitud de la única, santa, católica y apostólica Iglesia. Cualquier discusión sobre la unidad eclesiástica presupone la aceptación incondicional del primado papal, que Dios estableció “como el principio perpetuo y visible y el fundamento de la unidad”. […]

Los fieles ortodoxos debemos expresar nuestra total decepción con esta nueva encíclica del Papa. Porque esta visión tradicional romano-católica sobre la Iglesia y la unidad ha sido, desde el siglo V, la piedra de tropiezo, y a pesar de 1500 años de discusiones teológicas, no hemos alcanzado ningún resultado positivo, ni lo alcanzaremos mientras la Iglesia Católica Romana insista intransigentemente en la reivindicación del primado papal. […] Es, por tanto, una ingenuidad imperdonable afirmar que la nueva encíclica papal deja abierto el tema del primado. La única “novedad” al respecto es su presentación a otros, exigiendo diplomáticamente de todos “un auténtico heroísmo” y “sacrificio por la unidad”» [30 Ioannis Panagopoulos, El Vaticano y la Unión de las Iglesias Cristianas, periódico Kathimerini, domingo 30 de julio de 1995].

Esta postura del Vaticano y especialmente la actividad heterodoxa de la Unía, obligó al Patriarcado Ecuménico a suspender el diálogo con los romanocatólicos. Además, recientemente, el Patriarca Ecuménico declaró a periodistas austriacos que las Iglesias Ortodoxas no aceptaron el acuerdo de Balamand, excepto la Iglesia de Rumanía.

Entre ambas Iglesias existen otras diferencias, como la enseñanza sobre el purgatorio y la enseñanza sobre nuestra Panaghía (Todasanta, la más Santa), que llaman mariología. Proclamando como dogma la Inmaculada Concepción de la Virgen María implica separarla del género humano, lo que tiene consecuencias soteriológicas para la humanidad; si la Virgen tuvo una naturaleza diferente, entonces Cristo, al asumir la naturaleza humana de Ella, divinizó y glorificó otra naturaleza y no la común de todos los hombres.

Todas estas diferencias comparten un denominador común: el antropocentrismo o humanocentrismo. Este genera el espíritu legalista y jurídico del catolicismo romano, evidente en su Derecho Canónico y en muchas instituciones de la Iglesia Occidental.

Un ejemplo que ilustra esto es el enfoque del misterio (sacramento) de la Confesión. En el papismo, el confesor y el penitente se colocan en dos compartimentos o locutorios separados, sin verse, y allí se realiza un tipo de “juicio”, donde el penitente enumera sus pecados y recibe la penitencia establecida por las normas canónicas de la iglesia romanocatólica.

En la Iglesia Ortodoxa, este sacramento se entiende de manera completamente diferente: existe una relación personal directa entre el confesor (pnevmaticós-guía espiritual) y el penitente, donde el confesor actúa como padre espiritual, y el penitente como su hijo, abriendo su corazón, compartiendo su dolor y pecados, y recibiendo la adecuada terapia “psicoterapia” espiritual. (Por el traductor: El Misterio de la Metania Ortodoxa es la auténtica psicoterapia, y su psicofármaco es la increada energía Jaris de Jristós-Cristo, el médico de nuestras psiques-alma y cuerpos, como dice la Divina Liturgia).

El antropocentrismo de la iglesia Romanocatólica también se refleja en sus constantes innovaciones. Por el contrario, la Iglesia Ortodoxa permanece inmutable, sin añadir nada a lo enseñado por nuestro Señor y los santos Apóstoles. Es la Iglesia por excelencia evangélica y apostólica, como se manifiesta en su vida y en sus instituciones, que son completamente evangélicas y apostólicas.

Todo lo ortodoxo es θεανθρωπωκεντρικό (zeanzropozentrikó: divino-humano-céntrico). Por el contrario, todo lo occidental, ya sea papista o protestante, ha recibido en mayor o menor medida la influencia del antropocentrismo o humanocentrismo. Por eso, el teólogo y filósofo ruso Komiakov afirmaba que el papismo y el protestantismo son dos caras opuestas de la misma moneda.

Asimismo, san Nectario escribía comparando la iglesia Occidental con el protestantismo:

«La única diferencia entre estos dos sistemas es la siguiente: en la iglesia Occidental, un átomo o individuo, es decir, el Papa, concentra a su alrededor a muchas personas mudas y carentes de libertad (esclavos), que siempre se conforman con los principios y las opiniones del individuo que ocupa la cátedra. En el protestantismo, la iglesia se concentra en torno al individuo (todos los individuos son papas infalibles interpretando las Escrituras). Por eso, la iglesia Occidental es un individuo y nada más. Pero ¿quién puede garantizar la unanimidad de pensamiento entre todos los Papas? Ya que cada Papa decide sobre lo correcto según su parecer, interpreta las Escrituras como desea y le parece, y pronuncia declaraciones según lo que considera correcto, ¿en qué se diferencia esto de los diversos dogmatizadores de la Iglesia Protestante? ¿Cuál es la diferencia entre sus líderes? Tal vez en que en el protestantismo cada individuo constituye una Iglesia, mientras que en su totalidad la Iglesia Papista la constituye un individuo, no siempre el mismo individuo, sino que en cada tiempo uno diferente. (San Nectario, Sínodos Ecuménicos, pág 73.) La esencia de ambos sistemas es el individualismo. En el papismo, el individualismo del Papa; en el protestantismo, el individualismo de cada protestante, donde cada uno es criterio de la verdad. (Dicen los santos padres, que el protestantismo ha heredado el mayor defecto del su padre el papa que es: la infalibilidad, cada protestante se hace infalible en interpretar las Escrituras; así que en el romanocatolicismo tenemos uno infalible al papa al que tenemos que convencer, en cambio en el protestantismo tenemos millones de papas, por tanto, muy difícil).

En la Iglesia Ortodoxa, la θεανθρωποκεντρικότητα (zeanzropokentrikótita: divino-humnso-centridad, teandricidad) se manifiesta en todo lo que constituye su vida y enseñanza. El arte eclesiástico, la iconografía, la arquitectura, la música, etc. Si comparamos una Madonna renacentista con una Virgen bizantina, veremos la diferencia: la Madonna es una mujer hermosa, mientras que la Virgen bizantina es el ser humano divinizado y glorificado. Si comparamos la Basílica de San Pedro con la de Santa Sofía, advertiremos cuánto antropocentrismo expresa la Basílica de San Pedro, que intenta imponerse por el peso de su materia. En cambio, al entrar en Santa Sofía, sientes que te elevas al cielo. Santa Sofía no busca impresionar con su riqueza o materiales.

Lo mismo ocurre con la música eclesiástica bizantina, que conmueve y eleva al cielo, y no tiene nada que ver con la música polifónica europea, que simplemente deleita emocionalmente al hombre.

Por todas estas razones, la unión no es solo una cuestión de acuerdo en algunos dogmas, sino de aceptar el espíritu ortodoxo, divinocéntrico, cristocéntrico y trinitario en los dogmas, la piedad, la eclesiología, el derecho canónico, la pastoral, el arte y la ascesis (ejercicio, práctica espiritual).

Para que se produzca una verdadera unión, o nosotros deberíamos abandonar nuestro divino-humano-centrismo (teandricismo) ortodoxo o los papistas su humanocentrismo o antropocentrismo. Lo primero es imposible con la χάρις (jaris: gracia, energía increada) del Señor, porque sería una traición al Evangelio de Cristo. Pero también lo segundo es difícil que ocurra. Sin embargo, «lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios» (Lucas 18,27).

Creemos que tampoco conviene e interesa a los no ortodoxos que dimitamos y abandonemos nuestra Ortodoxia. Mientras exista la Ortodoxia, se preserva la fe evangélica auténtica e inmutable, «la que una vez fue dada a los santos» (Judas, 3). Existe el testimonio vivo de la verdadera comunión entre Dios y el hombre, la verdad de la Iglesia como una κοινωνία (kinonía: conexión, comunión y participación) teándrica, divino-humana. Así, incluso los heterodoxos que la han perdido saben que existe en algún lugar. Tienen esperanza. Tal vez en algún momento la busquen, ya sea de forma individual o colectiva. La encontrarán y hallarán psicoterapia, alivio y descanso en sus psiques-almas.

Debemos guardar esta santa fe no solo para nosotros, sino también para todos los hermanos heterodoxos y para todo el mundo. La teoría de los dos pulmones, según la cual la Iglesia respira con el papismo y la ortodoxia, no puede aceptarse desde la perspectiva ortodoxa, porque uno de los pulmones (el papismo) no funciona ortodoxamente y actualmente está enfermo de una enfermedad incurable.

Damos gracias a la Παναγία Panaghía y a la Trinidad vivificadora por su gran regalo y don, nuestra santa Fe Ortodoxa, y por los piadosos antepasados, maestros, sacerdotes, obispos y padres espirituales que nos enseñaron y transmitieron esta Santa Fe.

Confesamos que no podríamos descansar en una Iglesia que en muchos aspectos sustituye al Θεάνθρωπο (zeánzropo: Dios-Hombre) Cristo por el hombre «infalible», sea el Papa o el protestante.

Creemos que nuestra Iglesia Ortodoxa es la Una, Santa, Católica y Apostólica Iglesia de Cristo, que posee la plenitud de la Verdad y de la Χάρις (jaris: gracia, energía increada). Lamentamos que los cristianos heterodoxos no puedan disfrutar de esta plenitud y que, en ocasiones, intenten atraer, arrastrar y proselitizar a los ortodoxos a sus comunidades, donde solo tienen una visión parcial, fragmentada y distorsionada de la verdad.

Valoramos el amor que tienen por Cristo y las buenas obras que realizan, pero no podemos aceptar que su interpretación del Evangelio de Cristo sea coherente con la enseñanza de Cristo, de los santos Apóstoles, de los santos Padres y de los santos Sínodos (Concilios) Locales y Ecuménicos.

Oramos para que Cristo, el pastor supremo, el único infalible Jefe y Cabeza de la Iglesia, los guíe a la Santa Iglesia Ortodoxa, su hogar paternal del cual se apartaron en algún momento; y a nosotros, los Ortodoxos, nos ilumine para permanecer fieles hasta la muerte en nuestra santa e inmutable Fe, creciendo y profundizando en ella «hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, al estado de hombre perfecto, a la medida de la plenitud de Cristo» (Ef. 4,13). Amén.

SAN GREGORIO PALAMÁS: La Iglesia de Occidente, como es enorme, le pasó lo mismo que al más enorme de los animales, es decir, el elefante, el cual cuando cae no puede levantarse. Pero si esta Iglesia pide ayuda, nosotros todos estamos bien dispuestos y prestos a extender la mano psicoterapéutica, sanadora y salvadora de ayuda. (Logos demostrativos B´1)

Traducido por: χΧ jJ  logosortodoxo.es/ (en español).

El término Καθολικός (kazolikós) católico Una Iglesia Santa Católica o Universal y Apostólica

El término Καθολικός (kazolikós) católico

Una Iglesia Santa Católica o Universal y Apostólica

 

El término helénico-griego Καθολικός (kazolikós) católico, significa universal, general, global, cada uno enteramente, con todo totalmente.

Καθολικός (kazolikós) católico, el que se refiere al conjunto, a lo general o universal. Se trata de un tema o interés‖- total, entero o global.

Καθολικό (cazolikó) catolikó: (a) libro comercial, contable donde se reúnen todas las cuentas de una empresa, (b) Eclesiásticamente el templo principal, es decir, el lugar entre el pórtico y el altar donde permanecen los fieles de la Iglesia;

Καθολικά (kazoliká) en latín universalia, (a) filosóficamente conceptos o categorías generales, en los cuales están sujetos todos los miembros de un género o un orden, (b) lingüísticamente los atributos o cualidades generales que aparecen en la estructura de la mayoría de las lenguas humanas y en las cuales se sostiene que son entregas lingüísticas del hombre biológicamente definidas. (Léxico helénico por el catedrático Babiniotis).

Καθολικός (kazolikós) palabra compuesta de “κάθε cada” y “ολικός total, todo entero”, o sea, “cada uno enteramente, con todo, íntegramente o completamente”, esto teológicamente es de suma importancia.

Esta catolicidad quiere decir también el primer y más importante mandamiento:

Μαρκ. 12,30 καὶ ἀγαπήσεις Κύριον τὸν Θεόν σου ἐξ ὅλης τῆς καρδίας σου καὶ ἐξ ὅλης τῆς ψυχῆς σου καὶ ἐξ ὅλης τῆς διανοίας σου καὶ ἐξ ὅλης τῆς ἰσχύος σου.

“Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu psique, y con toda tu διανοίας (diania: mente, intelecto) y con todas tus fuerzas o potencia de la energía de tu voluntad”.

“ἐξ ὅλης σου con todo tu”, es decir, en helénico con toda tu existencia, esto es ser católico y en esto llegan los que han pasado por la Catarsis, la Iluminación y si Dios quiere a la Zéosis permanente que son los Santos/as o Profetas del Nuevo Testamento de nuestra Santa Παράδοσις Parádosis* (divina entrega y tradición). Que es la Continuación de los Hechos de los Apóstoles, porque el libro de los Hechos no acaba, es decir, no tiene punto final sino punto y seguido, y esto es la Santa Parádosis, según los Santos Padres. (ver *https://logosortodoxo.es/teologia-ortodoxa/santa-tradicion-de-la-una-santa-iglesia-catolica-apostolica-ortodoxa/ Esto es una de las varias nociones según contexto del término teológico helénico Καθολικός (kazolikós).

 

Una Iglesia Santa Católica o Universal y Apostólica

(Por http://el.orthodoxwiki.org)

«Una Iglesia Santa Católica o Universal y Apostólica», esta frase constituye el noveno artículo del Símbolo de la Fe de la Iglesia Ortodoxa, el cual se refiere a las cuatro cualidades de la Iglesia: unidad, santidad, catolicidad o universalidad y apostolicidad.

Esta confesión de fe de los Ortodoxos que está incluida en el llamado Símbolo o Credo de Nicea-Constantinopla, el Símbolo más importante de todos los símbolos en la Iglesia Ortodoxa, expresa la profunda convicción de esta misma Iglesia y que se entiende a sí misma como constituida por el mismo Θεάνθρωπο (zeánzropo) Dios y hombre, Cristo y santificada de Su sangre, ya que está edificada y en continuidad ininterrumpida de la Iglesia de los primeros ocho siglos.

Se hace claro, por lo anterior, que la Iglesia Ortodoxa sostiene que no es una Iglesia parcial que se encuentra al mismo nivel o igualdad con las muchas iglesias que existen ahora, sino que encarna en sí misma la una y única Iglesia de Cristo. Exactamente porque la Iglesia es el cuerpo de Cristo, y porque también la cabeza de ella es una, el Jesús Cristo y por supuesto con una cabeza puede ser sólo un cuerpo con relación orgánica. Por consiguiente, no es una Iglesia parcial y fragmentada, sino καθολική (kazolikí) católica o universal, global, íntegra y completa, y como enseñanza suya tiene la enseñanza de Cristo y de los Apóstoles, que la ha mantenido intacta a través de los siglos, ilustrándola de varias formas.

En esta eclesiología concisa, las cuatro propiedades o cualidades de la Iglesia no consisten en cuatro características herméticas, estancadas, sino más bien en una unidad y totalidad, donde uno se enlaza y contiene al otro, donde lo uno no se entiende ni existe sin los otros, y esto porque todo emana de la Persona o Personalidad de Cristo, como jaris (gracia, energía increada) del Señor Jesús Cristo y como agapi (amor, energía increada) del Padre y como comunión del Espíritu Santo (2Cor 13,13).

 

La Iglesia Ortodoxa es Católica o Universal

El concepto de la καθολικότητας (kazolikótita) catolicidad o universalidad eclesial se puede interpretar de dos maneras: local-geográficamente y modalmente o trópicamente. En el concepto local o geográfico significa la Iglesia que tiende a incluir en su seno todo el mundo, todos los pueblos de la tierra, según lo dicho: “Id a predicar el Evangelio en todo el mundo o todos los pueblos de la tierra” (Mrc 16, 15).

En el significado modal o trópico significa la Iglesia que constituye un todo unificado y uniforme, sin restricciones locales, temporales o cuantitativas-numéricas, incluyendo en su seno todos aquellos que pertenecían y pertenecerán al cuerpo místico de Cristo “vivos y difuntos”, de todos los siglos, los fieles de todo el mundo sean vivos o los que han vivido antes de la presencia de Cristo y han salido con la fe desde la tierra hacia la Iglesia celeste.

La Iglesia puede existir y ser también Católica o Universal en los marcos de una Iglesia local (Grecia, Rusia…), basta que en esta existan los elementos que la hacen Iglesia Una, tal y como se ha dicho anteriormente. Esta cualidad de universalidad o catolicidad entendía la Iglesia ya desde los tiempos antiguos. Es evidente que el concepto de catolicidad o universalidad como también la misma Unidad, expresa la identidad y la Iglesia Ortodoxa, excluyendo todos aquellos elementos (herejía, cisma, escisión) que distorsionan y tergiversan su esencia indivisible. Por consecuencia, la Iglesia católica o universal es sólo una, es aquella que ha permanecido fiel en la pureza dogmática, en la base bíblica y tradicional, en la correcta sotiriología (tratado o logos de psicoterapia, redención y salvación), y ha mantenido auténtica, sin engaños, manipulaciones y errores la teología, la piedad y los Misterios (sacramentos). Fuente:  http://el.orthodoxwiki.org

La Iglesia es Católica, porque contiene la plenitud de la Verdad, “la que ha sido una vez dada a los santos de la Fe” (Jud 3); porque es “…la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo” (Ef 1,3); y contiene “ …todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él” (Col 1,16); porque tiene todos los carismas, dones del Espíritu Santo y ofrece a los creyentes la plenitud de la Vida divina, porque en ella está “el Cristo que es el todo, y en todos” (Col 3,11).

Es obvio, por todo lo anterior, que los francolatinos con su estado vaticano y el cesar papa, ha tomado la palabra helénica católica y se ha autodominado “iglesia católica”, es una falsedad, el papismo es de todo menos la “Iglesia Una Santa Católica y Apostólica” que solamente es la Ortodoxa.

El sentido del término católico usado por Roma es, por una parte, una reducción a uno solo de los aspectos del término, el que tiene que ver con lo geográfico territorial, y señala algo parecido a lo que la οικουμενη (icumeni: tierra habitada) en el sentido que le daba el imperio, todas las tierras conocidas; por otra parte, lo interpreta sin relación a las otras tres notas de la Iglesia: la Unidad, la Santidad y la Apostolicidad, haciendo que ese universalismo se añada a la unicidad, cuando en realidad es una sola cosa con ella, sin distinción esencial. De ahí que sean habituales muchas confusiones. Cuando la Iglesia Ortodoxa proclama el Símbolo de Nicea-Constantinopla, está diciendo algo distinto a lo que se refiere el título de “Católica” que se atribuye Roma.

 

Η Εκκλησία είναι Μία, Αγία, Καθολική και Αποστολική

π. Λουκάς Γρηγοριάτης 

La Iglesia es Una, Santa, Católica y Apostólica

Hieromonje, médico y teólogo Lucas del Monasterio Grigoriu, Athos

 

La historia de la Iglesia atestigua que siempre el énfasis en la autoconciencia ha sido necesario diacrónicamente.

Las herejías y los cismas hicieron imperativo definir los elementos y factores con los que uno distinguiría la Iglesia de las comunidades heréticas. Debido a que las herejías no siempre eran fácilmente distinguidas y reconocibles y, a menudo, adoptaban y tenían una apariencia eclesiástica; de todos modos, la esencia de la herejía era siempre error, callejón sin salida y destrucción. El Apóstol Pablo para proteger los cristianos de las enseñanzas heréticas que conducían fuera del seno de la Iglesia, escribía categóricamente: “Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema” (Gal 1,9).

Además, el evangelista Juan afirmaba que algunas de estas enseñanzas heréticas de la época apostólica eran «las profundidades de Satanás» (Ap. 2,24) y que su enseñanza de que el Cristo no se hizo verdadero hombre, es una mentalidad y conducta del espíritu del anticristo: «2. En esto discerniréis si el espíritu es de Dios: “El que confiesa que Jesús es el Cristo, es decir, el Θεάνθρωπος Zeánzropos Dios-Hombre, el Mesías hecho hombre, este es de Dios”. [2 En esta señal y criterio conoceréis y distinguiréis con certeza el espíritu de Dios: Todo hombre que manifiesta que tiene carisma del Espíritu y confiesa, no sólo con palabra sino también con obras, que Jesús Cristo se encarnó realmente y vivió como hombre, es decir, que vino en la tierra como Θεάνθρωπος Zeánzropos-Dios y hombre redentor, este es realmente de Dios]. 3. Y el que no confiesa que Jesús Cristo es Dios y hombre no es de Dios; esto es del anticristo, del cual habéis oído decir que estaba para venir y ya está en el mundo. [3. Y todo aquel que dice que tiene inspiración del Espíritu y no confiesa que Jesús Cristo vino del cielo y se ha hecho hombre, éste no es de Dios. Es decir, negar a Jesús Cristo como Θεάνθρωπος Dios y hombre es el espíritu del anticristo, de quien habéis oído que está por llegar. Y ya está en el mundo representado por herejías, pseudo-maestros y falsos profetas que están preparando el terreno para su presencia»»] (1Jn 4:2-3).

En el siglo IV, tras las arduas luchas contra las herejías variopintas más antiguas y contra la herejía de Arrío, el arrianismo y sus múltiples variantes, la Iglesia, en el II Sínodo Ecuménico definió el Símbolo de la Fe o Credo de que la Iglesia es «Una, Santa, Católica y Apostólica». En cuatro palabras, describió su carácter y lo distinguió de cualquier otra estructura eclesiástica que pudiera parecerse a la Iglesia sin serlo.

De acuerdo con la letra y el espíritu del Símbolo de la Fe o Credo, la Iglesia es:

A´ «Una».

La Iglesia es Una, porque por su naturaleza está caracterizada por la unidad de la Fe, unidad de Culto, unidad de gobierno y administración, unidad Ética (vida espiritual) y, sobre todo, unidad en el Espíritu Santo. Esta unidad de la Iglesia es aquel don o regalo sobrenatural por el que oró el Gran Sacerdote hacia el Padre Celestial: “21 Para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti, también que sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. 22 La doxa ilimitada (gloria, luz increada) que me has dado como hombre, la he dado a ellos, para que sean uno, así como tú y yo somos uno. [22. «También como hombre, me has glorificado, puesto que por mí naturaleza humana les has revelado-apocaliptado mi divina naturaleza, como unigénito Hijo tuyo pleno de jaris (energía increada) y verdad. Y esta gloria de filiación que también diste a mi naturaleza humana, yo la he dado a ellos. Les he regalado el poder de adopción y les he hecho coparticipes de nuestra vida divina, para que entre ellos sean cada uno enteramente uno o una persona o personalidad completa, como lo somos nosotros».] 23 Yo en ellos y tú en mí, para que sean perfectos en uno, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado y amas a ellos como me amas a mí. [23. «Yo viviendo dentro de cada uno de ellos, tal y como tú vives dentro de mí, para que estén perfeccionados cada uno en una persona íntegra y un cuerpo espiritual y que el mundo viendo este milagro de unidad, conozca y crea que tú me has enviado al mundo y que a ellos les has amado y amas como amas a mí».] 24 Padre, quiero los que tú me has confiado estén conmigo donde yo estoy, para que vean y disfruten de mi doxa (gloria, luz increada), que tú me has dado, porque me amaste antes de la creación del mundo” (Jn 17,21-24). Gracias a esta unidad sobrenatural, los miembros de la Iglesia, a cualquier Iglesia local que pertenezcan, están conectados y unidos por la misma Fe Ortodoxa, celebran la misma Divina Efjaristía y viven la misma vida del Espíritu. Cada Iglesia local expresa y refleja la Una Santa Católica y Apostólica Iglesia, (San Irineo de Lion, “Control y vuelco de la falso conocimiento-gnosis”). Cuando, por causa de la herejía, algunas personas o iglesias locales se separan y se aíslan de la Iglesia, esta permanece Una. No hay división, separación o fragmentación en su esencia. Es siempre la Iglesia de los Apóstoles, el mismo cuerpo de Cristo, la misma Vid, aunque se hayan separado las ramas secas y muertas.

B´ «Santa».

La Iglesia es Santa, porque Santa es su Cabeza, el Cristo, y porque ella es Su santo teantrópino (divino-humano) cuerpo que se inspira totalmente por el Espíritu Santo. La Iglesia, según el Apóstol Pablo, es la gloriosa Novia, la que el Cristo amó y purificó «con el baño del agua por el Logos», para ser santa e inmaculada, sin mancha ni arruga (cf. Ef. 5, 25-27). Todo lo imperfecto o pecaminoso que se observa en el llamado hoy “espacio o ámbito de la Iglesia”, no pertenece a la santa naturaleza de la Iglesia, sino que es el pecado y la imperfección de nosotros sus miembros, quienes, a través de la μετάνοια metania debemos santificarnos, divinizarnos y conservarnos como miembros sanos y santos del santo cuerpo de Cristo.

C´ «Católica».

La Iglesia es Católica, porque contiene la plenitud de la Verdad, “la que ha sido una vez dada a los santos de la Fe” (Jud 3); porque es “…la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo” (Ef 1,3); y contiene “ …todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él” (Col 1,16); porque tiene todos los carismas, dones del Espíritu Santo y ofrece a los creyentes la plenitud de la Vida divina, porque en ella está “el Cristo que es el todo, y en todos” (Col 3,11).

D´ «Apostólica».

La Iglesia es Apostólica, porque está edificada “sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra angular Jesús Cristo mismo” (Ef 2,20). La enseñanza, la tradición, la vida, la mentalidad y conducta de los Santos Apóstoles es el mismo Evangelio, impregna la vida entera de la Iglesia y se entrega en ella hasta hoy a través de los Santos Padres sin añadir, ni quitar o manipular nada.

Durante la época primitiva cristiana, los Gnósticos, los Dokitas, los Montanistas, los Maniqueos y otros heréticos no cumplían con estas cuatro condiciones. Por ello, no eran Iglesia. Durante el período de los Sínodos Ecuménicos, las comunidades de los Arrianos, Nestorianos y Monofisitas, a pesar de tener estructura eclesiástica (obispos, sacramentos, culto), al haber perdido la integridad o plenitud de la Fe apostólica, no eran Iglesia. De manera similar, hoy en día, las «iglesias» anticalcedonianas, la «iglesia» católica romana y las confesiones protestantes, por razones dogmáticas distintas cada una, no son Iglesia.

Seguro que suena duro este logos con esta afirmación decir que, en un número tan grande de pueblos cristianos, que desde 1000 o 1500 años, suceda que no tengan unidad dogmática, litúrgica, institucional o administrativa con la Iglesia Ortodoxa, dejaron de ser Iglesia, cuerpo de Cristo. Sin embargo, debemos admitir que, como “iglesias” cristianas no poseen las características que las constituirían en Iglesia Una, Santa, Católica y Apostólica. Los romanocatólicos, por ejemplo, se autodenominan “católicos” y creen que en su “iglesia” subsiste la Iglesia Una, Santa, Católica y Apostólica. No obstante, graves desviaciones dogmáticas y canónicas hacen que la “iglesia” romanocatólica o papista sea esencialmente distinta de la Iglesia de los Apóstoles y los Padres. La primacía papal, la infalibilidad papal, el filioque, la χάρις (jaris: gracia) creada, la inmaculada concepción, el antropocentrismo (humano-centrismo), el estado del Vaticano, etc…

Por otro lado, los anticalcedonianos quieren llamarse “Ortodoxos”. Pero su enseñanza cristológica no es Ortodoxa, porque la Iglesia la ha condenado como herética ya en cuatro Sínodos Ecuménicos y por los logos y palabras de la boca de los grandes y eminentes Padres (san Máximo el Confesor, san Juan el Damasceno, san Focio el Grande, san Gregorio Palamás y otros).

Los Protestantes, por su parte, han negado los dogmas fundamentales de la Iglesia, los principios éticos básicos del Evangelio y esencialmente la misma Iglesia. Por tanto, ni cada una de las confesiones protestantes ni todas juntas pueden reclamar el título de verdadera Iglesia. Por supuesto, tampoco como Consejo Internacional de Iglesias tienen derecho a llamar – ¡incluir también a los Ortodoxos!- «to be One Church», (ser Iglesia Una)- ¡como si en los siglos no subsistiera la Iglesia Una, Santa, Católica y Apostólica, sino que ahora debe recomponerse!

Aunque todo esto que se ha dicho hasta ahora, por parte Ortodoxa se ve bien y teológicamente correcto, a pesar de esto, circula también entre los Ortodoxos la cuestión problemática que se resume de la siguiente manera: Nuestra época es diferente de la época que se produjeron los grandes cismas y rompieron la Cristiandad unida. Cuando surgieron los cismas, era imperativo que los fieles se distinguieran de la herejía emergente. Hoy en día, por el contrario, se intenta sanar los cismas, y el esfuerzo de todos los Cristianos ortodoxos para la terapia, psicoterapia de estos es un deber sagrado. ¿Quizá nuestra confesión a la “Iglesia Una Santa Católica y Apostólica” debería orientarse no hacia la dirección de la exclusividad confesional sino hacia la unidad inter-cristiana?

A esta pregunta crucial, que presupone una percepción y concepto protestante sobre Iglesia y que es la esencia de las búsquedas del Ecumenismo contemporáneo, la respuesta está dada por san Basilio el Grande. Es un pasaje de la epístola hacia el obispo Ortodoxo san Eusebio de Samosata, entonces que se hacían los intentos y diálogos de volver a unirse los Omiusianos (parecida esencia) con los Ortodoxos. El texto es sencillo:

“A pesar de esto, no considero correcto alejarnos totalmente de los que no aceptan la fe, sino que considero correcto tener alguna atención para estos hombres, de acuerdo con las antiguas costumbres de la ἀγάπη (agapi: amor incondicional, altruista) y escribirles en común epístolas e invitarlos a la unión, ofreciéndoles consejos y advertencias con compasión, proponiéndoles la fe verdadera de los Padres y exhortándolos a la comunión y unión. Y si logramos convencerlos, pues, será excelente unirnos en común con ellos; pero si fracasamos, nos bastará con estar unidos entre nosotros, rechazando esa actitud de ambivalencia, y adoptando la vida evangélica y sincera que vivieron desde el principio aquellos que se acercaron al Logos. Porque dice: ´Los que habían creído estaban unidos en un corazón y una psique-alma´. Pero si no, reconoced a los que causan conflicto y dejad de enviarlos en adelante mensajes sobre reconciliaciones.” (Epístola 128).

El didáscalos (maestro) ecuménico de la Iglesia nos entrega la forma ética y el método del diálogo de la Iglesia Una Santa Católica y Apostólica con los heterodoxos. Según sus palabras, el miramiento por la reanudación de los heterodoxos a la Iglesia es un deber de agapi-amor, pero no un fin en sí mismo. Si la unión no resulta amiga y agradable a Dios, porque no parece fundamentarse a la Fe apostólica, es bastante para nosotros, los miembros de la Una Santa Católica y Apostólica Iglesia, permanecer unidos entre nosotros en la misma moral, ética y vida espiritual Ortodoxa, tal y como la primera Iglesia de Jerusalén, y rechazar los titubeos y la “ambigüedad ética moral” tambaleándola de un lado a otro.

Hieromonje, teólogo y médico Lucas del Monasterio Grigoriu Monte Athos, 19 de octubre de 2011

Traducción: χΧ, jJ Χρῆστος Χρυσούλας Jristos Jrisulas https://logosortodoxo.es/

Sobre la Teofanía o Epifanía: «¿Por qué Cristo fue bautizado?», Mitilineos

Sobre la Teofanía o Epifanía

[Transcripción de una homilía del yérontas Atanasio Mitilineos pronunciada en el Monasterio de Komnineon, Larisa, el 6 de enero de 1991] con el tema:

«¿Por qué Cristo fue bautizado?»

«¿Quién es el Dios?», decía el mundo antiguo. «¿Qué es Dios?», volvía a preguntar. Y las respuestas eran muchas, porque no había una respuesta clara. Sin embargo, la αγάπη (agapi: amor incondicional) y la filantropía del verdadero Dios, que permanecía oculto para el ser humano pecador o, mejor dicho, el pecado cegó al hombre y no podía verlo, vino y se manifestó. Como dice el apóstol Pablo en la lectura de hoy de su carta a Tito:
«Se manifestó la bondad, la filantropía y la agapi-amor para con los hombres de nuestro salvador Dios” (Tito 3:4)
«Se manifestó.» Esto significa «Epifanía«: una revelación, una manifestación. La Θεοφάνεια (Zeofánia)Teofanía significa: «Dios se hizo visible».

¿Cómo «se manifestó»? A través del bautismo de Jesús en el río Jordán. De manera sencilla y concisa, el evangelista Marcos nos informa: «Aconteció en aquellos días, que Jesús vino de Nazaret de Galilea, y fue bautizado por Juan en el Jordán. Y luego, cuando subía del agua, vio abrirse los cielos, y al Espíritu de Dios como paloma que descendía sobre él. Y vino una voz de los cielos que decía: Tú eres mi Hijo amado, mi predilecto, en ti tengo plena complacencia” (Marcos 1: 9-11). Así, queridos, el mundo supo que Dios está en el cielo, porque desde el cielo se escuchó la voz (el Logos increado de Dios). Pero también está en la tierra. Está presente en todas partes, aunque no tiene relación alguna con Su creación en términos de esencia. Es decir, la creación no es Dios. Fue entonces cuando los hombres comprendieron que no podían adorar a la creación como si fuera Dios. Que Dios es aquel que tomó, asumió Su creación, no se identificó con ella, sino que la asumió bajo la forma de la existencia humana y vino a nosotros por agapi-amor inmenso e incondicional a nosotros. Dios es Uno y Trinitario.

Ahora, en la Teofanía, el Padre da testimonio de Su Hijo bien amado, y el Espíritu Santo muestra claramente quién es el Hijo. Muestra, señala. No llena a Jesús, se entiende, la naturaleza humana, con el Espíritu Santo. ¡Lejos de eso! Muestra, señala; es decir, muestra una plena y maravillosa Teofanía. Así, el Hijo apocalipta-revela al Padre, el Padre presenta al Hijo, y el Espíritu Santo señala, muestra al Hijo por orden del Padre.

De esta manera, el mundo conoció al verdadero Dios, al que ahora podía adorar, venerar y alabar. Esta es la mayor apocálipsis-revelación de la Historia humana: que el hombre conozca a Su Creador. Es la mayor apocálipsis -revelación.

Es cierto que muchas veces Dios se manifestó, como en el caso de Abraham, en el Sinaí y en la zarza ardiente, donde estaba el Logos, pero de manera ensombrecida. Aquí tenemos una apocálipsis -revelación clara de Dios, especialmente cuando Uno de la Tríada, al asumir la forma humana, vino a estar entre nosotros de un modo extraordinario e indescriptible.

Pero junto a esta majestuosa revelación, porque viene, como les dije, el segundo de la Trinidad, a ser bautizado en el río Jordán, tenemos también una multitud de otras apocalipsis-revelaciones. Por lo tanto, nos preguntamos, ¿por qué vino el segundo de la Trinidad a ser bautizado en el río Jordán? Los Padres, queridos míos, mencionan varias razones por las que Jesús fue bautizado en el Jordán. Claro, una no sería, diríamos, la primera en importancia, pero no las mencionaré en orden de importancia o jerárquico, simplemente algunas, dos, tres, cuatro razones os mencionaré. Vino para hacer la catarsis a mí, el hombre. Y Cristo se bautiza, ‘no porque Él mismo necesitara catarsis, sino porque se identificó, se familiarizó con mi catarsis´. No vino porque Él necesitara hacer Su catarsis, sino que asumió mi catarsis. Y recibió el baño del bautismo en el río Jordán.

El bautismo de Juan era un bautismo de μετάνοια metania. Tenemos tres tipos de bautismos:

  1. El bautismo de los judíos, que era una práctica, enseñada por los rabinos, obligatoria antes de comer. Recordemos cómo los fariseos criticaban a los discípulos del Señor diciendo: «¿Por qué tus discípulos comen con manos impuras, recogiendo espigas con sus manos?» Como señala el evangelista, los judíos no comían sin lavarse previamente. Esto era el bautismo hebreo.
  2. El bautismo de Juan, que era un bautismo de μετάνοια metania y arrepentimiento.
  3. El bautismo cristiano, que es un bautismo de perdón, adopción y participación en la vida de Cristo.

Cristo, pues, fue bautizado por Juan, el bautismo intermedio. El bautismo de Juan que era el de μετάνοια metania y arrepentimiento. Pero, ¿cómo se realizaba? El bautizado era sumergido en el agua, permanecía inmerso mientras confesaba sus pecados. Por eso el evangelista Mateo señala que Jesús «subió inmediatamente del agua.» No salió del agua simplemente, sino que ascendió del agua, porque no estaba inmerso como los demás. ¿Por qué? Porque no tenía pecados.

Jesús vino a perdonar mis pecados. Vino a hacer la catarsis a mí, al hombre. Por eso Mateo usa la palabra «inmediatamente» Jesús ascendió del agua. Su bautismo abrió el camino al bautismo cristiano, el que nos entregaría y que es, como dije, el bautismo de remisión de pecados, tanto del pecado original como de nuestros pecados personales.

Además, el Señor fue bautizado en el río Jordán, entre otras razones, para aplastar las cabezas de los dragones, es decir, de los demonios, en las aguas del Jordán. Esto puede parecer extraño. La creación, queridos míos, que fue hecha para el ser humano, quedó bajo la autoridad de Satanás porque el hombre, desde el Paraíso, reverenció y adoró al diablo al hacer su voluntad. Desde entonces, la creación está dominada por demonios.

Así, el Señor vino a santificar la creación en las aguas del Jordán. Es sorprendente que el agua aquí represente toda la creación. ¿Quieren que les explique algo? Para quienes puedan comprenderlo. Es asombroso porque… claro, la teología del agua es inmensa y profunda, pero aquí les diré solo un punto: el agua es H₂O, dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno. Sin embargo, el hidrógeno es el primer elemento que, al agregársele protones en su núcleo, se convierte en el segundo, tercero, cuarto, quinto, quincuagésimo, noventésimo elemento, etc. Toda la creación, en términos simples y no científicos, es como una repetición del átomo de hidrógeno. Por lo tanto, el hidrógeno podría considerarse como el representante de toda la Creación. Y este hidrógeno fue generado por la energía de la luz. ¡Asombroso! «Dijo Dios: Hágase la luz’, y fue hecha la luz». Primero la luz, luego el hidrógeno, después toda la creación. Así, de alguna manera, el hidrógeno representa la creación, y abunda en el agua.

De esta manera, Cristo santifica el agua, las aguas del río, es decir, ¡santifica toda la creación! Y al santificarla, expulsa a los demonios que dominaban la creación. Por eso escribe San Cosme el Himnógrafo en el canon de hoy, que escuchamos en el Oficio de Maitines, en el primer tropario de la primera oda: «Y las cabezas de los dragones que allí anidaban, las rompe en las aguas del Jordán». Las cabezas de los demonios, representadas simbólicamente por los egipcios que fueron sumergidos en el Mar Rojo. Los egipcios, simbólicamente, representan el reino de las sombras de la muerte, el poder del Hades, los demonios.

Pero atención, no son los egipcios demonios, solo son un símbolo. Cuando intentaron pasar, también ellos fueron sumergidos. Así, el Salmista dice en el Salmo 73: «Tú aplastaste las cabezas de los dragones en las aguas». ¿Qué dragones? Simbólicamente, los egipcios, que representan a los demonios. «Tú quebrantaste —sigue diciendo— la cabeza del dragón». Primero en plural, luego en singular, porque se refiere tanto a los demonios como al diablo, el líder.

Por eso, queridos míos, por el poder o potencia del bautismo de Cristo en el Jordán, en cada bautismo de un creyente se recitan oraciones. También se pronuncian exorcismos sobre quien será bautizado, para expulsar los demonios que puedan habitar en su interior, y sobre el agua para consagrarla para que se realice el bautismo. Escuchen lo que dice una oración: «Tú santificaste también las corrientes del Jordán, enviando desde el cielo tu Espíritu Santísimo, y quebrantaste las cabezas de los dragones que allí habitaban. Tú mismo, Rey filántropo —lo escucharán también en el rito u oficio del bautismo que seguirá ahora—, preséntate aquí ahora mediante la venida de tu Santo Espíritu y santifica estas aguas». «Que bajo la señal de la forma de tu preciosa Cruz se quiebren todas las fuerzas contrarias —los demonios—. Que retrocedan ante nosotros todos los ídolos aéreos y ocultos, y que ningún demonio oscuro se esconda bajo estas aguas». Así, Cristo vino al Jordán para santificar la creación, aplastando las cabezas de los dragones y la cabeza del gran dragón, el diablo.

Cristo, además, queridos míos, en el Jordán destruyó la enemistad entre Dios y el hombre. San Cosme el Himnógrafo dice nuevamente en la quinta oda, en el irmo: «Jesús, el jefe o lider de la vida, vino a liberar la condena de Adán, el primero en ser creado, y aunque como Dios no necesitaba catarsis, hace la catarsis al caído en el Jordán, donde destruye la enemistad».

Eliminó la enemistad; por eso se dice que el río Jordán es la tumba de la enemistad, la muerte de la muerte, pues el Jordán mató a la muerte. Un Padre de la Iglesia pregunta: «¿Cómo es que Pablo dijo que Cristo destruyó la enemistad en la Cruz, y el himnógrafo aquí dice que la destruyó en el Jordán?». Pablo dice que la enemistad, la separación entre el hombre y Dios, fue destruida en la Cruz, pero aquí se menciona el río. ¿Qué ocurre? Diríamos que Cristo resolvió la enemistad con todos los misterios de Su economía encarnada: con su concepción, nacimiento, bautismo, crucifixión y resurrección. Todos estos son hitos o estaciones de Su economía encarnada, misterios que eliminaron la enemistad entre el hombre y Dios y que, según San Nicolás Cabásilas, son «causantes de nuestra salvación», los que contribuyen a nuestra salvación.

Pablo dice: «Esto sabed: que nuestro viejo hombre fue crucificado con Cristo en el bautismo». Por eso el hombre participa en los sufrimientos de Cristo mediante el bautismo. Por eso San Juan Crisóstomo dice: «El bautismo se llama cruz». El bautismo, entonces, es cruz, y la Cruz del Señor se representa místicamente en el bautismo. Cruz y Bautismo son esencialmente uno, y expresan la misma verdad. Cruz y Bautismo: son una misma cosa.

Además, Éste, el Señor, cuando entró al río, se convierte en el mediador de dos orillas separadas. Una orilla del río y la otra orilla del río. Una de este lado, la otra del otro lado. Dios y los hombres. Él entra al medio del río y une lo que estaba separado. Por eso Cristo es llamado el mediador entre Dios y los hombres. Es algo asombroso. Por lo tanto, el río Jordán es un símbolo de la separación entre Dios y los hombres. Cristo, el mediador. Una prefiguración de esto es la capa de Elías, la piel que llevaba Elías, la cual arrojó a Eliseo cuando fue llevado al cielo, y él golpeó con ella la orilla del Jordán, que se secó. Y Eliseo pasó por allí. La capa de Elías es un símbolo de la mediación de Cristo, que une las dos orillas, los dos lados: Dios y los hombres.

Además, ¿por qué se bautizó Cristo? Para «cumplir y completar» la ley. «Cumplir» significa «llenar», es decir, «completar, realizar, no dejar nada sin haberlo llevado a cabo». El mismo Dios instituyó el bautismo de Juan; por lo tanto, Él mismo, como hombre, debía cumplir la ley, y por eso vino a ser bautizado. El evangelista Mateo nos señala: «Entonces Jesús vino de Galilea al Jordán, donde estaba Juan, para ser bautizado por él. Pero Juan trataba de impedírselo, diciendo: ‘Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?’ Jesús le respondió: ‘Déjalo ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia.’» «Justicia» significa «toda la ley». «Debemos cumplir toda la ley».

Y con el cumplimiento de la antigua ley en la persona de Cristo, Cristo nos liberó de la ley ceremonial o teletúrgica, es decir, de la Antigua Alianza, ya que ahora la justificación, es decir, la salvación, no se obtiene con el cumplimiento de la ley, sino con el cumplimiento de la fe. Pasamos de la alianza de la ley a la alianza de la fe.

¿Quieren más? Hay muchos otros motivos. Pero permítanme mencionar uno más, ya que nos queda algo de tiempo. Un motivo sumamente importante. Es que la manifestación del Dios Tríadico y Uno en su totalidad ocurre por primera vez, como ya les mencioné en la introducción del discurso, en la Historia de la creación, de una manera clara, visible y comprensible. Pero podemos decir algo más que nos concierne a nosotros. El tercer himno de la octava oda del mismo himnógrafo, San Cosme, dice: «La manifestación de la Trinidad tuvo lugar en el Jordán; porque esta es la naturaleza supradivina —en otra ocasión explicaremos lo que significa ‘naturaleza supradivina’-, el Padre habló: ‘Este es mi Hijo bien amado, el que está siendo bautizado,’ y el Espíritu Santo estaba presente, junto con Su semejante, es decir, el Hijo, etc.

En el primer himno de la primera oda se dice: «Recrea al Adán corrompido en los arroyos del Jordán.»

Por lo tanto, aquí tenemos la manifestación del Dios Trino y Uno para recrear al hombre, lo cual demuestra que el hombre es creación del Dios Trino y Uno. ¡Viene el Dios entero para recrear al hombre! ¿Por qué? Porque el Dios entero creó al hombre. ¿Qué dijo? «Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza.» «Hagamos.» «Hagamos al hombre.» Y San Gregorio de Tesalónica, el Palamás, pregunta: «¿Por qué razón se revela el misterio de la Santa Trinidad durante la creación y recreación del hombre, primero en Adán y ahora en el Jordán?»

Y el mismo Padre responde: «Porque el hombre no solo es iniciador-mistis y adorador de la Santa Trinidad en la tierra, sino que también es su única y exclusiva imagen-icona.» «El hombre es exclusivamente la imagen-icona de la Santa Trinidad.» Exclusivamente. ¿Por qué? Porque los animales no tienen intelecto con logos o lógica y νούς nus. Y la vida que poseen es vida animal, no una vida que proviene del Espíritu Santo. Por otro lado, los ángeles, el mundo angelical, también lo mismo. Tienen intelecto con logos o lógica y nus, pero no tienen cuerpos que puedan ser vivificados por el Espíritu Santo. Solo el hombre ha sido vivificado por el Espíritu Santo, y su vida no es como la de los animales, sino que es la vida del Espíritu Santo. Es el nus y el logos. Por lo tanto, tres elementos reflejan el dogma de la Santa Trinidad.

«Pero no un espíritu vivificante —dice San Gregorio refiriéndose a los ángeles—, porque tampoco tienen un cuerpo que pueda ser vivificado por Él.» Los santos ángeles no tienen cuerpo. Por lo tanto: «El hombre —dice San Gregorio—, único, absolutamente único, creado a imagen de la naturaleza tripersonal o trisipostática, tiene nus, logos y espíritu (psique) que vivifica el cuerpo.» El Nus es el Padre, el Logos es el Hijo, y el Espíritu es el Espíritu Santo. Así, el Dios Trino y Uno crea al hombre a Su imagen, y ahora la imagen refleja el arquetipo, porque verdaderamente la manifestación de la Santa Trinidad no es otra cosa que el arquetipo que recrea al hombre creado a Su imagen. Esto es lo primero y lo más grande. Hay mucho más.

Amados míos, frente a tan grandes acontecimientos, la Iglesia, asombrada, exclama: «Nuestro Dios está en el cielo y en la tierra, todo lo que quiso el Señor lo hizo. Y la Iglesia canta: «¿Quién es Dios grande como nuestro Dios? Tú eres el Dios que hace maravillas.» Sí, amados míos, y el creyente, al sentir el misterio del amor de Dios, glorifica constantemente al Santo Dios Trino y Uno, que ha obrado la salvación de los hombres en la tierra.

Atanasio de Mitileneos,

PARA LA GLORIA DEL SANTO DIOS TRINO Y UNO
transcripción de la conferencia grabada y edición electrónica: Eleni Linardaki, filóloga
FUENTE:

http://www.arnion.gr/mp3/omilies/p_athanasios/omiliai_kyriakvn/omiliai_kyriakvn_260.mp3

Traducido por: Χρῆστος Χρυσούλας Jristos Jrisulas https://logosortodoxo.es/

 

 

 

 

Domingo antes de la Epifanía, 2 Timoteo 4 Yérontas Mitilineos

Homilía apocalíptica del 1981 del Yérontas Mitilineos, el Nuevo Crisóstomo, donde nos describe al pie de la letra lo que está sucediendo hoy en día en el cristianismo y en el mundo)

 

«Tú, sin embargo, mantente en νήψιs nipsis sobrio en todo»

Domingo antes de la Epifanía (2 Timoteo 4,5-8)

  1. se apartarán de la verdad girando a otra parte sus oídos y harán caso de los cuentos y los mitos.

Β Τιμ. 4,4 καὶ ἀπὸ μὲν τῆς ἀληθείας τὴν ἀκοὴν ἀποστρέψουσιν, ἐπὶ δὲ τοὺς μύθους ἐκτραπήσονται.

Β Τιμ. 4,4 Και την μεν αλήθειαν δεν θα την προσέχουν, αλλά θα γυρίζουν αλλού τα αυτιά των. Θα εκτραπούν δε και θα στραφούν εις μυθολογίας και ψευδολογίας.

  1. Pero tú estate en nipsis y alerta siempre a las cosas que Dios quiere, soporta con paciencia los sufrimientos de tu diaconado, predica el Evangelio, cumple bien el servicio que te has hecho cargo en la Iglesia.

Β Τιμ. 4,5 σὺ δὲ νῆφε ἐν πᾶσι, κακοπάθησον, ἔργον ποίησον εὐαγγελιστοῦ, τὴν διακονίαν σου πληροφόρησον.

Β Τιμ. 4,5 Συ όμως πρόσεχε άγρυπνος εις όλα όσα διδάσκει ο Θεός και επιβάλλει το καθήκόν σου. Κοπίασε και ταλαιπωρήσουν εις την διακονίαν σου, κάμε έργον κήρυκος του Ευαγγελίου, εκπλήρωσε εις τέλειον βαθμόν την υπηρεσίαν, που ανέλαβες εν τη Εκκλησίᾳ.

  1. Yo estoy ya a punto de ser ofrecido en sacrificio a Dios; el momento de mi partida de este mundo está muy cerca.

Β Τιμ. 4,6 ἐγὼ γὰρ ἤδη σπένδομαι, καὶ ὁ καιρὸς τῆς ἐμῆς ἀναλύσεως ἐφέστηκε.

Β Τιμ. 4,6 Δεν θα είμαι πλέον εν τη ζωή, δια να σε καθοδηγώ, διότι εγώ χύνω τώρα το αίμα μου θυσίαν προς τον Θεόν και ο καιρός της εκδημίας μου από τον κόσμον αυτόν έχει πλησιάσει.

  1. He combatido el buen combate para el Evangelio de Cristo, he concluido mi camino, he aplicado y conservado en teoría y praxis la fe;

Β Τιμ. 4,7 τὸν ἀγῶνα τὸν καλὸν ἠγώνισμαι, τὸν δρόμον τετέλεκα, τὴν πίστιν τετήρηκα·

Β Τιμ. 4,7 Εχω αγωνισθή τον καλόν αγώνα δια το Ευαγγέλιον του Χριστού, έφθασα στο τέλος του δρόμου, που με έχει τάξει ο Κυριος, έχω τηρήσει κατά θεωρίαν και πράξιν την πίστιν.

  1. sólo me queda recibir la corona merecida, que me dará el Señor en aquel último gran día de su Segunda parusía-presencia, como justo juez; y no sólo a mí, sino también a todos los que esperan con amor y corazón puro su gloriosa venida.

Β Τιμ. 4,8 λοιπὸν ἀπόκειταί μοι ὁ τῆς δικαιοσύνης στέφανος, ὃν ἀποδώσει μοι ὁ Κύριος ἐν ἐκείνῃ τῇ ἡμέρᾳ, ὁ δίκαιος κριτής, οὐ μόνον δὲ ἐμοί, ἀλλὰ καὶ πᾶσι τοῖς ἠγαπηκόσι τὴν ἐπιφάνειαν αὐτοῦ.

Β Τιμ. 4,8 Λοιπόν μου επιφυλάσσεται ο στέφανος, που βραβεύει την δικαιοσύνην και την αρετήν, και τον οποίον ο Κυριος, που είναι ο δίκαιος κριτής, θα μου δώση ως ανταμοιβήν κατά την μεγάλην εκείνην ημέραν της Δευτέρας Παρουσίας. Και θα τον δώση όχι μόνον εις εμέ, αλλά και εις όλους όσοι έχουν αγαπήσει και ποθήσει με καθαράν και αγίαν καρδίαν την ένδοξον εμφάνισίν του.

 

Homilía transcrita del yérontas Atanasios Mitilineos, pronunciada el 4 de enero de 1981 en el Monasterio Comnineon de Larisa, con el tema:

«Tú, sin embargo, mantente sobrio en todo, sufre penalidades, haz la obra de un evangelista, cumple tu ministerio».

  1. [Aquí el término principal es la Nipsis Νήψηs Sobriedad y vigilancia interior.Sobriedad espiritual, su principal interpretación es sobriedad, o sea, el estado aquel que es contrario a la embriaguez. Al final del texto tenemos el término nipsis desarrollado]

El Apóstol Pablo, mis queridos, se encuentra en la prisión de Roma. Con su ojo profético, ve tanto el presente como el futuro. Ve el presente como sombrío o lúgubre, sabiendo que él ya está partiendo de este mundo. No será liberado de la cárcel como la primera vez, sino que será condenado a muerte. Esto, sin embargo, le da gran alegría por su propio bien. Pero también ve que, dentro de la Iglesia, como ya había advertido a los presbíteros-ancianos sabios de Éfeso, vendrán lobos feroces. Además, ve hacia el futuro lejano, hacia los últimos tiempos. Su ojo profético llega hasta el final de la Historia.

Y escribe a Timoteo, el obispo de Éfeso, su querido hijo espiritual y le dice: » Debes saber que en los ésjatos-últimos días, vendrán momentos difíciles y se presentarán en el camino de la Iglesia circunstancias peligrosas. Porque los hombres serán egoístas, avaros amigos del dinero, altivos, orgullosos, blasfemos, maldicientes, rebeldes con los padres, ingratos, injustos, desnaturalizados, desleales, diabólicos, calumniadores, diabólicos, desenfrenados, inhumanos, enemigos de todo lo bueno, traidores, temerarios, obcecados, inflados y oscurecidos por la vanagloria, más amigos de los placeres carnales del hedonismo que de Dios, los cuales tendrán una apariencia exterior de piedad, pero en realidad están lejos, habiendo negado la fuerza de ella. Apártate lejos de ellos.» (2 Timoteo 3,1-5).

«Porque vendrá el tiempo en que los hombres no soportarán la sana y santa enseñanza, sino que, llevados de sus caprichos y los deseos perversos de sus corazones, buscarán distintos maestros falsos que les halaguen el oído; se apartarán de la verdad girando a otra parte sus oídos y harán caso a las fábulas, a los cuentos y los mitos (2 Timoteo 4,3-4).

Esto le dice el Apóstol, mis queridos, a su discípulo Timoteo, preparándolo no solo a él, sino a toda la Iglesia para enfrentar lo que vendrá. ¿Ven ustedes que hoy hemos escuchado la carta del Apóstol? Entonces, esta carta no es solo un patrimonio de Timoteo. Es patrimonio de toda la Iglesia, y por lo tanto se dirige a todos los cristianos de todos los siglos, tiempos y edades.

El futuro es sombrío o lúgubre. Y su oscuridad, mis queridos, ya la percibimos. Vemos todos estas características y caracteres que el Apóstol describe. Y atención, no me digan que siempre los hombres fueron así, como los describe el Apóstol. Él no habla de los que están fuera de la Iglesia. Habla de los cristianos. ¿Serán los cristianos como los describe? Sí, los cristianos, no los no cristianos. Es decir, los cristianos llegarán a ser como los describe el Apóstol.

Decidme, ¿no es sombrío y lúgubre el futuro? Y este futuro, que ya han pasado más de dos mil años desde que fue escrito, ya lo estamos viviendo. Hoy, las personas pisotean el Evangelio. Hoy, las personas se vuelven contra el Evangelio, se burlan de él, ¡los cristianos! ¡Los cristianos! ¡Y los sacerdotes! ¡Y los obispos! ¡Y los patriarcas! De manera abierta y secreta se burlan y luchan contra del Evangelio.

El Apóstol ya lo había dicho a los presbíteros, ancianos sabios de Éfeso: «De entre ustedes mismos, de entre los presbíteros, ancianos, surgirán hombres que hablarán cosas corruptas. De entre los clérigos surgirán herejes. Y hablarán, enseñarán y ganarán seguidores». El Apóstol advirtió de muchas maneras a la Iglesia sobre lo que sucedería, y vemos que todo esto está sucediendo, queridos.

¿Qué puede decir uno? El santo Cosmás de Etolia dijo que «Harás tres días de camino para encontrar un buen sacerdote, porque los sacerdotes se habrán vuelto como los laicos». (Yo el traductor, especialmente desde España hago tres mil km yendo a Grecia buscando con linterna, como el filósofo Diógenes en antiguo Atenas, buscando algún monje, monja o sacerdote iluminado). ¿Cómo piensan los laicos? Disfrutan, comen, beben, se emborrachan, se divierten, se preocupan sobre cosas materiales por sus hijos, por su dinero, sus inversiones. «Como piensan los laicos», dice él, «así pensarán los sacerdotes. Y los laicos, ¿cómo serán? Los laicos serán como los demonios». ¡Tremenda situación! (¡Desgraciadamente la vivimos hoy en día al pie de la letra, conmovedor, terrible!)

Y como les dije, en nuestra época vemos esta situación. Ya ha comenzado (1980). Y es a nivel global, en todo el mundo, y especialmente en el mundo cristiano…

Pero nosotros, si suponemos que mantenemos el Evangelio saludable, ¿qué debemos hacer? ¿Dejaremos, de manera fatalista, que nos arrastre la corriente general, la corriente mundial, hacia la perdición y la destrucción? » Pero tú estate en nipsis y alerta siempre a las cosas que Dios quiere, soporta con paciencia los sufrimientos de tu diaconado, predica el Evangelio, cumple bien el servicio que te has hecho cargo en la Iglesia. Tú, sin embargo, mantente sobrio en todo, sufre penalidades, haz la obra de un evangelista, cumple tu ministerio». Esa palabra «pero tú» es contrapuesta. Esto sucede con los cristianos caídos, los cristianos que ya se han desmoronado. Pero tú, ¿qué harás? ¿Veis? «Pero tú”, no así, sino de manera diferente.

El Apóstol introduce de inmediato la contradicción. Esta contradicción es de una importancia fundamental. Algo que merece mucha atención es que nuestros cristianos no pueden soportar esta contradicción. Por favor, presten mucha atención en este punto. ¿Qué significa esto exactamente? Nuestros cristianos quieren imitar a los demás, como los ven los demás en su vida social. Esto no es correcto, queridos. Es decir, si veo a otro cristiano recaído, ¿debo yo llegar a ser como él? ¿Debo caer también? ¿Por qué no tengo la fuerza y energía, la dinámica para confesar mi fe?

Pero el diablo ha sembrado adecuadamente su semilla. Y ¿cuál es esa semilla? Que, supuestamente, seré un hipócrita si no quiero mezclarme con los demás fieles, si me muestro como el que vive piadosamente o religiosamente, yo el hombre sobrio, níptico con templanza y autodominio, el hombre espiritual, el hombre piadoso. Y así, eso se considera hipocresía… La hipocresía es lo contrario, queridos. Es actuar como si fuera como los demás seres humanos, como si siguiera la moda de los vestidos y todo lo que nos rodea, como si usara lo que usan los demás, como si me peinara como los demás. Como si construyera las casas como los demás.

Así, en este clima de moda, también somos arrastrados en lo que respecta a la fe. Los demás no creen, ¿debemos nosotros no creer? Los demás son impíos, ¿debemos ser impíos también? Pero no nos va eso. Así que, nos ocultaremos. Entonces, mostramos que no somos piadosos. Pero dentro de nosotros, nos aseguramos de ser piadosos. Porque si lo revelamos, nos llamarán hipócritas… Pero díganme, ¿acaso esconderse no es exactamente hipocresía?

¿Y el confesar, el revelar mi ser, no es una verdadera confesión y apología? Y no olvidemos que en una época que constantemente decae, en una época en la que todo se aleja de Dios, debemos permanecer firmes y ser confesores. Quizás, aunque cada santo es un confesor, cada santo, incluso en la época más santa, es un confesor, sin embargo, nuestra Iglesia ha reconocido una clase especial de confesores; aquellos que pueden no haber derramado su sangre, pero que, sin embargo, levantaron su estatura y confesaron. Y lo importante es que esta clase de confesores se creó precisamente cuando los de la misma fe se volvieron contra ella. Cuando, por ejemplo, los herejes dentro de la Iglesia, que llegaron a ser muchos, se alzaron para imponer su herejía, entonces los que pensaban correctamente y ortodoxamente se alzaron también, y dijeron: «No. No es así; es así». Y es que la Iglesia honra especialmente a estos confesores y los coloca junto con los mártires. Además, muchos de los confesores realmente derramaron su sangre, o murieron debido a diversas dificultades en las prisiones, o sufrieron, a veces, indescriptibles martirios.

Como el santo Teodoro el Escritor, a quien le cortaron la lengua, le cortaron la mano derecha para que no escribiera ni hablara ortodoxamente, igual san Máximo el Confesor, etc. Y cuántos, cuántos sufrieron grandes palizas o pasaron mucho tiempo en prisión, y su vida se acortó y murieron.

Por lo tanto, debemos convertirnos y hacernos confesores. Y con nuestro ejemplo y con nuestros logos y palabras. Que cada uno se lo diga a sí mismo: «Este es el mundo. Tú, hombre, Athanasios, Georgios, tú no debes ser así». ¿Pero qué? «Mantente en nipsis sobrio en todo». «Mantente sobrio Νῆφε ἐν πᾶσι». «. El verbo «νήφω nifo» se utiliza para hablar de alguien que no ha bebido vino y, por lo tanto, tiene la mente muy clara. El Apóstol Pablo usa apropiadamente este verbo «νήφω»; que significa abstenerse de vino. Si abrimos un diccionario, encontraremos este significado: abstenerse de vino. Y, por lo tanto, no tengo el cerebro, la mente embriagada. El Apóstol lo usa intencionadamente para mostrar que todos los hombres, es decir, los cristianos, han bebido el vino del pecado. Y se han embriagado. «Y tú, Timoteo, vivirás entre cristianos tambaleantes; que han bebido el vino del pecado. Y, por lo tanto, su cerebro, su mente no está clara, no tienen el ojo limpio para ver la realidad. Tú, sin embargo, mantente en nipsis sobrio. Tú no bebas el vino del pecado». ¿Ven cómo se nubla la mente y el ojo del hombre, para ver sus propios intereses, cuando vive en el pecado? «Tú, sin embargo, mantente en nipsis sobrio. Para que puedas ver. ¿Qué debes ver? Primero, para discernir los καιροί tiempos o épocas. Para ver qué son los tiempos o épocas».

Es característico que, hacia al santo Policarpo, el santo Ignacio, obispo de Esmirna, le escribe algo similar: «Ten cuidado», le dice; «debes discernir los tiempos o épocas, ver los tiempos. Y no esperar a Aquel que esperamos, Jesús Cristo». ¿Cómo puede uno discernir los tiempos? ¿Cómo puede uno ver, describir y calificar su época? ¿Cómo puede uno decir que esto ya se aleja de Dios? ¿Que esto no debo seguirlo ni vivirlo? Solo cuando tiene la mente clara. Cuando está en nipsis sobrio. Muy importante esto de «mantente en nipsis sobrio en todo». «Debes estar en nipsis sobrio en todo, pero también en cada momento. En todo y siempre». Los Padres tomaron este «νήφω nifo» y lo desarrollaron con una profundidad inconmensurable. Y crearon nuestra conocida «Teología Niptica». «Níptico» proviene de «νήφω», que significa «guardia, alerta, vigilancia del νούς (nus: espíritu de la psique) con la mente, sobriedad, lucidez y pureza del corazón». «¿Qué es», dice, «la nipsis sobriedad? Guardia, vigilancia del nus con la mente y lucidez y pureza del corazón. Debes guardar y vigilar tu nus. ¿Por qué debes vigilar tu nus? Para que pueda estar claro, transparente y lúcido».

Los cristales, queridos míos, que se colocan en los telescopios, ¿saben en qué buen estado se mantienen? Una vez, un famoso astrónomo descubrió un planeta en nuestro sistema solar. Esto ocurrió hace algunos siglos. Entonces dijo que había descubierto un planeta, muy distante. Los demás dijeron: «Limpia bien tus lentes. No viste bien. Parece que un pedazo de suciedad pasó y pensaste que era un planeta». Claro, el astrónomo tenía razón. Había realmente descubierto un nuevo planeta. Pero el ejemplo demuestra que las lentes deben mantenerse absolutamente limpias. ¿Sabían que cuando fabrican estos cristales en las fábricas, los mantienen en sistemas tales que no sufran alteraciones? Un terremoto, por ejemplo, o un avión que pase y cause una vibración… Durante un año, estos lentes se mantienen en calma total hasta que se enfrían. Me dirán: «Pero se enfrían en 24 o 48 horas». ¡Un año se mantienen así! Y los lentes se guardan en sistemas de total calma para estar completamente limpios. Así también debe ser el nus y la mente humana. Debe ser un lente transparente clarísimo, que distinga todo. Para llegar a ser así, debe ser guardado. ¿De qué? De todo lo que es ajeno a ese nus. Es decir, del pecado en particular. Por lo tanto, guardia o protección del nus. «Guardar» significa protección. Debes proteger tu nus. Y mantener limpio y lúcido el corazón. Cuando mantienes ambos, entonces: “Bienaventurados los sanados, puros y limpios del corazón, o los que han hecho la catarsis, la purgación, sanación y limpieza de su corazón de cada mancha del pecado, porque ellos contemplarán y verán la doxa-gloria luz increada de Dios«.

«Pero tú estate en nipsis y alerta siempre a las cosas que Dios quiere, soporta con paciencia los sufrimientos de tu diaconado…» (2Tim 4.5). Queridos míos, cuando vivimos en una época que actúa y se comporta de esta manera, ¿no lo pasarán mal y sufrirán aquellos que piensan correctamente de manera automática? Si alguien es clérigo y ve a otros sacerdotes que no van por el buen camino, ¿no sufrirá él también? ¿Cómo sufrirá? ¿Acaso no caerá sobre sus hombros un trabajo doble, triple, incluso cien veces más, para salvar lo que pueda? Esto es precisamente lo que dice el Apóstol a Timoteo. «Tú, por lo tanto, soporta con paciencia los sufrimientos». No porque la naturaleza de la vida espiritual y de la difusión del Evangelio sea solo sufrimiento, sino que el sufrimiento será especialmente mayor cuando el mundo se haya pervertido, cuando los cristianos ya no cuiden lo verdadero, lo ortodoxo y lo correcto, y cuando el clero se haya corrompido y se concentre solo en cómo enriquecerse y divertirse.

«Haz la obra de un evangelista». No se refiere a salir a predicar por aquí y por allá, como hacían los demás apóstoles. Pero ¿qué significa esto? Timoteo era obispo de una ciudad. «Haz la obra de un evangelista» significa: «No dejes de evangelizar a Cristo desde la mañana hasta la noche, y desde la noche hasta la mañana. Habla, di lo mismo una y otra vez, y golpea los oídos de tus oyentes con lo mismo una y otra vez. No digas: ‘Voy a parar’. No digas: ‘Ya lo dije’. No digas: ‘Ya avisé’. Tú sigue hablando, habla continuamente». Como el mismo Apóstol les dijo a los efesios cuando los saludó por última vez. Les dijo: «Recuerden que noche y día os aconsejaba y os enseñaba».

No crean, queridos míos, que esto solo recae sobre los hombros de Timoteo o del obispo, o sobre los hombros del presbítero o diácono de cualquier época. Si lo quieren, esto aplica a todo creyente. ¿Podría acaso un sacerdote o un obispo lograrlo todo solo? ¿No deben ayudar los fieles que han entendido las cosas? Por eso hay un llamado. Un llamado a todos los fieles. Dondequiera que estén, dondequiera que se encuentren, abran conversación, abran debate, hablen sobre Cristo. Les contaré un ejemplo muy malo, pero útil. Aprendamos de los herejes. Dondequiera que se sientan, los herejes abrirán conversación. Al menos, aprendamos de ellos. Y digamos: «¿Por qué ellos actúan de esta manera? ¿Por qué tienen celo demoníaco? Y nosotros, ¿por qué no tenemos celo, entusiasmo por Cristo?». Así, cuando comencemos a hablar de cosas triviales, charlas inútiles, no sé qué, empecemos a hablar… ¿Qué? Pues de aquello que leíste en la mañana en la Santa Escritura. ¿No lees la Santa Escritura, hermano? Si la lees, ¿qué leíste en la mañana? Pues ese pasaje que leíste, háblalo durante el día. ¿Y mañana? El otro pasaje que leíste. Y algún día verás que podrás hablar de toda la Escritura, porque serás dueño del jardín de la Escritura y te moverás como te guste, recogiendo las flores que necesites para hacer hermosos ramos, y ofreciendo esos ramos a cualquier fiel que te pida las flores de este Paraíso que se llama «Logos de Dios, Santa Escritura».

«Cumple tu diaconía (servicio, trabajo, ministerio)». ¿Cuál es tu diaconía? La obra pastoral del obispo. No olviden, lo diré una vez más, que en la obra pastoral también deben ayudar los fieles. ¿Cómo quieren que el presbítero, el obispo, logre todo y lo haga bien si no tiene la ayuda de los fieles? Los fieles también deben ayudar. ¿Cuánto deben ayudar? Como diríamos: «Bueno, dedicaré una tarde a la semana, siempre que pueda, para hacer algo». Dice: «Cumple tu diaconía». El verbo «πληροφόρησον» no tiene el significado moderno de «dar información». Más bien significa «llevar a la plenitud. Πληρόω – πληρῶ». Llevar a la plenitud; lo que significa que «la obra que asumirás para ayudar a la Iglesia, llévala a la perfección; hazla completa, tanto en cantidad como en calidad».

¿Qué dicen, queridos míos? ¿Tenemos trabajo por hacer? Tenemos muchísimo trabajo. No dejen que la obra de Dios recaiga sobre los hombros de unos pocos. Esos hombros se cansan y se hunden. Y caen. Porque la obra es pesada. Ayuden. Ayuden tanto como puedan. En cierta ocasión, para que los israelitas pudieran vencer, Moisés tenía que mantener sus manos levantadas, desde la mañana hasta la noche. Tenía que vencer a los amalecitas, el símbolo de la cruz. Con la cruz vencerían. Y entonces Moisés se cansaba. Era un hombre anciano. Tenía cien años. Salió de Egipto a los ochenta años, y a los ciento veinte dejó este mundo. Pasaron cuarenta años en el desierto. Y se cansaba. Imagínense ustedes, que a ustedes les pongan a mantener las manos levantadas durante doce horas… Y las bajaba. Tan pronto como bajaba las manos, los amalecitas vencían. Entonces llamó a dos personas. A Hur y a su hermano Aarón. Y ellos sostenían las manos de Moisés. Uno con una mano y el otro con la otra. Así que apoyaba las manos sobre ellos. Para que se mantuviera el signo de la cruz, y los israelitas vencieran. Y los israelitas ganaron.

Pues bien, para que las manos de los obreros del Evangelio se mantengan firmes, los hombros de estos aguanten, para que no se cansen, porque se han cansado, y como dije, se doblan, ayuden esas manos. Ayúdenlas de cualquier manera, para que se mantengan más y más psiques-almas cristianas firmes. En una época en la que todo se derrumba y todo es arrastrado. Lo que el Apóstol Pablo profetizó, lo vemos cumplirse ampliamente en nuestra época.

Y aún más, mientras avanzamos hacia los tiempos finales, el mal seguirá avanzando más y más. Bien, esto es así en el mundo. Pero nosotros, debemos permanecer firmes. Firmes para estar ante Cristo, ganando Su reinado de la Realeza (energía increada). Amén.

Yérontas Atanasios Mitilineos,

Para la gloria del Dios Trinitario
transcripción de la grabación de la homilía a texto electrónico y edición: Eleni Linardaki, filóloga
Fuentes: FUENTE: http://www.arnion.gr/mp3/omilies/p_athanasios/omiliai

_kyriakvn/omiliai_kyriakvn_260.mp3

Traducido por: Χρῆστος Χρυσούλας Jristos Jrisulas https://logosortodoxo.es/

 

  1. Nipsis Νήψηs Sobriedad y vigilancia interior

Νήψηs (nipsis) Sobriedad espiritual, su principal interpretación es sobriedad, o sea, el estado aquel que es contrario a la embriaguez.

Νήψηs (nipsis) el verbo es νήφω (nifo,) a) sobrio, me abstengo del vino b) estoy sereno c) estoy sin pasiones, impasible, d) soy sensato, prudente, pienso con atrevimiento, e) estoy atento y previsible 5) metaf. tengo autodominio o autocontrol, autovigilancia; término utilizado por los Apóstoles, 2 Tim 4,5 1 Tim 2,3 1Ped 1, 13 etc., por todos los Santos Padres Helenos de todos los tiempos hasta hoy en día, especialmente en la Filocalía de los grandes Santos Nípticos.

Νήψηs (nipsis) metafóricamente en el lenguaje ortodoxo y escritura, es la sobriedad espiritual, lucidez, vigilancia y alerta que se expresa por la actitud del cuidado y la vigilancia, donde el hombre inspecciona y cuida su pensamiento interior y su fantasía o imaginación. A la vez supone inspección y vigilancia del corazón y del nus. La nipsis depura la oración y la oración purifica, clarifica la nipsis.

San Hisíjio en la Filocalía tomo 1, nos describe algunos métodos de la nipsis: 13. Ahora bien, cuántos métodos y maneras de nipsis existen, según a mí, que pueden hacer la catarsis y limpiar el nus de los apasionados y malos loyismí, no dudaré ni me cansaré de mostrártelos con un lenguaje sencillo y sin adornos. Porque no me parece bien, en tiempos de guerra espiritual, esconder y disfrazar dentro de este logos la utilidad mediante palabras elegantes; sobre todo cuando es dirigido a personas sencillas. Dice Pablo: “Y tú hijo mío Timoteo, estate en nipsis, presta atención lo que estudias y lees” (Tim 4,13).

Un método de nipsis es examinar frecuente y atentamente la fantasía del malo y astuto loyismós; es decir, el “ataque o asalto”, porque el satanás sin la fantasía no puede crear loyismí y presentarlos al nus-espíritu para engañarlo.

Otro método es mantener el corazón siempre en profundo silencio e hisijía, alejado de todo loyismós, y orar.

Otro método es rogar, suplicar continuamente al Señor Jesús Cristo con humildad para que venga en ayuda.

Otro método es tener ininterrumpido el recuerdo de la muerte.

Sobre el importante método que consiste en mirar sólo al cielo considerando a la tierra como nada, es también una práctica tan eficaz como otras, hablaré al respecto más en extenso en otro momento, si ello place a Dios y me inspira logos. Todas estas prácticas, querido mío, son como porteros terribles que impiden los pensamientos malignos y viles… continúa en http://www.logosortodoxo.com/filocalia/san-hesiquio-de-bazos-203-logos-sobre-nipsis-hisijia-y-oracion-de-corazon-o-de-jesus/

Metropolita Ieroteo Vlajos: «Hablando sobre la nipsis ortodoxa entendemos la alerta y atención del hombre en mantener limpio su nus de varios loyismí (pensamientos, reflexiones) e imágenes, fantasías que mortifican su libertad interior y su claridad, limpieza y le separan de la comunión con Dios que consiste en la gnosis (conocimiento increado) de Dios. En el corazón se debe de encontrar sólo el nus, la atención y su energía y no los loyismí. Esta nipsis se llama por los Padres de la Iglesia también como “santa hisijía” o santa serenidad o serenidad cardíaca (del corazón psicosomático)».

La nipsis es el camino para la adquisición de cada virtud y los mandamientos, los logos de Dios.

Del libro: “La vida Espiritual en Cristo”, por exmetropólita de Pireo Kalínikos Karuso.

En la vida espiritual que hace el fiel para armonizar siempre su vida con la voluntad del Señor y hacer una vida “en Cristo” auténtica vida espiritual, tiene un gran valor y posición la nipsis, la alerta y la atención. Ellas constituyen la llave de la vida espiritual y contienen un cuidado de permanente vigilancia y alerta, de modo que nunca el fiel sea acogido por el sueño de la negligencia, de la pereza espiritual y del descarrilamiento de su senda correcta. La palabra nipsis, que se encuentra muy a menudo en la filología patrística, para la terminología eclesiástica significa permanente vigilancia, observación del nus y del corazón. Por eso se llama también guardia, es decir, guardián del nus, que significa una permanente vigilancia y alerta para que no domine nunca sobre nuestra psique el enemigo.
La palabra νήψις nipsis proviene de verbo νήφω nifo, que significa estoy en vela, alerta continua, estoy atento. Existe una enfermedad peligrosa, que lucha contra el fiel el que quiere hacer una vida cristiana correcta. Esta enfermedad es la negligencia y la pereza espiritual. Este estado fácilmente puede introducirse al corazón y dominar. Desgraciadamente estamos propensos hacia la negligencia y la pereza espiritual. Por eso la nipsis, la alerta es el fármaco imprescindible para que nuestro corazón esté siempre despierto y no sea capturado por el sueño de la pereza espiritual.

Ejemplo para evitar son las conocidas cinco vírgenes tontas o negligentes de la parábola del Evangelio que fueron atrapadas por la negligencia. En su camino el cristiano debe superar venciendo muchos impedimentos y dificultades. En cada paso suyo hay trampas e impedimentos. Sea por el antiguo hombre que está en nuestro interior, sea por los impedimentos que nos pone nuestro enemigo de la psique, el diablo. La nipsis es el fármaco que nos mantiene despiertos y atentos. Nos abre los ojos (espirituales) para ver los impedimentos, las trampas y nos ayuda a resistir, luchar y vencer. La nipsis está conectada inquebrantablemente con la oración, que es nuestra arma grande de nuestro combate y nuestra lucha espiritual.

Según los Padres de la Iglesia no se entiende nipsis sin oración. Nuestro Señor muchas veces nos habló sobre la alerta y la oración. Dijo: «Estad en alerta, velad y orad, para que no caigáis en tentación…» Mt 26,41 (Exmetropólita de Pireo Kalínikos Karuso). https://logosortodoxo.es/alfa%cf%89mega-gran-lexico-ortodoxo/

 

Homilía apocalíptica y profética, π. Atanasio Mitilineos, en el Año Nuevo, titulada: La Teología de la Historia

Feliz 2025 con CRISTODIOS

Ευτυχισμένο 2025 μαζί με τον Αληθινό ΘεόΧριστό  

 

Homilía apocalíptica y profética, π. Atanasio Mitilineos,

En el Año Nuevo, titulada: La Teología de la Historia

[Transcripción de la homilía pronunciada en el Sagrado Monasterio de Komninenon, Larisa, el 1-1-2001]

(Se sugiere leer https://logosortodoxo.es/teologia-ortodoxa/la-relacion-del-hombre-con-el-espacio-y-el-tiempo/

También

https://logosortodoxo.es/teologia-ortodoxa/la-vision-ortodoxa-de-la-nocion-del-tiempo/ )

 

Una vez más, queridos míos, es el primer día del año. Ya nos encontramos en el primer peldaño del edificio anual del calendario. En el mismo día celebramos también la octava de la Circuncisión de nuestro Señor Jesús Cristo. Además, conmemoramos la memoria venerable del gran padre de nuestra Iglesia Ortodoxa, Basilio el Magno, llamado “Ουρανοφάντορος Uranofántor”, lo que significa, «aquel cuya gloria se muestra y se ve en lo alto», o también, según Suidas, «aquel que resplandece hasta el cielo y apocalipta-revela los misterios celestiales».

Hoy, sin embargo, nos ocuparemos del concepto del tiempo, que siempre debe servir como una brújula de navegación para cada creyente. El tiempo es un elemento fundamental, no solo porque está vinculado al espacio y es parte inseparable de él —no se concibe el uno sin el otro—, sino también porque constituye un aspecto de la presencia humana de Dios en la tierra y, por ende, de nuestra salvación.

Solo el ser humano, entre todas las criaturas vivientes de la creación, tiene noción del tiempo. Y cuando decimos «noción del tiempo», nos referimos al presente, al pasado y, sobre todo, al futuro. El tiempo está directamente relacionado con nuestra salvación. Además, solo el ser humano sabe que morirá, y esta realidad le plantea interrogantes. La noción del tiempo define la longitud de la vida, su fin, pero también la eternidad. Por eso, el concepto del tiempo es una brújula de navegación, especialmente para el creyente.

El tiempo se expresa con los acontecimientos, es decir, en lo que sucede, los hechos. De la misma manera que cualquier cosa se expresa a través del movimiento o la inmovilidad de todos los cuerpos, que estudia la Física. Cabe señalar que, cuando hablamos de «inmovilidad» (entre paréntesis), esta no existe. Colocaríamos la palabra «inmovilidad» entre comillas, porque ni siquiera dentro de un átomo de materia existe algo inmóvil. Todo está en un movimiento increíble.

Así puede escribir el apóstol Pablo: «Cuando llegó la plenitud del tiempo -es decir, el momento que solo Dios conoce, “envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley’», escribe el Apóstol en su carta a los Gálatas 4; lo, «ya predestinado desde antes de la fundación del mundo -es decir, Cristo-, pero manifestado en los últimos tiempos por causa nuestra». Predestinado desde la creación del mundo, pero ahora revelado a nosotros. O también: «Cuando se acercó el tiempo de la promesa», dice el apóstol Pablo en los Hechos, «que Dios había jurado a Abraham, el pueblo creció y se multiplicó en Egipto» (Hec 7:17).

Por lo tanto, el tiempo está en las manos de Dios. Representa el despliegue de Sus designios y voluntades en este mundo. ¿Qué quiere Dios de los hombres? Si para Dios el tiempo es un elemento fundamental para revelar Sus voluntades y propósitos, también para el hombre el tiempo es un elemento crucial para comprender y aceptar lo que Dios le ofrece.

Dentro de él podemos entender muchas cosas, aunque no todas. Y cuando decimos tiempo, nos referimos a la historia, porque en el tiempo ocurren los acontecimientos, es decir, los hechos. Los hechos constituyen la historia; esto es conocido. Por lo tanto, la historia significa hechos: los hechos que Dios crea, como la Encarnación y todo lo que implica, y la aceptación o el rechazo de estos hechos por parte del hombre. El hombre tiene, de algún modo, la libertad de aceptar o rechazar.

La historia, por tanto, debe interpretarse teológicamente. Lo repito: la Historia debe interpretarse teológicamente, para descifrar los designios y voluntades de Dios y tomar una postura o posición correcta como seres humanos.

El mundo habla de la filosofía de la Historia. Quizás pocas personas instruidas pueden conocer y hablar, o mucho menos tratar filosóficamente la Historia. Aquí permitidme un paréntesis, una aclaración: Platón no se ocupó de la filosofía de la Historia. Por la sencilla razón de que, al ser hechos y, por lo tanto, efímeros, carecen de valor según él. Platón se ocupó de lo que podía permanecer. Para comprender que, efectivamente, pocas personas pueden abordar la filosofía de la Historia, es decir, observarla y analizarla desde una perspectiva filosófica e intelectual humana: «¿Por qué ocurrió esto? ¿De qué depende? ¿Cuál es el significado de esto?». Esa es la filosofía de la Historia.

Por el contrario, la perspectiva teológica de la historia es la interpretación de la Historia con criterios teológicos, y en esta nos detendremos. No nos interesa la filosofía de la Historia, que muchas veces falla porque es un esfuerzo del intelecto humano. Nos quedaremos con los criterios teológicos de la Historia, que son inmutables y derivan de la apocálipsis-revelación de lo que Dios dice. De allí extraemos la teología de la Historia.

Así, el Antiguo Testamento, queridos míos, es un manual, desde una perspectiva. Es un manual de la teología de la Historia. Presten atención: aquellos que con tanta facilidad y ligereza lo rechazan —muchos de nuestros propios cristianos—, lo repetiré: el Antiguo Testamento es un manual de la teología de la Historia. Allí Dios se apocalipta-revela, se revelan sus voluntades y designios y también las consecuencias de aceptar o no aceptar lo que Dios apocalipta-revela. Dios dice algo, y vemos que Su pueblo a veces acepta y otras veces no acepta aquello que Dios apocalipta-revela.

De todos modos, en cada paso, el Antiguo Testamento esto muestra. Les diré un ejemplo. Solo uno, por falta de tiempo. Dios dice: «Si queréis y me escucháis» –dice a través del profeta Isaías– «comeréis los bienes de la tierra. Todo lo que la tierra pueda ofrecer será vuestro. Pero si no queréis ni me escucháis, la espada os devorará; porque la boca del Señor ha hablado estas cosas». ¿Qué significa esto? Ocurre una masacre de personas. Por ejemplo, los babilonios entraron en Palestina, mataron, incendiaron, tomaron cautivos y arrastraron a los hebreos a Babilonia… ¿Qué diría aquí la filosofía de la Historia? ¿Qué podría decir? ¡Ah! Podría decir: «Nabucodonosor fue ambicioso, quiso expandir sus fronteras…». ¡No! Dice la teología de la Historia. Esto es para todos; presten atención. ¡No! Porque no permanecieron en la voluntad de Dios. Si le dices esto a personas seculares, inmediatamente rechazarán lo que dices, e incluso te rechazarán a ti. Por eso estas cosas son muy importantes. ¿Por qué nos atacaron? ¿Por qué entramos en la Segunda Guerra Mundial? ¿Por qué ganamos, perdimos, esto o aquello? ¿Por qué? ¿Por qué perdimos Asia Menor? ¿Por qué razón?

«Esto dice el Señor», dice el profeta Jeremías, «Preguntad entre las naciones: ¿Quién ha oído cosas tan terribles como las que hizo el virgen (casto)  Israel?». Le llama «el virgen» porque no se había mezclado con la idolatría; pero, ¡ay de ella!: «Porque mi pueblo me olvidó, ofrecieron incienso a lo vano –es decir, a los ídolos–; como viento abrasador los dispersaré frente a sus enemigos, les mostraré el día de su perdición», dice en el capítulo 18 Jeremías. Allí encontramos la respuesta. Esta es la teología de la Historia. No agradaron a Dios. No porque fueran un pueblo pequeño, ni por ninguna otra cosa de esas.

Así se sigue este esquema: Promesas de Dios –para bien–, apostasía, castigo, μετάνοια metania, arrepentimiento, y nuevamente las promesas bondadosas de Dios. Este esquema lo utiliza constantemente Dios en el Antiguo Testamento. ¿Lo ven? Y si queréis, también dentro de la Iglesia… El pueblo peca, Dios castiga, el pueblo vuelve a la μετάνοια metania y se arrepiente, y nuevamente Dios, como bondadoso, otorga sus bienes. Este esquema se repite continuamente en la Historia. Así, queridos míos, podemos reflexionar teológicamente sobre la Historia con la ayuda de la apocálipsis-revelación de Dios en la Historia.

Sin embargo, la consideración teológica por excelencia de la Historia se nos da en el Nuevo Testamento. El centro de todas las apocalipsis-revelaciones del Antiguo Testamento es la persona divino-humana (theantrópina) de Jesús Cristo, que también constituye el criterio: el rostro divino-humano de Cristo. Con esto podemos ver e interpretar todo.

En estos días, en estos tiempos, como ven, estamos atravesando diversas turbulencias a nivel mundial. En el marco de lo que hablamos sobre la globalización de todo. Algunos la desean, otros no, algunos están preocupados, otros dicen que es algo bueno… De cualquier manera, hay turbulencias. ¿Con qué ojos interpretaremos los acontecimientos? Si los vemos filosóficamente -por tercera vez insisto-, no los evaluaremos correctamente. Solo si los vemos teológicamente los interpretaremos correctamente. Pueblos que han rechazado la fe ortodoxa y han construido torres de Babel, han derribado sus edificaciones –es decir, sus planes– como torres de papel. Noten, si tuviéramos más tiempo, hablaríamos de por qué Dios no quiere la globalización. No la quiere. Nos referiríamos a la construcción de la torre de Babel. Y Babel significa confusión. Así lo ve el mundo, la filosofía del mundo, y así nos lo apocalipta-revela el logos increado de Dios.

Leemos en el Salmo 2 (he puesto el Salmo entero traducido por mí, JJ, vale la pena leerlo completo): «1 ¿Por qué las naciones idólatras se alborotaron y se desmadraron como caballos salvajes, indomables? ¿Y por qué estos pueblos meditaron y trazaron planes vanidosos, pecaminosos e infructuosos?

2 Los reyes de la tierra se alzaron, y los gobernantes se reunieron en conjunto, contra el Señor y contra Su Ungido, a quien Él consagró como profeta, sumo sacerdote y rey.

3 Rompamos las ataduras que nos mantienen sometidos al Señor y a Su Ungido, y alejemos de nosotros el yugo que nos oprime, dijeron estas naciones impías y los reyes rebeldes.

4 Pero Él, el Dios todopoderoso y justo que habita en los cielos, se reirá y se burlará de ellos, los hará objeto de risa delante de todos.

5 En el momento adecuado, hablará con ellos en su ira y los sacudirá con el estallido de su justa ira.

6 Sin embargo, yo, Cristo o Ungido suyo, a pesar de las enérgicas acciones hostiles de los opuestos, fui entronizado por este Dios y Padre como Rey eterno en el monte santo Sión, en Jerusalén,

7 para proclamar el mandamiento del Señor a todo el mundo. Este es el mandato con el cual me elevó al trono. Mi Señor me dijo: “Tú eres mi Hijo unigénito, al que hoy he engendrado desde mi eterna esencia, hoy te he levantado glorioso de entre los muertos

8 Pide libremente de mí, con la confianza de un hijo, lo que desees, y te daré como herencia todas las naciones, y pondré bajo tu dominio toda la tierra hasta sus confines.

9 Los gobernarás con vara de hierro, con autoridad invulnerable, y quebrantarás a todos aquellos que se opongan a ti como si fueran vasijas de barro frágiles hechas de arcilla.

10 Y ahora, al escuchar estas proclamaciones, vosotros, reyes, sed sensatos, aprended de vuestras experiencias, así como todos vosotros, gobernantes que gobernáis y juzgáis a los pueblos de la tierra.

11 Servid al Señor con temor, para probar en vuestros corazones la alegría que lleva la piedad hacia Dios y el temor que trae consigo, no sea que lo enfurezcan con algún pecado vuestro.

12 Mientras sea el momento adecuado, aprovechad con toda vuestra fuerza y mantened firmemente esta educación que proviene del Señor, no sea que, debido a vuestra negligencia, el Señor se enoje contra vosotros y seáis destruidos y perdidos del camino recto.

13 Cuando dentro de poco el justo enojo de Dios arda como un horno ardiente, serán felices y bendecidos aquellos que hayan puesto su esperanza y confianza en Él».

Es el intento de, en cierto modo, secularizar a todos los pueblos de la tierra. Presten atención, no piensen que cuando llegue el Anticristo abolirá, como tal, la enseñanza del Evangelio, de Cristo; pero abolirá todas las religiones del mundo: el budismo, el islamismo, todas las religiones… ¿Por qué? Quiere lograr que, en esos tres años que gobernará, se le rinda culto a él mismo, lograr su propia adoración -es decir, al diablo a través de la figura del Anticristo. Todas las religiones –lo dice el apóstol Pablo–: no aceptará «ningún objeto de veneración» el Anticristo. Por tanto, entiendan que quiere al ser humano sin religión. Así como lo vemos. Hoy, decimos, para alcanzar la globalización, hay que unirlo todo o rechazarlo todo. Todo lo que es religioso. Todo lo que es venerable. Porque de otra forma no prosperará esta globalización.

Vemos, entonces, la actitud, especialmente de los pueblos cristianos, que ya se han vuelto contra Dios y contra Jesús Cristo; el llamado mundo occidental, el cristianismo occidental. Y emiten resoluciones. ¿Qué dice el Salmo? «Rompamos sus cadenas y arrojemos lejos de nosotros su yugo». Es decir, «dejemos de tener relación con el cristianismo, rechacemos la ética evangélica –oh, Dios mío…– como inútil o impracticable». Es decir, en algún momento Dios «se enfurece», cuando dice que llega un informe al cielo de que en Sodoma las personas practican tales costumbres. Y le dice a Abraham, que aparece «junto a la encina de Mambré»: «Voy a ver, ¿es así?». Escuchen: Dios dice: «Voy a ver, ¿es así? ¿Tal vez… no llegó un buen informe?». Lo muestra con una figura humana –es una figura humana. ¿Acaso Dios no sabe que los hombres cultivan tales actitudes?

Entonces, comprenden, para hacer lo que queremos, lo que nos da la gana –la homosexualidad, en primer lugar, porque eso existía en Sodoma–, debemos rechazar el Evangelio. Sin embargo, «el que habita en los cielos», dice a continuación, «se burlará de ellos, los ridiculizará». Ridiculizar es cuando con los dos dedos me toco la nariz. Era una forma de burla entre los hebreos. Como nosotros, ¿quién no ha sacado la lengua? Es el gesto de los niños pequeños cuando se les dice algo que no quieren. Entonces, entre los hebreos era «me burlo», tomo mis narices y hablo como quien habla sujetándose la nariz, etc.

«Entonces hablará el Señor con ellos». ¿Con qué hablará? Con los acontecimientos, queridos míos. Dios responde con los acontecimientos: «en su ira y en su furia los turbará». Y este «los turbará» son todas las agitaciones que vivimos en todas las épocas, especialmente en la nuestra. Y Dios sabe qué más dará –ni lo sabemos… Esto significa veo la Historia con criterios teológicos. Por eso el salmista saca sus conclusiones y dice, en el mismo Salmo, el segundo: porque habla Dios, pero también el salmista interviene, por así decirlo: «Y ahora», dice, porque teme, porque se preocupa: «¿A dónde iremos?». «Y ahora, reyes, entended, educaos, enseñaos y corregíos, todos los que juzgáis la tierra. Tomad educación o enseñanza». ¿Saben? Uno de los nombres de Jesús Cristo, no sé si lo saben, es el nombre Παιδεία Pedía (Educación, Enseñanza), con P mayúscula o el Educador. Es decir, «abrazad a Cristo, vivid cristianamente», eso quiere decir: «para que no se enfurezca el Señor y perezcáis en el camino justo. Cuando su furia se encienda de repente, bienaventurados todos los que confían en él». Somos bienaventurados si creemos en lo que Dios dice y, por supuesto, protegemos y guardamos nuestro ser.

El futuro, que es parte del tiempo, queridos, es siempre una esperanza del presente para corregir el pasado. No nos desanimemos. Está en nuestras manos. Cuando Caín se dio cuenta de que su sacrificio no fue aceptado, su rostro se oscureció, se llenó de tristeza, y Dios le dijo: «¿Por qué te has entristecido?». De hecho, le dice: «¿Por qué se ha caído, enturbiado tu rostro?». Como decimos nosotros: «¿Por qué bajaste la mirada?». «Tranquilízate; es decir: no temas», «a ti corresponde el asunto, y tú puedes gobernarte a ti mismo para corregir algo. Pero Caín fue vencido por el mal y mató a Abel, a quien había envidiado tanto.

El Año Nuevo es un punto de partida en el tiempo. Expresamos muchos deseos. Hagamos el comienzo para realizar nuestro regreso a Dios. Está en nuestras manos. Los niños cantan: «Se va el año viejo…». Lo alejamos porque, en esencia, nos pesan nuestros errores y pecados. Buscamos el nuevo año porque dentro de nosotros tenemos esperanzas de mejora. Y la esperanza siempre está ligada al tiempo. Volvamos al Señor, porque Él sabe cómo proteger a Su pueblo.

Queridos míos, comencemos a adquirir una visión teológica, un ojo teológico, criterios teológicos. Siempre bajo la guía de las Sagradas Escrituras y de los Padres de nuestra Iglesia. Debemos interpretar la Historia teológicamente y reconocer la presencia viva de Cristo en ella. Así también debemos discernir los propósitos o voluntades de Dios, Su αγάπη (agapi: amor incondicional), Su sabiduría y Su justicia. Encontrar la medida con la que juzgaremos la Historia. Y esta medida es Cristo. Dejemos de decir lo que decía Protágoras, el sofista, que recordaréis de la escuela: «El hombre es la medida de todas las cosas». No… «La medida de todas las cosas es Cristo». Él es la medida con la que mediremos todo. Por lo tanto, Cristo es el Juez de la Historia. El Cristo también es el criterio de la Historia.

Como ve el evangelista Juan y escucha en el Apocalipsis: «Y vi cuando el Cordero abrió uno, el primero, de los siete sellos, y oí a uno de los cuatro seres o animales espirituales que decía con voz de trueno: Ven» (Apoc 6:1). Esto se dirige al Señor, a Jesús Cristo. ¿Ven a dónde? A la Historia. A la Historia. ¡Ven! «Y miré, y he aquí vi un caballo blanco; y el que lo montaba tenía un arco, y le fue dado una corona, y salió venciendo, y para seguir venciendo [hasta el fin de los siglos]. (La icona-imagen simboliza el kerigma del Evangelio, el cual desde el principio vence y estará venciendo el mal y el maligno para la salvación de los hombres. Es la victoria la que venció al mundo)» (Apoc 6:2). Cristo vencerá. Está escrito. No vencerán las fuerzas de este mundo. Cristo vencerá.

Queridos míos, esta es la gran esperanza de Cristo. Cuando usamos a Cristo como el criterio de todo y cuando tenemos la esperanza de que Él vencerá, y que nuestras luchas no serán en vano, entonces tenemos esperanza, nos alegramos, incluso en un mundo lleno de eventos, acontecimientos en su mayoría desagradables. Por eso, nunca dejemos que Cristo se aleje de nuestras vidas.

Queridos míos, que tengan un buen año, bendecido por el Señor.

PARA LA GLORIA DEL SANTO DIOS TRINITARIO
Y con infinita gratitud hacia nuestro guía espiritual, el difunto padre Athanasios de Mitileneos,
Transcripción del discurso y digitalización del texto: Eleni Linardaki, filóloga
FUENTE: http://www.arnion.gr/mp3/omilies/p_athanasios/omiliai_kyriakvn/omiliai_kyriakvn_260.mp3 

Traducido por: Χρῆστος Χρυσούλας Jristos Jrisulas https://logosortodoxo.es/

 

Ἡσυχασμὸς Hisijasmo: El corazón de la tradición ascética ortodoxa. El rocío vivificante del corazón

Ἡσυχασμὸς Hisijasmo: El corazón de la tradición ascética ortodoxa. El rocío vivificante del corazón

Por el Archimandrita Zacarias Zajaru

Monasterio san Juan el Bautista Essex Inglaterra

(Al final del texto los términos Ἡσυχασμὸς hisijasmós, Ησυχία hisijía y νήψις nipsis)

El Ἡσυχασμὸς hisijasmo no es un sistema de misticismo ortodoxo, sino una enseñanza completa y una θεωρία (zeoría: contemplación, expectación) del «gran misterio de la piedad»1 que Cristo reveló con su presencia en la tierra. La práctica ascética del hisijasmo es lo más sagrado, santo y perfecto que existe en la Santa Tradición Ortodoxa.

En la tradición ortodoxa, el hisijasmo nunca se ha considerado un fin en sí mismo ni un medio para adquirir la χάρις (jaris: gracia energía increada), sino un camino para encontrar y hacer la catarsis del corazón, (la psicoterapia) como un medio de enfocar la atención y mantener la memoria de Dios. En otras palabras, la oración hisijasta es un medio de κοινωνία (kinonía: participación, conexión y comunión) y unión con el Dios vivo y personal.

A menudo, las personas se preguntan cómo pueden evitar la ἁμαρτία (amartía: fallar el blanco, pecado, fallar la voluntad de Dios, enfermedad espiritual,) en la época contemporánea, cuando están rodeadas por tentaciones constantes. Todo lo que uno escucha o ve en el mundo contribuye, directa o indirectamente a la amartía al pecado. Sin embargo, el Señor fortaleció a su pueblo con un arma invencible, al darles el mandamiento de la νήψις nipsis: «Velad y orad para que no entréis en tentación» (Mateo 26:41). Y a través de lοs logos de Su apóstol explicó resumidamente: «Por eso, concentrad vuestro nus-espíritu y el intelecto/mente, estando en nipsis, alerta y vigilancia en sobriedad continua, [liberarlo de toda cosa que le oscurece y le aleja de Dios, estando en vela y continencia], y poned toda vuestra esperanza en la χάρις (jaris: gracia energía increada) que se os dará el día de la apocalipsis-revelación de Jesús Cristo, [durante aquel gran día de su majestuosa segunda parusía (presencia o venida)]» (1Pedro 1:13).

 

Ἡσυχασμός Hisijasmo: El rocío vivificante del corazón

La persona que hace o está en nipsis (vigilante) dirige su atención hacia el interior. Con el trabajo de la nipsis cultiva un espacio luminoso en el corazón hacia el cual se atrae el νούς (nus: espíritu de la psique) con la mente o intelecto, encontrando descanso. Como resultado, las impresiones que recibe a través de los sentidos no dejan huellas ni heridas significativas en su mente, intelecto, cerebro) ni en su νούς nus y corazón. Por esta razón, el hisijasmo es particularmente relevante en nuestro tiempo.

El hisijasmo significa la victoria del ser humano sobre los πάθος pazos y el mal del mundo; significa el descanso del Espíritu en la cámara nupcial del corazón. Es una práctica de doble carácter: por un lado, implica despojarse, renunciar y abandonar, y por otro, asumir, vestirse y recibir plenitud. Nadie puede entrar en el puerto tranquilo de la ησυχία (hisijía: serenidad mental y paz cordial) si no se convierte primero en aquel que «permanece con Cristo en sus sufrimientos»4 (Lucas 22:28), ascender a la cruz con el Señor, morir completamente al mundo, resucitar con Cristo (despertar espiritualmente) y participar en la plenitud de Su vida.

Los mártires, en un instante, desafiaron la amenaza de la muerte por la ἀγάπη (agapi: amor incondicional) a Dios, recibieron la corona de la salvación y glorificación, y entraron triunfantes en el reinado de la Realeza increada de los Cielos. Sin embargo, el martirio diario de los ascetas o practicantes hisijastas o los que practican el método hisijasta (la oración de Jesús o del corazón), que durante décadas mantienen el “indomable o imparable” νούς nus con la mente» constantemente en su pecho invocando al Señor Jesús Cristo, es indescriptible e incomprensible para ojos ajenos.

La presencia continua del νούς nus con la mente en el corazón requiere gran paciencia y en ningún caso es pasiva. Exige que la persona lleve siempre en su cuerpo las «marcas del Señor Jesús«5 (Gálatas 6:17), que sea «amiga de la cruz«, que tenga un corazón circuncidado y afligido con un dolor incontenible, pero al mismo tiempo luminoso y dulce.

Las raíces del hisijasmo se extienden hasta el Antiguo Testamento. Ya en el Génesis se menciona que las personas «comenzaron a invocar el nombre del Señor«6 (Génesis 4:26).  El mismo Dios indicó al pueblo elegido el hisijasmo como camino hacia el verdadero conocimiento-gnosis y κοινωνία (kinonía: participación, conexión y comunión) con Él, dando el mandamiento: «Estad atentos, dejad las preocupaciones mundanas y sabed que yoSoy Dios» (Salmo 45:11).

Las visiones de los profetas y justos, como Moisés y Elías, fueron precedidas por la ἡσυχία (hisijía: serenidad mental y paz cordial) y la oración a Dios. La Santísima Θεοτόκος (Zeotokos: la que da a luz a Dios, madre de Dios) dedicaba su tiempo en el Santo de los Santos (Altar de los Altares) a la oración hisijasta y al estudio de las Escrituras. En el fervor de esta oración, recibió el mensaje sobrenatural de la Anunciación y concibió en su vientre al único de la Trinidad, el Logos increado, el Señor Jesús.

El mismo Señor, dándonos el ejemplo, durante su vida terrenal se retiraba a lugares solitarios para orar. Especialmente antes de su terrible sacrificio, oró con sudor de sangre en Getsemaní para que Su obra llevara el sello de la bendición del Padre. Antes de resucitar y llenar «todo y todas las cosas de luz»8, el Señor Jesús descansó tres días en la tumba, mientras «todo cuerpo-carne mortal guardaba silencio»9. El Espíritu Santo descendió al mundo mientras los discípulos permanecían unidos en un cuerpo en ἡσυχία (hisijía: serenidad mental y paz cordial).

El hecho de que el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios no solo señala su origen, sino también su grandioso destino, preestablecido antes de la creación del mundo: convertirse en un «pequeño dios» por χάρις (jaris: gracia energía increada), eterno e inmortal, convertirse y hacerse «morada de Dios».

El hombre fue creado «muy bueno», pero no perfecto. Dios lo hizo libre, con la capacidad y facultad en su interior de alcanzar la perfección. Por lo tanto, dado que el hombre recibió el libre albedrío, para que Dios pueda otorgarle el don perfecto, necesita la συνεργεία (sinergia: co-energía, cooperación de la energía de la voluntad con la energía de la divina voluntad) del hombre.

En el Paraíso, el hombre recibió directamente de Dios su soplo o aliento, la primera infusión (dosis) del Espíritu Santo. Antes de la caída, era completo, disfrutando de una unidad maravillosa en todo su ser. No había pecado, ni dolor, ni enfermedad, ni, por supuesto, muerte. Dotado con una fuerza espiritual, el hombre disfrutaba inefablemente de la felicidad de la contemplación de Dios, teniendo continuamente su νούς nus con la mente dirigido hacia el Creador y Padre. Su νούς nus (como energía) estaba concentrado como un rayo de luz, unido al centro de su existencia: el corazón (psicosomático, esencia espiritual).

Con la caída, ocurrió una trágica ruptura y disgregación en todos los niveles. El Cielo se separó de la tierra, el hombre de la fuente de la vida (Dios), el hombre de su prójimo, y las fuerzas del hombre entre sí. El νούς nus con la mente y el corazón se dividieron y se fragmentaron. El hombre perdió el Espíritu de Dios y, en su interior, astutamente, se introdujo el espíritu del mundo, que está contaminado de la energía luciferina (eosfórica, demoníaca).

En el estado ordinario del hombre después de la caída -que se llama «natural», pero en realidad es completamente «antinatural o contra natura»-, el νούς nus con la mente está dispersa por toda la creación, sacudida por los vientos de la fantasía o imaginación. Desconectada del corazón, su base (y esencia), el νούς nus (como energía) se convierte en víctima de la imaginación o fantasía, que opera en exceso, empujándolo con la mente hacia el mundo exterior y en deseos pecaminosos (enfermizos). San Sofronio observa que «cuanto más lejos está el hombre de Dios, más dispersos están sus pensamientos y más confusas son sus experiencias espirituales»10. Además, afirma que «el mundo de la imaginación o fantasía humana es un mundo de ‘fantasmas’ de la verdad, común tanto para los hombres como para los ángeles caídos, y por eso la imaginación o fantasía a menudo sirve como canal para la energía demoníaca»11. En este estado enfermizo, el hombre puede incluso caer en la tentación de la autodeificación.

El ejercicio o práctica hisijasta tiene como objetivo unificar las fuerzas fragmentadas del hombre y “psicoterapiar”, sanar las heridas de la caída (psicoterapia auténtica por excelencia), para que alcance el nivel de perfección requerido por los dos grandes mandamientos de la ἀγάπη (agapi: amor incondicional) hacia Dios y hacia el prójimo. Esencialmente, busca convertir al hombre en una morada de Dios, porque si el Señor no viene a habitar en él, «nada puede hacer» (Jn 15,5), mucho menos cumplir el mandamiento sobrenatural de la ἀγάπη agapi total hacia Dios y hacia los demás, especialmente el mandamiento de la ἀγάπη agapi hacia los enemigos.

San Gregorio Palamás habla del movimiento circular del νούς nus, (interpretando el movimiento circular de la psique-alma de san Dionisio el Areopagita). El primer movimiento es el resultado de la caída: la separación del νούς nus del corazón y su dispersión en el mundo creado.

El segundo movimiento ocurre cuando νούς nus con la mente se recoge hacia el interior y desciende al corazón. Algún buen pensamiento cambia la dirección del νούς nus con la mente y lo orienta hacia adentro, como en la parábola del Hijo Pródigo, donde el recuerdo de la casa paterna hizo que el hijo menor «volviera en sí, en su sano juicio o lógica» (12). Sin embargo, la unión del νούς nus con el corazón no se logra con medios artificiales ni ejercicios sin la percepción y cooperación con la divina χάρις (jaris: gracia, energía increada), por más que luche el asceta o practicante.

Finalmente, el tercer y perfecto movimiento ocurre cuando el νούς nus con la mente, unido al corazón, se orienta con un impulso indomable hacia Dios, llevando consigo todas las fuerzas de la psique-alma y el cuerpo del hombre, dirigiéndolos al Señor. San Sofronio llama a la oración con el νούς nus unido con el corazón como «el estado religioso o espiritual natural del espíritu humano, que deseamos, buscamos y nos es dado desde lo alto»13.

El corazón del «hombre viejo», del que no ha sido regenerado, está enterrado en su cuerpo, sin tener «sensibilidad o sentimiento espiritual». Se encuentra en un estado de letargo, como algunos reptiles y animales que caen en hibernación. Mientras el hombre vive en el mundo, esclavo de sus πάθος pazos pasiones y apegos, su corazón se entierra cada vez más profundamente. Un círculo lo encierra de manera asfixiante y lo mantiene prisionero. La única manera de que pueda respirar es mediante la invocación del Nombre divino.

El hisijasmo significa que el hombre mantiene un contacto consciente continuo con la energía de Dios14 a través de la incesante invocación del Nombre salvador del Señor Jesús. El Nombre del Señor fue revelado y es portador de la energía de Aquel a quien se invoca. Cuando el νούς nus se instala en el corazón mediante la invocación del Nombre divino, esta energía se transmite también a todo el ser humano. Entonces, la psique-alma experimenta un «soplo poderoso». El corazón sufre un «terremoto» y se rompe, pero luego sigue la suave brisa de la consolación del Espíritu Santo15.

Primero, el hombre experimenta la paz de los pensamientos, que prepara el espacio para los demás carismas o dones. Después, aprende la humildad, que es el origen y el vínculo de toda virtud y perfección. Entonces la χάρις (jaris: gracia energía increada) gobierna, unifica y sana todas las facultades y fuerzas de la psique-alma, que a partir de ese momento sirven a una única pasión o emoción natural: la divina ἀγάπη (agapi: amor incondicional). El hombre se santifica “completamente”16 «por el logos de Dios y encuentro con la oración» (1Tim 4:5)17 y «en Su Nombre» (Jn 1,12)18.

Así como la gallina se sienta pacientemente sobre sus huevos y los empolla, del mismo modo también el νούς (nus: espíritu de la psique) empolla el Nombre del Señor Jesús en el corazón. Gradualmente, la energía del Nombre se acumula, hasta que alcanza la plenitud, lo que provoca una gran explosión en la psique-alma, y entonces el hombre es arrebatado con todo su ser al otro mundo. Ya desde esta vida, ve «el reinado de la Realeza increada de Dios viniendo con poder»; más bien, él mismo entra en la Realeza.

Para emprender uno la hazaña sobrenatural y ultramundana del hisijasmo, debe estar consumido por la ἀγάπη (agapi: amor incondicional) a Dios hasta el punto de no permitir que pensamientos ajenos penetren en su corazón y enfríen el ardor del horno en su pecho. De lo contrario, si el fuego de la agapi divina no consume su ser, si su corazón no está desgarrado y su existencia no está atormentada por el dolor metafísico de la μετανοία metania, pronto el tedio lo superará en el desierto, y se encontrará en gran desconcierto. Comenzará a cultivar jardines y a construir celdas, pero habrá perdido la esencia de la vida ἡσυχαστικῆς (hisijastikí o hisijástica: en serenidad mental y paz cordial), y su vida dejará de estar «impulsada por la divina ἀγάπη agapi»19.

El hombre psíquico no puede soportar el estado ultramundano de la (hisijía: serenidad mental y paz cordial), a menos que Dios prepare y fortalezca su naturaleza. Según la experiencia del Apóstol que proclama: «Cuando soy débil, entonces soy fuerte»20 (2Cor 12,10), lo que fortalece la naturaleza del hombre es la crucifixión, la muerte voluntaria, el duelo o luto (según Dios o espiritual) de la μετανοία metania.

El luto o duelo espiritual circuncida el corazón. Así como en el Antiguo Testamento nadie podía ser miembro del pueblo elegido de Dios sin la circuncisión de la carne, en la era del Nuevo Testamento nadie puede ser considerado miembro del Cuerpo de Cristo sin la circuncisión espiritual del corazón.

El duelo nace de la autoacusación o autoreproche. Según los Padres, la autoacusación es la imitación del Πάθος (Pazos: Pasión Padecimiento) del Señor crucificado y un camino en Su senda. «El que voluntariamente asume la culpa o falta, corre tras los Pazos-Padecimientos de Cristo»21. Si alguien se rompe el brazo, su νούς nus se fija en el miembro dolorido y no puede olvidarlo ni por un momento. Así también, el dolor causado en el corazón circuncidado por la autoacusación o autoreproche atrae el νούς nus hacia ese lugar. La autoacusación resulta ser un arma poderosa en las manos del practicante o asceta de la piedad. San Siluán el Athonita, el incansable y valiente trabajador del duelo o luto espiritual y de la μετανοία, da el siguiente consejo: «Si ves a Satanás que te quema con su fuego tratando de atrapar tu νούς (nus: espíritu de la psique), no temas, sino que ten firme esperanza en el Señor y di: “Yo soy el peor de todos”; y el enemigo se alejará de ti»22.

San Siluán no aconseja al creyente que comience a orar rápidamente, con fervor e intensidad, ni recomienda innumerables postraciones u otras obras ascéticas dolorosas. Simplemente señala que el camino que lleva a la victoria, incluso contra «los espíritus de maldad en los lugares celestiales»23, es que el hombre se coloque a sí mismo por debajo de toda criatura; que considere que es indigno incluso de invocar el gran, maravilloso y santísimo Nombre que se le dio para su salvación, y que los santos invocaban con gran temor, añadiendo: «No me condenes, oh Cristo, no me arrojes al Hades, no lleves mi psique-alma al abismo de la muerte, porque me atrevo a pronunciar tu Nombre, siendo yo inmundo, impuro y profano en todo»24.

En esencia, el asceta (practicante espiritual) no puede mantener el alto estado espiritual que aporta la oración hisijasta o de la hisijía (serenidad mental y paz cordial) si no se convierte en imitador de la «humildad según Cristo», si no camina al borde de la desesperación, si no mantiene su νούς nus con la mente en las llamas del «Sí». El más mínimo pensamiento de orgullo o vanagloria abre una rendija al enemigo, que entra furiosamente y devasta su corazón. Este es el motivo por el cual, como contaba San Sofronio, cuando era monje en el Monte Athos observó que, de alguna manera, se trataba a los hisijastas con cierto «menosprecio». Cuando visitaban los monasterios cenobíticos (de vida común), eran recibidos y se les proporcionaban algunos víveres, pero nunca se expresaba admiración por su forma de vida ni se les dirigían palabras de elogio.

Cuanto más agudo es el dolor espiritual, con mayor violencia es arrebatado el νούς nus, que desciende al corazón profundo y se ancla allí, donde está la fuente del dolor. San Gregorio Palamás explica que desde este punto la oración encuentra su ritmo. El νούς nus retorna a su posición original como soberano del hogar y, en adelante, todo el ser humano, psicoterapiado y sanado, funciona como un ángel, sirviendo y glorificando al Señor. La parte lógica o logística de la psique-alma se dedica ahora a la nipsis (atención, sobriedad, vigilancia espiritual); la parte anhelante se consagra al deseo de Dios, y la parte emocional se inflama con el fuego de la divina ἀγάπη.

Cuando Dios ilumina toda oscuridad en el corazón, el hombre aún no ha alcanzado la perfección. Ha adquirido una pureza relativa que le permite tener una doble visión; la visión pura del Santo de los santos y la visión horrorosa de su mundo interior. Es entonces cuando comienza la verdadera μετάνοια metania. El hombre realiza la metania se convierte y se arrepiente porque comprende cómo Dios lo había destinado a ser, es decir, cómo debería haber sido para tener total transparencia ante la Luz divina y convertirse en morada de Su Espíritu. Esta metania no tiene fin, ya que su final llegará únicamente en el reinado de la Realeza increada de Dios. Entonces el hombre será asimilado a la Luz (increada) de Dios, porque «le verá tal como es»25, como «luz en la cual no hay tiniebla alguna»26. Con esta esperanza, el cristiano fiel, en esta vida, «se hace la catarsis y se purifica a sí mismo, así como Él es puro»27.

San Gregorio el Teólgo, en un pasaje poético repetido cinco veces en sus escritos, expresa el corazón de la experiencia de la Iglesia que poseen los Santos:
«Cuando, según el gran Apóstol, despunte el día y el sol se levante en nuestros corazones, entonces, de acuerdo con el logos profético, el hombre verdadero sale a su verdadero trabajo y se eleva en la luz por el camino que asciende a montañas eternas. Y, ¡oh maravilla!, en esa luz se convierte en espectador de cosas supramundanas, ya sea sin separarse de la materia de la que fue originalmente creado, o separándose de ella según la senda concedida. Pues no se eleva sobre las engañosas alas de la διάνοια (diania: intelecto, mente, cerebro) que como ciego observa todo sin comprender clara y decisivamente ni lo ausente sensible ni lo trascendental inteligible; sino que, verdaderamente, se eleva por la δύναμη (dínami: potencia, y energía, dinámica) inefable del Espíritu, y con una comprensión espiritual indescriptible escucha palabras inefables y contempla lo invisible. Y ya desde aquí se convierte en uno con el milagro, y aunque está ausente de allí, compite, no obstante, con los himnógrafos incansables. Verdaderamente se convierte en otro ángel de Dios sobre la tierra, ofreciendo a través de sí mismo toda creación a Él, participando de todo y comunicándose ahora con Aquel que participa y está sobre todas las cosas, de modo que la imagen-icona sea precisa»28.

El hombre que ha ascendido a las «montañas eternas» y se ha convertido en «espectador de cosas supramundanas» comienza a iniciarse en el misterio del conocimiento-gnosis de Dios. Y, ya sea «dentro del cuerpo o fuera del cuerpo», tiene un solo propósito: como ángel de Dios sobre la tierra, se convierte en «espíritu ministerial enviado para servicio de aquellos que han de heredar la salvación»29. Se envuelve en oración por toda creatura y la ofrece a Dios con la súplica de su intercesión. Es entonces cuando comienza a ser «un sacerdocio real», un verdadero sacerdote, mediador entre Dios y la creación, el auténtico lugar de descanso de Dios. Amin.

Traducción xX Χρῆστος Χρυσούλας, jJ Jristos Jrisulas logosortodoxo.es/

 

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  1. ἩσυχίαHisijía o hesyquía, en general es tranquilidad, serenidad, sosiego, calma, silencio, interior y exterior.

Ἡσυχία (hisijía) en la tradición ortodoxa como término ascético-teológico, principalmente es la paz del corazón y serenidad de la mente, el estado del nus en serenidad y paz sin molestias, permanencia en Dios, la liberación del corazón de los pensamientos-reflexiones (loyismí) y liberación de los pazos influenciados por el demonio o el ambiente, de manera que permanezca en Dios. Es vivencia interior y no se relaciona necesariamente con las condiciones exteriores. La hisijía es el único camino por el que el hombre llega a la zéosis, expectación y conexión de la luz increada o al como semejanza. La hisijía del cuerpo es el ayudante para llegar el hombre a la noerá (del nushisijía.

San Simeón el Nuevo Teólogo dice: «Hisijía es estado imperturbable del nus y del corazón, serenidad, libertad y gozo de la psique, base sin olas, contemplación de la luz, rapto del nus, homilía ilustre y clara hacia Dios, ojo vigilante sin dormir, oración noerá o del corazón, asimilación y unión con Dios y finalmente zéosis y descanso sin dolor de los grandes dolores de la ascesis».

Ierotetheo Vlajos: «Hablando sobre la nipsis ortodoxa, entendemos la alerta, atención y prontitud del hombre en mantener y tener su nus limpio de distintos loyismí e imágenes que mortifican su libertad interior y su limpieza separándole de su comunión-conexión con Dios, que consiste en la gnosis increada de Dios. Esta nipsis es calificada por los Padres de la Iglesia como “santa hisijía”. Así, pues, hisijía entendemos el método aquel que utiliza todo hombre para unirse con Dios y superar la muerte, que es uno de los mayores problemas del hombre».

  1. Ήσυχασμός(hisijasmós) hesycasmo es el método de catarsis e iluminación del corazón y del nus humano, es la Cristocéntrica vida espiritual ortodoxa.

Con este término expresamos la totalidad de la lucha cristiana ortodoxa que trata de cumplir los mandamientos de Cristo, la lucha contra los pazos, la catarsis del corazón, la atracción de la divina Jaris (energía increada), la consecución de los dones divinos, la Iluminación espiritual y la Zéosis o glorificación , y finalmente, la oración por todo el mundo.

El método de la gnoseología supranatural en la tradición Ortodoxa se llama Hisijasmo y se identifica con la nipsis-catarsis del corazón. El hisijasmo se identifica con la Ortodoxia. El hisijasmo fuera de la praxis hisijasta es patrísticamente o de parte de los santos Padres Ortodoxos impensable.

El hisijasmo no tiene ninguna relación con el pietismo (exterior) sino todo lo contrario. El pietismo ha sido desarrollado por los protestantes que trata de praxis exteriores, que no tienen nada de ver con lo interior. En la Ortodoxia hablamos de movimiento del como imagen al como semejanza y unión con Dios por la increada energía jaris, los misterios y la ascesis.

San Isaac el Sirio: En la vida Hisijasta se practica principalmente la oración noerá o del corazón o de Jesús (el centro de las fuerzas psicosomáticas del hombre): «Jesús Cristo Kirie-Señor, eleisón me, compadécete, ten misericordia o compasión de mi, que soy pecador».

Ἡσυχασμός (hisijasmós) hesycasmo: forma de vida de los Monjes anacoretas, que buscaban a conectar y comunicarse con el Dios a través del aislamiento, la hisijía y el silencio. El hisijasmo poco a poco se hizo un movimiento espiritual que consiste en autoconcentración, en el recogimiento, la nipsis y la oración incesante, principalmente la oración del corazón o la invocación del nombre de Jesús: «Κύριε Ιησού Χριστέ, Υιέ του Θεού, ελέησόν με. Kirie Jesús Cristo Hijo de Dios, eleisón me».

  1. Νήψηs(nipsis) Sobriedad, su principal interpretación es sobriedad, o sea, el estado aquel que es contrario a la embriaguez.

Metafóricamente en el lenguaje y escritura ortodoxos, es la sobriedad espiritual, lucidez, vigilancia y alerta que se expresa por la actitud del cuidado y la vigilancia, donde el hombre inspecciona y cuida su pensamiento interior y su fantasía o imaginación. A la vez supone inspección y vigilancia del corazón y del nus. La nipsis depura la oración y la oración purifica, clarifica la nipsis.

San Hisíjio en la Filocalía nos describe algunos métodos de la nipsis: 1) Un método de nipsis es examinar frecuente y atentamente la fantasía del malo y astuto loyismós; es decir, el “ataque o asalto”, porque el satanás sin la fantasía no puede crear loyismí y presentarlos al nus para engañarlo. 2) Otro método es mantener el corazón siempre en profundo silencio e hisijía, alejado de todo loyismós, y orar. 3) Otro método es rogar, suplicar continuamente al Señor Jesús Cristo con humildad para que venga en nuestra ayuda. 4) Otro método es tener ininterrumpido el recuerdo de la muerte. 5) Sobre el importante método que consiste en mirar sólo al cielo considerando a la tierra como nada, que es también una práctica tan eficaz como otras, hablaré al respecto más extensamente en otro momento. Todas estas prácticas, querido mío, son como porteros terribles que impiden los pensamientos malignos y viles.

Metropolita Ieroteo Vlajos: «Hablando sobre la nipsis ortodoxa entendemos la alerta y atención del hombre en mantener limpio su nus de varios loyismí (pensamientos, reflexiones) e imágenes, fantasías que mortifican su libertad interior y su claridad, limpieza y le separan de la comunión con Dios que consiste en la gnosis (conocimiento increado) de Dios. En el corazón se debe de encontrar sólo el nus, la atención y su energía y no los loyismí. Esta nipsis es llamada por los Padres de la Iglesia también como “santa hisijía” (serenidad mental y paz cordial)».

La nipsis es el camino para la adquisición de cada virtud y los mandamientos-logos de Dios.

 

Notas al pie

  1. A’ Tim 3,16.

Mateo 26,41; ver también Mateo 24,42; Marcos 13,35 y 37; Marcos 14,38; Lucas 12,37.

  1. 1 Pedro 1,13.
  2. Lucas 22,28.
  3. 6,17.
  4. Génesis 4:26.
  5. Salmo 45,11.
  6. Ver los Cánones de la Resurrección.
  7. Ver el Himno Querubínico del Gran Sábado.
  8. San Siluán el Athonita, p. 333.
  9. Ibidem, p. 197.
  10. Lucas 15,17.
  11. San Siluán el Athonita, p. 91.
  12. Ver Gregorio Palamás, Sobre los que se retiran en silencio 2, 1, 30, Obras de Gregorio Palamás, Tomo I, Ed. P. Jristu, Tesalónica 1988, p. 491.
  13. 1 Reyes 19,11-12.
  14. 1 Tesalonicenses 5,23.
  15. 4,5.
  16. Juan, 1:9.
  17. Ver los Antífonos del primer grado.
  18. 2Corintios 12,10.
  19. Ver Pedro Damasceno, Discurso 10, Sobre la humildad, Filocalia de los Santos Nípticos, Tomo III, «Aster», Atenas 1961, p. 135.
  20. San Siluán el Athonita, p. 519.
  21. Efesios 6,12.
  22. Simeón el Nuevo Teólogo, Himnos 25, 104-107, ed. Johannes Koder, «Fuentes Cristianas», Tomo 174, París 1971, p. 262.
  23. 1 Juan 3,2.
  24. 1 Juan 1,5.
  25. El 1 Juan 3,3.
  26. Ver Gregorio Palamás, Sobre la monja Xenia 59, Obras de Gregorio Palamás, Tomo V, ibidem, pp. 223-224.
  27. Hebreos 1,14.

 

 

 

 

 

En el segundo día de Navidad, A. Mitilineos

En el segundo día de Navidad, A. Mitilineos

[Transcripción de la homilía pronunciada en el Monasterio Comnineo de Larisa el 26-12-2000] tema:

Los primeros mártires testigos de la Encarnación del Logos de Dios «

La αγάπη (agapi: amor incondicional) de Dios nos trajo a Sí mismo entre nosotros, queridos míos. Nos lo había prometido en el Paraíso aquel fatal atardecer, cuando los Primeros en ser creados se alejaban de Él. Y esa promesa fue la esperanza secreta de que algún día las cosas cambiarían. Entonces, Dios les dijo a los Primeros en ser creados: «Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu esperma (simiente) y el esperma de ella; éste te aplastará la cabeza, y tú le herirás el talón». Es decir, en palabras simples, se dirige a Eva y le dice: «Pondré enemistad entre tu esperma y el esperma del diablo». Claro, el diablo no tiene esperma, pero se da a entender cómo actuará el diablo, -el diablo es uno, ¿verdad? Y los demonios. Y, en segundo lugar, cuando se habla del esperma de la mujer, es sorprendente que Dios no se refiera al hombre, sino a la mujer. La mujer no tiene esperma, pero aquí hay una clara insinuación de que aquel que vendría de la mujer sería de una Virgen. Así como Adán fue de una virgen, ¿de qué virgen? De la virgen tierra.

Así, aquí se encuentra lo que los Padres de la Iglesia llamaron el «Protoevangelio». Es decir, el primer mensaje de alegría. Y de hecho, cuando Dios se refiere a esto y dice que Él, el esperma de la mujer, que es el Logos de Dios Encarnado, «te aplastará la cabeza». Es conocido que aplastar la cabeza de una serpiente es un golpe mortal. «Pero tú le herirás el talón». «Tú le infligirás un daño como si le hubieras golpeado el talón». Y queridos míos, eso es la cruz: «Le causarás la muerte con la cruz, pero no olvides que resucitará. Por lo tanto, la herida en el talón es nada, es solo una parte, mientras que tu cabeza será aplastada».

Y lo más sorprendente, ¿sabéis qué es? Eso que quiero mostrar siempre en mis homilías y que sinceramente encontramos en cada paso que damos: Quien hablaba entonces a los Primeros en ser creados, es decir, Dios, era el Logos de Dios. No era Dios Padre. Era el mismo, es decir, Aquél en cuya Persona se realizarían todas las cosas que les he contado. El Mismo. Es decir, el Logos de Dios, que luego se encarnaría, o sea, Jesús Cristo.

¿Pero quiénes serían los testigos, los testigos oculares de todo lo que Dios dijo a los Primeros en ser creados? Y para el comienzo, los testigos fueron los Primeros en ser creados. Ellos oyeron estas palabras. Pero cuando todo eso se hiciera realidad, ¿quiénes serían los testigos?

Queridos míos, serían la Θεοτόκος (Zeotokos: la que da a luz a Dios, madre de Dios), José, los pastores, Simeón el Justo, Ana la profetisa, «los que esperaban», como dice Lucas, «la redención en Jerusalén», y los magos. Todos ellos serían testigos oculares de que lo que Dios prometió en el Paraíso ya se está cumpliendo. Es decir, se realizó. Todos ellos tenían un rasgo común: la fe. Esa fe que nos precede y cubre todos los obstáculos cognitivos o gnósticos. Obstáculos cognitivos… ¿Cómo puedo saber yo lo que pasará dentro de un minuto, de un segundo…? Y, sin embargo, pasan siglos. Cuando Dios dice algo, el hombre se apoya en ese algo, en ese logos. ¿Cómo se apoya? A través de la fe.

Así que, por fe, creyeron en esta promesa de Dios y ahora, aquí está la realización de todo esto. Estas personas aún poseían un corazón limpio y guardaban los mandamientos de Dios; porque si no aplicamos y no guardamos los mandamientos de Dios, nunca podremos estar en el lugar donde se realiza la fe. Así, se acercaron, los nombres que mencioné y que analizaremos más adelante, al misterio de Dios con gran alegría, llenando ahora sus sentidos, sus ojos y sus oídos con la información de que la promesa de Dios finalmente se está cumpliendo.

Y primero, la Θεοτόκος Zeotokos. Cuando recibió la visita de Gabriel y se le presentó el gran acontecimiento, ella lo aceptó con mucha fe y mucha humildad. Por eso, queridos míos, siempre que agradezcamos a Dios por Sus bendiciones, debemos inmediatamente dirigirnos a la Θεοτόκος Zeotokos y agradecerle. Específicamente. ¿Comulgaste? ¿A quién vas a agradecer? Claro, al Santo Dios Tríadico, porque fue a Él a quien invocamos para que santificara el vino y el pan en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Inmediatamente después, debemos agradecer a la Θεοτόκος Zeotokos. Siempre debemos agradecer a la Θεοτόκος Zeotokos. Porque ¿qué decimos en la Divina Liturgia? «Especialmente por la Παναγία Panaghía Inmaculada», lo que significa, «de manera completamente especial debemos agradecer a la Santísima Θεοτόκος». Así que siempre que agradezcamos a Dios, debemos agradecer también a la Παναγία Panaghía, porque ella dio su ser, contribuyó, es quien nos dio finalmente lo que necesitábamos, esto no lo olvidemos nunca.

La Θεοτόκος Zeotokos, entonces, es la primera que recibió los movimientos del Logos que se formaba en su vientre. Es la primera que Lo vio cuando nació. De hecho, en el pasaje anterior, que en su vientre recibió los movimientos, esto lo sabe toda mujer que está embarazada. Muchas veces, el embrión da patadas dentro del útero de su madre, eso lo sabemos. Las mujeres lo saben muy bien. Es lo que se dice con la expresión: «Escucho al niño». Cuando, por el contrario, no «escucha» el niño, es decir, no se siente, significa que algo sucede; posiblemente el embrión haya muerto, porque no lo oímos. Así que tenemos estos movimientos. Ella es la primera y la única que recibe esos movimientos.

Y Elizabeth, la madre de Juan, experimentó esos movimientos, como todos sabemos. Nos lo describe Lucas cuando la Virgen María visitó a su pariente, probablemente prima, aunque había una gran diferencia de edad entre ellas. En ese momento, Elizabeth confesó haber sentido los movimientos del niño en su vientre —¿de quién? De Juan— cuando, su madre se encontró con la Θεοτόκος Zeotokos, experimentó esta reacción; y lo confiesa. Por lo tanto, esto confirma que Juan tenía el don profético desde el vientre de su madre. De hecho, Elizabeth adquirió también este don profético por medio de Juan y expresó palabras llenas de sabiduría a la Θεοτόκος Zeotokos. Entre sus frases se encuentra: «¿Cómo es posible que la madre de mi Señor venga a visitarme?» Refiriéndose al Hijo que María llevaba en su seno, reconociendo así la divinidad de Jesús incluso antes de Su nacimiento.

María es, por tanto, la primera en ver al Salvador al nacer. Es la única que lo amamantó y fue testigo de todos los movimientos milagrosos de su infancia, tal como lo relata Lucas en el Evangelio: «María guardaba todos estos logos, es decir, todos estos acontecimientos y los meditaba en su corazón». Es la primera y única. La Θεοτόκος Zeotokos conocía profundamente Quién era Jesús y abordaba los misterios divinos con todo su ser. El ángel Gabriel ya le había anunciado: «Darás a luz al Hijo de Dios». ¿Qué significaba esto? Es la primera y única que se acerca al misterio de la Encarnación como ningún otro ser humano. De todos modos, la Θεοτόκος Zeotokos, en honor a la cual, saben, hoy los fieles se han reunido, en el segundo día de la Navidad, para honrarla —y esto se llama «Sinaxis de la Θεοτόκος«, como verán en el calendario—, ¿qué significa esto? Significa que los fieles se han reunido en el templo de Dios para honrar a la Θεοτόκος Zeotokos, quien colaboró en el misterio de la Encarnación. Esto lo mencionaba también ayer, así como decimos la Sinaxis de San Juan el Bautista, que celebramos el segundo día después de la Teofanía —y es el 7 de enero. No es entonces la fiesta de San Juan, sino es una sinaxis, es decir, la reunión de los fieles para honrar a Juan el Bautista, quien colaboró en el misterio del Bautismo del Logos de Dios Encarnado. Esto es lo que significa sinaxis. Reunión de los fieles en honor a una persona. Y aquí tenemos en honor a la persona de la Santa Θεοτόκος Zeotokos. Así, queridos, ella es la única y primera testigo, que vio, escuchó y vivió la Encarnación del Logos de Dios.

Luego está José. Él no conocía el misterio porque la Θεοτόκος Zeotokos, en su profunda humildad, no se lo apocaliptó-reveló; no dijo nada. Pero cuando José vio que su prometida estaba embarazada —no su esposa, nunca esposa— María, José comenzó a sospechar. Sin embargo, ella no lo sacó de su sospecha, porque dejó el asunto —un asunto enorme, ¿eh?- en manos de Dios. Y realmente, José recibe la información del ángel, del mismo ángel, Gabriel, sobre de qué se trata. De hecho, aquí le dice el arcángel lo siguiente: «José, hijo de David, tú que eres descendiente de David». Noten que tanto la Θεοτόκος Zeotokos como José eran descendientes de David. Señalen que, aunque la Θεοτόκος Zeotokos debía ser del linaje de David, legalmente, también José debía serlo; porque el hombre tiene preeminencia, es conocido. Así que ambos eran de la descendencia de David, y por lo tanto se cumple la profecía de que sería descendiente de David de ambas personas. Legalmente en José, pero realmente en la Θεοτόκος Zeotokos. Por eso le dice el ángel: «José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido concebido en ella es del Espíritu Santo. Ella dará a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús, porque Él salvará a su pueblo de sus pecados». Jesús es el equivalente griego del nombre Σωτήρης Sotiris Salvador. Y aquí, además, especifica el tipo de salvación, que es «de sus pecados». Así que José, queridos, obtiene un conocimiento claro sobre Jesús, a pesar de que aún se plantea la necesidad de la fe cuando poco después tendría que huir a Egipto y surgiría el pensamiento sobre la «debilidad» de Dios —»debilidad», pongo la palabra «debilidad» entre comillas, es decir, la debilidad de Dios, que debería ser Él quien salvara a José, y no José quien salvara a Dios. Escuchen, ¿José salvaría a Dios? Es decir, esta es también la vida del creyente, ¿saben? Todo está lleno de obstáculos, de dificultades. Se topan con el racionalismo humano, son esclavos de él.

«¿Yo voy a salvar al niño Jesús? Si Él es el Logos Encarnado de Dios, si Él es el Hijo de Dios, ¿por qué el ángel me dice que tome a este niño y huya a Egipto? ¿No puede protegerlo Dios? ¿Él mismo… el mismo Dios? ¿Voy a ser yo el protector y salvador de Jesús?». Cuántos de estos pensamientos surgen y es importante conocerlos, porque, queridos, les digo la verdad, a lo largo de nuestra vida surgen estos dilemas y pensamientos. Ya sea que los entendamos o no; ya sea que comprendamos todo el significado de la cosa.

Sin embargo, José ofrece a Jesús, como les mencioné antes, como descendiente de David -David había vivido mil años antes que José-. Se mantenían registros precisos justamente porque esperaban al Salvador y sabían que sería de la raíz de Jesé, -ofrece el linaje genealógico de José, al igual que el de la Θεοτόκος Zeotokos. Y fue bendecido por Simeón el Teódojo (receptor de Dios), quien dice: «Y los bendijo a ambos». ¡A ambos! ¡A la Θεοτόκος Zeotokos y a José! Simeón, etc., etc. Así que José, queridos, es un testigo de la Encarnación del Logos y al mismo tiempo un testigo del acontecimiento. Lo diré nuevamente, nunca fue esposo de nuestra Santísima Virgen María, simplemente era su guardián legal, pero también protector real —¿cómo se movería una mujer en el mundo en esa época? Los judíos dirían: «¿Tienes un hijo? ¿Dónde está tu marido? Entonces, eres una adúltera». Y la apedrearían. Apedrearían a la Παναγία Panaghía. Así que José legalmente aparece como marido de María. Por eso le dice el ángel: «Toma a tu mujer y vete a Egipto». Esto para que no se escandalicen muchos que piensan que la Θεοτόκος Zeotokos tenía un marido y que la Θεοτόκος Zeotokos, como dicen los herejes protestantes y los impíos, «tuvo otros hijos, «… Se confunden con esto, pero abro un gran tema…

Los pastores, que recibieron el mensaje del ángel y ahora vieron la maravillosa visión de los ángeles que cantaban – ¡es impresionante! – Son los testigos y observadores posteriores en el tiempo de la Encarnación del Logos de Dios. Ellos estaban pastoreando sus ovejas sin sospechar nada esa noche de la Natividad. Y recibieron la confirmación del ángel de la siguiente manera: «No temáis; porque os anuncio gran alegría y gozo, que será para todo el pueblo, que os ha nacido hoy un Salvador, que es Cristo el Señor, en la ciudad de David. Y esta será la señal para vosotros: hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre.» Muchos detalles. Aquí reciben explicaciones muy claras para que tuvieran certeza sobre la persona de Jesús. Dejaron sus ovejas y corrieron – estaban fuera de Belén, en los campos de Belén – corrieron a verlo; ¡y lo vieron, y se maravillaron! Todo esto lo conservaba la Θεοτόκος Zeotokos: lo que dijeron los pastores, lo que expresó Simeón el Teodojo, esto y aquello, todo lo recopiló y lo comunicó a Lucas, quien nos lo describió. Y lo tenemos. La Θεοτόκος Zeotokos guardaba todo esto. ¡Le impresionaba profundamente!

Cuando visitaron a Jesús, dice aquí Lucas, disculpen, también Mateo – estos dos evangelistas nos contaron todas estas cosas y realidades; Lucas describe a los pastores; Mateo describe a los magos – «al verlos, los pastores reconocieron lo que les había dicho acerca de este niño. Y se volvieron glorificando y alabando a Dios por todo lo que oyeron y vieron, como se les había dicho». Así que los pastores, queridos, «oyeron y vieron» – esto tiene importancia – al Mesías y sobre el Mesías.

Cuarenta días después, testigo y mártir es Simeón el Teodojo. Cuando subieron a Jerusalén para la bendición o inscripción legal del niño que sería presentado, etc. Esto se llama «legal», es decir, la bendición de la ley. Y como profetiza, Simeón alaba a Dios porque sus ojos vieron, como decía, «lo salvífico de Dios»; es decir, a aquel que Dios envió como Salvador al mundo. Y además, predice el camino del niño, es decir, el futuro, diciendo que «Este – y lo dijo a José y a la Θεοτόκος Zeotokos– está destinado a caída y resurrección de muchos en Israel; los que crean tendrán resurrección; los que no crean caerán; y será señal de contradicción». Y de hecho, Jesús, hasta el día de hoy, 2000 años después, es «señal de contradicción». «¿Quién es Jesús?». Aquí está la pregunta. «¿Quién es Jesús?»

Y Ana la profetisa, una mujer que estaba allí cerca y escuchaba todo esto, «y ella, en ese momento, alababa al Señor y hablaba de Él a todos los que esperaban la redención en Jerusalén». Había un grupo que tenía una correcta comprensión sobre el Mesías; y venían, por supuesto, a adorar en el templo y les decía: «¡Ha venido el Mesías! ¡Ha venido el Mesías!». Y esta mujer tenía más de ochenta años, pasaba su tiempo con oraciones y ayunos, etc. Entonces, esos «que esperaban la redención en Jerusalén», probablemente también se convirtieron en testigos con sus propios ojos; vieron.

Finalmente, están los magos; los magos, que llegaron a Jerusalén después de aproximadamente un año para adorar al Señor que se hizo hombre. No tengo más tiempo para explicar por qué después de un año; hay mucho sobre los magos que nos describe, como les dije, Mateo. Lo que nos impresiona es esto: «Viendo», dice, «la estrella, se regocijaron con gran gozo – y gozo y alegría grande, y además un gozo muy grande; ciertamente – y llegando a la casa vieron al niño con María su madre, y postrándose lo adoraron». Su gozo y alegría, queridos, fue inmenso; lo que sea que les hubieran dado, nada los habría alegrado como el hecho de ver al Mesías del mundo; porque, como dice un hermoso tropario, Jesús invitó a los magos; y los magos son los primeros frutos de los gentiles, es decir, de los idólatras.

Queridos, todos ellos fueron los primeros espectadores y los primeros testigos del Logos que se hizo hombre. Y a estos espectadores y testigos, como les dije, los invita Él mismo, el niño Jesús; Simeón es guiado por el Espíritu Santo, Ana lo mismo, los pastores reciben el testimonio del cielo y se les da la señal de reconocimiento, los magos vienen desde muy lejos, también invitados por el Logos de Dios. Se menciona en un himno de esos días: «El Esposo de la Iglesia invita a los magos. Él recibe los regalos de ellos, el Hijo de la Virgen».

Queridos, debemos tener cuidado. Cada creyente tiene dentro de sí la información, y al tener el Espíritu Santo, cada creyente confiesa a Jesús, lo confiesa como Señor, es decir, como Dios. Sólo aquellos que lo vieron con los ojos de la fe lo verán cuando Él regrese en su Segunda Παρουσία (Parusía, Presencia o Venida). Y entonces, todos juntos, contemporáneos y antiguos, hombres y ángeles, alabarán y glorificarán al Señor. Amén.

Para la gloria del Dios Santo Trino

Atanasio Mitilineos.

(Transcripción y digitalización de la homilía: Eleni Linardaki, filóloga).

Fuentes: http://www.arnion.gr/mp3/omilies/p_athanasios/omiliai_kyriakvn/omiliai_kyriakvn_260.mp3

Traducido por: Χρῆστος Χρυσούλας Jristos Jrisulas https://logosortodoxo.es/

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EL NACIMIENTO DEL SEÑOR [Mateo 2, 1-12] A. Mitileneos

EL NACIMIENTO DEL SEÑOR [Mateo 2, 1-12] A. Mitileneos,:

Los Magos en Jerusalén y Belén, 1-12 

2,1 Cuando ya Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, he aquí unos magos del oriente llegaron a Jerusalén, (es decir, hombres sabios que estudiaban las estrellas del cielo)

Ματθ. 2,1 Τοῦ δὲ Ἰησοῦ γεννηθέντος ἐν Βηθλεὲμ τῆς Ἰουδαίας ἐν ἡμέραις Ἡρῴδου τοῦ βασιλέως, ἰδοὺ μάγοι ἀπὸ ἀνατολῶν παρεγένοντο εἰς Ἱεροσόλυμα

Ματθ. 2,1 Οταν δε εγεννήθη ο Ιησούς εις την Βηθλεέμ της Ιουδαίας, κατά τας ημέρας που βασιλεύς ήτο ο Ηρώδης, ιδού μάγοι (δηλαδή άνθρωποι σοφοί που εμελετούσαν και τους αστέρας του ουρανού) ήλθον από τας χώρας της Ανατολής εις τα Ιεροσόλυμα.

2 diciendo: ¿Dónde está el que ha nacido, el Rey de los judíos? Porque vimos su estrella en el oriente y de este fenómeno nos hemos informado de su nacimiento y vinimos a venerarlo y adorarlo.

Ματθ. 2,2 λέγοντες· ποῦ ἐστιν ὁ τεχθεὶς βασιλεὺς τῶν Ἰουδαίων; εἴδομεν γὰρ αὐτοῦ τὸν ἀστέρα ἐν τῇ ἀνατολῇ καὶ ἤλθομεν προσκυνῆσαι αὐτῷ.

Ματθ. 2,2 Και ερωτούσαν τους κατοίκους· “που είναι ο νεογέννητος βασιλεύς των Ιουδαίων; Διότι ημείς είδαμεν τον αστέρα αυτού εις την Ανατολήν και από το ουράνιον αυτό φαινόμενον επληροφορηθήκαμεν την γέννησίν του και ήλθομεν να τον προσκυνήσωμεν”.

3 Pero al oír esto, el rey Herodes se inquietó y se turbó no vaya ser que le arrebatase su reinado, y con él se asustaron todos los habitantes de Jerusalén no vaya ser que saliera la ira del rey sangriento.

Ματθ. 2,3 Ἀκούσας δὲ Ἡρῴδης ὁ βασιλεὺς ἐταράχθη καὶ πᾶσα Ἱεροσόλυμα μετ᾿ αὐτοῦ,

Ματθ. 2,3 Οταν ήκουσεν ο βασιλεύς Ηρώδης να γίνεται λόγος δια νεογέννητον Βασιλέα εκυριεύθη από ταραχήν, διότι εφοβήθη μήπως του αρπάση εκείνος την βασιλείαν· μαζή με τον Ηρώδην εταράχθησαν και όλοι οι κάτοικοι της Ιερουσαλήμ (φοβηθέντες μήπως εκσπάση και εις βάρος αυτών η οργή του αιμοβόρου βασιλέως).

4 Y habiendo convocado a todos los sumos sacerdotes y a los γραμματεῖς1 maestros del pueblo, (escribas, teólogos intelectuales, a los que se consideraba que conocían la ley y los profetas), les preguntaba dónde había de nacer el Mesías según las Escrituras.

Ματθ. 2,4 καὶ συναγαγὼν πάντας τοὺς ἀρχιερεῖς καὶ γραμματεῖς τοῦ λαοῦ ἐπυνθάνετο παρ᾿ αὐτῶν ποῦ ὁ Χριστὸς γεννᾶται.

Ματθ. 2,4 Ο Ηρώδης, αφού εκάλεσε και συνεκέντρωσε όλους τους αρχιερείς και γραμματείς του λαού (αυτούς που εθεωρείτο ότι εγνώριζαν τον νόμον και τους προφήτας) εζητούσε πληροφορίας, που, σύμφωνα με τας Γραφάς, θα εγεννάτο ο Χριστός.

5 Y ellos le contestaron: “En Belén de Judea, porque así está escrito por el profeta Micea:

Ματθ. 2,5  οἱ δὲ εἶπον αὐτῷ· ἐν Βηθλεὲμ τῆς Ἰουδαίας· οὕτω γὰρ γέγραπται διὰ τοῦ προφήτου·

Ματθ. 2,5 Εκείνοι δε του είπαν· “εις την Βηθλεέμ της Ιουδαίας, διότι έτσι έχει γραφή από τον προφήτην Μιχαίαν·

6 «Y tú, Belén, tierra de Judá, de ningún modo eres la menor entre las principales ciudades de la tribu Judá. Porque de ti saldrá el soberano, el cual como buen pastor conducirá con cariño a mi pueblo Israel».

Ματθ. 2,6 Καὶ σὺ Βηθλεέμ, γῆ Ἰούδα, οὐδαμῶς ἐλαχίστη εἶ ἐν τοῖς ἡγεμόσιν Ἰούδα· ἐκ σοῦ γὰρ ἐξελεύσεται ἡγούμενος, ὅστις ποιμανεῖ τὸν λαόν μου τὸν Ἰσραήλ.

Ματθ. 2,6 Και συ Βηθλεέμ, που ανήκεις εις την περιοχήν της φυλής Ιούδα μολονότι μικρά στον πληθυσμόν, δεν είσαι από απόψεως αξίας καθόλου μικρότερη και άσημη από τας μεγάλας πόλεις της φυλής του Ιούδα. Και τούτο, διότι από σε θα προέλθη και θα αναδειχθή άρχων, ο οποίος ως καλός πομήν θα οδηγήση με στοργήν τον λαόν μου τον Ισραηλιτικόν”.

7 Entonces Herodes, llamando en secreto a los magos, se informó cuidadosamente de parte de ellos el tiempo de la aparición de la estrella.

Ματθ. 2,7 Τότε Ἡρῴδης λάθρα καλέσας τοὺς μάγους ἠκρίβωσε παρ᾿ αὐτῶν τὸν χρόνον τοῦ φαινομένου ἀστέρος,

Ματθ. 2,7 Τοτε ο Ηρώδης εκάλεσε κρυφίως τους μάγους και επληροφορήθη ακριβώς από αυτούς τον χρόνον, κατά τον οποίον είχε φανή ο αστήρ.

8 Y enviándolos a Belén, dijo: Id y averiguad exactamente acerca del niño, y cuando lo hayáis encontrado, avisadme para que yo también vaya a venerarlo y adorarlo.

Ματθ. 2,8 καὶ πέμψας αὐτοὺς εἰς Βηθλεὲμ εἶπε· πορευθέντες ἀκριβῶς ἐξετάσατε περὶ τοῦ παιδίου, ἐπὰν δὲ εὕρητε, ἀπαγγείλατέ μοι, ὅπως κἀγὼ ἐλθὼν προσκυνήσω αὐτῷ.

Ματθ. 2,8 Κατόπιν τους έστειλε εις την Βηθλεέμ και είπε· “πηγαίνετε εκεί και εξετάσατε με κάθε ακρίβειαν όλα τα περί του παιδίου· και όταν θα το εύρετε, πληροφορήσατέ με, δια να έλθω εις την Βηθλεέμ να το προσκυνήσω και εγώ”.

9 Y los magos después de oír al rey, se marcharon hacia Belén, y he aquí la estrella que vieron en el oriente iba delante de ellos, hasta que fue a posarse sobre el lugar donde estaba el niño.

Ματθ. 2,9 οἱ δὲ ἀκούσαντες τοῦ βασιλέως ἐπορεύθησαν· καὶ ἰδοὺ ὁ ἀστὴρ ὃν εἶδον ἐν τῇ ἀνατολῇ προῆγεν αὐτούς, ἕως ἐλθὼν ἔστη ἐπάνω οὗ ἦν τὸ παιδίον·

Ματθ. 2,9 Οι δε μάγοι, αφού ήκουσαν τα λόγια του βασιλέως, εξεκίνησαν και επορεύοντο εις την Βηθλεέμ· και ιδού το λαμπρόν αστέρι, που είχαν ίδει εις την Ανατολήν, επροπορεύετο και τους ωδηγούσεν, έως ότου ήλθε και εστάθη επάνω από τον τόπον όπου ευρίσκετο το παιδίον.

10 Entonces, al ver la estrella, se regocijaron con un grande gozo, porque reencontraron su guía seguro,

Ματθ. 2,10 ἰδόντες δὲ τὸν ἀστέρα ἐχάρησαν χαρὰν μεγάλην σφόδρα,

Ματθ. 2,10 Οι μάγοι, όταν είδαν τον αστέρα, εδοκίμασαν πολύ μεγάλην χαράν (διότι ευρήκαν πάλιν τον ασφαλή οδηγόν των).

11 y entrando en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose lo veneraron; y abrieron sus tesoros, le ofrecieron regalos, oro y aromas de incienso y mirra.

Ματθ. 2,11 καὶ ἐλθόντες εἰς τὴν οἰκίαν εἶδον τὸ παιδίον μετὰ Μαρίας τῆς μητρὸς αὐτοῦ, καὶ πεσόντες προσεκύνησαν αὐτῷ, καὶ ἀνοίξαντες τοὺς θησαυροὺς αὐτῶν προσήνεγκαν αὐτῷ δῶρα, χρυσὸν καὶ λίβανον καὶ σμύρναν·

Ματθ. 2,11 Και ελθόντες εις την οικίαν είδαν το παιδίον με την μητέρα αυτού Μαρίαν και πεσόντες στο έδαφος επροσκύνησαν με βαθείαν ευλάβειαν αυτό· και ανοίξαντες τας αποσκευάς και τα θησαυροφυλάκιά των του προσέφεραν δώρα, χρυσόν και πολύτιμα αρώματα της Ανατολής, λιβάνι και σμύρναν.

12 Pero siendo advertidos en sueños que no volvieran a Herodes, regresaron a su país por otro camino.

Ματθ. 2,12 καὶ χρηματισθέντες κατ᾿ ὄναρ μὴ ἀνακάμψαι πρὸς Ἡρῴδην, δι᾿ ἄλλης ὁδοῦ ἀνεχώρησαν εἰς τὴν χώραν αὐτῶν.

Ματθ. 2,12 Επειδή δε έλαβον εντολήν και οδηγίαν από τον Θεόν εις όνειρόν των να μη επιστρέψουν προς τον Ηρώδην, ανεχώρησαν δια την πατρίδα των από άλλον δρόμον.

 

EL NACIMIENTO DEL SEÑOR [Mateo 2, 1-12] A. Mitileneos,:

Tema: «LA NOCHE DE NAVIDAD»
[Transcripción de la homilía en Santo Monasterio de Komnineon el 25-12-2000]

 

Cuando el Logos de Dios, amados míos, creó el universo, determinó un momento en el que Él mismo lo visitaría visiblemente y físicamente. Y esa gran visita es la Encarnación del Logos de Dios. Su presencia en la tierra convirtió nuestro mundo en el centro del cosmos creado y visible. Este es el evento más grande del mundo visible e incluso del mundo invisible, ante el cual incluso el mundo angélico quedó asombrado. Y todos estos hechos extraordinarios ocurrieron en el silencio, serenidad y paz de una noche. Si Dios, al comienzo de su creación, dijo: «Hágase la luz» -y la luz fue hecha-, en las tinieblas de sus planes estaba el gran propósito de la Encarnación.

La noche de Navidad. La noche más grande y santa de todas las noches de la creación. De noche el Hijo de Dios hizo Su presencia en la tierra. ¿Por qué? Porque esta fue el gran marco y escenario de los eventos particulares de la Encarnación; en esta el nacimiento, el descanso en el pesebre, el anuncio a los pastores por parte del ángel, el canto de los ángeles en el cielo, la visita de los pastores. ¿Por qué entonces sucedió de noche? Si la luz es dulce, la oscuridad está llena de misterios. La luz revela, la noche oculta. Crea un ambiente en el ser humano.

No obstante, durante la noche tuvo lugar el Nacimiento de Cristo. Lucas nos informa y nos dice: «Y había pastores en aquella región, que velaban y guardaban vigilias nocturnas» —es decir, turnos nocturnos— «sobre su rebaño». No podía una sola persona permanecer despierta toda la noche cuidando a las ovejas, que muchas veces pastan incluso de noche, por lo que se organizaban turnos de vigilancia. Por lo tanto, esta atención al rebaño se realizaba durante la noche. Es bien sabido que, en los países cálidos, las ovejas no pastan durante el día —debido al calor— y suelen hacerlo por la noche.

Sin embargo, debemos investigar por qué tuvo lugar el parto durante la noche. San Ignacio de Antioquía dice que hubo «tres misterios clamorosos que se llevaron a cabo en el silencio de Dios». Tres misterios, dice, resonantes, que sin embargo ocurrieron en silencio, serenidad y paz particularmente en la noche, sin publicidad. Tres cosas de Dios. ¿Y cuáles son estas? Él dice: «Escaparon al conocimiento del príncipe de este mundo» —«escaparon de su observación y conocimiento». ¿Quién es el príncipe de este mundo? Es el diablo. «Escaparon», dice, «a la observación y al conocimiento del príncipe de este mundo, ¿qué? La virginidad de María y su parto. Asimismo, también la muerte del Señor». Estos tres, que ocurrieron, fueron resonantes y sucedieron en silencio y tranquilidad.

Permítanme hacer un pequeño análisis. Llama la atención que, cuando Dios juzga a los primeros en ser creados, se dirige a Eva y le dice: «De tu esperma (semilla) nacerá Aquel que te salvará». En primer lugar, ¿Quién habla? Habla el Logos de Dios, aquel que vendría personalmente a encarnarse. ¡Qué cosa tan asombrosa! Pero ¿por qué se dirige a Eva? Es sabido que debería haberse dirigido a Adán. La mujer no tiene esperma (semilla). Y dice: «De tu esperma»; y esperma tiene Adán. Aquí se insinúa el nacimiento del propio Logos de Dios a través de una Virgen. Desde entonces, el diablo buscaba a las vírgenes para descubrir quién podría ser aquella que daría a luz al Hijo y aplastaría la cabeza de la serpiente, es decir, del diablo. Por tanto, esto ocurrió en silencio, serenidad y paz de Dios; el diablo no se dio cuenta.

Sí, pero también la muerte del Señor, que aquí no es de por sí la muerte, es decir, la muerte en la cruz, sino la Resurrección de Cristo. Porque, ¿a qué hora ocurrió la Resurrección de Cristo? ¿Quién lo sabe? Convencionalmente, queridos míos, ya que el Señor dijo: «Resucitará al tercer día» y el conteo de las 24 horas comienza por la tarde, con la puesta del sol, lo que llamamos vísperas, con las vísperas comienza el día siguiente. En consecuencia, el sábado por la tarde el Señor estaba en el sepulcro; pero después, el Señor resucitó —¿a qué hora? Por supuesto, ya en domingo, para que se completaran los tres días: viernes, sábado (completo) y domingo. ¿A qué hora? Eso es desconocido. Es decir, ¿a qué hora resucitó Cristo? Les dije que convencionalmente decimos «después de las 12» para completar los tres días.

Así, la noche, queridos míos, se convierte en el símbolo de los misterios de Dios. La noche es el símbolo del silencio de Dios; y el misterio por excelencia es la Encarnación. Es el «misterio silenciado» que menciona el Apóstol Pablo en su Carta a los Romanos; «misterio silenciado», es decir, aquello que no se divulgó, «desde tiempos eternos», en los tiempos anteriores, no se divulgó. Solo se insinuaba, pero sin un conocimiento claro; «ahora revelado», dice el Apóstol Pablo. ¿Y cuál es el «misterio silenciado»? La Encarnación del Logos de Dios. Y como dice San Ignacio, «un misterio silenciado, pero clamoroso».

Otro misterio que tuvo lugar durante la noche es —ya se lo mencioné— la Resurrección de Cristo de entre los muertos. De noche salió del vientre de la Virgen, de noche salió del vientre simbólico del sepulcro, para darnos al hombre nuevo, inmortal, renovado, eterno y feliz. Por lo tanto, la noche es un símbolo de esta era o siglo presente, pero también de la vida actual; en contraste con la era o siglo venidero y luminoso, del reinado de la Realeza increada de Dios. Esta era o siglo presente es el siglo o la era de la incertidumbre y la duda. Por ello, se introduce —para que podamos superar todo esto y conocer, – se introduce la fe.

Si tuviera que hablar sobre la fe, necesitaría mucho tiempo. Baste con decirles que Abraham fue salvado y se considera justo, no porque fuera patriarca-genarca, patriarca-genarca también es Adán-, pero… desgraciadamente. Abraham fue salvado porque creyó, como dice la Escritura. Y el Apóstol Pablo utiliza literalmente este pasaje: que «la fe le fue contada» —a Abraham— «por justicia». «Se consideró una virtud, ¡algo grandioso!». Porque la fe genera obediencia y esperanza. Lo dijo Dios. Se acabó. Así será. Si lo dijo Dios, no hay duda. Dios le dijo a Abraham: «Dejarás descendiente. ¿Saben cuándo se lo dijo? Cuando Abraham tenía 75 años; y esperó otros 25 años. ¿Dónde estaba el heredero? ¡En ninguna parte! Y, sin embargo, — Abraham era rico, tenía mucho—. «Señor, ¿a quién dejaré todo esto?». Y lo más importante, Dios le dice: «Te daré toda esta tierra —Palestina—». «¿Qué me darás, Señor? Soy viejo, estoy muriendo, ¿y me dices que me darás todo esto? Si no tengo heredero, ¿quién me heredará?». ¿Lo dijo Dios? Se acabó. Y cuando Dios le da a Isaac, el hijo de la promesa —de la promesa hecha—, Abraham tenía 100 años; ¡y Sara tenía 90 años! La Escritura no omite decirnos que «habían cesado los ciclos de Sara», es decir, ya no era fértil. ¡Eso es fe! Les di solo una pequeña muestra para que entiendan. ¿Acaso la resurrección de los muertos no es cuestión de fe? Diremos: «Lo dijo Cristo». «Si lo dijo Cristo, ¡se acabó!, fin de la historia. Lo dijo Cristo».

Creemos, por lo tanto, en aquello que no vemos; ¿por qué no lo vemos? Porque es de noche; es decir, una noche intelectual, estamos en ignorancia, y en la noche no es visible el «εἶδος», (idos: género, especia). La palabra «εἶδος» idos, para que lo comprendan, aparece en un hermoso pasaje de la Segunda Carta a los Corintios del Apóstol: «Porque caminamos por fe, no por vista». Por lo tanto, caminamos -vivimos- «por la fe, no por vista»; no tenemos las cosas, no tenemos los objetos visibles delante de nosotros. Basta con decir que esto también lo expresó Platón; nuestro Platón, el filósofo griego, cuando quiso mostrar que el conocimiento es enigmático y se refiere a lo que él llamó «la oscura caverna». Merece la pena explicarlo brevemente. Presten atención. Dice: «El hombre está orientado hacia el fondo de una caverna. Está cerca de la entrada de la caverna, pero siempre orientado hacia el fondo. Detrás del hombre hay un fuego. Y frente al fuego pasan los acontecimientos. Pero al pasar los acontecimientos, proyectan su sombra en el fondo de la caverna, sin que el hombre pueda jamás volverse para ver los objetos, los acontecimientos en sí mismos. No puede verlos. Ni los que existen, ni los que existirán. Entonces, ¿qué ve? Ve solamente la sombra de los objetos, la sombra de los acontecimientos. De forma borrosa…». Esto demuestra que, en el mundo presente, solo conocemos unas pocas cosas; lo que Dios nos apocalipta-revela, queridos míos, volviendo al ámbito del Cristianismo de la apocálipsis-revelación: tenemos apocálipsis-revelación.

Todo el mundo antiguo, pues, vivía en la noche de la ignorancia: la noche de la ignorancia de Dios. Escribe -y no lo interpretaré porque el tiempo se ha acabado- Clemente de Alejandría: «Si no existiera el sol, todo sería noche. Así, si no conociéramos al Logos y no fuéramos iluminados por Él, no diferiríamos en nada de las aves de corral criadas para engorde», así sabríamos nosotros. ¿Qué saben nuestras gallinas? ¡Nada saben nuestras gallinas! Y continúa: «Caminando en la oscuridad y alimentados de muerte». Esta es la realidad. Nada podemos saber si el mismo Logos Divino no nos lo apocalipta-revela. Y Cristo, que es la luz de los hombres y que vino en la oscuridad de nuestra época o siglo, quiere ser luz para nuestros ojos y en nuestra vida para que podamos ver y entender; pero siempre a través de la fe. Por eso exclama Clemente de Alejandría: «Recibe a Cristo, recibe el poder de ver, recibe la luz». «Toma», dice, «a Cristo, toma la capacidad de ver y disfrutar, toma y disfruta de la luz».

El Hades, queridos míos, también es oscuro. Y así como descendió de noche a la tierra, también descendió al oscuro Hades para transformarlo, únicamente para los justos, en luz, en paraíso. Y toda la tierra estaba oscura. Y la idolatría oscurecía la tierra. Desgraciadamente, estamos regresando a la idolatría… Y especialmente nosotros, los griegos ortodoxos cristianos, estamos regresando a la idolatría. Algún día debemos comprenderlo; esos idólatras, neoidólatras, incluso hacen proselitismo. No hablo del masonismo, que es enteramente, cien por ciento idolatría, sino que también fuera del masonismo se intenta revivir la idolatría. Es decir, los doce dioses del olimpo. ¿Lo entendieron?

Así, toda nuestra tierra estuvo alguna vez en tinieblas. Se hizo cristiana y nuevamente regresa a la oscuridad. Mateo señala y dice: «Para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta Isaías: Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles -en esa Galilea de los gentiles habían habitado algunos descendientes de Alejandro Magno; os lo digo como nota histórica-, el pueblo que estaba sentado en tinieblas -eran las tinieblas de la idolatría- vio gran luz, y a los que habitaban en región y sombra de muerte, la luz les resplandeció». Y esta profecía se refiere a Jesús Cristo. «Desde entonces comenzó Jesús a predicar y decir: μετανοεῖτε metanoite, convertíos, arrepentíos y confesaos, cambiar de modo de vivir, porque la realeza increada de los cielos se ha acercado; ha llegado la vida santa y espiritual de la redención, bienaventuranza y felicidad; (μετανοεῖτε metanoite, el verbo aquí en tiempo continuo, metania ininterrumpida)».

Oscuridad, pues, por todas partes, noche por todas partes. Por eso el Hijo de Dios vino de noche, para hacernos ver y sentir que estamos en la oscuridad. Pero hay algo más profundo: Jesús quiso mostrar que es el Creador no solo de la luz, sino también de las tinieblas. No se sorprendan por esto; porque, ¿qué significa tinieblas? ¡Ausencia de luz! Lo decimos de manera muy sencilla; porque entonces las personas creían que la luz y las tinieblas eran dos cosas separadas. Y habían introducido el dualismo. El dios de la luz, Apolo, y el dios de las tinieblas. En todos los países del Mediterráneo encontramos este dualismo; no les digo más. Y, sin embargo, Isaías dice: «Yo, el único Dios. Yo soy quien hizo la luz y también las tinieblas». Hoy podemos decirlo de forma muy sencilla: les dije que las tinieblas son ausencia de luz. «Yo, el Señor tu Dios, hago todas estas cosas», dice en el capítulo 45 de Isaías el mismo Dios. Para nosotros es muy comprensible en este momento. Sin embargo, no lo era para los antiguos.

Y la noche pertenece a Dios, ¡es Suya, es Suya! No pertenece a ningún otro dios; la noche es el espejo, el reflejo del cielo de estrellas. Y Él, en la noche del Nacimiento, glorifica a su Creador. Las estrellas son obra de Sus dedos. Y vemos todas esas maravillas durante la noche, especialmente el cielo con las estrellas. Era necesario que también dieran su testimonio de alabanza, y en particular, la gran estrella del Nacimiento. Para que el salmista diga: «Tuyo es el día, y tuya es la noche, y la noche a la noche anuncia conocimiento».

Para ustedes, no sé si tienen dudas o si han leído: ¿qué era esa estrella? La estrella del Nacimiento, queridos míos, era una estrella, pero no una estrella natural; porque la descripción que nos da Mateo es tal que no podemos decir que era una estrella como las que los astrónomos han identificado hasta hoy. Hasta hoy dicen: «Hubo una conjunción de estrellas» -¿saben qué significa «conjunción de estrellas»?-, «y se dio mucha luminosidad». Nada de eso. La descripción muestra que las cosas no son así. ¿Qué? «Cuando», dice, «la estrella desapareció cuando los magos entraron en Jerusalén, y volvió a aparecer cuando salieron de Jerusalén y se preguntaban: “¿Ahora a dónde vamos? ¿A dónde vamos?”». Ellos tenían como guía a la estrella; pero en un momento volvieron a verla y, además, dice el evangelista Mateo: «Se llenaron de inmensa alegría». ¡De una gran alegría! De otra forma, su viaje habría sido en vano. «Viajamos» —después de un año, saben, llegaron los magos para adorar al Rey, viendo la salida de la estrella. No era que estuviera en Oriente, sino su aparición, como todas las estrellas, todo el cielo, porque la tierra gira así. Tenemos—las estrellas salen y se ponen porque la tierra gira, lo repito una vez más. Entonces, cuando llegaron a Belén, la estrella», dice, «se detuvo sobre la casa» —ya no era un establo, porque encontraron un lugar para quedarse después del censo. «La estrella se detuvo sobre la casa donde estaba Jesús, el niño». Pregunto: ¿Qué estrella se detiene sobre el tejado de una casa? No se puede determinar algo cuando está muy alto. Entonces, ¿qué era esa estrella? No era, como dije, una estrella natural, según intentan explicar los astrónomos hasta hoy; era un ángel en forma de estrella. Así nos dicen los Padres de la Iglesia.

Queridos míos, en la noche, la psique-alma busca a Aquel que ha amado. Como dice el «Cantar de los Cantares»: «En mi lecho, en mi cama— por la noche, en la oscuridad, busqué al que ama mi alma». La noche, tanto para Dios como para el hombre, constituye un elemento importante. Y la noche de Navidad también es un elemento esencial. Por eso nuestra Iglesia, en la fiesta de la Navidad, conserva la noche. ¿Han visto a qué hora comenzamos? A las 5 de la mañana. Como en todas las Iglesias. Muestra que la oscuridad, a pesar de haber pasado veinte siglos, aún permanece en las personas, especialmente en nuestros cristianos no catequizados. Por eso, la oscuridad recuerda que debemos buscar constantemente a Cristo. «Venid, fieles», dice un himno de estos días, «veamos dónde nació Cristo; sigamos entonces, donde la estrella nos guía».

Nuestro Salvador nació, pero para muchísimos cristianos es como si no hubiera nacido. Han convertido la fiesta del Nacimiento en una oportunidad de consumismo y diversiones pecaminosas… ¡Qué pena, en verdad! ¡Cuánta injusticia! Estas personas se hacen daño a sí mismas.

Gritemos esto en todos los tonos: ¡Cristo ha nacido! El Logos de Dios se hizo hombre y vino a nosotros; y vino para salvarnos. Su amor lo trajo a la tierra. «Y el Logos se hizo hombre de manera sobrenatural y plantó su tienda o acampó entre nosotros y nosotros hemos contemplado su δόξα doxa (gloria, luz increada) como de unigénito de la misma naturaleza del Padre, pleno de Χάρις Jaris (Gracia energía increada) y de Verdad. [14. «Y el infinito Logos increado en el tiempo se hizo hombre; y teniendo como tienda de cabaña y templo santo su naturaleza humana, permaneció con mucha intimidad entre nosotros y como uno de nosotros aquí en la tierra. Y nuestros ojos se saciaron de su resplandeciente y divina doxa (gloria, luz increada), que se manifestaba con sus milagros y sus enseñanzas, además de su vida santa e impecable en todo. Era y es la doxa increada, la cual no tomó como regalada como la reciben sus creaturas lógicas, sino que la tenía natural de-el Padre como Hijo unigénito que era, pleno de Jaris con la que hacía milagros y ahora nos renace, y, pleno de verdad con la que nos ilumina y nos enseña»] (Jn 1, 14).  A todos los que lo aceptaron por la fe, les concedió la Χάρις Jaris de convertirse en hijos de Dios. Les deseo a todos ustedes, queridos míos, una verdadera Navidad.

PARA LA GLORIA DE LA SANTA TRINIDAD
(Transcripción, digitalización y edición del discurso: Eleni Linardaki, filóloga)

Fuentes: http://www.arnion.gr/mp3/omilies/p_athanasios/omiliai_kyriakvn/omiliai_kyriakvn_260.mp3

Traducido por: Χρῆστος Χρυσούλας Jristos Jrisulas https://logosortodoxo.es/

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

DOMINGO ANTES DEL NACIMIENTO DE CRISTO [: Mateo 1,21]: «LOS PROFETAS SOBRE CRISTO» Atanasio Mitilineos

DOMINGO ANTES DEL NACIMIENTO DE CRISTO [: Mateo 1,21]: «LOS PROFETAS SOBRE CRISTO» Atanasio Mitilineos

“Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús es decir, Dios-Salvador, porque Él salvará a su pueblo de sus pecados”.

 

[Transcripción de la homilía del venerable padre Atanasio Mitilineos pronunciada en el Monasterio de Komninio en Larisa el 22-12-1984] con el tema:
«LOS PROFETAS SOBRE CRISTO»

 

En pocos días, queridos míos, celebraremos el acontecimiento histórico más grande. Es aquel que se convirtió en el centro de la Historia y que hasta ahora surca e influye la Historia. Es la entrada del Hijo de Dios en esta Historia. Y no es otra cosa que lo que llamamos: el Nacimiento de Jesús Cristo.

Con mucha claridad, el evangelista Juan nos presenta precisamente este acontecimiento: «El Logos se hizo cuerpo-carne y habitó entre nosotros». Desde entonces, el Hijo de Dios, al manifestarse en la Historia humana, conmueve los corazones humanos y plantea una profunda pregunta, como ninguna otra, en cada psique-alma de cada época: «¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?» «¿Qué dicen las personas sobre mí? ¿Quién soy yo?»

En efecto, Jesús Cristo es la persona más misteriosa de la Historia. Su rostro es tan misterioso, pero también tan grande, formidable y tremendo, que la felicidad o la desgracia de las personas y de las naciones depende de la actitud que adopten hacia Él. Si adopto una posición A o B respecto a Platón o Aristóteles, si tomo una posición A o B frente a filósofos contemporáneos o sociólogos, no tiene mucha importancia. Todo es cuestión de modas y pasa. Sin embargo, si adopto una postura positiva o negativa respecto al rostro, persona de Jesús Cristo, las consecuencias serán positivas o negativas. Esto es lo asombroso. Así, la pregunta del Señor: «¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?» no solo es actual, sino que es aterradoramente relevante en cada momento. Lo verán de manera muy simple: cómo las personas o lo aman o se vuelven contra Él. Hoy, mañana, hasta que el mundo termine.

Si Jesús Cristo no es importante, no es la persona central de la Historia, entonces, ¿por qué se habla de Él y se discute si es o no Dios? ¿Por qué la gente se opone a Jesús Cristo si, supuestamente, no es -reitero- la persona o figura central? Por lo tanto, es una persona central. Hoy, ¿qué lucha antirreligiosa existe? Sin duda no contra el Budismo, ni contra el Islam. Sino contra el Cristianismo. ¿Por qué? ¿Por qué será? Incluso el Islam, ¿en su nombre? ¡Oh, chauvinismo y nacionalismo surgen tan altos que Occidente se siente amenazada! Pero, ¿por qué el mundo se vuelve contra Cristo? ¿Qué sucede? ¿Qué es esta figura o persona? ¿Quién es Jesús Cristo?

Es lo que dijo el Apóstol Pedro ante la pregunta del Señor: «¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?» Y, en nombre de los demás discípulos, dijo: «Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente». «Tú eres el Cristo -es decir, el Mesías esperado-, quien tiene la dimensión humana. Pero al mismo tiempo, también eres el Hijo de Dios. Es decir, el Dios eterno, el verdadero Dios, el Dios viviente, el Dios real. El que existe por siempre. Tú que siempre existes. Tú que dijiste: “Antes que Abraham existiera, yoSoy”. No “era”, sino: “soy”. YoSoY. Soy siempre. El que siempre existe, el que siempre está presente. Ese eres tú».

Esto, queridos míos, constituye la «piedra angular», el criterio del Cristianismo. No puedes decir que eres Cristiano, hermano mío, si no crees en la persona teantrópina divino-humana de Jesús Cristo. Es tan fundamental. Repito, la persona teantrópina divino-humana de Cristo es el criterio del Cristianismo y de cada Cristiano. A partir de ahí se demostrará exactamente qué cree cada uno.

Pero junto a los milagros del Señor, Su sabia enseñanza y Su santidad, se alza como una fe inquebrantable, el logos profético, la profecía. Porque, ¿cómo puedo saber quién es Jesús Cristo? ¿Su enseñanza? Sabia. ¿Sus milagros? Asombrosos. ¿Su vida? Santa. ¿Quién puede mostrar lo que muestra el Señor? Él mismo dijo: «¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?» «¿Qué dicen las personas sobre mí? ¿Quién soy?». También dijo: «¿Quién me acusa de pecado?». «¿Quién puede señalar en mí el más mínimo defecto? ¿Qué dicen de mí?».

Queridos, a pesar de que todo ello, en conjunto, puede probar su naturaleza divina y humana, lo que realmente permanece inquebrantable, repito, es el logos profético. Es la profecía. Es decir, es el rostro o persona que fue profetizado: Jesús Cristo. Consideremos que todo el Antiguo Testamento, ya sea como profecía en el sentido tradicional, es decir, como predicción, o como tipología –como lo podríamos denominar– a través del pueblo de Israel y de sus eventos históricos, en cada etapa histórica constituye un tipo del Mesías. Israel es el primogénito que sale de Egipto hacia la tierra prometida. Es el hijo primogénito, y por tanto un tipo del Hijo primogénito de Dios. Todo esto converge en una sola figura. Si alguien tiene algún conocimiento del Antiguo Testamento y ciertas bases para estudiarlo, verá con claridad que todas las profecías hablan de una persona. Todas convergen en un solo centro. Y esa figura o persona es Jesús Cristo.

Por eso dice el apóstol Pedro: «Tenemos aún más seguro el logos profético» –escribe en su segunda epístola–, «a la cual hacéis bien en estar atentos como a una lámpara que alumbra en un lugar oscuro, hasta que despunte el día y el lucero de la mañana brille en vuestros corazones». Realmente, cuando los judíos escuchaban la predicación sobre Cristo –porque el logos profético pertenece a ellos–, abrían las Escrituras para ver qué decían sobre esta persona. Pedro les dice: «hacéis bien en estar atentos como a una lámpara que alumbra en un lugar oscuro, hasta que despunte el día y el lucero de la mañana brille en vuestros corazones y entendáis Quién es Jesús Cristo».

El apóstol Pablo también usaba el logos profético en las sinagogas para demostrar quién era Jesús Cristo. Particularmente, cuando hablaba ante audiencias judías, en las sinagogas, y no ante los gentiles o los griegos.

Así vemos cómo el logos profético da su testimonio sobre la figura o persona de Jesús Cristo. En concreto, un testimonio que incluye detalles asombrosos. Por eso, queridos míos, dediquemos unos minutos a revisar, de manera general, cómo los profetas hablaron sobre Jesús Cristo.

Es conocido que, cuando los primeros en ser creados pecaron, Dios los juzga y los expulsa del Paraíso. Dios celebró un juicio en el Paraíso para condenar a tres culpables: Adán, Eva y el diablo. En un momento dado, Adán, siendo la primera y principal persona, es apartado temporalmente. Eva no es el personaje central; Adán lo es.

Entonces Dios se dirige al diablo y a Eva y les dice: «Pondré enemistad, estableceré enemistad, entre ti, el diablo, y la mujer. Entre vosotros dos y entre tu esperma (semilla, descendencia)». ¿Y cuál es el esperma (semilla, descendencia) del diablo? Los hombres malvados. Porque el diablo no tiene cuerpo; por tanto, su esperma (semilla, descendencia) es en sentido espiritual y ética: son los hombres malos- “y entre el esperma de ella”

Pero la mujer es un ser humano. Es un ser humano y, por lo tanto, tiene descendencia. Descendencia física, descendencia ontológica. No descendencia moral, ni espiritual. Pero la mujer no tiene » esperma, simiente», el varón es quien tiene esperma-simiente. Entonces, ¿por qué vemos que se habla de esta manera? Escuchamos previamente en el pasaje evangélico: «Abraham engendró a Isaac, e Isaac engendró a Jacob», y así sucesivamente.

Entonces, Abraham engendra. No es Sara quien engendra. ¿Por qué, entonces, aquí se dice «entre el esperma o simiente de ella» y no «entre esperma, simiente de él», es decir de Adán? Adán es dejado de lado, lo repito. Esto para indicar, aunque de forma claramente implícita, que nacerá alguien sin el esperma o simiente de un hombre. Y el que nacerá, será de una virgen. Porque en el momento en que se habla de Eva, Eva en ese instante es virgen. El matrimonio aún no se ha consumado en el Paraíso. El matrimonio se consumará más adelante, fuera del Paraíso.

Y cuál es, podríamos decir, la conexión entre tus descendientes espirituales, ¿diablo, y Aquel que nacerá de esta mujer, Eva? He aquí cuál será la relación: «Él te aplastará la cabeza y tú le herirás el talón». El talón es solo una pequeña parte del cuerpo, lo que significa que el daño no será grave. «Lo subirás a la Cruz, pero Él resucitará. Y con Su Cruz y Su Resurrección, aplastará tu cabeza».

Esto se ha llamado el «Proto (primer)-evangelio». En aquel atardecer sombrío, llega un rayo de esperanza: Vendrá Aquel que salvará a Adán y Eva y a sus descendientes. Es maravilloso, asombroso… Es la primera profecía, queridos míos, que aparece en la Sagrada Escritura. Pero desde entonces, esta profecía quedará como un anhelo, como una expectativa y esperanza entre los pueblos. Y todos los pueblos lo esperarán. Porque todos descendemos de Adán y Eva. Y este Proto-evangelio se transmitió entre los pueblos, aunque se haya revestido de muchos adornos míticos. Sin embargo, el núcleo es verdadero: «Esperamos a alguien». Y, como dirá Jacob más tarde al bendecir a su hijo Judá: «Y Aquel que vendrá de ti, Judá, de tu descendencia, será la esperanza de las naciones». Este es la esperanza de las naciones. He aquí una segunda profecía. (Génesis 49:10).

Pero también se profetiza, queridos míos, el lugar donde nacerá el Mesías. Dice Miqueas y repite Mateo: «Y tú, Belén…» -se dirige a Belén- «¡Oh, Belén! Allí donde nació David, que pertenece a la región de Judá y de donde Jesús Cristo, el Mesías, tiene descendencia de David. Queridos míos, por eso hoy se escuchó este árbol genealógico en la lectura evangélica. Para mostrar cuál es Su linaje humano, el de Jesús Cristo. Es decir, un linaje real. Que desciende de David. Pero David es descendiente de Abraham. Mejor aún, es descendiente de Judá, quien es descendiente de Abraham. ¡Es algo maravilloso, maravilloso!

«Y tú, Belén, que eres de la región del territorio de Judá, de la provincia de Judá, no eres en absoluto la menor entre las ciudades y capitales de la provincia de Judá; porque de ti saldrá un líder que pastoreará a mi pueblo, Israel». Y esto lo profetiza Miqueas. Pero Miqueas es posterior a David, el gran rey que pastoreó al pueblo. Lo pastoreó, sin embargo, como rey. No lo pastoreó como gran sumo sacerdote y rey. Y este es Jesús Cristo, el rey eterno.

Pero también se profetiza el modo, queridos míos. Dice el profeta Isaías aquel pasaje maravilloso, en el capítulo 7, versículo 14: «He aquí que la virgen concebirá». «He aquí» -este «he aquí» que llama la atención del lector- «Miren, miren a la virgen –es un desafío– miren, la virgen concebirá y dará a luz un hijo». ¿Y su nombre? Emanuel. Es decir, «Dios con nosotros». El nombre Emanuel es un nombre descriptivo; que muestra una cualidad; que revela Quién será esta persona, qué hará esta persona. ¿Y su nombre? Es decir, ¿Quién será? Porque así solían hacer los hebreos, el nombre reflejaba la persona. ¿Y su nombre? «Dios con nosotros». Es decir, será el Dios. Pero, ¿el Dios no está ya con nosotros? ¿Por qué enfatiza que el Dios estará con nosotros? ¿No estaba siempre Dios con Israel? Sí, pero al mismo tiempo estaba lejos. Es el Dios cercano y al mismo tiempo inaccesible, inefable. Ahora, ¿por qué Emanuel? ¿Por qué «Dios con nosotros»? Esto indica que estará muy cerca de nosotros, cerquísima de nosotros. ¿Cuán cerca? Tanto como pueden estar dos personas entre sí. Es decir, se hará hombre.

Pero también se profetiza el tiempo, queridos míos; que son las famosas setenta semanas de Daniel. Si leen al profeta Daniel, verán que menciona un punto histórico que ocurrirá en el futuro, es decir, desde el decreto del rey persa para la reconstrucción del templo, desde allí se cuenta el tiempo hasta el momento de la Crucifixión. Y, de hecho, la última semana se divide a la mitad -que es una semana de siete años- se divide a la mitad, 3 años y medio, lo que crea cierta complejidad en la profecía, para evitar cualquier sospecha de que podría haber sido predicho por previsión humana.

Pero incluso Sus pazos (padecimientos) son profetizados. Dice Isaías en el capítulo 53, todo el capítulo: «Y lo vimos (lo ve Isaías en la Cruz, 800 años antes de Cristo…), y no tenía aspecto ni belleza (había perdido Su apariencia humana; es decir, fue maltratado)». Su forma era deshonrada y desfigurada (como una persona maltratada y asesinada, que pierde su rostro, por así decirlo, no solo su belleza. Se refiere a Su apariencia humana, Su rostro exterior). «Este es quien lleva nuestras iniquidades o pecados –¿Quién es este cuya forma era deshonrada y desfigurada?- Es Aquel que lleva nuestras iniquidades o pecados y sufre por nosotros. Como un cordero llevado al matadero, y como un cordero ante su trasquilador, no abre Su boca, ni protesta contra aquellos que Le maltratan».

Pero, la profecía de Daniel, o mejor dicho, el sueño de Nabucodonosor que Daniel interpreta, también es majestuosa, queridos míos. Y es curioso cómo Dios lo economiza y dispone todo. Dios pone ese sueño en Nabucodonosor. Es decir, en alguien que… ¿quieren saber quién era? Es aquel que destruyó por completo a los hebreos.

Nabucodonosor. Tomó los utensilios del templo, fue profanador del templo. Y Dios, queridos míos, le da un sueño que interpreta Daniel, y es asombroso. ¿Por qué le dio un sueño así a un enemigo del pueblo de Dios? Para crear la imparcialidad de la profecía. ¡La imparcialidad! Para que nadie diga que las cosas se prepararon deliberadamente. Pero, lo más importante es que las profecías, hasta el día de hoy, están bajo la custodia de los hebreos incrédulos. Ellos son los guardianes de la autenticidad de las profecías. Los hebreos incrédulos. Exactamente como el hombre incrédulo Nabucodonosor, habla de ello.

¿Qué dice? Dice: «Vi», dice, «una montaña no excavada. No se había convertido en una cantera, no había nada que estuviera excavado; no excavada». «Y de allí sale», dice, «una piedra, se desprende, sin mano humana, y va y cae sobre una estatua, que es cuadrangular en la composición de su material y la pulveriza». Son las cuatro grandes dinastías: la Babilónica, la Persa, la Griega o Macedónica, de Alejandro Magno, y la Romana. «Y en ese lugar», dice, «esa piedra que se desprendió de la montaña no excavada, se convirtió en una gran montaña y cubrió la tierra». Y dice Daniel: «Rey mío, Él es el Mesías. Él es Aquel que vendrá de una Virgen». «Montaña no excavada». Por eso la Madre de Dios se llama «montaña no excavada». Porque es Virgen. De ella se desprendió sin mano de hombre, es decir, sin intervención de hombre. «Y su reinado», dice Daniel, «no tendrá fin». «No tiene fin su reinado, que se establecerá sobre las ruinas de los reinos y dinastías humanas». Es asombroso. Queridos, es asombroso. Está en el segundo capítulo, si tienen el Antiguo Testamento –deben tenerlo– léanlo en su casa.

Queridos míos, diría también que nuestro Señor no es simplemente un gran reformador o un líder o filósofo. Él es el Hijo de Dios. Él es el Hijo Encarnado. Él es el Salvador del mundo. Todo da testimonio de Él. Pero sobre todo la prueba profética. Es decir, la profecía. Por eso estudiemos la Santa Escritura, como nos aconseja el Apóstol Pedro. Allí veremos a Cristo. Los dos discípulos de Él también estudiaban las Escrituras –todos Sus discípulos, pero al menos esto se ha registrado– Felipe y Natanael. Y cuando Felipe encontró a Cristo… ¿de qué características? Por las características del estudio que hizo en la Santa Escritura. Por las características de los profetas sobre la persona del Mesías. Encuentra a Natanael y le dice: «Hemos encontrado al Mesías». «¿Al Mesías?». «Al de Nazaret», dice. «¿De Nazaret? No», le dice. «Nosotros leímos que el Mesías no viene de Nazaret». Nosotros leímos. Nosotros sabemos.

De hecho, Jesús no provenía de Nazaret. Provenía de Belén. Conocen el incidente, por qué José se fue de Belén. Fue a Egipto. Y cuando regresó, y en lugar de Herodes, gobernaba Arquelao, temiendo, porque él también era un hombre cruel, que tuviera algún inconveniente, se refugió en el Reino del Norte, en Nazaret, y como allí pasó su niñez y los años posteriores, se le llamó Nazareno; aunque no era Nazareno. Es decir, el Mesías no es Nazareno. Y Felipe le dice: «Ven y lo verás». Claro, las cosas se confundieron allí. ¿Dónde se confundieron? No en la Escritura, sino en Natanael. «Ven y lo verás».

Y realmente, queridos míos, podríamos también nosotros, si buscáramos la Santa Escritura, este libro vivo de Dios, allí, si tenemos una psique-alma piadosa, un alma limpia, y estudiamos el logos de Dios sin prejuicios, allí encontraremos al Mesías. Sin duda encontraremos al Mesías. Allí sin duda reconoceremos quién es Jesús Cristo. Él que nació humildemente y sencillamente en una cueva de Belén, hace dos mil años. Y entonces exclamaremos junto con el Apóstol Pedro: «Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente».

Para la gloria del Dios Trinitario

(Digitalización de la transcripción de la homilía y edición: Eleni Linardaki, filóloga)

Fuentes: http://www.arnion.gr/mp3/omilies/p_athanasios/omiliai_kyriakvn/omiliai_kyriakvn_260.mp3

Traducido por: Χρῆστος Χρυσούλας Jristos Jrisulas https://logosortodoxo.es/

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Filocalía tomo 1 San Diádoco de Fótica 100 capítulos gnósticos 10 condiciones para la zéosis

 

*Φιλοκαλία των Ιερών Νηπτικών, Τόμος Α΄

Άγιος Διάδοχος επίσκοπος Φωτικής

TRADUCCIÓN REPASADA 18/12/24

San Diádoco de Fótica

10 condiciones y virtudes para la zéosis

100 capítulos gnósticos

**Breve biografía:

«Nuestro santo padre, Diádoco, quien fue obispo de Fotiki en la Antigua Epiro de Iliria, vivió antes del siglo VII. Esto lo deducimos de los escritos de san Máximo, en los que menciona capítulos de Diádoco. Que era un hombre sabio que brillaba tanto en la práctica como en la como en la θεωρία zeoría contemplación, se puede deducir de sus enseñanzas en estos logos. Lo ha compuesto excelentemente después de una experiencia filosófica de muchos años y tras haber vivido numerosas elevaciones divinas en su corazón. Lo dividió en cien capítulos y reveló las más profundas y secretas funciones de la oración con toda precisión; y después de llenarlo densamente con logos y palabras de la Sagrada Escritura y con contemplaciones de conocimiento-gnosis espiritual exacto, como muestra de la enseñanza del sagrado trabajo en la nipsis, compuesto de todas las virtudes, lo dejó para todos los padres nípticos y teóforos que vinieron después de él.»

Por eso, muchos de ellos, en sus obras nípticas, a menudo se refieren a estos capítulos, como a tablas precisas, y citan textualmente testimonios de ellos. También los menciona el santo Focio (lectura 201), diciendo: «A estos diez términos o condiciones siguen los cien capítulos; y este discurso está excelentemente compuesto para los que se ejercitan en la virtud y para los entrenados en las obras de perfección, sin contener ninguna ambigüedad…». El concilio que tuvo lugar en presencia de Andrónico Paleólogo, Gregorio de Tesalónica, Simeón de Tesalónica, Gregorio el Sinaíta, el santísimo Calixto, y muchos otros, dan testimonio de que este discurso es irreprochable.

Varios de estos padres hacen referencia a sus capítulos en sus propias obras espirituales, citándolos textualmente.

El centésimo capítulo, que Focio escribe, aunque parece reprochable, el divino Máximo, sin embargo, lo libera de toda duda, interpretando su significado de acuerdo con el correcto propósito de la piedad y fe ortodoxa, como se muestra aquí al final de los capítulos.

**Comentarios introductorios: San Diádoco, obispo de Fotiki en Epiro, en la actual Paramythia, floreció durante el siglo V. Es sorprendente cómo un teólogo y padre níptico tan grande es tan poco conocido, a pesar de que San Gregorio Palamás, en sus luchas a favor del Hesicasmo y su teología mística, se refiere varias veces a San Diádoco.

Los editores de la Filocalía elogian al divino Diádoco como un gran Padre níptico y, de las pocas obras que se han conservado de él, eligieron solo la más breve, los “Diez Términos o Condiciones”, y la más extensa, los “Cien Capítulos Gnósticos”. Se trata de una obra de profundísima experiencia espiritual, literalmente inspirada por el Espíritu Santo, con el uso de un gran número de palabras originales, con el fin de expresar complejos movimientos, sensaciones y sabores místicas de la psique alma.

Aunque los “Cien Capítulos” se presentan como textos autónomos, sin embargo tienen una unidad interna que también podría expresarse en prosa común. Pero los santos Padres, especialmente los nípticos, han preferido el método conciso de los capítulos para expresar esta experiencia concreta y para que los monjes y fieles puedan memorizarlos más fácilmente. También debe observarse que las obras de San Diádoco se distinguen por su elegancia lingüística ática y la claridad en la forma de expresión y formulación.»

Por más clara que sea la expresión de las experiencias inspiradas por el Espíritu Santo, solo podríamos sentirlas a través de una afinidad interior. Deberíamos encontrarnos en el estado espiritual de San Diádoco, cuya psique-alma ardía completamente con el amor de Cristo, cuya νούς nus (espíritu de la psique) estaba en el resplandor de la luz increada, cuya humildad mantenía al santo deificado en autoconocimiento, cuyo cuerpo se regocijaba junto con su psique-alma, cuyas contemplaciones y visiones espirituales se sucedían unas a otras, cuya oración en el corazón se había convertido en naturaleza, y cuya unión mística con Dios era continua, para que comprendamos plenamente el contenido de sus experiencias.

«Y precisamente desde este estado de amor radiante de la psique-alma de San Diádoco surgieron los dulcísimos ‘Cien Capítulos Gnósticos’, tanto en esencia como en forma, que están dirigidos principalmente a los monjes, pero que tienen una importancia más general para el uso de toda la Iglesia, ya que abordan los problemas de la psique-alma cristiana, que es llamada por Cristo a subir todos los peldaños de la perfección cristiana. Pero incluso si alguien no logra alcanzar la perfección relativa, siempre queda el beneficio de la humildad que conlleva la derrota, y esto es una ganancia positiva.

«En los ‘Cien Capítulos Gnósticos’ se encuentran soluciones y explicaciones claras de los problemas internos de los monjes y laicos, salidas a los callejones sin salida de las psiques-almas, justificaciones de los diversos fenómenos psicopatológicos, indicaciones de medios de psicoterapia y curación, se expone la escala de la vida en Cristo, se revelan los misterios de la teología mística, se desarrolla la enseñanza de la oración espiritual del corazón o de Jesús y, finalmente, se señala el camino de la alegría, la paz, la agapi (amor incondicional), la απάθεια apázia (impasibilidad, sin pazos) en el Espíritu Santo y la θέωσις zéosis (divinización, deificación) del hombre en la divina luz increada.

En cuanto a los ‘Diez Términos o Condiciones’, estos constituyen la máxima expresión de la vida en Cristo, que consiste en la fe, como una comprensión impasible (sin pazos) de Dios y como la elevación del νούς nus hacia lo esperado; en la paciencia, como una espera ininterrumpida del Invisible; en la no avaricia, cuando uno no desea nada; en el conocimiento-gnosis de Dios por aquel que ignora completamente a sí mismo porque vive en Dios; en la humildad, que se manifiesta en el olvido de las buenas acciones realizadas; en la apacibilidad o mansedumbre, como un deseo ardiente de no enfadarse; en la pureza, que se expresa como una sensación continua de unión con Dios; en el amor, que se distingue por el aumento de la amistad hacia los que ultrajan; y finalmente, en la transformación de la psique-alma, que es provocada por la constante ocupación y reflexión en Dios, y en la alegría por la espera de la muerte.

San Diádoco es, sin duda, uno de los más grandes padres nípticos, que ha influido positivamente en la Tradición Ortodoxa espiritual y en la monástica y ha enriquecido la literatura hisijasta y teológica de la Iglesia.

Αίσθηση (éscisi)

Αίσθηση sentido, sensación, sentimiento, intuición, sensibilidad, instinto o percepción interior del corazón, según contexto. Este es el tema básico de los cien capítulos, por eso hecho una traducción pequeña del término, aunque al final pongo un miniléxico que se sugiere leer antes de empezar a estudiar los capítulos.

Νοερά αίσθηση (noerá észisi) constituye un término níptico consagrado. Sinónimas formulaciones son: “espiritual, del corazón, ο divino sentido, sentido, sentimiento, sensación, instinto, sensibilidad”. Está y no está en nuestro interior. Se entiende que no está cuando el nus no ha hecho la catarsis, purificación del oscurecimiento de los pazos y no se ha convertido en vehículo de la increada energía Jaris (Gracia). Con ésta noerá αίσθηση (éscisi) se reciben y hacen perceptibles y sensibles en el corazón las divinas apocalipsis (revelaciones). De los antiguos Padres habla mucho sobre esto san Diádojo de Fótica. Más detalladamente habla el magno contemplativo de los hisijastas san Gregorio Palamás. (Ver: Sobre los Santos Hisijastas).

San Juan el de la Escalera nos dice: El nus el noerós (espiritual) por supuesto dispone de noerá αίσθηση (éscisi). Esta αίσθηση (éscisi) que está y no está pues que la busquemos y pidamos continuamente. Porque cuando ella se manifiesta, los sentidos exteriores cesarán por sí solos actuar de las suyas. Esto exactamente teniéndolo en cuenta un sabio dijo: “Y encontrarás αίσθηση (éscisi) sentido, sensación, sentimiento, intuición divina”. (Logos, 26º, Sobre el discernimiento, v.17A)

San Gregorio el Sinaita, Filocalía v.3: “Considera que la gnosis o el conocimiento de la verdad es principalmente el αίσθηση sentimiento de la Χάρις (jaris, gracia energía increada).

 

Preámbulo

Diez condiciones y virtudes para la zéosis

 

  1. Condición de la fe es el pensamiento sereno y la comprensión de Dios impasiblemente, sin πάθος pazos
  2. Condición de la esperanza es la salida del nus hacia los bienes esperanzados.
  3. Condición de la paciencia, perseverancia es que uno vea con los ojos interiores al invisible Dios como si fuera visible ante Él teniendo paciencia continua y firme.
  4. Condición de desprendimiento y ausencia de avaricia es que uno quiera no poseer lo mismo que otros desean poseer.
  5. Condición de conocimiento o gnosis espiritual, (sabiduría), es ignorarse a sí mismo y encontrarse en éxtasis con Dios.
  6. Condición de humildad es tratar de olvidar el propio mérito de las buenas obras.
  7. Condición de la falta de ira es que uno tenga gran y profundo deseo de no enojarse y no dejarse llevar por la ira.
  8. Condición de psicoterapiado, sanado y purificado es la intuición, sensación y sentimiento perpetuo que uno está unido con Dios.
  9. Condición de la agapi, (amor incondicional, altruista) es que uno sienta que crece su amor y caridad hacia los que nos enojan, insultan, hieren, rayan y no nos quieren.
  10. La condición de la perfecta alteración y conversión es sentir el placer y el gozo provocado por la agapi-amor a Dios, y que el horror que se siente ante la muerte se convierta en gozo, placer y alegría.

 

Logos ascético separado en 100 versículos prácticos de gnosis espiritual y discernimiento

Cap. 1-5 Infraestructura espiritual de la vida en Cristo.

  1. Antes de toda contemplación espiritual, hermanos, deben preceder, la fe, la esperanza y la αγάπη agapi (amor incondicional y desinteresado), pero sobre todo la agapi. La fe y la esperanza enseñan al hombre a despreciar los bienes materiales. Mientras que la agapi une la psique-alma con las virtudes de Dios, buscando y siguiendo al Invisible con νοερά αίσθηση, (sentimiento, sentido espiritual).
  2. Sólo el Dios es bondadoso y bueno por naturaleza. El hombre se convierte y se hace bondadoso con el cuidado de su conducta a través del verdadero bien, es decir, a través de Dios. Y el hombre cambia y se vuelve lo que no es, es decir, bondadoso, cuando la psique-alma al cuidar el bien, se acerca tanto a Dios, cuanto la fuerza de la psique-alma se activa en el bien. Porque dice el Señor: “Transformaos y haceos bondadosos, misericordiosos y caritativos, como vuestro Padre en el cielo” (Lc 6,36).
  3. El mal no tiene existencia natural, ni nadie es malo por naturaleza. Porque el Dios no creó nada malo. Pero cuando uno empieza a desear el mal, entonces lo inexistente empieza hacerse existente, tal como lo quiere aquel que lo hace. Por lo tanto, debemos descuidar la costumbre del mal con el cuidado de la memoria de Dios. Porque la naturaleza del bien es más poderosa que la costumbre del mal. Esto se debe a que el bien existe, en cambio el mal no, excepto cuando lo realizamos.
  4. Todos los hombres estamos formados “como a imagen de Dios”. Pero la “semejanza a Dios” solo la poseen aquellos que con mucho agapi-amor han sometido su libertad a Dios. Porque cuando no pertenecemos a nosotros mismos, entonces somos semejantes a Aquel que nos ha reconciliado Consigo mismo a través de la αγάπη agapi (amor incondicional e increada). Esto nadie puede conseguirlo, si no convence a su psique-alma de no dejarse seducir por la fácil gloria vana de este mundo.
  5. Independencia o autogobierno es la voluntad de la psique-alma lógica, que se orienta inmediatamente hacia lo que desea y quiere. Debemos persuadirla para que esté siempre preparada en girar y dirigirse únicamente hacia el bien, de modo que siempre con los conceptos y pensamientos bondadosos y buenos borremos la memoria del mal.

Cap. 6-9 Voluntad independiente- luz de la gnosis-logos-medianidad.

  1. La verdadera luz de la gnosis (conocimiento) es la capacidad de discernir sin error el bien del mal. Entonces, el camino de la virtud, conduciendo el νούς νούς nus (espíritu de la psique) hacia Dios, el Sol de la justicia, le introduce a la luz infinita (increada) de la gnosis (increada), de manera que busque claramente con valor y buen ánimo la αγάπη agapi (amor incondicional). Debemos, pues, con valor, fervor y ánimo sin ira, arrebatar y defender lo justo a quienes se atreven a insultarlo y pisotearlo. Porque el afán o celo para la piedad combate y vence no con odio, sino mediante la corrección y el control.
  2. El logos espiritual informa la νοερά αίσθηση (noerá észisi: sentido, percepción espiritual), porque proviene de Dios a través de la energía (increada) de la agapi. Por eso no se fatiga nuestro νούς nus (espíritu de la psique) durante sus consideraciones y contemplaciones teológicas, porque entonces no tiene aquella pobreza que conduce a la búsqueda de conceptos y significados, puesto que se extiende en contemplaciones espirituales tanto como lo quiere la energía (increada) y acción de la αγάπη agapi. Por lo tanto, siempre es bueno esperar, con fe inspirada y movida por la agapi, la iluminación del logos. Porque no hay nada más pobre en el mundo que filosofar sobre Dios sin tener la iluminación de Dios.
  3. Cuando alguien no está iluminado, no debe emprender y ocuparse de temas espirituales; pero tampoco aquel que es enriquecido e iluminado abundantemente por la bondad del Espíritu Santo, no debe empezar hablar sobre estos. La pobreza en los asuntos espirituales conlleva la ignorancia, pero la riqueza espiritual impone silencio, no permite la homilía (hablar); ya que la psique-alma, embriagada por la αγάπη agapi (amor incondicional e increada) de Dios, desea dentro de su silencio disfrutar y gozar la δόξα doxa (gloria, energía y luz increada) del Señor. Por lo tanto, debemos observar cuando nos encontramos en un estado intermedio y entonces hablar de Dios. Este estado, genera a la psique-alma un tipo de logos y palabras llenos de doxa gloria increada, mientras que el esplendor de la divina iluminación alimenta la fe de aquel que dice estos logos, para que él sea el primero en saborear y gozar de los frutos de la divina gnosis (conocimiento increado) a través de la αγάπη agapi. Porque el agricultor que trabaja duro en el campo, debe ser el primero en saborear los frutos (2Tim 2,6).
  4. La sabiduría y la gnosis (conocimiento) son carismas del único Espíritu Santo. Pero, cada carisma energiza y opera de distinta manera. “A uno se le da sabiduría, a otro, gnosis (conocimiento), por el mismo Espíritu” (1Cor 12,8), como también testifica el Apóstol Pablo. Y la gnosis une al hombre con el Dios a través de la experiencia, pero no mueve la psique-alma a hablar logos sobre los seres. Por ello, algunos que se ejercitan a la vida monástica, son iluminados por la gnosis con νοερά αίσθηση, (noerá észisi: sentido, percepción y sentimiento espiritual), pero sus psique-almas no se mueven a hablar sobre logos divinos. Pero, la sabiduría, cuando se otorga junto con el temor y la gnosis (y esto no es frecuente), revela las propias energías de la divina gnosis; porque la gnosis acostumbra a iluminar al νούς nus a través de la experiencia, en cambio, la sabiduría le ilumina con el logos espiritual. La gnosis-conocimiento la provoca la oración, la ησυχία hisijía (serenidad mental y paz cordial) prolongada y la perfecta despreocupación; la sabiduría, en cambio, proviene del continuo estudio de los logos de Dios, que se hace sin vanagloria, y, sobre todo, de la χάρις jaris (gracia, energía increada) de Dios.

Cap. 10-14 La parte irascible o emocional de la psique-alma- dos logos- agapi de Dios-éxtasis.

  1. Cuando la parte irascible o emocional de la psique-alma se mueve contra los πάθος pazos, debemos conocer que es tiempo de silencio, porque es la hora de lucha. Pero cuando alguien observa que esa turbulencia, sea por oración, misericordia y compasión, se ha convertido en calma y serenidad, entonces que mueva su psique-alma hacia el έρως eros (amor ardiente) de los logos de Dios; pero asegurando las alas del νούς nus con el lazo de la ταπεινοφροσύνη tapinofrosini humildad (conducta interior humilde, sana y serena). Porque si uno no se rebaja y no se humilla a sí mismo profundamente con desprecio total, no puede hablar de la grandeza de Dios.
  2. El logos espiritual siempre vigila y protege la psique-alma de la vanagloria, porque la ilumina en todas sus partes y hace indiferente sin necesidad a los honores humanos. Por eso también vigila y guarda la διάνοια diania (mente, intelecto, cerebro) de las fantasías, transformándola y orientándola completamente hacia la αγάπη agapi de Dios. Por el contrario, el logos de la sabiduría mundana siempre mueve e incita al hombre a la vanagloria a la ambición; como no satisface la psique-alma con νοερά αίσθηση noerá észisi (sentido, sentimiento y percepción espiritual), produce en sus seguidores amor por los elogios, alabanzas, puesto que es producto de los hombres vanagloriosos, vanidosos. Reconoceremos, pues, la energía del logos divino y espiritual sin engañarnos, si las horas que no hablamos las dediquemos en silencio sin preocupaciones y en la ardiente memoria de Dios.
  3. Aquel que ama a sí mismo, no puede amar a Dios. Aquel que no ama a sí mismo a causa de su sobreabundante riqueza de la agapi de Dios, éste ama a Dios. Este hombre nunca busca su propia gloria, sino la doxa-gloria increada de Dios. Porque aquel que ama a sí mismo ama su propia gloria; mientras que aquel que ama a Dios ama la doxa-gloria increada de su Creador. La característica de la psique-alma que tiene νοερά αίσθηση, (sentido, sentimiento, percepción espiritual) y ama a Dios, es buscar siempre la doxa-gloria de Dios en todos los mandamientos que realiza y complacerse en su propia humildad. Porque a Dios pertenece la doxa-gloria increada por Su grandeza, en cambio, al hombre corresponde la humildad con la cual nos hacemos familiares e íntimos de Dios. Cualquier cosa que hagamos, digamos siempre nosotros también con alegría: “por la doxa-gloria de Dios”, aquello que decía san Juan el Bautista que aquel debe ser glorificado, en cambio, nosotros que disminuyamos: “Es preciso que él crezca y yo mengue. [De acuerdo con el plan de Dios, por el que yo he sido enviado, aquel debe aumentar en influencia y doxa-gloria y yo menguando de modo que no sigan a mí, sino a él], (Jn 3,30).
  4. Conozco a uno que ama tanto a Dios – y a pesar de eso, se lamenta o está en luto/duelo (espiritual), porque no le ama tanto como le gustaría- de modo que su psique-alma se encuentra constantemente en un deseo ferviente de que el Dios sea glorificado por él, en cambio, él mismo es como si no existiera. Este hombre ni siquiera es consciente de cuánto ama a Dios, aun cuando otros lo elogian. Y esto sucede porque, debido a su profundo deseo de humildad, no percibe su propio valor, sino que sirve a Dios conforme a la ley de los sacerdotes; y por su gran amor a Dios, olvida su propio valor, escondiendo en lo profundo de su agapi-amor por Dios su orgullo, con un espíritu de humildad. Así, se ve a sí mismo siempre como siervo inútil, inferior de su propio valor, impulsado por el deseo de humildad. Esto debemos hacerlo también nosotros, evitar toda gloria y honor por la riqueza desbordante de la inmensa agapi-amor al Señor, que tanto nos ama.
  5. Aquel que ama a Dios con αίσθηση észisi (sentido y sentimiento) del corazón, ése es conocido por Él (1Cor 8,3). Porque cuanto más recibe y experimenta uno en la psique-alma con αίσθηση sentido y sentimiento la agapi de Dios, tanto más aumenta su agapi a Dios. Este hombre no cesa nunca desear con un fuerte έρως eros (amor ardiente) a conocer más a Dios, hasta que sienta esta αίσθηση (sentido, percepción, sensación y sentimiento) incluso en sus huesos. Ya no se conoce a sí mismo, sino que está completamente transformado por la agapi-amor de Dios. Este hombre está en este mundo, pero a la vez no está en él. Aunque se encuentra en este mundo con su cuerpo, pero vive fuera del mundo debido a su agapi-amor, mientras su psique-alma se orienta constantemente hacia Dios. A medida que su corazón está ardiendo continuamente con fuego de la agapi, un anhelo le empuja a apegarse a Dios, ya que ha salido fuera del amor a sí mismo a causa de su agapi-amor hacia Dios. Dice el Apóstol Pablo: “Porque si hemos salido fuera de nosotros mismos lo hemos hecho para Dios, si hablamos con lógica, sano juicio, prudencia y humildad, lo hacemos para vosotros” (2Cor 5,13).

Cap. 15-18 Agapi fraternal-temor de Dios-condiciones de la agapi.

  1. Cuando uno empieza a sentir en abundancia la agapi-amor de Dios, entonces empieza amar también a su prójimo con αίσθηση sentido y sentimiento espiritual. Esta es la agapi por la cual hablan todas las Escrituras. La amistad basada en el cuerpo-carne se disuelve fácilmente cuando aparece alguna causa insignificante, porque no está conectada, ni unida con αίσθηση sentido y sentimiento espiritual. Pero en el hombre que energiza, opera el Dios, aunque surja alguna discordia, el lazo de la agapi-amor no se rompe. Porque con el calor de la agapi de Dios, la psique-alma vuelve a calentarse en sí misma al bien y rápidamente restaura en su interior la agapi-amor hacia el prójimo con mucha alegría y gozo, aunque haya sido insultada o perjudicada exageradamente por él; y con la dulzura de Dios aniquila la amargura del conflicto o la disputa.
  2. Nadie puede amar a Dios con αίσθηση sentido y sentimiento en el corazón, si antes no Le teme con todo su corazón. Porque la psique-alma alcanza esta agapi, tras haber hecho la catarsis y ha ablandado, psicoterapiado y sanado de algún modo, por la energía y acción del temor. Sin embargo, nadie puede alcanzar ese temor de Dios, como dijimos, sin renunciar a todas las preocupaciones mundanas de esta vida. Porque cuando el νούς nus (espíritu de la psique) unido con la mente se encuentra con mucha ησυχία hisijía (serenidad mental y paz cordial), despreocupación y ataraxia, entonces es inquietado y ablandado por el temor de Dios, y le limpia y le sana de cada terrenal, para traerle a una gran agapi-amor por la bondad de Dios. Así, el temor pertenece a aquellos que se encuentran en el estadio de la catarsis (sanación, psico-terapia) del pecado (enfermedad, psíquica y espiritual) y tienen una agapi mediana, moderada. Pero la agapi perfecta pertenece a aquellos que ya han consumado la catarsis y se han psicoterapiado, los cuales no sienten temor; porque la perfecta agapi expulsa el temor (1Jn 4,18). Pero los dos -el temor y la agapi- pertenecen sólo a los justos, los cuales con la energía (increada) del Espíritu Santo cultivan las virtudes. Por eso la Escritura dice: “Temed al Señor todos Sus santos fieles” (Sal 33,10). Y en otra parte dice: “Amad a Dios todos Sus santos fieles” (Sal 30,24); para que sepamos bien que en los justos que aún están en la catarsis, pertenece el temor a Dios con una agapi moderada, mediana, tal como dijimos, en cambio la perfecta agapi y apego, unión de la psique-alma a Dios pertenece a los que han hecho la catarsis, psicoterapia y sanación. En ellos no hay ni rastro de temor o miedo, sino incesante agapi-amor fulgurante y un apego de la psique-alma a Dios con la energía (increada) del Espíritu Santo, tal como dice también el profeta David: “Mi psique-alma se apegó en Ti y te sigue; y tu mano derecha me sostiene *(Justo en la teología de los Padres ortodoxos es también aquel que ha llegado a tener la mayor de las virtudes que es el discernimiento, distinguir entre creado e increado y discernimiento de espíritus, todas las virtudes son acompañadas por la justicia.)
  3. Las heridas del cuerpo cuando se dejan sin cuidar, se endurecen, no sienten el efecto de los medicamentos de los médicos; en cambio, si se limpian, por la influencia de la energía del fármaco, se curan a veces rápidamente. Así también en la psique-alma, mientras uno no la cuida, está totalmente cubierta de la lepra de la φιληδονία filidonía (placer, hedonismo o la voluptuosidad), no puede sentir el temor a Dios, aunque uno le hable continuamente sobre el terrible juicio de Dios. Sin embargo, cuando la psique-alma con gran atención y cuidado empieza hacer la catarsis, purgarse, psicoterapiarse y sanarse, entonces siente el fármaco vivificante del temor a Dios que la quema con las inspecciones de la conciencia en el fuego de la απάθεια apázia (sin pazos, impasibilidad). Así, poco a poco, se purga y se limpia hasta llegar a la catarsis total. Y a medida que disminuye el temor, tanto aumenta la agapi-amor de la psique-alma hasta llegar a la perfecta agapi, que tal como hemos dicho, no hay miedo, temor, sino απάθεια apázia completa que se logra por completo para la δόξα-doxa (gloria, luz increada) de Dios. Que sea, pues, por nosotros siempre motivo de admiración y alabanza, primero el temor a Dios y después la agapi-amor que es la plenitud, consumación del perfeccionamiento que legisla el Cristo.
  4. Aquella psique-alma que no se ha liberado de las preocupaciones cósmicas, mundanas, no puede amar auténticamente a Dios, ni puede odiar al diablo tanto como se merece, porque lleva encima suyo las preocupaciones de la vida que la cubren y abruman con su peso. Por eso el νούς nus no puede juzgar correctamente las cosas que conducen a la agapi-amor de Dios o al odio al diablo, de modo que pueda decidir sin ser equivocado o engañado. Para cada uno, entonces, es útil, sin duda, retirarse del mundo.

Cap. 19-22 Pruebas de la catarsis-fe-obras-fe-agapi.

  1. La característica particular de la psique-alma que ha hecho la catarsis, y está psicoterapiada y sanada, pura y lúcida, es un logos sin malicia, sin envidia, ni codicia y un έρως eros (amor ardiente) por la δόξα doxa (gloria, luz increada) de Dios. Entonces también el νούς nus-espíritu permanece dentro de su διάνοια diania (mente, intelecto, cerebro) que se ha convertido en un instrumento de juicio sano, lógico y claro y dirige con precisión sus balanzas personales.
  2. Fe sin obras y obras sin fe, serán por igual denegadas de Dios. El creyente debe ofrecer al Señor una fe que se manifiesta por obras y hechos. Nuestro padre Abraham no sería imputado justo por su fe, (San 2,21), si no hubiera ofrecido a su hijo Isaac como fruto de esa fe, (Gén 22,1-19).
  3. Aquel que ama a Dios, cree verdaderamente y realiza las obras de la fe con devoción y piedad. Pero aquel que sólo cree, sin tener agapi-amor, incluso esa fe que cree tener, en realidad no la tiene. Su fe es ligera porque no tiene el peso y la doxa-gloria de la agapi-amor. Por lo tanto, la recapitulación de todas las virtudes es la fe que se hace praxis a través de la agapi, (Gal 5,6).
  4. La profundidad de la fe, cuando uno lo investiga con curiosidad se remueve; en cambio cuando la observa con disposición sincera y sin mala astucia, permanece sereno y tranquilo. Y esto porque la profundidad de la fe parece como el agua del olvido, donde todos los males se olvidan, y no permite que uno la investigue con curiosidad. Por lo tanto, naveguemos al mar de la fe con sencillez en nuestra διάνοια diania (mente, intelecto), para que podamos así llegar al puerto de la voluntad de Dios.

Cap. 23-25 Conciencia-dualidad-simplicidad de la tendencia.

  1. Nadie puede amar o creer verdaderamente, si no tiene como fiscal acusador su propia conciencia. Pero cuando nuestra conciencia está perturbada por sus inspecciones, remordimientos y reproches, entonces el νούς nus (espíritu de la psique) no puede percibir y sentir el aroma de los bienes celestiales o sobrenaturales, sino que cae en la duda y se divide. Y siente un intenso anhelo por estos bienes, debido a su previa experiencia de fe, pero no puede alcanzarlos con agapi-amor y sentimiento del corazón, debido a las inspecciones, remordimientos y reproches de la conciencia. Sin embargo, después de hacernos la catarsis con la atención más ferviente y con la ayuda de Dios alcanzaremos lo anhelado con mayor experiencia.
  2. Tal como los sentidos de nuestro cuerpo nos incitan e impulsan de manera violenta hacia las cosas que nos parecen buenas, lo mismo también el sentido y percepción del νούς nus, cuando ha saboreado la divina agapi, acostumbra conducirnos a los bienes invisibles. Cada cosa aspira aquello que le es parentesco. La psique-alma, como incorpórea, desea los bienes celestiales, mientras que el cuerpo como tierra que es, desea el disfrute terrenal. Por lo tanto, el sentido inmaterial lo probaremos y sentiremos sin engaño, cuando podamos afinar la materia (el cuerpo) con los esfuerzos de la ascesis (espiritual).
  3. La energía (increada) de la divina gnosis (conocimiento) nos enseña que hay un sólo sentido y sentimiento αίσθηση (észisi) en la psique-alma, pero a causa de la desobediencia de Adán es dividido en dos energías. Y también que existe un simple y único sentido y sentimiento espiritual (αίσθηση észisi) que se da a la psique-alma por el Espíritu Santo. Este sentido y sentimiento espiritual nadie lo puede conocer, sino sólo aquellos que se liberan o se desprenden con alegría de los bienes de la vida por la esperanza de los bienes futuros y con la εγράτεια engratia (templanza, continencia, autodominio) marchitan todo apetito de los sentidos físicos, corporales. Solo en ellos, gracias a la ausencia de preocupaciones, el νούς nus se mueve con vigor y puede sentir de manera inexpresable, la divina bondad; y entonces según su progreso, el νούς nus transmite su alegría también al cuerpo y siente infinito deleite, mientras alaba y glorifica con agapi-amor a Dios. Dice: “En Él mi corazón puso su esperanza y encontré ayuda que rebrotó mi cuerpo-carne; y Le glorificaré y alabaré con toda mi voluntad” (Sal 27,7). La alegría que entonces inunda la psique-alma y al cuerpo es un recordatorio inequívoco de la vida incorruptible e inmortal.

Cap. 26-28 Condiciones de la nipsis-necesidad del Espíritu Santo.

  1. Los que luchan espiritualmente deben mantener siempre su diania (mente, intelecto) serena e imperturbables, para que el νούς nus (espíritu de la psique) pueda discernir los λογισμοί loyismí (conceptos, pensamientos simples o unidos con la fantasía, reflexiones) que pasan por él, y los buenos pensamientos que el Dios envía, almacenarlos en los almacenes de la memoria, y rechazar los malos y demoníacos. Cuando el mar está en calma, los pescadores pueden distinguir lo que se mueve hasta el fondo, y casi nada de los movimientos de los peces les pasa desapercibido. Sin embargo, cuando el mar se agita por los vientos, oculta debido a la turbulencia lo que antes dejaba visible en tiempos de calma; y entonces vemos impotente e ineficaz el arte de los pescadores. Lo mismo ocurre también con el νούς nus (espíritu de la psique) que se ocupa de las contemplaciones divinas, sobre todo cuando el fondo de su psique-alma está perturbado por la injusta ira, cólera o enojo.
  2. Son muy pocos aquellos que conocen y disciernen con precisión sus errores y autoengaños; y cuyos νούς nus con la mente nunca se aleja de la memoria de Dios. Nuestros ojos cuando están sanos, pueden ver todo, hasta los pequeños insectos que dan vueltas en el aire; pero si pierden su salud y su lucidez y empiezan a ver borrosamente, entonces si hay algo grande delante de ellos lo ven confusamente, y los pequeños no los ven en absoluto. Así también la psique-alma, si psicoterapia y sana su invalidez, debilidad producida por su filocosmía (amor, apego al mundo pecaminoso), entonces sus fallos y faltas más pequeñas o ligeras caídas, las considera muy grandes, y derrama lágrimas continuamente con mucho agradecimiento. Porque dice la Escritura: “Los justos alabarán, glorificarán Tu nombre” (Sal 139,14). Pero si la psique-alma continúa teniendo mentalidad y conducta cósmica-mundana (del mundo pecaminoso), entonces, aunque cometa un asesinato o algún pecado merecedor de reproche y gran castigo, apenas lo siente; en cambio, los pequeños pecados, faltas y fallos ni siquiera los percibe y muchas veces los percibe y los considera como hazañas y no se avergüenza en presumir cuando habla de ellos.
  3. Sólo el Espíritu Santo puede hacer la catarsis del νούς nus (espíritu del corazón de la psique). Porque si no entra en la casa el más fuerte que el ladrón para recuperar las cosas robadas y atar al ladrón (Lc 11,21-22), el botín no será liberado. Se debe, pues, por todos los medios y especialmente mediante la paz en la psique-alma, que el Espíritu Santo repose, para mantener el candil de la gnosis (conocimiento) espiritual siempre encendido dentro de nosotros. Cuando esto brilla y resplandece incesantemente en las profundidades de la psique-alma, las amargas y oscuras tentaciones y asaltos de los demonios no solo se vuelven evidentes en νούς nus (espíritu de la psique), sino que se debilitan bastante, porque son inspeccionados y salen a la luz por aquella luz divina, increada y gloriosa. Por eso el Apóstol dice: “No apaguéis el Espíritu”, (1Tes 5, 19), en vez de decir: “no contristéis la bondad del Espíritu Santo, con malas obras o malos pensamientos, para que no seáis privados de Su luz (increada) victoriosa e invencible”. Porque el Espíritu Eterno y Vivificante no se apaga, sino que Su tristeza, es decir, Su alejamiento o rechazo, deja al νούς nus del hombre triste y sin la divina gnosis (conocimiento increado).

Cap. 29-30 Disgregación-unificación del sentido psíquico.

  1. El sentido o percepción y sentimiento natural de la psique-alma, tal como dije, es uno y único, en cambio los sentidos del cuerpo son cinco, conforme nuestras necesidades naturales del cuerpo, tal como nos enseña el filántropo y santísimo Espíritu de Dios. Pero también este αίσθηση (észisi) sentido psíquico se divide analógicamente conforme a los movimientos de la psique-alma, a causa del resbalo del νούς nus por la desobediencia de los primeros en ser creados. Por eso, por un lado, la psique-alma sigue la parte pasional del sentido, y de ahí sentimos el placer de los bienes materiales de la vida; pero cuando estamos sobrios, la psique-alma muchas veces es atraída y complacida por el movimiento lógico y espiritual del sentido, sentimiento; entonces nuestro νούς nus desea correr hacia los bienes y las bellezas celestiales. Si nos acostumbramos a despreciar los bienes del mundo, podremos unir el apetito o ansia terrestre de la psique-alma con la disposición lógica y espiritual de ella, con la ayuda que proporciona la presencia del Espíritu Santo dentro de nosotros. Porque si Su deidad/divinidad con sus energías (increadas) no ilumina eficazmente las profundidades de nuestras psiques-almas, no podremos saborear el bien con el sentido entero e indiviso, es decir, con toda la disposición psíquica.
  2. Αίσθηση (észisi: sentido, percepción) del νούς nus (espíritu de la psique-alma) es su capacidad de discernir con precisión todo que investiga y examina. Cuando el sentido o percepción corporal del gusto es saludable, discernimos sin error las buenas comidas de las sin sabor y anhelamos saborear las buenas. Así también nuestro νούς nus, cuando empieza a moverse saludablemente y sin ninguna preocupación, entonces puede sentir abundantemente el consuelo divino y nunca ser arrastrado por consuelos demoníacos. El cuerpo, al probar alimentos deliciosos, retiene la experiencia del sabor sin error. Así también el νούς nus, cuando haya vencido la conducta y mentalidad carnal, puede saborear sin riesgo de engaño el consuelo y alivio del Espíritu Santo, tal como dice la Escritura: “Saboread y veréis que el Señor es bondadoso” (Sal 33,9); y, a través de la energía de la agapi-amor, guarda la memoria de este sabor, para discernir correctamente todo lo que experimenta, conforme a las palabras del Apóstol: “Y le pido en mi oración también esto: que vuestra agapi-amor incondicional a Dios y entre nosotros crezca cada día más en conocimiento-gnosis de la verdad, con entendimiento y prudencia,para que investiguéis y discernáis lo más perfecto y ortodoxo, a fin de que seáis auténticos, íntegros e irreprensibles para el gran día de la parusía-presencia de Cristo (Fil 1,9-10).

Cap. 31-33 Las dos súplicas-Espíritu Santo-satanás.

  1. Cuando nuestro νούς nus empieza a sentir el consuelo del Espíritu Santo, entonces también el satanás viene en el reposo y tranquilidad de la noche, cuando uno se encuentra en un sueño ligero, y ofrece una sensación αίσθηση (észisi) que parece dulce, y consuela la psique-alma. El νούς nus, pues, si se encuentra anclado calurosamente en el recuerdo, memoria del santo nombre del Señor Jesús Cristo y usa como arma este santísimo y glorioso nombre, entonces el pervertidor abandona su complot o trampa, pero desencadena una guerra abierta contra la psique-alma. Gracias a esto, el νούς nus aprende con precisión el engaño del astuto maligno y progresa más su experiencia en el discernimiento.
  2. El consuelo que da el Espíritu Santo, viene cuando el cuerpo está despierto o incluso cuando trata de entrar en un sueño ligero, y cuando uno a través del cálido recuerdo o memoria a Dios está aferrado, unido a Su αγάπη agapi (amor incondicional). Pero el consuelo satánico del engaño viene cuando –como dije- el luchador se encuentra en el sueño ligero, teniendo floja o mediocre la memoria o recuerdo de Dios. El consuelo divino, en efecto, como proviene de Dios, quiere consolar claramente a los luchadores de la piedad con mucha alegría en la psique-alma, aumentando la αγάπη agapi. Lo contrario acostumbra a empujar la psique-alma hacia el engaño e intenta, a través del sueño corporal, alejar el sentido, percepción o la energía del νούς nus sanado, saludable de la memoria de Dios. Si, pues, -como dije- el νούς nus se encuentra en un estado de constante recuerdo, memoria del Señor Jesús Cristo, disipa aquella brisa del enemigo aparentemente dulce y con gozo y alegría se lanza a la guerra contra él, teniendo como arma junto con la divina χάρις jaris (gracia, energía increada) también la experiencia adquirida.
  3. Si la psique-alma está sin ninguna fantasía, ilusión o duda, se inflama de la αγάπη agapi (amor incondicional) de Dios, arrastrando de alguna manera también el cuerpo hacia la profundidad de aquella inenarrable αγάπη agapi divina (increada), ya sea estando despierto, o cuando, de la manera que mencioné, entra en un sueño guiado por la divina χάρις jaris (increada) y no piensa nada más sino solo en el objetivo de la agapi (increada), es decir, en Dios; entonces, debe saber y reconocer que tal αγάπη agapi es obra y energía del Espíritu Santo. En este estado, la psique-alma entera deleita de aquella inexpresable dulzura y es incapaz de pensar en otra cosa, porque goza de una alegría incesante e inalterable. Sin embargo, si durante este estado divino bajo la influencia de la divina energía (increada), el νούς νούς nus percibe, concibe o siente hasta la más mínima duda o algún pensamiento sucio, y aunque haga uso del divino Nombre no tanto por la agapi a Dios, sino para defenderse del mal, entonces debe entender que aquel consuelo proviene del seductor y estafador diablo bajo la apariencia de una alegría superficial y confusa. Esta alegría artificial es sin sabor, insípida, caótica, desordenada y está provocada por el enemigo que quiere adulterar y corromper la psique-alma. Porque cuando ve que el νούς nus (espíritu de la psique-alma) se fía, presume y se jacta plenamente de la experiencia de su percepción, sensación, entonces, como he dicho anteriormente, provoca a la psique-alma consuelos aparentemente benévolos. Así, la psique-alma es arrastrada por esa dulzura indolente y soporífera, sin darse cuenta de la unión del espíritu maligno con ella. Por esto, pues, discernimos el espíritu de la verdad del espíritu del engaño y del error. Pero es imposible que uno saboree con αíσθηση sentido y sentimiento de la psique-alma la divina bondad o reciba experiencia sentida y sensible de la maldad de los demonios, si no se reconoce con certeza que la χάρις jaris (increada) ha habitado en lo más profundo de su νούς nus y corazón (psicosomático), mientras que los malos astutos espíritus se encuentran en acecho alrededor de los miembros del corazón. Los demonios nunca quieren que los humanos crean esto, para que el νούς nus no se arme contra ellos mediante la memoria o recuerdo de Dios.

Cap. 34-36 Agapi fraternal-temor a Dios-condiciones de la agapi, (Dos agapis-temor y agapi-la Luz increada).

  1. Una es la agapi-amor natural que tiene la psique-alma y otra la que le viene de la energía increada del Espíritu Santo. La primera se mueve cuando nosotros queremos, según nuestra voluntad; y por eso fácilmente es saqueada por los espíritus malignos y astutos, si no sujetamos con firmeza nuestra voluntad y predisposición agapítica-amorosa. Pero la otra agapi-amor que se realiza por el Espíritu Santo, excita y estimula tanto la psique-alma hacia la αγάπη (agapi: amor incondicional) a Dios, de manera que todas las partes de la psique-alma se apeguen de modo inexpresable a la bondad del divino anhelo, con una inmensa sencillez de disposición. Porque entonces, el νούς nus lleno de la energía (increada) espiritual, como si estuviera gestando, hace brotar una fuente de agapi-amor y alegría.
  2. Tal como el mar agitado se calma, si se vierte aceite, y se vence la tormenta por el grueso y la densidad del aceite, así también nuestra psique-alma, cuando está ungida por la bondad del Espíritu Santo, siente una dulce serenidad y tranquilidad, recibiendo con alegría su derrota ante aquella bondad apacible e inexplicable del Espíritu Santo que la cubre, diciendo, como el profeta David: “Pero tú, psique-alma mía sométete a Dios” (Sal 61,6). Entonces, cualquiera que sea el número de tentaciones que se provocan por los malos astutos demonios contra la psique-alma, ella permanece en paz, sin ira y llena de todo gozo y toda alegría. Esta es la condición que se alcanza y se mantiene cuando se apacigua y se endulza incesantemente la psique-alma con el temor de Dios. Para aquellos que luchan por la sanación, psicoterapia y salvación, el temor del Señor Jesús trae una cierta forma de catarsis, purificación o expiación. Porque dice la Escritura: “El temor del Señor, es puro y permanece por todos los siglos” (Sal 18,10).
  3. Cuando escuchéis sobre el sentido, percepción del νούς nus (espíritu del corazón de la psique), no se debe pensar y creer que la doxa-gloria increada de Dios le será revelada de manera visible. En efecto, decimos que cuando la psique-alma está limpia, sana, psicoterapiada siente el divino consuelo y lo saborea de una manera indescriptible; sin embargo, en ella no se ve nada de lo invisible, porque como dice el Apóstol Pablo: “En la vida presente caminamos y progresamos con la fe y no por vista” (2Cor 5,6-7). Si, pues, en alguno de los luchadores se le aparece alguna luz o alguna figura luminosa, no debe aceptar en absoluto esa visión. Estos son engaños evidentes del maligno, los cuales muchos han aceptado por ignorancia y se han desviado del camino de la verdad. Pero nosotros conocemos que mientras estamos en este cuerpo nuestro corruptible, estamos lejos de Dios, es decir, no es posible ver con nuestros ojos ni a Él, ni a ninguno de Sus milagros y maravillas celestiales.

Cap. 37-39 Los sueños de la naturaleza-los del satanás-los de Dios.

  1. Los sueños que se manifiestan en la psique-alma debido a la agapi-amor de Dios son, en cierto modo, indicios seguros e inequívocos de una psique-alma psicoterapiada, sana y saludable espiritualmente. Por eso, no cambian de una figura a otra, ni causan miedo en su percepción, no ríen ni se entristecen repentinamente, sino que se acercan con mucha dulzura y llenan de alegría espiritual. Por eso, cuando el cuerpo se despierta, la psique-alma con gran anhelo busca la alegría del sueño. Sin embargo, las fantasías de los demonios son totalmente opuestas; no permanecen en la misma forma o figura, ni muestran por mucho tiempo su forma de apariencia tranquila, sin turbación. Porque la serenidad y la paz que no tienen debido a su disposición voluntaria, sino que solo la imitan por la disposición de engañar a la psique-alma, no puede durar mucho en ellos; sino que dicen grandes palabras y muchas amenazas y a menudo se transforman en soldados y algunas veces salmodian con gritos en la psique-alma. Cuando el νούς nus está sano, limpio y puro de estas cosas, reconoce la presencia de los demonios en las fantasías y despierta el cuerpo; algunas veces también se alegra porque pudo entender y discernir la mala astucia de ellos. Por eso, dentro del sueño, muchas veces, los inspecciona y los reprende, lo que los hace enfurecer mucho. Sin embargo, hay ocasiones en las que incluso los buenos sueños no producen alegría en la psique-alma, sino que traen una dulce tristeza agradable y lágrimas sin dolor. Esto sucede en aquellos que han progresado mucho en actitud interior humilde, sana y serena.
  2. Nosotros hemos hablado relativamente sobre el discernimiento de sueños buenos y malos, tal como hemos escuchado de aquellos que tienen experiencia. Y es suficiente y útil para la virtud el no dar ninguna credibilidad a ninguna fantasía. Porque los sueños no son otra cosa que copias de λογισμοί loyismí (conceptos, pensamientos simples o mezclados con la fantasía) descontrolados o errantes, como dije antes, burlas y engaños de los demonios. Por lo tanto, si alguna vez por la bondad de Dios nos fuera enviado algún ensueño (visión) y no lo aceptáramos, el amado y deseado Señor Jesús no se enfadará contra nosotros; porque conoce que esto lo hacemos por temor a la mala astucia de los demonios. Este discernimiento que se mencionó antes entre sueños buenos y malos es rigurosamente preciso. Sin embargo, puede suceder que la psique-alma se manche y se contamine por una leve causa imperceptible –algo de lo que creo que nadie está exento- y perder la precisión rigurosa del diagnóstico creyendo así los malos sueños como buenos.
  3. En este asunto tomemos como ejemplo a un siervo a quien su señor tras una larga ausencia le llamó durante la noche desde el patio de la casa; el siervo negó categóricamente abrir la puerta a su señor, por temor a ser engañado por la similitud de la voz y convertirse en traidor de la propiedad de su señor, abriendo a otra persona. Cuando se hizo de día, no sólo su señor no se enfadó con el siervo, sino que también le alabó mucho, porque incluso la voz de su señor la consideró engañosa, al no querer que se perdiera ninguno de sus bienes y posesiones.

Cap. 40-44 Las dos luces-obediencia- εγκράτεια engratia-desviaciones.

  1. No debe dudar nadie de que, cuando el νούς nus (espíritu de la psique) comienza a recibir con frecuencia la energía (increada) de la luz divina, se vuelve completamente transparente, de modo que puede ver la luz de manera abundante. Esto sucede cuando la potencia de la energía de la psique-alma ha vencido los πάθος pazos y domina sobre ellos. Pero cada figura que se manifiesta al νούς nus, ya sea como luz, o como fuego, proviene de la mala astucia del enemigo; tal como claramente nos enseña el divino Pablo: “…que el diablo se metamorfosea, transforma en ángel de luz”, (2Cor 11,14). Por lo tanto, no debe uno llevar una vida ascética con la esperanza de tales visiones o ensueños, no vaya ser que el satanás encuentre la psique-alma preparada para arrastrarla. Nuestra única meta debe ser amar a Dios con todo sentido, sentimiento de la psique-alma y con toda información interior, es decir, con todo el corazón, con toda nuestra διάνοια diania (mente, intelecto) y con toda la psique-alma, (Mat 22,37). Porque aquel que por la χάρις jaris (energía increada) de Dios energiza y obra a tal grado, aunque viva en este mundo, está lejos del mundo.
  2. La obediencia ha sido reconocida como la primera de las virtudes introductorias. Porque elimina la presunción, el engreimiento u orgullo, es decir, la gran idea que tiene uno de sí mismo, y genera la humildad. Por eso, en aquellos que la sostienen con placer y agrado se convierte en una puerta que conduce a la αγάπη agapi (amor incondicional) de Dios. Por eso Adán al haber rechazado la obediencia, resbaló al Hades (infierno). Esta virtud amó el Señor y se hizo hombre economizando nuestra psicoterapia, sanación y salvación. Obedeció a Su Padre hasta la cruz y la muerte, (Fil 2,6-8), aunque no era en absoluto inferior a la grandeza de Él, para abolir y destruir el crimen de la desobediencia humana con Su propia obediencia y restaurar a la vida bienaventurada, feliz y eterna a aquellos que vivirán en obediencia. Por lo tanto, aquellos que quieren combatir contra la presunción o la arrogancia del diablo deben ocuparse primero de la obediencia. Y ella con el tiempo nos mostrará sin error todos los caminos de las virtudes.
  3. La εγκράτεια engratia (templanza, autodominio, contención) es el nombre general de todas las virtudes. Por tanto, aquel que está en engratia, es decir, el que cultiva las virtudes, es necesario que sea moderado, se contenga y se autodomine en todo. Cuando a una persona se le quita cualquier parte de su ser, incluso la más pequeña, entonces su cuerpo queda deformado; de igual manera, el que descuida una sola virtud, destruye toda la belleza de la εγκράτεια engratia. Por lo tanto, debemos cultivar no sólo las virtudes corporales, sino también aquellas que pueden limpiar, psicoterapiar y sanar al hombre interior. ¿Cuál será el beneficio para quien mantuvo su cuerpo virgen o puro, si se contamina con el demonio de la desobediencia? O ¿cómo se coronará aquel que se distancia de la gula y de cada deseo corporal, si no se ocupa de vencer el orgullo, la presunción y la vanagloria y no tolera, ni soporta la mínima aflicción y pena? Porque en el juicio venidero, se dará como compensación en la balanza la luz de la justicia, a favor de aquellos que realizaron las obras de justicia con espíritu de humildad.
  4. Aquellos que luchan para su psicoterapia, sanación y salvación, deben ocuparse tanto en odiar todos los deseos insensatos, de manera que adquieran el hábito de este odio. Pero la εγκράτεια engratia (templanza, autodominio, continencia) de las comidas deben ejercerla con cuidado de manera que no lleguen a odiar ningún alimento; ya que eso es maldito y completamente demoníaco. No nos abstenemos de los alimentos como si fueran malos – lejos de eso- sino que evitamos los alimentos abundantes y sabrosos para dominar los miembros del cuerpo-carne (instintos animales), que se hallan en excitación. También lo hacemos para repartir el excedente a los pobres, lo cual es un signo de verdadera αγάπη agapi-amor.
  5. Comer y beber de todo lo que se nos ofrece, dando gracias a Dios, no está en absoluto en contra de la gnosis (conocimiento) espiritual; porque todas las creaciones son muy buenas (Gén 1,31). Sin embargo, abstenerse voluntaria y agradecidamente de muchos y agradables alimentos, esto es una señal de gran discernimiento y de mayor gnosis espiritual. Pero no despreciaremos con alegría los bienes de este mundo, si no saboreamos la dulzura de Dios con todo nuestro αίσθηση (észisi) sentido y sentimiento espiritual y con información en el corazón.

Cap. 45-49 Regla de εγκράτεια engratia -la finalidad del ayuno-el vino.

  1. Cuando el cuerpo está pesado por demasiada comida, convierte el νούς nus débil, perezoso, miedoso, torpe y cobarde; en cambio, cuando flaquea por la gran εγκράτεια engratia y abstinencia, hace que la parte contemplativa de la psique-alma se ponga sombría y evite hablar. Por lo tanto, debemos regular las comidas según el estado del cuerpo, de manera que cuando está saludable sea domado convenientemente y cuando está enfermo, sea atendido adecuadamente. Porque el luchador no debe debilitar su cuerpo, sino tener la necesaria resistencia para la lucha, de manera que los esfuerzos corporales contribuyan convenientemente a la catarsis y psicoterapia de la psique-alma.
  2. Cuando la vanagloria nos inflama mucho para presumir ante otros, teniendo como pretexto para su propia presunción la visita de algunos hermanos o huéspedes extranjeros, es bueno durante este espacio de tiempo abandonar nuestra dieta habitual. Así expulsaremos el demonio de la ociosidad y le dejaremos inactivo sin poder realizar nada, lamentándose más por su ataque fallido, y cumpliremos perfectamente la ley de la αγάπη agapi-amor, sin revelar el secreto de la εγκράτεια engratia (templanza, continencia) a través de nuestra condescendencia.
  3. El ayuno, en efecto, es motivo para la jactancia, pero no frente a Dios. Es una herramienta que puede ayudar a los que quieren adquirir humildad, sobriedad y templanza. Por tanto, los luchadores de la piedad no deben tener una gran idea de ello, sino sólo esperar en la fe en Dios el cumplimiento de nuestro objetivo. Los artesanos nunca se jactan de las herramientas de su oficio, sino que cada uno espera el resultado de su esfuerzo para mostrar así con exactitud su arte.
  4. Cuando la tierra se riega lo justo y necesario, produce semilla multiplicada, en cambio cuando recibe la lluvia excesivamente, sólo produce espinas y abrojos. Así también la tierra del corazón, si usamos con moderación el vino, produce sus semillas naturales, y las que se siembran en él por el Espíritu Santo las presenta muy fructuosas, robustas y abundantes. Pero si se moja demasiado por la excesiva bebida, entonces todos los pensamientos se convierten en espinas y abrojos.
  5. Cuando nuestro νούς nus con la mente nada en las olas de la multitud de la bebida (sobre todo alcohólica), no sólo ve apasionadamente las imágenes y formas que los demonios le muestran en sus sueños, sino que también crea por sí mismo bellas formas y, con su fantasía, las trata como amantes con gran deseo. Porque cuando los órganos sexuales o concupiscentes se calientan por el vino, el νούς nus con la mente por necesidad crea dentro de sí representaciones hedonistas, placenteras del πάθος pazos (pasión, vicio, etc.). Por lo tanto, debemos emplear la medida adecuada para evitar el daño del exceso. Porque cuando el νούς nus no tiene la ηδονή hidoni (placer hedonista, hedonismo de los instintos animales) para que lo arrastre a la imagen del pecado, entonces permanece completamente sin fantasía, y lo mejor de todo, sin deseo carnal.

Cap. 50-53 Bebidas-el vinagre del Señor-médicos.

  1. Todas las bebidas elaboradas, que los artesanos de esta invención llaman aperitivos, porque parecen conducir a la barriga o panza una gran cantidad de alimentos, no deben ser consumidas por aquellos que desean domar y controlar las partes del cuerpo que se inflaman y se sublevan. Porque estas bebidas no sólo son perjudiciales para los cuerpos de los combatientes, sino que esta composición insensata de las mismas también afecta y sacude mucho la conciencia en la cual energiza y opera el Dios. ¿Qué es lo que le falta al vino, para que lo mezclemos con diversos endulzantes y así suavicemos su sequedad?
  2. Nuestro Señor Jesús Cristo, el Didáscalos/ Maestro de la sagrada vida ascética, durante Su pazos (pasión, padecimiento) aquellos que servían bajo las órdenes diabólicas Le dieron beber vinagre, para dejarnos -creo yo- un ejemplo claro para las sagradas luchas ascéticas. Es decir, nos enseña que aquellos que luchan contra el pecado no deben emplear alimentos y bebidas agradables, sino que deben soportar con paciencia la amargura de la batalla. Debemos agregar también el hisopo a la esponja de la injuria, blasfemia (Jn 19,29), para entender y adaptar perfectamente al ejemplo, la forma y el marco de nuestra catarsis (purgación, sanación, psico-terapia). Porque la crudeza que tiene el vinagre caracteriza las luchas espirituales, en cambio, la cualidad catártica (purgadora y sanadora,) del hisopo (Sal 50,9) determina el perfeccionamiento.
  3. Ir al baño no se puede considerar como un pecado o paradójico. Sin embargo, el que uno se abstenga a causa de la εγκράτεια engratia (templanza, continencia), lo considero de mucha valentía y de mucha sobriedad y prudencia. Porque ni esa humedad placentera hedonista relaja nuestro cuerpo, ni llegamos a recordar la vergonzosa desnudez de Adán, para cubrir nuevamente nuestra vergüenza con hojas. Esto es lo más significativo para nosotros que recientemente hemos renunciado la maldad de la vida y debemos, con la pureza de nuestro cuerpo unirnos con la belleza de la virtud σωφροσύνη sofrosini (sobriedad, prudencia, mente y νούς nus-espíritu sobrios, sanos y serenos).
  4. Nada nos impide llamar a los médicos cuando enfermamos. Dado que estaba destinada que surgiera algún día la medicina desde la experiencia humana, por eso los medicamentos ya preexistían. Pero, no debemos tener en ellos la esperanza de nuestra curación, sino al verdadero Médico y Salvador nuestro Jesús Cristo. Esto lo digo para aquellos que viven en los monasterios κοινόβιος kinovios (vida en comunidad) o practican la vida ascética en las ciudades; porque a causa de las circunstancias que se les presentan, no tienen continuamente la energía de la fe a través de la αγάπη agapi; pero también para que no caigan en la vanagloria y en la tentación del diablo; porque algunos de ellos afirman que no tienen necesidad de los médicos. Pero si uno lleva una vida anacoreta o retirada del mundo en lugares más desiertos junto con dos o tres hermanos de su misma mentalidad, que se entregue a sí mismo con fe solo al Señor que cura toda enfermedad, malestar y dolencia (Mt 4,23), sin importar qué enfermedad tenga. Porque después del Señor tiene al desierto como consuelo suficiente de sus enfermedades. Por eso, a tal hombre, nunca le falta la energía de la fe, porque no tiene a donde ostentar la virtud de la paciencia, utilizando al desierto como un bello velo de defensa contra la vanagloria. Por eso el Señor «habita en casas solitarias»(Sal 67,7), es decir, protege a los solitarios y desprotegidos y los aloja en una casa con mucha felicidad y alegría.

Cap. 54-56 Criterios de la espiritualidad-los sentidos.

  1. Cuando nos incomodamos e irritamos mucho por las enfermedades corporales que nos acontecen, debemos saber que nuestra psique-alma aún está esclavizada a los deseos del cuerpo. Por eso, al desear el bienestar y la comodidad material, no quiere apartarse de los bienes de la vida, y considera un gran pesar y pena cuando está enferma, el no poder disfrutar los encantos de las bonitas cosas materiales de la vida. Pero, si recibe y acepta con gratitud las molestias, tristezas y aflicciones de las enfermedades, entonces reconoce que no está lejos de las fronteras de la απάθεια apázia (sin pazos, impasibilidad). Por eso también la muerte entonces la espera con alegría, como una ocasión de verdadera vida.
  2. La psique-alma no puede desear separarse del cuerpo si su disposición no se independiza del aire (es decir, el cuerpo). Todos los sentidos y sensaciones del cuerpo son contrarios a la fe, porque ellos se refieren a cosas presentes, en cambio, la fe promete la grandeza y la majestuosidad de los bienes futuros. Por lo tanto, aquel que lucha por su psicoterapia, sanación y salvación nunca debe añorar árboles frondosos y sombríos, o manantiales con aguas corrientes claras o campos con flores, o casas bellas, o incluso relaciones familiares, ni acordarse de exhibiciones festivas si por casualidad se encuentra en este tipo de reuniones; sino que utilice las cosas necesarias de la vida con gratitud y considere la vida como un camino insólito y extraño, libre de placeres y deleites corporales-carnales. Solo así, limitando nuestra διάνοια diania (mente, intelecto), la dirigiremos por completo hacia el camino que conduce a las realidades eternas de la eternidad.
  3. La vista y el gusto o sabor dispersan la memoria del corazón cuando los utilizamos exageradamente. Un ejemplo claro es Eva. Ella mientras no miraba con placer el árbol prohibido del mandamiento, recordaba cuidosamente la orden divina. Por eso, permanecía todavía bajo el resguardo del divino έρως eros (amor ardiente) y por eso no era consciente su desnudez, no la conocía. Pero cuando miró con agrado y placer el árbol y lo tocó con un intenso deseo, comió su fruto con un gran placer y deleite y enseguida se deslizó hacia la unión corporal, porque se unió con el deseo al pazos, puesto que estaba desnuda. Entregó todo su deseo al disfrute de las cosas presentes y con el fruto aparentemente bello arrastró también a Adán a su misma falta. Por eso, desde entonces el νούς νούς nus (espíritu de la psique) con la διάνοια diania (mente o intelecto) del hombre difícilmente puede recordar a Dios o Sus mandamientos. Por lo tanto, debemos enfocar siempre nuestro νούς nus con la mente o intelecto al fondo de nuestro corazón, manteniendo una memoria constante de Dios, y vivamos como ciegos en el mundo de esta vida falsa, ilusoria y engañosa. Porque la cualidad de la filosofía espiritual es conservar siempre sin alas el amor a las cosas visibles. Eso lo enseñaba también el muy sufridor Job: “Conoce el Dios que mi corazón no ha seguido mis ojos” (Job 31,7). Realmente esto es un signo de una gran εγκράτεια engratia (templanza, continencia, autodominio, autodisciplina, sobriedad).

Cap. 57-59 Las bellezas interiores-la acedia (o desánimo, pereza espiritual)-“la oración de Jesús”.

  1. Aquel que permanece siempre enfocado en su corazón y dedicado a la vida espiritual más profunda se aleja gradualmente de lo que el mundo considera hermoso y placentero. Porque, mientras vive espiritualmente, no puede conocer los deseos de la carne (Gal 5,16). Este hombre, pues, circula dentro de la fortaleza de las virtudes, teniendo como guardianes las mismas virtudes que vigilan y protegen la ciudad de la pureza. Por eso quedan inútiles las maquinaciones, artimañas de los demonios contra él, aunque las flechas del amor carnal lleguen hasta las puertas de la naturaleza, es decir, a los sentidos físicos.
  2. Cuando la psique-alma empieza a no desear las bellezas de la tierra, entonces la invade un espíritu de acedia (desgana, apatía o pereza), que no le permite servir con gratitud al logos y sentir un fuerte deseo por los bienes futuros. Además, también esta vida temporal la presenta como completamente inútil, porque no tiene obras dignas de virtud. Incluso menosprecia esta gnosis (conocimiento) espiritual bajo el pretexto de que ha sido dada a muchos otros y que no ofrece ninguna promesa perfecta. Este πάθος pazos, que convierte la psique-alma débil, apática y parsimoniosa, lo evitaremos si delimitamos nuestra διάνοια diania (mente, intelecto), dentro de límites ο márgenes estrechos, concentrándonos sólo en la memoria de Dios. Sólo de esta manera el νούς nus con el corazón recuperará al calor, fervor anterior y podrá apartarse de esta alteración irracional y paradójica.
  3. De todos modos el νούς nus requiere de nosotros mediante la memoria de Dios le vallemos todas las salidas y le demos algo para hacer que satisfaga su actividad. Por lo tanto, debemos proporcionarle únicamente el «Señor Jesús» para el cumplimiento de nuestro propósito. Porque nadie puede decir “Señor Jesús” sin la iluminación del Espíritu Santo (1Cor 12,3). Pero el νούς nus con el intelecto o mente debe estar estudiando constantemente estas palabras en lo profundo de su corazón, de manera que no se escape y divaga en distintas fantasías o imaginaciones. Aquellos que estudian incesantemente este santo y glorioso Nombre en lo más profundo de sus corazones, ellos algunas veces pueden ver también la luz de su propio νούς nus (espíritu de la psique). Esto sucede porque, cuando este santo Nombre es retenido con mucha persistencia por la διάνοια diania (mente intelecto), quema y consume toda suciedad que cubre la psique-alma; esto nuestra psique-alma lo siente intensamente porque nuestro Dios es fuego consumidor que devora todo (Dt 4,24). Y con esto el Señor invita a la psique-alma a la gran αγάπη agapi (amor incondicional) de Su propia δόξα doxa (gloria, luz increada). Porque cuando este glorioso y muy anhelado Nombre con la memoria del νούς nus permanece mucho tiempo al calor, fervor del corazón, seguro que nos genera la costumbre de amar Su bondad sin ningún impedimento u obstáculo. Ésta es la perla preciosa (Mt 13,46), que uno puede adquirirla habiendo vendido toda su fortuna, todo lo que tiene, y cuyo descubrimiento produce una inenarrable alegría y un gozo inefable.

Cap. 60-62 Características de la alegría-memoria de Jesús- la ira o lo emocional.

  1. Una cosa es la alegría preliminar, inicial y otra la perfecta. La primera no está exenta de la fantasía, en cambio la segunda tiene la fuerza de la humildad. Entre ellas existe una tristeza mezclada con la agapi-amor de Dios y lágrimas sin dolor. Porque donde hay abundancia de sabiduría, allí también existe abundancia de gnosis (conocimiento); y aquel que recibe más gnosis, añade sentimiento de dolor (Ecl 1,18). Por eso con la alegría preliminar, inicial la psique-alma debe ser llamada a las luchas ascéticas y espirituales con la alegría preliminar al principio, y luego ser examinada y juzgada por la verdad del Espíritu Santo acerca de los males realizados o de las fantasmadas y vanidades que aún realiza. Porque dice la Escritura: “Señor, con inspecciones sobre su ilegalidad, has corregido al hombre, y fundiste como una araña su psique-alma” (Sal 38,12). Y después de que la psique-alma haya sido probada por el divino examen, como si hubiera entrado en un horno, entonces recibirá la divina energía de la alegría sin fantasías, dentro de la calurosa memoria de Dios.
  2. Cuando la psique-alma es perturbada por la ira, o turbada por la ebriedad u oprimida y desanimada por la terrible aflicción, depresión, pena o tristeza, el νούς nus no puede retener la memoria del Señor Jesús, aunque uno se fuerce. Porque, como está oscurecido por la crudeza de los pazos, pierde su sentido, sentimiento y percepción espiritual. Por eso el deseo de la oración de Jesús o del corazón, no tiene donde imprimir su sello, de manera que el νούς nus con la mente mantenga inolvidables las palabras de la oración (de Jesús), porque la memoria de la διάνοια diania (mente, intelecto) se endurece por la brutalidad de los πάθος pazos. Pero si la psique-alma está libre de estos pazos, aunque por un instante se olvide el nombre deseado, inmediatamente el νούς nus recupera su energía y actividad y retoma ardientemente aquella caza tan deseada, psicoterapéutica, redentora y salvadora. Porque entonces la psique-alma tiene la misma divina χάρις jaris (increada) que estudia y clama junto con ella “Señor Jesús”, tal como una madre enseña a su niño el nombre del “padre” y lo repite con él hasta que se acostumbre a clamar “padre”, incluso cuando duerme, en vez de decir cualquier otra cosa de las que se acostumbran a decir los niños. Por eso dice el Apóstol Pablo: “Así también el Espíritu nos ayuda y nos apoya en nuestra enfermedad, porque no conocemos como debemos orar y qué pedir, pero el mismo Espíritu media a favor de nosotros y nos inspira gemidos que no se expresan con palabras” (Rom 8,26). Dado que nosotros somos niños en comparación con la perfección de la virtud de la oración, siempre necesitamos de la ayuda del Espíritu Santo, el cual con Su inenarrable dulzura reúne y deleita todos nuestros λογισμοί loyismí (conceptos, pensamientos simples o unidos con la fantasía, reflexiones) y nos dirige de manera que nos movamos y entreguemos por completo con toda nuestra disposición a la memoria y a la agapi (amor increada e incondicional) de Dios. Por eso como dice de nuevo San Pablo, impulsados por el Espíritu, cuando Él nos enseña a llamar incesantemente «Padre» a Dios, decimos: “Abba, Padre” (Rom 9,15).
  3. La ira, más que todos los demás pazos, perturba y confunde la psique-alma; aunque en ocasiones también le aporta gran beneficio. Porque cuando la utilizamos sin conflicto o agitación contra los indecentes o impíos para que se sanen y se salven o para que se avergüencen, entonces añadimos apacibilidad, mansedumbre a nuestra psique-alma, porque co-caminamos con el propósito de la justicia y la bondad de Dios. Pero incluso el comportamiento femenino de la psique-alma a menudo lo convertimos en viril, cuando nos enojamos mucho contra el pecado. Y no debemos dudar que, cuando nos encontramos con mucha desgana y apatía, si nos enfurecemos espiritualmente contra el demonio de la corrupción, nos elevamos por encima de la jactancia de la muerte. El Señor para enseñarnos esto, dos veces se enfureció contra la muerte y se turbó a Sí mismo, aunque podría haber obrado sin turbación, y así resucitó a Lázaro (Jn 11,33-38). Por eso, creo que la ira prudente fue dada como arma de justicia a la naturaleza humana por el Dios creador. Si Eva hubiera usado esta como arma contra la serpiente, no habría sido vencida por aquel placer corporal hostil y apasionado. Por eso, creo que aquel que usa la ira con sensatez y sabiduría por devoción, piedad se encontrará sin duda mejor en la balanza de las recompensas que aquel que, debido a la inercia del νούς nus con la mente, nunca se enoja. Este último parece tener sin entrenamiento al conductor, guía de los frenos (mente, intelecto y νούς nus, espíritu) humanos; mientras que el primero compite en la carrera espiritual montado en las cabalgaduras de las virtudes, cruzando entre las filas demoníacas, controlando su carro de la εγκράτεια engratia (templanza, continencia, autodominio) con temor a Dios. Este carro la Escritura lo llama “carro de Israel” (4Rey 2,11) y lo encontramos en la ascensión del divino Elías; porque parece que a los hebreos el Dios habló de varias maneras sobre las cuatro virtudes (modestia o templanza, humildad, justicia y valor). Por ello este discípulo tan grande de la Sofía-sabiduría fue ascendido sobre un carro de fuego; y yo creo, que utilizó prudentemente como caballos del carro sus virtudes, cuando fue arrebatado por el Espíritu en un soplo del viento de fuego.

Cap. 63-65 El “gnóstico, conocedor” -los tribunales- la desapropiación o pobreza.

  1. Aquel que se ha hecho participe de la santa gnosis (conocimiento increado) y ha saboreado la dulzura de Dios, no debe juzgar nunca, ni entablar pleito contra nadie, aunque le quiten las vestiduras que lleva. Porque la justicia de los gobernantes de este mundo es muy inferior a la justicia de Dios, o más bien, no es nada en comparación con la justicia de Dios. Porque, ¿cuál es la diferencia entre los hijos de Dios y los hijos del mundo, sino que la justicia de estos últimos es imperfecta en comparación con la justicia de los primeros? Así, la primera se llama justicia humana, y la segunda, justicia divina. De la misma manera, el Señor Jesús, cuando Le calumniaban e injuriaban no contestaba con insultos y cuando sufría no amenazaba (1Ped 2,23), incluso aguantó en silencio que le quitaran Sus vestiduras (Mt 27,28), y sufrió dolores, sufrimientos y aflicciones a favor de nuestra salvación (Is 53,4). Y lo más grande de todo es que rogaba al Padre a favor de aquellos que Le maltrataban (Lc 23,34). Sin embargo, los hombres de este mundo no dejan los procesos judiciales hasta que no recuperen las cosas de sus litigantes, y a veces incluso más de lo debido, tomando intereses antes de la deuda, de modo que la justicia y derecho de ellos sea convertido el principio de una gran injusticia.
  2. He escuchado algunos hombres piadosos decir que no debemos permitir que cualquiera que venga nos arrebate lo que tenemos para nosotros mismos o para aliviar a los pobres, para que por nuestra indulgencia no lleguemos a ser causa de pecado para los que nos perjudican, y sobre todo si son cristianos. Sin embargo, esto no es más que preferir los bienes propios para nosotros mismos y en concreto bajo una excusa paradójica e insensata. Porque si abandono la oración y la vigilancia de mi corazón y empiezo a reñir y a litigar con aquellos que me perjudican, en poco tiempo empezaré a frecuentar en los atrios de los tribunales, y así se hace claro que aquellas cosas que persigo, las considero superiores a mi propia salvación, por no decir también superiores a este mandamiento salvífico del Señor. Porque, ¿cómo seguiré el mandamiento evangélico, que manda: “a quien toma lo tuyo, no le reclames” (Lc 6,30), si antes no soporto con alegría el arrebato de mis existencias? según el Apóstol (Heb 10,34). Incluso si uno recupera legalmente lo que le han quitado, esto no libera al codicioso de su pecado, ya que los tribunales perecederos no limitan el tribunal incorruptible y eterno de Dios. Porque el causante del mal debe rendir cuentas ante las leyes bajo las cuales es juzgado y acusado. De modo que es bueno que aguantemos la violencia de aquellos que nos quieren perjudicar y orar por ellos, de manera que con la μετάνοια metania y el arrepentimiento verdadero y no por la recompensa de lo que nos han arrebatado, sean absueltos de la acusación de la codicia. Porque esto es lo que quiere la justicia de Dios: liberar al codicioso de su pecado a través del arrepentimiento verdadero y el Misterio de la μετάνοια metania y no simplemente a través de la devolución de los bienes que ha arrebatado.
  3. Es muy conveniente y muy beneficioso que, cuando comprendemos profundamente el camino de la piedad, vendamos inmediatamente nuestras posesiones y compartamos este dinero a los pobres de acuerdo con el mandamiento del Señor (Mt 19,21), y no bajo la excusa de que queremos cumplir constantemente los mandamientos, para descuidar este mandato salvífico. Porque de esto nos vendrá la buena despreocupación y la pobreza que nadie la codicia y es superior de toda injusticia y litigio, puesto que ya no tendremos bienes materiales que encienden las ganas de los codiciosos. Entonces más que todas las virtudes nos cubrirá la ταπεινοφροσύνη tapinofrosini humildad (conducta y actitud interior de la mente y el νούς nus o corazón sana, serena y humilde); y ella en su seno nos liberará dando alivio y descanso (espiritual), tal como la madre toma a su niño pequeño en sus brazos dándole calor, cuando por la inocencia infantil se desviste y arroja lejos sus vestiduras, ya que por su gran inocencia disfruta más estando desnudo que vestido con diversos trajes, modelos y colores. Porque dice la Escritura. “El Señor protege a los niños; y yo me hice humilde y él me salvó” (Sal 114,6).

Cap. 66-67 La superioridad de la pobreza- Teología fuente de la agapi.

  1. De acuerdo con lo que tenemos, sin duda, el Señor nos pedirá cuentas sobre la caridad, no por lo que no tenemos (2Cor 8,12). Entonces, si lo que tenía que dar hace mucho tiempo, lo gasto en poco tiempo por temor a Dios, ¿por qué cosa entonces seré acusado, ya que no tengo nada? Pero alguno preguntará: “¿Qué ocurrirá entonces con los pobres que solían recibir nuestra ayuda?” Quien pregunta sepa que tal argumento no es más que una excusa de avaricia disfrazada, y que en realidad pone en duda la providencia de Dios. Porque Dios no cesará de proveer a su creación antes de que uno u otro les dieran limosna, ellos no carecían de comida ni de abrigo y mantas para dormir. Es bueno, pues, que apenas recibamos el profundo conocimiento de la divina voluntad, renunciemos con buena gestión la conducta insensata, la jactancia y la arrogancia que acompañan a la riqueza, y al despreciar y odiar nuestras propias ansias de posesiones, cumplimos con la exhortación de “odiar nuestra propia vida” (Lc 14,26). Así no nos enorgulleceremos ni alegraremos de distribuir nuestro dinero, y humillaremos nuestra psique-alma hasta el punto de no atribuirnos mérito alguno. Porque cuando tenemos dinero nos alegramos exageradamente (si nos promueve una buena disposición) cuando lo repartimos, creyendo que servimos con alegría la voluntad divina. Pero cuando agotamos el dinero, entonces nos viene gran tristeza, pena y humildad al no tener para realizar obras de caridad o ninguna praxis de virtud. De esto, pues, la psique-alma retorna a sí misma con mucha humildad y, aquello que por la caridad no lo puede conseguir cada día, lo adquiere con la oración laboriosa, la paciencia y la humildad. Porque dice la Escritura: “Señor, el pobre y el indigente alabarán Tu nombre” (Sal 73,21). Tampoco se concede el carisma de la teología por Dios, si uno no renuncia a sus posesiones por la doxa-gloria del Evangelio de Dios, proclamando así, en la pobreza amada por Dios, la riqueza de la realeza (increada) de Dios. A esto exactamente se refiere David diciendo: “Dios mío, con tu bondad has preparado bienes para el pobre” y añade: “El Señor dará logos a aquellos que anuncian el Evangelio o evangelizan con mucha fuerza y gran poder” (Sal 67,11-12).
  2. Todos los carismas de Dios son excelentes y capaces de proporcionar toda bondad; pero ninguno enciende y mueve tanto el corazón hacia la agapi-amor de Su bondad como la teología. Porque, siendo el brote y fruto temprano de la χάρις jaris increada de Dios, concede a la psique-alma los grandes regalos y dones. Primero, nos convence a despreciar con alegría la amistad del cosmos-mundo, porque tenemos en vez de los deseos corruptibles y perecederos, la riqueza inenarrable de los logos de Dios. Luego ilumina nuestro νούς nus (espíritu de la psique) con el fuego de la divina alteración y así le hace estar en conexión y comunión con los espíritus litúrgicos, los ángeles. Por tanto, los que hemos preparado nuestras psique-almas para esto, anhelemos sinceramente la bella virtud de la teología que lo contempla todo, que provoca toda despreocupación y nutre al νούς nus con los logos de Dios dentro del resplandor de la inefable luz (increada), que ha unido -en pocas palabras- la psique-alma lógica con el Logos de Dios en una unión inseparable, tal como los santos profetas habían proclamado. De esta manera, la teología, que conduce las psiques-almas como novias a Dios, unifica y armoniza también a los hombres -¡oh qué milagro!- que cantan himnos a Dios y salmodian con fuerza Sus maravillosas obras.

Cap. 68-70 Oración-Teología-la Jaris de los nuevos-el silencio.

  1. Nuestro νούς nus (espíritu de la psique) con la mente en la oración se fatiga, se enoja y se siente incómodo, porque la virtud de la oración le impone a concentrarse y restringirse mucho; en cambio, al dedicarse en la teología, lo hace con alegría, porque son amplios e ilimitados los objetivos de las divinas θεωρίας zeorías contemplaciones espirituales. Por lo tanto, para no dejar suelto su deseo de hablar mucho y vuele más de la cuenta con demasiada alegría, dediquémonos principalmente sobre la oración, la salmodia y la lectura de las divinas Escrituras. Pero tampoco debemos pasar por alto las enseñanzas de hombres sabios espiritualmente, cuya fe se manifiesta y se refleja por sus logos. De esta manera, impediremos al νούς nus con la mente a mezclar sus propios pensamientos y palabras con las palabras de la χάρις jaris increada, o caer en la vanagloria arrastrado por el exceso de la alegría, de los discursos y de la locuacidad. Pero también en el tiempo de la θεωρία zeoría contemplación le protegeremos de toda fantasía y haremos que casi todas sus reflexiones estén acompañadas de lágrimas. Porque cuando descansa en el tiempo de la ησυχία hisijía (serenidad mental y paz cordial) y siente dulzura, especialmente a través de la dulzura de la oración del corazón (o de Jesús), no sólo escapa de los peligros que nos hemos referido, sino que también se renueva y se fortalece para avanzar con fuerza y sin gran esfuerzo en las contemplaciones divinas; además que estará progresando en la contemplación de la virtud del discernimiento con gran humildad. No obstante, debemos de conocer que hay también una oración que trasciende toda amplitud; pero ella pertenece sólo en aquellos que con todo αίσθηση észisi (sentido, sentimiento y percepción) espiritual e información interior están llenos, colmados de la divina χάρις jaris (gracia, energía increada).
  2. La χάρις jaris (gracia, energía increada) al principio acostumbra a resplandecer con su luz (increada) en la psique-alma con mucho αίσθηση sentido y sentimiento. Sin embargo, a medida que avanzan las luchas espirituales, energiza y obra de forma desconocida o misteriosa sus misterios especialmente en la psique-alma que teologiza. En el primer caso, energiza y opera de este modo para que podamos iniciar el camino de las contemplaciones divinas con alegría, ya que estamos llamados desde la ignorancia hacia la gnosis espiritual (conocimiento increado). Pero en medio de las luchas espirituales, quiere proteger y dejar alejada de la vanagloria nuestra gnosis espiritual. Debemos, pues, entristecernos o afligirnos moderadamente como abandonados, para que nos hagamos más humildes y nos sometamos más a la δόξα doxa (gloria, luz increada) del Señor, pero también al mismo tiempo regocijarnos y alegrarnos en los momentos oportunos, tomando alas de la bondadosa esperanza. Tal como el exceso de tristeza conduce la psique-alma a la desesperación e incredulidad, lo mismo también, el exceso de alegría y gozo lleva la psique-alma al presumido engreimiento, vanidad o arrogancia; esto lo digo para aquellos que en cuestiones espirituales aún son niños, inmaduros. Porque la iluminación y el abandono de la χάρις jaris se encuentra la experiencia, y entre la alegría y la tristeza, la esperanza. Dice la Escritura: “Con mucha paciencia esperé al Señor y Él puso Su cuidado y me atendió” (Sal 40,1), y “Cuando la multitud de angustias llenaba mi corazón, tus consolaciones llenaron de júbilo mi alma” (Sal 93,19).
  3. Cuando las puertas de los baños se abren continuamente, el calor rápidamente sale fuera. Así también la psique-alma, cuando quiere hablar mucho, aunque sea para bien, dispersa con sus palabras la memoria de Dios. Por eso el νούς nus con la mente pierde los pensamientos esenciales y beneficiosos, hablando con los demás sobre sus propias ideas vacías y sus tontos λογισμοί loyismí (conceptos, pensamientos simples o unidos con las fantasías), puesto que ya no tiene el Espíritu Santo que preserva la psique-alma sin distracciones, ni fantasías. Esto se debe a que el Buen Espíritu evita la excesiva charla, ya que es ajeno a toda confusión y fantasía. Así, el silencio en el momento adecuado es beneficioso, pues es la madre de ideas, pensamientos y conceptos llenos de sabiduría.

Cap. 71-72 El teólogo medio -los pazos-el teólogo y sus espacios.

  1. Muchos pazos molestan y perturban la psique-alma al comienzo de teologizar. Así nos enseña el mismo logos de la gnosis espiritual; más que nadie perturba, la ira y el odio. Y esto sucede no tanto por los demonios que provocan estos pazos, sino por su propio progreso de la psique. Mientras la psique-alma sigue ligada a la mentalidad y el espíritu del cosmos-mundo, aunque vea justo que sea pisoteada por algunos, permanece apacible y tranquila. Porque al estar ocupada en satisfacer sus deseos, no se preocupa por la justicia de Dios. Pero cuando empieza a dominar sobre sus πάθος pazos, tanto con el desprecio de las cosas presentes, como con la αγάπη agapi (amor incondicional) a Dios, ya no tolera ver, ni siquiera en sueños, que se transgreda la justicia, y se enfurece contra los injustos hasta que ellos regresen y reconozcan su injusticia. Por eso odia a los injustos y siente profundo amor por los justos. Porque, es cierto que el ojo de la psique-alma cesa ya de ser influido y arrastrado por el mundo, cuando su revestimiento, es decir, el cuerpo, alcanza una gran delicadeza o finura a través de su propia εγράτεια engratia (continencia, autodominio, templanza y ayuno). Sin embargo, en lugar de odiar a los injustos es mejor llorar por la insensibilidad y la dureza de ellos. Aunque los injustos son dignos de odio, sin embargo, la piedad quiere que la psique-alma que ama a Dios no sea molestada y turbada por el odio. Porque mientras haya odio en la psique-alma, no puede actuar en ella la gnosis espiritual.
  2. El teólogo cuya psique-alma se deleita y se calienta por los logos y palabras de Dios, alcanza con el tiempo un elevado grado de απάθεια apázia (impasibilidad, sin pazos) y desapego. Porque dice la Escritura: “Los logos del Señor son puros como la plata refinada en un horno” Sal 11,7). Por su parte, el gnóstico-conocedor, quien posee gnosis espiritual (conocimiento increado), se apoya a la experiencia práctica y domina los πάθος pazos. No obstante, también el teólogo saborea de la gnosis empírica espiritual, si el mismo se dispone con humildad; pero también el gnóstico saborea un poco de la virtud contemplativa, si mantiene limpia y pura la parte discerniente de su psique-alma, es decir, la virtud del discernimiento. Porque estos dos carismas nunca concurren en plenitud en una misma persona, para que admirándose el uno al otro por aquello que está falto y los dos se hagan humildes con el celo por la virtud. Por eso el Apóstol dice: «A uno se le da por el Espíritu logos de sabiduría, y a otro logos de gnosis/conocimiento por el mismo Espíritu» (1Cor 12,8).

Cap. 73-75 El Espíritu Santo-sus energías increadas y operaciones graduales.

  1. Cuando la psique-alma se encuentra en la plenitud de sus frutos naturales, entonces canta salmos con gran voz y prefiere rezar en voz alta. Pero cuando recibe le energía (increada) del Espíritu Santo, entonces canta con facilidad y dulzura y solo ora en el corazón. En el primer caso sigue una alegría fantástica; y en el segundo caso sigue una lágrima espiritual, seguido luego de una paz, serenidad y alegría profunda en la psique-alma. Porque con una voz moderada, el recuerdo o memoria de Dios permanece cálida en el corazón generando conceptos y pensamientos apacibles, humildes y compasivos. Allí vemos realmente las semillas de la oración sembradas con lágrimas en la tierra del corazón con la esperanza de la alegría y gozo de la cosecha (Sal 125,6). Mientras tanto, si nos abruma mucho desánimo pesado o pesadez apatía espiritual, debemos de salmodiar un poco más fuerte, resonando los tonos de la psique-alma con la alegría de la esperanza, hasta que esta nube pesada sea disuelta por los vientos de la melodía.
  2. Cuando la psique-alma ha llegado a conocerse bien a sí misma, entonces brota en ella un calor, fervor de αγάπη agapi (amor incondicional) a Dios. Esto sucede porque, al no confundirse por las preocupaciones de la vida, genera en su interior un divino έρως eros (amor ardiente) por la paz que busca al Dios de la paz. Sin embargo, esta disposición tiende a disiparse rápidamente, bien porque la memoria a Dios es arrastrada por los sentidos y las percepciones sensibles, o porque la naturaleza agota rápidamente su propio bien debido a la escasez espiritual. Es por esto que los sabios helenos-griegos, aunque creían haber alcanzado logros por medio de la εγράτεια engratia (autodominio, continencia, templanza), no lograban lo necesario, porque el νούς nus (espíritu de la psique) de ellos no recibía la energía (increada) de la sabiduría eterna y verdadera de Dios. Pero el calor, fervor que se produce en el corazón por el Espíritu Santo es pacífico, constante y atrae todas las partes de la psique-alma hacia el anhelo de Dios. Tampoco sopla o se airea fuera del corazón, sino que mediante el corazón deleita al hombre entero con inmensa agapi-amor y alegría. Por lo tanto, después de comprender el calor, fervor natural de nuestra psique-alma, debemos alcanzar este calor, fervor del Espíritu Santo. Porque la agapi-amor natural es un signo de que la naturaleza es saludable a causa de la εγράτεια engratia templanza; pero ella no puede conducir al νούς nus en la απάθεια apázia (impasibilidad, la paz sin pazos) como la agapi-amor espiritual.
  3. El aire que nos rodea es claro cuando sopla el viento del norte, ya que este viento tiene una naturaleza sutil que genera pureza y claridad. En cambio, cuando sopla el viento del sur, el aire se vuelve más denso, ya que este viento, de naturaleza nebulosa, atrae las nubes con las que se relaciona y cubre toda la tierra. Así también la psique-alma cuando recibe la energía (increada) del soplo del Verdadero y Santo Espíritu, se encuentra fuera de la niebla demoníaca; mientras que, cuando recibe con ímpetu el soplo del espíritu del engaño, se cubre enteramente por las nubes del pecado. Por lo tanto, debemos siempre con toda nuestra fuerza dirigir la intención hacia la brisa psicoterapéutica, purificadora y vivificante del Espíritu Santo, ese Espíritu que el profeta Ezequiel vio venir desde el norte con la luz de la gnosis-conocimiento espiritual (Ezequiel 1, 4). Así la parte contemplativa de la psique-alma estará permaneciendo siempre limpia y sana, de modo que nos ocupemos sin peligro de engaño y error sobre las contemplaciones divinas, viendo dentro de una atmósfera diáfana de luz los esplendores de la divina luz (increada). Esta es la luz de la verdadera gnosis (conocimiento increado).

Cap. 76-78 Pecado-ejercicios de la Jaris-voluntad.

  1. Algunos creyeron que la χάρις jaris (gracia, energía increada) y el pecado, es decir, el Espíritu de la verdad y el espíritu del engaño, se esconden en el νούς nus (espíritu del corazón de la psique-alma) de los bautizados. Por eso dicen que uno impulsa al νούς nus hacia el bien y el otro, de inmediato, hacia lo opuesto. Pero yo, a partir de la Sagradas Escrituras y de mi percepción y sentido espiritual del νούς nus, he comprendido que antes del santo bautismo, la χάρις jaris promueve e impulsa la psique-alma hacia el bien desde el exterior, mientras que satanás está anidado en las profundidades de la psique-alma intentando tapar y obstruir todas las salidas hacia el bien y la bondad. Pero después del Bautismo el demonio es expulsado fuera y la divina χάρις jaris increada entra en la psique-alma. Por eso, tal como antes del bautismo dominaba el engaño sobre la psique-alma, después del Bautismo domina la verdad. No obstante, incluso después del Bautismo, el satanás opera contra la psique-alma como antes, incluso de manera más intensa. Pero no es verdad que coexiste con la divina χάρις jaris – ¡Dios no lo permita! – sino que nubla el νούς nus con la dulzura de los placeres o el hedonismo irracionales o animales, a causa de la flojera o corrupción del cuerpo. Esto sucede por concesión o permiso de Dios, con el propósito de pasar de la tempestad y el fuego de la prueba, la persona pueda finalmente disfrutar del bien, si así lo desea. Tal como dice la Escritura: “Hemos pasado por agua y fuego, y nos condujiste en lugar de recreo y placer” (Sal 65,12).
  2. La χάρις jaris (gracia, energía increada), tal como dije, desde el momento que estamos bautizados se esconde en lo profundo del νούς nus (como energía) o corazón (como esencia) de la psique-alma, pero oculta su presencia de su αίσθησή észisi sentido y percepción interior de la psique-alma. Pero cuando una persona comienza a amar con toda su disposición y todo su ser a Dios, entonces de una manera inexpresable la χάρις jaris a través del sentido y percepción espiritual interior (αίσθησή észisi) del νούς nus transmite a la psique-alma una parte de sus bienes. A partir de esto, quien quiere mantener y guardar con seguridad lo que ha encontrado, es decir, la divina χάρις jaris, entonces, llega al deseo de abandonar con gran alegría todos los bienes materiales presentes, para adquirir realmente el terreno en el cual encontró el tesoro escondido de la vida (Mt 13,64). Cuando uno renuncia todos los bienes materiales de esta vida, entonces encuentra el lugar donde ha sido escondida la χάρις jaris (increada) de Dios, ya que, en consonancia con el progreso de la psique-alma, el regalo o don divino revela también al νούς nus su bondad. Pero, entonces el Señor concede que la psique-alma sea tentada más por los demonios, para enseñarla adecuadamente el discernimiento del bien y del mal y hacerla más humilde, a causa del gran asco y vergüenza que provocan los pensamientos demoníacos en la psique-alma, cuando ella está en la etapa de la catarsis (purgación, psicoterapia y sanación).
  3. Estamos hechos “a imagen de Dios” en lo referente al movimiento noeró espiritual e intelectual de la psique-alma, mientras que el cuerpo es como una morada de la psique-alma. Con la transgresión de Adán, no solo se han manchado las líneas de la icona-imagen que tenía la psique-alma, sino que el cuerpo también cayó en la corrupción. Por eso, el santo Logos (increado) de Dios se encarnó y se hizo hombre y nos regaló el agua del santo Bautismo para que renazcamos. Este renacimiento se lleva a cabo por el agua y por la energía (increada) del Santo y Vivificante Espíritu; así quedamos inmediatamente limpios, purgados, psicoterapiados y sanados en la psique-alma y el cuerpo, siempre y cuando acudimos a Dios con toda nuestra disposición. Entonces el Espíritu Santo habita dentro de nosotros, en cambio el pecado es expulsado por Él. Porque no es posible, dado que la psique-alma es una y sencilla en su carácter y naturaleza, que en ella habiten dos seres o personajes, como algunos creyeron. Cuando la divina χάρις jaris con inmensa agapi se adapta a sí misma en las líneas de la “imagen”, en anticipo de la semejanza a Dios, ¿entonces cómo puede caber el rostro del satanás? Porque, de hecho, no existe ninguna interconexión y comunión entre la luz y la oscuridad o las tinieblas, (2Cor 6,14). Así que nosotros, que competimos en las sagradas luchas de la virtud, creemos que con el Bautismo de la incorrupción se destierra de las profundidades del νούς nus y del corazón de la psique-alma la multiforme o polimorfa serpiente, el satanás. No nos sorprendamos porque después del Bautismo junto con las cosas buenas pensamos otra vez las cosas malas. Esto sucede porque el Bautismo de la santidad elimina la suciedad del pecado, pero el carácter doble de nuestra voluntad no cambia desde ahora, ni impide a los demonios que nos combatan o nos susurren palabras engañosas. De modo que, aquellas cosas que no hemos guardado cuando éramos psíquicos, (Judas 19), es decir, sin el Espíritu de Dios, ahora aplicarlas y cumplirlas con la fuerza de Dios y con las armas de la justicia que recibimos en el Bautismo (2Cor 6,7).

Cap. 79-81 El satanás-el Bautismo-dos tipos de demonios.

  1. El satanás, como dije, es expulsado de la psique-alma por el santo Bautismo. Pero le es permitido tentar la psique-alma a través del cuerpo, por razones que hemos mencionado. La χάρις jaris (increada) de Dios que habita en la profundidad de la psique-alma, es decir, en el νούς nus, como dice la Escritura: “Toda la doxa-gloria de la hija del rey está dentro de ella” (Sal 44,14”), y no es visible para los demonios; por eso sentimos, desde lo más profundo de nuestro corazón, brotar el anhelo divino cuando mantenemos viva y fervorosa la memoria de Dios. En cambio, los malos astutos espíritus saltan y anidan fuera, en los sentidos del cuerpo, y operan, a través de la debilidad del cuerpo-carne, a los que psíquicamente inmaduros están en la edad espiritual de niño. Así pues, según el Apóstol, siempre nuestro νούς nus se complace mucho con la ley del Espíritu (Rom 7,22), en cambio los sentidos y las sensibilidades carnales desean ser arrastrados por los placeres hedonistas. Por eso, la χάρις jaris (gracia, energía increada), en aquellos que progresan en la gnosis espiritual (increada), su cuerpo deleita mediante el sentido y sentimiento del νούς nus con inenarrable e indescriptible placer y gozo. Sin embargo, los demonios asesinos capturan violentamente la psique-alma mediante los sentidos del cuerpo, especialmente cuando nos encuentran corriendo por el camino de la piedad con negligencia, y la arrastran hacia aquello que no quiere ni desea.
  2. Aquellos que afirman que el rostro de la χάρις jaris (gracia, energía increada) y el rostro del pecado, se encuentran juntos en los corazones de los fieles, quieren basar su argumento en el logos de san Juan el Evangelista: “Y la luz ilumina en las tinieblas y las tinieblas no la vencieron ni la dominaron, tampoco la sofocaron. [5. «Y la luz increada con su resplandor luce a los hombres oscurecidos, entenebrecidos por sus egoísmos, pecados, faltas, autoengaños, vicios…, es decir, los pazos; pero los seres humanos con el corazón retenido y obstruido y la mente/intelecto embotada y oscurecida no la percibieron y no la introdujeron en sus corazones, ni pudieron neutralizarla y aniquilarla, ni tampoco vencerla y sofocarla nunca], (Jn 1,5). Dicen pues, que el esplendor divino de ninguna manera es manchado por la coexistencia con el maligno astuto, por mucho que la divina luz (increada) se acerque dentro de la psique-alma y encuentre la oscuridad del demonio. Sin embargo, son refutados por el mismo pasaje evangélico, ya que están fuera del verdadero sentido y concepto de las Escrituras. Porque el Logos de Dios, la verdadera luz, complació venir al mundo como hombre, y por Su inmensa filantropía (amor al hombre) y misericordia encendió en nuestro interior la luz de la santa gnosis (increada); pero la mente con la mentalidad del mundo no entendió la voluntad de Dios –porque la tendencia de la conducta de la mentalidad carnal es enemistad contra Dios (Rom 8,7). Por eso precisamente san Juan el Teólogo empleó tal expresión. Y después añadió: “9 El Logos increado era y es siempre la verdadera Luz increada que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. [9. «Como Hijo y Logos de Dios, segunda hipóstasis-persona de la Santa Trinidad era y es siempre el Cristo, la luz increada y verdadera, la única fuente de la luz que ilumina a cada hombre que viene a este mundo».] 10 Existía, estaba y está en el mundo y el mundo fue hecho por Él, y el mundo no le aceptó, ni le reconoció como Dios. [10. «Existía y está siempre antes del principio en el mundo, gobernando todas sus creaturas visibles e invisibles de las que se compone el mundo terrenal y celeste, que fue hecho por él. Aún así, cuando la luz increada, el Hijo y Logos de Dios tomó cuerpo y se hizo hombre, el mundo de los hombres, corrompido, pervertido y apegado a las cosas terrenales, lleno de pazos, no le reconoció ni le aceptó como su Creador y Dios».] Vino a los suyos o semejantes y los suyos o semejantes no le recibieron ni le aceptaron como su Salvador y Dios. Pero los que le aceptaron y creyeron, como Redentor, Sanador y Salvador, les dio potestad, valor y fortaleza para poder renacerse y estar convirtiéndose y haciéndose* continuamente en hijos de Dios, a los que creen en su nombre. (*El verbo γενέσθαι (yenesze) aquí define tiempo continuo hasta el último suspiro de nuestra vida, por la metania, dicen los santos Padres)”, (Jn 1,9-12). Y el muy sabio Pablo, interpretando la frase “no la abrasó, ni dominó”, dice: “No digo que lo que haya alcanzado ya o que yo he conseguido la perfección, sino que persigo este objetivo para alcanzarlo, habiendo sido yo mismo alcanzado por Jesús Cristo” (Fil 3,12). Así que el Evangelista no se refiere al satanás cuando dice: “no apresó la luz verdadera”, porque desde el principio esta luz era ajena a satanás, porque no ilumina en él. Sino que da a entender a los hombres aquellos que, aunque escuchan de las grandezas, las fuerzas y los milagros del Hijo de Dios, no quieren aproximarse a la luz de Su gnosis (increada) a causa de sus corazones oscurecidos; y con Su logos los avergüenza como se merecen.
  3. El logos de la gnosis/conocimiento espiritual nos enseña que existen dos, digamos, categorías de espíritus malignos. Unos son más finos y sutiles y los otros son más espesos y materiales. Los más sutiles combaten contra la psique-alma, los otros suelen cautivar el cuerpo-carne o con deseos y estímulos hedonistas. Por eso, los demonios que luchan contra la psique-alma y los que luchan contra el cuerpo se oponen entre sí, aunque tienen la misma intención, perjudicar y dañar a los hombres. Pero cuando la χάρις jaris (gracia, energía increada) no habita en el hombre, entonces ellos anidan y se deslizan como serpientes en lo más profundo del corazón y no permiten de modo alguno que la psique-alma del hombre desee el bien. Pero cuando la χάρις jaris está escondida en el νούς nus, entonces en las partes del corazón los demonios circulan como nubes sombrías y toman formas de pazos vicios, pasiones, emociones pecaminosas y diversas fantasías, para disipar y alejar del νούς nus (espíritu de la psique) la memoria de Dios y separarlo de su unión con la χάρις jaris. Por tanto, cuando, los demonios combaten a nuestra psique-alma excitan los pazos psíquicos o emociones y sobre todo la presunción, engreimiento o vanagloria, la cual es la madre de todos los males, entonces que recordemos nuestra muerte y así avergonzaremos y desinflaremos la hinchazón del orgullo de la vanagloria. Hagamos lo mismo también cuando los demonios que luchan contra el cuerpo y estimulan y excitan nuestro corazón con deseos viles e indecentes. Porque sólo la memoria de la muerte puede suprimir y abolir todos los ataques, efectos y asechanzas de los demonios, porque nos devuelve a la memoria de Dios. Si, por otra parte, los demonios psíquicos, debido a la memoria de la muerte, nos presentan λογισμοί loyismí (pensamientos simples o unidos con la fantasía) de agotamiento de la naturaleza humana, como si no tuviera ningún valor porque está vinculada a la carne, -esto es lo que suelen hacer cuando alguien los atormenta con la memoria de la muerte-, entonces pensemos el honor y la doxa-gloria del reinado de la Realeza celestial (increada), sin olvidarnos la amargura y la oscuridad del juicio; así de esta manera, por un lado, consolaremos nuestra desgana, apatía, desesperación y desánimo, y por otro lado, contendremos y suprimiremos la superficialidad, frivolidad o ligereza de nuestro corazón.

Cap. 82 La ley enfrentada – “concienciarse”.

  1. El Señor en los evangelios nos enseña que cuando el satanás regresa y encuentra su casa barrida y vacía, es decir, al corazón estéril, sin frutos, entonces el espíritu malvado va, y toma consigo otros siete espíritus superiores y peores que él mismo, y entran y se instalan allí. Y así el estado final de aquel hombre llega a ser peor que el primero, (Mt 12, 44-45). De esto debemos entender que, mientras el Espíritu Santo está en nuestro interior, el satanás no puede permanecer en la profundidad de la psique-alma. Pero también el divino Pablo considerando este tema, desde el punto de vista la gnosis de la lucha espiritual, nos enseña claramente el significado de estos logos, diciendo: “En mi interior me agrada con todo mi corazón la ley de Dios;pero veo en mi cuerpo y en sus miembros una ley que lucha contra la ley de mi espíritu y contra de lo que me dicta mi conciencia y me esclaviza a la ley del pecado que domina en mi cuerpo y en sus miembros, es decir, domina a mi naturaleza física humana” (Rom 7, 22-23). Desde el punto de vista de la perfección dice: “No hay condenación ya alguna para los que están unidos con Jesús Cristo. Porque la ley del Espíritu que da la vida en Jesús Cristo me ha liberado de la ley del pecado y de la muerte” (Rom, 8,1-2). Y en otro lugar escribe, para enseñar que el satanás mediante el cuerpo combate contra la psique-alma que tiene el Espíritu Santo: “Manteneos firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, como los guerreros aprietan fuerte los cinturones, revestidos con la coraza de la justicia para que seáis intocables por las flechas de la injusticia, y teniendo calzados los pies, prontos para anunciar el evangelio de la paz con serenidad. Empuñad en todas las ocasiones el escudo de la fe, con el cual podáis inutilizar y apagar los dardos encendidos del maligno. Tomad también el yelmo de la salvación para proteger vuestro νούς nus-espíritu y la mente de los loyismí de la duda, y la espada del Espíritu que es el luminoso logos de Dios”, (Ef 6, 14-17).

Una cosa es la cautividad y otra la lucha. La primera significa rapto violento, mientras que la segunda significa un combate con fuerzas iguales. Por eso, dice el Apóstol que “el diablo contra las psique-almas cristoforas (portadoras de Cristo) ataca con flechas candentes”. Porque aquel que no tiene en sus manos el dominio del enemigo, utiliza las flechas para poder golpearlo desde lejos y poder capturarlo. Así también el satanás, como no puede anidar y ocultarse como antes en el νούς νούς nus (espíritu de la psique) de los luchadores, donde se encuentra la χάρις jaris (gracia, energía increada), utiliza la fluidez liquida y humedad del cuerpo, en el que se instala, anida, para seducir la psique-alma con la relajación del cuerpo. Por eso debemos incomodar moderadamente el cuerpo, para que el νούς nus no se deslice debido a la humedad del cuerpo hacia las ηδονές hidonés (placeres hedonistas de los instintos animales). De este pasaje apostólico que me he referido antes, debemos convencernos de que el νούς nus de los luchadores recibe la energía (increada) de la divina luz (increada) y por eso se somete y se regocija en la ley divina y se complace encontrando placer en ella; en cambio, la carne con la relajación o flojera recibe con gusto complacientemente los malos astutos espíritus y por eso se arrastra a trabajar la maldad y la mala astucia de ellos. De esto se ve claramente que el νούς nus no es el hogar común de Dios y del diablo. Porque, ¿cómo es posible que con el νούς nus trabaje la ley de Dios y con mi carne la ley del pecado, (Rom 7,25), si mi νούς nus no está totalmente libre para para enfrentarse a la guerra contra los demonios, gustosamente sometido a la bondad de la χάρις jaris (gracia, energía increada), y mientras mi cuerpo reciba con gusto el olor de los paradójicos placeres, porque, como dije, en el cuerpo de los luchadores se les permite anidar los espíritus astutos malos. “Conozco que no habita en mi interior, es decir, en mi cuerpo, el bien o la bondad” (Rom 7,18). Esto el Apóstol lo dice para los que se encuentran a la mitad del camino de sus luchas contra el pecado y no de sí mismo. Los demonios combaten contra el νούς nus con la mente e intentan relajar el cuerpo-carne con las comidas placenteras para arrastrarlo a los placeres, hedonismo. Tienen la concesión o permiso, por justa decisión de Dios, de estar en las profundidades del cuerpo, incluso en aquellos que luchan con fuerza contra el pecado, porque la independencia o libre albedrío de la mentalidad humana está constantemente bajo prueba. Sin embargo, si alguien puede, aún vivo, mortificarse mediante los esfuerzos ascéticos, esa persona se convierte completamente en hogar del Espíritu Santo; porque este hombre ha resucitado antes de morir, tal como era el bienaventurado Apóstol Pablo y todos los que lucharon y luchan hasta el final contra el pecado.

Cap. 83-86 Capítulos contra masalianos-consideración correcta, ortodoxa.

  1. El corazón produce también por sí mismo λογισμοί loyismí (conceptos, pensamientos simples o unidos con la fantasía) tanto buenos como malos; sin embargo, los pensamientos no buenos no fructifican por naturaleza, sino como hábito de la memoria del mal, debido al engaño de los primeros en ser creados. No obstante, la mayoría de los malos pensamientos (loyismí) malos se crean en el corazón por la maldad de los demonios. En todo caso, nosotros los sentimos como si provinieran de nuestro propio corazón. Por esta razón, algunos creyeron que dentro del νούς nus (espíritu de la psique) junto con la χάρις jaris está también el pecado. Por eso dicen que el Señor dijo: “Lo que sale de la boca, sale del corazón y esto es lo que mancha, contamina al hombre; porque del corazón salen mal astutas ideas y meditaciones, malos pensamientos, adulterios, codicias, etc.” (Mt, 18-19). Pero ellos no conocen que el νούς nus, como tiene la energía de una percepción muy sutil, asume a través del cuerpo-carne los pensamientos que los espíritus malignos le sugieren y presentan. Porque la relajación del cuerpo crea pensamientos en la psique-alma a causa de su conexión con el cuerpo de una manera que no conocemos; porque el cuerpo-carne, debido a su debilidad, le gusta ser halagada desmedidamente por el engaño de los demonios. Por eso también los pensamientos malignos que se siembran en la psique-alma por los demonios, parecen surgir del corazón. Pero estos loyismí pensamientos realmente se convierten en nuestros verdaderos pensamientos cuando los aceptamos con agrado y placer y esto es lo que el Señor reprende en las palabras divinas mencionadas anteriormente. Porque aquel que se agrada y se complace con los pensamientos que dicta la mala astucia y malicia del satanás y de alguna manera los graba en su corazón, es evidente que en adelante los genera de su propio pensamiento.
  2. Dice el Señor en sus evangelios que: ¿cómo puede alguno entrar en la casa del fuerte y arrebatar sus bienes, si primero no ata al fuerte? Entonces saqueará su casa. Es decir, yo hasta ahora siempre he aniquilado y vencido al invencible hasta ahora diablo y por eso asolo su reinado de las creadas energías demoníacas y a los que tiene cautivos los arrebato” (Mateo 12, 29). Entonces, ¿cómo, puede aquel que fue expulsado con tanta vergüenza, volver a entrar y cohabitar con el dueño que está residiendo y reposando en su casa? Ni siquiera un rey, cuando derrota a un tirano que se ha rebelado contra él, pensaría en tenerlo junto a él en su palacio. Lo mataría de inmediato o lo ataría y lo entregaría a sus tropas para que fuera severamente castigado.
  3. El que cree que el Espíritu Santo y el diablo cohabitan juntos dentro del νούς νούς nus (espíritu de la psique) porque tenemos buenos y malos conceptos y pensamientos que sepa que esto se hace porque nunca hemos saboreado ni visto la bondad del Señor (Sal 33,9). Al principio, tal como dije antes, la χάρις jaris (gracia, energía increada) esconde su presencia en los bautizados, esperando la intención y el propósito de la psique-alma. Cuando el hombre se vuelve completamente hacia el Señor, entonces con un αίσθηση észisi (sentido, sentimiento y percepción) indescriptible revela en el corazón del hombre su presencia. Pero nuevamente espera ver hacia donde girará la psique-alma y permite las flechas demoníacas que lleguen hasta las profundidades de la psique-alma, pera que busque a Dios con voluntad más ferviente y disposición humilde. Así que, cuando el hombre aplicando y cumpliendo los mandamientos empieza a progresar, e invoca sin cesar el nombre del Señor Jesús, entonces el fuego de la divina χάρις jaris (increada) se expande también a los sentidos exteriores del corazón, quemando totalmente la cizaña de la tierra humana con información del corazón. Así, los pensamientos demoníacos llegan desde lejos a este lugar y atacan débilmente la parte pasional de la psique-alma. Cuando, sin embargo, el hombre luchador se reviste de todas las virtudes, y especialmente de la perfecta desapropiación (sin propiedades, desapego) entonces la χάρις jaris (energía increada) ilumina profundamente toda su existencia y lo inflama con la gran αγάπη agapi (amor, energía increada) de Dios. Y entonces las flechas demoníacas se apagan a distancia del cuerpo, porque la brisa del Espíritu Santo mueve en su corazón los vientos de la paz y apaga el fuego de las flechas del demonio incendiario, incluso cuando aún están en el aire. Sin embargo, a quien ha alcanzado un estado espiritual tan alto, el Dios alguna vez le abandona a merced de la maldad de los demonios y no ilumina su νούς nus (espíritu de la psique), para que nuestra independencia o libre albedrío no quede totalmente atado por los lazos de la χάρις jaris, con el propósito no sólo para que sea vencido el pecado mediante la lucha, sino también porque el hombre debe progresar en la experiencia espiritual. Porque la perfección que creemos que tiene el hombre luchador sigue siendo imperfecta ante la magnificencia y riqueza de Dios, que nos instruye con la agapi-amor, aun si uno pudiera escalar toda la escalera de Jacob (Gén 28,12) con el progreso a los esfuerzos ascéticos.
  4. El mismo Señor dice que el satanás ha caído del cielo como un rayo (Lc 10,18), para que este ser deformado y desgraciado no vea las moradas de los santos Ángeles. Entonces, ¿cómo puede alguien que no tiene derecho a estar en interconexión y comunión con los siervos buenos, compartir la misma morada con Dios, el νούς νούς nus humano? Y aunque algunos argumenten que esto ocurre por permiso divino, con esto no dicen nada. Porque la concesión pedagógica de Dios no priva en absoluto la psique-alma de la divina luz (increada). Como ya he dicho, sólo la χάρις jaris esconde frecuentemente su presencia del νούς nus, dejando de algún modo que la psique-alma se exponga a la maldad de los demonios, de modo que ella busque y pida con temor y mucha humildad la ayuda de Dios, a medida que conozca poco a poco la malicia del enemigo. Es lo mismo que como una madre, cuando su hijo se muestra reacio a amamantarse, lo aparta un poco de su regazo para que sienta temor por la (imaginaria) presencia de personas feas o de diversos animales, y así, con gran temor y lágrimas, regrese a los brazos maternos. Pero la concesión que proviene del rechazo de Dios, entrega la psique-alma que no quiere a Dios a los demonios como si estuviera prisionera. Pero nosotros no somos hijos a quienes el Dios ha rechazado, -¡Dios no lo quiera!- más bien, creemos que somos auténticos hijos de la χάρις jaris (increada) de Dios, que nos ha amamantado y nos nutre con pequeñas concesiones y frecuentes consolaciones y ánimos, de manera que con la bondad de la χάρις jaris lleguemos a ser hombres perfectos, con plena madurez espiritual.

Cap. 87-88 Dos “concesiones” la dualidad del sentido.

  1. La concesión pedagógica trae gran aflicción, dolor y humildad, y después una moderada desesperación en la psique-alma, para que la parte débil, cobarde y vanagloriosa de ella venga a la humildad. Pero inmediatamente trae temor en Dios y en el corazón lágrimas de confesión, así como un gran deseo por silencio perfecto. Pero la concesión, por rechazo a Dios, deja la psique-alma que se llene de desesperación, duda, incredulidad, ira y orgullo o soberbia. Por lo tanto, debemos por medio de nuestra experiencia discernir el tipo de concesión y acercarnos a Dios según corresponda. En el primer caso, debemos ofrecerle agradecimiento y apología (confesión), porque pedagogiza, instruye nuestra ignorante opinión y comprensión retirando Su χάρις jaris (increada), para enseñarnos como Padre bondadoso la diferencia entre virtud y malicia. En el segundo caso, debemos ofrecer una confesión ininterrumpida de nuestros pecados, con lágrimas sin tregua y un mayor alejamiento de los hombres, para que podamos con el suplemento de nuestros esfuerzos reconciliar a Dios, de manera que vuelva a mirar y cuidar nuestros corazones como antes. Pero, debemos conocer que el combate se libra con un verdadero enfrentamiento entre la psique-alma y el satanás, me refiero al caso de la concesión pedagógica, entonces, como dije antes, la χάρις jaris (increada) se retira, pero ayuda a la psique-alma sin que ella lo sepa, para demostrar a los enemigos de la psique-alma que la victoria es solo de ella.
  2. En invierno, cuando alguien se detiene al exterior y por la mañana mira hacia oriente, la parte delantera del cuerpo se calienta un poco por el sol, pero no así la parte trasera, porque el sol no está verticalmente sobre él. Así también aquellos que empiezan a recibir la energía (increada) del Espíritu, se calientan un poco al corazón por la divina χάρις jaris (increada), y es por eso que sus νούς nus con la mente empiezan a fructificar conceptos y pensamientos espirituales. Pero las partes visibles de sus corazones aún piensan y permanecen con la conducta y mentalidad carnal, porque aún no están sobreiluminados con αίσθηση (észisi) el sentido y sentimiento profundo de la divina χάρις jaris (increada) todos los miembros del corazón. Algunos no pudieron entender esto y creyeron que en el νούς nus existen dos hipostasis (bases o principios substanciales) que luchan entre sí. Así pues, sucede también en la misma psique-alma, al mismo tiempo piensa bien y mal, como en el ejemplo de que una persona puede sentirse tanto fría como cálida. Una vez que nuestro νούς nus ha caído al estado de doble gnosis-conocimiento, es decir, del bien y del mal, por necesidad y sin quererlo, al mismo momento produce pensamientos buenos y malos, sobre todo en aquellos que llegan a la finura y sutileza del discernimiento. Es decir, en la medida en que se empeña a pensar en lo bueno, de inmediato recuerda también el mal, porque por la desobediencia del Adán, la memoria del hombre se partió en dos. Entonces, si empezamos con celo ardiente y entusiasmo a ejecutar los mandamientos-logos de Dios, entonces la χάρις jaris (increada) ilumina con αίσθηση észisi (sentido, sentimiento y percepción) profundamente todos nuestros sentidos, y quema nuestros recuerdos o memorias; y, alegrando y deleitando nuestro corazón con una paz de irresistible αγάπη agapi, nos hace de tal manera que pensemos ya sólo espiritualmente y no carnalmente. Esto sucede muy a menudo en aquellos que se acercan a la perfección, los cuales tienen en su corazón ininterrumpida la memoria del Señor Jesús.

Cap. 89 De “como a imagen” hacia lo “como a semejanza”.

  1. Dos bienes nos suministra la divina χάρις jaris (gracia, energía increada) con el Bautismo, de los cuales uno es infinitamente superior al otro. Uno lo concede inmediatamente: nos renueva con el agua del Bautismo y embellece y da esplendor en todas las facciones de nuestra psique-alma, es decir, al “como a imagen” de Dios en nuestro interior, y nos limpia de toda mancha del pecado. El segundo bien, lo “como a semejanza”, la divina χάρις jaris increada espera llevarlo a cabo junto con nosotros. Así, cuando el νούς nus empieza con mucho αίσθηση (észisi) sentido y sentimiento a saborear la bondad del Espíritu Santo, entonces debemos de saber que la χάρις jaris increada ha empezado a pintar encima de lo “como a imagen”, lo “como a semejanza”. Los pintores al principio bosquejan con un solo color la figura del hombre, y poco a poco, añadiendo varios colores llegan a plasmar hasta el aspecto de los cabellos de la persona que están pintando. De la misma manera, la divina χάρις jaris, primero con el Bautismo regula y ajusta el “como a imagen”, devolviendo al hombre a lo que era cuando fue creado. Y cuando la divina χάρις jaris ve que con toda nuestra disposición anhelamos la belleza del “como a semejanza” y que nos mantenemos desnudos y sin miedo en su taller, entonces pinta virtud sobre virtud y añade en la forma de la psique-alma doxa-gloria sobre doxa-gloria, dándole el carácter de la semejanza. Así pues, nuestro sentido y percepción (αίσθηση észisi interior espiritual) nos revela que nos estamos formando según la “semejanza”, pero la perfección de la semejanza la conoceremos a través la iluminación. El νούς nus cuando progresa en el perfeccionamiento adquiere con αίσθηση (észisi: sentido, sentimiento y percepción espiritual interior) todas las virtudes con una medida y un orden indescriptible; pero la agapi-amor espiritual nadie puede adquirirla si no es iluminado por el Espíritu Santo con toda la información interior. Porque si el νούς nus (espíritu de la psique) no recibe totalmente el “como semejanza” a través de la divina luz (increada), puede tener todas las demás virtudes, pero aún carece, no es participe, de la agapi perfecta. Cuando se haya asemejado a la virtud de Dios, -me refiero, en la medida en que el hombre puede asemejarse a Dios-, entonces tiene sobre sí también la semejanza de la divina agapi. En un retrato, cuando se añade al diseño el tono de cada color, el retrato se asemeja tanto al representado, incluso en la sonrisa. Así también en aquellos que son pintados por la χάρις jaris para convertirlos y sean “como a semejanza”, cuando se añade la iluminación de la agapi, entonces revela que lo “como a imagen” se encuentra totalmente en la belleza del “como a semejanza”. Ninguna otra virtud puede procurar απάθεια apázia (sin pazos, impasibilidad) a la psique-alma, sino sólo la αγάπη (agapi: amor incondicional). Porque la agapi es la plenitud de toda la ley (Rom 13,10). Así pues, día tras día, se renueva nuestro hombre interior (2Cor 4,16) con el sabor de la agapi-amor, y se completa cuando alcanza su perfección.

 Cap. 90-91 Espíritu Santo y la libertad-la divina agapi.

  1. El Espíritu Santo, al principio del progreso espiritual, si amamos con fervor la virtud de Dios, da a nuestra psique-alma el saborear la dulzura de Dios con mucho αίσθηση (észisi) sentido y sentimiento espiritual y con toda la información interior el νούς nus puede con conocimiento-gnosis exacto entender el premio perfecto de sus esfuerzos que realiza para Dios. Pero en adelante esconde este regalo precioso y vivificante, de modo que, aunque trabajemos todas las demás virtudes, consideremos que no somos nada, por la razón de que no hemos hecho aún un hábito la divina agapi. Entonces, principalmente el demonio del odio molesta y aflige las psique-almas de aquellos que luchan, hasta el punto de levantar odio incluso contra aquellos que los aman, llevando a la destructiva acción y emoción del odio hasta la traición. Por eso la psique-alma sufre más al recordar la agapi espiritual, sin poder percibirla y adquirirla con αίσθηση sentido y sentimiento, porque le faltan los esfuerzos ascéticos más perfectos. Por tanto, es necesario, aunque forzando a nosotros mismos, trabajemos la perfecta agapi para que lleguemos a saborearla con toda αίσθηση sentido, sentimiento e información interior. Porque la perfección de la agapi-amor nadie puede conseguirla mientras se encuentra dentro del cuerpo, excepto sólo los santos que llegaron hasta el martirio y la perfecta confesión de la fe. Porque aquel que ha llegado hasta el martirio, es transformado, metamorfoseado completamente, y ni siquiera tiene un apetito fácilmente para la comida; porque aquel que es alimentado por la divina agapi (energía increada amor), ¿qué más puede desear de este mundo? Por eso, el sabio Pablo, desde su propia experiencia lleno de gnosis espiritual, nos anuncia el gozo futuro de los justos y dice: “El reinado de la realeza increada de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz, gozo y alegría que da el Espíritu Santo” (Rom 14,17); y estos son los frutos de la agapi-amor perfecta. Así que, aquellos que progresan hacia la perfección pueden saborear desde aquí abajo constantemente la perfecta agapi. Totalmente perfecta nadie la puede adquirir, excepto cuando nuestra mortalidad sea absorbida por la vida (2Cor 5,4).
  2. Alguien que ama fervientemente a Dios me relató una vez que deseaba experimentar claramente la αγάπη agapi (amor incondicional) de Dios, y el Bondadoso se la dio con mucho αίσθηση (észisi) sentido, sentimiento e información interior. “Experimenté y sentí tanto la divina energía de la agapi (increada)”, dijo, “de modo que la psique-alma con una inexpresable alegría y agapi ansiaba salir del cuerpo para irse al Señor, como si ignorara esta vida actual transitoria”. Aquel que ha recibido y experimentado este tipo de agapi-amor, aunque sea muy calumniado, insultado o agraviado por otro no se enfada contra él, -porque a veces tiene a alguien que le entristece- sino que permanece como si estuviera apegado con la agapi-amor a la psique-alma de aquel que lo calumnió, lo insultó o agravió; solo se encoleriza y se enfada contra aquellos que persiguen a los pobres o dirigen palabras injustas contra Dios, como dice la Escritura (Salmo 74, 6), o viven de cualquier otra manera malvada y pecaminosa. Porque aquel que ama a Dios más que a sí mismo, o, mejor dicho, ya no se ama a sí mismo, sino sólo a Dios, ya no reivindica más su propia honra, sino que quiere sólo que sea honrada la justicia de Aquel que le honró con un honor eterno. Esto no lo quiere ni lo desea a medias con el corazón partido, sino que tiene esta disposición como un hábito o costumbre a causa de su gran experiencia de la agapi-amor incondicional de Dios. Además de esto, debemos saber que aquel que es movido por la energía increada de la divina χάρις jaris, llega a tal grado de agapi-amor divina que supera incluso la fe durante este tiempo de esta divina energía, porque por la abundante agapi y con αίσθηση (észisi) sentido y sentimiento del corazón contiene a Aquel a quien honra con la fe. Esto lo revela con claridad san Pablo, diciendo: “…ahora permanecen estas tres: la fe, la esperanza y la agapi. Pero la más grande de las tres es la agapi” (1Cor 13,13). Porque aquel que contiene a Dios con la riqueza de la agapi-amor –como mencioné- es muy superior que su propia fe, ya que se encuentra completamente dentro del divino anhelo.

Cap. 92-93 Agapi y Teología-la dualidad del “camino”.

  1. La energía y acción moderada del santo conocimiento-gnosis nos hace sentir gran pesar y tristeza cuando, debido a algún estímulo, insultamos a otro y lo convertimos en nuestro enemigo. Por eso no deja de punzar y molestar nuestra conciencia hasta que con una gran apología o con muchas disculpas hacia al agraviado, lo reconducimos a su disposición anterior. Pero, la perfecta energía y acción de la divina gnosis, aunque injustamente algún hombre con mentalidad mundana se enfada contra nosotros, nos hace reflexionar y preocuparnos mucho por ello, porque seguramente nos convertimos en un obstáculo para alguien que está enfocado y agarrado a las cosas presentes y bienes temporales terrenales. De ahí que nuestro νούς nus deja de tener contemplaciones espirituales; porque el logos de la gnosis-conocimiento, que está pleno de agapi-agapi, no permite la διάνοια diania (mente, intelecto, cerebro) a extenderse y captar los objetivos divinos de la contemplación, si antes no restauramos la agapi-amor también de aquel que se irrita y se enoja injustamente contra nosotros. Pero si aquel no quiere que esto se haga o si se ha alejado de los lugares donde vivimos, entonces la santa gnosis nos impulsa a mantener la imagen de su rostro en nuestra psique-alma con amor ilimitado, cumpliendo así en lo profundo del corazón la ley de la αγάπη agapi (amor incondicional). Porque se ha dicho que los que queremos tener la gnosis-conocimiento de Dios, debemos también las personas que, sin razón, se enfadan contra nosotros, verlas con nuestra διάνοια diania (mente, intelecto) sin ira. Y si hacemos esto, entonces no sólo nuestro νούς nus se moverá en la teología sin error, sino que también ascenderá a la agapi-amor de Dios con gran confianza y valentía, impulsado sin obstáculos desde segundo escalón o grado al primero.
  2. El camino de la virtud en aquellos que empiezan a sentir y tener έρως eros (amor ferviente) por la piedad, se ve muy duro, escabroso y penoso, no porque realmente es así, sino porque la naturaleza humana inmediatamente después de nacer vive y se relaciona dentro de la amplitud y comodidad de los placeres (hedonismo). Pero en aquellos que han logrado llegar a la mitad del camino, se ve agradable, fácil, placentero y reconfortante, porque la maldad se ha sometido al hábito de la virtud y se disipa junto con el recuerdo de los placeres paradójicos. Por eso en adelante la psique-alma avanza y recorre con satisfacción, alegría y placer el camino de las virtudes. Por esto, cuando el Señor, nos insta en el camino de la psicoterapia, sanación y salvación, al principio dice: “¡Cuán estrecho y difícil es el camino que conduce a la realeza increada! ¡Y pocos son que le encuentran! (Mt 7,14). Por otra parte, en aquellos que con disposición firme y ardiente deciden la aplicación y el cumplimiento de Sus santos mandamientos-logos, les dice: “Mi yuyo es suave, fácil y la carga ligera” (Mt 11,30). Por lo tanto, desde el comienzo de la lucha espiritual, debemos esforzarnos con cierta determinación para cumplir los santos mandamientos de Dios, de modo que el buen Señor, al ver nuestra intención y esfuerzo, nos conceda una voluntad dispuesta a servir con gran alegría y placer Sus gloriosas voluntades. Porque es el Señor quien hace bien dispuesta nuestra voluntad (Prov 8,35), de modo que trabajemos incesantemente el bien con mucha alegría y gozo. Entonces realmente sentiremos que el Dios energiza y opera en nuestro interior el querer actuar conforme Su voluntad, (Fil 2,13).

Cap. 94-96 Santidad y tentaciones- humildad y mentalidad humilde.

  1. Tal como la cera si no es calentada o amasada mucho, no puede recibir la marca del sello que le ponemos encima, lo mismo el hombre si no se prueba con esfuerzos, dificultades y enfermedades, no puede recibir y contener el sello de la virtud de Dios. Por eso, el Señor dice al divino Pablo: “Te basta mi χάρις jaris (gracia, energía increada); porque mi poder y fuerza se perfecciona en la enfermedad”, y el mismo Apóstol presume con las siguientes palabras: “Con mucho agradecimiento presumiré más por mis enfermedades, para que habite en mi interior la δύναμη dinami (poder, fuerza y energía) de Cristo” (2Cor 12,9). Pero también el libro de los Proverbios escribe: “Aquel que el Señor ama, le instruye y le reprende, como un padre a su hijo” (Pr 3,12). El Apóstol diciendo “enfermedades” da a entender los ataques de los enemigos de la cruz, que asaltaban constantemente tanto a él como a todos los demás santos de entonces, para que no se exaltasen y se enorgullecieran, como el mismo dice, a causa de la eminencia de las apocalipsis-revelaciones divinas, (2Cor 12,7); sino más bien, para que permanezcan humildes en el estado de perfeccionamiento, y por las frecuentes humillaciones y menosprecios, mantengan la donación o don de Dios con piedad. Pero nosotros ahora cuando decimos “enfermedades”, damos a entender los malos astutos loyismí (conceptos, pensamientos simples o unidos con la fantasía) y las enfermedades corporales. Entonces, como los cuerpos de los santos que luchaban contra el pecado eran entregados a heridas mortales, golpes, padecimientos y varias aflicciones, ellos estaban muy por encima de los πάθος pazos que a causa del pecado entraron en la naturaleza humana. Pero ahora, como la paz de las Iglesias se multiplica por la χάρις jaris (gracia, energía increada) del Señor, el cuerpo de los luchadores de la piedad debe ser probado con continuas enfermedades y la psique-alma de ellos con malignos astutos pensamientos; y sobre todo en aquellos que la gnosis espiritual energiza, opera con todo sentido, sentimiento e información interior, para que eviten toda vanagloria y todo pensamiento orgulloso y puedan así –como dije- recibir en sus corazones con gran humildad el sello de la divina belleza, de acuerdo con aquello que dice David: “Señor, la luz de tu rostro se imprimió en nosotros” (Sal 4,7). Por lo tanto, debemos esperar y soportar con gratitud la voluntad del Señor; y esto nos será contado como un segundo martirio, tanto las enfermedades continuas como la lucha contra los pensamientos demoníacos. Porque el diablo, a través de esos gobernantes inicuos que en el pasado incitaba a los santos mártires que negaran a Cristo y desearan la gloria de esta vida, sigue también ahora susurrando sin descanso lo mismo a los siervos de Dios. Aquel que entonces hacía sufrir los cuerpos de los santos hombres y torturaba exageradamente a los ilustres maestros del Evangelio, mediante aquellos que servían sus propósitos, ideas y conductas demoníacas, ahora también él mismo trae a los confesores de la fe diversos sufrimientos, con muchos insultos y humillaciones, especialmente cuando estos para la doxa-gloria del Señor ayudan con mucha fuerza a los pobres que sufren. Y por eso, con firmeza y paciencia debemos trabajar el martirio de nuestra conciencia delante de Dios, tal como dice David: “Esperaba con mucha paciencia al Señor y Él me atendió” (Sal 39,2).
  2. La ταπεινοφροσύνη tapinofrosini (humildad, mentalidad, conducta y actitud, moderada, sana y serena) es algo que se obtiene con gran dificultad, porque cuanto más elevada es, más arduos son los esfuerzos para alcanzarla. Sin embargo, esta virtud llega de dos maneras a quienes participan en el conocimiento-gnosis divino. Es decir, cuando el luchador de la piedad se encuentra en un estado intermedio de experiencia espiritual, entonces tiene algo más de conducta y mentalidad humilde, ya sea debido de enfermedad del cuerpo, o por aquellos que sin razón se enemistan contra aquellos que luchan por la justicia, o a causa de los malignos astutos pensamientos. Pero cuando el νούς nus con mucho αίσθηση (észizi) sentido, sentimiento e información es sobreiluminado por la divina χάρις jaris (gracia, energía increada), entonces la psique-alma tiene la humildad como algo natural; porque, al ser alimentada abundantemente por la divina bondad, ya no puede inflarse de vanagloria y orgullo, aunque trabaje incansablemente los mandamientos de Dios, más bien se considera a sí mismo inferior a todos, porque ha llegado a estar en κοινωνία kinonía (conexión, unión y comunión) con la divina indulgencia. Aquella primera humildad suele estar acompañada de dolor, tristeza y tribulación, mientras que la segunda trae alegría y contención llena de sabiduría. Por eso, tal como dije, la primera viene principalmente a aquellos que se encuentran a la mitad del camino de las luchas, mientras que la otra se envía a los que se acercan a la perfección. Por eso, la primera muchas veces puede ser alterada por los éxitos mundanos, en cambio la otra, aunque la ofrezcan todas las realezas y reinos del mundo, no se ve afectada ni siente en absoluto las terribles flechas del pecado. Porque al ser completamente espiritual, ignora las doxas-glorias corporales y mundanas. Pero el luchador debe pasar de alguna manera de la primera humildad para llegar a la segunda; porque, si la χάρις jaris (gracia, energía increada) no ablanda antes con la primera nuestra voluntad independiente o autogobierno, para probarnos mediante sufrimientos pedagógicos y correctivos, no nos regalará la majestuosidad de la perfecta humildad.
  3. Aquellos que aman los placeres hedonistas de la vida, llegan al pecado por los λογισμοί loyismí (conceptos, pensamientos simples o mezclados con la fantasía). Como son guiados por una opinión sin discernimiento, desean que todos sus pensamientos impuros hacerlos en palabras impías y en obras irreverentes, ilegales. Al contrario, los que intentan adquirir y llevar una vida ascética, a menudo llegan a pensamientos maliciosos o palabras dañinas desde sus propios errores. Porque cuando los demonios ven que estos hombres escuchan con placer acusaciones contra otros, ociosidades, o dicen palabras inapropiadas, indecentes y dañinas, o se ríen indebidamente, o se enfadan exageradamente, o desean la gloria vana, vacía y fútil, entonces todos juntos se arman contra ellos. Y utilizan principalmente la vanagloria como pretexto para su malicia, y mediante ella, como si fuera una pequeña ventana oscura, saltan, saquean y capturan las psique-almas. Por lo tanto, aquellos que desean vivir con todas las virtudes, no deben desear la gloria vana, ni relacionarse con muchos, ni salir con frecuencia, ni criticar o acusar a los demás, incluso si estos merecen la crítica, ni hablar mucho, y tampoco deben hablar demasiado, aunque lo que digan sea bueno. Porque la verbosidad dispersa en exceso el νούς nus con la mente, y no sólo le vuelve ineficaz e inactivo en el trabajo espiritual, sino que también le entrega al demonio de la acedia (negligencia, apatía y pereza espiritual, que a su vez, después de debilitarlo demasiado, le entrega a los demonios de la tristeza y de la ira. Por lo tanto, siempre debemos ocupar nuestro νούς nus y mente en la aplicación y el cumplimiento de los santos mandamientos y en el profundo recuerdo del glorioso Señor. Porque dice la Escritura: “Aquel que aplica y cumple el mandamiento, no conocerá logos maligno” (Ecl 8,5), es decir, no se desviará en viles pensamientos o logos malvados.

Cap. 97-100 Oración noerá o del corazón-apázia-la guerra final-krisis o juicio.

  1. Cuando el corazón recibe, con un dolor ardiente, flechas de los demonios, hasta el punto de que la persona siente y cree que son flechas verdaderas, entonces, la psique-alma odia y sufre con dolor los παθος pazos, ya que se encuentra al principio de la catarsis (purgación, psico-terapia, sanación); porque si no sufriera mucho por el descaro e insolencia del pecado, no podría alegrarse abundantemente de la bondad de la virtud. Por lo tanto, aquel que quiere hacer la catarsis, purgar, psicoterapiar y sanar su corazón, que lo ilumine continuamente con el recuerdo del Señor Jesús Cristo, teniendo incesantemente esto como único estudio y trabajo. Aquellos que quieren expulsar y librarse de su putrefacción o podredumbre, no deben orar en algunos momentos y dejar de hacerlo en otros, sino ocuparse siempre en la oración y en la vigilancia o guardia del νούς nus con la mente, aun cuando se encuentran fuera de las Iglesias. Aquel que quiere purificar el oro, si por un instante permite que el fuego se apague, el metal que purificaba se vuelve a endurecer. Así también aquel que a veces recuerda de Dios y otras veces no, aquello que cree que lo consigue con la oración lo pierde por la apraxia/inacción. La característica del hombre que ama la virtud es eliminar siempre, con el recuerdo de Dios, cualquier cosa terrenal en su corazón, de manera que poco a poco el mal sea extinguido totalmente por el fuego del recuerdo de lo bueno, y la psique-alma recupere, con mayor gloria, su resplandor natural.
  2. Απάθεια apázia (sin pazos, impasibilidad) no es que los demonios no nos ataquen, porque tendríamos entonces que abandonar según el Apóstol (1Cor 5,10), sino que, aunque nos ataquen, permanezcamos invictos. Los guerreros con chalecos antibalas o con corazas de hierro son atacados por las flechas de sus enemigos, escuchan incluso el sonido de las flechas, incluso ven las flechas que los enemigos lanzan contra ellos, pero no son heridos debido a la solidez de sus armaduras de guerra. Pero aquellos permanecen invictos porque están protegidos con armaduras de hierro. Pero nosotros, revistiéndonos la armadura de la santa luz (increada) y el casco de la salvación y armados con todas las obras buenas, destruyamos así las filas o falanges oscuras de los demonios. Porque la pureza, lucidez y sanación no consiste solo en evitar el mal, sino en destruir completamente los males mediante el cultivo de las cosas buenas con diligencia y esmero.
  3. Cuando el hombre de Dios ha vencido casi todos los παθος pazos, aún quedan dos demonios que luchan contra él. Uno de ellos molesta la psique-alma y, debido a su gran agapi-amor a Dios, la conduce en un entusiasmo y celo desmedido, de manera que no quiere que nadie más guste y complazca a Dios tanto como ella. El otro, combate al cuerpo, impulsándolo a un ardiente deseo sexual y unión carnal. Esto ocurre en el cuerpo, en parte porque esta satisfacción es natural en él para la procreación de hijos, y así es vencido fácilmente; y en parte por concesión, permiso de Dios. Cuando el Señor ve que un luchador prospera en muchas virtudes, alguna vez concede que sea atacado y contaminado por este demonio, para que tenga un motivo para considerarse a sí mismo como el más vil y peor que todos los demás hombres. Esta perturbación causada por este pazos acompaña las hazañas, logros o a veces los precede, de modo que antes o después de que actúe u opere el pazos, la psique-alma se vea como inútil por muy grande que sean sus hazañas. Pero el primero de estos demonios lo combatiremos y lo venceremos con mucha humildad y agapi-amor incondicional, y al segundo demonio lo combatiremos con la εγράτεια engratia (templanza, autodominio, continencia y ayuno), ausencia de ira y profundo estudio sobre la muerte, para que así, teniendo continua la divina energía increada del Espíritu Santo, vencer estos pazos por la χάρις jaris (gracia energía increada) del Señor.
  4. Los que nos hemos convertido y hechos partícipes de la santa gnosis (conocimiento increado), ciertamente que daremos también cuenta sobre nuestros deslices involuntarios, tal como dice el divino Job: “Has constatado también cada pecado y error involuntario posible” (Job 14,17). Y esto es justo; porque si uno no detiene el recuerdo constante de Dios y no descuida Sus santos mandamientos-logos, no caerá en una falta voluntaria ni involuntaria. Así pues, debemos inmediatamente ofrecer una ferviente confesión al Señor por las faltas involuntarias incluso por las transgresiones del reglamento monástico (porque no es posible que el hombre no cometa errores humanos), hasta que nuestra conciencia sea informada con lágrimas de agapi del perdón de ellas. Porque dice la Escritura: “9. Si confesamos nuestros pecados y culpas, Dios es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, purgarnos, psicoterapiarnos y purificarnos de toda iniquidad e injusticia. [9. Pero si tenemos autoconocimiento y conciencia de nuestra iniquidad y culpabilidad, entonces nosotros confesamos nuestros pecados, Dios es fiel, cumple su promesa sobre la absolución de nuestros pecados; y también es justo de modo que, con base el sacrificio de su Hijo, perdonar nuestros pecados, psicoterapiarnos, purgarnos y sanarnos de toda injusticia y enfermedad física, psíquica y espiritual.]” (1Jn 1,9). Por lo tanto, debemos tener cuidado y vigilar constantemente la forma de nuestra confesión, no vaya ser que nuestra conciencia se engañe a sí misma, haciéndonos creer que ya nos hemos confesado suficientemente ante Dios. Porque el juicio de Dios es muy superior que nuestra conciencia, incluso si alguien, mediante toda información interior, no siente ninguna acusación de su conciencia, tal como el sabio Pablo nos enseña al decir: “Yo como servidor soy responsable ante Dios, a mí poco me importa ser juzgado por vosotros o por un tribunal humano, pero ni a mí mismo tengo derecho a juzgarme.No me siento culpable de nada, mi conciencia no me acusa de ninguna culpa y de ningún abuso de poder que Dios me ha confiado; pero no por esto quedo justificado, porque quien me juzga y dicta sentencia si he sido administrador fiel es el Señor”, (1Cor 4:3-4). Porque si estas cosas no las confesamos como es debido, en la hora de la muerte experimentaremos una cobardía desconocida y un temor tenebroso. Nosotros los que amamos al Señor deberíamos orar para en aquel momento nos encontremos exentos de todo temor. Porque aquel que entonces esté hallado sintiendo algún temor no pasará libremente de los soberanos (demonios) del tártaro, porque tendrán como aliado de su maldad el temor y la cobardía de la psique-alma. Pero la psique-alma que se regocija y deleita en la agapi de Dios durante la hora de la muerte, se elevará por encima de todas las legiones oscuras junto con los ángeles, volando con las alas de la agapi espiritual, puesto que la agapi es la plenitud de la ley, sin ningún vacío, (Rom 13,10). Por eso durante la παρουσία parusía (presencia y venida) del Señor, serán arrebatados con todos los santos aquellos que habrán terminando su vida con esta confianza, franqueza y valentía; mientras que aquellos que se acobardan un poco y sienten algún temor en la hora de la muerte, serán abandonados junto con la multitud de otros hombres, como reos en una prisión preventiva, para que sean probados por el fuego del juicio, y así reciban la herencia debida según sus obras de parte de nuestro bondadoso Dios y Rey Jesús Cristo. Porque él es el Dios de la justicia y Suya es la riqueza de la bondad de Su realeza increada que da a nosotros que Le amamos, por todos los siglos. Amín.

Interpretación de san Máximo en la frase del versículo 100: “Para que sean probados por el fuego del juicio”

Aquellos que han adquirido la perfección de la agapi-amor hacia Dios y con sus virtudes han elevado sus psique-almas, serán arrebatados en las nubes, según el Apóstol (1Tes 4,17), y no serán juzgados. Pero aquellos que no adquirieron la perfección completa, sino que tienen pecados junto con las hazañas, logros, ellos vienen en el tribunal del juicio. Y allí, con el examen de sus obras buenas y malas, experimentarán una especie de ardor, y si el peso de sus obras buenas inclina la balanza, serán purgados, purificados del infierno. Amín

Traducido por: χΧ jJ logosortodoxo.es/