Domingo del Hijo Pródigo: El costo de la libertad

Domingo del Hijo Pródigo: El costo de la libertad [Lucas 15,11-32]

Transcripción de una homilía del difunto Yérontas Atanasio Mitilineos con el tema:
«EL COSTO DE LA LIBERTAD»
[Pronunciada en el Monasterio Komnineio de Larisa el 11-02-1996]

Queridos míos, tenemos ante nosotros la parábola del hijo pródigo. Es una parábola llena de la enseñanza incomparable de nuestro Señor Jesús Cristo. Cada persona debe inclinarse sobre ella y reflejarse en su contenido, ya sea que pertenezca a la categoría del hijo pródigo o a la del hijo mayor. Porque el primero buscaba una libertad irracional, mientras que el segundo sufría de la terrible enfermedad de la envidia.

Sobre esta parábola deben reflejarse los pueblos y las generaciones. Es una parábola rica en iconas-imágenes.

Pero como es una parábola inmensa, enfoquémonos solo en el hijo menor, el hijo pródigo. Y no para analizar toda su historia, sino únicamente para examinar el costo de su libertad. ¿Cuánto le costó su libertad? Porque, ciertamente, toda libertad tiene un precio.

Dios nos hizo libres. No hay duda de ello. Pero muchas veces, cuando alguien quiere quitarnos esa libertad, nos cuesta. Nos cuesta hasta la sangre, como ocurre con la libertad nacional o la libertad social. Pero la emancipación de Dios cuesta más que cualquier otro tipo de libertad.

Veamos entonces el camino del hijo menor. Era feliz en la casa de su padre. Su padre era rico. No le faltaba nada. No tenía ninguna restricción, como se evidencia en el desarrollo de la historia.

Dios Padre es rico en todos los bienes. Todo le pertenece; no hay nada que no sea suyo. Y los hombres son sus hijos. Y dado que tienen un padre rico, poseen lo que el Padre tiene.

Les ha dado el libre albedrío. No hay mayor riqueza que el libre albedrío, la libertad de la voluntad… En una amplitud tal, en una extensión tan grande, que el hombre puede incluso negar a Dios o hasta blasfemar contra Él.

Dios ha dado esta libertad al hombre. La libertad es un capital inmenso, junto con todos los demás bienes.

Y aquí surge la primera solicitud. El hijo menor le dice repentinamente a su padre, sin razón aparente… ¿De repente? Podemos intuir lo que no se menciona en la parábola. ¿Quién sabe? Tal vez esas llamadas «ideas en circulación», esas «teorías modernas»… ¿Las leyó? ¿Las escuchó? ¿Las adoptó de su círculo de amigos?

Lo cierto es que en un momento dado le dice a su padre:
«Dame la parte de la herencia que me corresponde».

¿Tu herencia, joven? ¿Cuál es tu herencia? ¿Y por qué crees que te pertenece?

Tu padre te la dará. Hablando en términos humanos, te la dará. ¿Por qué tienes prisa? ¿Por qué quieres irte? ¿Qué quieres hacer?

Vemos que el hombre busca su emancipación de Dios. Quiere alejarse de Dios. Pero también quiere llevarse con él todo lo que Dios le ha dado.

Y, en particular, aquello que constituye –podríamos decir en términos humanos– su dote, su herencia.

¿Cuál es esta herencia?

Es la dote de su personalidad humana libre. Es el «a imagen y semejanza de Dios».

Es un dote inmenso, un dote que ni siquiera los santos ángeles poseen.

El hombre, en cierto sentido, es superior a los santos ángeles. Es más rico que los santos ángeles.

A pesar de que los ángeles son seres lógicos, en ningún lugar se menciona que son «a imagen de Dios», simplemente porque la imagen de Dios no se limita a la lógica ni siquiera a la libertad que tienen los ángeles. Por eso, algunos de ellos se apartaron de Dios y se convirtieron en demonios.

El «a imagen de Dios» es algo mucho más profundo. Es aquello que el Hijo de Dios tomaría más adelante: la naturaleza humana, nuestra naturaleza humana. Esto constituye en su totalidad el «a imagen de Dios». No se limita solo a la psique-alma; también abarca el cuerpo.

Prestad atención a esto. Quizás muchos no lo sepan, pero el «a imagen de Dios» también se extiende a la naturaleza humana.

San Ireneo dice que, dado que aún no se había manifestado la Encarnación del Logos de Dios, en el Antiguo Testamento se menciona «a imagen de Dios» y se cree que se refiere solo a la psique-alma.

«No era aún la expresión plena, la formulación completa», dice San Ireneo.

Jesús Cristo no fue creado a imagen del hombre, sino que el hombre fue creado a imagen del Logos de Dios, quien se encarnó, aunque su Encarnación fuera posterior en el tiempo.

Dios no creó a Adán tal como era para que luego el Logos de Dios se hiciera como Adán. Sino que Adán fue hecho como lo que el Logos de Dios quería llegar a ser. Por lo tanto, esta imagen está en la plenitud de la existencia humana, no solo en psique-alma.

Así tomó el hombre el «según la imagen». Y el hombre dice para sí mismo: «Siento madurez. Ya no necesito ser gobernado por Dios. Tengo posibilidades ilimitadas de mente. Ingenio lo que quiero. Desarrollo la civilización como quiero. La tecnología está en mis manos. Puedo, pues, desarrollar incluso un código de conducta social y orden. También un código ético, moral puedo desarrollar yo. No necesito que Dios me diga qué debo hacer. No necesito sus mandamientos. No necesito el Evangelio. Soy autosuficiente. Lo que invento, lo que quiero, lo puedo todo. Y si hoy no lo puedo todo, mañana podré».

Y la parábola señala:
«Y después de no muchos días, reuniéndolo todo, el hijo menor se marchó a un país lejano, y allí derrochó su hacienda –“hacienda” significa propiedad– viviendo disolutamente».

Dice un antiguo comentarista:
«El «se marchó», no lo entiendas en sentido local, sino voluntario». No es que se fuera a otro lugar –Dios está en todas partes–, sino que se fue por voluntad propia. Con su libre elección se aparta. «Se apartó de Dios y Dios de él». Y como dice San Agustín: «La tierra lejana significa el completo olvido de Dios». Y lo vimos. Los hombres olvidaron al verdadero Dios. Pocas generaciones después de Adán, olvidaron al verdadero Dios. Y como el sentimiento religioso es innato, innato, todas las veces que se intentó erradicarlo, fracasaron, ya sea los mismos hombres para sí mismos, o al tratar de imponer el ateísmo en la sociedad donde viven. El sentimiento religioso es innato; por eso, tras olvidar al verdadero Dios, al alejarse de su rostro, era muy natural que adoraran lo que tenían delante. Y lo que el hombre consideraba más grande, superior a él: la naturaleza, la creación.

Frente a nosotros tenemos el Olimpo, queridos míos. Y el hombre adora los elementos de la naturaleza. El rayo de Zeus. La tempestad en el mar. Dice que Poseidón la agita con su tridente. Se encuentra ante la sabiduría y la llama «diosa Atenea»; y así sucesivamente.

Para completar esta –permítanme la palabra– esta huida, este alejamiento, Zigavinós dice:
«Aquellos que pecan se alejan de Dios, no en distancia, sino en virtud». «Quienes pecan se apartan de Dios». No, por supuesto, en términos de lugar, pues dijimos que Dios está en todas partes, sino en relación con la virtud y el conocimiento de Dios. Por no decir que, como el hombre es finito, a veces busca irse también físicamente. Porque tal vez ignora que Dios está en todas partes. Quiere huir, quiere huir, cuando su conciencia le informa de algo malo…

En una ocasión, un emperador bizantino mató a su hermano para que no le arrebatara el trono. Sufría mucho. Cambiaba de habitaciones dentro del palacio. No podía encontrar paz. Viajó a Sicilia en busca de descanso. Pero allí, según la sentencia «quienes usan la espada, a espada perecerán», algunos lo asesinaron. Buscaba huir a algún lugar. ¿Dónde? Detrás del sol. Para que Dios no lo viera. Pero Dios está en todas partes.

Se fue, dice, a una tierra lejana. La tierra lejana es el símbolo de la emancipación del hombre de Dios. Es un emblema. El hombre no quiere recordar la idea de Dios. Le molesta. Le recuerda –para usar una expresión contemporánea– le recuerda al «sistema establecido». Lo ha proclamado en muchas formas. Que Dios es un sistema o poder establecido. ¡Desdichado, pobre hombre! ¿Llamaste al sol «establecimiento»? ¿Pobre hombre, llamaste al pan «, poder establecido»? ¿Necio hombre, llamaste al aire » estableciment «? ¿Para querer cambiarlos? Siente que su libertad está restringida. Y el hombre moderno considera a Dios un opresor, que le limita su libertad. Dice que es una situación asfixiante, insoportable, estar cerca de Dios.

Y allí –señala el Señor– «despilfarró su esencia», «allí, en la tierra lejana», «derrochó su esencia, hacienda». Esta expresión «derrochó» muestra lo que dice también otro intérprete eclesiástico: que «corrompió la nobleza de la psique-alma». Porque, ¿qué es, por favor, la «esencia o hacienda», la propiedad? El «según la imagen», como os dije. Allí la destruyó, la corrompió. Se pervirtió el «según la imagen». Se envejeció el «según la imagen». Todas las capacidades del hombre se transformaron, se entregaron a la perversión, al demonismo. Se convirtió en inventor del mal. La frase es de Santiago el Hermano del Señor. La mente se dirige a la destrucción del prójimo. El sentimiento sirve al placer en sus diversas formas. ¿Y la voluntad? Desenfrenada, busca la realización de una prosperidad rebelde. Una prosperidad lejos de Dios.

Y dice Teofilacto:
«Porque cuando el hombre se aparta de Dios y se aleja del temor divino, dilapida todos los regalos y dones divinos». Pues, al alejarse, al exiliar el temor de Dios, entonces todos los regalos y dones que Dios le dio, los malgasta, los dispersa, los despilfarra.

¿Pero qué derrocha? Su propia personalidad. ¿Qué derrocha? Su propia existencia. Y esto, en aras de obtener supuestamente su libertad. Y, por lo tanto, el costo de esta mal entendida libertad es terriblemente enorme. Ya que el hombre mismo se autoengaña y se autodestruye.

¿Qué significa «ζῶν ἀσώτως vivo en prodiguez o en derroche insaciable»?

Zigavinós dice: «Desenfrenadamente, sin control, inmoralmente». Intenta derrochar. Es el cruel despilfarro de los talentos que recibió de Dios como su dote. ¿Y el resultado…?

Cuando escuchamos lo que leemos la parábola del hijo pródigo, ¿sabemos a dónde debería ir nuestra mente? A nuestra época, a nuestro entorno, a lo que nos rodea. Esta parábola se expresa vívidamente. ¿Y el resultado?

«Después de haberlo gastado todo –como señala Lucas en su Evangelio–, sobrevino una gran hambruna». «En aquel lugar», dice, «hubo hambre, un hambre intensa». ¿Qué gastó? Todo. Dignidad humana, ética, moralidad, salud de la psique-alma y del cuerpo, dinero. Y fue enviado a cuidar cerdos. Se convirtió en porquero, pastor de puercos. Porquero de sus πάθος (pazos: vicios, adicciones, malos hábitos, pasiones, patologías). Porque los cerdos representan nuestros pazos, nuestros vicios. Y el hombre llega a alimentar esos pazos suyos, buscando un poco de felicidad, un poco de recreación.

Pero en los pazos no hay alegría. Existe –¡atención!– el círculo vicioso del ηδονή hidoní placer y el οδύνη odini dolor. El placer trae dolor. Y cuando buscas un poco más de placer para alejar el dolor, ese nuevo placer te genera un dolor aún mayor. Un círculo vicioso… Y en este círculo vicioso, el hombre se convierte en una existencia trágica.

Las algarrobas, los frutos que comían los cerdos, no dan alegría y placer, no proporcionan descanso (psíquico). Son alimentos para los animales, no para los humanos. Y lo digo en sentido figurado. Así, el hombre se equipara y se asemeja a los animales. Este es el triste balance que Dios menciona a través del salmista: «Y el hombre, existiendo en honor, no lo entendió; se asemejó a los animales irracionales y se igualó a ellos».

Hemos dicho que la parábola del hijo pródigo, queridos míos, es una imagen. Una imagen de todas las generaciones. Especialmente una imagen de nuestra generación. No solo de los jóvenes. ¡No solo de los jóvenes… sino de todos! Pequeños y grandes. Fueron las generaciones anteriores las que enseñaron a los jóvenes. Por lo tanto, es una imagen de toda la humanidad, de toda la generación.

El hombre moderno es digno de muchas lágrimas por el punto al que ha llegado.

¿Qué contribuye a esto?

La pedagogía moderna: «Deja que el niño haga lo que quiera. No lo reprimas». La pedagogía moderna, emancipada de Dios. Las ideas y teorías materialistas sobre la vida que circulan en la actualidad, es decir, concepciones negativas de la existencia.

El ejemplo nefasto de los líderes de una sociedad, hasta el punto de que ya ni siquiera soportamos verlos o escucharlos. En todos los ámbitos.

El deseo de enriquecimiento fácil, que conduce a la delincuencia como modelo de comportamiento social. La pereza del hombre moderno, que busca poco esfuerzo y grandes recompensas.

El rechazo de Dios y de los valores evangélicos.

¿A dónde lleva todo esto?
Sin duda, a un callejón sin salida. A la decadencia, a la miseria, a la pobreza. No solo pobreza material, sino también pobreza de ideas, pobreza de sentimientos. El hombre moderno se ha vuelto duro, insensible, explotador de su prójimo.

¿Cómo podemos salir de este terrible callejón sin salida?

La parábola nos muestra la solución. Nos muestra la catarsis.

El hijo pródigo, derrotado, pensó en regresar al padre. Volver a Dios. Y decirle:

«Padre mío, cometí un error. Perdóname. Perdóname. No soy digno de ser llamado tu hijo. Pensé que la libertad no tenía costo. Nunca imaginé que habría que pagar un precio tan terrible por una libertad alejada de Dios. Me he convertido en un harapiento, por fuera y por dentro. Mi psique-alma está hecha jirones. Un trapo sucio. No encuentro descanso en ninguna parte».

Pero esto es solo la mitad de la parábola. Una mitad nos muestra la caída. La otra nos muestra el regreso. Que es la purificación del drama y la catarsis de la psique-alma.

Pero, ¿pensará el hombre moderno en regresar a Dios?

Queridos míos, la μετάνοια metania (introspección, arrepentimiento, conversión y confesión) lo corrige todo. Es allí donde debemos llegar. Con un verdadero autoconocimiento, con humildad, como personas, como laós-pueblo, como generación.

Ya no queda margen de error.

La Iglesia proclama esta parábola como un recordatorio.

Quien haya experimentado la apostasía, quien haya probado sus frutos y haya comprendido el precio de una libertad alejada de Dios, que reflexione. El Padre en el cielo espera. Espera con los brazos abiertos. Y está listo para darnos la túnica primera. Aquella que recibimos en el Bautismo y que hemos manchado.

Está dispuesto a restaurarnos. Sí, el Dios Padre está listo para hacernos partícipes de su gloria.

PARA GLORIA DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD

y con inmensa gratitud a nuestro difunto padre Atanasio de Mitileneos,

Digitalización y edición de la transcripción de la conferencia:
Eleni Linardaki, filóloga

FUENTES: https://www.arnion.gr/mp3/omilies/p_athanasios/omiliai _kyriakvn/omiliai_kyriakvn_664.mp3

Traducido por: Χρῆστος Χρυσούλας Jristos Jrisulas https://logosortodoxo.es/

 

 

 

Parábola del hijo pródigo

Parábola del hijo pródigo, Lucas 15:11-32.

11 También dijo: Un hombre tenía dos hijos;

12 y el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde; y el padre les repartió su fortuna.

13 No muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y allí derrochó y gastó toda su fortuna haciendo una mala vida.

14 Y cuando se lo había malgastado todo, vino una gran hambre en aquella provincia, y comenzó a padecer necesidad y tener hambre.

15 Y por el hambre que sufría, fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió a sus tierras a guardar cerdos.

16 Y deseaba llenar su estómago de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie de los siervos le daba, porque estaban destinadas para los cerdos.

17 Y un día volviendo en sí, en su sano juicio, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan y comidas, y yo aquí me muero de hambre!

18 Resucitado o despertado espiritualmente se dijo a sí mismo, me iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo ante Dios y sus ángeles, y contra ti. (Aquí la palabra ἀναστὰς anastás la traduzco literalmente: resucitado o al haber resucitado, o despertado espiritualmente, en vez de levantado o al levantarse; expresamente el divino escritor pone el verbo ανασταίνω anasteno resucitar en vez de εγείρω eguíro levantar; y por mi experiencia personal así la he vivido esta parábola hasta en los comas y los acentos que no me sobra nada)

19 Ya no soy digno de ser llamado tu hijo y llevar tu honorable nombre; tenme como a uno de tus jornaleros.

20 Y al haber resucitado o despertado espiritualmente, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, su padre que desde mucho tiempo lo esperaba y siempre miraba con anhelo a la calle, lo vio, se conmovió, se compadeció de él y corrió a su encuentro, y se echó con mucho cariño sobre el cuello de su hijo, y le cubrió de besos.

21 Y el hijo quebrantado y conmovido, le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo.

22 Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad inmediatamente el mejor traje, y ponédselo; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies para que no ande descalzo.

23 Y traed el ternero cebado y matadlo, y celebremos un banquete y deleitemos todos por este acontecimiento agradable;

24 porque este mi hijo estaba muerto espiritualmente, y ha resucitado o despertado espiritualmente y revivido; se había perdido, y ha sido encontrado. Y comenzaron todos a festejarlo. (Cuando un pecador que antes había abandonado a Dios, haciendo el ridículo y hundido al desprecio derrochó los divinos regalos en el pecado, y se vuelve con sinceridad a la metania, se arrepiente, y regresa al Padre, vuelve a tomar la adopción y su primera posición, entonces los Ángeles y los justos están llamados de Dios a alegrarse y deleitar).

25 Y su hijo mayor estaba en el campo; y cuando vino, y llegó cerca de la casa, oyó la música y las danzas;

26 y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello que sucedía.

27 Él le dijo: Tu hermano ha vuelto y tu padre se alegró mucho y ha hecho matar el ternero cebado, por haberle recibido sano.

28 Entonces se enojó, y no quería entrar. Su padre salió para convencerlo y con cariño le rogaba entrar.

29 Pero él, respondiendo, dijo al padre: He aquí, tantos años te sirvo, no habiéndote desobedecido jamás, y nunca me has dado ni un cabrito para celebrar y gozar con mis amigos.

30 Pero cuando vino este tu hijo, que ha derrochado tus bienes con rameras, has hecho matar para él el ternero cebado.

31 Entonces el padre le dijo: ¡Hijo mío, tú  siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas y nunca te he privado de nada!

32 Pero era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este tu hermano estaba muerto espiritualmente, y ha resucitado o despertado espiritualmente y revivido; estaba perdido, y lo hemos hallado. (Se enfadaban los arrogantes y altaneros Fariseos cuando veían al Señor recibir con cariño a los pecadores que volvían a la metania arrepentidos y proclamándolos ciudadanos del reinado de su realeza increada. Los Fariseos y sus semejantes, siendo ególatras e interesados, honraban a Dios sólo exteriormente y típicamente, y se alejaban ellos mismos de la agapi-amor desinteresado e incondicional de Dios y de la alegre comunión con los ciudadanos del reinado de la realeza increada de los cielos).

 

[La palabra ἀναστὰς en el versículo 18, del verbo ανασταίνω anasteno según contexto significa levantarse, resucitarse y  despertarse espiritualmente. Es sinónima y tiene la misma raíz que Ανάσταση (anástasi: Resurrección), el que tenga oídos y νούς nus que escuche y entienda}.

 

Domingo del hijo pródigo o derrochador insaciable

Por el sacerdote G. Dombarakis

«18 ἀναστὰς πορεύσομαι πρὸς τὸν πατέρα μου καὶ ἐρῶ αὐτῷ· πάτερ, ἥμαρτον εἰς τὸν οὐρανὸν καὶ ἐνώπιόν σου.

18 “al despertarse (espiritualmente), resucitar y levantarse pensó, iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti» (Lc 15,18)

α. La parábola del Hijo Pródigo o insaciable derrochador, leída en este segundo domingo del Triódion, encierra una energía inmensa. Refleja la dinámica de la μετάνοια (metania: introspección, conversión, arrepentimiento y confesión). Esta metania ya se había enfatizado el domingo anterior con la parábola del Publicano y el Fariseo como un cambio interior que impulsa al ser humano hacia una relación real con Dios Padre.

Entendemos que en la persona del Publicano hemos visto el clamor de la metania aceptada por el Dios: “Dios mío compadécete de mí, soy pecador”; en la persona del hijo menor de la parábola del Hijo Pródigo, vemos la metania como movimiento existencial con el fin de librarse del caos de la perdición y la necrosis (mortificación) del pecado. Busca encontrar su verdadera identidad o persona, esta que amanece de la contemplación de la persona del Dios Padre: «Αl despertarse (espiritualmente), resucitar y levantarse pensó, iré a mi padre».

No es casualidad que esta parábola haya sido llamada «la perla de las parábolas del Señor» y «el Evangelio de los Evangelios«. En ninguna otra parte se describe con tanta intensidad la miseria del pecado y, al mismo tiempo, la αγάπη (agapi: amor incondicional) de Dios, Su caridad y Su infinita filantropía.,

β. 1. No nos detendremos en el caso del hijo mayor. Su actitud es peculiar: aunque exteriormente parece bueno y obediente, en realidad está lejos del corazón de su Padre. No puede comprender su agapi-amor ni siquiera piensa su condición de hijo. Mientras el Padre lo trata con amor y le recuerda: «Todo lo mío es tuyo«, él, en cambio, se percibe a sí mismo como un siervo o asalariado: tantos años trabajo para ti”. Su actitud representa otro tipo de pecado y vicio, diferente de la miseria del hijo menor: una dureza de corazón que no encuentra solución. El Cristo no emite juicio alguno sobre él, dejando abierta la cuestión de su destino.

Pero al hijo menor las cosas están más claras: éste a causa de su huida de la casa del Padre, se ha conducido en la caída y la desgracia extrema: vive en la privación, sufre hambre, siente que se está perdiendo y se convierte en esclavo de los demás, mientras que el sentimiento de orfandad le ha apresado y lo oprime profundamente: Y es una situación trágica, evaluada por el Padre más tarde, diciendo: porque este tu hermano estaba muerto, y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos hallado”.

Este es, en verdad, el precio del pecado: el hombre cree que al apartarse de Dios encontrará libertad y autenticidad, pero termina convirtiéndose en esclavo, perdido, consumido, deprimido y mortificado (espiritualmente). Y esto ocurre porque precisamente el hombre abandona su estado natural: estar con su Padre y vivir en su hogar. Es la interpretación trágica que ofrece toda la Santa Escritura en relación con el drama del camino del hombre: el rey hombre, el creado “como imagen y semejanza de Dios” decae a causa de su negación a obedecer a Dios Padre. Peca y, con su pecado, introduce la muerte en el género humano. Por el pecado, la muerte”.

  1. Pero al hijo menor observamos también la resurrección de su caída: “al resucitar, despertar (espiritualmente) y levantarse”se entiende como μετάνοια metania. Llega un momento en que se da cuenta de lo que había ocurrido, siente la miseria de su existencia y decide cambiar. Y esto significa que el pecado tiene un límite, es decir, cuando llega al punto que ve que ya no va más es cuando el hombre toca fondo. Este es el punto de ruptura de la extrema caída, estar harto del pecado y esto puede funcionar como un comienzo nuevo.

Pero ¿cuándo sucede esto? Cuando se produce el giro hacia la casa paterna, cuando el recuerdo del Padre sigue vivo y su imagen actúa positivamente en el corazón del hombre que se ha alejado de Él: “al despertarse (espiritualmente), resucitar y levantarse pensó, iré a mi padre”. El hijo pródigo o insaciable derrochador, puede ser que se hubiera perdido dentro de sus pecados y haberse mortificado provisionalmente por lo que hizo, pero precisamente esto fue el motivo de recordar el rostro de su Padre, quien está lleno de cariño y agapi-amor incondicional hacia él. Podríamos decir que, a pesar de su extravío, estaba en una posición privilegiada: tenía un hogar al que volver y un Padre que nunca dejó de amarlo.

Esto recuerda las palabras del Yérontas Paísios, quien decía que no debemos temer por aquellos hijos que, habiendo estado vinculados a la Iglesia, se alejan de Dios, porque cuando vuelvan en sí mismos y recuperen la claridad, sabrán a dónde regresar. Y añade a continuación: A quienes nunca han conocido a Dios, a esos sí debéis temer y apenaros por ellos, porque cuando llegue el momento de volver en sí mismos, no sabrán hacia dónde ir.

Lo “al despertarse (espiritualmente), resucitar y levantarse pensó, iré a mi padre”: «Iré a mi Padre», pues, significa la esencia misma de la sanadora y salvadora metania. Reconozco mi caída, mi pecaminosidad y mi alejamiento de la voluntad de Dios, lo esencial es no quedarme allí. Me dirijo con toda la fuerza hacia el Dios, hacia Él que me ama. Es decir, la concienciación del pecado y la fe en la agapi de Dios Padre consisten los elementos constructivos y dos pilares de la metania. Si falta uno de estos dos elementos, la metania pierde su autenticidad. Es el drama que vemos en el discípulo de Cristo, Judas: sintió el peso de su pecado de traición contra al Maestro, pero no pudo creer en Su agapi-amor incondicional y, mientras se arrepintió, no se salvó, porque le apresó la desesperanza, la desesperación y la depresión, las armas mayores y más destructivas del enemigo diablo.

  1. La imagen del Padre caritativo es el elemento clave para que la metania pueda nacer y desarrollarse en el hijo menor, el pródigo o derrochador insaciable, es decir, en cada uno de nosotros. No parece que fueran principalmente las consecuencias del pecado, sino la imagen del Padre fue lo que dio el empuje decisivo al hijo pródigo para arrepentirse y volver a la metania. Si en su miseria y desesperación el hijo pródigo hubiera tenido en su mente la imagen de un Padre severo, rígido y juez implacable, nunca hubiese tomado el camino para volver del regreso. Pero su Padre –prototipo o modelo para todo verdadero padre- se presenta con verdadera agapi ante él. Y la prueba más grande: el respeto absoluto por la libertad de su hijo. No le presiona para que se quede en casa, no le prohíbe su salida, no le amenaza, ni le pone mala cara. Aun sabiendo el desenlace trágico de la mala elección de su hijo, le deja decidir libremente, precisamente porque lo ama de verdad. Y a continuación la parábola certifica lo perpetuo de esta agapi: el Padre siempre espera el regreso de su hijo y se alegra completamente cuando esto sucede. Es una imagen clara de nuestro Dios Padre, que como es tan catalizadora, se ha dicho que esta parábola no debería llamarse la “del hijo pródigo”, sino la “del Padre caritativo”. Su actitud de plena agapi es el elemento más determinante de la parábola.

No es casualidad lo dicho que, si se perdieran las Santas Escrituras y alguien le diera tiempo a guardar sólo la página con la parábola del hijo pródigo, sería bastante, sólo con ella podría recomponerse toda la enseñanza del Señor: allí se revela quién es el Dios y cuánto ama a Su criatura, al hombre. Por eso también la agapi (increada) de Dios en persona de Jesús Cristo es ya un hecho innegociable en toda la enseñanza de nuestra Iglesia. Podemos cuestionarlo todo, pero no la agapi (amor, energía increada) de Dios. Sin embargo, en esto también cojeamos los cristianos. Si muchas veces no hacemos la metania como es debido, y nos fatigamos en esta vida, a pesar de haber recibido el mayor regalo de Dios -ser Suyos y miembros de Su santo cuerpo-, es porque dudamos de Su agapi-amor. Queremos creer que nuestros pecados y nuestra miseria son demasiado grandes para Dios, como si pudieran superar Su infinita agapi-amor.

  1. ¿Qué ocurre con la metania del hijo pródigo? Al reconocer sus pecados y tomar el camino de regreso a su Padre, desea expresar sus sentimientos con una humilde metania: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo”. Entiende que la vergüenza no está en la metania ni en su regreso, sino en su estado de pecado. Sin embargo, el camino de su regreso toma un giro inesperado: es el Padre quien corre hacia él, lo abraza y lo restablece en su primera posición gloriosa, celebrando la mayor fiesta posible. Sobre todo, lo hace sin reprenderlo ni interrogarlo. A nuestro Padre, Dios, le basta la oferta en metania de nuestros pecados. Como aquella voz que escuchó San Jerónimo cuando, queriendo ofrecer un regalo a Dios en agradecimiento, preguntó qué podía darle. Y Dios le respondió: “Tus pecados, Jerónimo”.

γ. La parábola del hijo pródigo o derrochador insaciable viene como continuación del Publicano y el Fariseo. Nos revela que, para nuestro Dios y, por lo tanto, para nuestra Iglesia, lo que realmente importa no es ser sin pecado —algo imposible para los hombres— sino la metania. Es conocido que no hay santo sin pecados, sino santo pecador que se ha metanoizado (autoexaminado, arrepentido, convertido y confesado). La metania es la que transforma para nosotros la única y perpetua agapi (amor, energía increada) de Dios y la hace funcionar como Paraíso. Incluso el diablo, si se arrepintiera, viviría al Paraíso otra vez como ángel de Dios. Pero no lo quiere. El caso es: ¿qué hacemos nosotros?

Debemos estar agradecidos porque, dentro de nuestra Iglesia Ortodoxa, todo lo que el Señor enseñó en parábolas se hace realidad. Venimos con nuestros pecados, con el sentimiento de nuestra tragedia, para echarnos en Sus brazos, mediante el misterio de la μετάνοια metania que se hace con la bendita confesión. Allí comenzamos a vestirnos nuevamente con la primera prenda, a comer el ternero cebado y a convertirnos en uno con el Señor. En este camino nos guía, una vez más, nuestra Iglesia Ortodoxa, con el Triodion y la Cuaresma que se acerca. Amén.

Fuente: ΑΚΟΛΟΥΘΕΙΝ               Sacerdote Georgios Dorbarakis

 

Las entrañas caritativas: «Εstaba muerto y ha revivido…»

(Por Jristakis Efstazíu, Teólogo de la Iglesia de Chipre)

La conocida y tan vibrante parábola del Hijo Pródigo nos desarrolla dentro de su contenido las entrañas filántropas y caritativas de Dios, en las cuales el hombre puede encontrar alivio, por muy bajo que haya caído. La actitud del hijo más joven, pero principalmente del Padre, es el eje central de nuestra reflexión y aproximación.

La rebelión

La escena que describe la rebelión del hijo menor se mueve dentro de una lógica en la que el hombre busca su libertad en situaciones que desconoce y que pueden llevarlo a la más terrible e insoportable esclavitud. El hijo menor no comprendió que la verdadera esencia de las cosas no se encuentra en la herencia que exigía, sino en la misma comunión con su padre, la cual tan despóticamente deseaba interrumpir. En realidad, este joven no vivía una relación de verdadera agapi con su padre; en el fondo, priorizaba los bienes materiales. Si la relación hubiera sido auténtica, no habría ambicionado su herencia al decidir alejarse del cálido abrazo paterno. Aquí vemos exactamente que cuando el hombre se aferra y se apega a los bienes materiales cómo se retuerce y se deforma a sí mismo como existencia y, por extensión, altera la relación verdadera que podría tener con los que le rodean. Alimenta el auto-engaño de que el sentido de la vida puede descubrirlo dentro de una autonomización o autonomía absoluta de sí mismo, la cual, desgraciadamente, termina por deshumanizarlo.

Η αγάπη  La agapi-amor como superación

Es impresionante el hecho que, a pesar de las influencias negativas, las cuales se manifiestan en toda la etapa de la vida humana, ninguna de ellas puede anular o revocar la grandeza de la divina agapi (amor incondicional, energía increada).

La agapi del Padre se extiende con una majestuosidad única y se revela incluso en el punto más bajo de la caída del hijo pródigo. Siempre tiene paciencia, siempre espera, siempre llama, y sobre todo siempre con los brazos abiertos. La agapi-amor del Padre ofrece comunión a su hijo menor, especialmente en los peores momentos de su vida, cuando todos lo habían abandonado sin piedad, dejándolo sumido en la soledad más terrible. El Padre nunca perdió su sentido de adopción. A pesar de que la rebelión del hijo parecía haberlo destruido, el Padre siguió considerándolo su hijo y, aún más, lo sentía como tal en lo más profundo de su ser. Por eso siempre esperaba con esperanza el bendito momento del gran regreso. Cuando el hijo vuelve, el Padre lo abraza y lo cubre de besos. Las palabras no alcanzan a expresar el abismo de la agapi increada del Padre. El mismo hijo ante esta grandeza del Padre, siente su propia indignidad. Ante esta inmensa grandeza, comprende lo que perdió con su rebelión y todo lo que ha ganado con su regreso. Se limita a pedir solo una posición “como uno de los asalariados” del Padre. No pretende pedir nada para sí mismo. Por eso el Padre se lo da todo. La gran fiesta de la vida se monta siempre en el fondo inagotable de la agapi, del perdón divino y de la verdadera comunión de personas. La ternera cebada se convierte en la sanación y salvación en Cristo para todos los hombres.

Queridos hermanos, los mensajes de esta hermosa parábola, que nuestra SantaMmadre Iglesia nos presenta, pueden transformar la existencia humana y darle una dirección firme en la vida. Particularmente el sentido del perdón divino y la agapi (increada), dejan abiertos los brazos de Dios para recibirnos siempre en cualquier posición que nos encontramos y por mucho que hayamos decaído. Nosotros también al igual que el hermano menor podemos volvernos en nuestro sano juicio y regresar allí donde la agapi increada de Dios cubre toda nuestra vida.

Jristakis Efstazíu, Teólogo de la Iglesia de Chipre.

 

«El evangelio de los evangelios Τὸ εὐαγγέλιο τῶν εὐαγγελίων »

(Ο Σωτήρ hermandad de teólogos)

Así se llama por los santos Padres esta parábola del hijo pródigo

La parábola del hijo menor en la parábola nos revela, de manera representativa, la tragedia de cada persona que se aleja de Dios y se entrega a los pecaminosos pazos y deseos. Pero la misma historia nos revela también la agapi infinita (amor incondicional, energía increada) de Dios, Quien espera la μετάνοια metania y el regreso de cada pecador. También espera nuestra metania…

Un abrazo lleno de agapi

…Nadie puede permanecer sin emocionarse cuando reflexiona sobre esta conmovedora imagen del Padre caritativo recibiendo al hijo pródigo o derrochador insaciable. Cuando el Padre caritativo vio desde lejos a su hijo pródigo regresar del estado desastroso en el que se encontraba, corrió, lo abrazó y lo besó con gran cariño: “y se echó sobre su cuello, y le cubrió de besos”.

¡Cuánto nos emocionan y conmueven estos abrazos del Padre!… ¡Así de este tipo es la agapi increada de Dios! Aleja la ira, tolera nuestros pecados y espera nuestra metania. Nos brinda muchas y diversas oportunidades para rectificar nuestro camino.

Y cuando percibe y ve el más mínimo movimiento de regreso, derrama sobre nosotros la energía (increada) de Su agapi (amor). A pesar de que llevamos la suciedad y malos olores del pecado, ¡el Padre caritativo nos abraza y nos cubre de besos!

Él acepta nuestra confesión y metania, y sacrifica la ternera cebada para ofrecernos la cena santa y espiritual de la divina Comunión o Efjaristía. El santísimo Dios nos reconoce como hijos amados y herederos de Su Realeza increada. En verdad, ¿qué puede haber en el mundo comparable con la grandeza insuperable de estas donaciones de la divina agapi?…

Pero vale la pena fijarnos también al otro hijo. El hijo mayor de la parábola, que, aunque vivía en la casa del Padre, en esencia estaba muy lejos de Él…

Éste, exteriormente parecía como el hijo fiel obediente y cumplidor preciso de los mandamientos del Padre. Pero, el hecho del regreso del hermano menor, reveló su verdadero rostro (imagen). Cuando se enteró que su hermano pródigo o derrochador insaciable regresó, en vez de alegrarse, se enfadó y se negó participar en la fiesta. Sobre todo, explotó con maneras agresivas contra su padre. Aunque presumía de su obediencia estricta y ciega, cuando su Padre lo llamó e insistió para que entrara en la casa, resistió tercamente.

Quizás nos sorprende la explosión sin precedentes del egoísmo, los celos y la envidia del hijo mayor. Sin embargo, no es imposible que nosotros vivamos consciente o inconscientemente como aquel. Desde pequeños hemos vivido dentro de la casa del Dios Padre, dentro de la Iglesia. Y probablemente algunos hemos evitado distorsiones serias y grandes caídas y pensamos que aplicamos con precisión los mandamientos de Dios, fácilmente distinguimos nuestra posición de cada pródigo y creemos y damos por hecho un lugar privilegiado para nosotros en el Paraíso. Confiamos y permanecemos inactivos, considerando que para nosotros es innecesaria la confesión, el estudio del logos de Dios, la oración, etc… Nos decimos: “Yo ya lo sé todo esto…”

¡Ay de nosotros si nos parecemos al hijo mayor!

No dejemos, pues, que esta esta idea altiva y soberbia eche raíces en nuestra psique-alma. Aceptemos humildemente nuestra pecaminosidad y sigamos el camino de la metania. ¡Ya sea que nos parezcamos al hijo menor o al hijo mayor, sepamos que los brazos de Dios están abiertos para recibirnos y también para acoger el regreso de todos los pecadores!

No sé qué relación tiene cada uno de nosotros con el padre y el hijo menor. Pero lo que sí sabemos todos con certeza es que podemos retornar al Padre nuestro, porque Él es la vida, la ratificación de nuestra dignidad y el reencuentro de nuestra verdadera humanidad. Por eso, hagamos lo que nos dice Eclesiastés: “Hijo mío dame tu corazón. Todo lo demás, yo te lo daré”.

ΑΚΤΙΝΕΣ                          Ο Σωτήρ hermandad de teólogos

Traducido por: χΧ jJ logosortodoxo.es/

 

Domingo del Publicano y del Fariseo (Lucas 18:9-14)

Domingo del Publicano y del Fariseo (Lucas 18:9-14)

 

9 A unos que confiaban en sí mismos como justos, y menospreciaban a los otros, dijo también esta parábola:

10 Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo, y el otro publicano.

11 El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni tampoco como este publicano;

12 ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano.

13 Y el publicano, al contrario, se quedó a distancia y no se atrevía ni alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, perdóname, ten compasión de mí que soy un pecador.

14 Os digo que, éste, el menospreciado por el Fariseo, volvió a su casa perdonado, absuelto de sus pecados y justo ante el Dios, y el Fariseo no; porque cualquiera que se enaltece, será humillado y condenado por Dios; en cambio el que se humilla y se hace humilde, será enaltecido y glorificado por Dios.

 

Domingo del Publicano y del Fariseo (Lucas 18,9-14)

La elevadora humildad

«El que se hace humilde será enaltecido y glorificado por Dios»

La entrada en el período del Triódion impulsa al hombre a abrazar la ascesis, (ejercicio espiritual), la μετάνοια (metania: introspección, conversión, arrepentimiento y confesión) y principalmente la humildad, como tropos forma y modo de vida. La Iglesia nos llama y nos invita para que atravesemos aquellas etapas espirituales que conducen a nuestra unión con Dios.  Las lecturas, la himnología y todas las celebraciones litúrgicas de este período, están enarmonados con el clima de devoción y recogimiento de estos días y con las elevaciones espirituales, que plantean, proyectan y se presentan como vivencia y experiencia auténtica de la verdadera vida.

Muy didáctica o instructiva en cuanto a sus mensajes, conceptos y significados es el primer Domingo del Triodion, que se denomina del Publicano y del Fariseo, tomando su nombre de la conocida parábola evangélica. Precisamente busca mostrarnos que el camino espiritual del ser humano pasa por la humildad y por la conciencia de su condición pecadora (pecado en sentido fallar la voluntad de Dios, enfermedad espiritual). Derriba los mecanismos del orgullo, el rodeo sobre el yo, ensimismamiento y y la autovaloración excesiva. Estas dos realidades —por un lado, la humildad que eleva y, por otro, el orgullo y el egocentrismo— encuentran su expresión en las personas o figuras del Publicano y el Fariseo de la narración evangélica.

El autodolo Το αυτοείδωλο

El caso del Fariseo, constituye el espejo de aquellos hombres que intentan de casar, combinar y acoplar su religiosidad superficial con los mantos de la hipocresía. Es la peor fórmula o receta que conduce al hombre en la catástrofe, destrucción y la perdición. Se trata de aquellos hombres que eligen seguir y aplicar los mandamientos de Dios de una manera formal, externa y superficial, permitiendo que en su corazón arraiguen, echen raíces las cizañas de la dureza del corazón y el orgullo (arrogancia). En este estado, la persona ve todo como mérito propio, separándose de los demás. En realidad, encarcela a sí mismo en su propio egoísmo y orgullo. Tal es la perversión que vive y experimenta y la arrogancia que lo domina, que hace todo lo posible para asegurarse los aplausos y la aprobación de los demás, a pesar de que los desprecia y rechaza con su egoísmo y soberbia. En esta fase o mejor dicho, en su contradicción, el hombre de “imagen de Dios” que es, se convierte en una personalidad dividida, infeliz y desgraciada.

Desgraciadamente, también en nuestros días vivimos una cultura corrompida que promueve y deifica el orgullo y la autosuficiencia del Fariseo. Hoy, el hombre edifica y organiza su vida sobre la arrogancia, crea y levanta modernos “torres de Babel” contemporáneos, todo lo convierte en ídolo y, sobre todo, excluye, exilia de su vida la presencia y laχάρις (jaris> gracia, energía increada) de Dios. Ha elevado la materia a un valor absoluto y, con la actual crisis económica, ve cómo todo se derrumba y él mismo se hunde en la desesperación, la depresión y el desconsuelo. El mismo con su arrogancia, soberbia y exaltación ha convertido su vida en una pesadilla, en un infierno despojándola por completo de alegría, esperanza y optimismo.

La humildad Η ταπείνωση

El cómo y la manera en que el ser humano puede romper el círculo vicioso que él mismo ha alimentado con sus obras y superar los terribles callejones sin salida de su vida nos la muestra el camino seguido por el Publicano en la parábola.  Él tenía conciencia de su pecaminosidad y lo que lo convertía en una figura trágica era precisamente el reconocimiento de su separación de Dios y de sus semejantes. Por su degradación, no culpaba a nadie más que a sí mismo.

Sin embargo, el Publicano, a pesar de su vida pecadora, la conducta y actitud humilde que abrazó lo elevó a alturas espirituales inconmensurables. Llega tan alto que la Iglesia lo presenta como modelo de vida. Reconocía la presencia de Dios en los demás y los veía realmente como «imágenes de Dios». Por ello, cuando los perjudicaba, veía sus acciones como una ofensa a la agapi-amor divina. Lo que regaba su corazón con bendiciones era la compasión, la misericordia, el amor y el perdón de Dios.

Por eso no dejaba decir: “Dios mío, compadécete o ten misericordia de mí, soy pecador”. Es precisamente aquí donde en la persona del Publicano, se apocalipta-revela un gran milagro que puede realizar ocurrir en cada uno que quiera seguir el camino de él. Abrazó la elevadora virtud de la ταπεινοφροσύνη (tapinofrosini, conducta, moral y actitud humildes). Los Padres de la Iglesia lo expresan de manera significativa: “La prenda de la deidad es la ταπεινοφροσύνη (tapinofrosini, conducta, moral y actitud humildes). Además también la doxa-gloria (luz increada) se revela en la humildad del hombre.

Queridos hermanos, cuando nos dejamos a nosotros mismos en ser receptivos a la jaris (energía increada) de Dios, nntonces el fruto que nace en nuestro interior es la apacibilidad, la mansedumbre y la humildad. Especialmente la virtud de la humildad tan alabada en las escrituras patrísticas, constituye el cimiento de todas las demás virtudes y, sobre todo,la base que puede apoyarse el hombre para atravesar las estaciones de este gran período espiritual del Triodion. No olvidemos que: “…cualquiera que se enaltece, será humillado y condenado de Dios; y el que se hace humilde será enaltecido y glorificado de Dios..

Jristakis Efstacíu, Teólogo-Iglesia de Chipre

 

San Paísios el Aghiorita

A medida que podáis, intentad expulsar las toxinas o tóxicos espirituales, los πάθος pazos, para adquirir vuestra salud espiritual. Por ejemplo, acordaos del fariseo y del publicano. El fariseo tenía obras, pero también mucho orgullo. El publicano tenía pecados, pero reconocía su condición, tenía humildad y un corazón quebrantado, que es lo más importante que Cristo Dios pide del hombre. Por eso el publicano se salvó.

¡Habéis visto en un icono cómo representan al fariseo! Señalando con el dedo al publicano y diciendo: «¡No soy como éste…!». El pobre publicano se escondía detrás de una columna, sin atreverse a mirar alrededor. ¡Y el fariseo le indica a Cristo Dios dónde está el publicano! ¿Lo veis? ¡Como si Cristo Dios no supiera que era publicano! El fariseo hizo todo de manera formal, pero todo se perdió. ¡Veis lo que hace el orgullo! Cuando un hombre tiene pecados y no tiene humildad, entonces posee los pecados del publicano y el orgullo del fariseo: ¡doble carga!

A medida que podáis, intentad expulsar las toxinas o tóxicos espirituales, los pazos, para adquirir vuestra salud espiritual.

San Paísios el Athonita

 

Domingo del Publicano y del Fariseo

Contemporáneos orgullosos Obispo Agustín Kantiotis

«Cualquiera que se enaltece, será humillado y condenado por Dios» (Lc 18,14).

Hoy, queridos míos, empieza el Triódion con la voz del publicano: «Dios mío, compadécete de mí, soy pecador Ὁ Θεός, ἱλάσθητί μοι τῷ ἁμαρτωλῷ» (Lc 18,13). El Triódion nos exhorta hoy a dejar el orgullo, la vanagloria y la soberbia para abrazar la humildad. Nos presenta la parábola del publicano y del fariseo, que todos conocemos.

De manera sencilla, el Triódion nos muestra dos caminos y nos deja elegir. Uno conduce al acantilado y a la perdición; el otro, al cielo. ¿Cuáles son estos caminos? El del orgullo y el de la humildad. Dos caminos de vida. ¿A quién seguimos? El primer camino es el del fariseo; el segundo, el del publicano.

Hoy la humildad es algo raro. Es más fácil encontrar un diamante que un ser humano humilde, ya sea un hombre, una mujer o incluso un niño. Vivimos en el siglo del orgullo, la vanagloria y la soberbia. Por eso, permitidme que os hable sobre el orgullo. No quiero deciros hoy que el orgullo es el pecado principal, aquel que derribó al primer arcángel de los cielos y lo convirtió en diablo. Tampoco os diré que el orgullo es lo que cierra para siempre la puerta del cielo, impidiendo el paso a cualquier orgulloso. Hoy os hablaré de un modo más simple, más material, con un lenguaje social. Os diré que el orgullo no solo tiene consecuencias en la otra vida, sino también aquí en la tierra. El orgullo es un elemento destructivo, catastrófico y mortal para las personas, las familias y las naciones.

Es un tema vasto, queridos míos, un océano. Brevemente, os presentaré algunos tipos de orgullosos contemporáneos. Orgullosos que no se jactan de sus virtudes, como el fariseo, sino de cosas mucho más insignificantes.

Si queréis ver a un hombre orgulloso, primero lo encontraréis en casa. Es el niño, el pequeño fariseo. Sus padres lo han vestido con las mejores ropas, le han dado dinero… Pero estas cosas lo destruirán, y los padres acabarán pagando con creces el orgullo o la soberbia que le inculcan.

Otro, que ha recibido educación, ha realizado estudios y obtenido un título, cuando vuelve a su pueblo se niega a ayudar a su padre en el campo o con los animales. Cree que perderá su dignidad si lo hace. Permanece ocioso. Mientras en otros pueblos los hijos ayudan a sus padres, el joven orgulloso se niega a trabajar en cualquier oficio.

Otro, ya maduro, utiliza cualquier medio deshonesto para ascender al poder. Sin mérito alguno, ocupa los más altos cargos. Y cuando envejece, en lugar de servir al pueblo, solo se proyecta a sí mismo, a su ego orgulloso, farisaico y demoníaco.

Por otro lado, está la joven que se cree excepcionalmente bella o talentosa. Aprende en el colegio algunas letras, asiste al conservatorio, canta, toca el piano, el violín… Pronto se siente superior a las demás. La piden en matrimonio jóvenes dignos, trabajadores y sanos, pero ella espera a su príncipe azul. Y como el príncipe nunca llega, la vemos marchitarse, amargarse y autodestruirse. Se convierte en una vieja solterona, y con ella sufre su familia. Mientras tanto, la joven humilde del barrio, sin estas ideas orgullosas, se casa con un hombre trabajador, construyen un hogar sobre la base de la humildad y tienen hijos que honran y alegran a sus padres.

El orgullo, pues, no solo cierra la puerta del paraíso, sino que esparce la desgracia aquí en la tierra. ¡Ay de los hogares donde hay padres orgullosos, hijos e hijas arrogantes! Pero, hermanos míos, el orgullo no se encuentra solo en el hogar, está en todas partes. Se enorgullecen los trabajadores, se alardean los capitalistas, los funcionarios, los políticos, los gobernantes y los reyes. Y, sobre todo, los científicos de hoy se jactan más que nadie. Creen que la ciencia lo logrará todo.

Los hombres de hoy se asemejan a aquellos que, después del diluvio, intentaron construir una torre altísima y, de repente, su obra quedó inconclusa porque se confundieron las lenguas y se dispersaron. Nuestra generación se ha enorgullecido y alejado tanto de Dios que se ha convertido en apóstata. Por eso, existe el peligro de que su torre, la cultura moderna, colapse y se cumpla una vez más: «Cualquiera que se enaltece, será humillado y condenado por Dios; y el que se humilla será enaltecido y glorificado por Él» (Lc 18,14). Estos logos de nuestro Señor son eternos.

¡Detente, hombre orgulloso! Dime, ¿eres acaso tan rico como Abraham, tan glorioso como David, tan sabio como Salomón? Entonces, escucha a quienes llegaron a la cima y reconocieron la miseria y pequeñez de la vida humana. Abraham dice: «Yo soy tierra y ceniza» (Gén 18,27). David canta en los salmos: «Cada hombre se marchita como una flor y se desvanece como un sueño» (Sal 89,5-6). Y Salomón, al final de su vida, concluye: «Vanidad de vanidades, todo es vanidad» (Ecl 1,2). ¡He aquí lo que eres, hombre! ¡Un simple gusano que se arrastra por la tierra!

Pero tú me dirás: no me alardeo de mi riqueza, ni me jacto de mis virtudes, oraciones, caridades, ni tampoco de mi devoción y santidad. Por muy alto que hayas llegado, nunca podrás alcanzar a nuestra Panaghía, que es la más “alta de los cielos”. A pesar de ello, nuestra Panaghía tenía una actitud y conducta humildes y decía: “El Señor ha mirado la humildad de su sierva” (Lc 1,48).

Por muy santo y milagroso que seas, nunca podrás llegar al nivel del apóstol Pablo, quien fue arrebatado hasta el tercer cielo. Sin embargo, el apóstol Pablo, que vivía en Cristo, decía: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí” (Gal 2,20), y también: “Cristo vino al mundo a sanar y salvar a los pecadores, de los cuales el primero y más grande soy yo” (1 Tim 1,15).

Hermanos míos, en conclusión: no sigamos el camino del orgullo, el mismo que recorrieron Eósforo (Lucifer) y el fariseo, y que los llevó a la perdición. Sigamos, más bien, el camino de la humildad, aquel que siguió el publicano con su oración: “Dios mío, compadécete de mí, que soy pecador” (Lc 18,13), el mismo camino que recorrió el humilde y apacible Jesús. Ese es el camino que debemos seguir.

Gritemos, pues, todos: “Dios, compadécete de mí”. Y el próximo domingo, junto con el hijo pródigo, exclamemos: “He pecado” (Lc 18,13). Avancemos así, pasando por todas las etapas del Triodion y de la Gran Cuaresma, hasta llegar al Viernes Santo y decir, junto con el ladrón: “Acuérdate de mí, Señor…” (Lc 23,42).

Y finalmente, lleguemos a la gloriosa Resurrección del Señor y proclamemos: “Cristo Salvador, los ángeles en los cielos cantan tu resurrección, y nosotros en la tierra, haznos dignos, con un corazón sano y puro, de glorificarte y alabarte” (Canto de Pascua). Amén.

† Obispo Agustín (Homilía grabada en San Atanasio de Atenas el 29-01-1961)

 

Domingo del publicano y del Fariseo

10 Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo y el otro publicano.

 

α. Uno está considerado santo y el otro pecador y se encuentran al mismo espacio del templo, para orar. Uno de ellos, el fariseo, lleno de virtudes que se confirmaban en la práctica, es condenado: su oración es rechazada. El otro, Publicano, lleno de pecados e injusticias, es justificado: su oración es aceptada de Dios. En el principio del Triódion, el período bendito que desemboca en la Cruz y la Resurrección del Señor, nuestra Iglesia presenta esta escena sorprendente. Para recordarnos que hay un único camino en nuestro andar en este mundo: “Dios mío, ten compasión de mí, soy pecador”. ¿Qué ocurre finalmente?

β. 1. Ambos, tanto el Fariseo como el publicano, llevan a cabo algo que de primera vista parece bueno: oran. A nivel mundial y en todas las religiones, la oración se considera una de las acciones más elevadas del alma humana, si no la más elevada, especialmente en el judaísmo y el cristianismo. El judeo-cristianismo entiende la oración como fruto del primer y gran mandamiento, el de la agapi hacia Él. “Amarás al Señor tu Dios, con toda tu psique-alma, con toda la fuerza de tu corazón, con toda tu mente y con toda la energía de tu voluntad”.

Te diriges hacia Dios y dialogas con Él, a quien estás llamado a amar plenamente, porque te ha creado, te cuida, te gobierna y es tu juez final. Todo esto bajo el principio de que fuiste creado «a imagen y semejanza Suya». Aún más, en la fe cristiana, la oración se considera lo más natural y necesario para el ser humano, literalmente un asunto de vida o muerte. Porque el Cristo, al venir al mundo, tomó al hombre, le unió a Sí mismo, le hizo miembro Suyo, algo que se energiza, activa en la Iglesia a través misterio del bautismo, de la crismación y de la participación en la Divina Efjaristía con la μετάνοια metania.

No es casualidad que san Gregorio el Teólogo diga que la oración es más necesaria incluso que la respiración misma, que es la misma vida del hombre. Él escribe específicamente: «Es más necesario recordar a Dios que respirar». Tampoco es casualidad que San Juan Clímaco defina la oración como «la comunión del hombre con Dios».

  1. ¡Sin embargo! Εsto que se considera necesidad y vida, puede convertirse en un hedor de muerte, en desgracia, destrucción y vergüenza para el ser humano. Que significa: puede que ores y tu oración sea ineficaz y rechazada, que el Dios aparte Su rostro de ella. ¿Y eso por qué? Porque lo que importa no es la oración en sí misma, sino la forma en que se lleva a cabo. Algo similar sucede con cualquier otra acción que se considere buena y virtuosa: no es la apariencia, sino la esencia, el «corazón», lo que le da su verdadero valor. La caridad o limosna, por ejemplo. No basta con dar a los demás. Lo que importa es con qué corazón se da, porque eso es lo que cuenta y lo que Dios ve. «El hombre mira la apariencia, el Dios mira el corazón». El Señor bendijo y alabó los dos céntimos de la pobre viuda y no las grandes cantidades que los ricos fariseos depositaban en el tesoro del templo. no lo mucho que ponían los Fariseos en el gazofilakio. Porque la viuda dió de su carencia, toda su fortuna o sustento, en cambio los otros daban de sus sobras. Lo mismo ocurre con el ayuno. Nuevamente, el Señor condenó el ayuno hipócrita de los fariseos, porque lo hacían «para ser vistos por los hombres».
  2. ¿Por qué, entonces, la oración del fariseo no fue justificada? ¿Cómo algo que parecía piadoso y gustado por Dios fue condenado? Porque el fariseo no se situó ante Dios, sino ante sí mismo. El Evangelio dice que «se puso de pie y oró consigo mismo», y no «ante Dios». Es decir, su oración era en realidad una alabanza al ídolo que había creado de sí mismo. Se «incensaba» a sí mismo con sus palabras de oración, utilizando como incienso sus supuestas virtudes. Las virtudes del Fariseo no eran fruto de la presencia de Dios en su vida, -esto que recalca el logos de Dios- sino, según él creía, el resultado de su propio esfuerzo autónomo: “12, ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano, yo soy virtuoso”. Su orgullo y jactancia, pues, era monódromo (camino único), era inevitable. Su “yo” era su dios. ¿Quién podía compararse con él? Incluso Dios mismo estaba, según él, obligado a inclinarse ante su «grandeza». La entrada a la Realeza increada de Dios era, en su mente, un hecho asegurado.

La descripción de la “oración” del fariseo, remite, sin duda, a la actitud de Eósforo-Lucifer, del primer ángel caído, tal como se describe ya en el Antiguo Testamento. El Lúcifer´-Eósforo se muestra como “borracho” por su luz y sus virtudes, pero en realidad es luz increada de Dios que no entiende. «No puede ser otra cosa que yo también sea Dios», parece ser su pensamiento. «Colocaré mi trono frente al Altísimo». Y el resultado es más que trágico, dice el Señor: “Contemplabé, vi al satanás caer del cielo como un rayo”. Es decir, la caída del Eosforo (lúcifer) y su transformación en satanás, o sea, enemigo de Dios, en diablo. ¿No ocurre lo mismo con la «oración» del fariseo? La misma conducta arrogante y orgullosa, y el mismo resultado: una estrepitosa caída, el rechazo de Dios, ¡el endemoniamiento!

Porque el fariseo «ora», pero desde la altura de sus virtudes, como si fuera un «dios», condenando y juzgando al mundo entero: “Yo no soy como los demás los hombres”. Y para ser más específico: «ni tampoco como este publicano». Su mirada y sus palabras son una “espada ardiente de fuego” contra el pobre publicano, “el pecador”. Debió sentir un amargor en la boca al mencionarlo. Su condena se convierte en aniquilación del pecador. Tal vez hasta se preguntó cómo pueden seguir viviendo personas como él, que contaminan el mundo de los «puros» como él mismo, respirando el mismo aire que ellos. Su oración pues, está llena de soberbia, jactancia y autoglorificación, rebosante de desprecio, repulsión y condenación hacia el pecador.

  1. ¿Por qué, entonces, fue justificada la oración del publicano? ¿Por qué la acción de un pecador, objetivamente hablando, conmovió a Dios y le hizo derramar abundantemente Su jaris (gracia, energía increada) sobre él? Porque exactamente paró Precisamente porque se presentó ante el Dios en μετάνοια metania (confesión, arrepentimiento, introspección y conversión), con un corazón quebrantado. Es decir, con conciencia, con reconocimiento de sus pecados, que la metania le hizo sentirse humilde, insignificante y un don nadie, pero también con fe en la compasión, misericordia y la agapi (amor desinteresado, incondicional) de Dios. “Dios mío, eleisón me, compadécete de mí, que soy pecador”. En esta conciencia, fe y reconocimiento de él consisten las bases de la μετάνοια metania.

En la postura de la persona del publicano de la parábola vemos las verdaderas señales que indican la posición y actitud humana que es aceptada por Dios como una actitud de justificación. Y esta actitud y conducta el Dios la llama humildad. En los humildes el Dios concede jaris (gracia, energía increada).

En esta posición y actitud de oración, es decir, donde el hombre se vuelve solo hacia sí mismo lamentando sus pecados, no hay el menor rastro de condenación y juicio hacia los demás. Al contrario: el publicano dirige las flechas de su crítica sólo hacia sí mismo, libera a los demás de toda condena, elevándolos por encima de él mismo. Y esto significa que quien examina su propia vida y sus propios pecados, no tiene tiempo para juzgar los errores de los demás. Más bien, los considera superiores a él mismo. Como dice el apóstol Pablo: “Con la actitud y conducta humilde considerad a los demás como superiores a vosotros mismos”.

¿Qué otra cosa significa la postura de oración del publicano, doblado de rodillas, apartado de los demás, de pie a lo lejos, sin atreverse a levantar ni siquiera la mirada al cielo?

  1. Así pues, su oración, que es el modelo de la oración justificada ante Dios, tiene como característica la humildad, como expresión de una verdadera μετάνοια metania, con conciencia del pecado, con fe en la agapi-amor de Dios y sin el más mínimo deseo de criticar y condenar al prójimo.

Por eso, precisamente, se convirtió en el modelo de oración de la Iglesia. Lo «Κύριε ελέησον Kirie eleison», o en su forma más desarrollada «Κύριε Ιησού Χριστέ, ελέησόν με τον αμαρτωλόν Kirie (Señor) Jesús Cristo, eleison me, soy pecador»*,  constituye un traspaso exacto de la oración del publicano “Dios mío compadécete de mí, pecador”. Lo que el publicano recibió de su oración –la justificación que mencionó el Señor: “Este volvió a su casa justificado, y no el otro” y lo mismo ofrece también la Iglesia con todo su ambiente, que se mueve exactamente en este mismo espíritu y ritmo. Desde esta perspectiva, el publicano es para la Iglesia el modelo del santo. No, por supuesto, por sus pecados, sino por su μετάνοια metania. Ahora nosotros también sabemos cómo debemos presentarnos ante el Señor para ser justificados, -salvados.

γ. c. La parábola del Publicano y el Fariseo empieza el bendito Triódion, que nos llevará, como hemos dicho, en la Cruz y la Resurrección del Señor. Desde el principio, la Iglesia nos abre los ojos: el camino hacia la Resurrección es el camino de la μετάνοια metania y la humildad. Y la oración de este camino es: La Iglesia nos abre los ojos desde el principio: el «Κύριε ελέησον Kirie eléison*». Tomemos en nuestras manos, en secreto, no públicamente, el komboskini (cordón de oración), y que cada instante de nuestra vida sea un nudo de esta oración. La oración «Κύριε ελέησον Kirie eleison*» se convierta en el ritmo de nuestra vida. El resultado es conocido: la reivindicación, justicia divina y la χάρις jaris, la energía increada de nuestro Dios. Amén.

Protopresbítero Georgios Dorbarakis https://pgdorbas.blogspot.com/

*«Κύριε ελέησον»  “Kirie eleison” es una calificación, petición general de cada necesidad mía, de cada caso mío, de lo que me pasa y de lo que quiero y como no sé lo que voy a pedir, entonces digo a Dios, eleisón me” o “kirie eléison”, y Él sabe lo que me va a dar. Eléison significa ten compasión, caridad, misericordia, sanación, ayuda, alivio, consuelo, socorro… No tiene nada que ver con piedad que muchos lo traducen en castellano. Piedad en griego es ευσέβια (efsevia) de aquí viene el nombre Eusebio, piadoso en castellano o latino.

Traducido por: χΧ jJ  logosortodoxo.es/

LA PRESENTACIÓN DEL SEÑOR EN EL TEMPLO

π. Αθανάσιος Μυτιληναίος – Η Υπαπαντή του Κυρίου

LA PRESENTACIÓN DE JESÚS EN EL TEMPLO

π. Atanasio Mitilineos

La circuncisión del Señor, 2:21-24. La presentación en el Templo, oda y profecía de Simeón, 2:25-40.

21 Y cuando se cumplieron ocho días para circuncidarlo, entonces fue llamado su nombre Jesús; tal como lo había llamado el ángel antes de que ella quedara encinta.

22 Cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos, según la ley de Moisés, lo subieron a Jerusalén para presentarlo y ofrecerlo al Señor,

23 como está escrito en la ley del Señor: Todo varón primogénito que abre matriz será consagrado y considerado santo al Señor,

24 y subieron también para ofrecer un sacrificio para la purificación conforme a lo dicho en la ley del Señor, es decir, un par de tórtolas, o dos palominos, como pobres que eran.

25 Y he aquí había en Jerusalén un hombre cuyo nombre era Simeón. Y este hombre justo y devoto esperaba la liberación de Israel con la venida de Cristo, como habían predicho las Escrituras; y el Santo Espíritu estaba sobre él.

26Y le había sido revelado por el Santo Espíritu, es decir, por la Jaris/Gracia energía increada, que no vería la muerte antes que viera al Cristo del Señor, es decir, a aquel que el Dios ungiría como Σωτήρ Sotir Salvador, Sanador y Redentor y rey del mundo.

27 Y movido por el Espíritu entró en el templo; y al entrar los padres con el niño Jesús, para cumplir lo que prescribe la ley sobre él, es decir, sobre los primogénitos,

28 también Simeón tomó el niño en sus brazos, y alabando y bendiciendo a Dios, dijo:

29 Ahora, Soberano, puedes ya dejar ir a tu siervo en paz, según el logos que dijiste;

30 Porque vieron mis ojos a Cristo, el que traerá la sotiría redención, sanación y salvación,

31 la que has preparado para ver todos los todos pueblos de la tierra;

32 es Luz espiritual e increada que apocaliptará-revelará a todas las naciones a Dios verdadero, y doxa-gloria de tu pueblo Israel, del cual proviene según lo humano el Cristo.

33 Y José y la madre del niño estaban maravillados de las cosas que se decían acerca de Él.

34 Y Simeón los bendijo, y dijo a su madre María: he aquí, Éste está destinado y será para caída y resurrección de muchos en Israel, (caerán los que no van a creer y se redimirán y resucitarán los que creerán), y será señal y signo de contradicción entre los hombres,

35 y una espada de dolor traspasará tu psique-alma, para que sean revelados los pensamientos y deseos escondidos de muchos corazones.

36 Había una profetisa llamada Ana, hija de Fanuel de la tribu de Aser, de edad muy avanzada, que había vivido con su marido siete años desde su virginidad.

37  y era viuda de hacía ochenta y cuatro años, y no se alejaba del templo, dando culto y alabanza a Dios de noche y de día con ayunos y oraciones;

38 también ésta presentándose en la misma hora, al ver el niño, daba gracias y glorificaba a Dios, y hablaba acerca de Él a todos los habitantes de Jerusalén que esperaban su redención de los males, de las desgracias y de la condena del pecado.

39 Y cuando cumplieron todas las cosas que mandaba la ley del Señor, regresaron a Galilea, a su ciudad de Nazaret.

40 Y el niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría, y la jaris-gracia energía increada de Dios estaba sobre Él que lo protegía de todo pecado, conduciéndole y reforzándole a cada virtud.

 

LA PRESENTACIÓN DEL SEÑOR EN EL TEMPLO

π. Atanasio Mitilineos

[Transcripción de la homilía del Padre Mitilineos ¡sobre la interpretación del Evangelio según San Lucas, capítulo 2, versículos 22-26.]

“22 Cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos, según la ley de Moisés, lo subieron a Jerusalén para presentarlo y ofrecerlo al Señor”

«Cuando se cumplieron» —ahora estamos en la segunda praxis (acción). La primera vez que se menciona «cuando se cumplieron» hace referencia a los ocho días. Ahora tenemos un segundo «cuando se cumplieron», es decir, se completaron ¿qué? Los cuarenta días de catarsis o purificación.

Ahora, esta purificación se refería a la madre, no al niño. La madre era considerada impura hasta el día cuarenta, en caso de que el niño nacido fuera varón. Si era niña, la purificación se completaba en el día ochenta, es decir, el doble del tiempo que un varón. Solo después de estos ochenta días la mujer recibía su purificación.

Nos llama la atención este punto: ¿qué significado tenía esta catarsis o purificación? Queridos míos, creo que es un tema que les preocupa mucho, especialmente a las mujeres, aunque también a los hombres. Se ha dicho mucho al respecto. ¿Por qué Dios estableció esto en la Antigua Ley? Algunas de estas prácticas incluso se han mantenido en el Nuevo Testamento —hoy en día las mujeres todavía pasan por un rito de «cuarentena» (sarantismós). No podemos responder con certeza absoluta, pero el Logos de Dios nos deja algunas pistas para comprenderlo, y la sabiduría patrística nos ayuda a interpretarlo. Diferentes Padres de la Iglesia han ofrecido distintas explicaciones, permitiéndonos formar una imagen aproximada del significado de esta purificación. Digo «aproximada» porque, si analizáramos el tema desde todas las perspectivas posibles, aún no estaríamos seguros de cuál sería la respuesta definitiva.

El Levítico, uno de los cinco primeros libros del Pentateuco en el Antiguo Testamento, especialmente en los capítulos 11 al 16, nos presenta la noción de lo «puro» y lo «impuro». Esta distinción se aplica a muchas cosas: alimentos, objetos y personas.

Sin embargo, si analizamos lo que dice este libro y la Escritura en su conjunto, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, nos damos cuenta de que, en realidad, nada de lo que Dios ha creado es impuro en sí mismo.

En el Nuevo Testamento, por ejemplo, el apóstol Pablo afirma: «Toda creación de Dios es buena, y nada debe ser rechazado.»

Por lo tanto, lo «impuro» no tiene una existencia real (ontológica). Tomemos como ejemplo la sangre menstrual de la mujer. No es algo inherentemente impuro, no es una sustancia que deba considerarse sucia en términos absolutos. Entonces, ¿por qué se dice: «No vayas a la Iglesia porque eres impura»? ¿Qué significa realmente la impureza? ¿Existe una impureza ontológica, real? ¿Acaso esa sangre ha sufrido algún cambio que la haga inherentemente impura al punto de prohibirse? ¿Puede la materia en sí misma ser impura de tal manera que cause desagrado a Dios? No, queridos míos. ¡No! Lo repetiré una vez más: ¡No!

San Nicodemo el Aghiorita se pregunta por qué las mujeres son consideradas impuras cada mes. En su libro El Pedalion (página 22), plantea la posibilidad de que esto haya sido establecido debido a la dureza de corazón de los hombres. Como los hombres no podían comprender el significado de la continencia, Dios permitió esta impureza legal para proteger a la mujer y para imponer cierta moderación en el matrimonio. Es decir, una especie de penitencia, debido a la incontinencia que existiría dentro del matrimonio. Esto lo dice San Nicodemo. Y pone un «quizás». Porque no se justifica ontológicamente que algo sea impuro ante los ojos de Dios.

En el primer libro del Génesis (3:31), leemos: «Todo lo que Dios hizo es bueno, y muy bueno.»

Y en el Nuevo Testamento se nos dice nuevamente:

«Todas las cosas fueron hechas por medio del Logos”, es decir, del Logos la Segunda persona de la Santa Trinidad, “y sin él nada de lo que ha sido hecho fue hecho.»

Por lo tanto, el concepto de lo puro y lo impuro no se encuentra en la naturaleza de los seres, sino en la determinación que Dios establece en cada momento. ¿Lo comprenden? Es decir, no en la naturaleza de los seres, sino en la determinación que Dios establece en cada momento. Si Dios dice que «esta mesa es impura», es impura porque Dios la ha determinado como tal; y luego, si dice: «Esta mesa es pura», entonces es pura porque así lo ha determinado. Su materia –esto es lo que me interesa– ni era impura en el primer caso ni se purificó en el segundo. No. Permaneció igual. Pero se define como pura o impura según lo que Dios determine.

En el libro de la Sabiduría de Sirácides encontramos lo siguiente, en el capítulo 18: «El Dios que vive eternamente, creó absolutamente todas las cosas por sí solo». Por lo tanto, Dios es el creador de todas las cosas. Y más adelante: «Dios es quien distingue y separa lo sagrado de lo profano, lo puro de lo impuro».

Vemos entonces que no existe nada que sea impuro en sí mismo, ontológicamente.

Por ejemplo, cuando se inaugura un templo, no podemos hacer algo impuro en su interior. No es posible, no podemos. Si un perro entra, lo consideramos una falta. «¡Entró un perro!», decimos, y corremos a echarlo. ¿El perro es impuro? ¡No! ¿Acaso no es una criatura de Dios? Por supuesto que sí. Pero se considera impuro porque Dios ha determinado que ese lugar no debe recibir perros. Así que no hay impureza ontológica; la impureza existe por determinación divina. ¿Tiene esto valor? ¡Por supuesto! Presten atención a lo siguiente para entender por qué Dios lo establece así.

Como saben, el concepto de lo puro y lo impuro es fundamental en el Antiguo Testamento, un verdadero Alfa y Omega (principio y fin). Tanto es así que los judíos, al regresar del mercado, no comían pan sin antes lavarse bien las manos. Lavaban platos, camas, todo, pero no por razones de higiene –porque el plato estuviera sucio o la cama necesitara ser limpiada–, sino por un motivo legal. Cristo criticó esta exageración porque quería ofrecer una visión diferente de las cosas. ¿Qué quería mostrar exactamente? Quería hacer comprender a los hombres seguidores de la antigua ley que detrás de esa catarsis, limpieza ritual había algo más.

En el Antiguo Testamento, hay tres situaciones que se consideraban impuras, además de ciertos animales en términos alimenticios. Estas situaciones conciernen al ser humano. ¿Cuáles son? La primera es el nacimiento. Se consideraba que una mujer era impura después de dar a luz. Muchas mujeres se quejaban y preguntaban: «¿Soy impura? ¿Por qué?». Les resultaba muy doloroso.

La segunda es la enfermedad desde un punto de vista legal, especialmente la lepra. Recuerden cuando los diez leprosos se encontraron con Cristo. Había lugares específicos para los leprosos, siempre en las afueras de las ciudades, nunca dentro. Se les consideraba impuros por ley.

La tercera es la muerte. Si alguien fallecía en una casa, esa casa se consideraba impura, y el difunto también. Aquellos que lo lavaban, lo limpiaban y lo preparaban para el entierro debían someterse después del entierro a un rito de purificación legal. Eran impuros, si una persona moría por la mañana, quienes lo tocaban eran impuros hasta la noche. Un «nazireo», un hombre consagrado a Dios, no debía ni siquiera ver a un muerto, mucho menos tocarlo. Si le decían: «Ha muerto tu padre», no debía ir a verlo muerto, porque en su consagración a Dios no podía haber ninguna impureza.

Recuerden cuando los judíos no quisieron entrar en el Pretorio la víspera de la Pascua, como menciona el evangelista Juan me parece: «ἵνα μή μιανθῶσιν para no contaminarse», y así poder celebrar y comer la Pascua.

De lo contrario, no podían comer la Pascua. Eran considerados impuros. Debían someterse a una purificación legal. Pero no había tiempo para este rito, y para no contaminarse y quedarse sin comer la Pascua, permanecieron fuera del Pretorio. Fuera del tribunal.

Así que, el nacimiento, la enfermedad y la muerte. ¿Por qué? Porque todas estas situaciones están relacionadas con el ser humano.

Cristo, como sabemos, cuando fue llamado por Jairo, no pronunció palabras para resucitar a su hija, como hizo con Lázaro. A Lázaro le dijo: «Sal fuera». No lo tocó. Pero a la hija de Jairo sí la tocó. La tomó de la mano. Los judíos podrían haber dicho: «Jesús se volvió impuro porque tocó un cadáver». Pero, dado que la niña volvió a la vida, ¿cómo podía seguir siendo impura? Lo importante es que, al tomar la mano de un muerto, un cadáver, Cristo abolió el concepto de impureza. ¡Abolió la impureza!

Pero, ¿qué significado tenía esto? He aquí, queridos míos. El nacimiento del ser humano va acompañado del deseo. Pero el deseo es el núcleo del pecado ancestral u original. ¿Lo recuerdan? Este año analizamos el concepto del deseo. Por lo tanto, cuando se determina que la mujer, al dar a luz, es impura, significa que tanto ella como los demás deben tener presente que está bajo el pecado original.

En segundo lugar, la primera consecuencia de esta condición del pecado original es la enfermedad. Porque Dios no creó ni la muerte ni la enfermedad. Por lo tanto, el primer fruto del pecado original es la enfermedad. Se la define como impureza, y se dice -de hecho, incluso la polución nocturna se considera algo impuro. Un día se considera impuro. La mujer que tiene su período y la silla en la que se sienta se consideran impuras. Es decir, esta imagen intensa se pone ante los ojos del hombre para recordarle que está bajo el pecado original.

Y la otra gran consecuencia del pecado ancestral u original es la muerte. Porque, dado que los primeros en ser creados pecaron, la muerte entró en el mundo. Por lo tanto, se enfatiza la impureza del cadáver para destacar el pecado ancestral, original.

¿Y por qué se enfatiza tanto el pecado ancestral u original? Para destacar la necesidad del Redentor. ¿Cuándo logramos que un enfermo diga: «Quiero un médico»? Cuando le mostramos que su enfermedad es muy grave. Entonces, ¿qué dice? «¡El médico!». Así ocurre también aquí. ¿Cuándo pediría el hombre la redención? Cuando comprendiera que está gravemente enfermo. Por eso se presenta de manera tan intensa el pecado ancestral, original: para hacer evidente la presencia y la necesidad del Mesías, del Redentor.

Pero me dirán: si las cosas son así, ¿por qué el hombre se confunde y quiere aferrarse a ciertos conceptos y cosas?

Queridos míos, es una enfermedad de la διανοία (diania: cerebro, mente, intelecto) y también es consecuencia del pecado ancestral u original. La diania del hombre se bloquea -es extraño- se bloquea; como la aguja que se atasca en el surco de un disco rayado de gramófono y repite lo mismo sin cesar. Y el hombre no quiere desprenderse de aquello que ve de esa manera. ¿Por qué? Porque el hombre, en su imagen y semejanza con Dios, ha sufrido un deterioro. Y por sí mismo, no quiere liberarse de esa corrupción. Se mueve dentro de esa decadencia y, por lo tanto, no puede percibir la realidad de las cosas con claridad.

Aquí es donde cobra valor la alegoría de la caverna de Platón, que parece tener una tradición, y que Platón no mencionó por casualidad que los seres humanos siempre quieren ver la sombra de los seres, sin poder ver la verdadera imagen de los mismos. Esto es aún más cierto en el ámbito espiritual y religioso. Es una tragedia.

Un poco más adelante veremos a una figura, el anciano Simeón, quien tenía una percepción y comprensión clara de las cosas. Y surge la pregunta: «¿Por qué?». Pero lo veremos más adelante.

Sin embargo, para concluir con este pasaje, la Θεοτόκος (Zeotokos: la que da a luz a Dios, Madre de Dios) no estaba sujeta a la necesidad de tal purificación, porque no concibió por deseo, no hubo concepción según la naturaleza, de modo que el pecado ancestral u original pudiera introducirse. Por lo tanto, la Madre de Dios era pura. Ella misma, al portar el pecado ancestral, original-pues la Virgen María también lo llevaba – fue purificada con la venida del Espíritu Santo. Cuando el ángel le dijo: «Y el Espíritu Santo vendrá sobre ti», en ese momento tuvo lugar la catarsis, purificación de la Θεοτόκος Zeotokos, para que tanto ella como su parto fueran puros. Por lo tanto, ya no nos referimos a la Θεοτόκος Zeotokos en este contexto.

Sin embargo, esto también se llevó a cabo para no escandalizar a los que la rodeaban. Y la Παναγία Panaghía (todasanta, la más santa) cumplió con la Ley, aunque no tenía necesidad de hacerlo. Cumplió con la Ley. En este versículo, encontramos nuevamente dos aspectos. Como en el caso anterior, con la circuncisión y el nombre: la circuncisión de Cristo era innecesaria, pero el nombre debía ser dado.

Aquí tenemos la purificación y la presentación. La purificación era innecesaria, pues la Θεοτόκος Zeotokos no era impura. Y tenemos la presentación. ¿De quién? De Jesús en el templo. La Θεοτόκος Zeotokos llevó a Jesús al templo para presentarlo, como dice el texto.

¿Qué significa esto? «Presentarlo ante el Señor». «Lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor». Esto se refiere a lo que se establece en el Antiguo Testamento: Para que los hebreos no olvidaran—pues los seres humanos son olvidadizos—el favor que Dios les hizo al sacarlos de Egipto de manera tan milagrosa, con las diez plagas sobre el faraón, Dios les dijo, en conmemoración de la última plaga, en la que los egipcios fueron golpeados pero los hebreos se salvaron:

«Conságrame todo primogénito, el primero que abre el seno materno entre los hijos de Israel». Es decir, «Todo primogénito será consagrado a mí. Lo llevarás de vuelta a casa después de darme algo a cambio», dice Dios.

Un sacrificio: un cordero, si eras rico; si no, un par de tórtolas o palomas.

Y si tu hijo te pregunta qué significa esto, le responderás: «Porque el Señor nos libró de los egipcios y no permitió que nuestros primogénitos murieran, se los consagramos». Es decir, era una ceremonia de conmemoración del milagro. Un acto de gratitud y reconocimiento. Por lo tanto, esta presentación también es una ofrenda, porque el padre entrega a su primogénito, a su hijo varón. Lo ofrece.

Pero, ¿por qué es presentado aquí Jesús? Se ofrece como un regalo; porque, para recuperarlo, hay que ofrecer el valor del regalo. Por eso daban lo que daban. Para el sacrificio del regalo. De hecho, de las dos aves, las dos tórtolas, por así decirlo, o las dos palomas, el sacerdote sacrificaba una para la purificación de la mujer, de su madre. Y la otra la dejaba libre para que se fuera como ofrenda por el niño. Así, tenemos el elemento de la ofrenda.

Cristo fue ofrecido dos veces al Padre. Dos veces. Como hombre. Una en el templo y la otra en el Gólgota. Esta doble ofrenda de Cristo se repite en la Divina Liturgia. Cuando, con nuestro pan de ofrenda, marcamos el Cordero, lo elevamos, lo presentamos, lo ofrecemos—preparación, presentación, ofrenda—¿ven? Elevamos la ofrenda; es un regalo para el Padre, es decir, Jesús es un regalo para el Padre.

No ofrecemos el pan al Padre, sino que Jesús está representado por el Pan y se ofrece como regalo al Padre. Por eso, en la preparación de la ofrenda, algunos colocan la imagen de la kénosis (vaciamiento), y otros la de la Natividad. Ambas son correctas. La Natividad como ofrenda. Me dirán: «¿Por qué no ponemos la Presentación en el Templo?» Porque la Natividad también es una ofrenda al Padre. Y la kénosis también, ya que, cuando marcamos sobre el Cordero, hacemos una preparación de la Pasión.

«Se sacrifica el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo; porque su vida es arrebatada de la tierra», etc.

Es, por tanto, una preparación del sacrificio. Y ocurre en el momento en que se ofrece el regalo. Cuando decimos: «Tuyo de lo tuyo, te ofrecemos», ofrecemos un regalo. Luego, Cristo será ofrecido como sacrificio al Padre. Cuando el sacerdote diga: «Y haz que este Pan sea el precioso Cuerpo de tu Cristo», ahí tenemos simultáneamente la transformación de la ofrenda divina. Simultáneamente. ¿Recuerdan que hablamos de esto hace dos años?

Así que tenemos dos ofrendas. Una como regalo y otra como sacrificio. Una en la preparación de la ofrenda y la otra en la Divina Liturgia. Esto se repite en la Divina Liturgia, como les dije, y es exactamente como Cristo fue ofrecido al Padre.

Versículo 23: «Como está escrito en la ley del Señor: Todo varón primogénito que abre matriz será consagrado y considerado santo al Señor”. Aquí se justifica lo que mencioné antes con respecto al Antiguo Testamento.

Versículo 24: «Y subieron también para ofrecer un sacrificio para la purificación conforme a lo dicho en la ley del Señor, es decir, un par de tórtolas, o dos palominos, como pobres que eran.” Y esto lo hemos analizado.

«Y ofrecerán un sacrificio”. Si aquí se mencionan las palomas y las tórtolas, entonces la ofrenda de Cristo debió ser la ofrenda de los pobres. La ofrenda de los pobres… Cristo se hizo pobre por nosotros.

Y ahora entramos en una nueva escena. Deben saberlo siempre: el evangelista Lucas, cuando quiere introducir una nueva escena, a menudo usa la palabra «¡He aquí!» Quiere atraer la atención. Y el versículo 25 dice: «Y he aquí había en Jerusalén un hombre cuyo nombre era Simeón. Y este hombre justo y devoto esperaba la liberación de Israel con la venida de Cristo, como habían predicho las Escrituras; y el Santo Espíritu estaba sobre él.”

«Había«, dice, «un hombre en Jerusalén». Este hombre no era sacerdote. Atención, lo subrayo: No era sacerdote. Existe quizás la idea generalizada de que Simeón era sacerdote. No. Si lo fuera, el evangelista Lucas nos lo habría dicho. No estaba en el santuario.

Debo decirles que todo el edificio se dividía en dos partes generales: el santuario y el templo. Cuando se menciona «santuario», se refiere a los patios y todas las construcciones que se encontraban en ellos. El templo de Salomón tenía muchos patios. Muchos patios. Si han visto alguna recreación del templo, lo habrán notado.

Por lo tanto, «santuario» se refiere a todas las construcciones exteriores fuera del templo principal, incluyendo los patios; y «naós-templo» se refiere al edificio principal donde se realizaba el culto. El templo tenía varias divisiones, pero no entraré en detalles. Cuando aquí dice que este hombre fue al santuario, significa que llegó al patio, fuera del templo. Y estaba prohibido que un gentil entrara tanto al santuario como al templo.

Este hombre llega, su nombre es Simeón, como hemos visto, guiado por el Espíritu Santo. Por inspiración del Espíritu Santo. Es una señal de guía. El Espíritu Santo le dice: «Ve al templo, ve al templo.» Tal como sucedió con el diácono Felipe, cuando el Espíritu Santo le dijo:

«Levántate, ve hacia el sur, por el camino que baja a Gaza.»

De nuevo, el Espíritu Santo le dice, cuando pasaba el carro del etíope— ¿cómo lo dice? No puedo decirlo, no sé, no sé cómo… Lo impulsa, lo inspira: «Haz esto». «Acércate», dice, «al carro». «Pégate, agárrate, aférrate al carro».

Veis pues, que bajo la influencia e inspiración del Espíritu Santo, Simeón deja su casa, podríamos decir que de manera algo repentina, por supuesto, José y la Θεοτόκος Zeotokos fueron al templo con el niño Jesús, no debieron estar mucho tiempo, cumplirían su deber y se irían rápidamente, en muy poco tiempo, muy breve—por lo tanto, este hombre tuvo que salir de su casa de repente e ir directamente al templo.

Esto es muy significativo. Pero, en breve, aparecerá una mujer. Es Ana la profetisa. Tanto Simeón—sobre quien profundizaremos más adelante—como Ana la profetisa testifican cosas maravillosas. Simeón, al ver al niño, dice: “Ahora, Soberano, puedes ya dejar ir a tu siervo en paz, según el logos que dijiste;  Porque vieron mis ojos a Cristo, el que traerá la sotiría redención, sanación y salvación, la que has preparado para ver todos los todos pueblos de la tierra” (Luc 2, 29-31).

Ana confirma y dice: «Este niño es especial; es el Mesías.» Y le dice a la Θεοτόκος Zeotokos: «Este está puesto para caída y levantamiento de muchos en Israel.»

¿Por qué?

Porque aquí, en un acto de aparente insignificancia, ocurre un acto de gran importancia, para evitar cualquier posible escándalo.

¿Recuerdan el Nacimiento de Jesús?

En un establo, en un pesebre, reposa el Hijo de Dios hecho hombre.

Y, sin embargo, mientras nadie nota el nacimiento de un niño aquella noche, todo el mundo celestial, todos los ángeles, alaban y glorifican a Dios.

En medio de la humildad y la pequeñez, ocurre un acto de gran importancia, para subrayar que aquí se esconde un misterio asombroso.

Ahora, en este acto de aparente insignificancia-una mujer, una entre miles de mujeres que alguna vez fueron al templo, llega para un acto tan común como cuando las mujeres vienen a recibir la bendición de los 40 días después del parto- ¿quién abre la puerta? ¿Quién está en el templo? ¿Hay alguien?

Aparente insignificancia, pues.

En medio de esta aparente insignificancia, llega una confirmación profética: este niño es el Mesías del mundo.

Pero este hombre era justo; también era piadoso. Pertenecía al remanente del pueblo de Dios. Al remanente. Al resto; porque los judíos ya no tenían una percepción exacta sobre el Mesías. Bajo las emanaciones de sus propios deseos, perdieron la imagen del verdadero Mesías. Es lo que mencioné antes: ¿por qué perdemos la imagen verdadera de las cosas? Porque entra en juego el elemento del deseo o ilusión. El pecado ancestral u original se infiltra en todo. No permite que el hombre perciba las cosas en su verdad, en su desnuda verdad. Sin embargo, cuando el hombre se somete a la obediencia y la fe en Dios, entonces su interior hace la catarsis, se purifica y puede ver en la medida de lo posible.

Este hombre, por tanto, se define como justo y piadoso. En consecuencia, tenía las condiciones de pureza. Significa –aunque no lo profundizaremos hoy– que el Mesías es «luz para apocálipsis-revelación de las naciones». Esto es de gran importancia. No es una apocálipsis-revelación solo para Israel, sino para gloria de Israel. «Para apocálipsis-revelación de las naciones». ¿Saben lo que esto significaba? Que esto que dijo Simeón era completamente antichovinista. Los judíos decían: «El Mesías es nuestro. ¡No pertenece a nadie más!». Pero Simeón afirma: «El Mesías es el Mesías de las naciones, de todo el mundo». Sin embargo, esta verdad surge de una pureza interior. Nadie podría haber dicho algo así. Y sin embargo, Simeón lo dice. ¿Por qué? Porque era justo y piadoso e inspirado por el Espíritu Santo.

Simeón, queridos míos, pertenecía a la categoría de personas que permanecían fieles a la voluntad de Dios. Estaban la familia de Zacarías e Isabel, la familia de la Θεοτόκος Zeotokos, la familia de Ana la Profetisa, la familia de Simeón  -al menos estos son los que menciona la Sagrada Escritura. Eran pocos los que tenían una imagen clara del Mesías, los que podían estudiar las Sagradas Escrituras y ver correctamente las cosas.

Pero, permítanme un pequeño paréntesis y concluimos; aquí se dice que «esperaba la consolación de Israel», así lo dice el texto sagrado: «esperando la consolación de Israel». «Consolación» significa alivio, consuelo; «esperando» significa aguardando; es decir, esperaba la consolación. Es decir, que el Mesías sería la consolación, el consuelo del pueblo. Por eso Jesús dijo a sus discípulos: «Os conviene que yo me vaya. Os enviaré otro Paráclito-Consolador, el Espíritu de la Verdad». Cuando dice «otro Paráklito-Consolador», implica que hay un primero. ¿Quién es el otro? Uno es el Espíritu Santo, y el otro, ¿quién es? Él mismo. ¿Ven cómo se llama Jesús a sí mismo? Consolador-Paráclitos. ¿Ven cómo Simeón llama al Mesías? Consolación de Israel. Esperaba la consolación, el alivio. Es decir, el Mesías es el Paráclitos- Consolador; es el que consuela. El Espíritu Santo es llamado Paráclito-Consolador. ¿Por qué? Porque permanece con nosotros, nos ayuda, nos consuela, nos fortalece. Así que Cristo es el Paráclitos-Consolador, y el Espíritu Santo es también el Paráclito-Consolador.

Pero ese término «προσδεχόμενος esperando», que será el último punto de nuestro análisis, es lo siguiente. «Esperar, anhelar» significa aguardar. Y aguardar significa investigar, examinar. Por ejemplo, si espero cada día ver publicada una noticia específica, que deseo que sea de una cierta manera, la espero, pero ¿dónde la encontraré? Tengo que leer los periódicos. Así que cada día tomo todos los periódicos, me siento y busco desde los titulares hasta la letra pequeña, para ver si está la noticia que espero. Porque no sé dónde estará escrita. ¿En los titulares grandes o en la letra pequeña? Es decir, hago una investigación. Pues bien, Simeón investigaba. ¿Qué investigaba? Las Sagradas Escrituras. ¿Cuáles eran los requisitos de su investigación? El hecho de que era justo y piadoso. ¿Quién era su ayudante en la investigación? El Espíritu Santo. Y buscaba…

¿Y nosotros buscamos? Escuchen cómo lo dice el Apóstol Pedro: «Sobre esta salvación, los profetas inquirieron y diligentemente indagaron». ¿Oyen? El verbo «inquirieron» significa «buscar con afán». Es como decir: «¿Qué hay aquí? ¿Qué hay dentro de esto? Lo abriré para ver qué contiene». Eso significa «inquirir». Así que los profetas inquirieron y diligentemente indagaron. «Indagar» es aún más intenso. «Los que profetizaron sobre la gracia reservada para nosotros, escudriñando en qué tiempo o en qué circunstancias el Espíritu de Cristo en ellos señalaba». ¿Véis? «Que indicaba el Espíritu de Cristo en qué momento y en qué circunstancias sucederían estas cosas». Por tanto, él investigaba.

Y el Espíritu de Dios le informa a Simeón: «No morirás hasta que veas el Salvador de Dios». «El Salvador de Dios» es el Mesías. No morirás. ¿Cuántos años tenía? ¿Ochenta? ¿Noventa? ¿Cien? ¿Ciento veinte? ¿Ciento cincuenta? La Sagrada Escritura no nos lo dice. El logos de Dios no nos lo dice. Solo nos dice una cosa: que investigaba en todo momento cuándo llegaría el Mesías. ¿Conocía acaso Simeón las famosas setenta semanas de Daniel? Las famosas setenta semanas de Daniel coinciden exactamente con el nacimiento de Cristo. Setenta semanas. 490 años. 7 x 7 = 49= 490 años. Daniel es el único que determina con absoluta precisión el año del nacimiento del Mesías. Entonces, ¿qué hacía Simeón? Buscaba.

San Ignacio, este padre apostólico, obispo de Antioquía, llamado «Teóforo» (portador de Dios), cuando se dirigía a Roma, envió una carta a san Policarpo –cuyo día celebramos hoy–, también padre apostólico y obispo de Esmirna. En esta carta, que escribió en el camino, junto con otras epístolas que también envió, escribió algo muy importante. Como obispo y responsable del pueblo de Dios en Esmirna, le dice a Policarpo: «Estudia detenidamente los tiempos». «Estudiar detenidamente» significa aprender profundamente. Eso es “καταμανθάνω katamanzano» en griego. «Los tiempos», dice, «obsérvalos y apréndelos bien. Mantén los ojos abiertos. Estudia la época. Estudia los tiempos. Estudia los años». «Espera a Aquel que está más allá del tiempo».

«Aquel que está más allá del tiempo, espéralo».

¿Qué significa esto? Se refiere a la Segunda Parusía-Presencia o Venida de Cristo. En otras palabras: «Observa, estudia las señales que indican que Cristo está viniendo. Espera a Aquel que está más allá de los tiempos, en esencia». «Aquel que es atemporal, invisible, pero que por nosotros se hizo visible y hombre; Aquel que es intangible, sin pazos impasible, pero que por nosotros sufrió y soportó todo en todo aspecto». Pero cuando san Ignacio dice a san Policarpo: «Estudia detenidamente los tiempos», ¿quién podría ayudarnos a nosotros a descifrar los tiempos? Descifrar los tiempos es, nuevamente, obra del profeta. Para ello, se necesita el Espíritu de Dios. Sin el Espíritu de Dios, no es posible descifrar los tiempos.

Simeón es el primero que señala a Cristo. Es más difícil que decir que una mujer pobre, la Θεοτόκος (Zeotokos: la que da a luz a Dios, Madre de Dios), con un pañuelo en la cabeza, y un anciano a su lado, José, sostienen un bebé de cuarenta días. Una imagen común, muy común. Quiero transportarlos al realismo de las cosas, para entrar en el espíritu. Suben las escaleras del templo y otras madres, otras mujeres con sus esposos van al templo. Por la misma razón. Viene el hombre Simeón a decir: «Este es el Mesías. Este niño es el Mesías». Lo toma en sus brazos. Oh, qué abrazo…

[…] Mientras la mano permanece abierta, tenemos la misericordia de Dios. Cuando la mano se cierra, entonces tenemos el juicio de Dios. «Κρίσις και έλεος krisis y éleos Juicio y misericordia», como dice San Gregorio Palamás, «no coexisten, no funcionan juntas, como él dice. No funcionan al mismo tiempo». Por eso, Dios asignó el juicio y la paciencia en tiempos diferentes. Primero viene la misericordia, luego el juicio.

[…] Años después. Es terriblemente difícil. Eso hizo a Juan el Bautista un gran profeta. No solo por su modo de vida, no solo por su pureza, sino también como el mayor de los profetas, porque señaló al Mesías. Algo muy difícil. ¿Qué dice el sumo sacerdote, Caifás? Una figura oficial. Él también profetiza. Fue una profecía lo que dijo cuando afirmó que convenía que un hombre muriera por el pueblo. Y profetizó como sumo sacerdote. Tenía ese efod, lo que llamaríamos el patrajili (estola, bufanda de confesión y consagración) para nosotros los clérigos, sin el cual el sumo sacerdote no profetizaba. Por lo tanto, él podía profetizar si era un hombre honesto y podría haber respondido a la pregunta que le hizo a Cristo: «Te conjuro, en el nombre del Dios Vivo, dime, ¿eres tú el Mesías?». Y cuando Cristo le dice: «Tú lo dices». «Es como dices. Yo soy». Y cuando dice «Te conjuro», significa que la afirmación se hace con juramento. Con juramento la afirmación. El hipócrita Caifás rasga sus vestiduras. ¿Por qué? Es el Espíritu de Dios, no podía permanecer en un hombre como él. Podría haber descifrado. Y el sumo sacerdote podría haber dicho: «Hermanos, en el concilio, ¿sabéis a quién tenemos delante de nosotros? Debemos, debemos convertirnos en polvo y ceniza ante Aquel que tenemos ahora delante de nosotros. ¿Y vamos a juzgarlo?». Pero Caifás no ve. Sin embargo, Simeón ve. ¿Se equivocó? ¡Los siglos lo han demostrado! No se equivocó.

Así que, el profeta descifra los tiempos. ¿Cuándo viene el Anticristo? Un profeta vendrá a decirnos: «Este es el Anticristo». Un profeta vendrá a decirnos eso. ¿Quién será este profeta? Debo decirles que el don profético existió, existe y existirá dentro de la Iglesia. Esta frase que se dice que «después de Cristo, todos profetas etc…», es absurda, por no decir blasfema. El don profético existe.

El Apóstol Pablo dice que desea que todos profeticen. La profecía es un elemento básico dentro de la Iglesia. El hombre espiritual ve los tiempos. Tal vez no tenga un gran discernimiento, depende de su forma de vida, su espiritualidad, etc., pero cuando examina, investiga y tiene un corazón puro ante Dios, ve las señales, los signos.

Como saben, el historiador no puede juzgar su propia época, porque está inmerso en ella y necesita distanciarse para verla con claridad. No puedes salir del mar si estás dentro de él; debes salir para poder verlo. De la misma manera, hay que tomar distancia de la propia época para comprenderla.

Ahora, ¿cómo se le pide al cristiano que vea su tiempo, que lo analice y lo caracterice? Debe observar las señales: «Ἐνστήσονται καιροί χαλεποί» — «Vendrán tiempos difíciles», dice el Apóstol Pablo a Timoteo. «Vendrán tiempos en los que sucederá esto y aquello… Tenlo en cuenta», le advierte. Es decir, debe aprender a discernir los tiempos.

El hombre espiritual observa y dice: «Este signo, según la Logos de Dios, indica que esto ha sucedido y que aquello está por venir». Pero si este mismo mensaje se transmite a alguien impío, a alguien que no es espiritual, no verá nada, no comprenderá nada. Esta visión, por lo tanto, pertenece únicamente al creyente.

Cuando cada uno de nosotros, queridos míos, se convierta en un Simeón y espere, acepte, anhele y estudie el logos de Dios. Existe un diluvio de pecado. Existe un diluvio de ideas y concepciones anticristianas. ¡Nos estamos deshelenizando día a día! ¡Nos estamos descristianizando día a día! Hablo como griego. Y como cristianos ortodoxos, constantemente estamos perdiendo terreno.

Constantemente nos estamos desintegrando. Y nos preguntamos: ¿A dónde vamos? ¿Estamos estudiando, viendo los tiempos? ¿A dónde llegaremos? ¿A dónde llegaremos? ¿Qué sucederá? Y viendo, ¿qué podemos hacer?

Queridos míos, una llamada de Dios, para comenzar a ver. No como Caifás, que quería hacerse como un ciego, como que no quiere ver la realidad. Sino como Simeón, que quería discernir. Y al discernir, al menos que podamos decir en el último momento: «Señor, ten misericordia, compadécete de tu pueblo y devuélvenos atrás. ¡Nos hemos desintegrado terriblemente! ¡Y vamos a perdernos! Tanto como Iglesia, como Estado. ¡Vamos a perdernos!». Los enemigos alrededor están listos para devorarnos. Pero el enemigo está dentro. No está en las fronteras. Está dentro. Lo tenemos dentro de nosotros. Nosotros, los nuevos griegos, hemos perdido nuestra fe. Nos hemos desintegrado. Hemos perdido nuestra fe en Dios y en la patria. Y debemos rogarle a Dios que nos abra los ojos, que nos abra los ojos, al menos a unos pocos, para gritar, y detenernos un momento, un freno a esta aterradora caída. Convirtámonos, queridos míos, en nuevos Simeones.

Atanasio Mitilineos

Digitalización y edición del texto: Eleni Linardaki, filóloga.

Traducido por: Χρῆστος Χρυσούλας Jristos Jrisulas https://logosortodoxo.es/

 

 

 

 

La parábola del Zaqueo

Domingo 15º de Luca. La parábola del Zaqueo (Lc 19, 1-10)

19,1 Y habiendo entrado en Jericó, iba pasando por la ciudad. 2 Y he aquí un varón llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, 3 procuraba ver quién era Jesús, pero no podía a causa de la multitud, porque era pequeño de estatura. 4 Corriendo entonces adelante, se subió a un sicómoro para ver a Jesús, porque estaba a punto de pasar por aquella calle. 5 Cuando Jesús llegó al lugar, miró hacia arriba y le dijo: Zaqueo, baja de prisa, porque hoy tengo que hospedarme en tu casa. 6 Y él se apresuró y bajó, y lo recibió con mucha alegría. 7 Pero al verlo, todos murmuraban, diciendo: Entró a hospedarse con un hombre pecador. 8 Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres, y si algo he defraudado a alguno, lo restituyo cuadruplicado. 9 Jesús viendo su verdadera metania, le dijo: Hoy ha venido salvación a esta casa, por cuanto él también es hijo de Abraham, quien recibió la promesa de Dios para la salvación de sus descendientes; 10 porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar al hombre perdido pecador, semejante a la oveja perdida.

 

La parábola de Zaqueo: «Una conversión admirable»

«Porque el Hijo del Hombre vino a buscar, a sanar y a salvar al hombre perdido y pecador» (Lc 19, 10)

Archim. Kalínikos Nilolau, Metropolis Kesariani Atenas

El cambio milagroso del archipublicano (jefe de recaudadores de impuestos) es el tema de la lectura Evangélica de hoy. El caso del Zaqueo demuestra claramente el cambio, que es posible realizarse en la psique-alma de un hombre. Un cambio que se puede realizar en cada hombre, basta con que crea y quiera psicoterapiarse, sanarse y salvarse. Este cambio observaremos a continuación dentro de la lectura Evangélica.

α- El Zaqueo antes de encontrarse con el Señor.

Zaqueo era un archipublicano (jefe de recaudadores de impuestos), hombre de baja estatura y también de baja espiritualidad. Los publicanos eran los hombres que alquilaban del gobierno romano el derecho de recaudar los impuestos de los ciudadanos. Muchas veces se convertían en injustos, corruptos y codiciosos.

Eran distinguidos por su avaricia. El laós (pueblo) les detestaba. El Zaqueo como archipublicano, era normal que sobresaliera en la codicia y en todo tipo de injusticias para la recaudación de impuestos. Era rico y querría ver y conocer a Cristo. Este deseo se ve que era un ardiente anhelo, porque, como era de baja estatura y estaba impedido por la multitud, no podía ver a Cristo; entonces corrió y subió a un árbol para alcanzar lo que tanto anhelaba. Este deseo demuestra que, a pesar de ser un ladrón despiadado e injusto, mantenía en su interior una chispa de bondad, que fue manifestada por el deseo o la curiosidad de conocer al gran Didáskalos (Maestro).

β-El Zaqueo después del encuentro con Cristo

Zaqueo se convirtió en hombre filántropo y caritativo. Se liberó de la avaricia. Quiso restablecer los derechos de los perjudicados y compensar a los que había robado. Se alejó de la codicia, la injusticia, el robo, el egoísmo y la filaftía (egolatría, amor excesivo de sí mismo y del cuerpo). Saboreó las jaris (energías increadas) y donaciones incorruptibles desde su fuente. Se convirtió en un hombre espléndido que amó a Aquel que descendió hasta nosotros con cuerpo y sangre. Se distinguió por la certeza de su opinión y su decisión firme. Mientras vivía aislado y perseguido por los hombres, se transformó en un hombre franco y abierto. Se presentó como justo, ya que restituyó cuatro veces lo que había tomado mediante chantaje y disolvió los malos pensamientos y murmullos sobre el Señor que decían: «Entró a hospedarse en casa de un hombre pecador».

Zaqueo se alejó del mal, pero también hizo el bien repartiendo sus bienes a los pobres. Así se completó su cambio durante su encuentro con el Señor.

c- Jesús Cristo libertador y perfeccionador de los hombres.

Jesús Cristo fue el que provocó este cambio admirable en el carácter y la vida de Zaqueo. El Señor, con su táctica y su vivificante jaris (gracia, energía increada) influyó sobre la psique-alma del Zaqueo. Él le liberó de su codicia. El Cristo le regaló valentía, coraje para actuar con rapidez para su conversión. El Cristo le hizo cumplir los mandamientos de Dios. Pero debemos reconocer que todo esto fue conseguido porque en la psique de Zaqueo había una pequeña chispa de conocimiento de Cristo Dios. Sobre todo, como observa san Gregorio Palamás: “Zaqueo, aunque anhelaba conocer a Cristo, estaba obstruido de la divina jaris (gracia energía increada), por estar conectado con la riqueza. Pero cuando se liberó del apego a la riqueza, su psique-alma recibió la visita divina y se manifestó solemnemente su conversión.

Hermanos míos,

El caso de Zaqueo es el modelo o prototipo de conversión de cada hombre. De esta conversión podemos sacar las siguientes conclusiones:

  1. Para la conversión del hombre de pecador a hombre piadoso y creyente, es indispensable la divina jaris (gracia, energía increada) y el consentimiento del hombre.
  2. Cuanto más el hombre no abandona su costumbre pecaminosa, tanto tarda en proceder la divina jaris en su admirable obra. Cuanto más el hombre se aleja y niega el pecado, y no lo consiente, más se acerca y le ocupa la divina jaris.
  3. Sólo el Cristo tiene la fuerza de fundir la dureza de las psiques-almas humanas, hacerlas sensibles y receptivas de la divina αγάπη (agapi: amor incondicional, energía increada). Confiemos, pues, en Él también nuestra conversión, de modo que lo único que deseemos y anhelemos sea la presencia del Señor en nuestra vida y en nuestra psique-alma, que yo lo deseo con todo corazón para todos ustedes.

Archim. Kalínikos Nilolau, Metropolis Kesariani Atenas

 

El paso antes del primer paso. La parábola del Zaqueo, ejemplo de verdadera  μετάνοια metania

Por Filoteo Faros

Zaqueo quería ver a Cristo subido al árbol de sicómoro, porque se sentía pequeño y creía que se engrandecería al subir al árbol. Muchas veces nosotros también creemos que veremos al Señor, si subimos al “árbol de sicómoro”, es aquello que decimos sobre uno que está montado en la altanería y la vanagloria.

Algunas veces creemos, por ejemplo, que veremos a Cristo Dios si montamos al árbol de los “altos estudios” y vemos “desde lo alto” a los demás seres humanos.

Otras veces subimos al árbol de la “virtud”, de la “piedad”, del “progreso” o incluso al árbol de la misma “ortodoxia”.

Pero el Cristo que realmente nosotros vemos es un engaño óptico; creemos que vemos a un hombre bello, dulce, aristócrata, rubio con ojos azules y que habla dulcemente.

Pero no podemos tener un encuentro esencial con el Cristo resucitado, estando montados en el “árbol” de la altanería, prepotencia y vanagloria. No podemos encontrar a Cristo de modo académico, intelectualmente, encefálicamente o con la mente o intelecto. Sólo en el espacio del corazón podemos encontrarLe.

Por eso, el Cristo, al que muchos de nosotros sentimos curiosidad por conocer, aunque sea para encontrarLo, dice lo mismo que le dijo a Zaqueo: «En tu casa», es decir, dentro de tu corazón, «allí debes permanecer», «ven pues, baja».

Pero nosotros subimos a los árboles de sicómoros para desviar la mirada de nuestro corazón, porque sabemos que es un nido de demonios. Montar en el árbol es esencialmente una huida de nosotros mismos, a quienes esencialmente no estimamos ni amamos.

Para abandonar nuestra defensa, nuestra huida, el sicómoro, debemos poder sentir alguna agapi y estima esencial para nosotros mismos. Pero nos amamos a nosotros mismos a la medida que hemos probado la aceptación y la αγάπη (agapi: amor incondicional, desinteresado) de los demás. Así se crea el círculo vicioso. Cuanto más despiadado se siente uno, más necesidad tiene de subirse a algún sicómoro para ver a los demás “desde lo alto”, es decir, rechazarlos antes de que ellos nos rechacen.

Pero el Cristo acaba con el círculo vicioso. Sabe que primero el hombre debe sentirse amado para encontrar la fuerza de cambiar, hacer la catarsis, psicoterapiarse, limpiar y sanar su corazón. Por eso va primero hacia Zaqueo sin que le pida nada, y así le da la posibilidad de cambiar y dar “la mitad de sus existencias a los pobres”. Primero viene Cristo al corazón del hombre y después viene el cambio, el crecimiento espiritual y las obras buenas.

La estructura litúrgica (funcional) del proceso que conduce a un encuentro esencial con el Cristo resucitado, expresa realmente una sabiduría inconcebible, y cada pequeño detalle tiene unas dimensiones existenciales inmensas.

Sin embargo, desde el comienzo quiere asegurarnos que en el nombre de Jesús Cristo no podemos rechazar ningún hombre, especialmente de aquel que está “enfermo” (espiritualmente), es decir, a aquel cuya agapi se ha congelado, ya sea que esto se exprese ideológicamente o por comportamiento.

En el nombre de Cristo no podemos hacer otra cosa que intentar calentar lo que está “congelado”, según san Crisóstomo. Amín.

 

«Η μετάνοια la metania en relación con la humildad y los frutos producidos en Cristo”, en la parábola de Zaqueo  (Lc 19, 1-10)

Por el padre Stefanos Anagnostópulos.

 

«Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado» (Lc 19,8).

La μετάνοια metania (arrepentimiento, conversión y confesión) de Zaqueo, tal como nos la presenta la lectura Evangélica de hoy fue auténtica y tangible. (ver https://logosortodoxo.es/psicoterapia-ortodoxa/la-%CE%BC%CE%B5%CF%84%CE%AC%CE%BD%CE%BF%CE%B9%CE%B1-metania-es-la-divina-psicoanalisis-san-porfirio-el-kafsokalivita)

Esta metania en el corazón de Zaqueo se produjo después de la visita del Señor a su casa. El publicano, quizás pensando: «Como jefe de los publicanos y recaudador duro que soy, es probable que haya perjudicado a alguien con testimonios falsos y calumnias», decidió restituir el daño cuadruplicado.

Está claro que el Señor, conocedor de todo, el que examina los corazones, vio también el corazón de Zaqueo, quien había subido a un sicómoro porque su estatura le impedía ver al Señor.

Esto significa que primero viene la Χάρις (Jaris: gracia, energía increada), repito, primero viene la jaris del Dios Triádico y después sigue la metania energetizada, activada y el resto de la lucha espiritual para la psicoterapia, sanación y salvación de nuestra psique-alma.

Es cierto que el Señor toca nuestros corazones con suavidad y si le abrimos, Él entra. Nos dice en el libro del Apocalipsis: «He aquí estoy en la puerta y llamo. Si me abres entraré y cenaré contigo, y entonces en tu corazón se hará una fiesta, porque se convertirá como un cielo luminoso, porque dentro de este brillará la presencia del sol de la justicia».

En la metania conocemos y disfrutamos a nuestro Señor Jesús Cristo, y sólo dentro de la metania. Cuando nuestro corazón se abre y se muestra receptivo a recibir la jaris divina, experimentamos y vemos con los ojos de la psique-alma de manera indescriptible la grandeza de Dios: Su majestad, Su filantropía y Su infinita magnanimidad, tolerancia y paciencia.

Mientras más contemplamos esto, más profundamente lo vivimos, y nuestra humildad crece. Así, mediante la humildad, permanecemos continuamente en metania (confesión, arrepentimiento y conversión).

Metania, metania y metania en toda nuestra vida, y así debe ser. San Isaac el Sirio nos dice que la metania es hasta el último momento de nuestra vida. Además, aquello de, “acuérdate de mí Señor cuando vengas en Tu Realeza (increada)”, de aquel bandido que abrió primero la puerta del Paraíso, este clamor fue un llanto de metania en su último instante.

Cuando cultivamos diariamente una verdadera metania, y ésta va unida a la humildad, ambas virtudes hacen crecer el edificio de nuestra psique-alma y contribuyen eficazmente a su limpieza, psicoterapia y sanación.

En esto tenemos que aspirar todos.  La metania de hecho debe estar acompañada con la humildad; porque la metania sin humildad, ¿qué metania es? Nos hace falta catarsis del corazón, primero de todo catarsis de nuestro νούς nus-espíritu y después, claro está, el resto del corazón y la psique-alma.

Cómplices de esta doble virtud – metania y humildad- deben ser la fe en acción, la fe viva y ardiente que, lamentablemente, nos falta en gran medida.

A continuación, se necesita magnanimidad, ayuno o mejor ayuno espiritual que es más importante. El ayuno espiritual es obligatorio, que incluye el control de los sentidos, los ojos, la lengua y las emociones. Después vendrá la contención en potencia, la oración continua y la caridad oculta -‘Que no sepa tu mano derecha lo que hace la izquierda’-. También está la caridad espiritual, que se practica al entrar en tu caja (corazón), ya sea la habitación de tu casa o la caja de tu psique-alma, y allí, en secreto, orarás por tu prójimo. Entonces, Dios, que ve en lo oculto, te recompensará en lo manifiesto.

La Sagrada Confesión, la Divina Comunión o Efjaristía, el estudio de las Escrituras y tantos y tantos más actos espirituales que no hay tiempo ni espacio para contarlos todos, destruyen los pazos y sanan el corazón, entonces corazón quebrantado y humilde el Dios no lo agotará ni despreciará; por supuesto al corazón quebrantado y humilde el Dios otorga Su Jaris (gracia, energía increada), especialmente aquella Jaris que regala la inconcebible visión, contemplación divina y la Divina Teognosía (conocimiento increado de Dios).

Porque, no conocemos nada del Santísimo Dios, sino sólo aquellas cosas que Él nos apocalipta-revela. Cierto que podemos leer ciertas cosas y hacemos bien en leerlas, una cosa es la gnosis (conocimiento) y otra cosa la Teognosía (conocimiento increado de Dios). Una cosa es leer, estudiar y otra cosa es que el Dios me apocalipta-revela.

Mas los misterios de Dios, la Santísima Trinidad y la Θεανθρωπότης (zeantropotis, humanidad divina, Dios-hombre), la alegría y la doxa=gloria (luz increada) de la Realeza increada de los Cielos, estas cosas sólo en el corazón que ha hecho la catarsis, se psicoterapiado, sanado y purificado se apocaliptan-revelan.

“Bienaventurados, felices que han hecho la catarsis del corazón”, dice en las bienaventuranzas, “porque ellos contemplarán a Dios”.

En la Iglesia enseñamos las bienaventuranzas, porque, dentro de ellas, el hombre entero se rebautiza transformándose en espíritu y verdad. La verdadera metania, cuando está acompañada con la humildad permite que la fe y las demás virtudes florezcan en el corazón. Es únicamente mediante Jesús Cristo que se alcanza la catarsis (corazón, liberándolo de las ataduras del pecado.

Después de la catarsis, llega la iluminación, un estado de gracia donde la psique-alma comienza a contemplar la luz divina y a experimentar su cercanía con Dios. Pero el camino hacia la perfección, la santidad y la divinización es un misterio profundo. Solo Dios sabe en qué psiques-almas finalmente se alcanzará esta meta suprema, porque el corazón transformado por Él se convierte en un santuario de Su presencia.

El corazón en nuestra Fe Ortodoxa es el centro de la psique-alma, o más bien, es el centro de todo lo psicosomático humano. Es el espacio espiritual donde habita y reina el Espíritu de Dios. El mismo Señor nos lo dice claramente certificando: “La Realeza (energía increada) de Dios, está en nuestro interior”. (En ninguna parte dice la Escritura de algún reino, que enseguida la mente se imagina un reino creado, ver en https://logosortodoxo.es/%CE% CF%85-vasilia-tu-zeu-realeza-de-dios/).

La Realeza (increada) de Dios está en nuestro interior. ¿Pero dónde exactamente? En nuestros corazones. En nuestra psique-alma. En nuestro nus (espíritu humano) cuando este se ilumina. Está también en nuestros sentidos, tanto psíquicos como físicos, pues el corazón es como el nido donde todas las virtudes primero renacen y luego crecen. Cuando el corazón se encuentra sano, puro, sin mancha y santo, como el de mi guía espiritual, entonces se transforma en un espacio completamente luminoso, lleno de Jaris (gracia, energía increada) y Doxa (luz increada) de Dios. En este estado, el hombre no solo experimenta la presencia de Dios, sino que vive dentro de Su Realeza increada, participando en Su energía y luz increada.

(Este es el estado de estar con la Realeza increada de Dios, con la increada energía y la increada luz, no tiene relación alguna con reinos creados o conceptos materiales, como los que han sido interpretados erróneamente por los occidentales o aquellos influenciados por ellos).

¿Han presenciado alguna vez la Doxa (gloria increada) de Dios dentro del corazón de algún hombre?  ¡Ojalá que Dios les haga dignos de contemplarla! ¡Doxa de Dios brillando en el corazón humano! Todo este proceso empieza con la verdadera metania. Es entonces cuando comprendemos algo asombroso: el Santo vive en un estado de metania constante, mucho más que nosotros. Lo hace con mayor intensidad, con una calidad espiritual superior, y con una contrición más profunda. Esto ocurre porque el Santo tiene plena conciencia de su propia pecaminosidad y, paradójicamente, cuanto más se acerca a Dios, más profundamente percibe su necesidad de Su jaris (gracia, energía increada).

Yo mismo lo dudo… ¿realmente lo creemos? Decimos con facilidad que todos somos pecadores, pero, ¿lo creemos verdaderamente en lo más profundo de nuestro ser? Sólo Dios lo sabe. En la confesión, en la sinceridad de nuestras palabras y en la disposición de nuestro corazón, se revela cuánta metania verdadera hay en nosotros. San Juan el Crisóstomo nos recuerda que el verdadero gemido de la psique-alma, el suspiro indispensable, es aquel que nace en lo más profundo de la psique-alma, no en el exterior. Es un llamado interno, una contrición genuina que solo Dios puede ver y escuchar.

Nos relata el Yérontas Paísios (ahora santo) que una vez que hacía vigilia toda la noche delante de las reliquias de san Arsenio de Capadocia, le visitó la Jaris de Dios, y la Divina Bienaventuranza o Felicidad, fue abrumadora. La doxa-gloria de Dios fue tan grande que dice lo siguiente: Cuando la grande Jaris increada, la Doxa increada de Dios, desciende sobre el corazón del que ora, todo su mundo psicosomático -cuerpo y alma- queda conmocionado, apenas puede sostenerla, es como si recibiera una corriente eléctrica. No aguanta tanta Doxa increada, tanta felicidad, tanta luz increada, tanta presencia divina y, siente que está a punto de explotar. Esta paz y felicidad supera a toda mente, intelecto y espíritu. Y después siguen multitud de lágrimas dulces, alegría y felicidad inexpresable, alteraciones divinas y divino έρως (eros: amor ardiente).

Por la mañana vino a visitarme un monje conocido y traerme una cosa. Se quedó profundamente impactado, lleno de admiración por la alteración que había producido la divina jaris increada en mi rostro; y el resplandor divino era tal que no podía sostener la mirada continuamente hacia mi cara y giraba la cabeza hacia abajo.

Es un llamado a buscar ese nivel de metania y contrición que tenía el Padre Paísios: una transformación interior tan profunda que abre el corazón a la plenitud de la Doxa (gloria, luz increada) de Dios. Ojalá que todos podamos adquirir esta verdadera μετάνοια metania, como la experimentó el Padre Paísios. Amén.

Padre Stéfanos Anagnostópulos.

Traducido por: χΧ jJ  logosortodoxo.es/

 

La Μετάνοια Metania es la Divina Psicoanálisis San Porfirio el Kafsokalivita

La Μετάνοια Metania es la Divina Psicoanálisis

San Porfirio el Kafsokalivita de Athos

[Ψυχοανάλυσις Psijoanálisis  ανάλυσις=análisis y ψυχή psijí=psique, alma, ánima, la que anima el cuerpo]

La Confesión General a través del Misterio de la Metania es el Misterio de la verdadera psicoterapia.

Quien está en μετάνοια metania se autoconoce, se autoreprocha, se autocritica y se humilla, atrayendo así la divina Χάρις (Jaris: gracia, energía increada). La culminación de la metania es la confesión de toda nuestra vida ante un Guía Espiritual o Yérontas.

El cuidado posterior a la confesión, consistente en no repetir los errores del pasado y esforzarse por realizar obras buenas en contraposición a los errores, completa correctamente el proceso psicoterapéutico.

Es recomendable que la confesión de nuestra vida se realice periódicamente.

El multi-carismático sabio y ahora santo yérontas Porfirio enseñaba que esta confesión general, psicoterapia y sana al ser humano no solo de los daños provocados por sus pecados personales, sino también de distintos traumas psicológicos y de las vivencias o problemas hereditarios transmitidos por sus antepasados.

El santo Yérontas llamaba a esta confesión general “Divina Psicoanálisis”.

Esta importante función del Misterio de la Confesión, es decir, la terapia de los traumas psicológicos del ser humano, fue revelada a nosotros por el santo Yérontas Porfirio el Kafsokalivita.

Un hijo espiritual del Yérontas relata: “El Yérontas veía el interior de la psique-alma de las personas según lo que Dios le apocaliptaba-revelaba. Respecto a una persona conocida mía, me dijo: ‘Veo en su psique-alma algo malo y muy sucio. Es un trauma antiguo y demoníaco. No sé exactamente qué es, pero tal vez Dios me lo revele más tarde’. Semanas después añadió: ‘Esa cosa mala que vi en su psique-alma puede desaparecer, pero solo si esta persona se diviniza y se sana mediante la energía increada.

Entonces, el hombre cambia con la santidad, la energía increada de la divinización. Por muy pecador que sea, todos los traumas psíquicos se van. Hoy en día, los médicos llaman a estas cosas «enfermedades psíquicas», pero en realidad son influencias e infecciones demoníacas y se deben a los pecados.

Junto con el perdón de sus pecados, el hombre, cuando está en μετάνοια metania, se confiesa, se arrepiente, se corrige y se santifica, recibiendo la curación de las heridas que le han causado el astuto maligno, el mundo y su propia negligencia y pereza espiritual.

«¡Gloria al Dios en la Trinidad, que instituyó este medio de perdón para los hombres y de su integración en el santo Rebaño de nuestra Iglesia!»

Gloria al Dios en la Trinidad, que mostró y sigue mostrando Su inmensa misericordia y prepara a Su criatura corruptible y mortal para la conexión y comunión personal eterna con Él, comenzando con el diálogo redentor de la sagrada confesión.

Las personas estigmatizadas con problemas morales, psicológicos, neurológicos, sociales, conyugales, familiares u otros problemas personales, se van sanando y terapiando poco a poco, preparándose para unirse a la inmensa familia del reinado de la Realeza increada de los Cielos.

La energía increada terapéutica del misterio de la Santa Confesión abarca toda la existencia psicosomática del ser humano.

Decía el Yérontas y santo Porfirio: En el momento en que dices estas cosas al confesor, llega la divina Χάρις (Jaris: gracia, energía increada) y te libera de todas tus malas experiencias, heridas, culpas y traumas psicológicos, porque el confesor ora ardientemente al Señor para que seas liberado de todo esto.

Existen situaciones o comportamientos en los que el ser humano se esclaviza, y que se deben a traumas infantiles o incluso fetales.

Cada ser humano lleva en su interior también experiencias vividas de sus padres, especialmente de su madre.

La Jaris (energía increada) de Dios, que se “irradia” desde el guía espiritual durante la confesión general, alivia, suaviza y cierra estas heridas abiertas y sangrantes.
«La Divina Psicoanálisis», como llamaba el venerable san porfirio a este proceso de la Confesión General, es la que conduce a la verdadera psicoterapia. Exteriormente, la Confesión General, tal como la describe el santo Yérontas, se asemeja a la psicoanálisis, pero en realidad es algo mucho más elevado, profundo y eficaz.

En la “psicoanálisis mundana” se realiza un raspado superficial de la psique-alma humana, pero sin capacidad de terapia ni sanación. Es “un continuo hablar, un charlar interminable” que no lleva a ninguna parte e incluso puede ser perjudicial.

A través de la «psicoanálisis mundana» también se produce daño, ya que cuando alguien al recordar el pasado y ocuparse de los sueños únicamente remueve el estanque; (ambos métodos son prohibidos por los Santos Padres), ya que provocan turbación de la psique y emanación de vapores fétidos que contaminan aún más al ser humano.

Sin embargo, la Confesión General proporciona la divina Χάρις (Jaris: gracia, energía increada) terapéutica tanto a la parte consciente como a la inconsciente del ser humano, actuando como una “divina psicoanálisis y verdadera psicoterapia”.

San Porfirio se refiere a numerosos casos de terapia “psicoterapia” lograda a través de la Confesión General.

Decía sobre una señora que se confesaba en él: “En el momento de su confesión, observaba su psique-alma y veía cómo la Jaris entraba en su interior, tal como yo la estaba mirando”.

El guía espiritual ortodoxo, al orar, irradia y emite rayos de la divina Jaris, que terapian, psicoterapian y sanan a quien se está confesando. Según el Yérontas, todos los Guías Espirituales y Confesores ortodoxos poseen esta Jaris, y al orar y bendecir, la irradian y transmiten como conductos.

A un hijo espiritual le aconsejaba lo siguiente: “Hijo mío, debes realizar una confesión general en ciertos momentos de tu vida, porque los diversos traumas psicológicos o acontecimientos generan enfermedades psíquicas y somáticas o corporales. En la confesión no debemos mencionar únicamente nuestros pecados, sino también los distintos logismí (pensamientos, ideas, fantasías), como el miedo, la tristeza o la alegría causados por diversos acontecimientos: muertes, terremotos, bodas, pensamientos de poca fe, etc.” (7).

 

 Sobre el Misterio de la Μετάνοια Metania San Porfirio el Kafsokalivita – Vida y Logos

“La verdadera Metania es la verdadera psicoanálisis y trae la santificación”

https://logosortodoxo.es/teologia-ortodoxa/sobre-el-misterio-de-la-b1-metania-san-porfirio-el-kafsokalivita/

Contenidos

  1. La verdadera Μετάνοια Μetania traerá la santificación, la verdadera felicidad
  2. Cuando el hombre se confiesa, la jaris le sana y le libera de los traumas psíquicos.
  3. Dios todo lo perdona con la confesión.
  4. En Cristo están todas las cosas hermosas, las saludables
  5. La oración la alabanza a Dios transforma la depresión y la convierte en alegría.

 

La verdadera Μετάνοια Μetania traerá la santificación, la verdadera felicidad

No hay nada más sublime que lo que se llama μετάνοια metania arrepentimiento, introspección y confesión. Este misterio es la ofrenda de la agapi-amor de Dios al ser humano. De esta manera perfecta, el ser humano se libera del mal. Vamos, nos confesamos, sentimos la reconciliación con Dios, la alegría entra en nosotros y la culpa se va. En la Ortodoxia, no hay callejón sin salida. No hay callejón sin salida porque está el confesor, que tiene la divina χάρις jaris gracia (energía increada) de perdonar. ¡Qué cosa tan grande es el guía espiritual!

Yo lo tenía desde pequeño, y aún lo tengo ahora. Cuando cometía un pecado, lo confesaba y todo se iba. Saltaba de alegría. Soy pecador, débil; me refugio en la compasión de Dios, me salvo, me tranquilizo, olvido todo. Cada día pienso que peco, pero deseo hacer de cada cosa que me sucede una oración y no retenerla dentro de mí.

El pecado complica mucho al ser humano psíquica y emocionalmente. La complicación (dificultad) no se va de ninguna manera. Solo con la luz de Cristo se aclara la complicación de su desorden. La primera acción la realiza Cristo. “Venid a mí todos los que estáis psíquicamente cargados y cansados, agotados y afligidos, agobiados y deprimidos por vuestros pecados, autoengaños, sufrimientos y perturbaciones y yo os daré psicoterapia, alivio y paz en vuestra psique-alma y os haré descansar psíquica y espiritualmente” (Mat 11,28). Luego, nosotros, los seres humanos, aceptamos esta luz con nuestra buena disposición, que expresamos con nuestro amor hacia Él, con la oración, con los Misterios/Sacramentos.

Para que la psique-alma vuelva en la μετάνοια metania, se arrepienta y se confiese, debe despertar (espiritualmente). En ese despertar, ocurre el milagro de la metania. Aquí está la libre elección y predisposición del ser humano. Sin embargo, el despertar (espiritual) no solo depende del ser humano. El ser humano no puede hacerlo solo. Interviene Dios. Entonces viene la divina jaris gracia increada. Sin la jaris, el ser humano no puede volver a la metania arrepentirse y confesarse. La agapi-amor de Dios lo hará todo. Puede usar algo, una enfermedad u otra cosa, depende, para llevar al ser humano a la metania. Así que la metania se logra a través de la jaris increada gracia divina. Simplemente nosotros hacemos un movimiento hacia Dios y luego viene la jaris.

Puede que me digan: “Entonces, con la divina jaris gracia, todo se hace”. Eso es un punto delicado. Sucede exactamente aquí cuando digo: No podemos amar a Dios si Dios no nos ama. El apóstol Pablo lo expresa muy bien: “ahora que conocéis a Dios, o, mejor dicho, que sois conocidos por Dios…” Lo mismo ocurre con la metania. No podemos volver a la metania arrepentirnos y confesarnos si el Señor no nos concede la metania. Y esto es válido para todo. Es decir, es válido lo de la Escritura: “Sin mí no podéis hacer nada” (Jn 15,5). Si no hay condiciones para que Cristo se asombre y entre en nosotros, no viene la metania. Las condiciones son la humildad, la agapi (amor desinteresado), la oración, los arrepentimientos, el esfuerzo por Cristo. Si no hay un sentimiento puro, si no hay simplicidad, si la psique-alma es egoísta, la jaris gracia divina no viene. Entonces, a menudo, vamos a confesarnos, pero no sentimos alivio.

La metania arrepentimiento y confesión es una cosa muy delicada, muy fina. El verdadero arrepentimiento, la verdadera metania traerá la santificación. La metania nos santifica… Continua en el texto completo en https://logosortodoxo.es/teologia-ortodoxa/sobre-el-misterio-de-la-b1-metania-san-porfirio-el-kafsokalivita/

 

Extractos de las homilías de Savas el Aghiorita

https://hristospanagia3.blogspot.com/

La fragmentación de las facultades o fuerzas de la ψυχί (psijí: alma, psique, ánima) constituye una enfermedad, mientras que su unificación constituye la psico-terapia y sanación.

El aliento o soplo de Dios, entonces, era «la energía del Espíritu Santo». Así como Cristo dijo: «Recibid el Espíritu Santo», de la misma manera, el divino soplo o aliento, «percibido humanamente, es el venerado Espíritu Santo». Según los santos Padres, la psique-alma no es una parte de Dios, sino la energía del Santísimo Espíritu, que creó y formó la ψυχί (psijí: alma, psique, ánima, la que anima y vivifica el cuerpo), sin que Él mismo se convirtiera en psique-alma.

En la Divina Liturgia vivimos y pre-saboreamos el estado que estará viviendo el mundo cuando domine la Realeza increada de Dios que todos los fieles esperamos y para su venida oramos cada vez en el Padre nuestro: “ελθέτω η Βασιλεία σου (elzéto i Vasilía su) venga en nosotros tu realeza (energía increada o el Espíritu Santo)”. Las características de la Realeza increada contienen todas las cosas que observamos en la Divina Liturgia Ortodoxa.  (Ver https://logosortodoxo.es/%-vasilia-tu-zeu-realeza-de-dios/)

El cristiano que ha hecho las paces con Dios, consigo mismo y con sus semejantes transmite la paz también a su entorno. Con su vida da testimonio de que el reinado de la Realeza increada de Dios ha llegado y que es posible para el hombre moderno, en medio de sus tribulaciones, experimentarla y vivirla. Se convierte en un pacificador, brindando descanso a sus semejantes a través del estado pacífico de su psique-alma. Lleva la realeza increada de Dios entre ellos. Por el contrario, la persona que no está en paz consigo misma trae el infierno entre los hombres, difundiendo inquietud y ansiedad, angustia y estrés.

Pedir la realeza increada nos lo ha pedido el Señor, es decir, el Espíritu Santo y su energía increada que hemos recibido con Santo Bautismo, y esto se consigue con la incesante oración del corazón «Κύριε-Kirie Señor Jesús Cristo eléison me (compadécete de mí, o ten misericordia de mi)».

Con el logos y las palabras mencionamos continuamente el nombre de Cristo, con el νούς (nus: espíritu de la psique) y mente atenta apegada al corazón contemplamos a Dios sin distracción, y con el espíritu nos sobrecoge o nos posea la κάνυξις (katánixis: compunción, dilatación del corazón), la humildad y la αγάπη (agapi: amor incondicional). De esta manera, se unen las tres facultades o fuerzas de la psique-alma y se ofrecen a la Santa Trinidad. Así se logra la psicoterapia, terapia de la psique-alma…

Con el contacto consciente con Dios a través de la oración el hombre no sólo empieza amar a Dios, sino que siente que el Dios le ama. Esto es lo más importante, que el Dios nos ama a pesar de que somos pecadores.

Los Santos Padres nos enseñaron la oración del corazón como un método muy sencillo y eficaz para amar a Dios. «Recitad la oración del corazón o de Jesús, «, enseñaba el padre Paísios, «hablad con Dios. Al principio, quien realiza esta práctica siente un poco de la agapi-amor de Dios. Y más adelante, cuanto más avanza, lo siente cada vez más profundamente».

La oración y la Divina Liturgia son también nuestro consuelo. El Señor «está ausente». Nos privamos de Su presencia física, pero no está realmente ausente; Él está con nosotros a través de Su Espíritu Santo. Está con nosotros de manera mística en la Divina Liturgia, en nuestra Santa Iglesia Ortodoxa. Nos falta Su presencia humana y física o corporal, pero tenemos a nuestros hermanos, y cuando oramos unos por otros, eso se convierte en nuestro consuelo. Nuestra oración, llena de agapi-amor por nuestros hermanos, es nuestra dulce compañía. Esta agapi fraternal que compartimos la ha dado Dios como consuelo en las tribulaciones, calamidades y penas que encontramos en este valle de lágrimas llamado tierra. Esta mutua ἀγάπη (agapi: amor incondicional y desinteresada) también actúa como un apoyo para ascender al cielo.

Permanezcamos en estas cosas y glorifiquemos a Dios, que a través de nuestros Santos nos dio estas verdades maravillosas para psicotarapiarnos e iluminarnos, que quizá nos parezcan lejanas, pero no deberían serlo. También nosotros debemos esforzarnos por encender en nuestro interior este fuego increado de la agapi-amor hacia Dios. El Señor dijo que por esta razón vino a la tierra: para encender un fuego, el fuego del Espíritu Santo. Amín!

Savas el Aghiorita https://hristospanagia3.blogspot.com/

 

INSTRUCCIÓN EN LA ΜΕΤΑΝΟΙΑ METANIA

Guía práctica al Santo Misterio de la Confesión

https://logosortodoxo.es/psicoterapia-ortodoxa/instruccion-en-la-b1-metania/   

Editado por el Santo Monasterio Gran Meteoro, Meteoros Kalampaka 1997

Bendito sea Dios, quien no quiere la muerte del pecador, sino «que se arrepienta y viva» (Ezequiel 33:11)

Esta sentencia profética, tan consoladora para cada ser humano, no solo manifiesta la infinita misericordia de Dios y Su inagotable compasión, sino que también revela la gran verdad de que la vida pecaminosa, la vida alejada de Dios, es la muerte de la psique-alma, la privación de la verdadera vida.

El Señor, que obra maravillas, ha permitido que conozcamos desde nuestra juventud a santos y experimentados padres espirituales, quienes nos han guiado con una αγάπη agapi amor genuino, (desinteresado e incondicional) hacia la vida de nuestra Santa Iglesia y hacia el Misterio/Sacramento de la Confesión. En nuestro monasterio divinamente construido, por Su χάρις jaris (gracia, energía increada), nos ha hecho dignos de confesar continuamente a un grupo de personas que suben con ansia la empinada escalera del monasterio para recibir por la Santa Confesión la absolución o el perdón de sus pecados, encontrar la reconciliación, su reconexión y su restauración con Jesús Cristo. Y podemos afirmar con sinceridad que los momentos más conmovedores de nuestro ministerio pastoral son aquellos de la humilde Confesión de los fieles y las resurrecciones (o despertares espirituales) que el Espíritu Santo realiza a través del amoroso misterio/sacramento de la Μετάνοια Metania.

«Nunca el hombre», escribe el Santo Antonio de Kiev, «es tan hermoso, tan amado por Dios, como cuando se inclina ante Dios y ante el confesor para confesar su soberbia (orgullo y vanagloria). Tan pronto como el principal enemigo de nuestra salvación, el enemigo de Dios, el muro que nos separa de Dios, es derribado, es decir, la soberbia (orgullo y vanagloria), inmediatamente la psique-alma del que se confiesa se abre para recibir los pensamientos y deseos más santos, intenciones y decisiones divinas».

La Iglesia Ortodoxa, como cuerpo de Cristo, es un hospital para las psiques-almas, un centro de psicoterapia y curación de las enfermedades demoníacas, ya que, según San Juan el Teólogo, “para esto el Hijo de Dios apareció como hombre sobre la tierra, para deshacer y destruir totalmente las obras del diablo” (1Jn 3,8)… (Continúa en https://logosortodoxo.es/psicoterapia-ortodoxa/instruccion-en-la-b1-metania/ )

 

DE NUESTRO “ALFAωMEGA” GRAN LÉXICO ORTODOXO HELÉNICO-ESPAÑOL

https://logosortodoxo.es/alfa%cf%89mega-gran-lexico-ortodoxo/

  • Μετάνοια Metania (metanús)

Del verbo μετά-νοώ, metá= después (de), tras, con, luego o más tarde; y noó= comprender, concebir, percibo con el nus (como energía o espíritu humano) y el corazón (como esencia).

Μetania es arrepentimiento, penitencia, introspección, alteración, renovación, cambio, conversión, metamorfosis, renacimiento, despertar espiritual y enjertación del nus por el Espíritu Santo; giro del nus (metanús), conversión de la conducta del hombre y sobre todo, giro, cambio de actitud de la vida en pecado y en el mal por la vida en Cristo. La metania en la Tradición Ortodoxa no proviene de una percepción psicológica de culpabilidad, sino de la apocálipsis-revelación de la deformación de la psique y esta apocálipsis-revelación se manifiesta por la energía increada de la divina Luz en el corazón psicosomático del hombre.

La metania es la piedra angular de la vida espiritual. El nuevo Testamento empieza y acaba con la metania,  «…μετανοεῖτε (metanoíte)» que define un tiempo continuo, sin interrupción; cambiad de actitudes, conductas y modo de vivir porque la Realeza increada de los Cielos se ha acercado (Mt 3,2), y termina con: «y se proclamará en su nombre la mετάνοια (metania, la absolución y perdón de los pecados, faltas y errores) en todos los pueblos… (Lc 24,47), y diciendo esto les sopló en la cara diciendo: recibid divino, santo Espíritu (energía increada, la divina Jaris) a quien perdonéis los pecados les serán perdonados, a quienes retengáis les serán retenidos» (Jn 20,22). Vemos aquí que Cristo lo primero que decreta después de la resurrección es el Misterio de la Metania que lo trajo desde el sepulcro. San Juan el Precursor y nuestro Señor empezaron sus kerigmas (discursos) invitando a la metania que es el alimento de nuestra vida espiritual. Nadie puede psicoterapiarse, sanarse y salvarse si no lleva a cabo la metania. Sólo con la metania un gran ladrón “robó” hasta el paraíso.

Metania se llama también a uno de los Misterios de nuestra Iglesia Ortodoxa con el cual se facilita la absolución y perdón de los pecados. La metania es confesión, aceptación, arrepentimiento, rectificación, psicoterapia y sanación. El Misterio de la Santa Metania no es solamente una premisa imprescindible de la Divina Comunión, sino a la vez fuente de paz, serenidad de la psique, solución de problemas, entrada en la nueva vida de Cristo, renovación espiritual del nus y del corazón, su terapia e introducción a la divina energía increada de la JarisMetania y confesión van unidas, la metania sin confesión no da resultado y viceversa. Muchos utilizan este Misterio pero algunos lo hacen unilateralmente cumpliendo solamente una parte. Desgraciadamente tenemos personas confesadas y nunca metanoizadas (arrepentidas y convertidas). Se confiesan por ejemplo el Miércoles Santo para tomar la comunión el Jueves Santo y al día siguiente siguen haciendo lo mismo. Luego durante el año en alguna gran fiesta repiten lo mismo pero nunca cambian de actitud, ni mejoran ni convierten su conducta interior en ortodoxa. Este tipo de personas se confiesan pero no se metanoizan (no se convierten, no cambian). Tenemos otros que sí se arrepienten diciendo: “no lo volveré hacer”, “es cierto, lo entiendo, no tengo la conciencia tranquila…”, aceptando sus pecados pero no se confiesan. No se beneficiarán de nada por este reconocimiento. Son como las personas que saben que tienen una enfermedad y no van al médico ni toman los medicamentos ni se someten a la operación quirúrgica y por ello morirán.

También se llama metania a un gesto reverente que se acostumbra hacer en la veneración Ortodoxa. Hay dos metanias distintas: una es un simple movimiento de la cabeza hacia abajo y la otra implica una postración reverencial arrodillándose.

De acuerdo con la enseñanza de San Nikódimo el Ayiorita, la Metania y la Confesión debe ser:

1º) Voluntaria, es decir, nadie puede obligarnos al Misterio.

2º) Con recogimiento y devoción, con quebrantamiento del corazón porque hemos fallado a Dios “sólo en ti he pecado” (Sal. 50,6).

3º). Contundente, es decir, autocrítica y autoreproche. Aquel que vive la verdadera metania, mientras avanza en la virtud más pecador se considera. La verdadera metania trae el luto en la psique y a la vez una profunda alegría y paz que no puede reducir ninguna tentación y tristeza de este mundo. Es el luto alegre o pena-alegre del que hablan a menudo los Padres de la Iglesia.

4º) Recta. Es necesario que confesemos nuestros pecados con rectitud y exactitud, sin rodeos ni medias tintas. Es imprescindible el autoconocimiento tanto para la confesión como para la catarsis (sanación, limpieza).

5º) Sin vergüenza. La vergüenza es un sentimiento que lo usa el diablo para su beneficio. Cuando se trata de pecar, lo debilita y cuando decidimos que vamos a confesarnos lo agrava.

6º) Decidida. La metania y confesión es sincera, cuando tenemos tomada la decisión consolidada no repetir los mismos pecados. Pero la recaída no debe ser el argumento para evitar la confesión, “si voy a recaer para que voy”.

7º) Continua. Para que tengamos frutos en nuestra vida espiritual es necesaria nuestra frecuente aproximación al Misterio de la Confesión y no sólo cuando hemos hecho un pecado grande.

Escribe sobre ella San Isaac: “La metania es la más alta de todas las virtudes y su ejercicio no puede terminar sino sólo a la hora de la muerte. Por eso es necesaria siempre para todos y no existe límite de consumación o terminación. Porque el perfeccionamiento de los perfeccionados también es interminable. Por eso la metania no se debe limitar a ciertos tiempos definidos ni a ciertas praxis (actos), y debe durar hasta la hora de la muerte”.

San Juan el Clímaco en el capítulo 5 de su obra, “La Escalera”, manifiesta que: “Metania quiere decir renovación del bautizo. Metania es acuerdo con Dios para una vida nueva y adquiridora de humildad… Metania significa pensamiento de autocrítica, despreocupación de todo y ocupación de nuestra sanación y salvación. Es hija de la esperanza, repudio de la desesperanza y liberación de la infamia… reconciliación con el Señor y catarsis de la conciencia… castigo duro de la gula”

Ierózeos Vlajos, en su libro “Psicoterapia Ortodoxa”, nos enseña que: “Hablando sobre el regreso del nus al corazón, es decir, regreso de la energía del nus al corazón, debemos de hablar para los tres movimientos del nus: el cíclico, el directo y el espiral. El movimiento cíclico es “la introducción del sí mismo desde exterior hacia su interior, el uniforme recogimiento y recolección de las fuerzas o energías”. Durante este movimiento la psique mediante el nus hacia el corazón primero se vuelve a sí mismo y reúne todas las energías. De esta manera se eleva hacia la eternidad de Dios que es el Superior de todas las existencias. Este camino es inconfundible, no da la posibilidad al nus que se confunda y así concentrado se eleva a Dios. El nus se libra de todo lo creado, expulsa cualquier noción de la creación, de cada fantasía y se une con el corazón a través de la metania y allí se apocalipta (revela) el Dios, puesto que se hace la unión del nus con el Dios. Éste es el movimiento cíclico de la llamada teología apofática, siendo teología en el sentido heleno ortodoxo, como ciencia psico-terapéutica. Este movimiento cíclico del nus se consigue con la oración del corazón por la que el atleta espiritual lucha “girando el nus hacía sí mismo que es un movimiento cíclico e inconfundible” (San Gregorio Palamás). De este método terapéutico de la psique por la metania, sus primeros frutos son la apázia (sin pazos, impasibilidad), paz y serenidad interior activa. De este modo cuando vienen las tristezas, penas, ansiedades, fatigas y contrariedades se alegra y cuando llegan las alegrías se autocontiene y se autodomina, entonces siente y vive la pena alegre. Esta apázia es la mortificación vivificadora del Señor que se consigue por la energía increada de la Jaris del Espíritu Santo (San Nikitas Stizatos, Filocalía).

En toda la tradición biblio-patrística se habla sobre el perfeccionamiento del hombre, sobre su camino del “como imagen” hacia el “como semejanza”. Antes de la caída el hombre se encontraba a la iluminación del nus; después por la caída el nus se oscureció. Ahora el nus debe sanarse, limpiarse y regresar al estado que estaba Adán al Paraíso y de allí llegar a la zeosis-zeoría (contemplación o glorificación) de la doxa-gloria increada de Dios. Dentro de este marco se habla para catarsis, iluminación y zéosis. Este camino se califica y define como metania, como cambio y giro del nus”. Cuando hablamos sobre metania, entendemos la existencia humana entera, el nus, la diania, el corazón, la psique y el cuerpo del hombre, que se inspira y se dirige hacia el Dios. Es decir, se trata de una unión ontológica del hombre con el Dios a través del fuego inmaterial de la metania.

Yérontas Atanasio del Santo Monasterio Metamorfosis de Meteoros: La vía de la Iglesia Ortodoxa que es el Camino, nos ofrece maneras prácticas para nuestra sanación y salvación. No se limita sólo a la absolución de los pecados, sino que ofrece también la terapia y sanación. Nos recibe como pecadores, sucios y enfermos y nos convierte en saludables, limpios, divinizados y santos, gracias al Misterio de la Metania y de la Confesión que es el olvidado por muchos como el medicamento y baño espiritual de nuestra psique (alma).

Yérontas Sofronio Sajarof: «La metania conecta con la teología. Siempre en el hombre existe la metania, pero cambia de forma. Al principio es metania, porque se ha alejado de Dios, después por la pérdida de la divina Jaris y a continuación para encontrar más Jaris. Cuando uno se metanoiza (o hace la metania) recibe Jaris de Dios. Cuando recibe la Jaris (gracia, la energía increada), entonces ve mucho más sus defectos y pecados, hasta llegar a la Luz increada y convertirse él mismo luz. En la visión, expectación de la Luz increada, se ve como creado, construido, ve su corruptibilidad, su mortandad y desarrolla mayor metania. Así la metania conduce a la teología y se inspira de ella. La metania no se detiene ni termina nunca».

El camino de la metania no es una cuestión fácil, es un largo proceso practicante o ascético, una ciencia fina y un arte que lo aprendes cuando decides tener un guía experimentado, Yérontas que ha vivido todos los estadios de la metania. Esto es en el fondo la esencia de la Tradición Patrística, la transmisión de la luz y el espíritu de la metania de generación en generación. Amín.

Ver también sobre este término en nuestro libro “12 Léxis apocalípticas” en el blog en español: logosortodoxo.es/

Yérontas Efrén, de la Skiti de san Andrés de Athos: La metania es la condición básica para la oración. De otra manera el hombre se cansará de orar y finalmente parará y abandonará la oración. No puede haber una colaboración si no existe la verdadera metania. Metania, esta palabra tan importante y única, tal como nos la dijo CristoDios, es la primera palabra de Su enseñanza: Mateo 4:17 «Desde entonces comenzó Jesús a predicar y decir: μετανοεῖτε metanoite, convertíos, arrepentíos y confesaos, cambiar de modo de vivir, porque la realeza increada de los cielos se ha acercado; ha llegado la vida santa y espiritual de la redención, bienaventuranza y felicidad; (μετανοεῖτε metanoite, el verbo aquí en tiempo continuo, metania ininterrumpida) Ματθ. 4,17 Ἀπὸ τότε ἤρξατο ὁ Ἰησοῦς κηρύσσειν καὶ λέγειν· μετανοεῖτε· ἤγγικε γὰρ ἡ βασιλεία τῶν οὐρανῶν»; esta es también la columna vertebral de Su enseñanza durante tres años enteros. Sobre la realeza increada de los cielos enseñan, hablan y escriben continuamente también los santos Apóstoles y los santos Padres teoforos (portadores de Dios o de la divina luz increada). Pero cuando el Cristo nos reveló-apocaliptó que: “la realeza increada de Dios está en nuestro interior”, entonces entendieron que habla sobre otra Realeza, que es la Jaris del Espíritu Santo en la psique-alma, que habita también en el cuerpo. No sólo en la psique sino también en el cuerpo mientras que aún el hombre está habitando en este mundo engañoso.

Traducción xX Χρῆστος Χρυσούλας, jJ Jristos Jrisulas logosortodoxo.es/,

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cristo el Médico, Psiquiatra y Psicólogo. Los «llamados» psiquiatras, psicoterapeutas, psicólogos.

Cristo el Médico, Psiquiatra y Psicólogo. Los «llamados» psiquiatras, psicoterapeutas y psicólogos.

Por hieromonje y médico Savas el Aghiorita

 

Los «llamados» psiquiatras, psicoterapeutas y psicólogos, ni siquiera saben qué es la psique-alma. 

❈ De hecho, diría que es absolutamente comprensible que no lo sepamos y que estas personas no sepan cómo psicoterapiar, sanar la psique- alma, porque, sencillamente, ni siquiera saben qué es la psique-alma. Solo la Iglesia Ortodoxa lo sabe. Solo los Santos Padres conocen qué es la psique-alma, hasta el punto que el Dios Omnisciente les ha permitido conocer.

Los «llamados» psiquiatras del mundo no hablan ni saben nada sobre la catarsis del νούς (nus: espíritu de la psique) y del corazón (o de la psique-alma). Si alguien estudia estas «psicoterapias» que circulan, lo comprobará por sí mismo…

Además, el término «psicoterapia», tal como se utiliza en los contextos mundanos, es erróneo: es una ridiculización del término. Lo mismo ocurre con el término psiquiatría y el término psicología, que son distorsiones de las especialidades que representan. Esto se debe a que todos aquellos que sirven en estas especialidades ni siquiera saben qué es la psique-alma. Entonces, ¿cómo pueden tratar algo sin saber siquiera qué es lo que intentan sanar o psico-terapiar?

Si alguien estudia todos los diccionarios o libros de psicología relevantes, no encontrará en ningún lugar una definición de qué es la psique-alma. No ofrecen una definición de la psique-alma o dan una definición muy superficial y descriptiva. Básicamente, se refieren al comportamiento (y aquí en España a todos que preguntado nadie me ha dado una explicación helénica correcta, más bien señalan con la mano el cerebro-enkéfalos, refiriéndose a la διάνοια (diania: mente, intelecto).

Y todos estos métodos, las llamadas «psicoterapias», en realidad son métodos de control o corrección del comportamiento, que solo pueden ofrecer un alivio superficial al que sufre. No son métodos para tratar y psicoterapiar la psique-alma. Ninguno de ellos toca la psique-alma. (Ver https://logosortodoxo.es/category/psicoterapia-ortodoxa/ ➤ Hieromonje y médico Savas el Aghiorita (Homilía 25-5-2008)

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❈ Vean, hoy en día todas las personas están enfermas psicológicamente. O casi todas… con depresión… tomando diariamente un puñado de ansiolíticos y medicamentos psiquiátricos. ¿Por qué sucede esto? Porque intentan sostener y mantener una psique-alma que no se alimenta. Es como una persona que está en estado de inanición: ¿cómo intentas ayudarle? ¿Engañándola con pastillas para que se sienta bien? Así que es necesario que la persona coma para fortalecerse.

De la misma manera, la psique-alma necesita alimentarse. ¿Y qué debe comer? La χάρις (jaris: gracia, energía increada) de Dios, porque la psique-alma es espíritu y se nutre con el Espíritu Santo. No se alimenta con basura, con análisis psicológicos, con cosas enfermizas que promueven los psicólogos y los llamados psiquiatras.

El verdadero psiquiatra es el Cristo. Y el verdadero medicamento para el alma es la χάρις jaris de Dios, el Espíritu Santo, que fortalece y alimenta tu espíritu. La psique-alma es espíritu, ¿puede psicoterapiarse y sanarse con pastillas? (Ver https://logosortodoxo.es/los-pazos-y-la-depresion/)

➤ Hieromonje Savas el Aghiorita (Homilía del 30-11-2018)

 

[Psique, Ψυχή psijí alma, ánima: En el Nuevo Testamento y en los santos Padres, se usa a menudo en lugar de la palabra anzropos, hombre, ser humano (Rm 13, 1). A veces en la Sagrada Escritura significa simplemente la vida (Mt 2, 20; Jn 10, 11; Rm 16, 4). Pero psijí se dice sobre todo del elemento espiritual, no material de nuestra existencia (Mt 10, 28); es uno de los dos componentes de nuestra naturaleza física; el otro es el cuerpo. Es la parte que anima el cuerpo y le da vida; es nuestra naturaleza inmaterial, creada pero eterna, que comprende nuestros aspectos cognitivo, volitivo y afectivo, incluidos tanto el consciente como el inconsciente.

El propósito de la Iglesia es sanar, psicoterapiar y salvar la psique-alma; y, así, de enferma hacerla saludable. Σωτηρία (sotiría –sanación, redención y salvación–) proviene de σώος (soos: sano, entero, salvado), y significa que el hombre permanece sano, es decir, entero y en plenitud, no separado ni dividido.

La energía de la psique se llama νοερὰ ἐνέργεια (energía noerá). Cuando se encuentra dentro del corazón de la psique del hombre, los santos Padres la denominan νούς (nus) o espíritu humano; pero cuando está y funciona en el cerebro la llaman lógica o διάνοια (diania), inteligencia, intelecto, mente o energía lógica.

La palabra pecado en sentido de los santos Padres helénicos es enfermedad física, psíquica y espiritual, es la traducción de la palabra griega αμαρτία (amartía), del antiguo verbo ἀμαρτάνω (amartano) pecar, que es fracasar, errar, fallar el blanco. Cuando decimos absolución de los pecados principalmente lo debemos de comprender como terapia de los pazos, las patologías, producidos a causa del pecado repetido.

Ψυχίατρος (psijíatros) psiquiatra. Ψυχή (psijí: psique, alma, ánima), e, Ιατρός (iatrós: médico). Cristo el médico de nuestras psiques-almas y los cuerpos, decimos en la Divina Liturgia. La Iglesia es el Hospital General (físico, psíquico y espiritual), nos dice san Crisóstomo, además demostrado como en las ciencias naturales. Y el medicamento o fármaco es la Χάρις (Jaris: gracia energía increada) concedida por los Santos Misterios de nuestra Iglesia Ortodoxa.

Ψυχολόγος (psijologos) psicólogo; Ψυχή (psijí: psique, alma, ánima), y λόγος logos que significa el desarrollo del pensamiento expresado con la voz propia del lenguaje, (y también según contexto, causa, razón, motivo, relato, opinión, dicho, discurso, expresión, tratado). Logos con la “L” mayúscula aludimos a Cristo, el Logos increado y encarnado(N. Testamento), y el Logos increado no encarnado (A. Testamento). Ἐν ἀρχῇ ἦν ὁ Λόγος… (En arjí in o logos). En el principio el Logos era, es y será eterna e infinitamente; y el Logos existía con Dios y está en Dios; y Dios era y es el Logos Todo fue hecho por Él (Jn 1:1 y 3). Cristo Dios Logos el verdadero Ψυχολόγος Psicólogo, con Su energía increada lógica nos da la lógica creada o sano juicio, es decir, la capacidad de discernir lo bueno de lo malo o lo que nos conviene para el bien y desechar el mal]

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❈ La fuerza más importante que tiene nuestra psique-alma se llama νοῦς (nus: espíritu de la psique). No es el enkéfalos-cerebro. Cuando los Padres de la Iglesia hablan del νοῦς nus, se refieren a los ojos de la psique-alma. Lo que está en el cerebro lo llaman διάνοια diania. Es la segunda fuerza y energía de la psique-alma, la diania, el pensamiento. El nus no es el pensamiento, sino que está en el corazón y son los ojos de la psique-alma, cuya finalidad es contemplar y ver a Dios.

Cuando Adán cayó y pecó, los ojos de la psique-alma se cerraron. El nus del hombre se oscureció, y el hombre quedó ciego. Las personas se convirtieron en alguien como un pobre ciego, que no puede ver, no puede caminar, tropieza de pared en pared, se golpea y se hiere. Entonces, el hombre comenzó a funcionar de manera incorrecta. Por lo tanto, tampoco funcionaba correctamente el cerebro. La diania no funcionaba bien, ni tampoco las otras fuerzas de la psique-alma. Las otras fuerzas son la opinión (doxa), la imaginación o fantasía y la percepción o sensación.

Sin embargo, las fuerzas principales que tiene el hombre son el νοῦς nus y, después, la διάνοια diania. El nus es para ver a Dios, los ojos de la psique-alma. Mientras que los ojos como órgano físico son para ver el mundo a través de los sentidos.

¿Cuál es el trabajo del cerebro-enkéfalos?

El cerebro recibe todos los datos que llegan de los sentidos. Vemos con los ojos. Los ojos captan el estímulo visual y lo llevan al cerebro. Escuchamos con los oídos. Los oídos, el tímpano de los oídos capta los estímulos auditivos y los envían al cerebro. La lengua percibe los sabores, el olfato los olores, el tacto las sensaciones. (Ver https://logosortodoxo.es/san-gregorio-palamas/el-uso-de-la-noera-energia-y-de-la-energia-logica-del-hombre-segun-san-gregorio-palamas/)

Por tanto, con todo esto, tenemos una percepción o sensación del mundo. Todo esto se procesa en el cerebro, y así el hombre tiene una percepción del mundo material. Pero no de Dios.
Si intentas ver a Dios con los ojos, no lo verás. Incluso si tienes un gran telescopio, tampoco verás a Dios. Con los oídos, si tratas de escucharlo, no lo oirás. Porque todo esto es para este mundo aquí. Para Dios está el nus. El νοῦς nus es el telescopio con el que puedes contemplar y ver a Dios, pero solo si ese telescopio está limpio, cuando los ojos están abiertos.

¿Cómo se limpia el telescopio? ¿Cómo se abre y se limpia este órgano del nus?

Se abre con la μετάνοια metania, con la vida ascética o práctica espiritual ortodoxa (ayuno, vigilia, oración, etc.) y la vida Mistérica (sacramental, confesión y comunión). Estas dos cosas limpian el telescopio. Y cuando el nus está limpio, entonces el hombre contempla y ve a Dios. Me dirás: ¿Cómo lo ve?

San Serafín de Sarov y su interlocutor Motovilov lo vieron como luz. Lo ve como luz. Ve la luz increada, la luz increada de la Metamorfosis. Esa es la luz increada que veían los santos… Hieromonje Savas Aghiorita (del Monte Athos -Homilía 1-4-2015)

Ver sobre los términos: Nus, Diania y Metania aquí: https://logosortodoxo.es/12-lexis-apocalipticas/

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❈ Desde el momento de la caída de los Primeros en ser creados, dicen los Santos Padres, el νούς (nus: espíritu de la psique) del ser humano quedó oscurecido. ¿Por qué se oscureció? Porque la energía del νούς nus se separó de su esencia, dispersándose hacia el exterior. Así, el ser humano perdió la visión de Dios, quien es luz (increada). Ver: https://logosortodoxo.es/psicoterapia-ortodoxa/dogmatica-empirica-ii-la-caida-del-hombre/

Dios es luz increada, y el νούς nus funciona como un espejo. Cuando el espejo está orientado hacia la luz, refleja esa luz y se ilumina. Sin embargo, cuando el espejo se gira hacia la tierra, se oscurece.

Esto es exactamente lo que le ha sucedido al ser humano. En lugar de mirar hacia Dios, su νούς nus tomó una dirección equivocada y ve hacia las creaciones, y después se convierte en idólatra. Así nacieron los ídolos, como señala San Atanasio el Grande.

Porque el espejo, en lugar de estar orientado hacia Dios, se volvió hacia la tierra, y el ser humano convirtió a las creaciones en su dios. De esta manera surgieron los diversos ídolos.

Cuando el ser humano vuelve a la μετανοια metania, (de metá – cambio, giro y νούς nus) significa que reorienta su νούς nus hacia la luz, hacia Cristo. Al hacerlo, vuelve a iluminarse, produce y tiene pensamientos luminosos. Esta es la verdadera esencia de la μετανοια metania y también el papel fundamental de la Iglesia: ayudar al ser humano en esta reorientación de su νούς nus. Este retorno hacia Dios se logra principalmente a través de la oración incesante, como la conocida: «Κύριε Ἰησοῦ Χριστέ ἐλέησόν με, (Kirie Iisú Jristé eleisónme) Señor Jesús Cristo, compadécete o ten misericordia de mí», aunque cualquier otra oración sincera puede cumplir este propósito… ➤ Hieromonje Savas del Monte Athos (Homilía, 8 de diciembre de 2013)

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❈ Es difícil discernir los pensamientos (λογισμοί loyismí) al comienzo de la vida espiritual, por eso es necesario un guía espiritual. Cuanto más se confiesa uno, cuanto más consulta, cuanto más aprende de los Padres que tienes el carisma del discernimiento, tanto más enriquece su discernimiento y poco a poco aprende también a discernir por sí mismo. Pero al principio es difícil y se confunde. Y el diablo es un gran maestro en esto, tiene miles de años de experiencia, y si alguien comienza a ocuparse demasiado con sus pensamientos, lo único seguro es que perderá su tiempo, se confundirá, se agotará y puede incluso llegar a enloquecerse.

Por lo tanto, no conviene intentar discernir los pensamientos por uno mismo, sino presentarlos al guía espiritual y aceptar con sencillez lo que él diga. Y de esta manera uno no puede ser perjudicado y dañado. Incluso si el guía espiritual se equivoca, por la humildad de aceptar su consejo, Dios lo convertirá en un bien. (Ver: https://logosortodoxo.es/psicoterapia-ortodoxa/los-af-loyismi-pensamientos-y-su-enfrentamiento/)

San Sofronio de Essex: «Deben actuar tal como nos enseñan los Santos Padres. Entréguense a la voluntad de Dios y no inicien ningún diálogo con los pensamientos. Cada pensamiento que perturba la paz del corazón y siembra la inquietud en la psique-alma proviene del enemigo…» ➤ Savas el Aghiorita Hieromonje y Médico (Homilía 31-3-2018)

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Κάθαρσις (kázarsis) catarsis del corazón

❈ ¿Qué significa Κάθαρσις (kázarsis) catarsis esencialmente? Que todos los pensamientos salgan del corazón, no solo los malos. Presten atención: del corazón deben salir incluso los buenos pensamientos, todos los pensamientos, y debe quedar solo Cristo, solo el recuerdo de Cristo. En el cerebro, en la mente, pueden existir otros pensamientos, eso no nos afecta. Sin embargo, cuando descienden al corazón, ahí el νούς (nus: espíritu de la psique) se ensucia, se oscurece, y surgen diversos deseos que contaminan al hombre.

Por eso dijo el Señor: «Del corazón proceden malos pensamientos, adulterios, fornicaciones, homicidios, celos, enemistades, maldades…» (Marcos 7:21-22). El corazón espiritual debe limpiarse porque es el órgano donde Dios debe habitar; es el órgano con el que nos unimos a Dios. Y no puede estar sucio, porque entonces no puede unirse con Dios, no puede realizarse la θέωσις zéosis ni lograrse nuestro propósito… (ver https://logosortodoxo.es/psicoterapia-ortodoxa/la-iglesia-como-cuerpo-de-cristo-y-comunion-de-zeosis/) ➤ Savas el Aghiorita Hieromonje y Médico (Homilía, 3-7-2017)

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Voluntad

❈ Muchas veces hacemos planes, programas, generamos deseos y tenemos voluntades propias. ¿Nos ha dicho Dios que hagamos todo esto? No, en absoluto. Por el contrario, nos ha dicho que aprendamos a no desear ni querer nada fuera de Su voluntad. Que deseemos únicamente lo que Él desea para nosotros y que dejemos en Sus manos la elaboración del plan y del programa de nuestra vida.

Este abandono en las manos de Dios lo expresamos claramente en la Divina Liturgia con las palabras: «Encomendemos nuestra vida entera a Cristo nuestro Dios». Esta frase, podríamos decir, es la más anti-estresante del mundo (quita toda depresión), y la repetimos continuamente durante la Divina Liturgia. Dejar toda nuestra vida, y también las vidas de los demás, en las manos de CristoDios.

Algo similar se expresa en la oración que el sacerdote dice en secreto durante la Divina Liturgia: «A Ti encomendamos toda nuestra vida y nuestra esperanza, Oh Soberano filántropo (amigo del hombre), y te rogamos, te suplicamos y te imploramos».

Esta oración la recitamos en secreto los sacerdotes antes de pronunciar el «Padre Nuestro»: «A Ti, Señor, confiamos toda nuestra vida y esperanza, y te pedimos y te imploramos».

Toda nuestra esperanza está en Cristo. ¿Cómo podríamos desesperarnos si tenemos un Protector y Padre tan grande? «A Ti, Señor, lo dejamos todo». Esto es confianza en Dios, esto es santa humildad. Y esta actitud transforma al ser humano, lo convierte en un «dios-hombre» (un hombre divinizado).

Una persona así, ¿no es siempre pacífica, libre y verdaderamente independiente? Nadie puede hacerle daño, porque ha confiado plenamente en Dios. Por mucho que se le amenace y ataque, no se atemoriza.

El diablo, por ejemplo, se aparecía al gran San Antonio como un ser terrible y gigantesco. Y San Antonio le respondía con serenidad:

-¿Qué quieres? ¿Quieres atormentarme? ¿Tienes permiso de Dios para hacerlo? Si es así, aquí estoy, haz lo que desees. Pero si no tienes ese permiso, entonces desaparece.

San Antonio no temía al diablo porque se había entregado completamente a Dios. Pensaba que, si Dios permitía que el diablo lo atormentara, entonces lo aceptaría, porque sería para su bien, ya que provendría de la voluntad de Dios. Ante esta firmeza, el diablo desaparecía.

Así debemos pensar nosotros también, y no tener miedo, ni acobardarnos, ni desanimarnos. Si Dios permite que el diablo nos ponga a prueba, debemos aceptarlo y sentir que, al venir de Dios, será para nuestro bien… Hieromonje Savas el Aghiorita (Homilía, 29 de mayo de 2011)

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**Acerca del Progreso Espiritual**

Cada momento que pasa, si la persona lucha espiritualmente y está con Cristo, avanza. Si descuida su esfuerzo y no hace algo por Cristo, no permanecerá donde está, sino que retrocederá. Es decir, el paso que dio antes lo pierde ahora. Es como una persona que sube por el cauce de un río: si en algún momento decide relajarse un poco y deja de ascender, la corriente del río lo llevará hacia atrás.

Lo dijo claramente Cristo: «El que no está conmigo, está contra mí» (Lucas 11:23). ¿En este momento específico, tu lucha fue por Cristo? Si lo fue, estás con Cristo. Si no lo fue, estás en contra de Cristo. Puedes haber hecho grandes esfuerzos y, en muy poco tiempo, si te cansas y descuidas, puedes perderlo todo y que tus esfuerzos queden en vano. «El que no recoge conmigo, desparrama» (Lucas 11:23).

Por eso debemos renovar nuestra fe constantemente. Debemos reafirmar nuestro deseo de que Dios reine en nuestra vida. En todo momento existe la fuerza opuesta del Maligno, del mundo y del hombre viejo, que nos amenaza con llevarnos hacia atrás. Por eso Cristo nos habló de estar atentos continuamente en vigilancia y oración, no solo de oración.

Puedes orar y hacerlo de manera mecánica. En ese caso, no logras nada. Debes entender lo que dices y decirlo con amor; hacer oración en contacto consciente con el corazón, decirlo con dolor, sentirlo, decirlo con anhelo, de manera sencilla pero suplicante, desde el fondo de tu corazón.  ➤ Savas el Aghiorita Hieromonje (Homilía 5-4-2008)

 

El papel de la Iglesia Ortodoxa: La “psicoterapia” terapia de la psique humana.

-¿La Iglesia ortodoxa, por tanto, qué propósito tiene?

El propósito de la Iglesia es sanar, “psicoterapiar” la psique-alma; y así de enferma hacerla saludable. Creo que hasta aquí las cosas son sencillas.

La energía de la psique se llama «noerá energía νοερὰ ἐνέργεια»; así la llamaron también los Santos Padres. Esta “noerá energía” cuando se encuentra dentro al corazón de la psique del hombre, los santos Padres la llamaron “nus νούς o espíritu humano”; pero cuando está y funciona al cerebro la llamaron “lógica” o “διάνοια diania, cerebro, inteligencia, intelecto, mente o energía lógica”.

El nus y la diania son dos manifestaciones diferentes de la energía de nuestro nus-espíritu, la cual cada vez se manifi esta de distinta manera, según el sitio que se encuentra. La lógica que se encuentra en la región del cerebro se utiliza por el hombre para captar, conceptuar, razonar y formular las cosas que percibe y conoce el nus, el cual como hemos dicho está en el corazón (psicosomático).

Repito y os recuerdo que en la situación de post caída que nos encontramos, todas estas cosas están enfermas. En cuanto el hombre aún no quiere a través de la Jaris (gracia, energía increada) de Dios hacer la metania (cambio de mentalidad, arrepentimiento y confesión), si no se ha limpiado, purgado y sanado, “psicoterapiado”, todas estas cosas no funcionan correctamente. El “como imagen” que está imprimido encima de nuestra psique está aún “oscurecido” (manchado, entenebrecido y ensuciado).

La Iglesia ortodoxa hace esta terapia: “psicoterapia”, sana nuestra psique-alma. Sana el nus y la lógica. Estas dos cosas. Cuando el nus está sanado, funciona correctamente y mientras la “noerá energía” funciona correctamente en el corazón del hombre, entonces funciona correctamente también la “lógica”.

Cuál es el funcionamiento correcto del nus-espíritu humano.

El funcionamiento correcto de nuestro nus es estar en conexión y comunión con Dios, orar y “ver” a Dios. Cuando funciona de esta manera entonces tiene Luz, recibe la Luz increada de Dios…

Esta Luz increada que hemos perdido con la desobediencia, la hemos readquirido con la Jaris (gracia, energía increada) de Dios mediante nuestra vida dentro en la Iglesia, con la metania, con la oración incesante del corazón o de Jesús y la vida ascética y mistérica (sacramental), es decir, participando en los Misterios ortodoxos.

Los Santos Padres nos dicen: Adán y Eva, antes de la desobediencia estaban en un estado de continua conexión y comunión con Dios. El Espíritu Santo que estaba junto con ellos los iluminaba… Savas el Aghiorita, continúa en https://logosortodoxo.es/psicoterapia-ortodoxa/el-papel-de-la-iglesia-ortodoxa-la-terapia-de-la-psique/

 

La Ortodoxia no es una religión (del verbo religar); es Fe en el Apocalipsis, una psicoterapia del hombre que ha sido y es experimentada, vivida y demostrada. No es un concepto intelectual ni algo limitado a las jaulas de las aulas. Las religiones son creadas de hombres, sus líderes hombres mortales. Por ejemplo: La religión del papismo (romanocatolicismo o francolatinos), donde, según sus enseñanzas, si no tienes comunión con el papa de Roma y no te religas con él, no te salvas. La religión del luteranismo, protestantismo, iniciada por Luthero, que protestó y cada protestante se hizo papa infalible; sin embargo, el primer «protestante» fue Luthifer, el diablo, quien protestó y se endemonió; la religión del budismo, confucianismo o islamismo, etc. Los líderes de las religiones han muerto; sus huesos se encuentran en sus tumbas y sus cuerpos han sido devorados por gusanos.

En cambio, ¡nuestro Señor, Dios-Hombre, Cristo Ortodoxo, ha resucitado! ¡Su tumba emite mirra y realiza milagros! ¡Él ha restaurado, religado la comunión y unión entre lo divino increado y lo humano creado!!!  (Ver https://logosortodoxo.es/la-religion-es-una-enfermedad/)

 

Cristo el Médico de cabecera

…Uno de los aspectos destacados de la obra del Dios-Hombre, Jesús Cristo, fueron las psicoterapias (terapias de las psiques) y sanaciones. El Evangelio se ocupa también de la salud del cuerpo. Está lleno de relatos de curaciones y psicoterapias de enfermos que realizó Jesús junto con su enseñanza. Cristo es el primer médico. Los secretos del funcionamiento de la psique-alma y cuerpo del ser humano los conoce mejor que nadie aquel que lo creó. Y ese es el Logos increado y creador, Jesús Cristo. Los demás médicos son investigadores del cuerpo humano. Cristo es su creador, y, por lo tanto, conoce el cuerpo y la psique-alma del ser humano mejor que nadie, comprende sus enfermedades y tiene la capacidad de sanarlo.

Cristo es el psicoterapeuta de las psiques-almas y el médico de los cuerpos. Es el médico (de cabecera) de todas las especialidades. Es el médico que cura y sana » toda enfermedad física, psíquica y espiritual y toda dolencia…” (Mt 4:23). El apóstol Pedro epigramáticamente resume la presencia terrenal de Cristo diciendo: «…el Cual pasó haciendo mucho bien, curando a los oprimidos por el demonio y haciendo innumerables milagros grandes» (Hechos 10:37).

Y a continuación, la Iglesia continúa interesándose tanto por la psique-alma como por el cuerpo. No busca destruir el cuerpo, sino erradicar los πάθος pazos. Ora «por aquellos que yacen en enfermedad». La salud es uno de los grandes bienes de Dios. Solo aquel que ha perdido su salud y sufre una enfermedad dolorosa puede explicarnos el valor que tiene. Cuando te privas de algo, entonces comprendes su verdadero valor.

Quien sana su psique-alma con la divina χάρις (jaris: gracia, energía increada) psicoterapéutica, sanadora y santificadora de los Misterios, especialmente mediante la μετάνοια metania, el arrepentimiento y la confesión, se protege en gran medida también de enfermedades físicas. La medicina tiene un carácter preventivo y terapéutico. La vida cristiana es la medicina preventiva: evita enfermedades. El pecado es enfermedad (física, psíquica y espiritual), dolor y muerte.

Sin embargo, alguien podría decir: «No lo previne, no pude contenerme, caí». ¿Y después? ¿Es la perdición? No, hermanos míos. Si caíste y te heriste… no te desesperes. Existe el Médico.  «¿Has pecado? Reconoce al Señor, al misericordioso, al filántropo, al bondadoso, al médico, al indulgente, al que perdona fácilmente, al digno de confianza» (San Juan Crisóstomo, EPE 34, 594). Es decir, si hemos pecado, reconozcamos y confiemos en nuestro Señor y Soberano, en Aquel que nos tiene misericordia, que nos ama porque somos Sus hijos, que es bondadoso, que concede la ciencia médica a los hombres, en Aquel que otorga y acepta nuestro perdón y μετάνοια metania, en Aquel que endulza con Su Presencia el corazón enfermo y doliente, en Aquel que adorna con Su Evangelio y enseñanza el camino de nuestra vida y del mundo entero.

Confiemos nuestras penas, dolores y esperanzas al Gran Médico, el que no cobra, no tiene salario es gratis, de cuya fuerza y χάρις jaris increada se nutren todos los médicos terrenales y salvadores de nuestros cuerpos y psiques-almas: el Hijo encarnado y Logos de Dios, nuestro Señor Jesús Cristo.

Traducción xX Χρῆστος Χρυσούλας, jJ Jristos Jrisulas logosortodoxo.es/ 21/01/2025

Consejos didácticos de los grandes Padres, cómo hablar, dialogar o discutir teológicamente entre fieles ortodoxos, y con otros heterodoxos.

Consejos didácticos de los grandes Padres, cómo hablar, dialogar o discutir teológicamente entre fieles ortodoxos, y con otros heterodoxos.

 

Introducción por el traductor

Apocalípticos me parecieron esos breves textos de los Santos Padres desde el momento en que los obedecí y los seguí al pie de la letra; fue una gran liberación para mi psique-alma.

El 02/02/2002 conocí a Cristo Dios en el Monte Athos, en el Monasterio Grigoríu y allí se me encomendó el diaconema de traducir al español, tarea que acepté como un medio de psicoterapiarme, siendo plenamente consciente de mi enfermedad psíquica y espiritual. En aquel momento, mi Yérontas me aconsejó apartarme de toda compañía con heréticos, heterodoxos y de sus templos.

Más tarde, descubrí textos adicionales de los Santos Padres que me trajeron un gran alivio. Sin embargo, me llevó más de un año ponerlos en práctica. Durante ese tiempo, solía involucrarme en conversaciones interminables con heterodoxos, en debates y dialécticas que me agotaban, e incluso llegaban a afectarme y enfermarme psíquicamente, además que me quitaban tiempo de traducir. Hasta que, un día, por una inspiración divina, comprendí algo sencillo pero crucial: si lo tienes muy fácil, no tienes que cansarte pensando que vas a decir o no, los santos Padres en Espíritu Santo lo han dicho y experimentado todo, y lo mismo tienes que hacer tú experimentarlo y vivirlo; así que ponte sólo a traducir en español y así tendrás todas las respuestas claras y responderás a través de ellos, si hace falta; y mi misión era seguir sus pasos, experimentar y vivir conforme a sus enseñanzas y al mismo tiempo, encontré apoyo en esta homilía del gran Yérontas Mitilineos que reforzó mi decisión.

Así que decidí dedicarme únicamente a traducir al español los textos de los Santos Padres. Este acto me permitió obtener respuestas claras, guiadas por el Espíritu Santo,

Desde entonces, aplicando la máxima de san Pablo: “… después de una o dos instrucciones dimite o aléjate”, los consejos de mi Yérontas y las enseñanzas de los Santos Padres, encontré sanación, psicoterapia y la divina ησυχία (hisijía: serenidad mental y paz cordial), que es el punto más elevado de la psicoterapia y espiritualidad ortodoxa. Además, he sido testigo de innumerables milagros en mi vida.

La ortodoxia no es una religión, es Fe en apocálipsis, psicoterapia del hombre experimentada, vivida y demostrada, no intelectual de las jaulas de las aulas!!! (Ver https://logosortodoxo.es/la-religion-es-una-enfermedad/)

¡Χαρις Jaris para todos!

 

Algunos consejos didácticos de los grandes Padres Ortodoxos para los fieles ortodoxos

 

Sed sabios y tened el nus iluminado para poder probar y juzgar con juicio justo y sano los espíritus, como dice san Pablo y el Evangelista Juan, cuáles son de Dios y cuáles del astuto maligno (1Jn 4,1) etc.

San Pablo, en la Epístola a Tito dice: “Al hombre herético que fomenta la división después de una y otra amonestación deséchalo; y si no te hace caso, apártate de él, conociendo, pues, que éste está extraviado de la verdad, está pervertido y, al perseverar en su pecado, se está condenando a sí mismo por su propia conciencia” (Tito 3, 10-11).

San Juan el Crisóstomo: “No nos ocupemos de logomaquias con temas dogmáticos, sino que nos dediquemos y aspiremos a la agapi (amor desinteresado, altruista) y la paz divina entre nosotros”.

San Isaac el Sirio nos dice: “Evitad el dogmatismo como si fuera un león rugiente; huid de este tipo de discusiones tanto con miembros de la Iglesia como de personas fuera de la Iglesia”.

Y san Gregorio el Teólogo en sus “logos pacíficos” decía: “Tened cuidado de los súper-cristianos que van de infalibles, de los «λίαν φιλοθέους καί φιλοχρίστους súper o muy filotheos y muy filocristos», porque ellos eran el mayor obstáculo en su lucha contra los heréticos; porque él como santo hacía su lucha con oración, con agapi y con sus logos teológicos, al contrario de los que querían y decían los “súper cristianos ortodoxos”.

San Basilio el Grande dice: «Los que practican y se ejercitan en el método dialéctico de contradicciones, no aceptando la sencillez de la enseñanza espiritual, despotrican y desvían la fuerza de la verdad mediante las contradicciones y controversias de la pseudónima o falsa gnosis (conocimiento) cayendo en la conjetura y especulación de los sofismas o charlatanerías» (Homilía sobre los Proverbios 7, PG31, 401 A).

«Venid a mí todos los que estáis psíquicamente cargados y cansados, agotados y afligidos, agobiados y deprimidos por vuestros pecados, autoengaños, sufrimientos y perturbaciones y yo os daré psicoterapia, alivio y paz en vuestra psique-alma y os haré descansar psíquica y espiritualmente. Llevad mi yugo de la obediencia sobre vosotros, y aprended de mí, que soy apacible y humilde de corazón, y encontraréis psicoterapia y sanación, alivio y descanso, paz y serenidad en vuestras psiques-almas» (Mt 11: 28-29).

Efectivamente no puede cada fiel hacer de médico cirujano sino conoce por experiencia propia la hermenéutica, ni ha estudiado bien y vivido, experimentado la teología patrística empírica y profética de los santos Padres y Profetas del Nuevo Testamento.

 

Sobre diálogos o discusiones teológicas entre los fieles ortodoxos, y con otros heterodoxos, cómo tenemos que hablar y aprender.

Yérontas Atanasio Mitilineos, el nuevo Crisóstomo.

Nuestro querido Yérontas Atanasio Mitileneos (1927 – 2006), llamado por los padres de la Santa Montaña Athos, el Nuevo Crisóstomo, aquí aborda principalmente el tema de la conversación y diálogo teológico entre los fieles. Su homilía es sumamente relevante este tiempo confuso que vivimos.

Creo que todos tenemos algo en nosotros mismos si miramos honesta y sinceramente dentro de nuestros corazones. Dejemos de una vez de dar alegría al diablo, que desea fervientemente romper y dividir a la Iglesia. ¡El que sabe callar aprende y sabe hablar, dice san Paísios!

Extracto de la homilía pronunciada el 7 de diciembre de 1986.

Existe un prejuicio sobre el tema de la discusión o conversación teológica, porque en el pasado surgían temas y cuestiones de herejía, es decir, de ortodoxia, (si es ortodoxo o no), y la conversación teológica muchas veces tomaba dimensiones de contienda, disputa y discordia. La gente peleaba, gritaba, comenzaban a debatir y terminaban en una disputa. Pero, amados míos, cuando decimos conversación teológica, no significa necesariamente que tengamos que tener personas opuestas o herejes para iniciar una discusión teológica. La discusión teológica puede desarrollarse de manera maravillosa entre fieles que tienen un vivo interés teológico y buscan profundizar más en la Verdad de Dios y mejorar su vida espiritual.

Tenemos muchos ejemplos de este tipo en el Nuevo Testamento. Por ejemplo, cuando el Señor conversa con Nicodemo, aquel experto en la ley, quien le pregunta: “¿tú eres maestro de la ley e ignoras el tema del renacimiento?, ¿cómo es que tú me dices que uno debe volver a entrar al vientre de su madre para ser renacido? ¿Tú que eres maestro de Israel? ¿Entonces qué hace el Señor con Nicodemo?, pues, una discusión teológica.

¿Qué hace el Señor con la mujer Samaritana? Escuchen. Una discusión teológica de muy alto nivel. Un tipo de diálogo tan elevado que no lo tuvo ni con los fariseos, ni con los Γραμματείς (Gramatís: intelectuales, teólogos de academia inexpertos, escribas). Una discusión profundamente teológica. Y son dos: el Señor y una mujer. Una mujer que probablemente ni siquiera sabía leer ni escribir, pero tenía inquietudes e intereses teológicos. Una mujer del pueblo, y, además, una prostituta. Pero ella tenía interés e inquietudes teológicas y así conversa con el Señor. Lo sorprendente es que esta conversación teológica la comienza la mujer, no Él –esto es un beneficio de Cristo en la conversación. Fue el Señor que dio el motivo: “Dame de beber agua”. Y ella respondió: «¿Cómo es que tú, siendo judío, me pides de beber a mí, una mujer samaritana?» Porque, por ley, un judío no debería tocar al samaritano. Sin embargo, le dice: “Si supieras quién es el que te dice dame de beber agua”. Entonces inmediatamente dice la mujer: “Nuestros padres nos han dicho que debemos venerar y adorar a Dios en el Monte Garizín, vosotros decís en el monte Sión, ¿cuál es el lugar correcto?” De inmediato, la mujer entra en una discusión, conversación teológica. Ella toma la iniciativa de entrar en un debate teológico, aunque fue el Señor quien dispuso la situación para que se abriera ese diálogo teológico.

Y el Señor, queridos míos, lleva a la mujer samaritana a conceptos elevados. Y estos conceptos elevados utilizan el método del diálogo. No un diálogo para buscar la Verdad, como en el diálogo filosófico, sino un diálogo que crea comprensión de la Verdad apocaliptada-revelada. Este punto que lo tengamos especial cuidado. La teología no es filosofía. No hablamos para encontrar la Verdad de una manera o forma lógica, racional, sino que conversamos para encontrar la Verdad por o según apocálipsis-revelación. Es decir, acudimos a aquello que ha sido depositado y apocaliptado-revelado para que se nos haga manifiesto. La apocálipsis-revelación depositada expuesta que sea revelada-apocaliptada también en nosotros.

Incluso el Señor también habla sobre temas teológicos con los γραμματείς (gramatís: intelectuales, teólogos de academia inexpertos, escribas) y los fariseos. Por ejemplo, cuando dice: «¿Cómo es que David, en el Espíritu, dijo: “El Señor dijo a mi Señor…?»  Salmo 109, etc. Pero, sobre todo, Jesús Cristo dialoga teológicamente con Sus discípulos. Ahí está la mayor parte de la teología…

Pero, queridos míos, cuando decimos “conversación teológica” no nos referimos a exhortaciones morales, – como decirle a alguien que sea buena persona, que tenga paciencia, que cuide de sí mismo—, ni tampoco a búsquedas vanidosas de la mente. Porque, muchas veces, quienes saben algo de teología inician conversaciones no para edificar, sino para vanagloriarse y exhibir su vanidad y demostrar a los demás lo importantes y geniales que son. Esto es muy malo. Nunca un diálogo o conversación debe llevarnos a una exhibición o presunción de gnosis (conocimientos). En ese caso, allí ya no hay el Espíritu de Dios. Y, muchas veces, tales discusiones no conducen a buenos resultados. Es un indicio de que el Espíritu de Dios no estaba ahí, y de que el motivo detrás de esa conversación fue la vanidad, vanagloria.

Por tanto, cuando decimos “conversación o discusión teológica”… la elaboraremos y la llevaremos a cabo con mucha humildad y con buena disposición tanto de aprender como para experimentar y vivir aquello que comprendemos; solo entonces profundizaremos en el contenido de nuestra Fe. Escudriñaremos su contenido para ver qué podemos extraer y absorber de él.

Mas nuestra conversación o discusión teológica se debe hacer para edificar y no para dañar o escandalizar. Muchas veces, alguien que ha aprendido muchas cosas, pero al no tener discernimiento, puede hablar de temas teológicos y, al final, escandalizar a los demás. Esto ocurre porque los oyentes, al ser personas simples, no están en condiciones de entender lo que se les dice. Lo que aprendemos en la universidad, por ejemplo, puede parecer escandaloso para una persona sencilla y aunque en realidad no lo sea, y decir: ¿estas cosas aprendéis? Por supuesto que uno puede aprender algo y para un hombre sencillo puede parecer escándalo y sin embargo puede ser que no sea escándalo… pero este hombre no está en situación de seguir una discusión de este tipo. Por eso, se requiere siempre precaución: la conversación debe ser siempre edificante y nunca dañina.

En una conversación teológica son inconcebibles las disputas y las contiendas. Única y exclusivamente porque el otro no entiende o tenga opiniones diferentes debido a su falta de comprensión. Puede que tenga estas opiniones distintas, entonces aquí ¿por qué tenemos que pelearnos y enfadarnos? No importa si cree algo distinto. Me dirán: ¿cómo que no importa si cree algo distinto? Sí, no importa. Pero esto no lo digo yo, lo dice le Apóstol Pablo. Dice a los Filipenses 3,15: “Así pues, los que deseamos ser perfectos sintamos de este modo; de que no nos hemos hecho perfectos, debemos luchar continuamente hasta el fin, y si alguno siente de otra manera de lo que os digo, esto Dios os lo apocaliptará-revelará y os lo hará ver”.

Todo lo que sabemos y lo que hemos percibido y entendido, debe estar de acuerdo. Si se supone que hay un punto que el otro no está de acuerdo única y exclusivamente porque no lo entiende, no vamos a pelearnos. Lo entenderá en su momento, cuando alcance la madurez necesaria. Por ejemplo, alguien podría preguntar: «¿Es posible aceptar las Sagradas Reliquias? Cuando llegue a la madurez, lo aceptará. (Esto mismo me pasaba a mí el traductor, pero llegó el momento que lo experimente y lo acepto, ya que muchas Reliquias sagradas al venerarlas me perfumaron).

Amigos míos, os contaré un pecado mío. Y si uno lo comparte públicamente… por supuesto también tiene que decirlo en su confesión. Cuando era joven, con unos 20 años y profesor, tenía que enseñar a los niños sobre la creación de Adán y Eva. Influido por las ideas que circulaban en aquel entonces, sentía vergüenza de hablar sobre la creación de Adán y Eva. Es decir, me parecía casi un mito, así que evitaba hablar de esos temas. Si se fijan ahora, no hay tema en el que no haga referencia a la creación y formación de los Primeros en ser creados. ¿Qué ocurrió? Muy simple: en ese momento no lo entendía. No porque quisiera negarlo, sino porque no había alcanzado la madurez para comprenderlo. Esto es lo que Pablo quiere decir.

Por lo tanto, hay muchas cosas que no podemos comprender. No debemos pelear con otros ni ellos con nosotros si no comprendemos. Esto no se aplica cuando tratamos con un hereje, incluso entonces, debemos decirle: «Esa es una opinión tuya, pero es incorrecta. No tenemos intención de pelear contigo; esto es lo correcto». Con las palabras: «Por las bendiciones de nuestros santos padres», damos por terminada la discusión.  Qué dice el Apóstol Pablo: “… después de una o dos instrucciones dimite o aléjate”. No te alteres, no pelearás, ni te enfadarás, ni llegarás a las manos. No, nada de estas cosas. ¿Qué debes hacer? Déjalo ir si insiste, y dile simplemente que su posición es errónea. No pelearemos, lo repito una vez más.

Añadiendo, me gustaría deciros que la conversación teológica presupone oyentes y conversadores. Debes saber cuándo tienes que hablar, qué vas a oír, cómo lo vas a oír y cuándo debes callarte. En otras palabras, la discusión requiere preparación y cultivación. No podemos hablar de un diálogo teológico si no tenemos las condiciones necesarias para llevarlo a cabo.

¿Han notado alguna vez cómo conversamos en una mesa, en un banquete o en un salón? Todos hablan al mismo tiempo. Todos. Todos hablan y nadie escucha, porque no hemos aprendido ni a hablar ni a escuchar. Solo una persona debería hablar. Cuando termine, otro puede empezar, luego el tercero, el décimo, pero no todos a la vez. Y debemos aprender a escuchar y sin interrumpir al otro, le escucharemos.

¿Qué dice el apóstol Pablo al establecer un orden en la Iglesia? Dice que: «Si se da un espíritu de profecía o teología a más de uno, no deben hablar todos al mismo tiempo, sino que cada uno debe esperar su turno para hablar».

Además, la discusión teológica no es un lujo, sino una necesidad de la psique-alma. Créanme, es una necesidad de la psique-alma. Cuando alguien logra extraer de esa mina de oro de la teología, del logos de Dios, una pequeña pepita de oro, ¡ah, si supieran!… ¡Qué alegría siente un arqueólogo cuando encuentra un hallazgo valioso! Mucho mayor es la alegría de aquel que encontró en el logos de Dios un tesoro teológico. ¿Qué puedo decirles? Es algo único, es una cosa admirable y maravillosa, y si lo comparte con compañía, cuando expresa aquello que ha encontrado, ¡los demás se alegran de una manera extraordinaria! Esto es lo que significa una conversación teológica fructífera: debe darse con las condiciones adecuadas, como una necesidad de la psique-alma y no como un lujo (intelectual).

Recordemos, queridos hermanos, como ejemplo, lo que ocurrió cuando el Señor se encontró con los dos discípulos camino a Emaús. ¿Saben qué hacían mientras caminaban hacia su pueblo? Hablaban teológicamente, compartían teología.  Por eso el Señor les preguntó: ¿Qué logos son estos que intercambiáis entre vosotros mientras camináis y estáis tristes? (Lc 21,17), es decir, habla uno y habla el otro, cuáles y qué son estos logos o palabras que estáis discutiendo. Y ellos respondieron: “Acerca de Jesús de Nazaret”. Y después, de esta conversación que mantuvieron con el Señor, queridos hermanos, se dieron cuenta de que su corazón ardía mientras Él les abría a través de les abría su νούς (nus: espíritu de la psique) y los sentidos espirituales para que entendiesen las Escrituras: “Entonces les fueron abiertos los ojos físicos, psíquicos y espirituales el nus/espíritu y la mente/intelecto y lo reconocieron, pero él desapareció de su lado. Y se dijeron el uno al otro: ¿No ardía el interior de nuestro corazón por el divino entusiasmo, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba los logos y conceptos difíciles de entender de las Escrituras?” (Luc 24: 31-32).

Una conversación, discusión o lectura fructífera crea una llama en el corazón. Despierta y crea sentimientos provocados por el Espíritu de Dios. En una conversación de este tipo, sea que estemos hablando o preguntando como os dije, no debemos convertirnos en molestos o vanagloriosos, sino discretos. La amabilidad, la cortesía y la humildad son unas virtudes divinas en una discusión o diálogo teológico. Amín. Fuente: arnion.gr 

Traducido por Χρῆστος Χρυσούλας Jristos Jrisulas xX jJ http://www.logosortodoxo.com/

 

¿Es el Ecumenismo una herejía? ¿Qué nos dicen nuestros santos? «El Ecumenismo es una παναίρεση panherejía»

¿Es el Ecumenismo una herejía? ¿Qué nos dicen nuestros santos?

«El Ecumenismo es una παναίρεση panherejía»

En Pafos, Chipre, el 27 de diciembre de 2024

Festividad del protomártir y archidiácono Esteban 

Oficina contra las herejías

 

«El Ecumenismo es una παναίρεση panéresi panherejía»

Todos los santos contemporáneos han calificado y caracterizado al Ecumenismo como una herejía, y específicamente como una “παναίρεση panéresi panherejía” (todo herejía, que contiene todas las herejías), ya que incluye todas las herejías». Todos ellos hablaron y actuaron en contra del Ecumenismo. Presentaremos textualmente algunas referencias al tema de la panherejía del Ecumenismo —algunas de las cuales se publican por primera vez— con el fin de evitar interpretaciones arbitrarias y mostrar la confesión común de nuestros santos, refutando a quienes afirman que «el ecumenismo no existe y es una imaginación enfermiza de algunos fieles extremistas y celosos».

 

San Justino Popović

Comencemos con el gran Padre serbio de la Iglesia y un pequeño extracto de su libro “La Iglesia Ortodoxa y el Ecumenismo”:

«El Ecumenismo es un nombre común para los pseudocristianismos y para las pseudoiglesias de Europa Occidental. En él reside el corazón de todos los humanismos europeos, encabezados por el Papismo. Todos estos pseudocristianismos, todas estas pseudoiglesias, no son otra cosa que una herejía junto a otra herejía. Su nombre evangélico común es παναίρεση panherejía. ¿Por qué? Porque, a lo largo de la historia, las diferentes herejías negaban o deformaban ciertas características del Dios-Hombre y Señor Jesús, mientras que estas herejías europeas apartan por completo al Dios-Hombre y colocan en su lugar al hombre europeo. Aquí no hay una diferencia esencial entre el Papismo, el Protestantismo y otras herejías cuyo nombre es λεγεών (leyeón) legión… El minimalismo ético desnudo y el pacifismo humanista del Ecumenismo contemporáneo solo logran una cosa: revelar las raíces humanistas tuberculosas que los sostienen.»

 

San Porfirio del Monte Athos

San Porfirio mostró un verdadero espíritu confesional, evidente también en grabaciones donde su propia voz habla con sus hijos espirituales. Presentamos algunas transcripciones:

«Ahora, sin embargo, en todo el mundo, diferentes mentalidades, personas e incluso grandes líderes que ni siquiera creen que Dios existe, tienen la opinión de que no debería haber muchas religiones, porque dividen a las personas y las llevan al odio. Y todos se esfuerzan, grandes y pequeños, incluso naciones enteras, por crear una única religión. Y lo harán de tal manera… Como si todas las religiones fueran iguales, como si tuviéramos que formar una nueva religión. Esto lo hacen los sionistas, trabajan mucho en este sentido, para que los hombres formen una nueva religión «buena» y olviden que existe el infierno, que existe Satanás y cosas por el estilo… No quiero, en absoluto, que se propague la idea de que todas las religiones son una, de que no hay diferencia. «Todas son de Dios», que puedes ir a cualquier religión que desees, y adorar al dios que prefieras. No… no… no quiero eso. No puedo soportarlo. Así es mi espíritu.»

 

El Profesor de Dogmática Sr. D. Tseleguidis menciona:

“Pregunté a personas cercanas a él. Pregunté: Ustedes que lo conocieron, que recibieron su estima, ustedes que aún ven al Santo en sus vidas, ¿nunca le hicieron esta pregunta: ¿Qué es el Ecumenismo? ‘Profesor, ¿cómo que no? ¡Por supuesto que se lo preguntamos! Nos decía que era algo repugnante, una suciedad e inmundicia espiritual’.”

 

San Paísios del Monte Athos

Numerosas referencias relacionadas se encuentran en *Vida del Yérontas Paísios* de Padre Isaac:

“La lucha contra el Ecumenismo y la singularidad de la Ortodoxia”.

San Paísios combatió el Ecumenismo y hablaba de la grandeza y unicidad de la Ortodoxia. Durante un tiempo, junto con casi todo el Monte Athos, interrumpió la conmemoración del Patriarca Atenágoras debido a sus peligrosas aperturas hacia los papistas romanocatólicos.

#### Extracto de “Logos del Yérontas Paísios del Monte Athos”:

«El diablo tiene tres tentáculos. Para los pobres, el comunismo; para los fieles, el ecumenismo; y para los ricos, la masonería. Hay algunos que empiezan con buena intención. Pero cuando se juntan magos, adoradores del fuego, protestantes –un montón de cosas sin fin– para traer la paz al mundo, ¿cómo pueden ayudar? Que Dios me perdone, pero estas son las artimañas del diablo.»

> «Ecumenismo, mercado común, un gran estado, una religión a su medida. Estos son planes diabólicos. Los sionistas están preparando a alguien para Mesías.»

 

San Efraín Katunakiotis, Athos

El profesor G. Mantzaridis señala:

> «Aunque no poseía conocimientos teológicos específicos, era extremadamente sensible en cuestiones dogmáticas. A menudo decía que ciertos pecados graves los sentía como un hedor. Comprobaba que el pecado tiene un olor desagradable. Cuando un visitante le preguntó sobre el Ecumenismo, oró para que Dios lo iluminara y respondió:

‘Un hedor, un sabor agrio, salado, amargo. ¡Eso es lo que sentí!’ decía con repugnancia.»

 

El profesor D. Tseleggidis también añade:

> «Yo personalmente pregunté al Padre Efrén Katunakiotis de Athos (ahora santo) sobre el Ecumenismo y me dijo:

«¿Qué puedo decirte? Llevo 50 años aquí y ya olvidé el griego. No leo. ¿Qué sé yo sobre el Ecumenismo? Alguien me lo preguntó antes y fui a preguntárselo a Cristo. Él me respondió que es un lugar de espíritus sucios, inmundos».

 

San Arsenio Boca

> «¿El Ecumenismo? Es la herejía que contiene de todas las herejías. La caída de la Iglesia por sus propios servidores, instrumentos de Occidente. Sus consecuencias son los restos podridos que caen, ya sean obispos, sacerdotes, monjes o laicos… Volvamos a la santa Parádosis-Tradición, a los Dogmas y a los Cánones de los Santos Padres de los siete Concilios Ecuménicos. De lo contrario, iremos al infierno, ¡incluidos nuestros obispos! ¡Dios nos guarde!»

 

San Gabriel el Loco por Cristo**

> «Al principio será una herejía y más tarde se convertirá en una gran confusión. Tras la aparición del Ecumenismo vendrá el Anticristo.»

 

**Instrucciones del Padre Stefanos Karuliotis de Athos para alcanzar la Santidad** 

> «No es difícil llegar a ser santo, y se requieren las siguientes condiciones:

> 1. Tener una fe Ortodoxa pura. No ser ecumenista ni hereje.

> 2. Tener un confesor y confesar todos los pecados cometidos desde la infancia.

> 3. Luchar por no repetir los mismos pecados. Si caes nuevamente, correr inmediatamente al confesor para confesarlo.

> 4. Comulgar frecuentemente el Cuerpo y la Sangre de Cristo.»

Amén.

Con amor en Cristo,

**Oficina contra las Herejías de la Santa Metrópolis de Pafos**

Estos testimonios destacan la advertencia unánime de los santos frente al peligro del Ecumenismo, afirmado como una amenaza contra la pureza de la fe ortodoxa.

 

Añadido por el traductor, fuente: https://hristospanagia3.blogspot.com/search?q=Οικουμενισμός 

 

### El Difunto Archimandrita Padre Jaralambos Vasilopulos escribe sobre la Panherejía del Ecumenismo en su Libro *»El Ecumenismo sin Máscara»*:

>“El ecumenismo, como se demuestra con datos serios e irrefutables que leerás a continuación, querido lector, es un invento satánico de las Fuerzas Oscuras. Es una herejía gran, terrible y espantosa o más bien una panherejía. Es una amalgama de religiones, filosofías y tradiciones en una unidad absurda y grotesca.

Es un engaño astuto, elaborado con un plan satánico, que sostiene que en ninguna parte existe la Verdad única, absoluta y unificada. ¡Ni siquiera en la Ortodoxia!

Así, el Ecumenismo se convierte en un monstruo, una bestia que devora todo.”

Todos, clérigos y laicos, hemos sido designados por Dios como guardianes incansables y vigilantes para proteger el tesoro más valioso de la humanidad: la Verdad que Dios trajo al mundo.

Debemos resistir para no perder el tesoro de la Fe Ortodoxa que el Señor nos ha confiado.

 

+Nicolás Sotiropoulos: El Ecumenismo es Realmente una Panherejía

> “Clérigos prominentes y otros ecumenistas afirman que el ecumenismo no es una herejía. Sí, también decimos que el ecumenismo no es una herejía, es decir, una sola herejía, sino una mezcolanza de herejías, una panherejía, como lo definió el santo Padre de la Iglesia, Justino Popović, y como lo creen todos los clérigos y laicos con mentalidad y espíritu de Cristo y de la Ortodoxia.”

Pruebas de que el Ecumenismo es una Panherejía es la Encíclica del Patriarcado Ecuménico de 1920. Según esta famosa encíclica, ¡las «Confesiones Heréticas de Occidente» son consideradas Iglesias hermanas!

Prueba de la triste verdad de que el ecumenismo es una panherejía es el famoso «Consejo Mundial de Iglesias» (C.M.I.). Incluso el nombre de este Consejo es herético debido al plural de «Iglesias», muchas Iglesias, cuando Cristo no fundó muchas, sino una sola Iglesia, la que posee la fe correcta y la enseñanza verdadera.

Otra prueba de que el ecumenismo es una panherejía es una declaración reciente del Patriarca Ecuménico ante el Secretario General de la ONU, en la que afirmó que lucha por la unión de las Iglesias, de la misma manera en que el Secretario General lucha por la unión de los pueblos y las naciones («O.T.», 27-11-2009).

Prueba de que el ecumenismo es una panherejía es la afirmación de un profesor ecumenista de Teología, quien declaró que los papistas romanocatólicos, los protestantes, los anglicanos, etc., no son herejes.

Prueba de que el ecumenismo es una panherejía son las declaraciones y manifestaciones heréticas de muchos de nuestros ecumenistas, tanto clérigos como laicos. Entre otras manifestaciones, nuestros ecumenistas también participan en oraciones comunes y concelebraciones con herejes, como si no fueran herejes, sino ortodoxos. Esto representa una nivelación de la Ortodoxia con las herejías.

El ecumenismo, en efecto, es una panherejía.

 

Hacia los Ecumenistas

Dice el Apóstol Pablo: «No os mezcléis y os unáis con los infieles que a causa de su infidelidad es difícil entenderse y colaborar con ellos,” ¿Qué concordancia hay entre la justicia y la iniquidad? ¿Qué comunión hay entre la luz y la oscuridad o las tinieblas? ¿Qué concordia y entendimiento hay entre Cristo y Belial, el diablo? ¿Qué puede tener en común el creyente con un infiel?» (2 Cor. 6, 14-15).

Esta regla no solo fue válida en la antigüedad, sino que también se aplica hoy a todos nosotros, los cristianos ortodoxos. Especialmente, busca protegernos de los planes satánicos trazados por los enemigos de la Ortodoxia, del llamado ecumenismo.

¿Qué es el Ecumenismo?  El P. Jaralambos Vasilópulos afirma en su libro «El Ecumenismo sin Máscara»:

«El Ecumenismo es un movimiento mundial del sionismo internacional que tiene como único objetivo la unión política y religiosa de la humanidad. En pocas palabras, el ecumenismo es un movimiento mundial infernal, político y religioso, cuyo propósito es someter a la humanidad bajo un gobierno mundial… y la unión de todas las religiones en una sola Panreligión (que contiene todas las religiones), para que el cristianismo desaparezca, se elimine la fe ortodoxa que psicoterapia, sana y salva, y finalmente se adore, en lugar del verdadero Dios, a Satanás».

San Basilio el Grande señala: «Aquellos que confiesan hipócritamente la verdadera fe ortodoxa, pero tienen comunión con los que piensan diferente, no deben ser llamados ni siquiera hermanos».

Una enseñanza salvadora y reveladora sobre los herejes recibió el P. Efmenios Saridákis (ahora santo) de un ángel del Señor, como se relata en su vida: «Nuestro padre espiritual, el P. Efmenios Saridákis, en una ocasión oraba por el diablo. Sin embargo, Dios lo detuvo, diciéndole que tal oración era infructuosa en cuanto al resultado deseado.

En otra ocasión, el Padre me confesó que mencionó en la Protesis al humanista europeo conocido, Raoul Follereau, de confesión papista, porque había beneficiado al Leprocomio y era una persona muy bondadosa. Entonces, un ángel del Señor tiró la porción del santo disco tres veces.

La tercera vez, el ángel apareció y le dijo que en la Protesis solo tienen lugar los miembros de la Iglesia. Le explicó que podía incluir a todos en sus oraciones con el komposkini, sean herejes, de otras religiones, asesinos, criminales, inmorales, todo el mundo, vivos y fallecidos. Sin embargo, en la oración efjarística, solo a los ortodoxos, ya que estos constituyen los miembros de la Una, Santa, Católica y Apostólica Iglesia».

 

###Opinión del Santo Porfirio sobre los diálogos 

El Santo Porfirio enfatiza: «No teman. La intención del Papa siempre ha sido someter a la Iglesia Ortodoxa, y llegará un día en que el diálogo se detendrá; no ocurrirá nada. Además, los Uniatas, ese caballo de Troya, es evidente que solo les interesa que los ortodoxos reconozcan al Papa como cabeza y nada más».

Además, explica categóricamente:

«Todo el mundo me llama por teléfono, desde todos los reinos del mundo, a cualquier hora. Desde todos los países: Sudáfrica, Ciudad del Cabo, Johannesburgo, América… yo qué sé… de todo el mundo. ¿Y que se diga que yo, que tengo un espíritu libre, acepto todas las religiones? No, no las acepto. Quien sea que me lo diga, incluso si viene un ángel y me dice eso, le responderé: mientes, no eres un espíritu bueno, eres un espíritu maligno que dice esas cosas. Así le diré al ángel; no le creeré».

«-Les voy a decir algo, hijos míos: no me gusta leer libros ajenos, de otras religiones… Nosotros no debemos leer ni tomar ejemplos de ellos, sino solo de los Padres de nuestra Iglesia divinamente inspirados.»

 

Jaralambos Vasilópulos nos aconseja:

«Todos los ortodoxos tenemos el deber sagrado de denunciar al maldito ecumenismo por Dios, y todos los cristianos ortodoxos de nuestra patria, así como los ortodoxos de todo el mundo, debemos unirnos contra él. Todos deben saber que el ecumenismo busca el entierro de la Ortodoxia, de la Una, Santa, Católica y Apostólica Iglesia, y que conduce al desmantelamiento de nuestra misma Nación y otras».

 

Yérontas iluminados Rumanos en contra del Ecumenismo

 

Padre Dimitrios Staniloae (1903 – 1993)

No estoy a favor del Ecumenismo. Justino Popovic, Serbio (ahora santo), tenía razón al llamarlo la «herejía universal de nuestra época». Considero que el ecumenismo es producto de la masonería. Relativiza la Verdad y la verdadera Fe. ¿Por qué debería quedarme con aquellos que hicieron de las mujeres sacerdotes, con aquellos que no se casan (celibato del clero), con los homosexuales en América y en Inglaterra?

 

Yérontas Georgios Kaltsiu (1925 – 2006)

El movimiento ecuménico comenzó por fuerzas que buscan nivelar las religiones y las naciones. Es un esfuerzo promovido por la masonería desde hace tiempo. Estoy en contra del Ecumenismo y lo considero la mayor herejía de nuestro siglo. No estoy seguro de si lo saben, pero la Iglesia de Serbia solicitó retirarse del Movimiento Ecuménico (CME) y hasta ahora las siguientes Iglesias ya se han retirado: la Iglesia de Serbia, la Iglesia de Georgia y el Patriarcado de Jerusalén. Creo que debemos ser muy cautelosos con el Ecumenismo, que intenta nivelar las religiones al nivel más bajo espiritualmente y, en particular, destruir la Ortodoxia.

*(más adelante en el mismo video)

Pregunta: ¿Qué opina sobre el Ecumenismo y los resultados hasta ahora?

Georgios Kaltsiu: El Ecumenismo, como dicen los griegos, es la mayor herejía de nuestro siglo. Y lo es. Porque llega con algunas ideas infladas: amar a los demás, ¿por qué discutir? hacer oraciones conjuntas, la oración conjunta llega al oído de Dios, etc. Cosas que son engaños idolátricos. Engaños diabólicos. Creo que la gente se mantendrá firme en su fe y cada vez más veo que se está llevando a cabo un debate contra el Ecumenismo. Esta santa resistencia llega cada vez más a los oídos de los fieles.

 

Arsenios Papatsiok (1914 – 2011) 

Pregunta: ¿Sobre el ecumenismo?

Arsenios Papatsiok: Claro, estoy en contra. Por eso hablaba, estoy en contra hasta la muerte…

Pregunta: ¿Sobre las herejías y la «iglesia» papista católica romana?

Arsenios Papatsiok: Están anatematizados, así es la situación. No podemos garantizarles la salvación, no podemos. Los Santos Padres, concilios ecuménicos completos consideran sus enseñanzas como heréticas. Muy simple, no podemos considerar una herejía anatematizada como salvadora.

 

Yérontas Adrian Făgețean (1912 – 2011) 

Pregunta: ¿Es el Ecumenismo una herejía?

Adrian Făgețean: Sí, lo es. Lo dijo también el P. Staniloae, es la herejía del siglo XX.

Pregunta: Y San Justino Popovic.

Adrian Făgețean: Sí también.

 

Yérontas Cleópas Ilie (1912 – 1998)

Nosotros (los ortodoxos) somos pocos, pero somos la Iglesia completa. No tenemos ninguna carencia. No hay nada que tomar prestado de los protestantes o los papistas católicos romanos. Nada, absolutamente nada. Creemos y entendemos nuestra Iglesia como completa. Tiene todos los dogmas correctos, toda la Tradición Apostólica de los Santos Padres. Y tiene todas las normas y toda la Tradición Litúrgica, Canónica, Dogmática e Histórica. Todo lo que necesitamos lo tenemos en nuestra Iglesia. Es la Iglesia que ha seguido fielmente hasta ahora el Evangelio y la Tradición Apostólica. Y ellos (los romanocatólicos y los protestantes) lo saben, y por esa razón quieren acercarse a nosotros.

 

Yérontas Justino Parvu (1919- 2013)

Los Santos, los Santos Padres de los siglos XI al XIII no lograron esta unión. Sin embargo, ¿esta cosa se realizará con estos pastores de nuestra época? Pastores que no tienen nada de profundidad cristiana y espiritual en sus interiores. Pastores que solo tienen vida política y mundana. Es un Ecumenismo que nació no de las enseñanzas de la Iglesia, sino de las opiniones personales de tales personas. Al respecto, el P. Staniloae dijo: «El Ecumenismo es la herejía más terrible del siglo XX».

 

Yérontas Arsenios Boca (1910 – 1989)

¿El Ecumenismo? Es la herejía de todas las herejías. La caída de la Iglesia a través de los mismos servidores de la Iglesia, los instrumentos de Occidente. Solo los restos podridos caen de la Iglesia Ortodoxa, ya sean obispos, sacerdotes, monjes o laicos. Volvamos a la Sagrada Parádosis-Tradición, a los Dogmas y a los Cánones de los Santos Padres, de los 7 Sínodos Ecuménicos. De lo contrario, seremos conducidos al infierno, junto con nuestros obispos. Que Dios nos proteja.

**************

* Esta declaración del P. Georgios Kaltsiu debe haber sido alrededor de 1997, cuando la Iglesia de Serbia decidió efectivamente retirarse del C. M. E. Sin embargo, esta decisión no se formalizó hasta la Reunión de Tesalónica en 1998, la cual aparentemente tranquilizó (y devolvió al redil del C. M. E.) a la Iglesia de Serbia. La Iglesia de Bulgaria se retiró un año después, en 1998, por lo que evidentemente no se menciona. El Patriarcado de Jerusalén se había retirado del C. M. E. en 1992 (durante el patriarcado de Diodoro I), pero regresó en 2004 (durante el patriarcado de Irineo I).

 

Yérontas Atanasio de Mitileneos: Las características del Anticristo y el Ecumenismo

Yérontas Atanasio de Mitileneos: El Ecumenismo es un caballo de Troya que trae consigo al Anticristo. ¡Sí, sí! Y, sin embargo, el lema del Ecumenismo, atención, es: ¡amor! ¡amor!

Si me preguntan, ¿para qué nos serviría exactamente esta descripción de la bestia, del Anticristo? Pues es algo muy importante. Cuando la policía busca a alguien, a un delincuente, distribuye una fotografía entre todos los agentes, si es que tienen su foto. Incluso, si fuera posible, la publicaría para que los ciudadanos pudieran ver las características del delincuente y, si lo encuentran, lo detengan. Esto significa que debemos conocer con precisión las características del Anticristo, para que, cuando aparezca, no nos engañe y sepamos muy bien quién es.

Por ejemplo, si alguien aparece vestido con traje, con sombrero de ala ancha, con corbata, como un «caballero» (lo pongo entre comillas), y dice ser importante, lo examinamos de arriba abajo y le decimos: “¡Fuera de aquí, estafador!” Alguien podría asustarse y exclamar: “¿A este caballero tan correcto lo llamas estafador?” Sí, cuando reconoces sus características y puedes ver cuáles son sus intenciones, ¿por qué no llamarlo estafador? “¡Fuera de aquí, estafador!”

Y, queridos míos, imaginen que el Anticristo se presentará como un santo, inocente, ¡como un cordero! Se mostrará filántropo. Cuando tome el poder dirá: “¡Demos pan a los pobres! ¡Que no haya ningún pobre en el mundo!” Hará milagros (hoy con la inteligencia artificial), ¡sanará a los enfermos! Nadie dirá: “¿Qué más se necesita finalmente? ¿Qué más falta? ¡Este es el ‘Mesías’!” Y adorarán a la bestia, al impostor, al destructor de psiques-almas.

Por eso, los Padres de la Iglesia se encargaron de darnos—primero las Sagradas Escrituras, el Logos de Dios—y de analizar y señalar las características del Anticristo, para que podamos distinguirlo. Es algo grande, permítanme decirlo, y desearía que todos los que escuchan el Logos de Dios tengan esta capacidad, porque es un privilegio exclusivo de los creyentes y santos reconocer a la bestia en el rostro del Anticristo. ¡Solo ellos tienen este privilegio! Los demás serán engañados. ¿No les gustaría, realmente, que pudiéramos saberlo? ¡Es absolutamente necesario!

Y si consideran que los precursores del Anticristo llegan con las mismas características, veremos más adelante que también hay un falso profeta, que será algo así como un precursor que proclama al Mesías. Y no olviden, les repito una vez más, que también será una persona. Pero antes del falso profeta ya existen «situaciones», no personas, sino circunstancias que vienen bajo estas formas y características de justicia social global, filantropía, amor, y todo ello sirve al Anticristo.

No quisiera enfocarme más que en el ámbito eclesiástico. Recuerden (libreo del Apocalipsis) que no se midió toda la ciudad, sino solo el templo y el atrio interior, donde está el altar. El resto del templo y la ciudad fueron pisoteados por las naciones.

Tomen el caso del Ecumenismo. Este, que fue forjado en el Consejo Mundial de «Iglesias», ¿qué creen que es, queridos míos? Un caballo de Troya. ¡Sí, un caballo de Troya! Entonces, ¿qué es el Ecumenismo?

El Ecumenismo es un caballo de Troya que trae consigo al Anticristo. ¡Sí, sí! Y, sin embargo, el lema del Ecumenismo, atención, es: ¡amor! ¡amor! Este esquema del Ecumenismo fue promovido y sigue siendo promovido incluso por clérigos ortodoxos, ¡incluso de los más altos rangos! ¡Es una desgracia!

El bendito padre Justino Popovic decía que: ¡el Ecumenismo no es una herejía, sino una panherejía, es decir, contiene todas las herejías en su interior!

En realidad, es una abolición del cristianismo. Y, sin embargo, se presenta en nombre del amor. Y cuando alguien se opone al Ecumenismo, le dicen que “se opone al amor, que es un predicador del odio”. ¿Un predicador del odio? Entonces, debemos distinguir, queridos míos, bajo estos caballos de Troya, al Anticristo.

Es necesario, es necesario, ¡presten atención! Porque puede que no vivamos nosotros los días del Anticristo, puede que nuestra generación ya haya fallecido. Podría ser dentro de 50 años, 100, 500 o 1000. No lo sabemos. Pero también podría ser en las próximas tres décadas (1985). Nadie sabe nada. Nadie lo sabe. Solo las señales comienzan a multiplicarse. Lo importante es si sucumbimos o no al Anticristo y sus precursores.

Si hoy somos derrotados por los precursores del Anticristo, es como si hubiéramos sido derrotados por el mismo Anticristo. Es lo mismo. Es decir, ¡no tenemos salvación!

 

Terrible profecía de San Cosme de Etolia

(Arsenio Monje, Skete de Kutlumusiu, Athos)

En una de sus profecías, San Cosme de Etolia nos dice: «En los tiempos finales, los sacerdotes serán los más impíos de todos». Una profecía tremenda y conmovedora que, lamentablemente, vemos cumplirse con gran frecuencia en nuestros días, ya que nadie duda de que los tiempos que vivimos son los últimos. Pero, en verdad, ¿a qué impiedad de los sacerdotes se refiere San Cosme?

Queridos míos, el pecado siempre ha existido en el ser humano, pero también existía su reconocimiento, que es el comienzo del arrepentimiento y vuelta a la μετάνοια metania. De hecho, si eliminamos el reconocimiento de la caída, es imposible que el hombre que peca llegue a la μετάνοια metania. Creo que esta es la impiedad a la que se refiere San Cosme, porque no hay mayor impiedad que cuando el hombre peca y no quiere reconocer su caída.

Así, vemos en nuestros días a algunos clérigos de alto rango —y no solo ellos— enseñando de manera provocativa estilos de vida contrarios a la Ortodoxia. Más bien diremos: «Si un ciego guía a otro ciego, ambos caerán en el hoyo» (Mt 15:14).

Sin embargo, San Cosme no se refiere únicamente a esta impiedad del pecado carnal, que no podemos ni describir. Creo que principalmente alude a la integración de muchos de nuestros clérigos, de todos los rangos, en la impura herejía llamada Ecumenismo. En efecto, no hay mayor impiedad para los clérigos y monjes ortodoxos que abrazar el Ecumenismo.

Todos sabemos que la naturaleza del Ecumenismo es la experiencia, vivencia de la iniquidad. Allí todo está permitido, excepto la vivencia consciente de la vida ortodoxa. Allí no hay freno ni conciencia. ¿Y por qué no existe el control de la conciencia? Porque, simplemente, el jefe del Ecumenismo es el esperado Anticristo. Según los Santos Padres, el Ecumenismo es el vehículo del Anticristo.

Y, ¿qué puede ser peor para los clérigos ortodoxos que abrazar y convertirse en Ecumenistas, e incluso en fervientes predicadores de esta doctrina? Miren dónde predomina el Ecumenismo: en el protestantismo, en el anglicanismo, etc., y observen su lamentable estado. Para ellos, la palabra “pecado” no existe. Llaman a todos los pecados “derechos humanos”. Incluso la zoofilía o sexo con animales, ha sido etiquetado como un “derecho humano”.

Así, nuestros desafortunados clérigos que han abrazado el Ecumenismo están obligados a aceptar y experimentar la vida demoníaca de sus líderes. Y no solo eso, sino también a enseñar este estilo de vida desvergonzado en el seno de su Iglesia. Y como la μετάνοια metania es imposible para los Ecumenistas —ya que el Ecumenismo los convierte en renegados de Cristo—, nosotros invocamos de todo corazón, con gran dolor, la intervención de nuestro Señor Jesús Cristo, porque solo Él puede traer la redención. Amén.

Arsenio Monje, Skiti de Kutlumusiu, Monte Athos**

**Nota:** Por supuesto, no todos nuestros clérigos son Ecumenistas ni impíos. San Cosme se refiere a un porcentaje específico del clero que optará por la impiedad y el Ecumenismo. En ningún caso se refiere a todos nuestros sacerdotes. Porque, gracias a Dios, la Iglesia de Grecia cuenta con muchos clérigos dignos y santos en todos los niveles del clero.

Fuente: https://hristospanagia3.blogspot.com/search?q=Οικουμενισμός 

 

RESISTENCIA A LA PAN-HEREJÍA DEL ECUMENISMO

Homilía del año 1990 por el Yérontas Athanasios Mytilineos, el Nuevo Crisóstomo (†1927 – 2006)

Al final, el Anticristo hará lo siguiente… después de que toda la humanidad sea llevada hacia el Anticristo a través de la autopista del Ecumenismo, de modo que no existan grupos de resistencia -ojo, que no haya grupos de resistencia en todo el mundo-, entonces, el Anticristo no aceptará mantener esta situación. Él abolirá este sistema del Ecumenismo y dirá que todas las religiones esperaban llegar a encontrar al Mesías, pero el Mesías soy yo. Y como dice el Apóstol Pablo, entonces construirá el templo de Salomón y se sentará en el templo de Dios y demostrará que él es Dios. Lo dice el Apóstol Pablo a los Tesalonicenses.

Así que veis que estamos yendo hacia el Ecumenismo, pero este será abolido y el Anticristo se revelará como dios.

Entienden que todo esto, queridos míos, es extremadamente grave. Estamos hablando de la unidad de la Iglesia, que la Iglesia es Una, pero esto no significa que deba explotarse este tema, para llevarnos a este asunto tan terrible, a esta teoría tan peligrosa de hablar sobre la unión de las iglesias de esta manera.

Yo no sé, no sé cómo decírselo, pero se los voy a decir. Deben resistir mientras vivan. Y también deben decirlo a sus hijos. Resistencia, si mañana empieza a propagarse de forma más visible.

Sí, se está y propagando. El Ecumenismo casi ha conquistado y ha alterado la Iglesia de América. Sí. Ha conquistado y cambiado casi la Iglesia de América, porque el Arzobispo es ecumenista. No les estoy diciendo nada nuevo, ni insultando, ni difamando. Es conocido. (Homilia del año 1990)

Por lo tanto, entienden que mañana vendrá un Arzobispo que es ecumenista. Entonces, iremos de mal en peor, de la Escila pasaremos a la Caribdis (de Skila a Jaribdi, expresión helénicade la mitología helénica, Ulises). Por eso, tengan mucho cuidado. Son temas extremadamente delicados y extremadamente importantes, que las cosas que vendrán mañana harán que las que vivimos hoy sean sombras, por más aterradores e increíbles que parezcan. Por lo tanto, el pueblo de Dios debe estar en una constante vigilancia en los temas de su Fe y en los temas de aquellos que son guardianes de su Fe.

Porque cada párroco en el pueblo, ¿no es el guardián de la Fe en el clero que Dios le puso? En esa pequeña comunidad que se llama pueblo, 100, 200, 500, 1000 psiques-almas. ¿No es el guardián de la correcta Fe de ese pueblo?

Por eso, tened cuidado, porque los pastores se convierten en lobos, como dice el Señor, y los guardianes en traidores, como también dice el Señor. Por lo tanto, tengamos mucho cuidado.

Las cosas son a largo plazo. El Ecumenismo es un gran, mega-peligro. El último peligro. No existe uno mayor. Como dijo el p. Justin Popovich, el Ecumenismo es «panherejía», Jefa de todas las herejías.

Debemos tener mucho cuidado. No digan «¿está bien esto?» ¿Saben qué argumentos se van a usar? ¿Qué «lógicos» entre comillas y «hermosos» argumentos se presentarán en favor de la unión de las iglesias? ¿Por qué no debemos querer la paz? ¿Por qué no debemos estar unidos? Porque todo esto suena tan hermoso. ¿No quiere Dios que estemos unidos?

Tengan cuidado. Es también la «paz» de los ladrones, los bandidos, es también la «paz» de los demonios. No es la paz de Dios, ni la unidad de Dios.

Por lo tanto, debemos mantenernos firmes e íntegros en nuestra Fe, y debemos entender que la Iglesia es Una tal como fue definida por los Sínodos y está registrada en el Símbolo de la Fe o en el Credo.

Creo en UNA Iglesia…

Homilía del año 1990 por el Yérontas Athanasios Mytilineos, el Nuevo Crisóstomo (†1927 – 2006)

Traducido por Jristos Jrisulas Χρῆστος Χρυσούλας  logosortodoxo.es/

 

LA FALSA SINODALIDAD PAPAL

LA FALSA SINODALIDAD PAPAL

Santa Metrópolis de Pireo
Oficina o sección de herejías y sectas
En Pireo, 13 de enero de 2025

¡LA FALSA SINODALIDAD PAPAL NO ES UN REGALO DE DIOS, SINO PROBABLEMENTE UNA INSPIRACIÓN DEMONÍACA!

(Referencia a las declaraciones del «Papa» Francisco)

 

Hemos mencionado en varias ocasiones el reciente «descubrimiento» de la sinodalidad por parte del Papado y la aplicación distorsionada de esta en la «iglesia» papal. Está demostrado que la recientemente aparecida «sinodalidad», junto con otras maniobras similares, forma parte del plan general de esta organización hereje y político-económica, con una fachada religiosa, para dar la impresión de que supuestamente ha cambiado y se ha modernizado. Por supuesto, no se trata de un cambio sustancial, sino de una táctica oportunista que sirve a una nueva estrategia para acercarse a nuestra Iglesia Católica Ortodoxa, con el objetivo último de subyugarla a la voraz autoridad papal.
Uno de los numerosos «pinchos (escollos, espinas)» en sus relaciones con la Única, Indivisible y Verdadera Iglesia de Cristo, además de sus docenas de errores dogmáticos, es el demoníaco «primado» y «la infalibilidad» del «Papa», lo cual anula cualquier rastro de sinodalidad. Como analizamos en nuestro comunicado anterior titulado: «PAPADO Y SINODALIDAD: ¡DOS CONCEPTOS TOTALMENTE CONTRADICTORIOS!», «el Papado, por su naturaleza, no puede funcionar de manera sinodal, ya que existe un compromiso ‘sinodal’ de que el ‘Papa’, como ‘infalible’ y ‘supremo maestro de la iglesia’, no necesita procedimientos sinodales, pues con ello se anula, en la práctica, la infalibilidad papal. ¡La ‘infalibilidad’ papal invalida cualquier otra opinión, incluso si es colectiva-sinodal!  A través del ‘primado’ y la ‘infalibilidad’, el ‘Papa’ se convierte en ‘equivalente a Dios'». Y «El ‘Primado del obispo de Roma’ constituye hasta el día de hoy el dogma de fe más importante del Papado, el cual, junto con la ‘infalibilidad’, anula cualquier rastro de sinodalidad, ya que coloca al ‘Papa’ por encima de todos los Sínodos, incluso los Ecuménicos, reduciendo los Sínodos a meros órganos suyos consultivos.

¡Sin exagerar, el ‘Papa’ ha sido elevado a una especie de divinidad, ¡tomando el lugar de Cristo en la Iglesia! Es muy característica la declaración de Don Bosco, que es honrado por el Papismo como santo, quien dijo: ‘Cristo exaltó al Papa por encima de los profetas, de Juan el Bautista, de los Ángeles. Jesús elevó al Papa a la altura de Dios…'»

Y, en efecto, al estudiar los documentos papales sobre la «sinodalidad» papal, se puede ver claramente que esta no tiene nada que ver con la verdadera Forma Sinódica de la Iglesia, que es preservada y aplicada fielmente por nuestra Iglesia Ortodoxa, la Verdadera Iglesia Católica y Apostólica de Cristo. Un documento de este tipo fue publicado recientemente en el periódico de los católicos en Grecia «KATHOLIKI» (351) el 11 de noviembre de 2024, titulado: «Papa: El documento del Sínodo es un regalo para el pueblo de Dios». Se trata de declaraciones del «Papa» Francisco, con ocasión de la entrega de un documento con los «resultados» de un reciente «Sínodo» papal.

Al estudiar cuidadosamente este documento y los procedimientos del «Sínodo», cualquier experto puede fácilmente ver que la «sinodalidad» papal no tiene nada que ver con la verdadera sinodalidad de la Iglesia y, por supuesto, ¡descubrirá la falsa «sinodalidad», que no solo no es un «regalo de Dios», como afirma el Sr. Francisco, sino más bien una tentación demoníaca, como una de las innumerables artimañas del Papado!

El artículo comienza con el «relato» de la reciente convocatoria del «Sínodo» papal: «En su discurso final en la Asamblea del Sínodo, el Papa Francisco calificó el documento final del Sínodo como un ‘regalo triple’. Dirigiéndose a la Asamblea Sinodal la noche del sábado, el Papa Francisco destacó que el Documento Final, que fue redactado durante la 2ª Asamblea del Sínodo para la Sinodalidad que comenzó el 2 de octubre después de un proceso de escucha y diálogo, es el fruto de más de tres años de escucha del Pueblo de Dios. Revela, señaló, un camino común hacia adelante hacia una ‘Iglesia sinodal’ que incorpora el Evangelio no solo con palabras, sino con cada acción e interacción. La 16ª Asamblea Ordinaria del Sínodo se completó oficialmente el domingo 27 de octubre, con la celebración de la misa en la Basílica de San Pedro, presidida por el Papa Francisco».

Sobre esto, debemos observar que, según las palabras del «infalible» Sr. Francisco, su «iglesia» acaba de «descubrir» recientemente la supuesta Sinodalidad, la cual fue abandonada por sus predecesores «papas infalibles» hace mil años, transformando la Iglesia Occidental en un régimen feudal, esclavista e inhumano, causando crímenes indescriptibles contra la humanidad y, sobre todo, desacreditando la fe cristiana al identificar la Iglesia de Cristo con la inhumanidad, la crueldad y la violencia. Surge entonces la pregunta: ¿Fueron infalibles los papas predecesores de Francisco, aquellos que abolieron la Sinodalidad, o lo es él?

¿Cuán «inspirada por Dios» fue el I Concilio Vaticano (1870), que instituyó la infalibilidad papal, el cual se autoanula? Si es así, ¿no se está blasfemando contra el Espíritu Santo, que (supuestamente) inspiró el «dogma» de la infalibilidad, que parece contradecirse a sí mismo siguiendo las decisiones de los «Papas»? De las palabras del Sr. Francisco se desprende que su «iglesia» ha cometido un error, ya que durante tantos siglos «funcionó» sin la Sinodalidad y ahora que la ha «encontrado», se ha convertido en una «Iglesia Sinodal», según él. Pero, ¿puede la verdadera Iglesia de Cristo equivocarse? Claro que no, porque el Espíritu Santo que mora en Ella «la guía hacia toda la verdad» (Juan 16,13), la Iglesia no se equivoca, los hombres se equivocan, no permite que se equivoque y se desvíe. Por lo tanto, la «iglesia» papal, que comete errores, no puede ser la verdadera Iglesia de Cristo.

Y algo más: dado que el actual «infalible» Sr. Francisco ha descubierto que su «iglesia» cometió un error al abandonar la Sinodalidad, y ahora que la «ha encontrado» y «camina hacia una ‘Iglesia sinodal’», ¿no debería pedir perdón? La respuesta es sencilla. La «iglesia» papal, según su «eclesiología», se identifica con el Papa de turno, y, por lo tanto, si se reconociera error en ella, se estaría contradiciendo la propia institución papal y se derrumbaría la «infalibilidad papal».

A continuación, «el Papa Francisco describió el Documento como un regalo con múltiples dimensiones, que sirve tanto como guía para la Iglesia como símbolo de unidad y misión común. Primero, destacó su confianza en los obispos, subrayando el valor de la presencia de cada obispo en la formación del viaje sinodal. «Para mí, como Obispo de Roma, convocando a la Iglesia de Dios en un Sínodo, era consciente de que los necesitaba a todos: obispos y testigos del viaje sinodal.

¡Os agradezco, gracias!» dijo. Reconociendo su papel como oyente, recordó a sí mismo, y a cada obispo, que «el obispo de Roma… también debe ejercitar la escucha, para poder responder al Logos que cada día le dice: ‘Fortalece a tus hermanos y hermanas… Apacienta mis ovejas’». Esta práctica de la escucha, dijo, es necesaria para cultivar la armonía dentro de la Iglesia, una armonía que fue imaginada por San Basilio y el II Concilio Vaticano».

El Sr. Francisco «evalúa» el documento del «Sínodo» papal como un «regalo», obviamente de Dios, «que sirve tanto como guía para la Iglesia como símbolo de unidad y misión común». Pero surge la pregunta: ¿cómo pueden las decisiones de tales asambleas ser útiles «como guía para la Iglesia», si esta necesidad ya está cubierta por la «infalibilidad papal»? Además, ¿cómo puede este «documento sinodal» ser también un «símbolo de unidad» de la «iglesia» papal, cuando su unidad está completamente definida por el «primado papal», ya que, según la «eclesiología» papal, la unidad de la iglesia la expresa la persona del «Papa” y alguien es miembro de la iglesia solo cuando está unido con el “Papa”?

También, con la frase «Para mí, como Obispo de Roma, convocando a la Iglesia de Dios en un Sínodo, era consciente de que los necesitaba a todos: obispos y testigos del viaje sinodal…», se identifica a sí mismo con la iglesia. No dijo «la iglesia los necesita», sino «yo los necesito», lo que significa «¡yo soy la iglesia!» He aquí la plena aceptación del demoníaco «primado», que no se atreve a rechazar. He aquí por qué la «Sinodalidad» papal es falsa.

El artículo menciona que «el Papa Francisco subrayó la necesidad de que la Iglesia encarne la armonía que describe el Concilio Vaticano II, que habla de la Iglesia como ‘misterio'». Sin embargo, la armonía en la Iglesia se establece mediante el auténtico Sistema Sinodal, el cual está fundamentado en la tradición apostólica y patrística de dos mil años y consiste en la participación igualitaria de todos los Obispos, sin primado de poder. Por el contrario, el sistema autoritario y opresivo de gobierno del Papado y la falsa «Sinodalidad» que el Sr. Francisco elogia no solo no otorgan armonía a su «iglesia», sino que más bien generan desarmonía, disfunción y confusión. La verdadera armonía habría llegado a su «iglesia» si él mismo descendiera de las alturas inalcanzables de su demoníaca arrogancia y se convirtiera en igual entre iguales, haciendo uso de los privilegios que le otorgó la Iglesia de Cristo y no los que le estableció su propia «iglesia». Pero tal posibilidad no existe con los datos actuales.

Y continúa con las siguientes explicaciones paradójicas, que revelan la tremenda confusión del Sr. Francisco respecto a la auténtica Sinodalidad de la Iglesia y su aferramiento a la suya propia y falsa: «La gracia de Dios susurra palabras de amor en el corazón de cada ser humano». Corresponde a la Iglesia «fortalecer la voz de este susurro, sin obstruirlo, abriendo puertas en lugar de levantar muros». «No debemos comportarnos como ‘distribuidores de la gracia’ que se apropian del tesoro atando las manos del misericordioso Dios», advirtió el Papa Francisco, llamando a la transparencia y la humildad. Estas palabras vacías y sin sentido no tienen ninguna relación con el Sistema Sinodal de la Iglesia, con el sistema sinodal primigenio de la Pentarquía del primer milenio, el cual continúa de manera intacta en nuestra Iglesia Católica Ortodoxa. La «Sinodalidad» papal es simplemente un órgano consultivo del «Papa» y lo peor: una astuta maniobra para mostrar que el Papado «ha cambiado», para aliviar las presiones que recibe de los participantes ortodoxos en los diálogos teológicos, acerca del retorno del Papado a la Sinodalidad.

Esta «Sinodalidad» fue definida por el Sr. Francisco como «encuentros sinodales de consulta», en los que participa «un amplio espectro de personas de diferentes orígenes socioeconómicos, nacionalidades y grupos etarios». Se trata de reuniones de personas heterogéneas, exclusivamente para discusión y solo eso. En un manual relacionado se menciona: «el propósito del concilio, y por lo tanto de esta consulta, no es producir documentos, sino ‘sembrar sueños, descubrir profecías y visiones, permitir que la esperanza florezca, inspirar confianza, sanar heridas, tejer relaciones, despertar un amanecer de esperanza, aprender unos de otros y crear una creatividad luminosa que ilumine las mentes, caliente los corazones, dé fuerza a nuestras manos'». Como se suele decir, «más palabras, verborreas y charlatanerías para agradarnos». Intenta cimentar la Sinodalidad con vaguedades, generalidades y sofismas. ¡Pero es esto el Sistema Sinodal teológico y tradicional de dos mil años de la Iglesia? ¡Por supuesto que no!

Y concluye el artículo: «El Espíritu Santo, recordó el ‘Papa’ a la asamblea, es la fuerza unificadora de la Iglesia en todas las culturas, desafíos y esperanzas, y agradeciendo a la asamblea por su participación, el Papa Francisco alentó a todos los participantes en el Sínodo a llevar los dones del Espíritu al mundo como una Iglesia que escucha, reza y actúa con humildad. ‘El Espíritu Santo nos llama y nos apoya en este aprendizaje, que debemos entender como un proceso de conversión’, dijo, agregando que el viaje sinodal ‘no es un punto final, sino un proceso continuo de conversión’. Al final, el Papa volvió a citar las palabras de Delbrêl: ‘Hay lugares donde el Espíritu respira, pero solo hay un Espíritu que respira en todos los lugares'». ¡Una vez más miente el Sr. Francisco, al caracterizar al Espíritu Santo como «la fuerza unificadora de la Iglesia», cuando es dogma de que la unidad de la Iglesia solo la expresa el Papa de turno! Cuando la posición del Espíritu Santo en el Papado, con la herejía del Filioque (el hijito maldito), está rebajada en relación con las otras dos Personas divinas, con las terribles consecuencias que surgen de esta falacia.

Paradójica y teológicamente problemática es también la frase: «los participantes en el Sínodo deben llevar los dones del Espíritu al mundo». Los dones del Espíritu Santo son distribuidos por el mismo Espíritu Santo al cuerpo eclesiástico, a través de la fe correcta y salvadora y de la vida misteríaca (sacramental), y no a través de ciertos grupos de «clérigos y laicos» de carácter consultivo, que el Sr. Francisco «bautiza» como «Sínodos».

Finalmente, su referencia a «una Iglesia que escucha, ora y actúa con humildad» no puede ser, ni es, la iglesia papal, que en los últimos diez siglos se ha demostrado como una absoluta clericalocracia, que no escucha, ora ignorando a los fieles y actúa solo con arrogancia y soberbia diabólica.

Concluimos nuestra declaración subrayando que el Papado no ha cambiado, permaneciendo obstinadamente como la continuación de un fósil medieval, el bárbaro franciscanismo o franquismo (de los francos). Reiteramos nuevamente que «el descubrimiento de la Sinodalidad» es otra maniobra astuta para engañar a aquellos ingenuos que desean ver un Papado «nuevo» y «modernizado», listo para aceptar la tan deseada «unión de las iglesias» bajo criterios ortodoxos. Este tipo de «Sinodalidad» no es simplemente una caricatura de la Sinodalidad, sino una ofensa directa al genuino Sistema Sinodal de la Una, Santa, Católica* y Apostólica Iglesia (*ver https://logosortodoxo.es/teologia-ortodoxa/el-termino-kazolikos-catolico-una-iglesia-santa-catolica-o-universal-y-apostolica/.

Esto se debe a que las potestades diabólicas del «primado» y la «infalibilidad», que el «Papa» encarna, y el modo autoritario de gobierno de la «iglesia» papal son radicalmente opuestos a la forma de gobierno democrática y divina de la Iglesia de Cristo. Aún peor, el Sr. Francisco pretende definir esta falsa «Sinodalidad» como la Sinodalidad del tercer milenio, subrayando él mismo que «es precisamente este camino de sinodalidad el que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio».

Si el Papado realmente desea regresar al genuino Gobierno Sinodal, debe abandonar el espíritu feudal, franco y opresivo. Que el «Papa» deje de encarnar el absolutismo franco, la esclavitud y la pasión por el poder. Que rechace los títulos y atributos diabólicos del «primado» y la «infalibilidad», descienda de las frías alturas de su arrogancia diabólica y se considere igual entre iguales. Que permita a la Iglesia otorgarle los títulos honoríficos que realmente merece, descartando todos aquellos acumulados por la tradición herética y oscura de su «iglesia».

Además, que se humille para poder comprender y admitir sus numerosas herejías, volver a la μετάνοια metania, arrepentirse sinceramente y regresar al camino correcto, antes de su cisma de la Una e Indivisible Iglesia de Cristo.

Sin estas condiciones, no importa cuántas «Sinodalidades o Sínodos» invente ni cuántas astutas y viles maniobras desarrolle, no podrá engañar a Dios ni atrapar a Su Santa Iglesia. ¡Sinodalidad significa solo una cosa: igualdad de votos!

Sección u oficina de Herejías y Sectas.

SANTA METRÓPOLIS DE PIREO
En Pireo, 13 de enero de 2025

Traducido por: Χρῆστος Χρυσούλας Jristos Jrisulas https://logosortodoxo.es/