LA VIDA DESPUES DE LA MUERTE Hierotheos Vlajos

LA VIDA DESPUES DE LA MUERTE

Hierotheos Vlajos, Metropolita de Lepanto/Nafpaktos

 

CONTENIDOS

Introducción

Capítulo A. La parábola del rico y el Lázaro sobre la vida después de la muerte

  1. La parábola del rico y del Lázaro
  2. Análisis interpretativo de la parábola

Capítulo B. Separación de la psique-alma del Cuerpo

  1. Definición de la psique-alma (ver aquí: https://logosortodoxo.es/%CF%88%CF%85%CF%87%CE%B7-psiji-psique-alma/ )
  2. Creación, génesis de la psique-alma (ver aquí: https://logosortodoxo.es/psicoterapia-ortodoxa/ortodoxa-psicoterapia-iii-instruccion-terapeutica-patristica/)
  3. Muerte y Pecado Ancestral u Original
  4. El misterio de la salida-éxodo de la psique-alma del cuerpo
  5. Control de aduana (telonismo) de las psique-almas durante la separación de la muerte
  6. Estado intermedio de las psiques-almas
  7. La muerte de los niños
  8. Conclusión
  9. Añadido: Sobre los telonios (demonios aduaneros)

Capítulo E. El purgatorio

  1. El fuego creado purgador del purgatorio
  2. El debate en Ferrara-Florencia sobre el fuego purgatorio
  3. La Enseñanza de San Marcos el Amable sobre Fuego Purificador del Purgatorio
  4. Introducción
  5. La Necesidad del Debate Dogmático
  6. Existen el Paraíso y el Infierno
  7. No existe el fuego purgador del purgatorio
  8. Logos y razones teológicas contra la existencia del fuego creado purgador del purgatorio
  9. Interpretación del pasaje apostólico
  10. Pasajes patrísticos en el diálogo
  11. El fuego eterno es increado
  12. ¿A qué se debe la enseñanza y doctrina de los latinos sobre el fuego purgatorio?

Capítulo G. Paraíso ε Infierno

Introducción

  1. La Sagrada Escritura sobre el Paraíso y el Infierno
  2. Los Santos Padres sobre el Paraíso y el Infierno
  3. El Paraíso y el Infierno en la vida eclesiástica
  4. Las consecuencias teológicas y eclesiológicas de esta verdad

Conclusión

Capítulo J. Εσχατολογία esjatología escatología diacrónica o atemporal.

Introducción

  1. Interpretación del término εσχατολογία (esjatología)
  2. El tiempo en la concepción ortodoxa
  3. El pasado y el presente de los ésjatos-últimos.

α) ¿Qué es la Realeza increada de Dios?

β) Los Ésjatos-Últimos como los Primeros

γ) Los Ésjatos-Últimos en el Presente

Capítulo Ω. La Vida Eterna

La Βασιλεία Vasilía Realeza increada de Dios

Conclusión

La cena en el reinado de la Realeza increada

Banquete Pascual de San Juan Crisóstomo

Capítulo A

  1. La parábola del rico y del Lázaro
  2. Análisis interpretativo de la parábola

 

Introducción

Se ha observado por muchos que el ser humano moderno muestra un gran interés por la vida y la muerte. Le preocupa intensamente el misterio de la muerte. Por supuesto, esto está relacionado con las llamadas cuestiones existenciales, que surgen en todos, pero especialmente en los jóvenes, y se resumen en lo siguiente: ¿Quién soy? ¿Cuál es el sentido de la vida? ¿Hacia dónde voy después de la muerte? ¿Existe vida después de la salida de la ψυχή (psijí: psique, alma, ánima la que anima, vivifica el cuerpo) del cuerpo?

Es bien sabido que no solo las personas de hoy se ocupan de estos temas, sino que en todas las épocas y generaciones los seres humanos han reflexionado sobre ellos. Es característico que los filósofos también se hayan ocupado del origen de la vida, la existencia de la psique-alma, la entrada del mal en el mundo y la muerte. Así, aunque estos temas parecen actuales, han preocupado al espíritu del ser humano desde siempre.

Si hoy en día se observa un aumento en esta preocupación, se debe en gran parte a la inseguridad que siente el hombre contemporáneo. En efecto, cuando todas las certezas se derrumban, cuando la persona se siente desilusionada por diversos acontecimientos, es natural que se cuestione con más intensidad sobre estos interrogantes existenciales.

La Iglesia siempre ha abordado estas cuestiones, y especialmente el problema fundamental y el mayor misterio, que es el misterio de la muerte. Ya la encarnación de Cristo tuvo como objetivo precisamente vencer el poder de la muerte y del diablo. La victoria triunfal de Cristo sobre la muerte le dio al ser humano la posibilidad y capacidad de vencerla también en el ámbito de su propia vida personal. Esto se logra dentro de la Iglesia.

Cuando la Iglesia habla de la muerte, no lo hace para asustar a las personas ni para sembrar el pánico, sino para ayudarlas a superarla. De hecho, es bien sabido que el problema de la muerte no es fácil de afrontar ni es un acontecimiento o un hecho simple. Nacemos con la corrupción y la mortalidad. Con el nacimiento viene también la certeza de que cada persona, en algún momento, morirá. Toda la vida humana es una sucesión de pequeñas muertes. Las enfermedades y, en general, la fragilidad del cuerpo, indican que llevamos la muerte dentro de nosotros. Muchas de nuestras reacciones negativas se deben precisamente a la experiencia de la muerte.

Por lo tanto, cuando la Iglesia Ortodoxa trata estos temas, ayuda eficazmente al ser humano. No le infunde miedo ni pánico, sino esperanza y consuelo. De este modo, la persona puede disfrutar verdaderamente la vida.

Algunas de estas preguntas, que preocupan al hombre de hoy, como ¿qué es la muerte?, ¿qué es la psique-alma?, ¿qué sucede cuando el alma se separa del cuerpo?, ¿se disuelve la existencia del ser humano con la muerte?, ¿qué es el fuego purificador o purgador?, ¿qué es el Paraíso y qué es el Infierno?, ¿qué ocurrirá en la Segunda Παρουσία (Parusía: Presencia, Venida) de Cristo, serán abordadas en este libro.

Me gustaría hacer algunas observaciones generales en esta introducción.

En primer lugar, todo lo que se dice en este libro se basa en la enseñanza de la Apocálipsis-Revelación Divina, tal como ha sido manifestada a los santos de cada época y registrada tanto en la Sagrada Escritura como en las vidas y enseñanzas de los Santos Padres. Los Santos Padres, después de todo, son portadores de la Revelación Divina.

Además, al desarrollar los distintos capítulos, no fue posible evitar algunas repeticiones. Por ejemplo, al tratar el tema del fuego creado purgador del purgatorio según San Marcos el Amable, de Éfeso, es necesario hablar de la Βασιλεία (Vasilía: reinado de la Realeza increada) de Dios, del Paraíso y del Infierno. No obstante, también debe haber un capítulo específico en el que se desarrollen los temas del Paraíso y del Infierno. Asimismo, en el capítulo sobre la «Escatología diacrónica», inevitablemente se repetirán algunos puntos de los capítulos anteriores. De hecho, sabemos muy bien que los temas teológicos, al igual que la propia vida, no pueden dividirse de manera absoluta ni interpretarse de forma aislada y fragmentaria.

Además, el lector debe saber que algunos puntos de este libro pueden resultar más difíciles de comprender, ya que ofrecen una interpretación y un análisis teológico de estos temas. No todo puede simplificarse. Cuando los asuntos teológicos se simplifican demasiado, corren el riesgo de ser distorsionados y degradados. Si el lector encuentra algunas dificultades en la lectura, le aconsejo que no deje la lectura y le animo a seguir adelante, pues más adelante el texto se vuelve más accesible y podrá comprender mejor la posición de la Iglesia Ortodoxa sobre el gran tema de la vida y la muerte, y lo que ocurre después de la separación de la ψυχή (psijí: psique, alma, ánima la que anima, vivifica el cuerpo) del cuerpo.

Como es evidente, en este libro examinamos cuestiones que van desde la salida de la psique-alma hasta la vida después de la Segunda Parusía, Venida de Cristo. Sin embargo, este «territorio» es difícil de explorar, ya que se mueve dentro del misterio. No sabemos muchas cosas y no es fácil interpretarlo todo. Solo conocemos lo que Cristo y los santos nos han revelado. Dado que encontré algunas dificultades al escribir este libro, pido al lector que sea indulgente.

La Iglesia Ortodoxa, que es el Cuerpo Resucitado de Cristo, es el lugar donde experimentamos la victoria triunfal de Cristo sobre la muerte y participamos desde ahora, como en un adelanto, de la Βασιλεία (Vasilía: reinado de la Realeza increada) de Dios. El anhelo de todos nosotros debe ser vivir dentro de la Iglesia Ortodoxa, tal como Cristo lo desea, ya que Él es su Cabeza, para que podamos tener experiencias de la vida eterna. De este modo, no necesitaremos análisis intelectuales ni explicaciones racionales de estos temas escatológicos, sino que viviremos una esjatología diacrónica atemporal.

Escrito en Atenas, el 4 de diciembre de 1993, en la festividad del gran padre de la Iglesia, San Juan Damasceno, quien también fue el compositor de los himnos fúnebres. Archimandrita Hierotheos Vlajos

  1. La parábola del rico y del pobre Lázaro, 16:19-31.

19 Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y de lino fino, y hacía espléndidamente cada día banquetes muy costosos.

20 Había también un mendigo llamado Lázaro, que estaba echado a la puerta del rico, lleno de llagas,

21 y ansiaba saciarse de las migajas que caían de la mesa del rico; hasta los perros venían y le lamían las llagas de su cuerpo.

22 Aconteció que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles en el seno de Abraham, es decir, al paraíso donde Abraham junto con los justos deleitan y reposan; y murió también el rico, y fue sepultado con pompa y grandeza, pero su psique-alma bajó al Hades, al infierno.

23 Y estando en tormentos en el Hades alzó sus ojos y vio de lejos a Abraham y a Lázaro en su seno o golfos/bahías.

24 Entonces él, que había mostrado tanta dureza e indiferencia cuando vivía en la tierra, ahora gritando, dijo: Padre Abraham, ἐλέησόν με eleisónme ten misericordia/compasión de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque estoy atormentado terriblemente en esta llama del Hades.

25 Pero Abraham le dijo: Hijo, acuérdate que recibiste, disfrutaste y deleitaste continuamente a lo máximo tus bienes en tu vida, y Lázaro, por el contrario, los males, la pobreza y la enfermedad; pero ahora éste, por su paciencia en el tiempo de su tribulación, es consolado disfrutando y deleitando aquí, y tú eres atormentado allí continuamente a causa de la egolatría, de la crueldad y de la dureza de tu corazón.

26 Y no es sólo esto, entre nosotros y vosotros hay un gran abismo, de tal manera que los que quisieren pasar de aquí para allá a vosotros no pueden, ni los de allá pueden pasar aquí a nosotros.

27 Entonces el rico le dijo: Te ruego, pues, padre, que envíes a Lázaro a la casa de mi padre,

28 porque tengo cinco hermanos, para que les testifique lo que aquí ocurre, a fin de que no vengan ellos también a este lugar de tormento.

29 Y Abraham le dijo: A Moisés y a los profetas tienen; ¡que los escuchen!

30 Él entonces dijo: No, padre Abraham; que si alguno de entre los muertos va a verlos, volverán a la metania y se arrepentirán.

31 Abraham contestó: Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso aunque alguno resucitara de los muertos. (Cuando falta la buena voluntad y predisposición, ni siquiera el mayor milagro puede conducir a la fe y a la metania.)

  1. Análisis interpretativo de la parábola.

Se pueden observar muchas cosas al estudiar esta notable parábola de Cristo. Es posible analizar su dimensión sociológica o extraer numerosas conclusiones éticas. Sin embargo, nos centraremos en los temas relacionados con la vida después de la muerte, es decir, en el análisis esjatológico de la parábola.

Primero. En esta parábola no se habla de la vida después de la Segunda Parusía (Presencia) de Cristo, sino de la vida de la psique-alma en el periodo comprendido entre la muerte del hombre y la Segunda Presencia de Cristo. Se trata del estado intermedio de las psiques-almas. Otros logos de Cristo se refieren a Su Segunda Presencia, cuando vendrá a juzgar a los hombres. En ese momento, ocurrirá la resurrección de los cuerpos, y las almas se reintegrarán en ellos para que el hombre coseche las consecuencias de sus acciones en la vida terrenal.

Segundo. Se refiere que la muerte es una realidad en la vida del hombre. Tanto el Rico como el pobre Lázaro murieron. Muerte es la separación de la psique-alma del cuerpo, también denominada «dormición» porque fue superada por la Resurrección de Cristo. Mediante Su pasión, crucifixión y resurrección, Cristo anuló ontológicamente la muerte y otorgó al hombre el poder de superarla a través de la vida en la Iglesia. El hecho de que la muerte sea una dormición o un sueño, es decir, un estado provisional, se evidencia en la forma en que mueren los santos, pues todos ellos tienen su esperanza puesta en Cristo. Esto también se manifiesta en sus reliquias incorruptibles y milagrosas.

La muerte no fue creada por Dios, sino que es consecuencia del pecado del hombre y su alejamiento de Él. Existen dos tipos de muerte: la física, que es la separación de la psique-alma y el cuerpo, y la psíquica-espiritual, que es la pérdida de la divina Χάρις (jaris: gracia, energía increada) en el alma.

Todos los hombres experimentan el misterio de la muerte, ya que heredan la corrupción y la mortalidad, es decir, nacemos para morir. La muerte es el acontecimiento más seguro de la existencia, aunque su momento es incierto. Incluso los filósofos existencialistas actuales afirman que ‘la existencia de la muerte’ es el acontecimiento más verdadero.

Si bien la muerte es el suceso más seguro, la hora y el día en que ocurrirá son inciertos. Nadie sabe cuándo morirá. Lo importante es vivir correctamente, de modo que el cómo de nuestra muerte nos conduzca a la vida eterna.

En el texto de la parábola se dice: “…sucedió que murió…”, como también “murió el rico y fue enterrado”. Así que el θάνατος (zánatos: muerte) es el mayor demócrata porque no hace ninguna excepción.

Tercero. La psique-alma de Lázaro, al separarse de su cuerpo, fue llevada por los ángeles al seno de Abraham, lo que confirma la existencia de los ángeles que conducen las psiques-almas de los justos a Dios y, naturalmente, el ángel de la guarda para cada hombre, que es su vigilante personal. Por el contrario, según otra parábola, las psiques-almas de los pecadores no arrepentidos son tomadas por demonios. El insensato rico escuchó la voz de Dios: “Insensato, esta misma noche te pedirán tu psique-alma, y todo lo que has acumulado, ¿para quién será?” (Lc 12,20). El verbo “pedirán” hace referencia a los demonios, quienes reclaman la psique-alma del hombre pecador para poseerla eternamente.

Por lo tanto, la hora terrible de la muerte, cuando la psique-alma se separa violentamente de su armonía con el cuerpo, ocurren cosas espantosas, terribles. Las psique-almas de los santos son tomadas por los ángeles, mientras que las de los pecadores, por los demonios.  En la enseñanza de los Padres de la Iglesia, se habla de los llamados telonios (aduaneros), que son demonios, espíritus aéreos que buscan poseer eternamente las psique-almas de los hombres. Sin embargo, las psique-almas de los santos, unidas a Cristo y marcadas con el sello del Espíritu Santo, no pueden ser dominadas por los demonios.

Con la imagen de los telonios (aduaneros), los Padres de la Iglesia dan a entender tanto el odio y la manía agresiva de los demonios, como la existencia de los pazos, que buscan su satisfacción sin poder alcanzarla debido a la ausencia del cuerpo. Esta situación exactamente atormenta y ahoga a la psique-alma del hombre sumiéndola en un profundo sufrimiento y un malestar tremendo. Esta tortura y pena de la psique-alma es parecida al aislamiento pleno de un hombre, como en una cárcel, sin tener la posibilidad de dormir, alimentarse, encontrarse con otros, etc. En tal estado, los pazos estallan y consumen toda su existencia.

El hecho de que las psiques-almas de los hombres están tomadas por los ángeles o por los demonios está relacionado con el estado de los hombres. Según los Padres, tanto los ángeles como las psique-almas son espíritus noerós (con nus) en comparación con el cuerpo material; sin embargo, en relación con Dios, poseen cierta materialidad. Por esta razón, los ángeles son llamados seres etéreos y no son completamente inmateriales. Además, la psique-alma es creada, es decir, constituida por Dios. Es inmortal por la Jaris (gracia, increada energía), puesto que la inmortalidad es un regalo concedido de Dios a ella. Cada creación tiene un principio y un fin, pero la psique-alma como creada tiene un principio concreto, pero no tiene fin, porque así lo ha dispuesto Dios.

Cuarto. Aunque la psique-alma de Lázaro fue al seno de Abraham y la psique-alma del Rico al hades, sin embargo, Cristo en la parábola dice que Lázaro fue al seno de Abraham y el Rico concreto fue al hades. A continuación, dice que el Rico “ve a Abraham de lejos y a Lázaro en el seno de él”.

Esto tiene un gran significado, porque implica que, a pesar de la separación de la psique-alma del cuerpo, la hipóstasis (base substancial)-persona del hombre no se anula. Es cierto que la psique-alma no preexistía antes que el cuerpo, sino que fue creada junto con él; además, la psique-alma por sí sola no constituye al hombre, ni tampoco el cuerpo por sí solo. Pero a pesar de la separación de la psique-alma del cuerpo, la hipóstasis-persona no se disuelve. Esto se evidencia en el hecho de que la psique-alma mantiene su conciencia, y aún, tal como explican los santos Padres, la psique-alma del hombre conoce los elementos de su propio cuerpo, que permanecen en la tierra, y posiblemente se hayan esparcido o disuelto con el tiempo los elementos que estaban compuestos. Durante la Segunda Presencia, la psique-alma con la Jaris increada de Dios volverá a unir los elementos del cuerpo, se restaurará el hombre entero, y naturalmente entonces los cuerpos, tanto de los justos como de los injustos serán espirituales, es decir, no estarán sujetos a necesidades físicas como la alimentación ni a otras limitaciones. La resurrección es un regalo que se dona a todos los hombres, justos e injustos.

En esta parábola se debe observar que Cristo menciona el nombre del pobre, pero el nombre del Rico lo ignora. Esto indica que Lázaro como vivía con Dios, sotiriológicamente (de forma salvífica) era persona, verdadera hipóstasis, mientras que el Rico a pesar de que era hombre, sin embargo, sotiriológicamente no era una hipóstasis. Esto significa que el hombre real es aquel que tiene psique-alma, cuerpo y también la Jaris de Dios dentro de su psique-alma y cuerpo. Por el contrario, quien carece del Espíritu Santo es, desde un punto de vista ontológico, una persona, pero no lo es en relación con Dios, por la sencilla razón que se ha esclavizado a las cosas materiales, en lugar de dirigir su nus hacia Dios, lo orienta hacia la materia y queda atrapado en ella.

Quinto. En esta parábola se dice que el Rico encontrándose en el hades vio a Abraham y a Lázaro en su seno. Con la persona de Abraham se entiende a Dios, y el hecho de estar en su seno significa estar en comunión con Él.

En el seno, detrás del pecho, se encuentra el corazón del hombre, órgano que es la fuente de la vida biológica y símbolo de la agapi (amor divino). Cuanto mayor es la agapi, mayor es también la gnosis (conocimiento), pues ambas están estrechamente ligadas. Precisamente esta agapi consiste en la comunión y unión con Dios. Así que encontrarse uno en el seno, manifiesta que conecta con el amado, existe unión entre ellos.

Por lo tanto, la afirmación de que Lázaro se encontraba en el seno de Abraham representa su comunión con Dios, la cual está indisolublemente ligada a la gnosis y la agapi. Hablando sobre la gnosis de Dios, entendemos esta con la comunión en existencia. No se trata de una gnosis encefálica o intelectual, sino de aquella que conecta y está unida con la agapi, con la misma vida.

Lázaro, por su parte, se entristece ante la terrible prueba que sufre el rico, pero no ve el infierno, mientras que el rico sí contempla la doxa (gloria) del Paraíso. En realidad, aquel que vive dentro de la Luz increada y alcanza la gran θεωρία zeoría (contemplación de Dios), como enseñan los santos Padres, se olvida completamente del mundo. La luz divina es tan intensa y cegadora que no permite percibir nada fuera de ella. Esto no significa que los santos no intercedan por el mundo; al contrario, ruegan y oran a Dios con mayor fervor, pues su comunión con Él es más profunda. No obstante, se encuentran en un estado que nuestra razón no puede comprender. Solo a través de las experiencias divinas de los santos podemos captar y entender, en cierta medida, esta realidad.

Sexto. Mientras que Lázaro estaba en el seno de Abraham, el Rico estaba ardiéndose en el hades. En su sufrimiento, ruega a Abraham que envíe a Lázaro para refrescar su lengua, pues, como dice expresivamente: “…estoy sufriendo en este fuego”.

Aquí se habla sobre el hades, no del Infierno. Porque el Infierno empezará después de la Segunda Presencia de Cristo y el juicio futuro, en cambio, las psiques-almas de los pecadores, después de su salida del cuerpo, viven en el hades. Según la enseñanza de los santos Padres, el hades es un estado concebible e invisible, es un presabor, anticipo del infierno, en el que el hombre recibe y experimenta la energía ardiente, cáustica, de Dios.

Sobre estos temas hubo una gran discusión en el Sínodo de Ferrara-Florencia, donde se preservaron las enseñanzas apocalípticas de san Marcos el Amable. El fuego, en el que se estaba quemando y consumiendo el Rico, no era el llamado fuego purgatorio de los latinos, por el cual pasarían todas las psiques-almas de los hombres, no es un fuego creado, sino increado. Es decir, los pecadores reciben los rayos de la divina Luz increada, pero, al haber muerto sin metania (arrepentimiento), sin confesión ni sanación espiritual, experimentan esa luz increada como un fuego abrasador. Así que, según el grado de sanación o enfermedad espiritual, los hombres reciben la misma divina Χάρις (jaris: gracia, energía increada) como luz o como fuego.

Cabe destacar también que el Rico veía a Abraham y a Lázaro en su seno, veía la doxa-gloria de Abraham, pero no participaba de ella. En cambio, Lázaro sí veía y participaba plenamente. Esto es un punto muy importante porque demuestra que, en la otra vida, todos verán a Dios, pero los justos estarán en comunión, participación con Él; los pecadores, aunque también lo verán, no podrán participar de su doxa-gloria. Un ejemplo característico es el logos de Cristo sobre el juicio futuro. Allí todos verán al Juez y conversarán con Él, pero no todos disfrutarán de Su doxa-gloria, mientras que otros vivirán y experimentarán Su divina Jaris (gracia, energía increada) como un fuego abrasador, cáustico.

Séptimo. El Rico se interesaba por sus hermanos vivos en el mundo y rogaba a Abraham que enviara a Lázaro para anunciarles la μετάνοια metania. Por lo tanto, mientras existe gnosis y comunión, la separación de la psique-alma del hombre, en el mundo presente se manifiesta un interés por ello. Este interés junto con otros datos muestra lo que mencionábamos anteriormente: que la parábola del Rico y el Lázaro no se refiere a la vida después de la Segunda Presencia de Cristo, sino a la vida después de la muerte hasta la Segunda Presencia. Está claro que se trata del llamado estadio medio de las psique-almas.

Los santos se interesan sotiriológicamente por el mundo. Por la Jaris de Dios escuchan las oraciones y las elevan a Él. Por eso nosotros oramos y pedimos a nuestros santos. Con las fiestas que hemos establecido en sus memorias, mostramos que son santos, que se han unido con Dios y esperan también la resurrección de sus cuerpos, los cuales desde ahora reciben la incorruptibilidad, los preludios del siglo futuro. Nosotros también nos interesamos por los difuntos. Oramos a los santos para que recen e intercedan por nosotros a Dios, pedimos sus intervenciones, mientras oramos para que todos los difuntos reciban misericordia. Esto, además de mostrar la comunión entre nosotros, expresa algo más profundo.

Según la enseñanza de los santos Padres, cuando el hombre se haya introducido en la μετάνοια metania, el estadio de la catarsis (sanación), experimenta una evolución continua. Existe un continuo y constante perfeccionamiento, tanto en el llamado estado medio de las psiques-almas, como también de la vida después de la Segunda Presencia. Los grados de la vida espiritual son la catarsis, la iluminación y la zéosis. Por supuesto, que estos no deben entenderse como estados fijos, sino como participación en la Jaris increada de Dios. Si el hombre lucha por psicoterapiarse y sanarse, (es decir, hace la catarsis) entonces la Jaris (energía increada) de Dios se llama catártica (energía sanadora, psicoterapéutica). Cuando el nus está iluminado significa que recibe la Jaris, la energía increada de Dios que le ilumina y se llama iluminadora. Y cuando se encuentra en la θέωσις zéosis (glorificación, divinización), esto se logra mediante la Jaris de Dios y se llama deificadora. El camino es continuo. Así los que han vuelto en la metania, arrepentidos y confesados, antes de que salga la psique-alma del cuerpo, ellos evolucionan y tienen mayor cabida para la increada Jaris. Por eso, celebramos los oficios por la memoria de los difuntos y oramos por ellos.

Pero aquellos que, al momento de la salida de la psique-alma del cuerpo no se han arrepentido ni confesado, es decir, no están en metania, ellos como no tienen visión espiritual, solo experimentan y viven la energía cáustica, quemadora o abrasadora de Dios y claro está, que no van a tener participación en el bien o la bondad. Sin embargo, oramos por todos, porque desconocemos el estado espiritual interior de cada uno.

Octavo. En la parábola se dice que entre el lugar que se encontraba Adán y el hades donde estaba el Rico, había un gran abismo, imposible de cruzar hacia el otro lado.

Naturalmente, no se trata de un lugar físico particular, como hemos dicho antes, sino de una manera o modo particular de vida. Existe clara diferencia entre Paraíso e Infierno, como modos de vida específicas.

El Paraíso y el Infierno desde la perspectiva de Dios no existen como lugares determinados, sino que son realidades que dependen de la perspectiva y percepción humana. Dios manda Su Jaris todos los hombres, puesto que el sol amanece y brilla para justos e injustos, y llueve sobre buenos y malvados. Si Dios da el mandamiento de amar a todos los hombres, aún hasta a nuestros enemigos, Él mismo hace lo mismo. Es imposible que Dios no ame a los pecadores. Pero, cada hombre, según su estado espiritual percibe y siente de manera distinta la agapi (amor increado e desinteresado) de Dios.

La luz tiene dos atributos: iluminar y quemar. Si un hombre tiene buena visión se beneficia del atributo iluminador del sol, de la luz y se alegra con toda la creación. Pero si está está ciego, no puede percibir la luz y solo experimenta su calor abrasador. Esto ocurrirá en la vida futura, así como en la vida de la psique-alma después de su separación y salida del cuerpo. Dios seguirá amando también a los infernados, pero ellos no podrán percibir y sentir esta agapi como luz, sino como fuego, porque carecen de ojo y visión espiritual.

Algo análogo sucede con la divina Efjaristía. Todos pueden recibirla, pero para los preparados y dignos, se convierte en luz y vida; mientras que, para quienes la reciben indignamente y sin preparación, se transforma en pena y aflicción. La Iglesia expresa esta enseñanza a través de la iconografía de la Segunda Presencia. En las representaciones sagradas, vemos que del trono de Dios emana una luz radiante, dentro de la cual están los santos, aquellos que han alcanzado la comunión con Dios. Al mismo tiempo, del mismo trono fluye un río de fuego, en el cual se encuentran los pecadores que no han vivido en metania.

Este detalle iconográfico refleja la enseñanza de los santos Padres sobre la experiencia de Dios en la vida futura: la misma luz divina es gloria para los justos, pero fuego abrasador para los pecadores. No se trata de un castigo externo impuesto por Dios, sino de cómo cada psique-alma, según su estado espiritual, experimenta la presencia de la Jaris (gracia increada).

Por eso, en la Iglesia Ortodoxa damos gran importancia a la “psicoterapia” sanación del hombre. La Iglesia es el Hospital espiritual que sana el ojo espiritual, el νούς nus. El nus enferma y debe sanarse. Esta es la misión y obra de la Iglesia.

Noveno. En el ruego del rico para que Abraham envíe a Lázaro a advertir a sus hermanos sobre la necesidad de μετάνοια metania, Abraham responde con firmeza: si los hombres no escuchan a Moisés y a los Profetas, tampoco creerán, aunque alguien resucite de entre los muertos.

El hombre carnal no puede volver a la μετάνοια metania, convertirse, arrepentirse y confesarse, por muchos milagros que haya visto en su vida, pues vive sumido en un sueño mortal. Esta es una realidad. Sin la activación de su libertad, no hay metania. Todo ocurre por la energía (increada) de Dios y la sinergia (cooperación) del hombre.

Además, el acontecimiento más grande de la historia es la encarnación de Cristo, Su Resurrección y la fundación de la Iglesia, que es el Cuerpo del Cristo resucitado, el Θεάνθρωπος Zeántropos (Dios-Hombre), Cristo. Si el hombre no puede inspirarse de esta realidad conmovedora, si no puede convencerse de la vida de tantos santos que son miembros del cuerpo resucitado de Cristo, no se convencerá ni con el mayor de los milagros.

La sanación, salvación y renacimiento espiritual del hombre no dependen de fenómenos espectaculares y actos fascinadores, sino que son fruto del ejercicio libre de su voluntad, de mucho sufrimiento y constante lucha. Desgraciadamente muchos hombres en nuestra época se conforman con magias, prodigios externos y signos visibles. Sin embargo, la certeza de la existencia de la otra vida es cuestión de sensibilidad espiritual interior. Incluso si alguien resucitara, podría ser tomado por un fantasma.

Hoy se habla mucho sobre experiencias moribundas, cercanas a la muerte. Algunos insisten que la psique-alma de ellos salió del cuerpo o estuvo a punto de hacerlo, y que luego regresó al cuerpo, narrando visiones estremecedoras y cosas terribles que vieron y afrontaron.

Dentro de la Iglesia Ortodoxa reconocemos que ha habido casos donde la psique-alma ha regresado al cuerpo por el poder de Cristo, pero estos son acontecimientos excepcionales.  Hay santos que han tenido experiencias místicas terribles de este tipo, ya que vivieron en sus vidas personales qué es el Infierno y el Paraíso, han vivido las llamas del hades, y han visto, contemplado ángeles y demonios. Cuando regresaron a sí mismos, con profunda metania proclamaban a los demás la metania.

Sin embargo, también afirmamos que la mayoría de estas experiencias pueden ser de origen demoníaco, fruto de emociones reprimidas o simples fantasías e ilusiones. Muchas de ellas pueden ser provocadas por fármacos, drogas o sedantes administrados en momentos críticos de enfermedad. Es imprescindible un gran discernimiento para determinar si estos estados provienen de Dios, del diablo o de trastornos psicológicos o somáticos.

Nosotros en la Iglesia no esperamos resurrecciones de santos o experiencias de este tipo para creer, sino que tenemos la Santas Escrituras, las vidas de los Profetas, Apóstoles y Santos, tenemos los logos y las enseñanzas de ellos, también tenemos sus reliquias perfumadoras y milagrosas y creemos que existe la vida eterna. Algunas veces cada uno de nosotros se hace digno de Dios para vivir y experimentar dentro de su corazón qué es el Infierno y qué es el Paraíso. (Yo he vivido el infierno con mi alcoholismo durante 4-5 años y la resurrección o despertar espiritual durante 27 años a partir de 10-02-1998 hasta hoy que reviso esta traducción 10-02-2025).

Más allá de estos temas, la verdadera psicoterapia y sanación viene de la aplicación y cumplimiento de los mandamientos (principios espirituales o logos) de Cristo. A través de ellos resolvemos conflictos existenciales, interpersonales, sociales y ecológicos. Seguir y aplicar los mandamientos de Dios nos hace personas equilibradas.

Décimo. La parábola del rico y Lázaro también nos muestra el camino de la psicoterapia y sanación espiritual para que, después de la muerte y la Segunda Parusía-Presencia y Venida de Cristo, experimentemos a Dios como luz (increada) y no como fuego. Abraham le dice al rico: «Tienen a Moisés y a los Profetas, que los escuchen». Esto nos enseña que debemos cumplir la Ley y obedecer a los profetas de cada época.

Profeta es aquel que con la Χάρις (jaris: gracia, energía increada) de Dios ve, contempla los misterios del siglo futuro y saborea desde ahora la Realeza (increada) de Dios. Profetas de este tipo hubo tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. Ellos recibieron la Apocálispsis (revelación), ellos vivieron y experimentaron la Realeza increada de Dios, conocieron los misterios de ella y a continuación los revelaron al pueblo.

Los Profetas que se identifican con los teólogos pragmáticos, verdaderos y los padres espirituales, hacen renacer a los hombres y los conducen hacia la vida. La conducción espiritual conecta y se identifica con el renacimiento espiritual del hombre. Realmente, nadie puede renacer si no conecta y no se une con un hombre glorificado o divinizado, un verdadero profeta.

Incluso en nuestra época existen profetas que proclaman la metania, giran y dirigen nuestro nus y nuestra mente hacia Dios, nos muestran y nos enseñan otra manera o modo de vivir y pensar. Y si no podemos encontrar un profeta en persona, aún tenemos los logos escritos de los profetas y podemos, leyéndolos, aprender qué es la Realeza de Dios y qué debemos hacer para alcanzarla y disfrutarla.

Estos pensamientos generales sintetizan los puntos básicos de la εσχατολογία esjatología ortodoxa, se han formulado aquí muy sinópticamente de manera simple. El análisis detallado de estas tesis documentadas y probadas por la enseñanza de los santos Padres, puede encontrarlo el lector en los capítulos que siguen. Teniendo en cuenta estos puntos básicos, podrá comprender también lo que va a leer a continuación.

Capítulo B. Separación de la psique-alma del Cuerpo

  1. Definición de la psique-alma (ver aquí: https://logosortodoxo.es/%CF%88%CF%85%CF%87%CE%B7-psiji-psique-alma/ )
  2. Creación, génesis de la psique-alma (ver aquí: https://logosortodoxo.es/psicoterapia-ortodoxa/ortodoxa-psicoterapia-iii-instruccion-terapeutica-patristica/)
  3. Muerte y Pecado Ancestral u Original
  4. El misterio de la salida-éxodo de la psique-alma del cuerpo
  5. Control de aduana (telonismo) de las psique-almas durante la separación de la muerte
  6. Estado intermedio de las psiques-almas
  7. La muerte de los niños
  8. Conclusión
  9. Añadido: Sobre los telonios (demonios aduaneros)
  1. Muerte y Pecado Ancestral u Original

Al hablar de la muerte y el pecado ancestral u original, no queremos decir que la muerte precediera como algo natural en la naturaleza humana y luego siguiera el pecado ancestral, sino que la muerte está estrechamente vinculada con el pecado del primer hombre en ser creado, Adán, ya que es su consecuencia.

Es necesario, por lo tanto, en este punto hablar de la muerte, la cual no fue desde el principio natural para el ser humano, sino que se introdujo en la naturaleza humana y, por lo tanto, actúa como un parásito. En la Sagrada Escritura se dice repetidamente que Dios no creó la muerte, sino que la muerte entró en el mundo a través del pecado de Adán.

Me gustaría mencionar solo dos pasajes bíblicos. El primero proviene del Antiguo Testamento y dice:

«Dios no hizo la muerte, ni se complace en la perdición de los vivientes, pues creó todas las cosas para que existieran; saludables son las generaciones del mundo, y en ellas no hay veneno de destrucción ni dominio y reino del Hades sobre la tierra… porque la justicia es inmortal» (Sabiduría de Salomón 1, 13-25).

No es posible que el mal provenga de Dios, ya que Dios es bueno. Por ello, cuando creó al hombre, no lo hizo para que muriera. De hecho, como se observa en la tradición patrística, no lo creó ni mortal ni inmortal, sino con la capacidad de volverse mortal o inmortal.

El segundo pasaje proviene de la Epístola a los Romanos del Apóstol Pablo: «Por tanto, así como por un hombre, es decir, por Adán entró el pecado en el género humano, y por el pecado la muerte, y así la muerte pasó a todos los hombres, porque todos pecaron; así también por Jesús Cristo se introdujo y se ofrece la reconciliación y justificación a todo género humano… sin embargo, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés y a los descendientes de Adán… y Adán es la prefiguración del futuro nuevo Adán que había de venir, es decir, del Cristo…» (Romanos 5, 12-14). Este pasaje muestra que la muerte es un intruso, un parásito en la naturaleza humana, fruto y consecuencia del pecado de Adán. Es, por lo tanto, una invasión de la muerte en la naturaleza humana y, a través de ella, en toda la creación.

El pecado del cual nació la muerte fue la caída de Adán en el Paraíso de la bienaventuranza y felicidad. Cuando Dios ordenó al hombre no comer del fruto prohibido, al mismo tiempo le advirtió:

«El día que de él comáis, ciertamente por la muerte moriréis» (Génesis 2, 17).

Y, efectivamente, después de este pecado, la muerte entró en la naturaleza humana: primero la muerte espiritual, que es la separación del hombre de Dios, y luego la muerte corporal, que es la separación de la psique-alma del cuerpo en el momento adecuado. El día que Adán pecó, murió espiritualmente y, posteriormente, también murió físicamente.

Esta es la postura de la Sagrada Escritura sobre la muerte, y en esta misma perspectiva se mueven los santos Padres, como veremos más adelante.

La teología occidental examina las cosas de manera diferente, considerando la muerte como un castigo de Dios al hombre debido a su pecado y la herencia de la muerte en toda la humanidad como una herencia de culpa. El padre Juan Romanidos, en un estudio muy original e interesante, refutó estas ideas erróneas de la teología occidental y presentó la enseñanza de los santos Padres sobre estos temas.

Los teólogos occidentales, influenciados por las premisas de Agustín, consideran la muerte como resultado de la decisión de Dios de considerar culpable a la humanidad y castigarla por el pecado cometido por Adán. Algunos protestantes, incluso, ven la muerte como un simple hecho o acontecimiento. Sin embargo, con tales percepciones y concepciones, llegan a la conclusión de que Dios es la causa de la muerte.

Con esta idea está estrechamente relacionada otra teoría según la cual el diablo es un instrumento de Dios para ejecutar su decisión de castigar al género humano. Sin embargo, con tales percepciones, ideas y puntos de vista, la teología occidental no puede interpretar correctamente el propósito de la encarnación de Cristo, que fue la abolición del poder del diablo y de la muerte, ni puede explicar adecuadamente el significado de los santos Misterios (sacramentos) y de toda la vida eclesiástica.

En la enseñanza patrística, como mencionamos antes, se observa que la muerte no es un castigo de Dios, sino el fruto y la consecuencia del pecado de Adán. Con el término «muerte» se entiende la separación del hombre de Dios, quien es la verdadera vida. Así, quien se aleja de la vida, es decir, de Dios, se vuelve muerto, perece. En este sentido, el primero que experimentó la muerte y la destrucción fue el diablo.

San Gregorio Palamás subraya:

«Esta necrosis (mortificación) fue experimentada primero por Satanás, ya que fue justamente abandonado por Dios debido a su desobediencia». El diablo, muerto espiritualmente, transmitió esta necrosis (mortificación) al hombre, ya que este último obedeció su consejo, desobedeció a Dios y perdió Su divina Χάρις (jaris: gracia, energía increada).

El santo Máximo el Confesor dice que, cuando hablamos de la muerte, nos referimos principalmente a la separación de Dios. Esta separación ocurre a través del pecado, por lo que el centro de la muerte es el pecado. A través de la transgresión del mandato de Dios y de la separación del hombre de Dios, «siguió necesariamente la muerte del cuerpo». (Filocalía tomo 2 https://logosortodoxo.es/category/filocalia/)

Dentro de este marco, se mueve también san Juan Damasceno, quien subraya que la génesis de todos los seres humanos proviene de Dios, pero la corrupción y su consecuencia, que es la muerte, provienen de nuestra maldad. «Por el hombre, es decir, por la transgresión de Adán, vino la muerte, así como también las demás penalidades». Así, la creación del hombre es obra de la fuerza y energía creadora (increada) de Dios, la permanencia es obra de Su fuerza y energía increada conservadora, y el gobierno es obra de Su providencial energía increada. La muerte es resultado de nuestra propia voluntad y maldad, no un castigo o acción de Dios, (San Juan Damasceno, “Edición exacta de la Fe Ortodoxa).

Según san Juan Damasceno, la muerte entró en el mundo «como una bestia salvaje y feroz que devora la vida humana». Esta imagen es muy acertada, pues describe vívidamente toda la realidad. La muerte se asemeja a una bestia salvaje y feroz que destruye y devora la vida de los hombres. Y de hecho, todos experimentamos en nuestros seres queridos esa brutalidad de la muerte, (San Juan Damasceno, “Edición exacta de la Fe ortodoxa).

San Gregorio Palamás, cuya postura central sobre el tema que nos ocupa que hemos visto, habla de manera muy gráfica y con asombrosa precisión. Cuando Eva escuchó el consejo del malvado y astuto diablo, «vio, sufrió, comió, murió, atrajo al hombre y participó tanto del banquete como del cadáver».

Por supuesto, al decir que Adán murió, no queremos decir que la naturaleza humana fue destruida por completo, sino que, en primer lugar, experimentó la muerte espiritual, y luego la muerte corporal, física sin llegar a la inexistencia. El hombre se separa de Dios y vive dramáticamente y tormentosamente estas consecuencias, sin ser destruido por completo.

Como nos dirá específicamente san Macario el Egipcio, «no decimos que todo se haya perdido y desaparecido y haya muerto; murió en relación con Dios, pero en su propia naturaleza sigue viviendo».

Después del pecado de Adán, Dios, con Su gran agapi-amor incondicional y misericordia, vistió al hombre con túnicas de piel. En la enseñanza de los santos Padres, vemos que estas túnicas de piel representan la corrupción y la mortalidad que entraron en el cuerpo humano tras el pecado. La corrupción son las enfermedades, debilidades y dificultades de la vida humana, la forma en que el hombre es concebido, llevado en el vientre y nacido, y en última instancia, el camino hacia la muerte. En realidad, toda la vida del ser humano es una serie de muertes sucesivas, es una muerte lenta.

De lo que hemos mencionado hasta ahora, parece claro que Dios no es la causa de la muerte, sino el pecado cometido por los primeros en ser creados en el Paraíso mediante su libre elección. Sin embargo, en la enseñanza patrística, está claro que Dios permitió la entrada de la muerte en la naturaleza humana por agapi-amor incondicional, filantropía y misericordia. En primer lugar, podemos decir que inmediatamente después de su pecado, Adán habría podido morir físicamente. Sin embargo, Dios permitió que la vida continuara incluso después del pecado, «proporcionando un lugar para la μετάνοια metania «, es decir, para dar la oportunidad de volver a la μετάνοια metania, arrepentirse y obtener la vida espiritual.

Así, todas las aflicciones y angustias que están asociadas con la corrupción y la mortalidad se convierten en ocasiones para anhelar la vida superior y obtener la κοινωνία (kinonía: conexión, participación y comunión) con Dios.

Según san Basilio el Grande, Dios permitió la muerte para que el hombre no quedara eternamente como un vivo muerto (cadáver andante). Esta idea fue expresada por la Iglesia en una oración de perdón que dice el sacerdote durante el servicio funerario. Entre otras cosas, se dice: «Y por eso, para que el mal no se haga inmortal, ordenaste con amor a la humanidad que esta unión y mezcla, este vínculo indisoluble, fueran cortados y disueltos por tu divina voluntad, como Dios de nuestros Padres.»

Así, Dios, para que el mal no se vuelva inmortal y eterno, permitió filantrópicamente, con amor al hombre, por Su voluntad, que se disuelva el vínculo irrompible entre la psique- alma y el cuerpo, es decir, permitió que ocurra la muerte.

Debemos decir algunas cosas sobre el problema de la herencia de la muerte, porque en este punto también se ve la diferencia entre la teología occidental y la ortodoxa. Según la concepción occidental, la herencia de la muerte es la herencia de la culpa, como si cada persona hubiera pecado en la persona de Adán y, por lo tanto, cada uno es responsable de su propia muerte.
Sin embargo, en la enseñanza de los Santos Padres parece que no se trata de la herencia de la culpa, sino de la herencia de las consecuencias del pecado de Adán, que son la corrupción y la mortalidad. Dado que con el pecado de Adán la naturaleza humana se enfermó, es natural que cada ser humano, que es una parte inseparable de esa naturaleza, no escape de la corrupción que reina en ella.
Además, todos los pecados y pazos están ligados inseparablemente a la corrupción y la muerte. Así, la muerte no es solo resultado del pecado, sino también causa del pecado. Esto último se dice desde la perspectiva de que, debido a la corrupción y mortalidad que heredamos de nuestros padres, se desarrollan varios pazos, como la lujuria, la avaricia, la vanagloria, el hedonismo y la ambición, y en general, debido a la mortalidad, caemos en muchos pecados.

Con estas premisas podemos hablar de la transmisión de la muerte y no simplemente de la culpa, como afirma la teología occidental. Agustín, que influenció mucho la teología escolástica de Occidente en lo que respecta el tema a la herencia de la muerte, sostenía que heredamos el mismo pecado de Adán, mientras que en la tradición patrística parece que heredamos las consecuencias del pecado, que son la corrupción y la mortalidad, las cuales se transmiten a través del nacimiento físico.

Según San Juan Crisóstomo, es lógica la herencia biológica de la corrupción que fue introducida en la naturaleza humana por los descendientes de Adán: «Habiendo devenido corruptibles, de tal manera engendraron hijos». Lo mismo observa San Cirilo de Alejandría: «Y puesto que, habiendo caído en esta (muerte), engendró hijos, y los que nacieron de él, al provenir de lo corruptible, nos hicimos también corruptibles.»

De hecho, San Juan Crisóstomo observa que bautizamos incluso a los niños pequeños «aunque no tengan pecados», para que se les añadan «santidad, justicia, adopción, herencia, fraternidad con Cristo, y que sean miembros, para ser morada del Espíritu».

La Encarnación de Cristo fue para abolir la muerte, el pecado y vencer al diablo. De hecho, Cristo asumió un cuerpo mortal y pasible para vencer la muerte. A través de Su Crucifixión y Resurrección, venció la muerte y dio al ser humano la posibilidad, al unirse con Él, de vencerla también en su vida personal.

Este propósito lo cumplen los sagrados Misterios (sacramentos) de la Iglesia. No liberan al hombre de la llamada culpa psicológica ni hacen una expiación ante Dios por el pecado de Adán, sino que vencen la muerte. A través del Santo Bautismo, nos convertimos en miembros del Cuerpo resucitado de Cristo y a través de la Sagrada Comunión del Cuerpo y la Sangre de Cristo recibimos el remedio de la inmortalidad.
No solo la psique-alma se une a Dios, sino que también el cuerpo recibe el sentimiento y la sensación de esta transformación interna de la psique-alma. Esto se ve claramente en las reliquias de los Santos de la Iglesia.
Por supuesto, el hecho de que después del Bautismo y la Sagrada Comunión la muerte todavía permanezca tiene un profundo significado. Porque, como explica San Máximo el Confesor, ocurre lo mismo que con la vida de Cristo. En el nacimiento inmaculado de Cristo permaneció la corrupción de su cuerpo deliberadamente, por los padecimientos salvadores, ya que de esta manera se podía vencer la muerte.
Así, en el bautizado permanece después del Bautismo la corrupción de su naturaleza. Pero no como condena de la naturaleza pecadora, sino como medio para la condena y abolición del pecado.
Con el Bautismo, el ser humano recibe la oportunidad, mediante su libre elección, de luchar contra el pecado, que está inseparablemente vinculado a la corrupción y mortalidad del cuerpo.

En este sentido, la salvación del ser humano es una obra de Dios, pero también una συνεργεία sinergía cooperación del ser humano.
Todo lo que hemos presentado hasta ahora está ilustrado de manera muy clara por el Apóstol Pablo en su Epístola a los Romanos. No podemos hacer un análisis completo de lo que dice el Santo Apóstol, pero de manera resumida destacaremos algunos puntos.
El pasaje que presenta esta verdad es el siguiente:
“En mi interior me agrada con todo mi corazón la ley de Dios; pero veo en mi cuerpo y en sus miembros una ley que lucha contra la ley de mi espíritu y contra de lo que me dicta mi conciencia y me esclaviza a la ley del pecado que domina en mi cuerpo y en sus miembros, es decir, domina a mi naturaleza física humana. ¡Desgraciado y miserable yo el hombre! ¿Quién me librará de este cuerpo en el cual domina el pecado y por el pecado la muerte espiritual y física? Doy gracias a Dios que por Jesús Cristo, nuestro Señor me ha liberado, sanado y salvado. En conclusión, pues, es que yo trabajo en dos señores; con el espíritu y la conciencia sirvo a la ley de Dios, pero con el cuerpo y sus miembros sirvo a la ley del pecado” (Rom 7:22-25).

Si uno estudia cuidadosamente los contextos en los que se dicen estas palabras, se dará cuenta de que el Apóstol se refiere al período de la ley, cuando a través de la ley de Dios intentaba liberarse de la ley del pecado y no podía lograrlo. Esto es precisamente lo que logra con la δύναμη (dinami: poder, potencia y energía increada) del Cristo que se hizo hombre.
Por lo tanto, aquí se muestra el valor de la Encarnación de Cristo en relación con la ley del Antiguo Testamento, y que no nos salvamos simplemente por el cumplimiento de la ley, sino por la participación en la Resurrección de Cristo en nuestra vida personal.

En el pasaje que hemos citado, es evidente que el «hombre interior» trabaja en la ley de Dios, da su consentimiento a la ley de Dios, lo que significa que tiene un deseo interior, una iluminación espiritual. Sabemos muy bien que también los justos en el Antiguo Testamento tenían oración del corazón o espiritual.
A través de la ley, el hombre hace la catarsis de los pazos y adquiere la memoria ininterrumpida de Dios. Sin embargo, aunque el hombre interior da su consentimiento a la ley de Dios, simultáneamente siente también la ley del pecado en su cuerpo-carne.
Esta ley del pecado es la corrupción y la mortalidad, que crean las condiciones para el predominio del pecado. Las enfermedades y las adversidades, la corrupción y el camino hacia la muerte dan la posibilidad a los pazos de la psique-alma de expresarse de manera antinatural y también proporcionan oportunidades al diablo para atacar al hombre.
Esto es precisamente el martirio de los santos. Por eso, el divino Apóstol, expresando el suspiro de todos los justos del Antiguo Testamento, que estaban en el estado de la muerte y no podían liberarse por medio de la ley, dice: «¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?»

Esta liberación se logró con la Encarnación de Cristo, con Sus Padecimientos y Su Resurrección, lo cual lo experimenta el hombre dentro de la Iglesia Ortodoxa, que es el Cuerpo de Cristo. Por eso, siente la necesidad de dar gracias a Dios de corazón. Luego, dice:
“Porque la ley del Espíritu, la jaris-gracia energía increada, la iluminación y la potencia del Espíritu Santo que cultiva, desarrolla y da la vida en Cristo, me ha librado de la ley, del dominio del pecado y de la muerte (espiritual)” (Rom 8:2).
Lo que no podía hacer la ley, lo hizo Cristo al condenar en Su cuerpo-carne el pecado y la muerte (Romanos 8:3). Así, el hombre se convierte en espiritual y es llamado espiritual.
Para concluir el tema de la muerte, diríamos que la muerte no fue creada por Dios, es decir, el hombre no fue creado por Dios mortal, sino que la muerte entró en la naturaleza humana como un parásito después de la transgresión del pecado de Adán, con la tolerancia y el amor de Dios, ya que a través de la muerte no permanece inmortal y eterno el mal.
La muerte se hereda debido a la enfermedad de la naturaleza humana, y no como culpa y castigo del hombre por parte de Dios.
En el tiempo oportuno, Dios, con la Encarnación de Su Hijo, dio la posibilidad al hombre de abolir la muerte.
Primero se anula la muerte espiritual, ya que el hombre, a través de los santos Misterios (sacramentos) de nuestra iglesia ortodoxa, se une con el Cuerpo resucitado de Cristo, y luego se libera también de la muerte corporal.

  1. El misterio de la salida-éxodo de la psique-alma del cuerpo            

La muerte (θάνατος zánatos) es llamada misterio en la tradición de la Iglesia Ortodoxa. Y realmente es un misterio no en el significado de los sagrados Misterios (sacramentos), a través de los cuales participamos de la Χάρις (jaris: gracia, energía increada) de Dios, sino en el sentido de que, en el momento de la muerte y después de ella, se realizan cosas misteriosas que la lógica humana no puede captar y comprender desde ahora.

Más allá de eso, el misterio de la muerte radica en el hecho de que se descompone la unidad entre la psique-alma y el cuerpo. Conocemos bien, por la enseñanza de nuestra Iglesia Ortodoxa, que existe una relación estrecha y una gran unidad entre la psique-alma y el cuerpo. Esta unión tuvo lugar junto con la creación del hombre, inmediatamente con la concepción en el vientre de su madre y continúa hasta el momento de la muerte. El hombre es un ser psicosomático, lo que significa que la psique-alma no es el ser humano completo, pero tampoco el cuerpo es el ser humano completo. Entonces pues, en el momento en que, debido a la muerte, la psique-alma se separa del cuerpo, se realizan cosas misteriosas. La psique-alma no vivía antes de la creación del cuerpo y por ello no quiere vivir sin él. La salida de la psique-alma del cuerpo ocurre de manera violenta, y este es el misterio de la muerte. Nosotros, naturalmente, consideramos que el misterio de la muerte es aterrador, porque rompe la unidad entre los seres queridos y porque perdemos a una persona amada. Y esta es una gran verdad, vivida por quienes han perdido a sus seres queridos. Pero no debemos olvidar que lo más terrible de la muerte es precisamente esta separación del alma y el cuerpo.

Esta verdad se ve claramente en un troparion, que se canta durante el oficio fúnebre y fue escrito por san Juan Damasceno. Se dice:

«Realmente es terrible el misterio de la muerte, cómo la psique-alma se separa violentamente de la armonía del cuerpo, y del vínculo congénito y natural de su unión se rompe por voluntad divina” (Pequeño Efjologio de bendiciones, Diaconía Apostólica p. 205).

Aquí se presentan algunas grandes verdades. Una es que existe un vínculo muy estrecho y sumamente natural entre la psique-alma y el cuerpo, una gran armonía entre ambos. La segunda verdad es que esta relación se rompe de manera violenta. Y esta violencia es lo que constituye el terrible misterio de la muerte. Por esta razón, como veremos más adelante, la psique-alma tiembla, se llena de temor y se asusta. La tercera verdad es que esta separación ocurre por la voluntad de Dios. Por supuesto, Dios no es la causa de la muerte, sino que permitió que esta entrara en la vida del hombre, ya que no se hace nada en el mundo sin Su voluntad.

Por tanto, la hora de la muerte es terrible, aterradora para todo ser humano. Su terror no radica solo en el hecho de que dejamos este mundo al que estábamos unidos, sino también en que comienzan a manifestarse diversos misterios que antes, debido a la densidad de los sentidos corporales o por el grosor de los órganos sensoriales, no podíamos percibir y comprender. En ese momento crítico, crucial, el hombre sin haberlo previsto, llega a conocerse a sí mismo con absoluta claridad. Toda su vida pasada y dónde ha vivido, se le presenta ante los ojos, como una película.

San Juan el Sinaita dice que los orgullosos, que creían ser impasibles (sin pazos), «ven su propia pobreza espiritual en el momento de la muerte» (“Escalera” pag 111). Es decir, los soberbios o orgullosos y vanagloriosos entonces ven su miseria espiritual interior. ¡Cuánto más aquellos que han cometido muchos otros actos con las fuerzas de la psique-alma y del cuerpo!

Un Yérontas contemporáneo dice que, en la hora de la muerte, la persona verá hasta la praxis, acción más mínima que ha realizado en su vida, tal y como se distingue instantáneamente una pequeña impureza en un vaso de agua.

Sin embargo, el miedo al misterio de la muerte también se debe a que, en ese momento, comienza una nueva vida para el ser humano. Y, naturalmente, esto conecta y está ligado también con el estado eterno de su psique-alma como del cuerpo.

Según san Teognosto, la hora de la muerte es un nuevo nacimiento, ya que el hombre, especialmente el justo, sale como si fuera de otra segunda matriz (vientre) oscura y se dirige hacia lo inmaterial y luminoso. Por eso, recomienda que el hombre debe regocijarse y alegrarse, porque está dirigido y conducido a través de la muerte hacia los bienes esperanzados. Al mismo tiempo, advierte que debe estar atento «a los demonios impíos que merodean alrededor», ya que intentan dañarlo hasta el último momento. Así, el hombre debe regocijarse y alegrarse porque se encamina hacia el gozo de los bienes eternos, pero también debe estar en nipsis continua, sobrio y vigilante ante lo desconocido del futuro, debido a su propia alteridad e inconstancia (San Teognosto, Filocalía II, pag 168).

Es muy importante señalar que no solo después de la salida de la psique-alma del cuerpo, sino también cuando se acerca el momento de su partida, según el testimonio de personas santas, el hombre vive diversas experiencias. Al encontrarse en un estado límite, todas estas situaciones y experiencias se justifican. Es decir, puede ver visiones de santos/as, luz divina, etc., pero también apariciones de demonios que intentan infundirle más temor, asustarlo más y apoderarse de él.

Dentro de la filantropía de Dios se incluye también el hecho de que los justos ven visiones de personas santas, de modo que, como dice San Gregorio el Diálogo, no se atemoricen ni se acobarden con la llegada de la muerte, sino que, al ver con quiénes estarán en comunión, «se liberen del vínculo de la carne sin dolor ni miedo» (Evergetinos I pag.70). Esto confirma lo que mencionábamos antes, que la separación causa dolor y sufrimiento, pero de este modo se disipan los miedos, la cobardía y la angustia.

San Gregorio el Diálogo menciona el caso de una mujer llamada Tarsila, la cual, en el momento de su salida (muerte), aunque muchas personas estaban a su lado, vio a Jesús acercándose. Entonces, con gran entusiasmo y voz fuerte, exclamó a los presentes: «¡Apártense, apártense, Jesús está viniendo!». Y al contemplar esta visión, su psique-alma salió de su cuerpo, (Evergetinos I pag.74).

También se relata por el mismo santo el caso de otra mujer llamada Musa, que una mujer, llamada Musa quien, antes de que su psique-alma saliera, vio a la Zeotokos (Madre de Dios) que se acercaba a ella. Entonces, con la mirada llena de respeto y vergüenza, y con una voz sumamente suave y apacible, respondió: «He aquí estoy, Señora, vengo, he aquí mi Señora vengo». Y de esta manera entregó su espíritu, (Evergetinos I pag.75).

Pero mientras que los justos ven estas visiones divinas que los llenan de alegría, apacibilidad y consuelo, al contrario, los pecadores, los que no han hecho la catarsis (purgación, purificación y sanación) durante su vida, ven visiones y apariciones demoníacas. La enseñanza patrística conserva muchos ejemplos de este tipo, y mencionaré dos de ellos.

Un caso es mencionado por San Gregorio el Diálogo sobre un hombre que estaba a punto de morir rodeado de monjes que oraban por él. El moribundo vio un dragón que venía a devorarlo, pero, debido a la presencia de los monjes, solo logró poner su cabeza en la boca del monstruo. El enfermo paciente suplicaba a los hermanos, quienes lo exhortaban a hacer la señal de la cruz, (santiguarse). Sin embargo, él respondía que quería hacerlo, pero no podía. Entonces, los hermanos intensificaron sus oraciones, y poco después el hombre exclamó: «Dad gracias a Dios, porque el dragón que me había tomado como comida para devorarme y ha huido gracias a vuestras oraciones, ya no puede mantenerse aquí» (Evergetinos I pag.83).

El segundo incidente proviene del Gerontikón y narra cómo un anciano, al salir de su celda para vender su trabajo manual, se sentó en la puerta de la casa de un rico. Entonces vio a unos «hombres de aspecto oscuro, negro que daban mucho miedo», los cuales montaban en caballos negros y llevaban tambores, llegando a la puerta de la casa y, después de desmontar de los caballos, entraron en aquella casa. En ese momento, el enfermo, al verlos, clamó: «Señor, eleisón me, ten misericordia o compasión de mí, ayúdame”. Entonces aquellos le dijeron que ya era tarde, que no había ya esperanza de salvación ni consuelo. «Y así, violentamente arrebatando su alma salieron” (Evergetinos I pag. 86).

Muchos misterios están teniendo lugar en el momento en que la psique-alma se está preparando para salir del cuerpo, los cuales para nosotros ahora son desconocidos y tal vez paradójicos. Pero no podemos negarlos, porque existen testimonios de santos hombres. Además, es conocida la parábola de Cristo, donde se hace referencia al rico necio, quien, en el momento de su partida escuchó la voz de Dios: “Pero cuando lo tenía todo preparado para disfrutar, Dios le dijo: hombre necio, esta noche que creíste que vas a comenzar a disfrutar de la vida buena vienen los demonios a pedirte tu psique-alma; y lo que has acaparado, ¿de quién será? (Lc. 12,20). Es por eso que no hay ni cabe ninguna duda.

San Macario el Egipcio dirá: «Cuando sale la psique-alma del cuerpo del hombre, entonces se realiza un gran misterio” 36 (San Macario el Egipcio, Filocalía de los santos Nípticos y Ascéticos, tomo 7 pag 370).

No ocurren hechos misteriosos solo antes de la salida la psique-alma, sino también durante el momento en que esta abandona el cuerpo. Existen escritos de los Padres que nos revelan que la psique-alma, al salir del cuerpo, a veces manifiesta claramente su partida y su presencia en la casa donde se encuentra el difunto. Esto ocurre especialmente con los santos. Lo que mencionaremos a continuación demostrará que la psique-alma no es simplemente una energía del cuerpo, sino el elemento espiritual de la existencia del hombre, creado por Dios, y que, por Su voluntad, nunca dejará de existir.

San Feloteo el Kókinos, describiendo la bendita muerte de San Gregorio Palamás, dice que en el momento de la salida de su psique-alma del cuerpo, una luz extraordinaria iluminó la habitación donde yacía su cuerpo, así como en su rostro. Incluso dice que dos sabios de Tesalónica, uno de los cuales era sacerdote y el otro monje, ambos de grandes virtudes, lo vieron aquel esplendor «cuando la psique-alma salía del cuerpo”. En otras palabras, la psique-alma del santo al salir del cuerpo dejó tras de sí un esplendor. Todo el pueblo fue testigo del esplendor sobrenatural, la gloria extraordinaria de su rostro. Y san Filoteo, interpretando muy teológicamente este acontecimiento, dice que se debió a la Χάρις (jaris: gracia energía increada) del Espíritu Santo que se encontraba tanto en la psique-alma como en el cuerpo, (San Filoteo Kókinos, “Vida de san Gregorio Palamás”, EPE pag 138). Naturalmente, aquel resplandor de esta luz increada era consecuencia del hecho de que San Gregorio había sido partícipe y unido de la Luz increada y también predicador y precursor de esta Luz increada durante toda su vida.

San Benedicto, quien es llamado hombre de Dios, tenía este tipo de experiencias en su vida. Se dice que, estando en su kelia-celda contemplando con sus ojos hacia el cielo, vio la psique-alma de su santa hermana «en forma de paloma resplandeciente ascendiendo al cielo». En otra ocasión, estando en oración durante la noche, vio repentinamente una gran luminosidad (de luz increada) en el cielo. Vio al mundo entero reunido como si estuviera bajo un rayo de sol y al mismo tiempo, la psique-alma santa del Germanós, obispo de Capua, «elevándose al cielo en una esfera de fuego sostenida por ángeles» (Evergetinos I pag. 94-95) .

Un acontecimiento similar encontramos en la vida de San Antonio el Grande. San Antonio mientras se dirigía hacia san Pablo el Tebano para entregarle la vestidura de san Atanasio el Grande y mientras se acercaba a la cueva, vio en el cielo huestes de ángeles, coros de Apóstoles, grupos de Profetas y órdenes de Mártires, y en medio de todos ellos, la psique-alma de san Pablo de Tebas brillando más que la blancura de la nieve, «ascendiendo al cielo con gran alegría» (Evergetinos I pag. 90) .

El hecho de que estos santos vieran y reconocieran las psiques-almas de estos santos concretos, muestra que, a pesar de la salida de la psique-alma del cuerpo y la desarticulación de la unidad entre psique-alma y cuerpo, la base substancial o hipóstasis no se anula. Los santos reconocen a los difuntos, viendo sus psique-almas. Sin embargo, este tema de la continuidad de la hipóstasis (base existencial, persona) lo analizaremos más adelante. Aquí simplemente lo señalamos.

La salida del alma del cuerpo, especialmente en los santos, va acompañada de muchos signos o señales. San Gregorio el Diálogo dice que es un fenómeno acostumbrado, cuando las psique-almas de los santos van saliendo del cuerpo, escuchen cantares y alabanzas en los cielos. Y esto sucede para que no sientan el dolor de la separación del cuerpo-carne, (Evergetinos I pag. 90).

Alguien llamado Sérdulos, en el momento de la salida de su psique-alma, escuchaba himnos en el cielo y pidió a los presentes que guardaran silencio: «¡Callaos, silencio! ¿Acaso no escucháis cómo resuenan alabanzas en el cielo?». Y se dice que cuando su alma salió del cuerpo, todos los presentes se inundaron de una fragancia celestial. Se perfumó todo el lugar, (Evergetinos I pag. 72).

Lo mismo sucedió también con Tarsila. Cuando salió la psique-alma del cuerpo, se inundó el lugar de «olor de fragancia divina» y todos sintieron la presencia del «Autor de la fragancia», (Evergetinos I pag. 74 y 83).

Lo mismo sucedió también con una mujer que se llamaba Redepta, ya que, en el momento de su dormición o tránsito, una luz celestial llenó toda su celda. Incluso se escuchó un fuerte sonido y las puertas de la celda rotaban como si una multitud estuviera entrando a la celda (Evergetinos I pag. 73). 

Esto es muy natural, ya que en nuestra Iglesia creemos que existe una κοινωνία (kinonía: participación, comunión y conexión) de vivos y dormidos o difuntos. En la Dormición de Nuestra Señora Panaghía vemos la llegada de todos los Apóstoles. Pero esto también se observa en la muerte de los grandes santos. Santos y ángeles están presentes y reciben su psique-alma.  Cuanto más gloriosa es la vida de un santo, tanto más gloriosa es su dormición (muerte).

Hasta ahora hemos visto que se realizan grandes misterios cuando se acerca la muerte, y también que los santos fueron dignos de percibir y sentir, de diversas maneras, el momento en que la psique-alma de los justos sale del cuerpo. Ahora debemos considerar cómo las psique-almas de los santos son conducidas por los ángeles, y las psique-almas de los pecadores sin metania, no arrepentidos ni confesados son conducidas por malvados demonios.

San Macario el Egipcio enseña que si alguien durante el tiempo de su salida es impenitente, sin metania “vienen coros de demonios y ángeles oscuros de la izquierda, y potencias de las tinieblas toman aquella psique-alma y la detienen manteniéndola en su propio lugar”. Por el contrario, los siervos de Dios, los que desde ahora son ángeles y los rodean espíritus buenos, son dignos de que, en el momento de su salida, “los coros de ángeles toman sus psique-almas y las conduzcan a su propio lugar, al siglo puro, y así los presenten al Señor” (San Macario el Egipcio, Filocalía de los santos Nípticos y Ascéticos t.7 pag 370). Y en otro pasaje, San Macario de Egipto afirma que cuando la psique-alma no tiene este lazo (arras) o sello del Espíritu Santo, en el momento de su salida del cuerpo, los demonios la poseen y no la dejan ascender a los cielos (San Macario el Egipcio, Filocalía de los santos Nípticos y Ascéticos t.7 pag 308).

Por lo tanto, aquellos que tienen el sello del Espíritu Santo y son verdaderos cristianos no se acobardan, ni temen, sino que se alegren, porque tienen la morada no hecha por manos humanas que es la potencia de la energía increada del Espíritu Santo que habita en sus interiores (San Macario el Egipcio, Filocalía de los santos Nípticos y Ascéticos t.7 pag 124).

Pero esta enseñanza no proviene sólo de los Padres, sino que está testificada y confirmada por la infalible boca de Cristo. En la parábola del Rico y del Lázaro se dice que Lázaro fue conducido por los ángeles al seno de Abraham: “Sucedió, pues, que murió el pobre y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham. Murió también el rico y fue sepultado” (Lc 16,22).

Pero en la parábola del Rico necio, el Cristo nos enseña que los demonios toman la psique-alma de los pecadores impenitentes sin metania. Este es el logos que dijo al rico necio: “»Pero Dios le dijo: “¡Necio! Esta misma noche te reclamarán la psique-alma-alma, las cosas que preparaste, ¿para quién serán?” (Lc 12,20, refiriéndose a los demonios.

Esta tradición también pasó a la adoración, liturgia o culto de nuestra Iglesia Ortodoxa. Es característico un troparion del oficio fúnebre, en el cual se ve la lucha de la psique-alma en el momento de su salida del cuerpo. La psique-alma del hombre pecador también se gira hacia los ángeles y hacia la gente, y nadie puede ayudarla. Se dice en este tropario: ¡Ay pobre de mí, qué gran lucha tiene el alma al separarse del cuerpo! ¡Ay de mí, cuánto llora entonces y no hay quien la tenga misericordia! Vuelve los ojos hacia los ángeles y en vano les suplica; extiende las manos hacia los hombres y no encuentra a nadie que la ayude (Pequeño Efjologio, de oraciones y bendiciones, por Diaconía Apostólica. Pag 205).

El cristiano conoce esta realidad, por eso, en la oración de las Completas que recita cada noche antes de dormir, ruega a la Virgen María Zeotokos que le ayude en la hora de la muerte, para evitar las caras feas y malvadas de los demonios: «Y en el momento de mi salida, protege mi psique-alma miserable, alejando de ella los rostros oscuros de los malvados demonios”.

Realmente, después de la salida de la psique-alma del cuerpo se realizan cosas misteriosas, las que ahora no podemos imaginar y las que los santos Padres nos han apocalitado-revelado, no para asustarnos, sino para animarnos a prepararnos para esa hora terrible. Toda la vida cristiana es una preparación para la muerte. Naturalmente, esta preparación no se hace con ansiedad y angustia, sino con alegría y optimismo, ya que está inspirada por la Χάρις (jaris: gracia, energía increada) de Dios y hace la vida más humana. Porque el que se prepara para su éxodo (partida, salida), conoce enfrentar de la mejor manera todas las cosas que le suceden en la vida y es la persona más sociable.

  1. Control de aduana (telonismo) de las psique-almas durante la separación de la muerte

Relacionado con lo anterior, encontramos en la Sagrada Escritura y en los santos Padres la enseñanza sobre telonismo (control de aduana, peaje) de las psiques-almas. En este punto, examinaremos más detalladamente el tema que tiene relación con el temible misterio de la muerte. Y naturalmente, lo hacemos por dos razones: por un lado, porque encontramos esta enseñanza en toda la tradición bíblica y patrística y responde a una realidad espiritual; y por otro, para prepararnos para la temida hora de la muerte. Las realidades siguientes no se escriben para generar angustia y agonía, sino fomentar la Metania, la cual conlleva y tiene como resultado la alegría, porque aquel que tiene la donación del Espíritu Santo y está unido con el Cristo, evita la aterradora presencia y acción de los telonios demonios aduaneros.

De acuerdo con la enseñanza de los Padres de la Iglesia Ortodoxa, la psique-alma, durante su salida del cuerpo, pero también antes, cuando se está preparando para salir de este, siente la presencia de los demonios que se llaman tolonios aduaneros, y se llena de temor al tener que atravesar medio de telonios (demonios aduaneros).

Naturalmente, desde el principio debemos aclarar que los telonios -demonios aduaneros – no tienen dominio, ni poder sobre los justos, aquellos que se han unido con Cristo. Los justos no sólo no pasarán por los llamados telonios demonios, sino que tampoco serán sobrecogidos o poseídos de miedo por ellos. Todas estas realidades las veremos mejor cuando expongamos la enseñanza de los santos Padres. La calificación del paso tránsito «peaje» de la psique-alma a través de los demonios como telonismo control de aduana, está tomada de los telones recaudadores de impuestos de aquella época o aduaneros. Es útil examinar brevemente este concepto para entender por qué los Padres usaron esta imagen para describir el paso de la psique-alma por los demonios como telonismo control de aduana.

En la antigüedad, telonis se llamaban los recaudadores de impuestos que compraban el derecho de cobrar los tributos al Estado y luego los exigían a la población. Los telonis se dividían en dos clases. La primera clase contenía los llamados “dimosionas o decateftá, publicanos o decatenarios»,” que era la clase más rica y con gran poder de autoridad; y la segunda clase contenía los llamados tasadores o arancelarios. Los primeros eran los recaudadores generales del Estado que habían comprado los impuestos del Estado, mientras que los segundos eran trabajadores asalariados de los primeros que recaudaban los impuestos del pueblo y los entregaban a los dimosionas o recaudadores Oficiales.

Los tasadores, arancelarios o publicanos asalariados eran muy injustos, ya que recaudaban más impuestos de los que deberían a entregar a sus dueños. Por eso en las antiguas comunidades tenían muy mala reputación. Platón decía que los telones son duros y severos, no porque recaudaban los impuestos, sino porque eran muy corruptos y robaban a los ciudadanos poniéndoles y cobrándoles impuestos más que lo legal. Por eso a Teócrito cuando le preguntaron cuáles eran las bestias más salvajes y crueles, respondió: “En las montañas son los osos y los leones, y en las ciudades los telones y los calumniadores o delatores”.

Algunos que no podían corresponder, los telones recaudadores para asegurarse de que nadie escapara de su severa y muchas veces injusta fiscalización, usaban diversos métodos, acechando en caminos estrechos y atrapando a los viajeros para exigirles los tributos adeudados.

Se trata de una escena muy desagradable y odiosa por los hombres de aquella época. Precisamente, esta misma imagen, familiar y detestada, utilizan los Padres para hacer comprender a las personas de aquella época en qué consiste el terrible misterio de la muerte y qué cosas espantosas ocurren en el momento en que la psique- alma se prepara para partir, y especialmente cuando sale del cuerpo del hombre.

San Macario el Egipcio lo expresa de manera elocuente: Tal y como son los telones escondidos en las callejuelas deteniendo, asustando y extorsionando a los pasajeros, del mismo modo los demonios acechan, supervisan y detienen las psique-almas cuando salen del cuerpo; si no se han hecho la catarsis, sanado y purificado completamente, no se les permite ascender a las moradas celestiales ni encontrarse con su Señor, sino que son arrastradas por los demonios del aire” (San Macario el Egipcio, Filocalía de los Nípticos y Ascéticos, tomo 7º, pag 580).

Por supuesto que la imagen de los telonios pertenece a la realidad social de aquella época. Pero la enseñanza de que los demonios durante la salida de la psique-alma intentan a atrapar la psique-alma del hombre, se encuentra en numerosos textos de la Sagrada Escritura y de los Padres de la Iglesia Ortodoxa. Ya vimos anteriormente que, después de la muerte, los ángeles reciben las almas de los justos, mientras que los demonios se llevan las almas de los pecadores impenitentes. Los demonios, con su odio hacia la humanidad, les gustaría apoderarse de todos y someterlos eternamente a su dominio. Sin embargo, no tienen poder y autoridad sobre los justos.

Un pasaje clave que los Padres de la Iglesia interpretan en relación con los telonios es el dicho de Cristo antes de Su Pasión: “Ya no hablaré muchas cosas con vosotros, porque llega el Príncipe o Soberano de este mundo pecador. En mí no tiene ningún poder; [No hablaré ya muchas cosas con vosotros, porque viene el príncipe, el satanás, que gobierna el mundo que está alejado de Dios. Viene para ejecutar el último ataque violento contra mí. Pero en mí no encontrará nada suyo que le dé poder sobre mí, no tiene poder en mí”] (Jn 14,30).

El Soberano del mundo es el cosmocrátoras gobernante del mundo (material y pecador), el diablo. Se llama cosmocrátoras no porque es realmente señor y soberano de todo el mundo, sino porque ejerce dominio sobre el mundo de la injusticia y el pecado. El Cristo proclama que el diablo no tiene poder sobre Él. Por supuesto que aquí se refiere tanto al satanás, diablo como a la muerte.

El Apóstol Pablo refiriéndose a los muertos espiritualmente, aquellos que están privados de la jaris (energía increada gracia) de Dios, escribe: “Y a vosotros también os ha llamado a la salvación, mientras estabais muertos espiritualmente por vuestros pecados y faltas  que en otro tiempo vivisteis siguiendo el modo de vivir de este mundo corrompido, bajo el príncipe de las potestades aéreas, es decir, el espíritu maligno y astuto que opera en los hijos de la apostasía y de la desobediencia que se rebelan contra Dios”, (Ef 2,1-2). En este pasaje, queda claro que las personas se vuelven espiritualmente muertas debido a sus pecados y a la acción y energía del diablo en sus vidas.

También, el diablo es llamado «príncipe de la potestad del aire», porque se encuentra en la atmosfera y libra una constante batalla y guerra contra los hombres. Precisamente, los Padres esta imagen tienen en cuenta y dicen que, cuando la psique-alma está saliendo del cuerpo y atraviesa el aire en su camino al cielo, se encuentra con el soberano o príncipe del aire. Además, en este pasaje se menciona que este príncipe opera con su energía también ahora en los hijos de la desobediencia, aquellos que han rechazado la jaris de Dios.

Existen muchos pasajes en el Antiguo Testamento que son utilizados por los Padres para expresar la telonización o pase por la aduana de las psique-almas, y me gustaría referirme a dos de ellos. Uno proviene del salmo de David, allí donde se refiere a Dios, diciendo: “Señor, Dios mío, en ti he puesto todas mis esperanzas. Sálvame de todos mis enemigos, que me persiguen, y líbrame; para que no me atrapen y, como un león salvaje, destrocen mi vida, ya que no habrá nadie a mi lado para librarme y salvarme” (Sal 7, 2-3). Y el otro pasaje se encuentra en el libro del Profeta Jeremías. Allí se dice: “no obstante, había en mi corazón como un fuego ardiente encerrado en mis huesos, y traté de sufrirlo, y no lo he podido soportar; porque oí la murmuración de muchos: ¡temor por todas partes” (Jer 20,9-10).

Después de haber presentado estos pasajes bíblicos interpretados por los santos Padres, ahora avanzaremos a la enseñanza de ellos sobre el llamado telonismo control de aduanas (peaje) de las psiques-almas. Debemos decir que primero expondremos la enseñanza de ellos sobre el telonismo y después nos referiremos a la interpretación mística más profunda sobre este estado espiritual. Tal como se verá con mayor claridad más adelante, las psiques-almas de los justos no son poseídas de este miedo, porque poseen la Jaris, la energía increada de Dios sobre sí mismas, y los demonios no tienen poder sobre ellas. Las psiques-almas de los no arrepentidos ni convertidos, impenitentes sin metania están poseídas de agonía y están bajo la influencia de los demonios, pero también de la energía de sus propios pazos. Existen los demonios, pero por telonismo se entiende también la energía y acción de los pazos. Nunca debemos olvidar este punto, ya que la ignorancia de esta realidad crea percepciones falsas y puede llevar a malentendidos. El lector que estudia este capítulo debe prestar especial atención a la enseñanza patrística de los santos Padres.

San Basilio el Grande, interpretando el versículo del salmo: “Señor, Dios mío, tú eres mi refugio, sálvame de todos los que me persiguen, y libérame, no sea que, como leones, arrebaten y desgarren mi psique-alma sin que haya quien me libre” (Sal 7, 2-3); explica que aquellos hombres valientes que han combatido durante toda su vida contra los enemigos invisibles serán examinados al final de su vida por el «príncipe de este mundo» de modo que, si se les encuentra con heridas, marcas o huellas de pecado, retenerlos como prisioneros. Pero si se les halla intactos y sin mancha, «como quienes son indomables y libres por Cristo, encontrarán descanso en Él». Por eso el encontrado bajo el poder de la muerte, como conoce que “uno es el que salva, uno el redimido”, clama a Cristo el Salvador: «Líbrame en el momento del examen, no sea que mi psique-alma sea arrebatada como un león.» Y Cristo, al ser absolutamente puro y libre de pecado, dijo el logos: «Ya no hablaré muchas cosas con vosotros, porque llega el príncipe o soberano de este mundo pecador. En mí no tiene ningún poder; [No hablaré ya muchas cosas con vosotros, porque viene el príncipe, el satanás, el que gobierna el mundo que está en el pecado y alejado de Dios, y viene para ejecutar el último ataque violento contra mí. Pero en mí no encontrará nada suyo que le dé poder sobre mí, no tiene ningún poder sobre mí»] (Jn 14, 30).

La hora de la muerte es terrible porque entonces el hombre recuerda sus pecados, pero también porque ve cosas terribles y espantosas. San Juan el Crisóstomo testifica que hay muchos hombres que relatan visiones aterradoras, las cuales los que se van no pueden encarar y soportar. Son tan terribles y conmovedoras las imágenes de modo que “por el gran miedo saltan de la cama o lecho con gran ímpetu atormentados y ven cosas espantosas para los presentes”. Es decir, del miedo de la psique-alma se atormenta también el cuerpo, y el hombre hace actos muy conmovedores. Y añade san Crisóstomo que “si al ver personas temibles nos asustamos y tenemos miedo, ¡cómo no vamos a tener miedo durante la salida de la psique-alma del cuerpo cuando vemos «ángeles amenazándonos y potencias implacables y bruscas…»! La psique-alma que se está separando del cuerpo se lamenta y llora en vano y sin propósito. (Obras san Juan Crisóstomo 11, EPE pag 170).

Sobre este tema se refiere también san Simeón el Nuevo Teólogo, recalcando especialmente que aquel que posee la Luz increada de Dios vence los demonios que se acercan a él, porque los demonios son quemados con la divina Luz increada. Esto ocurre incluso ahora, mientras el hombre se encuentra en la contemplación y se reviste de la Luz de Dios. Mucho más sucederá en el momento de la salida de la psique-alma del cuerpo. Dice que no habrá ningún beneficio para el cristiano en la lucha espiritual que lleva a cabo, si el diablo no es consumido por la Luz increada de Dios. Cosa que significa que la esencia y el propósito de la vida espiritual es que el hombre se una con la Luz increada. San Simeón escribe: «Si el príncipe de las tinieblas viniera y viera tu gloria unida a mí, y se avergonzara completamente, el oscuro consumido por tu luz inaccesible, y todas las fuerzas adversas con él huyeran al ver la señal de tu sello, entonces yo atravesaría sin miedo, confiando en tu gracia, completamente tranquilo, y me acercaría a ti y me postraría ante ti. De lo contrario, ¿qué beneficio tendría de lo que ahora sucede en mí?» (SC 174, pag 310).

Los demonios, que quieren, apoderarse de la psique-alma del hombre, aunque sea el último momento, son llamados por san Diádoco de Fótica como «príncipes del Tártaro», es decir, gobernantes del Hades. El hombre que ama a Dios no estará dominado por el miedo, porque la agapi- amor expulsa el miedo, y pasará libremente «ante los príncipes del Tártaro». “La psique-alma del hombre que se alegra por la agapi-amor de Dios, en el momento de su salida, «es llevada por los ángeles por encima de todas las legiones tenebrosas junto con los ángeles de la paz» (San Diádoco de Fótica, Filocalía de los Nípticos y de los Ascetas, tomo 9º pag 286).

Así que, los santos Padres no se conforman solo en recalcar la existencia de los demonios y sus manías agresivas contra los hombres, sino que también señalan el modo por el cual podemos escaparnos de sus amenazas. Con una perfecta confesión de los pecados uno se libera de la cobardía y del miedo, se llena de la agapi-amor de Cristo y entonces queda libre de la maldad de los demonios. El diablo, demonio no tiene ningún poder sobre él.

El abad Isaías llama a los demonios que se acercan a la psique-alma cuando va saliendo del cuerpo, “príncipes de las tinieblas” y “príncipes de la maldad y de la mala astucia”. Enseña que cuando la psique-alma del hombre sale del cuerpo, los ángeles la acompañan. Pero, en ese momento también salen las fuerzas de las tinieblas para encontrarla e intentar apoderarse de ella. En aquel momento, los ángeles no guerrean contra los demonios, sino que tapian y protegen al hombre con las buenas obras que ha cometido. Cuando el hombre vence a los demonios, a causa de sus actos y obras buenas que ha cometido en su vida, entonces “los Ángeles se alegrarán con él, cuando vean que éste está liberado de los poderes de las tinieblas u oscuridad”. Por ello, el abad Isaías exhorta a amar la paz, la filantropía, el estudio de Dios y Su justicia, dejar de lado las preocupaciones del mundo y los honores etc. (Evergetinós, 101-102).

En el Gherontikón se encuentra una enseñanza del Obispo Theófilo en relación con el tema que nos ocupa, el cual sostiene que durante el tiempo de la salida se lleva a cabo un juicio entre los ángeles y los demonios. Los demonios presentan «todos los pecados cometidos con conocimiento o ignorancia, desde el nacimiento hasta la última hora» y acusan al hombre. Por otro lado, los ángeles mencionan las buenas obras que ha realizado la psique-alma del hombre concreto. Entonces la psique-alma juzgada experimenta un gran temor. Si vencen los demonios se escucha la voz: “he aquí el irreverente, irrespetuoso, blasfemo y sacrílego, para que no vea la doxa (gloria, luz increada) del Señor”. Pero si la psique-alma sale victoriosa y se la ha dado la libertad, los demonios quedan avergonzados, y los ángeles toman la psique-alma y la conducen “en aquella inenarrable e inefable alegría y doxa-gloria increada” (Evergetinós 102-103).

Estos puntos de vista los encontramos en muchos textos de los Padres. San Hisiquio el Presbítero desea y bendice de modo que, cuando venga el príncipe de las tinieblas, encuentre pocas ilegalidades y escasas mezquindades. También enseña que, cuando el alma tiene consigo a Cristo, entonces «Él hará su justicia rápidamente»: “161. También llegará para nosotros la hora de la muerte, vendrá y no nos será posible evitarla. Y ojalá entonces, cuando venga el príncipe de este mundo y del aire (Jn 14, 30 y Ef 2, 2), encuentre que nuestros pecados son pocos e insignificantes para que no nos examine y nos acuse de verdad y entonces llorar inútilmente. Porque, dice el santo Evangelio: “El siervo que sabe lo que su señor quiere y no lo hizo adecuadamente conforme la voluntad del Señor, será severamente castigado, porque en conocimiento ha transgredido la voluntad del Señor” (Lc 14, 47). (Filocalía tomo I v.161). Además el mismo Santo enseña que cuando la psique-alma tiene junto a ella a Cristo, entonces: 149. La psique-alma que volará alto en el aire por medio de la muerte, hacia las puertas del Cielo, teniendo consigo como defensa a Jesús Cristo, allí no se avergonzará de sus enemigos, sino que, entonces como ahora, hablará con ellos con libertad, valentía y coraje. Sólo que no pierda su paciencia hasta la hora de la muerte invocando el nombre del Señor Jesús Cristo, Hijo de Dios, de día y de noche, y Él de inmediato se vengará de los enemigos demonios de la psique-alma, según Su promesa divina y verdadera que dijo sobre juez injusto (Lc 18, 1-8). Sí, os lo digo, castigará los enemigos de la psique-alma tanto en la vida presente como después de la salida de ella del cuerpo” (Filocalía I v.149).

También san Theógnosto dice que el justo asciende hacia el cielo en paz “llevándole el ángel luminoso y sereno y con su ayuda traspasa sin impedimentos al aire, sin ser molestado para nada por los espíritus malvados y astutos”: 61. Inenarrable e inexpresable es el deleite y placer de la psique-alma, que, con la información certera de su salvación, se separa del cuerpo y lo despoja como una vestimenta. Porque al haber alcanzado las esperanzas, deposita sin pesar el cuerpo y avanza pacíficamente hacia el brillante y alegre ángel que viene de lo alto. Junto con él atraviesa sin obstáculos el aire, sin ser molestada en absoluto por los espíritus malignos. Asciende con alegría y valentía y con voces de agradecimiento, hasta que llega a adorar al Creador y recibe la decisión de ser clasificada junto con los semejantes a ella e iguales en virtud, en el momento de la resurrección común. (Filocalía II v.61)

Los Santos Padres enseñan todo esto no basándose en su imaginación y fantasía, sino a partir de experiencias apocalípticas-reveladoras. A veces, se lo han revelado otros hombres santos, y otras veces ellos mismos, iluminados por Dios, han tenido este tipo de experiencias terribles.

San Antonio el Grande una vez llegó hasta el punto de ver personalmente acontecimientos terribles de este tipo. Encontrándose en su celda, llegó a ser arrebatado y entonces vio a sí mismo, su propia alma saliendo del cuerpo atravesando el aire, conducido evidentemente por los ángeles. Sin embargo, algunos demonios amargos y terribles, intentaron impedir su ascenso, exigiendo cuentas por ciertas praxis, acciones. Entonces, los ángeles que lo acompañaban lucharon contra esos demonios y argumentaron que, puesto que Dios ya había perdonado todos los pecados cometidos desde su nacimiento, solo podían acusarlo por los cometidos después de haberse convertido en monje. «Y como no pudieron condenarlo, el camino quedó libre y sin obstáculos», (Evergetinós pag. 99).

En otro relato aterrador de san Antonio se menciona lo siguiente: “Durante una noche, una voz despertó a san Antonio y le incitó a salir de su celda para ver. Entonces, realmente vio alguien “alto, feo, terrible y espantoso”, que era el diablo, estando de pie con los brazos levantados, impidiendo que algunas almas ascendieran al cielo, sujetándolas, mientras que por otras rechinaba los dientes con rabia porque habían logrado escapar y subir al cielo. Incluso se apocaliptó-reveló a san Antonio que esta visión aterradora representaba «el paso de las psique-almas» (Evergetinós pag. 100).

San Juan el Sinaita describe un espectáculo terrible e impresionante, presenciado por el eremita Stéfano, quien se estaba en ejercicio o en ascética en el monte Sinaí, cerca de la cueva del Profeta Elías. En la víspera de su muerte, mientras tenía sus ojos abiertos, entró en éxtasis y observaba alrededor de su cama, unas veces por la parte derecha y otras a la izquierda. Los que estaban presentes le escuchaban respondiendo como si algunos lo estuvieran interrogando. A veces decía: «Sí, es cierto, pero ayuné muchos años por esto». Otras veces respondía: «No, eso es falso, no lo hice». Otra vez, «sí es verdad esto, pero lloré y serví». En ocasiones, decía: «Realmente me acusan». Y en otras, exclamaba: «Sí, es cierto, y no tengo nada que decir en mi defensa. En Dios está la misericordia». Y san Juan Clímaco añade que fue una escena aterradora y espantosa, un juicio invisible e implacable. Lo más temible de todo fue que lo acusaban de cosas que no había hecho, (San Juan el Sinaíta, el Clímaco pag 67).

De todo lo mencionado, se puede ver que en toda la tradición de la Iglesia Ortodoxa se habla de la existencia de los telonios, que son los demonios aduaneros, los espíritus del aire, que no sólo combaten al hombre en toda su vida con odio y maldad, sino especialmente y sobre todo antes y después de la salida de la psique-alma del cuerpo.

Sin embargo, en la tradición de la Iglesia Ortodoxa se ve claro que los demonios no tienen dominio sobre los hombres de Dios, porque aquellos que están revestidos de Dios no pasan por tales sufrimientos. Si el príncipe de este mundo no tenía poder sobre Cristo, lo mismo ocurre con aquellos que están unidos a Él. Por eso, los Padres recomiendan que vivamos eclesiásticamente con μετάνοια metania, arrepentimiento, confesión y ejercicio (ascesis) espiritual, vivamos dentro de la Iglesia y partamos de esta vida dentro de la Iglesia, con la fe ortodoxa y las oraciones de nuestros Padres, para que el príncipe de las tinieblas y los espíritus oscuros de la maldad no tengan poder sobre nosotros.

De todas formas, el hecho es que durante la salida de la psique-alma del cuerpo, se libra una gran batalla, especialmente en las personas que tiene una catarsis (purgación y sanación) insuficiente. Lo preocupante es que, en nuestra época, muchas personas mueren sin ser conscientes de la trascendencia de la hora de su muerte. Es decir, las enfermedades actuales y los potentes tratamientos médicos alteran la constitución psicosomática del ser humano y le dificultan afrontar con atención, temor de Dios y oración estos momentos cruciales. Ciertamente los medicamentos alivian el dolor de las enfermedades, pero también modifican toda nuestra estructura psicosomática, impidiendo que tengamos conciencia de estos acontecimientos y que pidamos misericordia a Dios. Estas horas son sumamente críticas. Es por eso que, quienes tienen temor a Dios, consciencia y conocimiento de los momentos críticos, oran para ser plenamente conscientes de lo que sucede en ese instante. Realmente es una oportunidad para que el hombre con μετάνοια metania se arrepienta de lo que ha hecho y pida la misericordia de Dios. La nipsis (sobriedad, vigilancia y atención) en este tiempo terrible es una tarea de suma importancia. Por eso, la Iglesia desea y ruega a Dios que nos libre de una «muerte repentina».

Sin embargo, la existencia de los telonios demonios debe considerarse desde dos perspectivas. Por un lado, está el odio de los demonios y, por otro, la existencia de los pazos. En la enseñanza Patrística encontramos que también hay una otra interpretación de los telonios, sin que esto signifique negar la doctrina sobre la existencia de los príncipes de las tinieblas y los espíritus malignos.

Me gustaría en este punto dirigir nuestra atención en la enseñanza mística de los Padres de la Iglesia sobre los telonios demonios aduaneros.

Dijimos anteriormente también que, cuando la psique-alma del hombre está a punto de abandonar el cuerpo, le sobreviene el recuerdo de los pecados que cometió en su vida. Es una situación realmente insoportable. San Juan Crisóstomo se refiere a este hecho. Él dice que el último día de la vida biológica del hombre «los pecados vuelven en la memoria de la psique-alma «, es decir, los pecados agitan la psique-alma. Se trata de los pazos que la remueven el interior, por debajo el corazón, (Obras de san Juan Crisóstomo, EPE tomo 11, pag. 168). Los pazos buscan satisfacción, pero el hombre no puede corresponder a ellos. Se trata de una situación angustiante y terrible.

Este deseo insatisfecho de la psique-alma se intensifica aún más cuando se separa del cuerpo. San Gregorio de Nisa por boca de su hermana Makrina pone una interpretación similar. Dice que, sucede igual que en las personas que por un espacio de tiempo largo permanecieron en lugares sucios no se libran del hedor de inmediato, incluso si luego habitan en un ambiente limpio, lo mismo ocurre con la psique-alma cuando se separa del cuerpo. Las personas amantes de sus pazos carnales que han vivido de manera carnal, incluso si se han orientado hacia una vida espiritual sutil y pura, no se liberan del hedor carnal. Precisamente entonces la psique-alma se vuelve más densa y material y, de este modo, «su sufrimiento se vuelve aún más pesado».

Y San Gregorio añade que, si es cierto lo que algunos afirman sobre la aparición de sombras espantosos de fantasmas en los lugares donde yacen los cuerpos de los muertos, esto es una señal de que sus almas aún no han podido desprenderse de su apego a la vida terrenal, incluso después de salir del cuerpo. La parábola del hombre Rico y Lázaro, donde se ve que el Rico situado en el Hades se preocupa de sus familiares, demuestra que realmente las psiques-almas de los hombres amantes de los pazos carnales no pueden desligarse fácilmente de los pazos, que constituyen la vida carnal. (Obras de san Gregorio Nisis, EPE pag 298-300).

Sabemos por la Parádosi-Tradición Ortodoxa que existen pazos físicos o carnales y pazos psíquicos. Como existe la unidad entre la psique-alma y el cuerpo, es por eso que existe una relación entre pazos psíquicos y físicos o somáticos. Los pazos psíquicos operan a través de los sentidos del cuerpo. Cuando la psique-alma se libera y sale del cuerpo, entonces no puede satisfacer sus pazos. Los pazos insatisfechos crean un dolor insoportable y una angustia opresiva que ahogan la psique-alma. Esto constituye el verdadero infierno y un dolor y sufrimiento terrible.  Por ello, los Santos Padres aconsejan e insisten en la necesidad de la catarsis de la psique-alma de los pazos, mientras aún está en este mundo, para que, tras su salida del cuerpo, se encuentre libre y despojada de cargas. La psique-alma debe ser satisfecha, complacida y atraída únicamente por Dios.

Hay también un otro problema para la psique-alma después de su separación del cuerpo. San Gregorio de Nisa enseña que cada naturaleza se siente atraída por sus semejantes, sus parentescos, lo que le es afín.  Del mismo modo, la psique-alma es atraída hacia lo divino y parentesco de ella, ya que el hombre es y tiene parentesco con Dios, llevando en su interior las huellas de su arquetipo. La psique-alma, después de salir del cuerpo está ligera y libre de todo dolor y peso corporal, por eso la adhesión hacia lo deseado se convierte fácil, placentero y agradable, es decir, puede dirigirse fácilmente hacia Dios. Sin embargo, si la psique-alma está atada a las cosas materiales y a las cadenas de los pazos, entonces sufre y padece, igual que padece también el cuerpo durante los terremotos, cuando no sólo está aplastado bajo el peso de los escombros, sino que también es perforado por objetos afilados que se encuentran en el interior de la tierra y los escombros, el dolor se multiplica.

Este es precisamente el gran martirio de la psique-alma. Podríamos decir, que está viviendo una terrible división. Por un lado, quiere ascender hacia Dios y unirse con Él, ya que Él es Su icona-imagen, por otro lado, se ve obstruida y dificultada por los pazos que la pinchan, la presionan y la torturan. Y esta visión y aspecto es una parte de la interpretación de los santos Padres sobre los telonios demonios aduaneros.

El martirio de la psique-alma cuando se separa del cuerpo lo describe de manera admirable y realista el abad Dorotheo. Él dice que durante esta vida la psique-alma se consuela con la distracción que le proporcionan los pazos. Puede que sienta una gran angustia, un dolor grande y un sufrimiento terrible, pero a través del cuerpo y los pazos puede recibir algún consuelo y aliviar su dolor. En una situación tan melancólica y espantosa, el hombre «come, bebe, duerme, conversa, se entretiene y disfruta con personas queridas», es decir, se distrae, se recrea y se anima disfrutando con sus seres queridos. Así, encuentra un alivio parcial y se le facilita olvidar el problema más profundo que lo preocupa. Sin embargo, cuando la psique-alma sale del cuerpo, «ella queda sola aislada con sus pazos, y por eso se infierna (atormenta) continuamente por ellos”. Entonces la psique-alma se inflama, arde por la molestia de sus pazos, se ve despedazada por ellos y no puede recordar a Dios. Esto es una verdadera tragedia, porque entonces, debido también a la ausencia del cuerpo, ni siquiera puede sentir el mínimo de consuelo.

A continuación, el abad Dorotheo utiliza un ejemplo extraordinario. Si un hombre está encerrado tres días en una celda oscura sin comer, ni beber, ni dormir, sin hablar con nadie, ni salmodiar, ni rezar, ni recordar para nada a Dios, entonces será informado de lo qué le hacen los pazos». Realmente, en tal situación se enfurece la psique-alma y el hombre entero. Esto lo confirman muchos que experimentan el martirio de la tortura y el espantoso encarcelamiento. Si esto sucede incluso cuando la psique-alma está unida al cuerpo, ¡cuánto más cuando salga del cuerpo y quede aislada junto con sus pazos!

El abad Dorotheo utiliza también la imagen de la persona enferma que arde de fiebre. Esto, naturalmente, genera muchos otros problemas, especialmente si el hombre tiene un cuerpo melancólico y rígido. Lo mismo sucede también con la psique-alma apasionada dominada por pazos indecentes. «Siempre es angustiada y atormentada la miserable por sus propios malos hábitos y por su propia corrupción, teniendo constantemente la amarga memoria y la dolorosa obsesión de sus pazos que la queman y la consumen sin cesar». Si en este sufrimiento, castigo y martirio de la psique-alma se le añaden los temibles lugares del Infierno, los demonios, el fuego, la oscuridad, etc., entonces comprende el martirio, el castigo y el sufrimiento de la psique-alma, después de su éxodo-salida y su permanencia en el Hades y el Infierno 65 (Abad Dorotheos, Filocalía de los Santos Nípticos y Ascéticos, ediciones san Gregorio Palamás tomo 2º pag 496-498).

Todo lo que hemos dicho hasta ahora muestra exactamente qué son los telonios demonios aduaneros, de los que hablan los textos patrísticos. Por un lado, están los πάθος pazos (patologías, emociones, adicciones, vicios y pasiones) de la psique-alma, que debido a la ausencia del cuerpo no pueden ser satisfechos, y, naturalmente, estos pazos asfixian la psique-alma; por otro lado, están los demonios malvados, los que habían adquirido dominio sobre la gente apasionada llenos de pazos indecentes y, es natural, que después del éxodo-salida de la psique-alma, tengan aún mayor control sobre ellos. Las personas justas, que durante su vida han hecho la catarsis (purgado y sanado) de su psique-alma y su cuerpo de los pazos psíquicos y carnales y se han revestido y enlazado con el lazo (arras) del Espíritu y se han unido con el Dios, evitan el dominio de los telonios demonios aduaneros, ya que los demonios no tienen ningún poder sobre ellos. La psique-alma de los justos es conducida libre y sin obstáculos hacia Dios, con quien está unida.

Así, pues, el problema no es temer a los telonios, sino psicoterapiar y sanar nuestra psique-alma y toda nuestra existencia mientras vivimos en este mundo, librándonos de los pazos y participando de la divina Χάρις (jaris: energía increada gracia) de Dios, para que la salida-éxodos de la psique-alma del cuerpo sea un asunto de gozo y alegría.

  1. Estado intermedio de las psiques-almas

La vida de la ψυχή (psijí: psique, alma, ánima, la que anima, vivifica el cuerpo) después de su salida del cuerpo hasta la Segunda Παρουσία (Parusía: Presencia, Venida) de Cristo, cuando se unirá a los cuerpos resucitados, se llama el estado intermedio de las psiques-almas. Es decir, la psique-alma se encuentra en medio entre la vida biológica y la futura reunificación con los cuerpos transformados, después de su resurrección. Se trata de un estado peculiar que no es natural para la psique-alma, ya que vive separada del cuerpo con el que se unió inmediatamente después de su creación por Dios.

Es necesario tener mucho cuidado cuando usamos la expresión «estado intermedio de las psiques-almas», porque los latinos (francolatinos, papistas) le dan otro significado. Mientras que nosotros podemos hablar del estado intermedio de las psiques-almas en el sentido que hemos mencionado, los latinos entienden ese periodo en el que todas las psiques-almas pasan por el llamado «fuego creado purgador o purificador del purgatorio» para ser purificadas. Según los latinos, también las psiques-almas de los justos pasan por este purgatorio con fuego creado. No insistiremos en este tema, ya que lo abordaremos en otro capítulo de este libro. En los siguientes párrafos, por tanto, exploraremos con más detalle dónde viven las psiques-almas de las personas y cómo viven. Son cuestiones que preocupan mucho a los seres humanos en nuestra época. Por supuesto, no tenemos la falsa ilusión de que daremos respuestas completas, ya que estos son misterios que se apocaliptarán-revelarán en su perfección en el futuro. Sin embargo, los santos, que fueron dignos de conocer algunas verdades sobre estos misterios, nos las han revelado. Así, a continuación, nos centraremos mucho, como solemos hacer, en lo que dicen los santos Padres para informarnos sobre estos grandes acontecimientos.

Hemos mencionado que las psiques-almas son creadas, es decir, son obras de Dios, lo que significa que tienen un principio determinado, pero Dios quiso que no tuvieran fin. Además, la psique-alma constituye el elemento espiritual de la existencia humana, mientras que el cuerpo es el elemento sensible. La psique-alma es invisible para los sentidos corporales, pero no es completamente inmaterial. San Juan Damasceno enseña que los ángeles también son llamados espíritus inteligibles o espirituales, tienen una sustancia inmaterial e inteligible, se les llama incorpóreos, porque se comparan con la densidad de la materia. Porque en realidad «solo lo divino es verdaderamente inmaterial e incorpóreo»66.

Cuando hablamos de incorpóreos, invisibles e informes, lo entendemos de dos maneras. Por un lado, en cuanto a su esencia, y por otro, en cuanto la χάρις (: gracia, energía increada). Lo que es por esencia es conforme a la naturaleza, mientras que lo que es por jaris (naturaleza espiritual) es una comparación con la materia. Así, como dice San Juan Damasceno, solo Dios es incorpóreo, invisible e informe por naturaleza, mientras que los ángeles, los demonios y las psiques-almas de los hombres son incorpóreos, invisibles e informes por jaris y «en cuanto a la densidad de la materia». Por lo tanto, las psiques-almas son espirituales, pero no son espíritus como Dios, sino que son creadas y etéreas. Así como los ángeles, aunque son espíritus funcionales, litúrgicos, son llamados seres etéreos, también las psiques-almas son etéreas. Con este sentido, decimos que después de salir de los cuerpos, las psiques-almas son recogidas por los ángeles o los demonios. Si fueran simplemente espirituales, ¿cómo podría ocurrir esto?

Se han formulado muchas teorías sobre el estado de la psique-alma después de su salida del cuerpo por filósofos y religiosos. Porque siempre el ser humano ha intentado encontrar una respuesta a las preguntas sobre la vida después de la muerte. San Dionisio Areopagita registra las categorías de estas personas. Él dice que los impíos han formulado muchas teorías sobre el estado de la psique-alma después de su salida del cuerpo.

Otros creen que van a la inexistencia, otros que se destruye definitivamente la unión de las psiques-almas con los cuerpos, por lo que no hablan de la resurrección de los cuerpos ni de la reunificación de la psique-alma y el cuerpo.

Otros atribuyen a las psiques-almas la unión con diferentes cuerpos, ya que creen que las almas están vinculadas a múltiples encarnaciones, según la teoría de la reencarnación de la psique-alma o la metempsicosis, transmigración de los cuerpos.

Por otro lado, algunos consideran la otra vida como similar a esta vida presente, ya que predican que los seres semejantes a los ángeles tienen alimentos adecuados para una existencia corruptible. En esta última categoría se encuentran los milenaristas o testigos de jehová.

Sin embargo, San Dionisio Areopagita considera todas estas teorías sobre la psique-alma después de la muerte como falsas, y por eso, como dicen algunos de los hombres más santos, no se debe caer en tales errores y engaños. 68

Existen muchos pasajes en la Sagrada Escritura que afirman que las psiques-almas viven después de la muerte. Es conocido el milagro de la resurrección del hijo de la viuda de Sarepta por parte del profeta Elías. El profeta oró a Dios: «Señor Dios, que vuelva la psique-alma de este niño a él». Y después de la oración «así sucedió» y el niño resucitó (3 Reyes 17:21-23). El hecho de que la psique-alma del niño regresara significa que existía después de la muerte, no que pasara a la no existencia. Lo mismo observamos en las resurrecciones de Lázaro, el hijo de la viuda de Naín y la hija de Jairo. Las psiques-almas de estos resucitaron con el logos de Cristo. La Sagrada Escritura, al referirse al fallecimiento de los grandes hombres del Antiguo Testamento, generalmente dice que «su espíritu fue reunido con sus padres» (Génesis 25:8).

En la Metamorfosis de Cristo, aparecieron las dos grandes figuras proféticas del Antiguo Testamento, Moisés y Elías. Y Cristo le aseguró al ladrón que lo confesó: «De verdad te digo, te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso» (Lucas 23:43). Con esta declaración, Cristo confirma que después de la muerte, la psique-alma existe y no se pierde. Podríamos citar muchos otros pasajes, pero nos limitaremos solo a estos. Toda la tradición patrística y la experiencia eclesiástica afirman esta realidad, por lo que pensar lo contrario constituye una impiedad y una negación de la fe apocaliptada-revelada.

En efecto, quien acepta lo opuesto socava los cimientos de la fe, ya que luchamos por aplicar y cumplir los mandamientos de Cristo en nuestra vida diaria para permanecer con Dios eternamente. El santo Nicetas Stithatos diría: «Viven, como se ha dicho, todos los que han vivido piadosamente, aunque se hayan liberado de aquí». Y para evitar la impresión de que solo las psiques-almas de los piadosos viven después de la muerte, continúa diciendo que esto también ocurre con las psiques-almas de los impíos e injustos. No solo los piadosos viven después de la muerte, «sino también los impíos, recibiendo cada uno de sus propias obras la justa retribución» (cf. 2 Tes 1:6).

Un punto interesante, que se destaca en las obras de los santos Padres y que se opone claramente a la reencarnación, es que, aunque la psique-alma del ser humano se separa del cuerpo, sin embargo, no se destruye la hipostasis (base substancial o subsistencial) del ser humano. Dado que la psique-alma es creada por Dios junto con el cuerpo, significa que es única para cada ser humano.

La palabra “υπόστασις hipóstasis” proviene del verbo “υφίστημι ifístimi” y en su significado original indica «estar debajo», refiriéndose a la estabilidad, el fundamento, la base, etc. En el lenguaje teológico, la hipóstasis señala principalmente la existencia, la realidad, en contraste con el fenómeno o visible. Según San Juan Damasceno, el término “υπόστασις hipóstasis” indica dos cosas. Primero, la existencia, y segundo, la existencia particular de cada ser humano. Es decir, el ser humano es una “υπόστασις hipóstasis”, tiene existencia real, pero también cada persona tiene una existencia particular, con características y cualidades únicas que la distinguen de otros seres humanos, de otras “υπόστασεις hipostasis”. Desde su creación, el hombre constituye una “υπόστασις hipóstasis” única y personal, y esta hipóstasis, no se destruye ni con la muerte. San Juan Damasceno dice que la “υπόστασις hipóstasis”, es la unión del cuerpo y la psique-alma en el inicio de la existencia de cada ser humano. Es decir, el ser humano está compuesto de psique-alma y cuerpo, los cuales se unieron en una υπόστασις hipóstasis por Dios al principio de su creación. Esta υπόστασις hipóstasis no se descompone ni con la muerte. Por eso, «aunque la psique-alma se separe del cuerpo en la muerte, la υπόστασις hipóstasis de ambos sigue siendo una y la misma». Aunque la psique-alma y el cuerpo se separen, «el cuerpo y la psique-alma permanecen como una unidad, siempre teniendo su propia y misma existencia y υπόστασις hipóstasis.

Es por esto que el Señor, en la parábola del rico y Lázaro, dice que el rico vio a Lázaro en el seno de Abraham, y no simplemente su psique-alma. Porque, aunque la psique-alma de Lázaro estaba en el seno de Abraham, sigue siendo Lázaro, ya que la hipóstasis del hombre no se destruye con la muerte.

La enseñanza de que la separación de la psique-alma del cuerpo no destruye la υπόστασις hipóstasis del ser humano también se encuentra en San Gregorio de Nisa. De hecho, él utiliza dos ejemplos maravillosos.

Uno de estos ejemplos proviene del arte de la pintura. El pintor, para representar la forma de un evento o una persona, no solo sabe mezclar los colores opuestos entre sí, sino también distinguir los colores mezclados. Tiene un conocimiento claro de la idiosincrasia de los colores, como el negro, el blanco, el rojo y el amarillo, y también sabe lo que forma la mezcla de algunos con otros. Asimismo, después de la mezcla, no pierde el conocimiento de los colores originales. Esto ocurre también con la psique-alma en relación al cuerpo, que está compuesto de muchos elementos.

La psique-alma conoce las propiedades y cualidades naturales de los elementos que se unieron para formar el cuerpo, incluso después de su disolución. Y cuando los elementos que componen el cuerpo se descomponen y se dispersan en diferentes lugares, la psique-alma aún entonces los conoce y, con su capacidad cognitiva, se une a ellos, los alcanza, hasta que esos elementos se reúnan nuevamente y se restablezca el cuerpo disuelto. Esta reunificación se realizará con el logos de Dios en la Segunda Παρουσία Parusía. Esto es la resurrección del cuerpo. El hecho es que, aunque la psique-alma se separa del cuerpo, tiene conocimiento y recuerdo de los elementos de los que estaba compuesto su cuerpo.

El otro ejemplo proviene del arte de la cerámica y lleva a la misma conclusión, es decir, que la psique-alma no tiene dificultad en reconocer su propio cuerpo entre otros elementos extraños. Los diversos objetos de barro se fabrican con la misma arcilla. Aunque provienen de la misma materia, cada uno tiene su propia identidad, ya que uno es una tinaja, otro un ánfora, otro un plato o un cuenco, etc. Todos estos objetos, con sus características particulares, son reconocidos por sus dueños. Pero si se rompen y se mezclan, aun así, se pueden identificar qué fragmento pertenece al ánfora, cuál a la tinaja, etc., por sus rasgos distintivos. Incluso si los fragmentos de cerámica rota se mezclan con arcilla sin trabajar, aún se hacen evidentes para sus dueños.

Lo mismo ocurre con la psique-alma, que, después de su partida del cuerpo y de la disolución del mismo, reconoce su propio cuerpo, aunque sus miembros se hayan mezclado con los de otros cuerpos o se hayan fusionado con los elementos de la materia no trabajada, como el agua o el aire, etc. La psique-alma siempre conoce su cuerpo porque está unida a él. «La psique-alma siempre conoce lo que es suyo, como lo que ha existido en su propia forma», (san Juan el Damasceno).

Esto demuestra que la muerte, es decir, la separación de la psique-alma del cuerpo, no anula la existencia del ser humano; el hombre sigue existiendo a pesar de la separación. La separación de la psique-alma del cuerpo es un estado temporal, ya que ambos volverán a unirse en la Segunda Παρουσία Presencia de Cristo. Por lo tanto, en la Iglesia Ortodoxa no podemos aceptar la muerte como la desaparición de la psique-alma después de su separación del cuerpo, ni su reencarnación en otros cuerpos. Cada cuerpo está vinculado a una psique-alma y cada psique-alma está vinculada a un cuerpo; ambos juntos constituyen la hipóstasis particular (el ADN), un ser humano concreto y específico. Cuando definimos al ser humano como hipóstasis-persona, nos referimos, entre otras cosas, a esta unicidad y estabilidad de la existencia.

Precisamente, esta enseñanza sobre la permanencia de la υπόστασις hipóstasis refuta cualquier teoría sobre la reencarnación o la metempsicosis, transmigración de las psiques-almas. Porque tales ideas consideran que una solo psique-alma puede tener múltiples cuerpos y múltiples existencias. San Gregorio de Nisa, al refutar esta teoría, dice que quienes sostienen tales creencias «ofenden la naturaleza común de la naturaleza humana», es decir, desprecian, insultan la naturaleza humana al aceptar que la misma psique-alma puede ser, en un momento, la de un ser humano, y en otro, la de un animal, un reptil, una planta, etc. Tales ideas son calificadas por San Gregorio de Nisa como «disparates», es decir, charlatanería y tonterías. Y con una serie de argumentos, refuta estas creencias.

Afirma que quienes sostienen tales ideas confunden las cualidades de la naturaleza, al mezclar lo ilógico (irracional) con lo lógico (racional), lo sensible con lo insensible. Pues consideran que la misma psique-alma, en un momento, es lógica e intelectual, en otro, vive en las madrigueras de los reptiles, en otro, se convierte en un animal carnívoro o se mezcla con las aves de rapiña, luego degenera en un estado insensible y se transforma en una planta o produce venenos, etc. Lo más preocupante es que, si un ser humano viera una de estas bestias venenosas y carnívoras, tendría que considerarla de su misma especie y pariente. En este caso, la vida se volvería muy difícil, ya que, por un lado, el hombre estaría obligado a respetarlo todo como si fuera de su misma especie y, por otro, se vería obligado a actuar con dureza si creyera que los humanos no son diferentes de los árboles, las plantas, los animales, etc. Entonces, ¿cómo debería comportarse con la naturaleza si sospecha que en ella podrían habitar psiques-almas humanas? Por esta razón, además de otras, la teoría de la metempsicosis, transmigración es «inadmisible».

En la Iglesia Ortodoxa no aceptamos tales perspectivas y creencias. De hecho, existen decisiones condenatorias al respecto. En el «Synodikón de la Ortodoxia», entre otras cosas, se dice: «A quienes, aunque se presentan como piadosos, introducen de manera descarada o más bien impía en la Iglesia Ortodoxa y Católica los dogmas impíos de los paganos helenos sobre las psiques-almas humanas, el cielo, la tierra y las demás criaturas, entran en ¡anatema!». Es decir, son anatematizados, condenados aquellos que, en relación con las psiques-almas humanas, mezclan la fe ortodoxa con las enseñanzas y dogmas de los antiguos paganos.

Y en otra anatemización se menciona: «A quienes prefieren la vana sabiduría de los filósofos paganos y siguen a sus maestros, y aceptan la metempsicosis, transmigración de las psiques-almas humanas o que estas perecen de la misma manera que los animales irracionales, y que por ello niegan la resurrección, el juicio y la retribución final de los actos de la vida, que sean ¡anatema!».

En otra parte de este capítulo vimos en detalle que, después de su salida del cuerpo, la psique-alma humana es recibida por ángeles y llevada al seno de Abraham, o por demonios y llevada al Hades (infierno). Esta es la realidad, según la enseñanza de nuestra Iglesia Ortodoxa.

Sin embargo, tanto los justos como los pecadores no disfrutan completamente del Paraíso o del Infierno, sino que tienen un anticipo de la alegría de los justos y del sufrimiento de los pecadores, respectivamente. San Marcos de Éfeso, el Amable, dice que la felicidad y la bienaventuranza de los santos, ya sea que la llamemos visión, contemplación, participación, comunión con Dios o βασιλεία (vasilía: realeza increada), aunque se experimenta con la salida de la psique-alma del cuerpo, sigue siendo «incompleta y deficiente en comparación con la apocatástasis, restauración esperada». Y es parcial e incompleta porque las psiques-almas esperan también a sus cuerpos en la Segunda Παρουσία Parusía de Cristo, para que junto con ellos sean glorificadas completamente.

La psique-alma, después de su salida del cuerpo, espera la venida de Cristo y el juicio futuro, en el cual tendrá lugar la resurrección de los cuerpos. Sin embargo, disfruta anticipadamente su estado futuro según sus obras, permaneciendo en lugares específicos que deben entenderse como modos particulares de existencia.

San Marcos de Éfeso, el Amable dice que tanto los justos como los pecadores «están cada uno en los lugares que les corresponden». Los justos viven con libertad y comodidad en el cielo, junto a los ángeles y Dios, en el Paraíso del que fue expulsado Adán; en cambio, los pecadores se encuentran en el Hades y viven con angustia y un dolor indescriptible, como condenados que esperan la sentencia del juez. Ni los justos disfrutan plenamente de la Βασιλεία (Vasilía: realeza increada) de los Cielos ni los pecadores sufren completamente el Infierno.

Así, se distingue entre el Paraíso y la Realeza increada de los Cielos, así como entre el Hades y el Infierno. Los justos entran en el Paraíso tras la muerte y esperan su entrada en el Realeza increada de los Cielos después de la resurrección de los cuerpos. De igual manera, los pecadores ingresan al Hades tras la muerte y serán arrojados al Infierno tras la resurrección de los cuerpos y el Juicio Final.

Por supuesto, estos no son lugares físicos, sino espirituales. Sabemos que la psique-alma, al salir del cuerpo, no opera a través de los sentidos, no está confinada a un espacio sensible, material ni tiene necesidad del cuerpo. San Marcos el Amable explica que cuando decimos que los ángeles habitan en el cielo, no nos referimos a un lugar físico, «sino más bien a un lugar suprasensible y espiritual», aunque lo llamemos «lugar». De hecho, citando a San Juan Damasceno, dice que un lugar espiritual es «aquel donde se percibe y existe la naturaleza espiritual e incorpórea, donde está presente, opera y actúa». Este lugar, que es espiritual, incorpóreo e inmaterial, supracelestial y supramundo, es el lugar de los ángeles y los santos. Es un espacio espiritual e inteligible donde Dios actúa, energiza y manifiesta Su doxa-gloria increada.

Por lo tanto, no podemos definir un lugar específico donde residen las psiques-almas de los santos o de los pecadores. Usamos los términos «Paraíso» y «Hades» para indicar modos de existencia: los justos participan en la doxa-gloria increada de Dios, mientras que los pecadores experimentan su energía increada ardiente, caustica.

San Diádoco de Fótica hace una observación relevante sobre el estado de las psiques-almas después de la muerte en relación con el mundo material. Afirma que el ser humano alcanza su plenitud en la unidad de psique-alma y cuerpo, mientras que los ángeles tienen su plenitud en la simplicidad de su naturaleza. Por esta razón, los ángeles pueden ver no solo lo que está en un lugar, sino también lo que está dentro de él. Debido a su naturaleza sutil y fina, no pueden ser vistos por los seres de naturaleza densa, pero ellos sí pueden ver a estos últimos con naturaleza densa. Sin embargo, esto no ocurre con las psiques-almas humanas. Cuando la psique-alma se separa del cuerpo, al no estar completa solo consigo misma, «no puede ver las cosas que están en un lugar». Después de la separación, «no puede ver como veía a través del cuerpo».

Esto no significa que las psiques-almas no recuerden ni se interesen por nosotros. El rico en el Hades se preocupaba por sus familiares vivos, aunque no podía ayudarlos. Es decir, las psiques-almas de los difuntos recuerdan a las personas con las que se relacionaron en vida, se preocupan por ellas, pero existen en otra dimensión de espacio y tiempo. Las psiques-almas de los santos, al poseer αγάπη (agapi: amor divino, incondicional y desinteresado) y estar en comunión con Dios, conocen nuestra situación a través de Él, nos escuchan, reciben nuestras oraciones e interceden por nosotros ante Dios. Esto sucede por la divina Χάρις (Jaris: gracia, energía increada) debido a su unidad con Dios. No es su estado natural. Pero lo que destacó San Diádoco sirve para mostrar la diferencia entre las psiques-almas humanas y los ángeles en este aspecto.

Como dijimos antes, las psiques-almas de los pecadores impenitentes, sin metania, tras su salida-éxodos del cuerpo, van al Hades, que es diferente del Infierno. El Hades es un anticipo del tormento eterno, un vestíbulo donde las psiques-almas esperan como reos hasta el juicio final.

San Gregorio de Nisa afirma que con el término «Hades» no debemos entender un lugar específico, sino un estado del alma, invisible e incorpóreo. «No debes pensar que el Hades mencionado es un lugar determinado con ese nombre, sino un estado de vida invisible e incorpóreo…» (80). Con la denominación de Hades, no se refiere a otra cosa que «al paso de la psique-alma a lo invisible y oculto» (81). En este sentido, el venerable Nikitas Stithatos describe el Hades como lugares sin luz y oscuros, comparándolos con una prisión, un confinamiento y un calabozo (82).

Si la psique-alma no se ha catartizado, purgado (no ha hecho la catarsis) mientras estaba unida al cuerpo, tras su separación sufrirá y será atormentada por sus πάθος pazos. No sentirá ningún consuelo ni alivio, no participará de la iluminación ni de la energía divinizadora de Dios, y esto es oscuridad, una forma de existencia sin luz, un martirio, un tormento. A esto se llama Hades.

En cambio, los justos, tras su salida de esta vida, viven en el Paraíso, en el seno de Abraham, es decir, participan de la iluminación y la energía divinizadora increada de Dios. San Nicetas Stithatos dice que las psiques-almas de los santos, puras y fragantes, semejantes a Dios y llenas de divina gloria y de la luz increada más pura, al salir del cuerpo, resplandecen como el sol debido a sus obras de justicia, sabiduría y pureza. Estas psiques-almas son llevadas «por ángeles amigos hacia la primera luz increada».

La Primera Luz increada es el Dios Trinitario, la Divinidad de las Personas de la Santísima Trinidad. Las segundas luces son los ángeles y los justos, quienes participan de la Primera Luz increada. Dentro de este marco se mueven todos los santos Padres; quisiera mencionar solo a San Gregorio Palamás, quien, planteando la pregunta sobre dónde se encuentran los espíritus de los santos de todos los tiempos, responde: «¿No están en la luz supra-celestial junto con los ángeles, disfrutando de la misma efusión luminosa?» (84). Las psiques-almas de los santos están dentro de la luz supracelestial junto con los ángeles y disfrutan de la misma efusión de luz increada que ellos.

Mencionábamos anteriormente que las psiques-almas de los seres humanos, después de separarse del cuerpo, experimentan lo que han hecho y vivido en su vida, es decir, atraviesan estados según su modo de vida. Si se han catartizado (purgado), disfrutarán de la energía increada iluminadora y divinizante de Dios; si no han sido sanadas, experimentarán la energía abrasadora de Dios y entrarán en un lugar sin luz y oscuro llamado Hades. Sin embargo, existe un pasaje de San Andrés de Creta en el que se menciona que incluso las psiques-almas de los santos pasarán por el Hades después de su salida del cuerpo. Él vincula esto también con la Παναγία Panaghía (Toda Santa, la más santa Virgen María) . San Andrés de Creta enseña que es claro e indiscutible que las psiques-almas de todos los hombres, incluso las de los santos, «pasan por aquel lugar invisible, pero no quedan retenidas en él». Las psiques-almas de los santos atraviesan el Hades sin ser retenidas, mientras que las psiques-almas de los pecadores quedan atrapadas en ese lugar sin luz e invisible. Esto sucede para que los santos investiguen y se inicien en el misterio divino de la economía de Dios, es decir, en la bajada de Cristo al Hades, y para que conozcan la victoria de Cristo sobre el Hades y la muerte (85).

Por supuesto, esta perspectiva, cuando se sitúa dentro de las enseñanzas de otros Padres que hemos mencionado anteriormente, puede explicarse ortodoxamente: es decir, que las psiques-almas de los santos, al pasar por la muerte con la Χάρις (Jaris: Gracia, energía increada) de Dios, son iniciadas de manera mística y eficaz en la victoria de Cristo sobre la muerte y los mal astutos demonios, malignos. Este es el mayor conocimiento-gnosis.

En conclusión, podemos decir que el estado intermedio de las psiques-almas es un período de espera, durante el cual las psiques-almas disfrutan anticipadamente lo que esperan y que está relacionado con lo que vivieron cuando estaban unidas a sus cuerpos. Por eso es muy necesario orar por nuestros difuntos, porque lo necesitan en gran medida. Las conmemoraciones y las oraciones de la Iglesia contribuyen a esto. Las psiques-almas se benefician de una manera que no conocemos con precisión. Sin embargo, es nuestro deber recordarlas en nuestras oraciones. Ahora ellas no pueden hacer nada por sí mismas. Nosotros, que aún vivimos, podemos ayudarlas. También debemos suplicar a los santos, porque están con gran franqueza e intercesión ante Dios, ya que se encuentran dentro de Su Luz increada.

  1. La muerte de los niños

Este tema, tal como lo desarrolló San Gregorio de Nisa y como lo presentaremos a continuación, está relacionado con lo que se dice en este capítulo sobre la muerte y la separación de la psique-alma del cuerpo. Por un lado, resume las posiciones fundamentales de la enseñanza de los Padres sobre la separación de la psique-alma del cuerpo, que mencionamos antes; por otro lado, destaca algunos otros aspectos interesantes que nos preocupan.

El pequeño tratado de San Gregorio de Nisa, titulado Sobre los niños arrebatados prematuramente”, es decir, sobre los niños que son arrebatados de la vida antes de probar la vida para la que nacieron, estaba destinado al gobernador de Capadocia, Ierios, quien planteó la pregunta:

«¿Qué debemos saber sobre aquellos que dejan la vida demasiado pronto, en los que la muerte se une al nacimiento?».

Al comenzar su exposición sobre este tema, San Gregorio de Nisa aprovecha la oportunidad para alabar con hermosas palabras al gobernante, a quien llama «excelente» y «cabeza honorable». Más allá de ser meras expresiones de cortesía y tratamiento, se deduce de la introducción del texto que el gobernador de Capadocia poseía muchas cualidades y dones, ya que se distinguía por su desapego hacia la riqueza material y por su interés por las psiques-almas de los hombres, a las que tenía como un tesoro en el cofre de la agapi-amor. Es decir, amaba al pueblo, pero no se distinguía por interés propio y la avaricia.

Además, en la introducción del texto se evidencia que, en la época en que San Gregorio de Nisa escribió este tratado, se encontraba en una edad avanzada. Se compara a sí mismo con un caballo viejo que queda fuera del estadio de las competiciones. Sin embargo, declara que pondrá toda su esmero y atención para responder a la petición del gobernador.

Ierios, junto con todos sus demás carismas, dones, tenía también la virtud de desear conocer las obras de la economía divina y preguntaba por qué la vida de algunos se prolonga hasta la vejez, mientras que la de otros termina apenas ingresan en la vida.

El problema, en realidad, es existencial. San Gregorio lo plantea de una manera muy hermosa. El hombre, con su nacimiento, llega a la vida, respira el aire, se conecta con el llanto, los lamentos constituyen el inicio de su vida y, antes de que sus articulaciones se fortalezcan, tierno como es, muere. Ya sea porque lo abandonan expuesto como un recién nacido, o porque se ahoga, o porque deja de vivir repentinamente debido a una enfermedad. Junto con este hecho, surge también la pregunta de si la psique-alma del niño será juzgada por el Juez como los demás hombres, si recibirá recompensa, siendo refrescada con el rocío de la bendición, o si será quemada con el fuego purificador. Y esta inquietud surge porque el niño no ha hecho nada en su vida, ni bien ni mal. Pues donde no hay acción, tampoco hay retribución.

Por lo tanto, dado que en los niños no existe acción ni voluntad, no hay razón para que obtengan lo que esperamos. Si, no obstante, el niño entra en el reinado de la Βασιλεία (Vasilía: Realeza increada) de Dios, entonces se encuentra en una posición más ventajosa que aquellos que vivieron y sufrieron en su vida. Con esta lógica, sería mejor para alguien no vivir mucho.

Después de formular las preguntas y los dilemas, el autor procede a responder de manera exhaustiva. Por supuesto, desde el principio reconoce que estos grandes temas pertenecen a los inescrutables pensamientos de Dios, por lo que exclama con el Apóstol: “¡Qué profundidad de riqueza, de sabiduría y de gnosis increada la de Dios! ¡Qué incomprensibles son sus decisiones y qué inescrutables sus caminos y métodos para la σωτηρία sotiría redención, sanación y salvación de los hombres! Porque ¿quién conoció el pensamiento y el nus-espíritu del Señor, o quién fue su consejero?” (Rom. 11:33-34).

Sin embargo, continúa su exposición, porque cree en la Divina Χάρις (Jaris: Gracia, energía increada) que ilumina a quienes la poseen. Sin presentar sus pensamientos de manera meramente retórica o usando argumentos contradictorios, procede con una secuencia lógica en el desarrollo del tema.

Lo primero que dice es que la naturaleza humana proviene de Dios. Después de todo, todos los seres tienen la causa de su origen en Dios y no en sí mismos. La naturaleza increada, que pertenece a Dios, trasciende cualquier noción de dimensión, no aumenta ni disminuye y, por supuesto, supera cualquier definición. En cambio, la naturaleza creada tiene la mutabilidad, es decir, aumenta y disminuye. La naturaleza humana es compuesta, ya que está constituida de elementos heterogéneos, lo espiritual y lo sensible, y es una imagen viviente de la divina y superior potencia. La naturaleza espiritual pertenece a las fuerzas angélicas e inmateriales, que habitan en el espacio supracósmico, porque este espacio es el más adecuado para esta naturaleza incorpórea.

Aquí, San Gregorio habla del cuerpo de los ángeles, al que llama «cuerpo celestial, fino, sutil, liviano y siempre en movimiento», porque la naturaleza espiritual es fina, pura, ingrávida y móvil. En cambio, la naturaleza sensible no es comparable a la espiritual. Por eso, Dios, para que la tierra no estuviera privada y desposeída de la naturaleza espiritual, creó al hombre para que se unieran en su naturaleza lo espiritual y lo sensible. En otras palabras, el hombre es un resumen compuesto de toda la creación, ya que está constituido de lo espiritual y lo sensible.

Lo segundo es que la creación del hombre tiene como propósito que Dios sea glorificado en toda la creación, a través de la naturaleza espiritual. Así como el cuerpo se mantiene vivo con los alimentos terrenales, precisamente porque es terrenal, existe también una vida espiritual a través de la cual se conserva nuestra naturaleza. Así como la entrada y salida de los alimentos del cuerpo deja una fuerza en él, de la misma manera la participación esencial del ser da vida a la naturaleza espiritual.

Por lo tanto, la vida adecuada a la naturaleza espiritual es la participación en Dios. Para cada cosa existe el órgano adecuado. El órgano adecuado para disfrutar de la luz es el ojo del ser humano y no el dedo o cualquier otra parte del cuerpo humano. Así, la visión de Dios se realiza a través de lo espiritual del ser humano. La vida, entonces, es transubstanciación y participación en Dios. Y, por supuesto, esta participación es el conocimiento-gnosis de Dios, en la medida en que la psique-alma puede acogerlo. La ignorancia de Dios, por supuesto, representa la falta de participación esencial en Dios.

El alejamiento de esta vida es ignorancia y caída. Después de la caída del hombre, Dios obra en nosotros la terapia, curación del mal. El mal es alejarse de Dios y no tener conexión y comunión con Él, mientras que la terapia, curación de este mal es regresar a la vida y obtener conexión y comunión con Dios. El bien, entonces, es la psicoterapia y curación de lo espiritual de la psique-alma, y naturalmente, quien no busca y no aspira el misterio del logos evangélico, ignora el modo de la psicoterapia y curación.

Lo que señala aquí San Gregorio Nisseno, y creo que tiene gran importancia, es que el órgano adecuado para tener conexión y comunión con Dios es lo espiritual de la psique-alma. A través de este, el ser humano participa de Dios y adquiere Su conocimiento-gnosis, que es vida para el hombre. Sin embargo, como la caída es una alteración de la vida y una enfermedad del hombre, que representa también la necrosis (mortificación), es necesaria la psicoterapia y curación de lo espiritual de la psique-alma, para que vea la Luz increada y adquiera participación en Dios.

La naturaleza humana fue creada por Dios para tener esperanza en esta vida y orientarse hacia ella. Ese es, después de todo, el propósito de la creación del hombre: unirse con Dios. Así, disfrutar de esta vida y cumplir con el propósito del hombre, que es la θέωσις (zéosis: divinización, glorificación), no es una recompensa ni una retribución, sino un estado natural. Igualmente, la falta de participación en Dios no es un castigo, sino una enfermedad de la psique-alma del hombre y de toda su existencia.

Usa el ejemplo de los ojos. La capacidad de los ojos para ver no es un premio ni una recompensa, sino un funcionamiento y estado natural del ojo sano. Igualmente, la incapacidad de participar en la acción no es condena ni fruto de un castigo, sino una enfermedad del ser humano. Por esta razón, la vida bienaventurada y feliz es inherente y propia «de los que tienen los sentidos de la psique-alma catartizados (purgados)». Sin embargo, aquellos que tienen los ojos espirituales impuros tienen ignorancia de Dios, no participan de Dios, y esto no es castigo, sino una condición natural de la enfermedad de lo espiritual de la psique-alma.

El tercer punto que se conecta con los anteriores es que el bien esperado es familiar por naturaleza para el género humano. Y, por supuesto, este disfrute, de alguna manera, se llama recompensa. El disfrute de esta vida no es una cuestión de justicia, sino una condición natural de la salud de la psique-alma. Esto se entiende a partir de la formulación de la pregunta sobre cómo se juzgará o en qué lugares se colocará al niño, ya que no hizo ni el mal ni el bien en su vida. San Gregorio Nisis dice que el problema no se plantea de esa manera, ya que no es una cuestión de justicia, sino una cuestión del estado natural de la salud o enfermedad de la naturaleza humana.

Esto puede entenderse con el uso de un ejemplo. Supongamos que dos personas sufren una enfermedad de los ojos, y una de ellas soporta el tratamiento y lo que recomienda la ciencia médica, aunque sea molesto, mientras que la otra no solo no acepta ningún consejo del médico, sino que también vive de manera desenfrenada. Entonces, el primero, por razón natural, disfrutará de la luz, mientras que el segundo, por razón natural, se privará de ella.

Con este ejemplo queda claro que el disfrute de esa vida es natural para la naturaleza humana, mientras que la enfermedad de la ignorancia prevalece en aquellos que viven según el cuerpo- carne. El uno, curando y limpiando sus ojos espirituales y eliminando la ignorancia, que es la impureza, suciedad de la visión de la psique-alma, alcanza esta vida natural.

El otro, al evitar la catarsis y vivir en los placeres engañosos, hace que su enfermedad sea difícil de curar, se desvincula de lo que es natural, vive y experimenta lo antinatural y se vuelve desconectado y ajeno a esta vida natural, que es la comunión con Dios.

Si esta es la trayectoria y el destino natural del ser humano, quien, según su forma de vivir, es curado o enferma en la visión del ojo de la psique-alma y vive la vida correspondiente, en el caso de un niño pequeño la situación es algo diferente. Al no haber aceptado desde el principio la enfermedad y no necesitar catarsis ni curación, vive según la naturaleza, y por ello, como es inocente del mal, no se ve impedido por ninguna enfermedad de la psique-alma para disfrutar de la participación de la Luz increada.

Esta enseñanza de San Gregorio de Nisa nos da la oportunidad de subrayar que la psique-alma humana, con el nacimiento, no es impura, sino pura. El ser humano, desde su nacimiento, experimenta la iluminación de su νούς (nus: espíritu de la psique-alma). Por ello, vemos que incluso los niños pequeños pueden tener oración espiritual, según las imágenes y representaciones de su edad. El ser humano, al ser creado, se encuentra en la iluminación de su νούς nus. Hemos observado muchas veces que existen niños que oran incluso mientras duermen. Un monje del Monte Athos dice que, cuando los niños pequeños, al enfocar su atención en algo, sonríen sin motivo, significa que están viendo a su ángel. Lo que sucede en la vida de los santos, quienes por naturaleza coexisten y conviven con los ángeles, también ocurre en los niños pequeños.

Por eso, la teología ortodoxa no enseña lo que dice la teología occidental, que el ser humano hereda la culpa del pecado ancestral u original. Creemos que el ser humano, con su nacimiento, tiene un νούς nus puro, y su nus con el intelecto está en la iluminación, que es lo natural. La herencia del pecado ancestral u original, como se mencionó en otra sección, radica en que el cuerpo hereda la corruptibilidad y la mortalidad, las cuales, con el paso del tiempo, y conforme crece el niño y se desarrollan los pazos (y la razón con el intelecto), oscurecen el νούς nus la parte lógica y espiritual de la psique-alma.

Realmente, los pazos en desarrollo, que están asociados con la corrupción y la mortalidad, y la oscuridad del entorno, oscurecen el intelecto y el νούς nus espíritu de la psique-alma de los niños.

Claro está, surge la cuestión problemática de qué sucede con el santo Bautismo. Es decir, si los niños tienen un νούς nus puro, que está en la iluminación, y el niño realiza oración noerá (con el nus-espíritu), ¿por qué los bautizamos?

La respuesta, como se ve en toda la tradición patrística, es que a través del santo Bautismo no nos libramos de la culpa del pecado original, sino que somos integrados al Cuerpo de Cristo, a la Iglesia, y obtenemos la capacidad de vencer la muerte. Así entendemos el Bautismo de los niños. Los bautizamos para que se conviertan en miembros de la Iglesia, miembros del Cuerpo de Cristo, para que superen la muerte, venzan los vestidos de piel, la corrupción y la mortalidad. A medida que crecen, cuando su νούς nus espíritu se oscurezca por los pazos y la oscuridad del entorno, tengan la capacidad de vencer la muerte en Cristo, superen los pazos y catarticen (hagan la catarsis, purguen) de nuevo el νούς nus de su psique-alma.

Si el Bautismo actúa de esta manera en los niños, en los que se bautizan en edad avanzada, con la preparación para el Bautismo, el corazón se hace la catarsis, se purga de los pazos, y luego, mediante el santo Crisma, recibe la iluminación del νούς nus. Además de esto, con el santo Bautismo se integran a la Iglesia y adquieren la capacidad, al unirse con Cristo y comulgando de los santos misterios, de vencer la muerte y alcanzar la θέωσις (zéosis: divinización, glorificación). El objetivo más profundo del Bautismo, tanto para los niños como para los adultos, es que lleguen a la θέωσις zéosis divinización, que solo se logra en Cristo y en la Iglesia.

Dado que este punto es bastante crítico, me permitiré citar las palabras de San Gregorio de Nisa acerca de la pureza de la psique-alma de los niños: «El niño, inocente de maldad, no tiene ninguna enfermedad en los ojos de la psique-alma que impida su participación esencial a la luz increada, y por ello se encuentra en lo natural, no necesitando de salud mediante la catarsis, ya que no ha aceptado la enfermedad en la psique-alma». El νούς nus espíritu de la psique-alma del niño es puro, no ha enfermado, se caracteriza por su salud y por su estado natural, y por ello no se ve impedido en absoluto de la participación esencial de la divina luz increada.

Siempre San Gregorio de Nisa usa ejemplos de la vida presente para explicar la vida que esperamos. Así, pues, afirma que existe una analogía entre la forma de vida presente, actual y la forma de la vida venidera.

Así como los niños pequeños primero se alimentan del pecho y luego de otros alimentos, cuando la comida inicial es reemplazada por la siguiente en el tiempo adecuado, de la misma manera sucede con la psique-alma. Participa de la vida con el orden y la secuencia adecuados en cada momento. Esto lo dice el apóstol Pablo, quien primero alimentó a los Corintios con leche, y luego, a aquellos que alcanzaron la madurez de la edad espiritual, les dio comida sólida.

Existen diferencias entre el niño pequeño y el hombre maduro en cuanto a lo que satisface a cada uno. El hombre se satisface con las acciones que realiza, con el reconocimiento común, con los dones y honores de los demás, con la vida familiar, con el entretenimiento, los espectáculos, el deporte, la caza, etc., mientras que el niño pequeño se satisface con la leche, el abrazo de la nodriza, el suave balanceo que le trae el dulce sueño.

Lo mismo sucede en la edad espiritual, en relación con los bienes espirituales. Aquellos que han alimentado sus psique-almas desde esta vida con las virtudes, en la vida venidera disfrutarán de la divina dulzura, según la inclinación y el hábito que hayan adquirido en esta vida. Sin embargo, la psique-alma que no ha degustado la virtud, ni está enferma por el mal, también puede participar de lo bueno, en la medida en que pueda contener los bienes eternos, fortalecida por la visión, contemplación de lo que es.

Así, los niños, aunque son ignorantes en cuanto al mal, participarán de la divina sabiduría y de la divina Luz increada, siendo fortalecidos por la contemplación de Dios, por Su divina χάρις jaris increada, y, naturalmente, con la contemplación de Dios progresarán hacia el conocimiento-gnosis más perfecto. De hecho, Dios se manifiesta a todos «según lo que el sujeto puede recibir».

El pensamiento de San Gregorio de Nisa es que la psique-alma, por naturaleza, tiende hacia el bien, hacia la participación esencial de la divina Luz increada. El ser humano, según su receptividad, recibe la divina χάρις jaris increada y el enriquecimiento divino. Esto es independiente de la edad física en la que se encuentra la persona y de la abundancia o falta de virtudes. En esta perspectiva, debemos ver el estado futuro del ser humano y no comparar la vida de virtud de una persona madura con la vida de un niño o de un ser humano inmaduro. Aquél que intenta hacer tal comparación «es inmaduro», es decir, él mismo es inmaduro, porque demuestra que no tiene argumentos teológicos.

El cuarto punto que analiza San Gregorio es por qué Dios permite que un niño muera a una edad tan temprana. Después de haber analizado que la participación esencial de la divina Luz increada no depende de los años que vivamos, desarrolla la razón por la cual Dios permite la salida-éxodos temprana de esta vida.

Respondiendo a esta cuestión, dice que no se puede culpar a Dios en los casos en los que las mujeres matan a los hijos que engendran debido a un embarazo ilegítimo.Sin embargo, cuando los niños dejan este mundo debido a alguna enfermedad, a pesar de que se ha manifestado el cuidado y las oraciones de los padres, debemos ver estos casos dentro de la Providencia de Dios. Porque la providencia perfecta no solo cura los males que han ocurrido y los πάθος pazos, sino que protege al ser humano para que no experimente aquellos males que podrían suceder en el futuro.

Quien conoce el futuro, como sucede con Dios, es natural que impida que el niño crezca en edad para evitar que se complete en el mal. Así, en estos últimos casos, Dios no permite que el niño viva, precisamente porque ve su mal futuro. Y esto lo hace Dios por αγάπη (agapi: amor incondicional) y misericordia, sin realmente privarle de nada de los bienes futuros, como vimos anteriormente.

Para hacer comprensible esta economía de Dios, San Gregorio utiliza un hermoso y claro ejemplo.

Supongamos que hay una mesa rica con muchos aperitivos. Y también supongamos que hay un mayordomo que conoce, por un lado, las propiedades de cada alimento, cuál es dañino e inapropiado y cuál es adecuado para comer, y, por otro lado, conoce muy bien la constitución e idiosincrasia de cada comensal. Supongamos también que este mayordomo tiene plena autoridad para permitir que algunos coman de los alimentos y evitar que otros lo hagan, para que cada uno coma lo que es adecuado para su temperamento, idiosincrasia y salud, y así ni el enfermo sufra, ni el sano caiga en el disgusto y enferme debido a la abundancia de comida. Si el mayordomo descubre que alguien se ha embriagado con demasiada comida y bebida, o que otro comienza a emborracharse, lo saca del lugar concreto.

Es posible que la persona que es sacada del lugar se vuelva en contra del mayordomo y lo acuse de privarle de los bienes por envidia. Pero si observa cuidadosamente a los que se quedan y sufren de vómitos y dolores de cabeza debido a la embriaguez y se expresan con malas palabras, entonces agradecerá y se alegrará de que el mayordomo lo haya sacado, porque lo ha alejado de la pasión de la satisfacción desmedida.

Este ejemplo se aplica a la vida humana. La mesa es la vida humana, en la que hay abundantes alimentos. Sin embargo, la vida no es tan dulce como la miel, sino que también tiene alimentos desagradables, como la sal, el vinagre, que dificultan la vida humana. Otros alimentos provocan el ensalzamiento, orgullo, otros hacen que los comensales lleguen a la locura, es decir, pierdan la razón, y en otros causan vómitos. El mayordomo de esta mesa, que es Dios, rápidamente saca de la mesa a aquel que se comporta correctamente, para que no se conviertan en igual a aquellos que sufren por el exceso de disfrute debido a su gula.

Así, la divina Providencia sana las enfermedades antes de que se manifiesten. Porque Dios, con Su fuerza y poder prognóstico, presciente, sabe que el niño recién nacido hará un mal uso del mundo cuando crezca, por lo que lo aparta del banquete de la vida. El niño recién nacido es apartado de la vida para que no practique su gula en la mesa de esta vida. Y en este punto vemos el gran amor y la misericordia de Dios.

El quinto punto, que continúa el anterior, es la pregunta de por qué Dios hace una distinción en la elección, es decir, por qué uno es retirado preventivamente, mientras que al otro le deja hacerse malo, de modo que desearíamos que esa persona no hubiera nacido. ¿Por qué el niño es retirado preventivamente de esta vida, mientras que su padre, que bebe en el banquete hasta su vejez, derrama su ponzoña y su toxicidad mal astuta tanto sobre sí mismo como sobre sus compañeros?

En respuesta a esta pregunta, dice que lo que dirá es para aquellos «más agradecidos», es decir, para los que son agradecidos con Dios y, naturalmente, bien dispuestos. Además, estas cosas son misterios y cuestiones que no pueden ser entendidas por la lógica humana, precisamente porque la «lógica» de Dios es increada y diferente de la lógica humana.

San Gregorio de Nisa afirma que lo que Dios economiza y dispone no es algo accidental ni sin razón. El Dios es el logos increado o lógica increada, la sabiduría, la virtud y la verdad, y no aceptaría a aquel que está ajeno a la virtud y la verdad. Así, en algunos casos, por los motivos y razones que hemos mencionado, los niños son arrebatados temprano de la vida, y en otros casos, el Dios permite algo diferente, porque busca un fin mejor.

Dios permite y concede que los malvados permanezcan en la vida para que de ahí surja algún beneficio. Refiriéndose al pueblo israelita, dice que Dios permitió la aparición del tirano egipcio para que el pueblo israelita fuera educado e instruido, y también apartó al pueblo israelita de Egipto para que no se pareciera al pueblo egipcio y no adquiriera sus costumbres. Sobre el yunque, con los golpes, incluso el hierro más duro, que no se ablanda en el fuego, puede tomar la forma de una herramienta útil.

También se aborda otro argumento. Algunos sostienen que no todos disfrutaron en esta vida de los frutos de la maldad y de la envidia, ni los virtuosos se beneficiaron del sudor de la virtud. En esto, San Gregorio de Nisa responde que los virtuosos en la otra vida se alegrarán, comparando y cotejando sus bienes con la pérdida de los condenados.

Esto se dice desde el punto de vista de que la confrontación de los opuestos produce «un aumento de la alegría y una intensificación para los virtuosos». Claro está, esto no significa que se alegren por la condena de otras personas, sino que agradecen a Dios por su salvación, ya que experimentan la bienaventuranza de la virtud, en contraposición a los desagradables resultados del pecado y de los pazos.

Por lo tanto, los niños son arrebatados prematuramente de la vida por y con la economía de Dios para evitar que caigan en peores males. Si algunos viven y se vuelven malvados, esto se explica por otras razones que están dentro de la Providencia y la sabiduría de Dios. De todos modos, siempre surgirá algún beneficio, ya que Dios no hace nada sin razón y sin propósito.

El hecho es que los niños que parten prematuramente de la vida no se encuentran en una situación dolorosa ni se equiparan con aquellos que lucharon por catartizarse (purgarse, hacer la catarsis) con toda virtud. Se encuentran dentro de la Providencia de Dios. Además, el camino hacia Dios y la participación esencial de la luz increada es un estado natural de la ψυχή (psijí: psique, alma, ánima, la que anima el cuerpo) y esto no puede ser arrebatado a los niños, ya que, con la fuerza de la divina Χάρις (Jaris: Gracia, energía increada) pueden llegar a la θέωσις (zéosis: divinización, glorificación).

  1. Conclusión

La conclusión general de este capítulo es que la ψυχή (psijí: psique, alma, ánima, la que anima al cuerpo) del hombre, cuando es formada por el Dios se encuentra en estado puro, lúcido, en la iluminación. La muerte, que no es creación de Dios, sino libre elección del hombre, porque se ha alejado de Dios, que es la verdadera vida, es algo estremecedor en la vida del hombre, es un parásito que genera muchos problemas sobre todo psicológicos. La humanización o encarnación de Cristo tenía como objetivo la victoria sobre la muerte. A pesar de su victoria sobre la muerte, el hombre la saborea, la experimenta para que a través de este proceso sean vencidos los pazos y el pecado. En la Iglesia Católica Apostólica Ortodoxa saboreamos la superación o trascendencia de la muerte. Los justos que están conectados y unidos con Cristo, el vendedor de la muerte, no temen la muerte cuando se va acercando en sus existencias, no se intimidan ni se atemorizan por los demonios que quieren arrebatar sus psiques-almas. La hora y el día de la muerte para los santos es su día de celebración de sus cumpleaños, ya que en ese momento festejan su triunfo. El temible misterio de la muerte, que es la separación de la psique-alma del cuerpo, se convierte en una ceremonia, una transición de las realidades más tristes a las amadas, agradables y jubilosas, la transmisión y paso “desde la muerte a la vida”. El cuerpo del hombre después de la muerte simplemente duerme, porque la muerte es como un gran sueño, hasta la Segunda Parusía-Presencia-Venida de Cristo, cuando las psique-almas serán introducidas a los cuerpos resucitados (espirituales, sin necesidad de las leyes físicas), para presentarse ante el temible tribunal de Cristo y ser juzgadas.

El miedo o temor a la muerte, que fue cultivado por todos los Padres de la Iglesia Católica Apostólica Ortodoxa, se utiliza para alcanzar la αφοβία (afobia: ausencia de miedo o temor) de la muerte. El temor, miedo a la muerte cultiva la μετάνοια metania, lo mismo también todos los sufrimientos, calamidades y males asociados y conectados con el miedo a la muerte. No se trata de un miedo, temor con contenido psicológico sino de un temor espiritual, que desarrolla la metania y genera la inspiración para la oración, el despertar espiritual y la σωτηρία (sotiría: redención y psicoterapia, sanación, y salvación). Por eso, quienes intentan, mediante un discurso especulativo o un logos intelectual, suavizar el temible misterio de la muerte, sin darse cuenta, alejan al hombre de la μετάνοια metania, que constituye la verdadera muerte de la psique-alma. En realidad, el temor a la muerte conduce a la αφοβία (afobia) ausencia de miedo y a la superación de la muerte.

9. Añadido: Sobre los telonios (demonios aduaneros)

Existen, por supuesto, algunos que afirman que las ideas sobre los telonios (demonios aduaneros) y los espíritus aéreos, etc., fueron introducidas en el cristianismo a partir de teorías gnósticas y mitos paganos que predominaban en aquella época.

No cabe duda de que se pueden encontrar tales ideas en numerosos textos gnósticos y en conceptos paganos presentes en mitos egipcios y caldeos. Sin embargo, es importante destacar que muchos Padres adoptaron la enseñanza sobre los telonios, pero la purificaron de los elementos idolátricos y gnósticos, integrándola en el contexto eclesiástico. Los santos Padres no temieron realizar esta labor creativa.

Es un hecho que los Padres trabajaron de manera creativa y productiva en muchos temas, asimilando diversas ideas y teorías del mundo pagano, pero otorgándoles un contenido y un significado eclesiástico. Se sabe que la enseñanza sobre la inmortalidad de la psique-alma, el éxtasis del ser humano, la απαθεία (apázia: impasibilidad, sin pazos) de la psique-alma y del cuerpo, la enseñanza sobre la estructura tripartita de la psique-alma y muchas otras nociones fueron tomadas por los Padres de los antiguos filósofos y tradiciones, pero dando un nuevo contenido y otro propósito. No podemos rechazar la enseñanza de la inmortalidad de la psique-alma solo porque también fue mencionada por los antiguos filósofos; debemos considerar el significado que le dieron los santos Padres.

Por lo tanto, lo que ocurrió con otros temas también sucedió con la cuestión de los telonios. Es cierto que antiguas tradiciones y teorías heréticas hablaban de «príncipes de la esfera astral», de «puertas de viaje astral», de «espíritus aéreos», etc. Algunas de estas expresiones y frases se encuentran en la Sagrada Escritura y en los textos patrísticos. Como se ha mencionado en este capítulo, muchos Padres de la Iglesia hablan de telonios y de espíritus aéreos, pero les dieron un significado y una interpretación diferente. La enseñanza patrística sobre los telonios (demonios aduaneros) debe entenderse a través de cuatro puntos clave:

Primero. El lenguaje simbólico de la Sagrada Escritura requiere una interpretación adecuada. Quien se detiene únicamente en las imágenes-iconas utilizadas distorsiona el mensaje evangélico. Por ejemplo, lo que dicen las Sagradas Escrituras sobre el infierno puede ser malinterpretado si no se conoce y no se comprende su significado teológico. Lo mismo sucede con los telonios (demonios aduaneros). No debemos pensar en ellos solo en términos de los actuales puestos de aduana en las fronteras de los países. La imagen simbólica quiere transmitir un mensaje, pero debe interpretarse correctamente dentro de la Ortodoxia.

Segundo. Existen demonios, que son ángeles caídos, son seres personales y por eso tienen libertad, libre albedrío, y con el permiso de Dios, pero también debido al mal uso de la libertad por parte del ser humano, adquirieron cierta influencia sobre él. Es decir, después de la salida-éxodo de la psique-alma del cuerpo, los demonios intentan apoderarse de ella si la han dominado a causa de su falta de μετάνοια metania y arrepentimiento. En la conocida parábola de Cristo sobre el rico insensato y necio, encontramos la frase: «¡Necio, insensato! Esta misma noche te reclamarán tu psique-alma; y todo lo que has preparado, ¿para quién será?» (Lc 12,20). Según la interpretación patrística, los que exigen la psique-alma del rico insensato y necio tras su muerte son los demonios.

Tercero. Los demonios no tienen poder sobre los hombres de Dios. Aquellos que están unidos a Dios y tienen en su psique-alma y corazón la energía increada de Dios no pueden ser dominados por los demonios. Por lo tanto, los que han alcanzado la θέωσις zéosis no pasarán por los llamados telonios (demonios aduaneros).

Cuarto. Según la enseñanza de los Padres, los demonios actúan a través de los πάθος (pazos: vicos, pasiones, emociones, adicciones, patologías). El hecho de que los πάθος pazos no puedan ser satisfechos después de la salida-éxodo de la psique-alma del cuerpo genera una angustia para la psique-alma. Si comprendemos los demonios telonios dentro de este marco teológico, su uso no resulta desacertado. De lo contrario, si tenemos otras concepciones, nos encontraremos en un camino equivocado.

Capítulo E. El purgatorio

  1. El fuego creado purgador del purgatorio
  2. El debate en Ferrara-Florencia sobre el fuego purgatorio
  3. La Enseñanza de San Marcos el Amable sobre el Fuego Purificador del Purgatorio
    1. Introducción
    2. La Necesidad del Debate Dogmático
    3. Existen el Paraíso y el Infierno
    4. No existe el fuego purgador del purgatorio
    5. Logos y razones teológicas contra la existencia del fuego creado purgador del purgatorio
    6. Interpretación del pasaje apostólico
    7. Pasajes patrísticos en el diálogo
  4. ¿A qué se debe la enseñanza y doctrina de los latinos sobre el fuego purgatorio?
  1. El fuego creado purgador del purgatorio

La separación de la psique-alma del cuerpo es, en verdad, un gran misterio. Hemos visto previamente qué ocurre cuando se aproxima esta hora, qué exactamente sucede cuando la psique-alma se encuentra en un punto crítico, es decir, cuando se prepara para salir del cuerpo humano, y qué sigue después de su salida. Estos son misterios que Cristo nos ha revelado y que los santos de nuestra Iglesia han confirmado. En los Sinaxarios (Vida de Santos) encontramos numerosos ejemplos relacionados con estas cuestiones cruciales.

Los latinos han desarrollado la teoría del fuego purgatorio, es decir, que las psiques-almas de todos los hombres, justos e injustos, pasarán, después de su salida del cuerpo, por el llamado fuego purgatorio. En la tradición patrística se habla de la catarsis del corazón, pero con un significado completamente distinto. La teoría latina sobre el purgatorio con fuego purgadores una mala interpretación y una distorsión de los pasajes correspondientes de la Sagrada Escritura y de los Padres de la Iglesia, utilizada con otros propósitos.

Es importante examinar la diferencia entre los ortodoxos y los franco-latinos 8papismo) sobre el tema del fuego purgatorio, ya que es una de las cuestiones de interés en este libro.

En el Sínodo de Ferrara-Florencia (1438-1439), que se llevó a cabo con motivo de la llamada unión de las Iglesias, entre otros temas, se discutió la cuestión del fuego purgatorio, y en ese contexto se evidenció la diferencia entre los Ortodoxos y los Latinos sobre este punto. A continuación, analizaremos este debate, así como también las posiciones de san Marcos de Éfeso, el Amable, ya que resultan bastante interesantes.

Considero necesario hacer algunas aclaraciones previas:

Primero, todo el tema será abordado basándonos en la enseñanza de san Marcos el Amable, quien fue el principal representante de la parte ortodoxa en dicho Sínodo, cuyas decisiones finales no fueron aceptadas por la Iglesia Ortodoxa.

Segundo, antes de desarrollar en detalle la enseñanza de san Marcos, es fundamental examinar históricamente cómo comenzó el Sínodo y cómo se abordó este asunto. Sin esta introducción, será difícil comprender su enseñanza y doctrina.

Tercero, dado que analizaremos las opiniones de san Marcos el Amable sobre el purgatorio con fuego purgador en relación con el Infierno y el Paraíso, no haremos muchas referencias a otros Padres de la Iglesia. Además, los temas relacionados con el Paraíso, el Infierno, el reinado de la Realeza increada de Dios y la vida eterna serán tratados en otros capítulos del presente libro. Ciertas repeticiones sobre estos temas, que son inevitables, nos ayudarán a asimilar mejor nuestros conocimientos sobre estas importantes cuestiones.

  1. El debate en Ferrara-Florencia sobre el fuego purgador del purgatorio

La cuestión del purgatorio con fuego purgador fue el primer tema que se discutió entre los Ortodoxos y los Latinos, (Francolatinos) en Ferrara. La sesión inaugural del Sínodo tuvo lugar el 9 de abril de 1438, pero las discusiones sobre el purgatorio con fuego purgador comenzaron más tarde, en concreto en junio del mismo año. Seguiremos el desarrollo de estas discusiones basándonos en las actas helénicas-griegas del Sínodo y en los informes de Sirópulos, que son fuentes auténticas.

Dada la existencia de muchas diferencias entre las “Iglesias”, se decidió comenzar con la cuestión del fuego purgatorio. El representante latino, el cardenal Julián Cesarini, sugirió que primero se abordara la primacía del Papa, pero consideró más conveniente discutir sobre el purgatorio con fuego purgador» para purificarnos nosotros mismos a través de este debate». San Marcos de Éfeso estuvo de acuerdo con esta propuesta, pero preguntó de dónde habían recibido los latinos esta tradición, desde cuándo la creían y cuál era exactamente su doctrina y enseñanza sobre este asunto.

Antes de comenzar la discusión sobre el fuego purgatorio, el llamado lugar purgatorio, San Marcos preguntó al emperador Juan Paleólogo cómo debían responder a los latinos: «¿de manera combativa y firme o de forma económica conciliadora?» La respuesta del emperador fue clara: «Defiendan siempre con determinación nuestros derechos y nuestras enseñanzas de forma combativa».

Esto es significativo porque, como veremos más adelante, se optó por otro enfoque, es decir, el método del compromiso y conciliación, después de que San Marcos fuera obligado a guardar silencio durante el debate sobre el fuego purgatorio.

Finalmente, el 4 de junio tuvo lugar la reunión entre ambas delegaciones para discutir sobre este tema. El cardenal Julián expuso la posición de los latinos, afirmando que:

«Existe un purgatorio con fuego purgadoren el que, en el presente siglo, las psiques-almas de los pecadores son purificadas a través del fuego, si han cometido pecados veniales. Además, con la ayuda de la Iglesia, mediante las oraciones de los sacerdotes, las liturgias y las limosnas, se les libera de estos infiernos y castigos».

Dijo con más detalle que existen tres lugares y categorías. La primera es la de los santos, cuyas psiques-almas, después de la muerte, se encuentran en el cielo; la segunda es la de los pecadores sin metania e impenitentes, que están en el Hades, como la psique-alma de Judas; y también existe otro lugar intermedio, en el que se encuentran las psiques-almas de aquellas personas que tienen pecados perdonables, habiendo confesado y comulgado los divinos misterios, pero que «todavía deben cumplir una penitencia». Las psiques-almas de estas personas pasan por el fuego purificador.

Según Sirópulos, entre otras cosas, dijo que las psiques-almas de aquellos que se arrepintieron y confesaron sinceramente, pero no llegaron a cumplir la penitencia impuesta por su guía espiritual ni dieron frutos de metania para la expiación de sus pecados, «se purifican, se expían a través del fuego del purgatorio, unas más rápidamente, otras más lentamente, según la gravedad de sus pecados, y después de ser purificadas, alcanzan el gozo eterno».

Los latinos expusieron estas ideas utilizando diversos pasajes de la Sagrada Escritura y de los Padres de la Iglesia. De la Sagrada Escritura citaron el pasaje del Apóstol Pablo: “El valor del trabajo de cada uno aparecerá claro el gran día del juicio, porque ese día se apocaliptará-revelará con fuego, y el fuego probará la obra de cada uno y quemará lo podrido. Si la obra que uno ha edificado sobre este cimiento que es el Cristo, resiste la prueba del fuego, recibirá el premio o el salario; si se consume, lo perderá todo, aunque él se salvará con gran dificultad, pero como el que escapa atravesando las llamas del fuego. (Se salvará si la justicia de Dios lo juzga digno de salvación y perdón por lo menos por su buena disposición e intención). (1 Corintios 3, 13-15). También utilizaron muchos pasajes de los Santos Padres de la Iglesia.

De estas opiniones se desprenden claramente tres puntos. Primero, que los latinos, al hablar del fuego purificador, lo distinguieron claramente del fuego eterno, ya que se referían a un fuego «en el presente siglo» y «en el tiempo actual», antes de la Segunda Parusía, Presencia Venida de Cristo. Segundo, que este fuego es en realidad creado, no es la energía increada de Dios. Y tercero, que las psiques-almas de los hombres se purifican a través de este fuego. Las posiciones de los ortodoxos se analizarán en el diálogo, pero principalmente en la enseñanza de San Marcos el Amable, que presentaremos en otra sección de este capítulo.

Después de la exposición de las opiniones por parte del Cardenal Juliano, habló San Marcos. Silvestre Sirópulos dice que, entre otras cosas, San Marcos mencionó que hasta ese momento creían que los latinos sostenían otras creencias, pero ahora escuchaban cosas diferentes. De hecho, dijo característicamente: «Por tu relato, venerable señor, encuentro que la diferencia entre nosotros en este punto es pequeña, y espero que incluso esta pueda ser corregida, si Dios lo permite». Naturalmente, como dice Sirópulos, esto lo dijo por economía para crear un ambiente amistoso: «Y esto lo dijo de manera más económica o reconciliadora, por así decirlo, o más amistosa y pacífica». No obstante, solicitó sus opiniones por escrito para poder dar una respuesta.

En las actas recogidas por Mansi, inmediatamente después de lo dicho en esta primera sesión, se exponen las cosas discutidas en la siguiente sesión, que tuvo lugar el día catorce de junio, en la cual respondieron los Ortodoxos. Sin embargo, Sirópulos conserva un episodio que muestra la mentalidad predominante y presenta de manera relevante por qué San Marcos evitó responder en estas sesiones, mientras que el encargado de exponer la posición ortodoxa fue el Metropolitano de Nicea, Bissarión.

Se llevaron a cabo interminables debates entre los ortodoxos sobre qué debían responder a las opiniones de los latinos acerca del fuego purificador. Finalmente, San Marcos y Bissarión de Nicea redactaron cada uno un escrito, los cuales fueron leídos en un sínodo entre los Ortodoxos. El emperador seleccionó entre los dos escritos. Ordenó tomar el preámbulo del texto de Bissarión y todo lo que pareciera útil de este, y del escrito de San Marcos tomar la mayor parte y lo mejor, y así componer el «documento a entregar». Desde entonces «comenzó el escándalo entre los de Éfeso y los de Nicea».

Bessarión asumió la palabra, pero otros también intervinieron, razón por la cual en las actas se dice que «los griegos respondieron en esos puntos». Sin embargo, parece que inicialmente la voz principal la tuvo Bissarión de Nicea, según nos informa Sirópulos. Él afirma que San Marcos escribió discursos excelentes que refutaban las opiniones de los latinos. Los latinos exigían que San Marcos respondiera cuál era la opinión y la enseñanza de la Iglesia Ortodoxa sobre aquellos que fallecen. Sin embargo, San Marcos «no la expresó, ya que estaba impedido de hacerlo por el emperador». Los latinos insistían en conocer la razón por la cual no hablaba San Marcos y lo desafiaban a hacerlo, pero él «estaba sujeto a la orden imperial, impedido como con un freno, y se sentía incómodo». Entonces, Bissarión asumió la palabra y, de hecho, se retiró del lugar donde estaba sentado junto a San Marcos «y se sentó en un lugar separado, donde también estaban los mencionados senadores».

Este episodio demuestra las difíciles condiciones en las que se encontraba San Marcos, ya que no solo estaba restringido por el emperador para hablar, sino que también enfrentaba la envidia y el odio de Bissarión. Sin embargo, durante las discusiones posteriores, San Marcos respondió con éxito. Sirópulos escribe: «Nosotros nos maravillábamos de cómo el de Éfeso daba inmediatamente las soluciones con referencias de las Escrituras, sin haber sido advertido de antemano sobre lo que Juan iba a proponer».

Pero sigamos el interesante diálogo que tuvo lugar en Ferrara sobre el purgatorio con fuego purgador entre los Ortodoxos y los Latinos.

El emperador ordenó a Bessarión responder a las opiniones de los Latinos. Comenzó analizando el pasaje apostólico:

«Si la obra que uno ha edificado sobre este cimiento que es el Cristo, resiste la prueba del fuego, recibirá el premio o el salario; si se consume, lo perderá todo, aunque él se salvará con gran dificultad, pero como el que escapa atravesando las llamas del fuego» (1 Corintios 3:13-15). Explicó que las obras que serán quemadas son las praxis, actos y la vida de las personas que vivieron en este mundo. El fuego mencionado en el pasaje apostólico es el fuego eterno del siglo venidero y no otro tipo de fuego. «El fuego al que se refiere el apóstol es para el siglo futuro, no para el presente». Además, el verbo «será salvo» no indica salvación o apocatástasis, restauración, sino que significa «no será aniquilado». Esto implica que el pecador no será destruido, sino que permanecerá «sufriendo eternamente en el fuego».

Los Latinos afirmaban que existe un fuego en el presente siglo mediante el cual se logra la purificación de la psique-alma, y otro fuego en el siglo venidero, que no es purificador, sino eterno. También sostenían que el fuego del presente siglo es universal, es decir, «todos son purificados a través del fuego». Aquel que tiene muchos pecados se purifica por más tiempo, mientras que quien tiene pocos pecados «se purifica menos y es liberado, con la cooperación de la Iglesia».

Las respuestas de los Latinos justificaban la reacción de San Marcos, quien, al escuchar la presentación inicial del Cardenal Juliano, dijo que tenían una idea diferente sobre la enseñanza de los Latinos acerca del purgatorio con fuego purgadory que estaban oyendo algo distinto que se introdujo en aquella exposición. Se evidenció que existía una diferencia. El caso es que durante el debate, quedó claro que se hablaba de dos fuegos, el presente y el futuro, y que todos los seres humanos pasaban por el fuego purgatorio.

Los Ortodoxos respondieron que en la Iglesia Ortodoxa no se hace distinción entre el fuego eterno y el presente. En la interpretación ortodoxa del pasaje apostólico, el fuego mencionado es el fuego eterno, y las psiques-almas de los pecadores van a un lugar oscuro y de tristeza, donde «sufren en parte y son infernadas al estar privadas de la luz divina e increada». Se limpian mediante las súplicas y oraciones de la Iglesia. Esta catarsis y alivio no se logran a través de un fuego existente, sino mediante la acción y energía de la oración, la súplica y la caridad (misericordia o limosna).

Durante los debates, se evidenciaron dos diferencias entre Ortodoxos y Latinos. La primera era que los Ortodoxos hablaban de un espacio de infierno, pena y tristeza, pero no de fuego, mientras que los Latinos hablaban de «castigo y purificación mediante el fuego». La segunda diferencia radicaba en que los Ortodoxos afirmaban que las psiques-almas de los pecadores sin metania, impenitentes aún no sufrían o no expulsaron completamente desde ahora sus infiernos (castigos), ya que esperaban la resurrección de los cuerpos, al igual que las psiques-almas de los santos aún disfrutaban desde ahora de los bienes celestiales pero “no plenamente”. Disfrutarán plenamente de los bienes cuando, en la resurrección de los cuerpos, las psiques-almas se unan con los cuerpos. Los Latinos, en cambio, sostenían que las psiques-almas de los pecadores aún no eran infernadas completamente, ya que esperaban la resurrección de los cuerpos para ser condenadas eternamente junto con ellos. Sin embargo, las psique-almas de los santos «ya han recibido perfectamente su corona en los cielos», y solo entonces se regocijarían eternamente «al revestirse de sus cuerpos».

Los Latinos solicitaron por escrito las opiniones de los Ortodoxos para analizarlas y discutirlas más adelante. En realidad, se llevaron a cabo más reuniones para debatir sobre este tema, durante el 25 y el 27 de junio.

En estas primeras reuniones, el tema central fue el pasaje apostólico que menciona la salvación «como por fuego». Los Ortodoxos basaban su interpretación en la explicación del pasaje dada por San Juan Crisóstomo, la cual se tratará en una sección posterior, cuando se exponga detalladamente la enseñanza de San Marcos sobre el fuego purgatorio. No obstante, cuando los Latinos retomaron la discusión, defendieron que el verbo » σωθήσεται και το σώσον será salvo» y el término «salvación» se usaban en un sentido positivo y no negativo. Citaban pasajes bíblicos en los que se ve que «ser salvo» significaba «salvación, ayuda, liberación de los males y regocijo».

Un ejemplo característico es el salmo de David: «Salva a tu siervo, oh Dios mío, que en ti confía», así como el grito del apóstol Pedro cuando se hundía en el mar: «Señor, sálvame». Los Ortodoxos, por su parte, contraponían otros pasajes con un significado diferente.

En esta primera fase de los debates, los Ortodoxos no querían revelar completamente su doctrina y enseñanza sobre el tema, «sino solo hacer preguntas y respuestas indirectas con sorpresa». De este modo, buscaban prolongar los trabajos del Sínodo «hasta que llegaran los embajadores de los reyes». El Papa había enviado emisarios a los reyes de Venecia para solicitar ayuda para Constantinopla, que se encontraba en una situación crítica. Por esta razón, los Ortodoxos alargaban las discusiones y no exponían completamente sus posiciones.

Sin embargo, los Ortodoxos debatían entre ellos sobre si «los santos ya habían recibido completamente los bienes celestiales o no». Esto ocurrió el 16 de julio de 1438. El Emperador pidió sus opiniones por escrito, y se generó «una gran disputa sobre este asunto». Finalmente, prevaleció la opinión de que «las psiques-almas las han recibido y no las han recibido: las han recibido plenamente en cuanto psiques-almas, pero las recibirán aún más plenamente en la resurrección, junto con sus propios cuerpos, y entonces resplandecerán como el sol, o como la luz increada con la que brilló nuestro Señor Jesús Cristo en la Metamorfosis del monte Tabor».

La discusión sobre el purgatorio con fuego purgador continuó en Florencia, adonde se trasladó la sede del Sínodo. En este capítulo no examinaremos todo lo que se discutió allí, sino únicamente lo que se dijo sobre el fuego purgatorio, que fue uno de los temas de debate. En Florencia, se llegó a una propuesta que parece ser de carácter conciliador. Según esta propuesta, «las psiques-almas de los justos han recibido la corona perfecta en los cielos, mientras que son psique-almas; las de los pecadores, el infierno perfecto; y las que están en medio, existen en un estado de sufrimiento, y sea fuego, tinieblas y tormenta, o cualquier otra cosa, no nos preocupamos por diferenciarlo».

Esta propuesta es conciliadora porque parece que en las discusiones los latinos volvían repetidamente a los mismos puntos. Los latinos presentaron un texto escrito con la solicitud de que los ortodoxos lo aceptaran y firmaran, para que posteriormente «se realizara la unión». En este texto, en relación con el fuego purgatorio, se afirma que existe dicho fuego, el cual es aceptado por quienes se han arrepentido y confesado. Hay una frase significativa que muestra la diferencia entre los latinos y los ortodoxos. Los latinos sostenían que los santos, que no necesitan pasar por el fuego purgatorio, «inmediatamente ven la esencia de Dios». También afirmaban que aquellos que se purifican tras pasar por el fuego purgatorio, también serán dignos de «contemplar inmediatamente la esencia de Dios».

Aquí se presenta la opinión de los franco-latinos de que los santos ven la esencia o sustancia de Dios, mientras que en la Tradición Ortodoxa se hace una distinción entre la esencia y la energía (increadas) de Dios, y se afirma claramente que los seres humanos participan de la energía increada de Dios y no de Su esencia. El hecho de que en la enseñanza expuesta en el Sínodo de Ferrara-Florencia se hable de un purgatorio con fuego purgador temporal, que purifica al hombre y lo lleva a la participación en la esencia o sustancia de Dios, demuestra que el fuego purgatorio, según los latinos, es una realidad creada y que el hombre alcanza la participación en la esencia de Dios. Sin embargo, en la enseñanza Ortodoxa sabemos bien que la catarsis es el resultado de la energía catártica (purgadora, purificadora) increada de Dios, mientras que la iluminación y la θέωσις (zéosis, glorificación, divinización) son participación en la energía iluminadora y deificante de Dios, y no en Su esencia.

Por lo tanto, parece que la enseñanza sobre el purgatorio con fuego purgador no es ajena a la errónea identificación de la esencia y la energía (increadas) de Dios, que es el mayor error y utopía de los latinos y su principal desviación de la teología de los santos Padres. De hecho, si uno examina detenidamente todas las diferencias entre los franco-latinos y los ortodoxos, comprenderá que se reducen a una sola: la verdad sobre la esencia y la energía increadas de Dios.

En las reuniones informales que tuvieron los Ortodoxos con los Franco-Latinos (papistas), donde se les entregó el texto para que lo firmaran y así a continuación se lograra la unión, los Ortodoxos estaban dispuestos a aceptar la propuesta sobre el fuego purgatorio, pero no sobre la cuestión de la «divina esencia y energía increadas». Se registra en las actas helénicas-griegas: «Nos obligaban a aceptar el escrito, pero como no teníamos orden imperial, no lo aceptamos».

Se llevaron a cabo muchas discusiones sobre el fuego purgatorio. Aunque se llegó a un acuerdo en otros temas, aún existían desacuerdos sobre el purgatorio con fuego purgador y el perfeccionamiento o consumación de los regalos o dones divinos. De hecho, en un momento dado, los Ortodoxos dijeron respecto al fuego purgatorio: «Por esto no nos hemos separado por el purgatorio, ni es algo necesario, ni falta que hace». Los latinos querían incluir el tema del purgatorio con fuego purgador como condición para el acuerdo de la unión. Había miembros de la delegación ortodoxa que querían agregar el tema del purgatorio con fuego purgador como condición para finalizar el asunto, pero el emperador se oponía. Finalmente, en los términos del Sínodo se estableció que los justos son recibidos inmediatamente en el cielo tras su muerte, los que han en pecados mortales sin arrepentimiento «descienden directamente al Hades», y los que han pecado y se han arrepentido sin haber dado frutos dignos de metania, arrepentimiento, «sus psiques-almas son purificadas después de la muerte». Con las oraciones de los vivos, los sacrificios sagrados y las limosnas, sus psiques-almas son aliviadas y liberadas de sus castigos.

Por supuesto, este término no fue firmado por San Marcos de Éfeso, el Amable, algunos que estaban de acuerdo con él, así como algunos que habían abandonado Florencia anteriormente. La «Unión de las Iglesias» que se llevó a cabo en Ferrara-Florencia no se concretó finalmente, y esto fue una gran bendición para la Ortodoxia. El pueblo Ortodoxo, clérigos y laicos que vivían la Santa Tradición Ortodoxa, reaccionaron contra esta unión y, por lo tanto, lo que se firmó sobre el purgatorio con fuego purgador no es aceptado.

Es muy significativo que el Sínodo de Constantinopla del año 1722, en una encíclica dirigida a los Ortodoxos de Antioquía, se refiriera, entre otros temas, al fuego purgatorio. Es un documento sinodal de gran valor e importancia.

Se dice que, mientras los Latinos sostienen que existen tres lugares a los que van las psiques-almas de los fallecidos, «nosotros, los piadosos, siguiendo la verdad y rechazando tales innovaciones, confesamos y aceptamos únicamente dos lugares para las psique-almas de los difuntos, el paraíso y el infierno, para los justos y los pecadores, tal como nos enseña la Sagrada Escritura.

No aceptamos en absoluto un tercer lugar ni un purgatorio, porque ni la Escritura ni los santos Padres nos han enseñado tal cosa. Sin embargo, creemos que estos dos lugares tienen muchas y diversas moradas…

Ningún maestro de la Iglesia ha transmitido ni enseñado tal purgatorio, sino que todos hablan de un solo lugar de castigo, el Hades, y de un solo lugar luminoso y resplandeciente, el Paraíso. No obstante, ambos lugares tienen diversas moradas, como hemos dicho, y dado que las psiques-almas de los santos y justos van indudablemente al Paraíso, y las de los pecadores al infierno, entre estos pecadores, los impíos y quienes han cometido pecados imperdonables son castigados eternamente, mientras que aquellos que han pecado de manera leve y perdonable tienen la esperanza de obtener la libertad por la infinita misericordia de Dios. Por ello, la Iglesia ofrece oraciones y súplicas, liturgias, conmemoraciones y limosnas en favor de estos, es decir, de aquellos que han cometido pecados leves y perdonables, para que sus psiques-almas reciban beneficio y alivio. Así pues, cuando la Iglesia ora por las psique-almas de los difuntos, esperamos que Dios les conceda el perdón, pero no por medio del fuego y el purgatorio, sino por su divina misericordia o filantropía, del modo que conoce la infinita bondad de Dios».

De lo expuesto, se ve claramente que en la enseñanza y doctrina de los Latinos (franco-latinos, papistas) sobre el purgatorio con fuego purgador hay dos puntos interesantes que muestran su diferencia con la enseñanza ortodoxa.

Primero, que el purgatorio con fuego purgador se distingue del fuego eterno del infierno, lo cual no se encuentra en ninguna parte de la Sagrada Escritura ni en la Tradición Patrística.

Segundo, que se afirma que a través del purgatorio las personas alcanzan la visión de la esencia de Dios y, dado que en la enseñanza latina la esencia y la energía se identifican, al hablar del actus purus y de una energía creada, el llamado purgatorio con fuego purgadores algo creado. Más adelante veremos las premisas de esta enseñanza latina y sus consecuencias para la vida espiritual. Sin embargo, es necesario señalar que esta enseñanza difiere claramente de la teología de los Padres de la Iglesia Ortodoxa.

  1. La Enseñanza de San Marcos el Amable sobre el Fuego Purificador del Purgatorio

    a) introducción

San Marcos, Metropolita de Éfeso, fue uno de los protagonistas del Sínodo de Ferrara-Florencia y un fiel representante de la enseñanza patrística ortodoxa en todos los temas. Al estudiar su enseñanza, se puede comprobar claramente que expresa la enseñanza ortodoxa y, sobre todo, es un fiel exponente de la teología de San Gregorio Palamás. En este punto, podemos apreciar el valor de su teología.

Era natural que también se ocupara del tema del fuego purificador o purgatorio y expusiera las opiniones ortodoxas al respecto. Dado que sus palabras son de gran interés y están relacionadas con muchas cuestiones teológicas, procederemos a un análisis más amplio de sus enseñanzas.

Los puntos que analizaremos se encuentran en dos discursos de San Marcos que se han conservado. Estos discursos fueron presentados en las discusiones durante el Sínodo de Ferrara, además de algunos capítulos que resumen toda su enseñanza y en los cuales rechaza la enseñanza latina sobre la existencia del fuego creado purificador del purgatorio.

El primer discurso lleva el título: «Del muy reverendísimo Metropolita de Éfeso, señor Marcos el Amble, refutación de los capítulos latinos que ellos propusieron acerca del fuego del purgatorio». Como parece, se trata del discurso que San Marcos redactó inmediatamente después de la presentación del tema, por orden del emperador.

El segundo discurso lleva el título: «“Del sapientísimo y eruditísimo Metropolita de Éfeso, señor Marcos el Amable, segunda apología contra los latinos, en la cual expone también la verdadera enseñanza de la Iglesia Ortodoxa Helénica».

Los capítulos se titulan:

«Diez silogismos, razonamientos que demuestran que no existe fuego purificador».

Por supuesto, es difícil presentar en detalle toda la enseñanza de San Marcos sobre este tema. Se requeriría un estudio especializado para analizar todas sus opiniones y aspectos. Sin embargo, intentaré exponer a continuación sus posiciones generales sobre el fuego purificador o purgatorio, procurando no alterar su contenido. Considero esto importante porque, lamentablemente, sabemos muy poco sobre este tema, y lo que se ha presentado hasta ahora no siempre refleja completamente la perspectiva ortodoxa sobre el asunto.

b) La necesidad del Debate Dogmático

Al comenzar su segundo discurso, San Marcos enfatiza la importancia de la verdadera investigación sobre los temas dogmáticos que son objeto de controversia. Escribe de manera característica: «En verdad, se necesita una gran investigación y discusión sobre aquellas enseñanzas o dogmas que son debatibles y que presentan argumentos sólidos y poderosos en ambos lados.»

La investigación sobre cuestiones dogmáticas dudosas y controvertidas debe llevarse a cabo con verdad, sin engaños, utilizando siempre los argumentos más sólidos. Un debate de este tipo traerá un gran beneficio, porque conducirá y será apocaliptada-revelada la verdad: «Así pues, el beneficio que resulta de tal discusión es muy grande.»

Naturalmente, San Marcos sostiene que este beneficio será real solo si ambas partes buscan sinceramente la verdad y no simplemente el conflicto, y si no intentan imponerse a toda costa, sino que están dispuestas incluso a aceptar la derrota con nobleza. Con estas palabras, señala la actitud de los latinos (francolatinos, papistas), quienes hacían exactamente lo contrario: no buscaban la verdad sobre el fuego creado purificador del purgatorio, sino simplemente imponer su enseñanza, como en otros asuntos.

Refiriéndose al Sínodo Apostólico convocado para determinar si los cristianos de origen pagano debían ser circuncidados, y a la discusión que tuvo lugar entre los Apóstoles, así como a la armonía alcanzada después del Sínodo, San Marcos el Amable señala que ellos también deben aspirar a la paz y la concordia, incluso si el debate es extenso.

Por lo tanto, el debate dogmático es necesario cuando hay argumentos sólidos y un interés genuino en la paz y la unidad. Sin embargo, si predominan la discordia y el deseo de imponer una opinión a cualquier costo, entonces el debate no tendrá ningún beneficio. Este principio es esencial en cualquier discusión teológica, ya que, si el Espíritu Santo no actúa y no prevalece la paz durante los debates, entonces es imposible encontrar la verdad.

c) Existen el Paraíso y el Infierno

La enseñanza del fuego creado purificador del purgatorio sostenida por los latinos (francolatinos, papistas) está relacionada con la enseñanza sobre el Paraíso y el Infierno, por lo que San Marcos el Amable examina también esta cuestión.

San Marcos rechaza la existencia del fuego purificador del purgatorio basándose en la parábola del Rico y Lázaro, narrada por Cristo. En ella, la psique-alma de Lázaro se encuentra en el seno de Abraham, mientras que la psique-alma del rico está en el Hades. Según San Marcos, en esta parábola el Señor revela con el seno de Abraham «el estado supremo de felicidad para los amigos de Dios en su bienaventurado destino,» mientras que con el Hades representa «la condenación final y el castigo eterno de los pecadores.» Y, claramente, con esta parábola Cristo «no dejó lugar a otra región intermedia con un castigo temporal.» Por lo tanto, solo existen el Paraíso y el Hades, sin ninguna otra región de castigo y sufrimiento temporal. Además, según esta parábola, entre el Paraíso y el Hades hay un gran abismo que los separa.

En ninguna parte de las Sagradas Escrituras se menciona que, inmediatamente después de la muerte, las psiques-almas puedan ir al Paraíso, al Infierno y a un tercer lugar como el purgatorio con el fuego creado purificador. La naturaleza inmaterial de la psique-alma hace que sea ilógico que sufra tormentos por un fuego corporal o material, ya que el cuerpo ha sido disuelto. Sin embargo, después de la resurrección, cuando la psique-alma se una de nuevo al cuerpo incorruptible, cuando toda la creación se transforme y cuando el fuego se divida, es decir, cuando se diferencie el fuego iluminador del fuego abrasador, entonces el ser humano experimentará el infierno eterno, de la misma manera que los demonios, ya que estos también tienen cierta materialidad densa y tienen cuerpos de naturaleza aérea e ígnea. Por lo tanto, solo existen el Paraíso y el Infierno, sin ningún estado intermedio. La experiencia de presabor de estos comienza inmediatamente después de la salida de la psique-alma del cuerpo.

Es cierto que en las Santas Escrituras se menciona el Hades antes de la Encarnación de Cristo y antes de la abolición de la muerte, mediante Su sacrificio en la cruz. Pero incluso el Hades, tal como se describe en la Santa Escritura, no puede identificarse con el fuego creado purificador del purgatorio de los latinos. El Hades es un lugar espiritual, ya que las psiques-almas no tienen forma. Las psiques-almas de los justos eran retenidas en el Hades antes de la venida del Salvador solo por el pecado original, «no como en el fuego y el tormento, sino como en una prisión y una celda.» Por lo tanto, el Hades no es el fuego purificador del purgatorio que enseñan los franco-latinos.

La creencia en un fuego creado purificador temporal entre el Paraíso y el Infierno está, de alguna manera, relacionada con la enseñanza de la apocatástasis (la restauración de todas las cosas), que fomenta la negligencia y la pereza espiritual en aquellos que confían en un castigo temporal. La enseñanza de la apocatástasis y la eventual anulación del Infierno eterno, enseñada por Orígenes y adoptada por algunos escritores eclesiásticos antiguos, fue condenada y anatematizada por el Quinto Sínodo Ecuménico, ya que inducía a los negligentes y perezosos espiritualmente a ser más negligentes y perezoso, al hacer creer a los pecadores que serían liberados de sus sufrimientos.

De la misma manera, la enseñanza sobre el fuego creado purificador del purgatorio debe ser rechazada por la Iglesia, ya que promueve la falsa idea de que no es necesario esforzarse en esta vida, ya que se espera una purgación, purificación posterior. San Marcos lo expresa así:

«Por la misma razón, esta enseñanza del fuego creado purificador del purgatorio debe ser rechazada por la Iglesia, porque inculca la negligencia y la pereza en los creyentes y los persuade de que no necesitan esforzarse por hacerse la catarsis (purgarse y purificarse) en la vida presente, ya que esperan otra catarsis (purgación, purificación) futura.»

Al analizar el tema del Paraíso y el Infierno, San Marcos, expresando la enseñanza de la Iglesia, afirma que ni los justos poseen plenamente la bienaventuranza después de la muerte, ni los pecadores experimentan inmediatamente el tormento eterno. Ambos estados se manifestarán en su plenitud «después del último día del juicio y la resurrección de todos.»

Ahora, tanto los justos como los pecadores «se encuentran en los lugares que les corresponden,» pero con diferencias:

Los justos están en paz y libertad junto con los ángeles en el cielo y anticipan, presaborean la bienaventuranza y felicidad del reinado de la Βασιλεία (Vasilía) Realeza increada de los Cielos.

Los pecadores están confinados en el Hades, esperando con angustia, pena y una tristeza inconsolable, como condenados que aguardan la sentencia del Juez, y viendo ya la tortura eterna que les espera.

De la enseñanza de San Marcos se deduce y se ve claramente que no existe un estado intermedio de las psiques-almas como sostenían los latinos (francolatinos, papistas), es decir, un lugar entre el Paraíso y el Infierno llamado purgatorio con un fuego creado purificador. Sin embargo, sí existe una «condición intermedia» en el sentido de que, después del éxodos-salida de la psique del cuerpo, los justos esperan la plena bienaventuranza y dicha del Paraíso y los pecadores la sentencia final del Juez y la condena final.

No obstante, después de la muerte, la contemplación, expectación de Dios por parte de los justos es más intensa que durante su vida terrenal. San Marcos escribe de manera explícita que los justos, después de la muerte, disfrutan de la bienaventurada visión, expectación o contemplación de Dios «con mayor plenitud y pureza que antes en la vida.»

San Marcos, para apoyar esta opinión, utiliza numerosos pasajes de la Sagrada Escritura y de los Padres de la Iglesia. En el Juicio Final, que tendrá lugar después de la Segunda Παρουσία (Parusía, Presencia, Venida) de Cristo, los justos escucharán la siguiente declaración: «Venid, benditos de mi Padre, heredad el reinado de la Realeza increada preparada para vosotros». Esto significa que aún no habían heredado el reinado de la Realeza increada inmediatamente después de la salida de la psique-alma del cuerpo. Además, si ya lo hubieran heredado, no habría necesidad de la resurrección de los cuerpos, la presencia del Juez y aquel temible y universal tribunal.

Asimismo, el apóstol Pablo escribe: “Por esto, presentes o ausentes, nos esforzamos por ser gratos a Dios, tanto si estamos en este cuerpo corrupto, como cuando partimos de este hacia el cielo durante la muerte, puesto que todos hemos de comparecer ante el tribunal de Cristo claros y descubiertos, para que reciba cada uno según lo que hubiere hecho mientras vivió en el cuerpo, bueno o malo” (2 Cor. 5:10). Esto significa que, antes de comparecer ante aquel Tribunal y antes de presentarnos ante Cristo, y especialmente mientras la psique-alma vive separada del cuerpo, «nadie disfruta por lo que ha hecho por el cuerpo».

Cuando a San Atanasio se le preguntó si los justos disfrutan de los bienes y los pecadores del castigo después de la salida de la psique-alma del cuerpo, respondió: «De ninguna manera, pero la alegría que ahora tienen las psiques-almas de los santos es un disfrute parcial, así como el sufrimiento y tristeza que experimentan los pecadores es un infierno parcial».

Y San Marcos concluye que ni los justos disfrutan plenamente de los bienes eternos ni los pecadores han recibido aún su condena definitiva ni han sido enviados al Infierno. De hecho, antes de la resurrección de los cuerpos, los seres humanos son incompletos, «como si estuvieran divididos en dos y privados del cuerpo». Solo después de que las psiques-almas entren en cuerpos incorruptibles recibirán los premios y honores de sus hazañas.

Por lo tanto, entre el Paraíso y el Infierno, que los justos y los pecadores experimentan y presaborean inmediatamente después de la salida de la psique-alma del cuerpo (es decir, tras la muerte biológica), no existe un purgatorio con fuego creado purgador. Este dogma de los latinos (francolatinos, papistas) no puede sostenerse en la santa parádosis, tradición eclesiástica.

d) No existe el fuego purgador del purgatorio

Lo que se ha mencionado no es el único argumento contra la existencia del fuego purgador del purgatorio. Como fiel portador y defensor de la Parádosis-Tradición Ortodoxa, San Marcos, con argumentos irrefutables, derrumba las teorías de los latinos y presenta la opinión ortodoxa sobre el tema.

En primer lugar, sostiene que en ninguna parte de la Sagrada Escritura ni de la tradición patrística se menciona la existencia de un purgatorio con fuego purificador. Siempre que se hace referencia a este tema, se habla del fuego increado y eterno, que los pecadores experimentarán después de la Segunda Παρουσία (Parusía_ Presencia, Venida) de Cristo. De esto hablaremos más adelante. Aquí es importante señalar que la enseñanza de los latinos sobre un purgatorio con fuego purgador antes de la Segunda Parusía de Cristo no se sostiene, y de hecho, no es posible fundamentarla en la Sagrada Escritura.

La idea de que las psiques-almas pueden purgarse, purificarse de los pecados mediante castigos purificadores, infligidos por un fuego temporal, «no la encontramos escrita expresamente en ninguna parte, ni en las oraciones y cánticos realizados en favor de los difuntos, ni en los logos y palabras de los maestros de la Iglesia». Ciertamente, en algunos textos utilizados por los latinos (francolatinos, papistas) se hace referencia a este tema, pero han sido malinterpretados, es decir, insertados en otra tradición exegética, como veremos más adelante.

En algunos escritos patrísticos se menciona que los pecadores impenitentes sin metania «son castigados en parte», pero no que hayan sido arrojados al Infierno. En los textos de la Sagrada Escritura y de los Padres se habla de la tristeza de quienes están en un estado intermedio, que los atormenta y los castiga, o de vergüenza y tormento de conciencia, de remordimiento, de encierro y oscuridad, de miedo e incertidumbre sobre el futuro, o simplemente del retraso en la visión, contemplación divina, dependiendo de lo que cada uno haya hecho. Pero nunca se menciona un fuego que infierne y purifique psiques-almas incorporales e inmateriales con un fuego material. Ningún Padre de la Iglesia que haya interpretado los pasajes pertinentes de la Sagrada Escritura ha entendido que en ellos se haga referencia al purgatorio con fuego creado purgador enseñado por los latinos.

El Señor, en su Sermón de la Montaña, dice que quien llame a su hermano «necio» «será reo del juicio». San Marcos explica que Cristo no lo envía al purgatorio, sino al Infierno. Se rendirá cuentas por toda palabra ociosa «en el momento del juicio», pero no se enseña que se purificará por el fuego.

En la Sagrada Escritura se afirma que la visión, expectación o contemplación de Dios es la recompensa perfecta para quienes han hecho la catarsis y purificado su corazón, según los logos de Cristo: «Bienaventurados los sanados, puros y limpios del corazón, o los que han hecho la catarsis, la purgación, sanación y limpieza de su corazón de cada mancha del pecado, porque ellos contemplarán y verán la doxa-gloria luz increada de Dios» (Mt. 5,8). Por supuesto, hay distintos grados de visión, contemplación de Dios, según el grado de catarsis alcanzado. Por lo tanto, ni todas las personas tienen el mismo grado de catarsis ni, naturalmente, hay necesidad de un purgatorio con fuego purgador en caso de que la catarsis de algunos no sea completa. En toda la Sagrada Escritura se observa que «quienes están menos catartizados (purgados y purificados) contemplarán menos a Dios». Los seres humanos verán, contemplarán a Dios según su grado de catarsis, y por esta razón no es necesaria otra catarsis después de la muerte.

Así, en ninguna parte de la Sagrada Escritura se menciona explícitamente la existencia de un purgatorio con fuego creado purgador temporal después de la muerte de la psique-alma, ni esta enseñanza innovadora de los latinos armoniza con el espíritu de la Biblia. No existe un purgatorio con fuego purgador entre la muerte de cada persona y la Segunda Παρουσία (Parusía: Presencia, Venida) de Cristo.

e) Logos y razones teológicas contra la existencia del fuego creado purgador del purgatorio

Las enseñanzas de San Marcos de Éfeso sobre el tema del purgatorio con fuego creado purgador son muy extensas y, naturalmente, es difícil presentarlas en este análisis resumido. Nos vemos obligados a ser breves y fragmentarios. Sin embargo, a pesar de las dificultades para exponer toda la enseñanza de San Marcos, nos esforzamos por no alterarla, sino por examinar sus opiniones generales sobre el tema que nos interesa aquí.

Al final de su primer discurso, presenta como conclusiones los logos y las razones por las cuales no puede existir el fuego creado del purgatorio, tal como lo entienden los latinos, es decir, como un fuego creado, temporal e intermedio entre la muerte y la Segunda Παρουσία (Parusía, Presencia, Venida) de Cristo. Las razones son las siguientes:
Primero. Puesto que el deseo por lo divino, es decir, la misma agapi-amor, purga y purifica a los seres humanos y los hace semejantes a Dios, ¿por qué no puede ocurrir lo mismo después de la muerte? ¿Por qué este deseo no podría purificar los pecados menores en lugar de necesitar un purgatorio con fuego creado purgador?

Segundo. Conviene a la bondad de Dios no pasar por alto el pequeño bien ni castigar el pequeño pecado. Pero el pequeño bien, entre grandes pecados, no logra ninguna recompensa. Tampoco es necesario que el pequeño mal, para aquellos que han logrado grandes cosas, sea llevado a juicio. Por esta misma razón, no es necesario que exista el purgatorio con fuego creado purgador.

Tercero. El poco bien en los pecadores no puede tener recompensa, sino solo una diferencia en el castigo. Lo mismo ocurre con los santos, el poco mal en ellos no genera condenación e infierno, sino solo una diferencia en el disfrute de la doxa-gloria increada. Dado que hay diferencia de recompensa y disfrute para los justos y diferencia de infierno para los pecadores, no hay necesidad de un purgatorio con fuego creado purgador.
Cuarto. La continuación de lo anterior es que la visión, contemplación de Dios se logra igualmente por todos los hombres, pero depende de la diferencia y el grado de la catarsis. Por lo tanto, para aquellos que tienen una catarsis incompleta, «no hay, pues, necesidad del fuego creado purificador del purgatorio «.
Quinto. San Gregorio el Teólogo en su logos sobre la Pascua, afirma claramente que «no hay catarsis después de esta noche», es decir, no hay ninguna catarsis después de esta vida, que es caracterizada como una «noche».
Sexto. San Gregorio también enseña que es mejor hacer la catarsis, purgarse, purificarse y psicoterapiarse, en esta vida y no ser enviado al tormento del infierno, porque «el tiempo después de la muerte es tiempo de infierno, no de catarsis». Esto demuestra claramente que no hay catarsis después de la salida de la psique-alma del cuerpo, sino solo infierno eterno.
Séptimo. En la parábola del Rico y Lázaro, Cristo no dejó entre el Paraíso y el Infierno «otro lugar temporal que tuviera algún tipo de tormento, sino que un gran abismo infranqueable separaba a ambos entre sí, representando la máxima y directa oposición».
Octavo. No es posible que la psique-alma incorpórea e inmaterial, después de separarse del cuerpo, sea castigada e infernada por un fuego material corporal. Este fuego eterno existirá después de la Segunda Παρουσία (Parusía: Presencia, Venida) de Cristo y después de la asunción del cuerpo incorruptible.

Noveno. El Hades, al que descendían las psiques-almas de los santos del Antiguo Testamento, no era con la figura o tipo del fuego y del infierno, sino con la figura o tipo de una cárcel y prisión. Del mismo modo, las psiques-almas de quienes pecaron moderadamente «tal Hades las retendrá después de la muerte». Es decir, aquellos que pecaron poco vivirán hasta la Segunda Παρουσία Parusía de Cristo como en una cárcel y prisión, esperando el juicio final, en el cual comenzará el Infierno. Por esta razón, no es necesario que exista el purgador fuego creado del purgatorio.

Décimo. Los santos Padres, que vivieron la vida igual a la de los ángeles en la tierra y fueron iniciados a través de visiones, sueños y milagros en la vida del eterno infierno de los impíos y pecadores, tal como lo pinta y describe la parábola del Rico y Lázaro, «en ninguna parte aclararon nada acerca de un purgatorio, de un purgador fuego creado temporal».
Undécimo. Debe rechazarse el dogma del purgatorio con fuego creado purgador porque conduce a las personas a la negligencia, a la pereza espiritual y a no esforzarse por hacer la catarsis y purificarse en la vida presente, esperando alguna catarsis (purgación, purificación) futura, tal como también fue rechazado el dogma de la apocatástasis (restauración de todos), porque lleva al hombre a los mismos resultados.

Los mismos argumentos desarrolla también en sus silogismos y razonamientos sobre la inexistencia del purgatorio con fuego creado purgador, donde se exponen las razones por las cuales no podemos aceptar la existencia de tal purgatorio con fuego, temporal y creado. En estos silogismos y razonamientos, los argumentos de san Marcos se centran en tres puntos principales.

El primer punto es que, como enseña toda la Sagrada Escritura y la Parádosis-Tradición de la Iglesia, existe diferencia en la visión, contemplación de Dios, según la catarsis del hombre desde esta vida. Cuanto más catartizado purgado, purificado y psicoterapiado está alguien, más perfectamente contempla la doxa-gloria increada de Dios. Por lo tanto, existe una mayor o menor contemplación de Dios, según el grado de catarsis. Aquel que tiene algunos pecados también «ve a Dios sin necesitar del fuego purgatorio», bastando para ello la filantropía de Dios, aunque, naturalmente, en un grado correspondiente. Sin embargo, la enseñanza del purgatorio con fuego purgador anula esta diferencia en la participación de la doxa-gloria increada de Dios. Porque, dado que las personas de esta categoría pasan por el fuego purgatorio temporal, se deduce que todas las psiques-almas de los justos «están en la misma contemplación de Dios, que es la bienaventuranza y felicidad». Pero esto es falso, porque Cristo dijo que en el reinado de la Realeza increada de Su Padre «hay muchas moradas» (Jn 14, 2).

El segundo argumento es que no es posible que ningún fuego purgatorio cambie la voluntad del hombre después de la salida de esta vida. «El movimiento de la voluntad y las cosas que ocurren por necesidad están necesariamente encerrados en esta vida». La voluntad puede ser cambiada mientras el hombre esté en esta vida, pero una vez que muere, permanece inmóvil. «Y por esto no tiene éxito en el esfuerzo o el juicio, y no avanza hacia ello por medio del purgatorio con fuego creado purgador». Por lo tanto, dado que la rectitud de la voluntad se requiere para la bienaventuranza y felicidad, y dado que el purgatorio con el fuego creado purgador no puede cambiar la voluntad de malvada a buena, porque esto solo ocurre mientras el hombre está vivo, «el purgatorio no contribuye en absoluto a la bienaventuranza y felicidad». Esto significa también que las personas no pueden ser purgadas y purificadas por ningún purgatorio.

El tercer argumento es que, así como existe una diferencia en el disfrute del reinado de la Βασιλεία (vasilía) Realeza increada de los Cielos, también hay una diferencia en el infierno. Y, como se mencionó anteriormente, el pequeño bien de los pecadores no puede dar una retribución, «sino solo una diferencia en el infierno o castigo». De la misma manera, el pequeño mal en los justos «no causará infierno, sino solo una diferencia en el disfrute». Por esta razón, no puede existir un purgatorio con fuego purgador creado, como dicen los latinos

En conclusión, la enseñanza de la Iglesia Ortodoxa rechaza la enseñanza latina del fuego purgatorio, pues no se encuentra en la Sagrada Escritura ni en la Tradición de los Padres, y además contradice la comprensión ortodoxa de la justicia y misericordia divinas.

f) Interpretación del pasaje apostólico

Los latinos (francolatinos, papistas), para apoyar la enseñanza del purgatorio con fuego creado purificador, utilizaron diversos pasajes de las Sagradas Escrituras. Por esta razón, San Marcos el Amable, en estos discursos y logos de carácter apologético, que fueron utilizados en el Sínodo de Ferrara-Florencia, interpreta estos pasajes de manera ortodoxa y demuestra que los franco-latinos en realidad los malinterpretaron para justificar su nueva enseñanza.

El pasaje principal que se aborda es el que proviene de la Primera Carta a los Corintios, en el que se habla de la prueba de las obras a través del fuego. En concreto, el apóstol Pablo escribe: «Según la χάρις jaris-gracia energía increada y la misión que Dios me ha concedido entre las naciones, yo, como buen sabio arquitecto iluminado de Dios, puse el cimiento firme e imperturbable en Corinto, y otro construye el edificio encima de este cimiento. Cada uno que mire y tenga cuidado cómo edifica sobre este cimiento. Porque nadie puede poner otro nuevo cimiento que el que está ya puesto en la base del edificio, y este es el Jesús Cristo. Sobre este cimiento uno puede edificar con oro, plata, piedras preciosas, maderas, caña y paja. El valor del trabajo de cada uno aparecerá claro el gran día del juicio, porque ese día se apocaliptará-revelará con fuego, y el fuego probará la obra de cada uno y quemará lo podrido. Si la obra que uno ha edificado sobre este cimiento que es el Cristo, resiste la prueba del fuego, recibirá el premio o el salario; si se consume, lo perderá todo, aunque él se salvará con gran dificultad, pero como el que escapa atravesando las llamas del fuego. (Se salvará si la justicia de Dios lo juzga digno de salvación y perdón por lo menos por su buena disposición e intención)» (1 Cor 3,10-15).

Este pasaje, según San Marcos, aunque parece introducir la idea del fuego purgatorio creado, en realidad «más que nada, la refuta». Las razones que lo demuestran son las siguientes:

Primero, el apóstol Pablo lo llama fuego de prueba y no fuego purificador o purgador.

Segundo, todas las obras, incluso las bondadosas, buenas y valiosas, pasarán por este fuego, lo que significa que no todas necesitan catarsis (purgación, purificación).

Tercero, el Apóstol afirma que mientras las obras de los malvados serán consumidas, ellos mismos sufrirán pérdida. Sin embargo, según la interpretación de los francolatinos, aquellos que sean purgados, purificados ganarán.

Cuarto, todo lo que dice el Apóstol sucederá en el Día del Juicio y en el siglo venidero, y no se refiere a un purgatorio con fuego purificador entre el Paraíso y el Infierno.

Además, de hecho, en ninguna parte de la Sagrada Escritura se menciona esto. Es más, Cristo es categórico cuando dice: «E irán estos al infierno eterno, y los justos a la vida eterna» (Mt 25,46).

Por lo tanto, en realidad se trata esencialmente de la Χάρις (Jaris: Gracia, energía increada) de Dios, la cual ilumina a los justos, pero sobre-quema a los pecadores. Esto es confirmado también por diversos pasajes de la Sagrada Escritura que cita San Marcos. El profeta David dice: «Dios vendrá manifiestamente, nuestro Dios, y no guardará silencio; Un fuego abrasador va delante de Él, y una gran tormenta estalla a su alrededor» (Sal 49,3). Y también: «Fuego irá delante de él, y abrasará a sus enemigos alrededor« (Sal 96,3). El profeta Daniel escribe: «Un río de fuego corría y salía de delante de él« (Dan 7,10).

Particular importancia tiene la frase del apóstol Pablo: «si la obra se consume, lo perderá todo, aunque él se salvará con gran dificultad, pero como el que escapa atravesando las llamas del fuego«. San Marcos, al interpretar esta frase, explica que la obra que el fuego quemará y consumirá completamente es la mala astuta disposición o energía. El término «sufrirá pérdida» se refiere a la carga de maldad que llevaban los pecadores, mientras que «será salvo» se refiere a su permanencia. Escribe lo siguiente: «Sin embargo, será preservado, es decir, permanecerá y será guardado para siempre, sin ser destruido junto con su maldad o mala astucia».

Esto significa que la Jaris increada de Dios conservará también a los pecadores, restaurará su naturaleza y ellos permanecerán eternamente en el Infierno. Por lo tanto, la σωτηρία sotiría salvación aquí se refiere a la conservación.

Esta interpretación de San Marcos el Amable no es arbitraria, sino que es la enseñanza de los santos Padres de la Iglesia. San Marcos menciona la interpretación de San Juan Crisóstomo y la enseñanza de San Basilio el Magno sobre el fuego del siglo venidero.

San Juan Crisóstomo, quien es la voz del apóstol Pablo, así como Pablo es la voz de Cristo, al interpretar esta frase del apóstol, escribe exactamente: «Porque ‘será salvo’, dice, el pecador, pero como a través del fuego», es decir, permanecerá siendo castigado en el fuego y no perecerá junto con sus malas obras y disposiciones». Esto no es ajeno a la enseñanza ortodoxa de que el hombre es una persona, que nunca puede ser conducido a la inexistencia o al no ser, y que Cristo, con su Resurrección, concedió a todos los seres humanos, justos e injustos, la resurrección como un regalo Suyo. Esta resurrección ocurrirá en Su Segunda Παρουσία (Parusía: Presencia, Venida), restaurando la naturaleza, pero no la voluntad de los hombres. Así, mientras los justos disfrutarán del «siempre bien ser y estar», los pecadores recibirán el «siempre mal ser y estar».

San Basilio el Magno, al interpretar el salmo «La voz del Señor corta llamas de fuego», explica que, dado que el fuego tiene dos propiedades, una iluminadora y otra abrasadora, la voz del Señor interrumpirá este fuego «para que el fuego del Infierno sea sin brillo, mientras que la luz del descanso permanezca sin quemar».

Al presentar este pasaje de San Basilio el Magno, San Marcos explica que las obras luminosas y brillantes de los justos aparecerán aún más resplandecientes, y los justos se convertirán en herederos de la luz increada. Sin embargo, los pecadores sufrirán la pérdida de sus obras y «serán salvados con una salvación peor que la perdición, permaneciendo perpetuamente en el fuego (porque esto es lo que realmente significa el término ‘ser salvado’), para que no se piense que, debido a la naturaleza destructiva del fuego, también ellos sean completamente aniquilados».

Al mismo tiempo, San Marcos señala que, si algún intérprete entiende la palabra σωτηρία sotiría salvación como la liberación del Infierno, y la pasada a través del fuego como purificación, entonces este «parece haber entendido erróneamente este pasaje por completo».

Según San Marcos el Amable, la interpretación del Santo Juan Crisóstomo es la más valiosa y con ella están de acuerdo todos los didáscalos-maestros de la Iglesia. Así, la interpretación de san Juan Crisóstomo es «más precisa y verdadera que todas». En este contexto, él mismo agrega una interpretación que se relaciona con los hechos que ocurrían en Corinto y que dieron motivo al Apóstol Pablo para decir este logos.

San Marcos sostiene que el Apóstol Pablo, en este caso, se refiere al cristiano de Corinto que había caído en fornicación. Era uno de los maestros que, aunque había caído en un gran pecado, «sin embargo, resistía por su valor docente, teniendo un sistema que no podía ser despreciado y confiando en la sabiduría externa y en la riqueza de su intelecto». Así, parece que el Apóstol tenía en mente a algún maestro que, aunque había pecado, continuaba enseñando, confiando en la sabiduría externa y en la riqueza de su intelecto. San Marcos extrae esto de lo que se dice en el capítulo correspondiente de la epístola del Apóstol Pablo.

Por lo tanto, según San Marcos el Amable, esta palabra se dirige claramente «al lujurioso, al que ha fornicado». Un tal maestro no solo no recibirá salario por su enseñanza, sino que también su obra de enseñanza será consumida por el fuego. Sin embargo, permanecerá siendo juzgado por sus actos. «Este maestro no será corrompido por su propia obra, pero será salvado y se presentará ante el juez y dará cuenta de sus hechos y soportará el juicio eterno, sin que la obra de esa enseñanza, que ha sido corrompida, lo condene… y será salvado con una salvación peor que la pérdida, ya que le hubiera sido mejor no haber nacido ni haber sido salvado en ese momento, cargando con tal materia».

Cabe señalar que repetidamente San Marcos utiliza la palabra de San Juan Crisóstomo, que define la salvación como «permanecer», «…la salvación se entiende solo como el hecho de no corromperse por la obra, sino permanecer, incluso cuando esa obra se haya corrompido». Este hombre se presentará ante el Juez «quemado».

Además, el fuego del que habla el Apóstol Pablo es solo un fuego de prueba, «pero no es ese el fuego que recibe a los pecadores eternamente». Claramente, San Marcos aquí distingue entre el fuego de prueba del juicio, en la Segunda Παρουσία (Parusía: Presencia, Venida) de Cristo, y el fuego eterno del infierno. Naturalmente, el fuego del juicio no es creado, sino increado. Creo que este discernimiento revela, por un lado, la prueba del juicio, realizada por el mismo Cristo, y por otro, la cualidad abrasiva de la energía increada de Dios, que depende del estado espiritual del ser humano.

San Marcos refutando la opinión de que la palabra salvación no se utiliza para lo malo, sino solo para lo bueno, cita el pasaje correspondiente de Job. Después de la destrucción, un mensajero fue a Job para anunciarle lo sucedido, diciendo: «Pero yo me salvé vine solo a anunciarte esto» (Job 1:15). Se salvó, fue preservado de la destrucción y fue a anunciarle el mal.

Por lo tanto, la palabra apostólica no puede sustentar ningún purgatorio con fuego creado purgador, como dicen los latinos (francolatinos, papistas). Se refiere claramente al juicio futuro, al juicio y la preservación del pecador, es decir, a su paso por el fuego sin ser destruido junto con sus obras malvadas.

g) Pasajes patrísticos en el diálogo

Los latinos (francolatinos, papistas), para apoyar su nueva enseñanza del fuego creado purgador del purgatorio, utilizaron en el diálogo varios pasajes patrísticos. Y esto porque los ortodoxos pidieron saber en qué se basaban en esta enseñanza, que es ajena a la Iglesia Ortodoxa. Sin embargo, veremos más adelante que los francolatinos en realidad distorsionaban los pasajes de los Padres, como también hicieron con los pasajes bíblicos.

No voy a hacer un análisis grande de este aspecto del tema, solo lo comentaré, extrayendo las conclusiones necesarias.

Los latinos (papistas, francolatinos) utilizaron «algunas palabras del Quinto Sínodo Ecuménico «, en las que parece que aceptan la enseñanza de San Agustín y San Ambrosio. Luego usaron pasajes de San Gregorio el Dialogo, oraciones de San Basilio el Grande, dichos del bienaventurado Gregorio de Nisa, así como dichos del divino Dionisio Areopagita, del gran Epifanio y del divino Damasceno. También se hace referencia al bienaventurado Teodóritos.

Utilizando todos estos pasajes patrísticos, los franco-latinos llegaron a la conclusión de que la justicia divina no deja nada impune, y por eso es necesario que exista otro lugar para aquellos que no fueron castigados en esta vida, ni serán castigados en el cielo o en el infierno, donde serán castigados y purificados. Después de esto, los franco-latinos dicen: «Por lo tanto, es necesario que haya otro lugar apartado, donde debe ocurrir esta purgación, purificación, por la cual cada uno, siendo purificado, se eleva de inmediato a la dicha celestial».

San Marcos el Amable, portador de la Santa Parádosis-Tradición Ortodoxa y auténtico intérprete de las Escrituras y de los logos patrísticos, analiza e interpreta correctamente todos estos pasajes, refutando y derrumbando las opiniones de los papistas francolatinos. Demuestra claramente que en ninguno de estos pasajes patrísticos se menciona explícitamente el llamado fuego creado del purgatorio. Por lo tanto, no se justifica en ningún lugar la existencia del purgatorio, como decían los franco-latinos. Simplemente, en su intento de legitimarlo, distorsionaban y malinterpretaban los logos de los santos Padres.

Así, san Marcos el Amable demuestra que algunos de los pasajes mencionados no hablan claramente sobre el «fuego purificador del purgatorio», como los de San Agustín y San Ambrosio, mientras que otros son malinterpretados, como los de San Basilio el Grande, san Dionisio Areopagita, San Juan Damasceno, San Gregorio Nacianceno, etc.

Sin embargo, es necesario señalar que San Gregorio Nacianceno no habla de la restauración de todas las cosas de manera filosófica y herética, como algunos estudiosos contemporáneos influenciados por la tradición hermeneútica, interpretativa occidental quieren presentarlo, sino que se integra dentro de la Santa Parádosis-Tradición eclesiástica Ortodoxa. Esto lo veremos en otro capítulo.

Además, el uso por parte de los papistas francolatinos de pasajes del V Sínodo Ecuménico es objeto de crítica y revisión por parte del santo Marcos, quien sostiene que no es posible que este gran Sínodo haya instituido tal enseñanza. Luego, el santo Marcos concluye de manera característica: «ni la Escritura ha entregado a nosotros un infierno doble ni un fuego doble, ni tampoco el quinto Sínodo ecuménico nos lo ha entregado».

En su segunda homilía, el santo Marcos analiza en detalle este tema, presentando pasajes patrísticos que se refieren a las realidades futuras, sin mencionar claramente el «fuego purificador del purgatorio», así como la enseñanza de San Gregorio Nacianceno y cómo la Iglesia aborda este serio tema. Sin embargo, no es el lugar adecuado para desarrollarlo aquí.

En general, el santo Marcos sostiene que los latinos (francolatinos. papistas) malinterpretan y falsifican la enseñanza patrística sobre este tema. Los latinos no tienen las premisas ortodoxas para comprender a los Padres de la Iglesia, y por ello fallan en su presentación hermeneútica, interpretativa.

Por supuesto, en la enseñanza ortodoxa se habla del perdón de los pecados y el valor de las oraciones por los difuntos. Estos dos elementos no pueden ser comprendidos realmente por los franco-latinos. A continuación, se hará una breve referencia a la enseñanza relacionada de la Iglesia.

El perdón de los pecados en la Tradición Ortodoxa es liberación del infierno y del castigo. Y este perdón ocurre de tres maneras y en tres momentos diferentes. La primera en el tiempo del Bautismo, la segunda después del Bautismo, mediante la μετάνοια metania y el duelo o luto (espiritual o según Dios) durante la vida presente, y la tercera manera es después de la muerte, a través de las oraciones, las buenas obras y todo lo que realiza la Iglesia de Cristo.

El perdón por el Bautismo es sin esfuerzo y es igual para todos. Es obra de la Χάρις (Jaris: Gracia, energía increada) y no requiere obra por parte del hombre, sino solo fe. El perdón después del Bautismo es arduo y requiere μετάνοια metania y contrición. El perdón después de la muerte también es arduo, ya que está estrechamente relacionado con el arrepentimiento «y la conciencia que golpea y la tristeza por no haber hecho el bien», pero es completamente diferente del castigo, ya que no puede ser perdón y castigo al mismo tiempo.

En el primer y tercer perdón, prevalece la Χάρις (jaris: gracia, energía increada) de Dios, y las oraciones «contribuyen solo un poco». El perdón intermedio se realiza con la Χάρις Jaris increada, pero depende más de nuestro trabajo y sinergia: «en el perdón intermedio, por el contrario, tiene un poco de Χάρις Jaris, pero se necesita mucha más labor de nuestra parte». También, difiere la primera remisión o perdón a través del santo Bautismo, de la última remisión o perdón, porque la primera remisión es la remisión de todos los pecados, mientras que la última remisión o perdón es solo para los pecados no mortales, y especialmente para aquellos por los que la persona se arrepintió durante su vida biológica.

Esta es la enseñanza de la Iglesia Ortodoxa, como dice san Marcos el Amable, por eso pide el perdón de los difuntos. Pide a Dios que perdone los pecados de los cristianos que han vuelto a la μετάνοια metania, se arrepintieron, que murieron en la fe, sin mencionar ningún castigo, porque sabe que, para tales pecados, «la bondad divina prevalece sobre logos y palabras de justicia». Así, en la Iglesia Ortodoxa hablamos de la bondad de Dios y no de la satisfacción de la justicia divina.

Relacionado con el perdón de los pecados está también el tema de las oraciones por los difuntos. La Iglesia Ortodoxa celebra memoriales por los cristianos difuntos y ora por ellos a Dios, pero de manera diferente y por razones distintas que los franco-latinos. En otras palabras, no es posible vincular el «fuego purificador» del purgatorio de los latinos con los memoriales realizados en la Iglesia Ortodoxa. El primero presupone catarsis (purgación y purificación) a través del castigo, el segundo presupone perfección en el continuo proceso del hombre hacia la θέωσις (zéosis: divinización, glorificación). El santo Marcos ofrece interesantes explicaciones sobre este tema.

Los memoriales en la Iglesia Ortodoxa se celebran por todos los que han dormido con la esperanza de la resurrección y la fe en Jesús Cristo. Por lo tanto, los memoriales y las oraciones de la Iglesia benefician a todos los difuntos, justos e injustos, santos y pecadores. Claro, la oración difiere dependiendo de cada cristiano. Incluso por los santos, hacemos memoriales y ofrecemos «kolyva» (granos trigo hervido, típicamente utilizados en la tradición ortodoxa en memoriales), pero, como tenemos pruebas de su santidad y han sido inscritos en el catálogo y coro de los santos, por eso la oración es diferente. No le pedimos a Dios que los misericordie, sino que oramos «en honor y memoria» y pedimos sus bendiciones e intercesiones para nosotros.

San Marcos el Amable escribe sobre la utilidad de las oraciones de los memoriales: «Hacemos por todos igualmente los memoriales de los que duermen en la fe, y decimos que todo lo que aportamos a estos contribuye y les beneficia, haciendo que todos pasen a través de su fuerza, poder y beneficio». Por lo tanto, las oraciones se hacen por todos los difuntos en la fe ortodoxa.

La Iglesia ora principalmente por los pecadores, que están encerrados en el hades (infierno), «para que reciban algo de consuelo, aunque no de liberación completa». Ora principalmente por los difuntos en la fe «aunque sean muy pecadores». Claro, hay casos de santos que oraron incluso por los impíos, pero «la Iglesia de Dios no ora por tales». Los pecadores y aquellos que están encerrados en el hades (infierno) después de la muerte se benefician de estas oraciones, en parte porque no han sido finalmente condenados y aún no tienen la decisión definitiva del Juez, y en parte porque aún no han caído en el infierno, lo que sucederá después de la Segunda Venida de Cristo. Si esto es cierto para los pecadores, mucho más benefician los memoriales y las oraciones a aquellos que volvieron a la μετάνοια metania, se arrepintieron, pero no pudieron ser completamente purgados, purificados y llegar a la iluminación del νούς (nus: espíritu de la psique-alma). Si ellos tienen pecados pequeños o leves, serán restaurados al clero de los justos o permanecen donde están, es decir, en el hades (infierno), y «aliviarán sus dificultades, mal estar y les darán mejores esperanzas».

Sin embargo, los memoriales y las oraciones de la Iglesia también benefician a los justos y a los que vivieron piadosamente. Esta es la enseñanza central de nuestra Iglesia. San Marcos el Amable sostiene que las oraciones de la Divina Liturgia demuestran que «incluso para los que ya disfrutan de la bienaventuranza de Dios, el poder de estas oraciones, especialmente la del sacrificio místico, pasa a ellos». Esto se ve en una oración correspondiente en la Divina Liturgia de San Juan Crisóstomo: «Ofreciendo aún esta adoración o culto lógico por los que descansan en la fe: nuestros antepasados, padres, patriarcas, profetas, apóstoles, mártires, confesores, ascetas, y todos los espíritus justos que han sido perfeccionados en la fe». Aunque, al orar por los santos, no les pedimos bienes, sino que les agradecemos, «hacemos esto en su honor, doxa-gloria y gratitud, y de esta manera, de algún modo, el sacrificio también se hace hacia ellos».

En otro punto, San Marcos analiza más detalladamente cuál es el beneficio de los santos al ser probados por el fuego que está siempre con Dios, y que es Su energía increada. Escribe: «Porque tal fuego revela a los santos, al no llevar nada de malicia, como más brillantes, tal como el oro probado en el horno…». Es evidente en este pasaje, como en otros pasajes similares de los Santos Padres, que los santos brillan más y se vuelven más receptivos a la participación de la doxa-gloria increada de Dios.

San Marcos también utiliza un pasaje de San Dionisio Areopagita, en el que parece que el jerarca ora también por aquellos que han alcanzado la perfección en la vida divina. Al citar este pasaje, San Marcos dice que el poder y la energía de las oraciones, especialmente del sacrificio místico, pasa «también a aquellos que han vivido rectamente y piadosamente». Esto se explica porque, en relación con la perfección, incluso los santos son imperfectos y, por lo tanto, pueden hacerse más receptivos a la divina doxa-gloria increada. Específicamente, escribe: «El poder y la energía de las oraciones y de la Divina Liturgia también pasa a los que han vivido rectamente y piadosamente, porque ellos siendo imperfectos, siempre recibiendo el don hacia lo bueno y aún, no disfrutando de la perfección de la bienaventuranza».

Por lo tanto, las oraciones de la Iglesia pasan a todos, tanto a los pecadores como a los justos, pero operan, actúan de manera diferente en cada uno, según la condición espiritual que hayan adquirido en esta vida. Y concluye el santo: «Dado que las oraciones de la Iglesia pasan a todos, no es necesario aceptar el fuego purificador del purgatorio. La catarsis (purgación y purificación) y salvación son obra de la bondad y la filantropía de Dios».

Esta enseñanza de San Marcos es ortodoxa y se encuentra en muchos textos de los Padres. No tenemos la intención de desarrollarla exhaustivamente aquí. Lo que debe destacarse es que, según la enseñanza ortodoxa, existen tres etapas en la perfección espiritual: la catarsis (purgación y purificación) del corazón, la iluminación de la mente y la θέωσις (zéosis: divinización, glorificación) del ser humano. La perfección del hombre es incompleta. Siempre el hombre puede mejorar en su estado espiritual. Este proceso continuará también en el siglo venidero. Por lo tanto, cuando el hombre, a través de la μετάνοια metania, entra en la etapa de la catarsis, pero, debido a la muerte no puede completar la catarsis y avanzar hacia la iluminación, esto se llevará a cabo mediante las oraciones y memoriales que realiza la Iglesia. Es decir, habrá un continuo progreso en la participación de la energía catártica (purgadora, purificadora), iluminadora y divinizadora de Dios. Así debemos entender muchos de los incidentes que encontramos en la vida de los santos, en los que su oración justificó a sus hijos espirituales. Si pensamos que justificación significa iluminación del νούς (nus: espíritu de la psique-alma), y naturalmente esto es principalmente y ante todo el perdón de los pecados, entonces podemos explicar estos incidentes.

h) El fuego eterno es increado

En ningún lugar de los Padres se menciona que exista un lugar de castigo o un fuego punitivo por el cual pasarán las personas después de su muerte, especialmente aquellos que no tuvieron tiempo de cumplir con sus reglas o cánones. En la enseñanza de los Padres, como hemos visto, se dice claramente que existe el Paraíso y el Infierno después de la Segunda Παρουσία (Parusía: Presencia, Venida) de Cristo, y una prefiguración del Paraíso y el Infierno después de la salida de la psique-alma del cuerpo. Hasta la Segunda Parusía de Cristo, la Iglesia celebra los memoriales, cuyo poder y energía pasa a todos los difuntos que han vivido en fe, ya sean pecadores, justos o santos. En ningún lugar se menciona un fuego purificador o purgatorio para los cristianos que se han vuelto en la metania y arrepentido, pero no han completado su μετάνοια metania.

San Marcos dice que, cuando en la Sagrada Escritura y en los textos patrísticos se habla de fuego, se entiende el fuego eterno del Infierno, que, por supuesto, es increado y no creado. Es decir, no se trata de algo creado, de una realidad creada, sino de la energía increada de Dios, que es experimentada por los no sanados como fuego.

En un punto de su primer discurso, afirma: «Y si en algunos de estos cánticos y oraciones se menciona el fuego, no se refiere a un fuego temporal o purificador, sino al fuego eterno y a la interminable infierno y condena, pidiendo los santos a Dios que salve a los difuntos dormidos en fe…».

Este fuego del que se habla en los textos eclesiásticos no es un fuego temporal, sino el fuego eterno e increado. Citando un pasaje de San Gregorio Nacianceno, dice: «No es un fuego temporal y transitorio, sino un fuego más doloroso y más duradero».

Así, el fuego del Infierno no es físico, no es creado, sino increado. La luz increada para los dignos es la visión, expectación o contemplación de Dios, dice San Marcos. Y, por supuesto, esta luz es la doxa-gloria increada de Dios. San Marcos vincula la luz increada con el fuego del Infierno. Es decir, dice que el fuego eterno no es físico, «así como la luz para los dignos es la visión, expectación o contemplación de Dios». Al analizar esta visión, expectación o contemplación sostiene que los santos de la Iglesia interpretaron el fuego eterno y los interminables infiernos o condenas «de una manera alegórica». Se trata de una alegoría, porque ni la luz de los justos es física, ni el fuego de los pecadores es creado y físico o corporal. Son hechos reales y situaciones verdaderas, pero no son las situaciones que conocemos en el mundo sensible.

Claro, la Santa Escritura utiliza muchas iconas-imágenes para describir el estado de los infernados, como el fuego, el gusano, los reptiles y el rechinar de dientes. Todas estas expresiones representan realidades distintas. Con el fuego, los santos entienden la ignorancia de Dios: «así como no debe pensarse en un fuego físico allí, ni en una oscuridad externa, sino solo en la ignorancia de Dios». Naturalmente, cuando se habla de la ignorancia de Dios, se refiere a la no-participación en Dios, ya que sabemos que los pecadores verán a Dios, es decir, tendrán una visión de Dios, pero no una participación en Él, y, por lo tanto, experimentarán y tendrán ignorancia. De hecho, en la Parádosis Tradición Ortodoxa, el conocimiento-gnosis de Dios es la participación en Él. El gusano o algún tipo de reptil venenoso y carnívoro simboliza el tormento de los impíos debido a la conciencia y esa amarga contrición. Lo mismo ocurre con el rechinar de dientes, es decir, simboliza el dolor, el lamento amargo y la rabia de los que se sienten atormentados.

Es claro, entonces, que cuando se hace referencia al fuego en la tradición eclesiástica, se entiende el fuego eterno e increado. Esto significa que no se trata de algún fuego purificador temporal o purgatorio, sino de la experiencia de la jaris gracia increada como fuego, debido a la impureza del ser humano. Precisamente por esta razón, no es posible que exista un fuego creado purificador o purgador del purgatorio como lo entienden los latinos.

En general, podemos decir que la enseñanza de San Marcos de Éfeso, como se refleja en sus discursos durante el Sínodo de Ferrara-Florencia, está orgánicamente integrada en la Tradición de la Iglesia Ortodoxa acerca de la vida del ser humano después del éxodos-salida de la psique-alma del cuerpo. San Marcos es un auténtico intérprete de la enseñanza ortodoxa, porque él mismo es portador de la Παράδοσις Parádosis Tradición Ortodoxa. Así, se demuestra que el fuego purificador del purgatorio de los latinos (francolatinos, papistas) es una vana gloria, una nueva enseñanza, una enseñanza novedosa que no puede ser adoptada por la Iglesia Ortodoxa. San Marcos se muestra, en este tema, también como un auténtico intérprete de la Tradición Ortodoxa.

  1. ¿A qué se debe la enseñanza y doctrina de los latinos sobre el fuego purgador del purgatorio?

Un aspecto interesante del tema que nos ocupa es identificar las causas que llevaron a los Latinos (franco-latinos, papistas) a desarrollar la enseñanza del fuego purgatorio. Esto es necesario porque, según creemos, la aparición de esta enseñanza no es un hecho fortuito.

Debemos señalar que, como se desprende del estudio del tema, la enseñanza del purgatorio con fuego purgador se integra orgánicamente dentro de toda la teología de los Latinos y se desarrolla en el marco de su atmósfera teológica. Por lo tanto, no es un acontecimiento fortuito y aislado, sino un síntoma de la teología de Occidente, tal como evolucionó tras su separación de la teología ortodoxa. Ya hemos tenido la oportunidad de ver esto en análisis previos, pero ahora lo estudiaremos de manera más extensa y detallada.

Podemos señalar cinco causas, que llevaron al pensamiento teológico occidental a la enseñanza sobre el purgatorio.

Primera causa es la falta de teología níptica. La teología occidental al alejarse de la teología ortodoxa, y, sobre todo, de la tradición níptica relacionada con la catarsis del corazón, la iluminación del νούς (nus: espíritu de la psique-alma) y la contemplación espiritual o zéosis de Dios, creó las condiciones para el desarrollo y enseñanza del purgatorio o fuego creado purificador.

Esto se dice en el sentido de que la teología níptica-hisijasta de la Iglesia Ortodoxa se habla de la energía increada de Dios, que como fuego catartiza purga y sana al hombre. Según el resultado de la acción y efecto de la Χάρις (jaris: gracia, energía increada) de Dios también recibe un nombre particular: se dice catártica, iluminadora y deificante o divinizadora energía increada. En otras palabras, cuando la energía increada de Dios catartiza purga, limpia y sana al hombre, se llama catártica, cuando ilumina se llama iluminadora y cuando le glorifica o diviniza se llama θεοποιός zeopiós deificante o divinizadora.

El mismo Cristo dijo: «¡He venido a arrojar fuego sobre la tierra y qué más quiero, si ya se ha encendido!» (Lc 12,49). Vine a echar un celo ardiente y entusiasmo en los corazones de los hombres de buena voluntad, pero este celo encenderá fuego de odio contra mí y mis fieles seguidores. ¡Y qué más quiero, si ya se ha encendido este fuego! (Lc 12,49). Y el Apóstol Pablo escribe: “porque nuestro Dios es fuego consumidor o devorador” (Heb 12,29). Quema y consume a todo impío y desvergonzado.

San Juan el Clímaco, que expresa toda la tradición níptica sobre este tema, dice que vivimos y experimentamos la Jaris increada de Dios primero como fuego, y luego como luz. El fuego supracelestial, cuando se introduce en el corazón, a unos los sobrequema debido a la catarsis incompleta y a otros los ilumina «según la medida del perfeccionamiento». Este mismo fuego se llama «fuego consumador e iluminador». Es por eso que unos saliendo de su oración es como si salieran de un horno encendido, sintiendo una ligereza al quitarse la impureza, y otros, al terminar la oración, se sienten como si estuvieran saliendo iluminados por la luz y revestidos con el manto de la humildad, la alegría y el gozo.

En otro punto, San Juan el Clímaco dice que todo nuestro esfuerzo se realiza hasta que el fuego de Dios entre en nuestro santuario, es decir, en nuestro corazón. Dios, que es fuego, consume «toda suciedad y movimiento, destruye y mata tanto por dentro como por fuera todo vicio y pazos visible e invisible”.

En general, en toda la tradición eclesiástica se habla del fuego que entra en el corazón, es decir, de la Χάρις (jaris: gracia, energía increada) de Dios, que uno siente en su corazón quemando sus pazos. Por supuesto, este fuego es increado, es decir, la Jaris increada de Dios, que quema los pazos (pasiones, vicios, adicciones, etc.) y hace la catarsis (purga, limpia y sana) el corazón, por eso se llama Jaris catártica, purgante y esto se realiza durante la lucha del hombre por su terapia “psicoterapia”. Es esencialmente la primera etapa o estadio de la vida espiritual. Además, este mismo fuego, es decir, la Jaris catártica, purgante de Dios, estará operando también sobre los difuntos que han entrado en la etapa de la catarsis, pero no han tenido tiempo de catartizarse completamente.  Así, como hemos dicho anteriormente, con la memoria por los difuntos y las oraciones de la Iglesia el hombre se catartiza y sube a las etapas de la culminación espiritual, ya que, en última instancia, el perfeccionamiento es interminable.

Los latinos o franco-latinos, al haber perdido la teología níptica y no vivir estas experiencias empíricamente, malinterpretaron los textos patrísticos. Se dieron cuenta de que en los escritos de la Sagrada Escritura y de los Padres santos se habla de un fuego que hace la catarsis, limpia, purga y sana al hombre, y que esto continúa después de la muerte, para aquellos que ya habían entrado en la μετάνοια metania, en la etapa de la catarsis, y los francolatinos al no disponer de experiencia espiritual de esta enseñanza, malinterpretaron los pasajes patrísticos. Así, llegaron a hablar de un fuego creado de castigo, a través del cual pasarán todos los seres humanos. Pero está claro que el término tiene un significado diferente en la enseñanza patrística ortodoxa.

Segunda causa de la aparición de la enseñanza del purgatorio es la identificación de sustancia o esencia y energía en Dios, lo que ha causado muchos males y problemas en Occidente.

Conocemos bien por la teología ortodoxa que Dios tiene sustancia o esencia y energía. No hay esencia sin energía. Si la esencia es increada, su energía también es increada, si la sustancia o esencia es creada entonces su energía también es creada. La esencia de Dios es increada, por eso decimos que Su energía es increada. La agapi-amor, paz, justicia, etc., son energías increadas de Dios, que, por supuesto, no están sin hipostasis (base substancial), sino existentes en hipostasis, ya que no puede haber energía sin hipostasis, dado que quien actúa, opera o energiza es la persona. Esta verdad teológica nos preserva de muchos peligros y desviaciones heréticas. (Discernimiento claro indivisible entre esencia-sustancia-usía y energía=naturaleza. El don o carisma de discernimiento el mayor de todos, según los Padres. San Dionisio el Areopagita: “discernimiento no es dividir sino unir lo dividido y distinguir lo unido”).

En cambio, en Occidente no se hace este discernimiento. Los “teólogos” (charlatanes, tiólogos) escolásticos, en su esfuerzo por preservar la simplicidad de Dios y al mismo tiempo distinguir integralmente entre Dios y el mundo, identifican la energía de Dios con Su esencia-usía, la llaman “actus purus” y al mismo tiempo consideran la energía providencial y salvadora de Dios como creada. De este modo, según la teología occidental, Dios no tiene una relación real con el mundo a través de Su energía increada, sino sólo mediante medios creados y energías creadas. Sin embargo, esta enseñanza sacude todo el pedestal y contenido de la “psicoterapia” sanación, redención y salvación del ser humano.

Si examinamos cuidadosamente todas las diferencias entre la Iglesia Ortodoxa y los Franco-latinos, comprobaremos y veremos que se deben a esta cuestión teológica crucial. Esto es precisamente lo que se refleja en la enseñanza franco-latina sobre el purgatorio. En primer lugar, hablan acerca de la experiencia del purgatorio, que es creado, ya que Dios no tiene contacto o comunicación directa con las criaturas, creaciones, y luego hablan sobre la visión de la sustancia o esencia-usía increada de Dios por los purgados. Es decir, ya que las personas pasan por el purgatorio, alcanzan la visión de la esencia de Dios. Pero esta enseñanza, además de todo lo anterior, al hablar de la σωτηρία sotiría salvación, necesariamente elimina el discernimiento entre creado e increado, entre lo según naturaleza y lo según Χάρις (jaris: gracia, energía increada).

En la Iglesia Ortodoxa, sin embargo, la σωτηρία (sotiría: redención, sanación y salvación) se identifica con la participación del hombre de la deificante o divinizante Jaris y energía increada de Dios. Por lo tanto, la sotiría es pragmática, real y Dios permanece Dios.

Tercera causa, es la enseñanza y doctrina sobre el purgatorio es una conjunción de toda la tradición franco-latina, tal como lo expresa la llamada teología escolástica. De hecho, como mencionamos anteriormente, la teología escolástica que se alejó y se desvinculó de la teología empírica hisijástica y níptica de la Iglesia Ortodoxa, generó muchos males y problemas en Occidente.

Según la teología occidental, que se basó en el divino Agustino, sostiene que el pecado original o ancestral se hereda de Adán a todos sus descendientes, y que la justicia de Dios condenó a toda la humanidad al infierno e impuso la pena de muerte. En consecuencia, según la tradición franco-latina, el infierno y la muerte son castigos de Dios y no enfermedad, como enseña la teología ortodoxa.

Como resultado de esta enseñanza es que los francolatinos fueron conducidos a la teoría del infierno y del purgatorio. Los francos, como creían que los malvados o infernados no ven a Dios, tomaron e interpretaron el fuego del infierno como creado. En este sentido y punto de vista, debemos ver el infierno de Dante, donde los pecadores serán atormentados por el fuego creado del Infierno. De este modo, los franco-latinos imaginaron el mundo como un edificio compuesto de tres pisos: el cielo inmutable para los dichosos o bienaventurados, la tierra variable, mutable para la prueba de los hombres y los reinos subterráneos variables, mutables para los infernados viciosos y los purificados.

Naturalmente, como hemos visto antes, los franco-latinos también hablaban de la visión de la esencia-usía de Dios por parte de los justos y los purificados. En otras palabras, los salvados verán, por la jaris-gracia increada y su lógica, a Dios y los arquetipos de los seres que existen en Él. Con esta visión de la esencia-usía divina, las psiques-almas serán de la parte anhelante (deseo), de la irascible y de las variables, la mutabilidad, y así se convertirán dichosas, bienaventuradas inmutablemente. No es necesario señalar que la Iglesia Ortodoxa no acepta estos puntos de vista, ya que los arquetipos de los seres no existen en Dios. Dios crea, provee y salva al mundo mediante Su energía increada.

Asimismo, los francolatinos no comprendieron correctamente la teología apofática (afirmación negativa) y la consideraron más como una teología especulativa. En la teología ortodoxa, la δόξα (doxa: gloria, luz increada) de Dios se expresa y se atribuye en términos opuestos: luz y gnofos (luz invisible, que transciende toda luz), fuego y skotos-oscuridad. La primera antítesis manifiesta y significa la doxa-gloria increada de los justos, la segunda, el estado de los pecadores. Estas antítesis se utilizan no porque haya contradicciones en Dios, sino para expresar la verdad de que no hay similitud o semejanza entre la doxa-gloria increada de Dios y las criaturas, creaciones.

Sin embargo, estas condiciones previas de la teología franco-latina han llevado a los teólogos occidentales a la enseñanza del fuego del purgatorio, mediante el cual los pecadores y los arrepentidos serán castigados para alcanzar así la visión de la esencia-usía de Dios. Por eso, afirmamos que la enseñanza del fuego “purgatorio” de los Latinos (papistas) no es independiente de las estructuras básicas de la teología escolástica de Occidente.

Cuarta causa principal de esto es la enseñanza de los Francolatinos sobre la satisfacción de la justicia divina. Según Anselmo de Canterbury, la exigencia del castigo y la exigencia de la salvación del hombre es necesidad de la naturaleza divina. A diferencia de la enseñanza de los santos Padres, que hablan del pecado como enfermedad y la σωτηρία (sotiría: redención, sanación y salvación) como agapi-amor incondicional de Dios, a través de la cual agapi (amor: emoción de la energía increada) se consigue la terapia “psicoterapia” del hombre por supuesto con su propia sinergia, cooperación; Anselmo habla de la ofensa de la justicia de Dios y su expiación.

Tal punto de vista y consideración por parte de los franco-latinos sobre la salvación del hombre era de esperar que inevitablemente los conduciría a la enseñanza sobre el purgatorio, como castigo del hombre para que Dios sea expiado. Naturalmente, esta enseñanza altera y tergiversa toda la vida espiritual, ya que pone a un intercambio o    transacción comercial y en relaciones de ofendidos y caídos.

Quinta causa de la aparición de la enseñanza sobre purgatorio es la estructura política y económica del Papismo. Después de que los franco-latinos perdieron la teología empírica de la Iglesia Oriental y la desconexión de la tradición litúrgica, hisijástica y níptica de la Iglesia Ortodoxa, era de esperar que cayeran en situaciones antropocéntricas. La percepción, concepción feudal de la organización social y formación de la sociedad, el auge de la construcción y la elevación económica, el conflicto con la autoridad política, etc., contribuyeron a la enseñanza del fuego purgatorio. De esta manera o modo el laós-pueblo se oprime, se sangra económicamente pero también se ayuda a la “Iglesia” en la construcción de edificios.

La conexión del purgatorio con fuego purgador con las ofrendas materiales ha causado la decepción del pueblo con el Papado, Papismo. Se dice que el fuego purgador, conocido como purgatorio, fue inventado para completar la construcción de la Basílica de San Pedro en Roma y para financiar la corte papal. Sin embargo, es importante señalar que la enseñanza del purgatorio con fuego purgador no fue simplemente inventada para explotar al pueblo, porque, como vimos antes, se integra en la teología escolástica de los francolatinos. Sin duda, fue utilizada también con fines económicos.

Tras este análisis, podemos llegar a la siguiente conclusión. Así como la teología ortodoxa constituye una unidad, yo diría, un círculo, y cuando uno se acerca a un punto del círculo encuentra con todo el círculo, lo mismo sucede en la teología de frankolatina o papista. Todas sus novedosas enseñanzas están interrelacionadas y se definen a partir de la misma base.

Esto significa que la pérdida de la teología hisijástica, el rechazo de la teología terapéutica, psicoterapeuta empírica dio lugar al nacimiento a una gran cantidad de problemas y males en Occidente. El dogma del purgatorio tiene relación con la pérdida de la enseñanza sobre el discernimiento indivisible entre esencia-usía y energía increada en Dios.

El purgatorio es el fruto y resultado de la teología escolástica de los francolatinos o papistas y no tiene ninguna relación ni nada que ver con la teología ortodoxa tal y como la enseñó Cristo, la vivieron los Apóstoles y nos la transmitieron los santos Padres. Amín.

Capítulo G. Paraíso ε Infierno

Introducción

  1. La Sagrada Escritura sobre el Paraíso y el Infierno
  2. Los Santos Padres sobre el Paraíso y el Infierno
  3. El Paraíso y el Infierno en la vida eclesiástica
  4. Las consecuencias teológicas y eclesiológicas de esta verdad

Conclusión

Introducción

La Segunda Παρουσία (Parusía: Presencia, Venida) de Cristo, la resurrección de los cuerpos, la presentación de todos los hombres ante el temible tribunal de Cristo y, por supuesto, el juicio final tiene como desenlace el Paraíso y el Infierno. Los justos obtendrán el Paraíso, la vida eterna, mientras que los pecadores el Infierno.

El Paraíso se encuentra al comienzo de la historia del hombre, mientras que al final existirán tanto el Paraíso como el Infierno. Por ello, en toda la Sagrada Escritura se habla tanto del Paraíso como del Infierno. La enseñanza fundamental de la Sagrada Escritura es que el hombre, después de su creación, fue colocado en el Paraíso y luego perdió su κοινωνία (kinonía: conexión, comunión) con Dios. Desde entonces, en el hombre existe la búsqueda de esa vida paradisíaca. Cristo, con su encarnación, dio la posibilidad a cada hombre de regresar al Paraíso y recuperar la comunión con el Dios Trinitario. Así, el hombre, durante toda su vida -especialmente aquel que vive dentro de la Iglesia y se esfuerza por cumplir los mandamientos de Dios y participar de Su Χάρις (Jaris: Gracia, energía increada)- lucha por salvarse y entrar en el Paraíso.

Por lo tanto, el tema «Paraíso e Infierno» es uno de los centrales de la Sagrada Escritura y de la Iglesia. Sin embargo, se necesita estudio y análisis de qué exactamente son el Paraíso y el Infierno, y cómo se interpretan en la Santa Παράδοση Parádosi Tradición Patrística Ortodoxa. Esta tarea es necesaria e imprescindible por la razón adicional de que, de este modo, no solo podremos interpretar la Sagrada Escritura, sino también comprender la obra de la Iglesia. Como se verá más adelante, este tema es de suma importancia porque presenta la esencia, la obra y la misión de la Iglesia. No podemos comprender la misión de la Iglesia si no examinamos la percepción y concepción ortodoxa sobre el Paraíso y el Infierno. Por lo tanto, las consecuencias de esta interpretación son muy grandes.

  1. La Sagrada Escritura sobre el Paraíso y el Infierno

En esta sección, no nos ocuparemos del tema del Paraíso el espiritual inteligible y el sensible, tal como lo describe el Antiguo Testamento, sino principalmente del Paraíso y del Infierno según la enseñanza de Cristo y los santos Apóstoles. Hay tres pasajes en el Nuevo Testamento donde se menciona el Paraíso.

El primer pasaje es la afirmación de Cristo al ladrón en la cruz: «De cierto te digo, hoy estarás conmigo en el Paraíso» (Lc 23, 43). El Paraíso del que habla Cristo es la misma Βασιλεία (Vasilía) Realeza increada de Dios. Es característico que la Realeza increada de Dios y el Paraíso se identifiquen, ya que el ladrón le ruega: «Acuérdate de mí, Señor, cuando vengas en tu Realeza (increada)» (Lc 23, 42) y Cristo lo asegura sobre su entrada en el Paraíso. Es significativa la interpretación del santo Teofilacto sobre este tema: «Pues el ladrón está en el Paraíso, es decir, en el reinado de la Realeza increada, y no solo él, sino también todos aquellos que menciona Pablo, aunque no ha disfrutado aún de la plena herencia de los bienes».

El segundo pasaje, donde se menciona el Paraíso, lo refiere el Apóstol Pablo y está relacionado con una experiencia que tuvo el divino Apóstol: « Conozco de un hombre en Cristo que hace catorce años – si en el cuerpo no lo sé, si fuera del cuerpo tampoco lo sé, Dios lo sabe – fue arrebatado hasta el tercer cielo; y sé que este hombre – si en el cuerpo o fuera del cuerpo, no lo sé, Dios lo sabe – fue arrebatado al paraíso y oyó logos inefables e increados que el hombre no puede decir y describir ni le es permitido apocaliptarlos-revelarlos» (2 Cor 12, 2-4).

Interpretando este pasaje, san Nicodemo el Aghiorita dice que «Paraíso es una palabra persa que significa jardín frondoso con diversos árboles…». Al mismo tiempo, dice que el arrebato del Apóstol Pablo al Paraíso, según algunos intérpretes, significa que «fue iniciado en los misterios y logos secretos sobre el Paraíso, que hasta hoy permanecen ocultos para nosotros». Entonces, durante la contemplación, el Apóstol Pablo ascendió hasta el tercer cielo, es decir, pasó los tres cielos: la filosofía práctica (catarsis), la visión natural (iluminación), y llegó a la teología mística, que es el tercer cielo, y desde allí fue arrebatado al Paraíso, como dice san Máximo el Confesor. Así fue iniciado en lo que era el árbol de la vida en medio del Paraíso, lo que era el árbol del conocimiento, los Querubines y la espada de fuego que custodiaban la puerta del Edén, lo que exactamente eran los dos árboles de la vida y del conocimiento-gnosis del bien y del mal, y todas las demás grandes verdades que presenta el Antiguo Testamento; (2 San Nicodemo el Aghiorita, interpretación de las 14 Epístolas del Apóstol Pablo, tomo B)

El tercer pasaje se encuentra en el Apocalipsis de Juan. Al obispo de Éfeso se le ordena, entre otras cosas: «Al que venciere, le daré a comer del árbol de la vida, que está en el Paraíso de Dios» (Ap 2, 7). Según Andrés de Kesarea, el árbol de la vida significa de manera descriptiva la vida eterna. Dios promete «participar de los bienes del siglo venidero». Además, según Arethas de Kesarea, «el Paraíso debe entenderse como la vida bienaventurada, feliz y eterna». Por lo tanto, Paraíso, vida eterna y Βασιλεία (Vasilía: reinado de la Realeza increada) de los Cielos son la misma realidad. No entraremos en un análisis más profundo sobre qué es el Paraíso en relación con los términos Βασιλεία (Vasilía) Realeza increada de Dios y reinado de la Realeza increada de los Cielos. El hecho es que el Paraíso es la vida eterna en conexión, comunión y unidad con el Dios Trinitario

La palabra Infierno proviene del verbo griego «κολάζω» (kolazo) y tiene dos significados. Uno denota la poda, es decir, la contención de las ramas de los árboles, y el otro significa castigo (infernarse). En la Sagrada Escritura, se usa principalmente con el segundo significado, aunque no desde la perspectiva de que Dios castiga, sino que el hombre se castiga a sí mismo al no aceptar la donación o don de Dios. En cualquier caso, la falta de conexión y comunión del hombre con Dios es un castigo, especialmente cuando se considera que el hombre fue creado a icona-imagen y semejanza de Dios, y este es el propósito más profundo de su existencia.

Dos pasajes de la Sagrada Escritura se refieren explícitamente al Infierno. Uno se encuentra en el discurso de Cristo sobre el Juicio Final: «E irán estos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna» (Mateo 25, 46). Si este pasaje se combina con el anterior: » Entonces dirá también a los de la izquierda: ¡Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles!» (Mateo 25, 41), se ve que el Infierno se identifica con el fuego eterno, que fue preparado para el diablo y sus ángeles, no para el hombre.

El otro pasaje que contiene la palabra Infierno se encuentra en la carta del evangelista Juan: “18. En la agapi-amor incondicional, desinteresada e increada no hay lugar para el miedo o temor, la perfecta agapi-amor echa fuera el miedo, porque el miedo en sí infierna y supone culpabilidad y castigo; y el que teme no ha logrado la perfección de la agapi. [18. El temor o miedo al Señor, a causa de nuestra culpa, por la que nos juzgará, en aquel que ama no existe; pero cuando la agapi-amor es perfecta, ella echa fuera de la psique-alma al temor o miedo que le está infernando. Porque el miedo presupone y condiciona sufrimiento y castigo, a causa de la culpabilidad. Por lo tanto, aquel que tiene miedo a causa de su culpabilidad, está claro que no ha progresado ni se ha perfeccionado en la agapi-amor incondicional, desinteresada e increada.]” (1 Juan 4, 18). Aunque no se refiere explícitamente al Infierno como modo de vida de los impíos después de la Segunda Παρουσία (Parusía: Presencia, Venida) de Cristo, sí alude al castigo asociado al temor, que es ajeno a la agapi-amor.

La vida del Infierno se describe en la Sagrada Escritura con otros términos y expresiones, como «fuego eterno» (Mateo 25, 41), «oscuridad o tinieblas exteriores» (Mateo 25, 30) y «gehena de fuego» (Mateo 5, 22). No obstante, aquí mi propósito no es analizar estas concepciones, sino que se abordarán en otra sección al examinar las consecuencias de la enseñanza de los santos Padres sobre el Paraíso y el Infierno.

  1. Los Santos Padres sobre el Paraíso y el Infierno

Es muy importante estudiar la enseñanza de los santos Padres sobre el Paraíso y el Infierno, ya que ellos son los maestros inequívocos, inconfundibles de la Iglesia y portadores de la Santa Parádosis Tradición inmaculada. Por ello, la Sagrada Escritura no puede interpretarse fuera de su enseñanza inspirada por Dios. Además, la Iglesia, que es el Cuerpo teantrópino (divinohumano) de Cristo, escribe la Sagrada Escritura y la interpreta.

La enseñanza general de los santos Padres de la Iglesia Ortodoxa es que el Paraíso y el Infierno no existen desde el punto de vista de Dios, sino desde el punto de vista del hombre. Por supuesto que existe Paraíso e Infierno como dos tropos (modos, maneras, formas) de vida, pero no fueron creados por Dios. En la tradición patrística se muestra claramente que no hay dos lugares, sino que el mismo Dios es Paraíso para los santos e Infierno para los pecadores. Esto está inseparablemente ligado a la enseñanza de los santos Padres sobre la reconciliación y la concordia, como también de la enemistad del hombre con Dios. En ninguna parte de la Sagrada Escritura se menciona y se ve que Dios se reconcilie con los hombres, sino que el Cristo es quien reconcilia al hombre con el Dios.

Además, en toda la tradición patrística se ve y se subraya que Dios nunca es enemigo del hombre, sino que el hombre se convierte en enemigo de Dios al no tener participación, conexión y comunión con Él. Así, el hombre se convierte en enemigo de Dios, y no Dios en enemigo del hombre. El hombre, con el pecado que comete, ve a Dios como airado, enfadado y hostil. Este tema lo veremos presentando la enseñanza de Padres específicos de la Iglesia.

Creo que es útil comenzar con san Isaac el Sirio, quien habla sobre lo que es el Paraíso y lo que es el Infierno. Refiriéndose al Paraíso, afirma que es la αγάπη (agapi, amor incondicional) de Dios. Y, naturalmente cuando nos referimos a la agapi, principalmente y sobre todo entendemos la energía increada de Dios: «El Paraíso es la αγάπη agapi de Dios, en la cual está el deleite de todas las bienaventuranzas». Pero, al hablar sobre el Infierno, sostiene ideas y cosas similares, diciendo que el Infierno es el látigo o castigo de la αγάπη agapi: «Yo digo que los que son castigados en la gehena son castigados con el látigo de la agapi-amor. ¡Qué amargo y ardiente es el castigo de la divina αγάπη agapi amor!».

Así, el Infierno es el tormento, martirio de la αγάπη amor incondicional de Dios. De hecho, como también dice san Isaac, la tristeza en el corazón por el pecado cometido contra la agapi-amor de Dios «es más aguda que cualquier infierno». Realmente, es verdadero castigo rechazar y contradecir la agapi-amor de alguien. Es terrible que nos amen y nosotros nos comportemos de manera inadecuada. Si esto se compara con la agapi-amor de Dios, podemos entender el tormento, martirio del Infierno.

Y se conecta con lo que dice nuevamente San Isaac, que es absurdo afirmar «que los pecadores en la gehena (infierno) están privados de la agapi-amor de Dios»⁹. Por lo tanto, incluso los condenados recibirán la αγάπη (agapi, emoción de la energía increada del amor) de Dios. Dios amará a todos los hombres, tanto a los justos como a los pecadores, pero no todos sentirán esta agapi amor increado con el mismo grado y de la misma manera. Sin embargo, es absurdo afirmar que el infierno es la ausencia de Dios. De esto se deduce que la experiencia, vivencia de Dios por parte de los hombres será diferente. A cada uno le será dado por el Soberano Cristo «según su mérito», «según la medida de sus logros». Porque allí se abolirán las clases de los que enseñan y de los que son enseñados, y en cada uno existirá «la agudeza del deseo de todo». Así, uno solo será quien dará su Χάρις (Jaris: Gracia, energía increada) a todos, es decir, el mismo Dios, pero los hombres la recibirán según su capacidad de receptividad. La agapi-amor increado de Dios descenderá sobre todos los hombres, pero actuará o estará operando de doble manera: a los pecadores infernando y a los justos alegrando y deleitando. Escribe San Isaac el Sirio, expresando la Santa Parádosis Tradición Ortodoxa sobre este tema: «La agapi increada actúa en su poder y energía de doble manera: a los pecadores los castiga, encoleriza, como sucede también aquí entre amigos por parte de un amigo, y a los que han guardado lo que es debido, se alegran y los deleitan en ella»10.

Por lo tanto, la misma agapi-amor increada de Dios, la misma energía increada, se derramará sobre todos los hombres, pero actuará de manera diferente. Sin embargo, ¿cómo, se estará realizando esta diferencia? Dios dijo a Moisés: «Tendré misericordia de quien tengo misericordia, y me compadeceré de quien me compadezco» (Éx. 33, 19). El apóstol Pablo, al mencionar este pasaje del Antiguo Testamento, concluye: «Así pues, el omnipotente Dios tiene misericordia de quien quiere, y a quien quiere le deja endurecerse el corazón» (Rom. 9, 18). Esto debe interpretarse dentro de los marcos ortodoxos. ¿Cómo es posible que Dios quiera tener misericordia de uno y endurecer a otro? ¿Existe favoritismo a personas en Dios?

Según la interpretación de Teofilacto de Bulgaria, esto se relaciona con la naturaleza del hombre y no con la naturaleza y la energía de Dios. El santo Teofilacto dice: «Así como el sol ablanda la cera y endurece el barro, no por sí mismo, sino debido a la diferente naturaleza de la cera y el barro, así también se dice que Dios endurece el corazón de barro del faraón». Por lo tanto, según el estado espiritual del hombre, actuará también la Χάρις (Jaris: Gracia, energía increada) de Dios, es decir, Su agapi-amor, que resplandece sobre todos.

En esta perspectiva se sitúa también San Basilio el Magno. Al interpretar el pasaje del Salmo «la voz del Señor que rompe la llama de fuego», dice que este milagro se realizó en los Tres Jóvenes en el horno de fuego. El fuego, en este caso, se dividió en dos, y por eso «quemaba a todos los que estaban alrededor», mientras que «recibía dentro de sí un espíritu, el aliento más dulce y refrigerante, como si se tratara de la sombra de plantas, proporcionando a los jóvenes un estado de paz». Así, mientras ese fuego quemaba a los que estaban fuera de él, refrescaba a los jóvenes, como si estuvieran bajo la sombra de un árbol.

Luego observa que el fuego preparado por Dios para el diablo y sus ángeles «se divide por la voz del Señor». El fuego tiene dos propiedades, la capacidad de quemar y la capacidad de iluminar, por lo que quema e ilumina. Así, los dignos del fuego sentirán su propiedad abrasadora, y los dignos de la iluminación sentirán su propiedad iluminadora. Por eso concluye muy característicamente: «La voz del Señor que rompe la llama de fuego» y la divide, para que el fuego del infierno sea sin luz, mientras que la luz del descanso sea incombustible y permanente.

Por lo tanto, el fuego del infierno será sin luz, carecerá de la propiedad iluminadora, mientras que la luz de los justos será incombustible, carecerá de la propiedad abrasadora, y esto será el resultado de la diferente energía increada de Dios. Sin duda, esto implica que, según su estado, el hombre estará recibiendo también la energía increada de Dios.

Esta interpretación sobre el Paraíso y el Infierno no pertenece solo a San Isaac el Sirio y San Basilio el Magno, sino que es una enseñanza general de los Padres de la Iglesia, quienes interpretan de manera apofática (afirmación negativa) lo relacionado con el fuego eterno y la vida eterna. Cuando hablamos de apofatismo (afirmación negativa), no queremos decir que los Padres alteran la enseñanza de la Iglesia hablando de manera abstracta y especulativa, sino que interpretan estos temas tratando de liberarlos de las categorías del pensamiento humano y de las imágenes de las cosas sensibles. Y en este punto se evidencia la diferencia entre los Padres Ortodoxos-Romiós (Románicos) y los Franco-latinos, quienes entendieron estas realidades como creadas.

Así también, San Gregorio el Teólogo desarrolla esta importante Verdad, que, como se verá, tiene gran significado para la vida eclesiástica y espiritual ortodoxa. Aconseja a sus oyentes aceptar las enseñanzas de la Iglesia sobre la resurrección de los cuerpos, el juicio y la recompensa de los justos. Y deben aceptarlas con la perspectiva de que la vida futura es «luz para los que han hecho la catarsis y purificado su διάνοια (diania: intelecto, mente)», naturalmente, «según la medida de la limpieza y pureza», y esto lo llamamos Βασιλεία (Vasilía: reinado de la Realeza increada) de los Cielos, y oscuridad «para los que tienen ciego la parte hegemónica de su psique-alma», lo cual es en realidad alienación de Dios, «según la medida de la ceguera presente».

La vida eterna es luz (increada) para aquellos que han hecho la catarsis y purgado su νούς (nus: espíritu de la psique-alma), y en concreto, según el grado de catarsis, y oscuridad para aquellos que son ciegos en el νούς nus, es decir, para aquellos que no se iluminaron en esta vida y no alcanzaron la iluminación y la θέωσις (zéosis: divinización, glorificación). Esta diferencia también podemos verla a partir de las realidades sensibles. El mismo sol «ilumina el ojo sano, pero oscurece el ojo enfermo». Por lo tanto, no es culpa del sol, sino del estado del ojo.

Lo mismo sucederá de manera análoga en la Segunda Παρουσία (Parusía: Presencia, Venida) de Cristo. Uno es Cristo, «pero está puesto para caída y para resurrección (levantamiento): caída para los incrédulos y resurrección (levantamiento) para los creyentes». El mismo y único Logos de Dios, incluso ahora, mucho más entonces, «es temible para los indignos por su naturaleza, y accesible por filantropía para aquellos que están preparados»17. Por eso, no todos son dignos de encontrarse en la misma condición y posición, sino que uno es digno de una cosa, otro de otra, «según la medida, creo, de su propia catarsis» 18. Según la pureza del corazón y del νούς nus, el hombre saboreará la misma e idéntica energía increada de Dios. Por lo tanto, también según San Gregorio el Teólogo, el mismo Dios es para el hombre Paraíso e Infierno, ya que cada uno saborea la energía increada de Dios según su estado psíquico. Por eso, en una frase doxológica, dirá: «¡Oh Trinidad, a quien yo he sido hecho digno de ser adorador y predicador sincero sin hipocresía desde hace mucho tiempo! ¡Oh Trinidad, que alguna vez serás conocida por todos, para unos como iluminación, para otros como infierno!». El mismo Dios Trinitario es tanto iluminación como infierno para los hombres. El logos del santo es claro y apocalíptico-revelador.

También quisiera mencionar a San Gregorio Palamás, arzobispo de Tesalónica, quien subraya la misma enseñanza. Refiriéndose a las palabras de Juan el Bautista sobre Cristo, «Él os bautizará con espíritu Santo y fuego», dice que quiere revelar esta verdad, es decir, que los hombres recibirán, según su disposición, o la cualidad infernal (castigadora) o la iluminadora de la Χάρις (Jaris: Gracia, energía increada). Escribe característicamente: «Él os bautizará con Espíritu santo y fuego, es decir, con el fuego iluminador e infernador (castigador), recibiendo cada uno según su disposición lo que le corresponde»20.

Por supuesto que, es necesario ver esta enseñanza de san Gregorio Palamás dentro de toda la perspectiva terminológica sobre la Χάρις Gracia increada de Dios. El santo enseña que toda la creación participa de la Χάρις Gracia increada de Dios, pero no del mismo modo ni en el mismo grado. Así, la participación de los santos en la Χάρις Gracia de Dios es diferente de la participación que tiene el resto de la creación. Lo destaca de manera característica: «Si bien es accesible a todos, no lo es de manera uniforme, sino que se participa de modo diverso… aunque todo participa de Dios, vemos una gran y máxima diferencia en la participación de los santos» (21).

Además, sabemos por toda la enseñanza de la Iglesia que la Χάρις Gracia increada de Dios recibe diversos nombres según los efectos o las obras que realiza. Si hace la catarsis (purgación, purificación) al hombre, se llama catártica (purgadora); si lo ilumina, se llama iluminadora; si lo diviniza, se llama divinizadora. También se denomina a veces esencializadora, otras veces vivificadora y otras veces sapiencial. Por lo tanto, toda la creación participa de la Χάρις Gracia increada de Dios, pero de diferentes maneras. Por esta razón, no debemos confundir la Χάρις Gracia divinizadora que participan los santos con otras energías. Lo mismo sucede con la Χάρις Gracia increada de Dios en la vida eterna. Los justos participarán de la energía increada iluminadora y divinizadora, mientras que los pecadores e impuros estarán experimentando y viviendo la energía increada abrasadora, condenatoria e infernal de Dios.

Esta enseñanza también la encontramos en los escritos ascéticos de diversos santos. Por ejemplo, mencionamos a san Juan el Clímaco, quien dice que el mismo fuego se llama «fuego consumidor y luz iluminadora». Se refiere al fuego santo y supracelestial, que es la Χάρις (Jaris: Gracia, energía increada) de Dios. La Χάρις Jaris de Dios que reciben los hombres en esta vida, a algunos «los abrasa, por la falta de catarsis», y a otros «los ilumina, según la medida del perfeccionamiento» (22). Por supuesto, la Χάρις Jaris de Dios no catartizará purgará a los pecadores sin metania, impenitentes en la otra vida, pero lo que dice san Juan Clímaco sucede ahora. La experiencia ascética confirma que los santos, al principio, sienten la Χάρις Jaris de Dios como fuego que quema los pazos y, posteriormente, cuanto más se catartiza, se purga el corazón, tanto más sienten la Χάρις (Jaris: Gracia, energía increada) de Dios como luz.

Los Teoforos (portadores de Dios o de la divina luz) contemporáneos aseguran que cuanto más se arrepiente alguien y, en la Χάρις (Jaris: Gracia, energía increada) vive el Infierno durante el camino de su ascética, tanto más esta misma Χάρις Gracia, sin que el hombre lo espere, se transforma en Luz Increada. Se trata de la misma Χάρις Gracia de Dios, que primero hace la catarsis, purga al hombre y, cuando este alcanza un gran grado de μετανοία metania arrepentimiento y catarsis, se contempla como luz. Por lo tanto, no se trata de cosas creadas ni de estados emocionales humanos, sino de la experiencia y vivencia de la Jaris Gracia Energía Increada de Dios.

  1. El Paraíso y el Infierno en la vida eclesiástica

Lo que describen los santos Padres de la Iglesia y que hemos analizado anteriormente, utilizando los testimonios de algunos grandes Padres, lo vemos claramente también dentro de la vida eclesiástica. Además, los santos Padres que mencionamos no son filósofos pensadores que reflexionan sobre los temas de la fe, sino que interpretan la experiencia eclesiástica y son expresantes de la apocálipsis-revelación que existe dentro de la Iglesia. Utilizaré dos simples ejemplos para mostrar que lo que hemos mencionado es una constatación común y una experiencia de la Iglesia.

El primer ejemplo es la comunión del Cuerpo y la Sangre de Cristo. La Sagrada Comunión actúa según el estado del hombre. Si el hombre está impuro, lo abrasa; si lucha por la catarsis o está en iluminación o zéosis, entonces actúa en consecuencia.

El apóstol Pablo escribe a los corintios sobre este tema: «Por eso, el que come del pan o bebe del cáliz del Señor indignamente, será culpable y reo por sacrilegio e insulto del cuerpo y de la sangre del Señor» (1 Cor 11, 27). Y para certificar luego añade: «Por eso muchos de vosotros que indignamente comulgáis de los divinos regalos, estáis enfermos y débiles, y otros han muerto.» (1 Cor 11, 30). Esto sucede porque «el que come y bebe indignamente sin discernir que no se trata de comidas comunes del cuerpo, come y bebe su propia condenación y maldición. Porque no hace discernimiento espiritual entre el cuerpo y la sangre del Señor y las comidas comunes del cuerpo» (1 Cor 11, 29). Es decir, la comunión del Cuerpo y la Sangre de Cristo, mientras que para los catartizados purgados y los divinizados se convierte en vida, para los impuros se convierte en juicio y muerte, incluso física. Muchas enfermedades y muertes, como asegura el apóstol Pablo, provienen de la comunión indigna de los Santos Dones. Por eso el apóstol Pablo recomienda: «Por tanto, examine cada uno con mucho cuidado su propia conciencia, y entonces coma del pan consagrado y beba del cáliz consagrado» (1 Cor 11, 28).

Este «examínese», si se combina con todo el espíritu del apóstol Pablo, según el cual uno debe tener en el corazón la Jaris Gracia increada de Dios, con el versículo «porque es mejor y más edificante que se afiance y se fundamente el corazón en la enseñanza ortodoxa con la χάρις jaris-gracia increada» (Hebreos 13, 9), muestra que uno debe examinar en qué estado espiritual se encuentra para acercarse a la Sagrada Comunión. Porque la Sagrada Comunión, para los que se están haciendo la catarsis, se convierte en catarsis; para los iluminados, en iluminación; para los divinizados, en zéosis divinización; y para los impuros, impenitentes sin metania, en juicio y condenación, en Infierno. Por eso, en las oraciones litúrgicas, el sacerdote ruega a Dios que la Sagrada Comunión no se convierta en juicio y condenación, sino en remisión de los pecados.

Es característica la oración de san Juan Crisóstomo: «Dígnanos participar de tus celestiales y terribles Misterios desde esta santa y espiritual Mesa, con conciencia pura, para la remisión, perdón de pecados, para la comunión del Espíritu Santo, para la herencia de la Realeza increada de los Cielos, para la confianza ante ti, no para juicio, o condenación».

El mismo espíritu podemos ver en todas las oraciones del servicio de la Comunión, tanto antes como después de la Sagrada Comunión.

Lo que sucede ahora con la Sagrada Comunión, sucederá en la Segunda Παρουσία (parusía: Presencia,Venida) con la manifestación de Dios. Para los que se han hecho la catarsis, se han purgado y arrepentido, Dios será Paraíso; mientras que para los que no se han catartizado, purgado, Dios será Infierno.

El otro ejemplo es de la sagrada iconografía, que es, sin duda, una expresión de la enseñanza de la Iglesia. Al observar la representación de la Segunda Παρουσία (Parusía: Presencia, Venida) de Cristo, tal como se pinta en los nártex de los monasterios, vemos que del trono de Dios emana la luz que rodea a los santos, y también del trono de Dios emana el río de fuego que abrasa a los pecadores impenitentes sin metania. La misma fuente es tanto la del fuego como la de la luz. Y esto expresa maravillosamente la enseñanza de los Padres de la Iglesia que hemos visto anteriormente, sobre la propiedad o cualidad iluminadora y abrasadora de la divina Χάρις (Jaris: Gracia, energía increada). Esto, por supuesto, está relacionado con el estado del hombre.

  1. Las consecuencias teológicas y eclesiológicas de esta verdad

Todo lo que hemos mencionado hasta ahora no son verdades teóricas, sino que están relacionadas con toda la vida eclesiástica. Además, la enseñanza de los santos Padres sobre el Paraíso y el Infierno es una clave interpretativa tanto de las Sagradas Escrituras y los textos patrísticos como de la vida eclesiástica. En esta sección examinaremos más detalladamente las consecuencias de la visión ortodoxa del Paraíso y del Infierno para la vida eclesiástica y espiritual.

a) El Paraíso y el Infierno son energía de la Χάρις (Jaris: Gracia, energía increada) increada de Dios, tal como la viven y experimentan las personas, por lo que son increados. Según los santos Padres de la Iglesia, no existe un Paraíso increado y un Infierno creado, como enseña la tradición franco-latina. Los francos, siguiendo a Agustín, creían que los condenados no verían a Dios, y por eso interpretaron el fuego del Infierno como algo creado. Es bien conocido el Infierno de Dante y las descripciones de los condenados. Así, los francos imaginaron el mundo como de tres pisos, compuesto por el cielo inmutable para los bienaventurados, la tierra mutable para que las personas sean probadas, y los inframundos mutables para los condenados y los que se purgan y se purifican. Consecuencia de esta opinión es también la enseñanza del fuego purificador o purgador del purgatorio de los francos.

Por lo tanto, el Paraíso y el Infierno existen no como una amenaza y castigo por parte de Dios, sino con la forma de enfermedad y psicoterapia, curación. Los sanados y purgados, purificados experimentan la energía iluminadora de la divina Χάρις Jaris Gracia increada, mientras que los no sanados y enfermos experimentan la abrasadora energía increada de Dios.

En las Sagradas Escrituras, la doxa-gloria increada de Dios se describe con los contrastes de luz y gnofos (nube de supra-luz inaccesible que te deslumbra dejándote sin luz), fuego y oscuridad, o doxagloria y nube, y relámpago y humo. Aquellos que tienen la agapi-amor desinteresada y son amigos de Dios ven a Dios «en luz y en nube de supra-luz», mientras que los egoístas e impuros ven a Dios como juez, como «fuego y oscuridad». Así, el Paraíso se llama tanto luz como gnofos (luz que te deslumbra dejándote sin luz). Desde un punto de vista lingüístico, parecen conceptos opuestos, porque la luz es opuesta al gnofos y el gnofos es opuesta a la luz. Sin embargo, en la tradición patrística, el gnofos es luz «por su sobreabundante claridad». También, el Infierno se caracteriza con las imágenes de fuego y oscuridad. Pero ambas imágenes son opuestas. Por eso, el Infierno no es ni fuego ni oscuridad tal como conocemos estas realidades. Y, por supuesto, tampoco el Paraíso es luz y gnofos tal como las conocemos. Por eso los santos Padres prefieren la terminología apofática para evitar cualquier confusión.

La cuestión es que tanto el Paraíso como el Infierno no son realidades creadas, sino increadas. Los justos y los pecadores verán a Dios en la otra vida, pero mientras que los justos tendrán participación y comunión con Dios, los pecadores no la tendrán. Esto se ve en la parábola del rico insensato. El rico veía a Abraham y a Lázaro en su seno, pero no tenía participación en Dios y por eso ardía. Recibía la energía abrasadora de la visión de Dios. Aunque es una parábola, expresa la realidad. El uso de la parábola sirve para que sean expresadas las verdades.

b) Dado que según su estado espiritual las personas tienen una experiencia diferente de la divina Χάρις (Jaris: Gracia, energía increada), se requiere la catarsis ya desde esta vida. La catarsis, según los santos Padres, se hace principalmente en el corazón y en el νούς (nus: espíritu de la psique-alma) del ser humano. El νούς nus es la parte hegemónica, gobernante de la psique-alma, a través de la cual el hombre tiene participación, conexión y comunión con Dios. La oscuridad de la parte hegemónica, gobernante se llama alienación o alteración; no porque el hombre se separe de Dios, sino porque no tiene participación. Con la caída del hombre y su pecado, el νούς nus se oscureció y se identificó con la lógica, los pazos y el mundo que lo rodea. Ahora se requiere la catarsis del νούς (nus: espíritu de la psique-alma).

San Gregorio el Teólogo destaca de manera concisa: «Por esto, primero hay que hacer la catarsis a sí mismo, y luego conversar con el puro». Si alguien quiere llegar a Dios y adquirir Su gnosis-conocimiento, sin pasar antes por la correspondiente prueba, que es la catarsis del corazón, entonces le sucederá lo mismo que en tantos otros casos que encontramos en las Sagradas Escrituras y que menciona San Gregorio el Teólogo. Le sucederá lo mismo que al pueblo israelita, que no podía ver el rostro resplandeciente de Moisés por la Jaris Gracia increada de Dios. O lo mismo que a Manoj, quien exclamó: «Estamos perdidos, mujer, porque hemos visto a Dios». Le sucederá lo mismo que al Apóstol Pedro, quien después del milagro de la pesca milagrosa, dijo: «Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador».

También le sucederá lo mismo que al Apóstol Pablo, quien perdió la vista después de ver a Cristo, a quien perseguía, sin haberse hecho la catarsis antes de las persecuciones. Incluso le sucederá lo mismo que al centurión, quien, aunque pidió a Cristo la curación, no obstante, le rogó que no entrara en su casa por temor, lo cual fue elogiado por Cristo.

Al decir esto, San Gregorio el Teólogo hace la siguiente observación. Si alguno de nosotros todavía es ecatóntarco/centurión sirviendo al príncipe de este mundo y por eso es impuro, sucio, sin catarsis, que lo sienta y diga el logos del centurión: «No soy digno de que entres bajo mi techo». Pero que no se quede en esta constatación. Si quiere ver a Cristo, entonces que haga lo que hizo Zaqueo. Que reciba al Logos en su casa, pero después de haber subido previamente al sicómoro, «mortificando los miembros que están sobre la tierra y elevándose por encima del cuerpo de humillación».

Se requiere la conciencia de nuestra suciedad e impureza, pero también la lucha por la catarsis, la psicoterapia y la curación. Es necesario hacer la catarsis y adornar nuestra psique-alma y además iluminarnos con la fuerza y la energía increada de Cristo. Porque, cuando guardamos nuestro corazón con toda vigilancia, es decir, cuando ponemos la νήψις (nipsis: vigilancia, atención y sobriedad) en nuestro corazón y cuando preparamos nuestro corazón para ascensiones espirituales, entonces «nos iluminamos con la luz increada del conocimiento-gnosis; entonces hablamos la sofía-sabiduría de Dios en misterio, la oculta, y resplandecemos para los demás». Por eso, San Gregorio el Teólogo escribe concisamente: «Mientras tanto, hagámonos la catarsis, purguémonos y preparémonos para el Logos, para que cuanto más nos beneficie, trabajándonos a nosotros mismos de forma divina, al recibir al Logos que viene». Así, en la Ortodoxia se habla continuamente de la catarsis, la metania y la psicoterapia, según la enseñanza de Cristo: «μετανοείτε metanoite arrepentíos volved a la metania, confesión e introspección continua, porque la Βασιλεία (Vasilía: Realeza increada) de los Cielos se ha acercado» (Mateo 4, 17). Solo a través de la μετάνοια metania el hombre conoce a Dios por experiencia, porque Dios no es una teoría epistemológica (científica) o una idea, sino una visión, expectación, contemplación espiritual.

c) La obra más profunda de la Iglesia es psicoterapiar y sanar al ser humano, hacer catarsis de su νούς (nus: espíritu de la psique-alma) y su corazón. El hombre, después de haber hecho la catarsis, debe adquirir un νούς nus espíritu con una mente iluminada para poder ver a Dios y que, para él, Dios se convierta en Paraíso y Βασιλεία (Vasilía: Realeza increada) de los Cielos. Esto se logra a través de los Misterios (sacramentos) y la ascesis (ejercicio, práctica espiritual). En realidad, estos dos elementos deben combinarse. La ascesis, según la tradición patrística, precede al Bautismo y lo sigue después, precede a la Divina Comunión y la sigue después. Cuando separamos los Misterios de la ascesis, o la ascesis de los Misterios, distorsionamos la vida eclesiástica.

Si uno examina cuidadosamente el libro de oraciones de la Iglesia, descubrirá que constituye una psicoterapia, terapia espiritual. Se podría decir, de manera alegórica, que es un manual médico espiritual para la psicoterapia y sanación de la psique-alma humana. Esta psicoterapia, terapia, como se refleja claramente en todas las oraciones de los santos Misterios, se dirige principalmente a la psicoterapia y curación νούς (nus: espíritu de la psique-alma) y a su iluminación. Por ello, el sacerdote no solo «expide entradas» para el Paraíso, sino que psicoterapia y sana al ser humano para que, cuando vea a Dios, este se convierta en Paraíso para él y no en Infierno, ya que todos veremos a Dios, justos y pecadores. Si alguien examina la «ascesis (ejercicio, práctica espiritual)» de la tradición franca, verá que apunta a llevar al hombre a la visión de Dios. Pero ese no es el problema, ya que todos veremos a Dios y dialogaremos con Él. Eso es lo que describe el Señor en el pasaje del Juicio Final. La cuestión es que el hombre vea a Dios estando psicoterapiado y curado.

La Ortodoxia tiene un método de psicoterapia y sanación. Esto se evidencia, entre otras cosas, en el subtítulo de la Filocalía, donde se escribe: «Filocalía de los santos nípticos, en la cual, a través de la práctica y la contemplación, el νούς (nus: espíritu de la psique-alma) se catartiza, se purga, se ilumina y se perfecciona».

d) No debemos tener un deseo intenso de ver la doxa-gloria increada de Dios, como hacen muchos curiosos que recurren a varios métodos, como la meditación oriental y otras prácticas. Tal curiosidad, además de conducir al engaño, puede desviar el camino espiritual. En la Iglesia Ortodoxa, precisamente porque Dios se convierte en Infierno para los impuros, sucios, nuestra tarea principal es hacernos la catarsis, purgarnos y psicoterapiarnos espiritualmente. La catarsis está relacionada con la psicoterapia y sanación del hombre y, por supuesto, la sanación consiste en adquirir la αγάπη (agapi: amor desinteresado, incondicional, altruista).

e) El Infierno no es la ausencia de Dios, como suele decirse, sino la presencia y visión de Dios como fuego. Como mencionamos en otra sección, ya desde ahora podemos experimentar el Paraíso y el Infierno. Más aún, podríamos decir que la manera en que experimentamos a Dios desde ahora determina cómo lo experimentaremos en su Segunda Παρουσία (Parusía: Presencia, Venida). Según San Elías el Presbítero, el Paraíso es la contemplación de los seres inteligibles, espirituales. En esta contemplación, el gnóstico (es decir, quien ha adquirido la gnosis-conocimiento de Dios) «entra como en su propia casa, a través de la oración», mientras que el asceta que se encuentra en el estadio de la catarsis «se ve y parece como un transeúnte», pues, aunque tiene el deseo de entrar, es detenido por la barrera de su inmadurez espiritual.

El Paraíso es la απάθεια (apázia, impasibilidad, sin pazos) que en realidad es la transformación de los pazos de la psique-alma. San Elías el Presbítero dice que el Paraíso de la απάθεια apázia está oculto dentro de nosotros y es una «imagen de lo que acogerá a los justos en el futuro».

Según San Gregorio el Sinaíta, el fuego, la oscuridad, el gusano y el tártaro -es decir, el Infierno- son «la sensualidad o hedonismo general, la ignorancia total de la oscuridad, el cosquilleo en todos los sentidos por el placer, el miedo y la fetidez hedionda del pecado». Por lo tanto, la sensualidad, el hedonismo, la ignorancia, la oscuridad, el miedo y la fetidez o suciedad del pecado constituyen la experiencia y vivencia del Infierno desde ahora. Y todas estas cosas son «como arras y primicias del Infierno» en esta vida.

Conclusión

La conclusión de este análisis es que la Iglesia es un hospital general y un centro psicoterapéutico, sanador que sana al ser humano. Esta es la principal labor de los sacerdotes. Con esta perspectiva, el sacerdote puede dedicarse también a otras obras; es decir, puede interesarse por la caridad, la limosna y la filantropía, etc., pero lo más importante es psicoterapiar y sanar al hombre. Esta es la obra por excelencia más filantrópica, que tendrá consecuencias eternas. Porque, ¿qué beneficio tendría preocuparse solo por las necesidades materiales y ser indiferente ignorando el destino eterno del hombre? Una Iglesia así podría ser considerada verdaderamente secularizada, mundanizada.

El hombre no fue creado solo para agotarse en esta vida presente, sino para avanzar hacia la vida futura. Así, la Iglesia se interesa por todo el ser humano, compuesto de ψυχή (psijí: psique, alma, anima que anima al cuerpo) y cuerpo.

Algunos acusan a la Iglesia de ignorar las necesidades sociales y de estar ausente de las luchas sociales y otras luchas. Nadie niega que la Iglesia también debe extender su actividad a este ámbito. Pero cabe preguntarse: ¿Acaso la muerte no es un problema social? Además de que cada persona carga y sufre con su propia muerte, ya que la lleva dentro de sí desde su nacimiento, porque nace para morir, al mismo tiempo se angustia y se atormenta por la muerte de sus seres queridos.

¿No crea la muerte problemas sociales, psicológicas y personales? La Iglesia aborda este terrible problema de la muerte y ayuda al hombre a superarlo con la vida en Cristo.

Además, cuando la Iglesia se ocupa de la psicoterapia y sanación del νούς (nus: espíritu de la psique-alma) y la διάνοια (diania: intelecto, mente) humana, esto tiene consecuencias sociales directas. El ser humano psicoterapiado y sanado es pacífico, sincero, sereno y, por lo tanto, buen padre y buena madre de familia, buen ciudadano. Así como un hospital continúa psicoterapiando y sanando durante las perturbaciones sociales, la Iglesia, en medio de muchas crisis, no olvida su carácter psicoterapéutico y sanador y sigue psicoterapiando y sanando a las personas.

Por eso, viviendo dentro de la Iglesia Ortodoxa, debemos ser psicoterapiados y sanados con todos los medios que ella posee: los santos Misterios (sacramentos) y la άσκησις (áskisis: ascesis ortodoxa, ejercicio o práctica espiritual) con el método que ofrece, para que, desde ahora, pero sobre todo en la Segunda Παρουσία (Parusía: Presencia, Venida) de Cristo, la Χάρις (Jaris: Gracia, energía increada) de Dios actúe para nosotros de manera iluminadora y salvífica, y no de manera infernando infernalmente o condenatoriamente.

Capítulo J. Εσχατολογία esjatología escatología diacrónica o atemporal.

Introducción

  1. Interpretación del término εσχατολογία (esjatología)
  2. El tiempo en la concepción ortodoxa
  3. El pasado y el presente de los ésjatos-últimos.

α) ¿Qué es la Realeza increada de Dios?

β) Los Ésjatos-Últimos como los Primeros

γ) Los Ésjatos-Últimos en el Presente

 

Introducción

Desde el principio del libro hemos manifestado que nos ocuparemos especialmente de la vida del hombre después de la muerte. Hemos observado y seguido la psique-alma desde el momento que se separa del cuerpo, hasta la Segunda Παρουσία (Parusía: Presencia Venida) de Cristo, y la vida tras el juicio-krisis futuro o final.

Todos estos temas están englobados en el término “εσχατολογία esjatología escatología”. Es bien conocido que la esjatología y todos los acontecimientos de los ésjatos-últimos tiempos preocupan enormemente al hombre de nuestra época. Se podría afirmar que, además de la búsqueda genuina de respuestas, hoy en día se ha convertido en una moda contemporánea descuidar el presente y centrarse en lo que está por venir. Tal vez esto sea un signo de decadencia. Realmente, en épocas de gran desilusión y decepción provocada por diversos acontecimientos sociales, las personas solían volcarse hacia el futuro, buscando con ansiedad y agonía información sobre lo que estaba por venir. Por el contrario, cuando los sistemas sociales y antropocéntricos (humanocéntricos) tenían bases sólidas, los hombres se aferraban a estas y no sentían la necesidad de indagar sobre el futuro.

Sin embargo, en épocas que todo esto tambaleaba, los hombres buscaban a encontrar algo más profundo. Así, desde una perspectiva meramente humana, en la actualidad ha surgido la ciencia de la futurología, que estudia el porvenir de la Tierra y trata de investigar las condiciones de vida futuras de la humanidad.

Pero el problema es que hoy en día hay una gran confusión en torno a esta búsqueda. Muchos cristianos mezclan la teología ortodoxa sobre la εσχατολογία esjatología con otras interpretaciones heréticas, y aún más, se ocupan de una manera que lo haría un seguidor de otra religión o con un enfoque puramente humanista. Estas ideas y temas se entremezclan, no se colocan en su dimensión real, perdiendo su verdadero significado, y, por ello, es fundamental abordar la esjatología desde una perspectiva auténticamente ortodoxa. Solo de este modo evitaremos la tentación de combinarla con elementos ajenos, lo cual distorsiona y perjudica la Apocálipsis-Revelación.

El término “εσχατολογία esjatología diacrónica o atemporal” manifiesta que las cosas últimas-ésjatas y los acontecimientos esjatológicos en la Tradición Ortodoxa no son simplemente los acontecimientos futuros, es decir, no están exclusivamente ligados y conectados al tiempo, sino al modo o manera de vida. Así, la εσχατολογία esjatología es a la vez pasado, presente y futuro. Por tanto, cuando hablamos de esjatología o escatología desde una perspectiva ortodoxa, debemos recordar siempre que los acontecimientos futuros están relacionados con los acontecimientos iniciales (los primeros) y los intermedios.

  1. Interpretación del término εσχατολογία (esjatología)

El término εσχατολογία (esjatología) escatología significa el logos (tratado) sobre últimos tiempos, es decir, hablar sobre los acontecimientos finales. Tal como el término Cristología se refiere el logos sobre Cristo, y Eclesiología al logos sobre la Iglesia, lo mismo ocurre con el término εσχατολογία esjatología.

La palabra «ésjato/os» (ἔσχατος) se utiliza con múltiples significados. En primer lugar, indica lo último y los últimos, lo cual puede interpretarse en diferentes contextos: lugar, grado (superior o inferior), condición, estado persona, acontecimiento o tiempo. Así, podemos hablar de un lugar ésjato último, de un hombre considerado el más inferior, de alguien humilde, despreciado o falso, o de acontecimientos que sucederán en el futuro.

En el Nuevo Testamento siempre que leemos el término ésjatos manifiesta varios significados. A continuación, mencionaré algunos ejemplos significativos. Cristo hablando sobre la doxa-gloria increada de los Santos Apóstoles que lo dejaron todo para seguirlo, dijo: «Pero muchos que en este mundo a causa de los axiomas que tienen y no por su virtud, son considerados primeros, ellos serán los últimos, y muchos que en este mundo son considerados los últimos serán los primeros en reinado de la realeza increada de Dios» (Mt 18:30). Aquí, el término ésjato se emplea en relación y sentido de valor. Los Apóstoles, que eran considerados los últimos en comparación con los sabios y poderosos de su tiempo, se convirtieron en los primeros en cuanto a valor (dignidad y honor).

En otra ocasión, Cristo, al referirse a la conducta en los banquetes, decía que la persona debe elegir el último lugar, para que, si es necesario, el anfitrión lo haga destacar: «Cuando seas invitado, ponte en el último puesto, para que cuando venga el que te invitó, te diga: Amigo, sube más arriba; entonces te verás honrado delante de todos los que se sientan contigo a la mesa» (Lc 14,10). Aquí el términoésjato” se contrapone a «superior« y significa el lugar más bajo.

Además, de otras cosas se expresa también la humildad que debe distinguir los alumnos de Cristo. Por eso el Señor en otro pasaje recomendó: «Si alguno quiere ser el primero, que sea el ésjato (último) de todos y el servidor de todos» (Mc 9,35).

El término “ésjato último” se usa también en un sentido geográfico para indicar el extremo más lejano del horizonte o de la tierra. Cristo anunció a Sus alumnos: «Recibiréis la dinamis potencia y energía increada del Espíritu Santo que vendrá sobre vosotros, entonces os convertiréis en mis testigos y seréis los que enseñaréis en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los esjatos (lo último, confines) de la tierra» (Hec 1,8). Con este logos Cristo les anuncia que recibirán el Espíritu Santo y se convertirán en testigos Suyos en todo el mundo.

Por supuesto, el término “εσχατολογία esjatología” se utiliza principalmente para expresar el fin del tiempo. Y en este significado y sentido hay numerosos pasajes en el Nuevo Testamento. A continuación, examinaremos algunos de ellos, sin mencionar aquellos que presentan otros significados de la palabra « ésjatos últimos».

En Sus homilías, Cristo relaciona y conecta los “ésjatos últimos” tiempos con la resurrección de los cuerpos, y naturalmente con el Juicio Final que le sigue. Dirigiéndose a los judíos, dijo: «Y esta es la voluntad del Padre que me ha enviado: que yo no pierda ninguno de todos los que él me ha dado, sino que les resucite gloriosamente en aquel ésjato-último gran día de mi Parusía-Presencia y Juicio universal» (Jn 6,39). Esta era también la creencia de los judíos, como se refleja en la respuesta de Marta, la hermana de Lázaro, cuando Cristo le aseguró que su hermano resucitaría, ella respondió: «Sé que resucitará durante la resurrección de aquel gran ésjato (último) día» (Jn 11, 23-24). Tal como hemos dicho antes, la resurrección de los muertos conecta con el Juicio Final. Por eso Cristo decía: «El que me rechaza y no recibe los logos de mi enseñanza, tiene ya quien lo juzgue; el logos que yo he hablado, le condenará en el ésjato-último gran día del Juicio universal» (Jn 12,48).

Los ésjatos últimos” tiempos también se refieren al período previo a la Segunda Parusía, presencia, Venida de Cristo, cuando juzgará a los seres humanos. Es decir, al final del tiempo, cuando la humanidad se endurecerá y el mal alcanzará su máxima expresión. Por eso, el apóstol Pablo advierte a su discípulo Timoteo: «Debes saber que en los ésjatos-últimos días, vendrán momentos difíciles y se presentarán en el camino de la Iglesia circunstancias peligrosas» (2Tim 3:1). En la misma línea se encuentra también el Apóstol Pedro cuando hace un recordatorio sobre esta verdad: «Guardad todo esto como tesoro precioso, teniendo en cuenta que en los ésjatos-últimos días aparecerán charlatanes dominados y endurecidos por sus propios pecados, estarán viviendo según sus deseos indecentes, viciosos y astutos, burlándose de la enseñanza del Señor y de todo lo cristiano…» (2Ped 3:3).

Por lo tanto, el término εσχατολογία esjatología se utiliza para expresar los ésjatos últimos tiempos, el fin del crono (tiempo) y los tiempos aquellos que aparecerá Cristo para juzgar a los hombres junto con todos los acontecimientos que ocurrirán antes y después de esta aparición.

Además, podemos afirmar que la εσχατολογία esjatología también abarca el momento en que la psique-alma se separa del cuerpo, pues, en ese instante comienza el juicio parcial de cada hombre.A partir de estas breves observaciones y consideraciones, se evidencia que no es fácil limitar la εσχατολογία esjatología a un solo período de tiempo.

En la concepción y comprensión ortodoxa del tiempo, vivimos y experimentamos la unidad del pasado, del presente y del futuro, ya que, para los santos, que son los verdaderos miembros de la Iglesia, lo pasado y lo futuro se viven como presente.

Por eso, podemos hablar de una εσχατολογία escatología diacrónica, atemporal, pues los ésjatos últimos (tiempos y acontecimientos) son como los primeros y los intermedios.

  1. El tiempo en la concepción ortodoxa

Para comprender mejor la enseñanza ortodoxa sobre la εσχατολογία esjatología, es necesario examinar brevemente el concepto del tiempo según la percepción y visión ortodoxa. Esto nos ayudará a entender plenamente este tema crucial e importante, que también es contemporáneo. Además, el título de este capítulo es «Esjatología diacrónica, atemporal».

Por supuesto, no estudiaremos el tiempo desde una perspectiva científica, sino eclesiástica, y sobre todo en relación con la apocálipsis-revelación de Dios. Además, los ésjatos (últimos tiempos) siempre se estudian en relación con la Segunda Παρουσία (Parusía: Presencia, Venida) de Cristo y la futura bienaventuranza.

En la época anterior a la encarnación de Cristo, podemos decir que el tiempo era lineal, ya que los judíos esperaban al Mesías para liberarlos de la esclavitud y el pecado. Sin embargo, en la época o período eclesiástica, después de que Cristo vino, se encarnó y dio a cada persona la oportunidad de vivir la Realeza increada de Dios, el tiempo ya no es tan lineal, sino cruciforme. Ya no somos conducidos hacia el descubrimiento de la Βασιλεία (Vasilía: Realeza increada) de Dios en el futuro, sino que Cristo y Su Realeza se trasladan hacia nosotros, es decir, vienen a encontrarnos en cada momento del tiempo. Así, la vida de los ésjatos-últimos tiempos puede ser vivida por el ser humano en cualquier momento del tiempo.

Si consideramos que con Su encarnación Cristo restauró a Adán en el Paraíso y, por supuesto, lo elevó al nivel al que habría llegado si no hubiera pecado, entonces podemos darnos cuenta de que el pasado y los ésjatos-últimos tiempos se experimentan en el presente, y así vivimos lo que se llama el tiempo litúrgico. El tiempo es circundado y abarcado por la eternidad.

Que la encarnación de Cristo trajo los ésjatos-últimos a la historia y al tiempo se evidencia en muchos pasajes de la Sagrada Escritura. Me gustaría mencionar los más fundamentales.

El Apóstol Pablo, refiriéndose a la manera en que Dios reveló a Sí mismo, escribe: «Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos últimos días nos ha hablado por el Hijo» (Hebreos 1:1). En este pasaje se hace evidente que los últimos días son los días de la presencia de Cristo. Con la entrada de Cristo en el mundo, comenzó el Reinado de la Realeza increada de Dios.

El Apóstol Pedro, refiriéndose a la redención lograda mediante la encarnación de Cristo, escribe: «Sabed que habéis sido rescatados y liberados de vuestra vida estéril, vana y pecadora, heredada de vuestros mayores, no con bienes perecederos como las monedas de oro o de plata, sino con la preciosa sangre de Cristo, quien fue ofrecido en sacrificio como cordero limpio sin mancha ni defecto, ya conocido y destinado por Dios y Padre antes de la creación del mundo, para este sacrificio redentor, y manifestado por su humanización como hombre en los ésjatos-postreros o últimos tiempos por amor hacia vosotros” (1 Pedro 1:18-20).

La venida de Cristo para la salvación del género humano fue prevista desde antes de la creación del mundo, pero finalmente se realizó en los -esjatos-últimos tiempos. Los santos Apóstoles, que fueron dignos de la gran Apocálipsis-Revelación, entraron en la vida de los ésjatos-últimos tiempos y acontecimientos. El término «fin de los siglos» en la Sagrada Escritura no se refiere solo al final del tiempo, sino también a la encarnación de Cristo, que nos permite vivir la vida de los ésjatos-últimos tiempos y acontecimientos.

Al hablar de las tentaciones de los judíos en el Antiguo Testamento, el Apóstol Pablo escribe: «Todos estos castigos que se impusieron a ellos para que escarmentaran, y fue escrito como aviso, instrucción y guía para nosotros los fieles actuales, que vivimos en los tiempos finales del período pre-cristiano y ha comenzado el nuevo período el de la χάρις jaris energía increada de Cristo Dios-Hombre» (1Corintios 10:11).

La experiencia de los ésjatos-últimos tiempos también se menciona en la conversación de Cristo con Marta, la hermana de Lázaro, que mencionamos anteriormente. Cristo le asegura que su hermano Lázaro resucitará. Ella responde que sabe que resucitará en el ésjato-último día. Entonces Cristo le dice: «YoSoY la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá. Y todo el que vive y cree en mí no morirá para siempre», [El que cree en mí, aunque muera físicamente vivirá espiritualmente y volverá a tomar su cuerpo resucitado, incorruptible y eterno. Y cada uno que vive en la vida presente y cree en mí, no morirá jamás, estará viviendo espiritualmente en el siglo y su muerte física o somática será el puente que le trasladará a la eternidad] y poco después resucita a Lázaro (Juan 11:23 ss.).

Esta conversación y el milagro que siguió son muy expresivos. Muestran que Él es la resurrección y la vida, y, por lo tanto, con Su venida al mundo, trajo la resurrección y la vida. La resurrección de Lázaro debe entenderse en esta perspectiva. Cristo no lo resucitó solo por sentimientos de compasión, sino porque quería demostrar que Él mismo es el preludio de la resurrección de los seres humanos, que Él mismo es la resurrección y que con su encarnación el poder de la muerte es abolido. Así, con su encarnación, el reinado de la Βασιλεία (Vasilía: Realeza increada) de los Cielos vino al mundo. Por lo tanto, la Realeza increada de Dios no es solo la vida después del tiempo, sino la vivencia, experiencia de Dios desde esta misma vida.

En este contexto, también se inscribe el tiempo, así como la experiencia de los ésjatos-últimos tiempos en la himnografía ortodoxa. En un himno de resurrección cantamos: «El Logos de Dios Padre, nacido antes de los siglos, en los ésjatos-últimos tiempos él mismo encarnado de la Virgen, sufrió la cruz por voluntad propia, soportó la muerte y salvó al hombre que había sido antaño muerto, por Su propia resurrección.»

Así, en el Nuevo Testamento, la Realeza increada de Dios no es solo una expectativa escatológica, sino una realidad presente. San Gregorio Palamás, al analizar esta verdad, dice que en la Sagrada Escritura la experiencia de la Realeza increada de Dios se presenta de tres maneras. La primera es que la Realeza increada de Dios está cerca, y por ello se requiere μετάνοια metania, como predicaban Juan el Bautista y Cristo. La segunda es que la Realeza increada de Dios ya ha llegado y está «dentro de vosotros» (Lucas 17:21), y la tercera es que la Realeza increada de Dios vendrá en toda su plenitud y doxa-gloria. La Realeza increada de Dios es el mismo Cristo y la visión, expectación de su Χάρις (jaris: gracia, energía y luz increada).

San Gregorio Palamás dice: «Volved a la metania, arrepentíos, porque el reinado de la Realeza increada de los Cielos se ha acercado. Y no solo se ha acercado, sino que pronto vendrá más manifiestamente. Por lo tanto, dado que la Realeza increada de Dios se ha acercado, está dentro de nosotros y pronto vendrá, preparémonos mediante las obras de la μετάνοια metania para hacernos dignos de ella.»

Por todas estas razones, y porque la Realeza increada de Dios ha venido y porque ha de venir al final de los tiempos, sin que sepamos cuándo será, cada momento es la «ésjata-última hora» (1 Juan 2:18), según la enseñanza del Evangelista Juan.

Por lo tanto, el tiempo en la concepción ortodoxa no es lineal en el sentido de que no esperamos la Realeza increada de Dios solo en el futuro; tampoco es cíclico en el sentido platónico, de ser eterno e infinito. Más bien, podríamos decir que es cruciforme. Es decir, aunque avanzamos hacia la vida después de la muerte y los bienes futuros, podemos experimentar estos bienes futuros desde esta misma vida. Así, el tiempo en la percepción y visión ortodoxa no opera tanto como pasado, presente y futuro, sino como un tiempo condensado, salvífico y litúrgico.

Esto significa, ante todo, que en la tradición ortodoxa los ésjatos-últimos tiempos no son simplemente la vida después de la muerte y después de la Segunda Παρουσία (Parusía: Presencia, Venida) de Cristo, ni la vida del siglo venidero, sino la comunión, conexión y unión con Cristo, que ocurre ya en esta vida. Una εσχατολογία esjatología escatología desligada del pasado y del presente no es ortodoxa; es una distorsión de la enseñanza de la Iglesia sobre los ésjatos-últimos tiempos.

 

  1. El pasado y el presente de los ésjatos-últimos.

Cuando hablamos de los έσχατος ésjatos últimos tiempos y acontecimientos, nos referimos principalmente a lo que sucederá después de la muerte y a los acontecimientos previos y posteriores a la Segunda Παρουσία (Parusía: Presencia, Venida) de Cristo, quien vendrá al mundo para juzgar a los hombres. Sin embargo, en la tradición hermeneútica, interpretativa ortodoxa, como veremos a continuación, los ésjatos-últimos tiempos no se viven solo como una expectativa futura, sino como una realidad presente. Los últimos tiempos, por lo tanto, son tridimensionales: pertenecen al pasado, al presente y al futuro, a los hombres santos. Esto lo examinaremos con más detalle a continuación.

α) ¿Qué es la Realeza increada de Dios?

En toda la Tradición Patrística se deja claro que la Βασιλεία (Vasilia: Realeza o reinado de la Realeza increada) de Dios no es una realidad mundana y creada, sino la visión, expectación de la Luz Increada. Dado que la visión de la Luz Increada es la θέωσις (zéosis: divinización, glorificación) del hombre y su unión con Dios, por eso la Realeza increada de Dios es la participación en la doxa-gloria increada de Dios. Así, la doxa-gloria increada de Dios será común para Cristo y los santos divinizados, glorificados, con la diferencia de que Cristo, al ser Dios, es la fuente de las doxa-gloria y realeza increada, mientras que los santos serán partícipes de ella por la jaris gracia increada. San Isaac el Sirio subraya: «La contemplación del reinado de la Realeza increada de los Cielos, dicen que es una visión, contemplación espiritual».

Cristo, en Su Sermón en la Montaña (Bienaventuranzas), bendijo a los humildes y a los apacibles diciendo: «3 Bienaventurados y felices serán los pobres del espíritu porque de ellos es y será el reinado de la realeza increada de los cielos; (bienaventurados y felices son y serán aquellos que están pobres de males y pecados en el espíritu de su corazón de la psique e humildemente sienten su pobreza espiritual y su dependencia integra con fe y humildad a Dios, porque de ellos es y será la realeza increada de los cielos.) 5 Bienaventurados y felices los apacibles porque ellos heredarán la tierra; (Bienaventurados y felices los que dominan su ira, porque ellos recibirán como herencia de Dios la nueva tierra prometida, la Jerusalén de arriba, o la Jaris-Gracia increada y desde esta vida disfrutarán los bienes de la herencia de la realeza increada celeste) » (Mateo 5: 3 y 5).

Analizando este pasaje, el santo hisijasta Gregorio Palamás, al explicar qué es la Βασιλεία Vasilia Realeza increada de Dios, dice que la «tierra de los apacibles» es el reinado de la Realeza increada de los Cielos. Explica que el reinado de la increada la Realeza de los Cielos es el estado teándrico (divino-humano) de Cristo, al cual llegamos o alcanzamos recibiendo el nacimiento por jaris-gracia de la adopción y la renovación mediante la Resurrección. Además, la tierra santa es «la naturaleza divinizada», que ha alcanzado la θέωσις zéosis o simplemente la catarsis. Asimismo, la tierra santa es la divina hisijía (serenidad mental y paz cordial), es la paz que supera toda percepción y comprensión del espíritu y la mente.

Por lo tanto, la Βασιλεία Vasilia Realeza increada de Dios es la participación en la Χάρις (Jaris: Gracia, energía increada) de Dios por parte de los santos deificados.

Por supuesto, es sabido que habrá diferentes estados para las personas según su grado de θέωσις zéosis. San Gregorio Palamás es también muy expresivo en este punto. Al analizar las palabras de Cristo a sus discípulos: «En la casa de mi Padre hay muchas moradas» (Juan 14, 2), dice que hay un solo reinado de la Realeza increada de Dios, pero con muchas diferencias internas, de acuerdo con «las diversas ascensiones y progresos del estado celestial».

Todos brillarán en el firmamento, pero, como dice el divino Apóstol Pablo: «una estrella difiere de otra en doxa-gloria (luz increada)» (1 Corintios 15, 41). Así, los santos deificados brillarán y resplandecerán «según su virtud y conocimiento, y según la medida de su θέωσις zéosis».

El mismo santo explica esto con el ejemplo del Tabernáculo de Moisés. El Tabernáculo de Moisés tenía dos secciones, dos partes interiores. Así también el reinado de la Realeza increada de los Cielos se asemeja al Tabernáculo divino de Moisés. En la primera entrarán «aquellos que son sacerdotes por jaris-gracia». En la segunda, que es la más espiritual, entrarán solo aquellos que desde aquí han entrado en la nube de la teología y han servido de manera trinitaria, como perfectos jerarcas, con su mente, su logos y su espíritu, teniendo como sumo sacerdote y primer Jerarca a Cristo. Así, los sacerdotes por la jaris-gracia, es decir, los santos, que durante su vida entraron en la iluminación de su nus-espíritu, serán dignos de entrar en la primera sección, mientras que los sacerdotes por la jaris-gracia, es decir, los Teóforos y verdaderos teólogos, entrarán en la segunda sección, recibiendo revelaciones más clarividentes. Esto significa que, según la catarsis del corazón y la iluminación del nus-espíritu en esta vida, se les concederá la experiencia apropiada y proporcional. Por lo tanto, se concluye sin dificultad que la Βασιλεία Vasilia Realeza increada de los Cielos es la visión de Dios «cara a cara», es comunión y unión del hombre con Dios.

Son muy características las parábolas de Cristo sobre la Realeza increada de los Cielos. En muchas se compara la Realeza increada de los Cielos con un anfitrión que organiza bodas. Quisiera mencionar una de ellas. El Señor dijo: «El reinado de la Realeza increada de los Cielos es semejante a un rey que hizo bodas para su hijo y envió a sus siervos a llamar a los invitados a la boda» (Mateo 22, 2-3).

San Teofilacto, al interpretar esta parábola, hace observaciones significativas sobre nuestro tema. Dice que cuando vivimos como hombres con pazos y defectos, Dios también se nos presenta como hombre. Cuando vivimos según la jaris gracia increada de Dios, «entonces Dios está en la asamblea de los dioses». Cuando aún vivimos como bestias, entonces «Él también se convierte para nosotros en un leopardo, en un oso y en un león». En esta parábola, Dios se presenta como un hombre que celebra las bodas de Su Hijo. También se habla del matrimonio del Hijo, «uniéndolo con toda psique-alma hermosa. Porque Cristo es el Esposo, y la Iglesia y la psique-alma son la Esposa».

Así, la parábola de la boda muestra la unidad de Cristo con los hombres que se unen a Él. Los llamó a la boda y al banquete. El Reinado de la Realeza increada de Dios se asemeja a un banquete, «pues en los últimos tiempos este matrimonio se reveló completamente, y hacia la tarde, es decir, hacia el final de los siglos».

Aquí queda claro que se refiere principalmente al misterio de la Encarnación del Hijo y Logos de Dios, cuando, en la Persona del Logos, la naturaleza divina y la humana se unieron sin cambio, sin confusión, sin división y sin separación. Este banquete, al que se asemeja el Reinado de la Realeza increada de los Cielos, se llama «excelso», «porque también en los siglos anteriores se revelaba el misterio, aunque de manera más tenue».

Lo anterior nos lleva a la conclusión de que el Realeza increada de Dios llegó con la Encarnación de Cristo y, además, que este misterio ya se revelaba anteriormente, aunque de forma más velada, como veremos más adelante. Pero quiero reiterar que Βασιλεία (Vasilía) Realeza increada de Dios y el Reinado de la Realeza increada de los Cielos son sinónimos de la visión de la Luz Increada, de la θέωσις zéosis del hombre y de su unión con Dios.

β) Los Ésjatos-Últimos como los Primeros

Es clara la enseñanza de los Santos Padres de nuestra Iglesia de que Dios no creó al hombre como mortal. Es decir, Dios no es la causa de la muerte, sino que lo creó con la posibilidad de alcanzar la θέωσις (zéosis: divinización, glorificación) y fortalecerse en ella.

En concreto, San Gregorio de Nisa dirá que el cuerpo del hombre fue creado incorruptible, «como será también resucitado», y la psique-alma fue creada impasible, sin pazos. En otras palabras, el cuerpo del hombre fue formado por Dios en aquel estado en el que se encontrará después de la resurrección de los muertos, es decir, incorruptible. Y, por supuesto, la psique-alma era impasible, sin pazos. Esto significa que Dios no es la causa del mal.

Otros Padres de la Iglesia subrayan que Adán, inmediatamente después de su creación, estaba en el estado de iluminación del νούς (nus: espíritu de la psique, alma), mientras que otros sostienen que ya se encontraba en el estado de la θέωσις zéosis. Estas dos tradiciones se reflejan en la enseñanza de San Juan Damasceno, quien, como es sabido, hizo un resumen de las enseñanzas de todos los Santos Padres. En otro de mis estudios, analicé esta enseñanza de San Juan Damasceno, según la cual Adán estaba en la iluminación del νούς nus y en la visión, expectación. Además, la iluminación es el primer estadio de la visión, contemplación de Dios.

Por lo tanto, Adán vivía en el Paraíso sensible y espiritual o noético y tenía comunión con Dios; experimentaba y vivía el reinado de la Realeza increada de los Cielos. Sin embargo, debía fortalecer esa condición y proceder a comer del árbol de la vida. Fracasó en realizarlo porque aún era inexperto, sin ejercicio y no obedeció la voluntad de Dios.

Por otro lado, la forma en que San Juan Crisóstomo interpreta la vida de Adán y Eva en el Paraíso de Edén muestra que el primer hombre estaba lleno del Espíritu Santo, no vestía las vestimentas de piel que representan la corrupción y la mortalidad, sino que estaba revestido del Espíritu Santo y conversaba con Dios. Todo esto son características de un hombre en zéosis, divinizado, son características y cualidades de los hombres del futuro reinado de la Realeza increada de los Cielos. Claro está, existe la diferencia de que ahora la naturaleza humana se ha unido con la naturaleza divina en la Persona del Logos, pero aquella vida era bienaventurada y el principio de la perfecta θέωσις zéosis.

Saltando un análisis más detallado de los dos Padres mencionados, ya que se ha tratado en otros de mis estudios, me gustaría que viéramos la descripción de la vida de Adán en el Paraíso, tal como la presenta San Macario el Egipcio.

Describiendo la condición de Adán antes de la caída, dice que tenía el Espíritu Santo y estaba unido al Logos increado: «El Logos de Dios estaba con él». Y mientras estaba desnudo, lo cubría el Logos de Dios: «Porque el mismo Logos era para él herencia, era vestimenta y doxa-gloria increada que lo cubría, era enseñanza». Esto significa que el Logos era todo para Adán: «Ya sea conocimiento-gnosis, ya sea sentido, sentimiento, ya sea herencia, ya sea enseñanza».
A continuación escribe que, así como el Espíritu Santo actuaba en los Profetas del Antiguo Testamento -«y los enseñaba, y estaba dentro de ellos y también se manifestaba fuera de ellos «-, así actuaba también en Adán. El Espíritu Santo lo enseñaba, pero también el mismo Logos de Dios era todo para él. Y mientras aplicara y cumpliera el mandamiento, «era amigo de Dios».
Por lo tanto, Adán, en el Paraíso de Edén, tenía κοινωνία (kinonía: conexión, comunión, participación) tanto con el Logos Cristo -la Segunda Persona de la Santa Trinidad- como con el Espíritu Santo.
La observación de San Macario el Egipcio, que dice que en Adán, antes de la caída, actuaba el Espíritu Santo como en los Profetas –»y los enseñaba, y estaba dentro de ellos y también se manifestaba fuera de ellos»– nos lleva a la conclusión de que, a pesar de la caída de Adán y su salida del Paraíso, Dios continuaba teniendo κοινωνία (kinonía: conexión, comunión, participación) y relación con sus amigos. Por lo tanto, hubo muchos amigos de Dios incluso antes de la Encarnación del Logos increado.
Por eso, según la enseñanza de San Gregorio Palamas, la Χάρις (Jaris: gracia, energía increada) de Dios actuaba antes de la Ley, después de la Ley, antes de la Encarnación de Cristo, durante la Encarnación y después de ella.

El Antiguo Testamento está lleno de teofanías, es decir, de manifestaciones de Dios. Y, por supuesto, estas manifestaciones no son apariciones visuales, sino apocalipsis-revelaciones, visiones, expectaciones de Dios a través de la θέωσις (zéosis: divinización, glorificación). Por ello, existía también la zéosis en el Antiguo Testamento, con la diferencia de que aún no se había abolido ontológicamente la muerte y no se había unido aún la naturaleza humana con la naturaleza divina en la Persona del Logos. Por eso, la visión, expectación de Dios ocurría internamente a través de la zéosis, pero no existía aún el Cuerpo Divino-humano de Cristo, y los divinizados, glorificados no eran miembros del Cuerpo de Cristo.
Es importante señalar aquí que todas las apariciones de Dios en el Antiguo Testamento eran apariciones del Logos increado, y, de hecho, del Logos no encarnado; no eran apariciones del Padre. Es decir, los Profetas, que eran amigos de Dios, no veían al Padre, sino al Logos, pero a través del Logos, tenían comunión con el Padre. Para expresarlo mejor, diríamos que, en el Logos, veían al Padre.

El Evangelista Juan dice al principio de su Evangelio: “A Dios nadie lo ha visto jamás; el Hijo unigénito que es el Ὤν on (existente, el ser, “el que era y siempre es”), que está en el seno del Padre, él nos ha apocaliptado/revelado, explicado y dado a conocer a Dios”; «Por tanto es natural que recibamos la apocálipsis/revelación perfecta de la verdad. A Dios nadie lo ha visto, es decir, su ουσία usía/esencia; el Hijo unigénito que es el Ὤν on, (existente, el ser, “el que era y siempre es”), nacido de la esencia del Padre y está en el seno siempre del Padre inseparable, él nos ha apocaliptado/revelado, explicado y dado a conocer a Dios» (Jn. 1,18).

San Cirilo de Alejandría, al interpretar este versículo, lo vincula, por un lado, con los logos de Cristo: «Todo el que escucha en su corazón la voz de mi Padre y acepta su enseñanza, aprende la verdad y recibe la iluminación, y viene a mí. No que alguno haya visto al Padre, sino sólo el Ων On, el ser, (el existente, el que es y está y existe siempre en Dios) que vino de Dios, éste ha visto al Padre» (Jn 6:45-46), y, por otro lado, lo menciona con respecto a la esencia o sustancia de Dios, que es inaccesible e invisible para el hombre. Característicamente señala: «Sólo el Hijo, conforme a la naturaleza, ve al Padre, y así, como uno podría imaginar la visión divina y ver la naturaleza divina de manera digna de Dios, ningún otro ser puede hacerlo» 13.

Es conocido que, en muchos troparios, himnos de nuestra Iglesia se menciona explícitamente que las apocalipsis-revelaciones de Dios en el Antiguo Testamento son apocalipsis-revelaciones del Logos increado y no encarnado. Existen también pasajes bíblicos que lo respaldan. El Apóstol Pablo, hablando del agua que bebieron los hebreos en el desierto, dice: «Bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo» (1 Cor. 10,1-4). El mismo Cristo, al referirse al pan que comían los hebreos en el desierto y siendo interpelado por los oyentes: «Señor, danos siempre de este pan», respondió: «YoSoY el pan de la vida, YoSoY el pan que descendió del cielo» (Jn. 6,31-41). El Padre dio el pan y ese pan es el Logos.

De este modo, muchos himnos, que expresan la teología de la Iglesia, apocaliptan-revelan esta gran verdad, es decir, que el Dios apocaliptado-revelado en el Antiguo y Nuevo Testamento es el Logos increado, la Segunda Hipóstasis-Persona de la Santa Trinidad, con una diferencia: en el Antiguo Testamento no era encarnado, mientras que en el Nuevo Testamento está encarnado. En un himno cantamos explícitamente: «Cumpliendo la profecía de David, Cristo, en su grandeza, reveló a los discípulos en Sion su doxa-gloria increada, mostrándose digno de alabanza, glorificado siempre, junto con el Padre y el Espíritu Santo; antes, sin cuerpo como Logos, luego por nosotros, encarnado» 14.
El Dios que se manifestó en el Sinaí y en el Tabor es el mismo Logos increado: «El que habló en el Sinaí con Moisés por símbolos. Diciendo “YoSoY”, el que estaba en el monte Tabor, transformado, mostrando a sus discípulos la belleza primordial o arquetipo de la imagen-icona, asumiendo en sí la naturaleza humana» 15.
El Ángel que se apareció a los tres jóvenes en el horno es el Logos increado que se encarnó: «El joven que rescató a los tres del horno, convirtiéndose en hombre, padece como mortal» 16.
El que guió al pueblo hebreo desde Egipto a la tierra prometida es el Logos increado de Dios, quien después padeció y fue sepultado por los niños de aquellos salvos en ese momento: «El sacrificio del mar escondió al antiguo perseguidor, el tirano, bajo tierra, escondido por los niños de los salvados» 17. Creo que estos himnos son muy expresivos y no ofrecen una interpretación diferente.

Es muy significativo que entre los Ortodoxos y los Arrianos, en el siglo IV, existiera un acuerdo total de que el Ángel y Señor de la doxa-gloria increada que se aparecía a los Profetas era el Logos increado, quien, con la Encarnación, apoacliptó-reveló la doxa-gloria increada del Padre a los Apóstoles.

Por supuesto, los Ortodoxos enseñaban que el Logos que veían los Profetas era increado y Dios, mientras que los Arrianos decían que ese Logos era una criatura, creada de la nada y no engendrada de la esencia o sustancia y la hipóstasis del Dios Padre 18.

Si existen algunos pasajes de los Padres en los que se dice que los Profetas veían a Dios Padre, debemos examinarlos e interpretarlos dentro de la teología de los troparios himnos de nuestra Iglesia y, por supuesto, dentro de la interpretación de San Cirilo, que mencioné anteriormente.

Esto significa que las Personas de la Santa Trinidad tienen una energía (increada) común y siempre están unidas en esencia y naturaleza. No existe el Logos sin el Padre y el Espíritu Santo, ni el Espíritu Santo sin el Padre y el Logos, ni el Padre sin el Logos y el Espíritu Santo. Así, el Logos se manifiesta a los Santos Profetas y Apóstoles, y en el Logos vemos al Padre. Por lo tanto, siempre que se dice que en el Antiguo Testamento hay acción del Padre, debe entenderse como visión del Padre en el Logos no encarnado.

Es característico que la respuesta de Cristo a la exhortación de Felipe: “Señor muéstranos al Padre y nos basta”. Jesús le dijo: «Felipe, ¿tanto tiempo hace que estoy con vosotros y todavía no me conoces? El que me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: “Muéstranos al Padre”? [Jesús le dijo: Felipe llevo tanto tiempo con vosotros y todavía no conoces quién soy, o sea que, no conoces mi divina naturaleza. Y que yo soy el Hijo de Dios y Dios, igual que el Padre. El que me ha visto a mí y se ha introducido al misterio de mi encarnación, ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: ¿Muéstranos al Padre?] ¿Tú no crees que yo estoy unido en el Padre y el Padre en mí? La sabiduría de los logos que yo os hablo y enseño no los digo de mí mismo, sino el Padre que permanece unido en mí, él energiza, opera y realiza las obras. Creedme que yo estoy en el Padre y el Padre en mí; pero nos discernimos en hipostasis-personas distintas e inseparables y a la vez constituimos un Dios; si tenéis alguna duda, creedlo por la multitud de obras sobrenaturales que realizo” (Jn. 14,8-11).

Así que, se ve que los ésjatos-últimos, la vivencia del reinado de la Realeza increada de Dios en el futuro, ya se vivía por Adán antes de la caída y la salida del Paraíso, y por los Profetas del Antiguo Testamento, ya que veían al Logos de Dios y tenían conexión y comunión con Él.

Por supuesto, como aún no se había abolido la muerte, por eso después de que la psique-alma saliera del cuerpo, se dirigía al Hades, del cual Cristo las liberó cuando descendió a él.

γ) Los Ésjatos-Últimos en el Presente

La encarnación del Hijo y Logos de Dios le dio una nueva oportunidad al ser humano y cambió literalmente la historia. Con la unión de la naturaleza divina y humana en la Hipóstasis-Persona del Logos, el hombre adquirió una hipóstasis (base substancial, existencial) en Cristo y recibió el remedio de la vida. La Iglesia, que anteriormente era espiritual, ahora se convierte en corporal, carnal, se convierte en el Cuerpo de Cristo y Cristo en su Cabeza.

Muchos troparios himnos de nuestra liturgia manifiestan esta gran verdad. En un verso de las Vísperas de la fiesta de Navidad cantamos: “Hoy se ha roto el antiguo vínculo de la condena de Adán; el Paraíso se nos ha abierto, la serpiente ha sido aniquilada; ya que ella engañó antes, ahora ha visto a la Madre del Creador”. En otro tropario, la Encarnación de Cristo es presentada como la apocatástasis, restauración de Adán y su regreso al Paraíso: «En Belén nace el Creador de todo, y abre el Edén, el Rey pre-eterno; la espada flamígera da la espalda, y la muralla del muro se deshace; las fuerzas celestiales se mezclan con las que están en la tierra». Es especialmente conocido el tropario: «Prepárate, Belén, ya se abre a todos el Edén. Adórnate, Efratá, porque el árbol de la vida ha florecido en la gruta desde la Virgen. También el Paraíso es el vientre de ella, que se mostró espiritual, inteligible, en el cual la planta divina, de la cual, comiéndola, viviremos, no moriremos como Adán. Cristo nace, resucitando la icona-imagen que antes había caído.»

El hecho de que con la encarnación de Cristo vino la Βασιλεία (Vasilía) Realeza increada de Dios sobre la tierra se muestra tanto en la predicación del Precursor como de Cristo: » Μετανοείτε metanoite volved a la metania, arrepentíos, porque se ha acercado el reinado de la Realeza increada de los Cielos» (Mateo 3:2 y Mateo 4:17). La Encarnación de Cristo es el gran y oculto misterio, según San Máximo el Confesor, «por el cual todo fue hecho final». Es el «divino propósito predeterminado» al principio de los seres y «por este fin, Dios creó las sustancias de los seres». La Encarnación de Cristo es el fin de toda la creación. Así, todo el mundo espiritual y sensible fue preconocido, prognosticado y creado para la Señora Θεοτόκος (Zeotokos: Madre de Dios o la que da a luz a Dios), y la Señora Zeotokos fue creada para el Señor nuestro Jesús Cristo, es decir, para Su encarnación, como lo explica en detalle San Nicodemo el Agiorita.

Sin embargo, la Encarnación de Cristo no solo nos abrió el Paraíso cerrado, no solo nos mostró la doxa-gloria de Adán antes de la caída, no solo nos reveló el propósito de la creación del ser humano, sino que también nos reveló la doxa-gloria increada del reinado de la Realeza increada de los Cielos después de la Segunda Παρουσία (Parusía, Presencia, Venida) de Cristo. Esto se muestra claramente en la teología de la Metamorfosis de Cristo. La Luz que vieron los discípulos durante la Metamorfosis no era un espectro ni un relámpago, no era algo que venía, se crea y se deshace, desaparece, no era una tercera naturaleza oculta en Cristo, sino la doxa-gloria de la energía increada. Como interpreta San Gregorio Palamas, que justamente fue llamado teólogo de la Luz increada, esta Luz era la sustancia de los bienes venideros, es decir, la propia Realeza increada de Dios. Los discípulos en el Tabor vieron el Realeza increada de los Cielos, y no solo la vieron, sino que la vivieron existencialmente, ya que ellos también se transformaron, metamorfosearon en ese momento. San Gregorio Palamas explica que, cuando Cristo decía a sus discípulos: «De verdad os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte hasta que hayan visto la realeza increada de Dios, es decir, la Iglesia, instalarse y cimentarse en la tierra con la dinamis potencia y energía increada del Espíritu Santo, durante el día del Pentecostés» (Marcos 9:1), se refería a la doxa-gloria increada de Su Metamorfosis. Al interpretar este hecho cristológico, dice que el Rey Cristo está en todas partes y, por lo tanto, Su Realeza increada está en todas partes. Así, «el venir de Su Realeza increada no significa que llegue de un lugar a otro, sino que se manifiesta por medio de la δύναμις (dínamis: poder, potencia y energía increada, dinámica) del Espíritu Santo.»
La Metamorfosis de Cristo y la participación de los discípulos en esta Luz increada muestra que la Realeza increada de Dios y, por lo tanto, los Ésjatos-Últimos Tiempos no son solo hechos del siglo futuro, sino una realidad presente para los que han alcanzado la θέωσις (zéosis: divinización, glorificación). Cada santo que participa en Pentecostés, participa del reinado de la Βασιλεία (Vasilía) Realeza increada de Dios y de los Ésjatos-Últimos desde esta vida. De hecho, el grado más alto de la Apocálipsis-Revelación es el Pentecostés.
Los santos ya disfrutan del reinado de la Realeza increada de Dios de Dios y de todos los Ésjatos-Últimos en «arrás», y esto se muestra por la iluminación del νούς (nus: espíritu de la psique-alma), la oración espiritual, la visión, expectación o contemplación de Dios, el resplandor de las psique-almas y los cuerpos. Las santas reliquias, que realizan milagros, son manifestaciones de esta realidad. El Apóstol Pablo, según su testimonio, subió hasta el tercer cielo y desde allí fue arrebatado al Paraíso. Esto, según San Máximo el Confesor, muestra las etapas de la perfección espiritual, que son la catarsis del corazón, la iluminación del νούς nus y la θέωσις zéosis del hombre.

El hecho de que fue arrebatado al Paraíso, según San Nicodemo el Aghiorita, significa que fue iniciado en todos los misterios del Paraíso, en el cual estaba Adán y en el cual estarán los justos. El Apóstol Pablo tuvo experiencias de vivencias de los Ésjatos-Últimos Tiempos desde esta vida. De los muchos pasajes que podría mencionar, debe destacarse uno que muestra esta realidad. Escribe a los Corintios: «12. Porque ahora vemos confusamente como en un espejo de manera que quedan muchos enigmas, interrogantes y problemas insolubles que no podemos explicar. Entonces veremos y será claramente cara a cara, (en persona a Persona). Ahora conozco parcialmente la verdad, pero entonces tendré perfecta la gnosis, tan perfecta como cuando fui reconocido como apóstol por Dios y me condujo al camino de la σωτηρία redención, sanación y salvación. Esto se hará en el futuro. Ahora hay tres cosas que permanecen: la fe, la esperanza y la agapi. Pero la más grande de ellas es la agapi (emoción de la energía divina increada y amor desinteresado)» (1 Corintios 13:12-13).
Debemos prestar especial atención a los verbos «conoceré tal como fui conocido». Es decir, entonces conocerá lo que conoció en el pasado. Y solo con este pasaje apostólico se muestra que los Ésjatos-Últimos Tiempos son como los primeros. La Realeza increada de Dios es la visión de la doxa-gloria increada de Dios. Hay momentos en los que los santos, como el Apóstol Pablo, conocieron la futura bienaventuranza desde esta vida. Es el mismo conocimiento. Pero, ya que llevamos el cuerpo, no es una condición permanente.
Es característico que entre el «fui conocido» y el «conoceré» se incluya el «ahora conozco en parte» y el «vemos ahora como por un espejo en enigma». Esto significa que, entre la visión, contemplación de Dios, que los santos experimentan en algunos momentos y días de esta vida, y la visión, expectación, contemplación de Dios después de la Segunda Παρουσία Parusía de Cristo o incluso después de la salida de la psique-alma del cuerpo, existe una iluminación, un conocimiento parcial, que es la oración espiritual del corazón.

La vida eclesiástica ortodoxa le da al ser humano la oportunidad de vivir esta realidad esjatológica como presente. Esto se logra a través de los Misterios (sacramentos) y la ascética (práctica espiritual ortodoxa), ya que ambos están inseparablemente conectados entre sí.

El Santo Bautismo nos introduce en la Iglesia y nos convierte en miembros del Cuerpo de Cristo. El Santo Crisma nos otorga los dones del Espíritu Santo y la Santa Comunión nos concede el Cuerpo y la Sangre de Cristo para que vivamos. Es característico que, en la Divina Liturgia, cuando participamos dignamente, y dentro de toda la perspectiva que presupone este Misterio y no de manera mágica, vivimos todos los eventos de la vida de Cristo y hasta su Segunda Παρουσία Parusía. En la Divina Liturgia de San Juan Crisóstomo, el sacerdote ora: «Recordando ahora este mandamiento de salvación y todo lo que ha sucedido por nosotros, la Cruz, el Sepulcro, la Resurrección al tercer día, la Ascensión a los cielos, el estar a la diestra del Padre, la segunda y gloriosa παρουσία parusía (presencia, venida…». Y después de la Santa Comunión, en la Liturgia de San Basilio, el sacerdote confiesa: «Se ha cumplido y se ha consumado, en cuanto a nuestro poder, Cristo, nuestro Dios, el misterio de Tu economía; porque hemos recordado Tu muerte, hemos visto el tipo de tu Resurrección, nos hemos llenado de tu vida eterna, hemos disfrutado de tu inagotable deleite; y que en el futuro siglo nos hagas dignos de todo esto…».

Aunque, con lo que hemos mencionado, parece que la Βασιλεία (Vasilía) Realeza increada de Dios, los ésjatos-últimos tiempos, se experimentan ya en el presente como un compromiso o arras, avanzaremos ahora en la presentación de la enseñanza de algunos santos, donde esta verdad se manifiesta con mayor claridad, que es una enseñanza inequívoca de la Iglesia y, por supuesto, una experiencia de los santos.

San Isaías el Sirio, después de mencionar que la Βασιλεία (Vasilía) Realeza increada de los Cielos es una visión, contemplación espiritual, dice: «Porque desde aquí siente la dicha de aquella Realeza increada de los Cielos». En otro pasaje, describiendo la experiencia de la llegada de la divina Χάρις (Jaris: Gracia, energía increada), la dicha y la alegría que invade todo el cuerpo del ser humano, elige expresar: «Cuando esta dicha, que palpita en todo su cuerpo, desciende sobre el hombre, en ese momento, el tal considera que no hay nada más que la Βασιλεία (Vasilía) Realeza increada «.

San Macario el Egipcio, para ilustrar la relación que existe entre los bienes futuros y los dones o donaciones de la divina Χάρις Jaris increada, que el hombre disfruta desde esta vida, utiliza el ejemplo de los palacios reales. Dice que una persona que frecuenta en el palacio y conoce todos los secretos y la gloria del rey ni se sorprende ni teme si llega a convertirse en rey y es coronado.

Lo mismo sucede con los verdaderos cristianos. «En aquel tiempo, aquellos destinados a reinar no se sorprenden, habiendo ya conocido los misterios de la χάρις jaris increada».

Luego añade que, así como en el siglo venidero los justos vivirán en el reinado de la Βασιλεία (Vasilía) Realeza increada de Dios, en la luz y la doxa-gloria increadas, sin ver nada más que a Cristo a la derecha del Padre, de igual modo los justos ya ahora contemplan las bellezas y los prodigios de la Βασιλεία Realeza increada de Dios, siendo cautivados y arrebatados desde este momento hacia ese siglo. Característicamente escribe:
«…así también estos, siendo arrebatados y cautivados desde ahora hacia aquel siglo, contemplan todas las bellezas y los prodigios que allí hay».

Según el santo Nicetas Stethatos, cuando alguien siente que el ímpetu de los pazos es ineficaz, inactivo, y que la κατάνιξις (katánixis: compunción, dilatación del corazón) se manifiesta en los ojos a causa de la humildad, entonces «conoces que la Βασιλεία (Vasilía) Realeza increada de Dios ha venido sobre ti y que has concebido al Espíritu Santo».

Esta enseñanza de nuestra Iglesia, que se expresa por muchos santos, se muestra de forma especialmente clara en el santo Simeón el Nuevo Teólogo. Él mismo confiesa en varias ocasiones haber visto la luz increada e indescriptible y, por lo tanto, haber visto la Βασιλεία (Vasilía) Realeza increada de Dios. La mención de este santo, creo, hará nuestro tema más comprensible; veremos la verdad de la participación en los bienes futuros y de los dones, donaciones de la divina Gracia ya en esta vida. «Viendo a Cristo y recibiendo la Βασιλεία (Vasilía) Realeza increada, -la cual es el Espíritu Santo dentro de nosotros-, la tendremos por siempre».

El mismo santo describe una experiencia personal y da testimonio de la visión y de la participación en la Βασιλεία (Vasilía) Realeza increada de Dios. Escribe de manera muy característica:
«Allí vi la vida futura y la incorrupción, que Cristo regala a quienes lo buscan, y verdaderamente encontré dentro de mí la Βασιλεία (Vasilía) Realeza increada de los cielos, que es el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, una Divinidad o Deidad indivisible en tres personas-hipostasis; aquellos que no la prefirieron por encima de todos los bienes del mundo y que no consideraron como gloria, honor y riqueza el adorarla, servirla y estar en su presencia, perdieron el mayor don».

El santo Simeón se pregunta cómo es posible que alguien entre en la Βασιλεία (Vasilía) Realeza increada de Dios después de la muerte, si no lo ha adquirido de modo perceptible, sensible en la vida presente. Escribe: «Aquel que no ha adquirido conscientemente dentro de sí la Βασιλεία (Vasilía) Realeza increada de los cielos, ¿cómo entrará en él después de la muerte? Aquel que no ha visto al Hijo permaneciendo en él por medio del Espíritu y unido al Padre, ¿cómo estará con ellos en la vida futura?»30.

Este logos es a la vez revelador, asombroso y formidable. Muestra la magnitud de la vida espiritual, la medida de la existencia y el fin último del propósito de la existencia del hombre. Además, revela la vivencia de los momentos finales de esta vida.

Sin embargo, donde el santo Simeón el Nuevo Teólogo se expresa con mayor claridad es en un sermón titulado: «Sobre el temible día del Señor y el juicio venidero», en el que enfatiza que aquellos que se hacen la catarsis, se purgan y se purifican con las lágrimas del arrepentimiento, disfrutan de la Βασιλεία (Vasilía) Realeza increada de Dios ya desde esta vida y que para ellos no habrá juicio.

Como se evidencia en el título, no solo la Realeza increada de Dios es disfrutada por los que se han divinizado, alcanzado la zéosis ya en esta vida, sino que también los santos, que se han hecho la catarsis, (se han purgado y purificado) con las lágrimas de la μετανοία metania, evitarán el juicio. Esto sucede porque, para aquel que lleva una vida ascética (práctica espiritual ortodoxa), el juicio tiene lugar en el presente y, en esencia, para él la Segunda Παρουσία Parusía, Venida de Cristo ya ha llegado.

Al desarrollar esta enseñanza, san Simeón el Nuevo Teólogo explica que la apocalipsis-revelación de la divinidad es, en sí misma, un juicio para aquellos a quienes se les apocalipta-revela. Así, algunas personas experimentan la χάρις (jaris: gracia, energía increada) como fuego que consume, mientras que otras la experimentan como luz que ilumina, según enseñan los santos Padres. Para los incrédulos y aquellos dominados por los pazos, la χάρις jaris de Dios permanece inaccesible e invisible, mientras que, para los fieles, que cumplen los mandamientos de Dios con temor y temblor y muestran una verdadera metania y arrepentimiento, la divina χάρις jaris se hace visible y en ellos se realiza el juicio venidero. Esta χάρις jaris catartiza (purga y purifica) al hombre, y por ello: «el que ha sido juzgado en el presente no será juzgado en el juicio futuro» 32. Aquellos que son hijos de la luz, después de la catarsis de los pazos, se convierten en hijos del día venidero, «sobre ellos el día del Señor jamás vendrá, pues ya viven en él por siempre».

Al analizar el pasaje sobre la Segunda Παρουσία (Parusía: Presencia, Venida) de Cristo, san Simeón dice que el diálogo de Cristo con los justos y con los pecadores impenitentes sin metania, tiene lugar desde ahora. «Estas palabras dirá, y ahora mismo el Señor las dice…» y «La parusía presencia del Señor ha ocurrido ya para los creyentes, ocurre siempre y está presente para todos los que la desean».

No esperamos hasta el siglo venidero para ver la Realeza increada de Dios, sino que podemos verla ya desde ahora. Escribe: «…noo solo en el futuro, sino primero en esta vida, y luego en el siglo venidero». Sin embargo, habrá una diferencia, dependiendo del grado de contemplación y participación: «Aquí, de manera más tenue; allí, de manera más plena». Los fieles reciben ya en esta vida las primicias de reinado de la Βασιλεία (Vasilía) Realeza increada de Dios. Esto significa que ni disfrutan de todas las promesas desde ahora, ni esperan recibirlas y disfrutarlas en la otra vida, mientras permanecen sin saborear, privados e insensibles a los bienes futuros en el presente.

En un punto de su enseñanza teológica, san Simeón afirma que Cristo es la luz del mundo. Y, por lo tanto, aquellos que no se revisten de esta luz (increada) no se diferencian en nada de un muerto: «Si Él es la luz, y nosotros no sentimos a los que están revestidos de Él, ¿en qué nos diferenciamos de un muerto?». Luego, declara bienaventurados a aquellos que ven la luz (increada) y, por lo tanto, experimentan ya desde ahora el reinado de la Realeza increada de Dios.

No pretendo mencionar todas sus bienaventuranzas, sino solo algunas frases especialmente significativas:
«Bienaventurados los que ahora se han revestido de su luz (increada), porque ya han sido cubiertos con el vestido de bodas».
«Bienaventurados los que han conocido la luz (increada) del Señor desde ahora, porque comparecerán ante Él en el siglo venidero sin vergüenza y en paz».
«Bienaventurados los que viven siempre en la luz de Cristo, porque ellos son, y serán por siempre, sus hermanos y coherederos» 36.

Las palabras de san Simeón el Nuevo Teólogo y sus maravillosas bienaventuranzas no nos dejan mucho margen para seguir desarrollando el tema.

Para concluir, solo quiero decir que la έσχατολογία esjatología escatología ortodoxa es diacrónica, atemporal, lo que significa que la vida del reinado de la Βασιλεία (Vasilía) Realeza increada de Dios y todos los acontecimientos de los últimos tiempos han sido vividos y experimentados en el pasado por Adán y los profetas del Antiguo Testamento, han sido vividos por los santos, se viven también en el presente como un adelanto o arras y se experimentarán en su plenitud tras la resurrección de los cuerpos. Si la έσχατολογία esjatología se limita únicamente al futuro y no tiene un carácter diacrónicο, atemporal, entonces no es ortodoxa.

Capítulo Ω. La Vida Eterna

  • La Βασιλεία Vasilía Realeza increada de Dios
  • Conclusión
  • La cena en el reinado de la Realeza increada
  • Banquete Pascual de San Juan Crisóstomo

La Βασιλεία Vasilía Realeza increada de Dios

En otros capítulos de este libro se realiza un análisis detallado sobre qué es y se llama Βασιλεία (Vasilía: reinado de la Realeza o Realeza increada) de los Cielos. Por ello, no haremos aquí una explicación más extensa. En el capítulo anterior vimos lo relacionado con el Paraíso, y en el siguiente se hablará de la Realeza increada de Dios y de su participación a lo largo del tiempo. Aquí subrayaremos simplemente algunas verdades que es necesario recordar.

La experiencia espiritual y la vivencia de la Βασιλεία (Vasilía: reinado de la Realeza increada) de Dios no pueden ser buscadas fuera del cuerpo humano, ya que el cuerpo humano es templo del Espíritu Santo.

Quien habla de experiencias extracorpóreas ignora la enseñanza de los Santos Padres de la Iglesia y está bajo la influencia del franco-latín-escolástico-helenístico. Las «experiencias extracorpóreas» nunca son reales, sino el resultado de alucinaciones demoníacas, fantasías o engaños, o de alucinaciones médicas o enfermedades mentales. Quien busca la salida de la psique-alma del cuerpo en realidad proyecta su fantasía y las emociones hacia el mundo de los espíritus demoníacos, los cuales ofrecen sus propias revelaciones. Es decir, son experiencias demoníacas.

Las experiencias de los Padres de la Iglesia son experiencias espirituales que tienen lugar en lo más profundo de su ser, allí donde se encuentra la Βασιλεία (Vasilía: reinado de la Realeza increada) de Dios.

Teniendo en cuenta estas posiciones teológicas, podemos afirmar que aquellos que hablan de experiencias extracorpóreas están vinculados a cultos paganos secretos, al hinduismo y al chamanismo, y presuponen el dualismo de la enseñanza de Orígenes o incluso el maniqueísmo.

En la Sagrada Escritura y en los textos patrísticos se identifican los términos, reinado de la Realeza increada de Dios, Realeza increada de los Cielos, Paraíso, vida eterna. Son términos sinónimos que significan la participación del hombre en la δόξα (doxa: gloria, luz increada) de Dios. Esto comienza en esta vida, continúa en la vida después de la muerte y se completará en la vida después de la Segunda Παρουσία (Parusía: Presencia, Venida de Cristo), cuando resuciten también los cuerpos de los hombres.

San Simeón el Nuevo Teólogo, al hablar de la Realeza increada de Dios, dice que «la Realeza increada de los Cielos es Dios mismo cuando se apodera del hombre». La frase es bastante expresiva, y además afirma que el hombre se convierte en espectador de esa riqueza de la doxa-gloria de la Realeza increada de los Cielos. El hombre divinizado se llama «el que ha llegado a ser espectador de tal doxa-gloria increada».

La participación en la Χάρις (Jaris: Gracia, energía increada) de Dios se llama participación en la Realeza increada. También san Simeón el Nuevo Teólogo dirá de manera muy expresiva: «La Realeza increada de los Cielos es la participación en el Espíritu Santo». Cristo, que vendrá en su Segunda Παρουσία (Parusía: Presencia, Venida), es llamado «nuestro deseado y dulcísimo Rey, Jesús Cristo y Dios». La existencia de este Rey celestial y la unión del hombre con Él, que tiene como consecuencia que Cristo ilumine y brille dentro de los santos y cada santo brille estando en Él, es visión, expectación y participación de la Realeza increada.

Permíteme citar el logos de san Simeón el Nuevo Teólogo, porque no puede expresarse de otra manera:

«La Realeza increada de los Cielos, para los justos, es tener solo al Rey de todo, visto en todas partes por ellos, presente con cada uno y permaneciendo con cada uno, resplandeciendo y brillando en cada uno y cada uno brillando en Él».

Se ve, por lo tanto, que lo que se llama Realeza increada de Dios es la interpenetración y coexistencia de Cristo con el creyente. Cristo habitará en el hombre justo, lo estará glorificando, y el hombre glorificado resplandecerá y brillará al encontrarse en κοινωνία (kinonía: conexión, participación y comunión) con la luz increada y divina.

La Realeza increada de Dios no es una realidad creada, no es una situación mundana, sino participación en la doxa-gloria increada de Dios. Esto debe ser enfatizado, porque hoy en día se dan muchas interpretaciones sobre la Realeza increada de Dios. Y creemos que la alteración del significado teológico de la Realeza increada de Dios tiene graves consecuencias y repercusiones en nuestra vida espiritual y social. La eticología o moralismo no es ajeno a esta alteración teológica.

San Andrés, obispo de Creta, enseña que la Realeza increada de Dios es ver a Dios y ser visto por Dios: «Ver a Dios y ser visto por Él».

Asimismo, san Juan Damasceno, al hablar de la Metamorfosis de Cristo, que es la experiencia de la Realeza increada de Dios, dice que en el futuro siglo: «Siempre estaremos en el Señor, viendo a Cristo resplandeciendo con la luz de la divinidad».

Todos los santos Padres se mueven en esta misma perspectiva. San Gregorio Palamás, quien es considerado como el teólogo por excelencia de la Luz increada, se refiere a la «perfección del futuro siglo».

Utilizando el logos del evangelista Juan, quien dice que cuando Cristo se manifieste, seremos semejantes a Él, san Gregorio afirma que entonces nos convertiremos en hijos de Dios, viendo y experimentando el esplendor de Dios, siendo envueltos por el amanecer de la doxa-gloria increada de Cristo y brillando junto con Él. Los santos serán envueltos en la doxa-gloria de Cristo y brillarán junto con Él. Así, la doxa-gloria increada de Dios se convertirá también en doxa-gloria de los justos, con la diferencia de que la doxa-gloria increada de Dios es por naturaleza, mientras que la de los hombres será por jaris gracia, un regalo, donación o don de Dios.

Y aunque habrá una participación diferente en la doxa-gloria, dependiendo del estado espiritual de los justos, en el reinado de la Realeza increada de los Cielos se abolirán todas las clases sociales, pues no habrá maestro ni discípulo. De hecho, en la Realeza increada de Dios se abolirán las jerarquías de enseñanza y aprendizaje.

Los Padres subrayan constantemente la verdad de que la experiencia del reinado de la Realeza increada de los Cielos comienza en esta vida. El disfrute de los bienes futuros comienza desde aquí.

No insistiremos más en este punto, porque el lector encontrará un análisis más detallado de esta posición en otros capítulos de este libro. Lo que nuevamente debe enfatizarse es que cuando hablamos de la Realeza increada de Dios, nos referimos a la participación en la Χάρις (Jaris: Gracia, energía increada) del Dios Trinitario.

Y puesto que esta Χάρις (Jaris: Gracia increada) se participa y se experimenta como Luz increada, y de esta manera el hombre es glorificado, la Realeza increada de Dios es participación en la doxa-gloria increada de Dios.

(Ver también sobre el término ΒΑΣΙΛΕΙΑ Vasilía Realeza: https://logosortodoxo.es/12-lexis-apocalipticas/)

Conclusión

Debemos afirmar que existe la vida eterna, que se experimenta ya sea como Paraíso eterno o como Infierno eterno. Esta realidad de la eternidad debe hacernos reflexionar. Los cuerpos transformados de todos los seres humanos vivirán en la eternidad. Todos los cuerpos resucitarán, tanto los de los pecadores como los de los justos. La resurrección de los cuerpos es un don otorgado a toda la humanidad a través de la Resurrección de Cristo. Sin embargo, los justos experimentarán más plenamente esta elevación, pues serán arrebatados en las nubes «para recibir al Señor en el aire» (1 Tes 4, 17). Con la Segunda Venida de Cristo también se llevará a cabo la renovación de la creación, liberándola de la corrupción. Además, la participación en la Doxa-Gloria increada de Dios para los justos será creciente y eterna. No habrá un estado estático, sino un movimiento incesante, una quietud siempre en movimiento y un dinamismo o movimiento estable.

El ser humano debe reconocer la transitoriedad, la corruptibilidad y la caducidad de esta vida, dirigiendo su mirada hacia la eternidad. San Gregorio Palamás, interpretando los logos de la Escritura: «La apariencia de este mundo pasa» (1 Corintios 7, 31) y «el tiempo se ha acortado» (1 Corintios 7, 29), afirma: «La vida es breve, la muerte está cerca, este mundo es corruptible, mientras que el otro permanece eternamente». El desprecio por este mundo presente, la preparación para el mundo venidero, vivir según la manera de la vida futura en la medida de lo posible y evitar los peligros del mundo actual «nos conducen con seguridad hacia aquel (a CristoDios)» (Obras de San Gregorio Palamás, 9 EPE, pág. 568).

Nuestro pensamiento debe estar orientado hacia la vida eterna, porque «nuestra política de gobierno y ciudadanía está en los cielos» (Filipenses 3, 20). Los hombres de este mundo pueden estar gobernados por sistemas capitalistas, socialistas o marxistas, pero la ciudadanía y el tipo de gobierno de los cristianos es celestial. El propósito del ser humano es anhelar la vida eterna y participar en la Βασιλεία (Vasilía: reinado de la Realeza increada) de Dios, «que no tendrá fin» (Credo de la Fe). No habrá fin para la perfección, sino que el perfeccionamiento será inacabable.

La experiencia espiritual y la vivencia de la Βασιλεία (Vasilía: reinado de la Realeza increada) de Dios no pueden ser buscadas fuera del cuerpo humano, ya que el cuerpo humano es templo del Espíritu Santo. Quien habla de experiencias extracorpóreas ignora la enseñanza de los Santos Padres de la Iglesia y está bajo la influencia del franco-latín-escolástico-helenístico. Las «experiencias extracorpóreas» nunca son reales, sino el resultado de alucinaciones demoníacas, fantasías o engaños, o de alucinaciones médicas o enfermedades mentales. Quien busca la salida de la psique-alma del cuerpo en realidad proyecta su fantasía y las emociones hacia el mundo de los espíritus demoníacos, los cuales ofrecen sus propias revelaciones. Es decir, son experiencias demoníacas. Las experiencias de los Padres de la Iglesia son experiencias espirituales que tienen lugar en lo más profundo de su ser, allí donde se encuentra la Βασιλεία (Vasilía: reinado de la Realeza increada) de Dios.

Teniendo en cuenta estas posiciones teológicas, podemos afirmar que aquellos que hablan de experiencias extracorpóreas están vinculados a cultos paganos secretos, al hinduismo y al chamanismo, y presuponen el dualismo de la enseñanza de Orígenes o incluso el maniqueísmo.

La cena en el reinado de la Realeza increada

San Juan Crisóstomo 242 Logos catequético de la Santa Pascua

Se trata de la célebre HomilíaSermón Catequético de San Juan Crisóstomo, el cual se lee cada año en la Divina Liturgia de la Resurrección en la Iglesia Ortodoxa.

Este texto es una invitación a la alegría y a la salvación, donde San Juan llama a todos—sin importar sus esfuerzos o pecados—a participar en el gozo de la Resurrección de Cristo.

El sermón contiene poderosas imágenes de la victoria de Cristo sobre la muerte y la derrota del Hades, culminando con el himno pascual triunfal:

«¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde está, oh Hades, tu victoria?»

Este pasaje proviene del Apóstol Pablo (1 Corintios 15:55) y expresa el gozo de la Resurrección y la abolición de la muerte por medio de Cristo.

El mensaje del texto es universal: la salvación no es solo para los primeros, los poderosos o los perfectos, sino para todos. Dios recibe a los últimos al igual que a los primeros, mostrando una αγάπη (agapi: amor incondicional) y una misericordia increadas e infinitas.

Banquete Pascual de San Juan Crisóstomo

Si alguno es fiel, piadoso y amante de Dios, que disfrute de esta hermosa, brillante y luminosa fiesta.
Si alguno es un siervo sensato y agradecido, que entre gozoso en la alegría de su Señor.
Si alguno ha trabajado y sufrido con el ayuno, que reciba ahora su denario.
Si alguno trabajó desde el amanecer, que reciba hoy su justa recompensa.
Si alguno llegó tarde en la mañana, que celebre con gratitud.
Si alguno llegó al mediodía, que no tenga ninguna duda, pues nada perderá.
Si alguno llegó ya avanzada la tarde, que se acerque sin miedo ni temor.
Si alguno llegó a la undécima hora, que no tema por su tardanza;
pues el Señor de la casa es generoso y recibe al último como al primero;
Da descanso al que trabajó desde la undécima hora, como al que trabajó desde el amanecer.
Y al último lo acoge con misericordia y lo bendice, y al primero lo atiende con esmero y lo premia.
Y a aquel le da, y a este regala.
Y las obras acepta, y la intención u opinión abraza.
Y la praxis, acción honra, y la disposición o propósito alaba.

Por tanto, entrad todos en la alegría de nuestro Señor.
Tanto los primeros como los últimos, recibid vuestra recompensa.
Ricos y pobres, danzad abrazados.
Moderados e indiferentes, honrad este día.

Los que habéis ayunado y los que no, alegraos hoy.
La mesa está repleta: disfrutad todos del lujoso festín.
El ternero está grande, que nadie se marche hambriento.
Gozad todos de la abundancia de la bondad.
Que nadie llore y lamente su pobreza, pues el reinado de la Realeza (increada) común ha aparecido.
Que nadie se lamente y llore por sus pecados y faltas, porque ha salido de la tumba el perdón.
Que nadie tema a la muerte, porque la muerte del Salvador nos ha liberado.

Él la ha extinguido estando bajo su dominio.
Castigó al Hades, ya que primero descendió al Hades.
Lo amargó cuando probó su carne.
Isaías lo profetizó:
«El Hades fue amargado», (Is14,9); al encontrarse contigo abajo.
Fue amargado porque quedó anulado.
Fue amargado porque fue burlado.
Tomó en sus manos un cuerpo humano y se encontró delante de Dios.
Tomó tierra y halló el cielo.
Tomó lo que veía y cayó en lo que no veía.

«¿Dónde está, muerte, tu aguijón? ¿Dónde está, Hades, tu victoria?» (1Cor 15,55).

Cristo ha resucitado, y tú has sido derrocado.
Cristo ha resucitado, y cayeron los demonios.
Cristo ha resucitado, y los ángeles se alegran.
Cristo ha resucitado, y ningún muerto queda en la tumba.
Porque Cristo, al resucitar de entre los muertos, se convirtió en el guía de los dormidos (difuntos).

A Él sea la doxa-gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén.

Hierotheos Vlajos, Metropolita de Lepanto/Nafpaktos

Traducido por Jristos Jrisulas Χρῆστος Χρυσούλας  logosortodoxo.es/

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Segundo Domingo del Cuaresma Terapia del paralítico de Cafarnaúm

 

Ευαγγέλιο Κυριακής, Κατά Μάρκο Β'(2) 1-12

Segundo Domingo del Cuaresma y san Gregorio Palamás, Marco 2:1-12

 

Terapia del paralítico de Cafarnaúm, Marco 2:1-12.

2,1 Entró Jesús otra vez en Capernaum después de algunos días; y se oyó que estaba en una casa. 

2 E inmediatamente se juntaron muchos, de manera que ya no cabían ni aun a la puerta; y les enseñaba el logos de Dios. 

3 Entonces vinieron a él unos trayendo un paralítico, que era cargado por cuatro encima de una camilla. 

4 Y como no podían acercarse al Señor a causa de la multitud, descubrieron el terrado por donde él estaba, y haciendo una abertura, descolgaron la camilla en que yacía el paralítico.

5 Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: «Hijo, tus pecados te son perdonados», los cuales son también la causa de tu enfermedad física. 

6 Estaban allí sentados algunos de los gramatís gramaticales, escribas, los cuales meditaban en sus corazones: 

7 ¿Cómo habla así éste? ¡Blasfema! ¿Quién puede perdonar pecados, sino sólo Dios? 

8 E inmediatamente conociendo Jesús, por la fuerza de su espíritu divino, que meditaban con estos pensamientos dentro de sí mismos, les dijo: «¿Por qué meditáis así en vuestros corazones? 

9 ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: Tus pecados te son perdonados, o decirle: ¿Levántate sano, carga con tu camilla y anda? 

10 Pues para que veáis y sepáis que el hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar pecados, dijo al paralítico: 

11 A ti te digo: Levántate sano, carga con tu camilla, y vete a tu casa».

12 Entonces él se levantó inmediatamente y cargó con su camilla, salió delante de todos, de manera que todos quedaron asombrados, y glorificaron a Dios, diciendo: “Nunca hemos visto cosa igual, es decir, por un logos sean perdonados los pecados y por el perdón también sea curada la parálisis milagrosamente.

 

LA TERAPIA DEL PARALÍTICO DE CAFARNAÚM

Fuente: EL SALVADOR ΣΩΤΗΡ SOTIR, hermandad de teólogos, Atenas

 

  1. La agapi-amor supera los obstáculos

El santo Evangelio de hoy nos describe que la casa de Capernaum estaba llena hasta la bandera. Nadie podía acercarse ni siquiera hasta la puerta. Sin embargo, un hombre paralítico, tendido sobre la camilla, consiguió llegar exactamente delante del Señor. Por supuesto no lo hizo solo, sino “llevado por cuatro hombres”. Cuatro hombres fuertes le han levantado y le subieron hasta el techo de la casa, desmantelaron una parte de ella y, desde allí, le bajaron al lugar donde estaba el Cristo. ¡Una operación atrevida, ingeniosa e inteligente!

¡Cuán inventiva se hace la agapi (amor desinteresado)! Los cuatro acompañantes del paralítico no se decepcionaron por la multitud que les impedían acercarse al Señor. La llama de la agapi ardía en sus corazones, no les dejaba tranquilos hasta que encontraran una solución.¡Y finalmente encontraron la solución, con aquella increíble osadía de bajarlo por el techo!

Esta agapi, pues, cultivémosla también nosotros.  Agapi que inspira para superar los obstáculos y aliviar muchos de nuestros hermanos: pacientes gimiendo de dolor y sufrimiento en los hospitales; personas con problemas de movilidad que no tienen a nadie que los transporte; ancianos que buscan algo de compañía; madres con muchos hijos que están luchando y no pueden corresponder a las necesidades de sus hijos. En cada obra de filantropía seamos bien dispuestos y con buen ánimo a ayudar sin dejarnos vencer por las dificultades. ¡La agapi hace milagros!

 

  1. Pensamientos sanos, claros y puros

El Señor Jesús que había distinguido la fe del paralítico -y de sus acompañantes- inmediatamente le regaló lo que principalmente necesitaba: el perdón de sus pecados. Entonces algunos Γραμματεῖς (Gramatís: gramaticales, escribas, teólogos intelectuales “tiólogos” académicos sin práctica espiritual) comenzaron a acusar en su pensamiento al Señor de blasfemia. Se preguntaban: ¿cómo se atreve a decir “que están perdonados tus pecados”, puesto que sólo el Dios puede perdonar pecados… Pero el Señor Jesús inmediatamente como conocedor de corazones captó los pensamientos de ellos y los reprendió: “¿Por qué pensáis así en vuestros corazones? ¿Por qué permiten que esos pensamientos circulen en su interior?…

Detengámonos un momento en este punto. Es verdad que los pensamientos forman un mundo entero dentro de nosotros, un mundo que influye en nuestra vida, dirige nuestras acciones y moldea toda nuestra personalidad. De nuestros pensamientos surgen tanto nuestras buenas praxis acciones como las malas y pecaminosas.

Por lo tanto, es necesario luchar con determinación en el campo de nuestros pensamientos. Debemos esforzarnos para que nuestro νούς (nus: espíritu de la psique) no se contamine con pensamientos y fantasías impuras y maliciosas, con impresiones y recuerdos pecaminosos, con maldad, rencor y envidia. Oremos para que Cristo Dios nos conceda su Χάρις (Jaris: gracia energía increada) para psicoterapiar, purgar y sanar y nuestro interior para que se vaya iluminando nuestro nus con su ley divina y nuestro corazón se convierta en Su morada.

 

  1. El milagro más difícil

El Señor, al reprender a los escribas que estaban desconcertados, continuó diciendo: “¿Qué es más fácil? ¿Decir al paralítico: ‘tus pecados te son perdonados’, o decirle: ‘levántate, toma tu camilla y camina’?”… Sin duda, aquellos consideraban que lo más difícil era lo segundo.

Quizás nosotros también diríamos lo mismo. Pues es mucho más evidente y visible ver a un paralítico levantarse y caminar, que percibir la psicoterapia y sanación de la psique-alma de un hombre sanado y liberado del pecado. Sin embargo, el hecho de sanación y salvación de una psique-alma es un milagro incomparablemente mayor que cualquier curación física. Cuanto superior es la psique del cuerpo, tanto más importante es la salud de la psique que la salud física corporal.

¿De qué nos sirve y beneficia tener salud corporal, si el peso de la culpa por nuestros pecados oprime nuestra conciencia? El enfermo que se confiesa y recibe el perdón, la absolución de sus pecados, aunque no recupere inmediatamente su salud física, siente que la carga de su enfermedad se aligera considerablemente.

Por eso nuestra santa Iglesia Ortodoxa en el sagrado Misterio de los Oleos bendice y ora por la “sanación de la psique-alma y del cuerpo”. Pidamos, pues, primero la salud de nuestra psique -alma y después la de del cuerpo. Principalmente tenemos necesidad de μετάνοια (metani:, introspección, conversión, arrepentimiento y confesión). Éste es el milagro más difícil, pero también el más psicoterapéutico, sanador y salvador para nuestra psique-alma.

Fuente: El Salvador” – ΣΩΤΗΡ SOTIR (Hermandad de teólogos)

 

Segundo Domingo del cuaresma y de san Gregorio Palamás

Jristakis Efstacíu, teólogo – Iglesia de Chipre

 

Vida efjarística

«Hijo mío, tus pecados te son perdonados»

El domingo pasado, dedicado al triunfo de la Ortodoxia, recibimos mensajes llenos de vida. En continuidad con estas enseñanzas espirituales, el segundo domingo de Cuaresma nos trae nuevos mensajes psicoterapéuticos llenos de espíritu, que nos alimentan para continuar nuestro camino hacia el encuentro con el Cristo Resucitado. Para fortalecer nuestra marcha, nuestra Madre Iglesia nos presenta la gran figura de San Gregorio Palamás, quien defendió la verdad de la fe, la ortodoxa y protegió el edificio de la Iglesia de Cristo contra aquellos que intentaban alterarlo.

 

San Gregorio Palamás

Este gran Padre de la Iglesia sintetizó toda la tradición patrística y la experiencia de la Iglesia en una grandiosa síntesis y enseñanza. El Dios existe de dos maneras: en Su Ουσία (usía: esencia, sustancia) y en Sus divinas e increadas energías. Ciertamente, el hombre no puede conocer la Esencia de Dios. Sin embargo, sí puede conocerlo y unirse a Él a través de sus energías divinas e increadas. Es decir, la αγάπη (agapi: amor incondicional) de Dios ha permitido que se apocalipte-revele en la Creación, en la Historia, en la persona de Cristo y en los Misterios (sacramentos) de la Iglesia Ortodoxa. A través de la Creación conocemos a Dios como fuente de sabiduría y belleza. En la Historia, le conocemos a través de sus energías y sus maravillosos actos. Y, por supuesto, mucho más le conocemos a Dios en la persona de nuestro Señor. Incluso en la Iglesia el Dios se convierte y se hace para nosotros Pan y Vino, sabor y alimento, jaris (gracia, energía increada), luz increada y santificación. Esencialmente san Gregrorio Palamás con su enseñanza, promueve e invita al hombre a seguir un camino que conduce a la unión con Dios a través de la vida Mistiríaca (sacramental) de la Iglesia.

 

El paralítico

Con la enseñanza de san Gregorio Palamás se enlaza directamente también con el pasaje A través del relato, se evidencia que el encuentro personal del ser humano con Cristo, que sin duda se da a través de la fe, es la oportunidad de participar en la vida de Dios en Cristo Jesús, lo que refleja la perspectiva de la zéosis divinización, glorificación del hombre.

Como podemos ver y distinguir es que el Cristo ofrece el perdón de los pecados cuando el hombre, como el paralítico de la lectura, está abierto y acepta la comunión de Su agapi-amor. El Señor con su mandato divino, “levántate, llévate tu camilla y vete a tu casa”, ayuda a los hombres a descubrir su agapi-amor paternal.

Queridos hermanos, la base de nuestra Fe Ortodoxa es fuerte y sólida, tal y como se expresa en la terapia del Paralítico y también en la enseñanza de san Gregorio Palamás el Μεγαδιδάσκαλος Megadidáskalos Gran Maestro. Su santo ejemplo nos promueve y nos anima a elevarnos espiritualmente hacia metas más sagradas y sublimes.

Jristakis Efstacíu, Teólogo-Iglesia de Chipre

(Por el traductor: sobre la vida efjarística, tenemos también traducido un pequeño librito aquí: https://logosortodoxo.es/teologia-ortodoxa/vida-efjaristiaca/)

 

Domingo 2º de Cuaresma – La Iglesia en casa

Κυριακὴ Β΄ Νηστειών – Η κατ᾽ οίκον εκκλησία.

(+Metropolita de Florina Agustín Cantiotis)

 

 « y se oyó que estaba en una casa. Καὶ ἠκούσθη ὅτι εἰς οἶκόν ἐστι» (Μᾶρκ. Mc 2,1)

Queridos hermanos, hoy hablaré sobre hablaré sobre la lectura evangélica. Veremos, dónde el Cristo hizo el milagro de la terapia del paralítico. Este milagro no lo hizo en el templo de Salomón, ni en una sinagoga, ni en un lugar con ambiente sagrado, sino que lo hizo dentro de una casa. El Cristo se fue en Capernaum que era su base de operaciones y visitó una casa amiga. “Y se oyó que estaba en una casa” (Marc 2,1). Apenas se difundió de boca en boca que el Cristo estaba allí, inmediatamente la gente corrió para escuchar el logos de Dios, tal y como corren los ciervos sedientos en las fuentes para refrescarse.

La enseñanza de Cristo no se parece con la enseñanza de Platón, ni a la de los otros filósofos, tampoco con la enseñanza de los fariseos y gramaticales (escribas, tiólogos intelectuales de academia sin práctica). Es algo inalcanzable. Toma al hombre y le conduce a los cielos, entre los ángeles y los arcángeles. Por eso, en su ambiente hostil y de sus enemigos se escuchaban palabras espontáneas como: “Nunca un hombre habló como éste hombre” (Jn 7,46). La casa donde se encontraba el Cristo estaba llena. Todos escuchaban con atención los logos del Logos de Dios.

El Cristo es amigo de la familia, de la casa y bendice cada hogar honesto. En muchas casas realizó muchos milagros. El primer milagro lo hizo cuando le rogaron que fuera en una casa de Kaná donde había una boda. Allí bendijo el agua y lo transformó en vino. Otro episodio importante antes de Su Pasión cuando visitó la casa de una amiga. Era la casa de su amigo Lázaro y sus hermanas Marta y María. Allí el Cristo enseño el logos de Dios. Marta con pensamiento humano y práctico, se fue a la cocina para preparar la comida, porque creyó que con la comida selectiva agradaría al Maestro. Pero el Cristo la corrigió y la dijo: “Marta, Marta, tú te preocupas y te apuras por muchas cosas; pero sólo una cosa es necesaria”.

Es cierto que muchas cosas son necesarias al hombre, pero lo más necesario es escuchar el logos de Dios y por supuesto aplicarlo. Y entonces encontró la ocasión para elogiar a María que estaba sentada “sobre sus pies” escuchando con gran devoción, alegría y deleite: “María ha escogido la mejor parte y nadie se la quitará” (Lc 10, 41-42).

El Cristo también visitó casas de enemigos. En una ocasión, estuvo en la casa de un fariseo. Allí como es conocido, ocurrió un acontecimiento, que lo festejamos el Martes Santo. Una mujer pecadora, que los fariseos la despreciaban y la expulsaban de todas partes, se presentó en aquella casa. Se arrodilló, ungió y lavó los pies de Cristo con mirra fragancia aromática los pies de Cristo y sus lágrimas y después con su cabello limpió sus pies y toda la casa se perfumó. Y el Cristo dijo: “Son perdonados los muchos pecados de ella, porque amó mucho” (Lc 7,47). Mientras que los fariseos no derramaban ni una gota de lágrima por sus pecados, los ojos de aquella mujer se convirtieron en manantiales que salían lágrimas de metania (introspección, arrepentimiento y confesión). Amigo y protector de la familia es el Cristo.

Antes de Cristo, no existía la familia tal como la conocemos, era como una una manada. Los hombres actuaban con crueldad, despreciaba e ignoraban la mujer. La mujer deshonraba al marido. Los hijos no valían nada, el padre los agarraba y los tiraba a las rocas del monte Taíyeto. Cuando vino el Cristo en la tierra, dignificó y honró la familia. Nadie más ha honrado tanto la familia que Cristo. Cimentó y fundó la vida familiar sobre la fe firme del Evangelio. En la lectura evangélica de hoy vemos a Cristo en una casa de Capernaum enseñando el logos de Dios. ¡Bienaventurados los que escuchan!  La Luz (increada) iluminó en las oscuridades, tinieblas de la humanidad.

Nace la pregunta: ¿está hoy el Cristo en los hogares? Para que Cristo permanezca en una casa, deben cumplirse ciertas condiciones. Él no entra por la fuerza. Es inmortal este logos Suyo: “El que quiera que me siga…” (Mt 16,24). Tú mismo solo debes elegir: la Luz (increada) o la oscuridad, a CristoDios o a satanás. Si quieres y deseas a Cristo, entonces en una esquina de tu casa, por muy humilde y pobre que sea, debe haber iconostasio; debe haber el icono de Cristo, de la Panaghía, también iconos de padres santos e hijos. Aún debe estar encendido un candil y un incensario. Antiguamente, la ama de casa por la mañana y por la noche incensaba toda la casa y las casas estaban bendecidas.

Lo más importante aún es que haya un Evangelio en casa, no como lo tenemos nosotros ahora, que está, pero no lo abre nadie. ¿Existen hoy estas cuestiones y prácticas? No. Porque falta el Cristo de sus casas, Cristo ha sido expulsado de muchos hogares. Desgraciadamente los hombres muchas veces expulsan a Cristo. ¿Queréis pruebas? Observemos la desarmonía dentro de los hogares. El hombre ya no ama a su esposa con los conocidos sentimientos nobles y caritativos. La mujer, egoísta y orgullosa, la feminista de este siglo, influenciada por el feminismo moderno, niega cualquier autoridad del hombre. No acepta que el hombre es la cabeza y ella es el cuerpo, un precioso tesoro. Los hijos no obedecen. La casa se ha convertido en un simple hotel donde se come y se duerme. Cristo no está en un hogar donde se escuchan palabras hirientes, críticas malintencionadas y conversaciones llenas de impureza y miseria. Lo más grave es que dentro de muchas casas muchas veces se escuchan blasfemias. Aún peor, en los hogares se comete el mayor crimen: La casa, que debería ser un santuario de amor y vida, se ha convertido en un matadero. Y los criminales no tienen ninguna conciencia ni sensibilidad. Una estadística revela que en Grecia se hacen cuatrocientas mil abortos anuales. ¡Oh Dios mío! ¿Cómo es que la tierra no se abre y nos traga? Otro crimen es el divorcio. El matrimonio debería disolverse únicamente con la pala del sepulturero. Sin embargo, hoy en día los divorcios se han multiplicado. En Atenas, la mitad de los matrimonios se disuelven. Y quienes más se benefician son los abogados.

Muchas de las pruebas y problemas que enfrentamos se deben a la falta de protección de Dios. Algunos dicen que Grecia, por su ubicación geográfica entre Oriente y Occidente, está siempre en disputa entre las grandes potencias. Pero esa no es la verdadera causa de nuestros males.

Nos falta otra cosa, por eso “viene la ira para los hijos de la desobediencia” (Ef 5,6). Si fuéramos hombres de Dios, tendríamos como protector al Omnipotente. Y cuando tenemos a Dios con nosotros ¿quién nos puede molestar? “Si Dios está por nosotros, ¿quién contra nosotros?” (Rom 8,31).

Hoy es más fácil encontrar diamantes que una familia cristiana auténtica. ¿Hoy se hace catequesis en casa, oración y ayuno? Es algo raro de ver. ¿Cómo podemos entonces esperar un mundo mejor? Sólo una verdadera rectificación, sólo si cada hogar se convierte nuevamente en una iglesia casera: “iglesia de tu casa” (Rom 16,4), tal y como se hacía antes. Allí se reunían los Cristianos de los primeros siglos (y así nos tenemos que volver en estos tiempos ésjatos-últimos del Apocalipsis que vivimos).

La familia, como correctamente se dijo, es la célula de la sociedad. Si enferma la familia, entonces enferma también toda la sociedad. Así que la “iglesia casera” es la célula de la cristiandad. Al igual que el cuerpo humano, para que sea sano, necesita células sanas, lo mismo también el total de una sociedad cristiana, si tiene familias con “iglesias caseras”, será un cuerpo sano y fuerte.

Cuidemos, pues, “la iglesia casera”. ¿Quién ha mantenido al cristianismo en Rusia? ¡La abuela con “la iglesia casera! Ninguna catequesis moderna puede compararse con la gran fe de aquellas abuelas. Dadme abuelas como las de Rusia, dadme madres Cristianas y, Grecia y España convertirán otra vez los países más felices. Amín.

(†) ἐπίσκοπος Αὐγουστῖνος obispo Agustín, homilía grabada al templo san Panteleimon, 3-3-1991

Fuente: ΑΚΤΙΝΕΣ

Traducido por: χΧ jJ  logosortodoxo.es/

 

Segundo Domingo de Cuaresma, fiesta de San Gregorio Palamás

Segundo Domingo de Cuaresma, fiesta de San Gregorio Palamás

Φώτισόν μου, το σκότος, φώτισόν μου το σκότος, ΚύριεKirie fótison to skótos mu !Señor ilumina mi skotos oscuridad e ignorancia»

 

El 2º Segundo Domingo de la Cuaresma está dedicado por nuestra Iglesia al gran santo y Διδάσκαλος (Didáscalos: Maestro, Profesor) san Gregorio Palamás; en cuya persona se ve la continuidad de la victoria sobre las herejías en general; por lo tanto, este domingo es extensión del anterior domingo, el de la Ortodoxia. Así que san Gregorio Palamás, para la Iglesia no es simplemente un santo, sino el símbolo y la montaña de la Ortodoxia, de quien la enseñanza se distingue lo ortodoxo de lo αντορθόδοξο antortodoxo, no ortodoxo o heterodoxo, lo genuino y verdadero de lo falso y fraudulento. En este sentido este santo es la aproximación en los manantiales de vida de la fe ortodoxa y por eso un nutriente estable para el hombre de nuestra época que está hambriento espiritualmente. No pararemos en su vida y enseñanza analíticamente. Aquello que nos ocupará y en poco, es la oración que el santo clamaba incesantemente: «Φώτισόν μου, το σκότος, φώτισόν μου το σκότος, ΚύριεKirie fótison to skótos mu Señor ilumina mi skotos oscuridad e ignorancia»  

San Gregorio Palamás oraba y pedía al Señor que le iluminara el σκότος skotos la oscuridad e ignorancia que había en él, veía que en su psique-alma y su corazón (psicosomático); es decir, del pecado y de los pazos. Por lo tanto, el punto de partida de su vida espiritual fue el reconocimiento de su pecaminosidad. Quizás alguien podría preguntarse: ¿cómo es que siendo un santo reconocía su pecaminosidad? Pero precisamente esto es lo que consiste la señal de la santidad. El santo, como se sabe, no es aquel que se siente impecable, sin pecado, – esto es un síntoma de la muy profunda enfermedad, ceguera espiritual, pecaminosidad y una especie de posesión demoníaca, existente al hombre; tal y como lo vemos también en la persona de la conocida parábola del Fariseo condenado por el Señor.

Por el contrario, aquel que tiene mayor concienciación de sus pecados, mientras se pone ante el Dios, crece su pecaminosidad, viviendo continuamente bajo los rayos del sol de Su Justicia. Es decir, cuanto más se aproxima a Dios, tanto más se ilumina para ver hasta la más mínima mancha en su psique-alma. Ocurre algo parecido en una habitación cerrada: debido a la falta de luz, no se puede ver lo que hay dentro, pero cuando empieza a entrar algo de luz, y luego más luz, se empiezan a ver hasta las más pequeñas partículas de polvo y la suciedad más imperceptible.

El apóstol Pablo por ejemplo, en un estado de identificación y unión con Cristo decía; “Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí” (Gal 2,20); Confesaba con plena conciencia y reconocimiento pleno que: “Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero” (1Tim 1,15). Éste, el más grandes de los apóstoles, el que más trabajó para la difusión del Evangelio, se veía a sí mismo el primero en la escala de los pecadores.

Y recordemos al profeta Isaías, cuando se encontraba ante el trono de Dios, durante el momento impactante de su visión y llamada a su axioma profético, se siente pequeño despreciable, y sucio: ¡Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios…  han visto mis ojos al Rey Señor Sabaoz de los ejércitos” (Is 6,1-12) Su posición ante el absolutamente santo Dios, le conduce inmediatamente también al reconocimiento de sus pazos. Por lo tanto, no podía suceder de manera diferente con nuestro santo, San Gregorio Palamás. Esta pequeña oración suya «φώτισόν μου το σκότος fótison mu to skotos, ilumina mi skotos oscuridad e ignorancia», fue y sigue siendo una gran muestra de su santidad.

¿Pero qué vemos? Mientras el santo Padre reconοcía las oscuridades del pecado en su interior, no no caía en la desesperación. Se lanzaba con esperanza a los brazos de Dios a través de la oración y le pedía con angustia Su iluminación. Cierto que la petición de esta luz (increada) de Dios, puede que contenga sólo unas pocas palabras, pero encierra una profundidad insaciable de teología, por la cual luchó toda su vida este gran luminar de la Iglesia. Porque esta búsqueda y petición de esta luz (increada) presupone la fe en que Dios es luz (increada), y el hombre se convierte en luz (increada) mientras participa de Dios; y, por supuesto que existe la posibilidad de relación entre Dios y el hombre.

Por lo tanto, la base de esta breve oración radica en discernimiento entre la llamada ουσία (usía: esencia, sustancia) y ενεργεία (energía) – o, dicho de otra manera, luz, doxa-gloria y jaris (increadas)- en Él. Este discernimiento especialmente fue recalcado y desarrollado por san Gregorio en una época en la que surgieron problemas de fe que ponían precisamente en duda esta posibilidad de una relación real entre el hombre y Dios. San Gregorio Palamás contestó a estas provocaciones y desafíos con la iluminación de Dios y con el desarrollo de la tradición anterior de la Iglesia Ortodoxa.

Según este discernimiento, el Dios es esencia increada, es decir, vive dentro de sí mismo; por lo tanto, es completamente inaccesible, in-participable y lejano para nosotros, sin que ninguna criatura, ya sea hombre o incluso ángel, pueda conocerlo, no solo en esta vida, sino también en la vida eterna. El único que conoce la esencia-sustancia increada de Dios es el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, es decir, el Mismo Dios Triádico. Sin embargo, al mismo tiempo, el Dios es también energía increada, es decir, vive fuera del Sí mismo, creando al mundo y al hombre, proviniendo continuamente para él, redimiéndole, librándole y santificándole, por lo tanto, entrando en κοινωνία (kinonía: comunión, conexión y unión) y participación con el cosmos-mundo y el hombre. Así, según este discernimiento, el Dios está con nosotros y más allá de nosotros, cercano y lejano, conocido y desconocido, presente y ausente. Por eso, nada terrenal puede considerarse como medida para Su comprensión. Incluso hasta la palabra «ουσία usía esencia, sustancia» se entiende como «υπερουσιότητα, supra o hiper-esencia», más allá de todo lo creado. Además, la relación nuestra con Él, se mueve siempre entre la agapi-amor y temor, como sentimiento, sentido y percepción de Su distancia.

Esta enseñanza de san Gregorio Palamás sobre esencia y energía increada de Dios, (los términos eran filosóficos, pero sencillamente indicativos y con conocimiento de la relación entre ellos), por supuesto no era algo nuevo y ajeno de nuestra Iglesia. Esto significaría una teología Palamita y no una teología Eclesiástica, es decir, teología de Cristo Dios. San Gregorio Palamás no hizo otra cosa que, con la jaris (gracia, energía increada) de Dios, desarrollar sobre el tema la ya existente tradición de la Iglesia y este desarrollo fue ratificado por la misma Iglesia con el prestigio y autoridad que tienen los Sínodos Ecuménicos. San Basilio el Grande, por ejemplo, ya había hablado sobre este discernimiento, pero sin aclarar que las energías de Dios son creadas o increadas. La contribución y la ayuda de san Gregorio Palamás es precisamente esta: aclaró que las energías son increadas, es decir, hablando sobre las mismas energías increadas de Dios, seguimos hablando de Dios mismo, Quien, estando personalmente presente, se hace participable por el hombre, siempre que el hombre abra su corazón y desee, con μετάνοια (metania: (introspección, conversión, arrepentimiento y confesión), sanarse y limpiarse de sus pecados.  Por eso no es casualidad que el centro de su pensamiento teológico haya sido la teofanía de la Metamorfosis del Señor: allí, la luz increada del Señor se hace participable por Sus discípulos; dándoles así la posibilidad de la relación con Su divinidad o deidad.

Nuestra Iglesia presenta hoy a San Gregorio, como dijimos, como un baluarte de la Ortodoxia, pero también como un ardiente predicador de la jaris (gracia increada) y la luz (increada) de Dios. Su oración «φώτισόν μου, το σκότος (fótison to skotos mu) Ilumina mi skotos oscuridad e ignorancia», nos confirma y certifica esta verdad y funciona ejemplarmente también para nosotros. Esperemos y deseemos que se convierta también en nosotros nuestra oración, con la convicción de que al pronunciarla no solo invocamos a Dios para que sea la lámpara dentro de nosotros que ilumine νούς nus (espíritu de la psique-alma) y nuestra vida, de modo que seamos conducidos al camino que conduce a Su βασιλεία (vasilía: realeza increada) eterna, sino también fuego que devora quemando todo movimiento maligno y los pazos de nuestra psique-alma y contra toda influencia demoníaca contra nosotros. Amín.

Fuente: ΑΚΟΛΟΥΘΕΙΝ               Sacerdote Georgios Dorbarakis

Traducido por: χΧ jJ   https://logosortodoxo.es/

(Añadido por el traductor, el término más utilizado por san Gregorio Palamás.

Θεοπρεπής zeoprepís: Este bonito término teológico es utilizado mucho por san Gregorio Palamás y san Máximo el Confesor. Es impresionante la manera θεοπρεπής que escribe a través del Espíritu Santo san Gregorio Palamás. Cada frase suya y cada palabra están escritas de modo θεοπρεπής y expresa un fondo divino admirable.

Θεοπρεπής zeoprepís-de forma, manera divina o según el modo de Dios, o tal como Dios manda, término teológico: La teología habla sobre Dios “θεοπρεπής-de forma divina o según la manera de Dios o dícese también como Dios manda”. La utilización de todos los conceptos y los iconos (imágenes) para la aproximación del Misterio Triádico y el dogma, se hace de manera “θεοπρεπής”. Por ejemplo, la fe es hiper logos, es superior a la lógica, la lógica dice uno mas uno dos, la fe uno más uno igual infinito, hiperlógica. Dios Trinidad 1+1+1=1 un infinito, no hay dos infinitos. La lógica dice que no se puede resucitar, la fe sí. Los términos “Dios Padre”, “Hijo” “Espíritu Santo”, “Persona”, “esencia”, se utilizan por la teología de un modo “θεοπρεπής-de modo y manera divina” y se comprenden “θεοπρεπής, tal y como Dios manda”. El término “Padre”, tal y como escribe san Basilio el Grande y san Gregorio de Nicea, expresa la relación de Dios Padre hacia el eterno, atemporal y perpetuo nacimiento del Hijo. La misma analogía vale también para el discernimiento y la diferencia de la divina esencia y energía. No es posible que la esencia y la energía, las tomemos como dos cosas o estados independientes entre sí. Pero, tal y como se recalca al Tomo sinódico, la esencia es la causante y la energía lo causado. Pero, todo esto se entiende “θεοπρεπής-de forma, manera divina” y no con la razón humana.

El Padre como progenitor del Hijo y proyector del Espíritu Santo, es “deidad teógona, fuente de deidad y origen de deidad”, el cual progresa naturalmente “θεοπρεπής de manera divina” y no “del no ser o inexistencia” y por su voluntad el Hijo y el Espíritu Santo. Dice san Gregorio Palamás que con esta forma inefable podemos llamar al Padre como causa de las dos personas divinas de la Trinidad, y que el Hijo y el Espíritu Santo son causados de Él. Pero este inefable misterio se formula sólo apofáticamente  (confirmación negativa, si lo que no es) y ningún acoplamiento se puede hacer con lo que ocurre en el génesis de lo creado. En este caso el principio creador es el Padre, el cual es fuente de todo dentro en la Triada, pero también en la Triada económica, para que de esta manera se proteja el dogma de la monarquía (único principio) del Padre, el cual Padre, por el Hijo en Espíritu Santo crea todo. Ninguna energía del Padre se manifiesta en la creación aisladamente. Sigue la forma “θεοπρεπής de modo manera divina” “del Padre, por el Hijo y en Espíritu Santo”, percepción que primero fue desarrollada por san Atanasio el Magno, y que a continuación adoptaron también los otros Padres, como san Epifanio, san Basilio el Magno, etc.

7, Εκ, ek de, desde. “Διά diá, por, para, de, medio de, de parte, a través. Εν en, al o a la. (término teológico, en todas las traducciones utilizo el Εκ de o del, διά por, Εν en.) Ninguna energía del Padre se manifiesta en la creación aisladamente. Sigue la forma Θεοπρεπής (zeoprepís de modo manera divina) de” el Padre, “por” el Hijo y “en” Espíritu Santo”, percepción la cual primero la desarrolló san Atanasio el Magno, y que a continuación adoptaron también los otros Padres, como san Epifanio, san Basilio el Magno, san Máximo el Confesor, san Gregorio Palamás, etc.

 

Domingo del triunfo de la Ortodoxia

Domingo de la Ortodoxia Κυριακή της Ορθοδοξίας

 

Evangelio san Juan 1,44-52 ΕΥΑΓΓΕΛΙΟΝ Ἰωάν. α΄ 44-52

44 Al día siguiente, Jesús decidió salir de Judea hacia Galilea; encontró a Felipe, y le dice: «Sígueme». (Felipe también era discípulo de Juan Bautista de quien había escuchado hablar mucho sobre el Mesías.)

45 Felipe era de Betsaida, de la ciudad de Andrés y Pedro,

46 Felipe encontró a Nataniel y le dice: “Hemos encontrado a aquel sobre quien Moisés escribió en la ley y los profetas; es Jesús de Nazaret, el hijo de José”.

47 Nataniel respondió: “¿De Nazaret puede salir algo bueno?” Felipe le contestó: “Ven y lo verás”.

48 Jesús, vio a Nataniel que se le acercaba y dijo de él: «He aquí un israelita de verdad, en quien no hay engaño, ni mala astucia».

49 Nataniel le dijo: “¿de qué me conoces?” Jesús le contestó: «Antes que Felipe te llamase, cuando estabas debajo de la higuera, yo te vi».

50 Respondió Nataniel y le dice: “Rabí, tú eres el hijo de Dios, tú eres el rey de Israel, al que según las profecías esperábamos”.

51 Jesús le contestó y le dijo: «¿Porque te he dicho que te he visto debajo de la higuera crees? Cosas mayores que estas verás».

52 Y añadió: «Amín, amín, de verdad en verdad os digo que veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre».

  1. «Y añadió: «Amín, amín, de verdad en verdad os digo, a partir de ahora que el cielo se ha abierto por mi bautismo, veréis el cielo abierto también para vosotros y los ángeles subiendo y bajando sobre el Hijo de Dios, quien se ha hecho hombre perfecto; y como hijo del hombre será y es el único representante o vicario del género humano; y que volverá a venir como juez glorioso sentado sobre las nubes; y los ángeles estarán subiendo y bajando para servir a Él y Su Iglesia».

 

DOMINGO DE LA ORTODOXIA

(Por Ο ΣΩΤΗΡ”, el Salvador, hermandad de teólogos)

 

  1. La Iglesia «combatida, vence»

Festivo y glorioso es el día de hoy, Domingo de la Ortodoxia. Es el día en que celebramos el increíble milagro de la fe, el triunfo por la prevalencia de la verdad de la Ortodoxia sobre el error y engaño de las herejías.

Durante 2.000 años la Iglesia Ortodoxa «es combatida, guerreada, pero gana y triunfa” (San Juan Crisóstomo). Es perseguida, pero no deja de extenderse, de propagarse; es manchada y difamada, pero mantiene la verdad incorrupta, limpia y pura; es encarcelada, pero permanece siempre libre; parece que muere, pero resucita; ni las persecuciones y martirios, ni ataques calumniosos de herejías, ni holas de ateísmo y la polémica guerra del diablo han sido capaces de anular Su logos ortodoxo y verdadero y Su fuerza y energía increada sanadora, iluminadora y santificadora. Así se verifica el logos profético del Señor que dijo: “y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella” (Mt 16,18); es decir, ¡la muerte y las fuerzas, potencias organizadas del mal nunca vencerán la Iglesia Ortodoxa!

Glorifiquemos y alabemos, pues, al Señor παντοδύναμο (pantodínamo) todopoderoso, porque nos ha hecho dignos de convertirnos miembros de Su Santa Iglesia, y luchemos para mantener íntegro el tesoro de la Ortodoxia, que hemos recibido de los Apóstoles, los Jerarcas, los Mártires, los Ascetas y todos los Santos que han vivido como fieles creyentes y dedicados discípulos en Él.

  1. El deber de la misión

Una de las principales características de la Iglesia es esto que confesamos en el “Credo o Símbolo de la Fe” con la palabra “Apostólica”. La Iglesia Ortodoxa mantiene la sucesión apostólica y continúa la obra de los santos Apóstoles. Por eso también en el santo Evangelio durante este día solemne nos traslada a la llamada de los primeros discípulos del Señor. El Señor Jesús ya había dirigido la invitación, llamada a Andreas y Juan para que Le siguieran, y después a Pedro, quien fue conducido a Cristo por su hermano Andreas. Ahora el Señor llama a Fílipo. Y aquel corre inmediatamente a encontrar a su amigo Nathanael para anunciarle la buena y gozosa noticia: “Hemos encontrado a aquel sobre quien Moisés escribió en la ley y en los profetas. Es Jesús…” Lo hemos encontrado! ¡Es el Jesús! Este movimiento espontáneo de Filipo revela su ἀγάπη (agapi: amor incondicional, desinteresado) e interés para el prójimo. Esta es una cualidad característica y esencial también de todo cristiano consciente. «No hay cosa más fea, fría y dura para el cristiano que no se interese por la psicoterapia, sanación, redención y salvación de los demás»”, dice san Juan el Crisóstomo (PG 60, 162).

Es un deber de agapi (amor desinteresado) hacia nuestros hermanos, instruirlos, ilustrarlos e iluminarlos acerca de la fe y la vida Ortodoxa. Recomendarles un libro adecuado o revista ortodoxa, alguna homilía o conferencia de instrucción y formación espiritual ortodoxa; ayudémosles a participar conscientemente en los Misterios (sacramentos) Ortodoxos de nuestra Iglesia; y señalémosles con discreción y discernimiento lo que es correcto según la Sanata Παράδοσις * (Parádosis: Entrega y Tradición Santa) de nuestra Iglesia; Sobre todo, enseñémosles con nuestro ejemplo, que, si es correcto, constituye la prueba más convincente de que el Evangelio se aplica también hoy, psicoterapiando, iluminando, pacificando y santificando la ψυχὴ (psijí: psique, alma, ánima, la que anima el cuerpo) de toda persona.

* https://logosortodoxo.es/teologia-ortodoxa/santa-tradicion-de-la-una-santa-iglesia-catolica-apostolica-ortodoxa/)

  1. Experiencia personal de la fe.

Ciertamente, la fe ortodoxa no se conquista como gnosis-conocimiento teórico, ni se agota en la enseñanza de ciertos dogmas. En esencia, es la experiencia personal y un modo de vida. Por eso Filipo sugirió a su amigo Natanael que viniera él mismo a conocer personalmente a Cristo. «Ἔρχου καὶ ἴδε erju ke ide ven y lo verás»!!!

Es necesario acercarnos, saborear, entender lo que creemos, qué es la vida cristiana, qué grandezas vivimos en la Iglesia Ortodoxa. Debemos valorar y apreciar nuestra fe que es verdadera, vivificante y llena de vida. ¡Gozarla y disfrutarla! ¿Qué puedes entender si solo te hablan de la dulzura de la miel y nunca la has probado?

Nuestra fe Ortodoxa es un tesoro. Nuestro culto o liturgia es una riqueza inagotable. La vida espiritual es alegría, deleite y gozo. Pero todo esto podemos sentirlo solo si lo experimentamos y lo saboreamos personalmente.

En este mundo caótico y caprichoso en el que vivimos, en tiempos de confusión sin precedentes, de concesiones y de compromisos, hoy, Domingo de la Ortodoxia, se destaca nuestro deber urgente e imperioso: vivir la fe y la santa parádosis-tradición ortodoxa como el único camino de salvación y luchar para conservarla genuina e intacta y no falseada. Así, la luz increada de la Ortodoxia se transmitirá de generación en generación y brillará por todo el mundo «hasta los confines de la tierra». “Ο ΣΩΤΗΡ”, el Salvador. Fuente: ΑΚΤΙΝΕΣ

 

Κυριακή Α΄ Νηστειών. Ο Θρίαμβος της Ορθοδοξίας

Domingode Cuaresma. El Triunfo de la Ortodoxia

(Jristakis Efstazíu Teólogo –Iglesia de Chipre)

 

Como sabemos, cada domingo de la Gran Cuaresma se presentan ante nosotros dos temas sobre los cuales el creyente está llamado a profundizar y obtener ricos suministros y bienes espirituales.  Así también, el primer Domingo de los ayunos, nuestra Iglesia celebra el triunfo de la Ortodoxia. 

Este día recordamos la victoria contra los iconoclastas*, una herejía muy peligrosa en engaños y falacias, que en esencia consistían en la negación de la Encarnación de nuestro Señor. Esto significa que el hombre no podría sanarse, ni salvarse, ni incorporar los mensajes eternos de la verdad eterna de nuestro Señor. *https://logosortodoxo.es/teologia-ortodoxa/la-santa-tradicion-sobre-los-iconos-ortodoxos/

La controversia iconoclasta, que se desarrolló de la manera más terrible durante los más de cien años, causó gran agitación y dejó muchas «heridas» a su paso. Muchas personas santas fueron perseguidas, torturadas y sacrificaron sus vidas defendiendo la Fe Ortodoxa. Entre estas personas santas figuran también san Juan el Damasceno, san Teódoro el Studita y otras. Finalmente, en el año 843 d.C., después de muchas batallas y sacrificios de santas figuras que adornan el edificio de la Iglesia y lo iluminan con sus presencias, se realizó la restauración de los sagrados iconos, acontecimiento que lo festejamos y celebramos como el triunfo de la Ortodoxia.

El Triunfo de la Iglesia

La victoria de nuestra Iglesia Ortodoxa es señalada con la restauración definitiva y veneración de las Santas Iconas con el Sínodo que se hizo en Constantinópolis en el año 843 d.C. Informativamente cabe señalar que la relación de esta festividad con la Gran Cuaresma es, desde un punto de vista, histórica: el primer triunfo de la Ortodoxia tuvo lugar precisamente este Domingo. El resplandecimiento de la verdad.

Nuestros santos Padres con la sabiduría Divina que les distinguía, colocaron en este domingo la victoria de la Ortodoxia para que los fieles pudieran obtener de ella los necesarios bienes, provisiones y cualidades espirituales, que los acompañarán en su gran peregrinación hacia el encuentro con el Cristo resucitado.

Precisamente, Ortodoxia significa la correcta Fe. Es un requisito y una condición muy básica en la lucha del creyente que realiza durante este período para poder ascender a cumbres espirituales más altas, teniendo como telón de fondo las virtudes que puede adquirir a través de la etapa de su lucha. La correcta fe solo nos la da la persona de nuestro Señor. Sólo cuando buscamos sinceramente con verdad, conocemos realmente a Cristo, se dignifica nuestra vida y adquiere su verdadero valor. Sólo el encuentro y la relación personal con el Señor, puede aliviar y dar descanso a nuestra existencia… Esto nos lo atestiguan y afirman las nubes de Mártires, Santos, Padres y Maestros que combatieron hasta la muerte para la Fe Ortodoxa. A ellos los honramos hoy, el Domingo de la Ortodoxia, y recordamos sus logros y hazañas. 

La iglesia Cuerpo de Cristo

Cuando hablamos de la Ortodoxia, hablamos de lo más precioso de la fe y la esperanza. ¿Sin embargo, es posible definir o describir lo que participa uno en el misterio de Dios, en la vida divina, en esta vida inagotable de Dios que llena nuestra existencia humana, incluso en nuestro pecado y caída? 

Es casi imposible dar una definición precisa del término Εκκλησία eklisía Iglesia, porque, realmente no existe ninguna definición que pueda considerarse como una autoridad dogmática reconocida. Más bien la Iglesia es una realidad que vivimos, en vez de un objeto que “analizamos y estudiamos”, señala característicamente el Padre Georgios Florosky.

Queridos hermanos, el Evangelio nos ha invitado, ven y los verás” (Jn 1, 47). Y esta venida nuestra es un camino humilde, limpio y puro que pasa a través de la vida litúrgica, mistiríaca (sacramental) y culto de nuestra parroquia, nuestra Iglesia, entonces seremos conducidos en nuestra unión con la Iglesia, y a nuestro crecimiento y nuestro renacimiento en Cristo, de modo que cada uno de nosotros pueda decir éste logos, como el de Natanael en el Evangelio de hoy: “Rabí, de verdad eres el hijo de Dios”.

Desde esta perspectiva podemos hablar sobre restablecimiento, restauración de nuestra icona (imagen), con toda su grandeza y nobleza que el Dios le ha otorgado. 

Queridos hermanos, la celebración de hoy de nuestra Iglesia y de nuestra Ortodoxia, nos recuerda también el deber y la obligación que tenemos como Cristianos ortodoxos de servir con todas nuestras fuerzas la verdad de nuestro Señor. Debemos depositar con absoluta confianza nuestra vida en la perspectiva y el camino que Él abre para nuestra sanación y salvación. La Ortodoxia no se agota ni se limita sólo en formulaciones verbales, sino que se extiende en el sentido dinámico de la ortopraxía (acción, praxis correcta), que implica la transformación en praxis de la verdad de nuestra Iglesia en una práctica diaria de vida.

Para lograr esto, se requiere que toda nuestra vida se convierta en un testimonio vivo diario que se transmite en las frecuencias de buen ejemplo, tal como esto emana a través de la realidad de nuestra Iglesia.

El triunfo de esta verdad nos impone grandes responsabilidades para que también nosotros respondamos a la sagrada obligación de transmitirla a todo el mundo. El Triunfo de la Ortodoxia, finalmente actúa y funciona como un reto, un desafío para que su presencia brille e irradie a través de nuestras propias existencias la χάρις (jaris: gracia, energía increada) y transmita mensajes eternos en todo el mundo.

Jristakis Efstazíu Teólogo –Iglesia de Chipre. https://aktines.blogspot.com/

 

Primer Domingo de ayunos del Cuaresma. El Triunfo de la Ortodoxia

Sacerdote Georgios Dorbarakis

El Synodikon de la Ortodoxia (del libro sobre los sínodos), que escuchamos el primer domingo de la Cuaresma, expresa la convicción de la Iglesia Ortodoxa de que ella misma no está en el mundo como una rama en el árbol del cristianismo, como creen algunos herejes, sino como el propio árbol, la extensión verdadera del Señor, «Cristo prorrogado, extendido a través de los siglos» (San Agustín).

«Los Profetas como vieron, los Apóstoles como enseñaron, la Iglesia como recibió, los Didáscalos-Maestros como dogmatizaron, la Οικουμένη como estuvo de acuerdo, la Χάρις (Jaris: Gracia, energía increada) como resplandeció… Cristo como recompensó, así pensamos, así hablamos, así predicamos a Cristo, nuestro verdadero Dios…». «Esta es la fe de los Apóstoles, esta es la fe de los Padres, esta es la fe de los Ortodoxos, esta es la fe que sostuvo la Οικουμένη (Icumeni: toda tierra habitada)».

  1. Esta convicción significa, ante todo, que, si alguien quiere tener una relación correcta con Cristo, si quiere verLo sin adulteraciones y auténticamente, debe unirse a Su cuerpo, convertirse en miembro de Él y ser bautizado como cristiano ortodoxo. Porque la Iglesia Ortodoxa sostiene firme, con demostraciones y pruebas históricas, pero también con el carisma de sus numerosos santos, la verdadera icona-imagen de Cristo y la revela al mundo con toda su vida.

Esto significa que el cristiano no tiene su propia fe y cosmovisión. Su fe es la fe de la Iglesia, de la cual debe ser un miembro consciente. Si acaso alguies se diferencia y quiere tener su propia fe, automáticamente deja de pertenecer a la Iglesia de Cristo, por la sencilla razón, que ha puesto su propio yo por encima del todo, del cuerpo -en realidad, ha seguido el camino de la «auto-deificación», eligiendo su ego, su auto-convicción y egocentrismo como criterio de todo.

  1. Así, la característica principal del creyente ortodoxo es la obediencia: «por el Cristo, yo el Pablo y los otros Apóstoles, hemos recibido la χάρις (jaris: divina gracia, energía increada) y el cargo del apostolado para predicar a todas las naciones la nueva fe en honor y doxa-gloria de su nombre» (Rom. 1, 5), señala el apóstol Pablo, y por tanto también la humildad – la humildad y la obediencia siempre coexisten.

Por eso se enfatiza repetidamente que ortodoxo no es tanto el virtuoso (y quizás orgulloso), cuanto el humilde. Esta humildad también juzga la autenticidad de cualquier santidad presunta. En otras palabras, aquel considerado santo es tanto más santo cuanto más está dispuesto a obedecer a la Iglesia, con su estructura sinodal espiritual existente y sus pastores canónicos.

Ningún verdadero santo, después de todo, ha puesto jamás su propia santidad por encima de la santidad de la Iglesia. Por eso, no es casualidad que los grandes santos contemporáneos, como los venerables Porfirio, Paisios, Iakovos y Sofronios, tuvieran un fuerte espíritu eclesiástico y siempre remitían a las personas a integrarse en la Iglesia ortodoxa canónica, de la cual ellos mismos eran miembros honorables.

Escuchemos, por ejemplo, el logos conmovedor de san Porfirio, repitiendo una expresión similar de san Juan Crisóstomo: «Prefiero errar dentro de la Iglesia que ser santo fuera de ella», o lo que escribe extensamente sobre esto en una carta san Sofronio de Essex: «Creo en Cristo. Creo a Cristo. Estoy atado, unido con la ἀγάπη (agapi: amor incondicional desinteresado, altruista) de Cristo. Confío solo en el Cristo que conocí en la Iglesia… ¡El Cristo que me dio la Iglesia! No desprecio ningún medio que contribuya a mi unión con Cristo. Pero, ¿es acaso posible encontrar fuera de la Iglesia estos medios en mayor abundancia? En la Iglesia tengo al Dios encarnado de tal manera que comemos y bebemos a Dios, respiramos Su Logos. Con Su nombre, Su Logos, Su δύναμή (dínamis: poder, fuerza y energía increada) realizamos los santos Misterios (sacramentos). Y estos Misterios no son simplemente símbolos, sino una realidad verdadera. Y toda la experiencia lo atestigua con tanta claridad».  Y en otro punto de la carta escribe lo siguiente, de manera asombrosa:

«El cristianismo no puede dejar de ser eclesiástico, si examinamos cuidadosamente la Iglesia como cuerpo de Cristo o como fenómeno histórico, como comunidad de los cristianos… ¿Qué es entonces lo que me da la Iglesia? El bautismo, la μετάνοια (metania: introspección, penitencia, arrepentimiento y confesión), la comunión, el sacerdocio, etc. A través de la Iglesia, siempre según la medida de mis posibilidades, me convierto en heredero de la parádosis (divina entrega y tradición) más grandiosa que existe en la historia de la humanidad. Por medio de la Iglesia y dentro de la Iglesia vivo continuamente la relación más viva con Juan el Teólogo y Pablo y los Apóstoles, con Atanasio, Basilio y los otros Padres, con Antonio y Sisoe, con Macario e Isaac, con Máximo y Simeón el Nuevo Teólogo, con Gregorio Palamás, con Serafín de Sarov. Ellos son mis allegados, mis parientes. Sin embargo, los he recibido en el orden eclesiástico. Fuera de la Iglesia, la conexión con ellos se debilita. Aunque sea en menor medida, vivo, no obstante, la misma vida que ellos. Por medio de la Iglesia formo en mi conciencia la icona-imagen del Cristo Crucificado por nuestros pecados con amor infinito. Icona-imagen que siempre, de manera suave pero intensa, atrae mi psique-alma. Y he aquí, todo esto me da la fuerza para soportar muchas cosas insensatas y pervertidas que encontramos en el entorno eclesiástico».

  1. Es evidente, por lo tanto, que ortodoxo no es simplemente quien habla de la Ortodoxia, sino aquel que vive la fe ortodoxa, quien cumple la voluntad del Padre Celestial, aquel que cree en Cristo y también ama a su prójimo según el mandamiento del mismo Señor.

¡Una ortodoxología (de palabras y logos ortodoxos) sin estar activa y animada por la misma vida constituye la definición de la hipocresía y de la muerte espiritual! «La fe sin las obras está muerta» (Sant. 2, 26).
«La fe operada por la agapi-amor incondicional, desinteresado» (Gál. 5, 6). Esta activación de la fe por agapi-amor incondicional, desinteresado en Cristo, ciertamente, convierte al hombre en una extensión de Cristo, ¡un otro Cristo sobre la tierra! Así como Él mismo lo apocaliptó-reveló y lo prometió: «YoSoY la vid, vosotros los sarmientos» (Jn. 15, 5). Y como lo proclamaban también los Apóstoles: «Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí» (Gál. 2, 20).

  1. Así, nuestros santos, que vivieron y viven la fe, muestran la profundidad del significado y la restauración de los iconos -lo que celebramos históricamente el Domingo de la Ortodoxia: restauraron, con la jaris gracia increada de Dios, la icona-imagen de Cristo oscurecida por el pecado dentro de ellos, por eso, al honrarlos a ellos, en realidad honramos y glorificamos a Cristo. «…A Él (Cristo) lo veneramos y reverenciamos como Dios y Soberanos, y a ellos (los santos), por el común con el Señor, los honramos como siervos auténticos suyos, rindiéndoles la veneración correspondiente según la relación», y según la formulación también del Sinodikón de la Ortodoxia (Libro de Sínodos).

El Domingo de la Ortodoxia no es una celebración para triunfalismos, sino una ocasión para provocar una reflexión sobre la calidad de nuestra propia fe: si caminamos guiados por la verdadera fe de Cristo o si la alteramos con elementos ajenos a ella. Y el Señor fue absoluto en este punto: «El que no está conmigo, está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama» (Mateo 12, 30). ¡O con Él, o, lamentablemente, contra Él!

Fuente: ΑΚΟΛΟΥΘΕΙΝ     παπα Γιώργης Δορμπαράκης

Traducido por: χΧ jJ  logosortodoxo.es/

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EL PURGATORIO

EL PURGATORIO (no existe)

Metropolita de Nafpaktos-Lepanto, Hierotheos Vlajos

(Fuente: Del libro «La vida después de la muerte» capítulo V)

 

Contenidos

El fuego creado purgador del purgatorio

El debate en Ferrara-Florencia sobre el fuego purgatorio

La Enseñanza de San Marcos el Amable sobre el Fuego Purificador

a) Introducción

b) La Necesidad del Debate Dogmático

c) Existen el Paraíso y el Infierno

d) No existe el fuego purgador del purgatorio

e) Logos y razones teológicas contra la existencia del fuego creado purgador del purgatorio

f) Interpretación del pasaje apostólico

g) Pasajes patrísticos en el diálogo

h) El fuego eterno es increado

¿A qué se debe la enseñanza y doctrina de los latinos sobre el fuego purgatorio?

 

El fuego creado purgador del purgatorio

La separación de la psique-alma del cuerpo es, en verdad, un gran misterio. Hemos visto previamente qué ocurre cuando se aproxima esta hora, qué exactamente sucede cuando la psique-alma se encuentra en un punto crítico, es decir, cuando se prepara para salir del cuerpo humano, y qué sigue después de su salida. Estos son misterios que Cristo nos ha revelado y que los santos de nuestra Iglesia han confirmado. En los Sinaxarios (Vida de Santos) encontramos numerosos ejemplos relacionados con estas cuestiones cruciales.

Los latinos han desarrollado la teoría del fuego purgatorio, es decir, que las psiques-almas de todos los hombres, justos e injustos, pasarán, después de su salida del cuerpo, por el llamado fuego purgatorio. En la tradición patrística se habla de la catarsis del corazón, pero con un significado completamente distinto. La teoría latina sobre el purgatorio con fuego purgadores una mala interpretación y una distorsión de los pasajes correspondientes de la Sagrada Escritura y de los Padres de la Iglesia, utilizada con otros propósitos.

Es importante examinar la diferencia entre los ortodoxos y los franco-latinos 8papismo) sobre el tema del fuego purgatorio, ya que es una de las cuestiones de interés en este libro.

En el Sínodo de Ferrara-Florencia (1438-1439), que se llevó a cabo con motivo de la llamada unión de las Iglesias, entre otros temas, se discutió la cuestión del fuego purgatorio, y en ese contexto se evidenció la diferencia entre los Ortodoxos y los Latinos sobre este punto. A continuación, analizaremos este debate, así como también las posiciones de san Marcos de Éfeso, el Amable, ya que resultan bastante interesantes.

Considero necesario hacer algunas aclaraciones previas:

Primero, todo el tema será abordado basándonos en la enseñanza de san Marcos el Amable, quien fue el principal representante de la parte ortodoxa en dicho Sínodo, cuyas decisiones finales no fueron aceptadas por la Iglesia Ortodoxa.

Segundo, antes de desarrollar en detalle la enseñanza de san Marcos, es fundamental examinar históricamente cómo comenzó el Sínodo y cómo se abordó este asunto. Sin esta introducción, será difícil comprender su enseñanza y doctrina.

Tercero, dado que analizaremos las opiniones de san Marcos el Amable sobre el purgatorio con fuego purgador en relación con el Infierno y el Paraíso, no haremos muchas referencias a otros Padres de la Iglesia. Además, los temas relacionados con el Paraíso, el Infierno, el reinado de la Realeza increada de Dios y la vida eterna serán tratados en otros capítulos del presente libro. Ciertas repeticiones sobre estos temas, que son inevitables, nos ayudarán a asimilar mejor nuestros conocimientos sobre estas importantes cuestiones.

 

El debate en Ferrara-Florencia sobre el fuego purgatorio

La cuestión del purgatorio con fuego purgador fue el primer tema que se discutió entre los Ortodoxos y los Latinos, (Francolatinos) en Ferrara. La sesión inaugural del Sínodo tuvo lugar el 9 de abril de 1438, pero las discusiones sobre el purgatorio con fuego purgador comenzaron más tarde, en concreto en junio del mismo año. Seguiremos el desarrollo de estas discusiones basándonos en las actas helénicas-griegas del Sínodo y en los informes de Sirópulos, que son fuentes auténticas.

Dada la existencia de muchas diferencias entre las “Iglesias”, se decidió comenzar con la cuestión del fuego purgatorio. El representante latino, el cardenal Julián Cesarini, sugirió que primero se abordara la primacía del Papa, pero consideró más conveniente discutir sobre el purgatorio con fuego purgador» para purificarnos nosotros mismos a través de este debate». San Marcos de Éfeso estuvo de acuerdo con esta propuesta, pero preguntó de dónde habían recibido los latinos esta tradición, desde cuándo la creían y cuál era exactamente su doctrina y enseñanza sobre este asunto.

Antes de comenzar la discusión sobre el fuego purgatorio, el llamado lugar purgatorio, San Marcos preguntó al emperador Juan Paleólogo cómo debían responder a los latinos: «¿de manera combativa y firme o de forma económica conciliadora?» La respuesta del emperador fue clara: «Defiendan siempre con determinación nuestros derechos y nuestras enseñanzas de forma combativa».

Esto es significativo porque, como veremos más adelante, se optó por otro enfoque, es decir, el método del compromiso y conciliación, después de que San Marcos fuera obligado a guardar silencio durante el debate sobre el fuego purgatorio.

Finalmente, el 4 de junio tuvo lugar la reunión entre ambas delegaciones para discutir sobre este tema. El cardenal Julián expuso la posición de los latinos, afirmando que:

«Existe un purgatorio con fuego purgadoren el que, en el presente siglo, las psiques-almas de los pecadores son purificadas a través del fuego, si han cometido pecados veniales. Además, con la ayuda de la Iglesia, mediante las oraciones de los sacerdotes, las liturgias y las limosnas, se les libera de estos infiernos y castigos».

Dijo con más detalle que existen tres lugares y categorías. La primera es la de los santos, cuyas psiques-almas, después de la muerte, se encuentran en el cielo; la segunda es la de los pecadores sin metania e impenitentes, que están en el Hades, como la psique-alma de Judas; y también existe otro lugar intermedio, en el que se encuentran las psiques-almas de aquellas personas que tienen pecados perdonables, habiendo confesado y comulgado los divinos misterios, pero que «todavía deben cumplir una penitencia». Las psiques-almas de estas personas pasan por el fuego purificador.

Según Sirópulos, entre otras cosas, dijo que las psiques-almas de aquellos que se arrepintieron y confesaron sinceramente, pero no llegaron a cumplir la penitencia impuesta por su guía espiritual ni dieron frutos de metania para la expiación de sus pecados, «se purifican, se expían a través del fuego del purgatorio, unas más rápidamente, otras más lentamente, según la gravedad de sus pecados, y después de ser purificadas, alcanzan el gozo eterno».

Los latinos expusieron estas ideas utilizando diversos pasajes de la Sagrada Escritura y de los Padres de la Iglesia. De la Sagrada Escritura citaron el pasaje del Apóstol Pablo: “El valor del trabajo de cada uno aparecerá claro el gran día del juicio, porque ese día se apocaliptará-revelará con fuego, y el fuego probará la obra de cada uno y quemará lo podrido. Si la obra que uno ha edificado sobre este cimiento que es el Cristo, resiste la prueba del fuego, recibirá el premio o el salario; si se consume, lo perderá todo, aunque él se salvará con gran dificultad, pero como el que escapa atravesando las llamas del fuego. (Se salvará si la justicia de Dios lo juzga digno de salvación y perdón por lo menos por su buena disposición e intención). (1 Corintios 3, 13-15). También utilizaron muchos pasajes de los Santos Padres de la Iglesia.

De estas opiniones se desprenden claramente tres puntos. Primero, que los latinos, al hablar del fuego purificador, lo distinguieron claramente del fuego eterno, ya que se referían a un fuego «en el presente siglo» y «en el tiempo actual», antes de la Segunda Parusía, Presencia Venida de Cristo. Segundo, que este fuego es en realidad creado, no es la energía increada de Dios. Y tercero, que las psiques-almas de los hombres se purifican a través de este fuego. Las posiciones de los ortodoxos se analizarán en el diálogo, pero principalmente en la enseñanza de San Marcos el Amable, que presentaremos en otra sección de este capítulo.

Después de la exposición de las opiniones por parte del Cardenal Juliano, habló San Marcos. Silvestre Sirópulos dice que, entre otras cosas, San Marcos mencionó que hasta ese momento creían que los latinos sostenían otras creencias, pero ahora escuchaban cosas diferentes. De hecho, dijo característicamente: «Por tu relato, venerable señor, encuentro que la diferencia entre nosotros en este punto es pequeña, y espero que incluso esta pueda ser corregida, si Dios lo permite». Naturalmente, como dice Sirópulos, esto lo dijo por economía para crear un ambiente amistoso: «Y esto lo dijo de manera más económica o reconciliadora, por así decirlo, o más amistosa y pacífica». No obstante, solicitó sus opiniones por escrito para poder dar una respuesta.

En las actas recogidas por Mansi, inmediatamente después de lo dicho en esta primera sesión, se exponen las cosas discutidas en la siguiente sesión, que tuvo lugar el día catorce de junio, en la cual respondieron los Ortodoxos. Sin embargo, Sirópulos conserva un episodio que muestra la mentalidad predominante y presenta de manera relevante por qué San Marcos evitó responder en estas sesiones, mientras que el encargado de exponer la posición ortodoxa fue el Metropolitano de Nicea, Bissarión.

Se llevaron a cabo interminables debates entre los ortodoxos sobre qué debían responder a las opiniones de los latinos acerca del fuego purificador. Finalmente, San Marcos y Bissarión de Nicea redactaron cada uno un escrito, los cuales fueron leídos en un sínodo entre los Ortodoxos. El emperador seleccionó entre los dos escritos. Ordenó tomar el preámbulo del texto de Bissarión y todo lo que pareciera útil de este, y del escrito de San Marcos tomar la mayor parte y lo mejor, y así componer el «documento a entregar». Desde entonces «comenzó el escándalo entre los de Éfeso y los de Nicea».

Bessarión asumió la palabra, pero otros también intervinieron, razón por la cual en las actas se dice que «los griegos respondieron en esos puntos». Sin embargo, parece que inicialmente la voz principal la tuvo Bissarión de Nicea, según nos informa Sirópulos. Él afirma que San Marcos escribió discursos excelentes que refutaban las opiniones de los latinos. Los latinos exigían que San Marcos respondiera cuál era la opinión y la enseñanza de la Iglesia Ortodoxa sobre aquellos que fallecen. Sin embargo, San Marcos «no la expresó, ya que estaba impedido de hacerlo por el emperador». Los latinos insistían en conocer la razón por la cual no hablaba San Marcos y lo desafiaban a hacerlo, pero él «estaba sujeto a la orden imperial, impedido como con un freno, y se sentía incómodo». Entonces, Bissarión asumió la palabra y, de hecho, se retiró del lugar donde estaba sentado junto a San Marcos «y se sentó en un lugar separado, donde también estaban los mencionados senadores».

Este episodio demuestra las difíciles condiciones en las que se encontraba San Marcos, ya que no solo estaba restringido por el emperador para hablar, sino que también enfrentaba la envidia y el odio de Bissarión. Sin embargo, durante las discusiones posteriores, San Marcos respondió con éxito. Sirópulos escribe: «Nosotros nos maravillábamos de cómo el de Éfeso daba inmediatamente las soluciones con referencias de las Escrituras, sin haber sido advertido de antemano sobre lo que Juan iba a proponer».

Pero sigamos el interesante diálogo que tuvo lugar en Ferrara sobre el purgatorio con fuego purgador entre los Ortodoxos y los Latinos.

El emperador ordenó a Bessarión responder a las opiniones de los Latinos. Comenzó analizando el pasaje apostólico:

«Si la obra que uno ha edificado sobre este cimiento que es el Cristo, resiste la prueba del fuego, recibirá el premio o el salario; si se consume, lo perderá todo, aunque él se salvará con gran dificultad, pero como el que escapa atravesando las llamas del fuego» (1 Corintios 3:13-15). Explicó que las obras que serán quemadas son las praxis, actos y la vida de las personas que vivieron en este mundo. El fuego mencionado en el pasaje apostólico es el fuego eterno del siglo venidero y no otro tipo de fuego. «El fuego al que se refiere el apóstol es para el siglo futuro, no para el presente». Además, el verbo «será salvo» no indica salvación o apocatástasis, restauración, sino que significa «no será aniquilado». Esto implica que el pecador no será destruido, sino que permanecerá «sufriendo eternamente en el fuego».

Los Latinos afirmaban que existe un fuego en el presente siglo mediante el cual se logra la purificación de la psique-alma, y otro fuego en el siglo venidero, que no es purificador, sino eterno. También sostenían que el fuego del presente siglo es universal, es decir, «todos son purificados a través del fuego». Aquel que tiene muchos pecados se purifica por más tiempo, mientras que quien tiene pocos pecados «se purifica menos y es liberado, con la cooperación de la Iglesia».

Las respuestas de los Latinos justificaban la reacción de San Marcos, quien, al escuchar la presentación inicial del Cardenal Juliano, dijo que tenían una idea diferente sobre la enseñanza de los Latinos acerca del purgatorio con fuego purgadory que estaban oyendo algo distinto que se introdujo en aquella exposición. Se evidenció que existía una diferencia. El caso es que durante el debate, quedó claro que se hablaba de dos fuegos, el presente y el futuro, y que todos los seres humanos pasaban por el fuego purgatorio.

Los Ortodoxos respondieron que en la Iglesia Ortodoxa no se hace distinción entre el fuego eterno y el presente. En la interpretación ortodoxa del pasaje apostólico, el fuego mencionado es el fuego eterno, y las psiques-almas de los pecadores van a un lugar oscuro y de tristeza, donde «sufren en parte y son infernadas al estar privadas de la luz divina e increada». Se limpian mediante las súplicas y oraciones de la Iglesia. Esta catarsis y alivio no se logran a través de un fuego existente, sino mediante la acción y energía de la oración, la súplica y la caridad (misericordia o limosna).

Durante los debates, se evidenciaron dos diferencias entre Ortodoxos y Latinos. La primera era que los Ortodoxos hablaban de un espacio de infierno, pena y tristeza, pero no de fuego, mientras que los Latinos hablaban de «castigo y purificación mediante el fuego». La segunda diferencia radicaba en que los Ortodoxos afirmaban que las psiques-almas de los pecadores sin metania, impenitentes aún no sufrían o no expulsaron completamente desde ahora sus infiernos (castigos), ya que esperaban la resurrección de los cuerpos, al igual que las psiques-almas de los santos aún disfrutaban desde ahora de los bienes celestiales pero “no plenamente”. Disfrutarán plenamente de los bienes cuando, en la resurrección de los cuerpos, las psiques-almas se unan con los cuerpos. Los Latinos, en cambio, sostenían que las psiques-almas de los pecadores aún no eran infernadas completamente, ya que esperaban la resurrección de los cuerpos para ser condenadas eternamente junto con ellos. Sin embargo, las psique-almas de los santos «ya han recibido perfectamente su corona en los cielos», y solo entonces se regocijarían eternamente «al revestirse de sus cuerpos».

Los Latinos solicitaron por escrito las opiniones de los Ortodoxos para analizarlas y discutirlas más adelante. En realidad, se llevaron a cabo más reuniones para debatir sobre este tema, durante el 25 y el 27 de junio.

En estas primeras reuniones, el tema central fue el pasaje apostólico que menciona la salvación «como por fuego». Los Ortodoxos basaban su interpretación en la explicación del pasaje dada por San Juan Crisóstomo, la cual se tratará en una sección posterior, cuando se exponga detalladamente la enseñanza de San Marcos sobre el fuego purgatorio. No obstante, cuando los Latinos retomaron la discusión, defendieron que el verbo » σωθήσεται και το σώσον será salvo» y el término «salvación» se usaban en un sentido positivo y no negativo. Citaban pasajes bíblicos en los que se ve que «ser salvo» significaba «salvación, ayuda, liberación de los males y regocijo».

Un ejemplo característico es el salmo de David: «Salva a tu siervo, oh Dios mío, que en ti confía», así como el grito del apóstol Pedro cuando se hundía en el mar: «Señor, sálvame». Los Ortodoxos, por su parte, contraponían otros pasajes con un significado diferente.

En esta primera fase de los debates, los Ortodoxos no querían revelar completamente su doctrina y enseñanza sobre el tema, «sino solo hacer preguntas y respuestas indirectas con sorpresa». De este modo, buscaban prolongar los trabajos del Sínodo «hasta que llegaran los embajadores de los reyes». El Papa había enviado emisarios a los reyes de Venecia para solicitar ayuda para Constantinopla, que se encontraba en una situación crítica. Por esta razón, los Ortodoxos alargaban las discusiones y no exponían completamente sus posiciones.

Sin embargo, los Ortodoxos debatían entre ellos sobre si «los santos ya habían recibido completamente los bienes celestiales o no». Esto ocurrió el 16 de julio de 1438. El Emperador pidió sus opiniones por escrito, y se generó «una gran disputa sobre este asunto». Finalmente, prevaleció la opinión de que «las psiques-almas las han recibido y no las han recibido: las han recibido plenamente en cuanto psiques-almas, pero las recibirán aún más plenamente en la resurrección, junto con sus propios cuerpos, y entonces resplandecerán como el sol, o como la luz increada con la que brilló nuestro Señor Jesús Cristo en la Metamorfosis del monte Tabor».

La discusión sobre el purgatorio con fuego purgador continuó en Florencia, adonde se trasladó la sede del Sínodo. En este capítulo no examinaremos todo lo que se discutió allí, sino únicamente lo que se dijo sobre el fuego purgatorio, que fue uno de los temas de debate. En Florencia, se llegó a una propuesta que parece ser de carácter conciliador. Según esta propuesta, «las psiques-almas de los justos han recibido la corona perfecta en los cielos, mientras que son psique-almas; las de los pecadores, el infierno perfecto; y las que están en medio, existen en un estado de sufrimiento, y sea fuego, tinieblas y tormenta, o cualquier otra cosa, no nos preocupamos por diferenciarlo».

Esta propuesta es conciliadora porque parece que en las discusiones los latinos volvían repetidamente a los mismos puntos. Los latinos presentaron un texto escrito con la solicitud de que los ortodoxos lo aceptaran y firmaran, para que posteriormente «se realizara la unión». En este texto, en relación con el fuego purgatorio, se afirma que existe dicho fuego, el cual es aceptado por quienes se han arrepentido y confesado. Hay una frase significativa que muestra la diferencia entre los latinos y los ortodoxos. Los latinos sostenían que los santos, que no necesitan pasar por el fuego purgatorio, «inmediatamente ven la esencia de Dios». También afirmaban que aquellos que se purifican tras pasar por el fuego purgatorio, también serán dignos de «contemplar inmediatamente la esencia de Dios».

Aquí se presenta la opinión de los franco-latinos de que los santos ven la esencia o sustancia de Dios, mientras que en la Tradición Ortodoxa se hace una distinción entre la esencia y la energía (increadas) de Dios, y se afirma claramente que los seres humanos participan de la energía increada de Dios y no de Su esencia. El hecho de que en la enseñanza expuesta en el Sínodo de Ferrara-Florencia se hable de un purgatorio con fuego purgador temporal, que purifica al hombre y lo lleva a la participación en la esencia o sustancia de Dios, demuestra que el fuego purgatorio, según los latinos, es una realidad creada y que el hombre alcanza la participación en la esencia de Dios. Sin embargo, en la enseñanza Ortodoxa sabemos bien que la catarsis es el resultado de la energía catártica (purgadora, purificadora) increada de Dios, mientras que la iluminación y la θέωσις (zéosis, glorificación, divinización) son participación en la energía iluminadora y deificante de Dios, y no en Su esencia.

Por lo tanto, parece que la enseñanza sobre el purgatorio con fuego purgador no es ajena a la errónea identificación de la esencia y la energía (increadas) de Dios, que es el mayor error y utopía de los latinos y su principal desviación de la teología de los santos Padres. De hecho, si uno examina detenidamente todas las diferencias entre los franco-latinos y los ortodoxos, comprenderá que se reducen a una sola: la verdad sobre la esencia y la energía increadas de Dios.

En las reuniones informales que tuvieron los Ortodoxos con los Franco-Latinos (papistas), donde se les entregó el texto para que lo firmaran y así a continuación se lograra la unión, los Ortodoxos estaban dispuestos a aceptar la propuesta sobre el fuego purgatorio, pero no sobre la cuestión de la «divina esencia y energía increadas». Se registra en las actas helénicas-griegas: «Nos obligaban a aceptar el escrito, pero como no teníamos orden imperial, no lo aceptamos».

Se llevaron a cabo muchas discusiones sobre el fuego purgatorio. Aunque se llegó a un acuerdo en otros temas, aún existían desacuerdos sobre el purgatorio con fuego purgador y el perfeccionamiento o consumación de los regalos o dones divinos. De hecho, en un momento dado, los Ortodoxos dijeron respecto al fuego purgatorio: «Por esto no nos hemos separado por el purgatorio, ni es algo necesario, ni falta que hace». Los latinos querían incluir el tema del purgatorio con fuego purgador como condición para el acuerdo de la unión. Había miembros de la delegación ortodoxa que querían agregar el tema del purgatorio con fuego purgador como condición para finalizar el asunto, pero el emperador se oponía. Finalmente, en los términos del Sínodo se estableció que los justos son recibidos inmediatamente en el cielo tras su muerte, los que han en pecados mortales sin arrepentimiento «descienden directamente al Hades», y los que han pecado y se han arrepentido sin haber dado frutos dignos de metania, arrepentimiento, «sus psiques-almas son purificadas después de la muerte». Con las oraciones de los vivos, los sacrificios sagrados y las limosnas, sus psiques-almas son aliviadas y liberadas de sus castigos.

Por supuesto, este término no fue firmado por San Marcos de Éfeso, el Amable, algunos que estaban de acuerdo con él, así como algunos que habían abandonado Florencia anteriormente. La «Unión de las Iglesias» que se llevó a cabo en Ferrara-Florencia no se concretó finalmente, y esto fue una gran bendición para la Ortodoxia. El pueblo Ortodoxo, clérigos y laicos que vivían la Santa Tradición Ortodoxa, reaccionaron contra esta unión y, por lo tanto, lo que se firmó sobre el purgatorio con fuego purgador no es aceptado.

Es muy significativo que el Sínodo de Constantinopla del año 1722, en una encíclica dirigida a los Ortodoxos de Antioquía, se refiriera, entre otros temas, al fuego purgatorio. Es un documento sinodal de gran valor e importancia.

Se dice que, mientras los Latinos sostienen que existen tres lugares a los que van las psiques-almas de los fallecidos, «nosotros, los piadosos, siguiendo la verdad y rechazando tales innovaciones, confesamos y aceptamos únicamente dos lugares para las psique-almas de los difuntos, el paraíso y el infierno, para los justos y los pecadores, tal como nos enseña la Sagrada Escritura.

No aceptamos en absoluto un tercer lugar ni un purgatorio, porque ni la Escritura ni los santos Padres nos han enseñado tal cosa. Sin embargo, creemos que estos dos lugares tienen muchas y diversas moradas…

Ningún maestro de la Iglesia ha transmitido ni enseñado tal purgatorio, sino que todos hablan de un solo lugar de castigo, el Hades, y de un solo lugar luminoso y resplandeciente, el Paraíso. No obstante, ambos lugares tienen diversas moradas, como hemos dicho, y dado que las psiques-almas de los santos y justos van indudablemente al Paraíso, y las de los pecadores al infierno, entre estos pecadores, los impíos y quienes han cometido pecados imperdonables son castigados eternamente, mientras que aquellos que han pecado de manera leve y perdonable tienen la esperanza de obtener la libertad por la infinita misericordia de Dios. Por ello, la Iglesia ofrece oraciones y súplicas, liturgias, conmemoraciones y limosnas en favor de estos, es decir, de aquellos que han cometido pecados leves y perdonables, para que sus psiques-almas reciban beneficio y alivio. Así pues, cuando la Iglesia ora por las psique-almas de los difuntos, esperamos que Dios les conceda el perdón, pero no por medio del fuego y el purgatorio, sino por su divina misericordia o filantropía, del modo que conoce la infinita bondad de Dios».

De lo expuesto, se ve claramente que en la enseñanza y doctrina de los Latinos (franco-latinos, papistas) sobre el purgatorio con fuego purgador hay dos puntos interesantes que muestran su diferencia con la enseñanza ortodoxa.

Primero, que el purgatorio con fuego purgador se distingue del fuego eterno del infierno, lo cual no se encuentra en ninguna parte de la Sagrada Escritura ni en la Tradición Patrística.

Segundo, que se afirma que a través del purgatorio las personas alcanzan la visión de la esencia de Dios y, dado que en la enseñanza latina la esencia y la energía se identifican, al hablar del actus purus y de una energía creada, el llamado purgatorio con fuego purgadores algo creado. Más adelante veremos las premisas de esta enseñanza latina y sus consecuencias para la vida espiritual. Sin embargo, es necesario señalar que esta enseñanza difiere claramente de la teología de los Padres de la Iglesia Ortodoxa.

 

La Enseñanza de San Marcos el Amable sobre el Fuego Purificador

 

a) introducción

San Marcos, Metropolita de Éfeso, fue uno de los protagonistas del Sínodo de Ferrara-Florencia y un fiel representante de la enseñanza patrística ortodoxa en todos los temas. Al estudiar su enseñanza, se puede comprobar claramente que expresa la enseñanza ortodoxa y, sobre todo, es un fiel exponente de la teología de San Gregorio Palamás. En este punto, podemos apreciar el valor de su teología.

Era natural que también se ocupara del tema del fuego purificador o purgatorio y expusiera las opiniones ortodoxas al respecto. Dado que sus palabras son de gran interés y están relacionadas con muchas cuestiones teológicas, procederemos a un análisis más amplio de sus enseñanzas.

Los puntos que analizaremos se encuentran en dos discursos de San Marcos que se han conservado. Estos discursos fueron presentados en las discusiones durante el Sínodo de Ferrara, además de algunos capítulos que resumen toda su enseñanza y en los cuales rechaza la enseñanza latina sobre la existencia del fuego creado purificador del purgatorio.

El primer discurso lleva el título: «Del muy reverendísimo Metropolita de Éfeso, señor Marcos el Amble, refutación de los capítulos latinos que ellos propusieron acerca del fuego del purgatorio». Como parece, se trata del discurso que San Marcos redactó inmediatamente después de la presentación del tema, por orden del emperador.

El segundo discurso lleva el título: «“Del sapientísimo y eruditísimo Metropolita de Éfeso, señor Marcos el Amable, segunda apología contra los latinos, en la cual expone también la verdadera enseñanza de la Iglesia Ortodoxa Helénica».

Los capítulos se titulan:

«Diez silogismos, razonamientos que demuestran que no existe fuego purificador».

Por supuesto, es difícil presentar en detalle toda la enseñanza de San Marcos sobre este tema. Se requeriría un estudio especializado para analizar todas sus opiniones y aspectos. Sin embargo, intentaré exponer a continuación sus posiciones generales sobre el fuego purificador o purgatorio, procurando no alterar su contenido. Considero esto importante porque, lamentablemente, sabemos muy poco sobre este tema, y lo que se ha presentado hasta ahora no siempre refleja completamente la perspectiva ortodoxa sobre el asunto.

 

b) La Necesidad del Debate Dogmático

Al comenzar su segundo discurso, San Marcos enfatiza la importancia de la verdadera investigación sobre los temas dogmáticos que son objeto de controversia. Escribe de manera característica: «En verdad, se necesita una gran investigación y discusión sobre aquellas enseñanzas o dogmas que son debatibles y que presentan argumentos sólidos y poderosos en ambos lados.»

La investigación sobre cuestiones dogmáticas dudosas y controvertidas debe llevarse a cabo con verdad, sin engaños, utilizando siempre los argumentos más sólidos. Un debate de este tipo traerá un gran beneficio, porque conducirá y será apocaliptada-revelada la verdad: «Así pues, el beneficio que resulta de tal discusión es muy grande.»

Naturalmente, San Marcos sostiene que este beneficio será real solo si ambas partes buscan sinceramente la verdad y no simplemente el conflicto, y si no intentan imponerse a toda costa, sino que están dispuestas incluso a aceptar la derrota con nobleza. Con estas palabras, señala la actitud de los latinos (francolatinos, papistas), quienes hacían exactamente lo contrario: no buscaban la verdad sobre el fuego creado purificador del purgatorio, sino simplemente imponer su enseñanza, como en otros asuntos.

Refiriéndose al Sínodo Apostólico convocado para determinar si los cristianos de origen pagano debían ser circuncidados, y a la discusión que tuvo lugar entre los Apóstoles, así como a la armonía alcanzada después del Sínodo, San Marcos el Amable señala que ellos también deben aspirar a la paz y la concordia, incluso si el debate es extenso.

Por lo tanto, el debate dogmático es necesario cuando hay argumentos sólidos y un interés genuino en la paz y la unidad. Sin embargo, si predominan la discordia y el deseo de imponer una opinión a cualquier costo, entonces el debate no tendrá ningún beneficio. Este principio es esencial en cualquier discusión teológica, ya que, si el Espíritu Santo no actúa y no prevalece la paz durante los debates, entonces es imposible encontrar la verdad.

 

c) Existen el Paraíso y el Infierno

La enseñanza del fuego creado purificador del purgatorio sostenida por los latinos (francolatinos, papistas) está relacionada con la enseñanza sobre el Paraíso y el Infierno, por lo que San Marcos el Amable examina también esta cuestión.

San Marcos rechaza la existencia del fuego purificador del purgatorio basándose en la parábola del Rico y Lázaro, narrada por Cristo. En ella, la psique-alma de Lázaro se encuentra en el seno de Abraham, mientras que la psique-alma del rico está en el Hades. Según San Marcos, en esta parábola el Señor revela con el seno de Abraham «el estado supremo de felicidad para los amigos de Dios en su bienaventurado destino,» mientras que con el Hades representa «la condenación final y el castigo eterno de los pecadores.» Y, claramente, con esta parábola Cristo «no dejó lugar a otra región intermedia con un castigo temporal.» Por lo tanto, solo existen el Paraíso y el Hades, sin ninguna otra región de castigo y sufrimiento temporal. Además, según esta parábola, entre el Paraíso y el Hades hay un gran abismo que los separa.

En ninguna parte de las Sagradas Escrituras se menciona que, inmediatamente después de la muerte, las psiques-almas puedan ir al Paraíso, al Infierno y a un tercer lugar como el purgatorio con el fuego creado purificador. La naturaleza inmaterial de la psique-alma hace que sea ilógico que sufra tormentos por un fuego corporal o material, ya que el cuerpo ha sido disuelto. Sin embargo, después de la resurrección, cuando la psique-alma se una de nuevo al cuerpo incorruptible, cuando toda la creación se transforme y cuando el fuego se divida, es decir, cuando se diferencie el fuego iluminador del fuego abrasador, entonces el ser humano experimentará el infierno eterno, de la misma manera que los demonios, ya que estos también tienen cierta materialidad densa y tienen cuerpos de naturaleza aérea e ígnea. Por lo tanto, solo existen el Paraíso y el Infierno, sin ningún estado intermedio. La experiencia de presabor de estos comienza inmediatamente después de la salida de la psique-alma del cuerpo.

Es cierto que en las Santas Escrituras se menciona el Hades antes de la Encarnación de Cristo y antes de la abolición de la muerte, mediante Su sacrificio en la cruz. Pero incluso el Hades, tal como se describe en la Santa Escritura, no puede identificarse con el fuego creado purificador del purgatorio de los latinos. El Hades es un lugar espiritual, ya que las psiques-almas no tienen forma. Las psiques-almas de los justos eran retenidas en el Hades antes de la venida del Salvador solo por el pecado original, «no como en el fuego y el tormento, sino como en una prisión y una celda.» Por lo tanto, el Hades no es el fuego purificador del purgatorio que enseñan los franco-latinos.

La creencia en un fuego creado purificador temporal entre el Paraíso y el Infierno está, de alguna manera, relacionada con la enseñanza de la apocatástasis (la restauración de todas las cosas), que fomenta la negligencia y la pereza espiritual en aquellos que confían en un castigo temporal. La enseñanza de la apocatástasis y la eventual anulación del Infierno eterno, enseñada por Orígenes y adoptada por algunos escritores eclesiásticos antiguos, fue condenada y anatematizada por el Quinto Sínodo Ecuménico, ya que inducía a los negligentes y perezosos espiritualmente a ser más negligentes y perezoso, al hacer creer a los pecadores que serían liberados de sus sufrimientos.

De la misma manera, la enseñanza sobre el fuego creado purificador del purgatorio debe ser rechazada por la Iglesia, ya que promueve la falsa idea de que no es necesario esforzarse en esta vida, ya que se espera una purgación, purificación posterior. San Marcos lo expresa así:

«Por la misma razón, esta enseñanza del fuego creado purificador del purgatorio debe ser rechazada por la Iglesia, porque inculca la negligencia y la pereza en los creyentes y los persuade de que no necesitan esforzarse por hacerse la catarsis (purgarse y purificarse) en la vida presente, ya que esperan otra catarsis (purgación, purificación) futura.»

Al analizar el tema del Paraíso y el Infierno, San Marcos, expresando la enseñanza de la Iglesia, afirma que ni los justos poseen plenamente la bienaventuranza después de la muerte, ni los pecadores experimentan inmediatamente el tormento eterno. Ambos estados se manifestarán en su plenitud «después del último día del juicio y la resurrección de todos.»

Ahora, tanto los justos como los pecadores «se encuentran en los lugares que les corresponden,» pero con diferencias:

Los justos están en paz y libertad junto con los ángeles en el cielo y anticipan, presaborean la bienaventuranza y felicidad del reinado de la Βασιλεία (Vasilía) Realeza increada de los Cielos.

Los pecadores están confinados en el Hades, esperando con angustia, pena y una tristeza inconsolable, como condenados que aguardan la sentencia del Juez, y viendo ya la tortura eterna que les espera.

De la enseñanza de San Marcos se deduce y se ve claramente que no existe un estado intermedio de las psiques-almas como sostenían los latinos (francolatinos, papistas), es decir, un lugar entre el Paraíso y el Infierno llamado purgatorio con un fuego creado purificador. Sin embargo, sí existe una «condición intermedia» en el sentido de que, después del éxodos-salida de la psique del cuerpo, los justos esperan la plena bienaventuranza y dicha del Paraíso y los pecadores la sentencia final del Juez y la condena final.

No obstante, después de la muerte, la contemplación, expectación de Dios por parte de los justos es más intensa que durante su vida terrenal. San Marcos escribe de manera explícita que los justos, después de la muerte, disfrutan de la bienaventurada visión, expectación o contemplación de Dios «con mayor plenitud y pureza que antes en la vida.»

San Marcos, para apoyar esta opinión, utiliza numerosos pasajes de la Sagrada Escritura y de los Padres de la Iglesia. En el Juicio Final, que tendrá lugar después de la Segunda Παρουσία (Parusía, Presencia, Venida) de Cristo, los justos escucharán la siguiente declaración: «Venid, benditos de mi Padre, heredad el reinado de la Realeza increada preparada para vosotros». Esto significa que aún no habían heredado el reinado de la Realeza increada inmediatamente después de la salida de la psique-alma del cuerpo. Además, si ya lo hubieran heredado, no habría necesidad de la resurrección de los cuerpos, la presencia del Juez y aquel temible y universal tribunal.

Asimismo, el apóstol Pablo escribe: “Por esto, presentes o ausentes, nos esforzamos por ser gratos a Dios, tanto si estamos en este cuerpo corrupto, como cuando partimos de este hacia el cielo durante la muerte, puesto que todos hemos de comparecer ante el tribunal de Cristo claros y descubiertos, para que reciba cada uno según lo que hubiere hecho mientras vivió en el cuerpo, bueno o malo” (2 Cor. 5:10). Esto significa que, antes de comparecer ante aquel Tribunal y antes de presentarnos ante Cristo, y especialmente mientras la psique-alma vive separada del cuerpo, «nadie disfruta por lo que ha hecho por el cuerpo».

Cuando a San Atanasio se le preguntó si los justos disfrutan de los bienes y los pecadores del castigo después de la salida de la psique-alma del cuerpo, respondió: «De ninguna manera, pero la alegría que ahora tienen las psiques-almas de los santos es un disfrute parcial, así como el sufrimiento y tristeza que experimentan los pecadores es un infierno parcial».

Y San Marcos concluye que ni los justos disfrutan plenamente de los bienes eternos ni los pecadores han recibido aún su condena definitiva ni han sido enviados al Infierno. De hecho, antes de la resurrección de los cuerpos, los seres humanos son incompletos, «como si estuvieran divididos en dos y privados del cuerpo». Solo después de que las psiques-almas entren en cuerpos incorruptibles recibirán los premios y honores de sus hazañas.

Por lo tanto, entre el Paraíso y el Infierno, que los justos y los pecadores experimentan y presaborean inmediatamente después de la salida de la psique-alma del cuerpo (es decir, tras la muerte biológica), no existe un purgatorio con fuego creado purgador. Este dogma de los latinos (francolatinos, papistas) no puede sostenerse en la santa parádosis, tradición eclesiástica.

 

d) No existe el fuego purgador del purgatorio

Lo que se ha mencionado no es el único argumento contra la existencia del fuego purgador del purgatorio. Como fiel portador y defensor de la Parádosis-Tradición Ortodoxa, San Marcos, con argumentos irrefutables, derrumba las teorías de los latinos y presenta la opinión ortodoxa sobre el tema.

En primer lugar, sostiene que en ninguna parte de la Sagrada Escritura ni de la tradición patrística se menciona la existencia de un purgatorio con fuego purificador. Siempre que se hace referencia a este tema, se habla del fuego increado y eterno, que los pecadores experimentarán después de la Segunda Παρουσία (Parusía_ Presencia, Venida) de Cristo. De esto hablaremos más adelante. Aquí es importante señalar que la enseñanza de los latinos sobre un purgatorio con fuego purgador antes de la Segunda Parusía de Cristo no se sostiene, y de hecho, no es posible fundamentarla en la Sagrada Escritura.

La idea de que las psiques-almas pueden purgarse, purificarse de los pecados mediante castigos purificadores, infligidos por un fuego temporal, «no la encontramos escrita expresamente en ninguna parte, ni en las oraciones y cánticos realizados en favor de los difuntos, ni en los logos y palabras de los maestros de la Iglesia». Ciertamente, en algunos textos utilizados por los latinos (francolatinos, papistas) se hace referencia a este tema, pero han sido malinterpretados, es decir, insertados en otra tradición exegética, como veremos más adelante.

En algunos escritos patrísticos se menciona que los pecadores impenitentes sin metania «son castigados en parte», pero no que hayan sido arrojados al Infierno. En los textos de la Sagrada Escritura y de los Padres se habla de la tristeza de quienes están en un estado intermedio, que los atormenta y los castiga, o de vergüenza y tormento de conciencia, de remordimiento, de encierro y oscuridad, de miedo e incertidumbre sobre el futuro, o simplemente del retraso en la visión, contemplación divina, dependiendo de lo que cada uno haya hecho. Pero nunca se menciona un fuego que infierne y purifique psiques-almas incorporales e inmateriales con un fuego material. Ningún Padre de la Iglesia que haya interpretado los pasajes pertinentes de la Sagrada Escritura ha entendido que en ellos se haga referencia al purgatorio con fuego creado purgador enseñado por los latinos.

El Señor, en su Sermón de la Montaña, dice que quien llame a su hermano «necio» «será reo del juicio». San Marcos explica que Cristo no lo envía al purgatorio, sino al Infierno. Se rendirá cuentas por toda palabra ociosa «en el momento del juicio», pero no se enseña que se purificará por el fuego.

En la Sagrada Escritura se afirma que la visión, expectación o contemplación de Dios es la recompensa perfecta para quienes han hecho la catarsis y purificado su corazón, según los logos de Cristo: «Bienaventurados los sanados, puros y limpios del corazón, o los que han hecho la catarsis, la purgación, sanación y limpieza de su corazón de cada mancha del pecado, porque ellos contemplarán y verán la doxa-gloria luz increada de Dios» (Mt. 5,8). Por supuesto, hay distintos grados de visión, contemplación de Dios, según el grado de catarsis alcanzado. Por lo tanto, ni todas las personas tienen el mismo grado de catarsis ni, naturalmente, hay necesidad de un purgatorio con fuego purgador en caso de que la catarsis de algunos no sea completa. En toda la Sagrada Escritura se observa que «quienes están menos catartizados (purgados y purificados) contemplarán menos a Dios». Los seres humanos verán, contemplarán a Dios según su grado de catarsis, y por esta razón no es necesaria otra catarsis después de la muerte.

Así, en ninguna parte de la Sagrada Escritura se menciona explícitamente la existencia de un purgatorio con fuego creado purgador temporal después de la muerte de la psique-alma, ni esta enseñanza innovadora de los latinos armoniza con el espíritu de la Biblia. No existe un purgatorio con fuego purgador entre la muerte de cada persona y la Segunda Παρουσία (Parusía: Presencia, Venida) de Cristo.

 

e) Logos y razones teológicas contra la existencia del fuego creado purgador del purgatorio

Las enseñanzas de San Marcos de Éfeso sobre el tema del purgatorio con fuego creado purgador son muy extensas y, naturalmente, es difícil presentarlas en este análisis resumido. Nos vemos obligados a ser breves y fragmentarios. Sin embargo, a pesar de las dificultades para exponer toda la enseñanza de San Marcos, nos esforzamos por no alterarla, sino por examinar sus opiniones generales sobre el tema que nos interesa aquí.

Al final de su primer discurso, presenta como conclusiones los logos y las razones por las cuales no puede existir el fuego creado del purgatorio, tal como lo entienden los latinos, es decir, como un fuego creado, temporal e intermedio entre la muerte y la Segunda Παρουσία (Parusía, Presencia, Venida) de Cristo. Las razones son las siguientes:
Primero. Puesto que el deseo por lo divino, es decir, la misma agapi-amor, purga y purifica a los seres humanos y los hace semejantes a Dios, ¿por qué no puede ocurrir lo mismo después de la muerte? ¿Por qué este deseo no podría purificar los pecados menores en lugar de necesitar un purgatorio con fuego creado purgador?

Segundo. Conviene a la bondad de Dios no pasar por alto el pequeño bien ni castigar el pequeño pecado. Pero el pequeño bien, entre grandes pecados, no logra ninguna recompensa. Tampoco es necesario que el pequeño mal, para aquellos que han logrado grandes cosas, sea llevado a juicio. Por esta misma razón, no es necesario que exista el purgatorio con fuego creado purgador.

Tercero. El poco bien en los pecadores no puede tener recompensa, sino solo una diferencia en el castigo. Lo mismo ocurre con los santos, el poco mal en ellos no genera condenación e infierno, sino solo una diferencia en el disfrute de la doxa-gloria increada. Dado que hay diferencia de recompensa y disfrute para los justos y diferencia de infierno para los pecadores, no hay necesidad de un purgatorio con fuego creado purgador.
Cuarto. La continuación de lo anterior es que la visión, contemplación de Dios se logra igualmente por todos los hombres, pero depende de la diferencia y el grado de la catarsis. Por lo tanto, para aquellos que tienen una catarsis incompleta, «no hay, pues, necesidad del fuego creado purificador del purgatorio «.
Quinto. San Gregorio el Teólogo en su logos sobre la Pascua, afirma claramente que «no hay catarsis después de esta noche», es decir, no hay ninguna catarsis después de esta vida, que es caracterizada como una «noche».
Sexto. San Gregorio también enseña que es mejor hacer la catarsis, purgarse, purificarse y psicoterapiarse, en esta vida y no ser enviado al tormento del infierno, porque «el tiempo después de la muerte es tiempo de infierno, no de catarsis». Esto demuestra claramente que no hay catarsis después de la salida de la psique-alma del cuerpo, sino solo infierno eterno.
Séptimo. En la parábola del Rico y Lázaro, Cristo no dejó entre el Paraíso y el Infierno «otro lugar temporal que tuviera algún tipo de tormento, sino que un gran abismo infranqueable separaba a ambos entre sí, representando la máxima y directa oposición».
Octavo. No es posible que la psique-alma incorpórea e inmaterial, después de separarse del cuerpo, sea castigada e infernada por un fuego material corporal. Este fuego eterno existirá después de la Segunda Παρουσία (Parusía: Presencia, Venida) de Cristo y después de la asunción del cuerpo incorruptible.

Noveno. El Hades, al que descendían las psiques-almas de los santos del Antiguo Testamento, no era con la figura o tipo del fuego y del infierno, sino con la figura o tipo de una cárcel y prisión. Del mismo modo, las psiques-almas de quienes pecaron moderadamente «tal Hades las retendrá después de la muerte». Es decir, aquellos que pecaron poco vivirán hasta la Segunda Παρουσία Parusía de Cristo como en una cárcel y prisión, esperando el juicio final, en el cual comenzará el Infierno. Por esta razón, no es necesario que exista el purgador fuego creado del purgatorio.

Décimo. Los santos Padres, que vivieron la vida igual a la de los ángeles en la tierra y fueron iniciados a través de visiones, sueños y milagros en la vida del eterno infierno de los impíos y pecadores, tal como lo pinta y describe la parábola del Rico y Lázaro, «en ninguna parte aclararon nada acerca de un purgatorio, de un purgador fuego creado temporal».
Undécimo. Debe rechazarse el dogma del purgatorio con fuego creado purgador porque conduce a las personas a la negligencia, a la pereza espiritual y a no esforzarse por hacer la catarsis y purificarse en la vida presente, esperando alguna catarsis (purgación, purificación) futura, tal como también fue rechazado el dogma de la apocatástasis (restauración de todos), porque lleva al hombre a los mismos resultados.

Los mismos argumentos desarrolla también en sus silogismos y razonamientos sobre la inexistencia del purgatorio con fuego creado purgador, donde se exponen las razones por las cuales no podemos aceptar la existencia de tal purgatorio con fuego, temporal y creado. En estos silogismos y razonamientos, los argumentos de san Marcos se centran en tres puntos principales.

El primer punto es que, como enseña toda la Sagrada Escritura y la Parádosis-Tradición de la Iglesia, existe diferencia en la visión, contemplación de Dios, según la catarsis del hombre desde esta vida. Cuanto más catartizado purgado, purificado y psicoterapiado está alguien, más perfectamente contempla la doxa-gloria increada de Dios. Por lo tanto, existe una mayor o menor contemplación de Dios, según el grado de catarsis. Aquel que tiene algunos pecados también «ve a Dios sin necesitar del fuego purgatorio», bastando para ello la filantropía de Dios, aunque, naturalmente, en un grado correspondiente. Sin embargo, la enseñanza del purgatorio con fuego purgador anula esta diferencia en la participación de la doxa-gloria increada de Dios. Porque, dado que las personas de esta categoría pasan por el fuego purgatorio temporal, se deduce que todas las psiques-almas de los justos «están en la misma contemplación de Dios, que es la bienaventuranza y felicidad». Pero esto es falso, porque Cristo dijo que en el reinado de la Realeza increada de Su Padre «hay muchas moradas» (Jn 14, 2).

El segundo argumento es que no es posible que ningún fuego purgatorio cambie la voluntad del hombre después de la salida de esta vida. «El movimiento de la voluntad y las cosas que ocurren por necesidad están necesariamente encerrados en esta vida». La voluntad puede ser cambiada mientras el hombre esté en esta vida, pero una vez que muere, permanece inmóvil. «Y por esto no tiene éxito en el esfuerzo o el juicio, y no avanza hacia ello por medio del purgatorio con fuego creado purgador». Por lo tanto, dado que la rectitud de la voluntad se requiere para la bienaventuranza y felicidad, y dado que el purgatorio con el fuego creado purgador no puede cambiar la voluntad de malvada a buena, porque esto solo ocurre mientras el hombre está vivo, «el purgatorio no contribuye en absoluto a la bienaventuranza y felicidad». Esto significa también que las personas no pueden ser purgadas y purificadas por ningún purgatorio.

El tercer argumento es que, así como existe una diferencia en el disfrute del reinado de la Βασιλεία (vasilía) Realeza increada de los Cielos, también hay una diferencia en el infierno. Y, como se mencionó anteriormente, el pequeño bien de los pecadores no puede dar una retribución, «sino solo una diferencia en el infierno o castigo». De la misma manera, el pequeño mal en los justos «no causará infierno, sino solo una diferencia en el disfrute». Por esta razón, no puede existir un purgatorio con fuego purgador creado, como dicen los latinos

En conclusión, la enseñanza de la Iglesia Ortodoxa rechaza la enseñanza latina del fuego purgatorio, pues no se encuentra en la Sagrada Escritura ni en la Tradición de los Padres, y además contradice la comprensión ortodoxa de la justicia y misericordia divinas.

 

f) Interpretación del pasaje apostólico

Los latinos (francolatinos, papistas), para apoyar la enseñanza del purgatorio con fuego creado purificador, utilizaron diversos pasajes de las Sagradas Escrituras. Por esta razón, San Marcos el Amable, en estos discursos y logos de carácter apologético, que fueron utilizados en el Sínodo de Ferrara-Florencia, interpreta estos pasajes de manera ortodoxa y demuestra que los franco-latinos en realidad los malinterpretaron para justificar su nueva enseñanza.

El pasaje principal que se aborda es el que proviene de la Primera Carta a los Corintios, en el que se habla de la prueba de las obras a través del fuego. En concreto, el apóstol Pablo escribe: «Según la χάρις jaris-gracia energía increada y la misión que Dios me ha concedido entre las naciones, yo, como buen sabio arquitecto iluminado de Dios, puse el cimiento firme e imperturbable en Corinto, y otro construye el edificio encima de este cimiento. Cada uno que mire y tenga cuidado cómo edifica sobre este cimiento. Porque nadie puede poner otro nuevo cimiento que el que está ya puesto en la base del edificio, y este es el Jesús Cristo. Sobre este cimiento uno puede edificar con oro, plata, piedras preciosas, maderas, caña y paja. El valor del trabajo de cada uno aparecerá claro el gran día del juicio, porque ese día se apocaliptará-revelará con fuego, y el fuego probará la obra de cada uno y quemará lo podrido. Si la obra que uno ha edificado sobre este cimiento que es el Cristo, resiste la prueba del fuego, recibirá el premio o el salario; si se consume, lo perderá todo, aunque él se salvará con gran dificultad, pero como el que escapa atravesando las llamas del fuego. (Se salvará si la justicia de Dios lo juzga digno de salvación y perdón por lo menos por su buena disposición e intención)» (1 Cor 3,10-15).

Este pasaje, según San Marcos, aunque parece introducir la idea del fuego purgatorio creado, en realidad «más que nada, la refuta». Las razones que lo demuestran son las siguientes:

Primero, el apóstol Pablo lo llama fuego de prueba y no fuego purificador o purgador.

Segundo, todas las obras, incluso las bondadosas, buenas y valiosas, pasarán por este fuego, lo que significa que no todas necesitan catarsis (purgación, purificación).

Tercero, el Apóstol afirma que mientras las obras de los malvados serán consumidas, ellos mismos sufrirán pérdida. Sin embargo, según la interpretación de los francolatinos, aquellos que sean purgados, purificados ganarán.

Cuarto, todo lo que dice el Apóstol sucederá en el Día del Juicio y en el siglo venidero, y no se refiere a un purgatorio con fuego purificador entre el Paraíso y el Infierno.

Además, de hecho, en ninguna parte de la Sagrada Escritura se menciona esto. Es más, Cristo es categórico cuando dice: «E irán estos al infierno eterno, y los justos a la vida eterna» (Mt 25,46).

Por lo tanto, en realidad se trata esencialmente de la Χάρις (Jaris: Gracia, energía increada) de Dios, la cual ilumina a los justos, pero sobre-quema a los pecadores. Esto es confirmado también por diversos pasajes de la Sagrada Escritura que cita San Marcos. El profeta David dice: «Dios vendrá manifiestamente, nuestro Dios, y no guardará silencio; Un fuego abrasador va delante de Él, y una gran tormenta estalla a su alrededor» (Sal 49,3). Y también: «Fuego irá delante de él, y abrasará a sus enemigos alrededor« (Sal 96,3). El profeta Daniel escribe: «Un río de fuego corría y salía de delante de él« (Dan 7,10).

Particular importancia tiene la frase del apóstol Pablo: «si la obra se consume, lo perderá todo, aunque él se salvará con gran dificultad, pero como el que escapa atravesando las llamas del fuego«. San Marcos, al interpretar esta frase, explica que la obra que el fuego quemará y consumirá completamente es la mala astuta disposición o energía. El término «sufrirá pérdida» se refiere a la carga de maldad que llevaban los pecadores, mientras que «será salvo» se refiere a su permanencia. Escribe lo siguiente: «Sin embargo, será preservado, es decir, permanecerá y será guardado para siempre, sin ser destruido junto con su maldad o mala astucia».

Esto significa que la Jaris increada de Dios conservará también a los pecadores, restaurará su naturaleza y ellos permanecerán eternamente en el Infierno. Por lo tanto, la σωτηρία sotiría salvación aquí se refiere a la conservación.

Esta interpretación de San Marcos el Amable no es arbitraria, sino que es la enseñanza de los santos Padres de la Iglesia. San Marcos menciona la interpretación de San Juan Crisóstomo y la enseñanza de San Basilio el Magno sobre el fuego del siglo venidero.

San Juan Crisóstomo, quien es la voz del apóstol Pablo, así como Pablo es la voz de Cristo, al interpretar esta frase del apóstol, escribe exactamente: «Porque ‘será salvo’, dice, el pecador, pero como a través del fuego», es decir, permanecerá siendo castigado en el fuego y no perecerá junto con sus malas obras y disposiciones». Esto no es ajeno a la enseñanza ortodoxa de que el hombre es una persona, que nunca puede ser conducido a la inexistencia o al no ser, y que Cristo, con su Resurrección, concedió a todos los seres humanos, justos e injustos, la resurrección como un regalo Suyo. Esta resurrección ocurrirá en Su Segunda Παρουσία (Parusía: Presencia, Venida), restaurando la naturaleza, pero no la voluntad de los hombres. Así, mientras los justos disfrutarán del «siempre bien ser y estar», los pecadores recibirán el «siempre mal ser y estar».

San Basilio el Magno, al interpretar el salmo «La voz del Señor corta llamas de fuego», explica que, dado que el fuego tiene dos propiedades, una iluminadora y otra abrasadora, la voz del Señor interrumpirá este fuego «para que el fuego del Infierno sea sin brillo, mientras que la luz del descanso permanezca sin quemar».

Al presentar este pasaje de San Basilio el Magno, San Marcos explica que las obras luminosas y brillantes de los justos aparecerán aún más resplandecientes, y los justos se convertirán en herederos de la luz increada. Sin embargo, los pecadores sufrirán la pérdida de sus obras y «serán salvados con una salvación peor que la perdición, permaneciendo perpetuamente en el fuego (porque esto es lo que realmente significa el término ‘ser salvado’), para que no se piense que, debido a la naturaleza destructiva del fuego, también ellos sean completamente aniquilados».

Al mismo tiempo, San Marcos señala que, si algún intérprete entiende la palabra σωτηρία sotiría salvación como la liberación del Infierno, y la pasada a través del fuego como purificación, entonces este «parece haber entendido erróneamente este pasaje por completo».

Según San Marcos el Amable, la interpretación del Santo Juan Crisóstomo es la más valiosa y con ella están de acuerdo todos los didáscalos-maestros de la Iglesia. Así, la interpretación de san Juan Crisóstomo es «más precisa y verdadera que todas». En este contexto, él mismo agrega una interpretación que se relaciona con los hechos que ocurrían en Corinto y que dieron motivo al Apóstol Pablo para decir este logos.

San Marcos sostiene que el Apóstol Pablo, en este caso, se refiere al cristiano de Corinto que había caído en fornicación. Era uno de los maestros que, aunque había caído en un gran pecado, «sin embargo, resistía por su valor docente, teniendo un sistema que no podía ser despreciado y confiando en la sabiduría externa y en la riqueza de su intelecto». Así, parece que el Apóstol tenía en mente a algún maestro que, aunque había pecado, continuaba enseñando, confiando en la sabiduría externa y en la riqueza de su intelecto. San Marcos extrae esto de lo que se dice en el capítulo correspondiente de la epístola del Apóstol Pablo.

Por lo tanto, según San Marcos el Amable, esta palabra se dirige claramente «al lujurioso, al que ha fornicado». Un tal maestro no solo no recibirá salario por su enseñanza, sino que también su obra de enseñanza será consumida por el fuego. Sin embargo, permanecerá siendo juzgado por sus actos. «Este maestro no será corrompido por su propia obra, pero será salvado y se presentará ante el juez y dará cuenta de sus hechos y soportará el juicio eterno, sin que la obra de esa enseñanza, que ha sido corrompida, lo condene… y será salvado con una salvación peor que la pérdida, ya que le hubiera sido mejor no haber nacido ni haber sido salvado en ese momento, cargando con tal materia».

Cabe señalar que repetidamente San Marcos utiliza la palabra de San Juan Crisóstomo, que define la salvación como «permanecer», «…la salvación se entiende solo como el hecho de no corromperse por la obra, sino permanecer, incluso cuando esa obra se haya corrompido». Este hombre se presentará ante el Juez «quemado».

Además, el fuego del que habla el Apóstol Pablo es solo un fuego de prueba, «pero no es ese el fuego que recibe a los pecadores eternamente». Claramente, San Marcos aquí distingue entre el fuego de prueba del juicio, en la Segunda Παρουσία (Parusía: Presencia, Venida) de Cristo, y el fuego eterno del infierno. Naturalmente, el fuego del juicio no es creado, sino increado. Creo que este discernimiento revela, por un lado, la prueba del juicio, realizada por el mismo Cristo, y por otro, la cualidad abrasiva de la energía increada de Dios, que depende del estado espiritual del ser humano.

San Marcos refutando la opinión de que la palabra salvación no se utiliza para lo malo, sino solo para lo bueno, cita el pasaje correspondiente de Job. Después de la destrucción, un mensajero fue a Job para anunciarle lo sucedido, diciendo: «Pero yo me salvé vine solo a anunciarte esto» (Job 1:15). Se salvó, fue preservado de la destrucción y fue a anunciarle el mal.

Por lo tanto, la palabra apostólica no puede sustentar ningún purgatorio con fuego creado purgador, como dicen los latinos (francolatinos, papistas). Se refiere claramente al juicio futuro, al juicio y la preservación del pecador, es decir, a su paso por el fuego sin ser destruido junto con sus obras malvadas.

 

g) Pasajes patrísticos en el diálogo

Los latinos (francolatinos, papistas), para apoyar su nueva enseñanza del fuego creado purgador del purgatorio, utilizaron en el diálogo varios pasajes patrísticos. Y esto porque los ortodoxos pidieron saber en qué se basaban en esta enseñanza, que es ajena a la Iglesia Ortodoxa. Sin embargo, veremos más adelante que los francolatinos en realidad distorsionaban los pasajes de los Padres, como también hicieron con los pasajes bíblicos.

No voy a hacer un análisis grande de este aspecto del tema, solo lo comentaré, extrayendo las conclusiones necesarias.

Los latinos (papistas, francolatinos) utilizaron «algunas palabras del Quinto Sínodo Ecuménico «, en las que parece que aceptan la enseñanza de San Agustín y San Ambrosio. Luego usaron pasajes de San Gregorio el Dialogo, oraciones de San Basilio el Grande, dichos del bienaventurado Gregorio de Nisa, así como dichos del divino Dionisio Areopagita, del gran Epifanio y del divino Damasceno. También se hace referencia al bienaventurado Teodóritos.

Utilizando todos estos pasajes patrísticos, los franco-latinos llegaron a la conclusión de que la justicia divina no deja nada impune, y por eso es necesario que exista otro lugar para aquellos que no fueron castigados en esta vida, ni serán castigados en el cielo o en el infierno, donde serán castigados y purificados. Después de esto, los franco-latinos dicen: «Por lo tanto, es necesario que haya otro lugar apartado, donde debe ocurrir esta purgación, purificación, por la cual cada uno, siendo purificado, se eleva de inmediato a la dicha celestial».

San Marcos el Amable, portador de la Santa Parádosis-Tradición Ortodoxa y auténtico intérprete de las Escrituras y de los logos patrísticos, analiza e interpreta correctamente todos estos pasajes, refutando y derrumbando las opiniones de los papistas francolatinos. Demuestra claramente que en ninguno de estos pasajes patrísticos se menciona explícitamente el llamado fuego creado del purgatorio. Por lo tanto, no se justifica en ningún lugar la existencia del purgatorio, como decían los franco-latinos. Simplemente, en su intento de legitimarlo, distorsionaban y malinterpretaban los logos de los santos Padres.

Así, san Marcos el Amable demuestra que algunos de los pasajes mencionados no hablan claramente sobre el «fuego purificador del purgatorio», como los de San Agustín y San Ambrosio, mientras que otros son malinterpretados, como los de San Basilio el Grande, san Dionisio Areopagita, San Juan Damasceno, San Gregorio Nacianceno, etc.

Sin embargo, es necesario señalar que San Gregorio Nacianceno no habla de la restauración de todas las cosas de manera filosófica y herética, como algunos estudiosos contemporáneos influenciados por la tradición hermeneútica, interpretativa occidental quieren presentarlo, sino que se integra dentro de la Santa Parádosis-Tradición eclesiástica Ortodoxa. Esto lo veremos en otro capítulo.

Además, el uso por parte de los papistas francolatinos de pasajes del V Sínodo Ecuménico es objeto de crítica y revisión por parte del santo Marcos, quien sostiene que no es posible que este gran Sínodo haya instituido tal enseñanza. Luego, el santo Marcos concluye de manera característica: «ni la Escritura ha entregado a nosotros un infierno doble ni un fuego doble, ni tampoco el quinto Sínodo ecuménico nos lo ha entregado».

En su segunda homilía, el santo Marcos analiza en detalle este tema, presentando pasajes patrísticos que se refieren a las realidades futuras, sin mencionar claramente el «fuego purificador del purgatorio», así como la enseñanza de San Gregorio Nacianceno y cómo la Iglesia aborda este serio tema. Sin embargo, no es el lugar adecuado para desarrollarlo aquí.

En general, el santo Marcos sostiene que los latinos (francolatinos. papistas) malinterpretan y falsifican la enseñanza patrística sobre este tema. Los latinos no tienen las premisas ortodoxas para comprender a los Padres de la Iglesia, y por ello fallan en su presentación hermeneútica, interpretativa.

Por supuesto, en la enseñanza ortodoxa se habla del perdón de los pecados y el valor de las oraciones por los difuntos. Estos dos elementos no pueden ser comprendidos realmente por los franco-latinos. A continuación, se hará una breve referencia a la enseñanza relacionada de la Iglesia.

El perdón de los pecados en la Tradición Ortodoxa es liberación del infierno y del castigo. Y este perdón ocurre de tres maneras y en tres momentos diferentes. La primera en el tiempo del Bautismo, la segunda después del Bautismo, mediante la μετάνοια metania y el duelo o luto (espiritual o según Dios) durante la vida presente, y la tercera manera es después de la muerte, a través de las oraciones, las buenas obras y todo lo que realiza la Iglesia de Cristo.

El perdón por el Bautismo es sin esfuerzo y es igual para todos. Es obra de la Χάρις (Jaris: Gracia, energía increada) y no requiere obra por parte del hombre, sino solo fe. El perdón después del Bautismo es arduo y requiere μετάνοια metania y contrición. El perdón después de la muerte también es arduo, ya que está estrechamente relacionado con el arrepentimiento «y la conciencia que golpea y la tristeza por no haber hecho el bien», pero es completamente diferente del castigo, ya que no puede ser perdón y castigo al mismo tiempo.

En el primer y tercer perdón, prevalece la Χάρις (jaris: gracia, energía increada) de Dios, y las oraciones «contribuyen solo un poco». El perdón intermedio se realiza con la Χάρις Jaris increada, pero depende más de nuestro trabajo y sinergia: «en el perdón intermedio, por el contrario, tiene un poco de Χάρις Jaris, pero se necesita mucha más labor de nuestra parte». También, difiere la primera remisión o perdón a través del santo Bautismo, de la última remisión o perdón, porque la primera remisión es la remisión de todos los pecados, mientras que la última remisión o perdón es solo para los pecados no mortales, y especialmente para aquellos por los que la persona se arrepintió durante su vida biológica.

Esta es la enseñanza de la Iglesia Ortodoxa, como dice san Marcos el Amable, por eso pide el perdón de los difuntos. Pide a Dios que perdone los pecados de los cristianos que han vuelto a la μετάνοια metania, se arrepintieron, que murieron en la fe, sin mencionar ningún castigo, porque sabe que, para tales pecados, «la bondad divina prevalece sobre logos y palabras de justicia». Así, en la Iglesia Ortodoxa hablamos de la bondad de Dios y no de la satisfacción de la justicia divina.

Relacionado con el perdón de los pecados está también el tema de las oraciones por los difuntos. La Iglesia Ortodoxa celebra memoriales por los cristianos difuntos y ora por ellos a Dios, pero de manera diferente y por razones distintas que los franco-latinos. En otras palabras, no es posible vincular el «fuego purificador» del purgatorio de los latinos con los memoriales realizados en la Iglesia Ortodoxa. El primero presupone catarsis (purgación y purificación) a través del castigo, el segundo presupone perfección en el continuo proceso del hombre hacia la θέωσις (zéosis: divinización, glorificación). El santo Marcos ofrece interesantes explicaciones sobre este tema.

Los memoriales en la Iglesia Ortodoxa se celebran por todos los que han dormido con la esperanza de la resurrección y la fe en Jesús Cristo. Por lo tanto, los memoriales y las oraciones de la Iglesia benefician a todos los difuntos, justos e injustos, santos y pecadores. Claro, la oración difiere dependiendo de cada cristiano. Incluso por los santos, hacemos memoriales y ofrecemos «kolyva» (granos trigo hervido, típicamente utilizados en la tradición ortodoxa en memoriales), pero, como tenemos pruebas de su santidad y han sido inscritos en el catálogo y coro de los santos, por eso la oración es diferente. No le pedimos a Dios que los misericordie, sino que oramos «en honor y memoria» y pedimos sus bendiciones e intercesiones para nosotros.

San Marcos el Amable escribe sobre la utilidad de las oraciones de los memoriales: «Hacemos por todos igualmente los memoriales de los que duermen en la fe, y decimos que todo lo que aportamos a estos contribuye y les beneficia, haciendo que todos pasen a través de su fuerza, poder y beneficio». Por lo tanto, las oraciones se hacen por todos los difuntos en la fe ortodoxa.

La Iglesia ora principalmente por los pecadores, que están encerrados en el hades (infierno), «para que reciban algo de consuelo, aunque no de liberación completa». Ora principalmente por los difuntos en la fe «aunque sean muy pecadores». Claro, hay casos de santos que oraron incluso por los impíos, pero «la Iglesia de Dios no ora por tales». Los pecadores y aquellos que están encerrados en el hades (infierno) después de la muerte se benefician de estas oraciones, en parte porque no han sido finalmente condenados y aún no tienen la decisión definitiva del Juez, y en parte porque aún no han caído en el infierno, lo que sucederá después de la Segunda Venida de Cristo. Si esto es cierto para los pecadores, mucho más benefician los memoriales y las oraciones a aquellos que volvieron a la μετάνοια metania, se arrepintieron, pero no pudieron ser completamente purgados, purificados y llegar a la iluminación del νούς (nus: espíritu de la psique-alma). Si ellos tienen pecados pequeños o leves, serán restaurados al clero de los justos o permanecen donde están, es decir, en el hades (infierno), y «aliviarán sus dificultades, mal estar y les darán mejores esperanzas».

Sin embargo, los memoriales y las oraciones de la Iglesia también benefician a los justos y a los que vivieron piadosamente. Esta es la enseñanza central de nuestra Iglesia. San Marcos el Amable sostiene que las oraciones de la Divina Liturgia demuestran que «incluso para los que ya disfrutan de la bienaventuranza de Dios, el poder de estas oraciones, especialmente la del sacrificio místico, pasa a ellos». Esto se ve en una oración correspondiente en la Divina Liturgia de San Juan Crisóstomo: «Ofreciendo aún esta adoración o culto lógico por los que descansan en la fe: nuestros antepasados, padres, patriarcas, profetas, apóstoles, mártires, confesores, ascetas, y todos los espíritus justos que han sido perfeccionados en la fe». Aunque, al orar por los santos, no les pedimos bienes, sino que les agradecemos, «hacemos esto en su honor, doxa-gloria y gratitud, y de esta manera, de algún modo, el sacrificio también se hace hacia ellos».

En otro punto, San Marcos analiza más detalladamente cuál es el beneficio de los santos al ser probados por el fuego que está siempre con Dios, y que es Su energía increada. Escribe: «Porque tal fuego revela a los santos, al no llevar nada de malicia, como más brillantes, tal como el oro probado en el horno…». Es evidente en este pasaje, como en otros pasajes similares de los Santos Padres, que los santos brillan más y se vuelven más receptivos a la participación de la doxa-gloria increada de Dios.

San Marcos también utiliza un pasaje de San Dionisio Areopagita, en el que parece que el jerarca ora también por aquellos que han alcanzado la perfección en la vida divina. Al citar este pasaje, San Marcos dice que el poder y la energía de las oraciones, especialmente del sacrificio místico, pasa «también a aquellos que han vivido rectamente y piadosamente». Esto se explica porque, en relación con la perfección, incluso los santos son imperfectos y, por lo tanto, pueden hacerse más receptivos a la divina doxa-gloria increada. Específicamente, escribe: «El poder y la energía de las oraciones y de la Divina Liturgia también pasa a los que han vivido rectamente y piadosamente, porque ellos siendo imperfectos, siempre recibiendo el don hacia lo bueno y aún, no disfrutando de la perfección de la bienaventuranza».

Por lo tanto, las oraciones de la Iglesia pasan a todos, tanto a los pecadores como a los justos, pero operan, actúan de manera diferente en cada uno, según la condición espiritual que hayan adquirido en esta vida. Y concluye el santo: «Dado que las oraciones de la Iglesia pasan a todos, no es necesario aceptar el fuego purificador del purgatorio. La catarsis (purgación y purificación) y salvación son obra de la bondad y la filantropía de Dios».

Esta enseñanza de San Marcos es ortodoxa y se encuentra en muchos textos de los Padres. No tenemos la intención de desarrollarla exhaustivamente aquí. Lo que debe destacarse es que, según la enseñanza ortodoxa, existen tres etapas en la perfección espiritual: la catarsis (purgación y purificación) del corazón, la iluminación de la mente y la θέωσις (zéosis: divinización, glorificación) del ser humano. La perfección del hombre es incompleta. Siempre el hombre puede mejorar en su estado espiritual. Este proceso continuará también en el siglo venidero. Por lo tanto, cuando el hombre, a través de la μετάνοια metania, entra en la etapa de la catarsis, pero, debido a la muerte no puede completar la catarsis y avanzar hacia la iluminación, esto se llevará a cabo mediante las oraciones y memoriales que realiza la Iglesia. Es decir, habrá un continuo progreso en la participación de la energía catártica (purgadora, purificadora), iluminadora y divinizadora de Dios. Así debemos entender muchos de los incidentes que encontramos en la vida de los santos, en los que su oración justificó a sus hijos espirituales. Si pensamos que justificación significa iluminación del νούς (nus: espíritu de la psique-alma), y naturalmente esto es principalmente y ante todo el perdón de los pecados, entonces podemos explicar estos incidentes.

 

h) El fuego eterno es increado

En ningún lugar de los Padres se menciona que exista un lugar de castigo o un fuego punitivo por el cual pasarán las personas después de su muerte, especialmente aquellos que no tuvieron tiempo de cumplir con sus reglas o cánones. En la enseñanza de los Padres, como hemos visto, se dice claramente que existe el Paraíso y el Infierno después de la Segunda Παρουσία (Parusía: Presencia, Venida) de Cristo, y una prefiguración del Paraíso y el Infierno después de la salida de la psique-alma del cuerpo. Hasta la Segunda Parusía de Cristo, la Iglesia celebra los memoriales, cuyo poder y energía pasa a todos los difuntos que han vivido en fe, ya sean pecadores, justos o santos. En ningún lugar se menciona un fuego purificador o purgatorio para los cristianos que se han vuelto en la metania y arrepentido, pero no han completado su μετάνοια metania.

San Marcos dice que, cuando en la Sagrada Escritura y en los textos patrísticos se habla de fuego, se entiende el fuego eterno del Infierno, que, por supuesto, es increado y no creado. Es decir, no se trata de algo creado, de una realidad creada, sino de la energía increada de Dios, que es experimentada por los no sanados como fuego.

En un punto de su primer discurso, afirma: «Y si en algunos de estos cánticos y oraciones se menciona el fuego, no se refiere a un fuego temporal o purificador, sino al fuego eterno y a la interminable infierno y condena, pidiendo los santos a Dios que salve a los difuntos dormidos en fe…».

Este fuego del que se habla en los textos eclesiásticos no es un fuego temporal, sino el fuego eterno e increado. Citando un pasaje de San Gregorio Nacianceno, dice: «No es un fuego temporal y transitorio, sino un fuego más doloroso y más duradero».

Así, el fuego del Infierno no es físico, no es creado, sino increado. La luz increada para los dignos es la visión, expectación o contemplación de Dios, dice San Marcos. Y, por supuesto, esta luz es la doxa-gloria increada de Dios. San Marcos vincula la luz increada con el fuego del Infierno. Es decir, dice que el fuego eterno no es físico, «así como la luz para los dignos es la visión, expectación o contemplación de Dios». Al analizar esta visión, expectación o contemplación sostiene que los santos de la Iglesia interpretaron el fuego eterno y los interminables infiernos o condenas «de una manera alegórica». Se trata de una alegoría, porque ni la luz de los justos es física, ni el fuego de los pecadores es creado y físico o corporal. Son hechos reales y situaciones verdaderas, pero no son las situaciones que conocemos en el mundo sensible.

Claro, la Santa Escritura utiliza muchas iconas-imágenes para describir el estado de los infernados, como el fuego, el gusano, los reptiles y el rechinar de dientes. Todas estas expresiones representan realidades distintas. Con el fuego, los santos entienden la ignorancia de Dios: «así como no debe pensarse en un fuego físico allí, ni en una oscuridad externa, sino solo en la ignorancia de Dios». Naturalmente, cuando se habla de la ignorancia de Dios, se refiere a la no-participación en Dios, ya que sabemos que los pecadores verán a Dios, es decir, tendrán una visión de Dios, pero no una participación en Él, y, por lo tanto, experimentarán y tendrán ignorancia. De hecho, en la Parádosis Tradición Ortodoxa, el conocimiento-gnosis de Dios es la participación en Él. El gusano o algún tipo de reptil venenoso y carnívoro simboliza el tormento de los impíos debido a la conciencia y esa amarga contrición. Lo mismo ocurre con el rechinar de dientes, es decir, simboliza el dolor, el lamento amargo y la rabia de los que se sienten atormentados.

Es claro, entonces, que cuando se hace referencia al fuego en la tradición eclesiástica, se entiende el fuego eterno e increado. Esto significa que no se trata de algún fuego purificador temporal o purgatorio, sino de la experiencia de la jaris gracia increada como fuego, debido a la impureza del ser humano. Precisamente por esta razón, no es posible que exista un fuego creado purificador o purgador del purgatorio como lo entienden los latinos.

En general, podemos decir que la enseñanza de San Marcos de Éfeso, como se refleja en sus discursos durante el Sínodo de Ferrara-Florencia, está orgánicamente integrada en la Tradición de la Iglesia Ortodoxa acerca de la vida del ser humano después del éxodos-salida de la psique-alma del cuerpo. San Marcos es un auténtico intérprete de la enseñanza ortodoxa, porque él mismo es portador de la Παράδοσις Parádosis Tradición Ortodoxa. Así, se demuestra que el fuego purificador del purgatorio de los latinos (francolatinos, papistas) es una vana gloria, una nueva enseñanza, una enseñanza novedosa que no puede ser adoptada por la Iglesia Ortodoxa. San Marcos se muestra, en este tema, también como un auténtico intérprete de la Tradición Ortodoxa.

 

¿A qué se debe la enseñanza y doctrina de los latinos sobre el fuego purgatorio?

 

Un aspecto interesante del tema que nos ocupa es identificar las causas que llevaron a los Latinos (franco-latinos, papistas) a desarrollar la enseñanza del fuego purgatorio. Esto es necesario porque, según creemos, la aparición de esta enseñanza no es un hecho fortuito.

Debemos señalar que, como se desprende del estudio del tema, la enseñanza del purgatorio con fuego purgador se integra orgánicamente dentro de toda la teología de los Latinos y se desarrolla en el marco de su atmósfera teológica. Por lo tanto, no es un acontecimiento fortuito y aislado, sino un síntoma de la teología de Occidente, tal como evolucionó tras su separación de la teología ortodoxa. Ya hemos tenido la oportunidad de ver esto en análisis previos, pero ahora lo estudiaremos de manera más extensa y detallada.

Podemos señalar cinco causas, que llevaron al pensamiento teológico occidental a la enseñanza sobre el purgatorio.

Primera causa es la falta de teología níptica. La teología occidental al alejarse de la teología ortodoxa, y, sobre todo, de la tradición níptica relacionada con la catarsis del corazón, la iluminación del νούς (nus: espíritu de la psique-alma) y la contemplación espiritual o zéosis de Dios, creó las condiciones para el desarrollo y enseñanza del purgatorio o fuego creado purificador.

Esto se dice en el sentido de que la teología níptica-hisijasta de la Iglesia Ortodoxa se habla de la energía increada de Dios, que como fuego catartiza purga y sana al hombre. Según el resultado de la acción y efecto de la Χάρις (jaris: gracia, energía increada) de Dios también recibe un nombre particular: se dice catártica, iluminadora y deificante o divinizadora energía increada. En otras palabras, cuando la energía increada de Dios catartiza purga, limpia y sana al hombre, se llama catártica, cuando ilumina se llama iluminadora y cuando le glorifica o diviniza se llama θεοποιός zeopiós deificante o divinizadora.

El mismo Cristo dijo: «¡He venido a arrojar fuego sobre la tierra y qué más quiero, si ya se ha encendido!» (Lc 12,49). Vine a echar un celo ardiente y entusiasmo en los corazones de los hombres de buena voluntad, pero este celo encenderá fuego de odio contra mí y mis fieles seguidores. ¡Y qué más quiero, si ya se ha encendido este fuego! (Lc 12,49). Y el Apóstol Pablo escribe: “porque nuestro Dios es fuego consumidor o devorador” (Heb 12,29). Quema y consume a todo impío y desvergonzado.

San Juan el Clímaco, que expresa toda la tradición níptica sobre este tema, dice que vivimos y experimentamos la Jaris increada de Dios primero como fuego, y luego como luz. El fuego supracelestial, cuando se introduce en el corazón, a unos los sobrequema debido a la catarsis incompleta y a otros los ilumina «según la medida del perfeccionamiento». Este mismo fuego se llama «fuego consumador e iluminador». Es por eso que unos saliendo de su oración es como si salieran de un horno encendido, sintiendo una ligereza al quitarse la impureza, y otros, al terminar la oración, se sienten como si estuvieran saliendo iluminados por la luz y revestidos con el manto de la humildad, la alegría y el gozo.

En otro punto, San Juan el Clímaco dice que todo nuestro esfuerzo se realiza hasta que el fuego de Dios entre en nuestro santuario, es decir, en nuestro corazón. Dios, que es fuego, consume «toda suciedad y movimiento, destruye y mata tanto por dentro como por fuera todo vicio y pazos visible e invisible”.

En general, en toda la tradición eclesiástica se habla del fuego que entra en el corazón, es decir, de la Χάρις (jaris: gracia, energía increada) de Dios, que uno siente en su corazón quemando sus pazos. Por supuesto, este fuego es increado, es decir, la Jaris increada de Dios, que quema los pazos (pasiones, vicios, adicciones, etc.) y hace la catarsis (purga, limpia y sana) el corazón, por eso se llama Jaris catártica, purgante y esto se realiza durante la lucha del hombre por su terapia “psicoterapia”. Es esencialmente la primera etapa o estadio de la vida espiritual. Además, este mismo fuego, es decir, la Jaris catártica, purgante de Dios, estará operando también sobre los difuntos que han entrado en la etapa de la catarsis, pero no han tenido tiempo de catartizarse completamente.  Así, como hemos dicho anteriormente, con la memoria por los difuntos y las oraciones de la Iglesia el hombre se catartiza y sube a las etapas de la culminación espiritual, ya que, en última instancia, el perfeccionamiento es interminable.

Los latinos o franco-latinos, al haber perdido la teología níptica y no vivir estas experiencias empíricamente, malinterpretaron los textos patrísticos. Se dieron cuenta de que en los escritos de la Sagrada Escritura y de los Padres santos se habla de un fuego que hace la catarsis, limpia, purga y sana al hombre, y que esto continúa después de la muerte, para aquellos que ya habían entrado en la μετάνοια metania, en la etapa de la catarsis, y los francolatinos al no disponer de experiencia espiritual de esta enseñanza, malinterpretaron los pasajes patrísticos. Así, llegaron a hablar de un fuego creado de castigo, a través del cual pasarán todos los seres humanos. Pero está claro que el término tiene un significado diferente en la enseñanza patrística ortodoxa.

Segunda causa de la aparición de la enseñanza del purgatorio es la identificación de sustancia o esencia y energía en Dios, lo que ha causado muchos males y problemas en Occidente.

Conocemos bien por la teología ortodoxa que Dios tiene sustancia o esencia y energía. No hay esencia sin energía. Si la esencia es increada, su energía también es increada, si la sustancia o esencia es creada entonces su energía también es creada. La esencia de Dios es increada, por eso decimos que Su energía es increada. La agapi-amor, paz, justicia, etc., son energías increadas de Dios, que, por supuesto, no están sin hipostasis (base substancial), sino existentes en hipostasis, ya que no puede haber energía sin hipostasis, dado que quien actúa, opera o energiza es la persona. Esta verdad teológica nos preserva de muchos peligros y desviaciones heréticas. (Discernimiento claro indivisible entre esencia-sustancia-usía y energía=naturaleza. El don o carisma de discernimiento el mayor de todos, según los Padres. San Dionisio el Areopagita: “discernimiento no es dividir sino unir lo dividido y distinguir lo unido”).

En cambio, en Occidente no se hace este discernimiento. Los “teólogos” (charlatanes, tiólogos) escolásticos, en su esfuerzo por preservar la simplicidad de Dios y al mismo tiempo distinguir integralmente entre Dios y el mundo, identifican la energía de Dios con Su esencia-usía, la llaman «actus purus», y al mismo tiempo consideran la energía providencial y salvadora de Dios como creada. De este modo, según la teología occidental, Dios no tiene una relación real con el mundo a través de Su energía increada, sino sólo mediante medios creados y energías creadas. Sin embargo, esta enseñanza sacude todo el pedestal y contenido de la “psicoterapia” sanación, redención y salvación del ser humano.

Si examinamos cuidadosamente todas las diferencias entre la Iglesia Ortodoxa y los Franco-latinos, comprobaremos y veremos que se deben a esta cuestión teológica crucial. Esto es precisamente lo que se refleja en la enseñanza franco-latina sobre el purgatorio. En primer lugar, hablan acerca de la experiencia del purgatorio, que es creado, ya que Dios no tiene contacto o comunicación directa con las criaturas, creaciones, y luego hablan sobre la visión de la sustancia o esencia-usía increada de Dios por los purgados. Es decir, ya que las personas pasan por el purgatorio, alcanzan la visión de la esencia de Dios. Pero esta enseñanza, además de todo lo anterior, al hablar de la σωτηρία sotiría salvación, necesariamente elimina el discernimiento entre creado e increado, entre lo según naturaleza y lo según Χάρις (jaris: gracia, energía increada).

En la Iglesia Ortodoxa, sin embargo, la σωτηρία (sotiría: redención, sanación y salvación) se identifica con la participación del hombre de la deificante o divinizante Jaris y energía increada de Dios. Por lo tanto, la sotiría es pragmática, real y Dios permanece Dios.

Tercera causa, es la enseñanza y doctrina sobre el purgatorio es una conjunción de toda la tradición franco-latina, tal como lo expresa la llamada teología escolástica. De hecho, como mencionamos anteriormente, la teología escolástica que se alejó y se desvinculó de la teología empírica hisijástica y níptica de la Iglesia Ortodoxa, generó muchos males y problemas en Occidente.

Según la teología occidental, que se basó en el divino Agustino, sostiene que el pecado original o ancestral se hereda de Adán a todos sus descendientes, y que la justicia de Dios condenó a toda la humanidad al infierno e impuso la pena de muerte. En consecuencia, según la tradición franco-latina, el infierno y la muerte son castigos de Dios y no enfermedad, como enseña la teología ortodoxa.

Como resultado de esta enseñanza es que los francolatinos fueron conducidos a la teoría del infierno y del purgatorio. Los francos, como creían que los malvados o infernados no ven a Dios, tomaron e interpretaron el fuego del infierno como creado. En este sentido y punto de vista, debemos ver el infierno de Dante, donde los pecadores serán atormentados por el fuego creado del Infierno. De este modo, los franco-latinos imaginaron el mundo como un edificio compuesto de tres pisos: el cielo inmutable para los dichosos o bienaventurados, la tierra variable, mutable para la prueba de los hombres y los reinos subterráneos variables, mutables para los infernados viciosos y los purificados.

Naturalmente, como hemos visto antes, los franco-latinos también hablaban de la visión de la esencia-usía de Dios por parte de los justos y los purificados. En otras palabras, los salvados verán, por la jaris-gracia increada y su lógica, a Dios y los arquetipos de los seres que existen en Él. Con esta visión de la esencia-usía divina, las psiques-almas serán de la parte anhelante (deseo), de la irascible y de las variables, la mutabilidad, y así se convertirán dichosas, bienaventuradas inmutablemente. No es necesario señalar que la Iglesia Ortodoxa no acepta estos puntos de vista, ya que los arquetipos de los seres no existen en Dios. Dios crea, provee y salva al mundo mediante Su energía increada.

Asimismo, los francolatinos no comprendieron correctamente la teología apofática (afirmación negativa) y la consideraron más como una teología especulativa. En la teología ortodoxa, la δόξα (doxa: gloria, luz increada) de Dios se expresa y se atribuye en términos opuestos: luz y gnofos (luz invisible, que transciende toda luz), fuego y skotos-oscuridad. La primera antítesis manifiesta y significa la doxa-gloria increada de los justos, la segunda, el estado de los pecadores. Estas antítesis se utilizan no porque haya contradicciones en Dios, sino para expresar la verdad de que no hay similitud o semejanza entre la doxa-gloria increada de Dios y las criaturas, creaciones.

Sin embargo, estas condiciones previas de la teología franco-latina han llevado a los teólogos occidentales a la enseñanza del fuego del purgatorio, mediante el cual los pecadores y los arrepentidos serán castigados para alcanzar así la visión de la esencia-usía de Dios. Por eso, afirmamos que la enseñanza del fuego “purgatorio” de los Latinos (papistas) no es independiente de las estructuras básicas de la teología escolástica de Occidente.

Cuarta causa principal de esto es la enseñanza de los Francolatinos sobre la satisfacción de la justicia divina. Según Anselmo de Canterbury, la exigencia del castigo y la exigencia de la salvación del hombre es necesidad de la naturaleza divina. A diferencia de la enseñanza de los santos Padres, que hablan del pecado como enfermedad y la σωτηρία (sotiría: redención, sanación y salvación) como agapi-amor incondicional de Dios, a través de la cual agapi (amor: emoción de la energía increada) se consigue la terapia “psicoterapia” del hombre por supuesto con su propia sinergia, cooperación; Anselmo habla de la ofensa de la justicia de Dios y su expiación.

Tal punto de vista y consideración por parte de los franco-latinos sobre la salvación del hombre era de esperar que inevitablemente los conduciría a la enseñanza sobre el purgatorio, como castigo del hombre para que Dios sea expiado. Naturalmente, esta enseñanza altera y tergiversa toda la vida espiritual, ya que pone a un intercambio o    transacción comercial y en relaciones de ofendidos y caídos.

Quinta causa de la aparición de la enseñanza sobre purgatorio es la estructura política y económica del Papismo. Después de que los franco-latinos perdieron la teología empírica de la Iglesia Oriental y la desconexión de la tradición litúrgica, hisijástica y níptica de la Iglesia Ortodoxa, era de esperar que cayeran en situaciones antropocéntricas. La percepción, concepción feudal de la organización social y formación de la sociedad, el auge de la construcción y la elevación económica, el conflicto con la autoridad política, etc., contribuyeron a la enseñanza del fuego purgatorio. De esta manera o modo el laós-pueblo se oprime, se sangra económicamente pero también se ayuda a la “Iglesia” en la construcción de edificios.

La conexión del purgatorio con fuego purgador con las ofrendas materiales ha causado la decepción del pueblo con el Papado, Papismo. Se dice que el fuego purgador, conocido como purgatorio, fue inventado para completar la construcción de la Basílica de San Pedro en Roma y para financiar la corte papal. Sin embargo, es importante señalar que la enseñanza del purgatorio con fuego purgador no fue simplemente inventada para explotar al pueblo, porque, como vimos antes, se integra en la teología escolástica de los francolatinos. Sin duda, fue utilizada también con fines económicos.

Tras este análisis, podemos llegar a la siguiente conclusión. Así como la teología ortodoxa constituye una unidad, yo diría, un círculo, y cuando uno se acerca a un punto del círculo encuentra con todo el círculo, lo mismo sucede en la teología de frankolatina o papista. Todas sus novedosas enseñanzas están interrelacionadas y se definen a partir de la misma base.

Esto significa que la pérdida de la teología hisijástica, el rechazo de la teología terapéutica, psicoterapeuta empírica dio lugar al nacimiento a una gran cantidad de problemas y males en Occidente. El dogma del purgatorio tiene relación con la pérdida de la enseñanza sobre el discernimiento indivisible entre esencia-usía y energía increada en Dios.

El purgatorio es el fruto y resultado de la teología escolástica de los francolatinos o papistas y no tiene ninguna relación ni nada que ver con la teología ortodoxa tal y como la enseñó Cristo, la vivieron los Apóstoles y nos la transmitieron los santos Padres. Amín.

Traducido por: Jristos Jrisulas Χρῆστος Χρυσούλας  https://logosortodoxo.es/

 

 

 

 

 

 

 

Domingo de la Bondad, el Perdón y la Caridad, Mitilineos

Domingo de la Bondad, el Perdón y la Caridad, p. Atanasio Mitilineos.

[Transcripción de la homilía del bienaventurado yérontas Atanasio Mitilineos, pronunciada en el Monasterio Komnineo de Larisa el 28-2-1982] con el tema:

«Llenos de bondad, que se expresa con la capacidad de perdonar, el ayuno y la limosna»

Mensaje de bondad, queridos míos, nos da hoy nuestra Iglesia. De cara a la Gran Cuaresma, nos dice cómo debemos ser. Y así, en el pasaje evangélico de hoy, nos transmite este mensaje de bondad.

La bondad no es simplemente un cumplimiento de mandamientos. Porque, como escucharéis un poco más adelante, quizás se dé la impresión, aunque falsa, de que se trata de ciertos mandamientos que simplemente ayudan al hombre a hacer algo en su vida o a dar cierto color a este período de la Gran Cuaresma. No, queridos míos. Más bien, hay una transformación, un cambio dentro del hombre. La bondad no es más que la inclinación hacia algo nuevo, espiritual, bueno, algo que el hombre desea hacer para el bien. Dice el Apóstol Pablo en su epístola a los Romanos 15,14: «Hermanos, yo estoy convencido de que tenéis muy buena voluntad, llenos de bondad y virtud, plenos de toda gnosis de las verdades de Dios y tenéis la capacidad para conduciros y aconsejaros unos a otros».

Para entender qué significa bondad, os diré lo siguiente: tomemos lo contrario. Muchas veces preguntamos a una persona: «¿Por qué hiciste este mal? ¿Por qué rompiste aquella cosa? ¿Por qué destruiste aquel objeto?». Y responde: «No tenía razones». «¿Entonces por qué?». «Así lo quería, así lo deseaba». Esto significa que esta persona tiene una inclinación hacia el mal, como si el mal estuviera en su misma célula. Solo se satisface cuando ve el mal. Pues bien, lo contrario de esto es la bondad. Como si el bien estuviera en su misma célula y deseara hacer siempre el bien, como si fuera por su misma naturaleza querer siempre lo bueno…

Pero, atención. ¿Es por su naturaleza?

No, queridos míos, exactamente.

La bondad es un don o regalo del Espíritu Santo. Dice el Apóstol Pablo en su epístola a los Gálatas:
«El fruto del Espíritu es agapi-amor, alegría, gozo, paz… bondad».

Por lo tanto, esta inclinación, este impulso de la psique-alma hacia el bien, es algo que lo da el Espíritu Santo. Mirad nuestra época, a nuestros contemporáneos, y especialmente a nuestra juventud -aunque no exclusivamente a nuestra juventud- y veréis que tienen esta inclinación, tendencia y pasión por la destrucción. Por lo tanto, vemos que los frutos del Espíritu Santo han sido retirados. No existen.

Es, pues, un fruto del Espíritu Santo. Por eso dice el Apóstol Pablo en la Epístola a los Romanos:
«Estoy convencido de que no solo tenéis bondad, sino que estáis llenos de bondad».

De esta inclinación hacia el bien, muestra que el Espíritu Santo realmente transforma toda la vida del hombre creyente. Es una verdadera bendición. El hombre se siente ya renovado. Eso es ser un «hombre nuevo». Se siente algo diferente. Se siente liberado de sí mismo, incluso del espacio y del tiempo, y ya vive dentro de la Realeza increada de Dios. Es otra realidad, una experiencia verdadera que el hombre siente. No es algo que se entienda racionalmente, sino algo que se vive.

Teniendo esto en cuenta, nuestra Iglesia nos dice ahora cómo debemos movernos dentro de la Gran Cuaresma, lo cual significa que no solo en la Gran Cuaresma, sino en toda nuestra vida. Pero como quiere ayudar al hombre perezoso, al negligente, por eso establece estos períodos de tiempo, como la Cuaresma, para ayudar al hombre a hacer siempre un comienzo.

No es nada más que lo que decían los ascetas:
«Pongo un comienzo».

Así son las Cuaresmas a lo largo del año, en un movimiento circular:
Pongo un comienzo, hago un comienzo.

Y no viene a darnos -como os dije- una receta, una fórmula para ciertas cosas y cuestiones, sino que quiere que seamos personas transformadas. Y nos dice… Como escuchasteis, es del Evangelio según Mateo, en el capítulo sexto. Dice:
«Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas y errores, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial», etc. Por lo tanto, el mensaje del perdón, de la absolución.

Segundo: «Cuando ayunéis, no os pongáis tristes (o con mal humor) como los hipócritas», etc. Lo que significa… segundo mensaje: el ayuno.

«No acumuléis tesoros en la tierra». Tercer mensaje: la limosna o caridad.

Pero veamos estos temas, queridos míos, con más detalle.

Empezamos primero con el ayuno. El Señor corrige el mandamiento del ayuno. Tal como se estableció en el Antiguo Testamento, no legisla sobre el ayuno, sino que lo corrige. Es más, lo restituye. Porque los judíos lo habían malinterpretado y lo habían convertido en una práctica meramente exterior y, sobre todo, en un acto de exhibición. Y el Señor dice: «No ayunéis como los hipócritas, sino así y así»; lo que muestra una restitución y no una nueva legislación sobre el ayuno. Porque el ayuno ya existía desde antes.

Digo esto para que veáis lo antiguo que es el ayuno y que fue el mismo Dios quien lo estableció en el Antiguo Testamento. Por no decir que el ayuno es coetáneo, simultaneo con el género humano.

Pero, ¿qué es el ayuno?

El ayuno es la compensación por la desobediencia de los primeros en ser creados; en su esencia, es obediencia. Los primeros en ser creados, Adán y Eva al desobedecer no cumplieron el mandamiento del ayuno, porque querían volverse dioses sin Dios, buscando una θέωσις (divinización, deificación) autónoma. Pero ahora, para alcanzar esto, porque el Hijo del Hombre, el Hijo de Dios, vino al mundo para volver a llevarnos al Paraíso, para introducirnos de nuevo en el reinado de la Realeza increada de Dios -o mejor aún, para introducirnos por primera vez en la realeza increada de Dios-, y dado que pasaremos de nuevo por el Paraíso, y por un Paraíso aún mejor, más sublime y más perfecto, nos dice: «Recorreremos el mismo camino que recorrieron los primeros en ser creados cuando salieron del Paraíso. Ellos comieron y desobedecieron. Vosotros no comeréis y obedeceréis. Por lo tanto, debéis tener obediencia y ayuno para volver al Paraíso».

Ningún santo, queridos míos, entró en el Paraíso sin ayuno y sin obediencia. Es, por lo tanto, una restauración, una corrección del daño que hicimos. Venimos a decir:

«Señor, en Adán (porque estamos en la descendencia de Adán, todo el género humano), desobedecimos Tu mandamiento. Ahora obedecemos y ayunamos».

Además, ayunamos para hacer duelo o luto (espiritual o según Dios). Porque el ayuno es una señal de luto.

Cuando los fariseos criticaron al Señor porque Sus discípulos no ayunaban, mientras que los discípulos de ellos y los discípulos de Juan sí ayunaban, el Señor dijo: «Mientras tengan con ellos al esposo, ¿cómo pueden ayunar? En una boda no se ayuna. Vendrán días en que el esposo será quitado»—es decir, Cristo, el esposo de la Iglesia—«y entonces ayunarán. Y ayunarán hasta la Segunda Παρουσία (Parusía: Presencia, Venida) de Cristo».

Por lo tanto, el ayuno es un luto, queridos míos. No lo hacemos por Dios. Lo hacemos por nosotros mismos. Algunos piensan que al ayunar obligan a Dios a algo. Es una insensatez. Estamos en duelo o luto y lloramos por nuestra propia condición. Y el Viernes Santo no lamentamos a Dios. Sería algo muy extraño. Estamos en luto y lloramos por nuestra propia situación, por el hecho de que la humanidad llegó al punto de crucificar a su propio Dios.

Así, el ayuno es un elemento importante. Pero no debe ser algo impuesto. Por supuesto, tendrá un carácter obligatorio en el sentido de que debemos empujar nuestra naturaleza perezosa. Pero procederá de nuestra libertad, será algo que habremos comprendido. Sentiremos verdaderamente que debemos mostrar nuestro duelo, nuestra transformación y nuestro cambio ante Dios.

Segundo: el perdón. Pensad en este tema del perdón y lo importante que es. Nos hace imitadores de Cristo, que desde la Cruz perdonó a Sus verdugos. Nos hace imitadores de Dios, que nos perdona. Y no solo nos perdona, sino que desciende para encontrarnos en la Encarnación aquí en la tierra, a pesar de que habíamos roto completamente nuestra relación con Él, nos recibe nuevamente en Su Realeza increada. Pensad en esto: el odio, el rencor separan al hombre de Dios.

Como sabréis, el elemento que separa a un matrimonio es el adulterio. No son ni las discusiones, ni la incompatibilidad de caracteres, ni ninguna otra cosa. Solo hay una cosa que puede separar a un matrimonio: el adulterio. Porque el matrimonio es un símbolo de la unión entre Cristo y la Iglesia. Y el adulterio es una negación de esta unión y, por lo tanto, una destrucción de la imagen de la unión entre Cristo y la Iglesia. El odio es una negación del modelo de unidad de las tres personas de la Santísima Trinidad. Porque los creyentes están unidos en un símbolo de la unidad de la Santísima Trinidad.

Cristo dijo: «Que sean uno, como nosotros somos uno». «Sí, que los cristianos sean uno, Señor, como Tú y el Padre y el Espíritu Santo o Paráclitos».

Pero cuando los cristianos no son uno, sino que el odio los separa, entonces su comportamiento destruye la imagen del misterio de la unión en una sola esencia de las tres personas de la Santísima Trinidad. Y esto es algo extremadamente grave. No es posible que alguien que tiene odio en su corazón entre en el reinado de la Realeza increada de Dios. Porque el cristianismo, como dice san Gregorio el Teólogo, es una imitación de la Santísima Trinidad. Por tanto, si no imitamos esta unidad de las personas de la Santísima Trinidad, ¿cómo podemos decir que somos cristianos? Eso es imposible.

Por lo tanto, queridos míos, debemos perdonar, con todo nuestro corazón. Aquí el Señor nos dice que debemos perdonar de corazón, porque de lo contrario corremos el riesgo de que Dios no nos perdone a nosotros.

Pasamos ahora al tercer mensaje, que es el tema de los tesoros, la acumulación de dinero, la riqueza en general. Aquí el Señor dice:

«No acumuléis tesoros en la tierra, donde la polilla y el óxido los destruyen y donde los ladrones entran a robar».

Y no se refiere solo al dinero, sino también a los bienes materiales. Por eso menciona «la polilla, el gusano». Pero también los ladrones roban.

Lo vemos hoy: no sabemos cómo proteger nuestras posesiones, porque el robo se ha multiplicado. Es una señal de los tiempos que la gente robe. Roban, roban… Roban de manera alarmante. Roban a escondidas y roban descaradamente.

Pero aquí, en primer lugar, hay un mensaje sobre la vida sencilla. No seas una persona rica, porque la riqueza te dificultará tanto que será casi imposible que veas a Dios. Casi imposible. Digo «casi» porque también está escrito:

«Lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios».

Pero más allá del tema de la riqueza, el Señor nos dice algo más:

El problema es cuando el dinero se convierte en el objetivo de tu vida.

Porque puede que, en algún momento, por alguna circunstancia, llegues a ser muy rico. Pero la cuestión no es si eres rico o no. La cuestión es: ¿cuál es el propósito de tu vida? ¿Es el dinero?

En nuestra época, por desgracia, el dinero se ha convertido en el objetivo de la vida. Hasta el punto de que llegamos a destruir nuestra propia vida por dinero. Lo cual, por supuesto, es una completa estupidez. Porque, si destruimos nuestra vida, el dinero ya no tendrá ningún valor. Si destruyo mi vida, queridos míos, para ganar dinero, entonces, ¿de qué me servirá el dinero si ya he destruido mi vida? ¿Para gastarlo en médicos? ¿O para morir y que lo disfruten otros?

Es ridículo. Es increíblemente ridículo.

La persona rica es la más tonta de todas las criaturas que existen. Es la persona más necia.

Y mucho más cuando el hombre está obsesionado y apegado en el dinero. Es una persona profundamente necia. Es digna de lástima, digna de compasión. Incluso los pájaros del cielo y los gusanos de la tierra lo compadecen. Ellos son más felices que él. Muchas veces observo los gusanos de la tierra y uno podría preguntarse: «¿Son felices?».

Dios, queridos míos, no ha creado ninguna de Sus criaturas desgraciada e infeliz. Puede que veamos a un gusano arrastrarse por la tierra, comiendo tierra, cavando agujeros y viviendo bajo tierra, y es feliz. Porque Dios lo hizo así y así es feliz. El ser humano, sin embargo, es infeliz porque no llega a ser aquello para lo que Dios lo creó. Por esta razón, debe prestar atención a este aspecto.

Pero cuando el Señor dice «No acumuléis tesoros», quiere decir también algo más. Porque, si se da el caso de que llegan a mis manos grandes sumas de dinero, ¿qué debo hacer? Por supuesto, debo vivir de ello. Pero también debo convertirme en compartidor de estos bienes con los demás. Se trata de la limosna o caridad.

Debo prestar mucha atención a este tema de la limosna. Los demás seres humanos deben convertirse en partícipes de mis bienes. La limosna tiene, por supuesto, muchas facetas. No se trata solo de dar dinero a alguien y decir: «Toma esto».

Cuando soy una persona benefactora de cualquier manera, y el medio de mi beneficencia es el dinero, puedo construir edificaciones en el lugar donde me encuentro. Construir una escuela, una iglesia, una carretera, que ayude a la gente a mejorar su vida. Repito, puede que no ponga el dinero directamente en las manos de las personas; pero cuando doy las posibilidades, para que ellos trabajando puedan vivir, porque yo di el primer paso construyendo, como les dije, una carretera en un pueblo montañoso, entonces esas personas podrán después moverse con sus mercancías y ganarse la vida, entonces habré sido un benefactor. No me aferro a mi dinero. Hasta el siglo pasado, e incluso a principios de este siglo, queridos míos, había muchos benefactores. Ricos, ilustres, grandes millonarios. Pero también benefactores al mismo tiempo.

En nuestros días ya no tenemos benefactores… Y no porque su humildad los lleve a esconderse. Al contrario, si alguna vez dan algo, corren rápidamente para anunciarlo en los periódicos y las televisiones. Pero no tenemos benefactores. Esto significa que la gente ha perdido la noción de la solidaridad. Ya no sienten que junto a ellos hay otro ser humano. Viven solos. Viven realmente solos, moralmente solos. Están aislados. Es algo terrible. Por eso debemos prestar muchísima atención también a este punto.

Así, queridos míos, vemos que, ante la llegada de la Gran Cuaresma, nuestra Iglesia nos presenta estas tres consignas.

Las llamé «consignas». Tres propuestas:

  • El ayuno,
  • El perdón,
  • Y la limosna o caridad.

No debemos abordarlas de una manera meramente formal o externa, como os dije al principio. Sino como algo que realmente brota desde lo más profundo de nuestro corazón. Ese «llenos de toda bondad». Estar llenos de estos buenos impulsos y pensamientos, para el bien y la bondad.

¿Cuándo sucederá esto? Pues os diré cuándo sucederá. Especialmente en lo que respecta al tema de nuestro tesoro.

Sabéis que el objetivo que me fijo se convierte al mismo tiempo en el criterio de todas mis acciones. Si mi objetivo es el dinero y las riquezas, entonces actuaré en todo momento para conseguir dinero.

Si mi objetivo, como un montañista, es escalar la cima del Olimpo, entonces caminaré, y ese objetivo se convertirá en mi criterio para subir a la cima. Entonces, ¿cuál es mi objetivo? ¿Cuál es mi tesoro? Porque el tesoro es el objetivo.

¿Cuál es mi tesoro?

Es la Pascua de Cristo. Es Cristo mismo.

Si pongo como objetivo a Cristo, la Pascua de Cristo, entonces no hará falta que me digan que debo ser una persona que perdona o que comparte sus bienes con los demás. No. Entonces lo entiendo por mí mismo. ¿Por qué?

Porque decía Tertuliano que la psique- alma humana es «por naturaleza cristiana». Así nos hizo Dios, nos hizo buenos, nos hizo con bondad. Pero entonces, ¿por qué lo dice la Sagrada Escritura? Porque lo olvidamos. Porque nos hemos pervertido y como hemos sufrido esta corrupción, ahora llega la corrección y el recordatorio.

Y de esta manera podemos volver a nuestro objetivo original,

que es Cristo, el Logos de Dios, que nos creó. Amín.

 

Para gloria de la Santa Trinidad

Con infinita gratitud a nuestro guía espiritual, el bienaventurado Padre Athanasios Mitilineos,

Transcripción de la conferencia y edición electrónica: Eleni Linardaki, Filóloga

Fuente: http://www.arnion.gr/mp3/omilies/p_athanasios/omiliai _kyriakvn/omiliai_kyriakvn_137.mp3

Traducido por: χΧ jJ  https://logosortodoxo.es/

 

 

 

 

 

 

Domingo del perdón

Ευαγγελικό ανάγνωσμα: Ματθ. στ΄14-21.

Domingo del perdón, Mateo 6:14-21

14 Porque si perdonáis a los hombres sus pecados, deudas y ofensas, también vuestro Padre celestial perdonará los vuestros,

15 pero si no perdonáis a los hombres sus pecados, ofensas y faltas, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas, faltas y pecados.

16 Cuando estéis ayunando, no seáis tristes como los hipócritas, que desfiguran sus rostros, para demostrar a los hombres que están ayunando. De cierto os digo, ya están recibiendo toda su recompensa, es decir, los elogios de los hombres.

17 Pero cuando tú ayunes, úngete la cabeza y lávate la cara, como de costumbre

18 para que no parezca a los hombres que ayunas, sino a tu Padre celeste que es omnipresente y está en las partes más secretas, y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

19 No acumuléis riquezas y tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde los ladrones irrumpen en las paredes, rompen las cajas fuertes y roban,

20 sino acumulaos riquezas y tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde los ladrones no irrumpen en las paredes y no roban,

21 porque donde está tu tesoro, allí estará también tu corazón, en el cielo está vuestro tesoro, en el cielo también vuestro corazón.

 

Domingo del perdón

«Pero, si no perdonáis a los hombres sus ofensas y pecados, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas y pecados».

 

{Por el traductor: aquí las palabras clave son: μνησικακία (mnisikakía) y ανεξικακία (anexikakía). Μνησικακία (mnisikakía =rememorar el mal, resentimiento, rencor, odio, aversión), viene del μνημη (mnimi= memoria, recuerdo) y κακία (kakía=maldad). Aνεξικακία (anexikakía: falta de maldad y de rencor, indulgencia, tolerancia). San Juan el Clímaco tiene un capítulo grande como se sana la virtud de la ανεξικακία (anexikakía), y el pazos de la μνησικακία (mnisikakía).}

 

α. Al último escalón hacia nuestra entrada en la Gran Cuaresma, nuestra Iglesia viene con la lectura evangélica -un pasaje del Sermón de la Montaña de San Mateo 5- para intensificar lo que había subrayado en los domingos introductorios del Triodio: que no es posible este bendito período, que nos lleva a la Cruz y Resurrección del Señor, es decir, no podemos tener una relación real con nuestro Señor, si no expulsamos de encima nuestro las “máscaras” de la hipocresía y nos presentamos ante Él con nuestro auténtico rostro, persona, el que crea la verdadera μετάνοια (metania: introspección, conversión, arrepentimiento y confesión);  es decir, sin las capas de μνησικακία (mnisikakía: resentimiento, rencor), con ayuno genuino que se hace para nosotros mismos, con la conciencia de que es el centro específico de nuestra vida, nuestro verdadero tesoro, que no se encuentra en los marcos asfixiantes de este mundo pasajero, sino en la Realeza increada de Dios.

Y esto significa que la Gran Cuaresma funciona como un modelo de toda nuestra vida, puesto que la lucha diaria del cristiano es cómo mantener íntegra su verdadera persona o personalidad, el que salió de la santa pila del bautismo de nuestra Iglesia como miembro de Cristo.

El Señor, pues, recalca: nadie puede estar con el Dios y mantener el regalo de Su Jaris (gracia, energía increada) sin primero dar incesantemente su perdón al prójimo. Si no perdonáis los pecados, errores y fallos de los demás, tampoco vuestro Padre perdonará los vuestros”.

β. 1. Y es cierto que este aviso del Señor es de crucial y decisiva importancia, dado que la μνησικακία (mnisikakía, resentimiento, rencor, odio), como recuerdo de maldad de los demás y la consiguiente incapacidad de ofrecerles nuestro perdón por sus posibles ofensas hacia nosotros, constituye uno de los problemas básicos y casi permanentes en nuestras relaciones con los demás. Palabras ofensivas, malos comportamientos, actitudes de indiferencia de nuestro entorno inmediato o más amplio, vienen muchas veces a provocar y picar nuestro egoísmo existente, que exige la aceptación y el elogio, quizás incluso la dominación sobre los demás, anulando así la única y casi exclusiva condición de la presencia de Dios en nuestra vida: la αγάπη (agapi: amor incondicional, desinteresado).

En otras palabras, la μνησικακία (resentimiento, rencor, odio, aversión), es el mayor obstáculo para permanecer en Dios, puesto que «ο Θεός αγάπη εστί el Dios es agapi (amor emoción de energía increada)», mientras que revela claramente el egoísmo que se ha coronado como rey en nuestro corazón, y por lo tanto el predominio del pecado sobre nosotros.

  1. Por lo tanto, el Señor es claro: si no expulsamos de nuestro corazón, es decir, de nuestro ser más profundo, nuestros resentimientos, rencores, odios y no luchamos para ser indulgentes, tolerantes, sin resentimientos, ni rencores con agapi en nuestro interior, no veremos el rostro, persona de Dios, ni en el presente ni en el futuro eterno. Y desde esta perspectiva, entendemos que esta lucha no es una disminución de nosotros mismos: perdemos algo, pero nuestro enriquecimiento por excelencia es que expulsamos lo que compone el veneno para nuestra psique y la energía demoníaca, y mantenemos y aumentamos la jaris (gracia, energía increada) de Dios

Esta verdad el Señor no la proclamó sólo con las palabras anteriores, tanto en una formulación positiva como negativa, que por sí solas fueron sin duda más que suficientes para concienciarnos de la tremenda importancia de la ανεξικακία (anexikakía: falta de maldad, sin rencor ni odio, indulgencia), sino también la predicó con la oración principal conocida como el Padre nuestro”: “y perdona nuestros pecados y ofensas, tal como nosotros perdonamos los pecados y ofensas de los demás. El perdón de Dios hacia nosotros tiene como única condición nuestro perdón hacia nuestros semejantes. Es decir, el Señor “ató” nuestra σωτηρία (sotiría: psicoterapia, sanación redención y salvación) con nuestra buena relación con los demás. Esto que el Evangelio del domingo pasado recalcó sobre el Juicio Final, viene hoy a recalcarlo de otro modo o manera.

  1. Sin embargo, donde el Señor dio la lección más conmovedora sobre la ανεξικακία (anexikakía: falta de maldad, sin rencor ni resentimiento, indulgencia, tolerancia) fue con Su propia vida, sobre todo cuando se encontraba encima de la Cruz. Su Cruz, que abarca toda la perfección (san Marcos el Asceta), fue la apocálipsis-revelación de Su infinita agapi (amor, emoción de la energía increada) y Su ανεξικακία indulgencia, falta de maldad, sobre todo frente a una humanidad que se había desviado tanto que quiso matar al mismo Creador y Benefactor de ella. Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen”, son las palabras de Su oración a favor de los que Le crucificaban.

Y este ejemplo del perdón, de ανεξικακία falta de maldad, sin rencor e indulgencia continuaron, con la ayuda por supuesto de la jaris increada del Mismo, también los Apóstoles, los Mártires y el resto de los Santos de la Iglesia. San Esteban por ejemplo: ¿qué hace cuando, en el momento en que es apedreado salvajemente por los enfurecidos judíos? Repite simplemente los mismos logos del Señor con distintas palabras: “Señor, no les impute o no les tenga en cuenta este pecado”. Lo mismo también san Dionisio de Egina, por nombrar algún santo más contemporáneo: esconde y protege del destacamento que lo persigue al asesino de su hermano, y luego lo ayuda a escapar.

Así, el requisito, la condición para que uno sea Cristiano, es vivir es el perdón y la ανεξικακία (anixikakía: indulgencia, falta de maldad, rencor y resentimiento). Nadie puede llamarse cristiano sin perdonar a todos, aunque sean sus enemigos. Y esto, como es sabido, es la distinción que diferencia al mártir (y testigo) cristiano de cualquier otro tipo de mártir: el cristiano muere orando por sus perseguidores, confirmando de esta manera la autenticidad de su fe en Cristo..

  1. Está claro que la adquisición de la ανεξικακία anexikakía no es algo fácil. Requiere una lucha constante y ardua. Es necesario “sangrar” uno interiormente para poder enfrentarse con un corazón limpio hacia el prójimo. Es muy característico el ejemplo de aquel asceta en el libro “Yerontikón” que escupía sangre cuando se le acercaba otro hermano. Y, al preguntarle este hermano qué había ocurrido, él respondió: Hace un rato, un hermano me ha amargado y rogué a Dios que sacara la amargura de mi interior. Y mira, he aquí el Dios me ha escuchado y mi amargura la convirtió en sangre, y la expulsé.

De hecho, el creyente debe atravesar ciertas etapas, que nos han indicado y establecido los Padres y Maestros ascéticos de la Iglesia. Por ejemplo, san Juan el Sinaíta, después el llamado el Clímaco o de la Escalera, nos habla tres pasos o grados de ανεξικακία anexikakía. Escribe que el primer paso es aceptar las ofensas, deshonras y humillaciones, aunque que sea con tristeza, sufrimiento y amargura de la psique-alma. En el segundo grado llegan aquellos que, después de haber superado el primero, no se entristecen por las ofensas y dificultades que les ocurren, pero tampoco se alegran, por supuesto. Y el tercer grado, el de los perfectos, es para aquellos que no solo no sufren ni se amargan, sino que consideran como elogios las humillaciones y las deshonras. Este es un grado de perfección que el hombre contemporáneo, egocéntrico, racionalista y autónomo, considera como locura.

  1. El mismo santo en otros puntos de sus logos procede en consejos concretos que pueden ayudar a alguien a superar la μνησικακία (misikakía: resentimiento, rencor). Algunos ejemplos.

– Si sientes amargura y odio hacia un hermano y no tienes la fuerza para amarlo con todo tu corazón, al menos arrepiéntete ante él y acércate con palabras, con la boca. Quizás, de este modo, te avergüences de tus palabras y lo ames realmente.

-Si escuchas que un hermano te ha calumniado, no te dejes llevar por el pazos del resentimiento o rencor, sino supéralo diciendo palabras elogiosas sobre él.

– Si ves o escuchas algo que despierta en ti el pazos del juicio o crítica maligna (que es fruto del rencor o resentimiento), no digas que lo haces por amor, porque el amor conduce a la oración secreta por aquel que ha errado, y no a la crítica. Esta forma de reacción, en efecto – oración por aquellos que nos han ofendido – según el otro gran maestro ascético, San Marcos el Asceta, es «un golpe y una herida para los demonios».

c. La ανεξικακία anexikakía, sobre todo en vista de la Cuaresma que nos impulsa con todas sus expresiones a la revelación de nuestro verdadero ser, como hemos dicho, a pesar de las dificultades para adquirirla y vivirla, es lo más necesario para nuestro camino como cristianos. No seremos salvos por los posibles ayunos, limosnas, caridades u oraciones, si todo esto no culmina en la ανεξικακία anexikakía o no la tienen como requisito y condición. Porque, repito que esta virtud es expresión y experiencia de la αγάπη (agapi: (amor incondicional y desinteresado) y será el criterio absoluto de nuestra vida. Amín.

Fuente: ΑΚΟΛΟΥΘΕΙΝ  Sacerdote Georgios Dorbarakis

Traducido por: χΧ jJ  https://logosortodoxo.es/

Domingo de Carnaval – Los más pequeños, insignificantes hermanos

Domingo de Carnaval – «Los más pequeños, insignificantes hermanos» [Mateo 25,31-46] π. Αθανάσιος Μυτιληναίος.
[Transcripción de la homilía del Yérontas Atanasios Mitilineos pronunciada en el Monasterio Sagrado de Komnineo, Larisa, el 18-2-1996] con el tema:

«Los más pequeños, insignificantes hermanos»

 

El libro del Antiguo Testamento, queridos míos, llamado «Eclesiastés», concluye con la frase: «Porque Dios traerá a juicio toda obra, incluso todo lo oculto, sea bueno o sea malo». Es decir: Dios llevará al juicio a todo el ser humano, al hombre entero, «toda la creación y criatura», es decir, tanto con su psique-alma como con su cuerpo, y todo lo que haya hecho, ya sea bueno o malo, aunque esté oculto y pasado por alto, aunque esté en un rincón apartado, lo sacará a la luz.

«Toda la creación». Todo el ser humano, tanto con su psique-alma como con su cuerpo. Y enfatizo esto. Porque el hombre entero será llevado al juicio-krisis. Además, como habrá resurrección de los muertos, seremos juzgados después de la resurrección, cuando hayamos recibido nuestros nuevos cuerpos, es decir, los cuerpos antiguos renovados. Cualquier cosa que haya hecho el hombre, ya sea olvidada, pequeña o ignorada, sea buena o mala, será tomada en cuenta. San Cirilo de Jerusalén dice:
«¿Ayunaste? Se te contará. ¿No ayunaste? También se te contará».

Cualquier cosa, incluso la más mínima palabra. El mismo Señor nos dijo: «Os aseguro que daréis cuenta de toda palabra vana». Y «palabra vana», permitidme decir, son las tonterías. Nos sentamos y hablamos tonterías y el tiempo pasa. Eso es «palabra vana». Y el Señor dice: «Incluso de esto daremos cuenta».

Efectivamente, el que todo el ser humano será juzgado nos lo confirma también Pablo. En su Segunda Carta a los Corintios dice: «Porque es necesario que todos comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo»; ¿os habéis fijado? «Mientras estaba en el cuerpo». Por supuesto, mucho más con su espíritu. Ya sea bueno o malo.

Y el juicio-krisis pertenece a Cristo. Porque Él nos creó como Dios Logos. Él hizo a Adán y Eva. Y ahora nos recrea, renueva como Θεάνθρωπος (zaánzropos) Dios-Hombre. Viene para transformarnos. Él mismo dice:
«Porque el Padre no juzga a nadie, sino que ha entregado todo el juicio-krisis al Hijo».

¿Por qué? Porque Él nos creó y Él nos renueva, recrea. Como dice San Cirilo de Jerusalén, es como si Él fuera el responsable ante el Padre por el destino de Su criatura, que se llama hombre.

Además, el mismo Señor dijo: «Se me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra». Y, por tanto, también la autoridad del Juicio-Krisis.

De hecho, escuchamos en el pasaje evangélico de hoy, que el Señor dice que volverá: «El Hijo del Hombre vendrá en su δόξα (doxa: gloria, luz increada) y todos los santos ángeles con Él; entonces se sentará en su trono de doxa-gloria, y delante de Él serán reunidas todas las naciones». Todos los seres humanos. Sin excepción alguna. Adán y Eva. Todos.

Esta imagen que nos muestra el Señor ya fue anunciada en el siglo VI a.C. por el profeta Daniel, cuando estaba cautivo en Babilonia. Dijo lo siguiente, que es verdaderamente impresionante, aunque todo lo de Daniel lo es, pero en el capítulo 7, es algo excepcional.

Dice: «Estuve mirando hasta que fueron puestos tronos, y un Anciano de Días se sentó (este que no tiene principio ni fin); su vestidura era blanca como la nieve, y el cabello de su cabeza como lana limpia; su trono, llama de fuego; ruedas de fuego ardiente. Un río de fuego procedía y salía de delante de Él. Miles de miles le servían, y millones de millones asistían delante de Él. (Esto que dijo Cristo: Vendré con todo el poder y fuerza del cielo, es decir, con todos sus ángeles) El tribunal se sentó, y los libros fueron abiertos» (es decir, se abrieron los libros, las carpetas con el currículo de cada uno).

Esto nos dice Daniel. Además, muchos pasajes de la enseñanza de nuestro Señor se refieren a Su Segunda Παρουσία (Parusía: Presencia, Venida). Así como al Juicio-Krisis. Agradecemos a Mateo, pues, que por divina providencia se registraron estos logos. Pero incluso si no se hubieran registrado, tenemos muchísimos otros pasajes en el Nuevo Testamento, además del Antiguo Testamento, que nos hablan del Juicio-Krisis que Dios realizará.

Por ejemplo, en Mateo se recoge: «Pero de aquel día y hora nadie sabe…». Esto presupone la parusía, venida de Cristo.

También contó la parábola de las diez vírgenes y concluye:
«Velad, estaos en alerta, despiertos (espiritualmente), porque no sabéis ni el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir».

El término «Hijo del Hombre» es un hebraísmo y significa hombre. Indica que asumió plenamente la naturaleza humana. Es perfecto Dios y perfecto hombre.

Si todavía quieren, en la parábola de los talentos: «Después de mucho tiempo –después de haber repartido los talentos– viene el señor de aquellos siervos y ajusta cuentas con ellos». Todo apunta al juicio-krisis. Todo el Nuevo Testamento gira en torno al eje de la primera y la segunda parusía, presencia, venida de Cristo. Cristo volverá. Y juzgará al mundo. Y esto constituye un dogma de fe, un dogma de fe fundamental. «Y de nuevo vendrá con doxa-gloria –decimos en el Símbolo de la Fe o Credo– para juzgar a vivos y muertos», para juzgar tanto a los vivos, es decir, a los que existan entonces, como a los difuntos que resucitarán.

Veamos ahora algo del contenido del Juicio-Krisis. Dice a los «justos», a los piadosos, creyentes. «Justo» es una denominación del santo que se menciona principalmente en el Antiguo Testamento: «Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me acogisteis», etc., y así sucesivamente. «Estuve enfermo, estuve en la cárcel»… Es decir, aquí se menciona, como vemos, la percepción y conciencia hacia el prójimo. En qué medida nos hemos dado cuenta del prójimo. En qué medida hemos percibido al que está a nuestro lado. Si lo hemos apoyado. Y, de hecho, el Señor se refiere a los niveles más bajos o, mejor dicho, más simples de misericordia o caridad. ¿Qué puede ser más sencillo? Alguien tiene hambre y le damos un pedazo de pan. O tiene sed y le damos un vaso de agua. Recuerden lo que dijo el Señor: «Os aseguro, un vaso de agua que deis en mi nombre –lo subrayo; hablaremos de ello más adelante– tendréis vuestra recompensa».

Otro evangelista: «Un vaso de agua fresca». «Agua fresca»…

Entonces, ¿por qué dice «agua fresca»? Para que no te canses de ir al pozo a sacar agua fresca y dársela al otro. No simplemente de la llave de la cocina, donde está caliente en verano. Es decir, darlo con el corazón. «Os aseguro», dice el Señor, «que tendréis vuestra recompensa».

Y esto porque el Señor parte de la posibilidad más fácil para todos de ofrecer su misericordia o caridad. Una posibilidad y capacidad fácil, sencilla. ¿No puedes dar un vaso de agua? ¿Puede el Señor pedirte que des a los pobres, a cada pobre, un millón de dracmas? «Señor, no tengo». ¿Te pedirá el Señor que cures a los enfermos? «Señor, no tengo ese don». Pero ¿qué te dice? «Me visitasteis». No necesitas gastar nada al visitar a un enfermo, etc. Es decir, toma la forma más simple de misericordia, caridad para expresar tu agapi amor incondicional al prójimo.

Buscamos encontrar la fe en estas palabras que dijo Cristo. Buscamos. No habló de fe en absoluto. Pero habló de la agapi-amor en la forma de misericordia o caridad, y esto, como les dije y repito, en una forma inferior. Es decir, una forma elemental. Una forma sencilla. Entonces buscamos encontrar la fe, pero no la encontramos. No se menciona en absoluto. ¿Es decir, que la fe no será un criterio de juicio? La fe es sumamente importante. Puesto que el ladrón en la cruz, con su fe… ¿Qué dijo el ladrón? «Acuérdate de mí, Señor, en tu Reinado de la Realeza increada». «Tú eres el Hijo de Dios. Acuérdate de mí». Y ese mismo día ganó el Paraíso. El ladrón no hizo ninguna obra en la cruz. Solo mostró fe. No se menciona la fe porque se da por supuesta. Por eso cuando el Apóstol dice: «Fe, esperanza y agapi-amor», la esperanza presupone la fe. ¿Por qué? Porque ¿qué es la esperanza? Es la fe intensificada. Y la agapi-amor presupone tanto la esperanza como la fe.

Así, ante la sorpresa de quienes escucharon lo que el Señor dijo: «Venid, benditos y bendecidos de mi Padre, porque… así y así, tuve hambre, tuve sed», etc., en su sorpresa, el Señor añade: «En verdad os digo, en la medida en que lo ofrecisteis estas a uno de estos hermanos míos más pequeños o insignificantes, a mí me las ofrecisteis». Esa es la sorpresa. ¿Qué? El Señor se identifica a Sí mismo con cada persona. No es simplemente la agapi-amor al prójimo. Sino la agapi-amor incondicional en el nombre de Cristo hacia el prójimo. Lo repito: en el nombre de Cristo hacia el prójimo. Porque esto revela-apocalipta la fe en Cristo. Ahí es donde está oculta la fe. He aquí, mirad donde está oculta la fe.

Por el contrario, un humanismo filosófico, un altruismo, o uno de todos esos conceptos y palabras que decimos, y de derechos humanos de los hombres y no sé qué más, nunca son justificados cuando Cristo está ausente. Alguien que corre de un lado a otro día y noche, recaudando dinero para aquellos y aquellos otros, etc., si no lo hace en el nombre de Cristo, es en vano. Porque su praxis, acción no tiene el sello de la fe.

Y es bien sabido que el Apóstol Pablo dice: «Todo lo que no proviene de la fe es pecado». No solo cae en el vacío y no será tenido en cuenta en el día del juicio, sino que es también pecado. Porque lo que Dios quiere que ofrezcas en el nombre de Cristo no lo haces, y eso es pecado. ¿Ven? Cualquier cosa, cualquier praxis, acción, si no se hace en el nombre de la fe, es pecado. Y aún más, el Apóstol dice en la Carta a los Hebreos: «Ahora bien, sin la fe es imposible para el hombre agradar a Dios; porque aquel que se acerca a Dios debe creer que existe y que recompensará a aquellos que lo buscan y cumplen su voluntad» (Heb 11:6), es decir, los que tratan de aprender y vivir algo profundo y más profundo de Dios, para divinizarse constantemente. «Él se convierte en su recompensador». A ellos les dirá: «Venid, benditos de mi Padre», etc.

Por lo tanto, la agapi-amor que proviene de sentimientos filantrópicos o de una disposición filosófica –cuidado, no perdamos nuestra recompensa– cae en el vacío. No tiene valor. No resiste en la eternidad. Es como lo que dicen…: «Haz una buena acción cada día». Lo dicen los scouts y no sé quién más. ¿En nombre de quién? «En nombre de mí mismo», te responderán. «Para sentirme mejor. Para sentirme internamente como un buen ser humano». No tiene valor. Claramente no tiene valor.

Pero también parece faltar la ética o moralidad en general en el Criterio que se establece, del contenido del Juicio-Krisis que se instaura en los ésjatos-últimos tiempos, en aquel Gran Día. No falta. Porque aquel que ama no robará, no matará, no cometerá injusticia, no fornicará ni se prostituirá, no adulterará. Tomo los mandamientos: «No robarás, no darás falso testimonio, no cometerás adulterio». Porque si amas, ¿harás estas cosas? Evidentemente no. Por lo tanto, no es necesario que el Señor los mencione. Están contenidos dentro del contenido del Juicio-Krisis Final. ¿Y todo esto por qué? Porque la agapi-amor incondicional es el cumplimiento, la plenitud de la Ley. Por eso, los dos mandamientos de la agapi-amor incondicional a Dios y del amor al prójimo contienen todo. Dije: el amor a Dios y el amor al prójimo. Sí. Porque el segundo, el amor al prójimo, tiene como criterio el primero, el amor a Dios. Sencillamente, el primer amor, si no tienes amor al prójimo, queda estéril; pero también el segundo amor, la agapi-amor al prójimo, si no parte de Dios, de la agapi-amor a Dios, proviene del Humanismo. Y el Humanismo, el simple Humanismo, no salva.

¿Por qué el Señor, queridos míos, llamó «hermanos» a aquellos que fueron beneficiados, a aquellos a quienes damos algo? Porque Él mismo tiene a Dios como Padre por naturaleza, y nosotros tenemos a Dios como Padre por jaris-gracia. Según lo humano, en Jesús Cristo. Pero también según lo divino, Él es el Hijo de Dios, y es consustancial con el Padre. ¡Heredero Él! Porque los hijos heredan al Padre. ¡Heredero Él! Según lo humano, también nosotros somos herederos. ¿Lo quieren? Como dice el apóstol Pablo: «También nosotros somos coherederos con Él». Porque además es nuestro hermano, ya que tomó la naturaleza humana. Porque «Él primero resucitó y se convirtió en primogénito de entre los muertos, entre muchos hermanos».

Pero, ¿por qué llamó ««ἐλαχίστους elájistos mínimos, pequeños» a estos hermanos? «Mínimo elájisto» significa «insignificante». Son las personas desconocidas del mundo. Son los despreciados. Son los marginados. No porque sean pecadores y se vuelvan marginados, sino porque… son personas honorables, son buenas personas, pero las personas de alto rango no les prestan atención. Son aquellos que carecen de la apariencia mundana, de la vana-gloria, de la riqueza, de la fama, de los títulos, diplomas y de los cargos. Estos, por ser despreciados, se llaman «mínimos ἐλαχίστους elájistos». No son «mínimos». Todos los seres humanos son iguales. Porque todos llevamos la imagen de Dios. Y todos somos seres humanos. No hay diferencia. Son los hombres quienes establecen rangos y diferencias. Pero el Señor, según los criterios humanos, sitúa y dice: «Mis hermanos los más ἐλαχίστους elájistos pequeños o insignificantes».

Tampoco debemos olvidar que todo lo que hacemos al prójimo, sea bueno o malo, lo hacemos a Dios. Porque Cristo es nuestra icona-imagen original. Presten atención: el Dios. Por ejemplo, ¿insultas a tu prójimo? «Si venero la icona-imagen de la Virgen María, de Cristo», dice la doctrina, «el honor pasa al original». Adoro la madera con las pinturas y los colores. No. Tiene la forma del rostro de Cristo. Exactamente. El honor se transfiere al original. Pero la icona-imagen viva es el creyente. Por eso también incensamos a los creyentes. Son iconas-imágenes de Dios. Incensamos las iconas-imágenes y luego las imágenes vivas, que son los fieles. Al obispo, al sacerdote. El diácono y el sacerdote salen a incensar al obispo y a todos los fieles. ¿Qué significa esto? Inciensan la icona-imagen de Cristo. Y el honor se transfiere al original. De la misma manera, si, por ejemplo, bajas la imagen o fotografía del presidente de la República y la pisoteas, su persona no sufre nada. Está donde está el hombre. Pero se considera una ofensa. Y tiene consecuencias. Lo mismo ocurre aquí: si insultas a tu prójimo, es una ofensa contra Dios. Y tiene consecuencias. Si cuidas de tu prójimo, eso también tiene repercusiones. Ese honor llega hasta Dios.

Y algo más: si la otra persona está bautizada, no solo me une la icona-imagen de Dios, sino también nuestra unión ontológica (existencial), como miembros de Cristo que somos todos. Algo mucho más profundo que la mera icona-imagen.

Así, Dios, a lo largo de toda la Sagrada Escritura, queridos, se encuentra detrás de cada ser humano. Dice la Escritura que «el que da limosna al pobre —esto está en el Antiguo Testamento—, presta a Dios». ¿Pero cómo? Porque detrás del pobre está Dios. «Aquel que se divorcia o cae en adulterio, ofende el gran misterio de la unión de Cristo con la Iglesia». O: «Aquel que peca con pecados carnales, lujuria, fornicación, adulterio, etc., ofende el cuerpo de Cristo. También ofende el templo del Espíritu Santo. Porque nuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo». Es decir, con Dios tenemos una relación y dimensión ontológica. Ontológica (existencial). No moral. Ontológica. No solo conforme a su semejanza. Ontológica. Real. Y esto también se manifiesta en nuestra crucifixión con Cristo, que nos concederá también nuestra resurrección con Él.

Queridos, el Juicio-Krisis es un hecho. Además, todos los días somos juzgados. Y aquel que deja este mundo es juzgado. Con una distinción. Lo dijo el Señor: «El piadoso, el que tiene fe -dice- no viene a juicio, no es juzgado, sino que ha pasado de la muerte a la vida». El piadoso, el que tiene fe. Y el Señor añade después del Juicio: «Y estos irán al infierno eterno, mientras que los justos a la vida eterna». Debemos comprender, queridos, y darnos cuenta de este «eterno». Es…, es, es sobrecogedor. Si intentamos entenderlo, si intentamos captar lo que significa que algo no tenga fin, nos sentiremos abrumados por un vértigo. Como cuando no podemos comprender la noción de la nada. Y la noción del infinito. De la misma manera, no podemos comprender la noción de lo eterno. Se nos apocalipta-revela. Y lo creemos. Pero no podemos captarlo del todo. No podemos. Y, sin embargo, es una realidad.

Así que, queridos, comencemos a vivir como el Señor quiere. Porque el Señor «viene a juzgar a vivos y muertos». Y sigue la eternidad: ya sea en el reinado de la Realeza increada de Dios o en el infierno. El Señor quiere que Le pertenezcamos. Depende de nosotros qué haremos.

PARA LA GLORIA DE LA SANTA TRINIDAD
Y con inmensa gratitud a nuestro guía espiritual, el venerable padre Atanasios Mitilinaios.
Digitalización y edición del texto: Eleni Linardaki, filóloga.

FUENTES: http://www.arnion.gr/mp3/omilies/p_athanasios/omiliai _kyriakvn/omiliai_kyriakvn_665.mp3

Traducido por: Χρῆστος Χρυσούλας Jristos Jrisulas https://logosortodoxo.es/

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Juicio Final de las Naciones

Juicio Final de las Naciones

Domingo de ayuno de carne

 

El gran juicio-krisis final, 25:31-46.

31 Y cuando el Hijo del hombre venga en su doxa-gloria luz increada, y todos los ángeles con Él entonces se sentará en su trono de doxa-gloria luz increada,

32 y serán reunidas delante de Él todas las naciones, desde la creación de Adán hasta el fin del mundo, y los apartará unos de otros como el pastor separa las ovejas de las cabras:

33 Colocará las ovejas a su derecha, y las cabras a la izquierda.

34 Entonces dirá el Rey a los de su derecha: ¡Venid vosotros los benditos de mi Padre, heredad el reinado de la realeza increada de los cielos preparado para vosotros desde el momento que se estaba fundamentado, cimentado el mundo!

35 Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me acogisteis en vuestra casa,

36 estaba desnudo, y me vestisteis; estuve enfermo y me visitasteis; estaba en prisión y vinisteis a mí.

37 Entonces los justos le responderán, diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te sustentamos, o sediento y te dimos de beber agua?

38 ¿Cuándo te vimos forastero y te acogimos, o desnudo y te vestimos?

39 O, ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a visitarte?

40 Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto, en verdad os digo, en cuanto lo hicisteis a uno de éstos, mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicisteis. (El Cristo, el Rey, que es el Hijo de Dios y también Hijo del hombre, a los pacientes, a los pobres y a los desnudos, a estos que los vanidosos y orgullosos menosprecian, los considera como hermanos suyos, hijos del Padre celestial y los asiste con toda Su agapi. Por eso cada ayuda que se ofrece a ellos la considera como ofrecida a él mismo).

41 Entonces dirá también a los de la izquierda: ¡Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles!

42 Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber,

43 fui forastero y no me acogisteis en vuestra casa, estaba desnudo y no me vestisteis, enfermo y en prisión, y no me visitasteis.

44 Ellos entonces también responderán, diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, o forastero, o desnudo, o enfermo, o en prisión, y no te servimos?

45 Entonces les responderá, diciendo: De cierto, de verdad os digo que en cuanto no los hicisteis estos bienes a uno de estos que el mundo los considera muy pequeños e insignificantes, tampoco me lo hicisteis a mí.

46 E irán éstos al infierno eterno junto con el diablo, y los justos a la vida eterna junto con Dios. (Así el juicio justo se habrá hecho y será dada la justicia y la apocatástasis-restablecimiento firme se realizará).

«E irán éstos al castigo, infierno eterno, y los justos a la vida eterna».

(Por el Padre Georgios Dorbarakis)

 

α. El Evangelio del Juicio, que se escucha en nuestra Iglesia este Domingo del carnaval, es una respuesta a nuestro impulso por saber sobre el mañana, el futuro: el Dios no nos ha dejado en la incertidumbre sin testimonio sobre el porvenir, el futuro; nos ha abierto los ojos, pero no a lo que consiste en una simple curiosidad sobre nuestro camino en este mundo, sino a lo que es íntegro, esencial y trascendental; es decir, lo que es sanador, salvífico y eterno. El Señor volverá, proclama la Iglesia basándose en Sus propias palabras. Y esta vez volverá gloriosamente para «juzgar a vivos y muertos», en una hora que nadie conoce. Vendrá «como ladrón en la noche» (1 Tes. 5, 2), «en un día que el hombre no espera» (Mt. 24, 50). Y todos los seres humanos de todas las épocas comparecerán ante Él para la evaluación final. Aquellos que hayan cumplido Su voluntad, es decir, que hayan amado a su prójimo, serán contados entre los bendecidos y benditos de Su Padre.

Aquellos que se encuentren sin metania, discapacitados de las alas de la fe y la agapi- amor, se encontrarán en los maldecidos. Y el resultado final: “E irán éstos (los que no tienen agapi) al castigo eterno, y los justos a la vida eterna” (Mt 25,46).

β. 1. El énfasis en el carácter eterno de ambas condiciones es lo primero que uno se fija. El Señor no ha dejado ninguna duda sobre Su Juicio definitivo e irrevocable. La eternidad, con su trayectoria interminable, es la perspectiva que se abre tras Su segunda venida. “Y su realeza (increada) no tiene fin”, tal como lo confesamos continuamente también en el Símbolo de Fe. Ya no habrá suspensión ni revocación. Y esta eternidad condena, en primer lugar, la herejía de los Testigos de Jehová, quienes, entre otros errores, afirman que la Segunda Venida del Señor marcará el comienzo de un reino milenario, para después seguir algo diferente. Por otro lado, el carácter eterno del juicio de Dios también refuta a quienes en el pasado o incluso en tiempos recientes han creído erróneamente que, en última instancia, todos serán restaurados en el abrazo de la agapi-amor de Dios.

La “apocatástasis, restablecimiento de todos y de todas las cosas”, que incluso mencionó el gran pero condenado por la Iglesia por sus errores teológicos, Orígenes, representa un desafío y una tentación para la Iglesia. Sin embargo, esta ha rechazado el error porque supone una teología equivocada sobre la imagen de Dios que Cristo mismo nos apocaliptó-reveló. No es el Dios el problema para restaurar a todos.  Esta apocatástasis es la voluntad constante de Dios para todos, incluso para los demonios. Porque “el Dios quiere que todos los hombres se sanen y se salven y lleguen al conocimiento” (1Tim 2:4). El problema somos nosotros mismos, que rechazamos la agapi (amor, emoción de la energía increada) de Dios y Sus invitaciones y oportunidades para nuestra μετάνοια (metania: introspección, conversión, arrepentimiento y confesión). La “apocatástasis de todos” también distorsiona sobre la imagen del hombre de la Iglesia, presentándolo con la libertad truncada y mutilada.

  1. La eternidad que se abrirá después de la Segunda Παρουσία (Parusía: Presencia, Venida)- más allá por supuesto de la eternidad como estado presente en este mundo para el cristiano dentro de la Iglesia: “Y esta es la vida eterna, para que te conozcan a ti y al que has enviado Jesús Cristo” (Juan 17), -no traerá algo distinto de lo que vive el hombre inmediatamente después de su muerte. Es decir, en el estado en el que dejamos esta vida, ya sea por metania o impenitencia sin metania, en ese mismo estado nos encontrará también la Segunda Παρουσία (Parusía: Presencia, Venida). Y eso quiere decir: que el final definitivo e irrevocable para cada uno de nosotros, en términos de eternidad, en realidad ocurre en el momento de nuestra muerte.

La única diferencia entre el juicio parcial que sufre el hombre cuando muere y el juicio general que será sometido durante el Día del Juicio Final, será el grado de tensión o intensidad: en el juicio parcial se juzga sólo su psique-alma; en el juicio general será juzgado junto con su cuerpo que lo resucitará el Cristo. Desde esta perspectiva, la preocupación y la inquietud, la angustia la agonía de algunos por cuándo ocurrirá la Segunda Parusía Presencia no tienen sentido: el momento de nuestra muerte, en realidad, es también el momento de nuestro juicio definitivo, puesto que después de la muerte no hay perspectiva de metania. “En el Hades no hay metania”, según la conocida y clásica expresión.

  1. Sin embargo, al hablar sobre el carácter eterno tanto del Infierno como de la Vida, según el discernimiento del Señor, debemos tener una imagen correcta de estas situaciones y realidades. Es decir, debemos verlas bajo las condiciones del Evangelio y de la Tradición Apostólica y Patrística, pues lamentablemente hay mucha y grave distorsión y desviación sobre estos temas. Algunos niegan la existencia del Paraíso y el Infierno, otros los consideran solo como estados de este mundo, y otros los entienden con imágenes medievales: como lugares donde los hombres se cuecen y se asan (infierno) o se alivian y descansan en jardines de flores y tumbonas de reposo (paraíso).

Nuestra Iglesia enseña, por lo tanto, que lo que llamamos infierno y paraíso no existen por parte de Dios. Porque “el Dios es αγάπη (agapi: amor, emoción de la energía increada)” (1Jn 4,16), y por lo tanto, lo único que puede hacer es amar. En consecuencia, todos los hombres de todos los colores y de todas las situaciones, sean creyentes, sean incrédulos, como hijos de Dios, reciben la misma αγάπη agapi de Él. El Dios no hace distinciones, ni discrimina. Distinciones hacemos nosotros hombres con pazos. Si un padre llega a amar a todos sus hijos por igual, ya estén dentro o fuera del hogar, cuánto más el Padre celestial, que está completamente libre de cualquier pasión y maldad.

Si bien el infierno y el paraíso no existen por parte de Dios, existen por parte de los seres humanos. Nosotros, lamentablemente, experimentamos la única, increada e indisoluble agapi´-amor de Dios de manera diferente: ya sea positivamente o negativamente. Porque nuestras propias disposiciones de vida transforman y alteran la divina agapi. Así que el creyente arrepentido (con metania), que en esta vida ha luchado a liberarse del egoísmo y el pecado -todo aquello que anula y mata la agapi- recibe la energía increada de la agapi de Dios y la vive como luz increada y bendición. Pero el impenitente (sin metania), que ha congelado, consolidado en su interior el egoísmo y ha convertido su corazón duro como piedra, éste la misma agapi increada de Dios la recibe ya de manera negativa: como fuego que lo quema, lo consume y lo atormenta. Como el sol, cuyos mismos rayos descomponen un cadáver, pero dan vida y vigor a un organismo vivo.

Por lo tanto, si terminamos en el infierno o en el paraíso, como solemos decir, somos los únicos responsables, no Dios. El Dios nos ama. Nosotros no podemos saborear Su agapi increada, porque a medida que se nos ha dado el tiempo de trabajo y metania en esta vida, nosotros nos hemos encargado de paralizar nuestros sentidos. Por eso, no debería sorprendernos lo que algunos Padres de la Iglesia han dicho sobre este tema: incluso si Dios nos obligara a entrar en el Paraíso por la fuerza, en ese caso hipotético, nosotros experimentaríamos el Paraíso como un infierno. Porque la persona egoísta seguirá siendo egoísta incluso en el Paraíso, y por lo tanto, estará infernada (condenada).

  1. Lo que determinará nuestra pertenencia a una u otra condición, por supuesto, es bien sabido y lo mencionamos brevemente antes: es el esfuerzo que hemos hecho por preservar la agapi en esta vida, tanto hacia Dios como hacia nuestro prójimo. Y especialmente hacia nuestro prójimo, porque es esta agapi-amor la que determina la calidad de nuestra agapi hacia Dios. Nos dice san Juan el Evangelista: “Si no amamos a nuestro prójimo que lo estamos viendo, ¿cómo vamos a amar a Dios que no vemos? (1Jn 4:20)”. Nuestra agapi, pues, hacia nuestro prójimo constituye también el ésjato (último) criterio definitivo sobre el cual seremos juzgados.

Y realmente, la parábola del Juicio Final enfatiza esto: “En verdad les digo, puesto que habéis hecho el bien a uno de estos insignificantes y despreciados hermanos míos, a mí lo habéis hecho”. Y “en verdad les digo, puesto que no habéis hecho nada para estos insignificantes y despreciados hermanos míos, tampoco lo habéis hecho para mí”. Los logos del Señor son impactantes. El otro, el prójimo, el semejante, cualquiera que este sea, no es simplemente el otro. Mucho menos es un extraño o un enemigo, a quien podríamos llegar a considerar como nuestro infierno –una consideración y percepción que consiste en sí misma la negación de Dios, el ateísmo. Porque, en realidad, sin Dios en mi vida, el prójimo es solo una amenaza y una molestia para mí. Sin embargo, según el Señor, el otro es el hermano del Señor, y aún más: es el mismo Señor.

  1. No son imágenes simbólicas estas cosas que dice el Cristo. Son versiones definitivas que revelan esta realidad. El Cristo quita nuestra ceguera y nos da los ojos para ver la realidad oculta, su profundidad última, su fondo ésjato (último, extremo). Y nos dice: No me busquéis aquí o allá. Mírenme en los rostros de vuestros semejantes. Incluso en vosotros mismos. Cada uno de nosotros es en una presencia escondida u oculta de Cristo. Somos un desafío para el diálogo con Cristo y una experiencia anticipada de Su Segunda Parusía Presencia, Venida antes de que esta ocurra. Así que, el infierno y el paraíso no pertenecen unas situaciones o estados del futuro lejano y extremo. Están muy cerca de nosotros, literalmente delante de nuestros ojos, mientras estemos frente a nosotros mismos y frente a cada uno de nuestros semejantes.

El infierno y el paraíso los ganamos en cada momento de nuestra vida. Y esto que vivimos ahora, lo mismo con mayor intensidad lo viviremos también después de nuestra muerte, y con la máxima intensidad posible después de la Segunda Venida de Cristo. ¡Cuán familiares y cercanas suenan entonces en los oídos del cristiano las palabras de sus Padres: «Nuestra vida y nuestra muerte dependen de nuestro prójimo. Porque si ganamos a nuestro hermano, hemos ganado a Cristo. ¡Y si lo despreciamos, hemos perdido a Cristo»!

c.La parábola del juicio se escucha una vez al año en nuestra Iglesia, el Domingo que empieza el Ayuno de Carne y esto es un paso a la entrada del Cuaresma. Huelga decir que, debido a su importancia, deberíamos tenerla como lectura y meditación permanente en nuestra vida. Porque centra nuestra atención en lo más esencial que tenemos que hacer en esta vida, de lo que depende nuestro futuro destino eterno: Porque nuestra atención se centra en lo más esencial que tenemos que hacer en esta vida, de lo cual depende también nuestro futuro eterno: amar a todos y a todo. Por la gracia y agapi-amor a Cristo y por nuestro propio bien.

παπα Γιώργης Δορμπαράκης  Sacerdote Georgios Dorbarakis

Traducido por: χΧ jJ

http://logosortodoxo.wordpress.com/

 

 

Libertad y existencia

Libertad y existencia [1 Cor. 6,12-20]Atanasio Mitilineos,

(Lectura Apostólica del Domingo del Hijo Pródigo)

[Transcripción de la homilía pronunciada en el Monasterio Komnineo de Larisa el 19-02-1984] con el tema:

«LIBERTAD Y EXISTENCIA»

«Todo me está permitido o todo me es lícito, pero no todo conviene; todo me está permitido o todo me es lícito, pero no me dejaré dominar de nada y no me haré esclavo de nada».

Estas palabras, queridos míos, del apóstol Pablo a los Corintios son de gran significado. Nuestra Iglesia ha colocado apropiadamente la lectura apostólica de hoy en paralelo con la parábola del hijo pródigo. Para mostrar, mediante la enseñanza de los logos, que todas las cosas son permitidas, pero no todas son beneficiosas. El evangelista Lucas nos presenta la misma idea, el mismo tema, pero con una imagen: la imagen del hijo pródigo. El hijo pródigo podía quedarse, pero también podía irse. Sin embargo, no le convenía irse. Esto es precisamente lo que el apóstol Pablo quiere decirnos hoy.

«Todo me está permitido o me es lícito, pero no todo conviene«. Todo me está permitido, pero yo no me dejaré dominar por nada. Aquí podemos ver cómo el apóstol Pablo define la libertad en relación con la existencia. Porque cuando mi existencia debe moverse de manera segura, una libertad sin discernimiento dentro de mi existencia podría ser fatal. Se me permite tomar veneno, pero no me conviene, porque destruirá mi existencia. Esto es lo primero que quiere enfatizar aquí el apóstol Pablo sobre este gran tema de la libertad y la existencia. Apuntémoslo bien esto en nuestro cerebro.

Si miramos el asunto de manera unilateral, es decir, si vemos la libertad como algo que puede existir por sí mismo, ignorando la existencia, entonces realmente la libertad nos lleva a la destrucción. Les daré un ejemplo muy común, muy actual. ¿Tengo derecho a consumir alcohol y drogas? Sí, lo tengo. ¿Puedo hacerlo? Sí. ¿Alguien puede impedírmelo si yo quiero? No. ¿Soy libre de hacerlo? Sí. Pero lo que voy a consumir, ¿beneficiará o dañará mi existencia? ¿Acaso esta misma libertad conducirá mi existencia a la destrucción? Sin duda, sí.

Así, en nuestra época, vemos que la libertad es exaltada al margen de la existencia.

Se dice: «Yo quiero disfrutar esto. No me interesa qué consecuencias tendrá para mi propia existencia«. Debemos prestar atención a esto, queridos míos. El logos de Dios nos recuerda algo que a menudo no lo captamos, no lo comprendemos: que la libertad está relacionada con la existencia. Si analizamos el tema desde una perspectiva exclusivamente existencialista, es decir, filosófica y no cristiana, podríamos decir que una persona con sentido común y sano juicio comprendería que no se puede destruir la existencia en nombre de la libertad.

Hoy, en la época en la que vivimos, afirmamos que existe libertad y, al mismo tiempo, decimos que apoyamos la existencia. Por eso, en nuestro siglo, han surgido estas corrientes existencialistas precisamente con el propósito de preservar la existencia. Pero nos engañamos a nosotros mismos. Hemos puesto a estas dos fuerzas en oposición. Estos dos bienes, la libertad y la existencia, se han convertido en opuestos, cuando en realidad no es así. Uno debe proteger al otro. La libertad debe salvaguardar la existencia.

Por eso dice el apóstol Pablo, y lo repetiré: «Todo me está permitido o todo me es lícito, pero no todo conviene». Todo me está permitido, pero no todo me beneficia. ¿Por qué? Porque algunas cosas que me son permitidas pueden llegar a destruirme, y por lo tanto no me convienen.

Pero hay una segunda enseñanza: «todo me está permitido o todo me es lícito, pero no me dejaré dominar de nada y no me haré esclavo de nada», no puedo ser esclavizado por nada. Aquí surge, en la práctica, una paradoja. ¿Es posible que la libertad esclavice? ¿Es posible que nos someta? ¿No es esto contradictorio? Es como decir: «Enciende la luz para que haya oscuridad». Esto es un oxímoron.

¿Es posible, entonces, tener libertad y que esta misma libertad me esclavice? No debería ser posible. Sin embargo, el apóstol nos advierte: «Todo me es lícito. Pero aquellas cosas que me son permitidas pueden llegar a someterme. Y si me someten, en última instancia, la libertad me conduce a la esclavitud».

Y esto, queridos míos, ocurre en nuestra época. Hoy, en nombre de la libertad, cultivamos los πάθος (pazos: vicios, adicciones, malos hábitos, pasiones, patologías). Y los pazos nos esclavizan. Estamos esclavizados por nuestros propios pazos. Cuando ven —volveré a mi ejemplo anterior— a aquel que usa alcohol y drogas porque es libre de usarlas, cuando ven a esa persona, quizás un joven, que les dice: «Usé el alcohol y las drogas libremente, pero me esclavicé, por favor, sálvenme» … ¿De qué debemos salvarte? De una coacción, compulsión; porque precisamente esto es un pazos y te genera coacción, compulsión y esclavitud. Por lo tanto, esta coacción, compulsión ya no es libertad; es como la bestia de carga que hemos atado a la noria, le hemos cubierto los ojos, lo azotamos por detrás y da vueltas y vueltas, una y otra vez, como aquella antigua imagen de la noria que conocen.

Así es el hombre que, finalmente, partiendo de su libertad, ha sido conducido a la esclavitud.

Hoy, queridos míos, en nombre de la esclavitud, todos nos hemos convertido en esclavos del diablo. Cuando volvemos y nos convertimos en siervos de Dios, entonces nos hacemos libres. El tema de la libertad es muy delicado y sutil. No son los pazos los que gobiernan la libertad, sino que la libertad gobierna la existencia, al ser humano entero, su camino y su vida. La libertad es algo delicado. Un mal uso de ella lleva a lugares que nadie podría imaginar.

¿Por qué dijo estas palabras el apóstol Pablo? Las dijo, queridos míos, porque parece que cuando estuvo en Corinto, dijo a los corintios: «Πάντα μοι ἔξεστιν… Todo me es permitido…» ¿En qué sentido? En lo que respecta a la comida; porque las normas alimenticias estaban restringidas por la antigua ley por razones pedagógicas.

Dios decía: «Esto es puro, aquello es impuro. Esto puedes comerlo, aquello no puedes». Entonces, parece que él dijo la frase ««Πάντα μοι ἔξεστιν… Todo me es permitido…». Como dice en otra parte: «Todo es puro para los puros». No hay nada impuro. Pero, como suele ocurrir —lo dice también el apóstol Pedro sobre el apóstol Pablo, aunque no solo es especialmente para el apóstol Pablo—, las personas suelen aislar una frase del logos de Dios y la interpretan como les conviene. No olviden, no vayan muy lejos: ¿No dijo Pablo: «Examinadlo todo; retened lo bueno»? Lo dice a los tesalonicenses. ¿A qué se refiere? Se refiere al tema de los profetas en la Iglesia, para que los creyentes examinen si lo que se dice es correcto. Pero nosotros lo tomamos porque nos gusta, porque nos conviene, y decimos: «Examinadlo todo; retened lo bueno». Es decir, prueba todo, lo pecaminoso y lo no pecaminoso, y quédate solo con lo bueno. Sí, pero si pruebo lo malo… ¿y si al probar esto no puedo regresar? Si coloco una bala en mi cabeza para probar cómo mata, ¿tendré la oportunidad de volver atrás reteniendo lo bueno? ¿No volver a repetirlo?

Queridos míos, ¿ven, qué tendencia tienen las personas a interpretar el logos de Dios según sus deseos? Así también aquí. El apóstol dijo en Corinto: «Πάντα μοι ἔξεστιν… Todo me es permitido…», en referencia a la comida. Pero este asunto es irrelevante, porque el hombre está hecho para comer. Naturalmente, sin sobrepasar los límites. Por eso, inmediatamente dice: «Los alimentos son para el estómago, y el estómago para los alimentos». Todo esto me está permitido. Pero, atención. Si, por ejemplo, como en exceso y reviento, eso no me conviene. Sin embargo, llegará el momento en que tanto el estómago como los alimentos desaparecerán. Pero no el cuerpo. Porque el cuerpo resucitará. Hay cosas que no se pueden probar. Porque… si quieres, hazlo, eres libre, eres libre, así como los primeros en ser creados fueron libres de probar su rebeldía y de abandonar el Paraíso, pero esto no les convino. Y lo que no conviene son los pecados carnales. Ahí no puedes decir: «Voy a probar». Ahí está la muerte (espiritual).

Y Pablo, cuando habla, se dirige a los Corintios, donde se adoraba a la diosa Afrodita, y el pecado de los pazos carnales era omnipresente. Y él dice: «No puedes entregar tu cuerpo al pecado. Todo me es permitido, pero no todo conviene». Y sobre este asunto, queridos míos, el apóstol Pablo despliega todas sus pruebas y argumentos para convencer a los Corintios de que, en lo referente a los pecados carnales, no hay ningún beneficio en hacer absolutamente nada. Lo que les conviene es conservarse puros y limpios.

¿Sus argumentos? Los escucharon en la lectura apostólica. Se los resumiré brevemente.

Primer argumento: No puedes entregar tu cuerpo al pecado porque tu cuerpo resucitará. Tu sistema digestivo, que hoy te permite comer, desaparecerá. «Ὁ δὲ Θεὸς καὶ ταύτην (τήν κοιλίαν) καὶ ταῦτα (τά βρώματα) καταργήσει». Dios eliminará el estómago y los alimentos como funciones. Pero el cuerpo resucitará. Y si lo has entregado al pecado, será inadecuado para entrar en el reinado de la Realeza increada de Dios. «Ya que Dios también resucitó de los muertos al Señor, y nos resucitará también a nosotros por su omnipotencia» (1Cor 6:14). Por lo tanto, como resucitaremos, y como el cuerpo que recibiremos será nuevo, pero llevará las marcas del pecado si hemos cometido pecados carnales en este mundo, debemos cuidar de él. Porque el pecado tiene una dimensión metafísica y eterna. Por lo tanto, el primer argumento es el que dice a los Corintios: “Resucitaremos”

Segundo argumento: Nuestro cuerpo es miembro del cuerpo de Cristo. ¿Cómo que es miembro del cuerpo de Cristo? Cuando comulgamos con el cuerpo y la sangre de Cristo, nos convertimos en miembros de Su cuerpo y sangre. ¿Alguna vez lo han pensado, queridos míos? No abrimos una boca espiritual para recibir espiritualmente mi psique-alma inteligible el cuerpo y la sangre de Cristo. Abrimos nuestra boca física, la real, con lengua y dientes. ¿Cómo decirlo más claramente? Para recibir de modo sensible el cuerpo y la sangre de Cristo. Por lo tanto, cuando, yo recibo el cuerpo —subrayo— y la sangre —subrayo— de Cristo, Le recibo psicosomáticamente; indudablemente, en ese momento me convierto en miembro Suyo, en parte de Su propio cuerpo.

Y el Apóstol dice, ante una cuestión: «Si se supone que caigo en la inmoralidad», dice, «¿tomaré entonces los miembros de Cristo y los haré miembros de una prostituta?». ¿Acaso la Escritura no dice que «el que se une a la prostituta es un solo cuerpo con ella»? ¿Entonces voy a hacer que los miembros de Cristo se conviertan en miembros de una mujer inmoral, porque comulgo y luego caigo en el pecado? «¡De ningún modo!», responde. Esto es algo inconcebible.

Ahora, queridos míos, piensen cuántos hay que cometen pecados de la carne y, sin confesarse, van y comulgan. Piénsenlo bien. Reflexionen sobre lo que está ocurriendo ahora… Y así, el Apóstol se estremece ante esta realidad…

Tercer argumento: Nuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo. Nunca podría imaginar el hombre, por más inteligente que sea, que su ser o existencia podría convertirse en morada de Dios. «Los dioses habitan en el Olimpo y nosotros en la llanura». No había conexión entre dioses y hombres. Así pensaba el hombre en aquel entonces. Pero vino el Dios, el Dios verdadero a apocaliptarnos-revelarnos aquellas cosas que no podíamos imaginarnos, captarlos y concebirlos que la realidad es otra. Que Él habita en el cielo, el Dios vivo y, a la vez, dentro del hombre. Y cuando el hombre acepta a Dios, en concreto a través de Jesús Cristo, es decir, del Dios hecho hombre, se convierte en morada de Dios. Somos templos del Dios vivo. Esto nunca podía captarlo, concebirlo y comprenderlo el hombre. Es una verdad que se nos revela-apocalipta.

Y, en consecuencia, viene el Espíritu de Dios -aquí, por supuesto, se enfatiza el Espíritu de Dios-, el Dios Trino y Santo entero habita, queridos míos, en cada existencia. Y el Espíritu de Dios habita dentro del ser humano. Puesto que habita en él, es su morada. Es decir, es un naós-templo. Eso es lo que significa naós-templo: significa morada.

Entonces, ¿cómo es posible que este cuerpo, siendo morada de Dios, del Espíritu Santo, pueda ser entregado al pecado? Es imposible.

Solo con pensar en esto: si alguien profanara un templo material cometiendo allí actos impuros, ¿cómo sería calificado?

Sin embargo, ese templo es de piedra. Y ese templo, un día, será demolido. Ese templo no permanecerá en la eternidad.

El Apóstol dice: «Porque vosotros sois templo del Dios viviente».

«Vosotros», dice, «vuestras propias existencias son templo del Dios viviente». Templos que pueden ser destruidos y reconstruidos.

Moriré y resucitaré.

¿Cómo es posible, entonces, que este templo de Dios, el templo del Espíritu Santo, sea al mismo tiempo una cueva, un refugio de ladrones y de impurezas?

Pero además, el apóstol Pablo dice algo más: «Glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, porque ambos pertenecen y son de Dios».

Glorificad, pues, a Dios con vuestro cuerpo y con vuestro espíritu. ¿Cómo puedo glorificar a Dios con mi cuerpo? Con mi espíritu lo entiendo. Es decir, si mi νούς nus con la mente se eleva y glorifica a Dios. Pero, ¿cómo puedo glorificar a Dios con mi cuerpo? «Glorificar» no significa simplemente «decir palabras». Esto también lo incluye, pero «glorificar» tiene un significado más amplio. El simple hecho de mi presencia como santo, eso mismo es una glorificación a Dios.

Si, por ejemplo, he guardado mi cuerpo en pureza y no he permitido que se convierta en morada de demonios, en morada de inmoralidades, entonces ese mismo cuerpo es una doxología, glorificación a Dios. Mi cuerpo adquiere una dimensión de alabanza.

Esto lo enfatiza el apóstol Pablo. Por eso, el verdadero cristiano, solo por existir en este mundo, es una nota de alabanza a Dios en medio de él. Y cuando su cuerpo se mantiene alejado del pecado y la inmoralidad, entonces también su cuerpo es una glorificación, doxología a Dios.

Mis queridos,

El asunto es que, muchas veces, no podemos captar, concebir y comprender qué nos conviene y qué no nos conviene. Estamos desinformados. Si en algún momento estudiamos el logos de Dios y comprendemos nuestra ontología, es decir, si adquirimos un conocimiento de la antropología cristiana ortodoxa, o sea, conocer quiénes somos, entonces eso nos llevará a poder situarnos correctamente ante Dios. Entonces aprovecharemos y valoraremos nuestra existencia. Entonces, nuestra libertad, que nos ha sido dada por Dios como un regalo muy caro y valioso… hay muchos regalos o dones de Dios, pero dos son los más valiosos, los más honorables, los más preciosos: la lógica y la libertad.

Nunca puede concebirse la libertad sin la lógica. No se valoriza ni se aprovecha. Un animal es libre para hacer algo, pero no tiene lógica. Y eso no tiene ningún valor. Pero tampoco puede existir la lógica sin libertad. Porque una lógica sin libertad también es inservible. La libertad y la lógica son un par de bienes inseparables, regalos, dones de Dios. Estas dos deben ir juntas. La lógica y la libertad. Nuestra libertad, pues, dentro del ámbito de Dios, debe ser el elemento que nos conducirá a la conservación de nuestra existencia.

Como dice… al principio les mencioné: «Todo me está permitido o todo me es lícito, pero no todo conviene», y esto debe guiarnos hacia la correcta conservación de nuestra existencia. ¿Qué significa «correcta conservación»? Si sufro martirio por Cristo, ¿no destruyo mi existencia? No. La existencia se contempla desde la perspectiva de la eternidad. Cuando resucite, ¿dónde estaré? Desde ahí se debe mirar la cuestión. Así, si destruyo mi existencia con los πάθος (pazos: vicios, adicciones, malos hábitos, pasiones, patologías), la he destruido para siempre. Si entrego mi existencia al martirio por αγάπη amor incondicional a Cristo, entonces realmente he conservado mi existencia de manera verdadera y correcta.

Por ello, les ruego que nunca olvidemos que la libertad y la existencia son dos cosas que van de la mano. Una protege a la otra. La libertad protege la existencia. No debe destruirla. Y cuando aprendamos la ley de Dios, cuando comprendamos nuestra ontología, entonces realmente aprovecharemos lo que Dios tenía en mente para nosotros: traernos a la existencia y llevarnos con Él a Su eterna bienaventuranza y felicidad.

PARA GLORIA DEL SANTO DIOS TRINITARIO

Y con una gratitud inconmensurable a nuestro difunto padre Atanasio de Mitileneos,

Transcripción de la conferencia en formato digital y edición:
Eléni Linardáki, filóloga

FUENTES: http://www.arnion.gr/mp3/omilies/p_athanasios/omiliai _kyriakvn/omiliai_kyriakvn_220.mp3

Traducido por: Χρῆστος Χρυσούλας Jristos Jrisulas https://logosortodoxo.es/