EL NACIMIENTO DEL SEÑOR [Mateo 2, 1-12] A. Mitileneos

EL NACIMIENTO DEL SEÑOR [Mateo 2, 1-12] A. Mitileneos,:

Los Magos en Jerusalén y Belén, 1-12 

2,1 Cuando ya Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, he aquí unos magos del oriente llegaron a Jerusalén, (es decir, hombres sabios que estudiaban las estrellas del cielo)

Ματθ. 2,1 Τοῦ δὲ Ἰησοῦ γεννηθέντος ἐν Βηθλεὲμ τῆς Ἰουδαίας ἐν ἡμέραις Ἡρῴδου τοῦ βασιλέως, ἰδοὺ μάγοι ἀπὸ ἀνατολῶν παρεγένοντο εἰς Ἱεροσόλυμα

Ματθ. 2,1 Οταν δε εγεννήθη ο Ιησούς εις την Βηθλεέμ της Ιουδαίας, κατά τας ημέρας που βασιλεύς ήτο ο Ηρώδης, ιδού μάγοι (δηλαδή άνθρωποι σοφοί που εμελετούσαν και τους αστέρας του ουρανού) ήλθον από τας χώρας της Ανατολής εις τα Ιεροσόλυμα.

2 diciendo: ¿Dónde está el que ha nacido, el Rey de los judíos? Porque vimos su estrella en el oriente y de este fenómeno nos hemos informado de su nacimiento y vinimos a venerarlo y adorarlo.

Ματθ. 2,2 λέγοντες· ποῦ ἐστιν ὁ τεχθεὶς βασιλεὺς τῶν Ἰουδαίων; εἴδομεν γὰρ αὐτοῦ τὸν ἀστέρα ἐν τῇ ἀνατολῇ καὶ ἤλθομεν προσκυνῆσαι αὐτῷ.

Ματθ. 2,2 Και ερωτούσαν τους κατοίκους· “που είναι ο νεογέννητος βασιλεύς των Ιουδαίων; Διότι ημείς είδαμεν τον αστέρα αυτού εις την Ανατολήν και από το ουράνιον αυτό φαινόμενον επληροφορηθήκαμεν την γέννησίν του και ήλθομεν να τον προσκυνήσωμεν”.

3 Pero al oír esto, el rey Herodes se inquietó y se turbó no vaya ser que le arrebatase su reinado, y con él se asustaron todos los habitantes de Jerusalén no vaya ser que saliera la ira del rey sangriento.

Ματθ. 2,3 Ἀκούσας δὲ Ἡρῴδης ὁ βασιλεὺς ἐταράχθη καὶ πᾶσα Ἱεροσόλυμα μετ᾿ αὐτοῦ,

Ματθ. 2,3 Οταν ήκουσεν ο βασιλεύς Ηρώδης να γίνεται λόγος δια νεογέννητον Βασιλέα εκυριεύθη από ταραχήν, διότι εφοβήθη μήπως του αρπάση εκείνος την βασιλείαν· μαζή με τον Ηρώδην εταράχθησαν και όλοι οι κάτοικοι της Ιερουσαλήμ (φοβηθέντες μήπως εκσπάση και εις βάρος αυτών η οργή του αιμοβόρου βασιλέως).

4 Y habiendo convocado a todos los sumos sacerdotes y a los γραμματεῖς1 maestros del pueblo, (escribas, teólogos intelectuales, a los que se consideraba que conocían la ley y los profetas), les preguntaba dónde había de nacer el Mesías según las Escrituras.

Ματθ. 2,4 καὶ συναγαγὼν πάντας τοὺς ἀρχιερεῖς καὶ γραμματεῖς τοῦ λαοῦ ἐπυνθάνετο παρ᾿ αὐτῶν ποῦ ὁ Χριστὸς γεννᾶται.

Ματθ. 2,4 Ο Ηρώδης, αφού εκάλεσε και συνεκέντρωσε όλους τους αρχιερείς και γραμματείς του λαού (αυτούς που εθεωρείτο ότι εγνώριζαν τον νόμον και τους προφήτας) εζητούσε πληροφορίας, που, σύμφωνα με τας Γραφάς, θα εγεννάτο ο Χριστός.

5 Y ellos le contestaron: “En Belén de Judea, porque así está escrito por el profeta Micea:

Ματθ. 2,5  οἱ δὲ εἶπον αὐτῷ· ἐν Βηθλεὲμ τῆς Ἰουδαίας· οὕτω γὰρ γέγραπται διὰ τοῦ προφήτου·

Ματθ. 2,5 Εκείνοι δε του είπαν· “εις την Βηθλεέμ της Ιουδαίας, διότι έτσι έχει γραφή από τον προφήτην Μιχαίαν·

6 «Y tú, Belén, tierra de Judá, de ningún modo eres la menor entre las principales ciudades de la tribu Judá. Porque de ti saldrá el soberano, el cual como buen pastor conducirá con cariño a mi pueblo Israel».

Ματθ. 2,6 Καὶ σὺ Βηθλεέμ, γῆ Ἰούδα, οὐδαμῶς ἐλαχίστη εἶ ἐν τοῖς ἡγεμόσιν Ἰούδα· ἐκ σοῦ γὰρ ἐξελεύσεται ἡγούμενος, ὅστις ποιμανεῖ τὸν λαόν μου τὸν Ἰσραήλ.

Ματθ. 2,6 Και συ Βηθλεέμ, που ανήκεις εις την περιοχήν της φυλής Ιούδα μολονότι μικρά στον πληθυσμόν, δεν είσαι από απόψεως αξίας καθόλου μικρότερη και άσημη από τας μεγάλας πόλεις της φυλής του Ιούδα. Και τούτο, διότι από σε θα προέλθη και θα αναδειχθή άρχων, ο οποίος ως καλός πομήν θα οδηγήση με στοργήν τον λαόν μου τον Ισραηλιτικόν”.

7 Entonces Herodes, llamando en secreto a los magos, se informó cuidadosamente de parte de ellos el tiempo de la aparición de la estrella.

Ματθ. 2,7 Τότε Ἡρῴδης λάθρα καλέσας τοὺς μάγους ἠκρίβωσε παρ᾿ αὐτῶν τὸν χρόνον τοῦ φαινομένου ἀστέρος,

Ματθ. 2,7 Τοτε ο Ηρώδης εκάλεσε κρυφίως τους μάγους και επληροφορήθη ακριβώς από αυτούς τον χρόνον, κατά τον οποίον είχε φανή ο αστήρ.

8 Y enviándolos a Belén, dijo: Id y averiguad exactamente acerca del niño, y cuando lo hayáis encontrado, avisadme para que yo también vaya a venerarlo y adorarlo.

Ματθ. 2,8 καὶ πέμψας αὐτοὺς εἰς Βηθλεὲμ εἶπε· πορευθέντες ἀκριβῶς ἐξετάσατε περὶ τοῦ παιδίου, ἐπὰν δὲ εὕρητε, ἀπαγγείλατέ μοι, ὅπως κἀγὼ ἐλθὼν προσκυνήσω αὐτῷ.

Ματθ. 2,8 Κατόπιν τους έστειλε εις την Βηθλεέμ και είπε· “πηγαίνετε εκεί και εξετάσατε με κάθε ακρίβειαν όλα τα περί του παιδίου· και όταν θα το εύρετε, πληροφορήσατέ με, δια να έλθω εις την Βηθλεέμ να το προσκυνήσω και εγώ”.

9 Y los magos después de oír al rey, se marcharon hacia Belén, y he aquí la estrella que vieron en el oriente iba delante de ellos, hasta que fue a posarse sobre el lugar donde estaba el niño.

Ματθ. 2,9 οἱ δὲ ἀκούσαντες τοῦ βασιλέως ἐπορεύθησαν· καὶ ἰδοὺ ὁ ἀστὴρ ὃν εἶδον ἐν τῇ ἀνατολῇ προῆγεν αὐτούς, ἕως ἐλθὼν ἔστη ἐπάνω οὗ ἦν τὸ παιδίον·

Ματθ. 2,9 Οι δε μάγοι, αφού ήκουσαν τα λόγια του βασιλέως, εξεκίνησαν και επορεύοντο εις την Βηθλεέμ· και ιδού το λαμπρόν αστέρι, που είχαν ίδει εις την Ανατολήν, επροπορεύετο και τους ωδηγούσεν, έως ότου ήλθε και εστάθη επάνω από τον τόπον όπου ευρίσκετο το παιδίον.

10 Entonces, al ver la estrella, se regocijaron con un grande gozo, porque reencontraron su guía seguro,

Ματθ. 2,10 ἰδόντες δὲ τὸν ἀστέρα ἐχάρησαν χαρὰν μεγάλην σφόδρα,

Ματθ. 2,10 Οι μάγοι, όταν είδαν τον αστέρα, εδοκίμασαν πολύ μεγάλην χαράν (διότι ευρήκαν πάλιν τον ασφαλή οδηγόν των).

11 y entrando en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose lo veneraron; y abrieron sus tesoros, le ofrecieron regalos, oro y aromas de incienso y mirra.

Ματθ. 2,11 καὶ ἐλθόντες εἰς τὴν οἰκίαν εἶδον τὸ παιδίον μετὰ Μαρίας τῆς μητρὸς αὐτοῦ, καὶ πεσόντες προσεκύνησαν αὐτῷ, καὶ ἀνοίξαντες τοὺς θησαυροὺς αὐτῶν προσήνεγκαν αὐτῷ δῶρα, χρυσὸν καὶ λίβανον καὶ σμύρναν·

Ματθ. 2,11 Και ελθόντες εις την οικίαν είδαν το παιδίον με την μητέρα αυτού Μαρίαν και πεσόντες στο έδαφος επροσκύνησαν με βαθείαν ευλάβειαν αυτό· και ανοίξαντες τας αποσκευάς και τα θησαυροφυλάκιά των του προσέφεραν δώρα, χρυσόν και πολύτιμα αρώματα της Ανατολής, λιβάνι και σμύρναν.

12 Pero siendo advertidos en sueños que no volvieran a Herodes, regresaron a su país por otro camino.

Ματθ. 2,12 καὶ χρηματισθέντες κατ᾿ ὄναρ μὴ ἀνακάμψαι πρὸς Ἡρῴδην, δι᾿ ἄλλης ὁδοῦ ἀνεχώρησαν εἰς τὴν χώραν αὐτῶν.

Ματθ. 2,12 Επειδή δε έλαβον εντολήν και οδηγίαν από τον Θεόν εις όνειρόν των να μη επιστρέψουν προς τον Ηρώδην, ανεχώρησαν δια την πατρίδα των από άλλον δρόμον.

 

EL NACIMIENTO DEL SEÑOR [Mateo 2, 1-12] A. Mitileneos,:

Tema: «LA NOCHE DE NAVIDAD»
[Transcripción de la homilía en Santo Monasterio de Komnineon el 25-12-2000]

 

Cuando el Logos de Dios, amados míos, creó el universo, determinó un momento en el que Él mismo lo visitaría visiblemente y físicamente. Y esa gran visita es la Encarnación del Logos de Dios. Su presencia en la tierra convirtió nuestro mundo en el centro del cosmos creado y visible. Este es el evento más grande del mundo visible e incluso del mundo invisible, ante el cual incluso el mundo angélico quedó asombrado. Y todos estos hechos extraordinarios ocurrieron en el silencio, serenidad y paz de una noche. Si Dios, al comienzo de su creación, dijo: «Hágase la luz» -y la luz fue hecha-, en las tinieblas de sus planes estaba el gran propósito de la Encarnación.

La noche de Navidad. La noche más grande y santa de todas las noches de la creación. De noche el Hijo de Dios hizo Su presencia en la tierra. ¿Por qué? Porque esta fue el gran marco y escenario de los eventos particulares de la Encarnación; en esta el nacimiento, el descanso en el pesebre, el anuncio a los pastores por parte del ángel, el canto de los ángeles en el cielo, la visita de los pastores. ¿Por qué entonces sucedió de noche? Si la luz es dulce, la oscuridad está llena de misterios. La luz revela, la noche oculta. Crea un ambiente en el ser humano.

No obstante, durante la noche tuvo lugar el Nacimiento de Cristo. Lucas nos informa y nos dice: «Y había pastores en aquella región, que velaban y guardaban vigilias nocturnas» —es decir, turnos nocturnos— «sobre su rebaño». No podía una sola persona permanecer despierta toda la noche cuidando a las ovejas, que muchas veces pastan incluso de noche, por lo que se organizaban turnos de vigilancia. Por lo tanto, esta atención al rebaño se realizaba durante la noche. Es bien sabido que, en los países cálidos, las ovejas no pastan durante el día —debido al calor— y suelen hacerlo por la noche.

Sin embargo, debemos investigar por qué tuvo lugar el parto durante la noche. San Ignacio de Antioquía dice que hubo «tres misterios clamorosos que se llevaron a cabo en el silencio de Dios». Tres misterios, dice, resonantes, que sin embargo ocurrieron en silencio, serenidad y paz particularmente en la noche, sin publicidad. Tres cosas de Dios. ¿Y cuáles son estas? Él dice: «Escaparon al conocimiento del príncipe de este mundo» —«escaparon de su observación y conocimiento». ¿Quién es el príncipe de este mundo? Es el diablo. «Escaparon», dice, «a la observación y al conocimiento del príncipe de este mundo, ¿qué? La virginidad de María y su parto. Asimismo, también la muerte del Señor». Estos tres, que ocurrieron, fueron resonantes y sucedieron en silencio y tranquilidad.

Permítanme hacer un pequeño análisis. Llama la atención que, cuando Dios juzga a los primeros en ser creados, se dirige a Eva y le dice: «De tu esperma (semilla) nacerá Aquel que te salvará». En primer lugar, ¿Quién habla? Habla el Logos de Dios, aquel que vendría personalmente a encarnarse. ¡Qué cosa tan asombrosa! Pero ¿por qué se dirige a Eva? Es sabido que debería haberse dirigido a Adán. La mujer no tiene esperma (semilla). Y dice: «De tu esperma»; y esperma tiene Adán. Aquí se insinúa el nacimiento del propio Logos de Dios a través de una Virgen. Desde entonces, el diablo buscaba a las vírgenes para descubrir quién podría ser aquella que daría a luz al Hijo y aplastaría la cabeza de la serpiente, es decir, del diablo. Por tanto, esto ocurrió en silencio, serenidad y paz de Dios; el diablo no se dio cuenta.

Sí, pero también la muerte del Señor, que aquí no es de por sí la muerte, es decir, la muerte en la cruz, sino la Resurrección de Cristo. Porque, ¿a qué hora ocurrió la Resurrección de Cristo? ¿Quién lo sabe? Convencionalmente, queridos míos, ya que el Señor dijo: «Resucitará al tercer día» y el conteo de las 24 horas comienza por la tarde, con la puesta del sol, lo que llamamos vísperas, con las vísperas comienza el día siguiente. En consecuencia, el sábado por la tarde el Señor estaba en el sepulcro; pero después, el Señor resucitó —¿a qué hora? Por supuesto, ya en domingo, para que se completaran los tres días: viernes, sábado (completo) y domingo. ¿A qué hora? Eso es desconocido. Es decir, ¿a qué hora resucitó Cristo? Les dije que convencionalmente decimos «después de las 12» para completar los tres días.

Así, la noche, queridos míos, se convierte en el símbolo de los misterios de Dios. La noche es el símbolo del silencio de Dios; y el misterio por excelencia es la Encarnación. Es el «misterio silenciado» que menciona el Apóstol Pablo en su Carta a los Romanos; «misterio silenciado», es decir, aquello que no se divulgó, «desde tiempos eternos», en los tiempos anteriores, no se divulgó. Solo se insinuaba, pero sin un conocimiento claro; «ahora revelado», dice el Apóstol Pablo. ¿Y cuál es el «misterio silenciado»? La Encarnación del Logos de Dios. Y como dice San Ignacio, «un misterio silenciado, pero clamoroso».

Otro misterio que tuvo lugar durante la noche es —ya se lo mencioné— la Resurrección de Cristo de entre los muertos. De noche salió del vientre de la Virgen, de noche salió del vientre simbólico del sepulcro, para darnos al hombre nuevo, inmortal, renovado, eterno y feliz. Por lo tanto, la noche es un símbolo de esta era o siglo presente, pero también de la vida actual; en contraste con la era o siglo venidero y luminoso, del reinado de la Realeza increada de Dios. Esta era o siglo presente es el siglo o la era de la incertidumbre y la duda. Por ello, se introduce —para que podamos superar todo esto y conocer, – se introduce la fe.

Si tuviera que hablar sobre la fe, necesitaría mucho tiempo. Baste con decirles que Abraham fue salvado y se considera justo, no porque fuera patriarca-genarca, patriarca-genarca también es Adán-, pero… desgraciadamente. Abraham fue salvado porque creyó, como dice la Escritura. Y el Apóstol Pablo utiliza literalmente este pasaje: que «la fe le fue contada» —a Abraham— «por justicia». «Se consideró una virtud, ¡algo grandioso!». Porque la fe genera obediencia y esperanza. Lo dijo Dios. Se acabó. Así será. Si lo dijo Dios, no hay duda. Dios le dijo a Abraham: «Dejarás descendiente. ¿Saben cuándo se lo dijo? Cuando Abraham tenía 75 años; y esperó otros 25 años. ¿Dónde estaba el heredero? ¡En ninguna parte! Y, sin embargo, — Abraham era rico, tenía mucho—. «Señor, ¿a quién dejaré todo esto?». Y lo más importante, Dios le dice: «Te daré toda esta tierra —Palestina—». «¿Qué me darás, Señor? Soy viejo, estoy muriendo, ¿y me dices que me darás todo esto? Si no tengo heredero, ¿quién me heredará?». ¿Lo dijo Dios? Se acabó. Y cuando Dios le da a Isaac, el hijo de la promesa —de la promesa hecha—, Abraham tenía 100 años; ¡y Sara tenía 90 años! La Escritura no omite decirnos que «habían cesado los ciclos de Sara», es decir, ya no era fértil. ¡Eso es fe! Les di solo una pequeña muestra para que entiendan. ¿Acaso la resurrección de los muertos no es cuestión de fe? Diremos: «Lo dijo Cristo». «Si lo dijo Cristo, ¡se acabó!, fin de la historia. Lo dijo Cristo».

Creemos, por lo tanto, en aquello que no vemos; ¿por qué no lo vemos? Porque es de noche; es decir, una noche intelectual, estamos en ignorancia, y en la noche no es visible el «εἶδος», (idos: género, especia). La palabra «εἶδος» idos, para que lo comprendan, aparece en un hermoso pasaje de la Segunda Carta a los Corintios del Apóstol: «Porque caminamos por fe, no por vista». Por lo tanto, caminamos -vivimos- «por la fe, no por vista»; no tenemos las cosas, no tenemos los objetos visibles delante de nosotros. Basta con decir que esto también lo expresó Platón; nuestro Platón, el filósofo griego, cuando quiso mostrar que el conocimiento es enigmático y se refiere a lo que él llamó «la oscura caverna». Merece la pena explicarlo brevemente. Presten atención. Dice: «El hombre está orientado hacia el fondo de una caverna. Está cerca de la entrada de la caverna, pero siempre orientado hacia el fondo. Detrás del hombre hay un fuego. Y frente al fuego pasan los acontecimientos. Pero al pasar los acontecimientos, proyectan su sombra en el fondo de la caverna, sin que el hombre pueda jamás volverse para ver los objetos, los acontecimientos en sí mismos. No puede verlos. Ni los que existen, ni los que existirán. Entonces, ¿qué ve? Ve solamente la sombra de los objetos, la sombra de los acontecimientos. De forma borrosa…». Esto demuestra que, en el mundo presente, solo conocemos unas pocas cosas; lo que Dios nos apocalipta-revela, queridos míos, volviendo al ámbito del Cristianismo de la apocálipsis-revelación: tenemos apocálipsis-revelación.

Todo el mundo antiguo, pues, vivía en la noche de la ignorancia: la noche de la ignorancia de Dios. Escribe -y no lo interpretaré porque el tiempo se ha acabado- Clemente de Alejandría: «Si no existiera el sol, todo sería noche. Así, si no conociéramos al Logos y no fuéramos iluminados por Él, no diferiríamos en nada de las aves de corral criadas para engorde», así sabríamos nosotros. ¿Qué saben nuestras gallinas? ¡Nada saben nuestras gallinas! Y continúa: «Caminando en la oscuridad y alimentados de muerte». Esta es la realidad. Nada podemos saber si el mismo Logos Divino no nos lo apocalipta-revela. Y Cristo, que es la luz de los hombres y que vino en la oscuridad de nuestra época o siglo, quiere ser luz para nuestros ojos y en nuestra vida para que podamos ver y entender; pero siempre a través de la fe. Por eso exclama Clemente de Alejandría: «Recibe a Cristo, recibe el poder de ver, recibe la luz». «Toma», dice, «a Cristo, toma la capacidad de ver y disfrutar, toma y disfruta de la luz».

El Hades, queridos míos, también es oscuro. Y así como descendió de noche a la tierra, también descendió al oscuro Hades para transformarlo, únicamente para los justos, en luz, en paraíso. Y toda la tierra estaba oscura. Y la idolatría oscurecía la tierra. Desgraciadamente, estamos regresando a la idolatría… Y especialmente nosotros, los griegos ortodoxos cristianos, estamos regresando a la idolatría. Algún día debemos comprenderlo; esos idólatras, neoidólatras, incluso hacen proselitismo. No hablo del masonismo, que es enteramente, cien por ciento idolatría, sino que también fuera del masonismo se intenta revivir la idolatría. Es decir, los doce dioses del olimpo. ¿Lo entendieron?

Así, toda nuestra tierra estuvo alguna vez en tinieblas. Se hizo cristiana y nuevamente regresa a la oscuridad. Mateo señala y dice: «Para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta Isaías: Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles -en esa Galilea de los gentiles habían habitado algunos descendientes de Alejandro Magno; os lo digo como nota histórica-, el pueblo que estaba sentado en tinieblas -eran las tinieblas de la idolatría- vio gran luz, y a los que habitaban en región y sombra de muerte, la luz les resplandeció». Y esta profecía se refiere a Jesús Cristo. «Desde entonces comenzó Jesús a predicar y decir: μετανοεῖτε metanoite, convertíos, arrepentíos y confesaos, cambiar de modo de vivir, porque la realeza increada de los cielos se ha acercado; ha llegado la vida santa y espiritual de la redención, bienaventuranza y felicidad; (μετανοεῖτε metanoite, el verbo aquí en tiempo continuo, metania ininterrumpida)».

Oscuridad, pues, por todas partes, noche por todas partes. Por eso el Hijo de Dios vino de noche, para hacernos ver y sentir que estamos en la oscuridad. Pero hay algo más profundo: Jesús quiso mostrar que es el Creador no solo de la luz, sino también de las tinieblas. No se sorprendan por esto; porque, ¿qué significa tinieblas? ¡Ausencia de luz! Lo decimos de manera muy sencilla; porque entonces las personas creían que la luz y las tinieblas eran dos cosas separadas. Y habían introducido el dualismo. El dios de la luz, Apolo, y el dios de las tinieblas. En todos los países del Mediterráneo encontramos este dualismo; no les digo más. Y, sin embargo, Isaías dice: «Yo, el único Dios. Yo soy quien hizo la luz y también las tinieblas». Hoy podemos decirlo de forma muy sencilla: les dije que las tinieblas son ausencia de luz. «Yo, el Señor tu Dios, hago todas estas cosas», dice en el capítulo 45 de Isaías el mismo Dios. Para nosotros es muy comprensible en este momento. Sin embargo, no lo era para los antiguos.

Y la noche pertenece a Dios, ¡es Suya, es Suya! No pertenece a ningún otro dios; la noche es el espejo, el reflejo del cielo de estrellas. Y Él, en la noche del Nacimiento, glorifica a su Creador. Las estrellas son obra de Sus dedos. Y vemos todas esas maravillas durante la noche, especialmente el cielo con las estrellas. Era necesario que también dieran su testimonio de alabanza, y en particular, la gran estrella del Nacimiento. Para que el salmista diga: «Tuyo es el día, y tuya es la noche, y la noche a la noche anuncia conocimiento».

Para ustedes, no sé si tienen dudas o si han leído: ¿qué era esa estrella? La estrella del Nacimiento, queridos míos, era una estrella, pero no una estrella natural; porque la descripción que nos da Mateo es tal que no podemos decir que era una estrella como las que los astrónomos han identificado hasta hoy. Hasta hoy dicen: «Hubo una conjunción de estrellas» -¿saben qué significa «conjunción de estrellas»?-, «y se dio mucha luminosidad». Nada de eso. La descripción muestra que las cosas no son así. ¿Qué? «Cuando», dice, «la estrella desapareció cuando los magos entraron en Jerusalén, y volvió a aparecer cuando salieron de Jerusalén y se preguntaban: “¿Ahora a dónde vamos? ¿A dónde vamos?”». Ellos tenían como guía a la estrella; pero en un momento volvieron a verla y, además, dice el evangelista Mateo: «Se llenaron de inmensa alegría». ¡De una gran alegría! De otra forma, su viaje habría sido en vano. «Viajamos» —después de un año, saben, llegaron los magos para adorar al Rey, viendo la salida de la estrella. No era que estuviera en Oriente, sino su aparición, como todas las estrellas, todo el cielo, porque la tierra gira así. Tenemos—las estrellas salen y se ponen porque la tierra gira, lo repito una vez más. Entonces, cuando llegaron a Belén, la estrella», dice, «se detuvo sobre la casa» —ya no era un establo, porque encontraron un lugar para quedarse después del censo. «La estrella se detuvo sobre la casa donde estaba Jesús, el niño». Pregunto: ¿Qué estrella se detiene sobre el tejado de una casa? No se puede determinar algo cuando está muy alto. Entonces, ¿qué era esa estrella? No era, como dije, una estrella natural, según intentan explicar los astrónomos hasta hoy; era un ángel en forma de estrella. Así nos dicen los Padres de la Iglesia.

Queridos míos, en la noche, la psique-alma busca a Aquel que ha amado. Como dice el «Cantar de los Cantares»: «En mi lecho, en mi cama— por la noche, en la oscuridad, busqué al que ama mi alma». La noche, tanto para Dios como para el hombre, constituye un elemento importante. Y la noche de Navidad también es un elemento esencial. Por eso nuestra Iglesia, en la fiesta de la Navidad, conserva la noche. ¿Han visto a qué hora comenzamos? A las 5 de la mañana. Como en todas las Iglesias. Muestra que la oscuridad, a pesar de haber pasado veinte siglos, aún permanece en las personas, especialmente en nuestros cristianos no catequizados. Por eso, la oscuridad recuerda que debemos buscar constantemente a Cristo. «Venid, fieles», dice un himno de estos días, «veamos dónde nació Cristo; sigamos entonces, donde la estrella nos guía».

Nuestro Salvador nació, pero para muchísimos cristianos es como si no hubiera nacido. Han convertido la fiesta del Nacimiento en una oportunidad de consumismo y diversiones pecaminosas… ¡Qué pena, en verdad! ¡Cuánta injusticia! Estas personas se hacen daño a sí mismas.

Gritemos esto en todos los tonos: ¡Cristo ha nacido! El Logos de Dios se hizo hombre y vino a nosotros; y vino para salvarnos. Su amor lo trajo a la tierra. «Y el Logos se hizo hombre de manera sobrenatural y plantó su tienda o acampó entre nosotros y nosotros hemos contemplado su δόξα doxa (gloria, luz increada) como de unigénito de la misma naturaleza del Padre, pleno de Χάρις Jaris (Gracia energía increada) y de Verdad. [14. «Y el infinito Logos increado en el tiempo se hizo hombre; y teniendo como tienda de cabaña y templo santo su naturaleza humana, permaneció con mucha intimidad entre nosotros y como uno de nosotros aquí en la tierra. Y nuestros ojos se saciaron de su resplandeciente y divina doxa (gloria, luz increada), que se manifestaba con sus milagros y sus enseñanzas, además de su vida santa e impecable en todo. Era y es la doxa increada, la cual no tomó como regalada como la reciben sus creaturas lógicas, sino que la tenía natural de-el Padre como Hijo unigénito que era, pleno de Jaris con la que hacía milagros y ahora nos renace, y, pleno de verdad con la que nos ilumina y nos enseña»] (Jn 1, 14).  A todos los que lo aceptaron por la fe, les concedió la Χάρις Jaris de convertirse en hijos de Dios. Les deseo a todos ustedes, queridos míos, una verdadera Navidad.

PARA LA GLORIA DE LA SANTA TRINIDAD
(Transcripción, digitalización y edición del discurso: Eleni Linardaki, filóloga)

Fuentes: http://www.arnion.gr/mp3/omilies/p_athanasios/omiliai_kyriakvn/omiliai_kyriakvn_260.mp3

Traducido por: Χρῆστος Χρυσούλας Jristos Jrisulas https://logosortodoxo.es/

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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