La religión es una enfermedad y la Ortodoxia su terapia y sanación

Η ΘΡΗΣΚΕΙΑ ΕΙΝΑΙ ΝΕΥΡΟΒΙΟΛΟΓΙΚΗ ΑΣΘΕΝΕΙΑ
Η ΔΕ ΟΡΘΟΔΟΞΙΑ Η ΘΕΡΑΠΕΙΑ ΤΗΣ

 

R.E

 

Repasada traducción 10/01/2025

LA RELIGIÓN ES UNA ENFERMEDAD NEUROLÓGICA DEL HOMBRE Y LA ORTODOXIA SU TERAPIA Y SANACIÓN

© Ioanis Romanidis http://www.romanity.org/ y http://www.greekorthodoxchurch.org/cure_gr.html 

(en helénico-griego y en inglés)

 

(Primera publicación por el Santo Monasterio de Kutlumusíu, Santa Montaña, en el tomo “Ortodoxia, Helenismo, camino hacia en 3º milenio” 1966, pag. 67-87)

 

CONTENIDOS

    Introducción

    Método

LA ENFERMEDAD DE LA RELIGIÓN

LOS SÍNODOS COMO SOCIEDADES DE CLINICAS NEUROLÓGICAS

Paraíso e infierno

La supuesta intención de desmitificar las Sagradas Escrituras.

La ventana abierta de Pablo hacia la Iglesia

Clínica Neurológica

Las Santas Reliquias

No “desde el mundo” sino “en el mundo”

Teología y dogma

Los Misterios

Profetas e intelectuales

Profetas y Francolatinos Papas

Profetas y padres

El Señor de la Gloria y los Sínodos Ecuménicos

“…el espíritu que no se apague… 1Tes.5:19”

El carisma de la interpretación

Que cada uno se examine a sí mismo

La formulación de los dogmas

III      LA PROVENIENCIA DE LOS SINODOS

Sínodos y Ortodoxa cultura o civilización

Cultura Francolatina

 Cultura Occidental

CONCLUSIONES

EPILOGO

((Por el traductor: se sugiere leer el miniléxico http://www.logosortodoxo.com/minilexico/, creo que ayudará bastante al lector, puesto que las palabras clave como psique, logos, nus, diania, realeza increada, e.t.c. en occidente cada uno las interpreta como le parece y no expresan la realidad tal como la sentimos los Eleno-ortodoxos. Hay dos cosas fundamentales que no han tenido ni tienen en cuenta en Occidente sobre el Elenismo: 1ª) que los antiguos filósofos helenos tenían una fe muy profunda, eran temerosos y respetuosos sobre lo divino o las divinidades y 2ª) que el Nuevo helenismo después de Cristo, empezando por San Dionisio el Areopagita a quién san Pablo le entregó los términos teológicos (ver sobre divinos nombres), está y hace discernimiento entre lo creado e increado, esencia (usía) increada de Dios es desconocida no puede el hombre participar de ella y energía increada Jaris (con sus derivadas energías increadas) de Dios son participadas conocidas empíricamente. En Occidente hasta cambiaron la lengua helena con la falsoerásmica y lo curioso es que siguen con esta parafernalia y no rectifican, creen que conocen mejor la lengua helénica que nosotros los nativos).

 

Introducción

La clave para entender la transformación de la Παράδοσις (Parádosis: divina entrega y tradición) Católica Ortodoxa de ser una religión ilícita a convertirse en una religión lícita, y posteriormente en Iglesia oficial, radica en el hecho de que el Imperio Romano descubrió y comprendió que no estaba enfrentándose simplemente a una forma más de religión o filosofía, sino una Sociedad bien organizada de Clínicas Neurológicas, que psicoterapiaban y trataban la enfermedad de la religión y la enfermedad, dolencia de la humanidad que buscaba la ευδαιμονία (efdemonía: felicidad, dicha y bienestar), produciendo así ciudadanos normales, fisiológicos con αγάπη (agapi: amor desinteresado, altruista) dedicados a la psicoterapia, terapia radical de sus propias enfermedades personales y sociales. La relación que se desarrolló entre la Iglesia y el Estado fue exactamente análoga a la relación entre el Estado y la Medicina contemporánea, moderna.

El método

El método que sustenta esta exposición es sencillo. Los escritores del Nuevo Testamento y los Padres identifican y destacan en la historia su propia experiencia de catarsis e iluminación del corazón, así como de θέωσις (zéosis: divinización, glorificación), la cual identifican con aquella de los profetas de todos los tiempos, empezando al menos desde Abraham. Esto equivale a la repetición de la “psicoterapia”, terapia o tratamiento como en la ciencia médica, cuya metodología se transmite de médico a médico. Pero en este caso, Cristo, el Kirios-Señor de la Gloria y Ángel de la Gran Voluntad, es el Médico quien personalmente psicoterapia, sana y “perfecciona” a Sus médicos, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. Esta tradición histórica y sucesión de psico-terapia, sanación y perfeccionamiento “en el Señor de la Doxa-Gloria” antes y después de Su encarnación, constituye el corazón y el núcleo de la Tradición Bíblica y la Tradición Patrística.

Dividimos nuestra exposición en las siguientes partes:

  1. La enfermedad de la religión.
  2. Los Concilios como Asociaciones de Clínicas Neurológicas.
  3. Concilios y Civilizaciones.
  4. Epílogo.

 

  1. LA ENFERMEDAD DE LA RELIGIÓN

Los patriarcas y los profetas del Antiguo Testamento, los Apóstoles y Profetas del Nuevo Testamento y sus sucesores, conocen muy bien la enfermedad de la religión y el Médico que la cura, es decir, el Kirios-Señor (Yahvé) de la Doxa-Gloria (increada). Él es el Médico de nuestras psiques-almas y cuerpos. Psicoterapiaba, curaba y sanaba esta enfermedad en Sus amigos y creyentes antes de su encarnación, y continúa psicoterapiándola y sanándola como Θεάνθρωπος (Zeántropos: Dios-Hombre).

Dicha enfermedad consiste en que existe un cortocircuito entre el espíritu del corazón del hombre (es decir, entre el νούς nus o la noerá energía según los padres) y el cerebro. En su estado natural, fisiológico, la noerá energía se mueve cíclicamente en un circuito continuo como un rotor, orando dentro del corazón. En su estado enfermo, la energía noerá o del corazón no gira, no rota de forma circular. Sino que, desplegada y arraigada en el corazón, se adhiere al cerebro-enkéfalos (o diania-mente, intelecto) y crea un cortocircuito entre el cerebro y el corazón. Así los pensamientos, conceptos o nociones del cerebro, los provenientes del entorno, del ambiente, se convierten en conceptos y pensamientos de la noerá energía que siempre está sembrada y enraizada en el corazón. De este modo el paciente afectado se hace esclavo de su ambiente. Como resultado de esto, confunde ciertos conceptos e ideas provenientes de su entorno con su dios o sus dioses.

Con el término Religión entendemos cada “identificación” de lo increado con lo creado y especialmente cualquier “identificación de representaciones” de lo increado con logos, palabras y conceptos del pensamiento humano, que son el cimiento y la base del culto a los ídolos. Éstos, logos conceptos y nociones es posible que sean simplemente ideas abstractas o también representaciones, estatuas e imágenes, ya sea dentro o fuera de lo que se considera un texto inspirado por Dios. Dicho en otras palabras, incluso la identificación de los logos, palabras, conceptos y nociones sobre Dios presentes en las Sagradas Escrituras con lo increado, pertenece también al mundo de la idolatría y esta identificación de increado con creado constituye el fundamento de todas las herejías hasta hoy en día.

En el método psico-terapéutico y sanador de la tradición del Antiguo y del Nuevo Testamento, se utilizan adecuadamente logos, palabras, conceptos y significados, como herramientas o medios durante el proceso de la catarsis y la iluminación del corazón, los cuales cesan durante la glorificación o zéosis, cuando es apocaliptada-revelada por el cuerpo de Cristo la doxa-gloria de Dios indescriptible, inefable e increada, la que cubre todo lo creado. Después de la glorificación o zéosis los logos, conceptos, significados y palabras de la noerá-espiritual oración, retornan al corazón. Por la experiencia de su zéosis o glorificación, el paciente comprueba que no existe ninguna similitud entre lo creado y lo increado y que expresar a Dios en palabras es imposible y concebirlo o entenderlo más imposible aún.

El cimiento de las herejías del Vaticano y de los Protestantes es el hecho que siguen a Agustín, quien tomó e interpretó dicha doxa-gloria increada de Dios apocaliptada-revelada en el Antiguo y el Nuevo Testamento como “creada”, y a la vez hecha y deshecha (des-creada) en ese mismo momento surge y desaparece. No solo esto, peor aún, tomó e interpretó entre otras cosas también al Ángel de la Gran Voluntad y su Doxa-Gloria increada como creaciones creadas y deshechas (des-creadas), las cuales Dios crea desde la inexistencia o la nada para que sean vistas y escuchadas y luego las devuelve a la inexistencia tras cumplir su propósito. Por supuesto, estas tonterías e ideas erróneas las desarrolla por ejemplo en su libro “De Trinitate” (libros B y C.)

Pero para que uno tenga dirección ortodoxa y correcta en la terapia de la noerá energía, debe tener como guía o conductor la experiencia de alguien glorificado que ha alcanzado la zéosis, el cual puede testificar ciertos axiomas o principios: a) entre el Dios increado, Sus energías increadas y entre Sus creaciones no existe similitud o semejanza alguna; y b) que “expresar a Dios es imposible y concebirlo o entenderlo más difícil aún” (San Gregorio el Teólogo). Sólo con base en estos axiomas o principios se puede evitar caer bajo la desgracia, degradación o miseria de tener el diablo como guía o conductor espiritual, mediante supuestos “falsos teólogos” que meditan, especulan y charlatanean sobre Dios y las cosas divinas.

En su estado natural, la energía noerá (del nus) regula los πάθος pazos, es decir, el hambre, la sed, el sueño, el instinto de autoconservación (incluyendo el miedo a la muerte) de manera que sean intachables, imperturbables, no perversos. En su estado enfermo, los pazos se vuelven en perversos, perturbables. Éstos, en combinación ya con la descontrolada y suelta fantasía o imaginación, generan religiones mágicas, destinadas domar y refrenar los elementos de la naturaleza o incluso para la salvación adicional de la psique-alma desde la materia hacia un estado de ευδαιμονία (efdemonía: felicidad, dicha y bienestar), o incluso la efdemonía con cuerpo y alma.

La fe, según las Sagradas Escrituras, es la cooperación con el Espíritu Santo, el Cual inaugura la psico-terapia y sanación de la enfermedad del amor interesado, egoísta, en el corazón y le convierte, transforma en agapi-amor desinteresada o altruista (por la jaris energía increada de Dios), la cual “no pide ni busca nada para sí misma.” Esta psico-terapia y sanación se culmina con la glorificación o zéosis y constituye la quinta esencia de la Iglesia Católica Ortodoxa, que reemplazó la idolatría como núcleo de la Civilización Helénica del Imperio Romano.

Debemos tener una imagen clara de los marcos dentro de los cuales tanto la Iglesia como el Estado vieron la contribución de los glorificados o divinizados en la terapia y sanación de la enfermedad de la religión, que distorsiona y pervierte la personalidad humana mediante la búsqueda de ευδαιμονία (efdemonía, felicidad y bienestar), desde aquí y más allá de la tumba, para comprender la razón por la cual el Imperio Romano incorporó a la Iglesia Ortodoxa en su sistema jurídico-administrativo. Ni la Iglesia, ni el Estado vieron la misión de la Iglesia como un simple perdón de los pecados de los creyentes para su entrada en el paraíso después de la muerte. Esto equivaldría a un perdón médico de las enfermedades de los enfermos para su curación después de la muerte. Tanto la Iglesia como el Estado conocían bien que el perdón de los pecados no era sólo el principio de la terapia de la enfermedad religiosa de búsqueda de ευδαιμονία efdemonía eudemonía de la humanidad. Esta psico-terapia empezaba por la catarsis del corazón, llegaba al restablecimiento del corazón en su estado natural de iluminación y se perfeccionaba el hombre entero en el estado sobrenatural de glorificación, es decir, la θέωσις zéosis. El resultado de esta psico-terapia y su perfeccionamiento, no era sólo la preparación adecuada para la vida después de la muerte corporal, sino también la metamorfosis, transformación de la sociedad aquí y ahora, de conjuntos de individuos egoístas y egocéntricos en una comunidad y comunión de personas con agapi (amor) desinteresada, altruista y no egocéntrica, “la cual no pide ni busca nada para sí misma.”

 

LOS SÍNODOS COMO SOCIEDADES DE CLINICAS NEUROLÓGICAS

  1. Paraíso e Infierno

Cada uno verá la δόξα (doxa: gloria, luz increada) de Dios en Cristo y alcanzará aquel grado de su perfeccionamiento que ha elegido y por el cual ha trabajado. Siguiendo al Apóstol Pablo, a San Juan el Evangelista y su propia experiencia, los Padres sostienen que se salvarán aquellos que ven al Cristo resucitado en doxa (gloria) en esta vida, ya sea “como en un espejo, en enigma”, a través de salmos y oración incesante en su corazón, o “en prósopon a prósopon cara a cara o persona a persona” a través de la glorificación o zéosis. Aquellos que no Le ven de esta manera en esta vida, verán Su doxa (luz y energía increada) como fuego eterno y consumador y como oscuridad exterior en la otra vida. La doxa-gloria increada que posee Cristo por naturaleza del Padre es el paraíso para aquellos cuya agapi-amor egocéntrica e interesada ha sido sanada, metamorfoseada y convertida en agapi-amor desinteresada y no egocéntrica. Pero la misma doxa (gloria) es el fuego increado eterno y el infierno para aquellos que escogieron permanecer sin terapia o psicoterapia en su egoísmo, en su egolatría y su propio interés.

No solo las Escrituras y los Padres son claros en este punto, sino también los iconos ortodoxos del Juicio. La misma luz dorada de la doxa-gloria que emana de Cristo, dentro de la cual están rodeados Sus amigos, se vuelve roja mientras fluye hacia abajo, para abrazar, ese mismo amor divino, a los «malditos,» quienes la ven y la perciben como fuerza y energía infernal. Esta es la doxa-gloria y la agapi-amor increadas de Cristo, que catartiza (purga y sana) los pecados de todos, pero glorifica a unos e infierna a otros. Todos serán conducidos por el Espíritu Santo “a toda la verdad”, es decir, verán a Cristo con Sus amigos en doxa-gloria increada, pero no todos serán glorificados. “A quienes perdonó y justificó, a esos también glorificó”, según el Apóstol Pablo. La parábola del pobre Lázaro en el seno de Abraham y el rico en el lugar de pena y tormentos es clara y cierta. El rico ve, pero no participa de la doxa increada (energía y luz) (Lc 16:9-31).

La Iglesia no manda a nadie al paraíso ni al infierno, sino que prepara a sus creyentes para la visión, expectación de Cristo en doxa-gloria increada, la cual tendrán todos los hombres. Dios ama a los infernados como a los santos. Quiere la psico-terapia y sanación de todos, pero no todos aceptan la terapia que Él ofrece. Eso significa que el perdón de los pecados no es una preparación suficiente para que alguien vea a Cristo en doxa-gloria increada y sea glorificado (hacerse dios/a no por naturaleza sino por la jaris increada).

Es evidente que la tradición franco-latina, según la cual los salvos son aquellos para quienes Cristo supuestamente ha reconciliado al Padre, no tiene lugar en la tradición ortodoxa. Al interpretar 2 Corintios 5:19, por ejemplo, San Juan Crisóstomo dice: «Reconcíliense con Dios. Y no dijo, reconcilien a Dios consigo mismos, porque no es Él quien es enemigo, sino nosotros. Porque Dios nunca es enemigo». Dentro de estos marcos anteriores el Estado Romano comprendió la misión terapéutica y perfeccionadora de la Iglesia en este mundo para beneficio general de toda la sociedad. De otro modo, las religiones que prometen satisfacción después de la muerte, en lugar de la psico-terapia y sanación en este mundo de la enfermedad del deseo por la ευδαιμονία (efdemonía: felicidad y bienestar), no difieren esencialmente entre sí.

2) La supuesta intención de desmitificar las Sagradas Escrituras.

Este supuesto problema ocupa a los protestantes y a los papistas y también a estos supuestos iluminados Ortodoxos (supuestos teólogos, tiólogos de academia sin praxis, práctica) influidos por ellos que se presentan como supuestos especialistas y expertos en la interpretación o hermenéutica de la Biblia. En concreto, estos últimos llenos de vanagloria incluso alzan hacia lo alto la nariz al escuchar sobre la interpretación o hermenéutica patrística. Este supuesto “problema” proviene del neoplatónico Agustín y de quienes lo siguen, principalmente de los francos carolingios. El obispo de Hipona Agustín negó y quitó la doxa-gloria omnipresente e increada de Dios y la presentó como creación convertible, creada y a la vez deshecha o des-creada (que surge y desaparece). No conocía que esta doxa-gloria increada es visible a través del estado de glorificación o zéosis. A consecuencia de esto, admitía la división del universo como un edificio de tres plantas: el paraíso en el cielo, el infierno en la tierra y la superficie de la tierra como lugar de prueba.

3) La ventana abierta de Pablo hacia la Iglesia

(1. Esta interpretación del Apóstol Pablo está basada en la tradición patrística, y también en las informaciones que se dieron por los judíos teólogos durante el diálogo entre Ortodoxos y Hebreos en Octubre de 1979 en Bucarest. Los últimos destacaron el hecho que la descripción que fue dada sobre la tradición patrística sobre la iluminación del corazón y la zéosis glorificación o divinización se identifica con la tradición de los Hasidín. Evidentemente los apóstoles y los fariseos del Apóstol Pablo pertenecen a esta tradición.)

 

Los capítulos 12 hasta 15 de la Primera Epístola a los Corintios son una ventana única, mediante la cual uno puede considerar y contemplar la realidad de la Iglesia como cuerpo de Cristo. Los participantes en la Iglesia están incluidos en dos equipos, según su grado de terapia y perfeccionamiento: a) en el grado de los iluminados y b) en el de los glorificados o divinizados, es decir, los que han logrado la zéosis. Los miembros del cuerpo de Cristo se describen claramente en la epístola 1Cor.12:28: “y así los puso el Dios en la Iglesia, en primer lugar, apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros, luego los que hacen milagros, después los que sanan, los que ayudan a los necesitados, los que administran y los que tienen el don de hablar lenguas, cada uno según su capacidad ha recibido su carisma y su sitio de Dios.”2.

(2. San Simeón el Nuevo Teólogo resume la hermenéutica o interpretación Patrística sobre la 1 epístola a los Corintios 12, 27-28, en el “Libro sobre “la ética y cómo unirse a Cristo y a Dios, y cómo todos los santos se convierten en uno con Él).

Uno comienza convirtiéndose en un simple laico3 que dice «amén» durante el culto lógico, en contraste con el culto realizado de manera espiritual en el corazón. En este estadio, el laico se ocupa de su paso desde la catarsis del corazón a su iluminación, bajo la conducción o guía de aquellos que son templos del Espíritu Santo y miembros del cuerpo de Cristo, quienes constituyen el “sacerdocio real”.

(3. Fiel laico es el bautizado con agua que aún no ha entrado en el estado de iluminación, es decir, en el bautismo del Espíritu, y por lo tanto todavía no es miembro del cuerpo de Cristo ni del «sacerdocio real.» Por esta razón, se le llama laico, ya que permanece en una condición de particularidad).

Los grados de la iluminación empiezan con los “géneros o cualidades de lenguas”, (oración de corazón), el menor de los dones en el octavo lugar, y llegan hasta el carisma de “didáscalos, maestro” en el tercer lugar.

En la cabeza de la Iglesia local están los “profetas” (segunda posición), los cuales han recibido la misma apocálipsis-revelación que los apóstoles (Ef 3,5), que están en la primera posición y junto con ellos constituyen el “θεμέλιον cimiento, fundamento” de la Iglesia (Ef. 2:20). Los apóstoles y los profetas son el cimiento de la Iglesia, de la misma manera que los médicos son el fundamento de los hospitales.

Los “géneros de lenguas” son un cimiento, fundamento sobre el cual se edifican todos los demás carismas, que cesan temporalmente sólo durante la glorificación o zéosis (1Cor 13:8). Pablo, como apóstol o enviado, se clasifica a sí mismo en la cima del catálogo de los miembros que “Dios ha establecido en la Iglesia”. Pero aún conserva “los géneros o cualidades de lenguas o idiomas”, es decir, el carisma menor. Escribe: “Agradezco a Dios que me dio el carisma de hablar más lenguas o idiomas que todos vosotros” (1Cor 14:18). Esto significa que “los géneros o cualidades de lenguas” pertenecen a todos los niveles de carismas en el cuerpo de Cristo. Al decir “no todos hablan lenguas”, Pablo da a entender que se refiere a los “laicos”, los cuales no se enumeran entre los templos del Espíritu Santo ni miembros del cuerpo de Cristo (1Cor 12:18).

La iluminación y la glorificación o zéosis de los miembros del cuerpo de Cristo, no son grados de autenticidad provenientes de recomendación, indicación o elección humana. Son carismas de Dios otorgados a aquellos que colaboraron con los iluminados y los glorificados o divinzados, para sucederles como psicoterapiados, sanados y perfeccionados y así mantener esta tradición apostólica y sucesión de generación en generación. El hecho que Pablo llama a los miembros de los grados inferiores que están en terapia y perfeccionamiento a que busquen los carismas superiores, significa claramente que todos deben y pueden hacerse profetas, es decir, llegar a la glorificación o zéosis divinización. “Así que, quisiera que todos vosotros hablaseis lenguas/idiomas extranjeras, pero más quiero que profeticéis o teologicéis y tengáis la riqueza de la gnosis del Espíritu Santo para anunciar las voluntades del Señor; porque mayor es el que profetiza o teologiza que el que habla en lenguas, a no ser que el mismo las traduzca y explique para que en la Iglesia los creyentes reciban edificación espiritual” (1Cor, 14:5).

4) Clínica neurológica

La Iglesia por la descripción de Pablo, se asemeja a una clínica psiquiátrica. Pero, su percepción y conocimiento sobre la enfermedad de la personalidad humana es mucho más perspicaz y clara de lo que hoy es conocido en la medicina contemporánea. Para comprender esta realidad, debemos ver mediante Pablo, la comprensión y la concepción Bíblica de la situación fisiológica, normal y anormal, no fisiológica del ser humano.

El hombre enfermo es recuperado y restablecido en su estado normal, fisiológico, cuando es conducido “a toda la verdad” por el Espíritu de la Verdad, es decir, la visión, expectación de Cristo en la doxa (gloria, luz increada) de Su Padre (Jn.17). Los hombres que no ven la doxa-gloria de Dios no son fisiológicos, no están en un estado normal. “Porque todos pecaron y son privados de la doxa-gloria de Dios” (Rom 3,23). Dicho de otra manera, el único hombre que nació en Su estado fisiológico, normal es el Kirios-Señor de la doxa-gloria, el Cual nació en cuerpo-carne de la Θεοτόκος Zeotocos, tomó voluntariamente los pazos no perversos naturales (o sea, hambre, sed, cansancio, sueño, desgaste o corrupción, muerte, miedo la muerte), a pesar que, como fuente natural de la “doxa-gloria” increada supera y anula todos estos pazos. El otro aspecto de dicho tema es que el Dios no apocalipta-revela Su doxa-gloria increada a cada uno, porque no quiere infernar a los que no están debidamente preparados adecuadamente en la desinteresada agapi (amor divino desinteresado, energía increada). La sorpresa de los profetas del Antiguo Testamento al seguir vivos después de ver a Dios, y la súplica del pueblo a Moisés para que pidiera a Dios que dejara de mostrar Su doxa-gloria increada, la cual no podían soportar más, son confirmaciones claras de esta verdad.

La Iglesia de los Apóstoles y de los Padres no se ocupaba de Dios mediante meditaciones intelectuales, especulaciones y pensamientos abstractos sobre Él. Eso porque en la lógica de la mente o intelecto Dios permanece como misterio, incluso para aquellos a quienes Él apocalipta-revela Su doxa-gloria y realeza increada en Cristo, y los cuales participan de esta manera en el misterio de la cruz, mediante la glorificación, es decir, sus zéosis. La única ocupación de los profetas, apóstoles y padres era:

1) la terapia y sanación “psicoterapia” de los particulares o laicos mediante la catarsis de sus corazones.

2) la iniciación de ellos a) en la situación o estado de ser miembros del cuerpo de Cristo y templos del Santo Espíritu, mediante la iluminación del corazón y b) en “lo perfecto” (1Cor 13:12), es decir, en la visión, expectación de Cristo en doxa-gloria increada “cara a cara” (1Cor 15:12), mediante la glorificación o zéosis (1Cor 12:26; Rom 8:30) para el servicio de la humanidad (Jn 17). Lo de “…a los que perdonó y justificó, a ellos también glorificó”, en el reinado de la Realeza increada de Dios (Rom. 8:30) significa que la iluminación y la glorificación o zéosis conectan o enlazan entre sí en esta vida, pero no son lo mismo, no se identifican.

La enfermedad de la personalidad humana consiste en el debilitamiento de la κοινωνία (kinonía: comunión, conexión o participación) del corazón con la gloria-doxa increada de Dios (Rom 3:23) y su esclavitud al mundo, debido al cataclismo que le viene al corazón por los pensamientos dependientes del ambiente (Rom 1:21-24 y 2,25). En este estado o situación, el hombre imagina a Dios a imagen de su ser enfermo o incluso de los animales (Rom 1,22). Así el hombre interior sufre la muerte espiritual, “puesto que todos pecaron” (Rom 5,12)4. Es decir, cuando la agapi-amor queda subyugada, esclavizada en el instinto de autoconservación, el cual paramorfosea (desfigura, deforma, distorsiona) y lo transforma en energía y acción egocéntrica e interesada, infravalorada y degradada a una simple búsqueda de sobrevivencia, seguridad y felicidad.

La caída de cada hombre y su esclavitud en la creación consisten en la confusión de la energía del nus-espíritu humano5 del hombre con esta misma energía lógica o racional de la διανοία (diania: mente, intelecto o cerebro) (es decir, la noerá-espiritual energía de la psique-alma según los Padres), en esta confusión los pensamientos provenientes del ambiente se convierten en pensamientos del nus-espíritu del hombre, con el resultado de debilitar en diversos grados la κοινωνία (kinonía: comunión, conexión o participación) del corazón con la energía y realeza increada de Dios. La “psicoterapia”, terapia y sanación de esta enfermedad empieza con la catarsis del nus espíritu del hombre de todos los pensamientos buenos y malos, limitándolos a la diania (mente, intelecto, cerebro) y a la vez el nus espíritu humano (es decir, la noerá energía del hombre), se libera de la diania y retorna en el corazón mediante la oración del corazón o noerá-espiritual. En su estado natural el nus espíritu humano del hombre energiza, opera como un torbellino o remolino dentro del corazón, en cambio en su situación o estado caído y enfermizo se encuentra expandido en el enkéfalos-cerebro, identificado con sus logos, conceptos, significados, ideas y palabras quedándose atrapado, subyugado y esclavizado en ellos.

De este modo, en lugar de reinar con Dios sobre la naturaleza, el hombre se convierte en esclavo de ella. Para restablecerse la liturgia o el funcionamiento fisiológico, natural de la personalidad humana mediante esta circuncisión del corazón de todos los pensamientos (Rom 2,29), el hombre interior debe liberarse de la esclavitud de cualquier cosa en relación con su ambiente, por ejemplo, la autocomplacencia, la autosatisfacción, las riquezas, la propiedad, incluso de sus padres y parientes (Mt 10, 37 Lc 14,26). La finalidad no es la adquisición de la απαθεία (apázia: impasibilidad, sin pazos) estoica mediante la eliminación de la empatía o simpatía, sino el suministro en el corazón la capacidad de poder recibir las oraciones y los salmos que el Santo Espíritu lleva allí desde el cerebro (o diania: mente, intelecto) y energiza, opera incesantemente. Así, el enkéfalos-cerebro, que es el principal del sistema nervioso, se ocupa de las actividades diarias y del sueño, en cambio el nus-espíritu del hombre ora incesantemente en el corazón. Es decir, se hace como un disquete de ordenador reparado, en el cual los textos de las oraciones son transferidos desde el cerebro y regresan a él. Sin embargo, aquellos que oran así con el nus espíritu incesantemente, oran también en voz alta, con la lógica, si es menester contribuir a la catequización, instrucción y formación de los laicos e incrédulos. Esto quiere decir Pablo con “oraré con el espíritu y oraré con la lógica, psalmodearé con el espíritu y psalmodearé con la lógica” (1Cor 14:15).

Este es el contexto de la de referencia del Apóstol Pablo y del Evangelista Juan al Paráclitos-Espíritu Santo, el Cual cohabita e intercede por nosotros inspirando en nuestros corazones. El Espíritu Santo, por sí mismo, intercede por todos los hombres con “gemidos o suspiros inenarrables” (Rom. 8:26). Pero encuentra respuesta en aquellos que colaboran: 1) en la catarsis de su propio nus espíritu, es decir, del “hombre interior” o “de la noerá energía” de todos los pensamientos buenos y malos, 2) en la salida, separación de este nus espíritu de la lógica y 3) en el retorno del nus espíritu al corazón junto con las oraciones y los salmos de la diania (mente, intelecto). Así, la psico-terapia de la personalidad humana se va introduciendo en el estadio o etapa de la iluminación. Estas son las condiciones que Pablo presupone al escribir: “oraré con el espíritu oraré con la lógica, psalmodiaré con el espíritu y psalmodiaré con la lógica” (1Cor 14:15).

Pablo acaba de decirnos que la oración en espíritu incluye salmos del Antiguo Testamento. Por lo tanto, no habla de oraciones incomprensibles y oraciones en voz alta, ya que los salmos eran conocidos por todos.

Pablo habla de “cualidades o géneros de lenguas”, que incluyen oraciones y salmos del nus espíritu en el corazón, los cuales solo son audibles para aquellos que tienen el mismo don, carisma. Aquellos laicos que aún no poseían este carisma no podían escuchar las oraciones y los salmos en el corazón de los que tenían este carisma de “lenguas”. Algunos corintios en este estado de iluminación habían introducido la novedad de celebrar los oficios noeramente (espiritualmente, con el espíritu humano) en el corazón, en presencia de “laicos”, que no habían recibido aún “las cualidades o géneros de lenguas”. Sin embargo, de esta manera, era imposible para los laicos edificarse y responder con su «amén» en las partes correspondientes de la ceremonia, ya que simplemente no escuchaban nada.

Pablo afirma claramente que “nadie escucha” (1Cor 14:2). “Si vengo a vosotros hablando lenguas, ¿en qué os beneficio, si no os hablo con apocálipsis-revelación, o con gnosis (conocimiento, o con profecía, o con διδαχῇ (didají: enseñanza)?…” (1Cor 14:6-7). Aquellos que no tienen el carisma de lenguas deben escuchar la “fuerza de la voz” de las oraciones y los salmos para contestar con su propio “amén” (1 Cor 14:11-16). “… así también vosotros si la trompeta de la guerra saca una voz incierta, ¿quién se preparará para la guerra y tomará parte en el combate? Así también vosotros, si por la lengua no diereis palabra bien comprensible, ¿cómo se entenderá lo que decís? Porque hablaréis al aire. Tantas clases de idiomas hay, seguramente, en el mundo, y ninguno de ellos carece de significado” (1Cor 14:8-10). Los iluminados no deben limitarse a “hablar lenguas” (o sólo oración interior de corazón) “sin ser percibidos o con un sonido incierto” en presencia de los laicos (1Cor 14:10-11). “Porque tú haces bien dar gracias, pero el otro no es instruido y edificado y no progresa” (1Cor 14:17).

Cuando Pablo dice “mayor es el que profetiza que el que habla en lenguas, a no ser que las interprete para que la iglesia reciba edificación” 1Cor 14,5), deja claro que aquél que habla solo en “lenguas” debe conseguir también el carisma de la “interpretación o hermenéutica” de las oraciones y de los salmos del nus espíritu en el corazón y a la vez en las oraciones y salmos de su nus, para que sean recitados también en voz alta para edificación e instrucción de los laicos. “Así también vosotros, ya que anheláis dones espirituales, pedid de Dios que os dé los dones que cooperan en sinergia para edificación, beneficio y crecimiento espiritual de los fieles de la Iglesia. Por lo cual, el que habla en lengua o idioma extranjera, pida en oración poder traducirla y explicarla. Porque si oro a Dios con el carisma de lengua, ora mi espíritu del corazón de la psique que se encuentra bajo la jaris-gracia energía increada del Espíritu Santo, pero mi mente o intelecto queda sin fruto, porque no puede conceptuar, intelectualizar y ofrecer beneficio espiritual a los demás. Entonces, ¿qué hacer? Oraré con el carisma en espíritu, pero oraré también con la mente-intelecto y el logos, entendiendo y explicando lo dicho. Cantaré salmos con el carisma en espíritu, pero también los cantaré con la mente o intelecto y el logos. Porque si con el carisma de lenguas glorificas a Dios ¿cómo dirá «amén» a tu acción de gracias el que ocupa el lugar del laico particular o simple oyente no iniciado, puesto que no sabe lo que has dicho? Porque tú, bien das gracias y glorificas a Dios en idioma extranjera; pero el otro no es edificado espiritualmente. Doy gracias a Dios porque me ha dado el carisma y hablo en lenguas o idiomas más que todos vosotros; pero en la Iglesia prefiero hablar cinco palabras que sean entendidas por mí y por los otros, para enseñar también la verdad de Dios a otros, que decir diez mil palabras en lengua desconocida para ellos” (1Cor.14:12-19).

San Pablo nunca dice que uno interprete aquellas cosas que otro dice “en lenguas”. Cada uno interpreta las cosas que uno mismo dice “en lenguas”. Esto también se deduce de lo dicho en 1 Cor. 14:27-28: “Si alguno habla lengua o idioma, sea esto por dos, o a lo más tres, y por turno y uno traduzca y explique lo que dice el que habla en lengua extranjera. Si no hay traductor, que se guarde silencio la asamblea de la Iglesia, y hable consigo mismo y con Dios”. Es decir, si el que habla en lenguas no es intérprete, entonces guarda silencio en la Iglesia. Pero habla para sí mismo y para Dios. Si habla con otras palabras, esto se hace en el corazón y no en voz alta. Con esta orden, Pablo priva a quienes solo poseen los «géneros de lenguas» de la capacidad de imponer esta innovación mediante la mayoría.

Pablo habla claramente sobre oraciones y salmos no recitados con “la fuerza de la voz”, sino escuchados en el corazón. Esta iluminación del corazón neutraliza la esclavitud del instinto de autoconservación y empieza la metamorfosis (conversión, transformación) de la agapi-amor egoísta e interesada en agapi-amor desinteresada y altruista. Esto constituye el carisma de la fe innata, íntima en el hombre interior, lo cual es justicia y perdón, reconciliación y adopción, paz, esperanza y vivificación (o despertar espiritual).

Las oraciones y los salmos realizados incesantemente (2Tes. 5:7) de manera noerá (espiritual) en el corazón (Ef 5:18-20), más las “cualidades o géneros de lenguas” (1Cor. 12:10,28)) metamorfosean, transforman al laico en templo del Espíritu Santo y miembro del cuerpo de Cristo y del sacerdocio real. Este es el principio de la liberación del creyente de la esclavitud del ambiente, no huyendo de él, sino por el control sobre él, no por la agapi egoísta e interesada de explotación, sino por la agapi-amor desinteresada y altruista. Dentro de estos marcos “porque la ley del Espíritu, la jaris, la iluminación y la fuerza del Espíritu que transmite, cultiva y desarrolla la vida en Cristo, me liberó de la ley y del dominio del pecado y de la muerte… Pero vosotros ya no sois esclavos del cuerpo, sino que estáis bajo la conducción de vuestro espíritu, que se ha iluminado y renacido de la jaris increada del Espíritu Santo, ciertamente si habita en vuestro interior el Espíritu de Dios. Si uno no tiene en su interior el Espíritu de Cristo, éste no es hombre de Cristo. Si habita Cristo en vuestros interiores, entonces, aunque vuestro cuerpo se somete a la muerte a causa del pecado, no obstante, vuestro espíritu tiene vida eterna gracias a la justicia y absolución que habéis recibido de Cristo.” (Rom.8:2,9,10).

Durante el tiempo de la terapia de la iluminación aumenta el perfeccionamiento de la agapi-amor y sobre todo por la derrota del diablo, el iluminado recibe proporcionadamente los carismas enumerados anteriormente en 1Cor.12:28, con la culminación en la zéosis o glorificación. Pablo manifiesta que “si se glorifica un miembro, se congratulan y se alegran todos los demás miembros” (1Cor 12:26), con el fin de explicar porque los profetas son segundos después de los Apóstoles y antes que todos los demás miembros del cuerpo de Cristo. La transmisión de las oraciones y salmos realizadas por el Espíritu desde la diania (mente, cerebro) al corazón, son la justicia, la absolución y la vivificación del hombre interior, y la visión, expectación de Cristo “como en un espejo, en enigma” (1Cor. 13:12). Glorificación o zéosis es la llegada de lo “perfecto” (1Cor.13´10), la visión de Cristo “cara a cara” (1Cor.13´12). Cuando Pablo escribe, “ahora conozco parcialmente” (1Cor13:12), se refiere a al estado actual de su iluminación o justicia y absolución. Con su siguiente frase: “entonces conoceré plenamente, tal como fui conocido”, Pablo dice que será glorificado, tal como ya se había glorificado antes. En el estado de iluminación, el creyente es “niño”. Después de ser glorificado, regresa a la iluminación como un «hombre» (1 Cor. 13:11).

Durante la glorificación, que es la θέωσις zéosis y apocálipsis-revelación, la oración de corazón (“lenguas”), la gnosis-conocimiento y la profecía junto con la fe y la esperanza, cesan, ya que son reemplazados por el mismo Cristo en la increada realeza y doxa-gloria del Padre. Sólo la agapi (amor increada energía) no cesa (1Cor. 13:8-11). Durante la duración de la glorificación o zéosis los logos conceptos, significados y palabras sobre Dios y en la oración hacia Cristo quedan abolidos. Después de la zéosis y con el regreso a la iluminación, retornan la gnosis-conocimiento, la profecía, la fe y la esperanza y se reencuentran con la agapi-amor, la cual no había “recaído”. Los logos, conceptos, significados y palabras utilizados por los glorificados en la enseñanza y la oración para conducir a otros hasta la glorificación son inspirados por Dios, pero sólo para el uso y para la conducción de los iluminados y glorificados. Aquellos que no entienden que el propósito y finalidad de estos logos, palabras, conceptos y significados es que sean eliminados durante la zéosis, caminan sobre los cimientos de sus fantasías e imaginaciones.

Esta es la visión, expectación del Cristo resucitado en doxa-gloria que tuvo Pablo, y a través de la cual Dios pone como cabeza (1Cor. 12:28) y cimiento (Ef 2:20) de la Iglesia los apóstoles y los profetas. Este “cimiento”, el cual incluye también a mujeres profetisas (Hechos 2:17 y 21:9), constituye el marco de la manifestación de Pablo de que en Cristo “no existe diferencia entre varón y mujer, heleno o judío, no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús” (Gal. 3:28).

La glorificación o zéosis no es un milagro. Es el estadio o etapa natural final de la metamorfosis (transformación) de la agapi (amor) egoísta e interesada en desinteresada y altruista y la llegada del hombre al estado en el cual fue creado (antes de la caída). Tanto Pablo como Juan consideran claramente que la visión, expectación de Cristo en doxa-gloria durante esta vida es necesaria para la perfección de la agapi y del servicio hacia la sociedad. (Jn.14:21-24, 16:22, 17:24; 1Cor.13:10-13, Ef.3:3-6). Las apariciones de Cristo resucitado en doxa-gloria no eran y no son milagros para deslumbrar a los espectadores y convencerles de Su deidad o divinidad. El milagro no fue la resurrección de Cristo de la gloria. El milagro fue Su crucifixión y muerte. El Cristo resucitado se manifiesta sólo para el perfeccionamiento de la agapi-amor, incluso en el caso de Pablo también, quien había llegado al umbral de la glorificación (Gal. 1:14), no conociendo que el Kirios-Señor de la Doxa-Gloria al quien después vería, había nacido, sido crucificado y resucitado. Las apariciones del Señor de la doxa-gloria resucitado en el capítulo 1Cor 15:1-11 son glorificaciones o zeosis con las cuales Pablo completa el desarrollo sobre carismas espirituales que había empezado a describir en el capítulo 12:1.

Todos los glorificados después de la zéosis junto con los apóstoles constituyen el cimiento θεμέλιον de la Iglesia, porque “… Dios dio a ellos el mismo regalo, los mismos carismas del Espíritu Santo, así como también a nosotros”, dice Pedro (Hechos. 11:17 y 10:47). Es decir, fueron conducidos, al igual que los apóstoles en el Pentecostés en “toda la verdad”, que es el Cristo resucitado y ascendido en doxa-gloria y regresando en cuerpo-carne con las formas como lenguas de fuego de Su Espíritu, para habitar como hombre junto a Su Padre en los creyentes convertidos en templos del Santo Espíritu, exactamente tal y como había prometido (Jn 14-17). Así, la Iglesia con los profetas que se han convertido en templos del Espíritu Santo, se hizo Cuerpo de Cristo, sobre el Cual “las puertas del hades (muerte) no prevalecerán, ni pueden destruir”.

Glorificación o zéosis es la participación no sólo de la psique-alma sino del cuerpo también en la inmortalidad e incorruptibilidad por el perfeccionamiento en el agapi-amor increada. Es posible que sea expectación de corta o larga duración. Tras alguna extensión o éxtasis de desorientación, el neo-glorificado ve todo a su alrededor impregnado con la doxa-gloria/realeza increada de Dios, puesto que no es ni luz ni skotos-oscuridad y no se parece a nada creado, supera y transciende todos los logos, conceptos, significados y palabras y a pesar de que se apocalipta-revela, permanece impenetrable, inexpresable y por tanto, indescriptible. Durante la expectación, visión, los πάθος pazos que se habían neutralizado y constituido en no-perversos, inofensivos a través de la iluminación, son abolidos. El glorificado no come, ni bebe, ni duerme, ni se cansa y no es afectado por el calor o el frío. Estos fenómenos en las vidas de los santos, antes y después de la encarnación del Señor de la doxa-gloria, no son milagros, sino apocatástasis-restablecimiento de la salud de la enfermiza naturaleza humana.

Los yerontólogos o geriatras han demostrado que el envejecimiento es una enfermedad y están investigando si incluso la muerte es una enfermedad. Podría ser que en dicha investigación puedan contribuir también los cuerpos de los glorificados y sus reliquias. Los cuerpos de cientos de glorificados permanecen relativamente enteros durante siglos en un estado entre la corrupción y la incorruptibilidad. De los más antiguos ejemplos es el cuerpo de San Espiridón que está entero en la isla de Kérkira (Corfú), quién tomó parte en el Primer Sínodo Ecuménico en el año 325. Sólo en el Monasterio de la Cuevas en Kiev existen 120 cuerpos intactos de sagradas reliquias.

Este es el contexto de los logos del Apóstol Pablo, de que: “también la creación será liberada de la esclavitud de la corrupción para participar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios” (Rom. 8:21). Por los contextos expresados, queda claro que la “gloriosa libertad” aquí es libertad de la corrupción y la mortalidad. Pero incluso aquellos cuyo el hombre interior ha alcanzado la adopción de la iluminación, así como aquellos cuyos cuerpos han tenido a través de la glorificación o zéosis un anticipo de la inmortalidad e incorruptibilidad, esperan “la adopción y la redención de nuestro cuerpo” (Rom. 8:23). “Los muertos resucitarán incorruptibles y nosotros seremos transformados…  Porque debe este cuerpo corruptible vestir la incorruptibilidad y este cuerpo mortal vestir la inmortalidad, (1Cor. 15:53-54)”.

Estas cosas las conoce uno no por la meditación intelectual sobre textos bíblicos, sino por la experiencia de la zéosis o glorificación, es decir, por la “libertad de la doxa-gloria increada de los hijos de Dios”. La experiencia de la glorificación o zéosis, y no sólo los textos bíblicos son el cimiento de la fe de la Iglesia en la resurrección somática (corporal) de la parte biológica de la personalidad humana.

5) Las Santas Reliquias

Existen dos tipos generales de las santas reliquias, que son aquellas que perfuman y aquellas que se salvan completas o casi completas. Parece que las primeras pertenecen a los santos que se encontraban en estado de iluminación cuando fallecieron, y las segundas son de santos que se encontraban en estado de glorificación o zéosis.

De los testimonios de los padres se desprende el hecho de que la energía increada de Dios, -creadora, provisora, catártica, iluminadora y deificadora-zeótica- es simple, se divide indivisiblemente y está presente en todo (o es omnipresente) y energiza u opera todo y en todos. Así el que ha sido glorificado, divinizado por el Santo Espíritu contempla y ve como miembro del cuerpo de Cristο al Padre dentro del Logos encarnado, desde el interior. Sus cuerpos se conservan de este modo porque su energía noerá o espiritual del nus continúa girando cíclicamente dentro de sus corazones, en comunión con la energía increada glorificadora (o deificante zeótica, o la jaris increada) de la Santa Trinidad. Quizás podríamos ver este movimiento circular como con el tomógrafo magnético o axial.

Parece que tienen razón aquellos que creen que los agujeros negros no solo se encuentran en el centro de las galaxias, dando a estas su movimiento circular, sino también en tamaños microscópicos, en todo el universo, entre nosotros y dentro de nosotros.

6) No “desde el mundo” sino “en el mundo”

La distinción franco-latina entre vida práctica (active) y vida contemplativa (contemplative) no existe dentro del cuerpo de Cristo. El carisma del Santo Espíritu de la oración y los salmos incesantes, mediante las cuales el laico ingresa en el sacerdocio real, convirtiéndose templo del Espíritu Santo y miembro del cuerpo de Cristo, hace que esta distinción (discernimiento) sea imposible. La catarsis y la iluminación del corazón más la zéosis (o glorificación, divinización) constituyen la realidad dentro en la que se mueve cada creyente y la tradición en la que funciona inseparablemente el sacerdocio especial. Contrariamente a dicha distinción latina, todos los miembros del Cuerpo de Cristo se encuentran en la contemplación de la iluminación, avanzando hacia la contemplación (θεωρία zeoría) espiritual de la zéosis o glorificación.

“…Nadie, hablando por el Espíritu de Dios, dice: ANATEMA a JESUS, y nadie puede decir KIRIO-SEÑOR JESÚS, sino es por Espíritu Santo” (1Cor.12:3). Ésta es la espiritualidad bíblica y patrística, y la δύναμις (dinamis: potencia y energía), gracias a la cual era imposible para un creyente, templo del Espíritu Santo, doblarse y renunciar a Cristo a pesar de las torturas y martirios. Una posible negación y renuncia simplemente demostraba que no era miembro del cuerpo de Cristo. Los mártires y los neomártires fueron y son demostración de la dinami potencia y energía de la iluminación y de la zéosis, es decir, del misterio de la cruz, contra las dinamis potencias y energías de la oscuridad, así como la proclamación más destacada de la libertad. La misión principal de los templos del Espíritu Santo era y es trabajar en cualquier trabajo y que buscasen o aspirasen a transmitir su propia psico-terapia a los demás. Literalmente trabajaban dentro de su sociedad, con una especialidad igual que aquella de los psiquiatras. Sin embargo, se diferenciaban de ellos en que no buscaban como ellos el equilibrio intelectual de los enfermos adaptándolos a normas y reglas generales aceptadas de pensamiento y comportamiento “normal”, fisiológico. Su propio canon o norma de salud, pensamiento y comportamiento “normal” era la glorificación o zéosis. La dinami potencia y energía increada psicoterapéutica y terapéutica no es “de este mundo”. Pero ellos mismos están “en el mundo”, trabajando para la psicoterapia, terapia del corazón de los hombres y como resultado de esto, lograban la metamorfosis, transformación del mundo.

7) Teología y dogma.

Todos los que han alcanzado la glorificación o zéosis dan testimonio del hecho de que “es imposible expresar a Dios y aún más imposible comprenderlo” (San Gregorio el Teólogo), ya que saben por sus propias experiencias que no existe ninguna semejanza entre lo creado y lo increado.

Esto significa que los logos, conceptos, palabras y significados sobre Dios, no se oponen a la experiencia de la zéosis, sino que conducen también a la catarsis, la iluminación del corazón y la zéosis, son Ortodoxos. Los logos, conceptos, palabras y significados que son contrarios a la zéosis o glorificación y alejan de la catarsis y de la iluminación del corazón y la zéosis son heréticos.

Esta es la llave de las decisiones de los siete Sínodos Ecuménicos durante el Romanismo, así como también del octavo de 879 y del noveno de 1341.

Casi todos los historiadores de los dogmas ignoran esta llave y creen que los Padres intentaban, como Agustín, concebir y comprender intelectualmente (con la mente-intelecto o cerebro) y dialécticamente el misterio que se esconde detrás de los logos, conceptos, palabras y significados sobre Dios. Incluso presentan a Gregorio el Teólogo como si perteneciera al campo de la teología franco-latina, traduciéndolo mal de manera que parece decir que se permite «filosofar sobre Dios» únicamente a los «ya expertos en la meditación» (past masters of meditation), en lugar de solo aquellos que han «avanzado en la contemplación divina», que es la visión, expectación de Cristo «δι’ εσόπτρου εν αινίγματι como en espejo, en enigma», en «γλώσση lengua» y «πρόσωπον προς πρόσωπον cara a cara», la cual es visión, expectación de Cristo durante “la glorificación o zéosis”.

Los Padres claramente rechazan y suspenden como confusión y engaño la idea de que la formulación de los dogmas constituye parte de un esfuerzo de comprender los misterios de la fe sobre la Santa Trinidad y la encarnación del Logos. San Gregorio el Teólogo ridiculiza a tales herejes: “Dime tú qué quiere decir no-nacimiento del Padre y yo te diré y analizaré de manera natural el nacimiento del hijo y la procedencia del Espíritu Santo y ambos debatiremos sobre los Misterios de Dios razonándolos y examinándolos” (Logos Teológico D,8). Tampoco los Padres aceptaron la tesis de Agustín y de los latinos que lo siguieron, según la cual la Iglesia comprende mejor y más profundamente la fe y los dogmas con el paso del tiempo. Cada caso de glorificación o zéosis a través de los siglos es una participación “en toda la verdad” del Pentecostés, la cual no admite ni aumento ni una comprensión más profunda.

Esto también significa que la dogmática Ortodoxa es completamente pastoral, ya que no existe fuera de los marcos de la terapia del corazón a través de la catarsis y la iluminación, y dado que el teólogo por excelencia es aquel que ha sido glorificado, cuya zéosis es superior de todo logos, concepto, noción, palabra y significado.

Ser teólogo, significa primero y principalmente que uno es experto en las maquinaciones, artimañas y métodos del diablo. La iluminación, y especialmente la glorificación o zéosis, otorgan el carisma o don del discernimiento de espíritus para derrotar y aplastar el diablo, especialmente cuando este recurre a la didascalia o enseñanza de la teología y espiritualidad en aquellos que empiezan a escapar de sus manos.

8) Los Misterios

El resultado más significativo de la franco-latinización de la educación teológica Ortodoxa en los siglos XVIII y XIX, fue la desaparición de los manuales dogmáticos y especialmente de los capítulos sobre Misterios, de la existencia y reconocimiento de los miembros del cuerpo de Cristo dentro de los marcos de catarsis e iluminación del corazón y la zéosis divinización, a pesar de que los textos litúrgicos lo presuponen y condicionan precisamente esto. Influidos por manuales de “teólogos” Rusos y Latinos se olvidaron del hecho que el misterio del sacerdocio presupone y condiciona la zéosis, es decir, la profecía, “no descuides el carisma que está en ti, que te fue dado por profecía por imposición de manos del presbítero” (1Tim 4:14).

9) Profetas e intelectuales

La creación depende completamente de Dios, a pesar de que no existe ninguna semejanza entre creación y Dios. Esto implica que no ha habido ni hay diferencia alguna entre una persona educada, con estudios y una no educada, sin estudios cuando ambas recorren el camino de la sanación, la iluminación y la perfección de la glorificación o zéosis para convertirse en apóstoles y profetas (teólogos). La gnosis (conocimiento) más alta sobre la realidad creada no da ningún derecho especial sobre la gnosis de lo increado. De igual forma, la ignorancia sobre la realidad creada no constituye un inconveniente, defecto o una desventaja, para uno alcanzar la gnosis de la sublime gnosis increada de lo increado.

10) Profetas y Franco-Latinos Papas

De los cinco Patriarcados Romanos, el de la Antigua Roma, la Nueva Roma (Konstantinópolis), Alejandría, Antioquía y Jerusalén, los francos ocuparon por la fuerza militar el de la Antigua Roma, sustituyendo a los Papas Romanos por los germanos, teutones, durante un conflicto que empezó en el 983 y terminó el 1046. De este modo, extendieron su control sobre la sucesión apostólica hasta el mismo Trono Papal como parte de sus planes de dominio mundial. Modificaron y separaron a los Padres Romanos en Padres Griegos y Padres Latinos, y añadieron los francos entre los llamados inexistentes Padres Latinos y así tramaron y forjaron el mito de que los francos y los Padres latinófonos de habla latina constituyen una única Cristiandad Latina. Para el Islam, el Papa sigue siendo hoy día latino y franco, mientras que nuestros Patriarcas son de la Nueva Roma (Konstantinopla), Alejandría, Antioquia y Jerusalén son considerados romanos.

La ignorancia sobre quiénes son los profetas y por qué ocupan el segundo lugar después de los apóstoles creó un vacío que fue llenado con la infalibilidad franco-latina del Papa.

11) Profetas y Padres

San Gregorio de Nisa informa a sus lectores de que las herejías aparecen en aquellas Iglesias donde no hay profetas. La causa es que los líderes intentan comulgar o conectar con Dios a través de la meditación lógica o intelectual y de la fantasía o imaginación abstracta, en lugar de hacerlo mediante la iluminación y la glorificación o zéosis. Confundir y mezclar los pensamientos sobre Dios con Dios mismo, es desde la perspectiva religiosa idolatría y analfabetismo e idiotez desde el punto de vista del método científico.

Sobre apóstoles y profetas habla Pablo cuando escribe: “el hombre espiritual (guía o yérontas) lo interroga y examina todo, en cambio él por nadie es juzgado” (1 Cor. 2:15). Esto se debe a que ellos han alcanzado θεοπτία (zeoptía: visión de Dios, expectación, contemplación de la divina luz increada) en Cristo, es decir, la zéosis, son testigos presenciales de que los poderosos, los gobernantes de este siglo habían crucificado “al Señor de la doxa=gloria” (1Cor. 2:8). A este Señor de la doxa-gloria increada, el Ángel de la Gran Voluntad, el Ser (Existencia), Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Pantocrátor o Todopoderoso, la Sofía-Sabiduría de Dios, la Roca que los seguía (1 Cor 10:4), lo vieron todos los profetas del Antiguo Testamento. Entre ellos, Juan el Bautista en θεοπτία (zeoptía: diosvisión expectación, contemplación de la divina luz increada), vio en cuerpo-carne al Señor de la gloria-doxa increada. Ciertamente, los judíos creyendo en Él típicamente “porque si lo hubieran conocido, nunca habrían crucificado al Señor de la doxa-gloria increada” (1Cor 2: 6-8). De todos modos, a los glorificados o divinizados Pablo aplica esto: “Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman, pero estas cosas las ha apocaliptado-revelado a nosotros por la iluminación de Su espíritu” (1Cor. 2:9-10); confirmando que “crucificaron al Kirios-Señor de la doxa-gloria increada” (1Cor 2:8). Estos testigos presenciales, los glorificados (divinizados) e iluminados y sus discípulos son las únicas autenticidades de la Iglesia Ortodoxa. Ellos han formulado los términos de la fe que conduce a la psicoterapia, terapia del “hombre interior” y se usan como señales de peligro, para que los fieles eviten y rechacen a los matasanos-curanderos o charlatanes que ofrecen mucho, pero no tienen nada que ofrecer en la preparación hacia la experiencia de la gloria-doxa increada en Cristo, la que todos verán, sea como paraíso o como infierno.

12) El Kirios-Señor de la Gloria y los Sínodos Ecuménicos.

Para Cristo y los Apóstoles la Santa Escritura es el Antiguo Testamento al cual se añadió el Nuevo Testamento. Los Evangelios de Mateo, Marcos y Lucas se compusieron como guías conductores de la catarsis (sanación y psicoterapia) del hombre interior, es decir, de su espíritu (νούς nus) en el corazón y los primeros estadios de la iluminación antes del bautismo por agua. En ellos, Cristo se apocalipta-revela como el Kirios-Señor de la doxa (gloria, luz increada) encarnado en Su bautismo y en Su metamorfosis (transformación), cuando se manifiesta como la fuente natural de la doxa-gloria increada, de la realeza increada y de la deidad o divinidad increada del Padre. El evangelio de Juan fue redactado para los ya bautizados por agua como guía hacia el bautismo del Espíritu, es decir, la iluminación y el progreso del corazón (especialmente en Jn 13:31-17), para que, a través de la αγάπη (agapi: amor incondicional y desinteresado), alcancen la zéosis divinización, glorificación (Jn 17), mediante la cual contemplan al Señor de la Doxa-Gloria (increada) encarnado siendo glorificado en el Padre y el Padre en Él, por el misterio de la cruz (Jn 13:31; 18-21). Por esta razón el evangelio de Juan se llama el “evangelio espiritual o de la luz”. . Σ. Ρωμανίδου, Justin Martyr and the Fourth Gospel, The Greek Orthodox Theological Review, IV, 2 (1958-59), 115-139.)

Aquellos iniciados en el Cuerpo de Cristo por los apóstoles, profetas y padres nunca aprendieron sobre la encarnación, el bautismo, la metamorfosis, la crucifixión, el entierro, la ascensión, o las lenguas como de fuego en Pentecostés, cuando la Iglesia se convirtió en el Cuerpo de Cristo, por medio del simple estudio de las Escrituras.

Las estudiaban como una parte inseparable de la iniciación en la catarsis y la iluminación del corazón, y la preparación para la glorificación o zéosis por parte del Señor de la gloria increada del Antiguo Testamento nacido en cuerpo (carne) de la Θεοτόκος (Zeotokos: la que da a luz a Dios, Madre de Dios).

Dentro de los marcos de esta glorificación de los apóstoles y profetas, la antigua Iglesia identificó a Cristo con el Ángel de la Gran Voluntad y la Sofía-Sabiduría de Dios, por medio de quien Dios creó el mundo, glorificó a Sus amigos los profetas y a través de ellos, guió a Su pueblo elegido hacia la encarnación de este mismo Señor de la doxa-gloria increada por la Zeotocos, para abolir el poder de la Muerte sobre los miembros de la Iglesia del Antiguo Testamento (Mt 16:18). A pesar de que fueron glorificados, “Abraham y los profetas murieron” (Jn 8:53). «Amín, amín, en verdad, de verdad os digo que el que guarda, aplica y cumple los logos de mi enseñanza en su vida, jamás verá la muerte, es decir, la muerte espiritual que es su separación de Dios, y el infierno eterno.» (Jn 8:53). Por ello existe la primera resurrección de la psique-alma (Ap 20:5) y la segunda resurrección del cuerpo (Ap 20:6), así como también existe la primera muerte de la psique-alma (1Tim 5:6; Ap 20:14) y la segunda Muerte del cuerpo (Ap 20:14).

Incluso los herejes arrianos y eunomianos, juzgados por los Concilios Ecuménicos, aceptaban esta identificación de Cristo con el Señor de la Gloria y el Ángel de la Gran Voluntad del Antiguo Testamento como parte esencial de la tradición apostólica. Sin embargo, debido a principios filosóficos comunes heredados tanto por ellos como por los nestorianos de Pablo de Samosata, como he descrito en otro libro,[8] los arrianos sostenían que el Ángel y Señor de la doxa-gloria es la primera creación de la voluntad de Dios desde la nada, antes del tiempo y de los siglos, y que, por tanto, no es coeterno, ni perpetuo, ni consustancial con Dios.           ([ 8 ] Debate over Theodore of Mopsuestias Christology, εν The Greek Orthodox Theological Review, τόμ. VΙΙ, αρ. 2 1959-60), pag 140-185.)

Entre otros argumentos, los arrianos y eunomianos utilizaron la afirmación de que el Ángel de la Gloria se hizo visible a los profetas para demostrar que es creado. Su enseñanza era similar a la de los gnósticos, quienes identificaban a este Ángel del Antiguo Testamento con un dios inferior visible, o incluso con satanás, quien supuestamente, por ignorancia del dios bueno, creó este mundo material considerado maligno y engañó a los profetas hebreos a través de la visión corporal.

Los arrianos y eunomianos o ignoraban o rechazaban la apocálipsis-revelación de que los se encontraban en θεοπτία (zeoptía: contemplación, expectación, visión divina) convertidos por la χάρις (jaris: gracia, energía increada) en dioses, y que únicamente a través de Dios contemplan, en el Señor de la Gloria antes y después de Su encarnación, el reinado de la realeza increada y la deidad o divinidad de Dios. Atacaban el dogma fundamental de la tradición de los profetas, según el cual Dios se apocalipta-revela a Sus amigos solo a través del Ángel increado de la Gran Voluntad y de Su naturaleza humana tras haberse hecho cuerpo-carne. La jaris y la realeza de la iluminación y de la doxa-gloria son por la que comulga y se une el Logos de Dios mediante Su naturaleza humana a los miembros de Su cuerpo, son increadas. La enseñanza de los franco-latinos, según la cual la jaris-gracia con la que participa la naturaleza humana de Cristo es creada, no tiene ningún lugar ni nada que ver en y con la tradición de los Sínodos Ecuménicos.

La razón y causa por la cual las teofanías del Logos en el Antiguo Testamento están ausentes en los ensayos de historia de los dogmas y en las obras dogmáticas de los latinos y protestantes, así como en las de los ortodoxos desde la época de Pedro el Grande y del neohelenismo, (después del 1821, liberación del imperio turco-otomano), es el hecho de que Agustín rechazó esta tradición apostólica y patrística. La interpretación errónea de Agustín sobre las teofanías se convirtió en la única tradición de los francos, ya que esencialmente solo lo conocían a él hasta el siglo XI. Los borradores especiales que mencionan esta antigua tradición afirman que fue abandonada por considerarse una postura que favorecía a los arrianos.

Sin embargo, esta tradición continúa siendo la esencia de la tradición ortodoxa, la cual riega la vida mistiríaca (sacramental), litúrgica e iconográfica de la Iglesia Ortodoxa. Es más, constituye el marco necesario dentro del cual los Padres emplearon los términos tres hipostasis (bases subsistenciales o substanciales), tres personas, una usía-esencia y lo consubstancial del Logos, del Padre y del Espíritu Santo. Sin embargo, tales conceptos resultan absurdos no solo en el marco de la teología agustiniana de los franco-latinos, sino también en la teología franco-latinizada de los «ortodoxos», quienes, por costumbre, toman prestado de los ensayos de heterodoxos al escribir sobre temas dogmáticos, historia de los dogmas y Sagradas Escrituras.

[9Sus puntos de vista sobre las teofanías, en combinación con su concepción de la ευδαιμονία (efdemonía: bienestar, eudemonismo) se desarrollan principalmente en su obra “De Trinitate”, libros ΙΙ y ΙΙΙ. Sus opiniones y énfasis sobre la efdemonía inundan sus obras y no cambian en absoluto desde su primera obra sobre el tema, Beata Vita, escrita antes de su bautismo.]

Agustín creyó que solamente los Arrianos identificaban al Logos con el Ángel de la gloria para demostrar que es creado, ya que supuestamente es visible a los ojos de los profetas. A pesar de que Agustín insiste que Ambrosio de Milán cambió su anterior posición maniquea sobre el Antiguo Testamento, ignora totalmente los argumentos contra los arrianos con los cuales el que le bautizó demuestra lo increado del Ángel de la Gran Voluntad, del Logos, de la Sofía-Sabiduría de Dios y su consustancialidad con el Padre.

Como Agustín había confundido la iluminación y la θέωσις zéosis con la iluminación y el éxtasis neoplatónica, estaba de acuerdo con dichos filósofos y herejes en que no participa el cuerpo en la θεωρία (zeoría: contemplación) de Dios. Identificó la glorificación o zéosis con la satisfacción de la sed por la efdemonía (dicha y bienestar) y con la Vida después de la Muerte. Por eso él ni en el Antiguo ni en el Nuevo Testamento comprendió la zéosis o glorificación en el Kirios-Señor de la doxa-gloria. Es decir, que esencialmente no difería de los arrianos. Resolvió el problema que pusieron los Arrianos sobre Teofanías (manifestaciones, visiones de Dios) antes y después de la encarnación con la nueva forma original, de que los profetas veían y escuchaban a Dios mediante creaciones creadas hechas de la nada (o de cero) y que volvían a la nada por voluntad de Dios, como por ejemplo la zarza ardiente que no se consumía, la columna de fuego y nube, la gloria y la nube, e incluso el Ángel de la gloria. Dios se hace permanentemente visible mediante la encarnación del Logos, mediante el cual transmite sus, logos, conceptos, dichos y significados. Pero sigue utilizando los mensajes y visiones creados de la nada y que regresan a la nada, como son las lenguas de fuego en Pentecostés, la nube de la Ascensión, la Realeza, la gloria, la nube, la luz y la voz del cielo en la Metamorfosis, la voz del cielo y la forma de paloma durante el bautismo de Cristo, y el fuego del infierno, etc. Esta es la doctrina de Barlaam condenada en el Sínodo de 1341. Los padres de este Sínodo no se percataron ni de la fuente de dicha herejía ni del hecho de que era la única tradición de los franco-latinos. El resultado de todo lo anterior fue que los símbolos verbales (lécticos o dicciones), con los que el Antiguo y el Nuevo Testamento expresaban las experiencias de la iluminación y de la zéosis se rebajaron en creaciones hechas, creadas y desaparecidas (deshechas, des-creadas), y en increíbles milagros. Curioso resultado de las anteriores interpretaciones malas y tergiversadas es que no sólo el nombre “reino” domina en todas las traducciones del Nuevo Testamento a pesar que ni una vez se encuentra en el original. Pero curiosamente predominó en los textos Bíblicos y litúrgicos de los emigrantes Ortodoxos en Europa, América, Australia y Asia. La βασιλεία (vasilía: realeza divina o la realeza increada) de Dios es la energía y doxa-gloria increada mediante la cual Dios reina sobre el mundo y en la cual participan los miembros de la Iglesia que son psicoterapiados y sanados, han hecho la catarsis y son iluminados y glorificados o divinizados, es decir, los que lograron la zéosis. (Por el traductor xX,jJ: Por experiencia propia se me apocaliptó-reveló de lo alto que debo poner βασιλεία vasilía: realeza divina o la realeza increada o reinado de la realeza increada en mis traducciones, ya que la palabra reino introduce la fantasía de reinos creados, como los que pintan los testigos de jehová)

 

13) “…no apaguéis el espíritu” (1Tes. 5:19)

La oración del Espíritu Santo en el corazón con “suspiros o gemidos inenarrables, inexpresables” (Rom. 8:26) no es en sí misma participación en el cuerpo de Cristo. Uno debe corresponder a esta oración del Espíritu Santo con su propia oración incesante de su espíritu nus en el corazón. Así, “El mismo Espíritu Santo da testimonio y confirma juntamente con nuestro espíritu de que somos hijos de Dios. Y si somos hijos, somos también herederos; herederos de Dios que es nuestro Padre, coherederos de Cristo, que es nuestro hermano primogénito; estos derechos los adquirimos por supuesto si padecemos con Cristo, para ser también glorificados junto con él” (Rom 8:16-17). A pesar de que esta respuesta es nuestra, también es regalo de Dios. Esto precisamente es lo que presupone el apóstol Pablo cuando ordena: “Orad sin cesar… no apaguéis el espíritu, no despreciéis las profecías” (1Tes 5. 17,19,20). Pablo aquí nos dice que nos cuidemos en permanecer como templos del Espíritu Santo, manteniendo la oración incesante del espíritu nus en el corazón, para alcanzar la condición de convertirnos y hacernos profetas a través de la zéosis (por la energía increada de la Jaris).

El bautismo en agua “para el perdón, absolución de los pecados” es misterio imborrable, porque el perdón de Dios para nuestra enfermedad es un fundamento que está dado para el inicio de nuestra psico-terapia. Sin embargo, el bautismo del Espíritu no es imborrable. Por ello, existe la función especial (rito o celebración) de la μετάνοια metania y la re-crismación de los metanoizados (arrepentidos y convertidos) para quienes han renegado previamente de su fe. El misterio (sacramento) de la confesión tiene claramente su raíz en la guía espiritual de los laicos para llevarlos desde la catarsis del corazón hasta iluminación. Ya sea que uno responda o no, el Espíritu Santo “coexiste e intercede” en el corazón de cada hombre. En otras palabras, la agapi-amor increada de Dios llama por igual a cada uno, pero no todos responden.

Aquellos que no responden no deberían imaginarse a sí mismos como templos del Espíritu Santo y miembros del cuerpo de Cristo, y así convertirse en un obstáculo para los demás en esta respuesta. Los que están en estado de iluminación oran junto con la comunidad en las liturgias como templos del Espíritu Santo y miembros del cuerpo de Cristo por aquellos que no son miembros, para que lleguen a serlo o vuelvan a serlo, dado que el bautismo en agua para el perdón de los pecados no les garantiza esto. Por eso San Juan Crisóstomo advierte: “No confiemos, pues, en que una vez hemos llegado a ser del cuerpo”. (P.G 50:23. Ver “Pecado ancestral” por Romanidis 1989 pág 173.)

 

14) El carisma de la interpretación

En algún momento de la historia de la Iglesia post-apostólica, el carisma de la transmisión simultánea de oraciones y salmos desde el corazón a la diania (mente, intelecto), por la recitación en voz alta en beneficio de los fieles fue reemplazado por textos escritos y leídos, con puntos específicos en los que los laicos respondían con «Amén», “Κύριε ελέησον Kirie eléison”, etc. También la oración del corazón se redujo a una frase breve (por ejemplo: Jesús Cristo Señor eleisón me, compadécete de mí que soy pecador) o a un versículo de los Salmos (una tradición de Egipto que San Juan Casiano llevó a Occidente). Por lo demás, los otros carismas mencionados en la 1 Cor12:28 permanecieron los mismos.

 

El historiador romano de los francos Gregorio, obispo de Tours, describe también los fenómenos de la iluminación y la glorificación o zéosis. Pero al no comprender ni conocer lo que son, los describe como milagros y de manera confusa11. Los francos continuaron esta confusión y, finalmente identificaron la iluminación y la glorificación con misticismo neoplatónico de Agustín, el cual fue justamente rechazado por ciertos protestantes, ya que para los Padres representa un fenómeno demoníaco. ([ 11 ] John S. Romanides, Franks, Romans, Feudalism and Doctrine, Holy Cross Orthodox Press, Brookline 1981, p.p.53-57.)

 

15) Que cada uno se examine a sí mismo

“Por tanto, examine cada uno con mucho cuidado su propia conciencia, y entonces coma del pan consagrado y beba del cáliz consagrado. Porque el que come y bebe indignamente sin discernir que no se trata de comidas comunes del cuerpo, come y bebe su propia condenación y maldición. Porque no hace discernimiento espiritual entre el cuerpo y la sangre del Señor y las comidas comunes del cuerpo. Por eso muchos de vosotros que indignamente comulgáis de los divinos regalos, estáis enfermos y débiles, y otros han muerto” (1Cor 11:27-30). En otras palabras, cada uno debe examinarse a sí mismo para ver si está en estado de iluminación y, por lo tanto, es miembro del cuerpo de Cristo y templo del Espíritu Santo, teniendo al menos los «géneros de lenguas», es decir, la oración noerá o del corazón. De lo contrario, come el pan y bebe la copa del Señor indignamente (1 Cor. 11:27). En tal caso, se encuentra entre los “enfermos” o los “dormidos o muertos espiritualmente” (1Cor. 11:30), es decir, no es partícipe de la primera resurrección del hombre interior. Quien se encuentra en este estado participa en la Divina Efjaristía no merecidamente, sino indignamente. Uno no debe utilizar la cena de la agapi-amor (que en aquel entonces acompañaba cada reunión efjarística) como una oportunidad para comer y beber. Esto lo hace uno en su casa (1Cor 11:21-22,34). Si tuviésemos discernimiento (es decir, mediante la oración noerá o de corazón) y nos juzgásemos a nosotros mismos, no nos castigaríamos, pero juzgados por el Señor nos instruimos, para que no seamos juzgados y condenados por el mundo” (1Cor 11:31-32). En el estado de iluminación y de zéosis o glorificación los valorados iluminados y glorificados, son instruidos dentro de sus espíritus nus por el mismo Cristo. Esta terapia a continuación la describe el Apóstolos Pablo en la 1 Cor. 12-15:11, tal como hemos visto. (John S. Romanides, Franks, Romans, Feudalism and Doctrine, Holy Cross Orthodox Press, Brookline 1981, p.p.53-57.)

 

16) La formulación de los dogmas

La única finalidad de la formulación de los dogmas por los Sínodos Ecuménicos y Locales era y sigue siendo la protección de los creyentes dentro de este tratamiento terapéutico “psicoterapéutico” de catarsis e iluminación del corazón y a continuación la zéosis glorificación, divinización, así como su protección contra charlatanes (curanderos o matasanos) no ortodoxos y médicos ortodoxos solo en apariencia. Esto se debe a que “… todos han pecado y están privados de la doxa-gloria increada de Dios…” (Rom. 3:23). Las formulaciones de los dogmas no tienen ninguna relación con la meditación teológica o filosófica e intelectual sobre los misterios de la Santa Trinidad, la encarnación del Logos de Dios y la zéosis glorificación. La enfermedad del hombre consiste en el oscurecimiento del espíritu nus (como energía) en el corazón (como esencia) que empieza a sanarse mediante la incesante oración y no con meditaciones o conceptos intelectuales teológico-filosóficos. Esto se debe a que no hay semejanza alguna entre el Dios increado y Sus creaciones, y “a Dios expresarlo es difícil y concebirlo o conceptuarlo más aún” (san Gregorio el Teólogo).

Por eso las meditaciones o especulaciones intelectuales sobre Dios y la encarnación de Agustín y de los franco-latinos y protestantes seguidores suyos, así como las especulaciones de ciertos «teólogos» ortodoxos solo en apariencia, basadas en la analogia entis y la analogia fidei, son completamente ajenas a la tradición bíblica y patrística. Hoy en día, incluso, se consideran como características de ciertos fanáticos religiosos con retraso mental.

El único propósito y finalidad de los dogmas ortodoxos es la protección del camino de la terapia y sanación o “psicoterapia” en Cristo mediante la catarsis, la iluminación del corazón y la zéosis glorificación, divinización de los fieles, (por la increada energía Χάρις Jaris: Gracia, energía increada).

 

III PROCEDENCIA DE LOS SÍNODOS

El sistema sinódico provino de:

1) El grupo de profetas en cada Iglesia, y

2) Los apóstoles como vigilantes, supervisores de las Iglesias que ellos fundaban.

Los obispos y los presbíteros de las iglesias apostólicas provenían de los profetas y los maestros (los didáscalos). La supervisión general por los Apóstoles sobre el conjunto de iglesias locales continuó, después de su muerte, a través de la supervisión colectiva ejercida por los obispos iluminados y glorificados o divinizados de las parroquias, reunidos en sínodos (concilios). Precisamente bajo esta cualidad los obispos sinódicos son, literalmente dicho, los sucesores de los apóstoles.

En algún momento, las iglesias como aquella de Laodicea (Ap 3:14-22), crecieron hasta tal punto, de manera que se aceptaron como semi-fisiológicas o semifiables mientras permanecieran bajo supervisión. Parece que, debido a una circunstancia como esta, comenzaron a aparecer Iglesias dirigidas por presbíteros en lugar de obispos, porque no había suficientes glorificados o divinizados para el rango de obispo.

El requisito de que los obispos sean elegidos entre los glorificados o divinizados permaneció como una condición fundamental de la tradición ortodoxa, especialmente defendida por San Dionisio Areopagita, hasta el siglo XIX. Con el paso del tiempo los glorificados o divinizados desconectaron del clero parroquial y empezaron a aparecer en el epicentro de los anacoretas y los monjes, quienes a continuación son el vivero para la preparación de candidatos a jerarcas y, sobre todo, presidentes de los sínodos. La principal responsabilidad de los sínodos episcopales era la promoción de la terapia “psicoterapia” de la catarsis, la iluminación del corazón y la zéosis glorificación, divinización así como el pleno apoyo a todos los programas de aplicación de los resultados de dicha terapia “psicoterapia” en la elevación de toda la sociedad. Todo esto presuponía la ordenación de auténticos médicos y la suspensión y rechazo de charlatanes (curanderos o matasanos), los cuales a causa de sus abstractas meditaciones intelectuales alejaban de la psicoterapia, terapia y perfeccionamiento o llegaban hasta la pre-terapia y se hundían a continuación en el punto muerto o pantano del moralismo, de la eticología.

Precisamente debido a la identidad entre la psico-terapia y el perfeccionamiento en todos los iluminados y glorificados o divinizados, los ortodoxos nunca entendieron la autoridad dogmática como algo impuesto desde arriba, sino como algo presente en los iluminados y glorificados o divinizados interiormente, desde dentro. Y dado que esta experiencia común confirma la realidad de que «es imposible expresar a Dios, aún más imposible concebirlo», (san Gregorio el Teólogo), los glorificados no podían estar en desacuerdo entre sí en el uso de diferentes términos, siempre que estos condujeran a la iluminación y la glorificación. El cisma entre ortodoxos y ortodoxos orientales es un ejemplo de aceptación de diferentes formas y modos de formulación por un lado y la imposición de una única forma y modo de formulación por el otro.

 

  1. Sínodos y cultura o civilización Ortodoxa

La fuerza de la iluminación y la zéosis no sólo persistió y aguantó las persecuciones, sino que conquistó el Imperio Romano y se convirtió en el corazón de la Cultura o Civilización Helénica. Historiadores que no están familiarizados con esta realidad, no pueden de manera alguna concebir y comprender esta realidad de la magnitud de la metamorfosis, transformación que sufrió el estado Romano debido a la “psicoterapia” terapia de la iluminación y la zéosis (glorificación, divinización). El criterio por el cual el Imperio Romano incorporó la Ortodoxa fe y praxis o práctica, así como su sistema sinódico, en su legislación y administración no difería mucho del apoyo legal actual a la medicina auténtica y la protección de los ciudadanos contra los charlatanes, matasanos o curanderos. Religiones y dogmas que alejaban de la iluminación y la zéosis no solo eran considerados peligrosos para la sanación y salvación, sino también obstáculos para la formación de ciudadanos capaces de contribuir a la psicoterapia, sanación y transformación de la sociedad.

La contribución de los iluminados y de los glorificados (divinizados) en la Cultura o Civilización Elénica, tanto en la parte oriental como en la parte occidental del Imperio Romano, fue mucho mayor de lo que los historiadores ajenos y no conocedores de la Ortodoxia pueden pensar e imaginar, aunque muchas de las expectativas imperiales resultaron utópicas y absurdas.

La afirmación persistente de que el Imperio Romano y su cultura helénica fueron reemplazados por un supuesto «Imperio Bizantino» y una «cultura bizantina» es claramente una caricatura. La iluminación y la zéosis glorificación se habían convertido en el corazón y el núcleo tanto de la parte Oriental como de la parte Occidental del Imperio Romano. Esta tradición de terapia y perfeccionamiento, “psicoterapia”, no interesaba a los conquistadores Teutones o Germanos de los romanos occidentales. En cambio, los romanos orientales mantuvieron y continuaron esta tradición, la cual no es “bizantina” sino Apostólica.

 

2) La cultura o civilización Franco-Latina.

Los reyes merovingios de los francos usurparon primero el derecho de veto en las elecciones episcopales. Después se apropiaron y usurparon el derecho de designación de los obispos y, posteriormente, descubrieron el beneficio económico de vender los cargos episcopales al mejor postor por subasta (feudalismo). En este punto los obispos Romanos de la Franguía o Galia perdieron su contacto con la iluminación y la zéosis glorificación, divinización que sin embargo sobrevivieron entre el monaquismo, el clero y el pueblo, tal como se ve claramente en las vidas de los santos. Posteriormente, el número de obispos francos aumentó hasta que los francos carolingios expulsaron a los obispos romanos ortodoxos que aún quedaban e impusieron a sí mismos como obispos en la Iglesia, con un cuidado especial en la vigilancia de los romanos, quienes habían sido reducidos a diversas formas de servidumbre feudal (vasallos, sirvientes, villanos). Así los reinos monárquicos franco-latinos y las noblezas convirtieron la herencia o sucesión apostólica en propiedad de su propia raza. La desobediencia de los esclavos, vasallos y sirvientes a esta “sucesión apostólica” era corregida por el ejército episcopal, de los obispos.

Ni una de las iniciativas dogmáticas de los francos en los siglos VIII y IX fue el resultado de la búsqueda de informaciones e interpretaciones por parte de los romanos, cuyas formulaciones dogmáticas los francos distorsionaron. Los francos no estaban en situación de entablar diálogo, por la sencilla razón de que eran bárbaros ignorantes e incultos, con una increíble confianza en sí mismos (auto-convicción) de que eran la raza elegida de Dios y que Agustín como la máxima autoridad es su mejor conductor en todos los asuntos esenciales de la fe. Desgraciadamente el obispo de Hipona no había comprendido la iluminación y zéosis glorificación bíblicas.

Algunos siglos más tarde, los francos empezaron a informarse sobre los Padres y los Sínodos Ecuménicos romanos. Pero simplemente los subordinaron también a su propia tradición y destacaron a Agustín como la llave por excelencia de sus interpretaciones. De este modo, los francos nunca vieron, y los latinos u occidentales aún no ven, la catarsis, la iluminación del corazón y la zéosis glorificación, divinización, ni en el Antiguo ni en el Nuevo Testamento, ni tampoco en los Padres. Nunca vieron, ni todavía ven la necesidad de la terapia de la enfermedad de la religión que busca la efdemonía (bienestar y felicidad) y la transformación, metamorfosis de la agapi-amor egoísta e interesada en agapi-amor desinteresada, altruista y no egocéntrica, la “cual no busca lo suyo”. Continúan creyendo que la visión de Dios es el paraíso y la efdemonía (felicidad y bienestar), y que la falta de la visión, expectación de Dios es el infierno. Es decir, suspenden el cimiento de la enseñanza de la Santa Escritura y de los Padres, según la cual todos los hombres verán la doxa-gloria increada de Dios en Cristo, pero no todos participarán en ella.

 

3) La cultura Occidental

Algunas fracciones de la Reforma vinieron en clara ruptura con el cristianismo franco-latino de otras fracciones y volvieron, hasta cierto punto, en la iluminación por la fe entendida como un carisma del Espíritu Santo en el corazón. El reciente acuerdo entre Luteranos y Ortodoxos sobre el Canon de la Santa Escritura y la Θεοπνευστία (Zeopnefstía, inspiración divina) incluye la aceptación conjunta de la verdad de que la justificación, es decir, la iluminación, se completa en esta vida con la o zéosis glorificación, divinización. Esto debería considerarse un paso significativo en la dirección correcta, no solo para la unión de las Iglesias, sino también para la elevación de la civilización occidental, que aún está en evolución.

 

 

CONCLUSIONES

 

La cultura o civilización franco-latina y el islam, están predominadas por la enfermedad de la religión que es la búsqueda de ευδαιμονία (efdemonía) bienestar o felicidad interesada y egocéntrica. Esta enfermedad, precisamente, se encuentra en los cimientos y raíces de todas las enfermedades personales y sociales. Permaneciendo siempre sin control, conduce automáticamente en conflictos de intereses en todos los niveles de la sociedad y en la explotación interesada y egoísta de los hombres y del medio ambiente por parte de sus semejantes. La tecnología contemporánea y la ciencia modernas se sometieron y están esclavizadas al servicio de esta enfermedad, la cual corroe las estructuras sociales y empuja a la explotación de los recursos naturales más allá de los límites sostenibles.

La humanidad ha logrado sobrevivir a innumerables catástrofes en el pasado causadas por esta enfermedad. Sin embargo, nuestra generación tiene el “honor” de vivir en la fase de la historia humana, en la cual, por primera vez, testifica la “capacidad” de la humanidad para autodestruirse completamente, sea por un acontecimiento nuclear o por la contaminación y perturbación del desequilibrio ecológico. Quizás la amenaza más grande de nuestro planeta proviene de religiosos ensoñadores (fantasmones) de visiones, imaginaciones y fantasías apocalípticas.

La realidad del crudo egoísmo e interés propio, por la supervivencia del mundo y el bienestar de la sociedad, puede obligar finalmente a los responsables a encontrar una solución a la amenaza de la catástrofe nuclear y ecológica. La única solución parece ser una colectiva auto-imposición de una ascética εγκράτεια (engratia, contención, autodominio, auto-restricción y templanza).

El que, 1) el anhelo por la felicidad o bienestar es la “enfermedad” de la humanidad, promovida por casi todas las religiones, y 2) que su terapia es la catarsis, la iluminación del corazón y la zéosis (glorificación, divinización, por la jaris de la energía increada). Son dos verdades de la apocálipsis-revelación que el mundo haría bien en no ignorar.

Estas verdades resultan ser las llaves de la unión entre nosotros en la doxa-gloria increada de la Santa Trinidad por la cual ora el Cristo (Jn.17) para que el mundo crea y tenga fe.

 

EPÍLOGO

Sobre la percepción del hombre de la cultura o civilización Elénica no había manera y forma de expresar el movimiento circular del espíritu humano en oración dentro del corazón, tal como lo presentan el Antiguo y el Nuevo Testamento. Por esta razón, los Padres tomaron los términos «νούς-nus,» «λόγος-logos» y «διάνοια-diania» y asimilaron e identificaron el “nus” con el “espíritu” que ora en el corazón. Así tenemos el discernimiento entre a) “adoración lógica o culto lógico” (λογική λατρεία), que celebra el “sacerdocio real”, en el que el laós o los laicos participan con su “amén”, b) “adoración o culto noeró espiritual” (νοερά λατρεία), en el corazón de los iluminados y c) “el de zéosis (glorificación, divinización)”, donde los niños de la iluminación recién iluminados alcanzan la madurez espiritual y regresan al estado profético de la iluminación. En este contexto, San Juan el Damasceno se queja en su obra “Sobre metania y confesión”, afirmando que en su época había obispos que, en tiempos apostólicos, solo habrían pronunciado «Amén» en la Iglesia. (Hoy desgraciadamente creo que peor aún, ¿cuántos serían los que solamente tendrían que decir “amén” en la Iglesia?)

Es importante señalar que, durante toda la etapa de la iluminación del corazón, es decir, de la oración noerá o del corazón, el enkéfalos-cerebro (diania-mente, intelecto) sigue funcionando con normalidad y comunicándose con el entorno. Lo mismo ocurre en el estado interior del glorificado o divinizado por Cristo, cuando se acostumbra a ver todo en Su doxa-gloria increada y haciéndose de niño a hombre, madura espiritualmente y regresa a la oración noerá.

Con otras palabras, los hijos o seguidores del misticismo neoplatónico de Agustín y de los Francolatinos y algunos llamados “ortodoxos” que buscan el éxtasis de su nus y de la psique fuera de su cuerpo, buscando de visiones o avistamientos de inexistentes arquetipos inmateriales en el nus de Dios, están involucrados en una «invención demoníaca». Esta herejía de Barlaam fue condenada por el IX Concilio Ecuménico en 1341, sin que se comprendiera del todo que se trataba de la enseñanza de Agustín y de la tradición de los francos carolingios, iniciada a finales del siglo VIII. Anteriormente, los francos merovingios eran ortodoxos y habían rechazado la doctrina y enseñanza de Agustín sobre la χάρις (jaris: gracia, creada) y el pecado.

Hasta el siglo XII, los francos carolingios solo conocían completamente las obras de Agustín. En el siglo VIII adquirieron los escritos de san Dionisio el Areopagita que había traducido Juan Escoto Erígena. Él mismo había escrito muchas obras propias, dignas de estudio por los ortodoxos. Sin embargo, los francos terminaron subordinando el pensamiento del Areopagita al misticismo neoplatónico de Agustín.

En el siglo XII, obtuvieron una traducción latina de La exposición exacta de la Fe Ortodoxa de San Juan Damasceno, pero lo interpretaron también a través de Agustín y lo subyugaron a él. Mientras tanto, comenzaron a recopilar principalmente oraciones y sentencias (Sententiae) de otros Padres latinos, tomadas de colecciones canónicas y comentarios patrísticos de la Sagrada Escritura. Basándose en estas proposiciones y frases, comenzaron con Pedro Lombardo (fallecido en 1160) a escribir una teología especulativa (escolástica, meditativa e intelectual) e incluso sistemática. Es decir, aprendieron a hacer teología basándose en textos fuera de su contexto original.

San Gregorio Palamás resume la tradición patrística contra el misticismo así: “Hacer que el nus salga, no solo del pensamiento carnal, sino también del propio cuerpo, como si así pudiera encontrarse con visiones espirituales (avistamientos, expectaciones o espectáculos), es el colmo de la ilusión helénica, y la raíz y fuente de toda herejía y kakodoxía, y una excelente invención de los demonios, una enseñanza que engendra locura y produce idiotez, insensatez” (Logos en defensa de los Santos Hisijastas, I, β, 4).

Una parte integral e inseparable de dicha terapia es que el hombre perfeccionado se ha hecho conocedor también de los logos, significados, conceptos, palabras, pensamientos e invenciones del “satanás”, puesto que “ya no ignoramos sus invenciones, logos, conceptos, y propósitos” (2Cor 2:11).

El arma invencible contra el diablo es la psico-terapia y sanación del cortocircuito entre la noerá energía del corazón y la energía lógica o racional del cerebro. La terapia consiste en la limitación, restricción de todos λογισμοί (loyismí: pensamientos simples o mezclados con la fantasía, conceptos) tanto buenos como malos, al enkéfalos-cerebro, lo cual solo se logra cuando la energía noerá-espiritual del corazón regresa a su movimiento cíclico natural mediante la ininterrumpida oración del corazón o noerá-espiritual. Son ingenuos aquellos que sostienen que es posible desechar los malos pensamientos y conservar solo los buenos en el cerebro. Uno debe conocer exactamente los loyismí pensamientos y las invenciones del diablo para poder vencerlo. Esto se logra solamente mediante el movimiento cíclico del nus en el corazón.

San Gregorio Palamas resume la tradición patrística de la siguiente manera: «No les pasa desapercibido el hecho de que, así como la vista percibe todas las cosas visibles, pero no puede verse a sí misma, del mismo modo el νούς nus no funciona de esa manera; al contrario, actúa y examina todo lo que requiere una observación cuidadosa. Como dice el gran Dionisio, el movimiento del νούς nus con la mente es recto cuando examina las cosas externas, pero regresa y actúa sobre sí mismo cuando se contempla a sí mismo. Este retorno, según él, es un movimiento «circular». Esta energía y actividad del νούς nus con la mente es superior y única, porque a través de ella, cuando el νούς nus trasciende a sí mismo, entonces se une con Dios. «El del νούς nus con la mente», dice, «cuando no se dispersa hacia el exterior» -ves que sale- por lo tanto, cuando sale, necesita regresar, por eso dice: «regresa a sí mismo, y a través de sí mismo hacia Dios», ascendiendo así por un camino infalible. Porque este movimiento del νούς nus con la mente, según el mismo espectador infalible de las realidades espirituales, Dionisio, es imposible que conduzca a ningún error» ((Logos en defensa de los Santos Hisijastas, I, β, 5).

La increada y omnipresente doxa-gloria de Dios ya está dentro de cada criatura y, por lo tanto, en el corazón de cada ser humano, junto con Su energía creadora, cohesiva, providencial e incluso catártica sanadora. Buscar a Dios en algún más allá es un completo absurdo y una idiotez. En otras palabras, Dionisio no tiene ninguna relación ni con el Neoplatonismo ni con los Franco-Latinos, que imaginan que lo siguen.

La razón por la que no existe teología especulativa en la Iglesia Ortodoxa es el hecho de que la enfermedad de la religión es de naturaleza neurobiológica y su psicoterapia y tratamiento está dado. «Bienaventurados los sanados, puros y limpios del corazón, o los que han hecho la catarsis, la purgación, sanación y limpieza de su corazón de cada mancha del pecado, porque ellos contemplarán y verán la doxa-gloria luz increada de Dios».

ἰδοὺ γὰρ βασιλεία τοῦ Θεοῦ ἐντὸς ὑμῶν ἐστιν. He aquí en la realeza increada de Dios está dentro de vosotros” (Luc 17,21),

Buscad, pues, primeramente, la realeza increada y la justicia/virtud que Él quiere de vosotros, y todos estos bienes terrenales os serán añadidos junto con los incalculables bienes del reinado de la realeza increada de los cielos. Ματθ. 6,33 ζητεῖτε δὲ πρῶτον τὴν βασιλείαν τοῦ Θεοῦ καὶ τὴν δικαιοσύνην αὐτοῦ, καὶ ταῦτα πάντα προστεθήσεται ὑμῖν” (Mat 6,33).

Traducido por Jristos Jrisoulas Χρῆστος Χρυσούλας https://logosortodoxo.es/

 

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