NUS

Νος nus  o νοερά ενέργεια noerá energía (espiritual humana no divina) se usa por los Padres con varios significados. El verbo es: νοῶ (noó), quiere decir significar, entender y concebir, percibir con el nus. Nοερός, ά (noerós, a) = espiritual.

Dios es Nus, Logos, Pnevma, (Νοῦς, Λόγος, Πνεῦμα),  ”Nus, Logos, Espíritu”. San Gregorio Palamás el gran Didáscalos maestro del discernimiento entre energías y esencias creadas e increadas nos aclaró: “nuestro nus se compone de esencia y energía. La esencia del nus está co-tejida con el cuerpo y tiene como centro-vehículo el corazón. La energía del nus se encuentra mayoritariamente en el cerebro. Entonces el movimiento cíclico del nus no hace otra cosa que restablecer la energía del nus en su esencia (al corazón) y así unifica al nus con el hombre y le ayuda a establecer en el centro de su existencia a Cristo.  El nus constituye la dinamis potencia, fuerza y energía más alta del hombre. Básicamente es el órgano instrumento con el cual se energiza la parte lógica racional de la psique.

El nus es el «principal ojo de la psique» su parte más limpia y debe estar en guardia como «vigilante níptiko sobrio» en la puerta de la psique e impedir la entrada de malos loyismí. Pero su funcionamiento tiene una diferencia con el ojo del cuerpo que ve todos los objetos pero no puede verse a sí mismo, pero el nus funciona con tres movimientos, el directo, el cíclico y el espiral y puede regresar a si mismo y autovisionarse. Νo se debe confundir con la diania-mente, intelecto que tiene la posibilidad de formalizar nociones y conceptos abstractos y a continuación llegar en conclusiones mediante silogismos productivos. Nus saludable es el que está «nipticando y orando» y el enfermo se sana también por la nipsis (sobriedad) y la oración. El estado del nus «por naturaleza» como creado por Dios es su permanencia en el recuerdo de Dios, en oración (continua noerá) y veneración, expulsión de los loyismí del corazón regreso del nus al corazón (iluminación del nus). Esto es exactamente la práctica ascética ortodoxa, el regreso y permanencia del nus en el corazón, el cual, a causa de la caída del hombre se pierde en el entorno, se esclaviza en las creaciones y se convierte en idólatra, convirtiendo en Dios las creaciones, alabándolas en vez de agradecer, alabar y glorificar a su Creador, Dios. Mediante el nus (con la condición de que esté limpio, purificado) el hombre tiene la posibilidad de percibir a Dios o la esencia interior y los principios de las cosas creadas por la inmediata percepción espiritual de ellas. San Diadoco de Fotikí, Filocalía tomo 1º: el nus se encuentra en “las profundidades de la psique” y constituye la parte más interior del corazón que es su ojo e instrumento de concentración, cosecha y recogimiento. San Nikitas Stizatos (Filokalía 1C-55, pág.55): “Cuatro son las fuerzas de la psique: sentido común o coherencia, perspicacia o fineza del nus, percepción y destreza o habilidad…”

Texto desarrollado sobre el término aquí:

https://logosortodoxo.es/12-lexis-apocalipticas/

 https://logosortodoxo.es/%CE%BD%CE%BF%CF%85%CF%83-nus-y-%CE%BA%CE%B1%CF%81%CE%B4%CE%B9%CE%B1-corazon/

Traducción xX.jJ

Lectura del Evangelio – La mujer Cananea

Domingo 17º Mateo 15:21-27

21 Saliendo Jesús de allí, se fue a la región de Tiro y de Sidón. 22 Y he aquí una mujer cananea que había salido de aquella región clamaba, diciéndole: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí! Mi hija es gravemente atormentada por un demonio. 23 Pero Jesús no le respondió palabra. Entonces acercándose sus discípulos, le rogaron, diciendo: Despídela, porque viene gritando tras nosotros. 24 Él respondiendo, dijo: No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel. 25 Entonces ella vino y se postró ante él, diciendo: ¡Señor, ten misericordia de mi o socórreme! 26 Respondiendo él, dijo: No está bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos. 27 Y ella dijo: Sí, Señor; pero aun los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos. 28 Entonces respondiendo Jesús, dijo: Oh mujer, grande es tu fe; hágase contigo como quieres. Y su hija fue sanada desde aquella hora. 29 Pasó Jesús de allí y vino junto al mar de Galilea; y subiendo al monte, se sentó allí.  (Mateo 15:21-27)

1ªHomilía

« ¡Oh mujer, grande es tu fe! hágase contigo como quieres».

α. Una “inversión” de la tercera petición de la oración del Padre nuestro, describe hoy el acontecimiento del encuentro del Señor con la mujer Cananea. En vez que se haga la voluntad de Dios en la vida del hombre, que es lo que Él nos ha enseñado a pedir en nuestra oración: “hágase Tu voluntad”; se hace de Dios la voluntad del hombre: hágase contigo como quieres.  Y es también este acontecimiento que describe uno de los dos casos, durante los cuales el Señor alabó la fe de los hombres; y en los dos con personas fuera de Israel y con un problema que no era directamente propio-(El ecatóntarco Romano que rogaba para su sirviente, y la Cananea de hoy que le rogaba para su hija demonizada); y realizó lo que pedían: “¡Grande tu fe! Hágase contigo como tú quieres”. ¿Cómo se explica esto?

β. 1. En primer lugar hay que señalar que en este caso el Señor no invoca a Su Dios Padre para el cumplimiento de la petición del hombre, ni lo remite a otra parte. Él Mismo, con Su voluntad inicial como Dios que es, incauta el acontecimiento. Y es como si nos encontráramos al principio de la Creación del mundo, cuando como Hijo y Logos de Dios no encarnado y claro está, en común con las otras dos personas de la Santa Trinidad, daba semejante mandamiento: “hágase”. Y como entonces el resultado de Su logos fue la creación: “y se hizo…”, lo mismo también aquí Su logos, el “hágase…”, trae inmediatamente la sanación de la hija de la mujer: “Y se sanó la hija de ella desde esa hora”.

2. El cumplimiento de la voluntad de la mujer por el Señor – la “revocación” del “hágase Tu voluntad”- se ve como “derrota” del Señor. La mujer venció al Señor y tomó Su misericordia para ella y para su hija. Se trata de las “derrotas” de Dios de parte del hombre, las cuales son Su alegría y Su aspiración. Quizás no haya mayor deleite del Señor del que vea Sus creaturas “luchar” con Él para llegar hasta el punto que Le dobleguen. Y la razón de esto, es por supuesto, como todos entendemos, la agapi del Señor ante nosotros. Con Su primera resistencia a nuestras peticiones provoca la manifestación del verdadero contenido de nuestro corazón; es decir, si esto que pedimos es realmente lo que nos posea y preocupa, si verdaderamente consiste en nuestro dolor. Y cuando ve nuestra persistencia, cuando ve lo que pedimos “destroza” nuestro egoísmo y cuando ve que toda nuestra existencia la hemos hecho dependencia de Él, entonces sí, obedece en nosotros y modifica Su voluntad.

¿Así no ocurrió también en el caso de Job, -algo que ya se ha recalcado de los intérpretes de nuestra Iglesia- cuando se marchó de su casa, temiendo la ira de su hermano Esaú, a causa del robo de la primigenia? ¿En su camino hacia lo divino, mientras se estiró para dormir, no nos dice el Antiguo Testamento que toda la noche “luchó” con el ángel del Señor, el mismo Dios y al final Le venció? Y la “derrota” del Señor Le hizo dar a Job el nombre de “Israel”, el poderoso, este que venció también a Dios. Recordad que hay muchos casos de este tipo. ¿Lo mismo hizo cuando Jonás fue enviado a predicar la metania a los idólatras ninevitas? Había decidido  destruirlos a causa de sus pecados. Y a pesar de eso, con la metania que mostraron después del kerigma del profeta, el Señor se doblegó, cambió Su decisión y “fue vencido”.

En el caso de la Cananea las cosas se presentan muy claras: el Señor “simula”, hace el papel de un Judío nacionalista y se presenta duro, sin prestar la menor atención a la mujer. Y no sólo no la presta la mínima atención, sino que después la desprecia, calificándola como perro casero. Con el doble propósito: Por un lado, tal como se ve después, enseñar a Sus discípulos los cuales también eran nacionales, es decir, con el absolutismo de su propia nación y el desprecio de las demás naciones; y por otro lado, conducir la Cananea, mediante Su continua negación, en el punto que sea apocaliptada =revelada la gran fe de ella. Y el Señor, Quien es conocedor de todos los corazones, veía la elevación constante de la fe de la mujer, la persistencia y la humildad de ella y estalla con elogios hacia ella: “¡Mujer, es grande tu fe!”

3. ¿Qué elementos componen la gran fe de la mujer? ¿Qué nos revela todo este incidente?

(1) La mujer “salió de sus fronteras”. La Cananea es una pagana, sin embargo, una mujer con buena predisposición y apenas escucha al Señor se acerca a las fronteras de la región de ella, sale de ellas para encontrarse con Él. Hace lo mismo que hizo el mismo Señor, Quien “salió de las partes Tiro y Sidón”. De todos modos, el encuentro de Dios y del hombre presupone la salida también de los dos: el Dios se sale, “se vacía a Sí Mismo”; -el Señor sale fuera de las fronteras que estaban permitidas para un Judío, tal como salió de sus fronteras que “se permitían” de Dios, es decir, venir al mundo;- La mujer sale a encontrar un judío, a pesar de que ella era idólatra. Como en el caso de Zaqueo: Zaqueo también hizo algo que por su situación no estaba permitido, es decir, subir al árbol. Y esta fe de la mujer se completa con el clamor de ella para que fuera misericordiada del Señor: «Ελέησόν με Κύριε, υιέ Δαυίδ, ten compasión de mi Señor, hijo de David».

(2) La Cananea persiste. La fe de ella es decisiva: le quema el problema de su hijo. No sólo no se doblega del desprecio del Señor y sus palabras ofensivas, al contrario, se hace más “agresiva” mientras seguía al Señor y clamaba. A  continuación viene ante Él  con profundo respeto reverenciándoLe, insistiendo en su petición, la fe pues de ella crece con la persistencia.

(3) Hemos dicho, que el Señor la desprecia al principio;  – he venido sólo para “las ovejas perdidas de Israel”- y después la ofende: “no es bueno tomar el pan de los hijos y darlo a los perros”. Sin embargo la Cananea no solo no se ofende, sino que extiende más la ofensa: no el pan sino tomar por lo menos las migajas. La fe de ella adornada de persistencia, se convierte brillante con su humildad. Y esto era lo que quería el Señor. Para el Señor, el punto que el hombre tiene la gran fe, aquella que Le hace a Él mismo obedecer al hombre, es la gran humildad del hombre. Evidentemente constituye el campo para que pueda venir al hombre la jaris (gracia, energía increada) de Dios y el hombre funcione como el Dios. “A los humildes el Dios les proporciona la jaris (energía increada)”.

(4) Y un elemento más de esta fe de la mujer, que más bien hizo al Señor emocionarse especialmente, era que ella vivía el problema de su hijo como problema suyo personal. Ella “se aplastó” a sí misma, hizo de todo, porque tomó encima suya el dolor de su hijo. “Ten misericordia o caridad de mí, Señor” clama. No mi hijo, sino de mí. Lo mismo que hizo el Dios, tomó encima de Él nuestros pecados y los hizo Suyos, de la misma manera casi aquí: la mujer se siente responsable de la penuria de su hija. Y esto significa: que entonces el hombre muestra su gran y pragmática fe a Dios, por supuesto cuando persiste y se hace humilde, pero también cuando ama correctamente, tomando a los demás dentro de sí mismo. “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.

γ. La Cananea – Iusta, según algunos textos eclesiásticos- juzgó la fe de Israel con su gran fe, pero juzga también la nuestra de los cristianos. Porque nosotros muchas veces ante nuestros problemas, personales, familiares, aún sociales, nos desmayamos. Tenemos poca fe y nos metemos también con Dios, diciendo que no nos escucha y no nos ve. El miedo y la inseguridad a menudo nos invaden. Y esto exactamente muestra la falta de fe nuestra. Pero el Señor espera también de nosotros lo que esperaba de la Cananea: la activación de la gran fe, es decir, nuestra fe esencial con nuestra persistencia, nuestra humildad y nuestra agapi (amor desinteresado). Entonces nos da la jaris (gracia, energía increada) de estar convirtiéndonos también nosotros omnipotentes: lo que pidamos, se nos haga. Pero por regla general nosotros queremos lo grande: la jaris increada de Dios y Sus donaciones, con menos esfuerzo. Pero esto es hipocresía y egoísmo nuestro. Amín.

Protop. Georgios Dorbarakis Ακολουθείν

Fuente: ΑΚΟΛΟΥΘΕΙΝ

 

2ª Homilía

Domingo 17º Mateo 15:21-27  Abertura al mundo milagroso

22 Y he aquí una mujer cananea que había salido de aquella región clamaba, diciéndole: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí! Mi hija es gravemente atormentada por un demonio.

La mujer de Canaan, sirio-fenicia e idólatra que sentía el rechazo de sus prójimos y vivía al margen de la sociedad, se atrevió hacer la salida más heroica para encontrar su sanación y salvación. Vivía su propio drama y sintió la necesidad de pedir la misericordia de Dios para que se sane y salve su hija que se encontraba bajo los efectos y dominio de los demonios. “Salió de sus fronteras” para encontrar a Cristo. El movimiento más importante de su vida.

Realmente, de acuerdo con la lógica humana, aquella mujer podría acudir a  miles de sitios prometedores que posiblemente podrían salvar a su hija. No sería lógico conocer y sobre todo confiarse a Cristo. Sin embargo, ante su agapi manifestaría también la fe ejemplar. Aquí debemos conocer que no tiene sitio por si sola la psique lógica, la que no está iluminada de la jaris (gracia, energía increada) de Dios, sólo en callejones sin salida conduce. En el fondo de nuestra existencia, el sello de “imagen de Dios” es lo que nos empuja a unirnos, conectarnos con la Persona de Cristo Dios. Exactamente tal como sucedió también en el caso de aquella mujer desgraciada, que hoy trae ante nosotros la lectura evangélica. Precisamente impulsada de este divino sello, “salió de sus fronteras” para encontrar al Sanador y Salvador verdadero. Proyecta el gran ejemplo sobre en dónde deberá moverse el hombre, especialmente hoy, hacia dónde se precisa ir para cosechar la sanación y salvación que tan ansiosamente busca en su vida. Aquella también estaba probando dolor y desgracia. No era poca cosa que su única hija estaba sufriendo y castigada por la fuerzas de las tinieblas. Su corazón se rompía ante esta terrible prueba. Pero la agapi de Cristo la recolocaba a la esperanza de vida que era el mismo Cristo. Precisamente era la fuerza motriz para superar las fronteras del egoísmo y dominar la existencia de ella la humildad y no resultar a la desesperación y depresión. Es verdad, particularmente hoy con todo tipo de crisis y especialmente la económica, hunden la existencia humana en aquellos terribles problemas sin salida que vivimos diariamente, ¿cuánto el anclaje en la agapi de Cristo la recolocaría en una valoración correcta de las cosas y principalmente en las orientaciones estables de la vida? Entonces el pesimismo, la desesperación y la depresión se transformarían en fuerza y esperanza de sanación y salvación.

Pidió misericordia

La confesión de fe de aquella mujer pagana y especialmente la petición de misericordia de Cristo para la sanación de su hija, revelaba también la grandeza y la nobleza de la psique de ella. San Juan Crisóstomo es revelador acerca de la importancia del ejercicio en la vida humana, que es pedir la misericordia de Cristo: “No pidáis más del Señor sino sólo Su misericordia; y cuando la pidáis tened en vuestro corazón actitud y moral humildes.

La mujer Cananea se vació a sí misma y se confió con toda su fuerza a Cristo. Pero el hombre, tal como vemos también de su actitud de hoy en día, se confía exclusivamente en sus propias fuerzas. Fortifica en su interior de que no tiene necesidad de la oración ni de la imploración de la misericordia de Dios. Camina solo y desierto en la tragedia del velo de su auto-convicción.

La sanadora y salvífica fe.

Aún cuando los clamores y ruegos de la mujer, no se veía que encontraban su correspondencia, hecho que hizo molestar hasta sus discípulos, ella no renunció en ningún caso. La fe de Cananea era tan auténtica, que inicialmente no fueron capaces de poner ningún obstáculo para doblegarla, tal como se ve dentro de la narración evangélica. Por muy grandes obstáculos y dificultades pase esta fe, tanto más se fortalece, se fundamenta y se manifiesta como auténtica conexión, comunicación y comunión con Cristo Dios. Exactamente, la Cananea con su fe viva, se deja a sí misma entrar al espacio del mundo milagroso de Cristo Dios. El logos del Señor traspasa toda su existencia y se demuestra sanador y salvador, porque su hija demonizada se sana en aquel momento. Aquí cabe la referencia de san Máximo el Confesor cuando dice que el Dios ha puesto en el corazón del hombre el deseo para Él. Cuando esto sucede entonces se convierte en partícipe de la vida en la jaris (energía increada) de Dios y se enarmonía también según su voluntad. Así la existencia humana asciende al nivel de la comunión con el Dios y se hace digno del camino más bendito, sanador y salvífico. Este es exactamente el camino, queridos hermanos, que estamos llamados a seguir, nosotros también hoy. Abracemos e incorporemos, pues, la fe que mostró la Cananea y entonces cualquier cosa de pruebas y dificultades de la vida no fluirá en callejones sin salidas, decepciones, desesperaciones y depresiones sino en la grandeza de la conexión, comunión y unión con Cristo Dios. Amín..

Jristαkis Efstacíu – Iglesia de Chipre

Fuente: aktines 
Traducido por: xX.jJ

 

ΑΓΑΠΗ (AGAPI)

 

“Ὁ θεός ἀγάπη ἐστίν (O zeós agápi estín), Dios es agapi-amor (1ª Jn 4,8)”

La agapi es la energía increada superior de la Jaris. “Porque la agapi proviene de Dios” (1ªJn 4,7). Dicen los Santos Padres Ortodoxos: Nadie puede conocer la increada agapi como energía de Dios si no es a través de la energía increada (Jaris, Gracia) del Espíritu Santo. Éste es el propósito de la psicoterapia de la Iglesia Ortodoxa, el convertir mediante la continua metania y confesión, la φιλαυτία (filaftía, egolatría) que es el creado amor interesado egocéntrico y enfermizo a uno mismo, en la desinteresada divina e increada agapi de Dios. Ésta comprende tres estadios: catarsis, iluminación y zéosis o glorificación. Dios creó al cosmos (mundo y adorno, ornamento) de la nada y libremente sin ninguna necesidad, por agapi. No sólo creó al cosmos, mundo, sino que lo mantiene por Sus energías increadas. Para nosotros los Ortodoxos Dios es el gran presente y para los occidentales es el gran ausente, ya que ignoran la existencia de las energías increadas, “la mayor de ellas la agapi” (Cor. 12,13). Nada tiene que ver con ágapes de banquetes donde se come y bebe, tampoco quiere decir caridad, puesto que en elénico, caridad es φιλανθρωπία (filanzropía) o ευσπλαχνία (efsplajnía).

¿Qué significa anticristo o anticristos?

Anticristos

La palabra anticristo se encuentra en el Nuevo Testamento. Es cierto que no es un término que fue inventado después, por la literatura eclesiástica sino que es un término bíblico y hagiográfico. Pero se utiliza por el evangelista Juan en sus epístolas y él mismo da su definición, significa: anticristo es aquel que niega la naturaleza humana de Cristo. Más exacto: si niegas la divina naturaleza de Cristo, esto que hizo Arriano, eres anticristo, si niegas la naturaleza material, la humana y aceptas sólo la divina, como es el monofisismo, entonces, también eres anticristo. Porque no aceptas aquello que es Cristo. Por lo tanto, la negación de lo qué es el Jesús Cristo, sea por parte de fisis (naturaleza) humana o por parte de naturaleza divina, entonces aquel que sostiene esto está calificado como anticristo. Este es el término que se da por el mismo evangelista Juan. Muy correctamente, pues, dijo el padre Justino Pópovits que:

El primer anticristo, se entiende después de Cristo, porque tenemos anticristos también antes de Cristo, el primero es Judas. Porque no creyó quién era su maestro. Porque si hubiese creído nunca hubiese hecho lo que hizo, por consiguiente, no creyó en la naturaleza divina de su maestro, así consideró interesante que sacase un dinero y vendió a su maestro, negó su naturaleza divina.

El segundo anticristo, que niega la naturaleza divina es Arriano y decía que simplemente es creación y no Dios. El tercer anticristo, antes del último que será cuarto, ¿quién será, temblarán si lo escuchan?. Es el cristianismo occidental en la persona del Papa y de cada Papa de Roma. No lo digo yo, lo decía el Padre Justino y también san Cosme de Etolia. Por eso san Cosme decía: al papa maldecid y le llamaba anticristo. ¿En qué es anticristo?. Porque la falsificación del kerigma evangélico se encuentra en el cristianismo occidental. Y una falsedad del kerigma cristiano, no sana ni salva nunca y al momento que no sana, ni salva, finalmente es una negación del cristianismo. Así pues el anticristo según san Juan es este.

Aún, anticristo se llama a aquel que usurpa la persona de Cristo, ahora vengo un paso más adelante, por ejemplo, si insultas a Cristo eres anticristo. Kazantzakis (famoso escritor heleno) insultaba a Cristo, si uno lee sus libros lo verá, a éste se le llama anticristo. Pero Kazantzakis hiriendo a Cristo, quería crear una nueva religión y proclamarse a sí mismo como mesías. Aquí ahora tenemos un paso más allá, no solamente hiero a Cristo, sino que le sustituyo, es decir, usurpo el título de Cristo y del Mesías. Esto lo hará el último anticristo, usurpará el título de Cristo. Así que diríamos, me quedo sólo en estos dos, primero es aquel que no acepta la teantrópina, divino-humana persona de Cristo y segundo es aquel que quiere sustituir la persona de Cristo y proclamar algún otro o principalmente él mismo, como Mesías. Porque también el último el Anticristo, el definitivo, del que su nombre será 666, ¿éste qué hará?. Nos los dice el apóstol Pablo: entrará en el templo de Dios, el de Salomón, que lo reconstruirá y se proclamará a sí mismo Dios, mientras haya herido toda piedad que hay en este mundo, no sólo del cristianismo, sino de cada religión y anulará cada religión para proclamarse él Dios. Veis pues, que es el segundo paso el que uno se proclame como Dios.

De Preguntas y respuestas Yérontas Mitilineos

Traductor: xX.jJ

 

La monóloga oración como camino hacia la verdadera teología o teognosía

 
Santos Ortodoxia
 

Εn esta reducida presentación de este gran tema, está claro que no es posible ver en amplitud, las cosas admirables que nos dicen las palabras de esta oración. En el texto presente, hará falta centrar nuestra atención en un tema que es importante para la introducción en el espacio de la teología, donde la enseñanza patrística es la subida del hombre hacia Dios. Y como camino, pero también como “espacio” de la verdadera teología, se define la oración, la cual constituye “la elevación del nus a Dios”, según san Nilo el Asceta. Y esta oración es la llamada “oración monóloga”.
En el glorioso logos “Sobre la oración” de san Nilos el Asceta,– en la famosa Filokalía- está apuntada la frase más importante sobre nuestro tema: “Si eres teólogo orarás. Si oras verdaderamente, eres teólogo”. En otro punto dice: “Si oras correcto y verdaderamente, encontrarás mucha información interior. Y vendrán contigo ángeles, como a Daniel, y te iluminarán para que entiendas los logos (razones, causas) de las cosas”.
Con estos logos, hace especial hincapié a la importancia de la oración, como el medio más importante para nuestra introducción en el campo de la teología. Algunos datos elementales intentaremos verlos a continuación.

La “oración monóloga” que debe su nombre a su brevedad característica, se llama también: oración de Jesús, oración noerá (del espíritu humano), oración del corazón, oración limpia o pura, etc. Esta oración conviene sobre todo al hombre actual que está multi-ocupado, cualquiera que sea su trabajo. Es la oración que se puede hacer siempre por cada uno de nosotros adaptándola en cada lugar y manera.

Todas las divinas energías constituyen la raíz y la fuente de los seres y las cosas. Pero para el hombre hay algo más profundo y sorprendente. Debe el hombre convertirse y hacerse templo del Espíritu Santo, hasta la misma estructura y ritmo de su cuerpo, hasta la última fibra. “¿No conocéis que sois templos del Espíritu Santo? Venerad a Dios con vuestro cuerpo y vuestro espíritu, los cuales son de Dios.”

Para nuestro tema tiene especial importancia el ritmo de nuestra respiración y nuestro corazón. Y están llamados a jugar el papel más importante del esparcimiento de la jaris (energía increada) en toda nuestra existencia. Existe una correspondencia real entre nuestra respiración y el soplo de Dios. La respiración humana constituye símbolo y vehículo del soplo divino. La misma correspondencia existe entre nuestro corazón y el Jesús Cristo. El corazón constituye el centro de nuestra existencia. Y diciendo corazón, no debemos entender sólo el corazón carnal, sino también el espiritual, que es la sede y el centro de nuestro espíritu. Nuestro corazón ilumina toda nuestra existencia y la jaris en él, también actúa y funciona espiritual y corporalmente.

Correspondientemente el Jesús Cristo es el centro del Cuerpo espiritual que se llama Iglesia. De este centro emanan eternamente la luz y la jaris (energía increada) en la Iglesia, como fuente insaciable; pero también en todo el universo, puesto que: “todo se hizo por Él, y sin Él nada se hizo de todo lo creado” (Jn 1,3).

Con el corazón está unida la sangre. Y la sangre corresponde al agua primitiva, que está regado por el fuego del Espíritu Santo: “Y el Espíritu de Dios estaba sobre las aguas” (Gén 1,2). También la sangre es roja y caliente como el fuego. Y como es sabido, en nuestra Iglesia, cuando tomamos la Divina Efjaristía, comulgamos la sangre caliente del Señor. Por eso, después de la santificación de los Regalos Honrados, se añade al santo Cáliz agua caliente, que simboliza “el calor del Espíritu Santo”.

Así vemos que se define en la espiritualidad ortodoxa la relación soplo o respiro-corazón y Espíritu Santo.

Pero no hace falta en estos temas que busquemos una explicación de acuerdo con la horizontal ciencia humana, que se ocupa de las causas y las causadas. Estos temas constituyen objeto de gnosis (increada) espiritual a otro nivel y otra dirección; a la medida que pueda caber en la limitada naturaleza humana nuestra; esto lo entiende uno, según la gnosis espiritual, vertical y supergenial, que tiene sus leyes propias y nuestra lógica. Y esto, claro está, con la ayuda de la divina luz (increada) en Espíritu Santo.

Con el corazón está unido nuestro nus y nuestra diania (mente, cerebro). Según la percepción patrística, la sede del nus es el corazón, y el nus no es solamente la energía lógica, sino también la energía voluntariosa y la emocional, siempre con sede el corazón.

El nus energiza o se mueve hacia fuera, se difunde y se dispersa. En su estado natural se encontrará sólo cuando con su regreso a su centro, al corazón, adonde salta de su estado contra-natural que se encuentra ahora, a su estado natural.

Cuando el nus regresa atrás en su corazón y se une con ello, entonces el corazón se hace órgano adecuado para una gnosis existencial completa y múltiple. Por eso, no es una gnosis seca, intelectual y extranjera sobre lo conocido, sino una gnosis agapítica-amorosa. Porque sólo la agapi-amor constituye la fuerza gnóstica exclusiva, la unificadora y conectadora del sujeto conocido y el objeto conocido. Esto significa traspaso del hombre entero dentro de la luz (increada) de la divina gnosis en Espíritu Santo.

El Dios con su divino soplo, es decir, el Espíritu Santo, dio vida al sin psique   cuerpo humano. Lo mismo se repite espiritualmente también ahora. Cuando el hombre se despierte y perciba “de dónde viene y a donde va”, siente que, sólo con la jaris del Espíritu Santo puede metamorfosear, convertir su “cuerpo psíquico” en “cuerpo espiritual” (1ªCor 15,44), ya desde esta vida.

La energía inicial de Dios, en este punto a lo referente al hombre, es que fue creado “como imagen y semejanza” de Dios. Pero por su caída, se oscureció al hombre  el “como imagen”. Pero esta imagen fue restablecida por Jesús Cristo. La importancia y la singularidad, por parte nuestra, está en el hecho de concienciación de la incorporación-ensomatización nuestra en Él, que vuelve abrir para nosotros el camino teántrico (divino-humano) para nuestra sanación, santificación y perfección. Y la invocación es: «Κύριε Ιησού Χριστέ, Υιέ Θεού, ελέ ησον με τον αμαρτωλόν Señor, Jesús Cristo, eleisónme* que soy pecador (enfermo)».

*«Κύριε ελέησον»  “Kirie eleison” es una calificación general de cada necesidad mía, de cada caso mío, de lo que me pasa y de lo que quiero y como no sé lo que voy a pedir, entonces digo a Dios, eleisón me” o “kirie eléison”, y Él sabe lo que me va a dar. Eléison significa ten compasión, misericordia, sanación, ayuda, alivio, consuelo.

Es tiempo de hacer un pequeño análisis teológico de esta oración.

En todas las religiones, la invocación del nombre de Dios, aparece que tiene una especial eficacia e importancia; Porque el nombre es portador de una presencia activa y viva. Un poco diferente son las cosas en el A. Testamento. El A. Testamento revela al Dios vivo en su consumadísima inefabilidad y transcendencia. Su nombre constituye un misterio terrible. En el A. Testamento no tenemos una familiarización del Nominado, sino consagración del nominado y del invocador. Los judíos no tienen derecho a expresar el nombre de Dios. Sólo el gran Sacerdote, y él solamente una vez al año, podía expresar el terrible nombre de Dios, durante la fiesta de la expiación. Por eso se había sustituido el nombre de Dios con el nombre Adonai. Y para los judíos la santificación del nombre de Dios significaba martirio.

El más allá de cada nombre, Señor, que es el Ων (on, el ser, el existente o la existencia), se hizo hombre, por infinita agapi-amor a su creatura. Y como hombre se llamó Jesús, significa que como es eterno, sana, salva, libera y coloca en lugar amplio, al hasta ayer sufrido y entristecido hombre.

La invocación del nombre de Jesús Cristo es recuerdo de su vivificante presencia y se ofrece en su la Iglesia como misterio del Resucitado. ¡He aquí, yo estaré entre vosotros todos los días, hasta el final del siglo” (Mt 28,30). La invocación del nombre de Señor Jesús Cristo, ya como oración del corazón o “como oración de Jesús”, se formalizó definitivamente durante el siglo 13º en la Santa Montaña Athos y tiene: a) carácter doxológico, de alabanza b) carácter invocador en metania.

a) El carácter doxológico-glorificador de la palabra “Kirios-Señor”. La palabra “Señor” subraya la Deidad del Jesús Cristo y le reconoce como soberano de toda la creación. “Se me ha dado todo el poder en el cielo y la tierra” (Mt 28,18). Con esta invocación glorificadora, se exorciza a toda fuerza, potencia de este mundo y se relativiza.

“Jesús Cristo”: El título de Jesús es “Cristo”, es decir, Mesías. “Nadie puede decir al Señor, Jesús, sino en Espíritu Santo” (1ªCor 12,3). El reconocimiento de la soberanía de Jesús, es decir, que es el Mesías, no es fruto de la fuerza gnóstica del hombre, sino apocálipsis (revelación) del Espíritu Santo.

Así que en esta Invocación tenemos presencia de toda la Santa Trinidad y vivencia de su misterio Cristológica y sotiriológicamente  (salavadoriamente). Finalmente la frase: “Hijo de Dios”. Estas palabras de nuestra invocación nos envían al Padre celeste, que es la fuente y la raíz de la Deidad.

b). eléisón me que soy pecador (a). «Ελέησόν με τον (την) αμαρτωλόν (-ην)»

Esta súplica está unida con la metania del orante, que pide la misericordia del Señor y el restablecimiento de la agapi-amor del Señor perturbada por muchos ataques con toda su vida.

De acuerdo con lo que nos dicen los grandes didáscalos-maestros antiguos y nuevos, esta oración puede reducirse solamente en el nombre de Jesús, sobreentendiendo todo lo demás. Entonces exactamente es oración “monóloga” esencialmente, puesto que está constituida por una sola palabra. Lo máximo que se puede hacer sobre su forma son dos palabras: “Jesús mío” o “Kirie eleision”.

Esta oración tiene como objetivo a energetizar, activar en nuestro interior la jaris (energía increada) bautismal.

La vida eterna empieza desde el momento que el hombre recibe “el segundo nacimiento”, el “renacimiento”, la “pequeña resurrección”, es decir, el Santo Bautismo.

Cuando nos bautizamos nos sumergimos al agua santificada y así bajamos como materia no curtida y amorfa y nos elevamos adquiriendo forma de toda la belleza deslumbrante y sobrenatural. Después resucitamos y despertamos de la muerte.

Pero la energía increada de la iluminación, la santificación y de esta resurrección (o despertar espiritual), está escondida en las profundidades del inconsciente, que ya deja de ser lo que era, porque esconde en su interior la presencia de Dios, la cual levanta y unifica la persona. Y tal como observa san Diádoco de Fótica, antes del Bautismo en las profundidades del corazón del hombre se esconde el satanás, mientras que fuera del corazón permanece el Dios. Con el Bautismo se expulsa del corazón del hombre el diablo y se instala el Dios. (Logos ascético).

Pero esta santificación requiere siempre más una participación concienciada a la muerte y resurrección de Cristo; porque nos hemos bautizado como partícipes también de estos dos elementos: “Por el bautismo fuimos sepultados con Cristo y morimos, para que así, como Cristo fue resucitado de entre los muertos por la gloria del Padre, también nosotros caminemos en nueva vida. Porque si hemos llegado a ser congénitos con él, por una muerte semejante a la suya, también lo seremos de la resurrección”, (Rom 6,4-5).

La santificación nos es una concienciación noética-mental alta, sino una resurrección y metamorfosis en Cristo Jesús resucitado. La vida cristiana finalmente significa una adquisición del Espíritu Santo. Por eso, el santo Bautismo está inseparablemente conectado con el Misterio (sacramento) del Crisma (Crismación). El bautizado, al ser crismado en varios puntos del cuerpo se constituye en antro y hogar del Espíritu Santo energetizado por su Jaris (gracia, energía increada) y metamorfoseado en Jesús Cristo.

Pero todo se completa con nuestra participación también en la Divina Efjaristía. Con este misterio estamos viviendo un eterno Pentecostés, por el que se renueva la semilla de la zéosis en las profundidades de nuestra existencia, porque nos ensomatiza, incorpora al Jesús Cristo haciéndonos uno con él… “Hemos visto la luz verdadera, hemos recibido Espíritu celeste…”, psalmodeamos después de la divina Comunión-Efjaristía en la Divina Liturgia. Y la divina Comunión-Efjaristía se ha hecho “en kinonía-comunión, unión del Espíritu Santo”.

La oración, pues, de Jesús constituye una revisión de la experiencia y un revivir cada vez de todo el misterio de nuestra sanación y salvación. Por eso también los frutos son múltiples. Cuando esta oración se ejercita, tal como es debido, y se haya convertido uno con la psique, entonces el orador descubre:

-“al hombre escondido del corazón” (1ªPed 3,4),

-la “en Espíritu y verdad” veneración y culto a Dios” (Jn 4,23),

-la “realeza (increada) de Dios que está en nuestro interior” (Lc 17,21).

-La percepción del espíritu Santo. “El Espíritu Santo percibe nuestras enfermedades. Porque no sabemos como pedir y orar, pero el mismo Espíritu Santo intercede por nosotros con gemidos indecibles” (Rom 8,26).

– La permanencia de Jesús en nuestro corazón, según su afirmación: “Permaneced en mí, y yo en vosotros” Jn 15,4).

-La entrega del corazón a Dios: “hijo mío, dame tu corazón”, (Prov 23,26).

-Lo “vestíos del Cristo” (Rom 13,14).

La oración de Jesús o la oración de corazón” vivida, conduce la psique a un “estado compuesto de Jesús”, tal como recalcan con énfasis y con experiencia personal los Padres Nípticos.

“De la memoria perpetua y la invocación de nuestro Señor Jesús Cristo, se crea un estado estable del nus, si no descuidamos o abandonamos la invocación espiritual incesante, la continua nipsis y el trabajo de la atención. Tengamos, pues, como trabajo nuestro continuo, la invocación del Señor Jesús haciéndola con el corazón, que estando candente, clama de manera que comulgue literalmente el nombre Jesús. (San Hisijio a Cristódulos). Y en otra parte añade: “Es realmente bienaventurado, feliz el que así con su diania (mente, cerebro) se ha pegado a la oración de Jesús y le habla incesantemente con voz alta en su corazón, tal como se ha unido el aire con nuestros cuerpos o como el fuego está unido con la vela. El sol material pasando encima de la tierra hace que sea de día. El piadoso y santo nombre de Jesús, alumbrando continuamente en la diania (mente, cerebro), genera incontables conceptos, pensamientos luminosos como el sol.

 “Cuando las nubes se esparcen, la atmosfera se ve limpia. Y cuando el Jesús Cristo, el sol de la justicia haya esparcido las fantasías y las proyecciones de los pazos, es natural que siempre nazcan al corazón conceptos, pensamientos enteramente iluminados y en forma de estrellas, porque la atmosfera se iluminó por Jesús.”

“Con oración incesante se limpia la atmosfera de la diania (mente, cerebro) de las nubes oscuras de los astutos malignos espíritus. Pero cuando sea limpiada la atmosfera del corazón, es imposible que no ilumine en él la divina luz (increada) de Jesús.”

La característica particular de nuestra época es la tremenda influencia que ejerce el ambiente social en cada uno de nosotros. Son conocidos los medios de esta influencia. No hace falta que los mencionemos. Nos interesa el hecho que esta influencia también se instruye al creyente de nuestra época con repercusiones especiales en su espiritualidad y en toda su vida. No es extraño, que por eso comprobamos una confusión intensa, una situación letárgica, pesada, que provoca una inquietud seria a cualquier hombre espiritual que está dolido por lo que comprueba.

Pero no es sólo la influencia exterior, que antes hemos comentado, la causa de la depravación y de la alteración devastadora de la conducta interior de nuestros creyentes de hoy. Tenemos también sus causas interiores. Y estas, sobre todo, ayudan a la revivificación del hombre antiguo en nuestro interior; el cual busca con certeza y pasión incontenible “derechos” perdidos.

Es verdad, cuántos de nosotros no lloramos nuestra caída interior que comprobamos en nosotros mismos que no tenemos nostalgia de días antiguos llenos de celo sagrado y decisiones santas, que para el cumplimiento de estas dábamos sin dudar hasta nuestra vida, aún con el peor martirio. ¿Y ahora qué? Parecemos plantas, en una vida terrenal, corrupta y animal –el primero yo- nos asemejamos a los animales, (Sal 48,13).

Es muy dura esta característica o comprobación. Que me sea perdonado este atrevimiento, que no es personal, sino general, desgraciadamente para la mayoría de nosotros. El que se identifica con esto, que saque sus conclusiones para sí mismo. Porque algunas conclusiones y consecuencias provienen de este autoconocimiento. Y una consecuencia que podía salir es esta: ¿Cómo podríamos reaccionar comprobando este desgaste en nuestro hombre interior y exterior? ¿Qué otra reacción sería más adecuada que la sacudida de encima nuestro de este letargo espiritual, del despertar brusco contra él y del intento activo en alerta? Esta reacción, en el lenguaje santoescrito y patrístico se llama nipsis. La cual, según san Juan el Crisóstomo, se califica como una muy intensa alerta, vigilancia y atención.

Sobre este tema la Santa Escritura nos dirige muchas e intensas peticiones,  como también nuestra Iglesia, que las transforma en ruego cordial y oración. Aquí nos bastaremos en una elocuente comprobación-sugerencia del santo apóstol Pablo: “Vosotros, hermanos míos, no os encontráis en la oscuridad, para que os sorprenda el día de la presencia del Señor. Todos vosotros sois hijos de la luz y del día. No nos encontramos y no pertenecemos en la noche ni en la oscuridad. Por lo tanto, no durmamos al sueño de la negligencia y ociosidad. Tal como aquellos que están alejados de Cristo y viven en esta situación. Al contrario, que estemos despiertos, vigilantes y atentos. Los que duermen, se duermen por la noche y los que se emborrachan se emborrachan por la noche. Pero nosotros que somos hijos del día, estemos despiertos, atentos y vigilantes.”

La importancia vital de la nipsis entona de una manera variada también la oración litúrgica, basta que uno para comprobarlo, mire con atención el libro que se llama Paraclitikí. Exactamente después de la consagración de los Santos Regalos, la Iglesia entre los otros elementos espirituales básicos e imprescindibles que pide para la vida de los partícipes del Cáliz de la Vida, ruega que la divina Comunión (Efjaristía) resulte para ellos en “nipsis de la psique”.

Como el tema de la nipsis es el más importante de la espiritualidad ortodoxa, es muy puntual siempre y particularmente para cada uno de nosotros que comprobamos su falta en nuestra vida espiritual, deberíamos poner especial atención sobre este tema. Es cierto que no es posible en este pequeño espacio presentar la analogía que le corresponde este tema tan extenso. Algunos aspectos sólo nos referiremos aquí, esperando que si el Señor quiere, en el futuro hacer un análisis más extenso y completo que estamos diseñando.

Para considerar y entender este tema, hemos creído que el más adecuado instructor nuestro, es una figura patrística santa, san Hisiquio de Jesusalén, que está contenido en nuestra conocida Filocalía. Allí está descrita una tesis admirable sobre este tema. Esta tesis y sus aspectos intentaremos presentar.

Yérontas  Eusebio Vitis

 

flag-1[1]5715e0_espana

Traducido por: xX.jJ

La parábola de los talentos

 

Domingo 16º  de Mt 25, 14-30

14 Porque la realeza (increada) de los cielos y (la segunda presencia del hijo del hombre) es como un gobernante rico que yéndose lejos, llamó a sus siervos y les entregó sus bienes, y cuando regresaría les pediría cuentas. 15 A uno dio cinco talentos, y a otro dos, y a otro uno, a cada uno conforme a su capacidad; y luego se fue lejos. 16 Y el que había recibido cinco talentos fue y negoció con ellos, y ganó otros cinco talentos.  17Asimismo el que había recibido dos, ganó también otros dos. 18 Pero el que había recibido uno fue y cavó en la tierra, y escondió el dinero de su señor (significa que era incrédulo y desobediente).19 Después de mucho tiempo vino el señor de aquellos siervos, y arregló cuentas con ellos. 20 Y llegando el que había recibido cinco talentos, trajo otros cinco talentos, diciendo: Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros cinco talentos sobre ellos. 21 Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor. 22 Llegando también el que había recibido dos talentos, dijo: Señor, dos talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros dos talentos sobre ellos.23 Su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.24 Pero llegando también el que había recibido un talento, dijo: Señor, te conocía que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste y recoges donde no esparciste; 25 por lo cual tuve miedo, y fui y escondí tu talento en la tierra; aquí tienes lo que es tuyo. 26 Respondiendo su señor, le dijo: Siervo vil, malo y negligente, sabías que siego donde no sembré, y que recojo donde no esparcí. 27 Por tanto, debías haber dado mi dinero a los banqueros, y al venir yo, hubiera recibido lo que es mío con los intereses. 28 Quitadle, pues, el talento, y dadlo al que tiene diez talentos. 29 Porque al que tiene, le será dado, y tendrá más; y al que se le han dado carismas dones y  los ha cultivado, aun los que tiene le serán quitados. 30 Y al siervo inútil echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes.

1. Los talentosos

La lectura evangélica de hoy nos presenta la parábola de los talentos o tálantos. Un hombre, rico y gobernador, se iría de viaje largo. Llamó a sus siervos y les entregó sus existencias, repartiéndolos distinta cantidad de tálantos a cada uno, para que los administraran el tiempo que él sería ausente. (Un tálanto correspondía en un peso concreto de oro, sería como seis mil euros de oro actuales).

Lo tálantos de esta parábola simbolizan los talentos, dones o carismas que da Dios a los hombres. El progreso en los estudios, en los conocimientos especiales y las habilidades técnicas, la vocación en alguna ciencia, en la música, en el arte o en algún oficio. Además existen muchos y variados carismas que esconde la personalidad de cada uno. Uno tiene el carisma de líder, otro de habilidad en el logos, uno es prudente, otro tiene capacidad organizativa, uno es entusiasta, otro es valiente.

Tal como ningún siervo de la parábola no se quedó sin tálanto, lo mismo ningún hombre se queda sin un regalo divino. Cada carisma nos lo da el santo Dios con el propósito de utilizarlo para nuestra sanación y salvación y beneficio del prójimo.

 

2. Justa e injusta distribución.

Está claro que el Dios no da en todos los hombres el mismo número y tipo de talentos (carismas o dones). Aquel como omnisciente conoce la fuerza y la capacidad de cada uno. Aquel también conoce nuestras necesidades y nos da a cada uno según su propia fuerza. En la parábola leemos que a un siervo dio cinco tálantos, al otro dos y al otro uno.

Distintos hombres y distintos carismas. Carismas que reparte el Dios según Su juicio infalible y sabiduría infinita y también según el aguante de cada uno, de modo que nadie se queje y se siente defectuoso y acomplejado. Además, con el fin que la sociedad sea un todo armónico, necesita de los carismas particulares de cada humano. ¡Imaginaos que el cuerpo fuera constituido sólo de ojos y manos!

Que no nos quejemos, pues, sobre supuesta distribución injusta de talentos y no envidiar a los demás que tienen carismas. Una actitud de envidia sólo desgracia puede provocar en nuestra vida. Al contrario, descubramos cada uno nuestros carismas y trabajemos para el desarrollo y realización de ellos, entonces nosotros también personalmente nos alegramos, y también al prójimo seremos benefactores.

 

3. Daremos cuentas

Tal como se refiere en la parábola, después de mucho tiempo regresó el gobernador rico y pidió de sus siervos que le den cuentas sobre cómo han valorizado y realizado los tálantos que se les había confiado.

Es muy importante y no debemos olvidarnos que alguna vez seremos llamados a dar cuentas, cómo hemos pasado el tiempo de nuestra vida. Muchos creen que sus vidas les pertenecen y no tienen que dar cuentas a nadie… ¡Qué gran error! ¡La vida no es nuestra! Es regalo de Dios, como también nuestra libertad es regalo Suyo. Son tálantos. Para estos admirables regalos divinos daremos cuentas. Vendrá el día del Juicio Final y entonces confesaremos la manera que hemos valorizado y desarrollado todos los carismas que nos ha dado la bondad de Dios.

 

4.  El castigo de la pereza

El gobernante rico de la parábola recompensó los siervos que trabajaron y multiplicaron sus tálantos. Pero castigó duramente al siervo que devolvió el tálanto que había recibido.

Este castigo duro impresiona. Este siervo no perdió el tálanto de su señor, ni lo derrochó. Se lo ha devuelto entero. Entonces no hizo algo malo, tampoco algo bueno y por eso es castigado.

Podía trabajar y no lo hizo. Por su negligencia y su pereza es digno de condena. Así que el Señor elogia y recompensa la buena voluntad, las ganas, el trabajo y la diligencia de los dos siervos, pero castiga la desgana, la pereza y la indiferencia del otro siervo.

΄Enseñémonos, pues, nosotros también de esta parábola didáctica y trabajemos con diligencia para cultivar los talentos (carismas, dones) que nos ha dado el Dios, de manera que tengamos la “buena confesión” al paso terrible de la Krisis-Juicio Universal. Así sea.

Ο ΣΩΤΗΡ El Salvador

   (†) Obispo Agustín, homilia, 5-2-1978

«Siervo mal astuto y vil!…» (Μt 25,26)

Han escuchado, queridos míos, el santo y divino evangelio de hoy. De esta bella parábola de los tálantos o talentos. (Un tálanto correspondía en un peso concreto de oro). En la bella parábola de los tálantos quiero que pongáis especial atención al final de ella. Dijo el Cristo: “El que tenga oídos para oír que escuche” (Mt 11,15 y 13.19,43). Este logos atraviesa los siglos llegando hasta nosotros y se dirige a cada uno de nosotros.

–Pero me diréis, gracias a Dios, tenemos oídos y escuchamos. ¿Qué sentido tiene esto para nosotros? Está claro que tenemos orejas, pero el Cristo aquí habla de algo mucho más profundo.

Venimos en la Divina Liturgia, pero ¿nos basta con esto? Cuando el sacerdote lee el Evangelio y el coro canta o psalmodea los troparios, si no tenemos allí nuestro nus (atención fina) y no estamos atentos en estas palabras, ¿cuál es nuestro beneficio? Tenemos orejas-oídos pero no se hace beneficio espiritual. Si al salir del templo no sabemos qué dijo el Apóstol, qué dijo el Evangelio y qué troparios se han escuchado, entonces estamos presentes físicamente, pero ausentes espiritualmente. Y puesto que el espíritu tiene valor infinitamente mayor que el cuerpo, entonces entendéis que importancia tiene el logos de Cristo: “El que tenga oídos para oír que escuche”.

Tenemos oídos para escuchar chismes, calumnias, injurias, contra hermanos, insultos obscenos, blasfemias y todo tipo de tonterías. Tenemos las orejas atentas durante horas en la televisión y en la radio, para escuchar todas aquellas tonterías, obscenas, insensateces y asquerosidades que transmiten. Tenemos oídos para el diablo y para el Dios no. En mil personas es raro encontrar a uno que tenga este oído místico que hoy dijo el Cristo. El Apóstol Pablo profetizó que vendrán años que los hombres cerrarán sus orejas, oídos a Dios y los abrirán para oír engaños y enseñanzas de los demonios. (Ver 1ªTim 4,1). Tenemos también del Altísimo este maravilloso talento del sentido de la vista, pero hacemos mal uso de ello. Pero los otros tantos y tantos regalos de Dios, no sólo no los desarrollamos, sino que los utilizamos para el pecado.

La vista, por ejemplo, nos la ha dado el Dios para ver el panorama maravilloso que se expande y nos rodea; ver el mar, los lagos, los árboles, las plantas, las flores, las estrellas, el sol, la luna… y decir “¿oh qué grandes y maravillosas son tus obras Señor, todas las has hecho con sabiduría!” (Sal 103,24). Y nosotros decir: “Te agradezco Señor porque me has dado los ojos”. Pero tal como hacemos mal uso del oído, peor aún hacemos con la vista, vemos todo lo más inmoral y asqueroso que existe. En vez de encerarnos en nuestra habitación para orar y estudiar el Evangelio o hablar cosas útiles con nuestros familiares, clavamos nuestros ojos en la caja del demonio, la televisión. (San Cosme de Etolia 1714 – 1779,  dijo que llegaría el momento que los hombres estarán comiendo en sus mesas con el demonio y sus cuernos los tendrá en las terrazas, refiriéndose a la televisión que las antenas están en las terrazas).

El Dios nos ha dado la lengua para entendernos, para hablar el hombre a la mujer, el padre al hijo, el maestro al alumno, etc. Nos ha dado la lengua para que el sacerdote enseñe a su rebaño y para orar a nuestro Padre celeste. Nos ha dado la lengua para decir la verdad y sólo esta. Y nosotros con nuestra lengua decimos mentiras, calumniamos, tergiversamos, vamos al juzgado y juramos y con la lengua encendemos el fuego que quema. Como decían los antiguos filósofos: “la lengua es un quebrantahuesos, no tiene huesos pero rompe huesos.” Al final llega al cenit del pecado cuando blasfema. Es preferible muchas veces que no tuviéramos la lengua, en vez de hacerse en órgano de blasfemia y corrupción.

Todo lo hemos infectado, todos los tálantos o talentos de Dios los destruimos. Los ojos, los oídos, la lengua y también el bien más precioso que nos ha dado el Dios, nuestro corazón y nus (espíritu humano). Nos los ha dado el Dios para amar y pensar lo que es bello, lindo y alto en el mundo y nosotros odiamos y no pensamos correctamente. Nos los ha dado para perdonar y nosotros guardamos la venganza en nuestro corazón.

¿Queréis que avance  en más donaciones de Dios?  He aquí, la riqueza, es un bien. Los ricos con sus dineros, ¡cuántas cosas buenas pueden hacer! Pero con su ambición, codicia, avaricia y despilfarro hacen solamente cosas malas.

La ciencia, los técnicos cuántos secretos guardan y no los transmiten a los demás. Los maestros, por su situación, pueden enseñar a Dios y sembrar en los corazones de los jóvenes la fe, pero ellos con sus palabras y comportamientos enseñan ateísmo, despilfarro y corrupción. Los científicos tienen tálanto o talento, pero en este momento que os estoy hablando millares de científicos Americanos, Rusos, Alemanes, Ingleses… utilizan los secretos de la ciencia no para el bien de la humanidad sino para su desastre. Incluso para el sacerdocio. El sacerdote del Altísimo debe ser “La luz y la sal de la tierra” (Mt 5.14,13). Debe ser tal como lo describe el Apóstol Pablo en sus Epístolas, pero él a menudo se convierte en escándalo…

Así que todos, pequeños y grandes, hacemos mal uso, abusamos de las preciosas donaciones de Dios, materiales y espirituales y nos asemejamos al vil y mal astuto siervo de la parábola de hoy. Su señor le ha dado un tálanto (casí seis mil dracmas o euros de oro), importe importante para trabajar y multiplicarlo. Pero él abrió un pozo y lo enterró. Por eso cuando su señor le pidió cuentas, le condenó por esta acción suya. Tenía la obligación de trabajar y aumentar el tálanto, tal como hicieron los otros dos; el primero tomó cinco y los hizo diez; el segundo tomó dos y los hizo cuatro; pero él tomó uno, lo enterró y así lo inutilizó. No contribuyó en nada para el servicio y ayuda de sus prójimos.

La parábola nos enseña, hermanos míos, que tenemos unas obligaciones sagradas y debemos cumplirlas. No será castigado sólo aquel que hace el mal, sino también aquel que no hace el bien. Muchos hombres dicen: yo no he matado, no he robado, no he cometido adulterio, no me he prostituido, no he llevado a nadie al juzgado y extender mi mano al Evangelio para jurar, no he faltado el honor a nadie, no he calumniado a nadie… Sí pero aunque no hemos cometido estos pecados, no podemos tomar un certificado de santidad, ni comprar un billete para el paraíso. No sólo serán castigados los que antes dije, sino también aquellos que pueden hacer el bien y no lo han hecho.

Dios mío, perdónanos; ¡cuántos bienes podíamos hacer en este mundo y no los hemos hecho! ¡Cuántos tálantos tenemos escondidos y no los hemos desarrollado! Maestros, alumnos, científicos, todos, pequeños y grandes, tenemos carismas materiales y espirituales, y por estos el Dios nos pedirá cuentas. Nos pedirá el capital con interés.

Hermanos míos, cada uno que haga su balance y vea qué bien ha hecho, como hijo en su casa, como padre, como madre, como trabajador, como pedagogo, como científico, como oficial, como clérigo… ¡Ay y tres veces hay, fuego, infierno, perdición y catástrofe nos espera!  ¡Oh santo Evangelio, tus logos son eternos! Procuremos aplicarlos y cumplirlos.

¡Queridos míos! Que midamos el valor del hombre no con la apraxia (no acción) de la maldad, sino con la bondad activa. El Evangelio nos quiere activos todos los días y horas de nuestra vida hasta el último suspiro. Si vivimos así, cuando venga el terrible día de la Krisis-Juicio Universal, no escucharemos “Mal astuto y vil siervo” (Mt 25,26), sino “¡Muy bien, siervo bueno y fiel!…entra en el gozo y alegría de tu Señor” (Mt 25,21). Para aquel que ha luchado para los bienes del mundo sólo elogios escuchará del Señor.

Deseo de todo corazón que nos convirtamos todos en dignos del gozo y la alegría del paraíso en Jesús Cristo. Amín.

(†) Obispo Agustín, homilia grabada 5-2-1978, Iglesia san Pantaleimón, Flórina Grecia.

 

Traducido por: xX.jJ

Lectura del Evangelio – Cristo y el intérprete de la ley

 

Evangelio de Marcos 12, 28-37 y Mateo 22,34-46.

Marco 12, 28-37 Acercándose uno de los intérpretes de la ley, que los había oído disputar, y sabía que les había respondido bien, le preguntó: ¿Cuál es el primer mandamiento de todos? Jesús le respondió: El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es. Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu psique-alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Éste es el principal mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos. Entonces el intérprete de la ley le dijo: Bien, Maestro, verdad has dicho, que uno es Dios, y no hay otro fuera de él; y el amarle con todo el corazón, con todo el entendimiento, con toda la psique-alma, y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo, es más que todos los holocaustos y sacrificios. Jesús entonces, viendo que había respondido sabiamente, le dijo: No estás lejos de la realeza (increada) de Dios. Y ya ninguno osaba preguntarle.

Enseñando Jesús en el templo, decía: ¿Cómo dicen los escribas (intérpretes de la ley) que el Cristo es hijo de David? Porque el mismo David dijo por el Espíritu Santo: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga tus enemigos por estrado de tus pies. David mismo le llama Señor; ¿cómo, pues, es su hijo? Y gran multitud del pueblo le oía de buena gana, (Mc 12,28-37).

Ihsous_Xristos_15088

La primera gran verdad que sacamos del anterior texto evangélico es el siguiente: La unidad de las personas en la Deidad y a la vez al Dios Triádico se ve ya desde el Antiguo Testamento; y sobre todo al Deuteronomio (6,4), a la gran Confesión de Fe del Israel, tal como repite también Jesús: “Escucha Israel: El Señor nuestro Dios es un Señor”. La frase “un Señor” es traducción del correspondiente del hebreo “heloenu” y la traducción literal es “nuestros Dioses”. Por lo tanto, si la traducción de la palabra, conceptual y literalmente, la traemos del texto hebreo, sobre este importantísimo anuncio dogmático de los israelitas, sería: “Escucha Israel: El Yahvé, NUESTROS DIOSES, Señor uno es”. Y no sólo esto, sino que la palabra “uno” es asignada por la palabra “hejad” que no significa una mónada (unidad) absoluta, sino una unidad de unión compuesta, sintética y en nuestro caso Triádica o Trinitaria. Además, el ZOAP, libro interpretativo de los Judíos, explicando el versículo anterior se refiere en Triada de Divinas Personas –al Padre, al Mesías mediante David y al Kirios (Señor, el Espíritu Santo)- y concluye que “estos tres son Uno” (David L. Cooper, de su libro “el A. Testamento y la Triada de Dios).

A continuación comprobamos que de acuerdo con Jesús Cristo, la vida espiritual, la sanación y la salvación no se asfixian por la aplicación y cumplimiento típico de las 613 mandamientos, tal como entonces creían y pedían a los creyentes los maestros intérpretes Judíos, sino que depende de la ortodoxa, correcta relación y agapi hacia el Dios y la agapi hacia el prójimo; la cual si es auténtica, no maquina 613 mandamientos, sino infinitas maneras, formas y modos para ofrecer y servir hacia los que tienen necesidad ética y material. Es decir, la ortodopraxía (acción correcta) para el Zeántropos (Dios y hombre) es consecuencia de la ortodoxia, pero no existe doxa (gloria, alabanza y opinión) correcta sobre el Dios, o no tiene sentido para el mundo de hoy y ante todo el de mañana, si no está acompañada de la análoga conducta y actitud agapítica (amorosa), tanto hacia las personas que nos rodean, como hacia la creación, los animales, las plantas o las cosas. La ortodoxa praxis y vida es un sacrificio continuo por los demás y como sacrificio desinteresado, requiere e implica sufrimiento o dolor. No para que uno sea reivindicado individualmente, sino para ser constituido el mismo en una efjaristía (agradecimiento, acción de gracias) hacia el Señor y un testimonio perdurable hacia el ambiente donde vive y se mueve manifiestando la Resurrección del Zeántropos (Dios y hombre) y la verdadera vida que emana de Su tumba vacía para todos nosotros.

El que ama verdaderamente, fuera de intereses y motivos egoístas, no puede sino andar al camino de Dios y ser bendecido de Su divina presencia. Vale la pena en este punto referirnos en el versículo evangélico sobre el Juicio, durante el cual el Señor se identifica con los pocos y despreciados hermanos Suyos, los pobres, los hambrientos, los desnudos, los encarcelados, etc., y recalca que juzgará, a la sala de juicios celeste, todos con base la agapi y que debemos ofrecerla a todos aquellos que la necesitan, sufren y son agraviados. (Mt 25, 34-41). Si uno pues, se sacrifica para su prójimo y se entrega a sí mismo por agapi, esencialmente se sacrifica por Cristo, puesto que el Cristo se identifica con todos aquellos que sufren y buscan nuestra ayuda.

En efecto Jesús realmente proclama: “No entrará en la realeza de los cielos cada uno que me dice: Señor, Señor, sino aquel que hace la voluntad de mi Padre celeste” (Mt 7, 21-22). Además con la boca del profeta Miqueas, el Dios apocalipta=revela en el Antiguo Testamento: “Fue proclamado en ti hombre lo que es buenos, bondadoso y lo que el Señor pide de ti. Nada más que practicar la justicia, mostrar agapi y caminar humildemente con tu Dios” (N.M. Papadopulos, “Memorandum al libro de Mijea, pag 170). Verdaderamente, pues, el cristiano no es aquel que teologiza encefálicamente, (con el cerebro, mente o intelecto) sobre el Dios, ni aquel que típicamente algunos domingos por la mañana visita Su templo, sino aquel que con su conducta y su actitud humilde y especialmente con su agapi en praxis (de hecho, o acción) testifica que existe Dios, Resurrección, Juicio, Paraíso e Infierno.

Tercero e igual interesante: Tal como revela el Cristo sobre sí mismo, en el psalmo cristológico 109,1 David dice: “Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, hasta que ponga tus enemigos como alfombra en tus pies (es decir, someterles en su autoridad)”. Es evidente que aquí también se indican las dos personas de la Santa Trinidad, el Padre y el Hijo. A continuación del mismo psalmo aparece también la tercera persona de la Santa Trinidad, el Espíritu Santo, porque el Padre dirigiéndose a Su Hijo, le dice: “El Señor está en tu derecha, anuló o destruyó los reyes de la tierra, el día de Su ira” (5). De todo esto vemos y percibimos que, a causa del peligro de los vecinos idólatras, ensombrecidamente el Antiguo Testamento y en muchos casos, revela al Uno y Trinitario Dios en los ojos de sus verdaderos creyentes y piadosos, pero también al verdadero Mesías y redentor Jesús Cristo.-Ver Filoxenía (hospitalidad) de Abraham a los tres hombres (Gén 18,1-3); también “la destrucción de Sodoma y Gomorra de dos Señores en nombre del tercer Señor. (Gén 19,24), y otros más.

Finalmente, ¿cuántos cristianos de hoy hacemos praxis la agapi que condujo al Zeántropos Jesús hasta la Cruz y la muerte? ¿Cuánto andamos a los pasos del maestro celeste, quien prefirió enseñar principalmente con Su sangre y no sólo con Sus logos?. ¿Cuánto cristianos ortodoxos somos, si alabamos sólo con los labios y con nuestras actitudes destruimos en vez de construir la realeza increada de Dios en la tierra? Es posible que para muchos sean una vergüenza las palabras transcendentales de san Pablo: “A causa de vosotros es blasfemado el nombre de Dios entre los nacionales (los idólatras)” (Rom 2,24). Nuestra época tiene necesidad de cristianos que conocen orar y amar y no cristianos ortodoxos sólo de nombre y teoría, o peor aún de la ideología, los cuales escandalizan a los creyentes y expulsan desgraciadamente la gente de la Iglesia. Además, el comportamiento cristiano ortodoxo, correcto obedece a los logos del Señor: “Amar a vuestros enemigos, beneficiar aquellos que os odian, orar para aquellos que os tratan mal” (Lc 6,27-29).

Mijalis Julis – Teólogo

TRADUCIDO POR: xX.jJ

Parábola sobre los dos mandamientos más importantes

 

35 Y uno de ellos, intérprete de la ley, preguntó por tentarle, diciendo: 36 Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley? 37 Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. 38 Éste es el primero y grande mandamiento. 39 Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. 40 De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas. 41 Y estando juntos los fariseos, Jesús les preguntó, diciendo: ¿Qué pensáis del Cristo? ¿De quién es hijo? Le dijeron: De David. 43 Él les dijo: ¿Pues cómo David en el Espíritu le llama Señor, diciendo: 44 Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies? 45 Pues si David le llama Señor, ¿cómo es su hijo? 46 Y nadie le podía responder palabra; ni osó alguno desde aquel día preguntarle más.

 

Ihsous_Xristos

 

Αgapi  (agapi)   agapi–amor. “Ὁ θεός ἀγάπη ἐστίν (O zeós agápi estín) Dios es agapi-amor (1ª Jn 4,8)” La agapi es la energía increada superior de la Jaris. “Porque la agapi proviene de Dios” (1ªJn 4,7). Dicen los Santos Padres Ortodoxos: Nadie puede conocer la increada agapi como energía increada de Dios si no es a través de la energía increada (Jaris, Gracia) del Espíritu Santo. Éste es el propósito de la psicoterapia de la Iglesia Ortodoxa, el convertir mediante la continua metania y confesión, la φιλαυτία (filaftía, egolatría) que es el creado amor interesado egocéntrico y enfermizo a uno mismo, en la desinteresada divina e increada agapi de Dios. Ésta comprende tres estadios: catarsis, iluminación y zéosis o glorificación. Dios creó al cosmos (adorno, ornamento) de la nada y libremente sin ninguna necesidad, por agapi. No sólo creó al cosmos, mundo, sino que lo mantiene por Sus energías increadas. Para nosotros los Ortodoxos Dios es el gran presente y para los occidentales es el gran ausente, ya que ignoran la existencia de las energías increadas, “la mayor de ellas la agapi” (Cor. 12,13). Nada tiene que ver con ágapes de banquetes donde se come y bebe, tampoco quiere decir caridad, puesto que en elénico, caridad es φιλανθρωπία (filanzropía) o ευσπλαχνία (efsplajnía).

El verbo es ΑΓΑΠΩ (agapó) empieza con A alfa y acaba con Ω omega, la agapi es el alfa y el omega de nuestra vida espiritual.

 

Ascensión a la agapi

«amarás al Señor tu Diosy amarás a tu prójimo como a ti mismo»

La forma crucificante de la agapi, es decir, su manifestación hacia el Dios y el próximo, revela el elemento por excelencia de su autenticidad. Una agapi así se fundamenta exactamente en la agapi crucificada y por eso adquiere calidad y profundidad. Además, este agapi venció la muerte que es el enemigo extremo del hombre y abrió los canales de la vida. Esta agapi, pues, en su forma más pura está llamado el hombre a introducirla en su seno en la vida diaria y llevarla en vivencia y experiencia. En sus horizontes, el hombre en ningún caso siente que le falta algo en su vida. Al contrario siente que lo tiene todo, porque se deja a sí mismo ser receptivo de la jaris (energía increada) de Dios que ilumina todo su ser.

El inérprete de la ley que se acercó a Jesús, según la narración evangélica, quería llevar en una situación difícil a Jesús, por eso le puso la pregunta sobre cuál es el mayor mandamiento. Pero el Cristo en su contestación fue directo y claro, sin tapujos.: “Amar al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu psique y con toda tu diania (mente, intelecto, cerebro), este es el primer y gran mandamiento. Segundo, pero igual de importante, es amar a tu prójimo como a ti mismo”. Además, le aclara que en estos dos mandamientos está resumida toda la ley.

 

Sus frutos suculentos

La agapi, en estas dimensiones que la ha definido el Señor, en ningún caso tiene un carácter de significado único y de dimensión única. La agapi hacia el Dios es exactamente aquella que constituye al hombre capaz a amar a su prójimo. Amar aún hasta el enemigo. Está claro que, la agapi hacia el Dios, no consiste en ningún caso una hazaña personal en la vida del hombre, sino el resultado de la Jaris (energía increada) de Dios. Pero esto ocurre también con la sinergia (co-energía, cooperación) del hombre, es decir, cuando se abre el espacio del corazón (psicosomático) para prosperar en su tierra fértil la presencia de la divina agapi increada. La agapi increada de Dios es alcanzable, porque “él nos amó primero”, según san Juan el Evangelista. La agapi es el movimiento que hace primero el Dios que nos hace capaces a contra-ofertarle la agapi nuestra. Está claro que la agapi verdadera hacia el Dios fructifica con la agapi que se manifiesta también hacia el prójimo. En este caso el hombre no puede amar a Dios y a la vez rechazar su imagen a la persona del prójimo. Está claro san Juan el Evangelista cuando dice: “si uno dice que ama a Dios…, a quien no ha visto y odia al prójimo que ha visto”, entonces se califica como “mentiroso”. La agapi hacia el hermano constituye el fruto más suculento de la agapi hacia el Dios; La agapi al prójimo es requisito previo de la agapi hacia el Dios. Además, no es casualidad que el evangelista Luca inmediatamente después de la respuesta de Jesús hacia el intérprete de la ley con la propuesta de la agapi, procedió al relato de la parábola del Buen Samaritano, que en la profundidad de ella emergen los auténticos mensajes sobre la agapi.

 

La autenticidad de la agapi.

La agapi para que sea verdadera y de calidad debe ser completa. Saliendo del fondo del corazón. Exactamente esta entrega total asegura también las condiciones de la libertad del hombre; puesto que ya no estará sujeta en otras influencias y dependencias que le constituyen en una personalidad dividida y disuelta. Tal como el Dios nos ha amado sin condiciones, con su culminación de su sacrificio crucificante, igual nosotros también debemos corresponder con nuestra agapi. Exactamente aquí es donde no caben compromisos, conveniencias y cálculos que en fondo falsifican la agapi y estrangulan la vida espiritual. Inquebrantablemente unida con la agapi vertical está también la horizontal. Lo dicho por el Señor “amarás a tu prójimo como a ti mismo” indica exactamente que la agapi a Dios no puede estar cortada de la agapi al prójimo y viceversa.

Queridos hermanos, esta agapi de manera crucificante, de forma vertical y horizontal, es también el criterio de la madurez espiritual y la cristificación del hombre. Las figuras santas que desfilan en el firmamento de la Iglesia surgieron precisamente porque amaron de verdad y en praxis, de hecho a Dios y por extensión al prójimo. Simeón el receptor de Dios y la profetisa Anna que honra hoy la Iglesia, arrojan luz al camino de la agapi, que estamos llamados también nosotros a seguir en nuestra vida. Así sea.

Jristakis Efstazíu, Teólogo Iglesia Chipre.

«La agapi hacia Dios y el prójimo»

Lectura del Evangelio de Mateo 22, 35-46 ΕὐαγγέλιονΜατθαίουκβ΄ 35-46

Estudiando cuidadosamente los Divinos Evangelios y particularmente aquellos capítulos que se refieren en la acción pública de nuestro Señor, uno comprobará que a nuestro Señor le seguían grupos concretos de hombres. Uno de estos grupos era el que estaba constituido de hombres que pertenecían al alto nivel social y religioso. Eran aquellos hombres quienes no seguían a Jesús por celo o anhelo divino por aprender, sanarse y salvarse de Él; sino todo lo contrario, creían en sí mismos y en sus estudios y querían meter en una trampa al Señor y humillarle ante las Escrituras y la ley.

Un hombre así era también el intérprete de la Escritura de la lectura Evangélica de hoy. Éste conocía muy bien las Santa Escrituras y las estudiaba, pero no podía discernir entre la aplicación y cumplimiento estéril de la ley de la existencia del Mesías, quien sanaría y salvaría el género humano.

Pero nuestro Señor conversa con ellos y les da respuestas irrebatibles y apabullantes, aunque las preguntas de ellos fueran malignas y hostiles ante él.

En la pregunta del intérprete hacia Jesús sobre cuál era el mayor mandamiento, el Señor contesta diciendo que la agapi=amor desinteresado a Dios y al prójimo son los mandamientos más importantes.

Está claro que el Señor conocía sobre los grupos de Fariseos y Saduceos que para ellos la agapi hacia el Dios significaba el respeto hacía Él y la aplicación y cumplimiento de sus mandamientos. Veamos pues, el significado e importancia para todos nosotros que queremos llamarnos discípulos no seguidores del Señor.

Es conocido el mandamiento que se refiere a esta obligación de los creyentes. Nuestro Señor la repitió a sus discípulos. La conocía también el intérprete de la santa Escritura. La conocemos también nosotros: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu psique, con toda la fuerza de tu voluntad y con toda tu mente”. Esta pues es la primordial y esencial obligación nuestra: amar a nuestro Dios. Pero viene la pregunta: ¿De qué manera o modo mostramos nuestra agapi a Dios? La respuesta la recibiremos de la Santa Escritura.

Dice el Evangelista Juan: “La agapi hacia el Dios es aplicar y cumplir sus mandamientos” (1ª Jn 5,3). Este repitió el mandamiento que dio el mismo Señor nuestro cuando dijo: “Si me amáis, entonces aplicad mis mandamientos” (Jn 14,15). Creo que está tan claro esto que nos pide nuestro Señor y no hace falta que diga más.

Pero aquello que debo hacer hincapié en lo siguiente. El Señor no pide de nosotros que cumplamos sus mandamientos como algo inalcanzable, algo insoportable y superior a nuestras fuerzas. Al contrario, nos aclaró que: “mi jugo es blando y su peso ligero” (Mt 11,29). Los mandamientos de Cristo no son duros ni difíciles.

Al contrario, la aplicación y cumplimiento de los mandamientos de Cristo son beneficiosos y regalan al creyente dignidad, honor y doxa (gloria, luz increada) por sus logros, y le hacen feliz. San Juan el Crisóstomo dice: “Nada da alas y hace ligera la psique tanto como la adquisición de la justicia y la virtud”.

Pero agapi hacia el Dios es también la fe a Jesús Cristo de que es el Dios. Aceptar y reconocer las donaciones de nuestro Dios Padre. Glorificarle por su agapi para nosotros y su creación. La agapi hacia el Dios no tiene límites porque ilimitadamente nos ama el Dios, Su agapi es increada. Sobretodo el Señor nos señaló que el que ama más que a él una persona, una cosa, placer sensual o cualquier cosa que no puede separarse de ella y sacrificarla, éste no puede tener  derecho a la vida eterna, la increada vida.

Es conocido también que nuestro Señor unió la agapi hacia el Dios con la agapi al prójimo por el mandamiento: “amarás también a tu prójimo como a ti mismo”. No basta amar a Dios, incluso sacrificarnos para Él, para que seamos introducidos en la vida eterna. Es necesario amar a nuestro prójimo hasta el sacrifico. Es decir, tener semejante agapi como esta que tiene el Dios para nosotros que se sacrificó a favor nuestro, para tener nosotros la jaris increada.

Agapi hacia el prójimo significa:

Amar y sacrificarnos para los demás humanos. Para nuestro cónyuge, nuestros hijos, nuestros conciudadanos, los extranjeros y para todos que nos perjudican con la misma rica e ilimitada agapi. Ἀγάπη πρός τόν πλησίον σημαίνει:

Cuando amas perdonas. Cuando amas te sacrificas. Cuando amas te haces humilde. Cuando amas te cansas. Cuando amas retrocedes y concedes. Cuando amas no te enfadas. Cuando amas no robas.

Cuando amas no perjudicas, no insultas, no acusas y juzgas ni condenas. Te alegras y sufres junto con el prójimo. Cuando amas no eres indiferente de todas las necesidades para el prójimo. Cuando amas compartes tus bienes con él. Sólo los que adquieren este tipo de agapi tienen derecho a entrar en la vida eterna, la increada.

Hermanos míos

Si no sanamos nuestra psique que se ha infectado de egoísmo demoníaco, no podemos adquirir esta perfecta agapi (amor, energía increada) hacia el Dios y hacia nuestro prójimo. Intentemos, pues, todos amar a Dios tal como nos dice la Santa Escritura.

Amar a nuestro Creador y Salvador y así se endulzará nuestra psique y amaremos también a nuestro prójimo quien es la imagen de Dios. Que reine en nuestros corazones la agapi increada y estaos seguros que el Dios estará con nosotros, porque “¡el Dios es agapi increada!” (1ªJn 4,16).

Archim. Kalínikos Nikolau – Metrópolis Kesarianí Atenas

 

Dimitri Panagópulos: “Αγαπήσεις (agapísis) amarás al Kirios-Señor tu Dios con toda tu psique, con todo tu corazón, con toda tu fuerza y con toda tu diania (mente, intelecto), este es el primero y el grande mandamiento y segundo igual, amarás a tu prójimo como a ti mismo, en estos dos mandamientos de agapi depende toda la Ley y los Profetas”. Sino tienes ésta agapi hacia Dios y tu prójimo, no haces nada. Entonces, no se necesita ninguna matemática, ciencia o filosofía para entender que el primer y mayor pecado es el incumplimiento de la 1ª ley, no son los mayores pecados el asesinato, ni el robo o el adulterio etc. Sí preguntásemos a nosotros mismos o cualquier otro heterodoxo, ¿cuál es el pecado más grande? tendríamos infinidad de opiniones, menos ésta. En el Misterio de la Metania ¿quién de nosotros se ha confesado alguna vez que ha incumplido el primero y más grande de los mandamientos?

Dios Padre, dentro de los padecimientos de Su Hijo, desea místicamente estremecer la paranoia mundial con Su padeciente e humilde Agapi y desde ésta sacrificadora Agapi de Cristo, el hombre finalmente puede constituirse “uno” con Dios, el cual no tiene sino que “es agapi, ἀγάπη ἐστίν”.

 

Traducido por: xX.jJ

Parábola de Zakeo por San Gregorio Palamas

 

Arreglo, sanación y salvación del archi-publicano Zaqueo (Lucas 18,1-12)

 

 Zakeo

 

1. Anteriormente, los relatos del evangelista Lucas sobre la sanación física del cuerpo de los leprosos y de los ciegos, fueron el motivo de la homilía espiritual por vuestro agapi=amor. Hoy en nuestro tema tendremos a Zaqueo, con la lepra de la avaricia, ciego en la psique y la devolución de su vista psíquica según la lectura.

Seguir leyendo

Santa Tradición y Santa Escritura

 

Biblia y Tradición copia

Cuando hablamos de la Santa Escritura y la Santa Tradición no nos referimos a dos cosas separadas, o contrarias, sino un todo armónico, toda la apocálipsis=revelación de Dios en aras de la salvación del hombre.

San Basilio el Grande resume esta doctrina de la ortodoxia con las siguientes palabras: «De los dogmas y las verdades consagradas en la Iglesia, unos los hemos recibido de la enseñanza escrita, y otros, que llegaron hasta nosotros secretamente, los hemos aceptado de la tradición de los apóstoles. Ambos tienen el mismo significado para la fe. Y nadie de los que tienen aún escaso conocimiento de las instituciones eclesiásticas no se opondrá a ellos… Porque si tratamos de abandonar de las “costumbres” lo que no está escrito, porque supuestamente no son importantes, sin entender, habríamos dañado el Evangelio en su esencia, o mejor dicho, convertiríamos el Evangelio en un “nombre vacío de significado”.

San Basilio el Grande no cesa de mencionar ejemplos específicos de las «costumbres» de la Iglesia en su tiempo, que nadie disputaba ni dudaba, a pesar de que no se encontraban en ninguna tradición escrita.

“Por ejemplo (para recordar el primero y más común de todos), ¿quién enseñó por escrito que los que tienen esperanza en el nombre de nuestro Señor Jesús Cristo manifiestan esta fe haciendo la señal de la cruz? ¿Qué texto escrito nos ha enseñado el viraje hacia el Este, durante el rezo? Los logos de la Iglesia durante la bendición del pan y del cáliz de la Eucaristía, ¿quién de nuestros santos nos los ha dejado por escrito? Ciertamente, no nos basamos sólo con lo que los apóstoles o el evangelio mencionan, pero antes y después de la Eucaristía decimos otros logos también, porque hemos aprendido de la enseñanza no escrita que tienen gran poder en la realización del misterio”.

Sin embargo, el mismo padre de la Iglesia se refiere también a la realización de otros misterios sagrados. “También bendecimos”, dice, «el agua del bautismo, el aceite de la unción e incluso el que está siendo bautizado. ¿De qué textos tomamos todo esto? ¿No los conocimos de la tradición silenciosa y mística?… ¿No viene todo de esta enseñanza que fue mantenida mística y no fue publicada, la cual nuestros padres mantuvieron en silencio, sin explorarla mucho y escudriñarla; porque habían aprendido correctamente que necesitamos proteger la modestia de los misterios silenciosamente?”

Esta conservación “en silencio” estaba en la mente de los apóstoles y se refería a la actitud correcta de los creyentes ante el misterio de Dios.

“Los apóstoles y los padres, que establecieron, desde el inicio, instituciones en la Iglesia, buscaban de preservar el misticismo. Además, lo que uno se informa fácilmente deja de ser misterio. Esto es el significado de la tradición no escrita”, concluye San Basilio. Pero luego vuelve, y da como ejemplo la homología (confesión) en el santo bautismo y escribe:

“De que tradición escrita tenemos la confesión de la fe en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo?  Porque si, habiendo basado en la tradición del bautismo, establecemos la confesión como un elemento esencial del bautismo, siendo consistentes en la piedad, ya que de la misma manera que nos bautizamos así debemos creer; entonces permitidnos, de nuevo por consistencia en la piedad, ofrecer la doxología de una manera similar a la fe. Pero si rechazan esta forma de alabanza como no escrita, entonces que nos presenten pruebas por escrito para la confesión de la fe y también para los otros mencionados”.

Entonces, no hay diferencia evaluativa entre la apocálipsis=revelación escrita y la no escrita de Dios, entre la escrita y no escrita tradición de la iglesia, que data de los primeros siglos eclesiásticos, siendo una parte integral de la vida de la Iglesia a través de los siglos.

Subrayamos que el mensaje del Evangelio está guardado y transmitido por la Iglesia. Los Apóstoles confiaron la enseñanza de Cristo a los pastores de la Iglesia, que están en sucesión apostólica ininterrumpida y garantizan la pureza y la transmisión segura de esta enseñanza a las generaciones futuras. Esta “tradición” o “legado” que se había recibido “una sola vez” de los santos y está siendo transmitida sin “brechas” e “interrupciones” de generación en generación, no constituye “órdenes humanas”, sino es el resultado de la presencia continua del Espíritu Santo en la Iglesia que tiene a Cristo como cabeza.

Cristo no vino para escribir libros, sino para dirigir a los hijos dispersos de Dios en unidad bajo Sí mismo como Cabeza. Ese era el mensaje básico del Antiguo Testamento, que se entiende correctamente con centro la persona del Mesías venidero. Para los cristianos, lo nuevo, el acontecimiento básico no es la composición de algunos libros, que se llamaron Nuevo Testamento, sino el mismo hecho de la salvación en Cristo. Los apóstoles recibieron el mandato de «aumentar» el cuerpo de Cristo construyendo sobre un cimiento, el Cristo. No era su trabajo escribir libros. Sin embargo, los textos que escribieron fueron recogidos después de su muerte por la misma Iglesia y formaron el canon del Nuevo Testamento. Eran libros ocasionales, presuponían el kerigma-discurso oral y no lo hacían innecesario, ni lo sustituían.

El “canon” del Nuevo Testamento (la lista de los libros que pertenecen al Nuevo Testamento) no está siendo entendido sin el camino histórico de la Iglesia. Sin la Iglesia no podemos responder de manera convincente a la pregunta “qué libros pertenecen a la Santa Escritura y por qué”, ni podemos proceder a interpretar la Santa Escritura sin riesgo de crear un sinfín de grupos separados, cismas y herejías que ponen en peligro la sanación y salvación del hombre.

Todos los grupos heréticos, que proyectan un diferente “canon” de la Escritura o que se desvían de la verdad de la Sagrada Escritura, deben su falsedad en esta única razón: Rechazaron la Iglesia y fueron cortados de la comunión con ella. Así perdieron la medida estable del juicio y el punto de referencia que garantizaría la comunión “con todos los santos” y la participación en la fe salvadora que fue dada “una vez” a los santos (Judas 3). Cuando uno rechaza la Iglesia, el mismo se convierte en un punto de referencia y medida de juicio; automáticamente cae víctima del error subjetivo y se transfiere en “otro evangelio” (Gal. 1, 6-8).

Si el hombre mantuviese la pureza de su corazón, el Dios continuaría comunicándose con el hombre de una manera más directa y no necesitaría el logos escrito. Esto significa que los libros de la Santa Escritura fueron dados como un tipo de medicamento que debe utilizar el hombre enfermo. Pero eso no significa que el logos escrito se queda aislado y absolutizado, porque es parte del “patrimonio” pero no es el todo. La santa Tradición de la Iglesia es el todo y esta no se entiende fuera de la Iglesia.

Se trata de la sagrada memoria de la Iglesia, de la experiencia común “de todos los santos” y no de órdenes humanas. Es la sucesión apostólica, directamente relacionada con la enseñanza apostólica y es expresada como una conciencia común de la Iglesia, con “boca” los Sínodos=Concilios Ecuménicos.

¿Que es la apocálipsis (revelación) Divina y Santa Tradición?

De acuerdo con la fe ortodoxa la Iglesia no se basa en textos escritos, sino a la confesión de que Cristo es Θεάνθρωπος, (zeánzropos, Dios-Hombre), es decir, en la persona de Cristo, Dios se unió con el hombre “indivisiblemente, inalterablemente, inconfundiblemente, inseparablemente”, y el hombre entró en una verdadera comunión con Dios, en la persona de Cristo se unió hipostáticamente, es decir, en una sola hipóstasis (base substancial), el Dios y el hombre.

El Hijo y Logos de Dios sigue siendo hipostáticamente unido con Su cuerpo y como cabeza de la Iglesia está siembre unido con nosotros (Mat. 18, 20 + 28, 20). La presencia de Cristo energetiza, activa el Espíritu Santo en la vida de la Iglesia (1ª Cor. 12, 3),  es por eso que la Iglesia es “columna y base de la verdad” (1ªTim. 3, 15 – 1ªCor. 2, 7-11).

Al cuerpo de Cristo, “a los Santos” fue entregada nuestra santa fe “una vez”, una vez por todas- el que no pertenece a este cuerpo, no puede interpretar correctamente la santa Escritura (2ªTes. 3, 6. 2ªPed. 3′ 16. Jud. 3-4). En este sentido la Santa Tradición es la experiencia de la Iglesia, la memoria sagrada de la Iglesia, consagrada y guardada como un tesoro precioso (2ª Tim. 1,13-14).

La santa Escritura no contiene la totalidad de la apocálipsis=revelación divina. Ya del Antiguo Testamento está subrayada la importancia de la tradición oral y el cuidado de la transmisión de generación en generación (Sal 43, 2 / 44, 1. Joel 1, 3). El Nuevo Testamento apunta que no contiene enteramente todos los logos y las obras de Cristo (Jn 21, 25).

La misma santa Escritura hace uso de la tradición (Núm. 21, 14-15. Mt. 2, 23. Hech. 20, 35. 2ª Tim. 3, 8. Jud. 14). Cristo no motivó a sus discípulos a escribir libros, sino a predicar, prometiéndoles que siempre estará con ellos (Mt. 28, 20) y que les enviaría el Espíritu Santo para quedarse con ellos (Jn 14, 16) y enseñarlos y recordarlos de Su predicación (Jn 14, 25-26) y conducirlos “a toda la verdad”, apocaliptándoles=revelándoles el significado profundo de los logos de Cristo y todo aquello que con sus propias fuerzas no podían “soportar” (Jn 16, 12-15).

Pero también los apóstoles no se limitaron a los textos escritos- impartieron a los primeros cristianos mucho más de lo que registraron “en papel y tinta” (2ª Juan 12. 3, Jn 13-14. 1ªCor. 11, 34). Algunos de los escritos resultaron a tener su importancia actual, porque no fueron mantenidos en la Iglesia: El número de los diáconos (Hech 6, 3), la Orden de las Viudas (1ª Tim. 5, 9), el pañuelo de las mujeres (1ªCor. 11, 5), el lavado de los pies (Jn 13, 14).

El centro de la santa Escritura es la persona de Cristo (Jn 5, 38-39. Gal. 3, 24), sin Cristo no podemos entender la Santa Escritura (2ª Cor. 3, 14). Por lo tanto, la unidad al cuerpo de Cristo, es decir la Iglesia, asegura la pureza de la verdad del evangelio (1ª Tim. 3, 15).

La santa Escritura+ no está dirigida a individuos dispersos, sino a fieles, que están estructurados en un cuerpo. La tradición sagrada es la atmósfera, en la que el cuerpo vive y entiende correctamente la verdad, es la experiencia constante de la Iglesia, su conciencia, no opiniones personales, enseñanzas y órdenes de la gente (Isa. 29, 13. Mt. 15, 3.4.9. Mr. 7, 8. Col. 2, 8).

Con base el tesoro de la memoria sagrada de la Iglesia, el estudio de la santa Escritura conduce a la unidad, no a la división de la Iglesia. De esta manera, se cumple el deseo de Cristo para la unidad de los fieles (Jn 17, 20-21). Por eso los apóstoles estaban recomendando a los Cristianos guardar y mantener las tradiciones, es decir, el tesoro que se les confiaron (1ª Cor. 11,2. Fil. 4, 9), «ya sea por logos, sea por carta» (2ª Tes. 2, 15. 2ª Tim. 1, 13).

Los pastores de la Iglesia fueron colocados en esta posición para vigilar, es decir, ser guardias (= obispos) de la pureza de la vida y de la enseñanza de la Iglesia (Hech. 20, 28-31): «Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos… Retén la forma de los logos sanos que de mí oíste, en la fe y amor que es en Cristo Jesús. Guarda el buen depósito por el Espíritu Santo que mora en nosotros» (2ªTim. 1, 6. 13. 14). «Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros» (2ªTim. 2, 2).

En otras palabras, la sucesión apostólica co-camina con la enseñanza apostólica. En este sentido, entendemos las palabras de San Ignacio (110): «Porque Jesús Cristo, nuestra verdadera vida, es la opinión y logos del Padre, así como los obispos que han sido instalados en los extremos de la tierra son con el logos del Jesús Cristo («en Jesús Cristo Logos»). Entonces, vosotros también debéis observar la opinión y logos del obispo; cosa que la están haciendo, porque el buen nombre de su Presbiterio, que también es digno de Dios, está armonizado con el obispo, como las cuerdas en la guitarra» (Ignacio, Efes. III, 2-IV,1).

Esta enseñanza no es de hoy- es una convicción de los primeros Cristianos;
«De los dogmas y las verdades que guarda la Iglesia, unos los obtuvimos de la enseñanza escrita, otros que en secreto han llegado hasta nosotros, los aceptamos de la tradición de los apóstoles. Ambos elementos, la tradición escrita y la oral, tienen la misma importancia para la fe. Y nadie de los que tienen aún poco conocimiento de las instituciones eclesiásticas puede tener alguna objeción sobre ellas. Porque si tratamos de abandonar las costumbres que no están escritas, porque supuestamente no tienen gran importancia, sin entenderlo, dañaríamos el evangelio en su esencia o, probablemente, lo convertiríamos en un discurso vacío de significado» (San Basilio el Grande, Sobre el Espíritu Santo, 27 66).

Así en la época del Gran Basilio, aquel que tenía aún «poco conocimiento de las instituciones eclesiásticas», admitía que la apocálipsis=revelación divina fue guardada secretamente en la Iglesia en toda su plenitud. Por ejemplo, San Basilio se refiere a la costumbre «de los que tienen la esperanza en el nombre de nuestro Señor Jesús Cristo» deben revelar su fe «haciendo la señal de la Cruz».

Entonces aquí tenemos una diferencia básica con el mundo protestante. El principio de «sólo la Santa Escritura» deja en descubierto incluso la misma Santa Escritura, expuesta a la «autoridad interpretativa» y la «infalibilidad» de cada pastor.

La Santa Escritura no puede ser absolutizada, porque esto sustituiría el Cristo vivo con la letra de la Santa Escritura, que se deifica separada de la vida del cuerpo de Cristo y de la vida de los santos (Judas 3). La Santa Escritura es «el logos sobre el Dios que pasó por el corazón de los santos es el logos de Dios sobre Dios» (G.Metalinos), la verdad que fue dada «una vez» a los santos (Judas 3), pero no toda la verdad, sino un parte de ella. No puede ser entendida separada de la Iglesia (1ª Tim. 3, 15).

Manual para sectas y grupos para-cristianos
Padre Antonios Alevizopoulos
Dr. Teología, Dr. filosofía

Traductor: Xx.jj