Hisijía

Ἡσυχία (hisijía), interior tranquilidad, paz y serenidad. Es la paz del corazón, el estado del nus sin molestias, la liberación del corazón de los pensamientos-reflexiones (loyismí), de los pazos influenciados por el ambiente y permanencia en Dios. La hisijía es el único camino para que el hombre llegue a la zéosis, espectación o semejanza. La hisijía del cuerpo es el ayudante para llegar el hombre a la noerá hisijía. Hisijasta es aquel que lucha con maneras especiales para la recogida del nus dentro al corazón.

Pazos

Πάθος (pazos) pasión, padecimiento, hábito, vicio, patología es el último estadio del pecado. Los estadios del desarrollo del pecado son ataque, incitación mediante los pensamientos-reflexiones, combinación, consentimiento, deseo, praxis y pazos. Pazos es acción repetida costumbre que adquiere fuerza y poder sobre el hombre. En la teología ascética pazos se llama el movimiento contra natural de las fuerzas de la psique (alma).

Praxis

Πράξις (praxis) acción, acto, hecho y πρακτικός (practicós) practicante. Praxis es el esfuerzo por la catarsis del corazón que es el primer estadio de la vida espiritual. Practicante es aquel que lucha para limpiar el corazón. En la teología patrística practicós se caracteriza el pastor, es decir, como el pastor de los animales que lucha para domarlos y domesticarlos.

Nipsis

Νήψις nipsis (sobriedad). Se llama así la alerta, guardia espiritual, la continua atención y vigilancia de manera que el pensamiento-reflexión (loyismós) no avance desde la lógica de la mente y se introduzca al corazón. En el corazón se debe de encontrar sólo el nus, la atención y su energía y no los pensamientos-reflexiones. Esta alerta vigilante se llama nipsis (sobriedad).

Hidoní

Ἡδονή (hidoní) voluptuosidad, placer. Se llama el placer, el contento que siente el hombre por el disfrute de una cosa, una idea etc. Tal como existe la psique y el cuerpo así también existe hidoní espiritual y corporal. La hidoní que proviene de Dios conecta con la paz, en cambio la del pecado y del diablo provocan turbación y conflicto. También una hidoní que provoca dolor y culpa proviene del diablo y conecta con los pazos (pasiones, padecimientos).

Yérontas

 
Santos Ortodoxia
 

Γέροντας (Yérontas). Es el Clérigo o el monje que se ha terapiado o está sanándose con la energía increada Gracia de Dios, y ayuda a sus obedientes a sanarse, es decir, que pasen de la catarsis del corazón a la iluminación del nus y la zéosis o glorificación.

Oración del Fariseo y el Publicano Triódion

 

El desastre de la egopatia y la bendición de la humildad

Fariseo Publicano 2

Con la jaris y la caridad del Santo Dios hemos llegado una vez más al santo Triodion, el período festivo más sagrado y devoto del año eclesiástico. Este largo período, empieza con el Domingo del Publicano y el Fariseo y acaba el Sábado Santo; es el período del año más importante de nuestra Iglesia, porque da la ocasión en nosotros los creyentes a concienciar nuestro camino equivocado, corregirlo y reconsiderar nuestra actitud ante el Dios y nuestros semejantes. Esta catarsis (sanación) y corrección de nuestro camino terrenal es condición indispensable para poder, sanados y cambiados, a festejar la santa Pascua, de acuerdo con la sugerencia paulina, no como los Judíos típicamente en apariencia, sino  “que celebremos la fiesta con panes de levadura de sinceridad y de verdad”, expulsando y rechazando nuestra vieja levadura de maldad y mala astucia, (1ªCor 5,8).

  El primer Domingo del Triodion está dedicado a la muy didáctica o instructiva parábola del Publicano y del Fariseo; la cual el Señor dijo para enseñar la divina virtud de la humildad y para reprobar, machacar la arrogancia, exaltación eosfórica (luciférica o demoníaca). Enseñó esta parábola, “ A unos que confiaban en sí mismos como justos, y menospreciaban a los otros, dijo también esta parábola, (Lc 18,9). Es decir, el Cristo se motivó de la actitud hipócrita de los Fariseos, los cuales querían parecerse como escogidos, privilegiados y amados de Dios, despreciando los que no pertenecían en sus filas, como miserables y odiados de Dios.

El evangelista Mateo, de forma muy concisa y muy clara, rescató esta parábola de la siguiente manera: “Dos hombres subieron al templo a orary el que se hace humilde será enaltecido y glorificado de Dios, (Lc 18,10-14).

 La clase de los fariseos representaba la hipocresía y la autosuficiencia egoísta. Sus miembros, cortados absolutamente del resto de la comunidad judía, constituían, equivocadamente, la medida de comparación de la piedad y la ética para los Judíos. Era de tal manera la arrogancia, la exaltación y el orgullo personal de ellos, de manera que se habían convertido en tiranos del pueblo. El Señor en sus kerigmas no paró de fulminar y machacar la imposición tiránica de ellos.

«Mt 23.1 Entonces habló Jesús a las multitudes y a sus discípulos, diciendo: En la cátedra de Moisés se sientan los escribas y los fariseos. Así que, todo lo que os enseñan y digan que guardéis, guardadlo y hacedlo; mas no hagáis conforme a sus obras, porque dicen, y no hacen. Porque atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los hombres; pero ellos ni con un dedo quieren moverlas. Antes, hacen todas sus obras para ser vistos y alabados por los hombres.»

Al contrario los publicanos eran la personificación de la injusticia y de la pecaminosidad. Como recaudadores de impuestos de los conquistadores romanos, cometían injusticias, robos, extorsiones, usura y otras transgresiones atroces, por eso con razón el pueblo los odiaba. Eran ricos e injustos en sus actividades y esto intensificaba la envidia y la indignación del pueblo hacia ellos.

Dos tipos representativos de la sociedad contrarios. Y dos de estos tipos de representantes de la sociedad, subieron al templo a orar. El primero se creía piadoso, teniendo la autosuficiencia sobre su supuesta piedad ya como un hecho, paró con arrogancia ante el Dios y empezó a contar sus virtudes, las cuales eran reales. Las exponía con provocación, de manera que requería de Dios a recompensarle por ellas. Las contaba una a una en voz alta, para que sean escuchadas por los que se encontraban en el templo, haciendo también comparación con los demás y particularmente con el publicano que estaba orando.

 Lo contrario, el publicano realmente pecador, sintiendo su mal estado pecaminoso, con contrición y humildad, pide la misericordia de Dios. No tiene virtudes que contar, y aunque tuviese, estaban ahogadas en el mar de sus pecados. No se atreve a mirar hacia el cielo donde se encuentra el trono de Dios, sino que mira hacia la tierra, donde se comete el pecado. De sus ojos corren lágrimas, como desbordamiento de los pecados de su corazón. El tono de su voz es bajo, tan bajo que escucha solamente a Dios. Lo único que se escuchaba eran sus suspiros como un llanto de desesperación, depresión y desesperanza. No tiene el coraje de elevar sus manos, sino que golpea su seno, como si fuera pegando su viejo yo por tantos pecados grandes. Dentro de su contrición puede ver al Fariseo que egoístamente estaba parado a su lado, escuchando sus tonterías egoístas. Quizá escuchó sólo la última frase de él, de que no es justo como aquel y por supuesto estaría de acuerdo con él. Pero esta metania suya, su verdadera contrición, le convierte justo ante el Dios. Su oración es aceptada, al contrario que el hipócrita Fariseo, de quien no sólo no fue aceptada su oración, sino que acumuló para sí mismo más pecados, a causa de su egopatía.

 Los Padres de la Iglesia nos han designado que el primer Domingo del Triódion esta parábola del Señor sea didáctica, instructiva, para que conciencien los creyentes que el orgullo es la raíz incurable del mal del hombre, que le mantiene alejado de la sanadora jaris (energía increada) de Dios. Cómo la humildad es el antídoto sanador y salvador de la catástrofe del camino que la egopatía conduce al hombre; la cual es el obstáculo para la sanación y salvación. Esta autosuficiencia egoísta, como un estado muy enfermizo, impide la sensación y concienciación de la pecaminosidad y la disposición para la metania. (Introspección, arrepentimiento y confesión).

Egoísmo y metania son dos conceptos opuestos e incompatibles.  La una niega la otra. Las puertas de la psique del hombre egópata están herméticamente cerradas para la divina jaris increada y por consecuencia es imposible su sanación y salvación, mientras persiste en su aislamiento egoísta.

El orgullo y el egoísmo son situaciones eosfóricas (demoníacas, luciféricas). El primer maestro que enseño es el eosfóros (lúcifer, demonio), quien no podía considerar a sí mismo inferior que el Dios y su creador, por eso pensó montar su trono sobre Su grandeza, “Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte; sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo”. (Is 14, 13-14)

Pero esta decisión suya arrogante tuvo como resultado no sólo de no realizar su propósito, sino perder también su doxa (luz de luces increada) y el honor que le había regalado el Dios y caer en el extremo descrédito. Y aún, con incontable odio y envidia, quiso transmitir también al hombre, que la corruptora y catastrófica costumbre del egoísmo es creación puntal de Dios. Convenció a los primeros en ser creados que supuestamente eran capaces de hacerse dioses por sí solos (Gén cap. 3º), co-arrastrándolos en su desgracia y catástrofe.

  Exactamente esta situación tiene en cuenta nuestra Iglesia y estableció el período solemne y sobrecogedor del Triodion, que señaliza el estado post caída del género humano, que empieza machacando al egoísmo, como la causa inicial de la caída y después el camino dramático del hombre. Nos llama hacer un sacrificio grande en estos días sagrados que siguen. Sacrificar nuestro egoísmo, como un sacrificio gustado por el Dios, porque “el sacrificio a Dios con espíritu y corazón quebrantados y humildes, el Dios no los extenúa” (Sal 50,19). Considerar nuestro yo egoísta como el peor y el más peligroso enemigo nuestro, porque si no lo vencemos nos vencerá él y nos mandará para siempre a la perdición.

  Es de esencial importancia el logos de nuestro Señor: “El que es el mayor de vosotros, sea vuestro siervo. Porque el que se enaltece será humillado, y el que se hace humilde será enaltecido, (Mt 23, 11-12). El verdadero siervo para el Cristo es aquel que pone a sí mismo como siervo de los demás y se considera inferior a los demás. Igual de importancia esencial es también Su afirmación: “De cierto os digo, que los publicanos y las rameras van delante de vosotros a la realeza (increada) de Dios”, (Mt 21,32), que significa que nuestros cohabitantes al paraíso serán pecadores con metania, en cambio estarán ausentes aquellos que están sin metania, creídos que son justos.

El período del Triódion es por excelencia lucha contra la egopatía y ascesis sobre la virtud de la humildad, como monódromo (camino único) para nuestra sanación y salvación. Constituye el espacio preparativo antes de la Pascua, la preparación ontológica (real y existencial) de nosotros los creyentes para la sublime y brillantísima fiesta de nuestra Iglesia. Para nuestra catarsis (sanación) psicosomática de todos aquellos virus y manchas que infectan nuestra existencia y nos convierten en existencias enfermizas, decaídas de nuestra autenticidad. Nuestra participación en el iluminante Festejo de los festejos (la Pascua) requiere renovación personal y particular rechazo de nuestro egoísmo; de lo contrario la resucitadora luz (increada) sin crepúsculo mostrará nuestra suciedad psíquica y no podremos convertirnos en partícipes de nuestro Redentor Resucitado, dejando intocables las inefables donaciones de la Resurrección.

Es necesario, pues, tal como nos exhorta el apóstol Pablo que “se forme el Cristo” en nuestra existencia (Gal 4,19).Y nuestra formación en Cristo empieza por la expulsión de la egopatía y la adquisición de la humildad, la cual solamente ella puede elevarnos al trono de Dios” Amín.

Lambros Skontzos Teólogo y Profesor

Traducido por: xX.jJ

Qué es el Triódion

 

Triódion

Triódion

Hoy, tal como decimos, se inicia el Triódion. ¿Pero qué es el Triódion?, ¿qué entendemos cuando decimos que empieza el Triódion y qué es el período eclesiástico del Triódion?

Primero el Triódion es uno de los libros litúrgicos de la Iglesia. En este libro casi se contienen cada día himnos, que se llaman Triódios, es decir, himnos que están constituidos de tres odas. Estos himnos por regla general se llaman Cánones. Los Cánones en su forma completa y al contrario que los Triodios, están constituidos de nueve odas.

¿Qué son las odas? Son grupos de cuatro, cinco o más, de troparios que se psalmodean de mismo modo. Mientras que los Cánones son himnos con nueve odas, los Triódios son himnos más pequeños con tres odas. Oda es una canción sagrada, divina. De estos Triódios, pues, se llama también el libro del Triódion.

Pero todo esto hoy en día es un tema aburrido. Pero estos temas antiguamente los cristianos los sabían y no eran aburridos para la piedad de ellos. Al contrario, estos y todo lo que se hacia en la Iglesia, era lo que caracterizaba la piedad ortodoxa. La sagrada himnología, la psalmodía bizantina y el culto divino generalmente de la Iglesia, junto con la lectura de las Santas Escrituras, el divino kerigma, las santas letras y la instrucción ortodoxa. Para nosotros los Helenos es nuestra lengua nacional, porque todo esto está escrito en la lengua Helénica, tanto la Santa Escritura como los Oficios divinos. Esto es un privilegio excepcional para nuestra nación.

Triódion se dice también el período eclesiástico que empieza desde hoy hasta la Pascua, porque durante todo este espacio de tiempo se utiliza el libro litúrgico del Triódion.  Es decir, las cuatro semanas antes de la gran Cuaresma, las cinco semanas de la gran Cuaresma hasta el Sábado de Lázaro y la Semana Santa. Pero en estos días debemos añadir también todos aquellos del Pentecostarion, es decir, desde la Pascua hasta el Domingo de todos los Santos. El Pentecostarion en un segundo libro litúrgico, continuación del Triódion. Pues, este período eclesiástico empieza hoy y cierra con el Domingo de Todos los Santos. Este período es de cuatro meses, desde el final del invierno hasta los principios del verano.

Todo este período junto con los Domingos, son las fiestas movibles del tiempo eclesiástico. Se llaman movibles, porque cambian las fechas, a veces se mueven tempranamente y a veces tarde. Estas fiestas están vinculadas con la Pascua que la siguen. Es conocido que la Pascua, por distintas razones, que ahora no podemos de explicar, se festeja a veces temprano y a veces tarde.

Todo esto no lo tomemos como un tema seco o aburrido. Como si no ganamos nada, si aprendemos más y no perdemos nada si sabemos menos. Este orden litúrgico y tradición de nuestra Iglesia está cultivada, fermentada con la vida de nuestros Padres. No es poco mantener la fe de nuestros antepasados y creer que nuestro Dios es “el Dios de nuestros padres”, tal como psalmodeamos en el sagrado Oficio diario. Todo el período del Triodion es para los cristianos ortodoxos tiempo de metania (introspección, arrepentimiento y confesión), oración y ayuno. Por eso hoy que empieza el Triodion cada creyente ora con recogimiento y devoción psalmodeando: “ábreme las puertas de la metania, Vivificador…”

 † Dionisios Metropolita de Kozani

Traducido por: xX.jJ

Domingo de pródigo

Lectura del Apóstol: 1Corintios 6,12-14

 

12 Todο me está permitido, pero no todo me conviene; todas las cosas me están permitidas, pero yo no me dejaré dominar de ninguna. 13 (No es la comida que nos convierte en pecadores). Los alimentos para el estomago, y el estómago para los alimentos; pero tanto al uno, como a las otras destruirá Dios (en el Juicio futuro). Pero el cuerpo no es para la fornicación y los deseos carnales, sino para el Señor (que es la cabeza del cuerpo espiritual de la Iglesia), y el Señor para el cuerpo (para habitar en el y sanarlo y santificarlo). 14 Y Dios, que levantó al Señor, también a nosotros nos levantará con su poder. 15 ¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros del cuerpo de Cristo? (Quien es la cabeza del cuerpo de la Iglesia). ¿Quitaré, pues, los miembros de Cristo y los haré miembros de una ramera? De ningún modo. 16 ¿O no sabéis que el que se une con una ramera, es un cuerpo con ella? Porque dice la Escritura: Los dos serán una sola carne. 17 Pero el que se une (místicamente) al Señor, un espíritu es con él (y se llena de energía increada jaris). 18 Huid de la infección de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo (y no se mancha directamente); pero el que fornica, contra su propio cuerpo peca (porque se infecta  inmediatamente). 19 ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que habita en vosotros y que lo habéis recibido de Dios? Ya no os pertenece a vosotros mismos. 20 Porque habéis sido comprados a gran precio (es decir, por la sangre de Cristo de precio incalculable); glorificad, pues, a Dios con vuestro cuerpo y con vuestro espíritu, los cuales son de Dios. (1ª corintios 6,12-14)

 

ap-paulos

Todο me está permitido, pero no todo me conviene;

α. Segundo Domingo de nuestra preparación para la Gran Cuaresma con la parábola del hijo pródigo o derrochador insaciable y la lectura apostólica correspondiente: el derrochador insaciable o pródigo es proyectado como ejemplo de metania (introspección, arrepentimiento, conversión y confesión) y regreso a Dios, lo que consiste la Gran Cuaresma para que reencontremos otra vez a nuestro auténtico y verdadero yo, lo cual perdemos con nuestros pecados múltiples. La lectura de la 1ª epístola a los Corintios del Apóstol Pablo constituye una notificación de esta vida del hijo pródigo o insaciable. ¿Qué destaca el Apóstol? La verdadera libertad, es decir, esta que asegura nuestra relación con el Dios, la cual se difiere de varias versiones falsas. “Todo me está permitido”, decían en la época del apóstol, “pero no todo que se me permite, me conviene y me beneficia”, añadió el apóstol. Una dialéctica que emplea el hombre en cada época, y permite un breve comentario.

 

β. 1. Sin duda, es innecesario volver a recordar el valor de la libertad en el hombre. La libertad es considerada, principalmente de nuestros santos, como el elemento por excelencia en el hombre “como imagen” de Dios. Es decir, si hablamos para el “como y imagen y como semejanza” entre el Dios y el hombre, entonces hablamos sobre el ser que fue dotado con carismas especialmente Suyas; principalmente hablamos para el regalo de la libertad que ha dado al hombre, de modo que sin esto no sea considerado como humano. Según el contemporáneo santo yérontas Porfirio: “El Dios simplemente no sólo ha dado la libertad del hombre, sino que la ha grabado en su interior”. No es pues su lógica, ni su mundo sentimental que constituyen su prioridad, sino su libre voluntad, hecho que significa que de ella depende el camino correcto del hombre para alcanzar su sanación y salvación.

2. Pero si la libertad es el elemento más importante para el hombre, sin embargo, la definición de su contenido no es fácil. Porque a causa de la caída, la imagen de Dios en el hombre fue corroída y la libertad ha perdido el significado claro y se presenta de forma distorsionada. Precisamente el apóstol Pablo pone de relieve la distorsión más importante: “Todo me está permitido”. Se trata de la comprensión de la libertad en pleno desmán y confusión, la cual, obviamente, presupone que el mismo hombre compone la referencia final de este mundo. Aquí no existe el sentido de la presencia de Dios y por eso, tampoco el funcionamiento ordenado de la libertad, es decir, como regalo que conduce hacia Aquel. Por lo tanto, el derrocamiento de la forma de la creación está dada: precisamente como el hombre no se refiere a Dios, se conduce en la plena sumisión y esclavitud de sus pazos y por extensión del diablo. Así el hombre se convierte en el ser más peligroso dentro de toda la creación: se destruye a sí mismo y eventualmente destruye lo que le impide satisfacer sus pazos. Tal como ha recalcado el escritor ruso Dostoievsky: “Sin Dios todo está permitido”. La lectura evangélica con la parábola del hijo insaciable viene a describir gráficamente este estado de desmán de la libertad sin Dios: insaciabilidad, necrosis (mortificación) y perdición del sí mismo.

3. El apóstol Pablo, pues, pone las cosas en su sitio. Habla sobre la verdadera libertad, que el criterio es el interés espiritual del hombre; es decir, contribuye a la relación vibrante con el Dios. La libertad no se autonomiza, tal como deja ver el Apóstol, con los súper defensores del “todo me está permitido”, como ha sucedido también los últimos años particularmente a nivel práctico y filosófico. La libertad fue dada por el Dios para el progreso del hombre en Dios. Esto significa que el hombre está libre para elegir la voluntad de Dios en su vida y no oponerse a ella. Precisamente esta oposición, la comprensión de su libertad como fuerza de supresión de Dios, contribuyó también en su caída con sus resultados trágicos que trajo, principalmente la pérdida de su propia libertad.  “Pero yo no me dejaré dominar de ninguna”. Esto quiere decir: que en el momento que elijo libremente la voluntad de Dios, en aquel momento garantizo mi libertad y a continuación el aumento de ella. Porque la verdadera libertad se encuentra al mismo Dios. Él es la fuente de ella. “Donde está el Espíritu de Dios allí está la libertad” “Cristo Dios nos liberado, no paréis ni toleréis otra vez en el yugo de la esclavitud”.

Así se crea una cosa considerada paradójica: uno debe someterse a Dios, es decir, obedecer Su voluntad para ser libre, o sea “obediencia a Dios igual a libertad. Y libre significa hijo de Dios. De otras palabras, el Dios a quien Le obedece, le eleva en hijo Suyo, en amigo y hermano Suyo. “Vosotros sois mis amigos si hacéis todo lo que os he mandado” y “los que le recibieron les ha dado poder de convertirse y hacerse hijos de Dios”  Y por otro lado “el librado o alejado” de Dios finalmente se hace esclavo de sus pazos y del diablo. Porque la libertad de Dios significa perdición de la agapi e implicación al mismo infierno.

Por lo tanto, libre no es el que hace lo que quiere o lo que puede hacer, sino aquel que hace lo que le conviene en su existencia psicosomática, es decir, aquello que tiene valor eterno y le mantiene en la jaris (gracia, energía increada) de Dios. Los ejemplos que nos dice el apóstol Pablo sobre la comida y sobre el tema de la lujuria o prostitución, se entienden exactamente bajo esta perspectiva: no sólo la psique sino también el mismo cuerpo funciona correctamente y sin problemas, cuando funciona en doxología, es decir, en relación hacia el Cristo Dios y no en relación para la satisfacción del hedonismo del hombre: “No es la comida que nos convierte en pecadores. Los alimentos para el estomago, y el estómago para los alimentos; pero tanto al uno, como a las otras destruirá Dios (en el Juicio futuro). Pero el cuerpo no es para la fornicación y los deseos carnales, sino para el Señor (que es la cabeza del cuerpo espiritual de la Iglesia), y el Señor para el cuerpo (para habitar en ello y sanarlo y santificarlo”. (1ªCor 6,13)

4. Desde este punto de vista, la principal característica de la libertad que conduce a su propósito y la relación vibrante con el Dios, es la ἐγκράτεια (engratia, contención, austeridad y autodominio). La engratia que tanto se recalca en el período del Cuaresma sea como ayuno, sea como delimitación de los apetitos pecaminosos, no es solamente una virtud simple y parcial, mucho menos opresora, tal como creen y afirman algunos. La engratia (contención, austeridad y autodominio) es una virtud general que garantiza la libertad del hombre de la incontrolable sumisión, esclavitud en sus pazos. Tal como es el cauce de un río que lleva las aguas al flujo normal, lo mismo la engratia restringe al hombre de sus tendencias pecaminosas, para que permanezca a Dios y respire el aire de la libertad. Contención, autodominio, austeridad y vida espiritual cristiana coexisten siempre, por eso no hay ningún santo sin la engratia (contención, austeridad y autodominio). La idea de que uno puede combinar vida espiritual con sus indomables e insaciables apetitos, realmente consiste en una idea, pero no tiene ninguna relación con esto que vive la Iglesia. Diríamos que la base teológica para esta verdad la da el mismo Dios nuestro. Está libre porque es auto-restringido: no hace lo que puede, sino lo que es de interés para Su creación, a causa de Su agapi (increada).

 

c. Nuestra lucha para que seamos libres, es decir, vivir en Dios, tal como dijimos, no es una lucha del momento o de algunos momentos de nuestra vida. Y no se relaciona con nuestros yo quiero (en su mayoría pecaminosos) y los así me gusta a mí. Nuestra libertad se gana o se pierde en cada momento en el grado que caminamos con el criterio de nuestro interés espiritual, es decir, nuestra obediencia a la voluntad de Dios en Cristo. Lo “hágase Tu voluntad” compone el aire que respiran los hijos de Dios y por eso finalmente “ven, contemplan” que el Dios se convierte Él mismo en obediente de ellos. En este aire de libertad nos conduce paso a paso nuestra Iglesia siempre, pero por excelencia el período del Pentecostés que se encuentra en las puertas. Amín.

Sacerdote Georgios Dombarakis

 

Fuente: ΑΚΟΛΟΥΘΕΙΝ
Traducctor: xX.jJ

Catársis

 

Κάθαρσις (kázarsis,) catársis, limpieza, sanación, purgación o terapia. En la teología patrística, se refiere principalmente a la psique, para expresar el primero de los tres estados. Es la expulsión del corazón de todo lo que no es natural, de los loyismí o tentaciones y de los malos deseos, ilusiones, ansias, la conversión de los pazos, a través del cultivo y apropiación de las virtudes en el lugar de presencia de Dios, el corazón.La catarsis va unida con la metania y es tarea de toda la vida, incluso de los santos, porque nadie es infalible e impecable.