“LIBERTAD”, según san Máximo el Confesor

“LIBERTAD”, según san Máximo el Confesor

Por el presbítero y teólogo Dimitri Saniloae

 

San Máximo se distingue como el teólogo de la libertad. En la encarnación de Cristo se manifiesta la divina libertad y esto tiene como consecuencia la libertad humana. La humanidad que toma Cristo no puede quedar insensible por el gran soplo de la divina libertad. Tomando libremente la naturaleza humana, el Hijo de Dios mantiene la libertad dentro en la unión. Pero como hombre que es también tiene esta libertad humana, (63. P.G 91, 598 A)

Pero según san Máximo la libertad conecta con el logos. Según él, la libertad es movimiento de la naturaleza lógica. La naturaleza humana no puede salir totalmente de su libertad, porque no puede salir totalmente de su racionalidad. La libertad, el logos y la agapi son tres términos que definen la naturaleza humana en su autenticidad. El logos separa las partes de una realidad, pero los logos de las partes hacen las partes constituir un conjunto, porque existe un logos del todo. Y esta tendencia de las partes es la agapi recíproca de ellas. Y los tres aspectos que nos hemos referido sobre la realidad espiritual conducen esta realidad a su unión con Dios, al supremo Logos, Libertad y Agapi, (65 P.G 91, 488 D).

Pero la plena libertad se establece en la naturaleza creada por la encarnación del Logos de Dios, el Logos supremo. Porque dentro en la naturaleza creada en sí misma, la libertad se determina por el lazo o vínculo entre las partes.

Las partes de una naturaleza compuesta se definen entre sí y también se han definido por el todo que trae esta naturaleza a la existencia, es decir, del universo. Ninguna parte existe antes de las otras, porque ninguna tiene la iniciativa de la producción de las otras. Un átomo-individuo con naturaleza compuesta es producto de su misteriosa totalidad y, más allá de esta totalidad es producto de un género y está contenido en esto. Y el género o especie contiene la totalidad de la creación.

Aquellos que sostienen compuesta la naturaleza de Cristo se basan a la teoría que la psique y el cuerpo son dos entidades autónomas que pueden constituir una sola entidad con el encuentro de ellas. La preexistencia de la psique era un punto para basarse ellos. San Máximo ha demostrado  en su obra “Sobre Distintas Dudas” que la psique no preexiste antes del cuerpo ni viceversa. Jesús Cristo no puede tener naturaleza compuesta, porque el Logos preexiste de la eternidad y porque no se viste del cuerpo por una necesidad, (66 P.G 91, 488D – 489 AB).

Lo mismo dice también san Máximo en su epístola 13. (67  P.G 91, 546 D – 547 C).

Los adversarios objetaban, puesto que cada hipóstasis tiene sus partes que empezaron a existir a la vez que ella, san Máximo y los que sostienen una hipóstasis compuesta cometen el mismo error con los que sostienen una naturaleza compuesta en Cristo. San Máximo contesta: esto sería veraz si considerásemos la hipóstasis de Cristo como una hipóstasis de un género o especie que se constituye de naturaleza compuesta. Pero en el caso de Cristo el estado es totalmente distinto: «Porque el divino Logos no bajó a nosotros de manera lógica, racional sino utilizando la economía (es decir, la humanización del divino Logos), en la hipóstasis del divino Logos se unió la humana y así renovó nuestra naturaleza humana” (68. P.G 91, 492 A).

La naturaleza compuesta significa falta de libertad de las partes. La hipóstasis compuesta no significa siempre falta de libertad, sino sólo cuando la hipóstasis se delimita en un género o una especie. En Cristo la hipóstasis es compuesta por el hecho de que la divina hipóstasis “asume y toma” libremente la naturaleza humana. El hecho de “asumir y tomar” se convierte así el punto de libertad en la composición de la hipóstasis compuesta de Cristo. No es hipóstasis compuesta de su naturaleza sino que se hace libremente, (69 P.G 91, 525 D) (70 P.G 91, 529 BC) (71 P.G 91, 547 C).

Es verdad que aquel que no mantiene la diferencia de las naturalezas después de la unión, sino que las manifiesta como una naturaleza compuesta, ya no reconoce la libertad del Logos a la “asumida y tomada” naturaleza, sino que le somete a la ley de la creada naturaleza. Sólo el Logos está por encima de las creaciones «sin pazos y tomando verdaderamente la otra esencia, la creada, la guardó inalterable, in-cambiable y sin mezcla…» (73. P.G 91, 532 A).

Sin duda el hombre a pesar de que tiene naturaleza compuesta, cierto que tiene alguna libertad. Pero no la libertad de nacerse o no nacerse como hombre, de ser o no ser humano, tal como la libertad que tiene el Logos de Dios. El hombre tiene la libertad de la icona-imagen de Dios, pero no la libertad del Arquetipo del hombre. Tiene una libertad que se energiza, se activa cuando la naturaleza humana recibe la existencia concreta como nueva hipóstasis. Tiene libertad, porque el hombre nace y puesto que Dios le llama a la existencia y él responde a la llamada de Dios, aún aunque esta respuesta se da inconscientemente desde el primer momento. Tiene la libertad, porque Dios le llama y él contesta como sujeto de una naturaleza que tiene a su interior el poder de la libre y concienciada respuesta. Pero su libertad es libertad de ser hombre que se constituye de psique y soma (cuerpo), calcular los límites del cuerpo, contestar a Dios y así participar a la libertad de Dios por voluntad y iniciativa de Dios.

Jesús Cristo también como hombre responde a Dios por la venida a la existencia como hombre y actuar como humano. Pero en su caso, el mismo Hijo de Dios llama la naturaleza humana a la existencia y el mismo se hace cargo de responder como hombre a esta llamada. Como Hijo de Dios mantiene su libertad católica (universal), y también como hombre, aunque esta segunda libertad suya es humana, se aviene al hombre y tiene en cuenta los límites del cuerpo. Pero, dentro en Aquel, el hombre responde con la más perfecta libertad en cada llamada de Dios.

Para la diferencia de las dos naturalezas de Cristo, san Máximo trae un argumento más: la falta de analogía de las naturalezas o la absoluta falta de analogía podríamos decir.

Sólo el ὂν (on) el ser que sus partes vienen a la vez a la existencia y por consecuencia se han hecho lo uno para lo otro, tiene estas partes en una dimensión común. En naturaleza humana, realmente conjuntada en una hipóstasis particular, todas las partes vienen a la vez en una concreta existencia hipostática y entre ellas se realiza una composición como expresión de una especie o género que se realiza de nuevo en una concreta existencia hipostática. Y todas las partes entre ellas obedecen a una analogía, es decir, se han creado exactamente el uno para el otro y ninguno tiene algo que no corresponda en algo de un otro. La especie o género determina cada nueva forma concreta de la existencia hipostática, (74. P.G 91,532 BC).

La falta de analogía entre la divina naturaleza y la humana no muestra la incapacidad de una para la otra, sino sólo que la divina naturaleza supera a su medida ilimitadamente la naturaleza humana, no sólo en el concepto cuantitativo sino también cualitativo. San Máximo dirá muchas veces que la voluntad humana no es por su naturaleza contra Dios, tampoco lo contrario. Por otra parte Dios participa al hombre a la medida del él, según el nivel que se encuentra el hombre. Esto indica que Dios está ininterrumpidamente dentro del sí mismo más allá de cada nivel espiritual del hombre, pero con la condescendencia puede hacerse análoga con el hombre, es decir, puede dar al hombre un regalo a su medida. El hombre en cada uno de los niveles recibe doble experiencia; la experiencia de Dios, la aceptada de él, y la experiencia de Dios que supera ilimitadamente todo aquello que él le concede. Dios condesciende al hombre gracias a una “kenosis-vaciamiento” libre, pero no recae de su esencia, (75. P.G 91, 529 D).

San Máximo en aquellos que sostienen “una naturaleza compuesta o mezclada” pone también el siguiente dilema: «pero si… Cristo es naturaleza compuesta o mezclada… o es naturaleza general para todos los hombres o es la única; porque es imposible para nosotros concebir otra naturaleza mediana entre las dos». Si es general entonces existen muchos Cristos, por lo tanto esta naturaleza se concibe sólo con el pensamiento en aquellos de los cuales se realiza concretamente y entonces en el Cristo «no está reconocido tener propia hipóstasis». Así se introducen una multitud de Cristos que no tienen ninguna identidad con Dios ni con los hombres. Al contrario si Cristo es la única naturaleza, no es consubstancial con el Padre ni con  D – los hombres, porque es totalmente único no tiene parentesco con ninguna otra cosa, (76. P.G 91, P.G 91, C).

La persona de Cristo es la única manifestación y aparición de la perfecta libertad de Dios en forma humana. Las otras personas humanas aparecen dentro del marco de la causalidad natural y aunque dentro de este marco pueden moverse con alguna libertad. El Dios que es absolutamente libre, se hace y permanece hombre de modo absolutamente libre. Vive esta absoluta libertad no sólo como Dios, sino también como hombre. Por lo tanto, si permanece y sufre todo, que es propio del hombre, lo sufre y lo soporta de modo absolutamente libre y sólo por la agapi (libre amor desinteresado e incondicional). Es decir, soporta todo lo humano de manera divina, o sea, libremente, (77. P.G 91, 594).

Dentro en la agapi se encuentra la libertad con la aceptación de las relaciones con los demás y las situaciones que se crean a causa de astas relaciones. La libertad cuando está regada de agapi, es la voluntad de soportar situaciones y relaciones, incluso hasta dolorosas, para el bien de los otros.

San Máximo ve el misterio de Cristo dentro del horizonte de la libertad. Defendiendo la libertad de Dios dentro de la praxis de la encarnación, contra del Monofitismo, se encontraba sobre la línea de la defensa de la divina libertad dentro en el acontecimiento de la creación contra el Origenismo. Y de esta manera, en su lucha contra el Monotelismo (una voluntad), constituía una base firme para la defensa de la libertad humana en Cristo y en la relación del hombre con Dios. En un Cristo, dentro del cual existiese sólo una voluntad, lo humano, resultaría una parte mecánica. Este ser humano no viviría la divina libertad. Sólo un Dios libre puede alimentar la libertad humana. San Máximo ha solucionado desde mucho tiempo el problema de la relación entre la jaris (gracia, energía increada)  y la libertad humana, que incordió después la teología occidental y finalmente sin solucionarse aún por parte ella hasta hoy. Porque no vio un antagonismo entre la jaris y la libertad humana, que le hubiera hecho desear una victoria de la jaris sobre la naturaleza humana o una victoria de la libertad sobre la jaris. Ha visto la jaris o la divina libertad como fuente de la dinamis (potencia y energía) de la libertad humana, tal como la libertad de un hombre espiritual refuerza otra persona a su propia libertad.

Según san Máximo, las dos libertades en Cristo permanecen inconfundibles, pero dentro de su energización o activación, es decir, dentro en la hipóstasis, y se manifiestan en una perfecta unidad. Más claro aún, la divina Persona absolutamente libre, llama a la existencia la libertad humana, para hacerla otra libertad también suya y esta contesta positivamente. Así la divina Persona se hace también humana y ya no sólo tiene la libertad que llama sino también la libertad que responde de manera perfecta. La psique de Jesús Cristo no se siente dentro del crecimiento espiritual a causa de la estrechez del cuerpo, sino que se siente libre en el ambiente de la divina libertad; ni el cuerpo siente que está delimitado dentro de su espiritualización de la psique que se encontraría estrechísima a causa del cuerpo, sino que se siente abierto a infinita espiritualización. La psique y el cuerpo de Cristo constituyen una naturaleza, pero los compuestos de esta naturaleza se alimentan como naturaleza unificada o uniforme de la naturaleza divina que nada la detiene en estrechez.

Dios con su libertad se entrega a la naturaleza humana para energizarla o activarla dentro de su propia plena libertad, que es especial para un ser, que consiste en la unión natural de la psique y del cuerpo. Lo humano, en su tendencia para la plena libertad dentro a la ilimitada libertad de Dios, se abre dentro de Cristo al mayor grado hacia Dios, pero se abre como respuesta que se ha provocado y venido a la existencia por la llamada de Dios. Lo humano permanece respuesta eterna y apertura receptiva en Cristo y como tal no se confunde con la deidad, que es llamada y oferta regaladora. Pero como perfecta respuesta y oferta receptora, lo humano de Cristo no consiste ya una hipóstasis separada, sino que es la naturaleza humana de la Hipóstasis que llama y se entrega.

Con esta recomposición del monotelismo (una voluntad), san Máximo puso la base para la edificación de la enseñanza anti-monoteísta.

Por el hecho de que la naturaleza humana de Cristo no es resultado de nacimiento natural (de esperma de hombre) sino de la energía y acción del Logos, san Máximo sacará la conclusión de que la naturaleza humana que ha tomado el Logos se ha sellado en su totalidad, y por consecuencia también la voluntad de ella con la deidad del Logos, es decir, con la divina libertad; nos escribirá el santo en su epístola hacia el presbítero Georgios, (78. P.G 91, 60 C)

La debilitación de la libertad humana se manifiesta en el pecado, en la contrariedad con Dios, que es la libertad que no se puede impedir por nada. La naturaleza humana que se ha tomado por la divina Hipóstasis, vuelve a ganar la plena libertad o la libertad que no se impide por el pecado y el acuerdo con Dios quien es absolutamente libre, y así se reencuentra a sí misma. El Logos de Dios unido con la sangre pura de la Madre de Dios, «fue para nosotros hombre perfecto, menos el pecado, por el cual nosotros muchas veces nos rebelamos y combatimos contra Dios…» (79. P.G 91, 60 AB)

La libertad humana estaba tan reforzada dentro de Cristo que la mantenía aún cuando aguantaba nuestras debilidades.,(80. P.G 91, 297 D -300 A), (81. P.G 91, 573 B).

Sin duda esta libertad que era suya como Dios era también suya como hombre. En Cristo, el hombre se elevó por encima de la determinación de la naturaleza y aceptaba esta determinación voluntariamente y a la medida que quería.

Nuestra salvación se realiza por la apocatástasis, restablecimiento nuestra libertad en Dios, porque esto restablece la misma naturaleza. El Hijo de Dios no tenía necesidad de liberarse de lo humano para ejercer su libertad. Con esta naturaleza humana restablecida dentro en su libertad ejercía su divina libertad en la figura humana. La apocatástasis de la naturaleza humana dentro de Él, a su plena libertad, gracias al acuerdo completo con Dios, significa la apocatástasis de la naturaleza humana a su autenticidad, dentro de la cual está contenida también la cualidad o atributo de ser la naturaleza humana el medio por el cual se manifiesta la divina libertad, sin que se ejerza ninguna fuerza o violencia en ella, (82. P.G 91, 236 C)

Los Monotelistas decían que la voluntad humana de Cristo no podía ser sino sólo antítesis a Dios y, por consecuencia, la voluntad de Dios no se podía ejercer sino solamente de una manera contraria a la voluntad humana. Pero se debe de apuntar que si Cristo en Getszimaní dice: «Que no se haga mi voluntad sino la Suya», se trata de una voluntad debilitada por lo “pasional o padecido” que ha penetrado después de la caída a la naturaleza, humana, lo “pasional” que no pertenecía desde el principio en ella y que de esto Jesús la liberó, (83. P.G 90, 313 AD)  Pero aún en este caso la voluntad humana de Cristo (la verdadera voluntad) quiere tal como quiere la divina voluntad. Porque tenemos que tener en cuenta que la muerte no es una situación natural para la naturaleza humana que quiere vivir y que con su voluntad manifiesta su tendencia a vivir. Los Monotelistas con su siniestra percepción para el hombre y para la creación, consideraban imposible un acuerdo entre la voluntad humana y la divina o identificaban un acuerdo de este tipo con la desaparición de la voluntad humana dentro de Dios. Sólo conocían la separación: la voluntad humana se opone a Dios o desaparece. 84 Pensaban más o menos como más tarde los seguidores del destino absoluto o predestinación. Por otro lado pensaban que la voluntad humana no pertenece a la naturaleza, porque la naturaleza se somete en algún determinismo, (85. P.G 91,  293 B).Tenían la percepción equivocada sobre la naturaleza humana.

San Máximo observa que si la voluntad humana no puede hacer otra cosa que oponerse a Dios, entonces Dios la ha creado para oponerse y, por consecuencia, Dios ha hecho el mal. Y este aspecto, de que la antítesis de la voluntad humana no se puede evitar sino sólo con su desaparición, pone a Dios frente al dilema: el mantenimiento de la creación aunque sea mala, o la catástrofe de ella. Los Monotelistas escogieron el mantenimiento de la creación sin la voluntad de Dios.

San Máximo conocía la solución superior de una creación buena según la naturaleza, una naturaleza humana dotada por la creación con buena voluntad y en consecuencia la solución de un acuerdo natural dentro del bien, entre la voluntad humana y la divina. Era una solución de la alegría de Dios que fue provocada de la agapi entre Él y la creación y no la solución de una paz de Dios con recompensa la destrucción de la voluntad de la creación. (86. P.G 91, 292 A). Se debe señalar el horizonte cósmico que colocaba el problema san Máximo.

La antítesis hacia Dios no se encuentra a voluntad natural, sino a la manera personal que esta se utiliza, en la voluntad de la opinión, gnómica o juicio, (87. P.G 91, 193 A)

La naturaleza humana que su atributo esencial es la libre voluntad no se opone a Dios. (88. P.G 91, 301). Es una voluntaria anti-antítesis positiva, no una anti-antítesis inactiva y muerta, es un acuerdo de agapi. Es un acuerdo deseado de la naturaleza, porque la voluntad es una cualidad o atributo de la naturaleza, (89. P.G 91,80 A),

Pero si es así, la voluntad humana se encuentra en su autenticidad, cuando energiza u opera de acuerdo con Dios y, por consecuencia, cuando está glorificada o deificada, (90. P.G 91, 77 BC).

Cristo no ha cambiado su naturaleza humana, sino que la glorificó, deificó. Y evidentemente, la zéosis es lo contrario de la alteración; es el desarrollo de la naturaleza. Y glorificó la naturaleza porque de modo real glorificó o deificó la voluntad de ella y deificó, glorificó la voluntad, porque la Hipóstasis que concretamente quería dentro de la voluntad humana era el Logos de Dios. Porque el quiero, generalmente caracteriza la naturaleza, pero el quiero de una manera u otra, es decir, quiero en praxis y en concreto, caracteriza la hipóstasis, (91. P.G 91, 293 A). Por otra parte, la zéosis o glorificación de la voluntad, que se hizo gracias a su divina Hipóstasis, no era sino la confirmación de la voluntad a su movimiento natural, es decir, su movimiento de acuerdo con la voluntad de Dios. (92. P.G 91, 32 AB).

Sin duda la zéosis o la estabilidad de la voluntad en su movimiento natural no es un grado donde resulta la naturaleza por sí misma sola, sino una oferta de Dios. Pero la relación de Dios, la apertura hacia Dios y el enriquecimiento en Él, es algo que caracteriza interiormente la naturaleza. Una naturaleza encerrada en sí mismo cae de su autenticidad.

Una verdadera libertad se puede desarrollar sólo en la relación con una otra libertad y en definitiva, la libertad humana sólo dentro de la relación con la absoluta divina libertad: «Si el hombre es icona, imagen de la divina naturaleza y si la divina naturaleza es independiente, entonces es libre o independiente también la icona, es decir, el hombre; si exactamente la icona salva su semejanza con el prototipo o arquetipo, entonces su imagen es independiente, libre», (93. P.G 91, 324 D). Así, la semejanza con Dios no se puede conservar y desarrollar sino sólo dentro de una relación cada vez más familiarizada con Dios.

San Máximo asegura incesantemente lo paradójico: la naturaleza se mueve voluntariamente en acuerdo o sinfonía con el sí mismo, es decir, en la libertad desencadenada y libre de cualquier de los pazos, sólo cuando se encuentra en relación con Dios y cuando se está sellando y fortaleciendo por la divina libertad. Porque esta relación es relación de agapi (amor incondicional) y sólo dentro en la agapi se salva la libertad. Para hablar más preciso, en la relación con Dios Logos, el logos ontológico de la naturaleza humana que es un logos de agapi se encuentra con el personal Logos divino que es el supremo Logos de la agapi.

El Hijo de Dios, como Logos de todos los logos, se encuentra en relación con ellos todo el tiempo, en cuanto no se oponen a Él exageradamente de manera decisiva. Sino que viene en una gran aproximación con ellos y ejerce una gran atracción a ellos con la encarnación, (94. P.G 910, 1137, capítulos gnósticos II y I).Porque con la encarnación, el Logos conduciendo su propia voluntad natural hacia Dios y hacia los demás humanos que llevan el mismo logos humano o tienen como esencia suya el mismo logos y restablece plenamente en la naturaleza humana su logos y a continuación también la voluntad de ella. El movimiento de Su voluntad humana no puede ser un movimiento contrario a Dios y a las demás personas humanas, (a sus verdaderos intereses), sino un movimiento de una naturaleza humana no debilitada, ni desviada del camino; es un movimiento enteramente orientado hacia Dios y a los demás, es un movimiento aún más fuerte, puesto que con ella se mueve a la vez también la voluntad amorosa del divino Logos hacia los personalizados logos ontológicos, que es el creador y conservador de la causa de ellos. La voluntad de la naturaleza humana restablecida dentro de Cristo y deificada o glorificada, traspasa con su movimiento las voluntades de los demás hombres y las restablece también. Las restablece con la atracción de la agapi, no con la violencia. Este restablecimiento-apocatástasis no significa que la voluntad permanece inactiva; significa que su movimiento se hace de acuerdo con la divina voluntad y la voluntad de los demás hombres y que es un crecimiento dentro de esta agapi hacia ellos. La apocatástasis-restablecimiento es a la vez apocatástasis en estabilidad y dinamismo, al dinamismo estable o la estabilidad dinámica de la agapi.

Esta relación restablecida, dinámica y estable con Dios y la voluntad de los humanos se manifiesta en las virtudes. La virtud es una apertura dinámica hacia Dios y a los hombres. La virtud tiene a Dios siempre encima de ella y por eso no puede parar ni cambiar (95. P.G 90, 493 D). San Máximo podrá decir así que por una parte las virtudes provienen naturalmente del hombre y representan la apocatástasis de la naturaleza humana dentro de su movimiento natural (96. P.G 91, 309 AB) y por otra parte las virtudes manifiestan la restablecida naturaleza de Cristo, como iconas-imágenes de la divina perfección (97. P.G 91, 321 B).

Los esfuerzos ascéticos (ejercicios espirituales) no tienen como fin a determinar con las virtudes una naturaleza que el hombre aún no tiene, sino hacer al hombre mediante ellas regresar al movimiento natural de su naturaleza, la que ahora está desviada del camino y debilitada por las fantasmagorías que se provocaron por los sentidos (98. P.G 91, 449 D). En estos esfuerzos tenemos como ayuda el ejemplo y la dinamis (fuerza y energía) que nos inspira Cristo.

Así san Máximo corona su espiritualidad con su Cristología. Para ser más precisos, toda su enseñanza espiritual, que está desarrollada en las obras de sus estadios anteriores de su actividad, tenía como cimiento base el divino Logos increado. Y aunque no había hablado analíticamente sobre la encarnación y hablando sobre el Logos, san Máximo daba a entender y presuponía en todo caso la encarnación. La luz de ella caía en todo su pensamiento. Pero la práctica de la vida espiritual que san Máximo quería dedicar todo su pensamiento aún no le había impuesto la necesidad de cimentar esta práctica a una Cristología aclarada. Debía de aparecer una otra necesidad práctica de la Iglesia, es decir, la necesidad de su protección que la amenazaban los Monotelitas (los de una voluntad), para que san Máximo dedicase el último estadio de su actividad en este tema y coronar así toda su obra con la inmaculada Cristología de la Iglesia poniéndola a la vez como cimiento claro de toda su zeoría-contemplación espiritual. (Refutando algunos errores occidentales sobre san Máximo, es correcto y se ve la certificación por el mismo san Máximo que la “icona-imagen del Salvador Cristo” es el centro de su obra, y que su ontología y cosmología es Cristología ampliada, puesto que la composición cristológica es la última y la primera idea de Dios).

 

…Apuntamos algunos de la cantidad de argumentos de san Máximo.

Entre otros, sostiene que sí el Hijo de Dios no ha tomado la voluntad humana y no la ha reforzado dentro de su libertad, entonces no nos hemos salvado. La salvación no se ha realizado sin la contribución de la restablecida libertad humana (103. P.G 91, 325 A)

La salvación es regalo, pero no regalo que se hace de un tronco pasional, tal como ocurre con el Protestantismo, sino un regalo con el cual la naturaleza humana vuelve a ganar su libertad dentro en la divina libertad. La libertad se nos ha sido dada con la creación. Pero si el Logos de Dios no ha restablecido nuestra voluntad tomándola por la encarnación, no ha querido o no ha podido salvarnos (104. P.G 91, 325 B).

Allí donde no hay libertad humana, no existe libertad divina y viceversa. Sólo cuando la naturaleza humana junto con su libertad, encuentra su lugar dentro en la divina libertad, se hace posible realizar la salvación de la misma libertad y de la humanidad. Pero si la voluntad humana junto con la naturaleza no se ha hecho partícipe y componente de la divina hipóstasis, sino sólo relativamente ha podido haberse llamado su voluntad, esta voluntad no se ha restablecido verdaderamente dentro en la libertad. Nadie ha podido defender tanto la libertad dándola una parte tan grande a la obra de la “psicoterapia”, redención y salvación, como san Máximo…

…San máximo en su vida permaneció libre como en su pensamiento, el hombre con su voluntad lógica y su lógica voluntariosa que se completa dentro de su autenticidad humana. Esto lo consiguió porque su voluntad se movió dentro de un pleno acuerdo con el divino Logos personal y en la atmósfera (ambiente) de la infinita espiritualidad de Aquel. Amín. Ver también https://logosortodoxo.es/san-gregorio-palamas/el-caracter-de-la-libertad-del-hombre/  también https://logosortodoxo.es/2-libertad-cristiana/.

Traducido por Χρήστος Χρυσούλας Jristos Jrisulas https://logosortodoxo.es/ octubre 2021

 

Logos, según san Máximo el Confesor

Logos, según san Máximo el Confesor

Preguntas filosóficas y teológicas

Por la Diaconía Apostólica de la Santa Iglesia Griega, comentarios por Dimitri Staniloae

 

Ἐν ἀρχῇ ἦν Λόγος… (En arjí in o logos). En el principio el Logos era, es y será eterna e infinitamente; y el Logos existía con Dios y está en Dios; y Dios era y es el Logos (Jn 1:1). Está vestido con un manto teñido de sangre de su propia sangre que derramó en la cruz; y su nombre, que ha sido dado y llamado desde la perpetuidad, pre-eternidad, y es: “el Logos de Dios” ( Apoc 19:13)

 

El concepto del “logos” en San Máximo el Confesor tiene muchos significados de acuerdo con la multiplicidad de los sentidos de la palabra “logos”. Por otra parte el término se utiliza tanto en singular como en plural, porque dentro de cada “logos” se encuentran entretejidos muchos otros “logos” y todos estos están concentrados dentro en un supremo Logos. (P.G. 91, 1081).

Por un lado el “logos” significa el logos humano que piensa, y por otro lado, es la base ontológica, por tanto, la definición de nuestra esencia y la de cada cosa que tiene carácter lógico, es decir, estructura con orden y duración. De aquí surge el sentido práctico del logos que conoce, a medida que el hombre quiera con esto acercar su vida al logos como base ontológica de su naturaleza. Con su logos gnóstico el hombre supera el nivel de los placeres (hidonés) efímeros y se eleva a lo que es superior y duradero dentro de él.

Pero “logos” significa también el divino Logos que este a la vez tiene el concepto del Logos que piensa y está al principio de cada pensamiento, entonces de cada logos pensado. También tiene el significado de orden puesta de forma sublime y con esta cualidad es el principio de la totalidad del orden lógico de las cosas.

Pero la cualidad del pensamiento presupone y condiciona al logos un carácter personal. El logos humano que piensa es el funcionamiento (liturgia) de una persona y el divino Logos que piensa es la misma Persona suprema increada. Así el Logos divino tiene y produce todos los pensamientos, todos los logos, todas las nociones, conceptos y significados o se encuentra en el principio de ellas. Es a la vez la fuerza que crea las esencias enhipostasiadas (substanciadas) y las conduce de acuerdo con sus pensamientos para dar también por su impulso o empuje a los demás seres la posibilidad de pensar según su prototipo. Todas las creaciones son conceptos, nociones realizadas y sistemas parciales de una suprema lógica increada. Esta se integra dentro de toda la creación como si estuviese dentro en una síntesis uniforme de conceptos con cabida lógica en todo, vertida de sentido único, y compuesta en un grado grande. El supremo Logos del que resplandece el modelo de este uniforme logos y de todos los logos parciales del mundo, conduce la creación pretendiendo y procurando la plena energetización o activación de los logos de todas las cosas y del mundo entero. Porque el logos no es sólo una rueda que se mueve monótona sino que pretende metas y propósitos dentro en todas las cosas y una meta final dentro de todo el mundo. Así con el logos junto con los logos que están grabados dentro en este logos, el divino Logos increado como Providencia conduce el progreso del mundo en un propósito o meta definida. En este sentido habla San Máximo el Confesor sobre el logos de la Providencia, es decir, para el logos dinámico que contiene el propósito y el camino hacia esta finalidad. Este propósito se utiliza también por el logos de la justicia divina la cual castiga pedagógicamente cuando hace falta y con el castigo pedagógico trae en el camino correcto a los seres.

Pero el supremo Logos como fuente de los logos de las cosas, creando y conduciéndolas hacia sus fines, no hace otra cosa que exteriorizar sus logos con las cosas y las praxis que están dirigidas. Por eso los logos que se exteriorizan se llaman dichos (verbos). Las cosas y las praxis que se han expresado en estos, son dichos (verbos) realizados del divino Logos o las concertaciones de sus logos, los relativos con el mundo. Son palabras que se dirigen al hombre, como logos personal que puede comprender esto que el divino Logos piensa y le comunica los logos de las cosas y sus directrices.

Pero el divino Logos se dirige al hombre también con logos inmediatos que no están expresados dentro en las praxis y las cosas. El divino Logos es pues el Prósopon (Persona, Rostro) y el Logos hipostático que habla. El mismo hombre como portador de los logos, como logos personal recibe el sentido y los conceptos de las cosas y las expresa con palabras, reconociéndolas como logos realizados que se le dirigen por el creador y gobernante Logos. Son dos personas que piensan y hablan, dos logos y palabras enhipostasiadas (infundadas con base substancial) en continuo diálogo.

El mundo es el objeto o el medio del diálogo entre Dios y hombre. Lo que existe sirve a este diálogo entre el divino Logos personal y el logos personal humano. El mundo es homilía (conversación, hablar, diálogo) y se ha creado por la divina Persona (Prósospon) como base de la conversación entre Éste y la persona (prósopon) humana y aún entre los mismos humanos que profundizan y desarrollan juntos el sentido y significado de esta homilía o conversación para realizar su finalidad. Los hombres hablan porque primero habló y habla Dios con cosas comprensibles y porque existe el mundo como un complejo lógico comprensible como pensamiento de Dios que se ha exteriorizado en logos realizados. Lo que existe tiene la señal de la persona y todo está vertido por la persona, todo se explica por la persona que se acompaña de lo que existe y constituye el propósito, meta. Mejor dicho, todo existe para el diálogo entre la divina Persona y la persona humana y entre las personas humanas, es una expresión dialógica o dialogante de estas personas. Esto da una base mística personal en la lógica del mundo y una profundidad mística que no se agota ni con esta lógica. Nunca llegaremos al final emprendiendo la explicación científica de la naturaleza a pesar de que el hombre siempre progresa sobre esta explicación. Sólo la persona (prósopon) y su infinito fin que se pretende de eso dan el significado completo del mundo.

La lógica no se detiene por sí misma en su interior, sino que es la expresión de la persona, es el medio de comunicación entre las personas a favor de un fin que estos persiguen. La persona por su parte a pesar de que es más importante incomparablemente que la lógica entera que la persona expresa y recibe incesantemente, es un factor que produce, transmite y recibe los conceptos, los significados y los logos.

                Sin la divina Persona que produce y transmite conceptos y significados y sin la persona humana que las recibe toda la existencia sería privada de sentido, concepto y logos. Una filosofía que quiere explicar todo con base la lógica de la existencia no puede encontrar lógica fuera de la persona que la produce, transmite y concibe. Una vez los hombres se habían engañado por una “lógica” filosófica o científica de este tipo de existencia. Hoy somos testigos de una liquidación que se crea por este tipo de filosofía y hablamos de un universo sin sentido, paradójico o contranatural.

                No sólo sería caótica una existencia sin leyes lógicas, sino también una existencia lógica impersonal no tendría sentido. Este tipo de existencia tiene la cualidad de engañarnos y darnos una inestable satisfacción de explicación “lógica” que en realidad no es explicación lógica. El misterio de una persona que creó y sostiene al mundo lógico es un misterio pero un misterio luminoso. Sólo dentro en este misterio permanece encendida la luz del sentido, concepto y significado. Una persona de este tipo certifica con la creación y la dirección del mundo de las cosas la debilidad de su reducción en las cosas y a la vez su reducción a cualquier otra persona en las cosas. Un mundo lógico sin persona de la que proviene su lógica (racionabilidad) es un misterio totalmente oscuro e impenetrable. Un mundo así niega cualquier explicación y es un mundo sin ningún sentido y significado.

La racionabilidad o el logos lógico debe de tener siempre un soporte, sostén para manifestarse de manera eficaz para tener hipostasis (base subsistencial). Pero el mismo soporte tiene que ser un logos que racionaliza y da sentido (logitiza). La materia no puede ser el soporte del logos racionalizado (lógico). El soporte del logos racionalizado (lógico) con la hipostasis y el logos que racionaliza deben de coincidir. Una coincidencia de este tipo tenemos en la persona (prósopo) humana. Pero la persona humana no puede ser el soporte – fuente para el racionalizado logos de la materia, porque no puede crear una materia que pueda tener impreso al logos racionalizado; no puede ni siquiera reproducirse a sí misma. En la persona humana coincide un logos dado que racionaliza una lógica (racionalidad) dada. La lógica (racionabilidad) entera racionalizada que está impresa al soporte que se encuentra entre la materia y la naturaleza humana y la lógica que racionaliza con la que se identifica la persona humana, debe de tener un verdadero y definitivo soporte dentro a la Persona (Prósopo) suprema, la cual es la coincidencia perfecta entre persona y logos que es la Persona Lógica, aquel que ha creado cada realidad lógica y que puede racionalizar o dar sentido lógico.

Logos, verbo, dicho, persona, persona humana y Persona divina, están atadas y los conceptos de todas estas realidades están contenidos en el logos que constituye el eje básico en la zeoría-contemplación espiritual de San Máximo el Confesor.

Pero el Logos personal dirige al hombre o al logos personal creado sus pensamientos que se realizaron en cosas y en praxis que se expresan con logos inmediatos. Porque el Logos personal ama al hombre y quiere conducirle a una comunión y unión plena con Él. El eros (amor ardiente incondicional) es otro acontecimiento que está contenido al divino Logos personal. A causa de su eros, el Logos personal se dirige al hombre. El hombre está dotado con la capacidad de percibir y concebir la divina agapi (amor desinteresado e incondicional) mediante su logos perceptivo. La agapi está acumulada en los logos/verbos lógicos y los logos realizados y el hombre contesta con su agapi que se manifiesta por su turno dentro de logos/verbos lógicos y hechos (praxis). Así el mundo visible no se ha creado para castigo de las psiques que han caído, sino como una escalera espiritual de la divina agapi hacia el hombre con la que puede también el hombre subir a Dios creciendo dentro de su agapi hacia Él. Por eso el hombre y el mundo están dotados de movimiento.

El valor positivo del mundo se ve también, según San Máximo, en el hecho de que el hombre no puede subir hacia Dios evitando al mundo sin utilizar el cuerpo y sin elevar junto con su psique su cuerpo y el mundo hacia Dios.

El hombre progresa en la espiritualidad energizando u operando la virtud dentro en el mundo puro y conociendo los logos de Dios que se han realizado en las cosas.

Son los dos escalones de la elevación espiritual del hombre hacia Dios y los dos están atados con el mundo. El significado de la espiritualidad y su necesidad se encuentra exactamente en el hecho que el hombre no puede llegar a Dios ni a la semejanza a Él, y sólo progresa en ella por la energetidad (operatividad) que se alimenta por el eros (amor ardiente) hacia Él y las demás personas dentro en el mundo y por el progreso de la gnosis (conocimiento empírico espiritual increado) pura y clara de los logos de Dios dentro en el mundo. Sólo conociendo cada vez más estos logos y dentro de la mayor pureza, el hombre podrá comprender el Logos único dentro en la inagotable e infinita espiritualidad, donde se comprenden de modo concentrado todos los conceptos.

El Logos/Verbo al esconderse para nosotros de forma inexplicable dentro en los logos/verbos de las cosas, se manifiesta en ellos de manera que corresponde en cada cosa visible como si fuera en letras; porque se encuentra de la forma más completa en todo junto con su integridad y a la vez separadamente en cada integridad y nada reducido. Se manifiesta libre de diferencias y eternamente lo mismo dentro de las cosas diferenciadas, sin principio dentro de las cosas que están sometidas en un principio, invisible entre las visibles y no evidente o claro a las evidentes o claras cosas manifestadas. (PG 91, 1285).

A la vez la encarnación del Logos en relación con su ensomatización-hecho soma-cuerpo, se encuentra en todas las cosas, como si dentro de algunos símbolos definidos. Todas las cosas son logos o verbos (dichos) realizados del mismo Logos o del mismo Verbo. Con todas las cosas el Logos nos junta gradualmente dentro de sí mismo. Es el concepto positivo del mundo visible.

Pero los logos de las cosas como reflejos de los divinos logos, no pueden ser conocidos en su objetiva y auténtica brillantez con el infinito fondo dentro de Dios y con la perfecta ligadura recíproca dentro en la divina agapi, sino sólo a la medida que el hombre se catartiza, se purga, se purifica y se sana del deseo de la materia, de la ira que provoca la insatisfacción del deseo y de su pretensión egoísta de mucha gnosis provisional y de todas las concepciones fantasiosas que se provocan de sus pazos, los cuales deforman los logos de las cosas. Todas estas cosas, engrandeciendo sus naturalezas materiales mezclándolas con la miel de una dulzura que desaparece rápidamente, no dejan transparentar los divinos logos con claridad en las cosas, deteniendo al hombre apegado en la intensidad de las superficies y al placer pasional que se provoca de estas.

La subida espiritual de los hombres hacia Dios no se realiza por la privación de la prenda visible del mundo y del hombre, sino con el esfuerzo para hacerla diáfana, transparente.

Las virtudes no se pueden conquistar y ejercitar sin el cuerpo. La psique no puede hacerse fuerte sin el esfuerzo en mantenerse y fijarse como el señor del cuerpo y utilizar este cuerpo para la realización del bien para una vida sana y pura. Los santos entendieron que es mejor acercarse a Dios con intermedio la psique, que se mueve hacia Dios de manera análoga de su naturaleza y el cuerpo embelleciéndolo con cualidades divinas, que son frutos de la ascesis-ejercicio espiritual  por las virtudes (PG 91, 1122D).

Dios aparece en nosotros con la hipostasis de las cosas creadas haciéndolas diáfanas por su Espíritu como fuego que saca llamas sin arder, hecho que se culmina con el habitar de Dios dentro al cuerpo que ha tomado por la Virgen. El cuerpo de la Virgen y el de Cristo, especialmente el último con su Resurrección es la suprema justicia para la materia como cerco de Dios. Estos dos cuerpos constituyen en realidad la cima de la reconstrucción de la teoría origénica de Orígenes para el imprescindible o necesario mal que es idéntico con la materia (PG 91,1148).

El hombre sube hacia Dios sólo en lazo con el mundo visible y con el cuerpo, porque los logos de las cosas y la psique no pueden existir por sí mismas. Por eso uno no puede considerarlas como existencias de por sí mismas, tal como sostienen el platonismo y el origenismo. Tienen sus hipostasis dentro en las cosas visibles y realizan su plena belleza dentro de las cosas y del cuerpo. Dentro en la belleza de objetos sensibles bellos que hemos visto con ojos puros; dentro en la belleza de ojos puros que están llenos de comprensión; dentro en la belleza de palabras puras que las caracteriza la fuerza penetrativa de comunicación se ve en espejo la belleza de los logos divinos y se manifiesta la belleza de la psique que fue enriquecida y atravesada por los divinos logos de las buenas obras, y de la gnosis de la riqueza y de la bella transparencia espiritual de las cosas.

El ascenso espiritual del hombre hacia Dios no es una subida por un sendero separado del mundo, sino por la escalera del universo, y arrastra consigo el embellecimiento espiritual del universo. El camino es estrecho en el sentido que el hombre no debe separarse de la amistad al prójimo, cayendo al egoísmo, tampoco alejarse de la pura y verdadera gnosis de las cosas. Pero no en el sentido de que no debe interesarse de las buenas obras que benefician a los hombres y el conocimiento de los múltiples logos del mundo. Dios aparecerá o se manifestará al hombre con una transparencia riquísima, puesto que aparecerá lleno de la cantidad de logos de las cosas que están concentrados dentro de Él. Dios finalmente se revelará al hombre diáfano totalmente, porque el hombre se ha acostumbrado verLe cada vez en su vida más transparente dentro de Sus logos. Cuando se apocalipta-revele en todo su resplandor entonces en la creación se manifestará con toda su transparencia, tal como en el monte de la Metamorfosis.

El hombre alza consigo toda la creación a Dios. porque es el lazo central que une todas las partes diferenciadas de la realidad. Porque con sus partes se encuentra en lazo con todas las partes de la realidad. La unión básica de todas las partes se energiza o activa al hombre gradualmente y progresa hacia arriba, es decir, conduce todas las partes a la unión con Dios.

El hijo de Dios se ha unido con el hombre y no con alguna otra creación exactamente porque el hombre es el lazo que ata todas las partes de la creación. En Cristo se concentran todas las partes no sólo porque es Dios, el Logos personal de todos, sino porque también el hombre, en el cual el logos y el cuerpo se han unido con el supremo Logos en una sola Persona. El hombre es desde el principio el punto magnético espiritual que se encuentra al centro de la creación. Está sediento y anhela en concentrar y perfeccionar todas las partes dentro de sí. Y existe en él la capacidad de unirlas todas junto a él y conducirlas a Dios, la fuente infinita de la perfección unida con él. En esto consiste su valor como sacerdote. Dios trajo la creación en la existencia exactamente con el propósito de que co-participen todos en Él mediante el hombre.

Las partes de la creación son partes del hombre. No constituyen unidad sino sólo al hombre. No son cosmos-mundo sino sólo al hombre. El hombre no es parte del mundo, sino lo que determina el mundo. Por eso el hombre es macrocosmos. Es el mundo en potencia que tiene como misión hacerse realmente cosmos. Realiza el mundo entero humanizándole a la medida que le glorifica o deifica. Es el concepto de la cultura espiritual, del arte y de la economía. Las manos del hombre son menores en potencia y más anchos de todas las dimensiones del mundo, porque puede alargar y ensanchar su abrazo utilizando todas las fuerzas del mundo. Es más ancho de toda la creación llegando hasta Dios e interviniendo entre la creación y Dios. El hombre se ha llamado no sólo a humanizar el mundo sino que sea también el medio de su zéosis o glorificación.

El hombre es elemento unitario no sólo porque tiene en su interior todas las partes que son comunes en toda la realidad, sino más bien porque con todas estas partes que asimilan las partes del energizado o activado mundo tiene el nus (espíritu humano). Pero el espíritu humano tiene esta fuerza unificadora porque tiene en su interior el mundo y le supera. Está conjuntado y unido con el espíritu divino (PG 91, 1305).

El mundo es una realidad positiva con destino y finalidad la zéosis, no sólo de los géneros y sus especies, sino de todas sus unidades concretas. Todas estas tienen sus logos dentro en Dios y no sólo los géneros, tal como en la teoría platónica. Las individualizaciones no son caídas de los prototipos generales como en el platonismo, sino que contribuyen al enriquecimiento recíproco, por consiguiente, al enriquecimiento del género. Todas las unidades llegan a la zéosis y con esta a sus perfectas realizaciones. La creación es una unidad diferenciada. Avanza a la vez en la diferenciación de sus logos y en la unión concienciada y llena de agapi dentro de Dios mediante los hombres. Sólo así el mundo refleja la inmensa riqueza de Dios (PG 91, 1192-3).

San Máximo ata el desarrollo espiritual del hombre con el tiempo, el lugar al que vive, al país que vive, a su carácter y a su ocupación. La espiritualidad de cada uno no es algo abstracto y uniforme, sino que trae las señales del carácter y las circunstancias personales diferenciadas. Estas circunstancias reflejan los distintos logos, los que se ramifica el divino Logos dentro en la naturaleza, en la historia y en la Santa Escritura… (A partir de aquí hay dos páginas que las omito porque son difíciles de traducir para mí, aunque en griego las entiendo perfectamente. Habla sobre el tiempo (cronos) el siglo (eón) y la eternidad del hombre que es distinta a la eternidad de Dios y que el hombre puede llegar a la eternidad desde aquí. Personalmente me ayudó mucho también su frase: cuando el tiempo (cronos) se mueve el siglo (eón, o sea tiempo espiritual) está parado y cuando se mueve el siglo el tiempo está parado).

El valor positivo que da san Máximo a la creación puede verse también de su idea que la ley natural es igual que la ley escrita o que la apocálipsis/revelación de Dios mediante la naturaleza es igual que su apocálipsis por la Escritura.

Dentro de esta idea de san Máximo y otros Padres tenemos una percepción de la apocálipsis natural distinta de la que nos ha acostumbrado la teología occidental. La percepción occidental sobre la apocálipsis-revelación natural se manifiesta con un dualismo. Dios creó al mundo pero no habló y no habla mediante éste. Pero sí vemos las creaciones como logos/verbos/dichos de Dios y los cambios de las circunstancias como logos/verbos de continuación, la separación entre apocálipsis natural y sobrenatural ya no es tan brusca. La separación entre la ley natural y Dios que habla, entre el logos y el verbo, condujo la teología occidental en clara separación entre apocálipsis natural y sobrenatural. También ha conducido a Occidente en una plena separación entre filosofía y teología. La filosofía escogió exclusivamente las leyes naturales y la lógica impersonal de la naturaleza, es decir, esto que la teología entendía más o menos como apocálipsis-revelación natural, negando al supremo Logos personal que habla. En cambio la teología y más la protestante escogió exclusivamente la Persona divina que utiliza logos-verbos inmediatos, ya no viendo a Dios que habla dentro de la naturaleza y la historia. La teología occidental separó excesivamente el mundo de Dios – la protestante casi de modo origénico (de Orígenes)-, y la filosofía con esta separación ha llegado a la negación de Dios.

En realidad uno debe ver dentro de todos los fenómenos (apariencias) visibles de la naturaleza y de la historia, no sólo el factor naturaleza y el factor hombre, sino también el supremo Logos que conduce y juzga, haciendo lógicos a los hombres y hablando con este tropo (modo, manera) real a los hombres. Uno debe ver en todas las cosas y los fenómenos del mundo la expresión de la Persona suprema que utiliza los logos del mundo adaptándolos siempre diversamente de acuerdo con las necesidades espirituales de los hombres y de acuerdo con el plan que se desarrolla con finalidad la zéosis o glorificación. Es una omnipotencia personal y lógica que a la vez conduce todo hacia una meta o propósito, al marco de un diálogo que interpreta y da a entender toda la existencia. Todo emana de la voluntad de las personas y se conduce de la voluntad de las personas lógicas. En todas partes está la persona o la relación interpersonal o la señal de esta relación y por eso en todo está el logos. Todo se marca de un poder personal lógico (lógica personalizada) o de un logos personal. Sólo una continua renovación de la persona puede explicar el dinamismo de siempre del logos y del movimiento del mundo. (Zéosis término patrístico consagrado que se utiliza por los Padres en vez del término agiográfico “perfección”, “santidad” o “como semejanza” ver https://logosortodoxo.es/%CE%B8%CE%B5%CF%89%CF%83%CE%B9%CF%83-zeosis-o-glorificacion/ también https://logosortodoxo.es/la-zeosis/).

San Máximo el Confesor hace un esfuerzo interesante en superar la filosofía racionalista helénica de la usía (esencia, sustancia) y con la personificación del Logos que lo ha creado todo y está presente y energizante u operante en todas partes, consigue colocar el racionalismo de ella dentro en la teoría personal de la Santa Escritura, cosa que se había empezado por san Juan el Evangelista. Con esto superó la percepción que veía al logos como atributo (acusativo) de la ουσία (usía, sustancia, esencia). Ha hecho al logos atributo de la persona y así explicó la esencia del mundo también mediante la Persona-Hipóstasis. Es la única explicación de la existencia lógica y esencial.

Pero generalmente el pensamiento humano no teológico se ha quedado avasallado, subyugado en una teoría de usía-esencia/sustancia racionalista y tampoco la teología hizo un esfuerzo serio en colocar su racionalismo dentro en el prósopo-persona junto con la usía-esencia. El Jalkidonismo o caledonismo (de Caledonia) con todas sus consecuencias no se ha desarrollado dentro en el pensamiento de la humanidad.

Tal como hemos dicho anteriormente Dios habla dentro de los fenómenos (visibles) de la naturaleza y en los acontecimientos de la historia. Pero para que captemos el logos de Dios dentro en la naturaleza y en la historia es indispensable una sensibilidad espiritual. Cuando existen personas con esta sensibilidad, las praxis de Dios dentro en la naturaleza y en la historia se revelan/apocaliptan en ellas como logos/verbos/dichos de Dios, como llamadas hacia ellas para hacerlas a responder con sus correspondientes energías y acciones. Estas conciencias siempre escuchan a Dios que habla en cada caso y corresponden análoga con lo que Aquel quiere pedir de un humano o de otro o de todos. Es la apocálipsis/revelación natural en movimiento.

Pero sosteniendo que la voluntad de Dios, que se hace conocida por la apocálipsis/revelación natural, es equivalente con su voluntad que se da a conocer por la ley escrita, san Máximo a pesar de esto, discierne entre las dos leyes o apocalipsis/revelaciones.

Como el pecado ha endurecido al corazón a un grado tal que ya no puede ver generalmente a Dios que habla con las leyes naturales y con incidentes acostumbrados, Dios interviene dentro en la naturaleza y en los incidentes de la vida individual e histórica con praxis menos acostumbradas que se acompañan o explican en algunas conciencias humanas con logos inmediatos y por lo tanto más claros.

Aquello que según nuestra opinión quiere recalcar san Máximo es que no debemos ver discontinuidad entre los logos incesantes de Dios que se manifiestan con los fenómenos de la naturaleza, los incidentes y la voz de la conciencia por un lado y por otro lado, los logos que Dios manifiesta de manera sobrenatural. Dios en sus praxis y en sus logos que se han revelado sobrenaturalmente, utiliza la naturaleza y el factor humano, cosas que pertenecen a la creación. Pero en estos casos hace más sensibles y claras sus obras y logos, porque no sólo combina las fuerzas naturales de diversos tropos (modos, maneras), sino que interviene con energías y acciones más relevantes que aquellas que se manifiestan en el desarrollo de las leyes naturales que son útiles en las acostumbradas y siempre nuevas circunstancias de la vida. Las energías y acciones de la apocálipsis /revelación sobrenatural no se oponen al desarrollo natural y a los incidentes históricos, sino que iluminan y fortalecen más el fin definitivo y el movimiento que estos persiguen, dejándoles a manifestarse dentro de su continuidad. Entre los logos y las obras de la apocálipsis/revelación sobrenatural y en los acostumbrados logos y obras de Dios de la apocálipsis/revelación natural existe una continuidad del mismo plan general que sigue Dios.

El Dios conduce a Moisés en toda su vida y acción para beneficio de Israel con acostumbrados fenómenos e incidentes de la naturaleza y de la vida. Pero una vez aparece delante de él con la zarza ardiente y otra con tinieblas y truenos en el monte Sinaí, y semejante otras veces. Pero estos incidentes extraordinarios radian la luz increada de la incesante presencia de Dios a la vida y acción de Moisés.

También conduce siempre al profeta Elías, pero una vez aparece en él por el fuego que de manera paradójica quema y devora los sacrificios de los animales, otra como una ligera brisa y otra con el acontecimiento admirable de la arena y el aceite de la viuda.

Todos estos acontecimientos revelaban, acompañaban y removían la conciencia del Moisés y del Elías con inmediatos logos/dichos/verbos de un modo misterioso, distinto de aquel que se remueven y se revelan los incidentes que ocurren en un hombre fortuitamente con conciencia espiritual sensible durante la continua acción de la divina energía.

Entre la continua apocálipsis/revelación mediante la naturaleza o las circunstancias las cuales sin ser repetidas, son inscritas en un plan que parece interpretarse por combinaciones de los factores naturales acostumbrados, y en la apocálipsis/revelación por circunstancias, obras y logos/verbos extraordinarios, existe en todo caso la continuidad del mismo plan que sigue Dios. La apocálipsis/revelación sobrenatural nos muestra el nivel más alto, hacia el cual el nivel inferior de la vida terrenal es conducido también por la apocálipsis natural diaria. La apocálipsis sobrenatural echa rayos más luminosos sobre la natural, la cual está cubierta por la nube del pecado, pero que esta tampoco está privada de una praxis de Dios, la cual constituye también una manifestación de Dios por logos y obras. Sin la apocálipsis sobrenatural no vemos limpiamente las obras y los logos naturales de Dios porque están ensombrecidos por el estado del pecado. Pero el estado del pecado no impide a Dios a energizar, operar y hablar en este nivel de la naturaleza. La luz ilumina a las tinieblas. Y la intervención especial de Dios por la apocálipsis sobrenatural crea una perfecta sensibilidad en la psique con especial jaris/gracia.

La apocálipsis/revelación sobrenatural provoca según san Máximo la aparición de la verdadera naturaleza, a la luz fulminante de cortos momentos, así tal como existía antes de la caída y tal como se restablecerá al final en estado puro y limpio de pecado. Al mismo tiempo ayuda a la naturaleza subir gradualmente a la altura que ha previsto Dios. Si el hombre hubiese permanecido en su auténtica pureza, sensibilidad y fuerza espiritual, el mundo no habría caído al régimen de las leyes duras que reinan ahora, sino que tendría una mayor elasticidad debida a una mayor fuerza del espíritu. Lo mismo también la naturaleza del hombre. El espíritu podría conducir más fácilmente estas leyes para utilizarlas como medios de una comunicación y comunión sin dificultades entre Dios y los hombres y entre los mismos hombres.

La plenitud de estas leyes con el Espíritu Divino, que energiza y opera dentro en la naturaleza humana y mediante ella, se ha manifestado por el nacimiento del Hijo de Dios como hombre por la Virgen y su crucifixión como hombre. Estas praxis se encuentran en la cumbre de la apocálipsis/revelación sobrenatural y a la vez son praxis de plena apocatástasis (restablecimiento) de la naturaleza a su estado natural y su destino, como lugar donde el espíritu se manifiesta sin impedimentos. Por eso también presagian a la vez la apocatástasis de la naturaleza entera en su autenticidad en los esjatos (últimos) tiempos, cuando el espíritu festejará su plena y eterna victoria. Todo esto se expone por san Máximo en muchos puntos y en capítulos enteros de su obra (P.G 91, 1280-1, 1305-1321, 1129, 1149.1151 etc.)

Así la apocálipsis-revelación sobrenatural es también de una manera natural y conduce a la apocatástasis de la naturaleza a su verdadero estado y la apocálipsis/revelación natural también es sobrenatural representando la continua energía y acción de Dios con la que dirige continuamente al mundo hacia su estado sobrenatural. San Máximo dice a menudo que dentro de Cristo cada fiel triunfa sobre el mundo, le pone una condición que le conduce al final, pero a la vez le hace integro elevándole a otro nivel cumpliendo sus tendencias reales, conduciéndole por la virtud y la gnosis a su verdadero sentido y significado que se revelará/apocaliptará totalmente dentro de Dios en su plena realización y en su energización y activación de todas sus fuerzas en Dios.

El pensamiento de san Máximo sobre la relación de la ley natural y la escrita merece un estudio más profundo. La consideramos adecuada para dar una ayuda valiosa para el futuro diálogo entre cristianos ortodoxos y heterodoxos o no cristianos, como también entre la Iglesia y el mundo. Porque nos da, por un lado, la fuerza y el valor de reconocer que Dios energiza, opera y habla por todas partes y por otro lado, a mostrar que la praxis y los logos/dichos/verbos de Dios en toda la naturaleza no tienen su plena luminosidad y no cumplen su propósito o finalidad sino sólo cuando se completan por la praxis y el logos de la apocálipsis/revelación sobrenatural que se perfecciona y se hace integra dentro en Cristo.

El pensamiento de san Máximo aunque profundamente religioso, con su dimensión lógica y personal responde a los dos valores más amados del hombre actual: la persona humana y el logos. Además, con la luz positiva que ve al mundo en movimiento hacia la zéosis (glorificación) responde a la sed de absoluto que caracteriza al hombre de hoy y a su gran confianza al movimiento como camino hacia lo absoluto. Finalmente la idea de que la persona humana debe articular al mundo entero dentro de su elevación hacia Dios, responde a las tendencias de hoy hacia una comunicación universal y el conocimiento del mundo.

Proto resbítero Dimitri Staniloae teólogocarismático.

 

Capítulos sobre teología y de economía encarnada, II, 28, 29, PG 90, 1137 CD, San Máximo:

  1. Dios creando las cosas es genuinamente más allá de cada definición; es decir, consintiendo en salir hacia estas e implicarse en un lazo con estas, con este lazo dentro de los logos relativos con estas pone en conocimiento muchas de sus capacidades, facultades que están contenidas en Él de forma unida. Con esto se pone en conocimiento el Mismo como Logos multiplicado sin multiplicarse o sin multiplicación dentro en los muchos logos de las creaciones, o mejor dicho, como Logos por el cual se irradian muchos logos. Pero es el mismo Dios que atrayendo todas las creaciones hacia sí mismo, hace que los logos se concentren dentro en el divino Logos, como de un centro que empieza y donde los detiene juntados y así los múltiples logos se rehacen solo en un Logos.

El progreso de las creaciones hacia la unidad dentro del Logos uno, tiene que pasar continuamente por empalmes y ramificaciones mayores de los logos que tienen como resultado el enriquecimiento de cada creación lógica. Así cada creación lógica antes de llegar a la unión con el Logos uno, verá cual es la riqueza que existe en esta unidad suya. Por eso el camino hacia la esjatología es camino de progreso. El mundo se va haciendo más rico, más claro y más espiritualizado a medida que se acerca al Logos uno dentro de la esjatología. La multiplicación de los logos conocidos co-camina con el acceso en la intuición, visión de los lazos que existen entre ellos. El progreso, la riqueza espiritual y el sentido o sensación de unidad, he aquí el camino hacia la esjatología. (Esjatología en helénico es el último extremo o el punto más alto o más bajo, aquí y ahora y continúa después de la muerte o post muerte según el contexto).

Viviendo una unidad dentro y junto con el divino Logos, las creaciones tienen conciencia de esta unidad porque continúan manteniendo su propia “hipóstasis personal” (base subsistencial). El divino Logos hipostático (personal) está ahora enteramente en cada una de las criaturas que están concentradas en Él, pero sin que esto provoque confusión.

El Logos uno que se multiplica en muchos logos de las creaciones sin que se triture y que vuelve otra vez a su unidad, se debe de entender también como Verbo/Dicho hipostático que se multiplica en muchos verbos/dichos y en muchas formas de presencia personal creativa sin trocearse ni fragmentarse. Con estas formas llama, conduce y retiene las creaciones y estas formas se vuelven hacer Verbo/Dicho) católico/universal que contiene todo y se dirige a sus creaciones que están concentradas a su interior y se hace por eso presente como presencia (parusía) personal inmensamente marcada, fuerte, profunda y rica. Esto es la Apocálipsis/Revelación. Exactamente esto consolida o hace firme como personas los seres espirituales creados, los que están dotados de espíritu. Como un Verbo/Dicho así o como presencia (parusía) hipostática universal, se revela-apocalipta el Logos en las creaciones como Jesús Cristo. Con esta forma se da a nosotros también en la divina Efjaristía, y nos conduce a facultad y capacidad plena de retenerle y mantenerle como una presencia universal en nuestro interior en la vida futura.

  1. Se ve que algunos interpretaban este texto de san Gregorio de Nisis con el concepto Origénico. Por esta razón ponían la atención sobre el texto de san Gregorio que manifestaba que no llega a la zéosis sólo por el logos y la contemplación (zeoría) y por consiguiente de forma pasiva sin ninguna operación sobre las cosas y el cosmos (mundo).

San Máximo en esta explicación de los logos de san Gregorio contrapone otra que proyecta la importancia de la praxis. Manifiesta que aún dentro en el logos se contiene la energeticidad, actividad y dentro en la zeoría (contemplación) coexiste el juicio relativo con los trabajos que se han realizado. Lo demuestra con la definición que da al logos y a la zeoría. El logos es el funcionamiento que impone un orden al movimiento reteniéndolo de la declinación hacia objetivos absurdos y de resultados desastrosos para la naturaleza. El logos es una clase de guía-conductor ético del movimiento que conduce a la inmediata superación de las hedonés (placeres) de los sentidos e instintos físicos. No sólo dirige el movimiento de nuestra naturaleza sino también la fuerza de la naturaleza material. Porque dirigimos el movimiento de nuestra naturaleza, para dirigir de una manera el movimiento de los objetivos y la fuerza de la naturaleza material con la finalidad ética o el desarrollo sano hacia la dirección de la espiritualización. Pero sólo el logos que queda dentro en la sinfonía con el bien dirige hacia el bien o hacia lo espiritual el movimiento de nuestra naturaleza y las fuerzas exteriores. Por eso conduce nuestra naturaleza y junto con ella todo el mundo hacia Dios. Pero el bien, hacia el que el logos tiene la misión de dirigir cada momento nuestro movimiento y las cosas, se percibe y se concibe por la función contemplativa de la psique. Esta intuición contemplativa o visión del bien no sólo tiene carácter intelectual; es función (liturgia) del corazón. El bien se capta por el conjunto de nuestro ser espiritual. El logos organiza el movimiento hacia el bien que alumbra como un rayo nuestra intuición contemplativa por la que el logos tiene un profundo lazo. Así san Máximo da también a la función contemplativa misión práctica. Zeoría o contemplación es el entendimiento del significado espiritual que tienen los distintos aspectos de la creación, los textos bíblicos y las personas. Con la zeoría contemplación busca y quiere ver el significado espiritual de las cosas, de las personas y de los textos bíblicos u otros, para acreditar de qué manera estos nos pueden dirigir, guiar hacia el desarrollo de nuestra vida espiritual. Por eso llama “zeoría contemplación” la explicación espiritual de las leyes de la creación, los textos y las personas bíblicas y cree que las leyes de la naturaleza y la apocálipsis/revelación bíblica tienen el mismo valor como guías conductores para aquel que las entiende o las contempla con sus significados espirituales.

La virtud, por consiguiente, es fruto del logos y de la zeoría contemplación mediante el cuerpo. Dentro de la virtud se manifiestan los dos. Por eso la virtud se presenta la misma como expresión del eros (amor ardiente hacia) la sabiduría-sofía o como sabiduría realizada. Pero la virtud no se indica toda por el cuerpo. Lo que se ve de ella mediante el cuerpo representa sólo algunas sombras de la divina dinamis (fuerza y energía). Porque dentro de la virtud energizan y operan no sólo el logos y la zeoría contemplación humana, sino también la fuerza espiritual del hombre y con su intermediación la fuerza del divino Logos que ha sembrado y mantiene en el espíritu del hombre, y no sólo la conciencia del bien, en último caso de Dios, sino también el movimiento hacia Él. Porque es cierto que el divino Logos hipostático (personal) contiene a la vez el Bien y la Dínamis (fuerza, potencia y energía increada).

  1. Dentro de estas líneas san Máximo demuestra una nueva misión del cuerpo. Si la psique tuviese sólo la disposición virtuosa o si se alegrara por las alegrías de las virtudes que están en su interior no mostraría hacia fuera esta disposición para que los demás tengan ejemplo de vida virtuosa. Gracias al cuerpo las virtudes no dejan de ser individuales. Ganan en carácter y eficacia social. Así trabaja Dios con todos para todos. La vida virtuosa es forma divina de vida, imitación a Dios. Con las virtudes de uno Dios trabaja sobre el otro.
  2. San Máximo apunta que algunos llaman la parte superior de la psique “lo lógico o logístico (racional)” y a menudo conceden a esto dos funciones, una es la contemplativa y la otra es la práctica, ejecutiva u operativa. Sostienen que la primera función conoce como son las cosas y la segunda decide con prudencia el justo logos, aquel que tiene que actuar con estas. Lo primero lo llaman nus y lo segundo logos con el significado fino del logos. O lo primero sabiduría y lo segundo frónisis-sensatez (lógica, prudencia, templanza, virtud ética). Esta terminología nos muestra que san Gregorio tenía razón en considerar al logos y la zeoría-contemplación espiritual medios de elevación hacia Dios, porque con el logos y la zeoría-contemplación ha mostrado la causa de la buena actividad. Con estos el hombre contemplativo permanece realmente en las verdades y en la buena actividad, porque en la satisfacción y placer que estos provocan no le da la posibilidad de ser atraído por las cosas sino la fuerza para luchar por evitar la atracción de ellas.
  3. Los que progresaron espiritualmente disciernen tres movimientos de la psique en su interior. Uno se tramita por el nus, el otro por el logos y el tercero por el sentido, lo sensacional, el sentimiento. Pero estos tres movimientos se deducen en uno solo. Porque el movimiento por el sentido sensacional (emocional) se ha conjuntado con el logos y el movimiento del logos con el nus. Basado sobre los dos movimientos inferiores el nus se eleva a la gnosis superior de Dios. El movimiento del nus es una gnosis que no se puede definir. Es superior a la gnosis creada y se puede llamar también agnosía (desconocimiento o ignorancia) o gnosis apofática. Porque el nus que se mueve alrededor de Dios niega a definirle con atributos, predicados prestados de las cosas creadas, teniendo intensa y simple experiencia de Aquel que está por encima de todas las creaturas. A pesar de eso san Máximo llama movimiento esta experiencia que no se puede definir. El movimiento con el logos define a Dios como indefinible sobre su cualidad como causa. En este movimiento la psique hace claro en sí mismo, con una gnosis y ciencia, los logos de Aquel que es conocido sólo de la cualidad como causa. Los logos están en la psique y en el mundo. Dentro en la psique sólo pueden estar mientras ella se encuentra en relación con el mundo. Existen en la psique como la luz en los ojos y el aire en los pulmones. La psique y el mundo tienen estos logos de forma fija. Estos logos con intermedio el mundo sobre-energizan u operan sobre la psique regulándola.

San Dionisio el Areopagita, “Divinos nombres” 5,8: Los logos son “voluntades divinas”.

Traducido por Χρήστος Χρυσούλας Jristos Jrisulas https://logosortodoxo.es/ octubre 2021

 

San Máximo el Confesor PREGUNTAS FILOSÓFICAS Y TEOLÓGICAS

San Máximo el Confesor

PREGUNTAS FILOSÓFICAS Y TEOLÓGICAS

Por la Diaconía Apostólica de la Santa Iglesia Griega, comentarios por Dimitri Staniloae

 

(Amigos en CristoDios hombre, estas traducciones la tengo hechas durante los años 2002-20010, que me ocupé profundamente en contacto consciente sobre san Máximo quien intervino a mi enfermedad, y los traducía en español para sanación y concienciación propia, y como eran muy densas y muchas cosas no las entendía ni en griego, pues, con el paso del tiempo he adquirido cierta experiencia, y me he puesto a rectificarlas y publicarlas, la mayor  parte son de su obra “PREGUNTAS FILOSÓFICAS Y TEOLÓGICAS” y del análisis que ha hecho el teólogo carismático Dimitri Staniloae, una obra preciosa que cayó en mi manos el año 2003).

 

Resumen corto sobre su vida y obra            

San Máximo el Confesor nació el año 580 en Constantinópolis, de una familia distinguida que le dio buena educación teológica y filosófica. Mientras que sirvió por tres- cuatro años como secretario en la corte del imperador Heraclio, se ha retirado el año 613-614 en un monasterio de la ciudad de Jrisúpolis (hoy Scutari) al este del Bósporo. De aquí después de diez años vino al monasterio de Kiziko. El 626 fue obligado salir de allí porque recibían muchos ataques de los Persas. Mientras pasó por Grecia y Egipto se ha instalado por mucho tiempo en un monasterio de Cartagena. Aquí el año 634 se ha creado la famosa controversia con Piros, antiguo Patriarca de Costantinopla.

El año 634 aproximadamente san Máximo se había convertido el principal defensor de la Ortodoxia contra la herejía del monotelismo (una voluntad). El año 649 le encontramos a Roma donde tomó decisivamente parte a la preparación y convocatoria de un Sínodo, en la que el Papa Martino I condenó al monotelismo. El 653 junto con el Papa Martino fue conducido por la fuerza a Constantinopla. Allí el 655 por un sínodo fue condenado por su contrariedad hacia el monotelismo el cual estaba apoyado por la política imperial y fue exiliado a Bizi ciudad de Tracia. El 656 como fue contrario al soberano Konsta II que querría convertirle en monotelista fue conducido otra vez en Constantinopla. Allí después de muchos intentos para que dimitiera de su contrariedad se le castigó y expulsó otra vez pero esta vez en Perviri de Tracia.

El 662 fue conducido por una vez más a Constantinopla. Después de muchos intentos de ganarle un sínodo en Constantinopla le anatematiza junto con su discípulo Anastasio y otro Anastasio que era el observador de Roma en Constantinopla. Les cortaron la lengua y la mano derecha y les mandaron al exilio en la parte este del Mar negro. San Máximo murió allí el día 13 de agosto del 662, en edad de 82 años agotado por los castigos y la vejez. Permaneció hasta su muerte como un monje simple, a pesar de que muchas veces le ofrecieron el axioma del patriarcado con la condición de dimitir de su contra.

Justamente tiene el título de “Confesor” como el último gran teólogo y mártir de la fe ortodoxa de Jesús Cristo.

 

Un apunte muy importante sobre san Máximo

También san Máximo, dicho por él mismo, no hace filosofía especulativa, ni dialéctica como hacían los filósofos helenos, no sigue a ningún filósofo sino su experiencia de zéosis y la de los santos Padres, y su Teología es continuación  y auténtica expresión de la empírica teologización profética que es el Cristianismo ortodoxo.

Con los términos filosofía práctica (de vida) y zeoría contemplación todos los Padres y también san Máximo se refieren como filosofía práctica=Catarsis, el primer estado de la vida espiritual cristiana y con el término teológico zeoría contemplación= Iluminación, al segundo estadio, y el tercero es la zéosis. Ver también: http://www.logosortodoxo.com/teologia-ortodoxa/teologia-ortodoxa-y-filosofia/ y también http://www.logosortodoxo.com/teologia-ortodoxa/la-teologia-ortodoxa-y-la-mundanizada/

San Máximo, como también San Gregorio de Nicea, no se ocupan sólo de la dualidad “sensibles y νοητά noitá (concebibles o inteligibles)” sino también de lo más fundamental  de los “seres increados y creados”, hacen un discernimiento radical entre el Dios el único increado y eterno y las creaciones formadas o creadas que tienen en el divino Logos increado sólo los logos, de acuerdo con los cuales han sido creados tomando existencia real. “Preguntas  Filosóficas y teológicas” pag159». Ver también “Cómo telogizan los santos Padres: http://www.logosortodoxo.com/teologia-ortodoxa/como-teologizan-los-santos-padres-ortodoxos/

 

San Máximo el Confesor el mayor teólogo sobre el Logos Increado de Dios

La teología de san Máximo se caracteriza como apocalíptica-reveladora, ya que esencialmente está basada en la apocálipsis-revelación divina y es la enseñanza en la que se basaron desde muy temprano los primeros apologistas [2º siglo] y más tarde los grandes Padres de Capadocios. El misterio de la Trinidad, en el sistema teológico de san Máximo, es conocido a través del Logos increado. Dios es Trinidad, y a la vez mónada, unidad. [Trinidad en Mónada-Unidad y Unidad en Trinidad]. Las Hipostasis-Personas, por un lado, constituyen otredades, pero también están inseparablemente unidas entre sí en una sola unidad, sin fusión ni mezcla. (ver: https://logosortodoxo.es/filocalia/200-capitulos-a-thalasio-sobre-la-teologia-y-la-economia-de-la-encarnacion-del-hijo-de-dios/).

Al mismo tiempo energizan, operan y siempre quieren o desean lo mismo. El Logos increado la segunda Hipóstasis-persona de la Santa,  Trinidad, es el mismo Logos quien actuaba u operaba sobre los Patriarcas y los Profetas del Antiguo Testamento, y el mismo Logos quien se encarnó para la sotiría redención, sanación y salvación del mundo. La encarnación del Logos increado, de acuerdo con San Máximo, es el misterio de la voluntad pre-eterna de Dios y el plan para la santidad o divinización de la naturaleza humana. La misma voluntad lleva a la redención, debido al hecho de la realización y perfeccionamiento del ser humano.

Por eso el Logos de Dios toma la naturaleza humana intacta, sin mancha ni contaminación por las consecuencias de la caída, es decir, igual que antes de la caída de los primeros en ser creados. Toma la naturaleza humana tal y como la tenían los primeros en ser creados y eso sucede por Su voluntad y no a causa de necesidad natural. La voluntad de Su naturaleza, de acuerdo con san Máximo, no conoce la corrupción y no hay luchas ni combates contra los pazos humanos. La voluntad de la naturaleza humana está en armonía con la voluntad de Dios, porque la naturaleza humana fue creada a imagen del Logos.

El Dios Logos, según el gran san Máximo el Confesor toma la naturaleza humana, la cual es plena e íntegra, con su propia voluntad y su propia libertad, cosa que excluye cualquier confusión, mezcla y desaparición de ella. El hombre después de la encarnación es conducido por la zéosis a una nueva forma de existencia. Esta existencia, la como a imagen y semejanza ya se mueve al camino de la misma existencia del creador, con el resultado de la naturaleza humana en la hipóstasis de Jesús, si quiere y desea la inseparable comunión con el Dios e imitar la misma vida divina (santificación). La voluntad de Dios, es decir, las energías corrigen y transforman la voluntad del hombre sin que con esto se anule la particularidad humana o desaparezca la naturaleza humana en todas sus expresiones o manifestaciones.

Preguntas filosóficas, por san Máximo, pag 178-9: El Dios se hace hombre y el hombre se hace dios. Porque el hombre que respeta al divino logos increado y obra de acuerdo con él, da en éste y mediante a él encarnación humana más intensa al mismo Dios. A la medida que el hombre se va instalando dentro de Dios, se instala también el Dios dentro del hombre. Esto que hace al hombre dios y a Dios hombre es el eros (amor ardiente) recíproco o mutuo de ellos. El hombre con su eros hacia el Dios es glorificado, divinizado o deificado de Dios; Dios con su eros increado hacia el hombre es humanizado o hecho humano mediante el hombre. El hombre se hace dios con su eros creado hacia Dios y el Dios se hace hombre con su eros increado hacia el hombre. Debido a que el hombre con su eros hacia Dios es elevado dentro de Dios y con su eros increado Dios pone su residencia en el interior del hombre y este da a Dios su imagen humana. Los dos eros finalmente se sincronizan, uno llama y provoca o reta al otro.

 

Algunos apuntes de su obra: “Sobre distintas dudas de los Santos Dionisio el Areopagita y Gregorio de Nicea”, por san Máximo el Confesor

Análisis por Dimitri Staniloae sacerdote y gran teólogo Rumano.

La obra con este título contiene la explicación de algunos textos ambiguos de san Gregorio el Nanciano y un texto de san Dionisio el Areopagita…

…Se ve que la causa que condujo san Máximo a esta obra está en el hecho que veía como el monotelismo que al principio apareció como mono-energetismo tenía como base la negación de la energía humana dentro de Cristo, según la idea origénica o de Orígenes de que cada movimiento creado tiene su origen al pecado.

Es posible que el mono-energetismo haya aparecido sobre el año 626. Era la época que san Máximo se ocupaba en Kízico con el obispo de Constantinopla Juan sobre los textos de san Gregorio en los que nos referimos. Puede ser que la aparición de la idea mono-energética haya empujado a san Máximo y al obispo Juan a ocuparse y comentar sobre estos textos que habían tomado los seguidores del mono-energetismo para beneficio propio. Pero la amenaza tomó forma concreta apenas cuando subió al trono de Patriarca de Alejandría el Fásido Kiru. Empezando de este hecho, el obispo de Kízico mediante una carta ruega a san Máximo a asumir la defensa de la Ortodoxia de la amenaza del mono-energetismo determinando por escrito y publicando los comentarios que había hecho sobre los textos ambiguos de san Gregorio durante su estancia en Kízico.

San Máximo en esta obra refutando las pésimas ideas origénicas sobre el movimiento y defendiendo el carácter positivo de este, no solo se refiere a Orígenes el padre de esta pésima idea, sino también a uno de los seguidores de la teoría mono-energética. Puesto que los últimos aún no habían pasado de la fase contemplativa e intelectual del mono-energetismo a la fase de la inmediata imposición a la Iglesia. Por esto san Máximo no defiende aún en esta parte de su obra directamente la energía humana de Cristo, sino solo el movimiento en general de la naturaleza como base para la energía unida de toda la naturaleza humana y, por consiguiente, la naturaleza humana de Cristo. Quería, sin entrar en prematura polémica, cortar desde la raíz el sostén de la nueva herejía.

Apenas al final de esta obra se ocupa especialmente de la definición de las energías como voluntarias y el movimiento concienciado del hombre. (P G91, 1392). Antes de esto había hablado con menor exactitud y persistencia sobre la energía. Es cierto que en este espacio de tiempo se había aumentado la amenaza del mono-energetismo y a través de este la del monotelismo también. Ahora defendiendo no solamente el movimiento en general como característica dada en la creación por Dios, sino también la energía, es decir, el movimiento que se dirige de la voluntad humana hacia su meta, el propósito que es Dios. San Máximo evita también otra extremidad concretamente del destino absoluto. A la vez ahora empieza a ocuparse con el mono-energetismo y el monotelismo.

Determina con exactitud que el movimiento no es bueno por necesidad no sólo porque está dado por Dios a nuestra naturaleza, sino que es bueno cuando se concreta por nuestra voluntad en energía y operación que se dirige hacia Dios. Entonces el movimiento cumple su destino o finalidad que se ha marcado en su interior por Dios.

Tiempos anteriores había dicho generalmente que el hombre llega de la existencia inicial a la eterna existencia, después de pasar por la buena existencia o bien estar. (P G 91, 1116). Sobre todo ya había aclarado que el movimiento humano se determina como energía y acción u operación (P G 91, 1220). Pero no había conectado la energía como movimiento del hombre con su acceso hacia la eterna bienaventurada existencia dentro de Dios.

Ahora nos aclara que con la energetización (ejecución) acción del movimiento como energía que se dirige hacia Dios por la voluntad humana, la existencia se puede hacer buena y puede progresar hacia la eterna, bienaventurada y feliz existencia. Sin la energetización del movimiento dentro en una energía que se dirige hacia Dios, la existencia humana no puede hacerse bondadosa (buena) y no puede avanzar hacia la eterna bienaventurada existencia, sino que se deforma y se convierte sosa y miserable. Eso significa que el movimiento junto con la naturaleza humana, se realiza verdaderamente con hacerse con la energía que se dirige por la voluntad del hombre hacia Dios. San Máximo de esta manera no sólo ponía la base necesaria para que sea aceptada la energía humana dentro de Cristo, sino también la base para que se vea la estrecha relación de la energía y voluntad humana con la divina increada en el interior de Cristo.

Así en esta parte de su obra había creado un cimiento firme, fuerte y profundo tanto sobre la enseñanza de la energía humana de Cristo, como también un lazo estrecho de la energía humana creada con la divina energía increada. Ahora podía pasar a la defensa inmediata de la energía humana de Cristo y junto a la afirmación de la identificación de ella con la divina energía increada. Mientras había acordado con su amigo Sofronio y el Patriarca de Constantinopla en 634, el primero había aceptado no hablar para las dos energías de Cristo, habiendo tomado la promesa de que no negarán la energía humana de él. Después de eso san Máximo componiendo la parte cristológica de su obra no habla sobre dos energías de Cristo sino solo para una “teándrica” energía, pero certificando siempre que dentro en esta energía “teándrica” permanece entera la energía humana. De una manera, esta expresión le daba la posibilidad y fuerza de asegurar la estrecha unión de las dos energías de Cristo. Ha tomado este término del Dionisio Areopagita interpretándole en el sentido ortodoxo tal como había hecho también Dionisio. En esta ocasión explica al respecto el texto de san Dionisio el Areopagita que es el único que se explica en esta obra.

Esta evasión de hablar directamente para las dos energías de Cristo no sería indispensable ni propicia a lo que respecta la fe verdadera después del 634. Entonces Sofronio llegando como patriarca en Jerusalén luchaba con su Sínodo abiertamente la idea equivocada de una sola energía de Cristo. El conflicto ya estaba abierto.

Pero san Máximo durante la segunda mitad del 633 y la primera del 634 compuso la parte cristológica de su obra. En esta obra que tenía como objetivo de ser el remate de la parte anterior, no lo coloca al final de su parte anterior en el que había defendido generalmente el movimiento de la creación hacia Dios, sino que lo coloca al principio. Quizá porque el conflicto mono-energético se había hecho el principal problema público en la Iglesia y porque con esta parte cristológica podía demostrar desde el principio qué sentido tenía la defensa general del movimiento que se había hecho en la parte anterior.

La defensa del movimiento da un tono optimista en toda la visión del mundo y abre la perspectiva de la zéosis o glorificación del mundo. A la vez ilumina el carácter personal de Dios contra cualquier panteísmo ambiguo. La zéosis del hombre es la unión erótica (amorosa) entre un Dios personal y la persona humana. Esto lo veremos más claro en el estudio de los argumentos que utilizó san Máximo para defender el movimiento y en el estudio de las consecuencias que surgen por la defensa del movimiento.

De acuerdo con el origenismo que platoniza (sigue a Platón), el mundo se formó por Dios para encarcelar en el mundo las psiques que pecaron moviéndose de la inicial unidad consubstancial de ellas con Dios, después de la tristeza por la inmovilidad de ellas dentro en esta unidad, (PG 91, 1089). El movimiento pues fue la expresión de la separación de las psiques de Dios, es decir, la expresión de un pecado. Los cuerpos y el mundo visible son el resultado de este pecado. Dios encarceló las psiques en los cuerpos para castigarlas y para hacer que nazca en ellas el anhelo de regreso a Dios, después de liberarse de la cárcel del cuerpo.

Por consiguiente, para el origenismo el movimiento se ha creado antes de la formación del mundo visible y los cuerpos. El mundo y los cuerpos son consecuencia del movimiento o del pecado que se ha cometido por las psiques en una preexistencia incorpórea. Primero existía el movimiento, después la génesis del mundo y los cuerpos y a continuación la estabilidad de las psiques liberadas de los cuerpos dentro en Dios.

San Máximo cambia el orden de la posición de los dos primeros términos de esta triada. Según él primero existía la génesis del mundo y la creación de los seres humanos y después el movimiento y al final la estabilidad dentro en Dios. (PG 91 1089).

La creación no es consecuencia de un pecado anterior sino una praxis positiva de Dios. El movimiento es también el resultado de la praxis creadora de Dios, el cual puso el movimiento dentro en la creación para que ella suba desde su recaído y pasado estado a la increada vida infinita de Dios. Por tanto, el movimiento es una característica natural de Dios, un medio por el cual la creación puede llegar a la plena participación de la vida divina. No puede uno llegar a Dios evitando el movimiento sino utilizándolo. Uno no debe salirse del movimiento o anularlo para encontrarse junto con su psique más rápido dentro en la inamovible eternidad, sino que debe de energetizarlo o activarlo entero, plenamente. El movimiento es la única manera para que se eleven las creaciones hasta Dios y no la manera por la cual las psiques se han alejado inicialmente y se alejan más y más de Dios, tal como sostenía el origenismo influido por el platonismo.

Con el movimiento uno llega a Dios y dentro de Él a la eterna estabilidad, porque más allá de Dios no existe otra meta o finalidad superior. Dios con ser el infinito no tiene un final que uno podría progresar más allá de esto para entrar en una región superior (PG 44, 404). Dios con su infinidad alimenta eternamente el deseo del hombre para enriquecerse. El hombre no tiene ocasión de probar fastidio, aflicción o saciedad de la misma comida espiritual, porque dentro en la infinidad de Dios existe siempre riqueza que responde a todos los deseos del hombre hacia la elevación (PG 91, 1217).

La cuestión sólo era comprender como era posible que parase el movimiento si esto constituye una cualidad de la naturaleza de las creaciones.

Según los origénicos la parada de las psiques dentro en Dios es provisional. Esto presupone una insuficiencia y una limitación dentro al mismo Dios. El movimiento vuelve a empezar siempre a causa de esta insuficiencia y limitación. El Dios pues de los origénicos no era Dios verdadero. Todo se encontraba dentro en una relatividad sin salida, en un pan-relatividad sin sentido. Porque la parada provisional de las psiques dentro en Dios insinuaba la debilidad de poder encontrar alguna vez y en alguna parte el eterno descanso y la verdadera infinidad en ella. En este caso tampoco tenemos dentro de Cristo el todo y aún Éste debe de tender hacia una finalidad más allá de Él, o después de cierto tiempo bajar de allí donde ha llegado. En este caso debemos de negar también su resurrección somática, (PG 91,1336).

San Máximo da otra respuesta para la conciliación de la idea de que el movimiento pertenece a la naturaleza de la creación y a pesar de todo esto hace parada en Dios. Según él, el estancamiento de la creación dentro en Dios es a la vez movimiento pero no de una cosa delimitada hacia otra limitada, sino un movimiento dentro de la visión y la experiencia de la divina infinidad, dentro de la cual se encuentra todo lo creado. Es un movimiento dentro en el infinito. Progresus in idem. Este estancamiento es a la vez la zéosis o glorificación, penetración entera de Dios en la creación entera, sin que esta penetración tenga fin y sin que la creación tenga el sentido que ha llegado al límite de la zéosis. Siempre tiene todo. Pero este todo nunca tiene límite. Después, el estado de zéosis, aunque no es producto del movimiento no significa una situación insensible  y pasibilidad inactiva de la creación. La creación vive la experiencia de la zéosis y por consecuencia se encuentra en estado de recepción energética activa. Esto suena una unión paradójica entre la pasibilidad y la praxis o el movimiento.

Además, san Máximo dice que el movimiento dentro en el cual se encuentra la creación en su existencia terrenal es pasibilidad. Porque la creación debe de moverse a pesar de su voluntad, puesto que no tiene por sí mismo el movimiento, (PG 91, 1073C.) El Hans Urs von Balthasar no dando ninguna importancia en esta presencia paradójica de un movimiento dentro en cada pasibilidad o de alguna pasibilidad dentro en cada movimiento, dice que san Máximo en su carta hacia el presbítero Marino (PG 91,33 AB), que en los Santos al cielo no existe ya sino sólo una energía la de Dios. Pero san Máximo en su carta hacia el presbítero Marino no refuta la formulación que hace en el capítulo sexto de esta obra, sino que sólo explica el significado que hemos dicho antes y que los santos sufriendo energía y operación de la zéosis, a pesar de todo, tienen la experiencia verdadera de ella, por tanto tienen un movimiento de asimilación de la zéosis que se les ha sido dada. He aquí las palabras de san Máximo hacia el presbítero Marino: “Pues, no hemos abolido la energía natural de ellos que están llenos de zéosis, manifestando que esta energía soporta solo pasivamente la alegría de los bienes que ha recibido. Pero hemos demostrado que sólo la fuerza que es superior de la naturaleza realiza la zéosis de los que se han deificado o glorificado por la Jaris (Gracia energía increada)”. Con otras palabras, San Máximo hace discernimiento entre la función productiva y la receptiva de la energía de la naturaleza humana. No todo lo tenemos por la energía de nuestra naturaleza, pero podemos prender y apropiar con ella lo que se nos ha sido dado. Existe una escalera en esta función de asimilación y lo que se nos ha sido dado es análogo con la medida o el nivel al que ha llegado la fuerza de asimilación de la energía de nuestra naturaleza. Recibimos la luz natural del mundo exterior no lo producimos con nuestra energía. Pero la aceptación de esta luz no es posible sin la manifestación de la energía óptica de nuestra naturaleza.

Además, en este punto que hemos recordado la obra que aquí escribimos, san Máximo dice: “Porque el movimiento voluntario sobre cualquier cosa cesa obligatoriamente cuando aparece Aquel que se desea y se participa, el cual se convierte el contenido inconcebible de los que participan en Aquel a medida de sus fuerzas” (PG 91, 1076). P. Serwood interpreta con el mismo sentido la enseñanza de san Máximo sobre el eterno estancamiento, diciendo que “encierra a su interior una persistencia dentro en Dios y un estancamiento movido eternamete y un movimiento permanente, estancado o idéntico, una persistencia dentro en la primera causa” (P. Sherwood, the Earlier Ambigua, pág.112). Ya san Gregorio de Nicea había hablado para parada movida o movimiento estancado de las psiques que se han hecho constantes en su relación con Dios. Uno podía decir que esta situación es más allá del movimiento y el estancamiento. Es un estado que contiene los dos y que supera los dos con el sentido que tienen para nosotros.

San Máximo refuta detalladamente todas las tesis del origenismo y sus consecuencias y por eso le da la oportunidad de profundizar y extender la visión óptima de la zéosis del mundo. Así en esta obra suya no sólo completa el intento negativo de recomponer al origenismo y no se limita a la defensa de la enseñanza dogmática en el tema de la energía humana de Cristo, sino que contiene también una descripción del sublime plan de Dios para la zéosis del hombre. Recomponiendo la horrible teoría del origenismo sobre el movimiento, san Máximo inevitablemente debía de exponer el concepto positivo del movimiento. Este concepto según él es la cotización del hombre al plan divino para su zéosis. Así más allá del arreglo del origenismo y la defensa de la energía humana en Cristo, esta obra constituye la más estable, impresionante, más extensa y fundamentada descripción del grandioso programa de la zéosis del hombre y del mundo. Un programa con extraordinaria complicación en su ejecución. El contenido de este es una antropología y cosmología de la zéosis que pone frente a las persecuciones y búsquedas del hombre para elevación al propósito más alto.

Primero de todo san Máximo refuta la tesis platónica de acuerdo con la cual los cuerpos se han creado de Dios para castigo después de la salida de las psiques de Él por el movimiento. Pero si así fuera, dice san Máximo, Dios habría creado los cuerpos y el admirable orden del mundo visible obligado por alguna necesidad. Entonces no sería libre dentro de esta praxis y el orden del mundo visible sería producto del mal. En este caso no veríamos la grandeza de Dios quien es alabado silenciosamente por el mundo (PG 91, 1328).

Pero san Máximo ilumina el valor positivo del mundo y con la percepción que tiene sobre los logos de la creación, logos que preexisten en Dios, al sublime Logos. La percepción sobre estos logos la contrapone en la teoría origénica sobre la preexistencia de las psiques o los seres espirituales dentro en la consubstancial unión con Dios. Esta tesis origénica es considerada que es una clase de panteísmo que obedece en el último de los casos a una continua caída y levantamiento de la misma deidad.

Mientras que los seres platónico-origénicos empezaron a moverse por sí solos, puesto que se disgregaron de su inicial unidad, y Dios se ha visto obligado a construir solo sus cuerpos para castigarlos y para hacerles desear sus salidas de los cuerpos y del mundo visible y su regreso a la existencia incorpórea, san Máximo considera que los logos preexistían dentro al divino Logos como prótipos (modelos) de las cosas. Solo el divino Logos tiene hipóstasis eterna antes de los siglos y puede realizar las praxis por iniciativa propia. Estos logos no tienen hipóstasis y no pueden moverse por sí mismos. Son solo modelos de cosas que ha pensado Dios y solo Él puede traer las creaciones en la hipóstasis de acuerdo a estos modelos. Pero el hecho de que Dios piensa estos modelos de las cosas de manera libre y positiva antes de los siglos y a las cosas que Él ha creado y no se formaron solo de alguna esencia que existe independiente de Él, da una importancia positiva enorme. Según la tesis origénica no existe sino solo la separación: que Dios había pensado los logos de los cuerpos antes de los siglos obligado por el pecado que han cometido los seres espirituales y en este caso los habría pensado no solo sin su voluntad, sino como medios predestinados también a provocar daño a las psiques; o habría formado los cuerpos y las cosas sin antes haber pensado. Pero estas dos eventualidades rebajarían el valor de Dios.

El carácter positivo de los logos y a consecuencia también de las cosas que se han creado de acuerdo con su prototipo (modelo) consiste según san Máximo sobre todo en el hecho que los logos tienen un parentesco con el sublime Logos personal, el cual los piensa y que las cosas tienen como destino a asemejarse cada vez más con los logos eficaces y revelados, realizando una clase de unión entre las cosas y sus divinos logos dentro de Dios.

 

Sobre la energía increada de la voluntad Divina y la energía creada de la voluntad humana

  1. La asimilación de nuestra naturaleza como icona, imagen hacia su arquetipo se hace perfecta cuando debilitamos nuestra voluntad en querer algo que no quiere Dios. Esta asimilación se consigue con el intento de la voluntad en no querer ya lo que Dios no quiere y que perjudica el perfeccionamiento de nuestra naturaleza que se utiliza sólo con su adaptación voluntaria hacia su supremo arquetipo. Por su parte la voluntad se debe de entender como un lazo fino con la energía. Aquel que adapta y aplica su voluntad hacia la divina, el mismo ya no trabaja de acuerdo con la voluntad de un Dios que está más allá de él, sino que dentro de él trabaja el mismo Dios. El que se reforma y conforma hacia la voluntad de Dios se entrega a Su energía (increada) porque la voluntad de Dios es energizante (operante). Pero de manera paradójica, aquel que quiere lo que Dios también, crea su voluntad con la de Dios y también con la energía de Dios su propia energía. Así la voluntad y su energía mantienen su identidad pero sin anularse y confundirse. Porque cuando se hayan hecho sujeto, dentro en este estado del sujeto se implica también la praxis de la humana voluntad y energía. Así el hombre unido con Dios puede él mismo igual llamarse dios con su cualidad de ser sujeto de la voluntad y energía de Dios, pero no Dios por sí sólo. Porque la divina voluntad y energía no se hacen suyas por sí solas, sino en tanto se las apropia éste como sujeto. Así uno puede decir por un lado que dentro de él no existe nada más que la voluntad y energía divina y por otro, que dentro de él existe también su propia voluntad y energía, mientras continúa existiendo como sujeto que se familiariza con su voluntad a la voluntad de Dios y con el movimiento y la energía de su voluntad el movimiento y la energía de la voluntad de Dios.

San Máximo en su carta al presbítero Marino (PG 91,33) explica que hablando sobre una sólo energía de Dios dentro de los santos da a entender con esto que sólo la energía de Dios provocará sus zéosis y la bienaventuranza dentro en la vida futura. Porque la energía es la realización de la potencialidad. Por consecuencia el hombre no puede realizar con su propia energía su zéosis y su eterna bienaventuranza, porque no tiene por eso esta potencialidad y la naturaleza por las cuales podría provenir una energía (increada) de este tipo. Pero añade: “No hemos anulado la energía natural de aquellos que han alcanzado la zéosis. Esta descansa dentro en lo que respecta la realización de los resultados, mostrando sólo que padece, siente y soporta la alegría de estos bienes”. La energía humana prueba y vive la zéosis pero no la provoca. Sin duda cuando la zéosis y la bienaventuranza se dan a uno son análogas a la medida de su capacidad de aceptar y recibirlas, por consiguiente, probarlas y en esta capacidad de recibirlas ha llegado con sus propios esfuerzos e intentos. San Máximo certifica y asegura por un lado que sólo Dios energiza en nuestro interior durante la vida venidera para mostrar la impotencia de una nueva caída de Dios con significado origénico (de Orígenes). Por otro certifica y asegura que la permanencia de la energía y la voluntad humana para que no se anule la naturaleza humana dentro en Dios con concepto monofisítico-panteísta. “De acuerdo pues, con el hereje Sebiro el Logos tomando cuerpo por la hipóstasis ha realizado un fantasma sólo de la economía con simple forma somática. No ha integrado la economía con un cuerpo natural empsiquizado (vivificado, animado por la psique) con nus y logos, porque no tiene voluntad natural como el hombre” (Carta a Marino, PG 91,49). La voluntad humana permaneciendo dentro de Cristo y dentro de nosotros durante la futura vida no es sólo una voluntad en dinami (potencia, fuerza) sino una voluntad en energía, pero que se realiza dentro en la identidad del acuerdo con la divina voluntad, porque la dulzura del divino bien presente dentro al hombre conquista íntegramente la voluntad humana.

 

Cinco causas por las que el Dios concede o permite la tentación en nuestra vida, por San Máximo el Confesor

Primera causa es que aprendamos a discernir la virtud de la maldad mediante la experiencia de esta guerra.

Segunda causa es para que de esta manera seamos obligados de una forma a apegarnos con certeza y firmeza a la virtud.

Tercera causa es para que no nos volvamos orgullosos y vanagloriosos cuando progresamos en la virtud, sino que vayamos concienciando que por la experiencia de esta lucha espiritual todo progreso es regalo, donación de Dios.

Cuarta causa es que nos hagamos humildes y concienciemos, odiemos, confesemos y abandonemos nuestros pecados que se hacen motivo de tentaciones.

Quinta causa es para que no olvidemos nuestra enfermedad y la fuerza de la jaris (energía, increada) de Dios, cuando progresando a la lucha espiritual nos hemos hecho dignos a alcanzar alguna virtud.

Mediante las causas anteriores se ve diáfana la agapi (amor incondicional) de Dios hacia el hombre. No olvidemos que las tribulaciones, sufrimientos, dolores y tentaciones son regalos de la filantropía de Dios, porque a través de estas pruebas  podemos, -si lo queremos- encontrar a nuestro padeciente, sufridor y crucificado Cristo, y Él nos resucitará a la vida eterna.

A última instancia, el diablo con todos sus artificios y a pesar de sus malas astucias contra nosotros, él mismo se autodestruye y ¡!triunfa la divina filantropía! Igual que la trampa cruciforme que montó el diablo a Cristo, finalmente resultó la destrucción del mismo diablo y la victoria de Jesús, por eso la Cruz es el arma más terrible contra el diablo, y así también cada trampa que monta el diablo también en nosotros puede resultar en derrota del Satanás y motivo para nuestra sotiría redención, sanación y salvación. Pero con una condición imprescindible: nosotros afrontar cada una de las tentaciones cortando nuestra voluntad egoísta, es decir, de nuestro egoísmo, y OBEDIENCIA “SIN LIMITES, INCONDICIONAL” A DIOS.

Traducido por Χρήστος Χρυσούλας Jristos Jrisulas https://logosortodoxo.es/ octubre 2021

 

SIETE LOGOS CONDUCTORES PARA QUE LOS LISTOS NO TE CLAVEN PINCHOS

SIETE LOGOS CONDUCTORES PARA QUE LOS LISTOS NO TE CLAVEN PINCHOS

Ἑπτὰ ῥήσεις-ὁδηγοί,γιὰ νὰ μὴ μᾶς κολλᾶνε ρετσινιές οἱ ἐπιτήδειοι !

 

«No inspecciones, ni revises a los malos para que no te odien; más bIen, inspecciona y revisa al sabio y él te amará…Μὴ ἔλεγχε κακοὺς, ἵνα μὴ μισήσωσί σε. ἔλεγχε σοφόν καὶ ἀγαπήσει σε»

1.«Todo templo Cristiano ortodoxo no se contamina, ni se infecta, ni tampoco permite que te contamines y te infectes, (san Juan Damasceno y san Nokolaos Kabásilas) … Κάθε ὀρθόδοξος ἱερὸς ναός, οὔτε μολύνεται, οὔτε ἐπιτρέπει νὰ μολυνθῇς»  ἅγ.Ἰω.Δαμασκηνὸς-ἅγ.Νικ.Καβάσιλας

  1. «¡Si conociereis cuánta bendición viene durante la Divina Liturgia, recogeríais hasta el polvo del suelo de la Iglesia y con el polvo lavaríais vuestras caras!!! (san Gabriel el loco por Cristo) … Ἄν γνωρίζατε πόση εὐλογία ἔρχεται κατὰ τὴν θεία Λειτουργία, θὰ μαζεύατε μέχρι καὶ τὴν σκόνη ἀπὸ τὸ πάτωμα τῆς ἐκκλησίας γιὰ νὰ πλύνετε μ’ αὐτὴν τὸ πρόσωπό σας» ἅγ.Γαβριἠλ.διὰ Χριστὸν σαλός
  2. «Si todos los Cristianos ortodoxos siguieran en todo al pie de la letra a los obispos, no habría Iglesia ni existiría cristiano ortodoxo, (san Filoteo Zervakos)… Ἐὰν ὅλοι οἱ χριστιανοὶ ἀκολουθοῦσαν κατὰ γράμμα τοὺς ἐπισκόπους σὲ ὅλα,οὔτε Ἐκκλησία οὔτε καὶ ὀρθόδοξος χριστιανὸς θὰ ὑπῆρχε » ἅγ.Φιλόθεος Ζερβάκος
  3. «Cuando la Iglesia prohíba a la simple abuelita a inspeccionar, controlar y revisar a su obispo, esto señalará el fin de la Iglesia, (san Justino Popovits) … Ὅταν ἡ Ἐκκλησία ἀπαγορεύσει στὴν ἁπλὴ γιαγιά, νὰ ἐλέγχῃ τὸν Ἐπίσκοπό της, αὐτὸ θὰ σημάνει τὸ τέλος τῆς Ἐκκλησίας» ἅγ.Ἰουστίνος Πόποβιτς
  4. «Y aunque sean poquísimas las personas que mantengan la fe ortodoxa íntegra y completa, sólo estas personas serán las que constituyan la Iglesia de Cristo, ( san Juan el Crisóstomo- san Nikiforo el confesor) … Καὶ ἐλάχιστα ἄτομα νὰ κρατήσουν ἀκέραιη τὴν ὀρθὴ τὴν πίστη,αὐτὰ μόνο θὰ ἀποτελοῦν τὴν Ἐκκλησία τοῦ Χριστοῦ» ἅγ.Ἰω.Χρυσόστομος-ἅγ.Νικηφόρος ὁ ὁμολογητὴς
  5. «En los años difíciles que vienen (y ahora estamos) la herejía se habrá extendido tanto que los fieles no podrán encontrar un sacerdote para protegerlos del engaño y la herejía, por tanto conductor de ellos ya serán los textos de los santos Padres, y cada fiel será responsable para todo el pleroma-tribulación de la Iglesia, san Juan Maxímovits, (Esto lo estamos viviendo ahora, sobre todo con la panherejía del ecumenismo que lo ha podrido casi todo, con sus agapologías de agapitos degenerados…) Στὰ δύσκολα χρόνια ποὺ ἔρχονται ἡ αἵρεση θὰ ἔχει τόσο ἐξαπλωθεῖ ποὺ οἱ πιστοὶ δὲν θὰ βρίσκουν ἱερέα νὰ τοὺς προστατέψῃ ἀπὸ τὴν πλάνη, ὁπότε πλέον ὁδηγὸς τους θὰ εἶναι τὰ κείμενα τῶν ἁγίων Πατέρων,καὶ ὁ κάθε πιστὸς θὰ εἶναι πιὰ ὑπεύθυνος γιὰ ὅλο τὸ πλήρωμα τῆς Ἐκκλησίας»  ἅγ.Ἰω.Μαξίμοβιτς
  6. «…incluso si un ángel del cielo os anuncia un evangelio distinto del que nosotros os hemos anunciado desde el principio, éste que sea anatematizado y apartado de la Iglesia … Si alguien os anuncia un evangelio distinto del que habéis recibido, sea anatematizado… ¿a quién busco agradar por el Evangelio que os he predicado, a los hombres, a mí mismo o a Dios? (Gal 1: 8·9·10) … καὶ ἐὰν ἡμεῖς ἢ ἄγγελος ἐξ οὺρανοῦ εὐαγγελίζηται ὑμῖν παρ’ ὃ εὐηγγελησάμεθα ὑμῖν, ἀνάθεμα ἔστω…εἲ τις ὑμᾶς εὐαγγελίζεται παρ’ ὃ παρελάβετε,ἀνάθεμα ἔστω…ἀνθρώπους πείθω ἢ τὸν Θεόν; ἢ ζητῶ ἀνθρώπους ἀρέσκειν;;..» ἀπ.Παῦλου,πρὸς Γαλάτας

 

(La Santa Λαβίδα Lavida-cuchara consagrada que se da la Divina Efjaristía, simboliza la Ὑπεραγία Θεοτόκο hiperaghía Zeotoko- suprasanta, santa más que todos los santos, mediante la cual se da el Cuerpo y la Sangre de Cristo a los fieles, según los santos Padres. Por un médico y Yérontas iluminado de Athos: Pero el propósito y el objetivo final es el corazón de la Iglesia que es el Cristo, que es la Divina Comunión, la Divina Eucaristía y veréis, que van por aquí y por allí rodeando, ojalá que así no sea por supuesto, pero mucho me temo que esto al final lo dirán y ya en algunas Iglesias en Occidente utilizan modos y formas inadmisibles, cucharitas de plástico, antisépticos para limpiar Santa la Lavida-Cuchara, ¡!!oir, oir, escuchar, escuchar!!!… para que comulgue el próximo, TERRIBLES COSAS BLASFEMAS, TEOLOGÍA BLASFEMA Y PRÁCTICA BLASFEMA.

Diría que es una HEREJÍA todo esto que se hace hoy en día, es una NUEVA HEREJÍA, que la llamaríamos HEREJIA DEL CONTAGIO DENTRO EN EL TEMPLO, a través de las santificaciones o cosas santificadas de Cristo, ¡!!cómo podría ser posible esto!!! Continúa en…

https://logosortodoxo.es/herejias/la-teologia-blasfema-sobre-la-infeccion-en-y-del-templo/ )

Traducido por Χρήστος Χρυσούλας Jristos Jrisulas

Miniléxico filocálico

 

Miniléxico filocálico

 

Amigos en CristoDios, se sugiere leer también el GRAN LEXICO ALFAΩMEGA https://logosortodoxo.es/alfa%cf%89mega-gran-lexico-ortodoxo/ que allí hay más de 130 términos importantes, incluidos los que aquí hay pero algunos mucho más amplios.

Contenidos

  1. Αγάπη agapi, amor.
  2. Ἀκτιστο aktisto Increado y κτιστό creado.
  3. Ἄκτιστον Φῶς, increada Luz.
  4. Ἁμαρτία (amartía) Pecado
  5. πáθεια Apacia, sin pazos, impasibilidad, sin pasiones.
  6. Ἀποκάλυψις apocálipsis revelación.
  7. σκησις, áskisis o ascesis, ejercicio, práctica
  8. Βασιλεία τοῦ Θεοῦ/τῶν ουρανῶν (vasilía tu Zeú/ton uranón) Realeza de Dios/de los cielos
  9. Γνῶσις Gnosis, Conocimiento
  10. Διάνοια diania, mente, intelecto o cerebro
  11. Εκκλησία (eklisía) Iglesia
  12. Εκ, ek de, desde. Διά diá por. Εν en
  13. Ἐκκοσμίκευση secularización
  14. πιθυμητικόν (epicimitikón) deseoso, anhelante, volitivo
  15. Ἐσχατολογία, esjatología
  16. Εὐχαριστία, Θεία Efjaristía Zía Eucaristía Divina
  17. Ἡσυχία Hisijía paz, serenidad, tranquilidad, calma, silencio, sosiego
  18. Ἡσυχασμός isijasmós Ἡσυχαστής isijastís
  19. Θεάνθρωπος, Zeántropos Dios hombre, Θεός (Zeós) Dios, ανθρωπος (anzropos) ser humano
  20. Θεολογία Zeología Teología
  21. Θεοτόκος Zeotocos
  22. Θεωρία Zeoría teoría, contemplación o vida zeorítica (contemplativa)
  23. Θέωσις Zéosis
  24. Θυμικόν (cimikón) irascible, afectivo o emocional
  25. Κάθαρσις kázarsis catarsis
  26. Καρδία kardía Corazón
  27. Κήρυγμα (kirigma) kerigma
  28. Κόσμος kosmos mundo
  29. «Κύριε ἐλέησον» “Kirie eleison”
  30. Λογική loyikí Lógica
  31. Λογικός Lógico
  32. Λογισμós, οί (loyismós/i)
  33. Λογιστικό Loyistikó o logístico
  34. Λόγος Logos y Logos de los seres
  35. Λύπη (lipi) dolor, pesar, depresión, sufrimiento, pena, tristeza, aflicción interior psíquica,
  36. Μεταμόρφωσις Metamórfosis
  37. Μετάνοια Metania
  38. Mνήμη θανάτου (mnimi zanatu) memoria, recuerdo de la muerte
  39. Μνήμη Θεοῦ (mnimi Zeú) recuerdo, memoria de Dios
  40. Μυστήριο Mistírio misterio, sacramento
  41. Νήψηs nipsis Sobriedad
  42. Νοερά προσευχή (noerá prosefjí) oración noerá o del corazón
  43. Νοῦς nus o νοερά ενέργεια noerá ο espiritual energía
  44. Οικονομία iconomía Economía
  45. Πάθος, pazos, pathos, pasión padecimiento
  46. Πένθος (penzos) luto
  47. Πράξις praxis
  48. Πρόσωπον Prósopon Persona
  49. Σωτηρία (sotiría) redención, sanación y salvación
  50. Υπόστασις hipóstasis
  51. Φωτισμός (τοῦ νοῦ tu nú) Iluminación (del nus)
  52. Χάρις τοῦ Θεοῦ (jaris tú Zeú) Jaris – Gracia de Dios
  53. Χάρισμα Járisma Carisma
  54. Ψυχή psijí Psique, alma, ánima

 

Miniléxico filocálico

  1. Αγάπη (agapi)  amor, cariño. “Ὁ θεός ἀγάπη ἐστίν Dios es agapi-amor… Porque la agapi proviene de Dios” (1 Jn 4,7-8).

La Αγάπη (agapi) cristiana en su faceta divina y como término teológico ortodoxo es la primera y superior energía increada de las energías increadas de la Jaris de Dios. Se aproxima más a la misericordia increada y perdón de Dios que enseñaba Cristo Dios. La agapi está vinculada y unida estrictamente con la libertad y la verdad. Cada una depende y se enlaza con la otra, fuera de esta interrelación ninguna es auténtica. Dicen los Santos Padres Ortodoxos: Nadie puede conocer la increada agapi como energía increada de Dios si no es a través de la energía increada Χάρις (Jaris, Gracia) del Espíritu Santo. La agapi cristiana en su faceta secular, mundana se refiere al amor desinteresado, altruista o cariño, amor al cónyuge, a los padres, a los amigos, a los jefes y trabajadores, como también a las comunidades sociales y toda la creación.

Éste es el propósito de la psicoterapia de la Iglesia Ortodoxa, el convertir, mediante la constante metania (introspección, arrepentimiento y confesión), la φιλαυτία (filaftía, egolatría) que es el creado amor interesado egocéntrico y enfermizo a uno mismo y al cuerpo y convertirla en agapi desinteresada divina e increada de Dios. Ésta comprende tres estadios: catarsis, iluminación y zéosis o glorificación. (Ver también sobre este término en nuestro libro “12 Léxis apocalípticas” en el blog en español: logosortodoxo.es/).

 

  1. Ἀκτιστο (aktisto) Increado, no-constituido, no construido o no formado y κτιστό (ktistó) creado, formado, constituido.

No existe ninguna similitud entre uno y otro. En principio, Dios es áktisto (increado). Increado se llama lo que no tiene principio ni fin, en cambio lo creado tiene un principio concreto, y no tiene fin porque el Dios quiere que no sea así. Dios no tiene cuerpo, en cambio el hombre sí. Lo increado es inalterable, no cambiable e infinito, perpetuo, en cambio lo creado cambia, se altera, se corrompe y se desgasta.

San Máximo el Confesor: «En el Dios no hay nada creado, como en el hombre no hay nada increado. De la esencia increada de Dios es el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, y la divina voluntad y la energía increada es común entre los tres… Energía es la dinamis, fuerza o potencia manifestante de toda esencia, de la que la nada está privada. La energía, que es la percibimos, es el movimiento de la esencia de Dios, por lo tanto de la deidad, pero la esencia, que no la percibimos, no es movimiento».

Está claro que virtud, bondad, santidad, inmortalidad, agapi son energías de Dios, son perpetuas e increadas. Existe diferencia entre energías las increadas de Dios y las creadas de las creaciones. La virtud es energía increada de Dios, pero las cosas virtuosas son creadas. La vida es luz, energía increada de Dios, pero los seres vivos son creados y son los resultados de la energía increada.

Por lo tanto, las energías increadas de Dios no tienen principio, son perpetuas e increadas. Y como la esencia de Dios es divina e increada también Sus energías son divinas e increadas. Esto es una cuestión importante para la teología ortodoxa. Porque si consideramos que las energías de Dios son creadas, entonces nos obstruimos a recibir la zéosis (glorificación). Es decir, si Dios se comunica con el mundo con las energías creadas, entonces no podemos conseguir la κοινωνία (kinonía, conexión y comunión) con Dios, y la salvación se hace imposible con las energías creadas. Por lo tanto, Dios permanecerá sin ser conocido por el hombre y si intentamos conectar y unirnos con Su esencia, entonces se anula la diferencia entre creado e increado. No hay ninguna relación analógica entre lo creado y lo Increado. Por eso, lo Increado es conocido por Su autoapocalipsis (auto-revelación).

 

  1. Ἄκτιστον Φῶς (áktiston fos) increada Luz.

Es la energía increada de Dios que muchas veces se puede ver como Luz. Esta energía de Dios es la doxa (gloria) increada de la deidad. Se llama increada Luz porque es divina por consecuencia increada. No es energía de la existencia creada. Es la energía y luz increada de la Metamorfosis del Señor en monte Tavor.

 

  1. Ἀμαρτία amartía pecado, del antiguo verbo ἀμαρτάνω amartano pecar que es fracasar, errar, fallar el blanco.

En general como enfermedad espiritual de todo ser humano, ¿quién no tiene egoísmo, ira, resentimientos, rencor, orgullo, vanagloria….? El fracaso del hombre, no vivir auténticamente tal y como Dios le ha creado, se manifiesta como rebelión contra Él, contra Su voluntad, infracción de Su ley con todo tipo de pensamiento, loyismós y acción, se relaciona también con el autoengaño. Cuando decimos absolución de los pecados principalmente debemos de comprender como terapia de los pazos, patologías, producidos a causa del pecado repetido.

 

  1. Ἀπάθεια apácia, sin pazos, impasibilidad, sin pasiones, sin apegos, ni adicciones, malos hábitos o vicios, sin padecimientos, ni afecciones.

Apázia es la psique fija al bien e inactiva hacia el mal y liberación de ella de los movimientos antinaturales por la atracción de los pazos. Es el final de la ascesis del ejercicio espiritual. Apázia es paz y serenidad, movimiento enérgico y operativo del nus y de la psique. No consiste en la paralización y desarraigo de las fuerzas y energías de la psique como en la filosofía de los estoicos o las religiones orientales (hinduismo, budismo), sino en su metamorfosis, conversión, transformación por las virtudes y su giro total hacía Dios. La apázia es un regalo de Dios.

 

  1. Ἀποκάλυψις (apokálipsis) revelación, la palabra más bella de la lengua helénica y de la Divina Escritura.

Desgraciadamente muy malinterpretada en Occidente, cuando la escucha un occidental se asusta y la identifican mayormente con el libro del Apocalipsis o como una catástrofe y es todo lo contrario. En cambio en griego es muy de uso común y es revelación de Dios o de Sus logos, de Su energía y luz increadas. En todas las traducciones la utilizo con el sentido griego: la apocálipsis y las apocalipsis y el verbo apocaliptar-revelar; porque quiero que el lector lo conciencie bien y se acostumbre a este bellísimo término.

El Apóstol Pablo dice que escuchó logos, verbos inefables que el hombre no puede expresar, (2ªCor 12,4). Las apocalipsis-revelaciones son los logos y verbos inefables, increados que se formulan con logos, conceptos y verbos creados. La apocálipsis o revelación es praxis y energía de la Deidad y como tal, pertenece a otro nivel, transciende las energías cósmicas. Así que apocálipsis significa aparición, manifestación o revelación de la divina doxa (gloria luz increada) del Dios Trino y participación del hombre en la divina jaris (gracia energía increada) y la zéosis que es la vivencia, experiencia de la Apocálipsis-Revelación. Apocálipsis tal y como la manifiesta la palabra es la revelación, por lo tanto, es manifestación o aparición de algo que antes estaba cubierto y oculto. El grado más alto de apocálipsis o revelación es el Pentecostés.

En contraposición de la ἀνακάλυψις (anakálipsis) descubrimiento de algo creado, que se mueve en los límites de la lógica de la diania (mente o cerebro), del esfuerzo y la invención humana. La Apocálipsis reveló cosas totalmente desconocidas a la lógica humana. Los Profetas, los Apóstoles y los Santos son los portadores de la divina Apocálipsis que trajo al mundo el Cristo y los que expresan la Tradición Ortodoxa. La vivieron al límite de sus vidas personales y la enseñaron a sus rebaños. Con ella afrontaron a todas las herejías que aparecieron a través de los siglos; también con la apocálipsis (revelación) superaron y vencieron la muerte y la opresión del tiempo.

Nosotros por mala costumbre decimos que la Biblia, la Santa Escritura, contiene el Logos de Dios. La Biblia no es el Logos de Dios, sino la descripción y el registro de la Apocálipsis de Dios en el corazón de los Santos, los Apóstoles y los Profetas. El Dios no se comunica con lenguaje humano, ni con textos escritos. El Dios se comunica por Su Increada Luz introduciéndose en el interior del corazón del hombre, el cual llega a ser receptivo de la Jaris (gracia increada energía) de Dios. Por lo tanto la Biblia por sí misma no es el Logos de Dios; es “logos” sobre el Logos de Dios. Precede la Apocálipsis (revelación) después el registro o descripción de ella, la letra y la Biblia.

Religión se crea con el movimiento del hombre hacia Dios. El Cristianismo ortodoxo al contrario, se presenta como movimiento y apocálipsis (revelación) de Dios hacia el hombre. En la religión el hombre se sacrifica para el Dios. En el Cristianismo ortodoxo, el Dios se sacrifica para el hombre, es la apocálipsis (revelación) de la verdad que es el mismo Dios, Jesús Cristo.

 

  1. Ἄσκησις áskisis ascesis, práctica, ejercicio espiritual, físico, conceptual o matemático.

En la terminología Ortodoxa se llama así la lucha y práctica continua del hombre para aplicar y cumplir los mandamientos divinos y el método que usa para corresponder a la llamada de Cristo para entrar en Su realeza increada, (Mc 8, 34 Mt 11, 12). Son tres las etapas, la catarsis del corazón, la iluminación del nus y la zéosispor la energía increada, Jaris. La áskisis es una tarea de toda la vida pero se consuma con el descanso de la απάθεια apazia.
«En occidente la ascesis o (práctica espiritual) se relaciona con alguien que vive apartado del mundo y vive con lo mínimo en algún sitio apartado. Pero en la palabra ascesis en griego, su significado principal, se relaciona con todo el cuerpo de la Iglesia y jerarquías, patriarcas, obispos, sacerdotes, monjes anacoretas-hisijastas y fieles, que sin apartarse del mundo físicamente, sólo lo hacen espiritualmente, es decir, sin dejarse arrastrar por las pasiones (pazos) y las cosas mundanas que te arrastran a hacer lo malo, y esto es posible con la ayuda de Dios, que es quien siempre nos da la victoria. En el fondo sólo se trata de obedecer y aplicar cada día lo que Cristo como Cabeza de su Cuerpo (que es la Iglesia) dirija por el Espíritu Santo en nosotros (2Co 3:4-6; Mt 10:19; Mt 6:34 «no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán.»; Hec 5:32).»

 

  1. Βασιλεία τοῦ Θεοῦ/τῶν ουρανῶν (vasilía tu Zeú/ton uranón) Realeza de Dios/de los cielos, el nombre Reino (βασίλειο vasilio) no está en ninguno de los textos originales Helénicos del Nuevo Testamento.

Si bien “Reino” en castellano también tiene el significado de «nuevo estado de cosas en que rige la voluntad de Dios», no es el significado habitual de la palabra (territorio o conjunto de personas que lo gobiernan); por lo cual ponemos realeza que es la más cercana a la teología helénica original. Realeza (cualidad, atributo) es el elemento básico de las enseñanzas de Jesús y el tema central de los libros del Nuevo Testamento, donde, con esta expresión, se manifiesta una nueva época que se inaugura con la obra de Cristo y en la cual domina, en vez de odio agapi-amor; en vez de la oscuridad tinieblas, la luz; en vez de la incredulidad, la luz increada de la fe; en vez de la desesperación, la esperanza. La nueva época con la realeza se anuncia ya como actual presente, pero también esperada por completo en el futuro con la Segunda Presencia venida de Cristo. La realeza increada de Dios es el predominio entero de la energía increada de la voluntad de Dios en la vida de los hombres, tanto en la personal «la realeza de los cielos está dentro de vosotros» (Luc 17,21), como en la vida social «que venga tu realeza en nosotros, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo” (Mateo 6,10). La realeza de Dios, como realidad terrenal del presente, se materializa en las personas por la vida santa de los cristianos, «los hijos de la realeza” (Mt 8,12), y entonces coincide con la institución de la Iglesia. Realeza de Dios es el Paraíso, la comunión del hombre con Dios. Esta Realeza la vivimos desde ahora como noviazgo, en cambio entonces la viviremos como boda. La Realeza de Dios no tiene fin. Es eterna, increada e interminable. Nada tiene que ver con reino, porque este término manifiesta un estado creado. En cambio la Realeza increada manifiesta un estado interior y exterior de estar y de ser con la energía increada Jaris (gracia) y con la Doxa-gloria, luz increada. Muchas veces según el contexto en la teología ortodoxa jaris (gracia, energía increada), doxa (gloria, luz increada) y realeza son sinónimas.

San Máximo el Confesor en la Filocalía nos dice que la realeza (increada) es el Espíritu Santo de Quien percibimos su increada energía Jaris y la zeoría (expectación) de la increada Luz, la cual hemos perdido por la desobediencia a Dios. Porque, el nombre de Dios y Padre en hipostasis (base substancial) es el Hijo Unigénito, y la realeza de Dios y Padre en hipostasis es el Espíritu Santo procedente del Padre. (Ver también sobre este término en nuestro libro “12 Léxis apocalípticas” en el blog en español: logosortodoxo.es/).

 

  1. Γνῶσις Gnosis conocimiento creado e increado.

En la Ortodoxia hay discernimiento claro entre las dos gnosis, creada e increada, en su significado común el término expresa la sabiduría humana, mundana, las gnosis o los conocimientos creados. En la teología Patrística Ortodoxa, gnosis es la experiencia personal de Dios, que proviene de la contemplación “zeoría” o visión de la luz increada de Dios. Esta gnosis es conocimiento más allá de todo conocimiento creado, es gnosis increada espiritual; empieza desde la contemplación, visión de la luz increada. La luz increada ilumina la gnosis espiritual, no es la luz de la gnosis creada que nos lleva a la gnosis de la luz increada. La verdadera gnosis, la increada gnosis espiritual es la puerta de la Realeza (increada) de los Cielos, ella mismo es la vida eterna.

San Máximo el Confesor, en su obra Mistagogía (instrucción mística) interpretando sobre todo a San Dionisio el Areopagita, utiliza mucho el término «Γνῶσις ἀλησμόνητη ἢ ἄμορφη ἢ ἄπειρη ἄγνοια, Gnosis inolvidable o gnosis sin forma, increada o ignorancia infinita…», dice: «135…Sostenido por la dinámica vital, el nus que se llama también sabiduría, extendiéndose a través de la ascesis contemplativa y unido al silencio y a la gnosis inexpresable es conducido a la verdad con una gnosis inolvidable, incesante e infinita (Ver también sobre Gnosis en nuestro libro “12 lexis apocalípticas”, en el blog en español: logosortodoxo.es/).

 

  1. Διάνοια (diania) mente, intelecto, cerebro, inteligencia, ingenio, genio.

“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón… y con toda tu diania… Marc 12,30”.  Diania διά diá= dividido por, a través, para, por; y νούς nus. Diania (de dianús) es la mente, intelecto o cerebro la parte de la energía del nus que elige, parte, separa, divide y analiza un loyismós, pensamiento, fantasía, idea o reflexión. Es la capacidad lógica e intelectual de la mente del hombre, función de la cual es la deducción de conclusiones o la transformación y desarrollo de conceptos que resultan de los datos que se facilitan en el nus o corazón por “apocálipsis”, revelación, o mediante gnosis y percepción espiritual, o por observación de los sentidos; es decir, todo lo que percibe el nus interior y exteriormente, la diania lo desarrolla y lo exterioriza. La gnosis de la lógica de la diania es, pues, inferior a la increada gnosis espiritual que es percibida en el nus (energía) y corazón (esencia). La madre de todas las imperfecciones es el perfeccionismo intelectual humano que conduce al orgullo, la vanagloria intelectual y espiritual. “Conocemos bien que el Hijo de Dios ha venido y nos ha dado διάνοια (diania) iluminada, capacitada para conocer al Verdadero Dios” (1Jn 5,2). (Ver también sobre Diania en nuestro libro “12 lexis apocalípticas”, en el blog en español: logosortodoxo.es/).

 

  1. Εκ, (ek), διά (diá) y εν (en). Εκ, (ek) de, desde, por, como de origen o causa; διά (diá), por, para, de por, medio de, dividido por, de parte, a través; y εν (en) en, dentro, durante.

En todas las traducciones utilizo el Εκ de o de el o del, διά por, Εν en. Ninguna energía del Padre se manifiesta en la creación aisladamente. Sigue la forma Θεοπρεπής (zeoprepís de forma, de manera  divina o como Dios manda)de” el Padre, “por” el Hijo y “en” el Espíritu Santo”, percepción que la desarrolló primero san Atanasio el Magno, y que, a continuación, adoptaron también los otros Padres, como san Epifanio, san Basilio el Magno, san Gregorio Palamás, etc. Uno es el acto del Dios Uno y Trina.

Una es la energía de la divina voluntad, causa iniciadora, impulsada “de” el Padre, proyectada “por” el Hijo y manifestada “en” Espíritu santo, esto no ocurre en ningún objeto creado. Así, en Dios existe una esencia y una energía que son increadas, y las tres hipostasis (bases substanciales o personas) reverenciadas. La energía no energiza, opera independientemente de las tres personas-hipostasis, sino que existe, opera y se activa por las personas-hipostasis.

 

  1. Εκκλησία (eklisía) Iglesia es el pueblo santo de Dios y especialmente en cada Sinaxis (reunión) que se hace en nombre de Cristo en un lugar determinado (templo).

La Iglesia fue creada por Jesús Cristo con la composición del primer grupo de los doce discípulos y fue establecida con el descenso del Espíritu Santo durante el Pentecostés. La Iglesia es la constante presencia del divino Logos increado y la continuación de la obra redentora de Jesús Cristo.

Se llama Iglesia militante porque sus miembros luchan en el buen combate de la fe. Los miembros que pertenecen en la Iglesia celeste (los difuntos) constituyen la increada Iglesia triunfante junto con la Cabeza de la Iglesia, el Cristo, la Zeotocos, los Ángeles y los Santos. Se llama triunfante porque esta parte de la Iglesia participa desde ahora en la victoria y el triunfo de Jesús Cristo sobre las fuerzas oponentes del mal.

La Iglesia, según la única definición que existe y es del Apóstol Pablo, es el Cuerpo mistiríaco del Θεάνθρωπος (zeántropos Dios y hombre) Cristo. Es una realidad que es indefinible, si no se vive no se puede definir. Y es vivida también por la persona que se incorpora y permanece incorporada orgánicamente a Ella.

Se debe recalcar desde el principio que, cuando utilizamos el término Iglesia, entendemos la Iglesia Ortodoxa y sólo Ella.

Ninguna otra, de las llamadas “iglesias”, es la verdadera Iglesia, puesto que Una es la Iglesia que ha fundado el Cristo. Sólo la ortodoxa ha mantenido totalmente enteros los dogmas de los siete Sínodos Ecuménicos sin cambiar ni manipular nada, y también la Santa Παράδοση (parádosi, divina entrega y tradición) que son la Santa escritura, los Santos Cánones, los escritos de los Santos Padres, el Culto, los Misterios o Sacramentos, la Iconografía y en general la ética, el carácter y la conducta moral y los dogmas ortodoxos).

La primera Iglesia, sin principio ni fin, increada y pre-eterna, es la Santa Trinidad, las Bienaventuradas Tres Personas. Miembros de la Iglesia son todos los santos del Antiguo y del Nuevo Testamento, todos los fieles que han vivido y han muerto ortodoxamente y todas las Potencias Angelicales las no caídas, como también todos los luchadores y creyentes ortodoxos “en esta vida aquí”.

La eclesiología correcta, es decir, la fe ortodoxa sobre lo qué es la Iglesia y cómo funciona, está conectada estrictamente con la terapia de la psique del hombre, es decir, la Iglesia es el centro psicoterapéutico el Hospital según san Crisóstomo.

La Iglesia es el Cuerpo de Cristo unido inquebrantablemente a Él Mismo, que es la cabeza de Ella. Verdad (dogma) y vida (ética, conducta y actitud moral) es el Cristo, según Su logos inequívoco: «YoSoY el camino, la verdad y la vida» (Jn 14,6). (Ver más detalladamente sobre el ´termino Iglesia increada y templo increado en el gran léxico Alfa Omega).

 

  1. Ἐκκοσμίκευση (ekosmíkefsi) secularización, mundanización.

El término εκκοσμίκευσι (ekosmikefsi) secularización, viene del kosmos-mundo, en el sentido del cosmos-mundo de los pazos y εκ, (ek) de, desde, por, como de origen o causa. La herejía de la secularización no se manifiesta como negación directa e indirectamente de Dios, y eso es lo que la hace ser muy difícil de distinguir. La secularización es la raíz de cada herejía y pseudo-doctrina. La caída del género humano es la secularización. Así que cada secularización es caída. El mundo absorbe a la Iglesia y no se metamorfosea, ni se transforma a través de la Iglesia. La secularización actúa dentro de la Iglesia, que quiere tener la razón y la palabra sobre ella; “marea y confunde” la autoconciencia ortodoxa de la Iglesia y la desplaza del centro que es el Cristo, hacia el hombre.

En la secularización entra la Iglesia, cuando deja de ser “la sal de la tierra” y se hace terrenal; es pisoteada por los hombres y es absorbida por el cosmos-mundo; el mundo quiere que la Iglesia abrace y siga, lo más fácil, simple, mediocre y provisional que aman los hombres y no lo que quiere el Dios.

La secularización es la pérdida del espíritu de la verdadera μετανοία (metania), cambio de mentalidad, introspección, arrepentimiento y confesión, en Cristo, por lo tanto el hombre permanece en el aquí y no progresa hacia el allí, hacia el cambio de vida. Se pierde el espíritu hisijasta del esfuerzo ascético, del luto, de las lágrimas y de la lucha por la catarsis (sanación, terapia, limpieza, purificación) y de la psicoterapia.

La secularización no va, ni ataca cara a cara. No niega los dogmas, ni a Dios, pero niega la manera ortodoxa de vida. Ideologiza los dogmas y no los considera como propuestas de vida.

La herejía de la secularización valora la Iglesia como un organismo para satisfacción de necesidades especiales, como colegios de enseñanza u otros sistemas sociales, como correccionales o reformatorios estatales. Tergiversa la conducta ética Ortodoxa y falsifica los criterios eclesiásticos. Resulta una corrección farisaica exterior, de modelos moralistas, introducción al club de los buenos chicos y la normalidad, es decir, hipocresía. A los cristianos secularizados el logos de Cristo “los publicanos y las prostitutas nos ascienden a la realeza increada de los Cielos”, les parece incomprensible. La secularización enemiga es de la piedad. La secularización no tiene nada que ver con la piedad, con la fe y con la vida eclesiástica. Es más bien impiedad, hipocresía y burla. Ella se sirve de su egolatría y las maquinaciones que utiliza el hombre cósmico-mundano para que le toque la jaris (energía increada) de Dios.

Y aún, la Iglesia se seculariza cuando se considera como una organización social u ONG, que es imprescindible para la utilidad de la sociedad, porque la necesitan para adornar varias celebraciones y realizar varias obras sociales. Una iglesia de este tipo no es rechazada ni por los llamados ateos. Así que, una Iglesia que crucifica en vez de crucificarse, que busca la gloria mundana en vez la gloria de la Cruz, es una Iglesia secularizada. Finalmente, todas estas cosas significan que la secularización en la pastoral se define como el intento de crear condiciones o impresiones de perfección en el espacio donde todo se perfecciona por la Jaris (gracia, energía increada) y ayuda de lo alto.

 

  1. πιθυμητικόν (epicimitikón) anhelante, volitivo, deseoso, concupiscente.

Se trata de una de las tres partes dinámicas de la psique, las otras dos λογιστικό (loyisticó) logístico y θυμικόν (cimikón) irascible, emotivo o afectivo – según el discernimiento tripartito de Platón- que aceptan la mayoría de los Padres. Los pecados propios del epicimitikón son la avaricia, la gula (codicia, ansia de la panza) y todos los pazos carnales del cuerpo. Se sana con la aktimosini pobreza voluntaria, insolvencia, caridad, engratia contención o ayuno, autodominio, prudencia etc. Las dos partes de la psique lo epicimitikón (anhelante) y lo cimikón (irascible), sobre todo lo epicimitikón, muchas veces se expresan como la parte pasional o patológica de la psique; es decir, como son más propensos a los pazos, si no se someten a la influencia de factores espirituales positivos, pueden conducir al hombre a ser presa y víctima de fuerzas negativas y autodestructivas.

 

  1. Ἐσχατολογία, esjatología y ἔσχατος ésjatos. El término esjatología manifiesta el logos (tratado) sobre las cosas o acontecimientos de los últimos tiempos, postreros o extremos, es decir, hablar sobre ellas.

Tal y como el término Cristología manifiesta el logos sobre Cristo, y el término Eclesiología manifiesta el logos sobre la Iglesia, lo mismo ocurre con el término esjatología. Cierto es que el término esjatología se utiliza principalmente para expresar el final del tiempo. Y con este significado hay muchos pasajes dentro del Nuevo Testamento. Pero podemos añadir que la esjatología se refiere también al momento de la salida de la psique del cuerpo, empezando inmediatamente el juicio parcial de los hombres. No es tan fácil delimitar la esjatología en un espacio del tiempo, porque en la percepción ortodoxa sobre el tiempo, vivimos el pasado, el presente y el futuro en aquí y ahora, puesto que los santos que son los miembros verdaderos de la Iglesia, pasados, presentes y futuros son vividos como presentes. Por eso podemos hablar sobre esjatología diacrónica, puesto que los esjatos son como los primeros y los intermedios. La esjatología ortodoxa es el Hisijasmo.

σχατος ésjatos el término se utiliza con muchos significados. En principio, claro está, significa al último y las últimas cosas o acontecimientos, y esto se toma de parte del lugar, del grado (superior-inferior), del estado o situación de la persona y del tiempo. Así que podemos hablar sobre ésjato lugar, sobre ésjato (borde) de geografía, sobre ésjato valor, sobre hombre inferior, hombre humilde, hombre falso, sobre ésjatos tiempos y acontecimientos que pasarán al futuro.

En el Nuevo Testamento cada vez que encontramos la palabra ésjatos puede ser que manifieste muchas cosas. En Sus homilías el Cristo conecta los ésjatos (postreros) tiempos y acontecimientos, con la resurrección de los cuerpos, y naturalmente con el Juicio que la sigue.

 

  1. Εὐχαριστία Θεία (Efjaristía Zía) Eucaristía divina, ef-jaris=buena jaris, divina comunión.

Uno de los siete Misterios de nuestra Iglesia, el más importante que se celebra durante la Divina Liturgia. Los puntos visibles son: el pan (con levadura) y el vino. En la celebración del Misterio con la Epíclisis (imploración) del sacerdote el Pan y el Vino se transforman en Cuerpo y Sangre de Cristo. Este “cambio” no tiene sentido físico-químico, es decir, no se hace desnaturalización (percepción romano-papista), sino “metábole, variación”, o sea, cambio espiritual y superlógico o lógico divino del Pan y el Vino en Cuerpo y Sangre de Cristo, sin que se cambie la sustancia del Pan, etc., por razones de Economía divina para que sean sensibles por el hombre.

 

  1. Ἡσυχία (Hisijía o Hesiquía) En general, Ἡσυχία (hisijía) significa tranquilidad, serenidad, sosiego, calma, silencio, paz interior y exterior.En la tradición heleno-ortodoxa, como término ascético-teológico, Ἡσυχία se refiere principalmente a la paz del corazón y la serenidad de la mente, es decir, al estado del nus en paz, tranquilidad y sosiego sin molestias. Implica la permanencia en Dios, la liberación del corazón de los pensamientos y reflexiones (loyismí), y la liberación de los pazos influenciados por el demonio o por el entorno, de manera que el hombre permanezca en Dios. Es una vivencia interior y no depende necesariamente de las condiciones externas.La hisijía es el único camino por el que el hombre alcanza la zéosis, la participación y conexión con la Luz increada o con el “como a semejanza de Dios”. La hisijía del cuerpo es un apoyo necesario para llegar a la divina hisijía noerá (espiritual del nus).San Simeón el Nuevo Teólogo afirma: «La hisijía es el estado imperturbable del nus y del corazón; serenidad, paz, libertad y gozo de la psique; base sin olas; contemplación de la luz; éxtasis del nus; comunicación clara e ilustrativa con Dios; ojo vigilante sin dormir; oración noerá (espiritual) del corazón o de Jesús; asimilación y unión con Dios; y finalmente zéosis y descanso sin dolor de los grandes sufrimientos de la ascesis».Ierotetheo Vlajos explica: «Hablando sobre la nipsis ortodoxa, entendemos la alerta, atención y prontitud del hombre para mantener limpio su nus de distintos loyismí, fantasías e imágenes que mortifican su libertad interior y su pureza, separándolo de su comunión y conexión con Dios, que consiste en la gnosis increada (conocimiento espiritual) de Dios. Esta nipsis es calificada por los Padres de la Iglesia como “divina o santa hisijía”. Así, entendemos por hisijía el método que todo hombre utiliza para unirse con Dios y superar la muerte, que es uno de los mayores problemas del hombre».
  2. Ήσυχασμός (hisijasmós) hesycasmo es el método de catarsis e iluminación del corazón y del nus humano, es la Cristocéntrica vida espiritual ortodoxa. Ήσυχασμός (Hisijasmós o Hesicasmo)Hisijasmós es el método de catarsis e iluminación del corazón y del nus humano; constituye la Cristocéntrica vida espiritual Ortodoxa.Con este término se expresa la totalidad de la lucha cristiana ortodoxa: cumplir los mandamientos de Cristo, combatir los pazos, hacer la catarsis del corazón, atraer la divina Jaris (gracia, energía increada), alcanzar los dones divinos, la iluminación espiritual y la zéosis, y finalmente, orar por todo el mundo.El método de la gnoseología supranatural en la tradición ortodoxa se llama hisijasmo y se identifica con la nipsis y la catarsis del corazón. El hisijasmo es inseparable de la Ortodoxia; fuera de la praxis hisijasta resulta impensable según los Padres de la Iglesia.El hisijasmo no tiene relación alguna con el pietismo exterior; al contrario, este último, desarrollado por los protestantes, se limita a prácticas externas sin conexión con la vida interior. En la Ortodoxia hablamos del movimiento del hombre “como imagen” hacia “como semejanza”, es decir, la unión con Dios mediante la energía increada Jaris, los Misterios y la ascesis (práctica espiritual).San Isaac el Sirio enseña que en la vida hisijasta se practica principalmente la oración noerá o del corazón (el centro de las fuerzas psicosomáticas del hombre), también llamada oración de Jesús:«Jesús Cristo, Kyrie —Señor—, eleísón me; compadécete, ten misericordia de mí, que soy pecador».
  1. Θεάνθρωπος Zeánzropos Dios y hombre (Θεός=Zeós Dios, ἄνθρωπος = anzropos hombre, ser humano).

Se refiere a las dos naturalezas de Jesús Cristo, la divina y la humana. Como Logos de Dios, la segunda Persona-Hipóstasis de la Santa Trinidad que ha tomado la naturaleza humana y la unió con Su deidad «consistentemente, inconfundiblemente, indivisiblemente e inalterablemente» (4º Sínodo Ecuménico). Estamos llamados a ser y vivir zeantrópicamente (divino-humanamente), con centro el Cristo y Logos de Dios, y después, nosotros siguiendo Su enseñanzas podremos metamorfosearnos, convirtiéndonos en dioses/as por la increada energía Jaris de la luz increada de la metamorfosis del monte Tabor y vivir en la tierra tal y como en el cielo. La Ortodoxia es zeantropocéntrica (divino-céntrica) todo los demás es humanocéntrico.

 

  1. Θεολογία Zeoloyía Teología, Θεός Zeós y Λóγος Logos.

En la tradición patrística ortodoxa, la teología no es fruto de estudio de libros ni ocupación intelectual, sino fruto de la gnosis (conocimiento increado) espiritual y experiencia de Dios, ni es ejercicio de la diania mente o intelecto, sino del conocimiento y la experiencia personal de Dios y es el camino que conduce a la terapia del hombre, “psicoterapia” y la gnosis increada de Dios. Teólogo es aquel que pasó de la catarsis del corazón a la iluminación del nus y ha llegado a la zéosis o glorificación. Así adquiere el conocimiento de Dios y habla auténticamente sobre Él. Teólogo se puede llamar también aquel que no tiene experiencia personal pero acepta la experiencia de los santos. Sin el discernimiento empírico de increado y creado por experiencia es imposible hacer teología en el auténtico sentido ortodoxo del término.

Según los Padres, teólogo es el que llegó a la zéosis o glorificación. En la Filocalía nos dicen los Sabios Padres: el que ora es un teólogo y el buen y mejor teólogo es el que reza. Zeologos o teólogo indistintamente, es aquel que pasó la áskisis, el método-ejercicio del hombre ortodoxo que se fundamenta en la catarsis del corazón, en la iluminación del nus y en la nipsis (sobriedad y vigilancia del nus). Premisas y condiciones para la teología son la catarsis psicosomática y la unión de los sentidos físicos y psíquicos del hombre con Dios: “La finalidad de la catarsis es condición para la teología. Aquel que unió totalmente los sentidos con Dios, se mistagogiza (instruye, inicia) místicamente en los Santos Misterios, en la teología del mismo Dios. Pero si no se han unido los sentidos físicos y psíquicos con Dios, es difícil y peligroso que uno teologice. San Juan Clímaco dice: “En vez de teología tenemos logos del caído hombre mortal sobre Dios, charlatanerías de auto-teólogos, (“tiólogos” con papel fino títulos de las jaulas de las aulas), los cuales en vez de vida y Jaris (energía increada) son instrumentos de escándalo, muerte y desgracia. O sea que, si el hombre no se convierte y no se hace instrumento de la divina energía increada Jaris no puede convertirse ni hacerse teólogo.

 

  1. Θεοτόκος Zeotocos la que parió o dio a luz a Dios, la Madre de Dios.

El término Zeotokos atribuye con exactitud la forma que la Panayía (Todasanta o más que santa) Virgen María co-energizó y cooperó en el Misterio de la encarnación de Dios Logos. El Jesús Cristo, que nació de la Panayía Virgen, es el Hijo de Dios (o sea, el verdadero Dios) que se hizo hombre para nuestra sotiría (redención, sanación y salvación) y no un teóforo (portador de la luz increada de Dios) u hombre deificado. San Juan el Damasceno dice: “Verdaderamente y justamente a la Santa María, le llamamos Zeotokos, porque este nombre constituye todo el Misterio de la Economía. Y San Gregorio el Teólogo: “Si alguien no confiesa Zeotokos, la Santa Virgen, este está sin la deidad”. El término Zeotocos fue reconocido oficialmente en el 3º Sinodo en Efeso. Según San Gregorio Palamás la Zeotokos María “es segunda después de la Santa Trinidad” y es “la frontera, el límite o borde entre lo creado e increado”. Este gran honor se debe a que se hizo digna ella sola en todos los siglos de convertirse en Madre de Dios.

 

  1. Θεωρία zeoría teoría, contemplación o vida zeorítica (contemplativa), del verbo Θεωρώ Zeó-oró Dios-veo, contemplo con el nus y lo describo lo considero con la diania (mente, intelecto y cerebro) y el logos.

En la faceta mundana, laica significa teoría, consideración, abstracción o especulación. El significado más simple heleno-ortodoxo, quiere decir, que uno no se quede como simple observador de las celebraciones, sino que considere y profundice en significados espirituales de las zeorías, experimentándolas y estudiándolas espiritualmente de corazón. Θεωρία zeoría es la percepción o contemplación, visión divina por la sinergia (cooperación) de la iluminadora Χάρις Jaris y la oración pura mediante la cual el hombre adquiere gnosis increada espiritual. En la terminología Patrística Helénica esta experiencia por la observación de las energías increadas del Espíritu Santo se llama Θεωρία zeoría. Con el significado más profundo la Θεωρία zeoría se fundamenta en el recogimiento orante y carismático de la psique a los «altísimos, sublimes y espirituales» misterios, que existen por excelencia en la divina Trinidad, pero también en el hombre y en la esencia de lo creado por Dios en su divina creación.

Según la etapa personal del desarrollo espiritual, hay dos niveles: uno puede ser θεωρία zeoría visión sentimiento, intuición perceptiva de energías interiores o principios de los seres creados y el otro más alto nivel y forma teológica de la vida espiritual θεωρία zeoría es la visión de la luz divina, «participación» de Dios respecto a Sus divinas energías o la visión-experiencia, θέωσις zéosis de la gloria de Su rostro. La Θεωρία zeoría tiene distintos grados (resplandor, visión y continua visión). La vida θεωρητική zeorítikí contemplativa es la forma teológica más alta. El hombre que se encuentra en esta situación se llama θεωρητικός zeoritikós contemplativo.

 

  1. Θέωσις Zéosisglorificación, es la participación, conexión, comunión y unión de la energía increada Χάρις Jaris (gracia) con el hombre, permitiéndonos con ello tomar parte en la vida y la doxa- gloria luz increada de Dios en relación con Sus energías increadas.

Es sabido que el término zéosis es patrístico, san Dionisio el Areopagita es de los primeros Padres que lo utiliza y lo han utilizado los Padres para interpretar los términos hagiográficos: perfección, santidad, “como semejanza”, hijos de la luz o hijo de la realeza increada de Dios. San Thalasio en la Filocalía escribe que: “zeosis es la gnosis de la Santa y Consubstancial Trinidad”. La zéosis constituye esencialmente la consumación del «como semejanza», el cumplimiento del propósito, la finalidad del objetivo y destino de los hombres, los cuales hemos sido llamados a convertirnos y hacernos «partícipes de divina naturaleza» (2ª Pedro 1,4). La fuerza de la energía de la zéosis que perdió el hombre por el pecado de los primeros en ser creados, se obtiene otra vez con la encarnación de Cristo; San Marcos en Asceta nos explica: “El Logos se convirtió en sarx cuerpo-carne para que la sarx se convierta en Logos” y San Máximo el Confesor: “Por eso el Logos de Dios se hace hombre de verdad, para que con la increada energía Jaris podamos metamorfosearnos, convertirnos y hacernos dioses/as”.  San Basilio el Grande dice que: Θέωσις Zéosis no es “θεοποίησις (zepíisis) “deificación” como es traducido por muchos. “Deificación” se identifica con el acto que hace el hombre por su propia cuenta para edificarse en Dios. En cambio, en la Zéosis, el hombre se prepara y Dios actúa, opera por la Jaris energía increada, es decir, es un regalo de Dios, el acto lo hace Él no el hombre. (Ver también https://logosortodoxo.es/la-zeosis/)

 

  1. Θυμικόν (cimikón) irascible, emocional o afectivo.

Irascible o emocional es una de las tres partes dinámicas de la psique, en la que concurren las virtudes de la paciencia y valor. Los pecados del irascible, según San Juan el Damasceno, son el odio, la envidia, el resentimiento, la crueldad etc. y su sanación son la filantropía, la agapi, la mansedumbre, la tolerancia y la paciencia.

 

  1. Κάθαρσις (kázarsis) catarsis, literalmente sanación, terapia, curación, limpieza, purgación, purificación, se refiere principalmente a la psique.

En la Iglesia Ortodoxa se entiende principalmente como metania y terapia “psicoterapia” del hombre, que se realiza con la energía (increada) del Espíritu Santo y la sinergia y libertad del mismo hombre. En la teología ortodoxa este término conecta con la sanación (psicoterapia) y metamorfosis, transformación o conversión continua de las fuerzas psicosomáticas del hombre, de manera que funcionen natural y supranaturalmente, y la liberación de la psique y el cuerpo de la conducta mundana (pecaminosa y viciosa) y carnal. En la teología Patrística helénica sirve para expresar tres estados. El primero es la expulsión del corazón de todo lo que no es natural, de los tentadores y malos astutos loyismí y de los malos deseos, ilusiones, codicias, ansias: la transformación y conversión de los pazos, con el cultivo y familiarización con las virtudes, expuestos en el lugar adecuado a la presencia de Dios. Este es el primer estadio de la vida espiritual que se llama catártico o catarsis del corazón. El segundo es la lucha askítica (ascética, práctica) que opera en los aspectos “naturales y sobrenaturales” del funcionamiento de las tres fuerzas de la psique: logística, anhelante e irascible (o emocional); o sea su giro en dirección hacia Dios. El tercero es la manera ascética, práctica con la que el hombre llega desde el amor-agapi interesado al amor-agapi desinteresado. La catarsis es para toda la vida, hasta para los que llegaron a la zéosis y también los santos porque no son infalibles. Este carácter terapéutico de la catarsis, lo encontramos en los santos Cánones de la Iglesia que fueron instituidos por los Sínodos Locales y los Ecuménicos.

Hay clara diferencia entre la catarsis que funciona en distintos sectores de la vida social, y de la catarsis que funciona dentro en el “espacio” de la Iglesia. Según el significado humanocéntrico, catarsis es la expulsión y alejamiento de un miembro de un consejo o gobierno, de un partido político o de una organización. Aunque la mayoría de los españoles la traducen como purificación, no lo voy a utilizar este término, porque parece que la catarsis sea como algo mágico. Además, purificación traducido en griego es agnisis o agnismós no catarsis.

 

  1. Καρδία kardía Corazón, para la enseñanza de nuestra Iglesia, es el centro de las fuerzas psicosomáticas de la existencia humana y es constituido por las energías y fuerzas psíquicas.

Constituye el espacio espiritual de la psique donde entran en conflicto la energía Jaris de Dios con los pazos, pasiones o emociones y vicios. Dentro del corazón se lleva a cabo la lucha por la vida y la muerte, la guerra invisible interior. Allí pues la increada divina energía Jaris intenta conducir al hombre a la bondad y a la virtud, y allí el espíritu maligno desertor, el de la dispersión, se esfuerza por llevar al hombre hacia obras oscuras del pecado. Todos los bienes que hacen los justos provienen y salen «del tesoro bondadoso de su corazón» y todos los males que hacen los malvados e injustos salen “del malvado tesoro de su corazón” (Lc. 6, 45), y los que están «limpios, sanados del corazón, ellos contemplarán, verán a Dios” (Mt 5, 8). Corazón como esencia, nus como energía y psique como naturaleza espiritual que vivifica el cuerpo, son términos sinónimos que muchas veces expresan lo mismo en la teología patrística, según el contexto.

 

  1. Κήρυγμα (kirigma) kerigma es la anunciación del logos de Dios que se hace por los enviados de Cristo y la Iglesia.

El kerigma se habla en el Templo, en reuniones exteriores y el kerigma escrito en libros, manuales, periódicos… y es para todas las edades. Especial importancia tiene el kerigma del Domingo que se hace durante la Divina Liturgia, es una tarea para toda la vida.

 

  1. Κόσμος kosmos mundo: el verbo es κοσμώ (kosmó) adornar, ornamentar, es decir, que el cosmos, mundo es un ornamento, adorno que hizo Dios para sí mismo, también según el contexto significa universo, el mundo pecaminoso o la gente.

Cosmos, mundo, la palabra en muchos pasajes del Testamento Nuevo, manifiesta la conducta carnal, pecaminosa, el deseo malicioso y el comportamiento arrogante de los hombres que están sometidos al diablo (1ªJn 2,16); también cosmos son los pazos parciales, o un manojo de pazos.

Cósmico, mundano, término contenido en las pasiones o pazos, el “sentido del cuerpo” y la moral mundana. Pero también “las cosas que pertenecen en este vanidoso mundo”. Según san Máximo el Confesor: “Cosmos llama la escritura las cosas materiales de este mundo y cósmicos, mundanos son los que se ocupan con el nus sobre estas”.

En la terminología bíblica y teológica la palabra cosmos tiene dos significados: uno es neutro y se refiere al conjunto de la Creación=Universo. El segundo significado es negativo y se refiere a las fuerzas del mundo del mal que se enemistan y garrean contra la voluntad y la obra de Dios. Esta reacción de las fuerzas contrarias no es otra cosa que la continuación de la revolución, deserción y caída que ocurrió en el mundo espiritual de los Ángeles (los demonios) y al microcosmos, al hombre (pecado ancestral).

 

  1. «Κύριε, ἐλέησον» “Kirie eleison” es la oración más corta, condesada y concisa que lo dice todo.

El “Kirie eléison” hace milagros. «Κύριε, ἐλέησον Kirie eléison» es una calificación, petición general de cada necesidad mía, de cada caso mío, de lo que me pasa y de lo que quiero y como no sé lo que voy a pedir, entonces digo a Dios, eleisón me” o “kirie eléison”, y Él sabe lo que me va a dar. Eléison ἐλέησον significa ten compasión, caridad, misericordia, clemencia, sanación, ayuda, alivio, consuelo, socorro… No tiene nada que ver con piedad que muchos lo traducen en castellano. Piedad en griego es ευσέβια (efsevia) de aquí viene el nombre Eusebio, piadoso en castellano o latin.

 

  1. Λογική (loyikí) Lógica, es la fuerza o energía de la psique, con la que adquirimos la conciencia del mundo que nos rodea y estamos en relación con él.

En los escritos patrísticos, la lógica no se identifica con el nus. Con el nus conseguimos la experiencia de Dios, y con la lógica (propia de la diania-cerebro, mente, intelecto) describimos cuando hace falta y a medida de lo que nos es posible, esta experiencia. -Lo que dijo Cristo es de la súper lógica-, se escapa de las cuatro categorías de la lógica, que en realidad es la divina lógica cristiana ortodoxa aquella lógica que cubre la tierra y el cielo, tal y como estaba dada al Adán antes de la caída. La palabra lógica proviene del logos. La lógica o sano juicio como energía es dada al hombre por el Logos de Dios en Espíritu Santo, “todo se hizo por Él” y “hagamos al hombre a imagen y semejanza nuestra”, por tanto si la perdemos solamente el Logos nos la puede devolver ninguna pastilla, psiquiatra o psicólogo mundano nos la puede devolver.

 

  1. Λογικός Lógico, el término conecta con el logos y de éste con el divino Logos.

Así, que la traducción de lo lógico como la capacidad de reflexionar y razonar es evidentemente insuficiente. El término se refiere más a la habilidad del nus de alcanzar la gnosis increada (conocimiento espiritual). Cuando el término se usa en combinación con la psique, o sea, como psique lógica, entonces significa divina belleza dotada de lógica. Correspondientemente, lógico, logístico o loyismós constituyen los principales elementos del nus o de su función.

 

  1. Λογισμós/οί loyismós singular y loyismí en plural.

En los escritos patrísticos, se llaman los pensamientos simples o compuestos, unidos con la fantasía, razonamientos, meditaciones, reflexiones, concepciones, ideas o las tendencias conscientes e inconscientes de la psique, o vivencias enteras (donde actúan todas las fuerzas de la psique: nus, diania mente o cerebro, corazón, conciencia y voluntad. En el último de los casos tenemos la forma total de los loyismí. Éstos conectan con imágenes y con varios estímulos, que provienen de los sentidos físicos y la fantasía. Sobre todo existen los loyismí pecaminosos (avaricia, gula, ira, vanidad, soberbia, pereza, lamentación, lujuria). Mediante estos, los loyismí entran en la psique y activan los pazos mediante el siguiente proceso: choque o asalto del nus y el loyismós; conversación del nus con él; aceptación por la psique; cautiverio de la psique por el loyismós; deseo, ansia y caída en el pecado o en el pazos.

 

  1. Λογιστικό (loyistikó) logístico, es una de las tres partes estáticas de la psique.

En el logístico corresponden las virtudes de la sensatez, coherencia y sofía-sabiduría. Los pecados propios de lo logístico son la incredulidad, la herejía, el insulto, el orgullo, la vanagloria… en cambio su sanación es la oración continua, el estudio, la efjaristía agradecimiento a Dios; todo esto según San J. Damasceno.

 

  1. Λόγος Logos Ἐν ἀρχῇ ἦν ὁ Λόγος… (En arjí in o logos). En el principio el Logos era, es y será eterna e infinitamente; y el Logos existía con Dios y está en Dios; y Dios era y es el Logos (Jn 1,1). Apocalipsis 19:13 Está vestido con un manto teñido de sangre de su propia sangre que derramó en la cruz; y su nombre, que ha sido dado y llamado desde la perpetuidad, pre-eternidad y es: “el Logos de Dios”.

Los Sabios Santos Padres Helénicos Ortodoxos y todos los Helenos, según el contexto en general cuando el término está escrito con la “L” mayúscula aludimos a Cristo. “Logos” significa el desarrollo del pensamiento expresado con la voz propia del lenguaje, y también causa, razón, motivo, relato, opinión, dicho, discurso, expresión, tratado. Del logos provienen la lógica y los λογισμοί (loyismí) del verbo λέγω (lego); “digo”, “hablo”, “expreso” y también  λέξιs (lexis); “palabra”, que poco tendrían que ver con el “logos” y que tan mal se ha traducido en Occidente,: es vergonzoso, cuando traducen ”todo se hizo por Ella” (Jn 1,3)  “sin Ella nada se hizo, de todo de lo que está hecho”, es decir, llaman Ella al Logos de Dios, a Cristo.

Tenemos el Logos no encarnado en el A. Testamento y el Logos encarnado en la persona de Jesús Cristo en el N. Testamento. Por ejemplo, dicen los sabios padres: «Y dijo el (Logos) Dios: «Haya luz» (Gén 1,3), «Y dijo el (Logos) Dios: Hagamos al hombre a imagen y semejanza» Gén 1,26). Este “hágase la luz” es y proviene del Logos de Dios;  y “hagamos” en plural se refiere a las tres personas de la Santa Trinidad que el Logos nace del Padre y el Espíritu procede del Padre, es decir, se refiere a imagen y semejanza del Logos que más tarde se haría hombre, aquí también es el Logos Dios. «Y el Logos se hizo hombre de manera sobrenatural y plantó su tienda o acampó entre nosotros y nosotros hemos contemplado su δόξα (doxa gloria, luz increada) como unigénito de la misma naturaleza del Padre, pleno de Χάρις (Jaris, Gracia energía increada) y de Verdad» (Jn, 1,14) y «Todo fue hecho por el Logos y sin Él no se hizo nada de todo lo creado» (Jn 1,3). Por lo tanto la Biblia por sí misma no es el Logos de Dios; es “logos” sobre el Logos de Dios. Precede la Apocálipsis (revelación) después el registro o descripción de ella, la letra y la Biblia.

En la Iglesia Ortodoxa, Santa, Apostólica y Católica (no confundir “Católica” con el sentido que le da el romanocatolicismo del César papa), el “Logos” es la Segunda Persona e Hipóstasis de la Santa Trinidad. Logos es la Sabiduría de Dios del A.T. y el nus divino que rige todo de los filósofos Helenos. Es Providencia Divina en la que se concibió toda la creación; así tenemos el Dios Trinitario: Nus, Logos, Pnevma, (Νοῦς, Λόγος, Πνεῦμα), “Nus, Logos, Espíritu” sin principio ni fin, inseparables e increados, el Cual creó al hombre dotado de libre voluntad, como imagen y semejanza del encarnado Logos Cristo, el Zeántropos (Dios-hombre), confiriéndole de nus, logos, pnevma, (νοῦς, λόγος, πνεῦμα), “nus, logos y espíritu” semejante a Él. La psique espiritual del hombre se compone de nus y logos y son inseparables.

El Logos, como principio cósmico unificador, contiene todos los logos (los principios, las esencias interiores, los pensamientos de Dios) con los cuales se crean y desarrollan todas las cosas en el tiempo y el espacio, más las formas que son dadas, conforme con las cuales cada objeto contiene los principios de su propio desarrollo. Estos son los logos contenidos en el Logos, y aparecen en distintas formas en el universo creado, constituyendo la segunda etapa en la contemplación del universo. En el Evangelio de San Juan empieza con un himno (Jn 1.1-5.9-12.14.16), el cual, combinando representaciones que se habían transformado del pensamiento judaico con términos filosóficos helénicos de la época, proclama la gloria y la obra sanadora y salvadora de Jesús como «Logos de Dios». Con base al acontecimiento de la encarnación o hacerse hombre (1,14), se aclara totalmente en el Evangelio de San Juan el carácter personal del Logos, el cual preexistía en Dios (1,12. 10,30), todo se hizo por Él (1,2). Al contrario que el pensamiento de aquella época, en lo que se refiere al himno, las representaciones y los términos recalcan que el «Logos», que se humanizó en Jesús, no es una creación, ya sea la primera y mejor, sino el mismo Dios (1,2), que se hizo realmente hombre.

Logos de los seres: constituyen medios de elevación del nus a Dios mediante la creación. Existen dos clases de logos de los seres, 1) los logos increados e idénticos con Dios y 2) los logos creados y naturales que se ven en las creaciones de Dios. (Ver también sobre este término en nuestro libro “12 Lexis apocalípticas” en el blog en español: logosortodoxo.es/).

 

  1. Λύπη (lipi) pena, tristeza, pesar, depresión, aflicción interior psíquica, dolor, sufrimiento, es uno de los ocho pecados capitales y una virtud si se trata de lipi según Dios..

Existe la lipi “según Dios” y la lipi “según el cosmos-mundo”. La primera se identifica con la metania y el luto que nace de la esperanza a Dios y empuja al hombre hacia la lucha y el ejercicio espiritual. La segunda todo lo contrario, desanima al hombre y le conduce en la desesperación, melancolía, en un parálisis psicosomático y la depresión. La lipi por la pobreza o faltas materiales conduce a la muerte de la psique, según el Apóstol Pablo (2 Cor 7,10). San Gregorio Palamás escribe: si investigas la lipi mundana, encontrarás que está inmersa en los pazos, proviene de ellos y del materialismo, en cambio, la lipi según Dios te conduce a la metania y sin duda a la “psicoterapia” sanación y salvación de la psique.

 

  1. Μεταμόρφωσις Metamorfosis bella palabra helénica de la teología ortodoxa.

Quiere decir, transformación, conversión continua por la jaris y doxa (energía y luz increadas) del monte Tabor, cambio de forma de pensar y actuar en Cristo. En verbo metamorfosearse, más se asemeja o es sinónimo de los verbos del N. Testamento: estar metanoizando, transformándose, convirtiéndose y haciéndose en hijos de Dios. Por ejemplo, metamorfoseando el odio en agapi-amor, el egoísmo en humildad, el conflicto en paz… Con este sentido está en todas mis traducciones.

En sentido mundano también quiere decir transfiguración, mutación. La palabra transfiguración da entender cambio de figura, y figuras son también los demonios que se transfiguran en ángeles de luz demoníaca y creada.

Según san Pablo la metamorfosis no es exterior y superficial, sino interior, psíquica y espiritual «… sino que os estéis metamorfoseando continuamente por la renovación de vuestro nus, discerniendo y comprobando cuál es la voluntad de Dios, que es buena, perfecta y es la que gusta a Dios» (Rom 12,2).

Metamorfosis verdadera es la continua formación, conversión y renovación del pensamiento, los deseos, las conductas y movimientos del corazón y su voluntad. Para la consecución de esta metamorfosis la Santa Escritura y la Tradición de los Santos Padres nos muestran dos caminos. Primero, el camino místico. Aquí domina la jaris (gracia, energía y luz increada); el cristiano sube al monte Tabor de la Metamorfosis con la jaris (gracia, energía increada) del Espíritu Santo que recibe de los Santos Misterios. Segundo, la metamorfosis del hombre no se hace mecánicamente, simplemente con la participación típica en los Santos Misterios (o sacramentos), sino también con la ascesis o ejercicio espiritual, el esfuerzo personal y la lucha del hombre para la formación y crecimiento espiritual de las tres partes de la psique por igual.

Los verbos μετανοώ (metanoó, cambio de mentalidad, arrepentirse y confesarse, metania), γίγνεσθαι, (gígnesze) convertirse y hacerse, convirtiéndose y haciéndose hijos de Dios (Jn 1,12) y μεταμορφόνω (metamorfono), transformarse, convertirse y cambio de mentalidad e imagen se enlazan entre sí y lo común de los tres es estar convirtiéndose, es decir, estar metanoizándose, metamorfoseándose y haciéndose; dentro de las Santas Escrituras manifiestan un tiempo continuo hasta la muerte, junto con el verbo κατηχούμαι (katijume, catequizarse) que es recibir catequesis.

Esta doxa (gloria, luz increada) espera a cada creyente; “los justos resplandecerán como el sol” y “seremos semejantes a Cristo”, dice el Evangelista Juan.

 

  1. Μετάνοια Metania del verbo μετά-νοώ, metá=después, con, y noó= concibo, percibo con el nus como energía y con el corazón como esencia.

Quiere decir giro del νούς nus (espíritu de la psique-alma) y la mente, metanús, introspección y conversión de la conducta y mentalidad del hombre y sobre todo giro, cambio de actitud de la vida en pecado y en el mal por la vida en Cristo. La metania en la Tradición Ortodoxa no proviene de una percepción psicológica de culpabilidad, sino de la apocálipsis/revelación de la deformación de la psique y esta apocálipsis se manifiesta por la energía increada de la divina Luz en el corazón psicosomático del hombre. El nuevo Testamento empieza y acaba con la metania (Mt 3,2 Lc 24,47)

Μετάνοια Metania se llama también uno de los Misterios de nuestra Iglesia Ortodoxa, con el cual se facilita la absolución y perdón de los pecados, aceptación, confesión, arrepentimiento, rectificación y terapia, psicoterapia y sanación. También se llama así a un gesto reverente que se acostumbra hacer en la veneración Ortodoxa. Hay dos metanias-genuflexiones distintas: una es un simple movimiento de la cabeza hacia abajo y otra grande reverencial, arrodillándose… (Ver también sobre este término en nuestro libro “12 Léxis apocalípticas” en el blog en español: logosortodoxo.es/).

 

  1. Mνήμη θανάτου (mnimi zanatu) memoria, recuerdo de la muerte.

En la vida espiritual ortodoxa mnimi zanatu no es solamente el recuerdo que un día vendrá el final de nuestra existencia biológica, sino principalmente el sentido de mortandad, “de las prendas de piel” (Gén 3.21 que vistió el hombre después de su caída, es una combinación de alegría y aflicción, pena o tristeza, es energetizada, activada por la divina energía increada Jaris y nos infunde disposición para la metania. No crea conflictos en la psique sino todo lo contrario, trae serenidad en el nus, paz en la psique y esperanza en Dios. A este sentimiento, los helenos lo llamamos jarmolipi (alegre-pena). El recuerdo de la muerte, conecta con el luto según el Dios, que es un sentimiento auténtico y aflicción o pena-alegre. San Nicodemo el Aghiorita: “Que sepas bien que mientras te acuerdas de la muerte no puedes pecar. Pero inmediatamente después que olvides esto, caes en el pecado. Porque nuestros progenitores, mientras tenían la memoria de la muerte en su cerebro, guardaban el mandamiento de Dios. Pero desde el momento en que el diablo sacó del nus de ellos la memoria de la muerte, les engañó haciéndoles transgredir el mandamiento de Dios y fueron expulsados del paraíso y de su disfrute.

San Juan el Clímaco dice: “también yo definiría que la absoluta conciencia de la muerte es “in-miedo” (sin temor, sin miedo), porque nos libera de cualquier otro miedo. Las lágrimas de la muerte generan el sin miedo y así se pone de relieve la alegría. Cuando termina la alegría, que no termina nunca, proyecta la flor de la bendita agapi- amor”.  Filocalía: “Ten interiormente memoria incesante de la muerte, nos ayuda a tener sentido de nuestra pequeñez y transitoriedad, refuerza la humildad y destruye el egoísmo, pone a un lado las preocupaciones y todas las vanidades, por lo que nace en nuestro interior la guardia, vigilancia y protección del nus. La memoria a la muerte contiene en su interior muchas virtudes, es una fuente de continua disponibilidad y prontitud del espíritu a la lucha, junto con la nipsis y el discernimiento.”

 

  1. Μνήμη Θεοῦ (mnimi Zeú) memoria de Dios.

No significa simplemente memoria de Dios, sino el estado aquel en que el hombre se encuentre en tal situación y recolección de modo que tenga toda su atención girada hacia Dios. Perpetuo recuerdo del nombre de Dios, que no se hace simplemente con la lógica sino con el nus sanado, limpio y purificado. El recuerdo de Dios, que se consigue y también se expresa por la oración noerá, del corazón o de Jesús, que es el arma más fuerte, una bomba atómica contra los demonios y los pazos.

Filocalía: “El dulcísimo recuerdo de Dios, o sea, de Χριστός (Jristós) Cristo, tiene la fuerza de disolver todos los autoengaños y falsedades de los loyismí, (conceptos, nociones, meditaciones, pensamientos, logos, fantasías e imágenes tenebrosas)”.

 

  1. Μυστήριο (mistirio), misterio, sacramento y vida mistiríaca. La palabra helénica misterio significa “iniciación”, “secreto” y “revelación y secreto”.

El Cristianismo heredó este concepto y por extensión es “apocálipsis-revelación de Dios”. «Y conozco al tal hombre, si en el cuerpo o fuera del cuerpo, no lo sé; Dios los sabe, que fue arrebatado al paraíso, donde escuchó logos, verbos inefables, que no le es dado al hombre expresar» (2ªCor 12,3-4).

Los Misterios son a la vez símbolo y Misterio. Mientras que el misterio permanece oculto en los rituales o cultos ortodoxos, está en el nivel de lo simbólico e iconográfico. Pero cuando es recibido y la jaris (increada energía) energiza, opera entonces los Misterios revelan las cosas que están detrás del “velo”. Misterio lleva doble significado, es decir, de algo que está oculto y se revela y a la vez es enigma y apocálipsis-revelación.

Pero dentro de la Iglesia los misterios son interminables. Porque dentro de ella todas las cosas liturgizan, funcionan de una manera misteriosa o mística, para que revelen la realeza de Dios. La terapia ascética conecta y se asocia inseparablemente con los Misterios de la Iglesia. Se trata de la catarsis (sanación), la iluminación y la zéosis o glorificación, que encontramos en toda la enseñanza patrística de la Iglesia. Es difícil para uno creer en la vida Mistiríaca de la Iglesia, si antes no entiende primero qué significa la palabra “Misterio”. Misterio es algo que vemos que se celebra o realiza, pero es difícil para el espíritu y mente humana entender cómo se celebra. Si comprendiésemos el modo de realización del Misterio entonces no sería Misterio, sino una praxis-acción acostumbrada de la vida diaria.

Por ejemplo: decimos que el Dios es Trinitario. Os pregunto: ¿quién de nosotros entiende el Misterio de la Santa Trinidad? ¡Tres Personas dentro de una esencia! Este Misterio juzgado o razonado por la lógica humana es paradójico. Pero si uno lo ve con la dimensión de la Fe, entonces entiende que no es paradójico, sino supralógico. Quién puede entender, qué es Dios. Es decir, ¿cuál es la esencia de Dios? ¡NADIE! Y a pesar de eso, creemos en Dios. No porque lo entendemos, sino porque sentimos místicamente Su presencia y saboreamos con el corazón Su agapi (amor como energía increada). Es decir, podemos entender las increadas energías de Dios, pero no Su Esencia, tal como, muy bien, han teologizado los grandes Padres de la Iglesia Ortodoxa.

Lo mismo ocurre también con todos los temas de la fe que superan las leyes naturales. Los “vemos sin verlos”, “los conocemos sin comprenderlos”, porque todos están enrollados dentro del “divino gnofos”, (san Gregorio de Nicea). (Gnofos, luz que supera toda luz”. Los vivimos y participamos de ellos sólo con la fuerza de la Fe. Si insistimos en creer sólo a lo que entendemos con nuestra lógica limitada, estrechamos inimaginablemente nuestro horizonte espiritual y finalmente no podemos ser Cristianos. El humilde que confía en Dios más que en su lógica, con la jaris (gracia, energía increada) de Dios puede entender los Misterios de la Iglesia. (Ver también sobre este término en nuestro libro “12 Léxis apocalípticas” en el blog en español: logosortodoxo.es/).

 

  1. Νήψηs (nipsis) Sobriedad, su principal interpretación es sobriedad, o sea, el estado aquel que es contrario a la embriaguez.

Metafóricamente en el lenguaje y escritura ortodoxos, es la sobriedad espiritual, lucidez, vigilancia y alerta que se expresa por la actitud del cuidado y la vigilancia, donde el hombre inspecciona y cuida su pensamiento interior y su fantasía o imaginación. A la vez supone inspección y vigilancia del corazón y del nus. La nipsis depura la oración y la oración purifica, clarifica la nipsis.

San Hisíjio en la Filocalía nos describe algunos métodos de la nipsis: 1) Un método de nipsis es examinar frecuente y atentamente la fantasía del malo y astuto loyismós; es decir, el “ataque o asalto”, porque el satanás sin la fantasía no puede crear loyismí y presentarlos al nus para engañarlo. 2) Otro método es mantener el corazón siempre en profundo silencio e hisijía, alejado de todo loyismós, y orar. 3) Otro método es rogar, suplicar continuamente al Señor Jesús Cristo con humildad para que venga en nuestra ayuda. 4) Otro método es tener ininterrumpido el recuerdo de la muerte. 5) Sobre el importante método que consiste en mirar sólo al cielo considerando a la tierra como nada, que es también una práctica tan eficaz como otras, hablaré al respecto más extensamente en otro momento. Todas estas prácticas, querido mío, son como porteros terribles que impiden los pensamientos malignos y viles.

Metropolita Ieroteo Vlajos: «Hablando sobre la nipsis ortodoxa entendemos la alerta y atención del hombre en mantener limpio su nus de varios loyismí (pensamientos, reflexiones) e imágenes, fantasías que mortifican su libertad interior y su claridad, limpieza y le separan de la comunión con Dios que consiste en la gnosis (conocimiento increado) de Dios. En el corazón se debe de encontrar sólo el nus, la atención y su energía y no los loyismí. Esta nipsis es llamada por los Padres de la Iglesia también como “santa hisijía” (serenidad mental y paz cordial)».

La nipsis es el camino para la adquisición de cada virtud y los mandamientos-logos de Dios.

 

  1. Νοερά προσευχή (noerá prosefjí) oración noerá o del corazón o de Jesús.

Es la oración que se hace con el nus (el espíritu humano, o la energía noerá) en el corazón. Cuando el nus ha sido liberado de su esclavitud a la lógica intelectual, de los pazos, pasiones y del mundo que le rodea y regresa desde su dispersión al interior del corazón, entonces se hace la oración del corazón o noerá. Así la noerá oración del corazón se hace con el nus dentro del corazón, en cambio la oración lógica se hace con la lógica de la diania mente o intelecto. Generalmente los Padres se refieren a la monologa oración “Jesús Cristo hijo de Dios eleisón me (compadécete de mí o ten caridad o alíviame o ten misericordia de mi) que soy un pecador“. Se llama también la oración de Jesús y es el mayor y mejor psicofármaco, una bomba atómica increada, y a nosotros nos ilumina y al diablo le quema, dicen los santos Padres.

 

  1. Νοῦς nus o νοερά ενέργεια noerá energía, términos que los usan los Padres con varios significados; no se debe confundir con la diania (mente, intelecto, cerebro).

Es el espíritu del hombre o nus como energía espiritual humana siendo el corazón como esencia, es el ojo de la psique (alma). Los santos Padres helénicos lo llaman nus o noerá energía para no confundir con la energía espiritual increada Jaris, gracia del Espíritu Santo. Cuando el nus queda preso o apegado en la diania por un loyismós, pensamiento, reflexión y en la fantasía o imaginación es cuando viene nuestra caída y el nus tiene que estar en alerta, vigilante y sobrio para impedir la entrada en la psique de los malos loyismí, y no caer en esta trampa. El nus constituye la fuerza y energía más alta del hombre es el «principal ojo” de la psique. El estado natural del nus, en el hombre creado por Dios, es la permanencia mediante la oración y la alabanza en la memoria de Dios, más la expulsión de los loyismí del corazón. Porque esta es exactamente la práctica ascética ortodoxa, el regreso y estancia del nus o su energía en el interior del corazón, este nus por causa de la caída del hombre se pierde, se esclaviza y se convierte en idólatra o se autodeifica y alaba sus propias creaciones en vez de agradecer y alabar a Dios.

  1. Vlajos: “Νοῦς nus, en la enseñanza patrística el término se utiliza diversamente. Unas veces el término lo usan para mostrar la psique (alma), otras el corazón psicosomático o el espíritu del corazón de la psique y otras una energía de la psique. Pero principalmente nus es el ojo de la psique, la parte más pura, es la finísima atención. Se llama también energía noerá (espiritual humana) y su esencia es el corazón, está en todo el cuerpo principalmente en el cerebro, pero no se identifica con la energía racional del cerebro, ni con la emocional sentimental, sino que contiene todas las energías”. (Ver también sobre este término en nuestro libro “12 Léxis apocalípticas” en el blog en español: logosortodoxo.es/).

 

  1. Οικονομία iconomía Economía, Economía de Dios o divina. Economía viene del verbo οικονομώ= arreglo, ordeno (del verbo “οἰκον νέμω”-ikon nemo, mi casa arreglo, ordeno).

Primero: La presencia por concesión de Dios de un hecho en nuestra vida para beneficio o instrucción (empleándose el verbo economizar con el mismo significado).

Segundo: Este término se usa para expresar el plan ancestral de Dios para la salvación del género humano, que se realizó con la humanización del Hijo.

Tercero: en la justicia canónica regular es la provisional y concreta desviación de la exactitud del cumplimiento absoluto de un canon o regla eclesiástica o tradición, que se impone en una circunstancia concreta con discernimiento –sin cambiar claro está los términos dogmáticos- para la consecución de un objetivo o propósito de salvación de psiques.

Discernimiento entre teología y economía, principio que lo ha introducido primero san Atanasio el Magno. Nos explica san Gregorio Palamás: la obra de la divina naturaleza es el perpetuo nacimiento del Hijo y la proyección o procesión del Espíritu Santo, movimiento que no tiene ninguna relación con las existencias o seres creados, en cambio, la obra de la divina voluntad y proyección es la constitución de la creación en el tiempo y en absoluta libertad. Por lo tanto, las cosas que funcionan en el espacio de la Deidad, funcionan por esencia increada, en cambio las que tienen relación con la economía funcionan por la divina voluntad y la energía increada.

 

  1. Πάθος pazos, padecimiento, pasión, emoción, hábito, adicción, mala costumbre, vicio, patología también fervor, manía u obsesión según el contexto.

En la terminología patrística se llama así a todo movimiento anormal, en el sentido de no natural, de las fuerzas y energías de la psique. Pazos son fuerzas que con su energía de la voluntad han tomado el camino equivocado. Todos los pazos que nacen de algún pecado que se repite, y así se consolida en la psique una tendencia pecadora o apego/adictiva, que con el tiempo llega a ser una segunda «naturaleza», influyendo en los pensamientos y decisiones, dominando la voluntad y sellando toda su “psicosíntesis”. Es preferible reeducarlos, convertirlos y sanarlos, que oprimirlos o reprimirlos y así finalmente se usarán de forma fructífera y no negativa. Los santos sabios Padres distinguen entre los pazos los nobles, decentes y los indecentes. Pazos decentes son el hambre, la sed… Y los indecentes los ocho pazos capitales: 1) Gula, la tiranía y el dominio de la panza referente a la comida, bebida y sus ansiedades. 2) Lujuria manía sexual y prostitución. 3) Avaricia, el deseo, ansia, codicia de acaparar riquezas. 4) Ira (rencor, odio, resentimiento). 5) Acedia o pereza desgano por obrar trabajo, ascesis físico o espiritual. 6) Pena, tristeza, aflicción o depresión. 7) Soberbia, orgullo. 8) Vanagloria el deseo de alto honor, alabanza y gloria mundana. (Ver también sobre este término en nuestro libro “12 Léxis apocalípticas” en el blog en español: logosortodoxo.es/).

 

  1. Πένθος (penzos) luto, en los textos patrísticos, es “la lipi tristeza o luto según Dios, que es sufrimiento por el que nace la metania”.

El “luto según Dios no se identifica con el luto cósmico mundano, el que sienten los hombres cuando por ejemplo, pierden a seres queridos, sino que es resultado de su concienciación del pecado y la creación de sanas vivencias y experiencias mediante la metania y el regreso al Señor. Se trata de un luto con originalidad propia, que con la increada energía divina Jaris, combina la alegría y la tristeza del luto (“luto alegre, pena-alegre”). No causa conflictos ni perturbaciones psíquicas, sino todo lo contrario trae paz y serenidad en la psique y buena disposición para cumplir los divinos mandamientos, logos y esperanza en Dios.

 

  1. Πράξις (praxis) acción, acto, práctica, hecho u operación matemática y πρακτικός (practicós) practicante.

Praxis es el esfuerzo por la catarsis del corazón que es el primer estadio de la vida espiritual. Practicante es aquel que lucha para sanar, limpiar el corazón. En la teología patrística πρακτικός practicós se llama al pastor, es decir, como el pastor de los animales que lucha para domarlos y domesticarlos.

 

  1. Πρόσωπον (prósopon) Persona, personalidad, personaje, cara, rostro, faz, fachada. (Ver también hipóstasis).

Se crea mucha confusión sobre el término persona, porque es distinta la problemática, pero también es el punto de salida de discusión sobre este tema en Occidente y en la Ortodoxia (Oriente). Πρόσωπον ή Υπόστασις Persona o Hipóstasis: Términos que se utilizan para expresar el misterio de la Trinidad de Dios. El Dios es «Μονάς monás Unidad» sobre Su indivisible y unificada «ουσία usía esencia (naturaleza)» Trinidad, porque se discierne en tres Personas o Hipostasis, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo que constituyen la una deidad unificada, consubstancial, inseparable e indivisible.

Conocemos que uno es el puente que une increado y creado, este es el Cristo, la Persona a la que se unió firme, inseparable e indivisiblemente la fisis (natura) divina con la humana en la hipóstasis-persona del Logos. El hombre que es como imagen de Dios, la cual imagen es en dinami (en potencia) semejanza, viviendo en la Iglesia y unido con Cristo se puede hacer persona en energía e increado por la Jaris.

Generalmente podemos decir que en Occidente la persona se interpreta dentro de los marcos filosóficos y psicológicos, en cambio en la Ortodoxia teológicamente. Este punto es muy importante para la comprensión de este tema y de este término tan serio, porque si no se interpreta así entonces las consecuencias y las confusiones son muchas.

En occidente el principal atributo de la persona es el autoconocimiento, las capacidades de la lógica y, principalmente la conciencia. Cuando uno consigue conocerse a sí mismo y consigue introducirse dentro del espacio y del tiempo, entonces, según los occidentales se hace persona y personalidad. Algunos llegan hasta el punto de sostener que la emersión del elemento erótico, principalmente en la época de juventud, es lo que caracteriza el desarrollo de la personalidad del hombre. Realmente muchos análisis psicológicos contemporáneos conectan la persona y la personalidad con el autoconocimiento y la libertad. Lo más tremendo es que este tipo de interpretaciones humanocéntricas las trasladan y proyectan también a Dios. Cuando intentamos ver las Personas de la Santa Trinidad dentro de interpretaciones psicológicas, entonces tergiversamos la enseñanza de los santos Padres de la Iglesia. Se ve claro que los teólogos occidentales intentan a entender las Personas de la Santa Trinidad dentro de los análisis psicológicos de la persona humana, como si Dios fuera como imagen del hombre y no el hombre como imagen y semejanza de Dios. Así desde esta perspectiva el personalismo occidental ha conducido su teología a la herejía del filioque que es suspendida y rechazada de parte ortodoxa.

Pero en oriente ortodoxo la consideración de la persona se hace en la teología, es decir, debido al esfuerzo de los Padres para determinar la relación de las Personas de la Santa Trinidad. Esto significa que la enseñanza de los Padres sobre la persona no se hizo por el intento de analizar al hombre y calificar su poder, autoconocimiento y libertad, sino para contestar asuntos teológicos que interponían los heréticos. Los Santos Padres creen que el hombre es como icona, imagen y semejanza de Dios y no viceversa, y especialmente imagen y semejanza del Zeántropos (Dios y hombre) Jesús Cristo. Con este significado los santos Padres sostienen que el hombre es persona.

La filosofía a pesar de algunas aclaraciones no puede dar respuesta y corresponder a la plena interpretación y análisis de la persona. Esta interpretación presupone la verdad, es decir, la apocálipsis (revelación), tal y como se ha dado a los Padres de la Iglesia. Lo que la filosofía de los heréticos considera parálogo, insensato o paradójico, esto es hiper-lógico (lógica suprema o más que lógico, supremo logos) y apocalíptico (revelación por Dios), y lo que para la teología es apocalíptico es parálogo o paradójico para la filosofía.

Entonces en la Tradición Ortodoxa cuando hablamos sobre ascética de la persona, principalmente entendemos la metamorfosis, transformación del hombre que se hace con la aplicación y el cumplimiento de los mandamientos, logos de Cristo y con los misterios de la Iglesia. Dios es Persona. El hombre que es como imagen y semejanza de Dios tiene que unirse con Él y vivir el “siempre bien ser y estar” y no “el siempre mal estar y ser”, como dice san Máximo el Confesor. Porque el pecador vive eternamente, pero en el mal no en el bien.

Según la enseñanza de san Juan el Damasceno, hipóstasis-persona es aquello que presenta la claridad de un hombre concreto respecto a la multitud de sus semejantes. Cuando hablamos sobre hipóstasis o persona damos a entender la fisis o esencia con sus cualidades o atributos.

En los santos encontramos la coexistencia de la agapi y la libertad. Aman realmente a Dios, se podría decir extensamente, por eso la libertad de ellos dirigiéndose a Dios se mueve naturalmente porque se ha desencadenado y librado de todas las mezclas y otras enfermedades. De esta manera los santos son seres humanos, personas reales y libres, esto que acostumbramos a llamar πρόσωπον (prósopon, persona).

El individuo-átomo se asocia estrechamente con el egoísmo, está encerrado en la cárcel del sí mismo. No ve más del sí mismo y su familia. Proyecta el sí mismo y se centra para llamar la atención a los demás.

Pero la persona es inconcebible e ininteligible sin la agapi (amor incondicional), la comunión esencial con los seres humanos. La persona sale de sí mismo, ama, se vacía y se ofrece al otro, se sacrifica. Vive la catolicidad o universalidad, el drama de toda la οικουμένη icumeni toda la tierra habitada, del mundo.

Persona sólo se puede ser… en Dios… a la imagen y semejanza de Cristo… y en Cristo Jesús por el Espíritu Santo… (pero ese concepto… no es el que se entiende en el mundo occidental… como persona, porque creo que en occidente está tomado del idealismo Alemán, de la filosofía y del herético escolasticismo del Tomás Aquino mezclando al pobre de Aristóteles).
…Personas sólo lo serían los que están con Dios en Cristo Jesús por la jaris energía increada del Espíritu santo… y el resto sólo serían «individuos ególatras» e idólatras de sí mismo, de sus ideas, opiniones y fantasías… y estas consideraciones… para quien no está informado… le confunden… pues que se informe, el tema es serio…

 

  1. Σωτηρία (sotiría) sanación, redención, y salvación, proviene de σώος (soos sano, entero, salvado), exactamente tal y como lo testifica la palabra, significa que el hombre permanece sano, es decir, entero y en plenitud, no separado.

Lo que sana y salva al hombre es la unión y κοινωνία (kinonía, conexión, unión y comunión) con el Dios.

Por el divino Yérontas Mitilineos: Σωτηρία (sotiría) sanación y salvación. El término sotiría se refiere a muchas cosas y sectores. En temas de economía, de salud, de vida, de seguridad, etc. Decimos: he encontrado un buen trabajo, me he salvado, he encontrado la salud me he salvado, en todo ponemos me he salvado… Sotiría de la psique no es la liberación de ella del cuerpo, sino su liberación de las conductas o morales carnales y la comunión del hombre entero con Dios. Sotiría es cuando la psique recibe la Jaris energía increada de Dios y por la Jaris de la psique la sotiría es introducida también en el cuerpo, por lo tanto hablamos de sanación y salvación del hombre entero. Por lo tanto, sotiría-salvación ontológica es la salvación del hombre entero del cuerpo y de la psique. El único y absoluto fin de la vida en Cristo es la zéosis, es decir, la unión con el Dios, de manera que el hombre, participando de la energía increada de Dios, se haga “por la jaris increada” esto que el Dios es por naturaleza (sin principio ni fin, interminable). Esto es el significado del término σωτηρία (sotiría). No se trata de un mejoramiento ético del hombre, sino de la re-creación del hombre y la kinonía (comunión, unión y conexión) dentro de la relación ontológica (existencial) con el Cristo en la historia. Σωτηρία (sotiría) es la gnosis (increada) de Dios.

 

  1. Υπόστασις (hipóstasis), base subsistencial o substancial, fundamento base, fundamento, forma existencial.

El término proviene del verbo ὑφίστημι (ifístimi), en principio expresa por debajo de, significando la estabilidad, subsistir, el cimiento, la base, etc.

En el lenguaje teológico hipóstasis expresa principalmente la existencia, subsistencia o base substancial invisible, la realidad. Υπόστασις Hipóstasis o Πρόσωπον Persona son términos que se utilizan para expresar el misterio de la Trinidad de Dios. El Dios es «Μονάς monás Unidad» sobre Su indivisible e unificada «ουσία usía esencia (sustancia, o naturaleza)» y Trinidad, porque se discierne en tres Personas o Hipostasis, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo que constituyen la una deidad unificada, consubstancial, inseparable e indivisible.

Según San Juan el Damasceno el término hipóstasis expresa dos cosas. 1) la existencia y 2) la particular existencia de cada hombre. Es decir, cada persona es hipóstasis, tiene existencia verdadera, pero también cada hombre también tiene sus particularidades que le disciernen de las demás personas, de las otras hipostasis.

Hipóstasis significa dos cosas. Una es la existencia y en este caso la hipóstasis conecta con la esencia, por eso algunos de los Padres dijeron: fisis (naturaleza) igual a hipostasis. La otra cosa significa la «existencia por sí misma y su composición particular», y manifiesta la diferencia, lo particular de un individuo respecto a otro. Finalmente prevaleció el uso del término usía para referirse a la fisis y el término hipóstasis para referirse a la persona.

No hay persona sin hipóstasis… a lo que respecta al hombre no cabe división entre persona e hipóstasis es impensable persona sin hipóstasis…
En cambio en la Santa Trinidad, los Padres dicen que es correcto usar la palabra individualidad o individuo indivisible, ya que las Tres Hipóstasis divinas son indivisibles como Personas con atributos o cualidades propias unidas en la misma usía-esencia divina, ya que tampoco mueren… son sin principio ni fin, eternas…

San Gregorio Palamás utiliza a menudo el término “luz hipostática”. Para tapar la boca de los creían la luz de la gnosis creada y las fantasías y conceptos de la diania (cerebro, mente intelecto). Decía característicamente: La luz divina que ven los santos es hipostática, porque no es concepción del nus ni producto de la fantasía, ni una visión o fenómeno creado. No obstante la palabra hipóstasis, que por procedencia aristotélica no se refiere algo más que “esencia” o “realidad”, tenía un nuevo significado el de persona. Este nuevo significado con sus extensiones Triadológicas y Cristológicas fue inevitable en las disputas o discusiones entre ortodoxos y heterodoxos latinos durante el siglo 14º.

El hombre se constituye de psique y cuerpo, los cuales fueron unidos en una hipóstasis por Dios durante el inicio de su creación. Ésta hipóstasis no se disgrega ni después de la muerte. Por eso en la muerte aunque se separa la psique del hombre, la hipóstasis de ambos permanece y es la misma.

 

  1. Φωτισμός τού (tú) νοῦ (nú) Iluminación del nus o del espíritu humano.

Es la segunda etapa de la vida espiritual, después de la catarsis del corazón. En esta etapa el nus ya ha expulsado los apasionados loyismí, y se hace templo del Espíritu Santo, tal y como estaba antes de la caída lleno de energía increada Jaris, y adquiere plegaria incesante por la memoria de Dios. Por eso la iluminación del nus se enlaza estrechamente con la oración noerá del corazón o de Jesús.

 

  1. Χάρις τού Θεοῦ (jaris tu Zeú) Gracia de Dios (Jn 14,16,17), gracia, favor, es energía divina increada, innata e inherente riqueza de la Deidad.

Especialmente en el campo de la redención, la Jaris es en particular el don de Dios, que se derramó del sacrificio de la Cruz de Cristo, y funcionando dentro de la Iglesia, envuelve al hombre débil y pecador, lo santifica cuando colabora libre y voluntariamente y le hace conseguir la zéosis. De la palabra Jaris viene c-jarísma, don, que es regalo de Dios en todos los hombres sin excepción alguna. No se puede exigir como «recompensa» por las obras buenas. Pero se atrae especialmente con la humildad, con la metania y el corazón quebrantado (cf.1P 5. 5). La divina Jaris se da con los santos Misterios ortodoxos de nuestra Iglesia. Esencia y energía están relacionadas; no hay esencia sin energía ni energía sin esencia. San Gregorio Palamás nos dice apofáticamente «No por la esencia conocemos a Dios sino por Sus energías y de increada esencia tenemos increada energía y de la creada esencia creada energía». Los heterodoxos están muy confundidos y oscurecidos sobre éste tema. (Ver también sobre este término en nuestro libro “12 Léxis apocalípticas” en el blog en español: logosortodoxo.es/).

 

  1. Χάρισμα (járisma) Carisma viene de Jaris, es don, virtud, cualidad, talento y regalo, resultado de la divina Jaris, pero concretamente regalo del Espíritu Santo al hombre (como por ejemplo la santidad).

Los j-carismas del Espíritu Santo son muchos y distintos, algunos son nombrados por el Apóstolos Pablo: j-carisma apostólico, profético, instructivo, milagroso, sanador, perceptivo, gobernativo, interpretativo, de lenguas. (1Cor 12,28). Personas carismáticas nunca han faltado en la Iglesia, hoy también tenemos cristianos ortodoxos con el carisma de sanación, clarividencia, provisor y milagroso. Carismas adicionales del Espíritu Santo son: información interior, jará (alegría) interior, lágrimas de recogimiento, sentimientos de infinito agradecimiento a Dios, resplandecimientos del nus, etc. que muchos creyentes Cristianos concienciados y humildes, saborean y disfrutan en sus vidas de estas donaciones-jarismas. Pero el mantenimiento de ellos depende sobre todo de la humildad, decía San Marcos el Asceta: “El que tiene algún carisma y es amable y cariñoso con los que no lo tienen, con su cariño y simpatía guarda el j-carisma. El arrogante, presuntuoso y soberbio, lo perderá por sus arrogantes y orgullosos loyismí, pensamientos”.

Respecto a estos carismas-donaciones de Dios al hombre es Él quien decide a quien se las dará, sin que nosotros podamos “conquistarlas” o pedirlas a Él.

 

  1. Ψυχή Psique alma, ánima, el término viene desde la antigüedad y se usa con excepciones más o menos igualmente hasta hoy.

En el Nuevo Testamento y en los santos Padres, se usa a menudo en vez de la palabra άνθρωπος anzropos, ser humano, hombre, (Rom.13,1). A veces en la Sagrada Escritura significa simplemente la vida. (Mt 2,20. Jn 10,11. Rom 16,4). Pero psique se dice sobre todo del elemento espiritual, no material de nuestra existencia (Mt 10,28); Es la base substancial que vivifica el cuerpo. Es un componente de las dos partes de nuestra naturaleza; el otro es el soma, cuerpo. El cuerpo no contiene la psique sino que la psique contiene y conjunta al cuerpo. La prueba está en que cuando la psique sale del cuerpo este se convierte en cadáver y se disuelve. Los hombres tienen psique con esencia y energía, por eso tienen nus, logos (lógica) y espíritu, el cual espíritu, es la increada energía Jaris que vivifica psique y  el cuerpo conjuntado; nus y logos están unidos e inseparables de la psique después de la muerte física; los animales tienen psique por energía, por eso no tienen nus y logos (lógica) como la humana que se crea de la energía increada hiper-lógica suprema lógica de Dios Logos increado en Espíritu Santo procedente del Padre, por tanto a imagen y semejanza del Θεάνθρωπος zeánzropos Dios-Hombre, el Cristo .

(Ver también sobre este término en nuestro libro “12 Lexis apocalípticas” en la Web http://www.logosortodoxo.com/12-lexis-apocalipticas/).

Traducido por: Χρῆστος Χρυσούλας Jristos Jrisulas http://logosortodoxo.com/

 

 

 

EL REINADO DE LA REALEZA INCREADA DE DIOS ES REALEZA DE SANGRE.

EL REINADO DE LA REALEZA INCREADA DE DIOS ES REALEZA DE SANGRE.

Η ΒΑΣΙΛΕΙΑ ΤΟΥ ΘΕΟΥ ΕΙΝΑΙ ΒΑΣΙΛΕΙΑ ΑΙΜΑΤΟΣ.

El que come de mi cuerpo y bebe de mi sangre en mí permanece y yo en él”

Por el médico Archimandrita Savas el Aghiorita

 

El término teológico: Βασιλεία τοῦ Θεοῦ/τῶν ουρανῶν (vasilía tu Zeú/ton uranón) Realeza de Dios/de los cielos, el nombre Reino (βασίλειο vasilio) no está en ninguno de los textos originales Helénicos del Nuevo Testamento.

Si bien “Reino” en castellano también tiene el significado de «nuevo estado de cosas en que rige la voluntad de Dios», no es el significado habitual de la palabra (territorio o conjunto de personas que lo gobiernan); por lo cual ponemos realeza que es la más cercana a la teología helénica original. Realeza (cualidad, atributo) es el elemento básico de las enseñanzas de Jesús y el tema central de los libros del Nuevo Testamento, donde, con esta expresión, se manifiesta una nueva época que se inaugura con la obra de Cristo y en la cual domina, en vez de odio agapi-amor; en vez de la oscuridad tinieblas, la luz; en vez de la incredulidad, la luz increada de la fe; en vez de la desesperación, la esperanza. La nueva época con la realeza se anuncia ya como actual presente, pero también esperada por completo en el futuro con la Segunda Presencia venida de Cristo. La realeza increada de Dios es el predominio entero de la energía increada de la voluntad de Dios en la vida de los hombres, tanto en la personal «la realeza de los cielos está dentro de vosotros» (Luc 17,21), como en la vida social «que venga tu realeza en nosotros, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo” (Mateo 6,10). La realeza de Dios, como realidad terrenal del presente, se materializa en las personas por la vida santa de los cristianos, «los hijos de la realeza” (Mt 8,12), y entonces coincide con la institución de la Iglesia. Realeza de Dios es el Paraíso, la comunión del hombre con Dios. Esta Realeza la vivimos desde ahora como noviazgo, en cambio entonces la viviremos como boda. La Realeza de Dios no tiene fin. Es eterna, increada e interminable. Nada tiene que ver con reino, porque este término manifiesta un estado creado. En cambio la Realeza increada manifiesta un estado interior y exterior de estar y de ser con la energía increada Jaris (gracia) y con la Doxa-gloria, luz increada. Muchas veces según el contexto en la teología ortodoxa jaris (gracia, energía increada), doxa (gloria, luz increada) y realeza son sinónimas.

San Máximo el Confesor en la Filocalía nos dice que la realeza (increada) es el Espíritu Santo de Quien percibimos su increada energía Jaris y la zeoría (expectación) de la increada Luz, la cual hemos perdido por la desobediencia a Dios. Porque, el nombre de Dios y Padre en hipostasis (base substancial) es el Hijo Unigénito, y la realeza de Dios y Padre en hipostasis es el Espíritu Santo procedente del Padre. (Ver también sobre este término en nuestro libro “12 Léxis apocalípticas” en el blog en español: logosortodoxo.es/).

 

EL REINADO DE LA REALEZA INCREADA DE DIOS ES REALEZA DE SANGRE.

“El tiempo se ha cumplido, y el reinado de la realeza increada de Dios ha llegado” (Mrc 1,15 Mt 4,17).

“El reinado de mi realeza increada no proviene de este mundo” (Jn 18,36), decía el Señor.

“Porque el Señor Dios Todopoderoso es el templo de ella, y el Cordero. La ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que brille en ella; porque la gloria (luz increada) de Dios la ilumina, y el Cordero es su lámpara. A su luz increada caminarán las naciones…” (Apo 21,22-27)

Durante los tiempos del Señor había entre los judíos la esperanza viva sobre el reinado de la Realeza de Dios, pero el pueblo albergaba percepciones groseras sobre esta. El Señor cuando salió en acción pública inmediatamente anunció que Su obra es el establecimiento del reinado de la realeza increada dentro en todos los hombres, porque con la caída de los primeros en ser creados y a causa de los pecados del mundo, la vida había perdido el ritmo y su destino y los hombres no vivían ya según la voluntad de Dios: “Es necesario que también a otras ciudades anuncie el evangelio del reinado de la realeza (increada) de Dios; porque para esto he sido enviado” (Lc 4,43).

El Señor enseñó a los hombres con precisión, claridad y fuerza de que deben considerar a Dios como Padre de ellos, del Cual esperan con fe todo y al Cual deben amar con toda su psique y diania, con todo su corazón y toda la fuerza de la voluntad, más que ninguna otra cosa buena. La vida de cada uno debe ser dios-céntrica. La voluntad divina siempre debe dominar en la vida y dirigir en agapi (amor desinteresado). Las percepciones humano-céntricas y jurídicas de los judíos, en las que la justicia y la protección de Dios dependían de sus propios esfuerzos e intentos y del cumplimiento de la Ley, ya no tenían lugar sobre la Realeza increada de Dios y la vida dios-céntrica de la enseñanza del Señor.

Aparte de estas concepciones y percepciones, el Señor rechazó también los elementos mundanos, placenteros y nacionalistas que había en la enseñanza de sus contemporáneos judíos sobre el reinado de la realeza increada de Dios. La Realeza increada de Dios tal y como nos la ha apocaliptado-revelado el Señor es espiritual (energía increada), interior y contraria del brillo, de la fuerza y de la gloria exterior de los reinos del mundo y de las autoridades mundanas que le gobiernan. Y los medios para la transmisión de la Realeza increada de Dios son espirituales, pero también los fines, los bienes, las bendiciones y los regalos de ella son espirituales, increados, incorruptibles y supracósmicas, totalmente distintos de las esperanzas y exigencias de los judíos y de las cualidades e ideas de los reinos terrenales. «El reinado de mi realeza no proviene de este mundo. Si mi realeza fuera de este mundo mis súbditos hubiesen luchado para que yo no fuera entregado a los judíos. Pero el poder y energía de mi realeza no proviene de este mundo ni está basada en las armas, sino del cielo» (Jn 18,36), decía el Señor. A causa de esta oposición el Señor desde el principio fue negado y perseguido por los judíos, los nacionales y por el nuevo principio de la vida humana que Él predicaba.

Pero aparte de estas diferencias, la nueva y principal característica del kerigma del Señor sobre la Realeza increada de Dios es que esta se enseñaba y se presentaba como algo que ya se había comenzado a difundir y a imponerse con la aparición del Señor. Nuestro Cristo declaró explícitamente que en Su persona, con Su enseñanza y Su obra, comenzaron a realizarse las promesas de Dios formuladas al Antiguo Testamento sobre el futuro Mesías o Salvador de la humanidad y sobre los años mesiánicos. El Mismo Señor Jesús es el Mesías: “YoSoY (el Mesías) el que te habla” (Jn 18, 36).  También delante de Pilatos habla sobre la Realeza increada de Dios como Su propia Realeza: “El reinado de mi realeza no proviene de este mundo” (Jn 18,36), decía el Señor.

Por lo tanto, la Realeza increada de Dios comenzó con la presencia del Señor en nuestro planeta y con Su obra redentora, y de forma gradual se extiende, se impone y se espera a aparecer en el siglo futuro con toda su doxa (gloria increada, luz de luces) y perfección. “Mas si por el dedo de Dios (es decir, el Espíritu Santo) yo echo fuera los demonios, ciertamente la realeza increada de Dios ha llegado a vosotros” (Lc 11,20), decía el Señor a los que Le calumniaban. Lo ésjato1 (último, postrero) se hizo también presente, mientras que el presente tomó a la vez contenido esjatológico; cada praxis nuestra del presente tiene efecto en la eternidad. No existen praxis éticas indiferentes, podríamos decir, ni esjatológicamente operaciones indiferentes; cada praxis nuestra nos conduce o nos aleja o nos excluye de Su Realeza increada si no hay metania. Por eso que la esjatología cristiana ortodoxa se puede calificar como esperada y paralelamente como realizada: “Ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es” (1Jn 3,2). El Ladrón en la cruz rogó a Cristo al acordarse de él cuando venga con Su Realeza, el Cristo le aseguró que: “Hoy estarás conmigo en el Paraíso” (Lc 23, 42-43).

[1] Ésjato es lo último, postrero o el definitivo. Es aquello hacia al cual se dirigen y con el cual se completan todas las cosas que suceden dentro en el mundo. Correspondientemente esjatología es la referencia sobre el fin del mundo, que se realizará con la segunda venida o presencia de Cristo con la plena aparición de la Realeza increada de Dios. La Realeza de Dios que se espera al final de la historia y del mundo, se manifestó con la venida de Cristo y ya existe en el mundo y en la historia.

El Cristo que se manifestó al mundo como hombre, fue crucificado, murió, resucitó y ascendió en “doxa” (gloria luz increada) en los cielos, es el Dios intemporal, eterno y perpetuo, es el “que es, el que era y el que siempre viene… ὁ ὤν καί ὁ ἦν καί ὁ ἐρχόμενος” (Apoc 1,4). La gloriosa aparición de los fieles en la Realeza increada de los Cielos requiere la incorporación e integración de ellos en el Cuerpo de Cristo, la Iglesia Ortodoxa. “Esta integración se hace con el Misterio del Santo Bautismo y se mantiene con el Misterio de la Divina Efjaristía y Comunión del Cuerpo y Sangre de Cristo. La Iglesia Ortodoxa se encuentra en la frontera entre el siglo presente y el futuro. Los fieles son miembros del Cuerpo de Cristo. La cabeza de este Cuerpo se oculta durante el siglo presente, pero se manifestará en el siglo futuro. Cuando se manifieste la doxa (gloria, luz increada) entonces se manifestará también el resplandor de sus miembros” (San Nicolás Cabásilas sobre la vida en Cristo, 2). Somos miembros del Cuerpo de Cristo. Permanecemos unidos cuando comulgamos del Cuerpo y Sangre del Soberano.

Es decir, la Iglesia Ortodoxa, es el Cuerpo θεανθρώπινο (zeazrópino) divino-humano de Cristo, fue creado durante el Pentecostés con esta forma; es decir, de esta manera como Cuerpo de Cristo metamorfosear, transformar al mundo y toda la creación. Después de la caída de Adán y Eva, toda la creación fue arrastrada a la caída y a la corrupción. “Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora” y por eso “el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios. Porque la creación fue sometida a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sometió en esperanza; porque también la creación misma será librada de la esclavitud de corrupción, para ser admitida a la libertad gloriosa de los hijos de Dios” (Rom 8, 22 y 19-21).

La Iglesia Ortodoxa desea restablecer la naturaleza humana a su estado de antes de la caída, para que la suba aún más “yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan de sobras en abundancia” (Jn 10,10). Lo deseado es que el hombre se convierta en miembro del Cuerpo de Cristo y toda la creación convertirse en reinado de Realeza increada de Dios.2 La Iglesia Ortodoxa como continuación de la obra salvífica de Cristo es una etapa preliminar y un sabor anticipado del reinado de la futura Realeza increada de Dios.

2Dentro de esta perspectiva hablamos sobre la vivencia, experiencia de las cosas ésjatas también desde esta vida, pero también la esperanza de las ésjatas cosas durante la Segunda Presencia de Cristo y después de esta. La metamorfosis del hombre no es independiente de esta experiencia ésjatológica desde ahora como compromiso o en arras, y la esperanza esjatológica como boda para el futuro, como nos enseñan los santos Padres de la Iglesia Ortodoxa. Realmente la percepción ortodoxa sobre la esjatología tiene un carácter diacrónico. Esto significa que la Realeza increada de Dios y todos los acontecimientos de los ésjatos tiempos se ha vivido al pasado por los primeros en ser creados antes de la caída, y se viven en el presente de la historia por los santos y deificados “como en espejo en enigma” (1Cor 13,12) y se vivirán en un grado perfecto después de la resurrección de los muertos.

La Iglesia Ortodoxa transforma la realidad histórica (hombre, creación) con la Divina Jaris (energía increada) que trajo y derrama al mundo el Cristo. Que es “el primero y el ésjato-último, el que estuvo muerto y vivió” (Apo 2,8) y es también “el A Alfa y el Ω Omega, el primero y el ésjato-último, el principio y el fin” (Apo 23,13)3.

3 Hoy vivimos en abundancia un cristianismo secularizado, mundanizado, hemos perdido la vida de los ésjatos, tanto como vivencia de la experiencia de la zéosis o deificación desde esta vida, como también como esperanza de esta vida después de la Segunda Presencia de Cristo, y la Resurrección de los muertos. La absolutización del elemento histórico, con la simultanea expulsión de la esperanza y la vivencia, experiencia esjatológica, la definición horizontal de la vida esquivando la dimensión vertical hacia Dios, el intento de vivir uno en un cristianismo mundanizado, secularizado y sobre todo la orientación a la llamada vida “moral” del Evangelio, consiste en la secularización de los cristianos.  

El propósito de la Iglesia Ortodoxa es la “psicoterapia”, sanación, redención y salvación de los hombres. ¿Pero cómo podremos permanecer dentro en la Iglesia para “psicoterapiarnos” y salvarnos? ¿Cómo podremos vivir según la voluntad de Dios, según el Espíritu Santo? Sólo una cosa tiene importancia: guardar nuestra unión con el Señor; guardar y aumentar la intensidad de la oración y de la metania. Entonces la muerte no será una perdición y una separación eterna de la fuente de la vida, sino el desplazamiento y traspaso al reinado de la Realeza increada de Dios, por la que nos hemos preparado con la comunión del Cuerpo y de la Sangre de Cristo, con la incesante oración noerá o del corazón que es la invocación de Su Nombre: «Jesús Cristo Dios nuestro, eleisón nos, compadécete de nosotros… y de tu mundo…Κύριε, Ἰησοῦ Χριστέ, ὁ Θεός ἡμῶν, ἐλέησον ἡμᾶς καί τόν κόσμον Σου».

El Α y el Ω, τό ἔσχατο lο ésjato (último) vino en la historia. El reinado de la Realeza increada de Dios vino a nosotros y podemos comenzar a saborearla desde esta vida con el renacimiento en Cristo y con los Misterios (Bautismo y Divina Efjaristía Εὐχαριστία). Pero existe una intensa nostalgia y esperanza de lo “perfecto y completo” de esta vida que se apocaliptará-revelará en el siglo futuro4. Pero esta Realeza increada de Dios esjatolójica, se hace realidad tangible cuantas veces la Iglesia Ortodoxa, el nuevo Israel de la jaris, el pueblo esparcido de Dios se reúne “sobre lo mismo”, en un lugar, principalmente, para celebrar la Divina Efjaristía, no como una mágica celebración mística o una praxis de culto de salvación individual, sino como una expresión dinámica de comunión en comunidad y reflejo de la perfecta comunión de la Santa Trinidad, mas presabor y revelación preventiva del reinado de la Realeza increada de Dios. La Iglesia Ortodoxa se configura y se hace esto lo que es realmente, es decir, “Cuerpo de Cristo”, “laós o pueblo de Dios” y «κοινωνία kinonía comunión» del Espíritu Santo cada vez que hay asamblea eucarística en cada comunidad local cristiana ortodoxa. 4. Si uno aparta esta vivencia esjatológica y la esperanza del mensaje del Evangelio y de la Iglesia, entonces se seculariza y el Evangelio se hace una enseñanza moral, similar a la enseñanza de los otros sistemas religiosos y filosóficos.

 

  1. La Realeza increada de Dios es realeza de Sangre, divina Sangre propia de Cristo Dios que se derramó en Gólgota y se ofrece en cada Divina Liturgia.

Nuestro Dios es agapi (amor, energía increada) y paz. Y Su Realeza increada es paz y agapi (amor, energía increada). El predominio de la agapi y la paz entre nosotros y entre el hombre y el Dios, fue logrado gracias al Sacrificio Cruciforme de nuestro Cristo. El que comulga del Cuerpo y de la Sangre de Cristo se apropia personalmente de las donaciones que emanan del Sacrificio Cruciforme de Cristo y reina junto con Él en la eternidad. La sangre de Cristo nos introduce en el reinado de Su Realeza increada que es la “realeza del Cordero Degollado” (Apo 13,8).

La Realeza de Dios es Realeza de Sangre porque es paz divina; y esta paz divina se ha logrado con el sacrificio Cruciforme de Cristo. Cristo Dios es “nuestra paz y expiación”.

El Dios Líder de la Paz, ha creado al hombre pacífico y amigo de la paz. “La naturaleza humana, según san Máximo el Confesor, fue creada pacífica, sin conflictos ni guerras, atada fuertemente con la agapi (amor energía increada) de Dios”. Pero el pecado y el egoísmo trajeron en los hombres la separación y la enemistad con el Dios y también los odios, las divisiones, los conflictos, la envidia, el resentimiento el exterminio mutuo y el deseo de venganza entre los seres humanos. El diablo asesino de los hombres explotando los pazos de los hombres los separó de Dios y los dividió. El Cristo Dios subió en la Cruz para reconciliar α los hombres con el Dios, con el sí mismos y entre ellos. La paz que anunciaron los Ángeles la noche de la Natividad del Señor con el “doxa-gloria en los cielos y paz en la tierra” emanó y fluyó de la Cruz de Cristo.

El Apóstol Pablo en su epístola a los Colosenses escribe que el Dios condescendió por el Cristo para que en sí mismo reconcilie todo: “y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz. Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado en su cuerpo de carne, por medio de la muerte, para presentaros santos y sin mancha e irreprensibles delante de él; si en verdad permanecéis fundados y firmes en la fe, y sin moveros de la esperanza del evangelio que habéis oído, el cual se predica en toda la creación que está debajo del cielo” (1,20-23).

Tan grande e insoldable fue la enemistad de los hombres hacia el Dios y hacia ellos mismos, de manera que hizo falta derramar el mismo Dios Su propia Sangre para pacificarnos. Por tanto, el regalo del Cristo Crucificado es la paz, la reconciliación, la alegría y la agapi que son características de Su Realeza increada.

Este regalo no se nos concede de una manera mágica, sino que requiere nuestra lucha para recibir este regalo y valorarlo. Hace falta sinergia (cooperación de la energía increada de la voluntad divina con la energía de la voluntad humana). Sin el Cristo Crucificado tampoco podemos solos conquistar Su Realeza increada, ni el Cristo nos la da sin nuestra lucha, porque si fuera así anularía nuestra libertad.

Aunque a la Santa Iglesia Ortodoxa terrenal y militante en la que se celebra la divina Efjaristía que es la imagen de Su Realeza increada, a veces se introduce la tentación y aprovechando nuestros pazos, expulsa nuestra paz y agapi, sin embargo en la Iglesia Ortodoxa en núcleo muy interior está siempre “el palacio de asilo o refugio de la paz”, dice san Máximo el Confesor; y el Señor sacrificado en el Santo Altar es la fuente de la paz. Dice san Juan el Crisóstomo: “Encima del Santo Altar se encuentra degollado el Cristo. Fue degollado para traer paz entre el cielo y la tierra, para hacerte amigo con los ángeles y reconciliarte con el Dios del todo y de todos. Para hacerte amigo de Dios a ti que eres su enemigo y contrario… para que tengas paz con tu hermano se hizo este sacrificio” (P.G. 49, 382-2).

La Iglesia se encuentra siempre en lucha permanente, en un camino continuo hacia el reinado de la Realeza increada de Dios, “la imperturbable, inquebrantable y permanente” del futuro siglo, teniendo en cabeza nuestra Panayía, los Apóstoles, los Mártires y los Santos, más los piadosos y pacíficos Cristianos ortodoxos de todos los siglos.

Este camino no se promociona ni se pregona, sino que irradia místicamente la paz de Cristo al mundo y testifica que la Realeza increada de Dios ya ha venido y siempre viene. Tal y como el Señor dijo que su realeza increada “no viene por observación” (Lc 17,20), es decir, con ruido exterior.

La sangre de nuestro Señor Jesús Cristo nos purga y nos sana de todo pecado y crea las condiciones para la entrada en Su Realeza increada. La Divina Comunión en el estado provisional que ahora nos encontramos es presabor o sabor anticipado de la futura y más perfecta Divina Comunión del reinado de Su Realeza celeste e increada. “¡Oh Pascua mega y Santísimo Cristo, oh sabiduría, potencia y Logos de Dios, danos la máxima pureza y claridad para participar en Tu día sin crepúsculo en el reinado de la Realeza increada!”, este tropario canta el Sacerdote inmediatamente cuando haya tomado la Comunión.Esta Comunión de máxima pureza y claridad con el Cristo, será también la fuente infinita de la inefable alegría y gozo en la futura Realeza celeste e increada de Dios.

La Realeza increada de Dios es Realeza de Sangre, porque es un pase a la Pascua eterna mediante la sangre del Cordero inmaculado y sin mancha, de Cristo.

 

La Realeza increada de Dios es realeza de sangre, porque la imagen de la Realeza increada de Dios es la Divina Comunión o Efjaristía.

La Divina Efjaristía Εὐχαριστία es imagen de la Realeza increada de Dios. Cada Domingo en la Divina Liturgia participamos en “la Bendita Realeza” increada del Dios Trinitario y disfrutamos anticipadamente la vida y la alegría de la gloriosa Eternidad, el verdadero Octavo Día. 5 Octavo Día: el período intemporal que comenzará con la Segunda Presencia del Señor, es decir, la Eternidad. Esta será también la finalización de la obra creadora de Dios (7 días creativos +1=8), es decir, el Domingo que se considera el 8º día. De esta manera pasamos al octavo día de la eternidad, la que se hará realidad con la Resurrección común.

En la Divina Liturgia vivimos y saboreamos anticipadamente el estado que estará viviendo el mundo cuando domine la Realeza increada de Dios que todos los fieles esperamos y para su venida oramos cada vez en el Padre nuestro: “venga en nosotros tu Realeza ελθέτω η Βασιλεία σου (elzéto i Vasilía su)”. Las características de la Realeza increada contienen todas las cosas que observamos en la Divina Liturgia Ortodoxa;

Es decir, a) la sinaxis-reunión del mundo esparcido sobre lo mismo. Para los Santos Padres de la Iglesia, como san Máximo el Confesor, san Anastasio el Sinaita, san Theodoro el Studita etc., la Divina Efjaristía tenía sólo un nombre: Σύναξις sinaxis reunión de fieles. Y esto porque en la Realeza increada de Dios nuestro mundo dividido y muy fragmentado, la muerte y la decadencia que no es otra cosa que la división y la fragmentación de nuestra existencia, cederán su posición a la unidad y a la agapi que son sinónimas con la verdadera vida eterna. Este es también el logos o razón teológica por el que nuestra Iglesia ha prohibido la celebración de más de una Divina Liturgia en un día en la misma parroquia de la congragación local. Como imagen de la Realeza increada de Dios, la Divina Efjaristía reúne todo el pueblo dentro en un lugar y para lo mismo.

  1. b) La sinaxis-reunión del mundo esparcido sobre lo mismo, en la Realeza increada de Dios tendrá un centro concreto y una cabeza concreta, el Rey Jesús Cristo, el cual sentado sobre el trono, como tipo y lugar de Dios, reunirá los esparcidos en uno y alimentará al mundo con la vida eterna que emana de Su Cuerpo.

Este Rey Cristo tal y como vendrá con Su Realeza increada le iconiza o representa en la Iglesia el Obispo que dirige la Efjaristía. 6El Obispo tiene como obra principal y esencial liderar la Divina Efjaristía. Todas las demás obras suyas son segundarias, porque en todas se confiere sentido por la relación de ellas con la Divina Efjaristía. No es casual que en la antigua Iglesia todos los Misterios de la Iglesia se celebraban dentro en la Divina Efjaristía. Tal y como demostró el memorable Trémpelas en un estudio que el Bautismo, la Crismación, el Matrimonio, etc., se celebraban en la Divina Liturgia. Por esta razón el Obispo adquirió el poder de dar el permiso no sólo de la celebración de la Divina Efjaristía, sino también de todos los Misterios. Este poder lo adquirió por el hecho de que dirigía la Divina Efjaristía y por consecuencia también todo lo que se celebraba dentro de la Efjaristía recibía su bendición. Por consiguiente, el Obispo cuando gobierna no ejerce gobiernos o poder tal y como lo decimos, sino que extiende en todos los ámbitos de la vida de la Iglesia la jaris (gracia) y la bendición de la Divina Efjaristía la que dirige. Sin la Divina Efjaristía no existe santificación, divinización y bendición en la vida de los fieles. San Iglacio el Teoforo, ve al Obispo dentro en la Divina Efjaristía como sentado en lugar o tipo de Dios rodeado de los presbíteros, los cuales funcionan como tipo o modelo de Apóstoles. Esta imagen dominó en toda la trayectoria de la Iglesia Ortodoxa mediante los siglos y se expresa con la estructura de los templos sagrados y la estructura de la Divina Liturgia.

Por eso el Obispo se asienta también al trono, pero no al que hoy llamamos Trono Despótico (Soberano), sino al que está detrás del santo altar y se llama Co-Trono. El trono del Obispo es imagen del establecimiento de Cristo en Su Realeza increada, con los doce Apóstoles que le rodean sentados y estos según la frase del Señor “sentados sobre doce tronos juzgarán las doce tribus de Israel”. Y esto según san Ignacio se representa en la Iglesia por los presbíteros.

Por lo tanto, no es de menos importancia que el Obispo y sus liturgos (servidores, co-celebrantes) en la Divina Efjaristía lleven vestimentas brillantes. Malamente se escandalizan algunos hoy en día por el esplendor de las vestiduras de la Iglesia y hablan de supuestamente simplificarlas. Todo dentro en la Iglesia está bañado de la luz y el esplendor, porque de esta manera nuestra Iglesia quiso indicarnos que en la Divina Liturgia vivimos la Realeza increada de Dios.

Me acuerdo que en mi juventud era indispensable que los niños fuéramos en la Iglesia sin poner ropa nueva festiva. En la Santa Montaña Athos, la expresión más auténtica del Monaquismo Ortodoxo, allí donde la privación, la ascesis y la simplicidad de la vida se viven al extremo, no es casualidad que se encuentran las vestimentas más lujosas para los liturgos (servidores). La humildad y la sencillez de la vida diaria de los monjes no pueden continuar y extenderse en la Divina Efjaristía. Porque en la Divina Efjaristía vivimos la transcendencia de la Cruz y la glorificación en la Realeza increada de Dios. Por eso también la Iglesia ha prohibido la celebración de la Divina Efjaristía en días de ayuno, con dos excepciones que confirman la regla. Efjaristía y ayuno son incompatibles, precisamente porque la Efjaristía es alegría y fiesta, “partición del Pan en deleite”, como se ve en la vida de los primeros Cristianos. Todas las cosas en la Divina Efjaristía y al Templo son resplandecientes. Las imágenes-iconas tienen el fondo dorado, los candelabros están encendidos y naturalmente el dirigente Obispo de la Divina Efjaristía, como imagen de Cristo Rey, es más que normal que tenga vestimenta brillante y luminosa.

 

También: el templo es como imagen de la Realeza increada. El obispo es como imagen de Cristo. El sentidoy significado de la imagen-icona.

Hoy hemos perdido el lenguaje de la imagen-icona en nuestra vida eclesiástica. Así que cuando decimos que el Obispo en la Divina Efjaristía Εὐχαριστία es como imagen de Cristo no podemos entenderlo esto. Pero la Divina Liturgia es totalmente impensable sin el sentido de iconización-representación. ¿Qué es la imagen-icona y cómo se aplica en la Divina Efjaristía? Ante todo la iconización está difundida en el templo Ortodoxo ya desde la época de la iconoclasia. Así en la iconografía Bizantina la cúpula es el lugar donde se representa la Iglesia Celeste, mientras que inmediatamente en la zona de abajo la decoración está dedicada a la iconización de la Iglesia terrenal. Un baile de Santos por orden del calendario de su memoria está asignado en todo el templo. Los patriarcas, los maestros de la Iglesia y los sacerdotes tienen su posición en el ábside principal, al altar y en los espacios colaterales, o inmediatamente debajo de la cúpula en las bóvedas. Los Santos Mártires en un bloque cubren los arcos de la cúpula, las paredes, las columnas y el resto de las partes abovedadas, mientras que los ascetas, los monjes simples y los Santos locales ocupan la parte oriente del templo a lado de la entrada. Todo esto significa una cosa: en la Divina Liturgia los fieles deben sentirse que se encuentran en comunión con los Santos, en la que reina el Cristo, tal y como sucederá en el reinado de la Realeza increada de Dios.

Pero la iconización no se delimita al templo y a las imágenes-iconas que lo adornan.  Se extiende también en lo que se celebra en el templo y en los celebrantes o liturgos. Así siguiendo fielmente a San Máximo el Confesor quien hace eco a san Ignacio de Antioquía, san Germanós, Patriarca de Constntinopla 8º siglo, en su “interpretación de la Divina Liturgia” escribe que el co-trono del Obispo es “el lugar y el trono donde el Rey de todo Cristo se asenta con Su Apóstoles”. Indica también la Segunda Presencia de Él donde vendrá en doxa (gloria, luz increada) -apuntad aquí el elemento de esplendor y brillantez- dando a cada uno según su obra y juzgará todo el mundo”.

Todo pues, dentro en la Divina Efjaristía representa algo. El laós-pueblo representa al mundo, el Obispo a Cristo Rey, los sacerdotes a los Apóstoles, los diáconos a los Ángeles que son los espíritus litúrgicos “los que se mandan en diaconía-servicio”, según la expresión de la Escritura. La representación de la Divina Liturgia con el Obispo como Cristo Rey, los diáconos como Ángeles etc., es muy ilustrada en la iconografía de los templos bizantinos. El que niega la iconografía en la Iglesia, niega toda la historia de la Salvación, comenta san Teódoro el Studita.

 7 Entre los ortodoxos de nuestros tiempos dominó una confusión y contrariedad en un grado extremadamente peligroso. Así por un lado nuestros fieles aceptan la iconización sobre los santos iconos, las que reverencian con devoción, por otro lado, resisten en aproximarse con el mismo realismo devocional a los liturgos y al Obispo. Es cierto que hay muchos que ven en la persona del Obispo al mismo Cristo, pero el número se va reduciendo continuamente y se pierde la percepción iconográfica de las cosas que se celebran en la Divina Efjaristía. ¿Cuántos ven al dirigente Obispo de la Divina Efjaristía como imagen-icona de Cristo? La razón por la que empieza a desaparecer este concepto es doble. Por un lado es porque ignoramos lo qué significa “icona-imagen”, “iconización” e “iconizar o representar” en el lenguaje eclesiástico ortodoxo. Por otro lado se ve que no entendemos cuál es la necesidad de iconización o representación en el culto.

Vamos a analizar en brevedad estos dos elementos. Icona-imagen o representación, podría uno decir epigramáticamente, es la presencia personal o hipostática (substancial) sin la presencia de la esencia o natura. Así san Theodoro el Studita, gran defensor de los sagrados iconos es claro: “según la frase conocida de san Basilio, en el icono está el prototipo personal por eso también la reverencia o adoración se dirige hacia el prototipo”. Esto significa que sin la teología de la persona no podemos entender el sentido de la imagen-icona. El hombre contemporáneo tiende hacia el individualismo y se dificulta a entender la icona-imagen. Así ve al otro como individuo, se arrastra de sus cualidades físicas y no puede llegar más allá de estas, en algo que induce personalmente la icona-imagen. Para limitarnos sobre el tema de nuestra homilía, al decir que el Obispo es icona-imagen de Cristo molesta al hombre actual, el cual acostumbra ver todo y al Obispo concreto como individuo, del cual el cuerpo, la forma y las características de su personalidad, positivas o negativas, atrapan el pensamiento del hombre y no le permiten traspasar más allá del individuo que está viendo.

¿Pero por qué es imprescindible el sentido de la imagen-icona de la Divina Efjaristía? San Niciforo el Confesor y san Teodoro el Studita dan en la imagen-icona prioridad frente al logos, que puede conducir a malos entendidos por dos razones principales. Una es que el logos puede conducir en malos entendidos, en cambio la icona es mucho más difícil. Y la otra razón, más esencial según ellos, es porque la icona-imagen se aproxima más hacia la visión esjatológica.  Por eso también la contemplación de la icona-imagen de Cristo constituye presabor o presentimiento de la contemplación esjatológica. “El que no adora la icona-imagen del Salvador Cristo, tampoco verá Su forma en la Segunda Presencia”. Si no tenemos el concepto o sentido de la icona-imagen entonces no podremos entender cómo la Realeza increada de Dios puede acercarse y tocarnos a través de la historia, y así permanecemos atrapados en la historia, en esto que vemos con nuestros sentidos. El Obispo es para nosotros el señor tal, con las cualidades de su existencia individual, buenas o malas, sin poder traspasar a través de él hacia la Realeza increada. Así nuestra comunicación con el Dios desvía al hombre y se realiza mediante la fantasía. El fiel que va a la Divina Efjaristía y cierra sus ojos o lee el libro de la Divina Liturgia se comunica –más bien cree que se comunica o conecta- espiritualmente con el Dios y a los demás hombres que están a lado suyo los considera como impedimento y molestia. Este hombre podría muy bien quedarse en su casa y orar espiritualmente – sobre todo ahora que está en su disposición la transmisión de la Divina Liturgia por radio o televisión- sin ser molestado del que está a lado o escandalizarse por el liturgo.

La icona-imagen ofrece paradójicamente una dignificación de la historia y de nuestro prójimo, como también una superación y referencia de ellos a la Realeza increada de Dios.

La consideración del Obispo como imagen de Cristo tiene consecuencias importantes en la manera que se celebra la Divina Liturgia. Además de la vestimenta que ya hemos hablado, dentro en el tipikón de la celebración de la Divina Liturgia por el Obispo, existen elementos importantes que representan la venida y el establecimiento de la Realeza increada de Dios a través de la Divina Efjaristía. Me limitaré a decir sólo algunos de ellos.

  1. a) La entrada del Obispo. En las antiguas liturgias esta entrada no se identifica con la llamada Pequeña Entrada. Antes de esta el Obispo no se encontraba al templo. Se vestía con las vestimentas en la sacristía y entraba al templo donde le esperaba el pueblo para recibirle como si fuera el mismo Cristo. Desde aquí el canto “venid, adorad y prosternad a Cristo Dios” evidentemente acompañado de una reverencia del pueblo al Sumo Sacerdote Cristo. Así lo veían san Máximo, san Germanós, etc.
  2. b) El ingreso del Obispo al Co-trono como hemos visto, los Padres que han interpretado la Divina Liturgia insistieron mucho de que es la imagen básica del carácter esjatológico de Cristo. Y esto tiende a debilitarse. Apuntar que sólo el obispo local se siente en el co-trono, porque sólo él es la cabeza de la Iglesia local concreta.
  3. c) El kerigma del logos inmediatamente después de las lecturas, como explica san Máximo el Confesor “después de estas lecturas todo ya se celebra en los ésjatos”, a la Realeza increada de Dios, donde el kerigma ya es impensable. Y esto desgraciadamente muy a menudo se elude y así de deroga el sentido de la Efajaristía como reinado de la Realeza increada.
  4. d) La Gran Entrada demuestra que el Obispo es la imagen de Cristo, porque sólo él no toma parte de la procesión sagrada de los Regalos Divinos y aguarda hacia la Santa Entrada para recogerlos. Es muy importante este detalle, sobre todo si se tiene en cuenta que en la Antigua Iglesia, el Obispo no se acerca en la Prótesis y no participaba en la Proscomidí, como ocurre hoy en día. Como imagen de Cristo recoge los regalos para atribuirlos al trono de Dios y santificarlos. Se trata de una praxis cristológica por excelencia.
  5. e) La oración de la Anáfora que comienza con “agradecemos al Señor” y termina con los dípticos, se dice toda por el Obispo dirigente porque es un todo, uniforme e indisoluble. Los dípticos además constituían el elemento esencial de la Divina Liturgia y son dobles: de los difuntos y de los vivos, y por un lado para los difuntos que tienen como cabeza la Panayía (Santísima), “excelentemente” y por otro lado, los vivos con el Obispo dirigente, “primeramente”.

 

  • La Realeza increada de Dios es Realeza de Sangre, porque es un pase a la Pascua eterna mediante la sangre del Cordero inmaculado y sin mancha, de Cristo.

San Gregorio el Teólogo divide la Pascua en tres: a) la Pascua jurídica, b) la Pascua de la jaris (gracia increada) y c) la Pascua del futuro siglo.

  1. a) La Pascua jurídica, en la que se festejaba el pase milagroso de los hebreos por el mar rojo, era un recuerdo de ellos de la amarga esclavitud en Egipto y la liberación con la ayuda de Dios. En realidad esta Pascua era una protiposis-pretipificación de nuestra Pascua.
  2. b) La Pascua de la divina Jaris (gracia, energía increada) es la Resurrección de Cristo, por la que se hace el pase de la muerte a la vida y de la tierra hacia cielo”. San Gregorio el Teólogo nos dice: “Oh Pascua mega, santo y purificante de todo el mundo”. San Gregorio el Sinaita dirá: “el que no ve y no escucha y no siente espiritualmente, éste está muerto”. Por lo tanto, la Pascua es la llegada de Cristo dentro en el corazón. San Máximo nos dirá muy característicamente: “La Pascua es la venida del Logos al nus humano”. Realmente el hombre cuando con la Divina Comunión recibe a Cristo, vive espiritualmente y el Cristo se hace su vida, la psique de su psique. “La resurrección se hace psique de la psique, es decir, segunda psique” (San Nilos).
  3. c) La Pascua del siglo futuro es “el más perfecto y puro”. El Cristo cuando celebraba la Pascua, un poco antes de Su Pasión, y sobre todo cuando celebró la Cena Mística, dijo: “Y os digo que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo con vosotros en el reinado de la realeza increada de mi Padre” (Mt 26,29). Aquí se habla claramente sobre la Pascua de la Realeza increada de los Cielos. Aún la Pascua de la vida presente es típico o modelo de la Pascua del siglo futuro. Entonces los Santos tendrán mayor comunión con el Cristo, puesto que el Logos apocaliptará y enseñará “las cosas que ahora ha enseñado y entregado medianamente” (San Gregorio el Teólogo).

Los Cristianos luchan para pasar de la Pascua típica a la Pascua de la jaris (gracia increada), y de allí a la Pascua eterna. Durante la Pascua de los Hebreos se sacrificaba el cordero inmaculado, joven y perfecto. Era protiposis-pretificación del cordero Cristiano que es el mismo Cristo, inmaculado, joven y perfecto. Este se sacrificó y se ofrece a los Cristianos para que se unan con Él eternamente: “Tomad, comed, esto es mi cuerpo, bebed esta es mi sangre” (Mt 26,26).  “54 El que come mi sarx y bebe mi sangre, mediante el misterio de la divina Efjaristía, tiene vida eterna y yo lo resucitaré al ésjato-último gran día del juicio.

56 El que come mi sarx y bebe mi sangre en mí permanece y yo en él.

  1. Cada uno que come mi sarx y bebe mi sangre, se une conmigo en un cuerpo espiritual, de modo que éste permanece dentro de mí y yo en su interior y se convierte en templo mío” (Jn 26,26). «Torrentes de absolución, de perdón, de incorrupción y de vida eterna emanan y continúan inundando a los que comulgan el Deificante Cuerpo y Sangre y entran clamando en la Realeza increada de la Vida. La Divina Comunión es el medicamento de la inmortalidad, el antídoto del no morir sino del vivir para siempre en Cristo», (San Ignacio, epístola a los Efesios cap. 20) La Divina Efjaristía es cuerpo de Dios, es la levadura y el pan de la inmortalidad”.

“El pan de la liturgia transforma a los creyentes y los integra. Se hacen pan y como el pan es el Cristo se convierten en cristos” (San Nicolás Cabásilas Filocalía 22,13) y se introducen en la Cena de Su Realeza increada, la Pascua Eterna. Por eso san Juan el Crisóstomo nos enseña: “La Divina Comunión es fármaco salvífico de nuestros traumas, riqueza auténtica y productora de la realeza increada de los cielos. La privación de la Cena Mística es hambre y muerte”.

 

  • La Realeza increada de Dios o el día ésjato (postrero) es el mismo Señor.

El día ésjato (último), que se llama también “día del Señor” es el mismo Señor. Es el día de Su plena y definitiva apocálipsis-revelación. Cada Divina Comunión es una manifestación o aparición a los deificados. Por eso después salmodian jubilosamente: “Hemos visto la luz (increada) verdadera”. Pero entonces tendrán plena y definitiva aparición y Su Autoapocálipsis. Entonces cederán todas las cosas visibles como también el tiempo, y estará nuestro Señor sólo con nosotros y con Dios. Así el invisible e inefable Dios que se encarnó y apareció al mundo como hombre humilde, será el día sin crepúsculo e interminable día de la alegría de los santos y para los pecadores pena y dolor. Y mientras que la presencia encarnada de Dios al mundo es redención, sanación y salvación, Su segunda Presencia gloriosa será de juicio del mundo, porque juzgará a los que permanecerán con los pazos y la increencia.

 

  • La Realeza increada de Dios es Realeza de Sangre porque el mismo Cristo es el árbol de la vida, es decir, la Divina Comunión, si la comemos, nos sanamos y nos salvamos.

El fracaso del hombre a seguir el camino hacia la zéosis o deificación, la que había marcado el Dios, no fue totalmente catastrófico, es decir, no contribuyó a la irrevocable y eterna desaparición del hombre. Lo que el hombre no ha conseguido con una prueba relevante al Paraíso de Edén, esto lo ha conseguido el Cristo con Su humanización. Pero ahora el hombre pasó a través de una prueba muy dolorosa y de gran sufrimiento. Probó lo qué quiere decir muerte y alejamiento de Dios. El mismo Cristo con Su encarnación abrió la puerta del Paraíso. No simplemente deja al hombre entrar al Paraíso, sino que el mismo árbol es el Cristo que camina y se mueve hacia el hombre. Ahora el vientre de la Zeotocos que desde el primer momento el Dios tomó naturaleza humana y la deificó, es el Paraíso. Y la Iglesia que es el bendito cuerpo de Cristo, es el Paraíso sensible e inteligible. Los que viven dentro en la Iglesia y son miembros reales y vivos del Cuerpo de Cristo, pueden saborear del árbol de la vida, superar la muerte y adquirir otra dimensión existencial. Porque realmente fuera de Cristo domina la sombra y el lugar o país de la muerte.

9Con la unión de la naturaleza divina y la humana en la Persona del Logos se hace más estable el camino hacia la zeosis o deificación. Por eso ahora la salvación no es cuestión de obediencia en un mandamiento de Dios, sino κοινωνία comunión, conexión y unión del hombre con el Θεάνθρωπο Zeánzropo Dios-hombre Cristo. Por eso en la Iglesia no debemos pedir simplemente emocionalmente ni aspirar simplemente en la satisfacción de las emociones individuales y filántropas, sino vivir unidos ontológicamente con el Cristo. Nuestro camino debe ser camino de victoria de la muerte. Y naturalmente esto se consigue sólo con el sabor del árbol de la vida que es el Θεάνθρωπο Zeánzropo Dios-hombre Cristo.

Por eso la humanización de Cristo es más amplia que una redención judicial, una expresión exterior y un amor emocional, es reparación del camino decaído, disfrute de la vida de antes de la caída, incluso más, es continuación de manera segura hacia la zéosis o deificación. Es esto que dice el Cristo “yo he venido para que tengan vida en abundancia, de sobras” (Jn 10,10) Este “de sobras o en abundancia” es la zéosis, glorificación del hombre.

Sobre el árbol de la vida se habla en el libro del Apocalipsis de san Juan: “Al que venciere, le daré a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de mi Dios” (Apoc 2,7).

San Andrés el obispo de Cesaria interpretando este punto, dice que el árbol de la vida “perifrásticamente… manifiesta la vida eterna”, es decir, el mismo Cristo. “Él es el verdadero Dios y la vida eterna”. El que uno coma del árbol de la vida no es otra cosa que “participar de los bienes del siglo futuro”. El Dios dará la bendición para comer del árbol de la vida en aquel que vencerá “en la guerra contra los demonios”. Y esta victoria es contra los pazos por los que el diablo ataca contra los hombres.

10 De esta interpretación se ven algunas verdades. La primera es que el árbol de la vida se identifica con la vida eterna y con el Cristo. Él es la verdadera vida, Él es el árbol de la vida que suministra cada ser humano.

La segunda verdad es que se trata de un regalo grande que se da al hombre que vive en la Iglesia Ortodoxa, la que es el nuevo Paraíso de la divina Jaris (energía increada), pero entonces se dará como en boda en aquellos que vencerán. El reinado de la Realeza increada de Dios y la vida eterna ha comenzado desde ahora. No se trata de una realidad que vendrá al siglo futuro. Los justos la saborean y sienten desde ahora. Esto lo indican las aureolas en las cabezas de los santos, puesto que los santos han visto la luz increada que es la vida eterna y la Realeza increada de los cielos. Ahora viven como con compromiso o en arras, entonces como en boda.

La tercera verdad es que la Realeza increada de los cielos, la participación del árbol de la vida se da al que ha vencido al diablo. Naturalmente esta victoria no es victoria del hombre, sino de Cristo a través del hombre. Con la humanización de Cristo fue vencido el diablo, la muerte y el pecado, y así se ha dado la facultad en cada hombre que se unirá con el vencedor Cristo a vencer también.

El fin de la vida espiritual del hombre es la comida del árbol de la vida. Esto se consigue con la Divina Comunión del Cuerpo y la Sangre de Cristo y esto se conseguirá más perfecto aún en la Realeza increada de los Cielos, después de la Segunda Parusía (Presencia) de Cristo.

11Comer del árbol de la gnosis (conocimiento): San Nicodemos el Aghiorita referiéndo a la comida del árbol de la gnosis por Adán, hace unas bellísimas observaciones que indican hoy también se puede cometer el mismo error que hizo Adán y que los contemporáneos Cristianos es posible que saboreen del árbol de la gnosis. 

Cuando el nus del hombre es atraído por el hedonismo de los sentidos y el olvido de Dios, esto es una caída adámica. Se trata esencialmente del mismo pecado y el mismo estado de caída de Adán. Esencialmente la caída de Adán consiste en que se oscureció el nus-espíritu de Adán, fue cautivado del placer o hedonismo, puesto que no aplicó el mandamiento de Dios. Este cautiverio del nus es un gravísimo error. En este hecho consiste todo pecado que comete el hombre.

Nadie puede sostener que es imposible que sea vencido de la fuerza del diablo. Porque Adán era incompleto, a pesar de que fue creado por Dios y estaba adornado con tantos carismas, mucho menos puede jactarse el hombre de que es completo, perfecto, puesto que se reviste de la corruptibilidad y la mortalidad. Y si Adán, sin tener la gnosis del pecado, vio pasionalmente y ha comido de aquel fruto “hedónico”, entonces ¿cómo yo el pasional, (lleno de pazos) puedo decir que trato sin pasión las cosas hedónicas del mundo, y por esto no caigo?”.

Por lo tanto, cada día se pone ante nosotros tanto el árbol de la vida como el árbol de la gnosis. El primero se pone con la existencia de la Iglesia, que es el nuevo Paraíso, con el ofrecimiento de la divina Comunión y la capacidad de llegar a la zéosis o deificación por la Jaris (gracia, energía increada). Pero antes del árbol de la vida se pone ante nosotros el árbol del conocimiento del bien y del mal. La libertad del hombre es probada diariamente en aplicar la ley de Cristo o negar Su mandamiento, en cautivarse nuestro nus por la Divina Jaris o permanecer cautivo a la naturaleza hedónica de las cosas sensibles y fantasiosas.

 

  • La Realeza increada de Dios es Realeza de Sangre porque es la Realeza de la vida eterna, es decir, la eterna comunión con el Dios y la infinita perfección. Es Realeza increada durante la cual el hombre se hace incorruptible, inmortal y por la jaris increado. Esto se consigue con la Divina Comunión del Santísimo Cuerpo y la Santa Sangre del Salvador.

El hombre aunque haga una clonación, permanece creado, es decir, tendrá un principio concreto, vivirá la corruptibilidad y tendrá la libertad, la que no obligatoriamente estará operando positivamente como se hace con la naturaleza increada, sino también negativamente y tendrá un final biológico. Por supuesto que, como creado, podría tener también un final existencial, pero esto no se hace porque el Dios así lo quiso, ya que el hombre es inmortal por la jaris (gracia, energía increada). Pero dentro en la Iglesia hablamos de otra clonación, la que la ciencia no puede dar al hombre.

Con la humanización de Cristo se unió lo increado con lo creado. Así en cada hombre se dio la facultad de adquirir experiencia de la unión por la Jaris (energía increada), de la naturaleza creada con la energía increada de Dios en Jesús Cristo. Los Santos adquirieron la experiencia y se hicieron por la Jaris increados e inmortales, puesto que se trasplantó en el interior de ellos la energía increada y la inmortalidad, y adquirieron experiencia de la vida eterna, incluso desde esta vida biológica. Por lo tanto, el problema no es el trasplante físico o genético, sino “trasplante” de Dios dentro en nuestra hipostasis (base substancial). Y esto se hace con la Divina Comunión del Santísimo Cuerpo y Sangre. Por supuesto a condición de tener el Misterio ortodoxo del Bautismo y la Crismación. Una experiencia de este tipo da sentido de vida al hombre.

 

  • La Realeza increada de Dios es Realeza de Sangre porque es participación al Simposio de la Divina Efjaristía Εὐχαριστία, a la Cena de la Vida. Y la Vida es el Cristo. Imagen (icona) de Su Realeza increada es la Divina Efjaristía.

El Domingo y cada día durante la cual estamos liturgizados en la Divina Liturgia es el día de nuestra restructuración. Toda la semana vivimos en un delirio de privación y trabajo que se ha evolucionado en esclavitud. El hombre actual no tiene muchas posibilidades de vivir la esencia de su vida. Se gusta decir que lucha por el pan de cada día; y “comer y beber” se ha convertido en eslogan de nuestra sociedad de consumo. Pero esto por muy desviado que parezca, esto esencialmente expresa lo que sentimos hoy lo que somos. Los hombres debemos comer y beber para vivir. Con la diferencia que esta comida que por regla general nos referimos es “comida perecedera”, mientras que existe también el otro pan y vino que se ofrece para “vida eterna”.

Dice el padre A. Sleman: “El hombre para vivir debe comer, debe poner en su cuerpo al mundo y transformarlo en ser humano, en cuerpo con carne y sangre. Realmente el hombre es esto que come y todo el mundo se presenta para el hombre como una mesa de comer de un simposio general. Y esta imagen de simposio en la Biblia permanece la imagen central de la vida. Es la imagen en la vida inicial, en el final y en la plenitud de ella: “para que comáis y bebáis sobre mi mesa en mi Realeza increada” (“Para vivir el mundo” pág. 13-14).

Esta comida sobre-esencial y mística la ofrece la Iglesia dentro en la Efjaristía Εὐχαριστία, en la mesa del Señor “nueva” como en la Realeza increada de Dios y “por todo el mundo y su salvación”. Esto que come el hombre para vivir se lo ofrece el Dios, porque todo es regalo de Dios al hombre. Y el hombre tiene hambre, come bien y puede bendecir a Dios tomando su comida de ÉL. De toda la creación sólo el hombre tiene la facultad de estar recibiendo y agradeciendo a Dios con todas las cosas que dispone: comida, aire, agua, comodidad y naturaleza. Sólo el hombre puede realizar como praxis la acción de gracias, de agradecimiento. El Dios bendiciendo al hombre participa al proceso de la acción de gracias. Toma los regalos de la creación de Dios y se las ofrece en el culto con agradecimiento, metamorfoseados y santificados en santidad y en sacrificio. Entonces vive el misterio de la presencia de Dios que se completa con la apocatástasis del hombre a la antigua belleza de su esencia, que fue oscurecida por la caída.

“La única caída real del hombre es la vida no efjarística dentro en un mundo no efjarístico” (A. Sleman Idem pag.25). Con el Cristo, la vida volvió a ser propiedad del hombre, se donó de nuevo como misterio, como comunión y como efjaristía. Esta Efjaristía como misterio es la senda de la Iglesia hacia la Realeza increada y la metamorfosis de los hombres en Iglesia de Dios. Dentro en la Iglesia el hombre vive porque come el Cuerpo y bebe la Sangre del Cordero. Sin esta comida su final está prescrito. La inanición marchita las fuerzas y de esto el hombre es conducido a la muerte…

El hambre y la sed son por Dios. Si el hombre no siente como necesidad el hambre y la sed por Dios, significa que está enfermo espiritualmente, que está caminando al desierto donde peligra “morir” de inanición.

Cada Domingo, como también en cada Divina Liturgia en la Iglesia, se pone la mesa, el simposio de Dios. Y los que sienten la necesidad de comer se ponen firmes de pie para participar de la divina alimentación. Los que sienten la necesidad. Porque existen muchos que sus órganos sensitivos se han alterado. No sienten ninguna necesidad. No saborean, están autocondenados en la inanición espiritual con todas sus consecuencias. La participación en la Divina Liturgia es:

  1. Asegurar el alimento espiritual y la solidez psíquica.
  2. Renovación y mejora de las funciones psíquicas.
  3. Vivencia y experiencia de la verdadera sociabilidad que se salvaguarda en la comunidad eucarística.
  4. Mucha confesión de la fe dentro en nuestro mundo desorientado.
  5. Confirmación de la cualidad de miembro de la Iglesia

 

  • La Realeza increada de Dios es Realeza de sangre, porque es vida en Cristo y por Cristo.

Es la permanencia del hombre en Cristo y el Cristo en el hombre. Esto no se hace de otra manera sino sólo con la comunión del vivificante Cuerpo y la santa Sangre de Cristo. “El que come mi carne y bebe mi sangre en mí permanece y yo en él” (Jn 6,54). Nadie puede convertirse en santo y ser miembro de la Realeza increada de Dios sin su participación al Uno y Santo Señor Jesús Cristo, el cual en la Divina Efjaristía ofrece Su Cuerpo y Su Sangre para muchos. Precisamente porque sólo en la Divina Efjaristía existe el Cuerpo y la Sangre de Cristo y toda la jaris (energía increada) y la santificación de nuestra vida emanan de allí. Participando en la Divina Liturgia y comulgando, el fiel vive en el reinado de la Realeza increada de Dios desde aquí y ahora. Con la Divina Comunión el fiel saborea los frutos de este sublime Misterio.

Escribe san Nectario: Los frutos de este misterio son tres: a) el recuerdo de la pasión y la muerte de Cristo; b) Expiación o propiciación, porque este misterio es nuestra propiciación o expiación hacia Dios por nuestros pecados, siendo vivos o muertos, dice la santa Escritura: “Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, consolador tenemos para con el Padre, a Jesús Cristo el justo. Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo.  Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. En esto consiste la agapi, no en que nosotros hemos amado a Dios sino que él nos ha amado y ha enviado su hijo para propiciación de nuestros pecados”. c) Catarsis, porque la sangre del Señor Jesús Cristo, del Hijo de Dios nos limpia, nos purifica y nos psicoterapia de todo pecado o enfermedad (1Jn 1,7). San Gregorio el Teólogo dice sobre el Misterio de la Divina Efjaristía Εὐχαριστία: “El santísimo regalo de Cristo cuando el fiel participa dignamente de la Divina Comunión, para los que combaten es arma y para los que se alejan es retorno, refuerza a los enfermos y deleita a los fuertes, sana las enfermedades y protege la salud. A través de este misterio nos hacemos más apacibles y más dispuestos a corregirnos, más tolerantes a los dolores y más ardientes a la agapi, más inteligentes sobre la gnosis, más obedientes y más sagaces para operar los carismas”.  Con la Divina Efjaristía se consigue el cambio ontológico del hombre. Se co-realiza nuestra Catarsis, Iluminación y Zéosis o Deificación. Cuando el Cristo venga en nuestro interior todo cambia. El fiel se metamorfosea, se transforma y sufre un cambio ontológico; no cambia sólo unos comportamientos exteriores. “Conoce” a Dios ontológicamente, es decir, con todo su ser, con toda su existencia, no adquiere simplemente unos conocimientos intelectuales sobre el Dios. Y esto porque el encuentro litúrgico y la unión mistérica con el Dios constituye al hombre en “ser litúrgico, hombre doxológico y oración encarnada”, teoforo (portador de Dios o de Su luz increada) y visionario de Dios. El hombre ya no “hace oración” sino que “se convierte el mismo oración”. Se asimila a Dios, se convierte dios por la jaris (increada energía) de Dios, no simplemente un ser humano más bueno.

En la Divina Liturgia el fiel: 1) se incorpora en Cristo y 2) se une con sus hermanos en Cristo y así se compone la Iglesia, el Cuerpo de Cristo.

1) El fiel se incorpora en Cristo y se santifica toda la creación.

En la Divina Liturgia, con el misterio de la Divina Efjaristía nos convertimos y nos hacemos “del mismo cuerpo y de la misma sangre que Cristo”. El hombre recibe en su interior a Cristo y Cristo al hombre. El Cristo es a la vez casa y residente del hombre. San Juan el Crisóstomo dice que es necesario que aprendamos lo “qué es el milagro de los misterios, por qué se ha dado y cuál es la utilidad y el beneficio de este; nos hacemos miembros y cuerpo de Su carne y Sus huesos… Para que no nos hagamos cuerpo de Cristo sólo con el amor emocional, sino también esencialmente, por eso mezclémonos con el cuerpo o carne de Cristo. Esto se consigue con la comida que nos ha regalado, queriendo mostrarnos la gran agapi que tiene para nosotros… Por eso ha mezclado el Sí Mismo con nosotros, y se hizo Su cuerpo un alimento (una masa) con nosotros, para que estemos como en uno, tal y como exactamente el cuerpo está unido con la cabeza. Esto es la muestra de los que aman con vehemencia… No se bastó sólo en hacerse hombre, ser golpeado y degollado, sino que mezcla el Sí Mismo con nosotros; y no sólo con la fe, sino que pragmáticamente nos hace cuerpo Suyo”.

Y de nuevo en otra parte escucha lo que le dice el Cristo: “No sólo me mezclo contigo, sino que me entrelazo, me corto en trocitos pequeños, soy comido para que se haga plena la alteración, la mezcla y la unión. Porque las cosas unidas mantienen sus propias formas y límites. Pero yo me entrelazo contigo. No quiero que haya algo entre nosotros; quiero que sea dos en uno”. Entre el Cristo y el fiel, el Señor no quiere que intervenga nada. Todo se funde dentro en Su agapi (amor, energía increada): “Nosotros y el Cristo somos uno”, dice san Crisóstomo. Sólo los Santos se atreven hablar así, porque no aprendieron sino que “padecieron las cosas divinas”.

Escuchemos a san Simeón el Nuevo Teólogo:

“Nos hacemos miembros de Cristo y Cristo miembro nuestro,

y también el Cristo es mano y pie mío que soy miserable,

y yo el miserable me hago mano y pie de Cristo,

muevo mi mano y mi mano es toda Cristo,

porque debes entender indivisible o completa la deidad divina!

Muevo mi pie, he aquí alumbra como Él,

no digas que blasfemo, sino que acéptalas,

y alaba y reverencia a Cristo que te ha hecho así” (San Simeón el Nuevo Teólogo: SC 156,228).

Los santos se hacen luz, iluminantes y vivificantes porque se han comulgado e inundado de la Vida y la Luz (increada). Con la vida y la Divina Jaris (luz y energía increada) que transmiten sus miembros santifican también toda la creación.

La Divina Liturgia, el Misterio de la divina Efjaristía, constituye la verdadera pedagogía y realización de la persona humana, perfecta preparación del hombre y participación preventiva a la Realeza increada de Dios, la verdadera comunión con el Cristo y con nuestros hermanos en Cristo.

La divina Liturgia es nuestro Tabor personal donde el muy filántropo Dios urde nuestra metamorfosis (transformación).

Escribe san Máximo el Confesor: “El bondadoso Dios nos transmite la vida divina haciéndose a Sí Mismo comestible como Él conoce… deificando a los que Le comen, por supuesto que con esto que se llama y es pan de la vida y potencia”.

En cada Divina Liturgia el fiel con la Comunión, a) recibe la absolución de los pecados, b) se santifica o diviniza psíquica y corporalmente, c) se deifica o glorifica y d) se une con todos los demás cristianos que comulgan en un cuerpo.

Con la Divina Liturgia y con la Sangre de Cristo se santifica no sólo el hombre sino toda la creación se hace Reino de Dios.

La Divina Liturgia es el mismo sacrificio de Cristo sobre la Cruz. Escribe san Juan el Damasceno: “la muerte se anuló… se regaló la resurrección… se abrieron las puertas del paraíso… nos hemos convertido en hijos de Dios y herederos”. El hombre se ha liberado de la esclavitud del diablo, y se restableció su primera belleza creada. Todo el hombre y el mundo se ha divinizado por los siglos; dice san Gregorio el Teólogo: “Unas gotas de sangre reconstruyen el mundo entero y se hacen como zumo o leche para todos los hombres y nos conectan y reúnen en una unidad”.

El Misterio del Cuerpo Santo y la Sangre Santa de nuestro Cristo convierten toda la creación en reinado de la Realeza increada de Dios.

Ofreciendo a Dios pan y vino ofrecemos el mundo entero. Y el mundo se hace Efjaristía, se diviniza y se hace reinado de la Realeza increada de Dios. Junto con nosotros toda la creación adora a Dios y se renueva, se hace reinado de la Realeza increada de Dios. Toda la Creación y el hombre como la culminación de la Creación, por este propósito fueron creados, para adorar a Dios y manifestar Su doxa-gloria (luz increada). Manifestando Su doxa-gloria, Su sabiduría, Su omnipotencia y Su bondad, ofrecen un Culto Cósmico, una Liturgia Cósmica universal al Creador y Señor del todo. Esta es la salvación del hombre y de todo el mundo.

Con el descenso del Espíritu Santo “sobre nosotros y los regalos expuestos”, se diviniza y cristifica el hombre, se santifica y se renueva la creación. El hombre se hace dios por la jaris (gracia, energía increada) y el cosmos-mundo casa de Dios, reinado de Dios. Saborean por anticipado la futura renovación y la Realeza increada. Y el Misterio de la Divina Efjaristía se hace el camino, el método y la puerta por la que pasa y camina el Cristo y se introduce al mundo y al hombre. Las cosas ésjatas (últimas, postreras) entran en el presente. La Divina Efjaristía es una fiesta pascual, resurrectiva, donde también todo se vuelve nuevo: el mundo que “suspira y sufre” de nuevo recibe la bendición de Dios y el hombre se restablece a la “belleza antigua”, aún más, se deifica. Así vive el comienzo del nuevo siglo. El comienzo aquel del día sin crepúsculo, durante la cual el Soberano retornará y se montará el baile de Sus bondadosos siervos a Su alrededor, y mientras Él estará resplandeciendo también ellos estarán resplandeciendo. Entonces será el Θεάνθρωπος (zeánzropos) Dios-hombre, el Dios entre dioses, el Bello de los bellos será el líder o primero del baile.

2) Con la Divina Comunión del santo Cuerpo y la santa Sangre de Cristo, el fiel se une con sus hermanos en Cristo y así se compone la Iglesia, el Cuerpo de Cristo.

El Señor en Su Oración Sacerdotal pide de todos los que van a creer en Él que sean uno. Que vivan la alegría de la unidad y de la agapi. La perfección de esta unión se consigue dentro en la Iglesia con la Sangre de Cristo. Esto es la gran profundidad y el mayor sentido que tiene la Iglesia. Allí se encuentra el misterio; en unirse todos como un hombre en Dios, dice el nuevo santo Porfirio el Athonita.

Realeza de Dios, Divina Efjaristía e Iglesia conectan y se unen orgánicamente. Esto significa que la Iglesia se manifiesta litúrgicamente a través de los misterios y sobre todo con la Divina Efjaristía. Pero en ningún caso significa que como existe la Divina Efjaristía por eso existe también la Iglesia o que Efjaristía e Iglesia se identifican.

No es la Efjaristía “el sí mismo real de la Iglesia”, ni la Efjaristía es la que realiza la Iglesia, sino que la Iglesia se manifiesta litúrgicamente por la divina Efjaristía y por los demás Misterios. La Iglesia es “la causa” de los misterios y no los misterios la causa de la Iglesia. Como existe la Iglesia existen los Misterios y no porque existen los misterios existe la Iglesia.

Señala el profesor de dogmática Dimitrio Tseleguidis en su libro “Ortodoxia y heterodoxia”: “El sacerdocio como todos los misterios, constituye la manifestación litúrgica de la Iglesia, “la Iglesia se manifiesta con los Misterios” (dice san N. Cabásilas). Esto significa que para que existan los misterios antes tiene que haber Iglesia. Los misterios son como los ramos de un árbol. Son ramos vivos que florecen, fructifican y pueden existir sólo cuando estos son extensión orgánica del árbol, es decir, cuando están unidos ontológicamente con el tronco del árbol”.

San Nicolás Cabásilas esto lo aclara muy bien: La Iglesia se marca y se define con los misterios, no como símbolos, sino como miembros y como ramos sobre la raíz del árbol, y como dijo el Señor, “como los sarmientos en relación con la vid”. Porque no existe la vid a causa de los sarmientos, sino los sarmientos a causa de la vid.

Decía el padre Juan Romanidis: “No es la Efjaristía que hace la Iglesia, sino la Iglesia es la que hace la Efjaristía ser realmente Efjaristía”. En otras palabras, “el caballo (dogma y Cánones) precede del carro y no viceversa” (Ierotheo Vlajos en “Teología patrística y la herejía metapatrística).

Además, el Metropólita de Lepanto Ierotheo Vlajos en “Teología patrística y la herejía metapatrística”, observa: “Fuera de la Iglesia Ortodoxa, con los dogmas y los santos Cánones no hay Efjaristía con el significado y sentido ortodoxo de la palabra. Por lo tanto, podemos hablar de Efjaristía eclesiástica y no de efjarística eclesiología”.

La Iglesia se compone al mundo con la Divina Efjaristía. Cada fiel que participa en la Divina Efjaristía se une con el Cuerpo de Cristo, en el cual pertenecen también los demás fieles; no sólo los que viven, sino los que han vivido al pasado o los que vivirán al futuro. La incorporación de ellos en este Cuerpo Eclesiástico es también su salvación. Porque la reconciliación del hombre con el Dios, su unión con el Señor y la entrada en el reinado de Su Realeza increada no es cuestión individual; no es algo que se hace “por sí mismo” y como cada uno “cree y quiere”. Es fruto de incorporación y participación del fiel en el Cuerpo Eclesiástico ortodoxo; es decir, participación al Misterio de la Divina Comunión o Efjaristía. La Espiritualidad Ortodoxa no es una gnosis que aprendes, sino una gnosis que la padeces, la experimentas y la vives. Y la padeces dentro al Culto Divino. Es una metamorfosis, un cambio ontológico, un segundo nacimiento y la vida en Cristo; y esta se realiza dentro en la Iglesia con la participación del fiel a la reunión Ritual y a la Divina Efjaristía. Precisamente estas son también las condiciones para la entrada en el reinado de la Realeza increada de Dios. Sin Culto, sin reunión Ritual y sin Divina Comunión no hay sanación y salvación. Nos salvamos entrando en el reinado de Su Realeza increada todos juntos como una Comunidad ritual, como Cuerpo de Cristo, nunca solos. Porque nuestra sanación y salvación es el Señor que está presente allí donde hay dos o tres reunidos en Su nombre (Mt 18,20), oculto por extrema condescendencia a la debilidad humana, bajo las humildes especies del pan y del vino.

Los primeros Cristianos celebraban la Divina Liturgia con mucha precaución y con conducta indomable en las catacumbas o en las Iglesias cuando no era tiempo de persecución. Consideraban fundamental y primer deber encontrarse con los demás hermanos al mismo lugar para componer el cuerpo sagrado de la Iglesia, alabar y glorificar juntos a Dios y Padre para poder vivir aunque sea poco en el reinado de Su Realeza increada. Dice san Justino el filósofo y mártir: “Durante el día la que llamamos día del sol, es decir, el Domingo, se hace la reunión en el mismo lugar para todos que viven en las ciudades o en los pueblos. Y se leen memorias de los Apóstoles y los escritos de los Profetas hasta que el tiempo lo permita. Después nos levantamos todos y oramos. Y como dijimos antes, es ofrecido el pan, el vino y el agua. Y el oficiante de nuevo dice oraciones, bendiciones y agradecimientos con toda su fuerza. Y el pueblo está conforme salmodiando “Amín”. Y también se hace la transmisión a cada uno la comunión de los regalos de la Efjaristía Εὐχαριστία. Y los que no están se les envía la efjaristía por los diáconos”.

 

La Realeza increada de Dios es Realeza de sangre porque es vida en y por Cristo.

Esto se ve también en el libro del Apocalipsis donde se describe la ciudad celeste: “Y no vi en ella templo; porque el Señor Dios Todopoderoso-Pantocrator es el templo de ella, y el Cordero” (Apo 21,22). Es decir, en el reinado de la Realeza increada de Dios los salvados estarán viviendo junto con el Dios y el Cordero. En realidad, cuando se destruirá el Templo creado, entonces habrá relación y comunión con el Templo increado, con el Mismo Cristo Dios… El Templo increado que no está hecho a mano, lo viven como compromiso, promesa desde aquí y ahora los deificados, especialmente los que ven la doxa (gloria increada, luz de luces) que es la misma Realeza increada de Dios…

35Templo increado y creado

El Cristo es el Logos increado del Padre, por lo tanto es el Templo increado… El mismo Cristo dice: “Yo en el padre y el padre en mí” (Jn 14,11).

En el Antiguo Testamento había la Tienda del Martirio y también el Templo del Salomón que eran variedades del Templo increado. Con la humanización de Cristo se anuló la creada tienda y tenemos la Iglesia, la que es el Cuerpo deificado de Cristo. 

Precisamente como el Cristo es el Logos increado de Dios Padre, por eso invita a sus discípulos a venir y permanecer en su casa. Los dos discípulos de san Juan el Bautista dijeron a Cristo: “¿Maestro dónde vives?” La respuesta de Cristo fue: “venid y lo veréis”. Y según el testimonio del Evangelista Juan: “vinieron y vieron y se quedaron con él aquel día” (Jn 1,38-40). Según la interpretación de los santos Padres esta fue una experiencia de zéosis o deificación de los discípulos, puesto que fueron dignos de quedar un día entero dentro en la increada doxa (gloria, luz increada) de Dios.

Los discípulos antes de la Ascensión vieron a Cristo en cuerpo, pero después del Pentecostés le ven en espíritu, puesto que viven dentro al increado Templo de Su Cuerpo.

La Realeza increada de Dios es Realeza de sangre porque es vida en y por Cristo. Esto se ve también en el libro del Apocalipsis donde se describe la ciudad celeste: “Y no vi en ella templo; porque el Señor Dios Todopoderoso-Pantocrator es el templo de ella, y el Cordero” (Apo 21,22). Es decir, en el reinado de la Realeza increada de Dios los salvados estarán viviendo junto con el Dios y el Cordero. En realidad, cuando se destruirá el Templo creado, entonces habrá relación y comunión con el Templo increado, con el Mismo Cristo Dios… El Templo increado que no está hecho a mano, lo viven como compromiso, promesa desde aquí y ahora los deificados, especialmente los que ven la doxa (gloria increada, luz de luces) que es la misma Realeza increada de Dios… En este punto existe gran diferencia entre Oriente y Occidente. 36Occidente vive más el templo creado, a Cristo como Jesús con cuerpo y carne, en cambio en Oriente ortodoxo como se expresa en los santos Padres, vive el Templo increado, a Cristo como espíritu.  Cuando en Occidente se habla sobre la Realeza de Dios (que en español utilizan el término reino), dan a entender más bien realidades creadas, un reino creado, simplemente un dominio de la ley moral en la tierra. En el Oriente ortodoxo cuando hablamos sobre realeza increada de Dios, entendemos participación, conexión y contemplación de la Doxa (gloria increada, luz de luces) y Jaris (gracia, la energía increada) de Dios. 37 La vivencia, experiencia de los esjatos, que hoy en día se habla mucho por algunos teólogos, no es independiente de la visión, contemplación de la luz increada en la persona humana del Logos, como también que no se puede desvincular de la catarsis y la iluminación, es decir, del ortodoxo hisijasmo. Una esjatología fuera del ortodoxo hisijasmo es de procedencia occidental, abstracta y sensacional o emocional.

 La realeza increada en nuestro interior significa que en nuestra vida se hace la voluntad de Dios y participamos de Su energía y luz increadas. Nuestro tiempo, nuestra vida y día Le pertenecen y nosotros no tenemos nada nuestro. Todo es de nuestro Rey, Él tiene nuestra vida en Sus manos y habita en nuestros corazones. En este caso reino sería el espacio o lugar que es nuestro cuerpo, nuestra psique alma, nuestra vida y nuestra existencia.  (He conocido fieles Ortodoxos hispanohablantes que me han dicho que cuando han hecho el cambio del término reino a Realeza increada se les abrió un mundo nuevo en sus percepciones y experiencias divinas y han profundizado más). Por eso:

  1. Es imprescindible la catarsis del fiel para la entrada en la Realeza increada de Dios de la Sangre de Cristo.

Es imprescindible la dosis “de la sangre espiritual de la obediencia y de la áskisis” (ascesis, práctica, ejercicio espiritual) para recibir espíritu (energía increada). “Dad sangre para recibir espíritu”.

La Realeza increada de Dios es Realeza de sangre, porque es expectación, contemplación de la increada doxa (gloria, luz de luces) de Dios que se regala a los deificados. Y los deificados son los que conectan y comulgan del Soberano Cuerpo y Sangre, teniendo paralelamente las condiciones imprescindibles, es decir, que se encuentren en uno de los tres estadios de la lucha espiritual: Catarsis, Iluminación y Zéosis o Glorificación. Al haber dado sangre “espiritual” el de la obediencia y la sangre biológica de la áskisis, ejercicio espiritual y físico o martirio, se han catartizado (purgado y sanado), iluminado y deificado y así viven en el reinado de la Realeza increada de Su Sangre para siempre.

La Metamorfosis (transformación) de Cristo en el monte Tabor se hizo después de una declaración de Él: “De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte hasta que hayan visto la realeza increada de Dios venida con poder y potencia” (Mrc 9,1). Y luego vemos que el Evangelista describe el acontecimiento de la Metamorfosis que sucedió después de seis días, puesto que, como vemos en los Evangelios, no intervino ningún otro acontecimiento, ni enseñanza, ni milagro. Esto significa que los días entre el logos de Cristo y Su Metamorfosis pasaron en silencio y quietud.

Es decir, vemos que la Realeza increada de Dios conecta con Su Metamorfosis: “De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte hasta que hayan visto la realeza increada de Dios venida en potencia y poder” (Mr 9,1). Apocalipta-revela así que la Realeza increada de Dios es la contemplación, expectación de la increada Jaris (energía) y de la Doxa increada (luz de luces) del Dios Trinitario en la naturaleza humana del Logos, que en efecto es la zéosis deificación o glorificación del hombre.

38 Porque estas cosas sucedieron a los tres discípulos que estaban presentes en la Metamorfosis del Señor: a) los Discípulos encima del monte Tabor no vieron la increada natura (fisis), sino la energía increada, es decir, la increada doxa y jaris del Dios Trinitario en la natura humana del Logos y, b) Los Discípulos fueron dignos de tener la zéosis o deificación de la natura humana de Cristo, precisamente porque los mismos se metamorfosearon, transformaron. Los Padres hablan de cambio, alteración y conversión de los Discípulos. “Fueron transformados y así con la conversión vieron”, dice san Gregorio Palamás. Esto significa que hay cambio, Metamorfosis de Cristo, pero esto se hizo conocido porque hubo también cambio, metamorfosis de los Discípulos.

La metamorfosis de los Discípulos se hizo en toda la existencia psicosomática de ellos. Los Discípulos no vieron la divina luz increada sólo con sus nus que es el ojo de la psique, sino también con los mismos sentidos físicos, los cuales antes fueron reforzados por la energía increada de Dios y se metamorfosearon para poder ver. Los ojos físicos son ciegos respecto a la Luz increada. Por eso fueron alterados por la energía increada de Dios y fueron dignos para ver la doxa increada de Dios pero no su naturaleza o esencia increada (san Gregorio Palamás).

En este punto hace unas observaciones maravillosas san Gregorio Palamás. Enseña que la Realeza increada de Dios se conecta estrechamente con el rey que es el Dios, el Cristo. La doxa (luz increada) de la deidad resplandeció y deificó la naturaleza humana. Por eso a donde se encontraba el Cristo allí estaba también la Realeza increada. Así que la realeza de Dios sin el rey Cristo no se puede entender.

Antes de la Metamorfosis el Cristo dice: “hasta que vean la realeza increada de Dios” (Mrc 9,1). El Cristo en este logos suyo conecta la realeza (increada) con la visión o expectación. Se trata de la visión, expectación de la luz increada. Lo de “venida” no significa que la Realeza increada no viene de alguna otra parte, sino que expresa “revelarse o aparecer”, puesto que donde está el Cristo allí existe y está la Realeza increada, porque no se trata de una venida local, sino de manifestación o revelación (en el corazón de la psique humana); y esta manifestación o apocálipsis-revelación se hace por el Espíritu Santo. Esto expresa lo “en potencia εν δυνάμει en dinami” (en potencia y energía increada).

Pero es imposible para el ser humano ver la doxa increada (gloria, luz de luces) de Dios, si sus sentidos psicosomáticos no son reforzados por la energía increada de Dios. Este refuerzo se consigue dentro en la Iglesia Ortodoxa con la lucha del fiel para su catarsis y la comunión del Divino Cuerpo y Sangre de Cristo. Así adquiere los sentidos espirituales y contempla, ve Su doxa increada (gloria, luz de luces).

La Iglesia Ortodoxa y la Divina Efjaristía o Comunión se pueden llamar Realeza de Dios, si los que viven en ella llegan a la contemplación de la increada doxa (gloria, luz de luces) de Dios, que es la verdadera Realeza increada. Si hablamos sobre Iglesia Ortodoxa y Realeza increada de Dios sin conectarlas con la θεοπτία (zeoptía expectación, contemplación, visión divina) entonces caemos, nos equivocamos y charlataneamos teológicamente sobre Dios. Además, los Misterios (sacramentos) de la Iglesia ortodoxa revelan y conducen al hombre a la Realeza increada de Dios; precisamente porque están conectados y unidos muy estrechamente con la Divina energía Increada, la catártica (psicoterapéutica o purgadora), la iluminadora y la deificadora. No se puede conseguir la Catarsis, la Iluminación y la Zéosis del hombre sin la Divina Efjaristía Εὐχαριστία o Comunión de la Sangre de Cristo que nos catartiza (terapia y sana la psique) de todo pecado y de toda enfermedad (física, psíquica y espiritual).

El cristiano ortodoxo luchando duramente contra sí mismo, contra su egoísmo, su egolatría y sus pazos, progresa a la agapi, a la filoteía y la filantropía. Cuanto más lucha y ora, tanto más se pacifica exterior e interiormente. Como observa san Gregorio Palamás: “La ocupación diaria en conversación con el Dios, con cantos, psalmodías y oraciones, calma y palia también los ataques de los pazos cambiando hacia el bien; frena los deseos carnales, y delimita la avaricia, codicia; baja y vacía la exaltación y hace desaparecer la envidia, regula la ira y el resentimiento lo hace desaparecer; y una vez que haya expulsado de la psique la amargura y la disputa, proporciona paz, bienestar y felicidad a las ciudades y a las casas, a las psiques y a los cuerpos, y en aquellos que han aceptado la vida conyugal y a los que han escogido la vida monástica” (Homilía 52).  En cuanto el fiel da sangre con la ascesis (ejercicio físico y espiritual) y la obediencia, tanto más recibe Espíritu de vida y paz.

Está en paz consigo mismo, con los demás y con el Dios. Vive esta paz que nos ha dejado el Señor después de Su Santa Resurrección como preciosa herencia dentro en nuestra Santa Iglesia Ortodoxa. Las primeras palabras del Señor Resucitado fueron: “la paz en vosotros” (Lc 24,37). Cuanto más se pacifica uno, tanto más ama, porque dice san Crisóstomo: “si la paz es también agapi, entonces la agapi también es paz”. Cuanto más ama, tanto más toma la comunión y se une con el Dios de la Agapi (amor, energía increada) y tanto más se introduce y vive en Su Realeza increada. Cuando el hombre comulga del Vivificador Cuerpo y de la Sangre Divina del Soberano Cristo Dios, tanto más participa de las donaciones que emanan del sacrificio cruciforme del Señor, se diviniza más y se constituye heredero de la Realeza increada de Dios.

Porque como escribe san Nicolás Cabásilas: “La obra de la celebración sacra de los divinos misterios es el intercambio de los regalos ofrecidos en cuerpo y sangre de Cristo. Y el propósito es la sanación, divinización y santificación de los fieles; los cuales al tomar de estos divinos misterios reciben la absolución de sus pecados, la herencia de la Realeza increada de los Cielos y los similares bienes a estos. (“Interpretación de la Divina Liturgia”).

Pero si el hombre no lucha y no está en metania, entonces es imposible pacificarse y adquirir personalmente las donaciones del sacrificio Cruciforme de Cristo y entrar en la alegría de Su Realeza increada. Como ha escrito san Siluán el Athonita: “La psique pecadora la que está rehén de los pazos, no puede tener paz y alegría del Señor aunque tenga todas las riquezas de la tierra y reine a todo el mundo”.

El Cristiano que se ha pacificado con el Dios, consigo mismo y con sus semejantes, transmite a su ambiente también la paz. Testifica con su vida que ha llegado a la Realeza increada de Dios y que es factible y realizable para vivirla también el perturbado y atormentado hombre contemporáneo. Se hace hombre pacificador y con el estado pacífico de su psique, da reposo y sosiego a sus semejantes. Al contrario, el hombre perturbado sin paz, trae el infierno entre las personas y transmite tormento, ansiedad, angustia y estrés.

El Señor Jesús no sería el soberano de la Paz, y el reinado de Su Realeza increada no sería Realeza de paz y alegría si no hubiera vencido al diablo y la muerte. Los venció derramando Su Santa Sangre encima de la Cruz y totalmente con Su Resurrección.

 

  • La Realeza Increada de Dios es Realeza de Sangre porque es Realeza de participación al misterio de la cruz y de la Resurrección de Cristo.

Con el Misterio del Bautismo el hombre se metamorfosea, es decir, hace la catarsis del “como imagen” que se ha oscurecido con la caída y se da la capacidad al hombre en caminar hacia el “como semejanza”. Esta metamorfosis (transformación, cambio) no es ideal, simbólica y emocional, sino ontológica, es decir, está conectada con la alteración de la filaftía (excesivo amor a uno mismo y al cuerpo, egolatría) en filoteía y filantropía. El hombre en su estado de caída es ególatra e individualista. Con el misterio del Bautismo adquiere capacidad que de nuevo se determinen sus relaciones con el Dios y sus semejantes y no vivir para sí mismo y amar irracionalmente su cuerpo.

39 Observaciones maravillosas hace en este punto san Nicolás Cabásilas: “Esto es la obra del bautismo: liberación de los pecados, reconciliación del hombre con el Dios, hacer al hombre dios, abrir ojos de las psiques y hacer al hombre saborear la divina luz (increada), y por decirlo en una palabra, preparar al hombre para la vida futura”.

Es interesante lo que dice el mismo Santo sobre la importancia del Bautismo en relación con los otros misterios de la Iglesia, o sea, la Crismación y la divina Comunión. El santo Bautismo transmite la hipóstasis (base substancial) y el ser en Cristo. Escribe: “Si bien el bautismo una vez haya tomado los hombres muertos y corruptos, esto primero los introduce a la vida.

Con la caída hemos sufrido una corrupción y pasamos en una situación de necrosis, por lo tanto ahora se nos da el ser, una nueva hipostasis en Cristo. Así que con el santo Bautismo adquirimos el renacimiento, con la santa Crismación adquirimos el movimiento y la energía y con la divina Comunión la vida. Escribe San Nicolás Cabásilas: ”Si bien el bautismo es nacimiento, la crismación energía (increada) y movimiento de nuestro logos, y el pan de vida y el cáliz de la efjaristía son comida y bebida verdadera.

En otro punto presentando el valor de los tres misterios, utiliza otra terminología permaneciendo en la misma realidad: Por el bautismo da el ser o existencia y toda existencia la en Cristo, porque esto una vez haya tomado los hombres muertos y corruptos,  primero los introduce a la vida, por otro lado, la crismación perfecciona al que ha nacido en esta vida poniendo en sus interiores la energía adecuada y por otro lado, la divina efjaristía contiene y mantiene esta misma vida y salud (espiritual).

Existe un vínculo estrecho entre estos tres misterios, precisamente por esta razón después del Bautismo nos conducimos a la Crismación y a la divina Comunión, porque este es el propósito del Bautismo, incorporarnos a la Iglesia y hacernos miembros del Cuerpo de Cristo, y como miembros del Cuerpo de Cristo hacernos dignos de comulgar del Cuerpo y de la Sangre de Él.

Con el Bautismo, pues, el hombre nace en una nueva vida, adquiere hipostasis (base substancial), nueva forma de existencia, sale de la oscuridad y contempla la luz (increada), de la ignorancia se conduce a la gnosis (conocimiento) de Dios. Esta alteración se hace sensible principalmente por el bautizado y también de otros hombres.

Según san Ignacio el Teoforo, el hombre no tiene la vida de por sí mismo, sólo el Dios es autovida. Después de la caída el hombre está dominado por el diablo y la muerte, por lo tanto debe adquirir vida pragmática, real. Esta liberación no se puede realizar con mandamientos exteriores, sino con una renovación y reestructuración del hombre que se hace en Cristo Jesús. Escribe san Ignacio: “Sólo en Cristo se puede encontrar el verdadero vivir. Sin él nada se puede hacer”. Y pregunta el Santo: ¿Cómo nosotros podremos vivir sin él? El hombre no puede vivir sólo, sino por la comunión con el Dios, y por supuesto esta verdadera comunión se realiza con la familiarización de la Cruz y la Resurrección de Cristo. Porque en su época algunos sostenían que no creen en algo si no lo encuentran registrado en el Evangelio, y san Ignacio responde: “Mi registro es Jesús Cristo, sus registros sagrados e íntegros son su cruz, su muerte y su resurrección y también la fe por él”. El Cristo venció la muerte y el pecado con Su Cruz y Su Resurrección, y esto se hace con el misterio del Bautismo, puesto que según Apóstol Pablo: “Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria increada del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva” (Rom 6,4).

Pero paralelamente necesitamos alimentarnos con la deificada sarx (cuerpo, carne) de Cristo, para adquirir la vida pragmática, real. Escribe san Ignacio: “no quiero saborear comida perecedera, ni placeres de cosas hedónicas de esta vida, sino pan de Dios quiero, el pan celeste, el que es el cuerpo de Jesús Cristo del Hijo Dios, quien se hizo por esperma de David, y como bebida quiero Su sangre la que es agapi incorruptible y vida eterna”.

Todo esto significa que el hombre con la caída se mortificó, murió corporal (física) y espiritualmente, por tanto necesita un renacimiento y una nueva apocatástasis (restructuración). Esta apocatástasis no se hace con mandamientos morales y meditaciones sino con la necrosis o mortificación de la muerte y la metamorfosis, transformación de su existencia psicosomática, la que se realiza con nuestra incorporación al Cuerpo de Cristo, la Iglesia, y la recepción del alimento real que es el cuerpo de Cristo, de manera que también nosotros participemos en esta victoria de Cristo sobre la muerte. Porque realmente, como antes dijimos, esta participación nuestra no es un hecho moral e intelectual, sino existencial, ontológico.

Pero aquí también debemos lamentarnos y suspirar de corazón, porque esta pureza y apocatástasis que hemos recibido con el baño de la regeneración, es decir, del Bautismo, no dura mucho. Nos arrastramos otra vez al barro. Cometemos errores. Nos arrastramos por el mal. Pero afortunadamente la infinita Divina filantropía no nos abandona. Nos da una segunda forma de catarsis, co-entierro y co-resurrección con el Salvador Cristo: la metania y la humildad. Llegamos a esto imitando la vida y la muerte del Señor, teniendo como motivo la agapi pura hacia Él, viviendo dentro en la Iglesia. Resucitamos existencialmente y renacemos por… tercera vez. San Gregorio el Teólogo habla de estos tres nacimientos, en forma de poema en su “epístola a Vitalio”, por los que debe pasar el hombre durante esta vida: ”Por el primer nacimiento en cuerpo y sangre, los hombres vienen en la tierra y rápidamente desaparecen; a continuación los hombres renacen (segundo nacimiento) a través del puro Espíritu Santo, cuando en aquellos que se han lavado por el agua del Bautismo desciende de arriba la Luz (increada). Por el tercer nacimiento que es la metania, hace la catarsis a través de las lágrimas y los dolores de nuestra “imagen a Dios” que se ha ennegrecido por el mal.”

El primer nacimiento proviene de los padres, el segundo de Dios, pero el tercero eres tú mismo el autor manifestándote en el mundo como luz benefactora (Sofronio Sajarof). Por consiguiente, hace falta lágrimas y dolores, es decir, esfuerzo físico, imitación de la vida y de los pazos del Señor para hacerse la catarsis de la ennegrecida por los pazos y del pecado imagen de Dios que todos tenemos en nuestro interior. Hace falta que demos sangre “espiritual de la ascesis (ejercicio físico y espiritual) y de la obediencia para que podamos entrar en la Realeza increada de Dios: “Rasca, hermano mío, la belleza de tu psique con lágrimas y ayunos y con los demás ejercicios duros” (Abad Isaac, en Evergetinós t. 2 pág 192). No amemos, pues, el reposo corporal. Porque la psique que ama a Dios, según san Isaac, sólo en Dios encuentra reposo. Debemos “dar sangre para recibir espíritu”, como dice el Gerontikón, para volver a ganar la pureza que sin esfuerzo hemos recibido con el Santo Bautismo. Por eso:

  • La Realeza de Dios es Realeza de sangre, porque es realmente Realeza de los que están en metania, en la que se introducen porque luchan con sangre hasta la muerte para la Catarsis de los pazos, la Iluminación y la Zéosis o deificación, participando en los padecimientos y en la Cruz del Señor. Así llegan hasta la Resurrección junto con Él.

El misterio de la Resurrección de Cristo y Dios nuestro se lleva a cabo de manera paradójica a los que lo desean. Se realiza continuamente. El Cristo se entierra en nuestro interior como en el sepulcro, se une con nuestras psiques y resucita, co-resucitando también junto con Él a nosotros. San Simeón el Nuevo Teólogo nos dice de nuevo: “Cuando nosotros salimos del mundo y con la asimilación a los padecimientos del Señor nos introducimos al sepulcro de la metania y de la humildad, Él Mismo desciende de los cielos, se introduce en nuestro cuerpo como en un sepulcro, se une con nuestras psiques mortificadas y las resucita. Así en aquel que se ha encontrado con Él, le proporciona la capacidad de ver, contemplar la Doxa (gloria, luz increada) de Su resurrección mística”.

Por el fiel, pues, es necesario que se hagan unos pasos decisivos para entrar en la Realeza increada de Dios: a) ἒξοδος éxodos-salida del cosmos-mundo (se refiere del mundo pecaminoso, de los pazos, etc.,) y b) εἲσοδος ísodos-entrada al sepulcro de la metania y de la humildad.

  1. a) La salida del mundo por supuesto que es trópica, es decir, la salida de la conducta mundana es la que se pide de todos. Es el abandono de la vida del pecado y la decisión de seguir al Señor cueste lo que cueste. Es el primer paso de la metania; por supuesto que para los monjes esta salida es también local o de lugar.
  2. b) la introducción en la tumba de la metania y de la humildad se consigue con la imitación de la vida, de los padecimientos y de la muerte del Señor. Debemos imitando la vida y los padecimientos del Señor co-caminar y co-crucificarnos junto a Él, y mortificarnos sobre el antiguo hombre, del mundo y del diablo. Entonces con la metania nos arrepentimos y hacemos humildes de verdad. Entonces nos co-enterramos junto con Él y resucitamos junto con Él en la vida de Su Realeza increada, co-glorificándonos o co-deificándonos con Él. Todas estas cosas nos las enseña continuamente nuestra Iglesia Ortodoxa con su himnología: “Vamos, pues, con nuestras dianias (mentes) purificadas y sanadas a co-caminar, con Él, co-crucificarnos y mortificar los placeres de la vida por Él, para convivir con ÉL, y escuchar a Él clamando: ya no me quedo en el Jerusalén terrenal para padecer, sino que subo hacia mi Padre y Padre vuestro, hacia a mi Dios y vuestro Dios, y os reuniré en el Jerusalén celeste, en reinado de la Realeza increada de los cielos” (Verso del Gran Lunes de Semana Santa).

La necrosis sobre el pecado, la metania, la catarsis de los pazos es cierto que se consigue con la sinergia de la Divina Jaris (gracia, energía increada) y con la ayuda de dos virtudes muy básicas; a) sufrimiento físico, y b) la humildad.

Nos enseña san Máximo el Confesor: “el sufrimiento físico y la humildad liberan al hombre de Todo pecado. La humildad recorta los pecados psíquicos y el sufrimiento físico de los pecados corporales. Esto se ve también que lo hacía el bienaventurado David, al estar orando a Dios diciendo: “Señor, mira mi humildad y el esfuerzo y perdóname todos los pecados”. Estamos creados de dos elementos: La Sarx (cuerpo) y la psique (espíritu); somos unidad psicosomática. Por eso también la catarsis debe ser doble: psíquica y física, es decir, del soma o cuerpo.

¿Pero por qué estas dos virtudes, el sufrimiento físico y la humildad son las que hacen la catarsis del hombre entero de todo mal?

San Juan el Clímaco nos responde sobre esto: “Las que generan todas las maldades son el placer o hedonismo y la vileza o mala astucia. Y por un lado el sufrimiento físico destierra el hedonismo o placer vicioso, por otro lado, la humildad que es co-habitante con la sencillez, destierra la vileza o mala astucia”.

  1. a) El sufrimiento físico (voluntario o involuntario)

El sufrimiento físico extermina el hedonismo, placer vicioso o la voluptuosidad y purifica el cuerpo recortando los pecados corporales. Pero paralelamente hace la catarsis de la psique. Porque humilla al cuerpo y junto con el cuerpo –cosa de simple vista paradójica- hace humilde también la psique. La psique humilde atrae la jaris (gracia, energía increada) de Dios, puesto que “el Dios a los humildes concede jaris”. Desciende la Divina Jaris catártica (sanadora y purificadora) y así la psique se “psicoterapia”, se sana y se purifica. Nos enseña san Nikitas Stizatos: “Como el veneno del pecado que se ha acumulado es mucho, el hombre tiene necesidad de mucho fuego catártico de la metania, con lágrimas y con esfuerzos voluntarios de la ascesis o ejercicio. Porque nos limpiamos y nos sanamos de las contaminaciones con esfuerzos voluntarios o con involuntarios sufrimientos que el Dios permite. Si prevalecen los voluntarios no nos vienen los involuntarios. Pero cuando los voluntarios no nos catartizan y no limpian el interior de la copa y del plato, entonces vienen sufrimientos más feroces y contribuyen a nuestra apocatástasis-restablecimiento a la belleza y bien original, porque así lo ha economizado el Maestro” (Filocalía t.4). No hay otro camino y método. Si no es bastante nuestro intento para la catarsis con la imitación voluntaria de los padecimientos y la muerte del Señor, hace falta sufrimiento físico voluntario y aceptación del involuntario. Para hacer nuestra catarsis y resucitarnos, debemos con dolor crucificarnos y derramar la sangre “espiritual” de la obediencia, de la ascesis, del ejercicio corporal y afligirnos, esforzarnos sea voluntaria o involuntariamente. Porque dice: “Por muchas aflicciones entraréis en la realeza increada de los cielos”. Algunos quieren llegar a la Resurrección sin pasar por el camino del Gólgota. No puede ser. (¡Igual que una herida física del cuerpo cuando está infectada la tenemos que limpiar y sanar con alcohol, y eso duele!).

Igual que el apóstol Pedro, “saliendo lloró amargamente”, igual que la prostituta, el publicano, igual que todos los santos, continuamente lloraban y sufrían físicamente imitando al Señor, así lo mismo debemos hacer también nosotros; sobre todo amar las lágrimas y los sufrimientos corporales. San Simeón el Nuevo Teólogo dice: “El que quiere cortar los pazos lo hará con lloro y el que quiere adquirir las virtudes con lloro las adquiere. Igual que la comida y la bebida son necesarias para el cuerpo, así también las lágrimas son para la psique, de manera que el que no llora destruye su psique con el hambre y se pierde… Si eliminas las lágrimas co-eliminas la catarsis y sin catarsis nadie verá, contemplará a Dios”. Tal y como dijimos antes, el sufrimiento físico, el amor por el dolor corporal conduce a la actitud humilde. Por eso es la causa de la catarsis también de la psique. ¿Pero cuándo? Cuando se hace con conocimiento y conciencia. Porque:

Existe el gran riesgo de la soberbia, cuando sufrimos físicamente voluntariamente sin conocimiento y sin la actitud correcta. Puede que nos ensoberbezcamos juzgando a nuestros hermanos, puesto que… “no somos como los demás hombres” que son descuidados y negligentes; o puede que nos enorgullezcamos creyendo equivocadamente de que la catarsis se consigue con nuestros propios méritos y esfuerzos y no con la Divina Jaris (gracia, energía increada) que sinergiza, coopera y completa nuestro esfuerzo.  Por eso, si queremos llegar a la actitud humilde y a la virtud de la humildad que es la segunda virtud imprescindible para la catarsis de los pazos, debe los esfuerzos corporales y en general los sufrimientos físicos que sean acompañados también de otras dos cosas; a) poner a nosotros mismos debajo de toda creación, y b) orar incesantemente pidiendo la misericordia (energía increada) de Dios, y así lo que vayamos logrando lo consideraremos como causado de Dios y no de nosotros mismos.

Por tanto, llegamos a la humildad: a) amando el esfuerzo corporal, b) poniéndonos a nosotros mismos por debajo de todos, y c) orar sin cesar.

42 Vamos a estudiarlas más detalladamente: 1) Amando el esfuerzo corporal.

Dijimos que el esfuerzo corporal o físico humilla el cuerpo –cosa aparentemente paradójica- pero se hace también humilde la psique

¿Pero por qué la humildad del cuerpo provoca también humildad en la psique? La cosa no es para nada paradójica. Dice san Gregorio el Teólogo: “Cuando la psique ha caído del cumplimiento del mandamiento de Dios en la transgresión, se entregó la desgraciada a la filhidonía (voluptuosidad, hedonismo) y a la autonomía que conduce al engaño, y amó las cosas corporales y de una manera se identificó con el cuerpo y se hizo toda carne, como dice la Santa Escritura: no permanecerá mi espíritu en ellos, porque son carnes (Gen 6,3). Por tanto, esta psique infeliz sufre junto con el cuerpo con las cosas que este hace”. De nuevo dice el abad Dorotheo: “Es distinta la situación de la psique del sano, diferente del enfermo, otra del hambriento y otra del saciado. Similarmente es distinta la situación de la psique del que cabalga en un caballo, otra del que va en burrito, diferente del que se siente en un trono y distinta del que se siente al suelo, diferente del que está bien vestido y distinta del mal vestido. Por eso como el Señor conoce que según el comportamiento exterior se forma a la vez la virtud de la psique, una vez tomando la toalla nos indicó el método para llegar a la humildad. Porque la psique se asimila con las obras del cuerpo y según las cosas que hace se forma según estas. De distinta manera se siente el que está sentado al trono del que está sentado al abono. El esfuerzo físico hace humilde al cuerpo y co-humilla también la psique. Por eso Evagrio cuando fue atacado por la blasfemia, como conocía que la blasfemia proviene de la soberbia y cuando se humilla el cuerpo se humilla junto con este la psique, quedó 40 días en un lugar para que su cuerpo se llenara de garrapatas, como dice su biógrafo. De modo que este esfuerzo no se hizo para sanar la blasfemia sino para producir la humildad.

Entonces en la psique humilde desciende la Divina Jaris (gracia, energía increada) y la limpia, purifica y sana. “Es una cosa admirable ver que el incorpóreo nus que se ha contaminado y oscurecido por el cuerpo, de nuevo a través del barro (cuerpo) el incorpóreo nus se renueve y vuelve a ser limpio, purificado y fino”.

Somos unidad psicosomática. Soma (cuerpo o carne) y psique (espíritu); y la carne desea contra el espíritu y el espíritu contra la carne. Por eso, el cuerpo cuando más fuerte está tanto más debilita la psique; y mientras se debilita el cuerpo más se fortifica la psique, se alumbra y se llena de Jaris increada Divina, puesto que se hace humilde junto con el cuerpo.

Pero existe, como hemos dicho, el peligro grande de la soberbia, cuando castigamos el cuerpo sin conocimiento, sin actitud correcta y cuando no tenemos yérontas o guía espiritual experimentado. Por eso hacen falta también las otras dos cosas: a) ponernos por debajo de toda creación y b) orar incesantemente, pidiendo la misericordia de Dios. Así imitamos la vida y la muerte del Señor y caminamos al sendero que conduce a la verdadera humildad, evitando el escollo de la soberbia.

Vamos hacer un pequeño análisis sobre estas dos: a) ponernos por debajo de toda creación y b) orar incesantemente, pidiendo la misericordia de Dios.

Estas dos son imitación de la vida y la muerte del Señor, porque primero el Señor se humilló y se puso a sí mismo debajo de toda creación; segundo, ya que oraba sin cesar comunicándose con Su Padre celeste y todo lo atribuía al Dios-Padre diciendo que “la sabiduría de los logos que yo os hablo y enseño no los digo de mí mismo, sino el Padre que permanece unido en mí, él energiza y realiza las obras” (Jn 14,10). Estas dos cosas nos protegen también del escollo de la soberbia. Vamos a ver por qué.

La soberbia es de dos tipos.

1) La soberbia frente a nuestros hermanos. Comprándonos con ellos y criticándolos, nos elevamos a nosotros mismos y nos colocamos por encima de ellos. Esta es la primera soberbia y se combate poniéndonos a nosotros mismos por debajo de toda creación. San Gregorio el Sinaita nos ayuda a conseguir esto aconsejándonos que nos consideremos a nosotros mismos a) el más pecador de todos los hombres, por la ignorancia  (que no conocemos el estado psíquico de nadie; y lo seguro es que creamos que somos más pecadores que nadie); b) inferiores que todos los demonios puesto que los obedecemos realizando sus voluntades; y c) peor que todas las creaciones, puesto que ellas están en su naturaleza tal y como las ha creado el Dios, mientras que nosotros estamos contra natura, (ya que estamos al pecado, al estado de caída y pazos).

2) Soberbia luciferina contra al mismo Dios, es la segunda soberbia. Si no tenemos cuidado de la primera soberbia llegamos a la segunda. Las beneficencias y los logros de Dios los atribuimos a nosotros. De esta soberbia nos protege la oración incesante, la continua búsqueda de la ayuda Divina y así lo que conseguimos lo atribuimos a la Divina Jaris (gracia, energía increada).

Con el continuo esfuerzo para la Catarsis a través de la humildad y la aflicción del cuerpo como también con la participación en la Divina Ευχαριστία Efjaristía, vivimos desde aquí y ahora la Realeza increada de Dios.

 

Preparación para la Divina Comunión Κοινωνία kinonía.

Es cierto que es imprescindible la preparación correcta para la Divina Comunión. Tal y como se ve en las epístolas de los santos Apóstoles, los Cristianos de la antigua época tenían en sus corazones operativa la Jaris (gracia, energía increada) de Dios. Y esta presencia del Espíritu Santo se manifestaba de los salmos y los himnos que se hacían dentro en el corazón, con la oración cordial o noerá (del nus). Teniendo esta energía del Espíritu Santo y siendo realmente miembros reales del Cuerpo de Cristo avanzaban para recibir a Cristo y adquirir κοινωνία (kinonía) comunión, conexión y unión junto con Él. Pero cuando pecaban y cesaba de operar la Jaris del Espíritu Santo debían arrepentirse y confesarse y entonces su guía espiritual prepararlos adecuadamente para que puedan soportar esta gran donación. Por ejemplo, si el hombre no tiene buen estómago, no podrá comer comidas fuertes, porque le perjudicarán más. Este significado tiene: “Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa. Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí.  Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos duermen” (1 Cor 11, 28-30).

Después de la transformación del pan y del vino en Cuerpo y Sangre de Cristo el oficiante nos prepara para comulgar del Cuerpo y de la Sangre de Cristo con conciencia limpia, de manera que la comunión contribuya a la absolución de los pecados, el perdón de los delitos, la comunión del Espíritu Santo, la herencia de la Realeza increada y la franqueza con Dios y no en vergüenza y condena. Porque la transformación de los Divinos Regalos puede ser una bendición, pero también una condena, como se hace con un fármaco que en uno provoca salud y en otro crea reacciones que provocan mal estado. No tiene la culpa el Cuerpo de Cristo, sino nuestro estado espiritual.

En el estado de la preparación el liturgo u oficiante ofrece algunas peticiones a Dios. Recitamos la oración del “Padre nuestro”, principalmente porque tiene la petición “el pan nuestro, el sobre-esencial danos hoy”, pero también porque tiene la petición “de remisión de nuestros pecados y deudas, tal y como nosotros perdonamos nuestras deudas, culpas y pecados”. Después de la divina Comunión sentimos a nuestro Dios Padre. Especialmente los Santos viven la Realeza increada de Dios, puesto que pueden contemplar la Luz increada de Dios. Por eso después de cada Divina Liturgia salmodiamos: “hemos visto la verdadera luz (increada) y hemos recibido espíritu celeste”.

Dentro en el Santo Cáliz están el santo Cuerpo y la santa Sangre de Cristo. Por eso el sacerdote dice: “Estad atentos; los Santos de los Santos…” Sólo los que luchan de varias maneras para la metamorfosis, conversión de los pazos, pueden comulgar del Cuerpo y de la Sangre de Cristo. Y estos luchadores se separan en tres categorías, según la incitación del diácono o del sacerdote, “venid con temor a Dios, fe y agapi”. Es decir, vienen a comulgar los que tienen, a) temor a Dios, los que luchan con miedo a no ser condenados al infierno y se comportan como esclavos o siervos; b) los que tienen fe, es decir, los que luchan y esperan entrar en el Paraíso y se comportan como asalariados; y c) los que tienen agapi-amor perfecta y se sienten como hijos de Dios.

La divina Liturgia se llama divina Ευχαριστία- Efjaristía o agradecimiento (ef jaris buena gracia), porque desde aquí agradecemos a Dios, y se llama Divina Comunión (κοινωνία kinonía) porque comulgamos, nos conectamos y nos unimos con el Cristo. Ojalá que el Dios nos haga dignos de terminar nuestra vida, a medida de lo posible, después de una digna Comunión divina, de manera que sea provisión de vida eterna.

43 La Divina Comunión Η Θεία zía Κοινωνία kinonía

El misterio de la Divina Comunión es una donación incalculable hacia el género humano.  Nuestro Señor Jesús Cristo una vez que nos haya liberado del pecado, humildemente se esconde bajo las especies de pan y vino que se transforman en Su Cuerpo y Sangre. Es imposible comulgar de otra manera con Él “porque ningún hombre puede contemplar toda Su doxa (gloria, luz increada) y vivir” (Ex 33,20).

¡Cómo vamos agradecer al Señor que nos ofrece Su cuerpo y Sangre para la remisión de nuestros pecados y la herencia de la vida eterna! ¡Nos quedamos sin palabras y extáticos ante Su extrema humildad y condescendencia filántropa! Y para mostrarle nuestro agradecimiento, no nos queda otra manera que prepararnos como es debido para ser alimentados con el Pan celeste. Porque el Cristo es el donante de todos los bienes y carismas, concede Su jaris (energía increada) en aquel que comulga según su preparación espiritual y su estado psíquico. Cuán grande es la ayuda y la jaris que da a los que dignamente se alimentan de Su Cuerpo y Sangre, y viceversa tanto gira la espalda y abandona a los que se alimentan indignamente. A los piadosos y virtuosos que vienen arrepentidos a los inmaculados Misterios, se convierte vida verdadera y eterna. A los impíos y pecadores que vienen sin metania ni arrepentimiento se hace fuego e infierno eterno. Los indignos son aquellos que no se han limpiado, ni purificado de sus pecados con la santa confesión. Para estos el Apóstol Pablo dice: “De manera que cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor. Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa” (1Cor 11, 27-28).

La Divina Ευχαριστία Efjaristía es el misterio de la agapi y de la unidad de los fieles en Cristo. ¿Cómo vamos a participar al misterio si odiamos a nuestro hermano? El Señor dice a los judíos: “Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda” (Mt 5, 23-24).

Si los judíos deberían hacer esto cuando iban al templo de Salomón, ¿qué debemos hacer los Cristianos cuando se trata de comulgar el inmaculado cuerpo de Cristo? ¿Cómo tomaremos parte en la cena de boda del Rey Celeste sin la vestimenta de la boda, sin la agapi que cubre muchos pecados? (Mt 22,12). Y como no tendremos nada que responder, escucharemos Su terrible voz: “Atadle de pies y manos, y echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes” (Mt 22,13).

Después del odio hay también distintas contaminaciones carnales. El que va a comulgar debe estar limpio y sin mancha, tanto en la psique como en el cuerpo, ya que va a recibir el santísimo Cuerpo de Jesús Cristo, al que dio a luz la siempre virgen e inmaculada Mariam.

Por tanto, si hemos pecado y no nos hemos arrepentido y confesado, pues, no atrevamos a comulgar el Pan de Vida, porque ponemos en nuestra psique fuego y muerte. Pero si nos hemos arrepentido y confesado por nuestra caída, si hemos limpiado nuestra conciencia de todo pecado, entonces comulguemos con verdadera devoción. Preguntaréis hermanos míos, ¿qué es esta devoción o piedad? Pues, la devoción o piedad es una virtud compuesta, un estado de la psique, una mezcla de fe, temor a Dios, humildad, agapi y gran anhelo para la comunión con Cristo. 

Por tanto, para cultivar esta devoción debemos tener en cuenta Quién se dignará a entrar en nuestro interior. Quién se va a unir con nosotros los mortales y pecadores: el inmortal e impecable Señor. El Pan y el Vino que tomaremos son el verdadero Cuerpo y la santa Sangre de Dios-hombre. Por tanto humillémonos y digamos con contrición: “¿Cómo me atreveré yo el indigno y nimio que cometí tantos pecados, recibir en mi interior mi Creador y Señor de todo? ¿Cómo habitará el Altísimo en mi corazón contaminado de toda malicia y pecado?”.

El Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor elimina los pecados, limpia y purifica la conciencia, aumenta la fe, calienta la agapi, hace firme la esperanza, sacia los hambrientos, viste los desnudos y da reposo y sosiego a los cansados y afligidos. En pocas palabras cualquier bien que necesita el hombre lo encuentra en este Maná celeste y dulce. Y los más importante que todo es que con la comparecencia a la Divina Comunión, el Cristiano recibe el compromiso o garantía de la vida eterna, se une con el Dios y se hace él también dios “por la jaris (energía increada)”, igual que el hierro cuando se une con el fuego se hace también fuego.

En los tiempos de los Apóstoles los fieles comulgaban muy a menudo, incluso diariamente, por supuesto con devoción, conocimiento y temor a Dios. Pero en nuestros días la mayoría de los cristianos comparecen una o dos veces al Santo Cáliz y sobre todo sin preparación espiritual. Dicen muchos de ellos: “Hoy el mundo está lleno de pecados. No somos dignos de comulgar a menudo, es suficiente para uno comulgar en la Pascua y en Navidad. Pero se olvidan que la confesión y la Divina Comunión constituyen los fármacos más enérgicos de la terapia psíquica. Por tanto, ahora que el pecado está de sobra, tenemos necesidad de contacto más frecuente con el deificante Cuerpo y Sangre de nuestro Señor.

Son interesantes las explicaciones que nos recalca san Juan el Crisóstomo: “El tiempo para la Divina Comunión no son las fiestas sino la conciencia pura y limpia y la vida irreprochable. Igual que aquel que no tiene remordimientos de conciencia por ningún mal debe comulgar diariamente, lo mismo aquel que está lleno de pecados y se arrepiente no debe comulgar ni en las fiestas hasta que no se haya arrepentido y confesado”.

Por tanto, teniendo en cuenta todas estas cosas, reconectémonos con la Fuente de la Vida y la inmortalidad a través de la continua Divina Comunión o Efjaristía. Basta que esto se haga cada vez con la debida preparación.

San Gregorio de Nicea nos dice: “Por tanto, debemos venir a la Comunión con toda piedad, limpios de toda contaminación del cuerpo y del espíritu, para que tomemos dignamente la comunión, ya que el Dios mandó a Moisés que se quitara los zapatos para acercarse en lugar santo; ¿entonces, tú cristiano cuánto deber tienes en quitar toda atadura o cadena del pecado para que recibas en ti el Dios entero? “La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo?” (1Cor 10,16). Por tanto, ¿cómo con la conciencia sucia te acercarás al fuego encendido para los indignos. Porque es carbón ardiente para ellos. Por lo tanto, desata todos los conflictos y enemistades que tienes contra tu prójimo, dale lo que es suyo, evita el mal, haz el bien y retorna al Señor para que seas enteramente santificado, iluminado y convertido en caja o banco de la divina jaris para unirte con el Cristo y tú quedes en él y él en ti. “El que come mi sarx y bebe mi sangre, mediante el misterio de la divina Efjaristía, tiene vida eterna y yo lo resucitaré al ésjato-último gran día del juicio” (Jn 6,54).

 

El carácter del que comulga dignamente.

¡Oh, cuán feliz y bienaventurado debe sentirse el que toma los divinos misterios dignamente!  Éste sale del templo totalmente renovado, porque el fuego (increado) de la deidad, el de la divina comunión que ha comulgado y unido con la psique del hombre, por un lado ha quemado los pecados y por otro lado, la ha insuflado de jaris increada divina, ha iluminado el nus y el temor sagrado a Dios entró en su corazón y finalmente le ha convertido en reliquia llena sólo de espíritu. El que ha comulgado dignamente ha recibido el anillo del compromiso de la increada realeza celeste, se encuentra vestido con la armadura divina, la que le protege de todo mal y de toda voluntad mala astuta, y la convierte temible para los mismos demonios.  El corazón del que ha comulgado dignamente se colma de inefable alegría y deleite, éste sólo siente la alteración que le ha venido y se deleita por su renovación. Todas las virtudes adornan el corazón de él y su anhelo es la unión con el Señor. La paz y la serenidad psíquica por la que le dan el sentimiento del intercambio y la comunión con el Dios y la paz celeste que reina en él, se reflejan en la cara hilarante del que ha comulgado dignamente; además toda su faz exterior testifica este estado ético interior, pureza e inocencia, estas dos jaris rodean sobre él, las cuales hablan hacia todos sobre él. He aquí el carácter del que ha comulgado real y dignamente, así son los resultados de la divina comunión.

Al contrario, los desesperados, los no arrepentidos y esclavos de sus pazos, los no comulgantes o los indignamente comulgantes, los rehenes de la muerte no pueden pacificarse y entrar en el reinado de Su Realeza increada. Porque “la Realeza de los cielos se ejerce y se arrebata con violencia, y los violentos la arrebatan”. Hace falta esfuerzo personal para apropiarnos de la común salvación y perdón que regala la Sangre de Cristo y la agapi (amor energía increada) del Padre y la comunión del Espíritu Santo. Para entrar en Ella debemos arrepentirnos y blanquear nuestras vestimentas en la Sangre del Cordero. Este Cordero “de pie como degollado” reina allí junto con el Padre y el Espíritu Santo. Nuestra Santa Trinidad por la partición del Pan nos introduce a través del Misterio de la Divina Efjaristía y nos sella desde esta vida como Suyos. La agradecemos también como los primeros Cristianos: “Sobre la Divina Efjaristía así tenéis que dar gracias: Primero sobre el Cáliz: Padre nuestro te agradecemos por la vida y el conocimiento que nos has dado a conocer por tu hijo Jesús. Para ti se debe la doxa en los siglos”. Esperamos también y deseamos la futura y perfecta aparición de la Realeza increada de Dios: “Tal como esta fracción estaba esparcida sobre las montañas y recogida se dedujo en una, así se reunirá tu Iglesia de los confines de la tierra, porque tuya es la doxa y la fuerza por Jesús Cristo en los siglos…”.

Del libro “Διδαχή didají enseñanza de los Apóstoles” capítulo 9: El Señor Jesús Cristo nos conduce al Padre y nos envía el Espíritu Santo. Él… es nuestra paz” (Ef 2,14). Él es la vida eterna, Él es el Paraíso, Él es la Realeza increada y Él es todo en todos”.

Por eso Le alabamos, Le reverenciamos y Le glorificamos. Pidamos, pues, la Jaris (gracia, energía increada) de nuestro Señor Crucificado y Resucitado para que nosotros con nuestra lucha diaria nos hagamos partícipes de Su Santo Cuerpo y de Su Sangre sagrada que regala la verdadera paz divina como compromiso y vínculo de unión con el reinado de Su Realeza Increada. Amín!!!

Hieromonje Savas el Aghiorita

Traducido por Χρήστος Χρυσούλας Jristos Jrisoulas logosortodoxo.es/

 

 

Fe, Esperanza y Agapi

Fe, Esperanza y Agapi

Catequesis de Athos Αγιον Ορος Agion Oros,

Hieromonje Gregorio del Kelion-Caseta san Juan el Teólogo

 

Capítulo 6. La trinidad de las virtudes Fe, Esperanza y Agapi

La fe, la esperanza y la agapi son las tres virtudes básicas del Cristiano: Ahora quedan estas tres la Fe, la Esperanza y la Agapi, «pero yo os muestro un camino más excelente todavía, el camino de la agapi», 1Cor 13,13  (agapi-amor divino incondicional y energía increada). “Estas son las virtudes fundamentales… y de estas emanan como de varias fuentes inagotables todas las demás virtudes que conducen al perfeccionamiento cristiano” (San Nectario “Ortodoxa catequesis” pag. 147/8). San Juan el Clímaco con una imagen representativa indica el lazo estrecho que existe en esta triada puntal de las virtudes: “Una la veo como rayo, la otra como luz y la tercera como disco solar, y juntas como un destello y una luminosidad, (San Juan Clímaco “Escalera Logos 30,1 pag 373).

 

a) La fe

El hombre por la fe acepta el Misterio de la Divina Economía. Es decir, la fe es nuestra contribución al misterio de nuestra sotiría (redención, sanación y salvación). “No es posible salvarnos de otra manera sino sólo por la fe”. San Gregorio Palamás distingue: “Una cosa es creer en Dios y otro cosa creer a Dios”. Creo en Dios significa que considero ciertas y verdaderas las promesas que nos ha dado. Mientras que creer a Dios significa que opino, confieso y creo ortodoxamente, correctamente sobre Él. Debemos tener las dos… El creer verdaderamente en Dios, es decir, que reconocemos como ciertas y verdaderas Sus promesas hacia nosotros, y esperamos que se manifiesten rápido, esto se demuestra por nuestras obras buenas y por la aplicación y cumplimiento de los divinos logos-mandamientos. El creer ortodoxamente a Dios… se demuestra por estar de acuerdo nosotros con los teoforos (portadores de la luz increada) Padres” (San Crisóstomo, A los Romanos 8,1, PG 60,453). Sobre esta segunda fe hemos hablado ya en la primera parte de este libro. Aquí nos referiremos más sobre la fe primera, la que se confirma por la aplicación y cumplimiento de los logos-mandamientos divinos.

Para que nuestra fe sea verdadera y viva debe ser acompañada de obras. Dice en su carta el Apóstol Santiago: “La fe sin obras por sí misma es muerta” (Snt 2,17-9). Este tipo de fe muerta tienen también los demonios: “También los demonios creen, tiemplan y titiritan” (Mrc 1, 24). Los Cristianos que creen a Dios y no cumplen ni aplican Sus logos se parecen a los demonios, los cuales con palabras confiesan a Cristo pero con sus obras niegan Su soberanía y la debida obediencia y agapi a Él. A estos cristianos conviene el logos del apóstol Pablo: “Profesan conocer a Dios, pero con los hechos lo niegan, siendo abominables y rebeldes, reprobados en cuanto a toda buena obra” Tit 1,16

La praxis siempre es más fidedigna que la palabra o logos para representar la verdad. El que no trabaja los logos-mandamientos de Cristo, si sostiene que ama a Cristo, es mentiroso, en cambio, el que los trabaja demuestra que ama a Cristo, incluso si está callado. Según el logos de san Gregorio el Teólogo: “Obra sin voz es mayor que el logos sin praxis” (Logos éticos 33, PG 37, 929ª).

La aplicación y cumplimiento de los logos de Cristo es la demostración de la agapi hacia Él: «El que cumple mis mandamientos y los tiene interiorizados, ése es el que me ama; y al que me ama, lo amará mi Padre y yo también lo amaré y me revelaré a él, mediante la iluminación interior por la energía increada» (Jn 14,21) Y el Cristo quiere que nuestra fe sea acompañada por la agapi. Dice san Máximo el Confesor: “No digas que la fe fina a nuestro Señor Jesús Cristo puede salvarte. Esto es imposible, si no logras también la agapi hacia Él por el trabajo de las virtudes” (Filocalía t,2 Capítulos sobre la agapi 1,39).

San Simeón el Nuevo Teólogo escribe que “por eso se hizo toda la Economía y la condescendencia del Hijo de Dios, de modo que con la fe hacia Él y con la aplicación y cumplimiento de Sus logos-mandamientos constituirnos en partícipes de Su Deidad y Realeza increadas-“ (Logos ético 3,12 SC 122, 418). La fe es el principio del camino que conduce al reinado de la Realeza increada, y a la vez la fuerza que apoya a cada fiel durante su camino. Según el logos de san Ignacio el teoforo, la fe y la agapi “son el principio y el final de la vida”. Principio es la fe y la agapi el final” (Hacia Efesios 14,1, B 2, 267). La fe y la agapi en común metamorfosean, transforman y convierten el hombre en dios por la Χάρις Jaris (gracia, energíaincreada).

 

b) La esperanza

La esperanza se sostiene a la agapi de Cristo hacia el hombre, y se refiere a cosas futuras.

El apóstol Pablo nos habla con la boca de san Nicodemo el Aghiorita: “Oh cristiano, por los carismas espirituales que ahora has recibido, cree también a los futuros. Y tal como al principio cuando has sido bautizado no has dado nada más que la fe, y has recibido de Dios grandes bienes, así también ahora esta misma fe trátala para la esperanza y la adquisición de los bienes futuros. La esperanza entonces es realmente esperanza, cuando espera aquellas cosas que no se ven, porque lo que uno ve ¿para qué hace falta esperanzarlo? Por supuesto que entonces la esperanza es sobrante e inútil” (San Nicodemo el Aghiorita, “Interpretación a las 14 epístolas, tomo I, pag. 198-9). Por esa razón la esperanza es la virtud de la vida presente.

Todo el misterio de la Divina Economía revela la infinita agapi-amor de Dios hacia el alejado, condenado y des-graciado hombre. En esta agapi está basada también nuestra esperanza para el futuro. Dice san Crisóstomo: “Cuando, una vez haberte tomado por muerto, cautivo y perdido, te hizo amigo, hijo, libre, justo y coheredero, y ofreció tantos bienes cuantos nunca alguno había esperanzado, ¿cómo más tarde te abandonará después de tan grande magnificencia y simpatía?” (En Romanos 14,6, PG 60, 532).

El logos del Salmista: “Esperanzó mi psique sobre al Señor desde la guardia de la mañana hasta la noche” (Sal 129,6), significa que debemos tener esperanza continuamente al Señor, sea cuando vivimos acontecimientos agradables, que se asimila con la mañana, sea cuando pasamos por aflicciones y desgracias que se asimilan con la noche. San Crisóstomo interpreta el logos del Salmo: “No hay nada más seguro para la salvación que entregarse y colgarse uno siempre por la esperanza a Dios… Esta esperanza es una pared indestructible… una torre invencible. Incluso aunque las circunstancias amenazan la muerte, el peligro y la debacle, no dejes de tener esperanza a Dios y esperar la salvación por Él. Porque para Él todas las cosas son fáciles y factibles” (En el Salmo 129, 3PG 55,376).

El Señor “no acepta ofrecer toda Su ayuda a aquel que unas veces tiene esperanza al dinero, a la vanagloria y a la fuerza humana, y otras veces a la esperanza en Él” (San Basilio el Grande, En Isaías 10, 245, B 56, 241-2). El Cristo quiere que tengamos esperanza siempre a Su Agapi y sólo en ella.

Tengo esperanza en Cristo significa que confío absolutamente a su providencia agapítica sobre mi vida. “Esperanza es que uno crea sin dudas y con toda su psique-alma que seguro que aquello que espera lo conseguirá” (San Pedro el Damasceno, Sobre la adquisición de las virtudes, Filocalía t.3, 75). “Esperanza es adquisición de tesoro antes de adquirirlo… Es la puerta de la agapi” (San Juan el Clímaco. Logos 30,16).

 

c) La agapi

Entre esta tríada de las virtudes puntales la primera posición la tiene la agapi: “la mayor de estas la agapi”. La fe es control de las cosas invisibles. Por tanto no tiene lugar en la vida futura, porque entonces se nos apocaliptarán-revelarán las cosas que no se ven; lo mismo, tampoco la esperanza tiene lugar en la vida futura, porque lo que uno ve tiene esperanza. La virtud que permanece en la vida futura es la agapi, (1Cor 13,13- Ef 11,1- Rom 824)). San Máximo el Confesor escribe que la agapi es la consumación de la fe y de la esperanza, “abrazando completamente todo ésjato-extremo deseado, es decir, a Dios y proporcionando en la fe y en la esperanza el cese del movimiento de ellas hacia Dios” (Capítulos Teológicos y sobre economía 1,2, PG 90, 1189 AB).

Los santos Padres dudaban hablar sobre la agapi, porque “la agapi es el Dios, y el que intenta dar una definición a Dios parece al ciego que cuenta en el abismo los granos de la arena” (san Juan el Clímaco, logos 30,2). Pero a pesar de esto, movidos por la agapi, nos transmitieron sus experiencias espirituales. “La agapi sobre su cualidad es semejanza con el Dios, ya que “el Dios agapi es”, por supuesto a la medida de lo posible a los hombres.  Sobre su energía es embriaguez de la psique-alma. Y sobre sus cualidades o atributos es fuente de la fe, mar de humildad y abismo de magnanimidad y tolerancia! (san Juan el Clímaco, logos 30,3).

La agapi del hombre hacia Dios es la respuesta a la agapi de Dios hacia el hombre. La agapi de Dios se manifiesta en la creación del hombre y en los innumerables bienes materiales y espirituales que le ha preparado. Sin embargo, la culminación de la divina agapi es la humanización de Cristo y Su sacrificio cruciforme. Dice san Juan Crisóstomo: “Tienes Soberano más caritativo que padre, te cuida mucho más que la madre, te ama con el eros (amor ardiente) mayor que aquel que hay entre un novio y una novia, tu salvación la considera reposo Suyo… y te muestra todo tipo de agapi… es inexplicable la providencia de Dios e ininteligible la protección de Él, es inexpresable Su bondad e inescrutable Su filantropía” (Hacia los escandalizados…, 8, PG 52, 498).

A esta agapi de Dios, el hombre corresponde con el ofrecimiento completo de su propia agapi. Movido por agradecimiento, aplica el primer mandamiento de Dios: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu psique-alma, y con toda tu mente” (Mt 22,37). “Este mandamiento debe tener el primer lugar en los corazones de los cristianos… cualquier otro mandamiento debe hacerse por este” (San Nicodemo el Aghiorita, Ejercicios espirituales, estudio 17,1) El Cristo recalcó que la agapi es el propósito y finalidad de toda la ley Mosáica. En el mandamiento de la agapi depende toda la ley y los profetas (Mt 22,40).

El mandamiento-logos de la agapi es doble: “Y este mandamiento hemos recibido de Él: que quien ama a Dios, ame también a su hermano” (1Jn 4,21). El Evangelista de la agapi recalca: “Pero si alguno dice que ama a Dios y odia a su hermano, es un mentiroso. El que no ama a su hermano, al que ve, ¿cómo puede amar a Dios, al que no ve?” (1Jn 4,20). El fiel ve en la persona del hermano a mismo Dios. “¿Has visto tu hermano? ¡Ha visto a tu Dios!” recalcaban los Padres del desierto, (Gran Gerontikón tomo 3, pag 383). Por tanto, la agapi al prójimo es fruto de la agapi a Dios.

El apóstol Pablo alabó la agapi en Cristo y enumeró sus características en la I Epístola a los Corintios:

Capítulo 13 Canto a la agapi increada, amor divino, incondicional y desinteresado

«1 Aunque hable las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo agapi-amor no soy más que una campana que suena o como unos platillos o címbalos resonantes.

2 Aunque tenga el don de profecía y conozca todos los misterios y las voluntades de Dios y toda la ciencia, y aunque tenga tanta fe que traslade las montañas, si no tengo agapi-amor, no soy nada.

3 Aunque reparta todos mis bienes entre los pobres, y entregue mi cuerpo a las llamas para gloriarme, sino tengo agapi-amor, de nada me sirve.

4 La agapi-amor aleja la ira, es magnánima, paciente, tolerante; la agapi no tiene envidia, no es presumida, ni se infla de orgullo y prepotencia,

5 no hace nada feo e indebido, no es grosera ni egoísta y no busca sus intereses, no piensa mal para su prójimo, ni se irrita, no toma en cuenta el mal del otro;

6 La agapi-amor no se alegra por la injusticia; se alegra y goza cuando domina la verdad,

7 todo lo disimula, sufre y aguanta, todo lo cree, todo lo espera, todo lo tolera.

8 La agapi-amor jamás decae y nunca falla; Pero, las profecías que hay ahora como dones del Espíritu Santo desaparecerán, las lenguas cesarán y las gnosis, conocimientos caducarán.

9 Todo esto en la vida futura quedará abolido, porque parcialmente conocemos y profetizamos.

10 Cuando venga lo perfecto, entonces desaparecerá lo parcial e imperfecto.»

 

(Αγάπη  (agapi)  amor, cariño. “Ὁ θεός γάπη στίν Dios es agapi-amor… Porque la agapi proviene de Dios” (1 Jn 4,7-8). La Αγάπη (agapi) cristiana en su faceta divina y como término teológico ortodoxo es la primera y superior energía increada de las energías increadas de la Jaris de Dios. Se aproxima más a la misericordia increada y perdón de Dios que enseñaba Cristo Dios. La agapi está vinculada y unida estrictamente con la libertad y la verdad. Cada una depende y se enlaza con la otra, fuera de esta interrelación ninguna es auténtica. Dicen los Santos Padres Ortodoxos: Nadie puede conocer la increada agapi como energía increada de Dios si no es a través de la energía increada Χάρις (Jaris, Gracia) del Espíritu Santo. La agapi cristiana en su faceta secular, mundana se refiere al amor desinteresado, altruista o cariño, amor al cónyuge, a los padres, a los amigos, a los jefes y trabajadores, como también a las comunidades sociales y toda la creación.

Éste es el propósito de la psicoterapia de la Iglesia Ortodoxa, el convertir, mediante la constante metania (introspección, arrepentimiento y confesión), la φιλαυτία (filaftía, egolatría, excesivo amor a sí mismo y al cuerpo) que es el creado amor interesado egocéntrico y enfermizo a uno mismo y al cuerpo y convertirla en agapi desinteresada divina e increada de Dios. Ésta comprende tres estadios: catarsis, iluminación y zéosis o glorificación.

(Ver también sobre este término en nuestro libro “12 Léxis apocalípticas” https://logosortodoxo.es/12-lexis-apocalipticas/

también

http://www.logosortodoxo.com/el-yerontas-mitilineos-responde-a-dudas-y-preguntas/#AGAPI_amor_increado_y_desinteresado

2 AGAPI amor increado y desinteresado 2.1 ¿Qué es la agapi? 2.2 La doble dimensión de la agapi

2.3 ¿Cómo se manifiesta la agapi al prójimo cuando el no es tan creyente como nosotros? 

2.4 El cristiano ama al mundo, pero, ¿en qué exigencias del mundo debe decir no?  2.5 Libertad y Agapi en Cristo

Algunos consejos para ortodoxos occidentales

Algunos consejos para ortodoxos occidentales
Grupo Helénico Ortodoxo de Investigación Dogmática
http://www.oodegr.com/

 

  1. La fuente de la fe cristiana ortodoxa. 

La primera cosa básica que es razón suficiente y seria para un cristiano ortodoxo, (en el sentido amplio del término), es entender el significado de la fuente de la fe.

Muchos se les ha enseñado (y han aceptado sin control ni documentación) que supuestamente la fuente de la fe Cristiana es la Biblia, y que nada debe ser aceptado fuera de ella. De hecho, muchos de ellos creen que la Biblia consta de 66 libros, sin haberles explicado por qué dejan de lado los 10 libros que aceptan los ortodoxos.

La Biblia NO es la «fuente de la fe cristiana», sino que la fuente de la fe cristiana es la “en Espíritu Santo” experiencia de la Iglesia diacrónicamente a lo largo del tiempo, esto que llamamos: Santa Parádosi-Tradición y Transmisión, y que el Nuevo Testamento ha sido recopilado por la Iglesia Ortodoxa del siglo 4 dC. Por tanto, «algo está mal» en lo que a muchos se les enseñó como «verdadero» e «indiscutible». La Iglesia Ortodoxa dio la Biblia que es un producto derivado de la Iglesia Ortodoxa. Y un hombre si es razonable y ama la verdad, querrá ver las cosas a través de la perspectiva Ortodoxa y comprender el verdadero “fundamento y pilar de la verdad», es «la Iglesia» (1 Timoteo 3, 15), y no la Biblia 15 ἐὰν δὲ βραδύνω, ἵνα εἰδῇς πῶς δεῖ ἐν οἴκῳ Θεοῦ ἀναστρέφεσθαι, ἥτις ἐστὶν ἐκκλησία Θεοῦ ζῶντος, στῦλος καὶ ἑδραίωμα τῆς ἀληθείας.
La Iglesia Ortodoxa, por lo tanto, es esa Iglesia, que tiene una base constante y estable sobre la fuente de la fe, en oposición al protestantismo y otras herejías. Se basa a la en Espíritu Santo vida de los santos/as, y se testifica y enseña históricamente, desde el principio hasta el día de hoy.

¿A dónde dice la Biblia que la Biblia es el fundamento y pilar de la fe cristiana? En ninguna parte.

Por lo tanto, la Iglesia Católica Apostólica Ortodoxa es esa Iglesia, que tiene una base constante y estable sobre la fuente de la fe, en oposición a las confesiones cristianas occidentales. Se basa “en la en Espíritu Santo vida de los santos/as”, y se testifica y se enseña históricamente, desde el principio hasta el día de hoy. La Iglesia Ortodoxa está basada y tiene el Sistema Sinódico, donde no hay una jerarquía de tipo «piramidal» con poderes monolíticos absolutos, es natural que existan desacuerdos y conflictos entre los obispos sobre cuestiones esenciales. Se entiende que en un culto de libertad, es natural haber una multitud de clérigos y personas que utilizan mal la libertad y explotan esta libertad, pero principalmente para SU PROPIO daño y perjuicio. Y que en tipo de fe en libertad, es natural que existan pseudo-cristianos y oportunistas.

Además, debemos ser conscientes de que: ¡las mismas cosas sucedían siempre al pueblo de Dios, y que el campo de Cristo tuvo, tiene y tendrá cizañas!

Porque sólo en la Iglesia Ortodoxa uno aprende y sabe que es la APOCÁLIPSIS-REVELACIÓN de Dios sobre los asuntos de la vida y de la SOTIRÍA redención, sanación/psicoterapia y salvación.

Sólo en la Ortodoxia uno aprende el ÚNICO modo o manera en que Dios puede ser conocido como persona-hipóstasis y el significado de la persona en Jesús Cristo.

Sólo en la Ortodoxia uno aprende un modo comprobado de psicoterapia, con confirmación experimental en la persona de los Santos glorificados.

Sólo en la Ortodoxia uno aprende, ¡por qué Dios es un Triuno o Trinitario , y qué significa «Dios es agapi! (amor incondicional. desinteresada y energía increada)”.

Sólo en la Ortodoxia uno siente el elemento de libertad en su culto y adoración, y aprende la causa del sacrificio de Cristo, lejos del miedo a un dios vengador.

Sólo en la ortodoxia uno aprende la verdad sobre el infierno y el paraíso, y aprecia la grandeza de la agapi-amor increada de Dios.

Sólo en la ortodoxia uno puede experimentar desde ahora, el Siglo Futuro del Reinado de la Realeza increada de Dios, lejos de las falsas promesas para el futuro, que no tienen un efecto práctico en el mundo verdadero.

Todo esto, junto con los elementos esenciales de la dogmática ortodoxa, tienen tal integridad y una consecuencia que ningún otro lugar puede encontrar el hombre. Porque en ninguna otra parte se puede encontrar la Revelación-Apocálipsis Divina no falseada. ¡Cuando el hombre compara la fe Ortodoxa, encuentra que cada ideología y cada dogma o doctrina extranjera son insuficientes!

 

  1. La vida del Espíritu Santo.

Finalmente, a medida que el hombre experimenta dentro de la fe y la vida ortodoxa el verdadero significado de la Ortodoxia, y también cómo va alterándose, metamorfoseándose hacia la semejanza de su Dios y Señor Jesús Cristo, comienza a tratar su vida y sus semejantes de una manera diferente, que en ninguna otra parte se encuentra.

Aprende a compararse a sí mismo, no con los «malos y malditos del mundo», para que se sienta él «limpio» y el “recipiente escogido”, sino con el PERFECTO Y SANTÍSIMO Señor Jesús Cristo. Y cada comparación así deja en su psique-alma humildad y nimiedad. Ahora ya percibe y entiende el camino Cristiano ortodoxo, no como «por un alto juicio y condena o juez, jurado y verdugo” de sus hermanos, sino como una vía colectiva de la humanidad hacia el propósito de su existencia. Cada vez que un creyente mira a su hermano pecador, no lo critica, no lo condena, sino que se entristece profundamente de sí mismo, porque es parte de esa misma sustancia y siente compasión o dolor por él. Y sabe que no solo el pecado de aquel, sino también su propio pecado, es aceite en el fuego de la maldad del mundo. Y ora y se arrepiente en lugar de ser verdugo y juez, criticar y condenar. Y siente la caída de otro como suya propia, y anhela ansiosamente para su salvación.

Cada vez que peca, no se desespera, sino que mira con esperanza la bondad y la agapi-amor de Dios, que se crucificó para el pecador y no para el justo. Y se vuelve a levantar continuando su lucha con las fuerzas renovadas.

Busca el contacto PERSONAL con su hermano, con la singularidad que distingue a cada persona humana, y no requiere su nivelación a un patrón legalista establecido de comportamiento, de moralidad y vida. Es por eso que puede orar y pedir bendición a una santísima como la Zeotokos, Madre de Dios y a la vez a un santo/a que posiblemente antes era un gran pecador o una prostituta.

Y puede regocijarse y alegrarse por la forma de adoración y veneración sin orden en una Iglesia Ortodoxa, y en lugar de resentirse, se enorgullece por la distinta y libre expresión de la fe de cada persona hacia Dios, sin anclajes estándar enlatados.

Vence las impurezas del jardín de la Iglesia y se sienta en sus flores para disfrutar de sus zumos vivificantes. Y es enseñado por cada uno, de acuerdo con el talento que el Señor le confió. Y aprecia el poder y la energía increada de Dios, que puede crear flores en un jardín que constantemente es destrozado por todo tipo de vándalos enemigos y adversarios.

Y a medida que el hombre poco a poco se va iluminando, SOLO en la Iglesia Ortodoxa del Señor, se encuentra con Él “tal y como es realmente», y vive con Él la transcendencia del tiempo, participando a la Vida increada de Dios.

Para el que aunque sea poco que saboree y conoce correctamente la grandeza y la profundidad de la fe Ortodoxa, y ponga sus pies en el camino de la sotiría sanación, redención y salvación, y camine por un tiempo con los santos, y probando y saboreando incluso un poco del agua de la vida, la Χάρις Jaris-Gracia energía increada, no hay retorno!

http://www.oodegr.com/ Grupo Helénico Ortodoxo de Investigación Dogmática

Traducido por Χρῆστος Χρυσούλας Jristos Jrisulas

Deseo a todos Jaris-Gracia Divina increada y no des-gracia creada humana!!!!

http://www.logosortodoxo.com/…/conversaciones-y-dialogos-e…/
y también
Santa Tradición de la Una Santa Iglesia Católica Apostólica Ortodoxa
C.0 El término Παράδοση Parádosi
C.1 ¿Qué es la Santa Parádosi?
C.2 La Santa Parádosi en la Ortodoxia, en el romanocatolicismo y en el protestantismo
C.3 Escritura y la Santa Parádosi
C.4 La Santa Parádosi en el Nuevo Testamento
C.5 Fuentes de la Santa Parádosi
C.6 El concepto y las implicaciones o extensiones de la Santa Parádosi en la Iglesia Ortodoxa Católica y Apostólica.
C.7 Padres y Parádosi

http://www.logosortodoxo.com/…/santa-tradicion-de-la-una-s…/

 

Sobre conversaciones teológicas y diálogos entre los fieles, u otros.

Sobre conversaciones teológicas y diálogos entre los fieles, u otros, cómo tenemos que hablar y aprender.

Yérontas Atanasio Mytilineos, el nuevo Crisóstomo

REPASADA TRADUCCIÓN 18/01/2025

Nuestro querido Yérontas Atanasio Mitileneos (1927 – 2006), llamado por los padres de la Santa Montaña Athos, el Nuevo Crisóstomo, aquí trata principalmente de la conversación teológica y diálogo entre los fieles. Su homilía  es muy oportuna en este tiempo confuso que vivimos.

Creo que todos tenemos algo que arreglar de nosotros mismos si nos doblamos y nos fijamos en nuestros corazones con honestidad. Por fin, dejemos de de una vez dar alegría al diablo que vehemente quiere romper y disgregar la Iglesia.

El que sabe callar aprende y sabe hablar dice, san Paísios!

 

Extracto de la homilía pronunciada el 7 de diciembre de 1986.

Existe un prejuicio sobre el tema de la discusión o conversación teológica, porque en el pasado surgían temas y cuestiones de herejía, es decir, de ortodoxia, (si es ortodoxo o no), y la conversación teológica muchas veces tomaba dimensiones de contienda, disputa y discordia. La gente peleaba, gritaba, comenzaban a debatir y terminaban en una disputa. Pero, amados míos, cuando decimos conversación teológica, no significa necesariamente que tengamos que tener personas opuestas o herejes para iniciar una discusión teológica. La discusión teológica puede desarrollarse de manera maravillosa entre fieles que tienen un vivo interés teológico y buscan profundizar más en la Verdad de Dios y mejorar su vida espiritual.

Tenemos muchos ejemplos de este tipo en el Nuevo Testamento. Por ejemplo, cuando el Señor conversa con Nicodemo, aquel experto en la ley, quien le pregunta: “¿tú eres maestro de la ley e ignoras el tema del renacimiento?, ¿cómo es que tú me dices que uno debe volver a entrar al vientre de su madre para ser renacido? ¿Tú que eres maestro de Israel? ¿Entonces qué hace el Señor con Nicodemo?, pues, una discusión teológica.

¿Qué hace el Señor con la mujer Samaritana? Escuchen. Una discusión teológica de muy alto nivel. Un tipo de diálogo tan elevado que no lo tuvo ni con los fariseos, ni con los Γραμματείς (Gramatís: intelectuales, teólogos de academia inexpertos, escribas). Una discusión profundamente teológica. Y son dos: el Señor y una mujer. Una mujer que probablemente ni siquiera sabía leer ni escribir, pero tenía inquietudes e intereses teológicos. Una mujer del pueblo, y, además, una prostituta. Pero ella tenía interés e inquietudes teológicas y así conversa con el Señor. Lo sorprendente es que esta conversación teológica la comienza la mujer, no Él –esto es un beneficio de Cristo en la conversación. Fue el Señor que dio el motivo: “Dame de beber agua”. Y ella respondió: «¿Cómo es que tú, siendo judío, me pides de beber a mí, una mujer samaritana?» Porque, por ley, un judío no debería tocar al samaritano. Sin embargo, le dice: “Si supieras quién es el que te dice dame de beber agua”. Entonces inmediatamente dice la mujer: “Nuestros padres nos han dicho que debemos venerar y adorar a Dios en el Monte Garizín, vosotros decís en el monte Sión, ¿cuál es el lugar correcto?” De inmediato, la mujer entra en una discusión, conversación teológica. Ella toma la iniciativa de entrar en un debate teológico, aunque fue el Señor quien dispuso la situación para que se abriera ese diálogo teológico.

Y el Señor, queridos míos, lleva a la mujer samaritana a conceptos elevados. Y estos conceptos elevados utilizan el método del diálogo. No un diálogo para buscar la Verdad, como en el diálogo filosófico, sino un diálogo que crea comprensión de la Verdad apocaliptada-revelada. Este punto que lo tengamos especial cuidado. La teología no es filosofía. No hablamos para encontrar la Verdad de una manera o forma lógica, racional, sino que conversamos para encontrar la Verdad por o según apocálipsis-revelación. Es decir, acudimos a aquello que ha sido depositado y apocaliptado-revelado para que se nos haga manifiesto. La apocálipsis-revelación depositada expuesta que sea revelada-apocaliptada también en nosotros.

Incluso el Señor también habla sobre temas teológicos con los γραμματείς (gramatís: intelectuales, teólogos de academia inexpertos, escribas) y los fariseos. Por ejemplo, cuando dice: «¿Cómo es que David, en el Espíritu, dijo: “El Señor dijo a mi Señor…?»  Salmo 109, etc. Pero, sobre todo, Jesús Cristo dialoga teológicamente con Sus discípulos. Ahí está la mayor parte de la teología…

Pero, queridos míos, cuando decimos “conversación teológica” no nos referimos a exhortaciones morales, – como decirle a alguien que sea buena persona, que tenga paciencia, que cuide de sí mismo—, ni tampoco a búsquedas vanidosas de la mente. Porque, muchas veces, quienes saben algo de teología inician conversaciones no para edificar, sino para vanagloriarse y exhibir su vanidad y demostrar a los demás lo importantes y geniales que son. Esto es muy malo. Nunca un diálogo o conversación debe llevarnos a una exhibición o presunción de gnosis (conocimientos). En ese caso, allí ya no hay el Espíritu de Dios. Y, muchas veces, tales discusiones no conducen a buenos resultados. Es un indicio de que el Espíritu de Dios no estaba ahí, y de que el motivo detrás de esa conversación fue la vanidad, vanagloria.

Por tanto, cuando decimos “conversación o discusión teológica”… la elaboraremos y la llevaremos a cabo con mucha humildad y con buena disposición tanto de aprender como para experimentar y vivir aquello que comprendemos; solo entonces profundizaremos en el contenido de nuestra Fe. Escudriñaremos su contenido para ver qué podemos extraer y absorber de él.

Mas nuestra conversación o discusión teológica se debe hacer para edificar y no para dañar o escandalizar. Muchas veces, alguien que ha aprendido muchas cosas, pero al no tener discernimiento, puede hablar de temas teológicos y, al final, escandalizar a los demás. Esto ocurre porque los oyentes, al ser personas simples, no están en condiciones de entender lo que se les dice. Lo que aprendemos en la universidad, por ejemplo, puede parecer escandaloso para una persona sencilla y aunque en realidad no lo sea, y decir: ¿estas cosas aprendéis? Por supuesto que uno puede aprender algo y para un hombre sencillo puede parecer escándalo y sin embargo puede ser que no sea escándalo… pero este hombre no está en situación de seguir una discusión de este tipo. Por eso, se requiere siempre precaución: la conversación debe ser siempre edificante y nunca dañina.

En una conversación teológica son inconcebibles las disputas y las contiendas. Única y exclusivamente porque el otro no entiende o tenga opiniones diferentes debido a su falta de comprensión. Puede que tenga estas opiniones distintas, entonces aquí ¿por qué tenemos que pelearnos y enfadarnos? No importa si cree algo distinto. Me dirán: ¿cómo que no importa si cree algo distinto? Sí, no importa. Pero esto no lo digo yo, lo dice le Apóstol Pablo. Dice a los Filipenses 3,15: “Así pues, los que deseamos ser perfectos sintamos de este modo; de que no nos hemos hecho perfectos, debemos luchar continuamente hasta el fin, y si alguno siente de otra manera de lo que os digo, esto Dios os lo apocaliptará-revelará y os lo hará ver”.

Todo lo que sabemos y lo que hemos percibido y entendido, debe estar de acuerdo. Si se supone que hay un punto que el otro no está de acuerdo única y exclusivamente porque no lo entiende, no vamos a pelearnos. Lo entenderá en su momento, cuando alcance la madurez necesaria. Por ejemplo, alguien podría preguntar: «¿Es posible aceptar las Sagradas Reliquias? Cuando llegue a la madurez, lo aceptará. (Esto mismo me pasaba a mí el traductor, pero llegó el momento que lo experimente y lo acepto, ya que muchas Reliquias sagradas al venerarlas me perfumaron).

Amigos míos, os contaré un pecado mío. Y si uno lo comparte públicamente… por supuesto también tiene que decirlo en su confesión. Cuando era joven, con unos 20 años y profesor, tenía que enseñar a los niños sobre la creación de Adán y Eva. Influido por las ideas que circulaban en aquel entonces, sentía vergüenza de hablar sobre la creación de Adán y Eva. Es decir, me parecía casi un mito, así que evitaba hablar de esos temas. Si se fijan ahora, no hay tema en el que no haga referencia a la creación y formación de los Primeros en ser creados. ¿Qué ocurrió? Muy simple: en ese momento no lo entendía. No porque quisiera negarlo, sino porque no había alcanzado la madurez para comprenderlo. Esto es lo que Pablo quiere decir.

Por lo tanto, hay muchas cosas que no podemos comprender. No debemos pelear con otros ni ellos con nosotros si no comprendemos. Esto no se aplica cuando tratamos con un hereje, incluso entonces, debemos decirle: «Esa es una opinión tuya, pero es incorrecta. No tenemos intención de pelear contigo; esto es lo correcto». Con las palabras: «Por las bendiciones de nuestros santos padres», damos por terminada la discusión.  Qué dice el Apóstol Pablo: “… después de una o dos instrucciones dimite o aléjate”. No te alteres, no pelearás, ni te enfadarás, ni llegarás a las manos. No, nada de estas cosas. ¿Qué debes hacer? Déjalo ir si insiste, y dile simplemente que su posición es errónea. No pelearemos, lo repito una vez más.

Añadiendo, me gustaría deciros que la conversación teológica presupone oyentes y conversadores. Debes saber cuándo tienes que hablar, qué vas a oír, cómo lo vas a oír y cuándo debes callarte. En otras palabras, la discusión requiere preparación y cultivación. No podemos hablar de un diálogo teológico si no tenemos las condiciones necesarias para llevarlo a cabo.

¿Han notado alguna vez cómo conversamos en una mesa, en un banquete o en un salón? Todos hablan al mismo tiempo. Todos. Todos hablan y nadie escucha, porque no hemos aprendido ni a hablar ni a escuchar. Solo una persona debería hablar. Cuando termine, otro puede empezar, luego el tercero, el décimo, pero no todos a la vez. Y debemos aprender a escuchar y sin interrumpir al otro, le escucharemos.

¿Qué dice el apóstol Pablo al establecer un orden en la Iglesia? Dice que: «Si se da un espíritu de profecía o teología a más de uno, no deben hablar todos al mismo tiempo, sino que cada uno debe esperar su turno para hablar».

Además, la discusión teológica no es un lujo, sino una necesidad de la psique-alma. Créanme, es una necesidad de la psique-alma. Cuando alguien logra extraer de esa mina de oro de la teología, del logos de Dios, una pequeña pepita de oro, ¡ah, si supieran!… ¡Qué alegría siente un arqueólogo cuando encuentra un hallazgo valioso! Mucho mayor es la alegría de aquel que encontró en el logos de Dios un tesoro teológico. ¿Qué puedo decirles? Es algo único, es una cosa admirable y maravillosa, y si lo comparte con compañía, cuando expresa aquello que ha encontrado, ¡los demás se alegran de una manera extraordinaria! Esto es lo que significa una conversación teológica fructífera: debe darse con las condiciones adecuadas, como una necesidad de la psique-alma y no como un lujo (intelectual).

Recordemos, queridos hermanos, como ejemplo, lo que ocurrió cuando el Señor se encontró con los dos discípulos camino a Emaús. ¿Saben qué hacían mientras caminaban hacia su pueblo? Hablaban teológicamente, compartían teología.  Por eso el Señor les preguntó: ¿Qué logos son estos que intercambiáis entre vosotros mientras camináis y estáis tristes? (Lc 21,17), es decir, habla uno y habla el otro, cuáles y qué son estos logos o palabras que estáis discutiendo. Y ellos respondieron: “Acerca de Jesús de Nazaret”. Y después, de esta conversación que mantuvieron con el Señor, queridos hermanos, se dieron cuenta de que su corazón ardía mientras Él les abría a través de les abría su νούς (nus: espíritu de la psique) y los sentidos espirituales para que entendiesen las Escrituras: “Entonces les fueron abiertos los ojos físicos, psíquicos y espirituales el nus/espíritu y la mente/intelecto y lo reconocieron, pero él desapareció de su lado. Y se dijeron el uno al otro: ¿No ardía el interior de nuestro corazón por el divino entusiasmo, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba los logos y conceptos difíciles de entender de las Escrituras?” (Luc 24: 31-32).

Una conversación, discusión o lectura fructífera crea una llama en el corazón. Despierta y crea sentimientos provocados por el Espíritu de Dios. En una conversación de este tipo, sea que estemos hablando o preguntando como os dije, no debemos convertirnos en molestos o vanagloriosos, sino discretos. La amabilidad, la cortesía y la humildad son unas virtudes divinas en una discusión o diálogo teológico. Amín. Fuente: arnion.gr 

Traducido por Χρῆστος Χρυσούλας Jristos Jrisulas xX jJ http://www.logosortodoxo.com/

 

EPÍSTOLA DE JUDAS

EL NUEVO TESTAMENTO ORTODOXO

Del original helénico de la Santa Diaconía de la Santa Iglesia Católica Apostólica Ortodoxa de Helas-Grecia

 

EPÍSTOLA DE JUDAS – ΕΠΙΣΤΟΛΗ ΙΟΥΔΑ

Se sugiere leer https://logosortodoxo.es/alfa%cf%89mega-gran-lexico-ortodoxo/

 

Saludos y condena segura de los estafadores y falsos maestros, 1-16. Los fieles que se protejan de ellos, 17-25.

  1. Judas, siervo de Jesús Cristo, hermano de Jacobo/Santiago, a los llamados a la fe cristiana y santificados en Dios Padre, y en Jesús Cristo guardados y protegidos del peligro y la contaminación del pecado,
  2. os deseo que crezca en abundancia la misericordia, la paz y la agapi-amor desinteresada e incondicional.
  3. Queridísimos, tenía un gran deseo e interés de escribiros acerca de nuestra común σωτηρία sotiría redención, sanación y salvación, y me he visto obligado a hacerlo para exhortaros a luchar con fuerza por la fe, que de una vez para siempre ha sido transmitida a los santos, los cristianos.
  4. Porque se han infiltrado entre vosotros en la Iglesia algunos hombres, que la Escritura había profetizado desde antiguo, destinados a caer en la terrible condenación; son gente malvada que tergiversan y falsean la verdad y la donación de la χάρις jaris-gracia energía increada que nos ha entregado nuestro Dios y niegan a nuestro único Soberano y Señor, Jesús Cristo.
  5. Quiero recordaros, aunque conocéis perfectamente todas estas cosas, que el Señor, después de haber liberado al pueblo de la opresión de Egipto, a continuación aniquiló a los incrédulos;
  6. Y a los ángeles que no guardaron su santidad y pureza inicial y el altísimo axioma angelical, sino que abandonaron su vida y su casa celestial, los ha guardado bajo oscuridad, en prisiones eternas, para el juicio de aquel gran día;
  7. como a Sodoma y Gomorra y las ciudades circunvecinas, que, al igual que aquéllas, se dedicaron a la lujuria y la homosexualidad y quedaron como ejemplo, sujetas a la pena del fuego eterno que la ira divina mandó desde el cielo.
  8. De un modo semejante, también estos, alucinados en los delirios de sus fantasías, manchan su cuerpo, desprecian la autoridad del Señor y blasfeman contra los gloriosos ángeles.
  9. El mismo arcángel Miguel, cuando luchaba con el demonio disputándole el cuerpo de Moisés, no se atrevió a echarle una maldición, sino que dijo: “Que el Señor te reprenda”.
  10. Pero ellos injurian aun a lo que no conocen; y lo que conocen por instinto, como los animales, sólo les sirve para su ruina.
  11. ¡Ay de ellos!, porque siguieron el camino de Caín, se precipitaron en el pecado y engaño de Balaam por ansia de dinero, y perecieron en la rebelión de Coré contra Dios.
  12. Estos son una vergüenza para vuestras comidas fraternas, comen y beben desvergonzadamente, cebándose a sí mismos; son como nubes sin agua arrastradas por el viento; arboles infructuosos en el otoño, dos veces muertos y desarraigados de la Iglesia de Cristo;
  13. olas bravías del mar, que arrojan la espuma de sus impurezas; estrellas errantes, para las cuales está reservada eternamente la oscuridad de las tinieblas del Hades. 
  14. Ya profetizó de ellos Henoc, séptimo patriarca después de Adán, diciendo: Mirad, el Señor viene con miles y miles de ángeles
  15. para hacer juicio contra todos los pecadores, y controlar a todos los impíos de todas sus obras impías por las que blasfemaron a Dios, y de todas las cosas duras que los pecadores impíos han hablado contra Dios.
  16. Son murmuradores, descontentos y querellosos siempre contra Dios, viven y se comportan conforme a sus deseos pecadores y perversos de su corazón; su boca profiere fanfarronadas y hablan con soberbia, adulando a las personas con vistas a su propio interés.

Los fieles que se protejan de ellos, 17-25.

  1. Pero vosotros, queridos míos, acordaos de las palabras que os predijeron los apóstoles de nuestro Señor Jesús Cristo.
  2. Acordaos que os decían que, en los últimos tiempos, los que precederán de la segunda venida de Cristo, habrá hombres impostores y mofadores contra Dios y su voluntad que vivirán y se comportarán según sus deseos malvados.
  3. Estos son los que provocan discordias y divisiones en la Iglesia, hombres sensuales dominados por los bajos instintos animales, privados del Espíritu de Dios y el espíritu de ellos no será cultivado y dotado por la divina jaris-gracia energía increada.
  4. Vosotros, en cambio, queridos, edificaos en el cimiento de vuestra santa fe, orad con la iluminación y la inspiración del Espíritu Santo;
  5. conservaos en la agapi-amor incondicional e increada de Dios, esperando siempre con confianza y paciencia la misericordia de nuestro Señor Jesús Cristo para ser dignos de entrar a la vida eterna.
  6. y a los que dudan, convencedlos mostrándoles bondad, conversando con ellos y conduciéndoles a la gnosis-conocimiento espiritual de Dios;
  7. a otros salvadlos, arrancadlos del fuego de los peligros de los pecados mortales; a otros, tenedlos compasión, pero con cuidado, aborreciendo hasta la túnica manchada por los pazos y los pecados de su cuerpo.

Doxología

  1. Y a aquel que es poderoso para guardaros sin pecado y presentaros intachables llenos de alegría y gozo delante su doxa-gloria luz increada e infinita,
  2. al único y sabio Dios, nuestro Salvador, sea doxa-gloria y majestad, imperio y potencia, ahora y por todos los siglos. Amén.