EPÍSTOLA A LOS COLOSENSES

EL NUEVO TESTAMENTO ORTODOXO

Traducido por Χρῆστος Χρυσούλας (Jristos Jrisulas) logosortodoxo.es/, heleno-griego nativo, me he instruido en la lengua del Nuevo Testamento y la Santa Parádosi-Tradición (katharévousa), la que actualmente se habla en el pueblo fiel heleno-ortodoxo.

 

EPÍSTOLA  DE PABLO A LOS COLOSENSES ΠΡΟΣ ΚΟΛΟΣΣΑΕΙΣ ΕΠΙΣΤΟΛΗ ΠΑΥΛΟΥ

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Colosenses  – Προς Κολοσσαείς 

Capítulo 1: Saludos y agradecimientos a Dios a favor de los colosenses, 1-14. El valor incalculable de Cristo y su obra, 15-23. Luchas y padecimientos de Pablo por el kerigma a los nacionales, 24-29.

 

Saludos y agradecimientos a Dios a favor de los colosenses, 1:1-14.

1:1. Υο Pablo, apóstol de Jesús Cristo por voluntad de Dios, y Timoteo, el hermano espiritual,

  1. a los santos y fieles hermanos en Cristo residentes en Colosés, os deseamos que la χάρις jaris-gracia energía increada y la paz de Dios Padre nuestro y del Señor Jesús Cristo esté con vosotros.
  2. Damos gracias a Dios, Padre de nuestro Señor Jesús Cristo, orando siempre por vosotros,
  3. porque estamos informados de vuestra fe en Jesús Cristo y de la agapi-amor incondicional que tenéis a todos los santos, creyentes Cristianos,
  4. le agradecemos aún por la esperanza de los bienes que os están reservados en los cielos, y de los cuales ya oísteis hablar en el pasado por el logos del evangelio pleno de la verdad de Dios,
  5. el cual Evangelio está siempre presente y luminoso ante vosotros y en todo el mundo; que, como fructifica y crece en todo el mundo, así también ha sucedido entre vosotros desde el día en que oísteis y conocisteis la enseñanza evangélica y la jaris-gracia increada de Dios en la verdad,
  6. conforme aprendisteis la enseñanza del Evangelio por Epafrás, nuestro querido compañero y fiel servidor y obrero de Cristo para vuestro progreso espiritual y vuestra σωτηρία sotiría redención, sanación y salvación;
  7. quien también nos ha manifestado vuestra agapi-amor incondicional por nosotros que el Espíritu Santo ha desarrollado en vuestras psiques-almas.
  8. Por esta razón nosotros, desde el día en que oímos estas noticias, no cesamos de rogar a Dios y pedir por vosotros, para que seáis llenos del conocimiento de la voluntad de Dios con toda sabiduría e inteligencia espiritual,
  9. y os comportéis y andéis de una manera digna del Señor, intentando complacerle en todo, fructificando en toda obra buena y creciendo en el conocimiento-gnosis de Dios,
  10. dotados de una fortaleza a toda prueba por el poder de su doxa-gloria para así soportar todo con gozo y con paciencia; siempre con alegría,
  11. dando gracias al mismo tiempo a Dios Padre, que con su jaris-gracia energía increada nos ha hecho dignos y capaces de participar en la herencia, la que tendrán los santos, es decir, en la iluminada realeza increada de Dios.
  12. que nos rescató del poder de las tinieblas de los demonios y nos transportó a la Realeza increada de su Hijo amado,
  13. en quien tenemos la liberación, el perdón y la eliminación de los pecados.

El valor incalculable de Cristo y su obra, 1:15-23.

  1. Este el Hijo es imagen-icona de Dios invisible, primogénito que no fue creado, sino nacido antes de los siglos (preeternamente) antes que fuera creada toda la creación, de la misma usía-esencia del Dios Padre,
  2. porque por él mismo fueron creadas todas las cosas, las de los cielos y las de la tierra, lo invisible y lo visible, sean como tronos como dominaciones, como principados, como potestades; absolutamente todo fue creado por él y para la doxa-gloria a él;
  3. y él mismo atemporal y perpetuo existe antes que todas las cosas, todas subsisten en él y todo es gobernado por él.
  4. Él es también la cabeza del cuerpo, de la Iglesia, siendo el principio, el primogénito entre los muertos, para ser como hombre también el primero en todo,
  5. ya que en él condescendió y se complació el Padre que habitase en él toda la plenitud de la deidad.
  6. Quiso también por medio de él reconciliar consigo todas las cosas. Reconcilió y pacificó por la sangre de su sacrificio cruciforme, tanto los hombres de la tierra entre ellos y con Dios, como también los ángeles del cielo con todos nosotros los seres humanos.
  7. Y a vosotros, que un día fuisteis alejados de Dios y enemigos de él sobre vuestro hombre interior por vuestras obras malignas y viles,
  8. ahora os reconcilió por su cuerpo, con su propia carne con la muerte cruciforme, para haceros y presentaros limpios, inmaculados e irreprensibles ante su presencia,
  9. siempre que perseveréis sólidamente cimentados en la fe y estables e inconmovibles en la esperanza del Evangelio que oísteis, el que ha de ser predicado a toda οικουμένη icumeni tierra habitada bajo el cielo, y del cual Evangelio yo, Pablo, me hice servidor-diácono.

Luchas y padecimientos de Pablo por el kerigma a los nacionales, 1:24-29.

  1. Ahora encadenado y encarcelado me alegro de sufrir por vosotros, y por mi parte completo en mi carne lo que falta a las tribulaciones y sufrimientos de Cristo por su cuerpo, que es la Iglesia,
  2. de la que fui hecho servidor-diácono según la economía que Dios me dio la misión para bien espiritual vuestro, con el fin de serviros y predicar intachable y pleno el logos de Dios,
  3. es decir, predicar el plan secreto de Dios, escondido desde los siglos y desde las generaciones y ahora manifestado a los creyentes por el kerigma del Evangelio a los santos de Dios, a los Cristianos,
  4. a quienes Dios quiso descubrir cuál es la riqueza sublime de este secreto de la salvación de los hombres entre los paganos de las naciones, que es Cristo entre vosotros, por el cual todos tenemos la esperanza de adquirir la doxa-gloria luz increada eterna,
  5. a quien nosotros anunciamos aconsejando, enseñando e instruyendo a todo hombre en toda sabiduría, para hacerlo y presentarlo perfecto en Jesús Cristo;
  6. con miras a lo cual me fatigo y lucho apoyado en la χάρις gracia energía increada de Cristo, que opera poderosamente en mi interior.

 

 Capítulo 2: Asistencia cariñosa para los Colosenses y los Laodiceos, 1-15. Protegerse de los kerigmas de falsos maestros, 16-23.

 

Asistencia cariñosa para los Colosenses y los Laodiceos, 2:1-15.

2:1. Quiero que sepáis qué intensa lucha soporto por vosotros y por los que residen en Laodicea y por todos los que no me conocen personalmente,

  1. para que cobren ánimo y sean consolados sus corazones, se mantengan unidos cultivando la agapi-amor incondicional entre sí y por ella se unan armónicamente y serán informados así con sabiduría y prudencia de toda la riqueza de la verdad que se refiere a su salvación y conocerán en el fondo el misterio de Dios Padre y de Cristo.
  2. Conocer que en el Cristo se encuentran todos los tesoros de la sabiduría y de las gnosis-conocimientos que antes estaban ocultas, y se han manifestado ahora por Cristo a los fieles.
  3. Digo esto para que nadie os engañe con fantasías y razonamientos falsos que se basan en indemostrables especulaciones y conjeturas y así os alejan de Cristo.
  4. Pues, aunque corporalmente me hallo ausente, en espíritu me encuentro en vuestra compañía, complaciéndome al ver la disposición firme de vuestra fe inquebrantable en Cristo.
  5. Pues, tal como habéis sido enseñados por Epafrás y habéis aceptado a Jesús Cristo, el Señor, vivid y comportaos como él quiere,
  6. arraigados y cimentados en Cristo; manteneos firmes en la fe tal y como aprendisteis, en continua acción de gracias a la vez a Dios que os ha entregado esta fe.
  7. Cuidado con que nadie os quite el tesoro de la fe y os engañe con falsas filosofías y vanos silogismos, apoyados en las tradiciones de los hombres y en los elementos del mundo, y no según la enseñanza de Cristo.
  8. No lo olvidéis nunca que en Cristo, dentro en su cuerpo, en su naturaleza humana que tomó por la encarnación, habita toda la plenitud de la deidad,
  9. y además en él, vosotros estáis llenos de carismas inestimables; Él es la cabeza de todo principado y potestad en el cielo y en la tierra.
  10. En él también fuisteis circuncidados no con una circuncisión hecha no por la mano del hombre, sino con la circuncisión espiritual de Cristo (en el corazón espiritual o psicosomático) recibida por el bautismo, que consiste en el despojo y eliminación de vuestro antiguo hombre carnal y pecador.
  11. En el bautismo fuisteis sepultados de una forma misteriosa o mística con Cristo, habéis resucitado también con él por la fe y la potente energía increada de Dios, que lo resucitó de entre los muertos.
  12. Y a vosotros, que estabais muertos por vuestros pecados y la circuncisión de la carne, por no haber dominado los apetitos carnales y los bajos instintos animales, os volvió a dar la vida juntamente con Cristo, y nos ha perdonado todos los pecados a todos, Judíos y Griegos o nacionales.
  13. Ha destruido el acta de nuestra culpa que había contra nosotros, que se había hecho a causa de los preceptos de la Ley mosáica, los cuales preceptos todos habíamos transgredido en la mayor parte de ellos. Esta acta condenatoria la ha quitado del medio y la ha clavado en la cruz donde por su sangre también la borró.
  14. y en la cruz, despojó y destituyó a los principados y a las potestades de los demonios, y los exhibió públicamente, triunfando contra ellos y arrastrándolos ya vencidos y débiles en su pompa triunfal.

Protegerse de los kerigmas de falsos maestros, 2:16-23.

  1. Por consiguiente, los preceptos de la ley quedaron abolidos, que nadie os juzgue por las comidas o bebidas o por la participación en las fiestas, primeros de mes o sábados,
  2. estas cosas son sombra y prefiguración del futuro, que se entregarían por el Nuevo Testamento; y el verdadero cuerpo, o sea, la verdad que redime y salva es el Cristo.
  3. Que nadie, os arrebate y os prive el premio de la victoria, presentándose con simulada humildad o enseñando que da culto y ora a los ángeles; este fantasioso o tipo fantasma metiéndose en cosas que no ha visto, infla su estúpido orgullo hundido a la falsa luz de su nus-espíritu y de su inteligencia racional y carnal,
  4. en lugar de adherirse a la cabeza, es decir, a Cristo, por la que todo el cuerpo, o sea, la Iglesia, sustentado y ligado por las articulaciones y junturas que se juntan entre sí armónicamente, -vivificándose por la vida en Cristo- aumenta y crece armónicamente con el crecimiento que quiere y opera el Dios.
  5. Si habéis muerto con Cristo os habéis liberado de los elementos y de las vanas enseñanzas del mundo, ¿por qué vivís aún la vida mundana y os sometéis a preceptos de falsos maestros como si todavía fueseis del mundo:
  6. no tomes, no gustes, no toques?
  7. ¿Todos éstos no son preceptos y enseñanzas humanas de cosas que con el uso se consumen? ¿Cómo es que aceptáis estos preceptos y enseñanza de estos hombres?
  8. Son preceptos que implican cierta especie de sabiduría, de afectada piedad, humildad y de cierta religión hecha a gusto de los herejes con su falsa humildad y severidad con el cuerpo, pero sin valor alguno, pues sólo tienden a satisfacer los apetitos carnales, los bajos instintos animales y pecados del antiguo hombre.

 

Capítulo 3: La nueva vida en Cristo y sus consecuencias, 1-17. Consejos para la familia, 18-25.

 

La nueva vida en Cristo y sus consecuencias, 3:1-17.

3:1. Por consiguiente, si habéis resucitado o despertado espiritualmente junto con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde Cristo está sentado a la diestra de Dios;

  1. vuestros pensamientos, deseos y conductas sean hacia las cosas de arriba, no en las de la tierra.
  2. Porque vosotros habéis muerto espiritualmente para el mundo por el bautismo, y vuestra vida nueva está escondida con Cristo en Dios.
  3. Cuando Cristo que es nuestra vida y fuente de la vida, se manifieste gloriosamente durante su segunda parusía-presencia entonces vosotros también apareceréis y brillaréis junto con él en la doxa-gloria luz increada.
  4. Por tanto, destruid y mortificad todo lo que hay de terrenal en vuestros miembros del cuerpo: la lujuria, la impureza, los pazos pecadores, expulsar el hedonismo y deleites terrenales, los malos deseos que manchan al hombre y le conducen a malas praxis, y la ambición, la vanagloria y la avaricia que son idolatría;
  5. acciones por las que sobreviene la ira divina sobre los hijos rebeldes de la desobediencia y no arrepentidos por sus maldades
  6. y en los pecados que también vosotros andabais arrastrados en vuestra vida pasada.
  7. Pero ahora dejad todo eso: la ira, el rencor, la malicia, la vileza, los insultos y las groserías de vuestra boca.
  8. No os engañéis ni os mentís unos a otros, pues os habéis despojado del hombre viejo con sus praxis malignas y maliciosas
  9. y revestidos del hombre nuevo, que se renueva sin cesar, de modo de adquirir el conocimiento-gnosis profundo de Dios y os hagáis continuamente más perfecta imagen de Cristo, creado de Dios.
  10. Y en esta nueva situación y estado renovados por Cristo, ya no hay distinción entre griego y judío, circunciso o incircunciso, bárbaro o escita, esclavo o libre, sino que Cristo es todo en todos los fieles.
  11. Vosotros, pues, como elegidos de Dios, santos amados, revestíos interiormente de misericordia, bondad, humildad, mansedumbre, longanimidad, comprensión, paciencia y apacibilidad;
  12. Soportaos y toleraos con agapi-amor incondicional unos a otros las debilidades y perdonaos si alguno tiene queja justificado contra otro. Del mismo modo que el Cristo os perdonó, así también vosotros debéis perdonaros.
  13. Pero, por encima de todo, tened agapi-amor incondicional y desinteresada, que es el lazo perfecto que conecta y une en un conjunto perfecto todas las virtudes.
  14. Que la paz de Dios reine en vuestros corazones, en esta paz (interior) fuisteis llamados por Cristo para formar un solo cuerpo. Y sed agradables y agradecidos siempre según la voluntad de Dios.
  15. Que la enseñanza del logos de Cristo habite entre vosotros con toda su riqueza, enseñándoos y exhortándoos unos a otros con toda sabiduría, con salmos, himnos y cánticos espirituales, cantando y dando gracias a Dios con todo vuestro corazón.
  16. Y todo lo que hagáis o digáis, hacedlo en nombre de Jesús, el Señor, dando gracias a Dios Padre por medio de él, que tanto nos ha beneficiado y sigue beneficiando.

Consejos para la familia, 3:18-25.

  1. Mujeres, someteos a vuestros maridos, como si os sometierais al Señor (quien manda esta sumisión).
  2. Maridos, amad a vuestras esposas y no os irritéis contra ellas.
  3. Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, porque esto agrada al Señor.
  4. Padres, no exasperéis a vuestros hijos, para que no se desalienten, se desesperen y se enfaden.
  5. Esclavos o trabajadores, obedeced a vuestros jefes temporales; no sólo cuando os ven, como para quedar bien con ellos, sino de todo corazón, con honestidad y por respeto al Señor.
  6. Todo lo que hagáis, hacedlo con gusto, como si sirvieseis al Señor y no a los hombres,
  7. sabiendo que por el Señor disfrutaréis de la recompensa de la herencia de la Realeza increada de los cielos. Se os dará esto como recompensa porque así trabajáis al Señor Jesús Cristo.
  8. Al que comete injusticia le darán la paga de sus injusticias, pues no hay ante Dios acepción de personas o personalidades, todos somos iguales.

 

Capítulo 4: Perseverancia en la oración y la buena lucha, 1-6. Noticias personales y saludos, 7-18.

 

Perseverancia en la oración y la buena lucha, 4:1-6.

4:1. Amos o jefes, practicad la justicia y la equidad con los siervos o trabajadores, en nombre de la agapi-amor fraternal, puesto que sabéis que también vosotros tenéis a vuestro amo en el cielo.

  1. Perseverad todos en la oración, siempre en nipsis, alerta y a la vez dando gracias a Dios,
  2. pidiendo en vuestras oraciones también por nosotros, para que Dios abra la puerta de nuestro logos para proclamar con facilidad el secreto/misterio de Cristo, por el que ahora estoy encadenado.
  3. Pedid al Señor para que me ayude a anunciarlo a los hombres con el lenguaje conveniente.
  4. Portaos sabiamente con serenidad y prudencia con los hombres de afuera de la Iglesia de Cristo, aprovechando bien vuestro tiempo para hacer el bien.
  5. Que vuestra conversación sea siempre agradable, sazonada con la sal de la jaris-gracia increada, sabiendo cómo debéis responder con discernimiento a cada uno, de modo que sean según Dios agradables a los hombres.

Noticias personales y saludos, 4:7-18.

  1. Tíquico, hermano muy querido, fiel servidor-diácono del Señor y compañero de trabajo en la obra del Señor,
  2. os lo envío precisamente que tengáis noticias mías y lleve el consuelo a vuestros corazones.
  3. Con él va Onésimo vuestro paisano, fiel y querido hermano. Ellos os informarán de todo cuanto aquí llevamos a cabo.
  4. Os saluda Aristarco, mi compañero de prisión, y Marcos, el primo de Bernabé, de quien recibisteis instrucciones, si llega a vosotros, acogedle,
  5. y Jesús, llamado Justo os manda un abrazo. Éstos son los únicos de los Cristianos circuncisos, que trabajan conmigo aquí en Roma para el kerigma de la realeza increada de Dios; ellos me sirvieron de consuelo en mi tribulación en la cárcel.
  6. Os saluda Epafrás, vuestro compatriota, siervo de Jesús Cristo, que continuamente se esfuerza suplicando por vosotros, para que os mantengáis firmes y totalmente sometidos a la voluntad de Dios.
  7. Soy testigo de lo mucho que se preocupa por vosotros, por los cristianos de Laodicea y por los de Hierápolis.
  8. Os saluda Lucas, el médico tan querido, y Dimas.
  9. Saludad a los hermanos de Laodicea, a Ninfas y a la Iglesia que se reúne en su casa y constituyen la Iglesia en casa.
  10. Cuando vosotros hayáis leído esta epístola, procurad también que sea leída en la Iglesia de Laodicea, y la de Laodicea leedla también vosotros.
  11. Decid a Arquipo que procure cumplir bien el servicio sagrado que el Señor le ha encomendado.
  12. El saludo es de mi puño y letra: Pablo. Acordaos de que estoy en la cárcel, para que mis cadenas sean el ejemplo en vuestra vida cristiana y trabajo. Que la χάρις jaris-gracia energía increada de nuestro Señor esté con vosotros. Amín.

 

 

 

 

 

 

EPÍSTOLA A LOS FILIPENSES

EL NUEVO TESTAMENTO ORTODOXO

 

EPÍSTOLA DE PABLO A LOS FILIPENSES ΠΡΟΣ ΦΙΛΙΠΠΗΣΙΟΥΣ ΕΠΙΣΤΟΛΗ ΠΑΥΛΟΥ

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Filipenses – Πρός Φιλιππησίους Capítulo 1: Saludos y gracias a Dios por ellos, 1-11. Pablo a pesar de ser encarcelado lucha para la fructificación del Evangelio, 12-26. Que luchen también los Filipenses en el ejercicio espiritual del Evangelio, 27-30.

 

Saludos y gracias a Dios por ellos, 1:1-11.

1:1. Pablo y Timoteo, siervos de Jesús Cristo, a todos los cristianos que viven en Filipos con sus obispos y diáconos.

  1. Os deseamos que la χάρις jaris-gracia energía increada y la paz de nuestro Dios Padre y del Señor Jesús Cristo, esté siempre con vosotros.
  2. Siempre que me acuerdo de vosotros doy gracias a mi Dios;
  3. y cada vez que pido por vosotros en mis oraciones, para que progreséis en la fe y vida en Cristo, lo hago con alegría,
  4. agradezco a Dios por vuestra participación en la χάρις jaris-gracia increada del evangelio y en la obra de su divulgación, desde el primer día que habéis creído hasta ahora,
  5. convencido de que Dios quien comenzó en vosotros la buena obra de vuestra σωτηρία sotiría redención, sanación y salvación y vuestra participación a la nueva vida del Evangelio, la llevará a feliz término hasta aquel gran día de la segunda parusía-presencia de Jesús Cristo.
  6. Es justo que yo sienta así de bien por todos vosotros, pues os llevo en el corazón, ya que compartís conmigo el privilegio de estar preso en la cárcel y en mi apología ante los tribunales y en la consolidación de mi kerigma evangélico, todos sois copartícipes conmigo en el Evangelio y en la χάρις jaris-gracia energía increada, la que me refuerza.
  7. Dios es testigo de todo lo que os quiero y os amo con mi corazón que pertenece todo en Jesús Cristo.
  8. Y le pido en mi oración también esto: que vuestra agapi-amor incondicional a Dios y entre nosotros crezca cada día más en conocimiento-gnosis de la verdad, con entendimiento y prudencia,
  9. para que investiguéis y discernáis lo más perfecto y ortodoxo, a fin de que seáis auténticos, íntegros e irreprensibles para el gran día de la parusía-presencia de Cristo,
  10. llenos de frutos de virtud y justicia, que se consigue por la χάρις jaris-gracia energía increada de Jesús Cristo, para gloria y alabanza de Dios.

Pablo a pesar de ser encarcelado lucha para la fructificación del Evangelio, 1:12-26.

  1. Hermanos, quiero que sepáis que las cosas desagradables que me han ocurrido han venido a favorecer el progreso del Evangelio y su enseñanza,
  2. hasta el punto de que en el palacio y en otros ciudadanos de Roma y en todo lugar se han enterado que llevo las cadenas y el encarcelamiento que soporto con paciencia a causa de mi fe a Cristo;
  3. y así muchos de los hermanos, alentados en el Señor por mis cadenas y la cárcel, se reforzaron en la fe y se muestran más intrépidos, anunciando sin temor el logos del Evangelio.
  4. Cierto que algunos predican a Cristo por espíritu de envidia y competencia creando conflictos y contrariedades con la intención de perjudicarme, pero otros predican a Cristo ortodoxamente y de corazón con buena voluntad,
  5. aquéllos por rivalidad y por interés propio predican a Cristo no sinceramente, porque creen que así hacen más dura mi prisión;
  6. pero otros predican por agapi-amor incondicional, sabiendo que yo vivo y existo para defender y divulgar el Evangelio.
  7. Pero, al fin y al cabo, ¿qué importa? De cualquier manera que Cristo sea anunciado, hipócrita o sinceramente, yo me alegro, y me alegraré;
  8. porque conozco bien que por el aumento de mis tribulaciones y sufrimientos por causa mía se divulga el Evangelio, y redundará en beneficio espiritual mío y salvación por vuestra oración, por la χάρις jaris-gracia energía increada y las donaciones del Espíritu Santo, que Cristo nos da.
  9. Este progreso mío y mi salvación eterna está de acuerdo con mi ardiente anhelo y esperanza en que en nada seré defraudado, sino que con toda seguridad y franqueza, como siempre, también ahora Jesús Cristo será glorificado en mi cuerpo encarcelado y entristecido, sea en vida, sea que me maten y muera.
  10. Además para mí toda mi vida es Cristo, ya que vivo en Cristo y Cristo vive en mí. Pero si muero también es ganancia para mí, porque así volaré hacia el cielo en plena comunión y unión con Cristo.
  11. Pero si sigo viviendo en este cuerpo y continuo trabajando para el Evangelio, trae fruto espiritual a los fieles y promueve el Evangelio, no sé qué elegir.
  12. Me siento dominado y apremiado por ambas partes: por una parte, deseo la muerte para estar con Cristo, lo que es mejor para mí;
  13. por otra parte, deseo continuar viviendo con mi cuerpo en esta vida, que juzgo que es más necesario y beneficioso espiritualmente para vosotros.
  14. Tengo la convicción de que permaneceré aún con todos vosotros en la vida presente, para vuestro progreso espiritual y la alegría y gozo que os da la fe viva.
  15. para que abunde vuestra gloria y satisfacción de mí en Jesús Cristo por mi presencia otra vez entre vosotros.

Que luchen también los Filipenses en el ejercicio espiritual del Evangelio, 1:27-30.

  1. Sólo os ruego que sobre todo hagáis una vida digna del evangelio de Cristo para que, sea cuando vaya y lo vea, sea que esté ausente lo oiga, perseveréis firmes en un mismo espíritu, luchando todos con una sola psique-alma por la fe del Evangelio,
  2. sin dejaros intimidar y perturbarse en lo más mínimo ante los adversarios de Cristo; este comportamiento vuestro heroico y valiente es demostración que ellos resultarán a la perdición eterna, sin metania ni arrepentimiento por su apostasía, en cambio para vosotros es demostración de salvación eterna. (Y el que seáis perseguidos por los enemigos del Evangelio y el que ganaréis la salvación, esto es regalo de Dios).
  3. Porque a vosotros os ha sido dado como carisma y regalo de Dios, no sólo de creer en Cristo, sino también de padecer por el nombre de Cristo,
  4. teniendo que sostener el mismo combate que visteis en mí, cuando estaba en Filipos donde había sido azotado y encarcelado y ahora oís de mí, que estoy en Roma también pasando por lo mismo.

 

Capítulo 2: Unidad por la humildad imitando a Cristo, 1-11. Que queden hasta el final fieles siendo astros luminosos en el mundo, 12-18. Encomio y envío de Timoteo y Epafródito, 19-30.

 

Unidad por la humildad imitando a Cristo, 2:1-11.

2.1. Por tanto, oh Filipenses, si ahora que estoy encadenado y encarcelado queréis consolarme en Cristo, con alguna muestra de amor para aliviar mi sufrimiento, si estáis unidos y participáis en el mismo Espíritu, si tenéis entrañas de misericordia y bondad y me compadecéis a las tribulaciones que ahora sufro,

  1. llenadme de gozo y alegría, teniendo todos un mismo pensar y moral, una misma agapi-amor incondicional entre vosotros, una sola psique-alma, un corazón y una conducta verdadera y una actitud ortodoxa,
  2. no hagáis cosa alguna por espíritu de partidismo, rivalidad, o de vanagloria; sed humildes y tened a los demás por superiores a vosotros,
  3. preocupándoos no sólo de vuestras cosas, sino también de las cosas de los demás.
  4. En esto procurad a imitar a Jesús Cristo, es decir, cultivar la virtud de la humildad ante los demás y la agapi-amor incondicional hacia los otros, esto que había también en Jesús Cristo,
  5. Cristo teniendo la naturaleza gloriosa de Dios con sus infinitas cualidades, y como imagen-icona de Dios existía en forma de Dios, no consideró como codiciable tesoro el mantenerse igual a Dios,
  6. sino que se despojó y se vació a sí mismo y solo empequeñeció provisionalmente su infinita e increada doxa-gloria de su deidad, y tomó la naturaleza de siervo, haciéndose semejante a los hombres;
  7. y, estando en su condición y forma de hombre simple, se humilló a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz, sin dejar ni un momento de ser también Dios perfecto.
  8. Por ello Dios le glorificó y le exaltó a lo sumo y como hombre le otorgó el nombre Kirios-Señor Jesús Cristo, que está por encima de cualquier otro nombre en la tierra y en el cielo,
  9. para que al nombre de Jesús doblen su rodilla los ángeles del cielo, los hombres de la tierra y hasta los malignos espíritus del abismo,
  10. y toda lengua confiese Jesús Cristo Kirios-Señor para doxa-gloria de Dios Padre.

Que queden hasta el final fieles siendo astros luminosos en el mundo, 2:12-18.

  1. Por tanto, queridos hermanos, como siempre habéis obedecido al kerigma del Evangelio y habéis imitado la humildad y la agapi de Cristo, no sólo durante mi presencia, sino también y mucho más mientras estuve ausente, con temor y temblor trabajad para llevar acabo vuestra salvación;
  2. porque es Dios el que opera en vosotros y os concede la jaris-gracia increada del querer y del obrar, según su voluntad, para vuestra salvación.
  3. Haced todo lo que manda Dios sin murmuraciones, sin quejas, ni discusiones,
  4. a fin de que seáis irreprochables y sin malicia en vuestro comportamiento, dignos hijos de Dios, irreprensibles en medio de esta generación perversa y descarriada, en medio de la cual brilláis como astros luminosos en el mundo,
  5. manteniendo firme y sin duda el logos del Evangelio que es vida y da vida, de modo que pueda presumir en el día de la segunda parusía-presencia de Cristo de no haber corrido sin resultado ni haber trabajado inútilmente.
  6. Y aunque tuviera que derramar gota a gota mi sangre en sacrificio y ofrenda a Dios para servir en vuestra fe, me gozo y me congratulo con todos vosotros.
  7. Alegraos también vosotros de esto mismo y congratulaos conmigo.

Encomio y envío de Timoteo y Epafródito, 2:19-30.

  1. Confiado en Jesús, el Señor, espero enviaros pronto a Timoteo, a fin de que también yo me sienta reconfortado y deleitado, cuando con su vuelta me dé noticias buenas de vosotros.
  2. Os mando a Timoteo porque a ninguno otro tengo del mismo ánimo y agapi, y que tan sinceramente se interese por vosotros,
  3. pues todos buscan sus comodidades y sus intereses personales, no los que quiere Jesús Cristo.
  4. Vosotros conocéis su probada virtud y su dedicación a la obra de Cristo, que como un hijo cariñoso con su padre se ha conducido y colaborado conmigo en la obra del Evangelio.
  5. Pienso enviároslo tan pronto como pueda entrever el resultado de mi juicio, y,
  6. confiado en el Señor, espero ir en Filipos yo mismo pronto.
  7. Entre tanto he juzgado necesario, antes de Timoteo, enviaros a Epafrodito, nuestro hermano, colaborador y compañero de fatigas, el que vosotros me enviasteis con el encargo de socorrerme en mis necesidades,
  8. pues está deseando veros a todos vosotros y siente profunda inquietud porque sabe que ha llegado a vosotros la noticia de su enfermedad y os habéis entristecido.
  9. Cierto que enfermó y estuvo a las puertas de la muerte, pero Dios tuvo misericordia de él; y no sólo de él, sino también de mí, para que no tuviese yo tristeza sobre otra tristeza que estoy teniendo por el encadenamiento y la cárcel.
  10. Por ello os lo envío más prontamente, a fin de que, viéndole de nuevo, os gocéis y os alegréis y yo me sienta aliviado en mi tristeza.
  11. Recibidlo cristianamente, con alegría y cariño, como el Señor quiere, y tened en honor a personas como él obreros del Evangelio,
  12. y Espafródito es digno de este honor, porque por la obra de Cristo estuvo a punto de morir poniendo en peligro su vida para proporcionarme en vuestra ausencia los servicios que vosotros no me podíais prestar, es decir, servirme como representante vuestro en Roma.

 

Capítulo 3: Contra falsos hermanos, 1-14. Exhortación hacia la lucha para la perfección, 15-21.

 

Contra falsos hermanos, 3:1-14.

3:1. Por lo tanto, hermanos míos, alegraos en el Señor. No me resulta molesto escribiros las mismas cosas, y a vosotros os es útil y os fortalece en la vida y fe ortodoxa.

  1. ¡Cuidado con los malos obreros que destruyen el trabajo de los demás, cuidado con falsos maestros que son como perros salvajes, cuidado con los de la circuncisión que falsean la verdad evangélica por la circuncisión y otros preceptos de la Ley; cuidado con los que intentan fraccionar la Iglesia!
  2. La verdadera circuncisión somos nosotros, los que damos culto iluminados por el Espíritu de Dios y estamos orgullosos de Jesús Cristo porque creemos y pertenecemos a él, no poniendo nuestra confianza en algo humano, ni nos sostenemos en los mandatos de la Ley mosáica que se refieren a la carne como es la circuncisión,
  3. aunque yo sí podría confiar en lo humano, sobre los mandatos de la Ley mosáica; pues si alguno cree poder confiar en lo humano, más podría yo.
  4. Fui circuncidado al octavo día; soy del linaje de Israel; de la tribu de Benjamín; hebreo, hijo de hebreos y, por lo que a la ley se refiere era fariseo que intentaba cumplirla con mucha exactitud;
  5. por celo a la ley de la religión paternal, fui perseguidor de la Iglesia de Cristo; en cuanto a la justicia que viene del cumplimiento de la ley, fui irreprensible.
  6. Pero todo lo que tuve entonces por ventaja, ahora iluminado por la verdad del Evangelio lo considero como daño, perjuicio y desventaja y lo he renegado todo para gustar a Cristo y sólo por él encontrar mi salvación;
  7. más aún, todo lo tengo por pérdida ante el sublime conocimiento-gnosis de Jesús Cristo, mi Señor, por quien he sacrificado voluntariamente todas las cosas, y las considero basura con tal de ganar a Cristo
  8. y encontrarme en él durante aquel gran día del juicio; no en posesión de mi justicia, la que viene de la ley, sino de la que se obtiene por la fe en Cristo, que emana de Dios y que se funda en la fe,
  9. a fin de conocerle por experiencia personalmente a él y el poder de su resurrección y mi participación en sus padecimientos, incluso en la muerte semejante a la de él.
  10. para alcanzar yo también la gloriosa resurrección de los muertos.
  11. No quiero decir con esto que haya alcanzado ya la perfección y la victoria, sino que lucho continuamente y corro tras ella con la pretensión de darle alcance, por cuanto yo mismo fui alcanzado y atraído en la fe por Jesús Cristo. Él tiene la última palabra de mi salvación en los cielos.
  12. Hermanos, yo no creo haberla alcanzado ya;
  13. de una cosa pienso siempre y me ocupo: olvidando lo que queda atrás, me lanzo en persecución de lo que está delante y se debe realizar; y pretendo realizar con firmeza y celo el propósito de mi llamada, para recibir el premio que nos ha preparado Dios, quien nos ha llamado por Jesús Cristo arriba en el cielo.

Exhortación hacia la lucha para la perfección, 3:15-21.

  1. Así pues, los que deseamos ser perfectos sintamos de este modo; de que no nos hemos hecho perfectos, debemos luchar continuamente hasta el fin, y si alguno siente de otra manera de lo que os digo, esto Dios os lo hará ver.
  2. Pero de cualquier modo, aquí donde hemos llegado, en el estado espiritual que nos encontramos hoy, no debemos tener diferentes conductas entre nosotros, sino que debemos seguir la misma regla de fe y vida, para tener la misma conducta y actitud ortodoxa, todos.
  3. Hermanos, seguid todos mi ejemplo, imitadme y observad a los que andan y se comportan conforme al modelo que tenéis en mí. A estos tenéis que imitar.
  4. Porque muchos entre vosotros no andan en el camino ortodoxo y se convierten en escándalo, de quienes muchas veces os dije, y ahora tengo que repetirlo con lágrimas en los ojos. Me refiero a los enemigos de la cruz de Cristo; es decir, aquellos que al principio creyeron y obedecieron a Cristo, pero después vivieron y viven vida pecadora y escandalizan los fieles, sabotean y perturban la Iglesia y combaten contra Cristo.
  5. el fin de ellos será la condena y la perdición eterna, su dios es su vientre, buscan la gloria en praxis y situaciones vergonzosas y tienen puesto su corazón en las cosas de la tierra y en las conductas carnales.
  6. Nuestra política de gobierno y nuestra patria está en los cielos, nuestro comportamiento es como los ángeles del cielo, de donde esperamos con mucho anhelo nuestro Salvador y Señor Jesús Cristo,
  7. el cual transformará nuestro cuerpo lleno de miserias semejante a su cuerpo glorioso por la omnipotente energía increada por la que puede someter a sí todas las cosas.

 

Capítulo 4: Exhortaciones cariñosas, 1-9. Agradecimientos por la ayuda que le mandaron los filipenses, 10-23.

 

Exhortaciones cariñosas, 4:1-9.

4:1. Por tanto, hermanos míos queridísimos, que por vuestras virtudes y vuestra agapi-amor incondicional sois mi alegría en el Señor y mi corona de gloria, os ruego que os mantengáis firmes en el Señor y en la vida en Cristo, como antes os dije queridos míos.

  1. Ruego a Evodia y a la Síntique que tengan la misma conducta, el mismo sentir y entendimiento en el Señor.
  2. Y a ti Sísico, sincero y leal discípulo de Cristo y de la Iglesia, te ruego que prestes tu ayuda a éstas, que han trabajado mucho en el Evangelio conmigo y con Clemente y demás colaboradores míos, cuyos nombres están escritos por Dios en el libro de la vida eterna.
  3. Alegraos siempre con la divina y rica alegría que da el Señor; lo repito: alegraos siempre en el Señor.
  4. Que vuestra tolerancia y bondad sea notoria a todos los hombres, fieles e infieles. El Señor está cerca. Viene para dar a cada uno según sus obras.
  5. No os inquietéis y os preocupéis por cosa alguna, sino más bien en toda oración y súplica presentad al Señor vuestras necesidades acompañadas con acción de gracias por los bienes espirituales y materiales que nos da Dios.
  6. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo espíritu-nus y toda inteligencia, protegerá vuestros corazones y vuestros conceptos y pensamientos por y en Jesús Cristo.
  7. Por lo demás, hermanos, considerad lo que hay de verdadero, de noble, de justo, de puro, de amable, de buena fama, de virtuoso, de laudable y sólo estas realidades traer en vuestra mente;
  8. practicad lo que habéis aprendido y recibido, lo que habéis oído y visto en mí, y el Dios donador de la paz estará con vosotros.

Agradecimientos por la ayuda que le mandaron los filipenses, 4:10-23.

  1. He sentido una gran alegría en el Señor porque, por fin habéis reavivado vuestros sentimientos de interés y simpatía por mí; vosotros los sentíais, pero no habíais tenido ocasión de manifestarlos en praxis.
  2. No digo esto por escasez o queja, pues he aprendido a contentarme con lo que tengo y en cualquier situación que me encuentre.
  3. Sé vivir humildemente con carencias y también vivir en abundancia; estoy enseñado a todas y cada una de estas cosas, a sentirme harto y a tener hambre, a nadar en la abundancia haciendo buen uso de las cosas y a soportar con serenidad estrecheces y carencias.
  4. Todo lo puedo y lo consigo con la fuerza que me da el Cristo quien me fortalece.
  5. Sin embargo, habéis hecho bien y sois dignos de admiración que os habéis hecho copartícipes de mi tribulación y encarcelamiento.
  6. Sabéis muy bien vosotros, filipenses, que al principio de la predicación del evangelio, cuando vine por primera vez a Filipos, y de allí partí para Macedonia, ninguna Iglesia participó conmigo en razón de dar y recibir, sino vosotros solos;
  7. porque cuando estaba ya en Tesalónica me enviasteis una y otra vez para mis necesidades y mi obra.
  8. No es que busque dádivas, al escribiros esta carta; lo que me interesa y busco es que se acreciente el fruto espiritual y abunde en vosotros por estas praxis buenas.
  9. Tengo lo que podía necesitar, y más todavía; tengo de sobra después de haber recibido de Epafrodito vuestras ayudas, que son ofrenda aromática, sacrificio grato y agradable a Dios.
  10. Mi Dios, el cual recompensa y apremia las obras de caridad, a su vez, proveerá colmadamente a vuestras necesidades, según sus riquezas, para que sea glorificada su infinita bondad por Jesús Cristo que ha enseñado y mostrado la altura de la agapi-amor incondicional y desinteresada.
  11. A Dios, Padre nuestro, la doxa-gloria por los siglos de los siglos. Amén.
  12. Saludad a todos los que creen en Jesús Cristo. Os saludan los hermanos que están conmigo.
  13. Os saludan todos los que pertenecen al pueblo de Dios, en especial los que se encuentran en Roma y están en la casa del César.
  14. La χάρις jaris-gracia energía increada de Jesús Cristo, el Señor, esté con todos vosotros. Amín.

 

 

 

 

 

EPÍSTOLA A LOS EFESIOS

EL NUEVO TESTAMENTO ORTODOXO

EPÍSTOLA DE PABLO A LOS EFESIOS – ΠΡΟΣ ΕΦΕΣΙΟΥΣ ΕΠΙΣΤΟΛΗ ΠΑΥΛΟΥ

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 Efesios Προς Εφεσίους Capítulo 1: Saludos a los Efesios y doxología a Dios por la salvación de ellos, 1-14. Súplica para el progreso espiritual de los Efesios y reciban espíritu de sabiduría y de apocálipsis-revelación 1:15-23.

 

Saludos a los Efesios y doxología a Dios por la salvación de ellos, 1:1-14.

1:1. Υο Pablo, apóstol de Jesús Cristo por la voluntad de Dios y Padre, a los Cristianos que se encuentran en Éfeso y se santifican por la divina χάρις jaris-gracia energía increada y son fieles en Jesús Cristo.

  1. Os deseo que la jaris-gracia increada y la paz de nuestro Dios Padre, y del Señor Jesús Cristo esté con vosotros.
  2. Bendito y gloriado sea Dios y Padre de nuestro Señor Jesús Cristo, que nos ha bendecido mediante Cristo, a adquirir y a disfrutar de toda clase de bendiciones y bienes espirituales y celestiales.
  3. Él nos ha elegido en Cristo antes de crear el mundo, para que fuésemos santos e irreprochables a sus ojos.
  4. Por agapi-amor incondicional e increada nos ha destinado a ser sus hijos adoptivos por la jaris-gracia increada, por medio de Jesús Cristo y conforme al beneplácito de su voluntad,
  5. para que sea alabada y gloriada su χάρις-gracia energía increada y sus ricas dádivas que nos ha concedido y adornado por medio de su amado Hijo.
  6. Realmente por su Hijo hemos recibido y tenemos la redención y liberación del pecado por su sangre que se derramó encima de cruz para nuestro rescate; así hemos obtenido el perdón de los pecados, según la riqueza de su jaris-gracia increada;
  7. Esta jaris-gracia energía increada la ha derramado sobradamente sobre nosotros con una plenitud de sabiduría y de prudencia para que podamos conocer las verdades altas, y con cada pensamiento ortodoxo y actitud ortodoxa podamos adecuar nuestras cosas y nuestra vida como Dios manda.
  8. dándonos a conocer el misterio de su voluntad, escondido y desconocido a nuestro espíritu-nus, según los planes que tenía antes de los siglos y se propuso realizar por medio de Cristo
  9. cuando se cumpliera el tiempo adecuado de la economía para nuestra σωτηρία sotiría redención, sanación y salvación, de modo que reúna y una todas las cosas en Cristo en una unidad armoniosa, los ángeles de los cielos y los hombres de la tierra.
  10. En Cristo también nosotros los Cristianos hemos sido elegidos y hechos herederos, y estamos destinados según la voluntad de Dios, el cual todo lo hace y opera conforme a su libre voluntad,
  11. a fin de que nosotros, los que antes tuvimos esperanza y esperábamos a Cristo, seamos alabanza de su doxa-gloria increada;
  12. por el Cristo también vosotros los nacionales los que habéis escuchado el kerigma, los logos de la verdad, el mensaje alegre del evangelio de vuestra salvación, en el que habéis creído, habéis sido sellados con el Espíritu Santo, el cual Espíritu Santo, por el profeta Joel, Dios había prometido que lo enviaría a los hombres.
  13. Y el Espíritu Santo es garantía de nuestra herencia celestial, que prepara y concede la redención del pueblo de Dios para alabar así su doxa-gloria infinita e increada.

Súplica para el progreso espiritual de los Efesios y reciban espíritu de sabiduría y de apocálipsis-revelación 1:15-23.

  1. Por tanto vosotros también pertenecéis al laós-pueblo de Dios, por lo cual, yo, al oír y conocer vuestra fe en el Señor, Jesús, y la agapi-amor que mostráis a todos los fieles cristianos indistintamente de la nacionalidad y la clase que sean,
  2. no ceso de dar gracias a Dios por vosotros recordándoos siempre en mis oraciones,
  3. para que el Dios de nuestro Señor Jesús Cristo y Padre de la doxa-gloria luz increada, os conceda espíritu de sabiduría divina y apocálipsis-revelación de las divinas verdades, recibiendo así más perfecta la gnosis-conocimiento de él y de su santa voluntad;
  4. ruego también a Dios que ilumine a los ojos de vuestro corazón, para que conozcáis bien cuáles son los bienes que esperáis, por los que Dios nos ha llamado, y cuál es la riqueza inimaginable de su doxa-gloria increada, la que antes de la creación del mundo había decidido darla como herencia a los fieles.
  5. y cuál es la excelsa grandeza de su dinamis (potencia de la energía increada y poder) para con nosotros, los fieles cristianos, para salvarnos del pecado y conducirnos a la doxa-gloria celeste e increada según la operación del poder de su fuerza invencible,
  6. la que operó en la persona de Cristo resucitándole de entre los muertos, sentándole a la derecha de su trono en los cielos,
  7. por encima de los ángeles, de todo principado, potestad, autoridad, señorío y de todo lo que hay en este mundo y en el venidero;
  8. todo lo sometió bajo sus pies; y a nuestro glorioso Señor lo constituyó cabeza de la Iglesia por encima de todas las cosas;
  9. y la Iglesia es su cuerpo, el complemento de Cristo, como hombre y como cabeza de la Iglesia; del Cristo quien como Dios infinito es la plenitud de todo lo que existe y llena todo por su parusía-presencia y concede todo a todas sus creaciones. .

 

Capítulo 2: Salvos por regalo de la jaris-gracia energía increada, 1-10. Por el Cristo la reconciliación de los nacionales y de los judíos en composición de la una Iglesia, 11-22.

 

Salvos por regalo de la jaris-gracia energía increada, 2:1-10.

2:1. Y a vosotros también os ha llamado a la salvación, mientras estabais muertos espiritualmente por vuestros pecados y faltas.

  1. que en otro tiempo vivisteis siguiendo el modo de vivir de este mundo corrompido, bajo el príncipe de las potestades aéreas, es decir, el espíritu maligno y astuto que opera en los hijos de la apostasía y de la desobediencia que se rebelan contra Dios.
  2. Nosotros los hebreos también éramos de ésos cuando nos dejábamos llevar de las apetencias carnales, sujetos a los deseos y voluntades de nuestros bajos instintos animales y de los pazos oscuros de nuestras mentes/ intelectos y de nuestra imaginación. Éramos, por naturaleza, objeto de hijos de la ira divina, igual que los demás pueblos.
  3. Pero Dios, rico en misericordia increada y filantropía, gracias a su inmensa agapi-amor incondicional e increada con que nos amó,
  4. y nos vivificó o despertó espiritualmente con Cristo, cuando realmente estábamos muertos por el pecado y los delitos, pues habéis sido salvados por la donación de la χάρις jaris-gracia energía increada y no por el valor de vuestras obras;
  5. nos resucitó y nos hizo sentar junto con él en la doxa-gloria increada de los cielos por y en Jesús Cristo,
  6. a fin de manifestar claramente en las generaciones de los siglos venideros la excelsa riqueza de su χάρις jaris-gracia energía increada mediante su bondad para con nosotros que mostró por y en Jesús Cristo.
  7. Porque realmente habéis sido salvados gratuitamente por la fe; y esto no es cosa vuestra, es un regalo de Dios;
  8. no es fruto y resultado de las obras, para que nadie se llene de vanidad.
  9. Él nos ha creado y renacido o despertado espiritualmente por medio de Cristo Jesús, (Hijo y Logos increado), y sobre Cristo como cimiento, nosotros hacer obras buenas tal y como Dios lo dispuso antes de la fundación del mundo, para que vayamos andando en nuestras vidas con estas.

Por el Cristo la reconciliación de los nacionales y de los judíos en composición de la una Iglesia, 2:11-22.

  1. Por lo cual, acordaos de que vosotros, los gentiles o nacionales de nacimiento, a los que los judíos llaman “incircuncisos” -ellos llevan en su carne la circuncisión hecha por mano de hombres-,
  2. en otro tiempo vivíais sin Cristo, alejados de la ciudadanía y gobierno de Israel y ajenos a los testamentos/alianzas por los que Dios prometía la redención por Cristo, sin esperanza de la promesa de la salvación y la vida eterna, no conocíais a Dios verdadero y vivíais sin Dios en el mundo (como ateos);
  3. pero ahora unidos en Jesús Cristo, vosotros que en otro tiempo estabais lejos de Dios y de la esperanza de salvación, habéis sido acercados por la sangre redentora de Cristo.
  4. Él es la paz de todos nosotros; el que de ambos, judaísmo y nacionalismo, los hizo uno, derribando el muro de la Ley que los separaba;
  5. es decir, anuló e hizo desaparecer la enemistad que separaba estos pueblos, ya que por el sacrificio de su propio cuerpo abolió la ley, sus mandamientos y decretos que ataban al hombre. Él, al anular la Ley antigua, ha unido y formado de los dos, en su propia persona, una nueva humanidad, regalando así la paz entre ellos;
  6. y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos, unidos en un solo cuerpo espiritual por su sacrificio cruciforme, y en su persona matando y eliminando las enemistades y el odio;
  7. y con su venida a la tierra anunció el mensaje alegre de la paz a vosotros que vivíais lejos de Dios y a nosotros que estábamos cerca;
  8. porque por Cristo los unos y los otros nos conducimos y nos acercamos al Padre por el mismo Espíritu Santo.
  9. Así que ya no sois extranjeros como antes ni ciudadanos provisionales de la Iglesia de Cristo, sino conciudadanos de los santos, cristianos y miembros de la familia de Dios,
  10. edificados sobre el fundamento espiritual de los apóstoles y de los profetas en un edificio espiritual, la Iglesia, de la que la piedra angular o cimiento de este edificio es el mismo Jesús Cristo,
  11. en el que todo el edificio, perfectamente coordinado, se va componiendo y creciendo de forma armoniosa para convertirse en un templo consagrado según lavoluntad del Señor;
  12. Y en este templo por Jesús Cristo os edificáis también vosotros con los otros fieles santos, para ser morada en la que estará permaneciendo Dios con su Espíritu.

 

Capítulo 3: El servicio-diaconía de Pablo a la obra del Evangelio, 1-13. Oración a favor de los Efesios y la agapi-amor que excede a todo conocimiento-gnosis, 14-21.

 

El servicio-diaconía de Pablo a la obra del Evangelio, 3:1-13.

3:1. Como sois miembros de la familia de Dios, de la Iglesia, por esto yo, Pablo, estoy preso por Jesús Cristo, ruego a Dios para bien de vosotros, los gentiles de las naciones;

  1. Soy vuestro apóstol, pues conocéis la misión que de forma admirable Dios por su jaris-gracia increada me ha llamado para el axioma apostólico, y que se me ha dado especialmente para servir a vosotros los nacionales;
  2. Porque Dios por apocálipsis-revelación me hizo saber la verdad hasta entonces desconocida y oculta en relación a vuestra salvación, que más arriba os describí brevemente;
  3. leyéndolo bien, podréis saber el conocimiento y la sofía/sabiduría que yo tengo en relación del gran secreto/misterio de la salvación por Cristo, no sólo de los hebreos sino también de los gentiles de todas las naciones,
  4. secreto/misterio que no se dio a conocer a los hombres de las generaciones pasadas, tal como por apocálipsis de Dios ahora se lo ha manifestado a sus santos apóstoles y profetas cristianos por medio del Espíritu.
  5. Este secreto/misterio, que se apocaliptó-reveló por el Espíritu Santo, consiste en que los paganos/gentiles de las naciones unidos en un cuerpo espiritual con los cristianos judíos, son coherederos y partícipes en la promesa de Dios sobre la redención. Los gentiles adquieren los privilegios por su unión con Jesús Cristo, la que se consigue por la fe en el Evangelio.
  6. Yo he llegado a ser servidor de este Evangelio gracias a la acción poderosa de la jaris-gracia increada de Dios, la que me fue dada de aquella manera admirable cuando operó la fuerza de Dios de modo que de perseguidor de Cristo hacerme apóstol de Cristo.
  7. A mí, el más insignificante de todos los cristianos, se me ha concedido esta jaris-gracia increada de evangelizar a los gentiles de las naciones, de anunciar y dar a conocer la riqueza incalculable e inescrutable de Cristo hacia todos nosotros,
  8. y aclarar e iluminar a todos sobre el cumplimiento de este plan secreto de la σωτηρία sotiría redención, sanación y salvación de los hombres, escondido desde todos los siglos en Dios, el cual creó y renovó todo mediante Jesús Cristo.
  9. Así, de ahora en adelante, por medio de la Iglesia, los principados y potestades celestiales podrán conocer la incalculable sabiduría increada de Dios,
  10. según el plan eterno que Dios ha realizado y dado a conocer en nuestros tiempos por Jesús Cristo, Señor nuestro.
  11. Gracias a la fe que tenemos en Cristo, nos acercamos a Dios con entera libertad y plena confianza con la convicción de ser aceptados. Todo esto por la nuestra fe en Cristo.
  12. Por eso os pido que no os desalentéis al ver mis tribulaciones y lo que sufro por vosotros, pues esto debe ser un honor y gloria para vosotros.

Oración a favor de los Efesios y la agapi-amor que excede a todo conocimiento-gnosis, 3:14-21.

  1. Por estas razones doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesús Cristo,
  2. del que tomaron su existencia y su nombre todas las legiones angelicales en el cielo y todas las razas en la tierra,
  3. y le ruego de rodillas para que os conceda, conforme a la infinita riqueza de su doxa-gloria luz increada, al progreso de vuestro hombre interior y ser fortalecidos por la dinamis potencia, poder y la jaris-gracia energía increada del Espíritu Santo,
  4. y que Cristo habite en vuestros corazones por la fe,
  5. para que, arraigados y fundamentados en la agapi-amor incondicional, podáis comprender con todos los fieles o santos cuál es la anchura, la longitud, la altura y la profundidad de la condescendencia de Cristo hacia nosotros,
  6. y conocer bien la agapi-amor incondicional que tiene Cristo hacia nosotros, la que sobrepasa todo conocimiento-gnosis humana, a fin de que seáis llenos de los múltiples carismas y donaciones que emanan y se dan de Dios.
  7. A Dios que es omnipotente para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según la dinamis especial (potencia y energía increada) que opera en nosotros para el éxito de nuestro destino,
  8. a él que sea la doxa-gloria en la Iglesia que se ha edificado por y en Jesús Cristo, en todas las generaciones, por los siglos de los siglos. Amén.

 

Capítulo 4: Llamamiento a los fieles en la unidad del Espíritu, 1-16. La nueva vida en Cristo, 17-32.

 

Llamamiento a los fieles en la unidad del Espíritu, 4:1-16. 

4:1. Por tanto, yo que estoy preso por el nombre del Señor, os pido que caminéis y os comportéis de una manera digna de la vocación divina que habéis recibido de Dios.

  1. Sed humildes, amables y pacientes ante los demás, tolerando las debilidades unos a otros con agapi-amor.
  2. Esforzaos por mantener la unidad del espíritu que os ha unido el Espíritu Santo, teniendo como vínculo la paz que reinará entre vosotros uniéndoos en un cuerpo espiritual.
  3. Hay un solo cuerpo y un solo y el mismo Espíritu que os vivifica, como una es también la esperanza a la que habéis sido llamados todos.
  4. Hay un solo Señor, una sola fe de todos los Cristianos, un solo bautismo que han recibido;
  5. y un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, opera por todos y habita en todos.
  6. Pero cada uno de nosotros hemos recibido la jaris-gracia energía increada en la medida en que Cristo nos la ha querido dar. (Por tanto que no haya envidias entre vosotros, porque los carismas son regalos de Dios para servicio de todos).
  7. Exactamente el mismo Cristo reparte los carismas; por eso dice la Escritura: “Subió por la ascensión a lo alto en los cielos llevando presos y liberó aquellos que el diablo tenía esclavos y repartió la jaris-gracia energía increada y los carismas a los hombres”.
  8. Eso de que “subió” significa que antes el Señor crucificado bajó a lo más profundo de la tierra, es decir, abajo en el Hades.
  9. El mismo que bajó es el que subió a lo más alto del cielo, para llenarlo todo así con su presencia y los carismas.
  10. y Él repartió sus donaciones, a unos constituyó apóstoles; a otros, profetas que analizan los logos de Dios y predicen sobre cosas futuras; a unos predicadores del Evangelio, y a otros pastores y maestros,
  11. para que se edifiquen y progresen los cristianos en la vida en Cristo, que se realice en armonía la obra en su diaconía-servicio, de modo que se edifique continuamente la Iglesia que es el cuerpo de Cristo,
  12. hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe sin diferencias y contrariedades y al conocimiento completo del Hijo de Dios, y a constituir el estado del hombre perfecto desde el aspecto de sabiduría y virtud espiritual, a la medida de la edad de la plenitud de Cristo,
  13. para que no seamos niños vacilantes e inestables desde el aspecto espiritual y no nos dejemos arrastrar por ningún viento de doctrina falsa, al capricho de gente astuta y engañada que induce al error, utilizando artificios para divulgar sus engaños y falsedades;
  14. antes al contrario, permaneciendo firmes e inquebrantables a la verdad del Evangelio, acompañada siempre por la agapi-amor incondicional, crezcamos y mejoremos en la vida espiritual en todo como Cristo quiere y como modelo a él que es la cabeza del cuerpo de la Iglesia.
  15. Por él, el cuerpo entero de la Iglesia, trabado y unido armónicamente por medio de todos sus ligamentos, según la actividad propia de cada miembro; así con la ayuda de Cristo el cuerpo de la Iglesia unido con Cristo realiza con agapi el crecimiento de la edificación de sus miembros y de sí mismo como conjunto.

La nueva vida en Cristo, 4:17-32.

  1. Os digo y os pido en nombre del Señor que no os comportéis y viváis como viven y se comportan los paganos de las naciones, con sus vanos pensamientos y sus falsas invenciones
  2. y su mente oscurecida, apartados de la vida de Dios por su ignorancia y la dureza y depravación de sus corazones;
  3. han perdido todo sentido moral y se han entregado al vicio, entregándose a sí mismo al hedonismo maniático sin saciarse nunca, realizando desenfrenadamente toda clase de inmoralidades y vanidades.
  4. Pero vosotros no es eso lo que os habéis enseñado y aprendido de Cristo;
  5. si, -como creo- habéis sido enseñados ortodoxamente sobre el kerigma, que es la misma verdad que existe en Jesús,
  6. despojaros de vuestra vida pasada, del hombre viejo del pecado, corrompido por las concupiscencias y codicias engañosas que encienden el pecado, este hombre viejo a causa de sus pazos y pecados se corrompe continuamente y avanza hacia la perdición,
  7. aún habéis sido enseñados a renovarse continuamente cada día en vuestro espíritu-nus y en vuestra mente con principios espirituales
  8. y revestíos del hombre nuevo, renacido y renovado según la voluntad de Dios, para que viváis en justicia y santidad verdadera que inspira la verdad del Evangelio.
  9. Por esto, desterrad la mentira, y que cada uno diga la verdad a su prójimo, porque componemos y somos miembros los unos de los otros.
  10. Enfadaos, no cuando se pica vuestro egoísmo e interés propio, sino cuando se tergiversa la verdad de Dios, entonces no llegáis a pecar; pero si sucede que os enfadáis y os enojáis entre vosotros, pues, que os reconciliéis antes de que se ponga el sol;
  11. no deis ninguna oportunidad al diablo entrar entre vosotros.
  12. El que robaba, que ya no robe más y que se ponga a trabajar honradamente con sus propias manos para tener con qué ayudar a los necesitados.
  13. No digáis palabras groseras; que el logos de vuestro lenguaje sea bueno, edificante y oportuno, para que hagáis bien a los que os escuchan, adecuado para edificación y psicoterapia.
  14. No entristezcáis con palabras feas al Espíritu Santo de Dios, que os ha destinado y marcado con su sello para que recibáis la liberación plena durante el día de la segunda parusía-presencia.
  15. Desterrad toda la amargura interior, la ira, los gritos, los insultos y toda clase de maldad contra el otro.
  16. Sed bondadosos, indulgentes y compasivos; perdonaos unos a otros, como Dios nos ha perdonado por medio de Cristo.

 

Capítulo 5: Consejos para que vivan conforme a su llamada y andar como hijos de luz, 1-21. Los deberes de los cónyuges, 22-33.

 

Consejos para que vivan conforme a su llamada y andar como hijos de luz, 5:1-21.

5:1. Sed imitadores de Dios, como hijos muy amados de Dios, quien tanta agapi-amor y tolerancia muestra hacia los pecadores.

  1. Comportaos y vivid en y con la agapi-amor, siguiendo el ejemplo de Cristo, que nos amó y se entregó a la muerte cruciforme por nosotros, ofrenda y sacrifico a Dios, el cual sacrificio es como aroma agradable ante Dios.
  2. En lo que se refiere a la lujuria y a toda clase de impureza, ambición por bienes materiales, codicia o avaricia, ni siquiera se nombre entre vosotros, como debe ser entre hombres santos creyentes que se han santificado por Dios y avanzan hacia la santidad;
  3. ni palabras necias, groserías o bajezas, cosas que no están bien ni convienen a los Cristianos; por el contrario, oración, gratitud y alabanza a Dios.
  4. Porque debéis saber que ningún lujurioso, impuro, codicioso, avaro, ambicioso o vanaglorioso -que es lo mismo que un idólatra- tiene parte de herencia en el reinado de la realeza increada de Cristo y de Dios.
  5. Que nadie os engañe con vanas y falsas palabras, pues por estas cosas viene la ira de Dios contra los hijos de la desobediencia y de la apostasía.
  6. No tengáis parte alguna en la vida pecadora de ellos.
  7. Porque antes erais tinieblas y oscuridad ahora os habéis iluminado y sois luz increada en el Señor; caminad y vivid como hijos de la luz de la verdad y de la virtud
  8. porque el fruto divino de la luz espiritual e increada que produce el Espíritu Santo en los corazones de los fieles, se manifiesta con la bondad, con la justicia y con la verdad.
  9. Investigar y discernir siempre lo que es agradable delante del Señor,
  10. y no toméis parte en las obras infructuosas de las tinieblas; por el contrario, condenadlas y presentadlas abiertamente a los ojos de todos como perjudiciales y desastrosas,
  11. porque las cosas que ellos hacen en secreto da vergüenza decirlas.
  12. Cuando todas estas cosas son controladas y manifestadas por la luz, quedan al descubierto lo desastrosas que son, (de modo que los pecadores de buena voluntad vuelvan a la metania, y los otros para protegerse) y lo que queda al descubierto, sea bueno o malo, es como la luz, de modo que cada uno pueda regular su posición frente al otro.
  13. Por eso el Espíritu Santo clama y dice: Despierta tú, que duermes en el sueño del pecado, y levántate de entre los muertos (espiritualmente) del pecado, y Cristo te iluminará.
  14. Por tanto, ya que os habéis iluminado por Cristo, cuidado cómo os comportáis; que no sea como insensatos y necios, sino como apacibles, virtuosos y prudentes,
  15. aprovechando el tiempo y las ocasiones de la vida presente, porque los días, a causa del pecado que domina, están llenos de tentaciones y peligros espirituales.
  16. Por consiguiente, no actuéis como necios, sino procurad conocer cuál es la voluntad del Señor.
  17. No bebáis vino hasta emborracharos, pues eso lleva al desenfreno y al desastre; al contrario, llenaos en vuestros corazones y nus-espíritus con la jaris-gracia energía increada del Espíritu Santo,
  18. recitando entre vosotros salmos, himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor con todos vuestros corazones,
  19. dando siempre gracias por todo a Dios Padre en nombre de nuestro Señor Jesús Cristo.
  20. Respetaos y someteos unos a otros por fidelidad a Cristo.

Los deberes de los cónyuges, 5:22-33.

  1. Que las mujeres sean sumisas a sus maridos como si se tratara del Señor;
  2. porque el marido es cabeza de la mujer, del mismo modo que Cristo es cabeza de la Iglesia, cuerpo suyo, del cual él es el Salvador, es decir, sin excepción alguna Salvador de todos los fieles.
  3. Así como la Iglesia está sujeta a Cristo, así también las mujeres lo deben estar a sus maridos en todo.
  4. Maridos, amad a vuestras esposas, como Cristo se sacrificó y amó a la Iglesia y se entregó él mismo por ella a la muerte en la cruz,
  5. a fin de santificarla y hacer la catarsis de ella por medio del agua del bautismo y del logos divino que en el bautismo se dice: “en el nombre del Padre, del Hijos y del Espíritu Santo”,
  6. y esto para constituir la Iglesia y ponerla a su lado como novia gloriosa, sin mancha ni arruga ni cosa parecida que la afea, sino santa y perfecta.
  7. Así los maridos deben también amar a sus mujeres como a su propio cuerpo. El que ama a su mujer se ama a sí mismo ya que constituyen el mismo cuerpo.
  8. Porque nadie odia jamás a su propio cuerpo, sino que, por el contrario, lo alimenta y lo cuida, como hace Cristo con la Iglesia que es su cuerpo,
  9. porque realmente nosotros los fieles que constituimos la Iglesia somos miembros de su cuerpo, carne con sus huesos.
  10. Por eso el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos serán un solo cuerpo.
  11. Éste es un gran misterio, que yo lo refiero y aplico a la unión espiritual de Cristo y de la Iglesia.
  12. Por lo que toca a vosotros, que cada uno ame a su mujer como a sí mismo, y que la mujer respete y ame a su marido.

 

Capítulo 6: Deberes especiales de los padres, los hijos, los esclavos o sirvientes o trabajadores y los señores, 1-9. En nipsis, alerta y combatientes en las luchas espirituales, 10-24.

 

Deberes especiales de los padres, los hijos, los esclavos o sirvientes o trabajadores y los señores, 6: 1-9.

6:1. Los Hijos debéis obedecer a vuestros padres por agapi-amor al Señor, porque esto es por naturaleza justo según Dios.

  1. “Honra a tu padre y a tu madre” que es el primer mandamiento acompañado con promesa de recompensa,
  2. para que seáis felices y tengáis larga vida feliz y alegre sobre la tierra.
  3. Y vosotros, padres, no exasperéis a vuestros hijos, sino educadlos con la pedagogía en la disciplina y en la corrección como quiere el Señor.
  4. Esclavos/sirvientes (o trabajadores de hoy en día), obedeced a vuestros amos temporales con respeto, lealtad y de todo corazón, como si fuera a Cristo;
  5. servidles no con hipocresía sólo cuando os ven, como para quedar bien con ellos, sino como esclavos/servidores/trabajadores (bajo nómina) de Cristo, haciendo de corazón la voluntad del Dios con toda vuestra psique-alma;
  6. servidles de buena gana, como si fuera al Señor y no a hombres,
  7. considerando que el Señor retribuirá a cada uno todo el bien que haga, lo mismo al esclavo que al libre.
  8. Y vosotros, amos, haced con ellos las mismas cosas, dejándoos de amenazas, considerando que ellos y vosotros tenéis un mismo amo en el cielo, para el que todos son iguales.

En nipsis, alerta y combatientes en las luchas espirituales, 6:10-24.

  1. En definitiva, hermanos míos, haceos fuertes espiritualmente por el Señor y por su invencible dinamis (poder, potencia y energía increada).
  2. Revestíos de la armadura de Dios para que podáis resistir las tentaciones y astucias del diablo.
  3. Porque nuestra lucha no es contra gente de carne y hueso, sino contra los principados y potestades, contra los dominadores de este mundo tenebroso que dominan sobre los hombres de este siglo pecador, contra los espíritus del mal, que moran en los espacios entre tierra y cielo.
  4. Por esto, recibid la armadura y las armas de Dios, para que podáis resistir en el día malo de ataques demoníacos y tentaciones y si aplicáis con exactitud vuestros deberes, los principios espirituales y mantenéis firmes vuestra posición, seréis vencedores y perfectos en todo.
  5. Manteneos firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, como los guerreros aprietan fuerte los cinturones, revestidos con la coraza de la justicia para que seáis intocables por las flechas de la injusticia,
  6. y teniendo calzados los pies, prontos para anunciar el evangelio de la paz con serenidad.
  7. Empuñad en todas las ocasiones el escudo de la fe, con el cual podáis inutilizar y apagar los dardos encendidos del maligno.
  8. Tomad también el yelmo de la salvación para proteger vuestro nus-espíritu y la mente de los loyismí de la duda, y la espada del Espíritu que es el luminoso logos de Dios,
  9. orando y suplicando sin cesar al Señor para que os ayude a valorizar en todo tiempo con la iluminación bajo la guía del Espíritu con toda clase de oraciones y súplicas; estad en nipsis, alerta y pedid constantemente por todos los Cristianos;
  10. pedid también por mí, para que Dios ponga en mis labios los logos adecuados y anuncie con valentía la verdad de Dios, que hasta hace poco la verdad del Evangelio estaba oculta para los hombres,
  11. del que soy un embajador de Dios entre los hombres, pero encadenado en este período. Por tanto, orad que hable con valor sobre el Evangelio y cómo debo hacerlo.
  12. Tíquico, hermano muy querido y fiel servidor del Señor, os visitará y os contará cómo van mis cosas y todo lo que hago;
  13. os lo envío precisamente para esto, para que tengáis noticias mías y os dé ánimos y consuelos a vuestros corazones por vuestra tristeza de mi encarcelamiento.
  14. Que Dios Padre y Jesús Cristo, el Señor, os concedan a todos los hermanos la paz, la agapi-amor y la fe.
  15. Y la χάρις jaris-gracia esté con todos los que profesan a nuestro Señor Jesús Cristo con una agapi-amor incondicional inalterable. Amín.

 

 

 

 

EPÍSTOLA A LOS GÁLATAS

EL NUEVO TESTAMENTO ORTODOXO

Traducido por Χρῆστος Χρυσούλας (Jristos Jrisulas) logosortodoxo.es/, heleno-griego nativo, me he instruido en la lengua del Nuevo Testamento y la Santa Parádosi-Tradición (katharévousa), la que actualmente se habla en el pueblo fiel heleno-ortodoxo.

 

EPÍSTOLA DE PABLO A LOS GÁLATAS ΠΡΟΣ ΓΑΛΑΤΑΣ ΕΠΙΣΤΟΛΗ ΠΑΥΛΟΥ

Se sugiere leer https://logosortodoxo.es/alfa%cf%89mega-gran-lexico-ortodoxo/

Hacia losGálatas  Πρός Γαλάτας 

Capítulo 1: Saludos y bendiciones, 1-5. Advertencia de que no hay otro evangelio, 6-10. Su llamada de Dios, 11-24.

 

Saludos y bendiciones, 1:1-5.

1:1. Υο Pablo, apóstol, que no he recibido el axioma apostólico de parte de los hombres ni por mediación de hombre, sino por Jesús Cristo y por Dios Padre, que lo resucitó de entre los muertos,

  1. y todos los hermanos que están conmigo, dirijo esta epístola a las Iglesias de Galatia.
  2. Os deseamos que la χάρις jaris-gracia energía increada y la paz con vosotros de parte de Dios nuestro Padre y de Jesús Cristo nuestro Señor,
  3. que se entregó a sí mismo a la muerte cruciforme para eliminar nuestros pecados, para sacarnos y liberarnos de este siglo presente con su mundo perverso y maligno, conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre,
  4. a quien pertenece y se debe atribuir la doxa-gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Advertencia de que no hay otro evangelio, 1:6-10

  1. Estoy sorprendido de que tan fácil y rápidamente os hayáis apartado de Dios, el cual os llamó por la χάρις jaris-gracia energía increada de Cristo y ahora os hayáis pasado a otro evangelio falso y otra enseñanza que os enseñan los falsos-pseudomaestros y os la presentan como enseñanza de Cristo.
  2. Este pseudoevangelio no es otra cosa más que la confusión que algunos siembran entre vosotros y quieren deformar y falsificar el evangelio de Cristo.
  3. Pero si nosotros mismos los Apóstoles o incluso un ángel del cielo os anuncia un evangelio distinto del que nosotros os hemos anunciado desde el principio, éste que sea anatematizado y apartado de la Iglesia.
  4. Os repito lo que ya os dije antes. Si alguien os anuncia un evangelio distinto del que habéis recibido, sea anatematizado.
  5. ¿A quién busco agradar por el Evangelio que os he predicado, a los hombres, a mí mismo o a Dios? Por supuesto que no. Si tratara de agradar a los hombres, no sería dulos-esclavo o sirviente de Cristo.

Su llamada de Dios, 1:11-24.

  1. Hermanos, os hago saber y os aseguro que el Evangelio predicado por mí no es un obra humana y no expresa pensamientos humanos;
  2. pues yo -igual que los demás Apóstoles- el Evangelio no lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno, sino directamente por apocalipsis-revelaciones que me las ha apocaliptado-revelado en mismo Jesús Cristo.
  3. Conocéis mi conducta y mi vida anterior dentro del judaísmo, con qué crueldad y fanatismo perseguía y trataba de aniquilar a la Iglesia de Cristo, Dios-Hombre, influenciado profundamente por las antiguas enseñanzas de la Ley y las costumbres judías.
  4. y cómo por mi fanatismo aventajaba en el judaísmo a muchos compatriotas de mi edad en conservar con todo rigor y celo las tradiciones de mis antepasados.
  5. Pero cuando Dios, que me había elegido desde el vientre de mi madre, me llamó por su χάρις jaris-gracia energía increada,
  6. y me apocaliptó-reveló a su Hijo para que yo lo anunciara como Σωτήρ Sotir Sanador, Redentor y Salvador entre los paganos de las naciones, inmediatamente, sin consultar a ningún ser humano con cuerpo y sangre sobre esta gran llamada divina,
  7. en lugar de ir a Jerusalén a ver y consultar a los que eran Apóstoles antes que yo, me fui a Arabia y luego volví a Damasco.
  8. Al cabo de tres años de la llamada por Cristo, fui a Jerusalén para conocer a Pedro, y estuve con él quince días.
  9. Y no vi a ningún otro apóstol fuera de Jacobo o Santiago, el hermano del Señor.
  10. En todo esto que os escribo es la verdad absoluta y veraz, Dios es testigo de que no miento.
  11. Después de mi estancia en Jerusalén fui a las regiones de Siria y de Kilikia,
  12. y en efecto, era desconocido personalmente por las Iglesias de Judea que habían creído en Cristo.
  13. Tan sólo oían decir: El que antes nos perseguía, ahora anuncia el mensaje alegre de nuestra fe que trataba de destruir;
  14. y alababan y glorificaban a Dios por este gran milagro que realizó en mí.

 

Capítulo 2: Los demás Apóstoles aprueban el kerigma de Pablo a las naciones, 1-10. El Sínodo en Jerusalén y control de Pablo a Pedro a favor de los cristianos de las naciones, 11-21.

 

Los demás Apóstoles aprueban el kerigma de Pablo a las naciones, 2:1-10

2:1. Al cabo de catorce años, volví a Jerusalén con Bernabé, llevando conmigo también a Tito.

  1. Fui, impulsado por una apocálipsis-revelación divina; y, en privado, expuse en detalle a los notables Apóstoles el Evangelio que predico a los paganos de las naciones, para saber si estaba o no trabajando inútilmente hasta ahora.
  2. Pues no sólo se ha reconocido mi Evangelio por todos, sino que ni siquiera Tito, mi compañero, que es griego, fue obligado a circuncidarse,
  3. a pesar de que esos falsos hermanos intrusos se habían infiltrado entre nosotros para espiar la libertad que tenemos en Cristo Jesús y hacernos esclavos de la ley y de los tipos hebraicos.
  4. Pero a estos falsos maestros ni por un momento les prestamos sumisión, y no hemos admitido que se circuncide Tito, para que la verdad del evangelio persevere limpia y clara entre vosotros.
  5. Los nobles Apóstoles no me añadieron nada de lo que Cristo me había apocaliptado/revelado -lo que ellos fueron antes, no me interesa, pues Dios no juzga por las apariencias-,
  6. antes al contrario, vieron que yo había recibido la misión de anunciar el evangelio a los paganos de las naciones, como Pedro a los judíos circuncisos,
  7. pues el mismo Dios que hizo a Pedro apóstol de los judíos me ha hecho a mí apóstol de los paganos de las naciones;
  8. y Jacobo/Santiago, Pedro y Juan, que eran considerados como columnas, reconocieron que Dios me ha dado esta jaris y este privilegio, y nos dieron a mí y a Bernabé la mano en señal de que estaban de acuerdo en que nosotros nos dedicáramos a predicar el Evangelio a las naciones y ellos a los hebreos,
  9. y nos rogaron que nos acordásemos de los pobres hermanos de Jerusalén, lo que he procurado hacer con el máximo interés.

El Sínodo en Jerusalén y control de Pablo a Pedro a favor de los cristianos de las naciones, 2:11-21.

  1. Cuando Pedro vino a Antioquía, yo me enfrenté a él cara a cara y le reprendí porque se había hecho reprensible.
  2. Pues antes de que viniesen en Antioquía algunos cristianos de Jerusalén de parte de Jacobo/Santiago, él comía libremente con los cristianos de las naciones; pero cuando vinieron, se retrajo y se apartó de los cristianos de las naciones por miedo a escandalizar a los cristianos judíos;
  3. los otros judíos creyentes le imitaron en la misma hipocresía, incluso el mismo Bernabé.
  4. Cuando vi que no se portaban ortodoxamente conforme a la verdad del evangelio, dije a Pedro en presencia de todos: Si tú, siendo judío, vives como los cristianos de las naciones y no como judío, ¿por qué obligas a los cristianos de las naciones a judaizar y a someterse a las costumbres hebreas?
  5. Nosotros somos judíos de nacimiento, y no pecadores procedentes de las naciones;
  6. pero sabemos que nadie se justifica y se salva por las obras de la ley, sino por la energía increada y la fe operativa en Jesús Cristo; nosotros creemos en Jesús Cristo para ser justificados y salvados por la fe en Cristo, no por las obras de la Ley de Moisés; porque nadie será justificado y salvado por las obras de ella.
  7. Pero si buscando ser justificados y salvados por la fe en Cristo resulta que somos pecadores, ¿será acaso el Cristo que nos ha llamado en este camino del pecado y nos ha engañado como un servidor del pecado? De ninguna manera, nunca lleguemos a pensar esta blasfemia.
  8. Porque si reconstruyo las mismas cosas que destruí como inútiles, es decir, las obras típicas formales de la Ley mosáica (de Moisés), a mí mismo me demuestro que soy pecador.
  9. Pues yo, por la ley, he muerto a la ley, a fin de vivir para Dios gracias a mi fe a Cristo.
  10. Estoy crucificado con Cristo; y ya no vivo yo el viejo hombre natural, sino que es Cristo el que vive en mí. Mi vida presente, la que ahora vivo en la fe en el Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo a la muerte cruciforme por mí, para mi salvación.
  11. No rechazo la χάρις jaris-gracia energía increada de Dios; pues si la justicia y la salvación se obtiene por la ley, entonces Cristo murió inútilmente. Pero esto es utopía y blasfemo.

 

Capítulo 3: La justificación y salvación no viene por la Ley mosáica, sino por la fe en Jesús Cristo, 1-9. Cristo nos ha rescatado de la maldición de la Ley, 10-18. El propósito de la Ley mosáica, 19-29.

 

La justificación y salvación no viene por la Ley mosáica, sino por la fe en Jesús Cristo, 3:1-9.

3:1. ¡Oh gálatas insensatos! ¿Quién os fascinó para no obedecer a la verdad, a vosotros ante cuyos ojos Jesús Cristo fue presentado claramente entre vosotros como crucificado?

  1. Solamente quiero saber esto de vosotros: ¿recibisteis el Espíritu y los carismas por las obras de la ley o por haber aceptado la fe y el kerigma que os anunciaron y los aceptasteis?
  2. ¿Tan insensatos sois que, habiendo comenzado tan bien por χάρις jaris-gracia energía increada del Espíritu Santo, ahora termináis a los preceptos de la Ley que os hacen carnales y materialistas y no a la santificación del corazón?
  3. Parece imposible que tantas donaciones y carismas que habéis recibido por el Espíritu Santo, hayan sido inútiles; porque si las habéis despreciado, como parece, se convertirán en vuestra condenación.
  4. Pues el Dios que os da el Espíritu y obra con la χάρις jaris gracia increada milagros en vosotros, ¿lo hace porque supuestamente cumplís la ley o porque habéis aceptado la fe del kerigma que habéis escuchado?
  5. Dios os ha concedido el Espíritu por vuestra fe, como está escrito: “Abrahán creyó en Dios y esta fe le fue contada como justicia y salvación”.
  6. Sabed, pues, que hijos de Abraham no son aquellos que cumplen los preceptos de la Ley, sino los que han recibido y aceptado la fe y viven conforme la fe en Cristo.
  7. Pues la Escritura, previendo y avisando que Dios justificaría y salvaría por la fe a los paganos de las naciones, anunció con anterioridad la noticia alegre a Abrahán: “En ti serán bendecidas todas las gentes de las naciones”, y no sólo la nación hebrea.
  8. De modo que los que tienen fe son bendecidos por Dios junto con el creyente Abrahán, tanto hebreos como nacionales.

Cristo nos ha rescatado de la maldición de la Ley, 3:10-18.

  1. Pero los que se atienen a las obras y al cumplimiento de la ley están bajo maldición, como dice la Escritura: “Maldito sea el que no cumple todo lo que está escrito en libro de la ley”.
  2. Es claro que nadie se justifica y se salva ante Dios por la ley, porque está escrito en esta misma Ley que: “el justo vivirá y conseguirá su salvación gracias a la fe”.
  3. Pero la ley no procede de la fe, sino que dice: “El que cumpla estos preceptos, por ellos vivirá”; pero nadie pudo cumplir la Ley, por tanto están bajo maldición a causa de sus transgresiones.
  4. Cristo nos rescató y nos liberó de la maldición de la ley, haciéndose él mismo maldición por nosotros y pagar como rescate su muerte cruciforme por nosotros, como dice la Escritura: “Maldito el que está colgado en la madera de la cruz”;
  5. para que la bendición de Abrahán hecha en Jesús Cristo se extendiese a todas las naciones, a fin de que, mediante la fe, recibiésemos la bendita promesa sobre las inestimables donaciones del Espíritu Santo.
  6. Hermanos, voy a hablar a lo humano. Si un hombre hace un testamento en regla, nadie puede anularlo o modificarlo.
  7. Ahora bien, Dios hizo el testamento con sus promesas a Abrahán y a su esperma (o descendiente). No dice “a tus espermas/semientes”, como si fueran muchos, sino a tu esperma, a uno, a tu descendiente. Y este descendiente es el Cristo.
  8. Lo que quiero decir es esto: el testamento es previamente ratificado por Dios a Abrahán en toda regla por juramento para con Cristo, la ley que vino cuatrocientos años después, no puede anular el testamento y dejar sin valor la promesa de Dios.
  9. Pero esto lo haría si la justificación, la salvación y la herencia de la vida eterna fuera fruto del cumplimiento de la ley y no donación por la promesa de Dios; pero la verdad es que Dios prometió a Abrahán dársela gratuitamente.

El propósito de la Ley mosáica, 3:19-29.

  1. Entonces, ¿para qué la ley? Fue añadida la ley a la promesa de Dios, a causa de nuestras transgresiones para declarar lo que era delito hasta que llegara el esperma (simiente o descendiente) a que se refería la promesa. La ley fue promulgada por ángeles y se dio con la mano de Moisés como mediador. (Entonces, ¿para qué fue dada la ley? Fue añadida la ley a la promesa de Dios, a causa de nuestras transgresiones, es decir, para hacernos sentir nuestra pecaminosidad y culpa, y esperemos y pidamos de Dios nuestra redención, hasta que llegara el bendito descendiente de Abraham, en la cara o persona que se realizarían todas las promesas y serían bendecidas todas las naciones de la tierra. La ley fue pública por ángeles y se dio con la mano de Moisés como mediador).
  2. Pero el mediador no es solo de una persona, sino por lo menos de dos. Una persona en este caso es Dios, y la otra son los hebreos, los cuales deberían cumplir en todo la Ley, para vivir mediante ella. Pero transgredieron la Ley y por eso eran malditos
  3. La ley, por tanto, ¿está contra las promesas de Dios? De ninguna manera. Si se hubiera dado una ley capaz de vivificar, entonces la justicia y la salvación hubiera sido realmente obra de la ley. Pero este tipo de justificación y salvación del hombre no la da la ley por tanto no abroga ni se opone a las promesas de Dios.
  4. Pero, en la Ley escrita según la Escritura, todo el mundo está bajo el pecado, para que la promesa de Dios se cumpla en todos los creyentes por la fe en Jesús Cristo.
  5. Ahora bien, antes de venir la redención y la salvación por la fe estábamos encerrados bajo la custodia de la Ley, esperando con vistas a la fe que había de apocaliptarse-revelarse.
  6. Así que la ley ha sido nuestra pedagoga hasta Cristo, la cual nos instruyó y nos preparó para anhelar y conocer a Cristo, de modo que recibiésemos la justificación y la salvación por la fe;
  7. pero, después de haber venido la fe, es decir, el Cristo, quien por la fe en él da la justificación y la salvación, ya no estamos bajo la pedagoga, o sea bajo la Ley.
  8. Porque todos sois hijos de Dios por la fe en Jesús Cristo;
  9. pues los que habéis sido bautizados en Cristo, y le confesáis como Salvador, os habéis revestido de Cristo y os habéis unido con Él.
  10. Por eso en la nueva situación, en la realeza increada de Cristo, no hay diferencias de nacionalidades, de raza o de género, no hay judío ni griego, no hay esclavo ni libre, no hay hombre ni mujer, pues todos vosotros sois uno, nuevo hombre y nuevo organismo, en y por Jesús Cristo.
  11. Y si vosotros, los nacionales que habéis creído, pertenecéis a Cristo, sois descendencia espiritual de Abrahán, según la promesa que Dios dio a él, herederos de la promesa y de las bendiciones.

 

Capítulo 4: Nuestra adopción por parte de Dios, 1-11. Reprenda y cariño a los Gálatas, 12-30. Alegoría de Sara y Agar, el simbolismo de la historia de Israel y de Isaac por los dos testamentos, 21-31.

 

4:1. Digo yo ahora: Mientras el heredero es niño, menor de edad en nada se diferencia de un esclavo, aunque sea el dueño de toda la herencia,

  1. pero está bajo tutores y administradores de la herencia hasta el tiempo señalado en el testamento por el padre.
  2. Así también nosotros, los cristianos, cuando éramos menores de edad desde el aspecto espiritual, estábamos esclavizados bajo los preceptos de la Ley mosáica y de otras religiones y elementos del mundo que tienen los hombres de la ignorancia.
  3. Pero cuando se cumplió el tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer virgen y sometido voluntariamente bajo la Ley mosáica,
  4. para que rescatase y redimiese a los que estaban bajo la Ley, a fin de que recibiésemos la condición de hijos adoptivos que nos había prometido Dios.
  5. Y como prueba de que sois hijos, Dios ha enviado a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, para que podáis dirigiros a Dios clamando: ¡Abba, es decir, nuestro Padre!
  6. De modo que ya no eres esclavo de las cosas y elementos del mundo, sino hijo de Dios; y si eres hijo, eres también heredero por la χάρις jaris-gracia increada de Dios mediante Jesús Cristo.
  7. Entonces en la época de la ignorancia y de la idolatría no conocíais a Dios y erais esclavos de unos dioses que en realidad no eran dioses;
  8. pero ahora que conocéis a Dios, o, mejor dicho, que sois conocidos por Dios, ¿cómo es que os volvéis de nuevo a los débiles y pobres elementos de le religión idólatra y los preceptos típicos y formales de la Ley, a los cuales nuevamente queréis servir otra vez como esclavos?
  9. Guardáis ahora, como los hebreos, algunos días de la semana, los meses, las estaciones y las fiestas de los años.
  10. Mucho me temo que todo lo que he trabajado entre vosotros haya sido inútil.
  11. Hermanos, os ruego que os hagáis como yo estoy ahora, porque yo también antes era como sois vosotros ahora (y que me cuidaba con mucho celo los precepto de la Ley mosáica, las fiestas hebraicas y otras costumbres de ellos, las cuales he eliminado y sigo a Cristo). No me habéis ofendido en nada, (de modo que yo quiera perjudicaros, al contrario os amo y quiero siempre vuestro bien).
  12. Pero sabéis que, debido a una enfermedad que tuve, me quedé con vosotros y os anuncié por primera vez el Evangelio de Cristo;
  13. y aunque mi enfermedad somática fue para vosotros una prueba, no me despreciasteis ni me rechazasteis, sino que me acogisteis como a un ángel de Dios, como a Jesús Cristo.
  14. ¿Dónde están ahora aquellos alegres entusiasmos vuestros por mí? Doy fe de que, si hubiera sido posible, hasta os hubierais arrancado los ojos para dármelos a mí. Tanto me estimasteis y me amasteis
  15. ¿Y ahora he pasado a ser enemigo vuestro sólo por haberos dicho la verdad?
  16. ¿Porque os dejáis convencer por falsos maestros? Os demuestran un afecto no para vuestro bien, sino porque os quieren aislar de mí y desviaros de la fe ortodoxa a Cristo, para que sigáis a ellos.
  17. Lo mejor es demostrar un sano interés por el bien de los demás pero que sea según la voluntad de Dios, esto siempre y no solamente cuando yo estoy entre vosotros.
  18. ¡Hijos míos, amados hijos míos espirituales, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que la personalidad de Cristo sea formada en vuestro interior!
  19. quisiera estar con vosotros ahora mismo y cambiar de tono para poder hablaros de la forma conveniente, pues estoy perplejo en cuanto a vosotros, pues no sé cómo comportarme con vosotros.

Alegoría de Sara y Agar, el simbolismo de la historia de Israel y de Isaac por los dos testamentos, 4:21-31.

  1. Los que queréis estar bajo la ley, ¿habéis escuchado lo que dice la ley?
  2. En ella se dice: Abrahán tuvo dos hijos: uno de la esclava Agar y otro de la libre Sara.
  3. Pero el de la esclava nació de modo natural; sin embargo, el de la libre Sara, nació en virtud de la promesa que dio Dios a Abraham.
  4. Estas cosas están dichas en sentido alegórico, que prefiguran otros acontecimientos; pues estas mujeres representan los dos testamentos; uno, el del monte Sinaí, que engendra y da a luz hijos esclavos bajo la esclavitud de la Ley, y está representada en Agar.
  5. Pues el monte Sinaí, se sabe que se llama también Agar y es un monte que está en Arabia, que prefigura y corresponde a la Jerusalén de ahora, porque ella con sus hijos está sometida a esclavitud, tal como fue esclava también Agar.
  6. Pero la Jerusalén de arriba es libre, ella es exactamente la madre nuestra, de todos los Cristianos,
  7. porque dice la Escritura: “Regocíjate, oh estéril, tú que no das a luz; Prorrumpe en júbilo y clama, tú que no tienes dolores de parto; Porque más son los hijos de la desolada, de la que tiene marido”. (Cólmate de alegría y gozo tú la Iglesia, la cual fuiste estéril y no dabas a luz antes de venir Cristo y hasta ahora no conocías los dolores de dar a luz. Alégrate, estéril, que no das a luz; da gritos de alegría tú, que no conoces los dolores del parto, porque tus hijos serán muchos más de los que había tenido la Jerusalén terrenal, porque no conocía al verdadero Dios, y parecía como si no tuviese marido).
  8. Hermanos, nosotros, como Isaac, somos hijos de la promesa de Dios a Abraham, tal como había nacido entonces también Isaac.
  9. Pero igual que entonces, el hijo nacido de un modo natural perseguía a Isaac, que nació por la potencia de la energía increada del Espíritu y de modo sobrenatural, así también ahora, los descendientes espirituales de Abraham, los Cristianos, son perseguidos por los descendientes de carne, es decir, de los hebreos.
  10. Pero ¿qué dice la Escritura sobre esto? “Echa fuera a la esclava y a su hijo Ismael, dijo Dios a Abraham, porque el hijo de la esclava no será heredero con el hijo de la libre.
  11. Por consiguiente, hermanos, no somos hijos de la esclava, es decir, de la Jerusalén terrenal, sino de la libre, o sea, de Jerusalén celeste, de la Iglesia ortodoxa de Cristo.

 

Capítulo 5: La circuncisión es inútil, 1-12. Libertad y la vida en Espíritu, 13-26.

 

La circuncisión es inútil, 1-12.

5:1. Cristo nos ha liberado para que seamos hombres libres; permaneced firmes y no os dejéis poner de nuevo bajo el yugo de la esclavitud por los preceptos típicos o formales de la Ley.

  1. Mirad; yo, Pablo, os digo que si os circuncidáis, como os aconsejan los falsos maestros, Cristo de nada os beneficiará.
  2. Y declaro de nuevo mi testimonio ante Dios que todo el que se circuncida queda obligado a cumplir toda la ley, ya que espera la salvación y la justificación por la ley y no de Cristo.
  3. Los que persistís y queréis ser justificados y salvados por la Ley quedáis separados de Cristo y desligados de la χάρις jaris-gracia energía increada.
  4. Porque nosotros por el Espíritu que hemos recibido, nos informamos y esperamos con certeza la esperanza de la justificación y salvación por la fe en Cristo y no por las obras de la Ley.
  5. Porque en la nueva vida y gobierno, la en Jesús Cristo, da lo mismo estar o no estar circuncidados; lo que importa es la fe y que esta fe se exprese y opere en obras de viva y verdadera agapi-amor incondicional.
  6. Ibais bien en el camino de vuestra edificación. ¿Quién ahora os cortó el camino y el impulso, de modo que no creáis y no reposéis en la verdad del Evangelio?
  7. Este impulso y cabezonería vuestra no proviene del Señor, el cual os llamó antes, y lo mismo ahora os llama a la justificación y salvación.
  8. Un poco de levadura hace fermentar toda la masa.
  9. Yo confío en que, gracias al Señor quien me inspira, que no adoptaréis ninguna otra actitud ajena de la enseñanza de Cristo; pero el que os perturba con sus falsas enseñanzas, sea quien sea, recibirá el castigo y la justicia que merece por parte Dios, cualquiera que sea este.
  10. Hermanos, no hagáis caso de falsos hermanos cristianos que llegaron hasta el punto de decir que yo enseño el mantenimiento de la circuncisión; en cuanto a mí, si es verdad que sigo predicando la circuncisión, ¿por qué soy todavía perseguido por los hebreos? En este caso, se acabó el escándalo entre los hebreos que produce mi kerigma sobre la muerte redentora por la cruz.
  11. ¡Estos que os revolotean y os perturban con sus calumnias y falsas enseñanzas, no sólo que se circunciden si quieren, ojalá que se castrasen todos!

Libertad y la vida en Espíritu, 5:13-26.

  1. Hermanos, vosotros habéis sido llamados por el Señor a hacerse y a permanecer hombres libres; pero procurad que la libertad no sea un pretexto para dar rienda suelta a la vida de los pazos, a la vida carnal de las pasiones bajas de los instintos animales, antes bien, servíos unos a otros por la agapi-amor incondicional de Cristo.
  2. Porque toda la ley se resume en un logos, en el mandamiento: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.
  3. Pero si os mordéis y devoráis los unos a los otros, cosa que muestra falta de agapi, tened mucho cuidado, no vaya a ser que lleguéis a destruiros mutuamente.
  4. Yo os digo: Debéis vivir y dejar ser conducidos según la voluntad y la iluminación del Espíritu, y no os dejéis arrastrar por las apetencias desastrosas de la carne que crea conflictos destructivos entre vosotros.
  5. Porque la carne, el viejo hombre, desea y lucha contra el espíritu, y el espíritu de la naturaleza superior, que se inspira por el Espíritu Santo, desea y lucha contra la carne; pues estas cosas están una frente a la otra para que no hagáis lo que queréis.
  6. Pues si os dejáis conducir por el Espíritu, ya no estáis bajo el yugo de la ley.
  7. Ahora bien, las obras de la carne son bien claras: lujuria, impureza, desenfreno, hedonismo maniático,
  8. idolatría, magia, supersticiones, enemistades, disputas, celos, iras, litigios, divisiones, partidismos, herejías que conducen en cismas,
  9. envidias, homicidios, diversiones, borracheras, comilonas y cosas semejantes a éstas. Os advierto, como ya en mi primera visita predicando el Evangelio os advertí que, los que se entregan a estas cosas y a estos pecados y no vuelven a la metania y no se arrepienten por estas cosas no heredarán el reinado de la realeza increada de Dios.
  10. Por el contrario, los frutos del Espíritu son: agapi-amor, alegría, paz, magnanimidad-generosidad-tolerancia, cristotis-benignidad, bondad, fe, [22. Pero el fruto que produce el Espíritu Santo a los de libre buena voluntad y corazones con fe es: 1) la agapi-amor incondicional para todos, 2) alegría por la redención que concede el Cristo, 3) paz que proporciona la conciencia bondadosa, 4) magnanimidad o tolerancia hacia los que nos perjudican y son culpables ante nosotros, bondad para tener buena disposición de ser serviciales hacia los demás, bondad en el corazón, veracidad en nuestros logos y promesas, y]
  11. apacibilidad-mansedumbre, continencia-autodominio y alejamiento de deseos y praxis viles y malignas; contra estas cosas no hay ley. [23. más 6) apacibilidad o mansedumbre frente a los se comportan de modo iracundo y resentido ante nosotros y 7) continencia o autodominio para evitar toda codicia y deseo perverso y praxis viles y malignas]. Contra estos hombres que tienen estas virtudes no existe ni tiene validez la ley.
  12. Los que son de Jesús Cristo han crucificado a su hombre carnal con sus pazos, pasiones, codicias y concupiscencias pecaminosas.
  13. Si vivimos por el Espíritu, dejémonos conducir y comportarnos de acuerdo con las cosas que el Espíritu nos enseña.
  14. No busquemos la vanagloria, provocándonos mutuamente conflictos y peleas teniendo envidia unos a otros.

 

Capítulo 6: Magnanimidad y agapi 1-10. Consejos varios, Pablo se gloría en la cruz de Cristo y conclusión 11-18

 

Magnanimidad y agapi 6:1-10.

  1. Hermanos, si un hombre por su debilidad ha caído en alguna falta, vosotros, los hombres avanzados de espíritu, corregidle con espíritu de amabilidad y serenidad. Pero tú también que has rectificado al otro, ten mucho cuidado, pues tú también puedes ser puesto a prueba y caer en el mismo pecado o al pecado de la altanería y vanagloria.
  2. Ayudaos unos a otros a llevar y soportar los defectos de carácter y las cargas que son molestas y pesadas, y así cumpliréis la ley de Cristo que enseña la agapi-amor incondicional y desinteresada.
  3. Porque si alguno se imagina ser algo, y en realidad, a causa de su egoísmo, no es nada, éste se estafa y se engaña a sí mismo.
  4. Por eso que cada uno examine con cuidado su propia conducta, y si la encuentra de acuerdo con la voluntad de Dios, entonces encontrará en sí mismo, y no en otro, el motivo de sentirse satisfecho;
  5. porque en la segunda parusía-presencia cada uno llevará y soportará su propia carga.
  6. El que es instruido en el logos de Dios y está conducido al camino de la salvación, que comparta sus bienes con el que lo instruye.
  7. No os engañéis, de Dios no se burla nadie. Porque durante el gran día del juicio lo que el hombre haya sembrado, eso mismo cosechará.
  8. Porque el que siembra en su propia carne las obras del pecado y de la corrupción, éste cosechará de las obras de la carne la perdición, el infierno eterno; pero el que siembra y cultiva en el espíritu las obras que inspira el Espíritu Santo, cosechará de las obras del espíritu la vida eterna.
  9. No nos cansemos de hacer el bien, porque a su tiempo cosecharemos los frutos de nuestras obras si ahora no desfallecemos y no nos paralizamos.
  10. Por consiguiente, ahora que estamos en la vida presente siempre que tengamos oportunidad, hagamos el bien a todos, y especialmente a los hermanos en la fe en Cristo, que se han hecho familiares y hermanos nuestros.

Consejos varios, Pablo se gloría en la cruz de Cristo y conclusión 6:11-18

  1. Fijaos con qué detalle y claridad os escribo de mi propia mano.
  2. Los que os quieren obligar a circuncidaros, lo hacen únicamente para quedar bien ante los demás y sólo para no ser perseguidos por los hebreos por causa del kerigma sobre la cruz de Cristo.
  3. Esto se ve por el hecho que ni los mismos circuncidados guardan la Ley de Moisés; pero quieren que vosotros os circuncidéis la carne para presumir de que ellos os han convencido a hacerlo.
  4. Yo, por mi parte, sólo quiero presumir de la muerte en la cruz de nuestro Señor Jesús Cristo, por la cual el mundo está crucificado y mortificado para mí y yo gracias a la Cruz del Señor me he crucificado y mortificado para el mundo.
  5. Porque en la nueva situación de la salvación y de la vida espiritual, que ofrece el Cristo, da igual estar o no estar circuncidado; lo que importa es la nueva creación espiritual y el renacimiento para ser un hombre nuevo que se dona por Cristo.
  6. Paz y misericordia de Dios tendrán a todos los que seguirán y vivan conforme a esta regla y enseñanza de Cristo, como en general el nuevo Israel de la jaris, el laós-pueblo cristiano de Dios tendrá paz y misericordia.
  7. Que en adelante nadie me haga sufrir más, y me moleste por cuestiones de circuncisión y otros preceptos típicos y formales de la Ley, convenceos por lo que os digo, que bastante tengo con llevar marcadas en mi cuerpo las señales por la heridas que sufrí para el Jesús, el Señor y estas testifican mi fe pura y veraz a Cristo.
  8. Hermanos, que la χάρις jaris-gracia energía increada de nuestro Señor Jesús Cristo esté siempre con vosotros fortaleciéndoos en el progreso de vuestra vida espiritual en CristoDios-Hombre. Amén.

 

 

 

 

 

 

II EPÍSTOLA A LOS CORINTIOS

EL NUEVO TESTAMENTO ORTODOXO

Traducido por Χρῆστος Χρυσούλας (Jristos Jrisulas) logosortodoxo.es/, heleno-griego nativo, me he instruido en la lengua del Nuevo Testamento y la Santa Parádosi-Tradición (katharévousa), la que actualmente se habla en el pueblo fiel heleno-ortodoxo.

 

II EPÍSTOLA A LOS CORINTIOS – 2 ΠΡΟΣ ΚΟΡΙΝΘΙΟΥΣ

 

Capítulo 1: Saludos y agradecimiento a Dios, 1-11. La causa del cambio de su trayecto, 12-24.

 

Saludos y agradecimiento a Dios, 1:1-11.

1:1. Yo Pablo, por la voluntad de Dios apóstol de Jesús Cristo, y el hermano Timoteo, a la Iglesia de Dios en Corinto, con todos los cristianos o santos de toda la Acaya:

  1. sea con vosotros la χάρις jaris-gracia, energía increada, y la paz de parte de Dios Padre nuestro y del Señor Jesús Cristo.
  2. Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesús Cristo, el Padre de las misericordias increadas y Dios de todo consuelo para los hombres afligidos y angustiados,
  3. que nos consuela y nos serena en todas nuestras tribulaciones y sufrimientos, para que podamos consolar nosotros a todos los hombres encontrados en tribulación, dolor, sufrimiento y angustia con el consuelo con que nosotros mismos somos consolados por Dios.
  4. Porque, así como abundan en nosotros las tribulaciones y participamos en los padecimientos de Cristo, así gracias a Cristo abunda nuestra consolación.
  5. Pues si tenemos que sufrir, es para vuestro consuelo, salud y salvación; si somos consolados, es para que vosotros también lo seáis y tengáis ánimos para soportar con paciencia los sufrimientos que nosotros padecemos;
  6. y es firme nuestra esperanza en vosotros, porque conocemos bien que así como participáis en nuestros padecimientos y sufrimientos, así también participaréis en los consuelos nuestros.
  7. No queremos, hermanos, que ignoréis la tribulación y el sufrimiento que nos sobrevino en Asia, pues fue muy duro por encima de nuestras fuerzas, tanto que perdimos toda esperanza ya de salir con vida.
  8. Aún más, temimos como cierta la sentencia de muerte; y permitió el Señor estos peligros terribles y mortales para que no confiásemos en nosotros mismos, sino en Dios, que resucita a los muertos;
  9. Él nos sacó de tan mortal peligro y nos salva. En Él tenemos puesta la esperanza de que seguirá liberándonos también de otros peligros,
  10. cooperando vosotros también con la oración a favor nuestro, a fin de que la jaris-gracia, energía increada, nos sea regalada por las oraciones de muchos, es decir, la protección de nuestras vidas de los peligros, sea confesada y reconocida por nosotros y vosotros, como un regalo de muchas personas; y así se atribuya de muchas maneras el agradecimiento ardiente al Señor por nosotros.

La causa del cambio de su visita, 12-24.

  1. Pues ésta es nuestra gloria y jactancia, el testimonio de nuestra conciencia, de que nos hemos comportado con todo el mundo, y especialmente con vosotros, como quiere Dios con la sencillez y la sinceridad, y no con la sabiduría mundana humana, sino con la sabiduría divina y la prudencia que nos concede la jaris-gracia increada de Dios.
  2. No os escribimos más cosas, en las cartas sólo hay lo que leéis y conocéis, y espero que hasta el fin las entendáis más profundamente y plenamente;
  3. lo que ya en parte nos habéis conocido y entendido que, en el gran día de la Segunda Parusía-Presencia de nuestro Señor Jesús Cristo, vosotros estaréis orgullosos de nosotros y nosotros de vosotros.
  4. Y con esta convicción y confianza quise ir primero a veros, para que tuvieseis, por la jaris increada de Dios, una doble alegría y beneficio espiritual por mis dos visitas,
  5. y pasando por vosotros ir a Macedonia, y de nuevo desde Macedonia volver por ahí y ser por vosotros encaminado hacia Judea.
  6. Al proponerme este proyecto, ¿obré a la ligera? O el proyecto que yo me he propuesto, ¿me lo propuse llevado de sentimientos humanos, de manera que haya a la vez en mí, sí y no, como en un hombre carnal?
  7. Dios siempre en todo es fiel testigo de que nuestro kerigma y nuestros logos con vosotros no son dudosos, sí y no.
  8. Porque el Hijo de Dios, Jesús Cristo, que os hemos predicado, yo, Silvano y Timoteo, no ha sido sí y no, antes ha sido sí.
  9. Porque todas las promesas de Dios sobre nuestra sotiría salvación se realizaron por Jesús Cristo y se demostraron en Él sí y amén; y por Él decimos amén para doxa-gloria de Dios por nosotros.
  10. Es Dios quien a nosotros y a vosotros nos da la convicción firme y segura de modo que permanezcamos fieles en Cristo, y es Dios que nos ha ungido por el Espíritu Santo,
  11. nos ha sellado y ha depositado las arras del Espíritu en nuestros corazones, como adelanto y garantía de las cosas que nos ha prometido.
  12. Pongo a Dios por testigo sobre mi psique-alma de que por amor vuestro no he ido todavía a Corinto.
  13. No decimos estas cosas porque pretendemos dominar sobre vuestra fe, además que vosotros os mantenéis firmes en la fe, sino para contribuir a vuestro gozo y alegría,.

 

Capítulo 2: Pablo pedagogo sincero y cariñoso para los Corintios, 1-11. Su misión es grande y activa, 12-14. Triunfantes en Cristo, 14-17.

 

Pablo pedagogo sincero y cariñoso para los Corintios, 2:1-11.

2:1. Por eso pensé y decidí no ir otra vez a vosotros en tristeza por vuestras faltas y entristeceros también a vosotros por las observaciones que estoy obligado a haceros.

  1. Porque si yo os contristo, quién podría alegrarme sino vosotros a los que yo mismo causé tristeza, si aceptáis mis observaciones, os arrepentís de vuestras faltas y rectificáis, entonces sois los mismos que me alegráis.
  2. Y esto mismo os escribí en la epístola anterior y os hice observaciones para que cuando vaya no tenga que entristecerme de los que debiera alegrarme, confiando en todos vosotros, pues mi gozo y alegría es también vuestro gozo y alegría, de todos.
  3. Os escribí en medio de una gran angustia y sufrimiento de corazón con muchas lágrimas, no para que os entristezcáis, sino para que conozcáis la agapi-amor tan grande que os tengo.
  4. Pues bien si alguno por su grave error ha causado tristeza, no sólo me contristó a mí, sino, -en cierto modo para no exagerar-, a todos vosotros.
  5. Bástele a ése la reprimenda y la corrección que le ha impuesto la mayoría,
  6. al contrario ahora es mejor mostrarle bondad, perdonarle su error y consolarle, para que no se vea consumido por excesiva tristeza y desesperación.
  7. Por eso os ruego que públicamente le mostréis vuestra bondad y vuestra agapi-amor sincero,
  8. pues para esto os escribí en mi anterior epístola, a fin de conocer vuestra virtud y vuestra obediencia.
  9. Y al que vosotros algo perdonéis, también le perdono yo, pues lo que yo perdono, si es que tengo algo que perdonar, por amor vuestro lo perdono y en la presencia de Cristo,
  10. para no ser víctimas engañadas de los ardides de Satanás y seamos dominados por él, ya que no ignoramos sus propósitos y conocemos sus intenciones e invenciones.

Su misión es grande y activa, 2:12-17.

  1. Habiendo ido a Tróade para anunciar también allí el evangelio de Cristo, aunque se me presentó una puerta abierta para trabajar en el Señor,
  2. no hallé sosiego para mi espíritu por no haber encontrado allí a Tito, mi hermano para que me informara sobre la situación; y despidiéndome de los hermanos de allí, partí para Macedonia, para encontrar a Tito.

Triunfantes en Cristo, 2:14-17

  1. Sea bendito y alabado el nombre de Dios, que en todo tiempo nos concede la χάρις jaris-gracia, energía increada, y nos hace triunfar en Cristo, el cual por nosotros manifiesta en todo lugar la vivificante fragancia de la verdadera gnosis conocimiento espiritual;
  2. porque, nosotros, los obreros del Evangelio, somos para Dios la fragancia de Cristo; fragancia también entre los que se salvan y entre los que se pierden andando el camino de la perdición eterna;
  3. en unos somos olor de muerte para muerte, porque ellos no quieren aceptar la verdad salvífica; en cambio en otros, los de libre buena voluntad fragancia vivificante que da vida. Y para esto, ¿quién es capaz de por sí mismo realizar estas grandes obras?
  4. Porque no somos como muchos, que falsifican y alteran, trafican y se lucran con logos de Dios, sino que proclamamos el logos de Dios movidos desinteresadamente con motivos sinceros y honestos, inspirados de Dios y ante de Dios y hablando en Cristo.

 

Capítulo 3: La obra de Pablo da testimonio sobre él, 1-6. La diaconía del Evangelio incomparablemente superior de la diaconía de la Ley de Moisés, 7-18.

 

La obra de Pablo da testimonio sobre él, 3:1-6

3:1. ¿Voy a comenzar de nuevo a recomendarme a nosotros mismos? ¿O necesitamos, como algunos, de cartas que nos recomienden a vosotros o en que vosotros recomendéis a otros?

  1. Nuestra carta sois vosotros mismos, escrita en nuestros corazones, conocida como auténtica y verdadera y leída de todos los hombres,
  2. pues notorio es que sois carta de Cristo, escrita por él utilizando a nosotros como instrumentos suyos, y escrita no con tinta, sino por la χάρις-gracia, energía increada, y la iluminación del Espíritu de Dios vivo; no en tablas de piedra, como la ley de Moisés, sino en las tablas de carne de vuestros corazones que sienten y viven las dádivas y las verdades que da el Espíritu santo.
  3. Tenemos esta confianza y convicción por Cristo ante Dios.
  4. No porque por nosotros mismos somos capaces, ni por nuestra diania (mente, intelecto, inteligencia) y de nuestros pensamientos componemos y ofrecemos los logos y el kerigma, sino que nuestra capacidad viene de Dios.
  5. El nos capacitó como diáconos del Nuevo Testamento, no de la letra, sino del espíritu, porque la letra mata, pero el espíritu da vida. (6. Él nos ha hecho capaces y dignos servidores-diáconos del Nuevo Testamento, no de la ley escrita y típica, sino de la espiritual, la cual mediante el Espíritu Santo se escribe en nuestros corazones y da vida. Porque la letra, y los preceptos típicos de la antigua Ley traen la muerte espiritual. Pero en nuevo espíritu del Nuevo Testamento da vida.)

La diaconía del Evangelio incomparablemente superior de la diaconía de la Ley de Moisés, 3:7-18.

  1. Pues si la antigua ley que conduce a la muerte y se había escrito con letras sobre piedras fue gloriosa, hasta el punto de que no pudieran los hijos de Israel mirar el rostro de Moisés a causa de su resplandor, sin embargo fue transitoria y quedaría abolida,
  2. ¡cuánto más no será glorioso el servicio-diaconía del Nuevo Testamento que dona a los hombres el Espíritu Santo!
  3. Si aquel servicio-diaconía de la Ley antigua, que su consecuencia era condenación del hombre, era gloriosa, mucho más será el servicio del Nuevo Testamento que proporciona justicia y salvación y tiene más rica y abundante la doxa-gloria, luz increada.
  4. Porque lo que bajo este aspecto fue glorioso en aquel servicio, ni siquiera merece tenerse en cuenta comparado con esta otra doxa-gloria sobreeminente e increada del Nuevo Testamento.
  5. Porque si la ley antigua que fue transitoria tenía su doxa-gloria, ¡el Nuevo Testamento será acompañado de mucha más doxa-gloria increada que permanece por los siglos de los siglos!
  6. Teniendo, pues, tal esperanza, es decir, que nuestra obra en Cristo es inimaginablemente gloriosa y eterna, procedemos con plena franqueza para la divulgación del Evangelio,
  7. y ofrecemos nuestra enseñanza y obra nueva clara sin velo y no como Moisés, que ponía un velo sobre su rostro, porque los hijos de Israel no podían, a causa de sus corazones duros, contemplar y entender que aquella Ley su propósito y destino final era el Cristo, por eso abolida.
  8. Pero sus entendimientos estaban velados y sus mentes/intelectos estaban endurecidos y embotados; porque hasta hoy permanece el mismo velo durante la lección del Antiguo Testamento y no se quita de ellos el velo porque no creen en Cristo, en y por el que queda anulado.
  9. Sino que hasta el día de hoy, siempre que leen a Moisés, el velo persiste tendido sobre sus corazones y sus rostros;
  10. mas cuando algunos de ellos sea conducido de vuelta al Señor Jesús Cristo, entonces es corrido el velo del su corazón para que pueda entender claramente la verdad.
  11. El Señor es espíritu, y donde está el espíritu del Señor, está la libertad, por el espíritu del Señor se quita el velo y la esclavitud de la ley y allí se encuentra la verdadera libertad.
  12. Todos nosotros a cara descubierta y el corazón libre, reflejamos y resplandecemos la doxa-gloria luz increada del Señor como en un espejo y nos metamorfoseamos, transformamos en la misma imagen, progresando espiritualmente de doxa-gloria en doxa-gloria, a medida que obra en nosotros el espíritu del Señor.

 

Capítulo 4: La altura del axioma apostólico, 1-6. Sufrimientos y fatigas de los Apóstoles, 7-18.

 

La altura del axioma apostólico, 1-6.

4:1. Por eso, teniendo este servicio-diaconema del kerigma, gracias a la misericordia increada del Señor, no desfallecemos ni nos desanimamos ante las dificultades y los peligros,

  1. sino que, desechando todo indigno y toda mala astucia que los hombres por vergüenza esconden, no andamos nuestro camino adulterando el logos de Dios con nuestras invenciones, sino manifestamos la verdad pura y clara y esto es nuestra recomendación, como auténticos obreros del Evangelio, a toda conciencia humana ante Dios.
  2. Si nuestro evangelio queda encubierto, es para los incrédulos, para los que voluntariamente andan el camino de la perdición,
  3. cuya mente e inteligencia cegó el dios de este mundo pecador, es decir, el Satanás, para que no brille en ellos la luz del Evangelio de la gloria increada de Cristo, el cual es imagen-icona de Dios.
  4. Pues no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesús Cristo, Señor el único glorioso, y, cuanto a nosotros, nos presentamos como siervos vuestros por amor y doxa-gloria de Jesús.
  5. Porque Dios, en tiempos de la creación, dijo: Brille la luz del seno de las tinieblas, es el que ha hecho resplandecer y brillar la luz en nuestros corazones para que nosotros conozcamos y demos a conocer a los demás la gnosis-conocimiento pura e iluminada de la doxa-gloria luz increada de Dios que se ha manifestado en persona por Jesús Cristo.

Sufrimientos y fatigas de los Apóstoles, 4: 7-18. Viviendo por la fe

  1. Pero llevamos este tesoro de la gnosis gloriosa (conocimiento espiritual) en nuestros cuerpos que son frágiles y débiles como vasos de barro, para que se vea que la excelencia de la dinamis energía increada y poder proviene de Dios y no de nosotros.
  2. En mil maneras somos atribulados y acosados, pero no nos abatimos; caemos en perplejidades, pero sin desesperarnos y desconcertarnos, siempre hay solución a nuestras dificultades;
  3. perseguidos por infieles y falsos cristianos, pero no abandonados por parte de Dios; a veces parece que somos derribados y vencidos por los enemigos pero no nos acobardamos, ni nos anonadamos, ni nos perdemos,
  4. llevando siempre en el cuerpo los dolores y la mortificación de Jesús, el Señor, peligrando como Él a morir en cada momento; y esto para que la vida y la fuerza de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo.
  5. Porque nosotros que vivimos para la obra del Señor, estamos siempre entregados a la muerte por agapi-amor y doxa-gloria de Jesús, para que la vida de Jesús Cristo se manifieste también en nuestro cuerpo mortal, el cual el Señor de maneras milagrosas salva.
  6. Así que los peligros mortales están en nosotros, pero la vida espiritual, que proviene de nuestra muerte, se opera y crece en vosotros.
  7. Pero teniendo el mismo espíritu de fe, según lo que está escrito: “Creí, por eso hablé”; también nosotros creemos de modo ortodoxo y firme al Señor, y por esto predicamos sin miedo y con valor la enseñanza de nuestra fe;
  8. y de esta fe sacamos la gnosis cierta que Dios y Padre quien resucitó al Señor Jesús, también con Jesús nos resucitará y nos hará estar con vosotros glorificados en su realeza increada;
  9. porque todas las cosas suceden por vosotros, para que las dádivas y la χάρις jaris-gracia energía increada difundida en muchos acreciente y exceda en todos. Así vosotros y también nosotros que somos beneficiados, agradecer a Dios de modo que la acción de gracias sea sobrante para la doxa-gloria de Dios.
  10. Por lo cual no desmayamos y no nos desesperamos por nuestras tribulaciones y sufrimientos, sino que mientras nuestro hombre exterior se corrompe, nuestro hombre interior se renueva de día en día (SoLoPoRoY).
  11. Porque por la momentánea y ligera tribulación y penalidad, nos prepara y nos trae como beneficio el peso eterno de gloria incalculable e increada,
  12. y por muy grandes y angustiosas que sean nuestras tribulaciones, las estaremos sufriendo con alegría, si no ponemos nuestros ojos en las cosas visibles, materiales y pasajeras, sino en las invisibles; pues las visibles son temporales; las invisibles, eternas e inalterables.

 

Capítulo 5: La fe inquebrantable de Pablo sobre su participación en la gloriosa resurrección de Cristo, 1-10. El ejercicio de la obra apostólica, 11-21.

 

La fe inquebrantable de Pablo sobre su participación en la gloriosa resurrección de Cristo, 5:1-10.

  1. Sabemos que si la tienda terrenal en que habitamos es provisional y se destruye, tenemos de Dios una casa sólida, no hecha por mano de hombres, eterna en los cielos. (1. Por eso no nos abatimos y no nos deprimimos por las tribulaciones, angustias y sufrimientos; porque conocemos bien que la casa (el cuerpo) de nuestra psique-alma, en la tierra es como una tienda, que se disolverá por la muerte, pero tenemos otra casa preparada por Dios, que no está hecha por manos humanos; es decir, nuestros cuerpo espiritual, inmortal y glorioso que será eterno en los cielos.)
  2. Gemimos en esta tienda nuestra corruptible y provisional, anhelando y deseando sobrevestirnos de aquella casa nuestra celestial, es decir, el nuevo cuerpo incorruptible, inquebrantable y glorioso que se nos dará por el cielo;
  3. supuesto que seamos hallados vestidos de este cuerpo nuevo y no desnudos.
  4. Pues realmente, mientras moramos en esta tienda, gemimos oprimidos, por cuanto no queremos ser desnudados, sino sobrevestidos, para que nuestra mortalidad sea absorbida por la vida. (Porque nosotros que estamos y vivimos en este cuerpo corruptible, gemimos como si fuéramos cargados de peso grande, no porque queremos desvestirnos del cuerpo y librarnos de este, sino porque queremos vestirnos el cuerpo inmortal, para que sea absorbida y desaparecida totalmente la mortalidad del cuerpo bajo la vida eterna e incorrupta del otro, de modo que se haga incorrupto.)
  5. Y el que nos ha hecho así para esto, es decir, revestirnos del cuerpo incorruptible, es el mismo Dios, quien nos ha dado desde ahora como promesa y garantía las arras y la jaris-gracia energía increada de su Espíritu, el donador de la vida.
  6. Así pues, tenemos siempre la confianza y la esperanza y conocemos bien que en el espacio de tiempo que permanecemos en este cuerpo es como si fuéramos ausentes del Señor,
  7. porque la vida presente la pasamos con y en fe y sin poder ver de modo sensible la cara o rostro del Señor,
  8. pero confiamos y preferimos más partir del cuerpo y estar presentes permanentemente al Señor.
  9. Por esto, presentes o ausentes, nos esforzamos por ser gratos a Dios, tanto si estamos en este cuerpo corrupto, como cuando partimos de este hacia el cielo durante la muerte.
  10. puesto que todos hemos de comparecer ante el tribunal de Cristo claros y descubiertos, para que reciba cada uno según lo que hubiere hecho mientras vivió en el cuerpo, bueno o malo.

El ejercicio de la obra apostólica, 5:11-21.

  1. Conocedores, pues, del temor del Señor, que sentará como juez ante el tribunal durante la gloriosa segunda parusía-presencia, tratamos con toda sinceridad de convencer a los hombres sobre nuestras obras e intenciones; y sobre Dios estamos claros ante él y espero que también a vuestra conciencia.
  2. No es que otra vez pretendemos recomendaros a nosotros mismos, sino daros ocasión para gloriaros en nosotros, a fin de que tengáis qué responder a los que buscan y ponen la gloria en lo exterior y no en lo interior por las virtudes de sus corazones.
  3. Porque, si a causa de nuestro entusiasmo hemos salido de sí y parece que loqueamos, es por la doxa-gloria luz increada Dios que hemos llegado a este punto; si somos cuerdos y prudentes (y escondemos las dádivas que nos ha dado Dios), es por vosotros.
  4. Porque la agapi-amor incondicional de Cristo nos retiene todos, a nosotros y a vosotros unidos fuertemente,
  5. y murió por todos para que los que viven no vivan ya para sí, sino para aquel que por ellos se sacrificó en la cruz y resucitó.
  6. De manera que desde ahora a nadie lo reconoceremos y estimaremos según lo humano y sus cosas exteriores, noblezas, cargos y sabiduría humana mundana; y si a Cristo, le conocimos alguna vez según a lo humano, ahora ya le conocemos como redentor Θεάνθρωπος zeánzropos Dios-Hombre.
  7. En consecuencia el que está renacido y unido en Cristo es una hombre nuevo y el viejo estado del pecado pasó; he aquí todo se ha hecho nuevo.
  8. Mas todo esto viene de Dios, que por Cristo nos ha reconciliado consigo, y nos ha confiado a nosotros los Apóstoles el servicio de la reconciliación y salvación de Dios con los hombres.
  9. Porque a la verdad, Dios estaba unido con Cristo, en una hipóstasis (base substancial) teándrica divino-humana, reconciliando al mundo consigo y no imputándole sus delitos, y puso en nuestras manos el kerigma evangélico de la reconciliación y salvación con Dios.
  10. Somos, pues, embajadores de Cristo hacia los demás hombres, porque Dios a través de nosotros ruega; por tanto nosotros rogamos por el nombre de Cristo para que os reconciliéis con Dios. (El apóstol es enviado de Dios para continuar la obra de Cristo como discípulo suyo, y cuando habla es como si hablara por él el Cristo, el Dios Logos).
  11. Y ya es fácil esta reconciliación y salvación, porque el Cristo no conoció el pecado, Dios le hizo por nosotros y le cargó nuestros pecados dejándole que sea condenado como pecador, para que en Él fuéramos justificados y salvados ante Dios.

 

Capítulo 6: Las luchas de Pablo para el éxito de su obra, 1-10. Expresiones cariñosas y exhortaciones entonadas, 11-13. Somos templo del Dios viviente 14-18

 

Las luchas de Pablo para el éxito de su obra, 6: 1-10.

6:1. Cooperando, pues, con Dios, para que el mundo se reconcilie con Él, os exhortamos a que no recibáis en vano la jaris-gracia energía increada de Dios,

  1. las ocasiones de la vida se pasan, porque dice la Escritura: “En el tiempo propicio te escuché, y en el día ofrecido para sotiría sanación y salvación, te ayudé.” He aquí ahora, este es el tiempo propicio, éste el día de la sotiría redención, sanación y salvación.
  2. Por nuestra parte como embajadores de Dios, intercedemos y rogamos para que recibáis la sotiría redención, sanación y salvación, en nada damos motivo alguno de escándalo, para que no sea vituperado nuestro servicio-diaconía que nos atribuyó el Señor;
  3. sino que en todo nos mostramos como servidores auténticos de Dios, en mucha paciencia, en tribulaciones, en necesidades, en angustias, en sufrimientos,
  4. en azotes, en prisiones, en tumultos, en fatigas, en desvelos, en ayunos,
  5. en santidad, en gnosis inconfundible de la verdad, en magnanimidad, en bondad, en Espíritu Santo y en agapi sincera,
  6. en palabras y logos de veracidad, en el poder y energía increada de Dios, en armas de justicia ofensivas y defensivas,
  7. en honra y deshonra, en mala o buena fama; cual seductores, siendo veraces; (8. Testificamos y confirmamos sobre las cosas quiénes somos con la doxa-gloria de Dios y los hombres que nos la atribuyen, pero también el desprecio por parte de los incrédulos y la difamación de los diabólicos, con la buena fama y elogio de parte de los fieles, pero con la acusación de parte de los infieles y diabólicos de que somos estafadores y con la confesión de los fieles de que somos veraces).
  8. cual desconocidos e ignorados, siendo bien conocidos y reconocidos; cual moribundos, bien que vivamos; cual castigados, mas no muertos hasta ahora;
  9. como tristes, pero siempre alegres; como pobres, pero enriqueciendo a muchos; como quienes nada tienen, poseyéndolo todo.

Expresiones cariñosas y exhortaciones entonadas, 6:11-13.

  1. Abrimos nuestra boca hacia vosotros, ¡oh corintios!, para daros a conocer estas cosas, y ensanchamos nuestro corazón para acogeros con cariño a todos;
  2. no estamos con reservas por vosotros en nuestros corazones, lo estáis vosotros en vuestras entrañas por falta de agapi-amor incondicional;
  3. abriros y ensanchaos también vosotros en vuestros corazones con la misma agapi, pues pagadme de igual modo. Yo os hablo como padre a hijos.

Somos templo del Dios viviente 6:14-18

  1. No os mezcléis y os unáis con los infieles que a causa de su infidelidad es difícil entenderse y colaborar con ellos,” ¿Qué concordancia hay entre la justicia y la iniquidad? ¿Qué comunión hay entre la luz y la oscuridad o las tinieblas?
  2. ¿Qué concordia y entendimiento hay entre Cristo y Belial, el diablo? ¿Qué puede tener en común el creyente con un infiel?
  3. ¿Qué relación puede haber entre el templo de Dios y el templo de los ídolos? Pues vosotros sois templo de Dios vivo, según Dios dijo: “Yo habitaré y andaré en medio de ellos y seré su Dios y ellos serán mi laós-pueblo.
  4. Por lo cual, salid de en medio de ellos y apartaos, dice el Señor; y no toquéis cosa inmunda, y yo os acogeré con cariño en mi realeza increada.
  5. y seré vuestro padre, y vosotros seréis mis hijos y mis hijas, dice el Señor pantocrátor-todopoderoso”.

 

Capítulo 7: Satisfacción ética y consuelo de Pablo por la rectificación y el progreso de los Corintios, 1-16

 

7:1. Amados míos, tenemos estas grandes promesas de Dios, hagámonos nuestra catarsis y purifiquémonos de toda mancha de nuestra carne y de nuestro espíritu, luchando y avanzando continuamente hasta al fin del camino de la santidad en el temor de Dios.

  1. Abrid vuestros corazones para a acogernos con agapi-amor incondicional; a nadie hemos agraviado, a nadie hemos explotado y arrebatado sus bienes, a nadie hemos perjudicado y arrastrado a la corrupción.
  2. No lo digo para condenaros, que ya antes os he dicho cuan dentro de nuestro corazón estáis para vida y para muerte, partícipes en nuestros peligros y en vuestras tribulaciones, como también en vuestras alegrías y éxitos.
  3. Tengo mucha confianza con vosotros; me jacto de vosotros y tengo en vosotros motivo grande de gloria, estoy lleno de consuelo, reboso de gozo y alegría que encubre de sobras en todas nuestras tribulaciones y sufrimientos.
  4. Nos alegramos aún, llegados a Macedonia, no tuvo nuestro cuerpo ningún reposo, sino que en todo fuimos atribulados, luchas por fuera y por dentro, había en nuestros corazones temores por nuestros hermanos débiles espiritualmente.
  5. Pero Dios, que consuela y fortalece a los humildes, nos consoló con la llegada de Tito;
  6. y no sólo con su llegada, sino también con el consuelo que él tuvo por causa vuestra, al anunciarnos vuestra ansia, vuestro llanto y vuestro celo por mí, con lo que al enterarme creció más mi gozo y mi alegría.
  7. Porque si con la epístola os entristecí, no me pesa, (ni me arrepiento a pesar de haberme entristecido hasta que vino Tito y me informó de vuestra rectificación). Porque veo que aquella epístola mía, aunque por un momento, os había contristado en beneficio, porque os trajo sentido común y metania;
  8. ahora me alegro, no porque os entristecisteis, sino porque os entristecisteis para metania y rectificación. Probasteis la tristeza según Dios, para que no recibieseis daño y perjuicio alguno de nuestra parte.
  9. Pues la tristeza querida según Dios produce beneficio espiritual y metania saludable y salvífica, de la que no hay por qué lamentarse; mientras que la tristeza según el mundo engendra depresión y lleva a la muerte espiritual.
  10. He aquí, ved cuánta solicitud os ha causado esa misma tristeza según Dios, y qué excusas, qué enojos, qué temores, qué deseos, qué celo, qué emulaciones y qué escarmientos. Demostrasteis de todo esto ser totalmente limpios e inocentes en este asunto del extraviado.
  11. Pues si yo os escribí, no fue por el que cometió el agravio ni por el que lo recibió, sino para que se manifestase vuestra solicitud e interés hacia las cosas que os escribí para que aprendáis y mejoréis, y estas delante de Dios.
  12. Esto nos ha llenado de consuelo. Y mucho más que por el consuelo que hemos recibido, nos hemos alegrado al ver a Tito tan contento por lo bien que le habéis tratado y por los ánimos que le habéis dado.
  13. Y si a él le dije que estaba orgulloso de vosotros, no me habéis dejado en mal lugar; pues así como es verdad todo lo que os dije a vosotros, también lo es lo que le dije a él: que estoy orgulloso de vosotros.
  14. Él os ha cobrado más cariño al ver cómo le obedecisteis y con qué respeto le tratasteis, y con qué el temor y temblor le recibisteis, no vaya ser que con alguna nueva travesura le entristezcáis.
  15. Me he alegrado de poder confiar plenamente en vosotros.

 

Capítulo 8: El ejemplo de la generosidad de los Macedonios, 1-15. Los enviados de Pablo a los Corintios para recoger la recolecta, 16-24.

 

El ejemplo de la generosidad de los Macedonios, 8:1-15.

  1. También quiero, hermanos, haceros conocer la donación y la jaris-gracia energía increada que Dios ha hecho a las Iglesias de Macedonia, es decir, los hizo dignos de ofrecer ayudas en caridad de los hermanos pobres;
  2. y se trata realmente de divina donación y refuerzo, porque mientras estas Iglesias se encontraban en gran prueba de tribulación, su gozo y alegría fue rica, y a pesar de su extremada pobreza han sido muy generosos.
  3. Doy testimonio de que dieron, según sus facultades y aun por encima de sus facultades, de iniciativa propia sin que nadie los obligara,
  4. rápidamente nos rogaban que les hiciésemos el favor de participar en este servicio divino de ofrecimiento y recolecta de ayudas a favor de los Cristianos-santos pobres;
  5. y dieron no como esperábamos, sino que a sí mismos se entregaron, primeramente al Señor, y luego a nosotros, por la voluntad de Dios.
  6. Así que encargamos a Tito que, según había comenzado en Corinto la obra sobre los pobres, así también hiciese y terminase entre vosotros esta obra de caridad llena de gracia divina.
  7. Y así como ahora abundáis en todo, en fe, en logos de Dios, en gnosis de la verdad, en toda obra de celo y en agapi-amor incondicional hacia nosotros, así abundéis también en esta obra de caridad.
  8. No os lo digo como imponiendo un precepto, sino que os hablo en vista de la buena disposición de otros y para demostrar la sinceridad de vuestra agapi-amor y caridad.
  9. Pues conocéis la χάρις-gracia energía increada de nuestro Señor Jesús Cristo que, siendo rico, se hizo pobre por agapi-amor incondicional nuestro, para que vosotros fueseis ricos espiritualmente por su pobreza;
  10. y os doy mi opinión sobre este asunto, el de ofrecer con generosidad os conviene a vosotros; ya que el año pasado, habéis manifestado primeros vuestra voluntad, antes que yo os propusiera esta obra buena de recolección, y comenzasteis a realizarla.
  11. Procurad, pues, ahora llevarla a buen término, a fin de que, según la prontitud de vuestra voluntad, así sea ejecutada esta buena obra de recolección, conforme a vuestras facultades y posibilidades.
  12. Cuando está dispuesta la voluntad, entonces uno está bien aceptado con lo que tiene, no de lo que no se tiene,
  13. porque no se trata de que al dar vosotros más de lo que tenéis, vivan otros con desahogo y comodidad y vosotros viváis en estrechez y privación, sino que haya igualdad para todos,
  14. así quela abundancia de paciencia y oración de ellos a Dios, alivie vuestra escasez, de manera que haya equidad sobre el nivel espiritual entre vosotros,
  15. según está escrito: “Ni el que recogió mucho abundaba, ni el que recogió poco estaba escaso.”

Los enviados de Pablo a los Corintios para recoger la recolecta, 8:16-24.

  1. Gloria y gracias sean dadas a Dios, que puso en el corazón de Tito esta solicitud por vosotros,
  2. pues no sólo acogió nuestro ruego, sino que, solícito, por propia iniciativa, partió a vosotros.
  3. Y con él enviamos a otro hermano, cuyo elogio en la predicación del Evangelio está difundido por todas las iglesias;
  4. y no sólo esto, sino que también fue elegido por las Iglesias para compañero nuestro de viaje en esta obra de caridad para los pobres, que la hacemos para doxa-gloria del mismo Señor y nosotros nos hagamos más dispuestos para toda obra buena,
  5. mirando a que nadie nos vitupere con motivo de esta importante suma vuestra que nosotros administramos.
  6. Pues procuramos hacer el bien, no sólo ante Dios, sino también ante los hombres.
  7. Enviamos con ellos a nuestro hermano, cuya solicitud tenemos bien probada con frecuencia en muchas actividades, y ahora se ha mostrado muy solícito por la gran confianza que tiene en vosotros y en vuestra generosidad.
  8. En cuanto a Tito, es mi compañero y cooperador nuestro entre vosotros; en cuanto a nuestros hermanos que os hablamos, son enviados por las Iglesias y con sus santas vidas son gloria de Cristo.
  9. Mostrad, pues, para con ellos vuestra agapi-amor incondicional y demostradles ante las Iglesias que tengo razón fundado para sentirme orgulloso de vosotros.

 

Capítulo 9: Generosos en las obras de la agapi, para que tengan la bendición de Dios, 1-15.

 

  1. Sobre la colecta socorro en favor de los hermanos cristianos-santos pobres, no es necesario que yo os escriba;
  2. porque conozco vuestra buena voluntad y disposición, que es para mí motivo de gloria en vosotros ante los macedonios, pues Acaya está dispuesta y preparada desde el año pasado, y vuestro celo ha estimulado a muchos a imitaros.
  3. A pesar de esto, envié a los hermanos, para que nuestra gloria en vosotros no resulte vana en este asunto de la contribución, para que estéis bien preparados, como decía a los Macedonios,
  4. no sea que al llegar los macedonios conmigo os encuentren desprevenidos, y quedemos confundidos nosotros, por no decir vosotros, y se demuestre vana nuestra jactancia por vuestra generosidad en esta actividad.
  5. Por eso he creído necesario rogar a los hermanos que anticiparan el viaje y preparasen de antemano vuestra prometida bendición, y con esta preparación resulte obra buena y fruto de vuestra libre agapi, y no como una contribución obligatoria de un corazón avaro, ambicioso y mezquino.
  6. Pues os digo: El que escaso siembra, escaso cosecha; el que siembra con largura, con largura cosechará mucho fruto, (cada uno será recompensado por Dios según con lo que da y siempre según su posibilidad).
  7. Cada uno haga según se ha propuesto en su corazón, no de mala gana y tristeza, ni obligado, porque Dios ama al que da con alegría y bondad.
  8. Y poderoso es Dios para acrecentar en vosotros todo género de dádivas, para que, teniendo siempre y en todo lo bastante, abundéis en toda obra buena,
  9. según está escrito: “Con generosidad repartió a los pobres; su justicia y virtud permanece y es proclamada siempre.”
  10. El Dios que da la simiente al que siembra, también le dará el pan para su alimento, y multiplicará vuestra sementera, y acrecentará los frutos de la justicia, de la agapi y de la bondad vuestra hacia los otros.
  11. Así que en toda buena obra seréis enriquecidos, podréis ejercitar abundantemente vuestra generosidad, lo que por nuestra mediación, hará que los hermanos expresen acciones de gracias a Dios.
  12. Pues la función de este servicio no sólo remedia la escasez de los santos cristianos, sino que los impulsamos también a que den gracias a Dios;
  13. por cuanto, ellos disfrutando este servicio vuestro, glorifican a Dios por vuestra confesión y obediencia al Evangelio de Cristo, ya que demostráis tener una generosa solidaridad y comunión sincera con ellos y con todos;’
  14. y ellos con sus oraciones por vosotros manifiestan el afecto que os tienen, a causa de la sobreabundante jaris-gracia energía increada que Dios ha derramado en vosotros.
  15. Gracias sean dadas a Dios por su inefable donación, la que boca de hombre es imposible narrar.

 

Capítulo 10: Pablo responde contra las acusaciones contra él, 1-11. Pablo permanece firme y fiel a su misión, 12-18.

 

Pablo responde contra las acusaciones contra él, 10:1-11.

10:1. Yo, pues, el mismo Pablo, os ruego, por la mansedumbre y la bondad de Cristo, que yo cuando estoy presente soy humilde y tímido entre vosotros, pero cuando estoy ausente tomo ánimo ante vosotros y soy atrevido y valiente,

  1. os pido que no me obliguéis cuando esté con vosotros a dar pruebas de esta valentía, de la que estoy dispuesto a usar contra algunos que piensan que procedemos como los hombres carnales para provecho propio.
  2. Pues, aunque vivimos como los humanos en la carne, no militamos ni luchamos según la carne;
  3. pues las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas por Dios para derribar fortalezas del enemigo,
  4. destruir sofismas y toda altanería que se levante arrogantemente para impedir a los hombres conocer a Dios; además con estas armas espirituales atraemos a todo corazón con buena voluntad y lo entregamos a la obediencia de Cristo Dios-Hombre,
  5. y estamos listos a atribuir justicia y a castigar toda desobediencia, una vez que sea perfecta vuestra obediencia.
  6. Solo os fijáis en las apariencias y no en la profundidad de las cosas. Si alguno confía en que es de Cristo, piense también que como él lo es, así lo somos nosotros de Cristo.
  7. Porque aunque yo me gloríe en exceso de la autoridad que tenemos, nosotros los Apóstoles, que nos dio el Señor para edificación espiritual vuestra y no para vuestra destrucción, no por eso me avergonzaré, porque diré la verdad.
  8. Y que nadie crea que pretendo amedrentaros con las cartas.
  9. Porque hay quien dice que las cartas son duras y fuertes, pero la presencia corporal es poca cosa y mis logos lamentables, como nada.
  10. Piense ese tal que nos acusa que, tal y como somos cuando escribimos las cartas, estando ausentes, tales seremos también con nuestras obras cuando estemos presentes.

Pablo permanece firme y fiel a su misión, 10:12-18.

  1. Porque no osamos igualarnos o compararnos con los que a sí mismos se recomiendan como grandes y poderosos; pero estos hombres midiéndose a sí mismos y tomándose a sí mismos por medida, no tienen sano juicio ni entienden lo que son ni saben lo que dicen.
  2. Sin embargo nosotros no nos jactamos desmedidamente y fuera de la verdad, sino que nos quedamos en los límites del campo de acción que Dios nos ha señalado, permitiéndonos llegar hasta vosotros.
  3. Porque no presumimos con vanas glorias para nosotros, como si no hubiésemos llegado en vuestra tierra predicando el Evangelio, entonces mentiríamos. Decimos la verdad porque realmente hemos llegado hasta vosotros por la obra del Evangelio de Cristo.
  4. No nos jactamos desmedidamente de trabajos ajenos, sino esperando que con el crecimiento de vuestra fe, crezcamos más y más entre vosotros, dentro de los límites que Dios nos ha señalado,
  5. evangelizando a los que están más allá de vosotros, a los hombres que aún hasta hoy nadie ha enseñado a Cristo, sin entrar en campo ajeno, jactándonos de la labor de otros.
  6. “El que se gloría y se jacta por sus obras buenas, que se gloríe y se jacte en el Señor y con humildad las buenas obras las atribuya al mismo Dios que ha dado la potencia y energía de la increada de la jaris-gracia para realizarlas.”
  7. Porque virtuoso y gustado por Dios no es el que a sí mismo se recomienda y se alaba de sí mismo, sino aquel a quien el Señor recomienda y alaba.

 

Capítulo 11: Pablo se ve obligado a escribir sobre el valor de su obra, 1-15. Sufrimientos de Pablo como apóstol, 16-33.

 

Pablo se ve obligado a escribir sobre el valor de su obra, 11:1-15.

11.1. ¡Me gustaría que me soportaseis y toleraseis un poco mis desatinos, que ahora diré! Sí, soportádmelos;

  1. porque os quiero exageradamente con celo de Dios, porque os he unido con lazos de arras o alianza a un solo hombre, es decir, a Cristo, para presentar vuestra psique-alma pura y limpia, como virgen y novia espiritual.
  2. Pero temo que como la serpiente sedujo y engañó a Eva con su astucia, también corrompa y engañe vuestros pensamientos, apartándolos de la sinceridad y de la sencillez que debemos tener a Cristo.
  3. Porque si viniese alguno predicando a otro Jesús que el que os hemos predicado, o dándoos otro Espíritu que el que os ha sido dado, u otro evangelio que el que habéis recibido, con razón lo soportaríais y aceptarías con gusto a este nuevo maestro.
  4. ¿Pero ahora por qué os fijáis con atención a maestros desconocidos e inexpertos? Porque yo creo que en nada soy inferior en la enseñanza y la obra del Evangelio, ni de los eminentes y grandes entre los Apóstoles,
  5. y aunque acepte que soy simple y sin retórica en los logos de mi enseñanza, sin embargo, no soy pobre e inexperto sobre la gnosis-conocimiento espiritual. Pues en todo y siempre de todas formas hemos manifestado y probado la enseñanza entre vosotros, es decir, de que no somos inferiores a los demás apóstoles.
  6. ¿O es que he cometido un pecado predicándoos gratuitamente el Evangelio de Dios y humillándome a mí mismo trabajando con mis propias manos, para que vosotros fueseis ensalzados y glorificados en Cristo?
  7. Despojé a otras Iglesias tomando de ellas medios de conservación, para serviros a vosotros; y estando entre vosotros y hallándome necesitado, no fui carga para nadie,
  8. pues a mis necesidades remediaron los hermanos venidos de Macedonia; y en todo momento me guardé y me guardaré de ser carga para nadie.
  9. Tan cierto como la verdad de Cristo que está en mí, que nadie de la región de Acaya me quitará esta honra.
  10. ¿Por qué? ¿Porque no os amo? ¡Eso Dios lo sabe cuánto os amo!
  11. Lo que yo ahora hago lo seguiré haciendo, es decir, predicando el Evangelio gratuitamente, para cortar todo pretexto a los que buscan ocasión para presumir de ser igual que nosotros.
  12. Porque esos falsos apóstoles, obreros engañosos, se disfrazan de apóstoles de Cristo;
  13. y no es extrañar, pues el mismo Satanás algunas veces se disfraza y se metamorfosea de ángel de luz y se comporta como tal.
  14. No es, pues, de extrañar que los servidores del Satanás se disfracen de servidores, ministros de la justicia. Pero su fin será conforme a sus obras malignas.

Sufrimientos de Pablo como apóstol, 11:16-33.

  1. Una vez más os digo, que nadie me tenga por insensato, y en todo caso, toleradme como insensato, permitiéndome que un poco me gloríe y me jacte.
  2. Lo que voy a decir, no lo digo según el Señor, (quien mandó que apliquemos y cumplamos todo lo que dijo, pero dice de nuevo que digamos servidores simples e inútiles somos), sino como en locura, que me da pie para gloriarme y jactarme.
  3. Puesto que muchos se glorían y se jactan según las habilidades y talentos del cuerpo o carne, también yo me gloriaré y me jactaré.
  4. Pues con gusto soportáis a los insensatos jactarse, siendo vosotros sensatos y prudentes.
  5. De hecho soportáis que os esclavicen, que os devoren, que os engañen, que os traten con soberbia, que os abofeteen y os desprecien, todo lo aguantáis.
  6. Me da vergüenza decirlo, todo esto hace creer que nos hemos portado con demasiada debilidad con vosotros. Pero en aquello en que otro atreva jactarse, -hablo a lo loco- también yo me atrevo a decirlo.
  7. ¿Se jactan que son hebreos? También yo. ¿Son israelitas? También yo. ¿Son descendencia de Abraham? También yo.
  8. ¿Se jactan que son servidores de Cristo? Hablando en locura, más servidor-diácono soy yo; en muchos trabajos, en muchas prisiones, en muchos azotes, y en frecuentes peligros de muerte.’
  9. Cinco veces recibí de los judíos cuarenta azotes menos uno.
  10. Tres veces fui azotado con varas, una vez fui apedreado, tres veces padecí naufragio, un día y una noche pasé en los abismos del mar;
  11. trabajé para el Evangelio del Señor con mucho esfuerzo y muchas veces en viaje me vi en peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi raza, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre los falsos hermanos que fingen de cristianos,
  12. trabajos y miserias, en prolongadas vigilias, en hambre y sed, en ayunos frecuentes, en frío y en desnudez;
  13. esto sin hablar de otras cosas, de mis cuidados y preocupaciones de cada día, de la preocupación por todas las Iglesias.
  14. ¿Quién cristiano desfallece y padece que no desfallezca y padezca yo con él? ¿Quién se escandaliza y tropieza que yo no me abrase de tristeza?
  15. Si es menester jactarse, me jactaré en lo que es mi flaqueza a las tentaciones y persecuciones.
  16. Dios y Padre del Señor Jesús Cristo, que es bendito por los siglos, sabe que no miento, pero lo que ahora os voy a decir es verdadero.
  17. En Damasco el gobernador del rey Aretas puso guardia en la ciudad de los damascenos para prenderme,
  18. y por una ventana, en una canasta, fui descolgado por el muro, y escapé de sus manos.

 

Capítulo 12: Carismas y apocalipsis que recibió de Dios, el aguijón en la carne  1-12. Pablo anuncia su tercera visita, cumplimiento de su misión con abnegación y sin interés propio, 13-21.

 

Carismas y apocalipsis que recibió de Dios, el aguijón en la carne 12: 1-12.

  1. Jactarme por tantas otras cosas que sufrí y realicé para el Evangelio no me conviene desde el aspecto espiritual; Ahora vendré a las visiones y las apocalipsis-revelaciones que recibí del Señor.
  2. Conozco de un hombre en Cristo que hace catorce años – si en el cuerpo no lo sé, si fuera del cuerpo tampoco lo sé, Dios lo sabe – fue arrebatado hasta el tercer cielo;
  3. y sé que este hombre – si en el cuerpo o fuera del cuerpo, no lo sé, Dios lo sabe –
  4. fue arrebatado al paraíso y oyó logos inefables e increados que el hombre no puede decir y describir ni le es permitido apocaliptarlos-revelarlos.
  5. De tales cosas me jactaré, pero de mí mismo no he de jactarme o gloriarme, si no es de mis flaquezas, debilidades tal como aparecieron en los períodos de persecuciones y peligros.
  6. Pero si quisiera gloriarme o jactarme por mis luchas y obras que hice con la ayuda de Dios a favor del Evangelio, no sería ni haría el loco, pues diría verdad. Me abstengo, no obstante, para que nadie juzgue de mí por encima de lo que ve y oye de mí,
  7. y a causa de la sublimidad, de mis apocalipsis-revelaciones, para que yo no me engríe y me enorgullezca, me fue dada una espina en el cuerpo (o enfermedad incurable), un emisario de Satanás, que me abofetea, para que no me enorgullezca y presuma.
  8. Por esta tentación y sufrimiento rogué tres veces al Señor que retirase de mí esta espina,
  9. y el Señor me dijo: «Te basta mi χάρις-gracia, energía increada, porque mi dinamis la potencia de mi energía increada se ve más perfecta mediante la enfermedad o debilidad humana por las grandes obras admirables que logra». Muy gustosamente, pues, continuaré gloriándome y jactándome en mis enfermedades y debilidades, de modo que permanezca humilde, para que habite en mí la dinamis increada de Cristo.
  10. Por lo cual me complazco y siento el gozo y la alegría interior en las enfermedades, en los oprobios, en los insultos, en las necesidades, en las persecuciones, en las angustias por Cristo; pues cuando parezco débil, entonces es cuando soy fuerte.
  11. ¡Me he jactado haciendo el loco!, vosotros me habéis obligado. Porque yo debería ser presentado de vosotros y no yo que me presente a mí mismo, pues en nada he sido inferior a los más notables Apóstoles, aunque yo por mi nada soy.
  12. Las cualidades y señales de apóstol que lo testifican, se realizaron entre vosotros en mucha paciencia, en milagros, prodigios y obras sobrenaturales.
  13. ¿Porque en qué habéis sido inferiores a las otras Iglesias, sino en que no haber sido yo una carga para vosotros? Si me he equivocado en esto, perdonadme este agravio.

Pablo anuncia su tercera visita, cumplimiento de su misión con abnegación y sin interés propio, 12:13-21. 

  1. He aquí que por tercera vez estoy para ir a vosotros, y no os seré una carga; porque no busco vuestros bienes, sino a vosotros para Cristo; pues no son los hijos los que deben atesorar para los padres, sino los padres para los hijos.
  2. Yo de muy buena gana me gastaré y me desgastaré hasta agotarme por la salvación de vuestra psique-alma, aunque, amándoos con mayor amor, sea menos amado.
  3. Bien, en nada he sido una carga para vosotros, pero algunos dicen que en mi astucia os hice caer en la trampa y os he traído en mi parte.
  4. ¿Os he explotado o he pedido dinero acaso por medio de alguno de los que os envié?
  5. Yo animé a Tito a ir y envié con él al hermano; ¿acaso Tito os engañó y os pidió dinero? ¿No procedimos ambos según el mismo espíritu? ¿No seguimos todos los mismos pasos?
  6. ¿Acaso creéis que tratamos de justificarnos ante vosotros? No, sino ante Dios, en Cristo, hablamos; y todo, queridísimos, para vuestra edificación y vuestro progreso espiritual.
  7. Pues temo que cuando yo vaya no os encuentre como yo quisiera y vosotros no me encontréis a mí como quisierais; temo que haya contiendas, envidias, iras, ambiciones, detracciones, murmuraciones, engreimientos y alborotos,
  8. que al llegar de nuevo a vosotros sea de Dios humillado y en luto a causa vuestra, y tenga que llorar por muchos de los que antes pecaron y no volvieron a la metania ni se arrepintieron de la impureza, de la fornicación y el desenfreno a que se entregaron.

 

Capítulo 13: Consejos, exhortaciones y doxología final, 1-13.

 

  1. Por tercera vez voy a vosotros. La Escritura dice: “Por el testimonio de dos o de tres es firme toda sentencia.” (Y en estos tres viajes tienen lugar tres testigos)
  2. Lo dije entonces, en mi segunda visita y lo vuelvo a decir ahora, lejos de vosotros, y declaro a los que han pecado antes y a todos los demás que cuando otra vez vuelva no andaré con miramientos no los perdonaré;
  3. puesto que buscáis una prueba de demostración de que en mí habla Cristo, el cual no ha sido débil para con vosotros, sino que ha mostrado su potencia y poder en vosotros por los carismas, las dádivas y los milagros que ha hecho entre vosotros mediante nosotros los Apóstoles.
  4. Porque aunque fue crucificado en su debilidad, vive por la dinamis potente energía increada de Dios. Y así somos nosotros débiles en Él, pero vivimos con Él para vosotros por la dinamis potente energía increada de Dios, la que vosotros también conocéis.
  5. Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe viva y verdadera; probaos a vosotros mismos continuamente. ¿No conocéis que Jesús Cristo está dentro de vosotros? A no ser que no estéis formados a la vida en Cristo.
  6. Pero confío que conoceréis que nosotros no estamos sin formación y reprobados, no somos dignos de desaprobación.
  7. Y deseo y ruego a Dios que no hagáis ningún mal, no para que nosotros aparezcamos aprobados, sino para que vosotros practiquéis el bien aunque nosotros quedemos descalificados;
  8. pues nada podemos hacer contra los que viven según la verdad de Dios, sino contra aquellos que pisotean la verdad para instruirlos en la metania.
  9. Nos gozamos cuando nosotros parecemos débiles y vosotros fuertes y virtuosos. Lo que pedimos es vuestra edificación y perfeccionamiento en la vida en Cristo.
  10. Por eso os escribo esto ahora que estoy ausente, para que presente, no necesite usar dureza de la autoridad que el Señor me confirió para edificar, no destruir.
  11. Por lo demás, hermanos, alegraos, perfeccionaos, animaos, tened un mismo sentir, vivid en serenidad y paz, y el Dios de la agapi-amor incondicional y de la paz estará con vosotros.
  12. Saludaos mutuamente de corazón en el abrazo santo. Todos los santos-cristianos de aquí os saludan.
  13. La χάρις jaris-gracia, energía increada, del Señor Jesús Cristo y la agapi-amor (incondicional y energía divina) de Dios Padre y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amín

 

 

 

I EPÍSTOLA A LOS CORINTIOS

EL NUEVO TESTAMENTO ORTODOXO

Traducido por Χρῆστος Χρυσούλας (Jristos Jrisulas) logosortodoxo.es/, heleno-griego nativo, instruido en la Santa Parádosi-Tradición y en la lengua (katharévousa) del Nuevo Testamento la que actualmente se habla en el pueblo fiel heleno-ortodoxo.

 

I EPÍSTOLA A LOS CORINTIOS – 1 ΠΡΟΣ ΚΟΡΙΝΘΙΟΥΣ

Se sugiere leer https://logosortodoxo.es/alfa%cf%89mega-gran-lexico-ortodoxo/

Capítulo 1: Saludos y agradecimientos 1-9. División entre los fieles 10-17. La sofía-sabiduría del mundo y la sofía de Cristo, 26-31.

 

Saludos y agradecimientos 1:1-9.

1:1. Pablo, llamado apóstol de Jesús Cristo por la voluntad de Dios, y Sóstenes el hermano en Cristo,

  1. dirijo la epístola a la Iglesia de Dios que está en Corinto, a los consagrados en Jesús Cristo, llamados a ser santos con todos los fieles que invocan en cualquier lugar el nombre de nuestro Señor Jesús Cristo, el cual es Señor y Salvador de nosotros y de ellos también;
  2. os deseo que reine siempre en vuestras psiques-almas la χάρις jaris-gracia energía increada y la paz de Dios, nuestro Padre y del Señor Jesús Cristo.
  3. Doy continuamente gracias a Dios por vosotros debido a la χάρις jaris-gracia energía increada y los demás carismas que os han sido otorgados en Jesús Cristo.
  4. Por medio del Señor habéis sido enriquecidos en todo, en toda enseñanza de la verdad cristiana y en cada gnosis/conocimiento que ella enseña e inspira.
  5. De tal manera que el testimonio y el kerigma sobre Cristo se ha consolidado en vosotros.
  6. De este modo no carecéis de ningún carisma, mientras esperáis con anhelo y esperanza aquel gran día de la apocálipsis-revelación de nuestro Señor Jesús Cristo con toda su doxa-gloria luz increada.
  7. Él a su vez, os mantendrá firmes hasta el fin, para que nadie os pueda reprochar nada el día de la segunda-parusía presencia, venida de nuestro Señor Jesús Cristo.
  8. Dios es fiel siempre por quien habéis sido llamados a haceros partícipes a la vida, a la realeza increada y la doxa-gloria increada de su Hijo, Jesús Cristo, nuestro Señor.

 

División entre los fieles 1:10-17.

  1. Hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesús Cristo, os ruego que os pongáis de acuerdo y que no haya divisiones entre vosotros, sino que conservéis la armonía en el mismo pensar, en el opinar y en el sentir, y unidos entre vosotros con las mismas actitudes y conductas cristianas.
  2. Porque, hermanos míos, los de Cloe me han informado de que hay discordias y divisiones entre vosotros.
  3. Me refiero a lo que cada uno de vosotros quiere presentarse como superior al otro diciendo: «Yo soy de Pablo, yo de Apolo, yo de Kefás, yo de Cristo».
  4. ¿Está dividido Cristo, y se ha partido la Iglesia en fracciones y partidos? ¿Acaso Pablo fue crucificado por vosotros, o acaso habéis sido bautizados en su nombre?
  5. Doy gracias a Dios de no haber bautizado a ninguno de vosotros, excepto a Crispo y Gayo.
  6. Así nadie puede decir que fuisteis bautizados en mi nombre.
  7. También bauticé a la familia de Estefanás; no recuerdo haber bautizado a nadie más.
  8. Porque Cristo no me mandó a bautizar, sino como apóstol me mandó a evangelizar la οικουμένη icumeni toda la tierra habitada y anunciar el mensaje alegre de la σωτηρία sotiría redención, sanación y salvación; y esto sin alardes literarios y logos retóricos de la sabiduría mundana, para que no se desvirtúe el valor divino y la fuerza salvífica de la cruz de Cristo.

 

La sofía-sabiduría del mundo y la sofía de Cristo, 1:26-31.

  1. Porque el logos sobre la cruz, para los que no creen y se pierden, es una necedad y locura; pero para nosotros, que nos salvamos, es dinamis poder, potencia y energía increada de Dios, como lo certifica también nuestra experiencia personal.
  2. Porque dice la Escritura, por el profeta Isaías: “Destruiré, dice Dios, la sabiduría de los que se presentan como sabios y anularé la inteligencia de los inteligentes que se presentan como prudentes.
  3. ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde el maestro hebreo que dice que contiene y enseña la Ley? ¿Dónde el estudioso y confesor del engaño que ahora domina en el mundo? ¡Dios ha demostrado que es tontería e inútil la sabiduría que inspira y cultiva el mundo que se encuentra alejado de la verdad divina!
  4. Porque el mundo con su propia sabiduría no reconoció a Dios en la sabiduría divina manifestada en su creación. Por eso Dios ha preferido salvar a los creyentes de buena voluntad por medio de la enseñanza del Evangelio que parece una locura y necedad a los hombres oscurecidos por el pecado.
  5. Y se ve como locura y necio, porque los judíos piden señales o signos sobrenaturales ya que cada uno juzga con sus propios criterios, y los helenos-griegos buscan sabiduría por silogismos filosóficos y demostraciones firmes;
  6. pero nosotros anunciamos a Cristo crucificado, escándalo para los judíos, y, locura y necedad para los helenos-griegos,
  7. mas para los llamados por su buena disposición y voluntad, sean judíos o helenos-griegos, nosotros los Apóstoles predicamos a Cristo, el cual es dinamis poder, potencia y energía increada y sabiduría de Dios para la salvación, que hace al fiel superior a todos los sabios.
  8. Porque la locura o necedad de Dios es más sabia que la gnosis y sofía-sabiduría de los hombres; y la debilidad de Dios, la debilidad aparente del kerigma sobre el Crucificado, es más poderosa que los hombres más poderosos del mundo.
  9. Los sabios según el mundo, a causa de su egoísmo, cierran los ojos y los oídos físicos y espirituales a la sabiduría-sofía de Dios. Pues, mirad si no, hermanos, que vuestro grupo de llamados por Dios, no hay muchos sabios según el mundo, ni muchos poderosos, ni muchos nobles, porque muchos de ellos no aceptaron ni obedecieron a la llamada divina;
  10. pero Dios eligió a los débiles, simples y humildes, a los que el mundo tiene por necios, para humillar a los sabios y a los poderosos del mundo;
  11. ylo vil, lo despreciable, lo que es nada, ha escogido Dios para anular y demostrar que no son nada ni nadie a los que el mundo considera que son potentes y grandes;
  12. para que nadie presuma delante de Dios, (ni tampoco los Cristianos, porque la salvación se debe a Dios y no a ellos).
  13. Por Dios vosotros estáis unidos y salvados con y en Jesús Cristo, el cual de parte de Dios se ha hecho y demostrado para nosotros los fieles infinita sabiduría increada, nuestra justificación y salvación gloriosa gracias a su sacrificio, y nuestra santificación y renacimiento de nuestros corazones, mas nuestra redención y liberación del pecado,
  14. para que, como dice la Escritura, “el que quiera presumir de los bienes que tiene, que presuma glorificando a Dios atribuyéndolo a Él y no a sí mismo”.

 

Capítulo 2: Llegada y kerigma de Pablo a los Corintios 1-5. La sabiduría del kerigma evangélico y apocálipsis-revelación por el Espíritu de Dios, 6-16.

 

Llegada y kerigma de Pablo a los Corintios 2:1-5.

2:1. Hermanos, cuando llegué a vuestra ciudad, llegué anunciándoos el misterio de Dios no con alardes de elocuencia o tecnicismos retóricos que usan los sabios según el mundo;

  1. Porque no me pareció correcto y no quise daros a conocer y predicar entre vosotros nada más que a Jesús Cristo, y a Jesús Cristo crucificado.
  2. Me presenté entre vosotros yo como hombre débil con mucho miedo y temblor.
  3. Y el logos de mi enseñanza y mi predicación no se basaban en los tecnicismos retóricos y en la elocuencia persuasiva de la sabiduría mundana, sino en la demostración de la dinamis potente energía increada y poder del Espíritu Santo, como se veía por los grandes milagros, que lo acompañaban.
  4. para que vuestra fe no se fundase en la sabiduría y capacidad humana, sino en el poder y dinamis potente energía increada de Dios.

 

La sabiduría del kerigma evangélico y apocálipsis-revelación por el Espíritu de Dios, 2:6-16.

  1. Y nosotros los Apóstoles por supuesto que enseñamos sabiduría-sofía entre los hombres formados y avanzados desde el aspecto espiritual, pero no la de los hombres de este mundo y de este siglo, ni la de los soberanos pasajeros de este mundo, que todo esto es provisional y se disolverá;
  2. 7. sino que proclamamos una sabiduría divina, misteriosa, oculta e inaccesible por la διάνοια diania mente/intelecto e inteligencia humana, sabiduría increada que designó Dios, antes de la en tiempo creación, y decidió apocaliptarla-revelarla para glorificar a nosotros los fieles.
  3. Esta sofía-sabiduría no la entendieron los soberanos de este mundo, pues, si lo hubieran entendido no habrían llegado hasta tal punto de oscuridad y caída de crucificar al Señor de la doxa-gloria luz increada.
  4. Pero como dice la Escritura: «Lo que el ojo no vio, lo que el oído no oyó, lo que ninguna inteligencia y mente humana imaginó, eso preparó Dios antes de la creación del mundo para los que le aman».
  5. Y a nosotros nos lo manifestó Dios por medio de su Espíritu Santo; porque el Espíritu Santo lo penetra todo, hasta las cosas infinitamente profundas de Dios, (y Espíritu es capaz de transmitir las grandezas de Dios, las que puedan caber en cada διάνοια diania mente/intelecto e inteligencia humana).
  6. ¿Qué hombre, en efecto, conoce el espíritu y las cosas íntimas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? De la misma manera, nadie conoce las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios.
  7. Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que procede de Dios, para que conozcamos lo más profundo y ancho posible las cosas que nos han sido regaladas por Dios.
  8. Hablamos de esto no con un lenguaje que nos ha enseñado la sabiduría y la retórica humana, sino con logos que nos los inspira el Espíritu, que expresan los conceptos y acontecimientos espirituales en términos espirituales para que comparándolos con otros espirituales los entendamos mejor.
  9. El hombre mundano carnal, es decir, el que no ha renacido y despertado espiritualmente y vive conforme sus instintos inferiores animales y sus pazos pasiones-emociones, no acepta las cosas que apocalipta-revela el Espíritu de Dios, porque le parecen que son locuras, necedades para él, no tiene la capacidad espiritual de conocerlas porque estas realidades se investigan, se razonan y se entienden de modo espiritual por la iluminación de la χάρις jaris gracia energía increada del Espíritu Santo.
  10. En cambio el hombre espiritual, por el contrario, lo analiza e investiga todo, lo discierne y entiende fácilmente todo acontecimiento y a todo hombre, mientras que a él ningún hombre mundano (que vive de la forma de este mundo pecaminoso) y ajeno de la vida en Cristo Dios-Hombre, puede comprenderlo y juzgarlo.
  11. Porque, ¿quién de los que no han sido iluminados por el espíritu de Dios, conoció el pensamiento y los planes del Dios para rectificarlo? Por tanto, ninguno de los no renacidos y despertados espiritualmente nos puede entender. Pero nosotros poseemos el espíritu, los pensamientos y los sentimientos de Cristo Dios-Hombre.

 

Capítulo 3: Verdades elementales hacia los Corintios 1-4. La obra y la responsabilidad de los predicadores, 5-23.

 

Verdades elementales hacia los Corintios 3:1-4.

3:1. Hermanos, yo no pude hablaros y enseñaros como cristianos avanzados espiritualmente, sino como hacia hombres que aún conservan conductas carnales que no han renacido y despertado espiritualmente, sino que aún son niños y principiantes en la vida espiritual en Cristo.

  1. Os di a beber leche, es decir, os enseñé las verdades cristianas que son sencillas y fáciles; no alimento sólido, porque todavía no teníais la fuerza y la resistencia para soportar, entender y asimilar la enseñanza más profunda; ni podéis todavía; porque aún tenéis conductas carnales
  2. Porque mientras haya envidias y discordias entre vosotros, ¿no es porque aún estáis con comportamientos mundanos y vivís como hombres con conductas carnales y que no han renacido por Cristo?
  3. Porque cuando uno dice: “Yo soy de Pablo”, y otro: “Yo de Apolo”, y entre vosotros os separáis en fracciones, ¿no procedéis como los hombres puramente carnales dominados por conductas mundanas y carnales?
  4. Pues ¿qué es Apolo y qué es Pablo? Simples servidores y apóstoles, por medio de los cuales habéis recibido y abrazado la fe; somos servidores de Dios y cada uno según la jaris-gracia energía increada y los carismas que nos ha concedido el Señor.
  5. Yo planté en vosotros el logos de Dios y la fe y Apolós regó, pero quien hizo crecer y fructificar fue Dios.
  6. Nada son ni el que planta ni el que riega, sino Dios, que hace crecer por su χάρις jaris-gracia energía increada.
  7. El que planta y el que riega son lo mismo, es decir, los apóstoles y los esclavos de Dios, y cada uno recibirá la recompensa según su trabajo y su esfuerzo.
  8. Nosotros, Apolós y yo somos uno entre nosotros, somos colaboradores de Dios para vuestra σωτηρία sotiría redención, sanación y salvación; vosotros sois el campo y la propiedad de Dios que se cultiva por el mismo. Sois edificio de Dios que en realidad se construye por el mismo Dios con sus instrumentos que somos nosotros.
  9. Según la χάρις jaris-gracia energía increada y la misión que Dios me ha concedido entre las naciones, yo, como buen sabio arquitecto iluminado de Dios, puse el cimiento firme e imperturbable en Corinto, y otro construye el edificio encima de este cimiento. Cada uno que mire y tenga cuidado cómo edifica sobre este cimiento.
  10. Porque nadie puede poner otro nuevo cimiento que el que está ya puesto en la base del edificio, y este es el Jesús Cristo.
  11. Sobre este cimiento uno puede edificar con oro, plata, piedras preciosas, maderas, caña y paja.
  12. El valor del trabajo de cada uno aparecerá claro el gran día del juicio, porque ese día se apocaliptará-revelará con fuego, y el fuego probará la obra de cada uno y quemará lo podrido.
  13. Si la obra que uno ha edificado sobre este cimiento que es el Cristo, resiste la prueba del fuego, recibirá el premio o el salario;
  14. si se consume, lo perderá todo, aunque él se salvará con gran dificultad, pero como el que escapa atravesando las llamas del fuego. (Se salvará si la justicia de Dios lo juzga digno de salvación y perdón por lo menos por su buena disposición e intención).
  15. ¿No sabéis que sois templos/iglesias/edificios espirituales de Dios, y que el Espíritu de Dios habita en vuestro interior y entre vosotros?
  16. Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él; porque el templo de Dios, que sois vosotros, es santo.
  17. Nadie se engañe a sí mismo. Si alguno entre vosotros piensa y cree que es sabio según la sabiduría de este mundo y tiempo, que se haga necio para los hombres para llegar a ser sabio de parte de Dios.
  18. Porque la sabiduría-sofía de este mundo por muy brillante y alta que aparezca es necedad ante Dios, como dice la Escritura: “Dios es el que atrapa, zarandea y ridiculiza a los sabios en su astucia retórica”.
  19. Y de nuevo dice: “El Señor conoce cuán vanos y falsos son los pensamientos y las meditaciones de los sabios”.
  20. Por tanto, que nadie presuma, ni porque contiene la sabiduría de los hombres, ni tampoco porque tiene como jefes y maestros hombres de grandes nombres. Porque todo es vuestro;
  21. Pablo, Apolo, Kefás, el mundo, la vida, la muerte, el presente y el futuro, todo es vuestro, (por tanto, no os hagáis sirvientes esclavizados en hombres y sistemas humanos ajenos a Cristo Dios-Hombre);
  22. y vosotros no pertenecéis a ningún otro sino sólo a Cristo, de Cristo, y Cristo es el hijo unigénito de Dios (y Logos increado).

 

Capítulo 4: Los predicadores servidores de Cristo, 1-13. Instrucciones paternales, 14-21.

 

Los predicadores servidores de Cristo, 4:1-13.

4:1. Que la gente nos tenga como servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios; tened cuidado no nos consideréis como jefes de fracciones, el Señor nos ha mandado a administrar altas y misteriosas/místicas verdades y donaciones que el mismo nos ha dado.

  1. Ahora bien, lo que se pide a los administradores es que sean fieles y honestos a la administración que se le ha confiado.
  2. Yo como servidor soy responsable ante Dios, a mí poco me importa ser juzgado por vosotros o por un tribunal humano, pero ni a mí mismo tengo derecho a juzgarme.
  3. No me siento culpable de nada, mi conciencia no me acusa de ninguna culpa y de ningún abuso de poder que Dios me ha confiado; pero no por esto quedo justificado, porque quien me juzga y dicta sentencia si he sido administrador fiel es el Señor.
  4. Así pues, nada juzguéis antes de tiempo, de que Pablo o Pedro o Apolós es el mejor; esperad hasta que venga el Señor, que iluminará los escondrijos de las tinieblas y pondrá de manifiesto las intenciones ocultas, los deseos perversos, los pensamientos y las voluntades del corazón y entonces cada uno recibirá de Dios la justa alabanza que merezca.
  5. Hermanos, todo esto dicho anteriormente, me he aplicado a mí y a Apolo y os lo he expresado de tal manera para utilidad y beneficio vuestro, para que aprendáis a no ir más allá de lo que está escrito, a fin de que nadie se apasione y se enorgullezca por uno de que es supuestamente su maestro con detrimento para el otro que tiene otro maestro.
  6. Pues ¿quién te hace a ti superior o mejor que los otros? Y ¿qué tienes que no hayas recibido de Dios? Y si lo has recibido de Dios, ¿por qué presumes como si no lo hubieras recibido nada? Los mismos maestros no deben presumir y enorgullecerse por el axioma y carisma que han recibido.
  7. 8. Y vosotros los Corintios esta idea tenéis, de que sois grandes y de alto rango. ¡Ya estáis saciados y satisfechos de todo! ¡Ya sois ricos por las dádivas espirituales! ¡Habéis llegado a reinar sin nosotros! ¡Ojalá reinaseis de verdad, para que nosotros también juntos con vosotros tomásemos parte en la realeza increada de Dios!
  8. Pues creo que Dios nos ha presentado a nosotros, los apóstoles, como postreros, como a sentenciados a muerte, porque hemos llegado a ser el espectáculo delante del mundo, de los ángeles y de los hombres.
  9. Nosotros los apóstoles somos considerados por los hombres del mundo como tontos y necios por el nombre Cristo, ¡pero vosotros sabios en Cristo!, nosotros débiles, ¡vosotros fuertes e invencibles! Vosotros honrados y glorificados, nosotros despreciados.
  10. Desde el día que hemos recibido el axioma apostólico hasta ahora vivimos entre la multitud, padecemos hambre, sed y falta de ropa. Somos abofeteados y azotados, andamos errantes sin tener residencia fija en ninguna parte,
  11. y nos fatigamos trabajando con nuestras propias manos. Los infieles nos insultan y se burlan de nosotros, y nosotros bendecimos deseando el bien de ellos; nos persiguen, y aguantamos con paciencia y tolerancia ante ellos;
  12. nos calumnian, y respondemos con palabras de bondad y agapi para tranquilizarlos y cultivarlos. Hemos sido hasta ahora como basura del mundo, el desecho de todos somos considerados en los ojos de todos hasta este momento.

 

Instrucciones paternales, 4:14-21.

  1. No os escribo esto para avergonzaros, sino que os aconsejo para instruiros como a hijos míos muy queridos.
  2. Porque aunque tuvierais diez mil pedagogos que os hablen de Cristo, no tendríais muchos padres, pues por medio del evangelio yo con la iluminación y dinamis potencia y energía increada de Cristo os he engendrado e instruido espiritualmente por el evangelio a la nueva vida en Jesús Cristo.
  3. Os suplico, por tanto, como amados hijos míos, que me imitéis y sigáis mi ejemplo.
  4. Por esto os he enviado a Timoteo, hijo espiritual mío muy querido y fiel en el Señor, quien os recordará mis normas de conducta en Cristo y cómo yo enseño el Evangelio del Señor en todas partes y en todas las Iglesias.
  5. Y Timoteo debe venir, porque algunos se han inflado de orgullo pensando que no volveré a veros.
  6. Pero iré a veros y pronto, si el Señor quiere; entonces me enteraré no de la palabrería de estos engreídos y fantasiosos, sino de su valor y fuerza de vivir según Dios y conducir a los demás en el camino de Dios.
  7. Porque la realeza increada de Dios no se instala en las psiques-almas de los hombres con palabras y retóricas, sino por la dinamis potencia y energía increada que capta y santifica el corazón.
  8. ¿Qué queréis? ¿Que vaya con la vara pedagógica o con agapi-amor y con ternura, con espíritu de honestidad y apacibilidad?

 

Capítulo 5: El caso del incestuoso y su castigo indicado, 1-13.

 

5:1. Es cosa pública ya que entre vosotros se da la fornicación o la lujuria, y tal fornicación no se encuentra ni entre los paganos, hasta el punto de convivir uno con la mujer de su padre, o sea, con su madrastra.

  1. Y vosotros estáis orgullosos por vuestra sabiduría y vuestras virtudes, en vez de todos manifestar intenso dolor, para que de parte de Dios desaparezca de entre vosotros el que tal pecado ha cometido.
  2. Pues yo, por mi parte, corporalmente ausente, pero espiritualmente presente con mi nus-espíritu y mi corazón, he dictado ya mi sentencia, como si estuviese presente, sobre el que ha hecho tal tremendo pecado.
  3. Por tanto, congregados en nombre de nuestro Señor Jesús Cristo, vosotros y mi espíritu, y con la dinamis potencia y energía increada de nuestro Señor Jesús Cristo,
  4. este tal sea entregado a Satanás (separarlo de la Iglesia), con el fin de que, aunque quede corporalmente destrozado, vuelva en sí por este castigo pedagógico, de modo que pueda salvar su psique-alma el gran día de nuestro Señor Jesús.
  5. La cosa no es para que os sintáis orgullosos ante este tremendo pecado. ¿No sabéis que un poco de levadura hace fermentar toda la masa?
  6. Por tanto, limpiad y echad fuera la vieja levadura para ser una masa nueva, puesto que sois panes sin levadura; porque Cristo, nuestro cordero pascual, ha sido sacrificado puro e inmaculado. (7. Limpiad, pues, y tirad la vieja levadura de la corrupción y del pecado, que os contamina y os corrompe, para que así os hagáis y seáis nueva levadura limpia, tal y como por el bautismo en nombre del Señor os habéis liberado de la mala levadura vieja del pecado. Y debemos estar puros y sin mancha, igual que el Cristo nuestro cordero pascual que se sacrificó por el bien nuestro)
  7. Así que celebremos la fiesta de la Pascua, no con levadura vieja, ni con levadura de malicia y maldad de este mundo, sino con panes de la verdad y sinceridad cristiana, es decir, con vida ortodoxa, con rectitud y pureza.
  8. Os dije en mi carta que no os mezcléis y tratéis con los lujuriosos;
  9. pero no me refería, de un modo absoluto, a todos los lujuriosos de este mundo pecador, a todos los avaros, ladrones o idólatras, porque en tal caso con razón tendríais que salir de este mundo que vivís sin estar en comunión y comunicación entre los seres humanos.
  10. Lo que os decía es que no trataseis con el que presume de cristiano y es lujurioso, avaro, idólatra, calumniador, borracho o ladrón; con este tipo de hermano no debéis comer juntos.
  11. Pues, no os escribí para los no Cristianos, porque a mí no me corresponde juzgar a los de fuera de la Iglesia cristiana, a los infieles. Yo me limito sólo a los Cristianos. ¿Y vosotros no juzgáis a los de dentro de la Iglesia de Cristo?
  12. Dios los juzgará a los de fuera, a los infieles. Echad fuera de vuestro ambiente al malvado y vicioso.

 

Capítulo 6: Juicios a los Cristianos en juzgados idólatras, 1-11. Desviaciones éticas, profanación del cuerpo, que es el templo de Dios, 12-20.

 

Juicios a los Cristianos en juzgados idólatras, 6:1-11.

6:1. Cuando tenéis un pleito con otro, os dije que los fieles tienen derecho a juzgar a los hermanos, y pregunto: ¿por qué lleváis el asunto a un tribunal pagano, y no lo resolvéis poniéndolo a juicio entre los creyentes santos, experimentados y virtuosos?

  1. ¿Acaso no sabéis que los Cristianos santos juzgarán al mundo? Pues si vais a juzgar al mundo, ¿no sois acaso capaces de juzgar esas causas más pequeñas?
  2. ¿No sabéis que hasta juzgaremos a los ángeles, al diablo y los malignos espíritus? ¿Y no somos capaces y dignos de discernir y juzgar con mucha más razón y justicia a los asuntos de esta vida?
  3. Sin embargo, cuando tenéis diferencias y asuntos conflictivos de esta vida, elegís como jueces a los que no tienen que ver nada con la Iglesia.
  4. Para vergüenza vuestra lo digo. ¿No hay entre vosotros algún hombre sabio, lógico y prudente, capaz de hacer justicia y resolver las diferencias entre sus hermanos?
  5. En cambio, llegáis hasta el punto que el hermano pleitea con el hermano, ¡y encima ante jueces infieles paganos!
  6. De todos modos ya es una falta y una desgracia para vosotros andar pleiteando unos con otros. ¿Por qué no preferís sufrir la injusticia y privaros de vuestra razón e interés propio, en vez de andar en pleitos?
  7. Pero lo terrible es que, a pesar de ser Cristianos, sois vosotros los injustos y defraudadores. ¡Y esto lo hacéis en perjuicio de vuestros hermanos!
  8. ¿Es que no sabéis que los injustos no heredarán la realeza increada de Dios? No os engañéis; ni los lujuriosos fornicadores, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales,
  9. ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los difamadores, ni los salteadores heredarán la realeza increada de Dios.
  10. Y eso erais antes algunos; pero por el santo bautismo os habéis lavado y limpiado de estos pecados y habéis recibido la santificación que regala el Espíritu Santo y os habéis hecho justos en el nombre de nuestro Señor Jesús Cristo por el Espíritu de nuestro Dios.

 

Desviaciones éticas, profanación del cuerpo que es el templo de Dios, 6:12-20.

  1. Todo me está permitido, pero no todo conviene. Todo me está permitido; pero no me dejaré dominar de nada y no me haré esclavo de nada.
  2. Los alimentos para el estómago y el estómago para los alimentos. Pero Dios exterminará ambas cosas durante aquella futura resurrección de los cuerpos. El cuerpo no es para la lujuria, sino para el Señor, quien es la cabeza del cuerpo espiritual de la Iglesia, y el Señor para el cuerpo. (13. Las comidas son para el vientre y el vientre para las comidas. Pero Dios exterminará ambas cosas durante aquella futura resurrección de los cuerpos. Pero no es la comida que nos hace pecadores ante Dios. Pero esto no vale cuando se trata de la pureza ética, porque el cuerpo no se ha hecho para la lujuria y los deseos carnales de los bajos instintos animales, sino para el Señor, quien es la cabeza del cuerpo espiritual de la Iglesia, y el Señor, para el cuerpo para que habite en él y lo santifique).
  3. Ya que Dios también resucitó de los muertos al Señor, y nos resucitará también a nosotros por su omnipotencia.
  4. ¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo, el cual es la cabeza de la Iglesia? ¿Y voy yo a usar los miembros de Cristo para hacerlos miembros de una prostituta? ¡Nunca, jamás!
  5. ¿No sabéis que quien se une a una prostituta se hace un solo cuerpo con ella? Pues, como dice la Escritura, “los dos, varón y mujer, serán una sola carne o un cuerpo”.
  6. Pero el que se une al Señor de un modo misterioso se hace un espíritu con él, y se santifica por él.
  7. Huid de la lujuria. Cualquier otro pecado cometido por el hombre queda fuera del cuerpo, pero el pecado de lujuria daña al propio cuerpo.
  8. ¿No sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que habita en vosotros, y que lo habéis recibido de Dios? Ya no os pertenecéis a vosotros mismos.
  9. Habéis sido comprados a gran precio precioso, es decir, por la inestimable sangre de Cristo; evitad, pues, toda desviación carnal y glorificad a Dios con toda vuestra existencia, con vuestro cuerpo y vuestro espíritu, que son de Dios.

 

Capítulo 7: Convivencia de los cónyuges, 1-9. Lo insoluble del matrimonio, 10-17. Cada uno en lo que ha sido llamado, 18-24. Acerca de la virginidad, 25-40.

 

Convivencia de los cónyuges, 7:1-9.

7:1. Sobre lo que me habéis escrito, os digo lo siguiente. Bien le está al hombre no tocar mujer;

  1. pero para evitar la lujuria, que cada uno tenga su mujer, y cada mujer su marido.
  2. Tanto el marido como la mujer deben cumplir la obligación conyugal.
  3. La mujer no es dueña de su cuerpo, sino el marido; igualmente el marido no es dueño de su cuerpo, sino la mujer.
  4. No os neguéis el uno al otro esa obligación, a no ser de común acuerdo y por cierto tiempo, para dedicaros a la oración sin distracción; después volved de nuevo a juntaros, para que no os tiente Satanás si no podéis guardar continencia.
  5. Esto os lo digo como concesión o condescendencia, no lo impongo como mandato.
  6. Pues yo quisiera que todos los hombres fuesen como yo, (que soy soltero y dedicado a Dios); pero cada uno tiene de Dios su propio carisma, unos de una manera, otros de otra.
  7. A los solteros y a las viudas es conveniente y bueno para ellos que se queden como yo;
  8. pero si no pueden guardar continencia, que se casen. Es mejor casarse que ser excitado e incendiado por la llama del deseo carnal.

 

Lo insoluble del matrimonio, 7:10-17.

  1. A los casados les mando, no yo, sino el Señor que la mujer no se separe del marido;
  2. y si se separa, que no se case o que se reconcilie con su marido; y que el marido no se divorcie de la mujer.
  3. A los demás les digo yo, no el Señor: Si un cristiano está casado con una mujer pagana, pero acepta vivir con él, que no se divorcie de ella.
  4. Y si una mujer cristiana está casada con un hombre no creyente, pero acepta vivir con ella, que no se divorcie de él.
  5. Pues el marido no creyente queda santificado a Dios por la unión con mujer cristiana, y la mujer no creyente queda santificada a Dios por la unión con el marido cristiano; de lo contrario, vuestros hijos serían impuros, mientras que ahora ellos también son santos y pertenecen al pueblo de Dios.
  6. Pero si el cónyuge no creyente quiere separarse, que se separe; en ese caso el otro cónyuge creyente queda en plena libertad, porque el Dios nos ha llamado a vivir en paz.
  7. En realidad, ¿cómo vas a saber tú, mujer cristiana, si conseguirás salvar a tu marido incrédulo? ¿Y tú, marido cristiano, si conseguirás salvar a tu mujer incrédula?
  8. Que cada uno permanezca en la condición que Dios le ha asignado, la que tenía cuando fue llamado por el Señor. Así lo dispongo en todas las Iglesias.

 

Cada uno en lo que ha sido llamado, 7:18-24.

  1. Si uno fue llamado a la fe Cristiana estando circuncidado, que no intente aparecer como no circuncidado. Si uno fue llamado sin estar circuncidado, que no se circuncide.
  2. Da igual estar o no estar circuncidado, lo que importa y tiene valor es aplicar y guardar los mandamientos de Dios.
  3. Que cada uno permanezca en el estado en que estaba cuando Dios le llamó.
  4. ¿Fuiste llamado en la fe siendo esclavo o siervo? No te preocupes. Aunque si tienes ocasión de conseguir la libertad, debes aprovecharla;
  5. porque la llamada del Señor hace libre al esclavo y esclavo de Cristo al libre.
  6. A gran precio fuisteis comprados; no os hagáis esclavos de los hombres (no os sometáis y obedezcáis a las pecadoras exigencias y costumbres mundanas).
  7. Hermanos, que cada cual permanezca ante Dios en el estado que tenía cuando fue llamado, (ocupándose sólo estar con Dios).

 

Acerca de la virginidad, 7:25-40.

  1. Acerca de los solteros, no tengo ningún precepto del Señor; pero doy mi opinión particular como maestro vuestro quien es digno de crédito por la misericordia del Señor.
  2. Yo creo que en estos tiempos difíciles en que vivimos es mejor quedarse como se está.
  3. ¿Estás unido a mujer? No busques la separación. ¿Estás soltero? No te cases.
  4. Pero si te casas, no pecas. Y si una mujer soltera se casa, tampoco peca. Lo que pasa es que yo quisiera evitaros problemas y tribulaciones que vais a tener en el matrimonio.
  5. Por tanto, hermanos os digo: los que tienen mujer vivan como si no la tuvieran;
  6. los que lloran, como si no llorasen; los que se alegran, como si no se alegrasen; los que compran, como si no poseyesen;
  7. los que gozan del mundo, como si no disfrutasen; porque la forma de este mundo que contemplamos está para pasar.
  8. Os quiero libres de preocupaciones. El soltero se preocupa de las cosas del Señor y de cómo agradarle.
  9. Pero el casado se preocupa de las cosas del mundo y de cómo agradar a la mujer; y así está dividido.
  10. La mujer no casada y la joven soltera se preocupan de las cosas del Señor, y se consagran a él en cuerpo y psique-alma. Pero la que está casada se preocupa de las cosas del mundo y de cómo agradar a su marido.
  11. Os digo esto para vuestro provecho y bien, no para tenderos un lazo, sino mirando a lo más perfecto y digno, y a lo que os acercará y unirá enteramente con el Señor sin distracciones y preocupaciones mundanas.
  12. Si alguno cree que, dada la edad de su novia, debe casarse, y que eso es lo más indicado, que haga lo que quiera y deba; que se case, pues eso no es pecado.
  13. Y si alguno, con entera libertad, sin que nadie lo fuerce, tiene en su interior el firme propósito de no casarse con su novia y así lo decide, hace bien.
  14. Así pues, el que se casa con su novia hace bien, y el que no se casa hace mejor.
  15. La mujer está ligada todo el tiempo que vive su marido; pero si el marido se muere, queda libre para casarse con quien quiera, pero sólo en el Señor.
  16. Pero, a mi parecer, será más feliz si continúa como está; ésta es mi opinión; y creo que yo también tengo el Espíritu de Dios para no equivocarme en mis opiniones.

 

Capítulo 8: Sobre la carne sacrificada a los ídolos y el escándalo, 1-13

 

8:1. Sobre la carne ofrecida en sacrificio a los ídolos, está claro que todos tenemos la gnosis (conocimiento) suficiente.

  1. Pero la gnosis envanece; lo único verdaderamente provechoso es el amor. La gnosis-conocimiento sin la praxis ortodoxa conduce a la vanidad e inflamiento del orgullo. Si alguno cree que conoce algo, este aún no conoce como se debe conocer en lo fondo y ancho.
  2. Pero si uno ama a Dios, ése es conocido por él, y recibe de Dios la gnosis verdadera e increada.
  3. Viniendo, pues, a lo de la comida de las carnes ofrecidas en sacrificio a los ídolos, sabemos que los ídolos no son nada en el mundo y que no hay más que un único Dios verdadero.
  4. Porque aunque algunos se imaginan que hay muchos llamados dioses, tanto en el cielo como en la tierra, y en ese sentido hay muchas divinidades falsas y muchos señores en la tierra, y estos son los malignos y astutos espíritus, los demonios,
  5. sin embargo para nosotros los Cristianos hay un solo Dios, el Padre, del que proceden todas las cosas y por el que hemos sido creados; y un solo Señor, Jesús Cristo, por quien se hicieron todas las cosas, y por el que también nosotros hemos nacido y renacido espiritualmente.
  6. Pero esta gnosis (conocimiento) santa y clara no existe en todos; pues algunos, acostumbrados hasta ahora a adorar a los ídolos, comen las carnes pensando que están consagradas a los dioses, y su conciencia que es débil y no está bien iluminada ni formada, se contamina por esto que han hecho y les hace sentirse culpables.
  7. No es la comida la que nos acerca a Dios, por comer o por no comer, no somos menos ni más gustados ante Dios.
  8. Pero procurad que vuestra libertad, que os da vuestra fe iluminada, no sirva de escándalo a los débiles en la fe.
  9. Si tú, que tienes gnosis (conocimiento) clara de todo esto, te sientas a comer carne ofrecida en sacrificio a los ídolos, ¿no podrás inducir a que otro, con fe débil y conciencia insegura, se decida también a comer esa carne?
  10. Así tú, con tu gnosis clara, has echado a perder a ese hermano poco formado todavía, por el que Cristo murió en la cruz.
  11. De este modo pecáis contra los hermanos, al hacer daño dando golpes a su conciencia aún no formada, y pecáis ante el mismo Cristo, porque interrumpís la obra de salvación de los hermanos.
  12. Por tanto, si una comida escandaliza a mi hermano, jamás comeré, la comeré para no escandalizarle y no sea motivo que se tambalee su fe y su vida cristiana. (El sacrificio de nuestra razón es un deber ya que por esto nos anticipamos del escándalo, en efecto, entonces ayudamos en la virtud).

 

Capítulo 9: Los derechos de un apóstol 1-27.

 

9:1. ¿No soy apóstol yo como los demás? ¿No soy libre, como los demás cristianos? ¿Es que no he visto a Jesús, Señor nuestro? ¿No sois vosotros los Corintios mi obra en el Señor?

  1. Si para otros no soy apóstol, para vosotros ciertamente lo soy; porque vosotros sois el sello de mi apostolado en el Señor por la χάρις jaris gracia energía increada.
  2. Ésta es mi apología a los que me critican.
  3. ¿Es que no tenemos derecho los colaboradores a comer y a beber de lo que nos ofrecen nuestros discípulos para nuestro mantenimiento?
  4. ¿No tengo derecho a llevar conmigo una mujer cristiana en las distintas giras, para servirnos, como los demás apóstoles, los hermanos del Señor, y hasta el mismo Pedro?
  5. ¿O es que sólo Bernabé y yo tenemos obligación de trabajar?
  6. ¿Cuándo se ha visto que un militar haga la guerra a sus expensas pagando el mismo el alimento y las armas? ¿Quién planta una viña y no come de su fruto? ¿Quién apacienta un rebaño y no toma leche del rebaño?
  7. ¿acaso hablo de esto con criterio humano o no lo dice también la Ley de Moisés?
  8. Porque en la ley de Moisés está escrito: “No pondrás bozal al buey que trilla”, pues, lo dejarás que coma también algo. ¿Es que Dios se preocupa de los bueyes?
  9. ¿O no es más lógico que más bien por nosotros lo dice? Sí, se dice por nosotros. Porque para nosotros los obreros espirituales se ha escrito en la Ley que, tanto el que labra la tierra como el que trilla el grano, lo hacen con la esperanza de recibir y disfrutar los frutos de sus esfuerzos.
  10. Si nosotros sembramos en vosotros semillas de la verdad divina y dádivas espirituales, ¿qué de paradójico hay que recojamos de vosotros algunos bienes materiales para mantenernos?
  11. Si otros usan este derecho con vosotros, es decir, de ser alimentados de vosotros, ¿por qué, y con más razón, no podemos usarlo nosotros? Sin embargo, no hemos usado este derecho, y lo hemos soportado todo para no poner obstáculo alguno a la divulgación del evangelio de Cristo.
  12. ¿No sabéis que los que ejercen funciones sagradas viven del templo, (como son los Levitas) y los que sirven al altar del altar participan?
  13. Así también ahora el Señor ordenó a los que anuncian el Evangelio que vivan del evangelio, es decir, de los fieles que reciben y aceptan el Evangelio.
  14. Pero yo no he hecho uso de ninguno de estos derechos. Y no escribo esto para reivindicar estos derechos. Prefiero morir antes que verme privado de este glorioso título de predicar el Evangelio de Cristo Dios-Hombre sin ser carga para nadie.
  15. Porque, si predico el evangelio, no tengo de qué sentir orgullo; es mi obligación hacerlo. Pues ¡ay de mí si no evangelizare y no cumpliese esta misión!
  16. Si hiciera esto por propia voluntad, merecería recompensa; pero si lo hago por mandato, entonces soy un administrador o ecónomo, al que el Señor le ha confiado la administración de este poder espiritual.
  17. ¿Ahora bien, cuál es mi recompensa en este caso? Pues, que predico el evangelio de Cristo y como valor incalculable lo ofrezco a mis oyentes gratuitamente sin pedir nada a cambio, y sin hacer valer mis derechos por la evangelización.
  18. Libre, de hecho, como estoy de todos, me hago esclavo de todos para ganar en Cristo a los más que pueda.
  19. Con los judíos me he hecho judío; con los que están bajo la ley (aunque yo no estoy bajo la ley), me hice como quien está bajo ella, para ganar a los que están bajo la ley;
  20. con los nacionales que están sin ley, hice como quien está sin ella, naturalmente sin transgredir la ley de Dios, sino que vivo bajo la ley de Cristo, para ganar a los sin ley.
  21. Con los débiles en la fe me hago débil para ganar en Cristo a los débiles; me hago todo para todos, para que de todos modos salve alguno, por supuesto sin transgredir la voluntad de Dios.
  22. Todo lo hago por el evangelio de Cristo, para participar junto con los demás cristianos de sus dádivas y de su χάρις jaris gracia energía increada que proporciona.
  23. ¿No sabéis que los atletas que corren en el estadio, todos corren, pero sólo uno consigue el premio? Así también vosotros corred el camino de la virtud con persistencia y entusiasmo para conquistar el premio no sólo uno sino todos.
  24. Los atletas se privan de muchas cosas, y lo hacen para conseguir una corona corruptible; en cambio, nosotros recibiremos de Dios una corona incorruptible.
  25. Yo no corro ni lucho sin ton ni son a la aventura, ni peleo como quien da golpes al aire,
  26. sino que me impongo una disciplina y domino mi cuerpo, no sea que después de predicar la salvación a los demás, yo mismo quede descalificado de Dios.

 

Capítulo 10: Enseñanzas de la historia de Israel, 1-13. El cáliz del Señor y la copa de los demonios, 14-33.

 

Enseñanzas de la historia de Israel, 10:1-13.

10:1. No quiero que olvidéis que nuestros antepasados estuvieron todos bajo la nube divina, todos atravesaron el mar sanos,

  1. y todos, al recibir un tipo de bautismo en la nube divina y en el mar, quedaron unidos a Moisés, (cosa que entonó los lazos entre ellos como un pueblo de Dios);
  2. y todos comieron el mismo alimento espiritual, el maná que el Espíritu de Dios les daba,
  3. y todos bebieron la misma bebida espiritual. Bebían de la piedra espiritual, sobrenatural e invisible que les seguía; y esta piedra era Cristo.
  4. Pero Dios no se agradó de la mayoría de ellos, y quedaron tendidos en el desierto, es decir, la mayoría transgredió la voluntad de Dios y fueron castigados por Dios y cayeron muertos en la tierra.
  5. Todas estas cosas se hicieron para nosotros símbolos y alegorías como ejemplo para nosotros para que no codiciemos cosas malas, perversas y pecadoras como lo codiciaron aquellos.
  6. Ni os hagáis idólatras, como algunos de aquellos, según dice la Escritura: “El pueblo se sentó a comer y beber, y se levantó para divertirse en honor del ídolo, el becerro de oro que habían creado”.
  7. Ni nos entreguemos a la lujuria, como se entregaron a la fornicación algunos de ellos, y cayeron muertos veintitrés mil en un solo día.
  8. Ni provoquemos tentando al Señor como algunos de ellos lo hicieron, y perecieron mordidos por las serpientes.
  9. Ni protestéis contra Dios como algunos de ellos lo hicieron, y acabaron exterminados en manos del ángel exterminador.
  10. Todos estos castigos que se impusieron a ellos para que escarmentaran, y fue escrito como aviso, instrucción y guía para nosotros los fieles actuales, que vivimos en los tiempos finales del período pre-cristiano y ha comenzado el nuevo período el de la χάρις jaris energía increada de Cristo Dios-Hombre.
  11. Por tanto, el cristiano que crea estar firme en la fe, tenga cuidado de no caer, como cayeron los hebreos entonces.
  12. No os ha llegado ninguna tentación insuperable. Dios es fiel y no permitirá que seáis sometidos a pruebas superiores a vuestras fuerzas; junto con la prueba os dará fuerza para soportarla y superarla.

 

El cáliz del Señor y la copa de los demonios, 10:14-33.

  1. Por esto, queridos míos, huid de la idolatría.
  2. Os hablo como a personas lógicas y prudentes; juzgad o razonad vosotros también lo que os voy a decir.
  3. El cáliz de bendición, el que el mismo Señor bendijo durante la Cena mística, y que bendecimos según su voluntad, ¿no es la comunión con la sangre de Cristo? Y el pan que nosotros partimos en fracciones durante el Misterio de la divina Efjaristía y lo repartimos entre nosotros, ¿no es la comunión con el cuerpo de Cristo?
  4. Puesto que sólo hay un pan, por el que comulgamos, todos formamos un solo cuerpo espiritual, porque todos participamos del mismo pan, del cuerpo del Señor y por este nos unimos todos entre nosotros.
  5. Fijaos en el pueblo de Israel carnal. ¿No quedan unidos al altar los que comen de los sacrificios ofrecidos en él?
  6. ¿Qué digo, pues? ¿Que existe realmente en este mundo ídolo que representa a Dios verdadero, o lo que se sacrifica a los ídolos contiene alguna santidad y fuerza? ¿Quiero decir con esto que las víctimas ofrecidas y los ídolos son algo? Por supuesto que no.
  7. No, pues los paganos de las naciones ofrecen sus sacrificios a los demonios y no a Dios, y yo no quiero que entréis en comunión con los demonios.
  8. No podéis beber a la vez el cáliz del Señor y la copa de los demonios. No podéis participar a la vez de la mesa del Señor y de la de los demonios.
  9. ¿O queremos provocar celos al Señor? ¿Somos acaso más fuertes que él?
  10. Todo me es lícito y permitido, pero no todo me conviene; todo me es lícito, pero no todo edifica.
  11. Que nadie busque su propio interés, sino que cada uno se interese por el bien de los demás.
  12. Comed toda carne que se vende en el mercado, sin andar averiguando nada por motivos de remordimientos de conciencia,
  13. pues del Señor es la tierra y su plenitud.
  14. Si algún pagano os invita y queréis ir, comed todo lo que os presente sin más averiguaciones por motivos de conciencia.
  15. Pero si alguno os dice: “Esto ha sido ofrecido a los ídolos”, no comáis en atención al que lo dijo y por motivos de conciencia. De nuevo os digo: “del Señor es la tierra y su plenitud”.
  16. La conciencia, digo, no la tuya, sino la del otro. Pues, ¿por qué mi libertad, que ha dado Dios, ha de ser juzgada por conciencia ajena?
  17. Y si yo con agradecimiento participo y doy gracias a Dios al comerlo, ¿qué razón hay para que me critiquen y me censuren por aquello de que doy gracias a Dios?
  18. Ya comáis, ya bebáis, hagáis lo que hagáis, hacedlo todo para gloria de Dios.
  19. No escandalicéis ni a los judíos, ni a los helenos-griegos, ni a la Iglesia de Dios;
  20. haced en todo como yo, que me esfuerzo en complacer a todos en todo, no buscando mi interés, sino el beneficio y bien de los demás, para que se salven.

 

Capítulo 11: La mujer en las reuniones de culto, 1-16. Abusos en la Cena del Señor, 17-34

 

La mujer en las reuniones de culto, 11:1-16

11:1. Imitadme y seguid mi ejemplo, como yo soy imitador de Cristo.

  1. Os felicito porque os acordáis siempre de mí y conserváis las paradósis depósito, transmisiones y tradiciones tal como os las transmití.
  2. Quiero que sepáis que la cabeza de todo hombre es Cristo; que la cabeza de la mujer es el hombre, y Dios la cabeza de Cristo hecho hombre.
  3. El hombre que ora o profetiza, teologiza iluminado por el Espíritu Santo con la cabeza cubierta deshonra a Cristo, que es su cabeza.
  4. Y la mujer que ora o profetiza o teologiza manifestando la voluntad de Dios con la cabeza descubierta deshonra al marido, que es su cabeza, exactamente igual que si se la hubiera rapado, porque se presenta como si se sublevara contra el marido y reclama poder de hombre, además que es indecente.
  5. Por tanto, si una mujer no quiere llevar velo, que se corte el pelo como el hombre o al cero. Y si es vergonzoso para una mujer cortarse el pelo o raparse la cabeza, que lleve velo.
  6. El hombre no debe cubrirse la cabeza, porque es imagen y espejo de doxa-gloria increada de Dios, pero la mujer la única ayudante y a su altura es gloria del hombre.
  7. Porque el hombre no procede de la mujer, sino la mujer del hombre;
  8. el hombre no fue creado para la mujer, sino la mujer para ayuda del hombre.
  9. Por esto la mujer debe llevar en la cabeza una señal de sujeción por causa y respeto a los ángeles, (los cuales invisiblemente están presentes entre nosotros y cuando se presentan ante Dios por respeto cubren sus rostros).
  10. Pero entre cristianos debemos reconocer que la mujer depende del hombre y el hombre depende de la mujer, de acuerdo con las leyes que puesto el Señor.
  11. Porque así como la mujer procede del hombre, así también el hombre nace de la mujer; y todo viene de Dios.
  12. Juzgad vosotros mismos. ¿Es decente que la mujer ore a Dios con la cabeza descubierta?
  13. ¿No os enseña la misma naturaleza que es una vergüenza que el hombre se deje el pelo largo,
  14. mientras que para la mujer eso es un orgullo? El pelo largo que tiene ha sido dado de Dios y le sirve como un tipo de velo decoroso.
  15. Pero si alguno quiere discutir este asunto, sepa que nosotros no tenemos esta costumbre ni tampoco las otras Iglesias.

 

Abusos en la Cena del Señor, 11:17-34

  1. Pero al anunciaros esto que sigue, no os alabo; porque no os congregáis en el culto para lo mejor edificándose uno con el otro, sino para lo peor.
  2. En primer lugar, he oído decir que, cuando os reunís, hay divisiones y fracciones entre vosotros, y en parte lo creo;
  3. Porque es preciso que entre vosotros haya disensiones y distintas opiniones, a causa de vuestra debilidad humana, para que se hagan manifiestos los que son de virtud probada y entre vosotros los elegidos.
  4. Cuando os reunís al lugar común de culto y tenéis estas divisiones, esto no es comer la cena del Señor que constituyó para vuestra edificación.
  5. Porque cada cual se adelanta a comer su propia cena; y mientras uno pasa hambre, otro que es rico se emborracha.
  6. ¿Es que no tenéis vuestra casa para comer y beber? ¿O es que despreciáis a la Iglesia de Dios y queréis dejar en vergüenza a los fieles que no tienen? ¿Qué os voy a decir? ¿He de felicitaros? En esto no os puedo felicitar.
  7. Yo recibí del Señor lo que os he transmitido o sea, que Jesús, el Señor, en la noche que fue entregado, tomó pan, dio gracias al Padre, lo partió y dijo:
  8. «Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros; haced esto vosotros también en memoria mía y de mi sacrificio que ofrezco para vosotros».
  9. Después de cenar, hizo lo mismo con el cáliz, diciendo: «Este cáliz es la nueva alianza ο o nuevo testamento sellado con mi sangre; cada vez que la bebáis, en el misterio de la divina Efjaristía, hacedlo en memoria mía».
  10. Pues siempre que coméis este pan y bebéis este cáliz de la Divina Ευχαριστία Efjaristía anunciáis la muerte redentora del Señor continuamente hasta que vuelva, en su segunda parusía-presencia.
  11. Por eso, el que come del pan o bebe del cáliz del Señor indignamente, será culpable y reo por sacrilegio e insulto del cuerpo y de la sangre del Señor.
  12. Por tanto, examine cada uno con mucho cuidado su propia conciencia, y entonces coma del pan consagrado y beba del cáliz consagrado.
  13. Porque el que come y bebe indignamente sin discernir que no se trata de comidas comunes del cuerpo, come y bebe su propia condenación y maldición. Porque no hace discernimiento espiritual entre el cuerpo y la sangre del Señor y las comidas comunes del cuerpo.
  14. Por eso muchos de vosotros que indignamente comulgáis de los divinos regalos, estáis enfermos y débiles, y otros han muerto.
  15. Si nos examinásemos a nosotros mismos con atención y nos arrepintiésemos de nuestras culpas y pecados, y viniésemos así en este gran misterio, no seríamos condenados así por Dios.
  16. Y si el Señor nos castiga, es para corregirnos y volvernos a la metania, para que no seamos condenados y perdidos definitivamente junto con el mundo del pecado.
  17. Por tanto, hermanos míos, cuando os reunáis para la Cena, esperaos con agapi unos a otros.
  18. Y si alguno tiene hambre, que coma en su casa, para que en vuestras reuniones de culto no resulten en condena. Sobre lo demás, en relación con el gran Misterio de la divina Ευχαριστία Efjaristía lo arreglaré a mi llegada.

 

Capítulo 12: Los dones del Espíritu y las diferencias de ellos son elementos de unidad de los fieles entre los miembros del mismo cuerpo espiritual.

 

12:1. Con relación a los dones o carismas espirituales, hermanos, no quiero que lo ignoréis.

  1. Sabéis que cuando erais gentiles, paganos, estabais arrastrados y empujados a los ídolos inanimados y mudos y os empujaban a salir del camino de Dios y os engañabais por ignorancia.
  2. Por tanto, os hago saber que nadie que hable inspirado y movido por el Espíritu de Dios llama anatema o maldice a Jesús; y nadie puede llamar y confesar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo inspirado por y con Su energía increada jaris-gracia.
  3. Ciertamente, hay diversidad de dones y donaciones, pero el Espíritu que los reparte es uno, el mismo.
  4. Y hay diversidad de servicios y actividades, pero el Señor es uno, el mismo.
  5. Y hay diversidad de operaciones y energías increadas, pero el mismo Dios opera y energiza en todos y reparte en todos todas estas cosas.
  6. Pero en cada uno el Espíritu se manifiesta (dando estos carismas mediante la luz y la energía increada) para el bien común espiritual de los fieles.
  7. Porque el Espíritu da a uno la sabiduría divina para entender profundamente y enseñar con certeza y claridad las altísimas verdades de la fe; a otro, la capacidad de explicar y transmitir la sanadora y salvífica gnosis increada-conocimiento divino; por todo se da a medida por el mismo Espíritu;
  1. a otro, fe viva para hacer milagros, por el mismo Espíritu; y a otro, carisma de sanaciones, curaciones que se hacen por el mismo Espíritu;
  2. a otro, la potencia de las energías increadas para hacer obras sobrenaturales; a otro, el don de profecía; a otro, discernimiento de espíritus (y discernir los falsos de los verdaderos profetas o teólogos y hombres espirituales); a otro, el carisma de hablar diversas lenguas/idiomas; y a otro, el carisma de traducir e interpretar lo que se dice en distintas lenguas o idiomas.
  3. Pero todo esto, son energías increadas del mismo y único Espíritu el que las activa, donando sus dones pequeños y grandes a cada uno en particular como él quiere, para que haya en la Iglesia variedad de dones pequeños y grandes.
  4. Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también el Cristo junto con todos los fieles, indistintamente los carismas que tengan, constituye un cuerpo espiritual.
  5. Porque todos hemos sido bautizados en un solo Espíritu para formar un solo Cuerpo, sean judíos o helenos, sean esclavos o libres y de un mismo Espíritu todos como árboles al paraíso de la Iglesia hemos sido regados por agua viva que es la χάρις jaris energía increada del Espíritu Santo.
  6. Además el cuerpo no se compone de un solo miembro sino de muchos.
  7. Si el pie dijera: «Como no soy mano, no formo parte del cuerpo», ¿acaso por eso no seguiría siendo parte del cuerpo?
  8. Y si el oído dijera: «Ya que no soy ojo, no formo parte del cuerpo», ¿acaso dejaría de pertenecer al cuerpo?
  9. Si todo el cuerpo fuese ojo, ¿dónde estaría el oído? Si todo fuese oído, ¿dónde estaría el olfato?
  10. Pero el Dios ha colocado a cada uno de los miembros en el cuerpo, como él quiso, para asistencia de todo el cuerpo.
  11. Porque si todos fueran un solo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo?
  12. Ahora son muchos los miembros, pero el cuerpo es uno solo.
  13. Ni el ojo puede decir a la mano: No te necesito, ni tampoco la cabeza a los pies: No tengo necesidad de vosotros.
  14. Pero los miembros del cuerpo que parecen más débiles, son los más necesarios para la existencia del cuerpo;
  15. y a aquellos miembros del cuerpo que nos parecen menos dignos, a éstos vestimos más dignamente; Así nuestros miembros menos dignos son tratados con mayor respeto y con más decoro.
  16. 24. Porque los que en nosotros son más decorosos, no tienen necesidad de este cuidado; pero el Dios ordenó armónicamente el cuerpo, dando mayor honor a los miembros que más lo necesitan,
  17. para que no haya desavenencia en el cuerpo, sino que los miembros todos se preocupen los unos por los otros con el mismo cariño.
  18. De manera que si un miembro padece, todos los miembros padecen con él, y si un miembro es glorificado, todos los miembros gozan con él y participan de su alegría.
  19. Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular que tiene su posición adecuada en él y en todo el cuerpo;
  20. y así los puso el Dios en la Iglesia, en primer lugar apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros, luego los que hacen milagros, después los que sanan, los que ayudan a los necesitados, los que administran y los que tienen el don de hablar lenguas, cada uno según su capacidad ha recibido su carisma y su sitio de Dios.
  21. ¿Acaso son todos apóstoles? ¿O son todos profetas? ¿O todos maestros? ¿O hacen todos milagros?
  22. ¿Tienen todos dones de sanidad? ¿Todos tienen el don de hablar idiomas, lenguas o el don de traducirlas e interpretarlas?
  23. Procurad, pues, los dones mejores. Pero yo os muestro un camino más excelente todavía, el camino de la αγάπη agapi, amor incondicional, desinteresado y divina energía increada.

 

Capítulo 13: Canto a la agapi increada, amor divino, incondicional y desinteresado. 1-13.

 

13:1. Aunque hable las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo agapi-amor no soy más que una campana que suena o como unos platillos o címbalos resonantes.

  1. Aunque tenga el don de profecía y conozca todos los misterios y las voluntades de Dios y toda la gnosis y toda la ciencia que no puede caber en la inteligencia humana, y aunque tenga tanta fe que traslade las montañas, si no tengo agapi-amor, no soy nada.
  2. Aunque reparta todos mis bienes para alimentar a los pobres, y entregue mi cuerpo a las llamas para gloriarme, sino tengo agapi-amor, de nada me sirve.
  3. La agapi-amor aleja la ira, es magnánima, paciente, y tolerante; la agapi no tiene envidia, no es presumida, ni se infla de orgullo y prepotencia,
  4. no hace nada feo e indebido, no es grosera ni egoísta y no busca sus intereses, no piensa mal para su prójimo y ni tiene en cuenta el mal del otro, no se irrita;
  5. La agapi-amor no se alegra por la injusticia; se alegra y goza cuando domina la verdad,
  6. todo lo disimula, sufre y aguanta, todo lo cree, todo lo espera con paciencia, todo lo tolera.
  7. La agapi-amor jamás decae y nunca falla, sino que permanece estable y eterna. Pero, las profecías que hay ahora como dones del Espíritu Santo desaparecerán, las lenguas cesarán, las gnosis, conocimientos y las ciencias de los hombres caducarán, vendrá tiempo que no serán útiles.
  8. Todo esto en la vida futura quedará abolido, porque parcialmente conocemos y profetizamos, la gnosis y la ciencia son imperfectas y limitadas.
  9. Cuando venga lo perfecto e ilimitado, entonces desaparecerá lo parcial, limitado e imperfecto.
  10. Esto que os escribo, lo comprenderéis con el siguiente ejemplo: Cuando yo era niño pensaba, razonaba y hablaba como un niño. Cuando llegué a ser hombre, se despojaron y desaparecieron las cosas de niño con sus niñerías.
  11. Porque ahora vemos confusamente como en un espejo de manera que quedan muchos enigmas, interrogantes y problemas insolubles que no podemos explicar. Entonces veremos y será claramente cara a cara, (en persona a Persona). Ahora conozco parcialmente la verdad, pero entonces tendré perfecta la gnosis, tan perfecta como cuando fui reconocido como apóstol por Dios y me condujo al camino de la σωτηρία redención, sanación y salvación.
  12. Esto se hará en el futuro. Ahora hay tres cosas que permanecen: la fe, la esperanza y la agapi. Pero la más grande de ellas es la agapi energía divina increada y amor desinteresado.

 

Capítulo 14: Profecía y glosolaliá (clamar o hablar lenguas) 1-25. Cánones prácticos para el buen uso de los carismas, 26-40.

 

Profecía y glosolaliá (clamar o hablar lenguas) 14:1-25

14:1. Buscad la agapi-amor; y procurad los dones espirituales, pero sobre todo que profeticéis o teologicéis, (es decir, por la energía increada jaris, la inspiración divina del carisma de profecía o teología para enseñar a los creyentes).

  1. Porque el que clama o habla en lengua extranjeras no habla-clama a los hombres ya que no le entienden, sino a Dios; porque nadie le escucha y entiende, aunque por el Espíritu habla misterios, (es decir, su psique iluminada está dirigida por la energía increada del Espíritu Santo y habla verdades místicas o logos inefables).
  2. Pero el que profetiza o teologiza según la voluntad de Dios, habla a los hombres logos de enseñanza para edificación, exhortación y consolación.
  3. El que habla en lengua extranjera, por supuesto que siente la energía increada del Espíritu Santo que le inspira conceptos y le ilumina, se edifica a sí mismo; pero el que profetiza o teologiza la verdad de la fe, enseña y edifica a toda la congregación de los fieles de la Iglesia.
  4. Así que, quisiera que todos vosotros hablaseis lenguas/idiomas extranjeras, pero más quiero que profeticéis o teologicéis y tengáis la riqueza de la gnosis del Espíritu Santo para anunciar las voluntades del Señor; porque mayor es el que profetiza o teologiza que el que habla en lenguas, a no ser que el mismo las traduzca y explique para que en la Iglesia los creyentes reciban edificación espiritual.
  5. Ahora pues, hermanos, si yo fuera a veros y os hablara en idiomas o lenguas extranjeras, ¿qué os aprovecharía, si no os hablare con apocálipsis-revelación, o con gnosis-conocimiento, o con profecía-teología, o con enseñanza edificante?
  6. Así sucede con los instrumentos de música inanimados, como la flauta o la guitarra; si no dan distintamente los sonidos, ¿cómo se conocerá lo que se toca con la flauta o con la guitarra?
  7. Y si la trompeta de guerra diere sonido confuso, ¿quién se preparará para la batalla?
  8. Así también vosotros, si por la lengua no diereis concepto y logos bien comprensible, ¿cómo se entenderá lo que decís? Es como si hablarais al viento.
  9. En el mundo hay muchas lenguas o idiomas, todas tienen sentido y ninguna de ellas carece de significado.
  10. Pero si yo desconozco el valor del lenguaje seré un bárbaro, extranjero para el que me habla; y el que me habla, un bárbaro ο como extranjero para mí; ni yo le entenderé a él ni él a mí.
  11. Así también vosotros, ya que anheláis dones espirituales, pedid de Dios que os dé los dones que cooperan en sinergia para edificación, beneficio y crecimiento espiritual de los fieles de la Iglesia.
  12. Por lo cual, el que habla en lengua o idioma extranjera, pida en oración poder traducirla y explicarla.
  13. Porque si oro a Dios con el carisma de lengua, ora mi espíritu del corazón de la psique que se encuentra bajo la jaris-gracia energía increada del Espíritu Santo, pero mi mente o intelecto queda sin fruto, porque no puede conceptuar, intelectualizar y ofrecer beneficio espiritual a los demás.
  14. Entonces, ¿qué hacer? Oraré con el carisma en espíritu, pero oraré también con la mente-intelecto y el logos, entendiendo y explicando lo dicho. Cantaré salmos con el carisma en espíritu, pero también los cantaré con la mente o intelecto y el logos.
  15. Porque si con el carisma de lenguas glorificas a Dios ¿cómo dirá «amén» a tu acción de gracias el que ocupa el lugar del particular o simple oyente no iniciado, puesto que no sabe lo que has dicho?
  16. Porque tú, bien das gracias y glorificas a Dios en idioma extranjera; pero el otro no es edificado espiritualmente.
  17. Doy gracias a Dios porque me ha dado el carisma y hablo en lenguas o idiomas más que todos vosotros;
  18. pero en la Iglesia prefiero hablar cinco palabras que sean entendidas por mí y por los otros, para enseñar también la verdad de Dios a otros, que decir diez mil palabras en lengua desconocida para ellos.
  19. Hermanos, no seáis niños en el modo de pensar, sino sed niños en la malicia, pero maduros en el modo de pensar y actuar.
  20. En la ley del Antiguo Testamento está escrito: “En otras lenguas y con otros labios de pueblos extranjeros hablaré a este pueblo; pero ni aun así me escucharán, dice el Señor”.
  21. Así que, las lenguas o idiomas se dan y sirven de señal sobrenatural, no para los creyentes, sino para los incrédulos, para que vuelvan en la fe; pero la profecía-teología, no a los incrédulos, sino a los creyentes para que espiritualmente sean edificados e iluminados.
  22. Si, pues, toda la iglesia se reúne en un solo lugar, y todos hablan en lenguas, y entran particulares ignorantes o incrédulos que no saben que son los carismas, ¿no dirán que estáis locos?
  23. Pero si todos profetizan-teologizan, y entra algún incrédulo o algún particular ignorante sin carisma espiritual, entonces por todos es investigado y examinado en su interior;
  24. y así lo oculto de su corazón se hace manifiesto; y resultado será que postrado de rodillas adorará a Dios, declarando en público que “el Dios realmente está entre vosotros”.

 

Cánones prácticos para el buen uso de los carismas, 14:26-40.

  1. Por lo tanto hermanos, cuando os reunís, cada uno de vosotros tenga salmo, tenga enseñanza, tenga lengua, tenga una apocálipsis-revelación, tenga interpretación y análisis de los divinos logos, hágase todos estos carismas de Dios para edificación, iluminación y beneficio espiritual de los fieles.
  2. Si alguno habla lengua o idioma, sea esto por dos, o a lo más tres, y por turno y uno traduzca y explique lo que dice el que habla en lengua extranjera.
  3. Si no hay traductor, que se guarde silencio la asamblea de la Iglesia, y hable consigo mismo y con Dios.
  4. En cuanto a los profetas-teólogos, hablen dos o tres, y los demás juzguen si es un profeta-teólogo o un falso teólogo-profeta.
  5. Si algún otro que está sentado tiene una apocálipsis-revelación de parte de Dios que hable y cállese el primero.
  6. Pues podéis profetizar-teologizar todos por turno para que todos aprendan y sean exhortados y consolados en la fe y en la virtud.
  7. Porque los espíritus de los profetas-teólogos o los carismas de las profecías-teologías están sometidos a los profetas-teólogos, así pueden hablar o callar cuando lo quieran;
  8. pues el Dios no es Dios de confusión y desorden, sino de paz, serenidad y orden.
  9. Según el orden en todas las Iglesias de los santos o de los cristianos, vuestras mujeres que se callen en las congregaciones; porque no les es permitido hablar, deben estar sometidas a sus maridos, como dice la ley de Dios también.
  10. Y si quieren aprender algo, pregunten en casa a sus maridos; porque es indecoroso que una mujer hable en la congregación durante la hora del culto.
  11. ¿Acaso ha salido de vosotros el logos de Dios, o vosotros sois los únicos que le habéis recibido?
  12. Si alguno cree ser profeta, teólogo o estar dotado de algún carisma, reconocerá que esto que os escribo son preceptos del Señor no míos.
  13. Pero si alguno persiste en ignorarlos, pues, que permanezca en su ignorancia por la que dará cuentas por eso.
  14. Por tanto, hermanos, aspirad al don de la profecía -teología, pero no estorbéis que se hable en lenguas o idiomas extranjeras;
  15. pero hágase todo decentemente con decoro y con orden.

 

Capítulo 15: La Resurrección del Señor hecho indudable, 1-11. La Resurrección de Cristo demostración de nuestra resurrección de entre los muertos, 12-34. Cómo serán los cuerpos resucitados, 35-49. Cómo se hará la resurrección de los muertos, 50-58.

 

La Resurrección del Señor hecho indudable, 15:1-11.

15:1. Además os recuerdo, hermanos, el evangelio que os he evangelizado y enseñado, y lo recibisteis con fe, en el que también perseveráis firmes e inquebrantables;

  1. por el cual también os estáis sanando y salvando, si retenéis el logos tal como os lo prediqué y enseñé; al no ser que creísteis en vano;
  2. Porque primeramente os he enseñado lo que a mi vez recibí: Que Cristo murió en la cruz por nuestros pecados, conforme lo habían profetizado las Escrituras;
  3. y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras;
  4. y que apareció a Kefás o Pedro y después a los doce Apóstoles.
  5. Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún, y otros ya duermen o han fallecido.
  6. Después apareció a Jacobo (Santiago); después a todos los apóstoles;
  7. y al último de todos, como a uno que nace antes de tiempo o como a un aborto, me apareció a mí.
  8. Porque yo soy el más pequeño de los apóstoles, que no soy digno de ser llamado apóstol, porque perseguí a la Iglesia de Dios.
  9. Pero por la χάρις jaris-gracia energía increada de Dios, hoy soy lo que soy, es decir, Apóstol; y su jaris-gracia increada no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos los demás Apóstoles; pero no yo, sino la jaris-gracia increada de Dios que está conmigo.
  10. Pues bien, tanto ellos como yo predicamos y ofrecemos a los hombres del mismo modo y el mismo Evangelio; así también vosotros habéis recibido el mismo Evangelio y esto habéis creído.

 

La Resurrección de Cristo demostración de nuestra resurrección de entre los muertos, 15:12-34.

  1. Pero si, por todos nosotros, se predica de Cristo que resucitó de los muertos, ¿cómo dicen algunos entre vosotros, contradiciendo el kerigma de los Apóstoles, que no hay resurrección de muertos?
  2. Porque si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó, puesto que él también tenía cuerpo como el nuestro.
  3. Y si Cristo no resucitó, vana y vacía es entonces nuestra predicación, vana y vacía es también vuestra fe.
  4. Incluso nosotros los Apóstoles nos presentaríamos y seríamos falsos como testigos de Dios, porque hemos testificado contra Dios que resucitó a Cristo, a quien no resucitó, si se supone que los muertos no resucitan, entonces no le hubiera resucitado.
  5. Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó;
  6. y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana, vacía e inútil; aún estáis sumergidos en vuestros pecados.
  7. Entonces también los que durmieron o murieron con fe en Cristo están perdidos.
  8. Si solamente para esta vida tenemos puesta nuestra esperanza en Cristo, somos los más miserables, los más desgraciados y dignos de conmiseración de todos los hombres.
  9. ¡Pero el Cristo resucitó primero de entre los muertos y se hizo primicia de la resurrección de todos los que durmieron o murieron!
  10. Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, de Adán que cayó en el pecado, también por un hombre, el nuevo Adán, el Cristo, vendrá la resurrección de los muertos.
  11. Porque así como por el hombre Adán todos morimos, a causa de la descendencia y de esta relación con Adán, así también a través de la jaris-gracia energía increada y la unión con Cristo todos seremos vivificados.
  12. Pero cada uno a su tiempo con su turno: Cristo, la primicia; luego los que son de Cristo, en su gloriosa venida.
  13. Luego será el fin, cuando el Cristo como hombre entregue la realeza increada a Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia. (24. Después vendrá el fin, cuando ya habrá terminado Su obra real o sacerdotal y se habrá consumado la divina economía de la salvación de los hombres. Entonces el Cristo como hombre entregará su realeza increada al Dios y Padre. Entonces con su axioma real y sacerdotal ya habrá aniquilado toda potencia, poder y fuerza. Pero hasta este momento estará ejerciendo su axioma real y sacerdotal).
  14. Porque es preciso que él reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos bajo de sus pies.
  15. Y el ésjato-postrero, último enemigo que será abolido y destruido es la muerte.
  16. Porque todas las cosas las sometió debajo de sus pies, como se dice en los Salmos. Y cuando dice que todas las cosas han sido sometidas a él, es evidente que se exceptúa Aquel (Dios Padre) que ha sometido a Cristo todas las cosas.
  17. Pero luego cuando todas las cosas le estén sometidas, entonces también el Hijo como hombre se someterá a Aquel que ha sometido a él todas las cosas, para que el infinito Dios Padre con el Hijo y Logos y el Espíritu Santo sea todo en todos.
  18. De no ser así, ¿a qué viene el bautizarse por los muertos, con la esperanza de unirse con los otros fieles muertos que creen que viven en la Iglesia celeste, si en ninguna manera los muertos resucitan? ¿Por qué bautizarse por los muertos? (O por qué bautizarse, puesto que no entrarán en ninguna comunión con los muertos, puesto que los muertos ya no viven en la tierra ni en el cielo).

(Este versículo es difícil y los Padres lo interpretan así: «29. ¿Si no resucitan los muertos, entonces qué beneficio tendrán los que hasta en el último momento aceptan y sufren el bautismo del martirio y de la sangre y sacrifican sus vidas con la esperanza y la fe de que se unirán con la Iglesia de los muertos? Sin embargo estos están vivos en los cielos y un día resucitarán los cuerpos. ¿Para qué hacen el bautismo de la sangre, puesto que no entrarán en la Iglesia que está constituida de hombres vivos, sino que entran en una Iglesia de muertos y no resucitarán?» Aquí se refiere a los Mártires igual que en el Apocalipsis 6,10-11)

  1. ¿Y por qué exponernos nosotros al peligro a cada instante?
  2. Hermanos, os lo juro que todos los días estoy al borde de la muerte por predicar el Evangelio; y que vosotros sois mi gloria en Jesús Cristo, Señor nuestro.
  3. Si en Éfeso luché contra hombres que parecían fieras, ¿de qué me sirvió? Si los muertos no resucitan, comamos y bebamos, que mañana moriremos (como dicen los infieles y materialistas).
  4. No os dejéis engañar por este tipo de falsas enseñanzas: “Las malas compañías corrompen los caracteres de los hombres y las buenas costumbres”.
  5. Estad en nipsis vigilancia espiritual, velad debidamente, y no pequéis; porque algunos tienen gran ignorancia de Dios y pecan sin miedo; lo digo para vergüenza vuestra.

 

Cómo serán los cuerpos resucitados, 15:35-49.

  1. Pero dirá alguno: ¿Cómo resucitarán los muertos? ¿Con qué cuerpo vendrán?
  2. Necio, lo que tú siembras no se vivifica, si no muere y si no se entierra en la tierra antes.
  3. Y lo que siembras no es el cuerpo o la planta que ha de salir, sino el grano desnudo, ya sea de trigo o de otro grano;
  4. pero el Dios le da el cuerpo como él quiso, y a cada semilla su propio cuerpo.
  5. No toda carne es la misma carne, sino que una carne es la de los hombres, otra carne la de las bestias, otra la de los peces, y otra la de las aves.
  6. Y hay cuerpos celestiales, y cuerpos terrenales; pero uno es el resplandor de los cuerpos celestes y otro el de los terrestres.
  7. Uno es el resplandor del sol, otro el de la luna y otro el de las estrellas. Incluso cada estrella tiene un resplandor diferente.
  8. Así también es la resurrección de los muertos. Se siembra en corrupción (o se entierra el cuerpo en estado de corrupción, cadáver), y resucita en incorruptible.
  9. Se siembra en cadáver y fétido, se resucita en gloria; se siembra en enfermedad y resucita en poder y fuerza.
  10. Se siembra cuerpo animal y resucita cuerpo espiritual. Hay cuerpo animal, lo hay también cuerpo espiritual. (44. Se siembra cuerpo que estaba vivificado y dirigido por las fuerzas inferiores animales de la psique. Pero resucita cuerpo que estará vivificado y dirigido por las fuerzas espirituales de la psique. Existe el cuerpo animal y también el espiritual).
  11. Así también está escrito en el Génesis: “Fue hecho el primer hombre Adán en psique-alma que vivifica el cuerpo”; el ésjato- último o nuevo Adán es el Señor que está en plenitud de espíritu de Dios que transmite y da vida espiritual.
  12. Pero el cuerpo espiritual no se hizo primero, sino lo animal y psíquico; luego lo espiritual.
  13. El primer hombre es creado de la tierra, terrenal; el segundo hombre es el Señor, es del cielo (el segundo hombre, el nuevo Adán, es el Señor, quien como Dios bajó del cielo y junto con su naturaleza divina, tomó la naturaleza humana y se hizo hombre).
  14. Como el terrestre, así son los terrestres; como el celeste, así son los celestes. (O el que era terrenal, es decir, mortal y corruptible, así son también sus descendientes; y aquel que es celeste, espiritual e incorruptible, así serán celestes también los fieles que por él renacen o despiertan espiritualmente en su nueva vida).
  15. Y así como hemos revestido la imagen del terrenal, revestiremos también la imagen y las cualidades del celestial y nos convertiremos a imagen de él, es decir, resucitados, incorruptos e inmortales.

 

Cómo se hará la resurrección de los muertos, 15:50-58.

  1. Hermanos os digo que la carne y la sangre no pueden heredar la realeza increada de Dios, ni la corrupción hereda la incorruptibilidad.
  2. He aquí, os revelo un misterio nuevo y desconocido: “No todos dormiremos o moriremos, pero todos seremos transformados, cambiados
  3. y en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, (al final del último toque de trompeta); porque se tocará la trompeta (por el ángel), y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos metamorfoseados, transformados (es decir, todos muertos resucitados y vivos transformados tendremos el mismo cuerpo espiritual incorruptible).
  4. Porque debe este cuerpo corruptible revestirse de incorrupción, y este cuerpo mortal de inmortalidad.
  5. Y cuando esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal de inmortalidad, entonces se cumplirá el logos de Isaías que está escrito: “La muerte ya no existe, ha sido destruida por la victoria”.
  6. ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón venenoso? ¿Dónde, oh hades, tu victoria?
  7. ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder y la fuerza del pecado, es la ley, ya que sin ley no hay pecado.
  8. Pero las gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesús Cristo.
  9. Así que, queridos hermanos míos, estad firmes en el dogma de la resurrección y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano.

 

Capítulo 16: Colecta en favor de los cristianos de Jerusalén 1-4. Planes de Pablo y perspectivas de su viaje, 5-9. Encargos, exhortaciones y saludos 10-24.

 

Colecta en favor de los cristianos de Jerusalén 1-4.

16:1. En cuanto a la colecta en favor de los cristianos pobres, haced lo que ordené a las iglesias de Galacia.

  1. Los domingos, cada uno de vosotros separe lo que pueda, según lo que gane, sin esperar a mi llegada para hacer la colecta.
  2. Cuando vaya, enviaré a Jerusalén con cartas de presentación a los que elijáis para llevar lo que hayáis recogido.
  3. Y si vale la pena que vaya también yo, iremos juntos.

 

Planes de Pablo y perspectivas de su viaje, 16:5-9.

  1. Llegaré allí después de visitar Macedonia, porque quiero pasar por Macedonia.
  2. Tal vez me detenga con vosotros, y hasta quizá pase el invierno para que me ayudéis a proseguir el viaje.
  3. Ahora no quiero ir de pasada; espero permanecer algún tiempo con vosotros, si Dios quiere.
  4. En Éfeso me quedaré hasta Pentecostés;
  5. pues se me ha abierto una puerta grande y prometedora para mi trabajo, aunque tengo muchos en contra.

 

Encargos, exhortaciones y saludos 16:10-24.

  1. Si llega Timoteo, procurad que se sienta a gusto entre vosotros, pues trabaja como yo en la obra del Señor.
  2. Que nadie le haga de menos y le desprecie; ayudadle para que continúe el viaje y venga a verme, pues los hermanos y yo estamos esperándole.
  3. En cuanto al hermano Apolo, le insistí en que fuera con los hermanos a veros, a pesar de esto ahora no ha querido ir; irá cuando se le presente una buena oportunidad.
  4. Estad en alerta y atentos, permaneced firmes e inquebrantables en la fe, sed hombres valientes y fuertes.
  5. Haced todo con agapi-amor incondicional y desinteresada.
  6. Hermanos, os voy a pedir un favor: sabéis que la familia de Estefanás fue la primera que se hizo cristiana en la región de Acaya y que se ha consagrado al servicio de los fieles.
  7. Os ruego que os sujetéis a personas como ellos, y a todos los que ayudan y trabajan en la obra del Señor.
  8. Me ha alegrado la visita de Estefanás, Fortunato y Acaico, quienes han llenado el vacío de vuestra ausencia,
  9. Porque confortaron mi espíritu y el vuestro; reconoced y apreciad a tal tipo de personas Cristianas.
  10. Os saludan las Iglesias de Asia. Os mandan muchos saludos Akilas y Priscila, con la Iglesia que se reúne en su casa.
  11. Os saludan todos los hermanos. Saludaos unos a otros con el santo abrazo de la paz.
  12. El saludo es de mi mano: Pablo.
  13. Si alguno no ama al Señor con toda su psique-alma, sea anatema (separado de la Iglesia), marán azá.
  14. Que la χάρις jaris-gracia energía increada del Señor Jesús Cristo esté siempre con vosotros. Ἡ χάρις τοῦ Κυρίου Ἰησοῦ Χριστοῦ μεθ᾿ ὑμῶν. I jaris tú Kiríu Iisú Jristú mez imón
  15. Mi agapi-amor incondicional, la en Jesús Cristo, que esté con todos vosotros. Amín.

ἡ ἀγάπη μου μετὰ πάντων ὑμῶν ἐν Χριστῷ Ἰησοῦ· i agápi mu metá pánton imón Αμήν.

 

 

 

 

 

 

EPÍSTOLA DE PABLO A LOS ROMANOS

EL NUEVO TESTAMENTO ORTODOXO

Traducido por Χρῆστος Χρυσούλας (Jristos Jrisulas) logosortodoxo.es/, heleno-griego nativo, instruido en la Santa Parádosi-Tradición y en la lengua (katharévousa) del Nuevo Testamento la que actualmente se habla en el pueblo fiel heleno-ortodoxo.

EPÍSTOLA DE PABLO A LOS ROMANOS

ΠΡΟΣ ΡΩΜΑΙΟΥΣ ΕΠΙΣΤΟΛΗ ΠΑΥΛΟΥ

 

Romanos 1 – Πρός Ρωμαίους 1 Capítulo 1: Saludo, 1-7. La agapi de Pablo a los Cristianos y su deseo de visitar Roma, 8-17. La ira de Dios a los gentiles idólatras y la culpabilidad del hombre, 18-32.

 

Saludo, 1-7.

1:1. Yo el Pablo, siervo de Jesús Cristo dedicado en psique-alma y cuerpo a Él, apóstol por la llamada de Dios, elegido para predicar el mensaje alegre del evangelio de la sotiría redención, sanación y salvación, que ofrece Dios a los seres humanos,

  1. que por sus profetas había anunciado antes en las Santas Escrituras,
  2. acerca de su Hijo unigénito, según lo humano nacido del esperma de descendiente de David,
  3. constituido Hijo de Dios en dinami potencia y energía increada que emanaba del Espíritu que transmite y dona la santificación; especialmente por su resurrección de entre los muertos se demostró Hijo de Dios, el Jesús Cristo nuestro Señor;
  4. por el Cristo, yo el Pablo y los otros Apóstoles, hemos recibido la jaris-gracia increada y el cargo del apostolado para predicar a todas las naciones la nueva fe en honor y doxa-gloria de su nombre;
  5. entre los cuales estáis llamados por Jesús Cristo también vosotros los gentiles de las naciones.
  6. A todos los que estáis en Roma, predilectos y amados de Dios, llamados y consagrados, os deseo la χάρις jaris-gracia energía divina y la paz de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesús Cristo.

La agapi de Pablo a los Cristianos y su deseo de visitar Roma, 1:8-17.

  1. En primer lugar doy gracias a mi Dios, por medio de Jesús Cristo, por todos vosotros, porque vuestra fe se ha proclamado y conocido en todo el mundo.
  2. Testigo mío es Dios, a quien adoro de todo mi corazón y espíritu, sirviendo y predicando el evangelio de su Hijo, y que os recuerdo constantemente,
  3. pidiendo en mis oraciones siempre a Dios que, si es su voluntad, pueda algún día por fin ir a visitaros.
  4. Tengo muchas ganas de veros, para transmitiros algún carisma y consejo espiritual que os fortalezca más en la fe y vida en Cristo.
  5. Así nos animaríamos mutuamente unos a otros con la fe común, la vuestra y la mía que nos une.
  6. Quiero que sepáis bien, hermanos, que muchas veces me he decidido ir a veros, pero hasta el presente he sido impedido; quería venir para lograr algún fruto también entre vosotros como tengo entre las demás naciones.
  7. Siento que debo predicar el Evangelio por igual a griegos y a bárbaros, a sabios y a ignorantes o analfabetos.
  8. De aquí mi deseo de predicar el Evangelio de la sotiría redención, sanación y salvación también a vosotros, los que estáis en Roma.
  9. Yo no me avergüenzo del evangelio de Cristo, que es dínamis increada potencia, energía y poder de Dios, la que regala la salvación a todo el que cree de verdad, en principio para todo judío, pero también para todo heleno-griego e idólatra.
  10. Porque se manifiesta y se ofrece por el Evangelio la sotiría redención, sanación y salvación y la justicia de Dios al hombre, quien comienza por la fe en continuo crecimiento, según está escrito, por el profeta Abacum: “El justo ganará la vida eterna por su fe”.

La ira de Dios a los idólatras gentiles y la culpabilidad del hombre, 1:18-32.

  1. La ira de Dios se manifiesta desde el cielo contra toda la impiedad e injusticia de los hombres con mala astucia, quienes mientras conocen la verdad, viven en la injusticia;
  2. ya que la gnosis-conocimiento de Dios y su voluntad, a la medida que se puede caber en el hombre, en ellos está a la vista y conocida; porque Dios mismo se lo ha manifestado.
  3. Porque desde la creación del mundo, lo invisible de Dios, su eterno poder y su divinidad, se dejan ver a la diania (inteligencia, mente, intelecto) y se hacen visibles y perceptibles a través de las cosas creadas, tanto su eterna omnipotencia como cada divina perfección; hasta el punto que no tienen excusa por su vida pecadora;
  4. porque, conociendo a Dios mediante su creación, no lo glorificaron ni le dieron gracias por sus grandiosidades e innumerables donaciones; por el contrario, se dejaron engañar por sus meditaciones insensatas, tontas y falsas sobre los ídolos y la vida pecadora y así su diania (mente, intelecto) se obscureció, se embotó y su corazón quedó sucio.
  5. Alardeando de sabios, se convirtieron en necios;
  6. y cambiaron la doxa-gloria luz increada del Dios increado e inmortal por la estatuas materiales, por ídolos, que iconizan-representan hombres mortales, y de aves, de cuadrúpedos y de reptiles.
  7. Por eso Dios, por esta impiedad, desprecio y apostasía de ellos, los retiró su χάρις jaris-gracia energía increada y así ellos mismos se entregaron y se esclavizaron a los deseos perversos de sus corazones, a la sucia inmoralidad, de forma que ellos mismos degradan sus propios cuerpos;
  8. cambiaron la verdad de Dios por la mentira de la idolatría, y respetaron, adoraron y dieron culto a la creatura, a la creación ilógica y animal, en lugar al Creador que la ha creado y por eso debe ser bendecido y alabado por todos los siglos. Amén.
  9. Exactamente por esto, como han adorado dioses falsos y viciosos, el Dios permitió/concedió que sean entregados y esclavizados en pazos-vicios, pasiones vergonzosas; pues, por una parte, sus mujeres (sin tener vergüenza y respetarse a sí mismas) cambiaron las relaciones naturales del sexo por otras contra la naturaleza;
  10. por otra parte, igualmente también los varones, dejando las relaciones naturales con la mujer, se entregaron a la homosexualidad, de varón con varón, cometiendo acciones vergonzosas y asquerosas y recibiendo en su propio cuerpo el castigo merecido por su propio extravío.
  11. Y como no apreciaron y no quisieron tener el conocimiento verdadero y sabio de Dios, concedió/permitió Dios que sean entregados y esclavizados, sin poder discernir lo correcto y abandonados a su mente depravada, que los empuja a hacer lo que no deben.
  12. Y así en sus psique-almas y cuerpos se regaron y se llenaron de injusticia, malicia, perversidad, codicia, maldad; rebosantes de odio, de asesinatos, de disputas, de engaño, de malignidad;
  13. chismosos, calumniadores, aborrecedores de Dios, insolentes, altaneros, soberbios, inventores de maldades, desobedientes a los padres,
  14. insensatos, ilógicos, desleales que pisotean sus propios compromisos que hacen, ni cumplen su palabra y honor, sin amor ni cariño ante sus familiares e intolerantes, resentidos, duros y sin piedad en la desgracia ajena;
  15. los cuales, aunque conocen bien la voluntad, la justicia y la sentencia de Dios que declara dignos reos de muerte (espiritual y física) a los que hacen tales cosas, sin embargo, ellos no sólo las hacen sino que las aprueban y aplauden a los que las hacen.

 

Capítulo 2: El justo juicio y la ira de Dios contra infractores judíos, 1-16. Ni el conocimiento de la ley ni la circuncisión bastan para la salvación, 17-29.

               

El justo juicio y la ira de Dios contra infractores judíos, 2:1-16. 

2:1. Y tú como hebreo conoces cuánto se enfada Dios contra los que pisotean su voluntad. Por eso no tienes excusa, tú, oh hombre, quienquiera que seas, al juzgar y condenar a otros; porque en lo que juzgas a otro, a ti mismo juzgas y condenas, ya que tú haces las mismas cosas que juzgas. Porque tú también el hebreo te autoproclamas juez y haces las mismas cosas que el idólatra.

  1. Pues sabemos muy bien que el juicio justo y condena de Dios contra los que hacen tales cosas es cierto y verdadero.
  2. ¿Y piensas tú, oh hombre, que juzgas a los que hacen tales cosas, haciéndolo tú mismo, que escaparás al juicio y condena de Dios?
  3. ¿O es que desprecias la grandeza de Dios, de su bondad, de su paciencia y de su generosidad, ignorando que la bondad de Dios te empuja a la rectificación y a la metania, arrepentimiento y conversión?
  4. Tú, con tu corazón impenitente y duro sin metania, estás amontonando contra ti mismo tesoros de ira para el día del juicio cuando se manifieste la ira de Dios y Su justo juicio,
  5. que dará a cada uno según sus obras,
  6. y por una parte, a los que mediante la perseverancia en las buenas obras, piden de Dios la gloria del cielo, la incorruptibilidad y la inmortalidad, Dios los dará la vida eterna;
  7. pero, por otra parte, la ira y el enfado estallará contra los que son egoístas e injustos que rechazan y desobedecen la verdad y se entregan a la injusticia.
  8. Tribulación y angustia dominará a la psique-alma de todo hombre que obra el mal, tanto judío como heleno-griego;
  9. en cambio, doxa-gloria, honor, alegría y paz para todo el que obra bien, tanto judío como heleno-griego;
  10. porque ante Dios no hay acepción de personas todos son iguales.
  11. Porque todos los que pecaron sin estar bajo la ley también perecerán, pero no será utilizada la Ley como medida de juicio contra ellos; y cuantos pecaron bajo conocimiento de la ley escrita de Moisés, según la ley serán juzgados.
  12. Porque no son justos y dignos de recompensa ante Dios los que oyen la ley, sino los que cumplen y aplican la ley, ésos serán justificados y salvados.
  13. Pues cuando los paganos de las naciones, que no han recibido la ley escrita de Dios, practican y hacen por el impulso ético natural lo que manda la ley, aunque no tengan ley, ellos mismos son su propia ley, porque tienen como guía sus conciencias.
  14. Ellos con sus comportamientos muestran y manifiestan que llevan la ley escrita en sus corazones, según lo atestiguan sus conciencias y sus obras si son buenas o malas, y su diania (mente-intelecto) que paralelamente con la conciencia desarrolla los loyismí (pensamientos, simples o compuestos) para la comprobación del bien, unas veces los acusan y otras los defienden;
  15. Por tanto, estos, los idólatras de las naciones, como cumplidores de la ley ética innata, se proclamarán justos de parte de Dios, como se verá el día en que juzgue Dios las praxis sensibles y las secretas de los hombres, por medio de Jesús Cristo, según el evangelio que yo predico.

Ni el conocimiento de la ley ni la circuncisión bastan para la salvación, 2: 17-29.

  1. Pero si tú que te dices judío y descansas en la ley, te glorias en Dios, que has conocido como tuyo,
  2. y conoces por lo menos teoréticamente la voluntad de Dios y disciernes lo bueno de lo malo, porque estás instruido por la ley,
  3. presumes y crees que tú mismo eres guía de ciegos, luz para los que están en tinieblas y oscuridad,
  4. educador de rudos e insensatos, maestro de niños, teniendo en la Ley la formación de la gnosis y de la verdad.
  5. Por tanto, tú, que enseñas a otro, ¿por qué no te enseñas a ti mismo? Tú, que predicas que no hay que robar, ¿por qué robas?
  6. Tú, que dices que no hay que cometer adulterio, ¿por qué lo cometes? Tú, que aborreces a los ídolos, ¿por qué saqueas los templos idólatras?
  7. Tú, que presumes por la gnosis de la ley, ¿por qué ofendes a Dios violando la ley?
  8. Porque por culpa de vuestras infracciones vergonzosas en los paganos de las naciones es blasfemado el nombre de Dios, como se ha escrito por el profeta Isaías.
  9. La circuncisión ciertamente es útil, si cumples la ley; pero si no la cumples, da igual que estés circuncidado o no lo estés.
  10. Si los que no están circuncidados cumplen los preceptos de la ley, ¿no serán considerados por Dios como si la estuvieran?
  11. Aunque el nacional o gentil que no está físicamente circuncidado, pero cumple la ley de Dios, te juzgará y te condenará a ti que estás circuncidado y tienes la ley de Dios, pero no la cumples.
  12. Porque no es judío verdadero y digno de las dádivas de Dios el que lo es exteriormente, ni es circuncisión verdadera la que aparece exteriormente en la carne;
  13. sino que judío verdadero y de agrado a Dios, es el que lo es en el interior y de forma desconocida a los hombres, adora y obedece a Dios; y la verdadera circuncisión es la amputación de toda maldad y culpa del corazón, que se hace por la jaris-gracia increada del Espíritu Santo, y no según la ya muerta y típica letra de los preceptos de la ley; y este judío realmente auténtico recibirá su elogio, no el que viene de los hombres, sino por el mismo Dios.

 

 Capítulo 3: Todos estamos bajo el peso y la culpabilidad del pecado, 1-20. La justicia y la justificación es por medio de la fe, 22-30.

 

Todos estamos bajo el peso y la culpabilidad del pecado, 3:1-21.

3:1. Por tanto, si ante Dios son aceptados y agradados también los incircuncisos gentiles de las naciones, ¿entonces cuál es la ventaja del judío, o cuál es la utilidad de la circuncisión?

  1. La ventaja es grande, en muchos aspectos. En primer lugar, porque a los judíos les fueron confiados los logos de Dios, la ley, las profecías y las promesas.
  2. No importa que algunos fueran infieles. ¿Es que su infidelidad va a anular la fidelidad y la verdad de Dios?
  3. ¡Nunca jamás diga uno esto! Pues Dios es veraz y leal a lo que dice y los hombres desleales y mentirosos en sus promesas y obligaciones, como dice la Escritura en los Salmos: “Tus logos, oh Dios, demostrarán que eres justo y veraz y saldrás vencedor si alguna vez los hombres se atreven a juzgarte».
  4. Y si nuestra injusticia hace resaltar la justicia de Dios, ¿qué diremos? ¿Es que Dios es injusto al descargar su ira contra nosotros por nuestra injusticia? Estas cosas las digo como ser humano que piensa con criterio.
  5. ¡De ninguna manera pensemos ni digamos que Dios es injusto! Si no, ¿cómo podría Dios juzgar con justicia todo el mundo?
  6. Si mi infidelidad resalta y engrandece la fidelidad y la verdad de Dios, podría decir algún pecador ¿por qué yo voy a ser condenado como pecador, si gracias a mi infidelidad y mentira he contribuido a la doxa-gloria de Dios?
  7. Entonces, ¿por qué no decir como algunos calumniadores falsamente afirman que decimos: “Hagamos el mal para que venga el bien”? Pero la condenación de éstos que nos calumnian de parte de Dios es justa.
  8. Entonces, ¿qué? ¿Tenemos alguna ventaja? Ninguna. Pues hemos probado anteriormente que todos, tanto los judíos como los helenos-griegos, están bajo dominio del pecado,
  9. como dice la Escritura en los Salmos: «No hay un justo entre los hombres, ni siquiera uno;
  10. no hay ningún que esté cuerdo con nus-espíritu iluminado y pensamiento claro, no hay quien busque con anhelo verdadero a Dios.
  11. Todos se extraviaron del camino de Dios y se han pervertido, no hay quien haga el bien según la voluntad de Dios, ni uno siquiera.
  12. Sepulcro abierto es la garganta de ellos, por la que emanan vapores tóxicos; con sus lenguas urden engaños y astutas maldades; veneno de víboras hay bajo sus labios, preparados con palabras a herir mortalmente a los demás.
  13. La boca de estos hombres está llena de maldición y amargura.
  14. Veloces son sus pies para derramar sangre,
  15. ruina e infelicidad derraman en sus caminos y amontonan desgracias y sufrimientos contra su prójimo;
  16. no conocen el camino de la paz, es decir, la vida en paz consigo mismo y con los demás no la probaron.
  17. El respeto y el temor de Dios no existe para ellos en los ojos de sus psiques-almas, o en las profundidades de sus corazones».
  18. Ahora bien, sabemos que todo lo que dice la ley del Antiguo Testamento, lo dice para los que están bajo la ley, o sea, para los judíos; para que toda boca enmudezca y todo el mundo se haga responsable y culpable o reo ante Dios.
  19. Porque por las obras de la ley no será justificado y salvado mortal alguno delante de él; porque por medio de la ley solo se consigue esto: que el hombre conozca bien su situación pecaminosa y su culpabilidad.

La justicia y justificación es por medio de la fe, 3:22-30.

  1. Pero ahora, sin ley, se ha manifestado la justicia de Dios, atestiguada por la ley y los profetas;
  2. justicia de Dios mediante la fe en Jesús Cristo, para todos los creyentes, sin distinción alguna, porque no hay diferencia entre judíos y helenos-griegos o de otras naciones en general;
  3. porque todos pecaron y están privados de la doxa-gloria luz increada de Dios;
  4. ahora todos son justificados, se hacen justos y reciben la sotiría redención, sanación y salvación gratuitamente por la jaris-gracia energía increada de Dios, por la paga por el pecado, tal y como esta se ha realizado por el sacrificio de Jesús Cristo;
  5. a quien Dios como propiciación antes de todos los siglos, determinó que se haga el medio de expiación, reconciliación y salvación de los hombres con Dios mediante la fe ortodoxa. Y determinó Dios que esta expiación se haga por la sangre de Jesús Cristo, para que se vea y se manifieste la justicia de Dios, al pasar magnánimamente y pacientemente por alto los pecados cometidos del pasado de antes de la venida de Cristo.
  6. Es decir, que se sacrificó el Cristo, para que Dios muestre su justicia al tiempo presente, de modo que al ser él justo constituya también justo a todo pecador que tendrá la fe viva y ortodoxa en Jesús.
  7. ¿Dónde está pues la jactancia? Queda eliminada totalmente. ¿Por cuál ley? ¿Por la de las obras? No, sino por la ley de la fe en Jesús Cristo.
  8. Por tanto, pensando correctamente con lógica, decimos que el hombre es justificado y salvado por la fe sin las obras de la antigua Ley.
  9. ¿O es que Dios es solamente Dios de los judíos? ¿No lo es también de los gentiles de las naciones? Sí, los es también de los gentiles de las naciones;
  10. porque sólo hay un Dios, que dará justicia y sotiría redención, sanación y salvación por la fe, tanto a los circuncidados judíos como a los no circuncidados gentiles de las naciones.
  11. ¿Quiere decir esto que por la fe anulamos la ley? De ninguna manera. Al contrario, consolidamos la ley; porque exactamente por Jesús Cristo y para nuestra sotiría salvación se realizaron las profecías y los preceptos de la Ley y se demostró que él es verdadero.

 

Capítulo 4: Justificación y salvación de Abraham por la fe, 1-8.  Justificación y bendición de Abraham antes de la circuncisión, 9-12. La promesa realizada mediante la fe 4:13-25.

 

Justificación y salvación de Abraham por la fe, 4:1-8.  

  1. Por tanto, ¿diremos que, nuestro padre carnal Abraham consiguió la justificación y la salvación por sus fuerzas naturales, es decir, sin ser ayudado por la jaris-gracia increada de Dios? Por supuesto que no.
  2. Porque si se supone que Abrahán ha sido justificado por las obras que él hizo, tiene motivos para jactarse de sí mismo como superior ante los otros hombres que son menos perfeccionados que él, aunque nunca ante Dios.
  3. Pero ¿qué dice la Escritura sobre este tema?: “Abrahán creyó en Dios y le fue contado como justicia ante Dios por el que recibió la justificación”.
  4. Ahora bien, al que trabaja no se le abona el jornal como una gratificación, sino como una deuda que se debe dar;
  5. en cambio, al que no trabaja y no tiene obras para presentar a Dios, pero cree en Dios que justifica al culpable e incluso al impío, si vuelve en la metania y se convierte, esta fe suya se le cuenta de modo que reciba la justificación y salvación por parte de Dios.
  6. Como también David llama bienaventurado al hombre a quien Dios le cuenta y le da la justicia y la salvación independientemente de las obras de la Ley:
  7. Bienaventurados y dichosos son aquellos a quienes se les han sido perdonadas las iniquidades y cuyos pecados han sido velados de modo que no cuenten como pecados.
  8. Bienaventurado y dichoso aquel a quien el Señor no le tiene en cuenta ninguno de sus pecados y delitos”.

Justificación y bendición de Abraham antes de la circuncisión, 4:9-12.

  1. Por tanto, esta bienaventuranza, ¿es sólo para los que están circuncidados o también para los que no lo están? Porque decimos tal como nos enseña la Escritura que, “a Abrahán la fe le fue contada como justicia
  2. ¿Cuándo le fue tenida en cuenta esta fe? ¿Antes o después de la circuncisión? No después, sino antes.
  3. Y recibió la señal de la circuncisión como sello de la justicia de la fe que había obtenido antes de la circuncisión; así se convertía en padre espiritual de todos los no circuncidados que creyesen, para que también a ellos, gracias a la fe, se les contase por parte de Dios como justicia;
  4. y padre espiritual también de los circuncidados, que no sólo están circuncidados, sino que siguen también las huellas de la fe de nuestro padre Abrahán cuando no estaba circuncidado.

La promesa realizada mediante la fe 4:13-25

  1. A Abrahán y a su descendencia le fue hecha la promesa, que con su realeza espiritual por cuerpo y carne descendiente de Jesús Cristo, de ser él el heredero del mundo, no ha sido dada por la ley, sino por la justicia que viene de la fe.
  2. Porque si herederos del mundo espiritual se hacen sólo los que han recibido y cumplen la ley, entonces la fe queda vacía sin valor y queda anulada la promesa de que se va a dar gratis por la fe en Cristo.
  3. En realidad, la ley lleva consigo la ira; ya que donde no hay ley es normal que no haya transgresión de la ley. (La transgresión de la Ley de Dios es pecado, pero como pecado resulta la ira de Dios y la condena del pecador. La Ley, como no se cumple por los hombres, tiene como consecuencia la ira de Dios contra los transgresores, los cuales naturalmente que los priva de las donaciones espirituales. Pero donde no hay ley, allí es normal que no exista tampoco transgresión).
  4. Por esto la justicia, la sotiría (redención, sanación y salvación) y la herencia de los bienes se da a través de la fe y por la jaris-gracia increada y gratis, y no como recompensa por obras de la Ley, así que la promesa de Dios es firme y segura para toda la descendencia; no sólo a los que tenían la Ley sino también a los que sin la Ley tenían fe de Abraham, el cual es padre espiritual de todos nosotros, hebreos y nacionales, mientras tengan fe;
  5. como dice la Escritura en el libro del Génesis: “Te he constituido padre de muchos pueblos”, ante Dios, en quien creyó y da la vida a los muertos, el Dios que llama a la existencia a las cosas que no existen.
  6. Abrahán, apoyado en la esperanza, creyó, contra toda esperanza (de que tendría hijo en edad de anciano), sin embargo creyó en la omnipotencia de Dios de que llegaría a ser “padre de muchos pueblos”, tal y como le había dicho: «Así será tu descendencia, innumerable como los granos de arena y brillantes como las estrellas».
  7. Su fe no decayó, aunque veía que su cuerpo estaba ya sin vigor al tener casi cien años, y pensó que el seno de Sara estaba ya como muerto.
  8. Ante la promesa de Dios no dudó ni desconfió, sino que se fortaleció en la fe, dando gloria a Dios, como si se hubiera realizado esta promesa;
  9. y recibió información interior segura, y bien convencido de que Dios es poderoso para cumplir lo que le ha prometido,
  10. por lo cual esta fe de él inquebrantable, le fue contada también como justicia y salvación.
  11. Y no se escribió en la santa Escritura solamente para él de que su fe fue contada como justificación y salvación,
  12. se escribió también para nosotros, a quienes se ha de ser contada, a los que creemos en el que resucitó de entre los muertos a Jesús, nuestro Señor,
  13. el cual fue entregado por nuestros pecados a la cruciforme muerte redentora y resucitado para nuestra justificación y sotiría (redención, sanación y salvación).

 

Capítulo 5: La justificación por la sangre de Cristo, 1-11. Por Adán el pecado, por Cristo la sotiría, 12-21.

 

La justificación por la sangre de Cristo, 5:1-11. 

5:1. Por tanto, justificados por la fe, estamos en paz con Dios mediante nuestro Señor Jesús Cristo.

  1. por quien tenemos entrada por la fe en este estado de la jaris-gracia increada, en que nos mantenemos firmes y nos alegramos con la esperanza segura de que disfrutaremos de la doxa-gloria luz increada de Dios.
  2. Y no sólo esto, sino que nos alegramos también en los sufrimientos, conscientes de que los sufrimientos producen poco a poco la preciosa virtud de la paciencia,
  3. la paciencia fructifica y consolida la fidelidad, la fidelidad trae y consolidada la esperanza firme hacia Dios;
  4. y la esperanza no miente y no nos defrauda, porque la agapi-amor de Dios ha sido derramada en abundancia en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.
  5. Porque esta agapi y condescendencia de Dios hacia nosotros se vio por el acontecimiento sublime, cuando aún nosotros éramos débiles, culpables y enfermos espiritualmente, Cristo, en el tiempo ya establecido por Dios, murió por los malvados en la cruz, para salvar por el sacrificio redentor a los impíos e incrédulos.
  6. Difícilmente habrá quien esté dispuesto a morir por un hombre justo, aunque por un hombre de bien tal vez alguien puede que se atreva a morir;
  7. pero Dios muestra y confirma su agapi-amor incondicional para con nosotros en que, siendo aún pecadores, Cristo se sacrificó y murió por nosotros.
  8. Por tanto, con mucha más razón, justificados ahora por la sangre de su sacrificio, seremos salvos y librados por él de la ira futura y del castigo.
  9. Porque si, siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por medio de la muerte cruciforme de su Hijo, mucho más, una vez reconciliados, seremos salvados por medio de la vida de nuestro Jesús Cristo sacerdote y mediador, quien vive eternamente cerca de Dios.
  10. Más aún, nos alegramos en Dios por nuestro Señor Jesús Cristo, por medio del cual hemos conseguido gratis nuestra reconciliación con Dios.

Por Adán el pecado, por Cristo la sotiría, 5:12-21.

  1. Por tanto, así como por un hombre, es decir, por Adán entró el pecado en el género humano, y por el pecado la muerte, y así la muerte pasó a todos los hombres, porque todos pecaron; así también por Jesús Cristo se introdujo y se ofrece la reconciliación y justificación a todo género humano.
  2. Pues ya en tiempos, antes de la ley, el pecado existía en el mundo, pero no se tomaba como culpa y responsabilidad, ya que no hay ley que lo prueba, el delito no se toma en cuenta;
  3. sin embargo, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés y a los descendientes de Adán, aun sobre aquellos que, mientras pecaban, no habían cometido la transgresión del mandamiento concreto, como el de Adán; y Adán es la prefiguración del futuro nuevo Adán que había de venir, es decir, del Cristo.
  4. Pero la jaris-gracia energía increada de Cristo ha donado y beneficiado mucho más de lo que perjudicó el error de Adán; porque si por el error, es decir, de Adán, murieron todos físicamente y espiritualmente, con mayor razón la jaris-gracia energía increada de Dios y el regalo de la sotiría redención y salvación, que se da generosamente por un solo hombre, de Jesús Cristo, es decir, a todos los que han creído ha sobreabundado la jaris.
  5. El perjuicio por el pecado de uno solo, no puede compararse con la inestimable donación de Cristo, ya que elimina multitud de pecados. Porque por una parte, por la condena de la transgresión de Adán se hizo solo por un pecado y ha sido engañado todo el mundo; por otra parte, por la donación por el sacrificio cruciforme de Cristo se ha borrado multitud de errores y pecados de todo el género humano, de modo que todos puedan encontrar la absolución, la justificación y la salvación.
  6. Porque a causa de la transgresión de uno, de Adán, la muerte reinó por un hombre, con más razón reinarán en la vida por medio de uno solo hombre, Jesús Cristo, los que reciben tan abundantemente la jaris-gracia y el don de la justicia y reinarán eternamente en la nueva vida por medio de uno, de Jesús Cristo.
  7. Por tanto, como por la transgresión de uno solo se transmitió a todos los hombres el pecado y la condenación a la muerte, así también la obra de la justicia de uno solo trae a todos los hombres la justificación, de la que su fruto es vida.
  8. Porque así como por la desobediencia de un solo hombre fueron constituidos pecadores muchos, así también por la obediencia perfecta que hizo el uno, el Cristo al Padre, se convertirán y se harán justos muchos.
  9. La ley de Moisés se introdujo de una forma provisional, para que se vea la abundancia del pecado y de la culpa; pero donde abundó el pecado, sobreabundó la χάρις jaris-gracia energía increada,
  10. para que así como el pecado dominó y reinó, y resultado de este dominio y reinado fue la muerte, así también la χάρις jaris-gracia energía increada reinará por la justicia para la vida eterna por medio de Jesús Cristo, nuestro Señor.

 

Capítulo 6: Por el bautismo el entierro y resurrección en Cristo, 1-14. El fiel liberado y libre por Cristo, 15-23

 

Por el bautismo el entierro y resurrección en Cristo, 6:1-14

6:1. Por tanto, puesto que se ha multiplicado el pecado, se ha dado la χάρις jaris-gracia energía increada en abundancia, entonces, ¿qué diremos? ¿Permaneceremos en el pecado para que se nos conceda en abundancia la χάρις jaris-gracia energía increada?

  1. ¡Nunca jamás! Nosotros los que ya hemos muerto en lo referente al pecado, ¿cómo vamos a seguir viviendo en él?
  2. ¿O no sabéis que, al quedar unidos con fe a Cristo mediante el bautismo, a la vez nos hemos bautizado y hecho partícipes a su muerte, por la crucifixión de nuestro hombre antiguo?
  3. Fuimos co-sepultados con Cristo por el bautismo y nos hemos hecho partícipes a su muerte, morimos, para que así como Cristo fue resucitado de entre los muertos por la doxa-gloria luz increada del Padre, también nosotros resucitaremos en la nueva vida y viviremos de acuerdo con la voluntad de Él.
  4. Pues si hemos llegado a ser congénitos, como dos árboles, unidos a una misma cosa con Cristo por el bautismo, que es una muerte cruciforme y semejante a la suya, también lo seremos por una resurrección parecida y nos haremos uno con Él en lógica y naturaleza, es decir, seremos glorificados como Él.
  5. Al conocer que nuestra naturaleza corrupta, nuestro hombre viejo por el pecado ha sido crucificado con Cristo por el bautismo, para que desentone ya y sea como muerto nuestro cuerpo ante el pecado, a fin de que ya no seamos esclavos de nuevo en el pecado;
  6. porque el que muere ya queda libre del peligro del pecado, (puesto que el muerto no es tentado, ni peca).
  7. Y si por el bautismo morimos con Cristo, respecto al pecado, creemos que también viviremos en doxa-gloria increada con él en la eternidad;
  8. porque conocemos muy bien que Cristo resucitado de entre los muertos, ya no vuelve a morir, la muerte ya no tiene ningún dominio y poder sobre él.
  9. 10. Y ya no le domina la muerte, porque, la muerte cruciforme que sufrió entonces el Señor, una vez para siempre, fue para eliminar el pecado; pero al vivir, ahora vive eternamente glorioso cerca de Dios.
  10. Así, también vosotros consideraos ya muertos al pecado, pero vivos para Dios mediante la unión con Jesús Cristo nuestro Señor.
  11. Por tanto, que el pecado no reine más en vuestro cuerpo mortal, y que no os obligue a obedecer a vuestras bajas pasiones e instintos animales del cuerpo.
  12. No entreguéis vuestros miembros del cuerpo al pecado como instrumentos y armas de injusticia, por los que os vence y os domina el pecado. Al contrario, entregaos a Dios como hombres muertos que han vuelto de la muerte espiritual a la vida o habéis resucitado, despertado espiritualmente, entregad los miembros de vuestro cuerpo a Dios para que sean como instrumentos en cada virtud y en la justicia;
  13. así ya el pecado no tendrá dominio sobre vosotros, porque ya no estáis bajo el dominio de la ley, sino bajo la acción y reinado de la χάρις jaris-gracia energía increada, que concede el perdón, la libertad y la santificación.

El fiel liberado y libre por Cristo, 6:15-23

  1. Entonces, ¿qué? ¿Vamos a pecar porque no estamos bajo el dominio de la ley, sino bajo la donación de la acción de la χάρις jaris-gracia energía increada, ya que es fácil recibir el perdón? Eso, ¡nunca, jamás!
  2. ¿No sabéis que al entregaros a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis? Si obedecéis al pecado, terminaréis en la muerte espiritual; y si obedecéis a CristoDios adquiriréis la justificación y el perdón, la salvación y la bienaventuranza eterna.
  3. Pero gracias a Dios vosotros, después de haber sido esclavos del pecado, habéis obedecido de todo corazón a la norma de la enseñanza en la cual habéis sido instruidos por los Apóstoles;
  4. y estando libres del pecado, os habéis entregado al servicio de la justicia, de la virtud y de la santidad;
  5. os estoy hablando en lenguaje sencillo y utilizo imágenes y expresiones humanas a causa de la debilidad que presenta aún vuestro estado humano carnal, para que podáis entenderme. Porque lo mismo que antes entregasteis vuestro cuerpo y sus instrumentos al servicio de la inmoralidad, del pecado y del desorden, así ahora entregadlos al servicio de la justicia, para progresar y conseguir la santidad.
  6. Pues cuando erais esclavos del pecado, os considerabais libres respecto a la justicia y virtud, que es lo que Dios quiere.
  7. ¿Pero qué frutos y beneficios lograbais entonces por vuestras obras del pecado que ahora os avergonzáis? Porque fin de estas obras es la eterna muerte espiritual.
  8. Pero ahora, libres de la esclavitud del pecado y libremente esclavizados o dependientes de Dios, tenéis como fruto el progreso a la santificación y como resultado final la vida eterna.
  9. Porque las consecuencias y el salario del pecado es la muerte espiritual; pero el regalo y don de Dios para los que Le obedecen es la vida eterna en Jesús Cristo, Señor nuestro.

 

Capítulo 7: El Cristiano libre de la ley de Moisés, 1-6. El propósito por el que fue dada la ley, 7-13. El combate interior contra el pecado, 14-25.

 

El Cristiano libre de la ley de Moisés, 7:1-6. 

  1. Hablo a hombres que conocen la Ley; o ¿es que no sabéis, hermanos que el hombre está bajo el dominio de la ley sólo mientras vive?
  2. Por ejemplo, la mujer casada está atada por la ley al marido mientras éste vive; pero si muere el marido, queda desligada de la ley del matrimonio.
  3. Por consiguiente, mientras vive el marido, será adúltera si se une con otro hombre; pero si el marido muere, queda libre de la ley del matrimonio y no es adúltera si se une con otro.
  4. Así también vosotros, hermanos míos, habéis muerto a la ley por el cuerpo crucificado de Cristo, a fin de tener derecho a pertenecer a otro, es decir, al Cristo resucitado de entre los muertos, para que produzcamos frutos espirituales para doxa-gloria y honor de Dios.
  5. Porque, cuando vivíamos la vida carnal de hombre antiguo con nuestros bajos instintos animales y carnales y los pazos de los pecados, los cuales la ley condenaba pero no eliminaba, operaban en nuestro interior y se actuaban por nuestros miembros, de tal manera que producían en nuestro cuerpo frutos de muerte espiritual eterna.
  6. Pero ahora nos hemos liberado totalmente de la ley, porque hemos muerto espiritualmente sobre ella a la cual estábamos sujetos, de modo que ahora hemos quedado libres para obedecer a Dios y vivir la nueva situación, a la nueva vida del Espíritu que nos la regaló y no conforme a la letra y los tipos de la vieja ley que dominaban.

El propósito por el que fue dada la ley, 7:7-13

  1. Pero entonces pues, ¿queremos decir que la ley es mala porque nos ha creado esta situación de esclavitud al pecado? ¡Por supuesto que no! Sino que debemos decir que el pecado sólo por la ley lo hemos conocido, la cual prohibía el pecado. Porque también la codicia pecadora yo no la conocería como pecado si la ley no dijera tajantemente: “No codiciarás las cosas que tiene tu prójimo”.
  2. Pero el pecado tomó el motivo de estas prohibiciones de la Ley, que existía en mi interior como una situación y una tendencia hacia el mal, y cultivó e inflamó en mi interior toda codicia pecadora; porque sin la ley el pecado está muerto, es como si no existiese.
  3. En un tiempo yo vivía sin la Ley, sin conocer sus mandamientos; pero cuando conocí el mandamiento, entonces el pecado se revivió en mi interior y se me ha hecho conocido por experiencia.
  4. y la consecuencia de esto es que yo quedé muerto espiritualmente a causa de las transgresiones. Y así el mandamiento de la Ley que se había dado para instruirme a la redención y vida espiritual, se encontró que ella me condujo a la muerte.
  5. Porque el pecado, apoyándose en el mandamiento, me engañó y me arrastró seductivamente a la transgresión y por ella a la muerte espiritual.
  6. La ley es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno, para mí el hombre.
  7. Y uno se preguntará, ¿lo que es bueno, ha sido muerte para mí? Nada de eso. Lo que pasa es que el pecado para demostrar que es pecado y desastroso, valiéndose de lo bueno de la Ley que es buena y justa, causó en mi interior la muerte espiritual. De este modo, por medio del mandamiento, quedó plenamente demostrado cuan destructor, seductor y sutil es el pecado para el hombre.

El combate interior contra el pecado, 7:14-25.

  1. Porque sabemos que la ley es espiritual, es decir, regalo del Espíritu Santo para servir a nuestra vida espiritual; pero yo soy carnal, vendido como esclavo al poder del pecado.
  2. Dominado y oscurecido por el pazos o el pecado, no entiendo este mal que hago; porque no hago lo que interiormente quiero, sino aquello que detesto y odio, eso es justamente lo que hago.
  3. Y si arrastrado por mi tendencia pecaminosa interior y las tentaciones exteriores, hago lo que no quiero, entonces estoy de acuerdo con la Ley en que es buena.
  4. Pero no soy yo el que hace el mal, sino el pecado que habita en mí y me gobierna.
  5. Yo sé que en mí, es decir, en mis bajos instintos animales, en mi naturaleza corrupta, no hay nada bueno, porque quiero hacer el bien y no puedo, no me es fácil hacerlo.
  6. no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero: eso es lo que hago.
  7. Y si lo que en realidad no quiero, eso es lo que hago, ya no soy yo el que lo hace, sino el pecado que habita en mí interior, el cual me ha hecho esclavo suyo.
  8. Descubro, pues, esta ley: que quiero hacer el bien, y el mal es el que se me presenta; no puedo cumplir esta ley porque cerca de mí y en mi interior existe la tendencia y la dinamis potencia y energía del pecado.
  9. En mi interior me agrada con todo mi corazón la ley de Dios;
  10. pero veo en mi cuerpo y en sus miembros una ley que lucha contra la ley de mi espíritu y contra de lo que me dicta mi conciencia y me esclaviza a la ley del pecado que domina en mi cuerpo y en sus miembros, es decir, domina a mi naturaleza física humana.
  11. ¡Desgraciado y miserable yo el hombre! ¿Quién me librará de este cuerpo en el cual domina el pecado y por el pecado la muerte espiritual y física?
  12. Doy gracias a Dios que por Jesús Cristo, nuestro Señor me ha liberado, sanado y salvado. En conclusión, pues, es que yo trabajo en dos señores; con el espíritu y la conciencia sirvo a la ley de Dios, pero con el cuerpo y sus miembros sirvo a la ley del pecado.

 

Capítulo: 8: Viviendo en el Espíritu y en el cuerpo, 1-13. La agapi de Dios hacia nosotros, 14-30. Más que triunfadores 31-39

 

Viviendo en el Espíritu y en el cuerpo, 8:1-13.

8:1. Por consiguiente, no hay condenación alguna para los que creen y están unidos a Jesús Cristo, los cuales viven y son gobernados de acuerdo con los mandamientos o principios espirituales del Espíritu y no de acuerdo con las codicias, con los deseos perversos y pecadores de la carne.

  1. Porque la ley del Espíritu, la jaris-gracia energía increada, la iluminación y la potencia del Espíritu Santo que cultiva, desarrolla y da la vida en Cristo, me ha librado de la ley, del dominio del pecado y de la muerte espiritual.
  2. En efecto, lo que la ley era incapaz de hacer, debido a la resistencia de los bajos instintos animales del hombre pecador, lo realizó Dios enviando su unigénito Hijo en condición semejante a la del hombre, por supuesto sin pecado, para eliminar el pecado. Y así condenó y destruyó el pecado por el impecable cuerpo de su Hijo que fue entregado a la muerte.
  3. Para que se cumplan ya por la χάρις jaris-gracia energía increada de Dios todos los mandatos de la Ley también por nosotros, los cuales ahora vivimos y nos comportamos no conforme a los bajos instintos animales y las codicias pecadoras de la carne, sino conforme a los mandatos del Evangelio y los dictados o principios espirituales del Espíritu Santo.
  4. Porque los que aún están dominados por la conducta de la carne, viven, piensan y actúan según la conducta de la carne; pero los que son dirigidos por la χάρις jaris-gracia energía increada, la potencia y poder del Espíritu Santo y piensan, quieren y actúan con las cosas y principios que les dicta el Espíritu Santo.
  5. Porque las codicias, deseos y actitudes de la carne provocan la muerte espiritual, pero la actitud que dicta el Espíritu Santo y el estado divino interior que produce, conduce a la verdadera vida y a la paz. Porque el estado carnal animal y la codicia son enemigos de Dios y traen la muerte espiritual;
  6. porque a la Ley de Dios no se somete el hombre carnal que funciona solo con los instintos animales, en realidad no tiene la fuerza de someterse.
  7. Los que viven según la carne con sus instintos animales y sus codicias, no pueden gustar y agradar a Dios;
  8. pero vosotros que ya no vivís según la carne, sino que estáis bajo la conducción de vuestro espíritu, que ha sido iluminado y renacido por la χάρις jaris-gracia energía increada del Espíritu Santo, si es que el Espíritu de Dios habita en vuestro interior. Pues si alguno no tiene en su interior el Espíritu de Cristo, éste no es hombre de Cristo.
  9. Y si Cristo está en vuestro interior, aunque el cuerpo está sujeto a la muerte a causa del pecado, sin embargo, vuestro espíritu tiene vida eterna gracias a la justicia y la sotiría redención, sanación y salvación que habéis recibido de Cristo.
  10. Y si el Espíritu de Dios que resucitó a Jesús de entre los muertos, habita en vosotros, entonces el que resucitó a Cristo vivificará también vuestros cuerpos mortales por obra de su Espíritu, que habita en vuestro interior.
  11. Así pues, hermanos, ya que hemos recibido este tipo de donaciones y beneficencias, no somos deudores de los bajos instintos animales del cuerpo para tener que vivir de acuerdo con ellos y de los deseos de la carne, (sino que vivamos según los principios espirituales dictados por el Espíritu de Dios)
  12. Porque si vivís según los bajos instintos animales, os espera la muerte espiritual eterna; pero si, vivís conforme los principios espirituales y las dinamis energías y potencias que regala el Espíritu, evitáis y dais muerte a las acciones carnales, y viviréis eternamente cerca y junto con Dios.

La agapi de Dios hacia nosotros, 8:14-39.

  1. Los que se dejan guiar por el Espíritu de Dios, ellos realmente son hijos de Dios.
  2. Y vosotros, cuando creísteis y os bautizasteis, no recibisteis en vuestra psiques-almas el espíritu de esclavitud y conductas tiranas, para recaer de nuevo en el temor, sino que recibisteis del Espíritu Santo la χάρις jaris-gracia energía increada de ser hijos adoptivos, que nos hace exclamar con ánimo y valor hacia Dios: ¡Abba! ¡Padre!
  3. El mismo Espíritu Santo da testimonio y confirma juntamente con nuestro espíritu de que somos hijos de Dios.
  4. Y si somos hijos, somos también herederos; herederos de Dios que es nuestro Padre, coherederos de Cristo, que es nuestro hermano primogénito; estos derechos los adquirimos por supuesto si padecemos con Cristo, para ser también glorificados junto con él.
  5. Pienso y estimo que los padecimientos de la vida presente no se pueden comparar con la doxa-gloria luz increada que ha de apocaliptarse-revelarse y darse en nosotros.
  6. Porque incluso la creación irracional está aguardando en anhelante espera la gloriosa apocalipsis-revelación de los hijos de Dios,
  7. ya que la creación fue sometida a la vanidad y corrupción, no por su propia voluntad, sino por Dios que la sometió a la corrupción, después de la caída del hombre, pero con la esperanza de la liberación,
  8. y la esperanza segura es que esta misma creación será librada de la esclavitud de la corrupción y de la muerte para ser ya incorrupta admitida a la libertad gloriosa de los hijos de Dios.
  9. Sabemos que toda la creación gime y está en dolores de parto hasta el momento presente.
  10. No sólo ella, sino también nosotros, a pesar de que tenemos las dádivas primicias del Espíritu, gemimos dentro de nosotros mismos, esperando el regalo de la adopción filial plena por parte de Dios y la redención de nuestro cuerpo de la corrupción.
  11. Porque ahora en la esperanza nos hemos salvado; pero la esperanza que se ve no es esperanza, porque lo que uno ve, ¿cómo puede esperarlo, si lo ve como realidad?
  12. Pero si esperamos lo que no vemos, debemos esperarlo con paciencia y anhelo ardiente que lo adquiriremos al futuro.
  13. Igualmente, el Espíritu viene en ayuda de nuestra flaqueza y ablanda nuestros esfuerzos, sufrimientos y dolores; pero como nosotros en nuestras oraciones no sabemos orar y pedir lo que nos conviene, el mismo Espíritu intercede por nosotros e inspira en nuestros corazones gemidos inenarrables de compunción y dilatación del corazón, que nos elevan hacia Dios.
  14. Pero Dios que penetra y analiza las profundidades de los corazones, conoce lo qué quiere expresar por estos gemidos del Espíritu y sabe que lo que pide para los creyentes es lo que Dios quiere.
  15. Sí; gemimos y sufrimos, pero sabemos que en los que aman a Dios todo contribuye y coopera para el bien de ellos que son llamados según su designio.
  16. Porque aquellos que Dios con su omnisciencia conoce de antemano como dignos, a ellos también los destinó a hacerse semejantes a la imagen gloriosa de su Hijo, para que el Hijo también sea el primogénito entre muchos hermanos, (que serán semejantes a él).
  17. Y a los que Dios con su omnisciencia conoce de antemano como dignos, los llamó; y a los que llamó y aceptaron su llamada, los constituyó en justos; y a los que justificó, los hizo partícipes de su doxa-gloria luz increada en el reinado de la Realeza increada de los Cielos.

Más que triunfadores 8:31-39

  1. Por tanto,¿qué más podremos decir por las dádivas que nos ha regalado Dios? Si Dios está con nosotros, ¿quién se atreverá estar contra nosotros?
  2. El que no perdonó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros a la muerte por la cruz, ¿cómo junto con él no nos dará gratuitamente todas las cosas que nos hacen falta? (¿Si nos ha regalado lo infinitamente superior, como no nos va a regalar los demás bienes inferiores?)
  3. ¿Quién podrá acusar a los escogidos de Dios? Dios es el que absuelve y borra nuestros pecados y nos hace justos.
  4. ¿Quién será el que nos juzgue y condene? Nadie. Porque Cristo es el que murió por nosotros, mejor dicho, el que resucitó, el que está siempre a la diestra de Dios y el que intercede al Padre por nosotros.
  5. ¿Quién podrá separarnos de la agapi-amor incondicional de Cristo? ¿La tribulación, la angustia, la persecución por parte de los infieles, el hambre, la desnudez, o cualquier peligro, o espada que nos amenaza de degollar?
  6. Afrontamos a este peligro de muerte por espada tal como dice la Escritura en los Salmos: “Señor, por tu causa estamos expuestos a la muerte todo el día, hemos sido considerados por los perseguidores como ovejas destinadas al matadero.
  7. Pero en todas estas dificultades y amenazas salimos triunfadores por medio de la ayuda de Cristo, quien tanto nos amó.
  8. Porque tengo la absoluta convicción y certeza de que ni la muerte por la que nos amenazan, ni por los bienes y deleites de la vida que nos prometen, ni los ángeles, ni los principados, ni los asuntos y acontecimientos presentes y futuros, ni las potestades,
  9. ni la altura de la gloria, ni la profundidad del desprecio y humillación, ni otra criatura alguna de las que vemos, podrá separarnos de la agapi-amor incondicional que el mismo Dios nos ha manifestado mediante Jesús Cristo, nuestro Señor.

 

Capítulo 9: Las ventajas de los Israelitas, 1-13. La fidelidad y la justicia de Dios, 14-33.

 

Las ventajas de los Israelitas, 9:1-13.

9:1. Digo la verdad como hombre que habla ente Cristo, no miento; y mi conciencia, que se ilumina por el Espíritu Santo, es la que me da el testimonio y la certeza de esta verdad.

  1. Y os digo que tengo una tristeza inmensa y un profundo dolor continuo en mi corazón, por la infidelidad y la dureza del corazón de mis paisanos.
  2. Quisiera ser yo el objeto de maldición, separado incluso de Cristo, si fuera posible por mi condena se salven mis parientes carnales y mis paisanos los judíos;
  3. son los israelitas, (descendientes de Jacob) a los que Dios apareció gloriosamente y los adoptó como hijos; suyas son la alianza, la ley, el culto y las promesas que había hecho Dios a sus antepasados;
  4. suyos son también los padres y los patriarcas; de ellos procede Cristo en cuanto hombre, el que está por encima de todas las cosas y es Dios bendito, señor y soberano de todos, digno de ser alabado y glorificado por los siglos. Amén.
  5. Pero el hecho de que ellos han decaído de estas bendiciones, no significa que las promesas y los logos de Dios no se hayan cumplido, porque los verdaderos israelitas no son todos los que descienden carnalmente de Israel;
  6. ni porque son descendientes carnales de Abrahán son dignos hijos suyos. Lo que se dijo de Dios a Abraham, fue esto: “se llamarán verdaderos descendientes tuyos por medio de Isaac”.
  7. Esto quiere decir que los hijos de Dios no son los que pertenecen a una raza, sino los que nacen en virtud de la promesa de Dios.
  8. Ésta fue la promesa: “Por este mismo tiempo yo volveré, y Sara tendrá un hijo”, es decir, el Isaac.
  9. No sólo la Sara tuvo un hijo, según la promesa de Dios, sino Rebeca también concibió de un solo varón, de nuestro padre Isaac.
  10. Cuando todavía no habían nacido sus dos hijos y, por tanto, no habían hecho nada bueno ni malo, se dijo por Dios a Rebeca:
  11. El mayor, el Isaf servirá al menor, a Jacob,
  12. como dice la Escritura: Amé a Jacob y sus descendientes Israelitas y aborrecí a Esaú y sus descendientes Idumeos.

La fidelidad y la justicia de Dios, 9:14-33.

  1. ¿Diremos entonces que Dios es injusto? De ninguna manera.
  2. Pues a Moisés le dice: “Tendré misericordia del que yo juzgue digno de tenerla y tendré compasión del que yo juzgue digno de tenerla”.
  3. Por consiguiente, la divina misericordia increada no es obra del que quiere y corre para adquirirla, sino de Dios increado y misericordioso quien tiene la misericordia increada.
  4. Porque, como está escrito en la Escritura, dijo Dios al Faraón: “Por eso he permitido que te irrites y te vuelvas duro, para que medio de ti indicar a mi pueblo mi poder por mis grandes milagros, y para que mi nombre sea anunciado así en toda la tierra”.
  5. Así pues, el omnipotente Dios tiene misericordia de quien quiere, y a quien quiere le deja endurecerse el corazón.
  6. Ahora bien, tú me podrás decir: ya que al que él quiere deja y se endurece, ¿por qué me condenas? ¿Quién alguna vez ha resistido a su voluntad?
  7. En todo caso, ¿quién eres tú, pobre hombre desgraciado, para contradecir y pedir cuentas a Dios? ¿Acaso dice el vaso al alfarero: Por qué me hiciste así?
  8. ¿O es que el alfarero no tiene poder sobre el barro para hacer de una misma masa un vaso de lujo y otro corriente?
  9. ¿Qué tienes tú que decir en contra, si Dios, queriendo manifestar su indignación y dar a conocer su poder, soportó con gran paciencia y tolerancia a los que estaban sin metania de sus maldades, preparados para su propia destrucción, qué podrás decir de esto?;
  10. y de nuevo, ¿qué podrás decir, si Dios obró así para dar a conocer la riqueza de su doxa-gloria increada y generosidad con los que eran dignos de objeto de su misericordia, a los que de antemano predispuso y preparó para glorificarlos,
  11. es decir, a nosotros, a los que él llamó, no sólo de entre los judíos, sino también de entre los paganos de las naciones?
  12. Como dice Dios a través del libro de Oseas: “Llamaré al que no es mi pueblo, es decir, a los gentiles de las naciones, pueblo mío; y la no amada iglesia de los idólatras, ahora será mi amada”;
  13. y ocurrirá que, en el mismo lugar en el que se les dijo: “Vosotros no sois mi pueblo”, allí serán llamados “hijos del Dios vivo”.
  14. Isaías clama sobre Israel: “Aunque el número de los israelitas fuera como la arena del mar, sólo un resto se salvará;
  15. porque, el Señor Dios pronto y con exactitud realizará su logos sobre la tierra”.
  16. Ya el mismo Isaías predijo: “Si el Señor todopoderoso no nos hubiera dejado descendencia, seríamos como Sodoma y semejantes a Gomorra”.
  17. Entonces, ¿qué diremos? Que los paganos de las naciones, que no perseguían la justicia, alcanzaron la justicia, es decir, la justicia que es por la fe;
  18. pero Israel, persiguiendo la ley de la justicia, no la llegó a conseguir.
  19. ¿Por qué? Porque no persiguieron la justicia por el camino de la fe en Cristo, sino por el de la Ley de Moisés, como si por obras pudieran alcanzarla. De este modo “tropezaron encima de Cristo, quien fue para ellos la piedra de tropiezo”,
  20. como dice la Escritura por el profeta Isaías: “Mirad, yo pongo en Sión una piedra de fundamento angular, a Jesús Cristo, una roca escandalosa que hará tropezar y caer a los que no van a creer; pero el que crea y se forma en él no quedará defraudado”.

 

Capítulo 10: Los judíos despreciaron la justicia y la Ley de Dios, 1-13. Negaron a aceptar el Evangelio, 14-21.

 

Los judíos despreciaron la justicia y la Ley de Dios, 10:1-13.

10:1. Hermanos, el buen deseo de mi corazón y la súplica que dirijo a Dios es que los israelitas consigan también su salvación.

  1. Yo conozco y soy testigo de que buscan ardientemente a Dios, pero no por la gnosis iluminada y según la voluntad de Dios,
  2. porque no reconociendo la justicia de Dios y buscando establecer la justicia propia, no se sometieron a la justicia de Dios;
  3. porque la finalidad de la ley es Cristo, quien da justificación para todo aquel que cree en él.
  4. Moisés dice así de la justicia que viene de la ley: “el hombre que aplicará y cumplirá todo lo que manda la Ley, por ella vivirá”.
  5. Pero la justicia que viene de la fe dice así: “No digas en tu corazón: ¡¿Quién subirá al cielo” para hacer bajar de allí a Cristo, el cual me dará la salvación?
  6. O “¿quién descenderá al abismo”, para resucitar a Cristo de entre los muertos, el cual nos dará la salvación?
  7. Pero qué dice Dios por la Escritura: “Tu logos está cerca de ti, en tu boca y en tu corazón”, es decir, el Evangelio de la fe, el que nosotros los Apóstoles proclamamos.
  8. Porque si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees con todo tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, te salvarás.
  9. Porque uno con el corazón cree en Cristo y a consecuencia de esta fe viene su justicia, y con la boca se confiesa la fe en Cristo delante de los hombres y recibe la σωτηρία sotiría redención, sanación y salvación.
  10. Pues dice la Escritura: “Todo el que cree en él, no será defraudado”.
  11. No hay distinción entre judío y heleno-griego, porque el Señor es el mismo Señor y Dios de todos, ofreciendo en abundancia sus dádivas a todos los que le invocan.
  12. Por tanto, todo el que invoque con fe el nombre del Señor se salvará.

Negaron a aceptar el Evangelio, 10:14-21.

  1. Ahora bien, los hebreos no han creído en Cristo, ¿cómo van a invocar a aquel en quien no creen? ¿Cómo van a creer en él si no han oído su kerigma y su enseñanza? ¿Y cómo van a oír hablar de él sin que exista para ellos el predicador, el maestro de la verdad?
  2. Y ¿cómo predicarán exitosamente la verdad del Evangelio si no son enviados? Como dice la Escritura: ¡”Cuan bellos son los pies de los que traen buenas noticias y el mensaje alegre de la paz de Dios hacia los hombres, estos que anuncian los bienes y las dádivas”, que nos ofrece el redentor por su sacrificio!
  3. Pero a pesar de que Dios envió sus predicares, no todos los hebreos prestaron oído al evangelio. Esta incredulidad la predijo Isaías diciendo: “Señor, ¿quién creyó en nuestra predicación?”
  4. Por consiguiente, la fe nace en el corazón por la audiencia del kerigma; y el contenido del kerigma tiene como propósito poner en conocimiento y desarrollo los logos de Dios.
  5. Yo pregunto: ¿Es que no han oído? Sí, lo han oído. Porque dice la Escritura: “Por toda la tierra se extendió la voz de ellos y hasta los confines del mundo llegaron y se escucharon los logos de ellos”, es decir, de los Apóstoles.
  6. Pero pregunto de nuevo: ¿Será que los Israelitas no conocieron y no entendieron bien el logos de Dios? No. Moisés es el primero que dice sobre ellos de parte Dios: “Yo os provocaré que seáis sobrecogidos de celos y envidia de una nación que no es, y a causa de vuestra envidia os irritaré contra una nación idólatra que vosotros consideráis insensata y esta nación por su buena disposición yo le daré misericordia.
  7. Y el profeta Isaías se atreve a decir: “Yo me apocalipté-revelé y me hice conocido por los nacionales que no me buscaban y no preguntaban por mí”.
  8. Pero a Israel dice: “Todos los días extendía cariñosamente mis manos a un pueblo incrédulo y rebelde”.

 

Capítulo 11: Algunos israelitas se salvaron y otros se salvarán, 1-15. El olivo silvestre y el olivo cultivado, 16-36. 

 

Algunos israelitas se salvaron y otros se salvarán, 11:1-15.

11:1. Yo pregunto: ¿Es que Dios ha rechazado a su pueblo? De ninguna manera. Porque también yo que he sido llamado apóstol por Dios soy israelita, de la descendencia de Abrahán, de la tribu de Benjamín.

  1. Dios no ha rechazado a su pueblo, al que había escogido; o no conocéis lo qué dice la Escritura en la historia de Elías: “Elías ora a Dios contra al pueblo de Israel diciendo:
  2. «Señor, los israelitas han matado a tus profetas, han derribado y quemado tus altares, he quedado yo solo y quieren matarme».
  3. Pero Dios le contestó: «Me he reservado siete mil hombres que no han doblado la rodilla para reverenciar y adorar el ídolo de Baal».
  4. Pues así también en el tiempo presente ha quedado un remanente de fieles de los israelitas escogido por la jaris-gracia increada de Dios.
  5. Lo ha hecho por su χάρις jaris-gracia energía increada y pura generosidad suya, y no por el valor de obras y méritos humanos; porque la jaris dejaría de ser jaris, si no fuera así, no podríamos hablar de la χάρις jaris-gracia increada, porque la obra buena deja ya de ser digna de recompensa.
  6. Esto quiere decir que lo que Israel buscaba no lo alcanzó, es decir, la justificación por la Ley, mientras que los elegidos por la fe lo consiguieron; y los demás, los que a causa de su incredulidad no fueron elegidos se alejaron de Dios y fueron endurecidos sus corazones.
  7. como dice la Escritura por el profeta Isaías: “Concedió/permitió Dios que les sobrecoja espíritu de narcosis, embotamiento y oscurecimiento espiritual; Dios les dio ojos para no ver la verdad y oídos para no oír la enseñanza divina hasta el día de hoy”.
  8. Y David dice: “Que su mesa que disfruta de comidas selectas, se convierta en trampa de una red o un lazo para ellos que los prenderá, y en piedra de tropiezo para que caigan y así según el logos de la justicia serán castigados;
  9. que se queden para siempre ciegos los ojos de sus psiques-almas y que se doblen sus riñones para que queden siempre esclavos bajo la carga pesada de sus pecados”.
  10. Por tanto, yo pregunto: ¿Es que los israelitas tropezaron y son tan culpables, de modo que para ellos ya no hay esperanza de levantarse? De ninguna manera. Sino que cayeron, de modo que por medio de su caída e incredulidad sea proclamada la salvación a las demás naciones, provocando así la envidia en Israel y de esta manera por la envidia incitarlos a creer.
  11. Y si su fracaso y caída de una manera es la riqueza y la bendición de las naciones, y el fracaso y derrota de ellos en la vida espiritual se ha hecho motivo de ricas donaciones, ¡cuánto más lo será su conversión de todos en Cristo, que será la causa de más bendiciones aún para las naciones!
  12. A vosotros los paganos de las naciones digo estas cosas, para que no os ensalcéis y despreciéis a los judíos. Ya que yo soy Apóstol de las naciones, procuro con toda abnegación transmitiros el Evangelio, cumplir mi misión y conduciros a la doxa-gloria luz increada de Dios.
  13. Y aún, por ver si a los de mi linaje, mis paisanos, les entra envidia y logro conducir algunos de ellos al camino de la σωτηρία sotiría redención, sanación y salvación.
  14. Porque si el extravío de ellos de la fe Cristiana ha servido para la reconciliación del mundo, la readmisión de ellos a la fe será como un despertar espiritual y un volver de la muerte a la vida.

El olivo silvestre y el olivo cultivado, 11:16-36. 

  1. Pues si la primicia es santa, también lo será la masa; y si la raíz es santa, también lo serán las ramas, es decir, los israelitas pueden hacerse santos.
  2. Ahora bien, si algunas ramas fueron desgajadas, y tú, siendo olivo silvestre, fuiste injertado en ellas e incorporado a la raíz y a la cuantiosa savia del olivo,
  3. no te engríes y te jactes contra las ramas, que se han desgajado; y si te engríes y te jactas, piensa que tú no sustentas la raíz, sino la raíz a ti, y como Cristiano que eres estás sustentado a los patriarcas y a los profetas de los hebreos.
  4. Pero quizás dirás: Las ramas fueron cortadas para que yo fuera injertado en el lugar de ellos.
  5. Bien, fueron cortadas por su incredulidad, y tú por la fe estás en pie y pegado en la raíz, no por tus obras. No seas orgulloso, sé humilde y ten mucho cuidado no vaya ser que tú también caigas de donde estás.
  6. Porque si Dios no perdonó a las ramas naturales, es decir, a los israelitas, a ti tampoco te perdonará si te enalteces.
  7. Por tanto, ten cuidado y ten presente la bondad y la severidad de Dios: severidad para con los caídos; bondad para contigo, con tal que permanezcas en esa bondad; pues, de lo contrario, también tú serás cortado.
  8. Y ellos, si no persisten en la incredulidad, serán injertados; porque Dios tiene poder para injertarlos de nuevo.
  9. Porque si tú fuiste cortado del que por naturaleza era olivo silvestre, y contra la propia naturaleza fuiste injertado en el cultivado olivo bueno, ¡cuánto más ellos, las ramas naturales, serán injertadas en el propio olivo!
  10. Os digo estas cosas hermanos míos, porque no quiero que ignoréis este misterio y verdad, para que no presumáis de vosotros mismos como prudentes y santos y despreciéis a los israelitas; esta verdad que es el endurecimiento de una gran parte del pueblo de Israel será hasta que todos los nacionales hayan entrado en el reinado de la Realeza increada de Dios;
  11. y entonces todo Israel se salvará, como dice en la Escritura Isaías: “Vendrá el libertador de Sión, apartará y eliminará los pecados e impiedades de los descendientes de Jacob.
  12. Y ésta será mi alianza y testamento con ellos, cuando yo elimine y perdone sus pecados”.
  13. En cuanto al evangelio, los incrédulos hebreos son tenidos como enemigos de Dios y a causa de esto Dios ha llamado a vosotros los nacionales para vuestra salvación; pero en cuanto a la elección, siguen siendo muy queridos de Dios por causa de sus antepasados;
  14. porque los dones y el llamamiento de Dios son irrevocables.
  15. Pues así como vosotros en otro tiempo fuisteis desobedientes a Dios y ahora habéis conseguido misericordia por la desobediencia de ellos,
  16. así también ahora ellos han sido desobedientes, para que con ocasión de la misericordia que os ha concedido a vosotros también ellos alcancen misericordia.
  17. Porque Dios encerró a todos en la desobediencia para tener misericordia con todos.
  18. ¡Qué profundidad de riqueza, de sabiduría y de gnosis increada la de Dios! ¡Qué incomprensibles son sus decisiones y qué inescrutables sus caminos y métodos para la σωτηρία sotiría redención, sanación y salvación de los hombres!
  19. Porque ¿quién conoció el pensamiento y el nus-espíritu del Señor, o quién fue su consejero?
  20. O ¿quién le dio primero a él para pedirle recompensa? Por supuesto que nadie.
  21. Porque de él y para él se han creado todas las cosas y por él son gobernadas y aspiran en la doxa-gloria de su santo nombre. A él pertenece la doxa-gloria por los siglos de los siglos. Amén.

 

Capítulo 12: El culto espiritual, 1-2. Humildad y agapi, 3-13. Agapi a los enemigos, 14-21.

 

El culto espiritual, 12:1-2.

  1. Hermanos, os ruego, por la misericordia y cariño de Dios, que ofrezcáis vuestros cuerpos como sacrificio vivo, consagrado y agradable a Dios; éste es vuestro culto ortodoxo, lógico y espiritual a Dios.
  2. Y no os acomodéis al mundo de este siglo; al contrario, metamorfoseaos, transformaos y renovad vuestro interior continuamente para que sepáis discernir cuál es la voluntad de Dios y ofrenda viva, santa y grata.

Humildad y agapi, 12:3-13.

  1. Porque iluminado yo también por la jaris-gracia apostólica y en virtud de la misión que Dios me ha encomendado, os digo a cada uno de vosotros que no se tenga en más de lo que debe tenerse, sino que procure pensar siempre de sí con sencillez, por el carisma de la fe y la posición que Dios le haya dado a cada uno. (Así habrá armonía, unidad y cooperación en la Iglesia).
  2. Porque así como en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos tienen la misma función,
  3. así nosotros, aunque somos muchos miembros de la Iglesia, formamos un solo cuerpo en Cristo y por Cristo somos todos miembros unos con otros, colaborando y sirviendo uno al otro.
  4. Pero tenemos carismas diferentes, por la jaris-gracia increada dada por el Espíritu Santo, y sin dormirnos trabajemos espiritualmente para estos; el que tenga el carisma de la profecía, que enseñe la verdad según este carisma;
  5. el que tenga el de servicio a los demás, que les sirva bien; el que tenga el de enseñar, que se dedique a la enseñanza y analice las verdades de Dios a los fieles;
  6. el que tenga el de consolar, que se dedique a consolar; el que tiene bienes y siente la necesidad de repartir limosna, que reparta con generosidad y discernimiento; el que tiene el de presidir, que presida con seriedad; el que hace obras de misericordia, que las haga con alegría y dulzura.
  7. Que vuestra agapi-amor incondicional sea honesta y sincera, sin hipocresía. Odiad con toda vuestra fuerza el mal y abrazad siempre el bien.
  8. Amaos de corazón unos a otros, como buenos hermanos; que cada uno ame y respete a los demás más que a sí mismo.
  9. En la actividad que se requiere para toda obra buena, no os echéis atrás ni seáis negligentes y perezosos, tened buen ánimo, servid y agradeced al Señor por todos estos carismas;
  10. alegres en la esperanza en los infinitos bienes que os ha preparado Dios, pacientes y valientes en los sufrimientos y en la oración seáis constantes y ardientes;
  11. socorred las necesidades de los creyentes cristianos, practicad la hospitalidad sin esperar que os la pidan.

Agapi a los enemigos, 12:14-21.

  1. Bendecid a los que os persiguen; bendecid y hablad logos buenos para todos, no maldigáis.
  2. Alegraos con los que se alegran, llorad con los que lloran.
  3. Vivid en armonía unos con otros. No seáis orgullosos, poneos al nivel de los humildes. No os autoengañéis y os consideréis como sabios.
  4. No devolváis a nadie mal por mal. Procurad portarse bien y hacer el bien ante todos los hombres, amigos y enemigos.
  5. En cuanto de vosotros depende, haced todo lo posible para vivir en paz con todo el mundo.
  6. Queridos míos, no os toméis la justicia por vuestra mano; dejad que sea Dios el que castigue contra aquellos que os perjudican, como dice la Escritura: “Yo haré justicia, yo daré a cada cual su merecido”, dice el Señor.
  7. También dice: Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber; que si haces esto, es como si le pusieras montones de carbones encendidos a su cabeza, es decir, él tendrá remordimientos de conciencia y gran vergüenza por el mal que te ha hecho.
  8. No te dejes vencer por el mal; al contrario, vence el mal con el bien, con tu bondad y con tus obras buenas.

 

Capítulo 13: Sumisión a los poderes públicos y políticos, 1-7. La plenitud de la agapi, 8-14.

 

Sumisión a los poderes públicos y políticos, 13:1-7.

13:1. Que cada uno se someta a las autoridades que están en el poder, (mientras sus mandamientos y leyes no sean contrarias a la voluntad de Dios), porque no hay autoridad que no venga de Dios; y los que hay han sido puestos por Dios, (aunque sea por tolerancia).

  1. Así que el que se opone a la autoridad, se opone al orden puesto por Dios; y los que se oponen recibirán su propia condenación.
  2. Los gobernantes, mientras mandan correctamente, no inspiran miedo a los que obran bien, sino a los que obran mal. ¿Quieres vivir sin miedo a la autoridad? Haz el bien y pórtate bien, y tendrás su aprobación;
  3. pues la autoridad está al servicio de Dios para bien y para ayudar a ti y a los demás. Pero si te portas mal y haces mal, échate a temblar, no en vano la autoridad lleva la espada y está al servicio de Dios para castigar al delincuente y al infractor.
  4. Por lo cual es necesario que os sometáis no solamente por temor al castigo, más bien por un deber de conciencia como Dios manda.
  5. También por esta razón pagáis los impuestos, porque los gobernantes están al servicio de Dios y se dedican al cumplimiento de su deber.
  6. Pagad a cada uno lo que le corresponda: contribuciones, impuestos, respeto, honores, lo que haya que darle.

La plenitud de la agapi, 13:8-14.

  1. No debáis nada a nadie; amaos unos a otros, porque el que ama al prójimo ha cumplido toda la Ley.
  2. Porque dicen los mandamientos de Dios, “no cometerás adulterio, no matarás, no robarás, no codiciarás y cualquier otro mandamiento, todo se reduce a esto: Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.
  3. La agapi-amor no hace mal al prójimo; por tanto la agapi-amor incondicional y desinteresada es la aplicación, el cumplimiento y la plenitud de la ley, el cumplimiento de todos los principios espirituales.
  4. Y estas cosas las hacemos, teniendo en cuenta la provisionalidad de la vida presente; ya es hora de despertar del sueño de la pereza espiritual, porque ahora está más cerca de nosotros la σωτηρία sotiría redención, sanación y salvación que cuando abrazamos la fe.
  5. La noche está avanzada, es decir, la vida presente que es semejante a la noche y el día de la vida futura y de nuestra salida hacia el cielo está cerca; por lo tanto, dejemos a un lado las obras de las tinieblas y revistámonos de las armas de la luz increada, las obras de la virtud.
  6. Comportémonos decentemente, como aquel que camina en pleno día y lo ven los hombres; nada de comilonas ni borracheras, nada de lujuria ni desenfreno, nada de peleas y envidias;
  7. al contrario, en vuestra psique-alma revestíos del Señor Jesús Cristo de modo que viváis en Cristo y Cristo viva en vosotros, y no busquéis satisfacer los codiciosos deseos indecentes y los bajos instintos animales.

 

Capítulo 14: Agapi a los débiles en la fe, 1-16. La realeza increada de Dios es justicia y paz, 17-26.

 

Agapi a los débiles en la fe, 14:1-16.

14:1. Al hermano que es débil en la fe debéis acogerlo y abrazarlo con cariño, pero no para discutir con él ni criticar sus percepciones e ideas.

  1. Porque hay quien cree que puede comer de todo; en cambio, otro, que es débil en la fe, come sólo verduras.
  2. El que tiene iluminada la fe come de todo, pero que no desprecie al que no come de todo como terco y hombre de poca fe, y el que no come de todo no critique al que come de todo, pues Dios lo ha acogido en Su Iglesia.
  3. ¿Quién eres tú para juzgar y condenar al criado ajeno? Que se mantenga en pie o que caiga en la fe es algo que importa sólo a su Señor; pero se mantendrá en pie, pues, poderoso es el Dios para sostenerlo en la fe.
  4. Uno distingue un día como más santo que otro día, otro juzga como santos todos los días, todos iguales; cada uno que se informe y proceda según le ilumina su propia conciencia.
  5. El que celebra determinados días como más santos lo hace para honrar al Señor, y el que come de todo lo hace en honor del Señor, pues al comer da gracias a Dios; y el que no come de todo lo hace en honor al Señor, pues también da gracias a Dios.
  6. Porque ninguno de nosotros los fieles vive para sí, para hacer su propia voluntad y ninguno tiene el derecho de morir para sí. La vida y la muerte no pertenecen a nosotros, sino a Dios.
  7. Pues, si vivimos, para el Señor vivimos, para glorificar con nuestras obras al Señor; y si morimos cuando Dios lo quiera, para el Señor morimos. Así que, vivamos o muramos, somos del Señor.
  8. Porque también el Cristo por esta razón murió en la cruz y resucitó de entre los muertos y volvió a tomar como hombre la vida, para ser el señor y soberano de muertos y vivos.
  9. Pero tú, ¿por qué juzgas y condenas a tu hermano que come de todas las comidas? O ¿por qué desprecias a tu hermano que no come de todas las comidas? Nadie tiene el poder de juzgar y condenar, porque todos tenemos que presentarnos ante el tribunal de Cristo que es el juez de todos.
  10. Además, está escrito en la Escritura: “Yo vivo, dice el Señor, por los siglos de los siglos y todo lo dirijo de acuerdo con mi voluntad; ¡Por mi voluntad toda rodilla se doblará ante mí y toda lengua glorificará y rendirá homenaje a Dios!
  11. Por lo tanto, cada uno de nosotros tiene que dar cuenta a Dios de sí mismo.
  12. Así que no nos juzguemos y condenemos ya más unos a otros; al contrario, procurad no poner obstáculo o escándalo al hermano para que no se tambalee su fe y se arrastre al pecado.
  13. Yo conozco muy bien y estoy convencido de ello en el Señor Jesús quien me inspira, que ningún alimento es impuro en sí mismo; pero si alguno juzga que algún alimento es impuro, para él es impuro.
  14. Ahora bien, si por el alimento tu hermano se entristece y se turba contra ti, ya no te comportas con agapi-amor hacia él. Ten cuidado, que tu comida no sea causa de que se pierda aquel por quien Cristo ha muerto.
  15. Que vuestra libertad por comer de todo, no sea objeto de calumnia y sea difamado lo bueno;

La realeza increada de Dios es justicia y paz, 14:17-26

  1. porque el reinado de la realeza increada de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y alegría en el Espíritu Santo que las regala.
  2. Porque el que tiene estas virtudes y con estas sirve a Cristo, agrada a Dios y es estimado de los hombres.
  3. Por tanto, busquemos todo aquello que ayuda y trae la paz y el beneficio y progreso espiritual entre nosotros.
  4. No destruyas la obra salvífica de Dios por causa de la comida. Por supuesto que todos los alimentos son puros para el hombre, pero es malo para el hombre comer escandalizando.
  5. Es mejor no comer carne ni beber vino o cualquier otra cosa que pueda escandalizar a tu hermano.
  6. Tú, la convicción que tienes, guárdala para ti y para Dios. ¡Dichoso el que a sí mismo no tenga que reprocharse lo que siente y no tiene remordimientos de conciencia.
  7. En cambio, el que duda, si come, se siente culpable, porque no procede según la conciencia; y todo lo que no es según la conciencia es pecado.
  8. Doxa-gloria y honor se debe atribuir por nosotros a Él quien tiene la fuerza de sosteneros en la fe y en la virtud, según mi Evangelio y el kerigma que os hice sobre Jesús Cristo. Y este Evangelio y mi kerigma por el que se salvan los pueblos, se hace de acuerdo con la apocálipsis-revelación que por los siglos de los siglos permaneció misterio oculto y cubierto en el silencio.
  9. Pero se ha manifestado ahora mediante las profecías que se han escrito en los textos sagrados y se ha dado a conocer por orden de Dios eterno a todas las naciones, para que muestren obediencia que impone en nosotros la fe.
  10. Por tanto, en él que es el único Dios sabio se debe rendir culto y a Él pertenece la doxa-gloria por Jesús Cristo por los siglos. Amín.

 

Capítulo 15: La magnanimidad ante los otros según el ejemplo de Cristo, 1-13. La función de Pablo, 14-21. Plan de viaje de Pablo a Roma, 22-33.

 

                La magnanimidad ante los otros según el ejemplo de Cristo, 15:1-13.

15:1. Nosotros, los iluminados y avanzados en la fe y virtud, debemos sobrellevar las deficiencias espirituales de los hermanos débiles y no buscar lo que nos agrada a nosotros mismos.

  1. Cada uno de nosotros debe procurar agradar a su prójimo para su bien y edificarlo en su vida espiritual.
  2. Porque Cristo no buscó lo que le agradaba, como dice la Escritura: “Las ofensas, los desprecios y los insultos de los que te blasfemaban, oh Padre, cayeron sobre mí”.
  3. Pues todo lo que ha sido escrito en el pasado, lo fue para nuestra enseñanza, a fin de que por la paciencia y el consuelo que dan las Escrituras tengamos siempre la esperanza viva.
  4. Y Dios, que es la fuente de la paciencia y del consuelo, deseo que os conceda vivir en armonía unos con otros de acuerdo con la voluntad de Jesús Cristo,
  5. para que con un solo corazón y todos a una voz podáis dar gloria a Dios y Padre de nuestro Señor Jesús Cristo.
  6. Por tanto, acogeos unos a otros con agapi-amor incondicional, como también Cristo os recibió y os acogió con su infinita agapi como hermanos para doxa-gloria luz increada de Dios.
  7. Acogió a todos sin distinción alguna, Judíos y nacionales, y os digo que Cristo se hizo servidor primero para servir y conducir los hebreos de la circuncisión a la salvación, para demostrar que Dios es fiel y cumple las promesas hechas a los patriarcas hebreos,
  8. y para que los gentiles de las naciones alaben a Dios por su participación a la misericordia y salvación que él ofrece. Además se ha escrito en los Salmos, donde se describe que el Cristo se presenta diciendo al Padre: “Por eso, oh Señor, te alabaré entre las naciones y cantaré himnos en tu honor”.
  9. Y en otro lugar: “Gozaos y alegraos naciones junto con el pueblo de Dios».
  10. Y de nuevo en otro pasaje: “Alabad al Señor todas las naciones”.
  11. También dice Isaías: “Brotará la raíz de Jesé, se levantará para regir las naciones; y en él las naciones sostendrán la esperanza de su salvación”.
  12. Que el Dios de la esperanza, que dio a los nacionales, os llene de alegría y paz por vuestra fe iluminada hacia él, para tener y mantener rica esta esperanza con la fuerza del Espíritu Santo.

La función de Pablo, 15:14-21.

  1. Hermanos, yo estoy convencido de que tenéis muy buena voluntad, llenos de bondad y virtud, plenos de toda gnosis de las verdades de Dios y tenéis la capacidad para conduciros y aconsejaros unos a otros.
  2. A pesar de todo, me he atrevido a escribiros para recordaros algunas verdades que ya sabéis. Lo hago en virtud de la jaris-gracia especial que Dios me ha concedido, como apóstol que soy,
  3. y de ser liturgo (ministro o funcionario) de Cristo Jesús entre las naciones; mi tarea sagrada consiste en anunciar el evangelio de Dios, para que sean atraídos los nacionales en la fe y se conviertan sus psiques-almas y sus vidas en ofrenda agradable a Dios, consagrada por el Espíritu Santo.
  4. Yo, pues, como creyente en Jesús Cristo, tengo la satisfacción ética y el orgullo por la fuerza y la iluminación de Jesús Cristo para esta tarea espiritual según Dios.
  5. Esta obra mía se debe al Señor. Por eso no me atrevería a hablar nunca con arrogancia, de que si hay algo en mis obras que el mismo Cristo no hubiera hecho por medio de mi utilizándome como instrumento de su complacencia; Él me iluminaba y me fortalecía de modo que mi enseñanza y también por mis obras según Dios, yo predique y atraiga a los nacionales a creer y obedecer a Dios;
  6. Él confirmaba y fortalecía mi kerigma con la fuerza de los milagros y los prodigios y con la dinamis potencia y energía increada del Espíritu Santo; de manera que desde Jerusalén en todas direcciones hasta Iliria he anunciado sin cesar el evangelio de Cristo;
  7. Y así me ayudó el Señor y lo considero un gran honor para mí y he puesto todo mi empeño en no anunciar el evangelio allí donde ya habían oído hablar de Cristo, para no construir sobre cimientos puestos por otros,
  8. sino hacer lo que dice la Escritura: “Los gentiles idólatras de las naciones que no tenían noticias de Cristo, ellos también lo verán y los que no habían oído hablar, escucharán y entenderán este kerigma sobre Cristo”.

Plan de viaje de Pablo a Roma, 15:22-33.

  1. Exactamente porque habían muchas regiones que no se había oído el kerigma sobre Cristo y me fue impedido muchas veces y no he podido ir a veros;
  2. pero ahora, como ya no hay nada que me retenga en estas regiones, porque se ha conocido el kerigma sobre Cristo y como desde hace muchos años tengo muchas ganas de ir a veros,
  3. cuando emprende mi viaje a España espero pasar por ahí. Como también espero que, tras disfrutar durante algún tiempo de vuestra compañía, me ayudéis a continuar el viaje a España.
  4. Ahora me dirijo a Jerusalén para ayudar a aquellos hermanos.
  5. Los Cristianos de Macedonia y de Acaya han hecho una colecta, y voy a llevarla a los hermanos pobres de Jerusalén.
  6. Lo han decidido voluntariamente, y han hecho muy bien; pues si los judíos creyentes han compartido sus bienes espirituales con los nacionales, éstos deben compartir sus bienes materiales con ellos.
  7. Cuando cumpla esta misión y haya entregado la colecta, emprenderé mi viaje a España y pasaré por ahí.
  8. Estoy bien seguro que viniendo a vosotros, vendré con todas las bendiciones del evangelio Cristo.
  9. Hermanos, por nuestro Señor Jesús Cristo y por la agapi-amor incondicional que regala en nuestros corazones el Espíritu Santo, os pido que luchéis conmigo orando a Dios por mí,
  10. la petición de vuestra oración sea para que me vea libre de los incrédulos que hay en Judea, enemigos del Evangelio y para que la ayuda que llevo a Jerusalén sea bien recibida por los hermanos Cristianos.
  11. De esta manera, si Dios quiere, con mucha alegría iré a veros y descansaré algo con vosotros por esta comunicación nuestra.
  12. Que el Dios, la fuente y donador de la paz esté siempre con todos vosotros. Amén.

 

Capítulo 16: Consejos y saludos personales, 1-16. Aconseja que tengan cuidado a los falsos maestros, 17-20. Nuevos saludos y doxología a Dios, 21-24.

 

Consejos y saludos personales, 16:1-16.

16:1. Os recomiendo a Fibi, nuestra hermana en Cristo, que es diaconisa de la iglesia de Kejreas,

  1. para que la recibáis con agapi-amor incondicional en nombre del Señor, como se debe hacer entre los creyentes, y la ayudéis en todo lo que necesite, porque también ella ha ayudado a muchos Cristianos, y en particular a mí.
  2. Saludad a la Priscila y a su marido Akilas, mis colaboradores en la obra de Jesús Cristo,
  3. los cuales, por salvarme a mí se jugaron la vida; no sólo yo les estoy agradecido, sino también todas las Iglesias de las naciones; Saludad también a todos de la comunidad que se reúne en su casa.
  4. Saludad a mi querido Epéneto, que es el primer creyente cristiano de Acaya.
  5. Saludad a María, que tanto ha trabajado entre nosotros.
  6. Saludad a Andrónico y a Junias, paisanos míos y compañeros de cárcel, que se han distinguido en el apostolado, y que fueron creyentes en Cristo antes que yo.
  7. Saludad a Amplian, mi querido amigo en el Señor.
  8. Saludad a Urbano, colaborador mío en la obra de Cristo, y a Estaquis, mi amado amigo.
  9. Saludad a Apeles, que ha dado pruebas de su fe en Cristo. Saludad a los de la casa de Aristóbulo.
  10. Saludad a mi paisano Herodión. Saludad a la familia de Narciso, creyentes en el Señor.
  11. Saludad a Trifena y a Trifosa, que trabajan en la obra del Señor. Saludad a la querida Pérsida, que tanto ha trabajado en la obra del Señor.
  12. Saludad a Rufo, escogido por el Señor, y a su madre, que lo es también mía.
  13. Saludad a Asíncrito, a Flegón, a Hermes, a Patrobas, a Hermas y a los hermanos que viven con ellos.
  14. Saludad a Filólogo y a Julia, a Nereo y a su hermana, a Olimpia y a todos los hermanos que viven con ellos.
  15. Saludaos unos a otros con el abrazo de la paz. Os saludan todas las Iglesias de Cristo.

Aconseja que tengan cuidado a los falsos maestros, 16:17-20.

  1. Hermanos, os ruego que no perdáis de vista a los que causan divisiones y escándalos contra la enseñanza que habéis aprendido, y apartaos de ellos;
  2. porque ésos no sirven a Cristo nuestro Señor, sino a su estómago, y con palabras dulces y agradables engañan a la gente sencilla.
  3. Porque vuestra obediencia a la fe es ya conocida de todos. Por esto estoy satisfecho de vosotros, pero quiero que seáis listos para discernir el bien, y simples e imperturbables permaneciendo al margen para el mal.
  4. El Dios de la paz pronto aplastará a Satanás bajo vuestros pies. La χάρις jaris-gracia energía increada de nuestro Señor Jesús Cristo esté con vosotros.

Nuevos saludos y doxología a Dios, 16:21-24.

  1. Os saluda Timoteo, mi colaborador, y Lucio, Jasón y Sosípatro, mis paisanos.
  2. Yo, Tercio, que he escrito esta carta, os saludo en el Señor.
  3. Os saluda Gayo, huésped mío y de toda la comunidad. Os saluda Erasto, tesorero de la ciudad, y el hermano Cuarto.
  4. La χάρις jaris-gracia energía increada de nuestro Señor Jesús Cristo esté siempre con vosotros. Amín.

Traducido por Χρῆστος Χρυσούλας (Jristos Jrisulas) logosortodoxo.es/, heleno-griego nativo, instruido en la Santa Parádosi-Tradición y en la lengua (katharévousa) del Nuevo Testamento la que actualmente se habla en el pueblo fiel heleno-ortodoxo. 24-7-2021.

 

HECHOS DE LOS APÓSTOLES

EL NUEVO TESTAMENTO ORTODOXO

Traducido por Χρῆστος Χρυσούλας (Jristos Jrisulas) logosortodoxo.es/, heleno-griego nativo, me he instruido en la lengua del Nuevo Testamento y la Santa Parádosi-Tradición (katharévousa), la que actualmente se habla en el pueblo fiel heleno-ortodoxo.

 

HECHOS DE LOS APÓSTOLES ΠΡΑΞΕΙΣ ΤΩΝ ΑΠΟΣΤΟΛΩΝ

 

Hechos 1 – Πράξεις – praxis 1 Capítulo 1: Introducción, la promesa del Espíritu Santo, 1-5. La Ascensión, 6-14. La elección de Matías, 15-26. 

 

Introducción, la promesa del Espíritu Santo, 1:1-5.

1:1. Querido Teófilo: En mi primer libro, es decir, al Evangelio, traté de todo lo que Jesús hizo y enseñó desde el principio

  1. hasta el día en que ascendió al cielo después de haber dado mandamientos e instrucciones por medio del Espíritu Santo a los apóstoles que él mismo había elegido.
  2. Después de su pazos-pasión se presentó a ellos, dándoles muchas pruebas evidentes de que realmente estaba vivo: se apareció durante cuarenta días y les hablaba y les enseñaba verdades sobre realeza increada de Dios.
  3. Y mientras que estaba comiendo y relacionándose con ellos les mandó: «no salir y alejarse de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, que muchas veces de mí oísteis hablar, es decir, el envío del Espíritu Santo.
  4. porque Juan bautizó sólo con agua, sin poder transmitir el renacimiento y vida espiritual, pero vosotros seréis bautizados en el Espíritu Santo dentro de pocos días».

La Ascensión, 1:6-14.

  1. Los que estaban con él le preguntaron: “Señor, ¿vas a restablecer ya de nuevo el reinado de la realeza gloriosa de Israel?”.
  2. Les respondió: «No os toca a vosotros conocer los tiempos y las circunstancias que el Padre ha fijado con su propia autoridad y omnisciencia;
  3. pero recibiréis la dinamis potencia y energía increada del Espíritu Santo que vendrá sobre vosotros, entonces os convertiréis en mis testigos y seréis los que enseñaréis en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta los confines de la tierra».
  4. Y habiendo dicho esto, mientras ellos le veían, se elevó hacia arriba y una nube luminosa lo llevó hasta que lo ocultó de sus ojos.
  5. Ellos se quedaron mirando fijamente al cielo mientras él se iba, cuando se les aparecieron dos hombres vestidos de blanco, que eran ángeles del cielo,
  6. que les dijeron: “Hombres Galileos, ¿qué hacéis ahí mirando al cielo? Este Jesús que ha sido arrebatado entre vosotros al cielo, volverá tal como lo habéis visto irse al cielo encima en una nube gloriosa”.
  7. Entonces regresaron a Jerusalén desde el monte de los Olivos, que está cerca de Jerusalén, es decir, un kilómetro, lo que se permitía a los israelitas andar en sábado.
  8. Y así que entraron y subieron a la estancia de arriba, donde se alojaban habitualmente los discípulos. Eran Pedro y Juan, Santiago y Andrés, Felipe y Tomás, Bartolomé y Mateo, Santiago el de Alfeo, Simón el Zelotes y Judas el hijo de Santiago.
  9. Todos ellos hacían constantemente oración en común con otras mujeres piadosas que le habían seguido, con María, la madre de Jesús, y con sus supuestos hermanos.

La elección de Matías, 1:15-26. 

  1. Un día de aquellos, en que se habían reunido unas ciento veinte personas, Pedro se puso en pie en medio de los discípulos y dijo:
  2. «Hombres hermanos, precisamente tenía que cumplirse la profecía, lo que anunció el Espíritu Santo por boca de David acerca de Judas, el cual se hizo guía de los que prendieron a Jesús.
  3. Y la profecía dice: “Porque era uno de nosotros y tuvo parte en este servicio apostólico”.
  4. Con lo que le dieron por la traición se compró un terreno, en el que se tiró de cabeza desde lo alto, se reventó por medio su cuerpo y se desparramaron todas sus entrañas.
  5. Esto fue notorio a todos los habitantes de Jerusalén, de modo que el campo se llamó en su lengua “Hakeldamá”, es decir, “campo de sangre”, el que se ha comprado a precio de sangre, es decir, de la sangre de Cristo.
  6. Porque está escrito en el libro de los Salmos: Que su casa en el campo se convierta en un desierto y no haya quien habite en ella; y, que ocupe otro su cargo apostólico.
  7. Conviene, por tanto, que uno de los que nos han acompañado todo el tiempo que Jesús, el Señor, estuvo con nosotros;
  8. a partir del bautismo de Juan hasta el día en que ascendió al cielo, y el que debe tomar el cargo apostólico sea constituido testigo y predicador de la resurrección del Señor junto con nosotros».
  9. Y presentaron a dos: a José, llamado Barsabá, por sobrenombre Justo, y a Matías.
  10. Y oraron así: “Tú, Señor, que conoces el corazón de todos los hombres, muéstranos a cuál de estos dos has elegido
  11. para ocupar en este cargo apostólico el puesto que abandonó Judas para irse a su lugar de condena”.
  12. Lo echaron a suertes, y cayó la suerte sobre Matías, que fue agregado a los once apóstoles.

 

Capítulo 2: La venida e infusión del Espíritu Santo, 1-13. El kerigma de Pedro, 14-36. Conversión de tres mil, 37-43. La vida de los primeros Cristianos, 44-47.

 

La venida e infusión del Espíritu Santo, 2:1-13.

2:1. Al llegar el día de pentecostés, estaban todos juntos una piña o unidos en una psique-alma en el mismo lugar.

  1. Y de repente un ruido del cielo, como de viento impetuoso, llenó toda la casa donde estaban sentados los discípulos.
  2. Y se les aparecieron como lenguas de fuego, que se repartían y se posaban sobre cada uno de ellos.
  3. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar y predicar en lenguas extranjeras verdades altísimas, según les iluminaba el Espíritu Santo y les otorgaba la fuerza para expresarse.
  4. Había durante aquel día en Jerusalén judíos piadosos de todas las naciones que hay bajo el cielo.
  5. Al oír el ruido viniendo del cielo, la multitud se reunió allí y se quedó estupefacta, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua y dialecto.
  6. Fuera de sí todos y admirados por aquella maravilla, decían: “¿No son galileos todos los que hablan?
  7. Pues, ¿cómo nosotros los oímos cada uno en nuestra lengua materna?
  8. Partos, medos y elamitas, habitantes de Mesopotamia, Judea y Capadocia, de Ponto y de Asia,
  9. Frigia y Panfilia, Egipto y las regiones de Libia y de Cirene, forasteros romanos,
  10. judíos y prosélitos, de la isla de Creta y Árabes, los oímos hablar y predicar en nuestras lenguas las grandezas de Dios”.
  11. Todos fuera de sí y desconcertados, se decían unos a otros: “¿Qué significa este acontecimiento extraordinario?”.
  12. Pero otros, burlándose, decían: “han bebido vino fuerte, están borrachos y no saben lo qué dicen”.

El kerigma de Pedro, 2:14-36.

  1. Entonces Pedro, en pie con los once, tal y como le iluminaba el Espíritu Santo, les dirigió en voz alta estos logos: «Hombres Judíos y todos los que habitáis en Jerusalén, percataos bien de esto y prestad atención a mis logos.
  2. No es correcto lo que habéis dicho; porque estos hombres no están borrachos, como vosotros suponéis, porque son las nueve de la mañana; que según las enseñanzas de los rabinos aún no beben vino los hombres.
  3. lo que pasa es que se está cumpliendo lo que dijo el profeta Joel:
  4. En los ésjatos-últimos días, que seguirán después de la venida del Mesías, dice Dios: derramaré de mi espíritu sobre todos los hombres, vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán, vuestros jóvenes tendrán visiones, y vuestros ancianos recibirán sueños divinos y apocalípticos, es decir, donaré de los regalos y carismas de mi Espíritu.
  5. y hasta en los esclavos y esclavas derramaré los carismas de mi espíritu aquellos días y profetizarán.
  6. Y haré aparecer señales espantosas en el cielo y en la tierra: sangre, fuego y columnas de humo, dando testimonio de mi potencia y energía increada.
  7. El sol se cambiará en tinieblas y la luna en sangre antes que llegue el día grande y glorioso del Señor.
  8. Pero entonces el que invoque con fe el nombre del Señor se salvará.
  9. Israelitas, escuchadme con atención a estos logos: Dios acreditó ante vosotros a Jesús el Nazareno con los milagros, prodigios y señales sobrenaturales que hizo por medio de él cuando estaba con vosotros, como bien conocéis,
  10. conforme al plan proyectado y previsto por Dios, os lo entregaron por el traidor, y vosotros lo matasteis crucificándolo por manos de los soldados romanos, los cuales como son paganos, no conocen la ley de Dios;
  11. pero Dios lo ha resucitado, rompiendo las terribles tribulaciones y ligaduras de la muerte, porque era imposible que la muerte dominara sobre él.
  12. Porque David dice de él: «Yo el Mesías veía siempre al Señor en mi presencia, lo tengo a mi derecha, preparado para protegerme para que nunca me tambalee por el terrible martirio y la dura muerte.
  13. Por eso se regocijó mi corazón, mi lengua manifestó mi gozo, y todo mi ser reposa bien seguro en la esperanza de que en brevísimo resucitará,
  14. porque tú, Padre celestial no me abandonarás al hades, ni dejarás que tu fiel amigo, el santo Mesías, vea en la tumba la corrupción de su cuerpo.
  15. Me has enseñado caminos espirituales de la vida que conducen a la vida espiritual, y me llenarás de gozo, cuando me hagas digno también como hombre disfrutar de tu doxa-gloria (luz increada) en presencia de tu persona».
  16. Hombres hermanos, hablemos con franqueza. El patriarca David murió y fue sepultado, y su sepulcro subsiste entre nosotros hasta el día de hoy, por tanto la profecía anterior no se refiere a él.
  17. Por tanto, siendo profeta y sabiendo que Dios le había jurado solemnemente que “un fruto de sus entrañas o un descendiente suyo se sentaría sobre su trono; es decir, por la Virgen María según lo humano, iba a resucitar a Cristo, y sentarse al trono como rey eterno;
  18. previó y anunció la resurrección del mesías cuando dijo que no sería abandonado en el abismo del hades ni su cuerpo vería la corrupción y descomposición por la muerte.
  19. Dios ha resucitado a éste, que es Jesús y de este gran acontecimiento todos nosotros somos testigos.
  20. Elevado, pues, por la diestra de Dios, y habiendo recibido de el Padre el Espíritu Santo, que había prometido también a nosotros, lo ha enviado y derramado su energía increada y sus ricas donaciones a nosotros. Esto es lo que estáis viendo y oyendo vosotros hoy.
  21. Porque David no subió al cielo, sino que él profetizó sobre la Ascensión del Mesías, y dice:
  22.  «Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derechahasta que ponga estrado de tus pies a tus enemigos vencidos».
  23. Tenga, pues, todo Israel la certeza de que Dios ha constituido Señor y Cristo/Mesías a este Jesús a quien vosotros habéis crucificado».

Conversión de tres mil, 2:37-43.

  1. Al oírle, se conmovieron profundamente y dijeron a Pedro y a los demás apóstoles: “¿Qué debemos hacer, hombres hermanos?”.
  2. Y Pedro les dijo: “Volved a la metania, arrepentíos y convertíos, y que cada uno de vosotros se bautice en el nombre de Jesús Cristo para el perdón de vuestros pecados; entonces recibiréis vosotros también el don y la donación del Espíritu Santo.
  3. Porque la promesa, la que se había dado a Joel, sobre las donaciones del Espíritu Santo, es para vosotros y para vuestros hijos, y también para todos los extranjeros que llame el Señor y Dios nuestro en la nueva fe”.
  4. Y con otros muchos más logos, los atestiguaba la verdad sobre Cristo y los exhortaba a arrepentirse y a creer, diciendo: “Salvaos de esta generación perversa, que camina hacia el castigo terrible y la perdición”.
  5. Y los que acogieron con alegría sus logos se bautizaron; y aquel día se agregaron unas tres mil almas-psiques más o menos.
  6. Eran constantes en escuchar la enseñanza de los Apóstoles, en la comunión y unión fraterna, en las oraciones y en comulgar el misterio de la Divina Efjaristía y oraban.
  7. Todos estaban impresionados ante los prodigios y señales sobrenaturales que se hacían a través de los Apóstoles.

La vida de los primeros Cristianos, 2:44-47.

  1. Todos los creyentes vivían unidos en continua comunión y lo tenían todo en común;
  2. vendían las posesiones y haciendas, y las distribuían entre todos y a los hermanos pobres, según la necesidad de cada uno.
  3. Todos los días acudían con celo juntos al templo, partían el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón,
  4. alabando a Dios y gozando del favor y respeto de todo el pueblo. El Señor añadía a la Iglesia cada día también a otros fieles que entraban por el camino de la salvación.

 

Capítulo 3: Curación de un cojo, 1-11. Nuevo kerigma de Pedro, 12-18. Llamada a la metania, 19-26. 

 

Curación de un cojo, 3:1-11.

  1. Pedro y Juan iban un día al templo a la hora novena de la oración, es decir, a las tres de la tarde.
  2. Y había un hombre cojo que todos los días llevaban y lo ponían a la puerta del templo llamada Bella para pedir misericordia y limosna a los que entraban al templo.
  3. Al ver a Pedro y a Juan que iban a entrar en el templo, les pidió que tengan misericordia y le dieran limosna.
  4. Pedro y Juan clavaron sus ojos en él; y Pedro le dijo: “Míranos”.
  5. Él los miraba con atención, esperando que le dieran algo.
  6. Pedro dijo, no tengo plata ni monedas de oro; pero lo que tengo, eso te doy: “En nombre de Jesús Cristo, el Nazareno, ponte en pie y anda”.
  7. Y agarrándolo de la mano derecha, lo levantó y al instante sus pies y sus tobillos se fortalecieron;
  8. y de un salto se puso en pie y echó a andar sin ninguna dificultad; y entró con ellos en el templo andando, saltando y alabando a Dios por su terapia.
  9. Todo el pueblo lo vio andar totalmente sano y alabando a Dios.
  10. Y reconocían que era el que solía sentarse junto a la puerta Bella a pedir limosna; y se quedaron admirados, desconcertados y sorprendidos por este acontecimiento grandioso.
  11. El cojo sanado no se apartaba de Pedro y de Juan; y todo el pueblo, asombrado, fue corriendo a juntarse con ellos en el pórtico de Salomón.

Nuevo kerigma de Pedro, 3:12-18.

  1. Pedro, al ver esto, tomó la palabra y dijo al pueblo: «Hombres Israelitas, ¿por qué os asombráis de este acontecimiento y por qué nos miráis como si por nuestra dinamis potencia y energía o por nuestra piedad hubiéramos hecho andar a éste?
  2. El Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, glorificó a su Hijo Jesús, el cual por su encarnación y humanización se hizo obediente en todo al Padre para la sotiría redención, sanación y salvación de los hombres. Y al que vosotros entregasteis a muerte por la cruz y rechazasteis ante Pilatos cuando él decidió ponerlo en libertad;
  3. pero vosotros al contrario, ante Pilatos rechazasteis al santo y justo, al Jesús, y pedisteis la libertad de un asesino;
  4. Y al que es el jefe y donador de la vida lo matasteis, a quien Dios resucitó de entre los muertos y de este acontecimiento nosotros, Sus Apóstoles, somos testigos presenciales.
  5. Y esta fe nuestra en el nombre de Jesús Cristo fortaleció los pies y lo veis sano totalmente al que conocíais bien que antes estaba cojo. Y la fe, la que proviene de él y se refiere a él, es la que ha dado al cojo anterior plena y total terapia ante los ojos de todos.
  6. Y ahora hermanos, prestad atención a lo que os voy a decir: sé que obrasteis por ignorancia, igual que vuestros soberanos.
  7. Pero Dios por el sacrificio cruciforme de su Hijo, realizó y cumplió así lo que anunció de antemano por boca de todos los profetas: que su Cristo/Μesías tenía que padecer.

Llamada a la metania, 3:19-26. 

  1. Por tanto, volved en la metania, arrepentíos y convertíos para que sean borrados vuestros pecados;
  2. A fin de que lleguen los tiempos de consuelo y refrigerio de parte del Señor y os envié a Jesús Cristo, el Mesías, el cual antes de los siglos había predestinado también como Mesías vuestro,
  3. al que, según las profecías, el cielo debe retener allí entre el mundo espiritual hasta los tiempos de la restauración y renovación universal, de los cuales tiempos habló Dios por boca de sus santos profetas a través de los siglos.
  4. En efecto, Moisés dijo a vuestros santos padres antepasados: El Señor Dios vuestro os suscitará de entre vuestros hermanos un profeta como yo: escuchadlo y obedecedlo en todo lo que os enseñe y os diga.
  5. Pero toda psique-alma que no escuche ni obedece a este profeta será exterminado del pueblo.
  6. Y todos los profetas que hablaron, a partir de Samuel, anunciaron estos días que ahora vivimos.
  7. Vosotros sois los hijos de los profetas y herederos de la alianza o testamento que hizo Dios con vuestros padres cuando dijo a Abrahán: Por el Mesías que como cuerpo humano y sangre será descendiente tuyo serán bendecidas todas las razas de la tierra.
  8. Por vosotros, en primer lugar, Dios, después de haber resucitado a su Hijo Jesús, lo envió a bendeciros, para que cuando volváis en metania, os arrepintáis por vuestros pecados y os convirtáis y cada uno se aleje de sus maldades y astucias malignas».

 

Capítulo 4: Pedro y Juan ante el concilio, 1-23. La oración de la Iglesia, 24-31. Unidad y filantropía de los fieles, 32-37.

 

Pedro y Juan ante el concilio, 4:1-23.

4:1. Mientras hablaban al pueblo, se les presentaron los sacerdotes, el oficial jefe de la vigilancia del templo y los saduceos,

  1. molestos de que enseñasen al pueblo y anunciasen que la resurrección de entre los muertos se había realizado ya en la persona de Jesús;
  2. los detuvieron y los metieron en la cárcel para juzgarlos el día siguiente, pues era ya tarde y no se podía juzgar durante la noche.
  3. Pero muchos de los que oyeron el discurso de Pedro creyeron; y el número de los hombres llegó a unos cinco mil, sin contar las mujeres y los niños.
  4. Al día siguiente se reunieron en Jerusalén los jefes del pueblo, los ancianos y los gramatísgramaticales, escribas, maestros de la ley.
  5. Estaban Anás, el sumo sacerdote; Caifás, Juan, Alejandro y todos los familiares de los sumos sacerdotes.
  6. Los pusieron en medio y les preguntaron: “¿Con qué dinamis potencia y energía o en nombre de quién habéis hecho esto?, es decir, la terapia del cojo”.
  7. Entonces Pedro, lleno del Espíritu Santo, les dijo: «Soberanos jefes del pueblo y ancianos de Israel,
  8. ya que somos hoy interrogados por el bien que hemos hecho a un hombre enfermo y se nos pregunta de qué modo ha sido salvado y curado de su enfermedad,
  9. sabed todos vosotros y todo el pueblo de Israel que por la invocación en el nombre de Jesús Cristo, el Nazareno, a quien vosotros crucificasteis y Dios resucitó de entre los muertos, por Él se presenta éste curado delante de vosotros.
  10. Él es la piedra que vosotros, los constructores, los que protagonizáis para la edificación espiritual de Israel, habéis despreciado y desechado, y que ha venido y se ha convertido la piedra angular para la nueva edificación espiritual de Israel y de los pueblos idólatras.
  11. Y no hay salvación en ninguna otra persona y de ningún otro modo, porque no se nos ha dado por Dios a los hombres ningún otro nombre debajo del cielo para salvarnos todos, según ha determinado la voluntad de Dios».
  12. Viendo ellos, por una parte, la valentía de Pedro y Juan, y comprendiendo, por otra, que eran hombres analfabetos y sin cultura, estaban sorprendidos por la sabiduría y la fuerza de sus logos, y a la vez reconocían que ellos habían estado con Jesús;
  13. pero al ver con ellos en pie al hombre que había sido curado, no podían replicarles nada.
  14. Y mandándolos salir fuera de la sala del tribunal o del Sanedrín, se pusieron a deliberar entre ellos,
  15. preguntándose: “¿Qué haremos con estos hombres? Porque ciertamente han hecho un milagro notorio y manifiesto a todos los habitantes de Jerusalén, y no podemos negarlo.
  16. Pero para que no se divulgue más este milagro entre el pueblo, vamos a amenazarlos para que no vuelvan a hablar a nadie en este nombre, es decir, en Cristo”.
  17. Los llamaron, y les ordenaron que no volvieran a hablar ni a enseñar nada sobre la fe en nombre de la persona de Jesús.
  18. Pedro y Juan les replicaron: «¿Os parece justo ante Dios que os obedezcamos a vosotros antes que a él?
  19. Nosotros no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído».
  20. Pero ellos los despidieron amenazándoles de nuevo, sin encontrar nada para castigarlos a causa del pueblo, porque todos alababan a Dios por el acontecimiento admirable de la curación del cojo,
  21. pues el hombre milagrosamente curado era de más de cuarenta años.
  22. Puestos en libertad, fueron a reunirse con los fieles que estaban como una familia espiritual y les contaron lo que les habían dicho los sumos sacerdotes y los ancianos.

La oración de la Iglesia, 4:24-31.

  1. Después de escucharlos, todos juntos a una psique-alma, en voz alta, hicieron esta oración a Dios: “Señor Soberano, tú eres el Dios que has hecho el cielo y la tierra, el mar y cuanto hay en ellos;
  2. el que por boca de nuestro padre David, tu siervo, dijiste: ¿Por qué se amotinan las naciones y los pueblos hacen proyectos vanos y astutos malos?
  3. Se levantan los reyes de la tierra y los príncipes conspiran a una contra el Señor y contra su Cristo/Μesías, al que Dios ha ungido/crismado como rey, profeta y sacerdote.
  4. Porque en verdad en esta ciudad se aliaron Herodes y Poncio Pilato con los paganos ο los gentiles de las naciones y los pueblos de Israel contra tu santo hijo Jesús, al que has ungido y enviado como Salvador,
  5. para hacer lo que tu mano, tu sabiduría y tu voluntad habían determinado que se hiciera.
  6. Ahora, Señor, mira sus amenazas y concede a tus siervos fortaleza y valor para proclamar con franqueza y valentía tu logos y tu voluntad,
  7. extendiendo tu mano para curar y obrar señales, signos y prodigios sobrenaturales en el nombre de tu santo siervo Jesús”.
  8. Acabada su oración, tembló el lugar en que estaban reunidos, y quedaron todos llenos del Espíritu Santo, y anunciaban con absoluta libertad y franqueza el logos de Dios.

Unidad y filantropía de los fieles, 4:34:2-37.

  1. Todos los creyentes tenían un solo corazón y una sola psique-alma, de modo que constituían una sociedad y comunión espiritual, y nadie llamaba propia cosa alguna de cuantas poseían, sino que tenían en común todas las cosas para uso de todos.
  2. Los Apóstoles daban testimonio con deber sagrado y con toda firmeza de la resurrección de Jesús, el Señor, todos los fieles gozaban en abundancia de la χάρις jaris (gracia, energía increada divina).
  3. No había entre ellos indigentes, porque todos los que poseían haciendas o casas las vendían, y llevaban el precio de lo vendido y lo ponían a los pies de los Apóstoles,
  4. y se repartía a cada uno según sus necesidades.
  5. José, llamado por los apóstoles Bernabé -que significa hijo de la consolación-, levita, chipriota de nación,
  6. tenía un campo, lo vendió, trajo el dinero y lo puso a los pies de los apóstoles.

 

 Capítulo 5: La mentira y castigo de Ananías y Safira, 1-11. Milagros de los Apóstoles, 12-16. Encarcelamiento de Pedro y Juan y la liberación milagrosa, 17-28. Apología ante el Sanedrín y los azotes, 29-42.

 

La mentira y castigo de Ananías y Safira, 5:1-11.

5:1. Un tal Ananías, de acuerdo con Safira, su mujer, vendió una propiedad

  1. y se quedó con parte del precio, sabiéndolo su mujer, llevó el resto en desconocimiento de los Apóstoles y lo puso a los pies de ellos.
  2. Pedro le dijo: «Ananías, ¿por qué has dejado que entre dentro de ti Satanás para mentir y engañar al Espíritu Santo y quedarte con parte del precio del campo?
  3. ¿Es que antes de venderlo no era tuyo, y aun después de vendido no continuaba en tu poder? ¿Por qué resolviste hacer esto para engañar a la Iglesia? No has mentido a los hombres, sino al Espíritu Santo, a Dios».
  4. Ananías, al oír estas palabras, cayó muerto. Y cuantos lo supieron se llenaron de miedo.
  5. Unos jóvenes se levantaron, amortajaron el cuerpo de Ananías y lo llevaron a enterrar.
  6. Unas tres horas más tarde llegó su mujer sin saber lo ocurrido.
  7. Pedro le preguntó: “Dime si vendisteis el campo en tanto”. Y ella contestó: “Sí, en tanto”.
  8. Pedro replicó: “¿Por qué os pusisteis de acuerdo para tentar al Espíritu del Señor? Ahí tienes a la puerta los pies de los que acaban de enterrar a tu marido; ellos te llevarán a ti también”.
  9. Cayó fulminantemente ella también a los pies de él y expiró. Los jóvenes entraron, la encontraron muerta y la llevaron a enterrar junto a su marido.
  10. Toda la Iglesia y todos los que oyeron esto se quedaron sobrecogidos de terror por esos acontecimientos.

Milagros de los Apóstoles, 5:12-16. 

  1. Los Apóstoles hacían muchos milagros y prodigios sobrecogedores en el pueblo; y todos se reunían a una psique-alma, a un corazón y a una opinión en el pórtico de Salomón.
  2. Los demás que habían creído no se atrevían a unirse a ellos; pero el pueblo los tenía en gran estima y los alababa.
  3. Y el número de hombres y mujeres fieles que creían en el Señor aumentaba cada vez más;
  4. y hasta sacaban los enfermos a las plazas y los ponían en camillas y lechos para que, al pasar Pedro, al menos su sombra tocase alguno de ellos para sanarlo.
  5. De las aldeas próximas a Jerusalén acudía también mucha gente llevando enfermos y poseídos por espíritus inmundos, y todos eran curados.

Encarcelamiento de Pedro y Juan y la liberación milagrosa, 5:17-28.

  1. Entonces se levantaron en contra de los Apóstoles el sumo sacerdote y todos los suyos, de la secta de los saduceos, llenos de envidia y furor,
  2. detuvieron a los Apóstoles y los metieron en la cárcel pública.
  3. Pero un ángel del Señor abrió por la noche las puertas de la cárcel, los sacó y dijo:
  4. «Id al templo y anunciad con valentía al pueblo todo lo referente a esta nueva vida que os ha dado Jesús».
  5. Y los Apóstoles al escuchar estas cosas, obedecieron y entraron de madrugada en el templo y se pusieron a enseñar. Entretanto, el sumo sacerdote y sus partidarios convocaron al tribunal supremo y a todos los dirigentes de Israel, y mandaron a la cárcel a buscar a los Apóstoles.
  6. Los alguaciles fueron, pero no los encontraron en la cárcel; volvieron y lo comunicaron diciendo:
  7. “Hemos encontrado la cárcel bien cerrada y los guardias junto a las puertas; pero al abrir no hemos encontrado a nadie dentro”.
  8. Al oír esto, tanto el prefecto del templo como los sumos sacerdotes quedaron desconcertados, pensando cómo podría suceder esto y qué habría sido de ellos.
  9. Llegó uno diciendo: “Los hombres que metisteis en la cárcel están en el templo enseñando al pueblo”.
  10. Entonces el prefecto fue con los alguaciles y los trajo, pero sin emplear la violencia, porque temían que el pueblo los apedrease.
  11. Los trajeron y los presentaron al tribunal supremo. El sumo sacerdote les preguntó:
  12. “¿No os ordenamos severamente no enseñar en este nombre? Y, sin embargo, habéis llenado Jerusalén de vuestra enseñanza y queréis hacernos responsables de la sangre de este hombre”; (sin embargo la responsabilidad la tomaron ellos ante Pilatos diciendo: la sangre de él que caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos).

Apología ante el Sanedrín y los azotes, 5:29-42.

  1. Pedro y los apóstoles respondieron: «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres, quien también esta noche nos ha ordenado por su ángel a proclamar la verdad, y no obedecer a vosotros que nos dieron la orden de callar.
  2. El Dios de nuestros padres ha resucitado a Jesús, a quien vosotros matasteis colgándolo de un madero.
  3. Dios con su omnipotente diestra lo ha elevado como jefe y Salvador para dar a Israel metania, arrepentimiento y perdón de los pecados.
  4. Nosotros somos testigos de sus logos y de estos acontecimientos, como lo es también el Espíritu Santo que Dios ha dado a los que lo obedecen, que da testimonio de nuestros logos por sus milagros y carismas”.
  5. Pero ellos, enfurecidos con estas palabras, murmuraban entre sí y querían condenarlos a muerte.
  6. Un fariseo llamado Gamaliel, doctor de la ley, respetado por todo el pueblo, se levantó en el tribunal, mandó que sacaran de la sala por unos momentos a los Apóstoles,
  7. y dijo a ellos: “Hombres Israelitas, mirad bien lo que vais a hacer contra estos hombres.
  8. Porque no hace mucho se alzó Tevdas diciendo que él era alguien grande, y le siguieron unos cuatrocientos hombres; pero fue asesinado y todos sus seguidores se dispersaron y de aquello ya no queda nada.
  9. Después de éste surgió Judas, el galileo, en los días del empadronamiento, que arrastró al pueblo tras de sí; también él cayó y se perdió, y todos sus seguidores se dispersaron.
  10. Por el caso presente ahora os digo que no os metáis con estos hombres y que los dejéis en paz; porque si su empresa es cosa de hombres, se desvanecerá por sí misma;
  11. pero si es de Dios, no podréis deshacerla. No os expongáis a luchar contra Dios no vaya ser que os hagáis teómacos combatientes contra Dios”.
  12. En efecto, aceptaron su consejo, y llamaron a los Apóstoles, los azotaron, les prohibieron terminantemente hablar y predicar más sobre el nombre de Jesús y después los soltaron.
  13. Los Apóstoles salieron del tribunal muy contentos y alegres por haber sido dignos de ser ultrajados por el nombre de Cristo.
  14. No dejaban un día de enseñar, en el templo y en las casas, y de anunciar la buena y alegre noticia de que Jesús es el Cristo el enviado de Dios.

 

Capítulo 6: Elección de siete diáconos, 1-7. La acción y arresto de Esteban, 8-15.

 

Elección de siete diáconos, 6:1-7.

6:1. Durante aquellos días, mientras el número de los discípulos aumentaba, los helenistas (que descendían de otras regiones y hablaban helénico-griego) se quejaron contra los hebreos cristianos de Judea porque descuidaban a sus viudas en el reparto del cotidiano de alimentos y ayudas.

  1. Los doce Apóstoles convocaron a todos los fieles, y dijeron: “No está bien y agradable a Dios que nosotros abandonemos el divino logos y servir a las mesas.
  2. Por eso, elegid cuidadosamente entre vosotros, hermanos, siete hombres de buena reputación, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, y nosotros les encomendaremos este servicio;
  3. nosotros perseveraremos más en la oración y en el servicio del kerigma y de la proclamación del logos divino”.
  4. Agradó la proposición a toda la gente fiel, y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y del Espíritu Santo, y a Felipe y a Prócoro, a Nicanor y a Timón, a Parmenas y a Nicolás, prosélito antioqueno;
  5. los presentaron a los Apóstoles, los cuales, después de orar, les impusieron las manos, para que les sea transmitida la jaris-gracia divina especial para esta obra.
  6. Y el kerigma del logos de Dios crecía, el número de los fieles aumentaba considerablemente en Jerusalén, y multitud de Judíos abrazaban la nueva fe y se sometían a ella.

La acción y arresto de Esteban, 6:8-15.

  1. Y Esteban/Stéfanos, por su parte, lleno de fe y dinamis (fuerza y energía increada divina), realizaba grandes prodigios y milagros y obras sobrenaturales en el pueblo, que daban testimonio de la verdad de la fe.
  2. Unos cuantos de la sinagoga llamada de los Libertos, es decir, de los dulos-esclavos que habían liberado los Romanos y de la sinagoga de Cirene y de Alejandría, como también de los Judíos de Cilicia y de Asia, se pusieron a discutir fanáticamente con Stéfanos/Esteban;
  3. pero no podían resistir la sabiduría y el espíritu con que hablaba Esteban.
  4. Entonces sobornaron a unos hombres para que dijeran: “Nosotros hemos oído a éste decir blasfemias contra Moisés y contra Dios”.
  5. Con esto alborotaron al pueblo, a los ancianos y a los escribas-gramatís, los cuales se echaron sobre Esteban, lo prendieron y lo llevaron al tribunal supremo o Sanedrín.
  6. Después presentaron testigos falsos, que dijeron: “Este hombre no cesa de decir palabras contra este lugar santo, es decir, contra el templo y contra la ley;
  7. le hemos oído decir que ese Jesús, el Nazareno, destruirá este lugar y cambiará las costumbres que nos transmitió Moisés por su ley”.
  8. Entonces todos los que estaban sentados en el tribunal clavaron sus ojos en Esteban y vieron su rostro resplandeciendo como el rostro de un ángel.

 

Capítulo 7: Apología de Esteban ante el Sanedrín, 1-53. Apedreamiento y muerte de Esteban, 54-60.

 

Apología de Esteban ante el Sanedrín, 7:1-53.

7:1. El sumo sacerdote preguntó: “¿Es verdad todo esto que denuncian los testigos?”.

  1. Y Stéfanos/Esteban dijo: «Hombres hermanos y padres, escuchad: El Dios de la doxa-gloria (luz increada) se apareció a nuestro padre Abrahán cuando estaba en Mesopotamia, antes de habitar y vivir en Jarán,
  2. y le dijo: Sal de tu tierra, deja tus parientes y ven a la tierra que yo te mostraré.
  3. Salió entonces de la tierra de los caldeos y vivió en Jarán. Y allí, después de la muerte de su padre, Dios lo trasladó a esta tierra en que vosotros habitáis ahora;
  4. y no le dio propiedad en esta región, ni siquiera un pie de tierra; pero Dios le había prometido que se le daría como propiedad a él mismo y a su descendencia después de él, aunque cuando Dios le prometía estas cosas no tenía hijos.
  5. Dios le declaró que su descendencia sería emigrante en tierra extranjera, y la esclavizarían los hombres de aquella tierra y la maltratarían durante cuatrocientos años;
  6. pero añadió: Yo juzgaré a la nación que los esclavice; y después de esto saldrán y me adorarán y me darán culto en este lugar.
  7. Y le dio la alianza de la circuncisión; por eso circuncidó a su hijo Isaac a los ocho días de nacer; e Isaac a Jacob, y Jacob a los doce patriarcas.
  8. Y los patriarcas, envidiosos de José, lo vendieron a Egipto.
  9. Pero Dios estaba con él y lo libró de todas sus tribulaciones; le dio una jaris-gracia (energía divina increada) especial y gran sabiduría, con lo que se ganó el favor del Faraón, rey de Egipto, que lo hizo gobernador de Egipto y de toda la casa real.
  10. Sobrevino entonces en todo Egipto y en Canaán tal hambre y escasez que nuestros padres no encontraban qué comer para sí mismos y para sus ganados.
  11. Jacob oyó que en Egipto había trigo y envió allí por primera vez a nuestros padres antepasados.
  12. La segunda vez José se dio a conocer a sus hermanos, y el Faraón conoció a la familia de José.
  13. Entonces José mandó llamar a su padre Jacob y a toda la familia, compuesta de setenta y cinco personas.
  14. Jacob fue también a Egipto, donde él y nuestros doce padres antepasados murieron.
  15. Sus cuerpos fueron trasladados a Siquén y puestos en el sepulcro que Abrahán había comprado con dinero a los hijos de Jamot.
  16. A medida que se acercaba el tiempo en que se debía cumplir la promesa que Dios había hecho a Abrahán, el pueblo aumentaba y se multiplicaba en Egipto,
  17. hasta que surgió otro rey que no conocía a José ni los servicios que él había ofrecido por Egipto.
  18. Éste se portó cruelmente con nuestros padres y les obligó a abandonar a sus hijos recién nacidos, para que se extinguiese la raza.
  19. En este momento nació Moisés, que fue amado y grato a Dios. Criado secretamente durante tres meses en casa de su padre,
  20. fue abandonado al río, y la hija del Faraón lo recogió del río y lo crió como hijo propio.
  21. Moisés fue instruido en todo con la sabiduría de los egipcios, y era poderoso en logos y obras que hacía.
  22. Cuando cumplió cuarenta años, vino en su corazón el deseo de visitar a sus hermanos, los hijo de Israel.
  23. Vio maltratar a uno de ellos, salió en su defensa y se vengó de él matando al egipcio.
  24. Creía que sus hermanos comprendieran que Dios les daba por medio de él la libertad y la salvación; pero ellos no lo entendieron.
  25. Al día siguiente mientras dos de ellos estaban riñendo, trató de reconciliarlos, diciendo: Hombres, sois hermanos; ¿por qué os maltratáis unos a otros?
  26. El que maltrataba a su prójimo empujó a Moisés y le dijo: ¿Quién te ha puesto de jefe y juez sobre nosotros?
  27. ¿Es que quieres matarme, como mataste ayer al egipcio?
  28. Al oír esto, Moisés huyó y se fue a vivir como extranjero a la tierra de Madián, donde tuvo dos hijos.
  29. Cuarenta años después, se le apareció en el desierto del monte Sinaí el ángel de la Gran Voluntad (el Hijo y Logos increado de Dios) en la llama de una zarza ardiente.
  30. Moisés se sorprendió de lo que veía; al acercarse para verlo mejor, se oyó la voz del Señor que decía:
  31. YoSoY el Dios de tus padres, el Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob. Moisés, tembloroso, no se atrevía a investigar más la visión.
  32. Y el Señor le dijo: Descálzate, porque el lugar en que estás es tierra santa.
  33. He visto bien la esclavitud y la opresión de mi pueblo en Egipto; he oído sus gemidos y he bajado a librarlos. Y ahora ven, que te voy a enviar a Egipto.
  34. A este Moisés a quien habían rechazado diciendo: ¿Quién te ha puesto por jefe y juez?, a ése Dios lo envió como jefe y libertador por mediación del ángel de la gran voluntad del Señor que se le había aparecido en la zarza.
  35. Él fue quien los sacó, obrando prodigios y milagros en Egipto, en el mar Rojo y en el desierto durante cuarenta años.
  36. Él es el Moisés, el que dijo a los hijos de Israel: Dios os suscitará de entre vuestros hermanos un profeta como yo, legislador y libertador. A él tendréis que obedecer.
  37. Él es el que, reunidos en la iglesia/asamblea, en el desierto, estuvo con el ángel que les hablaba en el monte Sinaí, y con nuestros padres; el que recibió y escribió logos de Dios que dan vida, para transmitirlos y entregarlos a nosotros;
  38. al que no quisieron obedecer nuestros padres, sino que lo rechazaron, y, con el corazón puesto en Egipto quisieron volver allí,
  39. y dijeron a Aarón: Haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque ese Moisés que nos sacó de Egipto se ha perdido no sabemos qué ha sido de él.
  40. Hicieron en aquellos días un becerro, ofrecieron sacrificios al ídolo y se regocijaron en la obra de sus manos.
  41. Dios, entonces, les volvió las espaldas y los entregó al culto de los astros, como está escrito en el libro de los profetas: ¿Descendientes de Israel, quizás me ofrecisteis sacrificios y ofrendas en el desierto durante cuarenta años?
  42. Pero llevasteis en vuestros hombros la tienda de Moloc y la estrella del dios Refán, ídolos que hicisteis para adorarlos. También yo os desterraré más allá de Babilonia.
  43. Nuestros padres tenían en el desierto la santa tienda del testimonio, como ordenó aquel que hablaba a Moisés que lo hiciera según el modelo que había visto en la montaña.
  44. Nuestros antepasados que sucedieron a Moisés se fueron pasando la tienda de padres a hijos y la introdujeron, guiados por Josué, en la tierra conquistada a los nacionales paganos, a los que expulsó Dios delante de ellos, y esta santa tienda quedó hasta los días de David,
  45. el cual gozaba del favor de Dios, y le pidió que le permitiera construir una casa al Dios de Jacob.
  46. Sin embargo, fue Salomón el que la construyó.
  47. Pero el altísimo no habita en templos hechos por manos de hombres, como dice el profeta:
  48. El cielo es mi trono, y la tierra, el estrado de mis pies; dice el Señor, ¿qué casa podríais construirme y qué lugar para reposo mío?
  49. ¿No las hizo mi mano omnipotente todas estas cosas?
  50. Hombres de cabeza dura e incircuncisos de corazón y de oídos, vosotros resistís siempre al Espíritu Santo; como fueron vuestros padres, así sois también vosotros.
  51. ¿A qué profeta no persiguieron vuestros padres? Mataron a los que predijeron la venida del Justo, del cual vosotros ahora sois los traidores y asesinos;
  52. vosotros, que habéis recibido la ley con los mandamientos que Dios os dio por los ángeles, y no la habéis guardado».

Apedreamiento y muerte de Esteban, 7:54-60.

  1. Al oír esto estallaban de rabia sus corazones, y rechinaban los dientes contra Stéfanos/Esteban.
  2. Pero él, lleno del Espíritu Santo, con los ojos fijos en el cielo, vio la doxa-gloria increada de Dios y a Jesús de pie a la derecha de Dios,
  3. y dijo: “Veo los cielos abiertos y al hijo del hombre de pie a la derecha de Dios”.
  4. Ellos, lanzando grandes gritos, se taparon los oídos y se lanzaron todos a una sobre él;
  5. lo llevaron fuera de la ciudad y se pusieron a apedrearlo. Los testigos habían dejado sus vestidos a los pies de un joven llamado Saulo.
  6. Mientras lo apedreaban, Stéfanos/Esteban oró así: “Señor Jesús, recibe mi espíritu”.
  7. Y puesto de rodillas, gritó con fuerte voz: “Señor, no les tengas en cuenta este pecado”. Y diciendo esta oración de perdón, expiró. Saulo aprobaba este asesinato a Esteban.

 

Capítulo 8: Persecución de la Iglesia en Jerusalén, 1-4. Evangelización en Samaria, 5-25. Bautismo del eunuco de Etiopía, 26-40.

 

Persecución de la Iglesia en Jerusalén, 8:1-4.

8:1. Aquel día se desencadenó una gran persecución contra la Iglesia de Jerusalén; y casi todos los Cristianos, excepto los apóstoles, se dispersaron por las regiones de Judea y Samaria.

  1. Unos hombres piadosos enterraron el cuerpo de Esteban e hicieron gran duelo por él.
  2. Saulo, en cambio, asolaba la Iglesia de Jerusalén; entraba en las casas, sacaba a rastras a hombres y mujeres y los entregaba en la cárcel.
  3. Los que tuvieron que salir huyendo fueron por todas partes anunciando el logos alegre del Evangelio.

Evangelización de Felipe en Samaria, 8:5-25.

  1. Felipe llegó a la ciudad de Samaria, y se puso a predicar a Cristo a los habitantes.
  2. La gente unánime escuchaba con atención a Felipe, pues había oído hablar de los milagros que hacía y ahora los estaban viendo;
  3. de muchos posesos salían los espíritus impuros dando grandes voces, y muchos paralíticos y cojos quedaban curados.
  4. Y la ciudad se llenó de mucha alegría.
  5. Un tal Simón hacía tiempo que venía practicando la magia en la ciudad y tenía asombrada a la gente de Samaría, diciendo que él era algo grande.
  6. Todos, desde el más chico al más grande, le seguían y decían: “Éste tiene la dinamis (potencia y energía) y el poder mismo de Dios”.
  7. Lo seguían porque durante bastante tiempo los había asombrado con magias.
  8. Pero cuando Felipe les habló del reinado de la realeza increada de Dios y de Jesús Cristo, hombres y mujeres creían en él y se bautizaban.
  9. El mismo Simón creyó y se bautizó; y ya no se apartaba de Felipe, viendo maravillado los prodigios y milagros insignes que hacía, porque él los mismos no podía hacerlos.
  10. Los apóstoles, que estaban en Jerusalén, al saber que Samaria había recibido y aceptado el logos de Dios, les enviaron a Pedro y a Juan;
  11. llegaron y oraron por los samaritanos, para que recibieran los carismas del Espíritu Santo;
  12. pues aún no había bajado sobre ninguno de ellos, y sólo habían recibido el bautismo en el nombre de Jesús, el Señor.
  13. Entonces los Apóstoles les imponían las manos, y recibían el Espíritu Santo.
  14. Simón, al ver que mediante la imposición de las manos de los apóstoles se confería el Espíritu Santo, les ofreció dinero,
  15. diciendo: “Dadme también a mí ese poder, para que al que imponga las manos reciba el Espíritu Santo”.
  16. Pedro le dijo enfadado: «Sea ese tu dinero para perdición tuya, por haber creído que el don de Dios se compra con dinero.
  17. No tienes parte ni herencia en estas donaciones del Espíritu Santo, porque tu corazón no es honesto y recto delante de Dios.
  18. Por tanto arrepiéntete de tu maldad y pide al Señor que te perdone, si es posible, la mala invención e intención que has tenido en tu corazón;
  19. pero lo dudo, porque veo que no tienes buenas intenciones y estás atrapado en los lazos de la iniquidad».
  20. Simón respondió: “Pedid vosotros por mí al Señor para que no me suceda nada de los males que acabáis de decir”.
  21. Ellos, después de haber dado testimonio y haber predicado el logos del Señor, se volvieron a Jerusalén, evangelizando muchas aldeas de los samaritanos.

Bautismo del eunuco de Etiopía, 8:26-40.

  1. El ángel del Señor dijo a Felipe: “Ponte en marcha hacia el sur, por el camino que va de Jerusalén a Gaza a través del desierto”.
  2. Felipe se levantó y se puso en marcha, tal como le dijo el ángel. En esto un etíope eunuco, ministro de Candaces, de la corte de la reina de Etiopía, administrador de todos sus bienes, que había venido venerar a Jerusalén,
  3. regresaba a su patria y, sentado en su carro, leía en voz alta al profeta Isaías.
  4. El Espíritu dijo a Felipe: «Avanza y acércate a ese carro».
  5. Felipe corrió, oyó que leía al profeta Isaías y dijo: «¿Entiendes lo que estás leyendo?».
  6. Él respondió: “¿Cómo lo voy a entender si alguien no me lo explica?”. Y rogó a Felipe que subiera y se sentara con él.
  7. El pasaje de la Escritura que leía era éste: «Como cordero llevado al matadero, como ante sus esquiladores una oveja muda y sin abrir la boca, así también él no abre su boca.
  8. Por su profunda humildad, no le hicieron justicia; sin embargo tu obra para la salvación de los hombres ha triunfado; pero sobre la multitud de descendientes espirituales que ha hecho renacer para salvación de ellos, ¿quién puede describir y narrar? Porque su vida fue arrebatada de la tierra; pero fue glorificado después».
  9. El eunuco dijo a Felipe: “Por favor, ¿de quién dice esto el profeta? ¿De él o de otro?”.
  10. Felipe tomó la palabra y, comenzando por este pasaje de la Escritura, le anunció la buena nueva de Jesús y la salvación que él ofreció a los fieles.
  11. Continuaron su camino y llegaron a un lugar donde había agua; el eunuco dijo: “Mira, aquí hay agua; ¿qué impide que me bautice?”.
  12. Felipe dijo: «Si crees de todo tu corazón, bien puedes», y respondió: “Creo que Jesús Cristo es el Hijo de Dios”.
  13. Y mandó detener el carro. Bajaron los dos al agua, Felipe y el eunuco, y lo bautizó.
  14. Al salir del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe. El eunuco ya no lo vio más, y continuó muy contento su viaje lleno de alegría.
  15. Felipe sin darse cuenta se encontró con que estaba en Azoto, y fue evangelizando todas las ciudades hasta llegar a Kesarea.

 

Capítulo 9: Conversión de Pablo, 1-18. Primera acción y predica en Damasco de Pablo, 19-22. Pablo escapa de los judíos y primera visita a Jerusalén, 23-30. Milagros de Pedro en Lida y Jope, 31-43

 

Conversión de Pablo, 9:1-18.

9:1. Saulo, por su parte, respirando aún amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, se presentó al sumo sacerdote

  1. y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, con el fin de que si encontraba algunos que siguieran el camino de Jesús, hombres o mujeres, pudiera llevarlos atados y encarcelarlos a Jerusalén.
  2. Cuando estaba de camino, cerca ya de Damasco, de repente le envolvió una luz del cielo;
  3. cayó a tierra y oyó una voz que le decía: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?».
  4. Él preguntó: “¿Quién eres, Señor?”. Y él: «YoSoY Jesús, a quien tú persigues;
  5. pero levántate y entra en la ciudad y allí se te dirá lo que debes hacer».
  6. Los hombres que lo acompañaban se quedaron atónitos, con la boca abierta, oyendo la voz, pero sin ver a nadie.
  7. Saulo se levantó del suelo, y, aunque tenía los ojos abiertos, no veía nada; lo llevaron de la mano a Damasco,
  8. donde estuvo tres días sin ver y sin comer ni beber.
  9. Había en Damasco un discípulo llamado Ananías, a quien el Señor llamó en una visión: «¡Ananías!». Y él respondió: «Aquí estoy, Señor».
  10. El Señor le dijo: «Vete rápidamente a la casa de Judas, en la calle llamada Recta, y pregunta en la casa por un tal Saulo de Tarso, que está allí en oración pidiendo mi ayuda,
  11. y él ha tenido una visión: un hombre llamado Ananías entraba y le imponía las manos para devolverle la vista».
  12. Ananías respondió: “Señor, he oído a muchos hablar de ese hombre y decir todo el mal que ha hecho a tus fieles en Jerusalén
  13. y está aquí en Damasco con plenos poderes de los sumos sacerdotes para prender a todos los que invocan tu nombre”.
  14. El Señor le dijo: «Anda, que éste es un instrumento que he elegido yo para llevar y predicar mi nombre a la naciones, a los gentiles idólatras, a los reyes y a los descendientes de Israel.
  15. Yo le mostraré cuánto debe padecer por mí nombre».
  16. Ananías partió inmediatamente y entró en la casa, le impuso las manos y le dijo: “Saulo, hermano mío, vengo de parte de Jesús, el Señor, el que se te apareció en el camino por el que venías, para que recobres la vista y quedes lleno del Espíritu Santo”.
  17. En el acto se le cayeron de los ojos como escamas, y recobró la vista, se levantó y fue bautizado inmediatamente; comió y recobró sus fuerzas naturales y espirituales.

Primera acción y predica en Damasco de Pablo, 9:19-22.

  1. Y se quedó unos días con los discípulos que había en Damasco.
  2. Y en seguida se puso a predicar en las sinagogas proclamando que Jesús es realmente el unigénito Hijo de Dios.
  3. Todos los que lo escuchaban se quedaban estupefactos y decían: “¿No es éste el que perseguía en Jerusalén a los que invocan ese nombre, y no ha venido aquí para llevarlos encadenados a los sumos sacerdotes?”.
  4. Saulo cobraba cada vez más ánimo y tenía confundidos a los judíos de Damasco, demostrando, por la realización de las profecías, que Jesús es el Cristo/Mesías.

Pablo escapa de los judíos y primera visita a Jerusalén, 9:23-30.

  1. Cuando pasaron bastantes días, los judíos acordaron en consejo matarlo;
  2. pero Saulo se enteró de este complot. Y los judíos custodiaban las puertas de la ciudad día y noche con intención de asesinarlo,
  3. pero los discípulos lo descolgaron de noche por una ventana de la muralla en un cesto.
  4. Cuando llegó a Jerusalén, trató de unirse a los demás discípulos; pero todos lo temían, no creyendo que fuera de verdad discípulo de Cristo.
  5. Entonces Bernabé lo tomó consigo, lo presentó a los apóstoles y les contó cómo en el camino Saulo había visto al Señor, que le había hablado, y cómo en Damasco había predicado públicamente sin miedo en el nombre de Jesús Cristo.
  6. Desde entonces conectó estrechamente con ellos y se movía libremente en Jerusalén, hablando con libertad en el nombre del Señor Jesús.
  7. Hablaba y discutía con los judíos helenistas; pero ellos buscaban la oportunidad para matarle.
  8. Los hermanos, al enterarse el propósito de ellos, lo llevaron escoltado a Kesarea y le hicieron partir hacia su patria Tarso.

Milagros de Pedro en Lida y Jope, 9:31-43

  1. Las Iglesias gozaban de paz en toda Judea, Galilea y Sanaría; se consolidaban y progresaban en la fidelidad al Señor, y la Iglesia se extendía alentada por el consuelo y la energía increada que daba el Espíritu Santo.
  2. Pedro, que lo recorría todo, fue también a visitar a los fieles de Lida.
  3. Allí encontró a un tal Eneas, paralítico, postrado en una camilla desde hacía ocho años.
  4. Pedro le dijo: «Eneas, Jesús Cristo te cura; levántate y haz tú mismo la cama». Y al instante se levantó sano.
  5. Lo vieron todos los habitantes de Lida y Sarón y se convirtieron al Señor, movidos por este milagro.
  6. En Jafa había una discípula llamada Tabita, que significa “dorca-gacela”, la cual se dedicaba a hacer buenas obras, muchas limosnas y caridades.
  7. Por aquellos días cayó enferma y se murió. La lavaron según las costumbres judaicas, la prepararon para enterrar y la pusieron en la estancia de arriba.
  8. Como Lida está cerca de Jafa, los discípulos al haber oído que Pedro estaba allí, enviaron dos hombres para pedirle que fuera rápidamente a Jafa.
  9. Pedro se levantó y se fue con ellos. Cuando llegó, lo subieron a la estancia de arriba. Allí le rodearon todas las viudas, llorando y mostrando las túnicas y mantos que les hacía Dorcás-Gacela cuando vivía con ellas.
  10. Pedro echó fuera a todos; luego se arrodilló y se puso a orar; se acercó después al cadáver y dijo: «Tabita, levántate». Ella abrió sus ojos y, al ver a Pedro, se levantó de su cama y se sentó.
  11. Pedro le dio la mano y la levantó. Llamó a los fieles cristianos y a las viudas y se la presentó viva.
  12. Esto fue notorio y conocido en toda Jafa, y muchos creyeron en el Señor.
  13. Y se quedó bastantes días en Jafa, en casa de un tal Simón, que era curtidor.

 

Capítulo 10: Pedro en casa de Cornelio, 1-33. Discurso de Pedro, 34-43. Efusión del Espíritu Santo sobre los paganos de las naciones, 44-48.

 

Pedro en casa de Cornelio, 10:1-33.

10:1. Había en Kesarea un hombre llamado Cornelio, centurión de la cohorte llamada Itálica.

  1. Piadoso y temeroso de Dios, con toda su casa, hacía muchas limosnas al pueblo y oraba continuamente a Dios.
  2. Hacia las tres de la tarde tuvo una visión, en la que vio claramente al ángel de Dios, que se le presentó y le dijo: “¡Cornelio!”.
  3. Y él, mirándolo fijamente y atemorizado, dijo: “¿Qué pasa, Señor?”. Y le dijo: «Tus oraciones y tus limosnas han subido a la presencia de Dios, que se ha acordado de ti.
  4. Manda a unos hombres a Jafa a llamar a Simón Pedro.
  5. Está en casa de un tal Simón, curtidor, junto al mar».
  6. Cuando se marchó el ángel que le hablaba, llamó a dos de sus criados y un soldado piadoso, de los que le asistían,
  7. les explicó todo y los mandó a Jafa.
  8. Al día siguiente, mientras ellos caminaban y se acercaban a la ciudad, Pedro subió a la azotea a orar hacia el mediodía.
  9. Tuvo hambre y quiso comer algo; y mientras le preparaban de comer, tuvo un éxtasis de modo que tenía apocalipsis-revelaciones de Dios.
  10. vio el cielo abierto y un objeto a modo de un gran lienzo, que colgado de las cuatro puntas descendía hacia la tierra;
  11. en él había toda clase de cuadrúpedos, reptiles de la tierra y aves del cielo.
  12. Una voz le dijo: «Levántate, Pedro, mata y come».
  13. Pedro dijo: «De ningún modo, Señor, porque jamás he comido cosa profana o impura que la ley prohíbe».
  14. La voz le dijo de nuevo: «Lo que Dios ha purificado no lo consideres ni lo llames impuro».
  15. Esto se repitió por tres veces. Y luego el objeto fue arrebatado al cielo.
  16. Pedro estaba perplejo, pensando lo que podría significar la visión que acababa de tener, cuando los hombres enviados por Cornelio, que habían averiguado dónde estaba la casa de Simón, se presentaron en la puerta.
  17. Llamaron, y preguntaron si se alojaba allí Simón Pedro.
  18. Pedro seguía pensando en la visión; el Espíritu Santo le dijo: «Ahí te buscan tres hombres»;
  19. levántate, baja y no dudes en ir con ellos, porque los he enviado yo».
  20. Pedro bajó y les dijo: «Yo soy el que buscáis. ¿Por qué habéis venido aquí?».
  21. Ellos dijeron: “El centurión Cornelio, hombre justo y temeroso de Dios, que goza de la reputación de todos los judíos, ha recibido aviso de un santo ángel para que te mande llamar y vayas a su casa y oír de ti los logos de Dios”.
  22. Pedro los invitó y los hospedó. Al día siguiente se levantó y fue con ellos; y lo acompañaron algunos hermanos de Jafa.
  23. Al día siguiente llegaron a Cesarea. Cornelio estaba esperándolos, y había convocado a sus parientes y amigos íntimos.
  24. Tan pronto como entró Pedro, Cornelio le salió al encuentro, se postró a sus pies y le reverenció.
  25. Pedro lo levantó diciendo: «Levántate, que yo también soy hombre».
  26. Y conversando con él, entró y encontró a muchos reunidos;
  27. y les dijo: «Vosotros sabéis que a un judío, por la ley de Moisés, le está prohibido juntarse con extranjeros y entrar en su casa. Pero Dios me ha enseñado a no llamar contaminado o impuro a ningún hombre;
  28. por lo cual he venido sin vacilar al ser llamado. Yo os pregunto ahora por qué motivo me habéis llamado».
  29. Cornelio respondió: “Hace cuatro días, justamente a esta misma hora, las tres de la tarde, estaba yo orando en mi casa, cuando se presentó delante de mí un hombre con un vestido resplandeciente,
  30. y me dijo: Cornelio, Dios ha escuchado tu oración, conoce y tiene presente tus limosnas.
  31. Envía a Jafa a llamar a Simón Pedro, que se hospeda en casa de Simón, curtidor, junto al mar. Y cuando venga él te hablará sobre lo qué tienes que hacer para tu sotiría salvación.

Discurso de Pedro, 10:34-43.

  1. Pedro tomó la palabra y dijo: «Compruebo y entiendo ahora que Dios no hace distinción de personas,
  2. que acepta al que le es fiel y practica la justicia, sea de la nación que sea.
  3. Él ha enviado su logos a los israelitas anunciando el mensaje alegre de la paz por medio de Jesús Cristo, que es el Señor de todos.
  4. Vosotros conocéis lo que ha pasado en Judea, comenzando por Galilea, después del bautismo de metania que predicó Juan;
  5. sabéis cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y llenó de dínamis potencia y energía increada a Jesús de Nazaret, el cual pasó haciendo mucho bien, curando a los oprimidos por el demonio y haciendo innumerables milagros grandes, porque Dios estaba con él.
  6. Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en el país de los judíos y en Jerusalén. Ellos lo mataron, colgándolo de una cruz de madera.
  7. Pero Dios lo resucitó al tercer día y le concedió que se manifestase,
  8. no a todo el pueblo como antes, sino a los testigos presentes elegidos de antemano por Dios, a nosotros, que hemos comido y bebido con él después de su resurrección de entre los muertos;
  9. y nos encargó predicar a todo pueblo y proclamar que a este Jesús, Dios lo ha constituido juez de vivos y muertos.
  10. Todos los profetas testifican que el que crea en él recibirá, por la dínamis potencia y energía increada de su nombre, el perdón de los pecados».

Efusión del Espíritu Santo sobre los paganos de las naciones, 10:44-48.

  1. Mientras estaba hablando Pedro, de repente descendió el Espíritu Santo sobre todos los que escuchaban la enseñanza de sus logos.
  2. Todos los fieles circuncisos que habían venido con Pedro se extrañaban de que el don del Espíritu Santo se hubiera derramado en abundancia también sobre los nacionales o gentiles de las naciones,
  3. pues los oían hablar lenguas extranjeras y glorificar a Dios.
  4. Pedro dijo entonces: «¿Acaso se puede negar el agua del bautismo a éstos, que han recibido el Espíritu Santo como nosotros?».
  5. Y ordenó que fuesen bautizados en el nombre de Jesús Cristo. Entonces le suplicaron que se quedara con ellos algunos días.

 

Capítulo 11: Informe de Pedro a la iglesia de Jerusalén sobre la conversión de Cornilio, 1-18. Fundación de la Iglesia en Antioquía por Bernabé y Pablo, 19-30

 

Informe de Pedro a la iglesia de Jerusalén sobre la conversión de Cornilio, 11:1-21.

11:1. Los apóstoles y los hermanos que estaban en Judea supieron que los gentiles de las naciones también habían recibido el logos de Dios y se bautizaron.

  1. Pero cuando Pedro llegó a Jerusalén, los cristianos partidarios de la circuncisión le reprocharon,
  2. diciendo: “¿Por qué has entrado en casa de hombres incircuncisos y has comido con ellos, sin tener en cuenta las prohibiciones de la ley de Moisés?”.
  3. Entonces Pedro comenzó a explicarles por orden los acontecimientos, diciendo:
  4. «Estaba yo en la ciudad de Jafa orando, cuando tuve en éxtasis una visión: un objeto descendía a modo de un gran lienzo, colgado por las cuatro puntas desde el cielo, y llegó hasta mí.
  5. Yo lo miré fijamente, lo examiné y vi cuadrúpedos, bestias, reptiles y aves.
  6. Oí también una voz que me decía: “Levántate, Pedro, mata y come”.
  7. Pero yo dije: De ninguna manera, Señor; porque nada profano o impuro ha entrado jamás en mi boca.
  8. Pero la voz del cielo dijo por segunda vez: Lo que Dios ha purificado, tú no lo consideres impuro.
  9. Esto se repitió por tres veces, y todo fue arrebatado de nuevo al cielo.
  10. Entonces mismo se presentaron en la casa donde yo estaba tres hombres que me habían enviado desde Cesarea.
  11. Y el Espíritu me dijo que fuera con ellos sin dudar. Estos seis hermanos vinieron también conmigo y entramos en la casa del hombre que nos había llamado,
  12. el cual nos contó que se le había aparecido un ángel y que le había dicho: Manda a Jafa hombres a llamar a Simón, al Pedro,
  13. él te hablará logos de Dios, por los que si crees y los aceptas, te traerá la salvación a ti y a tu familia.
  14. Y al comenzar yo a hablar, descendió el Espíritu Santo sobre ellos, como al principio sobre nosotros, durante el día del Pentecostés.
  15. Recordé estas palabras del Señor: «Juan bautizó en agua, pero vosotros seréis bautizados en el Espíritu Santo».
  16. Pues si Dios les ha dado a ellos el mismo don que a nosotros por haber creído en el Señor Jesús Cristo, ¿cómo podía yo oponerme a Dios e impedir el bautismo y la salvación a los nacionales o gentiles de las naciones?».
  17. Al oír esto callaron y glorificaron a Dios, diciendo: “Así que también a los nacionales o gentiles Dios ha concedido la metania arrepentimiento y conversión para alcanzar la vida y la sotiría redención, sanación y salvación”.

Fundación de la Iglesia en Antioquía por Bernabé y Pablo, 11:19-30

  1. Así pues, los cristianos que se habían dispersado a causa de la persecución ocurrida con ocasión de Esteban, llegaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, predicando sólo a los judíos, porque aún no habían comprendido que el Evangelio estaba destinado también para las naciones, los gentiles e idolatras.
  2. Pero había entre ellos algunos chipriotas y cirenenses, quienes, llegados a Antioquía, se dirigieron también a los helenistas, predicando el Evangelio de la salvación por Jesús, el Señor.
  3. Y la mano del Señor estaba con ellos, y un gran número de los helenistas creyó y se convirtió al Señor.
  4. Llegó la noticia a oídos de la Iglesia de Jerusalén, y enviaron a Bernabé a Antioquía.
  5. Al llegar y ver la jaris (gracia energía increada) de Dios, se llenó de alegría y exhortaba a todos a perseverar con un corazón firme, fieles al Señor,
  6. porque era un hombre bueno y lleno del Espíritu Santo y de fe. Y por la enseñanza y ejemplo de Bernabé una gran multitud se unió a la Iglesia del Señor.
  7. Bernabé se fue a Tarso en busca de Saulo; lo encontró y se lo llevó a Antioquía.
  8. Y estuvieron un año entero en aquella Iglesia instruyendo en la fe a muchas personas. Fue en Antioquía donde por primera vez los discípulos de Cristo recibieron el nombre de Cristianos.
  9. Por entonces unos profetas fueron de Jerusalén a Antioquía.
  10. Se levantó uno de ellos, llamado Agabo, y, movido por el Espíritu, anunció que iba a sobrevenir sobre toda la tierra una gran hambre. Fue la que vino en tiempo del César Claudio.
  11. Los discípulos, cada uno según sus posibilidades, decidieron enviar ayudas a los hermanos de Judea.
  12. Y realmente así lo hicieron, enviando las ayudas a los presbíteros por medio de Bernabé y Saulo.

 

Capítulo 12: Jacobo, muerto por martirio; Pedro, encarcelado y su liberación milagrosa, 1-19. Muerte de Herodes, 20-25.

 

Jacobo, muerto por martirio; Pedro, encarcelado y su liberación milagrosa, 12:1-19.

12.1. Por entonces el rey Herodes prendió a algunos fieles de la Iglesia para maltratarlos.

  1. Hizo morir a espada a Santiago, hermano de Juan el Evangelista.
  2. Y viendo que esto agradaba a los judíos, hizo prender también a Pedro. Eran los días de los ácimos, es decir, fiesta de la pascua judía.
  3. Lo prendió, lo encarceló y mandó que lo custodiasen cuatro piquetes de cuatro soldados, con intención de hacerlo comparecer a juicio ante el pueblo después de la pascua.
  4. Mientras Pedro estaba de este modo custodiado en la cárcel, toda la Iglesia oraba continuamente por él a Dios.
  5. La misma noche en que Herodes iba a hacerlo comparecer, Pedro estaba dormido entre dos soldados, atado con cadenas; además los centinelas montaban la guardia en la puerta de la cárcel.
  6. De repente se presentó un ángel del Señor, y la celda quedó toda iluminada. El ángel tocó a Pedro en el costado y lo despertó diciendo: «Levántate en seguida». Y se le cayeron las cadenas de las manos.
  7. El ángel le dijo: «Cíñete y ponte tus sandalias». Así lo hizo. Y añadió: «Échate el manto y sígueme».
  8. Pedro salió y lo siguió, sin saber si era realidad lo que el ángel hacía, pues se figuraba que era una visión.
  9. Pasaron la primera y segunda guardia, y llegaron a la puerta de hierro que da a la ciudad, la cual se les abrió por sí sola. Salieron y avanzaron por una calle; y de repente el ángel lo dejó.
  10. Entonces Pedro, dándose cuenta de lo que pasaba, dijo: «Ahora entiendo realmente que el Señor ha enviado su ángel y me ha arrancado de la mano de Herodes y me liberó de todo el mal que me esperaba por el pueblo judío».
  11. Y tras reflexionar, se fue a casa de María, la madre de Juan, llamado Marcos, donde había muchos reunidos y orando.
  12. Tocó a la puerta del portal, y salió a escuchar y a preguntar quién era una muchacha llamada Rode,
  13. la cual, al conocer bien la voz de Pedro, de alegría no abrió, sino que fue corriendo a decir que estaba Pedro afuera a la puerta.
  14. Ellos le dijeron: “Estás loca”. Pero ella insistía en que era así. Y ellos decían: “Es su ángel”.
  15. Pero Pedro continuaba golpeando. Cuando abrieron y vieron que era él, quedaron estupefactos.
  16. Pedro les hizo señas con la mano de que callasen y contó cómo el Señor lo había sacado de la cárcel. Y añadió: «Comunicar a Santiago y a los hermano de lo sucedido». Luego salió y se fue a otro sitio.
  17. Al venir el día hubo una gran confusión y tumulto entre los soldados por lo que habría sido de Pedro.
  18. Herodes lo buscó y, al no encontrarlo, interrogó a los guardias y los mandó ajusticiar. De Judea se fue a Cesarea, y allí se quedó.

Muerte de Herodes, 12:20-25.

  1. Sucedió que Herodes estaba irritado con los tirios y los sidonios, que de común acuerdo se presentaron ante él, y habiéndose llevado a su parte y ganado a Blasto, que era camarero del barco del rey, solicitaban la paz y amistad con Herodes, porque su país se abastecía de alimentos del país real.
  2. El día señalado, Herodes, vestido de las vestimentas reales y sentado en la tribuna, los arengaba.
  3. Y el pueblo gritaba: “¡Es la voz de Dios que habla, y no la de un hombre!”.
  4. Pero en aquel instante un ángel del Señor lo hirió de muerte, por cuando no había glorificado a Dios, y convertido en pasto de gusanos, murió terriblemente roído de gusanos.
  5. Mientras tanto el logos de Dios crecía y se multiplicaba.
  6. Bernabé y Saulo, después de haber cumplido su misión, volvieron de Jerusalén, llevando consigo a Juan Marcos.

 

 Capítulo 13: Bernabé y Saulo evangelizan a Chipre, 1-5. Elimas el Mago, 6-12. Pablo y Bernabé en Pergue de Pamfilia y en Antioquia de Pisidia, 13-43. La polémica de los Judíos, 44-52.

 

Bernabé y Saulo evangelizan a Chipre, 13:1-5.

13:1. En la Iglesia de Antioquía había profetas y doctores: Bernabé y Simón, apodado el Negro; Lucio de Cirene; Manahén, quien se había criado junto con el tetrarca Herodes, y Saulo.

  1. Mientras celebraban el culto del Señor y ayunaban, el Espíritu Santo dijo: «Separadme a Bernabé y a Saulo para la obra a la que los he llamado».
  2. Entonces, después de haber ayunado y orado, les impusieron las manos y los mandaron a la obra especial que los había encomendado el Señor.
  3. Con esta misión del Espíritu Santo fueron a Seleucia, desde donde se embarcaron hacia Chipre.
  4. Al llegar a Salamina, se pusieron a anunciar el logos de Dios en las sinagogas de los judíos. Tenían también a Juan como auxiliar.

Elimas el Mago, 13:6-12.

  1. Atravesaron toda la isla de Pafos y encontraron a un mago pseudoprofeta judío, llamado Bar Jesús,
  2. que estaba con el procónsul Sergio Paulo, hombre prudente, el cual llamó a Bernabé y Saulo deseando escuchar el logos de Dios.
  3. Pero Elimas, el mago -tal es el significado de su nombre-, por sus sofismas se les oponía procurando apartar al procónsul de la fe.
  4. Entonces, Saulo, llamado también Pablo, lleno del Espíritu Santo, clavó en él sus ojos y le dijo:
  5. «Embustero, malvado hijo del diablo, enemigo de toda justicia, ¿cuándo vas a cesar de hacer tortuosos por tus malas astucias y sofismas los rectos caminos del Señor?
  6. Pues ahora la mano del Señor está sobre ti; te vas a quedar ciego sin ver el sol por cierto tiempo». Y en el mismo instante quedó sumergido en la oscuridad y en las tinieblas; y, dando vueltas, buscaba quien lo llevara de la mano.
  7. Entonces el procónsul, viendo lo que había sucedido, creyó, lleno de admiración por la enseñanza del Señor.

Pablo y Bernabé en Pergue de Pamfelia y en Antioquia de Pisidia, 13:13-43.

  1. Pablo y los suyos zarparon de Pafos y llegaron a Pergue de Panfilia. Juan los dejó y se volvió a Jerusalén.
  2. Ellos continuaron su viaje, y de Pergue pasaron a Antioquía de Pisidia y el sábado entraron en la sinagoga y se sentaron.
  3. Después de la lectura de la ley y de los profetas, los jefes de la sinagoga les mandaron a decir: “Hermanos, si tenéis que comunicar algún logos de enseñanza y consuelo al pueblo, decidlo”.
  4. Pablo se levantó y, haciendo con la mano señal de silencio, dijo: «Israelitas y los nacionales que sois fieles a Dios, escuchad.
  5. El Dios de este pueblo, Israel, eligió a nuestros padres y acrecentó al pueblo durante su exilio en Egipto, y con su brazo todopoderoso los sacó libres de allí;
  6. y durante unos cuarenta años los soportó de sus desdenes y comportamientos displicentes en el desierto,
  7. y después de haber destruido a siete naciones en tierra de Canaán, les dio la posesión de sus tierras,
  8. y después de esto, por unos cuatrocientos cincuenta años más o menos les dio jueces hasta los tiempos del profeta Samuel.
  9. Luego pidieron rey, y Dios les dio a Saúl, hijo de Kis, de la tribu de Benjamín, que reinó durante cuarenta años.
  10. Después lo destituyó y les dio como rey a David, hijo de Jesé, de quien dio este testimonio: He encontrado a David, hombre de mi agrado, quien cumplirá todas mis voluntades.
  11. Dios, según sus promesas, de la descendencia de éste ha suscitado para Israel un salvador, Jesús.
  12. Antes de su venida, Juan había predicado a todo el pueblo de Israel un bautismo de conversión.
  13. Cuando estaba para terminar su misión, Juan decía: “Yo no soy lo que vosotros creéis que soy, sino que viene en pos de mí aquel de quien no soy digno de desatar las sandalias de sus pies.
  14. Hermanos, hijos de la estirpe de Abrahán, y a vosotros nacionales que sois fieles a Dios: «a vosotros ha sido enviado este logos de la sotiría redención, sanación y salvación.
  15. Porque los habitantes de Jerusalén y sus jefes han cumplido los logos de los profetas que se leen cada sábado, y le condenaron a muerte, sin saberlo y así cumplieron las profecías;
  16. y sin haber encontrado ninguna causa de muerte, le condenaron y pidieron a Pilatos que lo matase.
  17. Y así que cumplieron lo que acerca de él estaba escrito, lo bajaron del leño y lo sepultaron.
  18. Pero Dios lo resucitó de entre los muertos;
  19. él se apareció durante muchos días a los que habían ido con él de Galilea a Jerusalén, y que ahora son sus testigos de su resurrección ante el pueblo.
  20. Nosotros os anunciamos la buena nueva: la promesa hecha a nuestros padres, Dios la ha cumplido en nosotros, sus hijos, resucitando de entre los muertos a Jesús,
  21. según está escrito en el salmo segundo: “Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy”.
  22. Y que Dios lo ha resucitado de los muertos de forma que no vuelva más a la corrupción, así lo había afirmado: Os daré y cumpliré las promesas firmes y santas que había dado a David.
  23. Por lo cual dice también en otra parte: “No permitirás que tu santo vea la corrupción”.
  24. Pues bien, David, después de haber cumplido durante su vida la voluntad de Dios, murió, fue sepultado con sus padres y vio la corrupción.
  25. Pero el que Dios ha resucitado no ha visto la corrupción y descomposición de su cuerpo.
  26. Sabed, pues, hermanos, que hoy se os predica el perdón de los pecados por medio de Jesús Cristo;
  27. y quien cree en Jesús Cristo es justificado y perdonado de todas las cosas, pecados y transgresiones de las que no pudisteis ser justificados y perdonados por la ley de Moisés.
  28. Mirad, por tanto, que no os suceda lo dicho en los profetas:
  29. Mirad, engreídos vosotros que despreciáis a Dios y sus mandatos; y quedaos admirados y asombrados, porque voy a realizar en vuestros días una obra que os parecerá tan paradójica que no creeríais si alguno os la contara».
  30. Y al salir Pablo y Bernabé les rogaron que continuaran hablando y predicando de estos logos el próximo sábado.
  31. Cuando se disolvió la reunión de la sinagoga, muchos judíos y prosélitos practicantes seguían a Pablo y a Bernabé, los cuales hablaban con sencillez con ellos exhortándolos a ser fieles permaneciendo a la χάρις jaris (gracia energía increada) que les concedió Dios.

La polémica de los Judíos, 13:44-52.

  1. El sábado siguiente casi toda la ciudad acudió a escuchar el logos de Dios.
  2. Los judíos, al ver tanta gente, se enfurecieron y se opusieron con blasfemias e insultos contra Cristo y los Apóstoles a lo que Pablo decía.
  3. Entonces Pablo y Bernabé hablaron con toda libertad y franqueza diciendo: «A vosotros, según el plan divino, había que anunciar antes que a nadie el logos de Dios; pero ya que lo rechazáis y vosotros mismos os juzgáis indignos de la vida eterna, ahora nos vamos a las naciones.
  4. Así nos lo mandó el Señor. Por el profeta Isaías hablando sobre el Mesías, dijo: Te he puesto como luz de las naciones, tú eres la σωτηρία sotiría redención, sanación y salvación de todos los hombres hasta los confines de la tierra».
  5. Los nacionales o gentiles de las naciones, al oír estos logos, se llenaron de alegría y aplaudieron el logos del Señor; abrazaron la fe y creyeron los que tenían libre buena voluntad y disposición que estaban determinados para la vida eterna.
  6. Y el logos del Señor se difundía por todo el país.
  7. Pero los judíos soliviantaron a las mujeres religiosas y nobles y a los principales de la ciudad, y provocaron una persecución contra Pablo y Bernabé y los echaron fuera de las fronteras de su territorio.
  8. Éstos en muestra de protesta sacudieron el polvo de sus pies contra ellos y se fueron a Iconio.
  9. Y los cristianos y discípulos que quedaron en Antioquía y su región estaban cada vez con más gozo, alegría y Espíritu Santo.

 

Capítulo 14: Pablo y Bernabé en Iconio, 1-7. El milagro en Listra y el apedreamiento del Pablo, 8-20. Retorno a Antioquía de Siria, 21-28.

 

Pablo y Bernabé en Iconio, 14:1-7.

14:1. Sucedió que en Iconio entraron también en la sinagoga de los judíos, y hablaron de tal modo que muchos judíos y helenos-griegos creyeron y abrazaron la fe.

  1. Pero los judíos incrédulos que no quisieron creer soliviantaron y exacerbaron los ánimos de los nacionales y los indispusieron contra los hermanos Cristianos.
  2. Sin embargo, allí se quedaron los Apóstoles bastante tiempo, hablando con valentía que les daba la fe en el Señor, el cual confirmaba la enseñanza de ellos sobre jaris-gracia increada, concediéndoles obrar por sus manos milagros y prodigios sobrenaturales.
  3. La población de la ciudad se dividió en dos frentes. Unos estaban con los judíos y otros con los Apóstoles.
  4. Como se produjo un tumulto entre los nacionales o gentiles y los judíos se confabularon a una con las autoridades para insultar y apedrear a los apóstoles.
  5. Pero ellos se dieron cuenta de sus malas intenciones y huyeron a las ciudades de Licaonia, Listra y Derbe y sus alrededores,
  6. y allí se dedicaron a predicar el Evangelio.

El milagro en Listra y el apedreamiento del Pablo, 14:8-20.

  1. En Listra había un hombre sentado imposibilitado de los pies, cojo de nacimiento, jamás había andado.
  2. Él escuchó con atención y fe a Pablo. Pablo mirándolo fijamente y viendo que tenía fe para ser curado,
  3. dijo en alta voz: «Levántate y ponte derecho sobre tus pies». Él inmediatamente dio un salto y echó a andar sano.
  4. La muchedumbre, al ver lo que había hecho Pablo, se puso a gritar en la lengua licaonia: “Los dioses, en forma humana, han descendido en nosotros”.
  5. Y llamaban a Bernabé Zeus y a Pablo Hermes/Mercurio, porque era el más elocuente.
  6. El sacerdote de Zeus, que estaba a la entrada de la ciudad, llevó toros adornados con guirnaldas ante las puertas de las murallas, y, en unión de la muchedumbre, quería ofrecerles un sacrificio en honor a los dos Apóstoles .
  7. Cuando se enteraron de ello los apóstoles Bernabé y Pablo, rasgaron sus vestidos y se lanzaron entre la gente gritando:
  8. «Amigos, ¿por qué hacéis esto? Nosotros somos hombres como vosotros, que hemos venido a anunciaros que dejéis los dioses falsos y os convirtáis al Dios verdadero y vivo, que ha hecho el cielo, la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos.
  9. El cual ha permitido en las pasadas generaciones que todas las naciones siguiesen sus caminos;
  10. sin embargo, no ha cesado jamás de dar testimonio de sí mismo haciendo el bien, mandándoos desde el cielo lluvias y estaciones fructíferas y saciándoos de comida y llenando vuestros corazones de felicidad».
  11. Con estas palabras lograron a duras penas impedir que la gente les ofreciera aquellos sacrificios.
  12. Pero de Antioquía e Iconio llegaron unos judíos fanáticos que persuadieron y se ganaron a la muchedumbre y apedrearon a Pablo y lo arrastraron fuera de la ciudad, dándolo por muerto.
  13. Pero cuando los discípulos cristianos se juntaron en torno a él para enterrarlo, se levantó y entró en la ciudad. Al día siguiente marchó a Derbe en compañía de Bernabé.

Retorno a Antioquía de Siria, 14:21-28.

  1. Después de haber evangelizado aquella ciudad y haber hecho un buen número de discípulos, se volvieron a Listra, Iconio y Antioquía,
  2. animando a los discípulos y exhortándolos a permanecer en la fe, diciéndoles que tenemos que pasar por muchas tribulaciones para entrar en el reinado de la realeza increada de Dios.
  3. Instituyeron presbíteros en cada Iglesia, y, después de orar y ayunar, los encomendaron al Señor, en el que habían creído.
  4. Atravesaron Pisidia y llegaron a Panfilia;
  5. y predicaron en Pergue y bajaron a Atalía.
  6. Allí se embarcaron para Antioquía, de donde habían partido y donde los habían encomendado a la jaris-gracia increada de Dios por la obra de evangelización que acababan de cumplir.
  7. Cuando llegaron, reunieron a todos los fieles de la Iglesia y contaron todo lo que había hecho Dios por medio de ellos como colaboradores, y cómo había abierto a los nacionales la puerta de la fe y de la σωτηρία sotiría redención, sanación y salvación.
  8. Y allí permanecieron largo tiempo con los discípulos.

 

Capítulo 15: El sínodo en Jerusalén, 1-12. La decisión del Sínodo, 13-34. Silas con Pablo en lugar de Bernabé, 35-41.

 

El sínodo en Jerusalén, 15:1-12.

15:1. Algunos que vinieron de Judea enseñaban a los hermanos que, “si no os circuncidáis según el rito de Moisés, no podéis salvaros”.

  1. Después de una controversia y agitación no pequeña de Pablo y Bernabé contra ellos, se decidió que Pablo y Bernabé y algunos otros de entre ellos fueran a Jerusalén para tratar de resolver esta cuestión con los apóstoles y los presbíteros.
  2. Ellos, enviados por la Iglesia, atravesaron Fenicia y Samaría, narrando la conversión de los nacionales y causando un gran gozo y alegría a todos los hermanos.
  3. Al llegar a Jerusalén, fueron acogidos por los miembros de la Iglesia, los apóstoles y los presbíteros, y entonces contaron todo lo que Dios había hecho con ellos. Y que Dios abrió la puerta de la fe y salvación a los nacionales idólatras de las naciones.
  4. Algunos de la herejía de los fariseos que habían abrazado la fe se levantaron y dijeron que los nacionales o gentiles debían circuncidarse y guardar la ley de Moisés.
  5. Los apóstoles y los presbíteros se reunieron para estudiar el asunto.
  6. Tras una larga discusión, se levantó Pedro y les dijo: «Hermanos, vosotros sabéis que hace mucho tiempo Dios me eligió entre vosotros para que los nacionales o gentiles idólatras de las naciones oyesen de mis labios el logos del evangelio y abrazaran la fe. (Se refería a Cornilio y su gente).
  7. y no ha hecho diferencia alguna entre ellos y nosotros que estamos circuncidados, purificando y santificando sus corazones con la fe en Cristo.
  8. Ahora bien, ¿por qué tentáis a Dios imponiendo sobre el cuello de los cristianos nacionales o gentiles un yugo que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido soportar?
  9. Nosotros creemos que nos salvamos por la gracia de Jesús, el Señor, igual que ellos y no por lος mandatos típicos de la Ley».
  10. Toda la asamblea guardó silencio y escuchaba con atención a Bernabé y a Pablo, que explicaban todos los milagros y prodigios sobrenaturales que había hecho Dios entre los nacionales o gentiles de las naciones por medio de ellos.

La decisión del Sínodo, 15:13-34.

  1. Cuando ellos terminaron, intervino Santiago: «Hermanos, escuchadme con atención.
  2. Simón os ha explicado cómo Dios procuró desde el principio escoger de entre los nacionales o gentiles de las naciones, para hacer un pueblo consagrado y fiel a su nombre.
  3. Con este acontecimiento están de acuerdo los logos de los profetas, según está escrito, también por el profeta Amós:
  4. «Después de esto volveré y restauraré la tienda de David que estaba caída y destruida; repararé sus ruinas y la volveré a levantar su realeza por la realeza espiritual de Cristo,
  5. para que los demás hombres busquen al Señor y todas las naciones sobre las que fue invocado mi nombre, dice el Señor, que ejecuta estas cosas,
  6. y que las obras son conocidas a Dios desde la eternidad».
  7. Por eso yo creo que no hay que inquietar a los nacionales que se convierten con fe a Dios, cargándoles órdenes de la ley de Moisés;
  8. sino escribirles que se abstengan de las contaminaciones de los ídolos, de la lujuria o fornicación, de comer sangre o carne de animales ahogados.
  9. Pues en cada ciudad hay desde antiguo quienes leen pasajes de la ley de Moisés los sábados en la sinagoga».
  10. Entonces los apóstoles y los presbíteros, con toda la Iglesia, decidieron elegir a algunos de entre los Cristianos de Jerusalén y enviarlos a Antioquía con Pablo y Bernabé. Eligieron a Judas Barsabás y a Silas, hombres eminentes entre los hermanos.
  11. Por medio de ellos les mandaron esta carta: «Los apóstoles y los presbíteros, vuestros hermanos, a los hermanos procedentes de los gentiles de las naciones que habitan en Antioquía, Siria y Cilicia.
  12. Nos hemos enterado de que algunos de los nuestros, sin nuestro mandato, os han inquietado y alarmado con sus palabras agitando vuestras psique-almas y ánimos, diciéndoles que os debéis circuncidar y cumplir la ley de Moisés.
  13. Hemos decidido de común acuerdo elegir unos delegados y enviarlos a vosotros, con nuestros queridos Bernabé y Pablo,
  14. hombres que han entregado sus vidas por el nombre de nuestro Señor Jesús Cristo.
  15. Por tanto, os enviamos a Judas y a Silas, que os dirán lo mismo de palabra.
  16. Porque el Espíritu Santo y nosotros hemos decidido como correcto y verdadero no poneros ninguna carga más que estas imprescindibles:
  17. abstenerse de la lujuria o fornicación, de comer sangre y carne sacrificada a los ídolos o de animales ahogados. Haréis bien en guardaros de estas cosas para progresar en la vida pacífica en Cristo. Saludos, que os vaya bien todo”.
  18. Los delegados por las bendiciones de la Iglesia fueron a Antioquía, reunieron a la gente Cristiana y entregaron la carta.
  19. Los Cristianos al leer la carta, se llenaron de alegría por su contenido alentador.
  20. Judas y Silas, que eran también profetas, alentaron y confortaron a los hermanos a la fe ortodoxa en una larga conversación.
  21. Al cabo de cierto tiempo, los despidieron con saludos de paz para los hermanos que los habían enviado.
  22. Pero a Silas prefirió permanecer allí.

Silas con Pablo en lugar de Bernabé, 15:35-41.

  1. Pablo y Bernabé se quedaron en Antioquía, evangelizando y enseñando el logos del Señor en unión de otros muchos predicadores.
  2. Pasados unos días, Pablo dijo a Bernabé: «Volvamos a visitar a los hermanos por todas las ciudades en que anunciamos el logos del Señor, a ver cómo están».
  3. Bernabé quería llevar también a Juan Marcos.
  4. Pablo, en cambio, juzgaba que no debían llevar al que los había dejado en Panfilia y no los había acompañado en la obra de misión.
  5. Discutieron entre ellos, y terminaron por separarse el uno del otro. Bernabé tomó consigo a Marcos, y se embarcó hacia Chipre;
  6. Pablo escogió a Silas y partió, después de encomendarlo los hermanos a la gracia del Señor.
  7. Recorrió Siria y Cilicia, confirmando en la fe y vida a las Iglesias locales.

 

Capítulo 16: Pablo y Silas en Asi Menor y en los Filipos 1-18. Kerigma y persecuciones, 19-40.

 

Pablo y Silas en Asi Menor y en los Filipos, 16:11-18

16:1. Llegó a Derbe y luego a Listra, donde había un discípulo llamado Timoteo, hijo de una judía creyente y de padre griego, nacional.

  1. Los hermanos de Listra e Iconio hablaban muy bien de él por su virtud y fe.
  2. Pablo quiso llevárselo con él, y lo circuncidó, para que no se escandalizasen los judíos que había en aquellos lugares, porque todos sabían que su padre era griego.
  3. Según iban pasando por las ciudades, los Apóstoles enseñaban y comunicaban a los hermanos guardaran los decretos dados por los apóstoles y los presbíteros de Jerusalén.
  4. Las Iglesias locales gracias al kerigma de los Apóstoles, se afianzaban firmemente en la fe y aumentaban en número de fieles de día en día.
  5. Atravesaron Frigia y la región de Galacia, pues el Espíritu Santo les impidió anunciar el logos de Dios en Asia.
  6. Llegaron a Misia e intentaron avanzar hacia Bitinia, pero el Espíritu Santo no se lo permitió.
  7. Cruzaron, pues, Misia, y bajaron a Tróade.
  8. Durante la noche Pablo tuvo una visión: un macedonio, puesto en pie, le suplicaba: “Ven a Macedonia y ayúdanos”.
  9. Inmediatamente después de la visión intentamos pasar a Macedonia, persuadidos de que Dios nos había llamado para evangelizarlos.
  10. Zarpamos de Tróade y fuimos derechos a Samotracia; al día siguiente a Neápolis,
  11. y de allí a Filipos, ciudad importante de Macedonia, colonia romana, en la que permanecimos algunos días.
  12. El sábado salimos fuera de la ciudad y fuimos por la orilla del río, donde pensábamos que estaba el lugar de oración. Nos sentamos y nos pusimos a hablar con las mujeres que allí se habían reunido.
  13. Una mujer llamada Lidia, vendedora de púrpura, de la ciudad de Tiatira, fiel a Dios, nos estaba escuchando. El Señor abrió su corazón para que aceptase las cosas que Pablo decía.
  14. Después de haber sido bautizada con toda su familia, nos suplicó: “Si consideráis que soy fiel al Señor, venid y quedaos en mi casa como invitados”. Y nos obligó a quedarnos en su casa.
  15. Otra vez, cuando íbamos al lugar de la oración, nos salió al encuentro una muchacha que tenía un espíritu adivinador, la cual con sus adivinaciones procuraba a sus amos muchas ganancias.
  16. Iba detrás de Pablo y de nosotros gritando: “Estos hombres son siervos del Dios altísimo, y os anuncian el camino de la salvación”.
  17. Esto lo hizo muchos días, hasta que Pablo, ya cansado por el astuto malo espíritu, se volvió y dijo al espíritu: «En nombre de Jesús Cristo te mando salir de ella». Y en el mismo instante salió.

Kerigma y persecuciones, 16:19-40.

  1. Sus amos, al ver que había desaparecido la esperanza de su ganancia, prendieron a Pablo y a Silas y los llevaron a la plaza pública ante las autoridades.
  2. Los presentaron a los pretores y dijeron: “Estos hombres alborotan nuestra ciudad. Son judíos,
  3. y predican costumbres que nosotros, siendo romanos, no podemos aceptar ni practicar”.
  4. La gente se sublevó contra ellos, y los pretores mandaron que los desnudaran y les azotaran con varas.
  5. Después de haberles dado muchos palos, los metieron en la cárcel, encargando al carcelero que los guardase bien seguros con cuidado;
  6. él, al recibir tal orden, los metió en la celda más segura, y sujetó sus pies en el cepo de modo que fuera imposible marchar.
  7. Hacia la medianoche, Pablo y Silas estaban en oración cantando himnos a Dios, y los presos escuchaban con atención.
  8. De repente se produjo tan gran terremoto que se conmovieron los cimientos de la cárcel; se abrieron todas las puertas de la cárcel y se soltaron las cadenas de todos.
  9. El carcelero se despertó y, al ver abiertas las puertas de la cárcel, creyendo que los presos se habrían fugado, desenvainó la espada para matarse.
  10. Pablo le gritó a voz alta: “No te hagas daño, que todos estamos aquí”.
  11. Él comprendió inmediatamente el milagro, pidió una luz, entró y se echó temblando ante Pablo y Silas;
  12. los sacó fuera y dijo: “Señores, ¿qué debo hacer para salvarme?”.
  13. Ellos le dijeron: “Cree en Jesús Cristo, el Señor, y te salvarás tú y tu familia”.
  14. Y le anunciaron el logos del Señor a él y a todos los que había en su casa.
  15. A aquellas horas de la noche el carcelero les lavó las heridas, y seguidamente se bautizó él con todos los suyos.
  16. Los subió a su casa, puso la mesa y celebró con alegría toda su familia el haber creído en Dios.
  17. Al llegar el día, los magistrados mandaron a los alguaciles a decir al carcelero: “Pon en libertad a esos hombres”.
  18. El carcelero dijo a Pablo: “Los magistrados han ordenado que seáis libertados. Salid, pues, y marchad en paz”.
  19. Pablo les dijo: “Nos han apaleado públicamente y, sin juzgarnos, a pesar de ser ciudadanos romanos, nos han metido en la cárcel, y ¿ahora quieren sacarnos? Pues no; que vengan ellos a sacarnos y acompañarnos fuera de la cárcel”.
  20. Los alguaciles llevaron la respuesta a los magistrados, los cuales, al oír que eran romanos, tuvieron miedo, por el castigo injusto.
  21. Fueron y les pidieron excusas; los sacaron y les suplicaron que se fueran de la ciudad.
  22. Salieron de la cárcel y fueron a casa de Lidia; vieron a los hermanos, los animaron y después se fueron.

 

Capítulo 17: Pablo y Silas en Tesalónica y Beria, 1-13. Pablo en Atenas, 14-21. Kerigma de Pablo en Areópago,  22-34.

 

Pablo y Silas en Tesalónica y Beria, 17:1-13.

17:1. Pasaron por Anfípolis y Apolonia, donde los judíos tenían una sinagoga.

  1. Pablo, según su costumbre, se presentó allí, y durante tres sábados discutió con ellos sobre las Escrituras,
  2. explicando y probando por las sagradas escrituras que el mesías debía padecer y resucitar de entre los muertos, según el plan omnisciente de Dios; y “el mesías, el Cristo decía, es el Jesús que yo os anuncio”.
  3. Algunos de ellos se convencieron y se unieron a Pablo y Silas, así como muchos prosélitos helenos-griegos y buen número de mujeres nobles.
  4. Los judíos que quedaban con fanatismo a su incredulidad, llevados por la envidia, echaron mano de unos gamberros, que provocaron tumultos y alborotaron la ciudad contra los Apóstoles. Se presentaron ante la casa de Jasón pidiendo llevar a los Apóstoles ante el tribunal del pueblo para condenarlos;
  5. y al no encontrar los Apóstoles, arrastraron a Jasón y algunos Cristianos ante los magistrados, gritando: “Éstos, que han revolucionado el mundo entero, y se han presentado también aquí para hacer lo mismo,
  6. y Jasón los ha hospedado. Todos éstos actúan contra los decretos del César, diciendo que hay otro rey, el Jesús”.
  7. La plebe y los magistrados, al oír estas acusaciones graves, se alarmaron;
  8. pero los magistrados para ponerlos en libertad cuando recibieron la fianza de Jasón y de los restantes cristianos asegurando que Pablo y Silas se marcharon de Tesalónica, los soltaron.
  9. Al llegar la noche, los hermanos hicieron partir en seguida a Pablo y a Silas hacia Beria. Cuando llegaron allí, fueron a la sinagoga de los judíos.
  10. Los judíos de Beria eran más abiertos que los de Tesalónica, y recibieron el logos de Dios con buena disposición, investigando y estudiando diariamente las Escrituras para ver si todo era así como decía Pablo.
  11. Muchos judíos abrazaron la fe, así como gran número de helenos-griegos, mujeres helenas distinguidas y hombres.
  12. Cuando los judíos de Tesalónica supieron que Pablo anunciaba también en Beria el logos de Dios, fueron allá para agitar y alborotar a la plebe.

Pablo en Atenas, 17:14-21.

  1. Entonces los hermanos hicieron partir a Pablo hacia el mar, y Silas y Timoteo se quedaron allí.
  2. Los que acompañaban a Pablo lo llevaron hasta Atenas, y se volvieron en seguida con el encargo para Silas y Timoteo de que se unieran con él lo más pronto posible.
  3. Mientras Pablo los esperaba en Atenas, se llenaba de indignación al contemplar la ciudad llena de ídolos.
  4. Discutía en la sinagoga sobre el tema con los judíos y con los prosélitos que respetaban a Dios, y diariamente en el ágora con los que se encontraba.
  5. Algunos filósofos epicúreos y estoicos conversaban con él; unos decían: “¿Qué querrá decir ese charlatán?”. Y otros: “Parece ser un predicador de deidades desconocidas y extranjeras”, porque Pablo anunciaba a Jesús y la resurrección.
  6. Lo llevaron al Areópago, y le preguntaron: “¿Podemos saber qué doctrina nueva enseñas?
  7. Nos tienes cansados los oídos con cosas paradójicas y extrañas, y queremos saber de qué se trata”.
  8. Todos los atenienses y los extranjeros residentes sólo se entretenían en decir o en oír novedades.

Kerigma de Pablo en Areópago,  17:22-34.

  1. Pablo, puesto en pie en medio del Areópago, dijo: « Hombres Atenienses, por todo lo que veo, os considero muy religiosos.
  2. Al recorrer vuestra ciudad y contemplar vuestros monumentos sagrados, me he encontrado incluso un altar con esta inscripción: “Al Dios desconocido”. Pues bien, lo que vosotros respetáis y veneráis sin conocerlo, eso es lo que yo os vengo a anunciar.
  3. El Dios que ha hecho el mundo y todo lo que hay en él, siendo señor del cielo y de la tierra, no habita en templos construidos por la mano del hombre.
  4. Ni es servido por manos humanas, como si él necesitase algo, siendo Él mismo quien da a todos la vida, el aliento y todas las cosas necesarias para su mantenimiento;
  5. de una sola sangre ha hecho todo el género humano y las naciones, para que habite sobre toda la faz de la tierra, determinando los tiempos de la aparición de la vida y fijó con exactitud las estaciones y las fronteras de sus casas,
  6. para que buscasen a Dios, y a ver si buscando a tientas lo podían encontrar; aunque está muy cerca de cada uno de nosotros,
  7. ya que en él vivimos, nos movemos y existimos, como alguno de vuestros poetas ha dicho también: “Porque somos de su linaje”, creados a imagen y semejanza de Dios.
  8. Pues si nosotros somos linaje de Dios, no debemos pensar que la divinidad es semejante a oro o plata o piedra, escultura hecha por el arte y el ingenio del hombre.
  9. Dios, pasando por alto los tiempos de la ignorancia, hace saber ahora a los hombres que todos, en todas partes, se vuelvan a la metania, se arrepientan y se conviertan,
  10. puesto que ha establecido un día en el que ha de juzgar al universo con justicia por medio de un hombre, a quien ha designado y acreditado ante todos al resucitarlo de entre los muertos».
  11. Al oír hablar de la resurrección de los muertos, unos se burlaban y otros dijeron: “Te oiremos sobre esto otra vez”.
  12. y así Pablo una vez dicho esto, se salió de en medio de ellos.
  13. Algunos, sin embargo, se unieron a él, le siguieron con confianza y creyeron en su kerigma; entre ellos se encontraba Dionisio el Areopagita, una mujer llamada Dámaris y algunos otros.

 

Capítulo 18: Pablo en Corinto, 1-11. Ante Galíon, 12-17. Regreso a través de Éfeso y Jerusalén a Antioquía, 18-23. El Apoló de Corinto, 24-28.

 

Pablo en Corinto, 18:1-11.

18:1. Después de todo esto, Pablo salió de Atenas y fue a Corinto.

  1. Allí encontró a un judío llamado Akilas, oriundo del Ponto, que acababa de llegar de Italia con su mujer, Priscila, por haber decretado Claudio que salieran de Roma todos los judíos; así que Pablo vino y se relacionó con ellos.
  2. y como eran del mismo oficio, se quedó trabajando en su casa; se dedicaban a fabricar tiendas de campaña.
  3. Todos los sábados dialogaba y hablaba en la sinagoga con los hebreos, intentando por su enseñanza a convencer a judíos y a griegos.
  4. Cuando Silas y Timoteo llegaron de Macedonia, Pablo se entregó por completo enseñando el logos de Dios, pero estaba entristecido por la indisposición y desgana de los judíos a los cuales Pablo demostraba que Jesús era el Cristo/Mesías.
  5. Como ellos le llevaban la contraria e insultaban a él y a Cristo, se sacudió la ropa y les dijo: «Que vuestra sangre caiga sobre vuestras cabezas; yo soy inocente; desde ahora me iré a las naciones con los paganos».
  6. Partió de la sinagoga, y fue a casa de un prosélito llamado Justo, quien respetaba y veneraba a Dios, cuya casa estaba contigua a la sinagoga.
  7. Crispo, el jefe de la sinagoga, creyó en el Señor con toda su familia; y muchos de los corintios que habían oído el kerigma de Pablo creyeron y se bautizaron.
  8. Una noche el Señor dijo en visión a Pablo: «No tengas miedo, habla y no calles,
  9. porque yo estoy contigo, y nadie intentará hacerte mal; tú predica, porque en esta ciudad el pueblo mío es numeroso».
  10. Y realmente se detuvo allí un año y medio, enseñando entre ellos el logos de Dios.

Ante Galíon, 18:12-17.

  1. Siendo Galión procónsul de Acaya, los judíos se sublevaron a una contra Pablo y lo llevaron ante el tribunal,
  2. con esta acusación: “Éste incita a los hombres a que den culto a Dios en contra de la ley de Moisés”.
  3. Cuando Pablo iba a hablar y confesarse, Galión dijo a los judíos: “Si se tratase de un crimen o de un delito grave, yo os escucharía pacientemente, como es de justicia;
  4. pero si es cuestión de enseñanzas y nombres y cosas de vuestra ley, allá vosotros; yo no quiero ser juez de estos asuntos”.
  5. Y los echó del tribunal.
  6. Entonces los helenos-griegos se apoderaron de Sóstenes, el jefe de la sinagoga, y lo golpearon delante del tribunal, sin que nada de esto le importara a Galión.

Regreso a través de Efeso y Jerusalén a Antioquía, 18:18-23.

  1. Pablo permaneció aún cierto tiempo en Corinto; después se despidió de los hermanos y se embarcó hacia Siria. Lo acompañaban Priscila y Akilas. En Kenjreas se había rapado la cabeza porque había hecho un voto a Dios.
  2. Llegaron a Éfeso, donde se separó de ellos. Fue a la sinagoga y estuvo dialogando y hablando con los judíos.
  3. Ellos le pidieron que se quedase más tiempo; pero no accedió;
  4. y se despidió con estas palabras: “debo ir como sea en la próxima fiesta y celebrarla en Jerusalén; Volveré de nuevo, si Dios quiere”; y se marchó de Éfeso en barco;
  5. y desembarcó en Kesarea, fue a saludar a los fieles de la Iglesia en Jerusalén y bajó a Antioquía.
  6. Allí estuvo algún tiempo y recorrió nuevamente la región de Galacia y Frigia, alentando y sosteniendo a todos los discípulos a la fe y vida en Cristo.

El Apolo de Corinto, 18:24-28.

  1. Un judío llamado Apolo, originario de Alejandría, hombre con estudios, elocuente y muy versado en las Escrituras, llegó a Éfeso.
  2. Había sido instruido en el camino del Señor. Lleno de entusiasmo, hablaba y enseñaba con bastante exactitud lo referente al Señor, aunque sólo conocía el bautismo y el kerigma de Juan el Bautista.
  3. Él se puso a hablar con toda libertad en la sinagoga. Cuando lo oyeron Priscila y Akilas, lo llevaron aparte y le expusieron con mayor exactitud el camino de Dios.
  4. Como quería ir a Acaya, los hermanos lo animaron y escribieron a los discípulos para que le hicieran una buena acogida. Una vez allí en Corinto, con la jaris-gracia increada de Dios, ayudó mucho a los que habían creído al Señor.
  5. Con argumentos sólidos refutaba en público a los judíos, demostrando por las Escrituras que Jesús era el Cristo/Mesías.

 

Capítulo 19: Pablo en Efeso, 1-7. Fe e incredulidad de los Hebreos, 8-12. Exorcistas Hebreos, 13-22. El alboroto en Éfeso, 23-41.

 

Pablo en Efeso, 19:1-7.

  1. Mientras Apolo estaba en Corinto, Pablo, después de haber recorrido las regiones montañosas del norte, llegó a Éfeso, donde encontró algunos discípulos,
  2. y les preguntó: «¿Habéis recibido el Espíritu Santo al abrazar la fe?». Ellos contestaron: «Ni siquiera hemos oído decir que existe Espíritu Santo».
  3. Él les preguntó: «¿Pues qué bautismo habéis recibido?». Ellos contestaron: “El bautismo de Juan”.
  4. Pablo dijo: «Juan bautizó con bautismo de μετανοια metania arrepentimiento y conversión, diciendo al pueblo que creyese en el que había de venir después de él, es decir, en Jesús Cristo, el que iba a dar el perdón de los pecados y la salvación».
  5. Al oírlo, se bautizaron en el nombre de Jesús, el Señor.
  6. Cuando Pablo les impuso las manos, descendió sobre ellos el Espíritu Santo, recibieron carismas especiales y se pusieron a hablar en lenguas extranjeras y a profetizar.
  7. Eran en total unas doce personas.

Fe e incredulidad de los Hebreos, 19:8-12.

  1. Pablo entró después en la sinagoga, donde habló con absoluta libertad durante tres meses, discutiendo y esforzándose por convencerlos acerca del reinado de la realeza increada de Dios.
  2. Pero como algunos de los judíos se obstinaban en no creer y desacreditaban el camino de la fe y salvación del Señor ante la gente, se apartó de ellos, hizo un grupo aparte con los discípulos que habían creído y se puso a enseñar diariamente en la escuela de un tal Tirano.
  3. Esto duró dos años, de manera que todos los habitantes de Asia, tanto judíos como helenos-griegos, oyeron la enseñanza de los logos del Señor, Jesús.
  4. Dios hacía milagros extraordinarios por medio de las manos de Pablo,
  5. hasta el punto de que, con sólo aplicar a los enfermos los pañuelos que limpiaba su sudor o cualquier otra prenda de Pablo, se curaban y salían de ellos los espíritus malignos.

Exorcistas hebreos, 19:13-22.

  1. Algunos exorcistas judíos ambulantes intentaron también invocar el nombre de Jesús, el Señor, sobre los que estaban poseídos por espíritus malignos, diciendo: “Os conjuro por Jesús, a quien Pablo predica, que os vayáis de los hombres que poseéis y torturáis”.
  2. Hacían esto los siete hijos de Esceva, sumo sacerdote judío.
  3. Pero el espíritu maligno les respondió: “Conozco a Jesús y sé quién es Pablo; pero vosotros, ¿quiénes sois?”.
  4. El hombre poseído del espíritu maligno saltó sobre ellos, se apoderó de los dos, empezó a golpearlos y los maltrató, de modo que escaparon desnudos y heridos de aquella casa del endemoniado.
  5. Esto se divulgó entre todos los habitantes de Éfeso, judíos y griegos los que no habían creído en Cristo y un gran temor se apoderó de todos ellos, y se ensalzaba y se glorificaba el nombre de Jesús, el Señor.
  6. Muchos creyentes venían a confesar y a manifestar públicamente sus malas praxis de magia.
  7. Y bastantes de los que habían practicado artes mágicas llevaron sus libros y los quemaron en presencia de todos; su valor fue calculado en cincuenta mil monedas de plata.
  8. Así crecía poderosamente el logos del Señor y cada vez se consolidaba más.
  9. Después de esos sucesos, Pablo se propuso atravesar Macedonia y Acaya e ir a Jerusalén. Se decía: “Debo visitar también Roma, después de mi visita a Jerusalén”.
  10. Mandó a Macedonia a dos de sus colaboradores, Timoteo y Erasto, y él se detuvo algún tiempo más en Asia.

El alboroto en Éfeso, 19:23-41

  1. Por entonces se produjo un gran motín a propósito del nuevo camino de la salvación que había apocaliptado-revelado el Señor.
  2. Un platero llamado Demetrio, que hacía templos de plata de Artemisa-Diana, proporcionaba trabajo a los artífices con no pocas ganancias;
  3. reunió a todos los que tenían el mismo oficio y les dijo: “Amigos, sabéis que nuestro trabajo y bienestar depende de este negocio que viene nuestro rico salario;
  4. veis y oís que no sólo en Éfeso, sino en casi toda Asia, ese Pablo ha apartado y persuadido a mucha gente, diciendo que no son dioses los que han sido hechos con las manos de los hombres.
  5. No sólo hay peligro de que nuestro oficio se desacredite, sino también de que sea tenido en nada el templo de la gran diosa Artemisa-Diana y de que sea despojada de la majestad aquella a quien venera toda Asia y el mundo entero”.
  6. Al oír esto se llenaron de ira, y se pusieron a gritar: “Grande es la Artemisa-Diana de los efesios”.
  7. El desorden cundió por toda la ciudad y se lanzaron a una hacia el teatro, arrastrando consigo a Gayo y a Aristarco, macedonios, co-caminantes y compañeros de Pablo.
  8. Pablo quiso presentarse ante el pueblo, pero los discípulos no lo dejaban.
  9. Algunas autoridades de Asia, amigos suyos, le mandaron también recado, rogándole que no se presentase en el teatro y exponerse al peligro.
  10. Cada uno gritaba una cosa, de modo que la asamblea-iglesia del pueblo estaba alborotada y la mayor parte no sabía por qué se habían reunido allí.
  11. Algunos judíos empujaron a Alejandro para que hablara a la gente, y Alejandro hizo señal con la mano de que quería hablar al pueblo a favor de los judíos.
  12. Pero cuando se dieron cuenta de que era judío, todos a una gritaron por espacio de casi dos horas: “¡Grande es la Artemisa-Diana de los efesios!”.
  13. El letrado logró calmar a la multitud y dijo: “Efesios, ¿quién puede ignorar que la ciudad de los efesios es la guardiana de la gran Artemisa-Diana y de su estatua que nos ha enviado del cielo Zeus?
  14. Siendo todo esto incontestable no hay ninguna duda, conviene pues que os mantengáis serenos y no hagáis nada con precipitación.
  15. Porque habéis traído a estos hombres, Gayo y Arístarco, que no han robado ni son sacrílegos ni blasfemadores de vuestra diosa Artemisa-Diana.
  16. Si Demetrio y los artífices que están con él tienen algo contra alguno, para eso hay tribunales y procónsules, pues, que apelen las dos partes a los tribunales.
  17. Y si buscáis y solicitáis algo más, será resuelto en la asamblea legal que de acuerdo a la ley será en unos días.
  18. Porque corremos peligro de ser acusados de rebelión por todo lo que ha sucedido hoy, no habiendo ningún motivo que pueda justificar este alboroto”.
  19. Dicho esto, se disolvió la asamblea.

 

Capítulo 20: Viaje de Pablo a Macedonia y Grecia y de allí a Troada, 1-12. Pablo en Mileto, 13-17. Homilía hacia los presbíteros de Éfeso, 18-38.

 

Viaje de Pablo a Macedonia y Grecia y de allí a Troada, 20:1-12.

20:1. Después que cesó el alboroto, Pablo llamó a los discípulos, les dio ánimo, se despidió de ellos y partió para Macedonia.

  1. Recorrió aquellas regiones exhortando y reforzando a los discípulos con su enseñanza y con muchos otros logos del Evangelio, vino a Helade-Grecia,
  2. donde pasó tres meses. Cuando iba a embarcarse para Siria, se enteró de que los judíos habían preparado un atentado contra él, por lo que determinó volver por Macedonia.
  3. Le acompañaban Sópatros, hijo de Pirro, de Beria; Aristarco y Segundo, de Tesalónica; Gayo, de Derbe, y Timoteo; y los asiáticos Tíquico y Trófimo.
  4. Éstos se adelantaron y nos esperaron en Tróade.
  5. Nosotros nos embarcamos en Filipos después de la pascua hebrea de ázimos, y a los cinco días los alcanzamos en Tróade, donde nos detuvimos siete días.
  6. El primer día de la semana, es decir, el Domingo, nos reunimos para partir y comulgar el pan de la divina Efjaristía, Pablo, que iba a viajar al día siguiente, alargó la enseñanza hablando y dialogando con ellos hasta medianoche.
  7. En la sala de arriba, donde estábamos reunidos, había muchas lámparas encendidas.
  8. Un joven, llamado Eftico, estaba sentado en la ventana. Como Pablo se alargaba demasiado hablando de su enseñanza, le entró un sueño tan profundo que, vencido por él, se cayó desde el tercer piso abajo, y lo levantaron ya cadáver.
  9. Pablo bajó, se echó sobre él y, abrazándolo, dijo: «Tranquilos, su psique-alma ha retornado, está en su interior, está vivo».
  10. Subió de nuevo, partió el pan de la divina Efjaristía y comió, estuvo hablando hasta el alba y se marchó.
  11. Al muchacho lo trajeron vivo, con gran consuelo para todos.

Pablo en Mileto, 20:13-17.

  1. Nosotros zarpamos con tiempo suficiente rumbo a Asos, donde teníamos que recoger a Pablo, pues él había decidido hacer el viaje por tierra.
  2. Así que llegó a Asos, lo recogimos y fuimos a Mitilini.
  3. Seguimos navegando, y al día siguiente nos encontramos frente a la isla Jíos; al otro día atracamos en la isla Samos y pasamos la noche en Troguilion; al día siguiente llegamos a Mileto.
  4. Pablo había resuelto pasar de largo por Éfeso para no perder tiempo en Asia, pues tenía prisa por encontrarse en Jerusalén el día de Pentecostés, si fuera posible.
  5. Desde Mileto mandó a Éfeso a llamar a los presbíteros de la Iglesia.

Homilía a los presbíteros de Éfeso, 20:18-38.

  1. Cuando llegaron, les dijo: «Vosotros sabéis cómo me he portado con vosotros todo el tiempo desde el primer día que entré en Asia Menor,
  2. sirviendo al Señor con toda humildad y con lágrimas, en medio de las pruebas que me han sucedido por las asechanzas de los judíos.
  3. Jamás dejé de anunciaros y enseñaros en público y por las casas todo cuanto os pudiera ser útil espiritualmente,
  4. instando a judíos y helenos-griegos la necesidad de volver a la metania, a arrepentirse y a convertirse en Dios y en la fe en Jesús nuestro Señor.
  5. Y ahora voy a Jerusalén como encadenado y empujado por el Espíritu Santo, sin saber lo que allí me va a suceder;
  6. únicamente sé que el Espíritu Santo me informa que en todas las ciudades me esperan prisiones y tribulaciones.
  7. Pero a mí no me preocupa mi vida ni la considero estimable, con tal de acabar mi misión y cumplir la misión que he recibido de Jesús, el Señor, de anunciar sin miedo la buena nueva del Evangelio de la χάρις-gracia energía increada de Dios.
  8. Yo sé que todos vosotros, entre los que he pasado predicando la realeza increada de Dios, no me volveréis a ver.
  9. Por lo cual os declaro en el día de hoy que tengo la conciencia limpia ante Dios respecto a todos vosotros, si sucede que alguno de vosotros se desvía del camino;
  10. porque jamás dejé de anunciaros el plan y cada voluntad de Dios, en relación de la sotiría salvación del hombre.
  11. Cuidad de vosotros, cómo vivís y cómo enseñáis. Cuidad de todo el rebaño espiritual, del que el Espíritu Santo os ha constituido como guardianes para apacentar la Iglesia del Señor y Dios, que el mismo Señor ha adquirido con su propia sangre.
  12. Yo sé que después de mi partida se introducirán entre vosotros lobos crueles y heréticos, que nos les importará nada sobre las ovejas lógicas de Cristo, sino que intentarán a arrastrarlas en sus engaños y destruirlas psíquicamente y espiritualmente;
  13. y que de entre vosotros mismos surgirán hombres egópatas y ególatras que enseñarán doctrinas falsas y perversas alejando los discípulos del camino ortodoxo de sotiría salvación con el fin de arrastrarlo en pos de sí como seguidores suyos.
  14. Por lo cual, estad en alerta y vigilancia y recordad que durante tres años no he cesado noche y día de instruir y aconsejar con lágrimas en los ojos a cada uno de vosotros.
  15. Y ahora, hermanos míos, os encomiendo a Dios y a la enseñanza de su χάρις gracia increada energía, que sólo Dios tiene poder a edificaros en la vida según Cristo y daros la herencia a todos los que por la jaris increada de Cristo habéis avanzado a la santificación.
  16. De nadie he deseado plata, oro o vestidos.
  17. Vosotros mismos sabéis que estas manos han provisto a mis necesidades y a las de los que andan conmigo.
  18. En todo, en logos y praxis os he mostrado que se debe trabajar así espiritualmente y materialmente para ayudar y apoyar a los hermanos necesitados y débiles en la fe, recordando los logos de Jesús, el Señor que dijo: “Hay más felicidad en dar que en recibir”.
  19. Cuando terminó de hablar, se puso de rodillas y oró con todos ellos.
  20. Todos rompieron a llorar, se echaron al cuello de Pablo y lo abrazaron y besaron con mucho cariño,
  21. afligidos sobre todo porque les había dicho que no volverían a verlo. Y así emocionados le acompañaron hasta el barco.

 

Capítulo 21: Viaje de Pablo a Jerusalén, 1-16. Detención de Pablo e intento de asesinarlo en el templo, 17-30. Intervención del comandante de guarnición, 31-40.

 

Viaje de Pablo a Jerusalén, 21:1-16.

21:1. Así que nos separamos de ellos con dificultad, nos embarcamos y fuimos derechos a la isla Kos, y al día siguiente a la isla Rodas, y de allí a Pátara.

  1. Allí encontramos un barco que pasaría por Fenicia; subimos a él y partimos.
  2. Al dar vista a Chipre, que dejamos a babor, navegamos hacia Siria y desembarcamos en Tiro, porque el barco tenía que dejar allí la carga.
  3. Encontramos a los discípulos y estuvimos con ellos una semana. Ellos, como habían sido iluminados por el Espíritu, decían a Pablo para evitar las duras peripecias que no fuera a Jerusalén.
  4. Pero, al pasar la semana, partimos. Nos acompañaron todos, con sus mujeres y niños, hasta fuera de la ciudad. Nos pusimos de rodillas en la playa y oramos,
  5. nos despedimos mutuamente y subimos al barco; ellos se volvieron a sus casas.
  6. Nosotros, al terminar la navegación, fuimos de Tiro a Ptolemaida, donde saludamos a los hermanos y nos quedamos un día con ellos.
  7. Al día siguiente partimos y llegamos a Kesarea. Fuimos a ver a Felipe, el evangelista, uno de los siete diáconos, y nos quedamos con él en su casa.
  8. Éste tenía cuatro hijas solteras con el don de profecía/teología.
  9. Al cabo de varios días de estar allí, llegó de Judea un profeta llamado Agabo,
  10. el cual fue a nuestro encuentro, tomó el cinto de Pablo, se ató los pies y las manos, y dijo: “Esto dice el Espíritu Santo: Así atarán en Jerusalén los judíos al hombre de quien es este cinto y lo entregarán en manos de los romanos paganos”.
  11. Cuando oímos esto, suplicamos a Pablo, tanto nosotros como los de aquel lugar llorando que no fuera a Jerusalén.
  12. Pablo respondió: ¿Qué hacéis llorando y partiéndome el corazón? Yo estoy dispuesto no sólo a ser atado, sino también a morir en Jerusalén por el nombre de Jesús, el Señor».
  13. Y como no había manera de convencerlo, desistimos, diciendo: «Hágase la voluntad del Señor».
  14. Después de unos días, preparamos nuestro equipaje y nos fuimos a Jerusalén.
  15. Fueron también con nosotros algunos discípulos de Kesarea, y nos llevaron a casa de un tal Nasón, chipriota, antiguo discípulo, para hospedarnos.

Detención de Pablo e intento de asesinarlo en el templo, 21:17-30.

  1. Al día siguiente Pablo fue con nosotros a casa de Santiago, donde se reunieron todos los presbíteros.
  2. Después de saludarlos, contó una por una las cosas que había hecho Dios entre los nacionales o gentiles de las naciones por su diaconía apostólica.
  3. Ellos, al oír todo esto, alabaron a Dios, y dijeron a Pablo: “Ves, hermano, cuántos millares de judíos han creído, y todos siguen siendo fieles celadores de la ley de Moisés.
  4. Pero han oído decir de ti que induces a los judíos que viven entre paganos de las naciones a que dejen la ley de Moisés, que no circunciden a sus hijos y que no vivan según las tradiciones y costumbres hebreas.
  5. ¿Qué hacemos ahora? Seguro que se enterarán de que has llegado.
  6. Haz lo que te vamos a decir. Hay entre nosotros cuatro hombres que han hecho un voto;
  7. llévatelos contigo, purifícate con ellos y paga por ellos para que se afeiten la cabeza. Así sabrán todos que no es verdad nada de lo que han oído decir de ti, sino que tú también sigues guardando la ley de Moisés.
  8. Por lo que respecta a los paganos de las naciones que han abrazado la fe, les hemos mandado a decir que se debían abstener de la lujuria o fornicación, de comer sangre y carne sacrificada a los ídolos o de animales ahogados”.
  9. Al día siguiente Pablo tomó consigo a los hombres, se purificó con ellos y entró en el templo para fijar la fecha en la que terminaban los días de la purificación y en la que sería presentada la ofrenda por cada uno de ellos.
  10. Cuando iban ya a cumplirse los siete días, los judíos de Asia, al verlo en el templo, alborotaron a la gente y le echaron mano,
  11. gritando: “Israelitas, ayudadnos: éste es el hombre que va enseñando por todas partes y a todos contra el pueblo, contra la ley, contra este lugar; más aún, ha metido a los helenos-griegos en el templo, profanando este lugar santo”.
  12. Y es que habían visto antes a Trófimo de Éfeso con él en la ciudad, y pensaron que Pablo lo había metido en el templo.
  13. Toda la ciudad se alborotó y la gente acudió en masa. Prendieron a Pablo, lo arrastraron fuera del templo y cerraron rápidamente las puertas, no vaya ser que se contamine y se profane el templo por la sangre de Pablo, porque ya habían decidido matarlo inmediatamente allí.

Intervención del comandante de guarnición, 21:31-40.

  1. Mientras intentaban matarlo, se avisó al comandante de la guarnición romana de que toda Jerusalén estaba alborotada;
  2. sin perder un instante, fue corriendo con soldados y oficiales. Ellos, al ver al comandante y a los soldados, dejaron de sacudir a Pablo.
  3. El comandante llegó, agarró a Pablo y mandó sujetarlo con cadenas; luego preguntó quién era y qué había hecho.
  4. En aquella masa de gente cada uno gritaba una cosa; y no logrando saber nada cierto por aquel alboroto, mandó que lo llevasen al cuartel.
  5. Cuando llegaron a las escaleras, los soldados tuvieron que llevar en volandas a Pablo, debido a la violencia e ímpetu de la muchedumbre.
  6. Porque todo el pueblo venía detrás, gritando: “¡Matadlo, matadlo!”.
  7. Cuando estaban para meterlo en el cuartel, Pablo dijo al comandante: “¿Puedo decirte una cosa?”. Y él dijo: “¿Sabes griego?”
  8. ¿Es que no eres tú el egipcio que hace unos días amotinó a cuatro mil guerrilleros y se fue al desierto con ellos?’.
  9. Pablo dijo: «Yo soy judío, ciudadano de Tarso, una ciudad no desconocida de Cilicia. Te ruego que me permitas hablar al pueblo».
  10. El comandante se lo permitió. Pablo, puesto en pie sobre las escaleras, hizo ademán al pueblo con la mano, y se hizo un gran silencio. Entonces habló en lengua hebrea, diciendo:

 

Capítulo 22: Homilía a la muchedumbre, 1-22. Encarcelación de Pablo, 23-30.

 

Homilía a la muchedumbre, 22:1-22.

22:1. «Hombres hermanos y padres, escuchad ahora mi defensa ante vosotros».

  1. Cuando oyeron que les hablaba en lengua hebrea, el silencio se hizo más profundo.
  2. Él siguió: «Yo soy judío, nacido en Tarso de Cilicia, pero educado aquí, en esta ciudad, a los pies de Gamaliel, instruido en la fiel observancia de la ley de nuestros padres, partidario entusiasta de la causa de Dios, como todos vosotros los sois en este día;
  3. yo he perseguido a muerte esta fe nueva, este nuevo camino de la vida cristiana, encadenando y metiendo en la cárcel a hombres y a mujeres,
  4. como lo puede testificar el sumo sacerdote y el colegio de los ancianos; ellos me dieron cartas para los hermanos de Damasco y fui allá con el fin de traer presos a Jerusalén a los creyentes cristianos que encontrara para que fueran castigados.
  5. Pero sucedió que cerca ya de Damasco, hacia mediodía, de repente me envolvió una gran luz divina (increada) venida del cielo.
  6. Caí a tierra, y oí una voz que me decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?
  7. Yo pregunté: ¿Quién eres, Señor? Y me dijo: Yo soy Jesús de Nazaret, a quien tú persigues.
  8. Los que estaban conmigo vieron la luz, se asustaron, pero no oyeron la voz del que me hablaba.
  9. Yo dije: ¿Qué tengo que hacer, Señor? Y el Señor me dijo: Levántate y entra en Damasco; allí te dirán lo que Dios ha determinado lo que debes hacer.
  10. Como no veía nada a causa del gran resplandor de aquella luz, entré en Damasco conducido de la mano de mis compañeros de viaje.
  11. Un tal Ananías, fiel cumplidor de la ley, muy virtuoso y estimado por todos los judíos de la ciudad,
  12. se me presentó y me dijo: Hermano Saulo, recobra la vista. Y en el mismo instante la recobré y lo miré.
  13. Él dijo: El Dios de nuestros padres te ha destinado a conocer su voluntad, a ver al Justo Jesús y a oír de su boca su voz,
  14. porque serás su testigo y anunciarás ante todos los hombres de lo que has visto y oído.
  15. Y ahora, ¿qué esperas? Levántate, bautízate y lava tus pecados por el bautismo invocando el nombre del Señor Jesús Cristo.
  16. Sucedió que cuando volví a Jerusalén, estando yo orando en el templo, fui arrebatado en éxtasis y vi al Señor, que me decía:
  17. Date prisa y sal pronto de Jerusalén, porque los judíos no recibirán ni aceptarán tu testimonio y tu kerigma acerca de mí.
  18. Yo le dije: Señor, ellos saben muy bien que yo iba por las sinagogas para meter en la cárcel y torturar a los que creían en ti.
  19. Cuando se derramó la sangre de Esteban, tu testigo y mártir, yo mismo estaba allí, consintiendo y guardando las ropas de los que lo mataban.
  20. Y me dijo: Ponte en camino, que te voy a enviar a pueblos más lejanos».
  21. Hasta aquí lo estuvieron escuchando, pero entonces se pusieron a gritar: «Μátalo, quita del mundo a este hombre, porque no merece vivir».

Encarcelación de Pablo, 22:23-30.

  1. Como ellos continuaban gritando, agitaban los mantos y tiraban polvo al aire,
  2. el comandante mandó meterlo en la fortaleza, con orden de que lo azotaran a ver si confesaba y lograba saber por qué gritaban así los hebreos contra él.
  3. Pero cuando le iban a sujetar con correas, Pablo dijo al oficial allí presente: «¿Está permitido azotar a un ciudadano romano sin haberlo juzgado antes?».
  4. Al oír esto, el oficial salió a comunicárselo al comandante: «¿Ten cuidado de lo qué vas a hacer? Este hombre es ciudadano romano».
  5. El comandante fue y le dijo: “Dime, ¿eres romano?”. Pablo contestó: “Sí”.
  6. El comandante dijo: “Yo he conseguido este derecho de ciudadanía romana mediante una importante suma”. Pablo replicó: “Pues yo lo tengo de nacimiento”.
  7. Al instante los que iban a torturarlo para hacerlo hablar se fueron. Y el comandante tuvo miedo, al darse cuenta de que era romano y que lo había encadenado.
  8. Al día siguiente, queriendo saber con certeza de qué lo acusaban los judíos, lo desató y mandó que se reunieran los sumos sacerdotes y el tribunal supremo. Después bajó a Pablo y lo hizo comparecer ante ellos.

 

Capítulo 23: Pablo procesado ante el Sanedrín, 1-11. Conjura contra la vida de Pablo, 12-21. Enviado a Kesarea bajo compañía segura, 22-35.

 

Pablo procesado ante el Sanedrín, 23:1-11.

  1. Pablo, mirando fijamente al tribunal, dijo: «Hermanos, yo me he comportado con buena conciencia ante Dios hasta el día de hoy».
  2. El sumo sacerdote Ananías mandó a los sirvientes que estaban junto a él que le dieran un puñetazo en la boca.
  3. Pablo le dijo: «Dios te golpeará a ti, pared blanqueada. Tú estás sentado para juzgarme según la ley, ¿y tú violando la ley mandas golpearme?».
  4. Los presentes dijeron: “¡Tú insultas al sumo sacerdote de Dios!”.
  5. Pablo dijo: «No sabía, hermanos, que fuera el sumo sacerdote, pues está escrito: No insultarás al jefe de tu pueblo».
  6. Pablo, sabiendo que una parte del tribunal eran saduceos y otra fariseos, gritó así: «Hombres hermanos, yo soy fariseo, hijo de fariseos; soy juzgado porque creo y tengo esperanza en la resurrección de los muertos».
  7. Al decir esto, surgió una discusión entre los fariseos y los saduceos, y se dividió la asamblea.
  8. Porque los saduceos dicen que no hay resurrección, ni ángeles, ni psique-almas con espíritu fuera del cuerpo; mientras que los fariseos admiten las dos, la resurrección de los muertos y la existencia de ángeles y psique-almas.
  9. Se produjo un gran alboroto. Algunos gramatís-escribas maestros de la ley de la parte de los fariseos se levantaron y afirmaron enérgicamente: “Nosotros no encontramos nada malo en este hombre. ¿Y si le ha hablado un espíritu o un ángel?, pues, no luchemos contra Dios”.
  10. Como la discordia crecía cada vez más, el comandante, temiendo que despedazaran a Pablo, ordenó que bajara la tropa, que lo sacaran de allí y que lo llevaran a la fortaleza.
  11. A la noche siguiente se le apareció el Señor y le dijo: «Ten ánimo Pablo, pues como has predicado y dado testimonio en Jerusalén acerca de mí con valentía y franqueza, así conviene también que lo des en Roma».

Complot contra Pablo, 23:12-21.

  1. Cuando se hizo de día, los judíos convocaron una reunión, en la que se comprometieron bajo juramento a no comer ni beber hasta que matasen a Pablo.
  2. Eran más de cuarenta los que hicieron tal conjuración.
  3. Se presentaron a los sumos sacerdotes y a los ancianos, y dijeron: “Nos hemos comprometido bajo juramento a no comer nada hasta matar a Pablo.
  4. Ahora vosotros y el tribunal supremo tenéis que pedir al comandante que lo haga comparecer en vuestra presencia con el pretexto de examinar más a fondo su causa; nosotros estamos preparados para matarlo antes que llegue”.
  5. Pero el hijo de la hermana de Pablo, que tuvo conocimiento de la conjuración, se presentó, entró en la fortaleza y avisó a Pablo.
  6. Pablo llamó a uno de los oficiales y le dijo: «Lleva a este joven ante el comandante, porque tiene algo que comunicarle».
  7. Él lo levó al comandante, al cual dijo: «El preso Pablo me ha llamado y me ha suplicado que te traiga a este joven, que tiene algo que decirte”.
  8. El comandante lo agarró de la mano, se lo llevó aparte y le preguntó: “¿Qué es lo que tienes que decirme?”.
  9. Contestó: “Que los judíos han acordado pedirte que hagas bajar mañana a Pablo al tribunal con el pretexto de examinar más a fondo su caso.
  10. Tú no lo creas, porque más de cuarenta hombres de entre ellos le van a tender una emboscada, y se han comprometido bajo juramento a no comer ni beber hasta que lo hayan matado; y ahora están preparados, esperando tan sólo tu respuesta a que conduzca a Pablo allí”.

Enviado a Kesarea bajo compañía segura, 23:22-35.

  1. El comandante despidió al muchacho y le ordenó que no dijera a nadie que le había dicho aquello.
  2. Después llamó a dos oficiales y les dijo: “A las nueve de la noche hay que salir para Kesarea. Preparad doscientos soldados de infantería, setenta de caballería y doscientos lanceros.
  3. Disponed también cabalgaduras para montar a Pablo y llevarlo sano y salvo al gobernador Félix”.
  4. Y escribió una carta en estos términos:
  5. “Claudio Lisias al excelentísimo gobernador Félix, saludos.
  6. Los judíos se han apoderado de este hombre, y ya estaban para matarlo, cuando intervine yo con los soldados y lo libré, al saber que era ciudadano romano.
  7. Queriendo conocer la causa por la que lo acusaban, lo conduje a su tribunal supremo;
  8. he encontrado que lo acusaban por cuestiones de su ley y que no había cometido delito que merezca la muerte o la prisión.
  9. Pero informado de que se armaba una conjuración contra este hombre, inmediatamente lo he enviado a ti, notificando a los acusadores que digan ante ti lo que tengan contra él. Salud”.
  10. Los soldados, según las órdenes recibidas, tomaron a Pablo y lo llevaron durante la noche a Antípatris;
  11. y al día siguiente se volvieron a la fortaleza de Jerusalén, dejando que fuesen con él los de caballería,
  12. los cuales, al llegar a Kesarea, entregaron la carta al procurador y le presentaron también a Pablo.
  13. Él leyó la carta, y preguntó a Pablo de qué provincia era; y cuando fue informado de que era de Cilicia,
  14. dijo: “Te oiré cuando se presenten tus acusadores”. Y mandó que lo custodiaran en el palacio de Herodes.

 

Capítulo 24: Proceso y defensa de Pablo ante Félix, 1-9. Su apología, 10-23. Conversación entre Pablo y Félix, 24-27.

 

Proceso y defensa de Pablo ante Félix, 24:1-9.

24:1. Cinco días más tarde, el sumo sacerdote Ananías llegó a Kesarea con algunos ancianos y el abogado llamado Tértulo, y presentaron acusación ante el gobernador contra Pablo.

  1. Cuando Pablo compareció, Tértulo comenzó a acusarle diciendo:
  2. “Gracias a ti, oh excelentísimo Félix, gozamos de una gran tranquilidad, y si esta nación ha obtenido saludables reformas, se debe a tu providencia; nosotros lo reconocemos siempre y en todas partes con la más profunda gratitud.
  3. Y para no entretenerte demasiado, te ruego que nos escuches un momento, con tu acostumbrada bondad.
  4. Hemos comprobado que este hombre es peor que la peste, promueve motines entre todos los judíos esparcidos en el mundo y es el jefe de la herejía de los nazarenos;
  5. hasta ha intentado profanar el templo. Lo hemos arrestado y hemos querido juzgarlo conforme a nuestra ley;
  6. pero llegó el comandante Lisias y nos lo arrebató de las manos,
  7. mandando que sus acusadores compareciesen ante ti. Tú mismo, si le interrogas, podrás comprobar todas las cosas de que lo acusamos”.
  8. Los judíos presentes corroboraron la acusación diciendo que era como se había dicho.

Su apología, 24:10-23.

  1. Pablo, después de darle el gobernador la señal de hablar, respondió: «Como sé que desde hace muchos años eres el juez de esta nación, voy a exponer con toda confianza mi defensa.
  2. Tú puedes averiguar que no hace más de doce días que fui a Jerusalén a rendir culto a Dios.
  3. No me han encontrado discutiendo con nadie en el templo ni amotinando a la gente en las sinagogas o en la ciudad;
  4. ni tampoco pueden probarte las cosas de que ahora me acusan.
  5. Pero te confieso que, conforme al nuevo camino y nueva fe, que ellos llaman secta, sirvo al Dios de nuestros padres, creyendo en todo lo que manda la ley y está lo que escrito en los profetas;
  6. teniendo en Dios la esperanza que estos mismos tienen de que habrá resurrección, tanto de justos como de injustos.
  7. Por tanto, yo me esfuerzo por tener una conciencia intachable para con Dios y para con los hombres.
  8. Después de muchos años he venido a Jerusalén a traer limosnas a mi nación y a presentar ofrendas.
  9. Me encontraron en el templo porque participé en el rito de purificación con unos judíos de Asia, pero sin promover motín o desorden alguno.
  10. Ellos eran los que deberían comparecer ante ti y acusarme, si es que tienen algo contra mí;
  11. o que digan estos mismos qué delito me encontraron cuando comparecí ante el tribunal,
  12. a no ser que me acusen por esta frase que pronuncié ante ellos: “Yo soy juzgado hoy ante vosotros por la resurrección de los muertos».
  13. Félix, que sabía detalladamente las cosas referentes al nuevo camino y fe, les dio largas diciendo: “Cuando venga el comandante Lisias de Kesarea me informaré y examinaré a fondo vuestra causa”.
  14. Y mandó al oficial que lo custodiase, y le permitiese tener alguna libertad y que no prohibiese a ninguno de los suyos que le asistiera.

Conversación entre Pablo y Félix, 24: 24-27.

  1. Unos días después vino Félix con Drusila, su mujer, que era judía, llamó a Pablo y le escuchó acerca de la fe en Cristo.
  2. Cuando él hablaba de la justicia, la continencia y el juicio futuro, Félix, aterrorizado, dijo: “Por ahora vete; cuando tenga ocasión te llamaré de nuevo”.
  3. Esperaba al mismo tiempo que Pablo le diese dinero para soltarlo. Por eso lo llamaba con frecuencia y conversaba con él.
  4. A los dos años sucedió a Félix Porcio Fisto; queriendo congraciarse con los judíos, Félix dejó a Pablo en la cárcel.

 

Capítulo 25: Pablo apela a César, 1-12. Fisto y Agripa sobre Pablo, 13-27.

 

Pablo apela a César, 25:1-12.

25:1. Fisto, a los tres días de su llegada a la provincia de Siria, subió desde Kesarea a Jerusalén.

  1. Los sumos sacerdotes y los jefes de los judíos se le presentaron para acusar a Pablo
  2. y le pidieron como favor que lo trasladara a Jerusalén, mientras preparaban una emboscada para matarlo por el camino.
  3. Fisto respondió que Pablo estaba custodiado en Kesarea y que él mismo tenía que irse de Jerusalén a Kesarea muy pronto;
  4. y añadió: “Por lo tanto, que vengan conmigo vuestras autoridades y que lo acusen, si es que ese hombre ha cometido algún delito”.
  5. Fisto se quedó con ellos unos ocho o diez días. Después bajó a Kesarea. Al día siguiente se sentó en el tribunal, y mandó que trajesen a Pablo.
  6. Cuando se presentó, lo rodearon los judíos que habían llegado de Jerusalén, aduciendo muchas y graves acusaciones contra Pablo, que no podían probar,
  7. mientras que Pablo se defendió diciendo: “Yo no he cometido ningún delito ni contra la ley de los judíos, ni contra el templo, ni contra el Cesar”.
  8. Pero Fisto, queriendo congraciarse con los judíos, preguntó a Pablo: “¿Quieres ir a Jerusalén y ser allí juzgado ante mí de estas cosas?”.
  9. Pablo dijo: «Estoy ante el tribunal del Cesar, donde debo ser juzgado. Yo no he cometido ningún delito contra los judíos, como tú sabes muy bien.
  10. Si he cometido algún delito que merezca la muerte, no me niego a morir; pero si no hay nada de verdad de lo que éstos me acusan, nadie tiene derecho a entregarme a ellos. Apelo al Cesar y pido ser juzgado ante él».
  11. Entonces Fisto, después de haber consultado con su consejo, respondió: “Has apelado al Cesar, al Cesar irás”.

Fisto y Agripa sobre Pablo, 25:13-27

  1. Unos días después, el rey Agripa y su hermana Berenice llegaron a Kesarea para saludar a Fisto.
  2. Como se detuvieron allí muchos días, Fisto expuso al rey el asunto de Pablo, diciendo: “Aquí tenemos un hombre que Félix ha dejado en la cárcel.
  3. Cuando estuve en Jerusalén, los sumos sacerdotes y los ancianos de los judíos me presentaron acusaciones contra él, pidiendo su condena.
  4. Yo les respondí que no es costumbre entre los romanos condenar a la muerte un hombre antes de que el acusado esté en presencia de los acusadores y tenga la ocasión de defenderse de la acusación sobre el crimen que está acusado.
  5. Ellos vinieron conmigo; y yo, sin ninguna dilación, al día siguiente me senté en el tribunal y mandé traer al hombre.
  6. Comparecieron los acusadores, pero no adujeron ninguno de los crímenes que yo sospechaba;
  7. sólo tenían contra él ciertas cuestiones acerca de su propia religión y de un tal Jesús, que ha muerto y que Pablo decía que estaba vivo.
  8. No sabiendo qué decisión tomar en tales cosas, le pregunté si quería ir a Jerusalén y ser allí juzgado de ellas.
  9. Pero Pablo ha apelado y quiere ser sometido al juicio de Augusto. He ordenado que lo custodien hasta que lo remita al César”.
  10. Agripa dijo a Fisto: “También yo desearía oír a este hombre”. Fisto le contestó: “Mañana le oirás”.
  11. Así pues, al día siguiente Agripa y Berenice llegaron con gran pompa y entraron en la audiencia con los jefes militares y las autoridades de la ciudad. Fisto mandó que trajeran a Pablo.
  12. Fisto dijo: “Rey Agripa y cuantos os encontráis aquí con nosotros: Aquí tenéis a este hombre; todos los judíos a una, tanto en Jerusalén como aquí, me han pedido a gritos su cabeza.
  13. Yo he constatado que él no había hecho nada que mereciera la muerte; pero como él mismo ha apelado a Augusto, he decidido enviarlo.
  14. Como no tengo nada concreto que escribir al emperador acerca de él, lo presento ante vosotros, especialmente ante ti, rey Agripa, para, después de este interrogatorio, tener algo que escribir.
  15. No me parece razonable enviar un preso y no indicar los cargos que hay contra él”.

 

Capítulo 26: Defensa de Pablo ante Agripa, 1-23. Conversación entre Agripa y Fisto, 24-32.

 

Defensa de Pablo ante Agripa, 26:1-23.

26:1. Agripa dijo a Pablo: “Tienes permiso para hablar en tu defensa”. Entonces Pablo, con la mano extendida, presentó su defensa:

  1. «Feliz me considero, oh rey Agripa, al poder defenderme ante ti hoy de todas las acusaciones de los judíos,
  2. sobre todo porque tú conoces bien las costumbres y las cuestiones de los judíos; te ruego, pues, que me escuches con paciencia.
  3. Todos los judíos conocen bien cuál ha sido mi vida a partir de mi juventud, pues desde el principio he vivido en medio de mi pueblo, todos los Judíos en Jerusalén lo saben.
  4. Ellos me conocen hace mucho tiempo y, si quieren, pueden testificar que he vivido conforme a la enseñanza y las tradiciones más rigurosas de nuestra religión, es decir, como fariseo,
  5. Ahora estoy sometido a juicio por la esperanza al Mesías, que está basada en la promesa hecha por Dios a nuestros padres,
  6. a la que aspiran nuestras doce tribus, sirviendo a Dios asiduamente día y noche. Por causa de esta esperanza, oh rey, soy acusado por los judíos.
  7. ¿Os parece increíble que Dios resucite a los muertos?
  8. Yo tampoco creí en la resurrección de Jesús ni a Jesús. También yo creí deber mío actuar enérgicamente contra el nombre de Jesús Nazareno;
  9. y lo hice, en efecto, en Jerusalén; con la autorización de los sumos sacerdotes, metí en la cárcel a muchos fieles cristianos y di mi voto para que los condenaran a muerte.
  10. Recorrí las sinagogas y, a fuerza de torturas, los obligaba a renegar. Me ensañé contra ellos de tal modo y manía que los perseguía hasta en las ciudades extranjeras.
  11. Estando en esta obra, me dirigía una vez hacia Damasco, con la autorización y el permiso de los sumos sacerdotes para perseguir a los Cristianos;
  12. al mediodía vi en el camino, oh rey, una luz venida del cielo, más brillante que la del sol, que me envolvió a mí y a los que iban conmigo.
  13. Todos caímos a tierra, y yo oí una voz que me decía en hebreo: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Duro es para ti dar coces contra los clavos».
  14. Yo dije: ¿Quién eres tú, Señor? Y el Señor dijo: «Yo soy Jesús, a quien tú persigues.
  15. Pero levántate y ponte en pie; que me he aparecido a ti para hacerte siervo y testigo de lo que has visto de mí y de lo que te voy a apocaliptar-revelar en el futuro.
  16. Yo te iré salvando y librando de tu pueblo y de los gentiles paganos de las naciones, que yo te enviaré
  17. a abrirles los ojos, para que pasen de las tinieblas a la luz y del poder de Satanás a Dios; para que, por la fe en mí, reciban el perdón de los pecados y la herencia junto con los consagrados y santificados.
  18. Yo no fui desobediente, oh rey Agripa, a la visión celeste,
  19. sino que, primero a los de Damasco, luego a los de Jerusalén y de todo el territorio de Judea y, por fin, a los paganos de las naciones les he predicado que vuelvan a la metania, se arrepientan y se conviertan a Dios y que hagan obras dignas de sincera metania.
  20. Por esto me prendieron los judíos en el templo e intentaron matarme.
  21. Pero con la ayuda y protección de Dios me mantengo hasta hoy sano y salvo dando testimonio del Evangelio a chicos y grandes, no afirmando nada fuera de lo que los profetas y Moisés dijeron que había de suceder en el futuro:
  22. que el Mesías tenía que padecer; que sería el primero en resucitar de entre los muertos, y así anunciaría la luz divina increada tanto al pueblo como a los paganos de las naciones».

Conversación entre Agripa y Fisto, 26:24-32.

  1. Mientras así se defendía, Fisto exclamó: “¡Estás loco, Pablo! Las muchas letras te hacen perder la cabeza”.
  2. Pablo dijo: «No estoy loco, excelentísimo Fisto, sino que pronuncio logos de verdad y de sensatez.
  3. El rey está bien enterado de estas cosas; pues no creo que se le oculte y se escape nada de su atención, ya que no han ocurrido en un rincón, sino en todos los judíos.
  4. ¿Crees, rey Agripa, a los profetas? Yo sé que crees”.
  5. Agripa dijo a Pablo: “Un poco más y me convences a hacerme cristiano”.
  6. Pablo respondió: “¡Quisiera Dios que, por poco o por mucho, no sólo tú, sino todos los que me escuchan hoy, fueran en todo como yo, menos en estas cadenas!”.
  7. Después de decir Pablo estas cosas, el rey, el gobernador, Berenice y todos los sentados se levantaron,
  8. y al retirarse iban diciendo: “Este hombre no ha hecho nada que merezca la muerte o la cárcel”.
  9. Agripa dijo a Fisto: “Se le podía haber dado la libertad si no hubiera apelado al César”.

 

Capítulo 27: Pablo es enviado a Roma, 1-13. La tempestad y naufragio en el mar durante el viaje, 14-26.  Naufragio y salvación en Malta, 27-44

 

Pablo es enviado a Roma, 27:1-13.

27:1. Cuando se decidió que embarcásemos para Italia, entregaron a Pablo y algunos otros presos a un oficial de la legión Augusta, llamado Julio.

  1. Subimos a un barco de Adrumeto, que tenía que dirigirse a las costas de Asia Menor. Estaba en compañía con nosotros también Aristarco, macedonio de Tesalónica.
  2. Al día siguiente llegamos a Sidón; y Julio, que trataba con benevolencia a Pablo, le permitió ir a casa de sus amigos para que le cuidasen.
  3. Partimos de allí y costeamos Chipre, porque los vientos eran contrarios;
  4. surcamos el mar de Cilicia y Panfilia y llegamos a Mira de Licia.
  5. Allí el oficial encontró un barco de Alejandría que se dirigía a Italia, y nos hizo transbordar a él.
  6. Navegamos despacio durante varios días, y a duras penas llegamos frente a Gnido. El viento no nos permitió aproximarnos, y fuimos costeando Creta por el cabo Salmón;
  7. después que lo doblamos, seguimos navegando con grandes dificultades hasta llegar a un lugar llamado “Puertos Buenos”, cerca de la ciudad de Lasea.
  8. Habíamos perdido mucho tiempo y la navegación era peligrosa, pues ya había entrado el otoño. Pablo les avisó:
  9. «Amigos, veo que la navegación no podrá hacerse sin peligro y sin graves daños no sólo del cargamento y del barco, sino también de nuestras vidas».
  10. El oficial, sin embargo, se fiaba del piloto y del patrón del barco más que de lo que decía Pablo.
  11. Y como el puerto no era adecuado para pasar el invierno, la mayoría decidió hacerse a la mar desde allí, por si podían alcanzar Fenice, puerto de Creta, orientado al suroeste y al noroeste y pasar allí el invierno.
  12. Se levantó el viento del sur y creyeron que podrían llevar a cabo su proyecto; levantaron anclas y costearon Creta más de cerca.

La tempestad y naufragio en el mar durante el viaje, 27:14-26. 

  1. Al poco tiempo se desencadenó del lado de la isla un viento huracanado, llamado evroklidon.
  2. El barco fue embestido y, no pudiendo resistir al viento, nos dejamos llevar a la deriva por donde el viento quería.
  3. Al pasar al abrigo de un islote llamado Cauda, a duras penas logramos hacernos con el bote salvavidas;
  4. una vez izado a bordo, reforzaron con cables el casco del barco y así nos dejamos llevar del viento con el áncora suelta, por temor a caer en Sirte de la costa Africana.
  5. Como la tempestad seguía arreciando contra nosotros, al día siguiente echaron al mar la carga,
  6. y al tercer día arrojamos con nuestras propias manos los aparejos del barco.
  7. Durante muchos días no aparecieron ni el sol ni las estrellas, y teníamos encima una tempestad tan fuerte, que perdimos toda esperanza de poder salvarnos.
  8. Como llevábamos sin comer mucho tiempo, Pablo, puesto en pie en medio de ellos, dijo: “Amigos míos, más valía que me hubierais hecho caso y no hubiéramos partido de Creta para evitar este desastre y estos daños.
  9. Pero ahora os recomiendo que tengáis ánimo, porque ninguno de vosotros perderéis la vida; sólo se perderá el barco.
  10. Esta noche un ángel del Dios al que pertenezco y a quien sirvo y doy culto se me ha aparecido y me ha dicho:
  11. «No temas, Pablo; tienes que comparecer ante el César; y he aquí que Dios te ha concedido la vida de todos los que navegan contigo».
  12. Por lo cual alegraos y tened ánimos, amigos; porque confío en Dios, y estoy seguro de que sucederá tal como se me ha dicho por el ángel.
  13. Tenemos que dar en alguna isla, según el plan de Dios».

Naufragio y salvación en Malta, 27:27-44

  1. A los catorce días de andar a la deriva por el Adriático, hacia la medianoche los marineros sospecharon la proximidad de tierra.
  2. Echaron la sonda, y encontraron que había veinte brazas; la echaron de nuevo un poco más adelante, y encontraron quince brazas.
  3. Por temor a chocar contra los escollos, echaron a popa cuatro anclas, esperando con ansiedad que se hiciera de día.
  4. Los marineros intentaron abandonar el barco y arriaron el bote salvavidas con el pretexto de que iban a dar cable a las anclas de proa.
  5. Pablo dijo al oficial y a los soldados: «Si éstos no se quedan a bordo, no podréis salvaros vosotros».
  6. Entonces los soldados cortaron los cables del bote y lo dejaron caer al mar.
  7. Mientras esperaban a que se hiciera de día, Pablo pleno de fe y esperanza en la protección del Señor, instaba a todos a que comiesen, diciéndoles: «Lleváis ya catorce días esperando, en ayunas, sin comer nada;
  8. os aconsejo que comáis algo, que os vendrá bien para vuestra salud; pues ni un cabello de vuestra cabeza se perderá».
  9. Dicho esto, y tomando pan, dio gracias a Dios en presencia de todos, lo partió y comenzó a comer.
  10. Todos se animaron y se pusieron también a comer.
  11. Estábamos a bordo un total de doscientas setenta y seis personas.
  12. Cuando quedaron satisfechos, aligeraron la nave echando el trigo al mar.
  13. Al llegar el día, los marineros no reconocieron aquella tierra; pero divisaron una ensenada que tenía playa y decidieron hacer todo lo posible para varar allí el barco.
  14. Soltaron las anclas y las dejaron caer al mar, aflojando a la vez las ataduras de los timones. Izaron al viento la vela de proa y se dirigieron hacia la playa.
  15. Pero fueron a dar a un lugar azotado por una doble corriente, y el barco encalló; la proa, hincada, quedó inmóvil, mientras que la popa se deshacía por la violencia de las olas.
  16. Los soldados decidieron matar a los presos para que no se escapase ninguno nadando.
  17. Pero el oficial, queriendo salvar a Pablo, se lo impidió, y ordenó que los que supieran nadar se echasen al agua los primeros y saliesen a tierra,
  18. y que los restantes saliesen unos sobre tablas y otros sobre restos del barco. Y así llegaron todos a tierra sanos y salvos.

 

Capítulo 28: Pablo tres meses en la isla de Malta, 1-10. De Malta a Roma, 11-16. Primera y segunda conversación con los judíos de Roma, 17-29. Dos años en casa alquilada 30-31.

 

Pablo tres meses en la isla de Malta, 28:1-10.

28:1. Una vez a salvo, supimos que la isla se llamaba Malta.

  1. Los indígenas nos trataron con una humanidad y filantropía poco común; como estaba lloviendo y hacía frío, encendieron una hoguera bajo un cobertizo y con bondad nos invitaron a calentarnos.
  2. Pablo recogió un montón de ramaje y, al echarlo al fuego, una víbora, que escapaba de las llamas, le mordió la mano.
  3. Cuando los indígenas vieron la víbora colgando de su mano, se decían unos a otros: “Este hombre es ciertamente un asesino; se ha librado del mar, pero la justicia divina no le permite vivir”.
  4. Pero Pablo se sacudió la víbora, la echó al fuego sin sufrir daño alguno por el mordisco de la víbora.
  5. Ellos estaban esperando que se le hinchara la mano y cayese muerto de repente; pero después de un largo rato sin que le pasara nada a Pablo, cambiaron de parecer y decían que era un dios.
  6. Cerca de allí tenía una finca el principal de la isla, llamado Publio, el cual nos acogió durante tres días con afectuosa hospitalidad.
  7. El padre de Publio estaba en cama, atacado de fiebre y disentería. Pablo lo visitó; rezó, le impuso las manos y lo curó.
  8. Ante este acontecimiento, los demás isleños enfermos acudieron también y fueron curados.
  9. Nos tributaron muchos honores y, al marchar, nos suministraron todo lo necesario.

De Malta a Roma, 28:11-16.

  1. Al cabo de tres meses nos hicimos a la mar en un barco de Alejandría que había invernado en la isla. Tenía como signo el “Cástor y Pólux” que según la mitología eran hijos mellizos de Zeus.
  2. Arribados a Siracusa nos detuvimos allí tres días;
  3. desde allí, costeando, fuimos a Regio. Al día siguiente se levantó el viento del sur, y dos días después llegamos a Pozzuoli,
  4. donde encontramos hermanos, que nos instaron a quedarnos con ellos una semana; desde allí nos dirigimos a Roma.
  5. Los hermanos de Roma, que tenían noticias de nuestra llegada, nos salieron al encuentro en el mercado llamado Foro Apio y hasta Tres Tabernas; Pablo, al verlos, dio gracias a Dios por este encuentro con los Cristianos de Roma y cobró ánimos por el apoyo y solidaridad de ellos.
  6. Cuando entramos en Roma, a Pablo le permitieron quedarse en una casa particular con un soldado que lo custodiase.

Pablo predica en Roma, primera y segunda conversación con los judíos de Roma, 28:17-29.

  1. A los tres días Pablo convocó a los judíos principales; y, cuando estaban reunidos, les dijo: «Hermanos, sin haber hecho nada contra el pueblo o las costumbres de nuestros padres, he sido encarcelado en Jerusalén y entregado en manos de los romanos;
  2. los cuales, después de haberme interrogado, querían ponerme en libertad por no haber encontrado en mí nada que mereciese la muerte;
  3. pero como se oponían los judíos, me vi obligado a apelar al César, aunque sin intención de acusar en nada a mi pueblo sino sólo para defenderme.
  4. Éste es el motivo de haberos llamado para veros y conversar con vosotros, pues por la esperanza de Israel, por la venida del Mesías redentor, estoy atado de estas cadenas».
  5. Ellos le dijeron: “Nosotros ni hemos recibido de Judea cartas referentes a ti, ni ninguno de los hermanos que han venido nos ha traído malos informes o ha hablado mal de ti.
  6. Pero deseamos que nos digas lo que tú piensas; pues sabemos que esta herejía encuentra oposición en todas partes”.
  7. Señalaron un día, y fueron a su alojamiento en mayor número. Desde la mañana hasta la tarde les anunció el reinado de la realeza increada de Dios, dando testimonio y esforzándose por convencerlos de quién era Jesús, sobre Su vida y obra, apoyándose en demostraciones de la ley de Moisés y de los profetas.
  8. Unos creyeron lo que decía Pablo, pero otros no quisieron creer.
  9. Al despedirse sin ponerse de acuerdo unos con otros, Pablo terminó con estas palabras: «Con razón dijo el Espíritu Santo a vuestros padres por medio del profeta Isaías:
  10. Ve a este pueblo y diles: Oiréis con los oídos, y no entenderéis; miraréis con vuestros ojos, y no veréis la verdad del Evangelio.
  11. Porque el corazón y nus-espíritu de este pueblo se ha endurecido y embotado, han tapado sus oídos de sus psiques-almas y han cerrado sus ojos para no ver con sus ojos espirituales (nus-espíritu), ni oír con los oídos, ni entender la verdad del Evangelio con la diania-mente, intelecto y volverse a la metania arrepentidos y convertidos para que los cure.
  12. Sabed, pues, que esta sotiría redención, sanación y salvación de Dios ha sido enviada a los paganos o gentiles de las naciones; ellos sí que la escucharán y la aceptarán con buena disposición y ánimo».
  13. Dicho esto, se fueron los judíos discutiendo vivamente entre sí.

Dos años en casa alquilada 28:30-31.

  1. Pablo estuvo dos años en una casa alquilada; allí recibía con alegría a todos los que iban a verlo,
  2. predicando el reinado de la realeza increada de Dios y enseñando las cosas referentes al Señor Jesús Cristo sin obstáculo alguno con toda libertad y franqueza. Amín.

EL NUEVO TESTAMENTO ORTODOXO

Traducido por Χρῆστος Χρυσούλας (Jristos Jrisulas) logosortodoxo.es/, heleno-griego nativo, criado con la lengua del Nuevo Testamento y la Santa Parádosi-Tradición.

 

LA VIDA DE SAN PAÍSIOS EL AGHIORITA, 2ª parte

LA VIDA DE SAN PAÍSIOS EL AGHIORITA, 2ª parte

ΑΓΙΟΝ ΟΡΟΣ AGHION OROS

†Por el hieromonje Isaac

 

Copyright ©  Santo Hisijastirion san Juan el Precursor

63088 Metamorfosis Halkidikí

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SEGUNDA PARTE

Escritos en unidades temáticas

 

B 1,1 Ξενιτεία Xenitía extrema

El término ξενιτεία xenitía extrema: se podría traducir como «alejamiento, exilio, emigración, ir al extranjero” en general, pero en la vida monástica el término indica “alejamiento, exilio,” libre y voluntario. Indica, como la hisijía, tanto una actitud interior como una exterior. Es, antes que nada, una actitud interior de alejamiento, que tiende a mantenernos ajenos, peregrinos y exiliados (cf. 1 Pe 2,11), en camino hacia la Ciudad celeste, puesto que nuestra ciudadanía está en los cielos (Flp 3,20). En este sentido, la xenitía se manifiesta con humildad, rechazando toda curiosidad, no interfiriendo en lo que no nos concierne, dejando de lado todo juicio y evaluando cada cosa en continua referencia con la eternidad, la incertidumbre del mañana, la hora desconocida de nuestra muerte. Pero la xenitía ha sido también definida en un sentido amplio, dentro de la vida monástica, como una elección material de vida, en un país extranjero, para vivir a fondo, en la carne y en la cotidiana percepción, aun psicológica, ese desgarro que es antológicamente propio en todo cristiano, desde el momento en que el bautismo lo ha convertido en un extranjero en el mundo, un sin patria, tendiendo a esa Ciudad bien fundada que está en los Cielos (cf., Hb 11,10).

El Yérontas marchando desde el mundo hacia la Santa Montaña Athos interrumpió su comunicación con sus parientes, para adquirir la xenitía que constituye el primer escalón en la escalera de las virtudes monásticas.

No fue fácil, ni indoloro  desarraigarse  de su familia, porque estaba muy atado con sus padres y sus hermanos, y su agapi hacia ellos llegaba hasta los límites de sacrificio. Decía: “Al principio es muy triste para uno salirse de su familia y entrar en la familia de Adán, de Dios”.

Por esta razón sufría, más bien “se quemó”, al principio de su abandono de la agapi hacia sus parientes de entonces. Pero luchó con coraje y con la jaris (energía increada) de Dios, su corazón y su nus se desapegaron de sus familiares y logró adquirir la perfecta xenitía.

Decía el santo Yérontas: “Cuando vine para ser monje, amaba mucho, además de a mi madre, a mi hermano. Para los demás parientes no me importaban tanto. Un día escuchó voces en el patio del Monasterio. Miró y vio que era mi hermano, había venido para llevarme. Me marché de mi kelia-celda y lloré mucho. ¡Esto fue la clave! Se me pasó. Me lavé y salí; todo había acabado.

Cuando por primera vez como monje visitó su patria por razones de salud, no se quedó en su casa, al principio trasnochaba en ermitas, para cumplir con la promesa que había dado como monje, cumplir la xenitía. Pero a continuación vivía en la casa de la señora Patera y allí hacía su terapia, cuando entendía que varias comidas eran de su madre, no las comía. Aunque la súper-amaba, ya no la llamaba ya “madre”, en cambio a la señora Elena que le hospedaba, la amaba como madre espiritual y así la saludaba. Los calcetines de punto que tejía su hermana Cristina para él, no se los ponía, cuando le decían que habían sido tejidos por su hermana.

En Stomio (su pueblo), aunque hacía vida monástica cerca de sus parientes, nunca durmió en su casa paterna, ni en la de sus hermanas, excepto una vez que encontró al padre Gerásimo Stogias, antiguo aghiorita, y descendiente espiritual de Hatzigiorgis (san Arsenio). El padre Gerásimos fue hospedado por la noche en su casa y también se quedó el Yérontas gracias a las persistentes súplicas que le dirigió.

Con sorpresa le preguntó un conocido suyo, ¿por qué no iba a su casa? El Yérontas Paísios le respondió: “Puesto que he dejado mis padres por la agapi a Cristo y he dado la promesa, ya no puedo quedar en la casa paterna. Ahora padres, hermanos y parientes míos son todo el mundo”.

Este era el propósito ulterior de su xenitía. Decía muy característicamente: “No tengo nada y el buen Dios, aunque ya tenía siete hermanos, me ha hecho que sienta a todo el mundo como hermanos míos”.

En la Skiti de Ibiron (monasterio de Athos) le visitó su hermano menor Luca con un conocido suyo. Hablaron un rato y le rogaron que fueran juntos a venerar en el Monasterio Ibiron. El Yérontas los indicó el camino diciéndolos: “Por allí está  Ibiron, si queréis, iros”. Se marcharon llorando. “A pesar de ser devotos no entendieron el monaquismo”, dijo comentando este acontecimiento el Yérontas.

A Panaguda (su cabaña) vino su hermano mayor con otra persona. Aunque estaban cansados, los recibió fuera en la fuente, hablaron y no los dejó entrar en su Cabaña-Kalivi, no los hospedó, ni aceptó los regalos que le trajeron. Ellos habían conocido su típico o regla y no se entristecieron. Pero a un sobrino suyo lo hospedó, porque tenía necesidad de ser ayudado espiritualmente, lo mismo que haría por un desconocido si hubiera una razón seria. Cuando fue preguntado: quién era el joven, respondió con una sonrisa el Yérontas: “¡Es mi sobrino!” Y después añadió en voz baja para no ser oído por el sobrino: “¡Qué sobrino mío!, ¡y se dijo así mismo: si el marinero no tiene terreno, como para tener yo también parientes!”

En el Monasterio de Surotí (femenino, a las afueras de Tesalónica, fundado por el Yérontas), fue para verlo su hermana menor. La dejó esperando horas. Finalmente la vio durante un minuto estando de pie y después la regañó también por haber venido a verlo. Pero también antes de su muerte, cuando sus hermanos le visitaron, los dijo: ¿Para qué habéis venido aquí?, esto es un Monasterio. Hasta el final de su vida permaneció apartado y liberado de ataduras familiares y sentimentalismos. Especialmente en el Monasterio no quería dar ni el más mínimo motivo de escándalo para las monjas.

Los hombres “psíquicos” (1 Cor 2,14), no entienden y no aceptan las cosas y realidades del “espíritu”, quizás sean escandalizados por la posición del Yérontas Paísios, porque ignoran que Dios y las exigencias de la Orden monástica quieren al monje que esté ajeno, extranjero hacia los padres y familiares carnales. No por odio y aversión, sino para imitar “al Señor, que ha emigrado por nosotros” y amar lo mismo a todos los hombres.

El Santo, cuando se hizo monje, hizo un trato o contrato místico con Dios, para que fuera Él quien se ocuparía ya de los suyos. Si el mismo tuviese y pusiese interés y esfuerzo para los suyos, transgrediría el acuerdo o contrato. Los dejó en manos de Dios de una vez y para siempre, y no se ocupó más de ellos. La absoluta confianza en Dios, de que los dejaba en las manos más seguras, era una oración incesante para sus familiares. Por eso tampoco hacia oración para sus familiares. “Al menos como monje nunca oré por mis familiares carnales”, escribía en una carta. Sólo llevaba escritos sus nombres en los dípticos para que fueran memorizados durante la Divina Liturgia en la proskomidia (sagrario/preparación para las especies sacramentales).

Dijo una vez sobre sus parientes: “No hice nada por ellos, no los ayudé”. Podía reunir a los paisanos de mi pueblo que estaban esparcidos en distintas partes y como monje aconsejarlos algunas cosas…”. No se ocupó más por los suyos. Tenía tal tipo de xenitía, que una vez dijo: “Ahora mismo de los siete hermanos no sé quién vive y quién han muerto”.

Un día contó: “Ayer por la mañana vino alguien y me dijo que mi hermana María se había dormido (muerto). “Bien”, dijo, “la rememoraré”. Todo el día tenía gente de visita. Por la noche rememoraba los nombres de los difuntos, me olvidé del nombre de mi hermana y decía: “Me he olvidado de un nombre, ¿cuál será?, y después me acordé”.

2 Por regla general el Yérontas no hacía oración para sus parientes. Sólo cuando recibía la información por la dormición de alguno de ellos leía el “Amomo” (libro de oraciones) una vez, hacía un komposkini, traspasaba y ponía el nombre de ellos de los dípticos de los vivos a los muertos.

Mientras era monje principiante, la xenitía le ayudaba mucho, más tarde no tenía miedo de ser perjudicado por la visita de sus parientes, porque veía a todos los seres humanos de la misma manera, con apazia-sin pazos, sin-pasión. A pesar de esto continuaba con discernimiento la misma táctica, para no dar motivos a los monjes jóvenes y débiles espiritualmente.

No había visitado Kónicha (su ciudad natal) desde el año 1971, cuando buscaba y reunió documentos e informaciones sobre la vida de san Arsenio. Aunque le llamaban el Obispo local y otros clérigos, no iba. Raramente escribía alguna carta a los suyos por algún motivo espiritual. La única carta que envió a su Madre decía que la abandonaba y que ya tiene como madre la Panaghía.

Sus parientes, aunque no entendían plenamente su comportamiento, tenían confianza. Aceptaban lo que les decía y no se quejaban. Conocían cuánto los amaban antes de entrar en la subordinación y cuántas cosas buenas había hecho por ellos. Creían que por motivo espiritual, como monje, actuaba de esta manera. Dios los informaba y no se entristecían. Por otro lado ellos también en esta vida han recibido hasta un grado sus recompensas. Además de la ayuda divina, disfrutan del respeto, del honor y de la atención de los hombres, como parientes de san Paísios.

A los monjes que le preguntaban sobre la relación con los familiares, decía: “No debemos estar apegados. Esta relación es un consuelo humano, mientras que nosotros los monjes debemos pedir el consuelo de Dios. El monje que ama a sus padres queda atrasado espiritualmente y el Señor no le concede esta jaris-gracia de sentir a todos los hombres como sus parientes y amarlos a todos igual. Además nos hemos comprometido al alejamiento de todos los parientes por la agapi a Cristo.

Pero no imponía que actuasen todos como el mismo.

Tonificaba el pundonor de ellos y dejaba a cada uno que se mueva de acuerdo con su estado espiritual. Se alegraba cuando veía monjes tener la xenitía, y se entristecía por lo opuesto. Se alumbró su rostro de alegría cuando supo que un monje aghiorita no ha pasado por su casa, mientras había salido al mundo por una razón seria.

El Yérontas en su vida de monje puso como cimiento sólido la xenitía, cumpliendo con seriedad y exactitud los compromisos del voto monástico hasta el final. Así ha logrado amar con toda su psique a Dios y sentir a cada ser humano como hermano suyo, haciéndose ejemplo admirable para el perfeccionamiento monástico. “La xenitía es productora de grandes hazañas…” (Escalera 25,42)

 

B 1.2 Obediencia

El santo Paísios no vivió muchos años como un obediente en un Monasterio kinobio-cenobita (de vida común). Pero aprendió la interesantísima lección de la obediencia muy bien desde el principio y aprobó con un excelente. Al principio hizo perfecta obediencia con disposición alegre al Higúmeno y a su Yérontas. Lo mismo obedecía ciegamente a sus superiores y jefes. Los exámenes más difíciles los pasó obedeciendo ciegamente al Yérontas I., que como se ha dicho anteriormente, le ponía trabajos duros, le examinaba severamente, y todo esto en ignorancia del Higúmeno. El buen obediente soportaba con paciencia, en silencio y con auto-reproche. Nunca lo había criticado, ni con el loyismós. Creía que estas cosas sucedían por sus pecados. Al final sufrió una hemorragia y acabó en la enfermería del Monasterio. Allí agradecía y bendecía al Yérontas I., porque fue beneficiado. “Me golpeó como pulpo, pero me quitó las tintas”, dijo.

 

Al contrario le entristecía mucho, cuando preguntando a sus superiores sobre el modo de hacer algún trabajo, recibía la siguiente respuesta: “Haz como Dios te ilumine”, porque deseaba que se lo dijeran en concreto, para cortar totalmente su voluntad.

 

Vivía el misterio de la obediencia. Por experiencia aprendió los beneficios y bienes de ella, por la buscaba. Decía: “Sepan que todo el sentido, el significado y el secreto de la vida monástica, se encuentra en la obediencia; en cortar tu voluntad, si es posible incluso al menor que tú, cuando no existe el miedo de dañarlo. Entonces viene la jaris-energía increada gracia de Dios. Cuando me marché del kinovio-Monasterio cenobita, sentía intensa la necesidad de hacer obediencia en algo. Cuando fui a Stomio (su pueblo), como el padre Serafín estaba nueve horas lejos yendo a pie, llevé conmigo a un joven de doce años de madre soltera que todos lo despreciaban, y lo hizo Yérontas. Y le preguntaba: “¿Tú qué dices  hijo mío, hago esto?, y hacía lo que me decía.

-¿Qué te parece, voy a cortar madera?

– ¡Estás bien en tus cabales, ahora vete a cortar madera!, me decía. Así cortaba mi voluntad y hacía otra cosa. ¡Saben cuánto beneficio he tenido de esto! Es cierto que los hombres como me estimaban, se quedaban sorprendidos. ¡Mirad, hace obediencia al niño! El muchacho se fortaleció y adquirió iniciativas sobre su vida y de esta manera fue ayudado y hecho un hombre correcto. Pero he sido yo, el  más ayudado, cortando mi voluntad. Cortar la voluntad en la vida espiritual ayuda mucho”.

 

El Yérontas naturalmente, después de un punto ya no tenía necesidad de obediencia en su forma inicial, (obediencia ciega al Yérontas), porque ya había logrado la obediencia espiritual. “El que ha adquirido la sumisión espiritual y ha sometido la carne-cuerpo al espíritu, no necesita subordinación a los hombres. Este se somete al logos y a la ley de Dios como obediente agradecido” (San Teógnosto, Filocalía tomo 2 v.11 “Sobre praxis y zeoría” pág. 357).

 

Había llegado a un estado espiritual superior. Había sometido su actitud y moral a la jaris (energía gracia increada) de Dios, conducido por el Espíritu Santo. “Cuando reina la jaris (energía increada jaris) del Espíritu en nosotros, entonces no tenemos voluntad propia, sino todo que se hace es la voluntad de Dios, Entonces nos serenamos y nos pacificamos” (San Pedro Damasceno, Preámbulo, Filocalía tomo 3).

 

Ya no tenía voluntad propia, plan ni programa. Escribía en una de sus cartas 3-11-72: “Dios regula mi programa, no yo. A pesar de que ya no pongo fechas y espacios de tiempo (cuándo debo salir al mundo,), cuando hay necesidad, aunque no quiero salir al mundo, no puedo oponerme a Dios, porque el Dios me mueve con Su agapi y con mi agapi hacia el prójimo”.

 

Más allá de su nus iluminado y su discernimiento, sobre temas serios recibía información de Dios cuando lo pedía, o  incluso a veces repentinamente. A pesar de esto, cuando se trataba de temas personales, a causa de su mucha humildad no reposaba siguiendo su propia voluntad, sino que preguntaba y hacía obediencia a los demás, Yérontas, Guías Espirituales, Obispos e incluso a sus hijos espirituales.

 

Decía aún: “Por muy buena que sea mi opinión sobre un tema mío, no puedo tener confianza, porque es la mía. El médico, cuando se enferma, no hace sólo su diagnosis. Va en otro médico, aunque sea inferior que él”.

 

El Yérontas Paísios durante el primer tiempo que estuvo a “Panaguda” (su asceterio”), oía palabras venenosas de algunos que eran molestados por los muchos visitantes. Pensó cambiar de Kelia y preguntó un Guía espiritual, el monje sacerdote-Nicodemo, el cual le respondió: “No te vayas, a no ser que te lo diga la sagrada Epistasía  (gobierno) de Athos”. Hizo obediencia y se quedó.

 

Una vez le invitaron a  ir a Canadá. Preguntó a sus hijos espirituales, tal y como hacía san Antonio el Grande que preguntaba su discípulo, si debería ir a Constantinopla, y obedeciendo a la opinión de ellos, no fue. Pensó en sembrar alguna parra en el jardín de “Panaguda” para que los peregrinos se sentaran en la sombra. Pero cuando alguien de los padres no estuvo de acuerdo, entonces obedeció y no los sembró.

 

Cuando había Divina Liturgia en su Kalivi, preguntaba al sacerdote si quería que leyese las Horas, la Súplica, la Divina Comunión o que hiciese la noerá  oración del corazón. “Acostumbro hacer obediencia a lo que quiere el sacerdote”, decía.

 

Si “la obediencia es abandonar, cortar la voluntad propia, alejamiento de la hipocresía y de todo deseo personal”, (Escalera c.4, 107), el Yérontas era hasta el final de su vida un verdadero subordinado. Primero con el desprecio del reposo carnal. “Cortar y abandonar la voluntad propia estando en la kelia y en todo despreciar el reposo del cuerpo” (Abad Barnasufio v-127). Después con tanta gente de la que se ocupaba, llegaba a estar tan cansado que casi no se podía mover. Incluso si tenía frío, hambre, enfermedad y lo peor al final con la hemorragia, no quería marcharse por necesidad propia corporal, aguantaba con resignación y cortaba no sólo sus voluntades físicas sino también sus necesidades más imprescindibles. Inventaba maneras y métodos para cortar su voluntad, dando ejemplo de obediencia.

 

A pesar de todo esto, algunos pensaron y dijeron: ¿dónde y con quién hace obediencia Yérontas Paísios? No sabemos a quién tiene como Yérontas. Para Yérontas era una felicidad, alegría y reposo vivir en la obediencia. Pero Dios le había encomendado otra obra.

 

Decía: “Puedo hacer obediencia ciega, pero cuando tengo alguna responsabilidad, es decir, responsabilidad espiritual como Yérontas, debo tomar la iniciativa.

 

Como obediente pasó por los estadios de la obediencia y reposó a sus Yérontas. Aprendió la obediencia en práctica y no por los libros. Por eso entendía y ayudaba a sus obedientes. Mientras que como obediente, subordinado era severo e intransigente a sí mismo, cuando más tarde como Yérontas aconsejaba a los otros, era indulgente con ellos. Tenía una gran sensibilidad, finura y discernimiento. Quería que la obediencia emanase de la libertad y se hiciera con disposición alegre. Que no fuera típica, exterior y militar, sino sumisión a la moral y la actitud del Yérontas. Consideraba la obediencia como la terapia de cada enfermedad psíquica, sobre todo de la soberbia y del orgullo. Recalcaba que: “La obediencia es el camino más corto y fácil. Es la llave del Paraíso. Con ella se corta la voluntad, el egoísmo, los pazos y viene la jaris (energía increada jaris) de Dios y la vida se convierte en paraíso”.

 

Decía que: “Si uno está enfermo y hace obediencia al médico, se sanará. Si otro es tontito y hace obediencia se convertirá en filósofo. Pero si uno es muy inteligente y no hace obediencia, se arruinará. Consideraba que lo peor para uno es no escuchar y obedecer a los consejos de los Yérontas y hacer lo que le dicta su loyismós. Decía: “Si uno escucha y hace caso a su loyismós, éste es perjudicado enormemente, está buscando su catástrofe”. Cuando alguien le preguntaba, no para ser beneficiado y obedecer, sino para sacar su bendición para hacer su voluntad, interrumpía la conversación infructuosa diciendo: “Prostérnate en tu loyismós y haz como quieras”. El mismo se liberaba de la responsabilidad. Por eso recalcaba que: “Los Yérontas darán cuentas a Dios, según la obediencia que hacen sus obedientes o subordinados”.

 

Aconsejaba: “Los obedientes hacen obediencia a su Yérontas. Si es severo y son perjudicados, recibirán jaris-gracia increada en abundancia. Que no lo juzguen ni condenen, si tienen dificultad a decir su loyismós y después de decirlo hacer lo que el Yérontas os diga. El obediente debe estar pleno de buena voluntad y abnegación y sólo el Yérontas le ponga el freno. El Yérontas debe podar con discernimiento, no mutilar. Debe haber pasado primero el mismo por la obediencia y no hacer experimentos con su subordinado. Los Yérontas que requieren obediencia ciega, deben ver muy bien”.

 

Sus consejos eran prácticos y te daban información interior, debido a que él primero se los había aplicado. Tal y como él fue enseñado en la obediencia, la realizó y acabó siendo un obediente carismático y a continuación un Yérontas con discernimiento. Por su obediencia, el Yérontas Tijón le llamaba  el “dulce Paísios”.

 

B 1,3 La humildad auténtica riqueza

 

Tal y como la sal se pone en todas las comidas y las hace sabrosas, así también en la vida del Yérontas, en todas sus manifestaciones, en sus escritos y en sus relaciones con los demás, encontramos la conducta moral humilde, la virtud divina de la humildad, “la prenda de la deidad”, (San Isaac el Sirio, Logos 20).

 

Los milagros y las beneficencias de Dios en vez de traer al Yérontas loyismí de soberbia y orgullo, eran motivo de mayor lucha y humildad. Esta es la particularidad de la humildad. La señorial y noble humildad, la «πλουτοταπείνωσις plutotapínosis humildad auténtica riqueza ». “De una manera es la humildad de los que están en luto, de otra manera de los que en conciencia reconocen sus pecados, y otra la que es operada por Dios que es la que dala bienaventurada «πλουτοταπείνωσις plutotapínosis humildad auténtica riqueza». (Escalera 5,9)

 

Se veía a sí mismo por debajo de toda la creación, incluso peor que todos los animales. Se refiere a una de sus epístolas, 25-12-65: “Nos comparamos con los animales y acusamos a los pobres animales; y nosotros somos peor que ellos. Un día pensaba encontrar algo parecido a mí mismo, y finalmente encontré el escarabajo. Después de un municiono examen, he visto que soy injusto con este pobrecito animal, porque este también realiza su propósito y destino, que es cortar trocitos a trocitos el estiércol haciendo bolitas y así acaba con el estiércol. Mientras que yo, hombre lógico, criatura de Dios a imagen y semejanza, reúno el estiércol en el templo de Dios por mis pecados. Lo malo es que no sólo no acepto que alguien me llame escarabajo, ni siquiera burro, que por lo menos es sabido por todos, que ofrece muchos servicios al hombre con gran paciencia y al final desaparece.”

 

El Yérontas vivía profundamente el misterio de la humildad y su nus generaba conceptos y logos humildes. Se llamaba a sí mismo “deficiente”, “mocoso”, “pueblerino”, “perdido”, “espantapájaros”, “analfabeto”, “tonto” etc.

 

Se protegía y se aseguraba de sí mismo con la humildad. Sabía que: “la soberbia acarrea la ruina y prolija inquietud; y la ociosidad, bajeza y extrema penuria; porque la ociosidad es madre de la indigencia” (Tob 4,13), en cambio la humildad es imán divino que trae al hombre todos los carismas y las bendiciones de Dios. Por eso amó la humildad con todo su corazón y se gustaba utilizando las análogas expresiones: “humilla la lámpara”, “un taburete humilde”, “este árbol hace falta humillarlo (podarlo)” etc.

 

Si se equivocaba en su juicio tenía la humildad de confesarlo y si hacia juicio malo pedía perdón. Conocía su medida. No creía que podía responder a todo. Cuando le preguntaban sobre temas especialmente eclesiásticos, canónicos o científicos, los mandaba a las personas adecuadas para que sean aconsejados.

 

Evitaba y huía de los honores, las distinciones, los axiomas y las proyecciones, tal y como la abeja huye del humo. Tenía humildad profunda y verdadera, tal y como se ve de sus manifestaciones improvisadas.

 

Cuando estaba al servicio militar, como soldado le concedieron una insignia en reconocimiento por su valentía y no la quiso y en su lugar la ha recogido otro. “¡Ha hecho bien”, le dijo, “yo para qué la quiero!”

 

En la isla Corfú cuando se encontró con un amigo y compañero del servicio militar, el Pantelís Tzekos, aquel le presentó a su madre: “Éste es el que me salvó”. El Yérontas saltó de golpe y dijo fuertemente: “No yo, sino el Señor”. El Yérontas entonces tomó sus medidas y escondió su nombre monástico. Mucho más tarde cuando el hijo de Tzekos, Felipe le visitó en el Monte Athos, el Yérontas reconoció que era su hijo, pero no se reveló; incluso mandó bendiciones también para su padre Pantelís. Felipe hablaba de la bondad del padre Paísios, pero Pantelís quería encontrar a Arsenio Eznepidis. Treinta y cinco años lo buscaba y lo supo después de su muerte de que el Arsenio Eznepidis era el Yérontas Paísios. Decía: “Lo divulgaría a todo el mundo de que éste es mi salvador e iría a quedarme con él”. Por algunas manifestaciones exteriores era traicionada su actitud humilde.

 

En las agripnías-vigilias prefería estar en los últimos asientos. Evitaba leer los “Geróntikos”, que son Himnos, Lecturas y troparios que por costumbre debe hacer el Yérontas dirigente, a pesar de que otros padres mucho más jóvenes y muchos eran como nietos suyos. Por regla general en la Divina Comunión comulgaba segundo. Ponía antes primero el más joven o algún niño y después comulgaba. Se sentía el último después del último.

 

Para no olvidarse quién era, escribió con un lápiz a la pared de su kelia “Santa Cruz”: “El Señor levanta del polvo al desvalido y desde el estiércol hace subir al pobre” (Sal 112,7).

 

Una vez visitó a un Monasterio de mujeres. La Higumenisa-Abadesa muy contenta reunió a toda la hermandad y sonaron las campanas para hacerle una bienvenida honorífica. Pero el Yérontas se sintió turbado y dijo de una manera a la Abadesa: ¡Qué son estas cosas, latas tenéis que tocar, no las campanas! (Antiguamente tocaban las latas de hojalata cuando querían ridiculizar a alguien).

 

Se hacía severo y regañaba a los que querían fotografiarlo, grabarlo en cassette o hablar de él. Cuando le enseñaban las fotos, pedía verlas y las rompía. Los cassettes que le dejaban a escondidas, los cogía y los quemaba en la estufa. Respondió a uno que le pidió la bendición de escribir algo sobre él: “Qué tonterías y ridiculeces son estas; sólo de mí no debes ocuparte, ni escribir algo, si quieres que tengamos “buenos días”. A un monje que lo recibía a menudo y le ayudaba, cuando supo que hablaba sobre su persona le puso el canon en tres años que no le visitara. En Surotí (Monasterio femenino en Tesalónica fundado por el Yérontas), uno le llamó santo y el Yérontas empezó a llorar. ¡Qué iba hacer! Por mucho que intentara a esconderse ya no vivía en el anonimato, en la sombra. Dios quería glorificarlo también en esta vida. Es ley espiritual. Mientras el hombre persigue su sombra (la gloria), tanto más ella se va, y cuando más la evita, ella lo sigue. Esto sucedía con el santo Yérontas Paísios.

 

Cuando visitó al Monte Athos el Patriarca Demetrio, el Yérontas fue a pedir su bendición. Alguien dijo al Patriarca: “Excelentísimo, el padre Paísios”. El humilde Patriarca se levantó de su trono para saludarlo. El Yérontas se prosternó, doblado con su cabeza al suelo hasta que un Obispo le levantó.

 

En el Protato, (edificio de gobierno central de Athos) entonces se encontraba el presidente de la Democracia Helénica. El policía jefe de seguridad del Presidente, Kostantino Paputsis testifica: “Había oído sobre el Yérontas Paísios. Me lo imaginaba alto, majestuoso y esperaba que se encontrase en una posición destacada. Me lo indicaron. Estaba parado detrás de una esquina escondido e inclinado. Era un ancianito, con cuerpo pequeño, pero tenía encima de él algo divino y te atraía.

 

»Un policía le reconoció y dijo a los otros: “¡El Padre Paísios”. De golpe todos los hombres de la guardia corrieron hacia al Yérontas. Yo me quedé perdido, sólo con el Presidente. Me asusté, comencé a llamarlos que volvieran, pero nada. Después siguiendo lo que me mandaba mi corazón y no mi razón, sin pensarlo me fui corriendo hacia el Yérontas. Menos mal que Dios nos guardó y no pasó nada.

 

»El Yérontas al no poder evitar el “ataque” de los policías, nos tocaba blandamente  la cabeza, diciéndonos sonriendo: “Venga, volved a vuestro trabajo”. En nuestro interior se había hecho una alteración; una alegría insólita nos había inundado».

 

Cuando le preguntaban si se enorgullece después de tantos honores, respondía: “Para qué voy a enorgullecerme cuando conozco lo que soy. Y cuando pienso cuantos kilos de sangre ha derramado Cristo por mí, mi cabeza se vuelve loca”. Sobre la multitud de personas que venían a verlo, creía que: “A pesar de que yo sea una calabaza, el mundo que está muy sediento viene con anhelo a refrescarse, porque espera encontrar una sandía”.

 

Se entristecía porque se había hecho muy conocido. Dijo en confianza a uno: “Mi mayor enemigo es mi nombre. El mayor mal me lo han hecho mis conocidos y no mis amigos. Si supiera desde el principio mi evolución, me iría a Jerusalén, me haría a escondidas monje, me vestiría con un abrigo negro y un gorro, tendría pelo largo y barba y nadie sabría que sería un monje, y así me movería sin ruidos”.

 

Y a otro fiel le relató el Yérontas: “Una vez había quedado con alguien en un sitio para pasar a buscarme con su coche en un punto de Tesalónica, donde lo estaba esperando. A lado mío pasaba un río de gente y nadie se giraba a mirarme; ¡Eh, dije en mi interior, por fin!, esta es la felicidad, encontrar un lugar dónde nadie me tiene en cuenta”.

 

No creía en las alabanzas, ni se endulzaba por la falsa gloria de los hombres, por eso no fue perjudicado. “El que justamente es alabado, no es perjudicado; pero si por esta alabanza siente placer o hedonismo, este obrero queda sin jornal” San Isaac el Sirio; Logos 43). Decía el Yérontas: “Con mis obras es blasfemado el nombre de Dios, pero no lo hago concienciado fríamente, por eso creo que Cristo tendrá misericordia de mí.

 

Se alegraba cuando los demás ascendían de posición, cuando se hacían sacerdotes, Guías espirituales, obispos. Los ayudaba y los incitaba, cuando veía que eran dignos. No había ninguna sombra de envidia o de sentimiento de inferioridad en su corazón. Quería verlos todos por encima de sí mismo y ayudaba a los monjes jóvenes a progresar. Deseaba, bendecía y decía: “Que yo me convierta en tierra de sembrar para que crezca y progrese un monje joven”.

 

Saludaba primero, y besaba la mano de los sacerdotes prosternado, aunque fuesen más jóvenes que él. A los Higúmenos y obispos por costumbre se prosternaba con una genuflexión hasta el suelo. El mismo evitaba dar su mano para que la besaran. “Mi gran queja era que no me dejaba besar su mano; en cambio él me abrazaba con gran devoción”, decía el médico que lo operó.

 

En tu comunicación con él no sentías diferencia, no te dejaba sentirte inferior, porque el mismo no se sentía en una posición superior, sino que veía a todos los demás como sus superiores.

 

La autenticidad de la humildad la prueban los desprecios, las deshonras, las calumnias y las injusticias. El Yérontas sufrió bastante por las acusaciones sin fundamento que un monje hizo en su contra. Ni confesó, ni se defendió a sí mismo, sólo deseaba y oraba con dolor desde el fondo de su corazón para la metania de su hermano. Cuando supo que las calumnias y acusaciones las había publicado en un libro insultante contra él, dijo: Esto es un libro, no como el otro (el otro libro era de uno que le elogiaba y alababa). Un Higúmeno que leyó las acusaciones dijo que estas calumnias y acusaciones son insignias honoríficas para el Yérontas.

 

Escribía: “Bienaventurados los que se alegran cuando los calumnian y los acusan injustamente por su vida virtuosa. Aquí están los signos de la santidad” (Cartas pág. 231). Por eso se alegraba, cuando oía acusaciones contra él y le decía a uno: “¡Que me difame, puede difamarme!

 

Otro monje cuando encontraba visitantes por el camino, les decía: ¿Qué vais hacer con este Paísios?”. Y ponía en fila las acusaciones. El Yérontas se enteraba, pero no se entristecía, no pedía explicaciones. Estas cosas le gustaban más que las alabanzas. “La perfección de la humildad es llevar con alegría las falsas acusaciones” (San Isaac el Sirio, Logos 56). Sobre todo mandaba bendiciones a su acusador. Pero, mientras que aceptaba la calumnias con apazia, serenidad, la hipocresía no la toleraba, igual que el Señor azotó a los Fariseos con los “Ay” (Mt 23), cosas que no las dijo para los demás pecadores. Una vez se encontró en la calle y un acusador fue a prosternarse y besarle la mano, fingiendo falsa piedad y devoción diciendo “santo Yérontas mío”, y el Yérontas le dijo: “Otra vez, sé más sincero”.

 

Decía sobre la humildad: “No basta sólo con expulsar los loyismí de soberbia y orgullo, sino pensar el sacrificio y las beneficencias de Dios y nuestra ingratitud. Entonces el corazón, aunque sea de granito, se raya y se dilata. Cuando el hombre se conoce a sí mismo, entonces su estado se convierte en humilde. Dios viene y habita en el interior del hombre y la oración del corazón se hace sola”. El autoconocimiento conduce a la humildad y es “el cimiento, la base, la raíz y el principio de toda bondad y bien”

 

Creía que “el hombre humilde vale más que todo el mundo. Es el más fuerte de todos. El monje para que tenga fuerza en su la oración y en su lucha, debe tener humildad porque ella en su interior esconde fuerza divina. Cuando tiene soberbia y orgullo, entonces queda debilitado tanto en la psique como en el cuerpo. Cuando lucha humildemente, tiene todas las fuerzas aunque no haga muchas cosas.

 

Queriendo demostrar los resultados de la humildad decía lo siguiente: “Una vez un gatito estaba enfermo. El pobrecito quería vomitar y tenía mucha dificultad, no podía. Sentí dolor por ello. ¡Lo hice la señal de la cruz, pero nada! Me dije a mí mismo “qué tonto perdido eres, no puedes ayudar ni a un gatito” cuando yo me humillé, el gatito inmediatamente se curó”.

 

Comprobaba que “hoy en día nadie compra humildad”. Los hombres no conocen el valor y la fuerza de la humildad y no luchan por adquirirla. Sin embargo, es tan imprescindible, de modo que nos sube al cielo, por eso se llama elevadora. “En el cielo uno no sube con elevación mundana, sino con la bajada o bajón espiritual (humildad)”. El que se hace humilde, se humilla y tiene cuidado, será salvado. El monje debe adquirir el estado de humildad, y esto es imprescindible especialmente para el último momento de su vida”.

 

Un joven amante de los monjes dijo una vez al Yérontas que en su oración no pide nada más que la humildad. Entusiasmado saltó de su banquete, resplandeció su cara y dijo: “Hijito mío, entonces tu pides la divina jaris (energía increada, jaris). Tanto estimaba la humildad.

 

Deseaba que después de su muerte, le acompañara la humildad. Confesó a una persona antes de su muerte: “Cuando me muera tiradme en el torrente de Santa Paraskeva para que me coman los gusanos”. Antiguamente había dicho: “Desearía que mis huesos o reliquias saliesen negras para que el mundo diga: ¿En definitiva, éste era el Paísios? Así no nos honrarán los hombres”.

 

Para evitar las manifestaciones de honor durante su entierro, y también a continuación, deseaba morir y ser enterrado anónima y ocultamente en la Santa Montaña Athos. Pero, cuando fue informado que la voluntad de Dios era distinta, humildemente obedeció y cortó esta su última voluntad. Sólo pidió que a su entierro no fuera llamado ninguno.

***

Entre los monjes existen algunos ancianitos benditos que se encuentran en alturas de la virtud, pero lo ignoran. Por su mucha sencillez permanecen incautos no conocen la riqueza espiritual que contienen. Alguno de ellos veía la Luz increada y no conocían qué era. Creía que todos los monjes por la noche son iluminados de una luz (increada) que se enciende y se apaga sola.

 

El Yérontas Paísios no pertenecía a esta categoría. Tenía la bienaventurada sencillez, tenía la santidad de vida y experiencia, veía la luz increada y vivía situaciones grandes, pero tenía también la gnosis espiritual increada. Conocía muy bien que estas realidades que él vivía, eran acontecimientos divinos, situaciones excepcionales de jaris (gracia increada). Pero conocía mejor que estas realidades eran de Dios; suyos eran sólo los pecados. Tenía plena conciencia de que todas estas cosas eran caridad y misericordia de Dios para él. Por eso decía: “Soy una lata de conserva, que brilla al sol y parece dorada, pero está vacía. Si me abandona la jaris de Dios, me convertiré el más grande gamberro y estaré rodando por la plaza Omonia de Atenas, dónde ni siquiera como laico había pisado nunca en una cafetería”.

 

Su gran ejercicio no lo tenía en cuenta nunca, porque lo hacía por agapi a Cristo y no por recompensa. Se sentía bendecido y obligado a Dios. Gemía y se dolía porque no había hecho nada. “Conocí Santos y debería haber hecho muchas cosas”, decía. Sentía que no había correspondido a Dios y que no había logrado a ofrecer las cosas que debería a Dios.

 

Muchos honraban al Yérontas como Santo. Otros, muy pocos le acusaban de mago. Pero él respondía con autoconciencia: “No soy ni Santo, ni mago. Soy un hombre pecador que intenta luchar. En el universo me veo a mi mismo con una partícula de polvo. ¡Por lo menos si fuera limpio!

 

Éste era el Yérontas. Mega, grande dentro en el abismo de la auténtica riqueza de la humildad, con pleno reconocimiento de los divinos carismas pero también de su in-merecimiento, indigno de tenerlos.

 

 

B 1.4 Obrero y predicador de la μετάνοια metania

 

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  1. Μετάνοια Metania del verbo μετά-νοώ, metá=después, con, y noó= concibo, percibo con el nus como energía y con el corazón como esencia.

Quiere decir giro del nus y metanos, introspección y conversión de la conducta y mentalidad del hombre y sobre todo giro, cambio de actitud de la vida en pecado y en el mal por la vida en Cristo. La metania en la Tradición Ortodoxa no proviene de una percepción psicológica de culpabilidad, sino de la apocálipsis (revelación) de la deformación de la psique y esta apocálipsis se manifiesta por la energía increada de la divina Luz en el corazón psicosomático del hombre. El nuevo Testamento empieza y acaba con la metania (Mt 3,2Lc 24,47)

Metania se llama también uno de los Misterios de nuestra Iglesia Ortodoxa, con el cual se facilita la absolución y perdón de los pecados, aceptación, confesión, arrepentimiento, rectificación y terapia, sanación. También se llama así a un gesto reverente que se acostumbra hacer en la veneración Ortodoxa. Hay dos metania-genuflexiones distintas: una es un simple movimiento de la cabeza hacia abajo y otra grande reverencial, arrodillándose. (Ver también sobre este término más desarrollado en nuestro libro “12 Léxis apocalípticas” en el blog en español: logosortodoxo.es/.

 

El Yérontas Paísios regresando de una de sus salidas al mundo, dijo: El pecado hoy en día se ha hecho moda; ni el diez por ciento 10% de los que he visto estaba confesado. ¡Yo tengo necesidad de confesarme diariamente y ellos no encuentran pecados!

 

El santo se movía en otra dimensión espiritual. Valoraba de distinta manera sus praxis. Para los demás siempre encontraba paliativos, pero para sí mismo se juzgaba severamente. Decía: “La prueba de la autenticidad de la vida espiritual de uno es la gran severidad a sí mismo y mucha indulgencia con los demás. Uno no debe utilizar los cánones como cañones contra los otros”. Hacía un minucioso trabajo espiritual, se arrepentía, se confesaba y hacia con pundonor ejercicios por su propia voluntad y cánones, imitando a los Santos. Narraba que: “Cuando los Santos decían que son pecadores, lo creían y lo sentían. Sus ojos espirituales se había convertido en microscopios y veían sus más pequeños fallos y faltas como grandes”.

 

El que escuchaba al Yérontas hablar de sí mismo, formaría la idea de que es un gran pecador. Vivía intensamente la metania, pero en interior tenía consuelo y alegría que se desbordaba.

 

Su metania era ardiente, por eso sentía la necesidad de confesarse a menudo. Por un espacio del tiempo, además de los otros ejercicios hizo también setenta y siete komposkinis con trescientos nudos con cruces. Pedía simbólicamente de Dios el perdón por setenta y siete por siete. Él era el gran pecador, tal como creía, y pedía ardientemente de Dios la misericordia y el perdón de sus pecados.

 

Cultivando la metania, a menudo leía el Gran Canon que lo aprendió de memoria. También le gustaba y le ayudaba en la metania la oración de Manasés. Cuando la rezaba con espíritu de contrición y psique humillada, se arrodillaba y se pegaba a ras del suelo.

 

Cuánto peso ponía el Yérontas en la contrición y la metania, que la consideraba como la obra principal del monje, se ve también del siguiente pasaje que había escrito en la pared de la pequeña Skiti del Ibiron (Monasterio de Athos): ¿Y qué estudio hay superior que el estudio del llanto? ¿Y puede estar libre del llanto el monje? (San Isaac el Sirio).

 

Cuando en la Kalivi se celebraba la Divina Liturgia, antes de tomar la comunión se prosternaba y pedía al sacerdote que le leyese la oración del perdón. Permanecía con la cabeza pegada al suelo, mientras que le salían del corazón profundos llantos o sollozos. A veces durante la Liturgia en la parte inicial salmodiaba también “Bondadosa todos los proteges…”. Su corazón se dilataba  y su voz temblorosa, como si fuera a desarraigar el corazón. Cuando llegó a “porque nosotros los pecadores no tenemos otra hacia Dios…”, no aguantó, y estalló en gemidos. Vanamente intentó esconder su contrición y dilatación del corazón saliendo de la Iglesia y hacía ver que se estaba limpiando la nariz.

 

Cierto clérigo peregrino se encontró en una vigilia en el Santo Monasterio Stavronikita. Se impresionó de un monje que estaba sentado a lado suyo y en toda la vigilia lloraba sin parar. Intentaba permanecer en la sombra y no ser percibido, pero no lo conseguía. Preguntó quién era este monje y supo que era el padre Paísios. Sobre las lágrimas decía: “Existen muchos tipos de lágrimas. Las lágrimas de μετάνοια metania son seguras, porque purgan y limpian los pecados y tiene sueldo espiritual, pero agotan al organismo. Existen también lágrimas silenciosas que no se ven. Y un sollozo muchas veces es superior que una taza o cubo de lágrimas”.

 

Otra vez le visitó un monje del desierto de avanzada edad. Vino a comprobar si la fama que se oye sobre el Yérontas tenía fundamento. Con distintas preguntas intentaba informarse en qué estado espiritual se encontraba el Yérontas. Narró el Yérontas Paísios: “Tres horas me hacia teoría; había leído sobre la noerá  oración del corazón; todo lo había leído.

Decía: y en este estado se hace esto, en este estado viene esto, ¿y tú en qué estado estás?

-¿En qué estado? En ninguno.

¿Entonces qué haces aquí? Pido de Dios a conocerme a mí mismo. Si me conozco a mí mismo tendré metania. Si viene la metania, vendrá la humildad y después la jaris (gracia increada). Por eso pido metania, metania y metania. Después Dios manda Su jaris increada”.

 

Su santa vida mostraba con el dedo al Señor y con las palabras predicaba en todos la metania: “Que nadie pida de Dios luces, ni carismas ni nada más que sólo la metania, metania y metania”. Pequeña muestra de su gran metania es el saco que se echaba a sus espaldas cuando oraba en su kelia-celda “sentado con sayal y ceniza” (Lc 10, 13 Dan 9,3), igual que los Profetas y san Arsenio de Capadocia.

 

Multitud de personas venían y abrían sus corazones ante el Yérontas y pedían ayuda. El Yérontas los explicaba que él no es Pnevmatikós-guía espiritual y confesor: “Id en algún Pnevmatikós y confesaos”. Uno le respondió: “Yérontas al hambriento no lo muestres los caminos, los conoce, el hambriento sueña con trozos de pan para saciarse”.

 

El Yérontas de su parte los recibía, pero los explicaba que una cosa es la conversación y el consejo y otra cosa es el misterio de la confesión. Recalcaba que era imprescindible ir al Pnevmatikós para que se confiesen y los leyese la oración del perdón. No sólo para la salvación de sus psiques, sino también como condición para que hablaran con él. “Antes de la confesión el cerebro está enturbiado”, decía, “y no podemos entendernos”.

 

Uno que tenía un problema serio, vino al Yérontas a suplicarlo que orara por él. Le aconsejó que fuera a confesarse. Casi decepcionado objetó diciendo que vino a una persona santa para que le ayude y este me habla de confesión. El Yérontas lo respondió: “Yo así puedo ayudar, con la confesión”.

 

Se entristecía por los que no se arrepentían y no se confesaban, y oraba. A los indiferentes intentaba volverlos en sí mismos a sentir la necesidad de confesarse. En uno que fue por primera vez, no le abrió la puerta. Le habló desde el interior, le llamó por su nombre, y le dijo que fuera a confesarse y después viniera verle, porque había visto que no estaba confesado. Cuando volvió a ir, abrió y le dijo sonriendo: “Ahora estás bien, se había confesado, ven y hablamos sobre tal tema”, y le contó el tema que le preocupaba.

 

Cuando veía a alguno que se arrepentía, se confesaba y cambiaba el modo de vida, tenía una alegría manifestada. Era co-padeciente y consolador con los arrepentidos. Se sorprendía y se entristecía mucho por que recaían y se decepcionaban por sus caídas al pecado. Decía: “Si existe la metania, ¿tus pecados son mayores que la misericordia de Dios? Y añadía: “No me importa cuánto pecador es uno; me inquieta si no se ha conocido a sí mismo. Dios juzgará análoga con el trabajo que ha hecho cada uno a su viejo hombre. La psique, cuando corta todos sus defectos, entonces se presentará bella a Cristo”.

 

Un monje conocido suyo dejó el Hábito monacal y retornó al mundo. Le mandó un mensaje a que viniese y lo tendría subordinado bajo su obediencia, mientras que como es sabido, no retenía a nadie como obediente o subordinado. Con alegría haría este sacrificio el Yérontas para salvar una psique. En efecto, el mismo fue y lo visitó al cuartel del ejército y le habló sobre la metania.

 

Una vez le visitó un peregrino y le preguntaba sobre “realidades y cosas espirituales y celestes”. El Yérontas recalcaba la metania y la humildad. Otra vez el interlocutor le hablaba de carismas y estados espirituales. Pero el Yérontas volvía su logos a la metania. El interlocutor casi se decepcionó, porque había oído tantas cosas sobre la santidad y los carismas del Yérontas y él le hablaba sólo para la metania.

 

Si el enfermo le pedía que orara para su salud, le aconsejaba que fuera a confesarse y comulgar. Lo mismo decía a los estudiantes, para que tengan éxito en sus clases. A los matrimonios con problema aconsejaba: tener Pnevmatikós-Guía espiritual, confesarse, comulgar y vivir espiritualmente. Para los que les hacían magia y hechizos decía: “Si se confiesan y comulgan aunque os tiren los hechizos con un cubo, que no tengan miedo no les pasa nada, no tienen efecto”. Cuando el Yérontas se encontraba en reuniones festivas tomaba las invitaciones, y junto con las bendiciones especiales siempre deseaba y decía también “buena metania”. Cómo fármaco común y potente para todos los casos indicaba la metania; la metania constituía el núcleo de su kerigma.

 

Se entristecía porque “se perdió el sentimiento de la metania de los hombres. Pecan y tiene remordimientos de conciencia. Nosotros mismos tenemos trabajo interminable. La metania no termina nunca. Si el hombre no comienza el trabajo sobre sí mismo, le encontrará trabajo el diablo para ocuparse con los demás. Es necesario adquirir sensibilidad espiritual. El Cristiano debe ver los  pazos que tiene en su interior, arrepentirse y confesarse por estos y no olvidar. Los Europeos taponan sus conciencias y después viven en un estado, no tienen nada ni tampoco están bien. Cuando sucede algo, no debemos entristecernos, sino ordenarnos. Yo, cuando alguna vez veía mi pecado, me alegraba, porque me había sido apocaliptada-revelada mi herida para sanarla. Alguno rompe un vaso y se ríe. No es tanto la rotura del vaso, como el no reconocimiento del que ha hecho. Ya que se ríe, no reconoce su error y romperá otro. Uno debe apenarse en proporción de su error, sino cae otra vez en las mismas faltas.

 

Enseñaba por su experiencia: “En la vida espiritual funcionan las leyes espiritual. Si nos arrepentimos verdaderamente y nos confesamos por alguno de nuestros errores y faltas, no hace falta que lo paguemos con alguna enfermedad. Dios permite las enfermedades o las injusticias por la ignorancia de nuestros errores y faltas.

 

Aún aconsejaba a todos “metania, para ser evitada la guerra, porque nosotros mismos con nuestros pecados provocamos las guerras. Este mundo se ha estropeado, por eso será destruido sino nos arrepentimos. Parece a un saco agujereado que no acepta parches. Quizás Dios pueda hacer del saco agujereado un pequeño saquito”. Decía a un monje: “Somos responsables por lo que ocurre; ¿lo entiendes? Uno que lucha para hacerse mejor, influye también a los de su alrededor y a todo el mundo. Si yo fuera santo, con mi oración ayudaría mucho”. Especialmente para los monjes decía que se vistan de la metania. Toda la vida del monje es la μετάνοια metania

 

A esta salvífica μετάνοια metania, se vistió el Yérontas y se ha destacado como gran obrero y predicador de la μετάνοια metania.

 

 

B 1,5 Pobreza o insolvencia

 

Con admirable consecuencia mantuvo la pobreza que prometió al Señor durante el día de su tonsura.

 

En el Monasterio Esfigmeno (de Athos) tenía tres hábitos colgados en su celda. Pensó que uno era para la divina Liturgia, uno para el trabajo y otro para su kelia-celda. Después se autocriticó, diciendo: “Ah bien lo has justificado”. Dio los dos y se quedó con lo que vestía. Cuando se marchó del Monasterio no se llevó nada. No tenía ni un bolso o mochila, lavó la alfombra que tenía para sus prosternaciones, la cosió, la hizo bolso y puso en su interior su hábito o sotana.

 

En el Santo Monasterio de Stomio tenía solamente un hábito. Era de único hábito. Cuando lo lavaba, hasta que se secase se ponía la sotana. Decía: “que no haya segundo”. En el Monte Sinaí su pobreza llegó al colmo. En su asceterio no tenía “nada de este siglo”.

 

En la “Santa Cruz” sólo tenía como almacén un baúl pequeño. Lo tenía en la punta del pasillo que unía su kelia con la Capilla, y lo utilizaba como asiento, mesa y para guardar en su interior algunos pocos alimentos imprescindibles: tostadas, un poco de arroz, olivas y un bote de miel. Pero, mientras que era tanta su pobreza, cuando ponía la comida, su filoxenía u hospitalidad era rica y señorial, porque su disposición psíquica era rica y amorosa.

 

Cuando se le apareció san Arsenio le dijo: “Aquello que me hace quererte mucho más es que no aceptas talones bancarios. Yo te observo también cuando vas al correo” Había dado orden que los talones bancarios fueran devueltos, se quedaba sólo con los nombres para mandarlos como bendición algún regalo. Los avisaba que si volvieran a mandarle talón o paquete, pararía hacer memoria de ellos. Repetidamente rogó que fueran devueltos los paquetes, pero como veía la dificultad de los trabajadores de correo, los tomaba para que no se entristezcan. A pesar del cansancio del día, se sentaba y separaba las cosas con distinción, según las necesidades de algunos monjes, y las llevaba o rogaba otros padres que los llevasen. Así permaneció pobre y sin propiedades, pero grandiosamente rico, “como tristes, pero siempre alegres; como pobres, aunque enriquecemos a muchos; como quienes nada tienen, aunque todo lo poseemos” (2Cor 6,10).

 

Toda cosa que no la consideraba imprescindible y necesaria, con sus severos criterios, lo consideraba como peso que le castigaba y procuraba librarse. Decía que: “Cuando tengo cosas, me siento como si estuviera vestido con una camiseta estrecha”.

 

Lo que le dificultaba en el mantenimiento de la pobreza, eran los regalos que los peregrinos que habían sido beneficiados por él. Entonces comenzaba una lucha doble para el sensible Yérontas: por un lado, negar las cosas que le ofrecían sin entristecer y herir a las personas, y por otro lado, repartir las cosas que se quedaba, las que se obligaba a quedarlas para que no sean heridos los que las ofrecían. Una madre con un hijo enfermo le manda 1000 dracmas. El Yérontas entristecido escribe a un conocido común de ellos, 4-3-71:

“…para que me entiendan mejor, os traigo un ejemplo. Aquí estoy tocando fuertemente la puerta de Cristo a través de la oración, el dinero que me mandan los demás para esta cuestión, es una piedra que me da en la cabeza y me marea y dejo también la oración hasta que ordene estas cosas, todo esto tiene también su estropicio espiritual. De verdad os digo, llevo desde ayer por la tarde hasta este momento que es la tarde siguiente que no me concentro, porque debía arreglar todo esto. Los hombres pobrecitos lo hacen por su gran agapi y los agradeceré, pero os escribo para que me ayudéis otra vez. Empecé desde los orfanatos de Grecia uno por uno y llegué hasta los de Kenia a los pobres niños negros ortodoxos y finalmente acabé otra vez a los pobres y castigados niños griegos que piden ayuda…”

 

Si alguno dejaba dinero sin que lo percibiera, lo ponía en los libros y los daba a niños pobres de la escuela Athoniada (de Athos). Si se percibía quién era el que le había dejado el dinero, le mandaba bendiciones (regalos) e iconos por valor más del dinero que le había dejado a escondidas.

 

En Katunakia (región de Skites al sur de Athos) le había visitado uno. Cocinó, le dio de comer y le hospedó. El peregrino pidió que le hiciese iconos pequeños para comprarlos. “No puedo hacer“ le contestó el Yérontas. Él le dejó a escondidas 200 dracmas y su dirección. En poco tiempo recibió los iconitos de mucho más valor que las 200 dracmas.

 

Rara vez vendía sus trabajos hechos a mano. Por regla general los daba como bendición. Tenía plena confianza a la providencia de Dios, por eso no se inquietaba sobre sí mismo, ni guardaba el dinero para sus necesidades. Dios le proporcionaba las cosas necesarias.

 

Incluso de los que hacía memoria no aceptaba dinero. Escribía: “Si me hará falta dinero y por casualidad en aquel tiempo me habréis escrito hacer oración sobre un tema vuestro serio, que lo sepan, preferiré pedir dinero prestado de otros y poco a poco lo devolveré con mi pequeño trabajo manual, en vez de escribir que me mandéis”.

 

El dinero que encontraba enseguida lo repartía. Una vez tenía 500 dracmas y las daba a un estudiante. Aquel dudaba recibirlas, conociendo la pobreza del Yérontas, y se justificaba que tenía dinero: “¿Cuántos millones tienes?, le dijo en broma y lo convenció que aceptara el dinero.

 

Cuando se marchó del Kalivi del monje-sacerdote Ticón, cargó sus cosas en dos mulos. Entre estas estaba también la prensa que hacía sus trabajos manuales y los Mineos (libros mensuales). Sus cosas personales eran mínimas. Podían caber en un saco pequeño y llevarlo a sus espaldas como portador de su casa. Esta era toda su fortuna.

 

Durante el traslado tenía 250 dracmas, que las entregó como paga de señal y pidió una ventanita de hierro para la Capilla de “Panaguda”. Algunas veces que quería salir al mundo no tenía dinero para los billetes. Muchas veces se encontró en la necesidad de pedir prestado. Incluso tenía dificultad de reunir madera para pasar el año sobre todo los últimos años que no podía cortar madera solo. Cuando los conocidos se ofrecieron a pagar la madera, se negaba y decía que pagasen a los Ancianitos que tenían necesidades.

 

Sus sotanas estaban restregadas y viejas pero limpias. Una vez que había salido al mundo, un conocido suyo le cosió una sotana nueva, creyendo que si se viste con sotanas viejas era por debilidad económica. El Yérontas no se la quedó. A partir de entonces hizo una nueva y se calmó.

 

El Yérontas a pesar de que vivía en una Kalivi y se relacionaba con muchos, cumplió la pobreza como anacoreta. Algunas cositas la tenía para la gente “como tener  y a la vez como si no tuviera”.

 

Un día visitó al Yérontas un monje de avanzada edad, el Yérontas Bikentio. Éste Yérontas escondía un misterio. Se ponía un gorro monacal y un abrigo de tres cuartos. Aparecía algo así entre monje y laico. Llevaba a sus espaldas un saco y circulaba en las cabañas y celdas de los monjes de Kariés (capital de Athos) y lo que le daban lo metía en el saco. Después iba a escondidas y ayudaba a los hombres pobres y enfermos.

 

El misterioso Yérontas Bikentio un día vino en “Panaguda”, se estiró en el patio y empezó a preguntar al Yérontas Paísios: “¿Tienes tal cosa?”. El Yérontas respondía positivamente y lo daba. El enviado de Dios Yérontas Bikentio llenó su saco y se marchó, ya que de una manera pesó y probó la agapi del Yérontas Paísios que la encontró verdadera, limpia y pura.

 

Decía el Yérontas: “Me ha impresionado, porque me pidió cosas que me eran imprescindibles. Me pidió 500 dracmas, le di 1300, una linterna, un impermeable, además de alimentos, petróleo etc. Dos cosas pueden ser, una es que estaba en estado espiritual alto o Dios le ilumina para que vemos nuestro sí mismo, si nuestro corazón está atado con algo material, aunque fuera imprescindible”.

 

Decía: “Si nos piden algo y nos entristecemos para darlo o nos apenamos cuando lo perdemos, entonces amamos esta cosa más que a Cristo. En una buena señal que uno se alegre cuando da y entristecerse cuando toma. Si uno entra en mi kelia y se lo lleva todo, no me molestará. Pero si veo a uno insultar a Cristo o la Panaghía o derrumbar algo que reverenciamos, entonces me entregaré entero defendiendo las cosas sagradas”.

 

Cuando salió por última vez de la Santa Montaña, en su pequeño saco tenía sólo la sotana y algunas bendiciones-regalos. Cuando después vio que no iba a retornar, pidió que le trajeran el Hábito angelical y su gorro monacal. Bienes materiales, dinero y reliquias de valor no tenía ni se interesó nunca adquirir.

 

La gente del mundo no puede entender esta virtud de la pobreza. La pobreza y la virginidad-castidad no son mandamientos de Dios para todos sino virtudes monacales. Los monjes por buena voluntad y pundonor ofrecen sacrificio al Señor.

 

Enseñaba con su vida que la súplica y la alegría del monje no se encuentra en los bienes materiales sino en Dios. Para que uno llegue a Él, es ayudado mucho por la pobreza, “la verdadera fortuna”. Por eso decía: “Cuanto más caridad tanto más eres elevado espiritualmente. La adquisición de dinero y de bienes materiales las consideraba para el monje como fracaso y obstáculo peligroso. Deseaba que el monje no viviese con caridades (bendiciones), sino de dar caridades-bendiciones”.

 

El Yérontas estando libre de toda pasión material entró en el estadio monacal y siendo pobre de materiales se marchó de esta vida con tesoro la pobreza, sin propiedad. “Para la infinita riqueza fue pobre y no teniendo nada ha dado mucho de lo que tenía” (San Simeón el Nuevo Teólogo)..

 

 

B 1,6 «Ἄσκησις áskisis ascesis insaciable»

 

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  1. Ἄσκησις áskisis ascesis, práctica, ejercicio espiritual, físico, conceptual o matemático.

En la terminología Ortodoxa se llama así la lucha continua del hombre para aplicar y cumplir los mandamientos divinos y el método que usa para corresponder a la llamada de Cristo para entrar en Su realeza increada, (Mc 8, 34 Mt 11, 12). Son tres las etapas, la catarsis del corazón, la iluminación del nus y la zéosis por la energía increada, Jaris. La áskisis es una tarea de toda la vida pero se consuma con el descanso de la apazia.

 

Monjes y laicos llamaban al Yérontas «ἀσκητή-askití asceta». El sobrenombre le ha sido dado por sus hazañas ascéticas. El mismo rechazaba esta calificación. Pero sus obras lo destacaban en gran asceta. Apuntaremos algunas de las que han sido percibidas y las que el mismo ha manifestado para edificación espiritual. Muchas de sus ascesis-ejercicios permanecieron ocultas a los hombres pero conocidos a Dios, que recompensará sus esfuerzos. Algunas ascesis no se registrarán, porque superan las medidas acostumbradas y no serán entendidos.

 

Desde su juventud luchaba con ayunos agotadores. Como soldado continuó ayunando severamente dentro de las calamidades, la nieve y los peligros.

 

En el Kinobio (monasterio cenobita) al principio su organismo tuvo sus dificultades por los ayunos, los trabajos copiosos y el dormir poco, pero rápidamente se acostumbró.

 

En su Skiti siempre ayunaba. Incluso en las grandes fiestas no se interesaba para la comida. Un año en Navidad le llamó un Yérontas para que comieran juntos. Pero el padre Paísios no fue, porque había comido judías hervidas con agua y harina en vez con salsa que le habían sobrado del Cuaresma.

 

En Stomio trabajaba duramente y comía poco. Su estómago se había hecho como de un pájaro, como decía. Un té y un poco de tostada le bastaban para un día y noche.

 

En el Monte Sinaí hizo vida angelical, como si estuviese no encarnado. Libre de todo esfuerzo terrenal, sometió la carne en el espíritu. Su cuerpo adelgazó, se hizo ligero y adquirió la jaris ascética, pero simultáneamente tenía una fortaleza, gallardía y agilidad de atleta. En el desierto de Sinaí transcurrió toda la cuaresma tomando sólo la Divina Comunión, bebiendo poco de agua y comiendo algo cada domingo.

 

Cuando en la Skiti de Ibiron (Monasterio de Athos) vio que en su celda había una higuera y un cerezo, dijo: “Doxa-Gloria y gracias a Dios, con estos me basta para vivir aquí. El hombre necesita poco para mantenerse”. Allí durante tres meses se alimentaba sólo con piñones. Serían dos o tres cucharadas de migas piñones cada día. Con esto bastaba para ser alimentado un asceta pragmático como el Yérontas Paísios.

 

Y mientras se alegraba ejercitándose y saboreando “la continencia, autodominio del placer”, interrumpió su ascesis su entrada al hospital y la operación de los pulmones. Por obediencia comía lo que le daban, incluso carne.

 

Pero retornando a la Santa Montaña se dedicó otra vez en ayunos agotadores. Dijo en un discípulo para beneficiarlo: “Intentaba aplicar lo que escriben los libros. Me quedaba días enteros hambriento, tanto que no podía ni levantar mis pies. Muchas veces, cuando hacía falta ir en algún lugar, caía al suelo por agotamiento. No tenía el ánimo de salir un poco más allá del camino para que no me encontrase alguno en el suelo. Rogaba la Panaghía que me diera fuerza. Me agarraba de las ramas y me arrastraba para ir un poco más allá.

 

Hacía continuas novenas, y cuando quería ayudar a alguien, hacía tres días de ayuno. Es decir, acompañaba la oración por ellos con el sacrificio del ayuno. Los quince primeros días del ayuno de Agosto intentaba pasarlos sin comer nada, en honor de la Panaghía. Además de los Cuaresmas consagrados hacía también otros ayunos por alguna petición especial grande que concernía a un tema o a alguna persona.

 

Su comida por regla general era “cruda”, es decir, comida no cocinada, que no pasa por el fuego. “Menos mal que cocinar no lo tengo en el programa”, dijo una vez. Cuando a veces en los últimos años uno de los padres le llevaba comida cocinada, el Yérontas gracias a la agapi comía poco y decía: “El estómago necesita de vez en cuanto también comida cocinada”.

Preguntaron una vez al Yérontas:

-Yérontas, ¿cómo no se ha estropeado tu estómago por los ayunos?

-El estómago no se estropea por los ayunos. Pero cuando uno se entristece debe comer, porque gotea bilis que debe gotear sólo durante la digestión, y así se destruyen las paredes del estómago y duele. Uno debe comer según el estado que se encuentra. Puede contenerse y comer menos, entonces que lo haga. Cuando uno progresa, come menos o poca comida y se mantiene como si hubiera comido normal, porque es alimentado espiritualmente y la poca comida es suficiente para la conservación. El mismo comía en un plato pequeñito que cabía poca comida.

 

Pretendía que nadie conociera cómo ayunaba. Cuando iba en alguna parte, no hacía la novena y comía lo que le ofrecían, si no le dañaba. Cuando estaba en la “Santa Cruz” le llamó un conocido suyo representante de su caseta en Kariés (capital) para un tema. Al final le preparó la mesa de comida. El Yérontas comió toda la comida y limpió el plato con pan. Dios sabe cuánto ayunaba después en su Kelia.

 

No quería dar ni la más mínima sospecha de que ayunaba severamente. Pero lo único que no podía esconder era su cuerpo delgado casi un esqueleto sin carne que traicionaba sus grandes ayunos. Los demonios le llamaban “esqueleto”, y no se equivocaban. En un pueblo de Kónicha que había llevado Reliquias Sagradas, un abuelo le dijo: “Aquí veo huesos (las santas Reliquias), y aquí también (la persona del Yérontas)”. Cuando era más joven parecía como una sombra, sin carne, un esqueleto, como si no tuviera estómago. Sus carnes, como escribe el mismo sobre Hatzigiorgiu, las sacrificó por pundonor para la agapi a Cristo.

 

La buena costumbre de perpetuo ayuno, le ayudó a alcanzar grandes medidas de ascesis y convertirse en gran ayunador. Decía: “mucho ayuda el hábito a la ascesis-ejercicio. Si uno se acostumbra de joven, después no se dificulta”. Pero mucho más le ayudaba el autodominio y la imposición de sí mismo. Cuando después de un ayuno alargado su cuerpo se quejaba y pedía consuelo, hablaba junto con este. “¿Qué quieres? He aquí, beba té, tienes bastante con esto”. Tomaba un té a solas sin tostada. Cuando se mareaba por el ayuno, no comía comida, sino con agua engañaba su hambre y continuaba.

 

El Yérontas ayunaba severamente y además cada noche estaba en vigilia orando. “Ayuno, vigilia, oración recibiendo carismas celestes…”

 

En el Monasterio Esfigmeno de Athos dormía una hora más o menos debajo de de unas placas o en los ladrillos. Más tarde dormía en una cama de madera, para no tener comodidad ni en el sueño, ponía debajo de la manta piedras. En Stomio cuando uno vio la tabla que dormía, le dijo. “Padre has escogido un camino muy difícil”. Y respondió: “Cuando una cosa la quieres tanto como yo la vida ascética, entonces se hace agradable”.

 

Se sentía muy feliz en su cama ascética teniendo como almohada un tronco y como colchón las tablas. Le dolía la cintura pero se alegraba porque leía a san Isaac el Sirio: “Sobre todo el  pazos de la filaftía (egolatría) que es el mayor de todos los pecados, o el desprecio de la comodidad”, porque “la comodidad alimenta y aumenta los pazos (San Isaac el Sirio Logos 71 y 27).

 

Al mediodía nunca descansaba. Más tarde cuando el mundo le tenía ocupado todo el día y se cansaba, su típico o regla era el descanso hasta tres horas. En media noche se levantaba y empezaba los komposkinis. Otras veces dormía tres horas por tres días y noches. Mientras que con el ayuno humillaba el cuerpo, con la vigilia limpiaba y afinaba el nus.

 

En la oración nocturna entregaba entero el sí mismo y sus fuerzas. Se agotaba por las “posiciones a toda vela” y las incontables genuflexiones. En su vejez utilizaba asiento y tocador y el “colgante o perchero oculto”, es decir, se ataba con la cuerda desde el techo de su kelia para poder orar de pie como otro profeta Moisés. Cuando se cansaba, continuaba arrodillado dando un poco de comodidad y descanso a su cuerpo fatigado y castigado.

 

Sobre la agripnía-vigilia decía: “Tener sueño aniquila al monje y no lo deja comunicarse con Dios. Es necesaria mucha violencia y continua lucha contra nuestro sí mismo. En el primer momento hace falta esforzar un poco nuestro sí mismo. Pasa la primera falange de demonios y se va, si resistimos y nos oponemos. No debemos hacer la vigilia para satisfacernos a nosotros mismos. Podemos hacerla para un enfermo y decir: “Dios mío, sánala a esta persona, para que pueda alabarte”, y así hacemos doxología-alabanza; o, “oh Dios dales sueño a las personas que no pueden dormir, sea porque tienen dolor, sea porque tienen tensados sus nervios y toman fármacos para dormir”.

 

Por muy a escondidas que luchara, algunas cosas caían en la percepción de los hombres. A las vísperas de las vigilias todo el día estaba ocupado de personas con sus problemas. En la entrada del sol pasaban de su kalivi padres e iban juntos a la vigilia. Casi toda la noche estaba en pie y hacia al amanecer volvía a su Kelia. ¡Cuándo iba a descansar! Con la luz del día bajaban la multitud de gente dolorida con la exigencia de verlo. ¡Cómo aguantaba! ¡Dónde encontraba sus fuerzas, siendo anciano y enfermo!…

 

Pero a pesar de todo esto nunca transgredía su tipikón-regla y no disminuía la ascesis. Esfuerzo, fatiga, ayuno, vigilia, consuelo a los doloridos, oración y cumplimiento exacto de los deberes monacales. Continuo esfuerzo y violencia de la naturaleza con moral martírica y buena disposición. Mientras bendecía toda la creación, racional e irracional, sentía compasión y piedad hasta del mismo diablo, pero era incompasivo e implacable consigo mismo, como todos los Santos. En su recipiente de barro (cuerpo) no condescendía egolátricamente y le daba menos de lo que necesitaba. A los demás los aconsejaba: “Cumplir sólo lo necesario para el cuerpo, porque lo más, es deseo que expulsa a Cristo de el corazón y toma Su posición y después queda un vacío y seguía”.

 

Al principio tenía exactitud y perseverancia en la ascesis. Más tarde, no tenía tanta necesidad, porque maduró su fruto espiritual, y ya la ascesis se le había hecho forma de vida. De todos modos cuando era necesario, podía hacer también economía. Aconsejaba: “Ahora que sois jóvenes luchad, porque más tarde no podréis. Antiguamente yo hice gran lucha y combate. Ahora me doy asco a mí mismo. Me entra frío hasta por el agujero de la cerradura de de la puerta”. Aconsejaba también las prosternaciones (genuflexiones,) porque “con las prosternaciones reverenciamos humildemente a Dios, se va el sueño, y la máquina se pone en marcha”. Incluso se van las barrigas anormales y dejan una gallardía al cuerpo”. Consideraba que “las prosternaciones son el mejor ejercicio-ascesis, porque traen la divina jaris (energía gracia increada) y la impasividad corporal”. Decía: “Una vez pasadas tres o cuatro horas después de la comida, podemos hacer prosternaciones. Cuando hacemos prosternaciones (genuflexiones), primero las rodillas deben pegarse a los hombros y después la cabeza tocar abajo cerca de las rodillas”. Quería que las manos tocaran al suelo no con la palma sino con la parte exterior del puño. Así hacía las prosternaciones-genuflexiones, y si alguno las hacía tocando el suelo con la palma le rectificaba. Pero de ninguna manera quería que se vieran las señales en las manos a causa de las genuflexiones. Por eso aconsejaba que se hicieran con una alfombrita  para las prosternaciones-genuflexiones. Impresionaba su rapidez, su flexibilidad y su aguante.

 

Un monje que pasó una noche en la kelia del Yérontas escuchaba toques rítmicamente en el suelo, por sus rápidas genuflexiones y espontáneos estallidos de su corazón hacia el Cristo y la Panaghía. Después se hundía en la noerá  oración del corazón o de Jesús. Después otra vez a las genuflexiones. Otras veces haciendo prosternaciones decía troparios y salmos. En verano las noches salía fuera al patio de su Kalivi. Encima de una superficie de 1,20×0,50m más o menos en dos tablas clavadas, hacia prosternaciones-genuflexiones y oraba arrodillado.

 

El Yérontas daba mucha importancia al bendito esfuerzo y cansancio. Sin esfuerzo, sin fatiga ni lucha ninguno ha sido santificado. El esfuerzo y el cansancio emociona a Dios, mientras comprobaba que: “La generación actual tiene una holgazanería que es trasladada también a la vida monástica. Queremos santificarnos sin esfuerzo y cansancio”. Todo trabajo físico y espiritual sin dolor, esfuerzo, fatiga y cansancio nunca fructifica, (san Gregorio Sinaíta Filocalía t. 4)

 

Decía sonriendo: “¡Creo que es mejor hacer vigilia estirados en la cama, compramos también un radio-casete para poner salmodia, la que queráis! ¡Hacemos también un asceta de paja que se mueva con moto, haciendo las prosternaciones-genuflexiones y tire de komposkini! Quería así recriminar la mentalidad contemporánea que todo lo pide y lo quiere fácil y evita el esfuerzo corporal. Aconsejaba: “Que tengamos cuidado en no adquirir este espíritu que existe en el mundo. Los hombres mundanos quieren trabajar poco o nada y ganar mucho dinero, los estudiantes sin estudiar quieren tener notas buenas. Tenéis que intentar ser luchadores. Nuestra vida es esfuerzo y fatiga. Vino uno y me rogaba que haga oración por él porque tenía sales en el cogote. El médico le dijo que hiciera ejercicios y él tenía pereza de mover su cabeza izquierda derecha y vino aquí para pedirme que haga oración por él. ¡Veis qué descarado! Hoy las facilidades y comodidades se han convertido en dificultades. En sus despachos los hombres tienen silla con ruedas. No se levantan y cualquier cosa lo hacen con la silla de ruedas y así se enganchan los pies. Después irán al médico, los pondrá hacer unos ejercicios y pagarán también para masaje.”

 

El Yérontas pertenece en aquella generación, de la que el esfuerzo es descanso y la fatiga diversión. Se alegraba en esforzarse. Tenía el hábito de tener la buena disposición de esforzarse hasta el final. Solo hacia los trabajos necesarios. Arreglaba su Kalivi, cortaba las hierbas, cortaba con el hacha las maderas que necesitaba todo el año para calentarse, las llevaba a sus espaldas y las troceaba, excepto a los últimos años que no le dejaban los visitantes.

 

Cuando quería ir en alguna parte dentro de la Santa Montaña por regla general iba a pie, mientras que antiguamente para más ascesis caminaba descalzo y llenaba su saco con piedras.

 

Tenía muchas fuerzas pero no era un gigante. La gran abnegación, el pundonor y el celo para las realidades espirituales reforzaban su cuerpo y hacía mayor ascesis que los otros lo más fuertes. Fundía su cuerpo en la ascesis. Agotaba todas sus fuerzas, cada respiro lo daba a Cristo. La violencia que ejercitaba a sí mismo llegaba hasta los límites de su aguante y a veces lo superaba y después caía al suelo agotado. Su mano derecha quedaba paralizada por el cansancio de hacer incontables komposkinis con cruz. Pero no paraba para darlo descanso. Tomaba el “komposkini” con la mano derecha y hacía las cruces con la mano izquierda 27. De esto se ve la firmeza en su ascesis.

27 Que no se escandalice alguno porque cuando se cansaba su mano derecha, continuaba con la izquierda, porque el Yérontas parecía a un guerrero que combatía con cualquier medio, con las armas de la justicia, de la derecha y de la izquierda.

 

El logos sobre la ascesis del Yérontas concierne principalmente las dos últimas décadas de su vida. La llama, el entusiasmo y el celo que tenía en su juventud, entonces que tenía completas sus fuerzas corporales, es imposible que sean descritas con palabras.

 

Tenía tal tipo de celo y hacía tanto ejercicio  cuando ya “se había estropeado su máquina”, es decir, cuando se debilitó y aflojó su cuerpo, ¡qué haría cuando era más joven! Los que le conocieron más joven, confiesan que sólo la inoportuna contemplación de él provocaba sorpresa y respeto. Tal era su celo.

 

“Por la noche se muere y por la mañana se resucita”, decía sobre el Yérontas la conocida por él monja Anna Hatzsí.

 

Las pruebas que hacía cuando era más joven, no sólo no las aconsejaba a los demás, sino que las impedía. Pero el mismo no se arrepentía por los experimentos que hizo en sí mismo.

 

Después de muchas luchas había llegado a un estado de vivir con mínima comida y poco dormir. Era alimentado por la divina jaris (gracia energía increada). Decía: “Uno no se duerme por alegría. Otro es alimentado espiritual y corporalmente”. Una vez fue preguntado: “¿Cómo un Santo aguantaba dormir sólo una hora de las veinticuatro agarrado a una cuerda?”; y respondió: “El Santo descansa cansándose”. Esto lo vivía él mismo. Le alimentaba y le apoyaba la jaris-gracia energía increada de Dios. Parecía una máquina que trabaja sin parar con el mínimo de combustible.

 

Quería que los monjes jóvenes lucharan: “La vida espiritual es gallardía y fortaleza. Tened gallardía, majestuosidad y coraje, no seáis una generación enmohecida. Entrando al Monasterio desde el principio debes engancharte fuertemente a Cristo, en el cielo. El ejercicio corporal ayuda cuando se hace con libre buena voluntad y diligencia. No ceder fácilmente, aplazando nuestros ejercicios espirituales. Hacer oración lo máximo que puedas, aunque sea poco y después confesar las faltas al Yérontas.

 

“Igual que el enfermo debe comer, tanto si tiene apetito o no, porque sabe que la comida lo beneficiará, así lo mismo también nosotros debemos hacer cuando no tenemos buena disposición y ánimo para las cosas espirituales, sabiendo que seremos beneficiados, aunque no tengamos ganas. Se necesita esfuerzo, no presión o tensión, ni opresión y angustia. La vida espiritual ayuda mucho, no es opresión ni tensión y angustia.

 

Incitaba para luchas y combates, pero señalaba también los peligros de una ascesis equivocada que alimenta el orgullo y se ocupa unilateralmente con los ejercicios corporales dejando de lado los pazos psíquicos. “La mayor lucha es adquirir la humildad y la agapi que son fáciles de lograr incluso para una niña pequeña. Si los ejercicios corporales uno los aumenta, puede aumentar también la soberbia u orgullo y tiene el autoengaño de que es algo. Pero si gira su punto de vista a la soberbia y golpea allí en la cabeza de la serpiente, entonces puede golpear con gran facilidad muchas cosas. Primero debemos aplicar la humildad y la agapi y después la vigilia y el ayuno”.

 

“El monje”, decía, “debe adquirir el imponerse o la imposición a sí mismo y el dominio propio. Cuándo debe hablar, cuándo debe comer. Entonces no es dañado, vaya a donde vaya y en cualquier lugar que se encuentre. El que no tiene autodominio se parece al buey que encuentra el pienso y no para de comer hasta que explota. Son muchos que fácilmente son arrastrados y no teniendo freno los arrastra la pendiente hacia abajo.”

 

La ascesis del Santo era grande, oculta y empezaba por la gallardía, la buena voluntad, no era seca y típica. Sobresalta su gran agapi a Dios. El que ama, está sediento y padece para el amado. No hacía la ascesis para su interés propio sino como el medio de la catarsis y la santificación. Se hizo el modo, forma y el medio de ayuda para los hombres y sacrificio agradado por Dios. Con discernimiento sacrificaba su ascesis para algo superior. Una vez probó comer carne, única y exclusivamente por agapi, para incitar al monje enfermo a que suprima la prohibición de comer carne para su salud. Dios le hizo el favor de no sentir el sabor de la carne.

 

El Yérontas a través de la ascesis había sido mortificado para el mundo. Había resecado su carne, de modo que no broten los pazos. Había hecho la catarsis, “psicoterapia”, sanación y purgación de su psique y cuerpo y es destacado recipiente de perfume de la jaris (energía increada gracia).

 

B 1,7 Esfuerzo y trabajador incansable

 

Desde niño el Yérontas amaba el trabajo. Ayudaba a sus padres en las labores del campo. Era incansable y productivo. Segaba solo hectáreas enteras y, para dar consuelo y ánimo a sí mismo, entraba en la mitad del terreno y primero hacía una línea segando  y así lo partía en dos partes de modo que parezca como dos trozos pequeños sin segar.

 

Como carpintero trabajaba mucho, porque amaba su arte. Trabajaba con sentido y buenas ganas, desde el fondo de su corazón. Combinaba la carpintería con el trabajo espiritual y la filantropía. Trabajando salmodiaba y oraba. Del dinero que ganaba daba caridades o trabajaba para los pobres sin cobrar dinero.

 

Como monje realizaba los servicios con exactitud y diligencia, además por pundonor ayudaba donde había necesidad.

 

En Stomio, cuando sobraba tiempo de las obras de renovación, hacía iconos y los daba como bendición; encima de una madera pegaba icono de papel y piñones en vez de cornisa. Desde entonces comenzó con los iconos de madera prensada y más tarde se perfeccionó. Tenía un torno que lo movía con el pie y hacia varios trabajos manuales y admirables instrumentos y recipientes eclesiásticos.

 

En sus trabajos manuales monásticos el Yérontas era muy eficaz e inalcanzable, pero también en los trabajos manuales incansable e incompatible. Los monjes que le conocían testimonian que “cortaba la madera más rápido que los leñadores, alisaba con velocidad de una máquina eléctrica de alisar, trabajaba lo mismo que diez personas.

 

No quería lentitud ni parsimonia en su trabajo, “el de corazón parsimonioso y perezoso será despreciado” (Prov. 12,8).

 

Quería que el monje trabajase con poco trabajo manual y hiciera mucho trabajo espiritual. “Mucho trabajo hace al monje olvidarse de Dios, igual que los hebreos en Egipto, pero cuando trabajas que trabajes de verdad”, decía.

 

En el Monte Sinaí hacía con escultura de madera iconos de Moisés recibiendo el decálogo.

 

En la Skiti de Ibiron tallaba principalmente cruces e instrumentos de madera para santificación de agua. Un pequeño recipiente para santificaciones de agua tenía dieciséis caras. Se distinguían todas sus obras por los detalles, incluso hasta las uñas de los dedos.

 

No fue a un maestro para aprender a tallar o esculpir en madera. Era autodidacta. Solo fue instruido y hecho un perfecto escultor de madera. Sus obras manuales además de la perfección artística tenían una jaris-gracia especial, debido a que se hacían con devoción y oración.

 

Para el arte de escultor de madera decía: “Las representaciones del Crucificado y de los demás rostros que sean como naturales, pero más finas, más ascéticas para que indiquen lo espiritual. El Cristo que no tenga barrigas, sobre todo porque encima de la Cruz estaba hambriento.

 

Aconsejaba el Yérontas: “Si piensas cómo economizarás maderas para el trabajo manual, esto no es oración. Pero si piensas que el rostro de Cristo tomará buena expresión, esto es oración.”

 

En Katunakia (punto sur de Athos) talaba los iconos con la representación de la Crucifixión, el Crucificado, la Panaghía y san Juan el Teólogo. También hacía cortapapeles de madera de laurel. Escribía lemas de la Santa Escritura y los daba de bendición.

 

En la “Santa Cruz” hacía principalmente iconitos prensados. Los dejaba fuera de la puerta del patio y los peregrinos solos se llevaban los que querían. Tenía varios moldes: La Panaghía del dulce beso, el Crucificado, la santa Efimía, san Arsenio, la Santa Montaña Athos, el Santo Monte Sinaí, la Cruz con la espada y la esponja para hebilla de cinturones monacales. Lo más difícil era tallar las matrices. Encima del acero que lo cortaba de forma oval o cuadrado, tallaba el negativo de la representación golpeando con martillo cinceles de su propia creación. Buscaba maderas doradas al bosque y austros, las cortaba y las transportaba desde lejos a sus espaldas y una vez secadas, las cortaba con la sierra en trozos y las lijaba. A continuación calentando los moldes en el fuego apretaba la madera con la ayuda de la presa de rosca movida, tornada con la mano y las formas que quedaban grabadas en la madera tomaban un aspecto dulce. Este tipo de trabajo manual lo enseñó también a otros padres, de hecho les regaló también moldes preparados.

 

En su cabaña “Panaguda” tallaba los iconos de la Panaghía del Beso Dulce, en pequeño tamaño y las regalaba a hombres que tenían necesidades especiales. Eran tan logradas que parecían vivas, como si tuvieran espíritu.

 

También esculpió el Santo Monte Athos en una madera. Incluso en la presa hizo una representación bella y original. Encima de papel presionaba el molde con la forma de Cristo o de la Panaghía junto con flores silvestres.

 

Un discípulo suyo viéndolo hacer komposkinis, a partir de entonces aprendió hacer también él, e incluso cuando hablaba con las personas. Los repartía como bendición. Pero para tantas personas, ¡como sería suficiente sólo con sus manos! Compraba trabajos manuales de ascetas pobres y los daba bendición. Otros también le daban para repartir pero prefería dar de su sudor. Consideraba que esto tiene valor. Su fatiga con la hernia, la debilitación de sus fuerzas físicas y también el aumento de visitantes contribuyeron que el komposkini fuera su principal trabajo manual durante los últimos años. Dedicaba muchas horas del día a los peregrinos que continuamente aumentaban, y, mientras estaba dedicado a la conversación, a la vez sus manos mecánicamente rápido trenzaban komposkini.

 

El trabajo manual era la tapadera de la acedia o pereza espiritual y ayuda al monje a permanecer en la hisijía. Pero el Yérontas no tenía necesidad de este tipo de medios auxiliares para permanecer al desierto. Naturalmente hacía trabajo manual para no comer pan de la pereza y trigo de la holgazanería, aunque sus necesidades personales eran mínimas y raramente vendía su trabajo manual. Principalmente también su trabajo manual era la manifestación de su gran agapi. Quería ofrecer algo a cada uno. El mismo se cansaba mucho, pero repartía los trabajos manuales en “doxa-gloria de la Panaghía” y producía mucha alegría y consuelo a los hombres, que consideraban gran bendición tener algo de sus manos.

 

Los trabajos manuales de los monjes, para que tengan bendición, deben hacerse sin prisas y con oración. Decía: “Cuando hacemos trabajo manual en paz y oración, entonces se traslada nuestro estado espiritual, se imprime, de una manera en la obra hecha a mano y la gente lo lleva y es bendecida. Una vez hacía un icono y como mi mano se había acostumbrado, decía continuamente la oración del corazón o de Jesús sin distraerme del trabajo y el icono tomó forma sola. La abracé y me quedé así dos tres horas… Cuando llegamos en estado espiritual bueno y existe el derramamiento de la agapi a Cristo, entonces también el trabajo se hace oración.

 

»Otra vez me habían dado un pedido para tres iconitos de san Demetrio. Tenía margen tiempo seis meses. Llegó el último mes y no había hecho aún nada. Y esto, porque entró la pasión, la inquietud, no tomó forma buena. Lo he dado regalo de bendición, no me había reposado.

 

Para el Yérontas era indispensable hacer trabajo a mano sin oración. Le preguntó un monje: “¿Yérontas, qué tengo que hacer ahora que renuevo mi kelia?” Respondió: “Con tus manos trabajar y el nus con la noerá oración del corazón que esté en Dios”.

 

Recalcaba mucho la sencillez en el trabajo manual. Uno no debe hacer representaciones compuestas, complejas y abrirse para muchos pedidos. Si es posible, limitarse sólo en una representación, pero debe hacerla a medida de lo posible mejor, de modo que el nus pueda orar si distracciones. También decía: “Es mejor uno vender su trabajo manual barato y no dar limosnas, en vez de venderlo caro y disponer el dinero para limosnas.”

 

Insistía mucho que los hagiógrafos que hagan iconos buenos, porque consideraba que “un icono es un kerigma eterno, mientras que el kerigma del predicador dura poco. Vemos por ejemplo, un icono de la Panaghía y nos consolamos. Por supuesto que, si el icono no es bueno, si tiene el rostro bruto, ojos etc., hace kerigma negativo. Me decía uno: “Voy abajo del icono de Cristo y quiero abrir mi corazón, pero veo a Cristo como un soldado alemán mirándome mal, y me encojo interiormente.

 

»El icono hace milagros, cuando atrae la jaris-gracia increada del Espíritu Santo que iconiza, representa. Lo que uno ama se ve en el icono. Por costumbre pintamos a nosotros mismos. Una amaba a su hermana y la pintó. Cada cosa que hacemos entregado totalmente a Dios adquiere jaris. El estado interior de la psique es reflejado en el trabajo manual. Si tienes devoción, tu trabajo manual será regado de devoción. SI tienes angustia, tiene algo de demoníaco y lo transmite o energía demoníaca y la transmite”.

 

El Santo precisamente recalcaba la devoción y el cuidado esmerado en el trabajo manual, pero lo veía como medio de ayuda y no como fin en sí mismo. Decía: “Finalmente nosotros los monjes no tenemos como propósito y fin hacernos buenos salmistas y buenos artistas de trabajo manual, sino monjes correctos, Ángeles. Así es bendecida tu obra y el mundo que los comprará será bendecido. Por eso prefieren las obras manuales de los monasterios para bendición”.

 

 

B 1,8 Aroma de εὐλαβεια evlavia devoción o piedad.

 

Un asceta encerrado escuchaba muchas cosas sobre el Yérontas Paísios. Le visitó, hablaron y comprobó que el Yérontas era muy devoto. Realmente tenía rara εὐλαβεια evlavia devoción o piedad, que se la habían enseñado sus padres, principalmente de su madre.

 

Después en el kinovio cenobita (monasterio de vida común,) fue beneficiado mucho por muchos padres, especialmente por un hieromonje, por el cual decía: “Nosotros no podemos alcanzar la devoción del padre…, imposible. Celebraba al Divina Liturgia diariamente y luchaba mucho. Durante seis meses se alimentaba diariamente sólo con medio pan eucarístico y tomates secados al sol”. Este devoto servidor y los demás sacerdotes del Monasterio, cuando celebraban en las ermitas preferían como servidor al joven entonces Aberkio (el que más tarde fue el Yérontas Paísios).

 

El Yérontas tenía innata la εὐλαβεια evlavia devoción o piedad, pero también la cultivó mucho. Daba mucho peso en ella hasta el punto de decir que “εὐλαβεια evlavia es la virtud más importante, porque atrae la jaris (gracia, energía increada) de Dios”.

 

Εὐλαβεια evlavia devoción o piedad según el Yérontas es el temor a Dios, la sensibilidad espiritual. El hombre piadoso siente intensamente la presencia de Dios y se comporta con cuidado y sístole (contracción).

 

Quería que la εὐλαβεια evlavia fuera emanante e interior. Las formas exteriores las evitaba. Al referirse a una compañía que tenía orden y disciplina en la vida ritual, del culto, decía: “Esto emana desde el interior de ellos, si es algo interior, debo respetarlo”. El mismo se movía con εὐλαβεια evlavia pero también con libertad ajena de formas secas y tipicidades. Si algo no lo sentía no lo hacía. Discernía la εὐλαβεια evlavia devoción o piedad de la respetabilidad. Decía que εὐλαβεια evlavia devoción o piedad  era incienso, la respetabilidad colonia.

 

Su εὐλαβεια evlavia devoción o piedad comenzaba de la cosas pequeñas e insignificantes y resultaba a las cosas más esenciales y espirituales. Decía: “Si uno desprecia las cosas pequeñas, este desprecio progresa también a las cosas más grandes y más santas, y sin darse cuenta, justificándose a sí mismo de que esto no es nada lo otro no molesta, hay el peligro de llegar uno, que Dios nos guarde, al desprecio total de las cosas y realidades divinas y convertirse uno en impío, desvergonzado y ateo.”

 

Se distinguía su εὐλαβεια evlavia devoción o piedad por la manera que oraba, de cómo reverenciaba a los iconos, cómo tomaba la comunión, el pan eucarístico y el agua bendita, cómo aguantaba el icono en una procesión, cómo salmodiaba y con qué nobleza amaba el pequeño templo de su Kalivi. Cuidaba hasta los mínimos detalles. Estas cosas no eran meticulosidad, ni tipolatría. Era una posición hacia Dios, en la que no se prevé ninguna formalidad eclesiástica sino su disposición personal. Sentía sagrada no sólo su pequeña Ermita sino también todo el espacio de su Kalivi. Su kelia donde oraba, la tenía como Iglesia pequeña. Tenía el iconostasio con muchos iconos, donde estaba el candil encendido perpetuamente, incensaba y encendía muchas velas. Había transformado su cama como un sepulcro, y decía: “es lo sagrado de mi kelia”. No tocaba los iconos y los libros sagrados, sino sólo en almohada tenía un icono muy gastado y casi despintado. Un hermano le preguntó para saber la razón. Aunque el Yérontas al principio intentó esconderse, finalmente entendió que la razón era las lágrimas y los abrazos. “Puedo pasar toda la vigilia así”, confesó con contracción.

 

Tenía devoción y respeto todo el espacio de su Kalivi, el taller donde hacía los iconitos, la sala de espera donde por la jaris (energía increada gracia) de Dios se renovaban psiques, incluso fuera el patio. Consideraba como falta de devoción tener lavabo dentro de su Kalivi y no sólo por ejercicio sino principalmente por piedad lo tenía a larga distancia.

 

En la “Santa Cruz” una vez que estaba ausente, los Padres del Monasterio, movidos por agapi, para que no sea fatigado, le hicieron un lavabo fuera pero pegado con la Kalivi. El Yérontas nunca lo utilizó.

 

Últimamente, cuando su salud había empeorado y salía muchas veces fuera al frío, a la lluvia y a la nieve, sus hijos espirituales insistían, para su facilidad, hacerle un lavabo en el extremo del patio exterior, pero no lo aceptó diciendo: “hacia aquella parte se presentó la Panaghía. ¿Cómo yo voy hacer un wáter?”.

 

Igual que los Ángeles al cielo “muy piadosamente” alaban a Dios día y noche, así también la vida del Yérontas estaba aromatizada de εὐλαβεια evlavia profunda y emanante. Esto se vislumbra por las muchas manifestaciones durante su contacto con las cosas sagradas y su relación con Dios. Las sentía como vivas.

 

Cuando visitó una Kelia, sufría de hernia. El Yérontas de la Kalivi le rogaba que se estirase un poco a descansar, pero no aceptó. Sólo podía moverse por el lado izquierdo, pero así tendría sus pies hacia los iconos, cosa que lo consideraba impío.

 

Cuando entraba al Santo Altar, hacía una prosternación a ras del suelo, quitaba el gorro, abrazaba y besaba la Cruz y entraba por la puerta lateral. Cuando iba a comulgar, reverenciaba con grandes prosternaciones (genuflexiones). Por un espacio de tiempo tenía como canon, antes de la Divina Comunión, por treinta y tres horas no comer absolutamente nada.

 

Por excesiva εὐλαβεια evlavia hacia el misterio del sacerdocio, no aceptó a ser sacerdote, a pesar, como confesó el mismo, “tres veces recibió información para serlo”. (Más bien no fue una orden, sino la facultad, es decir, de que se podía hacerse sacerdote, porque cuando fue preguntado en relación, respondió: “Cristo nos da regalos. ¿Pero debemos aceptarlos todos?). Fácilmente uno entiende que consideraba la εὐλαβεια evlavia una virtud básica para todo cristiano. Midiendo con sus criterios severos, consideraba por una parte la εὐλαβεια evlavia imprescindible, pero por otra parte, difícil de encontrarla. Para el Yérontas pesaba y tenías más importancia que muchas otras cosas.

 

La tenía como criterio para muchas cosas. Cuando algún piadoso escribía o hacía algo y estaba acusado, el Yérontas, antes de formar una opinión precisa daba indulgencias, diciendo: “Es piadoso, no creo que haya hecho tal cosa”. Creía que guardaba al hombre de errores, de engaños y de caídas, quizá según lo “el Señor guarda el camino de sus piadosos amigos” (Prov. 2,8).

 

El Cristiano en todas sus declaraciones y luchas, y especialmente del monje, para el Yérontas la εὐλαβεια evlavia devoción o piedad contaba mucho. Era un componente estable que entraba en todas partes y elevaba el nivel espiritual.

 

Aconsejaba a los monjes que tengan cuidado para adquirirla. Decía: “Especialmente un monje joven debe ser todo εὐλαβεια evlavia devoción o piedad. En esto ayuda tener siempre abierto el libro Evergetinós (estudio continuo) y relacionarse con otros piadosos”. Un nuevo monje preguntó al Yérontas qué debe tener más cuidado, y le respondió: “La εὐλαβεια evlavia devoción o piedad y la atención de sí mismo”.

 

Le preguntó un Obispo Ruso, a quienes debería ordenar sacerdotes, porque había muchos candidatos. Respondió. “A los piadosos, devotos y limpios, (puros)”. No dijo los que tienen estudios, ni los que tienen voz bonita, tampoco los dinámicos y activos.

 

Y en la salmodia y en la hagiografía lo que más valía y pesaba para el Yérontas era la εὐλαβεια evlavia y menos el arte, y la distinguía en el salmista o en un icono. Decía: “Si te fijas al significado de los troparios serás alterado de esto y salmodiarás con εὐλαβεια evlavia devoción o piedad. Si no tienes εὐλαβεια evlavia, aunque cometas un error, cuando salmodias endulza. Pero si estás atento sólo en la técnica, es decir, si vas nota a nota y lo dices sin εὐλαβεια evlavia, te convertirás como un salmista mundano que salmodiaba “Bendiga psique mía al Señor” y era como cuando el herrero golpea al yunque. Lo escuchaba cuando estaba en el coche. No me reposaba ni agradaba. Lo dije al conductor: “Cierra la radio casete”. Cuando uno no salmodia desde la profundidad de su corazón, es como si te echara de la Iglesia. Un canon santo dice que las voces desordenadas que tengan penitencia, porque echan la gente de la Iglesia”.

 

Para la hagiografía aconsejaba: “Hacer el icono con devoción, como si quisiéramos entregarla al mismo Cristo. ¿A nosotros nos gustaría que nos dieran una foto con nuestra cara alterada? No es correcto que sea iconizada o representada la Panaghía como la Santa Anna, para que supuestamente no se vea su belleza física y corporal. No había mujer más bella en la psique y en el cuerpo que la Panaghía. ¡Con la jaris que tenía cuánto alteraba las psiques de los hombres!

 

Decía sobre el icono de la “Glikofilusa-dulce beso”, del Monasterio Esfigmeno de Athos, que “técnicamente tenía imperfecciones, porque los pies de Cristo eran como cuñas, y el que sea milagroso y tenga tanta jaris y dulzura, quizás será porque Dios ha recompensado la εὐλαβεια evlavia devoción o piedad del hagiógrafo.”

 

Y mientras que “al piadoso y devoto viene la jaris de Dios y embellece psíquicamente al hombre”, con tristeza comprobaba que hoy en día los hombres no tienen cuidado sobre este tema. Decía: “El que no tiene εὐλαβεια evlavia y desprecia las realidades y cosas divinas, es abandonado de la divina jaris (gracia, energía increada), está dominado por la tentación y los hombres se endemonian. En el hombre impío no devoto, no se acerca la divina jaris. Va a los que la honran”.

 

Como ejemplos de impiedad se refería al sacrificio de Caín y a los hijos de Hilí del Antiguo Testamento. El desprecio de ellos trajo la ira de Dios y fueron castigados. El Yérontas consideraba falta de εὐλαβεια evlavia devoción tocar los iconos, libros eclesiásticos, antídoron (contraregalo, pan eucarístico) y generalmente objetos sagrados en los asientos de la Iglesia, mucho más, en sillas o camas, excepto en la almohada.

 

Los iconitos que daba de bendición, aconsejaba que los pusieran al bolsillo del pecho. Narró el caso de un peregrino que se le había torcido la cabeza y el Yérontas por divina iluminación entendió que aquel hombre le pasó esto por energía demoníaca, porque puso en el bolsillo de atrás del  pantalón la Cruz con “Trocito de la Santa Cruz” que se la había regalado. Eludía a los que no tenían cuidado de sus vidas, que llevasen encima “trocito de Madera Sacra de la Cruz”. Relató que uno se había endemoniado porque el día que había tomado la comunión escupió en un lugar sucio. Lo mismo le pasó a una mujer porque tiró agua bendita en la basura. Un joven comprometido con una chica se fue a un mago y aquel le dijo que se meara en los anillos. Él obedeció y se endemonió, porque los anillos son cosas sagradas. Se ha referido en otros ejemplos para indicar que los que son faltos de εὐλαβεια evlavia, de atención y cuidado, son abandonados de la jaris (gracia increada) y muchos han sido endemoniados.

 

No consideraba correcto llamar solo con el nombre los santos Padres “Basilio, Gregorio” etc. “¡Aquí hablamos sobre tal padre y le llamamos “padre” y los santos Padres llamarlos así solo por su nombre es impiedad!”

 

No quería que ofreciéramos a Dios una vela falsa, ni aceite de girasol o de mala calidad, “sino que ofertemos a Dios las mejores cosas para el culto; también nuestras fuerzas, la oración pura y no con bostezos”. Consideraba gran impiedad celebrar la Divina Liturgia con pan que tuviese un poco de moho. “¡El Cristo nos da su Cuerpo y Sangre y nosotros le damos panes con moho!” Podía hacer kilómetros para encontrar pan eucarístico para la divina Efjaristía en la Divina Liturgia. Además los panes de la Efjaristía los tomaba por los lados y tenía cuidado para no tocar el sello.

 

El Santo intentaba agradar y reposar a Aquel que amaba. Por gran agapi ofrecía a Dios lo mejor y se comportaba con finura y sensibilidad espiritual, con εὐλαβεια evlavia devoción o piedad y Dios agradado le concedía en abundancia Su jaris (gracia energía increada).

 

B 1.9 “Amó la justicia”

 

Según la Santa Escritura, justo es aquel que aplica y cumple los logos-mandamientos de Dios, es decir, el Santo. La justicia es la cualidad común de todos los Santos. Con el uso actual, justo es el intachable en sus relaciones con los demás hombres. Con este sentido utilizaba el Yérontas el término. Pero discernía la justicia humana, cuando uno no es injusto con su prójimo, y en divina justicia, cuando uno sufre con paciencia las injusticias en gnosis-conocimiento y agradecimiento. Según el Yérontas “divina justicia es hacer lo que reposa, alivia al otro”. Es decir, preferir sacrificar la voluntad, el reposo y tú razón, para dar reposo, alivio y ayuda a alguien. “La justicia espiritual es” como decía característicamente el Yérontas, “sentir el peso de los demás como tuyo propio”. Cuando más avanzado está el hombre espiritualmente, tanto menos derechos se da a sí mismo. Digamos que subimos una cuesta arriba con un saco a la espalda. El hombre espiritual toma también el saco del otro para darle reposo, pero por sensibilidad le dice que esto me ayuda. Toda la cuestión es que podamos ponernos al lugar del otro y entenderlo. Entonces nos acercamos al parentesco con Cristo”.

 

Aconsejaba el Yérontas: “Debéis tirar la razón o lógica y la justicia humana. Algunos, incluso también hombres espirituales, hacen un Evangelio distinto, y quieren que el cristiano no sea burlado o no vaya de bobo y primo. Al contrario el monje debe alegrarse cuando cometen alguna injusticia contra él. No tiene ningún derecho, porque sigue las huellas del que ha sido tratado injustamente, de Cristo. Un hombre mundano tiene ignorancia y también muchos derechos. Si le reprende su superior, irá al juzgado. Al monje por mucha injusticia que cometan contra él, no tiene ningún derecho, incluso si le insultan. Dios así economiza, para liquidar algún pecado nuestro o para que ganemos algún dinero. Cuando cometen injusticia contra nosotros y vamos a buscar la justicia, entonces no dejamos nada en la caja de ahorros”. Pero creía que aquel que sufre en conciencia las injusticias es recompensado también en esta vida por el justo Dios con donaciones espirituales –incluso también con materiales- según su estado espiritual.

 

Escribía en una carta 25-2-71: “En un acontecimiento he visto la gran justicia de Dios, que no tiene límites. Una psique que había sido tratada injustamente sirviendo inútilmente, sin sentido en pecadores, en un mes siendo a prueba como novicia, llegó a la zeoría-contemplación espiritual y vivía los misterios de Dios”.

 

Aconsejaba a un monje que disputaba con otro monje co-servidor: “Dile al otro que tiene razón. ¡Sabes con la razón cuántos han ido al infierno! La razón o justicia perjudica al monje, es decir, es perjudicado espiritualmente. Pero algunos principiantes los aconsejaba: “Al principio, si uno no llega al estado de aceptar las injusticias, en los malos entendidos ayudan mucho las explicaciones conjuntas”.

 

Decía expresivamente para el perjudicado: “Para los huérfanos, los enfermos, los ancianos, para todos hay instituciones; pera el pobre que ha sido perjudicado injustamente no se ha hecho ninguna institución. Cada uno lo toma y lo tira a la espalda del otro, porque lo ven duro y feo. Sin embargo, ¡es tan dulce lo injusto, más que cualquier otra cosa! Los momentos más difíciles son los que he vivido cuando he sido tratado injustamente. El que acepta la injusticia acepta y recibe en su corazón a Cristo al que ha sido tratado injustamente. Las rencillas y peleas se hacen porque cada uno toma más razón y justicia de la que le pertenece. Sólo si uno se encuentra en abundancia de agapi recoge la injusticia, sin razón y deja la razón a los otros. Sólo Cristo aceptó toda la injusticia llevando la Cruz para nosotros”.

 

Esta divina justicia aplicó en su vida el Yérontas. No sólo aceptaba con agrado las injusticias, sino que tenía la sensibilidad de comportarse con sutileza, de modo que no fueran ofendidos y heridos aquellos que le perjudicaban injustamente. Los consideraba benefactores, oraba por ellos y les mandaba regalos. Decía: “Muchas veces creemos que nos perjudican injustamente. Las injusticias esencialmente son beneficiosas. Nadie puede perjudicarnos injustamente cuando nosotros no perjudicamos injustamente a nosotros mismos. Cuando no vivimos espiritualmente, al que más perjudicamos es a nosotros mismos. Y espiritualmente vivimos cuando aplicamos y cumplimos los logos-mandamientos”

 

El Santo Paísios no se conformaba con sólo la divina justicia, sino que cuidaba esmeradamente “no hacerse partícipe de los pecados ajenos, consérvate puro (1Tim 4,22)”. Es decir, no aceptaba algo contrario a la divina justicia. En el período monástico que estaba en Stomio, una mujer rica había alquilado su casa a una familia pobre que no tenía para pagar los alquileres. Quería ir al juzgado y el dinero que le darían lo entregaría al Monasterio. El Padre Paísios, aunque habían grandes necesidades, lo negó: “Este tipo de dinero quitarlo de un Monasterio (familia pobre) y darlo a otro Monasterio, no lo quiero”, la dijo.

 

Contrataba obreros sin acordar el sueldo y nadie se quejó. Los daba lo justo y además alguna bendición de regalo.

 

Tanto amó y aplicó la divina justicia, de modo que prefería ser perjudicado en vez de ser injusto con el hombre y ser infernado por los perjudicados.

 

Le sucedió un acontecimiento sobrenatural, tal y como se refiere en una carta 4-4-66. “Una vez rogaba a Dios ir al infierno, primero porque no soy ni era digno de ver Su Santísimo rostro; segundo para que sean dignos para la realeza increada los que he afligido, los que he sido injusto y he condenado, juzgándolos como hombre en toda mi vida. El buen Dios permitió que probara un poco de infierno durante una semana, y no he podido soportarlo. Me acuerdo que en aquellos días y tiemblo. Por eso es mejor no haberse nacido aquel el hombre que irá al infierno.

 

Y otra vez suplicaba a Dios por sus posibles injusticias por ignorancia: “Dios mío, a los que he condenado juzgándoles y a los que he perjudicado, si yo he hecho alguna caridad darla a ellos”.

 

Pero también en el sentido evangélico el Yérontas fue destacado como justo, porque desde niño se dedicó con celo y exactitud al cumplimiento de los logos-mandamientos. La justicia que aplicó se le hizo protección y escudo en las tentaciones y en los peligros. Especialmente cuando era soldado, y en la guerra iba en misiones peligrosas, le protegía más el “trozo de Madera Sacra de la Cruz, ya que el “Señor apoya a los justos” y “recompensará según la justicia” (Sal 36,17 y 17,21).

 

Además Dios le guardaba intocable e inasible de infinitos ataques y trampas demoníacas. Uno una ha visto al diablo con una cuerda circulando por el patio de la Kalivi del Yérontas, diciendo: “¡Alguna vez le voy a coger!”

 

Si no aplicamos la divina justicia, no hay progreso en la vida espiritual ni es oída nuestra oración. “Tantas oraciones se hacen. El mundo entero habría cambiado. Pero como no hay justicia, no son oídas”.

 

Mientas que sólo la oración de un justo basta para expiar a Dios a un pueblo entero (Jer. 5,1 y Ez 14,14).

 

B 1.10 Φιλότιμο Filótimo

 

Φιλότιμο Filótimo , esta palabra es neutro y no tiene traducción exacta, no hay palabra correspondiente en español; Φιλότιμο Filótimo  más bien y sobre todo es libre buena voluntad y buena disposición, buenas ganas para hacer o servir algo que nos piden… Parecidas palabras son: bien dispuesto, una persona con generosidad, espléndida y dadivosa, buenas ganas e indulgente con los demás, pundonor espléndido y bueno.

Según san Paísios: «Φιλότιμο filótimo, “es esencia y extracto piadoso de la bondad, es la humilde agapi abrillantada del hombre”. Entonces su corazón está lleno de gran gratitud hacia Dios y sus semejantes y por la finura-sensibilidad espiritual intenta recompensar hasta la mínima bondad y bien que le hacen los demás”. Lo que se hace más allá del deber y de la obligación, sin ser pedido, por agapi incondicional, esto es el Φιλότιμο filótimo cristiano heleno-ortodoxo».

Decía el mismo Santo: “Tened φιλότιμο filótimo y no explotar, ni abusar de la bondad de los demás”

“El hombre φιλότιμο filótimo es bombardeado por bendición, en cambio el quejoso y gruñón genera miseria”.

“El corazón no se limpia con polvo de lavar la ropa, sino con φιλότιμο filótimo”.

(Del libro: “La vida de san Paísios el Aghiorita”, por el hieromonje Isaac el Aghiorita)

 

Φιλότιμο filótimo, según el Yérontas, “es esencia y extracto piadoso de la bondad, es la humilde agapi abrillantada del hombre”. Entonces su corazón está lleno de gran gratitud hacia Dios y sus semejantes y por la finura-sensibilidad espiritual intenta recompensar hasta la mínima bondad y bien que le hacen los demás”. Lo que se hace más allá del deber y de la obligación, sin ser pedido, por agapi incondicional, esto es el φιλότιμο filótimo.

 

Todas las acciones del Santo están caracterizadas de esta virtud. Desde la simple ayuda a uno, hasta el sacrificio y su abnegación en la guerra para que los otros no peligren y mueran, y a continuación en la vida monástica sus luchas con φιλότιμο filótimo que superaban su aguante.

 

Como monje no se conformaba hacer el canon y su comitiva y reposar su conciencia con los deberes monásticos. Tenía la buena inquietud para algo más que llenara su psique. Su φιλότιμο filótimo le promovía a dedicarse en grandes luchas y combates y no guardar para sí mismo fuerzas, ni tiempo, ni descanso.

 

Todo lo entregaba a Dios y a los hermanos, en los cuales pensaba más que de sí mismo y se sacrificaba para ayudarlos. Una muestra de su auto-sacrificio hasta la sangre es la siguiente, tal como el mismo ha narrado: “Cuando era monje joven, me arrastraban por aquí y por allá. Un día, una vez de haber trabajado mucho, viene el pescador y me dice: Ven para ayudarme a recoger las redes. Fui inmediatamente sin que me pasara por el pensamiento en qué situación me encontraba. Apenas cogiendo las redes para levantarlas, -fue por mi cansancio y también por la ascesis que hacía- se rompieron mis arterias del cuello y empezó saltar la sangre; a duras penas conseguimos pararla”.

 

El Yérontas se emocionaba cuando veía el φιλότιμο filótimo también en los demás y a menudo contaba casos para imitar. Dijo una vez: “Una mujer decía”: «Puesto que Cristo se amargó y yo le he amargado, no quiero tener alegría”. ¡Y tenía una alegría! Decía a los demás que oren para no tener alegría, sino dolor por Cristo; ¿Qué φιλότιμο filótimo! Y cuanto más decía estas cosas, tanto más alegría y deleite tenía, que salían de sí misma».

 

Con sus instrucciones nos ayudaba a entender, amar y adquirir el φιλότιμο filótimo  en todos nuestros actos y praxis.

 

“Debemos hacer el bien no por interés y beneficio propio, ni jurídico, sino por φιλότιμο filótimo y agapi (amor incondicional) a Dios. Entonces no sólo con facilidad hago lo que debo, sino que sacrifico también lo que me pertenece.

 

“Que nos movamos con φιλότιμο filótimo . Los hijos se cuidan cómo dar reposo y agradecer a sus padres. Nosotros los monjes debemos conocer lo que da reposo al Yérontas y hacerlo antes que nos lo diga”.

 

“No dejemos al otro que se canse en su servicio, dando descanso falsamente a nuestro loyismós de que nosotros hemos terminado nuestro servicio. Que nos hagamos sacrificio”.

 

“Tened φιλότιμο filótimo y no explotar, ni abusar de la bondad de los demás”

 

“El φιλότιμο filótimo es bombardeado por bendición, en cambio el quejoso y gruñón genera miseria”.

 

“El corazón no se limpia con polvo de lavar la ropa, sino con φιλότιμο filótimo”.

 

“El monje que sólo pide de sus padres espirituales, no madura nunca, permanece como un crío en sentido tonto. No se sacrifica para los demás y así su corazón permanece con dureza, no maternal.”

 

Esta virtud característica del santo Yérontas, el φιλότιμο filótimo, le hizo destacar como laico, benefactor, como soldado, héroe y como monje, Santo.

 

B 1.11 Confianza en la divina providencia

 

El Santo tenía fe grande a Dios y perfecta confianza a la divina providencia, por eso decía: “Estoy seguro mil por cien, que si ahora doy esta prenda de punto a alguna persona, hasta que me vaya a mi Kalivi, Dios me mandará otra. Pero al principio, para probarnos, nos deja un poco a tener frío y enfermarnos y allí hace falta atención y cuidado; que no diga uno: “¡Cristo mío, yo por tu agapi lo he dado y tú me has dejado a enfermarme?”. «Sin tentaciones la providencia de Dios no se ve” (San Isaac el Sirio Logos 44).»

 

Nunca se inquietaba ni se desesperaba, por muy difíciles y funestas que parecieran las cosas. Tanto por temas personales o de su ambiente, como también de eclesiásticos, nacionales e internacionales. Veía en aumento la acción y dominio del maligno astuto y de sus instrumentos, pero conocía y proclamaba que “otro tiene las riendas”. Se refería característicamente: “El diablo ara pero el Cristo siembra”. Creía que “Dios no permite hacerse ningún mal, si no se trata de que de esto salga algo bueno, o por lo menos para que sea impedido un mal mayor”.

 

La esperanza que “nunca deshonra”, le acompañaba en toda su vida y más en las dificultades. Dentro de la oscuridad y de la niebla hablaba de cielo estrellado, despejado. “Todo irá bien, con la jaris (gracia energía increada) de Dios” decía a psiques desesperadas y agobiadas. A uno que se inquietaba por los ataques enemigos contra la Patria, le dio el siguiente mensaje esperanzador: “A mí aunque me digan que no existe ningún Heleno-Griego, yo no me inquieto ni me agobio. Dios puede resucitar a un Heleno. Basta con uno”. Incluso creía: “Aunque quede sólo un Cristiano, Cristo hace Su plan”. Cuando los demás hablaban sobre futuras evoluciones desagradables sobre la Nación y sembraban el miedo, el Yérontas transmitía optimismo y esperanza; hablaba sobre una Helade-Grecia resucitada y la reconquista de la Santa Sofía (en Constantinopla). “Existe también Dios; ¿a Dios dónde lo has puesto?, le dijo un clérigo que veía el futuro oscuro de la Patria.

 

Decía: “Si no tuviera confianza en Dios, no sé lo que me habría convertido. El hombre opera hasta un punto,  pero después opera Dios. Debemos tener absoluta confianza en Él”. Esto para el Yérontas no era una esperanza abstracta e indeterminable, sino una certeza palpable, sobre todo testimoniada por incontables ejemplos. En su vida probó infinidad de veces la intervención de Dios de distintas maneras.

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Como soldado tenía un Evangelio y lo regaló. Después buscaba para encontrar algún Evangelio para leer el logos de Dios. En el cuartel en Navidad mandaron 200 paquetes, y sólo en el suyo había Evangelio.

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En Stomio una vez dio a un pobre su camiseta y se quedó sólo con la sotana. Bajando a Kónitsa para trabajos, pasó por el correo y allí encontró un paquete con diez camisetas. El Yérontas creía que: “Si das, Dios también te da”.

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En Katunakia (parte sur de Athos) su organismo necesitaba algo de dulce y no tenía nada, Entonces vino un visitante con higos y pasas diciéndole: “Esto para ti”, y el Yérontas agradeció a Dios.

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Una vez caminando sobre la senda encontró una seta grande. “Doxa-gloria y gracias a Dios”, dijo, “a la vuelta lo cortaré para pasar la noche con esta”. Cuando regresó un animal había comido media seta. Sin entristecerse agradeció otra vez a Dios: “Doxa y gracias a Dios, tanto debería comer”, pensó y se lo llevó. El día siguiente salió de su Kalivi  y toda la tierra alrededor estaba llena de setas. “Doxa y gracias a Dios”, también por una seta, por la media y por las muchas.

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Nos narra un hijo espiritual del Yérontas: “Fui a ver al Yérontas en la “Santa Cruz”. Vi unas zapatillas que me parecieron un poco extrañas. En la parte de abajo tenían piel y en la de arriba tejido de punto como de pelo. No había visto otra vez este tipo de zapatillas. Pregunté:

-¿Yérontas, dónde has encontrado estas zapatillas?

-Llévatelas me dice.

-Yérontas, ¿qué hago yo con estas? Le dije así por curiosidad.

-No llévatelas, a mí me traerán otras zapatillas y además nuevas.

»Ante su persistencia cedí y, sin querer me las llevé. Antes de marcharme, vino un monje desde el Monasterio Stavronikita con un paquete.

Dice el Yérontas: “Vamos a ver que ha traído hoy el correo”

-Abre el correo y junto con las demás cosas tenía también un par de zapatillas.

-¡He aquí, lo ves! Me dijo.»

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Una vez un peregrino se encontró con el Yérontas y tenía frío. “¿Qué te voy a dar hijo mío”, le dijo. Buscó y no encontró nada y le dio la prenda de punto que vestía. Apenas marchándose el peregrino, la misma hora vino una persona y le trajo un paquetito que contenía una prenda de punto.

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Narró el Yérontas: “Un año posiblemente 1971, llevaba quince días enfermo, no podía hacer ni siquiera té, ni podía salir fuera. Creía que iba a morir y me eché encima de mí el hábito de monje del hieromonje Ticón. ¡Entonces sentí una gran jaris-gracia increada! ¡Me encontré fuera de mi Kelia dentro de una luz (increada) y todo lo veía con otros ojos; los pájaros, los peces, los planetas, todo el mundo. Y todas estas cosas hablaban y decían que todo lo ha hecho Dios para ti, el ser humano.

 

»Rogaba a Dios que cuando me muera estar solo, sólo con este pensamiento me inundaba de alegría y deleite. El abandono humano y la privación de consuelo humano, nos trae en abundancia el consuelo divino.

 

Por eso cuando enfermaba, no iba al médico. Se entregaba a la providencia de Dios con confianza y paciencia diciendo: “Cuando estoy enfermo no quiero a nadie, para que sea consolado por Dios”.

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¡Cómo no vas a confiar a Dios después de tantas y tantas manifestaciones de la divina providencia que le cuidaba “como la nodriza que cuida con ternura a su propio hijo” (1Tes 2,7).

Sin embargo Dios le economizaba como digno y escogido hijo suyo sea de forma humana sea de forma sobrenatural, desde las cosas mínimas hasta las más imprescindibles y por regla general sin haber orado para recibirlas. Por eso decía: “¡Qué seguridad siente el niño en el abrazo de su madre! Pero mayor siente el fiel en el abrazo de Dios!. Ahora siento la alegría del niño en los brazos de su madre. El abrazo de Dios es como el Paraíso. Se suspende también la noerá  oración del corazón o de Jesús, todo se suspende. Vives al Paraíso.

 

El Santo Paísios era “bendito hombre que confía en el Señor, pues no defraudará el Señor su esperanza” (Jer 17,7)

 

B 1,12 Ángel de la paz

 

Decía el Yérontas: “La paz es el espíritu de Dios, el otro (turbación, confusión) proviene del diablo”. Realmente “la paz de la psique demuestra que Dios está siempre presente, cerca de nosotros y que habita en nuestro interior” (san Juan de Kronstanda, “Mi vida en Cristo”). “El hombre privado de paz está privado de la divina jaris increada” (San Nectario de Pentápolis, “Conócete a ti mismo”. La paz es el fruto de la jaris “energía increada gracia) y habita en corazones humildes, purgados y limpios.

 

Esta paz interior adquirió el Yérontas, un estado carismático que lo consideraba superior que la oración. Principalmente con el despojamiento de los pazos, y especialmente con su relación con el Soberano de la paz mediante la incesante oración del corazón. “Porque Éste (el Cristo) es nuestra paz” (Ef 2,14). Este espíritu estaba dispersado en su alrededor. Se distinguía en su homilía, en sus movimientos, en su mirada apacible pero divertida y chispeante, en su trabajo manual, en la forma que los recibía y los acompañaba los hombres especialmente  en la oración. Uno cerca de él respiraba otro aire. Tenía mucho cuidado de no ser influenciado por “el inquietante espíritu mundano que había convertido al mundo en un manicomio”. Luchaba para mantener su estado pacífico. Siempre ponía expresamente su reloj un poco avanzado. Cuando iba de visita, salía antes para no tener prisa y confusión, y esta situación afectara a su oración. Sobre todo en la Iglesia quería que fuéramos con paz. Cuando en algún momento en la celebración veía desorden que provocaba confusión, intervenía distintivamente y restablecía el orden.

 

Hablaba a los hombres diciendo: “La paz del mundo vendrá por la paz interior. Las instituciones de la paz no pueden ayudar”.

 

En la metania y en el “orden bueno” ubicaba la adquisición de la paz. Decía: “La paz verdadera viene si el hombre se ordena interiormente y está atento en no dar motivos, porque la tentación intenta arrebatarle la paz mediante sorpresas”.

 

Fue preguntado por un monje joven qué hacer, cuando no le daba tiempo a terminar en su hora las cosas espirituales y quedaba perturbado y entristecido: Respondió: “Tienes que hacer algunos komposkinis oración para ti mismo, para los vivos y para los difuntos sin prisa, y después, cuando tengas tiempo, competas también el resto.

 

La paz, como recalcaba, ayuda en la ascesis: “Cuando el organismo espiritual tiene la paz de Dios en su interior, no necesita vitaminas. Cuando no existe paz, por muchas vitaminas y comidas que coma uno no hará nada. Por eso ayuda mucho el estado interior de la ascesis. Ella alimentaba a los Santos. Por eso los pobrecitos mundanos comen también carne y no aguantan, tiemblan sus pies, no pueden hacer ayuno, porque viven con ansiedad y angustia y gotea continuamente cólera y bilis en sus interiores. Cuando el hombre se ha ordenado interiormente, incluso la poca comida lo alimenta”.

 

Fue preguntado una vez:

¿Por qué sucede en algunas psiques que por acontecimientos insignificantes pierden su paz?

-Falta la alerta, nipsis. Hace falta estar en alerta, nipsis porque el tangalaki-diablillo sorprende de improviso. Esta paz no es pragmática. Cree que pierde la paz. Simplemente se ha añadido perturbación sobre perturbación. Uno que tiene la paz pragmática justifica todo.

 

Especialmente para los monjes el Yérontas decía: “No son justificados si no tienen apacibilidad, porque no tienen responsabilidades. Sólo sobre sí mismo deben estar atentos. Cuando los monjes tienen ordenado el sí mismo, entonces tendrán también apacibilidad y cualquier cosa que les digan pueden aguantarla. Cuando nuestro sí mismo está ordenado y se encuentra en nipsis, vigilancia aunque nos insulten, no nos molestará en nada.”

 

Esta paz muy anhelada o más bien el Dios de la paz, es la que buscaban las psiques perturbadas por eso acudían al Yérontas. El mismo era un puertecito tranquilo y sereno que no lo perturban las tempestades del mundo. Incluso cuando de su posición responsable a controlar personas y situaciones que debía enfadarse “con la ira o enfado justo”, su paz no se escapaba, porque no operaba con pasión, sino sereno por celo a Dios y agapi incondicional para el hombre extraviado, por el cual padecía más que para sí mismo.

 

Para uno que escribía artículos en la prensa criticando y condenado apasionadamente a muchos, movió tristemente la cabeza y dijo: “”Oh, éste se encontrará en el infierno y no sabe el por qué”. Aunque participara en muchos temas, Dios protegía su corazón y le abandonaba la “sobresaliente paz del nus”. Cerca de él se pacificaban los hombres, se tranquilizaban y se amansaban incluso los animales salvajes.

 

En la cabaña “Panaguda” vino un joven atormentado y desesperado con una cuerda en la mano. “Yérontas, he venido para que me ayudes”, le dijo, “me voy a colgar delante tuyo”. El Yérontas le tomó de la mano y le condujo a la sala de visitas. Hablaron un rato y después salieron fuera. El joven se marchó alegre, sin la cuerda en la mano, lleno de paz y esperanza.

 

El Yérontas no sólo era pacífico sino también pacificador. Pacificaba, hijos con padres, matrimonios que querían separarse, jefes con trabajadores y toda psique que se le acercaba, la pacificaba con Dios y con los demás, ya que primero la pacificaba consigo misma.

 

El bienaventurado Yérontas Efrén de Katunakia (sur de Athos) recalcaba, tal como testifica un hijo espiritual suyo, que Paísios era pacificador y tenía el carisma o don de diálogo sano en los conflictos e incidentes de los demás. Como testigo presencial me narró un incidente en cual el Yérontas Paísios evitó una tentación y mantuvo la paz entre dos hieromonje, echándose la culpa sobre sí mismo tomando con humildad el error de uno como suyo, y arrodillándose le dijo: yo tengo la culpa”.

 

B 1,13 Faro de discernimiento

 

El discernimiento del Yérontas era un regalo de Dios y una bendición grande para el mismo, para los que le pedían su consejo y para toda la Iglesia.

 

Desde cuando era laico, el Yérontas tenía un discernimiento natural. Operaba con “voluntad y prudencia”.

 

Además conocía profundamente “la naturaleza de los seres”. Las observaciones y explicaciones suyas sobre los animales y las plantas impresionan también a los especialistas sobre estas. Conocía maravillosamente el organismo humano, su funcionamiento y sus  pazos y daba consejos prácticos desde útiles, necesarios hasta salvíficos, sin haber estudiado. Pero más profundamente conocía la psique humana. Era un profundo anatomo (conocedor del hombre), perfecto psicólogo u psiquiatra con el sentido patrístico. Discernía el carácter del hombre, su estado espiritual, sus problemas, y ayudaba analógicamente.

 

Disponía de rara, rica y única experiencia espiritual y ayudaba a muchos que vivían en situaciones confusas a discernir, si esto que le sucede es de la jaris-gracia increada o demoníaco. El que ha saboreado el vino, puede fácilmente discernir el vinagre, aunque se parecen de color. Decía el Yérontas: “Yo veo por la pequeña experiencia que tengo – otra cosa es cuando ilumina Dios- un principiante y entiendo su situación, cómo evolucionará, qué progreso tendrá”.

 

En la vida espiritual existe la gnosis que proviene del aprendizaje. La experiencia es superior que la gnosis, pero es más valiosa la jaris, el carisma del discernimiento.

 

El Yérontas combinando la experiencia con el carisma del discernimiento fue destacado “faro del discernimiento” que iluminaba todo lo oscuro y difícil de discernir. Apreciaba y alababa especialmente al profeta Daniel. Le alababa y admiraba por su humildad y también por su gran discernimiento, y leía sus profecías. A donde distinguía este carisma lo marcaba diciendo: “Tal Yérontas tiene discernimiento” o “un Yérontas con el carisma del discernimiento dijo”.

 

Cerca del Yérontas acudían hombres de todas clases y edades para pedir su consejo. Muchos venían de muy lejos para escuchar un sí o un no sobre sus dilemas. Otros se encontraban en un callejón sin salida o tenían problemas grandes y pedían ayuda. Un consejo del distinguido Yérontas Paísios los iluminaba, los aliviaba y muchas veces cambiaba la senda de sus vidas.

 

Una vez le visitó un artesano piadoso y caritativo. Cuando pagaba sus empleados, daba el mayor salario para ayudarlos. Otros artesanos le hacían la guerra porque aumentaba los salarios. La respuesta del Yérontas fue: “Tienes que dar cada uno su salario y después darle como bendición lo que quieras y decirlos: Tú tienes gasto para que tu hijo que estudia, tú tienes niños pequeños que criar necesitas más, etc…” Se marchó alegre y reposado.

 

Un Pnevamtikós-Guía espiritual del mundo afrontaba la siguiente tentación: Una mujer le pidió tener relaciones carnales. Si se negase, le avisó que se suicidaría. El Pnevmatikós, hombre muy piadoso y temeroso de Dios, una vez que consiguió convencerla razonablemente, dijo que lo iba a pensar, para ganar tiempo, y vino a Athos para ver al Yérontas. Tenía miedo que sin quererlo fuero el motivo de suicidio. El Yérontas le dijo: “Dígala que vaya a suicidarse. Ella sólo que haya pensado esta cosa ya se ha suicidado espiritualmente”. El Yérontas discernió que no se suicidaría y lo decía sólo para coaccionarlo. Cuando el Pnevmatikós la transmitió las palabras del Yérontas, se marchó humillada y naturalmente no se suicidó.

 

No sólo tomó parte sobre varios temas personales, sino también en generales como eclesiásticos y nacionales y expresaba libremente su opinión. El desarrollo de los acontecimientos certificó la certeza y rectitud de sus opiniones.

 

Había sido instruido e iniciado con la jaris (energía increada jaris) de Dios en las realidades místicas de Dios y había adquirido “nus de Cristo”. Comprendía cómo opera Dios para la sotiría redención, sanación y salvación de cada hombre. Explicaba y analizaba la ley espiritual.

 

Tenía cinco tomos del Antiguo Testamento, con texto y hermenéutica, los cuales estudiaba atentamente. Marcaba con rojo algunos pasajes hermenéuticos. Al margen comentaba o daba una explicación espiritual en algunos acontecimientos. Sus apuntes sutiles y con discernimiento muestran la divina iluminación y el don del discernimiento regalado de Dios.

 

En muchas personas antes de que le expusieran sus situaciones decía: “esta tentación te ha sucedido por esta razón” o “Dios te ha dado esta bendición por esta razón”.

 

Un padre le preguntó por qué su hijo enferma continuamente, y le respondió: “No trabajes los Domingos y los días festivos y no volverá a enfermar tu hijo”, y así sucedió.

 

Una vez se encontró en la casa de un conocido de Atenas y uno le rogó que orase por él para poder tener un hijo. Otro le dijo: “Dios no te ha dado hijo, porque no se lo has pedido con fe”. El Yérontas no respondió; pero previó y dijo en su interior: ¡Oh, morirá su propio hijo”. Después de tiempo recibió una carta con la desagradable noticia.

 

El logos de Dios dice: “Por su aspecto se conoce al hombre” (Sab. Sirac 19,29). Pero el que tiene el carisma del discernimiento, como el Yérontas, hace diagnóstico espiritual, y ve que detrás hay formas, puntos y signos exteriores que engañan. La radiografía espiritual del Yérontas indicaba exactamente el contenido interior y la calidad de cada hombre.

 

Decía: “El hombre avanzado espiritualmente se entiende y se ve por su aparición y por los ojos y es informado del estado del otro. Puede ser que alguna vez se equivoque máximo hasta un 20% de alguna experiencia, por ejemplo, si le ve pensativo al otro pensar que tiene problemas, mientras que puede ser algo momentáneo. Pero cuando se trata de un problema serio para ayudar, entonces el Dios le informa y conoce antes que la persona, sus características, su edad y su problema. Pero hace falta loyismós humilde”.

 

Un clérigo con fama visitaba a Athos. En los monasterios donde iba, hacían reuniones, le oían con atención y le honraban como santo. El Yérontas Paísios, cuando le visitó dicho clérigo, con preguntas que le hizo, comprobó esto que le había informado la divina jaris-gracia increada. Distinguió los elementos de sinceridad, piedad y devoción, pero también los elementos del engaño e inexperiencia del clérigo.

 

Uno elogiaba a un clérigo por sus carismas y actividades. El Yérontas estaba escuchando con atención en silencio. Al final añadió: “Este clérigo se parece al árbol nogal. La nogal tiene buena madera para muebles, pero si uno se olvida debajo de ella, y se duerme en su sombra, hay de él, se despierta enfermo”. Quería decir que junto con las virtudes había también  «pazos«que corrompían la psique de la persona en concreto. Para otro que decía palabras correctas sin discernimiento, dijo: “Éste tira las perlas pero si una te da en la cabeza, ¡ay de ti!”

 

Tenía el don o carisma de discernir de algo insignificante y no observado por muchos, el desarrollo de una situación no sólo en individuos, sino también en séquitos, hermandades monásticas y monasterios. Decía: “Vosotros tenéis cuidado más en una herida grande sin peligro y no distinguís un pequeño grano que creará una situación enfermiza grande.

 

Hace unas décadas visitó a uno en su Kelia. Vio en la puerta el timbre de la casa con batería. Un detalle insignificante para muchos. Pero el Yérontas con su discernimiento movió su cabeza con tristeza. Más tarde este monje hizo su casa como una casa mundana. “Tenía desde entonces el gusano de lo mundano (conducta y moral mundana) en su interior”, dijo.

 

A uno que vino para ser monje y trajo muchas cosas, dijo: “Cuando se vaya los llevará consigo. Y realmente después de unos meses regresó al mundo cargado también de sus cosas.

 

Refiriéndose a una acción de un monje Aghiorita dijo: “Bueno, qué esperas; resultará al mundo y lo tirará todo”; y así sucedió.

 

El Yérontas conocía como pocos las cosas y realidades monásticas aghioríticas, y sobre todo preveía su evolución futura. Sufría para el Jardín de la Panaghía (Athos), oraba, hablaba y aconsejaba, pero pocas veces fue escuchado. Con discernimiento evitó los líos y las trampas para supuesto bien para la Santa Montaña. Así, cuando el representante del Monasterio quiso emprender semejante acción que consideraba buena y se fue a pedir su bendición, el Yérontas evitó a verlo y después explicó exactamente lo que pedía el representante y las desastrosas consecuencias que tendía para la Santa Montaña y la Iglesia esta operación aparentemente buena e inocente.

 

En muchos manifestaba cuál era la voluntad de Dios. Cuando no la conocía, examinaba el tema sin prisa desde todos los lados o como el mismo decía: “sometía y fatigaba su loyismós”.

 

En casos que quería recibir información de Dios, se encerraba en su Kelia con ayunos, con prosternaciones y oración hasta que recibiese respuesta. Entonces como los profetas podía decir: “Tal cosa dice el Señor”. Ya conocía la voluntad de Dios por el mismo Dios. Para las cosas anteriores oscuras y difíciles de discernir, ya estaba iluminado y quedaban claras.

 

No quería “que pidiéramos información de Dios, mientras que podemos pedir consejo a otro. Así quiere Dios que hagamos por humildad. Porque, si no hacemos así, puede ser que seamos engañados. Sólo cuando no puedes encontrar una persona para aconsejarte, entonces en el mismo Dios se convierte en Yérontas, ilumina e informa. Por ejemplo, si no puedes encontrar una persona para que te explique la Santa Escritura, entonces Dios ilumina e informa”.

 

Aconsejaba el Yérontas que debemos tener discernimiento en todo. En la ascesis “el principiante hace experimentos de sí mismo, en cambio el asceta experimentado se parece al experimentado tendero que toca con su mano la balanza y sabe cuánto debe añadir o quitar”.

 

Para mostrar cuánto imprescindible es el discernimiento para el asceta se refería sobre sí mismo: “Cuando comencé a vivir solo, hacía mucha ascesis, komposkini continuamente. Y no tenía bastante con esto. Cuando iba a descansar, venía la tentación y me decía: “Levántate inmediatamente para hacer tu canon. ¿Tú duermes y descansas, los infernados no te dan pena? Inmediatamente me levantaba y hacía oración para los infernados. Mucho me dolía y compadecía para estas psiques. Pero así por poco me vuelvo loco”.

 

Especialmente los pnevmatikós-guías espirituales deben tener mucho discernimiento, cuando aplican el Pidalio (de san Nicodemo el Aghiorita). Aconsejaba a uno: “A pesar de que los cánones son muy severos, los hombres otra vez los transgreden. Imagínate que los cánones fueran muy indulgentes. Los hombres vivirían muy relajados, tibiamente. Hace falta discernimiento, porque uno con los cánones comete barbaridades, crímenes. Tú debes aplicar la exactitud para ti mismo, para que así puedas hacer economía a los demás. Dentro de la economía existe la bendición”.

 

“Toda caridad que hacemos se hace con discernimiento, tal y como dijo el Señor: «…todo sacrificio será salado con sal» (Mrc 9,49). Pero La sal es el discernimiento”. Pero aconsejaba que diéramos algo en alguien que pide, incluso si este es rico.

 

Incluso también en nuestros juicios, «cuando ponemos loyismí buenos y vemos todos los hombres como Santos, hace falta discernimiento. Porque, si a este que le decimos santo, hace algo que no es bueno, puede ser que el otro diga: “Ya que lo dijo tal que es santo, esto será bueno”. Uno debe discernir el oro del cobre. Y después discernir el oro de cuántos quilates es. Porque el oro es de 9 a 24 quilates.»

 

Una vez preguntaron al Yérontas: “¿Yérontas, cuando veo en alguien un pazos qué debo hacer? Intentar verlo con loyismós bueno como virtud para no juzgarlo?” Y respondió: “No, debes verlo tal como es, decir que tal es así, esto y esto, pero debes darle atenuantes. Decir que yo soy peor que él, porque éste no ha sido ayudado. Si hubiese sido ayudado, haría milagros”

 

Con discernimiento fino valoraba correctamente, juzgaba justamente, pero no caía en el juicio malo y condena. Se ponía a sí mismo por debajo del peor pecador. Lo creía profundamente y lo demostraba, interpretando la parábola de los talentos.

 

Por su experiencia decía: “Tal como he entendido, existen cuatro categorías de hombres. Saludables, enfermizos y enfermos con tumores benignos y malignos. El último caso es incurable. En los dos anteriores se debe hacer la intervención quirúrgica con discernimiento y si los enfermos piden y quieren el fármaco”.

 

Trataba cada psique con discernimiento, evitando los extremos y las parcialidades o favoritismos, dando el fármaco adecuado. Para el mismo problema en distintas personas daba solución distinta. No era una apisonadora. Lo mismo aconsejaba también a los demás. “Tratar a los hombres todos de la misma manera, con el mismo alimento. En cada uno debemos dar según su disposición, la lucha y su sed. Entonces no perjudicamos a nadie”. Y muchas veces cuando daba consejos especiales en alguien, aclaraba: “Lo que digo, para ti lo digo. Aunque lo digas a otro no servirá ni beneficiará, más bien le perjudicará. Por eso ten cuidado”. Por esta razón principal no quería que le grabaran con el radiocasete. Conocía la disposición, la receptividad y el aguante de su interlocutor y analógicamente hablaba. Sus palabras, sus acciones y sus colocaciones eran claras y calculadas muy bien. Muchas veces comprendía la reacción que tendría alguna de sus acciones. En cambio, una vez quería hablar sobre un tema, provisionalmente se calló, porque vio que esto lo aprovecharían y lo explotarían y en vez de rectificación, el mal se haría mayor. Los hombres sentían seguridad en seguir sus consejos. Distinguidos Pnevmatikos Guías espirituales, ascetas experimentados y Obispos ponían en su discernimiento sus sendas espirituales. “Eran informados por el Yérontas. Era un capitán experto que ha salvado psiques de las olas y de los arrecifes de la vida presente. Con su discernimiento por la iluminación divina condujo muchas psiques a la salvación.

 

B 1.14 Amante de la hisijía

 

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  1. Ἡσυχία Hisijía, en general es tranquilidad, serenidad, sosiego, calma, silencio, interior y exterior.

Ἡσυχία (hisijía) en la tradición ortodoxa como término ascético-teológico, principalmente es la paz del corazón y serenidad de la mente, el estado del nus en serenidad y paz sin molestias, permanencia en Dios, la liberación del corazón de los pensamientos-reflexiones (loyismí) y liberación de los pazos influenciados por el demonio o el ambiente, de manera que permanezca en Dios. Es vivencia interior y no se relaciona necesariamente con las condiciones exteriores. La hisijía es el único camino por el que el hombre llega a la zéosis, expectación y conexión de la luz increada o al como semejanza. La hisijía del cuerpo es el ayudante para llegar el hombre a la noerá  (del nus) hisijía.

San Simeón el Nuevo Teólogo dice: «Hisijía es estado imperturbable del nus y del corazón, serenidad, libertad y gozo de la psique, base sin olas, contemplación de la luz, rapto del nus, homilía ilustre y clara hacia Dios, ojo vigilante sin dormir, oración noerá  o del corazón, asimilación y unión con Dios y finalmente zéosis y descanso sin dolor de los grandes dolores de la ascesis».

Ierotetheo Vlajos: «Hablando sobre la nipsis ortodoxa, entendemos la alerta, atención y prontitud del hombre en mantener y tener su nus limpio de distintos loyismí e imágenes que mortifican su libertad interior y su limpieza separándole de su comunión-conexión con Dios, que consiste en la gnosis increada de Dios. Esta nipsis es calificada por los Padres de la Iglesia como “santa hisijía”. Así, pues, hisijía entendemos el método aquel que utiliza todo hombre para unirse con Dios y superar la muerte, que es uno de los mayores problemas del hombre».

  1. Ήσυχασμός (hisijasmós) hesycasmo es el método de catarsis e iluminación del corazón y del nus humano, es la Cristocéntrica vida espiritual ortodoxa.

Con este término expresamos la totalidad de la lucha cristiana ortodoxa que trata de cumplir los mandamientos de Cristo, la lucha contra los «pazos«, la catarsis del corazón, la atracción de la divina Jaris (energía increada), la consecución de los dones divinos, la Iluminación espiritual y la Zéosis o glorificación , y finalmente, la oración por todo el mundo.

El método de la gnoseología supranatural en la tradición Ortodoxa se llama Hisijasmo y se identifica con la nipsis-catarsis del corazón. El hisijasmo se identifica con la Ortodoxia. El hisijasmo fuera de la praxis hisijasta es patrísticamente o de parte de los santos Padres Ortodoxos impensable.

El hisijasmo no tiene ninguna relación con el pietismo (exterior) sino todo lo contrario. El pietismo ha sido desarrollado por los protestantes que trata de praxis exteriores, que no tienen nada de ver con lo interior. En la Ortodoxia hablamos de movimiento del como imagen al como semejanza y unión con Dios por la increada energía jaris, los misterios y la ascesis.

San Isaac el Sirio: En la vida Hisijasta se practica principalmente la oración noerá  o del corazón o de Jesús (el centro de las fuerzas psicosomáticas del hombre): «Jesús Cristo Kirie-Señor, eleisón me, compadécete, ten misericordia o compasión de mi, que soy pecador».

Ἡσυχασμός (hisijasmós) hesycasmo: forma de vida de los Monjes anacoretas, que buscaban a conectar y comunicarse con el Dios a través del aislamiento, la hisijía y el silencio. El hisijasmo poco a poco se hizo un movimiento espiritual que consiste en autoconcentración, en el recogimiento, la nipsis y la oración incesante, principalmente la oración del corazón o la invocación del nombre de Jesús: «Κύριε Ιησού Χριστέ, Υιέ του Θεού, ελέησόν με. Kirie Jesús Cristo Hijo de Dios, eleisón me».

 

Toda la vida del Yérontas es caracterizada por la continua fuga al desierto. Uno diría que el Yérontas nació con el irrefrenable anhelo por la hisijía que no le había borrado nunca. Desde pequeño se aislaba buscando la hisijía. A menudo subía a la montaña y quedaba en cuevas o trepaba en rocas. Imitando al Señor, “pero él se retiraba a los lugares solitarios, donde oraba” (Lc 5,16). Su principal elección era la vida hisijástica. Pero por economía de Dios su anhelo no fue cumplido por muchos años. Cuantos impedimentos se presentaron al camino de la hisijía, en vez de apagar su anhelo, lo encendían aún más. Los años de ascesis en el kinovio (monasterio cenobita), en el idiorítmico y en Stomio, en realidad era una preparación para la hisijía.

 

En la santa montaña Sinaí disfruto de la hisijía, disfrutó de los frutos de ella y se enriqueció espiritualmente. Vivió la vida angelical, como no encarnado y adaptó su vida hacia el santo desierto y sentía el consuelo de este. Vivió los misterios y las altas situaciones espirituales y tenía oración incesante.

 

En una epístola suya desde la Skiti de Ibiron explica 8-5-66: “No sólo he cortado la correspondencia sino también evito todo encuentro. Cuando más lejos de los problemas del mundo me vaya, tanto más podré ayudar el mundo por sus problemas, porque el esfuerzo no será humano, sino el mismo buen Dios estará interviniendo en los problemas del mundo, sin transgredir el libre albedrío o libre voluntad del hombre”.

 

En la Skiti “Santa Cruz” continuamente aumentaban los peregrinos. Tomó las medidas adecuadas para asegurarse de la hisijía. Valló el lugar y otra vez cortó la correspondencia. Escribe: “Como monje hisijasta, mi vida no tendrá sentido si mantengo la correspondencia. Tendrá sentido cuando me acuerdo y oro continuamente para el mundo. Ahora en invierno tengo la hisijía que hace falta. El verano no puedo tener más hisijía, por causa de los estudiantes sobre todo”.

 

Su gran agapi incondicional no le permitía vivir acontecimientos tabóricos y ser indiferente para el hombre sufridor. Para salirse de este estado y hablar con los hombres hacía un gran esfuerzo. Pocos entendían su sacrificio para dejar su anhelada hisijía y ocuparse de los problemas de los hombres. Esta era su lucha vitalicia. Vivir en hisijía y ayudar a los hombres.

 

El iluminado por Dios, Yérontas Paísios, con discernimiento combinaba perfectamente la hisijía y la diaconía. Combinación certera de hisijasta y de guía espiritual. Parecía a los antiguos luchadores que utilizaban sus armas con las dos manos, por eso se llamaban amfoterodexii. Valoraba de la mejor manera la hisijía y, cuando las circunstancias y la voluntad de Dios le llevaban entre los hombres, abría sus almacenes espirituales y como buen repartidor de alimentos, como otro Josué, alimentaba con los alimentos que había recogido en el desierto, el abriendo pueblo de Dios.

 

Lograba vivir de forma hisijasta, a pesar de que le visitaban mucha gente y a veces le ahogaba fuertemente la gente. Le ayudaba su programa hisijasta, la experiencia y su gran discernimiento que economizaba todo y a todos. Así también el mismo se ayudaba y reposaba y consolaba la gente.

 

Decía: “Puedo hablar, relacionarme con la gente, pero después quiero estar solo”. En su yo más interior y profundo era hisijasta. Incluso añadía: “Cuando uno no puede vivir en el desierto, debe intentar crear condiciones hisijasta en el lugar donde vive. Que nos cuidemos en cortar nuestros pazos y allí donde estemos será el desierto. A mí me gustaría ahora, en lo últimos de mis años, vivir en Athos con “los ascetas desnudos 48, ¿pero puedo? , “el espíritu está dispuesto y pronto, pero la carne es débil” (Mt  26,41). Por la noche quiero estar solo y por el día tres horas, lo siento como una necesidad imperiosa aislarme totalmente”.

48 Según la tradición athonita existen siete, según otros doce monjes que viven en una cueva de Athos y oran para todo el mundo. Cuando uno muere otro toma su lugar y así el número permanece estable. Fraudulentamente se llaman “desnudos”, porque están vestidos con viejas sotanas y no se preocupan por nada.

 

Mientras pasaba el día consolando a los doloridos, por lo menos buscaba la soledad nocturna. “Cuando tengo un invitado por la noche, no siento tanto la hisijía”, decía el Yérontas.

 

En verano desaparecía por unas horas en el bosque. Había limpiado algunos puntos y había hecho una choza pequeña provisional de plantas pluma. Leía el Psaltiri (Libro de los salmos), hacía komposkinis y retornaba al Kalivi donde esperaban muchas psiques para verlo.

 

Quizá uno piense: “¿Qué tipo de hisijasta era el Yérontas, si todo el día hablaba con los hombres?

“Existe hombre que habla todo el día hasta las vísperas y también mantiene silencio; por lo tanto, si no es para beneficio de los demás, no habla” (Abad Pimén, Apotegmas de los Padres).

 

En la hisijía alababa a Dios y conversando con los hombres los conducía a Dios. Pero como amigo y amante de la hisijía, siempre echaba de menos el desierto. Por eso los últimos años repetidas veces intentaba retirarse en un lugar desierto por algún tiempo, pero encontraba impedimentos. Cuando visitó Sinaí, quería quedarse para tener hisijía, lo mismo también en Tierra Santa. Pensó también en los Meteoros y en otras partes, pero en todas partes encontraba impedimentos. Últimamente rogaba a Dios que le haga digno de vivir dos o tres años al desierto antes de llevarlo de esta vida. Buscaba con uno o dos padres instalarse a lo más interior del Monte Athos, pero todos sus intentos fracasaron. La voluntad de Dios era permanecer en su Kalivi y ayudar al mundo, tal y como claramente Dios le informó dos veces.

 

Después de la información de arriba de recibir hombres, y el empeoramiento de su enfermedad, estaba muy débil para volar como un pájaro en desiertos lejanos. Se conformó vivir auto-delimitado en su Kalivi y parecía “como un gorrión solitario” o como “una tórtola en soledad o en el desierto”.

 

Vivía como en un profundo desierto, porque su corazón había quedado desierto de los  pazos y había adquirido la noerá hisijía del corazón. Había alcanzado un estado que podía estar simultáneamente “con la multitud y a la vez solo”. (Filocalía t.4 pág. 20). Había logrado lo “hazte amigo de todos los hombres y solo en tu diania (mente, intelecto, cerebro). Permaneció “por un lado inamovible del corazón entre los hombres, por otro lado, en su interior tratando con Dios” (Escalera 31, 43). Podía ya desde muy pronto cuando quería oír sin escuchar o no oír, ver o no ver.

 

En el invierno de 1959  cuando estaba en Kónitsa le visitó un soldado. Le encontró enfermo en la cama y le dijo: “Estás enfermo Páter y además estos niños no te dejan tranquilo en paz”.

-¿Qué niños?… A,… ahora los he oído. No me había fijado que estaban.

El soldado entendió que al estar hundido a la oración no escuchaba las voces de un grupo de niños que estaban jugando y levantaban el mundo con sus voces.

 

Narró el Yérontas: “Estaba viajando hacia la Tierra Santa y el que me ha transportado con el coche me preguntó de qué camino iremos.

-¡Qué, daremos la vuelta del mundo! Le dije, por dónde es más cerca. Y mientras avanzábamos me dijo.

 

-He aquí, Yérontas, por eso no quería que pasásemos por aquí, porque pasamos por una playa de nudistas.

-Te digo la verdad, no he visto nada. He visto algo como sombras moviéndose”

 

Cuando buscábamos un lugar desierto fuera de Athos, le fue indicado al Yérontas una cueva bella en un lugar tranquilo, pero le dijeren que a poca distancia pasa una carretera y hay ruido de coches. “Este ruido no me molesta”, dijo. “Puedo, cuando quiero oír y no oír, ver los coches o no verlos. Otro ruido es el pero, cuando intentan meterme y liarme en varios temas”.

 

Pero decía que al principio “la hisijía, lejos del mundo, rápidamente trae también la hisijía interior en la psique con la ascesis y la oración incesante y entonces ya el hombre no es molestado del ruido exterior”. (Cartas, pág. 117)

 

Por su experiencia hisijasta el Yérontas decía: “La hisijía sola es oración”. Para un Monasterio hisijástico en el mundo decía que progresan, porque aman la hisijía y viven en períodos sin distraerse cierto tiempo en cabañas pequeñas. Realmente según san Isaac el Sirio “la hisijía es el sumo perfeccionamiento” y “la obra digna y honrada de la hisijía se convierte en puerto de misterios” (San Isaac el Sirio logos 23 y Carta 3)

 

La hisijía es buena pero necesita que luchemos por ella, hacer también las obras de la hisijía. Decía característicamente: “¿En qué me ayudará a mí la hisijía, cuando tengo conmigo la radio? Al eremita para que le ayude el desierto, debe ser o hacerse bueno 57. Tal y como las frutas dulces en lugar sin agua no se hacen más dulces, en cambio las amargas se hacen más amargas, así también, el bueno en el desierto se hará más bueno, en cambio el vicioso se convertirá más vicioso. 57 Y san Juan el Clímaco, 27,5 prohíbe a los viciosos o a los que tienen «pazos«, vivir solos en la hisijía: “De los que están molestados y dominados por la ira y los resentimientos, de la hipocresía y la altanería o vanagloria, nadie se atreva acercarse a la hisijía jamás”. Hay algunos que quieren la hisijía. Encuentran un kalivi tranquilo y después caen en la negligencia e indiferencia y de vez en cuanto leen también algún libro”.

 

Narraba también lo siguiente: “Antiguamente, cuando Vatopedi era Monasterio idiorítmico, dos padres quedaron de acuerdo en ir al desierto. Tomaron una Kelia. Uno era luchador. Toda la noche estaba en vigilia. El otro se dormía, y por encima se molestaba por las luchas de su compañero asceta y le decía: “¿Qué haces toda la noche y no estás quieto? Lo lees y no lo entiendes esto que dice el Psaltiri: “Y en la noche contra tuyo” (Es decir, estás contra mí, porque no me dejas dormir por la noche). De esto se ve que en realidad uno fue al desierto para vida espiritual superior y el otro para vida carnal superior, para comodidad”.

 

Incluso recalcaba: “¿Los que viven hisijásticamente, sacan provecho de la hisijía y del silencio o conversan con los loyismí? Si conversan con los loyismí son más charlatanes que los charlatanes. Porque al charlatán le observan y le recriminan y poco a poco se va corrigiendo, en cambio el otro tiene incluso la impresión de que es hisijasta y se hace mucho mal a sí mismo. Para ser hisijasta se debe tener noerá  oración del corazón”. En efecto, este es el objetivo de la hisijía. “La obra o trabajo conciso de la hisijía es la permanencia en la oración, (San Isaac el Sirio, Logos 86).

 

Según el Yérontas para que uno vaya al desierto hacen falta unas condiciones. O que vaya para ser subordinado a un Yérontas o pasar por la obediencia en un monasterio Kinovio cenobita. Decía: “Si un monje joven se va solo a vivir en la hisijía por su voluntad sin seguimiento, si no se endemonia, progreso no tendrá de todos modos”. Un monje joven que le pidió ir al desierto, lo negó diciendo: “Ahora no puedes vivir solo en la hisijía”.

 

Aconsejaba el Yérontas a un monje Aghiorita que vivía solo en Kelia, que se estaba perdiendo en preocupaciones vanas e inútiles y no encontraba consuelo espiritual y reposo: “Toma la Filocalía y el komposkini y sal allí a los castañedos”.

 

En la pregunta, cómo uno podía hacer vida hisijasta hoy en día en Athos, respondió: “Es posible, cuando vive en la postergación y en el anonimato y no crea relaciones de toma y daca con los mundanos”.

 

San Paísios ayudó a Padres que reunían las condiciones de hacer vida hisijasta. Gracias a él fueron reconstruidas muchas celdas y se edificaron cabañas hisijastas.

 

Este es el espíritu hisijasta vivió y transmitió el Yérontas. Tenía grandes expectativas y muchas esperanzas sobre el hisijasmo y creía que “por el hisijasmo provendrá el renacimiento de la Iglesia”.

 

B 1,15 Nipsis

 

  1. Νήψηs (nipsis) Sobriedad, su principal interpretación es sobriedad, o sea, el estado aquel que es contrario a la embriaguez.

 

Metafóricamente en el lenguaje y escritura ortodoxos, es la sobriedad espiritual, lucidez, vigilancia y alerta que se expresa por la actitud del cuidado y la vigilancia, donde el hombre inspecciona y cuida su pensamiento interior y su fantasía o imaginación. A la vez supone inspección y vigilancia del corazón y del nus. La nipsis depura la oración y la oración purifica, clarifica la nipsis.

 

San Hisíjio en la Filocalía nos describe algunos métodos de la nipsis: 1) Un método de nipsis es examinar frecuente y atentamente la fantasía del malo y astuto loyismós; es decir, el “ataque o asalto”, porque el satanás sin la fantasía no puede crear loyismí y presentarlos al nus para engañarlo. 2) Otro método es mantener el corazón siempre en profundo silencio e hisijía, alejado de todo loyismós, y orar. 3) Otro método es rogar, suplicar continuamente al Señor Jesús Cristo con humildad para que venga en nuestra ayuda. 4) Otro método es tener ininterrumpido el recuerdo de la muerte. 5) Sobre el importante método que consiste en mirar sólo al cielo considerando a la tierra como nada, que es también una práctica tan eficaz como otras, hablaré al respecto más extensamente en otro momento. Todas estas prácticas, querido mío, son como porteros terribles que impiden los pensamientos malignos y viles.

 

Metropolita Ieroteo Vlajos: «Hablando sobre la nipsis ortodoxa entendemos la alerta y atención del hombre en mantener limpio su nus de varios loyismí (pensamientos, reflexiones) e imágenes, fantasías que mortifican su libertad interior y su claridad, limpieza y le separan de la comunión con Dios que consiste en la gnosis (conocimiento increado) de Dios. En el corazón se debe de encontrar sólo el nus, la atención y su energía y no los loyismí. Esta nipsis es llamada por los Padres de la Iglesia también como “santa hisijía” o santa serenidad o serenidad cardíaca (del corazón psicosomático)».

La nipsis es el camino para la adquisición de cada virtud y los mandamientos-logos de Dios.

 

Si es difícil para uno generalmente hablar sobre el Santo, es casi inalcanzable poder referirse uno sobre el trabajo interior del Santo. “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá” (Jer. 17,9).

Aquí apuntaremos unas mínimas cosas sobre su nipsis (alerta, vigilancia y atención).

 

Desde laico era un trabajador níptico. Tenía cuidado con las relaciones, con los loyismí y sus sentidos. Cada día hacía su autoexamen. Había impuesto una condición en sí mismo de no mirar mujeres a la cara. Una pariente suya se quejó a su Madre de que no la saludó, en cambio en realidad era que no se había fijado porque su loyismós y sus ojos estaban girados hacia otro lado.

 

No acudía a los café bares y evitaba las diversiones mundanas. “Una vez”, nos comentó, “en una casa había una fiesta. Yo me dormí en el pajar.

Hacía mi oración como si estuviera en la pesebre, y estaba pleno de alegría”.

 

“Cuando fui al Monasterio”, dijo una vez, “comencé haciendo mucha oración. Pero no me vigilaba ni examinaba tanto a mí mismo. Pasó un poco tiempo y me digo: algo no va bien. Entonces entendí que me faltaba la nipsis, el continuo examen y control de mi mismo. Al principio hace falta más atención que oración. No beneficia la oración si no hay nipsis. Debe nuestro sí mismo estar continuamente en nipsis. Observar cada movimiento nuestro. Más que la oración y el estudio de sí mismo ayuda la observación del sí mismo, la atención y vigilancia (nipsis).

 

Para cultivar la nipsis el Yérontas, trabajaba en pankinés (son trabajos comunes que participaban todos los monjes del Monasterios) siempre a un lado en silencio. Cuando venía de Katunakia a Dafne (puerto de entrada y salida al mundo), esperaba en las rocas solo, hasta que llegase la hora de retorno. De “Panaguda” subiendo a veces a Kariés (capital), prefería un sendero desconocido y en horas que no encontraría ni se cruzaría con hombres. En el camino llevaba el komposkini y decía la oración o “estudiaba sin libro”, es decir, algo que había leído lo pasaba de su cerebro.

 

Tenía trabajo interior espiritual, “la única que recompensa Dios”. Su corazón estaba ardiente por la memoria de Dios. Su nus estaba lúcido, claro y atento: fácilmente era arrebatado y se escapaba de las cosas mundanas o cósmicas a las extracósmicas.

 

Visitaron al Yérontas dos jóvenes amantes de los monjes sobre la puesta del sol. Había cerrado la puerta y había comenzado sus cosas espirituales. Los abrió, sentaron en el Arjontariki (sala de visitas) y le hicieron varias preguntas. Respondía en breve pero su nus estaba en otra parte, cautivado de Dios. Estaba algo así como extático. Hablaba, pero vivía y pensaba en otra cosa.

 

Por la experiencia y el continuo trabajo níptico, su nus rechazaba fácilmente los loyismí malignos y los transformaba en buenos y divinos. En su interior había hecho “una fábrica que sacaba buenos loyismí”, según su expresión. Creía que “un buen loyismós tiene mayor fuerza que el ejercicio espiritual-ascesis más difícil. Nuestros loyismí muestran nuestro estado espiritual”. Decía sobre los estadios de los loyismí: “Uno que trabaja para sí mismo, no ve los errores de los otros. El hombre espiritual lo ve todo claro y bien. Al principio lucha para no criticar, ni mal juzgar y condenar. En el segundo estadio intenta traer el buen loyismós contra el loyismós del mal juicio, crítica; y al tercer estadio interpreta todo bien. Entra la agapi y la humildad. Cuando la psique se ha purgado y expiado, entonces no se esfuerza en hacer loyismí de derecha (buenos), pero tampoco vienen los de izquierda (los malos), es decir, las cosas que por la psique se ven como censura y crítica ella las ve bien.

 

“En los asaltos de los loyismí”, decía, “el mejor tratamiento es el desprecio, no darlos importancia. La conversación con el loyismós es peligrosa, porque aunque se reúnan cien abogados, no pueden salir victoriosos con un tankalaki-diablillo pequeño.

 

Sobre la fantasía aconsejaba que evitemos a cultivarla. Sólo si queremos expulsar alguna fantasía pecadora, entonces traemos santos iconos en nuestra fantasía, en nuestro nus, el Juicio, la Crucifixión, etc., de otro modo lo aprovechará la tentación, el tankalaki.

 

Cuando viajaba en el autobús y había ruido, salmodiaba en voz baja y aplacaba el ruido. En la Skiti de Ibiron le visitaba continuamente el Yérontas M. que quería conversar con él. El Yérontas le escuchaba de pie y silencioso y en su interior decía la noerá  oración del corazón o de Jesús. El otro se cansaba de hablar y se marchaba. El Yérontas no interrumpía su trabajo níptico ni hería a su hermano. Viendo su estado en general decía: “Me preocupo y me entristezco que muchos monjes jóvenes no han aprendido a ganarse el pan solos”. Quería decir que no aprendieron los trabajos básicos de los monjes, para que sean alimentados espiritualmente y progresen. Uno de estos trabajos es la nipsis, interesantísima e imprescindible para nuestra sotiría redención, sanación y salvación. Pero conociendo la dificultad del trabajo fino níptico para los jóvenes y especialmente para los monjes sensibles, decía con discernimiento: “El principiante que emprende un trabajo fino para sí mismo, se vuelve loco como el contable primerizo que entra en una empresa enorme. Aconsejaba que se ocupase primero de sus faltas y debilidades gruesas o grandes.

 

Recalcaba con ejemplos el gran valor de la nipsis: “Es necesaria mucha atención. Veo hombres que no han sido cuidadosos en sus vidas y hasta la vejez son los mismos, aunque se hayan hecho monjes. Si uno, digamos, quiere ir a un sitio, por ejemplo a Kariés (capital de Athos), y está despistado, toma otro camino y sin darse cuenta acaba en otra parte. Así sucede también en la vida espiritual, cuando no tenemos nipsis. Comenzamos de una parte y desgraciadamente acabamos en otra. Como Pitsos que se fue para ser mecánico, y finalmente resultó a ser fabricante de monedas. Cuando no hay nipsis, en principio afloja nuestro loyismós, después el cuerpo y luego el hombre entero, y ya no tiene ganas para hacer nada, ni trabajo manual, ni tampoco espiritual. Por eso aflojamos; nos falta la nipsis”.

 

Le preguntaron los estudiantes del último curso de la academia Athoniada (de Athos), qué deben tener más cuidado en sus vidas y respondió: “Prestad atención en vuestra vida a las pequeñas cosas y acontecimientos diarios. Os sentáis cómodamente en el sillón y pensáis que esto no es malo o no es pecado y decís “no pasa nada”. No importa si comemos algo más o si pedimos comida buena. No molesta si dormimos un poco más. No importa que haya hablado un poco bruscamente a mis padres o a otra persona… Todo lo vemos como pequeño error y lo justificamos. Pero al no tener cuidado en los pequeños errores entonces en los errores grandes también diremos “no pasa nada”. No debemos dejar el cuerpo suelto porque influye al espíritu. Debe haber prontitud y alerta.”

 

Aconsejaba el Yérontas a un monje que se cuidaba en el servicio a los peregrinos y se olvidaba de la oración del corazón o de Jesús y estaba en desgana: “Ten siempre en tu Kelia un libro abierto y cuanto entras, echa una ojeada, y ten siempre un komposkini pequeño en tu mano para poder decir la oración y así no te olvidas”. Estas cosas las había probado y aplicado el mismo.

 

La conciencia del Yérontas se había afinado y no toleraba que algo la molestara y pesara; era sensible y denegaba el pecado, pero sensible y receptiva de la jaris (energía increada gracia). Decía que un monje principalmente es conciencia afinada. Nuestra conciencia debe convertirse fina como el papel de fumar. La sensibilidad se parece al “pan de oro” de los iconógrafos. Valiosa, pero hace falta mucha atención y cuidado. Apenas la tocas, desaparece. Si no tienes sensibilidad se quedará en una práctica seca y dura, hagas lo que hagas. Pero debes tener también la fuerza de controlar y examinar esta sensibilidad, porque de otro modo te estarás ahogando. Sensibilidad tienen también las mujeres; pero la mayoría se pierden dentro de sus miserias y pequeñeces, porque no tienen la fuerza necesaria e imprescindible.

 

El Yérontas no sentía su conciencia limpia, tranquila y reposada, si no comenzaba la oración y la lucha. Intentaba a no herir ningún ser humano, porque decía: “Si un hombre queda herido, tendré que ir a Atenas tocando las puertas una detrás de otra hasta encontrarlo. Y cuando lo encuentre, arrodillarme ante él y decirle: “Perdóname, hermano mío, porque te he herido”. Sólo después de esto puedo orar.

 

La nipsis siempre es imprescindible para el monje. “Al principio recoger su nus en su interior, y después no caer en engaño”. Sin nipsis los ataques o asaltos de los loyismí se desarrollan en  pazos y “el hombre resulta siempre almacén de los pazos.

 

Especialmente recalcaba: “Si no nos observamos, ni auto-examinamos a nosotros mismos y no nos auto-reprochamos, auto-condenamos, aunque vivamos mil años nunca trataremos de rectificarnos, sino que formaremos una imagen falsa sobre nosotros mismos, de modo que el día del Juicio tengamos exigencias paradójicas de Dios”.

 

“En cada una de nuestras operaciones y praxis debemos preguntarnos a nosotros mismos: “Bien, a mí esto me da reposo, ¿pero a Dios le reposa y le agrada?” Si olvidamos hacer esto, olvidamos también a Dios”.

 

Dirijámonos y volvámonos, pues, a nosotros mismos completamente hacia Cristo y cómo verá CristoDios cada una  de nuestra praxis y nuestros movimientos por pequeños que sean  y no en cómo serán visto por los hombres”.

 

¡Tanto valor y peso daba el Santo a la nipsis, de modo que nos lo ha dejado como legado y acervo. A un monje que le preguntó, antes de su dormición, qué debe tener más cuidado, le dijo: “La εὐλάβεια evlavia (devoción o piedad) y la νήψη nipsis, atención y vigilancia de sí mismo.

 

 

B 1,16 La oración – Su regla.

 

La lucha más esencial del Yérontas era la adquisición de la oración. Creía que su diakónima-servicio era la oración.

Otros ejercicios-ascesis eran para ayudar a la oración. Según san Isaac el Sirio, obra admirables es: ”Bienaventurado es aquel que todas su praxis corporal la ha transformado en el esfuerzo de la oración” (San Isaak el Sirio, Logos 23).

 

Probó todas las formas, modos y tipos de oración. Desde que era laico leía el oficio y practicaba la oración. Como monje joven participaba sin faltar en el culto común y aprendió el orden y el tipikón o canon. En Stomio no dejaba nada de lo dice el tipikón. Su oficio duraba cinco horas cada día, además del canon.

 

Más tarde el Yérontas aconsejaba a un joven monje que se fue solo a una celda a dedicarse con celo a la noerá  oración del corazón o de Jesús, que lea también el oficio, porque después estará viendo el komposkini y estará temblando. Cosa que desgraciadamente sucedió y además tuvo consecuencias dramáticas. La oración es comida fuerte y dura, pero algunos tienen necesidad también de la leche.

 

Daba importancia grande a la disposición del nus. Aconsejaba por su experiencia cómo valorar en los momentos libres la oración: “Para que la vida espiritual sea fácil, no debemos presionar y tensarnos a nosotros mismos sino preguntar a nuestro nus: “¿Quieres hacer el oficio? ¿Quieres leer el Psaltiri, o quieres que hagamos un paseo diciendo la oración del corazón o alguna súplica con penitencias o prosternaciones?. Así no se cansa, porque lo que se hace se realiza con buena disposición y ánimo.

 

»Pero cuando nuestra psique está indispuesta y no podemos hacer prosternaciones, hagamos la oración del corazón sentados, leer o hacer lo que nos atrae. El niño, cuando está desganado, no puedes obligarlo a comer. Lo das lo que quiere. Después cuando se ponga bien, come también garbanzos. Así también la psique. En la oración debe participar todo el corazón. Las cosas espirituales hacerse con el corazón. La insignia espiritual se da sólo con la entrega espiritual, mediante el sacrificio.

 

“Para que uno pueda orar hace falta preparación. La oración es también la comunión, conexión con Dios, el orante recibe la jaris de Dios de otra manera. Tal y como en la divina Comunión o Efjaristía toma la Perla, en esta comunión tiene el fuego divino”.

 

El estudio de libros espirituales concentra el nus, calienta el corazón y prepara para la oración. “Por la noche”, decía el Yérontas, “antes de hacer el canon, es necesario el estudio, porque el nus está lúcido y descansado”. Especialmente “el estudio del Evangelio es imprescindible para la santificación de la psique, aunque no entendemos el sentido y significado completamente. Que leamos libros jugosos, como san Isaac el Sirio. Uno lee una frase y es capaz de alimentarlo una semana, un mes con las vitaminas espirituales que contiene. Hoy en día veo que muchos que leen, sienten una satisfacción pero no le tocan (no les remueven) las cosas que leen y no queda nada. Las pasan así a la ligera, “el agua pintada no quita la sed”, dice san Isaac el Sirio. Me acuerdo que leía un poco de textos Patrísticos pero los estaba apuntando, hacía comparación con los santos Padres, veía cuán lejos me encontraba yo y me veía a mí mismo como en espejo. Por costumbre los jóvenes leen libros teológicos. ¡Qué vas  a decir! Es como si tuvieras una caldera de calabazas y dentro dos o tres trozos de carne. Así está la teología hoy en día. De vez en cuando, apenas encuentras algo patrístico”.

 

La salmodia era el elemento característico en su vida. Amaba la salmodia a pesar de que la consideraba oración imperfecta. Hacía de salmista o cantor en las vigilias comunes y en la Divinas Liturgias de su Kalivi.

 

Musicalmente, aunque tuvo la oportunidad, no quiso aprender música. Pero salmodiaba normalmente con dulzura, devoción y entusiasmo. Tenía sentido y sensibilidad musical. Se sacudía entero, se convertía entero divinizado, su voz salía del corazón, te transportaba al cielo. Tenías la impresión de que se encontraba ante Dios de las alturas. Amaba algunas psalmodias o troparios que las sabía de memoria: El “Dínamis potencia o fuerza” de san Nilos, el “Axión estí, merecido es” del Papanikolaos, el sonido en d´, el “Querubínico” de Fokás el sonido en d´, el “Confesaos al Señor”, el “Desde mi juventud”, los lentos “Señor Dios”, las “Sociales” el sonido en b´, los troparios lentos, los troparios dogmáticos Zeotokia, etc. Decía: “Si en una vigilia decimos también algunos cantos lentos, esto transmite majestuosidad.

 

Aconsejaba el santo Yérontas: “Cuando nos entristecemos, nos oprimimos y nos afligimos debemos salmodiar”. La salmodia expulsa el diablo, porque es a la vez oración y desprecio de la tentación. Cuando vienen loyismí (pensamientos, reflexiones o ideas) blasfemos no digamos la oración, porque así abrimos un frente con el Diablo y nos ataca más fuerte; salmodiar, cantar cantos o salmos divinos y con este desprecio el diablo reventará”.

 

Además de la salmodia, tenía ininterrumpida también la doxología: “Doxa-gloria y gracias a Dios, doxa a Dios”, decía desde su corazón y lo repetía muy a menudo. Era un desbordamiento de gratitud hacia el Señor.

 

Recomendaba: “Mejor que evitemos las oraciones autocompuestas por nosotros, al no ser que sea un estallido del corazón”.

 

Descansaba al estar orando y bendiciendo sólo en su kelia; pero cuando participaba en vigilias comunes co-salmodiaba. Otras veces seguía silencioso y después se hundía en sí mismo, decía la oración y entonces estaba y no estaba presente. No contaba la oración por horas, en cuántas letras diremos o cuántos komposkinis haremos. Principalmente le interesaba que sea pura y lúcida, que llegue a Dios y produzca frutos. “Las otras cosas”, decía, “son para empujar la noche y decir o jactarnos de que hemos hecha tantas horas de vigilia o tantos komposkinis”.

 

El Yérontas amó y cultivó especialmente la oración “«Κύριε Ἰησοῦ Χριστέ, ἐλέησόν με Kirie Iisú Jristé eleisón me, Señor Jesús Cristo, compadécete o apiádate de mí”, que es lo primero que aprendió desde niño de su madre. A partir de irse a Sinaí y después, la monóloga noerá  oración del corazón o de Jesús, con algunas excepciones, sustituyó todos los oficios; se le hizo respiración, alimento y placer. Había alcanzado en estado “de estar sumido su nus en la oración del corazón o de Jesús” y que continúe también cuando estaba dormido.

 

Insistía mucho para no ser interrumpida su oración continua. La decía también en su trabajo manual y en el camino y también cuando estaba con hombres; siempre y en todas partes. Haciendo trabajos manuales, dejaba un poco el trabajo, se arrodillaba en una parte tranquila, y se sumergía en la oración del corazón hasta que algún visitante voceando le hacía volver. Su posición acostumbrada era estar arrodillado con las manos y su cabeza pegados al suelo. Por las muchas horas de estar arrodillado sus rodillas se dañaron y con dificultad le mantenían en pie en las bajadas.

 

Consideraba normal que el monje se dedicara a la oración del corazón o de Jesús «Κύριε Ἰησοῦ Χριστέ, ἐλέησόν με Kirie Iisú Jristé eleisón me, Señor Jesús Cristo, compadécete o apiádate de mí”. Un monje joven dijo al Yérontas que se cansa su cuello, cuando lee sólo el oficio. “Tenemos también el komposkini”, respondió, para incitarlo a la oración de Jesús. Decía: “El nombre de Cristo es pantodínamo omnipotente. La oración de Jesús  es un arma terrible contra el diablo. Antes de la oración debemos confesarnos a Dios, ya que primero decimos o confesamos nuestras cosas al Yérontas, y después la oración del corazón. Así cada día comenzamos bien, ponemos principio bueno. No se debe decir la oración de prisa – el komposkini de 100 nudos no menos de un minuto y medio- porque entonces sentimos la oración, igual que cuando comemos de prisa, no saboreamos la comida, ni tampoco muy lentamente”.

 

En la pregunta: “En qué nos ayudará la oración?”, respondió: “La percepción y sentimiento de nuestra pecaminosidad y el agradecimiento por las donaciones o regalos de nuestro Dios nos hacen decir la oración con filótimo buen ánimo, buena disposición y pundonor no mecánicamente. Después se convierte en hábito. Cuando conocemos nuestro sí mismo y pensamos nuestra ingratitud, entonces tendremos buena gana de querer decir la oración. Cuando nos despertamos, mientras que en nuestro sueño decíamos la oración del corazón, y continuamos diciéndola despiertos, eh, entonces comienza el dulce amanecer espiritual”.

 

Quería que la ascesis acompañe la oración del corazón o de Jesús. Las señales exteriores que se refieren los Padres en la Filocalía las consideraba sólo como auxiliares; tales como es la banqueta, la oscuridad, la inclinación de la cabeza, la respiración, etc.”,  decía, “yo enciendo velas y oro”. Si estas cosas se enfatizan exageradamente, pueden provocar perjuicios y daños psicosomáticos o conducir al engaño. La respiración, cuando es conectada fisiológicamente con la oración de Jesús, no técnicamente, la aceptaba.

 

Hacía constar los peligros de las desviaciones durante la práctica en el ejercicio de la oración de Jesús o del corazón, pero recalcaba también la finalidad de ella, diciendo: «Ahora la oración del corazón o de Jesús está de moda. Algunos creen que la oración es el nirvana y se sientan diciéndola, sin acordarse de nada más, para calmarse. Hacen un intento de orar y les duele la cabeza. Dicen la oración como si fueran cuerda (de reloj); ¿entonces qué, somos relojes?, ¡tik-tak, tik-tak! Pero así no se hace el despojamiento del viejo hombre. Debemos decir la oración con sentido y contacto consciente a CristoDios. El reconocimiento de nuestros errores es una cuestión grande para Cristo. Nos lo pide. Sólo no debemos perder nuestra esperanza.

 

»Nuestra finalidad y propósito no es adquirir la oración incesante, sino despojar al viejo hombre. Dirigirnos hacia nuestro interior, conocer nuestro sí mismo y luchar para expulsar y alejar nuestros pazos. Y observando a nuestros pazos pedir la ayuda de Dios. Así después queda también el hábito de la oración incesante de Jesús. No debemos intentar adquirir la oración del corazón o de Jesús mecánicamente.

 

»No debemos aburrirnos diciendo la oración del corazón. El Cristo es complaciente habla continuamente con nosotros y nosotros permanecemos indiferentes. Cuantas veces, uno ora o habla con Cristo, nunca se arrepiente de haberlo hecho.»

 

Es imposible para uno hablar sobre la oración del Yérontas, porque sus senderos espirituales son inconsiderables e inexpresables. ¡Cómo serían descritos los vuelos espirituales y las elevaciones de su nus, ya que los desconocemos totalmente! Lo poco que referimos, muestra tenuemente su trabajo espiritual, pero no revelan totalmente la medida, ni su estado espiritual.

 

Dijo una vez a un monje: “Yo a tu edad estaba cada noche de fiesta”, dando a entender que su oración nocturna, es un “trabajo placentero”. 3 «Escoje para ti mismo el trabajo placentero de agripnía (vigilia o en vela) continua por la noche, en la que los Padres se han despojado todos del antiguo o viejo hombre, y se han hecho dignos de la restauración y renovación del nus. En estas horas la psique siente aquella vida inmortal, y en este sentido se despoja de la prenda de la tiniebla u oscuridad y recibe el Espíritu Santo» (San Isaac el Sirio epístola 3).

 

Una vez estaba orando arrodillado en el bosque y le picó un escorpión, pero no interrumpió su oración.

 

Fácilmente y muy rápido era transportado su nus a la oración, perdía su contacto con el ambiente y estaba como si no existiera. Incluso cuando viajaba con el coche o se encontraba con otros, decía en su interior la oración, «estaba entero absorbido en Dios, se hacía uno con Él», tal como afirman los  testigos  presentes.

 

El sabio y virtuoso monje Atanasio del monasterio Ibiron, una figura destacada de la Santa Montaña, decía al padre Atanasio de Stavronikita (monasterio de Athos): “Cuando me muera dile al Padre Paísios que rece por mí. Que agarre  a la Panaghía de su vestido y que le ruegue: «Salva al Atanasio…»”. El Yérontas entonces era mucho más joven y desconocido por muchos.

***

El Yérontas, ya que  se había hecho muchas pruebas a sí mismo, intentando aplicar lo que escriben los libros ascéticos y siendo aconsejado de Yérontas experimentados concluyó un tipikón canon, regla. Según las fuerzas, la edad, el tiempo y el lugar que se ejercitaba, ajustaba también su tipikón o canon. Decía que “el monje” debe entrar en un canon monacal. Cada diez años debe hacer una revisión de sus fuerzas y regularse a sí mismo en la ascesis adecuada. Cuando uno es joven tiene más necesidad de dormir y menos descanso. Cuando envejece, le hace falta más descanso y menos dormir. La costumbre tiene una fuerza grande. Algo que el organismo se acostumbra aunque sin tenerlo necesidad, cuando venga la hora adecuada lo pedirá y lo buscará.”

 

Su tipikón canon era más o menos de la siguiente manera: a las 3 de la tarde (9ª bizantina) hacía la Novena y Vísperas, y después comía algo. Luego hacía komposkini y después descansaba. Antes de medianoche se despertaba y comenzaba el canon y a continuación su Oficio litúrgico con komposkini. Cuando terminaba, descansaba un poco, y después al amanecer comenzaba otra vez las tareas espirituales. Cuando no estaba distraído por el mundo, hacía cada Hora en su hora y entre tanto hacía también el trabajo manual diciendo la oración de Jesús o del corazón. Por una temporada descansaba inmediatamente después de la puesta del sol, toda la noche estaba en vigilia y después descansaba un poco por la mañana. Al mediodía no descansaba.

 

No es posible relatar el tipikón canon del Yérontas cuando era más joven estaba en ascesis en el desierto del Sinaí, porque “cualquier senda en él era la oración perpetua y eros inimaginables a Dios” 62(La vida san Juan Clímaco pág. 8), y hacía muchas horas de trabajo manual sin cansarse. Entonces no veía gente y estaba totalmente despreocupado y sin distracciones.

 

Cuando estaba en la skiti “Santa Cruz” leía solamente el exápsalmo, el canon Mensual y por la tarde el Teotokario de san Nicodemo.  El resto de tareas las hacía con el komposkini. En la skiti “Panaguda” hacía tres komposkinis de 300 nudos a Cristo, uno a la Panaghía, uno a san Juan el Precursor, uno al Santo del Día y uno a su Santo. Después repetía para los vivos y otra vez la tercera para difuntos, y oraba también para casos especiales.

 

En sus últimos tiempos, a pesar de la gente que le hacían ocuparse de ellos todo el día, hacia más de 40 komposkinis de trescientos, además de su canon y su oficio litúrgico.

 

El Psaltiri (libro de los salmos) lo separaba en tres partes y lo terminaba en tres días. En cada salmo oraba para la categoría correspondiente de los hombres, de acuerdo de los casos que san Arsenio había separado los Salmos, y hacía memoria de los nombres. De esta manera no se cansaba de leer aún 6-7 párrafos  continuos.

 

La Semana Santa de cada año, para poder participar más en los padecimientos de Cristo, los leía en los Evangelios. Desde la detención de Cristo hasta el Descendimiento de la Cruz, es decir, desde el Jueves Santo por la noche hasta el Viernes Santo vísperas no se sentaba, ni dormía, tampoco comía. Sobre todo decía vale la pena forzarnos a nosotros mismos en no comer estos dos días (Viernes Santo y Sábado Santo), a pesar de los tres día de la Semana Limpia. Sólo bebía un poco de vinagre para recordar el vinagre Soberano. Estos días no abría la puerta a nadie. Permanecía encerrado en celda y no tenías ganas ni de salmodiar. “Primera vez sentí una situación así”, dijo últimamente en la cabaña “Panaguda”.

 

El Yérontas no transgredía sin razón su tipikón canon. Lo cumplía con celo. Era un monje preciso. “Aunque me retuviesen cinco personas, mi canon no lo dejo”, decía. Es decir, cuando estaba muy enfermo, de modo que no pueda estar de pie, de ninguna manera dejaba el canon. Lo consideraba como un perjuicio y daño grande dejar deudas y no realizar los deberes monacales. “Aquel día estaba… (movía su cabeza dando a entender que no estaba bien).

 

En los últimos años que habían aumentado los visitantes y no le dejaban hacer en su hora las Vísperas, decía, “para no perder el oficio litúrgico, hago las Vísperas por la mañana y digo el tropario “Luz increada jubilosa…” en el momento que sale el sol”. A la vez estaba totalmente libre. A veces, cuando había una necesidad, lo sacrificaba todo gracias a la agapi. Hacía su vigilia no orando, sino co-padeciendo y consolando alguna psique fatigada, porque Dios “quiere misericordia y no sacrificio” (Mt 9,13).

 

Por el siguiente fragmento de una carta suya a un hijo espiritual, se ve en parte también el tipikón canon del Yérontas: “Para el programa que me están escribiendo, probad por un corto espacio de tiempo lo siguiente: Con la salida del sol comenzad con la Primera Hora. Un cuarto para la Hora, un cuarto prosternaciones y komposkini para los niños –“para todo hombre venidero al mundo”- para que sean guardados puros en el mundo, y para los que permanecen en castidad. Pero también está contenido nuestro sí mismo dentro de esto. Después sentado, otra media hora con la oración del corazón o de Jesús y así se cumple una hora después de la salida del sol y acaba la Primera Hora. Dos horas libres de desarrollo y provecho espiritual, estudio, oración, y si hay ganas también salmodia. Entiendo que libremente, cómodamente debe moverse la psique en la tarea espiritual o en algún trabajo manual que tiene.

 

»Después comienza la Tercera Hora, igual que en la Primera, con la diferencia de que está dedicada al clero y a las naciones que vengan en reconocimiento de la verdad. Creo que no es pecado que una diga, excepto al cuaresma, “Señor, o Su Santísimo Espíritu, en la tercera hora….”. Lo mismo después de la Tercera Hora otras dos horas libres para realización y provecho espiritual u otro trabajo imprescindible, y después lo mismo en la Hora Sexta, con la diferencia de que está dedicada al mundo, para que el buen Dios conceda metania. Después de dos horas lo mismo o descanso hasta la Novena, y después haced la Novena de la misma manera dedicada a los difuntos, y luego las Vísperas.

 

»Sobre la comida no digo nada, porque esto lo reguláis vosotros según vuestro aguante. Lo único es que uno no debe llegar hasta el punto de mareo, cuando no hay guerra, para poder tener claridad en combatir mejor, porque combate se hace contra los loyismí y en los inicios de la vida espiritual hace falta que el nus sea ayudado para que encontremos la verdad. Pero cuando el hombre encuentre la verdad, el Cristo, su lógica o razón ya no le hace falta. Lo mismo también cuando el hombre progresa, no le hace falta este tipo de claridad que me refiero, debido a que ya uno sale de sí mismo y se mueve fuera de la atracción de la tierra y es iluminado no del sol sensible, de creación, sino por el Demiurgo-Creador.

 

»Después de las Vísperas y el Oficio Vespertino, tres horas después de la puesta del sol dedícate a la oración; o junto con el Oficio vespertino (por la tarde) y tu canon completar las tres horas. Son las mejores horas para la oración. Después dormir seis horas y después Medianoche y Maitines. Podéis leer algo y después decir la oración del corazón. Para que no tengáis ansiedad o mirar la hora o estar atentos a los komposkinis, poned el despertador a sonar después de tantas horas que queráis estar orando.

 

»Intentad hacer aunque sea la quinta parte de lo que os escribo, a fin de no os crea ansiedad, para que no os pase como los pobrecitos terneritos, que si al principio los dificultan al yugo y perciben que quieren ponerlos el yugo para arar en la tierra, ellos se van corriendo».

 

De este tipikón canon vemos que el espíritu del Yérontas era mucha ocupación espiritual, pero con conformidad, a gusto y con buena disposición.

 

En otro discípulo suyo, que también estaba sólo ejercitándose, le dio en siguiente tipikón canon o regla, donde se ven también otros detalles sobre el canon monástico y la particular vigilia:

  1. Tipikón canon monástico

Cuando estamos en equinoccio (Marzo, Septiembre).

Hora 3 de la tarde (9ª en bizantino) Novena y Vísperas.

Hora 4 de la tarde: Cena, excepto Lunes, Miércoles y Viernes.

 

Oficio vespertino después de la puesta del sol.

Hora 3 de la mañana, despertar.

Hora 3-4 por la mañana: el Canon.

Hora 4 de la mañana: Oficio litúrgico.

Hora 11 de la mañana: comida, cuando toca comer solo una vez.

Hora 11-3 Servicio y trabajo manual.

 

  1. Canon monástico
  2. Un komposkini de 300 para el Señor con santiguaciones y pequeñas prosternaciones, hasta que la mano toque la rodilla. No molesta si se doblan un poco las rodillas. Ayuda también para que no se cansen las rodillas, y da un recogimiento y dilatación del corazón, porque con el arrodillarse mostramos nuestro culto a Dios.
  3. Komposkini de 100 nudos para la Panagía “Hiperaghía-Santísima Zeotokos salvame”, con pequeños arrodillamientos y santiguaciones, igual que antes.
  4. “Gloria… ahora y siempre… Aleluya (tres) Gloria a Dios tres veces, con tres grandes prosternaciones.
  5. El salmo 50 (Dios ten misericordia…) en voz baja prosternaciones grandes, las que hagan falta hasta que termine el salmo.
  6. Troparios hacia la Panaghía: “Bondadosa todos los proteges….”, “Toda mi esperanza…” etc. con grandes prosternaciones.
  7. “A ti se debe la doxa gloria, Señor nuestros Dios…” Doxología, en voz baja con prosternaciones grandes.
  8. “Es digno alabar la Zeotokos…” con grandes prosternaciones.
  9. “Gloria… ahora y siempre… Aleluya (tres) Gloria a Dios tres veces, con tres grandes prosternaciones.

 

Las genuflexiones pueden ser densas o dispersas según la disposición de cada uno.

Esta es la primera fase para nosotros mismos. Las mismas cosas las repetimos diciendo: “Kirie Jesús Cristo eléison compadécete de tus sirvientes” y “Santísima Zeotokos, salva tus sirvientes”. Oración para el mundo. Podemos hacer memoria también los nombres que tienen necesidad.

Lo mismo de nuevo por tercera vez diciendo: “Señor concede reposo a las psique de tus sirvientes” “Santísima Zeotokos, ayuda a tus sirvientes”.

Al final hacemos un komposkini de cien para el Santo del Santo Monasterio. Después leemos el oficio litúrgico y luego descansamos un poco.

El monje antes de dormir debe cruzar sus manos al pecho y decir troparios fúnebres para que se acuerde de la muerte.

 

El canon del monje del gran Hábito son 300 genuflexiones y 12 komposkinis de cien nudos, el de pequeño hábito 150 prosternaciones y 12 komposkinis y el novicio 60 prosternaciones y 6 komposkinis.

 

  1. Tipikón canon de vigilia con komposkini

 

  1. Doxa-gloria a Dios… 3 komposkinis de 300 (3)*.

(*Los números entre paréntesis expresan komposkinis de 300 nudos).

Χαῖρε, Νύμφη Ἀνύμφευτε…        (1) jere nimfi animfefte

Alégrate, Novia sin novio o esposa desposada!» (1)

  1. Κύριε Ἰησοῦ Χριστέ ἐλέησόν (3) Kirie Iisú Jristé eleisón me Señor Jesús Cristo compadécete de mí” (3)

“Santísima Zeotokos sálvame….” (1)

  1. Señor Jesús Cristo… (para los padres) (3)

“Santísima Zeotokos…” (para los padres) (1)

  1. Cruz de Cristo… (3)
  2. Señor Jesús Cristo… (por los difuntos) (3)

“Santísima Zeotokos….”  (por los difuntos) (1)

Súplica y Lectura

  1. Señor Jesús Cristo… (Para los benefactores) (3)

Santísima Zeotokos… (para los benefactores) (1)

  1. Señor Jesús Cristo… (para el mundo) (3)

Santísima Zeotokos… (para el mundo) (1)

  1. Señor Jesús Cristo… (para los enfermos) (3)

Santísima Zeotokos… (para los enfermos) (1)

  1. Señor Jesús Cristo… (por la hermandad) (3)

Santísima Zeotokos… (por la hermandad) (1).

Para los difuntos, en Santos que los tenemos devoción y veneramos especialmente.

 

Por lo expuesto antes se ve la libertad del Yérontas, que no se compromete por típicos, reglas y cánones. Ha dado una medida para ayudar al monje, pero en el tema del dormir y del comer no lo determinó detalladamente. Ha dejado que cada uno lo regule por sí mismo según sus fuerzas y compatibilidad. Su propia vida tan alta no la impuso a nadie. Todos los hombres no caben en el mismo molde. Fácilmente uno puede distinguir algunos elementos, como las prosternaciones, la doxología y la oración para vivos y difuntos.

 

Finalmente exponemos el canon de la vigilia que ha dado a un Monasterio femenino para la misma vigilia en la kelia. Es de los últimos años de su vida. En este canon domina la oración por el mundo.

 

Orden de la vigilia.

 

El canon lo hacemos al principio o al final, tal como cada uno lo prefiera.

Comenzamos con  un poco de estudio.

Después hacemos los siguientes komposkinis, diciendo:

1 de 300 nudos: Gloria a nuestro Dios, gloria a Él.

1 de 100 Alégrate Novia sin Novio o Esposa desposada.

Después Gloria…y ahora y siempre, aleluya, aleluya, aleluya; gloria a Dios (3) Kirie eleison 3 veces; gloria… y ahora y siempre. El salmo 50. “Bajo tu caridad o misericordiao caridad…”. Doxología y “Axion estí-Digno es”. Todo esto se hace con prosternaciones.

 

Luego continuamos de la siguiente manera:

1 de 300 Kirie-Señor Jesús Cristo, eleisón me.

1 de 100 Hiperaghía-Santísima Zeotokos, sálvame.

Después voluntariamente hacemos la Súplica.

1 de 100 Cruz de Cristo por la potencia de tu energía increada sálvanos.

1 de 100: San Juan Bautista de Cristo, interceda por mí) (para la metania).

1 de 100: Santo (Apóstol) de Cristo, interceda por mí (a san Juan el Teólogos por la agapi).

1 de 100: Santo de Dios interceda por mí (a san Arsenio para la salud).

Después las siguientes peticiones:

Para los Yérontas:

1 de 300: Kirie-Señor Jesús Cristo, eleisón-compadécete de tus sirvientes

1 de 100: Hiperaghía-santísima Zeotokos, salva tus sirvientes.

Para la fraternidad:

1 de 300: Kirie-Señor Jesús Cristo, eleisón nos.

1 de 100: Hiperaghía Zeotokos, sálvanos.

Para los difuntos:

1 de 3000: Kirie-Señor Jesús Cristo, dale reposo a tus sirvientes.

1 de 100: Hiperaghía-santísima Zeotokos, dale reposo a tus sirvientes.

Para los benefactores:

1 de 300: Kirie-Señor Jesús Cristo, eleisón a todos tus sirvientes.

1 de 100: Hiperaghía-santísima Zeotokos, salva tus sirvientes.

Tres komposkinis de 300 nudos con petición general de la siguiente manera:

-Dios mío, no abandones a Tus sirvientes que viven alejados de la Iglesia, Tu agapi (amor incondicional y energía increada) opere para tráelos a todos cerca de Ti.

-Acuérdate Señor de tus Siervos que sufren por la enfermedad del cáncer.

-Acuérdate Señor de tus siervos que sufren grandes o pequeñas enfermedades.

-Acuérdate Señor de Tus siervos que sufren de invalidez  física.

-Acuérdate Señor de los que sufren discapacidades psíquicas.

-Acuérdate Señor de los gobernantes (reyes, presidentes, ministros, etc….) y ayúdalos a que  gobiernen cristianamente.

-Acuérdate Señor de los hijos que provienen de familias problemáticas.

-Acuérdate Señor de las familias problemáticas y de los divorciados.

-Acuérdate Señor de los huérfanos de todo el mundo, de todos los dolidos, afligidos y perjudicados injustamente en la vida, los viudos y las viudas.

-Acuérdate Señor de todos los que están encarcelados, los anarquistas, los asesinos, los maltratadores, los drogadictos, los malhechores y los ladrones y ayúdalos a corregirse.

-Acuérdate Señor de todos los exiliados y emigrados.

– Acuérdate Señor de todos que viajan en el mar, en la tierra, en el aire y protégelos.

– Acuérdate Señor de nuestra Iglesia, de los Padres (clérigos) de la Iglesia y de los fieles.

– Acuérdate Señor de las hermandades monásticas masculinas y femeninas, de los yérontas y yerontisas, de todas las hermandades y de los padres aghioritas de Athos.

– Acuérdate Señor de Tus siervos que están en tiempos de guerra.

– Acuérdate Señor de tus siervos que están perseguidos en las montañas y en los campos.

Acuérdate Señor de Tus siervos que están perseguidos como los pajaritos.

– Acuérdate Señor de Tus siervos que han dejado sus casas y sus trabajos y están fatigados e incordiados.

-Acuérdate Señor de los pobres, de los que están sin casa y de los refugiados.

-Acuérdate Señor de todas las naciones, tenerlas en tus brazos y cubrirlas con Tu Santo Velo o Santa Protección, protégelos de todo mal y de la guerra. Y a nuestra patria Grecia día y noche la tengas en tus brazos, cubriéndola con tu Santa Protección o Velo, guárdala de todo mal y de la guerra.

 

-Acuérdate Señor de las familias, fatigadas, abandonadas, perjudicadas injustamente y concédelos tus ricas caridades y misericordias.

-Acuérdate Señor de tus siervos que sufren de todo tipo de problemas psíquicos y corporales.

-Acuérdate Señor de tus siervos que han pedido nuestras oraciones.

 

Los difuntos no pueden ser ayudados por sí mismos y esperan de nosotros para ayudarlos, tal y como esperan los encarcelados una naranjada.

En la vigilia no hay intermedio, el que quiera que lo haga.

 

El Yérontas deseaba que el monje que hace su ascesis en solitario debe tener tipikón canon, para que le ayude a su lucha.

Aconsejaba: “Que te prepares desde tu kelia con oración para tu servicio-diakónima y del servicio para la kelia. Así estarás siempre sereno y alegre. Cuando uno está distraído su mente deambula. Ayuda mucho a uno tener un programa desde por la mañana, para que no se crea confusión por los loyismí.

 

A los que no era responsable espiritualmente y no podía seguirlos no daba canon. Un estudiante una vez le pidió que le mandase un canon para sí mismo y el Yérontas le contestó: “No puedo, porque el médico cuando da una receta al enfermo, debe estar cerca al enfermo para seguirlo”. Se limitó solo en darle algunos consejos útiles para la vida espiritual.

 

Respetaba infinitamente lo que habían definido los Santos Padres. A uno que sin motivo actuaba de forma arbitraria sobre su canon litúrgico le hizo la siguiente observación: “Muy bien vale, no se acaba el mundo si cambiamos algo, pero así ponemos nuestro sí mismo por encima de los santos Padres.

 

El Yérontas aplicó y cumplió con respeto y devoción los cánones litúrgicos de la Iglesia y fue ayudado de estos a alcanzar a un canon espiritual y encontrar lo más esencial: la permanencia de la oración incesante, la que nos une con el Dios.

 

 

B 1,17 La απάθεια apazia-sin pazos, impasibilidad.

 

  1. Ἀπάθεια apácia, sin pazos, impasibilidad, sin pasiones, sin apegos, ni adicciones, malos hábitos o vicios, sin padecimientos, ni afecciones.

Apacia es la psique fija al bien e inactiva hacia el mal y liberación de ella de los movimientos antinaturales por la atracción de los pazos. Es el final de la ascesis del ejercicio espiritual. Apacia es paz y serenidad, movimiento enérgico y operativo del nus y de la psique. No consiste en la paralización y desarraigo de las fuerzas y energías de la psique como en la filosofía de los estoicos o las religiones orientales (hinduismo, budismo), sino en su metamorfosis, conversión, transformación por las virtudes y su giro total hacía Dios. La apacia es un regalo de Dios.

 

  1. Πάθος pazos, padecimiento, pasión, emoción, hábito, mala costumbre, vicio, patología también fervor, manía u obsesión según el contexto.

En la terminología patrística se llama así a todo movimiento anormal, en el sentido de no natural, de las fuerzas y energías de la psique. Pazos son fuerzas que con su energía de la voluntad han tomado el camino equivocado. Todos los pazos que nacen de algún pecado que se repite, y así se consolida en la psique una tendencia pecadora o apego/adictiva, que con el tiempo llega a ser una segunda «naturaleza», influyendo en los pensamientos y decisiones, dominando la voluntad y sellando toda su “psicosíntesis”. Es preferible reeducarlos, convertirlos y sanarlos, que oprimirlos o reprimirlos y así finalmente se usarán de forma fructífera y no negativa. Los santos sabios Padres distinguen entre los pazos los nobles, decentes y los indecentes. Pazos decentes son el hambre, la sed… Y los indecentes los ocho pazos capitales: 1) Gula, la tiranía y el dominio de la panza referente a la comida, bebida y sus ansiedades. 2) Lujuria manía sexual y prostitución. 3) Avaricia, el deseo, ansia, codicia de acaparar riquezas. 4) Ira (rencor, odio, resentimiento). 5) Acedia o pereza, desgana por obrar trabajo, ascesis física o espiritual. 6) Pena, tristeza, aflicción o depresión. 7) Soberbia, orgullo. 8) Vanagloria el deseo de alto honor, alabanza y gloria mundana. (Ver también sobre este término en nuestro libro “12 Léxis apocalípticas” en el blog en español: logosortodoxo.es/).

 

El Yérontas decía que “en el Monasterio venimos para la perfección. La vida monástica es la vida perfecta y nosotros con nuestras vidas la rebajamos”. A esta vida aspiraba y derramó sudores, lágrimas y sangre.

 

La coherencia, la akribia precisión y exactitud y la pretensión de la perfección del Yérontas para la aplicación y cumplimiento de los mandamientos o logos son admirables. Consiguió hacer de sí mismo “casa de la apazia” (Escalera 26,14), con el material de las virtudes. El tesoro de los apazís sin pazos está compuesto de todas las virtudes. La apazia se parece a la corona que está constituida de flores (virtudes). Si falta aunque sea una virtud, la apazia no se completa. “La apazia es composición y unión de muchas virtudes y en vez de psique tiene el Espíritu Santo” (San Pedro Damasceno, Filocalía, t.3). Ya no luchaba contra los pazos, puesto que los había subyugado, sino que se enriquecía continuamente con las virtudes. Sus panales espirituales se habían llenado de miel que endulza y alimenta a muchos.

 

Además de esto, la apazia del Yérontas se ve también por su suma pureza 1. “Tan alto y grande es el elogio de la pureza o castidad de modo que algunos de los santos Padres se han atrevido de llamarla apazia” (Escalera 15,65). No sólo le “protegió el Señor de pecados carnales” como confesó una vez, sino que su pureza alcanzaba al punto de no acceder ni consentir nunca a los loyismí carnales. Con sólo acordarse de algún asalto de loyismós indecente después de años, se ponía rojo por la vergüenza como un niño pequeño. Incluso también cuando dormía siendo tentado por la fantasía demoníaca combatía con intensidad y saltaba despertándose de su sueño. Esto sucedía al principio; más tarde estaba totalmente inamovible por semejantes tentaciones. “Demostración de pureza verdadera es que uno no sea influenciado por las fantasías indecentes que se presentan en los sueños” (Escalera 15,9).  Como miraba sin pazos, impasiblemente con sinceridad y bondad, la expectación de la belleza femenina no le escandalizaba. “Tres son los estados éticos que existen para los cristianos practicantes o los monjes. Primero consiste en no pecar para nada con la praxis o acción. Segundo, en no retener largo tiempo en la psique los loyismí apasionados, malignos e indecentes. Y tercero, en ver uno con su diania (mente, intelecto) las formas de las mujeres sin pazos-pasión y también a los que le han ofendido” San Máximo, Filocalía, sobre la agapi 2. 81). Los pocos casos de guerra carnal que se han referido, tenían como causa el loyismós de juicio condenatorio, maligno o del orgullo y la soberbia.

 

Su estable estado espiritual, la paz* y la plenitud de alegría que sentía, manifiestan a un hombre liberado de los pazos y la plenitud de la jaris (energía increada jaris) del Espíritu Santo. Cruzó el mar de los pazos, “sabatizó” no sólo del pecado en praxis, en acción y del pecado por la diania (mente, intelecto) de los loyismí patológicos, pasionales e indecentes, sino que adquirió inamovilidad hacia los pazos. *apazia es el estado pacífico de la psique, durante el cual la psique difícilmente se mueve hacia el mal (San Máximo, Filocalía t.2”

 

Purificó, expió y sometió su carne con sus ascesis prolongadas, haciendo el esfuerzo descanso y aspirando al dolor. Evitaba el placer que nos conduce a los «pazos«, incluso la oración espiritual no la afanaba. “El que se ha liberado del hedonismo carnal y no tiene miedo a ningún dolor, éste se ha hecho apazís-sin pazos” (San Máximo, Filocalía tomo 2)

 

Los carismas del Yérontas le motivaban a mayor lucha y humildad. “Mucha humildad, genera la apazia” (Escalera 26 (3) 55). Como era de carácter humilde no se ensalzaba cuando le alababan ni se entristecía cuando le calumniaban. Estaba en estado de apazia, porque tenía memoria de Dios. “La apazia consiste y está constituida de la memoria de Dios” (Santos Calixto e Ignacio, los Xanzópuli, Filocalía, “Sobre vivir en hisijía”).  El Yérontas estaba pensando en Dios o hablaba a los hombres sobre Dios o estaba orando a Dios. Bendiciendo y orando su nus sobresalía de la realidad terrenal, era arrebatado en zeoría-contemplación divina, sin ser molestado por los asaltos de los loyismí. “Cuando durante la oración no te molesta en el nus ningún concepto del mundo o mundano, entonces sepas que esta persona no está fuera de las fronteras de la apazia” (San Máximo, Filocalía tomo 2). Su nus purificado y lúcido nus contempló el nuevo siglo. El Yérontas vestido ya la “vivificante necrosis” y hablando sobre Dios, transmitía perfume de vida eterna y dulzura de divino eros.

 

Según san Máximo el Confesor, “de la apazia nace la perfecta agapi” (Filocalía t.2 pág. 50), y “la aplicación y cumplimiento de los logos-mandamientos es demostración de agapi hacia Dios. Principio de la agapi es la inmensidad de la humildad. La inmensidad de la humildad es hija de la apazia. La adquisición de la apazia es la plenitud de la agapi, es decir, habitar plenamente Dios a los que se han hecho con la apazia (Escalera 26.3,55), “bienaventurados y felices los que han hecho la catarsis del corazón porque ellos contemplarán a Dios”

 

 

B 1.18  Agapi* majestuosa

 

*Agapi majestuosa es expresión del Yérontas, significa que uno no aspira a la recompensa. Es decir, uno ofrece como hace un soberano cuando algo regala sin esperar recompensa. Por falta de esta agapi provienen las fatigas, las angustias y las tentaciones, porque generalmente por costumbre los hombres piden y buscan reconocimiento y recompensa. El Yérontas sólo con dos palabras indicó la posición correcta hacia los semejantes.

 

  1. Αγάπη (agapi)  amor, cariño. “Ὁ θεός ἀγάπη ἐστίν Dios es agapi-amor… Porque la agapi proviene de Dios” (1 Jn 4,7-8).

La Αγάπη (agapi) cristiana en su faceta divina y como término teológico ortodoxo es la primera y superior energía increada de las energías increadas de la Jaris de Dios. Se aproxima más a la misericordia increada y perdón de Dios que enseñaba Cristo Dios. La agapi está vinculada y unida estrictamente con la libertad y la verdad. Cada una depende y se enlaza con la otra, fuera de esta interpelación ninguna es auténtica. Dicen los Santos Padres Ortodoxos: Nadie puede conocer la increada agapi como energía increada de Dios si no es a través de la energía increada Χάρις (Jaris, Gracia) del Espíritu Santo. La agapi cristiana en su faceta secular, mundana se refiere al amor desinteresado, altruista o cariño, amor al cónyuge, a los padres, a los amigos, a los jefes y trabajadores, como también a las comunidades sociales y toda la creación.

Éste es el propósito de la psicoterapia de la Iglesia Ortodoxa, el convertir, mediante la constante metania (introspección, arrepentimiento y confesión), la φιλαυτία (filaftía, egolatría) que es el creado amor interesado egocéntrico y enfermizo a uno mismo y al cuerpo y convertirla en agapi desinteresada divina e increada de Dios. Ésta comprende tres estadios: catarsis, iluminación y zéosis o glorificación. (Ver también sobre este término en nuestro libro “12 Léxis apocalípticas” en el blog en español: logosortodoxo.es/).

 

El punto culminante y la corona de todas las luchas del Yérontas era la agapi. Decía: “Siento por todos los hombres la misma agapi que tenía para mis parientes. Ahora siento a todo el mundo como hermanos.

 

El Yérontas estaba pleno de agapi para el hombre, para la creación y ardía de divino eros.

 

Desde niño daba limosnas, caridades y ayudaba muchos. Los hombres pobres de Kónicha, cuando tenían necesidades acudían a él y pedían ayuda. “A causa de la simpatía y de los llantos a los pobres “hasta la ropa que vestía la entregaba”. Con su gran agapi abrazó  a los pueblos de la región de Kónicha y encontraba la forma de ayudar a “los que realmente tenían necesidades y estaban enfermos”.

 

Al principio en el Sinaí, cuando el domingo por la tarde se iba a su caseta ascética, el ecónomo del Monasterio le abastecía con pan, harina y otros alimentos. Los niños pobres Beduinos que conocía su itinerario, le paraban en el camino y le pedían “baxís” regalos. Lo alimentos que tenía se los daba y subía a su asceterio con el saco vacío.

 

Daba una gran importancia en la caridad, limosna. La tenía como el criterio por el que uno es digno de divina misericordia y salvación. “Uno puede ser indiferente, pero si se duele por un enfermo, si hace caridad, a éste no le tengas miedo”.

 

Se encontró y ayudó en la exhumación del Yérontas Pródromo de su vecina Kelia de san Juan el Teólogo. Le impresionó porque sus huesos estaban amarillos, ya que el Yérontas Pródromo se ocupaba mucho con el transporte arriero con los mulos y no tanto con las cosas monacales. El Yérontas dijo: “Se ve que hacía muchas caridades o daba muchas limosnas”.

 

Se entristecía por la desigualdad social. “¡Qué Cristianos somos, si tenemos dos o tres casas y chalés, y los demás no tienen ni dónde poner la cabeza!”

 

Promovía a los hombres que sean misericordiosos y caritativos, porque creía que, “cuando recibes algo, recibes la alegría humana. Pero el recibimiento espiritual se hace con el dar”.

 

Su caridad no tenía límites. Todo lo repartía y comprendía las necesidades de cada uno, antes que le pidieran ayuda. Los alimentos y la ropa que le mandaban los repartía con discernimiento a monjes enfermos  o pobres y en niños de la Escuela Athoniada. Nadie se iba de él vacío y sin bendición. Junto con la invitación típica de los monjes pero invitación rica, repartía bendiciones, Cruces, komposkinis, iconitos, libros, etc., y ayudaba espiritualmente. Los hombres salían de allí con alegría y reposo. En sus salidas al mundo siempre tenía su mochila con las bendiciones (regalitos) para los hombres. Decía: “Tengo una hucha  aquí en la kelia y cada día pongo allí dos o tres komposkinis de treinta nudos. Ahora que me fui en Atenas me los he llevado todos, unos quinientos y no me llegaron. Además de los iconitos y las cruces que hago en la prensa.”

 

“Era hombre se ocupaba que continuamente se ocupaba cómo hacer el bien; si es posible que no pase un momento que no ayude a un hombre”, nos testifica Keti Patera. Y el bien que hacía tenía jaris y belleza, porque tenía un modo especial y finura. No quería sentirse obligado, te veía como un hermano y te hacía sentirte cómodo.

 

Mientras que daba fácilmente, sin embargo le dificultaba tomar. Y cuando tomaba el regalo, para no herir al que se lo daba, de otra manera lo recompensaba más de lo que recibía.

 

Aunque el mismo era pobre, insolvente, sin embargo guardaba un poco de dinero, para entregarlo en casos urgentes. Por ejemplo, cuando un joven con problemas venía a la Santa Montaña y se quedaba sin billetes el Yérontas le ayudaba.

 

Podría, si quisiera, ayudar materialmente a muchos pobres, porque confiaban y le daban grandes cantidades de dinero, pero el Yérontas no lo tomaba. A veces a algunos con necesidades graves los mandaba a la persona adecuada que sabía que serían ayudados. No aspiraba a hacer una caja de ahorros para caridades, pero logró convertirse y hacerse caja de ahorros de la Jaris (energía increada jaris), para poder ayudar espiritualmente a los hombres. No se parecía como un pozo cerrado, sino como una fuente que fluye continuamente sin parar. El agua de la jaris riega los árboles, los pájaros, los animales salvajes y de nuevo sobra.

 

Cuando veía a uno con una especial necesidad, le entregaba su corazón e indispensablemente también alguna bendición (regalo). En casos que tenía nada para dar, daba su komposkini o su prenda de punto.

 

¡Gracias a su gran agapi sacrificaba incluso hasta su evlavia (devoción, piedad)! El Yérontas los objetos sagrados, los que especialmente tenía devoción, no dudaba de regarlos. Regalaba la Cruz que vestía con Trozo de Madera sacra de la Cruz o una vez una concha que contenía el molar de san Arsenios para santiguar a los enfermos y a los endemoniados. ¡Sólo el que conocía su agapi ardiente hacia la santa Efimía puede entender algo de su sacrificio de privarse de un trozo de su santa Reliquia, que condescendió Dios para que estuviese en sus manos, y esto sucedió no sólo una vez, -porque la Santa economizó de modo que adquiriera repetidamente bendición de la santa Reliquia de ella- con el resultado al final no tener la presencia somática (corporal o física) de la Santa de la que tenía suma piedad y devoción! Lo mismo sucedió también con iconos que  habían manifestado señales admirables.

 

La manifestación de su agapi era también el control y la reprimenda de algún desviado. Igual que la madre riñe el niño aquel que se va de cerca de ella, lo mismo también los hombres entendían su agapi y aceptaban favorablemente las observaciones y revisiones del Yérontas. Sabían que tenía razón y sentían seguridad.

 

Impresionaba mucho su tolerancia, indulgencia (sin maldad). Hombres que le acusaban y eran enemistados contra él, los perdonaba y oraba por ellos. Si se enteraba que habían caído en tentación y necesidad, corría para ayudar de corazón a la persona que sufría como si fuera su hermano. “Si no perdonamos a los demás, nos encontramos fuera del paraíso”, recalcaba.

 

La agapi del Yérontas se desbordaba y abrazaba hasta los animales salvajes. Ellos la sentían, se acercaban a él y comían de sus manos. Decía: “Diré a Cristo: “Cristo mío, ten piedad, de la bestia”; Y si me pregunta: ¿tú has tenido piedad para las bestias o las has ayudado? ¿Qué le responderé?

 

Realmente tenía piedad y caridad para las bestias y las amó como creaciones de Dios. Decía: “Estos pobrecitos no esperan otro paraíso”.

 

Cuando se marchó de Katunakia (región sur de Athos) dejó en la Kelia un gatito. Por compasión sacrificó dos días y fue a llevárselo. En la cabaña “Panaguda”, cuando era de noche venía fuera de la puerta y maullaba un gato extranjero, el Yérontas se levantaba, incluso cuando estaba enfermo, y abría la puerta para dejarle pasar al comedor a comer y protegerse del frío y la lluvia.

 

El señor Drosites Panagiotis, presidente de los fiscales, testifica: “La agapi del Yérontas era incomparable e incondicional, abrazaba a todos los hombres, la creación, incluso a los demonios. Le he visto recibir y abrazar en su Kalivi un hombre de otra religión con ardor y cordialidad de hermano querido. Escuché por el mismo de que él oraba con lágrimas por la desgracia del demonio y éste se ha presentado burlándose de él. Aún lo he visto ocuparse con ternura y agapi para las plantas, las hormigas, los reptiles y el resto de los elementos del reino animal.”

 

Un día un clérigo encontró al Yérontas sentado en un tronco talado en el patio dando de comer malvaviscos a las hormigas. “Los doy reposo”, dijo, “y los endulzo, porque ellos por sí solos no entienden como parar un poco para comer y descansar”.

 

Tal y como la psique es más valiosa que el cuerpo, así también la caridad espiritual es incomparablemente superior que la material. El mismo, ya que trabajó humildemente y adquirió virtudes, esparcía humildemente por agapi sus vivencias místicas. Esta era su mayor donación, porque daba caridad espiritual y ayudaba muy positivamente a las psiques débiles y perturbadas en la fe. Sólo por esta razón sufría “hemorragia espiritual”, tal y como llamaba la apocalipsis-revelación de los “misterios inexplicables o no enseñados”. Es esto también cualidad de la agapi de los perfectos, no poder retener nada para sí mismos” (San Isaac el Sirio, “Logos 85”).

 

Toda la vida del Yérontas era una dación, kenosis vaciamiento de muchas maneras, en cada ocasión. “El hombre” decía, “cuando hace el bien, se disuelve, está todo bien y vuela, no piensa ni se tiene en cuenta de sí mismo. Cuando hace suyos los problemas de los otros no tiene problema propio.”

 

Orando para los enfermos decía: “Dios mío, ayuda al enfermo y llévate de mí mi salud”, y aceptaba con alegría cuantas enfermedades le concedía Dios.

 

Cuando el Yérontas hacía una terapia en el hospital de Kónitsa, la Crisanzi, una chiquilla que ayudaba a la señora Patera, enfermó de cáncer de los intestinos. El Yérontas la compadecía, la santiguaba y oraba por ella. Rogaba: “Cristo mío, dámelo a mí el cáncer, yo debo tenerlo”. Pero el buen Dios no esquivó su petición. Al final según su deseo recibió la dolorosa enfermedad del cáncer, con la que acabó, aunque en toda su vida compadecía con los enfermos y especialmente con los pacientes del cáncer.

 

Decía: “Vienen hombres y me dicen sus fatigas y angustias y se llena mi boca de amargura, como si hubiese comido cebollas. Y cuando viene alguno que veo que está mejor o se ha solucionado su problema, digo: “doxa-gloria y gracias a Dios, me ha dado también un trozo de turrón”. Cuando escucho el dolor del otro, aunque esté sentado en vidrios rotos y pisando pinchos, no lo siento. Cuando el otro realmente padece, hasta puedo morir para ayudarlo.”

 

Una vez estaba orando arrodillado en una ermita con un joven fatigado. El corazón sensible del Yérontas no aguantó. Estalló en sollozos. Sus lágrimas corrían abundantemente y mojaron una pequeña alfombra. En otro caso de un Aghiorita con muchas tentaciones, el Yérontas se deshizo en lágrimas con sollozos. Un joven le narraba sus fatigas y tormentos y junto con él lloraba también el Yérontas. “Frena hijo mío”, le dijo, “porque nos verá alguno llorando y se creerá que estamos locos”.

 

Coparticipando al dolor de los hombres se olvidaba de sí mismo, de su progreso, de sus enfermedades y hacía la noerá oración del corazón o de Jesús.  “Cristo mío”, decía, “déjame a mí, no me tengas en cuenta. Mira los hombres que están atormentados, fatigados y angustiados.

 

Sus dolorosas oraciones con lágrimas estaban acompañadas de ayunos y esfuerzo sin medida. Cuando supo que un joven corre de un peligro psíquico y corporal, por muchos días, no comió nada, ni dejó de orar, hasta que se enteró que el joven se había escapado del peligro.

 

Hacía cuaresmas completas de ayuno para que sea ayudada una psique. Hay casos concretos conocidos: para un joven que quería conocer la voluntad de Dios sobre qué camino seguirá, para otro joven amante de los monjes que luchaba para vencer un  «pazos«, y para otro monje débil para que progrese, etc.

 

En toda su vida estaba en ayuno, se esforzaba y oraba para el pueblo de Dios movido por su gran agapi. Esta era su fuerza motriz. Sus luchas y sus oraciones perfumaban por el aroma de su agapi.

 

Otro acontecimiento indicativo de la medida de su agapi, tal y como el mismo lo comentó: “Estos días he sentido tanto este tipo de agapi para todos. Abría mis manos y decía, si fuera posible abrazar y amamantar incluso a los árboles.” Hacía un movimiento característico, como si quisiese abrazar a una persona muy querida.

 

El Yérontas para alcanzar a las medidas de perfeccionamiento, a la agapi verdadera, no se tenía en cuenta el sí mismo. Odió la filaftía (excesivo amor de sí mismo y del cuerpo, egolatría) y en su lugar puso la agapi a Dios y al hombre. Nos testifica un Aghiorita: “Lo especial que tenía el Yérontas Paísios era que no se tenía en cuenta de sí mismo. Una vez le dije: “Pater economiza algo para ti mismo”, y me respondió: Cuando vienen los hombres con problemas, ¿qué hago?, ¡a mi mismo voy a mirarme!

 

Todavía, últimamente también con su gran agotamiento por la hemorragia continua, cuando veía que hay necesidad, se olvidaba de su situación y, tanto si estuviera colgado a la valla de su Kalivi, como si estuviese estirado en la madera que tenía como asiento, “apoyaba y consolaba a los hermanos”.

 

Realmente, si la filaftía no es desarraiga de nuestro interior, no viene a residir en nuestro corazón la divina agapi increada. “La agapi de Dios se encuentra en la negación de la propia psique”(San Isaac: Logos 69)

 

Decía sobre la agapi pura y lúcida: “Cuando por nuestra agapi no quitamos nuestro sí mismo, nuestra agapi por muy grande que sea no es pura. Es y está “endemoniada, endiablada u oscurecida”. Pero cuando nos quitamos el sí mismo está y es abrillantada. Cuando en nuestra agapi hay el sí mismo, significa que existe el egoísmo. Pero egoísmo y la agapi no pueden co-caminar. La agapi y la humildad son dos hermanitas gemelas abrazadas fuertemente. El que tiene agapi tiene también humildad, y el que tiene humildad tiene también agapi. Puede que nos esforcemos y luchemos, pero si nuestra agapi no está limpia, purificada y abrillantada, no estaremos viendo sus frutos. Dios gratificó a san Antonio el Grande con la jaris (energía gracia increada) de los milagros, porque tenía la agapi catartizada, purgada y limpia, en cambio los esfuerzos de otros que eran mayores de alguna manera se perdieron no dieron sus frutos.

 

Por eso decía: “Los monjes tienen oportunidades que no tienen los fieles cósmicos o mundanos. Sólo ellos pueden adquirir la divina agapi increada. Llegas a ver al otro como tu padre, como hermano, a cada abuela como tu abuela, y cada anciano como tu abuelo indistintamente si el otro es bello o feo. “Por la desigualdad de la agapi, sepas que estás lejos de la agapi perfecta, por la que se supone que siempre debes amar a todo hombre por igual” (San Máximo el Confesor, Filocalía, 4 centurias sobre la agapi).

 

El Yérontas para llegar a la agapi luchó para aplicar y cumplir los logos-mandamientos de Dios. “Si amamos a Dios, nos ocupamos a aplicar y cumplir los logos-mandamientos”. «El que cumple mis mandamientos y los tiene interiorizados, ése es el que me ama; y al que me ama, lo amará mi Padre y yo también lo amaré y me revelaré a él, mediante la iluminación interior por la energía increada» (Jn 14,21). De esta manera expió su corazón y se hizo residencia del Dios de la agapi increada.

 

Meditaba sobre el tipo de agapi que tiene, y con sus propios criterios la encontraba deficiente. “¡Si tuviera un hermano romanocatólico, cuánto lloraría! ¡Ahora que hay tantos millones que no creen en Cristo, cuánto he llorado!”. “El que ama a todos igual sin pasión e indistintamente, este ha llegado a la perfección” (San Isaac, Logos 43)

 

Su gran e incondicional agapi los hombres la presentían. Un joven con problemas y traumas psíquicos vino a ver al Yérontas. Le encontró fuera de su Kalivi en el sendero, le abrazó y lloraba con sollozos. El Yérontas le consoló y le ayudó a terminar sus estudios. Cuando el joven fue al servicio militar, escribía al Yérontas cartas llamándole: “Dulce Padrecito mío”.

 

Cada visitante viendo su rostro ascético se daba cuenta de su gran ascesis, pero su agapi el visitante la sentía que lo estaba abrazando entero. Le veían por primera vez y parecía que le conocieran hace años. Se marchaban y quedaban atados con él. La agapi del Yérontas los seguía en todas partes, incluso cuando se iban de esta vida, porque continuaba orando por ellos.

 

Decenas de personas se consideran a sí mismos especialmente amados por el Yérontas. Creen que eran los más amados de él y que estaban más conectados con él que los otros. Cada uno sentía al Yérontas como suyo y sentía una agapi especial hacia él.

 

La realidad es que el Yérontas poseía agapi individualizada para cada uno. Se entregaba entero a cada uno y amaba toda psique tal como estaba con sus pazos y sus debilidades, como un hermano real e imagen de Dios. En todos repartía agapi y su corazón no se agotaba, porque se había unido con la fuente inagotable, la eterna Agapi increada unida con la creada, el Cristo.

 

Decía: “No me preocupa a dónde iré. El mí mismo lo he tirado. Mi propósito no es hacer el bien para ir el paraíso. Prefería que fueran los pobres hombres que vivían alejados de Dios, para que prueben ellos también un poco el paraíso; nosotros por lo menos lo hemos probado, en cambio ellos viven desde este mundo el infierno”. Pedía de Dios que saliera un infernado del infierno y tomar su posición. ¿Si acaso se diferencia de aquello que dice san Pablo?: “Porque deseara yo mismo ser anatema, separado de Cristo, por amor a mis hermanos, los que son mis parientes según la carne;” (Rom 9,3)

 

Aconsejaba a los monjes: “Cultivad el espíritu de fraternidad. Primero debo dar reposo a mi hermano, y después se hace paraíso la vida del monje. Me acuerdo en el Kinovio (monasterio cenobita) que cada uno intentaba dar reposo a su hermano. Porque el Cristo dijo que, lo que hacéis a este hermano, a mí me lo hacéis. Si uno ayuda al pobre, al desgraciado, piensa lo qué haría si fuera el Cristo”. «El que ama al Señor, antes ha amado a su hermano, porque la demostración de lo primero es lo segundo» (Escalera, San Juan Clímaco).

 

Para nuestras relaciones decía: “Siempre debemos de comenzar no como me conviene a mí sino como reposa y alivia al otro, Y entonces todos serán reposados, aliviados y habrá la agapi incondicional.

 

Después de todo esto sería injusto, ya que lo ha dado todo para Dios y al hombre, que Dios no le diese en abundancia Su jaris (gracia energía increada). Como hijo de Dios que era, Dios escuchaba sus oraciones y respondía con milagros.

 

La agapi en el Yérontas era la virtud natural. “Desde niño la tenía en mi sangre”, dijo. Pero después se abrillantó en el camino de la ascesis y en el alto horno de la incesante noerá  oración del corazón, y llegó al divino eros, tal como dicen los Padres.

 

¡Si amó tanto los hombres, cuánto mayor sería su agapi para Dios!

 

Le dijo uno: “Quiero sentir divino eros”, y el Yérontas se recogió. “Escucha”, le respondió, “un niño primero bebe leche, después crema o puré, después sopa y cuando se hace mayor come bistec. Si comiera bistec, ¿no se habría ahogado?”

 

Decía aún: “Debemos llegar a la agapi de Dios, que sobresalte nuestro corazón. Hasta que venga el divino eros, hace falta lucha continua. Después uno no quiere comer ni dormir, igual que el abad Sisois.

 

Cuando el hombre haya entendido la agapi de Dios, entonces viene la divina locura.  Qué pena que el mundo no entiende”. Describiendo al hombre que ha alcanzado al estado del divino eros, también desvela-apocalipta el sí mismo: “Como el gatito que se revuelca y se acaricia bajo tus pies y los lame, así tu también, alocado por la agapi de CristoDios, hacer en los pies de Cristo. Cuando la agapi de Dios cae al hombre en un grado grande el hombre se disuelve, los huesos gordos y duros se vuelven blandos como velas. Cuando el hombre alcanza el divino eros se parece al hombre borracho o embriagado. Está cautivado por la divina agapi y no puede ocuparse nada de otra cosa. Se hace indiferente por todo, igual que uno que se había emborrachado y le avisaron que su casa se estaba quemando. Este permaneció indiferente y respondió: “Dejadla que se queme”. Por eso no es bueno que el hombre permanezca mucho tiempo en este estado de divino eros”.

 

Testigos sin voz del divino eros del Yérontas son sus gastados y despintados iconos de la Panaghía y del Crucificado que tenía en su almohada por sus añorados abrazos y lágrimas.

 

Una vez recibió tanta Jaris (energía increada gracia) y sintió tanta agapi, de modo que no aguantó y se doblaron sus rodillas. Esta agapi suya tan grande se manifestaba en la oración con dolor para los hombres.

 

Quería amar a Dios “con todo su corazón”, por eso decía: “Aunque nuestro corazón fuese tan grande como el sol, otra vez no valdría la pena repartirlo. Ahora que es como un puño, ¿qué quedará para Cristo?”

 

En una de sus epístolas 6-4-69 escribe: “Cuando el hombre haya logrado a liberarse de todos y de todo, entonces puede sentir la gran agapi de Dios, la cual le esclaviza y le hace dulos esclavo de Dios”.

 

Esta agapi del Yérontas la sintieron también los animales salvajes, y los Beduinos (cuando estaba en Sinaí), y esta agapi conmociona también a los fatigados y atormentados jóvenes actuales. En su rostro-persona encuentran a un padre caritativo y la agapi que han sido privados. Muchos de ellos, aunque no le habían conocido, van y se mojan de lágrimas de la tierra de su sepulcro, porque siente que son rodeados de su majestuosa agapi desde allí donde se encuentra.

 

 

Β 2 CARISMAS O DONES

 

B 2,1 Transcendencia de las leyes de la naturaleza

 

En el santo Paísios, como se verá, los elementos de la naturaleza a veces se sometían ante él, mientras que el mismo operaba transcendiendo y anulando las leyes naturales.

 

Sin mojarse

 

El Yérontas utilizaba paraguas e impermeables. No era impermeable, ni para lluvias. Al contrario era sensible al frío y a la humedad. Algunas veces, por razones que Dios conoce, se convertía en impermeable. Es decir, mientras que su alrededor estaba lloviendo mucho, a él no le tocaba ni una gota.

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Nos relata el señor Kutsogianis Kanstantino, “una vez transportaba al Yérontas desde el monasterio de San Juan Percusor de la región de Halkidikí para el Monasterio de Surotí. En todo el trayecto teníamos una lluvia torrencial, como si se hubieran abierto las cataratas del cielo. Apenas llegamos, nos esperaban las hermanas con paraguas e impermeables para darlos al Yérontas para que no se mojara. Me hicieron señal que me acercara lo máximo posible más cerca del edificio. Pero, paradójicamente en aquel momento a un rayo de dos metros alrededor del coche dejó de caer la lluvia, mientras que un poquito más allá caía el diluvio. Una vez haber bajado y saludado el Yérontas y al haber entrado en el interior, comenzó a llover normalmente también encima del coche.

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Semejante acontecimiento cuentan también dos padres de la Kelia vecina: “Un día del invierno, como llovía mucho desde la noche anterior, el torrente que encontramos antes de llegar a “Panaguda”, se hizo impenetrable. Las aguas habían subido en mucha altura y con el impulso de estos arrastraron el puente como también un puente más pequeño que había más abajo. Otro acceso no había en todo lo largo del torrente. Aquel día el Yérontas visitó nuestra Kelia. Sus zapatos estaban característicamente secos y limpios, mientras continuaba lloviendo torrencialmente. Por supuesta que llevaba paraguas, pero fisiológicamente con una lluvia tan torrencial incluso con diez pasos caminados debería mojarse no sólo los zapatos sino también su cintura se habría mojado. ¡Nos llamó mucho la atención el hecho que con este tipo de lluvia no se había mojado nada pero también nos sorprendíamos cómo había pasado el torrente! Cuando se marchó quisimos seguirlo, para resolver nuestra duda, pero no nos lo ha permitido”.

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Semejantes acontecimientos vivieron también otros con la oración del Yérontas, tal como se ve por el testimonio del T.I., licenciado de la academia Athoniada (de Athos):

“Desde el Monasterio de Stavronikita iniciamos el camino con un amigo mío para la Athoniada, pero pasaríamos por el Kalivi de la Santa Cruz para pedir la bendición del Yérontas. El tiempo bruscamente comenzó a estropearse. Pensé que es ocasión de pasar la noche en la Kelia del Yérontas para ver cómo vive y cómo ora.

 

»Nos esperaba en la puerta de entrada. “Bienvenidos chicos”, nos dijo, “os estaba esperando”. Pasamos al interior, escuchábamos la lluvia acercándose. Nos retuvo unos veinte minutos más o menos y después nos dijo: ¡Venga hijos míos, es la hora para que os marchéis para arriba”.

»Salimos fuera y tomamos el camino para la Academia. A lado nuestro se escuchaba la lluvia, veíamos a nuestra derecha las gotas que llegaban a los tres-cuatro metros, aunque la lluvia aumentaba con fuerza, no nos tocaba ni una gota. Llegamos en la academia Athoniada teniendo lluvia continuamente cerca de nosotros acercándonos y siguiéndonos, sin habernos mojado. Después apenas entramos en el interior, vimos que en todas partes en nuestro alrededor estaba lloviendo. La lluvia se propagó»

 

Invisible

 

Testimonio del señor Gheorgios Kurkuliotis de la ciudad de Corinto: “Visité al Yérontas Paísios al Kalivi de la Santa Cruz el Febrero de 1979. Encontré la puerta abierta. Llamo y vuelvo a llamar repetidamente desde la puerta del cerco, no recibí respuesta. Eran las ocho de la mañana, y esperaba. En un momento veo al padre Paísios delante mío. Me sorprendí y me perdí. “Aquí estaba Gheorgios”, me dijo serenamente. He comentado después en dos guías Espirituales-Pnevmatikós la repentina aparición del Yérontas y me dijeron que “estaba delante tuyo, y cuando quiso se presentó”»

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Testimonio de la señora Elefterio Tamiliotakis, de Creta: “Cuando el Yérontas estaba en “Panaguda”, le visité porque yo estaba afrontando una gran dificultad y debería verle como sea. Fui por la puerta de atrás y le llamé. Ninguna respuesta. Fui a la Kelia del padre-Gregorio, no encontré a nadie. Vuelvo a la Kelia gritando todo el rato. Toqué la campanita, pero el Yérontas no aparecía por ninguna parte.

 

Decidí a medias marcharme, pero me quedé un ratito en el riachuelo y estando en pie irresoluto en absoluta hisijía sin saber lo que voy hacer. No quería marcharme, porque literalmente estaba colgado de mi opinión. De repente oigo a lado mío una voz, “Elefterio”. Giré y vi al Yérontas estando de pie en mi izquierda a distancia de tres metros. Me asusté y se me pusieron los pelos de punta, porque no había oído absolutamente nada, ni había percibido algún movimiento, mientras estaba totalmente solo en el riachuelo, como era verano, el agua no corría haciendo ruido. Dominaba absoluta tranquilidad que hasta una mosca volando la oiría.

»Cuando le vi, me quedé un poco para concienciar si era él el que estaba delante mío. Me acerqué, le hice la reverencia o prosternación y le pregunté a dónde estaba y no me oía tanto rato, y cómo se ha presentado así de repente. Evitando muchas explicaciones sólo me dijo que estaba en la profundidad del bosque y recibí la información de que tú me necesitas. Me pidió que le dijera qué era lo que quería, cuando el Yérontas entendió que eran muchas las cosas que le iba a contar, me llevó, pasamos el riachuelo y sentamos a distancia de dos metros del sendero principal hacia la “Panaguda”.

»Comencé diciendo mis cosas al Yérontas, cuando de repente oí voces de peregrinos y rebajé el tono de mi voz. “Habla normal, bendito”, me dijo, “no tengas miedo”. Yo continué hablándole. Cuando oí las voces muy cerca, esta vez otra vez paré. “Habla, habla”, me dice el Yérontas. “¿Pero yérontas?” le digo, “nos van a oír, vendrán aquí y no tendré tiempo para decir todo lo que quiero”. “No tengas miedo”, me dijo, “y no rebajes la voz”. Yo hablaba, pues, normal y el Yérontas me respondía con el mismo tono; los visitantes pasaron dos metros de delante nuestro y no nos han visto ni nos oyeron, sino que continuaron hacia la “Panaguda”.

 

»La presencia del Yérontas tan de repente como también todo el acontecimiento era algo inexplicable y admirable. Pero yo, teniendo como un hecho consumado su santidad, estas cosas sobre su persona las consideré como fisiológicos, porque él en mi sencillez me había confesado confidencialmente en otro tiempo sobre la presencia de Ángeles y de Santos en su Kelia. Se me abría un mundo que sabía absolutamente que era verdadero, porque el mismo era absolutamente verdadero y Santo.

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Testimonio del hieromonje aghiorita B.G.: «El año 1982 habíamos ido cuatro hermanos con la bendición de nuestro santo higúmeno a visitar al Yérontas Paísios. Tocamos con el pequeño hierro y esperamos un rato. Como se estaba acercando la noche, los otros tres padres se marcharon y yo me quedé con la esperanza de disfrutar de lo deseado.

»Esperando, pues, con ansiedad, veo de repente al Yérontas estando en el interior del espacio del patio cerca de los troncos que tenía como asientos con un komposkini en la mano repitiendo la oración del corazón o de Jesús con una forma particularmente regocijante recalcando en voz alta cada palabra. Me quedé sorprendido no lo vi entrar o salir de ninguna parte sino sólo brotó en su posición literalmente. Después de dos o tres minutos gira hacia la parte mía y con su característica sonrisa me invitó a entrar dentro, no llamándome por mi nombre sino por la especialidad del diakonema-servicio que tenía aquel año.

» Yo después intentando a explicar este acontecimiento, conciencié que el Yérontas junto con tantos otros carismas tenía también este carisma, es decir, hacerse invisible».

 

Μετέωρος Meteoro, sobre-elevado y asombroso

 

Muchas veces el Yérontas durante la hora de la oración hacía elevar su espíritu, se sobre-elevaba también corporalmente. Pero también en horas de trabajo o cuando caminaba, fue visto no pisar en la tierra.

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En la skiti “Santa Cruz” vivió un acontecimiento grande. Nos relató: “Mientras estaba orando, no sé lo que me sucedió y me elevé a lo alto y veía abajo la Kalivi. El cómo me elevé, no me di cuenta y cómo he bajado tampoco me percaté.”

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Testimonia un monje Aghiorita: “Visité al Yérontas en “Panaguda” y le encontré construyendo una estufa con ladrillos refractarios. Estaba pisaba encima de una tabla que la había puesto para poner los materiales. Mientras estaba trabajando, le veo sobre-elevado de la tierra unos treinta centímetros, y al principio me quedé sorprendido por si veo bien. Realmente estaba sobre-elevado y después de poco rato lo vi otra vez en su estado fisiológico”.

 

Transmisor de la jaris (energía increada gracia)

 

El Yérontas a donde iba llevaba dispersa en su alrededor la divina jaris increada. “El que tiene la jaris y va en algún lugar, inmediatamente como la corriente de la luz se esparce esta brisa que tiene. Mientras que cuando alguien está en un estado demoníaco, también se esparce lo que lleva en su interior. Nuestro estado espiritual afecta a los demás”.

Tenía gnosis (conocimiento increado) de la jaris increada que le concedió Dios y transmitía a los hombres de esta riqueza por alguna razón o causa.

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El señor Basilio Mujaridis de Kónicha nos narra: “Cuando era un niño, en edad de seis-siete años, subía al Monasterio y junto con nosotros estaba también el Padre Paísios.

»Como el camino era difícil y en cuesta arriba, cuando me vio cansado me dijo: “Basilio, cuando te cansas santíguate y tocando con tu palo en mí así irás avanzando”.

»En un punto del sendero encontramos caída una piedra grande, de un metro cúbico más o menos.

-Padre Paísios, dije, si viniera la grúa, arrastraría la piedra al borde del camino.

-Imposible, ¿dónde vamos a encontrar una grúa? Tú eres la grúa y tú la arrastrarás.

-Yo no puedo, soy pequeño.

-Intentarás, te santiguarás, dirás el “Padre nuestro” y lo conseguirás. Y ayudaré yo también. Tú estarás empujando la piedra y yo a ti.

 

»Tocó también él un poco con su mano y se marchó la piedra. No estaba cerca de barranco para rodar fácilmente. La piedra hizo una vuelta completa y después rodó hacia abajo. Yo la había sentido como si fuera una piedra de dos o tres kilos. Entonces no me había concienciado del hecho. Lo entendí mejor lo que había sucedido cuando crecí un poco»¨.

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Testimonio del señor Gheorgios Kurkuliotis de la ciudad de Corinto: “Cuando me iba a la Kelia del Yérontas, después de la conversación él se despedía de mí para marcharme. Acostumbraba tocarme ligeramente en la cabeza y en los hombros. Los primeros tiempos no entendía exactamente la ayuda que recibía por este sencillo toque. Pero después me conciencié que recibía fuerza, ánimo y optimismo. Cuando alguna vez omitía de tocarme a la cabeza, le decía: “Yérontas, santíguame”. Me respondía: “Yo no soy cura, pero ya que lo quieres”, y me tocaba con su palma en la cabeza. En aquel momento sentía una fuerza saliendo por el mismo viniendo en mi interior. Me marchaba aliviado con todos mis problemas arreglados. Era un Yérontas inundado de jaris-gracia energía increada.

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Testimonio del señor Ángel Jorozsidos, oficial de la policía, habitante de Tesalónica. “Una vez volvíamos a Tesalónica con el padre Paísios y con el padre Gregorio de la Metamorfosis. Nos encontrábamos a una distancia de 150 kilómetros de la ciudad y yo estaba totalmente agotado, porque hacía más de treinta horas que no dormía. Los dos Yérontas se sentaban a los asientos traseros del coche. “El padre Paísios en un momento me dijo: “Te has cansado. Siéntate y voy a conducir yo”. Pasó entre los asientos y se sentó al asiento delantero del ayudante del conductor. Naturalmente el Yérontas no condujo ni sabía conducir, lo dijo bromeando, pero el milagro es que no entendí cómo nos hemos encontrado en el Monasterio de Surotí y yo estaba totalmente descansado».

 

Levanta una roca

 

Luca el hermano del Yérontas, nos ha narrado: “Cuando el padre Paísios estaba en Stomio, una vez había caído una roca grande. Nos reunimos muchos para mover la roca con palos como palancas, pero vanamente. Se marcharon todos y me dijo: “Venga, vete tú también”. Me marché, me fui un poco más allá para el otro lado. Le vi santiguándose, haciendo la señal de la Cruz, agarrar la roca, levantarla como silla y ponerla fuera del camino!

 

¡Qué bendición era esta!

 

El padre Jaralampos Anastasis, responsable de la Iglesia del pueblo Kalizea de Konicha, se refiere: “Un año, después de la fiesta de la Laura, vine a la “Panaguda a pie durante seis horas andando para ver al Yérontas”. Hacía veinticinco años que no lo veía. Le encontré en el bosque. Me conoció inmediatamente y lo interesante es que me dijo la fecha que me hice diácono y cuándo me hice presbítero. Le digo:

-Páter, ¿por amor a Dios no vamos a comer un poco?

– Me dice, no.

»Me enseñó una bolsa de plástico que en su interior tenía tres tomates muy pequeños y una y media tostada. Pensé: “¿Y estas cosas comeremos?”. No aguanté y le dije:

-¡Qué comeremos de estas cosas, Yérontas, si yo llevo sin comer desde ayer; a mí no me bastan ni veinte de estos tomates.

»Me respondió:

-Páter Jarálampos, haremos oración, tú las bendecirás y sobrarán.

»Abrió la bolsa de plástico, la rompió en forma de Cruz y la extendió como mantel. Me puso dos tomates, y él se quedó con media tostada y un tomate. Pues, nos levantamos hicimos oración adecuadamente y después dijo: “Páter santo, bendiga”. Bendecí y comimos. ¿A dónde había ido toda aquella hambre? ¡Me había saciado totalmente! Estaba como si alguien me hubiera tapado la garganta. Me sacié y no podía comer toda la tostada y dejé también un poco. Quería continuamente agua. Me decía el Yérontas:

-Come, cura-Jarálampos.

-No puedo comer más Yérontas, he quedado lleno.

»Todo el día después, donde iba, no quería comer nada ni alimentarme ni tomar nada. Sólo “agua, agua, y agua” pedía continuamente.

»Me impresionó mucho y después, cuando andaba solo, me decía a mí mismo: “¡Qué bendición era esta! ¡Tal y como Cristo bendijo los cinco panes y los dos pescados y se saciaron los cinco mil hombres, sin mujeres e hijos; Bendición del Señor! ».

 

“¡Imperceptible!”

 

El Yérontas por humildad no solo evitaba a ser fotografiado, sino que sentía malestar y repulsión. Sólo cedía ante algún ser humano humilde y sensible, para que no sea herido por su negación y lo interprete que es debido a la indignidad del que lo pide. Entonces el Yérontas prefería a entristecerse él en vez de entristecer al hermano. Por agapi sacrificaba también su humildad. Muchos intentaron a fotografiarlo a escondidas o claramente, en casos que no podría reaccionar a causa de la presencia de higúmenos, obispos o durante alguna procesión. La verdad es que a veces consiguieron fotografiarlo pero por costumbre las fotografías no salieron bien, salieron malogradas, porque en la faz del Yérontas hay una tristeza, una reacción que te hace sentirte culpable.

 

Pero hay muchos testimonios, que durante estos intentos sin bendición o por la fuerza de fotografiar al Yérontas, de forma admirable quedaba imperceptible por el foco de fotografiar. A veces se quemaba el carrete y otras veces salía la foto de papel normal pero el Yérontas faltaba del papel!

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El señor K… fotógrafo profesional se refirió: “He visitado al Yérontas y he sido muy ayudado por sus consejos iluminados. Pero lo que más me conmocionó fue su excesiva agapi y sacrificio. A causa de su enfermedad estaba totalmente agotado pero también tenía mucho dolor. Pero apenas haber percibido que yo tenía una necesidad grande, “se olvidó” de su problema, se tumbó fuera en el patio – porque no podía mantenerse ni en pie ni sentado- y se ocupó conmigo. Saliendo me vino el deseo de fotografiarlo, de manera que pueda tener la posibilidad de tenerlo y llevarlo continuamente aquel bendito encuentro en mi memoria con su fotografía. Pero conociendo que, si le preguntara, recibiría su negación, le saqué a escondidas dos-tres fotos. Pero el Yérontas, sin que yo lo perciba en aquel momento, me impidió con su propia manera: ¡Las dos fotos salieron negrísimas! Eran como si hubiese tenido delante de mi cámara de fotos la tapa de protección!

***

Testifica otro peregrino anónimo: “Me fui en “Panaguda” y no había nadie”. El Yérontas debería estar dentro, porque el cantado de la puerta de madera estaba colgando abierto. Pensé, “ahora es la ocasión; puse entre las ramas dentro del cerco la máquina de hacer fotos para que no sea vista, y la coloqué de forma adecuada, de modo que pueda captar y fotografiar la puerta de la Kelia. Toqué la campanita. Apenas salió el Yérontas, le di al botón. Estaba lleno de alegría…

»Pero imaginaos mi sorpresa cuando, después de la revelación del film, vi que la puerta había salido perfectamente clara y entera, pero el Yérontas no estaba!

***

Semejantes cosas sucedían también cuando querían grabar la conversación. Hay casos que el cassette no giraba o funcionaba pero no grababa. Otras veces grababa todo lo demás, palabras de terceros, pájaros, ruidos etc., pero la voz del Yérontas faltaba.

***

Testimonio de un estudiante: “Fuimos al Yérontas con otros compañeros de estudios. Comenzamos la conversación y el Yérontas percibió que tenemos el cassette grabando. Nos dijo que lo apaguemos.

Todos apagaron los casetes pero yo como lo tenía bien escondido, lo dejé. Después otra vez nos dijo lo mismo y añadió: “Aunque no los apaguéis no grabarán”. Marchando lo apagué inmediatamente. Cuando probé el cassette vi que había grabado de antes y después de la conversación, pero del Yérontas no se había grabado nada!”

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Testimonio del Gheorgios Kurkuliotis: “Un grupo de estudiantes fue al Yérontas y uno de ellos había llevado consigo un pequeño magnetofón para grabar la conversación del Yérontas con ellos. Una vez haber hablado bastante, en un momento le dice el Yérontas: “Esto que tienes en tu bolsillo, no ha grabado nada”. El joven se quedó de piedra. ¡Realmente, cuando probó el cassette no había grabado ni una palabra!

***

Malvaviscos (tipo de golosinas) de nieve.

 

Testimonio del padre S.A., titulado de la academia Athoniada de Athos: “Era 10 de febrero de 1980. Las nieves tardan en fundirse, por eso pocos bajan hacia la Kelia “Panaguda”, la más familiar y conocida de la Santa Montaña Athos. Lo consideré como una oportunidad de oro porque le iba a encontrar solo. Recibí la bendición del director de la academia y bajé hacia la austera kalivi del padre Paísios para recolectar un poco que exquisitez y ambrosía espiritual.

»Apenas llegué a la puerta del patio, tiré del alambre y sonó la campanita. El Yérontas salió, me entregó la llave y abrí la puerta. Me recibió alegremente y me hizo sentarme.

-Qué tal Yérontas; cómo está, le pregunté.

Qué voy hacer… estoy cansado, también estoy enfermo… (tenía gripe). La gente no me deja morir en paz…

-No Yérontas, nos haces falta, le dije.

-Parece ser que tengo pecados aún, dijo, tengo letras que pagar …

No tengo nada que darte de comer. Unos malvaviscos que me quedaban los han comido los últimos visitantes que han venido aquí este mediodía desde Kariés.

-No quiero nada, Yérontas, he venido para hablar.

-No, espera, dijo.

»Y sin perder el tiempo salió fuera a la nieve. Yo le estaba observando por curiosidad. Desde la puerta totalmente abierta le veía que estaba doblado a la nieve. Tenía su espalda puesta hacia mí y parecía que algo hacía. En poco rato entró dentro teniendo un recipiente pequeño y dentro se veían unos preparados de tamaños desiguales con huellas dactilares y señales de la palma. Todos desiguales y como si tuvieran mucha azúcar lustre espolvoreado por encima, tal como es la nieve.

-Toma me dijo. Toma y come.

»Comí uno. Su sabor era como malvavisco y literalmente era malvavisco.

-Toma uno más me dijo, pero no más.

-Buenos malvaviscos, padre Paísios, dije.

-Cuáles malvaviscos; son nieve, dijo sonriendo. Mira, me dijo, no digas nada a nadie. Con cuántos chicos vives en la sala; toma para darlos a los otros muchachos, pero atención, no digas nada.

»Me marché del Kalivi porque estaba anocheciendo e hice como me dijo el Yérontas. De estos malvaviscos que hizo el Yérontas con la nieve comieron también los otros tres chicos de mi habitación. Pero no dije nada de la procedencia de estos, porque no tenía bendición. Ahora que el Yérontas se ha dormido y ha llegado la hora, lo comento para doxa, gloria y gracias a Dios».

 

B 2.2 Reconciliación con la creación

 

Al Yérontas le fue concedido el carisma de tratar y tener compañía fieras salvajes, sin que le molesten, tal y como sucedía con Adán antes de la caída y a muchos Santos.

 

Las bestias salvajes percibían su gran agapi y veían al Yérontas la pureza de antes de la caída. Es conocido que, cuando el hombre recupera la belleza inicial, la primera en ser creada y la perdida divina jaris (energía increada gracia), entonces se hace dueño de la creación y gobierna en todos los pájaros del cielo, los reptiles y las fieras de la tierra. Entonces sobreviene la reconciliación con la creación, tal y como llaman los santos Padres este estado de antes de la caída. “Cuando en uno habita y reposa Dios, entonces todo está sometido a este hombre, igual que Adán antes de transgredir el mandamiento de Dios” (Cirilo Skizópolitis: “La vida de san Eutimio el Grande”, cap. 13, pág. 23).

 

Decía el Yérontas: “Desde el momento que el hombre se pone en el lugar del otro, después puede amar a todos los hombres, incluso a los animales y a las fieras. Todo cabe en su interior y se sale de sí mismo, de su propia agapi (amor) interesada y egoísta.

 

»Veo una fiera. Pienso que podría ser yo también una fiera. Dios es el creador, dueño y amo bueno de su casa, y podría hacerme una fiera. Cuando me pongo en el lugar de las fieras, las amo y tengo compasión, incluso para las serpientes. ¿Eh, me gustaría a mí si fuera serpiente, que saliera un poco al sol para calentarme y viniese el otro a romperme la cabeza? La agapi increada, la divina informa a las fieras. Una fiera puede discernir a un hombre que le ama y a un cazador que quiere matarle. Al hombre que le ama se le acercará, no le tiene miedo. Esto creía que sucede en los otros animales salvajes, excepto a las serpientes. Pero después comprobé también que en las serpientes sucede lo mismo también. Incluso en la víbora en relación con las demás serpientes, de una manera, igual que el cabrito y el cordero.»

 

Le preguntó un diácono: “Yérontas, he oído que tienes serpientes, ¿es verdad?” El Yérontas respondió: “Sí diácono, las serpientes (los pazos) los tengo aquí en mi corazón y cuando te hagas Guía espiritual, entonces vente para mostrártelos (a confesarme).

***

El señor Gheorgios Papazemistokleos de Kónicha se refiere en un escrito: “Íbamos casi cada Sábado y Domingo al Monasterio del Stomio, como si una fuerza inexplicable nos atrajese cerca del padre Paísios. Allí encontrábamos regocijo, paz y serenidad, estando cerca de él se tranquilizaba nuestra psique y nuestro espíritu. Paralelamente, intentábamos a ayudarlo en varios trabajos. Un día de aquellos me mandó a tomar un pico y una pala del almacén que estaba inmediatamente después de la entrada principal al Monasterio.

-Gheorgios, no tengas miedo, dos serpientitas que están allí son inofensivas, me dijo.

»Avancé para realizar lo que me había pedido, entonces me encontré delante de dos enormes dendrokaliés (serpientes de más de dos metros no venenosas) hacia la zona de las herramientas. Ante la expectativa de estas di un paso atrás asustado, preparado para salir corriendo. Me detuvo la mano bendita y blanda del Yérontas, mientras a la vez “reprimía” las serpientes con voz serena y tranquila. “¡Iros a vuestra esquina no veis que Gheorgios tiene miedo!!!

»Me había seguido, porque percibió que la expectativa de las serpientes me produciría miedo. Volví para mirarlo, pero no encontré su mirada. Mis ojos estaban fijos hacia el suelo. Intenté susurrar algo, pero  ya se había marchado.

 

»Otra vez entrando en la cocina del Monasterio escuché a uno que era antiguo compañero suyo del colegio, diciéndole:

-Déjame, padre Paísios, que le pego un tiro.

»Simultáneamente elevó la escopeta de cazar. Y el dulcísimo Yérontas con voz serena y apacible:

-No Yanis, no, esta liebre tiene en su frente la Cruz.

»Yo me doble por la ventana y vi una liebre que estaba apacentando tranquila y en su frente llevaba una Cruz negra.

»Llamaba a las liebres, tal y como nosotros llamamos a los gatos, y ellas no tenían miedo vivir con él.

Esta liebre el Yérontas la había cogido cuando estaba entre las plantas de judías, la hizo una Cruz en la frente y avisó a su Yerno Basilio y a otros cazadores que tengan cuidado de que no la mataran.

***

Una vez vinieron dos osos pequeños dentro en el patio del Monasterio de Stomio. El Yérontas las cogió del cogote y las dijo: “Otra vez no entréis en el Monasterio. Tenéis que venir por la parte de atrás de la cocina, para daros de comer”, y las condujo en esta parte. (Esto lo relataron dos personas de Kónicha al novicio Pablo del Monasterio de Stomio).

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El peregrino Chipriota M:S: nos relata: “Había venido un grupo de Chipriotas en la “Panaguda” para ver al Yérontas. Les invitó que tomasen malvavisco. Apenas abrieron la tapa, hicieron un gesto y se miraron entre ellos y murmuraron. La caja estaba llena de “límpurus” un tipo de hormigas chipriotas. Parece que un peregrino no había cerrado bien la tapa y se llenó de hormigas, aunque el Yérontas había escrito encima de la tapa que cerraran la caja. Eran tantas hormigas de modo que los malvaviscos estaban negros, no se veían.

»El Yérontas, apenas entendió lo que había sucedido, echó una mirada a la caja e inmediatamente con naturalidad un malvavisco, lo dejó más allá y con cariño, pero con seriedad y algo imperativamente dijo a las hormigas: “Este malvavisco es el vuestro. Iros a comer y dejad los otros malvaviscos que los coman los hombres”.

»Lo sorprendente es que las hormigas obedecieron, salieron todas de la caja y se reunieron a comer el propio malvavisco de ellas.

***

Testimonio del monje Alipio de Santa Ana (de Athos): “Conocía al Yérontas desde los quince años. Por la jaris (energía increada) de Dios me hice monje en el Santo Monasterio Kutlumusíu (Athos). Iba y le veía muy a menudo. Oía de sus milagros y había nacido el deseo en mí a ver uno de sus milagros. Por un mes más o menos tenía este loyismós.

 

»Una mañana del invierno, principios de Noviembre, fui a verlo y lo encontré lavando las manos fuera en el patio en un barril pequeño. Estaba solo. Abrió y me hizo pasar. Detrás del barril tenía un papel de aluminio que dentro tenía unas migas, lo abrió y miró hacia el cielo. Mientras que característicamente no había ningún pájaro, inmediatamente se presentaron enjambres de pájaros. ¡De dónde aparecieron de repente tantos pájaros! Unos estaban sentados en su cabeza otros en sus hombros y en sus manos y él los daba de comer. Viendo este espectáculo me sobrecogió un desconcierto, mi corazón tocaba rápidamente por la emoción y me reía desconcertadamente. El Yérontas sonriendo decía a los pájaros: “Iros también de aquí”. Les hablaba como si fueran seres humanos. Uno que estaba sentado en su mano le decía: “Vete también que este  es de los nuestros”.

»Esto duró dos minutos más o menos. En un momento el Yérontas dobló el papel de aluminio y los pájaros desaparecieron. Estaba anonadado y le miraba. “Ahora márchate”, me dijo.»

 

B 2,3 Orador y suplicador por el cosmos

 

En la puerta del patio de la “Panaguda, por un espacio del tiempo todo visitante veía la siguiente nota: “Escribid lo que queráis, echarlo en esta caja y os ayudaré más con la oración que con las charlatanerías y palabrerías. Así tendré tiempo de ayudar también más a los doloridos. Aquí he venido para hacer oración y no para haceros de maestro.

 

La primera sensación es que en este espacio existe radiotransmisor espiritual y el monje que está auto-delimitado en el interior de estas alambradas tiene un servicio muy responsable; enviar señales hacia Dios, es decir, orar. Se ve de esto también cuánta relevancia daba el Yérontas a la oración por el cosmos-mundo. Juzgando por los resultados de la oración, la consideraba más beneficiosa y más efectiva que la conversación y la correspondencia.

 

La oración del Yérontas tenía dos alas. Una era el dolor cordial. “Incluso un gemido muchas veces equivale con oración, con horas de oración y con vigilia”. Y la otra era la justicia. “Sin justicia la oración no es escuchada”.  «Si yo hubiera visto en mi corazón injusticia, el Señor no me habría escuchado» (Sal 66,18).

 

La oración del Yérontas por todo el mundo era la conjunción y resultado de todo su estado espiritual, especialmente de su gran agapi.

 

El raro carisma de la oración por el mundo, se le había sido dado después de grandes luchas. Era orante y suplicador para todo el mundo. Oraba para todos, igual que para sí mismo. Su oración era incesante, cordial, pura, lúcida y efectiva. La separaba en tres partes. Una parte para sí mismo, una para los vivos y otra para los difuntos. Pero en realidad oraba mucho más para los otros que para sí mismo.

 

Generalizaba y extendía su oración para incluir a todos los seres humanos. Cuando hacía oración para casos especiales, por ejemplo, para un joven que se había salido del camino de Dios, añadía: “Acuérdate, Señor, y ayuda a todos los jóvenes”. U otra vez, cuando oraba para alguien, por ejemplo, por enfermo Nicolao, añadía: “Acuérdate Señor también para todos los Nicolaos”.

 

En este punto le ayudaba mucho el Psaltirio con los distintos casos, tal y como los había señalado san Arsenio, con la diferencia que el Yérontas generalizaba los casos, por ejemplo: el primer salmo es para cuando se siembran vid o árboles, para que fructifiquen. El Yérontas una vez haber leído el salmo, rogaba a Dios no sólo por los árboles recién sembrados, sino también para los bebés que se están concibiendo en el vientre de la madre, para que tengan bendición de Dios desde el inicio, para fructificar. También, cuando el salmo se refería a las tempestades, el Yérontas decía: “¿Cristo mío, no ves la tempestad del mundo, mira cómo se ha perturbado el mundo?”. Y rogaba junto con la tempestad del mar que se pacifique el mundo y la perturbada humanidad. Así la oración abrazaba todo el mundo. Después dejaba el Psaltiri y su nus se ahondaba en la noerá  oración del corazón para todos los hombres y para toda la creación.

 

Dijo el Yérontas: “Me mandan cartas de Australia y me piden a orar por sus asuntos y problemas. Y yo oro con el Psaltiri. Después recibo cartas y me agradecen porque he orado y se arreglaron sus problemas. Entonces, cuando veo esto yo también oro más con el Psaltiri. Cada vez que tomo el Psaltiri lo leo unas dos horas más o menos. Y después veo que Dios escucha todas estas oraciones.»

 

Esta oración le agotaba, porque participaba entero en el dolor humano, cuando presentaba a Dios las fatigas y los problemas de los hombres y pedía por ellos “las peticiones para la sotiría, redención, sanación salvación”. Sentía “mucho dolor, pero también consuelo grande”. El dolor humano tan grande que veía en su alrededor le hacía salirse de sí mismo. Al Yérontas a veces se le veía arrastrando los pies por su agotamiento, enfermarse sus rodillas por el ayuno, estando preparado su caparazón de concha para rasgarse las vestiduras por las enfermedades, sin embargo no dejaba la oración para el mundo.

 

Decía: “La oración para el mundo ayuda mucho, sobre todo cuando existe dolor cordial. No participo del dolor del otro, cuando tengo un pie encima del otro y me siento cómodamente y tengo todas las comodidades.»

 

Su oración estaba acompañada con ayuno, esfuerzo, cansancio, genuflexiones y principalmente humildad. Decía: “Pedid humildemente. Yo digo; Dios mío, soy una bestia. Ten misericordia de mí y de todo el mundo”.

 

Creía que él era responsable por los padecimientos de los otros: “Si yo fuera santo y mi oración fuera escuchada, ellos no sufrirían, ni padecerían”. El escribe en una epístola suya con fecha 14-3-1971: “Por consiguiente, el desgraciado del Paísios, por ser desgraciado, muchas psiques son fatigadas y angustiadas por su causa, porque no ha adquirido la jaris (energía increada gracia) de ayudar a los hombres mediante Dios, que humanamente no son ayudados.”. Decía: “Pensemos que nosotros somos los culpables que un enfermo no tenga la salud, porque el Cristo dijo que os doy poder para hacer milagros y nosotros no hacemos nada”. Y añadió: “Qué hago, páter mío, vienen los hombre piden ayuda y no puedo ayudarlos. Mis defectos y mis malos hábitos tienen la culpa que me hacen no ser hijo amado de Dios, para que Dios escuche mi oración”.

-Entonces Yérontas, ¿por qué viene la gente?

-Sabes qué sucede; lo que yo he entendido es que la gente tiene necesidad de agapi. Hay psiques doloridas y yo tengo un poco de paciencia con ellos”.

 

Pero los hombres tenían opinión distinta, por eso no paraban de venir. El mismo sintiendo su pobreza, como buen pedigüeño, se arrodillaba y extendía sus manos hacia Dios y rogaba para ayudar a cada uno. Estallaba en palabras suplicantes: “Cristo mío, te ruego, a tal que es paralítico ayúdalo, él por sí mismo poco puede hacer para arreglárselas a solas”,  o “Panaghía mía, otra vez también te molestaré…».

 

Acostumbraba a encender velas de cera pura para los visitantes delante de los iconos en la sala de visitas. Por las noches encendía las velitas dentro en una caja con agujeritos que formaban Cruces, y oraba por todo el mundo. Un día tenía abierta la Bella Entrada y ante ella había un candelabro con una vela encendida. Quizás sería una forma de “súplica extendida” sobre algún problema muy serio.

 

Cuando había este tipo de temas e intensas crisis en el Estado y en la Iglesia, aconsejaba a los padres: “Enganchémonos bien al komposkini; es decir, hacer mucha oración, porque hay una necesidad grande.

Lo hacía también para incitarlos, pero principalmente para esconder el sí mismo de los resultados de su oración.

 

El mismo oraba mucho pero quería también otros copartícipes y co-padecientes en las oraciones. “Si pudiera”, decía, “formaría un equipo de oración que no parara nunca. El mundo tiene mucha necesidad”.

 

Dos padres en víspera de san Esperidón iban a una vigilia. Pasaron por el Yérontas para pedir la bendición. Vieron su rostro muy rojo y aparecía muy entristecido. Dijo a los padres: “Haced oración allí a donde vais, y decidlo también a los demás. Se está haciendo mucho daño y mal en Rumanía, tienen guerra civil y se están matando muchos”. Aquella época había sido derrocado Tsausesku. El Yérontas por su propia “televisión espiritual” supo de los acontecimientos y participaba en la prueba del pueblo rumano orando intensamente.

 

Tenía plena concienciación de su deber como monje, orar para los demás. El que pasaba por su Kalivi, a éste le “ataba con su komposkini”, según su expresión, es decir, hacía oración con el komposkini.

 

Un Padre rogó al Yérontas hacer oración para que su hijo escapase de las malas compañías que se había liado. En poco tiempo volvió a venir para agradecerle por el cambio de su hijo. El Yérontas le respondió: “De allí se escapó, pero de aquí” y le enseño el komposkini, “no se escapará”, es decir, que seguirá orando por él. Con sorpresa más tarde confesaba su hijo: “No sé qué me había sucedido. Sin ninguna razón ya no quería hacer compañía con ellos”.

 

Oraba para todos y Dios daba a cada uno lo que tiene necesidad. “Veréis”, decía, “cuánta gente son ayudadas por las oraciones! Reciben ayuda, porque tienen derecho a la divina ayuda y Dios encontrará el momento adecuado para darla. Cuando la oración es fuerte, desciende el mismo Cristo y ayuda a la psique. Cuando uno tiene franqueza en su oración, se parece al ministro que ruega al primer ministro y consigue su petición.”

 

Nos narra un monje Aghiorita: “Antes de terminar el servicio militar, vine con permiso a la Santa Montaña Athos y por primera vez me encontré con el Yérontas Paísios. Le pregunté sobre temas personales y después le comenté sobre un amigo mío. Quería casarse con una chica pero sus padres no le querían. Este llegó a depresión y desesperación y quería suicidarse. Después de regresar al mundo, cuando encontré a mi amigo, me decía: “Intento destruirme a mí mismo pero no lo consigo; algo me detiene en mi interior y no me deja hacerme daño a mí mismo”.

 

»Una vez acabado el servicio militar, decidí venir a la Santa Montaña Athos y hacerme monje. Pasé primero por el Monasterio de Surotí y allí encontré al Yérontas. Habían pasado 7-8 meses. Me preguntó con interés: “Cómo está tu amigo (tal)”. Entonces conciencié que el Yérontas todo este tiempo estaba orando para mi amigo y sus oraciones le impidieron hacer algo malo en sí mismo.»

 

Recalcaba mucho que “el ofrecimiento del monje es su oración por todo el mundo. En vez de visitar encarcelados, orad por los difuntos. »

 

Preguntado el Yérontas: “Cuánto debemos orar por los difuntos.; y si puedes sacar una psique del infierno”. Y respondió: “¡Aquello que sé por mi experiencia es que una psique puede desde la mazmorra pasar al salón, qué, lo tienes por poca cosa!”

 

El Yérontas dijo a un monje; “¿No tienes trabajo? Yo te encontraré. Haz prosternaciones para los difuntos. ¿Sabes cuánta necesidad tienen?”.

 

Mientras que la oración se hacía la causa de ser ayudadas muchas psiques, el diablo intentaba impedírselo. Decía: “La tentación encuentra las formas para molestarnos e impedirnos de la oración. Me manda gente para impedirme y distraerme de la oración. Pero también lo contrario; entiendo cuando los envía Dios”.

 

Un Yérontas de la Kelia de al lado, una noche escuchaba salmodias en la Kelia del Yérontas Paísios. Le pregunté, qué salmodias son estas que se escuchan por la noche desde hasta tal hora, (eran las horas que oraba). El Yérontas quedó sorprendido, no sabía anda. Y dijo: “No, yo no celebro oficio litúrgico, todo lo hago con el komposkini”. ¡Quizás tenía potencias celestes que le ayudaban en sus oraciones y las referían o transmitían a Dios!

 

Es verdad que el mundo está por las oraciones de los Santos, como se ha escrito para san Antonio el Grande: “Con tus oraciones y bendiciones has apoyado en toda la οἰκουμένη icumeni en todo el mundo o en tierra habitada, santo Padre”. No conocemos en cuantos casos el Yérontas con sus oraciones apoyó en la icumeni. Lo seguro es que apoyó innumerables psiques que valen más que todo el mundo. Además con su oración sanó enfermos, liberó y limpió endemoniados, y sólo Dios conoce cuántos anónimamente ayudó para encontrar a Dios y salvarse. Ahora ya que el Santo no está con nosotros, para encender velas y orar para todo el mundo, nos consolamos con la certeza de que nos ayuda mejor y más efectivamente desde el cielo. Tenemos demostraciones los milagros y sus manifestaciones que se hacen después de su dormición.

 

Ya que en toda su vida “placenteramente se fundió como una vela” orando, ahora su vela inapagable de su oración está encendida delante de la Santa Trinidad e intercede por todos nosotros.

 

 

B 2,4 Διδάσκαλος Didáscalos Maestro carismático.

 

Es una confirmación común de todos los que han conversado con el Yérontas y los que han leído sus textos, de que poseía el carisma del logos y de la teología, el superior de todos los carismas del Espíritu Santo. Inicialmente evitaba a enseñar a los demás, pero sucedió lo siguiente, tal y como el mismo nos ha narrado: “El padre-Atanasio del Monasterio Ibiron era buen monje y hombre espiritual y muy retórico. ¡Po, po, po! Te tumbaba con dos palabras. Vino una vez a mi Kelia y me dijo: “Mira, hijo mío Paísios, tienes que ayudar también a alguna psique, porque tienes esta capacidad”. Y así me convenció aceptar recibir hombres y que puedo ayudarlos”.

 

El logos del Yérontas era sencillo, como los pescadores Apóstoles, práctico, vivo, representativo, atractivo, apacible y dulce. Caía como rocío en las psiques sedientas. En sus narraciones era incomparable. Entrelazaba fisiológicamente historias alegres y bromas, para que la narración se convirtiese agradable, más representativa y recalcar algo de lo espiritual. A menudo hablaba con ejemplos, “en parábolas”, de la naturaleza y de la vida. Era preciso y claro en sus palabras, poético y apotegmático. Era capaz de hablar cómodamente todo el día sin preparación y sus oyentes estaban colgados de sus labios.

 

No daba conferencias ni aspiraba hacer de maestro. Por regla general conversaba con sus visitantes o hacía reuniones en sus conocidos monasterios, cuando se lo pedían o respondía a las preguntas.

 

Con pocas palabras cubría las cosas importantes de muchos. Tenía el tropo (modo, manera) y el discernimiento y podía por un motivo insignificante hacer una enseñanza espiritual extraordinaria.

 

Tenía la capacidad de cambiar las conversaciones insignificantes en espirituales. “Doxa-gloria y gracias a Dios, que hemos hecho el tejado de nuestra Kelia”, le dijo un monje Aghiorita. Y el Yérontas llevando la conversación de las construcciones a la construcción espiritual, dijo: “Igual que en la casa lo más básico es el tejado, así también en el hombre lo más importante de todo es tener su cabeza asegurada, bien amueblada y no aceptar loyismí.

 

Su logos tocaba las psiques de los hombres. “Aquello que más me impresionaba”, dijo un drogadicto, “es que el Yérontas con dos-tres palabras conseguía comunicarse con nosotros y mover nuestro interés, motivarnos”.

 

Según la disposición de ellos, unos volvían en sí mismo y se arrepentían, otros dudaban, otros se entusiasmaban y otros se consolaban. No convencía a los hombres con la lógica, sino que los ayudaba espiritualmente.

 

Produce sorpresa su polivalencia, los conocimientos prácticos, la sabiduría y su enorme memoria.

 

Tenía la capacidad de dirigir espiritualmente monjes y monasterios, dar soluciones a los problemas de laicos, solteros y casados, dialogar con científicos que quedaban impresionados por los conocimientos y su habilidad. Condescendía y se ponía al nivel de formación y del estado espiritual de los hombres, teniendo siempre en cuenta el carácter de ellos, sus profesiones, sus orígenes, sus intereses, etc.

 

Por regla general “hablaba a los hombres para edificación, exhortación y consolación” (Cor 14,3) y “sobre el reinado de la Realeza increada de Dios” (Lc 9,11).

 

Evitaba teologizar sin motivo. Pero cuando era necesario, teologizaba sin error, expresando con palabras sencillas sus visiones y experiencias divinas. La zeoptía (visión divina o de la luz increada) prevalece de la teología. Ella al monje analfabeto le hizo teólogo. Decía que “la teología sin experiencia se parece al topo que intenta describir al sol.»

 

Por supuesto que en las palabras del Yérontas había también los elementos humanos de sus gnosis-conocimientos y de su experiencia. A veces me decía: “Mi loyismós me dice esto y aquello… o creo que…” Hablando como ser humano sobre temas corrientes actuales se equivocaba también. Además que el mismo no se creía infalible.

 

Pero para situaciones y temas espirituales, que tratan de la sotiría redención, sanación y salvación, observaba al interlocutor con atención, observando profundamente a sus ojos con vista perspicaz y a la vez oraba espiritualmente-noerá  (con el nus). Ya que comprendía exactamente la pregunta, después “hablaba la jaris (energía increada) que le concedía las cosas y realidades”,  (San Isaac el Sirio, Logos 76, pág. 296). Sus respuestas eran tan clarividentes que informaban interiormente y se hacían aceptadas como palabras de la Santa Escritura. Estas palabras del Yérontas tenían una fuerza especial, indudable aceptación, porque no eran suyas, sino del Espíritu Santo. El Yérontas simplemente transmitía el logos de Dios que nacía de lo alto en su corazón. Este logos es “el especial, perfecto y verdadero atributo de los Santos”, (San Simeón el Nuevo Teólogo. Logos 80)

 

En estos casos hablaba como teniendo poder, con absoluta certeza, sin dejar lugar a dudas. Cuando el Dios no le daba logos e información, no respondía: Decía: “Hacer oración”, y después de días daba la respuesta adecuada.

 

El Yérontas por naturaleza era abierto, elegante, hábil y hablante convincente. Pero el valor de su carisma no está en la forma de hablar sino en el contenido de sus logos. Sus logos tenían la fuerza de revelar la realeza increada de Dios y alterar la psique de los hombres, porque el mismo se había alterado espiritualmente por la divina jaris (energía increada).

 

El venerable metropolita Panteleimón de la ciudad de Xanzi, recalca. “Los consejos del Yérontas manifestaban estabilidad de actitud y fe que tenía como sostén una experiencia vivida muy superior de lo que nosotros estábamos preparados para entender…

 

»Escuchaba sus logos y admiraba su espíritu. Era el Espíritu de Dios que clamaba a través de su instrumento o recipiente. Esto cada vez más se hacía en mi interior fe inquebrantable e información invariable. El yérontas-Paísios se hacía para mi instructor en Cristo, hermenéutico-intérprete de los regalos del Espíritu, indicador del camino celeste y luz en mi densa oscuridad».

 

El Yérontas, también después de su dormición, ayuda a los hombres con sus escritos. Sus libros tienen una repercusión sin precedentes, se leen insaciablemente, se traducen en lenguas extranjeras, hablan al corazón, conmueven a personas sencillas y a  intelectuales.

 

Con la enseñanza que ha dejado el Yérontas, se ha convertido en maestro-didáscalos contemporáneo de la vida espiritual. Sus palabras que circulan en la boca de los hombres, influyen carismáticamente y conducen las psiques a la sotiría redención, sanación y salvación.

 

B 2,5 El carisma de la παράκληση paráklisi súplica y consuelo.

 

Tal y como el sol de la primavera expulsa la niebla y calienta, así también el Yérontas, con el carisma de la paráklisis (consuelo y súplica) expulsaba la tristeza y consolaba a toda psique castigada y dolida que se acercaba a él.

 

Muchos acudían a él “gracias a la consolación”. Venían entristecidos y se marchaban totalmente cambiados. Uno sólo por verle recibía fuerza y alegría. Si tuviese también la bendición de conversar también con él, entonces conocía y sentía una alegría insólita y se marchaba alterado. Las mismas cosas más o menos las puede decir también otro a una persona afligida, dolida y cargada. Pero los logos del Yérontas transmitían la jaris (gracia energía increada) de Dios, tenían otra fuerza.

 

Conseguía tomar todo el dolor humano y la tristeza y convertirlos en alegría y consuelo. El mismo saboreaba la amargura, pero los hombres se llenaban de alegría y dulzura.

 

Decía: “Tantos y tantos hombres vienen, supongamos, que todos estos están doloridos y afligidos. Y todos se van alegres y fortalecidos. ¿Pero no piensan a dónde va este dolor de ellos? Todo viene a mí. Pero ellos no entienden que cuando se van alegres qué dejan atrás en mí. Pero ahora bien, supongamos, es decir, hasta aquí la situación es soportable, ¿pero hasta dónde llegará esta cuestión?”.

 

Su agapi verdadera para cada hombre hacía el dolor y los problemas de los demás suyos y resultaba en la oración del corazón para los doloridos. A través de él operaba la divina jaris (energía increada), con una especial jaris de paráklisi consuelo y súplica.

 

Veían el ejemplo de él y eran consolados. Mientras que el mismo sufría de muchas enfermedades, soportaba y glorificaba a Dios. No rogaba a Dios para darle salud. Estaba siempre con buen ánimo y alegre, desbordaba de alegría y alegraba también a los doloridos y afligidos. Aquellos se marchaban alegres dentro de sus aflicciones. No daba un consuelo falso. Recalcaba la fe en Dios, la paciencia, la doxología y el afrontamiento espiritual de la prueba, e indicaba también el propósito de las aflicciones  y tristezas. Endulzaba los padecimientos de la vida presente con la esperanza de la eterna.

 

Los monjes iban doloridos y cargados de loyismí y tentaciones. Con una breve conversación sacaban alas y salían volando. Reencontraban el primer celo y se sentían como si desde aquel momento comenzaban de nuevo sus vidas monásticas. Cuando retornaban al Monasterio la alteración de ellos era tan clara y manifestada, de modo que se hacía percibida y los preguntaban: “¡Parece que quizás fuiste a ver a Paísios!”

 

Comenta un monje aghiorita: ”Visitamos al Yérontas Paísios algunos monjes jóvenes para apoyarnos en el inicio de nuestra vida monástica. Realmente nos volvió a dar alas a nuestra moral con sus palabras sabias y gratificadas. Cuando nos marchábamos, se detuvo y nos dijo una frase que quizás los demás la consideraron insignificante y no la dieron importancia: “Y no os entristezcáis cuando la loca carne  está haciendo locuras sobre todo durante la doxología en el oficio litúrgico de los Maitines. Es porque baja la sangre, supongamos, por estar en pie hacia abajo…”. Sin embargo esto era mi fatiga y aflicción en aquella época. Mientras veía que psíquica e intelectualmente no participaba, sin embargo sentía gran vergüenza por lo que me sucedía dentro del santo templo, durante la hora toman parte tantos acontecimientos divinos y sobrenaturales. Mi orgullo o soberbia no me dejaba confesarlo. Pero el Yérontas Paísios captó mi problema y me ha aliviado y reposado”.

 

Cuando uno se acercaba a su Kalivi, sentía una dulzura. “Toda la atmósfera te endulzaba”, tal y como testifican muchos. Nadie se marchaba del Yérontas sin ser consolado.

 

Un monje aghiorita nos narra: “Bajé a la Skiti “Santa Cruz” para ver al Yérontas el año 1978. Mi nombre entonces era Nicolaos. Sentía una tristeza y un peso encima de mí como si se hubiera caído el Athos encima mío y no podía respirar. Me estaba ahogando. Describí mi situación al Yérontas, que me ha escuchado con atención y al final me dijo: “Te ha atacado la tentación, me dijo, espera y verás lo que vamos hacer”. Y comenzó a salmodiar el canon de san Nicolaos el tropario: “Bienaventurado Nicolaos, auténtico del Soberano…” tan cordialmente que se removía entero. Tomó mi cabeza y la puso en su pecho. Hasta llegar a la mitad del tropario me poseyó un temor y comencé a llorar orando. Cuando acabó, había quedado en mi interior una alegría y paz. ¡Cómo había cambiado mi situación tan rápido! Ahora sentía que toda la Santa Montaña estaba llena de dulzura y que esta dulzura salía del Yérontas.

 

Jóvenes con problemas psicológicos y tendencias a suicidios se consolaban y se marchaban con decisión firme de arrepentirse y vivir espiritualmente.

 

Un heleno de la región de Pontos no conseguía a encontrar trabajo y cayó en depresión y agobio. Había decidido suicidarse. Un amigo suyo le aconsejó a visitar al Yérontas Paísios y él fue a verlo. Se cambió totalmente, se hizo otra persona y se marchó alegre con esperanzas. Al final dijo: “Ahora aunque aparezca una montaña la apartaré de lado y pasaré”.

 

En la cabaña Panaguda trajeron “un hombre paralítico llevado por la camilla por cuatro hombres”. Vieron al Yérontas y el paralítico se consoló y se marcharon con las caras alegres.

 

Narró el Yérontas: “Estos días en la skiti “Santa Cruz” vino un muchacho que era como una perla. Tenía principios morales y pureza, no había visto otro muchacho así. Sus parientes, incluso ellos y todos sus conocidos, le tomaban como loco y perturbado; hasta al manicomio lo llevaban, porque no iba con mujeres y no hacía vida mundana. Vino muy perturbado y problematizado y se marchó totalmente cambiado.

 

»Un otro pensaba hacerse daño a sí mismo y se marchó tan alegre volando como mariposa.

 

»Otro se había mareado por los psiquiatras. Vino y estuvimos una hora y media y al final saca 1500 dracmas para dármelas, porque en los psiquiatras por 15 minutos pagaba 1000 dracmas y no le hacían nada, en cambio aquí ha sido muy beneficiado, porque no tenía nada, sólo  su loyismós se puso en su sitio y se arregló.»

 

Un piadoso peregrino llorando por emoción comentó lo siguiente: “Había venido el año 1992 de Canadá desesperado. Estaba separado, tomaba drogas y catorce pastillas. Hacía treinta y dos años que no tomaba la Divina Comunión, no comulgaba. El Yérontas estaba conversando con unas quince personas en el patio. Se veía muy agotado. Se marcharon los otros y se quedó el último. Le dijo: “Vienes de muy lejos. Hace mucho tiempo que te estaba esperando”. Su agapi me fundió y alteró. Sentía que lo veía todo. Se olvidó de su situación y él se llevó encima de él todos mis problemas. Todo me lo puso en su sito arreglado: La salud, ahora sólo tomo una pastilla para la presión, el trabajo, la familia; ahora tengo también una hijita, la Paísia y lo principal tengo mi fe en CristoDios. Mi madre muy alegremente me dice que: “Hijo eres todo un milagro”.»

 

Una vez en Tesalónica el Yérontas encontró a un clérigo alumno suyo. Mientras estaban conversando, se les acercó una mujer vestida de negro, muy amargada y dijo con tensión y miedo: “Decidme ¿por qué es injusto Dios? Se ha llevado a mi marido y ahora a mi hijo”. El Yérontas no dijo nada. Miró izquierda-derecha y oró. Después dijo a la mujer: “Bendita, ahora eres como monja”. La mujer se serenó, puso metania-genuflexión, besó su mano y se marchó agradeciendo.

 

Incluso antes de su dormición, cuando tenía los grandes dolores de su enfermedad y estaba casi moribundo, no cesaba de consolar al pueblo de Dios.

 

Un joven conocido suyo tenía un serio problema de salud, que le había creado depresión inaguantable. Acudía a psiquiatras y tomaba psicofármacos. El Yérontas lo llamó aparte, lo vió por unos minutos, le dijo dos palabras, pero la alegría que recibió era grande e indescriptible. Se marchó como persona distinta y tiró a la basura los psicofármacos.

 

Aunque el mismo sufría, sin embargo consolaba a los demás. Mientras vivía consolaba desde la tierra y ahora ya es consolador y suplicante en los cielos e intercesor por Dios.

 

  1. 2,6 Enemigo y expulsor de los demonios

 

Las apariciones del diablo, las tentaciones y las visitas constituyen un capítulo aparte en la vida del Yérontas. El padre Atanasio Skliris dijo a un conocido suyo: “Ven y conocerás a un monje (padre Paísios) que combate en la primera línea con los demonios”. Un estudiante de Universidad comentó al Yérontas que un profesor de teología sostiene que no existe el diablo. El Yérontas sonrió diciendo: “Qué dice este; aquí cada noche el diablo nos indica películas como en el cine”. Realmente el diablo era para el Yérontas una realidad tangible. Le veía muy a menudo.

 

Los enganchados en los pazos y débiles luchan con sus pazos y los fuertes con el diablo. El fuerte ha combatido en duelo con el diablo y ha vencido.

 

En estas pugnas, se hacía la lucha real cuerpo a cuerpo. El diablo se marchaba vencido y dejaba revueltos los pelos del Yérontas y sus sotanas arrugadas. Naturalmente no le vencía con su fuerza corporal.

 

A veces luchaba no sólo con un demonio sino con multitud. Veía toda una falange de demonios que se tiraban con ímpetu para destruirlo. Por la multitud de demonios “el último de la falange parecía pequeño como la cabeza de un alfiler”.

 

Uno le trajo un cassette que tenía gradadas revelaciones de una endemoniada. Decía el demonio mediante la boca de ella: “Y diga a Paísios que no vacile, que se esté bien quieto y no se mueva mucho, porque le daremos una paliza, le atacaremos como la otra vez”. El Yérontas que escuchaba silencioso, sonrió e espontáneamente dijo: “¿Cuál de todas?” De esto se ve que muchas veces recibió heridas demoníacas en su fatigado cuerpo por la ascesis. Lo de “no se mueva mucho”, el Yérontas lo interpretó que el diablo daba a entender las prosternaciones, genuflexiones. No puede uno olvidar, a incluir también su variada acción carismática con la que arrebataba psiques de las redes del diablo.

 

Esto el diablo no lo soportaba. Por eso, como se refiere el conocido satanista Katsulas, tres veces, desde el 1989 hasta 1992, los satanistas enviaron hombres likómorfos (forma de lobo) para matar al Yérontas. El primero en Dafni tuvo problema en el corazón y volvió atrás, el segundo le picó una serpiente de la Santa Montaña y murió y el tercero circulaba siete días en la Santa Montaña buscando la Kelia del Yérontas y finalmente no le encontró. El Katsulas cuando oía el nombre de Paísios saltaba, se transformaba y aullaba porque le quemaba.

 

Decía sobre la guerra con el diablo. “El diablo hace bien su trabajo. Al perro lo pegas dos o tres veces y se marcha. Al diablo lo pegas lo pegas muchas veces y no se va. Sólo hace falta desprecio y no concederle derechos.

Entonces, cuando es despreciado y no le concedemos derechos, hace otras escenas, se ríe y hace teatro sin billete de entrada. Pero uno no siente el miedo del diablo, uno no ve un perro salvaje sino un perrito débil”. Cuando el Yérontas dice, “golpeas al diablo”, da a entender con la oración del corazón o de Jesús, que está en la Escalera “azotes a los diablos”.

 

El diablo se presentaba ante el Santo por concesión de Dios y no porque le había concedido derechos. “El diablo no encontraba nada al Yérontas, porque no daba ningún derecho. Se cuidaba de no dar motivos al diablo ni si quiera para distraerlo”.

 

Un monje que le llevó dulces y persistía para que el Yérontas los probara. “Déjalo, mejor no comer”, dijo, “porque ¿sabes lo que me va a decir por la noche el tankalaki (diablillo)?, o mejor que no te lo diga”.

 

Otro le ofreció el chocolate y negó diciendo: “el tankalaki se burlará y se reirá de mí por la noche”.

 

Cuando quería contar alguna tentación del diablo, decía sonriendo espontáneamente: “Mira lo que me ha hecho ayer tankalaki”. Pero bruscamente se ponía serio, su faz expresaba tristeza y moviendo tristemente la cabeza, decía: “¡La criatura más bella, cómo ha resultado ser por su soberbia! De la orden de la primera Legión recayó y se hizo diablo, endemoniado lleno de odio y maldad. De Ángel de luz se ha endemoniado y convertido en demonio negro, oscuro”.

 

No sentía odio ni maldecía al diablo. Le compadecía y oraba, si es posible, arrepentirse y volver a ser otra vez Ángel de la luz increada.

 

El Yérontas, ya que por incontables veces “recibió experiencia” de los demonios, se ha hecho contrario y enemigo experimentado de ellos. Ya no tenía miedo al diablo, pero tampoco lo despreciaba. No ignoraba ni desconocía sus “conceptos”, ni tampoco las tentaciones y las trampas del diablo. Por su experiencia describía: “El diablo realmente se metamorfosea-transforma en hombre, en animal etc… Realmente se puede palpar. Le ves, le tocas, le atas e inmediatamente desaparece de delante de ti. No podemos decir, materialización. Es un estado intermedio de otro tipo y forma”

 

Un prosélito Ortodoxo pidió bendición del Yérontas para traducir en francés su libro “San Arsenio el Capadocio”. Suplicó al Yérontas que en la traducción él omitiese los acontecimientos con el diablo y las terapias de endemoniados, porque los europeos estas cosas no las aceptan. El Yérontas que tenía tantas experiencias con el diablo, naturalmente se  lo negó.

 

  1. a) Aparición de demonios

 

Cuando el Yérontas estaba en Stomio, una noche dijo a un muchacho que lo hospedaba: “Tú siéntate aquí y yo me iré a un sitio”. Inició el viaje para ir a la cueva que estaba en el medio de la roca, y abajo había un precipicio brusco de 300 metros más o menos. Bajando escuchó un canto de gallo desde el desierto. Entendió quién era y no avanzó, permaneció allí en esta posición toda la noche orando. Era la primera vez que el diablo le molestó durante su estancia allí.

***

También una noche escuchó música y ruido de violines y otros órganos. Miró desde la ventana y vio al diablo bailando. Hizo la señal al Yérontas que vaya él también a bailar. En poco rato, diciendo la oración del corazón o de Jesús, desaparecieron.

***

Pero también  otra noche que había brillo de las estrellas y claridad de la luna, se presentaron fuera del Monasterio multitud de demonios que pedían al Yérontas abrirles las puertas.

***

En la Skiti de Ibiron por un tiempo al principio, cada noche venía el diablo, diciendo: “Por la bendición de nuestros santos Padres”. El Yérontas le respondía: “Diablo,  por despertarme, me obligas a hacer oración, me llevas al paraíso”. “Había tentación en aquella casa”, decía, “porque un hombre mundano que se ocupaba con la magia por desprecio esparció el gran Aghiasmós (agua bendita) en las paredes”.

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En la Skiti “Santa Cruz” una noche el Yérontas escuchó un golpe en la puerta de la Kalivi. El Yérontas pensó que era algún ladrón y encendió velas. En poco rato tocó la ventana. Entonces el Yérontas se fue a la ermita y encendió velas, para que el ladrón creyese que había muchas personas dentro y se marchara. A continuación se oyeron golpes en el tejado. Ya comprendió el Yérontas que el ladrón de media noche era el diablo y dijo: “Ah, eres tú, dímelo,  ahora nos hemos comprendido bien”.

***

Salió del Kalivi de la “Santa Cruz” y bajó hacia el Monasterio Stavronikita para la vigilia. Durante la lectura se sentó en el asiento y por un momento se quedó dormido ligeramente. En el “Doxa-gloria y gracias a Dios de la alturas”, cuando comenzó el exápsalmo, saltó de pie y vino cerca un perro salvaje negro con la lengua fuera. Por milésimas de segundo se sorprendió. Después hizo la cruz santificándose, y el perro negro que era el diablo, desapareció.

***

Otra vez le vino un loyismós blasfemo. El Yérontas reaccionó intensamente, moviendo su cabeza. Tal y como giró su rostro hacia la ventana, vio un cabrito (el diablo) con los pies lleno de pelos intentando entrar dentro. “Qué me falte tu feo rostro”, le dijo despreciándolo.

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Testimonio del Eleuterio Tamiliodakis de Creta: “La primera vez que me fui a “Santa Cruz”, tardó en abrirme y estaba a punto de marcharme. Finalmente abrió la puerta, vi al Yérontas y le hice metania-genuflexión. Pero me fijé que estaba inquieto y cansado y antes de darme tiempo a preguntar, me explicó que el día anterior había visto al mismo diablo. Me dijo literalmente: “Bendito sabes que allá donde ahora estás en pie, ayer estaba puesto de pie el diablo. Era asqueroso, amarillísimo y tenía ojos rojos. Toda la noche no me ha dejado tranquilo. Se removía toda la Kelia”. El Yérontas había estado en vigilia en oración y estaba muy agotado. El diablo no podía entrar en la Kelia o hacerle mal, porque le quemaba su oración”.

***

Nos ha relatado el Yérontas: “He visto al diablo, quien me hizo varias revelaciones. Me referí a unas personas y decía “y aquel es mío, y también aquel”, por sus nombres. Muchas cosas de las que dice el diablo son mentiras, pero dice también algunas verdaderas.”

***

Durante el año 1979 el Yérontas visitó a un Monasterio de la Santa Montaña Athos. Por la noche fue en su kelia a dormir. Escuchó en su sueño golpes en la puerta. Creyó que sería alguna persona eclesiástica. Se levantó y se fue a la Iglesia. Estaba cerrada; no había nadie. Volvió en su kelia. Otra vez escuchó los golpes y susurros, sin poder entender las palabras. Miró y no vio a nadie; había perfecto silencio. Lo mismo se repitió por tercera vez. Entendió el Yérontas quién era el que daba los golpes. Era el tankalaki, y sobre todo explicó el por qué hacía todo esto.

 

  1. b) Terapia de endemoniados

 

El Yérontas, una vez “haber combatido con los principios y las potestades de la oscuridad” y saliendo vencedor, recibió de Dios la jaris (energía increada) de expulsar demonios, el carisma de la “sanación de la epilepsia contra los demonios”. Comprendía si uno está endemoniado o si tiene influencia demoníaca exterior o padece de cerebro, el encéfalo. Decía que: “Muchas veces el psicópata está también endemoniado. El diablo al endemoniado lo tiene como adorno”. El Yérontas como médico experimentado hacía buen diagnóstico y daba la receta adecuada. Con la oración terapiaba, sanaba a los endemoniados. Creía que: “Cuando un monje está en el estado espiritual bueno y ora, el diablo tiembla. Se hace un ovillo y se marcha. “De todas formas”, decía, “de las miles de personas que vienen aquí, sólo cinco tenían el demonio real. Para que entre el demonio en uno, éste debe haber dado derechos gordos (haber cometido pecados graves). A los niños pequeños basta leerlos los exorcismos y tomar la divina Comunión, porque ellos no son responsables. Pero para los mayores no es lo mismo. El endemoniado es sanado con la metania y la confesión. Primero debe encontrarse la causa y después el sacerdote leer los exorcismos para que sea arreglado.

 

»En el Peloponeso había un hombre que su hijo lo alejaba de la Iglesia. “¡Qué quiere decir Iglesia, curas!.  ¡Y cómo Dios permitió que sea endemoniado el niño-se convertía en bestia! Castigaba a su madre y fue obligada la pobre a marcharse de su casa. Y el padre comenzó a circular por los Monasterios. Los médicos no encontraban nada. Vino también a mí y preguntaba el padre. “Cuándo se pondrá bueno”. “Cuándo sea establecido el estado o situación espiritual”. Conoció todos los santorales y los Monasterios. Y ves cuánto ayuda la prueba. ¡Al principio se metía con los sacerdotes” ¡Cuánto ayudan las pruebas! El hombre es obligado… por eso existen las leyes espirituales, las pruebas, para que los hombres se acerquen a Dios”.

***

Relató el Yérontas: “En el Monasterio de Surotí trajeron una endemoniada para que yo la vea”. La pobrecita estaba muy agotada y me indicó un tumor que tenía como piedra en su pleura derecha. Entonces saqué una concha que tenía colgada en mi cuello que tenía en su interior reliquia de san Arsenio, y lo apreté encima del tumor. Ella comenzó a gritar y puso en pie a todo el Monasterio. Intentó a vomitar; entonces puse la Santa Reliquia en su cuello y empezó a moverse, tanga-tanga, por allí y por allá con velocidad, tanto que había el peligro de salirse de su posición, por eso lo sujetaba con sus manos. Finalmente se marchó el demonio y ella bastante agotada se tranquilizó”

***

Nos relató el Yérontas: ”Un día vino un laico que estaba años en la Santa Montaña Athos, y sufría por el demonio, sin saberlo. Apenas lo he visto comprendí que tiene demonio. Le santifiqué con la señal de la Cruz con las Reliquias de san Arsenio y el pobrecito se sintió liberado, sin poder explicar cómo se hizo este cambio”

***

Otra narración del Yérontas: “Una vez en “Panaguda” vino un joven enfermo que tenía problemas psicológicos y creía que estaba loco. Hablaba y hablaba, y cuando le respondía no escuchaba, sino que pensaba qué más va a decir. Tenía un desorden psíquico y energía demoníaca. Ves, cuando la jaris de Dios abandona al hombre, entonces intervienen los demonios. Este joven se ponía negro. Había llegado en gran desesperación.

 

»Cuando pasó la hora, intentaba de no moverme ni por aquí ni por allá, para no dar la impresión que me aburría. Durante nueve horas estuve sentado y le escuchaba. Venía de una agripnía-vigilia, tenía problemas con mis intestinos y estaba sentado en una placa y tenía frío. Ya que le había aceptado, debía terminar. Si, por ejemplo, le hubiese retenido ocho horas y medio y después le echara, sería perdido todo el esfuerzo de las ocho y media horas.

 

»Al día siguiente vino su hermano a agradecerme. ¿Por qué me agradeces? ¿Qué he hecho? Él sufría ocho años y yo que le escuchaba nueve horas y media, pues no es nada. El hombre se arregló, ahora es profesor y padre de familia creyente, viene y me ve a menudo».

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Nos relató el Yérontas: “Trajeron a un endemoniado en el Monasterio. El pobre estaba dentro en la Iglesia y sufrió una crisis, insultaba y gritaba. Trajeron la cara (reliquia) de san Arsenio y la puse tocando encima de él. Aullaba; se cayó al suelo. Puse entonces la cara en su pecho y yo decía la oración del corazón y las monjas también. Apenas puse la cara en su pecho, comenzó hacer unos espasmos intensos y quedó tieso, como si se hubiese quedado sin habla, en afasia. El demonio se marchó. Cuando volvió en sí, agradecía a san Arsenio y a nosotros. Desde entonces venía a menudo al Monasterio y traía cosas. Cuando encontraba la puerta cerrada, las dejaba en el interior de la alambrada y se marchaba.

 

»Una vez vio algo en su sueño, lo interpretó con su mente, se entristeció y se desesperó. Comenzó otra vez la vida pecadora, peor que la primera. Entonces volvió a endemoniarse. Esta vez mucho peor que la primera. Se convirtió en un martirio para su familia, porque estaba casado con hijos. Luchaba con los demonios. Los veía claramente con sus propios ojos. Pero era muy valiente y fuerte. Le pegaban los demonios, le tiraban al suelo. Les decía: no vengáis todos juntos sino uno por uno”. Padecía de crisis demoníacas. Le habían dicho que dijese la oración “Kirie-Señor Jesús Cristo, eleisón me”. Cuando decía la oración, le susurraban los demonios: “No digas este nombre; diga siempre Kazantzakis, Kazantzakis”, y le dijeron algunos nombres más entre ellos también el nombre Belujiotis. Había creído que tienen necesidad de oración y escribió sus nombres en un papel para darlos a hacer memoria de ellos.

 

»Finalmente decidió venir a la Santa Montaña para encontrarme. En el camino, bajando hacia la Kalivi, le decían los demonios: “No vayas a este flacucho y esquelético, qué te va hacer este”. Vino en mi Kelia y me rogaba a orar para ponerse bueno. Lo acogí. Comió un poco y lo puse a descansar. Estábamos en la misma kelia. Mientras decía la oración, de repente se oye un silbido como un proyectil. Le arrebatan los demonios y le tiran cuatro-cinco metros enfrente al suelo, desde la sala de visitas fuera al pasillo. Comenzó a aullar y a insultar. Le decían los demonios: “Re… (palabras feas y blasfemias) ahora te demostraremos, y levantaban su ropa. Yo no veía a los demonios, pero veía sus ropas levantarse solas y escuchaba sus palabras feas y asquerosas. Los demonios intentaban desnudarlo. No sabía qué hacer en esta situación. Traje el anillito de san Arsenio, le santiguaba y decía en mi interior la oración. Le dejaban se serenaba un poco, y después otra vez lo mismo. Esta situación duró unas dos-tres horas. Después volvió en sí. Lloraba y me agradecía. Me decía que cuatro demonios le arrebataron y le tiraron enfrente a la pared, y un quinto me estiraba de la nariz.

 

»Se marchó sanado con salud y hasta ahora está bien. Antiguamente esta persona tenía también una posición importante en el Estado»

***

Nos relató el Yérontas: “Una persona mundana había sido engañada. Le dijo un endemoniado: “¡Tienes una Cruz en tu cabeza y ves hacerte predicador!” Vino para tomar la bendición. Le digo: “Mira, bendito, tienes demonio, irás al Monasterio Stavronikita para que te lean los exorcismos”. Se levantó y se marchó. Se ha marchado al mundo, le captó el demonio y empezó a insultar a la Panaghía y a blasfemar las realidades divinas. La gente se marchó asustada. Le llevaron al manicomio. Se humilló pero se desesperó y quería suicidarse, porque este pecado es fuerte. Vino otra vez y le dije: “Aceptó Dios que sea insultado por ti para salvarte y salvarse también otros”.

Así se arregló».

 

B 2.7 “Mirra vaciada”

 

Decía el Yérontas: “El Dios da la fragancia a veces en momentos de oración. Otras veces en momento que no estás orando. Esto lo hace para consolar, fortificar e informar a una psique, de todas formas por alguna razón o propósito. Es fuerte la fragancia. No se parece de la fragancia de los aromas. Sientes un gran alivio y regocijo. Algunas veces no aguantas por la fuerte fragancia”. Esta divina fragancia es manifestadora de la presencia del Espíritu Santo, en lugares santificados o a donde hay santas Reliquias.

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“Una vez”, relató el Yérontas, “cuando estaba en el Monasterio Filoteu, me fui a la Kelia de san Dometio. De repente me ahogué de la intensa fragancia. Pregunté y me dijeron que allí cerca debe estar enterrado san Dometio, pero nadie sabe en dónde exactamente”.

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“Otra vez, cuando estaba en Katunakia y pasaba por una kelia abandonada que se veían unos hierros y unas maderas tiradas por allá, sentí una fuerte fragancia. Tal como supe más tarde, en esta Kelia había vivido un asceta virtuoso que estaba en un estado espiritual muy alto”.

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El Yérontas cuando vivía en la “Santa Cruz” y pasaba por la desierta Kelia Rusa de la Santa Trinidad, sentía una fragancia fuerte. Una vez estaba conmigo también un hijo espiritual. El Yérontas le preguntaba si sentía algo. Bajaron en el osario de la Kelia, porque la fragancia provenía de la reliquia del cráneo (cara) de un monje virtuoso.

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El período que preparaba la edición de su libro con el título: “El Padre Arsenio el Capadocio”, estaba con algunas monjas del Monasterio Surotí en una habitación y hacían rectificaciones al texto. En un momento el Yérontas sintió una inenarrable fragancia pero no habló, para ver si también las monjas la sentían. En un momento las monjas empezaron una por una a preguntar: ¿A qué huele, qué fragancia es esta? El Yérontas a esta fragancia la recibió como regalo de san Arsenio por la edición del libro.

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El Santo no sólo sentía fragancia sino que el mismo se había convertido y hecho “fragancia de Cristo”. Infinitas veces le traicionaba la divina jaris (energía increada gracia) y confirmaba su santidad con fragancia, que como “mirra vaciada”, salía del mismo, de sus objetos personales o de lugares donde había vivido.

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Testimonio del venerable Metropolita de Limasol de Chipre, Atanasio: “Visité como diácono la primera vez al padre Paísios el año 1976 junto con otro diácono conocido mío. Entonces estaba en la “Santa Cruz”. Tocamos y esperamos con ansiedad. Había oído varias cosas sobre el Yérontas y deseaba mucho conocerlo.

 

»Vino y nos abrió. Era delgado, cubierto con una manta. Era invierno. En nuestra conversación estaba alegre con buen ánimo, y nos decía varias bromas. En honor de la verdad me decepcioné, porque dije en mi interior: ¿Este es al gran santo, el taumaturgo que dicen la gente?, En mi interior tenía otra percepción e imagen sobre los Santos. No nos dijo nada más, sólo decía bromas y nos invitaba a comer malvaviscos-golosinas y otras cosas.

 

»Marchándonos, allí en la alambrada antes de despedirnos de él, le dijimos: “Yérontas, dinos algo espiritual”. Nos responde: “Qué queréis que os diga hijos míos; pues, haced muchas prosternaciones (metanias, genuflexiones)”. Preguntamos: Cuántas debemos hacer”. No respondió, sino que cambió su rostro y apareció distinto y en aquel momento desprendió fragancia divina muy fuerte; ¡Tan fuerte fragancia! ¡Todo desprendía fragancia! El aire, las piedras y todo.

»El Yérontas nos dijo de prisa: “Rápido, rápido, iros ahora”.

»Nos despedimos de él y sin decir nada sentimos una alegría en nuestro interior y comenzamos a correr. No sé lo que nos pasó. Fragancia y gran alegría. Avanzábamos así corriendo y riendo y la fragancia nos seguía hasta que pasamos el Burazeri.

»Mientas que antes de un rato mis sentimientos eran exactamente los contrarios, después de este acontecimiento sentí una gran devoción hacia el Yérontas.”

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El monje Aghiorita M. testimonia: “Una mañana me esperaba el Yérontas para hacer un trabajo juntos. Cuando le besé la mano, percibí y sentí una fragancia fuerte, pero también todo el patio estaba pleno de fragancia.

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Otro monje Aghiorita relata: “La fragancia que emanaba del Yérontas, era otra cosa. Muchas veces cuando le besaba la mano, sentía un aroma sobrenatural, como la mirra. Lo mismo percibía y sentía salir de su boca también cuando me hablaba, en cambio, fisiológicamente, a causa de su exagerado ayuno, debería salir mal olor. Repetidamente me había sucedido presentir el mismo aroma apenas cruzando el riachuelo y me acompañaba en todo el trayecto hasta llegar a su Kelia, en Panaguda.

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El monje X. también sintió al Yérontas perfumando: “Una vez que estaba hablando con él percibí y sentí que estaba perfumando. Se lo dije y me respondió que esto sucedía porque yo supuestamente era bueno. Otra vez me regaló una Crucecita de madera que a veces desprendía fragancia. Se lo dije y respondió que, cuando estás en buen estado espiritual desprende fragancia.

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“Una vez”, testimonia el Yérontas Gregorio del Santo Monasterio de san Juan el Precursor de la Metamorfosis, “sentía fragancia tal y como las santas Reliquias. El yérontas Paísios estaba en poca distancia. Al principio estaba sorprendido no sabía por dónde venía, y acercándome cerca del Yérontas, comprobé que la fragancia se desprendía de él.”.

 

  1. 2,8 Entendimiento con los extranjeros de otras lenguas.

 

Sabido es que el Yérontas excepto la lengua helena-griega no conocía otro idioma. Pero sucedió repetidas veces que cuando había una causa y razón para hablar la lengua del Pentecostés, conversaba y se entendía admirablemente con personas de otras lenguas.

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Nos narra el sacerdote E.K: “Una vez estando yo presente en la Kelia del Yérontas junto con otros tres visitantes, uno de ellos francés que no hablaba nada de griego. Cuando vino su tanda de hablar con el Yérontas, se apartaron durante quince minutos y conversaron sentados en los troncos. Se veía que hablaban con interés, pero, ¿cómo se comunicaban, ya que uno y otro tenían diferentes lenguas? El extranjero se marchó alegre. Su satisfacción se veía muy manifestada en su rostro”.

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Un visitante francés quedó con un monje para ir a ver juntos al Yérontas. Por la noche en el Monasterio que se hospedaba había vigilia. El monje después de la vigila se fue a su kelia para descansar. El extranjero por el gran anhelo que tenía bajó sólo a ver al Yérontas en su Kalivi. Conversaron admirablemente y por la conversación tuvo la impresión de que el Yérontas conocía perfectamente la lengua francesa.

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El padre Basilio del Monasterio Grigoriu testimonia: “Había ido a la Kelia del Yérontas en pleno mediodía. La puerta estaba cerrada. Un joven esperaba estirado en el suelo. Era heleno-americano y sabía sólo inglés. “¿Cómo te vas a entender con el Yérontas?, le pregunté. “Dios mandará a alguien”, respondió. “He aquí, tú mismo”, añadió. Finalmente me encontré yo también con ellos para hacerme supuestamente el listo con el poco inglés que sabía, que casi lo había olvidado. Pero observé, con gran sorpresa mía, que el padre Paísios entendía todas las cosas que le decía el chico, mejor que yo, y le respondía por supuesto en griego, que traducía yo, con muchos ejemplos sabios y sencillos. Lo que me quedará inolvidable de aquello es la solución que había dado a un problema que le había expuesto el joven, al que se manifestaba su enorme fe y su confianza en la providencia de Dios. El joven quejándose dijo: “Mi madre me pide continuamente dinero, y por mucho que yo le doy de mis ahorros, lo derrocha sin sentido. No sé qué hacer”. Le responde el padre Paísios: “Escucha hijo mío, el dinero que ibas a dar a tu madre, dalo en caridad a un pobre y en el momento en el que se lo vas a dar, tienes que hacer una oración, diciendo: “Dios mío, este dinero lo doy por mi madre, Tú cuídate de ella”. Entonces el Dios se hará cargo Él mismo solo y encontrará maneras y soluciones”.

***

Testimonio del padre P.L.: “Visité al Yérontas Paísios con Daniel, un español que se hizo Ortodoxo. Quería hablar con el Yérontas y que yo le hiciera de intérprete. Daniel hizo una pregunta y antes de hacer yo la traducción el Yérontas contestó. Daniel se quedó sorprendido y me preguntó dos veces: ¡Cómo es posible, no hiciste la traducción! Le dije: “Yo qué culpa tengo, te ha respondido correctamente”. El Yérontas le tranquilizó diciéndole: “A éste déjamelo a mí (al traductor) y dime qué quieres”. Comenzaron hablar, aquel en español y el Yérontas en Griego. Me admiraba y sonriendo dije: “Yo no hago falta, mejor que me marche”. El Yérontas me detuvo con la mano diciendo: “Quédate, pero que no lo sepa nadie”. Pensaba qué gran Santo es el Yérontas. Seguí toda la conversación, pero no he podido retener nada en mi memoria, solamente lo último: “Este pecado debes confesarlo”, le dijo el Yérontas.

***

Un hijo espiritual del Yérontas relata: “Un día me fui muy temprano a la “Panaguda”. Apenas se había puesto la luz del día. Toqué con el hierrecito y me abrió el Yérontas sonriendo. Me preguntó:

-Qué dices tú sacerdote…, cuando san Efrén el Sirio había visitado a san Basilio el Grande, ¿les hizo falta traductor?

-Creo que no Yérontas, le dije.

»Pasé a la sala de visitas y encontré a un extranjero. Hasta que el Yérontas preparase la invitación, con lo poco de inglés que sabía comenzamos a hablar y me dijo que había venido anoche tarde, se le había hecho tarde, porque había perdido el camino y el Yérontas le ha hospedado. Al principio no podían entenderse. El Yérontas lo dejó por diez minutos (parece ser que hizo oración) y después se entendían sin ninguna dificultad. El Yérontas hablaba en griego y el extranjero en inglés pero se entendían perfectamente el uno con el otro.

 

B 2,9 Transportaciones paradójicas

 

El Yérontas mientras se encontraba en su Kelia de la Santa Montaña, se transportaba muy lejos para ayudar a alguien que peligraba o por cualquier otra razón.

 

Los hombres le veían y le oían. A veces estaba invisible, seguía y conocía lo que sucede en una persona, en una familia o en un monasterio.

***

En el Monasterio de san Juan el Teólogo de Surotí ordenaron urgentemente a una anciana, monja, a causa de su inminente muerte, que en breve sucedió. El padre Paísios no se había informado aún de que ella había recibido la bendición mediante la oración para llevar sotana, mientras tanto seguía el entierro y no podía entender a cuál de las monjas estaban enterrando.

***

Los días que había ido de peregrinaje a Jerusalén vino un grupo de jóvenes para verlo. ¡Mientras estaba ausente de su Kelia, ellos lo encontraron! Conversaron y se marcharon alegres. Pasaron la noche en el Monasterio Filoteu y allí comentaron que han visto al Yérontas. Los padres se extrañaban cómo vieron al Yérontas, mientras estaba ausente. El día siguiente un monje Filotehita fue a la “Panaguda” pero no encontró al Yérontas. Preguntó a una Kelia vecina y le aseguraron de que el Yérontas estaba ausente.

 

De este acontecimiento se había informado también el responsable del comedor del Monasterio Kutlumusíu, el actual higúmeno de. Monasterio Vatopedi archimandrita Efrén y otros padres, y se había extendido la noticia casi en todo Santo Monte Athos.

***

El 15 de Agosto de 1987 tres monjas del Monasterio de san Juan el Precursor del Metamorfosis, de la provincia de Halkidikí fueron al Monasterio de Surotí. Durante la vigilia cantaban al coro derecho, Tres veces el corro de la derecha escuchó al Yérontas salmodiar desde el Altar “La más Honrada, los Enos y el Querubínico” mientras que se encontraba en la Santa Montaña Athos.

***

El Yérontas Gregorio del anterior Monasterio nos relata: “Un día que visité al Yérontas en la “Panaguda”, tenía mucha gente. Al final me dijo que me quedase en su Kalivi para dormir. Comimos algo provisional y dijo que vamos a descansar un poco, porque estaba muy cansado y sin dormir. Llevaba dos noches sin dormir. Por la mañana me llamó para el oficio litúrgico, y me dijo: “

-No me dejaron dormir toda la noche.

-¿Quién?, le digo al Yérontas.

-Mira, fuera se hacía vigilia. Era muy bonita.

Mientras se encontraba en la Santa Montaña participaba en vigilia que se hacía en Monasterio fuera al mundo.

***

Testimonio de la señora M.D.: “Hace unos años, cuando vivía aún el Yérontas, me había enfermado. Me había salido un pequeño tumor. Mi hijo fue a preguntarle y le dijo me fuera al Hospital Zeagenio; y así se hizo. Me llevaron a la sala de cirugías y la biopsia rápida indicó que tengo un tumor maligno. Después de seis días los médicos me dijeron que si en un día la herida no parase de sacar sangre entraría otra vez al quirófano.

 

»Mi hijo volvió a ir al Yérontas y le respondió: “Dile a tu madre que no se aflige, no es nada, pasará”. Le dio un komposkini y le dijo: “Dale el komposkini a tu madre y dile que haga oración con el komposkini y no tema; todo irá bien”

 

»¡El séptimo día, mientras estaba en la Santa Montaña, se presentó también en el Hospital! Vi al Yérontas a lado mío arreglando los tubitos que sacaban la sangre. Antes de agradecerle, desapareció. Por la noche vinieron médicos y comprobaron que la sangre había parado, la herida se cerró y a continuación los exámenes todos eran negativos. No hizo falta ninguna pastilla, ni quimioterapia.

 

»Cuando salí del hospital, más tarde me encontré con el Yérontas al Monasterio de san Juan el Precursor y le agradecía porque vino al Hospital para visitarme.

 

»Respondió el Yérontas: “Vine, hija mía, porque estabas muy fatigada”.

***

El Yérontas dijo a un conocido suyo: “Yendo para la ciudad Komotiní pasé por Xanzi y he visto tu casa”. Y comenzó a describir con detalles su casa sin haber ido nunca.

***

Otras veces se presentaba en sueños en algunos. Lo admirable es que reconocía la aparición, y cuando se encontraba con personas, les recordaba su aparición y preguntaba si han hecho los que les había dicho en el sueño.

 

Testimonio del padre Basilio Birlios, responsable del Santo Templo de san Luca de Stavrúpolis de Tesalónica: “Un verano de la década de los ochenta mi salud se había trastornado malamente. Todo el mes de Julio estaba enfermo. Cuando entró el ayuno de la Panaghía (1-15 Agosto) dentro del trastorno de no poder dormir me vino el loyismós de que me voy a morir. Por la mañana muy temprano me dormí por poco y vi al Yérontas Paísios diciéndome: “Mira, tonto, no vas a morir”. En la pregunta: “Cómo voy a superar mi problema, respondió: “La humildad lo soluciona”. Sentí una gran alegría interior inexplicable y fuerte deseo de visitar al Yérontas. El mismo día inicié mi viaje hacia la Santa Montaña Athos teniendo como ayudante a un conocido mío, a causa de la debilidad por mi anterior fatiga. En el Monasterio Kutlumusio preguntamos a un monje si el Yérontas se encuentra en su Kelia. Nos respondieron que: “No os ha dado tiempo, hace un rato que se ha marchado”.

 

»Digo a mi conocido: vamos rápido. Llegando en la Kelia le oímos: “Eh, profesor (aún no me había ordenado profesor). Por aquí ven hijo mío; a ti te estaba esperando. ¿Cómo me iba a marchar? En qué paramos la conversación por la mañana-

-En la humildad, Yérontas”…

 

B 2,10 Percepción y sentimiento de oraciones e imploraciones

 

Una mujer piadosa encontró al Yérontas en un monasterio y le preguntó: “Yérontas, me escuchas desde la Santa Montaña cuando te llamo”, y respondió: “Claro que sí, no estoy sordo”.

 

Realmente escuchaba de otra manera, de forma espiritual las oraciones e imploraciones de algunos cristianos que le imploraban de muchos kilómetros de lejos. Los ayudaba invisiblemente con su oración y mandaba la respuesta de alguna manera.

***

El 22-4-1978 el Yérontas dijo: “Hay una psique que no la he visto nunca. Una vez, cuando estaba fuera, vi a su Yérontas, y ella de lejos observó lo que dijimos y le dijo a su Yérontas.

 

»Esta psique, pues, me manda una carta de tres páginas y me escribe una “conversación” que hicimos, yo desde la Santa Montaña y ella desde el mundo. Estas tres páginas, si yo las copiara con mis manos y las mandara al Monasterio de Surotí, las hermanas no dudarían que son mías. Porque son palabras mías. Es como si las hubiera dicho yo a esta psique. No puedo responderla nada; dejo su carta para que se vaya olvidando poco a poco.

 

»Muchas veces siento que me encuentro en una situación que tengo absolutamente mis sentidos, pero tampoco estoy despierto. Respondo a ciertos problemas de alguna psique que me implora y que la siento cerca de mí, mientras que en realidad me dirijo a una psique que tiene alguna dificultad y está lejos.

 

Esto me sucede también cuando vienen personas aquí al Kalivi. Empiezo a decir cosas que no son mías. Es porque las personas vienen a mí con profunda piedad y humildad. Creen que soy santo y Dios les ayuda.

 

»Hay personas que pueden, de un tronco como yo, recibir la jaris (energía increada gracia) de la Lignum Crucis Madera Santa y otros, de la Lignum Crucis, no recibir nada de jaris de Dios.

 

El Dios no es injusto con nadie. En todo esparce Su agapi, basta que haya humildad. Ella absorbe la jaris de Dios. Y pienso qué lástima es para uno, gastar el tiempo en cosas insignificantes, mientras puede ayudar de esta manera y a tal grado a los hombres.

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Una madre piadosa tenía dos hijas monjas en un conocido Monasterio y deseaba también que su hija más joven se hiciera monja. Hacía oración implorando al Yérontas. Él la vio desde la Santa Montaña levantando su hija pequeña en las manos entregándola al mismo Yérontas, diciéndole: “Tómala también a esta”. Cuando salió fuera de la Santa Montaña y se cruzó con ella, dijo: “A esta la conozco”.

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En una cuaresma desde la Santa Montaña Athos sintió a la señora Helena Patera de Kónicha entregándole un pan caliente. Sintió un olor y un calor y le pareció como si se hubiera saciado. Pensó cuánto le quiere aún, como un verdadero hijo suyo. Ella, como parece ser, sacaba el pan caliente del horno y pensaba que podría mandarle un pan caliente como hacía entonces cuando estaba en Stomio. Esto lo sintió el Yérontas y lo contó más tarde a la hija de ella, Keti.

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Durante el año 1981 el Yérontas visitó a un hijo espiritual suyo y pasó la noche en su Kelia. Por la mañana dijo que sentía que por la noche fuera implorado intensamente y con angustia una compañía de un Monasterio aghioritico (de Athos), porque estaban pasando por una dificultad grande. Después fue conocido en toda la Santa Montaña lo qué había sucedido en aquel Monasterio en aquella noche. Y realmente los padres le imploraban pidiéndole su ayuda, tal y como dijeron más tarde.

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El padre X., aghiorita nos relata: “Fuimos temprano a la Kelia del hieromonje Paísios para la fiesta de la Anunciación. Queríamos ver al Yérontas antes que viniesen otros padres para la fiesta. El Yérontas estaba solo en la sala de visitas. Cuando le vi, me dijo: “Ahora mismo se ha presentado delante de mí una mujer pidiendo ayuda. Parecía muy enferma. Su rostro estaba delgado y amarillo como limón. Estaba muy dolorida. Muchas veces se me presentan personas y me piden ayuda”.

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El señor Jarílaos…, empleado de la aduana de Tesalónica, testimonia: “Visitaron al padre Paísios uno peregrinos. A uno le dijo el Yérontas: “Tú irás en tal dirección y darás esta bendición (regalo) a tal hombre que allí tiene su tienda.” El señor…, cuando recibió la bendición, quedó sorprendido, porque no conocía al Yérontas y se extrañaba cómo es que le había mandado la bendición. Él cada noche hacía komposkini al Yérontas que desde tan lejos lo sentía y la bendición que le mandó lo aseguró y lo certificó.

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Testimonio de una anónima: “El año 1993, en la agripnía-vigilia de san Arsenio, fuimos con mi marido a ver al Yérontas en el Monasterio Surotí. Había más de tres mil personas. Hacía mucho frío. Desde las nueve de la mañana hasta las cinco de la tarde esperábamos en la cola. Veía mi marido sudando, blanco en su cara y me asusté. Estaba operado del corazón no me había llevado conmigo fármacos ni comida. Me asusté no vaya ser que le pasara algo: ¡Qué hago Dios mío!

»De repente veo a una hermana saliendo fuera llamando: “Por favor, ¿quién es el señor Arístides que tiene problema del corazón?, pues, que venga conmigo le quiere ver el Yérontas, viste cazadora de color beige”. ¡Entonces entendí que el Yérontas escuchó mi oración y nos ha visto de otra manera!

 

»Fuimos y tomamos su bendición. Me pareció muy alto hasta el techo y sonreía. Dio un consejo a Arístides y le tocó con mucho agapi a la espalda. “Y tú”, me dice.

»Yo quiero primero tu bendición. Y en una fotografía que sacó a escondidas mi hijo, cuando vino a la Santa Montaña, pues, que se limpie tu rostro. Me miró y me dijo:

-Para qué me quieres a mí, bendita mujer.

-Tú sabes, le contesté.

»Llegando a casa me fui a una esquina para ver la fotografía. Allí donde había sombra se había limpiado, y apareció clara su figura y forma! Le doy gracias.”

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La señora K.K., de Nea Mudaniá (región de Salónica), relata: Muchas veces estaba enferma y hacía metania-genuflexión a la fotografía del Yérontas y le exponía mi problema. Después cuando el Yérontas salía al mundo y le encontraba, me decía exactamente las mismas cosas que le decía en su fotografía.”

 

  1. 2,11 Conocedor del estado de los difuntos

 

El Yérontas como nus clarificado y puro, con la jaris (energía increada) de Dios, se hizo digno de ver psiques de personas en el momento que dejaban la tierra y subían hacia el cielo, y conocía en qué situación se encontraban otros difuntos. Cuando era preguntado sobre la psique de un difunto, respondía según el estado que veía que se encontraba. Por ejemplo, “a su madre Dios la dio descanso y alivio”, o “debéis hacer caridades en nombre de ellos” o “debemos orar al Señor para que le dé descanso y alivio”.

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Relató el Yérontas: “Me gustaría conocer en qué estado está la psique de la primera monja que inauguró el cementerio del Monasterio de Surotí. Me la trajeron en mis manos (mostró sus manos como si tuviera un bebé), y me dijeron: “Esta es la psique de Magdalena”. Estaba en estado espiritual muy bueno, a la medida de un asceta conocido mío que hacía ascesis muchos años”.

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Otra vez vio la psique de la monja Xenia que estaba en el Monasterio de la Santa Trinidad en Koropí (región de Atenas) durante su dormición y estaba como un niño pequeño subiendo a los cielos. Esta psique bendita era la hija del Marulis general del ejército y era muy humilde y virtuosa.

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Testimonio del señor Ángel Jorozidos, oficial de la policía de Tesalónica: “En 8 de Junio de 1986 realizando mi servicio de seguridad cerca en el Hospital Central de Tesalónica, fui herido por un “cocktail molotov”. Sufrí quemaduras fuertes. En el hospital Hipocratio donde fui trasladado, me dejaron, considerando que la muerte era inminente. Permanecí en vida habiendo perdido todo contacto con el ambiente.

 

»El Yérontas desde el primer momento que había recibido la noticia dijo: “Sufrirá mucho pero vivirá”. Después de algunos días recuperé algo de contacto.

»Pero un día sentía que voy a morir y dije a la enfermera: “Hermana, me muero, me muero”.

»Entonces comencé a subir hacia arriba, saliendo de la tierra y moviéndome entre estrellas y a continuación en galaxias. Esta interpretación daba yo en aquel momento.

 

»Subía, subía y delante de mí iba una luz, algo como una vela encendida. De repente el viaje se acabó. Comenzó la cuenta atrás y el aterrizaje. Me encontré en el hospital con traqueotomía y alrededor mío médicos mirándome y examinándome.

»Cinco meses después, me encontré con el Yérontas en el Monasterio de Surotí. Me abrazó, me besó y comencé a relatarle cómo me estaba muriendo. Me interrumpió y me dijo: “!Bendito mío, juntos fuimos a la otra vida y volvimos, estaba a lado tuyo, no me veías!”

»Entonces entendí qué era la luz que veía».

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Testimonio de un anónimo: “Fui a ver al Yérontas después de la Pascua del 1992. Unos meses antes se había dormido mi hija María por el cáncer. El padre Paísios me condujo a la Iglesia, reverencié la Panaghía y después me dijo: “Escucha…Yo celebré la Pascua o la Resurrección con María y con muchas más psiques”.  Volví y lo miré en los ojos y me repitió: Sí».

 

 

B 2,12 El carisma de clarividencia y de previsión del Yérontas

 

Διόραση diorasi clarividencia, perspicacia, sagacidad, aquí utilizaré la palabra clarividencia y Προόραση proórasi previsión, prever.

 

El Yérontas teniendo el carisma de prever y de clarividencia, preconocía, con la jaris (energía increada) de Dios, a veces la venida de los visitantes, la disposición y el estado espiritual de ellos, el nombre y el lugar de origen, más el tema que les preocupaba más el pasado y el futuro de ellos. Tenía su propia τηλε-όραση tile-orasi lejos ver (espiritual) y veía incluso alguna persona que estaba lejos de él, qué hace, cómo lo pasa y con qué se ocupa. Otras veces conocía lo qué está escrito en una carta que le habían mandado y mandaba la respuesta sin leer la carta; conocía qué contiene un paquete sin abrirlo. El santo cuando revelaba algunas cosas a alguien y aquel con sorpresa preguntaba cómo sabía estas cosas, él bromeando y escondiendo su carisma decía que, como era radiotelefonista en el ejército, se quedó con un radio-teléfono y estas cosas él las aprende y las sabe por el radioteléfono.

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Dijo: “Cuando comenzó la Guerra en el golfo pérsico, en mi sueño sentí un dolor. Escuchaba un ruido de cañones, bombas, aviones y me desperté. Entendí que había comenzado la guerra y se hacía un mal enorme. Cuando después un padre vino del Monasterio Kutlumusio y me dijo que había comenzado la guerra, respondí que hacía más o menos dos horas que había comenzado. Lo mismo sentí también el tercer día”.

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Nos narró el Yérontas: “Vino un hombre de mediana edad que tenía fuertes dolores de cabeza durante un año y los médicos no podían ayudarlo. Apenas le vi de lejos, entendí que tenía demonio. Una vez haberme contado su dolor, le digo: “Estas cosas suceden porque has engañado a una mujer y ella fue y te hizo magia. Pero además de esto, has cometido otra injusticia y deshonor a otra mujer joven. Vete y pide perdón a estas personas. Confiésate y que te lean los exorcismos y te pondrás bueno”.

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El monje G., aghiorita confiesa por escrito: “El verano del 1992 tenía un problema grande. Entonces era laico. Necesitaba dinero, porque debía trescientos mil dracmas a unos amigos míos y debería poner su firma mi padre para pedir un préstamo bancario. Pero mi padre no firmaba. Me había entristecido mucho. Había oído sobre el Yérontas Paísios y pensé a visitarle y preguntarle sobre mi problema.

 

»Apenas me vio el Yérontas me dijo mi nombre y sin comentar nada continuó: “Tu padre ha firmado y fue concedido el préstamo del Banco Comercial”. Le pregunté al Yérontas: “¿Usted, padre Paísios cómo la sabe?” Y me responde: “Ya que no crees, vete a Kariés, llama por teléfono a tu padre para comprobarlo”.

 

»Realmente fui a Kariés, llamé por teléfono a mi padre y dijo que se concedió el préstamo por el Banco hace una hora. Inmediatamente volví a bajar a la Kelia del Yérontas, le reverencié y le agradecí por la alegría que me ha dado, me invitó y me marché».

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Nos relata el señor Evángelos Antipas: “Una vez que estaba con el Yérontas conversaba con él sobre mi designación al centro de salud. Le digo: Padrecito mío no tengo los atributos para ser nombrado al Centro Nacional de Salud”. Me dijo el Yérontas: “Tú presenta los papeles y la Panaghía sabe”. Después de quince días Padrecito volví a visitarle otra vez y me dijo:

-O sea que has sido designado en el pueblo Járaka.

-No Padrecito, en el pueblo Mires es donde había presentado los papeles.

-Evángelos, estás designado en el Járaka.

-Yo insistía, Padrecito en el pueblo Mires.

»Me fui a casa y después de dos días me vino una carta certificada desde el ministerio de Salud que me designaba como delegado A´ en el Centro de Salud del pueblo Járaka. El Yérontas lo conocía antes de ser anunciada la designación.

»Cuando estaba en Creta y vine por permiso de vacaciones, el Padrecito me preguntó:

-Evángelos, tienes el traslado para “san Demetrio”, al Hospital.

-No, Yérontas, qué es esto que dice?.

-Te han dado el traslado.

»Me marché y después de un mes vuelvo y le digo, “Padrecito tengo el traslado para el pueblo Jalastra”. Efectivamente llevaba conmigo el boletín oficial del Gobierno que escribía Jalastra… El Yérontas insistía: “Te has trasladado al hospital san Demetrio”. Lo mismo que me decía hace un mes.

»Después de 4-5 boletines oficiales del Gobierno se anunció mi traslado al hospital san Demetrio. El Padrecito lo sabía incluso antes de yo hacer  la petición de traslado, de que vendría al hospital san Demetrio».

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El señor Basilio Tsolakis de Aridea (región de Salónica), relata: “Un conocido mío había emigrado al extranjero. Desgraciadamente allí se había liado con protestantes con el resultado de negar la Ortodoxia y hacerse protestante.

»Un día me visitó en mi despacho y viendo la fotografía del padre Paísios me dijo asustado y temblando: “A éste le conozco. Hace diez años había ido a su Kelia con otros dos hombres. Apenas llegamos sólo a mí no me permitió entrar. Porque me dijo que soy herético, porque no creo en la Panaghía, ni en los Santos».

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Un peregrino de Chipre relata: “Mi padre había visitado al Yérontas. Mi esposa le había dado una carta para el Yérontas. El Yérontas llamó a mi padre por su nombre y mi padre se quedó extrañado y se olvidó de entregar la carta, y el Yérontas le preguntó:

-¿Tienes algo para darme?

-No.

-De tu hija.

-De qué hija.

-La mujer de tu hijo es hija tuya. De todas formas dígale que la respuesta a su problema es esto y esto.

Y en la respuesta se refirió  a todo lo que le preguntaba en la carta mi esposa».

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Testimonio del monje Ioanis del santo Monasterio de la Santa Trinidad de Meteoros: “En una de mis visitas a un hospital de América donde fui curado, vino una señora de Chipre llamada Katerina Kiki, y me rogó que diera una carta suya al Yérontas Paísios.

 

»Cuando regresé a Grecia y fui a ver al Yérontas, antes de entrar aún en su Kalivi, me dijo el Yérontas: ¿Por qué has tomado esta carta de Katerina que en el interior tiene cien dólares?

 

»Abrió la carta que le di y me retornó los cien dólares. Yo no los tomaba diciéndole: Yérontas qué hago yo con este dinero? Me dijo: “En el camino encontrarás al padre Z., entrégale el dinero para comprar su sotana para hacerse monje del Gran Hábito, y dile que no me calumnie ni me acuse”.

 

»Realmente así se ha hecho. Lo encontré y dí el dinero. Aquel se quedó extrañado porque no había dicho a nadie de que se iba a ordenar monje del Gran Hábito y fue y pidió perdón al Yérontas, que tantas veces le había acusado y calumniado».

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El señor Z., habitante de X., últimamente seguía las conferencias de una organización de estas que, como setas venenosas de vez en cuanto brotan en nuestro país, bajo el supuesto manto de ciencia filosófica, pero de sospechoso contenido y propósitos. Estudiaba también los libros y los manuales que le daban en relación. Las cosas que escuchaba o leía, resultaron a hacerlo no sentirse bien, algo así como mareado, enturbiado y liado. Su problemática era si debería seguir, porque se dividía, se perturbaba y se afligía. Un amigo suyo que fue informado de su dificultad, le sugirió que fuera a la Santa Montaña Athos para ser aconsejado por el Yérontas Paísios. Se convenció e inició el viaje hacia la Santa Montaña, puso sobre todo al bolsillo exterior de su cazadora la Santa Escritura, en cambio en el bolsillo izquierdo interior un libro y unos manuales de la organización.

 

Llegando en la “Panaguda” encontró al Yérontas rodeado de mucha gente. Esperó hasta que se marcharan los otros, excepto dos que querían ver al Yérontas particularmente. Pensaba en cómo iba a exponer su problema, pero el Yérontas se le adelantó y le preguntó:

-¿Cómo está la X. (se refería a su patria o pueblo).

-Está bien, páter, dijo lleno de asombro por lo que el Yérontas que le veía por primera vez conocía su patria (pueblo).

-Mira Z., (nuevo asombro, porque le llamó por su nombre), este libro que tienes en este bolsillo (y le enseño el bolsillo que tenía la Santa Escritura) es bueno que lo estudies, cuando más a menudo puedas, pero estos libros que tienes aquí (y le enseño la parte izquierda del pecho) tíralos a la basura lo antes posible, porque… la X. (su pueblo o patria) tiene manicomio. Y si no tiene irás a otro manicomio».

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Testimonio del I.T.: “Una tía mía me mandó al Yérontas para rogarle que hiciese oración para tener un hijo. Primero me habló sobre muchos temas espirituales con su conocida forma agradable. En un momento me levanté para marcharme y me paró diciéndome: “Eh, a dónde vas; tú por otra cosa has venido aquí.” Entonces me acordé de la petición de mi tía y le comenté el tema: Me respondió: “Si no hace ayuno también su marido, y el marido no se confiesa y no pide él a Dios tener hijos, no tendrán hijos”.

 

»Le digo: “Yérontas, él no cree y se burla sobre las cosas y realidades divinas”. Me dice el Yérontas: “Si continua así no tendrán hijos”, y así sucedió.

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Un peregrino quiso visitar al Yérontas pero no conocía el camino. Encontró un grupo de peregrinos que iban allí y los siguió. Era de la ciudad de Seres y vivía en América. Llevaba un pequeño bolso. Apenas le vio el Yérontas le dijo: “Eh tú, alto, siéntate en la poltrona (tronco). ¿A qué has venido, para preguntarme si se hará la guerra que escribe el libro que llevas en tu bolsito?” (Apuntar que el libro estaba escrito en inglés).

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El Señor D.X., de la isla de Creta trabajaba en Alemania. Trajo su hijo en la academia Athoniada (de Athos). Una vez que haya arreglado todo bajó en la “Panaguda” para ver al Yérontas, tal y como le había aconsejado su Guía Espiritual-Pnevmatikós, padre G.P. Después de la conversación el Yérontas le tocó cariñosamente en la espalda y un poco fuerte le dijo:

-Ahora, cuando llegues a Kariés llama por teléfono a tu esposa en Alemania para tranquilizarla. Le han dicho unas tonterías sobre el hijo y como madre está revuelta y perturbada. Yo también haré también alguna llamada telefónica a mi propia Madre (oración a la Panaghía).

 

El señor D. obedeciendo al consejo del Yérontas subió inmediatamente a Kariés y se comunicó con su esposa. La encontró muy revuelta y turbada. Unos conocidos la dijeron que perderá su hijo, porque supuestamente los monjes le engañarán y le retendrán para hacerse monje. Ella inquieta llamó por el teléfono al padre G., el cual fue a casa para tranquilizarla, pero sin resultado. Pero apenas supo de su marido sobre la admirable “tele-visión, ver de lejos” del Yérontas y la transmitió sus palabras, inmediatamente se tranquilizó y admiró el carisma del Yérontas por conocer desde la Santa Montaña Athos qué sucede en su casa en Alemania. Por supuesto que ayudó a pacificarse su corazón inquieto y perturbado y “la llamada telefónica” del Yérontas a su propia Madre (la Panaghía).

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El Protopresbítero padre Kostantino Papadópulos, profesor de la escuela teológica de la Universidad de Atenas, se refiere: “El verano del 1981 o 82, desembarqué en el puerto de Dafni llevando de la mano a mi hijo que entonces tenía 6-7 años. Inmediatamente se me acercó un laico desconocido y me dijo que en aquel día no fuera a visitar al Yérontas, sino el siguiente. Me extrañé por cómo conocía mis planes, y preguntando supe que el laico había visitado al Yérontas y le mandó a Dafni para decir el mensaje al sacerdote que vería saliendo del barco llevando de la mano a un niño. El Yérontas aquel día había programado visitar alguna parte y previó para que no me cansara en vano visitándole. Pues, que tengamos la bendición del Yérontas”.

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Mientras estaba sentado en la sala de visitas de “Panaguda” con sus hijos espirituales, el Yérontas escuchando sonar la campanita, sin ver quién era, decía: “Abre la puerta, viene un muchacho de la ciudad de Larisa”, o “viene el padre Nicodemo”, y no se equivocaba. No lo hacía por ostentación para que le admiraran, sino que hablaba espontáneamente o quería reforzar la fe y la confianza de ellos en sus consejos espirituales o por alguna otra razón.

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En Stomio, mientras estaba sentado con hombres en la sala de visitas, decía: “Vienen Basilio y Demetrio” y se levantaba para cocinar o preparar el café. Los demás se extrañaban del cómo lo sabía.

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Mientras caminaba con algunas personas por el camino, sin ver, decía: “Vienen tres jóvenes”. Y después de bastante rato, encontraron tres jóvenes que bajaban para su Kelia.

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Algunos visitantes por sensibilidad para no molestar al Yérontas, venían y se sentaban fuera de la “Panaguda” sin hacer ruido detrás de las ramas con paciencia hasta que saliera el Yérontas. No querían interrumpirlo de la oración. En poco rato abría la puerta y los llamaba con sus nombres, sin haberlos visto y sin conocerlos nunca.

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También había algunos que buscaban tener alguna experiencia “del Cristo hablando en él”. Querían comprobar si el Yérontas tenía el carisma de clarividencia y de prever.

 

Un oficial que estaba en los radares del ejército quiso probarle si el “radar” del Yérontas funciona bien pero fue “capturado” por este. Es decir, “captó” y reveló los loyismí del oficial.

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Lo mismo le sucedió también al piadoso sacerdote padre Ioanis, tal y como confiesa el mismo: “Conocía al Yérontas y le visité por primera vez en el año 1979 como sacerdote después de más diez años. Había muchos peregrinos y pensé a esperar el último para entretenerle más y dije en mi interior no manifestarme para ver si me va a reconocer. En el mismo momento escucho al Yérontas diciéndome: “¡Ven bendito! ¡Cuánto tiempo hace que te espero a que vengas en la Santa Montaña, padre Ioani! Ahora estás en Seres ciudad; pero dime cómo está la presbítero (con énfasis) Theopisti”. Me quedé anonadado. El Yérontas en el mismo momento dio la respuesta a mi loyismós e indirectamente me controló y me examinó. El Yérontas conocía el verdadero nombre de la presbitera la que todos conocían y la llamaban “Pisteftula”. Humanamente no la conocía ni yo tampoco le había hablado nunca sobre ella, porque el anterior encuentro mío con el Yérontas fue antes del 1969, y entonces yo ni siquiera conocía la existencia de la presbitera. Y mi lugar de residencia, ¿de dónde lo sabía, yo no le había dicho nunca nada? Apenas hacía poco tiempo que me habían designado en la ciudad de Seres”.

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Uno tocó la campanita, mientras que el Yérontas hacía iconitos en la prensa. Miró por la ventana y vio a un joven. No abrió, continuó su trabajo manual. Tres veces se fue a la ventana y observaba con atención al joven. La tercera vez dijo dolorido: “Que le vaya bien hijo mío”, y explicó al monje que se encontraba con él: “Aunque le abra no saldrá nada, porque ha convertido su corazón como un establo”.

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Una vez en la Skiti “Santa Cruz” sonó la campanita. El Yérontas miró por la ventana y vio a un peregrino laico esperando. Le observaba por un rato y hablaba solo: “Patrajili estola-litúrgica lleva, pero cura no es”. Una vez haber abierto la puerta hablaron y reveló que el visitante era un mago y vestía en carne la estola.

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Otra vez previó la venida de unos jóvenes que no tenían intereses espirituales. Venían por curiosidad para ver. Para no perder su día, tomó su mochila con el Psaltiri, cerró la Kelia y se marchó al bosque, mientras dejó una nota en la puerta que escribía: “El jardín zoológico está cerrado. El mono falta”, dando a entender que el mono era él mismo que para algunos se había hecho objeto de curiosidad. Lo admirable es que los jóvenes visitantes se emocionaron por la nota escrita, volvieron en sí mismos, se fueron a confesarse y ahora ya visitan la Santa Montaña por intereses espirituales.

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Un alumno de la academia Athoniada fue al Yérontas y aquel le preguntó: ¿Cuántos hermanos sois? Ocho respondió el chico. “Te equivocas”, le dijo, “sois nueve”. Su madre estaba embarazada y el alumno no lo sabía.

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Testimonio del señor I. Mosjos, médico del ejército: “En Julio de 1989 conocí al Yérontas Paísios mientras estaba esperando hacer exámenes panhelénicos. Mi objetivo era entrar a la escuela militar en la que  fui introducido en septiembre del 1979.

»El primer día, estando entre los nuevos que habían aprobado y admitido, me buscó un estudiante de la administración, llamándome por mi nombre. No le conocía ni tampoco él a mí. Una vez habernos presentado me dijo que el Yérontas Paísios le pidió que te llevara a mi celda y estés bajo mi protección.

»Me preguntó desde cuándo conozco el Yérontas y cuando escuchó que le había conocido apenas el verano pasado, dijo sorprendido que esto humanamente era imposible, porque él le había visto antes que a mí, en Abril”.

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Narración de un peregrino: “Mi hija estaba preparándose para casarse y de repente se enfermó de cáncer. El futuro marido se entristeció mucho y vino en la Santa Montaña a ver al Yérontas Paísios. Apenas llegó en la “Panaguda”, le dijo el Yérontas: “P., en cuatro días el Señor llama y lleva cerca suyo a  María”. Y realmente en cuatro días mi hija María murió, tal como lo predijo el Yérontas”.

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Testimonio del señor K.D. médico de la cuidad Seres: “Visité por primera vez al venerable Yérontas Paísios el verano del 1991 afrontando un dilema: comprar un piso con los ahorros que habíamos recogido para no estar en alquiler o entregar el dinero para objetivos y propósitos filantrópicos.

»Apenas me ha visto, antes de darme tiempo para preguntarle, me preguntó:

-¿Dime doctor, los pájaros tienen nido?

-Sí, le respondo espontáneamente.

-Pues, nos hemos entendido.

-Bendito sea.

»Respondió a mi dilema y haciendo obediencia compré el piso».

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Testimonio de un anónimo: “Trabajaba en Alemania en un restaurante. A veces robaba a mi jefe. Pero tenía remordimientos de conciencia. Al haber oído mucho sobre el Yérontas Paísios vine a la Santa Montaña para verlo y contarle mi problema y recibir consejos.

 

»Apenas llegué a Panaguda encontré también otros peregrinos. El Yérontas apenas haberme visto me llevó a un lado particularmente en la parte de atrás de la Kelia y, antes de darme tiempo para decir algo, toma mis palmas y las santigua con la señal de la cruz diciéndome: “A partir de ahora no hagas esto que estabas haciendo y vete al Guía Espiritual-Pnevmatikós para confesarte”.

 

»Me conmocioné profundamente, me confesé y a partir de entonces con la ayuda de Dios no he vuelto a robar».

 

Testimonio del señor Ángel Jorozidu, oficial de la policía de Tesalónica: ”Venía para ver al Yérontas y dos veces, una en Uranúpolis y otra en Karies, me crucé con mi comandante general de la policía de Poligiros. Era bueno pero muy severo y típico más de lo debido. A las 10 h de la mañana del día siguiente debería encontrarme en mi sitio, en Kasandra de Halkidikí, cosa imposible.

 

»Le evité, pero no estaba seguro si me había visto. Sin retrasarme llegué al Yérontas. Cuando estaba recibiendo su bendición me dice:

-Bienvenido, no te ha visto.

-¿Quién no me ha visto, Yérontas?

-El mayor, el tuyo de Polígiros».

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El sacerdote Pablo Trigonidis del pueblo Perasma de Florina testimonia: “Visitamos al Yérontas Paísios con el padre Theókilito, actualmente Metropólita de Florina. El Yérontas nos recibió, nos invitó y comenzamos una interesante conversación. Todos estábamos pendientes de sus palabras. Entre otras cosas se refirió también que el presidente de Turquía Ozal en diez días morirá, tal como sucedió. Dijo que los Americanos bombardearán Serbia y se producirá bastante daño, pero a Grecia no le pasará nada. Una vez haberlo agradecido y tomado su bendición, los demás se marcharon, pero yo tenía una cuestión particular y le seguí. Volviéndose me dijo: “Mi sacerdote, conozco el tema con tu hijo y la australiana. Ella no viene a Grecia a pesar de que yo oro. Más bien la ha ganado Satanás, porque no se arrepiente. Tienes que decir a tu hijo que espere otros seis meses y después que se case”. Realmente ella no ha vuelto nunca de Australia y mi hijo se ha casado y ahora tiene también dos hijos”.

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Nos relata por escrito el señor Gheorgios Papazemistoklís: “Encontramos al Yérontas en Tesalónica junto con tres estudiantes de Kónicha. Había salido de la Santa Montaña por su salud. Nos abrazó y dirigiéndose a mí me dijo: “Tu padre Pablo (mi padre) superó el peligro; ahora está bien”. Me pareció extraño; no sabía que mi padre estaba enfermo. Ni el Yérontas tenía comunicación con alguien de Kónicha. Cuando me comuniqué telefónicamente con mi hermana supe que mi padre estaba en peligro de muerte el día que habíamos encontrado al Yérontas”.

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El señor Dimitrio Burulidis comerciante del pueblo Kordelió de Tesalónica, nos narra por escrito: “El año 1991 en el mes de enero me había enfermado. No podría articular palabras. Cada día iba peor. Hice una tomografía axial que mostró un tumor en el encéfalo-cerebro con dimensión 1,6 centímetros.

»El quinto día desde mi ingreso al Hospital, mi hermano junto con mi suegro decidieron visitar al padre Paísios. Cuando llegaron, los recibió el Yérontas y esperaron porque había mucha gente.

 

»Llegó el turno de ellos y entonces el Yérontas, antes de darse tiempo a mi hermano a decir algo y sin conocer algo en relación, le dice: “No os aflijáis. El Dimitritraki se pondrá bueno. Es un chaparrón y pasará. Decidle que tiene que ir a confesarse y comulgar».

 

» Después de quince días en el Hospital hago una tomografía magnética, para que nos muestre más claro lo qué sucede. Una vez teniendo el resultado, viene el médico y me dice que esto que tienes son por regla general tumores metastáticos, pero el tuyo después de la terapia ha cambiado de forma y en poco tiempo desaparecerá. Realmente después de cuarenta días salí del Hospital, hoy en día estoy muy bien y cada día glorifico y doy gracias a Dios que mediante al padre Paísios me ha protegido».

 

En su tienda tiene la fotografía del Yérontas y cada día la reverencia con devoción y agradecimiento.

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Dios a los Profetas revelaba Su voluntad de distintas maneras y también por sueños. Pero la interpretación de los sueños no es una tarea fácil. Sólo el que tiene la jaris (gracia increada) de Daniel y del bondadoso Josef, puede discernir “sueño digno de confianza” (2 Macab 15,11).

 

“Porque muchos de los sueños son de la agonía y el diablo puede aprovecharse de estos”, recalcaba el Yérontas. A veces recibía la información en su sueño sobre un acontecimiento concreto o sobre una persona que trataba de visitarle, y conocía el nombre, la forma, el problema y su desarrollo.

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En la Skiti “Santa Cruz” vio en su sueño a su padre carnal que le dijo que limpiase la Iglesia. Buscó en la pequeña Ermita que estaba limpia y encontró en un punto de la pared una higuera que apenas había brotado por la humedad.

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Nos relató el Yérontas: “Una noche vi en mi sueño como en el cine a un niño y conocí el problema que le preocupaba y cómo se podía resolver.

 

Era una psique buena, pero había sido y caído en víctima y había perdido sus estudios. El otro día lo esperaba. Realmente vino, se ayudó y se marchó aliviado y reposado. Era de la región de Macedonia. Tanto me había conmocionado y dolido, que apenas conociendo su problema en mi sueño lloraba. Era una de las cuestiones más complicadas que me he encontrado en mi vida.

***

El Yérontas recibía información de personas concretas durante la hora de la oración. Una vez recibió información en su oración de que el día siguiente le visitaría un endemoniado. Preparó un vaso con agua en el que sumergió de forma de cruz la Reliquia de san Arsenio. Apenas vino el endemoniado le invitó un malvavisco-golosina. Aquel le pidió agua. El Yérontas le dio segundo y tercero… en total siete malvaviscos. Tenía un objetivo, quería que el endemoniado tuviera mucha sed y así beberá el agua. El endemoniado una vez haber bebido poco se percató de la jugada y no quería beber el resto.

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Nos dice un conocido del Yérontas: “Una vez fui a recibirle de Uranúpolis. En el camino hablábamos de accidentes. Gira y me dice:

-Tú también has sufrido un accidente pero no temas, tienes muchos años de vida aún.

-Yérontas, ¿quién te lo ha dicho?, le pregunté.

-No me lo ha dicho nadie, sino que en aquel momento hacía oración y te vi. Mientras estaba orando para los que peligraban de accidentes, te vi. No temas, vivirás muchos años.

 

»Realmente me había arrastrado un autobús. Fui al hospital, no tenía roturas, pero mis pies estaban negrísimos de morados. En el hospital me quedé dos o tres días y en cinco seis-días después del accidente fui y recogí al Yérontas».

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Un conocido mío le trajo bendiciones (regalos) y el Yérontas le dijo:

-¿Para qué me has traído todo esto aquí y no lo has dado allí a los pobres?

-No hay pobres hoy en día.

-Si tomo el komposkini y empiezo a orar te diré quiénes son y también sus direcciones.

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Un día por la mañana, san Paísios tocó la puerta de la Kelia de un hieromonje-cura conocido. Apenas abrió la puerta vio al Yérontas que le preguntaba entristecido: “Dime qué has hecho ayer; Por la noche me sucedió algo. Sentía un peso y te vi como tendero con delantal vendiendo alimentos”. Entonces el hieromonje-cura de la Kalivi se acordó que el día anterior había pasado un enfermo y le pidió hacerle el Misterio de la unción de oleos. Al final el enfermo insistió en dejarle una bendición, un poco de dinero. El cura-monje no lo aceptaba pero para no entristecer al enfermo, al final se quedó con el dinero.

 

El padre Paísios le dijo imperativamente: “Vete en este momento a devolver el dinero, para que te sea perdonado el pecado”. Dos días buscaba al hombre en los Monasterios. Finalmente le encontró y le devolvió el dinero. Así se tranquilizó y se alegró él y el Yérontas Paísios también que no quería hieromonjes-curas por celebrar un misterio que tomen dinero de un enfermo y dolorido.

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Testimonio de un Pnevmatikós-Guía Espiritual: “Fui al Yérontas y le dije que una psique había caído en depresión, estaba perdida, se había desesperado y no podía dormir durante días. Cuando el Yérontas escuchó el problema, mientras estaba sentado en la cama de madera, cerró los ojos y parecía que le había cogido el sueño, pero estaba orando. En un momento sonrió, resplandeció su rostro de alegría y dijo: “No es nada, pasará. Fue presionada por aquel y por otras cosas, se esforzó y se vio presionada y llegó a este estado”. Inmediatamente recibió información con una breve oración. Habló con certeza. Era exactamente tal como dijo. La persona había sido presionado por algo y ahora está muy bien”.

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Muchas veces recibía iluminaciones. Mientras caminaba o conversaba o trabajaba a mano, recibía un mensaje, una información por algo que sucedía muy lejos en alguna persona. El Espíritu Santo le informaba y el Yérontas según el caso, encendía una vela y oraba o se iba personalmente para ayudar.

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Testimonio de un anónimo: “Viajábamos con el Yérontas hacia el Monasterio de Surotí. De repente me dice: “Vuelve atrás, en este momento una familia se separa”. Fuimos  a una ciudad, entramos en una casa y encontramos el matrimonio gritando y separando sus cosas. El Yérontas los habló y se reconciliaron”.

 

Siguió una conversación espiritual interesante. La mujer preguntó al Yérontas:

-Si yo estoy en el Paraíso y tengo un hijo que está en el infierno, ¿lo estaré viendo y él me estará viendo?

-Si nosotros estamos dentro del salón con velas encendidas y fuera es de noche, nosotros no vemos fuera, en cambio los que está fuera nos ven. Lo mismo también en el Paraíso, porque si viesen desde el Paraíso los que están en el infierno, no existiría el Paraíso.

-¿Existe una diferencia de uno al otro de los que están en el Paraíso?

-Existen categorías. Digamos que uno tiene alegría por un anillo, otro por una copa, otro por un barril, otro por un almacén. Pero todos se sienten en plenitud, independientemente de la categoría que se encuentran.

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El señor Mateo Golias de la ciudad de Ioanina, se refiere: “En una de mis múltiples visitas al Yérontas, llevaba conmigo también a mi hijo Constantino. Digo al Yérontas:

-Constantino hace montañismo pero también escalada  muy peligrosa en las rocas.

-Dice el Yérontas: Constantino puedes subir a las montañas altas, porque te encuentras más cerca de Dios, pero a las rocas no vuelvas a subir, porque así cultivas tu egoísmo.

 

»Le dijo también una instrucción extendida de su vida en el ejército. Cuando nos marchábamos, nos acompañó con alegría hasta la puerta del patio. Una vez haber besado mi hijo en la cabeza, le dice otra vez: “No subas a las rocas, pero si alguna vez subes yo estaré orando por ti”. Con esta ventanita que le dejó abierta, Constantino continuaba subiendo en las rocas a escondidas de nosotros.

 

»Era septiembre y yo volví a encontrar con el Yérontas. Había mucha gente y apenas verme me dice: “Espérate al final para decirte algo importante”. Después me dijo: “Constantino se ha caído de una roca que estaba encaramado. La distancia de un lazo al otro era de 20 metros y la Panaghía lo detuvo en sus brazos. Lo he visto con mis ojos”.

 

»Apenas retorné a la Kelia cerca de Kariés donde estaba hospedado, llamo por teléfono a Constantino en Atenas, donde estaba estudiando, y le digo:

-Constantino, has caído de una roca peligrosa.

-¿Cómo lo sabes?

-Lo sé.

-Estás con el Yérontas, me dijo inmediatamente.

-Sí, le respondo.

-Ve a agradecerle y confirmarle que voy a vender todos los accesorios de escalar y no volveré a subir. Y así ha sucedido”.

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Testimonio del sacerdote A.A.: “Tomé la bendición de mi Yérontas y visité a san Paísios. Me saludó haciéndome una reverencia. Yo me quedé anonadado.

-Yérontas, ¡por Dios, no soy sacerdote!

-Lo sé que no eres sacerdote. Pero has nacido para ser sacerdote, yo me habré marchado, por eso te he reverenciado ahora.

 

»Hablamos muchas horas hasta las 10 de la noche. “Quería que te quedaras aquí esta noche, pero el cura-Sofronio por teléfono está molestando todas las Kelias y pregunta si te has perdido. Toma mi linterna para poder ver ya que es de noche. Fuera del Monasterio Kutlumusíu encontrarás dos perros grandes, pero no tengas miedo. Yo haré la oración del corazón o de Jesús desde aquí y cuando pasarás no te verán”.

 

»Hice prosternación y me marché y sentía que estaba caminando. De repente me encontré con dos perros enormes durmiendo. Estaba tranquilo por las palabras del Yérontas. Pasé entre ellos y no me vieron. Llegué a la Skiti donde me hospedaba y veo al cura-Sofronio con las gafas al teléfono y me dice: “Llamé a Repaná, al tal y al cual…, y me acordé del Yérontas.

 

»Cuando se hizo mi ordenación después de dos días supe que el santo Yérontas había dormido (fallecido)».

 

 

B 2.13 Carisma de sanaciones

 

San Máximo el Confesor considera que el carisma de sanación es el siguiente de la agapi (amor incondicional y energía increada). Escribe: “El que ha conseguido la filantropía natural, después de la total expulsión de la filaftía (excesivo amor a sí mismo y al cuerpo), recibe el carisma de sanaciones” (hacia Thalasio 59, PG 90, 617C).

 

Este tipo de carisma recibió también el Yérontas. Sanó muchos que padecían de enfermedades incurables, cáncer, leucemia, enfermos del corazón, parálisis, ceguera y disolvió la esterilidad de muchas mujeres.

 

Por costumbre preconocía el problema y su desarrollo. Si veía fe en el enfermo y que la terapia no le perjudicará espiritualmente, con su logos solo: “no tienes nada, estás bien”, el enfermo se marchaba sanado. A veces santiguaba a los enfermos con las santas Reliquias y los ungía con aceite del candil de la Panaghía.

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Relató el Yérontas lo siguiente: “Ayer (julio de 1992), trajeron aquí un niño de diez años, totalmente ciego. Apenas lo vi, lo pregunté: “Hijo mío, ¿qué quieres que te conceda el Cristo? El niño me dijo: “Quiero hacerme un niño bueno”, y antes de darme tiempo a orar, el niño adquirió su luz”.

El Yérontas relató esto para consolar a otro ciego, pero escondió su propia influencia, tal como también en otros casos que simplemente se refiere que el tal no tiene nada, se pondrá bueno.

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El señor P., submarinista de profesión, estaba totalmente desesperado. Su primero hijo nació con problema respiratorio agudo. Los médicos le daban pocas esperanzas de vida. Uno le aconsejó a visitar y rogar al Yérontas Paísios. Pleno de agonía pero esperanza escondida llegó en la skiti “Panaguda”. Encontró al Yérontas enfermo, tocando a una puertecita de alambre del patio esperándolo. Apenas haberle visto, le dijo inmediatamente: “Hijo mío, no puedo verte, estoy muy mal; véte y saca tu hijo del hospital, no tiene nada”.

 

Al haberse quedado perplejo no pudo ni agradecer al Yérontas. Le sobrecogieron las lágrimas y empezó a correr hacia Kariés. Llamó por teléfono a su esposa y aquella le confirmó sorprendida el admirable cambio.

 

El hecho sucedió el año 1993. Hoy en día, después de tantos años el pequeño Atanasio está con una buenísima salud. Entonces no pudo agradecer al Yérontas, porque después de poco tiempo aquel salió definitivamente de la Santa Montaña Athos. Pero su gratitud la manifiesta a menudo en su tumba y una vez al año visitando la “Panaguda”. La primera vez que vino en Panaguda pidió de los padres de la Kelia permanecer por poco rato en el templo para orar. Después de pocos minutos salió emocionado y lagrimoso gritando: “¡El Yérontas está aquí! ¡El Yérontas está aquí! En el momento que le agradecía se movió el suelo de la Iglesia”.

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Testimonio del P.D. de Tesalónica, graduado de la academia Athoniada: “Un alumno de la academia Athoniada, el I.M. durante el año 1989 enfermó de cáncer. Se encontró un tumor detrás del ojo. Antes de entrar al quirófano, fue con su padre a ver al Yérontas, era sábado. El padre con lágrimas le rogaba hacer oración y le preguntaba insistentemente si su hijo se curaría del cáncer.

»El Yérontas con seguridad les dijo: “No te entristezcas, no es nada”.

 

»Se marcharon de alguna manera consolados. El miércoles cuando fueron para la operación, los médicos después de un examen comprobaron que el tumor había desaparecido, no había nada y naturalmente se sorprendieron.

 

»El padre y el hijo entendieron lo que había sucedido. El sábado volvieron otra vez en la Santa Montaña y fueron alegres al Yérontas para agradecerle. El padre otra vez lloraba pero esta vez con lágrimas de alegría, porque por las bendiciones del Yérontas se sanó y se salvó el ojo de su hijo.

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Testimonio de Ioanis Kortsinoglu de Kónicha: “El año 1991 ó 1992 me encontré en “Panaguda” con mi compatriota Policarpo Kiparisi. No había muchos peregrinos y esperábamos nuestra tanta. Observé una persona sentada en un extremo, que miraba al Yérontas y parecía muy conmocionado. Le pregunté: “¿Le sucede algo?”

 

»El hombre muy emocionado me relató que su hijita que desde niña no hablaba, en la edad de siete años habló con la ayuda del Yérontas. Anteriormente había ido a muchos médicos, incluso al extranjero y había gastado mucho dinero. Este señor era un profesor de la ciudad de Preveza.

 

»El Yérontas confirmó el acontecimiento, cuando fue preguntado. Durante un año más o menos hacía oración pero ayudaron mucho también los padres. La Panaghía le apocaliptó-reveló que la jovencita hablaría y preparó al padre para que no fuera sorprendido. El Viernes Santo la jovencita abrazó al padre diciendo: “Feliz Resurrección, padre».

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Testimonio de un peregrino: “Me llamo K. y mi mujer A., y nos casamos el año 1989 y por muchos años no podíamos tener hijos. Habíamos visitado muchos médicos, pero nadie pudo ayudarnos

 

»El hecho de la esterilidad fue el motivo de visitar al Yérontas en la primavera del año 1993, para suplicarle a orar para este tema. El padre Paísios recibía los visitantes fuera en el patio. Cuando llegó el momento de hablarle, me cogió del brazo y me preguntó qué quiero. Le dije nuestro problema y me respondió diciendo: “Mira hijo mío, tu mujer tendrá hijos. Es como el árbol que tiene demasiado zumo. Por esta razón cortan un poco el tronco del árbol, de modo que pueda retener el fruto”. Mi psique se había serenado y me sentía como si no pisara al suelo

 

»Sentía tanta seguridad en las palabras del Yérontas que yo y mi mujer ya no sentíamos angustia y ansiedad si vamos a tener hijos. Después de un año de la dormición del Yérontas el médico dijo a mi mujer que debería hacer una pequeña intervención para ser cortada literalmente. Después quedó embarazada y hemos tenido mi hija Stela. Ahora tenemos otros dos hijos, Dimitra y Basilio-Paísios».

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El hieromonje A., se refirió: “Una conocida mía llevaba 14 años casada sin haber tenido hijo. Se indignaba y decía: “Por qué Dios no me da un hijo a mí”. Conté el caso al Yérontas y me dijo: “Eh, tendrá un hijo, para que no se queje más”. Y realmente después de un año ha dado a luz».

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Testimonio de la señora Anastasía…: “Mi gran deseo era dar a luz un hijo y ser madre. Había oído sobre el padre Paísios, sobre sus las oraciones, bendiciones y compadecimiento a seres humanos doloridos. La primavera del 1989 visitamos el Monasterio de san Juan el Teólogo en Surotí, debido a que se encontraba allí también el padre Paísios.

 

»El Yérontas recibía mucha gente continuamente desde muy temprano. Estaba esperando mi turno. Pero se comunicó que no continuará a recibir particularmente y sólo dará su bendición a todos los que encontraban allí. Pero yo debería verle y hablarle. No me estaba quieta. Encontré la monja fuera de la austera habitación, donde el Yérontas recibía la gente. “Tengo una gran necesidad para verle, no le distraeré mucho”, le dije. Ella me condujo al Yérontas. Me vio muy revuelta, y me dijo: “Debes comportarte bien, hija mía, debes comportarte bien. Estaré orando por ti. Deja lo que tienes escrito y darás luz a un niño”. (La petición que había escrito era tener un niño). En pocos meses desde entonces me quedé embarazada. En la fecha 13-7-1990 vino al mundo un niño que cuando lo bautizamos le dimos el nombre de Arsenio».

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Testimonio de la señora Sofía Stefanu del pueblo Kardía: “Un día en el año 1986 observé la cabecita de mi hijo de apenas dos años y medio haberle caído parte del pelo de la cabeza y tenía varias calvas. Naturalmente me entristecí mucho y cuando el Yérontas salió del Monasterio de Surotí fuimos toda la familia para rogarle a orar por mi hijo.

 

»El Yérontas miró su cabecita, le santiguó, le besó y le llevó en sus brazos. Después levantando sus manos hacia lo alto, miró al cielo, se santiguó y algo dijo murmurando algo.

 

»Nos marchamos y hasta llegar a nuestra casa, distancia de diez minutos desde el Monasterio, sentí algo que me impulsaba a mirar la cabeza de mi hijo. Por sorpresa grande mía y alegría indescriptible vi que en los puntos calvos que no había pelo haber sacado pelusilla.

 

»Hoy en día Constantino tiene 33 años y tiene mucho y rico pelo».

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El sacerdote Pablo Trigonidis del pueblo Perasma de Florina, escuchó del Yérontas que la mujer de un Capitán general del ejército en Atenas estaba enferma de cáncer. El general vino a ver al Yérontas y con lágrimas le pedía ayuda, porque el mismo día su mujer había entrado al quirófano. El Yérontas le respondió: “Buen hombre mío, psique mía, no te angusties, ni afliges, tu mujer está bien”. El general creyó en las palabras del Yérontas, recibió su bendición y se marchó para Atenas. En el hospital el cirujano- médico  le dijo: “Vosotros tenéis algún Santo. Tu mujer está muy limpia y sana”. El día siguiente el Capitán general volvió otra vez a la Santa Montaña para agradecer al Yérontas.

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Testimonio del L.K., de Tesalónica: “El año 1993 enfermé gravemente. Los médicos diagnosticaron cáncer en la glándula de linfoma. Así comienza mi aventura con hospitales, intervenciones quirúrgicas, quimioterapias, un desgaste continuo y fatiga.

»Una vez haber terminado todo no había ninguna mejoría, los médicos me aconsejaron ir a mi casa, ya que de parte médica no se podía hacer más. Cuando me encontré en mi casa estaba muerto psicológicamente, pleno de decepción por la muerte venidera.

 

»En este estado trágico que me encontraba, giré mi vista hacia Dios, pidiendo Su ayuda. Entonces me vino el loyismós de ir a la Santa Montaña Athos para encontrar al Yérontas Paísios. En mi interior se había encendido la esperanza y acompañado con un pariente mío después de mucho esfuerzo y cansancio, a causa de mi estado psíquico y físico, llegamos a la “Panaguda”.

 

»Allí encontramos otras treinta personas esperando. Me dieron un tronco para sentarme, ya que mi aparición y estado evidenciaba que era un hombre enfermo y fatigado. Después de media hora abre la puerta de la Kelia y sale el Yérontas. Saludó a los peregrinos con una expresión muy bondadosa y dulce que me impresionó mucho. Sentamos en los troncos y el Yérontas se sentó a lado mío. Comenzó la conversación y el Yérontas respondía a las preguntas con agapi y paciencia. Fue una gran bendición que se sentara al lado mío el Yérontas pero más aún que a continuación me tocara con su mano. Esta sensación no se puede describir, porque sentía en mi cuerpo un descanso y alivio inesperado. Pensé no exponer mi problema, ya que recibí su bendición de esta manera inesperada.

 

»Cuando nos levantamos para marcharnos, el Yérontas dirigiéndose a mi me dijo: “Tú hijo mío no te vayas, te necesito. Pasa en mi Kelia…”. Me sorprendí y seguí al Yérontas. Fuimos a la Ermita y me dijo: “Constantino, conozco la razón de tu visita y tu problema”. Yo me quedé perplejo. Sin embargo, cuando a continuación me pidió que le dejara ver en mis pies las heridas de las operaciones que había hecho, entonces casi la cabeza se me va, puesto que no podía explicarme cómo suceden estas cosas, siendo yo un racionalista.

 

»El Yérontas tomó aceite del candil y en forma de cruz ungió mis pies operados. Me dijo que esperara y él oró unos minutos delante de los iconos. Después me dijo: “Constantino, Dios ha sido misericordioso. Desde hoy no tendrás ningún problema de salud, y también cualquier trabajo que hagas en tu vida será bendito”.

 

»Realmente desde aquel día han pasado tantos años, no he visitado nunca a un médico, ni he tomado ningún fármaco ni aspirina, y mi trabajo va admirablemente. Doxa-gloria y gracias a Dios.

 

»Desgraciadamente otra vez no he visto al Yérontas. Mis trabajos y mi negligencia no me permitieron a volver ir a la Santa Montaña y tampoco en el Monasterio de Surotí, donde se quedaba el Yérontas, cuando salía de la Santa Montaña. Pero una vez fue a verlo en Surotí mi hermana Elena. Había miles de peregrinos que querían verle y tomar su bendición. Mientras estaba enfermo y veía uno por uno a los hombres, cuando mi hermana se encontró delante del Yérontas le escuchó diciendo con pena: “Por qué Constantino no viene a verme”. Mi hermana se quedó sorprendida y no podía entender cómo el Yérontas entendió que era mi hermana.

 

»Mi hermana me comentó el acontecimiento y me reprendió. Después de unos meses me fui a “Panaguda” y allí sentí decepción porque me dijeron que el Yérontas había dormido (muerto). Tuve remordimientos en mi interior por mi negligencia y pensé que para reparar debo ir a reverenciar a su tumba. Reverencié con quebrantamiento del corazón a su tumba y para bendición me llevé un poco de tierra y una flor cortada. La tierra la puse en una cajita y encima coloqué la florecita. Aquel día se inundó la habitación de fragancia. La fragancia era muy intensa, fuerte y continua por un día y no aguantábamos mucho rato dentro de la habitación. Pero lo más importante es que después de tantos años la florecita continúa sin marchitarse, no se secó y está viva».

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La realidad es que no se sanaban todos los enfermos que acudían al Yérontas. Mientras que muchas veces no le daba tiempo a orar, inmediatamente el enfermo se sanaba, en cambio para algunos hacía mucha oración, pero no era escuchada. Las razones eran varias.

 

En un caso hizo mucha oración sin resultado. Entendió que algo sucede. Preguntando al enfermo encontró la causa ya que le ayudó primero a arreglarse espiritualmente, después el enfermo se ha sanado.

 

A algunos les decía que se pondrán buenos nunca. A pesar de las persistentes oraciones, Dios dejaba la enfermedad como tipo de ejercicio o ascesis superior, de modo que con la paciencia ganasen el Paraíso. Decía: “Algunos Dios no los sana para que no pierdan sus sueldos. Tal y como el padre no da su fortuna a los hijos para que no la derrochen”.

 

»Cuando los médicos no pueden ayudarnos, debemos suplicar a Dios que hace posible “las cosas imposibles para los hombres”. Dios conoce lo que nos hace falta. Cuando Dios no nos escucha, debemos conocer que el Dios es por naturaleza bondadoso, algo bueno quiere sacar  de esto. Sólo debemos rogarle para que nos dé paciencia».

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Testimonio de Constantino Melitsos de la ciudad de Argos: “Hace treinta años padezco de síndrome neurológico crónico con parálisis y ataxia, y estoy inmovilizado en una silla de discapacitados. El verano del 1981 fui invitado al Monasterio san Gregorio de la Santa Montaña Athos. Se me acercó un peregrino Heleno gran comerciante  y me dijo que se hace cargo de los gastos para ir a América, ya que la medicina ha avanzado e interviene en el trasplante de células neurológicas.

 

»Mi deseo en volver a estar de pie y caminar se encendió en mi interior, con el resultado de encenderse los loyismí por si quizás debería someterme a la operación anterior. Compartí mis loyismí a los padres del Santo Monasterio que me acogía, pero ellos me desanimaron diciéndome:

-Constantino, estate quieto… no vayas buscando…

-¡Sí, sí, voy buscando! Vosotros no conocéis lo que yo estoy sufriendo.

 

»El día siguiente acompañado por el padre Timoteo me dirijo hacia Kariés para encontrar al padre Paísios. Quería preguntarle si debería ir a América. Una vez de haberse informado el Yérontas, se hizo el encuentro con él, a las cinco de la mañana en el sitio del antiguo centro médico de Kariés. El Yérontas vino a Kariés, porque era muy difícil que yo pudiera llegar hasta la “Panaguda”, a causa de mi parálisis.

»El Yérontas oyó mi loyismós y me santiguó en la cabeza con la Reliquia de san Arsenio de Capadocia que llevaba consigo. Mis pies atróficos y paralíticos, los abrazaba diciendo:

 

-Piececitos, piececitos, estos te llevarán al Paraíso y tú no lo entiendes.

»Me dice:

-A América no vayas, serías un conejito de pruebas, o un animalito de experimentos!

»Apenas oí este logos del Yérontas, me alivié y reposé. Después me miró a los ojos y me dice:

-Levántate para caminar juntos.

»Creía que el Yérontas bromeaba, y otra vez vuelve a decírmelo.

-¡Venga te levantarás de una vez!

-¡Yérontas le digo, no puedo! No tengo ni idea del cómo anda uno.

 

»Me agarra en sus brazos, me levanta de la cama y comenzamos a andar, mientras oraba con lágrimas en sus ojos, diciendo algo que no podía entender.

 

»Sentía que caminaba como si tuviera alas, y viéndome a mí mismo estando de pié me conmocioné y empecé a llorar. Después me sentó en la silla de ruedas, y él se sentó a lado mío en una silla y me dice:

-Escucha hijo mío, Dios no quiere que te sanes nunca. Irás empeorando, mejor no. Pero debes de conocer que todos estos hombres que se reúnen aquí alrededor tuyo y te cuidan, se salvan de esta manera, ayudando y ayudados sin que ellos lo entiendan. Y tú te conviertes en el medio de salvación de las psiques. Dios te pide y esto quiere de ti. Por eso no debes marcharte nunca de tu ciudad Argos»

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Testimonio de un anónimo: “Había oído muchas cosas sobre el Yérontas y le visité en año 1991, porque había enfermado mi hija. La encontraron un tumor en la cabeza. Me dijeron que era benigno y los médicos me confirmaban que era una operación fácil. Cuando llegué a la Kelia del Yérontas había mucha gente. Apenas me vio, me llamó por mi nombre, sin haberme visto otra vez, dejó a los otros y me llevó en la Iglesia. “Ven y oraremos”, me dijo, “porque María la quiere la Panaghía, la llevará”. Yo me quedé afónico. Con dificultad intenté decir “pero los médicos…” y el Yérontas me ha interrumpido diciéndome, “deja a los médicos”.

»Fuimos juntos dentro en la Iglesia, me puso hacer oración con prosternaciones, genuflexiones. Junto conmigo hacía también el Yérontas. Terminando me dijo: “Ser fuerte de corazón”. Yo física y psíquicamente estaba hecho una ruina por las lágrimas. Y él también estaba consternado. Me abrazó y me volvió a decir: “La vida la da Dios y  Dios la vuelve a tomar. A María se la llevará la Panaghía-Santísima.

 

»Marchando me dijo: “Esto que quede entre nosotros. No dirás nada a María ni a tu mujer”. Cuando se hizo la operación, los médicos encontraron que el tumor era maligno, tal y como había previsto el Yérontas, después de unos meses María se durmió (murió), se la llevó la Panaghía».

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Había otros casos más difíciles, tal como se ha referido el Yérontas: “Para algunos hago oración años y no son ayudados, porque tienen obstinación, egoísmo y voluntad egoísta. Dicen: “Por qué Dios no me da esto?”. Y por qué nos lo tiene que dar,?, para hacernos más egoístas y tercos. No los beneficia, si nos lo da. Es como si mandasen de esta manera ellos a Dios. En cambio si dijeran: “Dios, si quieres dame esto”. El modo y la forma de oración deber ser humilde.

 

Escribía el Yérontas en una epístola el año 18-9-1967: “Muchas veces persistía en la oración por varios temas (de modo exigente) por cosas personales o de otros hermanos y después fui obligado a pedir perdón a Dios y volver a pedir lo contrario de lo que había pedido. A partir de entonces ruego que sea dado lo que es para el beneficio de la psique como buen padre, porque todo Su sacrificio se hizo para restablecer nuestras psique en el Paraíso junto con Él”.

 

El Yérontas no era parcial ni hacía distinciones. La voluntad de Dios es distinta para cada ser humano. Lo cierto es que todos eran consolados y reforzados por el Yérontas.

 

Perseguía no sólo que sea sanado el enfermo, sino más bien que sea salvada su psique. Naturalmente el mayor milagro para los que se sanaban era que se fortalecían en la fe y se hacían fieles cristianos ortodoxos concienciados, sanaban, “psicoterapiaban” sus psiques de los pazos y glorificaban día y noche a Dios. Esto naturalmente tiene infinitamente mayor valor y duración eterna. Quería que cooperaran también los enfermos en sus terapias. Hacer aunque sea un pequeño sacrificio para Cristo, por ejemplo cortar un pazos de ellos, el fumar, las bebidas alcohólicas o cualquier otra cosa, confesarse, comulgar y vivir como buenos Cristianos ortodoxos. No pedía que hiciesen grandes caridades o limosnas, construir Iglesias etc., ni los cargaba con cargas difíciles de aguantar. Estas cosas las dejaba a la libre buena voluntad de ellos. La alegría del Yérontas era muy grande, cuando junto con la terapia corporal se sanaba, psicoterapiaba también la psique del enfermo, se ayudaba a toda la familia y se glorificaba el nombre de CristoDios.

 

  1. 2,14 La apariciones de Santos

 

Tal y como se ha dicho anteriormente, el Yérontas ha visto muchos Santos, su Ángel de la guarda, la Panaghía muchas veces y al mismo Cristo. No los vio en sueño, a veces en pleno mediodía, conversaron, le abrazaron y los abrazó, le dieron comida con sus manos, le sanaban cuando enfermaba, le dieron muchas promesas y le apocaliptaron-revelaron misterios.

 

Decía a uno: “Mientras que cuando era joven leía mucho los santorales, ahora la vida de los Santos no me ayudan tanto (dando a entender como lectura), porque los estoy viviendo”. Ya no tenía necesidad de este alimento espiritual porque vivía algo superior.

 

Evitaba comentar sus experiencias. Sólo cuando creía que era necesario ayudar a una psique, entonces hablaba. Y mientras que para las otras narraciones era fascinante y efusivo, en la descripción de estos acontecimientos con los Santos era muy reservado, sencillo y breve. El oyente de este tipo de apocalipsis-revelaciones se quedaba sorprendido ante la sencillez, la naturalidad, y también de la excepcionalidad de los acontecimientos. Decía, por ejemplo, “me sucedió algo” y daba a entender que le había visitado un Santo. O decía, “sentí algo” y uno creería que había sentido una emoción, pero era algo mucho más profundo; era una apocálipsis-revelación, una visión, un arrebato en zeoría-contemplación espiritual o algo parecido.

 

En su evolución espiritual le sucedió un acontecimiento importante, tal y como lo ha relatado el mismo: “Una vez creía que sería muy útil en mi vida un carisma y comencé a pedirlo a Dios. Tres años lo pedía y finalmente lo recibí. Era un carisma que es dado sólo a los grandes santos. ¡Pero, para qué lo había pedido! ¡Me trajo una agonía, una confusión! Entendí que no me beneficiaría y comencé otra vez a pedir a Dios que me quitara el carisma. Pero el Dios me dejó tres años asándome o friéndome hasta quitármelo. Ahora no me atrevo a pedir carismas de Dios”.

 

El día que le sucedía algo, por costumbre lo marcaba en los libros litúrgicos de forma un poco inteligible. Muchas veces en momentos de oración su nus estaba arrebatado en zeoría-contemplación espiritual, esto ya desde antes de ser monje. De su experiencia decía: “Cuando uno está en zeoría-contemplación divina, puede, por supuesto, estar oyendo el despertador. Hasta allí. No tiene más comunicación con el ambiente”.

 

En relación a las visiones explicaba. “Cuando uno ve una visión o expectación, ve con los ojos de la psique. Algunas veces en este tipo de visiones yo cerraba los ojos y otra vez veía. Por lo tanto, veía con los ojos de mi psique. Cuando  a alguien se le aparece un Santo, un tercero lo ve, otras veces oye su voz, y a veces nada. No existe ley”. Recalcaba aún que “el monje al principio tiene pequeños acontecimientos, más tarde tiene más grandes y más tarde más grandes aún”. (Naturalmente cuando lucha  correcta, constante y ortodoxamente).

 

El mismo se había convertido en recipiente de la jaris (energía increada gracia). Decía: “Algunas veces viene mucha jaris no puedes, no aguantas. Tal y como las baterías no aguantan la carga más que la energía definida, así muchas veces llego hasta el punto de decir: “Dios mío, no me des más jaris porque no aguanto”.

 

Aquello que impresiona es el cómo, después de todas las cosas que ha visto, vivió y “se enloqueció”, en el buen sentido, por el divino eros increado y la dulzura celeste que le dejaban sus visitantes celestes, conseguía que su nus se despegara de las cosas celestes. Porque no es una cosa fácil para uno bajar bruscamente desde el Tabor al valle de lágrimas, a sacrificar esta situación paradisíaca y ocuparse de los problemas de los hombres. Esto es digno de admiración y constituye una lucha añadida a la hazaña del Yérontas.

 

Por insinuaciones y testimonios de otros, llegamos a la conclusión que, además de los acontecimientos que se han referido en la Primera parte del libro, tuvo también otros acontecimientos divinos. Vamos a referirnos a unos cuantos:

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Durante su permanencia en Kónicha vio a los tres Jerarcas, Basilio, Crisóstomo y Gregorio. Lo comentó a la Keti Patera la que lo ha salvaguardado de la siguiente manera:

«Por la noche, tal como acostumbraba, se encerró en su kelia y celebró las Vísperas. Por la mañana me dice:

-Perdóname hermana, porque os he molestado mucho esta noche.

-¿A nosotros, por qué?

-Porque vinieron los tres Santos Jerarcas y tuvimos una conversación. No queríamos molestaros e inquietaros.

»¡Yo no me enteré de nada! Él hablaba durante la noche con tantos Santos y yo no me había percatado de nada».

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Es cierto que había visto también a Santa Caterina. Lo dijo a una persona para consolarla, cuando aquella persona le dio un motivo en relación. “Inmediatamente la reverencié y la toqué reteniendo sus pies. La santa Caterina es alta”.

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El Yérontas se encontraba en el Monasterio en Surotí fecha 14-10-1979, (con el nuevo calendario 27 de Octubre, vísperas del velo de la Santa Protección). Aquella noche vio como en visión, no como en sueño, la protección o velo de la Panaghía, como una nube luminosa que ensombrece y cubre a unas monjas de Serbia que habían venido a verle.

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Vio a san Juan el Teólogo. En una pregunta. Cómo era san Juan y con qué ojos le veía, respondió: “De todas formas oscuridad no era y le veía. Son misterios estas cosas. San Juan el Teólogo no tiene esta cosa en su cabeza, tal y como le pintan los iconógrafos”, evidentemente dando a entender un hinchazón en la frente.

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Fue preguntado el Yérontas por qué ha escrito sobre Jatsi-yorghis (san Arsenio), y respondió: “Si no hubiera sucedido algo en mi con el Jatzi-yorghis, no escribiría”. No se refirió a la aparición de su libro, como dijo: “Una vez le vi y padecí  con Jatzefentí”, dando a entender la publicación de las apariciones de san Arsenio en él. Pero tenía en gran devoción a Jatzi-yorghis (san Arsenio). Personalmente le consideraba como Santo y le imploraba con su komposkini. Sobre todo creía que ya le tocaba que sea reconocido como Santo también por la Iglesia.

 

B 2,15 Faro de la luz increada.

Muchas veces el Yérontas ha contemplado la Luz Increada y repetidamente ha sido contemplado también  el mismo irradiando la Luz Increada.

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El hieromonje Máximo Psilópulos,  Yérontas de la Kelia “Presentación de la Zeotokos” en Kerasiá, expone por escrito lo siguiente: “Era la fiesta de la Metamorfosis del Señor, 6 de Agosto del año 1977. El Yérontas por la tarde noche había venido en la Kelia de la Skiti Kapsala donde yo estaba entonces. Tenía como visitantes dos teólogos en profesores activos, el señor G. Dilbois consejero de la enseñanza y el Atanasio Bista (ahora monje Arsenio, que está en nuestra Kelia).

 

»Una vez haber hecho la vigilia, donde el Yérontas salmodiaba con su conocido estilo monacal, con corazón quebrantado, fervoroso y regocijante, preparamos la mesa de comer y después se marchó para su propia Kalivi. En el momento que me despedía de él, antes de la salida del sol, he visto su rostro realmente alumbrando “como luz”. Resplandecía una luz blanca, no deslumbrante, cegadora. Se parecía a aquella luz blanca que vemos cuando hay niebla densa y con las luces largas de los coches vemos las luces de los coches sin hacernos cerrar los ojos y deslumbrarnos. No lo he dado mucha importancia. Pero algo me decía mi loyismós de que  era luz del cielo como regalo de Dios por la fiesta de la Metamorfosis. Me quedé tranquilo.

 

»Cuando volvieron los dos teólogos, que los rogué a que acompañaran al Yérontas hasta la Kalivi del profeta Elías, escuché hablando entre ellos: “Qué sería esta luz”, y me preguntaron: “Ha visto algo en el Yérontas Paísios”. Entonces entré también en la conversación sobre el tema: “Sí, yo también vi”, les dije. Y ellos me dijeron que han visto el rostro del Yérontas resplandeciente e iluminado con otra luz, no como el del sol o como la luz de las estrellas y la luna.

 

»Nosotros pues, los tres hemos creído que el Señor metamorfoseado apremió a su siervo Paísios, porque era un luchador para la metamorfosis (transformación) de sí mismo. Y glorificamos a Dios que glorifica a los que Le contra-glorifican. No dijimos nada al mismo padre Paísios, ni yo, tampoco los teólogos. Dudábamos… nos avergonzábamos… teníamos miedo… Se marchó para el cielo sin “saber” que le hemos visto en la luz increada de la Metamorfosis, nosotros los indignos y miserables. Pero estamos seguros de que ahora se encuentra dentro de la luz increada y el reinado de la realeza increada de Dios».

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Testimonio escrito de un hermano, con el ruego de no ser publicado su nombre: “Era final de Agosto, principio de Septiembre del 1984. Con un hermano espiritual y su hijo de 6-7 años, quedamos de acuerdo en visitar la Santa Montaña. Fuimos hospedados en el santo Monasterio de Kutlumusiu. Después de la acostumbrada invitación en la sala de visitas, el monje responsable nos condujo a la habitación donde  nos quedaríamos.

 

»Dejamos nuestras cosas y salimos al balconcito donde al fondo veíamos el santo Monasterio Ibiron y más cerca la Kelia del padre Paísios. Era la hora 3,30-4 de la tarde. El sol intenso iluminaba todo el espacio y el horizonte. Conversábamos sobre varios temas con mi amigo y vigilábamos también a su hijo travieso que subía a las barandillas protectoras de madera del balcón.

 

»En un momento veo desde la ventana de la Kelia del Yérontas Paísios salir una luz distinta, más intensa que esta del sol y diferente. La diferencia estaba en la mayor intensidad de la que tenía el sol, y también en la contextura del color. Más claro, más limpio, dorado y paralelamente un poco azulón.

 

»Este admirable acontecimiento duró más o menos unos diez minutos. Desde su comienzo hasta el final me preguntaba si veía bien, si estoy bien. Sin perder el contacto con mi compañero sobre lo que estábamos hablando, observaba el admirable acontecimiento sin decirle nada. Conmocionado me lo guardé para mí mismo.

 

»Por última vez, al final de septiembre del 1993, visité al Yérontas en su Kelia. Le encontré muy agotado. Tal como estábamos conversando, dominó mi loyismós de contar al Yérontas el admirable acontecimiento que había vivido el año 1984. Cuando de lo dije, su faz cambió; su rostro se convirtió  dulce y hilarante. Después de unos segundos me dijo humildemente y reservado. “Son muchos acontecimientos, pero no me interesa decirlos”.  Marchando le pedí si tengo su bendición para contar el acontecimiento. Me respondió: “Eh, déjalo bendito”».

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El venerable metropolita de la ciudad de Xanzi, Panteleimón como testigo presencial se refiere: “Estábamos en el profundo Orthros (Maitines) después de una pernoctación en la Kalivi “Panaguda”. Leímos el oficio en la ermita de la Kelia. Yo celebraba como sacerdote y el santo Paísios salmodiaba. Me es imposible describir la donación de la bendición. Mientras estaba avanzando la Divina Liturgia, llegó el momento de la Κοινωνία kinonía Divina Comunión (o Efjaristía). El Yérontas se acercó después de mucha devoción y retracción a comulgar de los inmaculados Misterios. Mientras se inclinó, se quitó su gorro liberándose sus pelos. Yo sorprendido observaba que el rostro del Yérontas con puntos claros de divina alteración se había hecho iluminado. ¡Irradiaba luz intensa y jubilosa! Un espectáculo no acostumbrado para mí, el cual transmitió en mi interior la dulzura de esta trémula luz divina. No quise decir nada. Me guardé como un regalo en mi memoria su rostro resplandeciente, y lo expongo porque no pertenece a mi pequeñez, sino a todos aquellos que buscan consuelo por el rostro portador de la luz increada del Yérontas».

 

El Yérontas había dicho una vez: “Conozco a muchos que cuando toman la divina Comunión, podrían irradiar y resplandecer luz en aquel momento. Pero el Dios no lo permite, no vaya a ser que los demás tengan envidia al verlos”. Quizás detrás de la palabra “muchos” se esconde él mismo; porque también otras veces fue visto durante el momento de la Divina Comunión irradiar luz increada.

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Dos mecánicos de aeronaves de la aviación de guerra visitaron al Yérontas. Los preguntó:

¿Dónde os quedaréis?

No podían acordarse del nombre del Monasterio, lo habían olvidado.

-Bien, ya lo recordaréis. ¿Qué trabajo hacéis?

-Mecánicos de aeronaves.

-Yo también conocía un mecánico que le llamaban Xenofón.

Y el Yérontas inclinó la cabeza.

-Ah! sí, en el Monasterio Xenofón nos quedaremos, respondieron. Era las dos de la tarde y el sol brillaba. ¡Uno, el que ha contado el acontecimiento, veía una aureola alrededor de la cabeza del Yérontas más brillante que el sol! Apenas saliendo y cuando se alejaron de la puerta, pregunta a su amigo.

-Amigo Jorge, quiero preguntarte algo.

-Qué, ¿sobre la aureola?

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Testimonio del hieromonje de la Skiti Lakoskiti de la Santa Montaña Athos: “Era la segunda vez que visitaba al Yérontas, el otoño del año 1993, con el padre Dosizeo, Rumano. Entramos por la puerta de atrás. Había mucha gente en el patio. El Yérontas estaba en pie y hablaba con uno y tenía su espalda hacia nuestra parte. Apenas escuchando nuestros pasos, giró su cara hacia nosotros y nos miró.  ¡Pero qué era esto que contemplé! He visto su rostro estar brillando. Se veía su rostro pero dentro de luz. Ante este espectáculo no acostumbrado me quedé parado, mientras mi corazón se inundó de mucha agapi y alegría. El Yérontas se veía muy dulce. Nunca en mi vida había sentido este tipo de agapi. Después volvió su rostro al estado natural».

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Testimonio del monje Alipios Aghiananitico: “En la Kelia vecina de san Juan el Teólogo se hacía la ordenación de un monje. Estaba presente también san Paísios. Yo estaba en pie a lado de él. En el momento del Kinonikón-Social que lo salmodiaba el mismo, le miré y vi su cabeza billar como una lámpara. ¡No podía mirarlo de frente! Esto duró poco”.

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Testimonio de un clérigo anónimo: “Durante mi primera visita en la Kelia del Yérontas Paísios, sin haberlo visto otra vez, me quedé parado un poco delante de su ventana, mientras que él estaba orando. Le escuché, pues, hablar y sobre todo fuertemente. Más bien parecía una conversación-diálogo, en vez de monólogo. Le he visto literalmente bañado de luz de color azul. Más concreto, un rayo azul bajaba y le cubría por completo. Paralelamente sus dimensiones eran mucho más grandes que sus dimensiones naturales. Pero también su rostro estaba alterado, luminoso y sobre todo ampliado. Cuando veía la escena no identifiqué al padre Paísios tal como le he visto solo hacía una hora, cuando comprobé que dentro en su Kelia no había otro excepto el Yérontas.

 

»Después de todo esto, cuando más me alejaba de la Kalivi del Yérontas, tanto más entendía qué gran donación fuí digno de vivir y ver y esto me daba mucha alegría y dulzura”.

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Testimonio del padre P.L.: “El año 1992 teníamos agripnía-vigilia en la Kelia del padre Gregorio. Yo entonces era laico. Durante el himno Querubínico, en un momento de repente veo detrás de mí derramándose mucha luz fuerte. Me giré para ver y veo sorprendido el rostro del santo Paísios estando dentro de la luz e irradiando luz. Detrás de mí estaba en pie el padre Isaac y me dice: “Mira delante tuyo”. Le pregunté así espontáneamente: “¿Dónde está lo delante?” Había perdido el sentido del espacio, estaba sorprendido. La luz increada duró hasta la Gran Entrada. Estaba en admiración y sorpresa, y corrían mis lágrimas por dilatación del corazón de lo que fui digno de ver yo el pecador”.

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Aunque el Yérontas veía la doxa-gloria (luz increada), muchas veces resplandecía e irradiaba también exteriormente esta luz, el mismo en lo que podía, intentaba a esconderse y no hablaba sobre estas situaciones. Uno le preguntó sobre la luz increada. Con su forma gratificada y alegre le respondió: “Yo una estufa que tengo en mi Kelia es creada”, evitando hablar sobre estas cosas y realidades que vivía.

 

 

B 3

B 3.1 Profesor del desierto

 

El Yérontas ha vivido todas las formas del monaquismo, en cenobio, en idiorítmico, en monasterio del mundo, en Skiti y solo en una Kalivi. Pasó por la obediencia, fue cultivado con la tradición de los antiguos padres y adquirió mucha experiencia.

 

Por humildad no deseó recibir ningún axioma y por sensibilidad espiritual no formó compañía o séquito. Explicando sus razones, decía: “Si tomo un obediente, él también tiene derecho un par de horas al día. Pero con la gente que tengo, ¿puedo disponer de tanto tiempo? ¿Qué hago? ¡Tomo una persona para hacerse monje y le convierto en camarero!”. Pero a pesar de esto alcanzó a hacerse un profesor del desierto y didáscalos-maestro práctico de la vida monacal.

 

Y sólo su vida admirable, su ejemplo, conduce y apoya sin palabras. Además el Yérontas habló, escribió y defendió la institución divina del monaquismo, que constituye la reserva espiritual de la Iglesia.

 

Muchos jóvenes han sido ayudados por el Yérontas y ser preparados para monjes. Cuando se despedían del mundo, preguntaban en dónde iban a hacer vida monacal cenobita, aunque muchos querían quedarse con él. San Paísios ayudaba con discernimiento para que cada uno encontrase el Yérontas adecuado y a continuación afianzarse y progresar. Su logos prácticos y carismáticos reposaban, aliviaban, consolaban y resolvían las dudas y disolvían las tentaciones de ellos. Así todos se marchaban renovados de su celda, ligeros y con disposición para nuevas luchas. De toda la Santa Montaña Athos llegaban al Yérontas monjes y Yérontas ascetas, incluso higúmenos-abades. Era “ungidor de los monjes”, porque podía “aguantar y sanar” el loyismós de ellos. San Paísios fue uno de los invisibles y anónimos pero también de los factores más importantes para la dotación, renacimiento de la Santa Montaña Athos.

 

También venían a ser aconsejados muchos monjes y higúmenos de monasterios del mundo. Con algunos mantenía también correspondencia. El mismo no pretendía, al contrario evitaba, hacerse cargo de monjes y monasterios bajo su conducción espiritual. No quería parecerse como Yérontas, sino que aconsejaba fraternalmente y humildemente a los que preguntaban para que ser beneficiados.

 

No ambicionó aumentar sus hijos espirituales. Por circunstancia, por obligación, por necesidad espiritual o por divina providencia, y sobre todo con dificultad aceptó a ayudar a algunas recién formadas hermandades monacales en el mundo. Como arquitecto espiritual experimentado ha dado el tipikón (regla, canon), inspiró espíritu monacal y ayudó para que crean tradición ascética. Bajo su conducción espiritual rápidamente aumentaron los hisijastirios (monasterios de vida hisijasta y ahora ofrecen los frutos espirituales, tal y como deseaba y como decía el Yérontas: “Tened las puertas y vuestros brazos abiertos, vuestro deber es aliviar y reposar espiritualmente a los hombres. Ahora están buscando otra cosa. Y si no lo encuentran aquí en los Monasterios, se irán otra vez”.

 

Sinópticamente el ideal monástico del Yérontas es: “Los monjes deben hacer sus deberes monacales, pero deben adquirir también espíritu monacal, conciencia y comportamiento monacal, estilo y conducta moral monacal. Afrontar espiritualmente las cosas, porque de otra manera no se alegrarán ni un día. La vida monástica es una continua doxología-alabanza a Dios. Primero debe hacerse el trabajo para las psiques y después poco a poco que se vayan haciendo los trabajos exteriores de las edificaciones. Esto no cansa y tiene también la ventaja espiritual de santificar la obra. El propósito del monje es la catarsis de su corazón; hacer el corazón sensible como la hoja del oro del iconógrafo y orar por todo el mundo. En el Monasterio venimos para vivir espiritualmente y ayudar espiritualmente a todos los seres humanos. Nos hacemos monjes no sólo para salvar nuestras psiques sino para cada prójimo nuestro”.

 

 

B 3.2 Misión santa desde el desierto

 

El Yérontas nunca se tambaleó en el tema de la hisijía o de la misión santa. Tal y como se ha expresado una vez sobre sí mismo, era monje hisijasta. En una conversación sobre la misión santa y el hisijasmo el Yérontas dijo: “Cada uno tiene su llamada y su tendencia. De todos modo yo amé el desierto”.

 

Pero el Yérontas a pesar de ser hisijasta ha ejecutado la obra apostólica desde el desierto; oraba para la sotiría redención, sanación y salvación de todos. Tenía el deseo que todos los seres humanos conozcan a Dios y en toda su vida evangelizaba a CristoDios. La gran alegría que se hizo digno de recibir, “no nació estéril, en vano” (1Cor 15,10). Ayudó a multitud de personas. Con este sentido el Yérontas era un asceta y misionero apostólico. Su misión santa o apostólica era el desbordamiento de su agapi para el mundo, “la sobrada” divina jaris (energía increada gracia). Parecía como un hombre rico espiritualmente, que tenía la facultad de alimentar a muchos hambrientos. No salía de la Santa Montaña para enseñar, ni asumió misiones apostólicas en lejanos Continentes. Permaneció al desierto ejercitándose y Dios conducía hacía él hombres de los cinco continentes. Su misión apostólica ofrecida era esencial y efectiva, porque salía desde la ascesis y estaba acompañada por ella.

 

La principal oferta del Yérontas es su ejemplo luminoso. Y sólo esto constituye la sublime enseñanza y misión santa o apostólica. Se destacó a sí mismo como prototipo o modelo, ya que se ha despojado del antiguo hombre, alumbró el “como imagen”, se hizo imitador de Cristo, “tipo o modelo de los creyentes”, imagen viva de la primera belleza creada. Confirmó el Evangelio y certificó con su vida los acontecimientos sobrenaturales de la Santa Escritura.  Esta hazaña suya es la oferta esencial con valor diacrónico y de esta reciben autoridad, prestigio y jaris lo que dijo, hizo y ofreció el Yérontas. Porque lo que decía primero lo había vivido él mismo.

 

Como baluarte o columna de la luz (increada) conduce en teognosía y en luchas espirituales. Revela a Dios a los hombres. Demuestra que Jesús Cristo es “ayer y hoy, el mismo y en todos los siglos” y proporciona abundantemente jaris (energía increada) a los dignos. Su herencia escrita también constituye un kerigma continuo y ayuda esencial a monjes y laicos.

 

El Yérontas se alegraba cuando uno le decía que quería hacerse misionero apostólico, y le ayudaba a ser correcto misionero apostólico. Expresando su auténtica percepción ortodoxa sobre la misión apostólica o santa, consideraba imprescindible que uno empezase su misión santa en sí mismo primero. Primero debe ser santificado el mismo para santificar también a los demás. Nuestro sí mismo se pone como cimiento en la acción de misión apostólica. Si recae, peligra toda la obra. Por lo tanto, lo buscado es que el hombre reciba primero la jaris y se santifique. Desde aquel momento comienza también su misión santa o apostólica esencial.

 

Decía el Yérontas: “Este espíritu de misión santa o apostólica, el no ortodoxo, se ha introducido también en nosotros. Si no miramos a nuestro sí mismo que está lleno de heridas y apestamos, sino a cómo salvaremos a los demás. Este ligero espíritu misionero es un impedimento para el monje. Mientras que, si comenzamos con nosotros mismos se tiene un trabajo interminable, si giramos hacia nuestro interior, entonces serán ayudados también los demás. Una monja rusa en Tierra Santa, predicaba con su presencia y con su silencio, pero le traicionaba la energía de la divina jaris increada. Sólo por verla te enseñabas. Le regalé también mi komposkini”.

 

Uno le pidió la bendición para trabajar al extranjero en misión apostólica y el Yérontas le respondió: “Uno para ir en misión apostólica y tener resultados positivos, debe ser santo. No basta con aprender a conducir correctamente un coche u otras cosas similares, ¡debe hacer milagros! Cuando, por ejemplo, en una esquina de la calle se encuentre con un mago, deberá hacerle un milagro, de modo que el pobrecito mago crea en Cristo”. Y a otro misionero conocido, le dijo que viviera unos años en un monasterio antes de ir a misión santa.

 

Decía: “Existen cazadores que circulan por las montañas y laderas pero no encuentran presas. Pero existen otros cazadores más inteligentes. Ellos toman las fuentes y esperan con serenidad. Todas las presas vienen sedientas a beber agua y bam-bam llenan sus sacos. El Monasterio es el mejor modo de vida espiritual pero también de misión santa. Los hombres están muy sedientos y vienen al Monasterio por sí solos, cuando ellos lo deseen y anhelen, sin presiones”.

 

Aconsejaba el Yérontas: “Cuando tenemos un clérigo piadoso que ama la ascesis, no debemos mandarlo al mundo con el pretexto de que tenemos necesidad. Cuando tenemos una patata, tenemos que sembrarla para cosechar también más patatas, y no comerla inmediatamente”. La mayoría de sus visitantes pertenecían a la orden de los laicos. De sus largos años de ocupación con los problemas de ellos adquirió experiencia grande. Como médico experimentado conocía como sanar las enfermedades espirituales.

 

Sin tener apegos personales, daba prioridad en algunos tipos de personas. Primero a los que tenían necesidad espiritual y estaban enfermos también y doloridos.

 

Después procuró ayudar a que sean creadas familias cristianas correctas. “El beneficio de mi vida”, testimonia un jefe de familia, “es que he conocido a san Paísios”. Me hizo persona y me ayudó tener una familia buena”. Para él la familia era consideraba un asunto muy grande. Mientras que al contrario decía: “El principio de todos los problemas muchas veces se encuentra en la familia. En la familia disuelta está el origen un montón de problemas”.

 

Aconsejaba a los cónyuges hacer vida espiritual y tener el mismo Guía Espiritual. Enseñar a los hijos la devoción con sus ejemplos. Decía: “Es una cuestión muy grande la educación que dará la madre a su hijo cuando es pequeño. Porque de acuerdo con la educación que recibirá desde pequeño, se desarrollará también el resto de su vida. Porque uno si se hace santo y va al Paraíso, mucho lo deberá también a su madre. Por eso allí arriba veremos las madres más arriba que nosotros, que no nos parezca extraño esto. Porque, supongamos que una madre tiene cuatro hijos y los hijos se llevan ocho personas, digamos, y van al Paraíso. La madre de ellos, que tanto deben a ella, ¿no tiene derecho las dos? Entonces, 2×4=8. Y un par de sus esfuerzos, he aquí con sobresaliente diez en el Paraíso, en la primera posición”.

 

Los padres que no tengan conducta y moral mundana, vivir con sencillez, delimitando los gastos innecesarios y las exhibiciones. Debe trabajar sólo el padre y la madre ocuparse con los hijos y la casa. Recalcaba que ayuda mucho la comunicación y comunión con otras familias cristianas.

 

Para la educación de los hijos aconsejaba: “Los hijos para que tomen el buen camino hace falta mucha oración. No debemos mostrar mucho nuestra agapi porque se harán hijos gamberros y tendrán osadía, serán descarados, ni tampoco mucha severidad, porque se harán rebeldes. El secreto está en saber cuándo apretar-tensar la cuerda. Los hijos no deben participar en las discusiones de los mayores”.

 

Particularmente se ocupaba mucho de los jóvenes, para que encuentren sus caminos, vivan cerca de Dios, y tengan respeto e ideales. Un rico le pidió la bendición para hacer una fundación o institución social y el Yérontas le dijo: “Ocúpate un poco de los jóvenes”, y le indicó que hiciese una fundación para jóvenes con necesidades especiales.

 

También ayudaba a los que tenían posiciones altas. No por halago o interés propio, sino para que ellos puedan también ofrecer honradamente y en conciencia a los demás mediante su posición alta.

 

Para los intereses del Yérontas sobre los hermanos que luchaban en el mundo, se añade también su intento de escribir un libro con ejemplos de laicos virtuosos. Había comenzado a escribir el libro, pero por su dormición (muerte) el libro ha quedado semi-terminado. (Este libo hoy en día está terminado y editado, posiblemente lo traduciremos en un futuro). Decía: “Hoy en día en vez de uno atacar las trastadas (es decir, controlar y condenar los pecados) de los hombres, es mejor proyectar las verdaderas estrellas (cristianos ortodoxos virtuosos). Y gracias a Dios hay bastantes; conozco muchos ejemplos.

 

Los que han logrado la catarsis, la purificación y la lucidez, y como el logos de Dios es puro y lúcido, entienden el Evangelio y pueden recibir la divina iluminación. Con su loyismós sólo se perjudican a sí mismos”; (Es decir, siempre dan la razón y la justicia a los otros y se inspeccionan y se critican a sí mismos).

 

El Yérontas sin ser un trabajador social ni misionero apostólico, desde el desierto ayudó a muchos, incluso también a la apostólica misión santa exterior. Refiriéndose a la transmisión del Evangelio dijo: “Llegará la época que muchos estarán sedientos por Cristo y la Ortodoxia. Nos  pararán en las calles preguntándonos por  CristoDios. Así se predicará el Evangelio en todo el mundo. Entonces uno estará buscando horas y horas para encontrar un incrédulo”.

 

B 3.3 Salidas al mundo

Tal y como se ha dicho, el Yérontas conoció en el hospital unas jóvenes amantes y amigas del monaquismo. En agradecimiento por el apoyo de ellas en la aventura de su salud, las ayudó espiritualmente y fundaron el Monasterio de san Juan el Teólogo en Surotí (pequeño pueblo fuera de Tesalónica). A continuación visitaba el Monasterio, cuando había necesidad. Más tarde estableció salir de la Santa Montaña Athos dos veces al año, una en otoño y otra después de la Pascua. “Ya que tomé el compromiso”, decía, “no puedo no ir”.

 

Este era el principal objetivo de las salidas del Yérontas, para ayudar espiritualmente a las hermanas del Monasterio. También se había hecho cargo espiritualmente también del hisijastirio (monasterio hisijasta ) de san Juan el Precursor en el pueblo Metamorfosis de Halkidikí. Circunstancialmente visitaba también algunos otros Monasterios.

 

Al principio afrontó el dilema. Apenas haber vuelto del Monasterio de Surotí, le decía su loyismós: “¿Por qué tengo que mezclarme yo con las monjas?”. Entonces vio lo siguiente, tal y como lo ha contado el mismo: “Me encontré en un comedor de un monasterio donde estaban los grandes Santos y el Higúmeno-Abad era Capadocio. Yo también tenía un sitio allí delante. Por un momento, el Higúmeno toca la campanita y dice al lector: “Detenga la lectura; salmodiaremos, porque tenemos a uno aquí que tiene loyismí”. (En este punto el Yéronta sonrió). Comenzaron a orar algo y parecía una marcha, que sus palabras respondieron y reposaron mis loyismí”.

 

La desgana del Yérontas para las salidas al mundo y que el motivo por ellas era la agapi y la obediencia, gracias a las cuales sacrificaba hasta su amada hisijía, se ve también de su siguiente relato: “Una vez recibí una carta para ir fuera al mundo para ayudar. Había un caso muy serio; pero yo no quería ir. Tomé mi komposkini y descalzo subí a Athos para orar y para que me informe Dios qué debo hacer. Regresé después de unas horas muy herido, sin tener ninguna información. En mi interior me sentía fatal, muy mal.

 

»Entonces tomé la decisión de ir a ver un Yérontas (padre-Ticón), para pedirle consejo. Me dijo que debo ir, salir al mundo. Yo por mi parte otra vez no quería. Regresando en mi Kalivi encuentro una nueva carta que me escribía que aunque sea por una carta que les escriba y todo será arreglado. Volví a ir a ver al Yérontas y le comenté sobre la carta.

-No, me vuelve a decir, mejor que vayas para que te vean y hablarles de las cosas.

 

»Decidí hacer obediencia e ir. Inmediatamente se marchó el peso de encima mío y vino la jaris (energía increada) de Dios. El Dios quiere de nosotros que seamos aconsejados de los otros, ya que hay la posibilidad”.

 

En principio durante sus salidas quedaba fuera una semana más o menos, más tarde se quedaba más tiempo. Tenía prisa en terminar y volver a su Kelia. Una vez visitó un conocido Monasterio en la isla Korfú. Llegó de noche: No durmió nada toda la noche. Vio a las hermanas, las ayudó en lo que podía y por la mañana se marchó.

 

Pero muchos hombres, cuando se enteraban que el Yérontas se encontraba en Surotí, acudían a pedir su consejo por sus problemas y tomar su bendición. Junto con ellos traían enfermos y doloridos. Estaban esperando horas en la cola.

 

Los últimos años los fieles que venían para verlo, a veces sumaban decenas de miles. Llegaban de todas las partes de Grecia, desde el extranjero, incluso desde la lejana Australia. Una afluencia de gente que constituye un fenómeno raro en los tiempos eclesiásticos. Le envidiarían muchos políticos “estafadores de pueblos” y “verdugos”, que gastan mucho dinero en anuncios e informaciones para este tipo de eventos.

 

Al contrario el Yérontas salía sin ruido de la Santa Montaña, terminaba rápidamente sus asuntos y evitaba, en la medida de lo posible, al mundo, pero algo electrizaba y atraía a los hombres a estar cerca de él. Para él el esfuerzo y la fatiga de permanecer en pie conversando con una serie de personas, y que por costumbre estaban angustiados y doloridos por sus problemas de salud. Y mientras que beneficiaba tantos y se hacían tantos milagros, el mismo consideraba sus salidas como una economía la desviación de su misión principal, la oración por el mundo. Decía: “Presentarnos al mundo es peligroso. Pero si nos presenta Dios, entonces la cosa cambia, porque entonces entra y se pone adelante la jaris (energía increada) de Dios y nos protege”.

 

Cuando retornaba a su Kelia, decía con humildad:

“Mi psique se ha llenado de hierbas, tal y como el patio de mi Kelia”. Para limpiar y clarificar su nus de las impresiones y las representaciones y encontrar su ritmo, hacía el oficio de Vísperas en la Capilla, no con el komposkini, sino salmodiando por unos días. Decía: “Aunque salgo de la Santa Montaña por fines espirituales, y no porque es de mi agrado, ni tampoco para mí mismo, al volver, deben pasar tres-cuatro días para poder recomponerme y entrar en mi programa”.

 

Permanecía imperturbable y no influenciado por los honores y la devoción que le tenían los hombres. “Me di asco a mí mismo”, dijo una vez. “Quién soy yo para que me den honores. No valgo yo para estas cosas, por eso dije: cuándo terminaré para volver a la Santa Montaña”.

 

Si algunas veces se refería a algunos acontecimientos o terapias, era para fortificar o para enseñar algo. El mismo cuidaba su lucha para no perder el monje y sea interrumpido su contacto consciente con Dios. Todas las cosas del mundo intentaba olvidarlas. Pero a los hombres que estaban doloridos no los olvidaba. Llevaba el dolor y los problemas de ellos consigo a la Santa Montaña y a continuación los transmitía a Dios con su oración.

 

Son muchísimos los acontecimientos admirables que sucedieron durante las salidas del Yérontas. Nos vamos a referir a algunos de los que ha narrado el mismo u otros testigos fidedignos, para que se vea la forma y el modo de su ayuda hacia el mundo.

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Relató el Yérontas: “Una vez durante los años 1976-77 que había salido para ir a Surotí, pregunté a las hermanas. “¿Cómo vais de agua? Me respondieron: “Doxa-gloria y gracias a Dios, tenemos”. “Bien, vosotras tenéis, ¿pero al mundo les habéis preguntado si tiene? (Aquel año había mucha sequía). “Tenemos que hacer  vigilia y orar para que  llueva”. Y realmente, se hizo la oración, llovió y se salvaron las cosechas y se alegraron los campesinos por la bendición que ha mandado Dios. Pregunté y supe que había llovido hasta la región de Thessalia”.

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Otra vez relató: “Santigüé una mujer enferma de cáncer con las Reliquias de san Arsenio. En pocos días recibí una carta de ella que me agradecía, porque se había sanado y pedía informarse sobre el Santo”.

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Una mujer muy piadosa, criatura de Dios, de Tesalónica se había infectado de cáncer. Hizo muchas terapias pero la enfermedad avanzaba. Había hecho metástasis también en los huesos. Fue a ver al Yérontas en Surotí. Apenas haber recibido su bendición, preguntó al Yérontas con agonía: “¿Yérontas, me sanaré?” Él la respondió negativamente. La enferma se puso a llorar. Después la habló particularmente bastante rato, la consoló y la preparó para su inminente muerte. Se marchó tranquila, serena y pacífica conociendo que en breve se marcharía de esta vida y que su trayectoria será por un lado dolorosa pero bienaventurada, tal y como sucedió.

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Cuando el Yérontas vivía en la Kelia de la Santa Cruz, unos conocidos suyos le llamaron para salir al mundo a ayudar. Una mujer endemoniada había trastornado a la gente de aquella ciudad donde vivía. Ella hizo varias apocalipsis-revelaciones. Algunos la consideraban como carismática y creían en sus palabras. De todos modos dominaba una gran confusión. El Yérontas no negó. Sólo pidió tener la bendición del Obispo local. Sin bendición no iba en ninguna parte. Inmediatamente intervino el Obispo y le mandó una invitación oficial. Salió fuera, aclaró las cosas y el diablo quedó avergonzado. Era impresionante la certeza que tenía el Yérontas sobre el éxito de su misión. Solamente se ha entristecido por la invitación oficial. Otra vez en una invitación oficial por un monasterio escribió a un conocido suyo: “No quiero invitaciones oficiales, porque esto no tiene valor para mí, pero aunque fuera un hombre sabio con habilidades tampoco lo iba a querer, (si tuviera el poco de cerebro que tengo ahora y no sería un loco”.

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Testimonio del señor Crisóstomo Papasotiriu, médico de Tesalónica: “Jristos… representante de una empresa farmacéutica tenía su esposa casi paralítica por la enfermedad del endurecimiento de la plaqueta. El otoño del año 1989, fueron a ver al Yérontas en el monasterio de Surotí. Querían tomar su bendición y consolar a  la enferma.

 

»Cuando le tocó su turno, el marido de ella la aguantaba de sus sobacos y pensaba cómo subirían las escaleras. En aquel momento se escucha la voz del Yérontas desde el interior: “Quédate allí Evangelía, no te canses, ahora voy yo…”. Sin verlos y sin conocerlos. Después conversaron y se marcharon muy consolados y reposados”.

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Testimonio de Ioanis…: “Mi esposa fue de peregrinaje a Jerusalén y allí por primera vez oyó sobre el Yérontas Paísios. Después cuando el Yérontas salió para ir a Surotí, la mujer fue a verlo y le comentó su problema. Estaba muy triste porque se le caía el pelo. El Yérontas la dijo: “No te entristezcas, vete y en poco tiempo el peine no podrá pasar”. Realmente en dos tres meses su pelo se hizo muy denso.

 

»Me impresionó el hecho que yo también me fui a la Santa Montaña Athos para conocer al Yérontas. Me cogió de la mano y me dijo: “Hace diez años que no te confiesas”. Realmente  hacía diez años que no me confesaba y haciendo obediencia fui y me confesé”.

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Testimonio de Sofía Papadopulu de Tesalónica: “El diciembre del año 1987 a la edad de siete años se cayó todo mi pelo. Los diagnósticos de los médicos variaban, desde que pudiera de nuevo salir pelo y ser blanco hasta que pudiera ser que no salga más pelo en la cabeza. Hice muchas y dolorosas terapias sin resultado y cada vez mi decepción era más grande.

 

»Mi padre visitó al Yérontas Paísios en la Santa Montaña. Le aconsejó a qué ayune el mismo y su madre y yo lo que pudiera. También le dijo: “Dios tiene los pelos de tu hija en la caja de ahorros y los dará con tanto interés que serán muchos, negros y rizados”. Las palabras del Yérontas me dieron alegría y esperanza.

 

»Después encontré al Yérontas en el Monasterio de Surotí. Me senté en el suelo de madera y tenía mi cabeza en las rodillas del Yérontas. Me acarició en la cabeza y me dijo que su mano se queda enganchada en mis pelos. (Realmente yo en aquel momento sentí como si mi cabeza estuviera afeitada y pasaba su mano encima de mí, mientras que mi cabeza no tenía ni pelusa estaba totalmente lisa). Me quedó inolvidable el resplandor de su sonrisa y su caricia en mi cabeza. La fe que me transmitió es indescriptible. Me aconsejaba ayunar cada miércoles y viernes y comulgar a menudo. Fue el día más bendito para mí.

 

»El año 1996 salieron trozo a trozo todo mi pelo y era “mucho, negro y rizado”, tal como lo había provisto el Yérontas.

 

»Vele la pena señalar que cuando después de años visité a la médico endocrinóloga que me estaba tratando de la enfermedad, apenas me vio lloró y no creía que me saldría más pelo, simplemente me daba ánimo y consuelo.

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Testimonio de M.Z.: “Era noviembre del año 1992. Mi marido P. aún tenía problemas serios post operación. El Junio del mismo año mi marido había sido operado en Alemania por tercera vez de toroide glandular de hipófisis. Su vista no se había restaurado, estaba tiranizado por terribles ganas de dormir y sobre todo estaba muy deteriorado psicológicamente. El médico estando preocupado por su estado de salud, le preparó urgentemente su ingreso al Hospital Hipocratio. En Noviembre del 1991 fuimos a ver al Yérontas en el Monasterio de Surotí. Durante la vigilia vino una monja y nos condujo al Yérontas.

 

»Con gran agonía, devoción y temor contemplamos al Yérontas sentado en un taburete. Inmediatamente se levantó, besamos su santa mano y le digo: “Páter, tenemos muchos problemas de salud yo y mi marido. Te suplicamos, necesitamos vuestra ayuda. Yo antes de un año más o menos me había operado en el pecho”.

-Entonces, ¿qué te dijeron? Pues, te han dicho que es cáncer.

-Para hacerme todas estas cosas, quimioterapia, radiaciones quiere decir que es cáncer.

-Déjalos a ellos que digan, me responde en voz alta, con seguridad.

»Esta frase no la olvidaré nunca. Esta frase me está apoyando hasta ahora. Eran palabras de un hombre santo carismático.

-Ahora le voy a contar lo de mi marido, y continué yo. Mi marido fue operado tres veces en la cabeza y aún está sufriendo.

-Eh, no es nada malo esto.

»Tomó un poco de aceite del candil, le santiguó en su frente y le dio a besar la Cruz y le aconsejó ir a comulgar. “Déjala ella; ella es la que lo hace todo”, le dijo al final, dando a entender a mí que realmente me daba pánico y removería las cosas.

 

»Yo continué:

-Páter, tenemos también un amigo que fue a Londres para trasplante y el pobrecito está sufriendo.

-Cómo se llama, me pregunta el Yérontas.

-Stavros, le respondo.

»No dijimos nada más sobre mi amigo. Nos dio cuatro crucecitas a cada uno de bendición y un komposkini a mí, y salimos fuera de su pequeña celda como personas nuevas, ligeras, con alas, llenos de optimismo.

 

»Lo que me ha impresionado mucho y permanece grabado en mi memoria era su rostro. Durante todo el tiempo que hablábamos de nuestros problemas, su rostro resplandecía, estaba alegre y tenía un estilo jubiloso, parecía que hablábamos de cosas alegres. Sus ojos radiaban una luz, como la luz que ponen los iconógrafos en los rostros de los Santos. Pero desde el momento que me he referido a mi amigo, su rostro cambió, de alegre se hizo serio. Lo comprobó también mi marido.

»Con un hombre espiritual que comentamos estas cosas y que conocía al Yérontas nos dijo: “Vuestras cosas todas van bien, pero la de vuestro amigo…”.

 

»Nos dio a entender de que no va bien. Realmente después de dos meses nuestro amigo murió. Nosotros doxa-gloria y gracias a Dios y con la ayuda de nuestro padre Paísios estamos muy bien”.

 

 

B 3.4 Defensor de la Παράδοσις parádosis santa tradición

 

  1. Παράδοση Parádosi 91. Παράδοση Parádosi singular, y la P en mayúscula significa la Ortodoxa Santa Παράδοση Parádosi Tradición, entrega, depósito, transmisión y traspaso.

El verbo es παραδινω paradino ο παραδιδω paradído y de este muy importante de las Santas Escrituras procede, tiene la raíz y sentido la palabra παράδεισος parádiso, en el sentido paraíso increado entregado de Dios al interior y unido al corazón del hombre, entonces el corazón y la psique hace un paraíso creado unido con el increado porque «..ἡ βασιλεία τοῦ Θεοῦ ἐντὸς ὑμῶν ἐστιν…la realeza increada de Dios está en vuestro interior (Luc 17:21), en nuestros corazones.

 

La palabra o término teológico Παρά-δοση compuesta de “para” elemento compositivo prefijal, mucho, demasiado y dosi/s dación. El verbo es παραδινω paradino ο παραδιδω paradído y de este muy importante de las Santas Escrituras procede, tiene la raíz y sentido la palabra παράδεισος parádiso, en el sentido paraíso increado entregado de Dios al interior y unido al corazón del hombre, entonces el corazón y la psique hace un paraíso creado unido con el increado porque «..ἡ βασιλεία τοῦ Θεοῦ ἐντὸς ὑμῶν ἐστιν…la realeza increada de Dios está en vuestro interior (Luc 17:21), en nuestros corazones.

 

El verbo es παραδινω paradino ο παραδιδω paradído significa: entregar, hacer entrega ‖transmitir, pasar‖ traspasar, transferir‖ depositar, confiar‖ impartir, dar, por ejemplo dar clases; παραδινομαι paradinome rendirse, entregarse, someterse‖ metafóricamente entregarse a mis «pazos«, pasiones o me he entregado a los brazos…

 

Παράδοση Parádosi en helénico significa: s/f entrega ‖ transferencia, traspaso, relevo‖ tradición, εκ παραδοσις/εως ek parádosis/eos, por costumbre, de tradición, tradicionalmente‖ (clases) impartición de clases, enseñanza‖ rendición‖ y en la Iglesia Ortodoxa: Santa Tradición fundada por CristoDios,  “he aquí yosoy y estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén”Mt 28,20. (Estará siempre junto con nosotros porque Él es el Εμμανουηλ Emanuil o Emanuel en español, del que el nombre significa: Dios junto con nosotros). Del “nuevo diccionario 1 tomo de griego-español y 1 tomo de  español-griego”. Editorial: TEXTO COMUNICIÓN SERVIS, TRANSLASION & PUBLISHING. calle/ II AMYNTA ST., 116 ATHENS 35, GREECE.Tel +301 210 72 32 201, WWW.texto.gr.

 

Παράδοση Parádosi Tradición Santa y Una que παρέδοσενparados en transmitió y entregó en nosotros el Paradiso Παράδεισον (Gén 2,8) elcreado y el increado espiritual, bajo supervisión del Espíritu Santo, el paradiso queparédosen παρέδωσεν entregó, transmitió y transmite el no encarnado Logos increado, Antiguo Testamento, y el Logos encarnado, Nuevo Testamento, unido con la naturaleza humana por el Espíritu Santo en la Siemprevirgen María, ο Θεάνθρωπος Χριστός el Zeánzropos Dios-Hombre Cristo; y, Paradosi santa es una con dos facetas o caras, Parádosis es el elemento invisible y la Iglesia es el elemento y depósito visible, en Uno como Su Fundador, sin que ninguna faceta prevalezca sobre la otra. Esta es la Una Santa Ortodoxa Iglesia Católica, Apostólica, Profética, Patrística, Evangélica, Mundial, Internacional, Continua e Interminable en el siglo, Ecuménica pero no ecumenista de la panherejía del ecumenismo actual… (y por extensión la Santa Iglesia Helénica, como veis fundada por CristoDios, de la que yo el degenerado por el pecado  Jristos Jrisoulas me he criado y crecido, pertenezco y participo, y gracias a nuestra Parádosi guardada por los Santos Padres helénicos, me estoy psicoterapiando y metamorfoseando…)

 

DEL LIBRO DOGMÁTICA: “La columna vertebral de la Ortodoxa Παράδοση Parádosi divina es la catarsis, la iluminación y la zéosis. Damos importancia a la iluminación que sigue a la catarsis y precede de la zéosis-zeoptía-visión-contemplación de la luz increada, porque la iluminación, en efecto es participación de la iluminante energía increada de Dios, es la base de la participación y comunión de la zeóptica- deificante energía increada de Dios.

 

Los criterios básicos de la Ortodoxa Παράδοση Parádosi divina es la Santa Escritura, en la que continuamente se está hablando sobre los estadios del perfeccionamiento, la catarsis, la iluminación y la zéosis que conduce al Pentecostés. La Ortodoxa Παράδοση Parádosi no puede ser considerada y valorada fuera del Pentecostés.

 

La trayectoria o camino del hombre por la catarsis del corazón, la iluminación del nus para llegar a la zéosis son los estadios de la terapia espiritual del hombre. Por esto la Parádosi ortodoxa tiene un carácter puramente terapéutico.

 

«La Santa Escritura siempre es el criterio básico de la Parádosi, por lo tanto, todos los Santos Padres que están de acuerdo con la Escritura están dentro de la Ortodoxa Παράδοση Parádosi divina. El caso superior de zeopnefstía-inspiración divina es el Pentecostés, que es después del Antiguo Testamento y antes del Nuevo. Por lo tanto el criterio de la zeopnefstía es el mismo Pentecostés.» ver: http://www.logosortodoxo.com/teologia-ortodoxa/el-misterio-del-pentecostes/

 

El Yérontas tenía congénita la agapi y el respeto profundo a las tradiciones eclesiásticas que instituyeron los santos Padres. Era en el sentido correcto de la palabra un “celote-entusiasta de las tradiciones patrísticas”. Detestaba y condenaba cada tendencia modernista, como la suspensión de las vestimentas de los clérigos (sotana), cambio de los textos litúrgicos, cambio de los ayunos etc… La tradición en general para el Yérontas era uno de los temas más queridos y especialmente de la tradición aghiorítica, sobre la que estamos hablando.

1 En la Santa Montaña Athos, en esta tierra bendita de culto incesante a Dios, están guardadas las cosas más venerables y sagradas de nuestra fe. El Cinturón Santo de la Panaghía, Santas Maderas Ignum Crucis, santas Reliquias, iconas taumaturgas, manuscritos y muchas más reliquias. Junto con todas estas cosas también está la atesorada santa parádosis tradición monástica muy valiosa de más de mil años. Esta parádosi, como forma de vida, ascesis y culto a Dios. Lo que vivieron los santos Padres de los desiertos de Egipto, de Sinaí, de Palestina y también de los Monasterios de Constantinopla y del Olimpo de Bizinia, está salvaguardada hoy en día, no sólo en las bibliotecas de los Monasterios aghioríticos o athonitas, en la arquitectura, en la música y en el tipicón regla o canon, y también en la vida y la ascesis de los padres aghioritas (de Athos). Hisijía, santas Reliquias y manuscritos existen también en otras partes quizás más valiosas (Tierra Santa, Sinaí, etc.). Pero la ininterrumpible tradición monástica de tantos siglos, con tanto número de monjes y en todas las formas de vida monástica, no se encuentra en ninguna parte, excepto en la república espiritual de Athos. Desde este aspecto la Santa Montaña de Athos es única.

 

Desde  que era joven monje buscaba los padres luchadores con estado espiritual y tradición monástica. Las cosas que oyó y aprendió de ellos, luchó para hacerlas vida y experiencia propia. Más tarde escribió una parte de todas estas experiencias y realidades y lo publicó en el libro titulado: “Padres Aghioríticos y realidades aghioríticas”.

 

A menudo se refería a la tradición de los padres más antiguos, cómo vivieron y lucharon y cómo vivimos nosotros hoy en día. Decía: “Debemos comparar a nosotros mismos con los Santos, pera ver si estamos en la tradición de ellos y no con los de a lado nuestro para que aparezcamos nosotros de que somos más tradicionales. Por ejemplo, tú tienes una mula y dices “que soy más tradicional que el que tiene un coche”. Sin embargo los Santos lo que tenían lo llevaban a sus espaldas y así esforzaban también a sus cuerpos y lo ejercitaban en la virtud.

 

“Tenemos el deber”, recalcaba el Yérontas, “de mantener la tradición y la ascesis, para que los más jóvenes cuando vengan encuentren algo”.

 

Veía la tradición aghiorítica en su integridad. No predicaba unilateralmente la tradición de algún Yérontas ni hizo su propia “escuela”, porque no creía que era el único poseedor y expresivo de ella, ni “el Atlas” de la tradición aghiorítica. Ya que fue instruido por decenas de años y fue beneficiado de muchos Yérontas, después fisiológicamente hablaba y transmitía esta tradición también a los más jóvenes. Describía así el ambiente que dominaba en la Santa Montaña Athos, cuando vino hacer vida de monje: “Antiguamente aquí en la Santa Montaña uno veía el Gerontikón aplicado. Encontraba también “locos por Cristo” (carisma especial), y santos, y ancianitos sencillos pero en grandes alturas espirituales, y también engañados. En cambio hoy en día tenemos otro engaño y uno encuentra una moral y falsa amabilidad europea. Hoy en día se han perdido “los locos en Cristo”, se han perdido los santos y hay un orden, la orden de los hombres racionales. Ni siquiera para levadura ha sacado esta generación. Conocí aquel bendito ambiente, porque, si no lo hubiera conocido, moriría de pena. Pero esto me produce mucho dolor cuando comparo la situación actual con las cosas y realidades antiguas. Entonces se promovía y se incitaba al bien, a la lucha, al combate, ahora se hace promoción a las cosas mundanas. Me duele cuando veo un monaquismo confundido y mezclado y una falsa amabilidad.

 

El monaquismo principalmente es tradición. El joven monje debe ser instruido a la ascesis ortodoxa por el Yérontas, para aprender la forma de vida y de ascesis que ha recibido su Guía Espiritual por los padres-yerontas anteriores y así sucesivamente de yérontas a yérontas, la corriente de la tradición llega hasta los primeros ascetas del desierto.

 

San Paísios aconsejaba a los candidatos a monjes que vayan a monasterios o a yérontas con práctica y conocimiento de la vida monástica, para que aprendan la vida monacal no de los libros sino por la praxis. Porque, como decía, “uno de sí mismo no aprende nada. He aquí, mira estos gatitos son inteligentes, porque están instruidos de sus madres; el otro gatito el pobrecito está huérfano, está como perdido, no sabe nada”. Con esta comparación quería recalcar el beneficio del aprendizaje.

 

Animaba e incitaba a los monjes más jóvenes que vayan visitando antiguos ancianos aghioritas y conversen sobre temas espirituales y las escriban. “Vemos”, decía, “aquellos que han escrito los Gerónticos y los Lisaíticos con qué peligro viajaban para encontrar los Padres del desierto. En cambio hoy en día sobre todo, uno espera que lo inviten por encima”.

 

Era muy instructivo para uno ver al Yérontas preguntar a los otros yérontas luchadores qué canon o regla hacen y cómo luchan, con el propósito que el mismo sea beneficiado. Al final se reprobaba a sí mismo de que ante las cosas que hacen los otros, él no hace nada, aunque hiciera las más grandes ascesis. A menudo y con respeto siempre se refería a la tradición aghioríticas, la consideraba valiosa y preciosa pero también muy sensible, como un árbol que tiende a secarse y quedan sólo unas ramas verdes.

 

Esta era en breve la posición del Yérontas frente a la tradición aghiorítica, ascética y níptica. Posición de respeto, permanente aprendizaje y muchas luchas para vivirla por experiencia y transmitirla inalterable a los monjes más jóvenes.

 

La otra parte era su posición negativa frente a la conducta y actitud mundana, de la forma de vida secular, mundana y del modo de tratamiento mundano. Decía enfáticamente: “Lo peor de todo, la conducta mundana”. El evangelista Juan el Teólogo escribe sobre el cosmos-mundo: «No améis el mundo ni los placeres carnales, vanos y pecaminosos que existen en este mundo que separan al hombre de Dios. Si uno ama al mundo del pecado, la agapi-amor de Dios Padre no está en su interior. Porque muchas cosas que hay en el mundo alejado de Dios están pervertidas, como por ejemplo, las pasiones carnales, el ansia por las cosas y el orgullo o arrogancia, no provienen de Dios y Padre sino del mundo pecaminoso. Y este mundo vanidoso y pecador pasa y con él sus insaciables deseos. Pero el que hace la voluntad de Dios tiene la vida eterna y eternamente permanece y vive junto con Dios (1Jn 2,15-17)».

 

Consideraba que esto es la causa principal del aflojamiento de la tradición monástica y puede perjudicar más al monje que el mismo diablo. Y los santos Padre con el término “kosmos, mundo”, llaman por un lado los pazos y el pecado, pero principalmente la conducta y moral mundana, el apego y preocupación por las cosas materiales-mundanas por las que nos disuaden y nos desaconsejan: “Tú psique que no ame alguna cosa mundana” (San Isaac, Logos 7). “Porque el cosmos-mundo es como la prostituta que atrae el deseo de los que la observan…. (Logos 87, san Isaac). “El reposo, la pereza y la comodidad, son la perdición de la psique, incluso pueden perjudicar más que los demonios” (San Isaac el Sirio, Logos 73).

 

Para el monje naturalmente las cosas mundanas son incompatibles y muy perjudiciales. Pero el Yérontas consideraba que incluso los Cristianos que viven en el mundo no deben tener espíritu secular, mundanizado.

 

Su logos “como fuego consumador y como hacha que corta piedras” (Jer 23,29), distinguía y separaba lo mundano de lo monacal, incluso allí donde los otros lo confundían. Tenía una rara sensibilidad en este tema concreto.

 

Con tristeza comprobaba el Yérontas que “hoy en día se observa una influencia mundana en el monaquismo. Esto es lo que dicen los profetas de que en los ésjatos-postreros tiempos los monjes se convertirán como los mundanos y los mundanos se convertirán como los demonios. Pero hay también excepciones”. Por eso aconsejaba: “Hoy en día con el aflojamiento del monaquismo hace falta uno tener mucho cuidado, para que no sea arrastrado por la corriente, porque poco a poco se hace el mal y uno es arrastrado sin darse cuenta. El espíritu mundano ha influenciado también a los monasterios. Es decir, el monje quiere vivir cómodamente y santificarse a medida de lo posible con menos esfuerzo y fatiga”.

 

Portador y predicador del auténtico espíritu patrístico, consideraba perjudicial y destructivo para el monje la distracción, su no ocupación con las cosas espirituales, el peso exagerado sobre “obras inútiles” de la vida monástica, (trabajos manuales, construcciones lujosas, fiestas exhibicionistas, -pero no las imprescindibles restauraciones-), el escaparse del esfuerzo, la aspiración de comodidades y la facilidad.

 

Una vez había decidido marcharse del Stomio, porque las autoridades querían hacer una carretera hasta el Monasterio y hacer una línea de tren aéreo. Otro en su lugar se alegraría por esta facilidad, pero los criterios del Yérontas eran distintos.

 

Para un Yérontas que hacía muchas economías a sus monjes, dijo: “¿Por qué no tienen que subir ellos en su estado, ya que pueden, y él bajar al nivel de ellos?”.

 

Vio en una Kelia cosas incompatibles y preguntó: ¿Qué son estas cosas mundanas? “Me las han regalado”, se justificó el Yérontas de la Kelia. “¿Y si te regalan un vestido te lo pondrás como cinturón?”, volvió a preguntar. Quería que los monjes vivan sencillamente y eso que se haga concienzudamente. En un Monasterio vio alfombras extendidas al suelo y aconsejó que las quitaran. Se alegró cuando en la siguiente visita vio que las habían quitado, pero dijo a uno: “Las alfombras las han quitado de aquí, pero si no las quitan también de sus corazones en alguna otra parte las colocarán”.

 

Relató que una vez le visitó un monje del desierto. Le dijo alegremente que puso teléfono y comenzó a enumerar los buenos resultados, es decir, de que ganará mucho tiempo para la oración por hacer pedidos de cosas necesarias de Dafni y así evitaría también el cansancio de ir a buscarlas. El Yérontas no se puso de acuerdo con él y le respondió de la siguiente manera: “Yo también sé que es la comodidad de tener teléfono. Y cuantas más cosas mundanas tienes tantas más facilidades tendrás, ¿acaso, para estas facilidades y comodidades hemos venido aquí? Entonces mejor que nos quedásemos en el mundo, donde tendríamos más facilidades”.

 

También se refirió a otro ejemplo: “En una Kelia vivía un Yérontas con su obediente o subordinado. Decía a su obediente: “Quiero que hagas unas pocas Crucecitas a mano y que ores mucho”. Aquel presionó mucho a su Yérontas y aprendió iconografía. Poco a poco tuvieron muchos pedidos, compraron muchos muebles y vestiduras para treinta sacerdotes y tres obispos. Ahora últimamente murió aquel obediente. Antes de morir, el padre Paísios había visitado esta Kelia. El yérontas de la kalivi estaba solo y como ancianito sin poder hacer nada se dificultaba hasta para auto-sostenerse y cuidarse. Los sofás y los muebles estaban manchados de suciedades. He aquí es dónde resulta todo, cuando dejamos la oración para hacer nuestra voluntad”.

 

Y añadió el Yérontas: “Jatziyorghis (san Arsenio) a muchos de sus obedientes no los daba diacónima-servicio o trabajo. Ellos se dedicaban más a la oración y hacían prosternaciones para todo el mundo”.

 

Una vez vinieron oficiales superiores y recorrieron la Santa Montaña. Al final pasaron también por el Yérontas y le dijeron: “Nosotros en el mundo tenemos comodidades y cosas mundanas. Aquí hemos venido a ver algo distinto”.

 

Aconsejaba a los monjes: “En el desarrollo y progreso espiritual el mundo debe imitar a nosotros los monjes y no nosotros imitar al mundo en el desarrollo y progreso mundano”.

 

“Cuando un monje no se ha endulzado de las realidades espirituales, no tiene consuelo. Después comienza a desear las cosas mundanas y, como no puede utilizarlas tal y como lo hacen los mundanos, entonces es fatigado y castigado. Las cosas mundanas y el espíritu mundano traen en la vida monástica desolación, ruina, tal y como ha sucedido también al monaquismo de Egipto. Actualmente los arqueólogos encuentran en celdas de monjes de la Tebaida desde la época del emperador Zenón, representaciones gráficas con presas de caza, etc. Cuando se perdió la sencillez y los monjes comenzaron a ocuparse con cosas de este tipo, vino la desolación y la ruina del monaquismo”.

 

Decía proféticamente sobre la Santa Montaña Athos: “Veréis que estas construcciones grandes que algunos construyen, más tarde quedarán desiertas. Aunque le paguen a uno no querrá quedarse allí. Sólo estarán llevando materiales para hacer otras Kalivis pequeñas”.

 

Comprobaba que: “Hoy en día existe mucho material, vienen muchos jóvenes, pero la levadura es escasa. No estamos tal y como nos quiere Dios y los jóvenes que vienen no ven el ejemplo. Falta el ejemplo”.

 

Pero comprobaba también otra dificultad por parte de los jóvenes para el mantenimiento del auténtico espíritu monacal. “Los monjes jóvenes que han venido son un material muy bueno. Primera vez en la historia de la Santa Montaña Athos que se ha presentado tanta calidad de hombres. Los jóvenes están formados con estudios, con finura y amabilidad. Pero, desgraciadamente no explotan ni desarrollan las condiciones que tienen. Van a la Iglesia, encienden el candelabro, dan una vuelta alrededor, “Siervos del Señor, Aleluya”, gritan. Y ya está, ahora vamos a descansar. No se hace así la vida monástica. No te atreves a decirles algo, porque no aguantan nada. Están como ves muy mimados. Por lo mínimo te dicen: “Por qué me ha hablado así; se ha comportado mal conmigo, no me ha atendido”, dicen. Se pierden dentro de sus pequeñeces. Y todo esto solo por una razón; porque no han vivido el dolor en sus vidas”.

 

El Yérontas sufría por la Santa Montaña Athos y luchó para permanecer tranquilo, espiritual y negador del mundo, pero no inhospitalario; luchó para quedar no influenciado por las destructivas influencias mundanas para continuar siendo santo, sacando y destacando santos. Recalcaba lleno de esperanza: “Otra vez volverán a la tradición. Veréis que coches de lujo se irán haciendo como gallineros y monjes nuevos estarán viviendo en las cuevas. “Hoy en día existen arbustos que más tarde se harán árboles”, respondía a los que decían que hoy en día la Santa Montaña no tiene santos”.

 

Quería que el monje se delimitara sólo a las cosas necesarias y no gastar el tiempo y las fuerzas en cosas inútiles y vanas, con el resultado de quedarse desecado espiritualmente.

 

La posición del Yérontas sobre la tradición no era típica, seca e inflexible, sino que sentía su valor, la vivía y proveía recalcando las consecuencias futuras por el mantenimiento y cumplimiento de ella. Tenía el discernimiento de condescender ante la debilidad humana, sin pasarse de los límites. Decía: “Uno cuando siente una debilidad, que se ponga una cuchara de aceite, lo entiendo; poner una madera más en la estufa, vale; tener un animal cuando le hace falta, en fin… Pero nosotros nos hemos excedido. Qué “vida en ascesis deseamos” y qué mundo hemos abandonado, cuando mantenemos a todo nuestro mundo en nuestro interior (conducta mundana) y hemos llenado nuestras vidas con todas las comodidades y facilidades. ¡Y lo más terrible!: En vez de deplorar y reprobarnos a nosotros mismos, nos presentamos como más distinguidos y con más discernimiento que los santos Padres”.

 

Con su vida intachable daba el ejemplo. No tenía ni siquiera lámpara de petróleo. Por la noche con la vela se arreglaba. Traía agua de la fuente con un tubo de plástico para beber los peregrinos, y el mismo transportaba con el cubo y llenaba la fuentecita en el despejado del terreno.  Cuando fue preguntado por qué no trae agua con el tubo dentro en su Kelia, respondió: “¿Tan perdido estoy? ¿No puedo poner un tubo de plástico para tener agua en el interior? Pero esto no ayuda espiritualmente”. Algunos oían de la sala de visitas al aire libre y se imaginaban alguna sala solemne con sofás. Finalmente veían troncos comidos de la polilla encima del suelo. A pesar de esto esta sencillez los aliviaba y reposaba. “Esto buscábamos”, decían. Aunque tenía la facultad, conocía y sus manos eran hábiles, no procuró construir  “Kalivis bien atornillados” (expresión de san Nilos el Mirovlita) 6 sino edificar la casa de su psique. En vez de estar blanqueando con cal su Kelia, continuamente blanqueaba su psique con luchas y oraciones. Su Kalivita era sencilla y vieja. Su Kelia estaba ennegrecida por la cantidad de velas que se encendían, incluso había arañas. “Ellas me ayudan espiritualmente”, decía, “porque me recuerdan la cueva en la que han vivido los santos Padres, mientras que las cosas mundanas te trasladan al mundo”. Le emocionaban las cosas sencillas, las ascéticas, las pobres y todo lo que corresponde a los monjes. Inmediatamente regalaba alguna prenda caliente de piel de pelo cabra  y prefería ponerse alguna capa de tela o de punto simple. Voluntariamente se privaba de muchas cosas, que para otros eran consideradas como imprescindibles. Sin embargo, esta privación traía consuelo espiritual, tal y como decía: “Para que venga el divino consuelo, primero deben faltar los consuelos falsos”. Según san Isaac el Sirio: “El que se empobrece de las cosas mundanas, se enriquece en Dios” y “nadie se puede acercar a Dios, si no ha abandonado y distanciado al mundo. Distancia no digo la salida del cuerpo, sino el abandono y salida de las cosas del mundo” (Logos 43, p.178 y Logos 1 p.2)

 

En pocas palabras este es también el espíritu del Yérontas y este era su propósito, por el que el monje debe evitar las cosas mundanas. Lo expresa muy bien de forma epigramática y sencilla: “Por Dios; hemos salido al desierto para las luces increadas y continuamente perseguimos las luces creadas”.

 

B 3.5 Hacia la madre Iglesia

 

Tal y como el Evangelista Juan el Teólogo tenía tres madres, su madre natural, la Panaghía y la βροντή vrontí energía del trueno, (en helénico vrontí-trueno es femenino) porque fue llamado por el Señor «βοανεργές voanergés» trueno de energía, así también el Yérontas, además de su madre Evlogía (bendición) y la Panaghía, sentía también nuestra santa Iglesia Ortodoxa como su madre verdadera, ya que ella nos renace con el Bautismo y nos alimenta con al jaris (energía increada, gracia) de sus santos Misterios.

 

El Yérontas recalcaba especialmente esta relación suya. Escribía en una epístola suya mandada a un joven: “Después, cuando termines tus estudios, debes hacer lo que te da reposo en el interior del seno de la madre Iglesia”.

 

El Yérontas era un monje con moral, conducta y conciencia eclesiástica. Sus puntos de vista y opiniones eclesiológicas eran muy ortodoxos. Creía que la Iglesia contiene la plenitud de la Verdad apocaliptada-revelada. Decía: “Lo que tiene la Iglesia está abrillantado”. La sotiría redención, sanación y salvación de los hombres se logra en la Iglesia. Sentía que constituye un miembro de ella. Sometía su voluntad y se sacrificaba para el bien de ella. Incluso en su ascesis tenía referencia eclesiástica. Creía que “cuando me haya corregido a mí mismo, se habrá corregido un trozo de la Iglesia”. Su agapi para la Iglesia era muy grande. Para la estabilidad de la Iglesia hacía sacrificios y esfuerzos grandes y para la doxa-gloria de ella oraba continuamente. Para la unidad de la Iglesia luchó de distintas maneras. Escribía: “No soy de aquellos que han hecho la Iglesia Ortodoxa de Cristo partido político. Amo a los buenos obreros de Cristo y ayudo a la medida que puedo”.

 

Ayudó a muchos jóvenes hacerse buenos clérigos y obreros de la vid del Señor. Los aconsejaba: “Trabajad humildemente en la Iglesia y el Señor os manifestará a los ojos de los hombres”. Algunos de ellos hoy en día adornan y están sirviendo en la Jerarquía eclesiástica.

 

Quería que los clérigos preparasen al pueblo con la metania, para evitar la ira justa de Dios. El servicio de ellos que aspire a la sotiría redención, sanación y salvación de los fieles y a la doxa-gloria de la Iglesia, no en la autopromoción. Decía para el clérigo que ha realizado obra valiosa, que “su obra tendría valor si no fuera algo  personal”.

 

El mismo sin ruido desde su asceterio observaba la situación eclesiástica con interés. Oraba, hablaba, escribía y, cuando creía que era necesario salía en el mundo por algún asunto eclesiástico. Por un tema de este tipo salió y encontró al Arzobispo Jerónimo y otra vez se fue a la Metrópolis de la ciudad Flórina para ver al venerable obispo Agustín. Aquel le dijo: “¿Monje has venido para inspeccionarme? “No venerable”, respondió. “El Evangelio dice “si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos”, no dice para el Padre”.  Le hizo prosternación, una reverencia hasta el suelo y a continuación le dijo algo que el Metropolita luchador lo aceptó y a partir de entonces le tenía gran devoción. Muchos Obispos eran aconsejados y buscaban la comunicación y comunión con él.

 

Sufría mucho cuando había escándalos, crisis y problemas eclesiásticos. Entonces oraba mucho más. “Os he escrito mi profundo dolor”, escribía en una de sus epístolas en un período de este tipo (2-4-1975), y explicaba por qué suceden todas estas cosas: “Falta la majestuosa patrística espiritual y por consiguiente nos peleamos como los gitanos”.

 

Sobre el muy discutido tema de las organizaciones religiosas el Yérontas dijo: “Las organizaciones religiosas no disolverlas, sino que las convirtamos y las hagamos patrísticas”.

 

Aplicaba y cumplía los santos cánones y el orden de la Iglesia. Respetaba los principios y las cosas instituidas de la Santa Montaña Athos. Sin permiso escrito no salía de la Santa Montaña. Una vez se encontró en el Monasterio de Surotí y terminó su permiso. Tenía un asunto urgente en otra ciudad, pero no se trasladó. Perdió dos días esperando a que le trajesen el nuevo permiso.

 

Tenía devoción y respeto a los obispos. Le llamó un conocido suyo a que vaya a visitarle en su casa. Naturalmente, no puedo venir”, dijo, “pero si viniera primero deberíamos ir al Obispo para tomar su bendición, y para verlo perderíamos dos o tres días”.

 

-Yérontas, ¿para qué hace falta ir al Obispo?

-Efectivamente, es necesario ir, porque él es el capitán, nosotros somos simples soldados.

 

Respetaba especialmente el trono Ecuménico. Reconocía su misión interortodoxa y entendía la situación difícil que se encontraba. Oraba mucho y lo defendió públicamente en muchas ocasiones.

 

Desde Stomio hemos visto al Yérontas ser un combatiente duro de las herejías. En los temas de la fe era exacto, preciso e irreconciliable, in-condescendiente. Decía: “En la Verdad no se hacen rebajas, La Verdad es el Cristo”.

 

Combatió contra el ecumenismo y hablaba sobre la grandeza de la singularidad de la Ortodoxia, su información emanaba de la en su corazón divina jaris (energía increada). Su vida y experiencia demostraba la superioridad de la Ortodoxia.

 

Con su discernimiento aconsejaba: “A los Cristianos que no son Ortodoxos, no debemos decirlos de que irán al infierno o que son anti-cristos, pero tampoco de que se salvarán. Porque de esta manera los reposamos falsamente y seremos juzgados por esto. Deberemos ponerles la buena inquietud, decirlos que están en el engaño”.

 

Tenía gran sensibilidad ortodoxa, por eso no aceptaba las oraciones conjuntas y la comunión con los no ortodoxos. Recalcaba: “Para orar junto con otro debemos estar de acuerdo en la fe”. Cortaba las relaciones o evitaba a ver clérigos que coparticipaban en oraciones en común con los heterodoxos. Los “misterios” de los heterodoxos  el Yérontas no los reconocía y aconsejaba que los que vienen en la Iglesia Ortodoxa deben ser catequizados muy bien antes de ser bautizados.

 

Durante un tiempo había interrumpido, junto casi con toda la Santa Montaña Athos, la memoria, comunión del patriarca Athenagoras por sus peligrosas aperturas hacia los romano-católico-papistas. Pero lo hizo con dolor: “Hago oración”, dijo a uno, “para que Dios quite días de mí y las conceda al patriarca Athenagoras para que complete su metania (arrepentimiento y confesión)”.

 

A los Anticaledonios (monofisitas) –como también a los heréticos y heteroreligiosos- por un lado los consideraba como criaturas de Dios y hermanos nuestros en carne por Adán, pero no hijos de Dios y hermanos nuestros también en espíritu, que consideraba solo a los Ortodoxos. A lo concerniente de los últimos acontecimientos por los monofisitas (y filomonofisitas) el Yérontas había señalado: “Ellos no dicen que no entendieron a los santos Padres, sino que los santos Padres no los entendieron a ellos. Es decir, como si ellos tuvieran la razón y los santos Padres los malinterpretaron”. Finalmente calificó como blasfemia contra los santos Padres la propuesta de la limpieza de los libros Litúrgicos por la calificación como herético a Dióscuro y a Sebiro. Dijo: “¡Tantos santos Padres que tenían la divina iluminación y eran contemporáneos, no los entendieron y los malinterpretaron y venimos nosotros ahora después de tantos siglos a rectificar a los santos Padres! ¡Pero incluso el milagro de la santa Efimía no lo tienen en cuenta y ella también malinterpretó el tomo de los heréticos!

 

Sin pretender de aparecer como confesor, por su propia manera y modo, reaccionaba, hablaba y escribía a personas eclesiásticas. “La Iglesia”, decía, “no es un barco personal de cada obispo para hacer lo que viene en gana”. Este tipo de reacciones suyas estaban acompañadas de mucha oración y agapi para la Iglesia pero también para los extraviados, y presuponen apacia (sin pazos, impasibilidad), discernimiento e iluminación de lo alto.

 

Otro tema que preocupó al Yérontas fue el tema del calendario. Sufría por la separación y oraba. Se entristecía por las hermandades de los veterocalendaristas que son como parras separadas de la Vid, y no tienen comunión con los Patriarcados Ortodoxos y las autocéfalas Iglesias Ortodoxas locales. Algunas de este tipo parroquias en Atenas y en Tesalónica se unieron por su sugerencia y recomendación con la Iglesia manteniendo el antiguo calendario de fiestas.

 

Decía: “Sería bueno que no existiera esta diferencia con el calendario de fiestas, pero no es cuestión de fe”. En las protestas de que el nuevo calendario lo hizo el Papa, respondía: “El nuevo calendario lo hizo el Papa y el antiguo un idólatra”, dando a entender a Julio Cesar. Para que se vea mejor la posición del Yérontas sobre el tema del calendario, a continuación ponemos un testimonio en relación:

 

“Un griego Ortodoxo vivía con su familia muchos años en América, pero tenía un problema muy serio. El mismo era celote veterocalendaristas, mientras que su mujer y sus hijos estaban con el nuevo calendario. “Como familia no podíamos celebrar un fiesta juntos”, decía. “Ellos celebraban Navidades y yo celebraba a san Esperidón. Yo celebraba Navidades y ellos celebraban la fiesta de san Juan. Y esto era lo menos. Lo peor de todo esto era saber, tal y como nos enseñaban, los  novocalendaristas son heréticos y serán condenados al infierno. No es poca cosa estar escuchando que tu esposa y tus hijos han traicionado su fe, se fueron con el Papa, sus misterios no tienen jaris (energía increada) etc. Por horas discutíamos con mi esposa pero nunca llegábamos a ningún fin. Por decir la verdad algo no me gustaba de los veterocalendaristas. Especialmente cuando venían algunos obispos y nos hablaban. No hablaban con agapi y con dolor para los engañados, tal como consideraban a los novocalendaristas. Pero veías que tenían un odio contra los novocalendaristas y se alegraban, cuando decían que serán condenados al infierno. Eran muy fanáticos. Cuando terminaba la homilía de ellos, sentía en mi interior una turbación. Perdía mi paz. Pero, no tenía ningún pensamiento de marcharme de nuestra tradición. Estaba a punto de reventar. Seguro que algo malo me sucedería por tanta tristeza y depresión.

 

»En uno de mis viajes a Grecia comenté mi problemática a mi primo Yanis. Él me habló sobre un Yérontas que se llama Paísios. Decidimos ir a la Santa Montaña para encontrarlo.

 

»Llegamos a la “Panaguda”. El Yérontas me invitó con su rostro sonriente y me puso sentado al lado suyo. Estaba impresionado y perdido. Tal y como se comportaba conmigo, sentía como si me conociera desde hace tiempo, como si supiera todo sobre mí.

-¿Cómo vas con los coches allí en América? Fueron sus primeras palabras.

»Me quedé perplejo. Me olvidé decir que mi trabajo era en los espacios de aparcamientos de coches y naturalmente continuamente me ocupaba de los coches.

-Voy bien; fue lo único que pude murmurar mirando como perdido al Yérontas.

-¿Cuántas Iglesias hay allí donde estás?

-Cuatro respondí y me sobrecogió la segunda ola de sorpresas.

-¿Con el nuevo o con el viejo calendario? Me vino el tercer trueno, pero mira por donde, en vez de agrandar mi perplejidad, de una manera me familiarizó, me “hizo aterrizar” diría yo, con el carisma del Yéronta.

-Dos con el antiguo y dos con el nuevo, respondí.

-¿Tú a cuál vas?

-Yo con el viejo y mi mujer con el nuevo calendario, respondí.

-Mira, debes ir tú también a donde va tu mujer, me dijo con una autenticidad y se preparaba para darme explicaciones. Pero para mí el tema Ya se había terminado. No me hacían falta explicaciones y argumentos. Algo inexplicable sucedió en mi interior, algo divino. Un peso se marchó y se tiró lejos de mí.  Todos los argumentos y todas las amenazas y aforismos para los novocalentaristas que tantos años escuchaba desaparecieron. Sentía la jaris (energía increada) de Dios que a través del Santo actuaba encima de mí e inundaba una paz que buscaba hacía años. La situación que vivía se manifestó en mi cara…

 

»Aquello que me acuerdo es que esto más bien lo hizo al Yérontas para parar un rato. Pero después continuó dando algunas explicaciones. Quizás para que las comente a los otros. Quizás para que las utilice para mí mismo en tiempos de tentación, cuando estaba pasando aquella celeste situación.

 

-Es cierto que nosotros también aquí en la Santa Montaña funcionamos  con el viejo calendario. Pero el caso es distinto. Estamos unidos con todos los Patriarcados, tanto con los que tienen el nuevo calendario como con los que tienen el viejo calendario. Reconocemos sus misterios y ellos los nuestros. Los sacerdotes de ellos co-celebran con los nuestros sacerdotes. Mientras que ellos celotes veterocalendaristas se ha apartado. La mayoría de ellos tienen devoción, akribia-exactitud y precisión, tenacidad y celo de Dios. Sólo que todo esto es sin discernimiento, “no por conocimiento”. Otros por simpleza, otros por ignorancia, otros por egoísmo han sido arrastrados y desviados. Consideraron los 13 días como tema dogmático y a todos nosotros como engañados, y se marcharon de la Iglesia.  No tienen comunión con los Patriarcados y las Iglesias que van con el nuevo calendario, ni tampoco con los Patriarcados e Iglesias que van con el antiguo, porque supuestamente han sido manchados y afectados por los novocalendaristas. Y no sólo esto, también estos pocos que quedaron, no sé cuantos trozos son y cada vez  se anatemizan, excomulgan y se cesan los unos a otros. No sabes cuánto he sufrido y cuánto he orado para este tema. Es necesario amarlos y sufrir por ellos y no condenarlos y criticarlos maliciosamente, y más aún, hacer oración por ellos para que los ilumine Dios y, si por suerte alguna vez alguno con buena intención nos pide ayuda, decirle alguna palabra”.

 

Pasaron más de cinco años desde la dormición del Yérontas. El señor X. vino en la “Panaguda” a agradecer al Yérontas, porque desde entonces encontró su sotiría redención, sanación y salvación espiritual y familiar y con lágrimas en los ojos ha relatado todo lo anterior.

 

Citamos también otro posicionamiento con discernimiento del Yérontas en un tema eclesiástico. Un clérigo Ortodoxo del extranjero le preguntó sobre una dificultad suya. Su obispo hizo por debajo de los templos salas de fiestas y otras acciones anti-tradicionales. Los Cristianos no se reposaban y acudían a una Iglesia cismática. La respuesta de Yérontas fue: “Si quieres ayudar al mundo o la gente, no debes reposarte en las cosas que hace tu Obispo. Con estas cosas se consigue que la gente se marche de la Iglesia. No digo que dejes de tener comunión con el Obispo y hacer un cisma, ni debes hablar públicamente contra él pero tampoco alabarle”.

 

Con su agapi, su oración y su discernimiento, conocía cuánto debe hablar, cómo actuar y ayudar sin ruido a la madre Iglesia, evitando los extremos y sanando las heridas que molestan y fatigan el cuerpo de la Iglesia y escandalizan a los fieles.

 

B 3.6 Sobre la Patria y la Nación.

 

El Yérontas, siendo desarraigado desde niño y habiendo vivido la ocupación Alemana, conocía por experiencia que “hacer vida serena y en paz” es una gran bendición.

 

Amaba la Patria y decía: “La Patria es también una gran familia”. No aspiraba la grandeza, la gloria y la fortaleza en el sentido mundano, sino la paz, el progreso espiritual y la vida ética de todos los ciudadanos, para que nos ayude también el Dios. Ni buscaba la seguridad para que disfruten los hombres de sus comodidades.

 

A otro Heleno-Griego patriota ardiente que vivía en América e intentaba promocionar Grecia, le aconsejó que luchara para santificarse y después promocionar correcta y espiritualmente también la Helade-Grecia.

 

Igual que los Profetas de Israel participaban a la vida de su etnia o pueblo de forma activa a su manera, oraban, lloraban, inspeccionaban a los reyes, predicaban la metania y profetizaban para los males venideros, lo mismo también el Yérontas no era indiferente e impasivo en los temas de la Patria. Era profeta pero no nacionalista y decía: “Por Sión no nos callaremos” (Is 62,1). Lo mismo también la posición del Yérontas era claramente espiritual.

 

Mientras vivía fuera en el mundo, luchó como pocos para el bien de la Patria. Era admirable también su oferta para nuestros temas exteriores nacionales. Hablaba contra las corrientes anti-helénicas, los falsificadores de la verdad histórica, principalmente contra las injusticias de las injustas reivindicaciones terrenales en contra de Grecia por los de Skopia-Fyrom, “los Paneslavos”, los Albanos, los Turcos etc. Decía que “Uno quiere la Tesalónica, otro quiere llegar a Thesalia hasta la ciudad Larisa, otro quiere el mar Egeo. De todos modos al final no existirá nunca Helade-Grecia”.

 

Señalaba los peligros nacionales, incluso antes de que aparezcan. Ayudó a muchos ver claramente las propagandas en contra de la Patria, y los que tenían posiciones clave y sensibilidad tomaron las medidas correspondientes.

 

En relación con el problema de Macedonia, un oficial superior se refiere: “Yo estaba dentro de las cosas y no me había dado cuenta. El Yérontas me ha abierto los ojos. Al principio me extrañaba y decía: “Qué son estas cosas que dice el Yérontas de dónde las sabe.” Después entendí”. El Yérontas ya desde 1977, cuando viajó a Australia, se refirió sobre el problema de Macedonia. Entonces algunos “entendidos” estas cosas las consideraron “como irresponsables palabras peligrosas y fanáticas.”

 

Defendiendo la Helenidad de Macedonia colgó en su sala de visitas el texto del profeta Daniel (Dan 9, 21-25) donde se refiere sobre el rey de los Helenos-Griegos Alejandro, y a lado un gran icono de papel de un Ángel de un Monasterio Serbio indicando el texto.

 

Un monje aghiorita se refiere: “El año 1992 visitamos al Yérontas Paísios con un monje extranjero que estaba como monje en nuestro Monasterio. Me apresuré a presentarlo porque primera vez visitaba al Yérontas. No nos dio tiempo a sentarnos y el Yérontas comenzó con un ataque fuerte al hermano. Me quedé sorprendido e intervine diciendo que el monje había olvidado su patria y ya no se ocupa sobre temas nacionales sino sólo para su edificación espiritual. Y el Yérontas de forma muy intensa gira hacia a mí y me dice “Tú cállate, no sabes lo que dices”.

 

»Realmente, tal y como se ha demostrado más tarde, el Yérontas había diagnosticado la hipocresía y previó la trayectoria del monje. El desenlace final de este monje fue su marcha a escondidas y sin bendición el año 1999, una vez haber precedido confabulaciones secretas, y ahora es un miembro cismático de la Iglesia cismática de su patria”.

 

Comparaba el estado de Skopia como edificio que está edificado con ladrillos y con turrones de Farsala, que están cortados de forma de ladrillo, y es natural que alguna vez se desplomará.

 

En el libro del ex-ministro del norte de Grecia señor Nokolaos Martis, con el título “La falsificación de la Macedonia”, cuando lo leyó, le entusiasmó. “Doxa-gloria y gracias a Dios”, dijo “existen también patriotas. Se llevó muchos libros y los dio de bendición. Escribió un admirable poema pequeño, el cual el señor Martis lo ha incorporado en nuevas ediciones de su libro.

 

Sobre Turquía predicaba con seguridad: “Será disuelta, los Kurdos formarán estado propio y las grandes potencias nos devolverán la Polis (Constantinopla). No porque nos aman, sino porque así economizará Dios las cosas, de modo que por interés propio de ellos les convendrá que la tengamos nosotros. Funcionarán las leyes espirituales. Los turcos tienen y deben pagar mucho por las cosas que han hecho. Esto no es un una Nación, será destruida. En su cinturón llevan sus kólivas (masa o granos de trigo hervidos que se ofrecen para el funeral), es decir, ha llegado el final de ellos. San Arsenio decía antes del Intercambio de poblaciones (holocausto de Asia Menor): “Nuestra Patria la perderemos, pero otra vez la recuperaremos”. El Yérontas aconsejó a ser traducido en la lengua turca el Evangelio, porque creía que muchos turcos se bautizarán cristianos ortodoxos.

 

Viendo que el peligro venía de Oriente por Tracia, se fue a la ciudad de Komotiní para apoyar a los cristianizados musulmanes. Quiso permanecer junto con ellos por un espacio de tiempo con el propósito de ayudar. Estos esfuerzos suyos tuvieron también sus consecuencias. Una vez el bienaventurado Konstantino Tselios comerciante de la ciudad de Agrinio encontró al Yérontas estando sentado fuera de su Kalivi y estaba muy entristecido. Le preguntó qué le pasaba y el Yérontas respondió: “Desgraciadamente hijo mío, hemos abierto las fronteras y ha entrado de todo lo malo dentro. Antes de poco rato mientras venía hacia aquí, me esperaba un joven fuerte y alto. Me cogió de la mano amenazándome y me dijo: “Viejo, no quiero volver a verte en Tracia y no te vuelvas por allí porque…” (hizo un gesto y me amenazó vulgarmente). Le digo: “¡Qué estás diciendo mala persona, tú que eras Alemán hombre valiente, con estudios y formación académica, fuiste a Meka, te han hecho musulmán y ahora trabajas para los turcos en Kreta haciendo de pastor de ovejas, y espías las bases militares! Vete de aquí”. No me dio tiempo terminar y le veo colorado rojo saliendo rápidamente corriendo”.

 

Fue preguntado el Yérontas, cuándo será liberada Chipre, y respondió: “Chipre se liberará, cuando hagan la metania (se arrepientan) los chipriotas. Tenéis que hacer bases espirituales para que expulsen las bases de los turcos, de los ingleses y de los americanos”. Es decir, veía el problema chipriota como espiritual, no como nacional o político, y que su solución provendría de la metania (confesión y arrepentimiento) del pueblo y con la oración.

 

En los temas de la Patria no quería que los cristianos fueran indiferentes. Se entristecía mucho cuando veía que hombres espirituales buscan ser acomodados ellos mismos y no estaban interesados por la Patria. Decía: “En una época que Satanás se está desbordando y sus hombres organizando, los Helenos o Griegos se encuentran en un letargo. Cada uno sólo busca acomodarse a sí mismo y nada más. Y cualquier cosa que les hagas, por mucho que les remuevas, no despiertan por nada”. Su pena y sorpresa era cómo los responsables no perciben a dónde nos estamos dirigiendo. El mismo desde antiguamente preveía la situación actual y se inquietaba, pero no sembró sus inquietudes en el mundo. Daba esperanza y positivismo. Decía: “Por el mal que hoy en día domina, saldrá un bien grande. Veo un olivo. Se ha secado una rama, otra la come la polilla y esta se secará también. Pero brota otra rama por abajo que tiene mucha fuerza y se desarrolla rápidamente”.

 

Sufría mucho por la decadencia espiritual de los ciudadanos. Decía: “Helade-Grecia ha perdido su camino. El pecado y la prodigalidad  (derroche) reinan en los hombres, pero Dios nos ama y espera nuestra metania”. Hablaba severamente para los que votaban leyes anticristianas. Se entristeció mucho por el cambio de nuestra lengua y dijo: “La siguiente generación traerá alemanes para enseñarnos nuestra lengua, y nuestros hijos nos estarán escupiendo”. Escribía en una epístola suya: “Los que han cesado el griego clásico, una vez que sean ridiculizados, después volverán a ponerlo otra vez”.

 

Publicó un texto corto apoyando al héroe Makrigianis puro y muy piadoso por las acusaciones injustas y falsas arremetidas contra él. Más allá de la apocatástasis de la verdad, había entonces, igual que hoy en día, una necesidad imperativa de proyección de un prototipo o modelo ideal de imitación para los gobernantes políticos, pero también para ayudar al pueblo a adquirir criterios políticos correctos en su elección de los gobernadores de nuestra Nación.

 

Un primer ministro, al que había criticado y condenado públicamente por sus actos perjudiciales para la Nación y la Iglesia, pidió encontrarse con el Yérontas en el Monasterio de Surotí. El Yérontas respondió: “Que venga y le cantaré las verdades en su cara”. Tenía fuerza y valor psíquico este pobre monje de kalivi de elevar su voz sin miedo ante los fuertes del día.

 

Cuando un presidente de la Democracia Helénica visitó la Santa Montaña Athos aconsejó a los monasterios que no lo recibiesen, porque había firmado la ley sobre los abortos.

 

De un Ministro que quiso ayudar a un monasterio conocido suyo, no aceptó nada, porque pertenecía a un partido que había firmado muchas leyes anticristianas.

 

El Yérontas era hombre de paz y de unidad. No pertenecía a ningún partido. Estaba por encima de los partidos. Rechazaba los partidos políticos ateos y a los políticos por su ateísmo y su polémica contra la Iglesia. Decía: “Para qué la quiero la mano derecha o la izquierda, si no se santigua”, rechazando a los políticos ateos independientemente de su colocación política. Algunos partidos políticos conociendo su influencia en el pueblo, buscaron en atraerlo para conseguir votos, pero lo intentaron vanamente.

 

Hablaba especialmente contra la masonería. En el Sinaí le visitó uno de la comunidad helénica de Cairo acompañado por un hieromonje Sinaíta. Mientras hablaban amistosamente, el interlocutor dijo que era masón. Entonces bruscamente el sereno Yérontas se levantó y le dijo con indignación: “Piérdete de aquí” e inmediatamente le abandonó y se marchó. Quería con su comportamiento indicar su repugnancia hacia la cualidad masónica. Otro masón que le visitaba haciéndose amigo y conocido suyo. Cuando el Yérontas fue informado –una vez que comprobó la información de que es masón-, le inspeccionó y cortó toda relación con él.

 

Le visitaban personajes políticos, diputados, ministros y senadores de Estados Unidos y el rey Constantino le mandaba cartas. Pero a nadie pidió algo para sí mismo o para monasterios suyos conocidos. Solo les pedía que actuaran para el bien de la Patria y de la Iglesia.

 

Incluso ayudó a muchos trabajadores estatales con sus consejos que sean honrados y responsables en sus trabajos. Estimaba mucho a los pedagogos por la obra esencial que ofrecían, y los militares piadosos que mostraban que tienen ideales. A muchos jóvenes anarquistas los convenció a que hiciesen el servicio militar.

 

Por regla general aconsejaba a todos tener respeto y agapi a la Patria,  y actúen para el bien común con seriedad y no sean arrastrados por el espíritu general de indiferencia, de aniquilación de todo, del acomodo propio y del abuso.

 

Pero principalmente el Yérontas ayudó a la Patria invisiblemente con su oración. Eso se ve por el canon-regla que hemos referido, pero también por el poema que mandó a su madre. Al final dijo que se hace monje para estar orando también por toda la ciudadanía y la Patria”. Daba primero el ejemplo e incitaba, diciendo: “Debemos hacer oración a Dios para que ilumine a los responsables que están en posiciones altas en la Nación, porque ellos pueden hacer mucho bien”.

 

Cuando había tensión en las relaciones Heleno-turcas, decía: “Muchas nubes se han reunido. Podremos expulsarlas” (con la oración).

 

En una situación similar celebró la Divina Liturgia en su Kalivi. En las Bienaventuranzas no salmodió lo que prevenía en el tipicón-regla, sino del canon de san Nicolaos el Kataskepinós, porque era el adecuado para este caso: “Soberana, destruye las flechas de los ateos Agarinós destrúyelos Señor, y todas las voluntades de los demonios cancélalas, a su pueblo cristiano cúbrelo y guárdalo para que te glorifiquemos”. (Theotokarion, san Nicodemo el Aghiorita, vísperas de Sábado).

 

Cuando la Patria pasaba por períodos de inestabilidades políticas, a causa de la dificultad de formar gobierno, el Yérontas sufría y bendecía mucho. Una vez que se harían elecciones por tercera vez en el mismo año sucedió lo siguiente, tal y como lo ha relatado: “Era víspera de elecciones. Estaba sentado en mi cama de madera en la sala de visitas y decía la oración del corazón o de Jesús. De repente se presentó el diablo con la forma y figura… ( de una persona política de alto nivel de aquella época, del cual yo reprobaba sus actos catastróficos) y me amenazaba. Pero no podía acercarse. Estaba atado, algo le retenía y le apretaba”.

 

La misma noche el Yérontas se presentó con un sacerdote casado en el sueño. Le dijo severamente: “Cura… ¿por qué estás durmiendo? Levántate para hacer oración, porque la Patria peligra”.

 

La salvación de la Nación la esperaba de Dios. Decía: “Si Dios dejara la suerte de la Nación a los políticos nos destruiríamos y desapareceríamos. Pero deja un poco las cosas para que se vean las intenciones y propósitos de cada uno”.

 

Para los políticos que hacían mal a la Nación decía: “Con la conciencia tranquila ruego a Dios que les conceda metania y los lleve, para que no continúen haciendo mayor mal, y que resucite Macabeos”.

 

Creía que un monje puede ayudar a toda una Nación. “A uno Dios le hace monje para ayudar a una familia y a otro para ayudar a una Nación entera. La Santa Montaña Athos mucho puede ofrecer. Puede volver a crear el imperio Bizantino por el que provino”.

 

ANEXO

Carácter, figura y carismas naturales del Yérontas

 

La aparición exterior del Yérontas era la de un monje normal. Su altura era de 1,61 m. Era muy delgado, parecía un esqueleto por los años de larga ascesis, con características de su rostro bellas, armoniosas y finas.

 

Su aparición completa inspiraba bondad y simpatía.

 

Su mirada viva, expresiva (se expresaba y hablaba con sus ojos), perspicaz y reluciente; paz, seguridad y majestuosidad acompañaban sus movimientos. Su barba normal, densa y casi blanquísimas antes de su dormición. Su cabello blanquinegro y muy denso, llegaba hasta sus hombros. Por regla general se ponía el gorro de género de punto, gordo para el frío. En las salidas se ponía el acostumbrado gorro aghiorítico o athonita.

 

Las palmas de sus manos eran más grandes que lo normal, robustas y mostraban a un hombre que se ha ocupado con trabajos manuales. La plantas de sus pies muy grandes, desproporcionadas con su altura. Su dientes faltaban casi todos, excepto de dos de la mandíbula de arriba y unos pocos en la de abajo. No quiso ponerse dientes, aunque sus hijos espirituales se lo propusieron. Pero consintió a que le pusiesen dos fundas. Cuando reía se veían característicamente. A pesar de la falta de dientes, hablaba claramente y esto no parecía como un defecto corporal. La manifestada jaris divina (energía increada) cubría a esta falta y le hacía parecerse “bello y bondadoso”. Su rostro estaba iluminado y gratificado. Era entero “cualidad o atributo de la jaris resplandeciente”.

 

Sus sentidos permanecieron muy agudos hasta su dormición y funcionaban muy bien. Con su olfato desde un kilómetro lejos sentía al que fumaba. Su oído muy sensible. Su vista sorprendente. Veía detalles desde muy lejos. Con gafas de presbicia esculpía madera con detalles hasta los finales de su vida.

 

Parecía un hombre normal, pero escondía al  “hombre del corazón escondido, el que era creado según Dios”, la divina jaris (energía increada gracia) que era imposible esconderse. En sus últimos tiempos parecía como una fruta madura goteando miel que le traicionaba y reflejaba su faz y su aroma. Aunque anciano con cabello blanco, enfermo y sin dientes, sin embargo era un león. Tenía algo potente, lo decisivo y lo divino. Dentro de este menudo y enfermo cuerpo se escondía una psique valiente, con mucha potencia, energía e ira. La ira (enfado) los santos Padres la llaman el nervio de la psique. Esta potencia y energía (la ira) la giró hacia el bien y la desarrolló bien sacándola provecho para conseguir las virtudes. No distaba de inspeccionar a cualquiera, cuando hacía mal que transcendía los límites y enfadarse impasivamente 1 (sin pazos-pasión) -“enfadaos pero no pequéis”- sin perder su paz, pero siempre defendiendo algo superior y no a sí mismo; entonces hablaba no dominado por el pazos de la ira, sino con el dolor de la psique. 1La ira con su energía se mueve por naturaleza, cuando ama a todos los hombres y no tiene contra nadie rencor, resentimientos y tristeza, (San Juan el Damasceno, Logos psicoterapéutico, Filocalía tomo 2)

 

Era por naturaleza un hombre abierto y agradable, hospitalario y misericordioso, auténtico Oriental. Amaba narrar historias agradables con contenido espiritual y reír de corazón. Decía el Yérontas: “Desgraciadamente hoy en día muchos han perdido la sonrisa natural”. Podía estallar en lágrimas por simpatía, abrazar como hermano a un dolorido a quién veía por primera vez, y hacía todo sacrificio para ayudarlo, reposarlo y aliviarlo. Y todo esto lo hacía de corazón natural y espontáneamente.

 

Se sacrificaba por su fe y para la agapi hacia su prójimo. Detestaba la doble cara, la mezquindad y la inconsciencia. Honraba y respetaba a los fieles virtuosos, los piadosos, a los que tenían ideales y trabajaban para el bien de la Iglesia y la Nación, los honestos y espléndidos que tenían espíritu de sacrificio. Decía: “Llevo en mi corazón a los que tienen bondad, devoción, piedad y sencillez”.

 

Ante el hombre más insignificante, sobre todo si fuera una psique dolorida y cargada, se humillaba sin límites, se hacía tierra. Pero se convertía en montaña altísima y en roca imperturbable en las amenazas, en las intimidaciones, en los halagos y en los sobornos de los fuertes. El Yérontas era inmutable ante las amenazas, el peligro y la muerte. Era inmune por las calumnias, incluso de los golpes “de los que le combatían desde la altura” (Sal 55,3), es decir, de los fuertes de la tierra.

 

Era hombre con rico contenido interior. Tenía un corazón con sentimientos purificados, que nada tienen que ver con el sentimentalismo. Era hombre perfecto, hombre de Dios. Era un icono hecho de Dios con preciosas teselas, las virtudes. Era un “espejo limpio sin mancha”, que reflejaba las divinas cualidades (atributos). El Yérontas era por naturaleza bondadoso, de buena pasta, dotado de raros carismas. Pero luchó mucho, aumentó y duplicó sus talentos. Dios le dio mucho y el Yérontas los hizo rendir y entregarlos multiplicados de múltiples maneras.

 

El Yérontas era un fenómeno o caso de genio, inteligencia, prontitud y muy ágil. Un caso no acostumbrado y raro. Tenía una memoria sorprendente. Se recordaba de uno que le veía sola una vez por decenas de años. Una vez en la “Panaguda” le visitó un hombre mayor. El Yérontas le preguntó: “¿Eres el Kokinelis? Realmente era de Kokinelis con el cual había coincidido por poco en el servicio militar hacía medio siglo.

 

Estaba metido en todo, sin ocuparse de todo. Conocía las cosas y realidades del mundo, permaneciendo al desierto. Espiritualmente estaba con todos, amaba todo el mundo y distaba de todos.

 

Conocía mucho sin haber estudiado. Hacía compañía y conversaba cómodamente con científicos y otras personalidades, sin sentir complejo de inferioridad. Al contrario, los sabios según el mundo le pedían consejos.

 

En la pregunta si se ha arrepentido porque no ha estudiado, respondió negativamente. Sólo hablaba de la gnosis de la lengua clásica helénica y decía que: “Si hubiera terminado un par de cursos del bachillerato, entendería mejor la Santa Escritura y los santos Padres. Pero era exacto y preciso en sus palabras. Sus respuestas no dejaban vacíos ni dudas. Entendías lo que quería decir incluso sin palabras, con poco decía mucho. Con un gesto representativo daba a uno entender una cuestión entera o un tema completo.

 

Era por su naturaleza artista y poeta. Tenía la capacidad de escribir poemas, troparios y pintar.

 

Amaba el trabajo esmerado. Lo que tocaba con sus manos lo hacía con esmero, perfectamente; más con lo que tenía relación con Dios y la Iglesia. No lo hacía oro como el mítico Midas, sino que con lo que se ocupaba lo daba una matiz y dimensión espiritual. Tenía la persistencia y el método para la consecución de sus objetivos y propósitos.

 

En sus relaciones con los demás era sencillo, espontáneo, caluroso y tenía su propia manera y forma, un arte espiritual para acercarse, comunicarse contigo dándote reposo, alivio y sosiego. Te observaba silenciosamente, con la atención extendida, te dejaba hablar y se ponía en tu lugar. Se comportaba con los demás con sensibilidad y finura, y sólo consigo mismo era severo. Estas contraposiciones en su carácter componían armonía admirable: indulgencia hacia los demás y severidad hacia sí mismo, hisijía y sociabilidad, sencillez de la fe y destreza, mas maestría intelectual, aplicación y cumplimiento de las reglas, cánones y espíritu de libertad.

 

Cualquier camino que siguiera el Yérontas en su vida, se distinguía, porque era “recipiente de cabida”, máquina potente, linterna de gran tensión y energía.

 

Pero prefirió hacerse “lata de sardinas” que refleja los rayos del Sol de la justicia, e indica al Sol, en vez de brillar temporalmente en este mundo falso con su propia auto-proyección. Luchó mucho con filótimo, honradez y abnegación. Todo lo dio a Dios, sufrió y aguantó por la gracia de Él, tentaciones, tristezas y sufrimientos. Ayudó multitudes e innumerables personas. Se batió en duelo con el diablo y salió vencedor. Ahora escucha la voz bendita: “Al que venciere, le daré de comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de mi Dios” (Apoc 2,7).

 

Su mensaje

 

“En vez de epílogo ponemos algunas características de la enseñanza del Yérontas”.

 

Primero creemos en Dios y después amamos a Dios y a su imagen, el ser humano. La fe aumenta con la oración. “Añada en nosotros fe”.

 

“Tal y como yo he entendido, todo el mal proviene de la incredulidad o falta de fe. Cuando el hombre no cree en Dios, quiere divertirse y estar de juerga en la vida. Por eso se dedica a todo tipo de pecado”.

 

“El hombre debe captar el sentido y significado más profundo de la vida, de que esta vida es para que nos vayamos preparando para la otra. A partir de allí, es igual que aquel que necesita un conductor para viajar a un sitio, así también para el viaje celeste debe encontrar un conductor (Guía Espiritual). Después, su Guía ponerle un programa, un poco de estudio y lectura, un poco de oración, evitando los motivos de los pecados y la conducta moral mundana que es lo peor de todo. Entonces así su corazón estará en el Cristo.

 

“Debemos luchar y combatir con filótimo , buena disposición, ganas y honradez para sanarnos, “psicoterapiarnos” y salvarnos. El Cristo nos dirá: “Hijo mío, yo hice tanto para “psicoterapiarte” sanarte y salvarte. He derramado mi sangre y sufrí tantos padecimientos, y tú, qué has hecho para salvarte?

 

“Cada hombre debe encontrar y santificar su declinación o tendencia. El hombre diligente, prospero y trabajador en cualquier parte que se encuentre, sea en el monaquismo, sea en el matrimonio, será un hombre triunfador, exitoso”.

 

“Debemos preferir los sufrimientos o dolores y aceptarlos mejor que las alegrías. El fármaco amargo muchas veces es mejor que el dulce, porque “psicoterapia” y sana. Le verdadera alegría nace del dolor”.

 

“Lo que impide al hombre en su progreso y prosperidad en lo espiritual es que no hace trabajar su cerebro o mente en lo que beneficia espiritualmente, sino en otras cosas”.

 

“Debe entrar en nuestro interior el dolor por la situación contemporánea, para que podamos así hacer oración del corazón”.

 

“Hoy en día ha llegado la época que sean separadas las cabras de las ovejas, los fieles de los infieles. Más tarde llegará el momento que pasaremos por exámenes, sufriremos también persecuciones por nuestra fe, entonces se verá y se separará lo que es de cobre de lo que es de oro”.

 

“Cuando uno se entristece, se apena y se aflige porque sufre por los demás, se duele por los otros, hace suyos los problemas de ellos, entonces éste tiene el salario del mártir. Los hombres que sacrifican todo, ¡cuánto gratificados o cuánta jaris tienen! No tienen problemas y brillan más sus rostros porque tienen alegría divina siempre continua”.

 

“Toda la base de la vida espiritual está en que cada uno  piense en el otro y el sí mismo ponerlo lo último, no tenerlo en cuenta para nada. Cuando nos ponemos en el lugar del otro y le entendemos, entonces nos emparentamos con CristoDios”.

 

“La jaris (energía increada gracia) de Dios es una cosa cara. Para venir y habitar en el interior del hombre, debe encontrar al hombre que sea acorde según el Espíritu con Dios y el hombre ejercitar y agotar todo lo humano. Mientras que nosotros queremos que venga la divina jaris increada para librarnos de las debilidades sin lucha ni combate. Para habitar el Espíritu Santo en el hombre hace falta abnegación, mucho filótimo , mucha honradez, buena disposición y ánimo, humildad, majestuosidad y sacrificio. La vida espiritual no es disfrute, ni comodidad. El Cristo ha colocado el enchufe, pero nuestros cables están oxidados y no reciben la divina jaris (energía increada). Debemos desoxidar los cables, luchar para conocernos a nosotros mismos, cortar nuestros pazos, adquirir las virtudes y así nos visitará la jaris de Dios”. En Él pertenece la doxa-gloria (luz y energía increadas) y el poder por los siglos de los siglos, amín.

 

EL TESTAMENTO ESPIRITUAL DEL YÉRONTAS

 

Este mi logos, Monje Paísios, tal y como me he examinado a mí mismo, he visto que he trasgredido todos los mandamientos del Señor, he cometido todos los pecados. No tiene importancia si algunas se ha hecho en un grado inferior, porque no tengo para nada excusa o atenuantes, `porque he sido muy beneficiado por el Señor.

Orad para Cristo sea misericordioso conmigo.

 

Perdonadme, y que sois perdonados, los que creéis que me habéis afligido.

 

Muchas gracias y de nuevo bendecid y orad.

Monje Paísios

 

 

 

 

 

Este texto se encontró integro en la Panaguda después de su dormición.

 

 

 

 

Συνοδεία γέροντος Ἰσαάκ    Séquito del yérontas Isaac

Καλύβη Ἀναστάσεως            Kalivi de la Resurrección-Anástasis

Καψάλα                                    Kapsala

Καρυές Ἅγιον Ὄρος               Kariés, Santa Montaña Athos

 

Traducido por Χρῆστος Χρυσούλας Jristos Jrisulas

http://www.logosortodoxo.com/ (en español, ισπανικά).

 

 

Léxico de san Paísios

 

  1. Agapi Αγάπη amor, cariño. “Ὁ θεός ἀγάπη ἐστίν Dios es agapi-amor… Porque la agapi proviene de Dios” (1 Jn 4,7-8).

La Αγάπη (agapi) cristiana en su faceta divina y como término teológico ortodoxo es la primera y superior energía increada de las energías increadas de la Jaris de Dios. Se aproxima más a la misericordia increada y perdón de Dios que enseñaba Cristo Dios. La agapi está vinculada y unida estrictamente con la libertad y la verdad. Cada una depende y se enlaza con la otra, fuera de esta interrelación ninguna es auténtica. Dicen los Santos Padres Ortodoxos: Nadie puede conocer la increada agapi como energía increada de Dios si no es a través de la energía increada Χάρις (Jaris, Gracia) del Espíritu Santo. La agapi cristiana en su faceta secular, mundana se refiere al amor desinteresado, altruista o cariño, amor al cónyuge, a los padres, a los amigos, a los jefes y trabajadores, como también a las comunidades sociales y toda la creación.

Éste es el propósito de la psicoterapia de la Iglesia Ortodoxa, el convertir, mediante la constante metania (introspección, arrepentimiento y confesión), la φιλαυτία (filaftía, egolatría) que es el creado amor interesado egocéntrico y enfermizo a uno mismo y al cuerpo y convertirla en agapi desinteresada divina e increada de Dios. Ésta comprende tres estadios: catarsis, iluminación y zéosis o glorificación. (Ver también sobre este término en nuestro libro “12 Léxis apocalípticas” en el blog en español: logosortodoxo.es/).

 

  1. Ascesis Áskisis Ἄσκησις, práctica, ejercicio espiritual, físico, conceptual o matemático.

En la terminología Ortodoxa se llama así la lucha continua del hombre para aplicar y cumplir los mandamientos divinos y el método que usa para corresponder a la llamada de Cristo para entrar en Su realeza increada, (Mc 8, 34 Mt 11, 12). Son tres las etapas, la catarsis del corazón, la iluminación del nus y la zéosis por la energía increada, Jaris. La áskisis es una tarea de toda la vida pero se consuma con el descanso de la apazia.

 

  1. Carisma Χάρισμα járisma viene de Jaris, es don, virtud, cualidad, talento y regalo, resultado de la divina Jaris, pero concretamente regalo del Espíritu Santo al hombre (como por ejemplo la santidad).

Los j-carismas del Espíritu Santo son muchos y distintos, algunos son nombrados por el Apóstolos Pablo: j-carisma apostólico, profético, instructivo, milagroso, sanador, perceptivo, gobernativo, interpretativo, de lenguas. (1Cor 12,28). Personas carismáticas nunca han faltado en la Iglesia, hoy también tenemos cristianos ortodoxos con el carisma de sanación, clarividencia, provisor y milagroso. Carismas adicionales del Espíritu Santo son: información interior, jará (alegría) interior, lágrimas de recogimiento, sentimientos de infinito agradecimiento a Dios, resplandecimientos del nus, etc. que muchos creyentes Cristianos concienciados y humildes, saborean y disfrutan en sus vidas de estas donaciones-jarismas. Pero el mantenimiento de ellos depende sobre todo de la humildad, decía San Marcos el Asceta: “El que tiene algún carisma y es amable y cariñoso con los que no lo tienen, con su cariño y simpatía guarda el j-carisma. El arrogante, presuntuoso y soberbio, lo perderá por sus arrogantes y orgullosos loyismí, pensamientos”.

Respecto a estos carismas-donaciones de Dios al hombre es Él quien decide a quien se las dará, sin que nosotros podamos “conquistarlas” o pedirlas a Él.

 

  1. Filótimo Φιλότιμο, esta palabra es neutro y no tiene traducción exacta, no hay palabra correspondiente en español;

Φιλότιμο Filótimo más bien y sobre todo es libre buena voluntad y buena disposición, buenas ganas para hacer o servir algo que nos piden… Parecidas palabras son: bien dispuesto, una persona con generosidad, esplendida y dadivosa, buenas ganas e indulgente con los demás, pundonor esplendido y bueno.

 

Según san Paísios: «Φιλότιμο filótimo, “es esencia y extracto piadoso de la bondad, es la humilde agapi abrillantada del hombre”. Entonces su corazón está lleno de gran gratitud hacia Dios y sus semejantes y por la finura-sensibilidad espiritual intenta recompensar hasta la mínima bondad y bien que le hacen los demás”. Lo que se hace más allá del deber y de la obligación, sin ser pedido, por agapi incondicional, esto es el Φιλότιμο filótimo cristiano heleno-ortodoxo». Decía el mismo Santo: “Tened φι­λό­τι­μο filótimo y no explotar, ni abusar de la bondad de los demás”. “El hombre φι­λό­τι­μο filótimo es bombardeado por bendición, en cambio el quejoso y gruñón genera miseria”.

“El corazón no se limpia con polvo de lavar la ropa, sino con φι­λό­τι­μο filótimo”.

 

  1. Gracia de Dios Χάρις τού Θεοῦ (jaris tu Zeú) (Jn 14,16,17), gracia, favor, es energía divina increada, innata e inherente riqueza de la Deidad.

Especialmente en el campo de la redención, la Jaris es en particular el don de Dios, que se derramó del sacrificio de la Cruz de Cristo, y funcionando dentro de la Iglesia, envuelve al hombre débil y pecador, lo santifica cuando colabora libre y voluntariamente y le hace conseguir la zéosis. De la palabra Jaris viene c-jarísma, don, que es regalo de Dios en todos los hombres sin excepción alguna. No se puede exigir como «recompensa» por las obras buenas. Pero se atrae especialmente con la humildad, con la metania y el corazón quebrantado (cf.1P 5. 5). La divina Jaris se da con los santos Misterios ortodoxos de nuestra Iglesia. Esencia y energía están relacionadas; no hay esencia sin energía ni energía sin esencia. San Gregorio Palamás nos dice apofáticamente «No por la esencia conocemos a Dios sino por Sus energías y de increada esencia tenemos increada energía y de la creada esencia creada energía». Los heterodoxos están muy confundidos y oscurecidos sobre éste tema. (Ver también sobre este término en nuestro libro “12 Léxis apocalípticas” en el blog en español: logosortodoxo.es/).

 

  1. Hisijía o hesyquía, Ἡσυχία en general es tranquilidad, serenidad, sosiego, calma, silencio, interior y exterior.

Ἡσυχία (hisijía) en la tradición ortodoxa como término ascético-teológico, principalmente es la paz del corazón y serenidad de la mente, el estado del nus en serenidad y paz sin molestias, permanencia en Dios, la liberación del corazón de los pensamientos-reflexiones (loyismí) y liberación de los pazos influenciados por el demonio o el ambiente, de manera que permanezca en Dios. Es vivencia interior y no se relaciona necesariamente con las condiciones exteriores. La hisijía es el único camino por el que el hombre llega a la zéosis, expectación y conexión de la luz increada o al como semejanza. La hisijía del cuerpo es el ayudante para llegar el hombre a la noerá  (del nus) hisijía.

San Simeón el Nuevo Teólogo dice: «Hisijía es estado imperturbable del nus y del corazón, serenidad, libertad y gozo de la psique, base sin olas, contemplación de la luz, rapto del nus, homilía ilustre y clara hacia Dios, ojo vigilante sin dormir, oración noerá  o del corazón, asimilación y unión con Dios y finalmente zéosis y descanso sin dolor de los grandes dolores de la ascesis».

Ierotetheo Vlajos: «Hablando sobre la nipsis ortodoxa, entendemos la alerta, atención y prontitud del hombre en mantener y tener su nus limpio de distintos loyismí e imágenes que mortifican su libertad interior y su limpieza separándole de su comunión-conexión con Dios, que consiste en la gnosis increada de Dios. Esta nipsis es calificada por los Padres de la Iglesia como “santa hisijía”. Así, pues, hisijía entendemos el método aquel que utiliza todo hombre para unirse con Dios y superar la muerte, que es uno de los mayores problemas del hombre».

 

  1. Hisijasmós Ήσυχασμός hesycasmo es el método de catarsis e iluminación del corazón y del nus humano, es la Cristocéntrica vida espiritual ortodoxa.

Con este término expresamos la totalidad de la lucha cristiana ortodoxa que trata de cumplir los mandamientos de Cristo, la lucha contra los pazos, la catarsis del corazón, la atracción de la divina Jaris (energía increada), la consecución de los dones divinos, la Iluminación espiritual y la Zéosis o glorificación , y finalmente, la oración por todo el mundo.

El método de la gnoseología supranatural en la tradición Ortodoxa se llama Hisijasmo y se identifica con la nipsis-catarsis del corazón. El hisijasmo se identifica con la Ortodoxia. El hisijasmo fuera de la praxis hisijasta es patrísticamente o de parte de los santos Padres Ortodoxos impensable.

El hisijasmo no tiene ninguna relación con el pietismo (exterior) sino todo lo contrario. El pietismo ha sido desarrollado por los protestantes que trata de praxis exteriores, que no tienen nada de ver con lo interior. En la Ortodoxia hablamos de movimiento del como imagen al como semejanza y unión con Dios por la increada energía jaris, los misterios y la ascesis.

San Isaac el Sirio: En la vida Hisijasta se practica principalmente la oración noerá  o del corazón o de Jesús (el centro de las fuerzas psicosomáticas del hombre): «Jesús Cristo Kirie-Señor, eleisón me, compadécete, ten misericordia o compasión de mi, que soy pecador».

Ἡσυχασμός (hisijasmós) hesycasmo: forma de vida de los Monjes anacoretas, que buscaban a conectar y comunicarse con el Dios a través del aislamiento, la hisijía y el silencio. El hisijasmo poco a poco se hizo un movimiento espiritual que consiste en autoconcentración, en el recogimiento, la nipsis y la oración incesante, principalmente la oración del corazón o la invocación del nombre de Jesús: «Κύριε Ιησού Χριστέ, Υιέ του Θεού, ελέησόν με. Kirie Jesús Cristo Hijo de Dios, eleisón me».

 

  1. Iluminación del nus o del espíritu humano. Φωτισμός τού (tú) νοῦ (nú)

Es la segunda etapa de la vida espiritual, después de la catarsis del corazón. En esta etapa el nus ya ha expulsado los apasionados loyismí, y se hace templo del Espíritu Santo, tal y como estaba antes de la caída lleno de energía increada Jaris, y adquiere plegaria incesante por la memoria de Dios. Por eso la iluminación del nus se enlaza estrechamente con la oración noerá  del corazón o de Jesús.

 

  1. Κάθαρσις (kázarsis) catarsis, literalmente sanación, terapia, curación, limpieza, purgación, purificación, se refiere principalmente a la psique.

En la Iglesia Ortodoxa se entiende principalmente como metania y terapia “psicoterapia” del hombre, que se realiza con la energía (increada) del Espíritu Santo y la sinergia y libertad del mismo hombre. En la teología ortodoxa este término conecta con la sanación (psicoterapia) y metamorfosis, transformación o conversión continua de las fuerzas psicosomáticas del hombre, de manera que funcionen natural y supranaturalmente, y la liberación de la psique y el cuerpo de la conducta mundana (pecaminosa y viciosa) y carnal. En la teología Patrística helénica sirve para expresar tres estados. El primero es la expulsión del corazón de todo lo que no es natural, de los tentadores y malos astutos loyismí y de los malos deseos, ilusiones, codicias, ansias: la transformación y conversión de los pazos, con el cultivo y familiarización con las virtudes, expuestos en el lugar adecuado a la presencia de Dios. Este es el primer estadio de la vida espiritual que se llama catártico o catarsis del corazón. El segundo es la lucha askítica (ascética, práctica) que opera en los aspectos “naturales y sobrenaturales” del funcionamiento de las tres fuerzas de la psique: logística, anhelante e irascible (o emocional); o sea su giro en dirección hacia Dios. El tercero es la manera ascética, práctica con la que el hombre llega desde el amor-agapi interesado al amor-agapi desinteresado. La catarsis es para toda la vida, hasta para los que llegaron a la zéosis y también los santos porque no son infalibles. Este carácter terapéutico de la catarsis, lo encontramos en los santos Cánones de la Iglesia que fueron instituidos por los Sínodos Locales y los Ecuménicos.

Hay clara diferencia entre la catarsis que funciona en distintos sectores de la vida social, y de la catarsis que funciona dentro en el “espacio” de la Iglesia. Según el significado humanocéntrico, catarsis es la expulsión y alejamiento de un miembro de un consejo o gobierno, de un partido político o de una organización. Aunque la mayoría de los españoles la traducen como purificación, no lo voy a utilizar este término, porque parece que la catarsis sea como algo mágico. Además, purificación traducido en griego es agnisis o agnismós no catarsis.

 

  1. “Kirie eleison” «Κύριε, ἐλέησον» es la oración más corta, condesada y concisa que lo dice todo.

El “Kirie eléison” hace milagros. «Κύριε, ἐλέησον Kirie eléison» es una calificación, petición general de cada necesidad mía, de cada caso mío, de lo que me pasa y de lo que quiero y como no sé lo que voy a pedir, entonces digo a Dios, eleisón me” o “kirie eléison”, y Él sabe lo que me va a dar. Eléison ἐλέησον significa ten compasión, caridad, misericordia, clemencia, sanación, ayuda, alivio, consuelo, socorro… No tiene nada que ver con piedad que muchos lo traducen en castellano. Piedad en griego es ευσέβια (efsevia) de aquí viene el nombre Eusebio, piadoso en castellano o latín.

 

  1. Loyismós Λογισμós/οί singular y loyismí en plural.

En los escritos patrísticos, se llaman los pensamientos simples o compuestos, unidos con la fantasía, razonamientos, meditaciones, reflexiones, concepciones, ideas o las tendencias conscientes e inconscientes de la psique, o vivencias enteras (donde actúan todas las fuerzas de la psique: nus, diania mente o cerebro, corazón, conciencia y voluntad. En el último de los casos tenemos la forma total de los loyismí. Éstos conectan con imágenes y con varios estímulos, que provienen de los sentidos físicos y la fantasía. Sobre todo existen los loyismí pecaminosos (avaricia, gula, ira, vanidad, soberbia, pereza, lamentación, lujuria). Mediante estos, los loyismí entran en la psique y activan los pazos mediante el siguiente proceso: choque o asalto del nus y el loyismós; conversación del nus con él; aceptación por la psique; cautiverio de la psique por el loyismós; deseo, ansia y caída en el pecado o en el pazos.

 

  1. Logos Λόγος Ἐν ἀρχῇ ἦν ὁ Λόγος… (En arjí in o logos). En el principio el Logos era, es y será eterna e infinitamente; y el Logos existía con Dios y está en Dios; y Dios era y es el Logos (Jn 1,1).

Los Sabios Santos Padres Helénicos Ortodoxos y todos los Helenos, según el contexto en general cuando el término está escrito con la “L” mayúscula aludimos a Cristo. “Logos” significa el desarrollo del pensamiento expresado con la voz propia del lenguaje, y también causa, razón, motivo, relato, opinión, dicho, discurso, expresión, tratado. Del logos provienen la lógica y los λογισμοί (loyismí) del verbo λέγω (lego); “digo”, “hablo”, “expreso” y también  λέξιs (lexis); “palabra”, que poco tendrían que ver con el “logos” y que tan mal se ha traducido en Occidente,: es vergonzoso, cuando traducen ”todo se hizo por Ella” (Jn 1,3)  “sin Ella nada se hizo, de todo de lo que está hecho”, es decir, llaman Ella al Logos de Dios, a Cristo.

Tenemos el Logos no encarnado en el A. Testamento y el Logos encarnado en la persona de Jesús Cristo en el N. Testamento. Por ejemplo, dicen los sabios padres: «Y dijo el (Logos) Dios: «Haya luz» (Gén 1,3), «Y dijo el (Logos) Dios: Hagamos al hombre a imagen y semejanza» Gén 1,26). Este “hágase la luz” es y proviene del Logos de Dios;  y “hagamos” en plural se refiere a las tres personas de la Santa Trinidad que el Logos nace del Padre y el Espíritu procede del Padre, es decir, se refiere a imagen y semejanza del Logos que más tarde se haría hombre, aquí también es el Logos Dios. «Y el Logos se hizo hombre de manera sobrenatural y plantó su tienda o acampó entre nosotros y nosotros hemos contemplado su δόξα (doxa gloria, luz increada) como unigénito de la misma naturaleza del Padre, pleno de Χάρις (Jaris, Gracia energía increada) y de Verdad» (Jn, 1,14) y «Todo fue hecho por el Logos y sin Él no se hizo nada de todo lo creado» (Jn 1,3). Por lo tanto la Biblia por sí misma no es el Logos de Dios; es “logos” sobre el Logos de Dios. Precede la Apocálipsis (revelación) después el registro o descripción de ella, la letra y la Biblia.

En la Iglesia Ortodoxa, Santa, Apostólica y Católica (no confundir “Católica” con el sentido que le da el romanocatolicismo del César papa), el “Logos” es la Segunda Persona e Hipóstasis de la Santa Trinidad. Logos es la Sabiduría de Dios del A.T. y el nus divino que rige todo de los filósofos Helenos. Es Providencia Divina en la que se concibió toda la creación; así tenemos el Dios Trinitario: Nus, Logos, Pnevma, (Νοῦς, Λόγος, Πνεῦμα), “Nus, Logos, Espíritu” sin principio ni fin, inseparables e increados, el Cual creó al hombre dotado de libre voluntad, como imagen y semejanza del encarnado Logos Cristo, el Zeántropos (Dios-hombre), confiriéndole de nus, logos, pnevma, (νοῦς, λόγος, πνεῦμα), “nus, logos y espíritu” semejante a Él. La psique espiritual del hombre se compone de nus y logos y son inseparables.

El Logos, como principio cósmico unificador, contiene todos los logos (los principios, las esencias interiores, los pensamientos de Dios) con los cuales se crean y desarrollan todas las cosas en el tiempo y el espacio, más las formas que son dadas, conforme con las cuales cada objeto contiene los principios de su propio desarrollo. Estos son los logos contenidos en el Logos, y aparecen en distintas formas en el universo creado, constituyendo la segunda etapa en la contemplación del universo. En el Evangelio de San Juan empieza con un himno (Jn 1.1-5.9-12.14.16), el cual, combinando representaciones que se habían transformado del pensamiento judaico con términos filosóficos helénicos de la época, proclama la gloria y la obra sanadora y salvadora de Jesús como «Logos de Dios». Con base al acontecimiento de la encarnación o hacerse hombre (1,14), se aclara totalmente en el Evangelio de San Juan el carácter personal del Logos, el cual preexistía en Dios (1,12. 10,30), todo se hizo por Él (1,2). Al contrario que el pensamiento de aquella época, en lo que se refiere al himno, las representaciones y los términos recalcan que el «Logos», que se humanizó en Jesús, no es una creación, ya sea la primera y mejor, sino el mismo Dios (1,2), que se hizo realmente hombre.

 

  1. Metania Μετάνοια del verbo μετά-νοώ, metá=después, con, y noó= concibo, percibo con el nus como energía y con el corazón como esencia.

Quiere decir giro del nus y metanús, introspección y conversión de la conducta y mentalidad del hombre y sobre todo giro, cambio de actitud de la vida en pecado y en el mal por la vida en Cristo. La metania en la Tradición Ortodoxa no proviene de una percepción psicológica de culpabilidad, sino de la apocálipsis (revelación) de la deformación de la psique y esta apocálipsis se manifiesta por la energía increada de la divina Luz en el corazón psicosomático del hombre. El nuevo Testamento empieza y acaba con la metania (Mt 3,2 Lc 24,47)

Metania se llama también uno de los Misterios de nuestra Iglesia Ortodoxa, con el cual se facilita la absolución y perdón de los pecados, aceptación, confesión, arrepentimiento, rectificación y terapia, sanación. También se llama así a un gesto reverente que se acostumbra hacer en la veneración Ortodoxa. Hay dos metanias-genuflexiones distintas: una es un simple movimiento de la cabeza hacia abajo y otra grande reverencial, arrodillándose. (Ver también sobre este término en nuestro libro “12 Léxis apocalípticas” en el blog en español: logosortodoxo.es/).

 

  1. Misterio Μυστήριο (mistirio), , sacramento y vida mistiríaca. La palabra helénica misterio significa “iniciación”, “secreto” y “revelación y secreto”.

El Cristianismo heredó este concepto y por extensión es “apocálipsis-revelación de Dios”. «Y conozco al tal hombre, si en el cuerpo o fuera del cuerpo, no lo sé; Dios los sabe, que fue arrebatado al paraíso, donde escuchó logos, verbos inefables, que no le es dado al hombre expresar» (2ªCor 12,3-4).

Los Misterios son a la vez símbolo y Misterio. Mientras que el misterio permanece oculto en los rituales o cultos ortodoxos, está en el nivel de lo simbólico e iconográfico. Pero cuando es recibido y la jaris (increada energía) energiza, opera entonces los Misterios revelan las cosas que están detrás del “velo”. Misterio lleva doble significado, es decir, de algo que está oculto y se revela y a la vez es enigma y apocálipsis-revelación.

Pero dentro de la Iglesia los misterios son interminables. Porque dentro de ella todas las cosas liturgizan, funcionan de una manera misteriosa o mística, para que revelen la realeza de Dios. La terapia ascética conecta y se asocia inseparablemente con los Misterios de la Iglesia. Se trata de la catarsis (sanación), la iluminación y la zéosis o glorificación, que encontramos en toda la enseñanza patrística de la Iglesia. Es difícil para uno creer en la vida Mistiríaca de la Iglesia, si antes no entiende primero qué significa la palabra “Misterio”. Misterio es algo que vemos que se celebra o realiza, pero es difícil para el espíritu y mente humana entender cómo se celebra. Si comprendiésemos el modo de realización del Misterio entonces no sería Misterio, sino una praxis-acción acostumbrada de la vida diaria.

Por ejemplo: decimos que el Dios es Trinitario. Os pregunto: ¿quién de nosotros entiende el Misterio de la Santa Trinidad? ¡Tres Personas dentro de una esencia! Este Misterio juzgado o razonado por la lógica humana es paradójico. Pero si uno lo ve con la dimensión de la Fe, entonces entiende que no es paradójico, sino supralógico. Quién puede entender, qué es Dios. Es decir, ¿cuál es la esencia de Dios? ¡NADIE! Y a pesar de eso, creemos en Dios. No porque lo entendemos, sino porque sentimos místicamente Su presencia y saboreamos con el corazón Su agapi (amor como energía increada). Es decir, podemos entender las increadas energías de Dios, pero no Su Esencia, tal como, muy bien, han teologizado los grandes Padres de la Iglesia Ortodoxa.

Lo mismo ocurre también con todos los temas de la fe que superan las leyes naturales. Los “vemos sin verlos”, “los conocemos sin comprenderlos”, porque todos están enrollados dentro del “divino gnofos”, (san Gregorio de Nicea). (Gnofos, luz que supera toda luz”. Los vivimos y participamos de ellos sólo con la fuerza de la Fe. Si insistimos en creer sólo a lo que entendemos con nuestra lógica limitada, estrechamos inimaginablemente nuestro horizonte espiritual y finalmente no podemos ser Cristianos. El humilde que confía en Dios más que en su lógica, con la jaris (gracia, energía increada) de Dios puede entender los Misterios de la Iglesia. (Ver también sobre este término en nuestro libro “12 Léxis apocalípticas” en el blog en español: logosortodoxo.es/).

 

  1. Nipsis Νήψηs Sobriedad, su principal interpretación es sobriedad, o sea, el estado aquel que es contrario a la embriaguez.

Metafóricamente en el lenguaje y escritura ortodoxos, es la sobriedad espiritual, lucidez, vigilancia y alerta que se expresa por la actitud del cuidado y la vigilancia, donde el hombre inspecciona y cuida su pensamiento interior y su fantasía o imaginación. A la vez supone inspección y vigilancia del corazón y del nus. La nipsis depura la oración y la oración purifica, clarifica la nipsis.

San Hisíjio en la Filocalía nos describe algunos métodos de la nipsis: 1) Un método de nipsis es examinar frecuente y atentamente la fantasía del malo y astuto loyismós; es decir, el “ataque o asalto”, porque el satanás sin la fantasía no puede crear loyismí y presentarlos al nus para engañarlo. 2) Otro método es mantener el corazón siempre en profundo silencio e hisijía, alejado de todo loyismós, y orar. 3) Otro método es rogar, suplicar continuamente al Señor Jesús Cristo con humildad para que venga en nuestra ayuda. 4) Otro método es tener ininterrumpido el recuerdo de la muerte. 5) Sobre el importante método que consiste en mirar sólo al cielo considerando a la tierra como nada, que es también una práctica tan eficaz como otras, hablaré al respecto más extensamente en otro momento. Todas estas prácticas, querido mío, son como porteros terribles que impiden los pensamientos malignos y viles.

Metropolita Ieroteo Vlajos: «Hablando sobre la nipsis ortodoxa entendemos la alerta y atención del hombre en mantener limpio su nus de varios loyismí (pensamientos, reflexiones) e imágenes, fantasías que mortifican su libertad interior y su claridad, limpieza y le separan de la comunión con Dios que consiste en la gnosis (conocimiento increado) de Dios. En el corazón se debe de encontrar sólo el nus, la atención y su energía y no los loyismí. Esta nipsis es llamada por los Padres de la Iglesia también como “santa hisijía” o santa serenidad o serenidad cardíaca (del corazón psicosomático)».

La nipsis es el camino para la adquisición de cada virtud y los mandamientos-logos de Dios.

 

  1. Nus Νοῦς o νοερά ενέργεια noerá energía, términos que los usan los Padres con varios significados; no se debe confundir con la diania (mente, intelecto, cerebro).

Es el espíritu del hombre o nus como energía espiritual humana siendo el corazón como esencia, es el ojo de la psique (alma). Los santos Padres helénicos lo llaman nus o noerá  energía para no confundir con la energía espiritual increada Jaris, gracia del Espíritu Santo. Cuando el nus queda preso o apegado en la diania por un loyismós, pensamiento, reflexión y en la fantasía o imaginación es cuando viene nuestra caída y el nus tiene que estar en alerta, vigilante y sobrio para impedir la entrada en la psique de los malos loyismí, y no caer en esta trampa. El nus constituye la fuerza y energía más alta del hombre es el «principal ojo” de la psique. El estado natural del nus, en el hombre creado por Dios, es la permanencia mediante la oración y la alabanza en la memoria de Dios, más la expulsión de los loyismí del corazón. Porque esta es exactamente la práctica ascética ortodoxa, el regreso y estancia del nus o su energía en el interior del corazón, este nus por causa de la caída del hombre se pierde, se esclaviza y se convierte en idólatra o se autodeifica y alaba sus propias creaciones en vez de agradecer y alabar a Dios.

 

  1. Vlajos: “Νοῦς nus, en la enseñanza patrística el término se utiliza diversamente. Unas veces el término lo usan para mostrar la psique (alma), otras el corazón psicosomático o el espíritu del corazón de la psique y otras una energía de la psique. Pero principalmente nus es el ojo de la psique, la parte más pura, es la finísima atención. Se llama también energía noerá (espiritual humana) y su esencia es el corazón, está en todo el cuerpo principalmente en el cerebro, pero no se identifica con la energía racional del cerebro, ni con la emocional sentimental, sino que contiene todas las energías”. (Ver también sobre este término en nuestro libro “12 Léxis apocalípticas” en el blog en español: logosortodoxo.es/).

 

  1. Oración noerá o del corazón o de Jesús Νοερά προσευχή (noerá  prosefjí).

Es la oración que se hace con el nus (el espíritu humano, o la energía noerá ) en el corazón. Cuando el nus ha sido liberado de su esclavitud a la lógica intelectual, de los pazos, pasiones y del mundo que le rodea y regresa desde su dispersión al interior del corazón, entonces se hace la oración del corazón o noerá . Así la noerá  oración del corazón se hace con el nus dentro del corazón, en cambio la oración lógica se hace con la lógica de la diania mente o intelecto. Generalmente los Padres se refieren a la monologa oración “Jesús Cristo hijo de Dios eleisón me (compadécete de mí o ten caridad o alíviame o ten misericordia de mi) que soy un pecador“. Se llama también la oración de Jesús y es el mayor y mejor psicofármaco, una bomba atómica increada, y a nosotros nos ilumina y al diablo le quema, dicen los santos Padres.

 

  1. Pazos Πάθος, padecimiento, pasión, emoción, hábito, mala costumbre, vicio, patología también fervor, manía u obsesión según el contexto.

En la terminología patrística se llama así a todo movimiento anormal, en el sentido de no natural, de las fuerzas y energías de la psique. Pazos son fuerzas que con su energía de la voluntad han tomado el camino equivocado. Todos los pazos que nacen de algún pecado que se repite, y así se consolida en la psique una tendencia pecadora o apego/adictiva, que con el tiempo llega a ser una segunda «naturaleza», influyendo en los pensamientos y decisiones, dominando la voluntad y sellando toda su “psicosíntesis”. Es preferible reeducarlos, convertirlos y sanarlos, que oprimirlos o reprimirlos y así finalmente se usarán de forma fructífera y no negativa. Los santos sabios Padres distinguen entre los pazos los nobles, decentes y los indecentes. Pazos decentes son el hambre, la sed… Y los indecentes los ocho pazos capitales: 1) Gula, la tiranía y el dominio de la panza referente a la comida, bebida y sus ansiedades. 2) Lujuria manía sexual y prostitución. 3) Avaricia, el deseo, ansia, codicia de acaparar riquezas. 4) Ira (rencor, odio, resentimiento). 5) Acedia o pereza desgano por obrar trabajo, ascesis físico o espiritual. 6) Pena, tristeza, aflicción o depresión. 7) Soberbia, orgullo. 8) Vanagloria el deseo de alto honor, alabanza y gloria mundana. (Ver también sobre este término en nuestro libro “12 Léxis apocalípticas” en el blog en español: logosortodoxo.es/).

 

  1. Psique Ψυχή psijí alma, ánima, el término viene desde la antigüedad y se usa con excepciones más o menos igualmente hasta hoy.

En el Nuevo Testamento y en los santos Padres, se usa a menudo en vez de la palabra άνθρωπος anzropos, ser humano, hombre, (Rom.13,1). A veces en la Sagrada Escritura significa simplemente la vida. (Mt 2,20. Jn 10,11. Rom 16,4). Pero psique se dice sobre todo del elemento espiritual, no material de nuestra existencia (Mt 10,28); Es la base substancial que vivifica el cuerpo. Es un componente de las dos partes de nuestra naturaleza; el otro es el soma, cuerpo. El cuerpo no contiene la psique sino que la psique contiene y conjunta al cuerpo. La prueba está en que cuando la psique sale del cuerpo este se convierte en cadáver y se disuelve. Los hombres tienen psique con esencia y energía, por eso tienen nus, logos (lógica) y espíritu, el cual espíritu, es la increada energía Jaris que vivifica psique y  el cuerpo conjuntado; nus y logos están unidos e inseparables de la psique después de la muerte física; los animales tienen psique por energía, por eso no tienen nus y logos (lógica) como la humana que se crea de la energía increada hiperlógica suprema de Dios Logos increado en Espíritu Santo procedente del Padre, por tanto a imagen y semejanza del Θεάνθρωπος zeánzropos Dios-Hombre, el Cristo . (Ver también sobre este término en nuestro libro “12 Lexis apocalípticas” al blog en español: logosortodoxo.es/).

 

 

  1. Realeza de Dios/de los cielos, Βασιλεία τοῦ Θεοῦ/τῶν ουρανῶν (vasilía tu Zeú/ton uranón) el nombre Reino (βασίλειο vasilio) no está en ninguno de los textos originales Helénicos del Nuevo Testamento.

Si bien “Reino” en castellano también tiene el significado de «nuevo estado de cosas en que rige la voluntad de Dios», no es el significado habitual de la palabra (territorio o conjunto de personas que lo gobiernan); por lo cual ponemos realeza que es la más cercana a la teología helénica original. Realeza (cualidad, atributo) es el elemento básico de las enseñanzas de Jesús y el tema central de los libros del Nuevo Testamento, donde, con esta expresión, se manifiesta una nueva época que se inaugura con la obra de Cristo y en la cual domina, en vez de odio agapi-amor; en vez de la oscuridad tinieblas, la luz; en vez de la incredulidad, la luz increada de la fe; en vez de la desesperación, la esperanza. La nueva época con la realeza se anuncia ya como actual presente, pero también esperada por completo en el futuro con la Segunda Presencia venida de Cristo. La realeza increada de Dios es el predominio entero de la energía increada de la voluntad de Dios en la vida de los hombres, tanto en la personal «la realeza de los cielos está dentro de vosotros» (Luc 17,21), como en la vida social «que venga tu realeza en nosotros, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo” (Mateo 6,10). La realeza de Dios, como realidad terrenal del presente, se materializa en las personas por la vida santa de los cristianos, «los hijos de la realeza” (Mt 8,12), y entonces coincide con la institución de la Iglesia. Realeza de Dios es el Paraíso, la comunión del hombre con Dios. Esta Realeza la vivimos desde ahora como noviazgo, en cambio entonces la viviremos como boda. La Realeza de Dios no tiene fin. Es eterna, increada e interminable. Nada tiene que ver con reino, porque este término manifiesta un estado creado. En cambio la Realeza increada manifiesta un estado interior y exterior de estar y de ser con la energía increada Jaris (gracia) y con la Doxa-gloria, luz increada. Muchas veces según el contexto en la teología ortodoxa jaris (gracia, energía increada), doxa (gloria, luz increada) y realeza son sinónimas.

San Máximo el Confesor en la Filocalía nos dice que la realeza (increada) es el Espíritu Santo de Quien percibimos su increada energía Jaris y la zeoría (expectación) de la increada Luz, la cual hemos perdido por la desobediencia a Dios. Porque, el nombre de Dios y Padre en hipostasis (base substancial) es el Hijo Unigénito, y la realeza de Dios y Padre en hipostasis es el Espíritu Santo procedente del Padre. (Ver también sobre este término en nuestro libro “12 Léxis apocalípticas” en el blog en español: logosortodoxo.es/).

 

  1. Skiti Σκήτη plural skites es una comunidad de pequeñas comunidades organizadas de monjes y ermitaños bajo el mandato de un monasterio, a los que se les permite la práctica de su culto de forma aislada pero aportándoles cierta ayuda y seguridad.

En el centro de la Skiti normalmente consta de un área común de culto el «Κυριακό kiriakó» templo principal  y alrededor de este están construidas varias kalivis casetas o chozas para un pequeño número de monjes o monjas. Hoy día este tipo de asceterios se puede encontrar, por su mayor parte, en la Iglesia Οrtodoxa y sobre todo en la Santa Montaña Athos.

La administración de Skete se lleva a cabo por el llamado “Justo”, que generalmente se elige cada año el 8 de mayo por los » ancianos » de Skiti con la ayuda de 2 o 4 consejeros, la mitad de los cuales proviene de Skiti y la otra mitad de Monasterio dominante al que pertenece Skiti.

Los monjes establecidos allí se llaman skitas y también se ocupan de la agricultura y la ganadería, así como de la hagiografía o iconografía, talla de madera, música, etc. En Grecia, las Skites más importantes son las Atonitas.

En la tradición temprana del cristianismo, las skites eran una forma de vida monástica, siendo el puente entre el movimiento cenobítico (comunidad de monjes o monjas viviendo juntos) y los anacoretas (ermitaños viviendo en soledad). En los inicios de la Iglesia, a medida que el ascetismo se iba desarrollando, los hombres y mujeres que deseaban ser ermitaños, primero debían pasar por una skiti como preparación.

 

  1. Xenitía Ξε­νι­τεία, el término se podría traducir como «alejamiento, exilio, emigración, ir al extranjero” en general, pero en la vida monástica el término indica “alejamiento, exilio,” libre y voluntario.

Indica, como la hisijía, tanto una actitud interior como una exterior. Es, antes que nada, una actitud interior de alejamiento, que tiende a mantenernos ajenos, peregrinos y exiliados (cf. 1 Pe 2:11), en camino hacia la Ciudad celeste, puesto que nuestra ciudadanía está en los cielos (Flp 3:20). En este sentido, la xenitía se manifiesta con humildad, rechazando toda curiosidad, no interfiriendo en lo que no nos concierne, dejando de lado todo juicio y evaluando cada cosa en continua referencia con la eternidad, la incertidumbre del mañana, la hora desconocida de nuestra muerte. Pero la xenitía ha sido también definida en un sentido amplio, dentro de la vida monástica, como una elección material de vida, en un país extranjero, para vivir a fondo, en la carne y en la cotidiana percepción, aun psicológica, ese desgarro que es antológicamente propio en todo cristiano, desde el momento en que el bautismo lo ha convertido en un extranjero en el mundo, un sin patria, tendiendo a esa Ciudad bien fundada que está en los Cielos (cf., Hb 11:10).

 

  1. Yérontas Γέροντας, monje que se ha terapiado, sanado o está sanándose con la Jaris la energía increada Gracia de Dios, y ayuda a sus obedientes a sanarse, para que pasen de la catarsis del corazón a la iluminación del nus y la zéosis o glorificación.

 

  1. Zéosis Θέωσις glorificación, es la participación, conexión, comunión y unión de la energía increada Jaris (gracia) con el hombre, permitiéndonos con ello tomar parte en la vida y la doxa- gloria luz increada de Dios en relación con Sus energías increadas.

Es sabido que el término zéosis es patrístico, san Dionisio el Areopagita es de los primeros Padres que lo utiliza y lo han utilizado los Padres para interpretar los términos hagiográficos: perfección, santidad, “como semejanza”, hijos de la luz o hijo de la realeza increada de Dios. San Thalasio en la Filocalía escribe que: “zeosis es la gnosis de la Santa y Consubstancial Trinidad”. La zéosis constituye esencialmente la consumación del «como semejanza», el cumplimiento del propósito, la finalidad del objetivo y destino de los hombres, los cuales hemos sido llamados a convertirnos y hacernos «partícipes de divina naturaleza» (2ª Pedro 1,4). La fuerza de la energía de la zéosis que perdió el hombre por el pecado de los primeros en ser creados, se obtiene otra vez con la encarnación de Cristo; San Marcos en Asceta nos explica: “El Logos se convirtió en sarx cuerpo-carne para que la sarx se convierta en Logos” y San Máximo el Confesor: “Por eso el Logos de Dios se hace hombre de verdad, para que con la increada energía Jaris podamos metamorfosearnos, convertirnos y hacernos dioses/as”.  San Basilio el Grande dice que: Θέωσις Zéosis no es “θεοποίησις (zepíisis) “deificación” como es traducido por muchos. “Deificación” se identifica con el acto que hace el hombre por su propia cuenta para edificarse en Dios. En cambio, en la Zéosis, el hombre se prepara y Dios actúa, opera por la Jaris energía increada, es decir, es un regalo de Dios, el acto lo hace Él no el hombre.

Se sugiere leer el https://logosortodoxo.es/uncategorized/alfa%cf%89mega-gran-lexico-ortodoxo-helenico-espanol/  

Traducido or la Doxa y la Jaris de CristoDios-Hombre, Χρῆστος Χρυσούλας (Jristos Jrisulas) logosortodoxo.es/, heleno-griego nativo, criado con la lengua del Nuevo Testamento y la Santa Parádosi-Tradición.`

 

Copyright ©  Santo Hisijastirion san Juan el Precursor

63088 Metamorfosis Halkidikí

Disposición central y exclusiva al Monasterio, Tel: 0030/2375061592 y 0030/2375061103. Fax: 0030/2375061103

 

LA VIDA DE SAN PAÍSIOS EL AGHIORITA, 1ª parte

LA VIDA DE SAN PAÍSIOS EL AGHIORITA, 1ª parte

ΑΓΙΟΝ ΟΡΟΣ AGHION OROS

†Por el hieromonje Isaac

 

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Contenidos

Primera parte: resumen de su vida

PROLEGÓMENOS

A 1  SUS ANTEPASADOS CARNALES Y  ESPIRITUALES.

A 1,1 La fronteriza región Farasa

A 1,2 Su familia

A 1,3 Bautizo y desarraigo

 

A 2  ENTRENAMIENTOS ASCÉTICOS

A 2,1 Educación “en enseñanza e instrucción del Señor”

A 2,2 Ejercicios infantiles

A 2,3 Carpintero

A 2,4 Niño agraciado

A 2,5 Con la Cruz como conductora

A 2,6 Zeoptía-Visión divina

A 2,7 Preparación para la vida monástica

A 2,8 Cuidado por los demás

A 2,9 Peligros y pruebas

A 2,10 Apoyo de su familia

 

A 3 SERVICIO MILITAR

3,1 Radiotelegrafista filótimo espléndido

3,2 Calamidades

3,3 Las ascesis y experiencias

3,4 Sacrificio por los demás

3,5 Ayuda desinteresadamente y es calumniado

3,6 Salva su unidad de soldados

3,7 Auto-sacrificio

3,8 Ora entre balas

3,9 Desobediencia a un blasfemo

 

A 4 BÚSQUEDAS Y PREPARACIÓN

4.1 Primera visita a la Santa Montaña Athos

4.2 Trabajo y preparación

 

Α5 CENOVITA EN EL MONASTERIO DE ESFIGMENO

5,1 Impedimento antes de su marcha

5,2 Cenobita en el Monasterio de Esfigmeno

5,3 Prueba y servicios

5,4 Luchas de principiante

5,5 Me torturó la agapi de los míos

5,6 Manifestaciones demoníacas

5,7 La oración y bendición al recibir la sotana

5,8 Ve al Cordero coleando

5,9 Trabajador níptico

5,10 Obediencia sangrante

5,11 Visita de la Divina jaris energía increada

5,12 Marcha hacia la hisijía

 

A 6 EN EL MONASTERIO IDIORRÍTMICO DE FILOTHEU

6,1 Obediente al Yérontas

6,2 Servidor bien dispuesto y luchador desapercibido

6,3 Loyismós de soberbia u orgullo

6,4 Tentaciones “tankalísticas-endiabladas”

6,5 Inventa la forma de ayuda

6,6 En Kónicha para terapia

6,7 La providencia de Dios

6,8 Monje de pequeño hábito

6,9 Relación con Padres virtuosos

6,10 Bendiciones de la Panaghía

6,11 Recibe apocálipsis-revelación

 

A 7 EN EL MONASTERIO STOMIO DE KONICHA

7,1 Restauración del Monasterio

7,2 Impone el respeto

7,3 Salta al precipicio

7,4 Exhumación de los restos de San Arsenio

7,5 Esfuerzos, ascesis e hisijía

7,6 Protector de los pobres y de los huérfanos

7,7 Afrontamiento de la tentación con martirio

7,8 Luchas antiheréticas

7,9 “Conducido por el Espíritu Santo”

7,10 Ataques demoníacos

7,11 Salvación por la divina providencia

7,12 Visita nocturna de la Panaghía

7,13 Verdadero sueño demoníaco

7,14 Familiaridad con los animales salvajes

7,15 Otros acontecimientos de Stomio

7,16 Su marcha de Stomio

 

Α8 EREMITA EN EL MONTE “CAMINADO POR DIOS” DEL  SINAÍ

8,1 Traslado al Sinaí

8,2 Soluciona la sequía.

8,3 Bienaventurada vida eremita

8,4 “Sentí la divina Comunión”

8,5 Trabajo manual y caridades

8,6 “Estaba en el desierto tentado…”

8,7 Compañía del ermitaño

8,8 Apazia-sin pazos de los Padres divinos

8,9 En los santos Cuarenta

8,10 La dormición de su madre

8,11 El nombre de Kazantzakis

8,12 Es consolado porque no había comulgado

8,13 Guerra invisible e inexpresables situaciones.

8,14 Abandona el dulce desierto

 

A9 EN LA SKITI DE IBIRON

9,1 ¿Hisijía o compañía?

9,2 Aspectos de la vida en la skiti

9,2 Ayuda la psique de un difunto

9,4 Defensa de San Juan Precursor

9,5 Apedreamiento diabólico

9,6 Comida por un Ángel

9,7 Monje de gran Hábito

9,8 Operación de los pulmones

 

A10 EN LOS DESÉRTICOS KATUNAKIA

10,1 En la choza seca de Ipato

10,2 Camisetas para el asceta

10,3 El endemoniado

10,4 “Ha desatado el nudo gordiano”

10,5 Su pobreza

10,6 “Yo siempre estoy comiendo…”

10,7 Luz dulcísima

10,8 Constitución del Hisijastirion Monasterio femenino

 

A 11 EN LA CHOZA DE LA SANTA CRUZ

11,1 En el Santo Monasterio Stavronikita

11,2 La dormición del yérontas-Ticón

11,3 Su vida en  “Santa Cruz”

11,4 “Luz en sus caminos”

11,5 Apoya a un monje nuevo

11,6 Pescado enviado por Dios.

11,7 Aparición de San Arsenio

11,8 El yéronta-Ticón y la tentación

11,9 En la isla Tino

11,10 El silencio de los pájaros

11,11 El engañado

11,12 Compadeciendo con el enfermo

11,13 El olivo y las sotanas

11,14 En Fárasa

11,15 La psique infernada

11,16 La Santa Efimía

11,17 El “Olet”

11,18  Oración por los demonios!

11,19 Tentaciones demoníacas

11,20 Salvado del fuego

11,21 Visita inolvidable

11,22 Ve una psique

11,23 El Jorgito de Tíbet

11,24 En Australia

11,25 El visitante nocturno

11,26 Aparición de Cristo

11,27 Caminos y coches

11,28 Predicción

11,29 Icono resplandeciente

11,30 El Santo “muy injustamente perjudicado”

11,31 Multitud de demonios

11,32 La serpiente

11,33 “Oró y el cielo dio la lluvia”

11,34 Una fiesta distinta

11,35 Respuestas de otra manera

11,36 Divina Liturgia en “Santa Cruz”

11.37 “Dios está obligado a ayudar”

11,38 El Ángel de la guarda

11,39 Logos alegres y ágiles

 

A 12 EN LA PANAGUDA Y SU ENTREGA A LOS DOLORIDOS

12,1 Instalación en “Panaguda”

12,2 Los Santos Panteleimon  y Lukiniano

12,3 “Consuela a mi pueblo”

12,4 La aparición de San Blasio

12,5 Fragancia del icono “Axión estín” (es justo)

12,6 Las Reliquias de San Cosme el Primero.

12,7 “Cabrito” en el techo.

12,8 Muchas luces en su Kelia

12,9 La promesa de la Panaghía

12,10 En Tierra Santa y en Sinaí

12,11 Energías y operaciones de la divina jaris-gracia increada.

12,12 Visión de niño orando

12,13 “Cristo mío, bendígame…”

12,14 “¡Terrible visión!

12,15 “La Panaghía”

12,16 Sobre el Anticristo, el 666 y los carnets de identidad.

12,17 Fragancia de Santa Reliquia

12,18 Sorpresas

12,19 Operación quirúrgica de la hernia

12,20 La película blasfema

12,21 Ve la jaris (energía increada) del Sacerdocio

12,22 “Metamorfosis”

12,23 Responde a su loyismós

12,24 “Tienes pies rotos”

12,25 Terapias de enfermos

12,26 “Tomaremos la Polis (Constantinopla)”

12,27 “Que pidas perdón”

12,28 “Debes tener nobleza espiritual”

12,29 Movimiento del candil

12,30 “Viene…”

12,31 El jefe Hinduista

12,32 El discípulo de Maharatzi

12,33 El Yérontas y los jóvenes

 

A 13 ENFERMEDAD Y BIENAVENTURADA DORMICIÓN

13,1 Dolor y enfermedades

13,2 “Me sucedió algo”

13,3 En los límites de su resistencia

13,4 La última salida. Desarrollo de la enfermedad.

13,5 Ofrecimiento con dolores martirizantes

13,6 Bienaventurada e invisible dormición

 

A 14 MILAGROS DESPUÉS DE SU DORMICIÓN

14,1) No se alejó de nosotros………………

14,2) Fragancia………………………………

14,3) Expulsa demonio……………………

14,4) Salvación de un niño…………………

14,5) Aparición y ayuda a un estudiante…

14,6)  Aparición en sueño…………………

14,7) Aparición admirable y ayuda………

14,8) Presencia sensible invisible…………

14,9)  Intervenciones en accidentes…………

14,10) Resurrecciones espirituales…………

14,11) Desaparición de un tumor………….

14,12) Curación de una endemoniada…….

14,13) Recuperación de la vista……………

 

Segunda parte: escritos en unidades temáticas

B 1 VIRTUDES

B 1,1 Ξε­νι­τεία Xenitía extrema

B 1,2 Obediencia

B 1,3 La humildad auténtica riqueza

B 1,4 Obrero y predicador de la μετάνοια metania

B 1,5 Pobreza o insolvencia

B 1,6 «Áskisis-ascesis insaciable»

B 1,7 Esfuerzo y trabajador incansable

B 1,8 Aroma de εὐ­λα­βεια eflavia devoción o piedad.

B 1,9 “Amó la justicia”

B 1,10 Φι­λό­τι­μο Filótimo

B 1,11 Confianza en ls divina providencia

B 1,12 Ángel de la paz

B 1,13 Faro de discernimiento

B 1.14 Amante de la hisijía

B 1,15 Nipsis

B 1,16 La oración- Su típico o canon

B 1,17 La apazia-sin pazos

B 1,18  Agapi majestuosa

 

Β 2 CARISMAS O DONES

B 2,1 Transcendencia de las leyes de la naturaleza

B 2,2 Reconciliación con la creación

B 2,3 Orador y suplicador por el cosmos

B 2,4 Διδάσκαλος Didáscalos Maestro carismático.

B 2,5 El carisma de la παράκληση paráklisi súplica y consuelo.

B 2,6 Enemigo y expulsor de los demonios

  1. a) Aparición de demonios
  2. b) Terapia de endemoniados

B 2,7 “Mirra vaciada”

B 2,8 Entendimiento con los extranjeros de otras lenguas.

B 2,9 Transportaciones paradójicas

B 2,10 Percepción y sentimiento de oraciones e imploraciones

B 2,11 Conocedor del estado de los difuntos

B 2,12 El carisma de clarividencia y de previsión del Yérontas

B 2,13 Carisma de sanaciones

B 2,14 La apariciones de Santos

B 2,15 Faro de la luz increada.

 

B 3 OFRECIMIENTO

B 3,1 Profesor del desierto

B 3,2 Misión santa desde el desierto

B 3,3 Salidas al mundo

B 3,4 Defensor de la Παράδοσις parádosis santa tradición

B 3,5 Hacia la madre Iglesia

B 3,6 Sobre la Patria y la Nación.

ANEXO

  1. Carácter
  2. Su mensaje
  3. El testamento espiritual de Yérontas

Léxico de san Paísios.

Está puesto al final del libro.

  1. Agapi Αγάπη amor, cariño.
  2. Áskisis Ἄσκησις ascesis,
  3. Carisma Χάρισμα járisma viene de Jaris, es don, virtud, cualidad, talento y regalo,
  4. Filótimo Φιλότιμο,
  5. Gracia de Dios Χάρις τού Θεοῦ (jaris tu Zeú) (Jn 14,16,17), gracia, favor,
  6. Hisijía o hesyquía, Ἡσυχία
  7. Hisijasmós Ήσυχασμός hesycasmo
  8. Iluminación del nus o del espíritu humano. Φωτισμός τού (tú) νοῦ (nú)
  9. Κάθαρσις (kázarsis) catarsis,
  10. “Kirie eleison” «Κύριε, ἐλέησον»
  11. Loyismós Λογισμós/οί singular y loyismí en plural.
  12. Logos Λόγος
  13. Metania Μετάνοια
  14. Misterio Μυστήριο (mistirio), sacramento y vida mistiríaca.
  15. Nipsis Νήψηs Sobriedad,
  16. Nus Νοῦς o νοερά ενέργεια noerá energía,
  17. Oración noerá o del corazón o de Jesús Νοερά προσευχή (noerá  prosefjí).
  18. Pazos Πάθος, padecimiento, pasión, emoción, hábito, mala costumbre, vicio,
  19. Psique Ψυχή psijí alma, ánima,
  20. Realeza de Dios/de los cielos, Βασιλεία τοῦ Θεοῦ/τῶν ουρανῶν (vasilía tu Zeú/ton uranón)
  21. Skiti Σκήτη plural skites
  22. Xenitía Ξε­νι­τεία,
  23. Yérontas Γέροντας,
  24. Zéosis Θέωσις glorificación,

 

PROLEGÓMENOS

Sobre el bienaventurado Yérontas Paísios y ya santo de nuestra Iglesia se han publicado por varias personas muchas cosas, que realmente han beneficiado mucho y le han hecho más conocido. Todas las cosas que han circulado se refieren principalmente a su enseñanza y a sus milagros con poquísimos elementos biográficos.

La falta de una biografía sistematizada del santo Yérontas, la ha acreditado uno de sus hijos espirituales, nuestro Yérontas hieromonje Isaac, y decidió completar el vacío. (El prólogo está escrito por la compañía o séquito del yérontas Isaac, hace eco de sus puntos de vista y opiniones y explica todo el esfuerza de redacción de la “Βίος (víos) Vida del yérontas Paísios”).

El Yérontas Isaac comenzó la redacción dos años más o menos después de la dormición de san Paísios (29-6-94) ayudado de su séquito o compañía, y se estaba acercando a su conclusión. Pero la dormición del yérontas Isaac (3-7-98) aplazó la edición de la preparada casi biografía.

Permaneció sin editar, porque, mientras aún hacía falta de rectificaciones y complementaciones, las dificultades y las condiciones que se formaron después de nuestro orfanato fueron inadecuadas para tal evento. Además había también añadida la obvia debilidad por parte nuestra. Por eso en más de tres años la biografía permaneció intocable.

Las cosas que nos empujaron para la complementación de esta biografía eran el deseo y los esfuerzos o cansancios de nuestro Yérontas para la edición, y la sugerencia e incitación de muchos hermanos.

Algunas veces nos habíamos desanimado y pensábamos abandonar como inadecuados para esta obra difícil y responsable. Nos contenía el temor de no falsear al santo Yérontas, y en vez de beneficio sea producido perjuicio espiritual y escándalo. Teníamos la sensación del niño pequeño que intenta hablar de algo grande, lo cual supera sus medidas, y no encuentra las palabras y el tropo (forma, manera o modo) de expresarlo.

Mientras vivía san Paísios no tuvimos la precaución con nuestro Yérontas de guardar apuntes, grabarlo en cassette, fotografiarlo o reunir elementos, datos e informaciones con el propósito de hacer nosotros su biografía. Nos rellenaba con su presencia, nos bastaba sólo con verle y escucharle. Quizás se considere como una falta por parte nuestra, pero tenemos nuestra conciencia tranquila de que hemos hecho algo que no desagradaría ni entristecería al santo Yérontas.

La única provisión fueron los apuntes de sus respuestas en preguntas personales sobre temas espirituales de la lucha diaria. En estas preguntas, el Santo, se refería de ejemplos de sus propias luchas y combates, de acontecimientos sobrenaturales y de tentaciones demoníacas. Principalmente nos hemos basado en las cosas que ha salvaguardado nuestra memoria, muchas de las cuales no sólo una vez las hemos escuchado. Sus logos, que los teníamos escondidos en nuestros corazones, ahora las hemos trasladado a papel para beneficio común de nuestros hermanos.

Muchos, laicos y clérigos, que han conocido el Santo, al ser informados de nuestro intento pusieron a nuestra disposición, unos espontáneamente y otros después de nuestra petición, material valioso, epístolas del santo Paísios, cassettes, fotografías, apuntes y testimonios. Todos estos datos que echan mucha luz y completan muchos vacíos de la Vida Βίος (víos), se han utilizado con cuidado y responsabilidad. Pasaron por muchos tamices y fueron bien aventados, para que queden sólo limpios y lúcidos para los fieles.

Algunas cosas de estas no concordaban con la realidad y el espíritu del Santo. Otros por devoción sin discernimiento sobre-enfatizaron y engordaron algunos acontecimientos. Otros por su parte no entendieron y transmitieron tergiversados sus logos. Hubo también unos pocos que se expresaron negativamente sobre su persona, quizás por ignorancia y no por mala intención y disposición. Ojalá que Dios no lo atribuya o no lo tenga en cuenta.

En nuestro intento de hacer la biografía pusimos como canon, regla, la verdad, “principio de tus logos la verdad” (Sal 118,160). Es decir, intentamos presentar el Santo tal y como le hemos conocido, tal como era, sin intentar agrandar y mitificar o idealizar por agapi y admiración.

Una gran parte de la Vida Βίος (víos) del santo es esencialmente autobiografía, porque el mismo santo Yérontas es la fuente de nuestras informaciones. De sus incuestionables labios y de modo inmediato provienen la mayoría de los relatos o narraciones. Pero las cosas y realidades que hemos escrito son pocas, pobres y débiles, y no agotan su riqueza espiritual. No sólo no exageramos, sino que sin querer somos muy injustos con el Santo, por las siguientes razones:

Su Βίος (víos) Vida interior como también la Vida Βίος (víos) Βίος de los santos, era secreta, oculta, in-considerable y no visible (no compulsada). Ha develado algunas experiencias para ayudarnos, pero escondía muchísimas más. En sus relaciones con nosotros, dominaba el elemento humano que escondía su grandeza. Lo más básico es que nuestra ceguera espiritual e insuficiencia nos han impedido ver más espiritualmente al Yérontas, de modo que podamos presentarle más fielmente. Si nuestro estado espiritual fuera mejor, por supuesto que sería mejor también su biografía. Porque como es sabido, para que uno pueda hacer la biografía de un santo, debe ser el mismo santo, y sobre todo a su medida y a su estado espiritual. Decía el santo Yérontas que las Vidas Βίος (víos) de los santos están escritas por santos, son admirables.

Por tanto como “y el pozo es hondo y bomba de agua no tenemos” (s.s Jn 4,11), es decir, nuestra debilidad no es suficiente para abordar y presentar su magnitud espiritual, pues, nos hemos delimitado a la sencilla y fiel exposición de los datos y elementos. Sólo intentamos ser testigos fidedignos y nada más.

A pesar de esto, dentro de nuestros escritos bastos sin arte, surge el Santo moviéndose con comodidad entre la tierra y el cielo, burlándose del diablo pero también compasivo con él, y co-alimentándose con pléyade (legión)  de santos. Se revela pobrísimo, pero con riquísimas bendiciones que con su oración baja desde cielo a la tierra. Flaco y enfermo, pero poderosísimo y candente con la jaris (energía increada) de Dios, que ante él retroceden incluso las leyes naturales; monje ciudadano eremita, pero muy cerca a las necesidades de los hombres; asceta severo de sí mismo, pero filántropo (amigo del hombre) hasta auto-sacrificio a favor de los débiles, los enfermos, los desgraciados y a los que les cometen injusticias.

Todos los elementos y los datos de su Βίος (víos) Vida es imposible contenerlos en un sólo tomo. Por eso se han escogido representativamente los más potentes y didácticos (instructivos). Se han omitido las cosas de la enseñanza del Santo, que se reúnen en unos cuantos tomos, la cantidad de sus epístolas y más de doscientos milagros testificados. Nuestro propósito nos es presentar un “catálogo de milagros”. Porque es normal que en uno que llega a la “cúspide” de las virtudes y adquiere la divina jaris (energía increada gracia) que operen los j-carismas (dones) y que hagan milagros. Pero lo interesante y buscado es cómo ha llegado hasta allí, qué sendero caminó y de qué modo luchó y combatió contra los  «pazos«, las tentaciones y los demonios. Mucho más que sus milagros nos ha conmocionado su gran abnegación, sus valientes luchas para la agapi (increada) de CristoDios, su acribia exactitud y precisión monacal y su sentido sutil para la vida espiritual, su agapi sacrificante para cada hombre y su conducta y su actitud patrística que reposaba y sosegaba a cada hombre.

El libro lo hemos dividido en dos partes:

En la primera parte, donde se presenta “La amplitud de su Βίος (víos) Vida”, se hizo el esfuerzo dentro de un marco cronológico y local que se vea en la medida de lo posible más sencilla, pero también completa su trayectoria luchadora y combatiente desde su nacimiento hasta su dormición. En catorce unidades-capítulos con base y eje el lugar de permanencia del Santo, cada vez, son colocados sus actividades, en forma de roseta los datos biográficos, las luchas, los milagros y varias actividades.

El segundo tomo “Escritos biográficos en unidades temáticas” como un acto imprescindible para complementar y explicar la primera parte. Con esto es abordado y comprendido más profundamente y mejor el Santo. Cada una de las dos partes mantiene una independencia e integridad -podrían editarse por separado- sin embargo tienen simultáneamente una profunda unidad interior. Es decir, la segunda parte es también biografía. No sigue un orden cronológico, pero contiene acontecimientos biográficos ordenados en unidades temáticas.

El arreglo en tres unidades (Virtudes, C-Jarismas, Oferta) está basado en el pasaje de Luca 1, 15-16: “No beberá vino ni sidra” (ascesis, lucha y combate) – “y será lleno del Espíritu Santo, aun desde el vientre de su madre” (divina jaris, energía increada) – “Y hará que muchos de los hijos de Israel se conviertan al Señor Dios de ellos” (oferta). El mega (gran) Juan el Precursor atravesó y pasó por estos estadios, aunque con otro orden, porque fue consumado como profeta desde el vientre de su madre. Todos los santos primero lucharon y combatieron para que sean catartizados, purgados y sanados de los pazos aplicando y cumpliendo los logos-mandamientos, de los que nacen las virtudes y después recibieron la divina jaris. En el tercer estadio se observa la disposición y repartición de los c-jarismas para la sotiría redención, sanación y salvación de los seres humanos.

El concepto central de la segunda parte constituye la divina jaris (energía increada gracia). Para adquirirla el Santo, primero combatió contra los pazos y el pecado y después fue consumado como “buen economista de la variedad de la jaris de Dios”.

En el capítulo “Virtudes del Santo” se refiere de modo práctico y representativo varios acontecimientos de su Βίος (víos) Vida, que hemos percibido. Son asentados en capítulos con la condición común la virtud que está escrita en el título de cada capítulo. No es referida su didaskalía enseñanza, sino sólo epigramáticamente algunos de sus elementos. Pero en donde hizo falta ser recalcado algo para que se vea mejor su espíritu, se ha puesto algo más.

Su “C-Jarismas, Dones”, varios y sobrenaturales, ordenados por género, se ven más clarividentes por los testimonios del mismo y de los otros. Han sido escogidos representativamente pocos, sin comentarios, sino sólo donde hemos creído necesaria una explicación.

La extensión, el fondo y el valor de su Ofrenda es imposible que sean valorados y ser contenidos en unas pocas páginas. Porque teniendo la variedad de los divinos c-jarismas, naturales e inviolables, sin esfuerzo ni aspiración humana, ofreció la riqueza de la divina jaris increada en las hambrientas y sedientas psiques. Simplemente se refieren algunos sectores  sensibles dónde ayudó especialmente.

Para que las imprecisiones sean evitadas y también todo tipo de errores, hemos puesto nuestros escritos a juicio e inspección de hijos espirituales del yérontas Paísios y de otros Padres.

Debemos muchos agradecimientos y muchos favores:

A nuestros hermanos, los que han visto, rectificado y completado la Vida Βίος (víos); la contribución de ellos fue de todo corazón y esencial. Sin la ayuda de ellos la Vida Βίος (víos) del santo Yérontas sería muy incompleta y con muchos errores.

También a los demás colaboradores que nos han confiado varios datos. Incluso aquellos que inspeccionaron los escritos, nos han hecho sugerencias y rectificaciones, y dedicaron bastante tiempo y mucho esfuerzo hasta que esta obra tome su forma definitiva. Finalmente a los que contribuyeron de cualquier manera visible e invisiblemente a la mejor presentación de la edición, y contribuyeron a que salga a la luz pública diez años después de la dormición de san Paísios.

Con todo nuestro cariño agradecemos especialmente a nuestro respetado yérontas Gregorio, Guía Espiritual del Santo Monasterio san Juan el Precursor del pueblo Metamorfosis, por su solidaridad múltiple y variada en todo el esfuerzo por escribir la Vida Βίος (víos) Βίος y por hacerse cargo de los gastos de edición.

Para todos ellos imploramos la jaris (energía increada) de Dios y las bendiciones del Yérontas Paísios.

Para facilidad de los lectores apuntamos algunas explicaciones:

Muchas operaciones, luchas, combates y acontecimientos son entendidos y explicados por su coherencia. Lo que dijo el Yérontas no se debe generalizar indistintamente, sin discernimiento. Algunas cosas fueron dichas sólo para un caso concreto y no son válidas para todos. “El mismo fármaco puede perjudicar o beneficiar según el organismo”.

Se presentan aquí algunas tesis, posiciones del Yérontas sobre temas eclesiásticos, nacionales, monacales, etc. Su posición, la que aspiraba ser conocida a los demás, era totalmente espiritual y apazís sin «pazos«; por eso se presenta sin la mínima intención y disposición de que alguna persona pueda ser ofendida, herida y expuesta

Los testimonios son tal y como fueron depositados. Algunos un poco largos se hicieron más breves sin ser alterados. Por supuesto que es respetado el deseo de los que pidieron que sus testimonios fueran anónimos.

Terminando estas explicaciones prologológicas, desde esta posición debido a nuestra debilidad, no podemos expresar nuestro agradecimiento merecido hacia el Santo por todo lo que nos ha ofrecido. Sólo pedimos desde el fondo de nuestros corazones que nos perdone por lo que hemos pecado en su agapi y particularmente por nuestro atrevimiento al editar su Βίος (víos) Vida. Pero le rogamos  que ilumine el nus (espíritu de la psique) de los lectores de modo que puedan a entender correcta y ortodoxamente y que sean beneficiados espiritualmente. Teniendo el conocimiento de muestras imperfecciones, faltas y errores, y con mucho gusto aceptaremos cualquiera de las observaciones e indicaciones que provienen de la agapi para la apocatástasis (restablecimiento) de la verdad.

Si el lector encuentra errores en algunos puntos de las aromatizadas luchas del santo Yérontas, estos por supuesto no provienen de san Paísios, ni de su biógrafo padre-Isaac, sino de los que se han cuidado del libro de la “Vida Βίος (víos) de san Paísios”.

Pero si alguna psique se despierta y se calienta (espiritualmente) por las hazañas del Santo y asume lucha espiritual, pues, que glorifique al venerable nombre del gran Dios y Salvador nuestro Jesús Cristo, “en el cual pertenece la doxa-gloria increada y la reverencia junto con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amín.”

Συνοδεία γέροντος Ἰσαάκ    Séquito del yérontas Isaac

Καλύβη Ἀναστάσεως            Kalivi de la Resurrección-Anástasis

Καψάλα                                    Kapsala

Καρυές Ἅγιον Ὄρος               Kariés, Santa Montaña Athos

 

 

PRIMERA PARTE

RESUMEN DE SU VIDA

 

A 1  SUS ANTEPASADOS CARNALES Y  ESPIRITUALES.

A 1,1 La fronteriza región Farasa

Fárasa o “Barasió” es la patria del Yérontas Paísio, que antes del intercambio de población era un pueblo recogido, bien cuidado y el  principal de la fronteriza Grecia Románica de Capadocia. Los seis pueblos de Farasa se encuentran a unos doscientos kilómetros más o menos al sur de Cesárea. Aunque aislados al fondo de Asia Menor, consiguieron mantener inalterada la Ortodoxia, la conciencia nacional y su lengua.

Los “Barasiotes” eran reconocidos y famosos por su valentía.  Gracias a su fortaleza,  su pueblo se mantuvo sin ser invadido por los Tsetes (rebeldes turcos), como una parte libre de la Romanidad (territorios griegos conquistados por el imperio romano) en los extremos  de Capadocia. Tal es así, que muchos perseguidos por los turcos encontraban allí refugio. Por esta razón, justamente llamaban a los Farasiotes Macabeos[1].

  1. Familia judaica de sacerdotes que lideró la batalla contra  Antíoco IV Epífanes (175­164 a.C.). Metafóricamente significa el luchador celoso y valiente por la fe y por la patria.

Las mujeres de los Farasiotes no eran menos en valentía y heroísmo. Una vez los turcos perseguían a un grupo de mujeres para detenerlas. Entre ellas estaban también algunas familiares del Santo. Ellas prefirieron caer al río y ahogarse, salvando así su fe y su honor, antes de que las capturasen los turcos y ridiculizarlas a sus harenes.

En Farasa había cincuenta Iglesias Ortodoxas. Algunas eran antiguos Monasterios que alguna vez estuvieron en auge. Había muchas fuentes de agua bendita, conocidas en todo Capadocia por sus milagros. El templo principal estaba dedicado a los Santos Mártires Jonás y Barajísios, quienes según la tradición fueron allí martirizados a mediados del s. IV d.C.

Los farasiotes eran continuadores de una excelente tradición ascética que comenzó con los grandes Padres Capadocios. Amaban la Iglesia, tenían devoción y espíritu de lucha. Los días de Pentecostés y de ayuno anuales, la mayoría hacían novenas. 2

(2. Tipo de ayuno en que sólo se comía una vez comida cuaresmal después la hora novena bizantina (15:00)

El último fulgor y la expresión más perfecta de esta tradición fue el párroco responsable de la Iglesia del pueblo el santo Arsenio de Capadocia3 (1841-1924). Su santa vida y sus muchos milagros fueron la causa de que acudieran a él no solo Cristianos sino también  Musulmanes de toda Capadocia.

(3.La vida de San Arsenio de Capadocia fue escrita por el Santo Paísio. También obras suyas son:”El anciano Játdsi-Yeórgis (Χατ­ζη­Γε­ώρ­γης) el Aghiorita”, “Sobre los Padres Ayioritas y el Monte Atos”y “Epístolas”. La serie “Los  Logos del Yérontas Paísios,” editada por el Santo Monasterio San Juan el Teólogo de Suroti, contiene la enseñanza del Santo Paísio).

 

A 1,2 Su familia

Viviendo en este bendito ambiente, los ascendentes del santo padre Paísio se distinguían por su particular devoción.

Su abuela Cristina Jatsllí tenía una ermita dedicada al Arcángel Miguel, lejos del pueblo. Cada cierto tiempo quedaba allí sola en hisijía, en oración y ayuno. Cuando en invierno, debido a las nevadas, quedaba aislada, encontraba en la ventana de la Iglesia un pan caliente. Hacía oración y lo comía. También tenía una casa en Adana. Allí hospedaba a San Arsenio, cuando iba andando de peregrinaje a Tierra Santa.

 

Su apellido principal era Jatszidigenís. Después tuvieron que adoptar como apellido el nombre del bisabuelo del Santo, quien se llamaba Teodosio. Es decir, su padre al principio se llamaba Pródromos (Precursor) Zeodosíu. Pero como le perseguían los turcos, cambió de nuevo su apellido a Edsnepídis, que significa extranjero. Descendiente de familia noble de Farasa que desempeñaba el gobierno del pueblo desde muchas generaciones, fue alcalde del pueblo varias decenas de años, ya que poseía carisma administrativo. Era creyente, piadoso y devoto. Tenía especial devoción a san Arsenio y le obedecía a todo.

 

Pródromos era buen artista y experto, sus manos hábiles tocaban de todo. Trabajaba como agricultor en Farasa, pero tenía también un alto horno (fragua) que producía hierro. Era valiente, atrevido y arriesgado. Desde joven caminaba por zonas intransitables de Farasa y se subía a rocas peligrosas. Con dieciséis años, luchó contra un león, hiriéndole. Sobre todo era muy amante de su patria, luchador valiente, con muy buena puntería y un atrevido ἀ­κρί­τας akrítas.* Salvó muchas veces al pueblo de los Tsetes. Una vez se vistió de bailarina de la danza del vientre y fue a su guarida. Allí pidió ver al líder, supuestamente para hablarle en confianza en privado, pero le quitó el arma y junto con sus valientes compañeros expulsaron a los Tsetes. Muchas veces estuvo en peligro, de hecho una vez le tuvieron prisionero, pero le protegieron las oraciones de San Arsenio; *(ἀκρί­τας akrítas habitante y guardián de las fronteras así se denominaban por los bizantinos a los habitantes de las fronteras, que en aquella época las llamaban “ákres-extremos”).

 

Cuando como alcalde iba a Ádana para cuestiones del pueblo y se presentaba ante Kemál (oficial, político y presidente turco), éste, valorando su valentía, le saludaba diciendo: – “Bienvenido valiente muchacho Romiós-helenoromano”.

 

Más tarde en Grecia, cuando comenzó la guerra griego-italiana, con edad ya avanzada pero con un espíritu y entusiasmo  joven, quiso ir voluntario a luchar.

 

Era justo, amigo fraterno y misericordioso.

Cuando el estado otorgó terrenos para el restablecimiento de los refugiados, el anciano Pródromos, como presidente de Konítsa, primero reguló y arregló a los otros farasiotes y se quedó la peor parte para su familia, los terrenos más áridos e improductivos. Para roturar, desarraigar y limpiar de las zarzas para cultivarlos, sus ojos se vieron afectados  por el fuego que utilizaba para quemar y eliminar las zarzas.

 

La madre del Santo se llamaba Evlogía1 (Εὐ­λο­γί­α ), Descendía de los Francópulos (Φρα­γκο­πο­ύ­λοs) y tenía parentesco con San Arsenio. Era prudente, inteligente, trabajadora, muy devota, y fue criada bajo las instrucciones de San Arsenio. La agraciada Evlogía la casaron joven, con quince años, con Pródromo Edsnepídi. 1(En relación con el nombre de su madre el Yérontas había dicho que se llamaba Ευλογία evlogía Bendición, pero en Kónitsa la llamaban Ευλαμπία eflampía Bien iluminada).

 

Las almas benditas, Pródromos y Evlogía, tuvieron diez hijos. Los dos primeros, Caterina y Sotiría (salvación), murieron jóvenes. Cuando San Arsenio bautizó a la tercera, dijo que la llamasen Ζω­ή (sllsoí) Zoe. A partir de entonces, todos los hijos vivieron. Sus nombres, por orden de edad, son: Zoe, María, Rafael, Amalía, Jarálambos, Arsenio (el santo Paísio), Cristina y Lucas. Todos han pasado a la otra vida. El último fue Rafael, en 2014.

 

A 1,3 Bautizo y desarraigo

 

En la Farasa de Capadocia, pues, tierra madre de santos, nació el Santo Paísio un 25 de Julio de 1924, el día de Santa Ana.

 

En el bautizo, sus padres querían nombrarle Jristos, como el abuelo. San Arsenio sin embargo dijo a su abuela: “¡Eh, Jatzsianá 5 tantos hijos te he bautizado! ¿No vas a dar a ninguno mi nombre? “. Y a sus padres dijo: “¡Vale, vosotros queréis dar descendencia a vuestro abuelo, pero quiero yo dejar un descendiente monje como yo!” Y girándose hacia la madrina la dice: “Le llamarás Arsenio”. Es decir, le dio su nombre y su bendición, previendo también que sería monje, como fue de hecho. (San Arsenios, pag 65-66).

 

El año que nació el Santo tuvo lugar el intercambio de población y el desarraigo de los cristianos  de Asia Menor de los hogares de sus antepasados.  La familia del Yéronta junto con San Arsenio y todos los farasiotes, tomaron el amargo camino del exilio de los refugiados. En el barco, por la aglomeración de la gente, alguien pisó al bebé (Arsenio) y estuvo a punto de morir. Pero el Dios mantuvo en la vida a Su elegido, porque estaba destinado que llegase a ser instructor de muchas almas hacia la Realeza Increada de los Cielos. El Santo por supuesto, por humildad, decía posteriormente: “Si hubiese muerto entonces, que tenía la jaris (energía increada gracia) del Bautismo, me hubiesen echado al mar y me hubiesen comido los peces, y por lo menos me hubiese dado las gracias algún pececito, y hubiese ido al Paraíso”. (Es decir, quería decir con eso que ahora que vivía, no hizo nada).

 

Se quedaron por un tiempo en el Pireo. Después se trasladaron al castillo de la isla Kérkira-Korfú, “donde se durmió” y fue enterrado San Arsenio, según su profecía: “Yo viviré cuarenta días en Grecia y después moriré en una isla”. Después se trasladaron a un pueblo de la ciudad Igumenitsa y finalmente se instalaron en Kónitsa. (Frontera con Albania).

 

El recién nacido Arsenio, un bebé de cuarenta días, sus padres lo trajeron a la madre Grecia, desconocido entonces entre la multitud de los refugiados. Éste que años después se haría conocido en todo el mundo y que conducirá a multitud de hombres al conocimiento-gnosis de Dios. Desde sus primeros días conoció los dolores y las fatigas de los hombres. Más tarde él mismo sería un puerto de consuelo, sanación y psicoterapia para miles de psiques-almas torturadas.

 

 

  1. 2 ENTRENAMIENTOS ASCÉTICOS

 

  1. 2,1 Educación “en enseñanza e instrucción del Señor”

 

El pequeño y bendito Arsenio, junto con la leche que amamantaba, aprendía de sus padres también la εὐ­λά­βεια evlavia devoción y piedad hacia Dios. En vez de historias y cuentos, le hablaban de la vida y de los milagros de San Arsenio. En su interior nació la admiración y la agapi por Jadzsefentí, modo en que denominaban a San Arsenio. Desde pequeño, también él  quería hacerse monje para parecerse a su Santo.

 

Después de San Arsenio, la persona que influyó de modo  benéfico en toda su vida fue su madre, hacia la cual sentía una especial agapi y la ayudaba en lo que podía. De ella aprendió la actitud humilde. Le aconsejaba que no quisiera ser el vencedor de sus compañeros de clase en los juegos y después vanagloriarse, ni aspirar a entrar el primero en la fila, porque era lo mismo fuese el primero o fuese el último, ya que entraría igual.

 

Además le enseñó la engratia continencia y autodominio; a no comer antes de la hora de la comida. La transgresión la consideraba lujuria.

 

También le ayudó a adquirir la sencillez, las ganas de trabajar, el esmero y el cuidado en su comportamiento hacia los demás, y le incitaba a no decir para nada el nombre del diablo. Dos veces al día toda su familia oraba delante del iconostasio. Sin embargo su madre continuaba orando y cuando hacia las tareas de la casa decía la noerá  oración del corazón o de Jesús.

 

Tal era la devoción de sus padres, que hasta cuando iban al campo llevaban consigo el antídoro-contraregalo (pan eucarístico).

 

El pequeño Arsenio, con el interés y la inteligencia que tenía, fácilmente asimilaba lo bueno que escuchaba de sus padres.

 

Siguiendo el ejemplo de ellos, aprendió a ayunar, a orar y a  ir a la Iglesia. Era el niño más amado de todos los de la familia. “Por un lado, mi padre”, decía más tarde el Yérontas, “me amaba, porque tenía devoción por los oficios artesanales y tenía buena mano, y por otro lado, mi madre por la poca piedad que tenía”.

 

 

  1. 2,2 Ejercicios infantiles

 

El celo del pequeño Arsenio por el ayuno era muy admirable. Desde muy pequeño ayunaba severamente. Pedía a su Madre que le cocinara verduras sin aceite.

 

Para obligarse a seguir hambriento después de la Divina Liturgia, el antídoro-pan eucarístico lo guardaba y lo comía después de varias horas. Para limitarse la cantidad de comida, se apretaba mucho el cinturón. Una vez ayunó tanto que por el agotamiento se cayó en la cama. Decía posteriormente el Yérontas: “Mis manos estaban delgadas como las de los niños de África, porque cuando era pequeño mi organismo fue privado de los alimentos básicos. Mi cuello se había hecho como el vástago de la cereza. Los niños me decían: se te va a caer la cabeza”.

 

La piadosa Keti (Eriketi) Patera, de la ciudad de Kónitsa,  mayor de edad que él, decía en relación a ello: “Le pregunté una vez:

-¿Hijo mío, has comido algo hoy?

-No he comido. Qué voy a comer, si mi madre hierve todo en la misma cacerola, la carne junto con las comidas de ayuno. La misma cacerola las absorbe y no puedo comer.

-Hijo mío, tu madre es muy limpia y lava la cacerola con jabón.

-No puedo comer de estas comidas, respondía.

 

»Y ayunaba, ayunaba continuamente y se retiraba para rezar  él solo”.

 

Cuando aprendió a leer bien, encontró la Santa Escritura y estudiaba cada día los Cuatro Evangelios. Encontró también vidas de Santos y disfrutaba leyéndolos. Había llenado una caja con libros de vidas de santos. Cuando regresaba del colegio, no quería ni comer. Primero iba, abría la caja y cogía y leía las vidas de los santos. Su hermano mayor se los escondía, aunque era devoto, porque no quería que el pequeño Arsenio se ocupara mucho de las cosas eclesiásticas, para no descuidar los estudios. Pero Arsenio no decía nada. Encontraba otros libros con vidas de Santos y se alimentaba espiritualmente.

 

Testifica su hermano: “Arsenio desde el segundo curso de la educación básica leía libros religiosos, se aislaba y oraba mucho. No jugaba como los demás niños.”

 

Lo que leía en los Sinaxarios-Santorales, intentaba aplicarlo. Leyó que, cuando tienes miedo de un lugar, debes frecuentarlo para expulsar el miedo. Como tenía miedo cuando pasaba por el cementerio, decidió ir allí por la noche, para que se le quitase el miedo. Entonces estaba en cuarto curso de educación básica. Nos contó: “Siendo de día, vi una tumba vacía. Apenas se hizo de noche,  mi corazón comenzó a palpitar por el miedo, pero fui y entré a la tumba. Al principio fue difícil pero después me acostumbré. Me quedé bastante tiempo y me familiaricé. Me animé y comencé a rondar de tumba en tumba, pero con cuidado para que no me viesen y me tomaran por un fantasma. Eso fue; fui tres noches y me quedé en el cementerio hasta tarde y se me quitó el miedo”.

 

El Yérontas sentía gran agapi hacia Dios y su oración era la manifestación de esta agapi. En las grandes fiestas permanecía en vela, encendía el candil y oraba de pie toda la noche. Su hermano mayor se lo impedía. No le dejaba levantarse por las noches, para leer el salterio. Le tapaba con las mantas para que no leyese. En general la táctica de su hermano no sólo no le cortó  el entusiasmo sino que aumentó su agapi hacia Dios.

 

De pequeño se iba al bosque solo, recogía bellotas, las atravesaba con un clavo, las pasaba una cuerda y hacía komposkinis para contar las oraciones y las genuflexiones.

 

Su hermana Cristina recuerda que una vez, cuando estaban en el campo, comenzó a llover. Arsenio se preocupó  porque se estaban mojando. Se llevó consigo a sus hermanos más pequeños y fueron al iconostasio, se arrodillaron, rezaron y la lluvia paró.

 

Cuando había relámpagos, decía: “Mega-grande el nombre de la Santa Trinidad”.

 

Su tendencia monacal se manifestó muy temprano. Cuando le preguntaban qué quería ser de mayor, Arsenio respondía con firmeza: “Monje”, sin haber visto monjes hasta entonces.

 

Contó también lo siguiente: “Cuando aún estaba en el colegio, leía las vidas de los Santos y deseaba desde entonces hacerme un asceta. Salía a menudo fuera del pueblo. Tenía once años. Había señalado una roca grande. Un día partí para subir a la roca y hacerme estilita. Llevé conmigo sólo un pequeño hierro, para poder cortar alguna hierba para comer, igual que los antiguos ascetas. Estuve caminando una hora y media en las montañas y encontré el lugar. Era una roca alta. Subí con dificultad y comencé a orar. Agoté todas mis fuerzas y empecé a pensar: “Los eremitas tenían raíces y comían; un poco de agua, algún dátil… Tú aquí encima de la roca no tienes nada. Cómo vas a vivir. Me había agotado el hambre, no aguantaba más y digo: voy a comer alguna hierba; ¿pero cómo y por dónde iba a bajar? Al subir, subí bien, pero ahora cómo bajo. Finalmente me arrojé dando vueltas, ¡no me maté de milagro! La Panaghía me protegió para no hacerme pedazos en las rocas. Poco a poco cojeando comencé el regreso a casa. Pero me perdí por la noche en el bosque y con muchas dificultades llegué a casa hacia la medianoche”.

 

 

  1. 2,3 Carpintero

 

Según los testimonios de sus compañeros del colegio de educación básica, era un niño muy cuidadoso, sensato y amado, con especial sensibilidad en su comportamiento y devoción en la asignatura de religión. Era buen estudiante, inteligente, espabilado, indulgente y ponderoso. Su empatía hacia los demás llegaba hasta el sacrificio. Tenía ojos vivaces y expresivos, tan iluminados, que llamaban la atención y le llamaban “Gumpisia”, que en el dialecto del pueblo Farasa quiere decir luciérnaga. El pequeño Arsenio terminó la enseñanza básica con una puntuación de ocho sobre diez, y con una conducta excelente. Pero no quiso seguir los estudios, porque en Kónicha no había bachillerato, y deseaba ser carpintero, porque amaba el oficio de nuestro Señor.

 

Durante el tiempo que trabajaba con el encargado por las casas, no comía con él, sino que con una excusa se iba a su casa, comía rápido e inmediatamente regresaba. Después su maestro albañil entendió que lo hacía para no estropear el ayuno.

 

Cuando aprendió bien el oficio, hizo un iconostasio para su casa y una Cruz, como aquella que veía en los iconos que sostenían los santos Mártires.

 

Más tarde abrió su propio taller de carpintería. Fabricaba marcos, techos, suelos, iconostasios, incluso ataúdes, por los cuales nunca cobró dinero, participando en el dolor de las personas.

 

En su oficio era un “manitas de oro”. Los hombres estaban muy contentos y agradecidos por su trabajo. Todos en Kónicha decían: “¡Qué hijo tiene la Eflampía! (“Bien iluminada”, el nombre de su madre). Era buen artesano, serio y rápido, con un carácter justo, sincero y verdadero. Por eso le preferían a él. Así ganaba para vivir, ayudaba a los suyos y daba caridad (limosna).

 

 

  1. 2,4 Niño agraciado

 

Entre los habitantes de Konitsa circulaba el rumor de que el hijo del Eznepidis (Arsenio) vio a San Jorge y de que después ayunó durante muchos días. El mismo Yérontas nunca hizo ninguna referencia al caso, ni tampoco ha sido comprobado por otros. Incluso aunque se tratase de un rumor, indica la gran estimación de sus paisanos hacia su persona. Le consideraban dotado por Dios con jaris (gracia energía) increada especial. Una mujer turca le llevaba cada primer día de mes a su casa para que le fuese bien durante el mismo. Con los hijos de ella iban juntos al colegio y después se bautizaron cristianos ortodoxos. La mujer turca manifestó también su respeto hacia el Yérontas cuando lo vio como monje, diciéndole: “Me voy a sacrificar por ti”. La mujer emocionada tomaba el polvo de los zapatos del Yérontas y restregaba con fe su mano paralítica.

 

 

  1. 2,5 Con la Cruz como conductora

 

Dijo el Yérontas: “Una día mis hermanos estaban en el campo trabajando. La madre preparaba la comida pero no tenía a nadie para que la llevase y estaba triste por eso. La huerta estaba a una distancia de dos horas.

-Dame la comida para llevarla yo, la digo.

-¿Cómo conoces tú el camino?

-Preguntaré, la dije.

»Comencé a caminar sin preguntar a nadie sosteniendo en la mano la Cruz, tal y como veía en los iconos de los santos Mártires, y apenas entendí por dónde fui. Llegué al terreno, dejé la comida y regresé inmediatamente a casa, porque me estaba esperando mi madre».

 

 

  1. 2,6 Visión divina

 

Narró el Yérontas: “Desde los once años leía vidas de Santos y hacía ayunos y vigilias. Mi hermano mayor me cogía los libros y los escondía. Pero no consiguió nada. Me iba al bosque y continuaba. Kostas, un amigo suyo, entonces le dijo: “Yo haré que lo deje todo”.

 

»Vino y me desarrolló la teoría de Darwin. Me quedé asombrado y dije: “Voy a orar y, si Cristo es Dios, se me presentará para creer. Una sombra, una voz, algo me indicará”, hasta aquí llegaba con mi corta mente. Me fui y comencé hacer metanias-genuflexiones y oración por muchas horas, pero nada. Al final estando casi roto me detuve. Me vino entonces en el pensamiento algo que me había dicho Kostas: “Acepto que Cristo es un buen hombre, justo, virtuoso, al que por envidia odiaron por su virtud y sus paisanos le condenaron”. Entonces me dije: “Si es un hombre de este tipo, aunque solo fuera un hombre, vale la pena amarlo, obedecerlo y sacrificarme por Él. No quiero ni paraíso ni nada de nada. Por Su santidad y bondad vale la pena cualquier sacrificio.“ (Buen loyismós, filótimo, esplendido, indulgencia y pundonor).

 

»Dios esperaba mi planteamiento. Después de esto se presentó el mismo Cristo dentro de una luz abundante. Se veía la mitad de arriba. Me miraba con mucha agapi y me dijo: “YoSoY la resurrección y la vida, el que cree en mí, no morirá, sino que tendrá la vida” (Jn 1,25). Estas palabras estaban escritas también en el Evangelio que lo tenía abierto en Su mano izquierda”.

 

Este acontecimiento disolvió los loyismí de dudas del quinceañero Arsenio, que estaban perturbando su psique desde su infancia, y con la jaris (energía increada gracia) de Dios conoció a Cristo como Dios verdadero y Σωτήρ Sotir (Redentor, Sanador y Salvador) del mundo. Entonces se aseguró sobre el Θεάνθρωπος (zeanzropos) Dios-Hombre, no por persona o por libros, sino por el mismo Señor, le había sido apocaliptado-revelado y además siendo tan joven. Afirmado ya en la fe se decía a sí mismo el monólogo: “Kosta, si quieres ahora, ven y discutimos”.

 

 

  1. 2,7 Preparación para la vida monástica

 

A partir de entonces comenzó a luchar con más celo y a pensar intensamente sobre el tema de su dedicación a Dios. Se fue a la Metrópolis de Ioanina y preguntó al Protosínguelo-Canónigo clérigo si podía en esta edad hacerse monje. Aquel le respondió: “Ahora no puedes, más tarde cuαndo crezcas y tengas algunos años más”. Entonces tenía quince años.

 

Tenía una idea muy elevada sobre el monaquismo y se preparaba tanto como le era posible. Vivía y luchaba como monje. A los que le sugerían matrimonio, les cortaba de golpe y porrazo: “yo voy a ser monje”, respondía. En una boda, su padre le deseó: “y ahora en tu alegría también”. Desde entonces no volvió a besar la mano de su padre, no por falta de respeto, sino como un desacuerdo silencioso, indicando que no deseaba que fuese realizado su deseo y bendición, sino la profecía de San Arsenio. Para Arsenio (después Paísios) delante de él se abría el camino de la vida angelical de los monjes.

 

Poco a poco se concienciaron bien los suyos. No era necesario que intentase convencerles más con. Su vida y sus luchas eran la demostración de sus búsquedas, e indicaban lo que en el futuro sería el agraciado joven.

 

En su tiempo libre acostumbraba a ir a la ermita de Santa Bárbara, acompañado por otros jóvenes piadosos. Entre ellos estaba el que después fue higúmeno del Santo Monasterio Gran Laura de Athos, padre Pablo Zisakis, y el padre Kírilos Manzos, Yérontas de la Kelia san Nicolaos de Mpurazeri de Athos. Cada día leían el oficio litúrgico. Por la tarde hacían Vísperas con el Acatisto a la Panaghía, salutaciones y después estudiaban la Santa Escritura y vidas de santos.

 

Como en su región no había monasterios restaurados, Arsenio buscaba a los Yérontas virtuosos que estaban más lejos. Una vez con el padre Pablo Zisakis fueron y conocieron al padre Jacobo Balodimo. Decía el Yérontas que era un hombre santo y excelente Pnevmatikós-Guía Espiritual, y decía muchas cosas dignas de admiración sobre él.

 

Arsenio intentaba acostumbrarse a las condiciones de la vida monástica. Prefería las comidas insípidas. No ponía sal en su comida para no tener que beber mucha agua. Su ropa la lavaba el mismo. No dejaba a su madre lavarla ni a sus hermanas.

 

Durante un período iba con sus hermanos a trabajar al campo, cuando llegaba a un punto los dejaba y él se quedaba atrás. Por curiosidad, sus hermanos le observaron a escondidas para ver qué hacía, y  ¡qué vieron! Vieron que se quitaba los zapatos y descalzo atravesaba un terreno con trébol segado. Era como si corriese encima de clavos finos. El trébol cortado le agujereaba los pies y entraba en las carnes. Se ensangrentaban las plantas de sus pies. Pero persistía con alegría imitando a los Mártires, tal y como leía en los Santorales de ellos, intentando ser copartícipe de sus padecimientos. Con este espíritu de sacrificio y con divino eros estaba candente su psique infantil.

 

Tenía como costumbre una vez a la semana subir a la montaña. Allí en la hisijía-serenidad permanecía en ayuno, oración, estudio y genuflexiones. Le atraía la hisijía y deseaba hacerse digno de vivir como los ascetas y los eremitas. Junto consigo llevaba siempre la Cruz. “Tenía tal fe que subía a la montaña con la Cruz y no temía nada”.

 

Rafael, su hermano mayor, al verle que se dedicaba a grandes luchas, intentaba impedírselo. Pero mientras que hasta la edad de quince años aceptaba silenciosamente su tutela, ahora ya había crecido” y reaccionó. A partir de entonces ya no se atrevió a molestarle. Más tarde, cuando volvió a encontrarle como monje, le pidió perdón. Sus padres se alegraban y estaban orgullosos por Arsenio. Como eran piadosos, entendían sus luchas y no se preocupaban ni se inquietaban.

 

Arsenio no luchaba sólo con el entusiasmo juvenil, sino también con prudencia yeróntica (de anciano sabio). Acompañaba sus ascesis con mucha atención y autocontrol; cada día se examinaba a sí mismo, qué hacía, cómo hablaba, si con su comportamiento había herido a alguien.

 

  1. 2,8 Cuidado por los demás

 

Arsenio con su vida cuidadosa y sus consejos ayudaba espiritualmente también a los demás jóvenes. Por regla general, se relacionaba con chicos más jóvenes que él. Los reunía en Santa Bárbara, leían las vidas de santos y los incitaba a que hicieran genuflexiones y ayunasen. Algunas madres se inquietaron y evitaron a sus hijos que se relacionaran con él. Un joven trabajaba con el mismo maestro albañil que Arsenio y oraba junto con él. Sus padres temieron que su hijo se hiciera monje y no le dejaban relacionarse con Arsenio ni luchar con él. Más tarde se fue a trabajar en Alemania y se murió. Entonces sintieron remordimientos de conciencia y dijeron: “Mejor que se hubiera hecho monje”.

 

Otro joven que procedía de Farasa, Arsenio quiso que se hiciese monje con él e intentó convencer a su madre. A otro joven le apoyó para hacerse sacerdote. Un clérigo procedente de Kónitsa confiesa que fue ayudado en su tendencia monacal por el aún laico Arsenio.

 

Tenía gran anhelo e interés para que los hombres conociesen a Dios. Un anciano pastor que vivía sólo en las montañas y que había ido a la Iglesia en toda su vida dos o tres veces, Arsenio se le acercó y se cuidó de traerlo cerca de Cristo.

 

En Konitsa, un musulmán llamado Bairámis, tenía a su madre enferma. El pequeño Arsenio iba de noche y ayudaba la enferma. Bairamis manifestó su deseo de hacerse cristiano.

 

El poco dinero que ganaba como aprendiz de carpintero, lo repartía en caridad hacia niños pobres del orfanato. También llevaba a su casa niños pobres para que comiesen.

 

El señor Jatzirubis Apóstolos, de Kónitsa, escribe en su carta con el título “Mis recuerdos de un Santo”: “Arsenio y yo vivíamos en barrios distintos. La primera vez que le vi, me impresioné de su agilidad. Era aprendiz de carpintero, se distinguía por su agilidad, por su buena disposición, su buen ánimo y sobre todo por su humanidad. Su maestro diría más tarde: “Arsenio era único”.

 

»Como hijos de campesinos, pastábamos nuestros caballos en los campos comunes del ayuntamiento. En este período, conocí la grandeza psíquica y humana de Arsenio. En nuestras insignificantes disputas infantiles entre niños, estaba claro que era el único que prefería ser perjudicado en vez de perjudicar él a alguien.

 

»En cada encuentro nuestro, cada vez más comprobaba que su intento permanente era confesar al Señor. Siempre llevaba en su bolsillo un libro religioso ortodoxo que lo leía a menudo. Me acuerdo de su celo por adquirir audiencia del mundo infantil, en lugar de cualquier otra oferta, como por ejemplo, hacerse cargo de vigilar nuestros animales, de ser quien llevase y trajese el agua, etc… bastaba con que le atendiésemos cuando nos leía la Santa Escritura.

 

»No me olvidaré nunca su pasión por dar un color especial a las cosas que decía, cuando se refería al sacrificio en la cruz de Cristo. Se hacía tan representativo de modo que conseguía llamar la atención hasta de los niños más traviesos. Veía clarísimamente la satisfacción y el júbilo en su rostro juvenil, porque podía enseñar el logos del Señor en una audiencia tan pura. Por lo que me acuerdo, esta táctica la siguió durante cuatro o cinco años,  hasta que fue al servicio militar.

 

  1. 2,9 Peligros y pruebas

 

Arsenio pasó su juventud con despreocupación y con luchas ascéticas. Después vinieron los difíciles años de la guerra heleno-italiana, la ocupación alemana y la guerra civil. Entonces pasó muchas dificultades y peligros.

 

En los años de la Ocupación nazi muchos pobres acudían a su madre para intercambiar cosas de valor a cambio de dos puñados de harina. Ella los daba harina y pan, pero no tomaba dinero ni sus pertinencias y reliquias caseras familiares. Su madre hacía pan muy a menudo. El pan se acababa rápidamente porque repartía mucho a los hambrientos. Su hermano Rafael daba maíz sin recibir dinero a cambio, o lo cambiaba por aceite que después lo daba a la Iglesia. El Yérontas más tarde se apenaba, porque a causa de su edad no podía ayudar tanto como quisiera a los hombres en los años difíciles de la hambruna.

 

En la guerra civil le capturaron los comunistas y le pusieron en la cárcel. Lo pasó muy mal el tiempo que estuvo en la cárcel y sufrió por los piojos y por el apretón de la aglomeración. En una habitación pequeña metían a mucha gente. Cuando se tumbaban, el último entraba como una cuña entre la gente.

 

También fue probado moralmente, porque le encerraron en una habitación solo y después pusieron a dos mujeres guerrilleras casi desnudas. Oró intensamente implorando a la Panaghía e inmediatamente sintió “la fuerza de lo alto”, que le fortaleció y las veía sin pazos-sin pasión como hermanas, igual que Adán y Eva en el paraíso. Las habló con buenas maneras. Ellas volvieron en sí, se avergonzaron y se marcharon llorando.

 

En el interrogatorio el juez instructor le preguntó:

-¿Por qué te han capturado?

-Porque mi hermano está con Zerbas (general de los nacionales), respondió.

– ¿Y por qué está con Zerbas?

-¿Mi hermano es mayor o yo? ¿Puedo yo mandar a mi hermano mayor?

Estimando su sinceridad y su valor, le dejaron libre.

 

*Zerbas fue un Capitán general del ejército Griego. En la ocupación alemana organizó un cuerpo de voluntarios, desarrollando una excepcional acción nacional. Primero combatió a los alemanes y después a los comunistas. Después de la liberación se metió en la política activamente.

 

En otra ocasión dio pan a los sublevados hambrientos y fatigados, aun sabiendo que buscaban a su hermano para matarlo. Ellos le consideraron como sospechoso, no pudiendo entender su agapi incondicional, desinteresada, y peligró de ser juzgado. Incluso los protegía de los deseos de venganza de los que habían perdido parientes en la guerra.

 

Algunos acontecimientos muestran las sucesivas pruebas y los peligros que pasó. Su casa paternal, la vigilaban siete u ocho sublevados (comunistas) durante unos meses y Arsenio se escondía en una casa turca. Otras veces en el período invernal con nieve se escondía en el campo o en el bosque. Una vez los sublevados le llevaron hasta Macedonia para trabajos forzosos. Otros dos meses se quedó en casa de su hermana Cristina en Ioanina. Entonces les visitó un amigo suyo que se había hecho evangélico. Dejó una maleta con libros heréticos. Cuando Arsenio los vio, dijo a su hermana que los quemara porque contienen mucho veneno.

 

En la batalla de Kónicha colaboraba voluntariamente con el cuidado de los heridos y con el entierro de los muertos.

 

  1. 2,10 Apoyo de su familia

 

Arsenio veía a menudo llorar a su madre y entristecerse mucho por sus hermanos que estaban en la guerra. Él era su apoyo y su consuelo. No buscó comenzar como monje en este período tan difícil, porque era muy necesaria su presencia. “Xenitía” (exilio, emigración)  no es que yo me acomode y los demás se conviertan en cemento”, diría más tarde el Yérontas. Por supuesto que continuó luchando, pero pospuso “hasta pasado un tiempo” el “atribuir sus bendiciones al Señor” según el Salmo 115. 5,9.

**Ξε­νι­τεί­α xenitía ver sobre esta virtud en la segunda parte: B.1.1

 

Se hizo cargo de todos los trabajos agrarios de la casa, los cuales eran muchos. Contrataron a un empleado, pero era un poco sinvergüenza. El empleado montaba al caballo y Arsenio iba a pie. El empleado parecía el jefe y Arsenio el empleado. Nunca le dijo que se esforzase, aún ni que trabajara, sino que él trabajaba mucho y el empleado sólo cuando tenía ganas. Cuando iba a sacar a los animales a pastar, les quitaba sus albardas e iba a pie. Prefería cansarse y sufrir él mismo, en vez de cansar y fatigar a los animales. Cuando le preguntaban por qué les quita las albardas, respondía que lo hacía para que no se enganchasen en las ramas. En el tiempo de la cosecha, cuando los otros al mediodía descansaban, él se iba y recogía espigas para dar de comer a su pequeño caballito. Los higos, en vez de comerlos él mismo, se los daba a los animales. Pensaba más en los animales que en sí mismo.

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Aunque la guerra hizo a Arsenio posponer su partida, su celo (entusiasmo) no se debilitó ni se enfrió. En sus luchas y ascesis añadía otras nuevas más altas. Veía las cosas nacionales en muy mal estado. En poco tiempo sería llamado a servir a la patria.

 

En la ermita de  Santa Bárbara suplicó a la Panaghía: “Panaghía mía, que me fatigue, que esté en peligro, pero que no mate a ninguna persona, y que sea digno de hacerme monje”.

 

Entonces hizo el voto, que si la Panaghía lo protegía en la guerra, serviría durante tres años a su monasterio, el cual había sido quemado por los alemanes, y que ayudaría a construir de nuevo el Santo Monasterio de Stomio.

 

 

  1. 3 SERVICIO MILITAR

 

  1. 3,1 Radiotelegrafista filótimo espléndido

 

El 20 de Abril del año 1948  fue llamado para servir a la patria. Se presentó en Corinto, después de dos días fue reclasificado al Centro de Enseñanza Básica de Trípoli y le adjudicaron la especialidad de operador del radiotelégrafo. Después fue trasladado a la ciudad de Agrinio. Allí le preguntaban:

– ¿A qué conocido tienes, que te han dado una especialidad tan buena?

-No, no tengo ningún conocido.

-Vaya hombre, no vengas con éstas.

-E…, a Dios, respondía.

Y realmente “el Señor estaba con él, y fue varón próspero” (Gen 39,2).

 

Su agapi hacia los demás llegaba hasta el sacrificio. Hacía sus servicios, trabajaba mucho. Cuando alguien pedía permiso de salida, Arsenio bien dispuesto le sustituía. Muchos se aprovechaban de su bondad y le tomaban por tonto. Pero él mismo sentía alegría por el sacrificio y a la vez encontraba la ocasión de quedarse solo y orar. Su comandante le decía: “Qué pasa con este hombre (Arsenio). No quiere descansar nunca”.

 

Una vez tenía fiebre una fiebre de 39,5 pero no pidió la baja del servicio. Finalmente no aguantó y se cayó al suelo mareado. Los otros soldados lo pusieron en la camilla para llevarlo al hospital, y le llamaban irónicamente: “Eh, Benedicto, Acacio (sin maldad)”. Habían entendido que se haría monje. Pero la ironía poco a poco se transformó en aprecio y admiración. Su forma de vida, su gran agapi y su carácter íntegro, los había alterado. No le consideraban ya como un tonto, sino como un tesoro y bendición para el cuartel.

 

De todas formas su especialidad de radiotelegrafista le liberó de su participación con armas en la guerra, y así por gracia divina, fue protegido de matar alguna persona. Auguraba también su futura especialidad como monje, en mandar mensajes y señales a Dios (orar).

 

  1. 3,2 Calamidades

 

La compañía militar a la cual servía realizaba operaciones de guerra y las calamidades que pasaron parecían increíbles.

 

Confesaba que una vez se había acabado la comida y comían copos de nieve. Otra vez se quedaron sin comer durante quince días y sobrevivieron comiendo castañas silvestres. A menudo sufrían de sed. Se obligaban a beber agua estancada en huellas que dejaban los animales. El mayor enemigo era el frío. Dormían en tiendas de campaña y por la mañana se despertaban enterrados en la nieve; contaban cuántos habían muerto por congelación. Una mañana, cavando con el pico en la nieve, sacó a veintiséis resfriados por congelaciones. Una vez se quedó tres días en la nieve y enviaba señales a la Comandancia. Él mismo sufrió congelaciones. Las carnes de sus pies se le pelaban. Le mandaron al hospital, pero Dios ayudó para que no le fueran amputados. Otra vez un mulo le dio una coz. El golpe fue muy fuerte. Su pecho se puso negro y se veían las señales de las herraduras. Cayó al suelo desmayado y cuando volvió en sí, continuó el camino.

 

Se alegraba de mojarse por la lluvia, de pasar frío, de cansarse él mismo, para que no se fatigasen los otros.

 

Algunos soldados cuando hacían algún estropicio, para justificarse ellos echaban la culpa a Arsenio. El oficial le regañaba, y él, para no dejarlos en evidencia, aguantaba silenciosamente las reprimendas.

 

Sin embargo el Capitán le apreciaba y le tenía confianza. En las misiones difíciles mandaba a Arsenio, porque conocía que era muy capaz y llevaba a buen fin lo que le encargaban.

 

Sólo una vez pidió permiso y fue a su casa. Allí enfermó, perdió mucha sangre y fue ingresado en el hospital durante quince días. Cuando se recuperó, volvió al cuartel.

 

  1. 3,3 Las ascesis y experiencias

 

Dentro de estas fatigas hacía, también lucha espiritual. Ayunaba y oraba. Por regla general comía la mitad de la comida, y cuando sonaba la campana para dormir, Arsenio subía a la terraza del edificio y comenzaba la oración. En su tiempo libre leía libros con contenido religioso ortodoxo o rezaba. No participaba en los festines de los soldados. Sus salidas eran sólo para ir a la Iglesia y a escuchar homilías.

 

“Hubo un período”, decía, “en que pasaron cinco meses sin ir a la Divina Liturgia, porque no había sacerdote ni Iglesia en las montañas. Después cuando el Oficial me mandó a la ciudad de Agrinio para buscar recambios para el radiotransmisor, en el camino por donde iba pasé por fuera de una Iglesia y dentro se hacían las Salutaciones. Me santigüé, me prosterné, y se me saltaron las lágrimas. “Panaghía mía, ¿cómo he terminado así?”, dije. ¡Quién iba a pensar que más tarde economizaría Dios para tener una capilla hasta en el interior de mi Choza!” Y por eso glorificaba a Dios desde las profundidades de su corazón.

 

Comparando las calamidades que pasó en el ejército con la ascesis que hacía como monje, decía con autoconvicción: “Para Cristo no hice nada. Si esta ascesis (fatiga en el ejército) la hiciera como monje, me habría ya santificado”.

 

Como soldado vivió experiencias divinas. Una vez oraba en un lugar desértico y fue arrebatado en zeoría-contemplación espiritual. Confesó también lo siguiente: “Una vez que fuimos al campo de tiro de la ciudad de Trípoli, vi una luz distinta salir de un barranco y esparcirse por todo el campo de tiro, mientras era de día. ¡Estaba extrañado, qué podría ser esta luz que los demás no veían! Más tarde entendí. Como allí se llevaban a cabo ejecuciones de condenados a muerte y posiblemente habían sido ejecutadas algunas personas inocentes, por eso apareció aquella luz increada. Dios me protegió para que no me mandasen al pelotón de ejecución. Naturalmente, no hubiese podido (matar)…”

 

  1. 3,4 Sacrificio por los demás

 

La mayoría de los soldados tenían espíritu de sacrificio, pero Arsenio no tenía miedo ni de los peligros y ni de la muerte. Muchas veces estuvo a punto de ser capturado y encaró la muerte de muy cerca.

 

Una vez trataban de echar a suertes quién iba a ir al pueblo para adquirir provisiones. “Iré yo”, dijo Arsenio. Le vieron los guerrilleros (comunistas), y creyeron que era uno de los suyos. Tomó las provisiones y regresó otra vez.

 

Cuando ponían  a alguien hacer un turno o patrulla, Arsenio le preguntaba: “¿Qué familia tienes? Si le decía, “estoy casado, también tengo hijos”, decía, “bien; iba a la comandancia y cambiaba el turno e iba él en lugar del otro.

 

Al otro radiotelegrafista no le dejaba llevar a sus espaldas el radiotransmisor telegráfico ni la batería, para que fuera libre en caso de peligro para poder correr y salvarse. “En un combate de guerra”, narró, “había excavado un pequeño hoyo. Viene uno y me dice: ¿Puedo entrar yo también? Nos apretamos y con dificultad cupimos. Vino otro, lo dejé también entrar y yo salí fuera. En ese momento me pasa un proyectil rozándome a mi cabeza. No llevaba el casco, sólo una capucha. Toco con mi mano la cabeza, no veo sangre. La vuelvo a tocar, y nada de sangre. El proyectil había pasado rozando mi cabeza y había afeitado sólo algunos pelos e hizo una raya sin pelo de seis centímetros de ancho, pero no me hizo ni un arañazo. Lo había hecho de corazón: “¡Mejor!”, dije, “que me muera yo de una vez, en vez que se muera el otro, y después que me maten  los remordimientos de conciencia durante toda mi vida! ¡Cómo aguantaré yo después, cuando piense que podría haber salvado a una persona y no lo hice!“. Y Dios naturalmente ayuda mucho al que se sacrifica por los demás”.

 

  1. 3,5 Ayuda desinteresadamente y es calumniado

 

Relató el Yérontas: “Hice una recolecta entre los soldados y compré unos candiles y candeleros para una ermita de san Juan el Precursor. Allí cerca estaba ubicado el cuartel de nuestras dos legiones.

 

»En el invierno vinieron unos transportistas, principalmente mujeres y niños con los animales y nos trajeron provisiones. Como el tiempo había empeorado  y comenzó a nevar, se quedaron a pasar la noche en tiendas improvisadas hechas de pinos.

 

»Un subteniente bestia intentaba intimidar a una joven. Ella pobrecita prefería morir antes que pecar. Se marchó y la acompañó una mujer anciana. Caminaban por la nieve y se encontraron con la ermita pero la puerta estaba cerrada. Se quedaron fuera bajo el cobertizo temblando de frío.

 

»La misma noche me vino un loyismós compulsivo de ir a encender los candiles de la ermita. La nieve había llegado a los ochenta centímetros más o menos. Fui y sin saber lo que antes había pasado, encontré fuera de la ermita a las dos mujeres amoratadas por el frío. Las entregué un guante a cada una, abrí la puerta, entraron dentro y una vez que volvieron en sí mismas, me contaron lo que les había pasado. “Yo”, dijo la joven, “hice lo que pude; a partir de allí que Dios haga el resto”.

 

»Las compadecí a las pobres y espontáneamente las dije: “Se acabaron vuestras fatigas; mañana estaréis en vuestras casas”. Y así sucedió.

 

El subteniente, cuando supo que Arsenio las había ayudado y se salvaron, quizás para cubrir su sentimiento de culpabilidad y remordimiento, acusó falsamente a Efnepidis de poner en la Iglesia a los transportistas con los mulos. Le llamó el Capitán general para dar explicaciones. “¿Tan inconsciente soy, señor Capitán, como para poner los mulos a la Iglesia?, le dijo. Sin embargo no reveló el caso del subteniente; dio explicaciones sólo porque le acusaron de despreciar la casa de Dios.

 

  1. 3,6 Salva a su unidad de soldados

 

Confesó el Yérontas: “Una vez nuestra doble unidad fue rodeada de mil seiscientos rebeldes (comunistas) en una fortaleza natural de roca. Todos los soldados transportaban municiones y el Capitán me llamó a mí también, para que dejase la emisora radiotelegráfica y transportase también munición. De hecho, me amenazó con la pistola. Creía que yo me quería librar de transportar, por eso supuestamente quería esconderme.

 

»Transportaba, pero me iba también a la emisora e intentaba conectar con la base del Cuartel. Entonces, después de muchos intentos, conseguí conectar y di a entender que estábamos en situación difícil. El día siguiente, mientras  los rebeldes estaban tan cerca  que se oían sus insultos, vino la aviación y los esparció.»

 

Este acontecimiento lo contaba más tarde el Yérontas como un ejemplo cuando le preguntaban: “¿Qué ofrecen los monjes en el desierto? Respondía: Los monjes son como radiotransmisores de la Iglesia. Cuando toman contacto consciente con Dios por la oración, entonces viene Dios y ayuda mejor. Una sola escopeta no hacía nada, sin embargo, cuando vino la aviación, se decantó el combate”.

 

 

  1. 3,7 Auto-sacrificio

 

Arsenio de Korfú, monje en la actualidad, y por entonces Pantelís Tzekos, soldado compañero del Yérontas, nos narra:

“En Lepanto, mientras recibía una señal de Patras, se acercó Arsenio y me dijo:

-¿Sabes?, somos hermanos.

-¿De dónde somos hermanos?

Me muestra los dos dedos gordos y me dice:

-Tenemos los mismos dedos, son semejantes los tuyos con los míos, por eso somos hermanos”.

 

Se unieron en amistad fraterna y una vez que la vida de Arsenio de Corfú estaba en peligro, el Yérontas le salvó. La narración es auténtica del señor Pantelís, solo que es interrumpida por la abundancia de lágrimas de emoción y de agradecimiento por su amigo y salvador:

“Estábamos en una batalla cerca de Lepanto. Cuando retrocedíamos, ya que tenían más fuerzas los rebeldes (comunistas), en un momento resbalé y me di un golpe, porque tenía a mis espaldas una emisora que pesaba mucho. Cuando los soldados llegaron a la línea que habían definido nuestros oficiales, Arsenio ( Paísio) vio que yo faltaba. Descarga su emisora y corre. Le llamaban los oficiales y los soldados: “¡Déjale,  ese ya se ha perdido!  Se acercó a mí, me puso a sus espaldas y me llevó a las líneas traseras. Cuando me recuperé escuché al subteniente Buduris ( a Paísio): “Tú tienes un Santo que te ayudó y ayudaste también a este”.  Pregunté: “Chicos, ¿qué ha pasado? Y me explicaron que allí donde caí estaba a cien metros de la línea de los rebeldes y doscientos metros de nuestra línea.”

 

 

  1. 3,8 Ora entre balas

 

“Un día”, continúa Pantelís, “estábamos encima de una altura que se llamaba “asesina”. Nos habían rodeado los rebeldes y no podíamos escaparnos por ninguna parte, porque no había salida. Arsenio estaba de pie. Las balas caían y silbaban. Yo le cogía del abrigo y le tiraba para que cayese al suelo, pero no se doblaba por nada. Él miraba hacia las alturas y tenía sus manos así, cruzadas. ¡Eh! parece que el Omnipotente tuvo compasión de nosotros, y en algún momento vinieron los aviones y abrieron el camino. Cuando nos marchábamos, le digo:

-Pero bien, hermano mío Cristiano, ¿por qué no te doblabas?

-Estaba orando.

-¿Orando?, le pregunté con gran sorpresa.

¡Qué fuerza tenía su oración y cuán grande era su fe, de modo que desafiaba las balas! Lo más posible era que estuviese rogando a Dios para que fuesen salvados los demás y muriese él mismo. Por eso estaba de pie y descubierto. Y el justo Dios, viendo su auto-sacrificio, le salvó junto con los otros.

 

  1. 3,9 Desobediencia a un blasfemo

 

Relató el Yérontas un acontecimiento que sucedió cuando le quedaba poquísimo tiempo para acabar el servicio militar: “Volvíamos de la ciudad de Florina, una vez terminada la guerra. En el camino escuché a un subteniente  blasfemar las cosas divinas. Me acerqué y le dije: “Desde este momento me niego a obedecer cualquier mandamiento tuyo, porque blasfemando las cosas divinas, ha ofendido mi fe y mi juramento (patria-religión-familia)”. Escuchando estas cosas el subteniente se ofendió y me llamó insolente. Cuando más tarde me dijo: “Te ordeno”, respondí: “Te lo he dicho hace un momento que a partir de ahora no obedezco a tus mandamientos”. El subteniente entonces le dijo: “Consideremos este tema como terminado”.

»Cuando llegamos al cuartel, fui sin retraso y comenté lo sucedido al Capitán general. Aquel me dijo que negarse a realizar un mandamiento del superior conlleva a la corte marcial (a declarar ante el tribunal militar). Volví a decir que de ninguna manera obedeceré a los mandamientos del subteniente, porque  blasfema a Dios, ante el cual los dos hicimos juramento. Y dije con indignación: “Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres” (He 5,29)..

 

Arsenio, una vez hubo servido a la Patria, recibió la carta de libertad del Ejército el 21 de Marzo 1950, desde el pueblo Makrakomi de la ciudad de Lamía.

 

Cuando se despedía de su amigo Pantelís, éste le invitó a que se instalaran juntos en la isla Korfú, a hacer cada uno su casa allí y crear una familia. Arsenio se negó, diciendo que se haría monje.

 

Acabó su servicio militar y ahora deseaba otro ejército, su incorporación a la legión monacal, para servir al Rey celeste.

 

 

A 4 BÚSQUEDAS Y PREPARACIÓN

 

 

  1. 4.1 Primera visita a la Santa Montaña Athos

 

Arsenio permaneció poco tiempo en Kónicha y después visitó la Santa Montaña con las vestimentas de soldado. La primera noche fue hospedado en la Kelia de la Laura de san Juan el Evangelista que está un poco más abajo del Monasterio Kutlumusio. Buscaba encontrar un Yéronta a quien someterse. Visitó muchas Kelias, Casetas y Skitis, porque declinaba hacia la vida hisijasta. Allí donde oía que había Yérontas iluminados, corría cerca de ellos como la abeja a las olorosas flores.

 

Pero fue fatigado por algunos celotes fanáticos sin discernimiento. Creía que los llamaban celotes, porque tenían mucho celo y luchaban mucho. Pero estos le marearon y querían volver a bautizarlo, a pesar de que estaba bautizado por San Arsenio por el antiguo calendario.

 

A un Yérontas celote que fue para quedarse, no encontró reposo, porque oían canciones por la radio y sus vidas no eran tan espirituales. Cuando quiso marcharse, le coaccionaban para que no se fuese. “Si te marchas”, le decían, “irás al infierno. El que deja su metania no va al Paraíso”.  Arsenio lo creía y sufría. Pero harto de esto, al final se cansó y se marchó.

 

Visitó una Kelia en Kafsocalivia (sur de Athos) y se quedó por una temporada. Pero estos también eran celotes fanáticos. Cuando hacían el oficio litúrgico, a Arsenio le sacaban fuera de la Iglesia para no contaminarse, como creían. El Yérontas de esta Choza a pesar de que tenía a su servicio a un monje a él subordinado, le rogaba: “Arsenio, quédate para ayudarme en mi vejez y cerrarme los ojos”.  Por su agonía y sus fracasos por encontrar un Yéronta al que obedecer y que le informase interiormente, una noche decidió no dormir. La pasó en oración y haciendo metanias (prosternaciones, genuflexiones). Por la mañana le dijo el monje subordinado al Yérontas: “Toda noche golpeabas con el pie en el suelo de madera, para emocionarnos y hacernos creer que hacías metanias”. Arsenio no dijo nada. Pero se extrañó de este tipo de loyismí que tenía el hermano.

 

Yendo hacia Santa Ana, cuando llegó a la “Cruz”, se equivocó de camino y subió hacia la cima de Athos. Entonces encontró un anacoreta con su rostro iluminado y con un raso (sotana) viejo lleno de parches y conversaron, (Padres Aghioritas, p.46-47).

 

En Santa Anna vio al Obispo de Militúpolis, Ierotheo.  Por la fatiga y la preocupación que sufría, se había quedado casi en los huesos. Cuando el virtuoso Jerarca le vio en este estado, le recibió con agapi y le sirvió comida sirviéndole también un vaso de vino.

-Venerable Ierotheo, no puedo beberlo.

-Bébetelo, te hará bien, dijo, y lo santiguó.

Ierotheo le aconsejó adecuadamente y le dio su bendición.

 

En la Nueva Skiti rogó al Padre Neófito de la Choza de San Demetrio que se quedara con él por un de tiempo, para ver qué iba hacer, porque estaba en tal estado que no podía tomar ninguna decisión. Se quedó por un tiempo para recuperarse de las fatigas. Allí supo sobre el anacoreta Serafín ((Padres Aghioritas, p.44-46), quien se hizo monje en aquella Choza y después subió a una cueva de Athos.

 

Se movía con sencillez y naturalidad. A cada uno que le preguntaba, le decía su loyismós y sus disposiciones, y esto le fatigó mucho.

 

Escribía más tarde: “Me fatigué mucho como principiante hasta encontrar lo que deseaba. Naturalmente nadie tiene la culpa sino la multitud de mis pecados (para saldar algunos), como también al ser de pueblo, fue ésta la segunda causa de fatigarme, porque me fiaba de cualquiera que encontraba. Agradezco a Dios por todo, porque todo me ha beneficiado mucho” (Cartas p. 17-18).

 

Y comentaba: “Al principio, hasta sacar alas espirituales, nadie me ayudó, todos me empujaban por aquí y por allá. Después encontré Santos”.

 

Aunque no consiguió lo que buscaba, la fatiga que sufrió le benefició y le enseñó mucho. Y ya que peligró en perder lo poco de lo que le quedaba de cerebro, como decía, tomó la decisión de regresar al mundo por motivos familiares.

 

Entonces recibió una carta de su padre pidiéndole ayuda. Su hermano mayor se había casado y su padre pasaba dificultades. Arsenio correspondió al llamamiento paterno porque tenía un profundo sentimiento de responsabilidad y de sus obligaciones frente a su familia y principalmente frente a sus hermanos pequeños.

 

Sin embargo tenía una psique valiente. Su visita a la Santa Montaña sin resultado no debilitó su celo o entusiasmo ni borró sus esperanzas.

 

 

  1. 4.2 Trabajo y preparación

 

Comenzó a trabajar otra vez como carpintero en Kónicha y en los pueblos de alrededor. Apoyaba económicamente a su padre y le ayudaba en sus trabajos del campo. A su hermana pequeña la compró una máquina de coser y la regaló 50 liras para la preparación de su boda.

 

Hacía a escondidas caridad a muchos pobres. Ayudaba a familias que habían perdido seres queridos en la guerra. Les fabricaba puertas y ventanas sin cobrarles. Todos le amaban.

 

Su vida en el mundo era una lucha continua y preparación para la vida monástica.

 

Por el día trabajaba intensamente y ayunaba, y la mayor parte de la noche estaba en vigilia con oración y salmodias haciendo metanias. Vivía en un sótano húmedo y para mayor ejercicio dormía en el suelo de cemento. Después del cansancio justificado de las arduas tareas del día, su cuerpo buscaba un poco de descanso. El esplendido, pundoroso e indulgente Arsenio consideraba que su descanso estaba justificado sólo cuando tuviera los pies cortados. Así se esforzaba a sí mismo y luchaba con pundonor y valentía.

 

Después del servicio militar no probó más la carne. Se justificaba ante los demás diciendo que le daba asco, pero en realidad lo evitaba para acostumbrarse a las condiciones de la vida monástica. Vivía en el mundo pero luchaba y se comportaba como si fuera un monje. Había dejado también su barba. Iba y se quedaba en tranquilidad o hisijía en una choza en la punta de un barranco, pero cuando le descubrieron, la abandonó. A menudo se quedaba en la casa de un amigo que  tenía una capilla dedicada al Neomártir San Jorge de Ioanina. En este período pasó una Gran Cuaresma, 40 días, luchando en un monasterio del Peloponeso.

 

En los pueblos en los que trabajaba era muy cuidadoso; hablaba poco y en el trabajo salmodiaba interiormente en voz baja. Cuando no encontraba comida de ayuno, pasaba todo el día con vegetales, sin aceite.

 

A sus parientes les decía que se haría monje, pero por sensibilidad hacia ellos para que no se sintiesen mal  pensando que estaba allí por ellos, hacía ver que aún no estaba preparado, aunque fueran ellos la causa de su retraso y de su permanencia en el mundo.

 

Puso en orden todas sus cosas como hombre en el mundo, sin dejar asuntos pendientes. Decía: “Cuando me marché para hacerme monje, nadie podía decirme algo, dando a entender que ha cumplido íntegramente con sus deberes y obligaciones hacia su familia.

 

En Marzo de 1953 Arsenio estaba ya preparado para realizar su tendencia, manifestada desde muy joven, hacia al monaquismo. Después de ardiente oración, escogió de entre los tres casos, dirigirse otra vez hacia la Santa Montaña Athos.

 

 

Α5 CENOVITA EN EL MONASTERIO DE ESFIGMENO

 

  1. 5.1 Impedimento antes de su marcha

 

Mientras trataba de ir a la Santa Montaña Athos, sucedió lo siguiente: Lo que había ahorrado lo repartió entre los pobres y se quedó sólo con los gastos para ir a la Santa Montaña. Entonces un labrador pobre le rogó que le ayudara a comprar un buey, porque se había muerto el suyo. Arsenio afrontó el hecho con discernimiento. Dijo al labrador: “Perdóname pero ahora no puedo ayudarte”.

 

Si le hubiese entregado el dinero, habría significado una nueva demora de su despedida, hasta que reuniese otra vez el dinero para los billetes. Esto es lo quería también el diablo. Mientras que su corazón sensible se compadeció del labrador, su discernimiento le dictó otro modo de afrontarlo. “Dimitió del bien, para mayor bien” (Escalera, Logos hacia Pimín, 74)

 

  1. 5.2 Cenobita en el Monasterio Esfigmeno

 

De su primera visita a la Santa Montaña le había quedado la experiencia y la gnosis-conocimiento. En efecto, pensó con discernimiento ir una temporada a un monasterio cenobita, para sacar alas espirituales. Pensaba ir al Monasterio Kostamonitu para probar, porque había oído que es un Monasterio hisijástico y ascético. Pero como el mar estaba agitado por la parte oeste de Athos, vino por la parte norte –lo consideró como economía de Dios- y fue al Monasterio Esfigmenu. (Entonces aún no se había convertido en celote). Fue admitido por el Higúmeno Kalíniko, dio gracias y comenzó la prueba.

 

El Monasterio tenía buen orden y padres luchadores. Además de los largos oficios, había también servicios fatigosos y cánones o reglas para la kelia-celda. Decía el Yérontas: “Para terminar una cuaresma en Esfigmeno, era un verdadero Gólgota. Solo un plato de una comida hervida en agua para las veinticuatro horas. Era el Monasterio cenobita más duro. La primera semana de los Ayunos (o Cuaresmas) todos los Padres se quedaban casi todo el día en la Iglesia.”

 

Confesó más tarde: “Cuando estaba en el Monasterio cenobita, fui ayudado mucho por un Padre. No hablaba nada. Sentía la necesidad de hablar con el Cristo. No tenía ganas de hablar con los hombres. Con sólo verlo, ya bastaba. Me ayudó más que los martirologios. Por una falta no tomaba la comunión durante tres años, mientras que su falta no era más que para un canon de veinte días. Sin embargo los monjes cuando están en tal estado no hablan, aunque se alteren los mundanos que los ven. Este es el kerigma de los monjes”.

 

En el Monasterio entre los padres virtuosos había también otro luchador piadoso, a quien admiraba. Arsenio sin celo ni envidia oraba a Dios y le rogaba que  el buen hermano se hiciese semejante al Santo que lleva su nombre, y el mismo llegar al estado espiritual de este monje virtuoso. Se veía a sí mismo como inferior a todos.

 

 

  1. 5,3 Prueba y servicios

 

El joven novicio progresaba con alegría en los esfuerzos de la vida cenobita. Al principio lo pusieron como ayudante en el comedor y en el horno de pan. El amasamiento era muy agotador. Amasaban con las manos en grandes amasaderas con gran cantidad de harina. La mano tenía que bajar hasta abajo para cortar la levadura.

 

Más tarde le colocaron en la carpintería, porque conocía el oficio de carpintero. Todo el día sin comer lijaba  castaños con la lijadora manual. Para cada trabajo era hábil, muy capaz y rapidísimo. Incluso también las albardas de los animales del Monasterio las hacía “como muebles”.

 

Arsenio por filótimo, pundonor y buen ánimo pidió bendición, cuando había muchos visitantes, para ayudar también en el salón de visitas. También era responsable de dos ermitas fuera del Monasterio. Cada día encendía los candiles, los cuidaba y se encargaba de que se celebrara la Divina Liturgia de vez en cuando.

 

  1. 5.4 Luchas de principiante

 

Teniendo como prototipo o modelo a los santos Padres intentaba imitarlos. Puso como cimiento de la vida monástica la humildad y la obediencia y se entregó a  luchas superiores probando su resistencia.

 

Durante el día se cansaba corporalmente y por la noche permanecía sin dormir glorificando a Dios. Sentía un gran cansancio pero era perseverante a la ascesis. Continuamente añadía nuevas luchas, siempre con la bendición y el seguimiento por el Higúmeno. Todo lo hacía con disposición alegre.

 

Decía que: “Hacíamos trabajo duro en el torno todo el día. Por la noche iba a la sala de visitas y ayudaba hasta la hora 10 o 11. No me quedaba tiempo ni para las cosas espirituales. Por eso cuando a continuación iba a mi celda, no dormía; sólo ponía un cuarto de hora mis pies en alto para descansar un poco y que bajase la sangre (que se acumulaba por las muchas horas de pie). Después me quedaba de pie en una palangana con agua, para no tener sueño, y hacía los komposkinis. Dormía media hasta una hora y después iba al oficio litúrgico para leer Medianoche. Y como tenía el loyismós de que quizás no podría conseguir hacer los deberes de monje de gran hábito, pedí la bendición del Higúmeno y me la dio, para hacer el canon del gran Hábito desde novicio, no por egoísmo, sino por si acaso no pudiera corresponder a las obligaciones del gran Hábito. Estas cosas no las hacía por soberbia. “Si no puedo”, decía, “pues, que no me autoengañe a mí mismo”.

 

En la Iglesia nunca se sentaba. Estaba de pie junto al asiento. Alguna vez le entraba sueño e inmediatamente sacudía la cabeza.

 

En el invierno no encendía fuego. Tenía tanta humedad en su celda, que el moho se hacía como algodones en las paredes. El frío era insoportable, tenía una piel con la que  hacía las albardas, y lo enrollaba en sus pies. Dormía para hacer ascesis debajo las baldosas y otras veces en los ladrillos que “eran más filántropos”.

 

Trabajaba fuera con el frío sólo con su “raso interior” y por dentro ponía papel para que le protegiese un poco.

 

En el comedor no comía toda la comida. Siempre dejaba un poco y cuando había queso lo tapaba con la comida y no lo comía. Antes de la Gran Cuaresma el Monasterio tenía como regla entregar a todos los Padres un cartón de leche. Y Arsenio aquella leche no la bebía, sino que se la daba al anciano Nikita que tenía principio de tuberculosis. En el ayuno las judías no las masticaba bien, para que tardasen en digerirse y aguantasen así un poco más.

 

Poco a poco comenzaron a ser percibidas por los padres su ascesis y su devoción. Los sacerdotes preferían que Arsenio salmodiara en las ermitas fuera del Monasterio.

 

  1. 5,5 Me torturó la agapi de los míos

 

Como si no bastara con la ascesis y el cansancio de los servicios, tenía también al diablo que le afligía con distintos loyismí. Encontró el punto sensible, su gran agapi hacia sus parientes. Decía más tarde: “Al principio me torturó el diablo con el recuerdo de los míos. Unas veces me traía a la memoria a mi madre y a otros parientes. Otras, me los presentaba en el sueño enfermos y otras veces muertos. El responsable de los servicios o diácono me veía triste y me preguntaba qué me pasaba. Iba y me confesaba al Higúmeno y me pacificaba. Para el monje al principio es penoso salir de su pequeña familia y entrar en la gran familia de Adán, de Dios.”

 

  1. 5.6 Manifestaciones demoníacas

 

Al diablo no le era suficiente con la guerra de los loyismí, ya que no podía con éstos parar la combatividad de Arsenio. Se presentaba también sensiblemente. Le veía con sus propios ojos y conversaban. La tentación (diablo) intentaba de cualquier manera a asustarlo y obstaculizar sus luchas. Se ve que con su experiencia entendía qué y quién llegaría a ser este principiante.

 

El novicio Arsenio no se perturbaba ni temía por la presencia del diablo. Decía: “Que vengas a menudo, me haces bien. Me ayudas a acordarme de Dios, cuando le olvido, y a orar.”

 

Más tarde comentaba el Yérontas: “¡Cómo se iba a quedar la tentación! Desaparecía inmediatamente. No es tonto provocando coronas para el monje”.

– Yéronta, cuando dice tentación, ¿se refiere a los loyismí?, le preguntó con ingenuidad un monje.

-¡El diablo es tentación! ¿Entiendes? ¿Qué loyismí?, nada tiene que ver.

 

El novicio Arsenio con su destreza “venció la mala astucia de los demonios por invención humana” (Escalera 4,21)

 

  1. 5.7 Bendición u oración de la sotana

 

El 27 de Marzo de 1954 después de la requerida prueba fue ordenado monje. Recibió la bendición mediante la oración para llevar sotana y el nombre de Aberkio. El Higúmeno le ofreció tomar el Gran Hábito, pero no aceptó. Dijo: “Aunque podía hacerme inmediatamente monje del Gran Hábito, porque me dijeron: -Tú has terminado el servicio militar, nada te lo impide -, y respondí: “Me basta la bendición de la sotana de simple monje”. Se consideraba a sí mismo indigno, pero tampoco quería comprometerse con las promesas del Gran Hábito, a causa de su agapi por la vida hisijasta que tanto deseaba.

 

  1. 5. 8 Ve al Cordero retorciéndose

 

Relató el Yérontas: “Ayudaba a la Iglesia como eclesiástico en las vigilias. Una vez estaba en el Altar y observaba al sacerdote que hacía la proscomidia. Entonces me sucedió algo. En la frase, “se sacrifica el Cordero de Dios”, vi el Cordero encima del Disco retorciéndose como cordero que lo sacrifican. ¡Cómo me iba a atrever a acercarme otra vez! Por eso el misterio comienza desde antes…”, (a pesar de que algunos digan que empieza después).

 

  1. 5.9 Trabajador níptico

 

Desde este período comenzó a guardar apuntes de todo lo que leía. Lo que le ayudaba en su lucha, lo copiaba en un cuaderno e intentaba hacerlo praxis. Su lucha y guerra invisible interior era: poco estudio práctico de las escrituras ascéticas, mucha atención, oración incesante y persistente esfuerzo para la catarsis de los pazos y la adquisición de la divina jaris (energía increada jaris).

 

Pero también en su trabajo, tanto en su propio servicio como en los trabajos en común con todos los monjes (pankiniés), intentaba no interrumpir la oración. Trabajaba rápida y silenciosamente. El anciano Gerásimo del Monasterio Kutlumusio, antiguo compañero cenobita, me relató: “Nosotros trabajábamos en los trabajos comunes-pankinés, hablábamos, reíamos, pero él nada. Trabajaba aparte y evitaba la charlatanería y las críticas. Era un monje muy cauteloso”.

 

Una vez el Monasterio envió a unos Padres, entre los cuales estaba también Aberkio (después Paísios), fuera de las fronteras de la Santa Montaña para plantar álamos en un terreno. Al lado había un camino por el que pasaban varios laicos. El padre Aberkio (Paísios) impuso el loyismós a no ver a nadie con sus ojos, y realmente lo consiguió; semejante hazaña la logró también con el abad Isidoro de la Skiti, que fue a Alejandría y no vio a nadie sino sólo al Patriarca, (Gerontikón, pag 50 v.8). Sus ojos estaban abiertos sólo para ver ejemplos buenos de padres avanzados espiritualmente y así ser beneficiado.

 

  1. 5.10 Obediencia sangrante

 

Relató el Yérontas: “Había en el Monasterio un hermano carpintero, que los padres lo aceptaron por necesidad, porque aunque al principio el Monasterio tenía siete carpinteros, al final no tenía ninguno para pequeños trabajos. Como le necesitaban, le permitieron también tomar iniciativas. Se le habían subido mucho los humos y no respetaba a nadie. El que iba con él como aprendiz del oficio, no pudo quedarse más de una semana. Yo, por la jaris de Dios, me quedé dos años y medio. Lo que he padecido no se puede decir. ¡Pero cuánto beneficio tuve! Insultaba, gritaba continuamente. No veía bien y cuando me decía que hiciese algo, que yo veía que era un error y después deberíamos rectificarlo y poner parches, si me atrevía a decirle algo, gritaba: “¡Aún no lo has entendido, tú sólo dos palabras tienes que decir! “Bendiga” y “bendito sea”. Me callaba. Salían torcidas. Hacíamos ventanas para la Iglesia con parches. Si le preguntaran los padres, yo me callaba; él estaba también en la reunión y si quería, entonces podía confesar la verdad. De esta manera ponía un dracma para el ahorro (es decir, sueldo espiritual). Sufría de hemoptisis o expectoración de sangre y gritaba: “¡Qué haces allí, trabaja, tú así morirás”. Cuando la situación empeoró, el médico dijo que me quedara dos meses en el Hospital del Monasterio. Vino allí con gritos: “Rápido vente abajo que no tienes nada”. Hice obediencia y empecé yendo hacia la montaña a cortar castaños para hacerlos cuadrados. Tomé una senda distinta, no me fui por el camino normal para que no me vean los padres y quedase mal expuesto el anciano-I. En el camino se me abrieron las arterias y saltó la hemorragia, por eso me ví obligado a regresar. Después vino al Hospital y me preguntó severamente: ¿Por qué no has venido?

 

»No puse ningún loyismós para el hermano. Pensaba que

Dios permite estas cosas por agapi, para saldar algún pecado. Cuando estaba en el mundo, Dios me había dado un carisma, hacerme buen carpintero. Venían a mí los hombres y sin buscarlo, me llevaba yo el trabajo de otros. Todos corrían detrás de mí y padres de familia se quedaban sin trabajo. Para evitarlo les decía: “tardaré, tengo muchos pedidos” etc., pero ellos no se marchaban. “Esperaremos”, me decían. Así ahora estoy saldando mis pecados. Finalmente, como fui tan beneficiado por este hermano, el buen Dios le economizó. Se quedó ciego, no veía nada, se humilló ante todos y se salvó. Me hizo escupir sangre, pero me hizo ser humano”.

 

Los santos Padres estimaban la obediencia como confesión. Pero para Aberkio (después Paísios) la obediencia fue martírica, sangrante. Y sobre todo no al Higúmeno, sino a un monje más mayor. Lo soportó todo con alegría y paciencia.

 

Cuando los superiores veían fallos en las ventanas y le hacían observaciones, no se justificaba diciendo que así me dijo el anciano-I, sino que se callaba y soportaba las acusaciones injustas como si fuera culpable. Después el buen Dios reveló la verdad. Los superiores entendieron lo que sucedía, y elogiaron la virtud del principiante.

 

En el Hospital el buen enfermero, para fortalecerle un poco, le daba de comer nueces con miel. Allí el padre Aberkio (Paísios) se entristecía porque estaba en la cama y no podía ayudar “a los padres y hermanos que sufrían fatigas”. El enfermero le dijo: “Si haces komposkini, esto vale mucho más. Dios dará fuerza a los padres y mandará también algunas bendiciones al Monasterio”. Así con filótimo se cansaba orando por todos los hermanos.

 

Cuando más o menos se había recuperado, el Higúmeno le dio la bendición para tener un cacito para poder beber algo caliente y recuperarse. Buscando un camping gas entre los Padres, se emocionó mucho porque nadie tenía. Una vez con dificultad encontró un camping gas; y haciendo algo caliente en su kelia-celda, después le molestó su loyismós. Tiró por la ventana al mar el cacito que era una lata de conserva y encomendó su salud y a sí mismo entero en las manos de Dios.

 

  1. 5.11 Visita de la Divina jaris–gracia energía increada

 

Un hecho insólito vino a endulzar la rapidez de la ascesis, la visita de la divina jaris (energía increada gracia). “Cuando se habían agotado las baterías (sus fuerzas), narró un acontecimiento: una noche mientras oraba de pie, sentí que bajó algo de arriba recubriéndome entero. Sentía un deleite y mis ojos se hicieron como dos fuentes que corrían continuamente lágrimas. Veía y vivía sensiblemente la jaris energía increada. Hasta entonces, emociones y cosas de este tipo había sentido muchas veces, pero una cosa así era la primera vez que me sucedía. Fue tan espiritualmente potente este acontecimiento,  que se mantuvo, apoyándome,  más o menos diez años, hasta que más tarde en el Sinaí, viví situaciones superiores de distinta manera”. “La deidad, es decir, la divina jaris (energía increada) de por sí misma, es decir sola, no se nota si no viene a la psique lógica. De otro modo el fuego sensible no es captado por los sentidos cuando no encuentra materia, ni tampoco el fuego espiritual es captado por el nus, cuando no encuentra la materia de los logos-mandamientos de Dios.” San Simeón el Nuevo Teólogo, “Logos 3, p. 38”

 

  1. 5.12 Marcha hacia la hisijía

 

Cuando el p. Aberkio (después Paísios) vino al Monasterio, rogó al Higúmeno quedarse un espacio de tiempo y después darle la bendición para la hisijía, y él lo aceptó. Por supuesto que fue muy beneficiado por todos los padres y puso un buen cimiento en aquel Monasterio con muchas hazañas, pero también su anhelo por la vida hisijasta se hacía más intenso. Cuando oraba, su nus estaba raptado en zeoría contemplación espiritual. Su corazón estaba encendido “de las brasas del desierto” (Sal 119,4) y sentía la llamada del desierto.

 

Pidió la bendición para marcharse del Monasterio por motivos de hisijía. Dejó en el Monasterio sus esfuerzos y su  servicio, sangre, sudores y lágrimas, y salió con la esperanza en Dios y en la Panaghía para que lo conduzcan “en tierra desierta”.

 

Primero fue y se prosternó y veneró el icono de la Panaghía Portaítisa en el Monasterio Ibiron. ¡Se había alterado la forma de la Panaghía! ¡Se hizo muy dulce! De este modo fue informado de que la voluntad de Dios coincidía con la suya para su partida.

 

 

A 6 EN EL MONASTERIO IDIORRÍTMICO DE FILOTHEU

 

  1. 6.1 Obediente al Yérontas

 

En la Skiti de Kutlumusíu de San Pantaleón, en la Choza de la Presentación, estaba ejerciéndose el virtuoso Yérontas padre Cirilo. El padre Aberkios (después Paísios) atraído por la virtud de Cirilo, de la cual había oído hablar, fue y le rogó que le admitiera como subordinado. Y efectivamente lo admitió. Luchaba junto con él y tenía la esperanza de quedarse siempre bajo su obediencia.

 

Pidió también la bendición de ir a Kónicha a traer a su hermano Luca, para hacerse monje.

-¿No conoce el camino él para venir solo?

-Sí, lo conoce.

-Eh, entonces déjale que venga. Pero si viene, ayúdale y dale incluso hasta tu kelia si hace falta.

* Según dijo el Yérontas su hermano menor, Luca, “era muy piadoso y puro” y quería hacerse monje. Pero creía que, si se hacía monje, debería luchar de un modo sobrehumano y hacer vida muy severa, tal y como veía a su hermano (Paisio) hacer desde laico. Este tipo de abnegación era imposible para él, porque era muy enfermizo y achacoso. Este pensamiento le alejó de hacerse monje.

 

Mientras que el padre Aberkios (Paísios) había encontrado “según su corazón” un Yérontas santo y un puertecito tranquilo que le daban reposo, el diablo no se tranquilizó, trayéndole distintas tentaciones. Aunque se había marchado del Monasterio Esfigmenu con la bendición del Higúmeno, el representante de Esfigmenu le dijo que regresara al Monasterio, porque era útil como carpintero. Si no regresaba, le amenazaba con expulsarle de la Santa Montaña.

 

Entonces el padre Cirilo le preguntó si tenía a algún conocido o pariente en algún monasterio. Había en el Monasterio Filotheu un pariente lejano y compatriota suyo, el padre Simeón, quien había conocido a San Arsenio. Le aconsejó ir junto con el padre Simeón para protegerle, porque de otra manera no encontraría tranquilidad.

 

Así el padre Aberkios (Paísios), después de una breve, pero bendita permanencia con el Yérontas Cirilo (del 22 Marzo hasta el 20 de Abril de 1955), le obedeció y se fue a Filotheu que aún era un Monasterio idiorrítmico12* (singular, sin regla) y de allí caminando iba a ver al Yérontas Cirilo y pedirle consejos sobre temas espirituales. 12* En los Monasterios idiorrítmicos, singulares o no sujetos a la regla, sólo era común la vida del culto. No había Higúmeno o Abad, ni tampoco era obligatoria la pobreza. En los idiorrítmicos o singulares los monjes a cambio de su diaconema o servicio recibían sus bendiciones (principalmente dinero y alimentos) y así se economizaban o se las arreglaban, (ahora todos son Cenovios).

 

Muchas veces el Yérontas Cirilo recibía información de Dios y conocía con antelación su visita y el tema que le ocupaba. No hablaba nada, pero daba la respuesta con un pasaje que tenía apuntado en algún libro.

 

Más tarde escribió las cosas admirables que había visto en este santo Yérontas que tenía el carisma de prever, expulsaba demonios y cuando leía el Evangelio, de sus ojos corrían lágrimas como fuentes, (“Padres Aghioritas”, pag 118-121).

 

  1. 6,2 Servidor bien dispuesto y luchador desapercibido

 

El padre Aberkios (después Paísios), mientras buscaba la vida hisijasta, hizo obediencia y se encontró en un Monasterio idiorrítmico (singular, sin regla). Tomó el servicio de responsable del almacén de alimentos y del comedor. Es decir, repartía los alimentos y el vino a los Padres. Después le encomendaron la carpintería y además ayudante para hacer pan. Aunque se cansaba en su servicio-diakónima, estaba siempre solícito, bien dispuesto a sacrificarse por los demás y ayudar adonde hiciera falta.

 

Relata un monje que estaba con él: “Era un hombre abierto. Siempre con la sonrisa y con la bondad, preparado para ayudar a cada uno. Le veíamos siempre con un alicate y con un martillo en la mano, correr para arreglar los daños en las kelias de los padres. A mí una vez que me había enfadado con mi Yérontas se dio cuenta, primero me llevó a su kelia, me hizo un café, me habló y después me mandó que me arrodillara y reconciliarme con mi Yérontas”.

 

Un hieromonje, antiguo Filoteita, que conoció bien al Yérontas, recuerda: “Aquello que hizo impresión y lo sintieron todos los padres Filoteitas, era la apacibilidad, la bondad y el carácter pacífico del Yérontas. Como servidor del comedor le caracterizaba la rapidez de sus movimientos en el reparto de los alimentos. Todo el tiempo que sirvió en el comedor, no hubo ni un mal entendido con los Padres. Repartía los alimentos con cuidado como si fuera antídoro-pan eucarístico. Nos había pacificado a todos. Había influido con la forma de su vida, con su carácter y con su comportamiento impecable a los Padres. Estaba bien dispuesto y solícito a atender a todos. Transportaba agua y leña a los ancianitos. El anciano Efdókimos le señalaba diciendo: “Éste es un buen monje”.

 

»Ayudaba también al enfermizo padre Afxentio que era el responsable de la sala de visitas. Cuando el Yérontas se marchó del Monasterio de Filotheu, el padre Afxentio decía: “Hemos perdido a un bendito hombre de Dios”.

 

»Le veíamos sólo en el diakonema-servicio y en la Iglesia, donde leía la Novena hora y la Medianoche. No tenía muchas relaciones. Se quedaba en su kelia y oraba. Oíamos que ayuna y hace mucha vigilia. Era muy cuidadoso con sus palabras. No hablaba, sólo decía un “εύλογείτε evloguite-bendiga”.

 

El Monasterio Filotheu está a bastante altura, en invierno cae mucha nieve y hace mucho frío. Sin embargo el padre Aberkios (después Paísios) para ascesis no encendía fuego en su kelia. Le calentaba la jaris (energía increada gracia) de Dios y le protegía de grandes enfermedades, aunque continuamente sufría de algo; nunca estaba totalmente sano. Se entristecía cuando veía a un Yérontas cerrar con llave su almacenito de madera de quemar, porque creía que se la iban a robar. Consideraba una inconveniencia la desconfianza para un monje. Le decía que no la cerrase con llave y que él mismo traería o transportaría a todos la madera, para que tengan necesidad de coger de la suya.

 

El padre Aberkios (Paisios) participaba sin falta a la vida del culto divino del Monasterio. Además que en su kelia hacía a escondidas ascesis grande y con mucha oración. Se había puesto el propósito espiritual de prepararse en la medida de lo posible para el desierto. Tenía la capacidad de luchar sin ruido, porque las condiciones del monasterio idiorrítmico eran favorables para este tipo de ascesis.

 

Relata un monje compañero suyo: “Dentro del Monasterio era ejemplar, luchador duro, gran ayunante y hacía genuflexiones como un rifle”.

 

Narró el Yérontas: “En mi kelia como almohada tenía un tronco de castaño. Como cama tenía dos tablas con vacío en medio, para que no toque la columna vertebral y se caliente. Hacía “novenas” continuas. Sobre todo los alimentos de temporada, tomates, lechugas, verdura, las comía mucho tiempo, hasta que mi organismo se aburría y ya no las comía con ganas. Cada noche vigilia. Dormía poco. En la Iglesia no me sentaba en el asiento, para que no me entrara sueño.”

 

  1. 6,3 Loyismós de soberbia u orgullo

 

“Y mientras que por la ascesis”, decía el Yérontas, “había adelgazado mucho y parecía como un esqueleto, una noche sentí la tentación de algo como un suspiro de mujer cerca de mi oreja. Inmediatamente me levanté, comencé a salmodiar y encendí la luz. Mi Guía espiritual-Pnevmatikós me dijo: “Puede haber soberbia escondida. Con tanta ascesis no se justifica esta tentación”.  Y realmente comprobé también yo mismo, tras examinarme, de que mi loyismós me decía algunas veces que algo soy y por fin algo hago. Bah… cosas perdidas”.

 

Para que se humillase y ser catartizado, purgado, sanado y purificado de la oculta soberbia u orgullo, el Pnevmatikós le dijo que fuera cada día a darle comida cocinada. Él mismo no cocinaba, en cambio su Pnevmatikós el Padre Simeón, como había sido infectado por tuberculosis, cuidaba su dieta. El padre Aberkio (Paisios) durante un mes le daba sus alimentos en crudo o secos y recibía comida cocinada. Pasó esta tentación y comenzó otra vez los ayunos con más humildad y autoconocimento.

 

  1. 6,4 Tentaciones “tankalísticas-endiabladas”

 

Durante un tiempo al principio el diablo le traía loyismí blasfemos. Estas palabras blasfemas las oía de los soldados años atrás y entonces no hacía caso, no daba importancia, ahora estas cosas se las traía el diablo al nus contra los Santos durante el momento de la oración, incluso cuando estaba en la Iglesia.

 

Se confesaba al Pnevmatikós. Iba a la ermita de San Juan el Precursor y oraba. Cuando reverenciaba, salía perfume divino del icono y se marchaba aliviado y reposado. Después otra vez venían los loyismí blasfemos. Volvía a ir a la ermita, y otra vez salía perfume del icono.

 

Naturalmente el diablo no se calmó. Algunas veces oía golpes y voces en su sueño. Se despertaba y no veía nada. “Molestias tankalísticas- endiabladas, por los diablos” comentaría más tarde el Yérontas.

El nombre de tankalaki sobre el diablo lo había oído una vez de un anciano de la región de Pontos y le gustó. Significa aquel que se le ha ido la cabeza y hace locuras. Desde entonces también el Yérontas así acostumbraba llamar al malo astuto.

 

Un día, mientras estaba salmodiando en voz baja “Santo Dios”, en la Divina Liturgia, vio entrar una bestia terrible, era el diablo desde la puerta lateral. Su cabeza era de perro y saltaban llamas de sus ojos y de su boca. Movía su cabeza arriba-abajo diciendo despreciativamente: “A… A…. A…”. Se giró enfurecido hacia el padre Aberkio (Paisio) y le hizo un corte de mangas dos veces, porque salmodiaba “Santo Dios”.

 

  1. 6. 5 Inventa la forma de ayuda

 

El Yérontas relató lo siguiente: «Entonces en el Monasterio Filotheu vivía un monje, el yerontas Esperidón que su comportamiento era rebelde.

 

»Especialmente al monje del gran Hábito, cuando no tiene cuidado, Dios permite que sea endemoniado, para que se humille y se salve, cosa que sucedió también con éste. Hizo muchos intentos de saltar del balcón y otras locuras, y le llevaron al médico. Los médicos hicieron un consenso y dijeron que sólo Dios le puede sanar.

 

»Un día le dije: “No me siento bien, vamos juntos al sacerdote para que me lea alguna oración”, y le llevé al sacerdote para que le leyera exorcismos. Le supliqué sobre todo que leyera con voz baja, para que no escuchase, porque se marcharía. Apenas llegamos, me arrodillé y le digo: “Arrodíllate tú también”. Él se quedó de pie mirándome y me dijo: “Si tú no te sientes bien, ¿yo qué culpa tengo?”.

 

»Después tuvo incidentes; rompió su pierna, se quedó inmovilizado en la cama, se humilló y Dios se lo llevó.

 

»Un día estaba enfermo, me llamó para hacerle oración. Hice un komposkini con cruces diciendo la oración: “Señor Jesús Cristo ten misericordia del yérontas Esperidón”. Me dice: “Deja lo de yerontas Esperidón; tienes que decir Spiro (diminutivo de Esperidón)”. Mientras que antes si no le llamaras “yéronta-Esperidón” honoríficamente, se enojaba. Después se humilló. Que Dios le tenga piedad y economice por él»

 

  1. 6,6 En Kónicha para terapia

 

El Padre Aberkios (después Paísios) sufría ya sus conocidos problemas de salud, que empeoraban. Los Yérontas del Monasterio se inquietaron y le mandaron a Kónicha para terapia el verano de 1956. En el Hospital no quería ser ingresado, para no ser motivo de acusación al monaquismo, diciendo que los monjes resultan en los sanatorios. Cumpliendo con gran responsabilidad la xenitía (ver sobre virtud xenitía B 1)- que prometió como monje, no fue a quedarse en su casa. Fue y se quedó en la ermita de Santa Bárbara con la cual desde joven estaba unido ascéticamente con luchas y acontecimientos sobrenaturales. Allí por las noches encendía un candil y hacía vigilia orando y haciendo genuflexiones sobre las baldosas del suelo. Hasta que un día economizó Dios y vino a encender una vela allí Keti Patera, que llevaba mucho tiempo trabajando fuera de Kónicha.

 

Nos relata la misma Keti: “Era verano y fui a la ermita y vi un monje muy delgado que parecía como un santo, de una forma o figura como Cristo. Al principio no le conocí. Había venido a Kónicha para una terapia. No quería quedarse en su casa, porque decía que los monjes deben estar alejados de sus parientes. Le propuse que viniera a nuestra casa, para que hiciese compañía a mi madre que estaba sola y con edad avanzada.

 

»Por gratitud bajó la cabeza y vino a casa. En el Monasterio le dieron un “kokoraki” (moneda que vale ¼ de lira) y nos la dio.

 

»Se quedó tres meses más o menos. Comenzó la terapia con estreptomicina. Venía el médico de Kónicha y seguía su enfermedad. Su hermana le ponía las inyecciones.

 

»Se quedó en una habitación en la planta de arriba y todo el día leía, oraba y quería ayunar. Yo los pocos días que me quedé en casa durante mis vacaciones, le preparaba comidas sólidas. Hervía carne, tomaba la sopa y ponía bastante aceite para que no se diera cuenta que era sopa de carne, y le hacía un plato de sopa. Su organismo era fuerte y en poco tiempo se recompuso. Cuando apenas vio que su cinturón le apretaba y debía relajarlo, paró de comer las sopas que yo le hacía y solo hervía un cacito de trigo, y así pasaba.

 

»Una noche se levantó mi madre y escuchó un golpe rítmico, tak-tak-tak … que venía de la habitación donde dormía el padre Aberkios (Paísios). Me despertó y me mandó ir a ver qué hacía el monje. Eran las doce de la noche. Tocó la puerta diciendo: “Por las bendiciones de los Santos Padres…”, así me había enseñado a decir cuando tenía que ir a su habitación. Abre y me dice: “Ah hermana, ¿qué te pasa? No te inquietes, entendí lo que sucedió. No quería decírtelo. Así acostumbro a hacer por la noche. Porque ahora más que nada hago una vida que no es monacal. Después estoy también obligado hacer oración para algunos que me ayudan”. Aunque el Yérontas estaba enfermo, hacía toda la noche komposkini con oración y genuflexiones”.

 

  1. 6,7 La providencia de Dios

 

Relató el Yérontas: “Regresando a la Santa Montaña en Uranúpolis (pequeño pueblo de donde sale el barco para la Santa Montaña) se me acercó una joven y me suplicó que orase por ella. Había decidido hacerse monja pero sus padres no querían. Se había marchado a escondidas sin llevarse nada consigo. Era una psique dolida.

 

»Había guardado un poco de dinero, sólo para el billete hasta Dafni, y “a partir de allí Dios dirá”, pensé. Le di todo el dinero y el despertador porque le sería útil en el monasterio donde iría.

 

»Apenas llegando a Dafni me llamó un responsable del Monasterio Filotheu: “Tengo aquí los animales del Monasterio. Pon tus cosas, pero tú también te montas. ¿Lo oyes? Harás obediencia”

»Llegué sin cansarme al Monasterio. La misma noche viene un monje y me dice: “Uno me trajo un despertador. Yo tengo otro. Quizás tú no tienes, llévatelo”.

 

Después de esto me quedé perplejo y quebrantado por la providencia de Dios, que tan claramente veía que se ocupaba del desdichado de mí.

 

  1. 6,8 Monje de pequeño hábito

 

El padre Aberkios (después Paísios) según el monacologion-libro de entradas al Monasterio, entró el 12 de Marzo de 1956. Después de silenciosas luchas durante un año, fue ordenado monje de pequeño Hábito. Le dieron el nombre de Paísios II. Su tonsura se hizo el 3 de Marzo de 1957. Su padrino fue el yérontas Sabas. Le estimaba y le respetaba mucho, porque era, según el testimonio del Yérontas, “virtuoso, sabio y piadoso”. Con él mantenía también después correspondencia desde Stomio, y oraba para que se hiciese digno de recibir de sus manos también el Gran Hábito Angelical. El amaba al padre Paísios de verdad y le instruía como hijo suyo.

 

Después de la tonsura le hizo una foto y se la envió a su madre, detrás de la cual escribió el siguiente poema:

 

Madrecita mía me despido, yo me voy hacer monje,

me voy de la vida vana, para burlarme del engañoso de los hombres.

Voy a pasar mi juventud en la soledad del desierto,

y por la agapi a CristoDios todo lo sacrificaré.

 

Todos los bienes del mundo, como basura los dejaré,

para ejecutar el primer mandamiento y amar a Dios.

Con la Cruz en el Gólgota seguiré a Jesús

y hasta la Jerusalén de arriba, deseo encontrarte.

 

Me voy de tu gran cariño, madrecita para poder, y

para estar juntos eternamente, yo te ruego.

Por eso desde pequeño quise vestirme de negro

para dedicarme a Cristo y gustar a Dios.

 

Y como Madre a partir de ahora, tendré la Panaghía,

para que me guarde inocuo, de la mala astucia del enemigo.

Madre mía con corazón delatado aquí en la hisijía

estaré orando siempre para ti, y para toda la ciudadanía.

 

Santa Montaña Athos, santo monasterio de Filotheu 3-5-1957

Dedicado a mi respetada Madre, Paísios.

 

 

  1. 6,9 Relación con padres virtuosos

 

El padre Paísios, donde oía que había padres virtuosos que viven ascéticamente y están en un estado espiritual admirable, pretendía ir a encontrarlos para beneficio suyo. Consideraba muy valiosos sus consejos y luchaba por asimilarse a ellos en la virtud. Guardaba en su interior sus palabras y su santo ejemplo como un valioso  tesoro, hasta que más tarde el Yérontas editó su propio libro: “Padres Aghioritas”.

 

Apenas pasaron dos días desde su comparecencia,  el yérontas Agustín el Ruso vino al Monasterio a visitar su kelia, pero estaba ausente. Le dejó unas bendiciones (regalos). El yéronta Agustín le veía en Espíritu desde la Skiti del profeta Elías, a una distancia de cuatro horas andando más o menos. A continuación conectaron espiritualmente. Dice sobre él el Yérontas que luchaba con los demonios, veía la luz increada, le visitaba la Panaghía cuando estaba en el Hospital del Monasterio, etc.

 

También venía de Katunakia (Skitis del sur de Athos) el yéronta Pedro, que le llamaban Pedrito”, y conversaban espiritualmente. El Yérontas Paísios le admiraba y le tenía devoción más que todos los ascetas que había conocido, por eso quería hacerse obediente de él.

 

Un compañero del padre Paísios del monasterio recuerda: “Todos los ascetas del desierto que venían al Monasterio, iban directamente a donde el Padre Paísios, como si hubieran sido recomendados por alguien. Él nos reunía a nosotros, los más jóvenes, para que escuchásemos, aprendiésemos y fuésemos beneficiados. Me acuerdo que venía el yérontas Pedro, hombre santo, delgado, bajito, con una caña como bastón y cuando hablaba sobre el Señor se ponía de pie. “Siéntate bendito”, le decía el padre Paísios y aquel respondía: “Cuando hablamos sobre el Señor debemos ponernos en pie”.

 

Había ganado la confianza de dos “locos” por Cristo, uno del Monasterio Filotheu, el yerontas Dometio, y uno de la Choza, el yéronta E. El segundo le hablaba en confianza sobre las locuras y las ascesis que hacía.

 

Naturalmente, se mantenía en comunicación con el Padre Cirilo, así como también con un importante asceta rumano, el padre Atanasio de la Skiti Laku. A continuación conoció también a muchos más padres virtuosos.

 

  1. 6,10 Bendiciones de la Panaghía

 

Narró el yérontas Paísios: “Era la primera quincena de Agosto. Después de una Divina Liturgia me mandó mi yérontas a un trabajo. Estaba agotado por el ayuno y por la vigilia anterior, y después de la Divina Liturgia no había comido, porque no me lo había dicho el Yérontas.

 

»Llegué hasta el Monasterio Ibiron y esperaba el barquito. El barquito tenía que llegar al mediodía, pero era media tarde y aún no había aparecido. Estaba totalmente agotado. Pensé hacer komposkini para la Panaghía para economizarme algo. Pero digo en mi interior: “¿Eres tonto o qué, para estas cosas vas a molestar a la Panaghía?”. No me dio tiempo de acabar la frase y viene un hermano desde el Monasterio, me da un paquete y me dice: “Toma hermano, por la jaris-gracia de la Señora Zeotokos”.

»Lo abrí y tenía en su interior poco de pan, higos y uvas. Apenas me contuve las lágrimas, hasta que el hermano se marchó”.

 

Esto sucedió en el quiosco del Monasterio Ibiron. En otro momento tuvo una experiencia más inmediata de la providencia de la divina Madre en el puertecito de este Monasterio. Los dos acontecimientos tienen muchas similitudes pero también bastantes diferencias. También en el segundo caso estaba sin dormir y hambriento, esperando el barquito.

 

Relató el Yérontas Paísios: “A causa del agotamiento no me sentía bien. Me asusté, no vaya ser que me marease allí y me viesen los obreros. Por eso me envalentoné y me fui detrás de un montón de maderas.

»Pensé por momento rogar a la Panaghía e inmediatamente me dije a mi mismo: “¿Desgraciado, la Panaghía para el trozo de pan la tenemos?”

»¡Y apenas dije esto, he aquí la Panaghía me dio un trocito de pan caliente y uvas! Eh, a partir de ahí y después…”

 

A uno que el Yérontas le sanó de una enfermedad incurable, escuchando la narración, preguntó sorprendido:

-Bien, Yéronta, después de haber comido las uvas, con el tallo que te quedó en la mano, ¿qué pasó?

-El tallo de las uvas y las migajas también las he comido, respondió con énfasis.

 

  1. 6,11 Recibe apocálipsis-revelación

 

Durante el corto período de su permanencia en el Monasterio Filotheu, no paró de pensar en el desierto. Sentía intensamente ya el deseo para la hisijía; le sobrecogieron los hisijásticos “dolores de parto”. Hacía varios intentos de marcharse hacia el desierto pero todos fracasaban. El camino hacia la hisijía permaneció cerrado y lleno de impedimentos. El plan de Dios era distinto.

 

Una vez acordó con un barquero llevarle a una isla desierta, para estar solo en la ascesis, pero finalmente no vino.

 

Quiso ir a Katunakia (Skitis del sur de Athos) y hacerse obediente al yérontas Pedro, pero los Yérontas no le dieron la bendición. Mientras tanto el yérontas Pedro, durmió en santidad. Posteriormente decía el Yérontas: “¡Lo que me habría pasado! Me habría quedado sólo y me habría metido en la ascesis sin freno. ¡Vete a saber qué me haría el diablo!”.

 

También había acordado con el padre F. Filoteita ir juntos a Katunakia para hacer ascesis. El padre Paísios haría el trabajo manual, el padre F., se lo entregaría a los Monasterios y compraría tostadas de pan para poder mantenerse los dos. Pero una noche, antes de sonar el tálanto (especial madera de toque) para ir a la Iglesia, el Yérontas tocó la puerta del padre F. y le dijo que no es la voluntad de Dios a que se marchasen. El padre F. le contó el siguiente sueño que vio: “Corríamos por el techo del Monasterio y, cuando estábamos listos para saltar, una mujer vestida de negro nos detuvo por la espalda y dijo que es un barranco y que nos mataríamos. Así yo entendí que Dios no deseaba que nos fuéramos.

 

El padre Paísios narró más tarde, así de esta manera, esto que le pasó y que le hizo ir al Monasterio de Kónicha en vez de ir a Katunakia: “Hacía oración en mi kelia. De repente me quedé totalmente inmovilizado. No podía levantarme, era imposible. Una fuerza invisible, me detenía inmovilizado. Entendí que algo sucedía. Me quedé atrapado durante dos horas y media más o menos. Podía orar, pensar, pero no me podía mover para nada.  Mientras me encontraba en este estado, vi como si fuese la televisión por un lado Katunakia y por el otro lado el Monasterio Stomio en Kónicha. Yo con anhelo giré mis ojos hacia Katunakia. Entonces una voz –era de la Panaghía- me dijo claramente: “No irás a Katunakia, irás al Monasterio de Stomio”. “¡Mi Panaghía, yo te he pedido el desierto y Tú me mandas al mundo!, dije. Escuché de nuevo la misma voz diciéndome severamente: “Irás a encontrar tal persona9 que te ayudará mucho”. Simultáneamente durante este divino acontecimiento me vinieron respuestas a muchas dudas que tenía como si fuese en una televisión.

 

Inmediatamente fui desatado de aquella invisible atadura y se inundó mi corazón de divina jaris (gracia energía increada). Después fui y lo comenté a mi Pnevmatikós-Guía espiritual. “Esta es la voluntad Dios”, me dijo. “Pero no saques a la luz pública este acontecimiento. Di que te vas por motivos de salud” –aquella época tenía hemorragias- “hará falta que salgas de la Santa Montaña, y vete”. Otra cosa quería yo, pero Dios tenía su plan. Tal y como se demostró a posteriori, la principal razón era para que fuesen ayudadas las ochenta familias que se habían convertido en protestantes, para volver a la Ortodoxia”, se inundó mi corazón de divina jaris.

 

9Esta persona era Katerina Rusi, madre del alcalde. “Era una santa psique”, según el Yérontas.

 

 

 

A 7 EN EL MONASTERIO STOMIO DE KONICHA

 

7.1 Restauración del Monasterio

 

Por el Señor son ordenados los pasos del hombre, Él aprueba su camino” (Sal 36.23). Con apocálipsis-revelación dirige el Señor, y ahora los pasos del hombre de Dios, Paísios, en el Monasterio de Stomio de la región de Kónicha. Anhelaba la vida eremita y se preparaba para el desierto, pero por mandamiento de la Panaghía se encontró en Monasterio del mundo.

 

Decía el mismo: “La promesa que había hecho a la Panaghía, si me protegía su jaris durante la guerra, de ir tres años a ayudar a reconstruir el Monasterio quemado, creía que la Panaghía ya no la pediría, ya que me hice monje, pero se ve que la promesa que había hecho quería que la realizara”.

 

Así se encontró en el tranquilo Monasterio de Stomio en Agosto de 1958. Los hombres se alegraron por su venida y muchos le visitaban.

 

Comenzó la restauración del Monasterio, sin tener el dinero ni los materiales imprescindibles. Ayudaban algunos buenos cristianos. El Obispo le dijo que fuera por los pueblos con las santas reliquias para reunir ingresos. Donde iba, venían, veneraban y daban aquellos pobres hombres un plato de trigo. Pero el trigo que recogía, uno o dos sacos no lo guardaba para las obras de restauración; lo daba al cura de cada pueblo para repartirlo a las familias más pobres.

 

Pero la Panaghía que le trajo a su pequeño Monasterio condescendía en sus esfuerzos. Iluminó a algunos y ofrecieron dinero, materiales y trabajo personal. En efecto, muchas veces el Yérontas sintió también la sinergia-cooperación y percepción de ella, como ha narrado: “Cuando poníamos las baldosas del suelo, vinieron setenta personas para ayudar. Mientras que el trabajo avanzaba, me dicen los técnicos que harán falta veinte sacos de cemento”. ¿Y qué hago ahora? Me encontré en una situación difícil. Dejarlo a medio terminar, dicen, no vale, traer más cemento era difícil, porque harían falta cuatro horas y media con los animales que estaban en los campos. Entonces voy corriendo a la Iglesia. Enciendo una vela, me arrodillo y ruego la Panaghía que ayude. Después me voy y digo a los obreros que continúen el trabajo, poniendo la misma cantidad normal de cemento. ¡Cuando terminaron, sobraron otros cinco sacos de cemento! Mientras tanto las mujeres que cocinaban, avisaron al Yérontas de que los panes y la comida eran pocos en relación con tantos obreros. Él las tranquilizó diciendo que no se preocupasen por nada. Realmente todos “comieron, y se saciaron; y recogieron de los pedazos que habían sobrado” (Mrc 8,8). Al marcharse se llevaron también pan en sus mochilas.

 

También durante el trabajo nubarrones negros habían cubierto el cielo y anunciaban una lluvia tormentosa. Si hubiese llovido, las placas (baldosas) del suelo se habrían quedado a la mitad. Pero al rato salió el sol y se terminó la obra.

 

También fue difícil encontrar materiales, así como el transporte de estos por una senda, similar a un camino de cabras, que en algunos puntos se estrechaba tanto que un animal cargado difícilmente podía pasar. Por la otra parte había precipicio.

 

Nos narra un obrero: “Cuando íbamos a poner las placas, el padre Paísios trajo arena del río y la subió al Monasterio. Parte de la arena con un saco a sus espaldas y otra parte con animales que encontraba por ahí y por allá, pero se cansó mucho”.

 

Relató el señor Georgios Maipas: “Una vez había ido el profesor de arqueología señor Dákaris. Vio la Iglesia que estaba el suelo con placas y dice al padre Paísios: “te mandaré mármoles blancos”. Realmente los mandó y los dejó en el puente. El Yérontas avisa a los habitantes de Kónicha para transportarlas con los animales. Ellos fueron, vieron los mármoles, los encontraron muy grandes y dijeron que los mulos no pueden transportarlos por el miedo de que se resbalasen y se cayesen al precipicio. El Yérontas les dijo: -Bien”. Nada más. Baja el mismo y se pone dos mármoles en la espalda para subirlos al Monasterio, viéndole algunos:

-¿Padre qué haces?

– Eh, ya que los de Kónicha les dan pena sus mulos, yo transportaré los mármoles.

»Ellos se van corriendo y dicen:

-¿Qué hacéis sentados en las cafeterías y el padre Paísios transportando los mármoles sólo sobre su espalda?

»Fueron generosos y fueron con los mulos, transportaron los mármoles y así se puso el suelo de la Iglesia con mármol blanco».

 

Compró madera y él sólo hizo las puertas, las ventanas, los asientos, las mesas y todo lo que hizo falta para el Monasterio.

 

También cambió el tejado de la Iglesia e hizo celdas para monjes, sala de visitas, cisternas para almacenar agua y otras obras.

 

Su hermana Cristina recuerda: “El Monasterio había quedado en ruinas y yo iba y ayudaba. Cuando fuimos por primera vez, cargamos unas cosas en una mula. Aunque había una habitación, una cocina y otra habitación en la entrada, él fabricó un quiosquillo de tablas, lo justo para poder estar sentado, no estirado. Le digo: “¿Para qué te vas a sentar allí, te comerán los ratones? Me respondió: “Si viene alguien, que tenga habitación para quedarse”. Los alimentos me los devolvió. “Tómalos, porque los comerán los ratones”. Se sentó allí hasta que vinieron otros dos Padres e hizo tres celdas pequeñas. Más tarde en la esquina hizo la celda donde quedaba él”.

 

El señor Maipas dice: “El padre Paísios era un carpintero perfecto. Volvió a levantar el Monasterio destruido con muchos esfuerzos. Estaba enfermo, pero ayunaba. No interrumpía el ayuno nunca”.

 

Testifica el señor Apóstoles Jatsirubis: “Visitamos  al Yérontas en Stomio y vimos qué bien había arreglado el Monasterio y con qué orden. Sus obras provocaban admiración. Entonces nos dijo que el torrente que está más abajo durante el invierno es difícil de pasar. Nos ofrecimos para ayudarle. Él mismo arregló un puentecito. Después fueron ocho personas y le ayudaron a poner el cemento”.

 

7.2 Impone el respeto

 

El Yérontas no sólo se desgastaba por las construcciones, sino también con la vida virtuosa y sus consejos con discernimiento, imponía a los peregrinos el respeto hacia la santidad del Monasterio. Consideraba indignas las juergas y los bailes con todos sus efectos, los veía como una blasfemia a Dios y una ofrenda a la Panaghía, ya que el templo estaba dedicado a Su nacimiento. Por eso hizo todo lo posible para que se parasen las juergas.

1En los siguientes versos que el Yérontas había compuesto, se refleja su gran agapi por el Monasterio de Stomio, pero también su profundo dolor por las cosas que allí sucedían:

 

Monasterito desierto adornado de la naturaleza

Los progenitores con devoción te tenían construido.

Con muchas ofrendas te habían dotado

Con monjes y sacerdote siempre vigilado

Y ahora en nuestros días que estés arruinado

Y esté tu candil siempre apagado

Tu piadosa Capilla llora entristecida

Sin consuelo del edificio quemado por los alemanes.

Concedió la Panaghía ser quemado por nuestros pecados

Porque los jóvenes hemos cambiado los tiempos

Dejamos las canciones de los héroes y nuestro himno nacional

Cayendo en las manos de los francos obscenos, hay de nuestra oscuridad.

Pero otra vez no lo entendimos Soberana Panaghía

Que debemos festejar siempre con agripnía-vigilia

Y no con bailes indecentes y canciones como truenos

Y fuera de tu Santo Pórtico blasfemar las cosas divinas.

Monje Paísios Filotheíta.

 

Primero, en una pequeña cima antes de la entrada del Monasterio, cavó una tumba. Allí colocó una Cruz y cada día encendía el candil e incensaba. Lo hacía también en memoria de la muerte, pero principalmente para evitar que la gente laica hiciese juerga allí.

 

Pararon las juergas y los bailes. Sólo para la fiesta, por economía los mandó que fueran frente a  las hayas, donde había agua corriente de la fuente y podían comer. Había preparado un espacio, sobre todo puso también unas tablas para que estuviesen protegidos del frío. Pero no les permitía beber bebidas alcohólicas. A pesar de esto uno desobedeció. Trajo consigo una garrafa de anís griego y lo vendía a la gente. El Yérontas se dio cuenta y le preguntó:

-¿Qué tienes aquí?

-Agua, respondió.

-Agua tiene también la fuente aquí.

Y tal como estaba garrafa de anís cerca del Yérontas, lo empujó con el pie y rodó hasta abajo al río Ahoo.

 

Debajo del Monasterio, antes del pequeño puente de cemento, en lugar de “Gabros”, puso dos carteles. Uno señalaba hacia el Monasterio y decía: “Hacia el Santo Monasterio Stomio los que están adecuadamente vestidos”, y en el otro cartel ponía escrito: “Hacía el río Aoho los que están irrespetuosamente vestidos”. Especialmente no quería que entrasen mujeres vestidas irrespetuosamente. En el pie de la puertecita del Altar puso el cartel: “Prohibida la entrada a los laicos”.

 

Un viernes subieron unos laicos al Monasterio. Cogieron una sartén del Monasterio, encendieron fuego fuera a la entrada y comenzaron a freír pescados que llevaban consigo. Al principio el Yérontas no se había percatado, porque estaba ocupado. Cuando fue informado, se encendió su celo divino. Va toma la sartén y la tira al precipicio junto con los pescados.

 

7.3 Salta al precipicio

 

Una vez transportaba las santas Reliquias y tenía el relicario atado con correas en sus hombros. En un punto del camino, que se llama “Gran Escala”, se cortó la correa y el relicario cayó al precipicio. El Yérontas por el anhelo y la devoción hacia las santas Reliquias, sin pensar en sí mismo y sin la mínima duda, saltó inmediatamente al precipicio para llegar a tiempo. Rodaba el relicario y se golpeaba en las rocas. ¡Finalmente el mismo fue salvaguardado sano, gracias a Dios, y no tuvo ni un rasguño! El relicario con las santas Reliquias también quedó intocable, mientras que la caja metálica que estaba acoplada al relicario se había abollado por los golpes. Era tan profundo y tan escarpado el precipicio que era imposible que volviese a subir el Yérontas. Para salir al sendero, caminó mucho tiempo por dentro del río.

 

7.4 Exhumación de los restos de san Arsenio

 

El año que fue a Stomio decidió hacer la exhumación de las Reliquias de San Arsenio. Habían pasado más de treinta años y aún estaba enterrado en el cementerio de Korfú. Dejó el cuidado del Monasterio a su hermano Rafael y en octubre de 1958 se fue a Korfú. Allí buscó y encontró a su viejo amigo y compañero del servicio militar Pantelís Tzekos. Le encontró en la fábrica donde trabajaba. El señor Pantelís no le conoció e inclinado en su despacho le preguntó: ¿Páter, qué quiere? El Yérontas no hablaba. “¿Quiere que le atienda en algo?, le volvió a preguntar. “En esto”, le dijo, y mostró sus dos dedos grandes. Entonces le reconoció y lleno de alegría y conmoción, por ver inesperadamente a su amigo y salvador, le abrazó y le besó.

 

En su casa dijo a su madre y a su esposa que preparasen un rico banquete y rogaba al Yérontas que le hiciese el favor de quedarse.

-Ya que yo te haré este favor, debes hacerme tú también otro.

-Los que quieras.

Le pidió comer sólo verdura, en la cual puso sólo tres gotas de aceite y dos tres olivas, nada más.

Durmieron en la misma habitación. Tres veces durante la noche, mientras miraba a ver si dormía Pantelís, quien se hacía el dormido, se levantó, se arrodilló y oraba.

 

Por la mañana partieron hacia el cementerio con una lluvia torrencial. Dice el Yérontas a Pantelís: “No tengas miedo, en el camino que vamos la lluvia parará”. Poco a poco aflojó la lluvia, hasta que cesó totalmente.

 

Durante la exhumación el Yérontas lavaba los huesos con agua y vino, los envolvía a continuación en sábana blanca limpia y los ponía en una caja negra, parecida a una maleta. Encontró la hebilla del cinturón de San Arsenio. En un momento resbaló y cayó encima del señor Pantelís. Aquel se apoyó con su mano en la pared4.

 

4Este punto de la pared fue una señal para Pantelís. De esto se acordó después de 37 años, para indicar al bienaventurado Metropolita de Korfú la posición de la tumba de San Arsenio. Entonces en el año 1995, el 8 de Agosto, día Sábado, se hizo la segunda exhumación y se encontraron los dedos y seis vértebras.

 

Como el sepultero protestaba porque fueron ese día de lluvia, el Yérontas, a pesar de que tenía permiso del Obispo, por sensibilidad dice a Pantelís: “Como este hombre está preocupado, pues que queden dos o tres huesos y cuando venga el año que viene los sacaremos”.

 

Después de la exhumación de los restos, un rayo de sol traspasó entre los cipreses e iluminó la tumba.

 

Cuando terminaron, se marchó y se alojó en un hotel. No quería ir con las Reliquias a la casa de Pantelís, porque estaba recién casado, no vaya ser que hubiese malentendidos por las mujeres. Por la mañana que se encontraron, el señor Pantelís vio al Yérontas cambiado por la divina jaris. Le decía: “¡Estás muy bello hoy! De verdad estás realmente guapo”.

 

El Yérontas le narró lo siguiente: “Te voy a contar lo que pasó anoche. Quise abrir las Reliquias para venerarlas y una fuerza me apretaba para ahogarme. Y en aquel momento dije: “San Arsenio ayúdame”, e inmediatamente fui liberado”5.

5Sobre la exhumación, obtenida del testimonio del señor Pantelís Tzikos, ahora monje Arsenio. Especialmente sobre el último acontecimiento, ver el libro del Yérontas Paísios: “San Arsenio” p. 8-9.

 

Retornó alegre a Kónicha con las santas Reliquias y trasnochó en la casa de Keti Patera. Allí colocó las reliquias debajo del iconostasio. Ella encendió el candil y después se ocupó con los trabajos de la casa. Pero veía en la habitación donde estaban las Reliquias una luz  resplandeciente, y creía que iba a llover. Se apresuró en ir a coger el paraguas, porque el día siguiente quería ir a la Divina Liturgia a una Iglesia en un barrio del sur de Kónicha. El Yérontas intentaba explicarla que estos “relámpagos” no son del cielo, porque fuera hacía buen tiempo y había estrellas, sino que eran de las Santas Reliquias. Según el testimonio de ella, “era una luz extraña como si resplandeciese, pero no como centelleo.

 

7.5 Esfuerzos, ascesis e hisijía

 

El “jardincito de la Panaghía” tal como el Yérontas llamaba a Stomio, pera que le recordase a la Santa Montaña (llamado en griego El Jardín de la Panaghía), tenía una belleza virgen y salvaje. Es de las partes más bellas del mundo según los especialistas.

 

Pero las condiciones de supervivencia eran muy difíciles. El Monasterio no tenía ni un animal. Relata el Yérontas: “Tenía muchas fuerzas. Una distancia de dos horas la hacía en cuarenta y cinco minutos. Bebía agua y se hacía sangre. Tenía que ir de Stomio a Kónicha tres o cuatro veces al día, para transportar en la espalda materiales para el Monasterio quemado por los alemanes.” Y sólo el tanto caminar era un ejercicio duro y doloroso. Pero esto le alegraba, porque amaba el esfuerzo.

 

Algunas veces se quitaba los zapatos e iba descalzo frente a un antiguo monasterio por un senderito de difícil acceso. Oraba y volvía otra vez a través del barranco del río Ahoo en dos o tres horas.

 

A un joven, que le preguntó por qué hace esto, le respondió: “Debería haberme hecho monje desde mucho antes”.  Es decir, para suplir lo que habría hecho si se hubiera hecho antes monje, añadió también más ascesis.

 

Mientras “se liaba con los trabajos de Martha”, como llamaba las construcciones, y ayudaba a la gente con sus necesidades, continuó la ascesis y la aumentó incluso estando su salud deteriorada. Ayunaba severamente y sometía de muchas formas a su delicado cuerpo a sacrificios, a pesar de que seguía una terapia, con inyecciones. Unas veces con un vaso de agua pasaba un día y noche. Aunque en el jardín del Monasterio cultivaba muchas especies de productos hortícolas, su comida acostumbrada era té con pan tostado o nueces trituradas.

 

Refiere la señora Penélope Barbuti: “En el jardín iba descalzo y por la noche limpiaba los pinchos de sus pies. Un pan tostado comía por la mañana y uno por la noche. A veces bebía té. Trabajaba mucho, demasiado. No dormía casi nada. Intentaba agradar a todos y a todos quería aliviarlos y ofrecerles descanso. Nunca decía no.

Le habían salido callos en las manos por la multitud de genuflexiones. Sus pies eran sólo huesos. Tenía muchos problemas con su salud”.

 

Por el día trabajaba duramente y por la noche estaba en vela. Solo leía los oficios litúrgicos, tal como había aprendido en la Santa Montaña. No eludía nada de lo que propone la regla monástica. Con gran exactitud realizaba sus deberes monásticos, y además oraba con el komposkini para los vivos y los difuntos, y para hombres que tenían necesidades especiales.

 

La obligada ocupación por los hombres y las obras no borraron su sed hisijasta; al contrario la aumentaron e inventaba maneras para que no fuese interrumpido el trabajo noeró-espiritual y la comunicación y conexión con Dios. Anhelaba mucho dirigirse a cuevas tranquilas, para orar sin distracción “anhelando y buscando a Dios”. Este era su deleite espiritual. Solo en la hisijía, únicamente con Dios se deleitaba y se alimentaba por la comunión divina a través de su deseada noerá  oración del corazón o de Jesús.

 

A pesar de que el Monasterio estaba en un lugar desierto y tranquilo, el Yérontas a veces se retiraba a alguna cueva. Iba por las noches y hacía vigilias con el komposkini  e innumerables genuflexiones. Pero estaba siempre en sombra y goteaba agua.

 

Por eso había excavado también otra cueva en un lugar que daba el sol, como un pequeño horno, que sólo doblado podía caber. La escondía con leña para que no fuese vista. Más tarde encontró una cueva en un tronco de bellotero. Estaba en un lugar más seco y cara al sol. Quería tallarla de modo que pudiese caber, para ir allí en invierno con tranquilidad, porque este período el sol no da nada sobre el Monasterio.

 

Cuando tenía peregrinos, se encerraba algunas horas en su celda. Estudiaba, oraba y hacía trabajo espiritual para sí mismo. Dejaba un poco abierta la puerta de su kelia para ver la puerta de la entrada no vaya a ser que viniese alguien. Después continuaba los trabajos.

 

Los días que había peregrinos y le entretenían, encontraba con discreción el tiempo para hacer sus deberes espirituales. En caso de que vinieran muchos, dejaba a un conocido vigilando la Iglesia y él se retiraba para hacer sus deberes monásticos y después regresaba. Yendo a orar dejaba la puerta de la sala de visitas siempre abierta, por si pasaba alguien buscando algo para comer, siempre tenía pan, conservas, tomates etc.

 

 

7.6 Protector de los pobres y de los huérfanos

 

Además de las construcciones, a la vez se preocupaba por los que tenían necesidades. Y estos eran muchos. En los pueblos de Kónicha había pobreza grande, abandono y desgracia. El Yérontas reunía ropa, dinero, alimentos y fármacos, los empaquetaba y los mandaba a personas necesitadas. En su obra de filantropía tenía como ayudantes a mujeres devotas. Las que estaban dispuestas las mandaba a servir personas discapacitadas, principalmente abuelitos que estaban solos y no tenían compañía ni pariente alguno para cuidarlos.

 

Había pedido permiso a la policía y en cada barrio de Kónicha había dejado una hucha y puso un responsable. También había una hucha fuera del edificio de la Policía. Hizo un comité que administraba el dinero y lo ofrecía según las necesidades.

 

Se interesó por los niños pobres y huérfanos para que continuasen sus estudios. Los mandaba a las personas adecuadas pero también los ayudaba él mismo económicamente en lo que podía. Muchos de ellos hoy en día son científicos y se lo agradecen al Yérontas.

 

Daba las tierras de la Iglesia a familias pobres para que las cultivasen. No pedía alquiler. Les decía que si tienen buena cosecha, que ofrecieran al Monasterio lo que querían. Si el año iba mal no pedía nada.

 

Las veces que su hermana Cristina le llevaba ropa o alimentos, no los aceptaba. La decía que los llevase a familias que conocía que no tenían.

 

En la fiesta de la Theofanía con la santificación del agua pasaba por las casas y los hombres daban algo para el Monasterio. Pasó también por una casa, que tenían un hijo disminuido. La señora de la casa fue a echar algo en la caja. El Yérontas la dijo: “La Panaghía no pide de ti; tú tienes necesidad”. E inmediatamente abrió la caja en la mesa con todo el dinero que había recogido.

 

Keti Patera cuenta: “Ayudaba mucha gente. Era muy misericordioso. Una vez le hice una prenda de punto.  Cuando por el camino encontró una mujer que estaba loca, inmediatamente se quitó la prenda de punto y se la dio, para que la pobrecita no tuviese frío. Yo le daba muchas otras cosas, pero él al primero que encontraba se las daba”.

 

El señor Tomas Tasios testifica: “A un anciano que vivía solo y abandonado en una cueva, cada semana le llevaba los alimentos básicos y con sus manos le lavaba. Salía del Monasterio al alba y se iba sin saber nadie dónde”.

 

También el señor Lázaro Stergíu se acuerda de que visitaba a menudo a una anciana que vivía sola en una chabola y la llevaba alimentos.

 

7.7 Afrontamiento de la tentación con martirio

 

El Yérontas no se ocupaba sólo por las necesidades materiales de los hombres, sino mucho más por la salvación de la psique inmortal. Confesó el mismo: “Pregunté por una compañera del colegio y supe que había tomado el mal camino. Entonces, pues, oraba para que Dios la ilumine y venga a decirla algún logos bueno. Había reunido pasajes sobre la metania. Vino una vez con dos o tres amigas. Después venía con su hijo con velas y aceite. Un día uno me dijo: “Páter, ésta se burla. De una forma se presenta aquí y otras cosas hace abajo con los policías”.

 

»La siguiente vez que vino la regañe severamente y se marchó llorando. En poco rato sentí que todo mi cuerpo ardía con un potente fuego carnal. Fui e hice oración y no se iba. Me extrañó cómo me pudo suceder esta tentación. Volvía hacer oración, otra vez sin resultado ninguno.  Entonces, tomé el hacha, puse la pantorrilla de la pierna izquierda sobre una madera, puse la parte afilada del hacha encima de la pierna y con un martillo golpeaba el hacha. Corté siete trocitos de carne. ¡No sentí nada! La guerra era tan fuerte que no sentía el dolor provocado por los cortes del hacha y según pasaba el tiempo la guerra aumentaba. Tenía esperanza de que con el dolor por el corte de la carne se reduciría el calentamiento carnal, pero nada de nada. Se llenaron los zapatos de sangre, pero la guerra no disminuía. Entonces me levanté, dejé el Monasterio abierto y me dirigí al bosque. “Mejor que me coman los osos”, me dije.

 

»En el camino me desvié y caí agotado en la punta de un sendero. Pensaba cómo me había sucedido esta tentación, e intenté dar una explicación para encontrar la causa. Entonces me vino en la memoria la mujer que había regañado y pensé: “Dios mío, si ella va a sentir este tipo de guerra dura, ¿cómo podrá la pobre aguantar? ¡Esto era! Me arrepentí por la dura reprimenda hacia la mujer, pedí perdón de Dios e inmediatamente sentí como si hubiese salido de un baño fresco. Había desaparecido el calentamiento”.

 

Y en conclusión añadió: “Cuando nos tienta el deseo carnal no siempre es la culpa de la carne. Porque la guerra proviene también de loyismí de crítica maligna y de orgullo. Primero tenemos que encontrar la causa de la tentación, y después actuar consecuentemente. No comenzar inmediatamente ayunos, vigilias etc.”

 

Este acontecimiento muestra su espíritu de sacrificio y martirio. Mostró que prefería morir y hacerse comida para las bestias, en vez de pecar aunque fuera por el loyismós.

 

Realmente había dado sangre para recibir Espíritu. Y en las vidas de los Santos no son desconocidos estos tipos de ejemplos. Por ejemplo, cuando el abad Pajón tuvo una tentación, se fue a la madriguera de una hiena y más tarde puso en su cuerpo una serpiente venenosa, pero Dios le protegió y le regaló también la apazia-sin pazos, impasibilidad.

 

Las señales de los cortes se veían en su pie hasta su muerte. Los que oyeron la narración del Yérontas vieron, tocaron y dan testimonio.

 

7.8 Luchas antiheréticas

 

Habían aparecido en Kónicha heréticos Evangélicos que hacían proselitismo y se expandían continuamente. Tenían su propia sala de reuniones. Era como un nido de avispas.

 

Dios utilizó a Paísios que era iletrado, pero “pleno de fuerza y jaris (gracia energía increada)” y con gran sensibilidad ortodoxa para expulsar a los lobos del engaño protestante.

 

En principio fue informado sobre la fe de ellos. Escribió un texto sobre quiénes son los evangélicos y lo puso en el Monasterio para que lo leyesen los peregrinos.

 

En las reuniones de los evangélicos, mandaba sus propios hombres para ver quiénes seguían sus homilías. Después llamaba especialmente a los oyentes de los kerigmas heréticos y los instruía. Así no volvían a ir a reuniones heréticas. A algunos de ellos, además, los contrataba como obreros en el Monasterio y los convencía para cortar las relaciones con la organización herética. Estos se convertían en los mejores cristianos.

 

Había dado también una bendición y fueron de noche y quitaron el cartel que tenían los evangélicos fuera de la sala de sus reuniones. Después de una discusión que hizo con el jefe de ellos que venía de Tesalónica, le convenció de que no volviera a pisar Kónicha. Con sus oraciones y su activo confrontamiento activo con discernimiento, cambiaron los que habían sido arrastrados por los evangélicos, y Kónicha se hizo otra vez “un rebaño, un pastor”.

 

Después aparecieron los Makrakistas, pero tampoco a ellos los dejó actuar. Informó a los hombres que tenían ignorancia y actuó firmemente y a tiempo, y ellos se marcharon también sin poder hacer nada.

 

Se interesó también por los musulmanes de Kónicha. Los trataba con agapi e interés. Los ayudaba a sus necesidades y cada viernes los reunía en alguna casa suya y hablaban. Tenía la esperanza de que con la agapi y el trato correcto podrían convertirse en cristianos. Algunos de ellos hoy en día se han bautizado ortodoxos cristianos.

 

7.9 “Conducido por el Espíritu Santo”

 

Relató el Yérontas: “Vinieron dos padres a Stomio para quedarse conmigo. Tenía una gran kelia y quise dividirla en dos, pero no tenía dinero. Decidí pedir prestado quinientos dracmas.

 

Por el camino encontré un iconostasio. Me santigüé, encendí el candil y avancé. Llegué a una casa y algo me empujaba a llamar a la puerta. Era por la mañana. Cuando el dueño de la casa me vió se alegró. “Te buscaba”, me dijo, “esto lo había guardado como ofrenda para la Panaghía”, y me dio quinientas dracmas, justo las que necesitaba.

 

»Teniendo en cuenta este acontecimiento, otra vez sentí un impulso interior semejante –algo me empujaba en mi interior- ir a una ciudad grande como Ioanina. No pudiendo hacer nada distinto, obedecí y me fui. No sabía lo que iba hacer, no tenía un propósito concreto. Caminando sobre las calles, pasé por fuera de una tienda, entré y compré algunas copas de cristal para los candiles de la Iglesia, así para tenerlos de reserva. Y cuando llegué a una casa, en una parada, este impulso interior me empujaba a entrar al interior de la casa. Obedecí y llamé a la puerta. Salió a  abrirme una mujer de 45 años vestida de negro. Apenas me contempló, inmediatamente cayó en mis pies y durante quince minutos gritaba continuamente: “Jesús mío, te lo agradezco, te lo agradezco Jesús mío”.

 

»Pasamos al interior, donde había otras dos mujeres. Desde las 11 de la mañana hasta las 5 de la tarde estuvimos sentados hablando. Después hicimos la oración de súplica * a la Panaghía. Ella arrodillada lloraba y salmodiaba la Súplica de memoria.

 

»Esta mujer se había quedado viuda de joven. Era muy rica. Daba parte de su fortuna a una casa de niñas huérfanas, en la que trabajaban sus parientes. Esperaba valorar correctamente su fortuna y después ir a un Monasterio. Mientras tanto se fue a Jerusalén y se hizo monja ocultamente. Vestía ropa negra como la de las monjas. Rogaba persistentemente a Dios que la enviase a un monje para enseñarla la vida monástica. Una vez que arregló su fortuna de tal manera, se fue después a un monasterio de una isla.

 

8 Se fue al monasterio de Faneromeni de Salamina y allí murió como monja, hermana Anna, con el nombre en el mundo de Atenhea Jatzí, que en los años de la ocupación alemana había tenido mucha acción y resistencia Nacional.

 

»Ella me dijo que en tal kiosco había otra monja en oculto,  a quien fui y la encontré. Ella últimamente había asumido  hacerse cargo de criar a los huérfanos de su hermano que habían perdido a su madre. ¡A menudo el nus de ella era arrebatado en zeoría-contemplación espiritual! Los hombres que iban a comprar no se daban cuenta de su estado espiritual. Creían que por la mucha pena había perdido un poco la cabeza y se distraía. Cogían ellos solos  las cosas del kiosco y dejaban el dinero. Las dos eran psiques selectas y eminentes.”

 

7.10 Ataques demoníacos

 

Había oído que los antiguos padres del Monasterio bajaban al precipicio buscando hisijía e intentó bajar él también. Tomó una cuerda, se la ató y la otra punta la ató a un árbol. En un punto encontró un espacio recto, más o menos un metro cuadrado, y pisó. Quiso orar allí. Encontró algunas piedras y las puso en la punta como pared. Apenas comenzó la oración, viene la tentación (diablo) como un torbellino, y le empujaba violentamente hacia el precipicio. Entonces imploró la Panaghía: “Panaghía sálvame”. Inmediatamente se detuvo el torbellino y se salvó, ya que había llegado a la punta del precipicio y apoyó su pie sobre las piedras. Aquel precipicio es terrible, y sólo con verlo alguien ya siente vértigo.

 

Narró el Yérontas también otro ataque demoníaco: “Estaba en la Iglesia, hacía oración y sobre las doce de la medianoche escucho el pestillo de la puerta jugando krik-krak continuamente. Dio la una y no paraba; se escuchaba continuamente y a la vez se oían voces y golpes. En el Monasterio no había nadie más. Pensé, si el diablo está en la puerta, no voy a salir fuera, y entré al altar y allí pasé la noche hasta amanecer”.

 

7.11 Salvación por la divina providencia

 

“Cuando reparaba el Monasterio”, dijo el Yérontas, “tuve que ir urgentemente a traer materiales desde una distancia de dos horas. En el camino, en un punto difícil que lo llamaba “Gólgota”, encontré un conocido con tres animales cargados de leña. Se habían volcado sus albardas y un animal estaba al borde del precipicio y peligraba caer abajo.

»Pensaba, si voy a ayudarlo, retrasaré; pero otra vez me remordió la conciencia, que no me permitió ser indiferente, y fui. “El Dios te ha mandado páter mío”, me dijo.

 

»Le ayudé para descargar y volver a cargar los animales y me marché. Me retrasé veinte minutos más o menos. En el camino vi que se había hecho un desprendimiento de tierra a lo largo de trescientos metros. Me dijeron que había sucedido tal tiempo antes, que si yo no hubiese ayudado a aquel hombre en aquel momento, según calculé, me habría encontrado exactamente allí donde el desprendimiento y habría sido imposible salvarme. Todo se hizo por la providencia de Dios. El Dios para salvarme, fatigó al hombre. Me salvé de una muerte segura. El hombre me había dicho “mil gracias”. Retorné hacia atrás y yo también le grité de lejos: “Atanasio, me has salvado, Dios te ha mandado”.

 

7.12 Visita nocturna de la Panaghía

 

Dos mujeres piadosas de Kónicha, la señora Popi Murelatu y la señora Penélope Barbuti, ayudaban para el cultivo del huerto.

 

Una noche después de vísperas, fueron a la pensión y se acostaron temprano. Se despertaron cuando escucharon la campana tocando. Salieron fuera de la habitación. Vieron al Yérontas salir de su kelia y decirlas: “¿benditas, no os dije que no tocaseis la campana por la noche?

 

Ellas sorprendidas respondieron que ellas no hicieron tal cosa, y a la vez ven una mujer desapareciendo dentro de la Iglesia. La vieron de lado, es decir, desde hombro hasta abajo, su brazo y su vestido. Era la Panaghía que su visita nocturna fue anunciada con toque automático de la campana.

 

El Yérontas, que hasta entonces hablaba en voz alta, después, por temor y por respeto, hizo un gesto silencioso a las dos mujeres para que fueran a su habitación, y él mismo se metió en su kelia.

 

Sobre las doce de la medianoche las llamó a la Iglesia e hicieron la Oración de Súplica. Después las dijo: “Dios os ha hecho dignas de ver a la Panaghía, pero no se lo digáis a nadie”.

 

7.13 Verdadero sueño demoníaco

 

“Una noche”, confesó el Yérontas, “estaba sentado en un taburete y hacía oración. De repente escucho en el patio música de violines y tambores, voces y bailes. Me levanto, miro por la ventana para ver qué sucede, y no había nada. Tranquilidad absoluta. Entendí que todo era del diablo.

 

»No me dio tiempo a sentarme en el taburete para continuar la oración, cuando de repente se inundó mi kelia de una fuerte luz. El techo desapareció y la luz llegaba hasta el cielo. En la punta de la columna luminosa había un rostro de un joven rubio que se  parecía a Cristo. Se veía la mitad de la cara. Un epígrafe luminoso escribía: “Doxa-gloria en las alturas a Dios”. Entonces me levanté y miraba hacia arriba para ver mejor el rostro y escucho una voz diciéndome: “¡Te has hecho digno de ver a Cristo!

 

»Exactamente en aquel momento miro abajo para ver dónde voy a pisar para cambiar de posición, de manera que pueda ver la cara entera, pero a la vez pensé: “¿Y quién soy yo el indigno para ver a Cristo?” Inmediatamente en aquel momento desapareció la luz y el supuesto Cristo aparecido, y el techo se encontraba en su sitio”.

 

El diablo fracasó en engañarle con la falsa visión, pero por venganza le hizo unos rasguños en los pies, por los que corría sangre.

 

En relación con las visiones o avistamientos aconsejaba lo siguiente, a causa de este acontecimiento. “Así comienza el engaño. Si el Señor no me ayudase para percibir que esto era demoníaco, después comenzaría la televisión del astuto maligno. He aquí el Cristo, he aquí la Panaghía, he aquí las profecías etc. Así es engañado el hombre. Por eso las visiones o expectaciones, aunque sean de Dios, no las aceptemos fácilmente. Y Dios de una manera se alegra, porque así mostramos humildad y atención que las pide de nosotros. Conoce Él cómo mostrarnos después lo que quiere y enseñarnos de otra manera”.

 

7.14 Familiaridad con los animales salvajes

 

La gran agapi del Yérontas hacia Dios y su imagen, el hombre, inundaba su corazón y del desbordamiento del corazón abrazaba también la naturaleza irracional. Especialmente amaba a los animales salvajes, y éstos sentían su agapi y se acercaban a él.

 

Un pequeño ciervo venía y comía de sus manos. Le había hecho una cruz en la cara con pintura. Avisó a los cazadores que no cazasen cerca del Monasterio y que tuviesen cuidado con este ciervito con la cruz, que donde lo encontrasen, lo cuidaran y no lo matasen. Pero desgraciadamente un cazador despreció el mandamiento y un día vio al pequeño ciervo y lo mató. El Yérontas se entristeció mucho y dijo una profecía que se ha cumplido por completo. No dice nada sobre este hombre porque hasta hoy en día está vivo.

 

En el bosque alrededor del Monasterio de Stomio viven osos. El Yérontas encontró un oso en un sendero estrecho, mientras subía al Monasterio con un burrito cargado. El oso se puso a un lado para pasar el Yérontas. Pero él con la mano le hizo una señal para que pasara el oso primero. “Y el oso”, narraba alegremente el Yérontas, “extendió su pie y me cogió de la mano para pasar yo”. Le dijo al oso: “Mañana no aparezcas por aquí abajo, porque estoy esperando gente. De otra manera te cogeré de la oreja y te ataré a la madriguera.”

 

Decía que el oso tiene un egoísmo. Cuando se encuentra en peligro, hace como que no tiene miedo pero después se va corriendo.

 

Una osa venía muy a menudo, se había familiarizado con él y el Yérontas la alimentaba. Los días que venía gente al Monasterio, el Yérontas avisaba previamente a la osa para que no apareciese y provocase miedo a los hombres. Pero la osa algunas veces transgredía el mandamiento, aparecía inesperadamente y los que la veían temblaban de miedo. Muchos habían visto la osa, entre ellos también  Keti Patera, como nos contó: “Una noche subía al Monasterio con una linterna para llegar a tiempo a la Divina Liturgia. Escuché un ruido, dirigí la luz y vi a un animal algo así como perro grande. Me siguió y cuando llegué pregunté al padre Paísios si el perro era del Monasterio. Respondió: “¿Esto es un perro? Mira bien, es una osa”.

 

7.15 Otros acontecimientos de Stomio

 

Una vez robaron en la casa de la señora Penélope Barbuti que tenía unos ahorros, unas quinientas dracmas en total. Ella entristecida subió inmediatamente al Monasterio para informar al Yérontas.

 

Él la esperaba fuera del Monasterio en la morera. Desde lejos la llamó, no te entristezcas, se encontrarán. ¿Quinientas cincuenta dracmas, no eran? en quince días las encontrarás”.

 

Después de quince días ve al Yérontas y la dice que aún no había encontrado el dinero. “Bendita”, la responde, “¿te dije quince días, por qué estás desesperada?”

 

Realmente el quinceavo día una mujer trajo a la señora Penélope el dinero, que lo había robado el hijo de esta mujer.

 

Cuando en el Monasterio los Domingos no había Divina Liturgia, el Yérontas bajaba a Kónicha para participar en ella y comulgar. El Sábado a las doce de la noche cerraba el Monasterio y en una hora llegaba a Kónicha. Iba y esperaba al osario y por seis o siete horas hacía oración para los vivos y para los difuntos, hasta que el sacristán abriera la Iglesia.

 

Una noche de esas veía que los huesos radiaban luz. ¡Quizá fuera una señal para indicarle que las psiques de los difuntos sienten sus oraciones!

*

Durante un período trabajaba en el Monasterio el señor Lázaro Stergíu y nos relata: “Un Sábado hacía un vaciado en una pared para echar cemento, mientras que el padre Paísios limpiaba la Iglesia. Sobre las once algo quería decirme y me hacía señales. Había llegado mediodía y fuimos a comer, pero no hablaba. Había perdido su voz. “¿Qué te sucede padre Paisio”, le digo. Él estaba tranquilo como si no sucediese nada. Le digo: ¿Voy abajo a buscar a un médico? No me dejaba. Nos entendíamos por señales. El Sábado siguiente cuando estaba limpiando los candiles le escuché que estaba salmodiando. Había salido fuera con el icono de la Panaghía. De la alegría le abracé”.

 

Aquellos días había subido al Monasterio la señora Penélope Barbuti. Le vio que no hablaba y empezó a llorar. Después cuando retornó su voz le preguntó: “Qué te ha sucedido páter?”

 

El Yérontas le dijo que esto le había vuelto a suceder en la Santa Montaña, pero tenía la información de que no le volvería a suceder; aunque le volvió a suceder.

*

Comenta Keti Patera: “Había venido el Yérontas al pueblo san Gheorgios-Jorge, cuando estaba construyendo mi casa, para ver a mi madre. Un chico de ocho años, que le llamaban Estéfano, cayó desde la planta de arriba al cemento de abajo y se golpeó la cabeza. Se le abrió y la sangre corría como un río. Todos allí, mi abuela, mi madre, gritaban y no sabían qué hacer.

 

-¿Qué hacéis así? dice el Yérontas.

Bajó abajo, le santiguó con una Cruz que llevaba; pidió un poco de algodón, lo puso sobre la herida, ¡y no hizo falta médico, ni tampoco le quedó ninguna marca!”.

*

Una vez en Kónicha se retrasó haciendo catequesis a los musulmanes. Para no perder las vísperas, las hizo con el komposkini subiendo hacia el Monasterio de noche. Los demonios le arrebataron el komposkini de la mano. Se quedó allí arrodillado allí y oraba. “¡No me voy de aquí si no me traéis el komposkini”, dijo, y ellos presionados por la potencia de la oración, se lo devolvieron!”.

*

Otra vez visitó el Monasterio el alcalde con otros altos cargos. No intentó halagarlos, para que supuestamente ayudasen al Monasterio. No había aprendido “a admirar” y a halagar rostros de personas. Cuando fue a invitarlos no empezó por el alcalde, sino por el viejito Gheorghios-Jorge, un sencillo y piadoso aldeano, porque él era digno de respeto más que todos los demás. Aunque apreciaba a los hombres que tenían cargos importantes, aquí dio honor a la virtud, -“porque el honor del hombre es la virtud”- (San Crisóstomo, en el Salmo 48, PG55, 232), – y no simplemente la persona que poseía tal puesto  sin estar acompañado por la virtud.

*

Nos relata el señor Tomás Tasios de Kónicha: “Una vez encontré al Yérontas en la estación de autobuses de

Ioánina. Viajábamos juntos. En el camino sucedió un accidente cuádruple, tres autobuses con un camión sobre los postes de la corriente eléctrica. Nuestro autobús, como si lo hubiese tomado una fuerza invisible, fue llevado  fuera de la carretera cinco metros, sin pasar nada. Digo al Yérontas: “Padre Paísio, si no estuvieras tú, nos hubiéramos convertido en columna de sal”. Me dice: “¿Has visto a alguno a santiguarse? Cuando entras al autobús haz oración para viajar bien”.

*

La señora Penélope Barbuti contó: “Cuando le dolía la cabeza, la tocaba  con en el icono de la Panaghía y desaparecía el dolor.

»Amasaba pan eucarístico sin levadura. Lo santiguaba y se levantaba.

»Un día me dijo: “Vienen tres cazadores; cocina judías”. Realmente vinieron y pidieron comer judías. Ellos llevaban carne en sus mochilas, pero las colgaron fuera al árbol, porque el Yérontas no permitía asar carne en el Monasterio”.

*

En la ciudad Ioanina conoció a una mujer laica con el carisma de prever. Quería comprar el padre Paísio cristal para una lámpara y no le llegaba el dinero. Le faltaban trece dracmas. Mientras pasaba fuera de la casa de la mujer escuchó decir: “Dale al páter trece dracmas para comprar cristales de bombilla”.

 

7.16 Su marcha de Stomio

 

Los habitantes de la región tenían devoción al “Monje”, como le llamaban al Yérontas. Le amaban de verdad y le ayudaban, aunque no entendían plenamente el tesoro que escondía en su interior. En su persona veían algo especial.

 

Habían quedado cautivados por su agapi y su bondad. Para ellos era el ángel de la guarda, el consuelo y el apoyo en sus dificultades. Los niños pequeños de entonces, que hoy en día son ya hombres maduros, se acuerdan de un monje como esqueleto cruzando por las calles de Kónicha a paso rápido, caminando concentrado sin que su vista deambulara  de derecha a izquierda.

 

La fama de su virtud había llegado más allá de Kónicha. Venían hombres para verlo también de otras partes. Una compañía de jóvenes que estudiaban teología se unieron a él. Se comunicaban por correspondencia, le visitaban y se quedaban en el Monasterio. Fueron ayudados espiritualmente y casi todos siguieron la vida monástica.

 

Mientras tanto algunos visitantes no paraban de entristecerlo con sus caprichos mundanos que no querían abandonar. Se intentó hacer oficialmente una carretera y un teleférico hasta el Monasterio. Algunos de ellos se entristecieron porque el Yérontas había cesado las juergas mundanas dentro del Monasterio durante el día de la Fiesta y protestaban. Unos buscaban la expulsión del Yérontas del Monasterio, para así abusar de las tierras monásticas y del bosque. Había también otros motivos.

 

Una vez a principio de mes abandonó el Monasterio. En vísperas de la Fiesta fue a la Iglesia para hacer el oficio litúrgico, y cuando terminó vio que habían encendido fuego en el patio y estaban bailando. Tomó su sotana y se marchó por la noche hacia la Santa Montaña entristecido. “Aún no estaban maduros espiritualmente”, dijo el Yérontas. Pero retornó de nuevo después de muchas súplicas.

 

En el año 1961 retornó de nuevo a la Santa Montaña Athos. Los habitantes de Kónicha, para convencerlo de que retornase, mandaron una carta al Santo Monasterio Filoteu con firmas. Pedían al Yérontas que tuviera compasión y misericordia de ellos y retornara de nuevo.

 

En su carta escribía: “Marchando de Kónicha, los habitantes se habían revoloteado y puesto en pie. Apenas llegué al Santo Monasterio Filoteu, después de pocos días llegó un escrito del Alcalde con muchas firmas y del Gobernador de la región para que me diesen permiso para regresar al Santo Monasterio de Stomio y que había gran necesidad, etc. Aunque escribieron las razones, sin embargo los de aquí no estaban todos de acuerdo para darme la bendición y regresar. Justo me entero de que irán hasta al Patriarca Athenagoras y al ministro de asuntos exteriores Averof para suplicar al Gobernador Político de la Santa Montaña, que pertenece al ministerio de asuntos exteriores”.

 

Después de persistentes súplicas, el Yérontas regresó de nuevo a Stomio, recibiendo el permiso del Santo Monasterio de Filoteu a fecha de 7-8-1961.

 

Su hermano Luca y el señor Dimitri Korsinoglu, por iniciación propia, viendo las dificultades de que permaneciese en Stomio, construyeron a un extremo de Kónicha una casita que contenía también una kelia-celda, una capilla y el taller, donde tenían la esperanza de que el Yérontas se quedara. No querían que se marchara y ser privados de su preciosa presencia. Pero el Yérontas veía que para algunos también allí sería “pesado y muy visto” y que no cesarían de crearle problemas para obligarle a marcharse.

 

Aunque inauguró el Monasterio, expulsó a los heréticos (quizás fue este su mayor donativo) y ayudó a muchos, tenía el loyismós de que no hacía nada y a menudo se reprochaba a sí mismo: “Yo soy monje, ¿qué hago aquí en el mundo?”. Y decía con pena a la Panaghía: “Panaghía mía, yo pedía desierto y Tú me has llevado al mundo”.

 

Parece ser que la respuesta la recibió en su oración. Porque cuando más tarde el sacerdote Kosme y ahora higúmeno de Stomio, le preguntó, cómo se había marchado, respondió: “Eh, dije a la Panaghía que me muestre dónde quiere que me vaya y me dijo a Sinaí”.

 

Con motivo de la visita de un diácono que se quedó entonces en Sinaí, el actual Arzobispo de allí, el Excmo. Sr. Damiano, se comunicó por correspondencia con el entonces Arzobispo Excmo. Sr. Porfirio. Le preguntó si aceptaban en Sinaí quedarse en alguna parte fuera del Monasterio, sin tener ninguna obligación respecto a él. Recibió la respuesta positiva.

 

Así que cuando vio que había terminado su misión en el desierto del mundo y, una vez habiendo cumplido la promesa hacia la Panaghía, definitivamente dejó Stomio el día 30 de Septiembre de 1962 y se marchó hacia la Montaña caminada por Dios, el Sinaí. No hizo referencia a las razones de su marcha, porque la gente se levantaría y haría una revolución. Sólo dijo que se iba para seguir una terapia. Cuando se marchó, muchos lloraron porque le tenían como su consuelo.

 

No sólo restauró el Monasterio de Stomio y escribió su santa historia, sino que escribió también él mismo su propia historia (martilogio) allí en las rocas de Stomio, con los combates y los acontecimientos sobrenaturales que había vivido. Los habitantes de Kónicha con devoción mantienen en su memoria al «Κα­λό­γε­ρο, Kalóyero Monje», que hoy en día es conocido en todas partes como san Paísios.

 

 

Α8 EREMITA EN EL MONTE “CAMINADO POR DIOS” DEL  SINAÍ

 

8.1 Traslado al Sinaí

 

El señor Stavros Baltogianis, pintor y restaurador, habitante de Atenas, menciona: “El otoño de 1962 comencé a ir al Sinaí, después de una invitación del Monasterio, para trabajar en el mantenimiento de sus iconos.

 

»En El Cairo, en el Metokion * del Monasterio, una mediodía durante la hora de comer, conocí al monje Paísios que trataba de dirigirse hacia el monte Sinaí. Era demasiado delgado, hombre de muy poco comer y por costumbre, estaba callado. Una tos persistente daba testimonio de su problema de salud.

 

»Esperando mientras solucionábamos nuestro  transporte hacia el Monasterio, permanecimos en El Cairo una semana más o menos. En estos días tuve la oportunidad de comprobar que el padre Paísios evitaba sistemáticamente la comida que nos ofrecían, y cuando comía, lo hacía porque sentía que debería obedecer. Desde entonces y el tiempo que he vivido en el Monasterio, entendí que entre sus virtudes monásticas estaba también la verdadera y concienciada obediencia.

 

»Cuando se arreglaron las cosas en relación con nuestra partida hacia el Monasterio, cargamos nuestros equipajes en el taxi y empezamos el viaje. Recuerdo que Paísios permaneció callado en su esquina en el coche durante todo nuestro trayecto hasta Suez. Allí, otro compañero de viaje y yo compramos algunas cosas, principalmente comida. En nuestra corta permanencia en Suez, que también nos sirvió como descanso del viaje, hizo falta comer algo. En nuestra invitación a  Paísios  para que participase, no fuimos correspondidos. Él mismo simplemente se limitó a quitarse la sed mojándose los labios con el mínimo zumo de un pequeño limón egipcio que llevaba consigo y que constituía su único suministro de alimentos.

 

»Hicimos noche en Farán y por la mañana partimos hacia el Sinaí. Llegamos ya casi pasado el mediodía. Paísios fue conducido rápidamente a su kelia y yo me quedé con el compañero Anastasio Margaritof que me esperaba para colaborar juntos en el programa de mantenimiento de los iconos. Rápidamente supimos que Paísios entrando en su kelia alejó su cama inmediatamente y quitó la bombilla eléctrica que iluminaba el espacio. La austeridad, el carácter ascético, la inocencia del hombre y la absoluta dedicación a Dios no tardaron en aparecen allí. Procuraba silenciosamente participar en sus obligaciones cenobitas y rápidamente se constituyó como miembro muy efectivo del Monasterio.

 

»Rápidamente también se hicieron conocidas otras capacidades y conocimientos suyos, como su habilidad en la elaboración y las aplicaciones con la madera. Esto último nos dio la idea de pedir al Monasterio que nos ayudase el nuevo monje en los trabajos de carpintero, que por regla general son efectivas para la conservación de los iconos.

 

»Trabajó especialmente y con éxito en la construcción del segundo portador de mueble de madera, en el cual se colocó el icono de Cristo, que por desgaste por  antigüedad  estaba separado en dos tablas. Con arte y con originalidad construyó una segunda base de madera con un espacio tallado con las dimensiones iniciales del icono, en el cual las dos partes del icono se colocaron encajadas, dejando entre ellas el correspondiente vacío que calculamos que se había creado allí, y el cual, como a menudo sucede, completaría la vista del peregrino. Así que Paísios se quedó trabajando con nosotros y afrontando con atención y responsabilidad las necesidades de los trabajos de restauración. Todo este espacio de tiempo trabajaba silenciosa y productivamente, desprendiendo paralelamente decencia y santidad. Su abstención de la comida regular del mediodía, su impresionante delgadez y su persistente tos, nos hacían preocuparnos por su salud y a menudo intentábamos desviarlo de su tan severa ascesis. Nunca olvidaré su rostro iluminado cuando, una vez, se vio obligado a responder a mis continuas sugerencias. “Stavros”, me dijo, “deja estas cosas para nosotros los monjes “.

 

»Nos quedamos en el Monasterio unos cuarenta días y Paísios era siempre el mismo. Ingenioso, inimaginablemente espiritual, pensativo y quizá orando durante las horas de su silenciosa ocupación con el trabajo que entonces debería realizar. El último día y después del momento de nuestra despedida me marché con la seguridad de que dejaba atrás mío a un Santo.

»Cada poco tiempo tenía noticias sobre Paísios, que cada vez se hacía más severo consigo mismo. No mucho más tarde del día de nuestra despedida, tal como esperaba, supe que Paísios se marchó lejos del Monasterio a una cueva de la Santa Montaña “caminada por Dios”, en el Monte Sinaí, y vivía allí en ascesis total, bajando sólo algunos días al Monasterio.

 

8.2 Soluciona la sequía.

 

Cuando por primera vez se fue a Sinaí había una gran sequía. En condiciones naturales en aquella región llueve poco. Aquel año se notaba especialmente la falta de agua, porque hacía tres años y medio que no llovía. Se preparó una caravana para transportar agua de lejos. El Yérontas les dijo: “Esperad, no vayáis esta noche”. Por la noche el Yérontas hizo oración y llovió mucho. El Yérontas mencionó una vez: “Entonces hice oración, pero a Dios le dieron pena los habitantes del lugar que sufrían mucho y llovió y se llenaron de agua los pozos de Sinaí para dos años más o menos.

 

8.3 Bienaventurada vida eremita

 

El Yérontas pidió la bendición para quedarse solo en el desierto. Abandonó la ermita de los santos Galaktion y Epistimi, que está constituido de una capilla y una pequeña celda a continuación. Se encuentra en un bonito lugar elevado, justo enfrente de la santa Cima, y está a distancia de menos de una hora desde el Monasterio.

 

Doscientos metros más arriba se encuentra la cueva de san Galaktíon y un poco más atrás está la Skiti de Santa Epistimi con otras skitis ascéticas. Lugares santos y benditos. A pesar de su aspereza, estas rocas inspiran. Allí en lo alto pues, como un águila, el Yérontas constituyó su nido, o más bien el águila del espíritu hizo su tronera.

 

Muy cerca, “a tiro de piedra”, había una pequeña fuente de agua en el asceterio. Recogía de dos a tres litros de agua diariamente. Decía el Yérontas: “Me iba con un cubito a recoger el agua para hacer té o mojar un poco la cara, diciendo las salutaciones o himnos a la Virgen con gratitud y mis ojos se inundaban de lágrimas. “Dios mío”, decía, “sólo un poco de agua necesito nada más”. Tan apreciable era este poquísimo agua para él que quería vivir allí al desierto. Pero esta poca agua el Yérontas se la repartía con los animales salvajes y los pájaros del desierto.

-Yéronta, ¿cómo vivía usted en el Sinaí?, le preguntó uno.

Respondió: “Mi comida era té con pan tostado que lo hacía solo. Hacía hojas finas de masa y las secaba al sol. Se hacían tan duras que rompían cristales. Alguna vez hervía también arroz machacado dentro de una lata de conserva; esta lata era el cacito, la cacerola, el plato y el vaso. Esta lata de conserva y una cucharita más pequeña que una normal eran todas mis pertenencias.

 

»Incluso tenía una camiseta que se la ponía por la noche para afrontar el frío. Bebía también té negro, para que me ayudase en la vigilia, y ponía también una cuchara más de azúcar que equivalía a una camiseta más. (Es decir, las calorías que le daba el azúcar que ponía de más era como si se pusiera una camiseta más.) Tenía también un recambio de ropa gruesa, porque por la noche hacía mucho frío. No tenía ninguna lámpara, ni linterna, sino sólo un mechero para ver un poco en la oscuridad, cuando caminaba por algún sendero con escalones. También me hacía falta para encender fuego con hierbas, alguna vez para hacer algo caliente. Tenía también piedra para el mechero y una botellita muy pequeña con petróleo para el mechero; nada más.

 

»Una vez planté también una raíz de tomate, pero después me molestó mi loyismós y la desarraigué, para no provocar a los Beduinos. No me parecía correcto que los pobres Beduinos no tuviesen tomates y yo que era un monje tener, aunque fuera solo una raíz.

 

»Durante el día decía la oración del corazón o de Jesús y hacía trabajo manual. Esta era mi regla. Por la noche hacía algunas horas genuflexiones, sin contarlas. Oficio litúrgico no leía, lo hacía con el komposkini. Descansaba por la mañana.

 

Para que no me molestasen los curiosos, con una pintura verde hacía calaveras de muertos (señal de peligro). Una vez un turista alemán quiso subir arriba. Creía que era un campo de minas, pero parece ser que conocía algo de esto y pisaba con cuidado y logró llegar hasta arriba. Yo le observaba desde lo alto. Le dejé acercarse, y después entré en la cueva de san Galaktíon y puse un manojo de espinas en la entrada. Buscó, pero no pudo encontrar a nadie y volvió atrás otra vez.

 

Simplificó mucho su vida y se dedicó a la ascesis con todas sus fuerzas, sin distracciones. “El desierto deserta los pazos. Cuando lo respetas y te adaptas al desierto, te concede sentir su consuelo”, decía más tarde San Paísios, expresando con pocas palabras su experiencia en el desierto Sinaítico.

 

El Yérontas amaba visitar los lugares donde habían vivido los ascetas. Admiraba las pequeñas cuevas ascéticas. En algunas se salvaguardaba una pequeña cisterna y en otras la roca estaba ennegrecida por el fuego que encendían los ascetas de vez en cuando para cocinar. Le inspiraban y le emocionaban estos antiguos asceterios. Visitó también el asceterio de San Jorge el Arselaíta. Es una skiti muy desierta adecuada para anacoretas. La Gran Cuaresma la pasó en el asceterio de San Esteban, al que se refiere también “la Escalera”, bajo la santa Cima, con gran ayuno, casi en inanición. Allí solo tenía la latita para sacar agua del pozo que había más abajo, en el profeta Elías.

 

Tenía como regla no ponerse zapatos. Se habían roto sus talones y corría sangre. Los zapatos los tenía en la mochila y los ponía sólo cuando bajaba al Monasterio o si encontraba a alguien por el camino. Para quien conoce las condiciones del desierto, sabe que es muy doloroso caminar descalzo sobre las rocas o la arena. Por el día queman tanto, que los Beduinos ponen huevos en la arena y quedan pasados por agua, mientras que por la noche las frías rocas son como si uno pisara encima del hielo.

 

Al Monasterio bajaba cada Domingo o cada quince días. Ayudaba en el oficio litúrgico y comulgaba. Tenía una pequeña kelia-celda, muy apartada de la torre, allí donde antiguamente encerraban a los exiliados del Sinaí. Participaba en la panguiniés-trabajo en que participan todos los monjes del Monasterio, en trabajos de carpintería y en la poda de los olivos. A pesar de esto no era como una carga para el Monasterio. Los alimentos que repartían a todos los padres no los tomaba. Incluso también una pequeña bendición (cantidad de dinero) a la que tenían derecho los Sinaítas, no la tomaba.

 

Algunos de los Padres le pedían consejo y se beneficiaban  por su experiencia y discernimiento. Tenía también un obediente, novicio a prueba, Eutimio Skliris, después Athanasio de Stavronikita de Athos, que aunque vivía en el Monasterio,  le dirigía espiritualmente el mismo padre Paísios.

 

Pero también el entonces Arzobispo de la región de Sinaí, Porfirios, humilde y bondadoso jerarca, le tenía devoción y tenía en cuenta las cosas que le sugería el Yérontas sobre la restauración del Monasterio de Sinaí. Dijo sobre el Yérontas: “De los tantos años que llevo aquí en el Sinaí, no ha pasado otro monje tan virtuoso, ascético y hábil en sus trabajos manuales como el padre Paísios, excepto un policía jubilado quien era humilde, silencioso y virtuoso, pero no tenía la jaris-gracia del padre Paísios.

 

8.4 Sentí la divina Comunión

 

Al principio, cundo se fue al Sinaí, decidió subir al asceterio y quedarse dos semanas sin bajar al Monasterio. Informó a los padres para que no se preocupasen. Le dice el padre Sofronio:

-¿Yéronta, aguantarás allí arriba?

-Intentaré y rogaré a Dios para aguantar.

 

Más tarde relató que: “¡Lo que había sufrido allí arriba por la tentación durante quince días, es incontable; no te puedes imaginar! Continuamente me decía que bajase al Monasterio para ver a los hombres y ser consolado. Sólo una cosa te diré: Esos quince días me sentía como si estuviese clavado encima de la Cruz. Después, el segundo Domingo, bajé al Monasterio para participar en la Divina Liturgia. Cuando comulgué sentí la Divina Comunión como carne muy dulce y sentí una fuerza en mi interior. Era el Cuerpo y la Sangre de Cristo”.

 

Reforzado por esta señal y viendo desde el Monasterio el asceterio, dijo al diablo:

-Si quieres, ven ahora para que combatamos. Ya no te tengo miedo.

 

8.5 Trabajo manual y caridades

 

El trabajo manual del Yérontas era escultura en madera. Se refirió el mismo: “Hacía en madera iconos tallados con el profeta Moisés recibiendo el Decálogo. La madera la cortaba yo solo. Allí en el riachuelo en los Santos Anárguiros había una especie de álamo, unos árboles que parecían álamos. De estos, una vez cortados y secados, sacaba yo solo las placas y hacía los pequeños iconos. Muchas veces también por la noche abría un poco la puerta de mi kelia y bajo la luz de la luna decía la oración del corazón o de Jesús, y lijaba y preparaba las maderas. Como herramientas tenía sólo dos pequeños cuchillos y una tijera marca Singer, que traje de Grecia; lo desmonté en dos, lo lijé y lo pinté con pintura verde para que no reflejase los rayos del sol y se me nublaran ojos. Al principio para terminar un pequeño icono tardé tres días. Después lo acababa en once horas.

»Los trabajos a mano se los daba al Monasterio y los vendían; volaban en seguida a manos los peregrinos. El dinero que recibía se lo daba a taxistas conocidos del Cairo. Les decía que compraran ropa, gorros, galletas, alimentos etc. Después llenaba la mochila con bendiciones y preguntaba dónde había tiendas de Beduinos. Iba a las tiendas de cabaña de ello, desde fuera llamaba a los niños Beduinos y les repartía las bendiciones.

 

»Una vez un niño, el Suleimán, cuando fue a su tienda, en agradecimiento cogió un gallo y quería matarlo para hacerme el banquete. Quería agradecerme por las bendiciones que les había llevado. “Déjalo, Suleimán, para otro día”, le dije. ¿De qué otra manera se lo iba a explicar?

 

Por su gran agapi a las criaturas de Dios, el Yérontas se dejó a un lado a sí mismo, se cansaba para ayudarlos, y no fue a Jerusalén a venerar, que tanto lo deseaba, para que los niños de los Beduinos no fuesen privados de sus bendiciones. Y estos niños entendían que su gran agapi no tenía un interés propio, y le amaban mucho. Se hacía una verdadera fiesta de alegría cada vez que los visitaba su amado “Abuna Paisi” (En Beduino: padre Paísios).

 

Pero también cuando los niños de los Beduinos iban a su asceterio con los pies rajados, porque caminaban descalzos, los ponía cera en las rajas y les daba un par de sandalias para cada uno. A otros los repartía gorritos, para que no les marease el sol, y cualquier otra cosa que tuviese. Pero se juntaban tantos que no le llegaba el dinero que recibía por su trabajo manual.

 

Entonces se encontró en un dilema: “¿He venido aquí para ayudar a los Beduinos o para hacer oración por el mundo?”. Por eso decidió limitar el trabajo manual con la esperanza de que Dios lo solucionase.

 

Apenas el mismo día le visitó un médico griego que vivía en el extranjero. El Yérontas le habló como si le conociera hace años: “Ven, te esperaba”, le dijo. Se sentó junto a él varias horas hablando con agapi, le dio consejos y sobre todo le reveló algunas cosas personales.

 

Entonces aquel, impresionado por el carisma del Yérontas, le dejó cien liras diciendo: “Toma esto para que puedas ayudar a los Beduinos, y así no salgas de tu programa y dejes la oración”.

 

“No pude aguantar”, comentó más tarde el Yérontas: “Le dejé fuera y me fui dentro de mi kelia, porque no podía sostener las lágrimas por la rápida respuesta de Dios. Me destruyó la providencia y Su agapi.”

 

Al final le acompañó el Yérontas y le condujo por un corto sendero porque se estaba haciendo de noche.

 

Incluso con el dinero del trabajo manual ayudaba también a un chico huérfano que estaba estudiando teología en Grecia.

 

8.6 “Estaba en el desierto tentado…”

 

Un día haciendo su trabajo manual diciendo la oración del corazón o de Jesús sentado en una roca, mientras que abajo había un precipicio, se presenta el diablo y le dice:

-Salta abajo, Paísios, te prometo que no te pasará nada.

 

El Yérontas continuó en ataraxia-serenidad la oración y su trabajo manual. No ha dado importancia alguna al diablo. La tentación continuó incitándole a saltar al precipicio repitiendo la misma promesa. Esto duró más o menos una hora y media.

Al final toma una piedra y la tira al precipicio diciendo al diablo:

-Venga, te voy a reposar tu loyismós.

El diablo ya que fracasó en tirarle al precipicio, le dice con supuesta admiración:

-Este tipo de respuesta ni el Cristo me la ha dado. Tú me has respondido mejor.

-El Cristo es Dios. No es como yo que soy un payaso. “Sal detrás Satanás”.

Así con la divina jaris (energía increada gracia) residente en su interior, evitó la primera tentación de saltar al precipicio y hacerse pedazos en las rocas; además que evitó también caer al precipicio más profundo del orgullo espiritual al aceptar el elogio del diablo, considerándose a sí mismo superior a Cristo.

***

En su asceterio tenía un despertador antiguo, que debería moverlo para funcionar. Una vez, mientras lo estaba moviendo por aquí y por allá para hacerlo funcionar, el malvado le infunde un loyismós: “Si estuvieses casado, así moverías hoy en día a algún niño.” Este tipo de cosas ni como laico había pensado alguna vez. Reaccionó como un rayo, tal como llevaba el despertador lo tira con toda su fuerza frente a la roca, a distancia de tres metros. Mientras que el despertador debería disolverse, cuando llegó a distancia de diez centímetros de la roca, paró bruscamente, bajando poco a poco, se quedó en pie y comenzó a funcionar adecuadamente sin pasarle absolutamente nada. Lo escuchaba: “¡Tik-tak, tik-tak!”. “Maldito diablo” dijo, viendo la energía demoníaca. Después cogió una piedra y lo rompió.

 

El punto más importante de este acontecimiento es la reacción inmediata del eremita. No se retrasó nada por el asalto del loyismós, no conversó con él, no intentó responder, sino que reaccionó como un rayo.

***

Se ha referido también lo siguiente: “Una noche bajaba por un sendero con escalones. Allí donde intentaba encender el mechero estropeado, para ver por dónde pisaba, de repente se presenta delante de mí una mano sujetando una luz que iluminó al sendero y toda la zona. Inmediatamente cerré mis ojos, giré la cabeza hacia atrás y dije al diablo: “Que me falten tus luces”, (ya que se dio cuenta de que era él quien le presentó las falsas luces).

 

8.7 Compañía del ermitaño

 

Relató el Yérontas: “Cuando estaba en el Sinaí tenía dos perdices. En aquel período pasaba algunas aflicciones y venían los pájaros para hacerme compañía y consolarme. A donde iba, apenas me oían venían cerca de mí. Cuando esculpía iconos se subían en mis hombros. Una vez estuve enfermo durante una semana. Cuando me recuperé, me fui a la cima de la montaña, donde acostumbraba a ir, y llamé a los pájaros para darles de comer. No se presentaron. Dejé la comida y me marché. El día siguiente que volví, los pájaros salieron a mi encuentro por el camino volando a mi alrededor. Apenas me vieron, comieron.

 

Los animales salvajes son muy serviciales y afectuosos. Encontré más afecto y amor propio en los animales salvajes que en muchos seres humanos. Es mejor tener amistad con ellos en vez de con gente mundana. Si quieres tener verdadero amigo después de Dios, ten como amigos a los Santos; sino de otra manera a los animales salvajes”.

***

También dijo: “Una vez hice arroz hervido y el día siguiente limpié la lata en la que había hervido el arroz y los restos se los eché a los ratones. Desde entonces, cada vez que esculpía iconos y saltaban los trocitos de madera, éstos oían el ruido y viendo los trocitos de madera, creían que eran granos de arroz y se juntaban allí. Incluso hasta los animales salvajes se calman cerca de nosotros cuando tenemos vida correcta”.

 

8.8 Apazia-sin pazos de los Antepasados de Nuestro Señor

 

El Yérontas en Sinaí había vivido en Espíritu Santo un acontecimiento sobrenatural: la prudente y santa relación de los santos Antepasados de Nuestro Señor de la que fue concebida y nacida la Zeotokos. De este acontecimiento fue informado de que: “Los santos Joaquín y Ana eran totalmente espirituales, sin ninguna pretensión carnal. Era el matrimonio con más apazia-sin pazos que jamás ha habido. Primero oraron a Dios con lágrimas cada uno por separado para regalarles un hijo y después  tuvieron contacto por obediencia a Dios; no por deseo carnal. Como la concepción se hizo sin placer, la Panaghía era Purísima. Por supuesto que no estaban sin el pecado ancestral, tal y como engañados creen los papistas, porque fue concebida de forma natural, (es decir, no sin esperma), sino totalmente sin pazos- sin pasión, tal y como Dios quería que naciesen los hombres.

 

Una vez recalcaba estas verdades de nuevo en una de sus conversaciones. Viendo ciertas reservas en su interlocutor, se levantó y con expresión potente, dijo: “¡Este acontecimiento lo he vivido!” Quería hacer ver claramente que estas cosas que decía no eran simplemente loyismí piadosos suyos, sino divina apocálipsis-revelación.

 

8.9 En los Cuarenta Santos *

 

Era período de Pentecostés y se fue con otros Padres para hacer Liturgia en los Cuarenta Santos. Se llevaron consigo también bastantes huevos rojos. Después de la Divina Liturgia vinieron los Beduinos y les repartieron los huevos. Los huevos eran cuarenta, y vinieron exactamente cuarenta Beduinos allí a los Cuarenta Santos.

 

8.10 La dormición de su madre

 

Un día tenía un sentía y percibía una especial súplica, inexplicable consuelo y gran Agapi hacia la Panaghía. Se extrañaba qué era esto que le sucedía  y por qué. Apuntó la fecha, era 6 de Octubre 1963 y más tarde supo que en este día había dormido su madre que la amaba mucho, pero por la agapi a Cristo y a la Panaghía la abandonó. Era como si la Panaghía le dijera: “No te apenes, yo soy tu Madre”. Ella de una forma le adoptó desde el momento en que se hizo monje. De hecho, fue digno de ver a la Panaghía repetidas veces, de hablar con ella y de recibir alimento de Sus inmaculadas manos.

 

8.11 El nombre de Kazantzakis

 

Una vez subió con dos Padres Sinaítas a la cima de Santa Caterina * para hacer la Divina Liturgia. El Yérontas llevando consigo el cincel, fue a la roca donde había escrito su nombre Kazantzakis y borró el nombre de este declarado ateo. Consideraba indigno para aquel lugar santo que los peregrinos vieran el nombre de un blasfemo; que esté “la abominación del ateísmo en lugar santo” (Mt 24,15).

 

Uno de los padres que era de Creta, mientras bajaba, oyó al padre Paísios golpeando con el cincel, y creyendo que estaba arreglando el sendero de piedra, le voceó:

-Venga Padre Paísios, deja ahora el sendero. Nos marchamos.

Y el Yérontas le respondía sonriendo:

-Lo que pueda, Yéronta…

El padre Paísios detestaba a Kazantzakis, a causa de su ateísmo y sus blasfemias y no quería ni ver ni oír sobre su nombre.

 

8.12 Es consolado porque no había comulgado

 

Un Domingo por la mañana vio que subían a la Santa Cima peregrinos. Entendió que habría Divina Liturgia y siguió él también. Pidió la bendición para comulgar, ya que se había confesado al sacerdote que había interrumpido el ayuno el día anterior; había puesto una cucharita de aceite en la comida, porque era Sábado y no sabía que allí se iba a celebrar la Divina Liturgia, mientras que toda la semana se había alimentado con vegetales crudos. Aquel no le permitió. El Yérontas obedeció humildemente y no comulgó. Pero sintió tal consuelo y jaris, igual que cuando comulgaba.

 

8.13 Guerra invisible e inexpresables situaciones.

 

El Yérontas se refiere en una de sus cartas con fecha 1-3-64: “Muchas veces me perturba el demonio, a pesar de que he machacado mi carne. Doy gracias a la Panaghía que no me ha rechazado, sino que siempre me ayuda. El bendito Dios permite las tentaciones, para que luchemos y con la lucha recibir nuestra corona inmarchitable de la victoria. Hace unos días me había perturbado mucho en el Hisijastirion , más menos toda la semana, mientras me estaba preparando para comulgar en la Santa Cima donde se celebraría la Divina Liturgia. Doy gracias al bueno de Dios que me protegió, porque la guerra era tan fuerte… Después de este combate el buen Dios me hizo digno de comulgar en la Santa Cima, porque me había protegido. Sentí tal tipo de alegría todo aquel día que no puedo describirla. Estaba hecho pedazos por la gran agapi de Dios y sentía Su presencia cerca de mí. Por eso el enemigo diablo me combatía tan intensamente, para poder privarme de este deleite espiritual que me ha saciado durante mucho tiempo…”

 

El asceta Sinaíta hacía ya una vida inmaterial. “Estaba solo consigo mismo hablando con Dios…junto con las oraciones incesantes y por su cercanía a Dios” (San Sabas el Santificado). Estaba cautivado por el divino eros. Su oración era incesante, como su respiración, y no se interrumpía ni durante el sueño. “Se amamantaba de la jaris”. Vivía intensamente la presencia de Dios, ya que los grandes acontecimientos sucedieron allí, durante la época de Moisés. Una vez describía su cueva: “Toda la montaña, la roca se había hecho blanda como la masa de pan, «todo el monte Sinaí humeaba, porque Dios había descendido sobre él en forma de fuego. Subía el humo como de un horno, y todo el monte retumbaba con violencia, Ex 19,18». Por eso en la cueva quedaron grabadas las huellas de la espalda de Moisés”.

Además, tal como se ha dicho antes, el Yérontas comentando el acontecimiento que había vivido en el Monasterio Esfigmeno, dijo: “En el Sinaí he vivido otras situaciones mayores de otra manera”.

 

Pero lo que exactamente vivió allí en la divina montaña, no quiso describirlo. Se bastó sólo con esta alusión. Pero por supuesto que era algo semejante pero de mayor intensidad que el anterior acontecimiento más antiguo, por esto comparó los dos entre sí. Muy posiblemente no era un avistamiento, sino un milagro. Eran situaciones y estados de jaris vividas continuamente, durante las cuales recibió añadido de jaris, con el resultado de ser alterado todo su estado en situación más espiritual. “Siento que va amaneciendo dulcemente algo distinto en mi interior”, escribía.

 

Con todo esto que vivió el Yérontas y todas las cosas que nos son desconocidas, la divina jaris (energía increada gracia) le preparaba místicamente para su obra posterior.

 

8.14 Abandona el dulce desierto

 

Mientras vivía y se alegraba porque por fin había encontrado lo que buscaba desde hace años, su salud empeoraba. Sufría dolores de cabeza debidos a la falta de oxígeno por causa de la altura. Pero el Dios le alimentaba con el maná celeste, le consolaba con Su jaris increada. Al principio no daba importancia a estos síntomas, pero después se vio obligado a hacerlo debido a las circunstancias. Menciona al respecto en una carta suya (1-3-1964): “De todas formas veo que Dios me está bajando cada vez más abajo. Ahora me encuentro en el Monasterio desde hace una semana, porque me ha entrado asma, y como el Hisijastirion estaba a 2000 metros de altura, sufrí mucho, a pesar de que me esforcé, era imposible quedarse allí, porque se me detenía la respiración. Aquí en el Monasterio estamos a unos 400 metros como mucho. En el caso de que aquí también siga sufriendo iré a Grecia… De todas formas lo dejo todo a Dios y Él que por naturaleza es bondadoso, que haga lo que es beneficioso para mi psique. De momento no tengo nada seguro”.

 

Finalmente, cuando vio que su estado de salud empeoraba, tomó la decisión de abandonar el dulce desierto de Sinaí con pena, porque deseaba quedarse para siempre allí, “para venerar y alabar a Dios en esta montaña”. Amó el Sinaí, porque allí vivió la verdadera vida eremita. Hasta el final de su vida lo estuvo añorando e interesándose por su provisión y por su resplandor espiritual.

 

Retornando a la Santa Montaña Athos, se encontró en Atenas en una Iglesia con el profesor de la Escuela Teológica, Panagiotis Bratsiotis. Éste se entusiasmó por el asceta, que aunque estaba enfermo, se mantenía de pié durante toda la celebración del oficio litúrgico. Se acercó y le dijo: “¡Ni siquiera ahora te vas a sentar un poco!”.

 

Según el Salmo, “vio la ilegalidad, la discordia y el altercado” (Sal 54,10) de la ciudad de Atenas. El diablo intentó tentarlo, pero no tan descaradamente como en el Sinaí, sino con uno de sus instrumentos. Mientras buscaba encontrar la dirección de una persona conocida, preguntó a uno que le condujo a una casa, la abrió y lo metió allí. ¡Era una casa de prostitutas!. El Yérontas al principio se extrañó. Después  imploró ayuda a Dios, dio una patada a la puerta y se marchó, “líbrate, como la gacela del lazo, como el pájaro de la mano del pajarero”, (Prov 6,5).

 

A 9 EN LA SKITI DE IBIRON

 

9.1 ¿Hisijía o compañía?

 

El Yérontas regresando a la Santa Montaña Athos se dirigió al santificado desierto de Kapsala, un lugar hisijástico, silencioso y ascético cerca de Kariés (capital). Pero como allí no encontró un lugar de reposo, por hacer obediencia a un Yérontas se fue a la Skiti del Monasterio Ibiron, donde encontró el Choza-caseta de los Arcángeles (el certificado lleva la fecha 12-5-1964). Él mismo en una epístola 24-7-64 se refiere en relación: “Por la jaris (energía increada gracia) de Dios he tomado un Choza en la desértica Skiti de Ibiron. Tiene todas las condiciones para una vida hisijasta. De las quince chozas están habitadas sólo siete. Sábado y Domingo hacemos en el Kiriakó (templo principal) sólo Liturgias, en cambio los oficios litúrgicos se hacen en nuestras Chozas. Mi choza tiene la capilla de los Santos Arcángeles. Es una pequeña región con algunos árboles de olivo, pequeño jardín con agua, etc… La casa naturalmente es antigua y estoy haciendo algunos arreglos. Veo que las cosas caminan hacia la dirección de la pequeña hermandad. Es verdad que esto me entristece mucho, porque he vivido solo y me veo a mí mismo que solo podría avanzar mejor. He rogado al Señor no poco, pero veo que esta es Su voluntad. Fui a mi Guía Espiritual padre Ticón, eremita Ruso y me dijo que debo aceptar a los que quieren quedarse conmigo. Lo máximo que tienes que hacer, me dijo, que hagas una choza pequeña al lado para que tengas también un poco de hisijía.

 

»Comencé arreglando la Choza, porque quizá después de poco tiempo vendrían mis amigos, y deberé atenderlos, en la medida que pueda. Me falta de todo. La casa debo arreglarla, pero las cosas tengo que comprarlas etc., hasta que comience algún trabajito manual. He trabajado duramente durante tres meses. Doxa-gloria y gracias a Dios, he arreglado bastantes cosas. Todo esto debe acabar en un año, para que comience la obra principal, la oración y el estudio, después como obra secundaria un pequeño trabajo manual. Así habrá despreocupación, la cual absorberá a los hermanos hacia arriba. El aceite es asegurado por los olivos que tiene y también para la Iglesia. Del jardín recogeremos toda la verdura, hortalizas, como también patatas y judías para el invierno, etc… También hay algunos otros árboles frutales y otros. También hay bastantes sarmientos. Cuando los hermanos hacen un trabajito manual, es para disfrutar y no para que sean absorbidos por el trabajo, entonces pueden encontrarse a sí mismos y después a Dios. El buen Dios que ayuda a los buenos y a los malos, como buen Padre ayudará, esto lo creo. Mucho más si es Su voluntad el hacer algo para Su doxa-gloria y gracia increada.

 

»Más tarde pienso hacer chozas pequeñas cada cien metros para los hermanos, para que estemos todos juntos y todos separados, porque he vivido todo tipo de vidas y he visto que en la hisijía se crea la sedimentación”.

 

9.2 Aspectos de la vida en skiti

 

Entre los padres de la Skiti se distinguía el padre Pacómio, de la compañía del Padre Nilos. Cogía las serpientes y los escorpiones con la mano. El Yérontas nos narraba muchas cosas sobre la sencillez, la virtud y la perfecta obediencia a su Yérontas. Por todas estas cosas Pacómio era muy querido por el Yérontas y siempre le mandaba bendiciones.

 

Algunos fueron a hacer vida monástica cerca del Yérontas, entre ellos también los hieromonjes Basilio y Gregorio, quienes más tarde restauraron el Santo Monasterio Stavronikita, y el padre Basilio se hizo higúmeno. Por un tiempo dispuso su Choza para ellos, hasta que fuese arreglada la suya, y el mismo Yérontas se quedaba un poco más allá en una chocita muy pequeña que había hecho con tablas de madera de castaño.

 

Cada noche hacía incontables genuflexiones y muchos komposkinis. Su obra principal era la oración. Intentaba no ser interrumpida su comunión espiritual con Dios, que fuese incesante.

 

A pesar de su perturbada salud, se esforzaba a sí mismo ayunando hasta agotarse. Y allí donde “se terminaban las baterías” y llegaba al “Amín”, de forma totalmente paradójica recuperaba las fuerzas y continuaba las luchas.

 

Cuando bajaba a Arsaná (puertecito), caminaba descalzo, igual que en el Sinaí. Tenía los zapatos en su mochila y se los ponía cuando de lejos veía alguna persona.

 

Como tallista de madera tallaba con belleza las cruces y los cazos para agua bendita. Con los trabajos manuales se mantenía el mismo y ayudaba donde había necesidad.

 

En la Skiti ayudaba con buena gana a los padres y donde le pedían ayuda corría con alegría para dar reposo a cada uno.

 

Se hizo cargo también de la administración de la Skiti. Ya que realizaba las labores del Kiriakón (templo principal), para no perder la hisijía, dejaba una nota para los visitantes que cuando viniesen tocasen la campanita. Oía la campañita desde su Chozita donde estaba en hisijía, bajaba, atendía a los visitantes y les ofrecía reposo y alivio corporal y espiritual.

 

En este período tuvo lugar también el encuentro con un admirable peregrino, trabajador del puerto del Pireo, que con su oración había resucitado a su suegro blasfemo para que se arrepintiese.

 

Relató también el siguiente acontecimiento el Yérontas: “Una vez vino a la Skiti un cura. Cuando le vi “no recibí información” interior. Con la conversación entendí que era romanocatólico. Entonces le dije severamente: “Que te pongas el gorro, (es decir, el gorro especial que ponen los monjes papistas) y así tienes que visitar a los Monasterios”.

 

»Él como cura romanocatólico, llamado Bonifacio, y como supe más tarde, éste a donde iba se vestía como los monjes que visitaba para engañar. Con los clérigos Ortodoxos Griegos vestía como clérigo Griego Ortodoxo, con los clérigos Rusos como Ruso, etc…”

 

El Yérontas aunque vio que el papista tenía pelos, barbas y sotanas no fue engañado por estas cosas. La divina jaris (energía increada gracia) daba testimonio que en su interior el aparecido cura no tenía sacerdocio ni santidad. “No necesitaba que nadie le diese testimonio del hombre, porque él conocía y conoce muy bien qué había y qué hay en el interior de cada hombre” (Jn 2,25).

 

9.3 Ayuda la psique de un difunto

 

Relató el Yérontas: “En cuanto fui a la Skiti, ya lo supo el tío Atanasio vigilante del bosque del Monasterio Filoteu, y vino a verme. Era conocido mío y me traía unas bendiciones, porque entonces al principio no tenía nada.

»Se lo agradecí y le dije que escribiera los nombres de sus parientes difuntos, para hacer memoria de ellos. Él influenciado por un testigo de Jehová, decía: “una vez muerto el hombre, no queda nada; todo después de la muerte se pierde”.

»No pasó mucho tiempo, y el mismo murió. Cuando lo supe, me fui hasta Filoteu y visité su tumba. Hacía cada día oración del corazón para que Dios dé descanso y alivio a su psique.

 

»Después de veinte días, (de la muerte del tío Atanasio), me enteré que me estaba buscando una persona de Filoteu. Viene revuelto, estaba también el de la junta del Monasterio. “Páter”, me dice, “vino el tío Atanasio el muerto y se me ha quejado diciéndome que me había olvidado de él y no hice nada por él, y me dijo que sólo tú le ayudas con tu oración. Y realmente yo no lo menciono en mi oración. Me hecho miembro de la junta y arreglo el despacho, tengo mucho trabajo, y qué voy hacer ahora, he dejado también mi canon”.

-Eh, ahora haz un poco más.

 

Este acontecimiento reforzó al Yérontas y continuó rezando más para las psiques de todos los difuntos.

 

9.4 Defensa por san Juan Precursor

 

Dijo el Yérontas: “Veía el barranco y sentía un anhelo, un eros divino. Saltaba mi corazón para quedarme allí para más hisijía y oración. Me fui a un responsable del Monasterio Ibiron para tomar bendición y hacer allí una Chozita. Aquel se puso a gritar. ¿Qué os creéis vosotros los supuestos ascetas, etc…”. Pero por la noche se le presenta al responsable San Juan el Precursor, quien es el protector de la Skiti Ibiron y comenzó a golpearle, porque había mostrado desprecio al Yérontas Paísios. Asustado se levantó y se fue a la Iglesia. Pedía persistentemente a los padres interrumpir el oficio litúrgico, hacer una reunión y decirles lo que le había sucedido, porque no estaba en paz. Le dijeron: “no se puede interrumpir el oficio litúrgico, ten paciencia y espera hasta que terminemos”. Luego se reunieron todos y los narró lo que le sucedió. Después este responsable no sólo le dio la bendición para construir su Chozita, sino que le mandó materiales con los mulos. Allí había tanta humedad que goteaba agua por los clavos. Por eso los otros padres también habían abandonado este lugar. Estaba sentado y escupía sangre. Aquello fue la causa de dejar dos pleuras en el hospital. Me había cansado de transportar materiales y construir la Chozita, ¡Pero me sentía con mucha alegría! Sí, era alegría espiritual, pero no una alegría totalmente espiritual. La alegría celeste es otra cosa. Es la energía increada de la divina jaris-gracia.

 

9.5 Apedreamiento diabólico

 

Pasó por la Skiti un pobre con la “pantajusa todas-partes” para pedir limosna. (Pantajusa: permiso escrito, dado por la Santa Comunidad de Athos a un pobre y le permite a uno pedir ayuda económica de los Monasterios, de las Skitis y de las Kelias de Athos). El Yérontas dio todo el dinero al pobre, una cantidad importante para aquel tiempo. Ni siquiera los Monasterios daban tanto dinero. El diablo no soportaba ver al monje “material como inmaterial” y exasperado por la perfecta pobreza, tiró una piedra grande que se incrustó en el techo, por encima de la cabeza del Yérontas!

 

9.6 Comida por un Ángel

 

Nos narró el Yérontas: “Era una temporada de cuaresma o ayuno de la Panaghía, 15 de Agosto, y hacía unos días que no probaba comida. Mientras tanto me dijeron que bajase a la playa un padre (monje) enfermo. Le llevé a la playa y después sentí una tremenda debilidad. Cuando me acercaba a mi Kelia, se presentó alguien delante de mí (era un Ángel) y me dio una cestita con frutos, uvas e higos, e inmediatamente desapareció.

 

9.7 Monje de gran Hábito

 

El Yérontas había conocido al Yérontas Ticón cuando estaba en el Monasterio Esfigmenu. Ahora le hizo su Yérontas. Iba regularmente en su Kelia para verlo y pedir consejos. A menudo le preguntaba el Yérontas Ticón: “¿Cuándo tomarás el Gran Hábito?

-Cuando esté bendecido, Yéronta, no me preocupa para nada esto.

 

El padre Paísios, aunque era muchos años monje, todavía no se había sido ordenado monje de gran hábito. Le interesaba principalmente vivir como monje. No simplemente tomar típicamente el Gran Hábito, sino también la jaris del Hábito. Daba más importancia vestirse interiormente el hábito, es decir, hacer monje al hombre interior. Por eso decía: “A mí no me preocupaba para nada cuándo me haré del Gran Hábito. Incluso si no me hubieran hecho monje no me preocuparía. Me interesaba vivir como monje. Si la psique no se cultiva, no tiene armas interiores, a pesar de que el Hábito es un arma, no ayuda. Porque la mínima desobediencia trae más responsabilidad después con el Hábito. Hace falta gran exactitud. Debemos luchar por cumplir las promesas. Es bueno luchar por cumplir las promesas también antes del Hábito”. No aspiró por sí solo a recibir el Gran Hábito, porque por humildad se consideraba a sí mismo como indigno, y también porque quería ser consecuente con todas sus promesas.

 

Pero ahora, después de las incitaciones de su Yérontas, aceptó ser tonsurado y recibió el Angélico y Gran Hábito de las honoríficas manos del yérontas-Ticón el 11 de Enero 1966, en el Choza del Monasterio de Stavronikita de la “Santa Cruz”.

 

9.8 Operación en los pulmones

 

El Yérontas desde monje joven tenía molestias en sus pulmones. Ya desde que estaba en el Monasterio Esfigmeno escupía sangre y tenía hemorragia interior y por eso fue curado en el Hospital del Monasterio. A continuación durante toda su vida sería fatigado con esta patología.

 

Desde el Monasterio Filoteu fue obligado a salir al mundo para terapia. Esta patología de sus pulmones, que era debida a la falta de oxígeno, fue la causa de abandonar el santo monte Sinaí. Él mismo no sabía qué padecía exactamente. Un médico le diagnosticó equivocadamente tuberculosis, haciendo obediencia se  puso vanamente centenares de inyecciones de estreptomicina. Sus músculos se habían endurecido a tal grado que una vez la aguja se había torcido, pero el Yérontas quedó inmovilizado y como insensible al dolor.

 

El piadoso profesor médico Georgios Daikos fue el primero que hizo una diagnosis correcta de que se trataba de bronquiectasia. “Dios bendiga y perdone al señor Daikos”, decía el Yérontas.

 

Pero su enfermedad continuamente empeoraba. Por eso fue obligado a salir para hacer exámenes médicos, los cuales indicaron que debería operarse con seguridad. La operación se hizo en el Centro de Enfermedades de la Región Norte de Grecia. Le quitaron el pulmón izquierdo casi entero y también le quitaron dos pleuras. El Yérontas, desde de la Clínica Quirúrgica del Hospital, describe en una carta con fecha 10-12-1966 la operación quirúrgica de la siguiente manera: “Era una operación muy seria. Me quitaron un lóbulo de la izquierda, y también un poco de otro. El lóbulo estaba lleno de bolsitas (bronquiectasias). La operación duró 10 horas más o menos. La sangre durante la operación no se detenía y esto dificultaba mucho. Hicieron falta cuatro litros de sangre… Los tubos me los quitaron después de nueve días y sufrí una infección grande y así me llevaron otra vez al quirófano por dos horas y me los volvieron a poner y llevé los tubos encima mío más de veinte días. Me quedó también una discapacidad en los ojos. El ojo derecho ve muy fuerte, en cambio el otro en el que se hizo la operación está más cerrado y su visión es más baja. Esto no me preocupa, porque otros han nacido totalmente ciegos.

»Es verdad que sufro mucho, pero vale la pena para uno pagar incluso sin tener patología y pasar así un tipo de pequeño martirio, porque me he beneficiado mucho.

»Leía el Pazos-Pasión del Señor en la Santa Escritura como una simple historia, como también los Martilogios de los Santos. Ahora los estaré sintiendo, porque he sentido unos cuantos dolores. Llevo veinticinco días en los que no he descansado”.

 

Según el certificado de salida: “Fue hospitalizado en el Centro de Enfermedades Torácicas del Norte de Grecia, Entró 4-8-1966, padeciendo de bronquiectasia del lóbulo inferior izquierdo. Siendo operado, salió en terapia”. Durante la terapia allí en el Hospital del pueblo Asvestojori hizo obediencia a los médicos y comió carne.

 

Entonces murió también su padre carnal 10 de Agosto 1966. Apenas fue avisado, tomo el libro “Horologio” y leyó el “Amomos”, el Salmo 118 (119, “Bienaventurados los perfectos de camino”). Cuando terminó, le dijo un enfermo que acaba de recibir la noticia de que se había muerto un pariente suyo. Y el Yérontas volvió a leer el mismo Salmo.

 

Retornando del Hospital a la Skiti, continuó su diligente lucha. La vida ascética en la skíti con las cosas en común y sus distracciones, encendieron el deseo del Yérontas para mayor hisijía, porque había crecido el número de padres. Pero principalmente como estaba operado, debería necesariamente cambiar de clima y quedarse en un lugar seco. Su Yérontas padre Ticón, le aconsejaba que fuera a Katunakia- “Debería hacer obediencia al Yérontas”, dijo. En 11-7-1967 recibió el certificado de salida y se marchó para Katunakia (parte montañosa sur de Athos).

 

 

A 10 EN LOS DESÉRTICOS KATUNAKIA

 

10.1 En el seco choza de Ipato

 

Gracias, pues, a su amada hisijía y a causa de su salud delicada el padre Paísios viene en Katunakia y se instala en la Choza de Ipato, en el sitio llamado “los Blájikos”, más alto de donde estaban los Danieles.

 

Escribía en una carta suya con fecha 18-9-1967: “…Doxa-gloria y gracias a Dios, estoy muy bien. No me molesta la disnea, porque puedo abrir la ventana día y noche, debido a que no hay humedad. No tengo ni vecino”.

 

Era una pobre Chozita-casita sin Iglesia, con una fuente pequeñita y dos tres pretiles en su región. Unos cuantos metros más allá había también otra Chozita con chapa. Tenía una bendición especial, porque en ella había vivido el yérontas-Efrén Talas (Padres Aghioritas pag 89-90). Allí iba muy a menudo el Yérontas, oraba y sentía la jaris-gracia del lugar. Cien metros más a lo alto había una cueva, antiguamente escondite de ladrones, en el cual había vivido el yérontas-Efrén.

 

La vida en Katunakia era tranquila, sin distracciones y muy pobre. Hacia como trabajo manual la representación de la Crucifixión con la Panaghía y san Juan el Teólogo en un icono de escultura de madera de ciprés. Algunos los vendía para mantenerse, y la mayoría los repartía como “bendición”. También hacía pequeños iconos estampados, estos también los daba como “bendición”.

 

Entonces hizo también la exhumación de las reliquias de su antecesor de esta Choza, el yérontas Ipatos el Rumano.

 

El Yérontas ayudaba en la fiesta de los Danieles. Entre los servidores estaba también un monje de Kafsokalivita, a quien le causó gran impresión un monje desconocido por él (el padre Paísios), que con una gran agilidad servía en la fiesta, lo mismo que podían hacer dos o tres personas juntas, silencioso y orando, sin descansar ningún momento.

 

Una vez tomó el pequeño barco de la línea marítima regular para ir de Dafni a Katunakia. Se acercó a un monje a quien le veía por primera vez, se prosternó delante de éste con humildad y le llamó por su nombre. Era el Yérontas-Gabriel el famoso gran asceta de Karulia. Y aquel se alegró por haber conocido al padre Paísios, porque había oído sobre un asceta que vive en los lugares de Blájica. Con verdadera agapi y familiaridad se sentaron a un lado y conversaron espiritualmente. Más tarde diría el Yérontas Paisios: “El Yérontas Gabriel era realmente un asceta, pero el yérontas-Pedro (Petrakis-Pedrito) tenía algo especial. Tenía una blandura y dulzura espiritual”. En Katunakia conoció también otros padres en altos estados espirituales.

 

La anhelada hisijía del Yérontas la interrumpían los visitantes, como el mismo decía: “Estaba operado cuando retorné a Katunakia y empezó a visitarme la gente. Les atendía tanto tiempo como necesitasen y después los despedía bendiciéndoles y deseándoles que les vaya bien. Ellos se iban y poco después volvían otra vez. “Aquí nos quedaremos esta noche”, me decían. Y yo ahora, que si cocinarles, que si darles cama…. ¡De dónde iba a sacar fuerzas para atenderlos… cuánto sufrí en aquella época! Tenía dolores fuertes y los fármacos no me hacían nada. Pero decía: “doxa-gloria y gracias a Dios que me regaló a mí también el comprender un poco lo que sintieron y sufrieron los santos mártires”.

 

10.2 Camisetas para el asceta

 

El Yérontas llevaba a padres enfermos y ancianitos de avanzada edad “bendiciones” (regalos), ropa y alimentos. Un Yérontas de avanzada edad tenía una nota en la puerta de su kelia: “No me molesten estoy muy viejo y enfermo”. No quería recibir nada de nadie. El padre Paísios le convenció que aceptase las cosas que le llevaba, diciendo:

-Quédate con estas cosas, porque estás enfermo y muy mayor.

Un día visitó al yérontas-Sabas el de Katunakia y le dio unas “bendiciones” (regalos). Al marcharse, le preguntó si tenía necesidad de algo. Le respondió que necesitaba camisetas. En el camino, regresando para su Choza, encuentra a un visitante que venía a verle, y llevaba un paquete para él. El Yérontas lo abrió y quedó admirado por la providencia de Dios. El paquete llevaba camisetas. Regresó inmediatamente y dio las camisetas al yeronta-Sabas.

 

10.3 El endemoniado

 

Relató el Yérontas: “Subía a la Choza cargado con mucho peso. Me encontré con un laico de la ciudad de Tríkala y se ofreció para ayudarme. Pero el pobrecito estaba endemoniado y se cayó al suelo. Le santigüé con la Cruz del komposkini. El endemoniado me cogió de la mano derecha y por poco me la rompe. Entonces tomé el komposkini con la mano izquierda y le santigüé diciendo: “En nombre de nuestro Señor Jesús Cristo, sal de este hombre espíritu impuro”. Inmediatamente se serenó y me pidió perdón. Y añadió el Yérontas con admiración: “El komposkini tiene una gran fuerza, pa! pa! pa!…

 

10.4 “Ha desatado el nudo gordiano”

 

El siguiente es testimonio de un sacerdote anónimo: “En el año 1968 visité al Yérontas como estudiante de teología. Mi gran problema, el cual me ahogaba literalmente, era que había decidido hacer vida sin matrimonio después de una manifestación unilateral y una mala conducción espiritual. Abrí con confianza mi corazón al Yérontas. Me escuchó con atención y al final me dijo: “Escucha, hijo mío; el carpintero con maderas especiales hace los muebles de lujo. Lo mismo el herrero con hierros también hace los muebles metálicos de lujo. Tú debes examinarte muy bien y atentamente a ti mismo de qué material eres. Supongamos que tu eres de madera, en ningún caso puedes ir al herrero, porque con el oxígeno que utiliza te quemará. Si estás hecho de hierro entonces sólo debes ir al herrero”.

»Estaba tan liado y desde aquel momento me sentí aliviado porque el Yérontas con ejemplo sencillo y sabio me disolvió el nudo gordiano (resolvió tajantemente y sin contemplaciones el problema) que me tenía atado años. Me marché lleno de alegría, con la convicción de que hay camino abierto en el horizonte también para mí. Comprobé que podía estar sin culpabilidades sobre la supuesta traición del ideal de la vida sin matrimonio al seguir esto que me manifestó Dios por la boca del yérontas Paísios. La intervención del Yérontas había sido determinante para mi vida posterior.

 

10.5 Su pobreza

 

Un día, mientras el Yérontas estaba sentado en el patio de su pobre Choza seco, percibió que alguien había en el bosque y le vigilaba. Daba la impresión de un hombre que buscaba la ocasión para robar.

 

El Yérontas pensó y dijo en su interior: “Pobrecito tendrá alguna necesidad”. Se marchó inmediatamente dejando la puerta de su Choza abierta. El ladrón entonces entró sin ninguna molestia, pero desgraciadamente para él no encontró nada valioso para llevarse. Sólo un colchón de paja y unas cositas sin valor. Según el Yérontas: “Aunque era un ladrón, un hombre asalvajado, se conmocionó y después le hacía compañía”. Arrepentido pidió perdón, el cual el Yérontas con todo su corazón se lo concedió.

 

10.6 “Yo siempre estoy comiendo…”

 

Una vez le visitó el padre Daniel de los Danieles. Golpeó la puerta diciendo: “Por las bendiciones de nuestros Santos Padres”, y por mucho rato no recibía respuesta. Finalmente el Yérontas abrió. Estaba bañado en lágrimas, tenía en las manos una cebolla y una tostada de pan, y comía. Le preguntó el padre Daniel:

-¿Qué haces, páter Paísios!

– ¿Qué voy hacer? Mira, ¿no lo ves?, como; yo siempre como…

Y mientras estaba diciendo esto, comía cebolla y tostada y sus lágrimas caían sin parar.

 

Por lo visto, estaba en un estado de gran contrición o dilatación del corazón, que no podía parar sus lágrimas. Pero cuando escuchó la voz del padre Daniel, hizo un esfuerzo para sobreponerse a sí mismo, porque debía abrir. Y no pudiendo contener sus lágrimas, hizo este invento con la cebolla. Pero el padre Daniel que nos narró este acontecimiento, entendió de lo que se trataba, y dio esta explicación.

 

10.7 Luz dulcísima

 

En la Katunakia tuvo también experiencias divinas: “Una vez”, relató, “mientras decía la oración del corazón o de Jesús por la noche, vino en mi interior una alegría muy grande. Continué diciendo la oración del corazón y de repente mi kelia se inundó de luz. Era luz blanca con un tono hacia el color azul. Mi corazón latía dulcemente. Continué haciendo komposkini hasta que salió el sol. ¡Era tan fuerte esta luz! Más fuerte que la luz del sol. El sol perdía su resplandor ante esta luz. Veía el sol y me parecía una luz solar pálida, tal como es la luz de la luna llena. Esta luz la veía por mucho tiempo. Después cuando faltó la luz y la jaris (energía increada gracia) disminuyó, entonces no encontraba ningún consuelo y ninguna alegría. Como había recaído de un estado a otro inferior, me veía a mi mismo como a un animal. Iba a comer, a beber agua, a hacer mi trabajo manual y me sentía como un animal.

 

Este acontecimiento lo había olvidado totalmente y lo recordé anteayer, cuando un piadoso abogado que practicaba la oración noerá del corazón o de Jesús me lo recordó, porque aquel vivía un estado…”.

 

El Yérontas no dijo literalmente luz increada la luz que vio, aunque no hay ninguna duda de que se trata de la Luz increada. No lo ha descrito más, sólo añadió: “que uno la ve con los ojos cerrados y abiertos esta luz (increada), incluso por la noche con la oscuridad y por el día con el sol”.

 

Con este tipo de consuelos y súplicas espirituales en el inconsolable desierto de las Katunakias, la divina jaris-gracia increada consolaba al voluntariamente empobrecido y con abnegación ejercitado asceta Paísios

 

10.8 Constitución de Hisijastirio o Monasterio

 

El Yérontas durante el período de su permanencia en el Hospital conectó espiritualmente con algunas jóvenes piadosas y aspirantes a monjas. Le visitaban y le daban sangre cuando hizo falta para su operación quirúrgica. El Yérontas por obligación más tarde las ayudó espiritualmente de muchas maneras. Se sentía tan obligado, estaba como si estuviese vestido con una camiseta de pelo, como decía, y quería quitársela, es decir, corresponder al bien que le hicieron. Por eso las ayudó a encontrar un lugar para hacer vida monástica,  y así ha sido constituido el Hisijastirion (monasterio) de san Juan el Teólogo en Surotí (a 30 km de Salónica). A continuación y hasta su dormición, las dirigía espiritualmente, allí dejó también sus multi-padecida reliquias que tanto padecieron. Recibió sangre de las hermanas y él las dio espíritu, es decir, ayuda espiritual.

 

 

A11 EN LA CHOZA DE LA SANTA CRUZ

 

11.1 En el Santo Monasterio Stavronikita

 

La Santa Comunidad (de Athos) llamó a los hieromonjes Basilio y Gregorio de la Skiti de Ibiron, para que restauraran el Monasterio de Stavronikita que estaba falto de hombres y hasta entonces era idiorrítmico. El Yérontas cuando le preguntaron, les dijo que aceptasen la invitación de la Comunidad y sobre todo les dijo: Vendré yo también para ayudar en lo que pueda”.

 

Así después de un año de permanencia y ascesis en el desierto de Katunakia, el Santo vino al Santo Monasterio de Stavronikita, el 12 Agosto de 1968.

 

Escribe en su carta de 1-10-1968: “…Aprenderéis por el cambio de lugar y de vida. Es decir, del desierto en el Monasterio y perfecta despreocupación a preocupaciones y responsabilidades. Creo que estaréis bendiciendo y deseando que mi espacio de tiempo allí sea corto, para volver a encontrar otra vez el esparcido mí mismo. Naturalmente no podía evitar la movilización. Espero que en primavera estén arregladas las cosas y librarme  para que esté continuamente orando por vosotros, porque ahora con las preocupaciones del Monasterio no puedo hacer ni siquiera mis deberes imprescindibles.

 

Como había grandes necesidades, ayudaba en todos los servicios. Empezaba él primero y seguían los otros. A causa de falta de hombres asumió también los deberes de responsable oficial.

 

El 6 de Noviembre recibió con retraso la carta de libertad del Santo Monasterio de la Gran Laura al que pertenecía su Kelia en Katunakia.

 

11.2 La dormición del yérontas-Ticón

 

Mientras tanto su Yérontas, el asceta ruso padre-Ticón, se encontraba en sus momentos finales de vida. Después de una vida llena de luchas y ascesis se estaba preparando ya para la vida interminable.

 

Los últimos diez días llamó para que esté cerca suyo su obediente (padre Paísios), quien escribe lo siguiente: “Estos últimos diez días, que permanecí cerca de él, fue la mayor bendición de Dios para mí, porque fui muy ayudado, más que cualquier otra vez, ya que se me dio la ocasión de vivir un poco cerca de él y conocerle mejor…  ¡La última noche durante tres horas tenía sus manos sobre mi cabeza, me bendecía y me abrazaba por última vez! (Santos Padres  pág. 35-36).

 

Durmió en el Señor el 10 de Septiembre 1968, ya que había presentido su muerte y había preparado su tumba con sus propias manos.

 

A su buen obediente, “el dulce Paísios”, tal como le llamaba, dejó su bendición y promesa de que le estará visitando cada año. Además le dijo: “Nosotros, hijo mío, tendremos agapi precisa y exacta por los siglos de los siglos”. Deseaba que le sucediera en su Choza y le dijo: “Si tú te quedas en este Choza, yo tendré mucha alegría, pero que sea tal como Dios quiera, hijo mío” (Santos Aghioritas pag 36).

 

Efectivamente, el Yérontas una vez puso en orden una nueva Hermandad, se instaló en la choza de la “Santa Cruz”, (el certificado tiene inscripción del 2-3-1969). Lo consideraba una gran bendición estar viviendo y luchando allí dónde hacía su ascesis su santo Yérontas. El lugar le emocionaba y le inspiraba, porque tenía una jaris-gracia especial por las luchas sobrehumanas de padre-Ticón y los acontecimientos divinos que habían sucedido allí.

 

Liberado ya de las preocupaciones cenobíticas y teniendo como armas la oración del corazón y el ejemplo de su Yérontas, se deleitaba en “su dulce hisijía” y comunión con Dios y bendecía por su propio “anonimato y olvido, como desaparecido,” y por la salvación del mundo. Escribía en una epístola suya 10-4-1969: “Ahora que con la jaris-gracia increada de Dios me he liberado del Monasterio y me encuentro en mi dulce hisijía (que por sí sola es oración mística), os estaré recordando mucho más y me encontraré desde muy lejos muy cerca de vosotros. Orad más bien para que desaparezca y no que aparezca, porque sólo así podré realizar mi destino. Es verdad que cuando desaparezco, entonces me siento a mismo encontrarme más cerca del mundo fatigado”.

 

Pero a pesar de estar desaparecido y enterrado en el “hoyo del padre-Ticón”, se convirtió el polo de atracción para bastantes jóvenes que habían venido a hacer vida cenobita en el Monasterio Stavronikita, para tener la posibilidad de ver y ser aconsejados por el Yérontas. Pronto se aumentó el número de padres y fue un monasterio Kinovio bien organizado. Desde su asceterio se interesaba sobre el camino del Monasterio y sin ruido intentaba dirigirlo a las huellas patrísticas.

 

 

11.3 Su vida en la “Santa Cruz”

 

En el trayecto desde el Monasterio Stavronikita a Kariés (capital), un poco después del santuario de persignación por la parte izquierda del camino, comienza un pequeño sendero. Atraviesa el bosque de árboles bajos como madroños, arias y brezos, sube y baja a un campo irregular y sale a una Choza rodeada de alambrada. Al lado de la puerta había una caja con una rendija como un buzón de correos, y una nota que escribía más o menos lo siguiente: “Apuntad en el papel de lo qué queréis que hablemos y ponedlo dentro de la caja. Seréis más beneficiados por la oración que por la conversación”.

 

Un alambre atado en la parte de arriba del cerco utilizaba para tocar la campañita y avisar al Yérontas. El patio, muy amplio, estaba cubierto de árboles de olivo y algunos sarmientos. Sobre el sendero había un montoncito de madera. Había colocado las maderas de leña allí para que no fuese visto cuando circulaba desde su kelia al taller. Bajando hacia la kelia a la parte derecha, debajo de un olivo había una mesita y dos o tres taburetes provisionales, era Su sala de visitas del verano. A la izquierda estaba la tumba de su Yérontas Ticón, donde el Yérontas había sembrado romeros para que no fuese pisoteada.

 

Tres o cuatro escalones conducían a un pasillo que había antes de la entrada entre la casa y un pretil. Los extremos del pasillo estaban cerrados con puertas de madera para que no hubiese corriente de aire. A la izquierda había una cocina antigua, un sitio en el pretil lo justo para que cupiese una cacerola, y en la parte de abajo un espacio para encender fuego. Había un pequeño cobertizo antes de la entrada a la Choza y el peregrino pasando por la puerta de entrada, se encontraba en una antesala con un paso de ancho y tres de largo que estaba iluminada por una ventanita. Directamente hacia delante estaba la Kelia del Yérontas y a la izquierda la capilla de la Santa Cruz con dos o tres iconos en el templo, un asiento, un analogio, un atril y nada más, ¡Impresionante sencillez”.

 

Unos metros más al oeste de la entrada había otra puerta exterior que conducía a su taller y a la sala de visitas; una pequeña y pobre kelia con el techo bajo y camas muy estrechas, entre ellas había poca distancia, entre las cuales apenas cabía un hombre de pie.

 

La pequeña Choza de la “Santa Cruz” no tenía muchas posibilidades de hospedaje y el Yérontas con su hisijía característica y con discernimiento, hospedaba a alguno cuando creía que era necesario. Escribe en su epístola 21-12-71: “Tengo toda la libre buena voluntad de hospedaros con toda mi hospitalidad en mi Choza de gitano y así puedo ser todo vuestro, no la mitad del Paísios sino entero. Cuando queráis, no tengáis ninguna duda (porque si percibo que dudáis entonces me entristecerá). Sólo que ahora en invierno, mi Choza acepta sólo a uno. Desgraciadamente mi Choza no está de acuerdo con mi corazón.

 

En la parte oriental de la Kelia había una cisterna con agua de lluvia que se concentraba por el tejado con canalones. De este bebía y ofrecía también a los visitantes. Más allá había otra cisterna abierta más grande para regar, que nunca la usó, porque no cultivaba el jardín.

 

Exteriormente la vida del Santo en el Choza de la Santa Cruz era más o menos de la siguiente manera: desde la noche temprano dormía dos o tres horas y se despertaba  cerca de la medianoche. Hacía vigilia y descansaba un poco por la mañana, antes del amanecer del día. Durante el día, si no tenía visitantes, hacia trabajo manual: pequeños iconos estampados y Cruces en la prensa mecánica. El resto de las horas estudiaba, oraba y respondía a las múltiples cartas que recibía de multitud de personas y le suplicaban para orar por ellos o pedían respuesta a problemas serios. Escribía por muchas horas durante el día y cuando oscurecía continuaba con una vela. Con el paso de los años los visitantes aumentaron mucho. Le ocupaban muchas horas los problemas de ellos. Escribía: “Estaba resfriado con fiebre. Los visitantes por una parte me subían la fiebre, pero por otra parte no me dejaban morir, porque no tenía tiempo”.

 

Se encontró en un dilema: ¿permanecer allí o ir otra vez a Sinaí o a cualquier otra parte para tener hisijía? No se apresuró, hizo oración para no hacer lo que le dicte su “cabeza”, y vio que la voluntad de Dios era permanecer allí. “Tal y como indican las cosas aquí me arreglaré con mis dificultades… Dentro de unos días valló el terreno con alambrado de red”. (Fragmento de la carta 9-5-1975).

 

Pero las cartas que recibía cada vez se multiplicaban más. Por eso durante el año 1977 decidió no responder, excepto a casos urgentes y serios. Se lo comunicó a algunos y fueron informados también los demás. Explicaba en relación: “Yo, supongamos, empecé para ser monje. Pero veo que esto me extravía de mi propósito”. Pero no cesó de orar para los que le enviaban cartas. Al contrario, limitó la correspondencia para que le quedase más tiempo para la oración, por la que consideraba también como la mayor ofrenda del monje para el mundo.

 

Además, su vida simplificada en grado inimaginable, le daba la posibilidad de dedicar casi todo el tiempo a las cosas espirituales y a los que tenían necesidad espiritual.

 

Por un espacio de tiempo, dos veces a la semana (miércoles y viernes), permanecía encerrado. No abría a nadie. Ayunaba y hacía un trabajo espiritual más refinado para sí mismo. Tenía también una Chozita muy pequeña improvisada en el bosque hacia la parte del torrente, cubierto con láminas cerca de una pequeña fuente de agua, y algunas veces se retiraba a esta para mayor hisijía. Después de su encierro y ausencia tomaba las notas de los visitantes y hacía para ellos oración del corazón.

 

Habitualmente participaba en la Divina Liturgia y comulgaba en el Monasterio. Pero a veces por temporadas también lo hacía en su ermita donde se celebraba la Divina Liturgia o de vez en cuanto iba a otras Kelias para participar en la Liturgia.

 

Recogía olivas y algunas veces con una almajara o molino de aceite antiguo y original de invención y fabricación propia de él, producía aceite para los candiles de la Iglesia. Y daba también olivas a ascetas pobres y ancianitos de la Skiti Kapsala. Los visitaba para beneficio propio y los ayudaba en lo que podía.

 

Con preparaciones de comidas no se ocupaba, excepto, rara vez, si tuviera algún hospedado. Una vez había hospedado a un joven conocido suyo. Se puso a cocinar, machacó unas lentejas, puso también un poco de arroz en la cacerola, puso el agua adecuada puso a quemarse un tronco de brezo y otras hierbas secas que abundan en la región. Se sentaron al lado y conversaban. El joven creyó que el Yérontas fue absorbido por la conversación y se había olvidado de la cocina. Pero al poco rato la comida estaba hecha. No hizo falta ni removerla. Tan sencilla su manera de cocinar.

 

Hicieron oración con komposkini. El joven en la Capilla y el Yérontas en su Kelia donde leyó también el Zeotokarion. Después puso la mesa invitándole a comer y no paraba de aconsejar e instruir al joven con agapi paternal. La comida estaba hecha sin aceite pero muy sabrosa. Le impresionó su serena contrición, cuando dijo la oración de antes comer en la mesa. Se concentró en sí mismo como si se hubiese apartado de las cosas terrenales y como si se hubiese transportado delante de Cristo. Después de la cena salió para dar de comer a los animales salvajes que los llamaba por su nombre.

 

Durante la puesta del sol hicieron una hora de oración con komposkini aparte en el patio y después el Yérontas, una vez que acomodó al visitante en la sala de visitas, se retiró a su kelia.

 

En esta choza tan pobre de la Skiti Kapsala se ejercitaba el Yérontas. “En fosa honda o muy baja”, pero con forma de autogobierno muy alta, con oración incesante, solo con Dios y alimentado con Su jaris (energía increada gracia). Muy pobre en materiales y comodidades, pero rico en virtudes y divina jaris. Se fundía a sí mismo en la ascesis y aliviaba espiritualmente a cada persona. Sufría con dolor y pena por el dolor y los pecados de los hombres y a la vez los trasfundía alegría y consuelo. Combatía con los demonios, conversaba con los Santos, alternaba con animales salvajes y ayudaba a los hombres espiritualmente, tal y como se representará más abajo con  acontecimientos  y testimonios.

 

11.4 “Luz en sus caminos”

 

Relató el Yérontas: “Me encontraba en un Monasterio (Stavronikita). Era muy tarde. Saliendo encuentro fuera de la puerta del Monasterio a un laico que quería hablarme. Avanzando comenzó a contarme sus problemas. El tiempo pasaba y estaba enfermo. Era de tal tipo la enfermedad que no podía estar en pie ni sentado para descansar. Mientras me hablaba, pues, se pasó el tiempo y se hizo de noche. Pensé por un momento mi enfermedad y quise interrumpir la conversación, pero me dije: “¡El hombre tiene tantos problemas y yo me voy a mirar a mi mismo!”. Así continuó hablándome hasta que se hizo totalmente de noche. El laico tenía donde dormir, en alguna Kelia conocida suya. Mientras tanto, la puerta del Monasterio se había cerrado.

 

»Una vez que terminamos, tomé el camino para ir a mi Choza. Entré por el senderito y pasaba por un punto que es estrecho y brusco. Cuando llegué a este punto, como no veía y no llevaba conmigo linterna, caigo dentro de unos matorrales y de zarzas y me enganché en los matorrales. No veía nada y calló en mi cabeza la mochila. En la posición que me encontraba pensé: “¿Qué hago? Pues, voy hacer las vísperas”. Empiezo “Santo Dios, Santo Fuerte…” etc. ¡Y en un momento se enciende una luz muy fuerte y mi cabeza se hizo como una lámpara! ¡A mi alrededor se hizo de día! Entonces vi dónde me encontraba, escalé y salí. La luz continuaba iluminando a mí alrededor. Mi corazón estaba lleno de gozo y deleite celeste. Llegué al Choza, tomé la llave del sitio que lo había dejado, abrí, entré en la Iglesia, encendí los candiles y entonces la luz retrocedió”.

 

11.5 Apoya a un monje nuevo

 

El yérontas aghiorita Nikolaos Trigonás refiere: “Al yérontas-Paísios me dio tiempo de encontrarlo en el Monasterio Stavronikita. Era Octubre de 1968 cuando fui allí. En el Monasterio salmodiaba y ayudaba en todas partes. Después se marchó al Choza del ruso yéronta-Ticón.

 

»Cuando tenía tentaciones me iba a Stavronikita y le veía. Me decía: “Oraré”. Tenía gran franqueza en su oración. Por tres o cuatro días me quedaba tranquilo. Otras veces yendo hacia su Kelia, apenas llegaba al torrente, se marchaban las tentaciones.

 

»Quiso que me quedara con él durante un mes hasta que retornase mi Guía Espiritual-Pnevmatikós, páter Pablo Zisakis. Cada noche, a media noche que se levantaba, ponía su despertador para tocar tres veces. Decía la oración del corazón o de Jesús, se olvidaba y su nus era arrebatado. Después, una vez que había sonado el despertador, me despertaba a mí también y me llamaba a la Iglesia para el oficio litúrgico. Él decía el exápsalmo (seis salmos) y el resto del oficio lo hacía con el komposkini. Hacía muchas genuflexiones. Por la mañana bebíamos infusión. El Yérontas trabajaba en la prensa mecánica. Yo cocinaba. Entonces no venía mucha gente. Un día vinieron tres monjes romanocatólicos a preguntarle sobre la oración del corazón o de Jesús. Me dijo que les hiciese unos espaguetis. Los invitó a comer y después hablaron.

»Yo también le preguntaba sobre la noerá  oración del corazón. Me decía: Intenta decir la oración del corazón y ella te enseñará.

»Una vez me mandó a una Kelia para un trabajo. Tardé en regresar, y por eso venía a buscarme, porque se había inquietado y por el camino rezaba. Yo nada más verle desde lejos me escondí en unos madroños. Cuando se acercó vi su rostro resplandeciendo intensamente. Después volvió a su estado normal.

»Un día fue a Stavronikita, participó en la Divina Liturgia y comulgó. Cuando volvió, le abrí la puerta y vi sus ojos muy resplandecientes en la oscuridad.

»Otra vez hice una travesura y sin yo decirle nada, me dijo:

-Vete y arrodíllate a la tumba del Yérontas (padre-Ticón).

-¿Qué he hecho?, le dije.

-Tú sabes, me respondió

 

»Después de años en el funeral del diácono-Dionisio Firfirí había visto el rostro del Yérontas resplandecer. Era una forma de santo”

 

11.6 Pescado enviado de Dios.

 

Nos narró el Yérontas: “Era el Domingo del Ciego.* Me sentía agotado y se me pasó el loyismós que si tuviera algo de comer, si tuviera un poco de pescado, me iría muy bien. No por deseo, sino como medicamento. Tenía problemas en mis intestinos. Salí fuera al patio. Volviendo vi un pájaro grande como un  águila, volando muy bajo y me incliné para que no me tocara. Me asusté no vaya ser que fuese alguna tentación del demonio, por eso no lo di importancia y entré rápidamente en mi Kelia.

»Al poco rato tuve que salir fuera. En el mismo sitio en que me había inclinado vi colear un pescado grande. Primero me santigüé haciendo la señal de la cruz, agradecí a Dios y después tomé el pescado. ¿Pero después de esto tienes ganas de comerlo?

 

Para acordarme del acontecimiento y memorar siempre la providencia de Dios, pintó muy bien en la madera vertical de su cama un águila teniendo en sus uñas un pescado grande. También en el Pentecostario*, del Domingo del Ciego, en el margen derecho del libro había apuntado el acontecimiento, pero más tarde lo tachó (por humildad para que no fuese conocido). Pero obligatoriamente – porque no podía ser de otra manera ya que se cortarían los troparios de la página de atrás- permaneció el siguiente trozo, en el cual tachó algunas palabras, para confundir el significado, que con dificultad se leyeron:

 

Es decir: Doxa-gloria y gracias a Dios (a los que) oran (y envía caridad o misericordia (sin ruido con los) pájaros de Dios a las criaturas de Dios (las palabras entre paréntesis están tachadas).

 

11.7 Aparición de san Arsenio

 

El 21 de Febrero de 1971 el Yérontas estaba sentado en el patio de su Choza y leía el manuscrito de la vida de San Arsenio, que había escrito primero él, para marcar posibles faltas.

 

“Faltaban dos horas para que el sol se pusiera”, escribe, “y mientras estaba leyendo, me visitó el padre Arsenio; y tal como el maestro acaricia a su alumno que ha preparado bien la lección, lo mismo hizo él también. Paralelamente me dejó en el corazón una dulzura inexpresable y un deleite celeste que era imposible aguantarlo. ¡Corría por aquí y por allá en el terreno de mi Choza, porque creía que le encontraría!” (San Arsenio, pag 27).

 

Le conmocionó la aparición del Santo. Él mismo hizo el dibujo con lápiz y las hermanas del Monasterio de Surotí hicieron el icono del Santo. Pero tal y como mencionó el Yérontas: “El primer icono no se parecía mucho al Santo. Después me quedé encima de sus cabezas todo el tiempo y las decía haced así y así, de esta manera tenéis que hacerlo”. Y se hizo conocido el icono de san Arsenio que atribuye plenamente a sus características.

 

El Yérontas creía firmemente en la santidad de san Arsenio. A pesar de esto dijo que no pusieran aureola* en su icono ni lo puso en el santuario con los otros iconos de los Santos, sino en la parte de abajo. Cuando le preguntaron que por qué no lo pone en la parte de arriba, respondió: “Si quiere que suba solo”. Es decir, que se active o se energice para hacerse su santificación.

 

Igual hizo también sin aureola su mitra de acero en el torno con la que hacía iconitos estampados del Santo. Y en su libro sobre la vida del santo puso como título:”El padre (no el santo) Arsenio el Capadocio”. Esperaba primero que fuera reconocido por la Iglesia como Santo y entonces puso la aureola en su icono y en su mitra, y ya escribió “San Arsenio”.

 

Antes del reconocimiento oficial había apuntado en su diario personal Mensual el 28 de Octubre en el dialecto de Fárasa lo siguiente:

Hoy, el 10-11-1924 con el nuevo calendario y con el antiguo 28 de Octubre, ha dormido el Hieromonje Arsenio (Jatzifentís) de Fárasa de Kesaria. Que tengamos su bendición. Monje Paísios.

 

11.8 El yéronta-Ticón y la tentación

 

Escribe el padre Paísios: “El día 10 de Septiembre de 1971 por la noche, después de medianoche, mientras decía la oración del corazón, veo de repente al Yérontas (padre-Ticón) entrando en la Kelia! Salté y le cogí de las piernas y las besaba con devoción. Pero no entendí cómo se me escapó de las manos y, mientras se iba, le vi entrar al templo, y desapareció”. (Padres Aghioritas pag. 37)

 

Una vez pensaba ir al Monasterio (Stavronikita) para comulgar. Aquel día pasó mucha gente para verle y no tenía tiempo para hacer sus laborares espirituales y prepararse como quería. Por eso estaba en duda, si debería ir a comulgar.

 

En aquel momento ve delante de los escalones a uno parecido al padre-Ticón frunciendo el ceño y moviendo negativamente la cabeza, diciéndole: “No vayas a comulgar”.

 

El Yérontas, aunque tenía en cuenta la promesa del padre-Ticón de que le visitaría, inmediatamente entendió que la aparición del padre-Ticón impidiéndole la Divina Comunión era el diablo, y le contestó: “Vete, tú no eres mi Yérontas, y después bajó al Monasterio y comulgó”.

 

11.9 En la isla Tino

 

Un año, en vísperas del Quince de Agosto, tomó el barco para ir a venerar a la Panaghía de la Isla Tinos. En la cubierta había visto mujeres que estaban tumbadas semidesnudas tomando el sol y se entristeció. Pensaba: “Cómo han decaído tanto las imágenes de Dios”. Se apartó del ambiente y se concentró en sí mismo. Hizo oración del corazón con dolor diciendo: “Dios mío, manda una lluvia para que se recojan”.

 

En poco rato se juntaron las nubes y estalló una lluvia fuerte con el resultado que las mujeres se vistieron y después entraron al interior.

 

Veneró con devoción el icono de la Anunciación  y regresó inmediatamente, no se quedó. Después decía a uno: “Una cosa te diré y entenderás. El icono de la Panaghía está totalmente vivo”.

 

En el barco se encontró con el arzobispo Jerónimo y conversaron sobre la situación de la Iglesia.

 

11.10 El silencio de los pájaros

 

El hieromonje Cristódulos Kapetas, yérontas de la sub-skiti san Eleuterio de Santa Ana, relató: “Oíamos sobre el padre Paísios que hablaba con animales, que cogía serpientes con las manos, pero yo personalmente no las creía estas cosas. Consideraba que son palabras de la gente y se decían estas cosas para que el Yérontas se hiciera famoso y adquiriera fama su nombre. Cuando acabamos los estudios de la escuela de Athoniada 1971, principios de Junio, con un hermano espiritual llamado Kostantino Litra de la ciudad de Katerina, visitamos al Yérontas en su Kelia de “Santa Cruz”. Llegamos allí por la mañana, alrededor de la 9,30 y el Yérontas nos recibió en el lugar de visitas del patio, junto al olivo. Una vez que nos invitó a un higo, dos o tres avellanas y agua a cada uno, empezó hablándonos de varios temas espirituales.

»En aquella región había muchos pájaros, principalmente jilgueros, los cuales cantaban y eran cansinos. Nos dificultaban en la conversación. Entonces en un momento escuchamos al Yérontas decir: “Descansad (no dijo callad) benditos, ya que veis que estoy conversando. Cuando yo acabe, entonces empezad vosotros”. Automáticamente los pájaros “descansaron” sin moverse de sus sitios.

»Tanto nos impresionamos de este acontecimiento, que después no podíamos seguir la conversación.

»Esto fue también una respuesta mística para mí personalmente, que tenía esta duda sobre el Yérontas. Que me perdone por decirlo después de su dormición y pido su bendición”.

 

11.11 El engañado

 

Le visitó un monje que había caído en el engaño. Había puesto una regla en sí mismo de no beber nunca agua. El engaño es una cosa terrible y difícilmente se sana uno de esto. Pero el Yérontas con discernimiento encontró la forma para ayudarlo. Relató: “Le invité a un mantecado y agua”. Me dice: “Yo no bebo agua”. Entendí su engaño y le digo: “Yo no te digo que bebas todo el vaso. Si quieres bebes sólo un trago”

 

»Sabía lo que sucedería, por eso tenía también el cubo lleno de agua.

»Efectivamente eso fue todo. Desde el momento que tomó el vaso para beber sólo un trago, bebió de golpe todo. Después pidió otro y otro vaso de agua con manía, como si se estuviese quemando, hasta que al final casi bebe todo el cubo”

 

La regla que el engañado se había puesto a sí mismo provenía de la soberbia y naturalmente aceptaba también ayuda de la energía demoníaca por su hazaña egoísta. Apenas hizo obediencia y se humilló, frenó la influencia demoniaca y ya no podía cumplir la regla que se había auto-impuesto.

 

11.12 Compadeciendo con el enfermo

 

El padre Atanasio de Stavronikita, en el mundo Eutimio Skliris hijo de Nicolaos y de Eutimia, nació en Corinto el 1930. Estudió Derecho y se encontró en el Sinaí con el Yérontas, donde había ido para ordenarse monje. Le siguió a la Santa Montaña Athos y finalmente acabó en el Santo Monasterio Stavronikita 2-12-68. Era monje de gran hábito, responsable jefe y representante del Monasterio. El Yérontas le amaba especialmente, porque hacía obediencia. Atanasio se enfermó y fue ingresado al Hospital Laico de Atenas. Por los exámenes médicos se comprobó que tenía extensas metástasis pulmonares provocadas por un tumor, que para la reducción del mismo se había sometido anteriormente a la extracción de un ojo. Se acumulaba líquido alrededor del pulmón y se le daban continuas punciones, tenía dificultades respiratorias y a veces un persistente sentimiento de ahogo. Cuando el Yérontas fue informado del estado del enfermo, decidió viajar a Atenas por solidaridad con él.

 

El señor Panagiotis Drositis, presidente honorífico de los Fiscales, que tuvo la bendición de hospedar al Yérontas en su casa, menciona: “El Yérontas llegó tarde por la noche a mi casa y preparé para su estancia una parte independiente de mi piso, de modo que pueda moverse cómodamente, sin sentirse que está molestando. Mi dormitorio, se separaba de la habitación que concedí al padre Paísios con una puerta corredera de vidrio, algo que él no había percibido, y así sin quererlo, hasta que me cogió el sueño, compartí una gran parte de la persistente oración que hacía a Cristo y a la Panaghía para el enfermo padre Atanasio, pidiendo su terapia y sanación. Aquella noche el padre Paísios debió haber tenido un avistamiento, porque el día siguiente hablaba de la marcha del padre Atanasio como si se le hubiera dado respuesta clara en su persistente suplicante oración que había precedido por la noche. Por la mañana del día siguiente el Yérontas se mostró sorprendido y aparentemente turbado, cuando le dije que había dormido en la habitación de al lado, como si no quisiera que se hiciese conocer lo que sucedió y lo que se escuchó en aquella noche. La misma mañana fuimos al Hospital donde se encontró con el padre Atanasio y comenzó el trabajo espiritual con los enfermos y con la gente que circulaba por centro terapéutico. Vio a los médicos, fue informado sobre el estado de salud del padre Atanasio y aconsejó a los terapeutas que dijesen con todo detalle y verdad la seriedad de su estado de salud. Inicialmente el padre Atanasio sabiendo sobre las realidades de su enfermedad se quedó pensativo y entristecido. Pero no tardó, con el contacto con el Yérontas y el apoyo espiritual que le endosó, volver a tomar ánimo y de moribundo transformarse en predicador de la vida, a pesar del continuo empeoramiento de su salud.

 

»Mientras tanto la presencia diaria del padre Paísios en el Hospital convirtió los pasillos, las escaleras y las salas en verdaderos centros terapéuticos de psiques, a los cuales acudían médicos, enfermeras, enfermos/as y mucha gente saludable físicamente para tomar la bendición, refuerzo y solución de sus problemas. La agapi del Yérontas era ofrecida ricamente a todos que acudían a él, pero el mismo también buscando encontraba casos para ofrecer su agapi.

 

»Recuerdo al Yérontas estar ofreciendo lo que tenía a pobres enfermos. Incluso preocuparse sufriendo y orando por una chica joven que era de moral desordenada  y aliviándose a continuación por la información que tenía de que esta criatura de Dios al final seguiría el camino correcto.

»Por la noche tarde regresó a casa, después de un día entero de cansancio y fatiga, continuando muchas veces viendo a personas que no le podían ir a ver al Hospital. No recuerdo ningún día que haya manifestado su cansancio y su fatiga. Al contrario estaba bien alegre con su conocido humor. He guardado una de sus gratificantes  notas que diariamente me dejaba para agradecerme y para mantenerme en una atmósfera de alegría.

»Cuando ya el Yérontas se aseguró de que el enfermo se había afianzado y avanzado en la fe, a pesar de sus padecimientos corporales, convertido en un sobreiluminado predicador de la vida, el cual apoyaba y alegraba también a otros enfermos de su sala, de otras salas y también a los visitantes de ellas, se marchó de Atenas, pero sin parar de comunicarse con él con cálidas cartas que le mandaba a través de mí. He salvaguardado la última carta que no encontró estando vivo. Tenía en el interior de su carta también la fotografía del Yérontas Ticón. La dormición del padre Atanasio fue expiada y santificada.

»Durante la llegada de los restos mortales del padre Atanasio al puertecito del Monasterio Stavronikita me decía el padre Paísios que era tan serena y alegre su figura, de modo que si el padre Paísios no hubiese sentido vergüenza de los que allí estaban, clamaría con alegría y doxología al bueno de Dios”.

 

El padre Atanasio durmió en el Señor la fecha 6-5-1972. En relación a su dormición relató el Yérontas: “El padre Atanasio había enfermado antiguamente con melanoma. Estaba lleno, pero vivió años y últimamente se hizo metástasis en los pulmones y le volvieron a llevar al Hospital. Durante un mes me quedé allí cerca en la casa de un conocido mío y le visitaba dos veces al día y le veía. Sabía que iba a morir; tuve un avistamiento y el día de su dormición dije que éste hoy va a morir. Y después le trajeron al Monasterio. Cuando le vi me entristecí. Era tristeza por las cosas pasadas, por los años que habíamos vivido juntos. Por los años que nos separaríamos hasta que me fuese yo también. Y cuando le besé por última ven en la cabeza, me sonrió. Sí, para consuelo. Lo permitió Dios».

 

11.13 El olivo y las sotanas

 

En aquella época, más o menos en 1972, se discutía el tema de cambio de vestimentas de los clérigos y algunos querían tomar la bendición del Yérontas para quitarse las sotanas o las vestimentas eclesiásticas. Uno de ellos visitó al Yérontas y sostenía: “Las sotanas no hacen al cura. Es preferible que los clérigos circulen sin las sotanas, porque así se acercan más fácil a la gente” y otras tonterías semejantes. El Yérontas no consiguió convencerlo. Al final le dijo: “Ven mañana y te responderé”.

 

Por la noche hizo oración y por la mañana que vino el clérigo, le indicó un árbol de olivo que había pelado adrede. Dejó en las puntas del árbol algunas ramitas recortaditas y se parecía el árbol de una manera como los clérigos sin sotana que sólo tienen un poco de barbilla. Le preguntó: “¿Te gusta así tal como está pelado el árbol de olivo? Así son también los clérigos sin hábitos o sotanas. El sacerdote se convenció y se marchó agradeciendo al Yérontas que con un ejemplo simple le hizo expulsar todas sus percepciones y razones mundanas.

 

Encima del tronco del olivo pelado marcó con el cuchillo: “Los árboles tiraron sus vestimentas, veremos sus progresos…” y “«πα­πᾶς papás-cura ἀ­ρά­σω­τος arásotos-sin sotana, ἄ­ρα-ara por lo tanto ἄ­σω­τος ásotos-pródigo, insaciable».

 

Naturalmente después el árbol se secó. Pero se convirtió en causa de beneficio para muchos y en general el Yérontas de esta manera elocuente representativa contribuyó  de modo que quedasen sin resultados estas tendencias contra-tradicionales.

 

Un candidato a clérigo con buena intención le preguntó después de años: “¿Cuál es el motivo por el que los clérigos deben ir con sotanas?”. Y el Yérontas le respondió: “Hay muchas razones. Pero sólo porque los hombres piadosos son aliviados y reposados cuando ven a su sacerdote con la sotana, basta”.

 

11.14 En Fárasa

 

Cuando escribía la vida de san Arsenio, “su corazón ardía” por visitar su pueblo Fárasa de Capadocia, y Dios le hizo digno de hacerlo. El 29 de Octubre del año 1972 visitó el pueblo en que había nacido, con el entonces Higúmeno del Santo Monasterio Stavronikita, padre Basilio.

 

Además de las cosas destacables del viaje que escribe en la vida de san Arsenio, el Yérontas se refiere también a otros detalles interesantes.

 

Durante el camino pararon en un pueblo y pidieron algo de comer. Se juntó casi todo el pueblo y miraban por las ventanas. Antes de comenzar a comer el Yérontas dijo al Higúmeno que alargasen la oración estando de pie. Se santiguaban continuamente y decían oraciones. “Hicimos el canon entero”, decía el Yérontas sonriendo, “porque quizás algunos de ellos fueran cripto-cristianos, para que se alegrasen un poco los pobres”.

 

A los turcos que preguntaban cuál era el propósito del viaje, respondía la verdad, que su origen es Fárasa. Un policía le consideró como sospechoso y le detuvo. Le encerró en un lugar con cercos, cerró improvisadamente la puerta y se marchó. Pasaban las horas y no venía nadie para interrogarle. Después el Yérontas propuso al Higúmeno buscar un taxi y se marcharon. En Fárasa le dolió su psique cuando vio la Iglesia en que celebraba la Divina Liturgia san Arsenio convertida en mezquita. Vio una imagen de su pueblo muy distinta de la que le describían sus padres. El de otros tiempos pueblo majestuoso, ahora estaba lleno de ruinas, suciedades y abandonado. Los turcos le acompañaban a todas partes, no le dejaban solo ni un momento. Le miraban intranquilos y con sospecha. Esto naturalmente mostraba que los lugares no eran suyos.

 

Retornaron a través de Ankara a Constantinopla. El Yérontas veneró conmocionado en Santa Sofía. Se reunieron en una esquina y oraban espiritualmente con dolor del corazón. Lo percibió el vigilante turco y empezó a gritar y a amenazarle, porque “Kemal dijo que ni vosotros ni nosotros podemos orar aquí”. Entonces el Yérontas, no pensando en el peligro, fue afectado de celo divino y comenzó hablar fuerte con la voz alta al vigilante turco. Le condujo detrás de una columna, donde había visto orina; se lo enseñó al turco y con indignación le dijo: “¿Qué es esto? ¿Kemal os dijo hacer estas cosas?”.

Cuando el Yérontas comentaba estas cosas añadió con certeza: “Vendrá la ira de Dios y los recogerá…”

 

Visitaron el Monasterio de Χώ­ρα-Jora y se quedó maravillado por los excelentes mosaicos: “Allí uno ve la jaris desbordada”, dijo. En el Patriarcado le recibieron con honor, devoción y alegría ante la visita de un monje asceta aghiorita. Fue impresionado por la humildad y la paciencia del Patriarca Demetrio ante un acontecimiento que sucedió

 

11.15 La psique infernada

 

Relató el Yérontas: “Una anciana conocida mía era muy tacaña. Su hija era muy buena y lo que quería dar como caridad lo echaba fuera por la ventana y salía con las manos vacías, porque la controlaba por si acaso se llevaba algo, y después se lo quitaba y no se lo daba. Pero si la decía que el monje (es decir, yo) me ha dicho que me des tal cosa, lo daba.

»Después de su muerte de 10-7-71 veo a un joven (sería su ángel de la guarda) y me dice: “Ven porque te llama la…”. No puedo entender lo que me había sucedido y nos encontramos en Kónicha delante de una tumba. Hace así con su mano y se abre la tumba. Veo en el interior una capa de fango y a mi conocida anciana, que había comenzado a fundirse y gritar: “Monje sálvame”.

 

»Me dolió y me apené de ella. Sin darme asco, bajé al interior, la abracé y la preguntaba: “¿Qué tienes, qué te pasa? Me dice: “Dime una cosa: ¿lo que tú me has pedido siempre, yo no te lo he dado alegremente bien dispuesta? “Sí, así es”, la respondí. “Vale”, la tranquilizó el joven (su Ángel de la guarda).

»Hizo otra vez así con su mano y volvió a tirar la tumba como con una cortina y me encontré otra vez en mi Choza.

»Las hermanas del Monasterio de Surotí me preguntaron en concreto 30-11-1971: “Qué te sucedió el día de san Andrés? Respondo: “Haced oración por esta psique”,

»En dos meses la veo otra vez. Había un caos y arriba en una llanura había muchos palacios y muchos hombres. Allí arriba estaba la anciana muy alegre. Su rostro resplandecía, era como de un niño pequeño; sólo tenía una marca muy pequeña y un angelito que la frotaba para limpiarse también esta marquita.

»En la profundidad del caos he visto algunos que estaban fatigados y golpeándose intentaban subir arriba.

»La abracé de la alegría. La llevé un poquito más allá, para que no nos viesen y fuesen heridos; y me dijo: “Ven y te indico dónde me ha puesto el Señor”.

 

11.16 La santa Efimía

 

El Yérontas estaba en el patio de su Choza, cuando le visitó un hijo espiritual suyo. Estaba repitiendo continuamente de su corazón: “Doxa-gloria y gracias a Dios”, otra vez y muchas. Por un momento el Yérontas le dijo: “Uno se hace inútil en el buen sentido”.

-¿ Quién, Yérontas?

-Estaba sentado tranquilo en mi kelia, vino y me volvió loco de alegría. Arriba lo pasan muy bien.

-¿Qué sucede, Yéronta?

-Te lo diré, pero no lo digas a nadie.

Entonces le relató lo siguiente: “Había vuelto del mundo, que había salido por un tema eclesiástico. El Martes  27 de febrero de 1974, a las 10 de la mañana, estaba dentro de mi kelia y hacía las Horas. Oigo un toque en la puerta y una voz femenina me dice: “Por las bendiciones de nuestros santos Padres…” Pensé: “Cómo es que ha venido una mujer dentro de la Santa Montaña Athos? Sin embargo sentí una dulzura divina en mi interior y pregunté:

-¿Quién es?

-La Efimía, me responde.

»Pensaba, “cuál Efimía; no vaya ser que alguna mujer ha hecho alguna locura y vino con ropa de hombre en la Santa Montaña. Vuelve a tocar. Pregunto: ¿Quién es? Responde otra vez: la Efimía. Pienso y no abro. A la tercera vez que tocó, se abrió sola la puerta, que tenía puesto el cerrojo por dentro. Escuché pasos en el pasillo. Salté de mi kelia y veo una mujer con pañuelo. La estaba acompañando alguien que se parecía al Evangelista Lucas, el cual desapareció. A pesar de que estaba seguro de que no era una tentación o del diablo, porque resplandecía brillantemente, la pregunté quién era:

– Me responde: La Mártir Efimía.

-Si eres la mártir Efimía, ven conmigo y veneremos juntos a la Santa Trinidad. Lo que yo voy hacer hazlo tú también.

»Entré en la Iglesia, y hago una prosternación diciendo: “En nombre del Padre”. Lo repitió con prosternación. “Y del Hijo”, “Y del Hijo”, dijo con una voz fina.

-Más fuerte. Para poder oírlo, dije y lo repitió más fuerte. »Mientras aún estaba en el pasillo hacía prosternaciones, pero no hacia la Iglesia sino hacia mi kelia. Al principio me había extrañado, pero después me acordé que tenía un pequeño icono de papel con la Santa Trinidad pegada encima de una madera, encima de la puerta de mi kelia. Una vez que hubimos venerado por tercera vez, -“Y del Espíritu Santo”- después dije: “Ahora te voy a venerar también yo”. La hice una reverencia desde los pies a la altura de su nariz. Tocarla o besarla a la cara lo consideré descarado.

 

»Después la Santa Efimía se sentó en el taburete y yo en un baúl pequeño y me resolvió la duda que tenía sobre un tema eclesiástico.

»Después me narró su vida. Sabía que existe una santa Efimía pero no conocía su vida. Cuando me relataba sus martirios, no simplemente los escuchaba, sino que era como si los viera. ¡Me horroricé! ¡Pa, pa, pa!

-¿Cómo has aguantado este tipo de martirios?, la pregunté.

Si yo supiera la doxa-gloria (luz increada) que tienen los Santos, haría lo que fuera posible para sufrir aún mayores martirios.

»Después de este acontecimiento durante tres días no podía hacer nada; me sobresaltaba y glorificaba continuamente a Dios. Ni comer ni nada de nada… continuamente doxología”.

 

En una de sus epístolas refiere: “En toda mi vida no podré saldar mi gran obligación a la santa Efimía, la cual, mientras que me era desconocida y sin tener ninguna obligación hacia mí, me hizo este gran honor…”.

 

Narrando este acontecimiento añadió con humildad que se le había presentado la santa Efimía, “no porque lo merezco, sino porque en aquel momento me molestaba mucho un tema que tenía relación con la situación de la Iglesia en general, pero también por otras dos razones”.

 

¡Le impresionó mucho al Yérontas “cómo ella de pequeña estatura y delgada aguantó tantos martirios! Si por lo menos fuera alguna…daba a entender fuerte y grande de cuerpo. Era un trocito…”.

 

Dentro de este estado paradisíaco, compuso en honor de la Santa Efimía un canto o himno versificado: “Con qué cantos alegres cantaremos a la Efimía, la que se hizo digna bajar de lo alto y visitar en su casa al miserable monje en la Skiti Kapsala. La tercera vez tocando la puerta la cuarta se abrió sola y entrando con la doxa celeste, la Mártir de Cristo, la veneramos junto con la Santa Trinidad”.

 

También versificó otro himno durante “Los alumnos reunidos…”, que empezaba: “Gloriosa Megalomártir de Cristo, Efimía, te amo mucho mucho después de la Panaghía…” (Naturalmente no los tenía para utilidad litúrgica ni los salmodiaba públicamente).

 

A pesar de su costumbre de no salir, salió otra vez al Monasterio Surotí e hizo a las hermanas partícipes de esta alegría celestial. Con la ayuda de él, las hermanas pintaron e iconografiaron a la Santa tal y como se le había aparecido.

 

El Yérontas realizó una obra artística con el negativo de la imagen de la Santa Efimía en una mitra con la que hacía pequeños iconos en la presa en honor de la santa Efimía. Durante el tallado encontró dificultad en hacer los dedos de la mano izquierda. Dijo: “Me ha costado hacer su mano pero después puse un loyismós bueno y dije: “Quizás es porque yo la había agobiado a la pobrecita”.

 

En el Martilogio del Mineo o Libro Litúrgico Mensual, el 27 de Febrero añadió: La Santa Efimía Εὐ­φη­μί­α

 

11.17 El “Olet”

 

El Yérontas acostumbraba a salir a un sitio más alto que su Choza en una cima pequeña para orar con el komposkini. Allí venía un pájaro con cuello rojo, del cual el Yérontas se hizo amigo y le dio el nombre de “Olet”, que en la lengua Beduina quiere decir niño. Cuando lo llamaba por su nombre venía enseguida, se sentaba en su hombro y después comía pan de la palma de su mano. Cuando el Yérontas se marchaba le dejaba comida encima de una placa. Debajo de esta tenía un almacén de alimentos, un bote con arroz y otro con trigo.

 

Narró el Yérontas: “Cinco años tengo amistad con el “Olet”. Una vez que había enfermado no comió la comida que le había dejado, sino que vino a ver cómo me encontraba. El pobrecito me conmocionó. Entienden y perciben las disposiciones y los ánimos de los hombres y según éstas se acercan. Ellos por Dios suyo tienen al hombre. Por eso el hombre debe amarlos, porque estos pobres no esperan otro paraíso.

 

11.18 ¡Oración por los demonios!

 

El corazón del Yérontas se desbordaba de agapi hacia Dios; ardía “por los hombres, los pájaros, los animales y los demonios y por toda la creación” (San Isaac el Sirio, Logos 81). Estas cosas las leía de san Isaac el Sirio pero él mismo también vivía situaciones similares.

 

Mencionaba: «Una vez oraba por los demonios arrodillado teniendo mi cabeza tocando la tierra, diciendo: “Tú eres Dios y, si quieres, puedes encontrar una forma para que sean salvados también estos miserables demonios…”

» Mientras decía estas cosas orando con dolor, veo una cabeza de perro a lado mío sacando la lengua y burlándose de mí. Quizás Dios permitió para enseñarme que Aquel quiere salvarlos, pero ellos no se arrepienten.» (Epístolas pag 84. Allí el Yérontas se refiera a un monje, pero se trata del mismo Yérontas).

 

11.19 Tentaciones demoníacas

 

Dijo el Yérontas: “Más que cualquier otra cosa el diablo no quiere que oremos. Cuando ve a uno que está orando, si no puede impedirlo, intenta por lo menos desviar el nus de este en fantasías o en loyismí. Si esto tampoco lo consigue, entonces incluso se presenta el mismo, única y exclusivamente para sacarte aunque sea un poco de la oración. Mira, una vez estaba allí fuera, al lado de la tumba del padre-Ticón. Mientras decía la doxología con prosternaciones cuando llegué al pasaje “en tu luz contemplamos la luz”, de repente una luz fuerte como un faro se esparció e iluminó toda la zona. Iluminó hasta abajo en la Kaliagra. Entendí que esta luz era demoníaca y no le dí importancia. Continué sereno sin perturbarme en la oración.

 

»Una vez que el diablo haya visto que no me había perturbado por la luz, hizo otra cosa. Unos metros a la izquierda se presentaron ante mí dos diablitos, más o menos un metro y medio de altura, y jugaban y tocaban entre ellos las palmas, los pies y se reían. Entonces no pude contenerme; me estallé en risas. Un cine real. ¿Has visto lo que hace la tentación? No le hice caso por la luz y mandó después los diablitos.

***

Una noche mientras dormía, sintió que alguien le empujaba diciéndole: “Despiértate, tienes que hacer  tu canon, la hora ha pasado. Pero, quién puede ser a estas horas”, pensó en su sueño. Se despierta y ve a lado suyo el diablo y le dice:

-Ah, ¿eres tú?

Y giró tranquilamente hacia la otra parte, despreciándole. La tentación no paró y continuó:

-Sí, pero la hora ya se ha pasado; debes hacer tu canon.

-Yo sé cuando haré mi canon; no hace falta que mandes tú en mi oración.

 

11.20 Sale sano de los disparos

 

Otra vez le sucedió lo siguiente, tal y como el mismo relata: “Escuchaba desde muy profundo disparos de artillería. Tomé el komposkini y subí a una pequeña cima, para ver mejor, si habían comenzado la guerra. Estaba apoyado en una roca y decía la oración del corazón o de Jesús. En un momento ví un resplandor e inmediatamente caí al suelo”. ¿Qué había sucedido? Un cazador desde la distancia había visto al Yérontas y le confundió con un jabalí. Giró su arma y disparó hacia él. El Yérontas vio el arma que brilló al sol y como un rayo cayó al suelo y se salvó. El diablo que se alegra por las guerras y los combates, parece ser que no quería que el Yérontas orara por la paz de la Patria. Y otra vez recibió disparos de un cazador, mientras estaba orando en el bosque, pero otra vez Dios lo protegió.

 

11.21 Visita inolvidable

 

Testimonio de un anónimo de la ciudad de Volos, nos dice: “Un equipo de seis personas fuimos a la Santa Montaña para encontrarnos con el padre Paísios, el año 1974, una semana antes de la entrada de los turcos en Chipre. Entonces el Yérontas no era tan famoso. Seguimos por un sendero estrecho lleno de matorrales y nos encontremos en una Choza. Vimos a un ancianito con una vieja sotana desgastada cavando en la tierra. Uno de nuestra compañía le preguntó:

-¿Dónde está el Yérontas Paísios?

-Aquí está, nos responde.

»Nos abrió la puerta, entramos y veneramos en la Ermita. Cuando salimos vimos al monje más arreglado. Aquel que había preguntado la primera vez, volvió a preguntar de nuevo:

-¿Dónde está Paísios?

-Vosotros habéis venido aquí para encontrar una sandía grande y habéis encontrado una calabaza.

»Entonces todos entendimos que estábamos ante el padre Paísios.

»Nos sentamos debajo de un olivo, unos en las piedras y otros en la hierba. Lo que sucedió a continuación es indescriptible. La conversación era un banquete espiritual. Tenía la respuesta espiritual más adecuada e iluminada a nuestras preguntas y dudas.

»Después de una conversación de una hora dentro de los matorrales apareció una serpiente enorme. Debería ser “Dendrokaliá” (nombre serpiente grande sin veneno). “Serpiente”, gritó uno de nuestra compañía y saltó inmediatamente arriba tomando una piedra en su mano. El Padre Paísios nos tranquilizó, diciéndonos: “No lo molestéis, este viene hacerme compañía”.

»Se levantó, tomó una latita, la llenó de agua, y le dijo el Yérontas. “Ahora vete, porque tengo visita”. Inmediatamente la serpiente obedeciendo se perdió en las hierbas tal como había venido. Nosotros nos quedamos anonadados. Lo que sentimos no se puede describir. Este acontecimiento y la conversación han sido marcados en las profundidades de nuestra psique.

»Pero lo más impresionante de nuestro encuentro fue que el Yérontas no constató proféticamente los acontecimientos que siguieron con la entrada de los turcos en nuestro Chipre. Esto lo comprobamos plenamente unos cuantos días más tarde, cuando vimos que habían sido realizadas todas estas cosas exactamente tal y como nos las había profetizado.

 

11.22 Ve una psique

 

La noche del 1 de Junio de 1975, mientras estaba orando, vio la psique del yérontas-Filareto el Rumano de la kelia san Andrés en Kapsala del Monasterio Stavronikita, como si fuera más o menos un niño de doce años, con la cara iluminada y dentro de la luz increada celeste subiendo hacia el cielo.

 

El día siguiente se confirmó que en aquella hora reposó este Yérontas, “el amigo de la virtud”.

 

11.23 El Jorgito de Tíbet

 

«Vino a la Santa Montaña de Athos y circulaba por los monasterios uno a quien sus padres desde los tres meses lo habían metido en un monasterio budista en el Tíbet. Progresó mucho en el yoga, se hizo mago perfecto, podía llamar a cualquier demonio que quería. Tenía cinturón negro y sabía karate perfectamente. Con la fuerza del Satanás hacía demostraciones que impresionaban. Golpeaba con su mano piedras grandes y las rompía como nueces. Podía leer libros cerrados. En su mano rompía avellanas, se caían al suelo las cáscaras y los frutos quedaban pegados en su mano.

 

Algunos monjes llevaron a Jorgito al padre Paísios para que le ayudara. Preguntó al Yérontas, qué fuerzas tenía y qué podía hacer. Respondió el padre Paísios que no tiene ninguna fuerza sino que toda la fuerza es de Dios.

 

El Jorgito queriendo mostrar su fuerza concentró su vista en una piedra grande que estaba a una distancia y la piedra se hizo pedazos. Entonces el Yérontas santiguó una pequeña piedra y le dijo que rompiera también esta. Jorgito se concentró, hizo sus magias, pero no consiguió romperla. Entonces comenzó a temblar y las fuerzas satánicas que creía que tenía, al no poder romper la piedra, se volvieron contra él y le despidieron arrojándole a la otra orilla del riachuelo. El Yérontas lo recogió en un estado deplorable.

 

“Otra vez”, relató el Yérontas, “mientras  estábamos conversando, de repente se levanta, me toma de las manos y me las dobló hacia atrás. “Que venga si puede a liberarte el Jatzefentís (san Arsenio)”, me dijo. Lo sentí como una blasfemia esto. Moví un poco las manos y saltó más allá. ¡Después como reacción saltó por lo alto y fue a pegarme con su pie, pero su pie frenó cerca de mi cara como si hubiese encontrado un obstáculo invisible! Dios me protegió.

»Por la noche acepté que se quedara aquí, le hospedé y durmió en la Choza. Los demonios le arrastraron hasta al riachuelo y le pegaron por su fracaso. Por la mañana en muy mal estado, lesionado, lleno de pinchos y tierra, confesaba: “Me ha pegado el Satán, porque no pude vencerte”.

 

Convenció a Jorgito de que le llevase sus libros de magia y los quemó. “Cuando vino aquí”, relató el Yérontas, “tenía el libro de la Salomónica. Voy a quitárselo y no me lo daba por nada. Tomo una vela encendida y le dije: “Levanta un poco tu pantalón” y le puse la vela encendida en su pie. “Voceando pegó un salto hacia arriba por el dolor. “¡Eh, si la llama de una vela pequeña no puedes soportarla, cómo vas a soportar el fuego del infierno con estas cosas que haces!”»

 

El Yérontas le tuvo un tiempo consigo y le ayudó, siempre que le obedeciese. Se compadeció tanto de él que le dijo: “Podría por este joven dejar el desierto y salir con él al mundo para ayudarlo”. Se interesó por saber si estaba bautizado, y sobre todo en qué Iglesia había sido bautizado. Jorgito conmocionado por la fuera y la jaris (energía increada gracia) del Yérontas, deseó hacerse monje pero no pudo.

 

El Yérontas utilizó este caso de Jorgito para demostrar cuán grande es el engaño de los que creen que todas las religiones son iguales, de que todas creen en el mismo Dios y que los monjes tibetanos no se diferencian de los monjes Ortodoxos.»

 

11.24 En Australia

 

En el año 1977, después de una invitación de la Iglesia local, visitó Australia junto con el Higúmeno del Santo Monasterio Stavronikita, el padre Basilio, para ayudar espiritualmente a los compatriotas de la Iglesia Ortodoxa.

 

Nos relató: “Volando con el avión por un momento sentí algo en mi interior. Pregunté para saber sobre qué país estábamos volando y era Siria. Tiene mucha Jaris (gracia energía increada) a causa de los grandes ascetas que han vivido en los desiertos. Lo mismo sentí también por Tierra Santa.

»Más tarde sentí una frialdad, una radiación demoníaca y escuché los altavoces del avión anunciando que estamos volando por encima de Pakistán.

»En Australia sentí que aquel lugar aún no se había santificado con la sangre de los martirios y sudores de los santos, pero será santificada».

 

Fue hospedado en Melbourne por el bienaventurado padre Ioani Limogiani. El día que preparaba a la gente para el misterio de la Confesión, la hija del padre Ioani, Déspina, recuerda: “era un hombre sabio; conocía tus problemas antes de que hablases con él. Todo su cuerpo desprendía fragancia y perfumaba, y la habitación donde estaba. Mi enfermiza madre me decía: “Tenemos un santo en nuestra casa que la bendiga. Cuando camina no escuchas sus pasos. Es un ángel sin alas. Tiene la divina Jaris (energía increada) en su cara. Desde el día en que vino a nuestra casa, me siento completamente bien. Le pongo toallas limpias y no las utiliza. Tiene una toallita suya pequeña con la que limpia su cara y a pesar de esto desprende fragancia y perfume.

»Nos aconsejaba que fuéramos humildes, que oremos y pidamos del buen Dios que solucione a nuestros problemas. Que no intentemos a solucionarlos solos porque nos liaremos más. Mi madre guardó como amuleto la manta con la que se tapaba el Yérontas. Cuando estaba enferma se cubría con ella y sentía la jaris increada de Dios abundantemente sobre ella.»

 

El padre Esperidón, responsable del templo San Nectario de Melbourne, el que trajo al Yérontas con su coche, menciona el siguiente milagro: “Un paisano mío, Dionisio Spiliotis del pueblo Argostoli de la isla Kefalonia, que entonces tenía 30 años, casado y con dos hijos, sufrió un derrame cerebral. Los médicos dijeron que no iba a vivir, y que se quedaría como un árbol. Fuimos con el Yérontas al Hospital Real de Melbourne donde estaba hospitalizado el enfermo. El Yérontas le santiguó muchas veces sobre la cabeza con una concha que llevaba en su interior reliquias sagradas de San Arsenio de Capadocia, e hizo muchas oraciones. El enfermo, ante la sorpresa de los médicos y de los parientes, en pocos días volvió a casa sanado, estaba totalmente bien y vive hasta hoy en día en la región de Drommana de Melbourne.

 

El de entonces Protosínguelo -Canónico del Obispado y ahora higúmeno del Santo Monasterio de la Panaghía Pantanasa, archimandrita Stéfano, menciona: “El paso del memorable Yérontas por Australia fue sin ruido, y esto porque entonces para la mayoría de la gente era un desconocido. Aquello que más me llamó la atención fue el siguiente acontecimiento: Una tarde junto con el Yérontas visitamos un pequeño templo. Le dejé dentro del templo y me fui a la sala de al lado para un trabajo. Después de haber pasado sólo unos pocos minutos, retorné al templo donde había dejado al Yérontas. No estaba allí. Lo llamé por su nombre. Ninguna respuesta. Repetí dos o tres veces y otra vez silencio. Me inquieté. Vuelvo a llamar ahora con casi todas mis fuerzas. Después de un rato le veo saliendo detrás de los últimos asientos del templo, como si viniese de otro mundo…

 

Conclusión: en un breve espacio de tiempo se había entregado por completo espiritualmente en la oración. Las características de su cara se veían alteradas. Estaba como si hubiese salido de otro mundo que conocía muy bien y en un tiempo mínimo tenía la capacidad de ser arrebatado y transportado por la oración. Naturalmente el tema quedó sin comentarios tanto de mi parte como de la suya. Entonces entendí su valor espiritual, quién tenía a mi lado en aquel momento y la magnitud de su altura espiritual. Que tengamos su bendición. Nos amaba. Le sentimos muy cerca de nosotros. En mi canon o regla hago oración en su nombre”.

 

Un hombre heleno de Australia  relató que el Yérontas salía del Altar de una Iglesia y una mujer fue a pedir su bendición. La hizo señal con la mano para que se marchase, la echaba. Preguntó sorprendida:

-¿A mí me lo dice, Yéronta?

-Sí.

-¿Por qué, qué es lo que hice?

-Vete primero y reconcíliate con tu prima y después vuelve a venir.

Realmente se había enfadado con su prima y no se hablaban entre ellas.

 

El Yérontas recalcó la necesidad de construir un monasterio, para ayudar espiritualmente a los hombres, antes de que se adelantasen llegasen los Yogui y los Pentecostales y arrastrasen la gente con sus falsas luces.

 

Su paso por el lejano Continente hasta hoy en día ha dejado huellas imborrables a los Helenos Ortodoxos. Decía un sacerdote de Australia: “Sentíamos como si hubiera bendecido y santificado los cuatro puntos cardinales del horizonte. Justificadamente los Cristianos que le conocieron respetan su memoria, su nombre e imploran su jaris-gracia increada y su ayuda.»

 

11.25 El visitante nocturno

 

Un poco tiempo después de su regreso de Australia sucedió lo siguiente, tal como nos ha narrado el Yérontas: “Una noche escucho golpes en la puerta. Pregunté, ¿quién es?, y escucho una voz: “soy el tal” (el nombre de un conocido mío). Preguntó: ¿qué hora es?. Y sólo por sí mismo respondió: “Ah, sí, son la tres12”. Miro mi reloj y realmente eran las tres. ¡Abrí la puerta y qué veo! Era el diablo. Estaba calvo y muy feo. Su cara era roja como hierro ardiente. Me dice enfadado: “Por el mal que me estás haciendo, te expulsaré de aquí”. Después desapareció y el lugar se inundó de un olor insoportable”.

  1. (La hora tres con horario Bizantino. Es decir. Más o menos a las nueve de la noche. En la pared del pasillo el Yérontas marcó este detalle: “Hora 3”. Y al lado tenía una flecha que seguramente indicaba dónde estaba puesto el diablo.

 

Tanto le dolió al Yérontas por su penuria, que por bastante tiempo después, refiriéndose a este acontecimiento, gemía profundamente y decía moviendo tristemente su cabeza: “¡Cómo se vuelve uno cuando se aleja de Dios! ¡La criatura más bella de Dios, cómo ha resultado ser tan miserable! Si el mundo supiera qué sucio es el diablo, todos le despreciarían y no harían pecados.” Era tan repelente la cara del diablo, que el Yérontas decía que los que van al infierno, si fuera posible, por lo menos que no vean su cara.

 

11.26 Aparición de Cristo

 

El Yérontas relató al hieromonje G.: “Sentía una dificultad para orar a Cristo. La Panaghía la tengo como madre. La santa Efimía lo mismo. La clamo: “santa Efimita, mía”. Pero a Cristo sentía una dificultad. Su icono le besaba con temor; y cuando en el momento que decía la oración del corazón mi nus se dispersaba y se desapegaba de Cristo, no me preocupaba. “¿Quién soy yo, para tener continuamente mi nus en Cristo?”, pensaba. Y me sucedió esto que te voy a decir:

 

»Era la noche de la fiesta de san Juan el Precursor, y amanecería siendo el día de san Karpos. (El 26-5-1977). Me sentía muy ligero, como una pluma. No tenía ninguna gana de dormir. Pensaba: “Me voy a sentar ahora para escribir algo sobre el yérontas-Ticón y mandarlo a las hermanas”. Hasta las 8,30, escribí sobre los “Aghioritas” unas treinta páginas. Aunque no tenía sueño, me dije que voy a estirarme un poco, porque sentía un cansancio en los pies.

»Comienza a amanecer. A la novena hora (las 6 de la mañana horario mundano) no me había dormido. En un momento como si se hubiera perdido la pared de mi Kelia (al lado de la cama, hacia el taller). Veo a Cristo dentro de la luz increada, a una distancia de seis metros más o menos. Le veía desde la parte lateral. Su pelo era rubio y sus ojos azules. No me habló. Me miró un poco así de reojo, pero no a mí exactamente.

»No veía con los ojos corporales físicos. Estos si están abiertos o cerrados no hay ninguna diferencia. Veían los ojos de la psique-alma.

»Cuando Le vi, pensé: ¿Cómo pudieron escupir esta cara? ¿Cómo pudieron -los sin temor a Dios, los blasfemos- tocar a una cara tan bella? ¿Cómo pudieron poner los clavos a este cuerpo? ¡ohhh, oohhh, ohhhh!

»¡Me quedé anonadado! ¡Qué dulzura sentía! ¡Qué deleite! No puedo con palabras mías expresar esta belleza. Es esto que dice: “El Bello para los hijos de los hombres”. Esto fue; no había visto nunca imagen Suya así de este tipo. Solo una vez –no me acuerdo dónde- se parecía algo.

»Valdría la pena para uno luchar mil años para ver esta belleza sólo por un momento. ¡Cosas y realidades más grandes e indecibles es posible que sean regaladas al hombre, y con qué cosas tan ínfimas nos ocupamos nosotros!

»Creo que es un regalo que me hizo el yéronta-Ticón. No se lo cuentes a nadie. Me lo he pensado mucho en contártelo a ti también. Ves tanto rato no te he hablado, sino ahora que te vas te lo digo». (Estas cosas fueron dichas el 28 de Mayo del 1977).

 

Después de dos días cuando volvieron a encontrarse, el Yérontas dijo. “Toda la noche estaba llorando porque te lo he dicho. No tengo miedo de que vayas a contarlo. Pero yo me he perjudicado”. Este hecho lo sintió también una hermana del Monasterio Surotí y escribió al Yérontas: “Tal fecha del mes, tal hora… El resto nos lo va a decir usted”. Y realmente, más tarde, cuando salió fuera, les narró y sobre todo lo describió y agiografiaron a Cristo exactamente tal y como le vio.

 

11.27 Carreteras y coches

 

Durante el año 1977 estaba en una fase delicada el tema de los coches en la Santa Montaña Athos. Entre los padres había desacuerdo. Unos apoyaban la idea de permanencia y el uso de los coches, porque prestaban un servicio y hacían ganar supuestamente tiempo para la oración y otros creían que era para el bien de la Santa Montaña, para que no sea perdida la hisijía y alterada la fisionomía espiritual, se debe detener la apertura de carreteras y los coches que salgan de la Santa Montaña. El Yérontas estaba de acuerdo con los segundos. Tomó la posición y hablaba con franqueza y precisión. Decía: “Si quieren estas facilidades, pues, que se vayan a algún monasterio del mundo y dejen de estropear la Santa Montaña. Es menor el daño que pierdan ellos su virginidad, castidad, en vez de estropear a este lugar virgen.  Quieren hacer también una carretera en la cima y que cruce toda la Santa Montaña. ¡Por Dios, qué es esto, no pueden entenderlo! Es como, si dijéramos, de una manera tirar un hachazo a la columna vertebral de Athos. Si continúa esta situación, ¿después qué será? Muchos con los coches estarán rondando en toda la Santa Montaña para hacer turismo y algunos venderán hasta refrescos y bocadillos. Y la Santa Montaña que se santificaron los Santos Padres con sus luchas se convertirá en un auténtico manicomio…”. Después de un corto silencio añadió: “Pero la Panagía no dejará que sea destruido su Jardín…”.

 

Muchos representantes llegaban hasta su Choza para pedir consejo. El Yérontas más allá de sus propias persistentes y dolorosas sugerencias, actuó para que fuese compuesto un texto prohibitivo contra las carreteras y los coches. Lo firmó junto con otros respetados y sobresalientes  yérontas y monjes Aghioritas. Finalmente la Santa Comunidad decidió delimitar el tráfico de coches dentro de las fronteras de cada Monasterio. Pero desgraciadamente la situación no cambió, más bien, empeoró. Al final, cuando ya no le hacían caso, decía con tristeza: “Los responsables darán cuentas a Dios. Basta que uno no esté de acuerdo con ellos y no se convierta en el causante”.

 

En aquel tiempo regresaba del mundo en un período invernal. El autobús por las muchas nieves no bajó a Dafne. El coche de un Monasterio llevó a los pasajeros. La mayoría eran padres. Todos subieron al coche e intentaban convencer también al Yérontas para que subiese, pero en vano. Salió sólo caminando y le siguió también un joven. En la espalda llevaba un saco con bastante peso. Estaba agotado y tenía mucho frío, mientras que no cesó de caer nieve por el camino. No consiguió llegar hasta su Kelia, pero muy tarde por la tarde llegó a Kariés donde pasó la noche. Sufrió toda esta fatiga y cansancio para no incumplir por obra lo que había sostenido con logos o palabra.

 

Esta posición suya la mantuvo hasta el final de su vida. Vale la pena señalar que el último día antes de su salida de la Santa Montaña se encontró en la fiesta de la Kelia de san Cristódulo con fecha de 21-10-1993, junto con sus conocidos padres. Cuando fue invitado, por alguna causa que le vino, giró la discusión y atacó con dureza no acostumbrada las carreteras y los coches que querían poner en el ascético Monte Athos. Era de una manera una forma de dejar marcados fuertemente sus últimos legados y sellar así su fe o creencia.

 

11.28 Predicción

 

Testimonio del señor Apóstoles Papajristos, teólogo y cantor salmista de la ciudad de Agrinio: “Por primera vez visité al Yérontas el 12 de septiembre del 1977 en su Kelia “Santa Cruz”. Apenas me vio, naturalmente sin conocerme, me dijo: “Bienvenido Apóstoles”.

»En enero de 1979 le visité otra vez. Aquel tiempo se había comprometido mi prima con un joven y le pregunté si era el hombre adecuado para una familia correcta.

»Entonces el Yérontas dijo: “Este hombre no va a progresar nunca, porque ha perjudicado a una psique. A una joven que la había prometido casarse con ella la abandonó, y ella por su tristeza intentó suicidarse. Finalmente no murió pero se quedó paralítica. Si no pide perdón por las cosas que ja hecho no progresará nunca.”

 

»Realmente hasta hoy en día, a pesar de sus esfuerzos, no consiguió crear una familia y conseguir algo en su vida.»

 

11.29 Icono resplandeciendo

 

Era de noche, víspera de San Artemio, 19 de octubre 1978. El Yérontas estaba orando arrodillado. Por encima de su almohada tenía un icono de papel dentro de una bolsa de plástico, copia del icono de Cristo, tal y como se le había aparecido. En un momento vio una luz por encima de su almohada que se movía de un lado a otro como una linterna móvil y comprobaron que la luz resplandecía del icono. Lleno de celeste deleite por mucho rato la abrazaba y la tocaba con devoción, y otra vez relucía. Este fenómeno admirable continuó por muchos días. Un monje Aghiorita la reverenció después de ocho días y fue el testigo presente de esta luz increada sobrenatural. Finalmente este icono reluciente se lo regaló a uno para su consuelo espiritual.

 

11.30 El Santo “muy injustamente perjudicado”

 

Sentado en la acera fuera del Monasterio de Stavronikita, el Yérontas conversaba con los peregrinos. Un teólogo de academia sostenía que el abad Isaac el Sirio era Nestoriano. Desgraciadamente repetía las conocidas percepciones occidentales.

 

El padre Paísios intentaba convencerlo de que no sólo es ortodoxo sino También Santo, y que los Logos Ascéticos de él tienen mucha jaris y fuerza, pero vanamente insistía. El teólogo insistía obstinadamente en sus opiniones. El Yérontas se marchó para su Choza tan entristecido que lloraba y oraba.

 

Cuando avanzó un poco y llegó al punto donde está el gran plátano, “algo le sucedió”, como dijo, sin querer explicar qué era exactamente esto. De acuerdo con un testimonio había visto en visión el baile de los santos Padres pasando delante de él. Alguien de ellos se detuvo y le dijo: “Soy el Isaac el Sirio. Soy muy ortodoxo. Realmente había en mi región la herejía del Nestóreo, pero yo la había combatido”. Nos debilitamos en asegurar o rechazar la credibilidad de este testimonio. De todas formas no hay duda de que “este algo que le sucedió” al Yérontas, era un acontecimiento sobrenatural que le informaba claramente de las realidades sobre la ortodoxia y la santidad del abad Isaac.

 

Los “Logos Ascéticos” de San Isaac, el Yérontas los tuvo en su almohada durante un período de seis años; era su única lectura espiritual. Tomaba un pasaje y todo el día continuamente lo repetía en sus nus, lo estudiaba y meditaba profundamente y prácticamente, “igual que los animales rumian su comida”, según su expresión. Repartía como bendición algún pasaje de los logos de San Isaac para incitarlos al estudio de sus logos. Creía que ayudaba mucho el estudio de los “Logos Ascéticos” de San Isaac, “porque dan a entender el sentido más profundo de la vida de uno, y también cualquier tipo de complejo grande o pequeño que tenga el hombre que cree en Dios, le ayuda a expulsarlo. El breve y preciso estudio del abad Isaac altera la psique por la multitud de vitaminas que contiene”.

 

Aconsejaba también a los laicos leerlo, pero poco a poco para poder asimilarlo. Decía que el libro del abad Isaac vale toda la biblioteca patrística.

 

En el libro que leía debajo del icono del Santo que en su mano mantiene una pluma y escribe, apuntó: “Abad mío, dame tu pluma para subrayar todo tu libro”. (Es decir, vale la pena ser subrayado el texto entero).

 

No sólo lo estudiaba el Yérontas, sino también  lo tenía mucha devoción y particularmente le honraba como Santo. Encima de la pequeña mesa de comer en la Skiti Panaguda donde se había instalado más tarde, de los cinco o seis iconos que tenía, uno era de san Isaac el Sirio. Por la agapi y la devoción que tenía hacia este santo, dio su nombre a un monje cuando le concedió el gran hábito. La memoria del santo la festejaba el 28 de septiembre junto con vigilia de toda la noche que la puso él mismo. En una de estas vigilias fue contemplado dentro de la luz tabórica increada, sobreelevado y alterado. Antiguamente que se celebraba la fiesta con San Efrén el Sirio, había añadido el Yérontas en el Mineo (Mensual) de Enero, en la fecha de 28, lo siguiente: El 28 fiesta de san Efrén el Sirio y del gran hisijasta Isaac el Sirio por el que se comete injusticia.

 

11.31 Multitud de demonios

 

Relató el Yérontas: “Estaba sentado en mi kelia cuando escuché sonar la campanita. Miré por la ventana y qué he visto! Un maestro “Gurú” de magia negra que le estaba acompañado por un grupo de demonios ¡Ahh, qué asco! El hombre, imagen de Dios, está bien que tenga un demonio, ¡pero tener un ejército de demonios! No abrí la puerta. ¡Para qué los iba abrir, para perder el tiempo!”

 

Después cuando el Yérontas se fue al Monasterio, los padres le hablaron sobre un visitante raro, pero él no dijo nada.

 

11.32 Apología de la serpiente

 

Visitaron al Yérontas unos Pnevmatikós-Guías Espirituales que están en el mundo y ellos le preguntaban de qué manera deben afrontar a los confesados. Querían aplicar sin discernimiento exactitud y severidad, cumpliendo al pie de la letra los cánones, sin tener en cuenta la metania de ellos. El Yérontas decía que se debe comportar con clemencia y agapi a los hombres, Aquellos insistían. Entonces les dijo que incluso a las serpientes debemos tratarlos con agapi, como no a los hombres.

 

En aquel momento vino una serpiente grande a lado suyo y se quedó de pie, como si quisiera de una manera certificar las palabras del Yérontas.

 

Naturalmente estos Pnevmatikos del mundo no solo se quedaron sorprendidos, sino que además se fueron convencidos por esta apología paradójica.

 

11.33 “Oró y el cielo dio la lluvia”

 

Visitó al Yérontas un monje joven de un Monasterio Aghiorita. Cuando ya conversaron, el monje cuando se iba le dijo:

-Esta noche haremos oración para que llueva, porque fuera al mundo hay muchos perjuicios y destrozos y se están destruyendo cosechas por la seguía.

 

El monje no oró, porque no tomó en serio las palabras del Yérontas, sea por negligencia o por olvido. Pero vio llover por la noche, mientras que había tiempo bueno, y admiró la franqueza del Yérontas y la jaris (gracia, energía increada) que le dio Dios, como al profeta Elías, abrir el cielo con su oración y bajar la lluvia del cielo.

 

“Menos mal”, decía el monje, “que no hice oración, porque quizás mi loyismós me diría que Dios me ha escuchado y ha llovido”.

 

11.34 Una fiesta distinta

 

Testimonio del Metropolita de Limasol de Chipre, Atanasio: “Visité al Yérontas el septiembre del 1977, día lunes, víspera de la fiesta de Santa Cruz. Toqué la puerta muy temprano, me abrió el Yérontas. Estaba muy alegre y con buen ánimo. “Ah, menos mal que has venido, diacono”, me dice, “y mañana tengo fiesta. Vendrán los salmistas, he pedido comida y faltaba un diácono; has venido tú, solucionada la fiesta”. Decía también otras bromas de este tipo. Después me dijo: “Te quedarás aquí esta noche”.

»Sabía que el Yérontas no retenía a nadie por la noche con él. Apenas me lo dijo salté de alegría.

 

»Fuimos a la capillita, me puso a arreglar el Santo Altar, quité el polvo, limpié el pasillo e hice varios trabajos. En mi interior sentía una gran alegría. Al mediodía fuimos a comer. Preparó té, trajo una tostada de pan y sacó verduras silvestres de su jardín.

 

»Me impresionó mucho cuando hicimos la oración. El Yérontas dijo el “Padre nuestro…” levantó sus manos y lo dijo con tanto anhelo y tanta devoción que estaba como si realmente hablara con el Dios.

 

»Después me llevó a la kelia y descansamos una hora más o menos; y después hicimos las pequeñas Vísperas con el komposkini.

 

»Cuando acabamos me dijo el Yérontas: “Mira, diácono, ahora haremos vigilia con komposkini y por la mañana vendrá el cura para hacer la Divina Liturgia. ¿Sabes hacer komposkini? Te diré cómo lo harás”, y me dio un programa. Era un programa sabio para que yo no tenga sueño por la noche. Me dijo hacer un komposkini de trescientos nudos diciendo “Kirie Jesús Cristo, eleisón me”. Después hacer un komposkini de cien nudos a la Panaghía; un komposkini de trescientos nudos a Cristo para los vivos y uno de cien nudos a la Panaghía para lo vivos; un komposkini de trescientos nudos a Cristo para los difuntos y un komposkini de cien nudos a la Panaghía también para los difuntos; un komposkini de trescientos nudos a la Santa Cruz y después uno de trescientos nudos diciendo “doxa-gloria y gracias nuestro Dios”. Primera vez escuché que se hacía tal cosa. Me explicó: Este komposkini es doxología; cuando termines, comienza otra vez desde el principio”.

 

»Me dijo, “si oyes algún ruido, no te asustes. Por aquí circulan jabalíes, chacales etc.”. Me puso en su pequeña sala de visitas y dijo que cerca de medianoche me llamará para ir juntos a la Iglesia para leer la oración para Divina Comunión.

 

»Por espacios de tiempo oía al Yérontas bostezando profundamente. De vez en cuando golpeaba la pared y preguntaba: “Eh, diacono, ¿estás durmiendo; estás bien?

 

»A la una menos algo, pasada la medianoche, fuimos a la Capillita. Me puso al único asiento que había y me dio una velita para leer la divina Comunión. Él estaba a lado mío, a la izquierda y comenzó diciendo los pasajes: “doxa-gloria y gracias nuestro Dios”. Cada vez que decía el pasaje hacía una santiguación y se doblaba hasta el suelo.

 

»Cuando llegamos al tropario “María Madre de Dios…” me acuerdo que tan solo esto leí, después del “Hiperaghía Zeotokos sálvanos”, que lo dijo el Yérontas sentí una cosa… no lo sé, no puedo explicarlo y frené. Entonces comenzó a moverse el candil de la Panaghía, pero no bruscamente, sino que transcurría establemente un movimiento más o menos lo que es la anchura del icono y toda la capillita se inundó de luz. Veía sin la vela y pensé por un momento apagarla.

 

»Giré hacia el Yérontas. Le vi tener sus manos cruzadas en el pecho y doblado hasta abajo. Entendió que quería preguntarle y me hizo la señal de no hablar. Me quedé en el asiento y el Yérontas doblado a lado mío. Sentía tanta agapi y devoción hacia el Yérontas y sentía que me encontraba en el paraíso.

 

»Nos quedamos en esta situación, media hora, una hora, no pude calcularlo exactamente. No sabía qué hacer. Inconscientemente continué yo solo la oración para Divina Comunión y llegué hasta la bendición: “Desde los labios…”, poco a poco se iba apagando primero la luz y después paró de moverse el candil. Terminamos la divina Comunión y salimos fuera al pasillo. Me puso a sentar en un banquito y él se sentó silencioso en un pequeño baúl. Después de mucho rato, le pregunté:

-Yérontas, ¿qué era esta cosa que hemos vivido y experimentado?

-¿Qué cosa?

-El candil; ¿cómo se movía tanto tiempo?

-¿Qué es lo que has visto?

-He visto que se movía el candil de la Panaghía izquierda-derecha.

-¿Sólo esto has visto?

-También he visto luz.

-¿Otra cosa?

-No he visto nada más. (El Yérontas por preguntar qué más he visto, se ve que él ha visto algo más).

-Bien, no era nada.

-¡Cómo que no era nada, Yéronta, si el candil se movía y había luz!

-¡Eh, no has oído que escriben los libros que la Panaghía circula por todas las Kelias de los monjes y ve lo que hacen! ¡Pues, ha pasado por aquí también y ha visto dos traviesos y pensó en saludarnos y movió su candil!.

 

»Después por sí solo comenzó a narrar varias de sus experiencias. Me comentó cómo había visto la santa Efimía y muchas cosas más. Había cambiado todo su ánimo y disposición; hasta por la mañana me estaba hablando espiritualmente. Me recalcó: “Te lo digo todo esto, querido diácono, por agapi para ayudarte, no para que te creas que soy algo”.

»A las 5,30 vino el cura y Yérontas quería que hiciera la divina Liturgia, pero yo no tenía vestimentas litúrgicas. Me hizo un “orario” y lo sujetó con un imperdible, encontró unos manguitos y me envolvió en mis manos, etc., me parecía a un payaso, pero fue la Divina Liturgia más bella de mi vida. Estábamos solo los tres.

 

»Me mantuvo consigo hasta el Sábado. Una vez me mandó a Burazeri para ver a unos compatriotas míos y permanecer allí hasta el mediodía para comer. Y otra vez me mandó al Monasterio Stavronikita, otra vez para comer. Porque en su Kelia tenía sólo té y tostadas”.

 

11.35 Respuestas de otra manera

 

El señor Teodoro Jatzipateras, tendero de la ciudad de Xanzi, testifica: “Había oído sobre el padre Paísios a través de un estudiante y le visité en su Kelia.

»Marchando le comenté también sobre el problema que tenía en mi tienda de alimentos. “Yéronta tengo muchos ratones en mi tienda y me entristezco y no puedo hacer nada. Por favor, ora a Dios para que se marchen”. Le suplicaba con dolor del corazón, porque circulaban libres en la tienda, me causaron muchos daños y siempre se oían saltando en el techo. Incluso durante el día saltaban delante de los clientes. Había traído una radio de Alemania y los ratones entraron dentro e hicieron su casa, parieron, se comieron las resistencias y me lo destrozaron. Me responde: “¡Bendito mío, para los ratones haremos a Dios a ocuparse!” No había mostrado ningún interés.

»Regresé a mi casa. Mi psique saltaba de alegría, pero llevaba en mi interior mucho dolor, tentación, porque el Yérontas no había entendido mi problema.

»Pero cuando regresé a mi tienda, entendí que algo había cambiado. En dos días me di cuenta de que los ratones habían desaparecido. No había quedado ni uno. Entonces entendí que el Yérontas los había expulsado.

 

»Una vez empecé a sentir un gran cansancio, mis fuerzas me abandonaban y adelgacé mucho. Fue al médico para hacer exámenes; tres médicos decidieron darme una terapia, porque algún microbio fatigaba a mi organismo. Estaba en la cama, incapaz para cualquier tipo de trabajo.

»Decidí  escribir al Yérontas Paísios sobre mi situación. Le rogaba para que me respondiera por carta, si tenía que salir de Xanzi o confiarme en la providencia de Dios y en los médicos locales.

»El segundo día de mi terapia me dio un dolor fuerte en el estómago. “Principio de gastrorragia”, me dijo el médico, “tienes que parar de tomar los fármacos” y así entré en la Clínica. A media noche me levanté y caí al suelo mareado. Mi apetito se había cortado totalmente. Me estaba fundiendo como una vela. Los médicos me veían y no me decían nada. Era jueves por la tarde, cuando entré en la Clínica y hasta el sábado por la noche mi estado de salud había empeorado.

»El Domingo por la mañana me desperté y sentí una fuerza indescriptible en el cuerpo y en la psique. Me levanté de la cama y llamé a mi mujer para que viniese con nuestro médico conocido para sacarme de la Clínica, para no marcharme solo como un ladrón.

»El médico me dijo: “Si ayer estabas fatal, pero realmente algo ha cambiado. Yo no entiendo nada, no puedo explicar, ni decir nada”. Yo le digo: “Ha sido un milagro, Dios ha hecho su milagro”. En mi interior me preguntaba: “¿Quién sería el que habrá intervenido, para hacerse el milagro? Comí con apetito la comida mezclada con lágrimas. La conmoción era indescriptible. El día siguiente fui a mi trabajo, sin sentir el mínimo cansancio. En pocos días recuperé todos los kilos que había perdido.

 

»A principios de Diciembre visitamos al yérontas Paísios en la Santa Montaña Athos con un amigo mío profesor y un estudiante. Nos abrió la puerta y pasó primero el profesor, después el estudiante y bajaban hacia su Kelia. Nos quedamos atrás los dos con el Yérontas, y me dice: “¿Qué tal Teódoro estás bien ahora”. Yo pensé que, ya que le había escrito en relación a mi enfermedad y ahora me veía bien, me preguntaba por mi salud. Seguimos caminando hacia el Choza. Y me dice: “¿Has recibido mi carta, cierto? Yo me detuve por un momento pensando que no había recibido ninguna carta de él. Pero antes de darme tiempo a contestar me dice: “No te he escrito ninguna carta, pero te he respondido a mi manera”. Mis interiores se removieron como un seísmo. Entendí que el Yérontas con sus oraciones me había curado. Me vuelve a preguntar:

-¿Has recibido mi carta, es cierto no?

-Sí Yéronta, le respondo, he recibido la carta.

Mi conmoción fue enorme. Una vez que veneramos en la ermita, salí fuera y lloré mucho».

 

11.36 Divina Liturgia en “Santa Cruz”

 

En 27 de octubre de 1978, dos padres aghioritas visitaron al Yérontas en su Choza. Uno de ellos describió de la siguiente manera la visita de ellos: “Llegamos una o dos horas antes de anochecer. Nos retuvimos fuera de la puerta del recinto con red de alambre, sin tocar la campanita. Veíamos humo subiendo delante de la Kelia y oíamos una discusión algo fuerte. En poco rato vemos la cara del padre Paísios saliendo por detrás de un montón de madera. Nos miró y nosotros le hicimos una reverencia. Una vez que nos hizo unos saludos alegres con las manos, vino poco a poco y nos abrió la puerta haciéndonos una reverencia e intentando besarnos la mano.

»Bajando vimos a un monje joven del Santo Monasterio Stavronikita cocinando fuera de la Kelia con un fuego que le había dejado ciego por el humo. Nos lo presentó sonriendo: “El páter… es el cocinero de la fiesta”. Y a él le dijo: “Ten cuidado, bendito, no vaya ser que me quemes la comida”. Aquel sonrió y percibimos que estaban discutiendo de algo alegre.

»Veneramos en la Ermita y nos condujo a la sala de visitas y nos invitó a un dulce. Nos explicó que el día siguiente era el día de la dormición del padre Arsenio el Capadocio y se celebraría Divina Liturgia, por eso estaban tan alegres.

»Después de dos o tres minutos de silencio nos dijo: ¡El padre-Ticón, cuando venían visitantes con sotanas, les preguntaba si eran curas y si celebraban la Divina Liturgia. Y cuando le respondían que sí, glorificaba a Dios. Si un cura respondía que no celebra la Divina Liturgia, entonces se amargaba mucho, tanto que no podemos imaginar”

»Esto nos hizo a los dos quedarnos sorprendidos, porque realmente mi amigo hieromonje hacía tiempo que no celebraba la Divina Liturgia, sin que hubiese ningún problema. Nos miramos…

»Conversamos bastante rato sobre temas espirituales y nos propuso quedarnos por la noche en su Kelia. Después el diácono trajo la comida que había cocinado y nosotros comimos, mientras que ellos comieron unos frutos secos. El padre Paísios dentro de un mortero machacó algunas almendras. Toda su comida era dos o tres cucharadas de almendras machacadas.

»Por la mañana vino el cura desde el Monasterio y celebró la lurgia junto con mi amigo el hieromonje. Yo en la Divina Liturgia salmodiaba con el padre Paísios, quien cantaba con notable deleite.

»Antes de comenzar la Divina Liturgia, se acercó a mí y me susurró en la oreja que para otra vez me pondrá a mí a celebrar la Divina Liturgia. De una manera me explicaba la razón por la que prefirió a mi amigo y no a mí, aunque era el más viejo de edad también en la ordenación. “Había entendido”, me dijo, “que en este tiempo no celebra la Divina Liturgia, por eso ayer cuando apenas vinisteis os dije lo que decía el padre-Ticón.

»Después de la Divina Liturgia el cura y el diacono se marcharon para el Monasterio. A nosotros nos mantuvo varias horas. Cuando nos levantamos para marcharnos, sentía la naturaleza alrededor tomando otra imagen. Todo lo sentíamos y lo percibíamos espiritualmente. Creías que los verdes arbolitos te hablarían…»

 

11.37 “Dios está obligado a ayudar”

 

Testimonio del señor Tamiolaki Eleuterio de la isla de Creta: “Una vez me encontré en una situación difícil a causa de mis múltiples obligaciones, y me fui a ver al Yérontas para que me apoyase. Dentro de la nieve, con muy mal tiempo, llegué y toqué la puerta. El Yérontas me abrió inmediatamente y rápido me metió dentro. “Te esperaba”, me dijo. Yo naturalmente no le había avisado. Me mandó sentar cerca de la estufa y empezó con paciencia a hacerme un té. Puso el agua en el cacito, se santiguó diciendo, “¡doxa-gloria y gracias a Dios!”.  Puso el té en el cacito y volvió a decir, “¡doxa-gloria y gracias a Dios!” Finalmente puso el cacito al fuego y otra vez santiguándose “¡doxa-gloria y gracias a Dios!”

 

»Hasta entonces no me había dicho ni palabra, excepto lo del principio “te esperaba”. Yo le estaba observando y comencé a ponerme nervioso por su tranquilidad, porque a mí me estaban quemando mis propios asuntos. Cuando hirvió el té, me dio la taza, me miró con aquella mirada inocente y compasiva y serenamente me preguntó qué me pasaba y por qué parecía estar tan inquieto. Yo nervioso comencé a descargar mis problemas con énfasis, recalcando que el mundo fuera tiene muchos dolores de cabeza. Él sonrió, bebió un trago de su propio té y me dijo apaciblemente: “Eh, ¿por qué te inquietas?, Dios ayudará”. Yo me puse aún más nervioso y con la familiaridad y la confianza que tenía con él, porque le amaba mucho, le dije: “Pues, ahora bien Yérontas, Dios ayuda una vez, dos, tres… ¿pero está obligado a ayudar continuamente?

 

«Entonces me miró seriamente y me dijo algo que me traspasó como un rayo: “Sí”, me dijo, “está obligado». Era tan firme su seguridad y estaba tan claro que esto lo conocía de primera mano, que de repente se me revolvió todo. Se me quitaron los nervios, me serené, sentí una inmensa paz y sosiego y sólo tenía una duda que se la comenté: “Muy bien, ¿y por qué está obligado Dios ayudarnos siempre?” La respuesta me la dio sólo un hombre que se siente realmente como hijo de Dios y tiene franqueza en su padre, que sólo este podía dármela. Me dijo: “Tal y como tú que has procreado hijos, ahora sientes la obligación de ayudarlos y sales de Salónica y vienes aquí con este mal tiempo porque estás inquieto, así también el Dios que nos ha creado y nos tiene como hijos Suyos se interesa también Él por nosotros y siente la necesidad de ayudarnos. ¡Sí, está obligado!

 

»La inmediatez de esta respuesta fue tal que se me marchó todo el peso y cesé desde entonces de inquietarme por el futuro.»

 

11.38 El Ángel de la guarda        

 

El Yérontas narró: “Era la fiesta de San Isidoro el Pilusiotis. Pasaba por un período de muchas aflicciones y a causa de estas tenía fuertes dolores de cabeza. La tensión me estaba afectando al ojo y peligraba sufrir un derrame cerebral. Sentía la cabeza como si alguien con un martillo golpeara en el interior y quisiera saltar fuera. Durante las nueve de la noche (hora mundana), mientras me estaba estirando en la cama, vi a un Ángel muy bello, como si hubiese salido de mi interior, con forma de niño pequeño. Sus cabellos eran muy rubios y llegaban hasta sus hombros. Me sonrió y pasó suavemente su mano por encima de mis ojos. Inmediatamente se marchó toda la aflicción y tristeza y cesaron los dolores. Sentía tal dulzura que prefería volver a tener dolor, con tal de volver a ver a mi Ángel de la guarda.»

 

11.39 Logos alegres y ágiles       

 

Uno de los elementos del carácter del Yérontas que no se ha recalcado suficientemente es que siempre estaba alegre y de buen humor.

 

El buen humor es una virtud y la sonrisa natural espontánea es irreprochable.

 

A menudo contaba el Yérontas historias que producían risa espontánea, para consolar a las psiques doloridas y angustiadas, pero también era algo propio de su carácter. Muchas veces bajo una broma simple se escondía un profundo significado y sentido espiritual. Hacía juego de palabras, cambios etimológicos y unas comparaciones  inimaginables de palabras. Pero tenía la finura de no herir a nadie y ni criticar con malicia a las personas. De la multitud de estos logos apuntamos unos selectivamente:

***

Visitó uno al Yérontas con los intereses de un visitante museo y antigüedades buscando a ver monumentos antiguos de su Kelia. Bromeando sobre lo absurdo de su búsqueda le indicó una pared en ruinas y le dijo con tono alegre: “Mira estas ruinas son de los tiempos de Nabucodonosor”.

***

-Páter, ¿qué haces aquí? Le preguntó uno indiferente e insulso.

-Estoy vigilando a las hormigas para que no se peleen.

En similar situación le preguntaron cómo pasa sus noches: “He aquí, mira los candiles que están en el cielo tengo el diacónima-servicio de encenderlos cada noche” refiriéndose las estrellas.

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Vino uno y le preguntó:

-Páter mío cómo adquiriré nipsis, (nipsis es “vigilancia de la sobriedad” y también significa “lavarse”)

-Pues, lávate cada día. Aunque yo que me lavo cada día aún no he visto ninguna mejoría en mí.

***

Una vez su conocida amiga Keti Patera fue al Monasterio de Surotí junto con Jorge Lagós (apellido que también significa “liebre”), profesor de la Universidad de Medicina, para ver al Yérontas. La dijo: “Ahora ha venido con el Lagós (liebre), la próxima vez vendrás con la tortuga”. Efectivamente,  la vez siguiente fue con una señora y se perdieron por el camino y en vez de cinco horas tardaron nueve en llegar.

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Intentó besar la mano de un sacerdote recién ordenado y aquel por humildad no se la dio. “Si quisieras tener mano propia, pues, no haberte hecho cura”, le cogió de la mano y lo besó.

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En “Panaguda” una vez estaba sembrando bulbos de cebolla que los tenía dentro de una lata de calamarcitos. Vino un “listo” con sus manos atrás y le preguntó que qué hacía.

-Siembro calamarcitos, le contestó el Yérontas.

-Pero, ¿sembrados así viven y brotan, Yéronta?.

-Claro que sí; si lo pones con los bigotes hacia abajo, viven y brotan.

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En la vida espiritual no debemos quedarnos en la antesala. Los que se quedan allí no entran en el salón de Dios”, dando a entender al Paraíso.

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Un joven conocido suyo le visitó en la Skiti de Ibiron, Vestía un traje y una corbata muy buena. El Yérontas que encontraba su reposo en lo simple, utilizó una forma original y graciosa para enseñar la sencillez, sin muchas palabras; le dijo: “Me das tu corbata y la ponemos en este burrito así se alegra un poquito él también”. Aquel se la entregó y el Yérontas puso la corbata al burrito, mientras  que el joven no podría detenerse de las risas por el espectáculo que estaba viendo. De todas formas el joven recibió su mensaje y la siguiente vez no vino a la Santa Montaña Athos con corbata.

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Otras veces el Yérontas se hacía pasar por loco (hacía locuras). En una visita de un hombre indiferente e ignorante espiritualmente, que quería pasar su rato y decirle noticias corrientes, el Yérontas lo captó y le preguntó: “Eh, qué noticias traes; ¿a qué precio se cambia la lira?”. El asceta pobre indicaba como si su interés estuviese en el precio de la lira.

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Un endemoniado le dijo: “Yo soy el On-Ser”. Arrodíllate y reverénciame”. El Yérontas le responde: “Tú eres onos (burro)” dirigiéndose al demonio que en realidad le hablaba.

***

Uno vio al Yérontas andar descalzo sin zapatos y le preguntó que por qué no se ponía zapatos. Respondió: “Los zapatos de mi madre son los mejores; y cuanto más envejecen más fuertes se hacen, (es decir, se endurecen las plantas de los pies).

***

Un ingeniero de caminos y casas, conocido del Yérontas, le visitó en la víspera de la Fiesta de su Choza. El Yérontas le recibió diciendo: “Bienvenido el ingeniero con los contratistas”. Aquel quedó sorprendido, porque no le acompañaba nadie. Le dio un paquete al Yérontas que se lo habían dado en un Monasterio conocido por él. El Santo lo abrió delante de sus ojos y entonces el ingeniero vió por sorpresa que el paquete llevaba contratistas, unos dulces que se llaman así!

 

 

  1. 12 EN LA PANAGUDA Y SU ENTREGA A LOS DOLORIDOS

 

12,1 Instalación en “Panaguda”

 

El Yérontas, tras haber pasado once años de luchas y servicio al Choza de Santa Cruz, decidió después por un motivo espiritual marcharse de Santa Cruz. Buscando Kelia en Kapsala, quiso quedarse con el yérontas-Minás el Rumano para ayudarle en su vejez ya que no tenía ojos. Pero el Monasterio al que pertenecía su kelia no le dió la bendición. Por el camino rogó con lágrimas: “Panaghía mía, para todos tienes casa en tu Jardín, ¿pero para mí no tienes?

 

El 27 de febrero, día en que se le había aparecido San Efimía, encontró, por indicación del Yérontas Joaquín, la “Panaguda” que entonces era terreno de viñedos del Santo Monasterio Kutlumusíu. Este acontecimiento lo sintió como una bendición de San Efimía y conmocionado la agradeció por su providencia. Los padres del Monasterio, todos con muy buen ánimo y entusiasmados, aceptaron la petición del Yérontas, cuando trajo la carta de salida, convirtieron el terreno de viñas en Kelia y le dieron su certificado de pertenencia a él.

 

La Choza de “Panaguda” se encuentra en la terminación de una colina entre vegetación espesa. Está cerca del sendero que conecta Kariés con el Monasterio Ibiron y enfrente de la Skiti de San Panteleimon. La capillita está en la esquina suroeste de la Choza y  se venera en la fiesta del Nacimiento de la Santísima Zeotoko (por eso es conocida como “Panaguda”, es decir, pequeña Panaghía). Está a la derecha del pasillo, apenas uno se introduce por la entrada, mientras que a la izquierda está la kelia del Yérontas. A continuación está la kelia de la derecha, la cual transformó en sala de visitas y a la izquierda su taller. Una puerta te saca fuera al terreno, extensión amplia y despejada con vista hacia Kariés.

 

Aunque buscaba una Kelia hisijasta en la parte sur de la Santa Montaña, sin embargo se sacrificó para la gracia de los peregrinos para que fuese más fácil el acceso para ellos, en la “Panaguda”. Es una Kelia pequeña recogida, no muy lejos de Kariés, para que no se fatigasen los peregrinos y puedan trasnochar en los monasterios cercanos. Así son repartidos y no cae todo el peso sólo a un Monasterio.

 

Con un tubo de plástico trajo agua de una fuentecita. Pero como los meses de verano la fuentecita se secaba, reparó una antigua cisterna subterránea que la llenaba durante el invierno. Cercó el terreno de la Choza con una red de alambre, dejando dos entradas. Preparó un pequeño huerto donde sembraba unas verduras silvestres, y cultivaba cebollas, lechugas y unas cuantas tomateras; nada más.

 

La Choza tenía carencias, porque era antigua y abandonada. Faltaban puertas, ventanas y techo; el suelo tenía agujeros y por el tejado entraba agua. Comenzó con mucho esfuerzo con las reparaciones más necesarias. Dinero no tenía, pero difícilmente también lo aceptaba. Todo el día trabajaba y por la noche se iba a una hora de camino a pie donde un discípulo suyo, donde había llevado sus pocas pertenencias. En sus trabajos le ayudaba su discípulo y los padres del Monasterio Kutlumusio que disponían también de mulos que transportaban los materiales. Al principio se ocupó en arreglar la Capillita y después su pequeña kelia, para poder así trasnochar allí.

 

Un día, yendo hacia “Panaguda” y arrastrando sus pies por el cansancio, pensaba: “Si pudiera por lo menos tener preparada la cama para poder descansar un poco”. ¡Llegando,  vio una cama hecha con una puerta que la había hecho un monje!

 

Aparte del trabajo fatigoso de todo el día tenía también a la gente. Preparaba el cemento y, cuando venían personas con problemas, se sentaba junto a ellos y los escuchaba.  Cuando volvía a trabajar el cemento se había endurecido. Pero no se enfadaba. “Los hombres tienen sus tormentos y sufrimientos. “El cemento que se haga cemento” decía alegremente el Yérontas, divirtiéndose de su propio cansancio pero también divirtiendo la aflicción de los demás. Subía para reparar el tejado, venían los peregrinos y otra vez bajaba. Cuando se marchaban, volvía a subir para continuar. Esto sucedía a menudo hasta que se instaló en la Kelia, pero también después.

 

12,2 Los Santos Panteleimon  y Lukiniano

 

Era un 2 de junio de 1979 por la tarde. El Yérontas apenas había transportado sus cosas a la Kelia de “Panaguda”, sin haber tenido tiempo de ordenarlas. Se preparaba para hacer Vísperas y preguntó al monje que le estaba ayudando, quién era el Santo del día siguiente, pero aquel no se acordaba. Le dijo que mañana cuando viniese se lo diría y se marchó deprisa, porque estaba anocheciendo.

 

Lo siguiente que sucedió lo narró el Yérontas de la siguiente manera: “Tenía los Mensuales (libros litúrgicos) en cajas. Buscaba encontrar mis gafas para ver el Santo del día y no las encontraba. Para no perder tiempo, hice Vísperas con el komposkini diciendo: “Santos del día intercedan por nosotros”. Cuando a medianoche me levanté, intenté otra vez con la linterna durante media hora más o menos encontrar al Santo del día, y otra vez sin resultado. Dije “se me ha escapado el oficio de Medianoche”. Para no pasar la noche buscando, otra vez al komposkini, “Santos de Dios….”, sin referirme a los nombres de los Santos del día.

»Entonces vi a San Panteleimon acompañando a un Santo dentro de mi Kelia.

-¿Quién eres? le pregunté.

San Lukiniano, respondió.

»No me acordaba si existe tal nombre de Santo y volví a preguntar:

-¿Lukiano?

-No. Lukiliano.

-¿Cómo? ¿Longuino? Pregunté por segunda vez.

-Lu-ki-lia-no, repitió el Santo, pronunciando lentamente por tercera vez su nombre.

»A continuación dirigiéndose hacia San Panteleimon le dijo que me examinase de los traumas de la operación, para ver si me había recuperado y Sanado. Se me acercó San Panteleimon  que vestía con la bata blanca como médico. Una vez me hubo examinado poniendo su mano en mi pecho, en el lugar en que se había realizado la operación de los pulmones, dijo a San Lukiliano: “Está bien. Que lo tengas en cuenta en tus exámenes de médico”. Los Santos desaparecieron y el Yérontas glorificando a Dios y agradeciendo a los Santos, encendió la vela y encontró que aquel día era 3 de Junio y era el día de San Lukiliano.

 

El día siguiente por la mañana, cuando vino el monje que le ayudaba, el Yérontas le preguntó sonriendo: “¿San Lukiniano, eh?” y le relató la aparición de los dos Santos.

 

El Yérontas cuando leyó el martirologio del Santo, quedó sorprendido asimilando la siguiente “coincidencia”: Toda la de la vida del Santo, que se encuentra en el Santo Monasterio Ibiron, fua anotada un 27 de Febrero, es decir, la fecha en que se había aparecido al Yérontas la Santa Efimía. Esta relación del Mártir con la Santa Efimía quien tanta devoción tenía el Yérontas, y también la cercanía del tiempo y especialmente del lugar del martirio de los dos Santos le agradó especialmente al Yérontas.

 

Después le honraba cada año y puso su icono en la Iglesia y en su kelia.

 

Después se fue a una Skiti de Kutlumusiu y reverenció a San Panteleimon. Dijo que el icono de su Santuario se parece mucho su Santo rostro (tal como le había visto).

 

Este admirable acontecimiento consoló al Yérontas y expulsó la fatiga y las aflicciones que pasaba en aquella época transitoria.

 

12,3 “Consuela a mi pueblo”

 

Toda aquella corriente de peregrinos cambió de dirección, y en vez de ir hacia “Santa Cruz” ahora se dirigía a la “Panaguda”. Y además aumentaba continuamente. En aquella vecindad hasta entonces tranquila ahora uno veía todo tipo de personas con distintas edades subir y bajar el sendero que atravesaba la pradera del Monasterio Kutlumusíu. Especialmente a la hora del autobús el tráfico aumentaba verticalmente. La mayoría de los pasajeros acudían con agonía y desesperación, quién va a llegar antes al Yérontas, preguntando: “¿Vamos bien para el padre Paísios?” “¿Está abajo el Yérontas? ¿Hay muchas personas esperándole?

 

El Yérontas los recibía todo el día, los invitaba y sacrificaba muchas horas junto con ellos para escuchar sus problemas, levantar las cruces y tomar el dolor de ellos, aconsejarlos, reñirlos, Sanarlos e incluso animarlos, sin calcular para nada, si el mismo estaba sin dormir, hambriento, sediento, cansado o enfermo. Pero aquello que le dificultaba era que interrumpía y reducía su concentración en la oración, sin distracciones e incesantemente. Realmente ardía por el deseo de la hisijía con ininterrumpida comunión y conexión divina, pero su corazón sensible y lleno de agapi no le permitía dejar sin consolar “a los cansados, fatigados y cargados”.

 

Así intentó y consiguió con discernimiento combinar perfectamente la diaconía hacia los hombres y la vida hisijasta. Su perspicacia carismática con la que investigaba las disposiciones y ánimos como también la seriedad de los problemas de los comparecientes –la mayoría de las veces e incluso antes de venir en contacto con ellos- y algunos divinos acontecimientos extraordinarios, eran los inequívocos indicadores de este comportamiento suyo.

 

Según un testimonio, una vez el padre Paísios estaba muy cansado, y sonaba insistentemente la campanita. En el momento que se preparaba abrir, vio su bienaventurado Yérontas padre-Ticón fuera de la alambrada estando contento diciéndole: “Me alegro de que recibas la gente”. Este acontecimiento contribuyó en aumentar más su peso hacia la diaconía a los peregrinos.

 

Pero con el paso del tiempo el número de visitantes había aumentado exageradamente, superaba los límites de su aguante. Confesaba que: “No me puedo ni mover; me he convertido en programa de los hombres. Antiguamente mi nus se ahondaba en la oración del corazón. Ahora vivo los problemas de las personas. ¡Muchas veces salto en el sueño!

 

Por otro lado percibía la gran necesidad por lo menos de la mayoría de los peregrinos. Comentaba en relación: “No creáis que los hombres vienen aquí a pasar el rato. Tienen grandes problemas. Y lo que me hace continuar en una situación así es que son ayudadas algunas psiques. Yo, supongamos, empecé con el propósito de hacerme monje, vivir en el anonimato y olvido, pero el mundo no me deja. Un Yérontas me dijo: “Tú, yéronta-Paísio tienes el canon de recibir a la gente y aliviarles y ofrecerles reposo”. Ahora bien, cómo lo va a juzgar Dios, no lo sé”.

 

El mismo naturalmente anhelaba quedarse solo en la hisijía y orar. Sentía que de esta manera ofrecía más y aún más esencialmente a sus hermanos.

 

Por eso cuando vio que continuamente aumentaban los visitantes, se vio obligado a tomar ciertas medidas: Durante bastantes horas al día, por el verano, desaparecía en el bosque, y el invierno se encerraba en su kelia. Principalmente leía el Psaltirion, orando por distintas categorías de hombres doloridos. Por supuesto que había también excepciones que transgredían su tipicón-regla, cuando “era informado” por una causa seria y urgente.

 

Dijo el Yérontas: “Algunas veces a la hora en que hago mi oración suena la campanita. Miro por la ventana y veo que alguien está muy triste. (Cuando veo una persona, entiendo muchas veces también su estado). Y así abro a esta persona y junto con ella corren y entran cuatro o cinco más que habían venido de vacaciones a la Santa Montaña Athos. Y hasta que acabo con ellos, me canso mucho, tanto que me caigo en la cama muerto. Lo mismo sucede también durante las Vísperas. Si veo a algún desafortunado le abro, porque me da pena. Y después adiós también a las Vísperas. Entonces se van también las cosas espirituales que tengo que hacer y también el programa que tengo. Pero yo no lo quería esto. Una vez abrí la puerta para ayudar a un dolorido y cargado de sufrimientos y me empujaron y arrastraron también los demás, y vaya lo que me costó acabar. Pero si esto lo hiciera para divertirme, digamos, entonces frente a Dios no soy correcto”.

 

Incluso pensé una solución más radical: Me trasladaré por lo menos por un largo tiempo a un lugar hisijástico, tranquilo, incluso fuera de la Santa Montaña Athos. Recibió y aceptó ofertas para un lugar tranquilo incluso en un lugar en el extranjero (Estados Unidos).

 

Pero de repente se manifestó su cambio de postura. Interrumpió totalmente y para siempre sus amadas salidas al bosque y limitó las horas de su encerramiento. Cuando por sorpresa fue preguntado al respecto, respondió de forma enigmática la frase del profeta Isaías:

«Consolad, consolad a mi pueblo – dice vuestro Dios» (Is 40,1), dando a entender que había recibido esta orden. Existe también un testimonio diciendo que se le apareció la Panaghía y le dijo: “Mi trabajo es vigilar vuestras fronteras, y lo hago. Así también tú, debes recibir a la gente indistintamente, porque tienen necesidad”. El Yérontas humildemente obedeció a la Panaghía y recibió por mandamiento de Ella el servicio a los doloridos.

 

A pesar de que recibía a todos, la gente no le influyó ni le secularizó o mundanizó. Al contrario, el Yérontas con jaris (energía increada gracia) de Dios convertía a los hombres. Porque no sólo se sacrificaba ofreciéndose a los seres humanos, sino que él mismo “progresaba” y avanzaba espiritualmente “en la fuerza de la práctica en la fuerza de la energía de la zeoría contemplación espiritual”, y vivía acontecimientos sobrenaturales. Con su experiencia de vida hisijasta sacaba partido a la oración nocturna y a las horas del día que conseguía estar solo. Cuando estaba solo, mencionaba con la oración las peticiones de las personas a Dios, y cuando estaba con las personas, predicaba a Cristo. Dios y los hombres doloridos ahora se han convertido en los dos ejes sobre los cuales giraba toda su vida.

 

12,4 La aparición de San Blasio

 

El Archimandrita padre Agustín Katsampiris repetidamente había rogado al Yérontas que orara para que se le apareciese el Santo de reciente aparición Blasio  de Sklavena. Deseaba conocer sus características para aghiografiarlo o hacer su icono.

 

Era la fecha 21 de enero de 1980, Domingo del Hijo Pródigo, hacia Lunes. El Yérontas por la noche, mientras estaba orando en su kelia con el komposkini, ve que se presenta delante de él dentro de una luz un Santo desconocido que vestía una capa de monje. Al lado suyo en la pared de su kelia, por encima de la estufa, se veían las ruinas del Monasterio. El Yérontas sentía indescriptible alegría y deleite y pensaba ¿quién sería el Santo?. Entonces oyó una voz desde la Iglesia: “Soy San Blasios de Sklavena”. (Ver también Archimandrita Agustín Katsampiris: El Santo Hieromártir Blasios el Akarnán, Atenas 1990, p. 52-55)

 

Por agradecimiento y para agradecer al Santo por el honor que le hizo, visitó Slavena y veneró sus inundadas de jaris (energía increada) Reliquias. Correspondió de cierta manera a la visita que tuvo del Santo. El Yérontas, en efecto, desde muy lejos indicó también el lugar donde antiguamente estaba construido el Monasterio del Santo, porque estaba anocheciendo y no tenía tiempo para ir al lugar.

 

El señor Apóstolos Papajristos relata: “El día 20 de Mayo de 1980 el Yérontas vino a mi casa en Agrinio, con el propósito de ir a Sclavena de Xiromero y venerar a la Santas Reliquias de San Blasios de Sklavena, después de apocálipsis-revelación del Santo en su kelia. Se quedó una noche en nuestra casa y a pesar de que le habíamos puesto sábanas blancas y limpias, el Yérontas las dejó totalmente intactas. Cuando se fue a Sklavena veneró al Santo con genuflexiones hasta el suelo y enseñó a todos a su alrededor”.

 

A continuación el Yérontas hizo un pedido del icono de San Blasio en el Santo Monasterio de la Santa Trinidad del Coropí de Atenas, una vez que hubo descrito las características del Santo a una monja. Cuando recibió el icono se quedó satisfecho, porque reflejaba exactamente las características del Santo. “Parece que la hermana tenía mucha devoción e hizo oración y ayuno”, dijo.

 

Cada año honraba la memoria de San Blasio con vigilia solo en su Kelia. Lo festejaba, no el día 11 de febrero que es su fiesta y predominaba el celebrar su memoria, sino el 19 de Diciembre que es el día en que sufrió el martirio

 

12,5 Fragancia del icono “Axión Estín”

 

(“Άξιον Εστίν” Axion Estín es el icono milagroso de la Panahgía que está en la Santa Montaña Athos.

Es uno de los iconos famosos de allí. Se encuentra en el templo del Protaton en Kariés, considerado como»icono protector común» de todos los monasterios del Monte Athos, llevando en su marco los sellos de los 20 monasterios. Este antiguo icono milagroso se encontraba en una kelia de Pantocrátoros por debajo de la Skiti de San Andrés en el lugar llamado “valle del Hades. El 11 de junio de 980 dC el yérontas faltaba de su kelia, ya que había ido a un agripnía-vigilia en Kariés, dejando solo a su obediente. El monje obediente por la noche cuando estaba haciendo su canon, en un momento escucha que tocan a la puerta, abre y ve a un pasajero que le pide que le hospede, cosa que hace.  El monje continúa haciendo su canon hasta llegar a la Hoda 9a “La más honrada que los Querubines….”. Entonces el visitante le interrumpe y le dice: “No, primero dirás “Axion estín- verdaderamente es digno alabar y venerar la Zeotokos…” como complemento del Canto Megalinarion hecho por Kosmás Maiumás.  El monje entusiasmado escribió el himno y el pasajero desapareció. Según la Santa Tradición era el Arcángel San Gabriel. Cuando regresó el yérontas su monje obediente le describió los hechos y una vez se hubo informado a la Santa Comunidad, el icono fue transportado al Protaton, donde continúa haciendo milagros hasta hoy en día; y la kelia, ya que fue honrada por la visita Arcangélica hoy lleva también el nombre de Axion Estín”.)

 

Relató el Santo: “El lunes del Diakenísimo (semana que sucede la Pascua) estaba sentado en la sala de visitas y decía la oración del corazón o de Jesús. ¡De repente sentí una fragancia, cosa grandiosa! Salí al pasillo para ver de dónde provenía, fui a la Iglesia, nada. Salí al patio. La fragancia era muy densa. Oía que se estaba tocando el tálanto; miré y vi que bajaba hacia abajo una procesión y entendí que provenía del icono de la Panaghía”.

 

Este día se hace la procesión del icono milagroso “Axión estín”. Baja por debajo del Monasterio Kutlumusio, hasta la Kelia de los Santos Apóstoles (de Alipio). La Kelia de “Panaguda” está a una distancia de un kilómetro más o menos. Desde esta distancia la Panaghía mandó de cierta manera su saludo al Santo Yérontas.

 

12,6 Las Reliquias de San Cosme el Primero.

 

Al inicio de la Cuaresma de Navidad del año 1981 se hizo la exhumación de las Reliquias de San Cosme el Primero (supervisor encargado de la Santa Montaña Athos). Había sufrido el martirio por los Latinos el s. XIII. Sus Reliquias aparecieron en Protato (Sede del gobierno de Athos) después de tantos siglos.

 

El día siguiente a la exhumación, San Paísios entró en la Santa Montaña. Cuando llegó a Kariés (capital), fue y veneró con devoción las Santas Reliquias. Recibió y sintió inenarrable fragancia. Decía que hasta la tierra de la tumba tiene jaris-gracia increada, porque la ha recibido de las Santas Reliquias.

 

El Domingo de la Ortodoxia del año siguiente se hizo la vigilia panaghiorítica (de todo Athos) en honor al Santo, y allí se encontraba también el Yérontas. Durante la vigilia veía la luz increada estar desbordando desde el tejado de la Iglesia sobre la Santa Kara (cráneo). Se había completamente clavado y se deleitaba en esta luz celeste que era invisible para los demás.

 

12,7 “Cabrito” en el techo.

 

El Yérontas acogió en su Choza por una noche a un joven monje. Le ofreció para dormir un banco de madera en el pasillo. Le tendió una manta de pelo para taparse y como almohada una alfombra enrollada sin usar. Fabricó una bonita cama ascética. Decía al monje sonriendo: “El que  duerme con esta almohada, ve visiones divinas”.

 

El día siguiente le preguntó de forma natural sonriendo:

-¿Cómo has dormido? ¿Has visto visiones?

-No, Yérontas

– ¿”Cabritos” (demonios) has visto?

-Tampoco.

-Ayer, explicó con seriedad el Yérontas, vino el cabo de la guardia desde Kariés y estuvimos hablando. Escuchábamos desde el techo un “cabrito” que estaba todo el rato balando.

 

12,8 Muchas luces en su Kelia

 

En el año 1982, el día de Pascua, dos padres, hijos espirituales del Yérontas, pasaron por la Kelia del “Ravdujos” para saludar al Yérontas diácono-Yanis y decirle “Cristo ha resucitado”.

Éste les preguntó si celebraron la Pascua en la Kelia del Yérontas Paísios.

-No, le contestaron, la hemos celebrado en Kutlumusiu y estaba con nosotros también el Yérontas.

 

Se extrañaba el diácono-Yanis y sorprendido les explicó lo que había sucedido: él con los demás padres celebraban la Pascua en la Kelia de a lado. Cuando terminaron y se marchaban, vieron en la “Panaguda” muchas luces encendidas. ¡Toda la Kelia estaba dentro de una luz, una inundación de luz extraordinaria! Impresionado el diácono-Yanis por este espectáculo dijo a los otros: “Mira con qué nobleza celebra la Resurrección el Yérontas Paísios. Y nosotros hemos terminado muy prontito.”

 

Pero en Panaguda en aquella noche no había nadie, ni siguiera el mismo Yérontas Paísios. Por tanto, ¿qué serían aquellas luces? El Yérontas cuando le comentaron aquel acontecimiento respondió humildemente: “Así economizó Dios para informar al diácono-Yanis. Porque algunos visitantes van y le molestan para preguntar a dónde está mi kelia, y puede ser que alguna vez se haya enfadado o indignado como ser humano, por eso Dios le ha indicado esto”.

 

12,9 La promesa de la Panaghía

 

El Yérontas vio en su sueño que iría a un viaje largo y preparaba sus papeles. Había otros hombres que preparaban ellos también sus propios papeles. Entonces se presentó una bella y majestuosa mujer vestida de oro. Le cogió los papeles, los puso en su bolsillo y le dijo que esto lo iba arreglar ella, pero todavía no era el tiempo de marcharse, era temprano. Anteriormente el Yérontas había orado: “Panaghía mía, mi pasaporte y mis papeles no están preparados”, dando a entender que no estaba preparado para marcharse para la otra vida.

 

Después de poco tiempo se fue a Jerusalén, a Getsemaní, y con la sorpresa, lo que comprobaron también sus acompañantes, de que reconoció en el rostro del icono de la Panaghía de Jerusalén a la “Señora” que había visto en su sueño. Así se concienció de que La que se le había manifestado era la Panaghía y el gran viaje era la partida de esta vida pero aún no era la hora.

 

 

12,10 En Tierra Santa y en Sinaí

 

En el año 1982 el Yérontas se fue a Tierra Santa y veneró “santamente lo santo”. Era su primera y única visita. Hablaba con admiración sobre la gran jaris-gracia que tiene la Tierra Santa, especialmente el Gólgota y el Santo Sepulcro.

 

En el Monte Tabor, cuando fue a venerar, mientras oraba, “algo le sucedió”. Alguien escuchó del Yérontas que había visto la luz increada. Después indicó al vigilante del lugar del peregrinaje el punto exacto donde se hizo la Divina Metamorfosis del Señor.

 

En Nazaret vio a un Judío criptocristiano que con devoción se quitó su gorrito y se fue y bebió agua bendita de la Panaghía, mientras que estaba vigilando no ser visto por la gente. Reveló el Santo: “Hay muchos Judíos criptocristianos que tienen miedo a manifestarse, porque son perseguidos, y más tarde la mayoría se bautizará y ellos serán nuestros mejores amigos.”

 

 

En el Monte de los Olivos rogó a los monjes de Tierra Santa que le estaban acompañando para que le dejaran un rato solo para orar. El Yérontas se quedó arrodillado en la piedra que había orado el Señor con agonía antes de Su detención, la abrazó fuertemente, como si se hubiera hecho uno con ella, orando con sollozos bastante rato. Este espectáculo provocó una gran impresión al vigilante romanocatólico.

 

Dijo el Yérontas: “Tres hombres me han impresionado. Uno era (actualmente difunto) el Obispo de Nazaret, Isidoro, el otro el padre… (Aún vive)…”. Y el nombre del tercero no nos lo reveló por alguna razón suya.

 

A continuación se trasladó a Sinaí para ayudar en el Monasterio. Además que deseaba él mismo permanecer también por un espacio de tiempo. “Quiero recordar todo lo antiguo y que se quede un poco tranquilo el barrio de la Santa Montaña Athos de tanta gente que viene”, dijo.

 

Encontró el lugar adecuado de permanencia, en la Santa Skepi y una kelia pequeña. Pero no consiguió quedarse por mucho tiempo. Ayudó en lo que pudo en el Monasterio de Santa Katerina y retornó a la Santa Montaña Athos. El mismo nos ha dicho en relación: “Fui a Sinaí para vivir allí por mucho tiempo, pero no pude. El día en que acordamos viajar a Jerusalén yo estaba con fiebre, muy mal de salud. Era imposible viajar;  Pero, ¿qué hacer? El hombre conocido mío había hecho tantos sacrificios; ¿cómo le digo ahora que no puedo viajar?  Me quedé un poco en Thesalónica, me recuperé algo y me obligué a mí mismo y viajé. Primero fuimos a Jerusalén, porque quería primero venerar allí. Pero después del viaje hacia Sinaí con autobús me golpeó el aire en el pecho y cogí frío en el pulmón. Como sabes, tengo sólo un pulmón. Cuando llegamos estaba moribundo. El médico responsable de allí decidió ponerme inyecciones de cortisona. Le digo, “¡bendito mío yo desde el año 1960 no he tomado ni una aspirina y tú ahora me vas a poner cortisona!”. Pero insistió tanto que cedí. Apenas puestas las inyecciones de cortisona se derramó sangre en los intestinos. Entonces me puso inyecciones para pararla. Ya había llegado al final. Si hubiera muerto me hubiese quedado tranquilo. “¡Aah, cómo voy a morir!” Todavía tengo pecados que saldar”.

 

»Pero a continuación también me veía a mi mismo sin fuerzas. Después, el desierto había cambiado, no era tal y como lo había conocido antiguamente. Ahora los Beduinos no eran pacíficos y tranquilos, como en la época anterior en que estuvo. Ahora tenían coches, destornilladores y radios y uno veía allí en el desierto del Sinaí este espíritu mundano inquietante. Ahora uno encuentra más hisijía en el Monasterio que fuera en el desierto”.

 

12,11 Energías y operaciones de la divina jaris-gracia increada. 

 

Dijo el Santo: “Durante la visita de la divina jaris increada se sobresalta el corazón. ¡Una vez estaba orando durante catorce horas continuamente y en vez de estar cansado tenía paz, una alegría y deleite! En un momento pensé, si estoy en esta edad, también me faltan dos costillas, voy a ponerme el cinturón, me ato con una cuerda desde el techo y si tuviera también dos palos con forma de v para apoyarme con los sobacos, así podría continuar y darlo todo hasta donde llegase. ¡Esto era! Apenas hice este loyismós, me derrumbé abajo y entonces salió todo mi cansancio. Me quedé por un cuarto de hora inmóvil. Era como si Dios me dijera que Su jaris es la que me mantiene y no el cinturón. ¡Y dirás que el loyismós era pecaminoso o tenía egoísmo! Pensé: “Ya que estoy en esta situación corporalmente, pues, debo tener cuidado! Cuánto más un loyismós orgulloso no podría expulsar totalmente la jaris increada. Qué fina y sutil es la vida espiritual y cuánto cuidado hace falta”.

***

Semejante acontecimiento vivió el Yérontas también en la Skiti “Santa Cruz”, el cual lo narró el 27-10-1978 de la siguiente manera: “Una vez estaba orando en pie por muchas horas. No sólo no sentía cansancio sino una indescriptible alegría, tanto que no quería interrumpir la oración. Para poder continuar lo máximo posible, intenté ceñirme un cinturón muy gordo. Pero no pude cogerlo y me derrumbé totalmente en el suelo como un rollo. Tanto rato Dios me mantenía y apenas quise añadir mi supuesta fuerza humana y cuidado, retiró Su fuerza, para indicarme qué valor tiene mi esfuerzo e intento”.

***

Otra vez nos narró: “Estaba en una vigilia y tenía mucho frío. Pensaba, cuando tome la comunión, que después de la Divina Liturgia iría a mi Kelia a envolverme con tres o cuatro mantas para calentarme.

»Paro apenas había comulgado, un calor comenzó a extenderse en todo mi cuerpo. Igual que la estufa eléctrica calienta poco a poco, así me sentí extendiéndose en mi interior la divina Jaris-gracia, energía increada.

 

12,12 Visión de niño orando

 

Relató el Yérontas: “Una vez rogaba a Dios para que me indicase cómo orar. Entonces vi en una visión a un niño conocido mío arrodillado con lágrimas confesándose a Dios y después elevando sus manos rogándole. Esta imagen me destrozó y dije: “Dios mío, perdóname, no he aprendido aún a orar”. Por eso la oración es bueno que empiece por la confesión general de nuestra vida y después la petición, en la que debe haber también doxología y gratitud.

 

 

12,13 “Cristo mío, bendígame…”

 

El 12 de marzo de 1984 sucedió un acontecimiento que el Yérontas lo narró unos días después de la siguiente manera: “Mientras estaba orando y contemplando el icono de Cristo, sentí algo en mi interior y cayendo al suelo dije: “Cristo mío, bendígame”, e inmediatamente sentí una fragancia por mucho rato inundando toda mi kelia. Incluso tenía una alfombrita llena de tierra y también esto despedía fragancia. Me quedé arrodillado  abrazando también a esta pequeña alfombrita con su polvo.

 

12,14 “¡Terrible visión!”              

 

El Yérontas un 11-4-1984, el martes (después de Pascua) a medianoche tuvo una visión referente al terrible crimen de los abortos. Se lo ha comentado a muchos y está publicado, y lo ponemos aquí porque es un tema de suma importancia, preocupa a muchos y quizás pueda ayudar a alguna psique. Mencionó: “Mientras había encendido un par de velitas, como de costumbre hago, incluso cuando duermo, para los que padecen de problemas psíquicos y físicos, en lo cual están también incluidos los difuntos, ¡veo una visión terrible! Había un campo de trigo, pero el trigo aún no había sacado espigas, apenas comenzaba hacerse paja o caña. Yo me encontraba fuera de la delimitación del campo y pegaba velas para los difuntos por la parte de fuera de una pared. A la izquierda había un lugar irregular, barrancoso y baldío, el cual se sacudía por un fuerte rugido de millares de voces afligidas, que hacía afligirse al corazón más duro. Mientras estaba sufriendo por aquellas voces espantosas y no podía explicar la visión, escuché una voz diciéndome: “Por un lado, el campo con el trigo sembrado, que aún no había sacado espigas, es el dormitorio o cementerio con las psiques de los muertos que resucitarán; y el otro lado, que es sacudido por voces espantosas, es el lugar donde se encuentran las psiques de los niños por los abortos”.

 

» Pero mientras intentaba recuperarme de la visión, no podía sin embargo recuperarme por la cantidad de dolor que sentí y no podía estirarme para descansar un poco, a pesar de que estaba cansadísimo por el recorrido y por estar en pié el día anterior!»

 

12,15 “La Panaghía”

 

Relató el Yérontas: “La pasada Cuaresma, 21 de Febrero 1985, se presentó la Panaghía vestida de blanco. Me dijo que sucederán muchas cosas en el mundo, por eso que me cuidé de coger… (Algo que concernía personalmente al mismo)”.

 

Se manifestó cerca de la esquina en la parte noroeste de su Choza. Cuando el Yérontas la vio, dijo humildemente: “Panaghía mía, el lugar está sucio y yo también estoy sucio”. Pero desde entonces veneraba también hasta el lugar donde “se pusieron los pies”  de la pura Madre de Dios. Quería en aquel lugar sembrar flores para que no fuese pisado.

 

En el Calendario, el 21 de Febrero, apuntó criptográficamente este acontecimiento admirable de la siguiente manera: ¡La Panaghía! 10,39, antes de median… Totalmente vestida de Blanco Reluciente…

 

12,16 Sobre el Anticristo, el 666 y los carnets de identidad.

 

El Padre Paísios compartía las agonías y los sufrimientos de los hombres y respondía a sus problemáticas. Un tema, que daba mucho que pensar en aquel período a los fieles, era el tema de los carnets de identidad. El Yérontas también antes de la aparición del problema hablaba sobre las señales del Anticristo, dónde él creía que hacía falta. A continuación con motivo de la expansión del código de barras con el número 666 en los productos, y el intento del Estado de expedir nuevos documentos de identidad que contendrían –como más tarde ha sido revelado- cinta negra, el 666 y la forma del diablo, se expresó más sobre el asunto.

 

Entonces era peligroso para uno hablar sobre estos temas, por el miedo del engaño, pero también por la reacción. Padres espirituales con perfecta instrucción teológica evitaban  contestar a los fieles en relación a estos temas y mandaban a los hombres para que fuesen  informados por las opiniones del Yérontas. Al principio se había creado una confusión también dentro del espacio de la Iglesia, exceptuando algunos ejemplos iluminadores, algunos –menos mal pocos- expresaban y difundían opiniones engañosas y otros eran indiferentes.

 

El Yérontas tomó parte y posición hablando claramente. No se bastó sólo en responder a las múltiples preguntas de los fieles, sino que en el año 1987 escribió su conocida epístola: “Señales de los tiempos-666”8,  fue aceptada con mucho alivio y hasta hoy en día nos orienta. Muchos reconsideraron sus opiniones, y se pusieron de acuerdo con las opiniones del Yérontas. Porque había previsto que en el futuro haría falta, la escribió a mano y la firmó, para que no fuesen alteradas sus opiniones, las que mantuvo hasta su dormición.

 

8 Sugerimos y remitimos al lector que esta epístola ha circulado auténticamente en un manual que contiene también fragmentos de conversaciones grabadas sobre estos temas: Edición Choza de Anástasis, Kapsala 1995, ver también “Logos B”, del Yérontas Paísios, en la pag. 175-192.

 

Lo que dijo y escribió el Yérontas es fruto de oración, de sensibilidad espiritual y de información interior.

 

Quería que viviéramos la vida espiritual, que estuviésemos bien informados y preparados para sacrificios. Ni tampoco seamos indiferentes ni nos domine el pánico ni la agonía. Que nos caracterice un espíritu de confesión, donde sea necesario y según la posición que cada uno tenga.

 

A unos jóvenes que le preguntaron si debían casarse, porque podían suceder todas estas cosas apocalípticas, los incitaba a hacer familia y trabajar, porque también durante los años de persecución los Cristianos lo mismo hacían.

 

“Nuestros años”, decía, “son muy difíciles, tendremos que dar testimonio, quizás también sufrir martirios durante el chaparrón que caerá. Sólo con la vida espiritual uno puede salir a buen puerto. No debemos decepcionarnos. Estos años difíciles son una bendición, porque nos obligan a vivir más cerca de Cristo. Es una ocasión para más lucha (espiritual). La guerra de ahora no será con las armas, sino espiritual, contra el Anticristo. Intentará a engañar “si es posible también a los escogidos” (Mt 24,24). Todo será controlado por la bestia, desde Bruselas. Después de las tarjetas y del carnet de identidad, avanzarán hacia el sellado; coaccionarán a los hombres para que sean sellados en la mano o en la frente. Sólo los que llevan el sello podrán comprar, vender y ser asistidos. Los fieles que negarán, serán molestados y atormentados. Por eso desde ahora deben acostumbrarse a hacer vida simple y si pueden, tener algún terrenito en el campo o en el pueblo, unos cuantos olivos o algún animal para las necesidades de sus familias. El apretón durará tres años y medio. Dios no dejará sin ayuda a los hombres.”

 

Rechazaba la lógica y la táctica de algunos que decían: ¿Y qué, si me sello? Me santiguaré, haré la señal de la cruz en mi cabeza”, o tomaré el carnet de identidad y encima de esto marcaré una Cruz” o “desde mi interior no negaré”.

 

Decía en relación: “Si los Cristianos de hoy en día con su lógica vivieran el tiempo de las persecuciones, no tendríamos ningún mártir y testimonio. Los primeros Cristianos no utilizaban para nada la lógica (razón), sino que confesaban firmemente a Cristo y deseaban ardientemente  ser martirizados. Les ofrecían buenos puestos y les decían: “sólo tienes que decir que no eres Cristiano y en tu interior cree a tu Dios, pon un poco incienso, haz como si sacrificas y después no sacrifiques, haz como si comieras cosas impuras y tú come carne limpia, no pregones en este lugar, ves a otro”; y a pesar de esto con nada negaban a Cristo. Con alegría corrían para ser martirizados para el Cristo. Estaban ardiendo de divino eros.

 

»La Iglesia que tome una posición correcta. Tiene que protestar y pedir al estado por lo menos que el nuevo carnet de identidad no sea obligatorio. Explicar también a los fieles para que entiendan que, si toman el carnet de identidad, esto será una caída.

 

En conclusión el Yérontas creía que: “Detrás de la CEE se esconde la dictadura de los Sionistas. Una dictadura tan cruel sólo el diablo podría pensarla. El sello es negación; e incluso el carnet de identidad es negación (a Cristo). Cuando encima del carnet de identidad tienen el símbolo del 666 (Apo 3,17) y yo firmo, entonces la acepto esta cosa. Es negación, las cosas son clarísimas. Niegas el Santo Bautismo, te pones otro sello, niegas el sello de Cristo y tomas el del diablo. Una cosa son las monedas que tienen el 666 –dad al Cesar lo que es del Cesar… (Lc 20,25)- y otra cosa es el carnet de identidad que es algo personal.

 

»Incluso si uno acepta ser sellado por ignorancia o indiferencia, también pierde la divina jaris (energía increada) y recibe la energía demoníaca».

 

En pocas palabras esta era lo posición del Yérontas. Hablaba con certeza y claridad hasta el día de su dormición. Ahora conduce y enseña con sus escritos.

 

12,17 Fragancia de Santa Reliquia

 

Nos relató el Yérontas: “Estábamos caminando con el padre Paísio y los dos sentimos una intensa fragancia. Entendí que allí cerca estaba enterrada la reliquia de un santo asceta. El día siguiente me fui solo y localicé el punto de donde salía la fragancia. Tenía el propósito de cavar y encontrar la Santa Reliquia, pero después por alguna razón la dejé enterrada.

 

12,18 Sorpresas

 

Testimonio del padre N. Aghiorita: “Visité al Yérontas en la “Panaguda”, por primera y única vez el 1987 con Juan, un compañero de estudios. Tocamos varias veces la campanita, gritamos y esperamos. Volvimos a tocar la campanita y ninguna respuesta. Pleno silencio. De golpe oímos salmodiar en su Kelia. Eran muchas voces juntas y finas. Sobresalía el “Agios-Santo…” “Agios-Santo…”

 

-Están celebrando la Divina Liturgia y están en “Santo Dios…”, seguramente tardarán en terminar, por tanto mejor marcharnos, dije.

-No, vamos a esperar. Sólo que sin volver a llamar, dijo Juan.

»De repente pararon las salmodias y salió el Yérontas. Me acuerdo de su rostro; estaba fuertemente iluminado, ¡nunca había visto nada semejante! Estaba solo, no había allí  nadie más. Pues, ¿qué sería esa multitud de voces finas”? Nuestra incertidumbre se culminó.

»Preguntó que cuántos éramos y entró de nuevo en su Kelia. Tomó la llave y vino a abrirnos. Nueva sorpresa: ¡El Yérontas no caminaba en el suelo! Se acercó a pasos lentos y dos o tres metros antes de llegar a nosotros, de repente sentimos una fuerte fragancia!

Nos quedamos perplejos.

-Bienvenidos, nos dijo, saludándonos.

»Nos indicó que nos sentáramos en unos troncos de madera y nos trajo lucumi-tipo de golosina. Preguntó que qué estábamos estudiando y tomando un motivo, comenzó a hablar sobre el beneficio de la oración y especialmente, cuando el cuerpo padece de alguna enfermedad. “Entonces nuestro salario es completo”, nos dijo. Mientras estaba hablando, de repente se agachó hacia abajo con la mano en su vientre. Entendimos que padecía de hernia. Amablemente nos dijo:

-Perdonadme, padezco de esto… Pero ahora os tenéis que ir.

»Nos reclinamos para recibir su bendición, nos tocó cariñosamente en la cabeza y nos marchamos. Hasta hoy no había manifestado estos acontecimientos admirables que fuimos dignos de vivir aquella bendita mañana”.

 

12,19 Operación quirúrgica de la hernia

 

Un día en que estaba haciendo pequeños iconos en la prensa, por el apretamiento y la presión sufrió hernia. Tal y como se rompe un tela, así se rompió también su pared abdominal y desde entonces sufría también esta cruz. A pesar de esto en las vigilias comunes se quedaba de pie durante horas, y cuando tenía gente, por regla general los veía estando de pie, para que no le retrasasen mucho. Las súplicas de sus conocidos médicos y de sus hijos espirituales, no eran escuchadas. Intentaba con sus formas prácticas mantener simplemente esta situación.

 

Un vez que había salido del Monasterio Surotí fue a verle un médico y se ofreció a ayudarle:

-Yéronta, ¿qué problema tiene usted? Por si puedo ayudarlo.

-Tengo hernia, pero no puedo operarme. Déjelo, algo tengo que tener. Es una gran cuestión tener algo, tú sufres y ruegas a Dios por esto, pero oras también para los otros. En este caso Dios escucha mucho la oración del que padece y pide por los demás para que se hagan buenos y se sanen.

 

Esta situación duró algunos años y se fatigó inimaginablemente. Le dolía mucho, pero no lo indicaba. Por lado derecho ya no podía acostarse. Sus deberes espirituales los hacía, pero con dificultad y dolores.

 

Finalmente, ceñido con un cinturón especial y con un bastón, enfermo y dolorido, inició el viaje hacia el Sinaí. Pero el médico que le vio en el Monasterio de Surotí, no le dejó continuar su viaje. Debía pasar por el quirófano urgentemente. Su estado de salud estaba crítico y no cabía ninguna demora.

 

Así, en vez de en el Sinaí, se encontró en el quirófano, sin su voluntad. El piadoso médico señor Gheorgios Blantzas quien le operaría, estaba un poco triste por el desenlace de la operación. El Yérontas lo entendió y le dijo:

-No temas Gheorgios, he visto la operación… Todo irá bien. Sólo quiero que no escribas Monje Paísios, sino Arsenio Eznepidis.

-¿Por qué, Yéronta?

-Porque va a venir gente y sufriréis.

 

Realmente se realizó la operación, todo fue bien, tal como predijo el Yérontas. Los médicos y las enfermeras no se dieron cuenta de quién era ese monje; sólo decían: “Este monje es un misterio. Por aquí han pasado muchos monjes, pero este era diferente”.

 

El Yérontas ingresó en el Hospital Theagenio de Tesalónica el 12 de noviembre del año 1987. Se operó de una hernia en la ingle y salió el 18-11-87 con mejoría.

 

Después, sin recuperarse bien del todo y sin entrar a la Santa Montaña Athos, se fue por poco tiempo al Sinaí.

 

12,20 La película blasfema

 

En el año 1988 se había creado un escándalo en toda Grecia por la película blasfema del Escorcese, “La última tentación” que estaba basado en la homónima obra de Kazantzakis.

 

Más allá de reacciones aisladas del piadoso pueblo helénico, se decidió por la Iglesia hacer una protesta concertada, el 6-7 del Noviembre del mismo año. Se pidió también la participación de la Santa Montaña Athos.

 

Pero algunos reaccionaron negativamente. No lo consideraban tan espiritual ocuparse con este tipo de temas diciendo con desprecio de ellos hacia esta obra que esto sería causa para que sea más proyectada.

 

El Santo tenía una opinión totalmente contraria: “En el período de la iconoclastia”, decía, “cien Cristianos defendieron vigorosamente el icono de Cristo en el Santo Altar y sufrieron martirio por esto. Ahora que es blasfemada la persona de Cristo no debemos estar indiferentes. Si viviéramos en aquella época nosotros “discernientes” y “gnósticos” diríamos a los cien mártires: “Así no operáis espiritualmente; ignorad al de la espada que sube a derribar el icono, y cuando la situación cambie, pondremos en su lugar otro icono, y sobre todo más bizantino”. ¡Esto es lo terrible! Nuestra caída, nuestra cobardía y nuestra acomodación, las presentamos como algo superior!”

 

La manifestación sobre la película blasfema la consideraba como confesión de fe, por eso acudió a respaldar a la Iglesia combatiente. Además de sus particulares exhortaciones, firmó junto con otros padres un manifiesto hacia el Santo Monasterio de Kutlumusíu, expresando su deseo de participar en el éxodo-salida de los monjes Aghioritas a Thesalónica para la manifestación en relación. Con su posición ayudó, de modo que la Santa Comunidad decidiera la participación oficial y multitudinaria de la Santa Montaña Athos. La presencia del Primer Oficial de Athos, la mayoría  de representantes, higúmenos y cien monjes Aghioritas trajeron mucho entusiasmo y conmoción a la multitud concentrada en Tesalónica. Especial sentimiento provocó la presencia del Yérontas. Durante toda la manifestación se quedó en pie, a pesar de los serios problemas de su salud. Al final peligró de ser aplastado por las manifestaciones de devoción de la multitud.

 

Incluso tomaron parte en ella monjes y monjas de monasterios del mundo y multitud de gente. La operación concertada y las oraciones de todos y del Yérontas trajeron resultados beneficiosos. El Estado prohibió la proyección de la película blasfema. Así se evitó “la última tentación”. Ojalá que sea la última.

 

12,21 Ve la jaris (energía increada) del Sacerdocio

 

Un día sonó el hierrecito. (Era una antigua pieza de arado colgada en el cerco que los peregrinos tocaban con un hierro para avisar al Yérontas”. El Yérontas miró por la ventana y vio a una decena de personas esperando. Saliendo de su Choza para abrirlos, decía caminando hacia la puerta del patio: “Un militar del ejército que no lleva su gorra ni su uniforme, puedes pegarle que posiblemente que no te pueden hacer nada. Sólo uno de todos ellos habló, diciendo: “Yéronta nosotros también somos para que nos peguen”, (Sólo éste entendió el significado y sentido de la palabras del Yérontas, porque le concernían, mientras que para los otros eran incomprensibles).  Una vez que los abrió y pasaron dentro, a éste le llevó aparte y sin preguntarle nada, le dijo: “Mira, esto que haces no es correcto, porque la gente ahora va a creer que has hecho algo. Tienes que ponerte las sotanas, dejarte barba y una vez que te confieses a tu Obispo, rogarle que te ponga en algún despacho”. Naturalmente no debes celebrar Divina Liturgia, pero debes permanecer como cura para que no se escandalice la gente”.

 

Este había sido ordenado sacerdote en el extranjero. Después posteriormente leyendo el Pidalion, se concienció de que no era digno de hacerse sacerdote. Por eso él sólo decidió dejar el sacerdocio, quitándose las sotanas, y cortándose la barba y el pelo. El Yérontas reconoció la inextinguible jaris de la Santidad o del sacerdocio, “vio” el problema del sacerdote y le dio su consejo con discreción.

 

12,22 “Metamorfosis”

 

Era 28 de septiembre del año 1992. En una Kelia de Kapsala se hacía una vigilia en honor a San Isaac el Sirio. Entre los padres se encontraba también el Padre Paísios que tenía especial devoción por San Isaac. Participaba en la vigilia de una Kelia pequeña que estaba a continuación de la pequeña Lití.

 

Antes de la entrada a Vísperas los salmistas estaban todos en el coro derecho y salmodiaban el doxastikón. En la pequeña Capilla dominaba intensamente un ambiente regocijante. Todos estaban escuchando con atención. En la vigilia participaban observando también dos libaneses Ortodoxos, un clérigo y otro joven, y en aquel momento estaban de pie en los asientos del coro izquierdo. En un momento el clérigo se giró para decir algo al joven y ve al Yérontas estando de pie, elevado a 25 o 30 centímetros del suelo, teniendo en su mano izquierda el komposkini y encontrándose entero dentro de una luz. ¡Las partes descubiertas de su cuerpo, su rostro y sus manos, radiaban luz, una luz muy fuerte! Contemplando el espectáculo sobrenatural y no acostumbrado quiso decir algo pero no le salía. Viendo la sorpresa del clérigo también el joven se giró hacia atrás y también él vio el mismo espectáculo. El Yérontas tenía un poco agachada la cabeza, observándose a sí mismo. Parecía contento y sonreía. De repente no pudieron contemplarle siendo deslumbrados por la luz que había aumentado. Cuando después de poco rato consiguieron otra vez levantar sus ojos para mirarle, ya le vieron en su estado natural.

 

Pero el mismo espectáculo veía también otro Sacerdote Ortodoxo extranjero desde el Altar. La puerta de la kelia, la Iglesia y la Santa Entrada estaban como en una línea y abiertas. La pregunta que surge espontáneamente es, cómo de tantos padres que estaban presentes sólo lo vieron tres. En la vigilia se encontraban veinticinco personas, pero el Yérontas “se metamorfoseó delante de los tres”.

 

Quizás es porque solo estos tres eran dignos; quizás porque así lo economizó Dios por aluna razón que sólo Él conoce. Uno de los testigos presentas estaba construyendo un pequeño Monasterio en su país. Llevaba consigo los planos para enseñárselos al Yérontas, pero se le pasó este loyismós: “¿Qué te va a decir el padre Paísios? ¿Qué es el Paísios, si acaso es un Profeta?” Y el buen Dios le indicó “quién y qué es el padre Paísios”.

 

12,23 Responde a su loyismós

 

Testimonio escrito de K.D.: “Vi al Yérontas tener enrollado en su mano su komposkini. Pensé en darle el mío y tomar el suyo. Allí al lado donde estaba sentado, se gira y me dice sonriendo:

-Esto que estás pensando no se puede hacer. Mi komposkini es de trescientos nudos, en cambio el tuyo es de cien.

»La próxima ven compré uno de trescientos nudos y se lo enseño diciendo:

Yéronta ahora no te escaparás de mí; ahora te quitaré el komposkini.

-Si supieras lo que me pides, no lo harías. Pero, bendito sea, tómalo.

-No, le dije.

-No insistas. Ya que lo quieres, tómalo.

 

»Lo tengo aún guardado como bendición y amuleto».

 

12,24 “Tienes pies rotos”

 

Testimonio escrito por Constantino… de A.: “Era la primera vez que visitaba al padre Paísios. Me preguntó:

-Kosta, ¿cómo has venido aquí? Tú tienes los pies rotos.

»y continuó:

-Constantino, Dios, para llevársela, la amó mucho más.

-¿Cuál, padre?, pregunté con sorpresa.

-Tu prometida.

»Efectivamente, en el año 1991 me sucedió un accidente grave, me había roto los pies y había muerto mi prometida».

 

12,25 Terapias de enfermos

 

El señor E.A. odontólogo de Tesalónica, narró lo siguiente: “Estaba entristecido, porque mis dos hijos estaban enfermos. Me fui a la Santa Montaña para ver al padre Paísios. Fuera de su Kelia esperaban muchas personas. Después de un rato abrió la puerta y apareció: Dijo: “Valientes, en un par de minutos, no más, os veo…”.

 

»Al cuarto de hora se giró y me dijo: “Ven, Evánguelos…”, sin conocerme; primera vez que le visitaba. Fui, pues, y le dije: “Padrecito, yo con dos minutos no tengo bastante, porque estoy muy triste. Vine para deciros que quemaré tres Iglesias. Dile al Diosecito que deje de golpear a mis hijos. ¿Qué le han hecho?

 

»Me escuchó con atención y por segunda vez me llamó por mi nombre, sin saberlo:

-Escucha, Evánguelos. Tus hijos se pondrán bien.

»Después me regaló una Cruz hecha a mano por él con Reliquia de San Arsenio. Así fue mi primera relación y conocimiento con mi querido padrecito.

»Mi hija tenía soriasis. Cada dos o tres días su cuerpecito se hacía de arriba hasta abajo como de una serpiente. Habían pasado 15 días desde mi primera visita y no había aparecido absolutamente ninguna señal de la enfermedad, excepto un granito en la rodilla. Tomo una servilleta conmigo y vuelvo a ir a la Santa Montaña para agradecer y lavar los pies del padrecito, cosa que naturalmente no aceptó. Le encontré cavando, y antes de darme tiempo a decirle algo, me dijo: “Evánguelos, ¿qué has venido a decirme? ¡Qué tu hija tiene un granito en la rodilla? El Dios lo ha dejado esto para que se acuerde de su enfermedad”.

 

»Mi hijo padecía de una enfermedad seria. El desenlace de la enfermedad era dudoso. Los médicos no hacían ningún pronóstico seguro.

»La tercera vez que había ido al padrecito llevé también conmigo a mi hijo. Era un niño. En el Monasterio todos los monjes que lo veían me decían: “¿Por qué está durmiendo el niño?” Así era la expresión de sus ojos.

»El padrecito apenas nos vio, le dijo a mi hijo: “Venga, bienvenido mi muchacho valiente”. Había una roca muy pesada. Intenté levantarla pero no pude. El padrecito le dice a mi hijo: “¿Puedes levantar esta roca?”. El pequeño fue y la levantó. ¡Será posible! En aquel momento el padrecito se arrodilló a la altura más o menos del niño y le dijo: “A partir de ahora no tienes nada”.

 

»En aquel momento sus ojitos se abrieron. Ya no tenía su carita dormida que yo como padre estuve viendo durante dos o tres años. “Junto con la piedra que tiró, se marchó también la enfermedad del niño”, dijo el padrecito. Y realmente hasta hoy en día mi hijo doxa-gloria y gracias a Dios, está muy bien.

***

Un monje que padecía durante años de estreñimiento que a continuación le producía hemorragia. Se había creado una herida abierta, por la que perdía mucha sangre. Cuando lo supo el Yérontas, se compadeció. Se acordó de sí mismo que sufría la misma patología, cuando estaba el el Santo Monte de Sinaí.

 

Al principio indicó al monje soluciones prácticas pero poco le ayudaron y la hemorragia no cesaba. A continuación el hermano acudió a los médicos, utilizó también fármacos, pero sin resultado. El Yérontas estaba observando su situación preguntando siempre cómo estaba con interés sobre su estado de salud. Una vez que le encontró después de los tres días de la Semana Limpia, al comienzo de la Gran Cuaresma, le dijo: “Estaba pensando en ti, cómo lo harás estos tres días en el estado que estás”.

 

Pero la próxima vez que lo encontró, fue con pasos rápidos cerca de él y, sin haberlo saludado ni decirle cualquier otra cosa, le preguntó cogiéndole de los brazos y esperando con agonía la respuesta: “¿No estás bien ahora; dime no estás bien?” El monje se extrañó y respondió: “Sí, Yéronta, ahora sí, doxa-gloria y gracias a Dios estoy bien”. Y realmente estaba bien, porque no sólo había parado la hemorragia sino que desde entonces había desaparecido también el estreñimiento.

 

El Yérontas al principio intentó ayudarlo con medios humanos. Pero cuando vio la insuficiencia de ellos, acudió a Dios por la oración. En efecto, tenía una intuición interior de que su oración había sido escuchada, y simplemente lo estaba comprobando.

***

Testimonio del señor K.S. profesor: “Un Domingo, mientas me encontraba en la Iglesia, sentí un peso en el pecho. El día siguiente visité a un cardiólogo y con el cardiograma que hice se comprobó que mi corazón tenía un problema. Por consejo del cardiólogo hice un test de cansancio o fatiga, que dio positivo. Se hizo el diagnóstico y se supo que el problema estaba en los conductos o vasos coronarios y me recetaron para un año tomar fármacos. Después de nuevo hice un test de fatiga, y otra vez, salió positivo. Los médicos vieron que mi problema no se superaba con fármacos y me aconsejaron que hiciera una coronografía. Naturalmente me entristecí y me asusté. Acudí a Dios con oración y mandé una carta para que fuese informado también el Yérontas. Me respondió mediante el padre H., que iba a orar y todo iría bien. Me animé y decidí hacer este peligroso  examen, el 5-3-1992. Durante el momento de la coronografía, mientras estaba tumbado en el quirófano, mi nus estaba cerca del Yérontas y rodeaba por fuera y por dentro su Kelia. El examen terminó y los médicos parecían satisfechos, pero también a la vez estaban sorprendidos. El médico que me acompañó fuera del quirófano me miraba extrañamente y estaba sorprendido. Cuando me recuperé algo le pregunté: “¿Qué sucede doctor?”Aquel me respondió: “Es curioso, tu corazón tiene una rareza. Mientras que estábamos seguros que localizaríamos el problema en los vasos coronarios, comprobamos no solo que el problema no existía, sino que los vasos coronarios de tu corazón son también de buena calidad. Esto no se explica medicinalmente, sino sólo como una rareza de tu corazón”.

»Le contesté emocionado: “Doctor, mi corazón no tiene una rareza, sino que su estado saludable es un milagro que se debe a las oraciones del monje Aghiorita”.»

 

12,26 “Tomaremos la Polis (Konstantinopla)”

 

Un grupo de alumnos de la escuela Athoniada (de Athos), acordaron preguntar al Yérontas si tomaremos la Polis (Constantinopla) y si estarán vivos entonces.

 

Fueron al Choza del Yérontas, tomaron la invitación, pero tenían vergüenza de preguntar. Uno hacía señal al otro y finalmente nadie se atrevió a preguntar. Entonces el Yérontas les dice: “¿Qué pasa, valientes? ¿Qué queréis preguntar? ¿Sobre la Polis? Pues la tomaremos y además estaréis vivos”.

 

Un alumno transmitió las palabras del Yérontas al maestro Constantino Malidis que era buen cristiano y ardiente patriota. Él vino con interés a informarse y asegurarse mejor por el mismo Yérontas, y preguntó sobre la Polis. El Yérontas le respondió: “Constantino, deja estas cosas, no son para nosotros. Nosotros debemos estar preparándonos para la otra Polis”.

 

Esto fue un preaviso de la cercana muerte de ellos dos; y realmente no tardó en marcharse primero Kostantino y después el Yérontas para nuestra Patria verdadera y celeste, “la nueva polis”, la Jerusalén de arriba.

 

12,27 “Que pidas perdón”

 

Testimonio del señor Fotio Papadópulos, de origen Pontio de la ciudad de Drama: “Una vez salí de Kariés para visitar al Yérontas. Delante del Monasterio de Kutlumusíu encontré a un joven que quería ir a ver al padre Paísios. “Iremos juntos”, le dije. Apenas llegamos el Yérontas me dice: “Pontios, ¿por qué le traes éste aquí?”. Le expliqué que no está conmigo, sino que lo encontré por el camino. Me dice: “Llévalo de aquí, que se vaya de aquí; ¿sabes lo qué hizo?”. Dijo enfadado el Yérontas al joven: “Vete de aquí, para que no te vea. Lo que has hecho es imperdonable. Primero vete y pide perdón a la chica, y una vez que te haya perdonado, después regresa”, y le expulsó, cosa inusual en el Yérontas. Primera vez que vi al Yérontas así.

»Después, bajando hacia el Monasterio Ibiron, me confesó el joven que, mientras esperaba la novia en la Iglesia para casarse, pasó por allí una amiga suya y él se fue con ella. Así se anuló la boda.

 

12,28 “Debes tener nobleza espiritual”

 

Un clérigo de un monasterio del mundo, nos narró: “En Agosto de 1993 fui hospedado en un Monasterio Cenovio de la Santa Montaña Athos. El Higúmeno y los padres del Monasterio me ofrecieron quedarme a vivir allí con ellos y yo oraba para que Dios me indicara Su voluntad. Un día visité al Yérontas en “Panaguda”, simplemente para recibir su bendición. Pero tuve muchas sorpresas.

»Me llevó aparte y me preguntó: “¿De dónde eres, páter?” Le contesté. Me dice el padre Paísios: “Páter debes permanecer en tu Monasterio”. Me quedé anonadado. Y prosiguió: Tendrás tentaciones, pero harás  paciencia, porque debes pasarlas hasta que venga aquella hora”. En mi interior pensaba: “No entiendo qué son estas cosas que me dice”. Pero ahora que las he pasado y estoy pasando tentaciones, entiendo sus palabras.

»Después me dijo: “Que tengas nobleza espiritual. Es decir, cuando hablas con los jóvenes, no presionarlos. Esto es nobleza espiritual. Respetar al otro, sin presionarlo”. Entonces empezó a instruirme y decirme las cosas que he hecho en mi Monasterio. Me quedé sorprendido por cómo podía saber el Yérontas cuando hablaba con los jóvenes y los presionaba más sobre el tema de la confesión. A continuación añadió: “Si Dios quisiera, podría en un minuto hacer que se arrepienta todo el mundo. Giraría el botón a los 7 grados Richter, provocaría un seísmo y verías a todo el mundo hacer grandes santiguaciones. Pero esto no es metania verdadera. Esto es metania obligatoria y no tiene valor. Por eso tú no presiones”.»

 

12,29 Movimiento del candil

 

Testimonio de un anónimo: “Un año, cuando estaba terminando mi permanencia en Athos que cada año visitaba, fui a despedirme del anciano (San Paísio) y le dije: “Salgo al mundo con miedo y quejándome, porque en mi interior no ha cambiado nada. Mis problemas permanecen sin solucionarse. Pero si quieres y tienes pena de mí, porque solo tus palabras son pobres y débiles y no pueden cubrir mi drama, ruega a Cristo que se mueva un poco su candil como confirmación de tus dichos”.

 

»Y entonces, mientras estaba ojeando y mirando una vez al icono de Cristo en el templo de “Panaguda” y otra vez al padre Paísio “quien estaba orando en silencio”, se movió rítmicamente el candil de Cristo. Y con mi dedo temblando cogí un poco de aceite  y me hice la señal de la cruz en mi frente.

 

»El Yérontas me dijo: “Se movería también el candil de la Panaghía, pero después creerías que se movió por el viento”.»

 

12,30 “Viene…”

 

Testimonio del monje Pablo de gran Laura: “Con el bienaventurado Yéronta-Paísio me había encontrado muchas veces en su asceterio, en “Panaguda”. Se trata de un auténtico asceta y un hombre santo. Era apacible, pacífico, sin hipocresía, pobre, prudente, afable, hombre de oración y agapi, poseedor de raros carismas espirituales y de un altísimo entendimiento.

 

»Un poco antes de la dormición del siempre memorable Yérontas, le visité, para pedirle consejo para beneficio. Me acerqué a su Kelia, pero no había nadie allí, pero las dos puertas estaban abiertas. Salió el Yérontas, le hice una reverencia y después como de costumbre, me senté provisionalmente en una banqueta de madera y comencé a explicar mis pensamientos.

 

» Aquel estando en pie, iba y venía y murmuraba en voz muy baja periódicamente: “Viene…”, “Ah, éste es…”, “Mm…”, indicando con este movimiento que alguien venía a su encuentro. La escena duró sobre los diez minutos, así que yo viendo que no se fijaba en lo que decía, pensé: “Él no me atiende”. Antes de terminar el pensamiento me dice de forma fuerte: “Tú habla, yo te escucho”. Yo continué, sorprendiéndome. En un momento pensé otra vez: “El no me atiende” y aquel inmediatamente responde: “Tú di, yo te escucho”.

 

»En poco rato se oyeron pasos y vino el Justo de la Santa Skiti del Profeta Elías hieromonje Joaquín con su diácono hieromonje Pablo. Después del saludo, Pablo y yo nos alejamos. Le pregunté:

-¿Os habíais puesto de acuerdo con el Yérontas?

-No, porque no tiene teléfono. Primera vez venimos. ¿Por qué preguntas?

Le comenté lo sucedido.

»Y el padre Pablo dijo: “Es verdad esto que dicen sobre el Yérontas de que tiene el carisma de prever”.

 

12,31 El jefe Hinduista

 

El Yérontas ayudaba a muchos que se habían liado con el yoga y las religiones occidentales. Menciona un miembro antes jefe de un movimiento hinduista “Jari Crisna”:

 

«Yo sobre el Yérontas Paísios oí cuando estaba en Italia. Nos habíamos reunido los jefes de la organización de cada país de Europa y conversábamos. Allí dentro escuché sobre Paísios. Le presentaron como un yogui que apareció en Grecia, y decidí conocerlo.

 

»Vine a Grecia, conocí al Yérontas y empecé a entender mi error. Cuando les dije que me quiero marchar me  guerrearon mucho. Yo que dirigía toda la organización y rondaba por toda Europa, tenía miedo ya para entrar hasta en el autobús. Sentía una tremenda dificultad, incluso para las cosas mínimas. Percibía y sentía que mi psique estaba paralizada. Dolor y miedo. Había concedido muchos derechos al diablo, pero el Yérontas me ayudó a escapar. Si no fuera por el Yérontas que me cubrió con sus oraciones, no podría escaparme por nada del mundo de las energías satánicas.»

 

Más tarde este joven hizo una confesión pública en un Templo Santo de Atenas y ha vuelto a ser recibido de nuevo en el seno de la Iglesia Ortodoxa con el misterio de la Crismación o Unción.

 

12,32 El discípulo de Maharatzi

 

Había ido al Yérontas un rico que por muchos años había sido discípulo con toda su familia del gurú hindú Maharatzi. Había recibido la iniciación que daba el gurú; es decir, “había recibido el conocimiento”, como lo llaman ellos en su lengua. Viajaban por grandes ciudades de Europa para ver a su gurú pagando mucho dinero.

 

El Yérontas con su carisma de prever reveló varios acontecimientos de su vida, y le aconsejó trabajar, aunque no tenía necesidad económica, porque el trabajo le haría bien.

 

Impresionado por los carismas espirituales del Yérontas, le preguntó sobre la meditación y las diversas otras técnicas.

-Mira hijo mío, le interrumpió con bondad el Yérontas. No tienen importancia las técnicas. Vosotros también lo intentáis, pero allí a donde caváis no hay oro sino diablo. El oro es el Cristo.

 

12,33 El Yérontas y los jóvenes

 

El Yérontas tenía especial relación espiritual con los jóvenes. Los amaba realmente como hijos suyos, se interesaba para que encontrasen su camino y oraba por ellos. Les ayudaba a superar las dificultades y sus problemas. Se compadecía junto con ellos. Ellos sintiendo su gran agapi, le tenían ilimitada confianza, le obedecían, y le adoraban literalmente. Veías en su Kelia los jóvenes que vivían espiritualmente y querían dedicarse a Dios y los otros que querían hacer familia, pero también a los adictos a las drogas, a los anarquistas, confundidos y desviados, a los enfermos psíquicamente y a los desesperados pensando en el suicidio. Ya que con los consejos del Santo se convertían, se arrepentían y se volvían a sí mismos, y a continuación le visitaban transformados espiritualmente pero también eran como predicadores de la metania a sus amigos, que los llevaban junto con ellos al Yérontas. Para que se vea el modo y forma de ayuda, señalaremos indicativamente algunos incidentes:

***

Ayudó a muchos drogadictos a desintoxicarse y a limpiarse de las drogas. Al principio conseguía despertar el interés y comunicarse con ellos ganando su confianza. Le observaban con interés y aceptaban sus consejos. Muchos con su oración y su ayuda fueron liberados del pazos y se hicieron Cristianos ardientes y buenos padres de familia. Decía con compasión: “Pobrecitos, no pueden recogerse; la juventud de hoy en día se hace inutiliza a sí misma”. El mismo les ataba los cordones de sus zapatos, echaba las moscas que les molestaban y los arreglaba el pelo que caía sobre sus ojos. Los aconsejaba que fueran a confesarse, que hiciesen una vida espiritual, encontrar un trabajo sencillo para que estuviesen ocupados. Les aconsejaba que comieran zanahorias y les daba también otras instrucciones prácticas. Les mandaba al ambiente adecuado para su desintoxicación, les ayudaba a incorporarse a la sociedad y crear una familia.

 

Un joven drogadicto intentaba cortar su pazos por el que sufría el mismo y su familia. Aunque en su interior tenía una vaga e indefinida imagen sobre el padre Paísios, a pesar de esto puso su última esperanza en el Yérontas. “Éste tendrá algún fármaco para dejar la droga”, pensaba cuando estaba bajando hacia “Panaguda”. Apenas le vio  el Yérontas le dijo sonriendo: “Ven, ven; tengo unas pastillas buenas para ti”, y le puso en su mano unas avellanas.

 

Realmente sus “pastillas” dieron resultado y se hizo el milagro. ¡La drogodependencia del joven a las drogas se cortó de golpe!

***

Testimonio de un anónimo: “Una vez vi a un estudiante conocido homosexual que vino a ver al padre Paísios. Después de la conversación vino en metania y cambió su vida. Después le encontraba en las vigilias de Tesalónica detrás de una columna derramando muchas lágrimas. Lloraba en silencio y serenamente. Admiré la misericordia de Dios y la metania del hombre, pero también la jaris del Yérontas que conseguía convertir en honesto y honrado al indigno, “…si te vuelves porque yo te haga volver, estarás en mi presencia; y si sacas lo precioso de lo vil, serás como mi boca…” (Jer 15,19). Le encontré otra vez en “Panaguda” llevando también a otros como él, jóvenes que iban por el mal camino, para que ellos también fueran ayudados.

 

El Yérontas recalcaba especialmente a los jóvenes la pureza diciendo: “Sepan que los jóvenes que hoy en día se mantengan puros y castos, serán enumerados con los mártires de nuestra Iglesia en la hora del Juicio”.

***

Son muchos los casos de fumadores empedernidos que  dejaron de fumar gracias al Yérontas. Sus palabras no eran consejos simples sino que llevaban fuerza. Llevaban la disposición y ganas del rechazo al cigarro y se cortaba el deseo de fumar. Pero más ayudaba con su oración.

 

Testimonio de un anónimo: “Vine para hacerme monje. No me puse el gorro, porque aún no podía dejar de fumar. Fumaba entonces dos paquetes al día. Lo intentaba; rompía, tiraba los paquetes y después el día siguiente iba, los encontraba y fumaba. Aunque me avergonzaba, fui y se lo dije al Yérontas. Me respondió:

-Te levantarás no tengas miedo, y le golpeaba consoladoramente en los hombros.

 

»Eran las diez de la mañana. Hasta por la noche no pensé para nada el cigarro. Desde entonces lo dejé por las oraciones del Yérontas. Para mí esto fue un milagro».

 

Relata otro peregrino: “Visitamos al Yérontas y allí donde nos sentamos, saqué el tabaco. Encendí un cigarro inconscientemente, porque fumaba tres paquetes diarios. El Yérontas me quita el cigarro y me dice: “No volverás a fumar hasta que los alemanes inventen la máquina que podrá limpiar a los pulmones”. En el Monasterio que pasamos la noche me dí cuenta de que después de tres horas no había fumado, pero tampoco tenía el deseo ya de fumar. Dejé el tabaco totalmente.

***

Jóvenes, indiferentes, venían a ver al Yérontas. No querían ir al servicio militar y encontraban un montón de pretextos y justificaciones. Les mencionó sus propios incidentes en el ejército y otros ejemplos. Los jóvenes después pedían bendición al Yérontas para alistarse a las fuerzas especiales del ejército. “Hijos míos, debéis hacer el servicio militar y a donde os manden id”, decía.

***

El Yérontas decía que nuestra Iglesia enseña dos caminos. El monaquismo y el matrimonio. Consideraba anormal que uno no siguiese uno de los dos caminos.

»El buey no va ni al yugo ni a arar, va al carnicero”. Ayudó a muchos jóvenes a seguir sus inclinaciones y hacerse monjes o hacer familia. Muchos indecisos que no valían para monjes, les incitaba a que hicieran matrimonio.  Cuando querían enviarle algo, se negaba diciendo: “Yo quiero bombones”, o “envíame la invitación de tu boda”. Otros para ayudarlos los ponía un “canon” bueno, diciéndoles: “Sin anillo no volváis a venir por aquí”.

***

Una vez vino un joven con pelo largo, como la cola del caballo. El Yérontas le preguntó:

-Eh, valiente, ¿qué trabajo haces?

-Soy estudiante de la Universidad.

-¿Tienes créditos para aprobar?

-Tengo ocho.

-Si quieres aprobarlos, ven y yo te pelo, le dijo sonriendo el Yérontas.

Entró en su kelia trajo la tijera y le cortó el pelo. El joven lo consideró como bendición; se lo dijo a otros y ellos también venían a recibir similar bendición. “He hecho muchas kurés-curas (palabra con dos significados: pelados y ordenaciones), decía sonriendo. ¿Yéronta qué haces con el pelo de ellos?”, “Lo guardo y se lo siembro a los calvos”, respondía bromeando.

 

Y en otro momento mencionó humildemente: “Si existe la posibilidad de salvarme, será por las bendiciones de las madres. ¡Sabes cuántas cartas recibo de madres conmocionadas agradeciéndome porque convencía a sus hijos de cortarse el pelo y quitarse los pendientes! No quería que los hombres llevasen pelo largo, porque lo consideraba feminidad, mencionó el pasaje del apóstol Pablo: “¿No os enseña la misma naturaleza que es una afrenta para el hombre la cabellera, mientras que es una gloria para la mujer?” (Cor 11,14.15).

***

Le visitaron unos jóvenes de Australia. Querían la vida espiritual, pero amaban también las diversiones mundanas. Le preguntaban sobre el baile e intentaban extraer del Yérontas su consentimiento de que el baile es buena cosa. Los respondió: “Hijos míos, vosotros sois, supongamos, como que queréis subir a Athos (la cima) y, como no podéis, queréis que bajemos aquí a Athos para decir que habéis subido”.

***

El Yérontas consideraba destructiva la influencia de la televisión para todos y especialmente para los niños y los jóvenes. Se refería con dolor a casos de niños cuyos padres, para tener su tranquilidad, los dejaban muchas horas viendo la televisión, con el resultado de ser destruidos intelectual, psíquica y físicamente. Recalcaba además el perjuicio y el daño que trae al cuerpo la radiación que irradia a los recién nacidos bebés y a los niños pequeños. Incluso hablaba también de las influencias demoníacas. Por eso cada vez que tenía oportunidad desaconsejaba ver la televisión y aconsejaba  que la tirasen a la basura fuera de sus casas, ofreciendo a los niños algo espiritual (vidas de santos, vigilias y excursiones a lugares espirituales) o algo neutro (juegos inocentes y excursiones). Decía: “No dejéis a vuestros hijos ver la televisión. La televisión llega sólo hasta la luna, pero la televisión espiritual llega incluso hasta Dios”.

 

Una vez conversaba con un grupo de jóvenes. Más allá estaba sentado un profesor joven. Pensaba en algo que le preocupaba últimamente: “¿Vale, para otras cosas, la televisión, no; no lo discuto; pero quizás debería, para tener una información básica, seguir los boletines de noticias?”. En aquel momento el Yérontas se giró bruscamente hacia el profesor y le dijo: “¡Tampoco las noticias!”, y volvió a girarse hacia los jóvenes, continuando la conversación con ellos.

 

Un recién casado, conversando con el Yérontas, le rogó que le diera un último consejo. Le dijo: “Dile a tu mujer que no vea la televisión, porque vuestro niño nacerá enfermizo o tonto.” Después de una pequeña interrupción recalcó: “Que tampoco vaya a casas de familiares para verla”. Su cónyuge acostumbraba a ver la televisión en casa de su madre.

***

Testimonio del monje Paísio: “Era estudiante de derecho y visité al Yérontas el 22 de Agosto de 1988 con mi compañero Gregorio. Por primera vez visitaba la Santa Montaña Athos, después de sugerencias de conocidos míos, porque vivía alejado de la Iglesia. Más bien fui por turismo espiritual, pero también quería demostrar al Yérontas que no existe Dios y malamente ha derrochado tantos años como monje.

»Sobre las cuatro de la tarde llegamos a “Panaguda”. Encontramos alrededor de treinta personas esperando. Tocaban insistentemente la campanita, pero el Yérontas no aparecía. Nosotros fuimos por la puerta de atrás, pero la encontramos cerrada. Allí, no sé lo que sucedió en mi interior, y por primera vez después de doce años de inexistente vida mistiríaca me arrodillé y oré: “!Dios mío!”, dije, “si realmente existes y quieres que yo crea, haz que venga el Yérontas para hablarnos de ti”.

 

»No pasaron ni cinco minutos y el Yérontas lentamente con la mirada serena y con una sonrisa muy dulce se acercó a nosotros viniendo desde el bosque.

-¿El padre Paísios? le pregunté emocionado.

-¿Para qué quieres al padre Paísios? me responde.

-Para entregarle estos calcetines y pedir su bendición, le dije.

-Inclínate para que te bendiga.

»Era la primera vez después de mi bautismo que recibía este tipo de bendición. Tocó con su mano encima de mi cabeza y por cinco minutos más o menos oraba.

»Después nos puso en el patio y nos sentamos en los troncos de madera. Hablaba sobre Dios y lo que sucede en el mundo, como si hubiera escuchado el último boletín de noticias, ofreciéndonos algunas veces lukumis-golosinas.

 

»Mientras tanto vinieron también dos jóvenes que parecían anarquistas, y el Yérontas continuó su homilía. Nos habló también sobre el Budismo y sacó de mi interior las últimas espinas, porque los últimos años hacía ejercicios de yoga, una hora al día.

»Después de una hora de homilía gira y me dice: “¿Quieres ser mi obediente? Yo le respondí: “No páter, yo no valgo para estas cosas; yo amo al mundo”. La misma frase la repitió más tarde bastantes veces, pero desgraciadamente yo aquella época estaba tan lejos de las realidades espirituales, que no podía percibir y entender la grandeza de su oferta…

»A continuación nos dejó y se fue a amontonar leña. Dijimos que queríamos ayudarle, pero se  negó diciendo que lo hacía por ascesis y que este era su servicio.

»Pasaron más o menos quince minutos y los cuatro turistas espirituales que estábamos, no hablábamos entre nosotros. Me había quedado impresionado por las palabras del Yérontas. Con todo lo que había dicho, había resuelto mi duda sobre la existencia del Dios Trinitario. Yo recibía a la vez también ataques de loyismí del maligno. De repente me vino el loyismós para preguntar al Yérontas desde las profundidades de mi psique, qué debemos hacer para ganar el Paraíso. Pero lo dije con mi mente vanagloriosa, pensando que ya que el padre Paísios está tan elevado espiritualmente, adivinará mis pensamientos y me responderá. Pero Dios fue compasivo conmigo, ignoró mi egoísmo, y veo al Yérontas dejar la leña viniendo con pasos lentos, observando las profundidades de mi psique, -ya no en los ojos- y me responde: “La agapi y la fe en Cristo que tengas hijo mío.”

 

»Comenzaron a temblar mis pies y mi corazón latía fuerte, de modo que creía que iba a reventar. Lo único con conseguí susurrar fue: “Gregorio, vamos nos marchamos”, y “Páter, tu bendición que tengamos”. Me respondió: “¿Por qué quieres marcharte? Quédate y te haré mi obediente y te daré hasta mi nombre”. Pero mi corazón no aguantaba la apocálipsis-revelación de Dios que se había realizado en su interior…

»Desde entonces mi vida ha cambiado totalmente. A pesar del hecho de que no lo he vuelto a ver otra vez, siempre había una comunicación psíquica interior. Su presencia en mi vida y después de su dormición se manifiesta muchas veces de manera admirable. Pero el mayor milagro es que consiguió sembrar a Cristo para siempre en mi psique, mientras estaba alejado de la Iglesia. En menos de seis años me encontré de renegante de nuestra Iglesia en monje y me fue dado el nombre Paísios, tal como había previsto el Yérontas.»

***

Testimonio de un sacerdote anónimo: “Visité al Yérontas seis días antes de haberme ordenado diácono. Toqué la campanita tirando de una cuerda y esperaba. Después de un rato vino un joven a abrirme la puerta y me preguntó si soy yo el que se iba a ordenar diácono. Le miré extrañado, porque antes no me había comunicado con el Yérontas, además que no tenía el modo de hacerlo, por eso sentí sorpresa. El joven me explicó que el padre Paísios apenas escuchó el timbre le mandó abrir la puerta diciéndole: “Es alguien que quiere ordenarse diácono y quiere verme”.

 

»El Yérontas me recibió bien con su sonrisa y su humor innato. Me invitó a un plátano que había traído el anterior peregrino y después cogió la piel y la tiró con fuerza como una jabalina en el bosque, diciéndome que aquí no tenemos cubo para la basura, ni Alcalde para reñirnos. Entonces me reí con toda mi psique y el Yérontas cuando vio que me serené por la sorpresa y me había relajado, me dijo: “Ahora ven y hablemos”.

 

Le supliqué que me aconsejara sobre con qué debo tener más cuidado para funcionar bien como clérigo y él me dijo: “Tres son las cosas y realidades básicas. Primera cosa, debes ser amante de los Oficios. Tocar la campana mañana y tarde y hacer los Oficios. Segundo, que seas desprendido y sin avaricia; el dinero que te den por tus servicios, cógelo y da las gracias, porque tienes familia, pero no lo pedirás. Así entenderán los hombres que no estás apegado al dinero, y la tercera cosa es amar a los hombres y no reñirlos.

 

Si entienden que los amas, entonces no tengas miedo de nada. Si estas cosas las aplicas desde el principio funcionarás bien y tendrás éxito. Y después como hombre aunque cometas algunos errores no te los tendrán en cuenta. Pero si no tienes cuidado y no aplicas estas cosas desde el principio, entonces aunque hagas miles de bienes más tarde, no conseguirás funcionar bien como sacerdote.»

****

»Testimonio de T.I., titulado de la academia Athoniada (de Athos): “Como alumnos de la academia Athoniada hablábamos sobre varios temas que nos ocupaban. Uno de estos temas era también cómo encontrar presbitera para los que querían ser sacerdotes casados. También hablábamos sobre temas eclesiásticos y acusábamos al Obispo Serafín mientras alabábamos literalmente a otro Metropolita.

»Un grupo bajamos a “Panaguda”, a media hora de distancia. Cuando llegamos, el Yérontas abrió la puerta y entregó un bastón a un compañero de nuestra clase que su sueño era hacerse Obispo, diciéndole: “Avanza primero, ya que quieres hacerte Obispo”. Pero antes de sentarse en los troncos nos dice: “Tal y como existen chicos buenos que pueden hacerse sacerdotes, también existen muchas chicas buenas para presbiteras. Por tanto, dejad estas cosas, concentraos y estudiad. Este es vuestro trabajo ahora”. Después con cara seria nos dijo: “¿Pero bueno, qué os ha hecho el Arzobispo Serafín que siempre le criticáis y le condenáis? Nosotros nos quedamos helados otra vez. Y continuó: “Tiene algo que no lo tiene nadie y esto le llevará al Paraíso.¿ Quién de nosotros puede enfadarse por los insultos y en dos o tres minutos haberlo olvidado todo y no mantener rencor ni maldad a ningún hombre? Sólo esto le llevará al Paraíso y vosotros que juzgáis superficialmente, cometéis un gran pecado. ¡Puede hacerlo esto el Metropolita tal! (al que mencionamos). El Dios a Serafín le ha hecho y juzgado como digno y adecuado para el período concreto de nuestra historia Eclesiástica y se han evitado mayores males”.

 

»Nos conmocionamos por cómo el Yérontas conocía estas cosas que habíamos hablado en la Academia y por cómo nos respondió. Desde entonces paramos de acusar al Arzobispo.

»Otra vez en el año 1980, mientras nos preparábamos para los exámenes panhelénicos, hubo un terremoto. Salimos de la Academia y nos quedamos en las tiendas de campaña. Fuimos y rogamos al Yérontas para que hiciese oración.

»Nos dijo: “¿Por qué tenéis miedo, no confiáis en Dios? Cuando éramos pequeños y llorábamos nuestras madres nos movían un poco y parábamos de llorar. Ahora nos mueve un poco Dios y gritamos como locos, nos coge el pánico. ¡Cómo han cambiado las cosas! Sabed que no os pasará nada, no tengáis miedo. No os pasará nada, no se romperá nada, a pesar de que los seísmos continuarán por poco”.

»Con mucha alegría, pues, volvimos a la Academia. Al mediodía dormí en mi habitación, a pesar de las presiones de abandonar y los continuos temblores de la tierra. Tenía plena confianza en el Yérontas y realmente todo sucedió tal y como nos predijo.

 

 

  1. 13 ENFERMEDAD Y BIENAVENTURADA DORMICIÓN

 

13,1 Dolor y enfermedades

 

Tal como se dijo anteriormente, la ascesis y el dolor acompañaron de por vida al Santo. Ofrecía la ascesis como sacrificio voluntario a la agapi de Cristo y aceptaba las dolorosas enfermedades con agradecimiento y doxología. Fue probado por distintas enfermedades. El dolor y las enfermedades se le habían hecho casi un estado fijo. Estando enfermo hacía la ascesis y haciendo ascesis enfermaba. Podía ignorar su dolor: “Tú, tu trabajo, y yo el mío, decía al dolor, y continuaba orando, haciendo trabajo manual o viendo a la gente. El mismo sentía dolor, pero consolaba a los doloridos.

 

Desde el principio de su vida monástica fue fatigado por muchos años por la enfermedad bronquiectasia (dilatación de los bronquios), el diagnóstico equivocado y la terapia, la hemoptisis o expectoración de sangre y finalmente la difícil operación quirúrgica.

 

Cuando fue operado de los pulmones, se resfrió y le dieron fuertes antibióticos, mientras estaba en ayunas. Le pareció “como si le arrancaran las entrañas”. A partir de entonces adquirió gran sensibilidad. Con el mínimo resfriado tenía molestias, retortijones y sacaba espumas y sangre. Lo mismo le sucedía también con ciertos alimentos.

 

Era muy sensible al frío. Si en las vigilias se quedaba un poco abierta la puerta de la Iglesia, con la mínima corriente comenzaba a estornudar y toser fuertemente. Muchas veces ponía en su frente una servilleta de papel o un pequeño cataplasma. El mismo explica la razón: “Tenía dolores de cabeza y un monje del Monasterio Stavronikita me aconsejó que pusiese por debajo de mi gorro una servilleta de papel y pasará. Esto me dio buen resultado, porque se calienta la cabeza”.

 

Con los primeros fríos, desde Septiembre, encendía la estufa manual que mientras le calentaba, simultáneamente le delataba a los visitantes.

 

Por supuesto que cuando entendía que había necesidad, cualquiera que fuese el estado en que se encontrara, por muy enfermo que estuviera, se levantaba con el frío, la lluvia, la nieve y abría. Los peregrinos los ponía en la sala de visitas que había calor y él mismo se iba a la Iglesia que estaba muy fría, y estaba con cada particularmente. Pero esto no duraba muchas horas.

 

Este estado, por muy difícil que fuera, el Yérontas lo soportaba con doxología. No gemía ni se lamentaba ni pedía a Dios que le quitase sus padecimientos y le diese salud.

 

Durante cinco o seis meses padeció hernia discal. Había sufrido de hernia discal también en el Sinaí, cuando fue a levantar una piedra de granito. Le dolía mucho. Algunas veces se apoyaba en dos bastones y tenía mucha dificultad para atender a la gente.

 

Los últimos años tenía más a menudo la hemorragia en los intestinos, que gradualmente crecía. Llegó a ir al lavabo hasta diecinueve veces en una noche, sin tener nada, sólo sacaba sangre. Los médicos no sabían exactamente a qué era debida la hemorragia, porque el Yérontas no quería hacerse exámenes médicos.

 

Recibía a la gente, hacía sus deberes espirituales, cumplía con consecuencia su tipikón-regla ascética, pero sus fuerzas se debilitaban. Se agotaba por la hemorragia y por el mucho cansancio. “A veces tengo ganas de desaparecer”, decía.

 

Dos años antes de su dormición fue a celebrar la Pascua en una Choza junto con otros padres. Decía alegremente al Yérontas de la Kelia: “Eh cura… o tu Kelia se ha ido más lejos o yo me he envejecido, ¿Cuál de las dos cosas sucede?… Me parece que yo he envejecido”.

 

Veía que le iban faltando las fuerzas, la incesable hemorragia no retrocedía ni frenaba. Pero a pesar de todo lo soportaba sin acudir a exámenes médicos y tomar fármacos. Lo único que pedía con tensión a Dios era que ayudase a los hermanos que padecían y que no paraban de venir pidiendo ayuda. ¡Cómo podría no emocionarse el buen Dios y no ser escuchadas sus oraciones!

 

13,2 “Me sucedió algo”

 

Relató el Yérontas: “Mientras me encontraba en esta situación me sucedió algo. Estando tumbado en mi cama, cogí el icono de san Arsenio, la apreté encima de mi barriga y sentí una fuerza que salía del icono”.

 

Recuperó las fuerzas y continuó sus luchas y la diaconía-servicio a los hombres por un tiempo. Tenía todos los síntomas (hemorragia, etc.), pero se sentía fuerte.

 

13,3 En los límites de su resistencia

 

Pero esto no duró mucho. Volvió la anterior situación y comenzó a tener síntomas de desmayo. Algunas veces, de hecho, caía desmayado en el patio de su Choza, y cuando se reencontraba consigo mismo, agradecía a Dios que no le había visto nadie.

 

Una vez  había también nieve. Decía después: “Me encontraríais “como odre o pellejo en escarcha”. El segundo Domingo del Gran Ayuno del año 1993, durante la Divina Liturgia en su ermita, su agotamiento llegó al límite. Comenzó a respirar fuertemente, se abrieron de par en par sus ojos y por un rato su respiración recordaba estertor propio de moribundo. Pero por respeto no consintió el sentarse. Se desmayó cayendo hacia adelante pero a los padres les dio tiempo y le retuvieron. Cuando se recuperó, aunque le incitaban a que se sentase, no aceptó. Al final de la Divina Liturgia a pesar de los repetidos desmayos y vómitos intentaba atender a los padres que se encontraban allí, descuidando su propia situación, y al final no permitió que se quedara nadie con él. Se quedó solo, “como un hombre desamparado” humanamente, abandonando a sí mismo, padeciendo en la misericordia de Dios.

 

Por su gran pérdida de sangre su cara se puso muy pálida. Sus conocidos intentaban ayudarlo en lo que podían. Le propusieron traerle hierro en pastillas, pero él lo evitaba y decía bromeando: “Hierros tengo muchos aquí, yo acero quiero” y no lo aceptaba.

 

El Yérontas no se inquietaba. Lo único que rogaba era que Dios hiciera economía parando la hemorragia, cuando había Divina Liturgia, para poder comulgar. Y así sucedió por un tiempo. Él mismo sabía mejor que nadie sobre su enfermedad y sobre su final, el cual sentía que se acercaba, pero no se lo decía a todos.

 

Durante toda su vida estudiaba la muerte. Había hecho su cama como un sepulcro y por costumbre en las Kelias donde se instalaba para vivir, abría también una tumba. Pero ahora empezó a hablar por alusiones a sus hijos espirituales preparándolos para la inminente separación. Decía que: “Cuando se estropea la casa (cuando enferma el cuerpo) y comienza a gotear, entonces el dueño (la psique-alma) no quiere quedarse dentro. El Hábito Angelical de su Yérontas, el padre Ticón, lo guardaba tantos años como bendición. Ahora lo repartió. Había preparado Cruces y pequeños iconitos en presa y escribió pidiendo que fueran repartidos después de su muerte como bendición para perdonarle. Tenía preparadas las sotanas para su entierro y encima de ellas la siguiente nota:

 

Estas cosas son para mi entierro, me alegraré si me vestís con las viejas y guardáis las nuevas, porque soy pecador y Dios por vuestras bendiciones que tenga misericordia de mí, orad por mí

Hieromonje Paísios

 

El Patriarca Ecuménico, al informarse sobre el estado de salud del Yérontas, le mandó un mensaje para que hiciera exámenes médicos. Paradójicamente por un tiempo la hemorragia se detuvo. Preguntaba con sencillez a su discípulo: “Naturalmente debo hacer obediencia al Patriarca. Pero ahora que ha frenado la hemorragia, ¿no estoy liberado?; ¿Tú qué opinas?”.  Después de poco volvió a comenzar la hemorragia.

 

La posición del Yérontas fue comentada de diversas maneras. Algunos se “escandalizaron”, porque lo consideraron como algo impuesto a sí mismo. Otros admiraron y elogiaron la esperanza y la fortaleza con la que afrontó la prueba, y muchos se beneficiaron, principalmente los que estaban enfermos, cuando vieron al Yérontas enfermo y soportándolo con paciencia.

 

Bastantes padres le rogaban que cuidara de su salud, diciéndole: “Te necesitamos”. Otros le daban clases sobre lo que tiene que hacer, en cambio otros observaban silenciosamente con dolor en sus psiques su martirio y oraban. Cada uno según su loyismós y su estado espiritual juzgaba y actuaba.

 

13,4 Última salida. Desarrollo de la enfermedad.

 

El Yérontas, como cada año, celebró la memoria de San Cristódulo en la vecina Kelia de sus hijos espirituales que festejaban. A continuación se fue al Monasterio Kutlumusíu para felicitar y bendecir al archimandrita Cristódulo por su santo. El día siguiente, el 22 de Octubre de 1993, salió de la Santa Montaña, tal como acostumbraba a hacer los últimos años para la vigilia de San Arsenio en el Monasterio femenino de Surotí. Ya no volvería ni dormido (difunto).

 

En Surotí se encontró en la vigilia y, como de costumbre, se quedó unos días para ver a las hermanas y a la gente necesitada. Después tenía el propósito de volver. Mientras tanto sufrió de íleon. Se le obstruyeron los intestinos, pero paró por poco también la hemorragia. Por las cosas sucedidas fue obligado a sucumbir a las súplicas de someterse a exámenes médicos.

 

Su enfermedad se desarrolló de la siguiente breve manera: En el Hospital Theagenio los médicos comprobaron la existencia de un cáncer avanzado. Lo tenía desde hacía seis años, pero no parecía haber hecho metástasis. El piadoso médico señor Gheorgios Blanzas, que antiguamente había operado al Yérontas, estaba inquieto por el resultado de los exámenes. El Yérontas le dijo:

-No hagas así. De acuerdo, tengo cáncer, haré obediencia a lo que me digas. Se acabó.

 

Siguiendo las recomendaciones del médico fue para hacerse radiografías, hasta que el tumor estuviese listo para ser operado. Cada vez que iba hacer radioterapia, le esperaban muchos y le contaban sus penas. Él tenía mayor problema, porque debería ser vaciado su intestino treinta veces al día con terribles dolores. Pero no se apagó su sonrisa y consolaba a los demás enfermos.

 

Mientras que durante la operación de la hernia de estómago había escondido su nombre, ahora dijo que lo pusieran y recibiesen a los que quisieran verlo, porque sabía que pronto se marcharía.

 

El 4 de Febrero de 1994 se hizo la operación. Fue quitado el tumor del intestino grueso, pero la enfermedad se desarrollaba tremendamente rápido. Había hecho metástasis al hígado y a los pulmones. Se hizo una operación momentánea contra natura, aunque el Yérontas no quería, decía bromeando al médico: No me conviertas en un mueble, no quiero”. Más tarde se hizo otra operación y se restableció el funcionamiento del intestino. También aceptó y se hizo quimioterapia. En una tomografía axial sufrió mucho. Estaba en silla de ruedas, sentía dolor y temblaba de frío. Cedió su turno a otro enfermo y él estuvo esperando mucho rato en el pasillo del Hospital. Cuando le tocó examinarse, se estropeó la máquina de hacer tomografías y finalmente vino un coche y le trasladó a otra máquina de tomografía axial. Se comprobó el rápido avance del cáncer en el hígado y en los pulmones. En todo este espacio de tiempo estaba alegre y con muy buen ánimo, y decía bromas divertidas, como si él no fuera el enfermo. Consolaba y aliviaba al que se le acercaba.

 

13,5 Ofrecimiento con dolores martíricos

 

Y antes de la operación quirúrgica, en Surotí y en el Hospital y después otra vez en el Monasterio, pasaba mucha gente para verle, contarle sus penas y calamidades y pedirle perdón. Esto añadía cansancio y fatiga a los dolores de su enfermedad, pero era inevitable.

 

-Yéronta, ¿dónde dejas a tus hijos? Le preguntó una persona.

-Eh! “los días de nuestra vida son setenta años” (Sal 80,10), basta con estos…

-Yéronta, por qué no hace usted oración para que le sane Dios, ya que le necesitamos tanto, le preguntó otro.

 

-Qué te crees tú. ¡Vamos a estar burlándonos de Dios! Ya que yo le he pedido que me dé esta enfermedad…

-Yéronta, dígame un último consejo, para que lo recuerde, le rogó un hijo suyo espiritual.

 

-Que tengamos nobleza espiritual, porque con esta nos emparentamos con el Cristo…

 

Hacía reuniones con las hermanas del Monasterio que se sacrificaban para aliviarle y las instruía, dándolas los últimos consejos.

 

En el Hospital Theagenio había un enfermo de cáncer llamado Lambros… de la ciudad de Tríkala. Estaba muy delgado, literalmente fundido, y en silla de ruedas, porque no podía mantenerse en pie.

 

Su mujer después de persistentes intentos vio al Yérontas. La dijo que Lambros se curaría, iría a Tríkala, se alegraría su familia, pero después de  poco tiempo recaería y moriría. La situación del enfermo era muy difícil y lógicamente era imposible un tipo de desarrollo así. Pero todo sucedió tal y como lo predijo el Yérontas y Lambros después de seis más o menos meses murió.

 

El Jueves después de la Pascua de 1994 le visitó la señora Erifili Tsika de la ciudad de Volos, la que nos relata: “El verano de 1993 a mi hija Antonia de once años se le presentó vitíligo en los extremos de las manos y en el contorno de los labios. Enfermedad, cuya terapia según los médicos es muy difícil o casi imposible. Iniciamos la terapia con cortisona sin resultado. Nuestra decepción fue grande. Fuimos a ver al Yérontas a Surotí. Nos recibió a mí y a mis tres hijas, sonriendo a pesar de sus terribles dolores.

 

Tras haberle comentado el problema de mi hija, él cogió las manitas de mi hija dentro de las suyas y le preguntó mirando profundamente en sus ojos: ¿Por qué hija mía tienes tanta tristeza? (Realmente mi hija tenía fija la tristeza por la muerte de su padre en 1991).

 

»Después volvió hacia mí y me dijo: “Erifili, hija mía, no te preocupes, no es nada, ni es heredada esta enfermedad. Esto le ha sucedido por la gran tristeza y angustia”.

»De repente me pregunta: “¿Qué quieres que se haga?”. Le respondo: “Que se quede donde está”.

Una vez que hubo santiguado con su santa mano la mano de mi hija, me dijo: “Todo irá bien”.

»Realmente no hubo desarrollo de la enfermedad. Hace diez años que no hemos vuelto a ir al médico y no hemos hecho ninguna terapia. Dije al Yérontas que se quede así la enfermedad y que no desapareciese, para estar recordando toda nuestra vida y también a toda nuestra familia, la jaris-gracia del Yérontas y la bendición que espléndidamente nos había concedido».

 

Un mes antes de su dormición le visitó el venerable metropolita de la ciudad de Xanzi Señor Panteleimon (entonces era aún archimandrita). Escribe: junto con nosotros había también dos niños. Habían cortado flores silvestres del campo y se las ofrecieron espontáneamente al Yérontas, apenas entramos en su habitación, colocándolas en su almohada. “Has visto”. Me dijo, “los niños saben lo que hacen”. Quise confirmarle que aún le necesitamos vivo, que le necesitamos mucho y que oramos por él. Pero el mismo nos dijo que ya estaba orando por otras cosas, manifestando con buena disposición y buen ánimo siempre su alegre duda en relación a quién finalmente hará caso el Dios. Después me preguntó, si le había traído cartas para el cielo. Era una oportunidad de transportarlas al cielo sin sellos del correo, añadió con su insaciable ánimo por transmitir alegría, la cual era más que evidente en su dulce rostro.

El padre Timoteo Tsotras, higúmeno del Santo Monasterio de San Juan el Ruso, de la ciudad Kasandra, nos testifica:

»Fuimos a ver al Yérontas Paísios al Monasterio de Surotí junto con el bienaventurado metropolita de Kasandra, Sinesios y el padre Agazánguelos.

»Una vez que hubimos venerado en la Iglesia de San Arsenio, fuimos al pequeño sinodikón. Nos vio el Yérontas que nos acercábamos y salió fuera para recibirnos. ¡Nosotros sorprendidos, le vemos dentro de una luz sobrenatural, sin estar pisando en los escalones sino en el aire, acercándose a nosotros!

»En el sinodikón (sala de reuniones) después de la invitación se quedó por poco el Metropolita con el Yérontas y después nos marchamos. Unos  treinta metros más abajo el Metropolita nos dice a nosotros y a la Yerontisa: “¡Habéis visto su santidad no se esconde, volaba y resplandecía entero”. “Nos sigue”, observa con voz baja el padre Agazánguelos. Por detrás venía el Yérontas, aunque gravemente enfermo para honrar al Obispo.

El Metropolita se dio la vuelta, vio al Yérontas y le rogó que volviera a su cama, para no cansarse»

 

13,6 Bienaventurada e invisible dormición

 

Mientras obedecía humildemente a las indicaciones de los médicos, un día llamó al médico y le dijo:

-Aquí pararemos la terapia.

-Por qué, Yéronta.

-Ahora harás obediencia tú. Darás la orden de que paremos. Ahora no puedo hacer nada. Ayer quise orar arrodillado y no pude. No puedo ver a nadie; se ha acabado mi misión. Esto era todo; hasta aquí me habéis dejado.

Después preguntó:

-Puedo beber un poco de agua o sandía exprimida; nada más. Y te ruego que vengas una vez más a verme y después no volverás a venir.

 

“La última vez que volví a verle”, nos relata el médico terapeuta señor Gheorgios Baltzas, “siete días antes de su dormición, parece que estaba muy afectado y triste. Muchas veces me preocupaba el tema de que si esto que hacemos a los enfermos, es lo correcto. Me dijo:

-Oye, Gheorgios. Todo se ha hecho como se debe. Digno es tu salario, no te preocupes ni te apenes. Quería que supieras que cuando me necesites, estaré cerca de ti.

-Yéronta, tu hígado se ha hinchado y te duele, le dijo, porque había hecho varias y terribles metástasis.

»Sonrió y me dijo:

-Ah, esto es mi orgullo, no te apenes ni te preocupes. Esto me ha retenido hasta los setenta, y esto ahora me manda, lo más rápido que puede, allí donde debo ir. No te entristezcas por eso, estoy muy bien».

 

A la vez tenía dipnea. Tenía el aparato de oxígeno que solo utilizaba cuando se veía con muchas dificultades. Los dolores se hacían más agudos. No aceptaba que le pusieran inyecciones para el dolor. No quería que el dolor fuera extinguido totalmente. Sólo tomaba alguna cortisona, para poder valerse hasta entregar su espíritu

 

El Yérontas tenía el deseo de regresar a la Santa Montaña Athos. Quería dormir y ser enterrado anónimamente en el Jardín de la Panaghía, su Patria espiritual. Sobre todo había rogado a un hijo suyo espiritual a conformar el espacio adecuado para quedarse allí sus últimos días, porque en la Skiti ”Panaguda” era imposible ya quedarse sólo. Se preparó un miércoles y calculaba que el lunes siguiente entraría en la Santa Montaña. Pero de repente se empeoró el estado situación de su salud. El gobernador del Estado de la Santa Montaña se ofreció a ponerle un helicóptero, pero el médico valoró que era muy posible que muriera en el camino. Naturalmente tampoco el Yérontas no podría descansarse ni ser  aliviado con este tipo de transporte.

 

De nuevo se programó su regreso a la Santa Montaña, pero apenas había mejorado un poco su estado de salud, otra vez fue impedido por un nuevo empeoramiento por la enfermedad. Detrás de estas dificultades y de los impedimentos se escondía la voluntad de Dios, es decir, ser enterrado fuera en el mundo. La gente le tenía tanta necesidad cuando vivía, pero tanta más necesidad le tendría también después de su dormición.

 

Así que decidió quedarse y ser enterrado en el monasterio de Surotí, cerca de su Santo. Posiblemente, antes de su decisión definitiva, habría recibido información más clara de Dios sobre este tema.

 

Avisó y le trajeron el gran hábito y el gorro de monje. Definió la posición de su tumba y dio órdenes e instrucciones  en relación con su entierro.

 

En el último periodo pidió a dos Obispos conocidos suyos, que habían pasado para verlo, que le leyesen la oración del funeral y la oración de la psique moribunda que junto con ellos salmodió también el Yérontas. Comulgaba regularmente. Con esfuerzo y cansancio iba solo a la Iglesia. Cuando le propusieron que fuera el cura para darle la comunión a su kelia, lo negó diciendo:

-Yo debo ir a Cristo, no que Cristo venga a mí.

 

Sus dolores continuamente aumentaban y llegaron ya a equivaler con los dolores de los mártires.

-Yéronta, ¿no tienes dolores?, le preguntó un monje Aghiorita que le veía tranquilo y pacífico.

-Me he acostumbrado, respondió.

 

Realmente durante toda su vida se había familiarizado con el dolor. No se aterraba, no gemía, sino que soportaba y glorificaba. Ahora filosofaba acudiendo espiritualmente en los martirios de los Santos mártires. Decía: “Tanto me han beneficiado las enfermedades, que no lo ha hecho la ascesis que he hecho como monje tantos años”.

 

De vez en cuanto salmodiaba para divertir el inaguantable dolor y sustituirlo con la salmodia por si acaso viniesen gemidos involuntarios.

 

Había parado de ver a la gente. Ahora que se estaba acercando su final, no quería ni siquiera que las hermanas entrasen en su kelia. Cuando le hacía falta algo, tocaba la pared y venía la hermana. Quería estar solo orando sin distracción y prepararse mejor para su éxodo o salida. Estaba atendiéndose solo hasta el final, se fatigaba inimaginablemente, pero estaba alegre, sereno y pacífico.

 

En la fiesta de Santa Efimía, 11 de Julio, día lunes, comulgó por última vez arrodillado en su cama, ya que no podía ya desplazarse a la Iglesia.

 

El Yérontas pasó su última noche en martirio. Imploraba la Panaghía dentro de sus dolores: “Dulce Panaghía mía”, decía. Le tomaban la presión y su pulso era inexistente. Sólo cuando respiraba parecía que vivía. Hasta el final sentía, entendía todo y oraba continuamente. Sólo por dos horas perdió sus sentidos, y cuando se recuperó, con voz casi apagada, dijo: “Martirio, martirio real”, y después durmió pacíficamente. Era el día 12 de Julio del año 1994, día Martes y la hora 11 de la mañana y con el antiguo calendario 29 de Junio memoria de los principales Apóstoles Pedro y Pablo.

 

Fue enterrado detrás del templo de san Arsenio, sin saberlo nadie y sin ser llamado nadie a su entierro. Esta era la voluntad del Yérontas. Que su entierro se hiciese en silencio y en anonimato.

 

Después de tres días, que se dio a conocer su dormición, lo que sucedió es indescriptible. De todas las partes una gran afluencia de gente venía para venerar y reverenciar su tumba. Uno veía manifestaciones espontaneas de agapi y devoción. Otros le imploraban como Santo. Otros por devoción tomaban tierra de su tumba. Los que tenían algún objeto del Yérontas lo consideraban como una gran bendición.

 

Su Kelia “Panaguda” en la Santa Montaña Athos sufrió un “saqueo piadoso”. Peregrinos entraron por debajo de la alambrada y subieron hasta el tejado. Se llevaban lo que encontraban para tenerlo como bendición del Yérontas: vasos, cuchillos, maderas, alfombritas sucias con barro, cuerdas, papeles y troncos que los tenía como asientos.

 

Llantos, lamentaciones y lágrimas, especialmente por aquellos que habían sido beneficiados por el Yérontas. Sentían su ausencia, se sentían huérfanos. Pero después comenzó amanecer la esperanza consoladora de que ahora se encuentra ya cerca de la Santa Trinidad e intercede por todos.

 

Encima de su tumba, en una placa de mármol, fue grabado su poema, que había sido escrito por él mismo:

 

Aquí ha terminado la vida

Aquí también mi aliento

Aquí mi cuerpo será enterrado

y alegrándose mi psique.

Mi Santo habita

esto es mi honor

creo que Él tendrá compasión

por mi desastrosa psique

estará orando al Redentor

tener la Panaghía conmigo.

 

Monje Paísios el Aghiorita

 

 

  1. 14 MILAGROS DESPUÉS DE SU DORMICIÓN

 

14,1 “No se alejó de nosotros”

 

El Santo no paró de ayudar a los hombres tras su dormición. “Estando aquí presente carnalmente, ya realizaba milagros sobre los hombres. Y ahora, tras su “ida”, no sólo no se ha alejado, sino que se ocupa mucho de nosotros y no cesa de ayudarnos.” Liberado ya de su carne corruptible y padeciente, puede correr más rápido y más cómodamente a la ayuda de los fieles que le solicitan, y también a veces sin ser llamado a ayudar a muchos que nunca habían oído hablar de él, indiferentes por la fe. Los hombres acuden al santo pidiendo su intervención, ya que creen en su santidad. Su sepulcro se ha convertido lugar de peregrinaje para todos los ortodoxos. Tiene mucha jaris-gracia increada y bendición. Recibe a los doloridos y consuela a los entristecidos. Se ha convertido en la nueva Piscina de Siloé. Cura enfermedades y realiza muchos milagros. Su pequeña celda en el Monte Athos también se ha convertido en lugar de peregrinaje. Cada día pasan visitantes que conocieron al santo. Unos para agradecerle la ayuda recibida por él y otros para ver dónde vivía.

 

Los acontecimientos admirables y los milagros que realizan  los santos, sus apariciones y sus curaciones, las vemos en el Yéronta también tras su “dormición”. Sobretodo cura a enfermos de cáncer y a endemoniados. Se aparece y salva a muchos de accidentes de tráfico. Muchos enfermos le han visto en los hospitales. Suceden milagros con objetos personales suyos y despiden un aroma indescriptible.

 

Son innumerables los milagros realizados por el Yéronta y suceden nuevos continuamente. Para dar fe de lo dicho, a continuación se detalla una mínima parte seleccionada de entre todos sus milagros, manifestados y testificados por testigos presentes.

 

14,2 Fragancia

 

El carisma de su fragancia incluso tras la “dormición” del Santo no ha desaparecido. Muchos la sienten cuando se prosternan ante su tumba, cuando visitan su celda en el Monte Athos y otros sienten que su ropa o sus objetos personales despiden tal fragancia.

 

Como testifican los padres que fueron recibidos por el Yéronta en su celda, “al principio, después de su “dormición”, casi todos los visitantes sintieron esta incomparable fragancia. Particularmente perfumaba la parte exterior de la puerta trasera de alambre, donde había un grifo y el Yérontas tenía los dulces de lukumia (malvaviscos). En este sitio multitud de gente cansada y sedienta bebían del agua de este grifo, pero principalmente calmaban su sed espiritual con las palabras del Santo.

 

“Más tarde disminuyó, pero no desapareció completamente. Un piadoso peregrino fue a postrernarse a la pequeña Iglesia y nada más entrar al pasillo, fue rodeado de una fuerte ola de fragancia”.

 

Testifica el Padre A.K.: “El año que “durmió” el Yérontas, hubo Divina Liturgia el día que se honraba la memoria de su celda. Durante dicha Liturgia sentí un fuerte aroma que me acompañó hasta el Monasterio de Kutlumúsi y después se fue”.

 

El Sr. Tsolákis Basílios, del cuerpo de policía de “Likóstomo de Pélas”, en la periferia de Macedonia Central, declara: “El año 2001, mi esposa Elena fue con mi hijo Nicolás a Salónica para hacer unos exámenes médicos, ya que tenía una enfermedad en los riñones. Llevaba con ella un libro del Padre Paísio. En un momento dado, teniendo abierto el libro, salió de éste un aroma inexplicable durante unos diez minutos, la cual sintió también mi hijo. Hicimos los exámenes y el resultado fue que mi hijo no tenía ningún problema y hasta ahora estaba muy bien. Desde entonces mi esposa no se separó de este libro”.

 

Testimonio de Pedro…desde la ciudad Drama: “Yo no conocí al Yéronta Paísio. El Dios me iluminó y estuve dos años arrepintiéndome después de su “dormición”.

 

»Compré todos los libros del Padre Paísio pero no leí ninguno. Cuando sin embargo encontré el último, lo dejé todo y me dediqué por completo a su lectura. Cada noche, después de mi canon, leía cinco páginas. Cada vez que abría el libro del Yéronta para leerlo, sentía que salía de él un perfume. Tanta cantidad de libros tenía, pero este perfumaba.

 

»El lugar donde me sentaba a leer era una mesa frente al iconostasio. Un día, estando por el final del libro, cuando me había puesto a leer las cinco páginas de cada día, de repente vi salir una luz cegadora de los iconos, la cual se desbordaba como cascadas. Era tan brillante que no podía mirarlo. Bajé la cabeza. Intenté abrir los ojos y mirar derecha e izquierda, pero la irradiación era tan fuerte que ni así podía abrir los ojos. Así que los cerré completamente. Esto duró de unos veinte a treinta segundos. Estaba yo solo, hice la señal de la cruz, y me quedé asombrado intentando concienciarme y comprender qué era eso que por primera vez sentí en mi vida.”

 

Testimonio de F.A.: “Un 10 de Febrero del año 2005, día de la fiesta de San Jaralambo, fui a visitar a un compañero mío de trabajo que celebraba ese día y pensé regalarle un libro del yérontas Paísio.

 

»A las 7 de la tarde me llamó por teléfono mi compañero, y emocionado me dice: “He empezado a leer el libro y he sentido una agradable disposición y emoción. Sin darme cuenta lo estuve leyendo durante casi una hora, y entonces sorprendentemente sucedió lo siguiente: de dentro del libro empezó a salir un perfume tan intenso que me quedé inmóvil y conmovido. Un perfume que inundó todo el espacio de la habitación. Es la primera vez en mi vida que me sucede tal cosa.”

 

 14,3 Expulsa demonio

 

Testimonio de Evangelos K… de Thesalónica: “Desde mis doce años padecía de demonio. Mi vida se había convertido en un martirio. Después de los exorcismos que me leían, sentía como si me hubieran atado.

 

»El primer sábado de la Gran Cuaresma del año 1995, mi guía Espiritual programó hacer una agripnía-vigilia en el Monasterio de Surotí. Antes de partir, sentí una guerra salvaje. En toda la vigilia no sentí nada de sueño. Estaba en el centro de la Iglesia sentado y alrededor mío había monjas. Terminó la vigilia y comenzaron a leer aghiasmós (santificación de agua). Me enfurecí. Me llevaron a besar las Reliquias de San Arsenio. Era la primera vez, lo digo y se me ponen los pelos de punta, que sentí quemadura también corporal. Al final giré y dije “Pai, pai…” Me preguntó la abadesa-gerontisa: “Paísios”, y moví positivamente mi cabeza. Entonces me enfurecí mucho, comencé a gritar, me llevó a la tumba, y allí clamé tres veces “Santo”. Mientras que yo quería e intentaba marcharme, me cogieron y a la fuerza me tumbaron en el sepulcro del Yérontas boca arriba. Entonces vi al Yérontas Paísios incorporándose de la cintura hacia arriba como si se despertara del sueño, no como muerto. Era exactamente el mismo con barbas y sus sotanas. Fue cuestión de un segundo. Me tocó con su mano en la frente y al mismo momento salió humo negro de mi boca. Me tranquilicé totalmente pero el dolor físico no se marchó inmediatamente. Me dormí y por el dolor físico me despertaba diciendo: “Me duele mucho”.

 

»Así lo pasé durante cuarenta días pero sentí tal tipo de alegría que lloraba. Quizás fue muy atrevido lo que dije: “Dios mío, aunque tuviera que sufrir por toda la vida como antes, merecería la pena, si fuese para volver a sentir otra vez aunque sea por un minuto esta alegría».

 

14,4 Salvación de un niño.

 

El padre Cristos Tsántalis de Nueva Mikaniona de Thesalónica y cura responsable de Kerasiá, con nueve hijos, nos dice: “Algunos de mis hijos jugaban en la terraza de la casa y en algún momento comenzaron a saltar por la claraboya o patio de luces. Uno de mis hijos de seis años, que aún no habla bien, quiso también saltar. Se precipitó al vacío y como una bala salió disparado hacia abajo. Cayó desde la tercera planta. Vinieron los otros niños asustados y me lo dijeron. Corrí con angustia al fondo del patio para recogerlo. Me quedé sorprendido cuando vi al niño viniendo hacia mí amarrillo del susto. Lo llevé al hospital, los médicos lo examinaron y dijeron que no tenía nada, ni el más mínimo golpe ni rasguño.

 

»Entendimos de que se trataba de un milagro, y pensé que el icono milagroso de la Panaghía de Nueva Micaniona salvó al niño. Le llevé el icono de Ella y le pregunté. “¿Ésta te ha salvado? Él respondió que no. Me llevó ante la foto del padre Paísios y lo señaló con la mano, es decir, que él fue quien le mantuvo».

 

14,5 Aparición y ayuda a un estudiante

 

Testimonio de Jristos Nikolópulos, ingeniero de caminos de la ciudad de Agrinio: “Era julio de 1995. Me estaba preparando para el último periodo de exámenes en la sección de Ingenieros de Caminos en la Escuela Politécnica de Atenas. Pero mi estado era literalmente desesperante. Debía diez créditos o asignaturas y me había comprometido con mi familia y mis amigos a que obtendría el título en septiembre. El cumplimiento de mi promesa era imposible. La angustia me atormentaba y me provocaba mucha tristeza.

 

»Por sugerencia de mi madre compré el libro “El Yérontas Paísios” del hieromonje Cristódulos y lo estaba leyendo. Me había impresionado la bondad del Yérontas.

 

»Una mediodía de un Domingo de Julio, dentro de un calor insoportable, y mientras estaba solo en mi casa leyendo el citado libro, pensé con gran tristeza en mis exámenes de la Escuela Politécnica y el fracaso eminente, cuando escuché la puerta del balcón cerrarse con un golpe fuerte. Inmediatamente pensé: “¿Cómo es posible que se cierre tan fuerte la puerta del balcón, ya que no se mueve ni una hoja?” Antes de terminar este pensamiento, sentí que alguien entró en mi casa. Entonces automáticamente me colmé de mucha paz, de indescriptible dulzura y alegría, primera vez por mí conocida. Decía en mi interior: “Que no acabe nunca esta situación, ¡qué cosa es esta!” Entonces me giré y vi al santo Yérontas bendiciéndome y desapareció. Junto con él se marchó también el estado en que me encontraba. Creía que se había ido por las escaleras. Salté y comencé a correr como loco por ellas. Bajé abajo, volví a subir, nada de nada. Subí a la terraza, tampoco lo vi allí.

 

»Entonces me senté pensando en el acontecimiento y me conciencié mejor de lo que había sucedido. Me sobrecogió un temor y con la mano temblando escribí en el mismo momento lo que me había sucedido para no olvidarlo.

 

»En septiembre aprobé todos los exámenes y obtuve el título. “¿Cómo ha pasado esto?, me preguntaban, “¡esto es increíble! “Y a pesar de esto”, yo decía en mi interior, “y otras cosas son increíbles” (el estado en que me había encontré entonces)”. Doxa-gloria y gracias a Dios.»

 

14,6 Aparición en sueño

 

Testimonio de Keti Patera: “Me dieron un fármaco para la osteoporosis y había perdido diez kilos en pocos días. No me sentía bien. Estaba muy agotada. Una noche antes de dormir, miré la fotografía del Yérontas y le dije: “Páter, no me encuentro bien”. Le vi en mi sueño y me dijo: “Vine porque me lo has pedido. Léete bien la receta del fármaco que tomas”, e inmediatamente desapareció. Salté de la cama y leyendo la receta vi que el fármaco era para la gordura. Si hubiese continuado tomando este fármaco me habría muerto. El Yérontas está siempre cerca de nosotros y no le vemos. »

 

14,7 Admirable aparición y ayuda

 

Testimonio del señor Nicolás Xinarís, habitante de la ciudad Pafos de Chipre: “Mi profesión es fontanero. Un día de julio de 1997, terminé mi trabajo y recogí mis herramientas para ponerlas en el coche. Estaba anocheciendo, no veía bien. Había un alambre para tender  la ropa y en su extremo estaba colgado un gancho de dos centímetros. Una vez que hube recogido las herramientas y me levanté para ir al coche, entró el gancho en mi ojo y me quedé paralizado como un pez en el anzuelo.

 

»Clamé “¡ayuda!’” con todas mis fuerzas. Vino corriendo el dueño de la casa, me vio y me dijo que sacara el gancho. Le dije que no, porque tenía miedo de quedarme ciego. Le dije que fuera a mi coche para traerme un alicate para cortar el alambre y llevarme a urgencias para que me quitaran allí el gancho.

 

»Hasta que  él se fue y volvió, yo lloraba y me afligía porque tenía tres hijos y no quería que tuviesen un padre ciego.

»En aquel momento apareció delante de mí un hombre delgado con sotanas negras. Nada mas ver a este hombre y santiguarme, sentí un escalofrío y noté su mano debajo de mi mejilla empujando mi cabeza hacia arriba y así salió el gancho de mi ojo.

 

»Cuando volvió el hombre que había ido a traerme los alicates, fuimos a urgencias. Los médicos me examinaron, les conté lo sucedido y no lo creían. En la pupila del ojo había un corte. Me dieron una pomada y por cuatro cinco días debería tener mi ojo cerrado con una gasa.

 

»El día siguiente entrando en una tienda veo en lo alto de la pared al hombre que había aparecido delante de mí. Pregunté a la señora que tenía la tienda que quién era. Me dijo que es un monje muy famoso que se llama Paísios. Debía llevarme esta fotografía, porque era algo de inestimable valor para mí. La supliqué para comprar la foto y le daría el dinero que hiciese falta. Ella me dio el libro que escribe sobre el padre Paísios. Lo leí el mismo día y a partir de entonces lo tengo en mi coche como amuleto».

 

14,8 Invisible presencia sensible

 

Un peregrino emocionado, en el año 2000 narró el siguiente testimonio: “ Vine a la Santa Montaña cuando aún vivía el Yérontas Paísios. Junto con un grupo grande, una vez tomadas las instrucciones del Monasterio Ibiron, partimos para visitar al Yérontas. Desgraciadamente nos confundimos por el camino y no pudimos encontrarlo.

 

»En 1998 que volví a visitar la Santa Montaña Athos, fui para reverenciar por lo menos a su Kelia, ya que el mismo había muerto. ¡Fue muy grande la alegría y la serenidad que sentí! Pero marchándome, sentí una gran tristeza y depresión: “¿Por qué yo no fui digno de conocer al Yérontas durante mi anterior peregrinaje, cuando aún estaba vivo?. ¡Si sólo su Kelia me inundó de tanta alegría, qué bendición inconcebible sería su presencia!  ¿Por qué soy tan pecador, para que me haya privado de esto?”.

 

»Una depresión y aflicción me estaba presionando. Me presionaba para no llorar. Mientras bajaba por el senderito con mis pensamientos para salir al camino empedrado del Monasterio Ibiron, de repente sentí una mano abrazándome fuertemente y después tocándome con cariño en la espalda, mientras a la vez escuché una voz consoladora diciéndome: “Que te vaya bien, valiente mío”.

»Al mismo momento una fragancia fuerte inundó la región y un deleite indescriptible colmó mi psique, haciendo desaparecer totalmente mi aflicción anterior. Aunque no apareció su cara, yo sentí como si hubiese conocido al Yérontas.

 

14,9 Intervenciones en accidentes de coche.

 

El señor St., de la ciudad Kalamata, habitante de Atenas, viajaba con su coche hacia la ciudad Ioanina. En la carretera fue víctima de un choque  frontal, durante el cual su coche quedó literalmente disuelto y él fue gravemente herido en la cabeza. Fue transportado al hospital inconsciente e ingresó en cuidados intensivos.

 

Mientras se encontraba en este estado, vio una nube luminosa y en el medio un monje de edad avanzada. A pesar de que no tenía una relación especial con la Iglesia, porque aquellos días había oído de un conocido suyo sobre un tal yérontas carismático, Paísios, dentro de su sorpresa preguntó espontáneamente al monje:

-¿Eres el yérontas Paísios?

El Yérontas no respondió, sonrió, le acarició ligeramente en la cabeza y le dijo:

-¡No temas, te pondrás bueno!

El señor St. volvió en sí mismo. Aunque estaba perplejo ante la paradójica experiencia, y a pesar de que ignoraba al admirable visitante, creyó en su confirmación. De hecho se lo relató con intensa expresión también a los médicos. Y ellos, sorprendidos, comprobando su mejoría humanamente inexplicable, confesaron:

-¡Realmente se trata de un milagro!

 

Una vez que salió del Hospital, en el camino pasando delante de una librería sorprendido contempló a su salvador en el escaparate. Reconoció su figura en la página exterior de un libro. Así descubrió a su benefactor y lleno de gratitud lo compró y lo leyó.

 

Emocionado vino a reverenciar en la “Panaguda” en enero 1998, donde también nos relató el anterior acontecimiento. Aparte de que le salvó de una muerte física segura, la intervención del Yérontas ha cambiado radicalmente también su vida. Buscó Pnevmatikós-Guía Espiritual y se confesó. Dejó de hacer vida mundana a pesar de las presiones intensas de sus parientes. “Me es imposible continuar en las mismas cosas; en mi nus viene continuamente el sonriente y luminoso rostro del Yérontas”, decía con lágrimas en los ojos.

***

Testimonio de un monje aghiorita: “Dos laicos visitaron la skiti “Panaguda”. Tras haber reverenciado, pidieron escuchar algo sobre el Yérontas. Entre otras cosas les dije que de los peregrinos que pasan tenemos muchos testimonios sobre las admirables señales, también después de su dormición (apariciones, terapias, intervenciones en accidentes de coches, etc.). Cuando uno de estos dos escuchó la frase “accidentes de coche” salieron lágrimas de sus ojos y dijo de un modo intenso a su amigo:

-¡Has visto, en accidentes de coche!

Al final me rogaron que les contase aunque sea un milagro y preferiblemente una salvación de accidente de coche. Le conté un caso reciente. Apenas llegué al punto “dentro de una nube luminosa se le presentó un monje”, el mismo peregrino que me había interrumpido, no aguantó y gritó:

-¡A mí también se me presentó como nube luminosa!

»Con brevedad me relató su propia salvación milagrosa, no pudiendo decir más por la emoción:

 

-¡Corría con mi moto a 140 km por hora… Me clavé en un coche… delante de mí se abrió una nube luminosa y se presentó un monje… no me pasó nada! Mi mujer me sugirió: “Busca en los libros, mira las fotos para encontrar quién era”. El primer descubrimiento fue por un calendario de la academia Athoniada de la Santa Montaña Athos, en una fotografía entre los alumnos de la Academia… ¡Me ha salvado la vida!

***

Narración de un piadoso sacerdote casado que estudia en Thesalónica: “Hace tiempo vino un joven y me dijo: “Páter yo ayer debería haber muerto. Mientras corría a gran velocidad con mi moto caí encima de un coche y salté a lo lejos. En aquel momento vi un padrecito cogiéndome fuertemente de la mano derecha y así no me pasó nada”.

 

»Yo (el sacerdote) le indiqué algunos iconos de Santos y fotografías de Yérontas contemporáneos. Apenas vio al yérontas Paísios, gritó emocionado: “Éste era”.

 

»Después de unos días volvió a venir y me dijo que posteriormente descubrió en un bolsillito de su chaqueta en el brazo derechos justo de donde le cogió el Yérontas,  dos iconitos pequeños, una de Cristo Dios y otro del yérontas Paísios que su madre a escondidas las había puesto allí”.

 

14,10 Resurrecciones espirituales.

La mayoría y los más grandes milagros del Yérontas son los milagros éticos. Muchos hombres indiferentes religiosamente, ateos por convicción, sin valores éticos, sea por alguna aparición suya después de muerte, sea a menudo por la lectura de algún libro suyo, resucitaron espiritualmente, entraron con celo en la Iglesia y algunos también al estadio monástico.

 

Un joven vivía en la ignorancia y en el pecado. No por suerte cayeron en sus manos las Epístolas del Yérontas y literalmente se conmocionó. Cambió su vida y deseó la vida monástica.

 

Confiesa otro de los muchos jóvenes: “Yo hace seis años era anarquista. Me ponía pendientes y tomaba drogas. Uno del grupo tenía un libro del padre Paísios y me lo dio. Por curiosidad eché una ojeada, me llamó la atención y el interés y en una noche lo acabé. Desde entonces mi vida ha cambiado totalmente.

 

El señor Nicolau Georghios, de Ampelokipus de Atenas. Escribe: “Un Domingo de Octubre del año 1996 me fui a la Divina Liturgia con un amigo mío al Monasterio de san Juan en Karea (Atenas). Quería que hicieran un responso a mi madre que cumplía un año desde su muerte. Era la primera vez que iba a la Iglesia después de muchos años.

 

»Cuando terminó la divina Liturgia, fuimos a la exposición del Monasterio y vi un libro del yérontas Paísios. En aquel momento mi corazón voló. Inmediatamente compré el libro y cuando llegué a mi casa, mi primera preocupación fue la lectura. En el mismo momento que leía el poema que había mandado el padre Paísios a su madre, algo cambió en mi interior. Comencé a llorar con sollozos, se suavizó mi corazón y comencé diciendo en mi interior con lágrimas: “¡Dios mío, ayúdame a mí también por las intercesiones del santo yérontas Paísios a hacerme monje!” No lo había meditado salió sólo. ¡Lo admirable es que hoy en día después de seis años de este acontecimiento, estoy preparándome para hacerme monje!

 

»De repente mientras leía el libro, perdí mis sentidos del espacio y del tiempo por pocos segundos y veo al santo yérontas Paísios cogiendo de su mano a mi bienaventurada madre. Me conmocioné porque lo que había visto era vivo totalmente. Lo comenté a un Yérontas con discernimiento, quien me dijo que esto era verdadero y no una fantasía demoníaca. Comencé pues a ir a la Iglesia cada Domingo y en las fiestas. Después, un poco antes de las divinas Navidades del 1996, me confesé por primera vez en mi vida y sentí un gran deleite y recogimiento en el interior de mi psique. Jamás me había sentido así otra vez en mi vida. Sólo Cristo Dios trae serenidad y paz en la psique.

 

»En mayo del 2002 me digné ir a reverenciar a la “Panaguda”. Durante mi permanencia allí sentía por espacios de tiempo una fragancia indescriptible, incluso fuera en el patio».

 

Un militar superior era seguidor de los dodecateístas (doce dioses) y sobre todo hacía propaganda en su cuartel. Leyó un libro del yérontas Paísios y en el mismo momento fueron derrumbados de su interior los ídolos de los dioses del Olimpo y creyó en el verdadero Dios. Ahora va a menudo y reverencia el sepulcro del Yérontas y reparte su icono.

 

14,11 Hace desaparecer un pequeño tumor

Testimonio de Vasilikí Kofidu de Thesalónica: “El año 2005 en el párpado de su ojo derecho se presentó un pequeño tumor. El médico me dijo que debería operarse porque si lo dejaba existía el peligro de que se hiciese grande y se cerrase mi ojo.

 

»Me fui a la tumba del padre Paísios y tomé aceite de su candil y cada día lo ungía y le rogaba que me sanara. Una mañana que limpiaba el cristal de mi mesita de noche vi que algo caía encima de mí. Me quedé extrañada y miré para ver qué era eso y de dónde había caído. Entonces comprobé que era el tumor de mi ojo. Glorifiqué a Dios y agradecí al padre Paísio que escuchó mi oración y así evité la operación.

 

14,12 Terapia de una endemoniada

 

Una mañana de Diciembre del año 1996 en la exposición del Monasterio de Surotí, se encontraba allí la hermana responsable y un matrimonio con su niña pequeña y su padre, dos mujeres de mediana edad y un hombre joven. De repente se oyó un fuerte grito. Una de las mujeres, bastante corpulenta, se cayó al suelo y empezó a golpearse y a gritar salvajemente. Movía la cabeza rápido de un lado a otro. El espectáculo era muy desagradable. La mujer con la niña pequeña salieron fuera, mientras que los otros se acercaron para ayudarla. La mujer mugía, resollaba y decía con una voz de tono salvaje, amenazadora y masculina: “os arreglaré yo a vosotros que no creéis, os mostraré yo… he aquí, dentro de un poco os tendré todos en mi mano con el 666… me estaréis reverenciando todos… perdidos, idiotas, imbéciles…” y otros insultos.

 

Después empezó a gritar y parecía asustada. “Paisio, me quemas, quieres mandarme de nuevo a la tártara… Y esta tonta, perdida me trae siempre a los monasterios… ¿por qué la ayudas? Me quemas, me quemas”, y chillaba más fuerte aún. Se pegaba tan fuerte que temimos que se rompiese la cabeza. Era claro que la molestaba el demonio.

 

“A…aaaa, gritaba ora vez… He aquí, vino también María ahora…, me quemas Paisios”, dijo con una voz fuerte y se quedó inmóvil como mareada.

 

Algunos de los allí presentes, dudosos se acercaron para ayudarla, mientras que las mujeres se ocupaban de taparla con su ropa. Cuando ya estaba mejor, la levantaron del suelo. Había abierto sus ojos y lloraba serenamente sin hablar. Una gratitud se derramó desde las profundidades de su corazón.

 

“Te agradezco, Yéronta… Te agradezco Dios mío”, decía y repetía con mucho agradecimiento. Se levantó, se fue delante del icono de la Panaghía con sollozos fuertes: “Dios mío… Dios mío. Cómo me has aceptado a mí la indigna… Gracias Dios mío, gracias Yéronta… Dios mío, no merecía este tipo de ayuda”.

 

Toda la escena era muy conmocionante. Después saludaron con gratitud a la hermana para marcharse. Marchando la mujer dijo que tenía un demonio que la castigaba y fatigaba mucho y que la noche anterior vio en su sueño al yéronta Paísio que la dijo: “Ven a mi tumba y te sanaré”. Vino al Monasterio, preguntó dónde estaba la tumba del Yérontas, reverenció la tumba y después vinieron a la exposición donde sucedieron los anteriores acontecimientos.

14,13 Devolvió la vista

Testimonio de una Rusa, la señora Larisa Nicolaebna Máloba, médica de Moscú: “Sufrí un accidente con el resultado que mi ojo izquierdo hubo perdido totalmente su luz. Me trajeron al primer Hospital General de Moscú. Las habitaciones estaban completas, por eso me pusieron a dormir en el pasillo. Por la noche no dormí nada. Hacía oración y me afligía mucho. Por la mañana, mientras estaba en un estado entre sueño y despierta, vino el padre Paísios, le vi claramente delante de mí y le reconocí, porque había leído un libro en relación a su vida. Me cubrió la cabeza con una toallita y desapareció. Al mismo momento entendí que mi ojo ciego veía. Los médicos no hizo falta que hiciesen nada. Estuve hospitalizada en la clínica anterior desde el 4 hasta el 11 de Febrero del año 2002. El número del historial médico de mi enfermedad es el 31.171.

»Agradezco a Dios por Su misericordia hacia mí y al padre Paísios por su ayuda».

Fin de la primera parte sigue a segunda