Domingo de las Mirróforas II

Cristo- J.Arimatea copia

«José de Arimatea… vino y entró osadamente a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús» (Mrc 15,43).

Una de las personas del evangelio del Domingo de las Mirroforas es José de Arimatea, quien es proyectado con su principal rasgo de la valentía, audacia por la que en aquella época logró algo inalcanzable: ir a Pilato y pedirle el cuerpo muerto de Jesús, que por supuesto después con la ayuda de otros lo enterró. Para nuestra época principalmente su valentía, atrevimiento se constituye en un modelo y ejemplo a seguir; puesto que, por regla general, desgraciadamente comprobamos en la mayoría de nosotros o por lo menos una gran parte de nuestra población, existe una cobardía y timidez, que son frutos, como lo vamos a ver a continuación, de la falta de la presencia del Santo Espíritu en nuestra vidas. En otras palabras la falta de valentía coraje y atrevimiento revela la poca fe y aún la incredulidad, incluso de muchos de nosotros los Cristianos; y por consiguiente esta situación hace más necesaria nuestra referencia a la valentía de san José.

Primero: qué es la valentía.

Podríamos definirla como aquella fuerza y disposición psíquica que mueve al hombre a vencer sus soportes y seguridades, incluso hasta el punto de desafiar su propia vida. Por supuesto, esta fuerza psíquica la vemos muy a menudo en distintos tipos de personas y en muchos niveles de vida, como el nacional, profesional y social, pero a nosotros aquí nos interesa aquella valentía que es relacionada con el Dios y por consiguiente con la sanación y salvación del hombre. Hablamos pues, sobre la valentía del cristiano, que emana de esta fe en Cristo y la esperanza de Su Realeza increada (estado de unión con la energía increada), como la de José “quien también había creído a Cristo y esperaba la realeza (increada) de Dios” (Mrc 15,43). Es decir, el Cristiano dependiendo su existencia no de la “seguridad” de los sentidos y la creación material, sino del invisible y no medido Dios, por lo tanto, del Dios que no ofrece “seguridad” según los criterios mundanos, entonces esto manifiesta que la característica de su vida debe ser la valentía, el atrevimiento y el coraje.

¿Qué es pues, aquello que le hace tener esta valentía y manifestarla como elemento imprescindible de todos los hombres? Tal y como apuntamos al principio: la presencia del Espíritu Santo en la psique del hombre, que le hace estar no simplemente apoyado a Dios, sino que esté preparado y entero para sacrificarse a Él. Porque ciertamente el santo Espíritu como Dios omnipresente proporciona valentía y fuerza al hombre y por consiguiente le aleja de la esclavitud de la cobardía. Recalca Pablo: “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio”, (2Tim 1,7).

Y realmente toda la historia de la Iglesia es una confirmación de la verdad anterior. Recordemos por ejemplo los apóstoles antes y después del Pentecostés.  Antes del Pentecostés vivían asustados y encerrados en sus casas “por miedo a los judíos”, algo que proyecta aún más intensamente el coraje y la valentía de José y las mujeres mirroforas (portadoras de mirra). Pero después con la bajada del santo Espíritu el día del Pentecostés, son metamorfoseados, transformados en valientes predicadores del Evangelio, confirmando con sus testimonios sobre la Resurrección del Señor con sus martirios. “Porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído” (Hec 4,20). Pero esto se hizo porque “fueron investidos con la fuerza y energía increada de lo alto” (Lc 24,49) y no porque se apoyaron en sus propias fuerzas. Lo mismo vemos también en el períordo de las persecuciones y hostigamientos, en la época de los Padres, pero también en cada época, donde hay cristianos, clérigos y laicos serios. Así que el cristiano es un hombre atrevido, audaz y valiente, que está inspirado de conducta y espíritu con fortaleza y coraje.

¡Pero cuál es el campo que expresa esta valentía? ¿Cómo se manifiesta en concreto?

1. En principio, al mismo acontecimiento de la fe. Para que el hombre pueda llegar al punto de “saborear” a Dios, de la presencia sentida del santo Espíritu en su interior, hará falta también que el mismo hombre corresponda a la llamada de Dios y seguirle. Porque en la fe cristiana prevalece la llamada de Dios, que llama al hombre hacia a Jesús Cristo y sigue Su invitación. “Nadie puede venir a mí, si el Padre que me envió no lo atrae (con su jaris-gracia energía increada.) Y yo lo resucitaré en el ésjato-último gran día del juicio”(Jn 6,44). La aceptación de esta invitación se ve que es un “salto al vacío”, puesto que, como hemos observado antes, el hombre no está sostenido en la seguridad de sus sentidos, sino solamente a la llamada de Dios. Pero este “salto” valiente es lo que produce la mayor sorpresa al hombre: cae en el calor de los brazos de Dios. Así que la valentía de la fe, trae también la mayor seguridad posible que existe al mundo: la seguridad del omnipotente Dios. «Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?» (Rom 8,31).

2. Además, la valentía del cristiano se manifiesta en la vivencia de la vida espiritual, es decir, del camino hacia el crecimiento de su relación con el Dios y adquiriendo más santo Espíritu. Y esto, porque en este camino suyo se ponen en contra las malignas y mal astutas fuerzas espirituales, los elementos de este mundo. “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Ef 6,12). Así que, sin valentía no se puede llevar esta lucha espiritual, que consiste en la resistencia del creyente contra los ataques del diablo y su apertura a la existencia de Dios. En esta lucha por supuesto co-participa también la misma jaris (gracia, energía increada) de Dios, como también el bondadoso mundo de los ángeles. Debido a que el Cristiano sólo por su cuenta no puede hacer nada para su sanación y salvación, “Porque sin mí no podéis hacer nada. (Separados de mí, sin mi jaris que es mi energía increada, vivificadora, sanadora y salvadora no podéis hacer nada bondadoso.)” (Jn 15,5). Es imprescindible también su propia co-participación. Nuestros Padres espirituales nos explican sobre todo que cuando el diablo ve la psique combatir contra él con valentía, se aleja de ella; en cambio cuando la ve tener miedo y acobardarse, ya el camino está abierto para pisotearla. Son muy características las palabras del padre del monaquismo san Antonio, tal y como nos las escribe san Atanasio en su biografía: “Si la psique permanece por mucho al miedo, entonces allí están presentes los enemigos. Porque los demonios no sacan el miedo de los hombre… Más bien cuando ven que los hombres que tienen miedo, aumentan sus fantasías, de modo que les aterrorizan más.  Y después de haberlos conquistado, juegan con ellos diciéndoles: – Ahora arrodillaos a venerarnos… Que no nos engañemos, pues, de esta manera y no seamos cobardes… Al contrario debemos ser siempre valientes y alegres, como si estuviéramos salvados, pensando que el Señor está con nosotros”.

3. La valentía del cristiano se manifiesta también en sus propias caídas. El cristiano que lucha en el camino de su progreso espiritual, es muy posible que tendrá también momentos de debilidad y caídas. Pero el santo, en nuestra fe, nos es el impecable, sino el luchador que está en el camino de la metania (introspección, arrepentimiento y confesión). En estos momentos se requiere valentía para permanecer en sus pies y no desesperarse. Poder girar su vista hacia el Cielo, implorando la jaris (gracia, energía increada) de Dios para la metania.  Como el joven monje en el libro “Gerontikón”, que desesperado por algunas de sus caídas fue conducido a un gran Yérontas que tenía el don del discernimiento. Y cuando le contó su caída al pecado, aquel con su característica sencillez le dijo que se levantara. –Pero he vuelto a caer, susurró otra vez el joven monje. –Otra vez levantarte, le insta el Yérontas. Y esto tienes que hacer, poner siempre el comienzo o principio de la metania hasta el final de tu vida. Sólo ruega que la muerte te encuentre en metania y no en caída. Por lo tanto, se requiere valentía también en la metania, para que pueda tener esperanza en la infinita filantropía de Dios, que es mayor que todas mis caídas y pecados.

4. Finalmente hace falta valentía también para nuestra confesión y testimonio como cristianos. Especialmente en nuestra época que el mal se ha desparramado y se presenta como algo normal y regular, se requiere valentía y coraje para que uno sea cristiano consecuente, dando testimonio de esta fe suya. Y este testimonio es de logos, pero sobre todo debe ser de modo de vida. Es necesario que los cristianos concienciemos que la tibiez en nuestra fe es la peor situación para nosotros, pero también para las personas que se encuentran en nuestro alrededor. Yo diría que es más preferible que el hombre sea ateo militante que indiferente y tibio, puesto que hay mayor posibilidad de cambiar para el primero que el segundo. El Espíritu de Dios en el libro del Apocalipsis nos dice: «¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca» (Apoc 3, 15-16).

Padre Jorge Dorbarakis

 
 

Fuente: ΑΚΟΛΟΥΘΕΙΝ
Traductor: xX.jJ

Domingo de las Mirróforas

Domingo de las Mirroforas

Lectura Evangélica Marcos 15, 43 – 16, 8

15,  43 José de Arimatea, diputado, miembro noble del concilio, que también esperaba la realeza de Dios y había creído a Cristo, vino y entró osadamente a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús. 44 Pilato se sorprendió de que ya hubiese muerto; y haciendo venir al centurión, le preguntó si ya estaba muerto. 45 E informado por el centurión, dio el cuerpo a José, 46 el cual compró una sábana, y quitándolo, lo envolvió en la sábana, y lo puso en un sepulcro que estaba cavado en una peña, e hizo rodar una piedra a la entrada del sepulcro. 47 Y María Magdalena y María madre de José miraban dónde lo ponían.

16, 1 Cuando pasó el sábado día de reposo, María Magdalena, María la madre de Jacobo, y Salomé, compraron especias aromáticas para ir a ungirle. 2 Y muy de mañana, el primer día de la semana, vinieron al sepulcro, ya salido el sol. 3 Pero decían entre sí: ¿Quién nos removerá la piedra de la entrada del sepulcro? 4 Pero cuando miraron, vieron removida la piedra, que era muy grande. 5 Y cuando entraron en el sepulcro, vieron a un joven sentado al lado derecho, cubierto de una larga ropa blanca; y se espantaron.6 Mas él les dijo: No os asustéis; buscáis a Jesús nazareno, el que fue crucificado; ha resucitado, no está aquí; mirad el lugar en donde le pusieron.7 Pero id, decid a sus discípulos, y a Pedro, que él va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis, como os dijo.8 Y ellas se fueron huyendo del sepulcro, porque les había tomado temblor y espanto; ni decían nada a nadie, porque tenían miedo.

kyriakimyroforon03

 

«Buscáis a Jesús nazareno, el que fue crucificado; ha resucitado, no está aquí; mirad el lugar en donde le pusieron»

 

Hoy, tercer Domingo de Pascua, nuestra Iglesia venera dos grupos de personas: el primero es constituido de dos hombres, José de Arimatea y Nicodemo. El segundo grupo son las mujeres mirroforas (o portadoras de mirra o perfumadoras). José de Arimatea y Nicodemo son testigos reales de la verdadera muerte de Jesús Cristo y de su entierro; y las mirroforas son el mensaje alegre de la Resurrección de Cristo que a continuación tuvieron experiencia inmediata de la Resurrección del Señor Resucitado.

 La Resurrecciónn del Θεάνθρωπος (Zeánzropos, Dios y hombre) Jesús Cristo es la victoria de la vida sobre la muerte; el Cristo con su muerte derrotó la muerte y nos ha regalado la vida eterna. «Muerte ¿dónde está tu aguijón? Cristo ha resucitado y a ti te ha humillado; Cristo ha resucitado, y los demonios han caído; Cristo ha resucitado y los ángeles se regocijan; Cristo ha resucitado y reina la vida…» (San Juan Crisóstomo, “Domingo de Pascua”).

El Θεάνθρωπος (Zeánzropos, Dios y hombre) con su pazos-padecimiento, la crucifixión voluntaria y Su resurrección, definitivamente ha redimido a nosotros los hombres de la desesperante corrupción y la muerte, regalándonos la vida eterna. «El Jesús resucitando de la tumba, tal como predijo, nos ha regalado la vida eterna y la gran misericordia (increada)» (Maitines del Domingo de Pascua).  El Señor da vida a todos aquellos que estaban condenados a permanecer en las tumbas y asegura la resurrección de todos los muertos. Además esto se ve claramente en el himno del período de Pascua: «Cristo ha resucitado de los muertos, con su muerte pisoteó la muerte y los que están en las tumbas les ha regalado la vida». El resucitado Señor transfunde en nosotros la inmortalidad y la incorrupción para siempre. Con la luz increada de Su Deidad disuelve la oscuridad de la cárcel de las psiques y vivifica las psiques de los difuntos. Así el acontecimiento de la muerte se constituye en un pase o transición de la vida temporal a la eterna.

 Por supuesto que, por nuestra naturaleza humana, casi es imposible no asustarse, sufrir y llorar ante el acontecimiento de la muerte, porque inicialmente era algo totalmente ajeno a nosotros. El mismo Señor como hombre perfecto llora ante la muerte de Su amigo Lázaro (Jn 11,35) y le domina una agonía cuando se va acercando la detención y la crucifixión de Él: “Y estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra” (Lc 22,44). También por la muerte del Señor Sus discípulos lloran (Lc 23,17) y las mujeres mirroforas también (Jn19,11).

Sin embargo, a causa de la certeza de la Resurrección, el dolor ante el acontecimiento de la muerte no nos conduce a la desesperación, sino que está vinculada con el consuelo divino. El Metropolita de Mesogia Nikólaos dice característicamente: «Sin el Dios se explicaría la muerte. Con error sobre Dios tampoco te consuelas. ¡Qué tremenda es que nuestra Iglesia, predica a Dios Crucificado!  ¡Tan honrado y tan verdadero! ¡Qué revolucionario y subversivo para nuestro pensamiento! Confiesa a Dios que para los helenos es tontería y para los judíos escándalo. Un Dios voluntariamente vencido, que la recta lógica humana no aguanta. Un Dios que es confesado con el sacrificio de tantos y tantos mártires y triunfa. Un Dios que al ser perseguido vivifica y mortificado resucita» (“Allí donde el Dios se ve, pag 212-213)”.

El Jesús Cristo, el Hijo del Dios vivo, es aquel que de la inexistencia nos ha creado. Intentemos pues, acercarnos a abordar la luz increada de la Resurrección. Saboreemos junto con la Mirroforas y los Apóstoles la experiencia de la nueva vida e incorruptibilidad. Intentemos hacernos partícipes de la eternidad a través de la Iglesia y sus misterios*, para tener la certeza de la Resurrección incluso durante la Segunda Presencia del Señor. ¡Así sea!

Andreas Papamijail, teólogo  Metrópolis de Konstantía

*Misterio y vida mistiríaca Μυστήριο (mistirio, misterio, sacramento). Del Gran Léxico

«Y conozco al tal hombre, si en el cuerpo o fuera del cuerpo, no lo sé; Dios los sabe, que fue arrebatado al paraíso, donde escuchó logos, verbos inefables, que no le es dado al hombre expresar» (2ªCor 12,3-4).

La palabra Helénica misterio significa “iniciación”, “secreto” y “revelación y secreto”. El Cristianismo heredó este concepto y por extensión es “apocálipsis-revelación de Dios”.

Los Misterios son a la vez símbolo y Misterio. Mientras el misterio permanece oculto a los rituales, está en el nivel de lo simbólico e iconográfico. Pero cuando es recibido y la jaris (increada energía) energiza, entonces los Misterios revelan las cosas que están detrás del “velo”. Misterio lleva doble significado, es decir, de algo que está oculto y se revela y a la vez enigma y apocálipsis-revelación.

Pero dentro de la Iglesia los misterios son interminables. Porque dentro de ella todas las cosas liturgizan, funcionan de una manera misteriosa, para que revelen la realeza (luz y energía increada) de Dios. La terapia ascética conecta y se asocia inseparablemente con los Misterios de la Iglesia.

La terapia ascética ortodoxa conecta y se asocia inseparablemente con la vida mistiríaca de la Iglesia. Se trata de la catarsis (sanación), la iluminación y la zéosis o glorificación, que encontramos en toda la enseñanza patrística de la Iglesia. Es dificil que uno crea en la vida Mistiríaca de la Iglesia, si antes no entiende primero, qué significa la palabra “Misterio”. Misterio es algo que vemos que se celebra o realiza, pero es difícil para el espíritu y mente humana entender como se celebra. Si comprendiésemos el modo de realización del Misterio entonces no sería Misterio, sino una praxis-acción acostumbrada de la vida diaria.

Por ejemplo: decimos que el Dios es Trinitario. Os pregunto: ¿quién de nosotros entiende el Misterio de la Santa Trinidad? ¡Tres Personas dentro de una esencia! Este Misterio juzgado o razonado por la lógica humana es paradójico. Pero si uno lo ve con la dimensión de la Fe, entonces entiende que no es paradójico, sino superlógico. Quién puede entender, qué es Dios. Es decir, ¿cuál es la esencia de Dios? ¡NADIE! Y a pesar de eso, creemos en Dios. No porque le entendemos, sino porque sentimos místicamente Su presencia y saboreamos con el corazón Su agapi (amor como energía increada). Es decir, podemos entender las increadas energías de Dios, pero no Su Esencia, tal como, muy bien, han teologizado los grandes Padres de la Iglesia Ortodoxa. Veamos en la Escritura lo que dijo Dios a Moisés, cuando pidió de Dios que le enseñase su Doxa-gloria: “…yo pasaré delante de ti mi gloria… no puede el hombre verme, ver mi rostro y quedar con vida….” (Ex 33 18-20).

Lo mismo ocurre también con todos los temas de la fe que superan las leyes naturales. Los “vemos sin verlos”, “los conocemos sin conocerlos, comprenderlos”, porque todos están enrollados dentro del “divino gnofos”, (san Gregorio de Nicea). (Gnofos, luz que supera toda luz”. Los vivimos y participamos en ellos sólo con la fuerza de la Fe. Si insistimos en creer sólo a lo que entendemos con nuestra lógica limitada, estrechamos inimaginablemente nuestro horizonte espiritual y finalmente no podemos ser Cristianos. Porque, en definitiva, “fe es la hipóstasis (base substancial) de la esperanza de cosas que se esperan y no se controlan y la prueba de aquellas que no se ven, (Heb 11,1). Y es cierto que la fe verdadera presupone humildad, con la cual atraemos la jaris (increada) de Dios. Porque “el Dios resiste, se contraria a los orgullosos, en cambio a los humildes los da Jaris” (Sant 4,6). El humilde que confía a Dios más que a su lógica, con la jaris (gracia, energía increada) de Dios puede entender los Misterios de la Iglesia.

Así, entendemos que, una cosa es el misterio y otra el dogma. Cuando los santos llegan a la experiencia de la doxa-gloria de Dios, viven y ven que Dios es luz, pero entonces también Dios permanece misterio, ya que no pueden llegar a la unión por esencia. La unión del santo con Dios durante la experiencia es mediante la energía increada y no por esencia. Por eso la Santa Trinidad aún en esta experiencia permanece misterio. Aquello que se puede hacer comprensible lógicamente, es el dogma sobre el misterio de la Santa Trinidad. Así los santos Padres la co-participación a la doxa increada de Dios, la cual permanece misterio, también durante la zeoría-contemplación, la expresan con terminología y la hacen dogma que se puede entender. Una cosa es el misterio y otra el dogma sobre el misterio de la Santa Trinidad. Por eso los Padres hacen uso diferente de la terminología de cada época. Pero cuando en un Sínodo ecuménico se determina el significado concreto de la terminología, entonces permanece invariable.

Por lo tanto, el dogma expresa y formula la experiencia de la apocálipsis (revelación), pero nunca la comprensión del dogma significa que paralelamente se entiende el misterio de la Santa Trinidad, que es inexplicable e incomprensible aún hasta su manifestación. Los Padres dicen que los santos ven invisiblemente y escuchan inescuchablemente, y coparticipan in-participadamente y entienden incomprensiblemente a Dios.

Fuente: ΑΚΤΙΝΕΣ
Traductor: xX.jJ

La áscesis o práctica de la Oración de Jesús

Sofronio Agiorita

 

En este capítulo expondré sucintamente los principales aspectos de esta gran cultura del corazón y suministraré orientaciones prácticas a partir de mi experiencia en la Santa Montaña (Athos).

Durante muchos años los monjes pronuncian oralmente esta oración sin utilizar medios artificiales para unir nus y corazón. La atención de ellos se centra principalmente para que sus vidas cotidianas estén de acuerdo con los mandamientos de Cristo. La experiencia por la práctica de muchos siglos sobre esta ascesis ha mostrado que el nus (como energía) se une con el corazón (como esencia) por la energía (increada) de Dios; cuando el monje haya pasado por la seria experiencia de obediencia y abstinencia; cuando su nus (cómo energía), su corazón (como esencia) y aun el mismo cuerpo del “hombre viejo” se han liberado suficientemente del poder del pecado. Sin embargo, tanto en el pasado como en la actualidad, los Padres han permitido a veces usar un método artificial para hacer que la energía del nus (que está esparcida por todo el cuerpo, principalmente al cerebro) descienda al corazón. Para ello, el monje, adoptando una postura corporal adecuada e inclinando la cabeza sobre el pecho, atento y conscientemente inspira pronunciando silenciosamente las palabras “Kirie-Señor Jesús Cristo, Hijo de Dios”, (la atención teniendo contacto consciente al corazón con las palabras, allí al fondo donde sale la voz); y luego, al expirar, concluye la oración: “eleison-me o compadécete de mí, pecador”. Al comienzo de la inspiración, la atención del nus sigue el movimiento del aire y se concentra en la parte superior del corazón (psicosomático). En este trabajo, es posible, por un espacio de tiempo, la atención puede liberarse de toda distracción; y, el nus, permanecer cerca del corazón, incluso hasta puede penetrar en él. La experiencia demostrará que de esta manera dará al nus la capacidad y posibilidad de ver, no su corazón físico, sino aquello que sucede en su interior: qué sentimientos nacen en él y qué imágenes o fantasías mentales, vienen del exterior entrando a la mente y al corazón. Esta ascesis o práctica, permite al monje sentir su propio corazón (psicosomático) y permanecer con la atención del nus hacia el corazón, sin recurrir ya a técnicas psicosomáticas.

Este recurso puede ayudar a los que empiezan a encontrar el lugar donde situar la energía de la atención durante la oración, y en general, también en todo tiempo. Sin embargo, no es de este modo como se llega la oración verdadera. Ésta no se alcanza más que por la fe y la metania (conversión, confesión y arrepentimiento), que constituyen el único fundamento real para una oración auténtica. El peligro de los procedimientos psicotécnicos –como muestra una experiencia secular- es que con frecuencia la gente atribuye demasiada importancia al método en sí mismo. Pero para evitar esta deformación de la vida espiritual, se recomienda a los principiantes desde los primeros tiempos, seguir otro camino bastante más largo, pero incomparablemente más correcto y útil: concentrar la atención en el Nombre de Jesús Cristo y en los logos (palabras, conceptos) de la oración. Cuando la compunción por los propios pecados adquiere un cierto grado, entonces el nus o (la energía del espíritu del hombre), se acostumbra y tiende naturalmente a unirse al corazón (psicosomático).

La fórmula completa de la oración es ésta: Kirie o Señor Jesús Cristo, Hijo de Dios, eleison-me o compadécete de mí, pecador. A los principiantes les está especialmente recomendada esta fórmula. En la primera parte de la oración confesamos a Cristo-Dios encarnado por nuestra sanación y salvación; en la segunda, reconocemos, con espíritu arrepentido, nuestra caída, nuestro estado de pecado y nuestra redención. La conjunción de la confesión dogmática con la metania (conversión, confesión y arrepentimiento) da a la oración un contenido más comprensible.

En el desarrollo de esta oración se pueden distinguir algunos grados:

Primero, en el primer momento la oración es vocal.

Segundo, luego la oración se convierte en espiritual o noerá; ya no movemos los labios, pero decimos silenciosamente con la voz interior el Nombre de Jesús Cristo con el resto de las palabras.

Tercero, la invocación de la oración se convierte en noerá o cordial o de espíritu-corazón; y el nus y el corazón coinciden con su energía y acción, la atención se concentra en el interior del corazón y ahí se recita la oración.

Quinto, Carismática: finalmente la oración es movida por la jaris (gracia increada). Ella actúa en nosotros como una suave llama, como una inspiración de lo Alto que alegra al corazón con un sentimiento de amor de Dios, raptando al nus (espíritu humano) en contemplaciones espirituales. Este estado, a veces va acompañado con la visión o contemplación de la Luz increada.

El ascenso gradual en la oración constituye el camino más seguro. Por esta razón, es muy aconsejable que quien se inicia en la lucha de la oración empiece por la oración vocal, hasta que se vaya asimilando al cuerpo, lengua, nus, corazón y cerebro o mente. La duración de esta etapa varía dependiendo de las personas. Cuando más profunda sea la metania (conversión, confesión y arrepentimiento), más corto será el camino.

La práctica de la oración de Jesús o del corazón puede recurrir durante cierto tiempo al método psicosomático; es decir, acoplarse al ritmo de la respiración, pronunciando silenciosamente con la voz interior la primera parte de la oración en la inspiración y la segunda en la expiración, como ya hemos visto. Este ejercicio en contacto consciente puede ser útil con tal de no olvidar que, con cada invocación con el Nombre de Cristo debe estar unida con Él, la Persona de Cristo-Dios; de lo contrario, la oración se convierte en un ejercicio mecánico y peca contra el mandamiento: “No tomarás el nombre de Yahvé tu Dios en vano” (Ex 20,7; Dt 5,11). Los resultados obtenidos voluntariamente por medios psicotécnicos no perduran y, lo que es más grave, no unen nuestro nus (espíritu) con el Espíritu de Dios (o la energía de nuestro corazón con la energía increada de Dios).

Cuarto estadio o grado: la oración auto-energizada espontáneamente; se ha afincado en el corazón, y sin esfuerzo alguno de la energía de la voluntad, fluye o se activa por sí sola en el interior del corazón, atrayendo la atención del nus.

Cuando la atención del nus se asienta en el corazón, entonces es posible un amplio control de lo que ocurre al interior del corazón, y la lucha por los pazos (pasiones, padecimientos) se realiza con buen juicio, cordura y lucidez. El que ora ve a los enemigos que le acechan desde fuera y puede rechazarlos con la fuerza del Nombre de Cristo. Gracias a esta oración, el corazón se convierte más sensible y se hace perspicaz y clarividente: capta intuitivamente el estado de la persona por quien se ora. De este modo, se realiza el paso de la oración noerá (espiritual-intelectual) a la oración del nus y corazón; a continuación, nos es concebida la oración auto-energetizada o autoactivada por sí misma espontáneamente.

Nos esforzamos en permanecer ante el Dios en la unidad y en la integridad interior de todo nuestro ser. La invocación en el temor sagrado del Nombre de Dios Salvador, acompañada de un esfuerzo por vivir constantemente con los mandamientos, conduce gradualmente a la bienaventurada unificación de todas las fuerzas, antes debilitadas y disgregadas a causa de la Caída. En esta admirable pero dolorosa y difícil lucha no debemos apresurarnos nunca. Es importante que rechacemos el loyismós (pensamiento) quien nos aconseja e introduce a un triunfo grande en el menor tiempo posible. El Dios no violenta jamás nuestra voluntad, pero tampoco nosotros podemos obligarle en ningún sentido. Los resultados obtenidos voluntariamente por medios psicotécnicos no perduran y, lo que es más grave, no unen nuestro nus (espíritu) con el Espíritu de Dios (o la energía de nuestro corazón con la energía increada de Dios).

En el mundo contemporáneo, la oración requiere un esfuerzo y valor sobrehumano, porque todo el conjunto de las energías cósmicas (mundanas, terrenales) se conjura y resiste contra ella. Vencer las distracciones y permanecer atentamente en la oración significa victoria en todos los niveles de la existencia natural o física. El camino es largo y está erizado, pero llega el momento en que un rayo de Luz divina increada atraviesa las tinieblas y abre una brecha, a través de la cual podemos ver la fuente de esta Luz increada. En ese momento, la oración de Jesús alcanza dimensiones cósmicas (terrenales, mundanas) y supracósmicas.

Nosotros creemos que el Dios ha venido a la tierra, nos ha revelado el misterio del pecado y nos ha dado la gracia de la metania (conversión, confesión y arrepentimiento); así oramos: Kirie o Señor Jesús Cristo, Hijo de Dios, eleison-me o compadécete de mí, pecador, con la esperanza del perdón y de la reconciliación en su Nombre. Hasta el final de nuestra vida no abandonaremos las palabras “eleison-me o compadécete de mí, pecador”. La victoria total sobre el pecado no es posible sino cuando el Dios mismo o la energía increada gracia habita en nosotros, y en esto consiste la zéosis (unión con el Dios), gracias a la cual podemos “contemplarlo tal como Él es” (1ªJn 3,2).

La plenitud de la vida cristiana no se realiza dentro de los límites de esta tierra. San Juan el Teólogo escribió: “18  A Dios nadie lo ha visto jamás; el Hijo unigénito en el seno del Padre que es el Ων (on, existente), el que es, era y será, y el que nos ha revelado, explicado y dado a conocer a Dios.

 18. A Dios nadie lo ha visto en su esencia; el Hijo unigénito el que está  en el seno del Padre que es el Ων el que es, era y será, y el que nos ha revelado, explicado y dado a conocer a Dios, mediante sus energías increadas. (Jn 1,18). Pero asegura, por otro lado, que en el siglo venidero nuestra zéosis (deificación, unión con la jaris increada), será perfecta, pues, “lo veremos tal como Él es” (1ªJn 3,2). “3 Y todo el que tiene esta esperanza en Cristo hace su catarsis y se sana de cualquier pecado convirtiéndose puro tal y como él es, (y sólo ellos lo contemplarán, verán.)… 6 Todo aquel que permanece en comunión con él, no peca; todo aquel que peca, no le ha sentido interiormente, ni le ha percibido y contemplado con los ojos de su psique, tampoco le ha conocido como su redentor y Dios. Es útil penetrar el contenido de esta epístola de san Juan, para que la invocación del Nombre de Jesús sea realmente salvadora; para que pasemos de la muerte a la vida (1ªJn 3,14) y seamos revestidos por la fuera y la energía increada de lo Alto (Lc 24,49).

Uno de los escritos más notables de los Padres es la Escala de san Juan el Clímaco. La leen los principiantes, pero sirve también de complemento correctivo a los “perfectos”. No es ocioso añadir aquí que la perfección no se puede lograrse en este mundo. Se puede hacer una observación análoga a propósito de la oración de Jesús. Es la oración que utilizan en su trabajo las personas sencillas; por ella son reemplazados los servicios litúrgicos las personas y los monjes la invocan “espiritualmente” con la voz interior durante los oficios de la Iglesia. Y ella es también la principal ocupación tanto de los monjes en sus celdas como de los eremitas hisijastas.

La práctica de esta oración está estrechamente vinculada con la teología del Nombre de Dios. Posee profundas raíces dogmáticas y, como sucede en general en toda la vida ascética, armonizando perfectamente con el desarrollo de la conciencia dogmática. En algunas de las formas la oración de Jesús o del corazón se convierte en fuego devorador de los pazos (pasiones, emociones, padecimientos) (Heb 12,29). En ella hay una fuerza y energía divina que hace renacer los muertos por el pecado; ilumina al nus con su Luz (increada) y le hace capaz de ver las potencia que actúan al cosmos (mundo) y de observar lo que sucede en el interior del corazón y del nus: “Penetra hasta las frontera entre la psique (alma) y el nus (espíritu), hasta las junturas y las médulas; y discierne los loyismí (pensamientos reflexiones e ideas) y las intenciones del corazón” (Heb 4,12).

Practicada con devoción, esta oración conduce al hombre al encuentro con múltiples energías adversas escondidas en la atmósfera. Y ofrecida en estado de profunda metania (conversión, confesión y arrepentimiento), penetra en una región más allá de la sabiduría de los sabios y la inteligencia de los inteligentes (1Cor 1,19). Practicada con intensidad, requiere una gran experiencia o la ayuda de un maestro. Todos sin excepción deben tener una vigilancia prudente, espíritu de metania o la ayuda de un maestro-guía. Para soportar todo lo que acontezca, todos sin excepción alguna, deben tener una vigilancia prudente, espíritu de metania, temor de Dios y paciencia para soportar todo lo que nos acontezca. Al final, gracias a ella, se encuentra la fuerza para unir nuestro espíritu con el Espíritu de Dios (o nuestra energía del nus con la energía increada del Espíritu Santo); y después de haber pasado por las tinieblas que se esconden en nosotros, sentimos la presencia de la Eternidad.

Esta oración constituye un gran regalo del cielo al hombre y a la humanidad.

Hasta qué punto es importante permanecer, por no decir ejercitarse, en la oración lo demuestra la experiencia misma. Aquí me contentaré con establecer un paralelismo con la vida de nuestro mundo y lo ilustraré con ejemplos sacados de la vida contemporánea bien conocidos por todos. Los deportistas que se preparan para participar en una competición repiten el mismo ejercicio mucho tiempo para, llegado el momento de la prueba, realizar todos los movimientos bien asimilados con rapidez, casi mecánicamente. De la calidad del entrenamiento dependerá la cualidad de la ejecución final.

Contaré una historia que me fue narrada por alguien que fue testigo de los hechos. Casi al mismo tiempo, dos hermanos se casaron en una ciudad Europea con dos muchachas. Una de ellas era médica, muy inteligente y de fuerte carácter. La otra, más bella y viva, era inteligente poro no intelectual. Cuando les llegó a ambas el momento de dar a luz, decidieron seguir el método recientemente descubierto del parto sin dolor. La primera de ellas –doctora en medicina- comprendió enseguida los mecanismos de la técnica, y después de dos o tres sesiones de gimnasia, abandonó la preparación convencida de que lo había entendido todo y de que lo realizaría cuando fuera necesario. La otra, que tenía un conocimiento elemental de la anatomía del cuerpo, no dedicó su tiempo al estudio teórico, pero realizó asiduamente los ejercicios con tanta intensidad que, cuando llegó el momento de dar luz, estaba completamente familiarizada con ellos. ¿Qué creéis que sucedió? En el momento del parto, la primera olvidó todos sus conocimientos en cuando comenzaron las contracciones, y parió con gran “dificultad y dolor” (Gén 3,16); la otra, en cambio, casi sin dolor ni dificultad.

Así sucederá en nosotros. Para un contemporáneo instruido, comprender el mecanismo de la oración del corazón o noerá es fácil. Le basta con practicarla con cierta asiduidad durante dos o tres semanas, leer algunos libros e incluso añadir otro libro a los ya publicados. Pero a la hora de la muerte, cuando nuestro organismo sufra una brutal desintegración, el cerebro pierda su lucidez y el corazón sufra violentos dolores o una gran debilidad, nuestros conocimientos teóricos se esfumarán y la oración correrá el riesgo de desaparecer.

Es necesario orar durante años, leer poco y sólo aquellos libros que, de uno u otro modo, estén relacionados con la oración, cuyo contenido nos lleva a la metania (conversión, confesión y arrepentimiento) y contribuya así a mantener la energía del nus o el nus en su interior. Después de muchos años la oración se convierte en parte integrante de nuestro ser y en nuestra reacción natural ante cualquier fenómeno en el mundo del espíritu: luz o tiniebla, aparición de ángeles o de potencias demoníacas, alegría o tristeza; en una palabra, en todo tiempo y en cualquier circunstancia.

Con esta oración nuestro nacimiento a un mundo superior podrá darse realmente sin dolor.

Los libros del Nuevo Testamento son cortos y, sin embargo, nos apocaliptan=revelan las profundidades del Ser sin comienzo. La teoría de la oración de Jesús no requiere largas explicaciones. La perfección que nos ha sido manifestada por Cristo no nos es accesible en los límites de la vida terrena. El número de pruebas por las que pasa el asceta o practicante de esta oración es indescriptible. La práctica de la oración de modo extraño, lleva al espíritu del hombre al encuentro de “fuerzas escondidas” en el cosmos (mundo). La oración del Nombre de Jesús provoca la confrontación entre ella y las fuerzas cósmicas, que podemos mejor denominar los “dominadores de este mundo tenebroso, pecaminosos…, los espíritus del mal que están en las alturas.” (Ef 6,12). Conduciendo al hombre más allá de los límites de la sabiduría, en su forma más elevada esta oración requiere un “ángel y un guía fiel”.

La oración de Jesús, por su propia naturaleza, escapa a toda forma o reglamentación, pero en la práctica, a causa de nuestra incapacidad de permanecer en oración con el nus (espíritu) limpio, puro durante mucho tiempo, los fieles se ayudan con un komposkini (rosario), para asegurar su continuidad y disciplina. En el monte Athos los rosarios más utilizados tienen cien nudos repartidos en grupos de veinticinco. La cantidad de oraciones y postergaciones prescritas durante el día y la noche se determinan en función de las fuerzas de cada uno y de las circunstancias en las que se desenvuelve su vida.

 Yérontas Sofronio (de su libro la oración experiencia de la eternidad)

La Oración de Jesús o del corazón

Yeron sofronio

LA ORACIÓN DE JESÚS ο DEL CORAZÓN

(de su libro la oración experiencia de la eternidad)

El archimandrita Sofronio Sajarof nace en Moscú en 1896, donde estudia bellas artes. A causa de la situación revolucionaria de su país, huye al extranjero y se establece en París el año 1922, dedicándose a la pintura. Tras experimentar al Dios personal de la fe cristiana ortodoxa, abandona el misticismo oriental de su primera juventud.

En 1925 llega al monte Athos e ingresa como monje en el monasterio ruso san Pantaleimon. En dicho cenovio (monasterio de vida común) conoce a san Siluan, del que se convierte en discípulo. Por orden de su superior aprende griego, En 1930 es ordenado diácono y sacerdote en 1941. Regresa a Francia al finalizar la segunda guerra mundial y se dedica a transmitir el mensaje de san Siluán, su padre espiritual. En 1959 se establece en Inglaterra y funda el monasterio de san Juan el Bautista, en Essex. Muere casi centenario en 11 de junio de 1993, a los 96 años de edad. Su autobiografía espiritual en griego y en Ruso se ha traducido en varios idiomas, inglés, francés italiano, serbio, árabe, alemán, sueco, etc. Sus obras principales son:

  1. San Siluán el Athonita
  2. Contemplar a Dios tal como él es.
  3. Sobre oración
  4. Sobre Espíritu y Vida y otras.

 

LA ORACION DE JESÚS o CORDIAL o NOERÁ O ESPIRITUAL

…No veía ante mí el camino, no sabía introducirme en esta vida, de dónde empezar; me sentía a mí mismo en la nube de la oscuridad e ignorancia y “pregunté”: «¿Qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?” ». Y se me fue dada la respuesta: “Ora como san Gregorio Palamás, el cual por muchos años clamaba: «Señor, Ilumina mi σκότος=oscuridad e ignorancia”» y he sido escuchado… (Del último logos-discurso del Padre Sofronio)

En nuestros días la oración del nombre de Jesús ha encontrado una amplia difusión por todo el mundo. Muchos escritos han aparecido sobre ella que merecen un examen atento. Sin embargo, paralelamente, se han emitido también no pocas ideas absurdas sobre esta oración. Por esta razón he decidido redactar sobre el particular, con el fin de, por una parte, prevenir a los que la practican con fervor de no exponerse por caminos poco trillados y, por otra, fijar los fundamentos teológicos y ascéticos de esta extraordinaria cultura del espíritu.

La teoría de esta oración puede ser expuesta en pocas páginas, pero su aplicación práctica en la ascesis cristiana ortodoxa está unida a tantas dificultades que, ya desde el comienzo los Padres y los maestros de la Iglesia aconsejaban a los que desean esta forma de unión con el Dios acercarse a ella con temor sagrado, y buscar un guía ortodoxo de amplia experiencia en este esfuerzo ascético. No espero en modo alguno agotar este importantísimo tema, sino que me limitaré a exponer aquí algo de las enseñanzas que recibí durante mi estancia en la Santa Montaña (Athos), primero en el monasterio de san Pantaleimon y luego en soledad en el érimo (desierto). Es imposible en esta exposición evitar repeticiones de lo que ya ha sido escrito por otros autores. Sin embargo, creo que semejantes repeticiones no sólo no resultan excesivas, sino que incluso son necesarias para que el tema reciba una luz complementaria en  otro contexto.

El Señor en las últimas horas de su vida dijo “Jn 16,24 Hasta ahora no habéis pedido nada implorando en mi nombre. A partir de ahora pedir continuamente y recibiréis para que vuestra alegría y gozo sean completas, (y lo estaréis comprobando por el hecho que el Padre escuchará vuestras oraciones.)

23  En aquel día no me preguntaréis nada; de verdad en verdad os digo que todo lo que pidan en mi nombre al Padre os lo concederá.

23. En aquel día no me preguntaréis nada; de verdad en verdad os digo que todo lo que pidan en mi nombre al Padre os lo concederá. En aquel día que bajará el Espíritu Santo en vosotros, no me preguntaréis nada, porque estaréis iluminados por Él. Amín, amín, en verdad de verdad os digo y aseguro que todo lo que pidan en mi nombre por la oración al Padre os lo dará” (Jn 16, 24-23):

Estos logos constituyen los fundamentos dogmáticos y ascéticos de la oración, invocación a Su Nombre.

No hay duda alguna de que los alumnos de Cristo observaron este mandamiento. Con toda seguridad, los discípulos ya tenían experiencia de la fuerza y energía que de Su Nombre, cuando fueron enviados, como “ovejas entre lobos“ (Mt 10,16), a traer la paz a los hombres, a curar sus enfermedades y a anunciar la llegada de la Realeza (increada) de Dios: «Regresaron los setenta y dos alegres, diciendo: “Señor hasta los demonios se nos someten en tu nombre» (Lc 10,17). Y en otra ocasión: Tomando Juan la palabra, dijo: “Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre” (Lc 9,49).

Así pues, la historia del recurso a la oración del Nombre de Jesús se remonta a los tiempos apostólicos. No se nos ha conservado la formulación literal de estas palabras, pero todo el Nuevo Testamento atestigua que los discípulos hacían extraordinarios milagros con la imploración del Nombre de Jesús Cristo.

Es necesario, para orar en Su Nombre, conocer el significado, las propiedades y la naturaleza de ese Nombre. Incluso es indispensable para que “nuestro gozo sea colmado” (Jn 15,11).

La comprensión del contenido y del sentido del Nombre de Dios sólo se adquiere gradualmente. Una sola invocación ocasional puede llenar nuestro corazón de alegría y esto es inestimable. Las profundidades de la vida en Cristo son insoldables; para poder asimilarla es necesario un largo proceso y una gran tensión de todas nuestras fuerzas. Nuestra vida aquí en la tierra es corta y conviene aprovechar cada una de las horas, para que nuestro conocimiento de Dios crezca. Cuando se une la alegría del corazón y la luz del nus (o de nuestro espíritu), entonces nos acercamos a la perfección.

Llegué al Monte Athos en 1925 y me encontré con la grandiosa cultura de la oración. Naturalmente, ansiaba conocer cómo los Padres entendían este importante aspecto de la ascética cristiana ortodoxa. Pocos años antes se había originado una disputa dura sobre la naturaleza del Nombre de Dios. En el ardor de la controversia –semejante a la polémica del siglo XIV sobre la naturaleza de la Luz (increada) del Tabor o de la Metamorfosis. En esta polémica se presentan analogías con los antiguos debates seculares entre nominalistas y realistas, idealistas y racionalistas. Estos últimos se apaciguan durante años, para volver a renacer bajo otras formas. Nos encontramos ante dos disposiciones naturales: por un lado, los profetas y los poetas; y, por otro, los eruditos o intelectuales y tecnócratas. Pero no pretendo extenderme sobre lo que pasó entonces, sino que prefiero centrar mi atención en lo esencial del problema, con el fin de comprender el imperecedero conocimiento o gnosis increada que viene de lo Alto, y del que fueron juzgados dignos los santos ascetas, amantes de la oración.

La vida de cada uno de nosotros se encuentra estrechamente asociada a nuestra percepción y concepción del mundo, de nosotros mismos y de Dios. La oración, en sus grados más elevados, requiere el conocimiento más exacto posible del Ser divino. “Queridos ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado plenamente lo que seremos. Conocemos por experiencia que cuando se manifieste, seremos semejantes a Él, porque Lo veremos, contemplaremos tal como él es” (1ªJn 3,2). Y nosotros sabemos también, gracias a la experiencia milenaria de todo el género humano, que el nus (espíritu) natural no puede ir más allá de ciertas conjeturas en lo que se refiere al conocimiento de Dios. Es indispensable que el Mismo Dios se apocalipte=revele al hombre dándole Su Gnosis (conocimiento). De modo parecido a lo que sucede en la vida de nosotros, el Dios se apocalippta=revela gradualmente en la historia de la humanidad; tal como aparece en la Biblia. Él se ha manifestado “de una manera fragmentaria y de muchos modos” (Heb 1,1) a los Padres y a los Profetas, con fuerza, energía y profundidad crecientes…

Yérontas Sofronio el Aghiorita

Traductor: xX.jJ

Condiciones para la Oración y metania

ananias2

Tres cosas que consisten en la verdadera metania (introspección, conversión, arrepentimiento y confesión):

En el corazón: contrición, quebrantamiento y humildad

En la boca: confesión

En la vida: corrección, restablecimiento, rectificación

 De san Juan el Crisóstomo (boca de oro)

 
Geron Porfyrios Kafsokalyvitis 26 copiaLas condiciones para la oración correcta son:

– oración de preparación para la plegaria

– rogar al Señor para darnos lágrimas

-el incienso

– la vela

– la hisijía. Paz, serenidad y tarnquilidad interior y exterior

– despreocupación

– el estudio

– cortar con todos y de todo

– el candil

– la alegría

– la absoluta dependencia de Dios

– dejarse totalmente al Señor

Santo Yérontas Porfirios

 

Fuente: http://www.hristospanagia.gr/
Traductor: xX.jJ

Los 3 movimietos del nus según San Dionisio el Areopagita

 

DionisioAreopagita

 

Dijimos ya que el nus constituye el “ojo de la psique”. Pero su funcionamiento tiene una diferencia con el ojo del cuerpo. Es decir, que el ojo del cuerpo ve todos los objetos pero no puede verse a si mismo. Pero el nus funciona con tres movimientos, el directo, el cíclico y el espiral y puede regresar a sí mismo y verse el mismo. Vamos a ver simplemente que quiere decir San Dionisio el Aeropayita cuando habla sobre los movimientos del nus.

Con el movimiento directo, el nus del hombre ve las cosas y las personas con los sentidos o con sus imágenes, representaciones o símbolos que se crean en la fantasía o con varias ideas, nociones, conceptos que desarrolla y forma la diania (mente, intelecto, cerebro). Ella, mientras nuestro nus queda parado allí con su directo movimiento hace al nus sensible, emocional, hedónico, avaro, vanaglorioso, sarcólatra, cuerpólatra, pesado, bestial y demoníaco. Por ejemplo: el nus ve las creaciones de Dios, una mujer, un hombre y se cautiva, ve el dinero y se entrega. Ve la técnica de una máquina y se esclaviza y se hace sumiso de aquella cosa que le sometieron los sentidos. Finalmente el movimiento directo de nuestro nus reduce su belleza natural y lo transforma en terrenal y de barro, ya que se apega y se asimila con la fealdad y la repugnancia de los pazos.

¿Cuál es la belleza del nus? La primera creación bella con la que el Creador iluminó al hombre. Como reflejo de la divina belleza y bondad y de la gloria del Prósopon (Rostro) de Dios. Dentro del paraíso los primeros en ser creados estaban dotados con nus, el cual veía (contemplaba) a Dios, pero no siempre con el movimiento cíclico, sino con un tercer movimiento que se llama espiral, helicoidal.

El movimiento cíclico del nus es este. Cuando el nus regresa a sí mismo encuentra el cielo que dice el Señor “la realeza (energía increada) de los Cielos está en vuestro interior”. Con esta energía el nus es superior y se supera, transciende a sí mismo o usa como acceso el sí mismo para llegar a la unión,  zeoría (contemplación, expectación) y vista de Dios (por la increada luz y energía de Dios).

Este movimiento cíclico del nus es inconfundible, fijo y no cae fácilmente en engaño y error por el diablo. Al contrario muchas veces el nus se cautiva por el movimiento espiral que es entre directo y cíclico. Con el movimiento cíclico el nus de los primeros en ser creados veía a Dios mediante las creaciones y Le alababa y veneraba. Pero el maligno astuto puso su trampa y hace traspasar al nus desde el Creador a lo creado, a la creación, al fruto del árbol e hizo a los primeros en ser creados apartarse del Creador y olvidar Su mandamiento. Así la caída del nus del hombre antes de Cristo fue una caída idólatra, empezando por el movimiento “espiral” hasta llegar al movimiento “directo” del nus, orientándose hacia las creaciones y no hacia el Creador.

La hegemonía por excelencia en Espíritu del energetizado nus sobre las otras fuerzas psíquicas aparece en los Padres de la Iglesia Ortodoxa que no sólo superaron la influencia del logos y del sentido, sensación sobre el nus sino que redujeron, limitaron su auto-acción. Entregaron al nus en la instrucción de la divina Energía increada, la cual les hizo participantes de los nuevos logos de la Verdad increada. “El Logos se hizo sarx… para que conozcamos en plenitud la (Luz y energía increada) Jaris y la Verdad”(Jn.1,14).

EL NUS

El hombre, este excelente ser creado por Dios, es el cenit de la Creación, es una constitución de materia y espíritu, cuerpo y ψυχή (psijí, psique, alma). La superación del mundo material hacia el inmaterial, y del sensible, sensual al super-sensitivo se hace con la fuerza de la psique, del nus. La fe básica de nuestra Iglesia es que el hombre constituye imagen del Dios Trinitario. El Dios Triádico es Nus (Padre), Logos (Hijo) y Espíritu.

El hombre es icona (imagen) trinitaria de Dios y él también es nus, logos y espíritu. En esta creación trinitaria por la infinita divina agapi-amor (por imagen) y en la zéosis* por la jaris-gracia energía increada  (por semejanza), se encuentra su grandeza infinita. En esta grandeza se ve la incomparable diferencia del hombre en relación con los animales. *(zéosis es comunión y unión por la increada energía jaris de Dios acción que opera el mismo Dios).

La psique, según los Santos Padres, está constituida de tres fuerzas o partes: lo logístico, lo anhelante (deseo, ilusión) y lo irascible (afectuoso, emocional, sentimental). El instrumento con el que se energetiza y opera lo logístico es el nus.

Preguntó uno a un Yérontas eremita: ¿qué es el nus? Y él contestó: Mira, si falta el capitán de un barco ¿crees que llegará al puerto? Las olas lo romperán. Así también el nus es el capitán.

San Gregorio Palamás “también llama nus la propia energía del mismo, que consiste en loyismí, juicios, silogismos, nociones, conceptos y significados. Pero estos no son el mismo nus, sino energías de él. Nus también es la potencia, fuerza que energitiza y activa a todos estos. Nus (como energía) en la Santa Escritura se llama también corazón (psicosomático, como esencia). El corazón es la principal fuerza de todas las demás de la psique y de esta fuerza se caracteriza nuestra psique” (Logos sobre oración).

Pero el nus es también la capacidad de su unión y participación con Dios. En otro sitio se llama la capacidad para zeoría, contemplación o visión de Dios, es exactamente la misma cosa. El que vea uno a Dios es unión con Dios. He aquí el nus según la terminología patrística se llama “el ojo de la psique” “ojo noerós espiritual” “zeoriticós, contemplativo” o parte “logística” de la psique. El hombre es como icona, imagen de Dios, porque tiene nus. Pero es trágico cuando al nus falta el sentido gnóstico (de conocimiento) y distintivo. Se ciega y adquiere relaciones absolutas con las creaciones, con el  sentido de la naturaleza de los entes, en cambio su substancia o esencia es noerá-espiritual. Nada en un mar de vanagloria y engreimiento, deja de ser “nus en energía” y se hace sólo nus en “dínamis, fuerza o potencia” o sea se animaliza. Se convierte como aquellos que construyen sin cerebro, como las flores plásticas sin fragancia, como máquinas ciegas. Según una expresión de un Yérontas asceta contemporáneo: “El nus del hombre, parece como un pájaro del cielo que a veces vuela en las alturas y a veces se arrastra como ruin en la tierra”.

Por un lado, el nus con las voladuras del ascenso y por otro lado con sus caídas en lugares inferiores de la tierra, en los cuales el nus se revuelca por la activación de los pazos, Este tema es tratado por los Santos Padres Filocálicos.

La autoconcentración o “recogimiento” del nus de los que se ocupan de la llamada “yoga” de las religiones orientales no cristianas, puede realizarse pero es infructuosa e inactiva y te deja con las manos vacías. Allí el nus se queda en el método, hasta aquí se puede considerar como un método elogiable, pero y sólo como intención y esfuerzo humano, por eso desde el principio está condenado. El nus allí se detiene a mitad del camino, desde “Jerusalén a Jericó, cayendo en bandidos que le desnudarán, dejándole heridas y medio muerto”.

Eso ocurre porque allí el nus no tiene objetivo, busca una iluminación inexistente y se engaña “autoengaño deplorable y lamentable”; Puesto que en realidad se une con un espíritu demoníaco, el cual logra presentar la mentira como verdad y la verdad como mentira “se transforma, metamorfosea en ángel de luz” como dice San Pablo.

Yérontas Ioanikios
El hombre, este excelente ser creado por Dios, es el cenit de la Creación, es una constitución de materia y espíritu, cuerpo y ψυχή (psijí, psique, alma). La superación del mundo material hacia el inmaterial, y del sensible, sensual al super-sensitivo se hace con la fuerza de la psique, del nus. La fe básica de nuestra Iglesia es que el hombre constituye imagen del Dios Trinitario. El Dios Triádico es Nus (Padre), Logos (Hijo) y Espíritu.
El hombre es icona (imagen) trinitaria de Dios y él también es nus, logos y espíritu. En esta creación trinitaria por la infinita divina agapi-amor (por imagen) y en la zéosis* por la jaris-gracia energía increada (por semejanza), se encuentra su grandeza infinita. En esta grandeza se ve la incomparable diferencia del hombre en relación con los animales. *(zéosis es comunión y unión por la increada energía jaris de Dios acción que opera el mismo Dios).
La psique, según los Santos Padres, está constituida de tres fuerzas o partes: lo logístico, lo anhelante (deseo, ilusión) y lo irascible (afectuoso, emocional, sentimental). El instrumento con el que se energetiza y opera lo logístico es el nus.
Preguntó uno a un Yérontas eremita: ¿qué es el nus? Y él contestó: Mira, si falta el capitán de un barco ¿crees que llegará al puerto? Las olas lo romperán. Así también el nus es el capitán.
San Gregorio Palamás “también llama nus la propia energía del mismo, que consiste en loyismí, juicios, silogismos, nociones, conceptos y significados. Pero estos no son el mismo nus, sino energías de él. Nus también es la potencia, fuerza que energitiza y activa a todos estos. Nus (como energía) en la Santa Escritura se llama también corazón (psicosomático, como esencia). El corazón es la principal fuerza de todas las demás de la psique y de esta fuerza se caracteriza nuestra psique” (Logos sobre oración).
Pero el nus es también la capacidad de su unión y participación con Dios. En otro sitio se llama la capacidad para zeoría, contemplación o visión de Dios, es exactamente la misma cosa. El que vea uno a Dios es unión con Dios. He aquí el nus según la terminología patrística se llama “el ojo de la psique” “ojo noerós espiritual” “zeoriticós, contemplativo” o parte “logística” de la psique. El hombre es como icona, imagen de Dios, porque tiene nus. Pero es trágico cuando al nus falta el sentido gnóstico (de conocimiento) y distintivo. Se ciega y adquiere relaciones absolutas con las creaciones, con el sentido de la naturaleza de los entes, en cambio su substancia o esencia es noerá-espiritual. Nada en un mar de vanagloria y engreimiento, deja de ser “nus en energía” y se hace sólo nus en “dínamis, fuerza o potencia” o sea se animaliza. Se convierte como aquellos que construyen sin cerebro, como las flores plásticas sin fragancia, como máquinas ciegas. Según una expresión de un Yérontas asceta contemporáneo: “El nus del hombre, parece como un pájaro del cielo que a veces vuela en las alturas y a veces se arrastra como ruin en la tierra”.
Por un lado, el nus con las voladuras del ascenso y por otro lado con sus caídas en lugares inferiores de la tierra, en los cuales el nus se revuelca por la activación de los pazos, Este tema es tratado por los Santos Padres Filocálicos.
La autoconcentración o “recogimiento” del nus de los que se ocupan de la llamada “yoga” de las religiones orientales no cristianas, puede realizarse pero es infructuosa e inactiva y te deja con las manos vacías. Allí el nus se queda en el método, hasta aquí se puede considerar como un método elogiable, pero y sólo como intención y esfuerzo humano, por eso desde el principio está condenado. El nus allí se detiene a mitad del camino, desde “Jerusalén a Jericó, cayendo en bandidos que le desnudarán, dejándole heridas y medio muerto”.
Eso ocurre porque allí el nus no tiene objetivo, busca una iluminación inexistente y se engaña “autoengaño deplorable y lamentable”; Puesto que en realidad se une con un espíritu demoníaco, el cual logra presentar la mentira como verdad y la verdad como mentira “se transforma, metamorfosea en ángel de luz” como dice San Pablo.

Yérontas Ioanikios
(Editado por SANTO HISIJASTIRION PARADONAS)

Traductor: xX.jJ

 

Domingo de Apóstol Tomás (III)

 

 

Hoy queridos míos es Domingo de Contrapascua o de Tomás. Y en relación de esto es la lectura evangélica que hemos escuchado hoy (Jn 20,19-31). Esta lectura evangélica de hoy es importantísima. Las palabras que dijo el resucitado Señor durante su aparición a Tomás, no conciernen solamente a sus discípulos, sino cada hombre, en cualquier lugar y tiempo que viva. Porque por mucho que progrese uno científicamente y técnicamente, dentro en el interior de su existencia tiene un drama. Vive el sentimiento de culpa que crea el pecado. El evangelio de hoy debería escucharlo todo el mundo.

¿Qué dice? Dice que los discípulos estaban encerrados en una casa y no se atrevían a salir de allí, ni siquiera abrir las ventanas, “por el miedo a los judíos” (Jn 20,19).  ¿Pero esto no ocurre hoy? Las naciones, pequeñas y grandes, están encerradas en sus espacios y tienen miedo el uno al otro.

Domina el miedo. La angustia y la ansiedad ahogan el mundo, no vaya ser que de un error demoníaco caiga el fuego de la energía atómica.

¡Cuan feliz sería el atormentado mundo, si en los congresos internacionales que se reúnen los grandes y rompen sus cabezas para encontrar solución a los problemas de Oriente y Occidente, imploraran a Cristo! Igual que entonces “vino el Jesús y estaba entre medio” de los asustados discípulos, así vendría otra vez, para decir la palabra que hoy hemos escuchado, “Paz en vosotros”, y ofrecer el regalo más precioso, la paz. Porque el Cristo es la paz y da la paz. Pero cada uno de nosotros y todos debemos ser dignos en recibir este regalo de valor inestimable.

Dentro al mundo atormentado, el evangelio de hoy deberían escucharlo todos, especialmente los incrédulos y los de poca fe, los intelectuales (escribas) y los científicos de nuestra época, estos que piden pruebas y certificaciones como Tomás. Así era él. Durante una semana tenía grandes dudas e interrogantes, balanceaba entre la fe y la infidelidad. Dudó que se hubiera resucitado el Cristo. Pero el Señor no le echó, ni le recriminó, tampoco descartó la investigación. Apareció especialmente para él, le llamó y le dijo: Hijo mío, ¿tienes dudas? Ven e investiga, toca con tus manos mis heridas y te convencerás que yoSoy. Y realmente Tomás que decía: “Nunca creeré si no lo veo”, después de ver y tocar él mismo confesó su fe. Una fe no ciega, sino certificada con documentos y muestras. Ahora también existen muchos Tomás.

Estos que hoy celebran su santo. El Domingo de hoy es el día de los Tomás, metafóricamente son los desconfiados y los incrédulos. A estos llama hoy el Cristo y les dice: venid hijos míos vosotros que dudáis de mí; acercaos a mí, palpadme, buscadme, investigad el Evangelio una, dos, tres y muchas veces; y después de la investigación seréis convencidos.

¿Quiénes más deberían escuchar el evangelio de hoy? Pues, Arrio. Pero ha muerto, me diréis. Desgraciadamente Arrio no ha muerto; en nuestros días se han presentado sus nietos y bisnietos, los agentes de Bruklin, los milenaristas o testigos de Jehová que son parientes del Arrio; porque dicen lo que aquel decía. Ellos toman una goma de borrar y borran dentro del Evangelio lo que dice que Cristo es Dios. Pero que escuchen hoy a Tomás que estaba junto con Cristo, le vio, le palpó y le tocó, y dice: ¡Mi Señor y mi Dios! (Jn 20,28). Y si el incrédulo Tomás hoy confiesa con toda su convicción ¡Mi Señor y mi Dios! ¿Quién eres tú milenarista u otro hereje que niegas los dogmas de la deidad de Cristo?

Finalmente el evangelio de hoy deberían escucharlo también algunos heréticos como los protestantes o los evangelistas. Estos toman otro tipo de goma diabólica de borrar y borran la santidad del sacerdocio. Ni sacerdocio, ni cura o sacerdote, ni misterios (sacramentos) admiten. Cada uno se considera a sí mismo cura. Pero junto con ellos, que lo escuchen también algunos ortodoxos que mientras aceptan la santidad, en cambio al sacerdocio no muestran el respeto debido. Todos ellos que escuchen lo que dice el evangelio de hoy. De todo esto es lo más importante:

22 Diciendo esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid Espíritu Divino.»

22. Al decir esto, les sopló en sus rostros el vivificante aliento de la nueva vida la celeste, y les dijo: «Recibid divino Espíritu; es decir, la increada energía, la Jaris–Gracia, (tal como al principio Dios sopló al rostro de Adán.)

23 A quienes perdonéis o remitiereis los pecados les serán perdonados; a quienes se los retengáis, les serán retenidos.» (Jn 20,22-23).

 ¿Qué significan todas estas cosas? Significan que el Cristo antes de que se fuera a los cielos entrega su poder. ¿Dónde lo entrega? ¿en todos? No. A los discípulos. ¿Y cuándo ellos mueran? A los sucesores. Y los sucesores a sus sucesores. Así tenemos una sucesión apostólica. Así una cadena de oro, un poder con orden divino, de generación en generación llega hasta nosotros, hasta el último sacerdote de hoy. “Recibid Espíritu divino…”, sobre estas palabras está sostenido el poder sacerdotal.

Sí, queridos míos, este cura con su sotana rasgada, este analfabeto de quien se burlan los supuestos científicos, éste, cuando se pone el patrajili (estola) y oficia, ya no es la persona tal o cual, Antonio, Kostantino, Juan. En aquel momento tiene las llaves del cielo, que nadie más las tiene. «Recibid Espíritu Divino; a quienes perdonéis o remitiereis los pecados les serán perdonados; a quienes se los retengáis, les serán retenidos» (Jn 20, 22-23). Este poder, el resucitado Cristo no lo ha dado ni a los ángeles tampoco a los arcángeles. Lo ha dado a los sacerdotes. Y los sacerdotes ejercen en nombre del Cristo. Sí; en el momento que el pecador se arrodilla con lágrimas ante su padre espiritual, entonces está delante de Cristo y el sacerdote en nombre de Cristo le dice: “Hijo mío tus pecados son perdonados” (Mt 9,2 Mrc 2,5). Pero aún no he dicho nada.

La altura del sacerdocio se ve en la Divina Liturgia. ¿Tienen fe? ¿qué es lo que está encima del santo altar? Pan y vino. ¿Quién convertirá el pan en cuerpo de Cristo y quién el vino en Su sangre? Aunque se junten millares de personas, y todo el mundo, incluso todos los ángeles, no pueden hacer este misterio. Un sacerdote tiene este carisma, ¡oh milagro de los milagros! Por eso un santo dijo: si encuentras un cura y un ángel besa primero la mano del cura y después del ángel. Porque al sacerdote, el Cristo le ha dado mayor poder que a los ángeles.

 ¿Así que el de la sotana es un ángel, me dirán? Entonces debe vivir como un ángel. Pero tal cura hace esto, el otro obispo hace lo otro… Por eso yo no voy a la Iglesia… Hermano mío, no soy seguidor del encubrimiento de los errores del clero. Al contrario, pido que la Iglesia sea limpiada de los sucio y podrido para que retorne la vieja gloria, la de los Padres. Pero desde este punto hasta el punto de que digas yo no voy a la Iglesia porque el cura supuestamente es pecador –y tu eres santo- hay gran distancia. Querido mío, cualquiera que celebre el oficio, sea el cura más santo o el más pecador, mientras sea canónicamente ordenado, tiene la misma fuerza y poder. No tengas ninguna duda.

Un Cristiano criticaba los curas y los encontraba todos falsos. Nadie era digno para que él se confesara. Esperaba a encontrar un cura que fuera ángel o arcángel. Un día se encontró en un lugar desierto y tenía sed. Observando ha visto un arroyo, se arrodilló y bebió agua. ¡Qué agua tan buena dijo! ¡por dónde estará emanando? Avanzó y llegó hasta la fuente. Y allí encontró suciedad y hedor. Dentro de la fuente había un perro muerto y dentro de sus entrañas pasaba el agua. Dijo ¡ay qué me ha pasado!. Entonces se presentó un ángel y le dice: el agua que te ha refrescado es nuestra Ortodoxia. El perro muerto es el cura pecador. Pero aunque sea un perro muerto, el río de la divina jaris (energía increada) llega hasta a ti por él.

Queridos míos, honran al sacerdocio. Honrando al sacerdote honramos a Cristo Dios, “a quien jóvenes alabad y glorificad en todos los siglos”, Amín

(†) Obispo Agustín 

Homilia grabada en el templo san Alejandro Atenas 16-4 -1961

 

Fuente: ΑΚΤΙΝΕΣ
Traductor: xX.jJ
 

Domingo de Apóstol Tomás (II)

 

Domingo de Tomás

 

El primer Domingo después de la Resurrección de Cristo, llamado también Contrapascua, está dedicado al discípulo de Cristo, Tomás, quien por su incredulidad se hace ya el “medio” para que sea cierto el acontecimiento de la victoria de la muerte. “La incredulidad generó la fe cierta” según el himnógrafo. Y eso porque esta incredulidad “provoca” al Señor a indicarle más intensamente las señales de Su presencia y conducirlo a la salvadora confesión: “mi Señor y mi Dios”.

1. Así la incredulidad de Tomás se hace buena. Por muy paradójico que se oye esto, la realidad es esta: hay buena y mala incredulidad. Buena incredulidad es la que en primera fase atrapa al hombre a la duda y negación, poniéndole como prioridad la fe a la razón y los sentidos. “Si no veo, no creeré”. Es el escepticismo que encontramos muchas veces dentro en los relatos evangélicos, como por ejemplo el caso de Natanael, cuando está llamado por su amigo Felipe conocer a Mesías –“¿de Nazaret puede haber algo bueno?”- o como el caso del padre trágico que acude a Cristo para sanar su hijo, pero lleno de controversias, dudas y preguntas: “Si puedes ayúdanos”. Y el Señor este escepticismo, duda y desafío no los rechaza. Los toma como primeras chispas de la fe que conducirán en la fe inquebrantable, firme y segura. Porque ve que esta fe nace de un corazón que padece y anhela.

Así que la cualidad de la buena incredulidad se ve que es esto: el corazón afligido, ansiado y angustiado que lucha entre la fe y la infidelidad. “Si Señor, creo, ayuda mi incredulidad”, recordándonos otra vez al padre que hemos referido antes. Uno aquí se acuerda de un acontecimiento parecido que le ocurrió al Yérontas Paisios en su infancia, cuando la incredulidad de un estudiante sacudió las certidumbres que tenía sobre la fe. Nos describe el sufrimiento, la ansiedad y la angustia de este estado: “Se nubló mi horizonte. Me llené de dudas. La tristeza cubrió mi psique”. Es una situación similar que pasa cada hombre, hasta que la fe en Cristo sea consolidada, hecho que significa que esta fase de incredulidad no se considera como algo negativo y paradójico, sino un escalón fisiológico en el camino de la madurez espiritual del hombre.

2. ¿Cuándo la incredulidad es considerada mala? Cuando no se considera como fruto de la lucha interior, sino motivo para que el hombre sea alejado definitivamente de Cristo, algo que evidentemente se ha decidido por el mismo hombre. En otras palabras, cuando el hombre ha decidido trabajar y funcionar en sus pazos, cuando su prioridad es su apego a este mundo malicioso y vicioso como el hedonismo, placeres viciosos, la codicia y la avaricia, entonces la incredulidad la utiliza como excusa para justificar sus elecciones. En este caso no es ayudado por la jaris (energía increada) de Dios de modo positivo, o más bien de otra manera le remite en esto: “es terrible caer en las manos del Dios vivo”. En el caso de Judas discípulo traidor de Cristo, que también pasó por el fuego de la incredulidad, creemos que es muy indicativa.

3. ¿Cuál puede ser el punto decisivo del paso de la incredulidad a la fe? Pues, la existencia por lo menos de un mínimo grado de humildad, es decir, el hombre al dudar de las absolutas elecciones del sí mismo, le hace confiar en la experiencia común de los demás y le conduce en la Iglesia. Tomás logra liberarse de su incredulidad, justo cuando decide salir de su “caparazón”. La humildad que muestra, como giro hacia los demás y no hacia sí mismo, es el riesgo que corre para entrar al espacio de la sorpresa: la experiencia del Cristo resucitado. Vemos que el Señor se revela allí: en la congregación de los discípulos, en la Iglesia, y no en la nube nebulosa de los loyismí (pensamientos simples o unidos con la fantasía, ideas, reflexiones) de su soledad. Y le llama de una manera absolutamente personal: “trae tu dedo aquí y mira mis manos, y trae tu mano y ponla en mi costado, no seas incrédulo, sino fiel”. Esta experiencia conmovedora de Tomás le conduce ya en la situación normal de los discípulos: en la veneración de Cristo y en la confesión de la fe: “Mi Señor y mi Dios”.

4. Así se comprueba que la fe en la Resurrección del Señor es un acontecimiento vivido dentro en la Iglesia y sólo allí. Solamente el que vive en la Iglesia y sobre todo aquel que lucha en andar el camino del Señor, es decir, aplicar y cumplir Sus santos mandamientos, puede también estar viendo y sintiendo la presencia resucitada de Aquel. “Como me has visto has creído, bienaventurados y felices los que no me han visto y creen”. Más allá de este acontecimiento con Tomás, el Señor lo había predicho a Sus discípulos, en Su extendida enseñanza de los marcos de la Cena Mística: después de Su sacrificio por la Cruz será visible y Le sentirían sólo Sus discípulos. En la denuncia de Judas no el Iscariote, “Señor, ¿qué pasará cuando Tu aparezcas en nosotros y no en el mundo?” es decir, en la denuncia de la razón humana que requiere una exterior imposición y victoria contra los enemigos de la fe, el Señor es absoluto, certero y claro: Sólo aquel que aplica y cumple Sus mandamientos, por lo tanto Sus discípulos, Le vivirán y estarán viéndole. “Si uno me ama, cumple y aplica mis logos, también mi padre le amará, y vendremos en él y crearemos una morada”.

Y esto es la respuesta permanente y firme, más allá de todo lo que hemos dicho sobre cómo se asegura uno en la fe de Cristo: sólo por la agapi (amor desinteresado) a su semejante. “Fe energetizada u operada por la agapi (amor, energía increada divina)”, que apunta san Pablo. En otras palabras, cuando la duda y la incredulidad empiezan a castigarme, la respuesta es que con más fuerza caliento mi corazón para cada prójimo mío, sobre todo al considerado como enemigo. El momento que lucho para amar a aquel con el que parece que tengo problema, exactamente este momento siento también la jaris (gracia, energía increada) del Cristo resucitado fluyendo en mi corazón. Es una experiencia de la Resurrección que por su puesto, es obvio, que uno debe experimentar el sí mismo para sentirla. Amín.

Padre Jorge Dorbarakis

 

Fuente: ΑΚΟΛΟΥΘΕΙΝ
Traductor: xX.jJ
 

Domingo de Apóstol Tomás (I)

Apóstol Tomás: el desconfiado discípulo de Cristo

 

Cristo y Tomás

 

   El primer Domingo después de la Resurrección nuestra Iglesia venera la memoria del apóstol Tomás y se lee en las iglesias el pasaje sobre la palpación del Señor por él. No es casual esta elección. Sirve para confirmar, junto con tantos otros testimonios, que el Señor realmente ha resucitado de los muertos. Tomás por divina concesión pidió tener experiencia palpable de la Resurrección de Cristo. Poner las manos sobre “las señales de las heridas” y creer al acontecimiento sobrenatural.

      Su nombre en la lengua aramea es “Teoma” y significa gemelo. En el santo Evangelio efectivamente se le da el nombre de “Gemelo” (Jn 11,16).  Las informaciones hagiográficas sobre Tomás son relativamente pocas, por eso se han alzado sobre su persona interpretaciones arbitrarias. Intentaron localizar de quien era gemelo hermano o hermana. Algunos le identifican como hermano de Judá que se refiere san Mateo (13,55). Los contrarios escritores de Cristo sostienen que él fue el hermano gemelo del Señor, a pesar de los testimonios contrarios de los Evangelistas, queriendo hacer daño a la humanización sobrenatural del Logos de Dios. Una antigua tradición que nuestra Iglesia acepta que Tomás era hermano de una Lidia o Lisia. Otra tradición refiere que era hermano de un tal Eleazar.

      El origen de Tomás era de Antioquia, al contrario con la mayoría de los discípulos que eran galileos (Jn 21,2). Fue llamado por el Señor a seguirlo y él obedeció (Mt 10,3 Mr 3,18 Lc 6,15). Generalmente fue el más entregado de los discípulos y se distinguía por su valentía y coraje. Cuando los otros discípulos trataban de prevenir y desviar a Cristo para que no fuera a Betania a resucitar a Lázaro, por el miedo que le maltratasen los judíos fanáticos, Tomás desafiando el peligro les dijo: “vamos también a morir con él” (Jn 11,16). ¡Es la primera vez que se escucha de un discípulo de Cristo pedir morir junto con el Señor! Simultáneamente era también muy racionalista. Eln la Cena Mística no dudó en preguntar al Señor: “Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos conocer el camino?” (Jn 14,5). También era escéptico y desconfiado. Para creer en la Resurrección de Cristo pidió tener confirmación palpable, palpar con sus propias manos las llagas de su maestro. Después de palpar las heridas confesó con entusiasmo y espontaneidad: “Mi Señor y mi Dios” (Jn 20,28).

      Una antigua tradición dice que predicó el Evangelio en Persia y en la lejana e inmensa India. Hasta hoy es considerado el iluminador de estos países. El final de su vida fue martírico. Los fanáticos idólatras le dieron la muerte por punción. Su memoria se festeja el 6 de Octubre.

      En el nombre de Tomás se han salvado tres textos apócrifos del siglo 2º dC. Se trata sin duda de unos textos falsos de los antiguos herejes los gnósticos, quienes queriendo dar prestigio a sus alabanzas y opiniones heréticas, los atribuyeron al apóstol Tomás. Estos textos contienen serios engaños, falsedades y cacodoxías, por eso los creyentes no deberán confiar en estos, porque los utilizan los enemigos del cristianismo para dañar y desacreditar la fiabilidad de la enseñanza cristiana y especialmente la Persona Divina de nuestro Redentor Cristo.

      Muchos llaman al apóstol Tomás infiel. No es correcta esta calificación. Tomás no fue infiel, sino desconfiado. Pedía demostraciones para asegurarse y creer, y así se hizo. El Señor no le negó este deseo, hecho que significa que nuestra fe en las enseñanzas de nuestra Iglesia, no es, y no debe ser una situación pasiva, sin juicio y razón, sino producto de nuestra libre elección. El apóstol Felipe, cuando habló a su amigo Nataniel sobre el Cristo le dijo aquella magnifica frase: “Ven y lo verás” (Jn 1,47), es decir, amigo mío ven a comprobar con tus propios ojos lo que te digo para Aquel. Por lo tanto no es malo investigar con buena fe. Lo malo es mantener una posición de mala fe que finalmente nos mantendrá lejos de la verdad. El apóstol Tomás era hombre de buena fe y por eso, mientras satisfizo sus sentidos, confesó con valentía: “¡Mi Señor y mi Dios!” (Jn 20,28). ¡Cuántos y cuántos grandes hombres y mujeres en la historia se hicieron fieles por la investigación! ¡Miriadas de científicos reales descubrieron su fe dentro de la investigación científica; con sus admirables conclusiones han visto las energías increadas de Dios las creativas y las cohesivas que están presentes en el cosmos! Al contrario existen otros científicos que no los toca el hecho de la omnipresencia de Dios y no la admiten, porque desde el principio son impulsados y conducidos por la ciega incredulidad. ¡Estos no encontrarán jamás la verdad ni encontrarán nunca a Dios!

     En la oscura edad media circuló un slogan en Occidente, lo cual no tiene el mínimo fundamento en la santa Escritura y en la Tradición de nuestra Iglesia Ortodoxa. Se trata del slogan: “Cree y no investigas”, lo cual se hizo bandera de los enemigos del cristianismo los últimos siglos. Al contrario la santa Escritura y los Padres de nuestra Iglesia Ortodoxa nos exhortan: “Investigar las Escrituras” (Jn 5,39), y “actuad y ocupaos con la educación y el estudio”. (Sal 2,12). Nuestro criterio debe ser el acto de la libertad como condición determinante de la persona. El hombre libre es la imagen auténtica de Dios, conforme la imagen de Dios por Cristo (Fil 3,23) ¡Esto hizo también el apóstol Tomás!

Lambros Skontzos Teólogo y Profesor

 

Fuente: ΑΚΤΙΝΕΣ
Traductor: xX.jJ
 

Lecciones de la Semana Santa

«En el presente día los pazos-padecimientos, pasiones sagrados como luces sanadoras y salvadoras amanecen al mundo… (Lunes Santo) »

stamatis

El Cristo, queridos míos, es la luz (increada) del mundo. Es el faro que ilumina y conduce a los hombres al camino del deber y la virtud. Este faro no podrá apagarlo ni disminuir su luz (increada) ningún viento, ninguna tempestad y ninguna potencia. Estará iluminando eternamente, con su enseñanza, con sus milagros y con su temor sagrado. Todo luz, todo virtud y todo perfección inalcanzable.

Pero donde el resplandor de Cristo fue culminado y su virtud cubrió los cielos y su altura ética se elevó como una columna hasta el cielo, es en sus santos pazos (padecimientos) y pasiones. Los pazos de Cristo son una fuente inagotable de bellas enseñanzas y lecciones. El cristiano que no se conmociona y no aprende de estos santos días está ciego, inconsciente e insensible; tal y como dice un filósofo y poeta cristiano alemán que: el cristiano que no se conmociona de los pazos de Cristo no es una persona humana, sino una piedra sin corazón, emoción y conciencia. Ante nosotros los días de la Semana Santa se desarrolla el misterio de la agapi (amor, energía increada) de Cristo Dios.

Y estamos llamados no simplemente a observar, sino a recibir en nuestras psiques la iluminación que envía el Señor de sus pazos y su cruz. Os presentaré algunos puntos de la semana de padecimientos y pasiones del Señor que interesan a todo cristiano.

Observando a Jesús con corazón quebrantado y contrito, le veremos en Martes Santo tirando sus terribles truenos, los «ay de vosotros, intelectuales y fariseos…» (Mt 23,14-39). En ningún otro momento el apacible Jesús Cristo habló con tanta dureza y severidad. ¿Por qué? Porque ante suyo tenía hipócritas. Y el bondadoso Jesús sin maldad no ha odiado otra cosa más que la hipocresía. La hipocresía es una moneda falsa, una flor artificial o de plástico, es la falsificación de la virtud. Por eso condenó tan duramente la hipocresía.

Pero escuchando al Señor pronunciando los “ay” contra los hipócritas, tengamos temor no vaya ser que nosotros también pertenezcamos a la categoría de los hipócritas. Porque la hipocresía es un microbio o virus que penetra en los corazones de todos. Si queremos ser sus verdaderos discípulos debemos deshacernos de la plaga y la herida de la hipocresía.

Pero también otra lección tomamos de estos días sagrados. El Miércoles Santo vemos a Judas negociar la venta y la traición del Señor por 30 dinares. La traición de Judas es un acontecimiento de lo más triste de los pazos-padecimientos del Señor. Es una lección para todos aquellos que han esclavizado sus psiques al dinero, la meteria y al mamonás (dios mamón del oro y la plata).

Tremendo pazos la codicia, avaricia por el dinero y el oro. Ella convirtió a un apóstol en traidor. Ella convierte también a los cristianos en idólatras, que ya no adoran a Cristo sino el oro. Viendo la penuria de Judas tengamos mucho cuidado, queridos míos, no vaya ser que caigamos en las redes de la maldita codicia, avaricia. Porque el cristiano que adora el dinero y gracias a esto hace falsos juicios, deshonra, roba y perjudica, es un nuevo Judas en la sociedad de hoy.

Tal y como se desarrolla la historia de los pazos del Señor, la noche del Jueves Santo vemos la Gran Cena Mística. Aquella noche última e inolvidable el Cristo cenó con sus discípulos por última vez. Les dio las últimas instrucciones. Celebró el Misterio de la divina Efjaristía que es el Misterio más importante de la Iglesia y el corazón de nuestro culto.

El mismo transmitió su cuerpo y su sangre a los discípulos. Fue la primera Divina Comunión o Efjaristía. Pero desgraciadamente en esta cena se encontró uno que era indigno de comulgar; era el Judas. Con su psique sucia se acercó y comulgó los misterios inmaculados. Y ahora, hermanos míos, muchos en estos santos días vendremos a comulgar. Tengamos mucho cuidado, no vaya ser que haya algún Judas entre nosotros; es decir, un cristiano sucio, sin metania, ni arrepentimiento tampoco confesión. Éste que no se acerque al Misterio sin antes no ha limpiado su psique dentro de las lágrimas de la metania confesión y arrepentimiento.

Otra lección nos da la negación de Pedro. Nos enseña cuanto enfermo, débil y pecador es el hombre. Porque vemos el primero de los discípulos caer. ¿Qué era Pedro? Un coloso de la fe y la virtud. A pesar de eso la noche del Jueves Santo vemos que niega el nombre del Señor delante de una sirvienta. Pedro cayó para que aprendiera a ser humilde. Cayó para enseñarnos a todos cuanto cuidado y temor debemos tener del pecado. Es tan terrible el pecado, de modo que en sus redes capta también apóstoles, profetas, santos y ascetas. Pues, Cristiano: ¡eres santo, has llegado a las alturas de la virtud! No te jactes. Porque es posible que vayas a caer, y aquel que ahora le desprecias como pecador, se convierta en santo y tome la primera posición del paraíso.

Llegando a la cumbre de los pazos-padecimientos de nuestro Señor le sentiremos saboreando el martirio. Le veremos arrodillándose, cayendo con la cara en la tierra dentro del jardin del Getszimaní. Escucharemos Su oración: “Padre mío… no como yo quiero sino como tú” (Mt 26,39). Veremos como sería arrastrado de tribunal en tribunal. Veremos a sus enemigos vestirle con tunica roja, coronarle con corona tejida de espinas, burlarse de él y escupirle.

Escucharemos sus voces salvajes «Ἆρον ἆρον, σταύρωσον αὐτόν, fuera de aquí como sea crucifíquenlo, crucifíquenlo» (Jn 19,15). Veremos a Pilato firmar su condena. Finalmente el Viernes Santo veremos a nuestro Señor levantar la cruz pesada doblándose por el peso. ¿Pero qué ojos podrán contemplar la escena de la crucifixion?  Le contemplaremos que sea elevado desnudo encima de la madera y le escucharemos decir uno por uno los siete logos de la cruz, de los que el primero es la voz de la agapi (amor desinteresado) hacia el prójimo y el perdón: “Pater-Padre perdónalos porque no saben lo que hacen” (Lc 23,34), y el ultimo la voz de la dedicación al Padre: “Pater en tus manos entrego mi espíritu”. Cristiano: puedes mientras vivas decir tu también: “padre Celeste, perdona cada enemigo mío”, y cuando cierres los ojos de este mundo vanidoso, decir: “Padre acepta en tus manos mi psique-alma”.

Estas altas lecciones nos proporciona la Semana Santa. Lecciones de la metania (introspección, arrepentimiento y confesión), de contrición, de temor al pecado y de la esperanza. Por eso debemos seguir los oficios de la Semana Santa con gran devoción. Desde el momento que entramos en el santo templo nuestro espíritu, corazón y mente, todo que sea entregado al Crucificado y sus pazos- padecimientos, pasiones. Ninguna conversación, ninguna desorientación y ningún gesto malo son permitidos en estos días sagrados. Pequeños y grandes, mujeres y hombres, jóvenes y abuelos, todos aquí con devoción; no para conversar, ni para reír, sino para aprender y alterarnos, y recordarnos qué ha sufrido Aquel por nuestra gracia.

En el tema del orden insisto. Estos días nos cargan con más responsabilidad. Los padres no dejen a los niños circular dentro de la Iglesia como si estuvieran en el campo. Cada madre y padre su niño cerca de él. Todos con devoción sagrada alrededor de la cruz y el epitafio. Tal y como en un padre muerto los hijos están alrededor del muerto y lloran, lo mismo nosotros también alrededor de nuestro Gran Muerto, nuestro Señor Jesús Cristo, concentrémonos y abramos nuestros corazones para recibir la iluminación de sus sagrados pazos-padecimientos. Entonces sentiremos lo que sufrió él para cada psique y con corazón agradecido digamos a nuestro Redentor: Cristo, eres el novio de nuestras psiques.

Tus pazos-padecimientos, pasiones magnetizan, iluminan y santifican las psiques. Por todo lo que has sufrido por nuestra sanación y salvación te agradecemos. Adelante pues, tanta agapi (amor desinteresado) te prometemos que seremos siempre tuyos. Amín.

+ Obispo Agustín. Homilía de 1962

Fuente: ΑΚΤΙΝΕΣ
Traductor: xX.jJ