San Atanasio el Grande: El ciego guía conductor de los que ven

 

Domingo del ciego

 

“…escupió en el suelo e hizo con la saliva un poco de lodo y untó con el lodo los ojos del ciego, y le dijo: «Vete y lávate en la piscina de Siloam…” (Jn 9, 6-7).

 El Sanador y Salvador ha cubierto el lodo con lodo, lo similar reponiéndolo con lo similar, es decir, ya que el cuerpo humano se hizo de lodo, barro, arcilla. De todos modos uno puede decir que el Señor ha ungido con lodo los ojos del ciego, para revelar a todos que él mismo es el que ha creado también a Adán con lodo. ¿Pero por qué mandó al ciego a la pila (piscina) de Siloam? ¿Quizás allí había sumergido también a Adán?

Escucha con atención: Cuando el Señor había creado con lodo a Adán no se encontraba ninguno de los contradictorios judíos allí. Y como no había nadie para contradecirle, el Señor con menos demostración y exhibición formó la estatua del hombre lógico. Pero ahora hay muchos que contradicen y extiende el proceso del milagro, es decir, la gira del ciego, para mostrar más la dinámica de Su poder, para hacer a los que contradicen que acepten el milagro a pesar de sus voluntades. Por eso mandó al ciego ungido de lodo a lavarse en la pila o piscina de Siloam. Para que los que ven sigan al ciego que corría, y así el que no veía se convirtiera guía conductor de los que veían y a continuación los que corrieron para ver se hiciesen testigos del milagro.

San Atanasio el Grande

Traducido por: χΧ jJ

 

 

Domingo del ciego – Luz (increada) u oscuridad

 

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 La narración de la terapia del ciego congénito del Evangelio de Juan el Evangelista es la única en el Nuevo Testamento. Hay muchos casos de terapia de los ciegos, pero no de nacimiento, que nos describen los cuatro Evangelistas, cosa que manifiesta por un lado la simpatía y el interés del Señor Jesús para el dolor y la enfermedad física; y por otro lado muestran su cualidad de Mesías, porque los Profetas del Antiguo Testamento describiendo al Mesías se refieren entre otras cosas también “sobre la recuperación de la vista de los ciegos”.

            Pero, además de la ceguera física, el Cristo abre los ojos de la psique de los hombres, de modo que puedan comprobar la nueva vida que los ofrece como una donación divina al mundo. Muchos hombres que tienen la luz natural del cuerpo no ven a Cristo como Mesías, en cambio muchos ciegos, después de la sanación física de ellos proclaman la fe en Él. Se justifican así las palabras del Señor: “Yo vine al mundo para que los que no ven, vean y los que ven se conviertan en ciegos”.

            Juicio, pues, es la presencia del Señor al mundo, pero no en el sentido de condena a los hombres, sino en el sentido de la obligación que se crea a cada persona a aceptar la “luz increada” o condenarla. Se necesita valor y coraje para uno mirarse directamente en la luz (increada) y concienciar sus partes desagradables. Liberarse de su mal carácter, su egoísmo, sus pazos, sus comodidades personales y sus placeres carnales y seguir la voluntad de Dios.

            La luz que da el Cristo al ciego congénito de la lectura evangélica del Domingo, viene como una nueva creación al mundo. Tal y como el Dios en el Antiguo Testamento ha creado al hombre con tierra, lo mismo también el Cristo haciendo barro regenera Su creación de la corrupción y desgaste por el pecado. Otra vez le da la capacidad y posibilidad de hacerse partícipe de Su realeza increada. Sin embargo los hombres reaccionan de distinta manera ante la apocaliptada=revelada luz increada de Cristo. Y mientras tanto el ciego sanado confiesa y proclama su fe a Cristo, los Fariseos de cualquier manera intentan negar el milagro evidente, incluso amenazando hasta los padres del ciego. Niegan la luz prefiriendo la oscuridad, porque la oscuridad les conviene y cubre sus obras ilegales. La luz increada no les es grato porque les controla.

            La lectura evangélica presenta a Cristo como luz, sanador y salvador del mundo, quien llama al hombre a seguirle. Esta actitud de cada hombre hacia la luz (increada) es determinante para su camino posterior. Aquel que rechaza la luz (increada), permanece a la oscuridad, encubriendo así sus obras malignas, permanece ciego espiritualmente. Pero aquel que reconoce la ceguera espiritual se va hacia la “luz”, es decir, a Cristo y adquiere la visión requerida para ver directamente, cara a cara la verdad en relación consigo mismo, con su prójimo y la donación de Dios a él. Cada persona es juzgada por el hecho de si afronta la luz con valentía o permanecerá obstinadamente a la oscuridad. La postura del ciego congénito y las de los Fariseos son totalmente opuestas. Estamos llamados, pues, a escoger entre la luz (increada) y la oscuridad. Sea pues nuestra elección correcta, esta que nos conducirá a la Realeza increada de los Cielos.

Santa Metrópolis de Filipos, Neápolis y la isla de Thasos.

Traducido por: χΧ jJ

 

Domingo de los Santos Apóstoles

 

Domingo de los Santos Apóstoles

Evangelio de los 12 Apóstoles

Mateo 9,36 Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas (espiritualmente) y dispersas como ovejas que no tienen pastor.

37 Entonces dijo a sus discípulos: A la verdad la cosecha es mucha, mas los obreros pocos.

38 Rogad, pues, al Señor de la cosecha, que envíe obreros a su cosecha o siega.

 

Mateo 10,1 Entonces llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad sobre los espíritus inmundos, para que los echasen fuera, y para sanar toda enfermedad y toda dolencia.

2 Los nombres de los doce apóstoles son estos: primero Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano; Jacobo hijo de Zebedeo, y Juan su hermano;

3 Felipe, Bartolomé, Tomás, Mateo el publicano, Jacobo hijo de Alfeo y Lebeo, por sobrenombre Tadeo,

4 Simón el Cananeo, y Judas Iscariote, el que también le entregó.

5A estos doce envió Jesús, y les dio instrucciones, diciendo: Por camino de gentiles no vayáis, y en ciudad de samaritanos no entréis,

6 sino id antes a las ovejas perdidas de la casa de Israel.

7 Y yendo, predicad, diciendo: La realeza (energía increada) de los cielos se ha acercado.

8 Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; (Tened cuidado, nunca comerciéis con este carisma), gratis habéis recibido, dadlo gratis.

1. Las maduras espigas

Hoy es Domingo de Todos los Santos que coincide con la Sinaxis (reunión) de los Santos Apóstoles que festejamos cada año el día treinta de Junio. En honor de los santos Apóstoles se narra en la Divina Liturgia la lectura evangélica que antes hemos leído, y que describe la primera misión encargada por el Señor a Sus discípulos.

Cuando los mandó a esta primera misión, el pueblo judaico estaba en situación desesperante: “Como ovejas que no tienen pastor”. Despreciado y traicionado de sus líderes, los Intelectuales y los Fariseos, vivía dentro de la oscuridad de la ignorancia y el pecado, buscando luz de esperanza, mensaje de sanación y salvación.

Viendo esta situación el divino Redentor dijo a Sus discípulos: “la cosecha mucha, pero los obreros pocos”; las espigas que son maduras para segar son muchas, pero los obreros que las segarán son pocos. (Mt 9,37).

¿Cuánto actuales se escuchan hoy estos logos del Señor! Los hombres cansados, abatidos y frustrados a nuestro alrededor buscan el verdadero sentido y significado de la vida; esperan logos de consolación; tienen necesidad de guía espiritual y apoyo. ¿Quién se ocupará de esta obra?…

Se buscan pastores con sentido de responsabilidad, para conducir las ovejas con seguridad… Se buscan trabajadores con celo y ganas, para segar las espigas maduras… Roguemos pues, al Señor ardientemente para que promocione y envíe trabajadores a Su campo espiritual.

 2 . Los fundadores de la Iglesia

El Señor llamó a Sus doce discípulos y los dio poder y fuerza para sanar todo tipo de enfermedad y expulsar los demonios inmundos y los mandó a predicar el mensaje alegre de la Realeza (increada) de Dios.

Era la primera vez que los discípulos emprendían una obra de este tipo. Es característico este punto, el evangelista Mateo pone sus nombres y les da a todos el título honorífico de “Apóstol”.

Para la mayoría de los Apóstoles conocemos poco de sus vidas. Sin embargo el Espíritu de Dios los honra con el título más gloriado entre los Santos. Es impresionante la visión que se describe de san Juan en el libro del Apocalipsis. Allí el sagrado Evangelista se refiere que ha visto la gloriosa ciudad de Dios, la Jerusalén de arriba con sus paredes cimentadas encima de doce cimientos. Y sobre los cimientos ha visto “los nombres de los doce Apóstoles del cordero” (Apo 21,14).

La Iglesia de Cristo es Apostólica. Se ha edificado sobre el cimiento de los Apóstoles, mientras que la piedra angular, el punto que aguanta y sostiene todo el edificio, es el mismo Jesús Cristo. (Ef 2,20). La Iglesia sigue iluminándose de la enseñanza de los Apóstoles, mantiene ininterrumpida la sucesión de ellos por los obispos y continua la obra apostólica de ellos “proclamando el Evangelio en todas las naciones” (Lc 24,47).

3. El auténtico voluntariado

Antes de iniciar sus misiones los santos Apóstoles recibieron del Señor instrucciones claras. Él entre otras cosas, les dijo: “Gratis habéis recibido y gratis daréis”. La jaris (energía increada y don) que os he dado para enseñar y hacer milagros, lo recibís gratis, por lo tanto vosotros también daréis gratis.

Y los Discípulos siguieron fielmente el mandamiento del Maestro divino. ¡Predicaban, hacían milagros, resucitaban muertos, expulsaban demonios y sanaban enfermos, pero nunca recibían dinero! El trabajo de ellos era tedioso, pero en ningún caso querían recompensa de los hombres por sus esfuerzos.

Los milagros que hacían eran impresionantes, pero nunca los aprovecharon para ganar algo para sí mismos. Este desinterés, abnegación y sacrificio de ellos impresionaba más que sus propios milagros.

Hoy el mundo habla de voluntariado y busca maneras para derrumbar los castillos del individualismo y enseñar el ofrecimiento voluntarioso. Sin embargo para la Iglesia esta forma de servir hacia el semejante no es algo nuevo. El que percibe que los carismas que tiene son regalos de Dios, siente la necesidad de compartirlos con sus hermanos. Este ofrecimiento agapítico hacia el prójimo es el camino que marcaron los santos Apóstoles y sus dignos sucesores. El camino de la agapi sacrificante que estamos llamados todos a seguir. Amín.

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Fuente: ΑΚΤΙΝΕΣ

Traductor: xX.jJ

 

Definición del término Iglesia y Templo Increado

 

Jesús Cristo

 

¿Qué es la Iglesia?

La Iglesia, según la única definición que existe y es del Apóstol Pablo, es el Cuerpo mistiríaco del Θεάνθρωπος (zeántropos Dios y hombre) Cristo. Es una realidad que es indefinible, si no se vive no se puede definir. Y se vive también de la persona que se incorpora y permanece incorporada orgánicamente en Ella.

Se debe recalcar desde el principio que, cuando utilizamos el término Iglesia, entendemos la Iglesia Ortodoxa y sólo Ella.

Ninguna otra, de las llamadas “Iglesias”, es la verdadera Iglesia, puesto que Una es la Iglesia que ha fundado el Cristo. Sólo ella ha mantenido sin cambiar nada, totalmente enteros, los dogmas de los siete Sínodos Ecuménicos y también la Santa Παράδοση (parádosi, divina entrega y tradición; que son la Santa escritura, los Santos Cánones, los escritos de los Santos Padres, el Culto, los Misterios o Sacramentos, la Iconografía y generalmente la ética, conducta moral y dogmas ortodoxos).

Cuando se vive el Misterio de la Iglesia, a través de la fe viva, la “energetizada, operada por la agapi (energía increada)”, entonces el creyente conoce verdaderamente lo que es la Iglesia.

Cuando decimos Iglesia, la mayoría pensamos el templo, los clérigos o la jerarquía. Por supuesto que estos pertenecen a la Iglesia, pero no son la Iglesia. La Iglesia tiene como Cabeza Suya a nuestro Cristo y todos nosotros Sus miembros, bautizados ortodoxos Cristianos, Clérigos y Laicos, quienes vivimos ortodoxamente dentro de ella, es decir, vivimos la vida ascético-hisijasta de ella, como también nuestra participación frecuente en la Divina Jaris (gracia, energía increada) mediante Sus santos misterios: La Santa Confesión y la Divina Comunión o Efjaristía.

La primera Iglesia, sin principio ni fin, increada y pre-eterna, es la Santa Trinidad, las Bienaventuradas Tres Personas. Miembros de la Iglesia son todos los santos del Antiguo y del Nuevo Testamento, todos los fieles que han vivido y han muerto ortodoxamente y todas las Potencias Angelicales las no caídas, como también todos los luchadores y creyentes ortodoxos “en esta vida aquí”.

La Iglesia ha conducido ya a los santos que han muerto y continúa conduciendo Sus miembros a vivir como una realidad y sociedad θεανθρώπινα (zeanzrópina, divino-humana), y comunión de la zéosis o glorificación. Los fieles centrados al Cuerpo del Θεάνθρωπος (zeántropos) Dios y hombre, Señor, nos sanamos, nos iluminamos y nos deificamos o logramos la zéosis. Esto ha logrado también “el contemporáneo Starets de Atenas” san Porfirios.

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 Extracto del libro: La terapia de la psique

 Según el Yérontas Porfirio

 

1. La eclesiología correcta, es decir, la fe ortodoxa sobre lo qué es la Iglesia y cómo funciona, está conectada estrictamente con la terapia de la psique del hombre.

La Iglesia es el Cuerpo de Cristo unido inquebrantablemente con El Mismo, que es la cabeza de Ella. Verdad (dogma) y vida (ética, conducta y actitud moral) es el Cristo, según Su logos inequívoco: «YoSoY el camino, la verdad y la vida» (Jn 14,6).

D. Tseleguidis, teólogo dogmático de Thesalónica, nos dice: «Según la Παράδοση (parádosi, santa entrega y tradición) Ortodoxa, la teología y la vida espiritual o experiencia son unidas inquebrantablemente. Porque para la Iglesia la verdad (dogmática) y la vida espiritual son una y la misma persona, es decir, la persona de Cristo. Y como es impensable romper la única persona del Θεάνθρωπος Dios y hombre, tanto más impensable es disgregar y tergiversar también el contenido de la fe, de el contenido de la vida, dentro al uno e indivisible cuerpo mistiríaco de Cristo, la Iglesia.

El resultado de la teología constituye la experiencia espiritual de la Iglesia. El mantenimiento seguro de la vida espiritual de la Iglesia garantiza la formulación del contenido de la fe de los Sínodos Ecuménicos.

Así que cada alteración y descosideración incluso de la experiencia de la Iglesia, invalida y tergiversa el contenido de la fe, mientras que cualquier alteración y  desconsideración de la enseñanza dogmática de la Iglesia significa alteración y desprecio de la espiritualidad de Ella, que en resumidas cuentas, está resumida en la sanación, salvación y zéosis o deificación del hombre… Los dogmas de la Iglesia Ortodoxa… como redacciones de la fe constituyen monumentos y cánones (reglas) auténticos de la fe, paralelamente condensan también el contenido de su vida. Por eso, el sujeto de la fe de la Iglesia es también el sujeto de la vida. Es decir, la Iglesia no sólo cree al Dios Trinitario sino que es también el cuerpo mistiríaco de Cristo, que vive en Espíritu Santo y revela la doxa=gloria del Dios Padre en sus gloriados miembros. En otras palabras, la verdad dogmática se entiende como plenitud de la vida y la libertad». (D. Tseleguidis, “La teología y espiritualidad Occidental).

Yérontas Porfirios

Fuente:hristospanagia5

 

Hisijía y Teología Ortodoxas

Cap. F) El templo increado y el templo creado (pág. 238, 239, 249)

Lo dicho anteriormente es válido también para el templo creado e increado. El culto se hace dentro de un Templo concreto, pero simultáneamente con la oración noerá y la teología empírica el hombre puede introducirse en un Templo increado, el Templo de la Deidad.

El Apóstol Pablo habla sobre la tienda creada de Moisés y la tienda increada del Logos. Tienda creada es la que construyó Moisés por mandamiento de Dios e increada es el misterio que vive uno con la encarnación del Hijo y Logos de Dios. (Ver la epístola a los Hebreos 8,1-2 y 9,11).

Templo increado es la contemplación de Dios que los Profetas se hacen dignos y merecedores de ver. En el libro del Apocalipsis, San Juan el Evangelista analiza y explica todo el Templo increado en el que se hizo merecedor de entrar, mientras se encontraba dentro de la cueva de la Apocalipsis en la isla de Patmos. Allí vio a la Iglesia celeste, a Cristo con Sus Santos, los Apóstoles, los Mártires y los Confesores de la fe. Vio la Realeza increada de Dios, el Paraíso, en el cual no había ningún Templo creado, porque el Templo real era el Mismo Cristo. Es cierto que este estado lo describe con imágenes y conceptos creados, pero a la vez las descripciones transcienden la creatividad y muestran a qué estado espiritual es elevado el Profeta. San Gregorio Palamás dice que Moisés subió al monte y “allí vio la tienda inmaterial” que es la fuerza y energía injcreada de Dios y la “auto-hipostasiada” sabiduría de Dios. Entró dentro del gnofos (lit. conocimiento de la luz increada; gnofos es luz que supera toda luz, y desconocimiento de la esencia de Dios, según los Padres) y “todo dentro del gnofos es sencillo, absoluto e inalterable”. Pero la tienda que construyó y todas las cosas que se encuentran dentro de ella, la Santidad y todo lo que se hace alrededor de ella son símbolos sensibles “de las visiones… del gnofos”. Así, mientras lo visto en el interior del gnofos es sencillo, absoluto e inalterable, los símbolos al ser separados y sensibles, son cambiables, compuestos adjuntos a los seres, es decir, a lo creado (San Gregorio Palamás E.P.E t. 2º pág.616-618)

Esto, los tres discípulos lo han vivido también encima del monte Tabor. En algún momento en que veían la visión de la gloria de Dios en la persona (hipóstasis) del Logos, el Apóstol Pedro dijo: “Señor, qué bien se está aquí. Si quieres hago tres tiendas, una para Ti, otra para Moisés y otra para Elías” (Mat. 17,49). Mientras Pedro pedía hacer tres tiendas creadas con la mano, Cristo les reveló la tienda increada, porque según lo dicho por el Evangelista “mientras les estaba hablando una nube luminosa los cubrió y una voz desde la nube dijo: Éste es mi hijo bienamado, en quién tengo complacencia, escuchadlo” (Mat. 17,5). El Dios-hombre Cristo, que muestra Su deidad a los hombres, es la real tienda espiritual increada, que alivia y da descanso a los hombres; por eso el Evangelista Juan certifica: “Y el Logos se hizo sarx (cuerpo y carne) y habitó entre nosotros, y vimos su gloria, gloria como unigénito hijo del Padre, lleno de Gracia y verdad” (Jn 1, 14). En su Apocalipsis San Juan el Teólogo, refiriéndose al nuevo cielo y la nueva tierra, dice que escuchó una voz potente desde el cielo que decía: “… He aquí la tienda de Dios junto a los hombres; Él fijará su tienda entre ellos, ellos serán Su pueblo y el mismo Dios estará con ellos como Dios suyo.” (Apoc. 21,3).

Esto significa que desde la tienda creada debemos de caminar hacia la tienda increada, que es la visión de Dios en la persona de Jesús Cristo. Se trata de la vivencia de la zéosis por la Gracia, que conecta con la visión de la Luz increada. Los que se introducen en esta tienda increada constituirán el nuevo Israel de la Gracia, el pueblo espiritual de Dios.

Así pues, todo lo dicho hasta ahora muestra que la Iglesia mediante los Padres glorificados y los Misterios, el culto y toda la tradición de ascesis, conduce a sus miembros a la zéosis y la santificación. La zéosis es la participación de la increada Gracia de Dios, la cual conduce al hombre a los misterios del espíritu, los que han sido revelados gradualmente en la historia por el Logos no encarnado y por el Logos encarnado. La lecturas de la Santa Escritura, que fueron determinadas por los Santos Padres para ser leídas en las fiestas Soberanas y en las de las de la Madre de Dios, están estrechamente relacionadas con esta realidad, es decir, con la relación entre Santa Escritura y experiencia de Profetas y Apóstoles, entre Logos no encarnado y el Logos encarnado, entre los logos inefables y los logos-conceptos creados, y entre el Templo creado y Templo increado.

Ierotheo Vlajos

 
Traducido por: xX.jJ

Domingo del Paralítico (III)

Curación Paralitico

 

«Levántate, toma tu camilla y anda» (Jn 5,8)

 

¡Queridos míos, han escuchado el evangelio! El evangelista Juan nos narra un milagro: Cómo el Señor ha curado un paralítico que estaba 38 años enfermo. El milagro es conocido.

Muchos escuchan el Evangelio con indiferencia. Los acontecimientos que narra no les emocionan. Algunos incluso dicen irónicamente: Estas cosas pasaban en aquellos tiempos… Es decir, consideran las cosas que describe el Evangelio no sólo son increíbles sino que no tienen nada que ver con la vida actual de hoy en día. Pero estas cosas que escribe el evangelista, queridos míos, son también para nosotros que hoy vivimos aquí y para aquellos que vivirán después por muchos siglos. Para todos los hombres son interesantes y relevantes.

El paralítico que hemos visto hoy es la fotografía de la sociedad actual y de todos nosotros. Me dirán: gracias a Dios nadie de nosotros es paralítico o en una silla de ruedas. Si te dirigieras a los paralíticos, el caso del evangelio de hoy sería consolador. Podrías decirlos: “Os traigo un saludo y junto con esto os aconsejo el fármaco de él, que es la paciencia…” Este milagro consuela a los paralíticos. Ves y dígaselo a ellos no ha nosotros… Lo digo porque nosotros tenemos necesidad de esta enseñanza. Porque nosotros también somos paralíticos. Paralíticos no tanto al cuerpo, como en la parte más noble de nuestra existencia, nuestra psique-alma. Y a causa de nuestra parálisis psíquica, queda paralizado también nuestro cuerpo. El hombre de hoy día mientras satisface todos sus apetitos carnales, está en inquietud continua, pero en esencia está paralítico -psíquica y físicamente- para lo grande y lo alto. El hombre entero debe estar moviéndose hacia el bien, hacia la realización de la voluntad de Dios. Pero no se mueve. Por eso os digo que hay paralíticos más de lo que os imagináis. Os presentaré algunos.

¿Qué día es hoy? Domingo, es decir, el día dedicado al Señor. Hoy el primer trabajo y deber alto que tenemos, como seres lógicos y como Cristianos, es al escuchar la campana, inmediatamente debemos correr todos al templo, para agradecer a Dios. ¿Os pregunto: lo hacen todos? En cada parroquia hay personas muy saludables, que pueden y caminan kilómetros, y a pesar de eso la Iglesia no los ha visto, no los conoce. La presencia de ellos durante el Domingo al templo es desconocida. ¿Por qué? Porque son paralíticos. Tienen pies para otros movimientos, actividades y tareas, pero pies para la Iglesia no tienen; como son paralíticos espiritualmente, se han convertido físicamente también en paralíticos. Y no sólo ellos, hay también otros.

Hay personas que tienen dinero, personas que podrían ofrecer mucho y ayudar enormemente. Pero la mano de estas personas está paralítica para este tipo de cosas. No la meten al bolsillo, no abren su cartera, ni desbloquean la caja fuerte para dar algo en algún pobre. Manos que están solamente para tomar; tomar aún de allí donde no está permitido, incluso toman hasta las ofertas del diablo. Otras manos para dar no tienen. La avaricia, el excesivo amor al dinero ha paralizado sus psiques-almas y también sus manos, y no dan nada.

Paralíticos pues, los que no van a la Iglesia y también los que no dan caridad. Pero hay también otros paralíticos. Algunos tienen orejas sólo para oír a todas horas las cosas mundanas, los sonidos y los mensajes de la corrupción y perversión; orejas pegadas en los auriculares, discos, radios y televisiones. Pero estos Cristianos no tienen orejas para escuchar un himno, un tropario, un asma eclesiástico. Así que tienen orejas y no tienen.

Y digo que no tienen orejas porque no las utilizan para el propósito que las ha dado el Dios; hasta las creaciones inanimadas obedecen a sus mandatos, los animales, las plantas, las piedras, las aguas, los planetas y las estrellas, todos escuchan, a su manera, y hacen la voluntad de Dios. Sólo el hombre es paralítico al oído.

 Pero no quiero terminar sin mostraros un paralítico más. Existen hombres que tienen una lengua que verborrea como una cotorra. Todo el día hablan. Hablan y hablan varias cosas, pocas veces necesarias y la mayoría de las veces vanas y superfluas. Pero dentro de millares de palabras que dicen no se oye la palabra más grande e importante, la palabra: DIOS. Es desconocida al vocabulario de ellos. Pero me parece que me equivoco. Pronuncian la palabra Dios muchas veces. ¿Pero cuándo? Cuando blasfeman. Entonces tienen lengua. Cuando deben agradecer a Dios y alabarle por sus donaciones y grandezas, la lengua de ellos queda paralítica. Espiritualmente paralíticos. Paralíticos como personas, como familias, paralíticos como sociedad y como países. ¡Si existieran hombres vitales, Cristianos ardientes, cuántas cosas se harían! ¡Cuantos males serían prevenidos! Ahora los paralíticos espirituales están viendo el mal que avanza y no mueven un dedo para frenarlo. Están viendo al diablo y sus instrumentos quemar y destruir, pero nadie se mueve para apagar el fuego. Parece que no son paralíticos sino muertos. ¿Queréis más ejemplos?

En lugares públicos se oye una blasfemia terrible. Muchos la oyen, pero nadie protesta. Nadie abre la boca para decir algo. Parece que aquel ha blasfemado en un cementerio ante los cadáveres. ¡Es una sociedad paralítica, escuchan el nombre de Dios que sea blasfemado y todos son indiferentes!

Otro caso. Ves que se editan impresos asquerosos que los leen los niños, pero tú permaneces paralítico no los arrebatas y quemarlos, porque estos prenderán fuego a tu casa. ¿Qué indica esto? Que estamos muertos, sólo el nombre de vivos tenemos (Apoc 3,1).

¿Queridos míos! Hay muchos paralíticos. Potencias enormes, que podrían cambiar al mundo en un paraíso, no se movilizan, sino que permanecen en quietud. Pero no basta sólo con encontrar la afirmación triste del mal. Es necesario también encontrar la manera de terapia del mal. Es decir, cómo se moverá la mano para hacer el bien; cómo el pie correrá hacia la Iglesia; cómo los oídos y los ojos se abrirán a las voluntades y los mandatos divinos; cómo el hombre entero se convertirá en un instrumento bien movido hacia la voluntad divina dentro en la sociedad, en pocas palabras, cómo los paralíticos serán revividos. El motor y la fuerza vivificante para el paralítico del Evangelio fue la orden omnipotente de Cristo. Por lo tanto, necesitamos la corriente de la energía increada Jaris (gracia). Si venimos en contacto con el Cristo y tocamos esta corriente vivificante, nosotros también veremos el milagro. Sí. El Cristo, con una orden curó al paralítico de Bitscesdá, él también hoy puede hacer el milagro en todos nosotros. Es el mismo. No ha perdido no un electrono de su infinita potencia. El sol que ilumina al mundo y se ve que permanece el mismo por miles de años, cada día algo pierde. Pero esta pérdida es imperceptible; pero llegará el día que él también se apagará como una vela. Pero el sol Cristo permanece “el mismo ayer, hoy y por los siglos” (Heb 13,8). Por encima del alumbramiento del sol y las estrellas está el Señor. El Señor vive y reina por los siglos. Con cuanta facilidad dijo al paralítico. “Levántate y camina” (Jn 5,8), con la misma facilidad hará otra vez el milagro, resucitará a cada uno de nosotros, nuestras familias, nuestros pueblos en una vida nueva. Por eso escuchemos la voz de los ángeles: ¡Acercaos al Señor y creed firmemente el él! Y entonces amanecerá en nuestro interior una vida nueva, una vida eterna en doxa=gloria de Dios. Amín.

+Obispo Agustín, homilía grabada en 12-5-1057

 

Fuente: ΑΚΤΙΝΕΣ

Traductor: xX.jJ

Domingo del Paralítico (II)

 

Domingo del paralítico

“Más tarde, Jesús lo encontró en el templo, y le dijo: «Mira, has sido sanado, no vuelvas a pecar más para que no te suceda algo peor.»»

Xριστός Ανέστη Cristo ha resucitado

Es admirable el acontecimiento de hoy que nos describe el Evangelista Juan. En concreto el Señor ha curado al paralítico de Jerusalén, un milagro que se hizo el segundo año de Su acción pública.

Casa de caridad

El Señor había subido a Jerusalén y se encontró cerca de la piscina de Bitszaidad que en heleno-griego significa “casa de la caridad o de la misericordia”, es decir, la casa de la agapi (amor desinteresado, altruista). Es característico que el Dios de una manera sobrenatural mostraba Su gran agapi (amor energía increada divina) a nuestros semejantes dolidos. El Cristo se encontró ante un ser humano dolido que pedía su curación y redención.

Concretamente era un paralítico que por treinta y ocho años se encontraba en la cama del dolor. Del diálogo del Señor con el paralítico resulta que su prueba de aflicción era resultado de su pecado. En el lugar donde permanecía por muchos años solo y sin ayuda. Realmente había una gran lucha sobre quien caería primero en la piscina, cuando el Ángel del Señor bajaba y removía las aguas una vez al año.

La redención

“¿Quieres sanarte?  Una pregunta de este tipo por supuesto que sobraba. Sin embargo, si miramos un poco más profundamente entenderemos la importancia sobre el milagro que se ha hecho.

En este caso concreto, para garantizar la salud del paralítico y generalmente de cada persona, está vinculado estrictamente con la libertad que puede disfrutar el hombre, siempre en la perspectiva y los horizontes de la renuncia del pecado. Esto se puede interpretar con la capacidad del hombre en utilizar la libertad de su voluntad en la órbita de la comunión con la agapi de Dios; y seguro que no en aquella que se refleja con el estado de su vida pecaminosa. Esencialmente el Cristo con esta pregunta es como si invitara al paralítico a expresar su fe como condición imprescindible para su terapia.

Con el milagro el Cristo sanó al paralítico, puesto que por el perdón y la agapi alejó la causa de la enfermedad que era el pecado. El pecado es el estado aquel que a menudo nos atrapamos en nosotros mismos, nos autodeificamos y desterramos a Dios de nuestra vida, que sin duda es nuestro apoyo y seguridad. Por esta razón el Señor atrajo la atención al sanado paralítico cuando le dijo: «Mira, has sido sanado, no vuelvas a pecar más para que no te suceda algo peor». Es verdad que muchas veces recibimos las donaciones de la agapi de Dios y después fácilmente las olvidamos. Dejándonos arrastrar otra vez al barro del pecado, que como se ha recalcado antes, es la raíz y la causa de cada mal.

Queridos hermanos, los mensajes que se derriban del acontecimiento de la terapia del paralítico son tan actuales que tocan profundamente también nuestra existencia (que padece de la parálisis espiritual). Lo que tenemos que hacer es buscar y tratar nuestra enfermedad y nuestra parálisis espiritual pidiéndo la terapia al único Sanador, Salvador y Redentor nuestro Cristo Dios, de quien su agapi nos persigue en cada paso nuestro. Tengamos en cuenta también la exhortación del Señor: «Mira, has sido sanado, no vuelvas a pecar más para que no te suceda algo peor» (Jn 5,14).

Jristakis Efstacíu, teólogo Iglesia Chipre

 

Fuente:ΑΚΤΙΝΕΣ
Traductor: xX.jJ

 

Domingo del paralítico

La terapia del paralítico en Bitsesdá, (Jn 5, 1-15)

 

1 Después de esto se celebraba una fiesta de los Judíos, y subió Jesús a Jerusalén.

2 Allí en Jerusalén había, junto a la puerta de las ovejas, una piscina natural de agua, llamada en Hebreo Bitsesdá, alrededor de ella habían cinco pórticos. 

3 En estos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos, que esperaban el movimiento del agua;

4 Porque el Ángel del Señor descendía de tiempo en tiempo a la piscina y agitaba el agua y el primero que bajaba y tocaba el agua después de la agitación, quedaba sano de cualquier enfermedad que padeciese.

5 Había allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo;

6 Cuando Jesús le vio yaciendo en el suelo y supo que llevaba mucho tiempo así, le dijo: ¿Quieres curarte?

7 Respondió el enfermo: “Sí, quiero Señor, pero no tengo a nadie que al moverse el agua me meta en la piscina, y mientras yo voy, desciende otro antes de mí.

8 Le respondió Jesús: «Levántate, toma tu camilla y anda.»

9 Al instante quedó el hombre sano y tomó su camilla y se fue caminando. Aquel día era sábado.

10 Y los judíos decían al hombre sanado; Es sábado y no te es lícito llevar la camilla.

11 Él les respondió: El que me curó me dijo: Coge tu camilla y anda.

12 Le preguntaron: ¿Quién es el hombre que te dijo toma tu camilla y anda?

13 Pero el curado no sabía quién era, porque Jesús desapareció entre la muchedumbre que allí había.

14 Más tarde, Jesús lo encontró en el templo, y le dijo: «Mira, has sido sanado, no vuelvas a pecar más para que no te suceda algo peor.»

15 Se fue el hombre y dijo a los judíos que le había curado Jesús.

 

Cristo y paralítico

 

no tengo a nadie

El paralítico de la lectura evangélica de este Domingo es un milagro de paciencia y esperanza, antes de recibir del Señor Jesús Cristo el milagro de su terapia.  Treinta y ocho años esperaba para su terapia, anhelando que algo ocurriría, de manera que él recibiese el sanador movimiento de las aguas y sanarse. Y esta admirable paciencia y esperanza es recompensada de Dios de manera única: no una persona, sino el mismo Dios en cuerpo y carne, como Dios perfecto y hombre perfecto, el Jesús Cristo viene para sanarlo. Su queja “no tengo a nadie que al moverse el agua me meta en la piscina, y mientras yo voy, desciende otro antes de mí”, cobra como respuesta la presencia del mismo Dios.

El Cristo siempre viene al hombre, y principalmente al que con problemas está castigado, sufriendo y necesitado. Y sobre todo, mucho más en aquel que vive el dolor sin presencia y consuelo humano. Estos hombres, los dolidos y los necesitados y sobre todo los que están solos, son los amados de Dios, según la frase conocida del Yérontas Paisios. El mismo Paisios tuvo la experiencia de haber vivido esta particular agapi (amor, energía increada) y beneplácito de Dios, cuando se encontró en una situación similar de necesidad y soledad, estando enfermo e incomunicado en días de fuerte nevada. ¡El Señor, como nos ha apocaliptado=revelado  el Yérontas, le mandó ángeles para calentarle y servirle, tanto que cuando unos monjes se preocuparon por su incomunicación, se quejó porque vinieron ellos y se marcharon los ángeles!

El Señor viene siempre, pero a veces parece que tarda. Volviendo al paralítico del evangelio, justamente alguien preguntará: ¿treinta y ocho años no son muchos?,. ¿Por qué el Dios tardó tanto Su presencia? Pero la pregunta por supuesto que se pone es a la inversa: la presencia de Dios es una presencia evidente, física diríamos. ¿Allí donde el Dios se ve ausente en realidad está ausente? Obviamente, la paciencia y la esperanza del paralítico se la daba el mismo Dios como favor, y debería elevarle en grandes alturas espirituales. El paralítico, además de la penosa queja, no se ve acusar y culpar a alguien, mucho menos no se ve gemir contra el Dios, ni blasfemar –cosa que a menudo lo comprobamos en situaciones similares de otros semejantes- que significa que era hombre de oración y certificaba en praxis, obra lo que dice la Escritura: “esperanzado esperaba al Señor y él se acercó a mí”. Así vivía más bien en una situación carismática, que simplemente al final fue sellada con la curación física de Cristo.

Este caso nos recuerda algo de la vida del gran San Antonio, cuando los co-habitantes de su pueblo le encontraron medio muerto de los ataques demoníacos y le metieron dentro en el templo; allí expresó su queja al Señor, apenas sintiendo Su presencia como un rayo de consuelo y terapia, diciendo porque le había dejado solo y sin ayuda en sus luchas espirituales. Y el Señor le apocaliptó=reveló que estaba siempre cerca de él, le seguía, observaba y le reforzaba espiritualmente, esperando exactamente su paciencia en fe y su esperanza en Él. Por eso le promete que le hará grande por los confines del mundo. Así que cuando parece que está ausente en los padecimientos y pruebas nuestras, en realidad está presente de una otra forma.  Debemos siempre acordarnos esto que dice san Isaak el Sirio, por supuesto él siguiendo también el pensamiento del logos evangélico y principalmente del Apóstol Pablo: que en estas situaciones difíciles de nuestras pruebas ya hemos recibido místicamente de el Señor la fuerza para aguantar, de modo que con Su Jaris (energía increada) pasar nuestros padecimientos. Dice concretamente que: precede la jaris de Dios y los apoyos que nos da y después permite y concede cualquier prueba. Es el método de Dios para ascendernos en un grado espiritual superior.

 Así que el paralítico del homónimo Domingo, se ve que no es una persona simple. Dentro de todo este acontecimiento, se revela su grandeza psíquica y espiritual, su humildad y su fe en Dios. Y nos recuerda siempre que cuanto nosotros tenemos paciencia en la fe de cualquiera de las pruebas y sufrimientos, sin chantajear a Dios mostrando poca fe con nuestra desesperación hacia Él, tanto debemos estar preparados para la sorpresa de la admirable presencia de Cristo en nuestra vida. Quizás debemos pensar también que esta paciencia y esperanza en la fe, finalmente nos pondrá en la Realeza increada de Dios como mártires (testigos) ante Él.

Padre Jorge Dorbarakis

 

Fuente: ΑΚΟΛΟΥΘΕΙΝ
Traductor: xX.jJ

Domingo de las Mirróforas (III)

Mirróforas II

 

Donde se refiere que la Zeotocos-Madre de Dios fue la primera que ha visto al Señor después de su resurrección de los muertos.

1. La resurrección del Señor es la renovación de la naturaleza humana. Y para el primer Adán, que a causa del pecado fue tragado por la muerte y por la muerte volvió en la tierra, donde había sido creado, es la revivificación, recreación y retorno hacia la vida eterna. Aquel, pues, nadie le había visto como fue creado y recibió la vida (puesto que en aquel momento no había ningún otro ser humano). Pero cuando ha recibido el soplo o aliento de vida por el divino soplo, primero de todos los demás le había visto una mujer (porque Eva fue el primer ser humano después de Adán).

2. De la misma manera pues, también el segundo Adán, es decir, el Señor cuando estaba resucitando de los muertos, ningún hombre le había visto (puesto que ninguno de los suyos estaba allí y los soldados vigilaban la tumba, atormentados de miedo, se habían convertido como muertos). Pero después de la resurrección, la primera de todos los demás le vio una mujer, tal y como hemos escuchado al evangelio que hoy nos dice Marcos. Porque dice: el Jesús resucitado por la mañana el primer Sábado apareció primero a María Magdalena.

3. Ciertamente, parece que el Evangelista manifiesta claramente también la hora que ha resucitado el Señor, es decir, por la mañana, y que primero apareció a María Magdalena y que apareció la misma hora de la resurrección. Pero no lo dice así, tal y como lo clarificaremos, si prestamos un poco de atención. Porque un poquito antes y de acuerdo con los otros Evangelistas, dice también él, que la misma María junto con las demás Mirroforas vino antes a la tumba, la vio vacía y se marchó. Por lo tanto el Señor ha resucitado mucho más antes que la mañana temprano que ella le había visto. Sobre todo, el Evangelista señalando también aquella hora, no dijo simplemente por la mañana como aquí, sino muy temprano. Entonces amanecer del sol, allí llama la luz tenue que aparece primeramente en el horizonte, la que Juan también da a entender que María Magdalena fue de mañana, siendo aún oscuro, al sepulcro, y vio la piedra desplazada del monumento.

4. Y según Juan, ella no sólo vino a la tumba, sino también se marchó de la tumba, sin aún haber visto al Señor. Porque corre y viene hacia Pedro y Juan y anuncia que lo habían llevado y no que había resucitado. Por lo tanto todavía no conocía la resurrección. Así que, María no fue simplemente la primera a la que había aparecido el Señor, sino la primera después de la llegada del día plenamente.

5. Así que hay algo que se refiere encubiertamente por los Evangelistas, lo cual os lo apocaliptaré/revelaré para vuestra agapi (amor). Porque el evangelio (buena nueva) de la resurrección del Señor, como es debido y justo, primera de todos los humanos lo ha recibido de el Señor, la Zeotocos, y ella antes que todos Le vio resucitado y disfrutó de Su divina intervención y homilía. Y no sólo le vio con sus ojos y le escuchó con sus oídos, sino que también ella primera y sólo ella le tocó Sus inmaculados pies; aunque todas estas cosas los Evangelistas no las dicen abiertamente, no queriendo presentar como testigo de la resurrección la madre y dar así motivo de sospechas a los infieles. Pero nosotros ahora con la jaris (gracia, energía increada) del Resucitado hablamos a los fieles y el argumento de la fiesta nos obliga a aclarar cuestiones relativas sobre las Mirroforas. Por eso, como nos proporciona la licencia el logos de aquel que ha dicho: “no habrá nada de lo que está escondido que no será revelado”, lo haremos de manera que lo escondido también sea revelado.

6. Mirroforas pues, son las mujeres que siguieron junto con su Madre al Señor y permanecieron junto con ella durante el pazos-padecimiento salvador y se ocuparon de ungir con mirra el cuerpo del Señor. Es decir, el tiempo que José de Arimatea y Nicodemo pidieron y recibieron del Pilato el cuerpo soberano, lo descolgaron de la cruz, lo envolvieron con sábanas que contenían mucha y fuerte fragancia; y lo colocaron en un monumento esculpido y pusieron una gran piedra sobre la puerta del monumento; se encontraban allí y observaban, según el Evangelista Marco, María Magdalena y la otra María, sentadas enfrente del sepulcro. Con la frase “y la otra María” se da a entender sin duda la Madre de Dios. Porque ella se estaba llamando madre de Santiago e Iosí, porque ellos eran hijos de José. No sólo se encontraban allí observando, cuando se estaba enterrando al Señor, como nos relata Lucas escribiendo: Y las mujeres que habían venido con él desde Galilea, siguieron también, y vieron el sepulcro, y cómo fue puesto su cuerpo. Eran María Magdalena, y Juana, y María madre de Jacobo, y las demás con ellas.

7. Dice, “mientras regresaron compraron aromas y mirra”. Porque todavía no habían entendido exactamente que Él es realmente el olor de la vida para los que se le acercan con fe (exactamente también es olor de muerte para los que hasta el final son incrédulos), y olor de sus prendas, es decir, de Su propio cuerpo, es como todos los arromas y la mirra por el vaciamiento (kénosis) del nombre de él, con el cual se ha llenado el universo de divina fragancia increada. Pero preparan mirra y perfumes, por una parte para honrar y adorar al muerto depositado, y por otra parte, con la invención de la unción encontrar algo de consuelo, para los que querían permanecer cerca del cuerpo, puesto que esto desprendería mal olor a causa de la descomposición.

8. Mientras, pues, reposaron prepararon mirra y aromas, porque el Sábado es día de descanso, según el mandamiento. Porque aún no había comprendido los verdaderos Sábados, ni habían conocido aquel supra-bendecido Sábado que traspasa nuestra naturaleza humana, desde las cavernas del Hades, a la altura sobre-iluminada, divina y celeste. El Mateo dice: Pasado el Sábado día de reposo, al amanecer del primer día de la semana, y que eran dos las que vinieron; en cambio Juan: El primer día de la semana, dice una, María Magdalena fue de mañana, siendo aún oscuro, al sepulcro; y Marcos: Cuando pasó el día de reposo, María Magdalena, María la madre de Jacobo, y Salomé, compraron especias aromáticas para ir a ungirle, dice que eran tres las mujeres que vinieron.

9. «Μίαν Σαββάτων uno de los Sábados» pues llaman todos los evangelistas el Domingo. «Οψέ Σαββάτων pasado el Sábado día de reposo, al amanecer del primer día de la semana» y «όρθρον βαθύν al rayar el alba o la profundidad matinal» y «λίαν πρωί muy temprano» y «πρωί σκοτίας έτι ούσης, de mañana, siendo aún oscuras», llaman más o menos el tiempo de maitines, cuando la luz está aún mezclada con la oscuridad. Maitines es desde el momento que empieza de la parte oriental a iluminarse el horizonte, preanunciando así la llegada del día. Este punto observando uno desde lejos, puede ver que empieza a dorar con luz alrededor de la novena hora de la noche, de modo que hasta el pleno día faltan otras tres horas.

10. Es cierto que de una manera los evangelistas parece que no están de acuerdo entre ellos, tanto para la hora, como también para el número de mujeres. Y esto, tal y como he dicho, las Mirroforas eran muchas y vinieron a la tumba, no sólo una vez, sino dos y tres, y en grupos, pero no siempre las mismas, todas también durante los maitines, pero no exactamente el mismo momento; y la Magdalena se separó y regresó otra vez sola y permaneció más tiempo. El evangelista, pues, se refiere a la llegada de un grupo y omite los otros grupos. Entonces tal como yo considero y deduzco de todos los evangelistas, como dije antes, primera de todas vino a la tumba de su Hijo y Dios la Zeotocos (Madre de Dios), teniendo consigo también la María Magdalena. Y esto principalmente lo deduzco de el evangelista Mateo. Porque él dice: «Pasado el día de reposo, al amanecer del primer día de la semana, vinieron María Magdalena y la otra María (que por supuesto era la Madre de Dios), a ver el sepulcro. Y hubo un gran terremoto; porque un ángel del Señor, descendiendo del cielo y llegando, removió la piedra, y se sentó sobre ella. Su aspecto era como un relámpago, y su vestido blanco como la nieve. Y de miedo de él los guardas temblaron y se quedaron como muertos».

11. Todas, pues, las demás mujeres vinieron después del terremoto y de la huida de los guardias y encontraron la tumba abierta y la piedra desplazada. En cambio la Madre de Dios se encontraba allí el momento que ocurría el terremoto y dejaba de lado la piedra grande abriéndose la tumba, también se encontraban los guardias (aunque estaban conmocionados por el miedo, por eso justo después del terremoto, cuando volvieron en sí mismos, miraron cómo huir corriendo y así la Madre de Dios disfrutaba ya con menos miedo esta vista). Además, a mí me parece que para ella fuera la primera, se abrió aquella tumba vivificante (porque para ella primero y por ella se nos ha abierto todo lo que está sobre el cielo y aquí abajo en la tierra); y para ella resplandeció así el ángel, es decir, aunque aún estaba oscuro, con la abundancia de la luz del ángel pudiera ver no sólo el vacío de la tumba, sino también los lienzos puestos ordenados, de modo que testifican de todas formas el levantamiento del enterrado allí.

12. Obviamente el ángel que anuncia la buena noticia era el mismo Gabriel. Porque apenas la vio correr así hacia la tumba, él que antiguamente la había dicho: no tengas miedo, Mariam tienes la gracia, el favor de Dios; ahora él baja para decir otra vez lo mismo a la Siempre Virgen y anunciarla la buena noticia de la resurrección de los muertos de aquel que nació de ella no con esperma y levantar la piedra enseñando el vacío de la tumba y los lienzos ordenados y así confirmarla la gozosa noticia. Porque dice: «Mas el ángel, respondiendo, dijo a las mujeres: No temáis vosotras; porque yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado. No está aquí, pues ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor» (Mt 28, 5-7). En otras palabras, aunque veis los guardias abrumados por el miedo, sin embargo vosotras no tengáis miedo. Porque yo sé que buscáis a Jesús que fue crucificado. Se levantó, no está aquí. Porque él, no sólo no es detenido del hades, de la muerte y de los cantados de la tumba, las palancas y las cadenas, sino que es también el Señor nuestro de los ángeles inmortales y celestiales y sólo él es el Señor del universo. Porque dice, habéis visto el lugar donde estaba depositado el Señor, id rápido y decid a los discípulos que se ha resucitado de los muertos.

13. Salió, dice, con temor, gran gozo y alegría. A mí me parece que María Magdalena y las demás mujeres que se habían reunido hasta entonces, el miedo aún lo tenían. Porque ellas no entendieron el significado de los logos del ángel, ni pudieron captar bien la luz increada de manera que aprecien con exactitud los hechos. En cambio la gran alegría la recibió la Madre de Dios, porque entendió los logos del ángel y se entregó entera en aquella luz como purificada y sanada extremadamente y colmada de la jaris gracia la energía increada; y de todo esto conoció con certeza la verdad y creyó al arcángel, puesto que él antaño con obras la demostró su fiabilidad. Además, la Virgen había participado en este tipo de acontecimientos entonces ¿cómo no iba a entender y enterarse la teósofa Virgen lo que había ocurrido, cuando vio el gran terremoto? ¡Cuando vio al ángel bajar del cielo, y sobre todo cubierto de luces centellantes! ¡Cuando vio la necrosis de los guardias, la piedra removida y el gran milagro de los lienzos ordenados vacíos del cuerpo, contenidos de mirra y áloe!, ¡incluso cuando cuando vio la deleitante aparición y la anunciación del ángel hacia ella!

14. Pero desde que salieron fuera, después de la feliz noticia, por una parte María Magdalena, como si no hubiese escuchado al ángel (además aquel no había hablado ni siquiera para ella), confirma sólo el vacío de la tumba, sin interesarse por los lienzos, y corre hacia Simón Pedro y el otro discípulo, como nos dice Juan.

15. Por otro lado, la Virgen Madre de Dios, mientras se había unido con otro grupo de mujeres, regresaba otra vez allí por donde había venido. He aquí, como dice Mateo, el Jesús respondió a ellas diciendo: χαίρετε (jérete) hola o alegraos. Veis, pues, que antes de María Magdalena, la Madre de Dios ha visto a éste que por nuestra sanación y salvación padeció físicamente, fue enterado y se resucitó. Las que habían venido, dice que le abrazaron sus pies y le veneraron. De modo que cuando la Madre de Dios junto con María Magdalena escuchó por el ángel la feliz noticia de la resurrección, sólo ella entendió la importancia de aquellos logos. Lo mismo también ahora que estaba junto con las demás mujeres, cuando encontró a su Hijo y Dios, primero ella vio y reconoció al resucitado y arrodillándose en sus pies los abrazó y se convirtió en apóstol ( enviada) de él hacia los Apóstoles (Enviados).)

16. El que María Magdalena no estaba junto con la Madre de Dios, cuando la encontró, apareció y la habló el Señor, mientras regresaba de la tumba, nos lo enseña Juan, porque dice: «Entonces corrió y vino a Simón Pedro y al otro discípulo a quien Jesús amaba especialmente y les dijo: Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto» (Jn 20,2). Si realmente le hubiera vistο y tocado con sus manos y le hubiera escuchado hablar, ¿cómo diría estas cosas? Es decir, que le han levantado y transportado, ¿pero a dónde?, no lo sabemos. Pero después de correr Pedro y Juan hacia la tumba, la vista de los lienzos y el retorno de ellos, dice: María estaba de pie fuera del monumento llorando. Veis que no sólo no lo había visto sino tampoco por oído se había informado de algo. Y cuando los aparecidos ángeles la preguntaron: ¿mujer por qué lloras?, ella responde otra vez como si se tratara sobre el muerto. Y otra vez cuando giró, no ha visto a Jesús, tampoco entonces entendió, sino que preguntada por él por qué llora, contesta similarmente. Hasta que aquel llamándola por su nombre, le enseñó que es él mismo. Entonces cuando ella se arrodilló y ofreció culto queriendo abrazar a sus pies, escuchó las palabras: no me toques. De lo cual aprendemos que, cuando anteriormente apareció a la Madre y las mujeres que estaban con ella, sólo en ella ha permitido que tocase sus pies (a pesar que Mateo esto lo refiere en general, también para las otras mujeres que estaban con ella, no queriendo, por la razón que hemos contado al principio, proyectar claramente la Madre en un tema de este tipo).

17. Y puesto que la siempre Virgen María vino primera a la tumba y fue la primera que ha recibido el mensaje de la resurrección, después vinieron las demás, que habían muchas juntas, y ellas vieron también la piedra desplazada y escucharon los ángeles; y mientras regresaban después de haber escuchado y ver todo esto, lo compartieron. Y como dice Marco el evangelista, se fueron del monumento con miedo y éxtasis y no dijeron nada a nadie, porque tenían miedo. Otras siguieron la Madre del Señor y fueron dignas de la vista y la conversación con el Soberano. En cambio Magdalena se fue a Pedro y a Juan y junto con ellos regresa otra vez a la tumba. Y cuando aquellos se marcharon, ella se hace digna de la vista del Soberano y es mandada ella también a los Apóstoles y viene otra vez hacia ellos, para anunciarles, como dice Juan, que ha visto al Señor. Sobre esta manifestación, pues, dice también Marco que se hizo por la mañana, durante el pleno comienzo del día, pero sin sostener que la resurrección del Señor fue también su primera aparición.

18. Ahora, pues, tenemos con claridad explicadas las cosas sobre las Mirroforas y también la concordancia de los cuatro evangelistas sobre estas cosas que buscábamos desde el principio. En cambio los discípulos cuando el mismo día de la resurrección escucharon de las Mirroforas, de Pedro, Lucas y Kleopa que el Señor vive y le vieron, no creyeron. Por eso son recriminados por él, cuando después se les apareció mientras estaban reunidos: Mientras que a través de muchas personas y de varias maneras se manifestó a sí mismo de que vive, no sólo no creyeron, sino que predicaron en todas partes. Y ellos saliendo, predicaron en todas partes, ayudándoles el Señor y confirmando el logos con las señales que lo seguían. Porque hasta que se fuera predicado su logos en toda la tierra, los milagros eran necesarios.

19. Y por un lado, hacen falta señales sobrenaturales para que se vea y se confirme la verdad del kerigma. Y por otro lado, hacen falta “señales” pero no milagros sobrenaturales para que se vean aquellos que han aceptado el logos, es decir, si han creído con certeza. ¿Y cuáles son estas señales? Las señales de las obras. Porque dice: enséñame tu fe por tus obras, y qué tipo de creyente eres lo veré de ellas. ¿Pero quién puede creer a alguien que tiene realmente loyismí (pensamientos, ideas, reflexiones) divinos, diríamos celestes (que la piedad es exactamente así), cuando éste se dedica en obras inmorales y está pegado en la tierra y las cosas terrenales?

20. Hermanos míos, no se beneficia en nada el que uno diga que tiene fe divina y no tiene obras que están de acuerdo con su fe. ¿En qué beneficiaron las velas encendidas de las vírgenes tontas, en el momento que no tenían aceite, es decir, obras de agapi, caridad y simpatía? ¿En qué se benefició aquel rico, llamando a Abraham “padre”, mientras que él se estaba asándose en el fuego inextinguible a causa de su antipatía al pobre Lázaro? ¿En qué se benefició aquel hombre con su supuesta invitación y buenas palabras, que al no tener buenas obras no había adquirido la prenda adecuada para la boda divina, la prenda de la incorruptibilidad? Fue invitado y vino (porque tenía dudas sobre la fe) y se sentó junto con aquellos santos comensales. Pero cuando fue desenmascarado y avergonzado, porque estaba vestido con la miseria de sus conductas y praxis, es atado en pies y manos sin piedad y se echa en el fuego del infierno, donde es el llanto y el crujir de los dientes.

21. Ojalá que este infierno no lo pruebe ninguno de nosotros que nos llamamos cristianos, sino que haciendo vida análoga con nuestra fe, seamos introducidos en la habitación nupcial y vivir eternamente junto con todos los Santos, allí donde está la casa de todos los deleitados y agraciados. Amín.

San Gregorio Palamás, el  Megadidáscalos

Traductor: xX.jJ

Cristo quiere alumnos, no seguidores

 

Kirios Señor

 

Μαθητές mazités=discípulos, alumnos, aprendices

Οπαδούς opadús=seguidores, aficionados, fans

xX.jJ: Creo que en español los términos más adecuados en este caso son discípulos y seguidores, según una amiga filóloga.

 

El Cristo cuando empezó oficialmente Su obra, invitó a sus primeros discípulos y formó el grupo apostólico; porque primero deberían aprender en praxis (acción) la nueva vida que ha traído al mundo y después enseñar a los hombres de todas las naciones. Los llamó discípulos, así nos lo dicen los evangelistas.

El mismo Cristo dijo: “No hay discípulo superior que el didáscalos=maestro” (Mt 10,24). El evangelio está lleno de este apelativo, como: “Vinieron en Él los discípulos” (Mt 5,1), “Le siguieron sus discípulos” (8,23), “entonces dice a sus discípulos” (Mt 8,37), “y extendiendo su mano sobre los discípulos, dijo: he aquí mi madre y mis hermanos” (Mt 12,49), etc.

Después del Pentecostés y la composición de la primera Iglesia con el Bautizo, la Crismación y la divina Efjaristía, todos los miembros de la Iglesia fueron llamados discípulos de Cristo. En el libro de los Hechos de los Apóstoles uno encuentra muchas expresiones de este tipo: “Como el número de los discípulos aumentaba” (Hec 6,1), “la cantidad de los discípulos” (Hec 6,2), “inspirando amenazas de muerte contra los discípulos del Señor” (Hec 9,1), “Trató de unirse con los discípulos y todos lo temían no creyendo que fuera de verdad discípulo” (9,26), “Fue en Antioquia donde por primera vez los discípulos recibieron el nombre de cristianos” (Hec11,26), “y los discípulos se llenaban de alegría y de Espíritu Santo” (13,52), “le rodearon los discípulos” (Hec 14,20), “animando a los discípulos”  (Hec 14,22), etc.

La palabra μαθητής (mazitís) discípulo, indica a alguien que escoge un maestro, se pone a sí mismo a la obediencia de él, para que sea instruido a la gnosis (conocimiento) que él dispone; de manera que sea transmitida también en él la experiencia y los conocimientos del maestro.

El aprendizaje está conectado con la agapi=amor hacia la persona del maestro. Principalmente, en lo que aquel expresa, la elección se hace libremente y naturalmente con la educación sistemática para la iniciación en las verdades.

En la Santa Escritura se hace referencia sobre lo que es el aprendizaje. En algún momento de Su enseñanza el Cristo dijo: “Por eso, el discípulo que ha aprendido en la realeza increada de los cielos es como el amo de la casa que saca de su tesoro cosas nuevas y viejas” (Mt 13, 52).

El ser discípulo de la Realeza increada de Dios significa instruirte “en la gnosis de Cristo”. El Cristo es el amo de la casa “como rico” y en él existen “Los tesoros de la sabiduría” (san Teofilactos). Por lo tanto, aquel que se instruye en Cristo, participa en la realeza increada, es decir, a la divina sabiduría, la doxa=gloria (luz increada) de Dios.

Para José de Arimathea que pidió del Pilato el Cuerpo de Cristo, después de Su muerte en la Cruz, se escribe: “quien fue discípulo de Jesús” (Mt 27,57). Esto significa que él escuchó Su enseñanza, ha visto Sus milagros y fue iniciado a la gnosis (increado conocimiento) de Cristo. Y el Cristo, después de Su Resurrección, dijo a Sus discípulos: “Id en todas la naciones hacer discípulos e instruirles, bautizándoles en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” (Mt 28 19-20).

Para ser discípulo de la Realeza increada de Dios, se hace con los Misterios (Sacramentos), la Metania, el Bautismo, Crismación, y los demás misterios y con la aplicación de los Mandamientos de Cristo, que ofrecen la gnosis real y la comunión, unión con Cristo por la jaris, la energía increada.

La característica más importante de los Apóstoles es que “eran discípulos de Cristo” y esto lo vivieron en toda sus vidas. Y el mejor título de los cristianos es que sean llamados a ser discípulos de Cristo. Y como el Cristo no está fuera de la Iglesia, por eso el aprendizaje se hace dentro en la Iglesia, en el tesoro de la teología y la experiencia que dispone.

Uno no puede ser discípulo de Cristo y no ser discípulo de la Iglesia con todo su bendito tesoro y su santa vida.

Pero, en dirección contraria se mueve el seguidor. Así se llama aquel que sostiene de manera intensa personas, ideas, sistemas, equipos de futbol, partidos políticos que parten (la misma palabra lo dice te dividen, te parten)…

Generalmente los seguidores escogen algunas ideologías con procesos no aclarados, porque deben incorporarse e incluirse en algo o en algún sitio para consolidar, afianzar sus inseguridades y comportarse bajo los principios del equipo sin juicio y libertad.

Los seguidores arrastran a la deriva la multitud y cometen acciones catastróficas.

Las cualidades características de los seguidores es que se encuentran bajo el efecto de un mesías apasionado patológico, que por regla general es autoproclamado o autosoberano; no tienen voluntad propia; pero son arrastrados por la mentalidad de las masas; actúan en un ambiente de misticismo (el líder sabe, el líder tiene razón); se comportan con consignas, sin examinar críticamente y se encuentran bajo la influencia de sus lideres; toman en sus manos una bandera que expresa la ideología, actúan violenta y catastróficamente, puesto que siempre se enfrentan con el ambiente.

Cuando alguien los pregunta, porque actúan de esta manera, no pueden desarrollar un concepto conjuntado, sino repitiendo los argumentos de sus apasionados líderes patológicos y naturalmente se expresan con consignas, fraccional y agresivamente.

Por regla general los seguidores tienen un mundo psíquico particular y enfermo, pensamiento trastornado y logos cortado, pero también inmadurez emocional.

La pregunta acerca de si los líderes enferman a los hombres o los hombres enfermos escogen líderes enfermos, tiene doble interactiva lectura y respuesta. Otras veces se hace lo primero, es decir, el líder enfermo enferma a sus seguidores; y la mayoría de las veces los hombres enfermos están conducidos al líder enfermo.

La base es que tanto los líderes como los seguidores están bajo las garras de la dependencia mutua y sus intereses perversos.

Tiene especial importancia las maneras que se mueven los seguidores para la imposición de la ideología y el dominio de ella.

Por regla general se utiliza la mentira, la fragmentación de un acontecimiento, el rechazo de la opinión contraria, sin pensamiento propio crítico, hipocresía y analgesía; contradicción de sus acciones, puesto que los seguidores hacen una praxis y después la condenan o la califican de provocación; la violencia en sus actos y finalmente el no respeto de las reglas por las que una sociedad está compuesta en todos sus aspectos.

Los seguidores, de la época actual, llevan en sus manos un teléfono móvil y se comunican inmediatamente con su líder y aplican sus mandamientos ordenadamente como “soldaditos”.

Allí donde más se expresa la afiliación de seguidores es en el espacio de la religión. Y esto porque la religión, cuando funciona como ideología, tiene muchos principios y resultados psicopatológicos; como es el mesianismo, el misticismo, el predominio a los demás con fuerza y la imposición con maneras violentas.

Los psicoterapeutas de su experiencia clínica conocen muy bien que la peor forma de esquizofrenia está cubierta bajo convicciones religiosas o para-religiosas.

De religiólogos (maestros religiosos) se ha identificado este tipo de fenómenos y “crisis religiosas”. Están conocidas las “guerras santas” para el predominio de una ideología que se hace con violencias y matanzas.

El religiólogo (maestro de religión) P.Otto escribe que la experiencia religiosa cuando no está conectada con el “bien” y lo “lógico, sensato”, se expresa con elementos “demoníacos” e “irracionales”.

La psicopatía se mezcla con el demonismo. Particularmente en esta violencia de la emoción religiosa encontramos las “sectas”, que constituyen “organizaciones religiosas alternativas”, las cuales se desprenden de las religiones básicas, para supuestamente mantener los valores tradicionales de la religión, que supuestamente se mundanizó o secularizó.

Se entiende que hay gran diferencia entre los discípulos y los seguidores, tal como vemos dentro en la Iglesia. También en la Iglesia desgraciadamente existen seguidores de Cristo y también discípulos. Identificaremos algunas diferencias entre los dos.

El discípulo reconoce la Iglesia como espacio de aprendizaje y conocimiento con la auténtica obediencia; en cambio el seguidor como espacio de choques, conflictos y dudas con la energía y acción de los pazos interiores. El discípulo obedece a Cristo, tal como se vive dentro en la Iglesia; mientras que el seguidor intenta imponer sus propias opiniones y aspectos en la enseñanza de Cristo y en la vida de la Iglesia.

El discípulo vive con agapi y libertad, en cambio el seguidor se comporta con odio y bajo la influencia de sus interiores impulsos animales.

El discípulo participa de la energía increada de Dios, la catártica (sanadora), la iluminante y la deificante o divinizante; mientras que el seguidor deja su mundo interior psíquico crudo y sin terapia.

El discípulo en toda su vida aprende, se instrute en los misterios de la Realeza increada de Dios, con humildad, autocrítica y auto-reproche; en cambio el seguidor actúa como víctima, sin voluntad propia, sino de líderes enfermos, maestros falsos, dentro del clima de autojusticia, y emprende actos violentos como juez de toda la tierra y como fiscal de Dios.

El discípulo acepta y recibe la experiencia de la Iglesia tal como es expresada de los Profetas, los Apóstoles y los Padres santos, y de esta se metamorfosea, transforma; en cambio el seguidor forma su propia “secta” dentro de la Iglesia y denuncia la supuesta alteración de la vida eclesiástica.

Finalmente, el discípulo es un miembro humilde de la Iglesia que permanece dentro de ella para sanarse y salvarse; mientras que el seguidor actúa como salvador de la Iglesia. Pero el pragmático, real e único Sanador y Salvador es el Cristo y la Iglesia no tiene necesidad de otros Sanadores y Salvadores.

La Iglesia es el centro terapéutico espiritual, que se sana el hombre, pero algunas veces los enfermos, que actúan con los principios de seguidores rebelándose contra los médicos y proyectándose ellos mismos como médicos para supuestamente salvar la Iglesia.

Pero este tipo de actos anárquicos muchas veces son beneficiosos, porque revelan el hedor del contenido sucio que estaba escondido mucho tiempo bajo bonitas manifestaciones, congresos, de creaciones hipócritas, de contribuciones sociales, de cultos emocionales, de edificaciones bellas, etc…

Debemos en toda nuestra vida estar aprendiendo en la vida eclesiástica ortodoxa y en la tradición o santa entrega ortodoxa y no en los “rebaños mareados”, en la manía de una secta catastrófica, a pesar de que ella lleve el nombre de cristiana. (Como por ejemplo, el papismo, el protestantismo que contiene varios grupos y sectas que ni siquiera se conoce entre ellos).

Los seguidores socavan la vida eclesiástica, “obcecan” el cuerpo de la Iglesia y como es natural mueren de electrocución espiritual y tarde o temprano son expulsados del Cuerpo de la Iglesia: Un clérigo con experiencia me dijo: “Si el clérigo no respeta el altar, entonces el mismo altar un día no le tolerará y le largará lejos”.

El espacio eclesiástico es santo y bendito, sensible e inundado del Espíritu Santo, por eso tampoco se ofrece para hacer equipos de seguidores, pretensiones humanas enfermizas y mentalidades luciferitas o demoníacas.

En la Iglesia debemos estar estudiando e instruyéndonos en toda nuestra vida en la vida de Cristo y no tienen relación orgánica los seguidores enojados, violentos y con mentalidad luciferita o demoníaca

El Cristo quiere discípulos y no seguidores.

Ierózeos Vlajos

Traducido por: xX.jJ

Enseñanzas Patrísticas de Yérontas Contemporáneos

 

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En la vida espiritual no hay una receta, un canon, una ley. Cada psique tiene su propia singularidad, atributo y receptividad. No queramos poner todo el mundo en el mismo molde. (Yérontas Paísios).

¡Si viene la divina Jaris (gracia, energía increada), todos y todo cambia, pero mira por donde para que venga hace falta primero que nos convirtamos en humildes!. Yérontas Porfirios.

Sin tener sana y limpia nuestra psique, no tenemos ningún beneficio de la Divina Comunión o Efjaristía. Por eso no dudéis y tengáis vergüenza en confesaros. Hagas lo que hagas, aunque sea el mayor pecado, el guía espiritual con la estola tiene el poder de Cristo y los Apóstoles para perdonar tus pecados. (Yérontas Jacobo Tsalikis)

La agapi (amor, energía increada) de Dios supera la lógica de los hombres. La agapi no entra en moldes. La agapi está por encima de la lógica, la razón. Así es también la agapi de Dios, supera la lógica de los humanos. Por esta razón no podemos juzgar con criterios lógicos los hombres que aman a Dios. Por esta razón los santos se movían con una lógica propia de ellos, la Superlógica o lógica suprema. (Yérontas Atanasio, Limasol Chipre).

La lucha del deseo que nos quieran: Para que nos hagamos humildes, debemos luchar contra el deseo que nos quieran, que nos amen y nos acepten. Cuando queremos que nos amen manifestamos nuestra enferma agapi que tenemos para nosotros mismos, nuestro egocentrismo. He aquí lo que nos aconseja el Yérontas Paísios: «Orar y amar. Amar a Dios y a los hombres. ¿No ves aquí lo que hace la agapi de Cristo? No preguntes en tu interior  “¿me quieren, me aman los demás?”. Si tú primero los amas, ellos también te aman lo mismo. El hombre que tiene gran egotismo, quiere ser el centro te atención de todos. También es celoso cuando los que quiere que le amen, aman otros. El hombre muchas veces no lo entiende, pero actúa con mucho egoísmo y se queda atrapado por el maligno. Pero al principio el maligno voluntariamente retrocede. El hombre saludable espiritualmente no busca ni anhela la agapi de los demás, ni el interés de ellos para él, por lo tanto tampoco sufre cuando los demás están indiferentes para él o aún cuando de alguna manera le agravian. Yérontas Sabas el Aghiorita.

La felicidad en el matrimonio en realidad existe, pero requiere una condición: que los cónyuges hayan adquirido fortuna espiritual, amando a Cristo Dios, aplicando y cumpliendo Sus mandamientos. Así llegarán a amarse verdaderamente entre ellos y serán felices.

Yéronta: ¿Porqué se separan los matrimonios?

– Los hombres, hijo mío, se separan por la filidonía (hedonismo) y sus egoísmos. De nada más. Todas las demás razones las inventan después para justificarse a sí mismos. Yérontas Porfirios

Una manera existe para no tener problemas con nuestros hijos: la santidad o divinización. Haceos primero vosotros los padres santos o divinos y no tendréis ningún problema con los hijos.

Cuando te pones al lugar del otro, las cosas cambian.

Evitar hablar sobre la virtud en muchos, porque parecerás idiota en los tontos- lo semejante se alegra con lo semejante. Άγιος Αντώνιος

El cristiano se salva solamente con la aplicación práctica de los mandamientos de Cristo Dios y no por la ocupación teórica e intelectual sobre lo divino.

Tenemos la tendencia de justificar nuestros pecados y condenar las debilidades de los demás.

Aquel que se ocupa sólo para esta vida y es indiferente para la otra, es un listo del momento y tonto de la eternidad.

Los que tienen agapi-amor mundano se pelean quién arrebatará más amor para sí mismo. Pero los que tienen la espiritual, la agapi cara, pelean quién más va a dar al otro. Aman sin pensar si los demás les aman, ni piden que los demás los amen. Siempre quieren dar y entregarse, sin querer que les den y se entreguen los demás a ellos.

En el trono de tu corazón solamente puede sentar… tú mismo o Cristo Dios. Nunca los dos juntos.

No hay hombre que el Dios le haya abandonado. Sólo existen hombres que han abandonado a Dios.

Si alguien no te gusta, piensa que ves a Cristo Dios. Entonces no te atreverás ni pensarás decir una palabra o un juicio contra él.

Muchos hombres lo tienen todo, pero están tristes, porque les falta Cristo Dios.

Tragedia no es el problema que pasas en este momento de tu vida.

La tragedia es que no te encuentres en “la Cena del Señor”, en la Realeza increada de Dios.

Que te confieses regularmente y bien, porque aunque fueres Patriarca, si no te confiesas no te sanas ni te salvas.

El Dios hizo todas las cosas que dependan de la Fe. Así el que tiene Fe lo tiene todo, el que no tiene Fe no tiene nada.

En la vida espiritual uno no tiene como prototipo o modelo los mundanos sino los Santos.

Como cristianos ortodoxos no debemos influenciarnos del mundo, sino nosotros influenciar al mundo.

Jesús vino a la tierra para hablar a los hombres sobre Dios. Ahora se encuentra en los cielos hablando a Dios sobre los hombres.

Tu cruz no es algo que no lo llevan los demás. Lo llevas Tú.

El Dios nunca cuenta cuántas obras divinas hemos hecho. Sólo mira la nuestra intención y disposición interior y acepta las praxis, los actos, o los rechaza.

Al hombre tienes que conocerlo para amarlo y a Dios tienes que amarlo para conocerlo.

Hemos nacido de milagro, vivimos dentro de un milagro, nuestra existencia es un gran y multilateral milagro y lo único que no creemos es el milagro.

Donde falta la oración… domina el “yo”.

Muchas veces el pecado de juzgar o condenar al prójimo es más pesado que el defecto o la mala conducta que juzgamos.

Todos podemos convertirnos en Santos, porque todos llevamos la cruz. Basta que caminemos detrás de Cristo Dios.

Muchos hombres discuten sobre la religión, escriben y luchan sobre ella, están preparados hasta morir gracias a ella. Hacen de todo por ella, menos… vivir de acuerdo con ella.

El Pilato quedó en la historia como persona trágica, porque no se hizo amigo de Cristo ni enemigo. Simplemente era un observador. ¿A caso nosotros hoy hacemos lo mismo, permanecemos como simples espectadores?

El Cristo Dios no nos quiere como simples espectadores o seguidores, sino como luchadores por nuestra fe y discípulos suyos.

En una mesa de comer donde empieza y termina con oración, los bienes no faltarán nunca.

Algunos tienen a Dios como un paraguas, se acuerdan de él cuando llueve y se olvidan de él cuando el tiempo es bueno.

¡Lo que quise guardarlo egoístamente en mis manos lo he perdido!

Lo que he puesto en manos de Dios lo mantengo en mi posesión.

Donde hay fe allí agapi

Donde hay agapi allí paz

Donde hay paz allí bendición

Donde hay bendición allí el Dios

Donde está el Dios allí no hay ninguna necesidad

Donde está el Dios allí todo funciona muy bien.

EL VIAJE DE NUESTRA VIDA
Capitán: JESÚS CRISTO
Barco: LA IGLESIA
Tripulación: LOS SANTOS
Pasajeros: TODOS NOSOTROS
¡BUEN VIAJE! ΚΑΛΟ ΤΑΞΙΔΙ!

 

Traducido por: xX.jJ