Domingo (II) de Mateo – La llamada de los discípulos II

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Ellos entonces, dejando las redes al instante, le siguieron.

La lectura evangélica del B´ Domingo de san Mateo, nos traslada en el período de la llamada de los primeros discípulos por nuestro Señor. El Señor pasando por las orillas del lago de Galilea, llama a Andrés y su hermano Simón Pedro, y un poco más tarde a Jacobo (Santiago) y su hermano Juan, todos eran pescadores y los invita a que sean pescadores de hombres. “Y aquellos inmediatamente dejaron las redes y Le siguieron”.

Andrés y Simón, Jacobo y Juan, siguieron a Cristo, no porque ellos Le escogieron, tal vez dentro de unos marcos de una búsqueda metafísica de ellos, de modo que pudieran jactarse de sus propias iniciativas, sino el mismo Señor los ha escogido y los llamó, igual que en otro caso los dijo: “no sois vosotros los que habéis escogido a mí, sino yo a vosotros”. Esto significa que nadie por sí mismo sigue a Cristo, es decir, si no se convierte y hace cristiano y no acepta entrar bajo el “yugo” de la obediencia en Aquel. “Nadie puede venir a mí, si mi padre que me ha enviado no lo atrae”. Y entendemos como llamada, la que hablará al corazón del hombre y no simplemente tambores de oídos. “Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos”. En otras palabras, hablamos de una llamada que encuentra al hombre en estado propicio de correspondencia, es decir, un estado de madurez para la relación con el Dios.

Muy a menudo, especialmente en el Evangelio de Juan, esta situación se califica como la “hora”, que definida exactamente como la “hora” de la jaris (gracia, energía increada) de Dios. Por eso el Señor, en cualquiera de Sus logos con los hombres terminaba con la frase: “El que tenga oídos para escuchar que escuche”. Por supuesto que oídos espirituales, no físicos. Es obvio que los discípulos de Cristo, como Andrés y Simón Pedro, se habían preparado para esto, por su propia disposición de búsqueda y por el hasta entonces maestro de ellos Juan el Precursor, quien tenía como obra la llamada hacia la metania (introspección, conversión y confesión) y el anuncio de la llegada del Mesías.

¿Cuál es la característica del seguimiento a Cristo? ¿Cómo distingue uno la autenticidad de la llamada? El Cristo contesta: “os convertiré en pescadores de humanos”. Es decir, el seguimiento a Cristo conduce inmediatamente a la apertura hacia el semejante y al trabajo apostólico-misionero. No puede uno ser discípulo especial de Cristo y permanecer apóstol (enviado), en el sentido que adquirió un axioma o cargo para su disfrute personal. Algo así presupone una comprensión de tipo mundano del cargo, que el Señor lo ha condenado con especial repulsión: “No seáis como los soberanos y gobernantes que quieren conquistar y dominar qa los hombres y las naciones”. El Señor llama al hombre a seguirLe, para abrazar y servir al prójimo con propósito su sanación y salvación; que significa que el apóstol se convierte en cooperante de Dios. Y esto ocurre no sólo en los apóstoles de Cristo, sino en todos Sus fieles, independientemente del servicio que hayan podido hacerse responsables: son discípulos de Cristo, al grado que aman con todas las fuerzas de sus psiques a sus semejantes, incluso hasta sus propios enemigos. Porque “el que ama a Dios y odia a su prójimo es un mentiroso y falso”.

Uno entiende que una situación así tiene carácter de sacrificio. Por lo general, los hombres ante esta agapi (amor desinteresado) –que es continuación de la agapi a Dios- primeramente se manifiesta con su comportamiento y después con las palabras, reaccionan y se oponen, incluso a menudo los conducen hasta el martirio. El Señor no ha prometido a Sus seguidores flores y laureles. Los dijo que iban a sufrir penurias y persecuciones, pero de esta manera permanecerían unidos con Él y ayudarían sustancialmente a los hombres; es decir, lo que ha ocurrido con Él mismo: “He aquí, yo os envío como ovejas entre lobos”. “En el mundo tendréis mucha tristeza y sufrimiento”. Y principalmente: “El quiera seguirme que se olvide del sí mismo, tome su cruz y me siga”. Por eso la fe cristiana no es de consumo popular, ni de “arrastre”. Se requiere valor y verdadera agapi hacia el Cristo, algo que explica también su disminución según las estadísticas universales.

¿Cuáles son las condiciones para seguir a Cristo? En la llamada de los primeros discípulos tenemos también la respuesta: “dejando las redes al instante”

(a) “dejando las redes”. Uno puede y sigue a Cristo, cuando procede en el desprendimiento de cualquier elemento que le tiene atado con el mundo, aunque esto es considerado mundanamente muy bueno. Es decir, lo que se pide siempre para el cristiano no es otra cosa que la voluntad de Dios. Si la voluntad de Dios para el cristiano pasa a través del “desprendimiento” aún de su trabajo, dejar todas las cosas mejores –“he aquí, nosotros lo hemos dejado todo” y te hemos seguido” dirán los apóstoles a Cristo- entonces esta es la prioridad del fiel. En otras palabras, si algo me tiene “atado”, vinculado patológicamente con el mundo, por muy cercano e imprescindible que se considere para mí, debo estar preparado para dejarlo. En este desprendimiento que se hace a favor de Dios consiste también la sanación y salvación. Basta, por supuesto, tener el discernimiento de entender cada vez cuál es la voluntad de Dios para mí.

(b) “directamente”, es decir, sin aplazamiento. Cuando el Dios me llama, cuando conozco Su santa voluntad y aplazo mi correspondencia y aplicación de esta voluntad en mi vida, a partir de este momento empieza mi responsabilidad de mi contrariedad a Dios. Me convierto de una manera en luchador contra el Dios, por consiguiente pongo obstáculo a la percepción y sentimiento de Su jaris (gracia, energía increada) en mi existencia. Y por lo general ocurre lo siguiente: continuamente aplazo la decisión de seguir a Cristo para… más tarde, por lo tanto nunca Le sigo. Un dicho antiguo dice: “el aplazamiento conduce al país del nunca”. Esta situación es llamada, como un arma de la derecha del diablo. El astuto maligno no ataca directamente al fiel con la negación a Dios, sino con la aceptación de Su voluntad pero para más tarde. Desde este aspecto, la vida cristiana tiene el elemento de resolución y empuje. El hombre que se ha convencido sobre la verdad de Cristo y sobre la sanación y salvación que ofrece como relación viva, no puede aplazar. Además de los apóstoles que correspondieron inmediatamente, vemos también inmediatez de correspondencia en todos los santos, quienes por eso se convirtieron en santos. En este caso, recordemos también al Apóstol Pablo, quien después de su admirable encuentro con el Cristo resucitado, al momento que perseguía a los cristianos al camino hacia Damasco, inmediatamente cambia su vida; y también la santa María la Egipcia, la que apenas haber concienciado el desastre de su vida y dónde se encuentra la verdad, inmediatamente se va al desierto sin volver nunca más al mundo.

Padre Jorge Dorbarakis

Fuente: ΑΚΟΛΟΥΘΕΙΝ

Traductor: xX.jJ

Domingo (II) de Mateo – La llamada de los primeros discípulos

 

Cristo y discípulos

 

LA LLAMADA DE LOS PRIMEROS DISCÍPULOS

 

Pescadores de humanos

El Domingo pasado fue la Sinaxis (reunión) de los Doce Apóstoles, quienes con la Jaris (gracia, energía increada) del Espíritu Santo reformaron toda οἰκουμένη (icumeni) la tierra. Hoy el santo Evangelio nos narra cómo el Señor llamó a Sus primeros discípulos. Los encontró pescando en el mar de Galilea y los dijo: “Venid en pos mío, y os convertiré en pescadores de hombres”, pescadores capaces de pescar con las redes espirituales hombres para la Realeza (estado en energía increada) de los cielos.

Es de notar que el Señor utiliza la imagen de pesca, una imagen tan familiar a Sus discípulos, para describir la obra que iba encomendarlos e instruirlos.

Aquellos como pescadores con experiencia conocían cuándo y cómo se expanden las redes, recogerlas, arreglarlas… ¡Sabían bien también que en la pesca es necesaria mucha paciencia…!

Los que se ocupan de la obra de misión-apostólica, principalmente los obispos, los sacerdotes, teólogos y también cada fiel que se interesa por la sanación y salvación de sus hermanos, conocen muy bien todo lo anterior es válido de una manera también para la pesca espiritual. En la misión apostólica para la conducción de las psiques hace falta paciencia.

Hablarás sobre la fe, la verdad y el Cristo. No todos te escucharán, ni querrán escucharte inmediatamente. Pero no debes decepcionarte. Aconsejarás a tu hijo y tus familiares, con discernimiento y paciencia. Unos de una manera y otros de otra. Siempre con deseo divino conducirás cada psique a la Realeza increada de Dios.

 

Obediencia con plena diligencia

Especial impresión provoca la correspondencia con plena diligencia de los pescadores a la llamada de Cristo. El santo Evangelista recalca con énfasis la correspondencia inmediata a la llamada de Cristo: “Ellos entonces, dejando las redes al instante, le siguieron”. No dijeron: “Señor déjanos primero a terminar nuestros trabajos. Arreglaremos primero nuestros asuntos pendientes, familiares y profesionales y después te seguiremos…” No. No aplazaron nada. “al instante” dejaron las redes y siguieron al Señor.

“Este tipo de obediencia pide de nosotros el Cristo”, nos dice san Crisóstomo. Cuando nos pide abandonar algún pazos o debilidad nuestra… Cuando nos pide hacernos cargo de alguna obra divina… ¡No aplacemos! Todos los trabajos tenerlos en segundo lugar. Precede la obra primera y la más importante: “Obedecer a la voz del Señor”.

 

Lo fuerza de los milagros

Así el Señor empezó una gira en todo Galilea. Predicaba y hacía milagros. El anuncio alegre de Su realeza increada espiritual estaba acompañado de las obras admirables de Su agapi (amor, energía increada). A donde iba, sanaba todo tipo de enfermedad y con los milagros asombrosos que hacía certificaba la verdad de lo que enseñaba.

Muchos milagros se hacen en la Iglesia con la Jaris (gracia, energía increada) de Dios, para que sea reforzada la fe de los que están en dudas o para que sean atraídas algunas psiques de infieles con buena voluntad. Y en la vida de la megalo-mártir santa Domingo, que festejamos hoy, se refieren milagros asombrosos. ¡Qué impresión terrible ha provocado el hecho que fueron destruidos los ídolos sólo con una oración de la Santa…!  ¡Y también se conservó sana y entera dentro del fuego candente del horno o cuando soltaron los leones salvajes contra ella!. Todas estas cosas fueron la causa de que muchos idólatras, paganos abrazasen la fe cristiana.

Pero milagros no se refieren sólo en la época del Evangelio o en las vidas de los Santos de los siglos pasados. Milagros se hacen también hoy. Basta que tengamos fe y humildad para distinguirlos y venerar al filántropo Dios, que continua manifestando Su agapi a través de Su donaciones conocidas y desconocidas por nosotros.

“Ο ΣΩΤΗΡ“ SOTIR 

Fuente: ΑΚΤΙΝΕΣ

Traductor: xX.jJ

Domingo de los Santos Padres del 4º Sínodo Ecuménico

 

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1. El incentivo más alto

Nuestra Iglesia hoy celebra la memoria de los 630 Padres teóforos de 4º Sínodo Ecuménico, que se realizó el año 451 dC en Calcedonia de Bitinia. En honor a ellos se narra parte de la Homilía o Sermón de la Montaña del Señor.

En esta homilía el Señor llamó a Sus discípulos iluminar al mundo con sus vidas virtuosas y sus logos iluminados por la luz increada divina. De esta manera serían beneficiadas muchas personas y sería glorificado el bondadoso Dios. “Así sea resplandeciendo vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras obras buenas y glorifiquen a vuestro Padre Celeste”.

La doxa=gloria increada de Dios constituye el incentivo más alto, noble y perfecto que podría tener cada hombre para cada praxis o logos suyo. Tal y como dice san Pablo: “Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios” (1Cor 10,31).

El que uno haga lo que quiera y cómo quiera, constituye la apoteosis del individualismo y del interés. El que uno esté atento a la opinión del mundo y qué van a decir los demás, revela una mezquindad y la trágica falta de libertad. Sin embargo el que uno actúe con lo que va a contribuir más a la doxa=gloria de Dios y la sanación y salvación de sus hermanos, esto hace digno al hombre ser como hijo auténtico del Padre celeste. ¿Y cómo el hombre contribuye a la doxa=gloria de Dios? ¡Con su vida santa, limpia, lúcida e iluminada! ¡Porque es revelación de la Jaris (gracia, energía increada) de Dios de que dentro en nuestro mundo pecador (enfermo) existen Sus hijos fieles, comprometidos y dedicados a Él!

2. Antiguo y Nuevo Testamento

La enseñanza admirable del Señor progresaba mucho más que la Ley del Antiguo Testamento e iluminaba nuevos aspectos de la vida del hombre. Pero no anulaba la Ley el Antiguo Testamento. Por eso el Señor dijo: “No penséis que he venido a derogar la ley o los profetas; no he venido para derogarla, sino para cumplirla, completarla y entregárosla perfecta” (Mt 5,17).

Y realmente el Maestro Divino completó la Ley. La Ley prohibía la praxis (acto) de infracción, el Cristo combatió la causa que conduce a toda conducta mala. Por ejemplo, el Señor, no sólo condena el asesinato, sino también la ira que conduce a este delito. El Antiguo Testamento era imprescindible, porque nos ayudó conducirnos a Cristo (Gal 3,24).

Pero permanecería imperfecto si el Señor no lo completaba con la perfecta apocálipsis=revelación: el Nuevo Testamento. Así que Antiguo y Nuevo Testamento coexisten en una unidad inseparable.

 

3. La validez eterna del logos de Dios 

La Ley de Dios tiene validez diacrónica y eterna. Esto exactamente dijo a continuación el Señor: “Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una i ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido” (Mt 5,18). Es decir ni el más pequeño mandamiento no decaerá de la Ley y no perderá su validez.

Dicen algunos que el Evangelio fue escrito en otra época y que supuestamente no es aplicable para hoy en día. Pero el logos de Dios nunca puede parar de existir y valer. Porque el Dios es perfecto, y perfecto es Su logos. Además lo perfecto no acepta mejoras y cambios.

Nosotros debemos estar haciendo la metania (introspección, arrepentimiento y confesión), cambiar nuestra mentalidad para adaptarnos en la ley de Dios y no intentar llevar y hacer la ley de Dios adaptada a nuestras medidas e intereses.

Esta exactitud a la vida y fe ortodoxa revelaron en “obra y logos” los santos Padres que festejamos hoy. Iluminados por el Espíritu Santo formularon el 4º Sínodo el dogma fundamental sobre la unión de las dos fisis-naturalezas a la persona del Θεάνθρωπος (zeánzropos Dios y hombre) y así demostraron que el Jesús Cristo es “ayer, hoy y el mismo en todos los siglos” (Heb 13,8).

El SOTIR “Ο ΣΩΤΗΡ

Fuente: ΑΚΤΙΝΕΣ

Traductor: xX.jJ

Demostraciones sobre el Espíritu Santo

 

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ESPÍRITU SANTO o EL PARÁCLITOS

 

Nota del traductor xX.jJ : 

Con la bendición del Padre Juan, he traducido el capítulo sobre el Espíritu Santo del librito titulado “Cristo verdadero Dios” o “un breve manual sobre la confesión Ortodoxa”. Es una obra pequeña que contiene una colección de pasajes de la Santa Escritura de la Iglesia Ortodoxa, por la que se demuestra el engaño de los heréticos. Considero que es un manual muy útil para cada ortodoxo, sobre todo occidental.)

Cristo verdadero Dios 

Breve manual de la confesión ortodoxa

Por Dimitrio Kókoris 3ª edición Atenas 2004

Preámbulo de la tercera edición:

(La pequeña obra presente ha sido de gran recibimiento por el pueblo Ortodoxo. Como se trata de un manual fácil y muy útil, procedemos a la tercera edición mejorada y muy bien informada, de modo que facilite y constituya una buena ayuda para los Ortodoxos en su lucha antiherética. Lucha para convencer a los hermanos engañados a regresar, mediante la agapi, la verdad y los verdaderos dogmas ortodoxos, en la Verdadera Iglesia, la Ortodoxa, la única que contiene y mantiene la plenitud de la sanadora y salvadora verdad.)

Los testigos de Jeová enseñan que el Espíritu Santo es energía. Lo llaman Efecto Santo. Hemos demostrado que Dios es Trinitario. Demostraremos que el Espíritu Santo es Dios, tiene ΕΓΩ (egó, yo), tiene existencia, personalidad, sentimientos, emociones y habla.

Ellos basándose en los Hechos 2, 4, dicen: Si fuera persona ¿cómo se divide?

-Decimos que: Sobre sus energías, no sobre la esencia (sustancia), tal como el Padre y el Hijo en los pasajes: Jn 14, 20-23, Gal 3,7, 2ªCor 6,6-7. El Espíritu en ninguna parte de la Escritura se refiere como dínamis abstracta (potencia, fuerza o energía.) El Padre en Mt 26, 64-65 y el Hijo en 1ªCor 1,24 se refieren como dínamis pero son personas.

Ellos basados en el Mt 3,11 dicen: Puesto que el agua no es persona sino materia, entonces el Espíritu no es persona sino energía.

-Decimos que, según:

Mt 19: Bautizándoles en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Gal  3,27: …los que habéis sido bautizados en Cristo os habéis revestido de Cristo.

Rom 6,3: … los que os habéis bautizado en Cristo…

He 2, 38: Sea bautizado… en el nombre de Jesús Cristo.

Lc 24,49: …hasta que seáis revestidos con fuerza de lo alto.

Nos bautizamos en nombre de las tres personas y nos revestimos de ellas y si el Espíritu Santo es energía, entonces también el Padre y el Hijo serán también energía. ¡Lejos de esta blasfemia!

Según el Ex 24,17 y Heb 12,29 Dios es fuego consumador y a pesar de eso es persona y no se divide. Así también el Espíritu Santo es fuego como Dios y como persona no se divide.

C 8,1 El Espíritu es Yahvé Dios

Sal 94, 8: Hoy si escucháis su voz (habla Yahvé)

Ex 17.2,5,7: por qué tentáis al Kirios-Señor

Núm. 14. 21,22: Me han tentado diez veces

Heb 3,7-15 y 4,7: Como dice el Espíritu Santo. Hoy, si… habla el Espíritu 4,7.

Por consiguiente: se tentó al Padre, al Cristo y al Espíritu. Entonces tres=Yahvé 

-Jer 38,31-34: He aquí vienen días, dice el Señor-Kirios (Yahvé)

     -Heb 8,8-12: He aquí vienen días dice el Señor

     -Heb10,15-17: He aquí vienen… (habla el Espíritu)

 Por con siguiente, Yahvé es el Espíritu

-Is 6,9 Dijo el Señor vete y dile (Yahvé)

-Jn 12,37: Dijo (el Señor) ve (el Cristo)

-He 28 25-27 Dijo (El Señor) ve y diles (Espíritu Santo)

 Por consiguiente, los tres Yahvé.

Ez 3,24-27: Entró el Espíritu y habló Señor el Dios: Espíritu= Señor-Kirios

Ez 2, 2-4 Entró el Espíritu… yo te mando: Espíritu=Señor Yahvé

Jn 14,16: …otro Paráclitos

Jn 15,26: …cuando venga el Paráclitos

Jn 16,7-8: …y viniendo aquel examinará el mundo

Las palabras: Paráclitos, aquel, enseñar, recordará, examinará = expresan el Espíritu

Mat 28,18: Bautizándoles en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo: nombre común ουσία (usía, esencia o sustancia.)

2ªPed 1,21-22: El Espíritu Santo habla mediante los Profetas

2ªTim 3,16: …toda la Escritura es inspirada por Dios.

He 5,3-4: Ananías: ha mentido al Espíritu Santo

Entonces: Espíritu = Dios

C8,2 El Espíritu Santo – la verdad

   -Jn 3,33: …Dios es verdad

   -1º Esd 4,40: Bendito el Dios de la verdad

   -Sal 30,6: Bendito el Dios de la verdad

   -Jn 8,26: pero el que me ha enviado es la verdad o veraz

   Por consiguiente, Dios es la verdad

-Jn 14,6: YoSoY la verdad=Cristo

-Jn 7,18: Éste es veraz o dice la verdad=Cristo

 Cristo es la verdad

-Jn 14,17,26: El Espíritu de la vedad

-Jn 16,13: El Espíritu de la verdad

-1ªJn 5,6: El Espíritu es verdad

Por consiguiente: El Espíritu es la verdad.

Los tres son verdad, porque son Dios: cualidad o propiedad común la verdad.

Jn 5,37: …el Padre que me ha enviado, él ha dado testimonio de mí

Jn 18,37: Para eso he venido, para dar testimonio de la verdad.

1ªJn 5,6: Y el Espíritu es el que testifica.

1ªJn 5,7: Tres son los que testifican, el Padre, el Logos y el Espíritu, que son uno.

Atributo común: el testimonio.

C8,3 Equivalencia del Espíritu Santo

Los santos escritores no mantienen un orden de prioridad, expresando la equivalencia: Mar 28,19,  2ªCor 17,13  1ªCor 12,4. A veces es primero el Padre, otras el Hijo y otras el Espíritu Santo como personas equivalentes.

1ªCor 3,16: Templo de Dios-residencia nuestro cuerpo

2ªCor 6,16: Templo de Dios-residencia nuestro cuerpo

Ef 2,22: Templo de Dios-residencia nuestro cuerpo

Heb 3,6 Templo del Hijo-residencia nuestro cuerpo

1ªCor 6,19: Templo del Espíritu Santo es nuestro cuerpo

2ª Tim 1,14: Templo del Espíritu Santo es nuestro cuerpo

Jn 14,23: Residencia del Padre e Hijo= templo de las tres equivalentes hipostasis de la una deidad.

C8,4. El Espíritu es el Kirios, Señor

2ªCor 3,16-18: …y el Señor es Espíritu… Espíritu del Kirios (Señor).

2ªTes: …y el Kirios (Señor) en conducirá en la agapi de Dios… de Cristo.

Detalles en la 3º parte capítulo 5(lo pondremos al final).

C8,5 El Espíritu es eterno.      

     -Rom 14 y 16,26: Del eterno Dios

     -1ªJn 5,20: Cristo es la vida eterna

     -Heb 9,14: el cual por el eterno Espíritu

Eterno: el Dios Trinitario

C8,6a. El Espíritu es persona

El Espíritu Santo es persona autónoma, con existencia y Egó o Yo

Tiene entidad o existencia

Gen 1,2: El espíritu de Dios se encontraba por encima de las aguas

Jue 13,25: Y el espíritu del Señor comenzó a actuar en él en el campo de Dan

1º Jue o 1º Sam 11,6: Y se apoderó el espíritu de Dios sobre Saúl

1º Jue o 1º Sam 16,14: El espíritu de Dios se había retirado de Saúl y un espíritu maligno se apoderó de él.

Sal 139. 138, 7: ¿A dónde podría ir lejos de tu espíritu?

Is 11,2: Sobre él reposará el espíritu de Dios, espíritu de sabiduría…

Lc 3,22: …descendió el Espíritu Santo sobre él en forma corporal, como una paloma.

1ªCor 2,10: …porque el Espíritu escudriña todo hasta las cosas más profundas de Dios

Mat. 12,31-32: blasfemia o negación de la persona del Espíritu Santo. Ver también (Is 32,14. 44,3. 63,11 Mt 3,16. Lc 2,25 Hec 1,8. 2,4,38. 4,8. 9,17. 10,44. 11,15. 13,9. 15,9), (1ªCor 2,12, 14. 12 3,8. 2ªCor 1,22. Gal 4,6. 5,22. Ef 3,5. 5,18. Fil 3,3. 1ªPed 1,12. 1ªJn 3,24. 2ºTes 2,13. 2ºTim 1,14. Heb 2,4. 1ªJn 4,13. 1ªTes 4,8., Jds 20). Donde el Espíritu Santo actúa como persona o personalidad y no como dinamis (fuerza), soplo, efecto o aire.

C8,6b El Espíritu Santo tiene Εγώ (Egó, Yo)

El Espíritu Santo habla y dice Yo, entonces es persona.

He 10,19-20: …el Espíritu Santo le dijo… porque les he mandado yo…

He 11,4-17 …una voz que me decía … el Espíritu me dijo.

He 13,2: …dijo el Espíritu Santo…

Gal 1,15: Según Pablo, Dios le separa, entonces el Espíritu Santo es igual que Dios.

He 15 9,15: Aquí a Pablo lo llama el Señor Jesús

Por consiguiente: los tres son Dios.

Ez 2,2,7,8: Vino a mí el Espíritu y me dijo… Yo te envío a ti.

Ez 3,24-27: …entró en mí el Espíritu y me dijo… allí Yo hablaré contigo.

Ex 34,10: Y dijo el Señor; he aquí Yo me pongo… El Padre dice Yo.

He 9,5: Yo soy el Jesús al que tú persigues… Jesús dice Yo.

Por consiguiente, tres YO, tres personas e hipostásis= Un Dios.

He 15,28: Porque el Espíritu Santo decidió y dijo y nosotros (tiene opinión)

C8,7 El Espíritu Santo no es energía

El Espíritu Santo encarna al Señor y habla, enseña, profetiza, bautiza, escoge, establece o nombra, se entristece y se amarga. Entonces no es energía.

C8,7a: Encarna al Señor

Mat 1,20: …porque lo concebido en ella viene (de la energía y fuerza) del Espíritu Santo.

Lc 1,35: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti y la dínamis-fuerza, poder del altísimo te cubrirá con su sombra”. Toda la Santa Trinidad: El Espíritu Santo y Dínamis-poder y sabiduría el Cristo (1ªCor 1,24) y el Altísimo el Padre.

C8,7b: Se manifiesta durante el Bautismo – somáticamente.

Mt 3,16: El espíritu de Dios descendiendo como paloma (Jn 1,24).

Lc 3,22: Descendió el Espíritu Santo sobre él en forma corporal, como una paloma…

Is11,2: Y reposará sobre él el espíritu de Dios.

Is 61,1: El espíritu de Dios está en mí…

C8,7c: Tomó parte en la Crucifixión.

Heb 9,13-14: …quién por el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo a Dios como víctima inmaculada…

C8,7d: Es creador

Job 33,4: espíritu Divino me ha creado… ( también Gen 2,7.)

Sal 103 (104), 30: Si envía tu espíritu, son creados.

C8,7e: Nos bautizamos en Su nombre – nos renace.

Mt 29,19: …bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Lc 3,16: Él os bautizará en Santo Espíritu y fuego.

Jn 3, 5-6: Si uno no nace de espíritu y agua…

He 2,38: …bautizaos y recibiréis la donación del Espíritu Santo

Tit 3,5: …mediante el bautismo regenerador y la renovación del Espíritu Santo (1ªCor 6,11).

C8,7f: Desciende en el Pentecostés- ilumina a los alumnos.

He 2,3-4: … se posaban en cada uno de ellos. Todos quedaron llenos de Espíritu Santo.

He 11,15-17: Al comenzar yo a hablar descendió el Espíritu Santo.

He 10,44-48: …descendió el Espíritu Santo en todos los… (Heb 6,4).

He 13,9: Pablo pleno de Espíritu Santo y …

C8,7g: Donante de carismas- Tiene intención y voluntad propia.

1ªCor 12 4-11: Hay diversidad de donaciones y dones espirituales, pero el Espíritu es el mismo… (desde 28-31, Dios es donante).

Heb 2, 3-4: …con los dones del Espíritu Santo reparte según su voluntad (Rom 12,6, 1ªPed 4,10-11).

C8,7h: Imploramos el Espíritu Santo

2ªCor 13,13: La comunión del Espíritu Santo con todos nosotros.

C8,7i: Ordena los pastores –llama a la obra de Cristo

He 20,28: El Espíritu Santo os ha constituido en obispos…(He 8,29).

He 13,2-4: …el Espíritu Santo dijo: “Separadme a Bernabé y a Pablo para la obra por la que los he llamado”.

Is 48,16: …Y ahora el Señor me ha enviado con su espíritu (1ªPed 1,12)

C8,7j: Enseña y recuerda

1ªCor2,10-12: En nosotros lo ha revelado Dios por su Espíritu. El Espíritu investiga todo… Pero enseñados por el Espíritu Santo. (2ªTim 1,14)

Neh 9,20: Les diste tu espíritu bueno para instruirlos…

Lc 12,12: El Espíritu Santo os enseñará… lo que tenéis que decir (Hec 4,8,31 y 14,,3)

Jn 14,26: El Paráclitos, el Espíritu Santo… aquel os enseñará y recordará… (He 10,19 Y 11,12)

Jn 16,13: El Espíritu de la verdad os guiará a la verdad completa.

Rom 8,14: Porque los que están conducidos por el espíritu de Dios, ellos son hijos de Dios (Gal 5,18).

1ªCor 12,3: Nadie puede decir Señor Jesús sino es (inspirado por la jaris-gracia) del Espíritu Santo.

1ªTim 1,14: El Espíritu claramente dice que en los últimos tiempos…

Heb 9,8: El Espíritu Santo quería demostrar con esto…

2ªTim 1,14: Guarda bien el depósito por el Espíritu Santo…

1ªJn 2,20: Pero vosotros habéis recibido el crisma o unción del Santo…

He 8,29: Dijo el Espíritu a Felipe; acércate y júntate…

C8,7k: Profetiza mediante los profetas- habla por las Escrituras

2ªPed 1,21 …portadores de Espíritu, impulsados e inspirados por Éste, hablaron los hombres de Dios (2ªTim 3,16).

1ª Cor 12,10: …mediante el Espíritu Santo se da logos de sabiduría… otro de profecía…

1ªTes 5,19: No apaguéis el Espíritu. No despreciéis las profecías.

Ez 3,24: Ezequiel profetiza en Espíritu Santo. (Eze 37 entero).

Lc 1,67: Zacarías fue lleno de Espíritu Santo y profetizó diciendo…

Lc 1,41: …y quedó llena Isabel de Espíritu Santo y clamó.

Lc 2,25-35: Simeón profetiza mediante el Espíritu Santo

He 21,11: Profeta… Agabos dijo: esto es lo que dijo el Espíritu santo.

He 19,6: Vino el Espíritu Santo… hablaban idiomas y profetizaban.

Ef 3,5: …ahora se reveló a los Santos apóstoles y los profetas en espíritu. (1ªPe 1,10,12)

He 1,16: …tenía que cumplirse lo que anunció el Espíritu Santo…

1ªTim 4,1: El Espíritu dice en los últimos tiempos…

Heb 3,7: …Como dice el Espíritu Santo si hoy…

Apoc 2,7: …escucha lo que dice el Espíritu Santo a las Iglesias…

C8,7l. El Espíritu resucita y da vida.

Rom 8,11: Si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos…

1ªPed 3,8: …vivificado o reanimado en espíritu

Jn 6,63: El Espíritu es el que da vida (Jn 12,36)

1Cor 15,45: …El ésjatos o último Adán como Espíritu que da vida…

2ªCor 3,6: …el Espíritu da vida.

Rom 8,2: …la ley del Espíritu de la vida.

C8,7m: Espíritu de ruego, consuelo y adopción

1º ruego o adopción

Jn 14,16: …os dará otro paráclito… el espíritu de la verdad…

Jn 14,26: … el paráclitos, el  santo espíritu al que enviará…

Jn 15,26: Cuando venga el Paráclitos

Rom 8,26: El Espíritu Santo co-percibe nuestras enfermedades.

2º Espíritu de adopción

Rom 8,15-16: …sino que recibisteis el espíritu de hijos adoptivos

Rom 15,23: …esperando la adopción… (Tit 3,5-7).

Gal 4,6: Dios ha enviado a vuestros corazones el Espíritu que clama: ¡Abba, Padre!

C8,7n: El Espíritu, testigo de Cristo

Jn 15,26-27: El Espíritu de la verdad… dará testimonio sobre mí.

Jn 16,13: … os dirá lo que ha oído del Padre…

He 20,23: …el Espíritu Santo por todas las ciudades me testifica

1ªTim 3,16: …Dios se reveló en cuerpo y carne y se justificó en el Espíritu

1ªJn 5,6: El Espíritu es el que testifica.

C8,7o: El Espíritu libera

  -2ªCor 3,17: …donde el Espíritu de Dios allí hay libertad…

   -Jn 8,31-36: El Hijo libera…

   -Rom 6,17-18: El Padre libera…

Por consiguiente: Dios libera

C8,8. El Espíritu tiene sentimientos, emociones

Gal 5,22: Los frutos del Espíritu son agapi, alegría, paz…

Rom 14,17: La paz y la alegría en Espíritu Santo

A) Tentar el Espíritu Santo

He 5,9: ¿Por qué os pusisteis de acuerdo para tentar el Espíritu del Señor…

He 7,51: …vosotros siempre contradecís el Espíritu Santo…

                       B)  Mentir el Espíritu Santo

He 4,30: …mentir al Espíritu Santo… no has mentido a los hombres sino a Dios

C)  Entristecer, amargar y enfadar el Espíritu Santo

Ef 4,30: No entristezcáis al Espíritu Santo de Dios…

Is 63,10: Ellos se rebelaron contra él y afligieron el santo espíritu…

Heb 3,7-12: Los padres tentaron el Espíritu en el desierto… (Ex 15,24, Sal 77,40).

D)  Insultar y blasfemar el Espíritu Santo

Mt 12,31: …la blasfemia contra el Espíritu Santo no se les perdonará.

Lc 12,10 …pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no se le perdonará.

Mc 3,29: …pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás

Heb 10,29: …Has insultado el Espíritu de la Jaris (gracia increada)…

C8,8. El Espíritu Santo contra el pecado

El Espíritu examina, absuelve y perdona los pecados y expulsa los demonios.

A) Examina sobre el pecado

Jn 16,8: …viendo… examinará el mundo sobre el pecado… sobre el pecado (Neem 9,20)

B) Expulsa los demonios

Mt 12,28: Pero si echo los demonios con el espíritu de Dios, es señal que ha llegado a vosotros la realeza de Dios.

C) El Espíritu Santo absuelve y perdona los pecados

Jn 20,22-23: …Recibid sagrado, divino Espíritu; 23 A quienes perdonéis o remitiereis los pecados…

1ªCor 6,11: …pero os habéis sido bañados… y en el Espíritu de Dios.

D) El Espíritu Santo nos santifica

1ªPed 1,2: …para ser santificados por el Espíritu…

Rom 15,16: …santificada en Espíritu Santo.

2ªTes 2,13: En Espíritu Santo…

1ªCor 6,11: Pero os habéis santificados…  también en Espíritu de nuestro Dios.

C 5 DIOS ES TRINITARIO

C5 a  El Antiguo Testamento sobre Dios Trinitario.

El A.T. nos da muchos testimonios ensombrecidos sobre la Trinidad.

C5a (1) Tiempos plurales

Gen 1,26-27: …hagamos al humano o hombre a nuestra imagen…

Gen 2,18: …hagamos un ayudante propio para él… (Jn 1,3, Sal 32,6. Job 33,4. Col 1,16) Tres personas creativas del Dios Uno.

Gen 3,22: …he aquí Adán, que ha llegado a ser como uno de nosotros.

Gen 11, 6-9: …vamos a descender y confundir…

Is 6,1-8: … a quién mandaré y quién cocaminará con nosotros;

Is 6,8-10: …y los sanaré = Yahvé

Jn 12, 35-41: Isaías… cuando vio la doxa-gloria de Cristo=Cristo.

He 28,25-28, habla el Espíritu Santo

Is 6,3: … y decían santo, santo, santo = tres = Dios Kirios Sabaoz.

Gen 18 y 19 (Dios es tres en Abraham y Lot).

Sal 109, 1-5 (derecha del Kirios-Señor el Señor y a la derecha del segundo el 3º Señor-Kirios)

2ª Tim 1,18: …quiera nuestro Señor (Cristo) que encuentre misericordia del Señor (Padre)…

Is 59,15-20: …Tres Kirios-Señores: Espíritu del Señor, Redentor y el Señor hablando.

Gen 19,24: El Señor llovió… azufre y fuego por el Señor

Ez 44,2 (El Señor habla sobre otro Señor)

Gen1,1 (En el texto Hebreo escribe: “hizo dioses” Elohim). ¿Quiénes son? El Padre Sal 101,26. El Hijo Heb 1,10-12 y el Espíritu Santo. No son ángeles: Ellos se hicieron por el Hijo (Col 1,10-12, Sal 33,6, Neh 9,6).

Amós 4,11-12: Causó entre vosotros desastres como los causó el Señor…

Jer 34, 12-13 (41 y 70): El Señor habla hacia al Señor…

Jn 10-11: …Jesús… conocimos… hablamos… vimos.

Jn 16,13: El Espíritu Santo habla sobre lo que oye.

Zac 2,8-16. Un Señor el Pantocrator envía al otro Señor…

Mt 17,18: Cristo reprende.. (Mr 1,25-34.  9,25. Lc 4,41)

Is 48, 12-19: El Señor me ha mandado a mí y su Espíritu…

Mal 4,3-6: El Señor me ha mandado a Elías antes del día del Señor.

Job 35,10: Creadores (en texto hebráico)

Ecl: 12,1: Creadores (en el texto hebráico)

C5a (2): Tiempos singulares

Gen 18,3-4: Abraham mientras ve tres, habla diciendo “Señor”

1ªTes 3,11: …nos encamine hacia vosotros…

2ªTes 3,11: El mismo Señor Jesús Cristo y Dios, nuestro Padre…consolar… sostener

2ªTes 3,3-5: El Señor os guiará… a Dios y Cristo.

Apoc 11,15: El Señor y Cristo y reinará…

Apoc 22,1-4: Un trono de Dios y del Cordero (3,12)

Lc 1,35: Santo Espíritu… dínamis o potencia del Altísimo.. Hijo de Dios…

C5b Nuevo Testamento sobre Dios Trinitario.

El NuevoTestamento nos da testimonio más claro sobre Dios Trinitario.

Mt 3,16: …bautizado Jesús y vio el espíritu de Dios y una voz desde el cielo (Lc 3,22. Mr1,10. Jn 1,33-34).

Mt 28,19: …en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

En los siguientes pasajes se refieren también en las tres personas con las energías comunes: Voluntad, agapi-amor, consuelo, ruego etc, sin que se mantenga el orden de prioridad, sino intercambiando se expresa la equivalencia. (San Gregorio el Teólogo)

Rom 15,30: Por nuestro Señor Jesús Cristo… la agapi del Espíritu… hacia Dios

2ªCor 13,13: La jaris-gracia de nuestro Señor Jesús Cristo, la agapi de Dios y la comunión del Espíritu Santo.

Gal 4,6: Dios-Espíritu-Hijo.

2ªCor 1,21-22: Hijo-Dios-Espíritu.

Fil 3,3: Espíritu-Dios-Cristo (1ªCor 6,11).

Ef 4,4: Espíritu-Kirios (Señor)-Dios.

Rom 15,30

2ªCor 13,13       Cualidad común de la agapi-amor (energía increada) 

1ªJn 4,16

     

-1ªCor 12,3-11: Se disciernen: Espíritu-Hijo-Padre y dan los carismas

 -Sal 67,19 (68,18): Yahvé da carismas

-1ªCor 12,28: Dios da carismas (Rom 12,3-4)

-Ef 4,7-11: El Hijo (como Yahvé Eloím) da carismas.

-He 20,28: El Espíritu Santo da carismas.

Por consiguiente, la Santa Trinidad da carismas: común voluntad y común energía.

-Gal 1,15-16: Dios escoge a Pablo

-He 9,5,15: Cristo escoge a Pablo

-He 13,2-4: El Espíritu Santo escoge a Pablo.

Por consiguiente, el Dios Trinitario escoge a Pablo.

-Fil 2, 9-11: Señor (Yahvé) el Cristo (1ªCor12,3 Rom 10,9)

-2ªCor 6,18: Señor (Yahvé) el Padre (Deu 6,4 Ex 6,2)

-2ªCor 3,16-18: Señor (Yahvé) el Espíritu (2ªTes 3,5).

Común la Kiriotis (Soberanía)- la usía (esencia). No tres Kirios (Señores) sino Un Kirios.

-Lc 2,29: Déspota (Soberano) el Espíritu (Sal 50(51),14)

-Jds 4: Soberano el Cristo (2ªPed 2,1)

-He 4,24: Soberano Dios (Apoc 6,10)

El Dios Trinitario es Soberano por naturaleza

Gen 15,29: Soberano el Yahvé (1Re 8,53).

Sal 22 (23): Pastor el Jehová.

1ªPed 2,25: Pastor el Cristo.

-2ªCor 1,2: Jaris y paz del Padre y del Hijo.

-Fil 4,23: La jaris del Hijo (2ªCor 13,13)

-Heb 1,29: La Jaris del Espíritu

-Ef 3,2: La Jaris de Dios.

Común la Jaris-Gracia energía increada

-Fil 2,1: Paraclisis (ruego o consuelo) de Cristo.

-1ªJn 2,1: Cristo el paráclitos o consolador.

-He 9,31: La paráclisis del Espíritu.

Cualidad común la paráclisis, consuelo o ruego.

-Jn 14,16: El Espíritu paráclitos.

-2ª Cor 1,3-4: El Padre paráclitos.

-Jn 17,17: El Padre santifica

-Jn 17,19: El Hijo santifica (Ef 5,26).

-Rom 15,16: El Espíritu santifica

Cualidad común la santificación

1ª Jn 5,7: Tres son los que testifican… 

Dimitrio Kókoris

Λεξιλόγιον Vocabulario

Para la interpretación de la Santa Escritura se necesita mucho cuidado con el vocabulario, porque cada palabra helénica tiene varios significados según el contexto. “…hasta que no pasen el cielo y la tierra, ni una “yota” (i latina) ni una tilde desaparecerán de la ley hasta que se cumpla todo” (Ma 5,18). Por ejemplo, Αρχή, (arjí) significa: poder, comienzo, principio, entrada, inauguración, formas de conducta etc. Así:

Gen 1,1: Ἐν ἀρχῇ (en arjí, en principio) creó: significa comienzo.

Jn 1,1 Ἐν ἀρχῇ ἦν: (en arjí in) significa desde siempre o en el principio o desde siempre dentro en el principio.

Πνεῦμα (pnevma) Espíritu, significa: Dios, ángel, diablo, psique, Espíritu Santo, aire, soplo, concepto esencial etc,. Y gramáticamente los espíritus en la lengua helénica se ponen en las letras vocales sin pronunciarse, que son y se utilizaban para la armonía de la melodía o musicalidad de la palabra. Nada tiene que ver con jo, ja, je, ji ju que utilizan los occidentales influidos por el falsoerásmico griego, éste señor Erasmos nunca estuvo en Grecia y jamás habló Griego, sino que hizo un invento de la lengua helénica que muchos ignorantes con soberbia intelectual de las jaulas de las aulas occidentales lo utilizan hasta hoy, y lo peor es que lo sostienen con fanatismo, “…hay de vosotros intelectuales y fariseos hipócritas…” (Mt 23).

Dimitrio Kókoris 3ª edición Atenas 2004

Traducido por: xX:jJ

 

Domingo de todos los Santos

 

_2

 

Se ha recalcado correctamente que la relación de la fiesta del Pentecostés con la de los Todos los Santos en nuestra Iglesia constituye una relación de causa y causado (efecto), es decir, aquello que crea el hecho de la santidad es el Espíritu Santo, lo cual ha enviado el Hijo y Logos de Dios, el Señor Jesús Cristo, después de Su gloriosa ascensión en los cielos, el día del Pentecostés. Es otras palabras los santos son las obras del Espíritu Santo; algo que nos conduce al pensamiento que cuando hablamos de los santos hablamos sobre un acontecimiento que trasciende la horizontal comprensión humana. Los santos como creemos y que mostraremos a continuación, manifiestan la Realeza (energía increada) de Dios al mundo, son la extensión del mismo Señor dentro de los marcos de aquí y ahora. Son la patrulla de Dios en cuerpo y carne, según la expresión de un Padre eclesiástico. Con la fiesta de Todos los Santos cada vez surge la siguiente pregunta, que cada cristiano debe hacérsela también a sí mismo: ¿Quién es el santo? Explicaremos un poco más sobre el tema de los santos.

En principio deberemos de trascender la percepción simple de muchos semejantes nuestros, aún hasta cristianos, que la santidad depende de las condiciones locales, es decir, de un plano de vida concreto que conduce a la santidad; sea en el sentido que santo se hace aquel que se aleja del mundo, como una especie de súper hombre asceta, sea en el sentido de aquel que lucha dentro del mundo, como una especie de trabajador social. Santo es más allá de este tipo de simplezas y conjeturas. Como hemos insinuado anteriormente y lo recalca continuamente nuestra tradición eclesiástica, santo es simplemente el creyente consecuente; es aquel que intenta vivir correctamente como miembro de la Iglesia; significa que intenta mantener abierta la puerta de su psique frente a Dios y su semejante. Y esto se puede hacer yendo en un monasterio o permaneciendo al mundo, porque exactamente lo que se busca es el mantenimiento del Espíritu de Dios que el hombre lo toma con su entrada a la Iglesia a través del santo bautismo y la santa crismación (crisma) y no el lugar que uno elegirá para vivir.

El creyente cristiano que participa en la Divina Liturgia, que funciona en la Iglesia y en el cuerpo de Ella, es santo. Por eso en los primeros siglos cristianos, la palabra “santo” era locución fisiológica para los cristianos. ¿Y qué significa cristiano? Tal y como epigramáticamente nos lo dice san Juan el Clímaco: “Cristiano es aquel que imita a Cristo, dentro de los marcos de las capacidades y posibilidades humanas”. Por lo tanto, santo se convierte cada cristiano que camina sobre las huellas de la vida de Cristo, éste que sigue a Cristo así como Él lo pedía continuamente, -“sígueme” (Mt 8,22 y otros), esta era siempre Su llamada hacia cada discípulo Suyo; y como también a continuación sugerían los discípulos de Cristo a todos los hombres: “de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él; arraigados y sobre-edificados en él (Col 8,22). Exactamente lo mismo señalamos también a la lectura evangélica del Domingo de hoy: “He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido” (Mt 19,27).

Este seguimiento a Cristo crea la relación de amistad y agapi (amor desinteresado) entre el Cristo y los creyentes; y por un lado, la fuerza que tienen al mundo realmente es de Dios y opera a través de ellos, y , por otro lado, el honor que disfrutan en nuestra Iglesia, algo que parece que no lo entienden algunos grupos heréticos, precisamente porque no tienen las condiciones teológicas correctas, es decir, no aceptan el misterio de la relación de identificación que crea el Cristo con Sus propios fieles. “Pero vosotros (por los que yo me sacrifico) sois mis amigos y seréis siempre mis amigos si hacéis lo que yo os mando (Jn 15,14), dijo el Señor: “YoSoY la vid y vosotros los sarmientos. El que permanece unido en mí y yo en él, ése trae mucho fruto. Porque sin mí no podéis hacer nada. (Separados de mí, sin mi jaris o gracia que es mi energía increada, vivificadora, sanadora y salvadora no podéis hacer nada bondadoso) Jn15,5. En cambio el apóstol Pablo recalca el resultado de la relación con el Cristo: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Fil 4,13). Bajo estas condiciones, las características del santo, tal y como generalmente las recalcamos de lo que ha dicho el Señor y han enseñado los Apóstoles, es la fe y la obediencia a Dios, la agapi (amor desinteresado) sin límites al prójimo, la humildad como sentimiento y percepción de nuestra pecaminosidad e inutilidad.

Por lo tanto, el santo no es una existencia autonomizada e individualista. Al contrario, está dependiente plenamente de Dios, esto que se refiere “entre nosotros y a nosotros mismos y toda nuestra vida entreguémonos a Cristo Dios”. En una palabra, santo es el que está energizado, accionado por el Espíritu Santo. Pero esta energía increada y acción del Espíritu Santo depende de la receptividad del hombre, por lo tanto no de la donación del Espíritu Santo, la que es ilimitada: “pues Dios no da el Espíritu por medida (Jn 3,34)- el fiel toma la jaris (gracia, energía increada) de Dios, que quiere decir que el hombre es responsable exclusivo por su estado espiritual. El hombre que corresponde con agapi hacia la agapi increada de Dios, “ve”, disfruta en abundancia también la jaris de Dios en su existencia. Por otro lado, el hombre que duda y es infiel hacia esta agapi increada de Dios, vive la ausencia de la jaris (gracia, energía increada) o lo mínimo de ella en su existencia. Y esto justifica también la graduación que existe en la santidad. No todos son santos al mismo nivel de santidad. “Una es la gloria del sol, otra la gloria de la luna, y otra la gloria de las estrellas, pues una estrella es diferente de otra en gloria” (1Cor 15,41), nos afirma Pablo. En cambio el mismo Señor nos ha apocaliptado=revelado que: “En la casa de mi Padre hay sitio y muchas habitaciones” (Jn 14,2).  Existe, pues, como se dice correctamente “santo con alfa minúscula y Santo con Alfa mayúscula”.

¿Qué es lo que define la receptividad del hombre por la que estamos hablando? ¿De qué depende esta?

Según nuestra fe, es por el grado de la humildad del hombre. Cuando más grande es la humildad, tanto más grande es el espacio que se abre al corazón para el recibimiento del Espíritu Santo. Cuando existe menos humildad, tanto menos recibe el Espíritu de Dios. Y esto porque “el Dios resiste a los soberbios (1ªPed 5,5). Esto es obvio: la ausencia de la humildad manifiesta orgullo y egoísmo del hombre, por lo tanto falta de espacio en el corazón para el Dios. El yo humano es voraz y soberbio. ¡Qué Dios va a parar allí! Así que la humildad como lucha para eliminación del egoísmo y creación de condiciones de agapi (amor desinteresado) pone en sintonía al hombre con el Dios; es decir, revela también el grado de catarsis (sanación) de su corazón; por eso la humildad es considerada por nuestros santos también el criterio sobre la autenticidad de la fe en Dios y la agapi (amor desinteresado) por nuestro prójimo. En otras palabras, la base de todas las virtudes se considera la humildad -la fe y la agapi son calificadas como la condensación de todas las virtudes. Por consiguiente la humildad es el criterio de la santidad.

La tradición ascética de nuestra Iglesia nos narra que “una vez unos monjes visitaron a san Antonio. Tenían entre sí un monje joven que le elogiaron como hermano bueno. Antonio le ofendió a propósito y comprobó que aquel reaccionó y comenzó a excusarse. Entonces Antonio le aconsejó que tenga cuidado, porque exteriormente parece una ciudad bonita, pero por detrás están los ladrones al acecho”. Es decir, las autojustificaciones del joven monje fueron cruciales para el santo, de que este monje aún estaba trabajando en su egoísmo, puesto que es conocido que el hombre humilde evita las excusas, muchas veces hasta cuando tiene razón.

 El virtuoso, pues, no es tan santo como el humilde. Virtud sin humildad no significa nada. “A falta de conducta humilde todas nuestra obras son muertas y vanas” dice san Juan el Clímaco. Virtuosos se pueden encontrar en muchas partes, aún a los que están fuera del cristianismo, pero verdaderos humildes sólo en el espacio del cristianismo y sobre todo en la Iglesia Ortodoxa. “Humildad es una hazaña sólo de los ortodoxos, en los heterodoxos por muy que busques no la encontrarás”, dice san Juan el Clímaco. Por supuesto que el santo, como dijimos antes, está lleno de virtudes, pero no se jacta de ellas, porque las remonta al donador, al mismo Dios. Es decir, la virtud es fruto de la jaris (gracia, energía increada) de Dios y no de un intento humano autonomizado.

Después de lo anterior, está ya claro que no existe un grupo particular de personas, por las que se considera la santidad como un privilegio. El que nos convirtamos y hagamos todos santos es mandamiento y exhortación del Señor para todos nosotros. “Sed santos, porque yo soy santo (1Ped 1,16). La representación de Dios al hombre es la base teológica para el mismo pueblo común. “Y lo que a vosotros digo, a todos lo digo” (Mrc 13,37), afirmaba el Señor también a Sus discçipulos. Todos pues, estamos llamados a la santidad. Las repulsas de que “todo esto es para los monjes y los curas” o “¿qué, nos haremos santos?”, son solamente perversiones y muestran por lo menos la irresponsabilidad y la ignorancia de la Santa escritura y la Tradición de nuestra Iglesia. Cierto que hace falta recalcar otra vez que fuente de la santidad es el Dios Trinitario y el lugar de manifestación la Iglesia. Nosotros sólo por participación podemos convertirnos y hacernos santos. “Un santo, un Señor, Jesús Cristo” psalmodeamos en la Divina Liturgia, mientras en el Símbolo de la Fe confesamos que creemos “en una Iglesia santa, católica y apostólica”, la ortodoxa. Es decir, como la cabeza ontológicamente es santa, por eso nosotros también como miembros incorporados nos hacemos santos.

Así la santidad como relación viva de personas, Dios y hombre, no se juzga de los típicos puntos exteriores: vestimenta, corte de pelo etc. Si se juzgara así no se trataría de una relación viva sino típica jurídica y de apariencia. Es muy conocido el texto de la epístola de los primeros cristianos a Diognitos, que recalca claramente esta realidad. Los cristianos no se diferencian de los demás humanos, ni por patria terrenal, tampoco por el modo de hablar, ni por las costumbres y tradiciones. Porque no habitan en unas ciudades particulares, ni utilizan una lengua distinta… Sin embargo, mientras residen en ciudades helenas o bárbaras –allí donde cada uno se ha encontrado- y siguen las costumbres nacionales en ropa, nutrición y otros maneras aspectos de vida, el modo de vivir es verdaderamente admirable y paradójico”.

 Finalizando diría que: el santo es el lugar visible donde se revela el Dios al mundo, es la presencia sensible de la Realeza (energía increada) de Dios. A Dios así Le encontramos en los rostros de Sus santos, que también hoy existen muchísimos, basta que tengamos los ojos de nuestra psique abiertos para escucharlos y verlos. Si el antiguo filósofo heleno Heráclito había señalado que “la verdad ama a esconderse”, mucho más esto es válido para nuestra fe cristiana. Es decir, la santidad no es producto de publicidad, sino una realidad interior del corazón, que el Dios la manifiesta al mundo con la manera que Él escoge y quiere. El Domingo de Todos los Santos así nos hace preocuparnos cada vez sobre esta llamada de santidad, que sin ella nadie verá al Señor “Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor” (Heb 12,14). Especialmente hoy en día, con todo lo que sucede en el mundo y en nuestra patria, la santidad como perspectiva y propósito de nuestra vida es lo más necesario que puede haber para nosotros.

Padre Jorge Dorbarakis

Fuente: ΑΚΟΛΟΥΘΕΙΝ

Traducido por: χΧ jJ

DOMINGO DEL PENTECOSTÉS

 

Pentecostés

 

«El pentecostés festejamos…»

Diez días después de la Ascensión del Señor nuestra Iglesia celebra el acontecimiento del Pentecostés, entonces cuando el Espíritu Santo descendió y se enfusó en las cabezas de todos los discípulos de Cristo en Jerusalén. Con esta infusión empieza la historia de la Iglesia, por eso el Pentecostés constituye el cumplimiento de la promesa del Señor de que vendrá otro Paráclitos después de Su propia Ascensión, Quien permanecerá con Sus discípulos, enseñará y conducirá a toda la verdad (Jn 16,13).

Así que el Espíritu Santo viniendo al mundo “compone toda la institución de la Iglesia” y permanece en ella con su presencia permanente como psique-alma de la Iglesia. Esto significa que la Iglesia con la presencia permanente del Espíritu Santo vive un Pentecostés contínuo. Vida en Iglesia, pues, significa vida en Espíritu Santo, algo que se comprueba también en la enseñanza de la Iglesia, en su culto y en la vida ascética que no tiene nada que ver con el espíritu jurídico-formal judaico o de uso tendencioso por varios grupos protestantes, sino libertad, agapi (amor increado), súplica y oración.

Así que la experiencia del Espíritu Santo y la participación de Sus donaciones, deben constituir los elementos de la vida de todos los miembros de la Iglesia; es decir, en realidad cada uno de sus miembros, si es correctamente miembro, debe estar encontrándose en un estado de continua sorpresa, en un camino de crecimiento espiritual, “de doxa=gloria en doxa (luz increada)”. Exactamente porque es partícipe del infinito Dios-Espíritu Santo. De esta manera el creyente se convierte en miembro espiritual de la Iglesia. Hombre espiritual no es considerado tal y como lo entiende mucha gente: el hombre de estudios, de artes, el científico, el poeta y el actor. Más bien se puede considerar también éste como espiritual, pero no con el espíritu cristiano del término:  éste se ocupa del espíritu mundano y no con el Espíritu Santo. Para los Cristianos hombre espiritual es el que tiene experiencia del Espíritu Santo, en aquel que el Espíritu de Dios habita en él. “Mas vosotros no vivís según la carne, no sois materialistas, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él (Rom 8,9). Y san Crisóstomo observa sobre esto que el hombre se llama espiritual “por la energía increada de Espíritu”.

Pero hablando sobre la participación del Espíritu Santo en el espacio de la Iglesia, hablamos de un acontecimiento que remite directamente al mismo Cristo. La vida en Espíritu Santo es la vida en Cristo. Esto ocurre porque a Cristo Le conocemos en el grado que el Espíritu Santo dentro en Iglesia Le apocalipta=revela en nuestros corazones.  Si el Espíritu de Dios no operara en nuestro interior y no nos iluminara, el Cristo podría haber realizado Su obra sanadora y salvadora del mundo, pero permanecería un desconocido y ajeno de nosotros. Aquella obra general de Cristo que le hace familiar y nuestro, es la tercera persona de la Santa Trinidad, el Espíritu Paráclitos (Consolador, Orador), el Cual el Señor ha mandado al mundo después de Su subida a los Cielos. Así el Espíritu Santo operó la constitución de la Iglesia de Cristo como cuerpo vivo Suyo. Tal y como lo dijo, además, consolando a Sus discípulos: “Pero yo os digo la verdad, os conviene que yo me vaya. Porque si no me voy, el Paráclitos, Consolador no vendrá a vosotros, pero si me voy, os lo enviaré (Jn 16,7).

Así que el hombre se introduce en la Iglesia, esencialmente llamado por el Mismo Dios –“Nadie puede venir a mí, si el Padre que me envió no lo atrae (con su jaris-gracia increada). Y yo lo resucitaré en el ésjato-último gran día del juicio” (Jn 6,44)- e introducido por el santo bautismo y la santa crismación participa de las energías increadas de Dios, que son servidas por el Espíritu Paráclitos después de la Ascensión de Cristo, y Le apocaliptan=revelan al corazón del hombre, en el sentido que le incorporan dentro de Él haciéndole miembro de Cristo. Y el hombre siendo hecho miembro de Cristo, después de este Pentecostés personal suyo, es conducido de manera natural ante el Dios Padre. Por eso también el Apóstol Pablo apunta: «Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu» (1Cor 12,3); como también el mismo Señor apocaliptó=reveló que: «YoSoY el camino, la verdad y la vida; nadie puede venir al Padre sino es por mí» (Jn 14,6). Desde esta perspectiva entendemos que nuestro Dios es Dios del orden y no del desorden, lo mismo también la sanación y la salvación del hombre tiene carácter Tríadico y esto significa que Teología, Pnevmatología (espiritualidad), Eclesiología y Sotiriolgía en la fe ortodoxa van juntas y cualquier disgregación los revela que son heréticos o están conducidos a la herejía. Uno ahora, entiende pues, por qué san Serafín de Sarof recalcaba que “el propósito de la vida espiritual es la adquisición del Espíritu Santo”. Porque el que tiene el Espíritu Santo tiene el Mismo Dios Triádico.

Así que la pregunta que surge es: ¿cómo se obtiene el Espíritu Santo? Cierto que nuestro pensamiento va inmediatamente en los misterios, como hemos insinuado anteriormente. Porque estos son las cumbres de las que proviene la jaris (gracia, energía increada) de Dios a los fieles. Pero los misterios no operan en los hombres de modo mágico positivamente. Se requiere la participación y el esfuerzo de ellos. Y aquí uno se introduce a la pura vida espiritual ascética. La vida ascética, como lucha personal del hombre, es una condición para que sean accionados los misterios hacia la salvación y sanación del hombre y no resulten “en condena”. Por supuesto con la observación de que esta lucha no se hace con la ausencia del Espíritu Santo. La jaris (energía increada) de Él, nos da también la capacidad de la vida ascética. “Así que no depende, ni es obra del que quiere, ni del que corre y se esfuerza, sino de Dios que tiene misericordia” (Rom 9,16).

¿Entonces qué nos enseña la tradición bíblico-patrística de nuestra Iglesia, sobre el tema de la adquisición del Espíritu Santo y los secretos de la vida ascética? Es que uno puede obtener la jaris (gracia, energía increada) de la presencia del Espíritu Santo y por consiguiente tener en su interior a Dios, si lucha legalmente. Y legalmente significa –por supuesto con la ayuda de Dios- empezar la lucha de su catarsis (sanación, purgación) de sí mismo, de los llamados pazos malignos, especialmente del principal pazos el egoísmo (o egolatría), con sus ramas, hedonismo, avaricia, codicia y vanagloria. Así la lucha ascética está concertada; el creyente está llamado a transformar la filaftía (egolatría) en filoteía (amigo de Dios) y filantropía (amigo del hombre); es decir, en agapi (amor desinteresado), por eso también en la posición de los hijos de la egolatría pone la contrición, autodominio, la caridad, la buena disposición y la humildad. A la medida que esta lucha eclesiástica se hace de manera correcta, es decir, por la conducción de nuestros santos y los cristianos con más experiencia, principalmente de nuestro padre guía espiritual, la filaftía (egolatría) se elimina, nuestro corazón se sana, se limpia y la posición de ella la toma, como hemos dicho, la jaris (gracia, energía increada) de la agapi increada Dios. Pero donde está la agapi allí está también el Dios, es decir, el hombre llega al punto de ser la residencia de Dios.

Este estado que sigue la catarsis (sanación) del corazón del hombre, donde la jaris increada de Dios empieza a dominar en su interior, nuestros santos lo han llamado iluminación y a continuación zéosis o deificación. Por eso muchas veces escuchamos sobre los estadios de la vida espiritual: catarsis, iluminación y zéosis. Está claro que sólo el primer estadio se relaciona especialmente con el intento ascético personal, allí donde el creyente manifiesta su preferencia y buena voluntad para promover su relación con el Dios. A pesar de que también este estadio se realiza con el refuerzo de Dios, el segundo y el tercero son considerados como regalos de Dios, por los que el creyente no debe preocuparse en absoluto y ponerlos como visión y destino. El creyente debe tener como visión su relación con el Dios, lucha en el mandamiento básico de Cristo que es la agapi, con la que sana y limpia su corazón y deja “libre” a Dios a ofrecer lo que quiere y cuando quiere los regalos de Su presencia, la iluminación y la zéosis.

Por eso, finalmente el elemento más esencial de la vida espiritual es la paciencia. El hombre que comienza la vida espiritual y exige rápidamente adquisición de carismas de Dios, ya ha puesto su mina explosiva. El Dios no es un juego de manera que nosotros podamos organizarle Sus acciones, sino Dios omnipotente y toda bondad, que domina absolutamente todo, conociendo a todos hasta su último fondo. Así que la desesperación finalmente es una señal de una psique atormentada, que en realidad manifiesta la incredulidad del hombre y la presencia del mal astuto.

La fiesta del Pentecostés nos revela una vez más la grandeza de nuestra fe, puesto que estamos llamados al crecimiento infinito de la participación del Espíritu de Dios y también simultáneamente nos muestra las dificultades que existen a causa de nuestros pecados y debilidades. Pero es responsabilidad nuestra corresponder a esta llamada, que consiste en la llamada más alta que existe en este mundo: para que seamos y convirtamos en “coherederos de Cristo” (Rom 8,17).

Padre Jorge Dorbarakis

Fuente: ΑΚΟΛΟΥΘΕΙΝ

Traductor: xX.jJ

 

¿Qué es el Espíritu Santo, y qué da al hombre?

 

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El soplo o aliento del santo Espíritu 

El Espíritu Santo es el Dios, la tercera persona de la Santa Trinidad, omnipotente como el Padre y el Hijo. El Espíritu Santo da la psique, vivifica, inspira y fortalece las criaturas. Éste da vida a los animales, nus (espíritu humano) a los hombres y a los cristianos la vida superior, la espiritual. Éste ilumina al hombre y le ayuda a entrar en la realeza increada de los cielos.

El Espíritu Santo se da a cada uno de nosotros no según el valor de las buenas obras, sino gratis, de acuerdo con la misericordia de Dios para la sanación y salvación nuestra.

A continuación veremos qué regala al hombre el Espíritu Santo.

1. Cuando el Espíritu Santo habite dentro del hombre, le da fe e iluminación. Sin el Espíritu Santo nadie puede tener una fe verdadera y viva. Sin Su iluminación, hasta el hombre más sabio y con estudios está ciego, sobre las obras de Dios y Su creación. Al contrario, el Espíritu Santo puede iluminar interiormente hasta el hombre más analfabeto y simple, apocalipatarle=revelarle inmediatamente las obras de Dios y ofrecerle el sabor dulce de Su realeza (estado en energía increada). El hombre que tiene en su interior el Espíritu Santo, siente en su psique una luz inusual (increada) que era totalmente desconocida para él.

2. El Espíritu Santo genera al corazón del hombre la verdadera agapi. La verdadera agapi, la increada, es como un fuego puro, una fuente de calor que calienta el corazón. Es una raíz que germina dentro del corazón todas las obras buenas. Para el hombre que se ha vivificado de la verdadera agapi (amor energía increada), la divina, nada es difícil, nada es terrible o imposible. Para éste ninguna ley es pesada y ningún mandamiento inaplicable. Todo le es fácil.

La fe y la agapi increada que el Espíritu Santo regala al hombre, son armas tan grandes y potentes que regala en sus manos, que si las tiene, puede fácilmente recorrer con alegría y serenidad el camino que ha andado el Cristo.

3. El Espíritu Santo incluso da fuerza al hombre para resistir las tentaciones del mundo. Así, por supuesto que utiliza los bienes terrenales, pero como viajante de paso, sin pegar su corazón en ellas. Al contrario el hombre que no tiene en su interior el Espíritu Santo por muchos estudios e inteligencia que tenga, permanece siempre esclavo y cautivo del mundo.

4. El Espíritu Santo da al hombre también sofía-sabiduría. Esto lo vemos sobre todo en los Apóstoles, que antes de recibir el Espíritu Santo eran hombres analfabetos y simples, pero después nadie podía resistirlos sobre la sabiduría y la fuerza de sus logos.

El Espíritu Santo regala sabiduría hombre no sólo en las palabras, sino también en sus praxis. Así, por ejemplo, aquel que tiene el Espíritu en su interior, siempre encontrará tiempo para sus sanación y salvación, incluso hasta dentro del ruido del mundo.

5. El Espíritu Santo regala la verdadera alegría, la felicidad del corazón y la paz inquebrantable. El hombre que no tiene en su interior el Espíritu Santo, no puede alegrarse verdaderamente y sentir la paz que endulza la psique. Es verdad que a veces de alguna manera se alegra, pero esta alegría es momentánea, no estable. Ocasionalmente se divierte, pero estas diversiones suyas, son siempre vanas, vacías, sin sabor y sentido y después le domina una tristeza aún mayor. De vez en cuando está sereno, pero esta serenidad no es una paz espiritual de la psique sino un letargo. Y ¡ay de aquel que no intenta y no quiere despertar de este letargo!

6. El Espíritu santo da también la verdadera humildad. El hombre, aún hasta el más gnóstico, no puede conocerse a sí mismo, si en su interior no tiene el Espíritu Santo. Porque sin la divina ayuda no puede ver el estado real de su psique. ¡Si es honesto y hace algún bien a sus semejantes, cree que es justo o en comparación con los demás se cree que es perfecto y no necesita nada más!

El Espíritu Santo cuando habite en nuestro interior, nos apocalipta=revela toda nuestra pobreza y debilidad. Y entre nuestras virtudes, proyecta todos nuestros pecados, nuestra negligencia y nuestra indiferencia para la sanación y salvación de los demás, aún nuestro interés propio aún hasta allí donde parecemos magnánimos, nuestra gruesa egolatría hasta el punto que jamás lo imaginaríamos. El Espíritu Santo en frases cortas y pocas palabras nos lo muestra todo, tal como realmente son. Entonces empezamos a adquirir la verdadera humildad y empezamos a perder la confianza en nuestras fuerzas y virtudes. Entonces empezamos a considerarnos los peores de todos los demás humanos. Así con humildad ante el Jesús Cristo, empezamos la metania (introspección, conversión, arrepentimiento y confesión) de verdad y tener esperanza sólo en Aquel.

7. El Espíritu Santo finalmente nos enseña la verdadera oración. Realmente nadie puede hacer oración agradable a Dios sin antes recibir el Espíritu Santo. Porque si empieza a orar sin tener a su interior el Espíritu Santo, verá que su mente y nus no se pueden concentrar. Además, no conoce, cómo es debido, ni así mismo, ni sus necesidades, tampoco cómo y qué va a pedir de Dios. Más bien no sabe ni lo qué es el Dios. Pero el que tiene en su interior el Espíritu Santo, conoce a Dios, ve que Él es su Padre y sabe cómo acercarse a Él, cómo va a rogarle y qué Le pedirá. Sus pensamientos en la oración están bien ordenados, claros y atentos sólo al Señor. Un hombre así puede con su oración conseguirlo todo, incluso mover montañas.

He aquí, pues, lo qué regala el Espíritu Santo en aquel que Lo ha recibido. Veis que sin la ayuda y la sinergia del Espíritu Santo, es imposible no sólo para entrar en la realeza (estado en energía increada) increada celeste, sino no podemos hacer ni un paso hacia el camino que conduce allí. Por eso es imprescindible que anhelemos y pidamos el Espíritu Santo; es imprescindible adquirirlo y tenerlo siempre en nuestro interior, tal y como Lo tenían los apóstoles.

San Inocencio de Moscú

Fuente: http://agathan.wordpress.com

Traducido por: χΧ jJ

Los Santos Padres sobre el Domingo del Pentecostés

 

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San Gregorio Palamás en su homilía sobre la fiesta del Pentecostés interpretando el porqué el Espíritu Santo apareció en figura de lenguas, sobre todo candentes, apunta que: «para demostrar que es consustancial (la misma naturaleza) que el Dios Logos, la segunda persona de la Santa Trinidad; porque no existe nada más cercano y familiar al logos que la lengua. Simultáneamente también para la jaris de la enseñanza; porque el maestro en Cristo necesita la lengua con jaris (energía increada) y elegancia. ¿Pero por qué con lenguas candentes? No sólo para lo consustancial del Espíritu con el Padre y el Hijo, porque nuestro Dios es fuego que devora la maldad, sino también para la dualidad de la energía del kerigma de los Apóstoles; debido a que puede a la vez beneficiar y castigar, y, como el fuego tiene la cualidad de iluminar y quemar, así también el logos de la enseñanza en jaris (energía increada) de Cristo, a los que le obedecen los alumbra y a los desobedientes los quema y los entrega finalmente al fuego».

San Juan el Crisóstomo hablando sobre el mismo tema dice: «Hace diez días ascendió la naturaleza humana al trono de Dios y hoy ha bajado el Espíritu Santo en ella. Para que nadie dude y se pregunte ¿qué ha hecho el Cristo cuando ha subido al cielo? ¿Quizás nos ha reconciliado con el Padre? ¿Quizás lo ha hecho para reconciliarnos? Queriendo demostrarnos que ha reconciliado el género humano, inmediatamente nos ha enviado los regalos para nuestra reconciliación. Nosotros hemos mandado la fe y hemos tomado del cielo regalos, hemos mandado obediencia y hemos recibido justicia»

San Nicolás Kabásilas escribiendo sobre la Divina Liturgia dice: «El Espíritu Santo es la fuerza que ha armado a los Apóstoles de arriba, según el logos del Señor: “Permaneceos en la ciudad de Jerusalén hasta que seáis revestido con fuerza de lo alto”. Esto es la obra de aquella bajada; porque el Espíritu no ha bajado sólo una vez y después nos ha abandonado para siempre. El Señor no sólo ha enviado el Espíritu, sino que el mismo prometió que permanecerá con nosotros hasta el final del siglo. Pero el Paráclitos está presente invisiblemente, en cambio el Señor se ve y se ofrece tocar con los terribles misterios.»

San Filareto de Moscú, en su homilía sobre el Domingo del Pentecostés dice: «Después de la caída del hombre, y realmente el hombre no pudiendo estar en situación de aguantar la luz increada, “se escondió del rostro del Señor Dios” y el Dios se retiró, se escondió del hombre, por el miedo que el transgresor fuera destruido por Su divina presencia. Entonces fue cuando Aquel realmente siendo Uno en Tres Personas, por la indecible misericordia hacia el hombre perdido, le acercó con sucesivas apocalipsis=revelaciones, de modo que “la jaris (gracia, energía increada) del Señor Jesús Cristo y la agapi (increada) de Dios y la kinonía-comunión del Espíritu Santo” pueda crecer y por una vez más elevar al hombre caído… Debemos ver la bajada del Espíritu Santo no sólo como un milagro que ha glorificado la Iglesia Apostólica, sino como un acontecimiento que está vinculado esencialmente con nuestra sanación y salvación »

San Nicolás Velemírovits escribe sobre esta fiesta: «El Espíritu Santo no es violento como el hombre, que entra inesperadamente en casa ajena sin ser invitado. Sólo entra en casas que tienen la puerta abierta con buena voluntad y disposición, allí donde lo tienen como algo querido, como un visitante que esperan hace tiempo. Los apóstoles le esperaban con intenso anhelo. Y el Espíritu Santo descendió en ellos y los hizo Su residencia. No bajó en ellos con un ruido amenazante sino con clamor de alegría. Hermanos míos, ¿sepan que el Espíritu Santo se alegra y deleita mucho con indescriptible alegría cuando encuentra psiques puras, que tienen abiertas las puertas de sus psiques y le anhelan! En ellas construye su morada con un llanto de alegría y les regala Sus ricas donaciones»

Fuente: ΑΚΤΙΝΕΣ

Traductor: xX.jJ

Interpretación ortodoxa del pasaje: “Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia»

Petros

Cuando el Señor y Sus Discípulos llegaban “en la región de Cesarea de Filipo” (Mt 16,13), según san Mateo, preguntó a los Apóstoles a responderle qué opinión tenían los hombres sobre Él. “Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas” (Mt 16,14). “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?” (Mt 16,15), volvió a preguntarlos el Señor. Entonces en esta pregunta respondió el Apóstol Pedro y dijo: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (Mt 16, 16). Entonces el Señor por esta respuesta se alegró y girando hacia la parte de éste, dijo: “Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo apocaliptó=reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo también te digo, que tú eres Πέτρο (petro) Pedro, y sobre esta «πέτρα petra piedra» (roca) edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella” (Mt 16,17-18).

De los logos anteriores se ve claramente que el apóstol Pedro habló en nombre de todos los Discípulos y a causa de esta iniciativa y otras similares es calificado por los santos Padres como “el notable de los Apóstoles”, “exarca”, “líder” etc.

El que con la palabra «πέτρα petra piedra» el Señor daba a entender la confesión de Su deidad, se hace claro también por el género femenino de esta palabra. Es decir el Señor no dijo “en ti « Πέτρο (petro)Piedro» edificaré mi Iglesia”,  sino en esta «πέτρα petra piedra» que antes has confesado sobre mi deidad se edificará la Iglesia y por esta razón será inquebrantable en los siglos”. Se hace, pues, claro que la «πέτρα petra piedra» por la que habló el Señor era la fe en Sus logos divinos y generalmente en Su naturaleza divina.

Los santos Padres en la palabra «πέτρα petra piedra» vieron la confesión de la deidad del Señor, sobre la que se sostuvo la Iglesia, que exactamente por esta razón es inquebrantable e invencible en los siglos (7). (A. Pitsilkas dice: “la verdadera«πέτρα petra piedra» de la fe y la vida, es la fe, creencia en la divina naturaleza del Señor”.

San Cirilo dice: “Creo que con la palabra«πέτρα petra piedra»  debemos entender la fe inquebrantable de los Apóstoles”. 

San Hilario, obispo de Pointié dice: “«πέτρα petra piedra» es también la bendita piedra única de la fe, que fue confesada por la boca de san Pedro; sobre esta piedra de la confesión de fe fue cimentada la Iglesia”.

Como dice san Jerónimo: “El Dios fundó Su Iglesia sobre esta«πέτρα petra piedra» y de esta«πέτρα petra piedra» el Apóstol Πετρος (petros)=Pedro tomó su nombre”.

San Juan el Crisóstomo comenta: “Sobre esta«πέτρα petra piedra» edificaré mi Iglesia, es decir, sobre la fe de la confesión, ¿cuál fue la confesión del Apóstol? « Tú eres Cristo el hijo del Dios viviente» (S. J. Crisóstomo homilía 53)“.

San Ambrosio de Milano, san Basilio de Seluca y los santos Padres del 4º Sínodo Ecuménico de Calcedonia enseñan exactamente lo mismo.

San Agustín el mayor santo de los latinos, escribe: “¿Qué significan las palabras «sobre esta πέτρα petra piedra edificaré mi Iglesia?» Significan que sobre esta fe, sobre estas palabras: “Tú eres el Cristo el hijo de Dios viviente”. “Sobre esta«πέτρα petra piedra» de tu confesión edificaré mi Iglesia. Por lo tanto la«πέτρα petra piedra» era el Cristo”. La opinión de san Agustín sobre este pasaje famoso era también la opinión de toda la Cristiandad en su época.

¿Por qué hemos referido todo esto? Porque desgraciadamente este pasaje sobre la«πέτρα petra piedra» ha sufrido una flagrante mala interpretación de parte de los heréticos papistas y latinos.

Una de las innovaciones, cacodoxías falsedades y herejías del Papismo es también la famosa primacía notoria del poder o jurisdiccional del papa. Según la enseñanza oficial del Papismo, el obispo de Roma tiene el altísimo y universal poder sobre toda la Iglesia, en todo lo ancho y largo de la tierra, supera todos los demás obispos a quienes aprueba, elige, examina y gobierna. Se considera a sí mismo la cabeza de la Iglesia, la piedra angular y el sucesor inmediato del Apóstol Pedro, principal entre los Apóstoles, pero no en honor, sino revestido de poderes supremos sobre la Iglesia. Esto es dogma para el Papismo, lo cual se ha hecho contenido intocable durante el 1º sínodo vaticaneo el año 1870.

Para sostener y justificar la incoherencia, la cacodoxía falsedad y la herejía de la primacía papista, entre otras cosas (donaciones pseudoisidoreas y pseudoconstantineas, de falso Isidoro y falso Constantino), proclaman también el pasaje anterior (Mt 16,18-19) que hemos analizado. Según los papistas, el Señor ha calificado como «πέτρα petra piedra» al Apóstol Πέτρο (petro) Pedro, haciendo con el nombre un juego de palabras, que es la piedra angular de la Iglesia, el que tiene las llaves del cielo y la caja fuerte de la Jaris (gracia). Y puesto que el papa es el sucesor del Apóstol Pedro, por justicia divina, hereda también todo lo de Pedro. El Apóstol Pedro administra y gobierna todo en la Iglesia como un monarca, por lo tanto, como monarca y soberano de la Iglesia es también su sucesor, el papa.

¿Pero dónde se ve y se da a entender que el Apóstol Pedro es la piedra angular de la Iglesia y el único banquero de la Jaris del Espíritu Santo? En ninguna parte. Como hemos dicho, tanto el Señor y el Nuevo Testamento como también el acuerdo de los Santos Padres (consensus partum), dicen que la roca y «πέτρα petra piedra» angular es el Cristo.

La incoherencia y la inexistencia de la perspectiva sobre la primacía del poder del Apóstol Pedro, se demuestra también de los siguientes hechos:

1. En el Sínodo Apostólico, que se reunieron en Jerusalén el año 49 dC, el presidente era Santiago, la opinión de él sobre la circuncisión de los nacionales fue aceptada por todos los Apóstoles. Si Pedro tuviera la primacía del poder sería el presidente del Sínodo Apostólico no Santiago, y los Apóstoles aceptarían la opinión de Pedro y no la de Santiago. Pero no se hizo así.

2. En el episodio del altercado entre los Apóstoles Pedro y Pablo en la cuestión de la circuncisión de los nacionales, finalmente predominó la posición de Pablo, retirándose Pedro. Si el Apóstol Pedro tuviera la primacía del poder, entonces impondría monárquicamente su opinión y se retiraría. Pero no fue así.

3. Durante el Pentecostés, vemos que el Espíritu Santo se sentó en forma de lenguas candentes en la cabeza de cada uno de los Apóstoles por igual y de manera uniforme. En todos los Apóstoles fue repartida la misma lengua. Si Pedro tuviera la primacía del poder, entonces el Espíritu Santo debería sentarse exclusiva y solamente a la cabeza de Pedro sin haber iluminado a los restantes once, o alguna lengua debería ser mayor y desigual que las restantes y sentar a la cabeza de Pedro. Pero no fue así.

4. Cuando el Cristo hablaba a Sus Discípulos sobre Su Pazos-Pasión, su muerte por la Cruz, sepultura y Resurrección, entonces Pedro pensando humana y mundanamente, comenzó a regañar a Cristo y trató de persuadirle y hacerle cambiar de actitud para evitar que el Señor pasara por la amargura de la Cruz y la muerte. Pero entonces, Pedro recibió de nuestro Señor un calificativo muy estricto y duro: «¡Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres (Mt 16,23).» ¡El mismo Señor llama a Pedro Satanás y escándalo! Si Pedro tuviera la primacía del poder, entonces el Señor no lo calificaría así, sino que debería hacer caso a Pedro para evitar así la muerte por la Cruz. Pero, no se hizo así.

5. Es conocida la triple negación del Apóstol Pedro, pero también su metania (arrepentimiento, introspección y confesión) con lágrimas y su restablecimiento Apostólico por el mismo Señor. Si el Apóstol Pedro tuviera la primacía del poder no haría falta su metania y restablecimiento en su axioma apostólico. Debería permanecer sin metania como Judas, y fuera de Cristo. Pero no fue así.

6. La tradición de la Iglesia testifica que Madre de todas las Iglesias (Ortodoxas) es Sión, Jerusalén y no Roma, a causa de la acción de Jesús Cristo. “Χαίρε (jere) alégrate santa Sión, Madre de las Iglesias” (3º tropario de la gran víspera del Sábado). Si Pedro tuviera la primacía del poder, entonces Madre de todas las Iglesias debería ser Roma. Pero no ocurre así.

La interpretación diferente de estos logos por los papistas se debe en el intento de ellos a justificar intencionadamente la caída de los papas en la cloaca de la vanagloria, la arrogancia, el orgullo demoníaco y el egoísmo luciférico, que es tan grande de manera que sea calificada por san Justino Pópovits como la cuarta caída en la historia, después de las caídas de Satanás, de Adán y de Judas.

En conclusión, las posiciones ortodoxas aceptadas por la Iglesia al respecto son las siguientes:

1. El Jesús Cristo ha dado a los Apóstoles exactamente el mismo poder que dio a san Pedro.

2. Los Apóstoles nunca reconocieron en la persona de san Pedro como observador de Jesús Cristo y como maestro infalible de la Iglesia.

3. San Pedro nunca se consideró como papa y nunca actuó de la manera que actúan los papas.

4. Los Sínodos de los cuatro primeros siglos, reconociendo la posición altísima que tenían los obispos de Roma, daban al obispo de Roma la primicia del honor, pero nunca la primicia del poder, jurisdicción o competencia.

5. Los Santos Padres, en el famoso pasaje: “tú eres Πέτρο (petro) Pedro, y sobre esta «πέτρα petra piedra» (roca) edificaré mi iglesia”, nunca consideraron que encontraban el sentido de que la Iglesia fue edificada sobre Pedro (super Petrum); consideraban que sobre la πέτρα petra piedra (súper petram), es decir, sobre la confesión de fe del Apóstol Pedro.

A pesar de la clara y cristalina esneñanza de la Iglesia Ortodoxa sobre la cuestión de la primacía, por un lado el Papa permanece impenitente, no se arrepiente reclamando poder universal, propone e impone la “unión de las Iglesias” bajo el modelo tipo de la Unía. Es decir, hacerse una “unión tipo unítica (como los unitas), donde cada iglesia mantendrá y no cambiará de tradiciones, usos y costumbres, (sin importar si estas cosas están de acuerdo con la Παράδοση (parádosi) Santa Entrega y Tradición, la Santa Escritura, el Evangelio, los Sínodos Ecuménicos, los Santos Cánones, los santos Padres y sus escritos), sino que reconocerá la primacía del poder del Papa en toda la tierra rememorándole en los oficios y los dípticos y todo dependerá de él. El Papa podrá cambiarlo y transformarlo todo. Sólo dos cosas no puede dejar y separarse de ellas: la primacia y la infalibilidad.

Sin embargo los Ecumenistas Ortodoxos a través del diálogo teológico entre Ortodoxos y Papistas, proyectan el reconocimiento de la primacia papista, intentan hacer una mezcla pura entre la institución sinodal y la primacía papista y hablan de μετασυνοδικότητα (metasinodikótita) tras o meta-sinodal. Más concreto, el metropolita de Pergamo Ziziulas copresidente junto con Kurt de la comisión mixta sobre el diálogo teológico entre ortodoxos y papistas, quien estos días se encuentra en el Vaticano para la fiesta de los Apóstoles Pedro y Pablo, junto con el obispo de Sinope Atenagoras y el archimandrita Pródromo Xenaki, predican la herejía de la eclesiología eucarística. La “eclesiología efjarística” es calificada y presentada como el caballo de Troya, mediante el cual se unirá la mayor parte de los miembros de la Iglesia Ortodoxa con el Vaticano. (La herejía de la eclesiología efjarística está vinculada con la Primacía del Papa). Ziziulas desarrolla la teoría herética de la santidad de la primacía del Papa, que la secularizada Ortodoxia no podía comprender. El mismo había dicho que: «factores secularizados que entonces dominaban la secularizada Ortodoxia, no la permitieron ver la santidad de la primacía” y “la Iglesia tiene necesidad de primacía papista”. También el metropolita de Sinope, Lampriniades, había desarrollado la eclesiología “tras o meta -sinodal” nacida de los latinos. El mismo sostiene que: “La negación de una primacía en la Iglesia Ortodoxa, una primacía que sólo puede encarnar un Primero -por lo tanto un Obispo, quien tiene el privilegio de ser el primero entre los hermanos obispos- consiste en una herejía. Es inadmisible que por costumbre se dice que la unión entre Ortodoxos es asegurada por una fe y culto comunes o por la institución del Sínodo Ecuménico. Ambos factores son impersonales, mientras que en nuestra teología ortodoxa el principio de unidad no es la esencia divina, sino la Persona del Padre, así también al nivel eclesiológico, en la Iglesia local, el punto de unidad no es el sacerdocio o el culto común, sino la persona del Obispo. Por lo tanto a nivel ortodoxo universal, el principio de unidad no puede ser sostenido sobre una idea o institución, sino en una persona, si claro está, queremos permanecer coherentes y consecuente en nuestra teología24. ([24] “No somos más sabios que los santos Padres”, sinaxis (reunión) de Clérigos y Monjes para la refutación de la argumentación del Ecumenismo. En la ciudad de Tríkala 2-12-2011).

El propósito y objetivo es la proyección del anticristo Papa como líder político y religioso, quien a su vez entregará el poder del mundo al Anticristo. ¿A quién seguiremos y con quién iremos? ¿Con el Papa y el Anticristo o con el Cristo y Pedro? ¿Con la bestia o con el Cordero? El resultado final y la victoria pertenece al Cordero Degollado.

En Pireo 28-6-2013  

Protopresbítero Ánguelos Anguelakópulos

Traducido por: χΧ jJ 

 

DOMINGO DE LOS PADRES DEL I SÍNODO ECUMÉNICO

 

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EVANGELIO DE JUAN Capítulo 17

La oración sacerdotal del Señor 1-26

1. Estas cosas dijo Jesús a sus Discípulos, luego alzando sus ojos hacia el cielo, dijo: «Padre, ha llegado la hora; glorifica a tu hijo, para que tu hijo te glorifique a ti. 

1. Así habló Jesús a sus discípulos. Luego alzando sus ojos hacia el cielo, dijo: «Padre, ha llegado la hora de la pasión y sacrificio que tu sabiduría ha definido; Glorifica a Tu Hijo también sobre su naturaleza humana, quien como hombre camina hacia su sacrificio, para que tu Hijo te glorifique junto con las multitudes innumerables, quienes por el sacrificio redentor creerán en ti y se salvarán.

2 Y por el poder que tú le has dado sobre todos los hombres, él dé vida eterna a todos que le has confiado. 

3 Esta es la vida eterna, que los hombres te conozcan a ti, único verdadero Dios y al que tú has enviado Jesús Cristo.

3 Esta es la vida eterna, que los hombres te conozcan a ti, único verdadero Dios (con tres hipostasis-personas) y al que tú has enviado Jesús Cristo (con dos naturalezas y voluntades). Y con esta gnosis ellos progresen espiritualmente, disfrutando de tus infinitas perfecciones en comunión y colaboración estrecha con la agapi-amor hacia ti;

4 Yo te he glorificado en la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste a realizar.

4. Yo con mi vida y mi obra te he glorificado en la tierra. He dado a conocer tu nombre a los hombres y por mi sacrificio que dentro de poco ofreceré en la cruz, la obra que me has encomendado realizar la he llevado a cabo.

5 Y ahora, Padre, glorifícame tú junto a ti con la gloria que tenía contigo, antes que el mundo existiese.

6 He revelado tu nombre a los hombres que de este mundo me has dado (como discípulos míos.) Tuyos eran, y tú me los confiaste; y ellos han guardado la enseñanza de tu logos que yo les revelé.

7 Ahora han aprendido bien y conocen perfectamente que todo cuanto me diste proviene de ti.

8 Porque les he comunicado los logos y las enseñanzas que tú me diste, y ellos las han aceptado. Ahora conocen con toda certeza que yo nací y salí de ti al mundo, y ya están convencidos que tú me enviaste.

9 Yo ahora especialmente, (como gran sacerdote y mediador,) te ruego por ellos; No te ruego para el mundo (el pecaminoso e infiel), sino para los que me diste, porque no dejan de ser tuyos.

10 Además, todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y yo he sido glorificado en ellos (y ellos me han conocido como Hijo tuyo y Dios.)

 11 Yo ya no estaré entre ellos con mi cuerpo en este mundo, pero ellos están en el mundo (para cumplir su gran misión) y yo mientras voy hacia ti. Padre santo guarda con tu poder y energía a los que me has confiado, para que sean unidos en uno, como nosotros, (un cuerpo espiritual).

12 Cuando yo estaba con ellos en el mundo, yo los protegía y guardaba con tu poder y energía; tú me los confiaste, y ninguno se perdió, sino sólo el hijo de la perdición, para que la profecía de la Escritura se cumpliese.

13 Pero yo ahora vengo hacia ti, y digo estas cosas cuando todavía estoy en el mundo para que tengan la plenitud de mi alegría.

14 Yo les he dado la enseñanza de tu logos. Y el mundo del pecado los odió, porque por sus conductas y virtudes ya no son de este mundo pecaminoso, como tampoco yo soy de este mundo, (y no tengo ninguna relación con el mundo del pecado.)

15 No te pido que les saques ahora de este mundo, sino que les protejas del astuto maligno que inspira y domina este mundo.

16 Ellos no ya no son, no provienen del mundo, como tampoco yo soy de este mundo.

17 Santifícalos en tu verdad. Tu logos es verdad.

17. Con la iluminación y renacimiento que da tu verdad, conságralos ya fijos en tu obra. El logos tuyo es siempre la verdad absoluta y pura.

18 Como tú me enviaste al mundo, así también yo los he enviado al mundo para continuar mi obra.

19 Y yo por ellos me santifico, para que también ellos sean consagrados en la verdad.

19. Y yo para la gracia de ellos me ofrecí a ti como sacrificio y me consagré, para que ellos también con mi sacrificio al cual participarán, sean consagrados con la verdad.

20 Pero no te ruego sólo por éstos, sino también por los que han de creer en mí por las enseñanzas de los logos de ellos.

21 Para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti, también que sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado.

21. Te ruego por todos ellos sean un cuerpo espiritual unidos en la agapi y la solidaridad. Padre, tal como tú estás unido en mí y yo en ti, porque tenemos la misma usía-esencia, lo mismo te ruego para que ellos también sean uno mediante la unión, conexión y comunión que tendrán con nosotros; para que el mundo viendo el milagro de la unidad, crea que tú me has enviado.

22 La ilimitada doxa (gloria y jaris) que me has dado (como humano), yo les he dado, para que sean uno, así como tú y yo somos uno.

22. También como hombre, me has glorificado, puesto que por mí naturaleza humana les has revelado mi divina, como unigénito Hijo tuyo pleno de jaris y verdad. Y esta gloria de filiación que también diste a mi naturaleza humana, yo la he dado a ellos. Les he regalado el poder de adopción y les he hecho coparticipes de nuestra vida divina, para que entre ellos sean uno, como lo estamos nosotros.

23 Yo en ellos y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado.

23. Yo viviendo dentro de cada uno de ellos, tal como tú vives dentro de mí, para que estén perfeccionados en un cuerpo espiritual y que el mundo viendo este milagro de unidad, conozca y crea que tú me has enviado al mundo y que a ellos les has amado como a mí.

24 Padre, quiero los que tú me has dado estén conmigo donde yo estoy, para que vean y disfruten de mi doxa (gloria y jaris) que me has dado antes de los siglos y me has amado antes de la creación del mundo.

25 Padre justo, aunque el mundo no te ha conocido, yo sí que te conocí y éstos mis discípulos conocieron que tú me has enviado. 

25. Padre justo, a pesar de que el mundo no te ha conocido a causa de su maldad, pero yo te he conocido claramente hasta el punto que ningún otro hombre te ha conocido ni te conocerá. Y estos, mis discípulos escuchando mi enseñanza y viendo mis obras se informaron ya claramente y creyeron que tú me has mandado en el mundo. Por eso son dignos de tu paternal  agapi y protección.

26 Y les di a conocer tu nombre, y se lo daré conocer aún, para que la agapi-amor con que me has amado esté en ellos y yo en ellos.

26. Y yo les he dado a conocer a tu nombre y mediante el Espíritu Santo haré que sea aún más conocido en ellos; de modo que la infinita agapi-amor que me has amado esté dentro en la psique de ellos y sientan claramente que yo estoy dentro de cada uno de ellos y en todos juntos, de manera que constituyan un cuerpo espiritual conmigo.

 

DOMINGO DE LOS PADRES DEL I SÍNODO ECUMÉNICO

 

“Αὕτη ἐστίν ἡ αἰώνιος ζωή, ἵνα γινώσκωσί Σε τόν μόνον ἀληθινόν Θεόν καί ὅν ἀπέστειλας ᾽Ιησοῦν Χριστόν” (᾽Ιωάν. 17,3)

Esta es la vida eterna, que los hombres te conozcan a ti, único verdadero Dios y al que tú has enviado Jesús Cristo (Jn 17.3).

 

La lectura evangélica del Domingo de los Padres es parte de la oración sacerdotal del Señor, la que dirigió hacia Su Padre Celeste un poco antes de Su captura en el patio de Getsemaní. El Señor se refiere a la terminación de Su obra sobre la tierra y por consiguiente el cumplimiento de Su misión que le ha confiado el Dios Padre, que no era otra que la sanación y salvación de los hombres; un acontecimiento, que según Sus palabras, consiste también en la doxa=gloria de Dios. Las dimensiones reales de esta obra de Cristo, que revelan Su consubstancialidad con Su Padre, intentaron guardar, mantener y engrandecerlas los santos Padres de la Iglesia, sobre todo el I Sínodo Ecuménico en Nicea el año 325 dC; cuando aparecieron los heréticos, es decir, dudas, retadores y distorsionadores del mismo Cristo; teniendo como dirigente supremo al cura Arriano; quienes ni más ni menos quisieron rebajar a Cristo al nivel de lo creado y por lo tanto poner en duda la sanación y salvación del hombre. Sin duda la condición de esta duda era la exaltación demoníaca de la lógica de los herejes por encima de Cristo y Su apocalipsis=revelación; ¡algo que significaba que con la herejía se sopesaba el logos humano con el Divino! Aquel logos del Señor que nos conduce sobre todo al entendimiento de Su misión y de su naturaleza teándrica divino-humana es el siguiente: “Esta es la vida eterna, que los hombres te conozcan a ti, único verdadero Dios y al que tú has enviado Jesús Cristo” (Jn 17,3).

1. Es cierto que no es la primera vez que el Señor habla sobre la vida eterna. Constantemente se refiere a ella, incluso es considerado el propósito de búsqueda también de los judíos en el Antiguo Testamento. Recordemos por ejemplo, el acercamiento de aquel maestro de la ley, que puso al Señor exactamente esta problemática: “¿Señor, qué tengo que hacer para ganar la realeza (increada) eterna?” (Lc 10,25). Problemática que da motivo al Cristo decir también la conocida parábola del buen Samaritano.

La vida eterna, pues, emerge como la ilusión o visión del Antiguo Testamento, pero también el propósito de la misión del Señor, tal y como nos deja a entender también el logos del Mismo en el Evangelio de hoy: “1. Estas cosas dijo Jesús a sus Discípulos, luego alzando sus ojos hacia el cielo, dijo: «Padre, ha llegado la hora; glorifica a tu hijo, para que tu hijo te glorifique a ti. 1. Así habló Jesús a sus discípulos. Luego alzando sus ojos hacia el cielo, dijo: «Padre, ha llegado la hora de la pasión y sacrificio que tu sabiduría ha definido; Glorifica a Tu Hijo también sobre su naturaleza humana, quien como hombre camina hacia su sacrificio, para que tu Hijo te glorifique junto con las multitudes innumerables, quienes por el sacrificio redentor creerán en ti y se salvarán. 2 Y por el poder que tú le has dado sobre todos los hombres, él dé vida eterna a todos que le has confiado (Jn 17,1-2).

2. El Señor se apresura a aclarar qué significa vida eterna: No se trata de otra vida que se extiende después de la de aquí, en este mundo. Tampoco sobre continuación de ella sin final y muerte. Estas compresiones se oyen y se dicen, pero son falsificaciones, porque perpetúan el estado del mundo caído al pecado y principalmente no tienen en cuenta para nada la acción sanadora y salvadora de Dios en Cristo al mundo, por lo tanto son compresiones de incredulidad, sin fe. La vida eterna, según el Señor, está compuesta directamente con Él: es el conocimiento de Dios por el hombre y del mismo Cristo como enviado de Dios. “Esta es la vida eterna, que los hombres te conozcan a ti, único verdadero Dios y al que tú has enviado Jesús Cristo (Jn 17.3).

3. Este conocimiento no tiene un carácter racionalista, es decir, no se trata de un tema del cerebro sobre unas informaciones que mueven las capacidades intelectivas del hombre; este tipo de conocimiento existe y funciona, pero cuando hablamos sobre cosas del mundo presente. Este conocimiento-gnosis por el que habla el Señor se adquiere de la relación personal del hombre con Aquel; que quiere decir que la vida eterna la vive y experimenta el hombre que ha aceptado la llamada de Cristo para seguirle y participar así en la vida propia de Él. Gnosis-conocimiento “es consubstanciación”, diría el profundo nus filosófico de san Gregorio de Nicea, hermano de san Basilio. Es decir, uno debe participar a Dios, comulgar con Él para poder decir que Le conoce. Y esta gnosis como comunión con el Dios que manifiesta la presencia de Aquel en el hombre consiste exactamente la vida eterna. En otras palabras la vida eterna es la misma vida de Dios, la energía increada de Su jaris (gracia), la que puede vivir el hombre que creerá en Cristo con sus límites personales de la psique y del cuerpo.  La condición para esto, según el Señor, es el cumplimiento de Sus santos mandamientos. El hombre que en fe aplicará Sus mandamientos, y sobre todo el mandamiento de la agapi (amor desinteresado), comprobará “por sus propios ojos” la agapi (amor increado) de Dios y Su alojamiento dentro de Él. Entonces empíricamente, por experiencia conocerá a Dios. Esto lo ha apocaliptado=revelado el Señor y ha invitado a cada fiel Suyo a “experimentar” en sí mismo para comprobarlo. “El que afirma que le conoce y no cumple sus mandamientos, es un mentiroso y la verdad no está en él” (1Jn 2,4).

Desde este punto de vista la gnosis de Dios que es cuestión del corazón, le hace abrirse tanto, de modo que pueda vivir la vida eterna dentro de los marcos asfixiantes en el aquí y ahora; es decir, como hemos dicho, lograr la jaris (gracia energía increada) de Dios, y convertirse y hacerse el mismo increado. “…y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí (Gal 2,20), según el testimonio del apóstol Pablo. Y esto es el misterio de la vida cristiana: te toma el Cristo y te hace uno con Aquel y mientras parece que haces la misma vida que los demás, tú te has convertido un dios pequeño, “dios en cuerpo y carne” según la expresión de un Padre de la Iglesia. Por consiguiente uno entiende que esto que llamamos vida está más allá de lo que nos señalan los sentidos. Vida puede ser la vida eterna: la vida de Dios dentro en el hombre, pero puede ser también una necrosis que simplemente parece vida.  Como en el caso donde el Señor dice para aquellos que no le siguieron y los calificó de vivos muertos: “Deja a los muertos que entierren sus muertos” (Mt 8,22).

5. Es innecesario, por supuesto, recordar que esta vida que nos llama el Señor, uno puede vivirla dentro en Su cuerpo vivo que es la Iglesia; porque allí como miembro de este cuerpo, se hace capaz de cumplir Sus santos mandamientos. Fuera de la Iglesia el hombre no sólo se incapacita de cumplir los mandamientos de Cristo, sino que los considera como tontería. ¿Qué hombre “lógico”, no cristiano consideraría como natural, por ejemplo, la agapi al enemigo? El mismo Señor dijo que “sin mí no podéis hacer nada” (Jn 15,5). Pero esto significa que la gnosis-conocimiento fuera de la Iglesia es imposible como también la profundidad de la vida de Dios –la misma vida eterna- no es factible.

Los Padres de nuestra Iglesia y en concreto los 318 del I Sínodo Ecuménico intentaron asegurar esto: la apocálipsis=revelación de Cristo, la vida de la Iglesia, la vida eterna dentro de esta vida, la sanación y salvación del hombre como relación pragmática con el Dios en Cristo. Por eso los alabamos y veneramos y los rogamos que veneren por nosotros, de modo que permanezcamos en la misma jaris que ellos, es decir, en la jaris (gracia, energía increada) de nuestro Dios Triádico.

παπα Γιώργης Δορμπαράκης      Padre Jorge Dorbarakis

Fuente: ΑΚΟΛΟΥΘΕΙΝ

Traducido por: χΧ jJ