La Metamorfosis del Señor Jesús Cristo y del hombre

 

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Una de las grandes fiestas de llamadas Soberanas es la Metamorfosis (transformación) del Señor: Allí en el monte Tavor el Señor habiendo llevado consigo sus alumnos puntales, Pedro, Juan y Jacobo, se metamorfoseó, transformó ante ellos; es decir, Su cara  brilló como el sol, Sus vestimentas se hicieron blancas como el sol y a lado Suyo aparecieron los profetas Moisés y Elías; mientras que se escuchó de arriba, del cielo, la voz del Dios Padre diciendo: “Este es mi hijo amado, a Él escuchad y obedeced”. Toda esta teofanía, que por supuesto recuerda la escena del Bautismo del Señor, se realizó dentro de una nube que sobreiluminó a los discípulos, quienes no aguantando el espectáculo han caído al suelo; mientras tanto en un momento Pedro, “sin saber lo que decía”, viendo a Moisés y a Elías conversar con el Señor, Le dijo: “Señor es bueno que nos quedemos aquí”. Después de un rato, este impactante espectáculo y escucha se terminó, y el Señor llevando consigo los deslumbrados discípulos, les dijo que no dijeran nada hasta el momento que resucitaría de los muertos, prediciéndoles también los acontecimientos de Su Pazos-Pasión.

Uno diría que de este acontecimiento tenemos una teología condensada de nuestra Iglesia sobre la naturaleza de Jesús Cristo, sobre el propósito y finalidad de Su humanización, sobre la renovación del mundo entero y sobre Su relación con el Antiguo Testamento, temas por los cuales se han ocupado nuestros Padres especialmente en el siglo 14º; y sobre todo el gran Padre y Didáscalos san Gregorio Palamás; entonces fue dado el motivo por los heréticos, quienes aparecieron y alteraron la teología de la Iglesia; temas que nuestra Iglesia siempre los vive y los proyecta en su vida espiritual. Algunos de estos temas comentaremos a continuación:

En principio debemos aclarar que esto que recalca nuestra Tradición Patrística: La Metamorfosis de Cristo es una realidad de Metamorfosis (transformación) de los mismos discípulos: el Cristo siendo siempre Dios y hombre, teniendo sus dos naturalezas unidas “inconfundiblemente, inalterablemente, indivisiblemente e inseparablemente” en Su una divina hipostasis-personalidad, no cambia nunca: permanece siempre el Mismo. Al acontecimiento, pues, de la Metamorfosis no toma algo que no tenía, sino es lo que era y lo da “parcialmente” para verlo y sentirlo también a Sus tres discípulos. Y lo que les apocalipta=revela es Su doxa=gloria (luz de luces increada). Hasta entonces los discípulos vivían y percibían al Señor como hombre y sobre Su procedencia divina poquísimas cosas percibían y sentían. En el monte Tavor el Espíritu de Dios como nube los sobreiluminó y abrió sus ojos espirituales y los hace, convierte en capaces de ver con los ojos reconstruidos el resplandecimiento divino, la “Luz increada” de Cristo (tenemos también sentidos espirituales que funcionan no análoga con la relación que tenemos con el Dios). La Metamorfosis pues, es la Metamorfosis (transformación) de los discípulos que con otros ojos vieron los impactantes acontecimientos al monte Tavor, es decir, a Cristo en Su dimensión divina. Esta realidad constantemente la proclama nuestra Iglesia, diariamente, entre otras cosas cuando señala: “En Tu luz (increada), Señor, contemplamos la luz (increada)”. Solamente cuando el hombre recibe la luz increada de Dios, entonces puede ver la luz increada de Dios. El hombre “ve” según con lo que tiene en su interior.

2. Como hemos dicho, lo que han visto los discípulos era lo que podían aguantar. Según el contakio (maitines) de la fiesta: “En la montaña te has metamorfoseado, y a la medida que cabía en Tus discípulos contemplaron Tu doxa=gloria”. Y es obvio que: El hombre es limitado y el Dios ilimitado. Por lo tanto el hombre, como también los ángeles y toda la creación, no solo no pueden participar de la esencia increada de Dios –esto es sólo de la Santa Trinidad- sino que puede ver y participar en esto que llamamos energía increada de Dios o de otra manera de Su Jaris o Doxa o Luz (increadas), pero parcialmente, a medida que el hombre aguanta. Pero esto que recibe de Dios como dación de Su jaris es lo máximo, lo más alto para aquel. Si recibiese algo más le “mataría” y le “destruiría”. “Porque nadie puede ver a Dios y vivir”.

3. ¿Por qué el Señor quiso darles esta jaris de ver Su doxa=gloria divina (increada)? Porque después de poco seguirán los acontecimientos de Su Pazos-Pasión, por lo tanto, los discípulos debían entender que el Pazos era voluntario y elección del Dios humanizado para sanar y salvar el género humano levantando su pecado sobre la Cruz. Tal y como nos señala otra vez el contakio: “Para que Te vean crucificado y entender que tu Pazos es voluntario y para predicar al mundo que tu verdaderamente eres un destello del Padre”. El Cristo “debería padecer”, porque el pecado del género humano era de tal manera que sólo el logos, el kerigma no era capaz de sanar y salvar a los hombres. Debería padecer el mismo Dios en carne, cosa que manifiesta la tragedia que se había caído la humanidad, pero también lo infinito que es de la agapi increada de Dios ante ella.

4. Dentro de la luz del resplandecimiento de Dios y la visión de la persona de Cristo, los discípulos conciencian también la perspectiva del hombre, después de la venida de Aquel. Tal y como Cristo se manifestó, como sol matinal, así nosotros también durante Su Segunda Presencia cuando seguimos a Cristo. No olvidemos que el Cristo ensomatizó (incorporó) al hombre en Sí Mismo, algo que se opera desde entonces a través del santo bautismo y se vive creciente dentro en la Iglesia por los misterios y la aplicación de Sus logos, mandamientos; y esta ensomatización (incorporación) le ha hecho Su miembro, es decir, Su propia proyección, por lo tanto, lo que Aquel vive, esto es y será vida también de los hombres creyentes.

Cuando san Gregorio Palamás y los Padres de los Sínodos del siglo 14º recalcaban la realidad de la participación a la luz increada de Dios en analogía de lo que ha ocurrido al monte Tavor con los tres discípulos, ya desde esta vida, imaginémonos pues la incomprensible participación del creyente en esta luz increada después de Su venida por segunda vez, cuando el hombre no sólo como psique, sino con el cuerpo también participará en Aquel. Entonces brillarán los santos como el sol, igual que ha brillado el Cristo. Con la Metamorfosis pues se apocalipta=revela también la grandeza de la perspectiva del hombre, esto que nuestros Santos llaman «θέωση zéosis o glorificación».

5. En esta divinizada situación de participación a la luz increada de Cristo vemos que se renueva junto con el hombre también la misma naturaleza. ¿Cómo lo vemos esto? A través de las vestimentas. Ellas brillaron y se convirtieron blancas como la nieve. Es decir la jaris increada de Cristo traspasó de una manera también a las cosas materiales; esto es una señal de la participación también, tal como dijimos, de la naturaleza a la doxa=gloria increada de Dios. Y esto porque la naturaleza no es algo inferior y por eso marginada, sino que en la fe cristiana ortodoxa esta también se revaloriza, encontrando su lugar real: ser el ayudante del hombre para su sanación y salvación. La naturaleza pertenece a Dios y la ha dado al hombre para que sea el espacio de su casa, que significa que con la naturaleza aspiraba al hombre como su rey. El hombre, pues, ha caído al pecado y cayó también la naturaleza. Con la apocatástasis (restablecimiento) del hombre en Cristo, se restablece también la naturaleza. “La esperanza de la naturaleza, nos dice el apóstol Pablo, es que con la salvación del hombre se salve también aquella”. Así que la Metamorfosis es una potente respuesta a todos aquellos que querían y quieren ver al cristianismo como una pnevmatocracia (poder de espiritualismo sin el Espíritu Santo) o como un idealismo, por la depreciación y la negación de la naturaleza.

6. Pero en el monte Tavor aparecieron también Moisés y Elías, personas del Antiguo Testamento que habían vivido siglos antes de Cristo. ¿Qué significa esto? Primero, que el Señor es Soberano de la vida y la muerte. El hecho que los discípulos ven estos santos muertos o ausentes de este mundo desde tan antigua, es una demostración latente de que estos viven en Dios. La muerte no es el final de la existencia humana. El hombre depone su cuerpo, pero su psique por la jaris increada de Dios continua viviendo. Y este cuerpo, del mismo modo que ha traído la dinámica de la resurrección del Señor, será resucitado para unirse con la psique otra vez. La muerte, pues, con el Cristo se ha convertido en simple paso que nos conduce en los brazos de Cristo mucho más intensamente e inmediatamente, pero: “cara a cara”. Una prefiguración de este acontecimiento es también la presencia de estos profetas al monte Tavor. Y por otro lado: se manifiesta que el Señor es el centro también del Antiguo Testamento.  El Antiguo Testamento, que se recapitula a la Ley y los Profetas –Moisés y Elías- consiste en la primera apocalipsis=revelación de Cristo, con la culminación de Su venida en el Nuevo. Antiguo y Nuevo constituyen un acontecimiento único e uniforme que nadie puede separar sin distorsionar a los dos. La Metamorfosis pues, da la respuesta también a este tema. El Antiguo Testamento tiene carácter cristocéntrico. El Señor es el significado también de aquel.

La teología de la Metamorfosis del Señor, como dijimos desde el principio, recapitula toda la vida espiritual de la Iglesia. Apocalipta=revela además del Cristo también al hombre en su perspectiva. Pero presupone esto que requieren todos los acontecimientos de la Iglesia: preparación del hombre para recibir la riqueza que ella contiene. Es decir, nunca un acontecimiento espiritual se ofrece al hombre sin que este pueda aguantarlo espiritualmente. Igual que una comida riquísima no se puede dar a un bebé, de la misma manera la riqueza de la jaris (energía increada) de Dios que se recalca en la Metamorfosis requiere al cristiano ortodoxo de mayoría de edad. Por eso también nuestra Iglesia “tiembla” ante el entusiasmo del joven, es decir, de los jóvenes que escuchan sobre la “luz increada” creen que sin esfuerzo, fácilmente pueden conseguirla. Y desgraciadamente los resultados son trágicos. Los llamados “naufragios jóvenes” no son sólo cuestión de ética, desgraciadamente también cuestiones espirituales. Y aquello que muy claramente nos da las condiciones de vivir la donación de la jaris de la Metamorfosis es el himno que dice: Relumbrémonos también nosotros de las divinas alteraciones de la Metamorfosis, abrazándola con dulzura. Teniendo nuestro corazón como montaña alta, sanado de los pazos veremos la Metamorfosis de Cristo iluminar a nuestro nus. La catarsis de nuestro corazón por la metania, (introspección, arrepentimiento, penitencia y confesión), cumplimiento y aplicación de los logos, mandamientos de Cristo, es una condición para ver nosotros también la luz increada de Cristo brillar en nuestro interior. Así sea, amín.

παπα Γιώργης Δορμπαράκης 

Padre Jorge Dorbarakis

Fuente: ΑΚΟΛΟΥΘΕΙΝ

Traductor: xX.jJ

Domingo 7º de Mateo – Terapia de dos ciegos y un endemoniado

 

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Mateo 9, 27-35 Domingo 7º

27 Pasando Jesús de allí, le siguieron dos ciegos, dando voces y diciendo: ¡Ten misericordia de nosotros, Hijo de David!

28 Y llegado a la casa, vinieron a él los ciegos; y Jesús les dijo: ¿Creéis que puedo hacer esto? Ellos dijeron: Sí, Señor.

29 Entonces les tocó los ojos, diciendo: Conforme a vuestra fe os sea hecho. Y los ojos de ellos fueron abiertos.

30 Y Jesús les encargó rigurosamente, diciendo: Mirad que nadie lo sepa.

31 Pero salidos ellos, divulgaron la fama de él por toda aquella tierra.

32 Mientras salían ellos, he aquí, le trajeron un mudo, endemoniado.

33 Y echado fuera el demonio, el mudo habló; y la gente se maravillaba, y decía: Nunca se ha visto cosa semejante en Israel.

34 Pero los fariseos decían: Por el príncipe de los demonios echa fuera los demonios.

35 Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio de la realeza (increada), y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.

 

«Ἐν τῷ ἄρχοντι τῶν δαιμονίων ἐκβάλλει τὰ δαιμόνια»

«Por el príncipe de los demonios echa fuera los demonios»

Dos milagros proyecta hoy la lectura evangélica: el milagro de la terapia de dos ciegos y el de un endemoniado. Los milagros consisten en una provocación positiva o negativa, para todas las épocas. Es algo que comprobamos en la lectura evangélica de hoy, pero también en nuestra época, incluso en los considerados cristianos. Por eso un pequeño enfoque sobre el tema quizás nos ayude un poco al entendimiento de los milagros. De hecho, la reacción de los Fariseos, «por el príncipe de los demonios echa fuera los demonios», nos da un motivo especial.

1. En principio la realidad de los milagros de Cristo es indudable, salvo en algunos casos, puesto que los realizaba ante la multitud de gente, donde se encontraban también muchos de sus enemigos y contrarios, como los Fariseos de la lectura de hoy. Eran tan claros estos milagros, de modo que ninguno podía negarlos, ni siquiera estos Fariseos, quienes se dedicaban a interpretarlos a su manera. Realmente los milagros fueron la rutina diaria de la vida terrenal de Cristo. Tal y como apunta también el Evangelio de hoy: «Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio de la realeza (increada), y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo». Kerigma y milagros van juntos siempre, cuando hablamos sobre el Señor. Por eso el milagro se considera en realidad extensión y confirmación de Su kerigma. Quizás es algo parecido con el sello de un documento que acredita su autenticidad.

Así se ve muy claramente que todos los intentos que se hicieron antiguamente de protestantes estudiosos de la Santa Escritura, para desmitificar, como decían, el Evangelio, es decir, describir como mito el milagro del kerigma de Cristo, cayeron al vacío: alteraron dramáticamente el mismo Evangelio y pervirtieron la persona de nuestro Señor Jesús Cristo. Pero de heréticos que no creen a la deidad de nuestro Señor, uno no espera cosas buenas. Incluso en estos, sin embargo, hoy las cosas han cambiado.

2. Así que el milagro, como muy bien se ha calificado, se entiende como “la ventana que revela la Realeza increada de Dios”, en cambio desde el principio se ha afrontado de una manera doble, algo que nos relata la lectura evangélica en cuestión: y por un lado el laós=pueblo sencillo “se maravilló” por el milagro de Cristo, considerando como única Su presencia, por otro lado los Fariseos reaccionaron dando plena negación e infidelidad en sus interpretaciones sobre los milagros de Cristo: «Por el príncipe de los demonios echa fuera los demonios» ¿Qué significa todo esto?

(a) El laós=pueblo se maravilla, porque con su sencillez cree que el milagro manifiesta exactamente la presencia de Dios: justo lo que apenas acabamos de decir anteriormente. Y la postura del pueblo fiel y sencillo es por regla general la doxología, alabanza del nombre de Dios. Esto también constituye el criterio sobre el discernimiento entre los verdaderos y los falsos milagros que por supuesto existen, pero proviniendo de fuerzas demoníacas: el milagro que proviene de Dios, el verdadero, moviliza al hombre benevolente con buena y libre voluntad hacia lo referente a Dios; el “milagro” de los demonios, el falso, además que tiene un carácter temporal, produce miedo y trata de esclavizar al hombre al maligno espíritu. Uno trae “oxígeno” de libertad del Espíritu de Dios y el otro lleva al “ahogamiento” de la presencia demoníaca.

(b) Los Fariseos reaccionan y dudan no aceptando la energía increada de Dios en la persona de Jesús Cristo. Se descubren pues, como ciegos espiritualmente, como muchas veces el Señor los había calificado. Porque la debilidad de reconocer la jaris (gracia, energía increada) de Dios en la presencia y acción de Cristo, es decir, la debilidad en ver la luz increada de Dios, significa oscuridad de sus psiques, que por supuesto la crean los espíritus malignos. El diablo es el que detiene cerrados los “ojos” de los hombres, por supuesto que a causa de sus operativos pazos, orgullo y odio. Este estado es el que el Señor lo ha calificado como blasfemia al Espíritu Santo. ¿Quién otro blasfema el Espíritu de Dios sino el que niega aceptar Su energía increada, por lo tanto el ametanoizado, impenitente? Y el Señor dijo las palabras más duras y terribles sobre esta situación: Nunca este recibirá el perdón de Dios en este mundo tampoco en la eternidad.

El hecho que con su interpretación los Fariseos se descubren ellos mismos como dominados por el demonio se confirma multíplicemente hoy, incluso fuera de la fe cristiana. La misma psicología, ya desde el principio de su aparición ha hablado sobre el fenómeno de la “proyección”, es decir, el fenómeno en el cual uno interpreta lo que ve a base del contenido de su corazón: lo que tiene en su interior y “ve”, lo proyecta, también a los demás. Los Fariseos pues, lo que tenían en sus corazones –los demonios- esto veían también en el Cristo.

3. El milagro, pues, para retornar en el tema, requiere la fe del hombre, cuando este tiene la buena intención y voluntad en su corazón y la mala astucia no ha distorsionado su psique. La fe que se requiere para la aceptación del logos de Dios, la misma se requiere también para la “visión” del milagro. No es casualidad que el Señor, como se ve también de la terapia de hoy de los dos ciegos, pide siempre la fe de los hombres como confianza a Su persona, a fin de proporcionar Su jaris (gracia, energía increada) terapéutica. Sin embargo el Señor va más allá: “Conforme a vuestra fe os sea hecho”. Es decir, veréis mi fuerza energizada en proporción de vuestra fe. Gran fe, grande milagro y grande la divina presencia. Poca fe, también falto de resultado. En este caso las personas que se convierten en guías para la gran fe y sus señales son el ecatóntarco-centurión Romano que pedía la terapia de su esclavo y la mujer Cananea que pedía la psicoterapia de su hija.

4. Y sin duda es conocido en todos que esta fe que trae la presencia operativa de la jaris (increada) de Dios y mueve también montañas, existe y aumenta a proporción que el hombre es introducido en la órbita de la agapi (amor, energía increada) , la voluntad fundamental de Dios para éste. Cuanto uno ama y lucha para expulsar y borrar de su corazón cualquier amargura y maldad contra sus semejantes, incluso hasta sus enemigos, tanto verá a supurar también su fe; por lo tanto, el milagro se convertirá en uno con su existencia. Realmente la vida de todos nuestros santos, a causa de la gran fe de ellos energizada como agapi, el milagro era el elemento de sus vidas naturales en sus vidas cotidianas.

παπα Γιώργης Δορμπαράκης      Padre Jorge Dorbarakis
Traductor: xX.jJ

La Metamorfosis de Cristo

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San Gregorio Palamás, homilía 34: En la venerable Metamorfosis de nuestro Señor y Dios y Salvador Jesús Cristo. (Lc 9:28-36. Mt 17:1-9 y Mc 9:2-8).

1    Nosotros también, mientras contemplamos y admiramos esta grandiosa obra de Dios, es decir, la creación visible, la admiran y elogian también, mientras la investigan, los sabios de los Helenos. Pero nosotros lo hacemos para alabar al creador, pero ellos contra la gloria del creador, porque de forma miserable han adorado la creación en vez del creador. Así nosotros clarificamos y refinamos los logos de los profetas, de los apóstoles y de los santos padres, para beneficio de los lectores y alabanza del Espíritu que habló a través ellos. Los jefes de la mala astuta y maligna herejía de cada tiempo también emprenden a interpretarlos, pero para perjuicio de sus seguidores, violando la verdad contra la piedad y el respeto, utilizando logos del Espíritu contra el Espíritu. Y al mismo logos de la jaris del evangelio que es alto y adecuado para oídos y dianias (mentes o cerebros) maduros, los Padres teoforos (portadores de la divina luz increada), lo hacen adecuado para los imperfectos. Así de esta manera ablandecen y refinan con sus bocas los logos, exactamente como las madres afectuosas mastican la comida dura y la hacen blanda y bien masticable también para los niños lactantes. Porque el líquido que está en los cuerpos de las madres se hace comida para los niños, también los conceptos que están en los corazones de los padres teoforos se hacen comida adecuada para las psiques de los oyentes convencidos; Las bocas de los mal-astutos y kakodoxos están llenas de veneno mortal, que si se mezcla con los logos de la vida se convierten también estos en mortales para los oyentes que escuchan con imprudencia y sin atención.

2   Pues, alejémonos de los que no aceptan las explicaciones e interpretaciones patrísticas y emprenden solos a introducir sus contrariedades; y por un lado con palabras del texto fingen que las utilizan y por otro niegan y rechazan el concepto piadoso y respetuoso; sobre todo alejémonos como cuando uno se larga de la serpiente. Porque cuando la serpiente muerde mata el cuerpo antes del tiempo separándole de la psique inmortal; pero aquellos, tomando con sus dientes la misma psique, la separan de Dios, que es la eterna muerte de la psique inmortal. Larguémonos pues y evitemos como sea de este tipo de hombres e introduzcámonos en los que enseñan las cosas respetuosas, piadosas, sanadoras y salvadoras, porque están de acuerdo con las tradiciones patrísticas.

3   He dicho ahora estas palabras e hice esta introducción para vuestra agapi (amor desinteresado), porque hoy festejamos la venerable metamorfosis de Cristo y nuestro logos sea para la luz increada que se observó en ella, de la que se hace mucha guerra en contra, aún hoy, por los enemigos de la luz increada. Proponemos, pues, por lo anterior el texto evangélico que se ha leído para el desarrollo del misterio y la demostración de la verdad: “Seis días después tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, su hermano, y los llevó aparte a una monte alto a solas; y se metamorfoseó ante ellos y su rostro resplandeció y brilló como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la luz” (Mt 17.1-2). Este evangelio, pues, debemos de examinar primero; es decir, ¿después de qué día enumera los seis días el apóstol de Cristo y evangelista, después de los cuales llegó el día de la metamorfosis del Señor? ¿Qué día pues? Después de aquel, durante el que el Señor enseñando a sus alumnos, decía que se trataba de que vendría el Hijo del hombre dentro de la doxa-gloria de su Padre, y añadió: “…que hay algunos de los están aquí, los cuales no saborearán la muerte hasta que vean al Hijo del Hombre viniendo en su realeza” (Mt 16,28). Doxa del Padre y Su realeza, llama aquí la luz increada de su metamorfosis. Esto lo muestra y expone claramente también el evangelista Lucas cuando dice: “Aconteció como ocho días después de estos logos y tomando a Pedro, Juan y Santiago y subió al monte a orar; y mientras él oraba, el tipo y el aspecto de su rostro cambió en otro y sus vestidos se volvieron de una blancura resplandeciente. (Lc 9,28).

 4   ¿Pero cómo concuerdan entre sí ellos, puesto que uno dijo claramente ocho los días entre la promesa y la epifanía y el otro después de seis días? Escuchad y percibid. Encima de la montaña había ocho y se veían seis. Primero estos tres Pedro, Santiago y Juan que habían subido con Jesús: ellos allí vieron que se encontraban y hablaban junto con él también Moisés y Elías, de forma que estos son seis. Pero, junto al Señor coexistían invisiblemente también el Padre y el Espíritu Santo (el Paráclitos); el primero testificando con su voz que este es Su hijo bienamado, el segundo co-resplandeciendo con la nube iluminante y mostrando lo innato e unificado de la luz increada del Hijo, tanto hacia este como hacia el Padre; porque la riqueza es innata y la exaltación del esplendor uniforme. Así pues los seis son ocho. Tal y como el número seis para ellos no tiene ningún desacuerdo con el ocho, tampoco los evangelistas están en desacuerdo, cuando uno dice “después de seis días”, y Lucas por otro lado dice “han pasado más o menos ocho días después de estos logos; pero también con estos logos nos ha dado una especie de tipo místico de los reunidos en la montaña y a la vez apocalíptica (revelativa) y clara.

5   De todos modos uno podría ver, examinando bien al pie de la letra, que la confesión de los evangelistas es la misma. Como Lucas dijo ocho días, no está en desacuerdo con aquel que dijo después de seis días, sino que comprende también el día por el cual se han dicho estos logos y también el día que se ha metamorfoseado el Señor. Estas cosas exactamente permite a comprender también Mateo para los que examinan con sensatez; por eso, con la preposición “después” que expresa el siguiente, él la utilizó y el otro la omitió; porque no dice después de ocho días como aquel que dijo después de seis días, sino que han pasado más o menos ocho días. Así en el concepto histórico de los evangelistas no hay ninguna diferencia.

6   Pero por el aparente desacuerdo entre ellos, nos indica también otro secreto grande. Por eso los que sois refinados y perspicaces en la diania (cerebro, mente, inteligencia) prestar atención en las cosas que se van a decir. ¿Por qué de verdad uno dijo después de seis días y el otro pasó también el séptimo y dijo el octavo? Porque el gran espectáculo de la luz increada de la metamorfosis del Señor es misterio del octavo día, es decir, del futuro siglo, que se refiere después de la cesación del mundo que se hizo en seis días y la superación, trascendencia de nuestro sentido que funciona exádicamente (o seisavamente); Porque tenemos cinco sentidos y añadiéndose en ellos el logos oral como sentido constituye la sextava energía de nuestro instinto, (sentido). La anunciada realeza increada de Dios no sólo es suprasentido, sino también logos supremo; por eso después de la buena inenergización, inoperancia de estos cometidos el valor lo fructifica el séptimo día y el octavo con la fuerza o potencia de la energía increada superior reaparece la realeza increada de Dios. Y esta potencia del divino Espíritu, por la que se ve por los dignos la realeza increada de Dios, mostrando el Señor, a sus alumnos predijo, según san Lucas: “…que hay algunos de los que están aquí, los cuales no saborearán la muerte hasta que vean al Hijo del Hombre viniendo en su realeza” (Lc 9,27); Es decir, dando a los visionarios la fuerza de ver las invisibles, pre-sanándoles de la corrupción mortal y la siniestralidad de la psique que es el pecado; Pero el sabor del pecado es el principio del mal loyismós (pensamiento), el cual pecado aquellos que antes han hecho la catarsis (sanación) no saborean la muerte psíquica, vigilando y manteniendo también la diania (mente, intelecto) sin mancha, como yo creo, con la dínami (potencia, fuerza) de la futura epifanía.

7   “Que hay algunos de los están aquí, los cuales no saborearán la muerte hasta que vean al Hijo del Hombre viniendo en su realeza” “Existen algunos de los que están aquí”. En todas partes es el rey del todo y en todo está su realeza increada, de modo que con lo de “venga su realeza” no declara que llega de otra parte y para otras partes, sino que se apocalipta=revela con la dinami (fuerza, potencia y energía) increada del divino Espíritu; Por eso decía haber venido en dinami (fuerza y energía o potencia). Esta dinami no se es nacida simplemente a casuales, sino a los que se encuentran junto con el Señor, es decir, a los que están apoyados en su fe y que estos también están llevados por el logos encima en montaña alta, como el ejemplo de Pedro, Jacobo y Juan; Es decir, se elevan por encima de nuestra humilde naturaleza; Porque según el divino sabio, por eso el Dios se lo imagina encima en alta montaña y por un lado bajando del lugar de su guardia y por otro ascendiendo a nosotros de abajo, de nuestra humildad, para que esté cabido el no cabido, moderadamente natural y a la medida que en la naturaleza nacida es segura. Este tipo de fantasía o imaginación no es peor que la del nus, sino muy superior y altísima y está hecha de la (increada) dinami del divino Espíritu.

8   Entonces la luz de la metamorfosis del Señor no se hace y deshace, tampoco se describe, ni recae en dinami (fuerza y energía) sensible creada, , aunque se ha visto por poco tiempo en la pequeña cima de montaña; Pero con el intercambio de los sentidos que energizó, operó en ellos el Espíritu, los mistes (instruidos místicamente) del Señor, entonces se transformaron de sarx (cuerpo y carne) a espíritu, según el divino esritor; y así vieron aquella luz inefable, increada que les regaló la dinami del Espíritu divino. Esta luz increada, como no la percibieron los que ahora blasfeman contra ella, ellos creyeron que los notables de los Apóstoles vieron la luz de la metamorfosis del Señor con dinami (fuerza y energía) sensible y creada. Por eso, ellos se emprenden en rebajarla en creada, no solamente aquella luz, es decir, la doxa-gloria y realeza de Dios, sino también la dinami del divino Espíritu, por la que se revelan las cosas divinas a los dignos. Realmente no han escuchado o no han creído a Pablo que decía, “… Lo que ojo no ha visto, lo que oído no ha escuchado y lo que espíritu del corazón humano no ha subido, sentido e imaginado, son las cosas que Dios ha preparado para los que le aman” (1ºCor. 2,9).

9   Pero cuando ha llegado el octavo día, tal y como se ha dicho, el Señor tomando a Pedro, a Santiago y a Juan subió al monte para orar; Porque siempre se alejaba de todos para orar hasta de los Apóstoles, tal y como cuando alimentó con cinco panes y dos pescados los cinco mil hombres junto con sus mujeres y sus hijos; inmediatamente soltó a todos y obligó a sus alumnos subir al barco, y él subió al monte para orar, (Mt 14,22); O tomando consigo pocos, aquellos que sobresalían de los otros, realmente cuando se acercó su pasión salvadora, a los otros alumnos les dijo que se sentaran aquí hasta que termine de orar; Toma consigo a Pedro, a Jacobo y a Juan (Mt 26,36); ellos, pues, mientras que los había tomado solos, “les subió a la montaña alta y se ha metamorfoseado delante de ellos”, es decir, mientras ellos le estaban viendo.

10   ¿Qué significa se ha metamorfoseado? San Crisóstomo el teólogo dice: Como consintió, abrió un poco de la deidad y mostró a los mistes (instruidos) al inquilino Dios. Porque “mientras oraba”,  como dice Lucas, ”su tipo se hizo distinto”, “resplandeció como sol”, como escribe Mateo; dijo “como el sol”, no para que uno piense que aquella luz increada es como la visible del sentido, -lejos de esta ceguera mental de aquellos que no pueden entender nada más allá que las cosas vistas por el sentido físico-, sino para que conozcamos que aquello que ven por el sentido los que viven sensiblemente, es el sol; y para los que viven en espíritu y viendo mediante el Espíritu ven que es el Cristo como Dios, y no hay necesidad de otra luz para los deificados durante la visión divina; porque para los eternos, él es luz y no otra cosa; ¿Para qué se necesita segunda luz en aquellos que tienen la máxima luz? Cuando oraba así resplandeció aquella luz inefable y reveló inefablemente a los alumnos notables; mientras estaban presentes los profetas puntales, para demostrar que la oración es la autora de aquella expectación bienaventurada; Y aprendamos que por el acercamiento hacia Dios por la virtud y por la unión del nus (o el espíritu del corazón) hacia Éste, se provoca y reaparece aquel esplendor, dado y visto incesantemente a todos los ascendidos por el trabajo exacto a la bondad y la oración verdadera. Porque dice, belleza verdadera y amabilísima, que se contempla sólo por el nus (o el espíritu y corazón) sanado es la relativa con la divina y bienaventurada naturaleza con sus jaris y esplendores, de la que el que la encuentra y la contempla, toma algo de ella, como si se repintara a su rostro con un esplendor encantador lleno de jaris. Por eso Moisés cuando conversaba con Dios su rostro se glorificó.

11   Veis que Moisés también se metamorfoseó, mientras había subido a la montaña, así vio la gloria del Señor. Pero sufrió la metamorfosis no la energizó, operó él, según dice: que en esto me trae el mediocre alumbramiento de la verdad, para ver y padecer el esplendor de Dios. (Ver: escritos de San Gregorio Palamás; Hacia Gravás, pág.346). Pero nuestro Señor Jesús Cristo tenía sólo por sí mismo aquel esplendor; por eso él no necesitaba ni oración que abrillanta al cuerpo con luz divina, sino que mostraba de donde se rehará y abordará a los santos el esplendor de Dios y como será vista de ellos; porque “lucirán también los justos como el sol en la realeza de Dios” (Mt 13,43); y así convertidos enteros en increada luz divina y como nacidos de la luz divina, verán místicamente, secretamente el divino Cristo supra-luciente, del cual la deidad proviniendo naturalmente la doxa-gloria (esplendor), se apocaliptó/reveló encima del Tabor comúnmente también en sus cuerpos, a causa de la uniformidad de la hipostasis (base substancial). Por eso mediante esta luz resplandeció su rostro como el sol.

12   Aquellos que en nuestra época proyectan la enseñanza helénica y la filosofía de este mundo y han preferido no obedecer para nada a los hombres pnevmáticos (guías espirituales) sobre temas del Espíritu, sino que son contradictorios escuchando sobre la luz de la metamorfosis del Señor encima de la montaña y para la luz que se contempló de los ojos apostólicos, ellos descienden enseguida a la luz creada; bajan en esto, aquello que es inmaterial, eterno y sin ocaso, que no sólo está por encima del sentido sino también por encima del nus o espíritu humano; porque ellos se encuentran abajo y no pueden entender nada de lo que está por encima de las cosas terrenales. Pero este que resplandeció por esta luz, demostró de antes que esta luz es increada, puesto que la llamó realeza de Dios; Porque la realeza de Dios no es esclava y creada, sino esta misma por sí sola es insumisa e invencible y más allá de cada tiempo y siglo; y dice que no es correcto de que ha empezado o se llega a la realeza de Dios por los años y los siglos. Ella creemos que es la herencia de los salvados.

13   Como el Señor, cuando se metamorfoseó, resplandeció y mostró la doxa-gloria, el esplendor y la luz aquella, vendrá otra vez tal y como se ha visto por los alumnos en la montaña; ¿entonces tomó y tendrá en los siglos alguna luz que antes no tenía? Lejos de esta blasfemia; porque el que dice esto, aceptará tres naturalezas de Cristo, la divina, la humana y la de aquella luz; entonces no reveló otro esplendor, sino aquel que tenía invisiblemente. Tenía pues escondida de bajo del cuerpo el esplendor de la divina naturaleza. Entonces aquella luz es de la deidad y es increada; porque, según los teólogos, (San Juan Damasceno: En la metamorfosis 12, PG 96, 564c), Cristo se metamorfoseó, no tomando lo que no era, ni cambiado en algo que no era, sino revelando a sus alumnos lo que era, puesto que les abrió los ojos y de ciegos les constituyó y convirtió para que estén viendo. Ves que los ojos que ven por naturaleza están ciegos hacia aquella luz. Entonces ni aquella luz es sensible, ni los que veían simplemente veían con los ojos físicos, sino con los ojos que se habían reconstruido por la dínami (potencia, fuerza y energía increada) del Espíritu divino.

14   Se interalteraron pues, y así vieron la ínteralteración, la que no había tomado recientemente nuestro pienso (cuerpo), sino desde el momento de la toma, en cuando se deificó mediante la unión con el Logos de Dios. Por eso, Aquella que concibió siendo virgen y dio a luz paradójicamente, el nacido de ella como Dios con cuerpo y carne; tal y como san Simeón lo recibió en sus manos y la anciana Ana lo tocó, porque la divina dínami se distinguía por los que tenían los ojos del corazón sanos y limpios, como si luciese entre membranas de vidrio.

15   ¿Por qué no toma de los otros los puntales para subirlos y sobre todo sólo toma a estos? De cualquier modo lo hace para demostrar algo grande y místico (secreto). ¿Cómo pues sería grande y secreta la expectación de la luz sensible, la cual tenían los mismos escogidos, antes de subir, junto con los que quedaron abajo? ¿Y qué necesidad tendrían ellos de la dínami del Espíritu y el refuerzo de ella o la alteración de los ojos para la expectación de aquella luz, si esta luz fuera sensible y creada? ¿Cómo puede ser doxa-gloria y realeza del Padre y del Espíritu la luz sensible? ¿Cómo en este tipo de doxa y realeza vendrá Cristo durante el siglo futuro, en cuando no habrá necesidad de aire, ni de luz, tampoco de lugar, ni de otros elementos, para que Dios sea todo en todos, según el apóstol? (1ª Cor 15,28). Si no será para todos, en todo caso también será para la luz; De estas cosas se demuestra otra vez que aquella luz es de la deidad, porque Juan, el más teólogo de los evangelistas, mediante el libro Apocalipsis manifiesta que la futura y permanente ciudad viviente “no tiene necesidad de sol, ni de luna que la iluminen y brillen en ella; Porque la ilumina la doxa-gloria de Dios y su Cordero es su lámpara. (Apoc 21,23). Por consiguiente, ¿no nos indicó en este punto a Jesús que ahora se ha metamorfoseado divinamente en el Tabor, el cual tiene como lámpara el cuerpo y como luz la doxa-gloria de la deidad que se reveló encima de la montaña a los acompañantes que subieron junto a él? Pero para los que están habitando en aquella ciudad, el mismo dice “no tendrán necesidad de la luz de la lámpara ni de la luz del sol, porque el Señor Dios los alumbrará y no habrá ya noche, y reinarán por los siglos de los siglos” (Apoc 22,5). ¿Qué es pues esta luz, en la que no hay variación ni sombra de cambio? (Sant 1,17). ¿No es de la luz incambiable y sin ocaso esta luz? ¿No es de la deidad?

16   ¿Pero también Moisés y Elías que eran psiques (almas) incorpóreas, cómo aparecieron y se glorificaron mediante luz sensible? Porque ellos también que aparecieron entonces en gloria, decían qué final tendría Jerusalén. ¿Cómo pues, los Apóstoles también reconocieron aquellos que antes no habían visto, sino mediante la dínami, potencia y energía apocalíptica de aquella luz increada?

17   Pero, para no castigar por mucho rato vuestra mente, el resto lo guardaremos para el tiempo de la divina liturgia. Creyendo tal y como hemos sido enseñados de los iluminados por Cristo y sólo ellos conocen exactamente, “porque mis misterios, son para mí y para los míos” (Dan 2,2), dice el Dios mediante el profeta; Buenamente pues creyendo tal y como hemos sido enseñados y comprendiendo el misterio de la metamorfosis del Señor, vayamos caminando hacia el lucimiento de aquella luz; Y mientras amamos la belleza de la inalterable doxa-gloria, estar limpiando y sanando el ojo de la mente de las contaminaciones terrenales, despreciando cada agradable y bonito que no es fijo ni seguro, el cual, aunque aún está dulce, provoca la eterna aflicción o angustia, y aunque traiga belleza al cuerpo, viste la psique con aquella túnica sucia y maloliente del pecado, por causa de la que mientras fue atado de pies y manos aquel que no tenía la prenda de la incorrupta conexión es mandado en aquel fuego y oscuridad exterior.

18   De esto Dios quiera que seamos librados todos con el alumbramiento y reconocimiento de la luz inmaterial y sin ocaso de la metamorfosis del Señor, en gloria de Él y del sin principio ni fin Padre y el vivificante Espíritu, de los cuales uno y el mismo es el esplendor, la deidad, la doxa, la realeza, la potencia y energía increadas ahora y siempre y en los siglos de los siglos: ¡Así sea!

San Gregorio Palamás, homilía 35. En la misma Metamorfosis del Señor, donde se demuestra sobre la luz divina es increada, pero no es la esencia de Dios.

1 El profeta Isaías predijo sobre el Evangelio que: “El Señor dará sobre la tierra logos abreviado” (Is 10,25). Logos abreviado es aquel que en pocas palabras contiene mucha sabiduría e inteligencia. Entonces reconsideremos los pensamientos que antes hemos expuesto e intentemos añadir las que faltan, para que con el resto nos saciemos del significado y sentido incorruptible y seamos apresados enteramente de divino entusiasmo.

2 “Aquel tiempo Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, su hermano, y los llevó aparte a un monte alto a solas; y se metamorfoseó ante ellos y su rostro resplandeció y brilló como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la luz.”(Mat 17,1). He aquí ahora es tiempo bienvenido, he aquí hermanos día de sanación y salvación, día divino, nuevo, perpetuo y eterno que no se mide por dimensiones, ni aumenta ni se reduce, tampoco se interrumpe por la noche. Porque es día del sol de la justicia, al cual no existe alteración o sombra de conversión (Sant. 1,17). Este sol puesto con la complacencia, la buena voluntad del Padre y la sinergia del Espíritu Santo, resplandeció filantrópicamente encima de nosotros y con su admirable luz increada nos ha extraído de la oscuridad y continúa alumbrando encima de las cabezas para siempre como sol sin ocaso.

3. Como sol de la justicia y de la verdad no consiente alumbrar y ser reconocido exactamente de aquellos que practican la falsedad, la mentira y la injusticia y las demuestran con palabras y obras. Pero se apocalipta=revela a los obreros de la justicia, a los amantes de la verdad y es creído por ellos que con Sus resplandores los deleita. Y esto es aquello que dice la Escritura, “Luz (increada) salió al justo y deleite a su cónyuge” (Sal 96,12). Por eso el profeta salmista psalmodea hacia Dios, “el Thavor y el Ermón deleitan en tu nombre”, pre-describiendo el deleite que más tarde nació a los que le han visto en la montaña por aquel resplandecimiento.

3 a. E Isaías dice “…abrir las prisiones injustas, para destruir las cadenas de la injusticia y los lazos de los yugos duros, para dejar libres los deprimidos y deshacer todo acuerdo injusto” (Is 58,6). ¿Después que dice? “Entonces surgirá y se derramará tu luz como aurora y resplandecerán rápidamente tus vestiduras, y precederá tu justicia andando ante ti y tras de ti la doxa-gloria (increada) de Dios será tu defensa, si apartares el yugo de en medio de ti, el gesto amenazante y el logos vano y maligno; y si das al hambriento tu pan y sacias la psique del humillado y deprimido, entonces en tu oscuridad resplandecerá tu luz y la oscuridad se convertirá como luz del mediodía” (Is 58. 8,9). Porque también a ellos les convierte en otros soles, en los cuales sobreiluminará brillantemente este sol. “Realmente iluminarán también los justos, como el sol, en la realeza increada del Padre de ellos” (Mt 13,43).

4 Expulsemos, pues, hermanos, las obras de la oscuridad y ejecutemos las de la luz, de manera que no sólo andemos decentemente en un día como este, sino que nos convirtamos en hijos del día. Adelante, subamos a la montaña donde Cristo lució para ver las cosas de allí. Más bien, puesto que estamos así y nos hemos hecho dignos de este tipo de día, nos ascenderá al tiempo adecuado el mismo Logos de Dios. Pero ahora extender y elevar el ojo de vuestra diania (mente, cerebro, inteligencia) por favor hacia la luz del kerigma evangélico, de modo que por fin seáis metamorfoseados con la renovación de vuestro nus (espíritu, o energía del corazón humano o el ojo de la psique) y así adquiriendo del esplendor de arriba, os hagáis de la misma forma que la semejanza de la doxa-gloria increada del Señor (Fil 3,21), del cual el rostro lució y brilló hoy como el sol encima del monte.

5  ¿Qué significa, como el sol? En otro tiempo esta luz no se encontraba en este disco como utensilio. Porque el no encarnado Logos increado de Dios que lo ha creado todo (Gén 1 y Jn 1,3), la luz la ha creado el primer día y el disco lo produjo al cuarto día; por lo tanto, puso y encendió la luz en este disco la luz haciéndola estrella que trae el día y a la vez se ve durante el día. Así pues alguna vez también la luz de la deidad no se encontraba en el cuerpo de Cristo como en un utensilio. Porque aquella luz, pues, es preanarja perpetua, antes de todo principio y sin principio y lo añadido (el cuerpo) que tomó de nosotros el Hijo de Dios se produjo ahora para nuestro favor, en cuando tomó en su interior la plenitud de la deidad y se presentó como deificante, iluminador y a la vez dios-iluminante. Así resplandeció el rostro de Cristo como el sol y sus vestimentas se convirtieron blancas como la nieve. Por otro lado Marcos dice que: “Sus vestimentas se hicieron pulidas y resplandecientes y muy blancas, como la nieve, tanto que ningún lavador de la tierra puede hacer tan blancos. (Mar 9,3).

6   Con la misma luz se abrillantaron también las prendas en aquel venerable cuerpo de Cristo pero no por igual: Porque por un lado su rostro se iluminó como el sol, por otro, sus vestimentas como tangentes de aquel cuerpo se han hecho luminosas, y con esto ha mostrado cuales son los uniformes de la doxa-gloria increada que vestirán durante el siglo venidero los que se acercan a Dios; y también cuáles son las prendas de la impecabilidad las que expulsó Adán a causa de su desobediencia y se veía desnudo sintiéndose vergüenza. El divino Lucas pues dice que, “la especie o tipo se convirtió distinta y su vestimenta blanca y reluciente”, viendo todas aquellas cosas realizándose sin precedentes y que no hay nada con que se puedan comparar. Marcos por su parte, iconiza (representa) las vestiduras que estaban pulidas de lucidez y blancas como la nieve, mostrándonos también con iconas (figuras, imágenes) y ejemplos que son inferiores ante la visión, expectación de aquellas vestiduras. Realmente la nieve blanca pero no pulida; Porque tiene su superficie siempre irregular, anómala, puesto que todo se compone de finas burbujas a causa de su mezcla con el aire que existe en sus interiores. Es decir, cuando la nube no se ha compuesto totalmente y no puede expulsar el aire que existe esta cuaja o coagula a causa de la fortaleza del frío, y desciende aireada, blanca e irregular, más o menos como la espuma.

7   Entonces pues, como no bastaba la blancura de la nieve para representar aquella expectación, fue incluido también lo “pulido brillante”, el evangelista mostraba lo sobrenatural de aquella luz, por la que aquellas vestimentas se han hecho blancas y brillantes; porque realmente la cualidad de la luz no es hacer  blancas y pulidas las cosas alumbradas, sino que muestra cual es su color, en cambio aquello que se ve es que las ha cubierto o mejor las ha alterado, cosa que no es cualidad de la luz natural. Lo más paradójico es que cuando las alteró después las conservó inalteradas otra vez, como se mostró después de poco rato. ¿Cómo puede operar estas obras la luz conocida por nosotros? Por eso el evangelista queriendo mostrar sobre-genialmente no sólo aquel esplendor y belleza del rostro del Señor, sino también la belleza de sus vestimentas, apartó con cuidado las belleza física uniendo la brillante pulidez con el blanco de la nieve; Pero como el arte junto con la naturaleza combinan algo bello, poniendo aquella belleza sobre ornamento artificiales, dice: “de tal manera que ningún lavador de la tierra los puede hacer tan blancos”.

8   Pero el Logos increado, infinito y perene que se encarnó para nosotros y la enhipostasiada (instituida o personificada en base substancial o subsistencial) sabiduría del Padre, en todo caso lleva a su interior también el logos del kerigma evangélico; del cual la letra es la vestimenta, porque es blanca y clara y a la vez con brillantez pulida y espléndida, como si estuviese hecha de perlas; más bien son para aquellos que ven espiritualmente las cosas del Espíritu e interpretan como se debe, tal y como el Dios manda (o de forma, manera divina) las palabras de los textos de los logos del kerigma evangélico y son de tal manera y forma que no las puede explicar e interpretar encima de la tierra el lavador, es decir, el sabio de este siglo. ¿Y qué digo explicarlas o interpretarlas? No puede entenderlas ni cuando las explica otro; “Porque hombre psíquico no acepta ni recibe las del espíritu, tampoco puede conocerlas”, tal y como dice el Apóstol, (1ª Cor 2,14). Por eso también los alumbramientos sensibles que percibe, los distingue errónea y equivocadamente de los alumbramientos espirituales y divinos que están por encima del nus (espíritu y corazón humano), “entremetiéndose vanamente en lo que no ha visto, hinchando su mente y espíritu carnal” (Col 2,18).

9   Pero Pedro, que su nus fue iluminado de aquella visión bienaventurada, se elevó hacia el divino eros y con mayor anhelo, no queriendo separarse ya de aquella luz decía al Señor: “es bueno para nosotros quedar aquí, si quieres construimos aquí tres tiendas de cabaña, una para ti, una para Moisés y otra para Elías”, sin conocer lo que decía; porque aún no había llegado el tiempo de la apocatástasis (restablecimiento). Porque cuando venga el tiempo no necesitaremos tiendas hechas a mano. Además tampoco se debía de igualar al Soberano con los esclavos mediante la similitud de las tiendas. Porque el Cristo como auténtico Hijo está el seno del Padre, en cambio los profetas como hijos auténticos de Abraham habitarán convenientemente a su seno. Tal y como Pedro, pues, decía esto por ignorancia, “he aquí una nube alumbrante les ensombreció” interrumpiendo las palabras de Pedro y mostrando cual es la propia tienda que corresponde a Cristo. ¿Pero cuál es la nube y cómo los ensombreció, puesto que era luminosa? ¿Quizás sea la luz inefable a la que habita Dios, la luz que se viste como vestimenta? Porque dice “él que constituye las nubes como carro suyo” (Sal 103,4) y “constituyó la oscuridad su envoltura como tienda cíclica” (Sal 17,13). Y como dice el Apóstol, “es el único que tiene la inmortalidad que habita en la luz inefable” (1ª Tim 6,16). De modo que aquí es la misma cosa luz y oscuridad (gnofos) que como esplendor muy superior, ensombrece.

10   Pero lo que anteriormente es visto por los ojos de los Apóstoles, es calificado por los divinos teólogos como inefable o invisible. Porque dice: “hoy es el abismo de la luz inefable; hoy se ve claramente de los Apóstoles el derramamiento en abundancia del divino esplendor del Thavor” (S. Juan el Damasceno, “En la Metamorfosis” 2, PG 96, 545 B). Y el gran Dionisio el Areopagita mientras dijo que la luz inefable es gnofos (luz que supera toda luz), donde se dice que habita el Dios, escribe que: “en este llega aquel que se hace digno de conocer y ver a Dios” (Epístola 5, PG 3, 1073 A). Por lo tanto, la misma luz era la que antiguamente veían los Apóstoles resplandecer en el rostro del Señor y la nube luminosa que ensombreció después. Pero entonces como alumbraba débilmente permitía la visión; pero después cuando resplandeció con mucha más intensidad era para ellos invisible a causa de su incomparable brillantez. Y así ensombreció la fuente de la luz divina y perpetua, el sol de la justicia Cristo. Además, en el sol sensible la misma luz también proporciona la vista mediante el rayo y la reduce de la visión otra vez cuando uno mira cara a cara al mismo, porque su luminosidad es superior a la capacidad, potencialidad y energía de nuestros ojos.

11   Pero el sol se ve tal y como es por su naturaleza y no como quiere, ni a los que quiere. En cambio el sol de la verdad y la justicia, el Cristo, teniendo no solamente naturaleza, esplendor natural y doxa-gloria sino también voluntad propia, sobreilumina sanando y salvando sólo a los que quiere y cuanto quiere. Por eso, así quiso y apareció como sol ante  los ojos de los Apóstoles, cierto que no a distancia lejana. Después resplandeció con más intensidad según Su voluntad con resplandecimiento incomparable, se convirtió en invisible de los ojos de los Apóstoles, como si se hubiese introducido en una nube luminosa. Pero también se escuchó la voz de la nube: “Este es mi hijo amado que le he entregado mi voluntad, a Él escuchad”. Cuando el Señor se bautizó al Jordán se abrieron los cielos y la misma voz se escuchó de aquella doxa-gloria, la que atentamente también ha visto posteriormente Esteban, cuando se abrieron los cielos y fue emprendido, poseído del Santo Espíritu; pero ahora se escuchó de la nube que ensombreció a Jesús. Por lo tanto, esta es la misma que la suprema doxa-gloria celeste de Dios. ¿Cómo pues la luz sensible y creada es la suprema luz celeste (increada)?

12 Por lo tanto la voz del Padre que salía de la nube enseñó que: todo aquello que fue antes de la venida de nuestro Señor, Dios y Salvador Jesús Cristo, es decir, legislaciones y adopciones etc, eran cosas incompletas y no se hicieron ni realizaron según la anterior voluntad de Dios, sino que se concedieron para la futura parusía (presencia) y epifanía del Señor. Este pues, es aquel al que el Padre se complace y reposa totalmente, como en Hijo amado. Por eso también nos pide que a Él escuchemos y nos disciplinemos. Y si dice: “entrar por la puerta estrecha, porque el camino que conduce a la perdición es amplio y el que conduce a la vida es el estrecho y angustioso”, a Él tenéis que escuchar; y si dice que esta luz (increada) es la realeza (increada) de Dios, a Él tenéis que escuchar y creer y de este tipo de luz (increada) os iréis haciendo dignos de tener.

13   Pero cuando se presentó la nube luminosa y la voz paternal resonó de la nube, dice que los discípulos han caído en la tierra con la cara; pero no a causa de la voz, porque también otras muchas veces se había escuchado la voz, no sólo al Jordán sino a Jerusalén también cuando se acercaba su salvífico padecimiento. Realmente, cuando fueron los Helenos a verle es cuando el Señor dijo: “Padre glorifica tu nombre. Entonces vino una voz del cielo: Lo he glorificado y lo glorificaré otra vez” y lo escuchó toda la multitud, pero nadie cayó al suelo. Aquí no se escuchó sólo voz, sino apareció y se vio también la luz ilimitada (increada) junto con la voz. Los Padres teoforos (portadores de la luz) reconocieron que por esta razón cayeron los discípulos con la cara, no por la voz, sino por lo raro, extraño y supra-natural de esta luz (increada). Porque antes de escucharse la voz estaban asustados, tal y como dice Marcos, por supuesto por aquella epifanía.

14 ¿Pero cuando con todo esto se demuestra que aquella luz es divina, supra-natural e increada, ¿qué les pasa entonces a los que se dedican exageradamente en la enseñanza exterior, carnal y mundana y no pueden conocer las cosas del Espíritu? Caen en otro precipicio. No la llaman divina doxa-gloria (increada), ni realeza increada de Dios, tampoco belleza, ni jaris (energía increada), ni resplandor tal y como hemos sido enseñados de Dios y los teólogos, sino insisten en que esto que anteriormente decían que es sensible y creado es la esencia (sustancia) de Dios. Y el Señor dice en los evangelios que esta doxa=gloria (increada) no es común sólo en Él y al Padre, sino también en los santos ángeles, tal y como escribe el divino Lucas: ”Porque el que se avergonzare de mí y de mis logos, de éste se avergonzará el Hijo del Hombre cuando venga en su gloria (increada), y en la del Padre, y de los santos ángeles (Lc 9,26). Los que persisten siendo firmes de que esta doxa-gloria es la esencia (usía), dirán también que es la misma esencia la de Dios y los ángeles, cosa que define la extrema impiedad, blasfemia y profanación.

15 Participan pues, de esta doxa y realeza (increada) no sólo los ángeles, sino también entre los hombres los sanados (espiritualmente) y los santos. Por lo tanto el Padre y el Hijo junto con el Espíritu Santo tienen esta doxa y realeza increada naturalmente; en cambio los ángeles y los hombres la adquieren por la Jaris, de allí reciben la luminosidad. Además Moisés y Elías que aparecieron junto con Él en esta doxa=gloria, exactamente esto nos representaron. Pero Moisés se vio que es participe de la divina doxa no sólo ahora encima del monte Thavor, sino también entonces que se glorificó su rostro, de modo que no podían mirarle fijamente cara a cara los hijos de Israel. Esto es lo que expresa también aquel que dice que: Moisés recibió en su cara, rostro la doxa inmortal del Padre. (San Simeón el intérprete: “Sobre la libertad del nus 21, PG 34, 956 ABC.). Y también aquel que contradijo y refutó a Evnomio quien sostenía que la doxa del pantocrator (todopoderoso) es intransmisible al Hijo, diciéndole que: tampoco aceptaría este tipo de logos aunque se refiriese a Moisés.

16 Es pues, común y una esta increada doxa, realeza y esplendor de nuestro Dios y Sus santos; por eso también “el esplendor de nuestro Dios estará encima nuestro”, canta el profeta psalmista (Sal 89,19). Que es común y una la esencia de Dios y los santos nadie hasta ahora se atrevió a decir. Por supuesto que encima de la montaña el divino esplendor, la deidad del Logos y de la sarx (cuerpo y carne) apareció como común al final. Pero el que se diga que es común la esencia de la deidad y de la sarx lo dirían Eutiques y Dióscuros y no aquellos que respetan y quieren ser piadosos. Además, esta doxa-gloria y esplendor, tal como la han visto los acompañantes de Jesús, la verán cara a cara todos, cuando el Señor aparecerá iluminando de Oriente hasta Occidente. Pero ninguno tuvo acceso en la hipóstasis y esencia de Dios, y ninguno ha visto o ha descrito la fisis (naturaleza) de Dios (Jer 23,18). Y esta luz divina se da a medida que lo admite y recibe cada uno en más o menos, por separado inseparablemente o sin dividirse, según la dignidad de los receptores. Y la demostración de esto está cerca y fácil, porque el rostro del Señor resplandeció y las vestimentas se convirtieron luminosas y blancas como la nieve. También Moisés y Elías se vieron en la misma doxa-gloria, pero nadie de ellos entonces resplandeció como el sol. Y los discípulos parte de esta luz la vieron y parte no la pudieron tocarla y ver fijamente cara a cara.

17 Así pues, aquella luz se mide y se reparte indivisiblemente, y es recibida de lo más a menos o crece y decrece; y parte de esta se conoce ahora y parte después. Por eso también el divino Pablo dice: “Ahora conocemos y profetizamos (teologizamos) parcialmente” (1ª Cor 13,9). Pero es totalmente indivisible e incomprensible la esencia de Dios y ninguna esencia crece y decrece (u oscila). Sobre lo demás, son indicios de los malditos Masalianos, quienes creen que la esencia de Dios se ve según ellos por los dignos. Pero nosotros derrumbando los kakodoxos heréticos antiguos y contemporáneos y creyendo que los santos ven la increada realeza, doxa, esplendor, luz inefable, divina jaris y comunión con ella, tal y como nos hemos educado e instruido, pero no ven la esencia de Dios, caminemos pues hacia el lucimiento de la luz de la jaris, para conocer y contemplar la tri-iluminante Deidad, que resplandece de una inefable e uniforme fisis (naturaleza) con tres hipostasis-personas. Y los ojos de nuestro nus elevémonos hacia el Logos increado, que ahora está instalado con Su cuerpo encima de los arcos celestes. Este de forma divina sentado en la parte derecha de la grandeza, manda hacia nosotros como de un lugar muy lejano, este mensaje: «Aquel que quiere estar y participar de esta doxa=gloria increada, a la medida de lo posible que imite y ande el camino y gobierno que yo he indicado con mi vida en la tierra».

18 Observemos pues, con los ojos interiores este tema tan grande, que nuestra naturaleza conviva eternamente con el fuego inmaterial de la deidad. Y mientras expulsemos las prendas de piel que hemos vestido a causa de la desobediencia, las conductas y hábitos mundanos, terrenales y carnales, es decir, que estemos parados en tierra santa, divina, demostrando cada uno su tierra santa, mediante la virtud y la elevación hacia Dios, de modo que estemos en presencia cuando Dios se adviene en luz increada en nuestro interior, y recurriendo a iluminarnos e iluminados, convivir eternamente junto con Él por la doxa de los tres soles, del uno y soberano esplendor, ahora y siempre y en los siglos de los siglos. ¡Así sea, Amín!

San Gregorio Palamás

Traductor: xX.jJ

Domingo 6º de Mateo – Curación del paralítico

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EVANGELIO DE SAN MATEO 9,1-8

Entonces, entrando Jesús en la barca, pasó al otro lado y vino a su ciudad.

2 Y sucedió que le trajeron un paralítico, tendido sobre una cama; y al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Ten ánimo, hijo; tus pecados te son perdonados.

3 Entonces algunos de los γραμματείς (gramatís estudiosos, intelectuales, “tiólogos” actuales) decían dentro de sí: Éste blasfema.

4 Y conociendo Jesús los pensamientos de ellos, dijo: ¿Por qué pensáis mal y hacéis circular pensamientos malignos en vuestro corazón y nus?

5 Porque, ¿qué es más fácil, decir: Los pecados te son perdonados, o decir: Levántate y anda?

6 Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados, dice entonces al paralítico: Levántate, toma tu cama, y vete a tu casa.

7 Entonces él se levantó y se fue a su casa.

8 Y la gente, al verlo, se maravilló y glorificó a Dios, que había dado tal potestad a los hombres.

«y al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Ten ánimo, hijo; tus pecados te son perdonados. Και ιδών ο Ιησούς την πίστιν αυτών, είπε τω παραλυτικώ: Θάρσει, τέκνον, αφέωνταί σοι αι αμαρτίαι σου»

 

El Señor como Dios nuestro encarnado, viene al mundo para la sanación y salvación del mundo, pero derrumbando todos los parámetros considerados lógicos. Su venida consiste no en la anulación de la lógica, pero sin duda la superación de ella. Con el Cristo nos encontramos a otro nivel de vida, que sin duda pisamos al suelo, pero nos movemos al espacio del cielo. Es decir, todo con el Cristo funciona θεανθρώπινα (teantrópina, divino-humanamente). Esta es la impresión que tiene uno escuchando la lectura evangélica de hoy: el Señor sana un paralítico, a quien lo traen ante Él unos amigos. El Señor restableciéndole su salud física, sana a la vez también su psique. Es decir, antes de decirle: levántate toma tu cama y vete a tu casa”, le certifica: “hijo, son perdonados tus pecados”.  ¿Qué queremos decir en concreto?:

1. En este incidente son dos los “derribos” de la lógica, razón humana. El Señor con el hecho que con Su voluntad sana al paralítico, primero: debería dirigirse a él dando orden para la solución de su problema y sanarlo somáticamente (físicamente), pero se produce en la segunda parte. Segundo: debería dirigirse solamente a él, puesto que únicamente él tenía el problema. Sólo con la fe del paralítico bastaría para que operara la potencia y energía increada de Cristo, tal y como lo encontramos en otros casos, por ejemplo, el paralítico de la piscina de Betseida.

2. Pero el Señor se comporta de manera diferente de lo previsto humanamente. Y esta prioridad suya no es a causa de la parálisis humana, sino de los pecados, es decir, el estado psíquico del hombre; la “visión” o perspectiva de Él es más amplia, porque ve la fe de todos, del paralítico y sus amigos, para sanarlo. ¿Por qué pues, todos estos “derribos”?. La respuesta realmente no parece que sea difícil. En el primer derribo el Señor, mediante el caso concreto, nos señala que el problema básico y esencial del hombre no es tanto su estado corporal o físico, sino su estado espiritual. Es decir, el pecado es aquel que enferma al hombre, le paraliza psíquicamente y le hace conducirse a la muerte (espiritual), puesto que le separa de Dios, la fuente de la vida. El hombre está creado para vivir fisiológicamente con el Dios, por eso cada pecado constituye perversión, trauma y herida en su existencia. “Detrás del pecado está la muerte”. La parálisis física, la enfermedad física constituye un reflejo de la parálisis espiritual, por lo tanto la terapia real empieza de la psique. Muchas veces por supuesto sufre la salud de la psique sin que el cuerpo tenga su salud, y a veces viceversa, algo que concierne las voluntades inescrutables de Dios, quien tiene un plan concreto para cada humano. En el caso del paralítico del evangelio de hoy, el pecado de él era la causa de su parálisis somática o física, por eso también el Señor “toca” en la raíz del mal.

En el segundo “derribo” el Señor nos orienta hacia una profunda verdad: mirando no sólo la fe del paralítico sino también la fe de sus amigos, que parece que la tiene en cuenta seriamente; es como si nos revelara la fuerza de la comunión entre los hombres; es decir, cuánto emociona a Dios cuando nos ve unidos para la realización del bien, de modo que muchos o más que uno desearlo y pedirlo a Él para que se haga inmediatamente praxis y hecho. Por supuesto que como cristianos conocemos que en esto consiste también la venida de Cristo al mundo: “Para que los esparcidos hijos de Dios se unan a uno”. Esta era la petición principal de Cristo en Su oración sacerdotal (Jn 17), un poquito antes de Su Pasión. Pedía del Padre Celeste “que fueran los hombres uno, igual que nosotros somos uno”. Y la razón de esta “sensibilidad”, diríamos, por parte de nuestro Dios en el tema de la unidad, obviamente no es otra cosa de que la unidad constituye la señal de la existencia de la agapi (amor desinteresado), que es también la principal voluntad de Dios. Porque «ο Θεός αγάπη εστί el Dios agapi es». En el caso del paralítico de hoy, pues, sus amigos manifiestan la agapi hacia el amigo y esta unión da un empuje también a la agapi (amor, energía increada) de Cristo a expresarse con inmediatez.

3. Pero la reacción de Cristo en sanar psicosomáticamente al paralítico, por supuesto con la sinergia (colaboración) de sus amigos, además de la potencia de la agapi (amor, energía increada) y unidad, como hemos dicho, apocalipta=revela desde este aspecto también la deidad de Jesús Cristo. El Cristo como Señor y Dios, es el único que puede perdonar los pecados de los hombres, algo que por un lado provoca y molesta a los Fariseos y por otro está confirmado por el milagro que sigue. Y es la única realidad que conduce al hombre al equilibrio psicosomático. Porque está demostrado que aquello que provoca conflicto, agitación, agresividad y tristeza al hombre es la culpabilidad que produce siempre el pecado. Por lo tanto solamente cuando el hombre se ha liberado de las culpabilidades, es decir, cuando en metania gira hacia el Cristo podrá serenarse y estar con buenas maneras también hacia sus semejantes.

La dinámica de la fe común y la experiencia de la absolución de los pecados, son situaciones espirituales que las vivimos al cuerpo vivo de Cristo, la Iglesia, y sobre todo allí donde se revela por excelencia es en la Divina Liturgia. Dentro de los desafíos de la época contemporánea y la confusión de los pazos del mundo, la solución está más allá de los hombres racionalistas. Está allí donde existe el mismo Cristo, el único capaz de “psicoterapiar” sanar cualquier parálisis.

Padre Jorge Dorbarakis

Fuente: ΑΚΟΛΟΥΘΕΙΝ

Traductor: xX.jJ

Domindo 5º de Mateo – La terapia de dos endemoniados

 

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Evangelio Mt 8,28-9,1

28 Cuando llegó a la otra orilla, a la tierra de los gadarenos, vinieron a su encuentro dos endemoniados que salían de los sepulcros, tan furiosos que nadie podía pasar por aquel camino.

29 Y clamaron diciendo: ¿Qué tienes con nosotros, Jesús, Hijo de Dios? ¿Has venido acá para atormentarnos antes de tiempo?

30 Estaba paciendo lejos de ellos una piara de muchos cerdos.

31 Y los demonios le rogaron diciendo: Si nos echas fuera, permítenos ir a aquella piara de cerdos.

32 Él les dijo: Id. Y ellos salieron y se metieron en los cerdos; y he aquí, toda la piara de cerdos se lanzó por un precipicio al mar, y se ahogaron.

33 Y los que los apacentaban huyeron, y viniendo a la ciudad, contaron todas las cosas, y lo que había pasado con los endemoniados.

34 Y toda la ciudad salió al encuentro de Jesús; y cuando le vieron, le rogaron que se fuera de sus contornos.

9,1 Entonces, entrando Jesús en la barca, pasó al otro lado y vino a su ciudad.

La fuerza limitada del diablo

Es realmente impresionante lo que describe hoy la lectura evangélica y sucedió apenas el Señor Jesús se encontró con los dos endemoniados. Ellos empezaron a templar y fundirse de pánico únicamente por la presencia de Cristo. Sin que Aquel haber dicho algo o realizar alguna acción, se revolucionaron y empezaron a gritar desesperadamente. Reconocieron a Jesús como Hijo de Dios y se sometieron a Su dominio hegemónico. De hecho rogaban al Señor que no les expulsara totalmente, sino que les permitiese meterse en los cerdos de la piara.

Es obvio que el diablo tiene su fuerza limitada. No puede hacer nada, si no se lo permite el Dios. ¡Por eso también pide Su permiso!

No dejemos, pues, que nos domine el miedo y el pánico cuando vemos que el mal domina o cuando oímos sobre hechizos, magias y efectos demoníacos de los malos espíritus.

Incluso si alguien quisiera afectarnos con cosas demoníacas, no conseguirá nada. Porque el fiel que ora e invoca con fe el nombre del Señor Jesús Cristo y hace con devoción la señal de la Cruz, el fiel que va a la Iglesia regularmente, se confiesa y comulga los Inmaculados Misterios, no peligra de los trucos del diablo. Los vence, porque tiene consigo la fuerza invencible del Señor Jesús Cristo.

El pecado conduce a la perdición

Finalmente el Señor permitió a los demonios meterse en los cerdos de una piara que estaba pastando allí cerca. Así los malignos espíritus salieron de los hombres que los estaban atormentando tanto tiempo y se fueron en los cerdos. Entonces, frente a los ojos atónitos de todos, la piara que corrió con furia se cayó desde el acantilado hasta el lago. ¡Terrible desastre! Y esto lo permitió el Señor para dar una lección fuerte a los gadarenos, quienes cuidaban piaras de cerdos, lo cual estaba prohibido para los Judíos por la Ley Mosáica.

Esto es el resultado del pecado: ¡el desastre! El pecado y cualquier tipo de ilegalidad al principio parecen atractivos y rentables. Pero finalmente conduce al hombre al trágico callejón sin salida.

Cuántos crímenes o suicidios son provocados por los juegos del azar, el hábito de las drogas y el alcohol, relaciones efímeras y transacciones ilegales… Y se certifica el logos divino del apóstol Pablo: “la recompensa del pecado es la muerte” (Rom 6,23). Es decir, ¡el salario que paga el pecado a sus esclavos es la muerte física y espiritual!

Que no expulsemos a Cristo

Cuando los gadarenos fueron informados sobre los terribles acontecimientos, se revolucionaron y salieron al encuentro de Jesús. Querían encontrarle, no para reverenciarle ni para agradecerle por la terapia de los dos compatriotas y la liberación de la ciudad de esta terrible calamidad. ¡Le buscaron para pedirle que se vaya fuera de las fronteras de la región!.

¡Qué trágico de verdad expulsar a Dios de cerca suyos! Aunque los mismos eran los causantes y responsables reales de la catástrofe, se dirigieron contra al Θεάνθρωπος  (zeánzropos Dios y hombre) y le alejaron para poder así seguir sin molestias el trabajo ilegal y de especulación. Desgraciadamente sus corazones duros y el interés material no los dejaron en volverse en sí, arrepentirse y corregirse.

Quizás sean así también los contemporáneos helenos (e hispanos) ¿nos parecemos a los gadarenos? ¿Quizás expulsamos a Cristo? Cuando muchos prefieren el matrimonio civil y no el bendito Misterio de nuestra Iglesia… cuando otros intentan quitar la fiesta del Domingo… o cuando otros intentan alterar la asignatura religiosa Ortodoxa… cuando otros intentan quitar los símbolos cristianos de los colegios… esencialmente expulsamos a Cristo de las casas, los colegios y de nuestra sociedad. ¡Qué miseria trágica! No existe mayor desgracia que expulsar a Dios de nosotros.

Como también no existe mayor riqueza que confiarnos a las manos del omnipotente Dios y dejar que Aquel gobierne nuestras vidas. ¡Ojalá que todos saboreemos esta felicidad!

“Ο ΣΩΤΗΡ Sotir”

Fuente: ΑΚΤΙΝΕΣ

 

Hacia el precipicio

«Y he aquí, toda la piara de cerdos se precipitó en el mar por un precipicio, y perecieron en las aguas (Mt 8,32) Καὶ ἰδοὺ ὥρμησε πᾶσα ἡ ἀγέλη τῶν χοίρων κατὰ τοῦ κρημνοῦ εἰς τὴν θάλασσαν καὶ ἀπέθανον ἐν τοῖς ὕδασιν»

El evangelio de hoy, queridos míos, habla sobre dos endemoniados que ha sanado el Cristo. En el evangelio son dos los endemoniados, pero en la sociedad actual los endemoniados son tantos que no podemos contarlos.

Cada pecador impenitente, sin conversión y sin metania es también un endemoniado. Y aquel que se encuentra bajo la influencia del espíritu maligno es peligroso para sus semejantes, igual que los endemoniados de la lectura evangélica de hoy. ¿Queréis una prueba? Dice el Evangelio que allí donde estaban los endemoniados no se atrevía pasar nadie.

Decidme si también hoy en Atenas y en otras ciudades de Grecia y del mundo, ¿no hay lugares y calles, que cuando se hace de noche, el hombre tiene miedo a pasar? Además, dice el Evangelio que los dos endemoniados eran descarados; quitaban sus ropas y se presentaban desnudos al mundo sin vergüenza. ¿Decidme, hoy también no sucede esto? ¿No se presentan mujeres desnudas sin vergüenza alguna?

Por lo tanto, estas también están bajo la influencia de los mismos espíritus malignos, escandalizan y remueven la sociedad. Pero yo os diré que tengáis atención sólo a un punto. ¿Cuál es este punto?  Es “el precipicio, despeñadero” (Mt 8,32). Os ruego que pongan atención.

El Evangelio habla de un precipicio. Tened cuidado no os acerquéis a este. ¡Oh divino Evangelio, cuánto nos proteges! Dice que cerca de los endemoniados pacía un rebaño de animales sucios, de cerdos. ¿Cuántos eran? “Una piara” (Mt 8,30-32), es decir, entre dos mil y tres mil cerdos. De repente los animales se sacudieron y hacían como locos. ¿Han visto un caballo cuando le pica un tábano? Pues, rompe las bridas y se precipita al acantilado. Lo mismo hicieron aquellos animales desgraciados. Apenas fueron molestados por los espíritus malignos, dejaron la comida y empezaron a correr hacia el precipicio. Y de allí cayeron todos en el mar y se ahogaron, no quedó ni uno. Sus cuerpos flotaban muertos en el agua. Pero este precipicio no es nada ante otros precipicios, donde no se destruyen ya animales salvajes, sino hombres lógicos. Dice la historia que un rey de la antigüedad conquistó una ciudad y los niños junto con la mujeres los masacró; y los varones y los jóvenes los tiró por un precipicio al mar, se llenó el mar de cadáveres.

Esto era un precipicio natural. Pero existen unos otros precipicios asquerosos, oscuros y terribles. ¿Cuáles son estos? Son los precipicios sociales. Un precipicio de este tipo no se lo deseo a nadie, hombre o mujer peligra encontrarse al caos.

¿Cuál es el primer precipicio social y cuál es su nombre? Es el precipicio de Judas que lleva el nombre de avaricia. Encima de esta pisa con las dos patas el Satanás con las 30 monedas de plata. Desde que el dinero empieza hacer cosquillas al hombre, él no encuentra su tranquilidad ni de día ni de noche hasta adquirirlo. Y cuando lo ha adquirido quiere aumentarlo, los cinco quiere hacerlos diez, los diez veinte y la cosa no acaba nunca. El mar puede decir a los ríos, basta, no quiero más vuestras aguas; y la muerte puede decir a los sepultureros, basta, no quiero más muertos. Pero el avaro no dirá nunca basta, es insaciable. Te engaña el diablo, te arrastra hacia el precipicio contándote las treinta monedas de plata y después con un empujón te lanza al caos, al pecado y a la horca del Judas el Iscariote.

Además del precipicio de Judas existe también otra roca oscura y repugnante; es el precipicio de la φιληδονία (filidonía, hedonismo, voluptuosidad). Deseo que nadie de vosotros y sobre todo jóvenes, sean conducidos a las rocas de la hidoní, a las rocas de la carne. En esta roca repugnante no está sentado el satanás con las treinta monedas; aquí está con cítaras y violines tocando canciones encantadoras y vuelve locos a los jóvenes. Los aconseja que no escuchen los curas y los Evangelios. Dice que la Iglesia habla de vida, lucha y sacrificio. El Diablo borra todo esto y dice: Hijos la vida es hedonismo, disfrute y juerga, “comamos y bebamos porque mañana moriremos” (Is 22,13 – 1Cor 15,32). Con las cítaras y los violines los arrastra a la roca del hedonismo y después los da una patada y los vemos a los tribunales luchando por el divorcio, o los encontramos en asilos para incurables paralíticos y ciegos, o en las cárceles siendo desgraciados cadáveres vivos.

Pero existe también el tercer precipicio, aún peor. En la punta se encuentra el eosforos o lúcifer llevando en sus manos los axiomas de la tierra: es el precipicio de la φιλοδοξία (filodoxía vanagloria, ambición). “Muchos odiaron la riqueza, pero la vanagloria nadie”, dice un dicho. El lúcifer tiene los cetros, poderes, las espadas, los ministerios y todas las grandezas. Pone ideas y dice al mundo: acercaos a mí para lograr potencia y seáis alabados y honrados por el mundo. A uno el espíritu del satanás que se llama soberbia, orgullo, le dice: ¡tú eres potente! ¡A otro, tú eres bello, un hombre o mujer tan bello, (a,) no ha nacido en la tierra Al tercero dice: ¡tú eres sabio,, las cosas que tú sabes no las sabe nadie! Al cuarto dice: ¡tú eres santo, estás volando al cielo!… A cada uno le lanza algo y le envía al orgullo. Le lleva con sus alas negras conduciéndole al precipicio y dándole una patada le destruye en las rocas. Y entonces el orgulloso ve sus plumas arrancadas por el ángel-demonio que tiene a lado suyo. Estos precipicios, pues, son a los que nos conduce el diablo. Así vamos “hacia el precipicio o despeñadero” (Mt 8,32). En Evangelio de hoy es nuestra fotografía.

Vamos hacia el precipicio todos, varones, mujeres, jóvenes, curas, laicos, los de izquierda y los de la derecha, todos. ¡Cómo lo ha conseguido el diablo, hacer una roca enorme, lo peor que cualquier otra cosa! ¡y encima de esta roca no puso sólo una persona o una familia, sino toda la humanidad y está preparado a precipitarla al abismo!. De un momento a otro viene al mal. Si tuviéramos un poco de buena fe y sensibilidad no iríamos tanto de juergas. No soy profeta, ni hijo de profeta, soy un humano pecador como vosotros. Pero creo en el Evangelio, creo en el Apocalipsis y veo que un día sonarán las sirenas y las campanas sepulcrales. En una hora se vaciarán las grandes ciudades y los que les dará tiempo se esconderán en las cuevas. Esta será una gran peripecia, todo lo demás que hemos pasado no es nada ante esto. Un paso más y el diablo dará un empujón a todos. Y allí abajo no será el fuego de Sodoma y Gomorra. Serán las bombas atómicas. Ellas harán una catástrofe inmensa. Dice una profecía: la tierra se dispersará. Estarás caminando cien km para encontrar una persona… Hacia el precipicio, pues, toda la humanidad. ¿Y quién nos salvará? El Evangelio dice: sólo nos salvaremos los que estamos en metania y nos hemos convertido y confesado. Todos nosotros, pues, pequeños y grandes arrodillémonos a los pies del Crucificado y con oración y lágrimas pidamos Su misericordia (increada). Digamos nosotros también como el ladrón: “Acuérdate de mí Señor cuando vengas con tu realeza increada” (Lc 23,42). Sólo la metania como los de la ciudad de Nineví nos salvará en estos últimos momentos.

Hermanos míos, no tomen el camino de la vanidad, de la carne, del dinero y del camino del diablo. NO, no os engañéis. Por muchos bienes que os comprometa el diablo, el final es calamidad e infierno. Tomad el camino estrecho, la subida, el camino de la pobreza y del deber, el camino de Gólgota, el camino que ha andado el Cristo para que seáis conducidos con seguridad en los brazos de Dios, «donde no hay llanto, ni lamento sino vida interminable y gozosa cantando δόξα σοι Κύριε, δόξα σοι, dóxasi Kirie dóxasi, gloria al Señor gloria…» Amín.

(†) Obispo Agustín homilía grabada en Atenas 2-7-1961

Sobre el código Da Vinci y los engaños de los papistas, protestantes y otros herejes sobre la Virgen María

 

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Traducción repasada  12/11/2025

Sobre el código Da Vinci y los engaños de los papistas, protestantes y otros herejes sobre la Virgen María

PRÓLOGO

Introducción por el archimandrita Sarantis de la Santa Iglesia de la Dormición de la Zeotokos.

Barrio de Amarusion – Atenas.

Este librito contiene homilías del reverendísimo sacerdote padre Atanasio Minas, de carácter apologético y muy confesional.

La apologética del padre Atanasio emana de su entera formación teológica, de su ética y conducta ortodoxa. Se atreve a comentar textos que provienen del interior de las entrañas de la Nueva Era (o Nuevo Orden), que apuntan y aspiran, de manera pérfida y mal astuta, a anular si prosperan: la divinidad de nuestro Señor Jesús Cristo, la segunda divina persona de la Todasanta Trinidad.

Uno de los cuatro artículos editados por el padre Atanasio comenta especialmente el “Código Da Vinci”. La gran circulación del “Código Da Vinci” se debe ciertamente a la esponsorización de la Nueva Era, la cual mediante los media (medios de comunicación) anuncia su libro y así extiende a todas partes su propaganda anticristo, puesto que está demostradísimo que los media son sub-instrumentos subordinados a la Nueva Era y constituyen su púlpito.

Se supone que algún “investigador” o algunos “investigadores” encontraron recientemente con fuertes luces de la Nueva Era, un código, un libro perdido y olvidado de gran valor histórico. Este código contiene secretos  e informaciones desconocidas hasta ahora para la mayoría de  la gente, sobre la vida de Cristo, las cuales por fin salen a la luz, para que la gente sepa gracias a la Nueva Era, la “pura verdad” sobre la persona de Cristo. Es ya consabido que aprenden partes de la vida de Cristo que no tienen fundamento y son inexistentes. Pero esto para la Nueva Era no tiene importancia, si a priori el fin es la perversión y alteración de la verdad sobre la persona de Cristo. Tanto para el zeantrópino prósopo (dioshumano rostro, persona) de nuestro Señor Jesús, así  como para cada institución sagrada de Su Una, Ortodoxa, Santa, Católica y Apostólica Iglesia. Utilizan todas las artimañas anticristo para ensombrecer al Sol espiritual de la justicia por esencia, a Él, es decir, a nuestro mismo Señor.

La Nueva Era, con el diablo escondido detrás de ella, opera a través suyo, activa y energiza sutilmente  un odio implacable contra la zeantrópina (dioshumano) persona de nuestro Señor Jesús Cristo, descubriendo y proyectando maneras y formas para empañar y oscurecer su divinidad abierta o principalmente, y de manera encubierta, arruinar y derrumbar la bendita esperanza de todos los hombres hacia Su zeantrópina (dioshumano) persona.

El famoso código en forma de novela, engendra en todas las conciencias humanas la duda sobre la divinidad de Cristo sin  atacarle directa y abiertamente. Ésta es la táctica de los escritores de la Nueva Era, disponen de la manera y forma de cubrir el veneno de su herejía anticristo dentro de la abundancia de miel enriquecida con elementos periodísticos y logotécnicos.

El insospechado mediano lector se siente atraído y se regocija de la dulzura de la logotecnia novelística (tecnicismos retóricos de palabras); sin embargo,  junto esto se traga también el contagioso, maligno e infeccioso virus de la herejía. Si el organismo espiritual del hombre de la fe cristiana tiene anticuerpos (del virus), entonces tarde o temprano detectará y marginará el virus de la herejía y finalmente lo expulsará. Pero si el lector no tiene suficiencia de anticuerpos – quizás porque los usó recientemente para enfrentarse a otro virus maligno que le envió y proyectó la Nueva Era- puede infectarse mortalmente. En el “mejor” de los casos se bombardea con incesantes e infinitos pensamientos y reflexiones compulsivas de duda (loyismí), los cuales a causa del pegajoso y maligno virus anticristo se multiplican progresando geométricamente y provocan acedía (desgana, pesadez), ansiedad e incredulidad.

Introducción

El lector común e inadvertido se siente atraído y seducido por la dulzura de la logotecnia novelística (el arte retórico de las palabras); sin embargo, junto con ella, ingiere también el contagioso, maligno e infeccioso virus de la herejía.
Si el organismo espiritual del creyente posee suficientes “anticuerpos” de fe, tarde o temprano detectará, aislará y expulsará el virus herético. Pero si el lector carece de defensas —quizás porque las haya consumido recientemente al enfrentarse a otro virus maligno proyectado por la Nueva Era— puede infectarse mortalmente.
En el “mejor” de los casos, su mente será bombardeada por incesantes e infinitos pensamientos y reflexiones compulsivas de duda (logismí), que, a causa del pegajoso y maligno virus anticristiano, se multiplican progresivamente, provocando acedía (desgana espiritual), ansiedad e incredulidad.

El conocido objetivo de la Nueva Era no es vaciar las Iglesias de fieles, sino lograr que esos “fieles” dejen de ser verdaderamente creyentes. Mientras la Nueva Era consiga mantener a los creyentes dentro de confesiones y alabanzas heréticas —infectados por sus virus espirituales—, podrá introducirse en sus conciencias y dar cuerpo y vigor a sus programas e ideologías.
Porque, si el cuerpo de la Iglesia —nos referimos únicamente a la Una, Santa, Católica y Apostólica Iglesia, es decir, la Iglesia Ortodoxa de Cristo— se debilita por la acción reiterada de esos virus malignos, su Verdad se iguala y nivela con la mentira de la herejía, y puede entonces ser asimilada por la Πανθρησκεία (Pánzriskía: “Todareligión”, “Multirreligión” o “Religión Única”), tan deseada y promovida por la Nueva Era.

Expresamos nuestro más sincero agradecimiento al padre Atanasio por su vivo interés en informarnos con responsabilidad sobre los temas que amenazan nuestra fe ortodoxa. Nos ilumina el calor de su lámpara de fe en Cristo, ayudándonos a percibir el peligro de la herejía y a no permitir que la oscuridad del engaño ocupe nuestro espacio y nuestro tiempo.

Este libro, con las homilías del padre Atanasio, nos ayuda también a tomar conciencia de nuestro deber cristiano ortodoxo frente a todas las herejías, no solo frente a las contemporáneas de la Nueva Era, sino también frente a las antiguas herejías de los papistas y protestantes.
Ellos necesitan de nuestra verdadera confesión y de la ortodoxa catequesis, para que quizá —si se despiertan del sueño de sus engaños— se alejen de la oscuridad de la mentira y regresen a la Verdad: a Cristo, a quien únicamente nuestra Santa Ortodoxia enseña, confiesa, instruye e implora incesantemente.

Refutación de los engaños de los papistas, protestantes y otros herejes sobre la persona de la Παναγία (Panaghía: Todasanta, la más Santa, Santísima)

San Simeón el Nuevo Teólogo dice: “Desde que el hombre fue exiliado del Paraíso y de Dios a causa de su desobediencia, el diablo, con sus demonios, tiene la posibilidad de remover y perturbar las energías lógicas y noerás (espirituales) de la parte logística de la ψυχή (psijí: pique, alma, ánima) de cada hombre, día y noche.
A esta parte logística no le es posible fortalecerse de otra manera que con la incesante memoria de Dios, es decir, con la fuerza de la cruz: engendrando e ensomatizando en su corazón la divina memoria que consolidará al hombre, lo convertirá y lo hará constante, inamovible e imperturbable.
A esta finalidad conduce la lucha espiritual, la cual ha sido dada a cada cristiano ortodoxo para combatir dentro del estadio de la fe en Cristo; de otro modo, lucha en vano.
Por causa de esta lucha se realiza la άσκησις (áskisis: práctica espiritual, ejercicio, ascesis, entrenamiento) de muchas maneras, en la cual cada uno sufre y se sacrifica por Dios, con el fin de conmover las entrañas del Bondadoso y lograr que vuelva a conceder al hombre el axioma inicial, y que Cristo selle la parte logística de su psique-alma, tal como dice el Apóstol Pablo, «Gálatas 4:19: ¡Hijos míos, amados hijos míos espirituales, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que la personalidad de Cristo sea formada, ensomatizada en vuestro interior!»

”. Y añade San Simeón el Nuevo Teólogo:

“En la psicoterapia Ortodoxa, dentro de la parte logística de la psique-alma, se introduce el Logos de Dios, por la χάρις (jaris: gracia, energía increada) de Cristo quien es el único Médico (psicólogo, terapeuta y sanador) de nuestras psiques-almas y de nuestros cuerpos, tal como proclama la Divina Liturgia”.

Teniendo en cuenta estos logos de nuestro Santo Padre Simeón el Nuevo Teólogo —citados por San Nicéforo en la Filocalia (págs. 168–169)—, que constituyen una recapitulación de toda la didascalía enseñanza de los Santos Padres de nuestra Iglesia, podemos comprender tanto la causa de nuestro exilio del Paraíso como la lucha que cada cristiano debe sostener para entrar en el estadio de la fe. (https://logosortodoxo.es/filocalia/tomo-iv/filocalia-4-san-niceforo-el-monje-logos-sobre-la-nipsis-y-la-vigilancia-del-corazon/ )
Y, conociendo la agapi-amor de nuestros Santos por la Θεοτόκο Zeotoko, la Nueva Eva, que con su obediencia nos ha reintroducido en el Paraíso, así como su certeza de que nuestra Panaghía (Todasanta) es el eterno πρότυπο (prótipo: modelo, prototipo) digno de imitación —además que la santidad de los santos pasa por Su Santidad y Su intercesión—, escribimos las líneas que siguen.

Emprendemos esta tarea porque la Nueva Era intenta infiltrar, mediante su multiculturalismo, enseñanzas heréticas sobre la persona de la Zeotokos, la Siempre Virgen María.
Nuestra ofrenda es humilde, con la finalidad de proteger, en primer lugar, a nuestro pueblo fiel ortodoxo de los blasfemos e insultantes dogmas de los heréticos papistas y protestantes acerca de Su Santísima Persona.
Y, en segundo lugar, para que muchos de los seguidores de estas herejías se vean llevados a reflexionar, a dudar más y más de sus errores, y lleguen a pedir conocer la didascalía enseñanza inspirada por Dios de la Una, Santa, Católica (en su sentido auténtico helénico, no papista) y Apostólica Iglesia, es decir, la Iglesia Ortodoxa.

Los santos Joaquín y Ana, padres de la Santísima Virgen, al llegar al conocimiento de su propia naturaleza —que es buena en los perfectos y en aquellos que han vivido la divina zeoría (contemplación espiritual)—, proyectando en sí mismos la grandeza de Dios y sin temer ninguna recaída, comieron y conocieron el fruto del árbol de la Gnosis, el del conocimiento del bien y del mal, sin malicia ni prejuicio.
Y el justo Dios los bendijo en su vejez y les concedió fruto de vientre: la Siempre Virgen María.

La concepción se realizó de modo divino, pero absolutamente natural. Nuestra Panaghía, pues, heredó el pecado original como todos los hombres.
A la edad de tres años, sus santos padres la ofrecieron al Templo de Dios. Allí entró en el Santo de los Santos y se entregó a grandes combates ascéticos y espirituales: ayunos, vigilias, oraciones, silencio, lágrimas, prosternaciones, estudio del Antiguo Testamento, obediencia a los justos sacerdotes del Templo —como san Zacarías— y conocimiento del Dios de las profecías, del siglo apócrifo y del misterio de la Divina Economía. Tuvo también la comprensión mística de su ofrecimiento a este misterio.

Con estos y muchos otros esfuerzos, desconocidos para nosotros, luchó nuestra Panaghía. Superó el dolor de la ausencia de sus padres y la falta de afecto familiar, pues en Ella no faltaban los sentimientos, las emociones ni la agapi-amor hacia ellos.

Así, con la paciencia en Dios, con su amor divino y su voluntad perfectamente entregada, puso siempre a Dios en primer lugar, superando cualquier dificultad o tribulación sentimental o emocional.
Estas luchas la convirtieron en Πάναγνη (Pánagni: todapura, purísima) y Χαριτωμένη (Jaritoméni: llena de gracia, enriquecida con la energía increada de la Jaris), humilde ante todos los hombres, más pura y más brillante que las milicias celestiales.

Por eso san Gregorio Palamás la llama “la línea fronteriza que une la naturaleza creada con la increada”.
El Dios Trinitario, agradecido por su amor (agapi) hacia Él y por todos los jarismas (carismas, dones) que había adquirido por la divina Jaris (energía increada), la escogió para servir en el mega-misterio de la divina encarnación del Dios Logos, para la σωτηρία (sotiría: psicoterapia, sanación, redención y salvación) del género humano.
La liberó, en el momento mismo de la concepción de su Hijo, del pecado original que llevaba como una semilla seca, sin vida ni fruto.

Nuestra Santa Iglesia Ortodoxa nos enseña que el mismo Logos-Dios, con el beneplácito del Padre y la cooperación (sinergia) del Todopoderoso Espíritu Santo, entró en su Santísimo vientre y se creó a Sí mismo, es decir, asumió una naturaleza humana (fisis) con psique-alma distinta de la divinidad o deidad.
Dicen nuestros Santos Padres: “Tomó de lo nuestro para darnos de lo Suyo; es decir, la vida eterna y el Paraíso.”

¿Dónde están ahora los heréticos papistas y los protestantes que insultan a la Zeotokos, los unos por la derecha y los otros por la izquierda?

San Juan Damasceno, dirigiéndose a Nestorio, quien intentaba suprimir el título de “Θεοτόκος” (Zeotokos), le llama “utensilio y recipiente de deshonestidad, hijo de Satanás”.
Y sobre nuestra Panaghía dice: “Mereció honra por encima de toda criatura, siendo Ella misma criatura.”

Con esto responde tanto a los protestantes, que llaman a la Panaghía “buena mujer” y niegan que sea Θεοτόκος (Zeotokos: Madre de Dios), como a los papistas romanocatólicos, que enseñan la concepción inmaculada y la asunción sin muerte de la Panaghía a los cielos; es decir, que la consideran una creación distinta, no ὁμοούσιος (omoúsios, consubstancial) con nuestra naturaleza humana, elevándola al rango de diosa 8dios), por encima de su propio Hijo, que padeció, fue sepultado y resucitó.

Con esta enseñanza blasfema, los heréticos papistas anulan los ejercicios y luchas espirituales de la Panaghía y el ofrecimiento de sus justos padres. Olvidan que Ella misma vivió durante doce años en el Templo de Dios en ascesis, obediencia y oración.
De este modo también anulan toda la obra del Dios Trino para la sanación y salvación del hombre por medio de Jesús Cristo, y rechazan que la Panaghía sea el eterno prótipo (modelo, prototipo) de santidad.

Y todo esto porque, según su herejía, la concepción de la Panaghía fue “sin mácula, sin semilla” —¡qué blasfemia!—.
De ser así, los hombres podrían justificarse diciendo: “Como nosotros fuimos concebidos de modo natural, llevando el pecado original, y Ella, en cambio, de modo sobrenatural y sin pecado, no podemos tenerla como modelo ni ejemplo”.
De esta manera se justificarían nuestros pazos (pasiones), nuestra acedía (desgana, pesadez espiritual), negligencia y pereza.
Así se anula la didascalia enseñanza de san Simeón el Nuevo Teólogo —que mencionamos al principio—, la cual es también la enseñanza de todos los Santos Padres.

¡!!Se anula así también la obra sanadora y salvadora de Su Hijo, Su Dios y nuestro Dios!!!
¡Dios mío, a qué desastroso y degenerado estado han llegado!

Si pudieran escuchar, aunque sólo fuera ahora, a San Juan Damasceno, quien denuncia sus engaños de la siguiente manera: “A la Santa Virgen la proclamamos verdaderamente Zeotokos (Madre de Dios), en su justa palabra; porque así como Él, que nació de ella, es verdadero Dios, así también ella, que dio a luz al verdadero Dios encarnado, es verdadera Zeotokos. Decimos que de ella nació el Dios, no porque la divinidad del Logos haya tomado su principio de ser de ella, sino porque el mismo Dios Logos, que nació intemporalmente del Padre antes de los siglos y existe sin principio ni fin con el Padre y el Espíritu, y en los últimos tiempos y para nuestra sanación y salvación, se instaló en la matriz de la Zeotokos, se encarnó invariablemente y nació de ella.
La Santa Virgen ciertamente no parió un hombre desnudo, sino a Dios verdadero, pero encarnado; sin que Él bajara el cuerpo del cielo y lo pasara a través de ella como un canal, sino que, tomando de ella sarks —un cuerpo de sangre, carne y hueso igual al nuestro—, lo creó para Sí mismo.
Porque si hubiese traído el cuerpo del cielo y no lo hubiese tomado de nuestra naturaleza, ¿cuál sería entonces la necesidad de la encarnación?
La encarnación del Dios Logos se hizo para que la misma naturaleza humana, que pecó, cayó, se corrompió y se desgastó, pudiera vencer al tirano que la engañó y así liberarse del desgaste y la corrupción, tal como dice el divino Apóstol: “Como por el hombre vino la muerte, también por el hombre vino la resurrección” [1 Corintios 15:21]. (Edición exacta de la fe Ortodoxa, 1992, pág. 253).”

Se demuestra, por lo anterior, que la concepción sin semilla de los heréticos papistas es una variación de la herejía nestoriana; ambas herejías parten de puntos distintos, pero llegan al mismo resultado engañoso:

  • Nestorio enseña que el cuerpo de Cristo es celeste, que no proviene de la Panaghía, sino que pasó por Ella como por un tubo.
  • Los papistas afirman que la Panaghía tomó cuerpo sin pecado ancestral u original.

¡Dios mío, qué engaño! Así, la sanación y salvación en Cristo se vuelve imposible.

¿Veis, pues, engañados papinos (romanocatólicos) y protestantes, cómo habla el santo? A la Siempre Virgen la proclama Zeotokos, contestando tanto a los papistas como a los protestantes, y afirma que toda la obra del Dios Trino, sanador y salvador nuestro Jesús Cristo, se apoya en la verdad de que la sarks (carne, cuerpo) que tomó Cristo de la Panaghía es igual, de la misma esencia que la nuestra; la tomó de nuestra fisis-naturaleza, que pecó, cayó y se corrompió, según San Juan Damasceno.

Así, en nuestra Iglesia, proclamamos la única verdad bajo el sol: el Señor tomó cuerpo y psique-alma igual que la nuestra en todo, pero sin pecado. “Mandó Dios a Su Hijo, el Unigénito, hecho de mujer.” No dice “hecho por mujer”, sino “hecho de mujer”.

San Juan Damasceno interpreta esta parábola: “Así revela el divino Apóstol que Éste es el Unigénito Hijo de Dios y Dios, que se hizo hombre de la Virgen, y Él mismo es el que nació de la Virgen; el Hijo de Dios y Dios, puesto que nació corporalmente. Se hizo hombre, sin instalarse en un hombre creado previamente como profeta, sino que Él mismo se hizo esencial y verdaderamente hombre; construyó en su hipóstasis (bae substancial) viva sarks (carne, cuerpo) con psique-alma lógica y noerá (espiritual) y se hizo Él mismo en esta hipóstasis. Esto significa ‘hecho de mujer’. Porque, ¿cómo podría el Logos de Dios hacerse hombre bajo la ley si no se hiciera hombre omoúsios, de la misma esencia que nosotros?”

De repente surge la pregunta: si los papistas, los protestantes y la plaga de herejes e incrédulos se encuentran en estos engaños, ¿cómo podrán luchar contra los pazos (pasiones, vicios, apegos, adicciones y emociones enfermizas) de manera que la parte logística (fuerza y energía lógica, que viene del Logos), por naturaleza libre, no se esclavice a lo pasional —es decir, a las otras dos partes y energías de la psique-alma, que son la irascible (emocional) y la volitiva o anhelante, esclavas de lo pasional?

Si lo que es libre por naturaleza se hace esclavo de las pasiones, también se justifica la deshonestidad: que los cardenales pederastas, en ocasiones, indemnicen a los padres de los niños que arruinan, con dinero del “Banco del Espíritu Santo” del Vaticano (y muchas otras cosas más).

Se justifican, entonces, se autoabsuelven y se autojustician, cuando degradan y niegan a los santos mártires, como el megalomártir Geórgios (Jorge) y la Santa Caterina, y proclaman falsos santos, asesinos y pederastas.

¿Comprendéis el crimen contra la humanidad que cometéis, herejes, pervertidos? Decís que lo comprendéis; por eso vuestro pecado permanece en este mundo. Por eso fundamentasteis y decretasteis como dogma la infalibilidad y la primacía del poder del César Papa, enseñando sin vergüenza —aparentemente como si fuera didascalía enseñanza de la Santa Escritura— la herejía del purgatorio (fuego purgador) y formulando, de manera distinta, el engaño de la metempsicosis (samsara, nirvana) de la Nueva Era (Nuevo Orden).

Dais falsas esperanzas mediante papeles de perdón y del fuego purgatorio, como ya señalamos. Pero, por un último intento, volved al sano juicio y escuchad otra vez lo que enseñan y cómo interpretan nuestros Santos Padres el pasaje de San Pablo: “Si la obra que uno ha edificado sobre este cimiento que es el Cristo, resiste la prueba del fuego, recibirá el premio o el salario; si se consume, lo perderá todo, aunque él se salvará con gran dificultad, pero como el que escapa atravesando las llamas del fuego. (Se salvará si la justicia de Dios lo juzga digno de salvación y perdón por lo menos por su buena disposición e intención)” (1ª Corintios 3:14-15).

La interpretación de San Juan Crisóstomo se ha publicado en la prensa ortodoxa por el distinguido profesor de la Universidad de Atenas. La obra de San Nectario, Sobre la inmortalidad de la psique-alma y los oficios en memoria de los muertos, es ampliamente conocida. Nosotros exponemos la opinión de otro gran santo para mostrar el acuerdo entre los Santos Padres.

Según San Nikita Stizatos. En la Filocalía: «79. El último día del Juicio se manifestará de modo candente y serán probadas con fuego las obras de cada uno, según dice Pablo (1Cor 3, 13-15). Es decir, si las obras por las que uno se ha edificado a sí mismo, son de materia incorruptible, quedarán incorruptas en medio del fuego, y no sólo no se quemarán, sino que serán iluminadas, ya que serán completamente limpiadas y purificadas de cualquier mancha que pudieran tener. Pero si las obras que uno se ha cargado sobre sí mismo son pesadas y de materia destructible, serán quemadas y destruidas, dejándolo con las manos vacías en medio del fuego. Las obras incorruptibles que permanecen son las lágrimas de la μετανοία metania, la caridad, la misericordia, la compasión, la oración, la humildad, la fe, la esperanza, la αγάπη agapi (amor incondicional y desinteresado) y cualquier otra cosa que se hace para la piedad. Todas estas cosas, junto con el hombre mientras todavía está vivo, son co-edificadas en el santo templo de Dios, y cuando se marcha, van junto con él y permanecen incorruptibles a lo largo de los siglos. Las obras que son destruidas por ese fuego son evidentes para todos: lujuria, hedonismo o amor al placer, vanagloria, avaricia, codicia, ambición, odio, envidia, hurto, ebriedad, maledicencia, condena y cualquier otra cosa mala que se realiza con el cuerpo por el deseo o la ira. Estas, mientras el hombre viva, se consumen con él, ya que este es quemado por el fuego del deseo, pero también cuando se separa del cuerpo, lo siguen, aunque no permanecen con él para siempre; porque al ser consumidas, dejan al hombre que las hizo, en el fuego, infernándose y sufriendo eternamente en los siglos de los siglos.» https://logosortodoxo.es/filocalia/tomo-iv/filocalia-tomo-4-san-nikitas-stizatos-tres-centuria-de-varios-capitulos-practicos-gnosticos-catarsis-agapi-y-perfeccionamiento/#Tercera_centuria_de_captulos_gnsticos_sobre_la_agapi_y_el_perfeccionamiento_durante_la_vida

Terminando con sentimientos de dolor y humildad, nos dirigimos también a los ortodoxos que se han injertado y mezclado con este veneno del papismo y del protestantismo.

Padres y hermanos, alejemos de nuestra Santa Iglesia Ortodoxa —la única arca de sanación y salvación del mundo— la herejía papista y protestante sobre nuestra Panaghía. Mientras no se observe disposición de metania, arrepentimiento y regreso a la Tradición paterna, deben cesar los falsos pseudodiálogos, las falsas pseudoágapes (de degenerados agapitos/as) y las falsas pseudopiedades y respetos, con abrazos que se expresan en supuestos renacimientos litúrgicos —mejor dicho, anarquía— y en liturgias alteradas con blasfemas traducciones.

Tenemos el deber y la obligación, frente a estos engañados hermanos, de predicarles y enseñarles la Ortodoxia, y solo la Ortodoxia. Debemos evitar rodear sus pseudoreliquias de supuestos santos con nuestros santos sacrificios ortodoxos, porque aunque, alguna de esas reliquias fuera verdadera, no energiza ni opera con la energía increada Jaris cuando se usan como anzuelo para capturar, tergiversar, arruinar y derrumbar la fe ortodoxa.

Son muy características las palabras con que se refiere San Juan Crisóstomo en su 1ª homilía sobre los Hebreos (tomo IV). Si se usan como anzuelo reliquias verdaderas, cuerpos de santos o libros de profetas para engañar a los creyentes, no energiza ni opera la Divina Jaris (la increada energía gracia).

Padres y hermanos, ¿por qué deben jactarse los papistas romanocatólicos de que, de esta manera, aceptamos la primacía y lo infalible del heresiarca (patriarca de los trileros) César Papa? Sabed que “vive el Kirios (Señor) Sabaoz” y que pronto apokaliptará-revelará los fraudulentos planes de todos ellos, que insisten y permanecen en la herejía del papismo y del protestantismo, y de todos sus co-caminantes, quienes, según el Yérontas (ahora santo) Porfirio, “hacen la guerra a la Iglesia dentro de la Iglesia”.

El Kirios-Señor viene. En Él, y en el Padre y en el Espíritu Santo procedente del Padre, pertenece la doxa (gloria) y el poder en los siglos.
Sí, Kyrie-Señor Jesús, ven. Amén.

 

La Ortodoxia no es una religión: es fe en Apocalipsis/Revelación.
La columna vertebral de la Ortodoxia es catarsis, iluminación y zéosis, junto con el discernimiento entre esencia y energías —increadas y creadas—, la auténtica psicoterapia; es “fe energizada por el agapi-amor” (Gal. 5,6), la increada energía agapi de Jristós, activada por la increada energía Jaris (gracia) del Dios Trino.

En nuestra Iglesia se sana al hombre, física y psíquicamente, como proclama la Divina Liturgia: “Jristós, el médico de nuestros cuerpos y psijes”, psicoterapia y sanación del hombre (Adán) enfermo a causa del obscurecimiento de su nus por el movimiento de la energía maligna de su propia voluntad —egoísta y orgullosa como la de Eva— y del Maligno.

“Ven y lo verás” (Juan 1:47)

Presbítero Athanasio Minas

Templo Sagrado de San Elefterios de Areos ATENAS 2005

Traducido por: Jristos Jrisulas Χρῆστος Χρυσούλας  www.logosortodoxo.com

El uso de la noerá energía y de la energía lógica del hombre según san Gregorio Palamás

 

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Homilíía del congreso científico Internacional, Atenas Nov. 1998.

Nus y Lógica

El uso de la noerá energía y de la energía lógica del hombre, según san Gregorio Palamás

(Archimandrita Efrén, Yérontas del Monasterio Vatopedion Santa Montaña Athos)

Sugerimos también leer nuestros diccionarios https://logosortodoxo.es/alfa%cf%89mega-gran-lexico-ortodoxo/ y https://logosortodoxo.es/filocalia/minilexico-filocalico/).

 

Traducción repasada el 12-11-2023

Me embarga completamente el temor y el anhelo cuando estudio o debo hablar sobre el gran teólogo y Padre de nuestra Iglesia, San Gregorio Palamás. Anhelo porque este Santo expresa de forma única el pensamiento teológico de los Padres, respecto a la enseñanza analítica y precisa sobre los dogmas Triadológicos y Cristológicos. Pero sí, explica y apocalipta/revela descubrimientos muy difíciles sobre las verdades antropológicas humanas.

Siento temor sagrado, porque me da miedo que interprete mal algo de sus enseñanzas y de la vida carismática del Santo. Pero esperanzado en sus bendiciones, continúo en el desarrollo de un tema tan fino e importante que aborda la experiencia de la vida cristiana ortodoxa.

San Gregorio Palamás en su segunda homilía sobre la Presentación, donde nos presenta a la persona (prósopon-rostro) de la Zeotokos (madre de Dios) como modelo de la vida Hisijasta (Hesicasta) y habla detalladamente sobre las cinco dinamis (fuerzas y energías) de la psique: 1) νοῦς (nus), 2) Διάνοια diania (cerebro, mente, intelecto), 3) φαντασία (fantasía), 4) δόξα (doxa, gloria u opinión), 5) αίσθηση észisi (sentido, sentimiento, sensación o percepción sensible o espiritual).1

(1. San Gregorio Palamás, Discursos II; y sobre la distinción de los términos nus, intelecto, corazón, alma cf. Metropolita de Nafpacto Hierotheos, Psicoterapia Ortodoxa, donde se señala en las pp. 111-117 que los Padres a menudo alternan los términos calificando al nus, a veces como διάνοια diania (intelecto, mente cerebro) o energía noerá o espiritual de  la psique-alma, otras veces como οὐσία usía esencia/sustancia de la psique-alma. En la teología occidental el νοῦς nus siempre se entiende como intelecto, mente y razón. Para los teólogos occidentales, la noerá energía es «inexistente». A modo de ejemplo, se señala: «Se llama νοῦς nus la energía de la actividad que se compone de pensamientos, conceptos y significados. Nus es también la potencia o fuerza que energiza, opera  y actúa, que también es llamada corazón por las Escrituras. (Tres capítulos sobre la oración y la pureza del corazón, san Gregorio Palamás https://logosortodoxo.es/filocalia/tres-capitulos-sobre-la-oracion-pureza-y-catarsis-del-corazon/ )”. Pero cuando se nos pide decir qué es el nus y qué es la diania intelecto o mente, decimos que el nus es una esencia/sustancia, fuerza y energía, pero la diania intelecto o mente es una energía esencial… pero la diania nunca está sin el nus». También de Isaac el Sirio, Discurso 83: «Pues el nus es uno de los sentidos de la psique-alma; y el corazón (esencia) es lo que contiene y controla las percepciones y sensaciones internas. Este es la raíz». “Νοῦς” (nus) y “νοερά ενέργεια” (noerá energía, o energía espiritual del corazón). Se usan por los Padres con varios significados. El verbo es: “noῶ” (noó) que quiere decir “entender”, “significar”, “percibir” y “concebir”. “Nοερá ενέργεια” (noerá energía) significa energía humana espiritual, perceptiva y conductiva del corazón (psicosomático) espiritual. Nus es también la potencia o fuerza que energiza, opera  y actúa, que también es llamada corazón por las Escrituras». El nus es el principal ojo de la psique y su parte más limpia debe estar atento, en guardia, como un vigilante en la puerta de la psique e impedir la entrada de los malos loyismí. Su funcionamiento tiene una diferencia respecto con el ojo físico del cuerpo que ve todos los objetos pero no puede verse a sí mismo; en cambio el nus puede regresar a sí mismo y autovisionarse. El nus, según san Dionisio el Areopagita, funciona con tres movimientos: el directo, el espiral y el cíclico. Νο se debe confundir el nus con la diania (mente, intelecto o cerebro) que tiene la posibilidad de formalizar conceptos abstractos y a continuación llegar a conclusiones mediante silogismos productivos. https://logosortodoxo.es/alfa%cf%89mega-gran-lexico-ortodoxo/ 🙂

En esta obra, este gran maestro de la anatomía de la psique-alma humana aclara que la diania es una dinami (energía y potencia) lógica/racional que realiza y completa con diversos silogismos, (reflexiones, meditaciones) detallados la doxa-gloria, o sea, la opinión y que tiene su sede en el cerebro*. El nus por otro lado, es esencia autóctona con su energía principal llamada «noerá» (espiritual humana); pero cuando el nus decae de éste movimiento, se limita solo a la vida dianoítica (mental, intelectual y racional).

(*El gran Teólogo y Padre Romanidis, en su libro, “La religión es una enfermedad y la Ortodoxia su terapia y sanación”, dice: Dicha enfermedad consiste en que existe cortocircuito entre el espíritu del corazón del hombre (entre el nus o la noerá energía según los padres) y el cerebro. En la situación fisiológica, normal, la noerá energía se mueve cíclicamente como una manivela, orando dentro del corazón. En su situación enfermiza la noerá energía no se manivela o no se mueve cíclicamente. Pero estando desplegada y arraigada en el corazón, se pega en el enkéfalos-cerebro y crea un cortocircuito entre el cerebro (diania-mente, intelecto) y el corazón. Así los conceptos o nociones del cerebro, los cuales están tomados todos del ambiente, se convierten en conceptos o pensamientos de la noerá energía que siempre está sembrada, arraigada en el corazón. De este modo el paciente se convierte y se hace esclavo de su ambiente. A causa de esto, algunos conceptos o nociones que provienen de su ambiente los confunde con su dios o sus dioses… https://logosortodoxo.es/la-religion-es-una-enfermedad/ Lo siguiente podría ser una interpretación de la sección anterior de san Gregorio Palamás: ‘Cuando la energía del nus se atrapa en la percepción sensible o al logos-lógica intelectual, la energía de la actividad lógica o e intelectual actúa como un sustituto de la noerá energía del nus o del corazón y del entendimiento. La diania queda inferior del nus en potencial y capacidades, ya que siempre opera reflexionando, meditando o razonando (percepción mental, intelectual, cerebral), nunca de una manera intuitiva, (percepción del corazón).

San Gregorio Palamás, siguiendo la tradición de los Santos del Tomo Aghiorita, buscó confirmar y certificar el discernimiento entre la energía lógica y la energía noerá (del nus y el corazón psicosomático como esencia/sustancia espiritual de la psique). 

Al igual que en la Deidad distinguimos entre esencia y energía, lo mismo ocurre en el nus humano, donde existe una esencia y una energía: «una cosa es esencia del nus, otra es la energía». Según, san Gregorio Palamás, el nus en su estado natural se encuentra dentro del corazón* (centro psicosomático), en el centro interior como instrumento, no como si estuviera contenido en un envase;  según el Santo, el corazón es «el primer instrumento corporal (carnal) logístico». La noerá energía del hombre se manifiesta cuando el nus se une con el corazón después de desprenderse de todo tipo de loyismí, (pensamientos simples o unidos con la fantasía de su diania).

*(El hesicasta Kalistos Angelikoudis (segunda mitad del siglo XIV) en su obra «Contra Tomás» define el corazón como «el receptáculo de todas las dinamis (fuerzas y energías) y facultades de la psique-alma». San Nicodemo el Hagiorita en su “Manual de Consejos”, define el corazón como un centro natural, parafísico, sobrenatural”)

 

El hombre tiene dos ojos psíquicos. Uno es la diania (mente, intelecto, cerebro), de la cual su condición real es el conocimiento creado (gnosis). Con su diania, el hombre puede estudiar también lo Increado, ocuparse, bajo condiciones, con distintas «zeorias, contemplaciones, expectaciones», percepciones y conceptos espirituales*(6). La diania no constituye el principal ojo de la psique, porque no puede experimentar los tesoros celestiales de manera empírica. La diania puede por sí misma pensar, intelectualizar, meditar, juzgar, razonar y analizar por ello, las percepciones noerás (espirituales en el corazón) y las sensibles de los sentidos.

 (*6. La palabra «θεωρία zeoría, contemplación, teoría o consideración », la «ἄληκτος γνῶσις aliktos gnosis, inolvidable gnosis-conocimiento»  es altamente significativa en la terminología patrística. A veces significa la contemplación natural, la apocálipsis/revelación natural de Dios (no la analogia entis de la teología occidental), que se realiza a través de los de los seres (criaturas) con la lógica y es el modo catafático afirmativo positivo, un movimiento directo de la diania mente humana a través de la creación hacia Dios. Otras veces significa la visión de Dios, ya sea «como en espejo y como en un enigma” en la etapa de la iluminación, o «cara a cara» en la contemplación, y es el modo apofático afirmativo negativo, el movimiento helicoidal o circular del nus (espíritu del corazón de la psique) hacia Dios. La θεωρία zeoría se vuelve «automovida, autoiniciada» o «por imposición» cuando una persona por sí misma crea en su mente varias ideas que se derivan del conocimiento de las bendiciones y beneficencias de Dios, la muerte y el juicio, los seres sensibles e inteligibles, la economía encarnada de Dios y otros dogmas sobre Dios, inicialmente sin la participación de la Χάρις jaris Gracia increada, y «heteroiniciada o movida por otro» o «por concesión » cuando, a través de la Χάρις jaris Gracia que energiza y opera en el corazón, la diania mente es arrebatada zeoría contemplación sin la voluntad del ser humano. Para distinguir entre estas dos zeorías y la superioridad de la segunda, ver la obra de los santos Callisto e Ignacio Xanthopoulos, «Método y Regla Exacta,» Filocalía de los Santos Nípticos, tomo V, capítulo 68, que pronto traduciremos.)

El segundo ojo psíquico principal es el nus, es decir, la energía noerá en el corazón, el centro interior del hombre, a través de la cual se obtiene la visión divina, contemplación y gnosis (conocimiento empírico) de Dios, mediante Sus deificadoras energías increadas.8

Con la diania (mente, intelecto, cerebro), por la lógica, podemos comprender la existencia de Dios a través los logos de los seres, la causa de su existencia, la providencia y el discernimiento de sus logos. Pero no podemos con la diania unirnos con Dios. San Gregorio enfatiza que si queremos unirnos y tener a Dios en nuestro interior, debemos pasar necesariamente seguir el camino de la catarsis (purgación y sanación) del corazón y, a través de la virtud, superar cada sentido, loyismós, reflexión, pensamiento y conocimiento- gnosis. De esta manera, encontramos la energía noerá (el nus-espíritu) y, al permanecer en esta oración inmaterial, nos llenamos del esplendor sobrenatural del Espíritu Santo.

La Panaghía Virgen, como modelo Hisijasta, permaneciendo dentro del «Santo de los Santos o el altar de los altares», desprendiéndose de cada tipo de virtud, porque «ya no daban fruto para su extrema intimidad con Dios, investigaba las fuerzas psíquicas, consiguiendo así, de modo sobrenatural, la unión con Dios». Superando mientras tanto las cuatro restantes fuerzas psíquicas, el sentido (percepción sensible), la fantasía, la diania (la lógica), la gloria o la opinión, cuidando al nus y descubriendo la noerá energía a través del silencio noeró-espiritual (paz y serenidad en el corazón). Así mientras se desvinculó de cualquier relación materialista, «conjunta y gira su nus hacia sí mismo con cuidado y continua oración divina». Centrándose únicamente en la oración, superó todo lo creado, contempló la doxa gloria increada de Dios y experimentó la energía divina Jaris de una manera superior a la visión divina de Moisés.

San Gregorio Palamás habla de tres uniones, a) la unión esencial entre personas-hipostasis de la Santa Trinidad, b)la unión hipostática (base, fundamento subsistencial o substancial) de la naturaleza divina y la humana en la persona del Θεάνθρωπος Zeántropos Dios-Ηombre, el Logos, Cristo y c) la unión por energía entre Dios y los seres lógicos y noerós (espirituales). En ésta unión por la energía, que se crea a través de la relación personal de Dios con el hombre, Dios participa con Su energía increada principal y superior de Sus energías increadas, la divinizadora/deificadora, que se distingue de las otras energías increadas, que son la esenciadora, la vivificadora, la mantenedora o cohesiva y la creadora de sabiduría (sapiencial). Por su parte, el hombre contribuye con su energía noerá (espiritual humana) la más alta y superior energía creada, la del nus, porque sólo a través de ella se ha dado al hombre la posibilidad de conseguir la divina comunión, unidad, afinidad, vista, expectación y contemplación, es decir, la zéosis. Sólo así, el creado ser humano puede unirse con lo Increado.

El ejercicio o ascesis mediante las virtudes, tiene como finalidad la unión del hombre con Dios a través de Su energía increada Jaris (gracia). Con las virtudes podemos llegar a la semejanza de Dios, pero sin la consecución de la unión ontológica* a través de la energía increada Jaris no logramos, o » no experimentamos, no sufrimos» la zéosis. Las virtudes preparan el campo para recibir el don de la oración pura y lúcida que culmina en la divina unión. *(9 El uso del término «ὀντολογικὸς ontológico» se hace en el sentido de ‘real’, ‘sustancial’, ‘existencial’ y debe ser diferenciado de la ‘ontología’ de la teología occidental, donde generalmente se entiende la analogía del ser (analogia entis), a través de la cual el hombre puede elevarse desde el estudio de los seres a sus supuestos arquetipos que se encuentran en la esencia de Dios; esto refleja la influencia obvia de la metafísica del neoplatonismo en la teología occidental. Podemos hablar de ontología refiriéndonos a las relaciones y a los logos de los seres o criaturas (ver la ontología de San Máximo el Confesor), pero es arriesgado cuando hablamos de relaciones ontológicas con la Santa Trinidad. Ningún Padre lo ha intentado, ya que para los Padres, Dios no se considera tanto «ὄν ser», o «existencia’»,  sino principalmente como ‘no-ser’ (e increado), y, por lo tanto, no está sujeto a relaciones ontológicas conocidas, intelectuales y terrenales).

Una de las consecuencias del pecado ancestral/original fue la interrupción inmediata de la comunión entre Adán y Eva y Dios, que se hacía a través de la energía noerá de la psique-alma por parte del hombre y la divinizadora/deificadora energía increada Jaris por parte de Dios. Cuando los Padres hablan de «oscurecimiento de la imagen o del nus» del hombre después de la caída, no quieren decir que el hombre perdió su lógica, sino su noerá energía. La lógica, la independencia o libre voluntad y la libertad no se perdieron por la caída, pero fácilmente pueden equivocarse, engañarse y salir del camino correcto de la fe en Dios y funcionar de manera antinatural.

Después de la caída, las fuerzas psíquicas del hombre se perturbaron y se desintegraron*11.

*(11 Los romanocatólicos afirman que después de la Caída, la naturaleza humana permaneció intacta; es decir, que con la transgresión, se cometió un error desde la lógica del ser humano y la curación de la personalidad humana radica en corregir la lógica. (ver P. Ioannis Romanidis, El pecado original,1992, p. 156, y https://logosortodoxo.es/psicoterapia-ortodoxa/dogmatica-empirica-ii-la-caida-del-hombre/  por Romanidis y Vlajos). A partir de aquí, comienza el dominio de la lógica o racionalismo en la teología occidental, de modo que se acepta y dogmatiza la posición de Tomás de Aquino de que la lógica humana concuerda con la apocálipsis/revelación divina (ver St. Papadopoulos, Historia de la filosofía, obras tomistas y antitomistas en Bizancio, Atenas 1967, p. 126-127). Por otro lado, los protestantes, considerando que con la Caída la personalidad humana se corrompió por completo, incluso la libre voluntad, la independencia, se encaminan a una predestinación absoluta (Calvino, Lutero). Estas fuerzas psíquicas del ser humano, y sobre todo la energía noerá, deben ahora restablecerse y reunificarse mediante la energía increada de Dios y la sinergia o cooperación del hombre, y deben regresar al corazón, que es el centro espiritual de la persona humana y el trono de la energía divina Jaris. De esta manera, el hombre puede recuperar aquella belleza ancestral y admirable, “psicoterapiarse” y sanarse la persona*, personalidad humana y experimentar una terapia psicológica y espiritual14.*(14 «La llamada del Señor se dirige principalmente al corazón, el centro espiritual de la persona… La llama de la agapi (amor incondicional) atrae por completo el nus hacia el corazón, y así, mediante esta llama, el nus con su energía se reuni y se une al corazón en uno solo y contempla el Ser en la Luz de la Divina Agapi. El ser humano se ‘unifica’, se psicoterapia y se sana». – Archimandrita Sofronio el Athonita, «Contemplamos a Dios como Él es», Essex, Inglaterra, 1992, pág. 272-273).

La esencia del nus, que reside en el corazón, es intransitiva «nunca se deja o se abandona a sí misma», pero su energía se traslada y se derrama fuera, a través de los sentidos, sensaciones y los loyismí (pensamientos simples o unidos con la fantasía, reflexiones, meditaciones). El asceta o el atleta practicante intenta restablecer esta energía en la esencia con la oración noerá o del corazón o de Jesús, de manera que el nus regrese a sí mismo y luego unirse con Dios.

El hombre, con su lógica, reconoce que existe Dios y que se manifiesta a través de sus mandamientos; e intenta mediante su esfuerzo personal, conocer, amar, encontrar y conseguir la manera en que podrá unirse con Él. El esfuerzo máximo se hace en la oración. El hombre ora en contacto consciente con logos (lemas, frases) que se forman dentro de su diania (cerebro, mente, intelecto), teniendo conciencia clara de su debilidad, pecaminosidad y desacierto para lograr su destino.

A través de un profundo análisis, autojuicio, recogimiento y duelo (espiritual), uno se arrodilla ante Dios y pide Su misericordia y caridad. Dios da y da «en sentido, sensación, sentimiento», Su energía deificadora Jaris, a aquellos que ve que recibirán y asimilarán este regalo digna y gratamente. Con la llegada de la Jaris, sentida en el corazón, se hace la oración en este lugar. El hombre, caminando por la vía de la verdadera metania descubre la noerá energía en su corazón y así realiza la entrada del nus en su corazón. Empieza a perseguir y pedir del Señor la completa catarsis y sanación de su corazón de los pazos. La memoria de Dios domina toda su existencia, y el nombre de Jesús se fusiona y se hace uno con su corazón y respiración. Si el cristiano insiste en la metania, en ese estado bendito de oración, entonces Dios le otorga el carisma, don de oración continua, que es una oración auto-energizada, auto-operativa con la noerá energía dentro de su corazón, la noerá, la del corazón, la pura, la oración del Espíritu Santo dentro del corazón humano. Los términos son idénticos, cuando se utilizan por los Padres. El que tiene el don de la oración continua puede ocuparse con la monóloga oración o bendición, o sea, la memoria de Jesús dentro de su corazón, mientras que con su diania a la vez estudiar lo que desee.

Respecto al discernimiento entre la energía lógica y la noerá, podemos explicar el siguiente fenómeno. Distinguidos científicos con una energía lógica extremadamente desarrollada, ya sean ateos o no, no hayan conocido a Dios empíricamente, porque no han descubierto la noerá energía. Por otro lado, hay ejemplos de ello, hombres casados o analfabetos o con enseñanza y estudios mínimos, que sean Santos de nuestra Iglesia, debido a que tenían la noerá energía extremadamente desarrollada, como San Antonio el Grande, nuestros contemporáneos Sabios Santos Yérontas José el Hisijasta, Jacobo Tsalikis, Porfirio el Kafsokalivita, Paisios el Athonita, Efrén Katunakiotis, San Siluán el Athonita, etc. En cambio algunos Santos/as, como Santa Katerina, San Máximo el Confesor, los grandes maestros y jerarcas como san Mega Atanasio el Grande, san Basilio el Grande, san Gregorio el Teólogo, San Juan el Crisóstomo, nuestro San Gregorio Palamás, y hoy en día nuestro bendito Sofronio el Athonita el de Essex, tenían extremadamente desarrollada a la vez la energía lógica y la noerá. Puede que en alguien funcione esta noerá energía, pero como no conoce la enseñanza Patrística de los Santos Padres, es posible no haya comprendido y concienciado que es lo que ocurre exactamente dentro de su corazón, pero seguro que experimente y tiene en el corazón sensaciones y sentimientos de divinas vivencias.

La unión del creado ser humano con el increado Dios, a través de la noerá energía en su corazón, no puede hacerse sin la energización y operación de la Jaris, (la energía increada de Dios). Tampoco por la existencia de su noerá energía, el hombre puede percibir la divina Jaris de Dios sin la operación energizadora y operativa de Ella*. Podemos decir que la noerá energía constituye el índice para el descubrimiento de la Jaris de Dios*. Aquel que participa y está en comunión con la energía deificadora conoce empíricamente a través de su experiencia la noerá energía de su psique-alma en su corazón durante la oración22. *(22 «La χάρις jaris (gracia, energía increada) de Dios se ve, se contempla noeramente (espiritualmente con el nus) y se conoce solo en sentido, sentimiento y percepción espiritual del nus en el momento de la oración», (Yérontas José el Hisijasta, Enseñanzas de Experiencia Monástica, 1992, p. 335).

El hombre se encuentra en el primer estadio de su perfeccionamiento espiritual, en el de la catarsis, cuando está en comunión empírica con la energía increada catártica o sanadora de Dios a través de la noerá energía en su corazón. En este estado, siente la energía Jaris como un «fuego consumidor» que purifica y sana su corazón de los pecados, conduciéndolo a la adquisición del divino eros (amor ardiente).  y siente la energía Jaris como «fuego consumidor. Esto lo motiva a vivir de acuerdo con los mandamientos de Dios y a cumplir Su voluntad.

Cuando el hombre asciende al segundo estadio, el de iluminación, que es la participación de la energía increada iluminadora de Dios. En este estado, vive en su estado natural, vive la libertad y el desapegado de sus propias pasiones, emociones y apegos (los pazos),antinaturales y perversos y hace uso adecuado de ellos. En ese estado perfecto y estable de iluminación, todas las facultades y fuerzas psíquicas y corporales adquieren su funcionamiento natural, por Dios, sobre todo el nus (espíritu) y la diania. Entonces, según los Santos Padres, el hombre se convierte y se hace realmente lógico y razonable en todas sus acciones, disposiciones y vivencias. Siente y percibe la Jaris como luz, como una llama ablandadora, suavizadora en su corazón, y, ¡experimenta una paz y dulzura admirables que dominan de su psique y cuerpo! Que «el cuerpo participa de esta manera con la energía Jaris energizada por el nus» y que las energías de la psique y del cuerpo son comunes, esta es en la enseñanza principal de San Gregorio Palamás. La luz increada, que es un símbolo natural de la Deidad, proporciona un conocimiento increado (gnosis), inconfundible, seguro y cierto, aunque la diania a menudo se ve cautiva por las proporcionadas «zeorías«, contemplaciones, expectaciones y visiones. (También San Gregorio dice que nuestro nus es el ojo principal y el único que puede verse a sí mismo interiormente y exteriormente).

Durante la zéosis, o sea, la participación en el perfeccionamiento de la deificadora e increada energía Jaris, ocurre un cese, una suspensión de todas las funciones del cuerpo y también de ésta noerá energía humana. La contemplación de la luz increada, «ésta luz, espléndida y brillante de la naturaleza divina, con la que Dios comulga y participa con los dignos» se realiza «en sentido» a través de la noerá energía del hombre, pero es superior y trasciende a todo sentido, logos y nus. Así es como ven los visionarios o videntes de Dios la divina luz increada. El practicante, viviendo el mandamiento de Cristo: » μετανοεῖτε metanoite, convertíos, arrepentíos y confesaos, cambiar de modo de vivir, porque la realeza increada de los cielos se ha acercado; ha llegado la vida santa y espiritual de la redención, bienaventuranza y felicidad(Mt 4,17),; (μετανοεῖτε metanoite, el verbo aquí en tiempo continuo, metania ininterrumpida, metá-nus, girar vuestro nus hacia vuestro interior, arrepentíos y confesaos) y esforzándose en la noerá oración del corazón, transforma el corazón de manera que se vuelve receptivo de la zeoría contemplación de la luz increada, cuando Dios lo desee y no cuando el hombre lo programe. Así en el momento que no lo espera, “durante la pausa total de toda noerá energía” contempla “la doxa=gloria de esta santa naturaleza, cuando Dios consiente y quiere introducirnos en los misterios espirituales”.

La unión con la noerá energía, especialmente durante la iluminación y la unión sobrenatural con Dios, que está por encima del nus y de la percepción sensible del hombre, durante la zéosis, no se puede explicar intelectualmente, lógicamente, es incomprensible e ininteligible. Por eso los Santos Padres en estas etapas del crecimiento espiritual hablan de manera apofática (afirmación negativa, sí a lo que no es). Describiendo el estado de la zéosis San Gregorio palamás, dice que «nuestro nus se expande más allá de sí mismo uniéndose con Dios, pero se supera a sí mismo», pero también Dios «sale fuera de Sí mismo, sin salirse, y en ésta suprema unidad espiritual, se une con nosotros». Durante ésta unión, el visionario de Dios ve a Dios como luz increada «contempla la luz suprema sobrenaturalmente y conoce exactamente de quién y de dónde es lo que ve; en aquel momento no lo sabe pero tampoco puede investigar la naturaleza de ésta luz, ya que el Espíritu que está contemplando es inescrutable”. Y es cierto que solo «el que ha experimentado y aprendió por experiencia conoce las energías del espíritu». Esta experiencia no se consigue con la lógica racional de la mente o intelecto sino a través de una energía y fuerza inexplicable del Espíritu.

Es importante destacar que la energía lógica del ser humano, durante la investigación y búsqueda de lo divino Increado, puede llevar al engaño, cuando se considera como auténtica y  afectar a tres tipos de personas en sus vidas espirituales. Comencemos por el tipo más evidente y terminemos con el más sutil y difícil de discernir.

En el primer tipo de engaño, la lógica, la razón (de la diania-mente, intelecto) expulsa la fe. El hombre, aceptando como única realidad la que le dicta su lógica a través sw las leyes naturales y la ciencia, tal como él mismo vive la vida sensible de los sentidos, no puede recibir la semilla de la fe en su corazón. No puede comprender que existe un conocimiento y una realidad, la cual es superior al logos a la lógica o razón humana y superior a los sentidos y a la naturaleza humana. Porque, como dice san Gregorio Palamás, sólo la fe puede acercarse y hacerse receptiva de la verdad del supremo logos. Este niega lo sobrenatural en su vida y al haber desarrollado una lógica hipertrófica y sobrealimentada, pertenece al grupo de los ateos o incrédulos.

El segundo tipo de engaño que crea la lógica involucra a aquellos que creen en Dios, pero lo hacen de manera equivocada. Estos pueden ser los cristianos heterodoxos u otros tipos de creyentes religiosos.

La teología que han creado los heterodoxos cristianos es νοησιαρχική noisiarjikí (es súper-racionalista, empieza por su propio nus y diania (intelecto), por el espíritu del hombre sin tener la energía divina Jaris), no es empírica, no se basan en la experiencia y no es cosecha de la revelación/apocálipsis de Dios. El dios que es producto del creado hombre por la lógica, se mueve siempre en los límites de la creatividad y es un dios que él mismo fabrica como quiere, a su propia conveniencia, imagen y semejanza. San Gregorio Palamás, interpretando la causa de tantas malas interpretaciones, veneraciones, alabanzas y opiniones falsas y heréticas del escolástico* Barlaam26, nos dice que con la lógica y la filosofía natural Barlaam intentaba interpretar las cosas y realidades sobrenaturales y lógico-supremas.

*(El escolasticismo es el perfeccionismo intelectual, la madre de todas las imperfecciones y herejías. 2626El racionalista y neoplatonista Barlaam (1290-1350), obispo de Hierápolis (1341-1350) y erudito del Renacimiento italiano, aunque escribió en contra del Doctor Communis, Doctor Angelicus, Princeps Scolasticorum, Tomás de Aquino (†1274), se puede clasificar  entre los buenos teólogos escolásticos de Occidente, ya que tenía las bases filosóficas necesarias para ello (ver sobre el desarrollo de «La dialéctica escolástica» de las Escuelas en Occidente de E. Moutsopoulos). Así, la teología filosofante de Barlaam, que no era empírica ni demostrativa, condujo al agnosticismo y, finalmente, a la aceptación del Filioque, a la falta de discernimiento entre usía esencia/sustancia divina y energía, a la visión de la esencia/sustancia divina, a la Gracia creada y a muchas otras doctrinas herejes latinas. El sistema teológico-filosófico de Barlaam constituye una amalgama de herejías (véase «Declaración de blasfemias», Escritos, tomo II, pp. 579-586). Es evidente que Barlaam constituye un auténtico exponente y portador de la teología escolástica latina y, sin duda, no de la ortodoxia bizantina.)

En Occidente, desde la época de San Agustín28 hasta hoy, domina esta tentación de la razón en la teología, lo que ha llevado a la secularización o mundificación de la Iglesia occidental. La logicocracia, (egoísmo intelectual y espiritual), el racionalismo es la causa desde siempre de todo tipo de herejías y sectas.

(28 San Agustín (354-430), influenciado por la filosofía del neoplatonismo y sin conocimiento de la literatura de los Padres, cayó en errores al hablar sobre la predestinación, la jaris gracia divina y la Santa Trinidad, tratando de demostrar con silogismos la existencia de las personas a través del método de las analogías psicológicas. Continúa Anselmo de Canterbury (1033-1109), el más agudo de los dialécticos (fides quaerens intellectum), con su «Creo para entender» (credo ut intellectum) y Tomás de Aquino (†1274), santo de la Iglesia Latina, estableció como dogma que la lógica o razón humana puede alcanzar el conocimiento de la οὐσία usía esencia de Dios, que es la suprema bienaventuranza y felicidad; y llegamos a nuestra época actual, en la que teólogos occidentales contemporáneos (por ejemplo, R. Bultmann) hablan de la necesidad de la desmitificación (Entmythologisierung) de las Santa Escritura.)

Pero lo sorprendente en este tipo de racionalismo en la teología de Occidente es que, mientras alguien diría que tendría que estar de acuerdo y congeniar con la lógica de la ciencia, se encontraban y se encuentran continuamente en el lado opuesto29. Mencionamos la tesis de la Jerarquía de la Iglesia Romano Católica del César Papa, la cual, mediante su órgano oficial, la Santa Inquisición, condenaba a los científicos. Por ejemplo, el juicio de Galileo en 1631. Por otro lado, la Revolución Francesa (1789), inspirada en el espíritu Iluminador, sus pioneros degollaron a cientos de curas franco-latinos.

(29 El racionalismo en teología, considerando la diania (mente, intelecto, cerebro) como autoridad, a través de la filosofía, la Escolástica, la teología académica no empírica ha entrado también en la teología contemporánea. Para la identificación del racionalismo académico con las Actas del Congreso de San Gregorio Palamás de 1984, ver la ponencia de N. Matsoukas, «La doble metodología teológica de San Gregorio Palamás», pp. 75-105, en la cual el profesor N. Matsoukas distingue indirectamente entre la energía lógica y la noerá energía, ya que la teología patrística tiene un método teológico dual, la teología carismática, en la cual se experimenta lo increado (con el nus como órgano de la divina intuición y percepción), y la científica que se lleva a cabo a través de la lógica (divina). Por otro lado, la teología escolástica tiene un solo método teológico, que es a través de la razón. Para un análisis detallado de la metodología teológica, consulte al P. Ioannis Romanidis, «Teología Dogmática y Simbólica de la Iglesia Ortodoxa», tomo I, 1983, pp. 10-20 y pp. 65-109. Ver en español: I DOGMÁTICA EMPÍRICA https://logosortodoxo.es/category/teologia-ortodoxa/page/3/)

Paralelamente, los sistemas filosófico-religiosos de procedencia asiática expresan su fe en un Dios impersonal, mediante ejercicios que generalmente se proyectan en el camino de enganche al yoga y al dialoyismo *, ofreciendo a sus seguidores, la consecución de una alta situación intelectual, que muchos llaman actitud o estado mental que conduce al hombre a la autorrealización, autodeificación, autozeosis. *(Yoga -yo ya- dialoyismo, engreimiento, meditación, dialogo solo consigo mismo, el centro yo, meditación yoga=aumento del egoísmo llegando al egocentrismo y la egolatría).

En ese engaño de auto-deificación, el hombre se disuelve dentro del abismo del absoluto de una «Fuerza Cósmica» o «Súper conciencia» impersonal, (tipo nirvana,  perdido al caos). Las experiencias espirituales que ofrecen estos grupos y que seducen a aquellos que no han vivido la Divina energía Jaris dentro de la Iglesia de Cristo, se basan en métodos psicotécnicos de máximo desarrollo de la diania (mente, intelecto), que les conducirá a éstas supuestas experiencias y visiones. El corazón de ellos permanece lleno de pazos, emocionalmente y patológicamente perturbado y ciertamente no puede abrir el camino a la entrada de la noerá energía y a la Jaris, la energía increada de Dios31. Con el ejercicio del dialogismo-meditación trascendental, con la invocación de mantras tipo zen, ram, om, so-jam e.t.c., se expresa un individualismo orgulloso, eosfórico (luciférico, demoníaco), que conduce al error, al autoengaño de la autodeificación o autozeosis. En cambio, la práctica de la noerá oración en el corazón, que tiene como base la metania, revela humildad en acción (mente y corazón sensatos y humildes). La oración de Jesús alimenta y mantiene al divino eros (amor ardiente), la agapi (amor incondicional y  desinteresado) hacia el prójimo y conduce a la zéosis de la persona humana.

*(31 La apertura del corazón y la entrada del nus (energía noerá) en él se hace únicamente en presencia de la Jaris Gracia divina. Las situaciones y experiencias espirituales descritas por el Misticismo Oriental, como temblores del corazón, estados mentales, éxtasis, visiones de luces espirituales, o son movimientos emocionales del corazón o intelectuales, mentales y fantasiosas o, finalmente, una visión de luces creadas por la mente humana y los demonios, no son de ninguna manera una experiencia de la deificante jaris gracia increada. Estas «experiencias» no solo no son inofensivas para la salud psicofísica del ser humano, sino que en muchos casos han llevado incluso a la muerte (ver Antonios Alevizopoulos, «Oración o Meditación», Atenas 1993, pp. 197-198).

La tercera clase de engaño se relaciona con los Ortodoxos de nombre y de tipo. Este tipo de engaño (autoengaño) es muy fino y difícil de distinguir. Se observa en aquellos que creen en la existencia de lo increado y lo sobrenatural, en la realidad de la lógica suprema, pero debido a su lógica, razón y emociones sobrealimentadas (o sobreatrofiadas), pazos pasiones y patologías que habitan «en lugar sagrado» en su corazón, no han logrado alcanzar la unidad esencial de su corazón con lo sobrenatural e increado, que es Dios. En ésta categoría pertenecen los que tienen una relación intelectual con Dios, se recrean en ello y creen que conocen a Dios. Pero no han logrado la unidad divina que se relaciona con toda su existencia y, sobre todo, con la noerá energía en su corazón. Son aquellos que puede que tengan exteriormente una vida ética, pero en esencia desconocen profundamente que significa κάθαρσις kázarsis (limpieza, purgación y purificación,) del corazón, desconfían de los milagros de los Santos, ni siquiera se han conocido a sí mismos. La entrada de la noerá energía en el corazón contribuye a la unificación de las fuerzas y energías de la psique-alma y pone en evidencia la catarsis (purgación, sanación) del nus, como recalca san Gregorio Palamás. Entonces el hombre anhela y trabaja cada virtud en armonía con su naturaleza y se mueve con dificultad para toda maldad. Así se hace digno de recibir los divinos dones: la perspicacia, la clarividencia, el presagio y el prever. Paralelamente, autognosis autoconocimiento lo tiene aquel que ha conocido empíricamente, por experiencia la noerá energía; pues, esta es a la que se refiere el Apóstol Pablo cuando dice «¿quién de los hombres conoce las cosas humanas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en su interior?» (1 Corintios 2:11). Este, «espíritu del hombre», es la noerá energía dentro del corazón del hombre, que participa, conecta y comulga con el Espíritu de Dios y le indica los errores que comete en sus relaciones con el prójimo y las faltas y excesos que comete en su vida, lo controla y revisa por cada desviación operativa e intelectual de los mandamientos de Dios, le incita hacia la metania y le consuela.

A esta tercera categoría también pertenecen los que hablan y escriben sobre Dios, teologizan, pero no Le conocen empíricamente, por experiencias vividas. Gregorio Akindinos, en principio discípulo de san Gregorio Palamás y después su gran acusador y seguidor del escolástico Barlaam, teologizaba y sabía de las letras Patrísticas, pero no tenía la previa y necesaria experiencia de la energía increada Jaris, por eso cayó en tantas malas interpretaciones. La verdadera e inconfundible teología emana de la participación en las energías increadas deificadoras/divinizadoras, de esta sobrenatural unión y «solo de ella proviene el teologizar de manera segura y cierta». San Gregorio Palamás llamó a Barlaam «maestro sin práctica ni experiencia», porque no tenía experiencia viva de la oración y de la divina unión. Además, según san Gregorio, el diablo es un experto de las Escrituras, puede meditar, dialogar, pregonar y hablar extensamente sobre Ellas.

Vale la pena elogiar a los teólogos académicos contemporáneos que subrayan, que «la llave» para la comprensión de las ideas finas y sutiles de los dogmas ortodoxos, el camino para la auténtica teología es la experiencia y vivencia de la divina energía Jaris, la experiencia que se conseguirá por la áskisis ascesis, práctica espiritual ortodoxa, la persecución y cuidado de la catarsis del corazón38. El punto central y esencial de la enseñanza de San Gregorio Palamás es que la zéosis del hombre no constituye un hecho moral basado en la lógica, en la razón del hombre, sino que es un hecho ontológico, un hecho empírico que concierne a toda la existencia del hombre. Se trata de la participación personal en las energías increadas del Dios personal.

(38 Como ejemplo, mencionamos al profesor G. Manzaridis en el ámbito puramente académico, quien, tomando prestado el término «comprensiva» de la Sociología (Max Weber), habla de una teología académica «comprensiva». Según esta perspectiva, el investigador no solo no excluye de su investigación la experiencia teológica, que es una experiencia de lo increado, sino que también trata, en la medida de lo posible, de comprenderla y presentarla. La comprensión en este contexto no tiene un carácter puramente intelectual, sino que tiene un carácter más profundo y espiritual. No se trata de un enfoque intelectual, sino de una aproximación espiritual, que se lleva a cabo con la energía del nus y de la mente humana, como se destaca en la antropología bíblica y patrística. Además, se enfatiza que «la práctica se convierte en un método de conocimiento teológico o de ciencia teológica. Y el método de la ciencia teológica es esencialmente idéntico al método de la culminación ascética… La pureza del corazón, de hecho, es el requisito previo para la visión de Dios, que es la fuente de la teología empírica» (Georgios Manzaridis, «Persona y Normas», Salónica 1997, pp. 64 y 73). Ver también la sección de San Juan Clímaco: «la purificación del alma es el fundamento de la teología» («Logos 30», ed. I. M. Parakletos, Oropos, Ática, 1978, p. 376).

En la vida monástica la tentación de la lógica y razón se manifiesta a través d la obediencia, que discierne y muestra la existencia de las pasiones pazos como la soberbia, la cobardía y la mezquindad. Pero el verdadero obediente obedece libremente e independientemente, sin distinción; no examina, ni razona los mandatos del Yérontas (anciano sabio guía experimentado e iluminado, guía Espiritual). Los primeros frutos que saboreará de este trabajo suyo son la humildad y la capacidad de afrontar sin miedo las penas, aflicciones y tentaciones. La discreta obediencia traerá la catarsis del nus y conducirá al monje o persona desapegado en la adquisición de la oración limpia, pura y lúcida, como habitualmente nos insta en sus obras el Yérontas Sofronio de Esex (1896-1993). Porque el monje o cristiano fiel desapegado, limitando su energía lógica y cortando libremente su propia voluntad (la energía egoísta de su voluntad y del yo), descubre la noerá energía en su corazón, la oración noerá o del corazón o de Jesús. Por extensión, también cada cristiano cuando libremente identifica su voluntad con la de Dios y la aplica de manera práctica en cada circunstancia, adquiere experiencia de la vida en Dios y hace de la vida en Dios su propia vida. Es entonces cuando el hombre realmente se convierte en lógico, actúa con sensatez y virtuosamente, hace uso correcto de su independencia (libre voluntad) en cada decisión y acción. Cada infracción y desviación de la voluntad de Dios, cualquier intencionalidad lógica humana a la que el propio hombre obedezca, es esencialmente ilógica, insensata, engañosa y pecaminosa (enfermedad espiritual).

En Occidente, y para aquellos que se han dejado influir por la teología, la filosofía y las corrientes sociales de Occidente, la lógica a menudo se opone a la fe, lo natural se contrapone a lo sobrenatural y viceversa. Esto sucede porque estos hombres no distinguen entre la noerá energía espiritual humana que es receptora de la gnosis inolvidable e increada de Dios, y la energía lógica del hombre, que es el instrumento de la creada gnosis-conocimiento. La teología ortodoxa, comprendida y percibida correctamente sin influencias escolásticas, nunca puede chocar con la ciencia y la filosofía, ni pide ningún sacrificio de la lógica que se ocupa de la gnosis creada. Pero la lógica que quiere de forma auténtica conocer y hacer objeto de su estudio lo Increado la rechaza, al igual que la lógica escolástica.  Dogma o regla de la teología ortodoxa es «expresar a Dios es difícil, comprenderlo aún más difícil», según san Gregorio el Teólogo. La práctica, ascesis ortodoxa proporciona al hombre la capacidad y poder de metamorfosis, transformación y conversión de su lógica sobrealimentada, atrofiada y caída.

Cuando el hombre descubre y reconoce la noerá energía espiritual en su corazón y se hace merecedor de ella mediante la práctica y ascesis de la tradición de la Iglesia Ortodoxa, solamente entonces hará buen uso de su lógica, dada por Dios. Entonces el hombre, que es “en potencia», persona, personalidad-hipostasis, empezará a convertirse «en energía» persona, cuando la energía Jaris de Dios se manifiesta y se convierte «el hombre escondido en el corazón». Cuando el «repugnante rostro, mascarás» cae, en su lugar se descubre el prosopon-rostro, persona o personalidad Crística. La zéosis convierte al hombre en persona, prósopon-rostro como a imagen del absoluto prósopon-rostro, persona de Cristo.

Durante la zéosis del hombre, que testifica la comunión de prosopos-rostros, personas discernidas y entrelazados entre los muchos del género humano y la Santa Trinidad, el hombre con la noerá energía manifestada dentro en su corazón, se une con la deificadora energía increada Jaris. El prósopon-rostro, persona fundamenta, infunde cada valor, virtud y la noerá energía, pero también infunde la energía lógica. Sólo el hombre que se convierte en prósopon, persona por la Jaris la energía increada de Dios puede hacer un buen uso de la lógica, porque, encontrándose en el estadio de la iluminación, se ha liberado de las cadenas de las pasiones, emociones patológicas, los pazos y sobre todo de la soberbia y el orgullo que se manifiesta por la lógica sobrealimentada, atrofiada (egoísmo intelectual y orgullo espiritual, las madres de todos males).

Se hace un buen uso de la lógica cuando el hombre empíricamente por experiencia, ha conocido el discernimiento entre su energía lógica y su energía noerá, del nus; no deja entonces que su lógica preceda en su experiencia en Dios. En esta relación empírica con Dios, la noerá energía del hombre, el nus como único instrumento εποψίας (epopsías) de visión, percepción, expectación y contemplación de Dios, se une con la energía increada y deificadora/divinizadora, común en las personas de la Divina Trinidad. En el nus se revelará Dios; la lógica como energía será aquella que formulará y expresará las experiencias del nus. Esta sobrenatural apocálipsis/revelación de Dios al hombre, mediante la noerá energía, nos indica el nivel superior, que ilumina el nivel inferior de la vida terrenal, la natural apocálipsis/revelación que se hace con la lógica. Entonces, en la diania (mente-intelecto) del hombre, se mueven varias teorías, consideraciones y nociones, como las beneficencias de Dios, estudio de la muerte, juicio y paraíso, entendimiento, reconocimiento y estudio de la vida de Cristo en la tierra y Sus Santos, zeoría contemplación sobre las creaciones sensibles y espirituales de Dios, los Ángeles, estudio sobre la kénosis vaciamiento del Dios Logos increado, reconocimiento y percepción de las ideas finas inalterables Cristológicas y Triadológicas, o sea, los dogmas. El cristiano encontrándose en esta situación espiritual expresa en energía la imagen lógica de Dios y sin duda hace un uso correcto también de los miembros de su cuerpo. Sólo así se rinde en reverencia a Dios «en espíritu y verdad» y se ofrece el «culto lógico» del creyente. Entonces el creyente, por experiencia, entra en el camino empírico de la teología. Adquiere la visión de Dios, la vivencia y experiencia de la Divina Energía Jaris mediante la noerá energía y después teologiza auténticamente e inconfundiblemente mediante su energía lógica. Si la teología permanece en el nivel intelectual de la diania (mente, intelecto) y no es emanación, resultado de visión de Dios (o de la Jaris), un gran abismo las separa, dice San Gregorio Palamás; es como hablar de algo que no has visto y no has adquirido. El carismático teólogo tiene desarrollada de manera extrema su energía, tanto la lógica como la noerá.

El hombre contemporáneo encerrado en la logicocracia, en el racionalismo, el intelectualismo, la tecnocracia,  los tecnicismos y el realismo humanizado que caracteriza nuestra época, es injusto consigo mismo. Abandona el espacio de la libertad del espíritu al nivel de lo mundano y terrenal. San Gregorio Palamás pone de relieve y proyecta al hombre contemporáneo la verdad y la vida que abre la persona humana a la eternidad. Así, la vida en la tierra se convierte en preparación para la eternidad y el hombre consciente y libremente, con la Jaris, la energía increada de Dios, se convierte y se metamorfosea en eterna persona e imagen de Dios.

Afrontar correctamente los rápidos avances tecnológicos sobre todo la genética y la información, así como ante una amenaza de catástrofe ecológica, sólo se puede hacer por científicos y políticos que sean portadores y tengan desarrollada, junto con su lógica, también la noerá energía, la inmediata y directa experiencia, participación, unión, conexión y comunión con Dios. Por el contrario, con sólo la lógica, razón y cualquier moralismo racionalista (que empieza por el nus y la diania humana), estos hombres permanecen impotentes en los grandes desafíos actuales, tanto de los éxitos científicos contemporáneos como del consumismo insaciable.

El hombre, «cansado y cargado en su corazón» de sus debilidades, errores y pecados, estrés, ansiedad de bienestar y modo materialista de vivir, busca de forma directa e indirecta ver y vivir él mismo aquella vivencia que le reposará y le aliviará la muy pesada conciencia y le llenará de cualquier tipo de vacío existencial. Nosotros le proponemos y le sugerimos la vivencia conforme con la Tradición Patrística de los Sabios Santos Padres. El retorno a los Padres, el «slogan» que empezó otra vez a predominar hace unos años en la conciencia de la Iglesia, no significa la persecución y enriquecimiento de saberes por la literatura Patrística que se hace con la lógica y razón de la diania (mente, intelecto), sino aplicación sobre todo, de la experiencia Patrística, que se manifiesta con el descubrimiento de la noerá energía en el corazón del hombre por la energía increada Χάρις Jaris de Dios.

Cuando se desprecia la grandeza de la antropología cristiana ortodoxa, se falsea la vida cristiana. Este desprecio no es demostración de sensatez y humildad, sino engaño, error y gran pecado que excluye el verdadero acercamiento a la metania (giro del nus hacia su interior, confesión y arrepentimiento). El pensamiento y la razón de que nosotros no somos merecedores y dignos de las experiencias espirituales de los Santos, manifiesta una inmadurez espiritual e inferioridad, una bajeza. Dentro de la Ortodoxia existen muchos escalones, grados de experiencias del Increado y pueden vivirlas los que las anhelan, sólo falta que conozcan el camino, el modo que conduce a ellas sin que moleste a Dios.

San Gregorio Palamás, maestro de la iniciación e instrucción y mensajero de la energía increada Jaris, refiriéndose a los elementos constitutivos de la existencia humana, escribe: «el hombre espiritual se compone de tres cosas, jaris de Espíritu celestial, psique-alma lógica y cuerpo terrenal». Por lo tanto el hombre espiritual, si tiene que conocer con claridad todos los miembros de su cuerpo, tiene la obligación de conocer la energía increada y deificadora Χάρις Jaris, cuáles son Sus cualidades y naturaleza, cual es Su relación y como se consigue por el hombre, que cualidades la favorecen y cuáles la alejan. Paralelamente el hombre espiritual debe conocer las fuerzas y energías de su psique-alma, sobre todo cómo descubrirá y explotará la noerá energía que le hace partícipe de la deificadora Χάρις Jaris, la energía increada de la Santa Trinidad y como dice San Gregorio Palamás, sin principio ni fin, eterno, pero también nuevo hombre, renovada creación, por la energía increada Χάρις Jaris de Dios. Amén.

Archimandrita Efrén, Yérontas del Monasterio Vatopedion Santa Montaña Athos

SUMARIOS DE LOS CONGRESOS INTERNACIONALES DE ATENAS Y LEMASOL DE CHIPRE

Traducido por Χρῆστος Χρυσούλας (Jristos Jrisulas) logosortodoxo.es/, heleno-griego nativo, instruido en la Santa Parádosi-Tradición y en la lengua (katharévusa) del Nuevo Testamento la que actualmente se habla en el pueblo fiel heleno-ortodoxo.

 

 

 

Domingo (IV) de Mateo – La terapia del siervo del centurión (II)

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“En ninguna parte de Israel he encontrado una fe tan grande”

Al conocido suceso de la terapia del esclavo del centurión  nos remite hoy la lectura evangélica del 4º Domingo de Mateo, sobre el cual el Señor “impresionado” por la fe del centurión , es decir, de un idólatra esencialmente, le elogia por esta fe y corresponde a su petición: “Ve, y como creíste, te sea hecho” (Mt 8,13). Este acercamiento por la fe del centurión romano funciona también aquí arquetípicamente, podríamos decir.

1. Se ha recalcado que el Señor dos veces elogió la fe de los hombres en Él como manifestación de Dios: en el caso de la mujer Cananea que rogaba al Señor que curara su hija endemoniada y en el caso de la lectura evangélica de hoy, es decir, en los casos considerados los dos idólatras. Mientras que normalmente esta fe debería existir en los “hijos de la realeza”, en los Israelitas, porque la fe es característica del pueblo que fue elegido por Él para la sanación y salvación del mundo, pero esto no sucede. Todo lo contrario. Lamentablemente la costumbre de este pueblo era la incredulidad y el endurecimiento del corazón, situaciones que ya desde el Antiguo Testamento constantemente eran recriminadas por los enviados de Dios, los profetas. Y esto significa que la fe es una flor que no crece allí, se podría decir, donde legalmente está su territorio, es decir, en el contexto de un determinado pueblo, pero allí donde hay corazón con buena disposición y búsqueda de la verdad, por lo tanto en cualquier lugar del mundo y a cualquier hombre.

2. La gran fe del centurión elogiado por el Señor, y por supuesto la análoga de la Cananea, no se agota en simple aceptación del Señor, como un maestro y guía. Aún Su aceptación como hijo de Dios a un nivel racional, intelectual e ideológico está rechazada por Él. Porque  “hasta los demonios creen y tiemblan” dice el Apóstol Santiago; como también “no todo el que me dice Señor, Señor, entrará en la Realeza (increada) de los cielos, sino el que cumple con la voluntad de mi Padre celeste”, dice el Señor. Aquello que es aceptado como fe es esto que activa la vida del hombre. En otras palabras, lo que hace al hombre marchar de su tranquilidad y comodidad de los pazos y se dirige con confianza a Dios, por lo tanto, cambiando de mentalidad y modo de vivir. Esta fe, que es calificada como grande, “conmociona” a Cristo y le hace corresponder con diligencia y rapidez: “Yo vendré a sanarlo”. Y si finalmente no fue el Mismo, pero Su respuesta condujo al mismo resultado: “como creíste, te sea hecho”. Así la gran fe es aquella que se hace energía terapéutica para el hombre y sus familiares.

3. ¿Cuáles son las características de la gran fe, tal y como estas se ven en el caso anterior?

 (a) la absoluta confianza a Cristo y Sus logos, es decir, Aquel es a Quien se manifiesta el Dios y a Aquel existe la potencia de Dios. Por lo tanto, la gran fe trasciende cualquier duda y la desconfianza que le convierten débil y por consiguiente incapaz de aceptar la existencia de Dios. La gran fe es esta que nos orienta continuamente también nuestra Iglesia, con la exhortación “a nosotros mismos y entre nosotros y toda nuestra vida entreguémosla a Cristo Dios”. El mismo Señor en los casos de dudoso acercamiento a Su persona, como por ejemplo con lo que dijo el jefe de la sinagoga: “si puedes hacer algo, ayúdanos”, exhortaba a la superación y a la confianza en Aquel, si quería uno ver sensiblemente la energía increada de Su Jaris: “si puedes creer, todo es posible para el creyente”.

(2) la humildad como percepción y sentimiento de nuestra pequeñez e insuficiencia humana. Realmente emociona el caso de este romano, que estando fuera de la jaris increada de Dios, aunque uno podía decir que “el espíritu por donde quiere sopla”, manifiesta una humildad que sólo en los santos la encontramos. “Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente di el logos, y mi criado se sanará”. Y sabemos que la fe en Dios sin humildad realmente no existe. ¿Dónde va a parar el Dios, si el yo humano el corazón lo ha llenado de egoísmo y lo hace buscar sólo la doxa, gloria y alabanza mundana? El mismo Señor nos ha apocaliptado= revelado que “no podéis creer, si buscáis a recibir la doxa gloria y alabanza entre vosotros y no buscáis la doxa increada del único Dios”.

(c) el interés por el prójimo, en este caso para un esclavo. El Señor –no blasfemamos si Le interpretamos un poco- debe haber emocionado mucho por la agonía del oficial del ejército romano, porque se recordaba en un grado Su propia acción de sanación y salvación para el hombre: “Este Dios, que se hizo pobre, para que nosotros nos hagamos ricos”. El mismo Hijo de Dios “declina los cielos” y baja hacia al hombre “inferior”. Obviamente, esta agapi (amor) del centurión hacia su esclavo “doblega” la infinita agapi (amor increado) de nuestro Cristo Dios.

Confianza a Cristo, humildad e interés para los demás. Son las características principales de la gran fe, que opera la energía increada sanadora, salvadora y terapéutica de Cristo Dios. Quizás también en nuestra época difícil y terriblemente castigada, con síntomas de parálisis espiritual y ética, la solución no vendrá de convenios y programas de los nuestros “despiadados” amigos Europeos, sino de nuestro deseo, intento y esfuerzo de lograr la gran fe que elogia y admira el Cristo. La historia de nuestra Iglesia por lo menos esto lo demuestra. Cuando muchos santos lo aseguran y certifican que el mundo aún está en pie, porque ellos viven y oran según Dios, ¿entonces porque tenemos que creer que existe una otra solución satisfactoria? ¿Qué hombre normal “fisiológico” con un poco de conocimiento de la historia y pequeña fe en Dios, puede tener confianza en programas y planes humanos? Quizás no es válido siempre este dicho: “allí donde los hombres solos planifican y programan, el Dios se ríe”.

Padre Jorge Dorbarakis

Traductor: xX.jJ
 

Domingo (IV) de Mateo – La terapia del siervo del Ecatontarco-centurión

 

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EVANGELIO Mt 8,5-13

6 Entrando Jesús en Capernaúm, vino a él un centurión, rogándole, y diciendo:

7 Señor, mi criado está postrado en casa, paralítico, gravemente atormentado. 

8 Y Jesús le dijo: Yo iré y le sanaré. 

9 Respondió el centurión y dijo: Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente di el logos, y mi criado se sanará. 

10 Porque también yo soy hombre bajo autoridad, y tengo bajo mis órdenes soldados; y digo a éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace. 

11 Al oírlo Jesús, se maravilló, y dijo a los que le seguían: De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe. 

12 Y os digo que vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham e Isaac y Jacob en la realeza (increada) de los cielos; mas los hijos de la realeza serán echados a las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes. 

13 Entonces Jesús dijo al centurión: Ve, y como creíste, te sea hecho. Y su criado fue sanado en aquella misma hora.

LA TERAPIA DEL SIERVO DEL CENTURIÓN

Digno para recibir al Señor

Mientras el Señor entra en la ciudad de Capernaum, se acerca un centurión romano –axioma que concuerda con el actual capitán- y le ruega para la terapia o sanación de su siervo paralítico que está sufriendo terriblemente.

-Yo mismo vendré a tu casa y lo sanaré responde el Señor. El humilde agente consciente de su estado pecaminoso con timidez formula sus indecisiones:

-¡Señor no soy digno que entres en mi casa! Una frase que se hizo oración de la Iglesia a través de los siglos y los creyentes la pronunciamos concienciados con sentimiento en el tiempo de la Divina Comunión o Efjaristía… Una de las razones que indica nuestra actitud cada vez que nos preparamos a recibir al Señor a la casa de nuestra psique con el Misterio de la Divina Comunión o Efjaristía.

En realidad, ¿quién es digno de comulgar el Cuerpo santísimo y la Sangre vivificante del Soberano Cristo? ¿Quién es digno de acercarse al santo Altar, allí donde “ángeles participan con temor”?…

¡«Nadie es digno»! Ninguno de nosotros que permanecemos pegados a los deseos carnales y al hedonismo es digno de acercarse a los santos Misterios. Sólo aquel que se ha concienciado de su yo pecaminoso. Sólo aquel que realiza la metania (arrepentimiento, introspección y confesión) en praxis, puede tener esperanza que la misericordia (energía increada) de Dios le visitará y le sanará su psique.

Fe admirable

Pero el centurión ha manifestado también fe admirable. Era tan fuerte su fe, de manera que estaba absolutamente convencido que el Señor podía, si quería, sanar a su siervo sin visitarlo. De lejos. ¡Sólo con un logos Suyo! Dijo: yo ordeno mis soldados y ellos ejecutan la orden, mucho más, yo creo que Tú, Señor, cuando digas un logos es absolutamente seguro que inmediatamente será ejecutado.

Esta fe fue la que generó el milagro. Por eso el Señor le dijo: “Ve, y como creíste, te sea hecho”. Es decir, vete a tu casa y sólo con mi logos desde lejos puedo sanar tu siervo. Y realmente en aquel momento fue sanado su siervo.

¡Cuánto grande es la fuerza y energía increada que tiene la fe! ¡El hombre que tiene la fe viva y ardiente, puede mover hasta montañas! Superar obstáculos insuperables. Lograr algo que parece imposible.

Apoyémonos, pues, con toda nuestra convicción al Dios todobondadoso que nos ama; al todopoderoso Señor. Luchemos para vivir de acuerdo con Su voluntad y día a día veremos crecer nuestra fe y nosotros mismos metamorfosearnos y nuestra vida haciéndose más pacífica y bendita.

La gran sorpresa

Paralelamente con el sorprendente milagro a favor del centurión de otra nación, el Señor hizo un anuncio profético trascendental, dijo: Muchos como el centurión vendrán de oriente y occidente, de todas las partes del mundo y se sentarán junto con Abraham e Isaac y Jacob a la gozosa cena de la Realeza increada de los cielos. “En cambio los hijo de la realeza serán echados afuera a las tinieblas exteriores”; es decir, aquellos que provienen del linaje de Abraham y de acuerdo con las promesas de Dios son los herederos de la realeza, serán echados afuera de ella, en la oscuridad que está alejada de la Realeza increada de Dios.

Este trágico desenlace se refiere a los judíos, quienes tenían la convicción que a causa de su origen pertenecían por derecho a una posición especial a la Realeza increada de Dios, a pesar de que no tenían las aptitudes espirituales y la virtud que se requiere para esta entrada. Pero el Señor reprende esta convicción equivocada y deroga todo tipo de idea similar a esta.

Quizás nosotros muchas veces creemos que si cumplimos unos deberes eclesiásticos o tipos exteriores, esto nos asegura una posición al Paraíso. Pero el logos profético del Señor nos advierte que en la otra vida encontraremos muchas sorpresas. Muchos de los que consideramos que es imposible que se salven, encontrarán la misericordia de Dios con sus metanias, mientras que los que persisten en considerarse a sí mismos justos, si no se convierten y hacen humildes, peligran. Que el Dios nos tenga misericordia y no permita que nuestra conducta sea alterada por el espíritu de autojusticia y autojustificación.

“Ο ΣΩΤΗΡ “ Sotir

Fuente: ΑΚΤΙΝΕΣ

Traductor: xX.jJ

Domingo (III) de Mateo – Homilía de la montaña, las bienaventuranzas o la felicidad

Cristo y multitud

EL EVANGELIO DE SAN MATEO Capítulo 5. 1-20

Homilía de la montaña, las bienaventuranzas o la felicidad.

1 Viendo la multitud subió a la montaña, se sentó y se le acercaron sus discípulos

2 y se puso a enseñarles, diciendo:

3 Bienaventurados y felices serán los pobres del espíritu porque de ellos es la realeza increada de los cielos; (bienaventurados y felices serán aquellos que están pobres de males y pecados en el espíritu de su corazón de la psique e humildemente sienten su pobreza espiritual y su dependencia integra de Dios, porque de ellos es y será la realeza increada de los cielos.)

4 Bienaventurados y felices los que están en luto, afligidos por sus pecados y del mal que domina el mundo, porque ellos serán consolados por Dios.

5 Bienaventurados y felices los apacibles, afables porque ellos heredarán la tierra; (Bienaventurados y felices los que dominan su ira, porque ellos recibirán como herencia de Dios la tierra prometida y desde esta vida disfrutarán los bienes de la herencia de la realeza increada celeste).

6 Bienaventurados y felices los hambrientos y sedientos de justicia, porque ellos serán saciados (Dichosos los que anhelan como hambrientos y sedientos la justicia, porque de ellos serán satisfechos plenamente sus deseos de justicia);

7 Bienaventurados y felices los misericordiosos y los caritativos, más los que se compadecen con las desgracias del prójimo, porque ellos alcanzarán la misericordia increada de Dios el día del juicio;

8 Bienaventurados los sanos, puros, los que han hecho la catarsis, la sanación y limpieza a su corazón de cada mancha del pecado, porque ellos contemplarán y verán a Dios;

9 Bienaventurados y felices los que hacen obra de paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios; (Dichosos los que a su interior por su santificación tienen la paz y la transmiten también a los demás, pacificándolos entre sí y con Dios, porque ellos serán reconocidos y proclamados en el mundo celeste hijos de Dios)

10 Bienaventurados y felices seréis los perseguidos por ser justos, virtuosos y perfectos cristianos, porque de ellos es y será la realeza increada de los cielos.

11 Bienaventurados y felices seréis los que os habéis convertido en mis discípulos cuando os injurien, os persigan y digan contra vosotros todo tipo de calumnias y mentiras por causa mía.

12 Alegraos y deleitaos porque vuestra recompensa en los cielos será grande e incalculable. Porque también persiguieron a los profetas que ha mandado Dios antes que vosotros.

13 Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y pisoteada por los hombres.

14 Vosotros sois la luz (espiritual) del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder.

15 Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa.

16 Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, (luz increada que habéis recibido de mí y ahora será vuestra) para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.

17 No penséis que he venido a derogar la ley o los profetas; no he venido para derogarla, sino para cumplirla y completarla.

18 Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una i ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido.

19 De manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en la realeza (increada) de los cielos; mas cualquiera que los haga y los enseñe, éste será llamado grande (mega) en la realeza (increada) de los cielos.

20 Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas o intelectuales y fariseos, no entraréis en la realeza increada de los cielos.

                                                                                                                                                                                                                     

«ος δ’ αν ποιήση και διδάξη, ούτος μέγας κληθήσεται εν τη βασιλεία των Ουρανών» (Ματθ. 5, 19)

“mas cualquiera que los haga y los enseñe, éste será llamado grande (mega) en la realeza (increada) de los cielos” (Mt 5,19).

 

 La lectura evangélica de hoy es del Evangelio de san Mateo, un fragmento de las bienaventuranzas del Sermón de la Montaña y se ha puesto por nuestra Iglesia, en relación y referencia a los santos Padres que festejamos hoy,  del cuarto Sínodo Ecuménico en Calcedonia (451, dJ). Aquellos Padres que en Espíritu Santo formularon la fe ortodoxa sobre Jesús Cristo, como “la doble fisis-naturaleza pero no la hipostasis (base substancial) y condenaron a los monofisitas (una fisis, naturaleza), que presentaban Su imagen alterada; es decir, que el Señor es sólo Dios, porque Su naturaleza divina como es más potente ha absorbido la humana. Hace unos días que hemos festejado la megalomártir Efimía (11 julio), la que de manera milagrosa confirmó la verdad de la fe ortodoxa y el error de los herejes. Nuestra Iglesia, pues, ha escogido la lectura concreta, para recalcar que estos Padres pertenecen a aquellos que, según el Señor, fueron y son las luces del mundo que conducen a la doxología de Dios, y obviamente están en una posición destacada en la Realeza increada de los cielos; porque realizaron aquello que prometió el Señor: “aquel que hará, aplicará y enseñará, será llamado grande (mega) en la Realeza de los Cielos”, promesa por la que nos ocuparemos a continuación.

1. Se ha recalcado repetidamente en varias ocasiones que cuando hablamos sobre la Realeza increada de Dios, no hablamos sobre un estado impersonal ni de un lugar, sino para el Mismo Cristo. Él constituye la Realeza increada de Dios, porque todo se define y vive en relación personal con Él. La incorporación, pues, a la Realeza increada de Dios significa en realidad la relación positiva con Cristo, de visión “cara a cara” con Su persona, iluminación de la luz increada de Él. La calificación pues, de “mega, grande” por el Señor –“será llamado mega-grande”- debe entenderse como relación cercana e inmediata con Él Mismo; igual que lo “pequeñito” expresa lo contrario: es el hombre que se relaciona con el Señor negativamente, es decir, dentro de Él pero con aversión de Su persona hacia este hombre. Uno, pues, entiende fácilmente que en realidad nos encontramos ante esto que llamamos Paraíso e Infierno. La cercanía e inmediatez expresan Paraíso y el alejamiento expresa Infierno.

        2. La relación positiva o negativa, cercana o lejana con el Cristo depende de la vida del hombre en este mundo. Según como el hombre vive aquí, disfruta también su calidad aquí, y también la continuidad en la llamada otra vida. El Señor está claro: “el que aplicará, hará y enseñará los mandamientos, éste será llamado grande”. Es decir, tendrá buena relación con Él y estará viviendo Su presencia como paraíso, aquel que primero ha hecho y a continuación ha enseñado. Precede la praxis y sigue la enseñanza, entonces tiene sentido la enseñanza, es como si nos dijera el Señor que entonces será válida la enseñanza, cuando viene a continuación de la praxis, por su puesto como prototipo o modelo de Aquel, Quien lo que ha enseñado lo vivía. “De la manera que es tu logos, es también tu vida”, dicen los Padres.

        Por lo demás, la enseñanza sola sin la praxis, es esto que el mismo Cristo llama hipocresía, que sin piedad ha recriminado a la cara de los Fariseos: “hablan pero no hacen”. Además, las palabras adicionales del Señor que literalmente son chocantes y producen miedo, son aquellas del Sermón o Homilía de la Montaña, que según esta homilía, uno puede enseñar correctamente el logos de Dios, aún hacer hasta milagros en nombre de Aquel, pero finalmente éste será extranjero y desconocido para el Señor, y sobre todo obrero de la ilegalidad. “Señor nosotros en tu Nombre hemos predicado y hecho milagros; Y yo los contestaré: de verdad os digo, no os conozco. Alejaos de mí obreros de la ilegalidad”. Entonces pues, son desconocidos e inexistentes para el Señor también los obreros que han permanecido con un acercamiento teorético a Él, aunque sin alterar Su imagen. ¿Cómo no van a ser controlados estrictamente aquellos que Le han presentado falsamente, con formas lógicas de sus mentes como los heréticos?

        3. ¿Qué significa pues, praxis, que sólo esta puede conducir también a la correcta enseñanza? Pues, nada más que la aplicación y el cumplimiento de la voluntad de Dios, es decir, aplicación y cumplimiento de Sus santos mandamientos. El Señor continuamente orientaba hacia esta manera de vivir –“no todo el que me llama Señor, Señor entrará en la Realeza increada de Dios, sino el que hace la voluntad de mi Padre de los cielos”- en cambio a los que cumplían la voluntad de Dios los calificaba como Sus amigos, como Su madre y como Sus hermanos: “Vosotros sois mis amigos, si hacéis las cosas que os he mandado”. En estas praxis el creyente comprueba empíricamente que saborea enteramente la presencia y se convierte en morada y monasterio del Dios Triádico. Por lo tanto, el creyente viviendo en su existencia a Dios ve también la fuerza de su logos, el cual funciona de modo “encarnado” en los corazones de los hombres.

        4. Es necesario por supuesto recalcar que en este estado la praxis y la enseñanza puede llegar sólo el que tiene la jaris (gracia, energía increada) de Dios, es decir, aquel que se ha incorporado al cuerpo de Cristo, la Iglesia y se está suministrando de forma continua de los sagrados misterios y sobre todo de la Divina Efjaristía. Sólo con Cristo uno puede vivir a Cristo, tal y como el Mismo aseguró: sin mí no podéis hacer nada”. La convicción que uno sólo puede conseguir las cosas espirituales y estar con el Dios, desgraciadamente muestra a un hombre que está fuera de la realidad, pero también su gran arrogancia y orgullo. Y lo único que recauda el hombre arrogante es su sumisión al maligno y la oposición a Dios y no la Jaris (gracia, energía increada) de Dios.

        Los santos Padres del 4º Sínodo Ecuménico vienen hoy y nos recuerdan: Estamos invitados a ser ciudadanos de la Realeza increada de Dios ya desde esta vida, es decir, estar conectados, vinculados con Cristo que significa que permanecemos a la Iglesia en obediencia de la enseñanza y de la vida espiritual. La alegría de nuestros Santos es que se oiga también para nosotros la voz de Dios de que somos grandes, algo que es también el deseo de Él. Es evidente que el Dios se preocupa mucho para nosotros de lo que nosotros mismos y tiene planes para nosotros mucho más grandes que nuestra mente pueda concebir.

Padre Jorge Dorbarakis

Fuente: ΑΚΟΛΟΥΘΕΙΝ

Traductor: xX.jJ