Domingo IV de Luca – Parábola del buen sembrador

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4 Juntándose una gran multitud, y los que de cada ciudad venían a él, les dijo esta parábola: 

5 El sembrador salió a sembrar su semilla; y mientras sembraba, una parte cayó junto al camino, y fue pisoteada, y las aves del cielo la comieron. 

6 Otra parte cayó sobre el pedregal; y nacida, se secó, por falta de humedad. 

7 Otra parte cayó entre espinos, y los espinos que nacieron juntamente con ella, la ahogaron. 

8 Y otra parte cayó en buena tierra, y nació y llevó fruto a ciento por uno. Dicho esto, exclamó a gran voz: El que tiene oídos para oír, que oiga. 

9 Y sus discípulos le preguntaron, diciendo: ¿Qué significa esta parábola?

10 Y él dijo: A vosotros os es dado conocer los misterios de la realeza (increada) de Dios; pero a los otros por parábolas, para que mirando no vean, y oyendo no entiendan. 

11 Ésta es, pues, la parábola: La semilla es el logos de Dios. 

12 Y los de junto al camino son los que oyen, y luego viene el diablo y quita de su corazón el logos, para que no crean y se salven. 

13 Los de sobre la piedra son los que habiendo oído, reciben el logos con gozo; pero éstos no tienen raíces; creen por algún tiempo, y en el tiempo de la prueba se apartan. 

14 La que cayó entre espinos, éstos son los que oyen, pero yéndose, son ahogados por los afanes, las riquezas y los placeres de la vida, y no llevan fruto. 

15 Y la que cayó en buena tierra, estos son los que con corazón bueno y recto retienen el logos oído, y por su perseverancia dan fruto.

Empieza la siembra… 

En la lectura evangélica de este Domingo oímos la conocida Parábola del sembrador, que se lee en honor de los santos Padres del 7º Sínodo Ecuménico; también se combina con el inicio oficial de la catequesis y la obra predicadora de la Iglesia para el año nuevo eclesiástico.

En esta parábola de forma muy expresiva, el Señor, compara la obra del que predica el logos de Dios con la obra del agricultor que siembra su campo. Nos dice que salió el agricultor a sembrar su campo. Después de seleccionar la mejor semilla y hacer la preparación necesaria, comenzó su obra con expectativas y esperanzas para una cosecha abundante y rica.

También con semejantes expectativas nuestra Iglesia, continuando la obra del primer y gran Sembrador, del Señor Jesús Cristo, comienza otra vez sistemáticamente la siembra del divino logos. Con kerigmas y homilías, con reuniones catequéticas para todas las edades, con ediciones periódicamente impresas o con todos los medios de comunicación modernos, siembra abundantemente el logos de Dios. ¡Benditos sean los hombres que se hacen dignos de servir a esta obra sagrada que es la siembra del divino logos! Felices también los que escuchan o estudian el logos de Dios y le cultivan en sus corazones con paciencia para disfrutar la riqueza de sus frutos.

Oyentes atentos

Cuando el Señor terminó la Parábola, elevó el tono de Su voz para dar énfasis a Sus logos y para llamar la atención a Sus oyentes, y dijo en voz alta: “El que tenga oídos que escuche”. El que tiene oídos espirituales e interés espiritual para escuchar e incorporar lo que digo, que escuche.

Realmente muchos de los judíos oían la enseñanza del Señor, pero pocos la entendían y la aceptaban. Porque, tal y como había profetizado el profeta Isaías: “De oído oiréis, y no entenderéis; Y viendo veréis, y no percibiréis. Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado, y con los oídos oyen pesadamente, y han cerrado sus ojos; Para que no vean con los ojos, y oigan con los oídos, y con el corazón y la mente entiendan, y se conviertan, y yo los sane” (Mt 13,15). Es decir, se había inflado el nus de los hombres de Su pueblo que a causa de la mala disposición se había endurecido y oscurecido, y con sus oídos espirituales no podían escuchar nada.

¡Qué trágico! Pensad un hombre que tenga saludable su oído, pero que sea indiferente de las sirenas del peligro que suenan en su alrededor. Que pite el tren y esté avanzando indiferente para pasar las rayas. Lo demás llamándole, ¡Cuidado! Y aquel como si no pasara nada. ¿Quién duda de que este hombre camina hacia la catástrofe?…

Tengamos, pues, cuidado nosotros también, porque si tapamos nuestros oídos a la voz de Dios y la verdad del Evangelio, ¡peligramos! La llamada del Señor “el que tenga oídos que escuche”, que sea lema de despertar espiritual, de manera que nos esforcemos a escuchar el logos de Dios con espíritu de aprendizaje y buena disposición para beneficiarnos, y con humilde dependencia al Espíritu Santo, Quien abre nuestro nus y corazón para el entendimiento de las verdades divinas.

Y fructíferos  

Pero no es suficiente ser buenos oyentes del Evangelio. La “buena tierra” que produce mucha cosecha, según el logos de Dios, son aquellos que “al oír el logos, lo retienen en su interior y en paciencia fructifican”. “Retienen” significa que interiorizan y mantienen fuertemente el logos de Dios en sus interiores y no son indiferentes como aquellos que dejan las semillas caer en la calle. “Y en paciencia fructifican”, significa que tienen paciencia en las tribulaciones, las tentaciones y los sufrimientos de la vida; y así el logos de Dios se arraiga en sus psiques y no se pierde como la semilla que cayó en el pedregal; también los espinos no dejan a su alrededor crecer; es decir, no los absorben las preocupaciones y los deseos mundanos, sino que se cuidan del campo de su psique. Se limpian, sanan de los pazos y se cuidan del cultivo de las santas virtudes.

Receptores de las divinas verdades y espiritualmente fructíferos resultaron a ser los santos Padres del 7º Sínodo Ecuménico el año 787 dC en Nicea de Bizania y condenaron la terrible herejía de los iconoclastas. Roguemos a ellos a que intercedan al Señor para que nuestras psiques se conviertan en receptivas del divino logos y para que permanezcamos estables en la fe y vida Ortodoxa de manera que produzcamos muchos frutos espirituales.

 Περιοδικό “Ο ΣΩΤΗΡ”

Fuente: http://www.osotir.org/

Traductor: xX.jJ

 

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Cosecha eterna

«El sembrador salió a sembrar su semilla»

Hoy la lectura evangélica nos describe una escena de la vida agrícola, para demostrarnos las verdades que tocan profundamente la existencia humana. Esta época del otoño es adecuada para que siembren los agricultores… Siempre con la expectativa de una cosecha abundante, cuando llegue el tiempo oportuno. Esta imagen que está tomada de la vida diaria, inspiró a los Padres de nuestra Iglesia a poner la conocida lectura Evangélica del Sembrador al “corazón” del octubre. La elección es realmente acertada, si tenemos en cuenta que nos encontramos en un período donde se inician muchas actividades que se relacionan con la agapi (amor desinteresado) de nuestra Iglesia y de la que todos nosotros aspiramos a una abundante y rica cosecha espiritual.

Además, no es al azar, cuando el Cristo comenzó a enseñar la multitud, utilizó esta bella parábola. Los discípulos siendo sedientos sobre los mensajes de la parábola, le pidieron que les explicase el mensaje más profundo de ella.

El sembrador Ο σπορέας

La conclusión que uno podría sacar de esta parábola concreta, es que el sembrador se identifica con la misma Persona de nuestro Señor. Con toda Su obra y enseñanza, esencialmente es Él quien ofrece las semillas del mensaje evangélico con las condiciones de que den cosecha espiritual abundante y rica. Sucesores de la divina siembra son los Apóstoles, los santos Padres, los predicadores y los maestros de la Iglesia. Tal y como nos afirma el Apóstol Pablo: “Él ha dado los apóstoles, los profetas, los evangelistas, los pastores y los maestros para la edificación del cuerpo de Cristo”.

La semilla Ο σπόρος

Sin duda alguna, la semilla espiritual que se ofrece es excelente en calidad, es la mejor y la superior de cualquier otra. Y esto porque tiene procedencia divina, con su dinámica despega al hombre en alturas espirituales y le hace digno de una calidad de vida orientada hacia la eternidad. Las enseñanzas humanas y teorías, aún cualquier tipo de ideologías que en distintas épocas aparecen, ciertamente puede que escondan en algunos casos alguna luz, pero son muy flojas y débiles. Estas luces por sí solas no sólo no iluminan el camino del hombre, sino que le dejan abandonado con pesadillas, en crisis horrorosas, fracasos desastrosos y empobrecimiento, tal y como son hoy en día las cosas terribles que vive la humanidad.

Vale la pena mencionar que el logos de Dios “se siembra” al mundo interior del hombre de distintas maneras. Pero la semilla no brota en todas partes; no busquemos la causa en las intenciones del sembrador, ni en la calidad de la semilla, sino que debemos poner nuestra atención al campo o tierra que ha recibido la semilla. En otras palabras, examinemos la manera de la que corresponden los hombres al Evangelio de Cristo y en la calidad de la tierra que corresponde en cada uno de nosotros.

Las tres categorías de tierra que se describen en la parábola es posible que sean el reflejo de nuestras intenciones y disposiciones que manifestamos ante la verdad eterna de nuestra Iglesia Ortodoxa. Unas veces por una negligencia e imprudencia, otras por una actitud frívola que mantenemos y otras veces por nuestra debilidad de desarraigar los pazos que anidan en nuestro corazón y obstruyen la apertura del espacio para que habite en nuestro interior la divina Jaris (gracia, energía increada), así impedimos la fructificación del divino logos en nuestro interior.

Queridos hermanos, la parábola que nos desarrolla hoy el Evangelio es una invitación o llamada de despertar espiritual, para que correspondamos a la gran oferta de nuestro Señor. Esta correspondencia nuestra nos dará la capacidad de fructificar en nuestra psique la semilla de la alegría resurrectiva que convierte al hombre y le hace digno como persona tener valores y fuerzas eternas. Giremos pues, hacia nosotros mismos haciéndonos “tierra buena y fértil”, para que nuestra existencia fructifique la verdad del Evangelio.

Jristakis Efstazíu, Teólogo – Iglesia de Chipre

Traductor: xX.jJ 

Domingo III de Lucas – Milagro en el funeral de Naín

 

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DOMINGO III (Evangelio) Luca 7 11-16

11 Aconteció después, que él iba a la ciudad que se llama Naín, e iban con él muchos de sus discípulos, y una gran multitud. 

12 Cuando llegó cerca de la puerta de la ciudad, he aquí que llevaban a enterrar a un difunto, hijo único de su madre, la cual era viuda; y había con ella mucha gente de la ciudad que la compadecían. 

13 Y cuando el Señor la vio, se compadeció de ella, y le dijo: No llores. 

14 Y acercándose, tocó el féretro; y los que lo llevaban se detuvieron. Y dijo: Joven, a ti te digo, levántate. 

15 Entonces se incorporó el que había muerto, y comenzó a hablar. 

16 Y lo dio a su madre. Y todos tuvieron miedo, y glorificaban a Dios, diciendo: Un gran profeta se ha levantado entre nosotros; y Dios ha visitado a su pueblo. 

17 Y se extendió la fama de él por toda Judea, y por toda la región de alrededor.

 

«No llores… Joven, a ti te digo, levántate» (Lc 7,11-17)
«Μὴ κλαῖε… Νεανίσκε, σοὶ λέγω, ἐγέρθητι » (Λουκ. 7,12)
 

a. Hoy la lectura evangélica nos expone una escena plena de dramatismo: Una madre, una mujer viuda, acompaña a su único hijo en el último lugar de residencia. Junto con ella multitud de gente que compadece a la madre y llora la tragedia de su vida: Y de repente el llanto se convierte en inefable alegría. ¿Por qué? Porque aparece Aquel quien es la fuente de la vida, Aquel que se compadeció de la madre, resucita al hijo y lo entrega vivo y sano. El pueblo ante el sorprendente acontecimiento queda alucinado, sintiendo que se encuentra ante la presencia de Dios. La doxología hacia Él es la única reacción del pueblo.

b.1 El encuentro del Señor con el funeral en Naín en principio debemos de apuntar que no es al azar. Precisamente el Señor viene para el joven muerto, a resucitarlo y a entregarlo otra vez a su madre. Tiene pleno conocimiento, como apuntan los Padres interpretes de nuestra Iglesia, que extiende aquello que había ocurrido en el Antiguo Testamento con el Profeta Elías; quien de la misma manera que el Señor otra vez había resucitado con la fuerza de Dios el hijo muerto de una mujer viuda; por lo tanto, el acontecimiento es protiposis o prefiguración de la victoria sobre la muerte que trae el Señor. Además no puede ser un acontecimiento al azar en la vida del Señor, puesto que Él es el Creador del mundo, el Alfa y el Omega de la vida, el primero y el último. Todo pues, funciona en un plan concreto y Su plan está en el contexto de Su infinita agapi (amor, energía divina increada) para Su criatura caída en el pecado que está sufriendo sus consecuencias. ¿Cómo pues, el encuentro es al azar para Éste que nos ha revelado que hasta “los pelos de nuestra cabeza están contados”? y, si se ocupa hasta la más pequeña hierba salvaje, ¿cuánto más se ocupará de nosotros los humanos que somos a imagen y semejanza de Él?

2. Así el Señor pues, camina hacia Nain precisamente para devolver la vida al niño muerto, pero con un fin: En primer lugar, a través de esta resurrección revelar al mundo que Su venida al mundo trae la abolición de la muerte y la prestación de la vida, “yo he venido para que tengan vida y en abundancia”, y en otro sitio dirá que Él es “la Vida y la Resurrección”; que ha dado testimonio sobre Sí Mismo en la resurrección de Lázaro, por lo tanto prepara el terreno de Su propia Resurrección y la abolición total de la muerte. En segundo lugar, conmocionado por el acontecimiento y lleno de compasión hacia la madre trágica, mostrar que se compadece a su dolor y que no lo supera porque el dolor como la muerte son cosas que no se ajustan a Dios y Su voluntad; es decir, el dolor y la muerte son situaciones contrarias a la creación del hombre, por eso el luto y el llanto realmente no deben existir en su vida. “No llores” le dice.

Y realmente el logos de Dios ha apocaliptado=revelado que el Dios creó al hombre para que fuera partícipe de la alegría y la vida de Él, con la condición de que el hombre obedeciendo a Su voluntad llegar él también a ser Dios por la jaris (gracia, energía increada), llegar a la zéosis o glorificación según la terminología eclesiástica. Pero, el mal uso de la libertad por el hombre, le ha conducido al camino de la caída al pecado, por el cual fue introducido el dolor, la corrupción y la muerte. “A través del pecado vino la muerte”.  Y el Cristo, pues, el Dios hecho hombre viene a restaurar al hombre en su posición normal y abolir el pecado y sus resultados negativos. Toda la vida de Cristo, principalmente la Cruz y Su Resurrección están dirigidas exactamente hacia esta dirección, que significa que con Cristo fue vencido el mayor y el ésjatos (último, extremo) enemigo del hombre, la muerte; mientras tanto, cualquier prueba y cualquier dolor del hombre ya son considerados como pedagogía (instrucción) del cristiano, como coparticipación a la Cruz de Él, que conduce, si se afronta con fe y paciencia, a la vivencia y experiencia de la Resurrección y la futura doxa (gloria, luz increada) del fiel. “Porque no son nada los padecimientos de este tiempo en comparación con la futura doxa (gloria, luz increada) que se nos va apocaliptar=revelar”.

3. Ciertamente, uno puede decir que el Señor también ha llorado durante la muerte de Su querido amigo Lázaro. ¿Cómo ahora el “no llores” a la madre viuda se mueve al contrario que Su ejemplo personal? Es cierto que no nos encontramos ante una contradicción. El Señor pide a la madre que no llore, porque le dará la mayor alegría: otra vez su hijo vivo. No niega el dolor y la tristeza por la muerte. Niega la tristeza y dolor ante el fenómeno de la muerte como expresión de un callejón sin salida. Quizás es esto que dirá más tarde Pablo para los fieles: “no os lamentéis como los otros que no tienen esperanza”. Y precisamente, cuando el Mismo llorará por Su amigo Lázaro, lo hará no porque se encontrará en un callejón sin salida, puesto que inmediatamente después le llamará otra vez en la vida: “Lázaro sal fuera”, sino porque Él era el único que podía conocer la tragedia de la muerte a lo fondo y lo ancho. Es decir, el llanto del Señor no era tanto para Lázaro sino por la situación tan degenerada y penosa que había llegado la naturaleza humana, por eso más bien corresponde también a la compasión que mostró a la dolida madre de Naín. No es casualidad que los intérpretes del Nuevo Testamento explican que esta compasión no sólo contiene un simple simpatía hacia la mujer, sino “una profunda conmoción” del Señor.

4. En estos términos uno entiende cuanta ignorancia y cuanto engaño hay en aquellos “cristianos”, por los cuales, mientras el Cristo ha venido al mundo y se ha hecho partícipe del dolor y del drama de la existencia humana, tomó sobre sus espaldas todas las consecuencias de los pecados para ofrecernos otra vez la justicia de Dios uniéndonos consigo Mismo convirtiéndonos en miembros Suyos, ¡en cambio aquellos que pasan por cualquier prueba y problema aparentemente sin salida Le insultan y Le blasfeman! Cuánta ceguera debe haber por no ver la Cruz y Su Resurrección como acontecimientos que se realizaron para “nuestra sanación y salvación” y que no “vean” que con Su venida ya todo funciona distintamente: en todo sufrimiento está la presencia de Él y Su fuerza que nos fortalece, igual que en el acontecimiento de hoy por el cual el Señor se compadece con nosotros y se conmociona por el dolor humano, pero dando también la solución: ¡Joven, a ti te digo, levántate! ¿Qué mayor consuelo puede haber que este, puesto que al mayor impasse o callejón sin salida que es la muerte, el Señor nos da la solución y nos levanta?.

c. Vivimos en el período más crítico de nuestra historia. La crisis económica toca la puerta casí de todos nosotros. Existen semejantes nuestros que viven esta crisis como muerte, como callejón sin salida o impasse. El dolor, el sufrimiento y el llanto acaecen en muchos. Grecia parece como la madre del Evangelio de hoy que está acompañando su hijo al cementerio. ¡Y a pesar de esto! Igual que entonces se presentó el Señor y dio la inesperada solución: la resurrección, lo mismo también hoy. El mismo Señor existe porque es Dios παντοδύναμος (pantodínamos) omnipotente. Al aparente impasse Aquel viene hacia nuestro encuentro. El “no llores” y lo de “joven, a ti te digo, levántate” son palabras que nosotros escucharemos otra vez para volver a levantarnos. No seremos cristianos si no tenemos esta esperanza y convicción. Pero bajo de una condición: estas palabras deben funcionar primero espiritualmente en nuestro interior, es decir, escucharlas para nuestro despertar espiritual que significa metania, decidiendo cambiar de modo de vida; de egoístas e interesados convertirnos en hombres de agapi (amor desinteresado) con simpatía y preocupación para nuestros semejantes. Entonces sí, veremos lo que ha visto la madre viuda tocada por la muerte de su hijo en Naín: la resurrección, pero primero la de nosotros mismos. Y quizás a continuación la salida de todos nuestros callejones sin salida o impasses. Amín.

Padre Jorge Dorbarakis

Fuente: ΑΚΟΛΟΥΘΕΙΝ

Traducido por: χΧ jJ

10 puntos básicos sobre la espiritualidad Ortodoxa

Zeoría

Qué es la espiritualidad ortodoxa y la vida espiritual

Por YérontasAtanasio Mitilineos, Ierotheo Vlajos y San Nikolás Velimirobits

 

¿Qué es vida espiritual? 

Yérontas Atanasio Mitilineos:

Vida espiritual no significa la vida del espíritu humano, sino la vida del Espíritu Santo sobre la existencia humana. Es decir, vivo la vida espiritual significa que vivo la presencia del Espíritu Santo con Su energía increada Χάρις Jaris (gracia). Entonces, ¿cómo podemos encontrar nuestro camino, el método o la manera para vivir nuestra vida espiritual, que es en el Espíritu Santo? Es decir, cómo adquirir el Espíritu Santo.

El Dios nos ha dado la apocálipsis/revelación, y también nos ha dado la ciencia, es decir, nos ha dado la γνώσις gnosis (conocimiento) natural. Por lo tanto, estas dos cosas nunca deben mezclarse. Por eso estas cosas, nunca se deben mezclar; ¿Es posible mezclarlas? Νo. Si se mezclan significa que algo no funciona bien en nuestro cerebro humano.

Apocálipsis quiere decir revelación, donde no se utiliza el logos humano (pensamiento expresado por la voz propia) para encontrar la verdad, sino el Logos divino, es decir, es el mismo Dios quien me apocalipta (revela) la verdad. (Yérontas Atanasio Mitilineos, el Nuevo Crisóstomo)

 

10 puntos básicos sobre la espiritualidad Ortodoxa

Por Ierotheo Vlajos, Metropolita de Nafpaktos-Lepanto

 

  1. Para la Ortodoxia es obvio que el hombre espiritual es aquel que es partícipe de las energías increadas del Espíritu Santo y se ha convertido en el templo del Espíritu Santo. No se trata de una espiritualidad abstracta, emocional o intelectual. El portador por excelencia de la Espiritualidad Ortodoxa es el Santo/a, quien se apocalipta (revela) a través de su enseñanza y sus reliquias. El hombre que está privado de las energías increadas del Espíritu Santo se llama psíquico y carnal.

 

  1. Esto precisamente muestra también la diferencia entre Espiritualidad Ortodoxa y el resto. La Espiritualidad Ortodoxa se distingue claramente de las “espiritualidades” occidentales y orientales o de tipo occidental y oriental. La diferencia en el dogma (doctrina, verdad inalterable) indica también la diferencia en la moral. La esencia de la Espiritualidad Ortodoxa radica y se encuentra en que es terapéutica “psicoterapéutica”, sana la enfermedad del hombre y le convierte en persona o personalidad.

 

  1. Pero hablando sobre terapia, psicoterapia* conocemos muy bien que principalmente lo que se psicoterapia, se sana es el corazón psicosomático, que es el centro de la existencia del hombre. No se trata de una terapia exterior, sino psicoterapia interior, del corazón de la psique-alma. El nus cuando está en estado de enfermedad se dispersa y se esparce a la creación a través de los sentidos, identificándose con la lógica (razón, racionalismo), y por ello, debe retornar al corazón de la psique-alma. Precisamente por esta razón la Iglesia Ortodoxa se llama Clínica, centro terapéutico o psicoterapéutico y consultorio de la psique-alma. (*ver: https://logosortodoxo.es/category/psicoterapia-ortodoxa/

 

  1. En la Iglesia Ortodoxa no solo se subraya la necesidad de la psicoterapia, terapia, sino que a la vez también se describe el método y la manera o modo que se logra. Como el hombre tiene sucios el nus y el corazón entonces debe pasar exitosamente los tres estadios de la vida espiritual, o sea, la catarsis (sanación) del corazón, la iluminación del nus y la θέωσις zéosis (divinización, glorificación, deificación). La Ortodoxía no es comparable ni se parece a la filosofía, sino a las ciencias prácticas naturales, más bien a la medicina. Esto se dice en el aspecto de que en la Iglesia Ortodoxa existen pruebas de sanación y psicoterapia, que en ella se cura, ya que ofrece y demuestra los resultados psicoterapéuticos y terapéuticos. Estos tres estadios o etapas de la vida espiritual son en realidad participación, comunión y unión a las energías increadas, la catártica (sanadora), la iluminante y la divinizante (deificante, glorificadora) de Dios, y se logran a través de la Χάρις Jaris (gracia, energía increada).
  2. Además de esta división (catarsis, iluminación y zéosis) existe también otra, la πράξις praxis (acción y práctica) y θεωρία zeoría contemplación; pero no se trata de un estado o situación distinta; praxis es práctica, acción, el esfuerzo de la catarsis del corazón, es la μετάνοια metania con todo lo que ella conlleva. Θεωρία zeoría contemplación es la iluminación del νούς nus y se identifica con la expectación, visión, contemplación de la Luz increada, la energía increada de Dios, ya sea interrumpida o permanente, es decir, la θέωσις zéosis (divinización, glorificación, deificación).
  3. La terapia o “psicoterapia” del hombre que es el propósito básico de la Espiritualidad Ortodoxa, se lleva a cabo a través de los Misterios** (Sacramentos) de la Iglesia y la vida ascética, practicante. En toda la Santa Tradición Eclesiástica Ortodoxa se ve la combinación entre Misterios y ascesis (ejercicio espiritual, práctica). La ascesis precede a los Misterios y después de ellos continúa otra vez la vida ascética. La disgregación del vínculo entre Misterios y ascesis conduce a un falso moralismo o en la total mundanización, secularización. (** https://logosortodoxo.es/12-lexis-apocalipticas/ XIII. Conclusión: Μυστήριο mistirio Mysterio)

 

  1. En la espiritualidad ortodoxa tampoco existe separación entre teología níptica (sobria) y sociológica o en νηπτικοί nípticos y sociológicos. La sociología correcta es consecuencia de la νήψις nipsis (sobriedad, atención y vigilancia interior espiritual), la cual es la hipostasis (base esencial) de la verdadera sociología. La terapia “psicoterapia” de la psique de los loyismí (pensamientos simples o unidos con la fantasía, conceptos, ideas), de los pazos y de la tiranía de la muerte, hace al hombre equilibrado social y psicológicamente. De esta manera o modo se resuelven también el resto de los problemas sociológicos, políticos, ecológicos y familiares.
  2. En la Santa Tradición Ortodoxa*** no hay separación ni diferencia entre monjes/as, casados/as y laicos, todos tienen las mismas obligaciones. Todos pueden y deben aplicar y cumplir los logos-mandamientos de Cristo Dios en sus vidas. Lo único que varía es el lugar de la ascesis y su grado, pero el objetivo es el mismo: somos como «a imagen» de Dios, y estamos llamados a avanzar hacia la «semejanza». (***https://logosortodoxo.es/teologia-ortodoxa/santa-tradicion-de-la-una-santa-iglesia-catolica-apostolica-ortodoxa/https :https://logosortodoxo.es/teologia-ortodoxa/conversaciones-y-dialogos-entre-ortodoxos-y-evangelicos/)

 

  1. La Espiritualidad Ortodoxa es Cristocéntrica, porque en Cristo se realizó la unión hipostática (base substancial) de la naturaleza divina y la humana, sin sin confusión, cambio, división o separación. Por ello el Cristo es el único medicamento para la terapia, sanación, y salvación del hombre. Sin embargo, ya que Cristo no puede ser considerado separado de las otras Personas de la Santa Trinidad ni de la Iglesia, que es Su Cuerpo, la espiritualidad ortodoxa es también trinitaria y eclesiológica (triado-céntrica y eclesiástico-céntrica).
  2. Dentro de la Iglesia que es el centro terapéutico espiritual, se salvaguarda y se preserva el método terapéutico y “psicoterapéutico” del hombre. Aún, hasta hoy en día en la Iglesia Ortodoxa existen Cristianos que viven “la catarsis, la iluminación y la zéosis”. En este punto reside el don y la dádiva de la Iglesia Ortodoxa y Su espiritualidad. El hombre ya sanado y equilibrado soluciona a la vez sus problemas existenciales y sociales.

 

San Nikolás Velimirobits: qué es la vida espiritual

Al obrero que pregunta sobre la vida espiritual.

 

Solamente la vida espiritual es la verdadera vida, todo lo demás es materia. Y nuestro cuerpo es materia prestada de la tierra. El cuerpo humano está hecho de estos cuatro elementos: tierra, agua, fuego y aire. Está tan ingenioso y maravillosamente estructurado que no se puede describir y expresar. Y, a pesar de esto, el cuerpo es solo algo material; no es la vida, tal como el vehículo no es el viajero, ni la jaula es el ave.

Entonces, ¿qué es la vida? La Santa Escritura de Dios lo explica claramente en su primera página: ”Entonces Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su rostro aliento o espíritu de vida, y el hombre se convirtió y se hizo en psique-alma viviente (o en en ser con psique inmortal), y así el hombre se hizo existencia viva espiritual y material) (Gen 2,7).

¿Conoces bien lo que significan estas palabras, tanto directa como indirectamente? Directamente, pues, Dios hizo el cuerpo de la tierra, e indirectamente, Él por Sí Mismo sopló en el interior del cuerpo el aliento de vida. Así el hombre se hizo psique-alma vivificada, viva. Aparentemente el hombre es materia pero con el aliento de vida en su interior, pues, la vida proviene directamente del Creador.

Con este aliento de vida el hombre mantiene su relación con su Creador y a la vez con todo el mundo celestial espiritual que rodea a Dios. Este aliento es como una pequeña llama que se asemeja a la eterna llama de la Deidad. Aunque con el cuerpo nos arrastramos en la tierra entre los insectos, en cambio con esta pequeña llama estamos conectados con los cielos sublimes y a la eternidad.

La psique vivificada o viva dentro al cuerpo, por aquel soplo Divino de vida, está incesantemente sostenida y vivificada, esto es la vida del hombre.

En palabras sencillas: la vida espiritual es nuestro continuo esfuerzo por llegar a ser dignos de ese soplo Divino que está dentro de nosotros.

¿Y por qué deberíamos esforzarnos por ser dignos y merecedores de esto? Porque esto es algo que nos lo ha regalado el Creador por Sí Mismo. Nadie lo ha comprado ni lo ha pagado, sino que nos lo ha regalado la Αγάπη Agapi eterna (amor incondicional, energía increada la puntal de la Jaris). Realmente, este regalo no puede pagarse con nada. Por eso esta donación es también regalo. Pero aquel que recibe un regalo tan valioso, como es la vida, por lo menos debe demostrar que es digno de esta donación.

Sobre el cómo corresponder con αγαπη agapi a la agapi de Dios, y cómo seremos dignos de esta divina donación, existe una gran ciencia que se llama ciencia espiritual. Está por encima de todas las ciencias, puesto que también el soplo o aliento Divino de vida está por encima de todas las cosas. Esta ciencia no proviene del hombre carnal y materialista, sino del Espíritu Santo de Dios. Él Mismo, donador del regalo más precioso, ha enseñado a los hombres cómo se harán dignos de este regalo.

Si anhelas y quieres entrar en esta dulce e ilustrada ciencia, que sea bendito tu anhelo.

¡Paz y alegría del Señor sean para ti. Ειρήνη σοι και χαρά από του Κυρίου!

SAN NIKOLÁS VELIMIROBITS ΑΓΙΟΥ ΝΙΚΟΛΑΟΥ ΒΕΛΙΜΙΡΟΒΙΤΣ

Traducido por: χΧ jJ  logosortodoxo.es/  (en español)

 

Domingo II de Lucas – Homilía de la montaña

hristos-invatatorul1Evangelio de san Lucas 6,31-38

31 Y como queréis que traten y hagan los hombres con vosotros, así también tratad y haced vosotros con ellos.

32 Porque si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores aman a los que los aman.

33 Y si hacéis bien a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis?

Porque también los pecadores hacen lo mismo. 

34 Y si prestáis a aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores prestan a los pecadores, para recibir otro tanto.

35 Amad, pues, a vuestros enemigos, y haced bien, y prestad, no esperando de ello nada; y será vuestro galardón grande, y seréis hijos del Altísimo; porque él es bondadoso para con los ingratos y malos. 

36 Sed, pues, misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso.

37 No juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados. 

38 Dad, y se os dará; con recipiente que se utiliza como medida buena, apretada, rellena y rebosante con contenido bueno será derramado en vuestro interior; porque con la misma medida con la que medáis, seréis medidos vosotros.

 

«Εἶπεν ὁ Κύριος: Καθὼς θέλετε ἵνα ποιῶσιν ὑμῖν οἱ ἄνθρωποι, καὶ ὑμεῖς ποιεῖτε αὐτοῖς ὁμοίως…πλὴν ἀγαπᾶτε τοὺς ἐχθροὺς ὑμῶν».

a. Parte de la Homilía en la Montaña del Señor Jesús Cristo (Mr 5-7) es la lectura evangélica de este Domingo, la que se hizo en el campo. Más bien se trata, como dicen muchos intérpretes del Nuevo Testamento, sobre dos homilías; una es de forma alargada en la montaña y la misma más reducida por segunda vez el Señor la hizo en el campo, y esta es la que ha escrito san Luca. La primera frase de la lectura “Y como queréis que traten y hagan los hombres con vosotros, así también tratad y haced vosotros con ellos”, sobre todo se ha calificado como “el canon o regla de oro de la ética cristiana”, significa que con esta se regulan las relaciones humanas, de modo que pueda ser revelado el Dios en sus vidas.

b.1 En principio por supuesto debemos recordar que este canon en su formulación negativa era algo que sugería el Antiguo Testamento, se encuentra al libro de Tobít con la frase “no odiarás ni harás daño a nadie”, esto que tu odias no lo hagas a nadie. Este canon lo encontramos conceptual y formalmente negativo también fuera de la apocalipsis=revelación Judeocristiana, en distintos filósofos y en otras religiones; por ejemplo al Cleóbulo de Rodas y al Confucio.  Se trata pues de un canon o regla que es la base y regula las relaciones sociales de los humanos universalmente e inter-religiosamente.

No olvidemos que la caída al pecado no trajo consigo la destrucción del hombre, sino el oscurecimiento en su interior de la imagen de Dios (oscurecimiento del nus, como dicen los Padres). Por supuesto que el Logos de Dios no encarnado hasta Su humanización, iluminaba al hombre, por ejemplo, a través del logos espermático* como dijeron algunos Padres, con el propósito de instruir a los hombres para la futura aceptación de Aquel.

(* Logos espermático: Semilla, germen de verdad que sembró Dios en todos los hombres, en cambio toda la verdad la dio con el Cristo.)

2. El Señor no niega este canon. Al contrario. Lo acepta y lo extiende elevándolo al nivel carismático; es decir, el modo de existencia del mismo Dios sea reflejo al hombre. Queremos decir que a este canon de comportamiento regulador entre los hombres, en la primera fase el Señor lo formula de manera positiva: “como queréis que traten y hagan los hombres con vosotros, así también tratad y haced vosotros con ellos”. Y atención a esto. No dice “lo que os hacen a vosotros igual hacedlo a los demás”, porque esto era núcleo de la moral judaica, con lo del “ojo por ojo y diente por diente”. Puede ser que para la época del Antiguo Testamento fuera un canon de venganza desenfrenada, pero para la nueva era que trajo el Señor funciona como pecado.

El Señor, pues, dice “como queráis que os traten y hagan los hombres”, lo que desearíamos que los demás hagan por nosotros hacer igual; el comportamiento que nos gustaría tuviesen los demás hacia nosotros. lo mismo debemos tener nosotros hacia ellos; en otras palabras, como hemos dicho: no fijarnos de forma judaica en lo que hace el otro, de manera que nuestra acción sea reacción, es decir, un comportamiento inmaduro, sino que miremos nuestro yo más profundo; por lo tanto la medida de nuestra agapi hacia los demás tiene que ser la misma que hacia nosotros mismos. Así diríamos que este canon equivale al mandamiento, logos de Dios “amarás a tu prójimo como a ti mismo”, algo que finalmente manifiesta que nuestro yo mismo es “insuperable” de nosotros mismos – el hombre juzga y razona con base el sí mismo- aunque los hombres entre nosotros somos iguales. Esta regla o canon de oro pone de relieve y nos indica lo común de la naturaleza humana, y como la autognosis-autoconocimiento funciona a la vez en un gran porcentaje como heterognosía (o conocimiento heterogéneo).

3. ¿Qué es lo que habitualmente queremos de los demás, de modo que se lo ofrezcamos también a ellos? Tenemos la impresión que los deseos principales que queremos de los demás son la aceptación de nuestra persona, el respeto de nuestra libertad, de nuestro espacio y tiempo, el comportamiento honesto sin malicia por parte de ellos, en una palabra la agapi (amor desinteresado) de ellos. Esto es pues, la regla del comportamiento correspondiente de nosotros: amar al otro, respetarlo, ser considerados hacia él, no hacer transgresiones principalmente no respetando la libertad de los demás. Realmente es un canon o regla de oro que su aplicación en la sociedad nuestra funcionaría como paraíso. Pero ya lo dijimos: se trata de una regla que expresa lo mejor que podría expresar el género humano, basado en los buenos elementos de la naturaleza humana.

Pero la pregunta que se pone es: “con qué fuerza el hombre podrá realizar esta regla? ¿Cómo esto que implica percepción y concepción correcta y enseñanza social buena, podrá hacerse praxis? En otras palabras, ¿cómo el hombre superará las vinculaciones al pecado, a los pazos, al diablo y a los elementos de este mundo?

4. El Señor pues, da la respuesta y es muy clara: La superación de las vinculaciones de modo que el hombre pueda colocarse correctamente hacia su prójimo es un estado carismático. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis?…Y si hacéis bien a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis?. En otras palabras, el hombre no puede escapar del egoísmo de las relaciones del “dar y recibir”, doy porque recibo, -que consiste generalmente la ética judaica y mundana- si no se hace por la misma energía (increada) y acción del mismo Dios. El que pueda amar al otro sin esperar nada a cambio, compórtame bien, sin que esta acción mía sea reacción, es un estado sobrenatural que presupone la presencia de Cristo y Su jaris (energía increada) en este mundo.

Por lo tanto, el Señor recalca el valor de la regla de oro para las relaciones humanas y nos orienta hacia su aplicación correcta y real: sólo el hombre en Cristo, el que está incorporado en Su Cuerpo, la santa Iglesia, el que se ha hecho miembro Suyo y funciona en él Su jaris increada y fuerza, sólo éste puede estar de manera agapítica y discernida ante su prójimo, extendiendo así la perspectiva del mismo Cristo y del Dios Padre a todo el mundo. Sed, pues, misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso. Y como el Dios Padre, y Señor Jesús Cristo ama al mundo sin distinciones –“porque Él (el Dios) es bondadoso para los ingratos y los malos”- por eso el cristiano correspondientemente ya puede amar a todos, aún hasta sus enemigos, sin que se preocupe si le recompensarán igual. “Amad, pues, a vuestros enemigos, y haced bien, y prestad, no esperando de ello nada…”, es decir, el cristiano vive y se mueve por encima de los niveles humanos, mundanos y caídos al pecado. La preocupación y cuidado del hombre es gustar a Dios y que domine Su voluntad para que Le tenga vivo en su interior. Y una manera existe, como dijimos, para esto: vivir como el Dios y teniendo la fuerza de Él estar aumentándola.

c. El problema de la humanidad por lo que se ve no es la falta de buenas palabras, ideas sociológicas importantes e ilusiones “paradisíacas”. Estas ciertamente existían y existirán en nuestro mundo. Las filosofías y las religiones dijeron y dicen cosas bonitas. Estas cosas bonitas mezcladas con muchos engaños y mentiras son realmente bonitas. Pero el problema es, ¿cómo se van aplicar estas cosas bonitas? Para nuestra fe cristiana ortodoxa, la solución es sólo el Señor. Si el hombre no Le acepta tal y como se ha apocaliptado=revelado, si no se hace miembro Suyo para que sea reforzado de Su jaris divina (gracia, energía increada), siempre estará tambaleando en contradicciones y quizás entre las buenas razones, palabras y forma de vida demoníaca. Porque “en ningún otro hay sanación y salvación…” (Hec 4,12).  Roguemos pues, al Señor para que ilumine a los hombres que Le ignoran, para que Le conozcan y refuerce la voluntad nuestra los considerados cristianos, de modo que hagamos praxis lo que ya nos ha dado, que la mayoría de las veces lo dejamos para más tarde. Es decir, amar a nuestros prójimos como a nosotros mismos independientemente del comportamiento de ellos. Pero lo más tarde, por regla general, significa nunca. Amín

Padre Jorge Dorbarakis

Fuente: ΑΚΟΛΟΥΘΕΙΝ

Traducción de: xX.jJ      

 

La maledicencia, san Juan de la Escalera

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San Juan el Sinaita: la Escalera – Logos X sobre Καταλαλιά (katalaliá)

(maledicencia, crítica maligna hablada sobre el otro, difamación, chismorreo, murmuración).

1. Creo que ningún hombre sensato negará que del odio y el resentimiento nace la maledicencia. Por eso en orden la hemos puesto después de sus progenitores. Καταλαλιά Maledicencia significa nacimiento, generación de odio, una enfermedad sutil y grave; una sanguijuela escondida e invisible que no sentimos, pero que chupa el jugo de la agapi; es una simulación, hipocresía de agapi, la causa de un corazón corrompido, sucio y la ruina de la pureza.

2. Hay mujercitas que son escandalosas, desvergonzadas y malas; y otras que aparentando gran modestia y vergüenza cometen mayores pecados y males que las anteriores. Algo parecido sucede con los pazos (pasiones y vicios): unos son públicos y notorios (gula y lujuria) y otros más secretos y simulados, pero mucho peores son la hipocresía, la malicia, la tristeza mundana, el resentimiento y la murmuración interior del corazón. Crean una impresión exteriormente pero sus fines son otros. (Estos pazos, recubiertos con un color virtuoso, encubren veneno).

3. Oí una vez a ciertas personas que hablaban mal para otra y las reprendí. Para justificarse, estos obreros del mal me respondieron: Es por caridad, y por el bien de aquel de quien así hablamos. Entonces yo contesté: Cesad de practicar este tipo de agapi especial, de otro modo desmentiríais a aquél que dijo: «Persigo yo al que habla mal para su prójimo en secreto». Si sostienes que amas al otro, ora por él místicamente, secretamente y no hables mal de él. Ésta es la manera de la agapi que es agradable a Dios.

4. Además, no olvides también esto, y seguro que dejarás de juzgar al que ha errado: Recuerda que Judas estaba entre los apóstoles y el ladrón entre los homicidas, y, ¡es admirable como en un instante se produjo el cambio, uno tomó la posición del otro!

5. Si alguno desea vencer el espíritu de la καταλαλιά maledicencia, no debe culpar al que cometió la falta, sino el demonio que se la sugirió y le empujó. Porque nadie quiere pecar a Dios, a pesar de que todos pecamos por voluntad propia.

6. Conocí un hombre que había pecado a la vista de todos pero se había arrepentido y en secreto estaba en metania. Y aquél al que yo había culpado y condenado como inmoral, era casto, honesto a los ojos de Dios, porque su μετάνοιά (metania) fue propicia, él era plena metamorfosis, conversión.

7. No respetes a quien delante de ti culpa y habla mal de tu prójimo; más bien, antes dile: «Detente, hermano, yo cada día me equivoco en cosas peores, entonces, ¿cómo puedo juzgar y condenar al otro? Con esta sola medicina o fármaco te “psicoterapiarás” sanarás y sanarás al prójimo.

8. Uno es el camino, de hecho el más corto que hay para alcanzar el perdón de los pecados: no juzgar a nadie; puesto que el logos del Señor “no juzguen, y no seréis juzgados” (Lc 6,37), es verdadero. Tal y como el fuego y el agua no se reconcilian, así también es el que juzga con el que está y ama la metania.

9. Aunque veas a alguien pecar durante a la hora de su muerte, no le juzgues, pues la decisión de Dios es impenetrable y desconocida para los hombres. Algunos aparentemente han caído en pecados muy grandes, pero en secreto han hecho obras mayores. Así fueron engañados los amantes de ser jueces de los demás, y aquello que tenían en sus manos era humo y no luz.

10. ¡Escuchadme! ¡Oídme todos los malos jueces de los pecados de otros! Si es verdad -como lo es- que “según la vara con que medimos seremos medidos” (Mt 7,2), entonces estad seguros que, todos los pecados por los que hemos acusado al prójimo, sean psíquicos o corporales, se volverán contra nosotros. No es posible que sea de otra manera.

11. Los que son jueces severos y minuciosos del otro, son vencidos por este pazos. El motivo es que aún no han adquirido conocimiento y memoria de sus propios delitos y errores. Porque si alguno se quitara la envoltura o velo de la filaftía-egolatría y reconociera con exactitud todos sus pecados, no se ocupará más por otra cosa en su vida que sus propios pecados, viendo que el tiempo de su vida no le basta para sanarse de ellos, entonces vería que si todas las aguas del Jordán manasen de sus ojos no serían suficientes para enmendarse.

12. He examinado bien la virtud “estar en luto” y no encontré en ella rastro alguno de maledicencia o crítica condenatoria.

13. Los demonios empujan siempre a que pequemos; y si no pecamos, procuran a que juzguemos los pecados de los demás, de modo que con lo segundo los malignos nos hagan manchar lo primero. Sepas también que la cualidad de los hombres con resentimiento y envidia es también esto: acusan y pervierten con gratitud y facilidad las enseñanzas, las cosas y los logros del otro, así estos mezquinos están vencidos y heridos miserablemente por el espíritu del odio.

14. He visto algunos que cometen secretamente grandes pecados. Pero como aparentan y se apoyan en su propia supuesta pureza, reprenden con severidad y dureza a los que caen en algunos errores pequeños y los manifiestan a los demás.

15. El juicio no es más que usurpar el derecho de Dios; en cambio la crítica maligna es la ruina de la psique del que critica malamente.

16. Así como el orgullo (soberbia o prepotencia) sin haber otro pazos puede por sí solo destruir al hombre que lo posee, lo mismo ocurre si en nuestro interior existe la crítica maligna a otros. Es lo que le ocurrió al fariseo de la parábola del Evangelio.

17. El buen vendimiador coge las uvas maduras y no toca las inmaduras; igualmente un hombre benevolente y prudente, ve las virtudes en los otros siempre con diligencia. Por el contrario, el necio busca los defectos y las culpas de los demás; para este se ha dicho: «Se pusieron a escudriñar maldades, perdiéndose en esa búsqueda» (Sal 53,7).

18. No critiques, ni condenes, aunque veas pecar con tus propios ojos, pues aun tus ojos muchas veces te pueden engañar.

¡Décimo escalón! El que ha conquistado es obrero de la agapi o del luto divino.

Traducido por: χΧ jJ

Sócrates y Cristianismo – La crítica maligna

Catalaliá (maledicencia) y catácrisis (critica maligna)

 

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Καταλαλιά Katalaliá es difundir con palabras los pecados y errores del prójimo.

Κατάκριση catákrisi es crítica maligna y condena. La palabra crítica κριτική (kritikí) proviene del griego y en nuestro idioma no tiene un carácter negativo, significa razonar, juzgar sanamente. En cambio la crítica negativa o maligna se llama kατάκριση (katákrisi).

 

SÓCRATES Y LA CRÍTICA MALIGNA

Una vez, Sócrates mientras caminaba en la Ágora, se encontró con un conocido suyo y le dijo que tenía que comunicarle algo muy importante sobre un alumno suyo.

Sócrates le respondió que primero le gustaría hacer un test o examen de “triple refinamiento o de tres filtros”.

¿“Refinamiento triple”? preguntó extrañado aquel.

Sí, antes de que me cuentes lo que has oído sobre mi alumno, quisiera por un minuto que examinemos esto que quieres decirme.

El primer paso o filtro es sobre la verdad. ¿Estás totalmente seguro de que lo que tratas de decirme es verdad?

-“En realidad no, simplemente lo he oído y…”, susurró su interlocutor.

 Sócrates: «De acuerdo. Así que no tienes idea de que si lo que quieres decirme es verdad o mentira. Ahora permíteme aplicar el segundo paso o filtro que es sobre la bondad.

¿Esto que me vas a decir sobre mi alumno realmente es algo bueno?

-Bueno, no, más bien lo contrario, contestó alarmado el interlocutor.

Entonces continuó Sócrates, tú quieres decir algo malo sobre mi alumno, pero no estás nada seguro de que sea cierto. Entonces el conocido suyo bajó la cabeza de vergüenza y desconcierto. A pesar de todo esto, dijo el gran filósofo, aún puedes pasar el examen, porque falta también el tercer filtro o paso que es el de la utilidad. ¿Esto lo que vas a decirme sobre mi alumno es algo que puede ser útil?

-No, no lo creo, contestó el informador.

 Entonces Sócrates respondió: ya que lo que me vas a decir no es verdad, ni bueno, tampoco útil, ¿por qué tengo que escucharlo?, concluyó Sócrates. Y aquel se marchó avergonzado, habiendo tomado una buena lección.

 

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EL “MATERIAL” DE LA CATAKRISIS

La cacología es uno de los mayores pecados, porque no tenemos derecho de difamar, infamar y humillar a las personas teniendo en nuestro interior el veneno del odio, de la ira, de la hipocresía y los celos. Es fácil para el hombre abrir la boca y decir lo que tenga en el interior de su corazón lleno de pazos y malicioso, sin calcular que esto afecta la dignidad y la reputación del hombre. Con la cacología uno manifiesta los defectos secretos de su hermano. Y con el juicio lo condena abiertamente. No hay cacología que se hace con rectitud del corazón. El abad Hiperejios da el siguiente consejo para las personas que estaban en continencia y ayuno: “Come carne y bebe vino pero no devores con la cacología las carnes de tu hermano”.  Y añade: La serpiente con la cacología contra Dios logró sacar del Paraíso a los primeros en ser creados. Lo mismo hace también aquel que habla mal para su prójimo: carga su psique y arrastra al mal aquel que le escucha“.

LO ABSURDO DE ESTE PAZOS o PATOLOGÍA

El pazos del amante a culpar, acusar y condenar es una cosa anormal, incluso por parte de la psicología; porque se dirige hacia los demás sin alguna esperanza de beneficio para sí mismo; sólo consigue la “degradación o humillación” para el que acusa; al contrario con otros actos, por ejemplo, por robo que comete uno quita algo a alguien, pero se beneficia él mismo. Con la cacología y el chismorreo maligno que es la degradación, difamación del prójimo, tiene como beneficio algo que se ajusta al demonio y no al humano,.

LOS ESTADIOS DEL PAZOS

Según otra definición, la crítica, juicio o chismorreo son tres estadios de la misma maldad. Así que la καταλαλιά (catalaliá) es difundir con palabras los pecados y errores del prójimo. Uno diciendo todo esto ya “condena”, habla maliciosamente contra uno en relación con un problema existente o inexistente. Es decir, el maldiciente necesita por lo menos un “medio” para acusar el objeto de la censura o condena. Censura, crítica o condena es la categoría del mismo hombre, quien dice que aquel es mentiroso, mal educado, lujurioso…, éste sacando conclusiones generales esencialmente acusa a su propia psique. Y esto es muy malo. Porque una cosa es que uno se haya enfadado y otra cosa es que uno sea mal educado, irascible o un incontrolado, sacando conclusiones generales.  El mismo Señor dice: ¿Hipócrita, cómo ves la paja en el ojo de tu hermano y no ves la viga en el tuyo? (Lc 6,42) Mayor desliz que la crítica maligna es la crueldad o ferocidad, no sólo cuando uno critica a otro sino cuando le anula tratándole como algo repugnante.

LA SANTA ESCRITURA SOBRE LA MALEDICENCIA Y LA CRÍTICA MALIGNA:

En el Antiguo Testamento leemos: “Al que critica maliciosamente al prójimo, persíguele y expúlsale” (Sal 90,5). En el N. Testamento leemos: “No juzguen antes del tiempo, hasta que venga el Señor”, “porque si juzgas al otro, a ti mismo te estás juzgando”, “porque con la manera que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido. ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?” (Mt 7.2-3).

EL LOGOS PATRÍSTICO Ο ΠΑΤΕΡΙΚΟΣ ΛΟΓΟΣ: 

San Máximo el Confesor añade: “De verdad, es para asombrarse uno cuando ve que los hombres dejando de lado sus pecados, quitan el derecho del Hijo para juzgar, y, como impecables, los mismos juzgan y condenan el uno al otro. El cielo se asombra y la tierra tiembla, mientras ellos, como insensibles no sienten ninguna vergüenza.”   

San Juan el de la Escalera, quien ha escrito un logos entero en relación, nos dice que no debemos de olvidar que Judas pertenecía al sequito de los discípulos, en cambio el ladrón en el sequito de los asesinos. Es digno de admirar que en un momento uno tomó el sitio del otro. Mientras recalca que por los pecados que hemos acusado al prójimo, en los mismos caeremos también nosotros. Echemos un vistazo a algunos logos de la enseñanza de san Juan el Sinaita, sobre la procedencia de esta enfermedad espiritual: “Del odio y del resentimiento nace la maledicencia. Καταλαλιά Maledicencia significa nacimiento, generación de odio, una enfermedad sutil y grave; una sanguijuela escondida e invisible que no sentimos, pero que chupa el jugo de la agapi; es una simulación, hipocresía de agapi, la causa de un corazón corrompido, sucio y la ruina de la pureza. Los que critican malamente, sufren de este pazos o patología porque se olvidan totalmente de sus propios errores y pecados. La cualidad de ellos es que las enseñanzas y las hazañas del otro las critican, las acusan y las tergiversan con facilidad y alegremente, mientras que estos desgraciados están hundidos y cautivos por el espíritu del odio”. San Juan discierne que: “15. El juicio no es más que usurpar el derecho de Dios; en cambio la crítica maligna es la ruina de la psique del que critica malamente. 16. Así como el orgullo (soberbia o prepotencia) sin haber otro pazos puede por sí solo destruir al hombre que lo posee, lo mismo ocurre si en nuestro interior tenemos la crítica maligna a otros. Es lo que le ocurrió al fariseo de la parábola del Evangelio”.

El libro “Yerontikón” sobre el gran beneficio que tenemos por evitar la crítica maligna, nos narra el siguiente acontecimiento: “Un monje en un monasterio era muy descuidado y negligente a lo espiritual, se enfermó y llegó su hora de morir. Mientras se encontraba en esta situación estaba alegre. A los demás monjes que le preguntaban sorprendidos por su gran franqueza y claridad aquel les respondió: “No he juzgado o culpado jamás a ningún hombre. Por eso pienso decir a mi Soberano Cristo cuando me presente ante él: «Tú, Señor, has dicho, no juzguéis para que no seáis juzgados», y espero que no me vaya a juzgar severamente. Y el Abad le respondió con admiración: “Ves en paz, hijo mío, en tu viaje eterno. Tú has conseguido salvarte sin esfuerzo”.

LA RAÍZ Y LA CAUSA DE LA ΚΑΤΑΛΑΛΙΑ (Catalaliá)

La cacología o maledicencia tiene como campo propio la agapi hipócrita o simulada. Con la crítica maligna nos convertimos en maliciosos y todo en nuestros alrededor está oscuro; puesto que lo único que nos interesa es reírnos y burlarnos del prójimo con malevolencia, entrando así al espacio del absurdo y paradójico pazos de la καταλαλιά malidicencia.

La καταλαλιά (katalaliá, maledicencia) y la κατάκριση (katákrisi, crítica maligna) se tratan y se sanan sustituyéndolas por la agapi (amor desinteresado) y la compasión hacia el prójimo, porque “la agapi cubre muchos pecados” (1Ped 4,8). El hombre que critica con malicia si ve, oye o sospecha algo de alguien es humillante, desagradable y despreciativo hacia aquel. Y lo peor es que no cesa de hacerse daño a sí mismo, sino que pasa sus cacologías a otros informándoles sobre los “acontecimientos” o sospechas. Y les hace daño poniéndoles pecados en sus corazones. Y convertido en colaborador de los demonios, mientras está haciendo una obra diabólica, no se preocupa de su propia destrucción y de su prójimo. Pero el hombre que tiene este pazos si tuviera agapi, la misma agapi cubriría cada error, tal y como exactamente hacían los santos, cuando veían los errores de los hombres. Los santos no odiaban al que pecaba, ni le juzgaban, tampoco le evitaban, sino que sufrían con él, le aconsejaban, le consolaban y le sanaban como un miembro enfermo de sus cuerpos, hacían de todo para sanarlo y salvarlo.

El Padre Paísios decía: “¡Cuánto perjudicamos a nuestro prójimo cuando le criticamos malamente! Aunque en realidad con la crítica nos perjudicamos a nosotros mismos y no a los demás, porque el Dios nos aborrece”. Según el mismo Padre en el desarrollo de este pazos contribuyen el egoísmo y la curiosidad, haciendo hincapié que: “Cuando no tienes agapi (amor desinteresado), no ves con indulgencia los errores de los demás, por lo tanto en tu interior los desprecias, los culpas y los criticas malamente”. Por lo tanto la solución es solamente la agapi. No olvidemos que la crítica maligna alegra a los demonios, porque el hombre que cae en ella los imita. Dice otra vez el santo Padre de nuestros tiempos: “Intentad no juzgar, culpar y criticar maliciosamente. Sólo tenéis que juzgar y criticar malamente los tangalakis-diablillos, puesto que fueron ángeles y resultaron demonios, y, en vez de arrepentirse, se convierten en más malignos astutos y con manía quieren destruir las criaturas de Dios. Es decir, el astuto maligno incita a los hombres hacer cosas malas, raras y diabluras; el mismo diablo pone loyismí (pensamientos, reflexiones, meditaciones con fantasías) a unas personas para que juzguen, culpen y critiquen a otras, así vence a unos y a otros. Y mientras los que hacen diabluras después sienten su culpa y se arrepienten, en cambio otros que critican malamente se autojustifican, se enorgullecen  y acaban en la misma caída que el astuto maligno: al orgullo (prepotencia, arrogancia, soberbia).

Autocrítica, autoreproche y discernimiento las armas contra la crítica maligna

¿Los santos cómo se divinizaron? Se habían ocupado y girado hacia sí mismos y veían sólo sus propios pazos. Con la autocrítica y el autoreproche que tenían, “psicoterapiaron”, sanaron y limpiaron sus propios pazos. Consideraban a los demás superiores y a sí mismos más bajos y peores que todos los demás. Habían adquirido la virtud del discernimiento, de modo que daban atenuantes a los demás justificándoles. Algunos santos hacían diabluras y travesuras deliberadamente para que fueran despreciados por los que no se ocupan de sí mismos. A los ojos de los hombres eran humillados y despreciados y a los ojos de Dios muy alto. Se trata de una categoría de hombres santos que permanecen conocidos como “locos de Cristo”. Debemos imitar a los santos y ver con dolor y pena al que se equivoca.

Pensemos pues, al pasado del hombre, las oportunidades que se le dieron para cultivarse a sí mismo y las ocasiones que tuvimos nosotros también y no las hemos aprovechado. Esto nos traerá turbación por las donaciones que se nos fueron regaladas, y así nos haremos más humildes viendo que no hemos correspondido. Entonces sentiremos agapi, cariño y dolor para el prójimo que no tuvo las mismas ocasiones que nosotros y oraremos por él. El Padre Paísios el Aghiorita se decía a sí mismo: “cuando algo me perecía torcido de alguien, pensaba: Algo bueno será, pero yo no lo entiendo. Cuando ya me había asqueado de mi mismo, en el buen sentido, todos los justificaba. Para los demás siempre encontraba excusas y atenuantes y sólo me criticaba a mí mismo”.

Kostantino Ikonomu –  Maestro y Escritor

Traducido por: χΧ jJ

La necrosis de la muerte

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Festejamos la necrosis de la muerte

La muerte se afronta como una de las emociones más horribles. Nuestra cultura, por la que nos jactamos tanto, no nos ha familiarizado con la mayor y más trágica realidad de nuestra vida, la muerte, ni nos ha conciliado con ella. Es cierto que en esto concurren varias razones. El hombre de poca fe tiene miedo a la muerte, porque ve que no está preparado para recibirla. El que tiene poca fe o el ateo, basa todas sus esperanzas en este mundo y ve la muerte como una catástrofe. Por eso, evita hablar o burlarse de ella, pero en el fondo le tiene miedo. Tal y como le tienen miedo los que económicamente son ricos, porque les hará perder todo lo que tienen; lo mismo ocurre también con los proletarios de nuestro mundo, a pesar de que presumen de ver la muerte como salvación. Para ellos es válido el logos del poeta Solomós: «La vida es dulce y la muerte oscuridad».

Pero para el cristiano, sobre todo el patrístico, es decir, el ortodoxo, el misterio de la muerte está resuelto. La Esfinge de la muerte ha interrumpido su silencio. El enigma que tanto ocupó el espíritu humano que sólo la gran genialidad socrática-platónica pudo tocar en el Fedro, se ha aclarado y desmitificado. «Realmente es terrible el misterio de la muerte», salmodiamos en el oficio del entierro. La participación del fiel en la Pasión y la Resurrección de Cristo ayuda a la comprensión del misterio de la vida y la muerte. La vida es un regalo de Dios, que ha creado todo de la nada y nos ha traído a la existencia de la inexistencia.

Además, la muerte está fuera de la voluntad de Dios. No es un estado natural, sino que conecta con el hecho trágico del pecado, que es el fallo del hombre en permanecer en comunión con Dios. «Dios no creó la muerte», por la envidia del diablo sobrevino la muerte al mundo». Dios ha permitido nuestra muerte, “para que el mal no sea inmortal».

Esta es la interpretación de la muerte, por nuestros santos, los verdaderos Teólogos. El pecado, como acontecimiento de caída, inactivó y mortificó finalmente nuestras vidas, que es el arrendamiento de Dios en nuestro corazón, el centro de nuestra existencia. Esta separación de la Jaris (gracia, energía increada) de Dios es la muerte espiritual que ha provocado también la muerte somato-biológica. En la muerte espiritual se debe buscar también la muerte física o corporal. El llanto, pues, durante el entierro de una persona querida no conecta con nuestra separación provisional, sino con la causa que provocó nuestra muerte, el pecado.

La muerte somática o del cuerpo es la disgregación de la relación armoniosa y el co-funcionamiento de la psique y el cuerpo. El pecado como sarx-carne se mortifica hasta la Segunda Presencia de Cristo. La carne humana se mortifica, se desgasta y volviéndose a la tierra se disuelve. Pero la psique no se desgasta, ni se disuelve, porque el Dios la ha creado espiritual. Espera la «llamada» de Cristo durante Su Segunda Presencia (1ªTes 4,6), para renovarse con su cuerpo resucitado y vivir junto a Él, en una vida que será eterna y a continuación de nuestra existencia terrenal. La «ley de la incorruptibilidad» es absolutamente válida en la obra de Dios. Nada se pierde por eso. Por ello cada momento de la vida presente tiene para el cristiano importancia sotiriológica (salvífica), porque en la manera de la que vivimos depende nuestra sanación y salvación y el estado de nuestra existencia después de la muerte. (2ªCor 6,7).

3. Cristo con toda Su obra sanadora y salvadora trae el pleno levantamiento de todas las consecuencias de nuestra caída. Destruye primero el pecado, por Su naturaleza impecable, que no es vencida por la fuerza mortal del pecado, además, por Su Cruz, mató nuestro pecado, el pecado del mundo (Jn 1,29). El Dios no actúa mediante castigos, tal como exigiría la ley humana, sino como sanador, salvador y liberador del hombre de la esclavitud del pecado, tal y como impone Su propia ley. Por lo tanto, no castiga a los pecadores como ha ocurrido en el cataclismo del A. Testamento (Gen cap.8), sino el pecado, como el buen médico no busca la muerte del enfermo, sino la muerte de la enfermedad. Por eso en la Divina Liturgia se llama a Cristo «médico de nuestras psiques y cuerpos.»

La Resurrección de Cristo es la culminación de Su triunfo sobre nuestro pecado y por eso da sentido a toda nuestra existencia. En cambio, la historia del mundo camina hacia un final, pero el hombre dentro de la luz increada de la Resurrección se demuestra sin final. Porque entre el límite de la historia y la meta-historia se encuentra el Vencedor de la muerte, el Cristo, Quien «por Su muerte pisoteó la muerte» y nosotros «festejamos la necrosis o muerte de la muerte».

La muerte y la resurrección de Cristo es la victoria sobre la muerte. Fuera de la relación con Cristo, la muerte se hace terrible y despiadada. Con Cristo resucitado, la muerte se desmitifica. Queda abolida su omnipotencia (Heb 2,14). Cristo anuló el miedo a la muerte, de manera que cristianamente se entienda como “nacimiento verdadero” y esperanza a la resurrección común. Así se entiende lo paradójico: Mientras el mundo festeja los cumpleaños, nosotros los Cristianos Ortodoxos festejamos la memoria de la dormición de nuestros Santos. Porque el día de la muerte, para el auténtico cristiano, es la verdadera gnosis (conocimiento increado) para nosotros, de la verdadera vida.

4. Pero el creyente ortodoxo vive estas realidades, extrañas para el mundo alejado de Dios, participando en la vida del cuerpo eclesiástico. No basta para eso el típico bautizo. Es necesaria la participación de la vida en Cristo y su existencia. En los límites de esta vida, el fiel muere en cada momento de su vida, se mortifica para el mundo mediante la ascesis y la vida espiritual, para vivir dentro de la Jaris (gracia, energía increada) de Dios que es la “vida eterna.” Por eso, nuestros monjes, que son los auténticos fieles, nos enseñan: “¡Si te mueres antes de morir, no morirás cuando te mueras!” El logos de Cristo «el que crea en mi, aunque muera vivirá» (Jn 11,25), significa que mediante el bautizo y la unión con Él, por nuestra vida espiritual, otra vez nos conecta con la vida generativa, la fuente de la vida que es Él. Nos lleva y religa a la comunión y relación con Dios que vivifica nuestra muerte y metamorfosea, en vida Suya, nuestra muerte diaria. Por lo tanto, si uno no es miembro vivo del cuerpo de Cristo, de la Iglesia, no puede vivir verdaderamente y participar en la vida de Cristo. El que simplemente está bautizado tiene las posibilidades y condiciones de participación en esta vida, pero no quiere decir que participa en ella, sino participa en la ascesis y la experiencia de los divinos misterios. Es decir, con el Bautizo no acaba todo lo referente a la sanación y salvación. Con el bautizo que es la apertura de la puerta comienza, pero uno tiene que cruzar la puerta y vivir en Cristo.

Nuestros Santos con sus cuerpos incorruptibles y enteros, por ejemplo, san Esperidon, san Gerásimos, certifican la superación de la muerte y sus consecuencias (su desgaste) ya dentro de esta vida; también dan testimonio de la eternidad dentro de la historia. El creyente ortodoxo viendo los Santos, edifica su propia filosofía sobre la muerte. La victoria de Cristo da fuerza, de manera que el fiel no ve la muerte como «los que no tienen esperanza» (1ªTes 4,14) y vencen así cualquier forma de muerte (fracasos, enfermedades, pasiones, emociones, etc.). Porque no da un carácter absoluto en esta vida. Pablo no era un masoquista, cuando decía que «quiero morir y estar con Cristo» (Fil 1,23). La muerte para el creyente ortodoxo es un traspaso a la vida real. Un sueño que espera su despertar a la interminable vida eterna. Cierto es que el hombre no es inmortal por su propia naturaleza. Por lo tanto, la inmortalidad es un carisma, es un regalo de Dios al hombre como creatura Suya. Inmortal sólo es el Dios increado (1ªTim 6,15). Además, la inmortalidad no es sobrevivencia simple, sino participación al Paraíso, a la Jaris (gracia energía increada) o realeza increada de Dios. Esto significa la bendición de “memoria eterna”. Es decir, la participación del creyente eternamente en la comunión con Dios, de Su realeza increada.

5. La Ortodoxia, con toda su estructura, ofrece al creyente la capacidad de participación en la muerte y Resurrección de Cristo. El Misterio es la continua realización de esta posibilidad. Con el bautizo uno muere con Cristo (Rom 6,3). Por eso las antiguas pilas bautismales colectivas de la Iglesia tenían por regla general forma de cruz. La pila era el sepulcro del pecado y la mitra del renacimiento en Cristo. Por eso, los ortodoxos celebramos el bautizo con triple sumergimiento y emersión, y no con rociar o echar unas gotas de agua en la cabeza. Vivimos sensible y visiblemente nuestra muerte y resurrección. La Metania o Confesión es también la muerte de nuestro pecado y nuestra resurrección a la vida nueva del cuerpo eclesiástico. Por eso es tan necesario este Misterio, como también su completación, la Divina Efjaristía, la participación en la victoria y doxa(gloria) del resucitado Cristo, que se encuentra a la derecha del Padre, donde con su Asunción elevó nuestra renacida naturaleza. Pero los Misterios (Boda, Santidad, Unción de Oleos, etc.) ofrecen la misma posibilidad. La Boda, por ejemplo, es la incorporación a una nueva vida de la pareja, en el cuerpo de Cristo, de manera que en esta fase especial de sus vidas vivan el mismo misterio de la muerte del pecado y sus continuas resurrecciones, en una vida en la que el Señor es sólo Cristo. Por eso, si queremos ver las cosas con su verdadera faz, el matrimonio civil es legal, pero no se puede igualar con el Misterio, porque realiza un “intercambio legal” pero no introduce hacia la vida de la Jaris, la energía increada de Dios.

Continuamente me preguntan lo siguiente: ¿Qué ofrece la Iglesia para afrontar cualquier mal funcionamiento social? Mi contestación es una: La Iglesia como cuerpo de Cristo no reparte aspirinas para los dolores de cabeza de este mundo. Introduce una vida, como cuerpo de Cristo, que da la posibilidad y capacidad al hombre creyente vencer continuamente la muerte y confesar con el Apóstol Pablo: “antes bien, nos recomendamos en todo como ministros de Dios, en mucha paciencia, en tribulaciones, en necesidades, en angustias; en azotes, en cárceles, en tumultos, en trabajos, en desvelos, en ayunos; en pureza, en ciencia, en longevidad, en bondad, en el Espíritu Santo, en amor sincero, en palabra de verdad, en poder de Dios, con armas de justicia a diestro y siniestro; por honra y por deshonra, por mala o buena fama; como impostores, pero veraces; como desconocidos, pero bien conocidos; como moribundos, mas he aquí vivimos; como castigados, mas no muertos; como entristecidos, mas siempre gozosos; como pobres, mas enriqueciendo a muchos; como no teniendo nada, mas poseyéndolo todo. Padecemos como moribundos, como desconsolados, pero vivimos” (2ªCor 6,4-10).

Por G. Metalinós Protopresbítero y Dr. de la Universidad de Atenas

Traducido por: χΧ jJ

 

Domingo I de San Luca – Llamada a los discípulos

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«Y cuando trajeron a tierra las barcas, dejándolo todo, le siguieron (Lc 5,11).

 La Lectura evangélica de hoy es una continuación lógica de la Lectura del Domingo pasado que llamaba en general y cada uno por separado seguir a Jesús Cristo. Hoy la invitación no es de carácter general, como el Domingo pasado que recomendaba “el que quiera que me siga”, sino que es una invitación personal y nominativa. En efecto es llamada que se hace gradualmente con la manifestación de confianza a la persona de Jesús Cristo y a continuación plena dedicación a él.

Especialmente importante es la llamada de los primeros discípulos, y sobre esto se refieren los cuatro Evangelistas. El propósito de los Evangelistas no es escribir sobre la elección de los primeros discípulos como un acontecimiento histórico, sino para recalcar la esencia del acontecimiento, según se describe en último versículo del Evangelio de hoy: “…dejándolo todo, le siguieron.” Mientras dejaron las barcas de pescar, sus trabajos y sus familias, le siguieron.

Inmediatamente le siguieron sin condiciones y límites, dando de esta manera el ejemplo a todos a través de los siglos; por lo tanto a cada uno de nosotros hoy, cuando venga también el momento de nuestra llamada o invitación entonces debemos seguirle sin dudas y sin miedo. El Dios escoge un modo diferente para invitar a cada uno, tal y como lo hizo hoy también con los primeros discípulos, Pedro, Andrés, Jacobo y Juan. Los cuatro habían regresado de una noche difícil. La salida al mar había sido infructuosa. Pero, a pesar de la decepción, preparan las redes para la próxima salida.

En aquel momento Jesús se acerca y entra a uno de los barquitos, en el de Simón y “le rogó que la apartase de la tierra un poco; y sentándose, enseñaba desde la barca a la multitud.” La enseñanza era general y útil para todos. Pero ahora es el momento de la invitación personal que será combinada con la obediencia.

Dijo a Simón: “rema mar adentro, y echad vuestras redes para pescar”. Entonces Simón le respondió: “Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; pero ya que tú lo dices echaré la red”.

La obediencia, pero también los admirables acontecimientos que siguieron, es para cada uno de nosotros un mensaje muy importante. Así el evangelio de hoy nos ofrece mensajes positivos y óptimos. Que, a pesar de cualquier decepción y cualquier resultado negativo, debemos continuar nuestro esfuerzo. Paralelamente debemos reconocer que nuestras fuerzas humanas son muy limitadas, pero por encima de nosotros está la superioridad del factor Divino. Por encima de nosotros existe el Dios, quien está presente, pero también listo para apoyarnos, basta que percibamos y aceptemos esta presencia y ayuda. Sí, tenemos que percibir y aceptar que el resultado positivo fue debido a la intervención de Dios. Este hecho nos debe ayudar hacer una endoscopia (autocrítica) igual que Pedro, quien cuando vió el resultado maravilloso concienció dos cosas. Primero, la presencia de Dios a la persona de Jesús Cristo y segundo, su propia ineptitud y pecaminosidad. Tanto su praxis como sus palabras confirman lo anterior.

Hemos escuchado hoy que: “Viendo esto Simón Pedro, cayó de rodillas ante Jesús, diciendo: Apártate de mí barco, Señor, porque soy hombre pecador”. Esto lo dijo porque fue dominado de temor y respeto y todos los que estaban con él, por la cantidad de peces que habían pescado. Lo mismo ocurrió también con los hijos de Zebedeo, Juan y Jacobo que eran colaboradores de Simón.

Maravilloso resultado pues. Pero más admirable aún esto que ocurrió en el fondo de la psique de Pedro. Lo “vuelve a remar mar adentro”, le volvió a su fondo interior y condujo a Pedro en la percepción y concienciación de su pecaminosidad. Una percepción que le condujo al reconocimiento de la santidad de Dios. Una percepción y concienciación que le condujo a la metania (introspección, arrepentimiento, conversión y confesión) y a continuación confiarse absolutamente a Jesús Cristo y seguirle dejándolo todo.

Porque no basta con expresar nuestra admiración a la persona de Cristo. Deberemos confirmarla con el seguimiento, tal y como hicieron los Apóstoles. Porque si los Apóstoles permaneciesen en la admiración y la metania temporal, se hubiesen perdido, como se perdió la multitud que se encontraba en la playa de Genesaret. El que “inmediatamente dejaron las redes y le siguieron”, según los Evangelistas Mateo (4,20) y Marco (1,18), revela lo determinante que fue la decisión de ellos que cambió radicalmente no sólo sus vidas, sino la humanidad entera.

En el evangelio de hoy son proyectadas tres redes determinantes. Primera, la red del logos de Dios que ofreció el Cristo, como si fuera del púlpito, dentro del barco. Segunda red es la que tiró Pedro, una vez sin resultado y la segunda vez después de la orden de Cristo y “habiéndolo hecho, encerraron gran cantidad de peces”. La tercera red fue aquella de la autocrítica que condujo a la sanadora y salvífica metania.

Hermanos míos, “volved al fondo” (de vuestras psiques), aconsejó el Cristo a Pedro. Lo mismo repite a nosotros hoy. Pedro obedeció y se salvó, además de él la humanidad entera. “Volved, girad hacia al fondo” (de vuestras psiques), nos exhorta Jesús Cristo hoy. Avanzad al fondo de la esencia de los hechos o la enseñanza de Cristo. Allí al fondo está la respuesta. Allí al fondo distinguiremos muestras capacidades y debilidades. No sobrevaloremos y no subestimemos nuestras capacidades y debilidades. Cuando hayamos permitido que actúe la jaris (gracia, energía increada) de Dios entonces el resultado será maravilloso. Aceptemos la condescendencia de Dios. Declinémonos, arrodillémonos a la jaris increada de Dios, igual que hoy también lo hicieron los Apóstoles. Especialmente imitémosles a la decisión que tomaron y que “inmediatamente dejándolo todo le siguieron”. Así sea, amín.

Teódoro Antoniadis – Metropolita de Pafos, Chipre

Fuente: http://aktines.blogspot.com.es/

Traducido por: χΧ jJ

 

Domingo I de San Lucas – Milagro en el lago de Genesaret

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5.1 Aconteció que estando Jesús junto al lago de Genesaret, la gente se agolpaba sobre él para oír el logos de Dios. 2 Y vio dos barcas que estaban cerca de la orilla del lago; y los pescadores, habiendo descendido de ellas, lavaban sus redes. 3 Y entrando en una de aquellas barcas, que era de Simón, le rogó que la apartase de tierra un poco; y sentándose, enseñaba desde la barca a la multitud. 4 Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: rema mar adentro, y echad vuestras redes para pescar.5 Respondiendo Simón, le dijo: Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; pero ya que tú lo dices echaré la red. 6 Y habiéndolo hecho, encerraron gran cantidad de peces, y su red se rompía. 7 Entonces hicieron señas a los compañeros que estaban en la otra barca, para que viniesen a ayudarles; y vinieron, y llenaron ambas barcas, de tal manera que se hundían. 8 Viendo esto Simón Pedro, cayó de rodillas ante Jesús, diciendo: Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador. 9 Porque por la pesca que habían hecho, el temor se había apoderado de él, y de todos los que estaban con él, 10 y asimismo de Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Pero Jesús dijo a Simón: No temas; desde ahora serás pescador de hombres. 11 Y cuando trajeron a tierra las barcas, dejándolo todo, le siguieron.

 «…y sentándose, enseñaba desde la barca a la multitud…

«καὶ καθίσας ἐδίδασκεν ἐκ τοῦ πλοίου τοὺς ὄχλους.»

a. La lectura evangélica de este domingo nos traslada a los primeros tiempos de la acción pública de nuestro Señor: en el lago de Genesaret, donde el Señor comenzó a enseñar y a llamar Sus primeros discípulos a que Le siguieran. El primer contacto de los discípulos con el Señor fue impactante: se les fue dada la ocasión de ver al Señor como Maestro y también sentir la potencia de Su logos a través de un mandamiento “irracional” que les dio: pescar allí donde la experiencia y la gnosis (conocimiento) decían que era imposible. Al Señor como Didáscalos (Maestro) nos acercaremos un poco a continuación. “…y sentándose, enseñaba desde la barca a la multitud…”

b. 1. Se ha enfatizado suficientemente que la sanación y salvación del hombre fue conseguida con toda la vida del Señor, Su enseñanza, Sus milagros, pero principalmente con Su sacrificio en la Cruz y Su Resurrección. Decimos principalmente con Su Sacrificio en la Cruz y la Resurrección que siguió, porque como es conocido, encima de la Cruz abolió y destrozó el pecado, pisoteó la muerte y venció al diablo, y así el camino del Paraíso volvió abrirse otra vez. Es decir, la enseñanza del Señor y Sus milagros efectivamente funcionaron en positivo para la iluminación del nus y la diania (mente, cerebro) de los humanos, para la orientación de ellos hacia la Realeza increada de Dios y generalmente reforzarlos en la senda del Señor, pero no fueron capaces de sanar y salvar al hombre. La erosión, degeneración de la naturaleza humana y la tragedia en la que había caído requerían algo más efectivo que la enseñanza: ¡la muerte del mismo Dios! “ El Cristo debe padecer y sufrir ”.

2. Pero por la Cruz vino la sanación, la salvación y la alegría en el mundo; tampoco debemos subestimar la importancia de la enseñanza de Cristo como didáscalos (maestro). El Cristo como maestro es el Cristo profeta, con su enseñanza se manifiesta también su axioma profético, que funciona siempre en cooperación con Sus otros axiomas como el Real y el Sacerdotal. Por supuesto que en el Señor todo es uniforme. En Él no hay zonas autónomas de acción. A donde actuaba revelaba Su una hipóstasis (base substancial) divina y Su doble naturaleza, la divina y la humana. En otras palabras, el Mismo es el maestro y causante de los milagros que comete, el Mismo también es el primer Sacerdote que se sacrifica para el mundo, y también el Mismo es el rey que se resucita a Si Mismo, asciende a la derecha del Padre, manda el Espíritu Santo, establece y dirige la Iglesia, Su Cuerpo vivo.

 Por consecuencia, también con la enseñanza del Señor nos hemos redimido. Si el Señor ha recalcado la potencia de la Ley del Moisés y del logos de los profetas del A. Testamento, de modo que el milagro de los muertos sea considero menor que el cambio del corazón del hombre; -recordemos la respuesta de Abraham en la parábola del rico y del Lázaro: “Si los parientes del rico no creen a Moisés y los profetas, tampoco si ven a Lázaro resucitado creerán”;-  ¿cuánta más fuerza tiene Su logos, Su enseñanza, la que emana no de un hombre enviado de Dios, sino precisamente del mismo Dios como hombre? Por eso el Apóstol Pablo al logos de Dios lo califica como fuerza de Dios, que “es más afilada que un cuchillo de doble filo, que puede hasta separar la psique”. Es decir, el logos de Dios no “son palabras que las lleva el viento”, sino que contiene la omnipotente energía increada del Mismo, que, cuando encuentre el receptor adecuado puede convertirse en “bomba atómica”. Se trata del “logos de vida eterna” que ha confesado Pedro, expresando su testimonio sobre el Señor: “A dónde nos vamos a ir, si Tú tienes y dices logos de vida eterna?.”

3. Con lo anterior entendemos que el Señor en efecto es un maestro, pero no como los demás hombres. Es el Didáscalos (Maestro) por excelencia, absoluto y único, que nunca ha habido ni habrá un caso similar como Él; significa que no se trata de una relación de un maestro común y un alumno: llegar a un momento que el alumno sea como el maestro e incluso superarle. Ante al Señor como Didáscalos, el hombre siempre permanecerá como alumno o discípulo, por lo tanto, lo único que el hombre puede hacer con benevolencia es arrodillarse de corazón y cuerpo, es decir, hacer obediencia y metania (conversión, intrispección, arrepentimiento y confesión), si es que no pertenece a los enemigos de la fe; y confesar asombrado lo que confesaron los enviados de los Fariseos que fueron mandados a atrapar a Cristo: ¡“Nunca ha hablado hombre tal y como habla este hombre”!  Esto porque, como hemos dicho, es el Dios humanizado o hecho hombre, por lo tanto, “enseñaba teniendo poder y no como los Γραμματείς (gramatís) Intelectuales”.

4. ¿Qué enseñaba el Señor, cuál era el contenido de Su logos de modo que funcionase y por supuesto funciona todavía de manera tan subversiva y revolucionaria para la forma de vida del hombre? Pues, precisamente Su vida, es decir, la vida de Dios: la misma agapi. Lo que el Señor enseñaba era la expresión de Su vida, que significa que, el Señor sea que esté hablando o callado, revelaba la agapi (amor, energía increada) de Dios. Tal y como era su vida, lo mismo era también Su logos, como dice un escritor eclesiástico. Y puesto que el “Dios es agapi”, siempre el Señor predicaba la agapi en su doble dimensión; tal y como ya se había testimoniado la agapi a Dios y a los hombres también de los profetas del A. Testamento. “Amarás al Señor tu Dios con toda tu psique, con toda tu mente, con toda la fuerza de tu corazón y con toda la energía de tu voluntad, y a tu prójimo como a ti mismo”. Y este es el mandamiento que yo os doy, amaos los unos a los otros. Mayor que este agapi nadie tiene, el que uno exponga su psique-vida por sus amigos”. En la agapi se resume toda la enseñanza del Señor, por eso en Él no existen los “no” y los “ni”. Los “no” y “ni” vienen simplemente como resultado de este que está llamado hacer su vida, si quiere seguir a Dios. Y desde este aspecto la fe cristiana siempre es posición y no negación. Aquel que sostiene que el cristianismo es “no”, simplemente no ha abierto nunca el Evangelio y no ha saboreado y sentido nada de lo que el Cristo y nuestra Iglesia nos ofrece. Por extensión entendemos que cualquier cosa que se hace y existe en nuestra Iglesia, oraciones, oficios, celebraciones, ayunos… tienen uno y único propósito: ayudar al hombre llegar a la agapi increada de Cristo, es decir, a la presencia de Dios en su vida. La agapi da sentido a todo en la Iglesia, si la quitamos todo se deroga y se convierte muerto y sin sentido.

5. Pero no podemos hablar sobre la enseñanza del Señor sin referirnos a Sus milagros. Porque los milagros no son actos sobrenaturales y admirables con el propósito de “deslumbrar” al hombre y someterle a Él. Este tipo de “milagros” el Dios permite que los haga el diablo y sus lamentables instrumentos, para sacar en la superficie la autenticidad o no de la disposición del hombre. El Señor hizo milagros como confirmación y corroboración de Su enseñanza. En otras palabras, los milagros constituyen también el elemento de Su enseñanza, revelando el contenido de la realeza increada de Dios. Se ha dicho muy correctamente que los milagros son “ventanas de Su Realeza increada”. Por eso los milagros presuponen lo mismo que Su enseñanza: la fe. No es posible uno aceptar, como hemos dicho, Su enseñanza, si no tiene libre buena voluntad y predisposición y por lo tanto la fe en Él.  Lo mismo ocurre también con los milagros. Por eso el Señor a donde no veía la fe, “no daba ninguna señal”. Así con el milagro se fortalecían en la fe, en cambio a un infiel, como los Fariseos por ejemplo, el milagro funcionaba para que continuase endemoniado.

c. Si el Señor es el único Didáscalos y nosotros queremos ser Sus fieles y discípulos, integrados a Su santo cuerpo, la Iglesia, entonces las cosas andan por el “único camino”: Primero, es necesario que abordemos constantemente esta enseñanza sea estudiando la misma Santa Escritura, sea por otros métodos como a través de los textos Patrísticos, o por la vida de los Santos o por la himnología de la Iglesia. Con todos estos métodos nos sumergimos al logos del Señor y Le dejamos que se revele también de esta manera en nuestro interior. No olvidemos que la Divina Comunión o Efjaristía no viene sólo de forma mistiríaca, en la participación a la Divina Efjaristía, sino también con el estudio del logos de Dios, cuando ciertamente se activa en nuestra vida diaria. Y lo último es exactamente el segundo elemento: no tiene nigún valor si uno lee y escucha el logos de Dios, si no le convierte en elemento de su vida diaria. El Señor nos ha enseñado y revelado a través de Su logos, Su vida, no como una gnosis (conocimiento) encefálica (mental, intelectual), no como una lectura agradable, sino como una actitud de cambio de nuestra vida. En el momento que Su logos nos aborde, ocupe psíquica y somáticamente (físicamente o corporalmente), en aquel momento entenderemos también Su fuerza y energía increada, como también la verdad de nuestra fe en Él. De lo contrario, estaremos escuchando y escucharemos también nosotros: “No os conozco; fuera de aquí obreros de la ilegalidad y la falsedad”. Amín.

Padre Jorge Dorbarakis

Fuente: ΑΚΟΛΟΥΘΕΙΝ

Traductor: xX.jJ

 

El misterio de la muerte

Muerte misterio

 

El misterio de la muerte es un punto “divisorio o culminante” de nuestra vida, como el dolor, la enfermedad, etc. También es de las preguntas existenciales que nos torturan y piden solución. ¿Por qué morimos, que pasa con el hombre después de su muerte y a dónde vamos después? Por eso, la referencia sobre este gran misterio, tal como lo apocalipta=revela la Iglesia, es el punto central de los siguientes conceptos.

Los hombres de nuestra época se distinguen en dos tendencias: Una es la pretensión de olvidar la muerte. Esto se hace principalmente en los países occidentales, pero día a día intentan traspasarlo también a nosotros los ortodoxos. La enseñanza habla sobre hijos inmortales. Lo mismo ocurre en todas las actividades de nuestra vida. Se ha observado correctamente que: “Existen muchas maneras que tiene el hombre para olvidarse de la muerte y esconderse de ella. La cultura contemporánea es la más descubridora en este punto. Hiperactividad profesional, continua estimulación acústica y visible de los instintos y los sentidos (radio, televisión, etc.), la manía de huida continua con el coche, no dejan al hombre concentrarse en sí mismo y afrontar el problema de la muerte en relación con el sentido y significado de la vida. En América, por ejemplo, maquillan a los muertos para que se vean bonitos y los cementerios parecen parques, no se distinguen las cruces y los sepulcros. (Archimandrita Yeorgios, San Gregorio Athos). Por otra parte, existen hombres que quedan abatidos por el pensamiento de la muerte o se les convierte en una pesadilla. Se dejan dominar por la melancolía y desean la muerte. Esto lo padece uno a causa de la mezquindad, vileza y por el gran desconocimiento e ignorancia. De todos modos no son pocos los casos que los hombres suspiran y desean la disolución o autodestrucción. Pero creemos que la disolución o autodestrucción no es siempre la solución. Desde allí empieza otro problema mayor.

La enseñanza cristiana acepta que existen dos clases de muerte. La primera es la espiritual y la segunda la somática. La muerte espiritual es el alejamiento del hombre de Dios, el Cual es la fuente de la vida y la somática o corporal, física es el alejamiento de la psique del cuerpo. En la Iglesia enseñamos que primero fue la muerte espiritual de Adán y después la somática o corporal. Por eso sostenemos que existen hombres que viven corporalmente y están muertos espiritualmente y existen hombres que mueren corporalmente, pero viven espiritualmente, puesto que la psique de ellos tiene la Jaris (gracia) la energía increada de Dios.

¿Quién creó la muerte? Los Santos Padres enseñan que no es Dios la causa del mal. Él no ha creado la muerte. No ha creado al hombre ni mortal, ni inmortal, sino que le ha creado con la capacidad y posibilidad de hacerse inmortal. Pero el pecado que cometió, es decir, con su libre alejamiento de Dios, introdujo la muerte en nuestra vida. Dios permitió la introducción de la muerte por filantropía y amor. Para que no permanezca el mal como inmortal. ¡Imaginaos una sociedad estando llena de hombres con pazos, asesinatos, robos, etc., si fueran inmortales! No habría mayor desgracia para el hombre y la sociedad. Con el Santo Bautismo lo perecedero de nuestra naturaleza, es decir, la muerte, como medio de abolición y condena del pecado, igual que en el nacimiento impecable de Cristo, permaneció lo perecedero del cuerpo, gracias a los salvíficos pazos padecimientos, pasiones.

Así, dentro de la Iglesia se anula la muerte espiritual y se vive la primera resurrección. Con nuestra conexión con Cristo se vive la inmortalidad, porque la inmortalidad no es la vida de la psique después de la muerte, sino la superación de la muerte desde esta vida. La mayor obra de la Iglesia es ayudar a los hombres a superar la muerte, que es el más terrible enemigo que tenemos, a quien nadie puede vencer. También dentro en la Iglesia adquirimos la certeza de que en el futuro se abolirá la muerte somática con la resurrección de los cuerpos. Esta es una didascalía (enseñanza) que no existe en ninguna filosofía. La resurrección de los muertos que enseña el logos de Dios es una piedra de escándalo para cada razón humana (o la mente, intelecto racional).

Nuestra Tradición conecta estrechamente con la muerte. No pretende olvidarla. Esto lo enseñan las canciones, los poemas y las costumbres del pueblo. El hecho de que los familiares tienen toda la noche el cadáver en casa, muestra una hermandad con la muerte. La vida no es ajena a la muerte. La memoria de la muerte hace la vida más humana. La sociedad que se hermana con los muertos es más humanizada y aterrizada. Creo que la memoria de la muerte y su superación es lo que hace al hombre más humano y constituye la sociedad filántropa (amiga del hombre).

Metropolita Ierotheos Vlajos. Noviembre 1985 

                                                                                                                                                                                                             

De su libro “La vida después de la muerte”

Cuando se habla sobre la existencia de la psique (alma) después de la muerte, para la vida eterna, para el Juicio de los hombres en la Segunda Presencia de Cristo y tantas otras verdades que conectan con estas, se formulan muchas contradicciones y rechazos por los hombres contemporáneos, mundanizados, racionalistas y consumistas. El rechazo más previsible es el siguiente: “¿Quién ha visto estas cosas, quién ha venido de allí para decírnoslas?”. Es un pensamiento sin fundamento, una pregunta previsible y superficial. Sin ningún otro pensamiento, borramos toda una enseñanza entera de la Iglesia para estos temas. ¿En serio no ha venido nadie? Pues Cristo ha venido de allí, exclusivamente aquí, para enseñar a los de aquí qué pasa allí. Hizo milagros, resucitó muertos, sanó enfermos, etc., se sacrificó voluntariamente en La Cruz por nosotros y Resucitó…

Sin embargo, no pensamos lo mismo sobre otros temas que conectan con nuestra vida. Muchas cosas las creemos no porque las hemos visto personalmente, sino porque nos las han transmitido otros. Esto también es un tipo de fe. Si no tenemos certeza personal, pero tenemos certeza en varias personas de las que tenemos confianza. Historiadores de la antigüedad nos describen acontecimientos y nos las creemos. También los que visitan otros países nos transmiten sus impresiones y por regla general, las aceptamos, porque tenemos confianza en ellos. Lo mismo se tiene que hacer también sobre los temas de la fe cristiana. Si no tenemos percepción personal, por lo menos que admitamos los que nos transmiten estas verdades.

En la Iglesia tenemos conocimientos de todos los temas que conectan con la otra vida, porque nos lo ha revelado el Mismo Cristo. Él vino, se humanizó y nos ha revelado toda la verdad sobre Dios y el hombre. Aparte de Cristo, hay billones de personas santas, que con su vida personal certificaron estas verdades y dan su testimonio. ¿Por qué tenemos que creer en unos historiadores cuando certifican un hecho y nosotros no creer en billones de santos que certificaron las verdades de la otra vida? Principalmente los Santos, que lo certificaron y confesaron con su sangre. ¿Derrama uno la sangre y se sacrifica por cosas que no acepta y son más que la verdad?

Podemos sostener también las siguientes cosas. Nosotros consideramos la religión que simplemente traspasa el problema del hombre al futuro y habla de la vida post-muerte, en la que el hombre disfrutará de los bienes de Dios y será compensado por los esfuerzos que ha hecho. Realmente esta parte existe también. Pero principalmente debemos de ver la Ortodoxia por la perspectiva de la instrucción terapéutica. Si en el presente no queremos admitir sobre la otra vida, pues vivamos el carácter terapéutico de la Ortodoxia.

Cuanto más pasa el tiempo, tanto más comprobamos que estamos enfermos psíquicamente. Nos infestan, plagan, varios pazos (padecimientos, emociones, malos hábitos físicos, psíquicos y espirituales) y nos tienen cautivados muchas situaciones enfermizas. Esta enfermedad interior hace que no funcionemos regularmente. Las relaciones interpersonales se encuentran en una tensión continua. Las enfermedades somáticas, la mayoría de las veces, tienen la causa en las enfermedades espirituales. La Ortodoxia sana esta enfermedad interior. Toda la instrucción de la Santa Escritura y de la enseñanza de los Padres es terapéutica. Así que, hoy necesitamos la Iglesia, primero para sanarnos de las enfermedades espirituales, para sentir la comunión, la hermandad en Cristo, la paternidad de Dios, de manera que, nos serenemos y tranquilicemos interiormente y liberarnos de la ansiedad, angustia, fatiga y la inseguridad interior.

El primer fin no debe ser conversar sobre el futuro. Es cierto que el Cristiano ortodoxo correcto, cree absolutamente en Cristo y en todo lo que Él dijo. Pero nosotros, si tenemos una pequeña duda por estas cosas, debemos de empezar por el punto de terapia, concienciar a nuestro desorden interior que empecemos la instrucción terapéutica que tiene la Iglesia y entonces adquiriremos la certeza de la vida eterna. Porque al negar la vida después de la muerte y generalmente al negar las verdades de Cristo es porque estamos enfermos espiritualmente. Creo que dentro de la instrucción terapéutica eclesiástica, obtendremos la certeza sobre toda la enseñanza de la Iglesia.

Metropolita Ierotheos Vlajos