Domingo después de la exaltación de la Cruz

LECTURA EVANGÉLICA: Mateo 8.34-9.1

34 Y llamando a la gente y a sus discípulos, les dijo: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.

35 Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará.

36 Porque ¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su psique-alma?

37 ¿O qué recompensa dará el hombre por su psique-alma?

38 Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, el Hijo del Hombre se avergonzará también de él, cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles.

9,1 También les dijo: De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte hasta que hayan visto la realeza de Dios venido con poder.

cross

«ὅστις θέλει ὀπίσω μου ἀκολουθεῖν, ἀπαρνησάσθω ἑαυτὸν καὶ ἀράτω τὸν σταυρὸν αὐτοῦ, καὶ ἀκολουθείτω μοι».

«Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.»

 

a. En el ambiente del Levantamiento de la Santa Cruz nuestra Iglesia insiste en recordarnos, con la elección de sus lecturas evangélicas, que no existe otra manera de hacer la vida en Cristo que la co-crucifixión con Él. En esto consiste el seguimiento a Cristo que conduce al encuentro de la verdadera vida. Cualquier rechazo a Cristo significaría, por un lado, libertad del hombre como posible autodeterminación suya sin Dios; y por otro lado, constituiría una catástrofe del mismo, igual que aquel que escoge el suicidio. La sugerencia sobre todo del Señor que provoca la voluntad del hombre que le siga, por supuesto bajo condiciones concretas, se oye como la voz más reconfortante que jamás se ha escuchado para el hombre; porque mientras le revela la tragedia de su camino, a la vez le muestra el camino de su superación, sanación y salvación. Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.

b.1. El Señor no juega con el hombre, ni quiere aprovecharse de él. Una actitud de este tipo mantenían y mantienen todos aquellos conquistadores o demagogos, de todos los siglos, quienes, sea con el miedo, sea con la adulación, quisieron tener el pueblo bajo sus manos para realizar sus planes ilegales, que no era otra cosa que la satisfacción de sus pazos. El Señor dentro de Sus marcos de infinita agapi (amor, energía increada) hacia el hombre, del tipo que Le condujo encima de la Cruz, nos llama a seguirle; que significa que, por un lado, alejados de Él nuestro camino está equivocado, y por otro lado, Él mismo es la sanación y salvación nuestra.

2. El seguimiento a Cristo, por supuesto consiste en un estado carismático, en el sentido de que se puede realizar sólo con la fuerza y jaris (gracia, energía increada) de Él, como en otro punto señala: “Sin mí no podéis hacer nada”. Porque el hombre, más allá de lo mareado, confuso y herido de su pecado y su esclavitud al diablo, era incapaz de ver la verdad de su sanación y salvación –quién era su Dios- y mucho más, incapaz de realizar un paso hacia esta dirección. El Señor pues, viene y no sólo le abre los ojos (físicos y espirituales) para ver su orientación correcta, sino también le incorpora dentro de Sí Mismo, de manera que encuentre su dirección. Si no ocurriese esto y viniese sólo a decirnos sólo que le siguiésemos, no se diferenciaría de los demás tiranos de la humanidad. Entonces realmente “jugaría” con nosotros, se “reiría y disfrutaría” de nuestras debilidades y del reconocimiento de ellas por parte nuestra.

3. Esta incorporación nuestra al Señor, por la que también fluyen en nosotros Sus fuerzas y energías, de modo que vivamos como Él –seguir a Cristo- se realizó con Su humanización y por supuesto con toda Su vida, principalmente con Su sacrificio cruciforme. Porque en la Cruz fue abolido el pecado del cuerpo y así en Cristo entramos en a la Realeza increada de Dios. Y lo que ya nos ha ofrecido y ofrece el Cristo, es decir, Su propia vida, uno puede adquirirlo y disfrutarlo con su introducción a la Iglesia, viviendo la vida de Ella. Por lo tanto, el Bautismo, la santa Crismación, la unción de Oleo, la Divina Efjaristía dentro del ambiente de la metania (introspección, arrepentimiento y confesión) dan al hombre esta capacidad de la vida de Cristo.

4. La llamada de Cristo, pues, para seguirle, se hace mientras nos ha dado las capacidades para algo así. Es importante tener en cuenta que esta llamada se produce en tiempo continuado: “Sígueme”. Seguir a Cristo siempre sin interrupciones. Tal y como es indispensable que la mano o el pie no sigan el movimiento del cuerpo, de la misma manera es indispensable para aquel que ya es miembro de Cristo no Le siga. Un seguimiento a Cristo con intervalos, hoy sí mañana no, es la doble moral, que describe san Jacobo, que su principal característica es el desorden. De hecho el mismo Señor en otro punto reveló que cada no seguimiento a Él no es parada, que puede traer el reinicio al mismo punto, sino retroceso y adversidad contra Él. “El que no está conmigo está contra mí, el que no recoge conmigo, derrocha”. Imaginemos otra vez una mano o un pie cuando están al ritmo del cuerpo y cuando pegan el cuerpo como algo enemigo.

5. Precisamente por este ininterrumpido seguimiento a Cristo vienen las condiciones que Él mismo pone para que no haya declinaciones que anulan la sanación y salvación. La donación es regalo, pero no de modo mágico. Se requiere también la correspondencia del hombre.

(I) La primera condición es la libertad del hombre. “El que quiera que me siga”. Por muy imprescindible que sea el seguimiento a Cristo –más imprescindible que el aire que respiramos- pero el Dios no nos fuerza y coacciona. Nos da el empuje, observa nuestro camino pero no nos reemplaza. La última palabra para su sanación y salvación la tiene el mismo hombre. Por eso el fiel nunca puede estarse quieto y reposado. Y la razón es conocida: el Dios nos ha creado libres. Recordemos los logos del sabio y santo Yérontas Porfirio sobre esto: “El Dios no simplemente nos ha dado la libertad, sino que la ha marcado en nuestro interior”. Ninguno pues, puede ser cristiano forzosamente. La fe cristiana se desarrolla en el aire de la libertad.

(II) Condición es la negación, el olvido de uno mismo. Se trata del yo egoísta, aquello que tira al hombre siempre hacia abajo, en los pazos del hedonismo, la avaricia, la codicia y la vanagloria. Y esto debemos explicarlo: El Cristo cuando por Su energía increada jaris nos ha liberado de la tendencia forzosa del pecado, -algo que se da al hombre por el bautismo-, no nos ha anulado, como hemos dicho, la libertad. Lo variable de nuestra voluntad sigue existiendo, por lo tanto depende de nosotros si afirmamos nuestra vida al seguimiento de Cristo o de nuestros pazos. El mayor obstáculo para que seamos cristianos es este “yo malo”, que funciona como una tentación constante en nuestro camino espiritual. Desde este aspecto el cristiano ejerce un tipo de violencia, fuerza y rebeldía hacia sí mismo, de tal manera que le hace encontrarse a las huellas del Señor. Además, lo ha afirmado Él mismo: “La Realeza increada de los cielos se fuerza, se violenta y los violentos, los rebeldes la arrebatan”. El seguimiento, pues, a Cristo presupone una actividad constante, implacable y vigorosa. El cristiano nunca debe estar dormido. La nipsis como vigilancia y alerta es su principal característica. Incluso en cualquier caída al pecado, el cristiano no debe quedarse parado. Al mismo momento de su caída, si es cristiano, se levantará y seguirá. La vida cristiana, pues, es la continua superación del sí mismo, por eso funciona al creyente también psicoterapéuticamente. “Si te caes levántate y te salvarás”.

(III) Y la tercera condición de seguimiento al Señor, según Su logos, es el levantamiento de la cruz. “Cada uno que levante, tome su cruz”. Se trata de nuestra co-crucifixión con Aquel, como lo describe el apóstol Pablo: “Con Cristo me co-crucifico. Ya no vivo yo en mí, sino que es el Cristo que vive en mí”. Entendemos que siguiendo a Cristo, no hay una manera de eludir la cruz, puesto que la cruz era la característica principal de Su vida desde el inicio hasta el final. ¿Pero qué significa levantamiento o exaltación de la cruz? Dado que unidos con Él a través de los misterios, la Cruz se convierte el elemento “estructural” de nuestra existencia; se requiere la continua energización o activación de este estado cruciforme en nuestra vida cotidiana. Y esto significa vida como el prototipo o modelo de Cristo, obediencia absoluta a Dios, agapi-amor sacrificante al semejante y humildad para sí mismo. En otras palabras, levanto, llevo mi cruz, es decir, me crucifico con el Señor, quiere decir: tengo como centro de mi vida la voluntad de Dios, por lo tanto, amo a Él y Su imagen el hombre y esto con la certeza que simplemente camino fisiológicamente en mi vida. “Cuando hagáis lo que os mande, decid que sois simples servidores y que simplemente hacéis lo que debéis”.

c. San Juan el Clímaco dando la definición del verdadero monje dice que “ser monje es la lucha constante contra la naturaleza”. Pero nos damos cuenta que es válido también para cada cristiano. La fe cristiana, como hemos dicho, nos llama a una constante superación de nosotros mismos, para que seamos encontrados dentro de la presencia carismática de nuestro Señor. Aquel que dice que el cristianismo es una cuestión fácil, más bien no ha sentido ni saboreado la vida cristiana. Pero lo reconfortante es que si en algo nos desviamos, si en nuestra vida cotidiana vemos la debilidad que tenemos para seguir a Cristo, no nos desesperamos. Nuestra caída si nos conduce a la humildad y el reconocimiento de nuestras debilidades, funciona como ascendiente, porque allí viene el Señor, Quien nos ofrece multiplicada Su Jaris (gracia, energía increada). El caso es que no vaya ser que sigamos el camino demoníaco: pecar y alardearnos por eso.

παπα Γιώργης Δορμπαράκης

Padre Jorge Dorbarakis

Fuente: ΑΚΟΛΟΥΘΕΙΝ

Traducido por: χΧ jJ

 

Los misterios de la Iglesia y la importancia de ellos para el hombre contemporáneo

Misterios

LA IGLESIA SE DEFINE POR SUS MISTERIOS

*Misterio y vida mistiríaca Μυστήριο (mistirio, misterio, sacramento), al final está puesta la traducción del término del Gran Léxico, autor y traductor χΧ jJ.

A través de la Iglesia las fuentes espirituales de la jaris (gracia, energía increada) de Dios mediante los siete misterios principales emanan no sólo a la humanidad sino a toda la creación, con el propósito de la redención del hombre y la realización del destino o fin natural de todo ser creado. Decimos “mediante los siete misterios principales”, porque la Iglesia a través de los santos Padres y la Παράδοσις Sucesión o Entrega apostólica, nunca ha negado que misterio es toda la vida eclesiástica y en jaris, de los fieles que hacen vida ascética y en metania, mas la iluminación y resplandecimiento de la divina e increada luz. Incluso misterios son: La separación de la psique y del cuerpo al momento de la muerte, la vida interminable de los que se van de esta vida, el efecto de la energía en la psique de los dormidos (muertos) a través de la memoria a ellos y el discernimiento provisional de la Iglesia: luchadora y militante en la tierra y triunfante en los cielos.

Especialmente el Apóstol Pablo llama a la Iglesia “Cuerpo de Cristo” (Rom 12,5 1Cor 10,17/cap.12), donde pone como cabeza a Cristo y como miembros suyos los fieles. En las funciones del cuerpo natural corresponden también las funciones carismáticas del cuerpo eclesiástico. O sea, la nueva familia en la que se incorpora el hombre con el Bautismo y continuación. En el movimiento y crecimiento corresponde el misterio de la Crismación o Unción. En la comida corresponde el misterio de la Divina Efjaristía. En la edad adulta corresponde el misterio de la Boda y la familia o la vida monástica. En la necesidad de terapia psicosomática o psicoterapia y curación corresponde el misterio de la Bendición o Unción de Oleos. En la necesidad de reconciliación y comunión con sus semejantes corresponde el Misterio de la Metania-santa Confesión. La Iglesia no abandona al hombre indefenso y “a su suerte, o al azar”, ni durante su muerte, tampoco después de la muerte. Le sigue hasta su última residencia con el oficio del funeral y ora por él a Dios con las conmemoraciones y también durante la Divina Liturgia.

Sobre todo por la jaris (gracia, energía increada) de Dios se santifican todos los elementos, mediante los oficios, las celebraciones y los misterios de la Iglesia, de modo que cada manifestación físico-espiritual del fiel incluya la nueva humanidad de Cristo y ayude a los fieles a respirar y a sentir plenamente la Presencia Divina: El agua es bendecida durante la festividad de la Divina Epifanía y también se transforma en agua bendita con la santificación y las bendiciones, oraciones del sacerdote. El aceite se bendice y se utiliza durante los misterios del Bautismo, Crismación y Bendición de Oleos. El pan y el vino se transforman en cuerpo y sangre de Cristo. Pero la Iglesia tiene oraciones y bendiciones también para los oficios, los trabajos, la vida diaria y los objetos que utiliza el hombre, de modo que muy a menudo le visite la potencia y energía increada de Dios y mejore su vida psicosomáticamente.

EL FUNCIONAMIENTO DEL CUERPO DE CRISTO 

Cada liturgia-función del cuerpo eclesiástico tiene una misión distinta, pero también corresponde divinamente a la vida santificante de los fieles. Así que:

CON EL BAUTISMO el hombre se incorpora a la familia de Cristo; además de pertenecer ya a la familia natural (biológica) también está incluido a la inicial, (como debería estar en el Paraíso), según la voluntad de Dios, su familia espiritual (la Iglesia). Por la triple inmersión y emersión al agua de la santa pila el fiel mortifica al hombre viejo de la caída inicial y la corrupción y renace a la vida de la Santa Trinidad. Es conocido el mandamiento de Cristo a Su recién creada Iglesia: “Id, y haced discípulos a todas las naciones, y los que crean en mí, bautizadlos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” (Mt 28,19). Y también la orden que da en los Hechos 22,16: “Levántate, bautízate y confiesa que él es el Señor para que sean sanados y lavados tus pecados”.

También el apóstol Pablo recalca: “porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos” (Gal 3,27). Durante el misterio el sacerdote unge con aceite el cuerpo del fiel, manifestando así simbólicamente la ayuda que proporciona el Dios para que el bautizado se escape de las trampas del diablo y del mal; igual que en la antigüedad los atletas se ungían con aceite en la arena para que escaparan de las trampas y resbalasen de los apretones de sus adversarios. Además, corta unos pelos de la cabeza del niño en forma de cruz, para manifestar que ya no es esclavo de algún dueño, sino esclavo, servidor de Cristo, o sea, realmente libre de los pazos y del pecado.

El valor del bautismo y cuánto esto puede cambiar una sociedad entera, si nosotros mismos quisiéramos, lo demuestra la siguiente historia. Los Fiyis de las Islas Fiyi en el Océano Pacífico antes de ser cristianizados eran una tribu de salvajes y caníbales. Pero cuando fueron bautizados y aceptaron el Cristianismo (1867) la misma gran piedra que quitaba la vida de sus víctimas, después de labrarla, la transformaron en baptisterio (pila de bautismo) y allí bautizaban sus hijos.

Es verdad que desde los primeros años cristianos los niños eran bautizados (según Mt 19,13-15). En concreto se bautizaban familias enteras, dentro de las que habían también muchos niños, hecho que recalca también el kerigma del apóstol Pedro, quien invitó a todos los allí se encontraban a bautizarse (uso 3.000 hombres), pequeños y mayores, con las palabras: “Estas cosas que ha prometido el Dios son para vosotros y para vuestros hijos” (Hec 2.38-39).  Pero también la piadosa de Dios, Lidia de la ciudad de Tiátira “cuando fue bautizada ella y su familia” (Hec 16,15); el carcelero de Pablo y Sila “en seguida se bautizó él con todos los suyos” (Hec 16,33), también la familia de Stefaná fue bautizada por san Pablo (1Cor 1,16).

ΤΟ ΧΡΙΣΜΑ (jrisma) Crismación o Unción es el sello de la jaris (gracia energía increada) de Dios encima de los bautizados y la recepción de varios carismas del Espíritu Santo. En Samaria, por ejemplo, a pesar de que todos los fieles se habían bautizado por el diácono Felipe, aún no habían recibido los carismas del Paráclitos (Espíritu Santo), hecho que se hizo a continuación por Pedro y Juan, quienes “entonces les imponían las manos, y recibían el Espíritu Santo (Hec 8.14-17). Lo mismo ocurrió también en Efeso por el apóstol Pablo, que sólo por la imposición de las manos de Pablo: “…vino sobre ellos el Espíritu Santo; y hablaban en lenguas, y profetizaban” (Hec 19.1-6). Más tarde la “imposición de las manos” fue sustituida por los apóstoles con la utilización y unción de la santa mirra, es decir, aceite perfumada y bendecida por el obispo; esta práctica eclesiástica está testificada ya desde los años apostólicos.

Por el misterio de la crismación el fiel a través de la fuerza de Dios y su lucha propia, está llamado a adquirir el triple axioma, es decir, convertirse en sacerdote, profeta y rey. Como sacerdote debe estar agradeciendo a Dios y ofrecer la ya regalada naturaleza al hombre otra vez a Dios con oraciones e himnos. Como profeta debe hablar sobre el Dios y enseñar a sus semejantes el Camino del Señor. Y como rey debe someter la naturaleza a la voluntad de Dios y estar convirtiéndose en soberano de los pazos y los instintos inferiores.

LA DIVINA EFJARISTÍA es el misterio de los misterios y el “fármaco de la inmortalidad”, tal y como es calificado por san Ignacio el Teoforo (portador de Dios) en el siglo II. En el mismo siglo san Justino el filósofo recalca la participación universal de los fieles y la misión de los Santos Dones a los ausentes (Apología 67). La Divina Efjaristía es el vehículo de los fieles hacia el Cielo y conecta como ninguna otra cosa más el Dios y los hombres por la jaris (gracia energía increada), pero también los hombres entre ellos, según la observación de Voltaire. Es decir, después del Pentecostés, la nueva comunidad de los fieles se alimentaba y dependía no sólo de la comida material, sino también del cuerpo y la sangre del Señor. Así se realizó también la profecía que el mismo Cristo dijo: “Y yo, cuando sea levantado de la tierra, (es decir, cuando sea crucificado y ascendido) a todos que creerán los atraeré hacia mí” (Jn 12.32-33).

Durante la transformación de los Divinos Dones, el pan y el vino se transforman invisiblemente en cuerpo y sangre de Cristo. El apóstol Pablo es vertical con respeto a la verdad de este cambio y los efectos negativos de los que no distinguen el cuerpo del Señor. En el Evangelio de san Juan, Jesús en la sinagoga dijo a los Judíos:

53 Jesús les dijo: Amín, amín, de verdad en verdad os digo que, si no coméis la sarx (cuerpo y carne) del hijo del hombre y bebéis su sangre, mediante el misterio de la divina efjaristía, no tendréis vida en vosotros;

54 El que como mi sarx y bebe mi sangre, (mediante el misterio de la divina Efjaristía,) tiene vida eterna y yo lo resucitaré al ésjato (último) gran día del juicio.

55 Porque mi sarx es verdadera comida espiritual y mi sangre es verdadera bebida espiritual.

56 El que come mi sarx y bebe mi sangre en mí permanece y yo en él.

56. Cada uno que come mi sarx y bebe mi sangre, se une conmigo en un cuerpo espiritual, de modo que éste permanece dentro de mí y yo en su interior y se convierte en mi templo.

57 Y como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí.

57. El fruto que disfrutará de esta unión será la vida eterna. Así como al mundo me ha enviado el Padre, quien tiene por sí mismo la vida y es la fuente de la vida, y como hombre, yo también tengo la vida eterna, puesto que me la ha dado el Padre y vivo por Él; lo mismo aquel que comulga, mediante el misterio de la divina Efjaristía, vivirá porque recibirá de mí la vida eterna.

58 Este es el pan que ha bajado del cielo. No como el maná que comieron los padres en el desierto y murieron. El que come este pan vivirá para siempre (Jn 6.53-58). Estos clarísimos logos Suyos y no sólo estos, refutan cualquier pensamiento de supuesta transformación virtual de los Divinos Dones.

En la época de oro de las Catacumbas millones de mártires se apoyaron y sufrieron martirios con la ayuda de la Divina Comunión. Además, también aquel misterioso Melquisedec ofreció “pan y vino” al patriarca Abraham (Gen 14,18), que significa que existían desde el principio como dones divinos y el significado de estos no fue tomado de misterios paganos, como algunos investigadores no informados intentaron a demostrar. La profecía de Malaquías nos hace conocer la prefiguración de la Divina Comunión o Efjaristía desde muy antiguamente, cuando mediante él el Dios nos dice: “Desde la salida y puesta del sol se ha glorificado mi nombre en las naciones y en cada lugar se ofrece incienso en mi nombre y SACRIFICIO PURO” (Mal 1,11).

Theias-Koinonia-Aristeroi-nef-2010

EL SACERDOCIO, sin este misterio nada bueno se podría realizar en el mundo; puesto que la transmisión de todos los demás misterios como también la terapia de las psiques y los cuerpos depende de este. El sacerdocio es un carisma no un axioma-cargo laboral. El sacerdote está llamado a ser el padre espiritual y terapeuta de psiques degeneradas por el pecado, la falta de ascesis y vida en jaris. Por supuesto que el único y primer sacerdote es el Cristo. Pero los diáconos, los presbíteros y los obispos se prestan a Cristo y por él se santifica el universo. Cada vez con las nuevas ordenaciones (continua sucesión apostólica) y con la verdadera enseñanza apostólica es transmitida la verdad de Dios y la sanación y salvación para las próximas generaciones.

En la Iglesia Ortodoxa no se entiende como distinción de clases entre sus miembros del cuerpo eclesiástico; porque por un lado el discernimiento en sacerdotes y laicos es litúrgico (funcional) y no sustantivo; por otro lado, por el bautismo, los láicos poseen el llamado «sacerdocio general” y están incluidos al «linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable» (1Ped 2,9); que anuncia las praxis admirables de Aquel y está caminando hacia Su realeza increada. El apóstol Pedro se refiere a los Presbíteros (ancianos) como una clase separada de los clérigos y guías del rebaño, porque dice: “Ruego a los ancianos (presbíteros) que están entre vosotros, yo anciano también con ellos, y testigo de los padecimientos de Cristo, que seré también co-participante de la doxa (gloria, luz increada) que será apocaliptada=revelada (en el futuro por Su Segunda Parusía, Presencia): Apacentad el rebaño de Dios que está entre vosotros, cuidando de este, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con buena voluntad, disposición e interés; no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de virtud del rebaño. Y cuando aparezca el Príncipe con toda su doxa (gloria, luz increada), vosotros recibiréis la corona incorruptible e increada de la doxa (gloria). Igualmente, jóvenes, estad sujetos a los ancianos; y todos, sumisos unos a otros, revestíos de humildad; porque: Dios resiste a los soberbios, y da jaris (gracia energía increada) a los humildes (1Ped 5.1-4).

Además,, el apóstol Pablo se refiere a Timoteo y Tito como en obispos (Tim 14,14 -Tit 1.5-8), pero también en ciertos pasajes de Nuevo Testamento se distingue el discernimiento en diáconos, sacerdotes y obispos (Hec 6,6 -1Tim 3. 8-13 – Hec14,23 y 20,17). Dado que en los primeros años cristianos del Nuevo Testamento sólo la clase de “profetas”, en la que estaban incluidos por ejemplo Pablo y Bernabé, podía ordenar presbíteros; esto significa que tenían en la Iglesia un grado superior de sacerdocio después de los apóstoles.

Con el misterio de la METANIA (metanús) y CONFESIÓN, es decir, los fieles, con el cambio de modo de vida y pensamiento, reciben el perdón, o sea, no sólo son interrogados y juzgados, sino mediante el sacerdote se recolocan al ambiente familiar reconciliados con el resto de los hermanos. El Θεάνθρωπος (zeánzropos) Dios y hombre mediante el misterio del sacerdocio proporcionó a Sus Apóstoles el poder de remisión y perdón de los pecados, es decir, a los pastores de la Iglesia y no al pueblo, cuando les dijo: “De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo” (Mt 18,18) ; y también “22 Diciendo esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid Espíritu Divino.»

22. Al decir esto, les sopló en sus rostros el vivificante aliento de la nueva vida la celeste, y les dijo: «Recibid divino Espíritu; es decir, la increada energía Jaris–Gracia, (tal y como al principio el Dios sopló al rostro de Adán.)

23 A quienes perdonéis o remitiereis los pecados les serán perdonados; a quienes se los retengáis, les serán retenidos» (Jn 20.22-23).

El misterio de la confesión es puramente terapéutico “psicoterapéutico”, lava las conciencias pecadoras y sana la psique de las heridas y los pazos. Igual que muchas veces cuando nos tiene que examinar un médico nos ponemos rojos, sin embargo esta vergüenza nos conduce después a la terapia y a la salud; así lo mismo también entre nuestro guía espiritual nos avergonzamos confesando nuestras miserias, pero de esta manera la psique vuelve a brillar y se conduce al comino de Dios de quien se ha desviado. La magnanimidad del Padre caritativo y la metania del hijo Pródigo revelan claramente el valor único del misterio, según esta parábola con el mismo nombre. La Iglesia, por lo tanto, es el hospital espiritual y el reencuentro de la perdida sociabilidad se lleva a cabo con la metania. El Señor nos insta: “Venid a mí todos los que estáis cansados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy apacible, manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras psiques (almas, vidas); porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga” (Mt 11.28-30). Además Su kerigma continuamente era: “Arrepentíos, convertíos y cinfesaos porque la realeza (increada) de los cielos se ha acercado” (Mt 4,17).

Un admirable ejemplo de metania es la vida de san Dionisio de la isla Zákinzos, quien no sólo mostró extrema humildad y metania en su vida, sino que al monasterio de Anafonitria (Siglo 16º) perdonó y escondió al mismo asesino de su hermano que le estaban persiguiendo para matarlo, siguiendo fielmente los pasos de Cristo, quien perdonó a los que Le crucificaron.

 ΕΥΧΕΛΑΙΟΥ (Efjeleo) UNCIÓN DE OLEOS, con este misterio se proporciona la remisión de los pecados (como con cada misterio) y se proporciona la salud psicosomática por la utilización del santo oleo. Naturalmente no sustituye el misterio de la Metania. El misterio se celebra en vísperas del Miércoles Santo, de modo que los fieles sean preparados para “el cáliz de Vida” que será dado los días siguientes. Para los enfermos se hace en el templo, pero a veces también en casa. Se celebra regularmente por siete sacerdotes (pero también se puede celebrar con uno) se leen 7 lecturas apostólicas y 7 lecturas evangélicas y se escuchan 7 oraciones, bendiciones. En la última oración los fieles se arrodillan y se ungen en forma de cruz en la cara y las manos (sede de los cinco sentidos). Con las palabras de Santiago se manifiesta el uso de Unción de Oleos como misterio y costumbre de los cristianos en las primeras comunidades:” ¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llamen a los ancianos (presbíteros) de la Iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor. Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados (Sant 5.14-15). Además, cuando el Señor mandó a Sus doce discípulos a predicar el Evangelio de metania, sanación y salvación: “echaban fuera muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos, y los sanaban (Mrc 6,13).

EL MATRIMONIO es el misterio que se refiere “a Cristo y a la Iglesia””, según el Apóstol Pablo (Ef 5,25-32). Se ha dado a los hombres antes de la caída de los primeros en ser creados, por lo tanto no es resultado del pecado. Es sobre todo misterio “mega, grandísimo”, ya que no sólo contribuye a la sanación y salvación sino que sana las necesidades psicológicas, sociales y biológicas. De hecho el Dios fue quien ha dado a los hombres el mandamiento de “creceos y multiplicaos” con el propósito de ocupar la tierra y dominarla (Gen 1,28). “Y serán los dos en carne una” (Gen 2,24), se refiere tanto en Antiguo Testamento como en la Iglesia durante el misterio. A partir de entonces ya no son dos sino uno. El Cristo honró el matrimonio por primera vez cuando se encontraba e hizo el primer milagro en la Boda de Caná.

El matrimonio además de la vida santa, caritativa y agapítica de los cónyuges se completa con la obtención de descendientes, naturalmente sin que esto sea lo único que se pide en su convivencia. A partir de aquí se crea “la Iglesia hogareña” como dice san Pablo. La presencia y comportamiento correcto de los cónyuges es imprescindible para el desarrollo saludable de los hijos, como también la comunicación de cada uno con los demás. Gran ayuda se ofrece por la continua vida mistiríaca (sacramental), la falta de griteríos, la fe hacia el Dios y la agapi hacia los demás. Es imprescindible aún los cónyuges sentirse independientes de suegros y parientes, por supuesto teniendo responsabilidad y respeto hacia ellos.

Los misterios de la Iglesia satisfacen la necesidad del hombre contemporáneo a sentirse que no está solo, sino hermano entre hermanos, y que tiene a Jesús Cristo como Padre, hermano y aún amigo. Contribuyen a la transformación espiritual del hombre que se convierte de individuo en persona (personalidad) que la hacen partícipe de la doxa (gloria, luz increada) del Dios Trinitario. Sobre todo sanan y completan sus necesidades existenciales y materiales; incluso confirman la unidad del cuerpo y la psique, puesto que en la Iglesia el hombre es tratado psicosomáticamente y no heréticamente; es decir, sólo somáticamente-físicamente, o sólo psíquicamente o sólo intelectualmente. Finalmente a través de los misterios de la Iglesia se metamorfosea, transforma todo el universo en realeza de Dios, retroceden los demonios, se renueva la creación y se unifica lo dividido, pero también se sana cada debilidad, enfermedad y une cualquier división del pueblo, mediante la relación personal con el Dios y el prójimo.

Μιχαήλ Χούλης   Miguel Julis

 

* Misterio y vida mistiríaca Μυστήριο (mistirio, misterio, sacramento).

«Y conozco al tal hombre, si en el cuerpo o fuera del cuerpo, no lo sé; Dios los sabe, que fue arrebatado al paraíso, donde escuchó logos, verbos inefables, que no le es dado al hombre expresar» (2ªCor 12,3-4).

La palabra Helénica misterio significa “iniciación”, “secreto” y “revelación y secreto”. El Cristianismo heredó este concepto y por extensión es “apocálipsis-revelación de Dios”.

Los Misterios son a la vez símbolo y Misterio. Mientras el misterio permanece oculto a los rituales, está en el nivel de lo simbólico e iconográfico. Pero cuando es recibido y la jaris (increada energía) energiza, entonces los Misterios revelan las cosas que están detrás del “velo”. Misterio lleva doble significado, es decir, de algo que está oculto y se revela y a la vez enigma y apocálipsis-revelación.

Pero dentro de la Iglesia los misterios son interminables. Porque dentro de ella todas las cosas liturgizan, funcionan de una manera misteriosa, para que revelen la realeza (luz y energía increada) de Dios. La terapia ascética conecta y se asocia inseparablemente con los Misterios de la Iglesia.

La terapia ascética ortodoxa conecta y se asocia inseparablemente con la vida mistiríaca de la Iglesia. Se trata de la catarsis (sanación), la iluminación y la zéosis o glorificación, que encontramos en toda la enseñanza patrística de la Iglesia. Es dificil que uno crea en la vida Mistiríaca de la Iglesia, si antes no entiende primero, qué significa la palabra “Misterio”. Misterio es algo que vemos que se celebra o realiza, pero es difícil para el espíritu y mente humana entender como se celebra. Si comprendiésemos el modo de realización del Misterio entonces no sería Misterio, sino una praxis-acción acostumbrada de la vida diaria.

Por ejemplo: decimos que el Dios es Trinitario. Os pregunto: ¿quién de nosotros entiende el Misterio de la Santa Trinidad? ¡Tres Personas dentro de una esencia! Este Misterio juzgado o razonado por la lógica humana es paradójico. Pero si uno lo ve con la dimensión de la Fe, entonces entiende que no es paradójico, sino superlógico. Quién puede entender, qué es Dios. Es decir, ¿cuál es la esencia de Dios? ¡NADIE! Y a pesar de eso, creemos en Dios. No porque le entendemos, sino porque sentimos místicamente Su presencia y saboreamos con el corazón Su agapi (amor como energía increada). Es decir, podemos entender las increadas energías de Dios, pero no Su Esencia, tal como, muy bien, han teologizado los grandes Padres de la Iglesia Ortodoxa. Veamos en la Escritura lo que dijo Dios a Moisés, cuando pidió de Dios que le enseñase su Doxa-gloria: “…yo pasaré delante de ti mi gloria… no puede el hombre verme, ver mi rostro y quedar con vida….” (Ex 33 18-20).

Lo mismo ocurre también con todos los temas de la fe que superan las leyes naturales. Los “vemos sin verlos”, “los conocemos sin conocerlos, comprenderlos”, porque todos están enrollados dentro del “divino gnofos”, (san Gregorio de Nicea). (Gnofos, luz que supera toda luz”. Los vivimos y participamos en ellos sólo con la fuerza de la Fe. Si insistimos en creer sólo a lo que entendemos con nuestra lógica limitada, estrechamos inimaginablemente nuestro horizonte espiritual y finalmente no podemos ser Cristianos. Porque, en definitiva, “fe es la hipóstasis (base substancial) de la esperanza de cosas que se esperan y no se controlan y la prueba de aquellas que no se ven, (Heb 11,1). Y es cierto que la fe verdadera presupone humildad, con la cual atraemos la jaris (increada) de Dios. Porque “el Dios resiste, se contraria a los orgullosos, en cambio a los humildes los da Jaris” (Sant 4,6). El humilde que confía a Dios más que a su lógica, con la jaris (gracia, energía increada) de Dios puede entender los Misterios de la Iglesia.

Así, entendemos que, una cosa es el misterio y otra el dogma. Cuando los santos llegan a la experiencia de la doxa-gloria de Dios, viven y ven que Dios es luz, pero entonces también Dios permanece misterio, ya que no pueden llegar a la unión por esencia. La unión del santo con Dios durante la experiencia es mediante la energía increada y no por esencia. Por eso la Santa Trinidad aún en esta experiencia permanece misterio. Aquello que se puede hacer comprensible lógicamente, es el dogma sobre el misterio de la Santa Trinidad. Así los santos Padres la co-participación a la doxa increada de Dios, la cual permanece misterio, también durante la zeoría-contemplación, la expresan con terminología y la hacen dogma que se puede entender. Una cosa es el misterio y otra el dogma sobre el misterio de la Santa Trinidad. Por eso los Padres hacen uso diferente de la terminología de cada época. Pero cuando en un Sínodo ecuménico se determina el significado concreto de la terminología, entonces permanece invariable.

Por lo tanto, el dogma expresa y formula la experiencia de la apocálipsis (revelación), pero nunca la comprensión del dogma significa que paralelamente se entiende el misterio de la Santa Trinidad, que es inexplicable e incomprensible aún hasta su manifestación. Los Padres dicen que los santos ven invisiblemente y escuchan inescuchablemente, y coparticipan in-participadamente y entienden incomprensiblemente a Dios.

  Del Gran Léxico, autor y traductor χΧ jJ

Domingo del levantamiento de la santa Cruz

ipsosis-timiou-stavrou copia

Evangelio de Juan cap.3, 13-22

13 Nadie ha subido al cielo sino el que descendió del cielo, el hijo del hombre, el Ων existente que está en el cielo.

13. Nadie ha subido al cielo para aprender y enseñaros estas verdades, sino sólo el que descendió del cielo y se encarnó haciéndose hijo del hombre, el cual mientras esté viviendo aquí en la tierra permanece siendo el Ων existente en el cielo, como Dios.

14 Y a la manera que Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el hijo del hombre sea levantado;

14. Tal como Moisés en el desierto colgó alto la serpiente de cobre para que lo vean con fe los Israelitas y sean salvados del veneno mortal de las serpientes del desierto, así según el plan sabio de Dios se deberá colgar también al hijo del hombre encima de la cruz,

15 para que todo aquel que cree en él, gane y tenga la vida eterna; (y no sea condenado a la perdición eterna.)

16 Porque tanto amó Dios al mundo, que le dio su unigénito Hijo, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna.

16. Porque de tal manera amó Dios a los hombres del mundo hundido en el pecado hasta el punto que le entregó, por muerte en la cruz, a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él tenga vida eterna y no sea condenado a la perdición eterna.

17 Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para juzgar y condenar al mundo, sino para que el mundo sea sanado y salvo por él, (mediante su sacrificio.)

18 El que cree en él, no es juzgado, pero el que no cree ya ha sido juzgado y auto-condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.

19 Y el juicio consiste en que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz porque sus obras eran malas.

19. Y el juicio y condena consiste en que la luz vino al mundo, es decir, el Hijo y Logos de Dios vino al mundo, y los hombres entregaron su corazón a la oscuridad y amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas.

20 Porque todo hombre que obra mal odia y detesta la luz y no viene a la luz para que no sean reveladas y juzgadas sus obras malas.

20. Porque todo hombre que obra mal y no está en metania- introspección, arrepentimiento y confesión,- odia y detesta la luz y no viene a la luz para que sus obras malas no sean reveladas y reprendidas.

21 Pero el que actúa de acuerdo a la verdad, viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras están hechas en Dios.

22. Pero el que obra y practica de acuerdo con la verdad de Dios, viene a la luz y se acerca con confianza al Señor Jesús Cristo para que sea manifestada la calidad y el valor de sus obras y él mismo sea informado en su conciencia y confirmado por Él que sus obras están hechas de acuerdo con la voluntad de Dios».

οὐ γὰρ ἀπέστειλεν ὁ Θεὸς τὸν υἱὸν αὐτοῦ εἰς τὸν κόσμον ἵνα κρίνῃ τὸν κόσμον, ἀλλ᾿ ἵνα σωθῇ ὁ κόσμος δι᾿ αὐτοῦ». 

Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para juzgar y condenar al mundo, sino para que el mundo sea sanado y salvo por él, (mediante su sacrificio.) Juan 3,17

a. Es impresionante la condensación del logos de san Juan el Evangelista en la lectura de hoy. En cinco versículos (Cap.3,13-17) describe quién es el Jesús Cristo (Dios y hombre); cuál es Su obra en el mundo y cómo se realizará, en comparación con el Antiguo Testamento: el ofrecimiento de la vida eterna por su sacrificio cruciforme; cuál es la causa que ha motivado a Dios mandar a Su hijo: Su infinita e increada agapi; cuál es el resultado final de la presencia de Cristo al mundo: la sanación y salvación del hombre. Un comentario particular de cada verso podría incluir toda la enseñanza de la Iglesia sobre el acontecimiento de la apocálipsis en Cristo.  Pero el propósito de la misión de Cristo de Dios es lo que nos ocupará principalmente: 17 Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para juzgar y condenar al mundo, sino para que el mundo sea sanado y salvo por él, (mediante su sacrificio.)

b.1 Lo primero que apunta el Evangelista en este verso es la venida de Jesús Cristo, no es una acción aislada de una persona de la Santa Trinidad: El Hijo y Logos de Dios viene como hombre al mundo mandado por el Padre y por supuesto “en sinergia-cooperación del Espíritu Santo”, cosa que se verá especialmente en el acontecimiento de la Anunciación, cuando el Espíritu Santo vendrá a la Panayía (Todasanta) para encarnar en su interior a Cristo; y al inicio ya de la acción de Cristo en Nazaret señalará y desarrollará el verso del profeta Isaías: “Espíritu del Señor en mí”. Y realmente esto es una enseñanza principal de la fe cristiana, en la que la energía increada de Dios es común en la Deidad. Nuestro Dios, tal y como nos apocalipta=revela el eterno logos de Dios, es de tres hipostasis (bases substanciales o personas, Padre, Hijo y Espíritu Santo), Su energía y acción es una y común también para las tres personas. Así que “el Padre por el Hijo en Espíritu Santo realiza todo”; significa también que tenemos el Dios entero y uniforme en la Creación del mundo, en la Recreación con la venida de Cristo y a continuación con Su presencia en la constitución y funcionamiento de la Iglesia. Y la razón es sencilla: El Dios es uno y los discernimientos de las hipostasis (bases substanciales) son modos de existencia del mismo Dios. Por ejemplo, tal y como señala san Gregorio el Teólogo: El Dios Triádico operaba en el Antiguo Testamento, pero las energías increadas y operaciones las servía el Dios Padre, entonces se veía Aquel; en el Nuevo Testamento el Dios Triádico operaba, pero las energías increadas y operaciones comunes las servía el Hijo como hombre; el Dios Triádico opera en la Iglesia desde el inicio hasta hoy y mientras exista el mundo, pero las energías increadas y operaciones las sirve el Espíritu Santo.

2. El Evangelista se refiere al propósito o finalidad de la venida de Cristo, que es la sanación y salvación, no el juicio del mundo. La entonación de la negativa de juicio por el Cristo no debe ser al azar. El Cristo no viene como un juez severo que examinará al mundo por sus pecados: una imagen de este tipo, que sólo incita miedo al hombre, existía durante el período del Antiguo Testamento, ya que el hombre se encontraba todavía a un nivel espiritual infantil, por lo que el miedo funcionaba como pedagogía y para que entrasen en razón los humanos. Además, después de la caída del hombre en el pecado, este era un estado “natural” diríamos. El hombre no podía superar la tragedia que había caído, por lo tanto, el juicio de Dios sería sólo condena para él.  Se trata de la certeza del hombre del Antiguo Testamento, como lo apunta con dolor el psalmista: “Y no entres a jucio para tu siervo porque ningún vivo se absolverá y se salvará ante Ti”. El único juicio que trae el Cristo es la revelación del pecado del hombre, por lo que ya la verdad se encuentra al mundo. “Ahora ya es juicio del mundo. Ahora el príncipe de este mundo se echará fuera”. No se juzga el mundo, sino el pecado y su promovedor el diablo.

3. San Juan, pues, niega categóricamente esta imagen de Dios, como juez del hombre en este mundo. El período de la sombra ha pasado. El cielo ya no es amenazador. No nos escondemos para salvarnos de una fuerza desconocida. Porque el Dios se manifiesta con Su verdadera persona con rostro. Y esta persona o rostro es de amigo, de hermano y de Padre que está lleno de agapi hacia Sus criaturas. “El Dios es agapi (infinito amor energía increada)” y “tanto amó Dios al mundo que ha mandado en este Su Hijo unigénito”. Es Él ante Quien nos sentiremos seguros y tranquilos, igual que el niño se siente en los brazos de su padre. Su presencia es la sanación y salvación para nosotros. Vino “para que el mundo sea sanado y salvo por Él”. Lo que antes era amenaza y experiencia trágica, como el pecado, la muerte, el diablo y los elementos de este mundo, ahora son levantados, anulados por Él. Los tomó y los extinguió para que vivamos una vez por todas tranquilos, realmente como humanos. Tomando todas estas cosas y quemándolas en la llama de la agapi nos ha sanado. Porque estas cosas eran nuestra herida y nuestro dolor. Como entonces al desierto los Israelitas que recibían ataques de serpientes venenosas y se morían retorciéndose de dolor, y se salvaban mientras miraban la serpiente de bronce que había levantado el líder de ellos Moisés, por indicación de Dios, así lo mismo con la venida de Cristo: encima de la Cruz Él levantó nuestros pecados, anuló al diablo, pisoteó la muerte y nosotros nos hemos liberado y salvado.

4. Esta sanación y salvación que nos ha traído el Cristo no se debe entender en una sola dimensión, como una absolución y liberación. Nos ha salvado porque principalmente nos llenó con Su presencia incorporándonos en Sí Mismo. Esta incorporación consiste en el ofrecimiento de la vida eterna, como vida de Dios dentro de nuestra existencia ya desde este mundo: “Para que todo el crea en Él no se pierda, sino que tenga vida eterna”. Y esto ocurre, porque según nuestra fe, la vida eterna nos es vida que empieza después de la muerte, sino la vida de Dios que se da al hombre desde aquí y ahora, para que se complete en lo absoluto posible después de la salida del hombre de este mundo y con la relación con Él cara a cara. 

Así que la salvación es un hecho que se vive desde esta vida, durante la cual el hombre vive la eternidad de Dios, basta por supuesto que acepte y crea en Él. De hecho si en este mundo no vive en fe la vida de Dios, por lo tanto su salvación, en ningún caso la vivirá después en la otra vida que decimos. Más bien vivirá la eternidad de Dios, pero de manera dolorosa y trágica para este, lo que por regla general llamamos como infierno, exactamente porque no quiso crear condiciones amistosas con el Dios. En otras palabras, el Dios se le será ofrecido, pero este ofrecimiento para éste funcionará negativamente. Desde este aspecto, los fieles a Cristo ya desde esta vida han superado la muerte. La jaris (gracia energía increada) de Dios reside en ellos y ellos se encuentran en este mundo como “dioses circulando físicamente en carne o cuerpo”.

c. Es grandiosa la vida del cristiano ortodoxo. En realidad es extensión de la vida del mismo Cristo. El Cristo dentro de nosotros “Ya no vivo yo, sino que es Cristo que vive dentro de mí”.  Por supuesto que esto significa vida eclesiástica, puesto que sólo con la jaris (gracia energía increada) de los misterios se hace factible, y también activación de la jaris increada en las condiciones diarias de nuestras vidas. La Cruz de Cristo se hace así también cruz del hombre, sobre todo en el tema de la agapi. Y la agapi, como especialmente nos recalca hoy san Juan, significa que funcionamos nosotros también como sanación y salvación para los demás y no como jueces de ellos. Si el Cristo vino al mundo negando el juicio a los hombres, no podemos nosotros en nombre del Cristo juzgar a los hombres. Desgraciadamente es esto que principalmente hacemos. Todos o muchos de nosotros nos hacemos nosotros mismos “fiscales” del mundo: fáciles para criticar, juzgar y condenar, sin concienciar que de esta manera negamos a Cristo. El logos de Dios es claro: la presencia del Cristiano al mundo, mientras se extiende en la vida de Cristo, es presencia sanadora y salvífica: “llorar con los que lloran y alegrarse con los que están en alegría”. Amigos/as hacia todos/as.  Para nada amenazantes, sino sólo contra al pecado. Y principalmente: ante nuestro pecado. Amín.

Padre Jorge Dorbarakis

Fuente: ΑΚΟΛΟΥΘΕΙΝ

Traductor: xX.jJ

 

Reflexiones sobre la lectura evangélica del Domingo de Indicción

«Πάντες εμαρτύρουν αυτώ και εθαύμαζον επί τοις λόγοις της χάριτος τοις εκπορευομένοις εκ του στόματος αυτού
«Todos daban buen testimonio de él, y estaban maravillados de las palabras de χάρις jaris-gracia que salían de su boca (Lc 4, 15-22). »

 

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

 

Χάρις τού Ζεοῦ (jaris tu Zeú) Gracia de Dios » (Jn. 1.14,16,17) es energía divina increada, innata e inherente riqueza de la Deidad. Especialmente en el campo de la redención, la Jaris es en particular el don de Dios, que se derramó del sacrificio de la Cruz de Cristo, y funcionando dentro en la Iglesia, envuelve al hombre débil y pecador, lo santifica cuando colabora libre y voluntariamente y le hace conseguir la zéosis. De la palabra Jaris viene c-jarísma, don, que es regalo de Dios en todos los hombres sin excepción alguna. No se puede exigir como «recompensa» por obras buenas. Pero se atrae especialmente con la ταπεινοφροσύνη (tapinofrosini, moral, actitud sensata y humilde interior), por la metania y el corazón quebrantado (cf.1P 5. 5). La divina Jaris se da con los santos Misterios ortodoxos de nuestra Iglesia. Esencia y energía están relacionadas; no hay esencia sin energía ni energía sin esencia. San Gregorio Palamás nos dice apofáticamente «No de la esencia conocemos a Dios sino de Sus energías y de increada esencia tenemos increada energía y de la creada esencia creada energía». Los heterodoxos aceptando la jaris como creada, están muy confundidos y oscurecidos sobre éste tema.

 Desde hoy, 1 de septiembre, queridos hermanos, se inicia el año eclesiástico, es decir, el orden eclesiástico. Por eso también en nuestra Iglesia durante la Divina Liturgia se lee la parte aquella del Santo Evangelio, en la que se refiere en resumen sobre la obra sanadora y salvadora para el género humano del Salvador Cristo; y que esta empezó desde el día que vino en la tierra y durará hasta Su Segunda Parusía (Presencia). Todo este período se califica por el Profeta Isaías “como el año nuevo del Señor” (Is 61,2). Es decir, se califica como un nuevo, grande y largo año eterno que se manifiesta la caridad de Dios plena, perfecta e inseparable hacia los hombres pecadores y se ofrece la Divina Χάρις (jaris, gracia energía increada) de Dios para metania (introspección, arrepentimiento y confesión), sanación y salvación.

 Así el nuevo año que se inicia desde hoy es para cada uno de nosotros año de remisión y oferta para nuestra sanación y salvación psíquica, de parte del Caritativo Dios, con la condición por supuesto que de parte nuestra este año se convertirá en año de metania y retorno. «Todos daban buen testimonio de él, y estaban maravillados de las palabras de jaris-gracia que salían de su boca (Lc 4, 22). Aprovechando la ocasión, vamos a ver nosotros también hoy a quiénes se regala la Divina Jaris (gracia, energía increada) y qué regala a cada uno de nosotros.

Esta magnífica Divina Jaris, como energía increada apareció y se manifestó al mundo mediante el Hijo Unigénito de Dios, que aceptó el sacrificio en la cruz por nosotros. Con este sacrificio Suyo el Señor fundó sobre la tierra la Iglesia, con sus Misterios Divinos para que continúe Su obra por los siglos. La Jaris de Dios se regala a los que creen en Jesús Cristo. Por eso para que uno reciba la Divina Jaris increada, primeramente debe tener fe al Señor Jesús Crucificado. Pero esta fe no debe ser intelectual, mental, imaginaria y teórica sino de corazón y viva. La fe, que mediante los Sagrados Misterios de nuestra Iglesia, crea una relación personal y un lazo esencial con el Salvador Señor. Por lo tanto no es casualidad el hecho que durante el bautismo y nuestra incorporación en el seno de la Iglesia, primero se pide que seamos alineados con el Cristo y que creamos en Él. Sólo entonces nos convertimos en miembros de nuestra Iglesia Ortodoxa y tenemos derecho a participar al tesoro dado por Dios, que sólo ella es dueña y lo administra. Este tesoro se llama Divina Jaris (gracia energía increada).

Por supuesto que la primera condición fundamental es la fe. Pero la fe por sí sola no basta. El hombre necesita tener también la moral humilde, que con ella se acerca a la fuente de la Divina Jaris increada. Donde hay orgullo, egoísmo y moral altanera es imposible que fluya y se manifieste la Divina Jaris. El egoísmo, como una barrera intercepta y bloquea la Jaris de Dios a descender de los cielos e inundar nuestra existencia. La moral humilde verdadera y profunda es el conducto necesario mediante el cual se canaliza sin obstáculos en la psique el agua salvífico de la Divina Jaris increada. Por muy grandes que seamos no dejaremos de ser lo que somos, es decir, hombres con debilidades y enfermedades que tenemos necesidad de ayuda y apoyo.

Todos sin excepción tenemos necesidad urgente de tomar fuerzas de Jaris increada de Cristo Dios, la que nos trae en la psique el Espíritu Santo, porque todos somos hombres débiles. La fuerza que tenemos está enferma. Puede ser que creamos que somos potentes y que disponemos de muchas fuerzas de manera que podamos arreglárnoslas a solas en muestra lucha espiritual. Pero la verdad es totalmente distinta. Los hombres nos parecemos como un junco movido por el viento, (Mt 11,7). Muchas veces una pequeña tentación nos tira al suelo inmediatamente. Otras veces tenemos dificultades para sobreponernos a las declinaciones y malos hábitos de nuestra psique. Y otras veces nos arrastra tan fácilmente el mundo del pecado que no podemos resistirle. Además, en las grandes tentaciones no aguantamos casi nada.

Es verdad que la Divina Jaris increada nos dona regalos altísimos y salvíficos. Nos regala el perdón, remisión de los pecados, quema los pinchos de esos y sana, limpia nuestra existencia de toda mancha de la carne y del espíritu. Da contenido nuevo y esencial en nuestras reflexiones y nuestros deseos. Nos dirige hacia lo espiritual y eterno, y nos desapega de las cosas y temas temporales, corruptas, degenerativas y materiales. Regala disposición y ganas para la oración, audiencia y estudio del logos de Dios. Nos hace vivir, no para comer, sino vivir como personas con destino altísimo y sagrado. Nos estimula a la lucha contra el pecado y nos protege de los ataques del astuto maligno. El que todo esto no es teoría se ve claramente de la multitud de ejemplos humanos que desde el momento que los ha visitado la Divina Jaris increada se convirtieron totalmente distintos que antes, verdaderos santos.

Junto con el regalo de la divinización o santificación, la Divina Jaris (gracia, energía increada) abre ante nosotros la puerta del paraíso. Del Paraíso del cielo que es incomparablemente superior del Paraíso de Edén, al que hemos perdido por la transgresión de los primeros en ser creados. Si el Cristo no extendiese Su santísima mano para atraernos cerca de Él sería totalmente imposible para uno entrar al Paraíso. La sanación, salvación del pecado y la herencia de la bienaventuranza de los cielos no es una hazaña nuestra. Es un regalo del cielo que nos han ofrecido las manos agujereadas del Crucificado Jesús. La salvífica Jaris increada del Crucificado que hizo al ladrón primer ciudadano del Paraíso, ella es la que conduce desde entonces continuamente cada hombre convertido y arrepentido al puerto sereno de la Realeza increada de los Celos.

¡Hermanos míos! Nuestro mundo hoy está pasando días difíciles. Todas las señales son decepcionantes. La indiferencia espiritual, la inmoralidad, la cuesta abajo, el desastre y la disolución. Imitemos al apóstol Pablo que dice: “con la Jaris de Dios soy lo que soy”, es decir, que su fuerza no es debida al sí mismo sino a la Jaris increada de Dios (Cor 1,10), que le ha fortalecido a permanecer estable ante las dificultades y vencer al maligno y sus maquinaciones. Sería una insensatez decir que en nuestras luchas espirituales podemos vencer solos sin la Jaris (gracia, energía increada) de Cristo Dios y sobre todo contra los enemigos de nuestra fe. Por eso, todos nosotros sin excepción debemos entender cuanto débiles somos y cuanta necesidad tenemos de la increada Jaris de Χριστός Jristós (Cristo) para lograr llegar al cielo y ganar la Realeza increada de Dios. Cuando esto se haya convertido en nuestra conducta moral e imploramos continuamente la increada Jaris  de Dios, no habrá ninguna duda de que venceremos y también nosotros nos haremos partícipes de la celeste Realeza increada de Dios. Así sea, amín.

†Abad Dionisios, del Monasterio Jrisiroitisa  Metrópolis de Pafos Chipre

Fuente: ΑΚΤΙΝΕΣ

Traductor: xX.jJ

 

1º Septimbre – Inicio de la Indicción

 

Jesús Cristo

El tiempo en fase de bendición

«Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos y dar vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos; A predicar el nuevo año agradable del Señor. »

La Iglesia dentro de su sabiduría despliega ante nosotros las perspectivas más benditas con el fin de que se consiga en nuestra vida una coexistencia armoniosa y la mayor asignación que nos ha prometido la agapi (amor, energía increada) de Dios. Hoy, pues, nuestra madre Iglesia nos reabre a los horizontes de lo nuevo, quienes nos remiten en ocasiones irrepetibles, para que nos recoloquemos con más fe, fiabilidad y certeza en las constantes de la eternidad. Es decir, permitir en este vivir el tiempo o este año, por supuesto no como una pesadilla de la inseguridad, corrupción, degeneración y muerte –elementos que rodean por todas partes nuestra vida diaria- sino como experiencia y sabor anticipado de la eternidad, es decir, la presencia de Dios en cada momento y en cada paso de nuestra vida.

El significado y sentido de este día está en el llamamiento alto que nos dirige la Iglesia para que vivamos el tiempo o el año nuevo en la perspectiva del valor eterno de lo nuevo. El día 1º de Septiembre como principio del nuevo año eclesiástico, tal y como se ha establecido hace muchos siglos. La importancia del Inicio de la Indicción, tal y como ha pasado también en los años romanos, era y es el inicio del año nuevo. Los romanos definían el nuevo año y lo conectaban con las actividades agrícolas, y en particular con la siembra. Eνιαυτός (eniaftós) año o año nuevo es un término prestado del verbo de Homero«ενιαύω» eniavo que significa descansar, reposar. En el A. Testamento y especialmente en el libro Levítico se encuentra una orden que caracteriza cada año «ιωβηλαίο» iovileo, jubilar, es decir, el cincuentavo que viene como coronación desde las siete semanas-años. La entrada del año santo se anunciaba con trompetas y tomaba un carácter alegre y jubiloso. Cada cincuenta años, a fin de restablecer la cohesión social, se liberaban los esclavos judíos y se perdonaban las deudas insoportables; también no se concentraban ya productos en los grandes almacenes, sino que tenían acceso en estos todo el mundo, principalmente los hombres pobres.

¿Pero, cómo se conectan los acontecimientos con el Cristo y la Iglesia? Una primera correlación se verifica si uno recurre en los libros Proféticos del A. Testamento. El profeta Isaías escribe sobre el Mesías: «Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos y dar vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos; A predicar el nuevo año agradable del Señor». El nuevo año del Señor, según estos logos proféticos no sólo ambiciona en el arreglo de los bienes materiales y preocupaciones de la vida sino en el ascenso espiritual del humano. Es decir, su incorporación a la perspectiva de la eternidad. En un ciclo que el tiempo deja ya de fluir dentro de la tragedia y la pesadilla de la decadencia y la muerte; sino que surge como flujo para que el hombre ascienda existencialmente y repose en los brazos de la agapi (amor, energía increada) de Dios. Entonces el año nuevo se predicaba como año de remisión de las deudas y otros compromisos conexos. Los hombres se liberaban de las cargas insostenibles de las deudas que en estas condiciones les llevaban a la miseria y la degradación. Tal y como desgraciadamente vemos que ocurre hoy con la crisis que azota la humanidad, no sólo en lo económico, sino principalmente a nivel espiritual. El tiempo en la Iglesia es siempre nuevo y adquiere un contenido más profundo, más allá de un paso suyo aburrido y superficial. Con el aprovechamiento del tiempo el hombre se libera ahora de las cadenas del pecado y se hace digno como persona con su inestimable valor como imagen de Dios.

Queridos hermanos, el paso del antiguo al nuevo año cuando no existe el Cristo en la vida del hombre, significa esclavitud y sometimiento. Significa una degeneración psicosomática del hombre. Al contrario, la aceptación de Su agapi (amor, energía increada) consiste en la liberación de la opresión del pecado que nos remite a una forma de esclavitud terrible. El antiguo «ιωβηλαίο έτος» “año jubilar” se llama ahora «ενιαυτός Κυρίου» “año del Señor”. Es decir, el Dios ofrece Su agapi a todos los hombres. Por lo tanto dejemos tierra fértil en nuestros corazones para que fructifique «el año del Señor”, en cada momento bendito que supone su paso. Amín.

Añadido

”Indictio” indicción, se llamaba así cada período de 15 años que se pagaban los impuestos a los emperadores romanos. Según la tradición eclesiástica, el principio de la indicción fue introducida por Cesar Augusto (1-14), que ordenó el censo general de los habitantes del Imperio romano y la recaudación de los impuestos a partir del día 1 de septiembre.

Desde Constantino el Grande (313) se hizo oficialmente el uso de la Indicción como cronología. A partir de entonces la Iglesia de Constantinopolis hasta hoy celebra el día 1 de septiembre como inicio del año eclesiástico.

Jristakis Efstazíu, Teólogo – Iglesia de Chipre  

Fuente: ΑΚΤΙΝΕΣ

Traductor: xX.jJ

Sobre las dos fes o creencias

29 copia

En el hombre hay dos fes o creencias. Una es la encefálica (o lo que es lo mismo, del cerebro o diania-menteintelecto) que es la aceptación lógica, racional de la fe. El hombre acepta algo con la lógica, razón y cree en esto que acepta. Pero ésta no es la fe que da razón al hombre. Cuando la escritura dice que el hombre solo con la fe se sana y se salva (Ef. 2,8), no quiere decir simplemente con la aceptación. La otra fe es la del corazón, porque ésta fe no existe en la lógica o razón, es decir, diania-menteintelecto o cerebro, sino en el espacio del corazón (el corazón de la psijí, el centro de nuestra existencia, no el físico). Esta fe es regalo de Dios, es decir, no la recibirá el hombre si Dios no quiere regalársela, y se llama fe innata. Esta fe, rogaba a Cristo, que le regalara, el padre del joven epiléptico en el Evangelio, “Señor ayuda mi falta de fe o incredulidad” (Marcos 9,24). Es cierto y claro que él creía, pero con la lógica razón; no tenía la profunda, innata fe, que es regalo de Dios.

   Pero la fe innata proviene de la experiencia de la Jaris (gracia, increada energía del Espíritu Santo). Entonces, si es experiencia de la Jaris, ¿qué puede ser para el Ortodoxo la fe innata? Es la oración del corazón o noerá. Por lo tanto, cuando el hombre tiene la noerá oración del corazón dentro en su corazón, que es la oración del Espíritu Santo, entonces tiene a la vez la fe innata y por la fe, mediante la oración, percibe y ve cosas invisibles. Por eso cuando ocurre este tipo de visión, se llama θεωρία (zeoría, Zeó oró Dios veo).

   Esta visión generalmente se realiza de dos τρόπος (tropos, maneras, formas). Una con la oración del Espíritu Santo dentro del corazón, cuando el hombre no ha llegado aún a la zéosis (glorificación, espectación y unión con Dios por la Jaris), por lo tanto, ve con la oración. La otra es la zéosis, durante la cual cesa esa misma fe innata, como también la esperanza y queda solo la αγάπη (agapi, amor) hacia Dios, como regalo de Dios. Además eso es lo que quiere decir el apóstolos Pablo cuando dice: “Cuando llegue lo perfecto, cesa la esperanza y la fe y queda solo la αγάπη agapi-amor (icreada energía)” (1ª Cor. 13, 10-13).  Más ésta agapi-amor es la zéosis. En la zéosis cesa, queda abolida la gnosis- conocimiento y la profecía, cesa la lengua, que es la oración del corazón y queda solo la agapi. El apóstolos Pablo lo dice muy claro y bellamente, como también los Padres de la Iglesia interpretan muy correctamente estos temas. Toda la Filocalía habla sobre estos temas. (La Ortodoxía es fe en apocálipsis, no es una religión)

Ioannis Romanidis, Catedrático de Universidad y Sacerdote Elenortodoxo

Traductor: xX.jJ

DOMINGO 9º DE SAN MATEO – Caída en picado

5 copia

 

῾Βλέπων δε (ο Πέτρος) τον άνεμον ισχυρόν εφοβήθη, και αρξάμενος καταποντίζεσθαι έκραξε λέγων: Κύριε, σώσον με᾽ (Ματθ. 14, 30)

Pero al ver (Pedro) el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: ¡Señor, sálvame! 

Es excepcionalmente admirable el acontecimiento que nos describe la lectura evangélica de hoy. En el cual el Señor hace que los discípulos queden una vez más alucinados, anonadados ante la divina energía increada y el acto de su Maestro. El Señor ha disuelto la multitud que le seguía, mandó Sus discípulos con un barquito a la orilla del otro lado  donde se encontraban, a pesar del mar mareado; Él se retira para orar aparte en la montaña.; y de repente aparece en la madrugada a Sus discípulos agitados y cansados por la mala mar, caminado sobre las olas. La reacción de los discípulos fue completamente natural: se asustaron y dudaron Su presencia real. Y Pedro, con el fin de estar convencido de si es el Señor, pide de Él que se acerque de la misma manera admirable que Aquel se encontraba allí: es decir, caminar sobre las olas del mar, algo que se hace. Pero en el camino Pedro se turba, empieza a caer en picado y se se va hundiendo. En su pánico clama hacia el Señor que le salve, por supuesto, responde inmediatamente, pero recriminando a Su discípulo por su poca fe.

1. Pedro vive una doble experiencia contradictoria. En un momento participa alucinado del milagro: caminar sobre las olas; inmediatamente después vive la agonía de la muerte: se turba, se asusta y cae en picado. Vive algo que lo vivirá también más tarde, cuando en un momento por la iluminación de Dios, confesará que el Cristo es el Hijo de Dios viviente (tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente); en otro momento, recibe una fuerte recriminación por el mismo Cristo de que es escándalo para Él, porque “habla sobre las cosas mundanas y no las de Dios”. El motivo de este intercambio es la inseguridad de su fe hacia el Cristo, que le hace tambalear entre fe y poca fe: en el primer caso –caminar sobre las olas- comprobamos la fe en los logos y la presencia del Señor. En el otro caso –en la caída en picado- comprobamos la poca fe y aún nula fe en Aquel. Pero lo hemos explicado muchas veces en otras parábolas, que: aún no ha llegado el Pentecostés, a fin que con la potencia de la energía increada del Espíritu Santo consolidarse él y los demás discípulos en el estado carismático de la verdadera fe cristiana.

2. Naturalmente, el apóstol Pedro debería continuar su camino sobre las aguas del mar no porque le llamó el Cristo, como una obediencia a Su logos, sino porque anteriormente, otro día, él mismo y los demás discípulos se encontraron otra vez en un barquito junto con el Señor, pero, cuando se vieron amenazados por la mala mar y se dirigieron asustados a Aquel que parecía que estaba durmiendo, vieron otra vez, dentro en el alumbramiento, al Señor mandar a que se serenen el viento y las olas. Y se hizo inmediatamente una gran calma, y ellos se preguntaban, ¿quién era finalmente Éste que seguían?

3. ¿Qué fue lo que provocó este cambio de fe en poca fe o nula? El relato evangélico con mucha claridad nos da la respuesta: Pedro estaba tan fijado hacia el Cristo mientras miraba hacia Aquel que le llamaba y podía caminar como si fuera tierra: constante, confiado y con convicción. Pero apenas cambia su atención a Cristo y se fija a la mar tormentosa por el fuerte viento, toma conciencia con su estado lógico y toda su fe se tambalea y la pierde. La caída en picado pues es un hecho. Así uno confirma claramente que la dedicación a Cristo, la contemplación de Su rostro, cuando tiene que corresponder a Su llamada, consiste en el hecho de la fe que conduce a la superación de cualquiera de los problemas del hombre, e incluso: la superación de los montantes lógicos de su experiencia, la experiencia que niega la aceptación del agua como tierra, como en este acontecimiento. En otras palabras, cuando el hombre está poseído de la persona o rostro de Cristo, cuando Le convierte el centro de su existencia, allí vive situaciones por encima de las consideradas como fisiológicas. “¿Crees que esto puedo hacerlo?”, es la pregunta que pone el Señor cada vez que trata de realizar un acontecimiento admirable.

Por otro lado, cuando el hombre pierde este contacto consciente con el Cristo y cuando es poseído de otros elementos amenazadores para su existencia, como a Pedro con las enormes olas, parece que se congela por el miedo y vive, como hemos dicho, la agonía de la muerte. Quizás alguno en este caso se recordará del incidente del Antiguo Testamento con la mujer de Lot que se hizo como una columna de piedra de sal: esta mujer pierde su contacto consciente con el Dios, porque muestra desobediencia a Su voluntad, y la atención de ella, en aquel caso por curiosidad, se dirige hacia la rabia de la naturaleza: la lluvia de azufre. Y se convierte en piedra. Cae en picado.

4. El caso de Pedro funciona tipológicamente: sabemos ya que los fieles que cada vez afrontamos problemas en nuestras vidas; –¿y quién es el que puede decir que no tiene problemas, que provienen sea del ambiente, sea de nuestro yo con sus pazos o por el mismo diablo?- la solución no es nuestra obsesión y persistencia al problema, sino con fe nuestro giro hacia Cristo. La monóloga oración “Señor sáname, sálvame” o “Señor Jesús Cristo eleisón me o compadécete de mí” debe ser nuestro clamor constante, incesante y nuestra oración continua. El caso es que no perdamos el contacto consciente con Aquel. Cuando el logos de Dios y a continuación nuestros santos hablan sobre el apego que debe tener el hombre a Dios, sobre todo a la persona de Cristo- “se ha pegado mi psique detrás de ti y a mí me ha sobrecogido Tu derecha”, apunta el salmista como ejemplo –pues, no hacen otra cosa que hablar sobre la sanación y salvación del hombre que vive de esta manera. Este “apego” es exactamente, como hemos dicho, la contemplación incesante de la persona de Cristo. Una vez un sacerdote preguntó a un Yérontas (sabio e iluminado anciano, starets) que cada día iba al templo y se sentaba mucho rato frente el icono de Cristo: ¿Qué haces aquí? Y el Yérontas responde con lágrimas en sus ojos: “Le veo y me ve, y con esto me basta”.

El estar viendo a Cristo siempre que me está mirando con Su mirada plena de agapi, en esto consiste nuestra sanación y salvación. Pero recordemos que para ver igualmente a Cristo por excelencia, debemos estar dedicados y apegados a Sus divinos logos, mandamientos. Él Mismo nos aseguró que está escondido allí y por sus logos se revela dentro de los corazones de los hombres. Es una realidad que nos desafía a “experimentar” sobre ella con el fin de confirmarla. Así sea, amín.

Padre Jorge Dorbarakis

Traductor: xX.jJ

La Ortodoxia no es una religión

12 Apostoles copia

 

En muchos predomina la percepción que la Ortodoxia es una de las muchas religiones que existen, que Su principal objetivo es la preparación de los miembros para la vida después de la muerte, o sea, asegurarse un lugar en el Paraíso para cada Ortodoxo Cristiano. Así se considera que el dogma Ortodoxo es una seguridad más, porque es Ortodoxo, y cuando uno no cree en el dogma Ortodoxo, eso es un motivo más para que uno vaya al infierno, aparte de los pecados personales que eventualmente le mandarán allí.

Los Cristianos Ortodoxos que creen que esto es la Ortodoxia, han comparado la Ortodoxia exclusivamente con la vida futura. Estos, no hacen muchas cosas en esta vida, sinó que esperan a morir para ir al Paraíso, porque cuando vivían eran Ortodoxos Cristianos!

Otra corriente de Ortodoxos se mueven dentro, en el espacio de la Iglesia, interesados no por la otra vida, sino principalmente por ésta  de aquí, es decir, cómo les ayudará la Ortodoxia a pasarlo bien, aquí en esta vida. Este tipo de Ortodoxos Cristianos oran a Dios, solicitan a los curas que pidan por ellos, (oraciones, santificaciones, bendiciones etc.) para que Dios les ayude a pasarlo bien en ésta vida, que no estén enfermos, que sus hijos se restablezcan bien, que tengan una buena dote,que sus chicos encuentren  y se casen con una buena chica y sus hijas con un buen chico, que tengan un buen trabajo, que les vayan bien los negocios y ganen en la bolsa etc. El resultado es que vemos que estos Cristianos no se diferencian mucho de los creyentes de las demás religiones, que aquellos hacen más o menos las mismas cosas. (El logos discurso del Padre Juan a veces es ardiente,  candente tal como dijimos).

Es decir por lo explicado anteriormente, la Ortodoxia tiene éstas dos cosas comunes con las demás religiones. Primero el que prepare a los creyentes de manera que después de la muerte vayan al Paraíso como cada  uno lo imagina, y segundo que se preparen los Cristianos para que no pasen aflicciones, tristezas, enfermedades, guerras, desastres etc., en ésta vida, es decir, que Dios arregle todo esto según sus necesidades y deseos. Así para los segundos la religión juega un papel muy importante en esta vida y sobre todo en la vida diaria.

¿En el fondo quien de los Cristianos arriba mencionados se interesa si existe o no Dios? ¿Quien le busca? Para ellos no es el tema si existe o no Dios, si lo mejor sería que existiese Dios, así podremos implorarle y pedirle que satisfaga nuestras necesidades, de manera que vayan bien nuestros trabajos y tengamos felicidad en esta vida.

Entonces vemos que el hombre tiene una fuerte tendencia en querer creer que exista Dios, porque es una necesidad para el hombre que exista Dios, para asegurarles lo que antes hemos dicho. Pues ya que es una necesidad para el hombre que exista Dios, entonces existe Dios!

Si el hombre no tuviese la necesidad de un Dios y pudiera asegurarse independientemente las cosas cotidianas de la vida de una manera distinta, entonces no sabe uno cuantos hombres creerían en Dios; eso se ve mucho aquí también, en Grecia.

Así vemos muchos hombres mientras que antes muchos eran indiferentes por la religión, al final de su vida se convierten en religiosos, quizás después de un acontecimiento que les asustó y les dio miedo y temor. Porque ya no pueden vivir sin implorar que les ayude algún dios, es decir, por superstición. Para ellos, por éstas causas la naturaleza del hombre le ayuda a “religionarse”. Eso no es tan sólo valido para los cristianos ortodoxos sino para todas las religiones. En todas partes la naturaleza del hombre es la misma. Así el hombre después de su caída –obscurecido por su naturaleza o más bien de una forma antinatural- fluye hacia la superstición.

Ahora la pregunta es la siguiente: ¿Dónde para la superstición y dónde empieza la verdadera Fe? En éstos temas los Padres y sus enseñanzas y sus tesis son muy precisos. Si un hombre, el cual sigue o mas bien cree que sigue la enseñanza de Cristo y simplemente va a la Iglesia cada domingo, que toma la Comunión continuamente, usa los curas para que le hagan oraciones, misas, etc., sin que profundice en éstos permaneciendo en la letra o la palabra de la Ley y no en el Espíritu de la Ley, ¿éste particularmente se beneficia de la ortodoxia? Continuando, otra persona que reza exclusivamente para la futura vida, para sí mismo y para los demás y se desinteresa totalmente para ésta vida, ¿éste se beneficia especialmente de la ortodoxia? Una tendencia está representada por el cura de su parroquia más aquellos que se reúnen alrededor de él con el espíritu anterior y la otra tendencia se representa de un “Yèrontas”(guía espiritual)*1, con varios monjes en su alrededor, en un monasterio generalmente por un archimandrita que está jubilado y espera morir. (*1 éstas cosas claro que las hacen los verdaderos cristianos y no es malo que uno quiera hacer todo esto, lo malo es que uno se quede apegado en éstas cosas). (*2Yèrontas: padre espiritual y sus monjes, pero que no tienen idea del Hisijasmo)

Mientras que éstas dos tendencias no están centradas en la catarsis y la iluminación, con el significado y el sentido Patrístico, están equivocadas sobre aquello que persiguen. Cuando están centradas en la catarsis y la iluminación y aplican la instrucción práctica Patrística Ortodoxa, para la adquisición de la oración de corazón (noerá), sólo entonces las cosas se ponen en la base correcta. Estas dos tendencias son hipérboles (exageraciones) hacia los dos extremos. Estas dos tendencias no tienen un eje común. El eje común que sostiene la Ortodoxia y la mantiene unida, el eje único y uno sobre todos los temas que le preocupan y el cual se colocará siempre encima de la base correcta, es cuando se tiene en cuenta el único eje ortodoxo catarsis-iluminación-zéosis.

Los padres no se interesan exclusivamente qué le ocurrirá al hombre después de la muerte, sino principalmente les interesa que le pasará al hombre en ésta vida. Después de la muerte no existe terapia del nus, entonces debe, en ésta vida, empezar la terapia o sanación, porque “en el Hades no existe la Metania”. Por eso, la teología Ortodoxa no es súper-cósmica mundana ni futuróloga, ni esjatológica, sino que es endocósmica (el mundo interior). Porqué el interés de la Ortodoxia es el hombre en éste mundo, en ésta vida, no después de la muerte.

Ahora bien, ¿la catarsis y la iluminación porqué se necesitan? Para que el hombre se vaya al Paraíso y evite el Infierno, ¿para eso se necesitan? ¿en qué consiste la catarsis y la iluminación y para qué causa se aspiran por los Ortodoxos?.

Para que uno encuentre la razón y dar contestación a ésta pregunta, debe de tener la llave básica que es ésta: todos los hombres encima de la Tierra tienen el mismo final con el sentido teológico-ortodoxo. Si uno es ortodoxo, budista, hinduista, agnóstico, ateo o cualquier otra cosa, es decir, cualquier hombre sobre la tierra está predestinado a ver la doxa-gloria de Dios. Verá la gloria de Dios durante el final común de toda la humanidad en el Segundo Advenimiento Parusía de Cristo. Todos los hombres verán la gloria de Dios y desde ésta perspectiva tendrán el mismo fin. Claro que todos verán la gloria de Dios, pero con una diferencia: Los salvados verán la gloria de Dios como Luz dulcísimo, sin poniente y los infernados verán la misma gloria pero como fuego consumador que les quemará. Esto, el que veremos todos la gloria de Dios es un acontecimiento esperado. El que uno vea a Dios, o sea Su Gloria, Su Luz, es algo que se realizará, lo queramos o no. La vivencia de ésta luz no será distinta de unos u otros.

Entonces la obra de la Iglesia y los curas no es que nos ayuden a ver ésta gloria, porque esto de cualquier modo se hará. La obra de la Iglesia está en el cómo anuncia a los hombres que existe el verdadero Dios, que Dios se “apocalipta” revela como Luz o como fuego consumador y que todos los hombres durante la segunda Parusía de Cristo veremos a Dios*, además que prepare sus miembros de modo que no vean a Dios como fuego sino como Luz (San Nikita Stizatos Filokalía). *(Claro que una experiencia parcial de expectación, visión a Dios tenemos todos los hombres inmediatamente de nuestra salida de la psijí del cuerpo, es decir la muerte biológica.)

Esta preparación de los miembros de la Iglesia, como también de todos los hombres, que quieren ver a Dios como Luz, es la esencia de la instrucción terapéutica, la cual debe de empezar y terminar desde ésta vida. Se debe desde ésta vida hacerse la terapia y terminarse. Porque después de la muerte no existe metania. Esta instrucción terapéutica es la esencia y el principal contenido y preocupación de la Tradición Ortodoxa y Su Iglesia; Más, se constituye de los tres siguientes estadios de elevación o subida: La catarsis de los pazos, la iluminación por la Jaris (Gracia increada energía) del Espíritu Santo, y la zéosis, también por la Jaris. Ocurre también esto: Sí uno no llegó por lo menos en un estado de mínima o parcial iluminación, en esta vida, no podrá ver a Dios como Luz ni en esta vida ni tampoco en la otra.

Así pues, está claro que los Padres de la Iglesia se interesan del hombre tal como está hoy, en éste momento. Además aquel que necesita terapia es, cada hombre, el cual tiene la responsabilidad delante de Dios empezar esta obra desde hoy, en esta vida, porque en esta vida puede. No después de la muerte. Y este mismo hombre es el que decidirá por seguir éste camino de terapia o no.

Cristo dijo: “yoSoy el camino” (Jn. 14,16). ¿El camino hacia qué? No solo para la otra vida. Cristo es el camino en ésta vida. Cristo es el camino hacia Su Padre y Nuestro Padre. Cristo se “apocalipta” revela primero en ésta vida y nos indica el camino hacia el Padre. Este camino es el mismo Cristo. Sí el hombre no puede ver en ésta vida a Cristo por lo menos en sentido espiritual, no verá al Padre, es decir la Luz de Dios ni en la otra vida. (Por Ierotheo Vlajos, El prósopon persona, rostro de la Tradición Ortodoxa. “…Con la Segunda Parusía  Advenimiento de Cristo resucitarán todos los hombres y se juzgarán por sus obras. Los pecadores que no consiguieron ojo espiritual no desaparecerán, quedarán como personas ontológicas, pero no tendrán la participación de Dios. Los justos participarán y tendrán comunión con Dios. Tal como dice San Máximo el Confesor: los pecadores vivirán el continuo malestar, en cambio los justos el continuo bienestar.

Ioannnis Romanidis, Catedrático de Universidad y sacerdote Elenortodoxo

Domingo 8º de Mateo – Dadles vosotros de comer…

 

Multiplicación panes y peces copia

«Dadles vosotros de comer … Y los que comieron fueron como cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños.  Δότε αὐτοῖς ὑμεῖς φαγεῖν … οἱ δὲ ἐσθίοντες ἦσαν ἄνδρες ὡσεὶ πεντακισχίλιοι χωρὶς γυναικῶν καὶ παιδίων». (Ματθ. ιδ΄ 16 και 21)

 El contenido de la lectura evangélica de hoy es especialmente muy importante por eso se ha escrito por los cuatro Evangelistas. Pero es especialmente importante por la multitud de mensajes diacrónicos, como:

1. Aunque el Dios nos es creador de los problemas del hombre, sin embargo es conocedor y se hace partícipe de estos problemas y proporciona soluciones por la presencia física de su Hijo, el Jesús. De esta manera se verifica el logos profético sobre el Jesús como “Emanuel”, por lo tanto se verifica también su cualidad como Mesías y por lo tanto también como Redentor.

2. Se confirma que como Dios es caritativo, sobre todo en praxis. Su caridad se verifica con tres movimientos consecutivos. Primero, según el Evangelista Marco: “…y comenzó a enseñarles muchas cosas” (Mc 6,34) . Segundo, “sanó, curó los enfermos de ellos” (Mt 14,14).  Tercero, “comieron todos y se saciaron” a través del milagro de la multiplicación de los cinco panes y los dos pescados.

3. Además de la multiplicación de los cinco panes no afirma sólo que el mismo es “el pan de la vida… y el pan que ha bajado del cielo” (Jn 6,35 y 41), sino que es “el pan que se come y nunca termina o se gasta”, según la bendición relativa de la Divina Liturgia y por consecuencia preanuncia el gran Misterio de la Divina Efjaristía. Pero la palabra el ΙΧΘΥΣ ιχθύς (ijzís pescado o pez), desde los primeros años Cristianos fue interpretada simbólicamente como representación, que la utilizábamos por largo tiempo en la primera página de los Boletines de los Kerigmas, y también como palabra: ΙΧΘΥΣ (ijzis). Es decir, Ιησούς (Iisús, Jesús) Χριστός (Jristós)  Θεού (Zeú, de Dios) Υιός (yios, hijo) Σωτήρ (Sotir, salvador). O sea, cada letra de la palabra helénica pescado o pez, en griego es la primera letra de cada palabra “Jesús Cristo Hijo Dios Salvador”.

_-1

4. Pero el milagro es especialmente importante también por su carácter social. Que los bienes son regalo de la agapi de Dios hacia todos los hombres y el hombre es un mero administrador de los bienes, los cuales deberá también compartirlos con sus semejantes. El milagro de hoy es un testimonio diacrónico para cada época, por lo tanto, también para nuestra época que a pesar de la riqueza y tantas fuentes productivas, sin embargo muchos semejantes nuestros están desnutridos y llenan los comedores sociales o mueren de hambre. Esto es una blasfemia, un insulto continuo del hombre actual hacia el Dios el donador de los carismas al hombre.

5. Finalmente el Dios se presenta como garantía y protección. A pesar que en todas partes hay desierto, el Dios está presente para dar solución a los problemas y necesidades del hombre. Con un movimiento “levantando los ojos hacia el cielo” y una orden “darles vosotros de comer”, reveló dos formas de salida de los desiertos caminos sin salida. Refugio, amparo a través de la oración a Dios y reparto de los personales bienes materiales con nuestros semejantes. Y entonces viene el resultado admirable: “Han comido todos y se saciaron”.

Vino la bendición y ha triunfado la agapi (amor desinteresado o energía increada divina). La agapi y la bendición multiplicaron los bienes: “Han comido todos”. Y sobre todo se saciaron, recalca característicamente el Evangelio de hoy. Y no sólo esto, sino sobraron también. Doce cestas llenas, igual que los doce Apóstoles. Sin embargo, la recogida se hizo por orden de Cristo y como protesta contra el despilfarro, el derroche y también como mensaje de economía es una incitación para estimar las donaciones y los regalos de Dios al hombre.

“Han comido todos y se saciaron”. Nadie fue excluido. Partícipes y comulgantes de los bienes y las dádivas de Dios son todos, varones, mujeres e hijos. Un hecho que verifica la práctica diaria de la tradición de la Iglesia Ortodoxa con la participación en las celebraciones y los misterios aún hasta los bebés, como el Bautismo, el Crisma y la Divina Efjaristía.

A pesar que la mayoría eran varones (cinco mil) sin embargo no fueron privados de las dádivas de Dios las mujeres y los niños. Este acontecimiento es por sí solo importante. En una época que las mujeres y los niños no tenían derechos y la mayoría de los hombres eran esclavos, la igualdad de participación de todos en las dádivas de Dios realmente es una revolución social.

Sí, es una revolución social. Esto no es una exageración. Esto es un acontecimiento que se manifestó en la vida de la Iglesia desde el primer momento. Un acontecimiento característico de este tipo nos los describen “los Hechos de los Apóstoles”. “Todos habían creído, tenían un corazón y una psique, nadie se consideraba que algo de sus existencias era suyo, sino que todo era común”. Los Apóstoles predicaban y confirmaban con gran convicción que el Señor Jesús Cristo ha resucitado. Y el Dios daba en todos abundantemente Su jaris (gracia, energía increada). No había nadie entre ellos que estaba privado de las cosas necesarias. Porque los que tenían tierras o casas las vendían y el dinero lo entregaban a disposición de los Apóstoles. Lo mismo hizo también José un levita de Chipre que los Apóstoles le llamaron Bernabé, nombre que se traduce como “hombre de consuelo”. Éste tenía un terreno que lo vendió y trajo el dinero a disposición de los Apóstoles (Hec 4,32-37).

Desgraciadamente los principios anteriores del Evangelio hoy no se aplican al grado debido. A pesar de que como sociedad y como cultura proclamamos los principios del Evangelio, sin embargo unos comportamientos a hombres y a pueblos, a mujeres y niños nos retroceden muy atrás en los tiempos antes de Cristo. Y esto porque como individuos y como sociedades estamos alejados del hombre y sus problemas. Al final lo único que dejamos que sea manifestado es nuestro yo mismo. Nuestro yo malo.

Hermanos míos, el logos de hoy del evangelio es muy actual “el lugar está desierto”. Porque primero quedaron desiertas, devastadas nuestras psiques, puesto que se han transformado en estériles granos de arena. Nos perdemos en nuestro desierto y en nuestro yo. Las cosas fáciles las hacemos difíciles y las difíciles fáciles, débiles y hasta imposibles. Obedezcamos, pues, el consejo del Señor “darles vosotros de comer”. “Compartir y donde vuestra agapi no llega dirigíos a Dios”. En los tiempos difíciles que vivimos existe una posibilidad de comprobar el grado de nuestra piedad, la capacidad y fuerza de nuestra fe y finalmente la extensión de nuestra agapi y ver si ella está operativa o sólo palabras. Las virtudes anteriores reafirmémoslas con nuestro modo de vida (no de la “moda”). Así sea, amín.

Theodoro Antoniadis Metropolita de Pafos, Chipre

Fuente: ΑΚΤΙΝΕΣ

Traductor: xX.jJ

 

Domingo 8º de Mateo – La multiplicación de los cinco panes

christ-feeding-5000-1

 

14 Y saliendo Jesús, vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, y sanó a los que de ellos estaban enfermos. 

15 Cuando anochecía, se acercaron a él sus discípulos, diciendo: El lugar es desierto, y la hora ya pasada; despide a la multitud, para que vayan por las aldeas y compren de comer. 

16 Jesús les dijo: No tienen necesidad de irse; dadles vosotros de comer.

17 Y ellos dijeron: No tenemos aquí sino cinco panes y dos peces. 

18 Él les dijo: Traédmelos acá.

19 Entonces mandó a la gente recostarse sobre la hierba; y tomando los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, bendijo, y partió y dio los panes a los discípulos, y los discípulos a la multitud. 

20 Y comieron todos, y se saciaron; y recogieron lo que sobró de los pedazos, doce cestas llenas. 

21 Y los que comieron fueron como cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños. 

22 En seguida Jesús hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de él a la otra ribera, entre tanto que él despedía a la multitud.

Ο ΠΟΛΛΑΠΛΑΣΙΑΣΜΟΣ ΤΩΝ ΠΕΝΤΕ ΑΡΤΩΝ

1. Los indicadores económicos se derrocan. 

El lugar estaba desierto. La hora pasada. La alimentación poquísima. ¿A dónde iba a encontrar comida la multitud? –habían más de cinco mil- que habían seguido al Señor y ya empezaban a tener hambre… “No tenemos más que cinco panes y dos pescados”, dijeron los discípulos al Señor. ¡Pero qué es esto para tantos de miles de personas!…

Los discípulos del Señor, aunque habían visto tantos milagros Suyos no podían aún salirse de los límites estrechos y estrictos de la lógica, razón humana. Y mientras veían los problemas, no podían distinguir la fuerza, la bondad y la providencia de Cristo como garantía para la solución de estos.

Acertadamente señala san Crisóstomo: “puede ser el lugar fuera desierto, pero junto con vosotros está Él que alimenta toda la tierra”.

¡Cuántas veces nosotros también nos quedamos atrapados a la lógica dura y fría de los cálculos económicos! Contamos el dinero, los gastos, los préstamos, los alquileres… y nuestra mente queda parada. Clamamos ¡es imposible, no saldré! Y a pesar de eso nada es imposible para el omnipotente Dios. Igual que en el pasado, el Señor nos ha salvado de situaciones difíciles y realmente de callejones sin salida, lo mismo ahora también siempre tiene la fuerza de ayudarnos y hacer el milagro. Milagro, como este de alimentar tantos miles de personas en el desierto.

2. Quiénes son los dignos de la bendición de Dios

El Señor tomó los cinco panes y los dos pescados y levantó Sus ojos al cielo y agradeció a su Padre. Y cortando los panes, los ha dado a los discípulos y ellos a la multitud. “Y comieron y se saciaron todos” y lo que había sobrado lo recogieron, es decir, doce cestas llenas.

¡Todos comieron y se saciaron! Todos los que se encontraban junto al Señor. Todos aquellos que habían dejado sus ocupaciones diarias y corrieron al desierto para escuchar Su divina didascalía (enseñanza). Recibir la beneficiosa jaris de Sus milagros. Para ellos el Señor hizo el milagro. Mientras alimentó sus psiques con Su enseñanza y a continuación de modo admirable se ocupó sobre la comida material para ellos.

El Señor nos lo ha prometido: Aquel que se ocupa para lo espiritual, para la sanación y salvación de su psique, tendrá también las cosas materiales; no será privado de nada de lo necesario. “Pedid primero la realeza (estado en energía increada) de Dios y su justicia, y todo lo demás os será añadido” (Mt 6,33).

Que busquéis ante todo y sobre todo lo demás, los bienes espirituales de la Realeza increada de Dios y la adquisición de las virtudes que el Dios os pide y junto con esto se os dará también lo bienes terrenales que tenéis necesidad.

La asistencia regular a la Iglesia, nuestro estudio al logos de Dios, las manifestaciones de filantropía y caridad, no es un lujo para nuestras vidas. Es la primera prioridad. El resto, lo material, confiémoslo al filántropo Señor y Aquel nos las regalará en abundancia.

 

3. Atención al derroche

Es característico el detalle que se refiere hoy la lectura evangélica después del impresionante milagro de la multiplicación de los cinco panes: Y comieron todos, y se saciaron; y recogieron lo que sobró de los pedazos, doce cestas llenas.

Es digno de admirar el hecho que el Señor mientras concede en abundancia Sus donaciones, no quiere que nada se pierda. El Mismo ha mandado que recogieran los restos “para que no se perdiera nada” (Jn 5,12). Así nos ha dado una lección importantísimo de economía y respeto hacia el medio ambiente.

Es verdad si estuviéramos presentes en aquel milagro, ¿nos habríamos preocupado en recoger los restos o los dejaríamos tirados como sobras inútiles e innecesarias?… Desgraciadamente la verdad es que en los últimos años hemos seguido un modo de vivir profano y en despilfarro consumista, derrochador. Nos hemos acostumbrado tirar el pan a la basura o la comida del día anterior, la ropa, los calzados que han pasado de moda, los géneros que hemos llamado “de utilidad una e única” y no nos hemos interesado de sus reciclajes. Pero no pensamos que de todo esto que nosotros derrochamos, otros están privados y pasan hambre. Si no aprendemos vivir con el espíritu de economía, inevitablemente alguna vez puede que nos sean privados a nosotros también las cosas que hemos despilfarrado alocadamente. ¿Si acaso la crisis económica actual no es causa del despilfarro de vida que hemos seguido?…

Tiempo de reconsiderar nuestra manera de vivir. Concienciarnos que todas las cosas que disfrutamos son regalos, donaciones de Dios que debemos administrarlas con prudencia y sensatez para el bien de la totalidad.

Ο ΣΩΤΗΡ, sotir El Salvador

Fuente: ΑΚΤΙΝΕΣ

Traducido por: χΧ jJ