Domingo VIII de Lucas – El buen samaritano

DOMINGO 8º DE LUCA 10, 25-37. EL BUEN SAMARITANO

ΚΥΡΙΑΚΗ Η´ ΛΟΥΚΑ ι΄ 25-37 (ΤΟΥ ΚΑΛΟΥ ΣΑΜΑΡΕΙΤΟΥ)

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Lucas 10, 25-37

25 Y he aquí un intérprete de la ley se levantó y dijo, para probarle: Maestro, ¿haciendo qué cosa heredaré la vida eterna?

26 Él le dijo: ¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees?

27 Aquél, respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu psique-alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo. 

28 Y le dijo: Bien has respondido; haz esto, y vivirás. 

29 Pero él, queriendo justificarse a sí mismo, dijo a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo?

30 Respondiendo Jesús, dijo: Un hombre descendía de Jerusalén a

Jericó, y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron; e hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto. 

31 Aconteció que descendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole, pasó de largo. 

32 Asimismo un levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, pasó de largo. 

33 Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole, fue movido a misericordia;

34 y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole en su cabalgadura, lo llevó a la hospedería, y cuidó de él.

35 Otro día al partir, sacó dos denarios, y los dio al dueño de la hospedería, y le dijo: Cuídamele; y todo lo que gastes de más, yo te lo pagaré cuando regrese. 

36 ¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones? 

37 Él dijo: El que usó de misericordia con él. Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo.

 

DOMINGO 8º DE LUCA 10, 25-37. EL BUEN SAMARITANO

«Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo… Lc 10.37»

Εἶπεν οὖν αὐτῷ ᾽Ιησοῦς · πορεύου καὶ σὺ ποίει ὁμοίως. (Λουκ. 10, 37)

 

a. Una de las parábolas más conocidas del Señor, que se encuentra solo en el evangelista Lucas, es la parábola del buen samaritano, la cual leemos en la lectura evangélica de hoy. El Señor la narró en respuesta a la pregunta de un experto en la ley, un teólogo judío, que intentando ponerle en una situación incómoda —»tentándole»— le planteó, por un lado, la cuestión de cómo se gana la vida eterna, y, por otro lado, quién es el «prójimo» de una persona, cuando se reveló que preguntó algo que era ya conocido. El Señor no se extraña ni se resiente por la “mala astucia” del teólogo. Le contesta de forma natural y seria, pero conduciéndole a estar de acuerdo con la enseñanza del mismo Señor. Sin embargo, Su exhortación la sugerencia final hacia al teólogo no le deja ningún margen de reacción: Ve, y haz tú lo mismo.

b. 1. El Señor en principio llama a la movilización (despertar) al teólogo (experto en la ley), por consiguiente, a cada hombre, para que camine en su vida teniendo como modelo y ejemplo ell buen Samaritano. Su sugerencia no deja lugar que esté en una quietud, negligencia o una tortura y enredo dentro de sus pazos. La quietud y la negligencia no tienen relación con lo que es la voluntad de Dios, porque manifiestan situaciones que alteran la fisiología del hombre, la imagen de Dios, es decir, su creación. El hombre es movilización, movimiento, camino hacia adelante, creación, energía y acción. Si hay tantos semejantes nuestros que desgraciadamente sufren de tantos problemas, principalmente psicológicos, es porque han caído en la trampa del estancamiento y en el reciclaje siempre de sus propios pazos, principalmente de sus loyismí (conceptos, pensamientos simples o compuestos con fantasías, reflexiones, ideas). En otras palabras, viven de un modo “autista”, girando incesantemente desde el centro de sus propios yos. El Señor pues, en la persona del jurista intérprete de la ley llama a todos los hombres al camino hacia adelante sin echar la vista atrás.

2..Este camino no es incontrolado y sin propósito. El hombre no se hace digno con andar simplemente, sino andar correctamente. Y correctamente significa que: el modelo de vida que quiere el Dios se proyecta en la parábola del buen Samaritano. “Ve, y haz tú lo mismo”. Lo mismo, pero no como el cura o el levita, los sacerdotes del judaísmo; porque esta manera fue condenada por el mismo jurista experto de la ley: es la manera del egoísmo, la preferencia de los intereses personales frente a las necesidades reales de su prójimo, incluso la prioridad de una misión religiosa por encima de las necesidades de los demás –nadie niega que los sacerdotes concretos podrían encontrarse en una misión así. Lo mismo, pues, es con la forma de vida del Samaritano. Este estilo de vida es lo que se elogia y se considera que ha encontrado el camino de la vida eterna. ¿Y cuál es la cualidad de este camino? Igual que está obligado a confesar también el jurista de la ley: “El que usó de misericordia con él”. Es decir, la manera correcta que es justificada por el Dios es la αγάπη agapi (amor incondicional) hacia el prójimo. Tal y como se pone en la parábola, esta agapi es monódromo (camino único): fuera de la agapi, el hombre se pierde en caminos que le alejan de su relación con el Dios. Y esto quiere decir que, para encontrar a Dios, “la vida eterna”, debo encontrar a mi prójimo: actuando con misericordia con él”.

 

  1. La definición de la αγάπη agapi (amor incondicional) hacia el prójimo, como condición determinante y absoluta para la vida eterna, requiere, según la parábola, tres aclaraciones:

(1) El otro, el prójimo, no es el hombre que pertenece a una comunidad concreta o un grupo específico, según el tipo condenado de la versión judía: de los Fariseos por ejemplo que consideraban prójimo sólo los conocedores de la ley judáica; por lo tanto los pobres y los analfabetos estaban fuera del concepto de ellos, o los Eseos que consideraban como prójimo sólo la los de su propia comunidad, o incluso de los judíos simples, comunes que negaban el concepto de prójimo para los no judíos. Prójimo, según el prototipo o modelo del Samaritano, es cualquier semejante, independientemente de la raza, la religión y la clase social, porque el hombre que ama se convierte en prójimo del otro. Demostración de esto es el hecho que el Señor invierte la pregunta al jurista de la ley: de su redacción pasiva –“quién es mi prójimo” –la convierte en redacción activa: que yo me vaya convirtiendo o metamorfoseando en prójimo del otro.

(2) Así la agapi hacia cualquier semejante tiene la característica de sacrificio. Ante la necesidad del otro, la voluntad de Dios requiere actitud personal, tal vez pérdida de nuestro tiempo, de nuestra comodidad, de nuestros recursos necesarios, continua atención y ofrecimiento de nuestro dinero. Es decir, lo que demostró el Samaritano. Se trata de la verdadera agapi (amor incondicional, desinteresado), por la que habló el Señor con logos claro fuera de las parábolas: “Esta es la verdadera agapi, amaos los unos a los otros”. Es la agapi que Él Mismo vivió y le ha subido a la Cruz, hecho que se recalca también por la interpretación alegórica de la parábola, que según ella, el Samaritano es el mismo Cristo.

(3) Es evidente que la agapi con los datos anteriores, no es una teoría o palabras, sino praxis (acciones y hechos). “El que usó de misericordia con él”, dice, y “ve, y haz tú lo mismo”. Mientras uno permanece en palabras, incluso con buena disposición real, no ha tocado la agapi verdadera. “No todo el que me llama Señor, Señor entrará a la realeza increada de Dios, sino el que hace la voluntad de mi padre de los cielos”.

4. Pero agapi hacia el prójimo que justifica al que la ejerce está, según la lectura evangélica, conectada y unida con la agapi (amor, energía increada) a Dios. El Señor calificó correcta la respuesta del jurista de la ley, cuando se refirió a la esencia del logos de Dios en el Antiguo Testamento: “Amarás a Dios con toda tu psique-alma, con toda la fuerza de tu voluntad y con toda tu diania (mente, intelecto), y también a tu prójimo como a ti mismo”. Es decir, la agapi tiene doble dimensión: hacia Dios y hacia al prójimo. Él mismo así puso y ordenó las cosas: “Si me amáis, aplicad y cumplid mis logos, mandamientos”. Y como Su mandamiento principal es “amaos los unos a los otros”, entonces amamos a Cristo si amamos también a los demás, como si amamos a los demás amamos a Cristo. Elegir uno de estos amores en detrimento del otro significa una doble perversión. Es de tal importancia esto que el mismo san Juan el Teólogo apunta que: “el que sostiene que ama a Dios y odia a su prójimo, es un mentiroso”. Y a la inversa: “Amamos al prójimo cuando amamos a Dios aplicando y cumpliendo Sus logos o mandamientos”.

c. La parábola del buen Samaritano requiere aceptación y valentía de la psique-alma y la decisión de obediencia hasta la muerte. Estudiándola, desgraciadamente comprobamos nuestra desnudez y pobreza espiritual. Porque, ¿qué es lo que comprobamos en la vida de la mayoría de nosotros? Tener y seguir una vida fácil y un cristianismo cómodo de enchufe, que tiene como modelo o prototipo más bien el modo de vida del sacerdote y del levita en vez del Samaritano. El Señor quiere algo de nuestra vida. Quiere toda nuestra vida entera. Él nos ha dado y nos da Su propia vida, principalmente a través del misterio de la Divina Efjaristía, se parte de agapi para nosotros y pide el correspondiente modo de vida. Su comportamiento, tal y como se ve de manera cristalina en el comportamiento del Samaritano, no deja lugar a dudas y ninguna malinterpretación. ¿Tal vez, cuántos aguantamos en ser buenos cristianos? ¿Cuántos, por lo menos, cuando vemos nuestra pequeñez, giramos hacia nuestro interior y lloramos por nuestra desgracia y miseria? ¿Cómo podemos pedir la misericordia de Dios para nosotros si no mostramos misericordia hacia los demás? Amén.

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παπα Γιώργης Δορμπαράκης      Padre Jorge Dorbarakis

Traducido por: χΧ jJ  logosortodoxo.es/  (en español)

 

La grandeza de la divina agapi.

La αγάπη agapi del Samaritano nos manda claramente a la agapi (amor, energía increada) de Dios. Esta agapi increada fue apocaliptada=revelada con el sacrificio a la Cruz para sanar y salvar al hombre. Desde este punto de vista y la interpretación simbólica de la parábola: el buen samaritano es el Cristo. Este que ha caído en la trampa de los ladrones es el hombre que se destruye por el pecado que le deja “medio-muerto”. La hospedería es la Iglesia, que emerge como el arca de Noé para nuestra psicoterapia, sanación y salvación. El aceite y el vino son los misterios de nuestra madre Iglesia. Los dos denarios con los que el buen Samaritano pagó a la pensión, son el Antiguo y el Nuevo Testamento. El buen Samaritano, el Cristo, revela que la agapi del hombre no debe tener límites ni limitaciones, sino que sea extendida sin condiciones hacia todos los hombres. Es aquella agapi la que sana y salva porque realmente derogó la muerte y ofreció a los hombres la vida eterna.

Especialmente en la época actual, en la que vemos que el hombre está dominado por un espíritu de deshumanización hacia el prójimo, la agapi tal y como se revela auténticamente por el mismo Señor, permanece el único criterio para liberarnos de cualquier crisis y principalmente permitiéndonos a nosotros mismos brillar como “imagen de Dios”, con toda nobleza que esto implica. La agapi de esta forma es la esencia de la vida, el cimiento de la Iglesia, la que, según san Ignacio el Teóforo, emerge como unidad de la fe y de la agapi. La fe y la esperanza enseñan al hombre a no ser esclavizado y dominado por los bienes materiales. La agapi por su parte, como lo afirma san Diádoco de Fótica, une la psique con las virtudes o cualidades de Dios. ver aquí: https://logosortodoxo.es/filocalia/100-capitulos-practicos-san-diadoco-de-fotica/ 

Queridos hermanos, estamos en una época que hace al hombre sentir gran inseguridad e incertidumbre, en unos tiempos que el hombre vive los continuos desengaños de los pilares, sostenes que él mismo estableció en su vida, pero la agapi (amor, energía increada) de Dios es la que sana y salva el mundo. Sin embargo, esta agapi necesita expresarse. Estamos llamados a expresarla diariamente y hacerla irradiar en nuestra existencia de la que surge la esperanza. Esto significa que nuestro giro, enfoque hacia al otro no debe permanecer en teoría y palabras huecas, sino que se metamorfosee en movimiento que abarca y abraza toda nuestra existencia y sea revelada como reconciliación, perdón, aceptación, bondad, benevolencia, nobleza, reciprocidad, mansedumbre, tolerancia y verdadera αγάπη agapi.

 

Jristakis Efstazíu, Teólogo-Iglesia de Chipre

Χριστάκης Ευσταθίου, Θεολόγος- Εκκλησία Κύπρου

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Traducido por: χΧ jJ  logosortodoxo.es/  (en español)

Domingo VII de Lucas – No temas; cree solamente…

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DOMINGO VII DE LUCA 8,41-56

41 Entonces vino un varón llamado Jairo, que era principal de la sinagoga, y postrándose a los pies de Jesús, le rogaba que entrase en su casa;

42 porque tenía una hija única, como de doce años, que se estaba muriendo. Y mientras iba, la multitud le apretaba. 

43 Pero una mujer que padecía de hemorragias desde hacía doce años, y que había gastado en médicos todo cuanto tenía, y por ninguno había podido ser curada;

44 se le acercó por detrás y tocó el borde de su manto; y al instante se detuvo la hemorragia. 

45 Entonces Jesús dijo: ¿Quién es el que me ha tocado? Y negando todos, dijo Pedro y los que con él estaban: Maestro, la multitud te aprieta, y dices: ¿Quién es el que me ha tocado? 

46 Pero Jesús dijo: Alguien me ha tocado; porque yo he conocido que ha salido fuerza y energía de mí. 

47 Entonces, cuando la mujer vio que no había quedado oculta, vino temblando, y postrándose a sus pies, le declaró delante de todo el pueblo por qué causa le había tocado, y cómo al instante había sido sanada. 

48 Y él le dijo: Hija, tu fe te ha sanado y salvado; vete en paz. 

49 Estaba hablando aún, cuando vino uno de casa del principal de la sinagoga a decirle: Tu hija ha muerto; no molestes más al Maestro. 

50 Oyéndolo Jesús, le respondió: No temas; cree solamente, y será curada. 

51 Entrando en la casa, no dejó entrar a nadie consigo, sino a Pedro, a Jacobo, a Juan, y al padre y a la madre de la niña. 

52 Y lloraban todos y hacían lamentación por ella. Pero él dijo: No lloréis; no está muerta, sino que duerme. 

53 Y se burlaban de él, sabiendo que estaba muerta. 

54 Entonces él, tomándola de la mano, clamó diciendo: Muchacha, levántate. 

55 Entonces su espíritu volvió, e inmediatamente se levantó; y él mandó que se le diese de comer. 

56 Y sus padres estaban atónitos; pero Jesús les mandó que a nadie dijesen lo que había sucedido.

 

«No temas; cree solamente…μὴ φοβοῦ· μόνον πίστευε»

a. La lectura evangélica de hoy nos describe un doble milagro del Señor: primero la resurrección de la hija del sumo sacerdote Jairo; puesto que el Señor correspondió a la petición de él para ir a su casa; en primer lugar para curar a su hija, esto muestra que es el Señor de la vida y la muerte; y en segundo lugar, entre tanto hasta llegar allí, una mujer con hemorragia la cura de una manera desconocida para muchos. Sólo cuando revela la “fuerza salida” de Él, entonces la mujer curada se presentará ante Él templando, para mostrar su terapia y recoger esto: “tu fe te ha sanado”.

Uno podría decir que a nivel psicológico y espiritual, el Señor realiza también un tercer milagro, cuando se dirige al padre trágico que se está derrumbando por la noticia de la muerte de su hija, y le eleva diciéndole el logos no natural por los incidentes del momento: “No tengas miedo; cree solamente y tu hija se sanará y se salvará”.

b.1 “No temas”. Este mensaje del Señor realmente se puede considerar como paradójico y no natural, debido a los acontecimientos del momento. Porque lo más normal para un padre que oye la muerte de su hijo es quedarse helado y sintiendo que se está derrumbando. El miedo que parece que tiene es la reacción de cada humano que se encontraría en situación parecida. Con el hecho de que la naturaleza humana común vive relativamente los mismos problemas y alegrías en este mundo, podemos comprender que el trágico padre en aquel momento podría sentirse que le estaba tragando la tierra. Y que cualquier seguridad que podría tener estaba derrumbándose y se está introduciendo en las redes mortales de la misma muerte. La muerte viene cara a cara con él, mediante su propia extensión que es la misma hija. El padre Jairo en el momento de la noticia de la muerte de su hija estaría viviendo la absoluta soledad del hombre perdido y sin sostén alguno cayéndose al vacío, por consiguiente vivió el sentimiento del infierno. De hecho, ¿qué otra cosa es el infierno que el sentido y sentimiento del vacío absoluto y la absoluta soledad?

2. El Señor como conocedor de todo y de los corazones, diagnostica inmediatamente la tragedia de Jairo. Era el único en el mundo que podía conocer exactamente qué significa miedo, temor. Porque es el creador del mundo y del hombre, a quien le ha creado a Su imagen y semejanza, por lo tanto dotado de sus dones, sus jaris (energías y fuerzas increadas), aunque sea en forma espermática o esperma, para que el miedo no domine su existencia. Mientras el hombre estaba unido a Dios, viviendo en obediencia y alegría en Él, el miedo no existía. Desgraciadamente el miedo fue introducido en su vida desde el momento de su desobediencia al Señor, su Dios, es decir, fue una recompensa que recibió a causa de su pecado. La Santa Escritura desde el principio, con el libro del Génesis, nos da esta dimensión: “escuché tu voz y tuve miedo”. Este miedo como fruto del pecado, no era solamente en la relación con el Dios, sino afecta también todas las relaciones del hombre; en otras palabras, el hombre tiene miedo al otro hombre –el otro no es amigo y hermano, sino el enemigo (rival) y su amenaza- y la naturaleza ya se hace enemiga hacia él. En un grado puede ser que el miedo le haya ayudado para que a partir de entonces se encuentre en una constante alerta y movilidad, descubriendo cosas para su sobrevivencia, por lo tanto, culturalmente crear, pero no deja de ser resultado del pecado, es decir, de una situación anormal y no natural del hombre.

3. Pero si el Señor era y es el único que puede diagnosticar los sentimientos humanos negativos de lo más profundo del interior, es también el único que puede ayudar esencial y efectivamente para superarlos. Y esta superación no se hace de manera negativa, sino excelentemente de modo positivo. La presencia de Dios al hombre siempre es acompañada por este mensaje: “no temas”, “no tengáis miedo”, en esto existe la orientación y el empuje positivo: “cree solamente”. En otras palabras, para el Señor, la verdad y la superación del miedo se realiza allí donde se abre la inmensidad de la fe, incluso del miedo irracional e impuesto, como es la fobia. Y no de una fe cualquiera, sino de esta que está vinculada con Su persona; es decir, la aceptación del Mismo como Sanador, Salvador y Redentor del hombre. El hombre que después de la venida de Cristo creerá en Él y Le vivirá dentro en Su cuerpo vivo la Iglesia, comprobará empírica y visiblemente que no tiene miedos, mucho más, ni fobias. Mejor dicho, cualquier miedo puede superarlo, conociendo que como miembro de Cristo se encuentra dentro en Él la Providencia diaria, no solamente en Sus brazos, sino al centro de Su “corazón”. Ya que el Señor lo ha afirmado, se ocupa hasta por los pajaritos y las pequeñísimas hierbas, ¿cómo no se va a ocupar de nosotros que somos a imagen y semejanza de Él?, mucho más válido es esto para nosotros que somos Su imagen y semejanza; y sobre todo Sus fieles bautizados y crismados; es decir, los que están incorporados en Su Cuerpo santo, los revestidos de Él Mismo.

4. Esta profunda verdad que se convierte en experiencia de vida por el fiel, hizo exclamar a san Crisóstomo, como si fuera el mismo Señor dentro de él: “dice el Cristo, YoSoY el Padre, YoSoY el hermano, el novio, la casa, el alimento, la prenda, la raíz, el cimiento, todo lo que quieres YoSoY… YoSoY el amigo, el miembro, la cabeza, el hermano, la hermana y la madre; todo YoSoY”. Si tuviéramos ojos espirituales abiertos, veríamos que estamos inundados continuamente de la luz increada, la verdad, la vida y la agapi. ¡Veríamos en nosotros mismos, en cada semejante y en toda la creación la bondadosa presencia de Dios! Y no sólo esto. Podríamos sentir la presencia beneficiosa también de nuestro ángel guardián en nuestras psiques-almas y cuerpos. Porque el Dios, desde el momento que nos hemos bautizado, nos ha puesto un ángel guardián luminoso que nos protege. En cada víspera decimos: “Rodéanos de santos ángeles”, y a continuación “Ángel Santo protector y guardián de mi pobre psique y vida, protégeme de todo mal, tú que eres el guardián de mi psique y cuerpo”.

Por eso, finalmente, nadie puede dañar al cristiano, sea bestia, sea hombre maligno o el mismo jefe del mal, el diablo. Porque tiene como protector todo el mundo de los ángeles, pero principalmente a Cristo y Sus santos. “Si el Dios está con nosotros, ¿quién puede estar contra nosotros”, clamará el apóstol Pablo.  No es una exageración, pues, lo que leemos en nuestros Padres, como por ejemplo en Isaac el Sirio: “Que no te perturbe para nada el loyismós (pensamiento, reflexión, idea) del miedo…sino sólo cree que tienes como guardián al mismo Dios que está contigo, y la certeza sobre esto, pues, que te informe tu conciencia, de que tú junto con toda la creación sois sirvientes del mismo soberano, Quien sólo con un guiño Suyo mueve, remueve, domeña y previene para todo; y ningún sirviente puede dañar y perjudicar a ninguno sin que lo permita Aquel que provee y gobierna todo. Ya que ni los demonios, ni las bestias dañinas, ni los hombres malos con su mala voluntad pueden para la extinción y pérdida del otro, si el gobernante Dios no lo quiere. Sino cuando quiere pone a estos también los límites en cuanto deben dañar y perjudicar”.

c) Para el verdadero cristiano pues, el miedo actúa pero no tiene la fuerza de dominarle. Mucho más, el cristiano no deja espacio en su interior para que sea desarrollada cualquier fobia, como hemos dicho, irracional o impuesta. Basta que haya la condición que pone el Señor: la fe en Él. El Señor lo ha dejado claro: el antídoto del miedo es la fe. “No tengas miedo, solamente cree”, dijo a Jairo, lo mismo dice también a cada cristiano de nuestra época. Y en otra parte dijo: “No se atormenten y asusten en vuestros corazones. Creed en Dios y en mí”. Y se entiende que junto con la fe está también la agapi (amor desinteresado). Porque sólo entonces la fe está viva. “Fe operada por la agapi”, según el apóstol Pablo. Por lo tanto, mientras creo y amo, tanto menos miedo tengo. El evangelista de la agapi Juan, nos dirá: “En la agapi no existe el miedo”, y “porque la perfecta agapi expulsa al miedo”. Lo que nos produce miedo y parece que nos paraliza en el interior, veámoslo dentro de Dios y bajo Su mirada paternal. Inmediatamente volverá a sus dimensiones fisiológicas. Y probablemente entonces nos convertiremos nosotros también partícipes del mismo milagro que vivió Jairo. Amín.

Padre Jorge Dorbarakis

Fuente: ΑΚΟΛΟΥΘΕΙΝ

Traductor: xX.jJ

 

Los Santos Cánones Apostólicos sobre el Ecumenismo

 

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LOS SANTOS CÁNONES QUE IMPIDEN Y CASTIGAN A LOS QUE ESTÁN EN COMUNIÓN Y ORAN CONJUNTAMENTE CON LOS HERÉTICOS

 (Hagamos nuestra reflexión para ver si cumplimos y obedecemos estos santos cánones, algunos escritos por los mismos Apóstoles, y en Espíritu Santo, no son invenciones humanas.

En letra minúscula es el original del antiguo heleno y en letra mayúscula en griego actual, traducido por Konstantino Ikonomu, maestro, escritor y discípulo del gran Yérontas Mitilineos).

 

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Cánon 45 de los Santos Apóstoles

Si un Obispo, Presbítero o Diácono, se reúne y reza conjuntamente con los heréticos o si ha permitido a los heréticos a orar conjuntamente, que sea cesado y excomulgado; si un obispo ha dado permiso a un cura reunirse y hacer oración conjunta con los heréticos, también que sea cesado (despedido) de sus funciones.  

Κανών ΜΕ΄ τῶν Ἁγίων Ἀποστόλων

Ἐπίσκοπος ἤ Πρεσβύτερος ἤ Διάκονος αἱρετικοῖς συνευξάμενος, μόνον, ἀφοριζέσθω, εἰ δέ ἐπέτρεψεν αὐτοῖς, ὡς Κληρικοῖς ἐνεργῆσαι τι, καθαιρείσθω. 

ΑΝ ΕΝΑΣ ΕΠΙΣΚΟΠΟΣ Ή ΙΕΡΕΑΣ Η ΔΙΑΚΟΝΟΣ ΠΡΟΣΕΥΧΕΤΑΙ ΜΑΖΙ ΜΕ ΑΙΡΕΤΙΚΟΥΣ Ή ΕΑΝ ΕΠΕΤΡΕΨΕ ΑΥΤΟΥΣ (ΤΟΥΣ ΑΙΡΕΤΙΚΟΥΣ ΝΑ ΣΥΜΠΡΟΣΕΥΧΗΘΟΥΝ) ΝΑ ΚΑΘΕΡΕΙΤΑΙ. ΑΝ (ΔΗΛΑΔΗ) ΕΝΑΣ ΕΠΙΣΚΟΠΟΣ ΕΔΩΣΕ ΑΔΕΙΑ ΣΕ ΙΕΡΕΑ ΝΑ ΣΥΜΠΡΟΣΕΥΧΗΘΕΙ ΜΕ ΑΙΡΕΤΙΚΟΥΣ ΚΙ ΑΥΤΟΣ ΝΑ ΚΑΘΑΙΡΕΙΤΑΙ (ΔΗΛΑΔΗ ΝΑ ΠΑΥΕΤΑΙ ΤΩΝ ΚΑΘΗΚΟΝΤΩΝ ΤΟΥ)

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Canon 65 de los Santos Apóstoles.

Si un clérigo o laico entra en una sinagoga hebrea o herética, para orar junto con ellos se excomulga (y el clérigo se cesa).

Κανών ΞΕ΄ τῶν Ἁγίων Ἀποστόλων

Εἴ τις Κληρικός ἤ Λαϊκός εἰσέλθοι εἰς συναγωγήν Ἰουδαίων, ἤ αἱρετικῶν προσεύξασθαι, καί καθαιρείσθω καί ἀφοριζέσθω.

ΑΝ ΚΛΗΡΙΚΟΣ Ή ΛΑΪΚΟΣ ΜΠΕΙ ΣΕ ΕΒΡΑΪΚΗ ΣΥΝΑΓΩΓΗ Ή ΣΕ “ΕΚΚΛΗΣΙΑ” ΑΙΡΕΤΙΚΩΝ ΓΙΑ ΝΑ ΠΡΟΣΕΥΧΗΘΕΙ ΑΦΟΡΙΖΕΤΑΙ (Ο ΚΛΗΡΙΚΟΣ ΚΑΘΑΙΡΕΙΤΑΙ).

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 Canon 6 del Sínodo de Laodicea

Que no sea permitido a los heréticos venir a la casa de Dios, si aún persisten en su herejía. 

ΚανώνΣΤ΄ τῆς ἐν Λαοδικείᾳ

Περί τοῦ μή συγχωρεῖν τοῖς αἱρετικοῖς συνιέναι εἰς τόν οἶκον τοῦ Θεοῦ, ἐπιμένοντας τῆ αἱρέσει. 

ΝΑ ΜΗΝ ΕΠΙΤΡΕΠΕΤΑΙ ΣΕ ΑΙΡΕΤΙΚΟΥΣ ΝΑ ΕΡΧΟΝΤΑΙ ΣΤΟΝ ΟΙΚΟ ΤΟΥ ΘΕΟΥ, ΟΤΑΝ ΕΠΙΜΕΝΟΥΝ ΣΤΗΝ ΑΙΡΕΣΗ ΤΟΥΣ.

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Canon 9 del Sínodo de Laodicea

 Que no sean perdonados los miembros de la Iglesia Ortodoxa, cuando co-participan en “MISTERIOS” (o Sacramentos) de heréticos por razones de terapia u oración, y que permanezcan excomulgados (sin tomar la Divina Efjaristía o Comunión). Pero cuando se han confesado y arrepentido de su error pueden volver a ser comulgantes, partícipes (es decir, volver a tomar parte de los divinos Misterios, la Divina Efjaristía, etc.) 

Κανών  Θ΄ τῆς ἐν Λαοδικείᾳ

Περί τοῦ μή συγχωρεῖν εἰς τά κοιμητήρια, ἤ εἰς τά λεγόμενα μαρτύρια πάντων τῶν αἱρετικῶν ἀπιέναι τούς τῆς Ἐκκλησίας, εὐχῆς ἤ θεραπείας ἓνεκα, ἀλλά τούς τοιούτους, ἐάν ὦσι πιστοί, ἀκοινωνήτους γίνεσθαι μέχρι τινός, μετανοοῦντας δέ, καί ἐξομολογουμένους ἐσφάλθαι, παραδέχεσθαι.

ΝΑ ΜΗΝ ΣΥΓΧΩΡΟΥΝΤΑΙ ΤΑ ΜΕΛΗ ΤΗΣ ΟΡΘΟΔΟΞΟΥ ΕΚΚΛΗΣΙΑΣ ΟΤΑΝ ΣΥΜΜΕΤΕΧΟΥΝ ΣΕ “ΜΥΣΤΗΡΙΑ” ΑΙΡΕΤΙΚΩΝ ΓΙΑ ΛΟΓΟΥΣ ΘΕΡΑΠΕΙΑΣ Ή ΠΡΟΣΕΥΧΗΣ ΚΑΙ ΝΑ ΜΕΝΟΥΝ ΑΚΟΙΝΩΝΗΤΟΙ. ΌΤΑΝ ΟΜΩΣ ΕΞΟΜΟΛΟΓΗΘΟΥΝ ΤΟ ΣΦΑΛΜΑ ΤΟΥΣ ΚΑΙ ΜΕΤΑΝΟΗΣΟΥΝ, ΜΠΟΡΟΥΝ ΝΑ ΓΙΝΟΥΝ ΞΑΝΑ ΚΟΙΝΩΝΟΙ (ΤΗΣ Θ. ΚΟΙΝΩΝΙΑΣ, ΚΛΠ)

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Canon 32 del Sínodo Laodicea

 No deben los cristianos Ortodoxos pedir y tomar bendiciones de ningún herético, que más bien son tonterías, necedades que bendiciones reales.

Κανών ΛΒ΄ τῆς ἐν Λαοδικείᾳ

ὃτι οὐ δεῖ αἱρετικῶν εὐλογίας λαμβάνειν, αἳτινές εἰσι ἀλογίαι μᾶλλον, ἤ εὐλογίαι. 

ΔΕΝ ΠΡΕΠΕΙ ΝΑ ΠΑΙΡΝΟΥΜΕ ΕΥΛΟΓΙΑ ΑΠΟ ΑΙΡΕΤΙΚΟΥΣ ΓΙΑΤΙ ΠΡΟΚΕΙΤΑΙ  ΓΙΑ  ΑΛΟΓΙΑ (ΠΑΡΑΛΟΓΙΣΜΟΣ) ΚΙ ΟΧΙ ΠΡΑΓΜΑΤΙΚΗ ΕΥΛΟΓΙΑ.

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Canon 33 del Sínodo de Laodicea

No deben los ortodoxos orar, rezar conjuntamente con heréticos o cismáticos. (Por muchos teólogos ortodoxos los papistas son considerados como cismáticos y no como heréticos.)

Κανών ΛΓ΄ τῆς ἐν Λαοδικείᾳ

ὃτι οὐ δεὶ αἱρετικοῖς ἤ σχισματικοῖς συνεύχεσθαι. 

ΟΧΙ ΣΥΜΠΡΟΣΕΥΧΗ ΜΕ ΑΙΡΕΤΙΚΟΥΣ Ή ΣΧΙΣΜΑΤΙΚΟΥΣ {ΑΠΟ ΠΟΛΛΟΥΣ ΟΡΘΟΔΟΞΟΥΣ ΘΕΟΛΟΓΟΥΣ ΟΙ ΠΑΠΙΚΟΙ ΘΕΩΡΟΥΝΤΑΙ ΣΧΙΣΜΑΤΙΚΟΙ ΚΙ ΟΧΙ ΑΙΡΕΤΙΚΟΙ].

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 Canon 34 del Sínodo de Laodicea

 No deben los Ortodoxos abandonar los Mártires de Cristo (de la Ortodoxia) y vayan con los pseudo-mártires y testigos de los heréticos o de los que se han convertido en heréticos. Porque entonces se encuentran separados y ajenos de Dios. Que tengan anatema o sean anatemtizados los que se van con ellos.

Κανών ΛΔ΄ τῆς ἐν Λαοδικείᾳ

ὃτι οὐ δεῖ πάντα Χριστιανόν ἐγκαταλείπειν Μάρτυρας Χριστοῦ καί ἀπιέναι πρός τούς ψευδομάρτυρας, τοῦτ᾿ ἔστιν αἱρετικῶν, ἤ αὐτούς πρός τούς προειρημένους, αἱρετικούς γινομένους. οὖτοι γάρ ἀλλότριοι τοῦ Θεοῦ τυγχάνουσιν. ἔστωσαν οὖν ἀνάθεμα οἱ ἀπερχόμενοι πρός αὐτούς. 

ΔΕΝ ΠΡΕΠΕΙ ΟΙ ΠΙΣΤΟΙ ΝΑ ΑΦΗΝΟΥΝ ΤΟΥΣ ΜΑΡΤΥΡΕΣ (ΤΗΣ ΟΡΘΟΔΟΞΙΑΣ) ΚΑΙ ΝΑ ΠΑΝΕ ΣΤΟΥΣ ΨΕΥΤΙΚΟΥΣ ΜΑΡΤΥΡΕΣ ΤΩΝ ΑΙΡΕΤΙΚΩΝ Ή ΤΟΥΣ ΜΑΡΤΥΡΕΣ ΠΟΥ ΕΓΙΝΑΝ ΑΙΡΕΤΙΚΟΙ. ΓΙΑΤΙ ΤΟΤΕ ΒΡΙΣΚΟΝΤΑΙ ΞΕΝΟΙ (ΑΛΛΟΤΡΙΟΙ} ΤΟΥ ΘΕΟΥ. ΑΣ ΕΧΟΥΝ ΤΟ ΑΝΑΘΕΜΑ ΑΥΤΟΙ ΠΟΥ ΠΑΝΕ Σ ΑΥΤΟΥΣ.

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Canon 37 del Sínodo de Laodicea

No debe el Ortodoxo recibir como regalos festivos (costumbres viejas o quizás regalos), las que les ofrecen los judíos o los heréticos, ni co-festejar junto con ellos. 

Κανών ΛΖ΄ τῆς ἐν Λαοδικείᾳ

ὃτι οὐ δεῖ παρά τῶν Ἰουδαίων ἤ αἱρετικῶν τά πεμπόμενα ἑορταστικά λαμβάνειν, μηδέ συνεορτάζειν αὐτοῖς. 

ΔΕΝ ΠΡΕΠΕΙ ΝΑ ΠΑΙΡΝΟΥΜΕ ΤΑ ΕΟΡΤΑΣΤΙΚΑ [ΠΑΛΙΕΣ ΣΥΝΗΘΕΙΕΣ Ή ΙΣΩΣ ΔΩΡΑ] ΑΠΟ ΙΟΥΔΑΙΟΥΣ Ή ΑΙΡΕΤΙΚΟΥΣ, ΟΥΤΕ ΝΑ ΓΙΟΡΤΑΖΟΥΜΕ ΜΑΖΙ ΤΟΥΣ. 

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Canon 8 de san Timoteo de Alejandría

Pregunta: ¿Puede el clérigo orar cuando están presentes los arrianos u otros heréticos? ¿O no pasa nada, aún cuando el sacerdote celebra la Divina Liturgia o cualquier otro misterio en la Iglesia?

Respuesta: Cuando en la Divina Liturgia, antes del saludo o abrazo, el diácono dice: “Los que no están en comunión que salgan; a partir de allí no deberán permanecer, al no ser que se hayan comprometido que se marcharán de la herejía.

Κανών Θ΄ Ἁγίου Τιμοθέου Ἀλεξανδρείας 

Ἐρώτησις: Εἰ ὀφείλει ὁ κληρικός εὔχεσθαι, παρόντων Ἀρειανῶν, ἤ ἄλλων αἱρετικῶν; ἤ οὐδέν αὐτῶν βλάπτει, ὁπόταν αὐτός ποιῆ  τήν εὐχήν  ἤγουν τήν προσφοράν;

ΜΠΟΡΕΙ Ο ΙΕΡΕΑΣ ΝΑ ΠΡΟΣΕΥΧΕΤΑΙ ΜΕ ΠΑΡΟΝΤΕΣ ΑΡΕΙΑΝΟΥΣ Ή ΑΛΛΟΥΣ ΑΙΡΕΤΙΚΟΥΣ; Ή ΤΙΠΟΤΕ ΔΕΝ ΠΕΙΡΑΖΕΙ, ΑΚΟΜΗ ΚΙ ΑΝ Ο ΙΕΡΕΑΣ ΚΑΝΕΙ ΤΗΝ ΠΡΟΣΚΟΜΗΔΗ [ ΕΝΝ. Ή ΆΛΛΗ ΟΠΟΙΑΔΗΠΟΤΕ ΑΚΟΛΟΥΘΙΑ ΜΥΣΤΗΡΙΟΥ ΤΗΣ ΕΚΚΛΗΣΙΑΣ};

Ἀπόκρισις: Ἐν τῆ θείᾳ ἀναφορᾶ ὁ Διάκονος προσφωνεῖ πρό τοῦ ἀσπασμοῦ. “Οἱ ἀκοινώνητοι περιπατήσατε”. Οὐκ ὀφείλουσιν οὖν παρεῖναι, εἰ μή ἄν ἐπαγγέλωνται μετανοοεῖν  καί ἐκφεύγειν τήν αἳρεσιν.

 ΟΤΑΝ ΚΑΤΑ ΤΗ ΔΙΑΡΚΕΙΑ ΤΗΣ ΘΕΙΑΣ ΛΕΙΤΟΥΡΓΙΑΣ, ΠΡΙΝ ΤΟΝ ΑΣΠΑΣΜΟ (ΦΙΛΗΜΑ) Ο ΔΙΑΚΟΝΟΣ ΛΕΕΙ: “ΟΙ ΑΚΟΙΝΩΝΗΤΟΙ ΠΕΡΙΠΑΤΗΣΑΤΕ”, ΑΠΟ ΤΟΤΕ ΚΑΙ ΠΕΡΑ ΔΕΝ ΠΡΕΠΕΙ ΝΑ ΠΑΡΑΜΕΝΟΥΝ, ΕΚΤΟΣ ΑΝ ΕΧΟΥΝ ΥΠΟΣΧΕΘΕΙ ΟΤΙ ΘΑ ΦΥΓΟΥΝ ΑΠΟ ΤΗΝ ΑΙΡΕΣΗ.

Πηδάλιον Ἁγίου Νικοδήμου Ἁγιορείτου

Pidalion de san Nicodemo el Aghiorita

 

 

La visión ortodoxa de la noción del tiempo

 

Jronos

 

        Χρόνος (jronos): cronos, tiempo, año, según el contexto. En castellano está la palabra cronómetro que proviene del griego, que es el aparato de medir el tiempo.

Por la jaris del Dios Triádico, hemos entrado al año nuevo. Junto con nuestras esperanzas y expectativas para el nuevo año, estos días nos llena la psique el problema razonable sobre la fluidez del tiempo. Y eso porque el tiempo junto con «su hermano gemelo el espacio», según el memorable san Justino Pópovits, constituyen dos yugos pesados del hombre en toda su vida terrenal; los cuales limitan su anhelo insaciable sobre lo absoluto.
El concepto del tiempo es un caso misterioso, muy antiguo para el hombre. Ninguna otra criatura tiene el sentido del flujo del tiempo, y como no la capacidad de medirlo, sino sólo el hombre. Solamente el hombre fue dotado del Creador Dios con lógica, gracias a la cual supera el estado instintivo, que es común en todas las criaturas vivientes, y asciende así a la esfera de la reflexión filosófica.

     Él, desde muy antiguo, con base a la movilidad perpetua y los cambios del ambiente natural, captó el concepto del flujo del tiempo. El espacio y el movimiento de las existencias materiales le inquietaban y le llenaban su psique de admiración y muchas preguntas. El fenómeno más importante que le fascinaba era la alternancia del día y la noche, lo cual fue la primera medición del tiempo. El espacio del día fue cronometrado también con base el movimiento del sol. Según su posición en el firmamento celeste, se determinaba también el cronos-tiempo del día. El total de los días y noches en relación con el ciclo solar determinó el tiempo del año.

       La captación y determinación de la noción del tiempo está pues vinculado estrictamente con la posición del movimiento del ambiente material del cosmos; y tiene también relación directa con la volatilidad de la creación material. Esto lo había captado primero el gran filósofo Heleno, Heráclitos (580-490 aC); quien había resumido todo su pensamiento sobre el tiempo en su frase proverbial: «Todo fluye». El mundo fue ordenado por el Dios Creador no ser estático, sino que se encuentre en continua metábole (cambio) y movimiento, en un flujo constante que le conduce a su propósito definitivo, teleológico.

     El hombre es una parte integral de la creación divina. Por igual que ella, él también está sujeto al flujo cósmico, que el mismo lo llamó χρόνο (c-jrono, tiempo). Para poder expresar mejor esta noción fina, la incluyó dentro de sus representaciones mitológicas. En los Hindús el tiempo se representa con la perpetua danza cósmica circular del catastrófico y creador dios Siva. Para los antiguos egipcios, la diosa del cielo nocturno Nut, cada noche tragaba al sol, lo digería y por la mañana lo vomitaba al oriente, esto era un proceso perpetuo del tiempo circular. Los indios de la raza Micmac de la época precolombina de América, la noción del tiempo tenía un carácter mágico, le percibían como un presente continuo.

       Los antiguos Helenos o griegos representaban al tiempo inexorable con el Titán Cronos (=tiempo), quien comía sus hijos, queriendo indicar la rigurosa ley del nacimiento y corrupción de los seres. Pitágoras consideraba el tiempo como una esfera que rodea todo y nada puede permanecer fuera de la rigurosa ley crónica. Platón extendiendo la filosofía de Heráclitos vinculó la variabilidad del cosmos material con el tiempo. (Tim 37D). Aristóteles consideró la noción del tiempo como la cara principal del movimiento perpetuo de los cuerpos materiales en el universo entero. Finalmente los Estóicos consideraban el tiempo es un ser sin cuerpo, intermedio del movimiento del universo. (Diogenes Laertio 7.1,141).

     Los Hebreos, teniendo como guía el A. Testamento, creían que el Dios es el creador del todo, incluso del tiempo. Él conduce el mundo, a través de la temporalidad, hacia el propósito que lo creó. El tiempo está integrado también en esta viabilidad. Nada existe fuera de la divina providencia y voluntad. El tiempo es el camino o curso del mundo hacia su perfección.

       Al Cristianismo el tiempo tomó consideración totalmente distinta. Contiene dimensiones profundas teológicas, antropológicas y éticas. El tiempo tiene principio y tendrá fin. Esto se expresa claramente desde la primera frase de la Santa Escritura hasta la última. “En el principio el Dios creó el cielo y la tierra” (Gén 1,1) y “sí vengo pronto” (Apoc 22,20). El primer verso del Génesis expresa el génisis-nacimiento del tiempo; y el segundo, del libro del Apocalipsis el fin, junto con el final de la forma actual del cosmos. Esta es una posición fundamental de la enseñanza cristiana; la cual está en contraste con las diversas creencias panteístas, que aceptan la auto-existencia y la eternidad del cosmos-mundo. El logos de Dios recalca categóricamente que después del triunfo de Cristo y Su segunda y glorificada Presencia, la Jerusalén espiritual “la ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que brillan en ella; “porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lámpara. …Sus puertas nunca serán cerradas de día, pues allí no habrá noche” (Apoc 21.23-25). Está claro que, puesto que habrá recreación de la creación material y su incorruptibilidad, dejará de haber también metabole=cambio y por lo tanto también la relación crónica o del tiempo.*

     Existe también un otro parámetro importante de la consideración del tiempo. Este está ya santificado y bendecido, puesto que el Dios Logos increado decidió entrar en el tiempo, hacerse hombre y sufrir las limitaciones del tiempo-espacio de Sus creaciones, (Jn 1,14). Después de la humanización de Dios, el tiempo y el espacio, estas dos cualidades de la creación material han tomado un rol distinto dentro de la perspectiva cósmica teleológica.

     Antes de la sarkosis= encarnación de Dios, el espacio-tiempo servía al mal; el cual se había introducido como una situación anormal en la creación de Dios. El pase de los siglos en la época precristiana era en esencia la perpetuidad del mal en el mundo. Después de la venida de Cristo al mundo, el concepto del tiempo fue incorporado a la obra de la sanación y salvación del hombre. Ahora el tiempo sirve a la divina obra de sanación y salvación del género humano y del mundo. El tiempo no es simplemente un rumbo mecánico hacia el fin del mundo, sino que cada momento crónico es precioso para el camino celeste de la salvación del  hombre hacia Dios. Es un constante tiempo agradable y un día de sanación y salvación continuo, según san Pablo en la carta a los Corintios. El tiempo de nuestra vida terrenal debe ser valorado a lo máximo. Cada momento perdido puede resultar fatal para nuestra posición futura en la eternidad. El mega apóstol de las naciones Pablo nos exhorta: porque ahora está más cerca de nosotros nuestra salvación que cuando creímos. La noche está avanzada, y se acerca el día (Rom 13,11). El eterno Dios vendrá de repente “como el ladrón en la noche” (Mt 24,43, 1ªSal 5,2, Apoc 3,3) y ay al que se encuentre en otros menesteres. Fuera de esta consideración el tiempo no tiene sentido y significado, es inútil para el hombre y tal vez muy mediocre. Nuestra vida terrenal, como preparación para la inacabable eternidad nos da un sentido y significado real de nuestras vidas, empuje y fuerza para superar todos los obstáculos y realizar nuestro alto propósito.

       El espacio limitado de esta columna no nos permite extender nuestra reflexión filosófica sobre la noción del tiempo=cronos, lo cual es inacabable. Nos basta recordaos la obligación personal de cada persona pensante que valora positivamente cada momento de su vida terrenal, para el progreso personal y social. El progreso, la civilización y sus conquistas son resultados de mucho trabajo y esfuerzo. El año nuevo que sea para todos nosotros un nuevo desafío y una oportunidad para dar nuestra noble lucha en todos los ámbitos de nuestra vida, y nos haga dignos de ser divinizados.

 Lambros Skontzos, teólogo-profesor

 

 

Domingo de Lucas – Terapia del endemoniado de Gergesa

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26 Y arribaron a la tierra de los gadarenos, que está en la ribera opuesta a Galilea. 

27 Al desembarcar él a tierra, vino a su encuentro un hombre de la ciudad, endemoniado desde hacía mucho tiempo; y no vestía ropa, ni residía en casa, sino en los sepulcros. 

28 Éste, al ver a Jesús, lanzó un gran grito, y postrándose a sus pies exclamó a gran voz: ¿Qué tienes conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? 

29 Te ruego que no me atormentes. Porque mandaba al espíritu inmundo que saliese del hombre, pues hacía mucho tiempo que se había apoderado de él; y le ataban con cadenas y grillos, pero rompiendo las cadenas, era arrastrado por el demonio a los desiertos.

30 Y le preguntó Jesús, diciendo: ¿Cómo te llamas? Y él dijo: Legión. Porque muchos demonios habían entrado en él. 

31 Y le rogaban que no los mandase ir al abismo.

32 Había allí una piara de muchos cerdos que pacían en el monte; y le rogaron que los dejase entrar en ellos; y les dio permiso.

33 Y los demonios, salidos del hombre, entraron en los cerdos; y la piara se precipitó por un despeñadero al lago, y se ahogó.

34 Y los que apacentaban los cerdos, cuando vieron lo que había acontecido, huyeron, y yendo dieron aviso en la ciudad y por los campos. 

35 Y salieron a ver lo que había sucedido; y vinieron a Jesús, y hallaron al hombre de quien habían salido los demonios, sentado a los pies de Jesús, vestido, y en su sano juicio; y tuvieron miedo. 

36 Y los que lo habían visto, les contaron cómo había sido salvado el endemoniado. 

37 Entonces toda la multitud de la región alrededor de los gadarenos le rogó que se marchase de ellos, pues tenían gran temor. Y Jesús, entrando en la barca, se volvió. 

38 Y el hombre de quien habían salido los demonios le rogaba que le dejase estar con él; pero Jesús le despidió, diciendo: 

39 Vuélvete a tu casa, y cuenta cuán grandes cosas ha hecho Dios contigo. Y él se fue, proclamando por toda la ciudad cuán grandes cosas había hecho Jesús con él.

Desorden y perturbación

Es terrible y trágica la imagen del endemoniado de los gadarenos, tal y como nos la describe el Evangelio de hoy. Este pobre hombre había abandonado su casa y circulaba alocado y desnudo por las calles y en las tumbas sembrando terror y horror a los transeúntes. A menudo le ataban con cadenas y grilletes de hierro a los pies para no lastimar a nadie, pero él rompía las cadenas y era arrastrado violentamente por el demonio en lugares desiertos; solo con su presencia provocaba terror y repulsión.

Esta es la trágica miseria que conduce al hombre el Satanás: perturbación, agitación, desorden y alejamiento de los demás humanos. Y víctimas del astuto maligno no son sólo los endemoniados que están dominados por los demonios violentamente sin su propia voluntad; son también los que se dejan ser dominados por los pazos, como por ejemplo; la envidia, los celos, el resentimiento, la enemistad y la venganza.

Y esto es mucho peor. Porque, mientras que a los endemoniados, el diablo, sólo domina sus cuerpos, en cambio a los esclavos de sus pazos les domina la psique con el peligro de infernarse. Sólo una manera existe para que sean sanados los hombres que están dominados de sus pazos y volver a tener una relación armoniosa con la sociedad y consigo mismos: conocer al Jesús Cristo y unirse junto a Él. Entonces se marchará todo tipo de espíritu demoníaco y vendrá la paz en el interior de ellos y en sus alrededores.

Cambio admirable 

Esto exactamente ocurrió en el caso del endemoniado de los gadarenos. Desde el momento que se encontró con el Señor Jesús fue liberado de los terribles demonios y su vida cambió. De hecho, muchos habitantes gadarenos, cuando fueron informados sobre la admirable terapia, corrieron a ver si es verdad. Y realmente, encontraron al hombre de quien habían salido los demonios “vestido, sanado y sentado a los pies de Jesús”. ¡Sorprendente cambio!

Este que estaba bajo el dominio de la manía y la ira, ahora estaba sentado tranquilo como un corderito cerca de Cristo. Así cambia el hombre que recibe la χάρις (jaris, gracia energía increada) de Cristo en su vida… En la Iglesia encontramos muchas alteraciones y cambios de este tipo, a través de la divina χάρις (jaris, gracia energía increada). Hombres que viven en la inmoralidad y la ilegalidad, se convierten por la jaris de la μετάνοια metania (introspección, conversión, arrepentimiento y confesión) y viven con prudencia, templanza e integridad. Muchos estaban prisioneros de los pazos destructivos como alcohol, fumar, juegos de azar, drogas, etc.…, y con la jaris increada de Dios cortan toda relación con todos estos hábitos perjudiciales y empiezan una vida nueva, libres de las dependencias y los pazos. Otros que se habían alejado de la Iglesia, regresan y participan conscientemente en el culto y la vida mistiríaca de la Iglesia Ortodoxa. Todos ellos confiesan que unidos con Cristo Dios, disfrutan de la paz interior y la inexpresable alegría. Plenitud de vida verdadera.

El kerigma más impresionante

El hombre de quien habían salido los demonios, sintiendo gran agradecimiento hacia su Sanador, rogaba al Señor que le permitiera a seguirle y permanecer junto a Él. Pero el Señor le dio la orden que se marchase, diciendo: “Vuélvete a tu casa, y cuenta cuán grandes cosas ha hecho Dios contigo. Y él se fue, publicando por toda la ciudad cuán grandes cosas había hecho Jesús con él”. ¡Y él regresó y no se limitó sólo en proclamar la beneficencia que recibió, sino que predicó en toda la ciudad! 

No todos tienen una llamada especial de parte de Dios, tampoco tienen capacidades imprescindibles para predicar, ser misioneros o tomando parte en una posición responsable dentro de la Iglesia. Sin embargo, todos los fieles cristianos pueden y deben proclamar las beneficencias de Dios en sus vidas. De esta manera se edifican y se fomentan cimientos fuertes de la fe en las psiques de los hombres.

Hoy el mundo, más que nunca, tiene necesidad de apoyo y esperanza. Por eso, los que han vivido las admirables y milagrosas interferencias de Dios en sus vidas, no está permitido que estén callados. Deben proclamarlas con sinceridad y humildad; ¡y esto, es el kerigma más vivo e impresionante! Amín.

Fuente: http://www.osotir.org

Revista SOTIR

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Luca 8,30 Y le preguntó Jesús, diciendo: ¿Cómo te llamas? Y él dijo: Legión. Porque muchos demonios habían entrado en él.

A este endemoniado de la lectura evangélica de hoy le tenía miedo y temblaba todo el mundo, pero ahora tiembla el mismo. Se encuentra ante nuestro Cristo Dios, que es el vencedor y triunfador de los demonios, y tiemblan como las hojas de los árboles. Y dice “Jesús Hijo de Dios altísimo”, ¿porque has venido aquí, qué quieres? El Cristo le pregunta: ¿Cómo te llamas? Y él contesta: «Λεγεών Legión» (Lc 8, 28-30)

¿Qué quiere decir «λεγεών legión»? La palabra significa un cuerpo del ejército romano, porque en aquella época reinaba el Imperio romano en todo el mundo, incluso en Palestina. «Λεγεών legión», pues, era una unidad de 6.000 hombres. Es decir, 6.000 demonios “pacían” en su corazón. -¿Qué dices?, puede decir alguien; ¿existen demonios hoy, vivimos en el siglo que hemos volado hasta la luna y tú nos hablas de demonios?… Existen muchos que no creen en los demonios. A pesar de esto las muestras y las demostraciones de que existen los demonios son miríadas. Existe el elemento demoníaco que tiraniza la humanidad, al mundo entero. Si uno duda, no tiene otra cosa que hacer que investigue. Que vaya a la isla Kefalonía del mar jónico. Allí traen endemoniados de todo el mundo. E inmediatamente cuando estas pobres criaturas vean las reliquias de san Gerásimo y sobre todo cuando vean una cruz, la cruz de hiero que tenía el Santo, aúllen, gritan y tiemplan ante la fuerza de san Gerásimo. Haced una visita pues allí y os convenceréis que existen los demonios que molestan a los pobres hombres.

Los endemoniados se distinguen de los psicópatas. No son psicópatas, son una cosa distinta mucho más grave. Pero si te es difícil, no hace falta que vaya a Kefalonía. Hecha una ojeada a tu interior y obsérvate a ti mismo. Si sois honestos y francos, si tenéis un poco de «γνῶθι σαυτόν conócete a ti mismo», una milésima de autoconocimiento que enseñaba Sócrates, y echáis un vistazo a sí mismos, a este universo espiritual que está encerrado en vuestro interior, allí confirmaréis las energías del astuto maligno espíritu. Porque existen dos universos, uno es el material que nos rodea y el otro es el espiritual que se abre en nuestro interior. El universo material es pequeño; el universo espiritual es inmenso y grandísimo, es el universo misterioso que está dentro de nosotros, somos nosotros mismos.  Si pues, echáis un vistazo a vosotros mismos, si examináis vuestras palabras, frases, actos, energías y las profundidades de vuestro corazón, veréis allí una legión de demonios. ¡Queréis que os cuente algunos?

 √ Uno de los más potentes es el demonio de la avaricia; es esto que hizo a Judas vender su Maestro por treinta dinares de plata.

 √ Otro es el demonio de la vanagloria que empuja al hombre a buscar continuamente axiomas y posiciones más altas.

 √ Otro es el demonio de la sarcolatría (culto al cuerpo), de la lujuria y del adulterio.

 √ Otro es el demonio de la curiosidad.

 √Otros demonios son las distintas malicias y varios pazos que atormentan y hacen sufrir la humanidad.

El famoso novelista cristiano ortodoxo Ruso, Fiodor Dostoievski, más o menos ciento veinte (120) años antes, predijo el futuro de la humanidad. Escribió un libro, que se llama “Los endemoniados”, por favor que lo lean los intelectuales, quedarán maravillaos. Es una psicografía (descripción psíquica) con profundas observaciones, verdadera psicología de fondo. Investigó al hombre; 120 años antes pronosticó y predijo: Rusia después de poco tiempo se convertirá en «λεγεών legión»… Y Rusia se hizo«λεγεών legión». La profecía salió; dominó la «λεγεών legión» de los demonios, el ateísmo y muchos más pazos y vicios. Y no crean que nosotros hemos quedado atrás.

«¿Cuál es tu nombre?» Ἑλλάς (Helás) Grecia; «λεγεών legión» Legiones de demonios existen ahora en un país de mártires y santos. Ahora en cualquier lugar que vayas encuentras «λεγεών legión». Algunos números lo demuestran.

Antes no había divorcios en Grecia. Sólo la pala del sepulturero separaba al matrimonio. Ahora son millares los divorcios. ¡Horroroso! He aquí, pues, «λεγεών legión» de demonios para los divorcios. Otros fenómenos, como el robo; «λεγεών legión»; Antes nadie tocaba lo ajeno, no habían ladrones. Ahora no sabes por dónde protegerte. “¿Cuál es tu nombre?”, Grecia; «λεγεών legión» de “chorizos” ladrones. Hasta al extranjero nuestro país a causa de la «λεγεών legión» de los políticos ladrones, últimamente aparece como el país de los “chorizos”, ladrones.

Mirad y contad cuántos jóvenes tienen y sufren el demonio o la «λεγεών legión» de las drogas. Millares aquí y millones en el mundo son castigados y atormentados por esta lapa, ¡qué desgracia!.

«Λεγεών legión» pues; si nos miramos a nosotros mismos, «λεγεών legión», si examinamos la sociedad, «λεγεών legión»; Tal y como los describe Dostoievski, incontables demonios siente el hombre que le molestan en su corazón (psicosomático). ¡Y qué debemos hacer; desesperarnos? No. Existe el vencedor de los demonios y este es uno. Es nuestro Señor Jesús Cristo. Él vino para destruir el estado y poder del diablo. Tiene la fuerza para destruir legiones de demonios. Con Cristo Dios, pues, también nosotros.

¿Nuestra arma, cuál es?

La honorable Cruz. En las épocas antiguas que tenían mucha fe, decían: “me arrodillo, me santiguo y el ángel está a mi lado”.  Arma irresistible, poderosa e invencible es la cruz del Señor.

Y a Cristo el vencedor de los siglos, la doxa (gloria, luz increada) y honor por los siglos de los siglos. Amín.

(†) Obispo Agustín.

Transcripción de la homilía que tuvo lugar en la Iglesia de San Pantaleón Florina, 20/10/1991

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«Al llegar Jesús, vino a su encuentro un hombre de la ciudad, endemoniado desde hacía mucho tiempo…

1.a No es la primera vez que nuestra Iglesia pone como lectura el acontecimiento de la terapia del endemoniado (o de los dos endemoniados, según el evangelista Mateo) de la región de Gergesina o Gadarina. Y eso porque el Señor quiere recalcarnos que vino al mundo como libertador de los hombres, no sólo de la enfermedad , el sufrimiento y el dolor, no sólo del pecado y su resultado, la muerte, sino para liberarnos del mismo primer maligno diablo, el asesino inicial del hombre. El Señor vino según el logos de la Escritura “a disolver y destruir las obras del diablo”. Esto que, según el Antiguo Testamento, constituía el elemento del fin del mundo: el debilitamiento absoluto de las fuerzas del astuto maligno, se hace por el Señor realidad presente, y es una muestra cierta que las cosas esjatológicas fueron introducidas por Aquel en el este mundo. La lectura evangélica de hoy de forma gráfica nos muestra el poder del Señor, Quien encontrándose frente la cara de un hombre castigado de los demonios, los expulsa, dando a la sociedad un hombre sanado, como un hombre de verdad.

b. En principio, por el bien, recordemos que los demonios no son producto de la fantasía de algunos hombres, encontrados en un nivel de vida infantil, como se gusta decir por los ateos, o simplemente un mito personificado sobre la existencia del mal, según la posición descristianizada de heterodoxos “cristianos”. Posiciones de este tipo uno diría que se expresan de aquellos que han caído víctimas de los tecnasmas (artificios) del astuto Maligno; quien lo primero que intenta hacer es convencer a los hombres de que no existe. Como los ingeniosos enemigos de un país, quienes se esconden de tal manera, cambiando sus posiciones, de modo que los contrarios piensen que no existen.

Los demonios existen y según nuestra fe son creaciones de Dios, quienes mientras que fueron creados a servir a Dios y Su santa voluntad, ellos a causa de su mala intención se degeneraron y cayeron, convirtiéndose en espíritus malignos astutos, los cuales ya desde entonces se contrarían a Dios -la caída de ellos fue un tipo de muerte para ellos- y no sólo están en desobediencia hacia Él, sino que intentan destruir cualquier creación de Dios, principalmente al hombre. Es cierto que el Dios no destruye Sus creaciones, las mantiene en la existencia, de modo que, aunque sea por su forma negativa de acción, servir al plan de salvación del mundo.

2. El Señor viene en la región de los Gergesenos para encontrar a un hombre que estaba poseído de los demonios, y para liberarle del infierno de ellos. Porque los demonios, al introducirse al hombre, crean realmente una situación infernal, tanto para el mismo como para las personas de su alrededor, pero también para el ambiente natural. El Evangelio de forma gráfica nos describe la tragedia del endemoniado:

(a) en principio el mismo vive en una falta total de autoestima, auto-respeto y autoconciencia. Desnudo sin ropa, no tiene conciencia de sí mismo, algo que se demuestra inmediatamente con la respuesta que da a la pregunta del Señor: “¿cuál es tu nombre? Legión, responde, y que muchos demonios se habían introducido en él”. Mientras está preguntando a este hombre, contestan los demonios. El hombre estaba prisionero, no era él mismo, no tenía nombre, ni identidad. Es decir, el diablo conduce al hombre en un estado caótico y desierto de espiritualidad, le hace perder lo que está vinculado con su entidad psicosomática. Está en un estado de necrosis espiritual, por el que el Señor en repetidas ocasiones había hablado. “Deja los muertos que entierren a sus muertos”.  Más o menos como la situación que había llegado el hijo pródigo de la conocida parábola, después de su alejamiento de la casa de su Padre: “Este hijo mío estaba muerto… y perdido”.

(b) Además, la relación con sus semejantes no existe. El endemoniado no puede coexistir, convivir con los demás. Vive en lugares desiertos y en las tumbas. Los lugares habitados le asfixian. Y no sólo esto, también es una pesadilla y miedo para los demás. Le veían y templaban. Poseído de las fuerzas paranormales, a causa de los demonios, le ataban con cadenas, pero él las rompía y se marchaba. Pero esto es la definición del infierno. Nuestra Iglesia así define el infierno del hombre: como una incapacidad de relación con los demás y una falta total de comunión con el semejante. Todos conocemos el incidente con san Macario: encontró en el camino un cráneo humano, y en la pregunta hacia el espíritu de aquel hombre, ¿en qué estado se encontraba?, aquel contestó que en el mundo era sacerdote de ídolos y ahora se encuentra dentro de un fuego que provoca inefable sufrimiento y pena. Y los que nos encontramos allí no podemos ver el uno la cara del otro. El infierno de la absoluta soledad: este es el precio que pagamos por la coexistencia con el diablo.

(c) Pero también con el ambiente natural había problema. El endemoniado provocaba catástrofes. Su presencia estaba conectada con este tipo de energías y actos, que como dijimos, estaban obligados a atarle con cadenas para que les dejase en paz. Por supuesto, sin resultado. El diablo odia toda la creación. Principalmente los hombres y todos las criaturas de Dios.

3. Las cosas, pues, cambian desde el momento que el Señor da la orden a los demonios que se vayan del endemoniado. Puede que aquellos a este hombre débil le tuviesen bajo su dominio, pero delante el poder de Aquel tiemblan revelando la debilidad de ellos: “¡Te ruego que no me castigues!” Tiemblan al Señor, le ruegan reconociendo que no hay ninguna relación entre Él y ellos: “No tenemos nada que ver contigo, Jesús, Hijo del altísimo Dios”. Incluso le piden permiso para entrar en los cerdos –realmente ni a los cerdos tiene poder el diablo para entrar- algo que el Señor lo permite. Quizás, como apuntan los Padres intérpretes, para mostrar que el hombre tiene el mayor valor, tal vez porque allí donde quiere entrar el diablo provoca catástrofes. Lo importante es que el diablo es débil. ¿Cómo no? Su fuerza fue anulada, aniquilada desde el momento que el Señor vino al mundo, sobre todo con Su subida a la Cruz y Su bajada a Hades. Allí también “se destruyó el corazón del maligno” según la himnología de nuestra Iglesia, pero también su arma, el pecado, dejó de existir de manera obligatoria. Y por supuesto junto con todo esto el resultado del pecado, la muerte.

La omnipetencia del Señor, pues, libera al hombre endemoniado y éste se hace ya hombre real, equilibrado psicosomáticamente. Es decir, adquiere conciencia de sí mismo, autoestima y auto-respeto. Deja de ser agresivo hacia los demás siendo sanado: y se siente “en los pies de Jesús”. Y no sólo esto: siente agradecimiento hacia al Señor, que lo expresa con la disposición de permanecer junto a Él y seguirle. Y puede ser que el Señor no haya aceptado su petición –otros había escogido como discípulos Suyos- pero le encomienda otra misión: “Vuélvete a tu casa, y cuenta cuán grandes cosas ha hecho Dios contigo. Y él se fue, publicando por toda la ciudad cuán grandes cosas había hecho Jesús con él”. En un grado recuerda el caso de Apóstol Pablo. A él también el Señor le sanó de la influencia de los demonios, llamándole en misión para los hombres. El mismo lo dice al principio de la epístola a los Romanos: “A través de Cristo hemos recibido la jaris (gracia, energía increada) y la misión”. La jaris de Dios a la vez significa también asignación de Él para misión. Nunca la jaris de Dios se da simplemente para que el hombre quede quieto. La jaris se da para que se movilice lo máximo posible: convertirse en apóstol misionero divino. Primero para sí mismo y después, si hace falta, para los demás. Autoestima, sociabilidad, disposición misionera, presencia positiva al mundo: el resultado de la verdadera relación del hombre con el Cristo Dios.

4. ¿Hoy qué ocurre? ¿Después de la venida del Señor y la anulación esencial del diablo, él opera? ¿Tiene fuerza? La respuesta es conocida y nuestra Iglesia la predica continuamente. Es cierto que el diablo no tiene fuerza y está derrotado definitivamente, pero toma su fuerza allí donde no está el Cristo. Es decir, primero en los hombres no bautizados, aquellos que no han conocido al Señor o no quieren conocerle y aceptarle en sus vidas; “nuestra feria son los idólatras”, dijo una vez un el demonio de un endemoniado a un contemporáneo misionero. Después también a los bautizados y crismados cristianos, quienes no han tomado en serio la fe y viven según el logos del Apóstol Pablo, “como ateos en el mundo”. Porque no basta sólo el bautismo, la crismación y los demás misterios de la Iglesia, hace falta también la voluntad del hombre. Si el hombre no coopera con la aplicación y cumplimiento de los logos, mandamientos de Cristo, principalmente con la agapi (amor desinteresado) a Dios y su prójimo, entonces la jaris (gracia, energía increada) de los misterios permanece inactiva, por lo tanto, encuentra la entrada el diablo para “tentar” al hombre haciéndole estar bajo su influencia. El resultado en este caso es conocido. Lo que hemos visto al endemoniado del evangelio, en un grado lo vemos también aquí: el hombre sea porque ha eliminado a Dios, bien porque Le teme e intenta evitar como sea lo relacionado con Él, por regla general es antisocial y agresivo con sus semejantes, no respeta el ambiente natural y lo peor: en su interior vive con inseguridades, angustias, sufrimientos, depresiones y melancolía, cosas que realmente consisten en un tipo de infierno aquí.  El mismo Señor ha afirmado que el hombre que fue liberado del diablo y no tiene cuidado, a continuación recibe ataques demoníacos, mucho peores que aquellos que vivía en el pasado. “El espíritu maligno astuto toma otros espíritus más malignos que éste y se introduce en este hombre”.

c. El que pertenezcamos a Cristo, el que seamos de Dios y miembros cubiertos por Él en nuestra psique y cuerpo, y que el diablo “nos tome el pelo”, esto es la mayor tragedia. El endemoniado de la parábola no conocía a Cristo y sufría como en un infierno. Pero cuando Le conoció, Le siguió constantemente hasta el final. ¿Nosotros que excusa podemos tener? Comprobando muchas veces que nuestra vida presenta señales “de endemoniado”, en el sentido de fácil influencia en nosotros por el maligno astuto, los que hemos descrito antes, como falta de fe, comportamiento antisocial, resentimientos, perturbación, depresión, ansiedad, angustia y sufrimiento, debemos inquietarnos. La única solución y terapia es la fuerte agapi y giro hacia el Cristo. Es decir, nuestra vida en la Iglesia. Al grado que empezamos a orar, tomar la comunión o divina Efjaristía, ir a la Iglesia y a la vez con esfuerzo calentar un poco nuestro corazón para nuestros semejantes, estaremos viendo la energización, activación de Su jaris (energía increada) en nuestra existencia, es decir, la vivencia, experiencia de la libertad que Él trajo. Finalmente, la pregunta a la que estamos llamados a responder en cada momento de nuestra vida es: ¿queremos ser esclavos o libres?

Padre Jorge Dorbarakis

Fuente: ΑΚΟΛΟΥΘΕΙΝ

Traductor: xX.jJ 

Ecumenismo – La herejía universal

El ecumenismo es παναίρεση panherejía  (herejía universal)

 

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Los santos Padres de los tres primeros siglos en general…

Queridos cristianos míos, no tengo tiempo suficiente para deciros muchas características sobre los Padres de los primeros tres siglos. Os diré sólo dos o tres y os ruego que pongan mucha atención.

En principio, cristianos míos, en los tres primeros siglos, nuestros hermanos cristianos eran perseguidos. Son años de persecuciones. Ríos de sangre de los héroes de nuestra fe. Los primeros años demostraron que la prenda de nuestra Iglesia está rojísima (de sangre), como dice un tropario: “nuestra Iglesia está adornada de púrpura y de lino fino”. Pero a pesar de las horribles persecuciones, la Iglesia nunca tuvo miedo, sino que reunía a sus hijos en un lugar secreto, muchas veces bajo de la tierra (las catacumbas) y todos juntos celebraban el culto a Cristo Dios. Y no sólo esto, también psalmodiaban, en otro kerigma anterior hemos visto los himnos que cantaban los cristianos de los tres primeros siglos.

 (b) Pero estos cristianos no sólo desarrollaron el culto, sino también la enseñanza teológica. Es decir, el motivo para el desarrollo de la teología de los tres primeros siglos ha sido la aparición de las herejías. Las herejías en estos años provenían de tres corrientes. Una corriente era el Judaísmo, que no reconocía a Jesús Cristo como Mesías. Otra corriente venía de la filosofía helénica. Los seguidores de esta corriente buscaban mezclar conceptos filosóficos de los antiguos Griegos con la enseñanza cristiana. Y la tercera corriente que trajo las herejías fue de las religiones orientales.

Los Santos Padres de los tres primeros siglos, con la sabiduría de Dios que tenían en abundancia, y con muchas luchas, afrontaron estas tres corrientes heréticas para mantener nuestra fe pura, sin manchas, ni influenciada. Nuestra fe, hermanos míos, no acepta ninguna, pero ninguna, mezcla de la enseñanza de Cristo y de los santos Apóstoles con otra enseñanza. Por supuesto que los Santos Padres de los tres primeros siglos y después de ellos los siguientes, tomaron de la filosofía helénica y utilizaron solamente la expresión o la terminología, como prenda, con la que vestían su kerigma y su teología. Pero ideas y conceptos distintos, ajenos de la enseñanza de Cristo, la Iglesia los ha rechazado ya desde los tres primeros siglos. Porque nuestra fe es como el ojo. ¿Acepta el ojo un pelo en su interior? ¡No! Así también los Santos Padres de los primeros tres siglos, e imitando a ellos los posteriores Santos Padres. Lucharon mucho y fueron guardianes para que no se introdujera en nuestra fe alguna enseñanza extranjera, ni la más mínima.

Cristianos míos, cuando os hablo sobre el “Ecumenismo”, es esto que hemos dicho antes. “Ecumenismo” significa que junto con nuestra fe poner también el Judaísmo, el Papismo, las religiones orientales y la filosofía de los antiguos, y hacer una ensalada o aleación, para supuestamente abrazar a todo el mundo. Decidme, por favor: ¿es o no es «παναίρεση (panéresi) panherejía o herejía universal» esto? Cristianos míos, los santos Padres de los tres primeros siglos, aunque fueran amenazados por la navaja del Cesar, y combatiendo con mil y una dificultades, lucharon para mantener la fe limpia y así nos la entregaron. Sería vergonzoso y una gran traición para nosotros alterar nuestra fe con sofismas y charlatanerías del “ecumenismo”. Hemos nacido Ortodoxos, hemos bebido leche ortodoxa y moriremos, sí, moriremos Ortodoxos. Muchas veces os hablo sobre el ecumenismo, porque es necesario que hoy lo hagamos nosotros los Obispos y los predicadores del divino logos, porque peligramos de esta obra satánica más que nunca hoy.  El ecumenismo actual en aquellos tres primeros siglos se llamaba “sincretismo”. Los que hoy apoyan el ecumenismo, sobre todo algunos de ellos con hábitos (patriarcas, obispos, clérigos, curas) estos que lean las luchas de los Padres de los tres primeros siglos contra el ecumenismos de su época, es decir, el sincretismo.

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(c) En el período de los tres primeros siglos de nuestra fe tenemos también los santos Apologetas. Es esto, queridos cristianos, lo que os decía antes. Como nuestra fe estaba perseguida y muchos querían presentar las enseñanzas de los filósofos Helenos equivalentes o superiores que las enseñanzas de los Profetas y los Apóstoles, aparecieron los Apologetas. Ellos escribieron grandes textos magníficos y con estos demostraban la grandeza de la enseñanza de Cristo; y que la mente y el nus filosófico no pueden alcanzar sobre la enseñanza de inspiración divina de los Profetas y los Apóstoles. Finalmente de todos los admirables Padres de los tres primeros siglos, expresamos nuestra admiración a la forma y la teología de san Ignacio el teóforo (portador de Dios), quien con todo lo que escribe, expresa el calor de su corazón por la agapi a Cristo y su fuerte anhelo para la Divina Comunión del Cuerpo y la Sangre de Cristo. Este Padre nos dice amar amorosamente a Cristo (Cristo es mi eros, dice), el corazón que no tenga nada mundano, nada material, y aún que anhelemos vitalmente a Cristo y testimoniar con martirio si hace falta para Él. Todo esto, cristianos míos, lo conseguiremos si tenemos fe correcta y hacemos oídos sordos a las “herejías”. Sí, san Ignacio y todos los santos Padres de nuestra Iglesia: “No hacemos oídos sordos” a las herejías, tal y como nos decís, las anatematizamos;  y las maldecimos, como nos ha dicho otro gran Padre, san Cosme de Etolia, especialmente amado por nosotros los helenos: “Al papa tenéis que maldecir”, nos decía. Como discípulos de los Santos Padres maldecimos al Papa y al Ecumenismo. Porque, como Cristianos Ortodoxos conocemos que “el Papismo es herejía y el Ecumenismo παναίρεση (paneresi) pan-herejía o herejía universal, la más grande, la más peligrosa y la peor de todos los tiempos.

Con muchas bendiciones, Jeremías

Metropolita de Górtinos y Megalúpolis

Dimitsana-Megalúpolis, Domingo 20 de Octubre 2013

Traductor: xX.jJ

Logos proféticos por Obispo Agustín

 

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Esjatos, últimos tiempos

El final del mundo dice el Cristo que será “como los días de Noé” (Mt 24,37). Y nuestros días son “como los días del Noe”. Porque nos hemos desviado y debemos esperar el final del Noé. No lo digo yo, el obispo Agustín de Florina, el supuestamente duro. Lo dicen otras bocas fidedignas, políticos y científicos, hombres ilustres de América y Rusia. Ellos prevén que estamos cerca de una tormenta…

La paz del mundo está colgada por un hilo fino. Mundo o gente, estaos en huelgas, disfrutad de festejos, haced orgias, adulterios, recoged y amasad riquezas materiales… Sobre nuestras cabezas está colgada la espada de Damocles. La paz está colgada y depende en un hilo y si este hilo se rompe, ay del mundo.

«Santísima Trinidad eléison=compadécete de tu mundo, Señor Jesús Cristo eleisón nos, ten compasión de nosotros». 

 Vivimos en una época pecadora y trágica; una época de apostasía de Dios; vivimos en unos tiempos de gran corrupción e infidelidad. Nunca, pero nunca la humanidad ha blasfemado y ha cometido tantos crímenes como en nuestros días. Nunca han mentido y se han falseado tanto pequeños y grandes como lo hacen hoy tan vulgarmente. Nunca la humanidad se ha desviado tanto de la órbita de la ética como en nuestros tiempos. Nuestros días son como el Cristo Dios ha profetizado, mirad lo que dice: el final del mundo será “como los tiempos o días de Noé”.

¡Dio mío, he aquí se cumple la profecía!!!

Caerá el tamiz. Viene el anticristo. 

SOBRE LAS TRES WWW DE INTERNET

 (El número 6 según la numeración hebrea en el alfabeto Europeo se traduce con la letra w. ¿Preguntamos, pues, los tres www que es nuestra introducción a internet es un acontecimiento o algunos nos han puesto el 666 para acceder a la red internacional?. María Antonopulu

 Caerá el tamiz sobre nosotros (es una expresión helénica, habrá revuelta y tumulto o caerá el yugo). Viene el Anticristo. El número 666, tiene su sentido y significado. Los carnets de identidad con 666 están dentro del programa de su dominio. Que nadie recoja un carnet de este tipo. Es una señal del anticristo. Él removerá la tierra, pasará por el tamiz pequeños y grandes, gobernantes y gobernados, varones, mujeres y niños. Intentará sellarlos a todos. Nosotros un sello tenemos, es el sello del santo bautismo. El anticristo intentará sellar al mundo con el sello del Satanás. ¡Y entonces entre los mil, sólo uno resistirá! ¿Es exagerado mi logos? No. Porque ¿cuánta resistencia muestran los Cristianos actuales en comparación con los Cristianos de los primeros siglos? Aquellos les ponían el cuchillo al cuello para que blasfemaran, y no lo hacían. Los actuales blasfeman sin que alguien los obligue. ¿Quién le mete el cuchillo al cuello al pseudocristiano y blasfema? Entonces si blasfeman ahora sin cuchillo, sin persecución, imagínate qué pasará cuando venga el anticristo…

Del libro: “Mensajes optimistas para la salida de nuestras sin salidas y seguridad de nuestra inseguridades. 

 

La libertad de la muerte

 

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La libertad de la muerte

 

a) Independencia y muerte, según san Juan Damasceno

b) La entrada de la muerte según san Gregorio Palamás 

c) Pecado y muerte 

d) Superación de la muerte

3. Libertad del nus

En toda la tradición Bíblico-patrística se ve claramente que la muerte es fruto y resultado del alejamiento del hombre de Dios y que la vida en Cristo es la superación de la muerte. La muerte provino de la libertad y la independencia del hombre. Y el hombre con la vida eclesiástica puede adquirir la libertad de la muerte. Desarrollaré el tema de la muerte dentro de la perspectiva de dos grandes Padres de la Iglesia, o sea, de san Juan el Damasceno y san Gregorio Palamás, que han escrito y sistematizado toda la enseñanza de los santos anteriores a ellos.

a) Independencia y muerte, según san Juan Damasceno

Según san Juan Damasceno, la independencia del hombre con la cual fue dotada por Dios, ha dado la posibilidad al hombre a pecar o no pecar. El santo escribe que Dios ha formado al hombre «por naturaleza, sin pecado y voluntad independiente». Cuando dice que hizo al hombre sin pecado, no quiere decir que no le afectaba el pecado, puesto que sólo lo divino es inafectado del pecado, pero «no tiene el pecado por naturaleza sino más bien por intención, por deseo de la voluntad.» Es decir, el hombre no tiene en su naturaleza la tendencia de pecar sino en su deseo o intención. Esto significa que el hombre tenía el poder de permanecer y progresar en el bien con la energía (increada) de la divina Jaris, como también tenía el poder de alterarse del bien hacia el mal por la independencia que fue dada por Dios.

Así, la fisis, la naturaleza del hombre inmediatamente después de la creación estaba sin pecado, pero su voluntad era independiente, es decir, tenía la posibilidad de permanecer en el bien y alejarse de Dios. Por eso, también, la muerte vino como resultado del mal uso de la independencia, puesto que el hombre con su libertad violó la voluntad de Dios. Por lo tanto, el hombre fue constituido con la posibilidad de permanecer inmortal o morir. Y eso depende del buen o mal uso de su libertad.

Esta libertad tenía relación con lo lógico (la parte lógica de su psique). Explicando san Juan Damasceno por qué causa hemos sido creados independientes, dice: «inmediatamente lo lógico se introduce en la independencia». Entonces cada creación es también cambiable, modificable. Modificación o cambio es la creación del no ser al ser y génesis de una cosa es desde la materia preexistente. Las cosas sin psique y los animales ilógicos cambian o se alteran sobre sus alteraciones corpóreas, en cambio los seres lógicos se alteran sobre su voluntad o intención. Así que el deseo, la voluntad y la elección que conecta con lo lógico es atributo indispensable de la existencia creada, que ha sido creada desde cero. Como la independencia conecta con lo lógico, por eso el ser lógico es dueño de sus praxis (actos) y de la independencia. Los seres animales o sin lógica no son independientes, puesto que están conducidos por la naturaleza o el instinto animal en vez de conducirla. Esto se ve en que no resisten al apetito natural, sino que apenas deseen algo, inmediatamente se lanzan a su realización. Pero el hombre, como es lógico, más bien conduce la naturaleza y no es conducido por ella. Esto se ve cuando uno tiene apetito, puede retenerlo y superarlo.

Así, el hombre es independiente, porque es creado y cambiable o alterable. Esta independencia conecta con la lógica. El hombre pecó y murió primero espiritualmente y después somáticamente se hizo mortal y paciente o pasional. Esto es la conjunción de su libertad. Dios no ha creado al hombre para morir, sino el hombre ha muerto porque utilizó equivocadamente su libertad.

A continuación veremos también la enseñanza de san Gregorio Palamás sobre la muerte y la manera en que vino al mundo.

b) La entrada de la muerte según san Gregorio Palamás

San Gregorio recordando el pasaje hagiográfico «Dios no ha creado la muerte, ni cambia, en perdición de los vivos» (S. Sol 1,13), escribe que Dios no creó la muerte, y tampoco es el causante de los males que siguieron a la muerte, es decir, las enfermedades y todos los demás males. Todos los males que sufre el hombre provinieron del pecado que cometió por su libre elección. Dice característicamente: “Por el pecado hemos tenido que vestir con las prendas de piel, este cuerpo enfermizo, doloroso y mortal, y hemos pasado a este mundo provisional, y nos hemos condenado a vivir con múltiples pazos con una vida de muchas desgracias”. Las prendas de piel que hemos vestido son lo paciente o pasional y lo mortal, son el resultado del pecado que se hizo por nuestra elección y libertad.

Dios no sólo no ha creado la muerte, sino que impidió que viniera al mundo. Como el hombre era independiente, Dios no quiso anular su independencia, esto significaría la catástrofe, por eso inmediatamente después de su creación introdujo el consejo inmortal. El consejo fue que no comieran de la fruta prohibida, esto se califica como mandamiento vivificador, porque se trataba de conducir al hombre a la vida e impedir que caminara hacia la muerte. No ha dado este mandamiento autoritariamente, sino que “ocurriría a causa de la infracción”. Y ha dado el mandamiento de que morirán en el día que comerán, de manera que guardando el mandamiento evitarían la infracción y así no caeríamos en la muerte.26

Dios hablando sobre la muerte que ocurriría si quebrantasen Su mandamiento, daba a entender la muerte somática o corporal y la espiritual. Pero en el día que pecarían ocurriría la muerte espiritual y a continuación la corporal, porque el día que saborearon la fruta prohibida no murieron somáticamente, sino espiritualmente. La muerte espiritual es el abandono de Dios, exactamente cuando la ausencia de luz crea la oscuridad. Cuando Dios está presente, entonces es imposible para el hombre vivir en la muerte. Escribe san Gregorio Palamás: “Dios siendo autovida y vida de todos los vivos, y sobre todo los que viven divinamente, está presente en nuestra psique, entonces en ella es imposible estar también la muerte. Así se introduce la muerte en la psique, “no tiene el nacimiento desde Dios, sino que es de la causa del abandono de lo divino, que es el pecado”27. Se ve de esta enseñanza que la causa de la muerte es el pecado y naturalmente el pecado conecta con la independencia, con el poder del hombre a pecar o a guardar el mandamiento de Dios, permanecer o abandonar a Dios, que es la vida pragmática enhipostasiada (personificada).

c) Pecado y muerte

Con todo lo que hemos dicho hasta ahora vemos que la muerte provino del pecado, pero se tiene que añadir que el pecado domina sobre la muerte. Es decir, existe una interdependencia entre pecado y muerte. El Apóstol Pablo escribe: «a fin de que, como el pecado reinó en la muerte, así también reinase la gracia por la justicia para la vida eterna mediante Jesús Cristo, Señor nuestro» (Rom 5,21). En otro punto el mismo Apóstol sugiere: «No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus deseos y concupiscencias» (Rom 6,12). Y el mismo dirá característicamente: «Ya que el centro del aguijón de la muerte es el pecado» (1ªCor 15,56).

En estos pasajes apostólicos el pecado conecta con la muerte y se dice que el centro de la muerte es el pecado, como también el pecado reina en la muerte y en el cuerpo mortal. Así todo el mundo de los sentidos, de la mortalidad y de la fantasía, es una cárcel que tiraniza al hombre. El hombre grita para la libertad y los derechos individuales, pero en realidad está atado en la corrupción y la muerte. Esta realidad expresa el Apóstol Pablo en toda su tragedia: «Veo otra ley en mis miembros que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. ¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte? (Rom 7.23-24).

Creo que sería importante ver con un poco más de amplitud como el pecado reina en la muerte, es decir, cómo el pecado y el carácter trágico del hombre, provienen de la mortalidad y de la corruptibilidad con la vivencia de la muerte. Porque el sentido y la certeza de la muerte conducen al hombre a cometer muchos pecados. Podemos decir con certeza que la vivencia y el sentido de la muerte son la fuente de muchas anomalías tanto personales, psíquicas, como sociales.

El hombre a causa de la muerte y de su inseguridad y también de sus múltiples consecuencias que son las enfermedades y todas las demás calamidades, se sobrecoge con miedo y agonía, y generalmente con el instinto de autoconservación28. El esfuerzo de autoconservación desarrolla la filaftía (egolatría, excesivo amor a sí mismo y el cuerpo), por la cual, el hombre rompe los lazos de la agapi (amor), en realidad, expulsa la agapi desinteresada y toma la interesada. Todo lo que hace, lo realiza dentro del clima de la filaftía, egolatría y el interés propio. Así se desarrollan muchos pazos, como la autoproyección, el egoísmo, el odio, la envidia y tantos más.

Por lo tanto, la propiedad, las injusticias, la falta de agapi real, el homicidio y tantos males más, que son la fuente también de muchas otras anomalías, provienen de la vivencia de la muerte.

Como en su interior domina la muerte en toda su “grandeza”, ve que el pecado conecta con la misma mortalidad y considera su vida sin sentido y significado, por eso intenta y hace de todo para convencer a los demás que él vale mucho y tiene un valor especial. De esto provienen muchos males. “Ama los halagos y teme los insultos. Busca lo suyo y tiene envidia de los éxitos de los demás. Ama a los que le aman y odia a los que le odian. Busca la seguridad y el placer material y carnal en las riquezas, o quizás aún se imagina que su destino es un disfrute interesado de la presencia de Dios, sin tener relación hacia toda declaración de activa y real agapi desinteresada hacia los demás. A causa de su agonía y miedo, el hombre, se constituye en individualista. Y cuando aún se identifica sobre la ideología de propiedad común (no monástica –ascética), otra vez se mueve por la propiedad individual, puesto que toma como deseo suyo la autosatisfación y el placer como su destino verdadero. Es posible que le entusiasmen algunos principios idealistas sobre la agapi vana e indefinida hacia la humanidad, a pesar del hecho de que en su corazón anide el odio mortal para su prójimo. Estas cosas son obras del cuerpo (carne) que se encuentra bajo el estado de la muerte y del satanás.29

La vida del hombre bajo la influencia de la muerte y la ley del pecado se hace insoportable, cansada y pesada, se convierte en una vida sin sentido y sin finalidad. El hombre se ha formado con la posibilidad de permanecer inmortal y vivir eternamente con Dios. Pero con el pecado perdió su destino, con el resultado de probar una experiencia terrible, incluyéndose en la muerte y la corruptibilidad. Al conocer que la finalidad de su creación era distinta (antes del pecado), por eso queda insatisfecho y le es difícil de gobernarlo. No se contenta, ni se satisface por nada, no descansa con cualquier bien. Puede disfrutar todos los bienes materiales, pero sin la superación de la muerte es un hombre trágico. Así se explica porque esté siempre poseído de quejas. El hombre que está esclavo en la muerte no tiene nada de libertad, es una existencia trágica, un hombre continuamente insatisfecho. El teatro, la diversión, la cultura, etc. son un pequeño descanso en la tragedia de su vida. Por eso la educación, la psicología, la filosofía, en general, todas las energías y actos humanos no pueden ayudarle eficazmente, ni desarrollarle enteramente.

Dentro del carácter trágico de este estado, el hombre pretende olvidar la muerte. Es también esto una manera de huida de la realidad y de la tragedia de la muerte. Pero esto aumenta el problema y el carácter trágico. El rechazo y el olvido de la muerte conducen al hombre a una vida sensiblera, al consumo y en una manera de vida que consiste solamente al disfrute de la materia. “El autonomizado consumo, como contenido básico de la vida, corresponde totalmente a la plena necesidad del hombre en tener y disfrutar sensualmente olvidando su mortalidad. Esta manera de vida que se llama cultura del consumo, esta “ciencia” indefinida y fantasiosa (que no tiene ninguna relación con la ciencia y la investigación) resuelve superficialmente todos los problemas metafísicos del hombre medio, y presenta la muerte como un final fisiológico de la existencia biológica y el hundimiento trágico en una inexistencia. Finalmente, como último impedimento, acude al progreso de la ciencia, pensando que no puede ser esto y que alguna vez esto también se resolverá por la ciencia.

d) Superación de la muerte

Los terribles resultados de la muerte y su carácter trágico, se superan con la Resurrección de Cristo y en general, estando y participando en la vida de la Iglesia. Puesto que el centro de la muerte es el pecado, esto significa que anulando el pecado se anula también la muerte en los límites de la vida personal, y así el hombre ya, desde esta vida, disfruta de la inmortalidad. Porque la inmortalidad no es simplemente un estado natural de la psique, no es solamente la vida más allá del sepulcro, sino la superación de la muerte por la vida en Cristo.

El Apóstol Pablo se refiere sobre el pecado que es el centro de la muerte, dice: “Cuando este ser corruptible se revista de incorruptibilidad, y este ser mortal se revista de inmortalidad, entonces se cumplirá lo que está escrito: La muerte ha sido devorada por la victoria; ¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está, muerte, tu aguijón? El aguijón o centro de la muerte es el pecado…” (I Cor 15, 54-56). Es característica la interpretación de san Juan Crisóstomo, de acuerdo con la cual, no sólo se anuló la muerte con la resurrección de Cristo, sino que desapareció también la fuerza del pecado. Por eso aquel que vive la vida en Cristo no tiene miedo a nada, es superior a todo, y más libre que nadie. Por lo tanto, es la verdadera libertad de la muerte y del pecado.

El hombre que vive dentro de la Iglesia con la vida mistiríaca (participando en los Misterios) y la ascética, niega el centro de la muerte, es decir, el pecado. Si pensamos que en toda la tradición patrística se ve que el pecado es el oscurecimiento del nus (corazón o la psique), por el cual el oscurecimiento, se crean los pazos, entonces la libertad de la muerte y del pecado es la iluminación del nus. Esto significa que el hombre pasa el primer estadio de la catarsis (sanación, purificación), expulsa todos los loyismí del corazón, se libera de la hidoní (placer carnal) y la odini (la pena o aflicción) y a continuación vive la iluminación del nus, entonces vive la libertad real como superación de la muerte. En esto consiste todo el esfuerzo del Cristiano y en esto aspiran los Misterios y la ascesis.

El Cristiano dentro de la Iglesia, en principio vive la memoria de la muerte. No sólo no busca olvidarse de ella y hacerla retroceder al subconsciente, no sólo no niega la realidad y el carácter trágico de la muerte, sino que la recuerda continuamente y de esta manera adquiere una naturalidad, porque el sentimiento de mortalidad y corruptibilidad sugiere la veracidad.

La memoria de la muerte que es el principio de la libertad del hombre y de su carácter trágico, se entiende en dos interpretaciones.

Primera es la memoria de la mortalidad y la certeza del final de la vida teológica (porque los hombres somos seres teológicos). Esta memoria, combinada con la existencia de la psique, después de la muerte y el juicio parcial que hay después de la salida de la psique del cuerpo y la resurrección del cuerpo que se produce durante la segunda Presencia de Cristo, para que sea juzgado enteramente el hombre, crea miedo, pavor y temor. El hombre medita cada pecado y los pazos que cautivan la psique y recuerda la enseñanza de Cristo y de los Apóstoles, sobre la vida de los pecadores, los no arrepentidos, y se sobrecoge de miedo y temor. El miedo y temor de los que empiezan en la vida espiritual. Este temor aumentado y conectado con la esperanza en la agapi (amor) de Dios y el sentimiento de la Iglesia como un Hospital, le conduce a la terapia y a la agapi, la cual “expulsa fuera el miedo” (1ªJn 4,18). Así existe el miedo de los principiantes, que empieza por el Juicio futuro y la realidad del Infierno, y también el miedo de los perfectos que este conecta con el sentido de la agapi de Dios. En este segundo estado el hombre teme al pecado, porque conoce que le conduce lejos de Dios y le crea el sentimiento y la sensación del infierno.

Segunda interpretación de la memoria de la muerte es el estado carismático de la memoria de la muerte. El hombre, con el abandono de la divina Jaris (increada energía) cae en el agobio y en la desesperación por Dios. Tal como el pecado de Adán tuvo consecuencias en toda la creación, así también el pecado del hombre, es decir, el oscurecimiento del nus, tiene consecuencias cosmológicas. Él mismo se siente que está muerto para Dios, y naturalmente, ve a todo el mundo muerto. Nada ni nadie le ofrece alegría, paz y felicidad. Todo está muerto. De esta manera entiende que existencialmente es un microcosmos dentro del macrocosmos, el resumen de toda la creación. Puesto que la Jaris de Dios viene en el corazón y por el corazón se va repartiendo al cuerpo y al mundo entero. La pérdida de la divina Jaris tiene resultados conmovedores en todo el mundo, esto demuestra que el hombre es el resumen de la creación.

Cualquiera podrá decir que el pecado que cometemos es peor que el pecado de Adán. San Gregorio Palamás dice que muchos acusan a Adán porque con el consejo del diablo violó el consejo de Dios y por esta infracción provocó nuestra muerte. Pero dice el santo, no es lo mismo que uno quiera saborear el fruto mortal de la planta sin antes conocer sus resultados catastróficos, de saborear este veneno mortal, mientras no conozca por su experiencia sus terribles consecuencias. Lo mismo ocurre con nuestro pecado en relación con el pecado de Adán. Adán pecó sin conocer empíricamente, por experiencia propia, qué era el pecado exactamente y cuáles serían sus terribles resultados; en cambio nosotros cometemos el pecado sabiendo y teniendo experiencia de este.  Por eso san Gregorio Palamás dice epigramáticamente: “Por eso, cada uno de nosotros, es más digno de juicio y criticable que Adán.”37.

La memoria de la muerte, sea como experiencia viva de nuestra mortalidad, sea como sentido de la pérdida de la vida divina y la mortificación, es un carisma espiritual y por lo tanto, es la experiencia vivida de nuestra superación de la muerte y nuestra libertad de su opresión. Porque esta vivencia o experiencia con sus dos formas, no se hace independiente de la Jaris de Dios. Sólo con la inspiración de la divina Jaris puede el hombre vivir y experimentar este tipo de situaciones y sólo de esta manera empieza a liberarse del carácter trágico de la muerte. Por eso, también los modos de vida que están basados sobre la memoria de la muerte, culturas “tanatocéntricas”, consisten en una naturalidad y veracidad, y describen los límites naturales de la vida del hombre. Fuera de estos marcos no pasan ni experimentan la verdadera vida. Con el sentido de mortalidad, el hombre se hace más sociable y metamorfosea, cambia, sus relaciones interpersonales.

San Filoteo el Sinaita escribe que la memoria de la muerte es contenedora de muchas virtudes. La memoria de la muerte es genitiva de luto, incitación a la engratia (autodominio y ayuno), madre de la oración, fuente de lágrimas, guardián del corazón, desapego de las cosas terrenales y materiales, fuente de inteligencia con discernimiento. Hijos de todos estos es el doble temor en Dios, de la catarsis de los malos loyismí del corazón y contenedor de muchos mandamientos hegemónicos.38 (Filocalía t.2º pág 286, v. 88)

La liberación de la muerte se hace con la vida en Cristo, cuando el hombre siente dentro de su corazón paz irreducible, amor para con todos los hombres, aún hasta con sus enemigos, liberación de toda tiranía que quiere imponerse a las creaciones e incesante memoria hacia Dios.

Me gustaría a continuación, que veamos algunos puntos característicos que manifiestan la liberación del hombre de su terrible tiranía.

Lo primero es que el hombre no tiene miedo a la muerte y tampoco al momento en que se produce. La espera y no está poseído de la tiranía del miedo a la muerte. Naturalmente esta espera no se entiende en el aspecto de que busque la liberación de la psique del cuerpo, tal como enseñaban los filósofos Platónicos, sino como posibilidad de encuentro con Cristo y la liberación de los cambios y las alteraciones que hay en la vida biológica. Puedo añadir que se alegra por la hora inminente. Esto lo expresa el Apóstol Pablo: «Que para mí la vida es Cristo, y la muerte, ganancia. Y aunque vivir en el cuerpo es trabajo fructuoso, todavía no sé qué elegir. Por ambas partes me siento apremiado; de un lado, deseo morir y estar con Cristo, pues esto es con mucho lo mejor; pero permanecer en el cuerpo es más necesario para vosotros» (Fil 1, 21-24).

Segundo es la prognosis de la muerte. Existen muchos Santos, antiguos y nuevos, los cuales fueron dignos de Dios ver la hora de su muerte y prepararse para ella. La vieron y la esperaron alegres.

Tercero es poder afrontar la muerte cuando viene. San Atanasio el Grande describe el bienaventurado final de san Antonio el Grande. Mientras que san Antonio conversó con los allí reunidos, les abrazó viéndoles como amigos, y llenándose de alegría y con su cara iluminada, se fue, salió y fue añadido a los Padres.39

Cuarto, es la doxa-gloria del hombre que venció el pecado y la muerte durante su salida de esta vida. Ejemplo característico es el de Sisois el Grande: «Cuando se trataba de morir, mientras se encontraban muchos padres cerca de él, se iluminó su rostro como el sol. Entonces el abad dijo: He aquí, veo que ha venido el abad Antonio. Después de un rato dijo: He aquí, veo que ha venido el baile de los profetas y otra vez más se iluminó su cara como el sol… Después de un rato dijo: He aquí, ahora veo el baile de los Apóstoles y creció por doble la brillantez de su cara. Después los allí presentes viendo al Abad Sisois conversar, le preguntaron con quién estaba conversando. Él contestó: Han venido los ángeles a recoger mi psique y yo les ruego que me dejen un poco más para hacer metania (arrepentirse). Y cuando los padres le dijeron que no tenía necesidad de metania, él contestó. “Aún no he empezado a hacer la metania, naturalmente”. Con esta frase los padres entendieron que había llegado a la perfección. Entonces inmediatamente su rostro se convirtió como el sol. Y dijo a los presentes: “Veis, el Señor ha venido, y dice, traedme el recipiente del desierto”.» Inmediatamente entregó su espíritu. Y se hizo como un rayo llenándose toda la casa de perfume.

Quinto punto, característico de la bienaventurada muerte es el martirio de un santo. Es realmente un carisma la muerte por martirio, porque no se trata de la fuerza de voluntad, sino de experiencia de zéosis o glorificación, es decir, al hombre con zéosis está clara la superación de la muerte. Realmente el martirio es fruto de la zeoría, contemplación, muestra que el Cristiano se ha unido con Cristo y ha recibido la jaris (energía increada) del martirio. Esto significa que la experiencia de la zéosis metamorfosea la psique y el cuerpo. Pero el martirio es carisma de la bienaventurada muerte y muestra de su superación, de acuerdo con una explicación que da san Gregorio Palamás.

Hablando san Gregorio Palamás sobre san Juan el Precursor y a causa de su decapitación, escribe que el Bautista de Cristo “no tenía necesidad de sufrir la muerte natural”, porque la muerte es resultado de la infracción de Adán. Pero san Juan el Bautista no es deudor, puesto que es obediente al mandamiento y obediente a Dios desde el vientre de su madre. Los Santos, en general, dan sus vidas por la virtud y la piedad, por eso para ellos es mejor la muerte con sacrificio que la buena. Por eso, el Cristo también ha muerto de esta manera. Ya que en los santos, el centro o aguijón de la muerte, que es el pecado, la manera más natural de salida de esta vida es por el martirio, la muerte violenta.

Los santos inspirados por la divina Jaris de Dios se liberan de la tiranía de la muerte. Esto no es un hecho fantasioso, sino realidad, porque tiene relación con la liberación del hombre del mismo pecado y la liberación del nus de la lógica, los sentidos y la fantasía.

3. Libertad del nus

La libertad de la muerte y del pecado conecta y se vincula estrictamente con el nus y su liberación del pecado. Con este sentido se entiende la libertad en el Nuevo Testamento, particularmente en las epístolas de san Pablo.

a) Libertad y nus

El primer pasaje es: «…liberados ya del pecado, os habéis hecho esclavos de la justicia…Pues, cuando erais esclavos del pecado, erais libres respecto de la justicia; ¿Y qué frutos obtuvisteis entonces? ¡Aquellos de los que ahora os avergonzáis, ya que su fin es la muerte! Pero ahora libres del pecado y esclavos de Dios, fructificáis para la santidad, cuyo fin es la vida eterna» (Rom 6, 18-22).

Aquí, para el Apóstol Pablo, la esclavitud conecta con la esclavitud de los pazos y las obras de la carne, de la cual, el final es la muerte, en cambio la libertad del hombre conecta con la catarsis (sanación, purificación) de los pazos, la santidad y la misma libertad, el fin es la vida eterna. En la enseñanza del Apóstol Pablo la libertad es en realidad la liberación del nus de la influencia de los pazos y esto supone la iluminación del nus.

San Nicodemo el Agiorita interpretando este pasaje dice: «Tres son las libertades según Koresios; libertad de la fisis, naturaleza; libertad de la jaris; y libertad de la doxa-gloria y bienaventuranza. La libertad de la natura se contrapone en la violencia, y dirige la tendencia hacia un bien, y crea la independencia; la libertad de la jaris se contrapone al pecado y los pazos, y hace al hombre justo y santo; y la libertad de la doxa-gloria se contrapone a la muerte y las tentaciones de la vida presente y le convierte en bienaventurado. Aquí el logos del Apóstol Pablo es sobre la liberación del nus».42 Por lo tanto, se trata sobre la liberación del nus.

El segundo pasaje de san Pablo es: «Porque el espíritu de la vida en Cristo me ha liberado de la ley del pecado y de la muerte.» (Rom 8,2). Si uno conecta este pasaje con todos los demás del mismo capítulo, comprobará que se trata de la liberación del nus de los pazos y de la lógica (razón) y sobre la iluminación del nus. Así en el mismo capítulo se habla sobre la conducta de la carne, y la actitud del espíritu que es vida y paz (Rom 8,6); para el espíritu de Dios que habita dentro del hombre y le constituye en hijo de Dios (Rom 8, 14-16); para la oración noerá o del corazón, que se hace con el Espíritu Santo dentro del corazón, «…en el que clamamos: ¡Abba, el Padre!» (Rom 8,15); por el que el Espíritu Santo ora en nuestro interior, «…pero este Espíritu intercede por nosotros con gemidos inefables» (Rom 8,26). Por lo tanto la libertad, en realidad es la liberación del nus de los pazos y en esto es lo que consiste la iluminación del nus.

Dentro de estos marcos interpretan también los Padres los pasajes relativos del Apóstol Pablo. Según san Gregorio el Sinaita, tal como la ley de la letra está activada al cuerpo, así la ley del Espíritu es ley de vida, energizando, activando y clamando en el corazón. Y mientras la ley de la letra se trabaja por el hombre fariseo, en cambio la ley del espíritu libera el nus de la ley del pecado y la muerte43. Y san Nikitas Stizatos dice que aquel que sana los pazos mediante las virtudes correspondientes transforma la conducta terrenal en ley de espíritu de vida y le hace libre44.

Así pues, la liberación del nus es su iluminación, que es el segundo estadio de la vida espiritual que sigue al estadio de la catarsis (sanación, purificación). El hombre primero limpia, sana el corazón y a continuación se libera y se ilumina el nus que antes estaba identificado y esclavizado a la lógica (razón), los pazos y el ambiente.

No es necesario de desarrollar aquí lo que exactamente son el nus y el corazón en la Tradición Ortodoxa y la enseñanza de los Padres de la Iglesia. Esto lo hice ya en otro de mis libros con el título “Psicoterapia Ortodoxa”. Aquí se debe de subrayar que el nus es el ojo de la psique, la parte más limpia, pura de la psique, la energía de la psique que adquiere la experiencia de la vida en Cristo. Se diferencia de la lógica (de la mente, la razón) en que la lógica investiga las cosas creadas y adquiere gnosis de la verdad creada; en cambio el nus adquiere la gnosis de las cosas increadas y la experiencia del nus se formula por la lógica.

Me gustaría sólo recalcar la enseñanza de san Juan el Damasceno sobre este tema. Puesto que dice que el nus es la parte más limpia, pura, sobre todo como el ojo del cuerpo, así es el nus en la psique45, hace un discernimiento entre nus y el logos. El hombre es lógico. Tres son las fuerzas que forman la psique del hombre, lo logístico, lo anhelante, (voluntad o deseo) y el irascible o emocional. Escribe característicamente: «Porque de lo logístico uno es lo contemplativo y el otro es lo práctico. Lo contemplativo es el comprender, tal como lo tienen los seres humanos. Lo práctico es lo voluntarioso, que define al logos correcto, ortodoxo, de los hechos. Y lo contemplativo lo llaman nus y lo práctico, logos, más lo contemplativo, lo llaman sofía, sabiduría y lo práctico frónisis, conducta sensata»46. Así que el nus, es la parte contemplativa de lo logístico de la psique, que comprende, conceptúa y concibe a los seres, existencias y adquiere la sabiduría, en cambio el logos (lógica, razón) es la parte práctica de lo logístico de la psique, que trata y procesa los pensamientos y define el logos correcto en las prácticas.

Por lo tanto, el hombre natural, es aquel del cual tanto el nus como el logos se mueven paralelamente de acuerdo con la destinación o fin de ellos. Cuando el nus se identifica con la lógica, entonces se crean varios problemas. Por eso, el principal trabajo de la vida ortodoxa y la ascética ortodoxa, está en el esfuerzo del nus de liberarse de su esclavitud en todas las cosas creadas y quedar libre para adquirir la sabiduría de Dios. La liberación del nus es uno de los temas más básicos de los Padres, sobretodo los llamados nípticos. Los santos, con larga experiencia y esfuerzo sobre estos temas, adquirieron gnosis de sí mismos y por lo tanto un grado grande sobre la antropognosis (conocimiento del hombre). Saben lo qué es el hombre, conoce cuales son sus facetas interiores, cómo se esclaviza y cómo se libera de su esclavitud. Lo que escuchamos de ellos no es reflexión ni filosofía, sino teología empírica (auténtica psicoterapia).

Metropolita Ierózeos Vlajos

Fuente: Logos Ortodoxo

Traductor: xX.jJ

 

Dogma y Conducta Moral

 

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El  δόγμα dogma, o los dogmas, no son unas enseñanzas teoréticas independientes de la vida de los Cristianos. Conectan estrictamente con la ética y la moral, es decir, con nuestras vidas enteras. Esto lo veremos a continuación.

1. Terminología

Cuando uno empieza un tema debe definir el significado y sentido de cada término, porque según el filósofo antiguo Antistenes: “el principio de la sabiduría es la investigación de los nombres”. Así también aquí definiremos qué damos a entender con los términos dogma y conducta moral ήθος  izos .

La palabra dogma proviene del verbo heleno δοκώ dokó que significa creo, tengo esperanza, y con esta palabra se expresa un principio fundamental que expresa una verdad científica y un acontecimiento político. En el cristianismo con la palabra dogma se entiende la enseñanza sobre cuestiones fundamentales de la fe que se considera que tiene prestigio o autoridad absoluta. El mandamiento que fue dado por el Cesar para que se empadronaran todos los habitantes del Imperio Romano, se llama dogma.

Aconteció, pues, en los días aquellos, que salió un dogma, (edicto) de Cesar Augusto para que se empadronase todo el mundo” (Lc 2,1)

En los “Hechos de los Apóstoles” con el término dogma se definen las decisiones de los Apóstoles que fueron tomadas en el primer Sínodo Apostólico, por eso se escribe:

“Conforme iban atravesando las ciudades, les comunicaban, para cumplirlos, los dogmas (decisiones) tomados por los apóstoles y presbíteros de Jerusalén” (Hec 16,4).

Con este significado se llamaron también dogmas las decisiones de los Sínodos Ecuménicos. Pero las decisiones en su esencia, sobre cuestiones fundamentales teológicas, en la lengua de los Sínodos Ecuménicos se llaman όροι ori (términos, fronteras o límites). La palabra όρος oros (término, límite, frontera o montaña) conecta con las fronteras, los límites entre la verdad y el engaño. Además, la ciencia pone límites, fronteras entre lo real y lo fantasioso. En la lengua teológica, por ejemplo, el término omousios expresa que el Logos tiene la misma usía (esencia) que el Padre y es increado. Esta es la verdad, y más allá de esta terminología está el engaño, la mentira.

Los Sínodos Ecuménicos y los Locales, además de los términos compusieron también los santos Cánones. Los términos o dogmas se refieren a cuestiones eclesiásticas Triadológicas y Cristológicas, se utiliza la frase «έδοξε τω Αγίω Πνεύματι και ημίν» edoxe to Ayio Pnevma ke imin, (ha decidido el Espíritu Santo y también a nosotros), en cambio los santos Cánones se refieren a la unidad de la Iglesia y al camino de los Cristianos miembros de la Iglesia hacia la familiarización de la sanación y salvación y se utiliza principalmente la frase «ήρεσε τη Συνόδω» gustó al Sínodo.

En realidad los santos Cánones son una traducción de los dogmas en la vida eclesiástica y la manera o el método que los Cristianos pueden vivir en sus vidas personales los dogmas. Dentro de esta perspectiva debemos ver los santos Cánones y no dentro de procesos jurídicos.

La palabra ήθος izos  (moral) expresa la calidad del carácter de un hombre. Esta palabra en plural, ήθη izi (conductas morales) se refiere a las formas de comportamiento y las percepciones de pueblos y sociedades; y cuando estas son estables y tipificadas se llaman έθιμα ézima (costumbres).

San Ignacio el Teóforo en una de sus epístolas cuenta que, los Cristianos que se unen con Cristo tienen ομοήθειαν omoízia (moral semejante). Aquí se refiere a la vida en Cristo, la moral, la conducta ética y la costumbre como cristocéntricas.

La palabra ηθική izikí ética la utiliza Aristóteles en sus escritos, los conocidos y llamados “Las Éticas”. Como la  palabra izikí (ética) proviene de la palabra ήθος izos, (conducta moral) y conecta con la palabra έθος ezos (costumbre), muestra la conducta de los hombres y la forma de sus vidas que tiene relación con el hábito y la ascesis.

2. Relación entre dogma y moral

Hay una relación grande entre dogma y conducta moral, que es igual que la relación que hay entre θεωρία zeoría, (contemplación, expectación) y praxis (acción). El científico utiliza el experimento y es conducido a un resultado, el cual está contenido en una frase; y a continuación se da la posibilidad a cada hombre tener esta frase como principio para comprobar sólo su experimento. Lo mismo podemos decir también sobre la relación del dogma y la conducta moral. El dogma es la expresión de la experiencia de los glorificados o los que llegaron a la zéosis y se convierte y hace modo de vida, de modo que los Cristianos por la conducta moral lleguen a la θεωρία zeoría, (contemplación, expectación).

Expondré algunos versículos patrísticos para que se vea clara la relación entre dogma y moral – praxis.

San Gregorio de Niza en una de sus epístolas, refiriéndose al mandamiento de Cristo hacia Sus Alumnos, para que enseñaran a todas las naciones “bautizándoles en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” (Mt 28,19), dice:

“Porque el gobierno de los cristianos lo dividió en dos; el dogma sanador y el salvífico, entregado y asegurado por el bautismo; y nuestra vida por la aplicación y el cumplimiento de sus logos, mandamientos”.

Esto significa que el bautismo conecta estrictamente con el cumplimiento y aplicación de los logos, mandamientos de Cristo. Y a continuación escribe que el diablo ha puesto toda su atención en como engañará a los hombres, especialmente en el tema del dogma, porque tal y como es de esperar, de allí se hace también la alteración de la vida del Cristiano. Por eso san Gregorio de Nicea aconseja a los que se interesan para su sanación y salvación que no deben alejarse de la sinceridad y sencillez de los primeros logos, y también deben aceptar en la psique «Padre, Hijo y Espíritu Santo”, que como personas no son una hipóstasis con muchos nombres, sino cada persona de la Santa Trinidad es una hipóstasis (base substancial).

San Cirilo de Jerusalén escribe que: “el modo de piedad fue constituido de estas dos cosas: los dogmas piadosos y las praxis buenas; el Dios no acepta las buenas obras sin los dogmas piadosos.” Es decir, que el Dios quiere del hombre que guarde los dogmas y que tenga buenos actos, o sea, vida verdadera.

Atanasio el Sinaíta escribe que el Cristiano perfecto es la verdadera casa de Cristo, constituido de obras buenas y dogmas piadosos.

San Máximo el Confesor refiriéndose al modo de sanación y salvación del Cristiano, dice que se consigue de tres maneras:

a) por el cumplimiento y aplicación de los logos, mandamientos,

b) por la conservación de los dogmas

c) por la fe en la Santa Trinidad. Y a continuación, explica que los mandamientos, logos cuando uno los aplica y cumple, separan el nus de los pazos (catarsis), los dogmas nos introducen a la gnosis de los seres o existencias (iluminación) y la fe eleva y conduce al hombre a la zeoría-contemplación de la Santa Trinidad (zéosis o glorificación). En otro punto dice que el Cristo, mediante los mandamientos a los que los aplican y cumplen, les metamorfosea, transforma a hombres apazís (sin pazos), y mediante los divinos dogmas les regala la iluminación de la gnosis inolvidable (increada).

Según san Juan el Sinaíta, el fondo de los dogmas es muy profundo y significa que el dogma no es simplemente una enseñanza teorética, un rol común, sino que en su interior tiene toda una vida. Y a continuación dice que el nus del hisijasta salta y se hunde en los dogmas no sin peligro. Es peligroso para uno nadar con sus prendas, igual de peligroso es cuando uno toque la teología teniendo pazos. Tal y como el nadador debe quitarse la ropa para nadar, así lo mismo también el hombre para poder entender los dogmas debe liberarse de los pazos.

San Gregorio el Sinaíta escribe que: “condición de la ortodoxia es ver, contemplar sanado y lúcidamente y de esto conocer los dos dogmas de las fe, la trinidad y la dualidad”. Hablando sobre la trinidad da a entender al Dios trinitario. “Contemplar y conocer la trinidad en mónada inconfundible, indivisible e inseparablemente” y sobre la dualidad, da a entender las dos naturalezas (divina y humana) en la persona de Cristo, “en una hipostasis-base substancial“. Por lo tanto, conocemos y debemos confesar un Hijo antes y después de la encarnación en dos naturalezas y en dos voluntades la divina y la humana inconfundiblemente glorificado.” Aquí se debe subrayar que estos dogmas, uno puede verlos y conocerlos desde su catarsis-sanación e iluminación, que significa que presuponen sin falta la sanación, pureza y lucidez del corazón y la apocálipsis-revelación de Dios. La aceptación de una enseñanza teorética no es lógica, sino una apocálipsis (revelación) de Dios al hombre, que altera toda su existencia. Y en otro punto escribe que los dogmas ortodoxos constituyen la perfecta doxa-gloria y opinión sobre la verdad de Dios y el conocimiento inequívoco de los seres o existencias.

En realidad, podemos decir que prevalece el renacimiento del hombre, con la Jaris (gracia, energía increada de Dios) y la libertad del hombre, y a continuación el Dios se apocalipta (revela) a sí mismo al hombre. Esto lo vemos en la vida de Moisés, que subió sobre la mongtaña Sinaí, se introdujo en el gnofos (luz que supera a toda luz) de Dios, vio a Dios, el Ser o Existente, recibió la ley y la trajo al pueblo, de modo que el pueblo aplicándola, sea conducido a la visión, expectación de Dios.

San Gregorio de Niza interpreta con esta perspectiva la vida de Moisés en su libro “En la vida de Moisés”. Esto lo vemos también en los Apóstoles, que vivieron tres años cerca de Cristo, puesto que abandonaron toda relación con la vida mundana y tres de ellos llegaron al monte Tabor y vieron la doxa-gloria de Su deidad, pero todos aquellos, excepto Judas, llegaron y vivieron el misterio del Pentecostés. El camino del hombre hacia su κοινωνία (kinonía:comunión, unión y conexión) con Dios es esto que se llama ηθική (izikí )ética, la cual conecta con la ascética.

Metropolita Ierozeos Vlajos

Traductor: xX.jJ

Homilía en la festividad del nacimiento de la Santa Madre María

 

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Septiembre 2003, en el comedor del Monasterio

 Oímos hoy los santos psalmos que se psalmodiaron. El nacimiento de la Παναγία Panayía Todasanta, es un asunto de alegría universal y por supuesto para los criterios del mundo que está alejado de Dios esto es incomprensible. Pero para nosotros que por la Χάρις Jaris (gracia energía increada) de Dios creemos en el Dios Trinitario y en el Logos de Dios hecho hombre “encarnado”, es muy fácil de comprender realmente que el nacimiento de nuestra Παναγία Panayía es y debe ser un asunto sublime de alegría universal, sobre todo para la Iglesia.

De matriz estéril, de mujer mayor estéril nació la Señora Θεοτόκος Zeotokos. ¡Milagro! no podía en esta edad una mujer parir una hija. La economía de Dios resolvió la esterilidad de Santa Ana, pero todavía más, solucionó la esterilidad de la fisis (natura) humana. Porque la fisis humana después de su separación de Dios se convirtió en estéril espiritualmente, los hombres tenían hijos pero no podían dar a luz a Dios en su interior. Por eso la fisis humana estaba estéril. Se debía pues resolver la esterilidad humana. Que se encontrara por fin, una existencia, una psique-alma, una mujer que pudiese dar a luz a Dios, así se resolvería la esterilidad de la fisis humana, para que pueda la naturaleza humana convertirse en Θεοτόκος Zeotokos. Esto se hizo a través de la Señora Zeotocos, nuestra Παναγία Panayía, la que nació de madre estéril, para resolver no sólo la esterilidad de su madre sino también la de la naturaleza humana. Mirad que mega (magno) milagro, la naturaleza humana por la Zeotocos hizo nacer a Dios. Es lo único nuevo bajo el sol, no hay otro misterio en el mundo, sin precedentes, irrepetible y único.

Milagro de milagros es el que se hizo por la Zeotocos, el nacimiento de Dios por la Ella. Tal  y como psalmodea nuestra Iglesia, el vientre de la Santa Zeotocos se convirtió en laboratorio de la inefable unión de las dos fisis-natura, estas dos naturalezas la divina y humana se unieron dentro del vientre de la Santa Zeotocos y así esta humilde hija de Nazaret María, dio a luz a Dios. ¿Qué seríamos si no hubiera nacido el Dios? ¿Qué seríamos si no existiera nuestra Panayía que tenga la capacidad, el poder y la santidad, la Jaris increada que sólo ella tuvo entre todas las generaciones, para poder traer a Dios al mundo?. Y ahora, una vez que se resolvió la esterilidad de la fisis humana por la Zeotocos, puede cada hombre que cree en Cristo no quedarse estéril espiritualmente, sino que por Cristo convertirse él también fértil, fecundo, para que vaya naciendo el Dios en su interior, es decir, que sea Cristotocos. Hacer nacer de alguna manera en su interior a Cristo y que esté unido con Él y que este sea el destino y finalidad de cada hombre.

Nuestra Panayía nos abrió el camino para que nos convirtamos fértiles en Cristo. Tanto si tenemos hijos carnales como si no, si somos monjes o cósmicos-mundanos, porque en el mundo no es mundano el cristiano que está en él, si es hombre de Dios, sino aquellos que tienen el espíritu mundano. Porque los cristianos que viven en el mundo son Cristoforos (portadores de la luz de Cristo). Entonces aquí vemos la responsabilidad que tenemos todos nosotros, cómo podremos cada minuto de nuestra vida engendrar a Cristo en nuestro interior. Y en esto la Panayía la primera que parió a Cristo nos ayuda a que seamos Cristoforos. Si nosotros no hacemos esto somos también estériles como Santa Ana antes del nacimiento de la Panayía. Sufrían Santa Ana y San Joaquín, tenían dolor porque no podían tener hijos, como cada matrimonio piadoso Israelita que no tenía hijos, sufría porque esperaban por si acaso de algún hijo suyo saliera el Mesías. No esperaban simplemente que el descendiente fuese un pariente del Mesías, sino el mismo Mesías, el mismo Dios. Así pues nuestra Santa Madre de Dios abre nuestro camino, nos ayuda con sus oraciones y con su participación que tiene de Dios, mientras nosotros con fe y devoción la imploramos para que podamos ser capaces y dignos de engendrar-parir en nosotros a Cristo. Y esto lo hacían todos los Santos de nuestra Fe y primero los Santos Apóstoles que eran fértiles, parían a Cristo en su interior y lo engendraban también a los hombres. Basta que recordemos cuantas veces el Gran Apóstol de las Naciones, el iluminador de los Elenos y de todo el mundo, Pablo, habla de la residencia de Cristo en su interior, de forma que dice: “ya no vivo yo en mi interior, sino Cristo” (Gal 2,20).

Así es cada hombre creyente, luchando siente que Cristo habita en su interior y no vive una vida antrópina (humana) sino Zeantrópina (Divino-humana) teniendo a Cristo en su corazón. Rogamos a nuestra Panayía, nos alumbre a todos cada día a resolver nuestra esterilidad espiritual y que nos convirtamos fértiles en Cristo. Particularmente aquí en la Santa Montaña Athos el jardín de la Panayía sentimos siempre mucha alegría cuando festejamos Sus Santas fiestas. Porque sabemos todos que la Panayía es la Madre de todos los Cristianos y de la Iglesia. Es la Madre también aquí de nosotros humildes e inmerecidos monjes que con su protección, bendición, invitación e iluminación vivimos y existimos en la Santa Montaña, porque si no existiera la Panayía la Santa Montaña no existiría ni nosotros estaríamos aquí, por eso agradecemos siempre la Panayía. Nos ha traído aquí en su Jardín, por esta causa le rogamos, también que nos haga dignos de complacerla, no amargarla ni con el más mínimo pecado si es posible y que estemos siempre en su cariño maternal, reposo (espiritual), bendición y Jaris (gracia, energía increada).. Deseamos a todos abundante iluminación del Santísimo Espíritu por la mediación y protección de la Señora ΘΕΟΤΟΚΟΣ-ZEOTOKOS! Amén.

PADRE GEORGIOS KAPSANIS

Monasterio de San Gregorio Monte Athos

Traductor: xX.jJ