Apocalipsis Interpretación Ortodoxa Detallada (3)

 

 

Unidad 3ª   

Preámbulo de la 1ª parte.

Identidad del escritor y lo escrito.

Historicidad y elementos teológicos

 

Después del epígrafe introductorio, amigos míos, sigue el preámbulo de todo el libro, que se extiende entre los versos 4 hasta 8. Os lo expongo:

1, 4 Juan, a las siete Iglesias que están en Asia: Jaris (Gracia, energía increada) y paz de Dios a vosotros, “de el que es o existente o de el ser”, y “el que era y siempre es”, y “el que siempre viene”, y de los siete espíritus que están delante de su trono;

1,4 Juan, a las siete Iglesias en Asia Menor: Jaris (Gracia, energía increada) y paz de Dios Padre a vosotros, del que es y existe perfectamente por sí mismo siempre, y el que era y existía antes de todos los siglos sin principio y el que siempre viene o ha de venir, y del Espíritu Santo que con su plenitud y perfección de sus infinitos carismas, que está delante del trono de Dios para la iluminación y asistencia de los hombres.

1, 5 y de Jesús Cristo el testigo y mártir, el fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre,

1, 5 Y de Jesús Cristo que es el testigo y mártir absoluto y ha resucitado el primero de los muertos y se hizo el inicio de la resurrección de todos los fieles para la nueva vida. Él es el eterno Soberano y Señor de todos los reyes de la tierra. El que nos amó, y nos lavó y nos sanó de nuestros pecados con su sangre por su sacrificio cruciforme,

1, 6 y nos ha dado a conocer su propia realeza (increada) espiritual y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén.

1,6 y nos ha dado a conocer su propia realeza (increada) espiritual), y nos hizo reyes y sacerdotes para ofrecer cultos y sacrificios hacia el Dios y Padre suyo; en Él que es Θεάνθρωπος Σωτήρας (zénzropos y sotiras) Dios y hombre y Salvador (redentor y sanador) pertenece la doxa (gloria, luz increada) y el poder inquebrantable por los siglos de los siglos, amín.

7 He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le crucificaron y traspasaron; y todos los linajes o naciones de la tierra se lamentarán por él. Sí, amén.

8 Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso.

 

Estos cinco versos, amigos mío, constituyen el preámbulo del libro del Apocalipsis. Hasta aquí habíamos visto el epígrafe introductorio del libro.

En el preámbulo pues, que es muy interesante y muy teológico, vemos el carácter epistolar del Libro, es decir, que el libro del Apocalipsis es una epístola. Si lo quieren, también el Evangelio de Luca, allí en el prólogo hacia Teófilo, no se dice la palabra epístola, simplemente dice de una manera: “Te mando el texto para que aprendas con exactitud las cosas de la fe” (Lc 1,3), etc. Por lo tanto, esto también tiene carácter epistolar. Así que el libro del Apocalipsis tiene dimensiones epistolares; no sólo porque contiene las siete epístolas que el Cristo manda a las Iglesias de Asia Menor, sino porque todo el libro es de forma epistolar y mantiene todos los elementos de una epístola de tipo antiguo. Es decir, se declara el escritor, que es Juan, y los receptores que son las siete Iglesias de Asia Menor, el saludo “jaris (gracia, energía increada) y paz de Dios”, etcétera, y la doxología, como de costumbre, “a él la gloria y el poder por los siglos de los siglos, amín”. Así pues, amigos míos, el libro del Apocalipsis es una epístola. Y como os he dicho, ojalá que el Dios permita alguna vez que sea escuchado en la Iglesia como lectura apostólica epistolar.

“Juan, a las siete iglesias que están en Asia” (1,4); Juan el escritor y el que manda la epístola hacia las siete Iglesias que están en Asia Menor que serán las receptoras de la epístola; o sea, remitente y los receptores.

Otra vez aquí por segunda vez –y por tercera un poquito más abajo- se apuntará el nombre del escritor, “Juan”, sin apellido o definición, como muy conocido a los lectores.

¡Cuáles son estas siete Iglesias de Asia Menor hacia las que se dirige el libro del Apocalipsis? Son la Iglesia de Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardes, Filadelfia y Laodicea». Son Iglesias históricas. Atención no son cosas imaginativas, ni simbólicas, sino históricas. Son ciudades antiguas de Asia Menor, allí donde el materialismo había alcanzado su esplendor. Es decir, se formaron obispados y se construyeron Iglesias, y son las que se dirige ahora el libro del Apocalipsis, desde luego con una epístola particular para cada una de ellas.

Pero uno diría, ¿por qué se dirigen las epístolas particularmente sólo hacia estas siete Iglesias? Cristo dirá a Juan: “Escribe al ángel, es decir, al obispo de la Iglesia de Éfeso, de Smirna… estas cosas y esto”. ¿Por qué? Quizás el resto de las Iglesias, como de Jerusalén, de Antioquía, de Corinto, de Roma, ¿no eran Iglesias grandes e importantes? Si queréis, sólo la Iglesia de Éfeso se podría comparar con las que antes me he referido, Roma. Jerusalén, Corinto y la gran Antioquia, todas las demás eran pequeñas ciudades de Asia Menor. ¿Entonces, por qué las epístolas se refieren en estas siete y no a las otras que eran grandes, honoríficas y famosas?

Escuchad el por qué: El número siete es esquemático, expresa la variedad a la vez con la plenitud. Es decir, se trata de toda la tripulación de la Iglesia de entonces y hasta el fin de los siglos, por lo tanto es también el ahora o el hoy, que se expresa con estos siete tipos representativos de estas Iglesias. En otras palabras, estas siete iglesias son siete facetas, casos, siete realidades de la Iglesia Una Santa, Católica y Apostólica.

Estas epístolas, pues, tienen dos dimensiones. Una dimensión es que cada epístola se dirige hacia una Iglesia concreta, Iglesia histórica y lo subrayo histórica y se refiere en casos concretos de cada Iglesia. Cuando por ejemplo dice que “Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente” (Apo 3,15), “has dejado tu primer amor… recuerda, por tanto, de dónde has caído” (Apo 2,5), esto es un defecto concreto de cada Iglesia en concreto. Es decir, las epístolas en primer plano tienen carácter histórico, y estos elementos que contienen son reales. Pero en segundo plano, estos elementos conciernen toda la Iglesia. Por lo tanto, tenemos dos dimensiones entrelazadas: la histórica, que es la local y en tiempo concreto; y la diacrónica, que está extendida en toda la historia de la Iglesia y se refiere a toda la Iglesia y no a un lugar concreto. Así que si leemos las cosas que el Cristo escribe para la Iglesia de los Efesios o de los de Esmirna, entendemos que todos estos elementos existen dentro en la Iglesia de Cristo.

Lo digo una vez más – como somos helenos (griegos) y estas Iglesias estaban en ciudades griegas y Asia Menor entonces era Grecia- digo que las siete Iglesias y estas epístolas no son solamente diacrónicas, sino a la vez históricas, con un pedestal histórico.

¿Sabéis porque lo recalco esto? Por supuesto que cuando venga su momento os lo volveré a decir; pero os lo diré también ahora. El Cristo dirá a un “ángel”, es decir, al obispo: “te quitaré el candelabro de su puesto” (Apo 2,5) -cada Iglesia es representada con un “candelabro”, con una vela. ¿Esto sabéis lo que significa? ¡Que te trasladaré! Y se llevó las Iglesias y las ha trasladado!… ¿Decidme, qué Iglesia histórica existe hoy en Asia Menor? ¡Ninguna! Ni de la gran ciudad de Efeso, ni la de Esmirna, ni la de Laodicea, ni la de Filadelfia… No hay actualmente ninguna Iglesia de estas. ¡Los “candelabros” se movieron definitivamente el año 1922! Por eso os he recalcado que el elemento histórico es muy importante, pero volveré sobre esto cuando hablaremos especialmente para cada una de estas epístolas del texto.

Así que aquí vemos que tenemos la variedad y a la vez también la plenitud; es decir, tenemos muchas facetas y a la vez todos los casos que existen dentro en la Iglesia.

Dice san Andrés de Kesarea: “Con el número siete, con las siete Iglesias, da a entender todas las Iglesias” (Interpretación del Apocalipsis 221D). Tal y como exactamente la semana es considerada como un símbolo de la creación del mundo o de nuestra vida, de la misma manera también aquí se simboliza con el número siete la plenitud de la Iglesia.

Por eso las cosas de estas siete epístolas que analizaremos son importantísimas, os ruego que no penséis que conciernen sólo aquellas siete Iglesias históricas; conciernen la Iglesia que siempre existe hasta el final de los siglos.

Continuamos, pues con la frase «jaris (gracia, energía increada) y paz en vosotros χά­ρις ὑ­μῖν καὶ εἰ­ρή­νη» (Apo 1,4). Es un saludo cristiano de carácter litúrgico fuerte.

Este saludo de Juan el Evangelista en el Apocalipsis es una abreviación del saludo del Apóstol Pablo en su segunda epístola a los Corintios: “La jaris (gracia, energía increada) del Señor Jesús Cristo, la agapi (amor energía increada) de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros” (2Cor 13,13). ¡Veis, el Dios Trinitario!

Cierto que este tipo de saludo Juan no lo toma de Pablo, ni Pablo de Juan; se ve que había en la Iglesia y tenía el carácter litúrgico. Así que de la Iglesia lo toman, Juan y el apóstol Pablo y también los apóstoles Pedro y Judas. Sin embargo esta forma o tipo existe hasta hoy en día. Lo dice el sacerdote en el preámbulo de la oración de la santa Anáfora, cuando sale a saludar al pueblo. Por lo tanto, queridos míos, es un saludo con carácter litúrgico intenso.

Debido que la jaris (gracia energía increada) -como bondad de Dios, que emana del sacrificio de la muerte de Cristo- y la paz provienen de Dios Padre – “de el que es o existente o de el ser”, y “el que era y siempre es”, y “el que siempre viene”, ἀ­πὸ ὁ ὢν καὶ ὁ ἦν καὶ ὁ ἐρ­χό­με­νος», que dice inmediatamente después; y proceden también del Espíritu Santo ,“de los siete espíritus”; pero también del Hijo “y de Jesús Cristo”; este saludo se convierte en símbolo de confesión de Fe; pero simultáneamente también es un símbolo de Fe.

Esto nos recuerda a Diácono Felipe que dijo al Etíope eunuco que: “Si confiesas de todo corazón que Jesús Cristo es el Hijo de Dios bien puedes ser bautizado. Y respondiendo el Etíope, dijo: Creo que Jesús Cristo es el Hijo de Dios” (Hec 8,37). Confesión de Fe. Cuando más tarde aparecerán muchas herejías, el símbolo de Fe se hará más detallado. Es el conocido Símbolo de Fe o Credo de Nicea: “Creo en un Dios, Padre, Pantocrator…”, etcétera.

Así pues, aquí vemos este saludo de san Juan el Evangelista, que como os he dicho, es un saludo de carácter litúrgico intenso. Tenemos un elemento litúrgico antiquísimo de confesión litúrgica; es decir, confesamos nuestra Fe dentro al espacio litúrgico. Habéis visto que el Símbolo de Fe lo decimos en el espacio litúrgico. Cuando vamos a celebrar la Divina Liturgia, cuando tratamos de comulgar, debemos confesar nuestra Fe ortodoxa, la correcta.

“Juan, a las siete Iglesias que están en Asia: Jaris (Gracia, energía increada) y paz de Dios a vosotros, de el que es o existente o de el ser, y el que era y siempre es, y el que siempre viene, y de los siete espíritus que están delante de su trono; y de Jesús Cristo el testigo y mártir, el fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre, y nos ha dado a conocer su propia realeza (increada) espiritual y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén” (Apo 1,4-6)

Aquí amigos míos, como veremos, tenemos una referencia admirable al Santo Dios Trinitario “Jaris (Gracia, energía increada) y paz de Dios a vosotros, “de el que es o existente o de el ser”, y “el que era y siempre es”, y “el que siempre viene”, y de los siete espíritus que están delante de su trono” (Apo 1,4).

La sintaxis de la frase «ἀ­πὸ ὢν καὶ ἦν καὶ ἐρ­χό­με­νος-“de el que es o existente o de el ser”, y “el que era y siempre es”, y “el que siempre viene”,» es sólika*, es decir, una frase sin sintaxis. Igual es sóliko* en grado superior también el «ἦν el era». El “«ἦν el era» es gramáticamente imperfecto del verbo irregular εἰ­μί (imí-soy) y quiere decir era y estaba. Pone artículo en el verbo, como si dijéramos: el escribo, el tengo…! Está totalmente sin sintaxis y desconocido en nuestra lengua.

*(Σόλοικο sólico o solikismo agramatical, sin coherencia sintáctica, es el que en los textos se equivoca sintáctica y gramáticamente, en este caso san Juan y los santos escritores muchas veces lo hacen intencionadamente para indicar lo difícil e inexpresable que es el Dios o lo divino increado).

Pero se trata, amigos míos, de un solikismo intencionado, que no quiere hacer más que provocar el interés del lector. De que no proviene de un hombre analfabeto y que se trata de un solikismo, se ve también de la sintaxis posterior que es muy correcta. En cambio «ἀ­πὸ ὢν καὶ ἦν καὶ ἐρ­χό­με­νος- “de el que es o existente o de el ser”, y “el que era y siempre es”, y “el que siempre viene”,» que se refiere antes, falta la coherencia sintáctica, (es decir es sóliko).

Uno percibe que el escritor sagrado quiere de esta manera expresar lo gramáticamente indeclinable, y lo inalterable, lo eterno de la Deidad, que aquí es representada por el Padre. Lo mismo manifestaba también el nombre Yahvé, este nombre sagrado y misterioso, que quiere decir Señor o el Ὢν el que Es o el Existente. Los setenta los traducen como Kirios=Señor, pero igual se refieren también del Ὢν el Que Es o el Existente (Ex 3,14).

Este elemento sobrenatural, por un lado en el logos se expresa con un solikismo y por otro lado, en el espacio de la hagiografía se expresa con un anti-realismo. Por eso veréis muchos iconos del Pantocrator que están pintadas en las cúpulas o en iconos manuales, que tengan algo sobrenatural, algo no natural. ¡Es característico el Pantocrator del Monasterio de Dafne, que tiene una mano desarticulada, una mano con nudos o callos, ancha, terrible! No es aquella mano natural, bella sino aquella mano desarticulada.

¿Quizás sea de verdad un error del hagiógrafo o pintor y una ignorancia grande del que lo ha puesto pintando? ¡Nada de nada, lo hace expresamente! Con esta mano desarticulada quiere expresar una mano sobrenatural, que bendice sobrenaturalmente y que no es una mano humana sino divina. Por eso pues, que no nos extrañe que con la expresión del elemento sobrenatural en el Apocalipsis encontremos el solikismo, lo agramatical, o falta de coherencia sintáctica, este «ἀ­πὸ ὢν καὶ ἦν καὶ ἐρ­χό­με­νος- “de el que es o existente o de el ser”, y “el que era y siempre es”, y “el que siempre viene”,».

San Andrés de Kesarea escribe en relación lo siguiente: “Jaris (gracia, energía increada) y paz de la Deidad tris-hipóstata”. Es decir: saludos a vosotros los receptores que sois las siete Iglesias de Asia Menor, es: la“Jaris (gracia, energía increada) y la paz de la Deidad trishipostata (de tres hipostasis)”; o sea, «“de el que es o existente o de el ser”, y “el que era y siempre es”, y “el que siempre viene” – ἀ­πὸ ὢν καὶ ἦν καὶ ἐρχό­με­νος-», son exactamente los casos o circunstancias de las tres Personas de la Santa Trinidad. Y explica san Andrés: “Porque mediante el ὢν el que es o el existente se manifiesta el Padre; el que dijo a Moisés YoSoY el ὢν existente; por el ἦν el que era, manifiesta al Logos el ἦν que era y existía en Dios (Jn 1,2). Y mediante el ἐρ­χό­με­νος el que siempre viene, manifiesta al Paráclitos, el que siempre se infunde en los hijos de la Iglesia a través del santo Bautismo”. ¡Muy bien lo dice san Andrés, admirablemente! (San Andrés de Kesarea: En el Apocalipsis logos A´).

Y yo diría que es un estereotipo; parecido a lo que hacemos cuando ponemos un título a una empresa o sociedad anónima, escogemos una frase o unas iniciales de estereotipo.

Así que la expresión «ἀ­πὸ ὢν καὶ ἦν καὶ ἐρ­χό­με­νος- del que es y el que era y el que siempre viene», es de una manera la explicación de la palabra “dios”. Esto es. Y realmente escuchadlo más analíticamente:

Cuando Moisés pregunta a Dios para saber Su nombre, Él le responde: «ἐ­γώ εἰ­μι ὤν YoSoY el ser o el existente». Lo vemos en el libro del Éxodo capítulo 3º verso 14. Es digno mencionar este pasaje, por favor de todo el Antiguo Testamento, como el de Génesis capítulo 6º y también de Isaías capítulo 6º que son paralelos. Pregunta pues, Moisés: “Señor, cuál es Tu nombre, qué voy a decir a mis paisanos cuando vaya a Egipto y me digan: ¿quién Dios te ha mandado”; y responde el Señor: «ἐ­γώ εἰ­μι ὤν YoSoY el ser o el existente».

Si se supone, pues, que allí habla el Padre, entonces aquí cuando dice «ἐ­γώ εἰ­μι ὤν YoSoY el ser o el existente», es el Padre. Cuando dice «ἦν el que era», recuerda aquello que escribe el mismo santo Evangelista, que dice: “«Ἐν ἀρ­χῇ ἦν Λό­γος (en arjí in el Logos) junto en el principio de la creación era, existía y siempre está el Logos», por lo tanto este «ἦν» se refiere al Hijo. Y cuando dice «ἐρ­χό­με­νος el que siempre viene», se refiere al Paráclitos, al Espíritu Santo, el Cual ha venido y permanece a la Iglesia y santifica los hijos de Dios a través del santo Bautismo. (Ἐν ἀρ­χῇ el “junto con el principio” se refiere al Espíritu Santo, por eso no es casualidad que esté en declinación dativa, según los santos Padres).

Pero podríamos aún apuntar las siguientes: Cuando dice «ὢν el que es y el ἦν y el ἐρ­χό­με­νος que siempre viene,», es decir, Éste que siempre existe, Éste que ha existido y Éste que siempre viene, estas tres contienen el total del tiempo, tienen en su interior el presente, el pasado y el futuro. Pero como aquí tenemos el nombre «ὢν καὶ ἦν καὶ ἐρ­χό­με­νος- del que es y el que era y el que siempre viene,», es decir, Éste que siempre existe, Éste que siempre existía y Éste que siempre viene, vemos de una manera más analítica que está incluido el total del tiempo, es decir, presente, pasado y futuro. En este tiempo se mueve el Dios. Pero me diréis: ¿el Dios no se mueve dentro en el tiempo?… Sí, pero le transciende, sobrepasa. El Dios está fuera del presente, del pasado y del futuro, porque para el Dios no existe el tiempo. Por lo tanto esta expresión crónica o de tiempo quiere indicar que el Dios es ὑ­πέρ­χρο­νος hipércronos extra crónico o supra crónico o supratiempo.

Incluso esta denominación que se da por el evangelista Juan, «ὢν καὶ ἦν καὶ ἐρ­χό­με­νος- “de el que es o existente o de el ser”, y “el que era y siempre es”, y “el que siempre viene”,» toma totalmente un matiz especial y extraordinario; es decir, cuando dice «ὢν καὶ ἦν – el que es y que era», que indica el interminable presente e interminable pasado, es decir, lo siempre o lo perpetuo, esto expresa a Dios dentro en la eternidad, expresa la perpetua naturaleza divina. Cuando dice «ἐρ­χό­με­νος- el que siempre viene» aquí expresa a Dios dentro en la Historia. Por supuesto que el Dios no se desplaza. Correctamente Aristóteles, en su libro Metafísica, había dicho «τὸ πρῶ­τον κι­νοῦν ἀ­κί­νη­τον Primer Motor Inmóvil», es decir, Él mueve todo, es el Principio del movimiento y el Principio del todo; pero Él, el Dios permanece inmóvil. ¿Qué quiere decir inmóvil? Puesto que completa todo no es posible que se mueva. Porque moverse quiere decir que ocupo un punto del espacio, mientras que otro punto no lo ocupo y me voy yendo del primer punto al segundo para ocuparlo. Entonces camino, voy, vengo.

Pero como comprenderéis el Dios es Omnipresente, está en todas partes, y para el Dios no existe el ir y venir. El ir y venir se refiere sólo para el humanizado-encarnado Hijo de Dios. Por lo tanto, «el ἐρ­χό­με­νος que siempre viene» se refiere a la divina naturaleza que toma la naturaleza humana, al Logos de Dios que se hace hombre. Es aquello que el Señor dijo a Sus Discípulos y está en el Evangelio de Juan: «ὑ­πά­γω καὶ ἔρ­χο­μαι me voy y vendré» (Jn 14,28). Este es el voy y vendré de Dios y este es el movimiento de Dios dentro a la historia, pero siempre con Su naturaleza humana.

Además es característico, amigos míos, que mientras el Dios es siempre el ὢν el que existe, el Existente, -en tiempo Presente (gramáticamente) que indica duración – a la vez es también «el ἐρ­χό­με­νος que siempre viene»-gramáticamente en participio de tiempo Presente también aquí- que indica que siempre viene. Así vemos que nunca el Dios, el eterno Dios, el ὢν el que existe, y el que siempre viene, nunca ha abandonado al mundo y la historia, porque el Dios siempre viene.

Pero este siempre viene, que expresa que «el ἐρ­χό­με­νος erjómenos», tiene también sus casos excepcionales. Esto lo vemos en la epístola a los Hebreos de la siguiente manera: “Porque dentro de poco, muy poco tiempo, el ἐρ­χό­με­νος que siempre viene llegará sin retrasos” (Heb 10,37). Escuchad expresiones: ¡ἐρ­χό­με­νος ἥ­ξει el que siempre viene, vendrá!… ¿Pero cómo vendrá, puesto que siempre viene?… ¡Y sobre todo no tardará!… ¿cómo no tardará, puesto que siempre viene?…

Pues, «el ἐρ­χό­με­νος que siempre viene» indica a Dios que siempre viene dentro en la historia. Por supuesto que el Dios siempre está en la historia, y controla, supervisa el mundo y los universos, “todo está en la mano de Dios” (Sab. Sirac 10,4· Sal 118,91: Is 62,3), pero aquello de que vendrá son las apariciones extraordinarias del humanizado Logos de Dios.

También la descripción “paz de Dios a vosotros, “de el que es o existente o de el ser”, y “el que era y siempre es”, y “el que siempre viene”,» (Apo 1,4), san Andrés de Kesarea otra vez dice: «esto significa sólo a Dios Padre que es el Principio de todo; y que el principio, el medio y lo último de todas las cosas, están contenidas dentro de Él», (Interpretación Apocalipsis, logos 1). Veis que de cualquier manera que lo miremos el tema es muy rico.

Más abajo veremos también otro nombre de Dios «τὸ Α alfa καὶ τὸ Ω omega», donde A alfa quiere decir principio, y Ω omega quiere decir el fin, final o finalidad. Por lo tanto “YoSoY el Alfa y el Omega” significa que lo que tiene principio existe de mí, y lo que tiene fin también existe de mi; de mi comienza todo y en mí termina todo.

Y realmente si toda la frase se refiere al Padre, entonces la “paz de Dios” significa un Dios Trinitario, donde se diferencian las personas particulares. Por eso, tal y como veremos más abajo, vemos que son referidos “los siete espíritus” (Apo 1,4), es decir, el Espíritu Santo; y a Jesús Cristo se pone claramente último por distinción, para hacer destacar. Ya que más abajo se refiere al Espíritu Santo y más abajo a Jesús Cristo, por tanto el «ὢν καὶ ἦν καὶ ἐρ­χό­με­νος-“de el que es o existente o de el ser”, y “el que era y siempre es”, y “el que siempre viene”,» la frase entera se puede referir sólo al Padre.

 

Y continuamos el análisis: “…y de los siete espíritus que están delante de su trono” (Apo 1,4). Se entiende que jaris (gracia, energía increada) y paz,, siempre permanece como un saludo; es decir, “Jaris (Gracia, energía increada) y paz de Dios Padre a vosotros, …y de los siete espíritus que están delante de Su trono”.

Aquí se trata de la tercera Persona de la Santa Trinidad, y que aquí precede de la segunda. El divino Evangelista pone en principio la primera persona y después la tercera, y al final la segunda persona. La segunda la pone última como os dije antes, por distinción, para hacer destacar el humanizado o encarnado Hijo de Dios, pero también porque más abajo se ocupará ampliamente con la segunda persona de la Santa Trinidad que es también el epicentro del libro entero del Apocalipsis.

Aquí, amigos míos, el Espíritu Santo se llama: “los siete espíritus que están delante de su trono”. Encima del trono por supuesto que se entiende el Padre; el número siete manifiesta la plenitud y la perfección del Espíritu Santo.

Esta distinción (o destacamento) septenaria de cualidades, carismas o energías increadas del Espíritu Santo, se expresa muy bellamente en el capítulo 11º del libro del profeta Isaías. Tendríais envidia si escucharais las cosas que dice el profeta, y las utilizamos durante el día del Pentecostés. Allí el sagrado compositor de los troparios (cánticos) toma de la Santa Escritura todas estas cosas para honrar y alabar el Espíritu Santo. Escribe pues, Isaías: “espíritu de sabiduría y prudencia, de voluntad y de poder, de conocimiento y de piedad y espíritu de temor a Dios” (Is 11,2-3 y Zac 12,10). El mismo Espíritu Santo, uno e indivisible, divide los carismas, pero Éste permanece uno e indivisible.

Así, pues, el Espíritu Santo aquí se expresa como “siete Espíritus”. Por lo tanto os habéis enterado por qué el libro del Apocalipsis habla de los siete Espíritus; y es un Espíritu Santo.

Aquí haremos un pequeño paréntesis hermenéutico (interpretativo). Como sabréis, la Santa Escritura interpreta la Santa Escritura. Este es un método que utilizan también los Santos Padres de nuestra Iglesia. Por ejemplo decimos la frase: “siete espíritus”, ¿quizás está en alguna otra parte en la santa Escritura? ¿Y qué dice allí? ¿Y cómo se refiere? Sólo así podemos interpretar real y correctamente el logos de Dios.

¿Pero, por qué el Espíritu Santo se expresa como siete espíritus?

Primero, para que se muestre la prontitud y la inmediatez del Espíritu Santo -puesto que está delante del trono del Padre celeste- para que sea enviado al mundo con el propósito de la santificación. Es decir, el Espíritu de Dios espera en todo momento lanzarse –y expresamente utilizo la palabra lanzarse; acordaos en el Pentecostés que se escuchó como viento, “como soplo de viento impetuoso” – y está preparado a lanzarse al mundo para conceder Sus carismas, ¡por la agapi-amor excesiva que tiene el Espíritu Santo hacia el mundo! ¿Pero qué espera? Espera la voluntad de Dios Padre y el camino que abrirá el Hijo. ¡Las tres personas de la Santa Trinidad trabajan la sotiría (redención, sanación y salvación) del mundo!

Acordaos de aquello maravilloso que otra vez os dije, que el Espíritu de Dios se movía sobre las aguas, sobre el abismo, cuando se hizo el mundo. “En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas” (Gen 1,1-2)… ¿Habéis visto? ¡El espíritu de Dios!… Tal y como apareció en el Bautismo como imagen de paloma que viene a incubar la vida en las aguas- porque realmente la primera vida apareció dentro en las aguas- y de una manera el Espíritu Santo abraza las aguas, las calienta, incuba, empolla… y salta la vida de dentro de las aguas! ¡Qué bello!

Cuando el evangelista Juan aquí dice “Jaris (Gracia, energía increada) y paz de Dios Padre a vosotros… y de los siete espíritus que están delante de Su trono”, quiere indicar esto; que ahora por el Espíritu de Dios vendrá en vosotros la jaris (gracia, energía increada) y la paz.

Segundo, el Espíritu de Dios se envía tanto por el Padre como también por el Hijo. Lo mismo dice el Señor: “Pero cuando venga el Paráclitos, Espíritu Santo, al que yo os enviaré de parte del Padre, el Espíritu Santo de la verdad que la transmite a los hombres, el cual procede del Padre, como un río emana de su fuente, él os dará testimonio de mí” (Jn 15,26). Así que el Espíritu Santo es enviado por el Padre y el Hijo, pero procede solamente del Padre.

Si me preguntáis amigos míos, “qué quiere decir se envía”; os diré que no entiendo nada. Si me preguntáis “qué quiere decir procede”, os contestaré que no entiendo nada. Dice san Gregorio el Teólogo: “Si llegas a comprender qué quiere decir que el Hijo nace del Padre, igual percibirás y comprenderás que el Espíritu Santo procede del Padre” (Sobre el dogma y los obispos p.11).

Permanecemos, pues, queridos míos, sólo en las expresiones, las cuales constituyen una doxología a Dios, porque expresan una exactitud sobre la relación de las tres personas de la Santa Trinidad, pero no sabemos cómo exactamente se entienden todas estas cosas en la vida de la Santa Trinidad.

Aún el mismo libro del Apocalipsis allí donde el Cristo se dirige a Juan, nos dice: “Escribe al ángel de la Iglesia de Sardes: Esto es lo que dice el que tiene los siete espíritus de Dios…”. Aquel que tiene los siete Espíritus, es decir, que tiene el Espíritu Santo, el Cual envía Sus carismas.

Otra vez en el capítulo 5º nos escribe el Evangelista: “Entonces, junto al trono, vi un cordero rodeado de los cuatro animales, y de los ancianos. Estaba de pie y como degollado. Tenía siete cuernos y siete ojos, los cuales son los siete espíritus de Dios enviados por toda la tierra” (Apo 5,6). El Cordero estaba en pie y degollado, pero cómo estaba de pie y degollado lo analizaremos cuando lleguemos a este punto. Tenía siete cuernos y siete ojos, son imágenes majestuosas, terribles… que quieren indicar cómo el Espíritu de Dios se envía en plenitud de Sus carismas. El número siete es simbólico y esquemático y quiere indicar la multitud o cantidad y plenitud. ¡El Espíritu de Dios viene cargado para donar Sus regalos al mundo!

Y tercero, el Espíritu Santo está delante del trono de Dios como “siete espíritus” porque es penetrativo, es decir, penetra en todas partes. Acordaos lo que dice el apóstol Pablo: “El Espíritu Santo investiga todo, y también hasta las profundidades de Dios” (1Cor 2,10). ¡Precisamente porque penetra también dentro en la misma usía-esencia de Dios!

Dice otra vez el libro del Apocalipsis: “Del trono salían rayos, voces y truenos. Siete lámparas de fuego ardían delante del trono que son los siete espíritus de Dios” (Apo 4,5), el Espíritu Santo.

Muy bonito nos lo dice esto también el profeta Ezequiel. Pero atención: ¿por qué a veces me refiero al profeta Isaías y otras al profeta Ezequiel? Para que veamos, amigos míos, que estas imágenes son comunes también en el Antiguo Testamento y para ver exactamente que hay similitud entre ellas. Dice pues: “En medio de estos cuatro seres se veían como carbones de fuego encendidas, a modo de antorchas que se agitaban de acá para allá entre ellos. Resplandecía el fuego, y del fuego se desprendían relámpagos” (Ez 1,13).

¿Qué indica esto “que se agitaban, las antorchas de fuego”? Indica que el Espíritu Santo penetra en todo, no se Le escapa nada. ¡Y naturalmente es muy característica esta cualidad de infiltración o penetración, tal y como nos la apunta el profeta Ezequiel, porque muestra la omnisciencia de Dios, y que el Dios conoce todo, el Espíritu Santo que es Dios, todo lo conoce!

Acordaos del Antiguo Testamento que delante del arca del testamento había un candelabro con siete lámparas, (Ex 25,37). El arca del testamento es tipo o modelo de los “siete Espíritus de Dios”, es decir, del Espíritu Santo, que está preparado a ser enviado en el mundo para donarle Sus carismas.

Y continuamos: “y de Jesús Cristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra” (Apo 1,5).

Y de Jesús Cristo, se da a entender la Jaris (gracia, energía increada) y la paz. Es decir: Tenéis la jaris y la paz del Dios Padre, «“de el que es o existente o de el ser”, y “el que era y siempre es”, y “el que siempre viene”,-ἀ­πὸ ὁ ὢν καὶ ὁ ἦν καὶ ὁ ἐρχόμενος»; y del Espíritu Santo – los siete espíritus; y de Jesús Cristo.

¿Lo veis? Entra último el Cristo, aunque es la segunda persona de la Santa Trinidad, por distinción, para hacer destacar. Pero claramente la frase entera se refiere a Dios Trinitario.

Pero prestad atención: aquí se observa un nuevo solikismo, agramatical o incoherencia gramatical. Lo escrito correctamente sería: “«καὶ ἀ­πὸ Ἰ­η­σοῦ Χρι­στοῦ, τοῦ μάρ­τυ­ρος τοῦ πι­στοῦ y de Jesús Cristo del testigo y mártir fiel». Pero dice: ¡«καὶ ἀ­πὸ Ἰ­η­σοῦ Χρι­στοῦ, μάρ­τυς πι­στός y de Jesús Cristo el testigo y mártir, el fiel»! Pone declinación gramática Nominativa y no declinación Genitiva o caso genitivo. Esto se hace otra vez por destacar una nueva denominación trinitaria, que se refiere a Jesús Cristo.

¿Cuál es esta denominación adjetival trinitaria? Es el Cristo: primero “μάρ­τυς πι­στός el testigo y mártir, el fiel”; segundo, “el primogénito de los muertos” y tercero, “el soberano de los reyes de la tierra”. Y estos tres predicados-nombres se refieren a Jesús Cristo. Pero prestad atención: Se refieren a Su naturaleza humana, no a la divina. Además no dice: “y también del Hijo de Dios”, sino “y también del Jesús Cristo”. Estos predicados, pues, se refieren a la naturaleza humana del humanizado o encarnado Hijo de Dios. Porque el Evangelista allí quiere llegar a presentarnos expresivamente a Jesús Cristo que es el Centro de la Historia y de todos los acontecimientos, que tomarán lugar como acontecimientos históricos, y nos describirá con visiones en el libro del Apocalipsis.

 

El primer nombre pues: «El testigo y mártir el fiel μάρ­τυς πι­στός».

¿Por qué se llama el Jesús Cristo «testigo y mártir fiel μάρ­τυς πι­στός». En principio quiere decir testigo verídico, igual que diríamos en un tribunal que tenemos un testigo fidedigno y significa que lo que dice este testigo es verdadero.

Pero como “testigo y mártir fiel” se refiere el Dios en el Antiguo Testamento. Por ejemplo en el Salmo 88, 38 dice: “como la luna que subsiste en el siglo, en testigo fiel en el cielo».

Así que aquí ¿quién es el testigo fiel? Es el Yahvé. Pero cuando el Apocalipsis dice, ¿quién es el Jesús Cristo? ¡Es el Yahvé, el Kirios-Señor!… Dónde están los milenaristas o testigo de Jehová que dicen que Jesús Cristo no es el Jahvé, no es el Señor-Kirios, sino que es creación… ¡Ay qué hombres más blasfemos! ¡Hombres blasfemos, terrible!

Pero el Cristo, amigos míos, se llama “testigo y mártir fiel” por dos razones: primero porque él ha dado testimonio y martirio por la verdad, es decir, la ha apocaliptado-revelado.

Os acordaréis cuando Pilatos preguntó al Señor: “Quién eres”, y Él le respondió: «Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio y predicar de la verdad»; para apocaliptar-revelar la verdad (Jn 18,37).

En aquello de Pilatos, “qué es la verdad” (Jn 18,38), que el año pasado lo hemos analizado, y dijeron algunos: “Qué pena… no se sentó Pilatos a escuchar de Cristo qué es la verdad”. Porque el gran problema es exactamente esto: “Qué es la verdad”. En este momento que os veo, ¿de verdad que sois vosotros? Y en este momento que me veis, ¿soy yo de verdad? ¿Es verdad? Picaros un poco la mano; quizás estáis durmiendo y viendo algún sueño. Me diréis: ¡Qué fantasmadas nos estás diciendo, Padre! Pues, no son locuras. De verdad no sabemos lo qué es la verdad. ¡Para ella luchamos, para la verdad!

Cuando el Pilatos salió fuera -¡oh qué desgraciado!- preguntó, qué es la verdad. Se le podría decir no lo qué es la verdad sino ¿quién es la verdad? ¡Tenía delante de él la Verdad!… La verdad no es un concepto abstracto; la verdad es una persona. “YoSoY la verdad” (Jn 14,6). No dijo “He aquí he venido para deciros una cuantas cositas”, sino que: ¡YoSoY la verdad y la vida!

Dos cosas interesaban, interesan e interesarán siempre al hombre: el gran tema de la verdad y el gran tema de la vida. La verdad y la vida son dos polos del eje, diríamos, donde gira siempre toda la humanidad y anhela. Sin embargo este eje con los dos polos es el Jesús Cristo; ¡YoSoY la verdad y la vida! “He venido para hablaros de la verdad y dar testimonio de ella”. ¿Y cuál es la verdad Señor? ¡YoSoY la verdad!

Pero esto “YoSoY la verdad” significa que:esto que os digo y que os estaré apocaliptando-revelando será siempre verdadero”. Y en este caso es la verdad sobre el Dios, sobre el hombre y sobre el mundo; pero también lo que de ella proviene, el culto y la agapi (amor, energía increada) del verdadero Dios.

¡Por eso, amigos míos, sepan que fuera de Jesús Cristo hay profunda oscuridad! Veis lo que hacen los filósofos; luchan, luchan e intentan dar respuestas. Y no sólo son contradictorios entre ellos, sino cada uno es contradictorio con el sí mismo. No saben que: “…se apartaron a vana palabrería, queriendo ser doctores de la ley, sin entender ni lo que hablan ni lo que afirman” (1Tim 1,7). No obstante, si no sabemos y no tenemos nuestra opinión y no conocemos a Cristo, entonces nos encontramos en la profunda oscuridad. Tenemos que ser felices porque podemos conocer a Cristo, o por lo menos que estamos en el camino de conocerle.

Además el Cristo en el libro del Apocalipsis es “el testigo y mártir fidedigno” de lo que dirá, en general y especialmente. Lo mismo dice también el apóstol Pablo: “Fiel el logos de Dios y digno de ser recibido en plenitud por todos” (1Tim 1,15 · 4,9 · 2Tim 2,11 · Tit 3,8).

En muchas partes en el Apocalipsis, el Cristo se llama “testigo y mártir verdadero”. En concreto, vale la pena decirlo ahora, en el capítulo 3º dice: “Y escribe al ángel de la iglesia en Laodicea: He aquí el Amén, el testigo y mártir fiel y verdadero…” (Apo 3,14). Aquí vemos tres nombres de Jesús Cristo: “el Amín”, “el testigo fiel” y “el verdadero”. Pero mirad, otro solikismo, incoherencia gramatical: ¡el Amín! La palabra amín es hebrea y no toma artículo; ¡pero pone artículo! Artículo pondrá también el Apóstol Pablo y dirá para el Cristo que “el Sí”, “el amín”, “el cierto” (2 Cor 1,19-20, Heb 2,2). Amín en hebreo quiere decir, así sea, ojalá que sea, esto es, tal como es, ciertamente. Así que aquí vemos tres sinónimos por acumulación, que indican la certeza de la fidelidad del Cristo.

Pero el Cristo, queridos míos, es “testigo fiel” también por una segunda razón: porque padeció el martirio, martirio por la cruz; subió encima de la cruz gracias al testimonio de la verdad.

Porque el testimonio de la verdad implica padecimientos y sufrimientos por parte del mundo dominado por el demonio, por esta razón la palabra martirio se convierte idéntico con la confesión de la verdad y también con los padecimientos. Así que cuando decimos mártir, entendemos que decimos y testificamos la verdad y que sufrimos martirio. Veis que la verdad cuando se ofrece al mundo se ofrece con el martirio. Por eso la verdad y el pasarlo mal están vinculados estrictamente, de modo que la misma palabra expresa las dos cosas.

Por eso el Evangelista escribirá en el libro del Apocalipsis: “Cuando el cordero abrió el quinto sello, vi debajo del altar vivos a los que habían sido degollados por proclamar el logos de Dios y por μαρ­τυ­ρί­αν (martiría) testimonio y martirio que habían dado(Apo 6,9). ¿Por qué fueron degollados? ¡Para el logos de Dios! Porque dieron testimonio y martirio para el Logos de Dios, por eso fueron degollados. Mucho más antes fue degollado Jesús Cristo, el Cual es el absoluto “mártir y testigo fiel”, porque nos ha traído la plenitud de la verdad, y gracias a ella fue el Protomártir (primer mártir y testigo), puesto que sufrió el martirio encima de la cruz.

 

El segundo nombre de Cristo es “el primogénito de los muertos”.

¿Habéis pensado, amigos míos, cuántos nombres tiene el Cristo? Muchísimos, multitud de nombres. Se llama “puerta” (Jn 10,9), se llama “ladrón” (Apo 3,3 · 16,15 · Tes 5,3-4 · 2Ped 3,10), se llama “pastor” (Mt 25,32 Jn 10, 11 y 14), y “mártir y testigo fiel”, se llama “el Amín” y “el verdadero” (Jn 14,16)… ¡Multitud de nombres dentro en la Santa Escritura! Todos estos nombres se refieren a la persona de Jesús Cristo. Aquí pues tenemos un nuevo nombre: “el primogénito de los muertos”.

Aquí se da un testimonio extremadamente interesante: se certifica la identidad de éste que revela y habla a Juan. ¿Quién le está hablando? El Jesús Cristo. ¿Y qué le dice? Cierto que no nos dice esto, sino que nos dice que “tenéis la jaris (gracia, energía increada) y la paz de Jesús Cristo que es el primogénito de los muertos”. Pero más abajo el Cristo dirá a Juan: “YoSoY… el que siempre vive, y me hice muerto, y he aquí vivo o siempre vivo” (Apo 1,18). ¿Pero, Señor cómo es que vives?… “¡Resucité!” -pero siempre sobre Su naturaleza humana.

Así que, ¿quién es “el primogénito de los muertos”? Es el eterno Dios, que se ha hecho hombre, murió encima de la cruz, resucitó y vive eternamente como Θεάν­θρω­πος (zeánzropos) Dios y hombre.

De hecho en el pasaje 18 del mismo capítulo escribe lo siguiente: “YoSoY el primero y el esjatos-último y el vivo o el que siempre vive”. Aquí otro nombre de Cristo: “el primero y el ésjatos-postrero”. Pero cuando dice “YoSoY el primero y el esjatos-último y el vivo o que siempre vive”, habla como Dios, porque ningún hombre es “el primero y el ésjatos-postrero”, también el “A alfa y el Ω omega” no existe en ningún hombre sino sólo a Dios. (Apo 1,18). Nunca un hombre está en tiempo eterno presente viviente sino sólo el Dios. “…y me hice muerto, y he aquí vivo o siempre vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la muerte y del hades”. Me hice muerto, ¿Pero cómo?, como hombre, he aquí estoy vivo, es decir, resucité, ¿pero cómo?, no como Dios ni como hombre, sino como Θε­άν­θρω­πος (zeánzropos) Dios y hombre; y vivo por los siglos de los siglos, que tengo las llaves de la muerte y del hades, es decir, soy el vencedor de la muerte y del Hades.

El Cristo se llama “el primogénito de los muertos”, y como dice muy bien Zigavinós, “como el primero del vientre explotado del hades en resurrección de vida otra vez y en vida eterna”, es decir, como si hubiera salido del vientre del Hades puesto que el vientre explotó. Diríamos como una mujer que da a luz no fisiológicamente, sino con una cesárea; o permitidme decirlo más violentamente aún, con una patada al vientre y el niño sale fuera. Esto indica la palabra “explotado”; es Aquel que ha bajado al Hades y destruyó “las cadenas de las entradas (o puertas) eternas” (Sal 106,16 y Jn 2,7), es decir, destruyó al hades que estaba allí encerrado y nadie podía salir de allí. Por lo tanto, el Cristo es el primero que salió del vientre explotado, de forma violenta del vientre de Hades.

Como “primogénito de los muertos”, describe a Cristo también el apóstol Pablo en su epístola a los Colosenses: “Él es también la cabeza del cuerpo, de la Iglesia, siendo el principio, el primogénito entre los muertos, para ser el primero en todo” (Col 1,18). ¿Por qué primero? Porque él es el primero en todo “todo fue hecho por Él” (Jn, 1,3) y nosotros seguimos: es el primer muerto que resucita y nosotros detrás, segundos, terceros…

Y se llama “primogénito”, como dice otra vez el apóstol Pablo, en la epístola a los Corintios como “primicia” y garante también de nuestra resurrección. “Pero Cristo ha resucitado de entre los muertos como primicias de los que mueren (1Cor 15, 20). Por qué el Cristo se hizo primicia de los muertos o dormidos? Se hizo primicia, inicio, comienzo, primogénito, para que sigan muchos.

 

Y finalmente, el tercer nombre de Cristo: “el soberano de los reyes de la tierra”.

Este título-nombre es una repercusión de aquella famosa confesión del Señor delante del Pilatos, de que es realmente Rey. El evangelista Juan nos dice que el Señor responde a Pilatos: “36 Respondió Jesús: «Mi realeza increada y reinado no proviene de este mundo. Si mi realeza fuera de este mundo mis súbditos hubiesen luchado para que yo no fuera entregado a los judíos. Pero el poder de mi realeza no proviene de este mundo ni está basado en las armas, sino del cielo.» Le dijo entonces Pilato: ¿Luego tú eres rey? Respondió Jesús: «Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio y predicar de la verdad. Y todo aquel que siente la disposición y el anhelo por la verdad, escucha, acepta y aplica mi enseñanza y así se convierte en copartícipe de mi espiritual y celeste realeza increada». Le dijo Pilatos: ¿Qué es la verdad y quién puede encontrarla? Y cuando dijo esto, salió otra vez a los judíos y les dijo: “Yo no encuentro en él ningún delito” (Jn 18, 36-38).

Por lo tanto, amigos míos, el Cristo es el Rey… es el Soberano de la Historia… es el Triunfador. Y exactamente este Su último nombre, “soberano de los reyes de la tierra” constituye también el tema del Apocalipsis y la idea central del libro.

Dice el apóstol y evangelista Juan: Estos aliados de la bestia “pelearán contra el Cordero, y el Cordero los vencerá, porque él es Señor de señores y Rey de reyes; y los que están con él son llamados, elegidos y fieles” Apo 17,14).

Aquí, hermanos míos, hemos visto tres adjetivas determinaciones-nombres de Jesús Cristo, que constituyen entre sí una escalera natural. “El que ha venido a dar testimonio y ser mártir de la verdad”, “El que ha muerto gracias a ella y el que murió, resucitó y venció la muerte” no solo para Sí Mismo, sino para todos los hombres; y “el que finalmente como Θε­άν­θρω­πος zeánztopos Dios y hombre se hace el Rey triunfador y Señor de todos los reyes y soberanos de la tierra.

Estos tres nombres de Jesús Cristo marcan en breve toda la trayectoria de Dios Logos en la Historia. Viene, da testimonio, sufre martirio y sale de la Historia, puesto que la lleva Consigo con Su resurrección y Su ascensión o mejor dicho, la metamorfosea, transforma en Realeza increada de Dios!… Atención a esto que os he dicho: ¡Entra en la Historia, da testimonio y sufre martirio para la verdad, se resucita, y con el Juicio final toma toda la creación y la convierte en Realeza increada de Dios!… Decidme por favor: ¿qué libro fuera del Apocalipsis, que se ha escrito alguna vez en la filología universal, se podría comparar y ser más majestuoso, una obra de arte como este?… ¡Qué libro fuera del Apocalipsis?… ¡Temas enormes, grandiosos!

Amigos míos, si permanecemos en puntos teológicos y persistimos en ellos -lo diré por enésima vez- es porque debemos formarnos, edificarnos, elevarnos y subir a lo alto. No nos quedemos sólo en pensar y decir simplemente “que soy un hombre bueno”, y así de esta manera vivir en una autosuficiencia espiritual, la cual no es otra cosa que una continua muerte por inanición. Sabéis que en el lenguaje de la Economía mundana existe este límite de inanición llamado starvation limit. Si hay este límite en nuestra vida espiritual es porque lo ponemos nosotros. Y ponemos el límite a esta inanición espiritual cuando queremos permanecer felices con las migajas de alguna gnosis (conocimiento) religiosa.

¡No, hermanos míos, NO! ¡Los hijos de Dios deben saciarse de pan de Dios! Y el pan de Dios es el pan bajado del cielo (Jn 6,33·41), el Dios Logos que se ha dado a Sí Mismo como “comida”(Jn, 6,55), comida sensible, pera que podamos dentro de esta comida del “Pan celeste” ver a Dios Logos.

Por eso amigos míos, no protestéis si se os ofrece un poco más de teología. No es mucha, es poca teología, pero la que es el “Pan” que alimenta a los hijos de Dios. Amín.

Yérontas Atanasio Mitilineos

 Monasterio Komnineon de “Dormición de la Zeotocos” y “san Demetrio”

40007 Stomion, Larisa, Fax y Tel: 0030. 24950.91220

Traducido por: χΧ jJ

 

 

 

Monologa oración del corazón quebrantado

 

 

(Adaptación y compilación de un antiguo manuscrito del Monasterio de Kostamonitou. Monte Athos.)

“50,19 Corazón quebrantado y humillado Dios no lo destruirá” Salmo 50,

Cristiano mío. Continuamente repita “ΚΥΡΙΕ ΙΗΣΟΥ ΧΡΙΣΤΕ, ΥΙΕ ΤΟΥ ΘΕΟΥ ΕΛΕΗΣΟΝ ΜΕ, Kirie, Jesús Cristo, Hijo y Logos de Dios, eleisón me, compadécete de mi…”,

CONOZCA QUE: Con esta oración continua se disiparán todos los conflictos, turbaciones, miedos, preocupaciones y angustias y el Cristo te ayudará a lograr y adquirir corazón quebrantado y exactamente entonces será destruida totalmente a la perfección la fuerza y energía del Satanás.

Tal y como uno teme tocar con la mano un hierro candente, así también el diablo teme el quebrantamiento del corazón, que lo provoca la oración “ΚΥΡΙΕ ΙΗΣΟΥ ΧΡΙΣΤΕ, ΥΙΕ ΤΟΥ ΘΕΟΥ ΕΛΕΗΣΟΝ ΜΕ, Kirie, Jesús Cristo, Hijo y Logos de Dios, eleisón me, compadécete de mi…”

El quebrantamiento del corazón que provoca esta oración consistente, expulsa el pecado y toda vileza, astucia y energía satánica, humilla la exaltación del Eosforos-Lúcifer y asegura la psicoterapia, sanación y salvación de la psique-alma.

Ante un corazón quebrantado con la oración de “Kirie, Jesús Cristo, Hijo y Logos de Dios, eleisón me, compadécete de mi…”, el Satanás y sus demonios salen corriendo más rápido que un rayo.

Tal y como no puedes medir los movimientos de las alas de la abeja cuando está volando, así con esta rapidez no puedes percibir los pasos rápidos del Satanás, cuando se marcha del rostro del corazón quebrantado con la continua oración “Kirie, Jesús Cristo, Hijo y Logos de Dios, eleisón me, compadécete de mi…”

Tal y como aquel que habla públicamente sobre el fuego, pero apenas esté rodeado del fuego inmediatamente se detiene y sale corriendo, así también el Satanás que habla públicamente sobre cada mal, se detiene y se marcha del rostro del corazón quebrantado- después de la oración “Kirie, Jesús Cristo, Hijo y Logos de Dios, eleisón me, compadécete de mi…”

Cuando el demonio examina tu corazón que dice la oración “Kirie, Jesús Cristo, Hijo y Logos de Dios, eleisón me, compadécete de mi…”, primero prepara sus pasos para salir corriendo de su miedo, no vaya a ser que se destruya su corazón con esta monologa oración.

Cada virtud asusta al demonio, en la medida en que la liebre se asusta cuando es perseguida por el perro. Igual que la liebre siente y percibe que difícilmente escapa de los galgos durante la persecución, así también el demonio tiene por seguro que más que ninguna otra virtud le alcanzará antes el rayo del corazón quebrantado por la oración“Kirie, Jesús Cristo, Hijo y Logos de Dios, eleisón me, compadécete de mi…”.

Los gorriones no temen tanto el ímpetu del águila, como el demonio teme el ímpetu del corazón quebrantado por la oración “Kirie, Jesús Cristo, Hijo y Logos de Dios, eleisón me, compadécete de mi…”

Igual que la serpiente más que cualquier otra herida tiene miedo a las uñas del gato así también el demonio más que ninguna otra virtud teme el quebrantamiento del corazón por la oración “Kirie, Jesús Cristo, Hijo y Logos de Dios, eleisón me, compadécete de mi…”

Son venenosas para la serpiente las uñas del gato, pero en la psique-alma son siete veces más venenosas las uñas del diablo, en cambio el quebrantamiento del corazón para el diablo es setenta veces más venenoso que sus propias uñas, después de la monologa Oración “Kirie, Jesús Cristo, Hijo y Logos de Dios, eleisón me, compadécete de mi…”

No tengas miedo ni te asustes del quebrantamiento del corazón, porque de este modo y manera te tendrán miedo los demonios.

Aquel que quebranta su corazón con la oración “Kirie, Jesús Cristo, Hijo y Logos de Dios, eleisón me, compadécete de mi…”tiene al Satanás como una hormiga debajo de sus pies y no lo asusta. Aquel que no quebranta su corazón, tiene el satanás como un león, por eso siempre se asusta y tiene miedo. ¿Has sudado por tu tristeza y angustia orando desde las profundidades de tu corazón? Χαίρε Jere alégrate, porque en praxis operación acción has imitado el Sudor de tu CristoDios, el cual se convirtió en un coágulo de sangre en su oración, cayendo sobre la tierra.

Adaptación y compilación de un antiguo manuscrito de Monasterio de Kostamonitou.Monte Athos.

ΓΙΑ ΕΛΛΗΝΕΣ: «Καρδίαν συντετριμμένην και τεταπεινωμένην ο Θεός ουκ εξουδενώσειν» https://www.pentapostagma.gr/2017/12

Ver también:

LA ORACIÓN DE JESÚS ο DEL CORAZÓN por Sofronio Sajarof de Essex, Ruso AThonita

(de su libro la oración experiencia de la eternidad)

El archimandrita Sofronio Sajarof nace en Moscú en 1896, donde estudia bellas artes. A causa de la situación revolucionaria de su país, huye al extranjero y se establece en París el año 1922, dedicándose a la pintura. Tras experimentar al Dios personal de la fe cristiana ortodoxa, abandona el misticismo oriental de su primera juventud.

En 1925 llega al monte Athos e ingresa como monje en el monasterio ruso san Pantaleimon… https://logosortodoxo.es/oracion/la-oracion-de-jesus-o-del-corazon/

TEOLOGÍA MÍSTICA, San Dionisio el Areopagita

 

 

TEOLOGÍA MÍSTICA

San Dionisio Areopagita

 

CAPÍTULO I.

En qué consiste el divino gnofos tiniebla

«Trinidad supraesencial, supradivina y suprabondad, maestra que supervisas la divina sabiduría cristiana, guíanos a la supradesconocida y suprailuminada cima más alta de los logos de las Escrituras; allí donde están cubiertos en la hisijía-silencio los misterios de la teología y se apocaliptan-revelan, simples, absolutos e inmutables; llévanos al suprailuminado γνόφος gnofos del silencio-hisijía místico que con su profunda oscuridad suprailumina con su luz increada, y permaneciendo intocable e invisible, inunda con hermosísimos fulgores a los ángeles y a nuestros ciegos nus (espíritu de la psique)».

Ésta es mi oración. Pero tú, querido Timoteo, goza y entrégate por completo e intensamente a las contemplaciones místicas y renuncia y despójate a los sentidos y a las operaciones intelectuales del nus, a todo lo sensible y a lo inteligible, a los seres y no seres, y elévate así, a medida de lo posible, hasta unirte en Él que está más allá de toda usía-esencia o sustancia y de todo saber y gnosis. Porque cuando te hayas apartado de lo que tiene relación contigo y te hayas abandonado y librado de todo y vengas en éxtasis interior (extensión interior) de ti mismo, serás elevado al rayo del divino skotos-tiniebla u oscuridad de la supraesencia.

Pero ten cuidado de que nada de esto llegue a oídos de no iniciados; aquellos que son fuertes intelectualmente en la gnosis (intelectual creada) de los seres y se imaginan que no hay nada más superior que los seres, sino que creen que con su propia gnosis (intelectual) humana conocerán a Él que “puso su tienda en el escondite del skotos-tiniebla”. Y si las divinas mistagogías-iniciaciones están tan por encima de esos, ¿qué decir de quienes son verdaderos profanos, de aquellos que atribuyen a la Causa suprema atributos o cualidades que convienen a los seres más bajos de la naturaleza y proclaman que nada es superior a los múltiples ídolos impíos e inanimados que ellos mismos se fabrican?

En realidad, debemos por un lado, atribuir, en la causa del todo, afirmando catafáticamente-positivamente todas las tesis y todo cuanto se diga de los seres, como causa de todo, y por otro lado, más correcto aún, confirmarlos negativamente (apofáticamente) por reducción, ya que por sí misma la Causa trasciende todo, sin con esto considerar que las aceptaciones apofáticas se oponen a las catafáticas, ya que Ella, antes que se hicieran todas las cosas, se encuentra por encima de toda catáfasis, apófasis o reducción.

En este sentido, pues, dice el divino Bartolomé que la teología es al mismo tiempo abundante y mínima, y que el Evangelio es muy amplio y también conciso, breve. A mí, pues, que he comprendido estas realidades y cosas de modo sobrenatural, me parece que el Causante o la Causa bondadosa es causante de muchos y largos logos y también concisión o breve , pero a la vez ininteligible (incomprensible, no captada), ya que no es racional ni inteligible, tampoco comprensible, porque como supraesencial se encuentra por encima de todo; y solamente a los que transcienden todo lo sucio, rituales impuros, y también lo que es limpio, puro, a quienes sobrepasan a las santas cimas, desprendidos y dejando tras de ellos todas iluminaciones divinas, sonidos y logos celestes, para poder introducirse al gnofos, donde realmente se encuentra, tal como dicen los logos de la Escritura, Él que transciende todo.

Realmente no en vano el divino Moisés recibió órdenes de hacer su catarsis primero y luego apartarse de los impuros y sólo después de la perfecta catarsis oyó las trompetas de múltiples sonidos y vio muchas luces (increadas) de rayos fulgurantes; después se separa de la muchedumbre y acompañado de los sacerdotes escogidos, llega a la cumbre de las ascensiones divinas. Sin embargo, a pesar de esto, allí no encuentra al mismo Dios, ni Le ve porque es invisible, sino que sólo contempla el lugar donde Él mora.

Y aquí lugar, creo yo que significa que, las santas y sublimes visiones y concepciones percibidas por nosotros, son unos logos espermáticos espirituales contemplativos de la cosas que están subordinadas al Supremo de todo, y por los cuales se manifiesta Su presencia en nosotros, al andar sobre los confines inteligibles de Sus más santos lugares; y entonces, cuando Moisés liberado de las visiones y conceptos, libre el espíritu penetra en el gnofos de la agnosia (del no saber o del desconocimiento), realmente místico, allí donde renunciado a todos los conocimientos o gnosis que pueda la mente concebir y conocer llega al suprailuminado e invisible y se entrega por completo en Aquel que transciende todo; y después de haberse quedado inoperante de toda gnosis, unido a un nivel superior con el perfecto Desconocido, Aquel que escapa a todo conocimiento, y así con el no saber ni conocer, conoce más allá que toda gnosis (conoce la sublime gnosis increada).

 

CAPÍTULO II.

Cómo debemos unirnos y alabar la Causa de todo, a Él que lo trasciende todo.

Deseamos y ojalá podamos también nosotros conocer y ver también a este suprailuminado gnofos, despojados a toda visión y conocimiento, ver y conocer a Aquel que está por encima de visiones y gnosis, a Él que no se ve ni se conoce (lo invisible e incognoscible); porque ésta es la visión real y la gnosis verdadera; y así se alaba sobreesencialmente por la reducción el sobreesencial de todo cuanto existe; operando así como los escultores esculpen una estatua, quitando todo aquello que a modo de envoltura impide ver claramente la forma encubierta; basta este simple despojo para que se manifieste la oculta y genuina belleza.

Conviene, pues, a mi entender, encomiar a las reducciones apofáticas de modo inverso a las afirmaciones catafáticas. Realmente, por un lado aquellas tesis (afirmaciones catafáticas-positivas, sí a lo que es), las poníamos empezando de las primeras, bajando por los medias, llegando hasta los últimos extremos; en cambio aquí en la forma apofática, quitamos todo, realizando las elevaciones por los últimas hacia los primerísimas, para conocer descubierta, sin velo, aquella agnosia (desconocimiento) que está rodeada de multitud de gnosis que se encuentran en todos los seres sensibles, y ver aquel supraesencial gnofos que está oculto a la luz de los seres sensibles.

 

CAPÍTULO III.

Qué se entiende y cuáles son teologías catafáticas (afirmación positiva) y apofáticas (afirmación negativa)

En mis «Representaciones Teológicas» hemos encomiado los puntos principales de la Teología catafática, es decir, en qué sentido el Bien de naturaleza divina es Uno, omousia-misma usía-esencia y Trino, de tres hipostasis; cómo se entienden y son las cualidades o atributos de Paternidad y Filiación; y qué quiere decir la teología que procede de el Espíritu Santo; cómo desde las profundidades del inmaterial e indivisible Bien, Padre brotaron las luces de la bondad y cómo también las otras personas por sí mismas y entre ellas siempre permanecen inseparables e inalterables; cómo el supraesencial Jesús se revistió sustancialmente de verdadera naturaleza humana. Y todas las demás cosas que se encomian en las “Representaciones Teológicas” conforme a las Santas Escrituras.

En el «Tratado sobre los Nombres de Dios» he explicado en qué sentido decimos que Dios es el Bien, Ser, Vida, Sabiduría, Dinami (fuerza y energía) y todo cuanto pertenece a la naturaleza espiritual y orden de los divinos nombres; y en la “Teología simbólica” he tratado y hablado cómo pasamos de los nombres de las cosas sensibles a los nombres divinos; qué llamamos divinas formas, figuras y órganos u ornamentos, qué divinos lugares y mundos; qué significa iras, resentimientos y penas; qué sentido tienen las palabras embriaguez y entusiasmo, juramentos, maldiciones, sueños, vigilias y las otras cosas más que se refieren a los simbólicos y sagrados tipos o símbolos divinos.

Y creo que tú también habrás visto que estos últimos requieren muchos más logos o palabras que los primeros; porque las «Representaciones teológicas» y el «Tratado sobre los Nombres de Dios» son más breves que la “Teología simbólica”. Porque cuanto más alto subimos tanto más se reducen los logos o palabras que necesitamos para reducir las realidades espirituales e inteligibles; igual que ahora, a medida que nos adentramos en el supradivino gnofos, llegamos a quedarnos no sólo cortos en palabras, sino más aún, en perfecto silencio-hisijía perdiendo hasta nuestra habla y nuestro nus, sin pensar en nada.

En aquellos escritos, mientras el logos procedía y descendía desde lo más alto a lo más bajo, tanto más se aumentaban y se multiplicaban las palabras; pero ahora, que se escala y se eleva desde abajo, cuando más se avanza en la subida más escasas se hacen las palabras, y al final de la subida, al coronar la cima uno se une entero y en perfecto silencio-hisijía con el Inenarrable o Inefable.

Pero, ¿por qué decimos que en los descensos (camino catafático) comenzamos de los primeros, en cambio en las reducciones (camino apofático) comenzamos por los últimos?

Pues, hablando catafáticamente (afirmando positivamente) y con definiciones no podemos definir a Él que transciende a toda definición, sino que hablamos sobre asertos próximos y parentescos. Por ejemplo, ¿No es cierto que es más conforme a la realidad afirmar que Dios es vida y bien que no aire o piedra? Mas ahora al hablar apofáticamente (por vía de afirmación negativa), para hablar de aquel que trasciende toda negación o reducción, comenzamos por las reducciones de las cosas y realidades más lejanas y desconocidas. Y en tal sentido es distinto decir que Dios no es «embriaguez ni enojo» a decir que Dios “no se expresa y no se entiende”.

 

CAPÍTULO IV.

El sublime Causante de todo lo sensible no es nada de lo sensible.

Decimos, pues, que la Causa del todo que todo lo transciende, no es esencia, ni sin vida, ni sin logos, ni sin nus; no es cuerpo, ni figura, ni género, ni cualidad, ni cantidad, ni peso, ni volumen; no está en ningún lugar definido; ni es visto, ni viene en tacto; ni siente ni se alcanza por los sentidos, ni se molesta; no sufre desorden ni perturbación por pasiones materiales; ni por debilidad está sometido en pasiones-pazos sensibles; no necesita luz, ni experimenta alteración o mutación, ni corrupción, ni decaimiento, ni privación, ni división, ni fluido, ni nada de lo que sufren las cosas sensibles, ni tampoco es algo de estas.

 

CAPÍTULO V.

Que el Causante supremo no está incluido en lo inteligible es superior a todo inteligible

Y ascendiendo decimos que (el Causante supremo o Causa) no es psique-alma ni nus (espíritu humano); no tiene imaginación o fantasía, ni logos, ni razón ni comprensión; ni se expresa, ni tampoco se entiende; no es número ni orden, ni magnitud, ni pequeñez, ni igualdad ni semejanza, ni desemejanza; no es móvil, ni inmóvil, ni quieto, ni descansa; no tiene ni es poder, no es luz ni vive ni es vida; no es sustancia, ni siglo, ni tiempo; no puede uno gnósticamente tener contacto junto con el Causante o Causa; no es ciencia, ni gnosis, ni tampoco verdad, ni realeza, ni reino, ni es sabiduría-sofía; ni uno, ni unidad, ni divinidad, ni bondad, ni es espíritu en el sentido que nosotros lo entendemos. No es filiación ni paternidad ni nada de las cosas y realidades que conciernen a nosotros o cualquier otra cosa de las existencias o seres conocidos; no pertenece al no ser o las que no son o inexistencias, ni tampoco a los seres, y ni siquiera los seres conocen lo qué es esta Causa o Causante;

Ni Ella conoce por la gnosis qué son los seres, ni hay logos o razón sobre Ella o Él, ni nombre, ni conocimiento; no es tiniebla, ni luz, ni error, ni verdad; ni en absoluto se puede definir por la catáfasis catafáticamente o por la apófasis apofáticamente; pero cuando negamos o afirmamos algo de cosas inferiores a la Causa suprema, nada le añadimos nada quitamos. Porque la perfecta y unificada Causa de todo transciende toda definición y todo añadido, y también transciende a toda resta la superioridad de Aquel que está simplemente despojado de todo y se sitúa más allá de todo.

Traducido por Χx:Jj

 

Apocalipsis – Interpretación ortodoxa detallada (2)

 

 

 

UNIDAD 2

Epígrafe introductorio y enseñanza de acercamiento al Apocalipsis

1,1 Ἀποκάλυψις apocálipsis-revelación de Jesús Cristo, que Dios le dio, para mostrar a sus siervos las cosas que es necesario o deben suceder pronto; y la declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan,

1,1 Ἀποκάλυψις apocálipsis-revelación de la divina voluntad y decisión sobre Jesús Cristo, la cual revelación el Dios ha dado a él como jefe de la Iglesia, para mostrar y manifestar a sus fieles siervos aquellas cosas que deberían ocurrir y realizarse en breves tiempos según la voluntad divina; y estas apocalipsis-revelaciones las hizo conocer a su siervo Juan a través del ángel que le envió;

Αποκ. 1,1 Ἀποκάλυψις Ἰησοῦ Χριστοῦ, ἣν ἔδωκεν αὐτῷ ὁ Θεός, δεῖξαι τοῖς δούλοις αὐτοῦ ἃ δεῖ γενέσθαι ἐν τάχει, καὶ ἐσήμανεν ἀποστείλας διὰ τοῦ ἀγγέλου αὐτοῦ τῷ δούλῳ αὐτοῦ Ἰωάννῃ,

Αποκ. 1,1 Αποκάλυψις της θείας βουλής και αποφάσεως περί του Ιησού Χριστού και της Εκκλησίας του, την οποίαν αποκάλυψιν έδωκεν εις αυτόν ο Θεός ως προς αρχηγόν της Εκκλησίας, δια να δείξη και φανερώση στους πιστούς δούλους του εκείνα, τα οποία έπρεπε κατά την θείαν βουλήν να πραγματοποιηθούν συντόμως. Και κατέστησεν αυτά γνωστά στον Ιωάννην, τον δούλον αυτού, δια μέσου του αγγέλου, τον οποίον απέστειλε.

1,2 el cual ha dado testimonio del logos de Dios, y del testimonio de Jesús Cristo, y de todas las cosas que ha visto.

Αποκ. 1,2 ὃς ἐμαρτύρησε τὸν λόγον τοῦ Θεοῦ καὶ τὴν μαρτυρίαν Ἰησοῦ Χριστοῦ, ὅσα εἶδε.

1,3 Bienaventurado el lector o el que lee y los que oyen los logos de esta profecía, y practican, aplican y cumplen las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca.

3,3 Bienaventurado y dichoso es aquel que lee, y aquellos que escuchan los logos de esta profecía divina y practican, aplican y cumplen con devoción y fe todos los logos que están escritos en ella; porque el tiempo que se van a realizar todas estas apocalipsis-revelaciones está muy cerca.

Αποκ. 1,3 μακάριος ὁ ἀναγινώσκων καὶ οἱ ἀκούοντες τοὺς λόγους τῆς προφητείας καὶ τηροῦντες τὰ ἐν αὐτῇ γεγραμμένα· ὁ γὰρ καιρὸς ἐγγύς.

Αποκ. 1,3 Μακάριος είναι εκείνος που αναγινώσκει, και εκείνοι οι οποίοι ακούουν τα λόγια της θείας αυτής προφητείας και τηρούν με ευλάβειαν και πίστιν όλα όσα είναι γραμμένα εις αυτήν· διότι ο καιρός, που θα πραγματοποιηθούν αυτά, είναι πολύ κοντά.

(En todo el texto y casi en todas mis traducciones utilizo la palabra original la más bella de la lengua helénica. Cuando pongo la apocálispis en femenino me refiero a una revelación en singular y cuando pongo las apocalipsis me refiero a las revelaciones, cuando pongo el apocalipsis me refiero al Libro, así es en griego).

Amigos míos, aquí tenemos un admirable epígrafe introductorio del libro entero, que contiene una condensación de muchos elementos imprescindibles.

Y primero de todo; este epígrafe introductorio del libro del Apocalipsis se distingue de su tono y carácter oficial; es una majestuosidad. Recuerda el epígrafe de los libros del Antiguo Testamento. Podéis compararlo con el epígrafe introductorio del libro profético de Isaías, que dice: “Visión que Isaías, hijo de Amós, tuvo acerca de Judá y Jerusalén en los días de Ocías. Jotán, Acaz y Ezequías, que reinaron en Judá” (Is 1,1).

Segundo, «Ἀ­πο­κά­λυ­ψις, Apocálipsis-Revelación», con esta definición se hace conocido el carácter del libro; es decir, que el escritor nos avisa de que se trata sobre un libro profético.

Tercero, se manifiesta el prestigio y la autenticidad del libro, porque la fuente del Apocálipsis es el Dios y Jesús Cristo, sea hablando el mismo personalmente o a través de un ángel.

Cuarto, se apunta el propósito o fin por el que se escribe el libro del Apocalipsis, cuando dice, “para indicar a sus siervos, ἃ δεῖ* γε­νέ­σθαι ἐν τά­χει, aquellas cosas que deben o que es necesario suceder pronto“. Así que, ¿cuál es la razón que se ha escrito el libro del Apocalipsis? Pues, para que sea revelado a los fieles de Dios, aquellas cosas que deberán de suceder o es necesario que sucedan rápidamente. (*δεῖ debe que o es necesario que, ver más abajo sobre este término).

Quinto, se hace saber la identidad del escritor. ¿Quién es? “Es Su siervo Juan”. Es Juan el Evangelista, el Discípulo más amado de Cristo, el escritor del evangelio que lleva su nombre y de las tres epístolas o cartas universales.

Sexto, se expone el contenido del libro: “El logos de Dios y el testimonio de Jesús Cristo, de todo que ha visto”. Así que las cosas que nos describe el evangelista Juan son: “el logos de Dios”. De modo que el libro del Apocalipsis contiene “el logos de Dios” y también “el testimonio de Jesús Cristo”, y “las cosas que vio”; el santo escritor no añadirá ni quitará nada.

Sobre todo, terminando el libro apuntará el evangelista Juan: “Si alguno añadiere algo a estas cosas, Dios traerá sobre él las plagas que están escritas en este libro. Y si alguno quitare de los logos del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida, y de la santa ciudad y de las cosas que están escritas en este libro” (Apo 22,18-19). Es decir, aquel que cambiará, añadirá, quitará o malogrará algo de los logos del libro, no entrará en la Realeza increada de Dios. Por consiguiente tendría su primera aplicación en la persona de Juan, si él hiciera algo así. ¿Pero, qué escribe? Pues, “las cosas que ha oído”, ni más ni menos.

La idea central del libro, como os decía también la otra vez en la introducción, es la Segunda Presencia de Cristo; es decir, la guerra de las potencias antíteas (o contrarias a Dios) contra la Iglesia, el triunfo contra ellos por Jesús Cristo y la gloriosa Realeza increada de Cristo por los siglos de los siglos.

Séptimo, se destaca el destino del libro, con la bienaventuranza de aquellos que lo leen, lo estudian y los que escuchan los logos de la profecía y practican, aplican y cumplen con el logos de Dios. Dice en el epígrafe introductorio: “Bienaventurado el que lee o el lector y los que escuchan los logos de esta profecía, y practican, aplican y cumplen las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca”.

Y finalmente octavo: Se define que el tiempo del cumplimiento del contenido del libro es breve, corto: “porque el tiempo está cerca”.

Estas cosas vemos, queridos míos, en el epígrafe introductorio del libro; es decir, recibimos todas estas informaciones sobre el libro del Apocalipsis.

Y ahora con la ayuda de Dios Santo entramos en el análisis del texto sagrado, palabra por palabra, frase por frase. Tiene tanta belleza este texto que aún si nos dijeran que fuéramos de prisa no lo podríamos hacer. ¡Cómo vas a correr, cuando el mismo texto te deja clavado, te absorbe para que vayas lento y prestes atención!

 

«Apocalipsis de Jesús Cristo. Ἀποκάλυψις Ἰησοῦ Χριστοῦ»

¡«Ἀποκάλυψις Apocalipsis»! Quedemos en esta palabra. Con este término comienza el admirable libro del Nuevo Testamento. Pero qué significa «¡Ἀποκάλυψις Apocalipsis!»

(En todo el texto y casi en todas mis traducciones utilizo la palabra original la más bella de la lengua helénica. Cuando pongo la apocálispis en femenino me refiero a una revelación en singular y cuando pongo las apocalipsis me refiero a las revelaciones, cuando pongo el apocalipsis me refiero al Libro, así es en griego)

En principio significa que el libro concreto es profético; y sobre todo es el único libro profético del Nuevo Testamento, sin que esto signifique que los demás libros del Nuevo Testamento no tengan elementos proféticos. Por supuesto que estos libros, sea de carácter histórico –como son los cuatro Evangelios y los Hechos- sea de tipo epistolar –como son las epístolas de Pablo, Pedro, Juan y Santiago y el resto, están llenos de elementos proféticos. Pero estos no son por excelencia proféticos; simplemente son históricos, instructivos, etcétera. Pero el libro del Apocalipsis es por excelencia profético -el único del Nuevo Testamento- pero contiene también en abundancia elementos instructivos y consultivos.

Además, san Andrés de Kasarea, -como os he dicho, junto con Areza, los utilizaremos especialmente y serán nuestros conductores- nos dice: «Ἀποκάλυψις apocálipsis-revelación es la manifestación de los misterios ocultos, la cual se hace con la parte hegemónica de la psique que es el nus (espíritu humano) sea con visiones, contemplaciones, sea con sueños divinos o con ensoñaciones, en estado de alerta.

En este estado se encontraba el Evangelista Juan, quien estaba en alerta, en sentido y sentimiento; no estaba dormido. No vio estas cosas, como por ejemplo el Profeta Daniel que aquellas bellas imágenes que veía, era en sueño. Daniel tenía visiones divinas en sueños, en cambio Juan aquí está en alerta, despierto. Se encuentra en la isla de Patmos, en el interior de una cueva, y allí recibe el Apocalipsis.

Nos dirá un poquito más abajo: “Vine en éxtasis (extensión) y comunicación, comunión inmediata con el Espíritu de Dios, en día Domingo y escuché detrás de mí una voz fuerte… Me giré para ver, y he visto… ¡ay lo que vi! He visto alguien…” etcétera, donde es presentado el Jesús glorificado, con una admirable descripción que dice: “Yo soy Él que camina entre las siete lámparas, las siete Iglesias: Escribe las cosas que te voy a decir”. Se encuentra, pues, en percepción, sentido y sentimiento, como dice san Andrés de Kesarea; es decir, es la visión, aparición en sentido, sensible que uno la percibe mientras está despierto o en alerta.

Sin embargo, queridos míos, el término ἀποκάλυψις apocálipsis-revelación tiene un significado más profundo: Muchas veces utilizamos este término sin poder profundizar, ahondar en este. Apocálipsis-revelación en general significa que el Dios se apocalipta-revela a Sí mismo a los hombres. Y esta apocálipsis-revelación de Dios a los hombres es directa o indirectamente, con el propósito siempre de la gnosis (conocimiento increado) de Dios de parte de los hombres. El Dios no es un desconocido; es la vez el conocido y el desconocido. Es conocido, porque quiere tener comunión, comunicación con Sus creaciones, y a la vez ser también desconocido, porque es intocable, impalpable, perpetuo, sin principio ni fin, atemporal, el supra y el más allá y por encima de toda la creación visible, sensible y espiritual; porque la usía-esencia increada de Dios nunca se puede conocer; en cambio Su energía y luz increadas sí que se pueden conocer por eso es el conocido-desconocido.

Tenemos en primera vista estas expresiones aparentemente paradójicas, o si lo desean, estas expresiones apofáticas (sí, a lo que no es, confirmación negativa). Así se llaman en la teología estas expresiones; es decir, vamos a describir a Dios con palabras negativas lo que no es el Dios (confirmación negativa); porque cuando más conozco a Dios, tanto más digo que no conozco ni entiendo a Dios. Esta exactamente es una tesis, posición apofática a lo referente a la gnosis de Dios. Pero el Dios ama a apocaliptarse-revelarse; no se queda nunca en Sí Mismo; y se apocalipta-revela, como os dije, directa o indirectamente.

Aún la apocálipsis-revelación de Dios se distingue en apocálipsis-revelación natural divina y en sobrenatural.

La natural apocálipsis-revelación divina tiene tres esferas, dentro de las cuales el Dios se apocalipta-revela en Su creación. Primera es esta de la creación, segunda es el hombre y tercera es la Historia humana. Incluso podríamos decir también la historia de la creación; pero cuando decimos Historia, principalmente damos a entender los acontecimientos humanos.

Con la creación el Dios se manifiesta a Sí Mismo, según el logos de san Pablo: “Porque las cosas invisibles de él, su eterna omnipotencia, energía increada y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas” (Rom 1,20). Es decir, que dentro en la creación conocemos de forma catafática (confirmación positiva) las cualidades o atributos de Dios. No de forma apofática (confirmación negativa) como os he dicho antes, sino catafáticamente, dentro de las mismas creaciones. ¡Nos encontramos dentro en un vasto universo, que no sólo con el telescopio no hemos llegado a sus puntos ésjatos (bordes extremos), tampoco ni siquiera con nuestra fantasía! No podemos imaginar ni captar un universo sin los puntos ésjatos (bordes extremos). Igualmente, no podemos captar e imaginar un universo sin ésjatos (puntos o bordes extremos), es decir, sin un fin; ¡si tenemos pues, un universo así, entonces quién debe ser el Dios!… ¡Entonces el Dios debe ser perpetuo, eterno e infinito!

La perpetua potencia y deidad, es decir, tanto la fuerza, energía increada que no tiene principio ni fin y que es eterna, como también cada bondad Suya! Decimos que el Dios es infinito, omnipotente y sabio. ¿De dónde las sabemos estas cosas? Pues, por la creación. He aquí, pues, cómo se apocalipta-revela el Dios. Por eso queridos míos nunca en la historia humana hubo un pueblo ateo: porque el Dios se apocalipta-revela a través de Sus creaciones. ¡Y si en nuestros tiempos tenemos el fenómeno del ateísmo, se trata de una situación enfermiza y hace falta psiquiatra! ¡Cada ateo se hace objeto de análisis psiquiátrico, le hace falta psiquiatra! El estado del hombre ateo no es fisiológico.

Pero también en el hombre se apocalipta-revela el Dios, por ser el hombre como la imagen de Él. El nus, el nus hegemónico de la psique, apocalipta-revela a Dios. El hombre no simplemente con el nus puede percibir a Dios, sino que la misma presencia del nus del hombre apocalipta-revela el Eterno Nus, a Dios. ¿Por qué? Porque para que yo tenga nus para contemplar y reflexionar, quiere decir que Aquel que me ha creado tiene nus; naturalmente yo no me he creado a mí mismo, sería una gran necedad creer que yo me he creado a mí mismo. Es maravilloso lo que dice un Salmo: «¿Aquel que ha sembrado el oído es posible que no oiga?… ¿aquel que ha creado el ojo es posible que no vea y no entienda?…» (93,9). Así que a través de la creación y sobre todo del hombre, vemos la presencia y existencia de Dios.

Finalmente el Dios se apocalipta-revela también en la historia; ya que se introduce en ella a través de los acontecimientos, los cuales también dirige. Los dirige, pero sin ser influida la voluntad y la libertad humana nunca; pero la última palabra siempre la tiene el Dios. Siempre.

Os diré un pequeño ejemplo, para que lo entendáis esto; pero este ejemplo no es mío es de otro. Supongamos un barco, dentro en el cual hay pasajeros y personal. Los pasajeros y el personal se mueven de cualquier manera en todas partes, según la voluntad de cada uno, como quieren. Uno va a su cabina, otro en la piscina, otros en el salón, otro en el comedor; el mecánico va abajo en la sala de máquinas, el capitán va en la cabina del timón; cada uno se mueve como quiere, como debe, etcétera. No se delimita la voluntad de cada uno para moverse como quiere dentro del barco. Pero todo el barco se dirige hacia un punto.

Pues, esta es también la Historia, en la que entran los hombres y el Dios. Los hombres hacen lo que hacen, sin que sea influida la voluntad de ellos, pero el barco entero de la Historia está conducido a un propósito, hacia un rumbo, hacia un punto.

Así que el Dios en este sentido interviene en la Historia; interviene para dirigir, castigar, para hacer perder, para salvar, para remunerar y recompensar. Además, todo el Antiguo Testamento -algo que lo hemos dicho muchas veces- es una teología de la Historia, es una apocálipsis-revelación de Dios en la historia de Israel.

Incluso también esta Encarnación o Humanización del Hijo de Dios está en la Historia y cubre toda la prehistoria humana. Cuando el Dios dice a Eva que un descendiente suyo vendrá para salvarla (Gen 3,15), indica que no se coloca simplemente en los marcos de una región histórica, sino que la introducción, entrada de Dios con Su Encarnación cubre toda la Historia, desde la prehistoria y la historia después, hasta el ésjato-último día. Es decir, ¡son cosas inconcebibles, no captadas por la mente humana! Y aquel que realmente puede vivirlas, siente una resignación y respeto ante el Dios, ante Su agapi (amor y energía increada) y ante Sus intervenciones.

Apocálipsis-revelación existe también en la misma historia personal de cada hombre, y no sólo en la historia universal. ¿Queréis que os cuente mi historia? No os contaré otra cosa más que cómo el Dios ha entrado en mi vida. ¿Queréis contarme vuestra historia, vosotros que ahora estáis sentados aquí en el templo del san Aquiles y escucháis el logos de Dios? Me contaréis la historia de Dios en vuestras vidas. Por lo tanto, el Dios no sólo entra en la Historia universal, sino también en la historia individual de cada hombre, al creyente y al incrédulo, al piadoso y al impío, al pequeño y al mayor. No existe la suerte o casualidad, queridos míos. Todo lo dirige el Dios, en ninguna parte hay suerte o casualidad, sin embargo el Dios nunca limita la libertad y actividad humana.

La apocálipsis-revelación sobrenatural divina realiza y perfecciona la apocálipsis-revelación natural divina. Sinaí, los Profetas y sobre todo, la misma Humanización del Hijo de Dios, es apocálipsis sobrenatural divina.

La apocálipsis-revelación sobrenatural divina se distingue en exterior e interior. La exterior está ya realizada y constituye la manifestación de Dios en la Historia en la persona de Jesús Cristo. Cuando digo que no esperamos nada más que sea apocaliptado-revelado, no quiero decir que no esperamos la segunda Presencia de Cristo, porque allí está la misma persona de Cristo. En este sentido lo digo, es decir, que no se nos revelará algo más allá. Los Profetas hablaron del logos de Dios, Moisés ha visto la doxa (gloria, luz increada) de Dios, pero ahora la historia ha visto la persona del encarnado Hijo de Dios. Le volverá a ver pero será la misma persona; por lo tanto, no tendremos algo más de apocálipsis-revelación de lo que tenemos. Es decir, la apocálipsis-revelación exterior está realizada y completada.

Queda la apocálipsis interior, la cual continúa en todos los creyentes, fieles para el entendimiento y la aceptación de la apocálipsis exterior. Es decir, se apocalipta-revela el Dios en mi interior para proclamarle o llamarle Jesús Cristo Señor, es decir, Dios. Os diré lo que dice el Apóstol Pablo: “Nadie puede decir Señor Jesús sino es en Espíritu Santo” (I Cor 12,3). ¿Qué significa esto? Significa que el Espíritu de Dios me ilumina para llamarle, Jesús Señor, es decir, Dios. Y el Señor dijo: “Nadie puede venir a mí, si el Padre que me envió no lo atrae (con su energía increada jaris-gracia)” (Jn 6,44). Y vale también viceversa; que indica la equivalencia de la Santa Trinidad. No podré ir junto a Cristo si el Padre no me ha atraído. ¿Cómo me atraerá el Padre? Esto en mi interior es invisible, es misterioso; me atrae el Padre (con la energía increada agapi de la jaris). Igual que el Espíritu de Dios me ilumina (con la luz increada) para confesar a Jesús Cristo como Dios.

Aquellos que no confiesan a Cristo como Dios no tienen el Espíritu de Dios; esto es más claro que el agua. Aquel que confiesa que Jesús es el encarnado Hijo de Dios, este sí que tiene el Espíritu de Dios. Y si no tenemos el Espíritu de Dios -esto lo dice claramente Pablo- no podemos hacer absolutamente nada, no nos sanamos ni nos salvamos.

Así que, tenemos esta apocálipsis-revelación interior para la aceptación de la exterior, es decir, aceptar el humanizado Hijo de Dios.

Con esta última forma, es decir, de la apocálipsis-revelación interior, estamos llamados a estudiar y entender el libro del Apocalipsis. No creáis que aquí, cuando estaremos analizando el libro del Apocalipsis, podremos entender algo si no tenemos divina iluminación. La comprensión no es gramática, ni sintáctica, tampoco filológica, ni poética; el entendimiento o comprensión es espiritual. Porque un filólogo que no tiene el Espíritu de Dios simplemente entiende la parte filológica del libro, la gramática, la sintaxis y otras muchas cosas. Pero estas cosas son elementos exteriores. ¡Aquello que nos hace falta entender es que este libro es el logos vivo de Dios, que hablará en el interior, en nuestro corazón! Nos hace falta, pues, apocálipsis-revelación interior para entender el Apocalipsis.

Y por su lado Juan -¡atención a esto!- recibió apocálipsis interior inmediata, directamente ha visto a Cristo; pero nosotros recibimos apocálipsis-revelación indirecta: mediante el enviado de Jesús Cristo, o sea, de Juan, mediante la Tradición de la Iglesia, como también mediante el tiempo de dos mil años que han pasado hasta ahora, e incluso mediante el papel escrito, o sea, mediante el libro que leeremos, pero también mediante la audiencia del logos divino.

Yo pues ahora, debo recibir y aceptar la apocálipsis-revelación mediante estos continuos y sucesivos velos o corazas, que son el enviado -Juan- el tiempo- dos mil años-es la Tradición, es el papel escrito y la voz del orador. Ahora yo, pues, debo dejar de lado todo esto para llegar a recibir la apocálipsis de Dios. ¡Estos son los velos o corazas y son insertados necesariamente!, y si yo los rechazo no tengo nada. Los aceptaré y comenzaré dejándolos de lado. Igual que cuando entro en una casa y abro una puerta, avanzo y encuentra otra puerta y la abro también… así sucesivamente hasta llegar al punto que quiero llegar. Así lo mismo también aquí, debo dejar de lado uno a uno todos estos velos para llegar a la apocálipsis-revelación definitiva: donde yo ya solo encontraré a Dios en el interior de mi corazón, donde me hablará.

¿Pero esto como se va hacer? Esto se hará solamente con la fe, con la humildad y con la obediencia a la voz de la Iglesia, que es todo esto que os dije: Juan, Parádosis-Tradición, dos mil años, el papel escrito y la voz del orador. Además, fe es captar y percibir lo que se manifiesta con el logos oral, o la forma histórica, traspasando el velo que la misma forma histórica y el Logos con Su Encarnación se han puesto encima de ellos mismos. Todo esto pues, que son velos, estamos llamados a traspasarlos, trascenderlos, para que nos ayuden a que se nos apocalipte-revele el Dios. ¡Por eso es necesaria una nueva apocálipsis-revelación para entender el Apocalipsis de Dios! Lo repetiré otra vez: ¡necesitamos una nueva apocálipsis-revelación para entender el Apocalipsis de Dios! ¡De otra manera el libro se nos quedará cerrado, sellado con los siete sellos!

Pero me dirán, ¿por qué así?

Porque, amigos míos, así lo quiere el Dios. ¿No tiene derecho el Dios hacer y proyectar lo que quiere y cómo quiere? ¿No es el Señor? Así lo quiere el Dios, ¿Y qué quiere el Dios? Quiere que haya estos velos o corazas. ¿Para qué? Para limitar la arrogancia humana; para que no diga el hombre “yo solo los puedo encontrar”. No. Uno los encontrará a través del logos del orador; a través del papel escrito; los encontrará mediante Juan el Evangelista, que ha visto y ha escuchado todo esto. Esto hará humilde al hombre y le delimitará la arrogancia humana. Además, el hombre se sana y se salva con la ayuda de los otros hombres, en la Iglesia y por la Iglesia. Que lo sepamos bien esto, sanación y salvación personal no existe. Uno que quisiera salvarse sólo sin la ayuda de la Iglesia, sin la ayuda de los hermanos, que lo sepamos bien esto, no se salvará nunca.

Ἀποκάλυψις apocálipsis-revelación de Jesús Cristo, que Dios le dio”. Es decir, es apocálipsis-revelación de Jesús Cristo, la que Dios entrega a Él, a Jesús Cristo. Esto quiere decir “Apocálipsis de Jesús Cristo”; es apocálipsis-revelación que habla sobre Cristo y el mismo Cristo la entrega. Fuente, pues, de la Apocálipsis o de las apocalipsis-revelaciones que veremos en este libro -es el mismo Dios.

Es característico, queridos míos, que no dice “Apocálipsis del Hijo de Dios, la que Dios entregó a Él”, porque el Hijo de Dios con el Padre son iguales o equivalentes; y no puede ser que una persona entregue a la otra una apocálipsis-revelación. Una apocálipsis-revelación de este tipo significaría que las personas de la Santa Trinidad no son iguales y que una sabe algo, mientras que la otra persona no la sabe. Es utopía, no es posible; Dios es uno. Pero cuando dice que el Dios da la apocálipsis-revelación a Jesús Cristo, significa que la da a Su naturaleza humana. No olvidemos que la naturaleza humana de Cristo no es infinita. A causa de la unión hipostática-substancial, es decir, la personal –esto quiere decir, hipostática- a causa de la unión personal con el Dios Logos se puede considerar la naturaleza humana de Cristo como omnipresente. ¡Habéis oído, omnipresente, en todas partes! Pero no por sí misma, sino a causa de la unión personal o hipostática con el Dios Logos. Así que el Dios da a Jesús Cristo esta apocálipsis-revelación, el Cual por Su parte la dará a Juan, y Juan la entregará a la Iglesia.

El cómo ha recibido Jesús Cristo esta apocálipsis de Dios -y cuando decimos Dios, damos a entender Padre, Hijo y Espíritu Santo, no lo olvidemos esto- lo vemos en el capítulo 5, en los versículos 6, 7 de la siguiente manera: “y tomó el libro de la mano derecha del que estaba sentado en el trono. Entonces, vi junto al trono y de los cuatro seres vivientes, y en medio de los presbíteros, estaba en pie un Cordero como inmolado o degollado que tenía siete cuernos, y siete ojos, los cuales son los siete espíritus de Dios enviados por toda la tierra. Se acercó y tomó el libro de la mano derecha del que estaba sentado en el trono” (Apo 5,6-7). ¡Dice Juan, entre el trono y los cuatro animales, que son los Querubines, he visto un Cordero degollado, pero estando en pie! Es aquello que dirá el Cristo en apocálipsis-revelación directa a Juan: “¡Yo soy aquel que me he convertido en muerto, pero he aquí vivo!” (Apo 1,17-18). ¡Pero Cristo como Hijo de Dios nunca muere su naturaleza divina; como hombre Su naturaleza humana se convierte en muerta, porque fue crucificado encima de la cruz y enterrado en el sepulcro.

Cordero, pues, degollado. ¡Bella imagen esta! ¡Cordero degollado y estando en pie!… La Iglesia primitiva amaba mucho esta representación, como también, el icono del llamado “buen Pastor”. ¡Era el símbolo más amado de la antigua, de la primitiva Iglesia cristiana, el icono más amado! ¡Pero también el punto más amado de aquellos que estudian el libro del Apocalipsis es el Cordero degollado y en pie!… Pero uno debe progresar mucho para amar estas cosas.

¿Habéis visto?: “y vi que el Cordero se acercó y tomó el libro de la mano derecha de Aquel que estaba sentado en el trono”. Pero no dice quién estaba sentado, por estricto respeto. Estaba sentado Dios, como veremos en el análisis más abajo. He aquí cómo Jesús Cristo tomó la Apocálipsis de Dios Padre, o generalmente de Dios, “de Aquel que estaba sentado en el trono”.

Juan después, como veremos más abajo, oye un Ángel que dice: “¿Quién podrá abrir este libro?” ¡Nadie se ha encontrado y Juan llora!… ¡hay que ver, llora!

“¡No llores, le dice, un Presbítero! ¡Se ha encontrado quién va abrir el libro! Es el Cordero degollado; Él va abrir el libro” (Apo 5, 2-5); es decir, el Cordero degollado apocaliptará-revelará el libro. Por esta razón es «Ἀποκάλυψις Ἰησοῦ Χριστοῦ Apocálipsis de Jesús Cristo», significa que manifiesta y apocalipta-revela a Cristo, y a la vez la apocálipsis se hace por Jesús Cristo. Esto pues, significa la frase “Apocálipsis-revelación de Jesús Cristo, la que el Dios le ha dado”.

“Para mostrar a sus siervos” (Apo 1,1); ¿Pero siervos de quién? De Jesús Cristo. ¿Mostrar qué? Pues, aquellas cosas que constituirían el contenido del libro, y por consiguiente expresa el propósito por el que se ha dado la Apocálipsis-Revelación. ¿Exactamente qué? “Las cosas que «δεῖ es necesario que o que deben» suceder pronto!

Sí, “las cosas que «δεῖ es necesario que o que deben» suceder pronto”. Pero, ¿por qué «δεῖ es necesario que o debe que»

Queridos míos, este «δεῖ es necesario que o deben que*» teológicamente tiene un significado y una importancia en la Santa Escritura. Permitidme, el resto del tiempo que nos queda para hoy, ver este «δεῖ es necesario que o debe que» de la Santa Escritura.

(* El verbo δεῖ dí, existen en griego verbos impersonales que se usan en tercera persona del singular y cuyo sujeto es una oración subordinada completiva de infinitivo en español. Uno de estos es el«δεῖ» que se utiliza indistintamente y quiere decir “debe que” o “es necesario que”. Los verbos impersonales no toman un sustantivo, es decir, persona, animal o cosa, sino una frase segundaria)

Debo deciros que esto lo encontramos frecuentemente en la Santa Escritura. Así pues, indicativamente os presentaré algunos pasajes.

Daniel dice a Nabucodonosor: “Pero hay un Dios en los cielos, el cual revela los misterios, y él ha hecho saber al rey Nabucodonosor lo δεῖ que debe acontecer en los postreros días. He aquí tu sueño, y las visiones que has tenido en tu cama: Estando tú, oh rey, en tu cama, te vinieron pensamientos por saber lo δεῖ que debe suceder en lo por venir; y el que revela los misterios te mostró lo δεῖ que debe suceder” (Dan 2, 28-29).

El Evangelio de Mateo, 16,21 dice: “Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos δεῖ que debe ir o es necesario que vaya a Jerusalén y δεῖ que debe padecer o es necesario que padezca mucho… y δεῖ que debe morir o es necesario que muera, y resucitar al tercer día…” ¡ δεῖ debe que o es necesario que! ¿Pero, por qué δεῖ debe que o es necesario que?…

Y en el Evangelio de Luca, cuando el Cristo había resucitado, dice a sus dos Discípulos en el camino hacia Emaús: “¿No ἔ­δεῖ debería o no era necesario que Cristo padeciera todo eso, y sólo por los sufrimientos entrar en su doxa (gloria, luz increada)? (Lc 24,26).

Este «δεῖ debe que o es necesario que», queridos míos, es difícil, misterioso e incomprensible. Simplemente diríamos: ¿por qué como sea δεῖ deben suceder todas estas cosas, y sobre todo cosas nada agradables, como por ejemplo, la crucifixión, o la persecución de la Iglesia, o sea, de los fieles, hasta la Segunda Presencia de Cristo?”.

En principio, queridos míos, la Iglesia debería tomar una concreta forma de trayectoria en la historia, a pesar de que este camino estaría lleno de tentaciones y persecuciones por parte del mundo.

Pero observamos que este «δεῖ es necesario que o debe que» de la Iglesia, es decir, la Iglesia «δεῖ es necesario que o debe que » pasar un camino de tribulaciones, sufrimientos y persecuciones, viene a ser paralelo con el «δεῖ debe que o es necesario que», de Cristo. No podría ser de otra manera, porque la Iglesia constituye el Cuerpo de Cristo. Cuando el Cristo pues, dice que «δεῖ es necesario que muera o que debe» morir, «δεῖ o es necesario que o que debe» ser crucificado», entonces la Iglesia también «δεῖ es necesario que o que debe» morir, «δεῖ es necesario que o que debe» ser crucificada.

¡Miedo, no os asustéis!… ¿Nos hemos bautizado y crismado? ¿Queremos ser Cristianos ortodoxos? Pues, que lo decidamos y concienciemos: ¡Cristo se ha crucificado! Posiblemente nosotros también. ¡Cristo fue perseguido! Obviamente nosotros también. “Si a mí me han perseguido, a vosotros también os perseguirán” (Jn 15,20), nos dice Cristo. Por favor, he aquí el pasaje paralelo. El pasaje “si a mí me han perseguido” es el «δεῖ es necesario que o debe que » de Cristo; y lo “también a vosotros os perseguirán” es el «δεῖ di debe» de la Iglesia. Por lo tanto, el «δεῖ di debe» de la Iglesia es paralelo con el otro «δεῖ di debe» de Cristo.

Este «δεῖ es necesario que vaya o que debe» subir a Jerusalén, que dice Cristo, para ser crucificado, es paralelo con el “por muchas tribulaciones y sufrimientos…” (Hec 14,22), que dijo el apóstol Pablo en los Hechos. Acordaos cuando al apóstol Pablo le apedrearon en la ciudad Listra, y fueron sus discípulos de noche para llevarle y enterrarle, y allí le encontraron vivo; entonces se levantó y les dijo: “Por muchos sufrimientos y tribulaciones en vosotros, «δεῖ debe que o es necesario que» paséis para que entréis en la Realeza increada de Dios. Me imagino que le dirían: “Santo apóstol de Dios, ¿por qué «δεῖ es necesario que o que debe»?; ¿no podrías evitar el apedreamiento? No, «δεῖ es necesario que o debe que». ¡Misterioso! ¡Muy profundo!

Pues, este «δεῖ es necesario que o que debe subir a Jerusalén» de Cristo, y lo de “por mucho sufrimiento «δεῖ es necesario que o que debe» pasar para entrar en la realeza increada de Dios” de apóstol Pablo y “lo que «δεῖ es necesario que o que debe» suceder pronto” del Apocalipsis son paralelos.

¿Pero por qué? Porque, por un lado, con el «δεῖ es necesario que o debe que» de Cristo los hombres rechazarían la persona de Cristo y Su obra; y a fin de que sea realizada como sea, con seguridad la sotiría redención, sanación y salvación, -os doy ahora una interpretación del misterio a medida de lo posible- llegó el Cristo a la Cruz; ¡y el instrumento de la cancelación de la obra de la sotiría redención, sanación y la salvación, la cruz, ahora se ha convertido realmente en instrumento de la sotiría! Por eso el Señor dijo «δεῖ es necesario que o debe que».

Por otro lado, el «δεῖ es necesario que o debe que » de la Iglesia por la misma razón; el mundo no aceptaría la presencia de la Iglesia y asumiría la guerra contra ella. ¡En este momento que estamos hablando, queridos míos, no os podéis imaginar lo qué están maquinando las potencias oscuras o los poderes fácticos a nivel mundial en contra la Iglesia!… ¡Están rabiosos, rabian y rabiarán mucho más!… Ineludiblemente, pues, la Iglesia entra en una guerra.

O sea que, -prestad atención a esto- la Iglesia como sea debe estar derecha, en pie, dominar y llegar esperando a Cristo hasta Su Segunda Presencia. Acordaos lo que dice el apóstol Pablo, ¡que el misterio de la Divina Efjaristía se estará realizando hasta que venga el Cristo! (I Cor 11, 26) ¿Hasta cuándo? Hasta Su Segunda Presencia. Por consiguiente, la reacción intransigente del mundo, -como el mundo es intransigente o decid lo que queráis- constituye esto de “las cosas «δεῖ es necesario que o que debe» que sucedan de la Iglesia como inevitable. Esto es todo. Es decir, lo inevitable de los acontecimientos entre las relaciones mundo e Iglesia es expresado por el «δεῖ es necesario que o que debe», aquellas cosas que como sea, sin falta o de cualquier manera deben hacerse.

Dicen muchos que quizás aquí tenemos una obligatoriedad de los acontecimientos, es decir, una imposición, una limitación de la libertad. Pero no. Este «δεῖ es necesario que o que debe» no expresa una obligatoriedad de los acontecimientos, sino la necesidad de la sotiría (redención, sanación y salvación), de la que provienen todos estos distintos acontecimientos.

Es decir, la sotiría (redención, sanación y salvación) es un hecho irrevocable de la agapi (amor, energía increada) de Dios. Escuchad: ¡irrevocable! El Dios ama y quiere redimir, sanar y salvar al mundo. ¡Por muy que rabien los enemigos de la Iglesia, por muy que rabie el diablo, el Dios quiere redimir, salvar y sanar al mundo! Por eso es introducido este «δεῖ es necesario que o que debe». En otras palabras, el diablo es impenitente, no arrepentido e irrevocable; y la sotiría, como dijimos, es irrevocable; por lo tanto, choque, conflicto! He aquí, pues, porque entra el «δεῖ es necesario que o debe que ». Resultado: los acontecimientos del presente y del futuro, así de una manera u otra «δεῖ debe que o es necesario que» sucedan, o es necesario que pasen estas cosas. Esto hemos analizado.

Posiblemente, me diréis: no lo hemos entendido. Queridos míos, tanto si lo comprendemos como si no, esto constituye verdaderamente un misterio.

Pero diréis: ¿Por qué el Dios permite esta la peor solución? ¿No es fuerte el Dios? Es exactamente esta tentación que hay en muchos que dicen lo mismo: ¿Pero por qué, es que el Dios no es fuerte para intervenir? ¡Pero, hermano mío, entonces tú Le dirás a Dios que te quita y compromete tu libertad! El por qué el Dios escoge la peor solución, inmediatamente os lo digo: ¡Porque el Dios ama y quiere mostrar esta Su Agapi (amor, energía increada), y ofrece hasta Su Hijo para que sea crucificado!

Me diréis otra vez: ¿no tenía otra manera mejor, para salvarse el mundo? Por supuesto que tenía, pero quiso sanar y salvar al mundo con la agapi (amor, energía increada). Y esta sotiría (redención, sanación y salvación) con aliciente la agapi, es un misterio, y sobre todo constituye una faceta del misterio de la agapi de Dios.

San Isaac el Sirio nos lo revela. Cuando por primera vez, amigos míos, leí esto que os voy a leer ahora, no me satisfizo, y me temo que a vosotros nos os vaya a satisfacer, porque es un misterio; pero ahora me satisface plenamente. Escuchadlo: “El fin de todo esto es que el Dios y Señor por la excesiva agapi a la creación… He aquí la llave, ¡por la agapi-amor excesiva! –ha entregado su propio Hijo para morir en la cruz. “Porque tanto amó Dios al mundo, que le dio su unigénito Hijo, para que todo aquel que en él cree no perezca, sino que tenga vida eterna” (Jn 3,16). El Dios por Su excesivo agapi por nosotros, ha entregado a Su Hijo Unigénito, no porque no podría redimirnos de otra manera, sino que quería enseñarnos exactamente esta trascendental agapi-amor Suya. ¡Esto, queridos míos, no lo captamos, no cabe en nuestra cabeza, no! ¡Y a través de la muerte de Su Hijo nos ha atraído hacia sí mismo, para mostrarnos cuánto nos ama y nos ama exageradamente! Y si tuviera algo más precioso y mejor nos lo daría, con una condición: que nos vayamos junto a Él y se encuentre el género humano junto a Él. Y por esta excesiva agapi suya no se dignó en agredir nuestra libertad, aunque es omnipotente para hacerlo, pero ha dejado que nosotros queramos acercarnos y juntarnos con Él con nuestra conducta, nuestra agapi y con nuestro corazón” (San Isaac el Sirio: logos 71).

Todas estas cosas, amigos míos, expresan el misterio «ἃ δεῖ γε­νέ­σθαι las cosas que es necesario que sucedan». Así con esta solución, por un lado, se hace destacar la agapi (amor, energía increada) de Dios, y por otro lado, se mantiene la libertad del ser humano. ¡Realmente admirable el Dios!

De estas dos cosas, libertad y agapi, cuando están conectadas, unidas en conciencia y vivencialmente en cada creyente, entonces ellas paren, generan la santidad, con la que entramos en la Realeza increada de Dios.

«Ἃ δεῖ γενέσθαι a di llenesze, de las cosas que «δεῖ es necesario o que deben» suceder pronto o en breve” ¿Pero cuándo van a suceder todas estas cosas?

Dice san Andrés de Kesarea: «Sucederán pronto, en breve ἐν τά­χει en taji» “Esto significa que algunas de las cosas que se han profetizado están en nuestros pies, en breve, he aquí ahora –y si quieren también son contemporáneos, por la profecía que se profetizó entonces- y aquellas cosas que serán al final de la historia, los ésjatos-últimos acontecimientos y tiempos, y también aquellas cosas que se refieren como profecías, no tardarán; porque igual que ha pasado el día de ayer, así son también mil años para el Dios”.

Inmediatamente después del registro de las apocalipsis-revelaciones, queridos míos, tenemos el inicio de aquellas cosas que sucederán, que como una cadena se extienden hasta los finales-ésjatos de la Historia. Por lo tanto, este «ἐν τά­χει en taji pronto, en breve» revela el inicio rápido de lo revelado, pero no su terminación. Es decir, tenemos una apocálipsis-revelación progresiva de los acontecimientos, que el inicio de estos es inmediato pero la terminación de estos será al final, a los ésjatos-últimos tiempos. Pero el inicio y el final de estos acontecimientos se reflejan en una y la misma imagen.

Aquí me gustaría que os fijarais en algo. Es característico que este pre-cristiano «δεῖ debe que o es necesario que», que lo vemos en Daniel y en otros Profetas, el tiempo más bien es indefinido crónicamente, mientras que el «δεῖ debe que o es necesario que» meta-cristiano o postcristiano es concreto y «ἐν τά­χει en taji pronto, en breve».

O sea; En los 2.000 años adC tenemos a Abraham. El Dios promete que de él hará mucho laós-pueblo. Y sobre todo le apocalipta-revela también sobre el Mesías. Y esto los Profetas, desde la época de Abraham hasta la venida de Cristo, durante estos dos mil años lo dirán y lo repetirán. Cuando leemos en el Antiguo Testamento las profecías sobre el Mesías, tenemos la sensación de que estas cosas sucederán en un futuro muy lejano, alguna vez, en tiempo indefinido. Atención: cronológicamente indefinidas, nunca lo sabemos. Sin embargo, estas cosas se realizaron desde la época de Abrahán y durante dos mil años; y Cristo ha venido dos mil años después de Abrahán.

Ahora bien, con el «δεῖ debe que o es necesario que» post-meta cristiano nos dice que estas cosas sucederán “pronto, en breve”, de modo que el profesor Brasiotis diga que sentimos el galope de los acontecimientos venideros, como cuando escuchamos el ruido de los galopes de los caballos en un camino adoquinado, he aquí, vienen “pronto, rápidamente” y han pasado desde la primera Presencia de Cristo dos mil años (Brasiotis: Apocalipsis pag 69); y os pongo la siguiente pregunta: ¿Quizás nos encontramos en los ésjatos-últimos tiempos o por lo menos al comienzo de los últimos tiempos y acontecimientos? ¡Amigos míos, posiblemente sí!

«Y ha apocaliptado-revelado estas cosas el Cristo, mandando Su ángel a Su siervo Juan, quien ha dado testimonio para el logos de Dios, sobre Jesús Cristo y de todas las cosas que ha visto” (Brasiotis p.69).

“A Su siervo Juan”;

Se trata del evangelista Juan, quien a causa de la importancia de las apocalipsis-revelaciones escribe su nombre, algo que no hace en su evangelio; porque conocía que después de él, habría conflicto -y lo hubo- sobre quién es el escritor del libro del Apocalipsis. Fue escrito pues, el nombre del divino Apóstol y Evangelista, para que sea certificado y demostrado que este libro no es un documento falso sino auténtico, es obra del evangelista Juan.

Esto amigos míos, no es de poca importancia sino grandiosa; porque si sabemos que este libro es de Juan, ¡cuánto cuidado debemos de tener! Y la Iglesia realmente ha considerado que el libro del Apocalipsis es de Juan el Evangelista, el Discípulo, por lo tanto, este libro justo y dignamente ha sido incluido al Canon de los libros del Nuevo Testamento; es decir, de la Santa Escritura. Y sabemos que en este punto la Iglesia fue muy moderada y mesurada. Obras de Padres Apostólicos, es decir, de los sucesores de los Apóstoles, por ejemplo como una epístola de Barnaba o Bernabé o de cualquier otro, no fueron incluidas en el Nuevo Testamento. La Iglesia con mucho cuidado, esmero y conforme pasaban los años determinó cuáles son los libros de primera serie o primer nivel, es decir, aquellos que están escritos por la mano de los testigos presentes del Logos, (Lc 1,2 · Jn 3,11· II Ped 1,16 · I Jn 1, 1-3), los que tocaron, escucharon y vieron el Logos Dios, el que se encarnó como dice Orígenes en su obra (t.9, Fragmenta in Lucam, 21b.2-22b.1). Por lo tanto el escritor del libro del Apocalipsis es san Juan.

La descripción como «δοῦ­λος dulos-esclavo o siervo» es acostumbrado para los Apóstoles cuando escriben una epístola o carta. Pero la sencilla descripción del nombre, como cuando escribe “Juan”, sin poner “discípulo de Jesús”, sin poner “Apóstol” o cualquier otra característica añadida al nombre, indica que los receptores y lectores del libro eran muy conocidos de Juan, y Juan también en ellos.

Además se observa que el libro del Apocalipsis, se entrega a la Iglesia por el Dios Padre mediante Jesús Cristo al ángel y del ángel a Juan. Es decir, aquí tenemos una viva cadena de la tradición: el Dios Padre a Jesús Cristo, el Hijo de Dios, es decir, el Logos que se hizo hombre, el Jesús Cristo da al ángel y el ángel a Juan y Juan entrega a la Iglesia. Aquí pues, vemos realmente esta admirable tradición viva.

Por eso, amigos míos, la Parádosis (santa entrega y tradición) junto con la Santa Escritura, constituyen la base de la Iglesia. Además la Tradición salvaguarda la asesoría, el principio de fidelidad y validez también de la Santa Escritura; esta nos ha dicho qué libro es auténtico y qué no. Lo digo para aquellos que rechazan la santa Parádosis-Tradición de la Iglesia, llámense protestantes, u ortodoxos que se han influenciado de los protestantes. Os lo he dicho muchas veces y no me cansaré de decirlo que la llave para la interpretación de la Santa Escritura está puesta en el armario de la Parádosis (santa Entrega y Tradición). Por eso los protestantes interpretan la Santa Escritura variablemente como cada uno le place, con el resultado de haberse partido en muchos trocitos lo referente de la fe; ¿hoy en día ni ellos mismos saben lo qué creen, qué creían ayer y qué creerán mañana! (Dicen los santos Padres, los papistas creen al papa infalible y los protestantes cada uno se ha convertido en un papa infalible).

Continuamos: «las cosas que ha visto» (Apo 1,2). Por lo tanto Juan ha visto; vio visiones, vio iconas-imágenes y símbolos. Por supuesto que las ha visto. Por tanto no son productos de la fantasía, imaginación, ni productos del logos íntimo; son realmente las cosas que ha visto. El Cristo le dirá: “Escribe las cosas que ves y las que escuchas”. Pero en otro caso concreto dirá: “No escribas estas cosas que escuchas; estas son sólo para ti, séllalas, pero no las escribas; las otras, sí escríbelas” (Apo 1,11 · 19,2 · 1,8 · 10,4 y otros).

Así uno ve claramente que el Apóstol nos escribirá con toda sencillez, aquellas cosas que ha escuchado y visto; sin añadir ni quitar nada. Sabemos sobre todo que la característica principal de una obra auténtica es que no está retocada, como por costumbre están las obras falsas. El propósito de las obras falsas es crear al lector una impresión, por eso, como son falsas, quieren atraer la atención; en cambio el libro verdadero, que describe cosas correctas, aquellas que realmente son de Dios, no tiene esta necesidad. Pero aquí el escritor sagrado escribe las cosas que ha visto y escuchado, ni más ni menos. Es decir, si escribe o no escribe algunas cosas será culpable ante el Dios; si escribe demás, también será culpable ante el Dios: Por lo tanto no escribe más ni menos.

Sobre todo este libro termina de la siguiente manera: “Yo aseguro a todo el que escucha los logos de la profecía de este libro que si alguno hace añadiduras a esto, Dios le añadirá a él las plagas descritas en este libro. Y si alguno quita algo de las palabras, de los logos de este libro profético, Dios quitará su parte del árbol de la vida y de la ciudad santa, descritas en este libro” (Apo 22,18-19); es decir, si alguien altera algo de este libro, no entrará en la realeza increada de Dios. ¡Pero si el mismo Evangelista que escribe estas cosas para aquel que con su mano sacrílega intentaría falsear y alterar, mucho más las escribiría para sí mismo! Realmente, pues, registra “las cosas que ha visto y escuchado”.

Bienaventurado y dichoso es aquel lector que lee, y los oyentes que escuchan los logos de esta profecía divina y aplican y cumplen con devoción y fe todas las cosas que están escritas en ella; porque el tiempo que se van a realizar todas estas cosas está cerca” (Apo 1,3).

Este epígrafe introductorio del libro, amigos míos, cierra con la bienaventuranza y bendición a los lectores y oyentes del libro del Apocalipsis en especial, pero también del logos de Dios en general. Esta bienaventuranza es la primera de las siete registradas en el libro del Apocalipsis. Es la tercera vez que tocamos el libro del Apocalipsis. La primera vez antes de quince años (1965), habíamos hablado sólo de las siete bienaventuranzas registradas en este libro. Hace dos años (1978) hablamos analizando sólo tres capítulos; y ahora, si el Dios quiere, avanzamos poco a poco, lo que Él permita y quiera, a ver de más cerca y detalladamente todo este libro.

Pero, amigos míos, quedemos aquí en esta bienaventuranza: “Bienaventurado el lector o el que lee y los oyentes”. “El lector que lee”, en singular; “los oyentes”, en plural. Esto indica que uno lee y muchos escuchan. ¿Qué manifiesta esto, uno leer y los muchos escuchar? ¿Dónde puede ocurrir esto? Pues, no en otra parte que en el Culto público; donde este libro –atención a esto- estaba en uso. Igual que se utilizaban el evangelio y las epístolas de los Apóstoles, así se utilizaba también el libro del Apocalipsis; por eso dice: “El lector y los oyentes”. Y el propósito o fin de la lectura del libro en el Culto público era el consuelo y fortalecimiento de los fieles por un lado, y por otro lado, la formación, corrección y mejoramiento de ellos, según el contenido del Apocalipsis.

Una imagen-icona muy antigua y bella sobre la lectura de los libros de los Apóstoles, sea de los evangelios o de las epístolas, nos la salvaguarda san Justino el filósofo; y se refiere a los oyentes y al lector en el Culto público. Está en su primera apología, más o menos en el siglo II o un poco antes. Allí escribe lo siguiente:

Durante la llamada “día del sol”, el Domingo; (así llamaban los idólatras el domingo: día del sol). Por eso esta denominación se mantuvo principalmente de los latinos en las lenguas europeas. Decimos Sunday (es decir, día del sol) todos aquellos que viven en ciudades o en pueblos alrededor de la región se congregan en una sinaxis (reunión) común, donde se leen las memorias de los Apóstoles, es decir, los evangelios, o las escrituras de los Profetas. Había pues “el lector” y “los oyentes”, y uno ve cómo resuena admirablemente la praxis de la Iglesia con esta petición que da el sagrado Evangelista en el libro del Apocalipsis. Cuando el lector se detiene de leer, después el obispo oficial hace el discurso analizando lo que se ha leído, instruyendo y motivándolos para imitación y aplicación de los logos” (San Justino mártir y filósofo: apología 1). Por eso, como veis también nosotros aquí hacemos la lectura. Hacemos un trabajo mixto: el texto se debe leer, ser escuchado, traducido y después analizado. Así debemos tener contacto con el texto sagrado, de modo que poco a poco nuestro oído se acostumbre para que sea familiar y no extranjero. Y es necesario que se escuchen logos aconsejables que motivan la imitación y aplicación para buenas obras.

Pero nuestra Iglesia, como los heréticos habían creado muchas interpretaciones falsas sobre el libro del Apocalipsis, evitó de ponerlo como lectura apostólica. Por ejemplo, una mala interpretación de este tipo es también el caso de mil años de reinado de Cristo. ¡Cuántos conflictos y escándalos, había traído esto! ¡Sabéis que viviendo el escritor, el apóstol y evangelista Juan, ya se había interpretado mal su libro! Y el primero que lo interpretó mal fue Kírinzos. Este no era cristiano; era gnóstico que había mezclado el Cristianismo con filosofías y religiones extranjeras y varios otros. Kirinzos había tomado este pasaje “con el que reinarán mil años” (Apo 20, 5-7) y empezó hablar de mil años de reinado. Incluso se había alborotado el mismo apóstol y evangelista Juan. Una vez en Efeso en un baño público, se enteró que estaba también el Kirinzo; entonces dijo el sagrado Evangelista: “¡Vámonos de aquí, no vaya ser que se caiga el techo del baño y nos mate!”, se entiende a causa de este herético. (San Irineo: “Examen y reproche a los falsos conocimiento o gnosis”).

Por eso los Apóstoles, aquellos elementos del Evangelio que podrían ser mal interpretados fácilmente, los recalcaban. Así, por ejemplo, dice el apóstol Pablo: “Yo sé que después de mi partida se introducirán entre vosotros lobos crueles, que no perdonarán al rebaño; y que de entre vosotros mismos surgirán hombres que enseñarán doctrinas perversas, así y así… con el fin de arrastrar a los discípulos en pos de sí” (Hec 20, 29-30). Y el apóstol Pedro dice sobre Pablo: “Que hay hombres basados en fábulas que mal interpretan a Pablo…” (II Ped 3, 15-16). También Himeneo y Fileto habían tergiversado y mal interpretado el kerigma del Apóstol Pablo sobre el tema de la resurrección de los muertos y decían que la resurrección no se hará: “Evita las palabrerías vacías y profanas, que contribuyen cada vez más a la maldad, y su enseñanza se extiende como gangrena. Éste es el caso de Himeneo y Fileto; los cuales se desviaron de la verdad diciendo que la resurrección se ha realizado ya, y pervierten la fe de algunos” (II Tim 2, 17-18).

Pero, amigos míos, no me digáis que esto es debido a los escritores de los textos sagrados; no; ¡se debe al egoísmo humano! Porque simplemente, señor mío, si quieres interpretar, tienes la llave; ¿y cuál es? Os lo dije: ¡es la santa Parádosis (divina entrega y tradición), es el cómo interpreta la Iglesia. Pero si tú por orgullo y soberbia eosfórica (demoníaca) quieres interpretar como tú quieres; entonces sepas que caerás y te convertirás en herético. La herejía no es otra cosa que la razón, la lógica mundana sobre el dogma; es decir, cuando con métodos lógicos quiero interpretar aquello que no se interpreta. Así que cuando intento con métodos lógicos mundanos interpretar la enseñanza de la Iglesia, automáticamente me encuentro en el espacio de la herejía. Por lo tanto no tienen la culpa los escritores sagrados, sino el egoísmo, el orgullo y la vanagloria de los fieles dentro en la Iglesia.

De todos modos, la Iglesia Católica de Oriente, la Ortodoxa, amigos míos, para evitar todas estas situaciones, fue obligada a quitar del Culto el libro del Apocalipsis. Esto no ocurrió en la Iglesia de Occidente, porque allí se formaron este tipo de herejías. La demostración de la autenticidad del libro es que nuestra Iglesia lo mantiene en el Canon del Nuevo Testamento. Pero oremos y esperemos que alguna vez la Iglesia en un verdadero Sínodo Ortodoxo vuelva a poner otra vez el libro del Apocalipsis en el Culto y se escuche otra vez desde el atril, exactamente igual como se escuchan las epístolas o cartas de san Pablo y de los demás Apóstoles. ¡Ojalá que así sea! Pero esto naturalmente no impide que uno interprete y haga kerigma con el libro del Apocalipsis, o incluso el orador que habla al pueblo de Dios tomar pasajes de este libro, para ratificar y demostrar algo de lo que enseña.

«Lector Ἀ­να­γι­νώ­σκων», « oyentes ἀ­κού­ον­τες» καί «y practicantes (o cumplidores) τη­ροῦν­τες» (Apo 1,3).

Estas tres palabras, que apunta aquí el evangelista Juan, recuerdan los logos del Señor: “Bienaventurados y dichosos lo que escuchan el logos de Dios y lo practican, aplican y cumplen” (Lc 11, 28). El Señor dijo este logos, cundo una mujer de la multitud dijo: “Bienaventurado el vientre que te trajo, y los senos que mamaste. Y Él respondió: Antes bienaventurados los que escuchan el logos de Dios, y lo practican, aplican y cumplen” (Lc 11, 27-28).

Estas tres palabras «Ἀ­να­γι­νώ­σκων», «ἀ­κού­ον­τες» καί «τηροῦν­τες» -el que está leyendo, y los que están escuchando y practicando- gramáticamente en Participio definido- expresan lo incesante, constante de la lectura, de la audiencia y de la práctica (cumplimiento) del logos de Dios; es decir, siempre tengo que leer, escuchar y practicar (aplicar y cumplir) el logos de Dios. Pero atención no dice «οἱ ἀ­κού­σαν­τες los que han oído, escuchado» sino «οἱ ἀ­κού­ον­τες los que están o van escuchando». No vaya ser que alguno piense y diga: “Ya he escuchado muchos kerigmas, ya me he hartado y colmado, ¿para qué voy a escuchar más? Lo mismo para los otros dos “estar leyendo y practicando constantemente”. Precisamente esto indica este tríptico (o tres palabras), que debe haber sin interrupción.

Pero, vamos a decir algo sobre estas tres: lectura, audiencia y práctica del logos de Dios.

Primero, tratando de entender el logos de Dios, debemos estar dentro, tener en nuestro interior a Dios; de otra manera no es posible alguna vez entender el logos de Dios. ¿Qué significa esto? Dice san Diádoco de Fótica: “No hay diania (mente, intelecto, cerebro) más pobre que hablar y filosofar sobre el Dios, y que tú estés fuera de Él” (Filocalia t.1).

Esto, amigos míos, uno lo ve claramente en personas que no hacen vida espiritual y hablan de temas espirituales, ¡pero fallan y se traicionan! Por eso precisamente veis que se equivocan y están fuera de la realidad e intentan completar con sus cerebros algunas cosas. No están dentro, en Dios y no hacen vida espiritual. El hombre que no hace vida espiritual no puede hablar de Dios, no es posible, y no puede entender nunca el logos de Dios, porque para la concepción y entendimiento del logos de Dios no es cuestión de Gramática ni de Sintaxis, en otras palabras no es cuestión filológica. La concepción y entendimiento de logos de Dios tiene una otra dimensión.

No quiero decir que el conocimiento filológico se rechaza; no. Veis cuántas veces lo utilizamos aquí. Acordaos y escuchad lo que antes os dije. Dije: Participios definidos. Si uno no sabe un poco de filología, pero de cosas elementales no muchas, ¿cómo lo va a entender esto? No quiero decir que se rechaza este elemento, sino que no es bastante. No puedes decir que tengo conocimientos filológicos y lo entenderé. ¡No entenderás nada! El espíritu siempre te estará escapando y siempre te quedará la letra.

Segundo, tratando de estudiar y entender el logos de Dios, debe haber siempre también un clima y un ambiente litúrgico. ¿Qué significa esto? Significa que la audiencia o estudio del logos de Dios no puede ser una cuestión de salones de lujo o una cuestión académica. Esto os lo voy analizar más.

Hay una tendencia -siempre la había y en nuestra época también existe- que los hombres hablan y conversan de altos, sublimes temas teológicos, pero en el salón; con todo lo sabido que traen esta reuniones de salón, donde pueden decir libremente sus bromas y sus tonterías y no sé que más; pero la discusión o charla es claramente académica. Puede, queridos míos, que sea una charla de alto nivel teológico, pero que no toque o se aproxime al Logos – la L en mayúscula- al Hijo de Dios, y permanezca en los pañales o en aquella ropita de niño que Le ponía la Zeotocos (Madre de Dios) cuando nació! (o pobrecito Jesusito de mi vida, cuánto sufrió). ¡Estas cosas tocan estos hombres, no el fondo, ni el Logos de Dios, nunca!

No es, pues, una cuestión sencilla y fácil poder hablar sobre el logos de Dios fuera del espacio litúrgico. Por eso como veis, nuestra homilía se hace dentro al templo. No porque está prohibido hacer la homilía en la calle o en la montaña; sino que debe estar conectada con el espacio litúrgico. Habéis visto que primero hemos hecho vísperas; otras veces puede que se celebre la Divina Liturgia. Es interesante esto. Siempre, cuando el logos de Dios está conectado litúrgicamente influye de otra manera en los corazones de las personas.

Tercero, uno tratando de entender el logos de Dios, necesita una hisijía, (serenidad y paz), la interior y la exterior. Dice san Gregorio el Teólogo: “Lo divino se vive en el silencio”. Para vivir a Dios, entenderLe en tu interior, sentir lo que lees y salte (se remueva) tu corazón, hace falta un silencio. Este silencio que sea también exterior pero sobre todo interior. Porque para el silencio exterior tienes que escoger la hora que habrá tranquilidad; pero para el interior debes tener la paz en tu corazón. No quiero decir no leer el logos de Dios cuando estamos en tormentos, trastornados y perturbados, debemos leerlo para que nos serenemos. Pero para que podamos ahondar en los profundos conceptos del logos de Dios, sumergirnos allí, por supuesto que debe haber en nuestro interior silencio, paz y serenidad (hisijía) y se hayan calmado todas las demás cuestiones nuestras.

Cuarto, cuando estudiamos el logos de Dios, debemos sentirnos que es para nosotros y no para los demás. ¡Cuántas veces se ha dicho esto! Dice san Isaac el Sirio: “El hombre humilde cuando estudia la Santa Escritura, lo que saca de dentro y lo que entiende, nunca dice que es para los demás, sino que esto es para mí; estas cosas las dice el logos de Dios para mí”, lo mismo dice san Pedro el Damasceno en la Filocalía.

Por eso, amigos míos, donde quiera que sea escuchado el logos de Dios, los hombres muchas veces se preguntan: ¿Si acaso conoce algo de mi vida este que está hablando y se refiere a lo que a mí me preocupa? No, no sabe nada el que habla; al logos de Dios lo dirige el Dios. Lo qué voy a decir por supuesto que lo he preparado; pero aquello que se ha preparado y ya se expresa como logos de Dios, esto en el fondo lo dirige el mismo Dios, para que Su logos se aproxime y toque de distinta manera cada vez en los corazones de tan variables estados de ánimo. Veis que el logos de Dios es uno, y a pesar de esto, para cada uno distinto.

Dice san Cirilo de Alejandría: “El agua que riega las flores es la misma agua para todas las flores. Para una flor se hace de color roja, para otra verde, para otra amarilla, sin embargo es la misma agua” (Catequesis 16).

Así que el orador no dice algo que preocupa en concreto a alguien; simplemente el logos de Dios encuentra repercusión en el corazón de cada oyente, del oyente correcto. ¡Repito, del creyente correcto, justo! Por consiguiente, el oyente que escuchará, si es un hombre humilde, dirá: «Todas estas cosas son para mí; no son para el de al lado, y que posiblemente puede ser que conozca su vida”. No se le ocurra decir que lo que dice el orador ahora es para el que está a lado; nunca diga esto. ¡Esto es soberbia, sobre todo auténtica soberbia abrillantada y adornada! Debe decir que: ¡estas cosas son para mí, sólo para mí y no tengo que hacer otra cosa que arreglarme, rectificarme de lo estropeado que estoy!”.

Quinto, debemos aproximarnos al logos de Dios y tocarlo con la oración (contacto consciente con Dios).

Dice muy bien san Isaac el Sirio: «No abras la Santa Escritura, ni leas el logos de Dios, si antes no has hecho oración y no has pedido ayuda de Dios; y cuando oras debes decir: “Señor ilumíname, dame percepción y sentimiento de entender y percibir la fuerza que está en Tus logos”. Que consideres que la oración es la llave para que entiendas el sentido y significado más profundo y los verdaderos conceptos que están encerrados en las Santas Escrituras».

Pero para la audiencia, también vamos a decir un par de cosas. Muchos no tienen estudios. Sobre todo en las épocas antiguas la mayoría no tenía estudios. Hoy en día son pocos los que no tienen estudios, la mayoría por lo menos sabe leer y escribir. Por lo tanto, antiguamente la audiencia era la fuente básica para el conocimiento de las verdades de Dios. Porque si uno no sabía leer, no podía aprender, sino sólo cuando escuchaba.

Pero la audiencia, amigos míos, es esencial para todos los hombres, porque el logos que se ofrece vivamente es vivo, igual que el Logos –con L mayúscula. Por lo tanto, cuando es escuchado el logos de Dios vivamente, esto tiene una gracia especial.

Incluso el logos de Dios se acompaña con experiencias, vivencias personales del orador; así de esta manera, se da ánimo a los oyentes para su aplicación. No es lo mismo escuchar el logos de Dios por la radio o leerlo en un libro que escucharlo vivamente; es algo distinto. Por esta razón vamos a escuchar el logos de Dios, no solamente leerlo. Es decir, ni la audiencia sustituye la lectura, ni la lectura sustituye la audiencia; son dos cosas paralelas, pero igual de importantes.

Pero os diré que la audiencia presupone la presencia también de otros. Veis cuántas personas estamos aquí. ¿Qué significa esto? Significa que el logos de Dios se ata con la θε­ω­ρί­α (zeoría) contemplación, expectación de las personas, con la faz –esto quiere decir zeoría, el ver- es decir, se ata con la Iglesia. Y esto, el que se escuche el logos de Dios dentro en la Iglesia, es muy importante, es de un valor muy grande. De otra manera podría quedarme en mi casa escuchar un casete, que el divino Agustino, Metropolita de Florina lo llama lata de conserva del logos de Dios. La conserva o lata por supuesto que no tiene la frescura de la comida recién hecha. Es útil, pero… es lata de comida, conserva. Pero atención, escucharé el casete, leeré también el libro, pero deberé ir también a escuchar allí donde están los demás fieles, para que se constituya la Iglesia, no sólo en el espacio litúrgico sino también en la audiencia del logos de Dios.

Y finalmente, digamos algo sobre la aplicación, la práctica del logos de Dios. Esto que escribe el sagrado Evangelista: “y los practicantes de las cosas escritas en esta”, manifiesta que el logos de Dios debe ser vivido, pero vivido entero. ¡Atención, completo! No digamos: esto sí y aquello no.

Y continuamos: «porque el tiempo está cerca ὁ γὰρ και­ρὸς ἐγ­γύς (Apo 1,3)».

¡Ay, ay!… Cuando escucháis este porque el tiempo está cerca, ¡sentís algo en vuestro interior! Os contaré algo que una vez viví personalmente.

Era la época de Ocupación alemana, y teníamos exámenes, y estábamos sentados en el pupitre de tres en tres sin dejar espacio entre nosotros. En todos los pupitres había alumnos sentados, y en cada pupitre tres, ¡gran alegría para los alumnos! Nos examinábamos sobre Antiguo Griego, Redacción y Matemáticas. Pues, mis compañeros de clase dijeron que Antiguo Griego no habían estudiado. Yo sí. Pues me senté al penúltimo pupitre y ayudaba los tres de delante, los tres de detrás y los dos que estaban a mi lado. Mientras les preguntaba esto o lo otro ayudándoles, yo no escribía para mí, me preocupaba para los demás. El profesor no estaba en la clase y no nos vigilaba;

De repente entra el profesor y dice: en cinco minutos recojo las hojas de los exámenes. Los que habéis vivido en vuestros años de alumnos este tipo de situaciones me entendéis. Yo me quedé pasmado, paralizado… No os lo puedo describir cómo me quedé; sudé, me puse colorado, atemorizado… y espontáneamente grité: “Aún no señor profesor”, porque aún no había escrito nada del examen. Los otros se levantaban uno por uno y entregaban sus hojas y yo que había estudiado no había escrito nada. ¡Y después iba con un perrito al despacho del profesor rogándole para que me aprobara!

Esta sensación siente el hombre cuando perciba que ha llegado la hora. Es una sensación, sentimiento terrible.

Dice san Isaac el Sirio que, si no has vivido correctamente tu vida, cuando veas que llega la hora de la muerte, te atormentarás mucho (Logos I). Pero aunque uno haya metido y concienciado verdaderamente en su interior esto que dice el Apocalipsis “el tiempo está cerca”, y cuando tiene la sensación que de verdad el tiempo está cerca, siente esto que yo he vivido en mis años de estudiante y os lo he dicho antes.

Pero la razón de esto, “porque el tiempo está cerca”, tiene el mismo sentido y concepto con aquello que nos hemos referido y analizado anteriormente, lo de “las cosas que «δεῖ es necesario que o que deben» suceder pronto”.

Es característico que se refiere una vez más ya desde el principio del libro del Apocalipsis este “pronto” y “cerca”, y se recalca que el “final viene galopando”. “De la higuera aprended la parábola: Cuando ya su rama está tierna, y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca” (Mt 24, 32-33 Mc 13,28 Lc 21,30).

¿Pero en qué el tiempo está cerca? En el cumplimiento de los logos de la profecía. Por lo tanto, bienaventurado y dichoso aquel que aplica, practica y cumple estos logos, porque el tiempo no tardará en llegar.

De nuestra praxis eclesiástica, a mí personalmente me llama la atención y me impresiona algo que no sé si es correcto, pero yo os lo diré. Hasta el siglo 15 aquellos fieles que han entregado su sangre, es decir, los que acabaron sus vidas en martirio, se llaman Santos Mártires o si han acabado sus vidas en santidad se llaman Santos.

Pero después del siglo 15 los Mártires se llaman Nuevos Mártires o Neomártires. Y si quieren, de parte histórica por costumbre separamos la historia en dos partes; esta calificación la tenemos después de la caída de Constantinopla el año 1453. Es decir, aquellos Mártires que son después de la caída de la Polis (Contantinopolis) se llaman Neomártires, ponemos delante el neo-nuevo, y aquellos que han acabado sus vidas en santidad también los llamamos Neos o Nuevos Santos. Decimos éste padre divinizado… tal, el Nuevo Santo. Nuevo santo quiere decir aquel que le han beatificado y reconocido como santo últimamente, como san Nectario de Egina (o actualmente san Porfirio y san Paisios) que recientemente son reconocidos como nuevos santos, etc, es una denominación que parece que pone un límite.

Pregunto: ¿Vendrá otra época después de quinientos años, que los historiadores deberán otra vez separar la historia, entonces cómo la Iglesia deberá llamar los Mártires y Santos de entonces? Si ahora se utiliza el nombre de Nuevo, ¿entonces cómo deberá ser el nuevo nombre, Novísimo?

Pero, amigos míos, esto significa que hemos tenido los antiguos Santos y también tenemos los Nuevos. Después de los Nuevos no hay otros más nuevos; es decir, aquí sucede lo siguiente. Creo que en la conciencia universal de la Iglesia, está latente y subyace el sentimiento que “el final del tiempo está cerca”. Por eso la Iglesia llama sus Santos de ahora con el calificativo de Nuevo. No tenemos nada más que añadir. Antiguamente simplemente Santo o Mártir. ¿Por qué? Porque entonces “el final” estaba lejos, a pesar que todo ante los ojos de la Iglesia había el final. Amín.

Yérontas Atanasio Mitilineos, el nuevo Crisóstomo, el Profeta del siglo XX

(Fin de la segunda unidad, continuaremos traduciendo la tercera, con la ayuda de Cristo Dios).

Traducido por: χΧ jJ

 

 

Apostol Pablo 1ª Carta a los Corintios

 

 

 

CAPITULO 15

1-28 La Resurrección del Señor demostración de la resurrección de los muertos.

29-24 El comportamiento de los Apóstoles y de los fieles y demostración de la resurrección de los muertos.

35-49 Cómo serán los cuerpos resucitados

50-58 Cómo se hará la resurrección de los muertos

 

1 Además os recuerdo, hermanos, el evangelio que os he evangelizado y enseñado, el cual también recibisteis con fe, en el cual también perseveráis firmes;

2 por el cual también os estáis sanando y salvando, si retenéis el logos tal como os lo prediqué y enseñé; si no creísteis en vano; (pero os habéis olvidado de una verdad esencial).

3 Porque primeramente os he enseñado lo que a mi vez recibí: Que Cristo murió en la cruz por nuestros pecados, conforme lo habían profetizado las Escrituras;

4 y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras;

5 y que apareció a Cefas o Pedro y después a los doce Apóstoles.

6 Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún, y otros ya duermen o están muertos.

7 Después apareció a Jacobo (Santiago); después a todos los apóstoles;

8 y al último de todos, como a un abortivo, me apareció a mí.

9 Porque yo soy el más pequeño de los apóstoles, que no soy digno de ser llamado apóstol, porque perseguí a la iglesia de Dios.

10 Pero por la jaris (gracia, energía increada) de Dios soy lo que soy, es decir, Apóstol; y su jaris-gracia increada no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos los demás Apóstoles; pero no yo, sino la jaris-gracia increada de Dios que está conmigo.

11 Pues bien, tanto ellos como yo esto es lo que predicamos; esto es lo que habéis creído.

12 Pero si (por nosotros los Apóstoles) se predica de Cristo que resucitó de los muertos, ¿cómo dicen algunos entre vosotros que no hay resurrección de muertos?

13 Porque si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó (puesto que él también tenía cuerpo como el nuestro).

14 Y si Cristo no resucitó, vana y vacía es entonces nuestra predicación, vana y vacía es también vuestra fe.

15 Incluso seríamos falsos testigos de Dios, porque hemos testificado contra Dios que resucitó a Cristo, a quien no resucitó, si en verdad los muertos no resucitan, (si se supone que los muertos no resucitan, entonces no le hubiera resucitado).

16 Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó;

17 y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana, vacía e inútil; aún estáis sumergidos en vuestros pecados.

18 Entonces también los que durmieron o murieron con fe en Cristo están perdidos.

19 Si solamente para esta vida tenemos puesta nuestra esperanza en Cristo, somos los más miserables y los más dignos de conmiseración de todos los hombres.

20 ¡Pero el Cristo resucitó primero de entre los muertos y se hizo primicia de todos los que durmieron o murieron!

21 Porque por cuanto la muerte entró por un hombre (Adán que cayó en el pecado), también por un hombre (el nuevo Adán, Cristo) vendrá la resurrección de los muertos.

22 Porque así como por el hombre Adán todos morimos (a causa de la descendencia y relación con Adán), así también a través de la jaris gracia, la energía increada y la unión con Cristo todos seremos vivificados.

23 Pero cada uno en su debido orden: Cristo, la primicia; luego los que son de Cristo, en su gloriosa venida.

24 Luego el fin, cuando entregue la realeza al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia. (24. Luego vendrá el fin, cuando ya habrá terminado Su obra real o sacerdotal y se habrá consumado la divina economía de la salvación de los hombres. Entonces el Cristo como hombre entregará su realeza increada al Dios y Padre. Entonces con su axioma real y sacerdotal ya habrá aniquilado toda potencia, poder y fuerza. Pero hasta este momento estará ejerciendo su axioma real y sacerdotal).

25 Porque preciso es que él reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos bajo de sus pies.

26 Y el postrero enemigo que será destruido es la muerte.

27 Porque todas las cosas las sometió debajo de sus pies (como se dice en los Salmos). Y cuando dice que todas las cosas han sido sometidas a él, es evidente que se exceptúa Aquel (Dios Padre) que ha sometido a Cristo todas las cosas.

28 Pero luego que todas las cosas le estén sometidas, entonces también el Hijo mismo se someterá a Aquel que ha sometido a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos.

29 De no ser así, ¿a qué viene el bautizarse por los muertos, con la esperanza de unirse con los otros fieles muertos que creen que viven en la Iglesia celeste, si en ninguna manera los muertos resucitan? ¿Por qué bautizarse por los muertos? (O por qué bautizarse, puesto que no entrarán en ninguna comunión con los muertos, puesto que los muertos ya no viven en la tierra ni en el cielo).

(Este versículo es mu y difícil y los Padres lo interpretan así: «29. ¿Si no resucitan los muertos, entonces qué beneficio tendrán los que hasta en el último momento aceptan y sufren el bautismo del martirio y de la sangre y sacrifican sus vidas con la esperanza y la fe de que se unirán con la Iglesia de los muertos? sin embargo estos están vivos en los cielos y un día resucitarán. ¿Para qué hacen el bautismo de la sangre, puesto que no entrarán en la Iglesia que está constituida de hombres vivos, sino que entran en una Iglesia de muertos y no resucitarán?» Aquí se refiere a los Mártires igual que en el Apocalipsis 6,10-11)

30 ¿Y por qué exponernos nosotros al peligro a cada instante?

31 Hermanos, os lo juro que todos los días estoy al borde de la muerte por predicar el Evangelio; y que vosotros sois mi gloria en Cristo Jesús, Señor nuestro.

32 Si en Éfeso luché contra hombres que parecían fieras, ¿de qué me sirvió? Si los muertos no resucitan, comamos y bebamos, que mañana moriremos (como dicen los infieles y materialistas).

33 No os dejéis engañar (por falsas enseñanzas): “Las malas compañías corrompen los caracteres y las buenas costumbres”.

34 Estad en nipsis (vigilancia espiritual), velad debidamente, y no pequéis; porque algunos tienen gran ignorancia de Dios; para vergüenza vuestra lo digo.

35 Pero dirá alguno: ¿Cómo resucitarán los muertos? ¿Con qué cuerpo vendrán?

36 Necio, lo que tú siembras no se vivifica, si no muere y no se entierra en la tierra antes.

37 Y lo que siembras no es el cuerpo o la planta que ha de salir, sino el grano desnudo, ya sea de trigo o de otro grano;

38 pero el Dios le da el cuerpo como él quiso, y a cada semilla su propio cuerpo.

39 No toda carne es la misma carne, sino que una carne es la de los hombres, otra carne la de las bestias, otra la de los peces, y otra la de las aves.

40 Y hay cuerpos celestiales, y cuerpos terrenales; pero uno es el resplandor de los cuerpos celestes y otro el de los terrestres.

41 Uno es el resplandor del sol, otro el de la luna y otro el de las estrellas. Incluso cada estrella tiene un resplandor diferente.

42 Así también es la resurrección de los muertos. Se siembra en corrupción (o se entierra el cuerpo en estado de corrupción, cadáver), y resucita en incorruptible.

43 Se siembra en cadáver y fétido, se resucita en gloria; se siembra en enfermedad y resucita en poder y fuerza.

44 Se siembra cuerpo animal y resucita cuerpo espiritual. Hay cuerpo animal, lo hay también cuerpo espiritual. (44. Se siembra cuerpo que estaba vivificado y dirigido por las fuerzas inferiores animales de la psique. Pero resucita cuerpo que estará vivificado y dirigido por las fuerzas espirituales de la psique. Existe el cuerpo animal y también el espiritual).

45 Así también está escrito en el Génesis: Fue hecho el primer hombre Adán en psique-alma que vivifica el cuerpo; el ésjato- último o nuevo Adán es el Señor que está en plenitud de espíritu de Dios que transmite y da vida (espiritual).

46 Pero el cuerpo espiritual no se hizo primero, sino lo animal; luego lo espiritual.

47 El primer hombre es creado de la tierra, terrenal; el segundo hombre es el Señor, es del cielo (el segundo hombre, el nuevo Adán, es el Señor, quien como Dios bajó del cielo y junto con su naturaleza divina, tomó la naturaleza humana y se hizo hombre).

48 Como el terrestre, así son los terrestres; como el celeste, así son los celestes. (O el que era terrenal, es decir, mortal y corruptible, así son también sus descendientes; y aquel que es celeste, espiritual e incorruptible, así serán celestes también los fieles que por él renacen o despiertan espiritualmente en su nueva vida).

49 Y así como hemos revestido la imagen del terrenal, revestiremos también la imagen y las cualidades del celestial (y nos convertiremos a imagen de él, es decir, resucitados, incorruptos e inmortales).

50 Hermanos os digo que la carne y la sangre no pueden heredar la realeza increada de Dios, ni la corrupción hereda la incorruptibilidad.

51 He aquí, os revelo un misterio nuevo y desconocido: No todos dormiremos o moriremos, pero todos seremos transformados, cambiados

52 y en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, (al final del último toque de trompeta); porque se tocará la trompeta (por el ángel), y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos metamorfoseados, transformados (es decir, todos muertos resucitados y vivos transformados tendremos el mismo cuerpo espiritual incorruptible).

53 Porque debe este cuerpo corruptible revestirse de incorrupción, y este cuerpo mortal de inmortalidad.

54 Y cuando esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal de inmortalidad, entonces se cumplirá el logos de Isaías que está escrito: La muerte ya no existe ha sido destruida por la victoria.

55 ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón venenoso? ¿Dónde, oh hades, tu victoria?

56 ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder y la fuerza del pecado, la ley.

57 Pero las gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesús Cristo.

58 Así que, queridos hermanos míos, estad firmes (en el dogma de la resurrección) y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano.

Traducido por: χΧ jJ

Resistencia a la pan-herejía del ecumenismo

 

 

Al final el Anticristo hará lo siguiente …  tras el curso de esto , por supuesto, una vez que la humanidad será conducida al Anticristo por el camino del Ecumenismo, de modo que no existan ya grupos de reacción, -¡atención, que no hayan grupos de reacción en toda la tierra (icumeni). Entonces el Anticristo no aceptará esto. Este cuadro o forma del Ecumenismo lo anulará y dirá que todas las religiones esperaban a encontrar al Mesías, el Mesías soy yo. Y tal y como dice el Apóstol Pablo, entonces construirá el templo de Salomón y se sentará en el templo de Dios demostrando que él es dios. Esto el Apóstol Pablo lo dice a los Tesalonicenses.

Por tanto veis que: vamos al Ecumenismo, éste será eliminado y será implantado el Anticristo como dios.

Percibís y entendéis cómo todas estas cosas, amados míos, son cosas muy serias. Hablamos sobre la unidad de la Iglesia, de que la Iglesia es Una pero no quiere decir con esto se debe hacer explotación, para llegar a este tema impresionante, en esta teoría terrible de hablar sobre la unión de las Iglesias de esta manera.

No sé, no sé cómo decíroslo, pero os lo diré. Mostraréis y haréis resistencia mientras estéis en vida. Y vosotros tenéis que decirlo a vuestros hijos. Resistencia, si mañana empieza a promocionarse, anunciarse y propagarse más claramente.

Se está anunciando y propagando. El ecumenismo casi ha alterado, hace y deshace en la Iglesia de América.  Sí. Casi ha cambiado la Iglesia de América, porque  el Arzobispo es un ecumenista. No os estoy diciendo cosas nuevas, ni insulto ni difamo. Es sabido y conocido el caso. (Homilia del año 1990)

Por tanto, entendéis que mañana viene un otro Obispo que es ecumenista. Entonces iremos de mal en peor (de Skila a Jaribdi, expresión helénica). Por eso prestad mucha atención y cuidado. Son temas extraordinariamente delicados e importantes, de modo que aquellas cosas que vienen o llegan mañana en comparación con las actuales por muy terribles que sean son sombras ante aquellas que vienen aunque parezcan increíbles. Por eso el pueblo de Dios debe estar en continua vigilancia y alerta sobre los temas de la fe y en aquellos temas que son los guardianes de su Fe.

Porque  cada sacerdote en el pueblo no es el guardián de la Fe en el censo que Dios le puso. En este pequeño trozo llamado pueblo, de 100, 200, 500, 1000 psiques-almas, él  no es el guardián de fe Ortodoxa, correcta de esta aldea.

Así que tened cuidado y atentos a esto, porque por una parte  los pastores se estarán transformando en lobos, como dicen el Señor  y guardianes traidores, como dice el Señor. Así que tened y tengamos mucho cuidado

Las cosas son a largo plazo. El Ecumenismo es un gran, mega-peligro. El último peligro. No hay más grande. Como os dije, que dice el padre Justin Popovic (Serbio, y ahora Santo), el Ecumenismo es pan-herejía o herejía universal.

Tenemos que tener mucho cuidado. No digáis, “ah, no es así”. ¿Sabéis cuantos y qué argumentos se usarán? ¡Qué “lógicos y razonables” entre comillas y «buenos y bellos» argumentos para la unión de iglesias! ¿Por qué no vamos a querer la paz? ¿Por qué no estar unidos?¿Por qué, todo eso es tan bonito? ¿Dios no quiere que estemos unidos?

Tened cuidado  También está la «paz» de los bandidos, también está la «paz» de los demonios . No es la paz de Dios y no es la unidad de Dios.

Por tanto, debemos mantenernos firmes e íntegros en nuestra Fe y debemos entender que la Iglesia es Una, tal y como los Sínodos la designaron y se introdujo en el Símbolo de la Fe.

Creo en UNA Iglesia….

Homilía del año 1990 por el Yérontas Athanasios Mytilineos, el Nuevo Crisóstomo (†1927 – 2006)

Fuente: https://orthodoxhporeiakaizwh.blogspot.com/2018/09/blog-post_96.html

Traducido porXX.jj

San Dionisio Areopagita y Neoplatonismo

 

 

 

Algunos teólogos heterodoxos y también algunos ortodoxos de academia sin práctica, leyendo los textos de los Padres del siglo cuarto, y también los textos de San Dionisio Areopagita piensan que los Padres de la Iglesia fueron influenciados por el neoplatonismo y corrompen la tradición Cristiana Primitiva. Tal interpretación distorsiona, malinterpreta y abusa de la enseñanza de los santos Padres de la Iglesia.

Pero a pesar de la similitud verbal (léctica, de dicción) entre los Padres y los Neoplatónicos en algunos puntos, sin embargo, hay una gran diferencia entre ellos. Es por eso que uno no puede decir que los Padres fueron influenciados por la filosofía platónica o neoplatónica y alteraron la fe Cristiana.

Se destacarán algunos puntos que muestran la gran diferencia de los conceptos y significados entre la teología de los Padres de la Iglesia y la filosofía neoplatónica, tal y como se ve en los escritos de nuestro San Dionisio el Areopagita.

La primera diferencia radica en la inmovilidad y el movimiento perpetuo o eterno. El padre John Romanidis decía:

“San Dionisio cree en el movimiento perpetuo o eterno y que la perfección es movimiento eterno. La inmovilidad o estancamiento lo elimina. Él cree en la perfección, que incluso los querubines, los serafines, las majestades y todos los ángeles están siempre de doxa-gloria en doxa-gloria (luz increada) y están constantemente en un curso ascendente constante a pesar de ser deificados o glorificados y ven la doxa de Dios, mientras que para la tradición platónica la perfección es inmovilidad y lo inalterable. Por lo tanto tenemos lo inalterable de los filósofos helenos, como finalidad de la perfección humana. En cambio para el supuestamente helenizante padre filósofo de la Iglesia, san Dionisio, tenemos el movimiento perpetuo como cimiento o fundamento de la θέωσις zéosis. (θέωσις zéosis, término desarrollado y utilizado por san Dionisio el Areopagita entregado por san Pablo…)

Segunda diferencia se observa en el tema del eros-amor. El padre Ioanis decía:

“En los platónicos el έρως eros es una debilidad del hombre. El hombre tiene eros hacia el ακίνητον κινούν (inmóvil que mueve) etc. Y esto es una muestra de que nos falta algo y por eso tenemos tendencia hacia lo otro, para completar las cosas nuestras que nos faltan. Es decir, tenemos el filtro en nuestro interior, el cual es como un magnetismo hacia el bien sublime etc. Por tanto, el eros es desde el hombre hacia Dios. Mientras que san Dionisio el Areopagita discute con discernimiento entre el eros y la agapi, dice san Dionisio que eros y agapi no podemos diferenciarlos y no podemos decir que Dios tiene agapi y no tiene eros para el ser humano. Porque parece ser que había algunos teólogos que distinguían entre eros y agapi y querían decir que Dios tiene agapi para el mundo, pero no tiene eros, para que no se vea que Dios tiene alguna debilidad o falta y que el Dios dependa del mundo. Y dice el Santo, que Dios no sólo tiene agapi para el mundo sino que Dios tiene έρως eros también. Este es el mayor “tapón de boca”, refutación o demostración exacta que uno puede hacer contra los neoplatónicos para callarlos”.

Tercera diferencia es que Dios no solo mueve, sino que también se está moviendo o se mueve. El padre Ioanis decía:

“No podemos decir que Dios sólo es ακίνητον κινούν (akíniton kinún, el inmóvil que mueve), porque Dios también se mueve. Es por eso que, en la tradición escolástica es herejía de que Dios también se está moviendo o se mueve. Por tanto, san Dionisio el Areopagita estableció, quizás sea el primero que lo dice, que Dios también se mueve. Después de san Dionisio domina esta opinión de que Dios también se mueve, o sea, en san Maximo el Confesor, san Gregorio Palamás, san Marcos el Amable, etc. Cuando uno dice lo ακίνητον κινούν (inmóvil que mueve), el que se mueve es el Dios, junto con el eros de Dios hacia el hombre, ¿hay mayor “tapón de boca” o refutación más grande que esta contra la filosofía? Esto significa que en la Tradición Ortodoxa es imposible que exista la metafísica. Es imposible la aproximación por la metafísica al dogma o doctrina sobre Dios y a las cosas y realidades sobre la perfección”.

«Pero también en los Padres de la Iglesia, vemos a un Dionisio Areopagita, el cual está acusado de que platoniza y neoplatoniza etc, diciéndonos claramente que el Dios no es sólo el ακίνητον κινούν (el inmóvil que mueve), sino también que Dios se mueve; o sea, que Dios no sólo mueve sino que se mueve. Por supuesto que estas cosas las escribe contra los neoplatónicos y los aristotélicos. Por lo tanto es una demostración grande que san Dionisio el Areopagita no tiene ninguna relación con el neoplatonismo, aunque utiliza la lengua de los neoplatónicos (y es normal ya que hablaba griego no chino). Esta idea de que el Dios es ακίνητο κινούν, αλλά και κινούμενον, (inmóvil que mueve pero también que se mueve), es herejía para los neoplatónicos y los aristotélicos, porque ¿quién aristotélico puede aceptar que lo inmóvil que mueve también se mueve. Es una contradicción. Aκίνητο κινούμενον, inmóvil-movible es claramente una contradicción pura. Esto claramente significa que los Padres de la Iglesia no filosofan“.

Controversias, como cuando decimos que Dios es luz, oscuridad. ¿Por qué? Pues, no significa que Dios carece de la luz, sino que Dios transciende la luz. Dios es inmóvil que mueve y que se mueve también, que significa que no hay predicados humanos que podamos atribuir a Dios, es decir, esto está claro que no proviene de la filosofía sino de la experiencia. Esto viene de la experiencia. ¿Por qué? Porque los Padres conocen que usamos conceptos y significados para Dios, pero que son abolidos cuando nos encontramos viendo la realidad que es Dios”.

La cuarta diferencia se nota en el tema de la teología apofática (confirmación negativa, sí a lo que no es). El padre Ioanis decía:

“Existe la opinión o punto de vista de que esta teología que llamamos apofática, es una filosofía influenciada por los neoplatónicos. No hay duda de que existe una similitud en la terminología entre los neoplatónicos y los Padres de la Iglesia, y que los neoplatónicos también tienen una teología apofática, pero aquí hay una diferencia sustancial. En los neoplatónicos tenemos el éxtasis, que para los Padres de la Iglesia es una experiencia demoníaca.

En la experiencia del éxtasis del neoplatonismo, el hombre emerge, sale de los espacios y de la inter-sucesión del pensamiento, simplemente trasciende el tiempo y las variables y se une con lo inmutable, dentro de ese sistema. Por supuesto, el cuerpo es algo malo o negativo, o sea, una cosa u otra. Sin embargo, el cuerpo no participa en la experiencia del éxtasis neoplatónico. Toda la teología apofática de los neoplatónicos consiste en la reducción y eliminación del pensamiento humano de todos los defectos, -para ellos defectos, pero no defectos en realidad – de todos los defectos del limitado pensamiento humano. En la enseñanza patrística, el cuerpo no es malo y el éxtasis no es la liberación, desvinculación del nus y de la mente del cuerpo, sino el retorno del nus (y de su energía) al corazón.

Por lo tanto, la liberación de los defectos del pensamiento humano es la fuente de la Teología apofática (confirmación negativa) Neoplatónica, es todo el esfuerzo para deshacerse no de las cosas creadas, sino de las variables, porque para el principio Neoplatónico no existe una distinción ascética entre lo increado y la creación creada “ex nihilo” desde el cero o de la nada. El predicado básico del pensamiento judeo-cristiano es el discernimiento claro entre lo creado y lo increado. Existen las increadas y las creadas. Y no hay similitud entre lo creado y lo increado. Esto es un dogma o doctrina básica no solo de la Tradición Patrística sino también de la tradición judía hasta hoy en día”.

Estas importantes diferencias entre la enseñanza Patrística y el neoplatonismo uno debe tener en cuenta para comprender la tradición Patrística y no para sacar conclusiones equivocadas y falsas.

Conclusión

La conclusión final de este texto breve es que hay diferencias importantes en la estructura del pensamiento entre los filósofos que expresan la metafísica clásica y los Padres de la Iglesia que expresan la apocálipsis-revelación empírica de Cristo a los Profetas, a los Apóstoles y a los mismos Padres.

Los Padres estudiaban la filosofía griega, utilizaban la terminología y cualquier otro bien que pudiera ser aceptado, pero sin alterar la experiencia apocalíptica-reveladora, en cambio reaccionaban cuando los teólogos filosofistas cristianos mezclaban la filosofía con la teología.

Por el contrario, los teólogos filosofistas que fueron condenados por los Sínodos Ecuménicos expresaban el «cristianismo helenizado», mientras que los Padres de la Iglesia eran los portadores del «cristianizado helenismo».

Fuente : SAN DIONISIO EL AREOPAGITA: “SOBRE DIVINOS NOMBRES” pág. 86

Filosofía griega y Padres de la Iglesia, Ioannis Romanidis

                                                                                                                                                                                                                            

 

Sobre San Hieroteo y san Pablo

Tal vez sea digno también aquí una explicación sobre el hecho de que el excelente maestro y guía Hieroteo, habiendo coleccionado súper-genialmente los Elementos Teológicos, nosotros, como si aquellos no hubieran sido suficientes, junto con el presente tratado hemos escrito también otros.

Indudablemente, si él hubiese decidido a abordar y presentar todos los temas teológicos y si hubiese desarrollado detalladamente la totalidad de la teología, nosotros no hubiéramos tenido la insensata osadía de creernos capaces de penetrar contemplativamente y comprender mejor que él estos temas teológicos o las teologías; o esforzarnos en vano en repetir las mismas cosas, y además ser injustos a nuestro maestro y amigo Hieroteo mi principal maestro, después de San Pablo que nosotros de sus logos y escritos hemos sido instruidos y enseñados, apropiando para nosotros mismos la gloriosa zeoría contemplación espiritual e interpretación.

En realidad, aquel (san Pablo), enseñando auténticamente las realidades y cosas divinas, nos ha entregado unos términos cortos y concisos que cada uno contenía muchos conceptos, pidiendo a nosotros y a otros como nosotros como maestros o instructores de psiques-almas aprendices, a la medida de lo posible, analizarlos y desarrollarlos a medida de nuestro logos (o capacidad intelectual) aquellas formulaciones (terminologías) sinópticas y uniformes de la grandeza del genio de aquel gran hombre… (es decir, de san Pablo)

Fuente: Discurso del Metropolita de Nafpaktos Ierotheos Vlajos

Conferencia Intercientífica en la Escuela de Filosofía de Atenas, organizada por la Sociedad Científica Internacional de Filosofía Griega Antigua y la Asociación de Físicos Griegos, Junio 2018

Για Ελληνες εδω http://www.oodegr.com/oode/filosofia/diafores2.htm

Nota del traductor: Los términos teológicos entregados por san Pablo a san Dionisio para que los desarrolle, siguen siendo iguales y con el mismo sentido y significado ortodoxo hasta hoy en día. En “Miniléxico” publicado en el blog, encontrará las palabras usadas desde entonces hasta hoy en día…

Traductor: XX.JJ

Teología de la sencillez

 

 

Hoy en día todos estamos cansados a causa de la falta de sencillez y la buscamos con dolor. Porque, si examinamos con atención los fenómenos de nuestra vida social y principalmente los invisibles, ocultos e interiores, comprobaremos que todos estos provienen de una personalidad dividida y fraccionada, y que son complejos y complicados. Por esta razón, el logos sobre la sencillez, sobre todo el logos teológico sobre ella es de especial actualidad.

Realmente no es sólo el pensamiento filosófico sobre el Dios que habla sobre Su sencillez, sino también los santos Padres hablan de esto. El Dios, como es libre de todo pazos (pasión, emoción y vicio) básicamente es sencillo. El Dios es agapi (amor, energía increada), caridad y filantropía, incluso humildad. Ya que el Dios es agapi, esto indica que es también humildad. Y los que se han hecho dignos de verle y contemplarle, quedaron cautivados de Su humildad, apacibilidad y mansedumbre de modo que en toda su vida hablan de ella. Un antiguo maestro eclesiástico escribe: “El Dios es todo y sencillo”. Muchos Padres destacaron este punto de vista, como san Atanasio el Grande: “El Dios no es compuesto ni complejo… porque su esencia es simple, sencilla”. Y en otro punto dice: “El Dios es sin pazos (pasiones, padecimientos, emociones y vicios) y sencillo, y con apacia (impasibilidad) sin pazos e indivisible es padre del hijo, es decir, del Logos y Dios” (Orationes tres contra Arrianos 26,69.5 y 26,69.21)

La doctrina sobre la sencillez de Dios no contradice la apocálipsis (revelación) del Dios Trino y el discernimiento entre Su esencia y energía increadas. Sobre el primer tema hemos hablado en otra homilía. Aquí hablaremos un poco sobre el discernimiento entre esencia y energía (increadas), que para la Ortodoxia es una cuestión de vida o muerte. Los santos Padres, como san Basilio, san Gregorio Palamás y otros, dijeron que: “Las energías (increadas) de Dios son varias, pero la esencia (increada) es simple, sencilla” (san Basilio). Y “la síntesis no se introduce por operar y por la energía, sino por el padecer (sufrir) y por el pazos, pero el Dios energiza, opera sin pazos”, (san Gregorio Palamás).

El Dios no tiene pazos, por eso la enseñanza sobre discernimiento de esencia y energía (increadas), no elimina la sencillez de Dios. Por lo tanto, “no está compuesto o complejo a causa de la energía”, san Gregorio Palamás. Además, a pesar de que hablamos sobre el discernimiento entre esencia y energía, “la esencia y la energía naturales divinas son inseparables, e indivisibles”.

Así que, según la enseñanza de san Gregorio Palamás, que es la enseñanza dogmática de la Iglesia consolidada y garantizada sinódicamente, la energía “se divide indivisiblemente” de la esencia divina, y la esencia divina “es participada sin mezclar” puesto que la divina energía constituye el fulgor de la naturaleza divina. “…La energía increada no se conoce mediante su esencia increada, sino que de la energía increada nos informamos que la esencia increada existe, pero no lo qué es. Por eso Dios se hace conocido a nosotros no de Su esencia increada, sino de Su providencia, según los Teólogos. Y la energía difiere de la esencia también en esto: aquello que informa es la energía increada y lo que conocemos a través de ella de que existe es la esencia increada”.

Todas estas cosas, que quizás, no todos pueden concebirlas y captarlas muestran la verdad, de que el Dios es sencillo.

Puesto que el Dios, a pesar del discernimiento de Sus Hipostasis o Personas y el discernimiento entre esencia y energía (increadas), es sencillo, esto significa que el hombre también mientras participa, conecta y comulga con el Dios se convierte y se hace sencillo.

El hombre cuando más está en metania (arrepentimiento y confesión) más sanado está interiormente, se unifica el hombre interior y tanto más sencillo se va convirtiendo. La metania le limpia, le “psicoterapia”, le sana y le unifica. San Casiano el Romano, escribía que: “aquel que revela y comparte sus pensamientos en poco tiempo se sana, y el que los oculta se enferma”. Así que la apertura del cristiano a su padre espiritual, que toma el lugar “del ángel de la metania”, más la vigilancia y cuidado de cada cosa que se hace y opera en su interior, “impiden la formación de complejos”. Y no empeoran ya las heridas que se han encontrado las huellas y se han hecho evidentes. Puesto que la composición se introduce por los pazos y nuestra liberación o metamorfosis (transformación) de ellos hace que seamos convertidos en sencillos.

Pero, principalmente el hombre adquiere la sencillez y se enriquece en ella, cuando está introducido a la zeoría (contemplación y unión) con la Luz increada, es decir, al Mismo Dios, porque entonces también el mismo hombre se une con Dios y se convierte en y por la Jaris (gracia, energía y luz increada) esto que el Dios es por naturaleza. Por lo tanto, la sencillez, no es cuestión de unas acciones exteriores simples, (ropa, movimientos, actos, formas etc.), sino la renovación y la unión interior con el Dios.

Por lo tanto, los Santos y los sanados son por excelencia hombres sencillos y naturalmente lo mismo son sus logos, palabras. Sus logos, sus bromas, sus praxis, a pesar de que son sencillas, son “agraciadas” plenas de jaris (energía increada). Según san Pedro el Damasceno: “los santos Padres Doroteo y Casiano, siendo sabios, han escrito sencillo… porque el nus (espíritu del corazón psicosomático) de los dos es uno e unificado con la mente y dado de un Espíritu Santo y el propósito es para beneficio de todos”. Por eso toda la teología en realidad es “amplia y diminuta” y el Evangelio “amplio, magno, profundo y apenas conciso y abreviado” (san Dionisio el Areopagita).

* * *

Todas estas cosas que hemos mencionado anteriormente muestran las características de la sencillez. La sencillez cristiana está conectada y asociada con la humildad, la agapi, la veracidad, la naturalidad, la mansedumbre y la participación, comunión del Santísimo Espíritu. Estas cosas son acontecimientos interiores y después resplandecen también exteriormente. Por ello, el modo de vivir de los hombres apostólicos es sencillo, según san Atanasio el Grande; y los cristianos que tienen “la sencillez en Cristo” (término teológico) son niños en Cristo, no en la mente, sino en el corazón, como cordero alegóricos, según san Cirilo de Alejandría. Por lo tanto, la sencillez es fruto de la vida espiritual completa.

Debemos adquirir esta sencillez divina, la riqueza de la sencillez en Dios, en Cristo. Desgraciadamente, toda nuestra vida está compuesta, compleja y mentirosa. Tal y como dice san Doroteo: “toda la vida del hombre mentiroso es una mentira”; porque el hombre no es sencillo, sino doble o de doble moral, una cosa es interiormente y otra cosa exteriormente, y así por duplicado en toda su vida está mofado y burlado”.

Dicho de otra manera, interiormente somos de una manera y exteriormente de otra, literalmente somos personalidades divididas. Unas cosas pensamos y otras deseamos. ¿Cómo podemos considerarnos hombres sencillos con este tipo de estado interior? ¿Cómo con esta división que introducen los pazos, podemos comportarnos con esta santa y divina sencillez y vivir socialmente?

¡Pues, sólo con la sencillez en Cristo!

“¡En verdad os digo que si no os convertís y os hacéis como niños, no entraréis en la realeza increada de los cielos” (Mt 18,3). Es decir, no obtendréis ni gozaréis de la jaris (gracia, energía increada) o doxa-gloria increada o paraíso.

Metropolita de Lepanto, Ierotheos Vlajos

Traducido por XX.JJ

Apocalipsis – Interpretación ortodoxa detallada (1)

 

 

Unidad 1: Prólogo e Introducción

Sobre la profecía atemporal para Jesús Cristo como Juez, de la obra maestra del libro Apocalipsis

Con la ayuda de Dios Trinitario hemos llegado otra vez al mes de octubre, el mes que empiezan muchos trabajos y después entramos al invierno. Además, comienza la preparación de los campos para la siembra. Y tal y como nuestros agricultores salen a sus tierras para la preparación y la siembra del trigo, así también sale el Logos de Dios a sembrar las verdades evangélicas en los campos de los corazones: “Salió el labrador para sembrar su siembra” (Lc 8,5 Mt 13,14).

Pero el Logos de Dios no sale para arar; viene sólo para sembrar; el arado queda para nosotros. Es decir, si vendremos para escuchar el logos de Dios, el cómo lo escucharemos y qué consecuencias tendrá éste en nuestras vidas, esto es algo que concierne a nosotros.

Sin embargo “el sembrador de la semilla” sale constantemente; es el éxodo-salida de nuestro Dios, que es una salida de agapi (amor, energía increada) hacia sus creaciones, hacia los hombres, y viene a sembrar el logos de Su divina verdad. Delante de nosotros tenemos un año, y estaremos viniendo aquí al templo para escuchar el logos de Dios; pero debemos tener cuidado cómo escucharemos y estudiaremos el logos de Dios.

Debo deciros que el logos de Dios algunas veces cae sobre una “tierra” pisoteada, dura, sin estar arada, ni cultivada, y deja la “tierra” del corazón indiferente. Uno entra aquí al templo, escucha, y no pone ningún interés. Otras veces el logos de Dios cae en corazones frívolos, en aquellos que se entusiasman fácilmente, pero en sus interiores no sienten alegría por el logos de Dios; pero cuando salen de la puerta lo han olvidado todo. Otra “semilla” cae en corazones que prometen muchas cosas y planifican una bella vida espiritual; pero vienen miles de preocupaciones de la vida para ahogar el logos de Dios, y finalmente estos corazones quedan sin fructificar, sin frutos.

Nosotros, ojalá que no pertenezcamos a estas categorías, como hemos escuchado hoy en la parábola del sembrador (Lc 8, 5-15). No, queridos míos; el logos de Dios debe caer en corazones que la “tierra será buena y bondadosa”, allí donde el logos de Dios fructificará y se hará santidad. Pero estos corazones, nuestros corazones, deben recibir y aceptar el logos de Dios con temor a Dios y humildad; y entonces producirán “ciento, a sesenta, y a treinta por uno” (Mt 13, 8-23 Mrc 4,8-20).

Pero desearía y ruego y oro a Dios, pero también os ruego de corazón, que no exista corazón que pertenezca en ninguna de las tres primeras categorías de la parábola; no lo desearía. Todos los corazones que aquí escuchan el logos de Dios que sean de “tierra buena y bondadosa”, y que el logos de Dios que estará cayendo en sus corazones fructifique en abundancia con frutos ricos.

(Lo mismo deseo yo también el traductor, para los hermanos que leen y estudian esta traducción y si ven algún error me perdonen y me avisen para arreglarlo).

Este año la jaris (gracia, energía increada) de Dios nos da el Libro del Apocalipsis como una oportunidad para sembrar el logos de Dios.

El Apocalipsis es el último libro del Nuevo Testamento, pero también de toda la Santa Escritura. Este libro es la conclusión de la Santa Escritura y tiene correlación con el primer libro de la Santa Escritura, del Génesis. Estos dos libros constituyen el eje, caída-salvación. El libro del Génesis se refiere a la historia de la caída; el libro del Apocalipsis de la rectificación o levantamiento, la sanación y la salvación. Realmente en el libro del Génesis se describe la creación del cosmos (mundo) y del hombre; es este bello amanecer del creado mundo visible.

Pero los hombres han caído; por influencia del diablo han caído al pecado. A partir de entonces fue introducido el pecado, la corrupción y la muerte. Todo parecía una frustración; como si se hubiese frustrado el bello plan de Dios, es decir, la creación acercarse junto a Dios, unirse con Él y deificarse. ¡Pero de lo que el Dios crea, queridos míos, nada se suprime a cero ni se suspende o malogra! Y para la renovación del creado mundo visible, envejecido por el pecado, se ha economizado el misterio de la Humanización o Encarnación de la segunda persona de la Santa Trinidad, que es el Jesús Cristo.

Pero el mundo no ha aceptado a Jesús Cristo y Le crucificó. Pero otra vez el plan de sanación y salvación no se ha suspendido, porque con la Cruz fue vencido el diablo y con la Resurrección de Cristo fue vencida la muerte y la corrupción.

Así la Iglesia, el Cuerpo de Cristo, camina dentro en la historia entre muchas fatigas, adversidades y martirios, que provienen de las fuerzas antiteas, contrarias a Dios, las cuales continuamente crucifican el cuerpo (carne) de Cristo. Pero finalmente la Iglesia vencerá, porque el Cristo ha vencido al diablo, al mundo y a la muerte. La Iglesia hace eclesiástica o lleva a la Iglesia la creación y la conduce a la Realeza increada de Dios.

Si, pues, el libro del Génesis nos describe la creación del mundo, del hombre y de su caída, el libro del Apocalipsis nos describe apocalípticamente (reveladamente) el camino de la Iglesia dentro en la historia, es decir, de los fieles y de la creación en general, el renacimiento, la recreación y la eterna doxa (gloria, luz increada) del hombre y de la creación visible.

El libro del Apocalipsis, -hoy hacemos una pequeña introducción para que podamos orientarnos relativamente- contiene en resumen el misterio completo de la divina Economía, desde la Encarnación del Hijo y Logos de Dios hasta Su Segunda Presencia, el Juicio universal y la aparición de la Realeza increada de Dios.

Para que entendáis, os describiré sólo una imagen del Apocalipsis donde aparece el misterio de la Humanización o Encarnación. Es la “mujer” que está rodeada del sol, y bajo sus pies está la luna, y está gestando “el niño varón”, su hijo que sería nacido. Pero el “Dragón” espera cuándo la mujer va dar a luz al “niño” para arrebatarlo y tragarlo. Pero apenas nacido el niño fue arrebatado de Dios, ya que la “mujer” huyó al desierto. Y detrás corre el Dragón sacando agua de su boca y constituye la “mujer” «portadora de río» -palabra, término del libro del Apocalipsis. Es decir, ¡hecha agua detrás de ella, para inundarla y ahogarla, pero sin lograrlo! (Apoc 12, 1-17). Queridos míos, esta es la historia de la Humanización o Encarnación.

El diablo, como dice un Padre de nuestra Iglesia, san Ignacio de Antioquía, buscaba las vírgenes para saber cuál daría a luz al Mesías; pero se “equivocó”, se le desvió la atención al “soberano del mal de este siglo” (Jn 12,31 y 16,11) de que el Hijo de Dios ha nacido de virgen, ¡así el diablo esto no lo percibió! El diablo no es omnipresente o en todas partes, ni conoce todo; pero buscaba. Esto lo vemos claramente en el libro del Apocalipsis, que como dice, espera nacer el “Niño”.

Aquí la persona de la “mujer” tiene dos facciones o caras: es la Zeotocos y también es la Iglesia. Y por supuesto que es la Iglesia, porque Ella es el Cuerpo de Cristo (1Cor 12,27 y 12,12 y Rom 12,4-5). Pero el Cuerpo de Cristo tomó Su Cuerpo de la Panayía (santísima o más que santa), de la Zeotocos (Madre de Dios o la que pare o da a luz a Dios). Por lo tanto la Zeotocos y la Iglesia son lo mismo, con las dos facciones o caras; y así tenemos a la vez discernimiento e identificación.

La Iglesia es perseguida, son perseguidos los Apóstoles y también la Zeotocos, pero el “Niño” es arrebatado al cielo. Esto es la Crucifixión, la Resurrección y la Ascensión de Cristo. El diablo ya no puede llegar al cielo, no puede hacer nada. Pero desde entonces persigue la Mujer en los desiertos, es decir, se dirige siempre contra la Iglesia.

Entonces dentro de esta imagen, -la cual es una de las múltiples imágenes del libro del Apocalipsis-, uno ve en resumen el misterio de la divina Economía.

Además el libro del Apocalipsis se refiere a la fundación y a la extensión sobre la tierra de la Iglesia de Cristo, es decir, de la Realeza increada de Dios, pero también el desarrollo de la lucha entre la mujer y la bestia, o sea, entre la Iglesia y las fuerzas contrarias a Dios; -veremos cuáles son estas fuerzas antiteas o antidivinas. Se refiere también a las “plagas o heridas” que vienen contra la bestia y contra el mundo que es incrédulo. Al final la Iglesia triunfa, el Cristo viene, juzga al mundo, y el diablo es atado y brilla la Realeza increada de Dios. Esto es el diagrama general del libro del Apocalipsis.

La idea central del libro es la segunda Presencia de Cristo, como Juez y Rey. Con esto empieza y con esto termina. Terminando el libro, la “novia”, o sea, la Iglesia, y el “Espíritu”, el Espíritu Santo que permanece en la Iglesia, dirán: “Ven, Señor Jesús”; y la respuesta: “Sí, vengo pronto”. Es el clima de espera del espíritu del libro, y el clima de espera dentro en la Iglesia. Y la Iglesia espera a Cristo; Le espera como Juez y Rey, para expulsar el mal, para que ya no exista el diablo, ni el pecado, tampoco la corrupción, ni la muerte. Por consiguiente la idea central del libro es: el Jesús Cristo como Juez y Rey y Su Segunda Presencia.

El tema principal, -que lo vemos moverse o trasladarse en sucesivas imágenes de un modo de sistema septenario, como veremos en el análisis del libro- es la lucha entre la Realeza de Dios y la fuerzas antidivinas o contrarias a Dios, con el resultado triunfal de la Iglesia por la victoria de Cristo.

El propósito por el que se ha escrito el libro del Apocalipsis es la preparación de los fieles en vista de las tribulaciones y aflicciones que les esperan, pero también para instrucción y consuelo de los fieles para el buen término de la lucha.

Todas estas cosas que os digo en pocas palabras, están escritas en el libro del Apocalipsis con visiones, representaciones e imágenes, y constituyen también la lengua simbólica del libro del Apocalipsis.

Por supuesto que el Apocalipsis es principalmente un libro profético; el cual ¡atención!- no apocalipta-revela sólo las cosas futuras sino también las presentes. Por lo tanto aquí aparece la profecía en su concepto, con sentido y significado amplio.

Al mismo libro del Apocalipsis en el primer capítulo 1, pasaje 19, el mismo Señor dice lo siguiente y lo apunta a Juan: “Escribe las cosas que has visto, y las que son, y las que han de ser después de estas”. San Juan se encuentra exiliado, según la Tradición, en la isla Patmos, en la cueva que hoy en día es conocida como la cueva del Apocalipsis. Allí estaba orando continuamente. Y un Domingo –nos dirá el mismo en el prólogo del libro- “se hizo en espíritu” (Apoc 1,10) y vio todas estas apocalipsis-revelaciones y visiones, las que por mandamiento de Cristo escribe: Escribe, dice las cosas que has visto, y las que son, y las que han de ser después de estas que se convertirán y serán presentes. Por lo tanto, el libro del Apocalipsis es un libro profético, que apocalipta-revela las cosas presentes y futuras.

Os he dicho que la profecía tiene un concepto, sentido y significado muy amplio; se mueve al futuro, al presente y al pasado. Y analizo:

Cuando una profecía se mueve hacia el futuro, viene a apocaliptar-revelar aquello que se realizará al futuro, lo cual ignora toda creación lógica creada. El futuro no lo conoce ni el hombre ni el ángel tampoco el diablo; el futuro realmente lo conoce sólo el Dios, y nadie más y sólo Él puede revelarlo. La profecía pues, es privilegio sólo del Dios verdadero; y si lo queréis, es el privilegio de nuestra verdadera Fe ortodoxa.

La profecía incluso se mueve en el presente para cualquier cosa que escapa de la atención de los contemporáneos. San Juan el Precursor, por ejemplo, se llama Profeta. ¿Qué ha profetizado san Juan el Bautista? ¿Quizás ha profetizado el futuro o el pasado? ¡Pues, san Juan el Bautista ha profetizado sólo el presente! Y el núcleo, el centro de su profecía fue: “He aquí el Mesías; he aquí el cordero de Dios” (Jn 1,29).

¿Quién eres? Le preguntan los soberanos del pueblo, ¿acaso tú eres el Mesías? No, les responde, yo no soy el Mesías. ¿Quién eres? “Yo soy la voz que clama al desierto. Yo soy una voz del desierto y yo vengo para dar testimonio sobre el Mesías. Es Éste que en el tiempo viene tras de mí, pero cualitativamente es Éste que es antes que yo. Es Aquel que yo no soy digno de desatar ni los cordones de Sus zapatos” (Jn 1,19-28 Is 40,3). ¡Y Juan el Bautista es un Profeta mega (grandioso, de los más grandes)! A pesar de esto, cuando profetiza para el Cristo, el Cristo está presente. Pero queridos míos, es más difícil profetizar el presente que profetizar el futuro.

Finalmente la profecía se mueve también al pasado; profetiza aquellas cosas que el ojo del hombre no ha visto. Por ejemplo, cuando Moisés, el gran Profeta, registra al libro del Génesis sobre la creación del mundo y del hombre, ¿de dónde lo sabía? Pues, escribe proféticamente. Por lo tanto, es el Profeta que se mueve, traslada al pasado.

Aún la característica de la profecía es más amplia de lo que os he dicho, porque tiene también el elemento de la enseñanza. Es decir, la profecía contiene consejos, sugerencias e incitaciones éticas, promueve hacia la metania, instruye a los creyentes en la dura lucha de la vida espiritual y mucho más… Muchas veces los Profetas vienen a reforzar y ayudar, promover hacia la metania y levantar la moral del pueblo que los escucha; es decir, la profecía no viene sólo a decir lo que va a pasar y lo que pasó, sino cómo deben permanecer derechos, firmes los hombres ante el Dios.

Por esta razón –apunto, sostengo e insisto-, no debemos ver el libro del Apocalipsis con un concepto estricto de profecía, es decir, como un libro que nos dirá solo el futuro. No queridos míos, el libro del Apocalipsis se moverá, trasladará hacia atrás y hacia adelante, pero –escuchad- también ¡al presente!

¿Qué dijo aquí el Señor? “Las cosas que son” (Apo 1,1), aquellas que existen, están en marcha y se realizan.  Y aquel “Las cosas que son” no es sólo aquello que ocurriría entonces que el Señor dictaba a Juan el Apocalipsis y le mostraba con imágenes simbólicas todo lo que ocurriría en su época. Cuando escribe sobre “la gran ramera Babilón”, la Roma, no es sólo aquel “Las cosas que son” y que son hoy; aquel “Las cosas que son” son cosas de hoy y de mañana; pero el mañana será lo que pertenezca al mañana, y que llegará a ser presente, hoy.

Así pues, en cada momento el Apocalipsis se mueve, traslada al pasado, al presente y al futuro. Pero tiene una forma amplia: viene a instruir, rehabilitar, avisar –sobre la venida del Anticristo (Apo 14,8. 16,19. 17,5. 18.) etc.– y viene a levantar el ánimo, resaltar y alertar en cada época o tiempo, pero particularmente en una época que el sentimiento religioso está muy bajo y débil.

El libro del Apocalipsis es un libro muy vivo, con mucha inexpresable jaris (gracia, energía increada) y frescura. A pesar de las terribles imágenes que contiene, tiene a la vez una ternura y una frescura. El libro del Apocalipsis es una verdadera obra maestra. Aquel que ha podido ver, contemplar algo dentro en este libro, lo constituye como un estudio suyo verdadero.

El libro del Apocalipsis está escrito en lengua helénica popular y sencilla de su época. ¡Tenemos la lengua helenística que por supuesto no es el bello dialecto de Ática, la magnífica lengua de Platón! Nos encontramos bastante años lejos, unos centenares; la lengua helénica había sufrido muchas influencias, especialmente extranjeras. En esta lengua se han escrito los Evangelios. Pero la lengua del libro del Apocalipsis está a un nivel aún más bajo que esta lengua helenística; es una lengua, permitidme decirlo, popular o vulgar; pero esto no os moleste, no os escandalice. Porque de parte filológica presenta tantas y de tal tipo de cosas, de modo que muchos de renombre helenos y extranjeros han llegado a decir que el libro del Apocalipsis tiene su propia gramática.

Dice por ejemplo: «ὁ ὢν καὶ ὁ ἦν καὶ ὁ ἐρχόμενος». El «ὁ ὢν», toma artículo, porque es participio, pero «ὁ ἦν» que es imperfecto del verbo εἰμί ser y estar, qué tipo de artículo puede tomar… ¿El verbo gramáticamente toma alguna vez artículo?… (No, gramáticamente en helénico, no), y dice «ὁ ἦν»;… Es un sóliko o solikismo*. El libro del Apocalipsis, pues, tiene su propia gramática, ¡pero es gratificada! *(Σόλοικο sólico o solikismo agramatical, sin coherencia sintáctica, es el que en los textos se equivoca sintáctica y gramáticamente, en este caso san Juan y los santos escritores muchas veces lo hacen intencionadamente para indicar lo difícil e inexpresable que es lo divino o Dios).

Pero su léxico o vocabulario quizás no sea rico. Lo mismo ocurre también con el evangelio de Juan. El vocabulario más pobre de los cuatro evangelios es el de Juan, ¡pero es el más grande y alto que nos ha venido del cielo; el evangelio de Juan es el evangelio de la luz increada, el más teológico! ¡Imita la Kenosis-Vaciamiento del Dios Logos, que está contenido, rodeado de la pobreza de la existencia humana!… (cf. Fil 2,7). Así diríamos aquí, que dentro de la pobreza del léxico del Apocalipsis viene la riqueza de la teología y de la riqueza de la Realeza increada de Dios que con tanta abundancia se derrama y se desborda, y que supera todos los conceptos de las palabras. Es algo maravilloso y asombroso. Sólo aquel que se familiariza con el libro del Apocalipsis puede descubrir todos estos elementos y sobre todo de manera interminable.

Es pues, una verdadera obra maestra el libro del Apocalipsis. Tiene unidad y simetría, buen ritmo y potencia del logos a pesar de la escasez o pobreza de palabras; tiene riqueza de colores y tonos; ¡aún tiene una inimaginable variedad de temas y una plasticidad y viveza este libro, tanta, que fascina al que lo lee!

Por ningún otro libro, ni para el libro más clásico de historia humana, no se han escrito tantos libros como del libro del Apocalipsis. Muchos demasiados libros se han escrito, se escriben y se escribirán para el libro del Apocalipsis. ¡Verdaderamente es una riqueza real!

¡Es un libro profundamente reflexivo, despertador de conciencias y despertares espirituales, es encantador y deslumbrante! ¡Con escenografía, pero sus escenarios son el cielo y la tierra! ¡El tiempo por el que se mueve y se traslada no cabe en la Historia humana, es la Historia universal y la Eternidad!

Por eso sería un error interpretativo, si quisiéramos interpretar el texto del Apocalipsis a base de un lugar estricto, como es Grecia o Constantinopla; -los que estudiáis los escritos del Apocalipsis me entendéis- es decir, como si el Apocalipsis estuviera escrito especialmente para un lugar de una ciudad como Constantinopla o al lugar estrecho de Grecia, como si el Apocalipsis estuviese escrita solamente para los helenos. ¡El Apocalipsis es un libro universal! ¡Ya os he dicho: su escenario, el cielo y la tierra; y el tiempo es la Historia universal y la Eternidad! Por lo tanto, ¡cómo nosotros vamos a limitar el libro a un lugar o a una nación o cuándo será Constantinopla otra vez helénica!… ¡Pobreza! ¡Pobreza (espiritual)!

Por eso los que han interpretado de esta manera se han equivocado. Queridos míos, los que han escrito interpretaciones con estos vínculos tan estrictos no se confirmaron, naturalmente después se avergonzaron. Sólo para la historia de la traducción os contaré sobre Apóstoles Makrakis, quien quiso interpretar el Apocalipsis a base siempre el espacio griego, con centro Constantinopla y sobre todo con la idea del Mahometanismo.

Huelga deciros que no podemos interpretar el Apocalipsis a base de alguna corriente de nuestra época; como cuando vivía Makrakis, hacia el final del siglo pasado, que estaba el Mahometanismo. El que el Mahometanismo está al contenido del libro del Apocalipsis no hay ninguna duda, pero no podemos decir que este es un tema por el que se ocupará especialmente el libro del Apocalipsis y quedará en eso. No. Es un error. Ni el comunismo, ni el ateísmo, ni cualquier otra cosa. Estas cosas están contenidas en el libro del Apocalipsis, pero ¡atención, están contenidas! son temas grandiosos e universales que están allí contenidas, pero el libro del Apocalipsis no se agota en estos.

No digamos, pues, que la bestia es el Comunismo o el Mahometanismo. No. El que estas bestias son precursoras no hay duda; pero no son sólo estas la “bestia”. Como os dije, es un error interpretativo determinar cosas de este tipo.

Por eso os ruego mucho que, cuando venís aquí a escuchar el análisis del Apocalipsis, no esperéis oír cosas de este tipo. No esperéis escuchar para saber cuándo se hará la tercera guerra mundial… ni cuándo y qué fecha vendrá el Anticristo… ¡ni cuándo será la Segunda Presencia de Cristo!… Estas cosas no las esperéis de mí; se trata de un error interpretativo. Y aquellos de los intérpretes o predicadores intentasen afirmar, “he aquí” o “esto, tal fecha”, peligrarían. Es característico que todos que han hablado así han sido desmentidos.

Por eso os ruego mucho que vengáis a escuchar y estéis muy atentos, veréis que hay cosas muy importantes de gran interés. ¡Además, la introducción que estamos haciendo ahora exactamente se hace para despertar el interés de los oyentes, y que traigáis tantos más y si hace falta iremos en la plaza para hacer nuestra homilía!

Nosotros por supuesto en nuestras interpretaciones seguiremos la línea que tiene nuestra Iglesia Ortodoxa. Y esta línea, queridos míos, la han marcado tres verdaderos e iluminados Padres santos inspirados de Dios. Estos son san Andrés de Kesarea siglo 6, Areza obispo de Kesarea siglo 9 y Ecumenio obispo de Trikis o Tríkala siglo 6. Estos tres han dejado unos escritos maravillosos, donde interpretan sobre el Apocalipsis, -que gracias a Dios los tengo en mis manos- y en los cuales uno ve la línea de la interpretación ortodoxa de nuestra Iglesia, el cómo interpreta el libro del Apocalipsis.

No es nada casual, aunque esto lo analizaremos en nuestros temas- el por qué los Padres y teólogos de nuestra Iglesia no se ocuparon con el libro del Apocalipsis. Esto lo veremos en el camino de nuestros temas.

Ahora sólo esto os digo, que los escritos de estos tres Padres, como también el admirable libro del profesor Brasiotis, único escrito neo-helénico sobre el Apocalipsis que hay en los escritos de la teología neo-helénica- estos serán nuestros guías; todos lo demás esconden peligros. Y esto os lo digo porque no me gustaría ser yo engañado y engañar a vosotros. Por eso os dije que no se excite vuestra fantasía con cosas que quizás me preguntaríais: ¿Qué pasará; qué aprenderemos? No me preguntéis, hace falta sobriedad y serenidad. Aprenderemos dentro de la trayectoria del análisis del texto sagrado, cómo debemos interpretar este libro. Yo por supuesto que os diré algo ahora; pero este algo no se agotará, sino que lo estaremos aprendiendo en la trayectoria del análisis del libro.

A pesar de estas cosas que os digo, no podemos decir que no estaremos observando las “señales de los tiempos” (Mt 16,3), porque el mismo Señor nos lo señaló esto. Nos habló de “señales del fin” y nos dijo: “Tal y como veis las hojas de la higuera encima del ramo que se han abierto y decís que la siembra está cerca, así lo mismo cuando veáis estas señales que os digo- ¿pero cuáles? Uno, dos tres… las enumera en el Evangelio- “entonces el fin estará cerca” (Mt 24,32-33 Mrc 13,28 Lc 21,30). ¿Cuál final Señor?… ¡Esto es ahora!… Aquí tenemos una imagen doble: el “final” de Jerusalén y el final del mundo.

¡Es difícil el libro del Apocalipsis; la profecía no tiene fondo! esto lo veremos un poquito más abajo.

Sin embargo, san Ignacio mientras se iba a Roma para ser Mártir, aconseja a san Policarpo a quien manda la epístola, y le dice: “Los tiempos estúdialos para que aprendas y conciencies, y a la vez que anheles, esperes al Atemporal, el que está Fuera del Tiempo, el Jesús Cristo, el Eterno Hijo y Logos de Dios. EspéraLe.

Esta sugerencia suya es muy importante. No debe meternos en historias de curiosidades o a consecuencias de una fantasía enfermiza; porque como sabéis, no todos los hombres tienen la fantasía sana, y según el dicho popular, hacen de un pelo una cuerda gorda. Es decir, yo puede que os diga algo, y después vosotros podéis salir por ahí y decir: “¡El padre Atanasio nos ha dicho cuando realmente se hará la tercera guerra mundial!… Y después vengan aquí y me digan: Padre has dicho esto, ¿es verdad se va hacer? Y yo manifestar ignorancia. ¿Y todo esto porqué? Porque los oyentes con sus fantasías han engrandecido aquello que yo he dicho, y lo han dicho aumentado tal y como lo imaginaban con sus fantasías.

San Irineo dice algo muy bonito: “Es más seguro y menos peligroso esperar el desenlace de la profecía que filosofar y hacer de adivinos o magos…” ¿Habéis visto lo que dice? Sobre todo san Irineo se refiere al nombre del Anticristo, y que es más seguro y menos peligroso esperar el desenlace de la profecía. Deje la cosa que se desarrolle en vez de reflexionar y hacer de adivino, es decir, que adivines la fecha más o menos que se hará y qué pasará. Y san Andrés de Kesarea dice algo muy importante y bello: “El tiempo y la experiencia revelará los acontecimientos a los nípticos (o los sobrios espiritualmente).

¿Pero, me diréis: cuando vengan los acontecimientos, ¿entonces qué valor tendrá para nosotros la profecía? ¡Saber ahora que se está haciendo esto que dice el Apocalipsis tiene un gran valor, porque me ayuda permanecer bien, derecho y firme dando la talla!

En concreto y plenamente sobre la presencia del Anticristo. ¡Cuando vendrá, empezará a decir cosas extrañas, maravillosas e interesantes! ¡Será importante y genial! ¡Filántropo, muy civilizado y culto! ¡El Anticristo será sorprendente y un fuera de serie? Así dicen los santos Padres. ¡Será maravilloso! ¡Encantará toda la humanidad! Y los hombres dirán: “¡He aquí el soberano o gobernante! ¡Nunca ha aparecido en la tierra un gobernante de este tipo”. Será el rey universal. Estas asociaciones, uniones actuales que se están haciendo poco a poco, un día resultarán a una unión universal. Entonces se proyectará el Anticristo. ¿Extraño? Pero verdadero. Este es el aviso que tenemos por el logos de Dios.

Y entonces vendrán los profetas Elías y Enoc, los cuales no han probado la muerte (Gen 5,24 Heb 11,5 y 4Re 2,11), como profetas del presente – y no del futuro, sino del presente- y dirán: ¡Éste es el Anticristo! ¿Qué habéis dicho?… ¡Éste es gran gobernante o rey! Pero es el Anticristo”. Ellos estarán profetizando el presente. Y aquellos que estarán en nipsis o sobriedad espiritual –como dice san Andrés de Kesarea “los nípticos”- estos que tendrán el corazón limpio, puro y catartizado, sanado y estarán viviendo una vida espiritual ortodoxa, ellos inmediatamente le reconocerán. Y los otros qué harán: ¡los otros detendrán a los Profetas y los colgarán en la plaza de Jerusalén! (Apo 11,7-8).

¿Cuándo se realizarán estas cosas? ¿Cuándo vendrán y cómo lo sabremos? Estas cosas las veremos cuando vengan; cada cosa entonces cuando venga. ¡Veis, pues, que tiene mucha importancia el cómo y la manera que vamos a tomar en nuestras manos el libro del Apocalipsis!

Cuando abrimos el libro del Apocalipsis, queridos míos, sentimos que nos encontramos ante un abismo; ¡estamos desbordados, no encontramos principio ni final; es un abismo de visiones, representaciones e imágenes! Pero las cosas no son así; no hay abismo ni nada de esto; hay un orden armonioso de todo el material en un sistema septenario, que nos deja maravillados y asombrados.

Es exactamente lo mismo que cuando echamos una ojeada a las estrellas del cielo, estas seis-siete mil estrellas, y nos piden que hagamos un mapa, por lo menos las estrellas que ven nuestros ojos, entonces diremos: “¡Qué cosa, nos piden pintar un mapa del cielo!… ¡Estamos desbordados por dónde empezar y dónde acabar con estas estrellas!… Sin embargo, para el astrónomo no hay caos; ya ha marcado en papel estas estrellas. Lo mismo, pues, aquí, en el libro del Apocalipsis no hay caos; podemos maravillosamente encontrar el borde, el principio, el medio y el final. Pero esto pasa porque no conocemos cómo interpretarle. Y precisamente este es el punto principal, el problema: el cómo interpretaremos el libro del Apocalipsis.

Sin querer desconcertaros, os diría que se han propuesto unos cuatro métodos de interpretación del Apocalipsis. Y que es un verdadero problema esto lo veréis en el trayecto de nuestros temas, cuando estaremos avanzando en el análisis del texto.

El primer método de interpretación, que es sostenido de muchos Padres de nuestra Iglesia, se llama circular o cíclico; porque recibe la repetición según ciclos paralelos de las mismas cosas, ideas o acontecimientos, en las imágenes septenarias de las sucesivas visiones. Se trata de círculos concéntricos continuamente ampliándose y que tienen como centro el tiempo de la manifestación de la profecía, la cual continuamente se verifica dentro en la Historia, con última circunferencia los ésjatos-postreros, últimos tiempos y acontecimientos.

La segunda teoría es cronológica. Esta no es como la cíclica, ni tiene relación con los sistemas septenarios en ciclos, sino que quiere los acontecimientos en un camino recto o trayectoria recta, de manera que decimos: Estamos en el capítulo 1 o si queréis en el 3, allí donde se refiere sobre las siete epístolas de Asia Menor. Pues, los tres primeros capítulos se refieren de la época de san Juan; los posteriores capítulos hasta el último, en épocas posteriores hasta los ésjatos-postreros de la Historia. Por lo tanto, diríamos que cada capítulo corresponde a un trozo de la historia.

También, cuando leemos la Santa Escritura, decimos: “¿Estas cosas que dice el Profeta sobre qué época se entiende, sobre su época, sobre el camino de la Iglesia en la Historia o sobre los ésjatos-últimos, postreros tiempos y acontecimientos? En este caso existe también el llamado método esjatolójico, durante el cual el contenido del Apocalipsis se refiere a los ésjatos-últimos tiempos y acontecimientos, es decir, en los tiempos de la Segunda Presencia.

Pero ni el primer método de interpretación ni el segundo son precisos y exactos. San Andrés de Creta prefiere la cíclica o circular, pero utiliza todos los métodos. Por tanto, hay un método selectivo; en una parte utilizamos el método cíclico y en otra parte el método cronológico, en otra el rectilíneo, y en otra parte el método esjatológico.

Pero ahora no quiero enredaos con todo esto; sólo quiero decir esto: que entendáis que es una cosa muy difícil para uno emprenderse con el libro del Apocalipsis.

Pero os diré que también hay el llamado método mixto o espiral. Para que lo entendáis, haré un plano: hago una forma o plano de hélice; por ejemplo, subo una montaña con base cíclica o circular; comienzo de abajo y voy subiendo, subiendo y por supuesto que formo una línea helicoidal; si miro de arriba, es cierto que tengo sucesivos círculos; si miro de lado, estos círculos son progresivos, porque suben y van hacia la punta, hacia los ésjatos-postreros. Comienzan de la base, desde entonces que se ha escrito el Apocalipsis y va hacia los ésjatos-postreros, hacia la segunda Presencia de Cristo. Como veis, tengo la interpretación cíclica o circular y tengo también la rectilínea que va hacia arriba. Este método se llama helicoidal o espiral.

Ahora os voy a mostrar cómo interpretan los santos Padres. Os describiré dos o tres ejemplos. O sea, el método que se encuentra dentro en la Santa Escritura.

Dice el Evangelista Juan en su 1 Epístola 2,18: “Hijos míos, ésjatos-última y decisiva es la época actual. Y por la enseñanza de los apóstoles habéis escuchado que el anticristo viene, y ahora han surgido muchos anticristos, órganos engañados y heréticos del anticristo. Por eso conocemos que es la ésjatos-última hora”. Pero “esjato o última hora” significa que ha llegado la Segunda Presencia de Cristo. Esto quiere decir “esjato, postrero, último”. Porque después de la palabra “esjato, postrero, último”, ¿tiene algo posterior? Si tuviera algo posterior no sería “esjato, postrero, último”. Dice que es última hora. ¿Por qué? “Porque habéis escuchado que viene el Anticristo”. El Anticristo, pues constituye una señal de “esjato, postrera, última hora o tiempo”. Pero ahora añade, “hay muchos anticristos”. Y de esto saca una conclusión muy curiosa: “Puesto que hay muchos anticristos, de esto sabemos que vino la última-ésjata hora”.

Me diréis que ahora ya todo nos parece confuso… no hemos entendido nada.

Pues, es sencillo. La persona principal es el Anticristo; los otros anticristos son precursores del principal Anticristo. Pero la “hora última-ésjata,” ¿cuándo comienza? Comienza desde el momento que el evangelista Juan escribe el libro del Apocalipsis. Desde aquel momento comienza la “hora última-ésjata, , postrera”.

Esto también si queréis podéis verlo también al apóstol Pablo diciendo a Timoteo: “Sepas Timoteo que en los ésjatos días habrán tiempos difíciles”. ¿Oh san Pablo, quiénes son estos “días ésjatos”? (2Tim 3,1). San Juan el Crisóstomo interpreta y dice que los “esjatos días” comienzan desde el momento que Pablo escribe su epístola.

¿Lo habéis entendido? Ahora os lo diré con otro ejemplo para que lo entendáis mejor. El Cristo dijo: “Jerusalén será destruida, no quedará piedra sobre piedra. Y entonces se removerán las potencias del cielo; y el sol perderá su luminosidad y la luna lo mismo” (Mt 24,2·20 Mrc 13,12 Lc 21,6·25·26). Fijaos: una imagen que tiene dos planos. El primer plano es esto que pasó unos pocos años después, en el año 70 dC viene la destrucción de Jerusalén. El segundo plano es la Segunda Presencia de Cristo y los ésjatos, los más allá de los ésjatos. Por consiguiente, ésjato lo primero, ésjato también lo último. Por lo tanto, cada momento dentro de la Historia tenemos un signo o punto ésjato, la “hora última-ésjata,”. Cada momento.

Entonces vemos –por deciros ahora así esquemáticamente- círculos concéntricos ampliándose, donde el centro de estos círculos contiene la expresión, pronunciación de la profecía, el momento del tiempo que se dice la profecía. Y en una primera circunferencia de acontecimientos históricos, el Apocalipsis tiene su interpretación; en una segunda circunferencia o círculo ampliado, otra vez tiene su interpretación, en una tercera lo mismo… hasta finalmente una gran circunferencia que estará abordando las cosas realmente ésjatas-últimas, la segunda Presencia de Cristo. Por lo tanto el libro del Apocalipsis así lo interpretaremos y así lo estudiaremos.

Esto también significa que el libro del Apocalipsis no es algo que estaba o estará, sino que es algo que continuamente es. ¡El libro del Apocalipsis no se agota solamente en una época; es un libro universal e inagotable, y que entra aún hasta dentro en la misma Realeza increada de Dios!

Dice san Andrés de Kesarea algo muy bello: “Los Profetas del Antiguo Testamento han sido interpretados por muchos, sin embargo muchos de estos misterios permanecen ocultos, no interpretables, y no llegan hasta el final, hasta al fondo de la profecía.”

Pero me diréis que los Profetas del Antiguo Testamento se refieren a la primera Presencia de Cristo. Sí, pero, más allá de la primera, se refieren también a la segunda Presencia de Cristo, y en la Realeza increada de Dios. Queridos míos, las profecías y los profetas del Antiguo Testamento aún no se han agotado. Por eso si alguna vez analizamos a los Profetas del Antiguo Testamento nadie diga que: estos se han acabado, ya ha venido el Cristo. No, no se agotaron. San Andrés de Kesarea llega a decir lo siguiente: que no se agotarán, sino sólo dentro en la increada Realeza de Dios, porque dentro de la increada Realeza de Dios podremos llegar a entender la profundidad de las profecías.

Entonces, queridos míos, entendéis por qué el libro del Apocalipsis es un libro inexplicable y tremendamente profundo. ¡Con cuánto respeto… debemos estar ante este libro!

Espero que no os hayáis decepcionado, si la introducción que hemos hecho os haya parecido un poco difícil. ¡Entraremos al texto sagrado y veréis qué deleite y gozo verdadero tendremos! Siempre la introducción en algo es difícil. Puesto que la introducción se supone que viene a iluminar un poco, espero que no haya entenebrecido las cosas. Pero os ruego que tengan un poco de paciencia. ¡Estaréis viniendo y estaréis viendo cómo sale la frescura y la belleza del texto, cómo se analiza tan bellamente y tan maravillosamente!

Terminando, pues, esta breve introducción al libro del Apocalipsis, deberemos tener en cuenta algunos puntos básicos para el cómo nos colocaremos como oyentes ante este libro de Dios.

Y lo primero de todo no debemos olvidar que ¡aquí tenemos este vivo logos de Dios! puesto que el libro del Apocalipsis es inspirado de Dios, igual que toda la Santa Escritura.

Segundo, que este logos de Dios es profundo y difícil de interpretar, y para que sea comprendido hace falta humildad, oración, atención, lágrimas, paciencia y persistencia.

Tomaremos como ejemplo a san Juan el Evangelista, que dentro del libro del Apocalipsis, capítulo 5, 2-5, dice las siguientes cosas: “Y vi y oí a un ángel fuerte que decía a gran voz: ¿Quién es digno de abrir el libro (comprender su contenido y desatar sus sellos (y realizar los misteriosos planes de Dios)? Y ninguno, ni en el cielo ni en la tierra ni debajo de la tierra, podía abrir el libro, ni entenderlo, ni aun abordarlo y mirarlo. Y lloraba yo mucho, porque no se había hallado a ninguno digno de abrir el libro, ni leerlo, ni mirarlo. Y uno de los ancianos me dijo: No llores. He aquí que el León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido para abrir el libro y desatar sus siete sellos” (Apo 5,2-5). Pero por qué ha llegado abrirse el libro y conocer nosotros su contenido. ¡Pues, porque el evangelista Juan estaba llorando!…

Y finalmente, tercero, cada conclusión que saquemos de este libro, ética y espiritual o lo que sea, no nos estaremos refiriendo a los demás, sino a nuestro sí mismo. No debemos pensar y decir que estas cosas son para los demás; ¡son también para nosotros! Cuando el Cristo dice al obispo de la Iglesia de Laodicea: “Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente (sobre la fe). ¡Ojalá fueses frío o caliente (habría posibilidad que te arrepintieras, convirtieras y así te calentarás)! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca (te reprenderé y expulsaré de mi Iglesia increada)” (Apo 3, 15-16). No pensemos y digamos que “vomitará a los otros”, sino que hagamos autocrítica y pensar y decir: “Quizás, no vaya ser que yo sea tibio…” Y seguro que cuando no nos autoengañamos, encontraremos que somos “tibios”.

Queridos míos, así podremos entender, rebuscar y palpar un poco el libro del Apocalipsis, y sólo así nos serán apocaliptadas-reveladas sus verdades escondidas, a medida de lo posible en nosotros, para que estemos caminando en este camino dorado y luminoso de la Iglesia, entre las hirientes, destructivas y asesinas espadas de las fuerzas antíteas, antidivinas o contrarias a Dios, dentro en la Historia.

Yérontas Atanasio Mitilineos. Domingo 12-10-1980

Copyright: Monasterio Komnineon de “Dormición de la Zeotocos” y “san Demetrio” 40007 Stomion, Larisa, Fax y Tel: 0030. 24950.91220

Traducido por: χΧ jJ logosortodoxo.es/ (en español).

 

 

 

El gran Pescαdor CristoDios

El gran Pescαdor CristoDios a través de Su Jaris energía increada gracia y a través del  blog ha pescado dos psiques almas antes Romanocatólicos y  se han bautizado en el mar tal y como Dios manda  en el  Santo Monasterio Grigoriu de Athos, mi casa espiritual, son dos de los muchos milagros paradójicos e inexplicables que vivimos. Yo debería estar allí, pero a causa de la operación de mi mujer no he podido ir. Uno es Gianluca, italiano que habla español. Hace año y medio buscando una palabra griega en google encontró el blog y después de haber mandado unos mensajes a la página me puse en contacto con él y por sorpresa en aquel tiempo estaba en Barcelona para unos días por trabajo, nos conocimos y fuimos a la Santa Montaña Athos. Ahora estuvo de nuevo y se bautizó tal y como Dios manda con el nombre GianLuca o Gianis-Luca. El otro es de Bilbao su nuevo nombre  es Epifanio y también de forma paradójica nos conocimos este verano…. AGAPI, HUMILDAD, ALEGRÍA Y LIBERTAD…..
ΔΟΞΑ-doxa GRACIAS Y GLORIA A DIOS!!!

 

Βαπτίζω,vaptiszllo BAUTIZO, ES EL VERBO DE LOS MÁS CLAROS “SUMERGIR, INMERSIÓN TOTAL AL AGUA”, no cabe otro verbo ni siquiera sinónimo o metáfora, solo hay una expresión metafórica popular diciéndolo en el sentido: “ponlo nombre esto”, nada más y SE ACABÓ: LO DIJO CRISTODIOS!!!… βαπτίζοντες αὐτοὺς εἰς τὸ ὄνομα τοῦ Πατρὸς καὶ τοῦ Υἱοῦ καὶ τοῦ Ἁγίου Πνεύματος, (Mt 28,19)
Υ no lo digo yo el des-graciado…

Nada de rociar que no existe, ni falsas economías y rociamientos tipo rocieros de la feria de Huelva…tipo Vaticano!
https://logosortodoxo.es/…/los-misterios-de-la…/

 

Ο Μεγας Αλιεύς Χριστός Θεός Αληθινός με την ενεργεια της ακτιστο χάρις Του μεσω της ισοστελιδας LOGOSORTODOXO.COM ψάρεψε δυο ψυχές κ βατίστηκαν 25-9-2018 στην Ιερά Μονή Οσίου Γρηγοριου Αθως, το πνευματικό σπιτι μου, ειναι δυο από τα πολλά παράδοξα κ ανεξήγητα θαύματα που ζούμε. Εγώ επρεπε να ειμαι εκεί, αλλά λόγω εγχειρησης της γυναίκας μου δεν μπορεσα να παω. Ο ενας ειναι δικηγορος Ιταλός πού μιλάη ισπανικά, που πριν 1,5 χρονο εβαλε στο Google μια λεξη Ελληνική για να μάθη πώς ειναι στά ισπανικά κ τον έστειλε στην ιστοσελίδα μας, k μετά αφού μου εστιλε διαφορα μηνύματα στην ιστοσελίδα επικοινώνησα μαζί του κ μεγαλη εκπληξη εκεινη την εποχή βρισκόταν για λιγες μερες στην Βαρκελωνη για δουλειά, αν και ζή στην Ιταλία… γνωριστήκαμε κ πηγαμε μαζί στο Αγιον Ορος κ τωρα βρίσκεται εκεί κ βαπτίστηκε με το ονομα Γιανλουκα η ΓιαννηςΛουκάς< ο αλλος ειναι από το Μπιλμπάο, που επισης με παράδοξο τροπο γνωριστηκαμε το καλοκαίρι κ τώρα βαπτίστηκε με το ονομα Επιφάνιος… ΑΓΑΠΗ, ΤΑΠΕΙΝΟΤΗΤΑ, ΧΑΡΑ κ ΕΛΕΥΘΕΡΙΑ…

ΔΟΞΑ ΤΩ ΧΡΙΣΤΏ ΤΩ ΘΕΩ ΜΑΣ!!!