Hisijía y Teología Ortodoxa

 

BKS.0928027

 

isijía ἡσυχία y Teología θεολογία zeoloyía Ortodoxa

Extractos del libro del Metropolita Ierózeos Vlajos 

 

Contenidos

1. Capítulo 1. “Nipsis e hisijía”

2. c) Logos encarnado y Logos no encarnado. (pág. 228)

3. d) Logos inefables y logos-conceptos creados. (pág.232) 

4. e) Ley creada e increada (pág. 237)

5. f) El templo increado y el templo creado (pág. 238, 239, 249) 

6. Capítulo 6: La persona del Padre Espiritual y el carisma de discernimiento.

 

Cap. 1. “Nipsis e hisijía”

Hablando sobre la νήψις (nipsis,) ortodoxa, entendemos la rápida atención y vigilancia del hombre para mantener su nus y corazón limpios de los loyismí (pensamientos compuestos o simples) e imágenes que mortifican su libertad interior y lucidez y le apartan de la comunión con Dios y su conocimiento.

Esta nipsis es calificada por los Padres como divina, ησυχία (hisijía, paz y serenidad interior). Es obvio que la hisijía es toda lucha ascética del hombre por la catarsis (sanación, purificación) del corazón, la nipsis y la oración interior. Así pues, por hisijía entendemos principalmente aquel método que utilizaron todos los deificados o glorificados para unirse con Dios y superar la muerte, que es uno de los problemas mayores del hombre, tanto existencialmente como psicológica y biológicamente.

 Ἠσυχασμός (Hisijasmós): Para los santos Padres la catarsis es la eliminación de todos los loyismí del corazón y la permanencia de ellos en la lógica de la mente y la iluminación es la clarificación del nus por la Jaris (Gracia energía increada) de Dios. El método de catarsis e iluminación del corazón y del nus, y el modo por el cual se revela (o apocalipta) el lugar del corazón (espiritual o psicosomático) que es el núcleo de la existencia del hombre, y, se llama hisijasmós. Éste es el único método por el cual el hombre renace espiritualmente. Utilizando este sistema uno puede ayudarse también para vivir la vida de los Misterios de la Iglesia. De otra manera los Misterios operarían infernalmente.

Entonces resulta claro que, el método de terapia de nuestra Iglesia es la energización, es decir, la activación de la energía noerá (espiritual humana) del corazón, de modo que ésta se mueva paralelamente a la energía lógica racional de la diania (mente, cerebro o intelecto), cosa que constituye la base para el desarrollo posterior del hombre hacia la zéosis o deificación. El que ignora este método, no puede conocer que significa ser Cristiano Ortodoxo. Tampoco cuál es la obra de la humanización de Cristo y cuál es la finalidad de la Iglesia.

Por lo tanto, este método está contenido en dos palabras: «ἡσυχία hisijía » y «θεολογία zeoloyía teología». La hisijía es el sistema de catarsis e iluminación del hombre y la teología es la gnosis (conocimiento) de Dios por la que el ser humano llega a la finalidad de su creación y puede sanar y conducir a otros a la zéosis.

En cada época hay dos modos en que los hombres hacen teología. Uno es el meditativo o dialéctico y el otro es el empírico y apocalíptico (por revelación). Al primero pertenecen los filósofos y los teólogos que filosofan y al segundo los Santos Padres. Es sabido que los heréticos intentaban comprender todo con la lógica de la razón de la mente. Ellos representan y expresan el cristianismo helenizado. En cambio, los Padres siguieron otro método distinto y representan y expresan el cristianizado helenismo, ya que tienen la experiencia de Dios. Ésta se formula con términos de la lengua helénica.  (pág.184)

…Resulta claro que el método de terapia de nuestra Iglesia es la energetización, la activación de la energía noerá espiritual humana del corazón, de modo que ésta se mueva paralela e independientemente a la energía lógica de la diania (cerebro, mente), cosa que constituye la base para el desarrollo posterior del hombre hacia la zéosis. El que ignora este método no puede conocer qué significa ser Cristiano Ortodoxo, tampoco cuál es el valor de la obra de la humanización de Cristo y la finalidad de la Iglesia. Por lo tanto, este método queda resumido en dos palabras: “hisijía” y “teología”.

La primera es el sistema de purificación e iluminación del hombre y la segunda es el conocimiento de Dios por el que llega el ser humano a la finalidad de su creación. Cuando lo consigue, puede sanar y conducir a otros a la zéosis o deificación. (Pág.183)

Los Padres tienen conocimiento claro de la diferencia entre la teología ortodoxa y la filosofía, principalmente de la metafísica. Tampoco son de tendencia platónica, aristotélica o neoplatónica, sino que son deificados, es decir, glorificados mediante la catarsis, la iluminación y la zéosis, llegando a la unión con Dios por la energía increada de la Jaris. A partir de aquí hacen teología psicoterapéutica.

Algunos sostienen falsamente que la enseñanza de San Dionisio el Areopaguita es una expresión del neoplatonismo y que esta teología influyó a los demás Padres “hisijastas”. Falso es también que la teología escolástica sea un suplemento de la Teología Patrística y un método para comprender más profundamente la  Apokálipsis=Revelación. De esta manera anulan el contenido universal de la Teología Ortodoxa y por eso no pueden ser aceptados por la Iglesia Ortodoxa. (pág.399).

…No es correcto que se considere la teología escolástica occidental como continuación de una supuesta Teología escolástica Ortodoxa. Los Padres de la Iglesia tenían conocimiento claro de la diferencia entre la Teología Ortodoxa y la filosofía, principalmente la metafísica. Ello es debido a dos razones: Una es porque existe diferencia entre la Teología Patrística, que es “hisijasta” y apocalíptica=reveladora, mientras que la escolástica es intelectual y humanocéntrica; y la otra razón es porque utilizan métodos diferentes. El sistema de hacer teología de los Padres es catártico (sanador), iluminador y conduce a la zéosis, en cambio, el de los escolásticos es racionalista, reflexivo y conducido por la fantasía.

Por esta razón los Padres de la Iglesia adquirieron conocimiento empírico de Dios. En cambio, los escolásticos llegaron a teorías que no pueden tener fundamento en la Ortodoxia, como por ejemplo la identificación de la esencia de Dios con su energía. (pág.401).

Es interesante la observación del error que hace la teología escolástica al identificar el término “ratio” (razón) con el término “logos”. Mientras que el primero significa una posibilidad racional del intelecto para discernir y relacionar los objetos creados, el logos en la lengua helénica significa entre otras cosas, el reunir, concebir y definir en orden y armonía. San Agustín separó la ratio en “superior” e “inferior”. La primera la identificó con el “intellectus” que también fue considerado equivocadamente como el nus heleno.

Es sabido que durante la antigua filosofía helénica y también en la presocrática, el logos no es la lógica, la razón de la mente, sino aquella fuerza que en el universo dirige y coloca en armonía la multiplicidad de las cosas creadas en toda la naturaleza. Con este concepto Logos se denominó la Segunda Persona de la Santa Trinidad, como Aquél que expresa la voluntad de Dios, como Aquél que ha creado el mundo. También el nus en la Tradición Ortodoxa es el ojo de la psique (alma), una energía de ella, que es distinta de la energía lógica de la diania (mente, intelecto, cerebro). (Pág.402)

Generalmente un principio básico de la teología escolástica, como también de los antiguos filósofos helenos, es que existe verdad uniforme que se da tanto a los Profetas como a los filósofos, y que existe método uniforme de conocimiento sobre Dios. Pero, tal como han demostrado los Padres de la Iglesia y especialmente San Gregorio Palamás, la verdad no es uniforme sino doble; puesto que una es la verdad que adquirimos sobre la creación y otra sobre el Dios increado, como también existe doble método de conocimiento, puesto que con la lógica adquirimos conocimiento del mundo, y en cambio con el nus y el corazón adquirimos conocimiento (increado) de Dios. No puede haber, entonces, ninguna relación entre la tradición escolástica y la tradición níptica de la Iglesia. Pág.402 (La doble metodología de San Gregorio Palamás: congreso sobre San Gregorio, editado por la Santa Metrópolis de Tesalónica 1986, pág. 75 y más).

…La terapia del hombre se encuentra en el descubrimiento de su energía noerá y de la distinción de ella de la energía lógica. Con el movimiento paralelo e independiente de las dos energías el hombre se completa, es decir, con la energía lógica adquiere relación con el mundo, y con la noerá adquiere relación con Dios. Este método es muy sencillo. (Pág. 178).

No se puede considerar como escolasticismo y método escolástico el hecho que los Padres, en algún momento histórico, describieron ordenadamente la experiencia sobre Dios, la que habían adquirido mediante el nus y el corazón con términos de la época aquella; Dieron a los términos otro contenido y sistematizaron la enseñanza de los Padres anteriores para afrontar las herejías y proteger a los miembros de la Iglesia.

No es correcto que la fuente de los escolásticos y principalmente de Tomás de Aquino es San Juan el Damasceno, ya que éste se sitúa en otra perspectiva.

San Juan el Damasceno codificó la enseñanza de los Padres anteriores a él y sobre todo considera como su guía espiritual a San Gregorio el Teólogo, de quien utiliza su enseñanza con frecuencia, así también la de San Basilio. Todo lo que dice San Juan el Damasceno sobre Dios, no tiene ninguna relación con lo que sostiene Tomás de Aquino…

…San Juan el Damasceno hace discernimiento entre esencia o naturaleza y las energías increadas de Dios y discierne que Dios es inconcebible, incognoscible y no participado por su esencia-naturaleza y que es concebible, cognoscible y participable por sus energías. Pág. 403

…Tomás de Aquino identifica esencia y energías de Dios… éste habla sobre energía pura (“actus purus”) y energías creadas de Dios, cosa que significa que llegamos a la comunión y conexión con Dios con las energías creadas… Esta es la herejía básica del papismo. En su obra “Summa Theologica” encontramos el principio básico de la metafísica…  Consecuencia de esta perspectiva es que Dios creó al mundo por esencia y no por energía y voluntad, como también que Dios creó el mundo a partir de las preexistentes ideas y no del cero o la nada, que la muerte es castigo de Dios, que dentro de la creación existe la energía creada de Dios, que la psique anhela su regreso al mundo no nacido de las ideas etc… (Pág. 404)

…Pero en la teología ortodoxa no hablamos de natural y sobrenatural, porque esto es objeto de la metafísica, no de la teología; los ortodoxos hablamos sobre creado e increado y sobre todo de las energías increadas que energetizan (operan) de distintas maneras en toda la creación.

…Según la tradición Patrística tal y como la expresa también San Juan el Damasceno, la psique del hombre es lógica y noerá, que significa que tiene dos energías: la lógica o racional, con la que toma contacto y se relaciona con el mundo, y la energía noerá (del nus), con la que entra en comunión con la energía increada de la Jaris de Dios.

…Existe una información en torno al cómo el mismo Tomás de Aquino comentó sobre el libro “Summa Theologica” antes de su muerte. En la divina Liturgia el 6 de diciembre de 1273 festividad de San Nicolás, se sentó en su despacho y dijo leyendo este libro: “no puedo soportarlo esto”. Cuando su amigo personal y secretario, que nos hizo llegar esta información, protestó, Tomás le contestó: “¡No puedo soportarlo! Todo lo que escribí es paja”. Paró un momento y siguió “compáralo con lo que he visto y se me ha revelado y estarás de acuerdo que es paja”. Después de esto cayó en un profundo silencio que duró todo el invierno. Al principio de la primavera recibió la orden del Papa para ir al sínodo de Lyón. Empezó diciendo a su secretario “quizás Dios me regale algo bueno yendo allí”. Y mientras caminaba hacia Lyón murió. (Pág.405)

…La posición de la Iglesia sobre los textos de San Dionisio el Areopaguita es muy importante. Se trata de textos que presentan la llamada teología mística de la Iglesia, la que no conecta con el misticismo, sino con la teología níptica y el conocimiento empírico de Dios, con la iluminación del nus y la zéosis, y no con la iluminación de la lógica o mente, cerebro.

La Iglesia en su himnografía reconoce la gran personalidad de San Dionisio el Areopaguita…

Los Santos Padres honraron sobradamente las obras de San Dionisio el Areopaguita. Entre muchos de ellos están San Máximo el Confesor, San Nikitas Stizatos, San Gregorio Palamás quién hizo un uso prodigioso de la enseñanza de San Dionisio, etc…

Hay una gran diferencia entre la enseñanza de los textos de San Dionisio el Areopaguita y el platonismo, aristotelismo o neoplatonismo. (Pág. 407)

…La opinión de que el neoplatonismo ha influido a la tradición “hisijasta” y níptica de la Iglesia es falsa.

La ascesis según la enseñanza ortodoxa de la Iglesia es condición indispensable para la vivencia de Dios “en sentido, energía e información”. Cuando el hombre haya adquirido el conocimiento existencial de Dios, a continuación esta experiencia se formula con logos. Los logos inefables increados de los Santos glorificados (que han llegado a la zéosis) son traídos al kerigma y a la pastoral de la Iglesia mediante logos y conceptos creados. (Pág. 408)

 

c) Logos encarnado y Logos no encarnado

El centro del Antiguo y Nuevo Testamento es Cristo, con la diferencia que en el Antiguo Testamento los profetas veían al Logos no encarnado, en cambio en el Nuevo Testamento los Apóstoles y los glorificados ven al Logos encarnado. Todas las apocalispis=revelaciones de Dios dentro de la historia son apocalipsis del Hijo y Logos de Dios. En el Antiguo Testamento el Logos de Dios es el Ángel de la Gran Voluntad, el Ángel de la doxa=gloria, en cambio en el Nuevo Testamento el Logos de Dios se hace Cristo, puesto que la naturaleza divina, mediante la fuerza de la unión hipostática (base substancial) de las naturalezas divina y humana en la persona del Logos, ungió a la naturaleza humana…

d) Logos inefables y logos-conceptos creados

Los visionarios de Dios son elevados al Paraíso y entonces escuchan logos inefables, según el testimonio del Apóstol Pablo: “Conozco un hombre, un cristiano… Fue arrebatado al paraíso y oyó logos inefables que el hombre no puede expresar” (2ª Cor.12,2-4)…

…El caso del Apóstol Pablo es muy característico. Ascendió hasta el tercer cielo y entró en el Paraíso, escuchó logos inefables que no podía transmitir tal y como los escuchó y se fue iniciado, instruido en el conocimiento (increado) de los misterios de Dios. Pero algunas de estas experiencias las transmitió a continuación a sus hijos espirituales y conducirlos en sus vidas espirituales. Así pues, durante la experiencia se inició en los logos inefables y a continuación trasladó esta experiencia a lo que es posible para los hombres, con logos y conceptos creados, es decir, utilizando la lengua humana creada y las imágenes de la naturaleza creada. Así, trasladado el misterio de la apocalipsis=revelación a la realidad sensible, permanece misterio, pero capaz de ser vivido por los que ascenderán y participarán de la experiencia del Pentecostés. Pág.233

El ejemplo relevante de la relación entre logos-conceptos creados y logos inefables es el acontecimiento del descenso del Espíritu Santo durante el día del Pentecostés. El Espíritu Santo descendió a los corazones de los Discípulos y de los Apóstoles…

…Es decir, una es la voz y el trueno que todos escuchaban, otra es la voz espiritual que los Apóstoles escuchaban dentro de sus corazones y otra distinta es la voz que transmitía los misterios del Espíritu al corazón de los oyentes en el kerigma de San Pedro (He 2,1-13). En todos estos casos actuaba el mismo Espíritu Santo de múltiples maneras. (Pág.234)

Así vemos que hay discernimiento entre logos inefables y logos-conceptos creados. Los misterios del Espíritu se viven con la participación de la energía increada de Dios que se denomina como “logos inefables”. En cambio, la transmisión de los misterios a los hombres se hace con logos y conceptos creados con la finalidad de ser conducidos a los logos increados y a la participación de la glorificante energía increada de Dios.

Esta relación entre la Jaris increada de Dios y logos y conceptos creados, se ve en muchos pasajes de los Santos Padres de la Iglesia. En muchos de estos pasajes se dice que bajo la letra de la Ley existe escondido el espíritu de la ley. Es decir, que debajo de cada mandamiento de Dios existe una vida completa que es vivida por aquél que en Espíritu puede introducirse en este mundo espiritual. Mencionaré algunos Padres, como San Dionisio el Areopaguita, San Basilio el Grande, San Gregorio el Teólogo, San Juan Crisóstomo, San Máximo el Confesor, San Simeón el Nuevo Teólogo, San Nikitas Stizatos, San Fotios, San Gregorio Palamás etc,… (en el libro hay ejemplos de estos santos). (Pág.235)

…Esto significa exactamente que en los mandamientos de Dios existe una unión mística entre la Jaris increada y los logos y conceptos creados. Aquellos que tienen condiciones eclesiológicas ortodoxas y condiciones espirituales captan y viven la Jaris increada de Dios. Pero los que no tienen estas condiciones ortodoxas se quedan sólo en las cosas exteriores y en los logos y conceptos creados. (Pág.236)

E) Ley creada e increada (pág. 237)

Lo dicho anteriormente para los logos y conceptos creados e increados vale también para otra dualidad que es la ley creada e increada. La ley del espíritu se escribe dentro del corazón de los hombres metamorfoseados, y a continuación el renovado Profeta traslada en ley creada y en expresiones creadas algunos aspectos de esta experiencia reveladora con el único fin de guiar a sus oyentes, evitándoles una confusión espiritual y para que sean conducidos, mediante la purificación, a la iluminación y a la zéosis. Éste es el significado que tiene el logos de San Pedro (2ªPed 1,19).

El hecho que la ley increada y la creada coexisten se ve en muchos versículos del Apóstol Pablo, por ejemplo (2ªCor. 3,2-3)  (2ª Cor. 4,6) y otros.

Es conocido que en la enseñanza de los Santos Padres se habla mucho sobre cómo el hombre es constituido de cuerpo y psique; así también, cada versículo de la Santa Escritura tiene cuerpo y psique (alma). (pág.238)

 

F) El templo increado y el templo creado (pág. 238, 239, 249)

Lo dicho anteriormente es válido también para el templo creado e increado. El culto se hace dentro de un Templo concreto, pero simultáneamente con la oración noerá y la teología empírica el hombre puede introducirse en un Templo increado, el Templo de la Deidad.

El Apóstol Pablo habla sobre la tienda creada de Moisés y la tienda increada del Logos. Tienda creada es la que construyó Moisés por mandamiento de Dios e increada es el misterio que vive uno con la encarnación del Hijo y Logos de Dios. (Ver la epístola a los Hebreos 8,1-2 y 9,11).

Templo increado es la contemplación de Dios que los Profetas se hacen dignos y merecedores de ver. En el libro del Apocalipsis, San Juan el Evangelista analiza y explica todo el Templo increado en el que se hizo merecedor de entrar, mientras se encontraba dentro de la cueva del Apocalipsis, en la isla de Patmos. Allí vio a la Iglesia celeste, a Cristo con Sus Santos, los Apóstoles, los Mártires y los Confesores de la fe. Vio la Realeza increada de Dios, el Paraíso, en el cual no había ningún Templo creado, porque el Templo real era el Mismo Cristo. Es cierto que este estado lo describe con imágenes y conceptos creados, pero a la vez las descripciones transcienden la creatividad y muestran a qué estado espiritual es elevado el Profeta. San Gregorio Palamás dice que Moisés subió al monte y “allí vio la tienda inmaterial” que es la fuerza y energía increada de Dios y la “auto-hipostasiada-substanciada” sabiduría de Dios. Entró dentro del gnofos (lit. conocimiento de la luz increada; gnofos es luz que supera toda luz, y desconocimiento de la esencia de Dios, según los Padres) y “todo dentro del gnofos es sencillo, absoluto e inalterable”. Pero la tienda que construyó y todas las cosas que se encuentran dentro de ella, la Santidad y todo lo que se hace alrededor de ella son símbolos sensibles “de las visiones… del gnofos”. Así, mientras lo visto en el interior del gnofos es sencillo, absoluto e inalterable, los símbolos al ser separados y sensibles, son cambiables, compuestos adjuntos a los seres, es decir, a lo creado (San Gregorio Palamás E.P.E t. 2º pág.616-618)

Esto, los tres discípulos lo han vivido también encima del monte Tabor. En algún momento en que veían la visión de la doxa=gloria de Dios en la persona (hipóstasis) del Logos, el Apóstol Pedro dijo: “Señor, qué bien se está aquí. Si quieres hago tres tiendas, una para Ti, otra para Moisés y otra para Elías” (Mat. 17,49). Mientras Pedro pedía hacer tres tiendas creadas con la mano, Cristo les reveló la tienda increada, porque según lo dicho por el Evangelista “mientras les estaba hablando una nube luminosa los cubrió y una voz desde la nube dijo: Éste es mi hijo bienamado, en quién tengo complacencia, escuchadlo” (Mat. 17,5). El Dios-hombre Cristo, que muestra Su deidad a los hombres, es la tienda real espiritual increada, que alivia y da descanso a los hombres; por eso el Evangelista Juan certifica: “Y el Logos se hizo sarx (cuerpo y carne) y habitó entre nosotros, y vimos su gloria, gloria como unigénito hijo del Padre, lleno de Gracia y verdad” (Jn 1, 14). En su Apocalipsis San Juan el Teólogo, refiriéndose al nuevo cielo y la nueva tierra, dice que escuchó una voz potente desde el cielo que decía: “… He aquí la tienda de Dios junto a los hombres; Él fijará su tienda entre ellos, ellos serán Su pueblo y el mismo Dios estará con ellos como Dios suyo.” (Apoc. 21,3).

Esto significa que desde la tienda creada debemos de caminar hacia la tienda increada, que es la visión de Dios en la persona de Jesús Cristo. Se trata de la vivencia de la zéosis por la Jaris (gracia, energía increada), que conecta con la visión de la Luz increada. Los que se introducen en esta tienda increada constituirán el nuevo Israel de la Jaris, el pueblo espiritual de Dios.

Así pues, todo lo dicho hasta ahora muestra que la Iglesia mediante los Padres glorificados y los Misterios, el culto y toda la tradición de la ascesis, conduce a sus miembros a la zéosis y la santificación. La zéosis es la participación de la Jaris increada de Dios, la que conduce al hombre a los misterios del espíritu, los que han sido revelados gradualmente en la historia por el Logos no encarnado y por el Logos encarnado. La lecturas de la Santa Escritura, que fueron determinadas por los Santos Padres para ser leídas en las fiestas Soberanas y en las de la Madre de Dios, están estrechamente relacionadas con esta realidad, es decir, con la relación entre Santa Escritura y experiencia de Profetas y Apóstoles, entre Logos no encarnado y el Logos encarnado, entre los logos inefables y los logos-conceptos creados, y entre el Templo creado y Templo increado.

 

Capítulo 6º La persona del Padre Espiritual y el carisma de discernimiento

El trabajo del Clérigo es celebrar los Misterios, especialmente el de la Divina Eucaristía, que constituye el centro de la vida eclesiástica y espiritual, pero también terapiar sanar a los hombres, de manera que participen en los Misterios y comulguen el Cuerpo y la Sangre de Cristo, ya que nuestra participación en los Misterios no se hace sin condiciones.

La terapia se consigue en Cristo, mediante la combinación entre los Misterios de la Iglesia, especialmente el de la Divina Eucaristía, y la tradición “hisijasta-níptica” que tiene la Iglesia. Es decir, la terapia no es un método que funciona independientemente de la energía increada de la Jaris de Dios, la vida eclesiástica y la vida mistiríaca (sacramental).

Hablando sobre terapia, entendemos la terapia del nus, del corazón, de los loyismí, de los pazos, y esencialmente la transformación, metamorfosis del hombre y el cambio de camino de el estado caído, en el cual el hombre se encuentra después del acontecimiento conmovedor de la caída de Adán y Eva, y la conducción hacia la zéosis mediante la Jaris de Dios.

Este método terapéutico entero es enseñado por los Padres de la Iglesia y está atesorado en la “Filocalía de los Santos Nípticos”, en los santos Cánones de la Iglesia, y también, claro está, está contenido en las palabras de las oraciones de los Misterios de la Iglesia. Si uno lee el Santo Efjologio (libro de bendiciones y oraciones), donde se dispone el orden de los Misterios de la Iglesia, y si uno interpreta ortodoxamente los contenidos de las oraciones y bendiciones para los catecúmenos, pre-iluminados, iluminados y creyentes, captará entonces esta realidad.

Es cierto que el único teólogo y psico-terapeuta de los hombres es Cristo y este trabajo lo hace la Iglesia mediante los Clérigos, que son Sus instrumentos para la terapia de los hombres. Pero para que el Clérigo no haga este trabajo filosófica, moral y humanocéntricamente, tiene que ser conocedor por experiencia de todo este camino hacia la zéosis. Esto significa que él mismo ha vivido la energía increada, la sanadora, la iluminadora y la deificadora de Dios, y es teólogo verdadero, en el sentido patrístico de la palabra. Entonces puede ser padre Espiritual y mostrar a los demás el camino de la terapia, la santificación y la zéosis. Aquí vale el logos de Cristo: “médico, sánate a ti mismo” (Luc. 4, 23).

Así, el Teólogo es también padre Espiritual y viceversa. Esto significa que el teólogo hace discernimiento entre energías divinas increadas y energías demoníacas, a causa de su experiencia personal, que conoce la enfermedad y como se consigue la terapia, conoce por experiencia los “teje manejes” del diablo y la energía increada de la divina Jaris, y por eso puede conducir a sus hijos espirituales al camino de la zéosis.

Estos temas tan serios, que constituyen la esencia de la ascesis ortodoxa y el método ortodoxo de instrucción terapéutico, son analizados por San Dionisio el Aeropaguita y San Gregorio el Teólogo, estos grandiosos Padres de la Iglesia.

Extractos del libro del Metropolita Ierózeos Vlajos 

Traductor: xX.jJ

El Matrimonio como Misterio

 

tromaktiko

 

Es común la comprobación que hoy el matrimonio pasa por crisis. Esto lo testifica la multitud de divorcios. Esto lo testifican también tantas parejas que sin llegar al divorcio viven la vida matrimonial por conveniencia y tolerancia y sin ninguna alegría en su vínculo de unión.
Una causa seria de esta crisis es que los cristianos que vienen en comunión para el matrimonio, no viven su matrimonio como Misterio (Sacramento).
Muchos cristianos influenciados del clima ateo y mundano de nuestra época, que hoy está difuso (periódicos, revistas, espectáculos, anuncios) perciben el matrimonio sólo como un acontecimiento físico, biológico o social-económico. El pansexualismo ha influenciado profundamente el pensamiento del hombre contemporáneo. Así que el matrimonio es considerado por la sociedad como un juego erótico legítimo y aprobado, sin ninguna conciencia de responsabilidad y misión. Cuando se pasa el agrado sexual, entonces tampoco tiene sentido el matrimonio. Los cónyuges se separan para encontrar un nuevo compañero (a) y nueva aventura.
Pero cuando el matrimonio permanece en un acontecimiento físico, natural y social sin hacerse partícipe del “Misterio-Sacramento”, es decir, sin pasar dentro en la Iglesia, en esta Realeza (estado en energía increada) de Dios y metamorfosearse, transformarse, no es posible sanarse y salvarse, tampoco puede sanar y salvar.
El matrimonio, como acontecimiento natural y social, pertenece al mundo que existe fuera de la Iglesia. No debemos olvidar que el mundo, la vida, el hombre, la naturaleza y la sociedad fuera de la Iglesia no son redimidos, están en esclavitud. Son aspectos y tipos del mundo caído, que a causa del pecado original se ha envenenado y enfermado mortalmente. Así también el matrimonio como natural o social está enfermo y como está débil de su propia naturaleza no puede redimir y liberar al hombre y regalarle la vida plena e íntegra.
Cuando el matrimonio es convertido en “Misterio-Sacramento”, entonces el matrimonio desde el antiguo mundo del egoísmo, sin Dios, no redimido, de la corrupción y de la muerte, traspasa también a los cónyuges de matrimonio natural al mundo nuevo zeantrópino (divino-humano) de la Realeza increada de Dios, de la agapi y de la Iglesia.
Además, cada Misterio es una transición y una metamorfosis del viejo mundo y de la vida antigua en un mundo nuevo y una vida nueva en Cristo Dios, que es ofrecida como regalo del Espíritu Santo. Especialmente con el Santo Bautismo, el hombre deja al mundo viejo para entrar definitivamente en la Realeza increada de Dios y con la divina Efjaristía se une mediante Cristo con la Divina Trinidad y con todos los creyentes redimidos. Sin la divina Efjaristía no habría Iglesia, porque los creyentes no sería posible unirse con el Dios, convertirse y hacerse un nuevo cuerpo zeantrópino (divino-humano).
Esto que se hace en la divina Efjaristía también se hace en el Misterio del Matrimonio. Los cónyuges se unen con el Cristo y por Cristo entre ellos en una unión eterna y zeantrópina (divino-humana). De una unión vieja y del mundo enfermizo, se metamorfosea en una unión sana en Cristo, dentro de la nueva creación de la Realeza increada de Dios.
Más sencillo: Con el Misterio del Matrimonio, no se une sólo el novio y la novia, sino entre ellos se une también el Cristo Dios, o más bien, se unen en Cristo, quien así hace la unión sagrada, perfecta, saludable y zeantrópina (divino-humana). Se entiende que para que el matrimonio sea un acontecimiento de metamorfosis, transformación en las dimensiones de la Realeza increada de Dios, no basta sólo, por parte de los futuros cónyuges, un seguimiento típico de la celebración del misterio del Matrimonio sin ninguna participación concienciada sobre el Misterio que se celebra.
Después de una participación consciente al Misterio, se constituye una nueva “casa”, una pequeña Iglesia y un pequeño Reino del Dios Triádico. Es característico que el Misterio empieza tal y como los demás Misterios, con la bendición de la Santa Trinidad: “bendita sea la Realeza del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo…” El que se unan los cónyuges, no es sólo una atracción física de los dos sexos, una intencionalidad social…, principalmente antes que todo es el Cristo Dios. En la nueva casa no reina autoritariamente el hombre o la mujer, sino el Cristo Dios, porque los dos quieren hacer la voluntad de Cristo y no la voluntad propia de ellos. Con la constitución de la familia Cristiana se crea un pequeño reino de Dios. Los cónyuges durante la celebración sagrada son coronados como reyes, mientras es psalmodiado “Señor Dios nuestro, corónalos en gloria y honor”.
Es tan sagrada la unión zeatrópina (divino-humana) del Matrimonio en Dios, que el Apóstol Pablo, la boca de Cristo, compara la relación de los dos cónyuges con la relación de Cristo con la Iglesia. “Grande es este misterio; mas yo digo esto respecto de Cristo y de la Iglesia” (Ef. 5.32).
Se entiende que para que el matrimonio sea una manifestación y apocálipsis=revelación de la boda de Cristo Dios con la Iglesia, los cónyuges deben continuamente superar al antiguo hombre que esconden en su interior, crucificar sus egoísmos y sus pazos y vayan adquiriendo en profundidad la divina virtud de la tapinofrosini (actitud, conducta interior ética, sana y humilde). Desde este aspecto el Matrimonio es una participación en la muerte y la resurrección de Cristo Dios.
Nadie puede vivir la nueva vida resucitada en Cristo Dios, sin antes no se ha crucificado junto con él y no ha enterrado al hombre antiguo. Los dos cónyuges se ayudan mutuamente para crucificar al antiguo hombre. Esto es muy difícil. Es un tipo de martirio. No es casualidad que en el oficio del Matrimonio se psalmodía lo: “Santos Mártires, que habéis entrenado bien y os habéis coronado….”, mientras se hace una procesión, estando primero el sacerdote llevando el santo Evangelio. Esta procesión nos recuerda que el Matrimonio es un camino continuo de los cónyuges hacia la Realeza increada de Dios, en una lucha continua por la conquista de la santidad.
Este camino de los cónyuges se hará precediendo Cristo y el Evangelio por la vía del martirio, de la lucha diaria de ellos negándose a sí mismos, su mal carácter, haciendo la voluntad de Dios y ofrecidos al compañero (a) de sus vidas. Si los cónyuges cristianos no aceptan el Matrimonio como lucha y sacrificio, ¿cómo sobrevivirá la relación cuando aparezcan las primeras dificultades?
Lo anterior no agota la teología Ortodoxa sobre el Matrimonio. Sólo son algunos pensamientos introductorios.
De todos modos se debe entender que el Matrimonio y la Familia no pueden sanarse y salvarse, si los cónyuges cristianos no son catequizados y no adquieren conciencia de la esencia del Matrimonio, como Misterio de la Iglesia. Mucho tenemos que hacer sobre esta dirección los pastores de nuestra Iglesia. Nuestro trabajo no es de registrar, bendecir e inscribir un hecho social, sino obra de pastor e instructor en Cristo.
Los futuros novios, nuevos matrimonios y casados Cristianos, deben ser enseñados por los pastores qué importancia tiene el matrimonio, por qué es “misterio” y como se puede hacer vida de casados dignamente. En este trabajo nuestro difícil – obra realmente pastoral- debemos ser ayudados también de los hermanos laicos que son las manos y los pies de los clérigos.
La santificación, sanación y salvación del Matrimonio y la familia no es obra sólo del Obispo y los Sacerdotes, sino de toda la comunidad, la parroquia y por eso están todos llamados a apoyar a los pastores según la llamada y el don o carisma que ha recibido cada uno de ellos.

Resumen de la lección enseñada en el Centro de Apoyo a la Familia, por la santa Arquidiócesis de Atenas.

Yeοryios Kapsanis, Yérontas santo Monasterio Grigoriu Santa Montaña

Traductor: xX.jJ

LA ZEOTOKOS como modelo de perfeccionamiento del hombre

panagia

 

SUMARIOS DE LOS CONGRESOS INTERNACIONALES DE ATENAS Y LEMASOL DE CHIPRE

San Gregorio Palamás, es el principal representante experimentado y expresivo de los hisijastas del el siglo 14º, monje con intenso sentido espiritual y experiencias de la divina jaris (gracia energía increada) que se ve dentro de sus escritos, principalmente de sus homilías que tienen contenido divino-maternal, como ferviente adorador de la Zeotocos (madre de Dios). Como monje Aghiorita (de Athos) vivía la Zeotocos como protectora por excelencia en el camino de su perfeccionamiento en Cristo y la visión de la divina luz increada que era su finalidad como hisijasta.

La Zeotocos es por excelencia la persona más amada de Palamás. La virtud de la Zeotocos se ve que constituye el principio de prototipos o modelos para la vivencia, experiencia y cumplimiento de las virtudes. Esto san Gr. Palamás lo manifiesta en las homilías que ha escrito por razones pastorales y para la catequesis de los fieles, principalmente en una de las dos homilías que se refieren a la Entrada de la Zeotocos al templo.

San Gregorio proyectando a los creyentes como modelo la Zeotocos, como el prototipo por excelencia para la vivencia de las virtudes, en el camino de ellos hacia el perfeccionamiento en Dios, deja ver la magnitud de su devoción a la persona de la Zeotocos, tal y como él lo ha vivido en el tiempo de su estancia, por excelencia hisijasta, en la Santa Montaña Athos.

Toda su expresión sobre la persona de la Zeotocos testifica la experiencia personal de comunión-kinonía y participación con la persona de la Divina Madre, tal y como está salvada hasta hoy en toda la tradición Ayiorítica o Athonita; que es rica a lo concerniente a la persona de la Panayía (Toda Santa, más que santa o Santísima).

Palamás, en principio queda extático ante el modo de concepción de la Panayía, puesto que con ella «se hizo también el comienzo de nuestra sanación y salvación»1 (hom 42,2, t.10 p.584). El nacimiento admirable de la Zeotocos, de madre estéril, se hace principio de nuestra sanación y salvación. La Panayía se hace el prototipo o modelo de sanación y salvación inmediatamente desde el principio de este acontecimiento de su concepción; mientras que a continuación el encarnado Logos de Dios que provendrá de ella, se convertirá el principio de la jaris (gracia, energía increada) de Dios para el hombre, lo constituirá todo nuevo y proporcionará a todos no simplemente modelos para la sanación y salvación, sino el poder y la capacidad de rectificación, reforma y reconstitución del caído género humano a través de la jaris (gracia, energía increada).

Las prefiguraciones del antiguo testamento que se refieren a la persona de la Zeotocos son, según san Gr. Palamás, profundamente sotiriológicas (sanadoras y salvíficas) y cristológicas, pero a la vez son ejemplos y modelos al esfuerzo de vivir las virtudes.

La Panayía es la que encarna todo lo que anuncian los Profetas y lo traslada al período de la jaris, entregándolo a los fieles como modelo de virtudes encarnadas.

Comentando el modo de concepción de la Zeotocos persiste en que se ha concebido por el ayuno y la oración. Su propio nacimiento fue resultado de haber sido escuchada por Dios la oración de sus padres. Ella es la que contribuyó en que se deificara el género humano y el hombre convertirse en hijo de Dios, puesto que ha concebido a Dios como hombre.2 (hom 42, t10 p590).

La Zeotocos nace, «para diluir la tristeza, el sufrimiento y la vergüenza de sus padres, y también mediante ella prefigurar y realizar la disolución de la tristeza y el sufrimiento de la maldición de los progenitores del género humano»3 (hom42, 5 t10 p590-592).

Por lo tanto, su nacimiento constituye el regreso del caído género humano a su antigua bienaventuranza y felicidad, y la Zeotocos alcanza ser «Εκ πολυαρέτων η πανάρετος, de las múltiples virtudes, la de toda virtud»4 (hom 52,11 t.11 p.252). En ella están invitados los creyentes a ofrecer «como regalo de natividad a la Madre de Dios la ejecución, el cumplimiento y la entrega de las virtudes»5 (hom 42,6 t10 p594), o el ejercicio cuidadoso e incesable de las virtudes. San Gregorio dirigiéndose a todos los fieles expone como modelo la Panayía y por analogía la imitación del comportamiento de ella, como también de sus sensatos padres.

La Panayía constituye el modelo para imitación por aquellos que han escogido la virginidad o castidad como modo de vida, puesto que es por excelencia la siempre virgen. Por supuesto no solamente para ellos o ellas, sino también para los «que están en matrimonio, los mayores, los jóvenes, los ricos, los pobres, los gobernantes y los gobernados»(hom42,8 t10 p.596-598).

El Santo encuentra e indica a todos las analogías didácticas de los acontecimientos admirables de la persona de la Panayía, sus distintas virtudes, y sugiere la cuidadosa imitación de su ejemplo que es ofrecido a todos. La pureza de la Zeotocos está vinculada con la transformación y la santificación conseguida por ella, es decir, la capacidad de conseguir una categoría espiritual de nueva existencia, con los medios seguros para esto la autocontención, el autodominio y la oración.

Todas las cosas anteriores las considera como regalos perfectos, los cuales  deben ser ofrecidos por parte de los fieles a la Virgen, la que fue fruto exactamente de este tipo de virtudes, puesto que se hizo digna de hacerse única portadora del Humanizado Dios y Madre de Él.

La posición básica de san Gr. Palamás es que la aparición o manifestación de Dios se hace posible también en aquellos que con ascesis persistente, oración y participación al culto divino, se confirman sobre la sanación y pureza de sus corazones como un tesoro valioso, tal y como por analogía esto ocurre también en la Zeotocos.

«Si nosotros, además de las demás virtudes, nos dedicamos también a las bendiciones permaneciendo al templo de Dios con prudencia y templanza, encontraremos atesorado en nuestro interior la pureza del corazón y al corazón sanado, purificado se manifestará y se contemplará el Dios»7 (hom42,9 t10 p600.) De esta manera la Panayía se hace el prototipo, modelo y cooperante (sinergizante) del esfuerzo del perfeccionamiento del hombre.

Siguiendo la enseñanza de los Padres de antes que él, Palamás conecta y junta finamente el honor que se debe dar a la persona de la Zeotocos con su obra por excelencia, que es la coparticipación de ella a la humanización del Dios Logos. La Zeotocos, tratándose de contribuir en la obra de la Economía de Dios, con su permanencia al templo fue preparada adecuadamente. Con esta preparación expone modelos análogos para cada uno que quiere formar a su interior a Cristo.

La Παρθένος (parzenos Virgen) “nacida para nosotros” se convirtió “la demostración concisa y breve”8 del que participa de la divina jaris (increada), de participar en experiencias sobrenaturales y en la perspectiva de la zéosis por naturaleza, como también a lo referente a la libertad expresada por la predisposición y deseo.

La preparación de la Zeotocos al templo antes de concebir a Cristo, era imprescindible para su perfecta catarsis, a fin de convertirse en recipiente de la Deidad. Esta preparación, según Palamás, debe constituir el modelo, ejemplo de catarsis (sanación, purificación) para cada creyente que desea la unión con el Cristo. En la Virgen se hizo posible la humanización de Dios Logos y en su persona fue realizada una preparación del género humano entero, que se manifestó por la santidad y pureza de ella, elementos que crearon el espacio adecuado, donde acampó el Espíritu Santo operando sobrenaturalmente sobre Ella la prodigiosa concepción.

De este modo, de la naturaleza humana de la Zeotocos purificada, sanada y de la energía (increada) y acto del Espíritu Santo, provino el humanizado Dios Logos, quien se constituyó el modelo, prototipo de sanación y salvación, pero también la misma sanación y salvación del género humano.

Palamás exalta las virtudes de la Zeotocos y las pone de relieve en los creyentes que eran oyentes de sus homilías sobre la Madre de Dios. Como hisijasta se ve que da un peso especial a la santa hisijía (paz y serenidad interior) de la Zeotocos. La consideraba necesaria para el único papel que trataría de hacer la Zeotocos para la sanación y salvación del género humano. Era necesario el ascenso espiritual de la Divina Madre y la unión por la jaris (gracia, energía increada) de su psique con la Deidad increada.

Equivalente es el camino que debe seguir aquel que desea esta unión y el ejemplo de la Zeotocos es ofrenda, puesto que se combina con las intercesiones sanadoras y salvadoras de Ella.

La hisijía, como la ha vivido la Zeotocos, fue resultado de su voluntad; “Ella con su libre opinión y voluntad comparece a Dios, como si fuera por sí misma contenida de divino eros (amor) reconociendo el valor de su entrada y residencia en el altar de los altares” (hom 52,12 t11 p.252).

Y este punto de vista es consecuencia de la antropología de los Padres, que el lanzamiento hacia Dios constituye desde el principio de la creación también un aliciente y motivo supremo de la creación lógica que se mueve por naturaleza. La dinamis (potencia y energía) natural agapítica-amorosa, se mueve sólo hacia el divino eros (amor); “viviendo y vista sólo de Dios, alimentada y vigilada sólo de Dios que trataba de acampar entre nosotros y ella viendo y ejercitándose sólo a Dios, estaba continuamente dedicada a Él” (Hom 53,47 t11 p322).

Por consiguiente, la vida de los hisijastas es paralela con esta de la Zeotocos, que es también la primera jefa y maestra del método hisijástico. Con esta vida suya adquirió su dinamis-potencia, fuerza y energía divina: “y convenció todos los que vivían entonces que aceptasen este acontecimiento, con la cooperación y decisión de Dios” (hom 53,29 t11 p296).

Palamás preguntándose: “Cómo esta reliquia virgen no se mantendría en el sancta-sanctórum haciendo vida invisible por todos los hombres? (Hom 53, t11 p286-288). Parece que encuentra la respuesta a la experiencia hisijasta para todos aquellos que desean crecimiento y progreso en las virtudes con la analogía relativa de las virtudes de la Panayía.

La Zeotocos es la perfecta encarnación del ideal ascético y monacal; “…la primera e única que desde niña renunció el mundo para favor del mundo, la que es siempre novia virgen” (hom 53,50 t11 p324.328). La obra de ella es «la deposición y desprendimiento de sus pensamientos y conceptos para algo mejor; esta es la verdadera praxis, embarque para la zeoría (contemplación divina) o mejor dicho la más adecuada para zeoría, la que por sí misma indica una psique verdaderamente sanada, pura y saludable” (hom 53,52 t11 p328)

En las obras de san Gregorio Palamás, la Zeotocos es «la demostración concisa y breve», puesto que fue de niña virgen deificada nacida hacia el hisijasmo, porque la santa hisijía une más que cualquier otra cosa los creyentes con Dios.

Palamás consideraba la vida de la hisijía como la manera más segura e inmediata de experiencia y sabor de lo divino. La Zeotocos vivió, con intensidad incomparable en sentido espiritual, esta forma de vida que conduce al perfeccionamiento y por eso constituye también canon y modelo o prototipo de virtud para cada fiel que anda al camino de su perfeccionamiento por la jaris (gracia, energía increada).

La Panayía fue el punto culminante de la unión entre increado y creado15, (hom53,37 t11 p308). En su persona de manera más prodigiosa y armónica se han unido lo increado y lo creado. Por eso también por sus intercesiones puede trabajar el perfeccionamiento del hombre. Amín.

(Panteleimon Kalafatis, Metropolita de Xanzi de Tracia)

a) Θεοτόκος Zeotocos la que alumbró (parió), dio a luz a Dios. El término Zeotocos atribuye con exactitud la forma que la Panayía (Todasanta) Virgen María co-energizó y cooperó al Misterio de la encarnación de Dios Logos. El Jesús Cristo, que nació de la Panayía Virgen, es el Hijo y Logos de Dios (o sea el verdadero Dios) que se hizo hombre para nuestra sanación y salvación y no un teóforo (portador de Dios) o deificado hombre.

San Juan el Damasceno dice: “Verdaderamente y justamente la llamamos Zeotocos a la Santa María, porque este nombre constituye todo el Misterio de la economía. Y San Gregorio el Teólogo: “Si alguien no confiesa Zeotocos, la Santa Virgen, está sin deidad”.

El término Zeotocos fue reconocido oficialmente en el 3ª Sínodo en Efeso. Según San Gregorio Palamás la Zeotocos María contiene “es la primera después de la Santa Trinidad” y es “la frontera, el límite entre lo creado e increado”. Este gran honor se debe a que se hizo digna ella sola en todos los siglos hacerse Madre de Dios.

Traducido por: xX.jJ

¿Qué significa renovación de la Iglesia?

 

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1. Demanda de los tiempos

El logos sobre renovación “dentro de la Iglesia ha llegado al colmo los últimos años. En los rápidos avances de nuestra época, uno ve también la Iglesia como un espacio cósmico, mundano (un equipo u organización social). Desde la época de la segunda reunión Vaticana (1962-65), el término “Aggiornamiento” (modernización o actualización) se ha hecho el mensaje más repetido y acostumbrado dentro de la vida del cristianismo occidental.

Es realmente verdad, que muchos de nuestros métodos tradicionales, parecen incapaces de dar los frutos renovados. Así que se crea la impresión de que necesitamos una renovación profunda de la “Iglesia”, para que tengamos algún éxito en nuestra obra. Debemos pues contestar a las siguientes preguntas fundamentales:

α) ¿Qué es esto que puede cambiar dentro de la Iglesia?

β) ¿Cómo se entiende teológicamente la renovación?

c) ¿Qué se puede considerar como proceso renovador auténtico?

 

2. Iglesia y renovación

Es conocido que la Iglesia no se puede definir con exactitud absoluta. Pero sabemos, que no es una magnitud mundana (organización social), sino realidad teantrópina (divino-humana), y es posible conocerse por el hombre sólo por experiencia, empíricamente, existencialmente y con la jaris (gracia, energía increada) de Dios y la participación en su vida. La Iglesia es misterio, vida santo-trinitaria y comunión dentro del mundo. Su principio se encuentra “antes de los siglos”, en la eterna voluntad de Dios.

Pero la Iglesia fue sembrada al mundo (san Irineo), para que el cosmos-mundo vaya sanándose y salvándose dentro de ella. Vive pues en el mundo como una realidad concreta teantrópina (divino-humana), y se realiza en el tiempo y el espacio, aquí y ahora. Sana y salva al cosmos-mundo no con medios cósmicos-mundanos, sino con la divina Jaris (energía increada) que contiene. La única manera con la que la Iglesia puede ayudar al cosmos-mundo, es la toma por parte ella del mundo alrededor y la incorporación de éste a Cristo, la Cabeza de la Iglesia. Porque sólo participando en la vida de Cristo, podemos sanarnos, salvarnos y librarnos de la muerte. Σωτηρία (sotiría, sanación y salvación) es la misma incorporación a la Iglesia, la eclesiación (hacerse miembro de la Iglesia) no la clericación (hacerse clérigo), es decir, la “cristificación del mundo.

Por lo tanto, en la Iglesia coexisten dos elementos: Lo increado y lo creado, lo intemporal y lo temporal, lo divino y lo humano. Lo primero es lo que sana, salva y santifica y lo segundo es lo que es sanado, salvado y santificado. Naturalmente el elemento divino es inalterable. Si esto debiera estar cambiando, entonces el mundo de cada época no tendría la misma posibilidad, poder y certeza de sanación y salvación. Pero como el elemento humano en la Iglesia no se sana y salva inconscientemente ni mágicamente, sino concienzudamente y con su “sinergia, cooperación”, entonces uno puede hablar de continua renovación, pero no de “la Iglesia”, sino de los que están en la “Iglesia”, es decir, de la vida de los creyentes, del elemento humano de la Iglesia. (Sinergia, la energía de la voluntad humana colaborando con la energía increada de la voluntad divina).

Esto ocurre, porque la Iglesia tiene dos lados. Uno es “la Iglesia de Dios” pero que se constituye también de humanos, y sobre todo de personas fácilmente vulnerables por el pecado. Vive dentro en el espacio y el tiempo, y no consiste sólo una realidad divina, sino también una magnitud histórica, y así, mientras está dentro en el mundo, nunca llega a la perfección de “la realeza increada de los cielos”, sino que permanece como “lazo de la herencia futura, el principio de los bienes eternos” (Divina Liturgia de san Basilio).

Pero la Ortodoxia no habla de renovación de la misma Iglesia y su vida, porque la Iglesia permanece siempre nueva “en Cristo” y la vida de la Iglesia es la misma vida de Cristo (Cristovida). Lo que existe auténticamente dentro de la Iglesia, vive en Cristo, por lo tanto es “nueva creación”, que no necesita ninguna renovación, (Efesios 5,27). Aquello que nos hace viejos, antiguos es el pecado, porque nos conduce a la corrupción de la muerte. Entonces, renovación en sentido y concepto cristiano ortodoxo significa nuestra continua liberación de la tiranía del pecado. Como dentro de la Iglesia esta posibilidad y poder se ofrece continuamente, con la lucha espiritual y con los santos Misterios y con la jaris increada y divina que opera mediante ellos, entonces el pecado que es la fuente de nuestra corrupción y envejecimiento, no es sino un simple acontecimiento de terapia sanable y que cada momento de nuestra vida se puede superar. Esto significan las palabras del Apóstol Pablo:”Renovaos en el espíritu de vuestro corazón y revestíos del hombre nuevo, creado según Dios, en justicia y santidad de la verdad” (Ef 4,23-24).

Υ aquí debo recordar que también la herejía es pecado. Este retorno es un procedimiento que ocurre constantemente dentro de la Iglesia, y lo podemos llamar “proceso renovador”. Por lo tanto, la renovación implica reencuentro constante con Cristo, fuente de nuestra vida nueva. Nuevo es aquello que permanece fijo, estable a Cristo (2ªCor 5,17 y Ef 4,22). Para que uno sea “creación nueva” significa que existe en Cristo y está viviendo en Él.

Bajo esta condición, mientras uno “está en Cristo”, es “hombre nuevo” y no necesita ninguna renovación. Por lo tanto, como somos elemento humano de Cristo, lo único que necesitamos todos en nuestras vidas, es un constante retorno a la verdad de Cristo, de la que nos alejamos con cada tipo de pecado.

Por lo tanto, existe diferencia esencial sobre la manera que el mundo utiliza y entiende el término “renovación”. Para el mundo lo “nuevo” es categoría del tiempo. Pero para la Iglesia es categoría cualitativa y espiritual. En la “semántica” del mundo lo “nuevo” tiene un significado relativo. Cada vez toma el lugar de un otro, y este por orden será sustituido por otro, porque nada en este mundo puede escapar de la ley del envejecimiento. Pero en la Iglesia hablamos sobre el “eterno nuevo”, y esto es el Cristo, el siempre “Hombre nuevo”, el nuevo Adán. El Cristo no envejece nunca, porque es lo “nuevo” por sí mismo, es lo que necesitaba el mundo para redimir, el absoluto “nuevo”, porque está completamente libre de pecado. Por lo tanto, lo que vive en Cristo, es también nuevo. Entonces, la auténtica renovación, tal como la entiende la Iglesia, no es reemplazar el viejo con algo nuevo, sino la permanencia en Cristo, la continuada e incesante existencia dentro de la verdad de Cristo Dios, es el hombre deificado por la jaris la energía increada.

(Απόσπασμα από το βιβλίο: «Η ΕΚΚΛΗΣΙΑ ΜΕΣΑ ΣΤΟΝ ΚΟΣΜΟ», Έκδοση της «Αποστολικής Διακονίας της Εκκλησίας της Ελλάδος» Fragmento del libro” “La iglesia dentro en el mundo”, Editado por: “Diaconía Apostólica de la Iglesia de Grecia”

Protopresbítero  Geor. Metalinós catedrático de la Universidad de Atenas

Traductor: xX.jJ

Logos psicoterapéuticos Yérontas Porfirios el Kafsokalivita

Logos psicoterapéuticos Yérontas Porfirios el Kafsokalivita

Cómo afectamos a los demás con nuestros pensamientos 

Dentro de nosotros hay una parte de la psique que se llama eticólogo o moralista.

Este “moralista”, cuando ve alguien que se desvía, él se revoluciona, mientras que muchas veces el que juzga ha cometido la misma desviación. Pero no se mete contra sí mismo sino con el otro. Y esto el Dios no lo quiere.

Dice el Cristo en el Evangelio: “Tú que enseñas a otros y a ti mismo no te enseñas; tu que predicas no robar y robas”. Puede ser que no robamos, pero matamos y hacemos mal al otro y no a nosotros mismos. Decimos: ¡deberías de hacer esto, no lo has hecho y mira lo que te ha pasado! En realidad deseamos que al otro le pase algo malo.

Cuando pensamos mal, entonces realmente puede ocurrir. De una forma misteriosa reducimos del otro la potencia de su energía para ir hacia el bien y le hacemos daño (a lo mejor sin querer). Puede ser que seamos la causa de enfermar al otro, perder su trabajo, su fortuna…

De esta manera no hacemos daño sólo a nuestro prójimo, sino también a nosotros mismos, porque así nos alejamos de la jaris, la energía increada de Dios.

Entonces cuando oramos no somos escuchados.

“Pedimos y no recibimos”

¿Por qué?

¿Lo hemos pensado alguna vez esto? Pedimos mal y debemos encontrar la manera de sanar, terapiar esta tendencia que existe en nuestro interior, sentir y pensar mal y con maldad hacia el otro.

Es posible que uno diga: “de la manera que se comporta tal persona será castigada de Dios”, y que esté creyendo que lo dice sin maldad. Pero, es una cosa muy fina para uno discernir si tiene maldad o no. No se ve claro. Es una cosa misteriosa y secreta que esconde nuestra psique y cómo esto puede a afectar en personas y cosas.

No ocurre lo mismo, si decimos con temor que el otro no vive bien y oramos para que el Dios le ayude y le proporcione metania (arrepentimiento, conversión y confesión), es decir, no decir ni desear en el fondo del corazón que sea castigado por lo que está haciendo.

Entonces no sólo no hacemos mal al prójimo, sino bien también.

Cuando uno biendice y desea bien para su prójimo, una fuerza buena sale de él y va a su hermano, le sana, le fortalece y le vivifica.

Es un misterio cómo se va de nosotros esta fuerza o energía.

Pero, es real, este que tiene en su interior el bien manda su energía buena a los demás mística y suavemente.

Manda a su prójimo luz que crea un círculo de protección alrededor y le protege del mal.

Cuando para el otro tenemos buena y bondadosa disposición y oramos por él, sanamos, terapiamos al hermano y le ayudamos para ir hacia el Dios.

 

El buen loyismós (pensamiento, reflexión, idea)

El buen loyismós, de acuerdo con los Santos Padres, es fuerza y energía previsora, curativa y terapéutica. El que nos hace una injusticia es hermano nuestro que le ha apresado el “contrario”, el astuto maligno. El Yérontas Porfirios enseñaba que debemos verlos a todos como sanos y santos. Debe en nuestro interior, la fábrica de nuestra psique, fabricar “cálices, griales” y no balas, nos enseña el otro santo contemporáneo Yérontas Paísios.

Un loyismós caritativo, cariñoso y perdonador tiene un valor enorme. Trae la Divina Jaris (energía increada), que es el todo para nuestra psique. Expulsa la antipatía, el resentimiento, el enojo y el odio, que van a brotar cuando alguien nos va perjudicar y ser injusto con nosotros. Trae paz, serenidad y descanso a la psique atribulada y atormentada. El Yérontas Porfirios enseñaba: “Cuando alguien nos es injusto de cualquier forma, con calumnias, insultos y ataques, tenemos que pensar que es nuestro hermano que le ha captado el contrario (diablo). Ha caído víctima de él. Por eso, si nos enfadamos contra él, entonces el contrario saltará en nosotros y estará jugando con los dos.

El que juzga y condena a los demás, no ama a Cristo. La culpa es del egoísmo. De allí empieza el juicio condena… Sentir la maldad del otro como una enfermedad que le tortura y le hace sufrir y no puede liberarse. Por eso tenemos que ver a nuestros hermanos con simpatía y tratarlos con amabilidad diciendo en nuestro interior con sinceridad la monóloga oración “Señor Jesús Cristo, eleison-nos”, para así fortalecer con la divina jaris (energía increada) nuestra psique y no juzgar condenando a nadie. Todos tenemos que verlos como sanos y santos. Todos llevamos en nuestro interior el mismo hombre viejo.

Si tu hermano te molesta y te agobia, decía el Yérontas, piensa que: ahora me duele el ojo, la mano, el pie, debo cuidarlo con todo mi amor y cariño. (Ver 1ª Cor 1.12-21). Y no pensar nunca que vamos a ser recompensados por el supuesto bien, ni que seremos castigados por algunos males que hemos cometido. Llegas al reconocimiento de la verdad, cuando amas con la agapi (amor desinteresado) de Cristo. Entonces no buscarás que te amen, esto es malo. Depende de nosotros para salvarnos. El Dios lo quiere. Tal como dice la Santa Escritura: “…todos quiere que sean salvos y vengan al reconocimiento de la verdad” (1ªTim 2,4).

A creer que todos son buenos. Esto es humildad. No creer el mal y negativo que escuchamos para los demás. Si quieres filosofear, meditar, echa toda la culpa en tu mal carácter y así siempre estarás convirtiéndote en humilde. Todos tienes que amarlos y no pensar mal y negativamente para nadie y orar para todos. No te hace falta otra filosofía.

 

«Βίος καὶ Λόγοι», Vida y logos

Una monja que quería mucho orden, muy enfadada e indignada, dijo a su Yérontas (anciano guía experimetado, en este caso, Porfirios):

-Tal hermana nos revoluciona el monasterio con sus dificultades y su carácter. No podemos soportarla.

Y el Yérontas contestó:

-Tú eres peor que ella.

La monja al principio reaccionó y se sorprendió, pero después de las explicaciones del Yérontas entendió y se agradó mucho. El Yérontas la dijo:

-Mientras aquella la conquista el espíritu malo y se comporta mal, esto te conquista también a ti que supuestamente estás en mejor estado que ella, y juega con las dos.

La hermana llega a esta situación sin quererlo, pero tú también con tu reacción y la falta de tu agapi haces lo mismo. Así que ella no se beneficia y tú te perjudicas.

 

Cuando vemos a nuestros prójimos no amar a Dios, nos entristecemos. 

Con silencio, aceptación, tolerancia y oración beneficiamos al otro místicamente, secretamente.

Cuando vemos a nuestros prójimos no amar a Dios, nos entristecemos. Con la tristeza no hemos hecho absolutamente nada. Ni con los buenos consejos. Esto tampoco es correcto. Hay un secreto, si llegamos a entenderlo, ayudaremos. El secreto es nuestra oración y nuestra dedicación a Dios, de modo que Dios actúe, energice su jaris (energía increada). Nosotros con nuestra agapi=amor desinteresado, con nuestro anhelo a la agapi (amor, energía increadα) de Dios, de modo que bañe a los demás y los que están cerca de nosotros a despertarlos y excitarlos hacia el divino eros=amor. O más bien, el Dios mandará Su agapi para despertarlos todos. Lo que nosotros no podemos, lo hará Su jaris increada.

Con nuestras oraciones haremos dignos a todos de la agapi de Dios.

 

No guerreamos el mal. Nos dirigimos hacia Cristo.

El Yéronas enseñaba que, para sanarse el hombre, debe dirigir su fuerza o energía, la que ha metido Dios en su psique, hacia el bien, hacia Cristo. No debemos ocuparnos  con “las espinas” de nuestro jardín psíquico, pero sólo de las flores. El mejor tratamiento del mal es el desprecio. Si es posible olvidarlo totalmente hasta su misma existencia; no querer saber nada, ni siquiera como “noticia” simple.  No hace falta… que os ocupéis de las espinas. No os ocupéis de la persecución del mal. Así nos quiere el Cristo, que no nos preocupemos de los pazos y con el contrario (el demonio). Dirigir el agua, es decir, con toda la fuerza y energía de vuestra psique hacia las flores y estaréis disfrutando de la belleza, la fragancia y la frescura de ellas.

El mal, según la enseñanza del Yérontas, no lo guerreamos directamente, no lo resistimos cara a cara, pero lo despreciamos.`La “vista” hacia el Cristo, nos hace caminar por encima de las “olas” de los pazos y no hundirnos en ellos. Decía que: No os hacéis santos persiguiendo el mal. Dejad el mal. Mirar hacia el Cristo y él os sanará y salvará. En vez de estar fuera de la puerta expulsando el enemigo, despreciadlo. ¿Viene el mal de allí? Dejaos de manera suave y sencilla por acá. Es decir, el mal viene a atacaros, vosotros entregad vuestra fuerza y energía interior al bien, a Cristo. Rogad con contacto consciente al corazón: “Señor Jesús Cristo, eleisón-nos”. Él sabe como y de que manera os ayudará. Y cuando os llenéis del bien, no os dirigís más hacia el mal. Haceos buenos solos con la jaris increada de Dios. Entonces, ¿dónde va a encontrar sitio el mal? ¡Desaparece!

Decía el Yérontas: los pazos desaparecen cuando el Cristo entra al corazón del hombre. Entonces se supera el miedo a la muerte. El hombre que entra en la tumba de la metania (conversión, arrepentimiento y confesión) y de la humildad con Cristo, éste también co-resucita con Él. Entonces puede sostener que “ha visto” verdaderamente la Resurrección de Cristo dentro de su existencia. Entonces lo “La Resurrección de Cristo hemos contemplado” (tropario de la Pascua) se convierte en vivencia personal. Entonces el hombre a través de divino eros=amor “pisotea la muerte”, esto ocurre porque ve a Cristo y a su prójimo ya no como “amenaza”, sino como “hermano” y como “amigo”. Decía el resucitado Yérontas: “Cuando entra al corazón el Cristo, los pazos desaparecen”. No puedes insultar, ni odiar, ni vengar, ni, ni, ni…¿Dónde se encontrarán los odios, las antipatías, los juicios, las angustias, los egoísmos, las depresiones, etc? Domina el Cristo. Y el anhelo de la luz increada sin crepúsculo. Este anhelo te hace sentir que la muerte es un puente que lo pasarás en un momento, para continuar en la vida de Cristo.

Enseñaba que no hace falta cansancio para lo bueno. Basta que nos dirijamos a Cristo y viene inmediatamente Su jaris (energía increada). La apertura continua de nuestra existencia hacia el Cristo Dios, con esto basta para que venga Aquel que nos ama infinitamente; cuando viene, nos inunda incansablemente con Su jaris (energía increada). Decía el querido Yérontas: Todo en Cristo es posible. ¿Dónde está el esfuerzo y cansancio para convertirte en bueno? Las cosas son muy sencillas. Llamad a Dios y Él cambiará las cosas hacia el bien. Si entregáis vuestro corazón a Él, no quedarán márgenes para otras cosas. Cuando os revestís a Cristo, no haréis ningún esfuerzo para la virtud. Aquel os la dará. ¿Os viene fobia y frustración? Dirigíos a Cristo. Dirigíos a Cristo sencillamente, humildemente y sin requisitos y el mismo os librará. Dirigiros hacia el Cristo Dios y decir con humildad y esperanza como el apóstol Pablo: «¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte? Rom 7,24». Os moveréis, pues, hacia el Cristo Dios y Aquel vendrá enseguida. Inmediatamente energizará, actuará Su jaris (gracia, energía increada).

Exhortaba que, no debemos pensar en nuestros pazos y debilidades. Los pazos y los distintos pecados no deben ocupar nuestro pensamiento. El mal no lo guerreamos directamente con loyismí (pensamientos, reflexiones) contrarios, lo despreciamos. No nos “interesa” espiritualmente perder tiempo en pensamientos y reflexiones que tarde o temprano nos “ahogarán” si no los despreciamos dedicados a la oración y al Divino eros=amor. Las debilidades y los pazos se irán por sí solos, cuando hayamos amado verdaderamente a nuestro Cristo Dios.

Decía el Yérontas: El propósito es que viváis, estudiéis y oréis para que progreséis en la agapi de Cristo, en la agapi de la Iglesia. Esto es lo sano, santo y bello que goza y libera la psique de cualquier mal, el intento de uno unirse con Cristo. Amar a Cristo, anhelar a Cristo y vivir en Cristo, como el apóstol Pablo que decía: “ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí” (Gal 2,20). Esto que sea nuestro objetivo. Los otros intentos deben ser ocultos, místicos. Aquello que debe predominar es la agapi a Cristo Dios. Esto debe existir dentro al cerebro, al pensamiento, a la fantasía, al corazón y a la voluntad. Este intento que sea lo más intenso: cómo encontraréis a Cristo Dios, cómo os uniréis junto a Él y cómo Le introduciréis en vuestro interior. Las debilidades dejarlas todas, para que el espíritu opuesto no tenga ninguna noticia que pueda captaros, inmovilizaros y meteros en preocupaciones, tristezas y aflicciones.

Decía también el níptico Yérontas: El esfuerzo que necesitamos hacer es que intentemos a entender y hacer nuestras las cosas que estudiamos. Cuando amas a Cristo, te esfuerzas, pero este esfuerzo es bendito, sufres pero con alegría. Haces penitencias, y oras, porque esto es un anhelo, anhelo divino… Hace falta atención e intento para comprender uno lo que estudia y apropiarse de ello. Este es el esfuerzo que debe hacer el hombre».

 

No se separa la agapi a Cristo con la agapi al hombre 

No se separa la agapi a Cristo con la agapi al hombre, por eso san Juan el evangelista, dice: el que sostiene que ama a Cristo y no ama a su hermano, es matador del hombre y mentiroso. Porque no es posible amar a Cristo y no amar al hombre o los hombres.

San Simeón el nuevo Teólogo, dice que, si crees que amas a todos los hombres y tienes enemistad o antipatía o alguna distancia o algunas dudas sobre algún hombre y solamente hacia uno, esto significa que si los otros te dan las correspondientes causas, te comportarás igual. Entonces la agapi hacia Cristo y la agapi hacia el hombre son deficitarias, no es agapi correcta.
Γέροντος Πορφυρίου,

ΒΙΟΣ ΚΑΙ ΛΟΓΟΙ 

Traducido por: χΧ jJ

 

Ἐκκοσμίκευση (ekosmíkefsi) Secularización de la Iglesia una herejía muy sutil y peligrosa

 

Kimis Theotokov Church, Santorini, Cyclades Islands, Greece

 

Contenidos

1. Αrchimandrita Crisóstomo Maidonis 2002

¿Qué es la εκκοσμίκευση mundanación, secularización de la Iglesia?

Qué es mundanación-secularización.

La mundanación-secularización enemiga de la piedad.

2. Metropolita Ierozeos Vlajos 1999

La secularización en la Iglesia

La teología ortodoxa y la mundanizada, c. 14. De su libro Hisjía y Teología

3. Por el padre Kostantino Stratigópulos 2004

Pastoral y secularización. Extracto del libro “Iglesia y Secularización “.

Definiciones.

Secularización en la acogida.

La secularización en la terapia.

Secularización y problema

 

1. Archimandrita Crisóstomo Maidonis 2002

Protosínguelos de la santa Metrópolis de Ierisós, de la “Santa Montaña Athos y de Armaderiu. 

¿Qué es la εκκοσμίκευση (ekosmikefsis mundanación, secularización) de la Iglesia?

El término εκκοσμίκευση (ecosmíkefsi) está compuesto de: Εκ, (ek) de, desde, por, como de origen o causa y cosmos-mundo. 55. Κόσμος kosmos mundo: el verbo es κοσμῶ (kosmó) adornar, ornamentar, es decir, que el cosmos, mundo es un ornamento, adorno que hizo Dios para él. Cosmos, mundo, la palabra en muchos pasajes del Nuevo Testamento, manifiesta la conducta carnal, el deseo malicioso y el comportamiento arrogante de los hombres que están sometidos al diablo (1ªJn 2,16), cosmos son los pazos parciales, o un manojo de pazos. Kósmico, mundano, término contenido en los pazos, en el «sentido del cuerpo», en la moral mundana cósmica, pero también: «las cosas que pertenecen en este vanidoso mundo». Cosmos llama la escritura a las cosas materiales de este mundo y cósmicos mundanos son los que con su nus se ocupan de estas; según san Máximo el Confesor. (Del gran léxico ortodoxo heleno-hispano nº55).

Los cristianos contemporáneos mundanizados-secularizados no estamos de acuerdo con el logos del Señor en el libro del Apocalipsis: “ven Señor”, nosotros hoy decimos “Señor no vengas, estamos muy bien”.

La mundanación-secularización es la raíz de cada herejía y pseudo-doctrina. La caída del género humano es la mundanación-secularización. Así que cada mundanación-secularización es caída. El mundo absorbe la Iglesia, no se metamorfosea, ni se transforma a través la Iglesia. La mundanación-secularización actúa dentro de la Iglesia, quiere tener la razón y la palabra sobre ella, “marea y confunde” la autoconciencia de la Iglesia y la desplaza del centro que es el Cristo al hombre.

El espíritu de la mundanación-secularización actúa mediante varios fenómenos, como el pietismo, el puritanismo y el fundamentalismo. Así que la religión de los contemporáneos cristianos parece que es una religión de la mundanación-secularización, la religión de la filaftía (egolatría, excesivo amor a uno mismo y al cuerpo) y no de la verdad apocaliptada (revelada). La religión del chanchullo y del acomodamiento.

Qué es mundanación-secularización.

α) En la mundanación-secularización se encuentra la Iglesia cuando deja de ser “la sal de la tierra” y se hace terrenal; entonces la Iglesia es pisoteada por los hombres y se absorbe por el cosmos-mundo; se convierte en hijo para todas las voluntades de la soberana filaftía (egolatría) y de la mundanación-secularización; se enjaula a la razón o racionalismo y no lo que quiere el Dios, sino lo que quiere el cosmos-mundo; es un acorralamiento, esclavización a la corrupción y la muerte. Así que la mundanación-secularización es un estado de inexistencia y muerte. La mundanación-secularización quiere que la Iglesia abrace y siga lo más fácil, simple, mediano y provisional que aman los hombres y no lo que quiere el Dios.

Clérigos y laicos sin sabor de la espiritualidad ortodoxa, convertimos la Iglesia en un organismo humano, una caja o casa de asistencia social, despacho político activo, que da continuamente entrevistas manifestándose siempre sobre cualquier cosa creada o ciencia creada, sonriendo hacia todos, dando conferencias de manera que todos nos feliciten y ovacionen. Espíritu totalmente antievangélico.

β) La mundanación-secularización no se manifiesta como negación directa de Dios, y eso es lo que la hace ser difícil de distinguir. No ataca cara a cara. No niega los dogmas, pero niega la manera de vida ortodoxa. Ideologiza los dogmas y no los considera como propuestas de vida. Separa la vida de la verdad de la fe. Y vive como quiere, como piensa y como cree. Esto significa cambio de la religión, sin cambio exterior del dogma.

c) La mundanación-secularización es la pérdida del espíritu de la verdadera μετανοία (metania, cambio de mentalidad, arrepentimiento y confesión, en Cristo), por lo tanto el hombre permanece en el aquí y no progresa hacia el allí al cambio de vida. Se pierde el espíritu hisijasta del esfuerzo ascético, del luto, de las lágrimas y de la lucha por la catarsis (sanación, terapia, limpieza, purificación).

d) En la mundanación-secularización el hombre no arde por el deseo de ver a Dios. No busca algo más alto y más profundo, está contento con lo menor, lo inferior.

e) La herejía de la mundanación-secularización valora el culto y la misma Iglesia entre otras quiere que sea como un organismo para satisfacción de necesidades especiales. Valora con la medida de la utilidad social y en comparación con su obra social, como colegios u otros sistemas sociales de correccionales u reformatorios estatales. Tergiversa la conducta ética Ortodoxa y falsifica los criterios eclesiásticos. La cualidad del cristiano entonces no es “tontería y escándalo”, sino “in o no”. Resulta una corrección farisaica exterior, de modelos morales, introducción al club de buenos chicos y al factor de la normalidad, es decir, hipocresía. El logos de Cristo “los publicanos y las prostitutas nos ascienden a la realeza increada de los Cielos”, les parece incomprensible. Los mundanizados cristianos son los de Dostoievski: quienes si Cristo volviese otra vez, le crucificarían. Son aquellos que a pesar de estar dentro a la Iglesia, el Cristo dijo de ellos: “no os conozco”. Ellos son los que combatían al Apóstol Pablo y querían imponer la circuncisión a todos los cristianos y continúan actuando y castigando la vida de la Iglesia. Han resultado ser los abogados de Dios. (De hecho el papismo el Espíritu Santo lo traduce y lo llama Abogado y el Papa lo ha sustituido por él mismo). El que no está de acuerdo con ellos es un traidor.

La mundanación-secularización el enemigo de la piedad.

Así es. La mundanación-secularización no tiene nada que ver con la piedad, la fe y la vida eclesiástica. Es más bien impiedad, hipocresía y burla. Son maquinaciones que utiliza el hombre cósmico-mundano para que le toque la jaris (energía increada) de Dios.

α) La mundanación-secularización es rechazo de la Teofanía (visión de Dios o luz increada divina) y de la encarnación de Dios. Acomodamiento en la fe física o natural y no en la apocálipsis (revelación) de Dios en Jesús Cristo. El cosmos-mundo no confía su sanación y salvación a Cristo, sino a sí mismo, dentro de la gnosis y sus logros. Humanismo=ateísmo.

b) Subestimación del monaquismo, negación de la zéosis y de la lucha contra los pazos.

c) Negación del martirio (testimonio), negación del martirio personal de la vida de los cristianos.

d) Negación de la agapi al pecador. Absolutismo de la ética.

e) Negación del sistema sinódico y creación de espíritu papista dentro del seno de la Iglesia. La mundanación-secularización es también anulación al respeto a la Jerarquía y la crítica sin piedad al clero y los jerarcas. La creación de súper-sínodos para controlar los sínodos (reuniones). La mentalidad de que nosotros salvaremos la Iglesia. Que la Iglesia tiene necesidad de nosotros y no nosotros de la Iglesia.

Crisóstomo Maidonis 2002

 

2. Metropolita Ierozeos Vlajos 1999

La secularización en la Iglesia

En la última reunión Jerárquica de la Iglesia de Grecia (1999) fue muy importante, sobre todo sobre el tema de la secularización (ekosmikefsis) de la Iglesia. Se habló mucho sobre este fenómeno que es principal problema de la vida eclesiástica contemporánea.

Pero el problema es que hablando sobre secularización la delimitamos en cosas exteriores, por ejemplo, el pendiente de los jóvenes, los chistes, los medios de comunicación, etc. Pero la secularización no se agota en estos puntos, sino que expresa una enfermedad profunda, es la alteración de la eclesiología y la teología ortodoxa.

El metropolita de Kidonia, señor Irineos, en una introducción a un simposio con el título “la secularización como acontecimiento y como amenaza en la Ortodoxia actual”, se refiere detalladamente al origen y las consecuencias de la secularización.

Escribe que el término secularización fue utilizado por primera vez el año 1850 por G. L. Holyoke y “la define como un sistema que está basado sobre los principios tomados de este mundo que vivimos y con este sistema busca a interpretar la vida del hombre y su sociedad, no menos también del mundo y de todos los hombres.” Principios que no conectan ni tienen nada que ver con la fe en Dios, o cualquier dios y la vida futura”.

Continuamente hablamos sobre las malinterpretaciones de la moral eclesiástica. El memorable Jacobo Mainás, entre muchas malinterpretaciones, recalca tres. Primera la “cosmoteoría cristiana” que conecta con la agresividad y la competencia con las otras cosmoteorías. Segunda la “cosmofobia” que tiene relación con una actitud defensora y una colonia autónoma cerrada en el mundo. Y tercera la “εκκοσμίκευση” (ekosmikefsis, secularización) que se basa a la alteración, perturbación entre la transcendencia y lo mundano, o entre creado e increado.

Principalmente la secularización que aquí nos interesa es, según el teólogo anterior, la mentalidad por la que el Dios transcendental se entierra “dentro del hacerse histórico” y cuando la “acción histórica usurpa el carácter sagrado y la ética digna del culto religioso”. Existen dos frases que interpretan la secularización dentro de esta definición. Una es: “La oración se hace diariamente como la lectura del periódico”, y la otra está incluida en las palabras del Heine: “Dejemos al cielo a los curas y los gorriones”, evidentemente para ocuparnos sólo del espacio social.

En alguna fase, el cristianismo occidental, no sólo adoptó la secularización, sino que la legisló como institución desnudando al Cristianismo del elemento espiritual y esjatológico, y lo convirtió en una organización social, como una ONG y un sistema moralista.

La “εκκοσμίκευση” (ecosmikefsis, secularización), como término se introdujo también en nuestro espacio para caracterizar un movimiento paralelo que también existía en nosotros y era parecido al que había en Occidente. Pero con la diferencia que en nosotros, puesto que existe el dogma inalterable, los centros de vida espirituales que son las parroquias, los Monasterios y la rica tradición patrística y eclesiástica, la secularización no ha podido institucionalizarse, sino que opera a nivel personal. Podríamos localizar tres partes en las que se ve la secularización, de manera que podamos percibir la semántica del término.

Se habla sobre la secularización de la Iglesia. Naturalmente no entendemos secularización de la Iglesia como Cuerpo de Cristo, sino secularización de sus miembros. Tal y como conocemos de toda la tradición eclesiástica, la Iglesia es el Cuerpo de Cristo y kinonía (comunión) de zéosis o glorificación y este es su propósito y fin sanar y conducir al hombre a la zéosis. La existencia de la Iglesia real se ve del éxito que tiene en la terapia de la personalidad enfermiza del hombre. Tal y como la medicina científica es reconocida por el grado del éxito y un médico científico se demuestra por el grado de la terapia o sanación del hombre enfermo, lo mismo ocurre también con la Iglesia.

En esta perspectiva la Iglesia que no es “psicoterapia” o no sana al hombre, sino que se ocupa de otras obras es secularizada. La Iglesia se seculariza cuando se considera como una organización religiosa que satisface las emociones religiosas e intenta expiar a Dios. Una Iglesia que tiene bellos cultos o celebraciones, sin mantener el carácter terapéutico hisijasta, es una organización religiosa. Todavía más, la Iglesia se seculariza cuando se considera como un espacio ideológico y no como espacio de vida, donde se vence la muerte con todas sus consecuencias que son las enfermedades, los pazos, la inseguridad, los miedos y la duda. Porque el fenómeno de la muerte no es un acontecimiento momentáneo, sino un proceso tremendo que conecta con la vida entera del hombre y tiene relación con la corruptibilidad y la mortalidad. Mas la Iglesia se seculariza cuando se considera como una organización social, que es imprescindible para la utilidad de la sociedad, porque la necesitan para adornar varias celebraciones y realizar varias obras sociales.  Una iglesia de este tipo no es rechazada ni por los llamados ateos. Así que, una Iglesia que crucifica en vez de crucificarse, que busca la gloria mundana en vez de la gloria de la Cruz, es una Iglesia secularizada.

Hablamos también sobre la secularización de la Teología. En la tradición patrística podemos ver que los teólogos son los θεόπτες (zeoptes, visionarios de la luz increada de Dios), que han adquirido experiencia personal de Dios y hablan inconfundiblemente sobre Él, inspirados por el espíritu divino. Teología es la voz de la Apocálipsis (revelación). La señal clara de la secularización de la teología es la llamada teología escolástica, que fue desarrollada en la Edad Media, y como método de trabajo impera también hasta hoy. Y es conocido que la teología escolástica se basó mucho a la razón o racionalismo, como método de conocimiento de Dios. Nadie acusa la lógica, pero cuando la lógica o razón se utiliza para la gnosis de Dios es un fenómeno de caída. La teología ortodoxa en su esencia es hisijasta, que significa que utiliza una metodología doble; uno es el método para la gnosis de Dios (por el nus, el espíritu o energía del corazón psicosomático) y el otro método distinto es para la investigación de las creaciones (por la lógica de la mente). ) Así que, cuando la teología no se ocupa de la solución de los problemas existenciales del hombre y no se refiere cómo el hombre del “a imagen” progresará hacia “la semejanza”, sino que se agota en verbalismos, en una obra social deshidratada y se desarrolla en un sistema moralista, entonces está secularizada. La teología ortodoxa es la voz de la Iglesia, y naturalmente como la Iglesia es la clínica terapéutica, por eso la teología ortodoxa conoce y lucha para sanar, “psicoterapiar” o curar al hombre.

Exactamente esta secularización se ve también en la pastoral que tiene gran relación con la teología. Como la Iglesia es el Cuerpo de Cristo y la teología es la gnosis de Dios, el logos apocaliptado (revelado), por eso también la pastoral es la manera por la que el teólogo trata en la Iglesia al hombre herido y dolorido. San Gregorio considera la pastoral como la ciencia más difícil y la conecta con la terapia y la zéosis del hombre. Toda la ocupación de la Iglesia no se agota en una actividad exterior, ni en un descanso y alivio psicológico, sino un esfuerzo para hacer la catarsis, sanarse e iluminarse el nus del hombre. Pero una pastoral que no se hace dentro de estos marcos, sino que se agota sólo en el moralismo, la psicología (actual), la socialización del hombre y sólo su liberación de las drogas, es decir, se mueve dentro de marcos jurídicos, seguro que es secularizada y conduce inevitablemente a la autosuficiencia y al farisaísmo.

Se percibe y se ve, pues, que el problema de la secularización es muy grande y amenaza la misma existencia del hombre y también el fin o propósito de la Iglesia. El hombre busca a Dios, y la solución de sus problemas. No le importa tanto el alargamiento de la vida como la superación de la muerte. Por lo tanto, cuando la Iglesia no le ayuda a esta búsqueda, sino que ella también se mueve en los mismos marcos y niveles que las organizaciones humanocéntricas, entonces decepciona aún más al hombre. La Iglesia no funciona para competir con otros estamentos sociales, o quizás, ofrecer mejor producto; se mueve en otro nivel para ofrecer al hombre lo que los demás no tienen. Pero sin olvidarse, ni poner de lado la historia y la sociedad. Pero cuando no corresponde a este fin, entonces provoca decepción.

La secularización es el mayor peligro de la Iglesia. Es lo que altera el espíritu real de la Iglesia, su verdadero ambiente. Está claro que no altera la Iglesia sino a sus miembros. La secularización no conduce a la zéosis que es la altísima finalidad de la Iglesia. La secularización es una consideración antropocéntrica (humanocéntrica) de la vida, puesto que socializa y legisla al logos apocalíptico, historiariza ( hace historia) la perspectiva esjatológica de la Iglesia y relativiza la dinámica metamorfoseadora o transformadora del logos eclesiástico. La Iglesia debe introducirse en el mundo, para llevarlo a la Iglesia y no el mundo en la Iglesia para secularizarla.

Una Iglesia secularizada es totalmente débil, sin fuerza, ni poder y dinámica para llevar o atraer al cosmos-mundo a la Iglesia. Los cristianos secularizados están fracasados en todos los niveles.

 

La teología ortodoxa y la mundanizada, c. 14. De su libro Hisjía y Teología

Por Ierozeos Vlajos, Metropolita.

El término εκκοσμίκευσι (ekosmikefsi) secularización, mundanación, viene del kosmos en el sentido del cosmos- mundo de los pazos.

El término últimamente se utiliza mucho, pero cada uno lo utiliza para acusar alguna expresión teológica que se utiliza por otro con quien no está de acuerdo. En realidad utiliza este término para exaltar su propia teología que por costumbre la considera auténtica.

Es cierto que el término εκκοσμίκευσι (ekosmikefsi) mundanación o secularización, la teología ortodoxa lo utiliza para calificar la teología occidental, la escolástica y la protestante, la que se desprendió de la tradición níptica-hisijasta de los Padres de la Iglesia, con el resultado de identificarse con la filosofía, la meditación, la logicocracia (racionalismo) y con el eticismo-moralismo- eticocracia.

Esto por extensión significa cuando algunos teólogos ortodoxos intentan teologizar con las condiciones y datos que se dan de la teología occidental. Principalmente, en realidad se desprenden de la tradición hisijasta que es el modo ortodoxo de teologizar; entonces viven la εκκοσμίκευσι (ekosmikefsi) mundanación, en toda su profundidad. Por lo tanto, los teólogos con influencias y efectos occidentales expresan la teología mundanizada.

Repetidamente he subrayado que la teología de la Iglesia, tal y como la expresaron casi todos los santos Padres deificados, particularmente aquí tengo en cuenta a san Dionisio el Areopagita, san Gregorio el Teólogo, san Gregorio de Nicea, san Simeón el Nuevo Teólogo, san Gregorio Palamás, san Marcos el Amable, san Nicodemo el Ayiorita, hasta los Padres hisijastas de nuestra época, la teología de ellos habla sobre los grados o estadios de la vida espiritual que son catarsis (sanación), iluminación y zéosis. Por eso, el memorable profesor Juan Romanidis, profundo conocedor de la teología patrística, insistía mucho en estos estadios del perfeccionamiento espiritual, que en realidad es la participación progresiva de la Jaris energía increada de Dios, unas veces como catártica (sanadora, purificante, limpiadora), otras como iluminante u otras como deificante, gratificante o perfeccionador.

Para indicar qué es la teología ortodoxa, quién es el teólogo Ortodoxo y finalmente qué es εκκοσμίκευσι (ekosmikefsi) secularización, mundanación de la teología, os sugiero leer un libro muy determinante sobre la teología ortodoxa y en general de la vida, conducta y ética de la Iglesia. Se trata del libro de san Gregorio de Nicea, con el título: “En la vida de Moisés”.  En una época que domina el desorden y la gran confusión teológica, libros como este son muy determinantes y valiosos porque dan sentido nuestra existencia y nos orientan en nuestro camino eclesiástico ortodoxo.

6. Conclusión

Al final de este texto san Gregorio de Nicea vuelve a la principal pregunta sobre ¿qué es la perfección?, y escribe: “el fin alto de la vida es que seas proclamado familiar de Dios”. Por lo tanto, el perfeccionamiento de la vida virtuosa es que el hombre sea reconocido de Dios, convertirse y hacerse amigo de Él. La perfección es que no evitemos el pecado por miedo al castigo, ni hacer el bien para una recompensa, sino que consideremos terrible caer y perder la amistad con Dios y aceptemos como bueno, bondadoso y deseado el hacernos amigos de Dios.

Un amigo de Dios así se demostró Moisés y como tal adquirió la gnosis (increada), conocimiento de Dios y naturalmente se demostró como teólogo verdadero y didáscalos-maestro inconfundible del pueblo de Israel.

El análisis que hace san Gregorio de Nicea sobre la vida de Moisés muestra claramente que es la teología ortodoxa, quién es el verdadero teólogo y cuál es su obra. Muestra extendidamente en qué consiste la teología mundanizada.

Teólogo mundanizado es aquel que no es θεόπτις (zeóptis, el que ha visto la luz increada) o por lo menos no sigue los santos deificados, sino que mezcla sus meditaciones y fantasías con los dogmas de la Iglesia. Teólogo mundanizado es aquel del cual la teología no es resultado de su catarsis, iluminación y zéosis, sino producto de la meditación y la fantasía, cosa que es una cualidad característica de la teología escolástica. Más allá de la teología de Ον (on, Ser, existencia), del cual uno participa siguiendo la metodología de la catarsis ortodoxa, tal y como se describe en la vida de Moisés por san Gregorio, existe el engaño, porque el “no ser” es en realidad inexistente, es producto de la meditación o fantasía y la meditación.

Cristianos mundanizados son aquellos que no siguen a los teólogos deificados, visionarios de la luz increada de Dios o por lo menos no siguen pastores que aceptan los padres visionarios de Dios y no se orientan hacia la visión divina, sino que siguen a pastores enfermos espiritualmente, los cuales están poseídos de una teología escolástica o de un moralismo protestante o de una teología de sus pazos. Pastores de este tipo conducen a sus hijos espirituales con los aspectos filosóficos, de la ética humanocéntrica o antropocéntrica, de la “psicología” académica y no con los frutos de la experiencia y la enseñanza de los santos visionarios de Dios.

Finalmente creo absolutamente que la εκκοσμίκευσι (ekosmikefsi) mundanación-secularización, es el desprecio de la tradición niptico-hisijasta, que es la condición imprescindible para la vivencia y experiencia de la teología verdadera que es una gnosis (increada)- experiencia existencial de Dios, es decir, la visión de Dios o de la luz increada. Toda teología que se conecta con la meditación, la imaginación o fantasía y se aleja de la experiencia de los santos, es teología del “no ser o inexistencia”, de la meditación, de la fantasía, de la imaginación, de los fantasmas, de los sentidos físicos y de las cosas sensibles, por lo tanto es una teología enferma. Toda teología que no se ocupa de la manera y modo que uno debe seguir para sanarse de los pazos y llegar a la κοινωνία (kinonía, comunión, unión y conexión) y gnosis de Dios, es mundanizada-secularizada. Toda teología que se encuentra fuera de lo que describe san Gregorio de Nicea, no es eclesiástica. Una teología contenida de fraseología bella, de palabras bonitas y de inteligentes meditaciones que se mueve fuera de los marcos de la tradición hisijasta, es realmente mundanizada-secularizada.

Y una teología mundanizada de este tipo que se basa en análisis meditativos, filosóficos y aún científicos, no conduce los hombres a la libertad existencial ni a la gnosis personal de Dios. Por eso a pesar del aprecio que los hombres secularizados o mundanizados puedan tener a un tipo de teología así mundanizada es una herida para la vida eclesiástica.

Ierozeos Vlajos 1999

 

3. Por el padre Kostantino Stratigópulos 2004

Pastoral y secularización. Extracto del libro “Iglesia y Secularización “.

Definiciones.

Nuestra Iglesia se encarna y vive en el mundo. Acoge al mundo y lo santifica. Este objetivo doble, define la pastoral de la Iglesia. El concepto acogida no niega la presencia de la Iglesia en el mundo, pero a la inversa niega la acogida de la Iglesia por el mundo-cosmos. La acogida del mundo por la Iglesia varía comparada con la secularización y conformación.

El concepto de terapia no niega la utilización de medios terapéuticos, pero se opone a la utilización de recursos no eclesiásticos.

El prefacio de esta colocación ya define que la secularización en la pastoral es confundir las dos definiciones iníciales: acogida y terapia.

Secularización en la acogida.

La acogida del cosmos-mundo y sus medidas son un punto de referencia clave en lo referente a la pastoral de la Iglesia. Puesto que la acogida se hace para la terapia (o psicoterapia, en el sentido heleno-ortodoxo), entonces se tiene que hacer un claro discernimiento entre el acogido y los elementos de su vida. La acogida concierne siempre a personas y no los objetos. La Iglesia siempre acoge la esencia del hombre y no su fortuna personal.

La secularización acogería un alto funcionario o mandatario de las clases sociales altas, con una paralela dependencia de poder del axioma o mandato y la fuerza de sus componentes económicos. El énfasis a la fortuna del acogido puede destruir también la esencia de la terapia salvífica de la persona.

Por extensión, extrema secularización sería la acogida sólo de la fortuna, sin ninguna presencia de la persona en el espacio de la acogida. Las asistencias o donaciones de un mecanismo impersonal, como programas de progreso empresarial, sólo traerán dependencias y obligaciones a la Iglesia. La ausencia de la persona-esencia da la impresión que “la actividad o dinamismo” de la Iglesia se traspasa de la persona al capital superficial que facilitan organismos impersonales anónimos. Tal y como en el espacio de la iconografía Ortodoxa no existe icono sin persona, tanto más no puede existir pastoral sin persona.

La pastoral de la Iglesia tiene su eje en el “nada tenemos y todo lo tenemos” del Apóstol Pablo. La universalidad de la Iglesia requiere este énfasis “todo lo tiene”. Quiere que todos los hombres se sanen y salven. La tragedia de la valorización monetaria de los Misterios de la Iglesia, de las Liturgias, de los nombres de la proscomidí, de los trisagios y de las memorias a los difuntos, proyectan una agonía para la obtención y la conquista. La Iglesia gratis recibe y gratis da. Quiere las personas, no sus dineros. La secularización en este punto indica muestras de desprecio al laós-pueblo de Dios y, naturalmente, a los Misterios de la Iglesia. Todo se paga y todo se hace para teatro y proyección.

La secularización también revela su rostro al intentar usar “modelos” de desarrollo económico para la evaluación de la fortuna eclesiástica. Los métodos del modo científico actual de funcionamiento de los entes microeconómicos, ignoran o desprecian al hombre y buscan el máximo beneficio. La estructura administrativa de la Iglesia no se le permite tomar estas metodologías que subordinan la persona en intencionalidades de inversiones rentables. La inversión de la Iglesia es su laós-pueblo y no los horizontes rentables de las fortísimas compañías anónimas actuales.

La secularización en el espacio del acogimiento, nace siempre dentro de variopintos egoísmos. El poder, el beneficio, la proyección de “la obra que se realiza”, con todas sus extensiones de anuncios y propagandas, alteran los centros de la pastoral y muchas veces estos centros se convierten en portadores del poder mundano. La Iglesia no quiere mostrar que es “buena y ofrece”.  En el misterio de la transformación de la sociedad y la santificación del hombre, no puede encajar en formas de auto-confirmación y proyección mundana. La Iglesia “informa” la diaconía llevando en plenitud la verdad de las cosas que han sido delgadas a ella por el Vivificador Señor. No intenta demostrar, ni convencer para que sea reconocida. Todo esto se hace cuando y como se debe, según la donación del Paráclitos. La Iglesia no tiene metodologías, ni sistemas, ni planos organizativos exhaustivos. Deposita lo humano y se dirige por el Dios. Vive como si no tuviese nada pero todo lo tiene.

La secularización surge del intento a utilizar los “bienes” del mundo para vivir. Pero nosotros queremos aprender a morir y a la vez esta muerte sea la gestación de la vida.

La Iglesia acoge al mundo para “psicoterapia”, terapia y santificación. Pero no toma los medios que utilizan varios poderes y estamentos del mundo para acercase y atraer a los hombres y al pueblo. El cosmos-mundo se acerca al pueblo para halagarle (o hacerle la pelota). La Iglesia no hace mítines laico-nacionales para su “base” que es el pueblo, no hace laocracia-populismo y no anuncia ilusiones que entusiasman a la gente y les atraen con fines de prestaciones sociales. La Iglesia sirve y se sacrifica para el pueblo. Incluso si facilita prestaciones sociales no las comunica, ni las anuncia. Los hechos, las obras y las ofertas sociales eclesiásticas es un camino abierto para la secularización. (Por el traductor: esto lo vivimos muy exageradamente aquí en España, donde el papismo se anuncia por la televisión, con sus ofertas y obras, pidiendo también que en la declaración de la renta marquemos que una parte vaya para ellos).

La secularización en la terapia.

Los medios terapéuticos de la Iglesia son su misma vida, la apocálipsis (revelación) y experiencia del misterio de la vida, la vivencia de los misterios de la jaris (energía increada) del Espíritu Santo.

Los misterios de la Iglesia no aceptan definiciones, limitaciones, metodologías, sistemas, clasificaciones y evaluaciones. No envejecen, no se mejoran, no se arreglan, no se cambian de forma, no se sub-ayudan y no se someten en planos terapéuticos humanos. Los Misterios economizan, gratifican o proporcionan la energía increada jaris, y santifican, metamorfosean, sanan, iluminan y glorifican o llevan a la zéosis que es el propósito de la vida del hombre.

La utilización de metodologías humanas en la apocálipsis de la vida en misterio de la Iglesia, constituye un sacrilegio, profanación o violación e intervención a la obra de la Divina Economía, la cual se apocalipta (revela) en el “ahora y siempre” de la Iglesia.

No puede haber una Divina Liturgia “buena” o “mala”. Los fieles pueden corresponder o no en el “mantengámonos bien firmes”. Nosotros entregamos “toda nuestra vida” y la Liturgia se hace nuestra vida. Ni el sacerdote, ni el cantor, ni las luces, ni las vestiduras sacerdotales hacen una buena Liturgia. Al contrario todas estas juntas puede ser que se conviertan en intervenciones seculares dentro de la Divina Liturgia. Puede que anulen lo humilde, lo sobrio, lo tranquilo, lo apacible, lo sereno y la brisa de la apocálipsis regocijante del celebrante Espíritu.

Movimientos ostentosos y llamativos, proyección de capacidades fonéticas, exaltaciones fuertes para impresionar, exaltación laica y muchas más, ponen la piedra de la secularización del misterio de la vida.

Paralelamente planos humanos egoístas puede ser que quieran hacer un modo de metania. El misterio de la metania se celebra en la jaris (gracia, energía increada) e iluminación del Paráclitos. Allí no existen destrezas y metodologías psicoterapéuticas, ni búsquedas psicoanalíticas. La metania es misterio y la absolución permanece misterio. No se puede hacer metamorfosis de la vida sin la aclamación del Paráclitos “Abba, Padre” en el corazón. El pnevmaticós (guía confesor espiritual) sirve el misterio de la presencia del Espíritu Santo según el mandamiento de Cristo, “recibid el Santo Espíritu”. El pnevmaticós no tiene método, no es juez o analista, es el ecónomo (o instrumento) del misterio. No tiene manera propia de confesión. Honra las personas que vienen, ora para la metania de ellas, abre su boca para funcionar el cuerpo de Dios y sólo, en los corazones de los hombres. No tiene teorías propias, pero se convierte en observador del misterio de la metania y contempla el milagro que se revela delante de él.

En todos los misterios el pnevmaticós sigue el orden de la tradición Ortodoxa, no tiene su propio canon o regla. Conoce que no puede hacer metodologías suyas en los misterios. No evalúa las bendiciones u oraciones como imprescindibles o no. Se abandona en las manos de la sabiduría de los Padres teoforos (portadores la luz increada de Dios) que han compuesto los oficios. No busca renovaciones con cambios, adiciones o reducciones de los textos. Ora para el renacimiento de arriba para cada fiel.

Secularización y problema

La secularización en la pastoral existe, cuando no permitimos la apocálipsis (revelación) de lο único proyectado dentro de la Iglesia, que es la presencia del Espíritu Santo. Y esto es el problema. ¡Cuánto permitimos que sea proyectado el Paráclitos en la vida de los fieles o nuestras técnicas inadecuadas!

La pastoral de nuestra Iglesia no necesita, ni padece de nuevas ideas, sino del comportamiento de sus instructores autoproyectados y problemáticos en relación con el Proyectado Donador de la vida, el Paráclito, el Espíritu de Verdad, el Omnipresente, el Cumplidor de todo, el Tesoro de los bienes.

Finalmente, todas estas cosas significan que la secularización en la pastoral se define como el intento de crear condiciones o impresiones de perfección en el espacio donde todo se perfecciona por la ayuda de arriba y la Χάρις (jaris gracia, energía increada). Amín.

Kostantino Stratigópulos 2004

Traducido por xX.jJ

Αὐτομεμψία (aftomepsía) autoreproche, autocensura

 

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Según los Santos Padres: «la αὐτομεμψία (aftomepsía) autoreproche, autocensura, autocondena con discernimiento, no desesperanza, es “el progreso invisible”, es una de las más grandes virtudes cristianas. ¡Αὐτομεμψία (aftomepsía) es el arte de los artes y la introducción en todas las virtudes! La ascética espiritual es muy rica sobre esta enseñanza. Es muy apreciada en el contexto de la ética cristiana y se proyecta como una escalera para la humildad. La αὐτομεμψία (aftomepsía) es el espíritu de la oración. El Dios derrama Su Jaris (gracia, energía increada) y el hombre se autocritica y se reprocha a sí mismo. Este es el canon o regla de la cooperación con la Divina Jaris (gracia, energía increada), porque el Dios sólo “a los humildes da Jaris”»

A continuación presentamos, sobre este importante término y virtud, cinco textos cortos de Santos Padres:

Yérontas José el Hisijasta, de Athos

Hermandad de teólogos o Σωτηρ el Salvador

Yérontas Paisios el Athonita

San Andrés de Creta

Ieroteo Vlajos

Αὐτομεμψία (aftomepsía) autoreproche, autocensura

Por el Yérontas José el Hisijasta, de Athos

¡Αὐτομεμψία (aftomepsía) autoreproche, autocensura es el arte de los artes y la introducción en todas las virtudes! La ascética espiritual es muy rica sobre esta enseñanza, y el Yérontas José el Hisijasta (athonita) es un maestro especial y aplicador de esta virtud.

Realmente es difícil la lucha contra el sí mismo, contra el egoísmo, contra la autojusticia y especialmente para el hombre contemporáneo que es producto de la abusiva sociedad, en la que el hombre lucha contra el otro para exterminarlo y quedarse solo.

Nuestro estudio presentará cómo el Yérontas enseña la práctica de la αὐτομεμψία (aftomepsía). La Divina Jaris (gracia, energía increada) es el maestro y la fuerza atractiva que viene y se va, instruyendo al combatiente de manera que pueda adquirir la ταπεινοφροσύνη (tapinofrosini) conducta y actitud humilde sana y serena, y que se auto-reproche continuamente pero sin desesperarse. La αὐτομεμψία (aftomepsía) es la primera expresión clara del esfuerzo por adquirir la ταπεινοφροσύνη (tapinofrosini) conducta y actitud humilde sana y serena, mas el camino principal hacia la virtud.

La αὐτομεμψία (aftomepsía) presupone un nuevo sentido y significado de los derechos personales, sólo los pazos personales son injustos ningún otro. «Εὐλόγησον evlóyison bendiga» es la única palabra al vocabulario del Yérontas; por eso en la oración, la principal preocupación nuestra es pedir la misericordia increada de Dios, y el principal nombre nuestro es “esclavo, servidor” del Señor.

La αὐτομεμψία (aftomepsía) es el espíritu de la oración, puesto que es la fuente de las lágrimas del corazón, la redención de las “excusas por los pecados”, el camino del autoconocimiento y la verdad.

La αὐτομεμψία (aftomepsía) recapitula la relación con el prójimo, apunta el Yérontas, y significa que uno vea sus propios errores y faltas, y viceversa, ver los carismas de los demás y sus defectos. La Αὐτομεμψία (aftomepsía) rebaja la altanería y “la abnegación sube a la contemplación”. La αὐτομεμψία (aftomepsía) conduce a estimar al prójimo más que a sí mismo.

La αὐτομεμψία (aftomepsía) hace que las virtudes conduzcan no a la autojusticia, sino a la ταπεινοφροσύνη (tapinofrosini conducta y actitud humilde sana y serena y no la autojusticia), sin embargo las obras no compran la Jaris, (gracia, energía increada) sino que la atraen. Toda la vida del Yérontas, tal y como él mismo dice, fue un martirio. El agotamiento de su cuerpo en su lucha fue un esfuerzo y violencia despiadada y αὐτομεμψία (aftomepsía) reproche a sí mismo. Siempre quería ofrecer más y tenía la sensación de insuficiencia de sus esfuerzos, por lo tanto, tenía αὐτομεμψία (aftomepsía), lágrimas, súplicas y esperanza a la ayuda de la Divina Jaris.

El Dios derrama Su Jaris (energía increada) y el hombre se autocritica y reprocha a sí mismo. Este es el canon o regla de cooperación con la Divina Jaris (gracia, energía increada), porque el Dios sólo “a los humildes da Jaris”.

La αὐτομεμψία (aftomepsía) es un canon o regla imprescindible a la vida espiritual para los creyentes y especialmente de los monjes. El obediente cree que el sí mismo está enfermo y malo, y libremente se somete a sí mismo bajo la conducción de un Yérontas experimentado y bueno.

El yérontas José el Hisijasta es el maestro del arte de la αὐτομεμψία (aftomepsía), qué es, cómo se aprende y que es imprescindible.

 

Hermandad de teólogos o Σωτηρ el Salvador

¿Cuál es la correcta αὐτομεμψία (aftomepsía)?

La correcta αὐτομεμψία (aftomepsía) es la que está conectada estrictamente con la humildad. Es fundamental aclarar esto muy bien. La αὐτομεμψία (aftomepsía) no es simplemente una sensiblería, es decir, palabras humildes que tienen muchos, quienes repiten continuamente “yo el pecador” o “yo el indigno”, pero nadie se atreve a indicarles algo por muy pequeño e insignificante que sea, entonces enseguida son afectados y algunas veces se convierten en bestias por la reacción. Este tipo de αὐτομεμψία (aftomepsía) no tiene ningún valor porque está unida con la soberbia, el orgullo.

También αὐτομεμψία (aftomepsía) defectuosa es la que tienen algunos que se ocupan continuamente de una manera enfermiza con nosotros mismos. Examinan continuamente las mismas y las mismas cosas, por regla general segundarias e insignificantes, y a la vez ellos hacen los grandes y graves errores sin escrúpulos y sin conciencia. Por otro lado, otros se ocupan continuamente a examinar y condenar a los demás, por si acaso no se escapen de sus propios errores que tendrán como resultado perder la buena imagen que tenían los demás sobre ellos o el qué dirán. En estos casos también la fuente de la αὐτομεμψία (aftomepsía) es el egoísmo.

Pero otra cosa es la verdadera αὐτομεμψία (aftomepsía). Esta proviene del profundo sentimiento de la pecaminosidad o enfermedad espiritual del hombre, de la comprobación de su pobreza espiritual, su indignidad y su miseria. Por eso, está acompañada de dolor profundo y temor a Dios. La verdadera y auténtica αὐτομεμψία (aftomepsía) proviene de la humildad y la aumenta, mas su principal característica es que el hombre que la tiene no juzga ni condena a los demás. Por lo tanto, si uno juzga y condena a los demás, por mucho que diga que es un pecador, simplemente se engaña a sí mismo e intenta engañar a los demás.

 

Yérontas Paisios: Aὐτομεμψία (aftomepsía) sí, no desesperanza ni angustia.

¿Yéronta, es fácil desde el principio sentirnos profundamente nuestra pecaminosidad o enfermedad espiritual?

El Dios por agapi, al comienzo de nuestra vida espiritual no nos permite sentir nuestra pecaminosidad o enfermedad espiritual, para que no nos detengamos y decaigamos. Hay psiques-almas que son muy sensibles y espléndidas que no podrían aguantar y se dañarían. Deslumbra nuestros ojos y no vemos nuestras faltas todas juntas. Por ejemplo, puede ser que en nuestras mangas tengamos manchas de cagadas de pájaros y nosotros creamos que son flores. Progresando en la lucha, poco a poco el Dios permite que empecemos a ver nuestros errores y defectos y nos da fuerza para luchar y rectificarlos. El trabajo fino, minucioso perjudica cuando no hay experiencia. Lo mismo ocurre con la percepción y sentimiento de las beneficencias de Dios. Si el hombre al comienzo de su vida espiritual viera las beneficencias de Dios sufriría una hemorragia espiritual. Porque cuando uno ve las beneficencias de Dios y siente su ingratitud, después se funde.

Yéronta, no veo mis errores y faltas y mi corazón está como una piedra. Algunas veces el Dios permite que no veamos nuestras faltas y errores y nuestro corazón como una piedra, porque el diablo puede empujarnos a la desesperanza, decepción y depresión. El hombre debe pensar en su pecaminosidad o enfermedad con discernimiento. La metania (introspección, arrepentimiento y confesión) que lleva desesperanza, ansiedad y decepción no es de Dios, el tagalaki (diablillo) ha metido también su pata.

Uno debe tener cuidado, porque el diablo puede captarle por la derecha, es decir, de la metania y arrojarle a la izquierda, o sea, a la tristeza, la melancolía y la frustración de modo que le destruya psíquicamente y físicamente, haciéndole inútil. Es decir, trae el otro quebrantamiento que tiene ansiedad y angustia para hacerle pedazos. Por ejemplo, puede decirle: eres un pecador y no te sanarás ni salvarás. ¡Hace como si se interesara de su psique, y le crea ansiedad, angustia y desesperanza! Pero yo no voy a dejar al diablo hacer lo que le da la gana. Cuando el diablo te dice: eres pecadora, tu contéstale: ¿a ti qué te importa? Cuando yo quiera diré que soy pecadora, no cuando tú lo quieras.

¿Yéronta, a qué se debe la melancolía que viene muchas veces a la psique?

La melancolía y el aplacamiento o peso de la psique por regla general se deben por, remordimientos, por sensibilidad, y entonces el hombre necesita confesarse para poder ser ayudado por su guía espiritual. Porque si es muy sensible, puede que el error o falta que haya cometido sea muy pequeña, pero el enemigo diablo puede agrandarlo y se lo presenta con microscopio para arrojarle a la desesperanza y destruirle. Puede ser que le diga, por ejemplo, que ha entristecido mucho a los demás, les puso en dificultades, etc., y así se entristece y preocupa mucho más de lo que puede aguantar. ¿Si el diablo se interesa tanto, por qué no va a tentar la conciencia de un hombre insensible? Pero al insensible le hace ver que un error grande suyo lo considere como nada, para que no lo perciba con su conciencia.

El hombre debe conocerse a sí mismo tal y como es, y no como se le presenta el enemigo diablo, porque éste se interesa para nuestro mal. Nunca debe desesperarse, basta que esté en metania, porque sus pecados son menos que los del diablo y también tiene atenuantes, porque está hecho de tierra y por descuido resbaló y se ensució de barro. Para que la lucha sea correcta, debemos girar la rueda al revés del diablo. Aunque nos diga que somos algo, nosotros debemos cultivar la αὐτομεμψία (aftomepsía). Aunque nos diga que no somos nada, nosotros decir siempre que: el Dios tendrá misericordia de mí. Así de sencillo se mueve el hombre, con confianza y esperanza a Dios, entra en su vida la metania, la humildad y sube en alturas espirituales.

Es decir, Yéronta, ¿la αὐτομεμψία (aftomepsía) no ayuda a la lucha espiritual?

Ayuda, pero hace falta discernimiento. Por ejemplo, puede ser que uno diga a sí mismo: eres tonto… Pero que lo diga con humildad para engañar y burlarse del diablo y también con valentía no como miserable. Αὐτομεμψία (aftomepsía) sí, no desesperanza. Una señal de madurez espiritual es creer que no hago nada, decepcionarme de mí mismo, en el buen sentido, de mi yo y estar sintiendo que lo que hago es añadir continuamente ceros y continuar mi buena lucha teniendo esperanza a Dios. Entonces el buen Dios, cuando vea los ceros de mi buena predisposición, será caritativo de mí y añadirá al principio la mónada (el uno o la unidad) y mis ceros tendrán valor y me enriqueceré espiritualmente. Dentro de un humilde estado decepcionante de mi mismo se esconde el buen estado espiritual.

 

Αὐτομεμψία (aftomepsía) autoreproche.

Por san Andrés de Creta

El Gran Canon (de san Andreas de Kreta) sugiere una palabra rara, quizás será la primera vez que la escuchan, tampoco está en los vocabularios. Es la palabra αὐτομεμψία (aftomepsía) autoreproche. Como concepto se refiere mucho a ella san Juan el Clímaco.

¿Qué quiere decir αὐτομεμψία (aftomepsía)?

En palabras sencillas significa lo siguiente: el hombre es arrogante y orgulloso, y se hace a sí mismo un ídolo. San Andreas de Kreta dice que el hombre es un auto-ídolo: “Me he convertido en auto-ídolo… (4ª oda, tropario 26, Gran Canon). Hemos puesto nuestro corazón, nuestro yo, muy a lo alto. Solos lo elogiamos, y nos agradamos cuando los demás nos alaban. Y si alguien, madre o padre o guía espiritual, nos hacen una observación, entonces nos convertimos en bestias. El yo es nuestro ídolo y nuestro dios.

Mientras pues el egoísta y orgulloso se alaba a sí mismo y acusa a los demás, igual que el fariseo, al contrario el humilde no acusa a los demás sino a sí mismo. Se autoreprocha, autocensura, eso es lo que quiere decir αὐτομεμψία (aftomepsía). Entonces la αὐτομεμψία (aftomepsía) es una categoría de nuestro yo o carácter.

¿Pero cómo se consigue esta cosa tan difícil?

San Andrés utiliza un espejo. Y este espejo es la Santa Escritura. Se refleja allí dentro a las páginas de la Escritura; comprueba sus defectos y se acusa a sí mismo. Estudiaba el Antiguo y Nuevo Testamento. Veía varias personas que habían cometido pecados. ¿Qué hacía, los acusaba? No. Atención y lo entenderéis.

Habrán oído muchas veces algunos acusar a los primeros en ser creados. ¡Hay, dicen, lo que nos han hecho Adán y Eva! ¡Ellos tienen la culpa de nuestra desgracia y miseria… Se expresan duramente! La Eva la primera mujer, cuántas calumnias habrán escuchado sobre ella! ¿Pero qué dice el Gran Canon sobre ella? ¡Yo soy la Eva! Esto que ha hecho la Eva, es decir, ser atraída por la fruta prohibida escuchando el consejo del Satanás, esto mismo lo hago yo también; tengo en mi interior una Eva, no física sino espiritual o imaginable que me empuja hacia el mal (1ª oda 5º trop).

¿Qué hizo Adán? Trasgredió el divino mandamiento y entonces se ha sentido desnudo. Lo que él hizo, yo lo hago diariamente. Tengo en mi interior el “complejo o entramado adánico” así lo llaman psicológicamente.

A continuación enumera otro ejemplo de Caín. Dice que ha matado a su hermano y se ha convertido en un asesino. Yo también soy un asesino (1ª oda, 7º trop.). Soy Caín. Aunque no he matado a mi hermano con mis manos, lo he matado con mi pensamiento. Cuando odio al otro, no hago otra cosa que matar. Porque “todo aquel que odia a su hermano es un asesino” (1Jn 3,5).

Después se acuerda de Esaú. Quien estaba dominado por la gula que le había hecho esclavo de su panza y como tenía hambre, vendió por un plato de comida su primogenitura y los grandes privilegios que tenían los primogénitos. Pero yo también soy Esaú, dice el poeta del Gran Canon; porque cada momento entrego a mi enemigo diablo “las cosas primogénitas de la primera belleza” (4ª oda 11º trop).

Después me acuerdo de David que cometió adulterio y asesinó, pero mostró metania. Pero, yo también soy David, dice. Porque hago lo mismo y peor que él. Me prostituyo y mato, aunque no físicamente, por lo menos psíquicamente; pero no muestro la análoga metania (4ª oda, 4-5 trop.)

Estos son algunos ejemplos de tantos que contiene el Gran Canon. Yo soy Eva, Adán, Caín, Esaú, David, yo soy el gran pecador. Así pensaba san Andrés de Creta, por eso dice: “Dios mío, no hay pecado que yo no he cometido” y no hay otro que sea más pecador que yo (4ª oda, 17 trop.).

Entendéis ahora lo que es αὐτομεμψία (aftomepsía). Y estas cosas no son palabras, el santo las sentía profundamente desde la edad de los catorce años que se fue al desierto.

Ahora vamos a echar un vistazo a nosotros mismos. Si nos mirásemos al espejo espiritual, veríamos que somos egoístas, arrogantes y orgullosos. Cada uno de nosotros tiene un auto-ídolo. Nos incensamos (alabamos) a nosotros mismos y nos gusta que nos inciensen (alaben). ¡Cuánta distancia estamos de la αὐτομεμψία (aftomepsía)!

¿Quieren una prueba? Cuando un guía espiritual o predicador inspecciona y pone entre la espada y la pared a los oyentes, al final dicen: “les puso a gusto, les dijo las cosas como son”. No dicen: “nos puso a gusto, nos dijo las cosas en la cara”, el sí mismo lo excluyen. Imaginaos si se hiciera la inspección pública en nombre y apellido! Odiarían mortalmente al guía espiritual o predicador, en vez de decirle: te agradecemos por habernos indicado nuestros pecados.

La αὐτομεμψία (aftomepsía) se ha convertido en un fenómeno raro. Nosotros no hacemos otra cosa que tirar piedras hacia los otros. Por eso yo no confieso. Aún hasta en la confesión. Vienen y se ríen, se justifican, echan la culpa a los demás, no se acusan ni reprochan a sí mismos. La confesión es αὐτομεμψία (aftomepsía). Si tienes αὐτομεμψία (aftomepsía) vete y confiésate; ¿si no tienes αὐτομεμψία (aftomepsía), por qué vas?, te infernarás. ¿No hay conócete a ti mismo?

El Gran Canon nos da una lección importante de αὐτομεμψία (aftomepsía); solos tenemos que inspeccionarnos a nosotros mismos y nuestro yo, sentarlo al banquillo, acusarlo y castigarlo. El Gran Canon nos va armando con el gran arma de la αὐτομεμψία (aftomepsía) para vencer ell egoísmo, el orgullo, la arrogancia y la altanería y convertirnos como humildes publicanos diciendo: Dios mío, ten misericordia de mí, el pecador” (Lc 18,13). Entonces aplicaremos aquello que dijo el Cristo: “la Realeza (increada) de los cielos se violenta y los violentos y rebeldes la arrebatan” (Mt 11,12). Entonces tendremos la conducta y actitud que tenía el Apóstol Pablo y estaremos diciendo: “El Cristo Jesús vino al mundo a sanar y salvar los pecadores entre los cuales el primero soy yo” (1ªTim 1,15).

Ojalá que el Dios por las intercesiones de san Andrés de Kreta, quien nos ha enseñado estas grandes lecciones para adquirir este arma imprescindible, la αὐτομεμψία (aftomepsía) autoreproche.

† obispo Agustín

Autojusticia y αὐτομεμψία (aftomepsía) autoreproche.

Por Ieroteo Vlajos

«El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo… y el publicano, estando lejos… (Lc 18,11-13). Φαρισαῖος σταθεὶς πρὸς ἑαυτόν… καὶ ὁ τελώνης μακρόθεν ἑστώς…» (Λουκ ιη´ 11-13)

El Fariseo de la parábola expresa perfectamente el cristianismo occidental con su trabajo social tipo ONG, pero alejado de la vida interior, en cambio el silencioso gemido del publicano expresa la vida interior de la Iglesia Ortodoxa.

Ortodoxos son los que superan la justicia farisaica, la justificación y absolución por sus obras y la autojusticia, y son como el Telonis pidiendo la misericordia (increada) de Dios. Son aquellos que se distinguen por la gran virtud de la αὐτομεμψία (aftomepsía). Se debe apuntar también lo que la αὐτομεμψία (aftomepsía) o como dice san Basilio el Grande, la πρωτολογία (protologhía), es decir, que seamos nosotros los que digan la primera frase contra nosotros mismos, es el elemento esencial de la ética y moral ortodoxa. Porque está conectada siempre con la humildad de la psique, por eso aquel que tiene esta virtud se muestra la presencia de la Divina Jaris (gracia, energía increada). La αὐτομεμψία (aftomepsía) es “el progreso invisible” según los Santos Padres. No deja lugar para crearse la ansiedad, angustia, depresión y todos estos entramados y complejos psicológicos, por los que habla la psicología contemporánea; la cual además es una creación del clima de la autojusticia y la justicia farisaica del cristianismo occidental. Esta diferencia se expresa también en la forma de adoración. Los Ortodoxos en nuestros troparios hablamos de pecado y enfermedad y pedimos la sanación y misericordia de Dios; en cambio los occidentales se gustan con “cancioncillas” que están regadas con autojusticia y auto-absolución.

Ojalá que vivamos el espíritu ortodoxo de la metania de modo que podamos disfrutar la Resurrección de Cristo Dios.

 

El Misterio de la instrucción de Dios por la Χάρις

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Introducción y prólogo

La instrucción de Dios por la Χάρις (jaris, gracia) energía increada 

  1. La primera venida de la Χάρις (jaris)
  2. Levantamiento o abandono de la Χάρις (jaris) Camino hacia el desierto
  3. La nueva venida de la Χάρις (jaris)

Nipsis, hisijía y Teología ortodoxa.  Al final hemos puesto estos tres términos interpretados por el autor en otro libro magnífico con el título “Hisijía y Teología Ortodoxa”, que creo que corresponden a toda esta lectura.

 

Introducción

La Iglesia de Cristo no es una organización humana sino Θεανθρώπινα (zeanzrópina), Divino-humana, no es una corporación, sino el cuerpo Zeantrópino (divino-humano) de Cristo. Él es la cabeza de la Iglesia y Ella es Su glorioso Cuerpo que recibe la bendición, la vida y la santidad de la Cabeza. Así entendemos que la santidad de la Iglesia no depende de la santidad de sus miembros, sino de la santidad de su Cabeza, es decir, de Cristo. Él santifica también a los miembros de Su Cuerpo. Todo lo que se hace dentro de la Iglesia es misterio, es decir, no se puede interpretar por la razón de nuestra mente o intelecto. La vida en la Iglesia se concibe por los sentidos espirituales. El desarrollo de estos sentidos presupone una muerte. Así sentimos que cada muerte es resurrección y vida. Viviendo en la Iglesia y santificándonos por la energía increada del Dios Trinitario, adquirimos el bendito estado de la zéosis o glorificación que tiene varios grados. Pero es un hecho que la vivida zéosis es un misterio. Así que todo es misterio. Uno de estos misterios es también el renacimiento del hombre. Es cierto que “el renacimiento por arriba”, se dona con el Santo Bautismo pero continúa para toda la vida. El hombre pasa por muchos estadios o etapas. Generalmente este renacimiento se expresa por la metania (introspección, arrepentimiento y confesión), la oración y el estado o situación de la oración. El Dios instruye al hombre para llegar a la perfecta comunión con Él. Esto se llama instrucción de Dios. En este camino del renacimiento completo por parte de Dios es posible que Él aparezca como muy duro.

No tengo mucha experiencia en temas de vida espiritual. Pero observé que muchos hombres de nuestra época recibiendo la instrucción por Dios, no la pueden concebir. Reciben la energía increada de la Χάρις (jaris, gracia) de Dios y en el período de privación o abandono de Ella, caen y se desesperan. Aquellos de los hombres que han sentido la complacencia de Dios y ha contraído Testamento personal con ellos y están pasando por la privación, pasan por situaciones que ninguna filosofía puede contestar. Sienten muchos vacíos y lagunas. Buscan confirmación y no la encuentran. Creo que muchos jóvenes contemporáneos pasan por esta gran prueba que corresponde con la vida infernal.

En una época que domina la confusión, la enseñanza Patrística que es expresión de la vida de la Iglesia es la única salida del camino sin salida que nos encontramos.

Dedicado a los que se han liberado de la tierra del Egipto y avanzan hacia el desierto.

Archimandrita Ierózeos Vlajos.

 

La instrucción de Dios por la Χάρις (jaris, gracia) energía increada 

La instrucción de Dios son las idas, venidas y escondidas de Χάρις (jaris, gracia energía increada) y todo el conocimiento sobre el Dios y la vida eterna, que se ofrecen al hombre. Esta instrucción es un misterio, puesto que todo lo que se energiza, opera en la Iglesia es misterio. Nos basamos en los Santos Padres que son los “iniciados por experiencia” y han recibido la apocálipsis (revelación) de Dios sobre estas realidades.

Sobre la instrucción a Dios existen muchos pasajes dentro en el Antiguo y Nuevo Testamento. No pretendemos desarrollarlos minuciosamente. Simplemente podemos decir introductoriamente que a los Cristianos que se dirige el Apóstol Pablo, provenientes de los Hebreos, recibieron la Χάρις (jaris gracia energía increada) de Cristo y enseguida afrontaron persecuciones de parte de sus compatriotas. Como se habían debilitado un poco, por eso les escribe esta epístola recalcándoles algunas verdades. Entre estas, generalmente la persecución y la tentación están íntegramente vinculadas con los hijos de Dios. En este misterio de instrucción se refiere todo el capítulo 12 de la epístola a los Hebreos.

San Teofílakto analizando el contenido de la tentación que afrontaban los Cristianos que provenían de los Hebreos, y también por la razón por la que escribió el Apóstol la epístola observa: “Necesariamente el Apóstol Pablo escribe a los hebreos de Jerusalén, para consolarles de las tristezas, aflicciones y maldades que les habían causado sus compatriotas hebreos infieles; entonces los hebreos en Jerusalén tenían el poder de juzgar y encarcelar a los que ellos querían… (Heb 12)

Pero esta tentación no es sólo exterior es también interior. Es decir, que los primeros Cristianos afrontando el problema de la privación de sus corazones de la Jaris increada de Dios, no podían concebir este abandono de Dios. Estaban totalmente incapaces de interpretar este fenómeno de la vida espiritual, es decir, de la participación en la Cruz de Cristo. De acuerdo con la testificación de nuestros Santos, en esta instrucción se refiere principalmente el Apóstol. Porque Dios trabaja de manera incomprensible para la razón del intelecto o la mente humana.

A continuación diremos unas palabras dentro de la experiencia de los Santos Padres sobre esta instrucción de Dios y sobre este misterio de la vida espiritual. Este análisis es imprescindible, porque muchos Cristianos contemporáneos sufren de esta situación y a la vez no pueden dar ninguna explicación e interpretación y así caen a la depresión y la desesperanza.

En las obras de los Padres se presenta que la vida espiritual tiene muchos estadios o etapas. Principalmente se distinguen en tres: en la catarsis (sanación, purificación) del corazón, en la iluminación del nus y en la zéosis (glorificación, o perfeccionamiento). San Máximo el Confesor estas etapas correspondientemente las llama “filosofía práctica”, “zeoría o contemplación natural” y “teología mística”. Esta división empieza por Aristóteles y continúa en los Santos Padres, pero con otro contenido. Aristóteles divide las fases o etapas de la vida religiosa en la ética, en la física-natural y en la teología. Orígenes dice que: “el Cristiano mediante la práctica adquiere a Cristo como amo de casa (anfitrión), mediante la naturaleza como Rey y por la teología como Dios”.

Los grados de la vida espiritual son tres, según el logos de Cristo “YoSoY el camino (ética) y la verdad (naturalidad o naturaleza) y la vida (teología)” (Jn. 14,6). Εvagrio define al cristianismo como: “dogma de nuestro Señor Jesús Cristo constituido de práctica, física-naturaleza y teología. El mismo discernimiento se observa también en san Diádoco de FóticA EN SAN Simeón el Nuevo Teólogo quien ha dividido sus capítulos en: prácticos, gnósticos y teológicos. San Gregorio Palamás ha utilizado la misma distinción en sus capítulos: éticos, físicos o naturales y teológicos.

Pero estudiando las obras de los Padres y principalmente los llamados nípticos, encontramos una otra graduación de la vida espiritual. Esta es más profunda, sin anular los estadios anteriores de la vida espiritual. Porque es verdad, según la experiencia de muchos Santos Padres, la ida de un estadio a otro se hace con la energía increada Jaris de Dios y el dolor por la privación de Ella hasta una nueva venida. Así de acuerdo con esto, podemos distinguir la vida espiritual en tres estadios. En la venida de la increada Gracia, en su ocultación o abandono y en la nueva venida al corazón del hombre. Esta profunda experiencia la expresan los Teóforos Padres.

San Macario el Grande, en “Homilías espirituales”: “El que escucha al logos viene en recogimiento, contrición y después de esto privándose de la Jaris por economía y por el interés de los hombres, se introduce en la práctica y la guerra instructiva, combatiendo y luchando contra el satanás y después de mucho camino y lucha le llegan las victorias y se convierte en Cristiano”.

Esta observación es notable. Porque manifiesta lo dicho anteriormente. Es decir, esta instrucción es la guerra en tiempo de privación de la Jaris y muestra claramente que los estadios de la vida espiritual se identifican con la venida, la privación o abandono y la nueva llegada de la Jaris de Dios. Recalca sobre todo que el hombre se hace Cristiano no con el recogimiento por la venida de la Jaris, sino por la lucha que seguirá. Entonces se consigue, como vamos a decir más abajo, la experiencia y la gnosis (conocimiento increado) de Dios.

La misma experiencia expresa también el santo Yérontas Siluán el Athonita, según lo escrito por el Archimandrita Sofronio: “El Yérontas en su camino espiritual tenía la gnosis (increada) por experiencia. Manifestaba sus tres estadios: primero el recibimiento de la Jaris (gracia, energía increada); segundo la privación o abandono de ella y tercero, el regreso de la misma y su re-adquisición mediante la lucha para la humildad. Muchos recibieron la Jaris y no sólo de los que permanecen en la Iglesia, sino de los que se encuentran fuera de ella –porque en el Señor no existe persono-latría – sino que nadie conservó la primera jaris (gracia) y son pocos los que la readquirieron. El que ignora la venida de la primera Jaris, aquel que no pasó por la lucha por readquirir la Jaris, éste esencialmente tiene una experiencia espiritual deficitaria. El Yérontas Siluán era rico, no sólo de su experiencia interior, sino también de la contemplación de los ejercicios ascéticos espirituales de los Padres de la Iglesia y con el regalo de Dios no sólo era fiel en la Tradición de la Iglesia Ortodoxa, sino que en él se repitió la experiencia de los grandes Padres. (El Yérontas Siluán, pág. 192.)

Vamos a ver, pues, más detalladamente estos tres estadios de la vida espiritual.

 

1. La primera venida de la Χάρις (jaris gracia, energía increada)

De los textos del Antiguo y Nuevo Testamento vemos claramente el hecho que el Dios se apocalipta (revela) de varias manera y formas a los Profetas.

“El Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos ésjatos (postreros) días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo…” (Heb 1,1);

El Dios contrae con cada hombre testamento personal. No quiere que tengamos gnosis (conocimientos) para Él por testimonios de otros, pero Él Mismo se manifiesta y da Su propio conocimiento y el hombre adquiere la testificación personal sobre el Dios. Esta primera relación y gnosis personal, se hace en un período que el hombre no lo espera o después de su fatigosa búsqueda. Aún puede ocurrir hasta al hombre que le hace la guerra. Esto lo vemos en el caso de Apóstol Pablo, quien ve a Dios, al mismo Cristo que se le aparece y contrae un testamento personal con el hombre al momento que éste está yendo para luchar contra Él. Esta venida personal de la Χάρις (Jaris, gracia, energía increada) es una situación o estado divino. La psique del hombre aunque sea de manera débil e imprecisa conoce a Dios como Persona. Comprende con su corazón y nus, tal y como dicen los Santos Padres, que el Dios no es un estado abstracto, ni una potencia o energía abstracta o un valor grande, sino Persona. A Moisés cuando se le reveló, Éxodos 3,14, dijo YoSoY el Ων (On, el Ser). San Gregorio Palamás interpretando esta revelación y aparición de Dios recalca que: el Dios le dijo a Moisés “YoSoY Ων el Ser o la existencia”, no le dijo yo soy la esencia. De forma que percibamos que la esencia proviene del ser (o existencia) y no el ser de la esencia. Lo más profundo del Divino Ser no es la esencia o natura, sino el Ων (el Ser o existente), es decir, del Padre nace pre-eternamente o antes de los siglos el Hijo y procede el Espíritu Santo.

Esta primera venida de la Χάρις (jaris gracia, energía increada) de Dios que cada uno la saborea y la siente diversamente, está llena de vivencias, experiencias del corazón y vida de festines místicos.

San Diádojo de Fótica nos dice que en este primer período de la venida de la Χάρις (jaris) recibimos un capítulo de la nueva vida, un capítulo de la Χάρις (jaris): “90- Al principio del período espiritual, si amamos con ardor la virtud de Dios, el Espíritu Santo da en la psique saborear la dulzura de Dios con mucho αίσθηση sentido, sentimiento y con cada información interior el nus puede con conocimiento exacto entender el premio perfecto de sus esfuerzos que realiza para Dios. Pero en adelante esconde este regalo precioso y vivificante, de modo que aunque trabajemos todas las demás virtudes, consideremos que no somos nada, por la razón de que no tenemos aún el hábito de la divina agapi… (Filocalía t.1).

En este primer período de la venida de Dios recibimos un capítulo de la nueva vida, un capítulo de la Jaris. El Dios nos atrae hacia Sí Mismo, de modo que con muchas luchas y sacrificios poder familiarizarnos con Él. Sobre este dolor y lucha nos referiremos más abajo. Aquí deberemos apuntar que el nuevo período de la llamada de Dios, es un período de dulzura, goce espiritual y de experiencias espirituales.

En estos acontecimientos y especialmente en la pregunta: ¿Qué precede primero la Jaris o la tentación?, responde san Isaac el Sirio: No viene la tentación si la psique primero no ha recibido a escondidas o secretamente la energía increada de la Jaris… Por un lado precede la jaris al nus, pero el sentimiento de ella se retrasa.

Este ambiente pascual de despertar espiritual lo viven muchos. Nos basaremos en una experiencia escrita del bienaventurado Yérontas Siluán el Athonita, que la vivía después de la aparición de Cristo en él: «Al momento de la Epifanía (aparición, manifestación) de Dios el Yérontas fue informado en toda su existencia que sus pecados fueron perdonados. Se perdieron las llamas del hades (infierno) que se esparcían en su alrededor, cesó el infierno que vivía durante medio año. Ahora se le fue dado vivir una alegría especial, un gran alivio, descanso y paz con Dios. En su psique dominaba un nuevo sentimiento dulce de agapi para el Dios y los hombres, para cada hombre. Cesó la oración de la metania, se había ido aquella petición ardiente e insoportable de absolución de los pecados que no le dejaba dormir. Pero esto no significaba que ahora se podía entregar fácilmente a dormir.

El primer tiempo después de la epifanía en la psique de san Siluán, donde conoció la resurrección de ella y vio la luz increada de la verdadera y eterna existencia, vivió una fiesta pascual. Todo era bello, el mundo grandioso, los hombres agradables, la naturaleza inefablemente bella, el cuerpo cambió y se hizo ligero, fueron añadidas fuerzas, el logos de Dios le daba alegría en la psique, las vigilias nocturnas en la Iglesia y principalmente las oraciones en la celda se convirtieron dulces. La psique plena de alegría era caritativa con todos los hombres y oraba por todo el mundo». (Archim. Sofronio: San Siluán el Athonita pág 33-34)

No es posible describir este estado con palabras. La vivencia, experiencia de la Jaris energía increada no se puede encerrar en conceptos o dichos creados. Solamente el hombre renacido puede percibir esta realidad. En esta época todo es nuevo. Siente la presencia de Dios como presencia personal y contempla los logos o razones de los seres o entes en toda la creación. Todo está limpio y claro. Los pájaros, los árboles toman otra dimensión. Todo lo ve bajo la eterna e increada energía Jaris y la Luz Increada. Dejan de ocuparle los problemas comunes diarios. No se interesa por la opinión que tienen los demás sobre él. Desprecia toda fatiga y contrariedad. Su única ocupación es la oración y comunión con el Dios. Es una vida de referencia amorosa. Y este amor ha nacido por la venida de la Jaris.  Los pazos no actúan. El hombre “padece la zéosis o glorificación”.

Este estado bendito es superior a mí, es decir, realmente no tengo muchas experiencias de esta vida. Por eso, he rogado a un amigo monje en especial que está practicando en el Santo Monte Athos que me describa las cualidades o características de este tipo de vida. Conocía que tenía muchas experiencias benditas de este tipo. Con mucha agapi (amor) correspondió a mi petición y así escribo aquí esta descripción de la primera venida de la Jaris:

«Desde el principio de mi vida monástica, vivía una vida buena y tranquila. Los oficios al Monasterio y la vida Mistiríaca me daban calor, descanso y alivio. Esto hasta el momento que nació en mi interior algo distinto, hasta el momento que se desarrolló la vida interior. De repente sentí un ardor interior, un ardor de la divina agapi (amor, energía increada). La vida natural y buena que vivía hasta entonces, ahora me parecía muy oscura, sin sentido ni contenido. Comencé a encontrar el espacio del corazón, el centro de la existencia, aquella bendita parte donde se apocalipta (revela) por la Jaris de la ascesis el Mismo Dios. Este corazón es la persona, porque persona es “el hombre escondido en el corazón, un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios” (1Ped 3,4). Hasta entonces leía estos libros, ahora los vivía en realidad. Sentía esto que dice el abad Pambó “si tienes tu corazón te puedes sanar y salvar”, y esto que dice san Gregorio el Teólogo “el Dios se une con dioses y se conoce al corazón”, y el Apóstol Pablo “…quien ha resplandecido en nuestros corazones”. El corazón que es el altar de los altares “de la unión mística entre el Dios y el hombre”. Sentía el corazón como Templo en el cual funcionaba y oficiaba el verdadero Sacerdote de la divina Jaris increada. Paralelamente con el latido del corazón carnal se escuchaba otro latido más profundo y más rápido. Este latido iba en sintonía con la oración de Jesús. O más bien, el mismo corazón decía la oración. Toda esta situación conectaba con unas características.

Se desarrolló una comunión erótica (amorosa) con el Dios. Entonces entendía por qué los Padres llamaban a Dios eros. San Máximo dice: “…nuestro eros se ha crucificado” y san Ignacio el Teoforo: “El Dios es eros (amor) y amado”. Cada día me sentía rodeado de Dios. Esta agapi, en aquel tiempo me había vuelto loco. El Dios, se vivía como caritativo, misericordioso, como dulzura. Se encendió en el corazón la bendita llama que quemaba los pazos y creó una hidoni (placer, gozo) espiritual inenarrable.

Buscaba tranquilidad, silencio y serenidad exterior. Las pequeñas celdas, los agujeros de las rocas, el horizonte abierto de la naturaleza y los lugares oscuros me recibían como un invitado. Las noches salía en los desiertos del Monte Athos ¡mayéutica! ¡Bendición! ¡Borrachera espiritual! En la soledad y en la multitud, en el desierto y en los monasterios cenobios (de vida común) vivía la presencia de Dios, la divina protección. Entonces se desarrollaron los demás sentidos, los espirituales, el sentido del nus o noeró, el oído espiritual y la percepción o visión espiritual. Entonces el nus estaba concentrado en el fondo del corazón y escuchaba incansablemente la dulzura de la oración que se hacía allí dentro. Todo el mundo interior estaba unificado. Todo indicaba que había nacido un nuevo hombre, un mundo nuevo y una vida nueva. Un calor lo quemaba todo. Igual que los discípulos en el camino de Emaús: “¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino…?” (Lc 24,32)  La sensación, sentimiento de estos discípulos fue también vivencia y experiencia mía. Sentía muy bien el logos de Cristo: “He venido a poner fuego en la tierra y qué digo ya está encendida”. A veces este calor y fuego se transformaban en profunda herida. Sentía que este calor renacía mi existencia, primero a mi psique y después se extendía en todo el cuerpo. El sentido y sensación que ahora había nacido en un otro mundo era continuo. Saltaba como un niño. Aún había veces que sentía también mi carne como de un niño que acababa de salir del vientre de su madre.

Esto creaba profunda paz de los loyismí. El nus limpiándose continuamente expulsó todos los elementos extranjeros que le cubrían como escamas. Se hacía ligero y siempre encontraba refugio al corazón. Allí permanecía y gozaba espiritualmente. Allí algunas veces escuchaba también la voz de Dios, que era conmovedora y creaba fuentes de lágrimas. El conocimiento con el Dios era personal. La gnosis increada de Dios es un hecho real.

Algunas veces estaba en profunda metania. El nus en Jaris entrando al corazón veía la oscuridad, la porquería de la psique y de toda la existencia se derramaban lágrimas ardientes. El corazón lloraba. Las lágrimas del corazón se derramaban sobre este y le limpiaban del pecado. Paralelamente se abrían también los ojos y se convertían en fuentes de lágrimas. A veces sólo lloraba el corazón y otras veces sólo el cuerpo. Lamento, llanto profundo por la revelación de ser un prodigo… Mucho llorar pero no con desesperanza. Estaba conectado con el sentimiento, sentido de la agapi de Dios.

En aquel tiempo todo era bello. La palabra bello no tiene relación con la estética, sino con la realidad ontológica. Todo de la creación me provocaba un goce inenarrable. Todo expresaba la agapi de Dios. La lectura de la Santa Escritura alimentaba el corazón. Las palabras no iban a la lógica, razón (a la mente) sino que se introducían al corazón y lo vivificaban. Igual que el niño pequeño toma la leche del pecho de su madre y se alimenta, lo mismo el corazón estaba alimentado por el logos de Dios. Se hacía una trasfusión de sangre. Los libros de los Padres los leía desde otro prisma. Textos conocidos entonces los veía de distinta manera. Estaba como si hubiese adquirido ojos nuevos y como si hubiese aprendido una lengua nueva. Me sentía pariente espiritual de los Padres.

Entonces los pazos no operaban, sentía mi renacimiento. Estaba tan borracho (espiritualmente) que no me interesaba nada en absoluto. En mi interior había un deseo que no me amen los hombres sino que me desprecien. Puesto que tenía la agapi de Dios no me interesaba nada más. Vivía una vida enamorada, vida de lágrimas… La única ocupación era yo y el Dios. Buscaba la soledad que era la comunión: “cara a Cara o persona a Persona”. Cuando me ponía mi Yérontas durante el oficio o la Divina Liturgia a psalmodear, yo simultáneamente escuchaba la voz interior de mi corazón a repetir la oración de Jesús que se había hecho mi deleite.

Este estado duró casi cuatro años. Día y noche decía la oración. Y cuando dormía mi corazón oraba. Lo escuchaba claramente tratar con el Dios.

El que quiera comprobar si existe el Dios, que lo pruebe; ¡encontrará un Dios vivo! La Jaris de Dios, a mí el desecho de todo el mundo, me hizo digno de adquirir una gota de la gnosis increada de Dios».

Bendigo y envidio mi amigo especial y le considero como la mayor beneficencia de Dios hacia mí. Escribiendo estas cosas me recuerdo los logos de los santos Padres sobre el divino eros, sobre todo los de san Crisóstomo y de san Basilio.

Este ambiente de pascua, de resurrección espiritual, lo viven muchos. (Leed a Archimandrita Sofronio: “El Yérontas Siluanós el Aghiorita, pág.33-34. Isaac el Sirio pg.192, 193. San Diádoco de Fótica, en la Filocalía. San Juan el Sinaíta: Climax logos 5 y 7. San Basilio el Magno, San Juan el Crisóstomo, San Gregorio el Teólogo, san Simeón el Nuevo Teólogo y muchos más. Actualmente también muchos sacerdotes, monjes y laicos.)

Levantamiento o abandono de la Χάρις (jaris gracia, energía increada)    – Camino hacia el desierto

Para cada hombre el tiempo de permanencia de la primera venida de la Χάρις (jaris, gracia, energía increada) es distinto. Este estado no durará mucho. Esto depende de varios factores. De su celo, de la economía con Dios, de la forma de vivir, etc. Sobre todo después de cierto tiempo se retira.

En las obras de los Padres esta situación de abandono de la Χάρις (jaris) es muy conocida. Pero la terminología es distinta. Θεοεγκατάλειψις (zeoengatálipsis, abandono de Dios), privación, abandono de jaris, levantamiento, etc. De todos modos se trata de la misma cosa, pero se hace por varias razones.

San Máximo el Confesor habla sobre este abandono diciendo: “Cuatro modos o formas son los abandonos generales: 1) por economía, tal y como al Señor, para que con el abandono dado, los abandonados sean sanados y salvados. 2) como prueba, igual que a Job y José, para que después se conviertan en pilares de valentía el primero y el segundo de sofrosini (templanza y serenidad interior). 3) por instrucción paternal, tal y como en el Apóstol Pablo, para adquirir la sofrosini (templanza, prudencia) para vigilar y mantener la Jaris. 4) el abandono por detesto, tal y como a los Hebreos, para que infernándose, cedan y giren hacia la metania (introspección, arrepentimiento y confesión). Todas las maneras o formas son salvíficas y plenas de divina filantropía y bondad” (Filocalía, t.2 p.51).

Estos abandonos de la Jaris están en el plan de Dios para ayudarnos para la sanación, el progreso espiritual y la salvación. Cuanto mayor es la kénosis (vaciamiento, despojo) tanto más es al doxa (gloria, luz increada) que nos espera.

¿Pero qué es esta privación de la Χάρις (jaris)? ¿Es verdadero abandono? ¿Cómo es posible que el Dios abandone totalmente al hombre?

En este punto los Padres son muy expresivos: “Es cierto que no se trata de un objetivo de total abandono de la Jaris, sino que la psique vive subjetivamente e individualmente la disminución de la energía increada de la Jaris como abandono de Dios” (Sofronio de Essex).

La θεωρία (zeoría, contemplación, expectación) de Dios se reduce en distintos grados y esta reducción el hombre la vive como abandono de Dios.

San Diádoco de Fótica habla sobre la concesión instructiva y por repulsión. La primera es por causas que quiere Dios que son para nuestra instrucción, sanación y salvación, en cambio la segunda es por nuestros pecados. «86…Porque la concesión pedagógica de Dios no priva la psique de la divina luz (increada). Tal y como ya he dicho, sólo la jaris esconde frecuentemente su presencia al nus, para exponer de una manera la psique a la maldad de los demonios, de modo que ella pida con temor y mucha humildad la ayuda de Dios, mientras estará conociendo poco a poco la malicia del enemigo. Es lo mismo cuando la madre rechaza de sus brazos por algún tiempo a su niño que no es dócil a las normas de la lactancia para que, asustado por hombres rudos o por ciertas bestias que lo rodean, vuelva con un gran temor y lágrimas al seno materno. En cambio la concesión que se hace por la repulsión a Dios, entrega la psique que no quiere a Dios, prisionera a los demonios. Pero nosotros no somos hijos que el Dios ha repulsado, -y así que no sea- sino que creemos ser auténticos hijos de la jaris (increada) de Dios, que nos ha amamantado con pequeñas concesiones y frecuentes consolaciones, de manera que por la bondad de la jaris lleguemos hacernos hombres perfectos, con plenitud de madurez espiritual» (Filocalía t.1 v.86).

Lo mismo más o menos dice el mismo Santo Padre Místico en otro versículo: «87- La concesión pedagógica trae gran aflicción y humillación, y después una moderada desesperanza en la psique, para que la parte débil, vanagloriosa y ambiciosa de ella venga a la humildad. Pero inmediatamente trae temor a Dios y al corazón lágrimas de confesión y un gran deseo para perfecto silencio. En cambio la concesión, por repulsión a Dios, deja la psique que sea colmada de desesperanza, duda, increencia, ira, orgullo o soberbia. Debemos pues, con nuestra experiencia discernir el tipo de concesión y analógicamente comparecernos a Dios. En el primer caso, debemos ofrecerle agradecimiento y confesión, porque pedagogiza, instruye nuestra opinión ignorante, retirando Su jaris (increada), para enseñarnos, como Padre bondadoso, la diferencia entre virtud y malicia. En el segundo caso, debemos ofrecerle una incesante confesión de nuestros pecados, con lágrimas sin tregua y más separación de los hombres, para que podamos, con el suplemento de nuestros esfuerzos, expiar a Dios de manera que mire y cuide como antes nuestros corazones. Pero, debemos conocer que el combate se hace con verdadero enfrentamiento entre la psique y el satanás, me refiero al caso de la concesión pedagógica, entonces como dije, la jaris (increada) se aparta, pero ayuda la psique sin que ella lo conozca, para mostrar a los enemigos de la psique que la victoria es solamente de ella» (Filocalía t.1 v.87).

Y en otro versículo recalca: Filocalía t1, v,69- La jaris al principio acostumbra a resplandecer con su luz (increada) en la psique con mucho sentido o sentimiento; pero progresando en las luchas, principalmente obra, energiza y opera a la psique que teologiza sus misterios de manera desconocida. En el primer caso energiza y opera así, para hacernos y ponernos alegres sobre el camino de las divinas contemplaciones (zeorías), ya que estamos llamados de la ignorancia a la gnosis (increada). Pero en medio de las luchas quiere proteger y dejar nuestra gnosis espiritual alejada de la vanagloria. Debemos pues, por una parte entristecernos o afligirnos moderadamente, como abandonados, para que nos hagamos más humildes y seamos sometidos más a la doxa (gloria luz increada) del Señor; por otra parte, también regocijarnos como es debido tomando alas de la bondadosa esperanza. Tal y como el exceso de tristeza sumerge la psique a la desesperación y a la falta de fe, lo mismo también, el exceso de alegría y gozo lleva la psique al presumido engreimiento o arrogancia; hablo sobre aquellos que en cuestiones espirituales son niños; porque el término medio entre la iluminación y el abandono de la jaris es la experiencia, y entre la alegría y la tristeza, la esperanza. Dice la Escritura: “Con mucha paciencia esperé al Señor y Él puso Su cuidado y me atendió” (Sal 40,1), y “Cuando me embargan muchas tristezas dentro de mi corazón, tantos son Tus consuelos que colman con deleite mi psique” (Sal 93,19).

Con todo esto se ve claramente que, la Jaris no se aleja totalmente, sino que se esconde a sí misma para dar la facultad al hombre luchar contra el pecado y los pazos, buscando impetuosamente y ardientemente de nuevo la venida de ella. Esta lucha es fatigosa, dura y distinta para cada hombre. De todas formas, el hombre se encuentra muchos años en el desierto… Parece que camina al desierto espiritual, en tierra que no existe el soplo vivificador de la divina Jaris.

Cuál es el propósito del abandono de la Jaris, nos dice otra vez san Diádoco: 86…somos hijos auténticos de la jaris (increada) de Dios, que nos ha amamantado con pequeñas concesiones y frecuentes consolaciones, de manera que por la bondad de la jaris lleguemos hacernos hombres perfectos, con plenitud de madurez espiritual (Filocalía t1).

De esta manera dicen los Padres crecemos espiritualmente y de niños carnales llegamos a la edad de plenitud de Cristo, es decir, conseguimos la comunión, unión con Él y esta es la sanación y salvación del hombre.

Además, los hombres estamos llenos de pazos, por eso no podemos contener y mantener la Jaris increada de Dios. La Jaris nos indica el camino y después nos deja para “psicoterapiarnos”, sanarnos de modo que lleguemos a la Zéosis o glorificación. Muchas veces en nuestra vida espiritual sentimos que el cuerpo no puede seguir este camino de la psique hacia la Zéosis o glorificación.

“…El espíritu está dispuesto pero la carne es débil y enferma” (Mat 26,41).

Con esta instrucción de Dios, el cuerpo también adquiere una capacidad para seguir el camino de la psique…

San Nicodemo el Ayiorita hablando sobre el camino de los reyes Magos se refiere: “…Tal y como la estrella brillante que conducía y consolaba los Reyes Magos se escondió en el camino para probar la paciencia y fortaleza de ellos. Volviendo aparecer la misma se alegraron más que antes, “al volver a ver la estrella experimentaron una grandísima alegría” (Mt 2,10). De la misma manera también la Jaris de Dios acostumbra hacer a sus sirvientes y amigos tal y como dicen los Padres los llamados Nípticos: Igual que el niño cuando pierde su madre y la busca con llantos y lágrimas y enseguida que la ve aparecer por alguna parte corre con una alegría indescriptible, llorando y riendo se abraza a ella. Lo mismo pasa con la Jaris de Dios con el hombre”. (San Nicodemo el Ayiorita. “Ejercicios espirituales” pág 176).

San Diádoco de Fótica nos dice otra vez: “90- …Pero en adelante esconde este regalo precioso y vivificante, de modo que aunque trabajemos todas las demás virtudes, consideremos que no somos nada, por la razón de que no tenemos aún el hábito de la divina agapi…”; y sobre la razón de la reducción de la jaris: 69- La jaris al principio acostumbra a resplandecer con su luz (increada) en la psique con mucho sentido o sentimiento; pero progresando en las luchas, principalmente energiza, obra y opera sus misterios a la psique que teologiza de manera desconocida. En el primer caso energiza y opera así, para hacernos y ponernos alegres sobre el camino de las divinas contemplaciones (zeorías), ya que estamos llamados de la ignorancia a la gnosis (increada). Pero en medio de las luchas quiere proteger y dejar nuestra gnosis espiritual alejada de la vanagloria… (Filocalía t.1)

Este período es de asimilación de la Χάρις (jaris gracia, energía increada) que ha probado el hombre con su primer contacto con ella. De esta asimilación nace la conciencia dogmática. Esta asimilación al asceta, practicante de este camino espiritual dura muchos años.

Basados en los datos de la historia de la Iglesia y nuestra comunicación con muchos ascetas, hemos llegado a la conclusión que la experiencia de la Χάρις (jaris) se asimila profundamente y toma la forma de la gnosis (conocimiento increado) espiritual a los que se hicieron dignos de grandes visitas, percepciones y visiones solamente después de muchos años de ejercicio. Esta gnosis exactamente queremos definir como “conciencia dogmática”.

La experiencia histórica de la Iglesia en la que tenemos incluidos los Santos Apóstoles y los grandes Padres nuevos y antiguos, nos da la capacidad de determinar el tiempo imprescindible para asimilación de la Jaris que es más de 15 años. Así la primera epístola de Apóstol Pablo (1ª Tes), se ha escrito 15 años después de la aparición de Cristo en él en el camino a Damasco. En muchos, el tiempo se prolonga en 20, 25, 30 y más años. Los Evangelistas y los demás Apóstoles escribieron sus testimonios y sus epístolas al paso de mucho tiempo de la Apocalipsis (Revelación) del Señor. Los Santos Padres nos informaron de sus visiones y vivencias generalmente al final de su camino ascético. Vemos en la vida de San Siluán el Athonita que pasaron más de treinta años antes para confesar su experiencia escrita con madura conciencia dogmática. Tan largo e interminable es el camino de asimilación de la Jaris que es energía y luz increadas.

La conciencia dogmática que tenemos en cuenta es escurrimiento de experiencia de la Χάρις (jaris gracia, energía increada) y no trabajo intelectual o escolástica de escuelas o academias. La expresión de la experiencia de los logos de los Santos no tiene el carácter de las obras escolásticas, sino que es auto-apocálipsis (auto-revelación) en la psique. El logos sobre el Dios y la vida en Él, progresa sin meditaciones dolorosas, simplemente nace desde el sobrante de la psique” (Archimandrita Sofronio pág.212-213).

Pero este período bendito no es tan fácil. El hombre pasa por fatigosos dolores y gran tristeza. Este lado lo recalcan los divinos Padres en sus obras, hablando por experiencia personal.

San Diadoco de Fótica: 87- La concesión pedagógica trae gran aflicción y humillación, y después una moderada desesperanza en la psique, para que la parte débil, vanagloriosa y ambiciosa de ella venga a la humildad. Pero inmediatamente trae temor a Dios y al corazón lágrimas de confesión y un gran deseo para el perfecto silencio. En cambio la concesión, por repulsión a Dios, deja la psique que sea colmada de desesperanza, duda, increencia, ira, orgullo o soberbia. Debemos pues, con nuestra experiencia discernir el tipo de concesión y analógicamente comparecernos a Dios… (Filocalía t1).

El dolor es grande. La psique que ha conocido a Dios y ahora ha perdido esta comunión. Antes de conocer a Dios todo era agradable. La vida humana con sus detalles y momentos felices le agradaban. Ahora todo esto no le agrada. Simultáneamente ha perdido también la Jaris de Dios y está desconsolada.  Cae en una angustia y desesperanza. Esto es el privilegio de la desesperanza. Llorar es el modo de vivir. La metania es interminable. La Jaris de Dios que secretamente (místicamente) se encuentra al corazón del hombre le hace no desesperarse. Así empieza la oración perseverante, el imparable gemido y la fuente inagotable de lágrimas. Clama constantemente a Dios. Su vida está regada con dolor.

San Simeón el Nuevo Teólogo describe en sus poemas describe muy bien esta experiencia… (Me es muy difícil traducir los poemas de este Santo, quizá en un futuro lo haga).

El archimandrita Sofronio hablando para los monjes/as aquellos que desde el principio de su vida monástica han conocido la Jaris de los perfectos, escribe: “Los ascetas que pertenecen a esta última clase sufren más que todos los demás, porque después de saborear la jaris increada, después de la zeoría (contemplación) de la luz increada, viven más profundamente lo contrario de antes que es la angustia, tristeza, la oscuridad del abandono de Dios y la perturbación de los pazos: sólo ellos conocen QUÉ han perdido. La vivencia de la energía increada jaris cambia al hombre entero y le hace incomparablemente sensible sobre cualquier fenómeno espiritual.

Esta última clase de hombres sufre más que los demás, porque la agapi de Cristo en el mundo actual se somete en “fuego de prueba que os ha sobrevenido” (1Ped 4,12). Porque la agapi de Cristo en este mundo ha de padecer (He 26,23).

El bienaventurado Yérontas Siluán pertenecía a esta última clase y así entendemos sus palabras: “Vosotros no podéis entender mi tristeza y angustia”, o “el que no ha conocido al Señor, éste no puede buscarle con llanto y clamor”.

Cuando describe el llanto y la tristeza inconsolable de Adán, después de su expulsión del Paraíso, esencialmente describe la tristeza y angustia de su psique por la jaris perdida. (San Siluan pag. 26-27).

Más expresivo es el siguiente fragmento del Archimandrita Sofronio de Essex: “La psique que ha conocido a Dios se ha elevado a la contemplación del mundo de la eterna luz increada y después perdió esta Jaris, se encuentra en tal estado que no lo puede imaginar aquel que no lo ha vivido personalmente. El martirio y la aflicción de una psique así son inexpresables, siente una angustia, ansiedad metafísica particular. Para el hombre que ha vivido la dulzura de la indescriptible agapi de Dios no hay nada en este mundo que le pueda encantar. De una manera la vida terrenal se convierte en una carga angustiosa y él llorando busca otra vez la vida que acarició. Su aflicción la pueden comprender algo el marido que pierde su amada esposa o la madre que pierde su único hijo y esto parcialmente. Porque la agapi de Dios con su fuerza y valor, con su incomparable belleza y su imposición, supera infinitamente cualquier otra agapi humana. San Juan el Clímaco dice para los que han perdido la Jaris que su tortura supera la de los que están condenados a muerte y su luto es luto de muertos.

La magnitud de la pérdida, el dolor y las aflicciones asociadas con este empuje conducen a luchas excepcionales. La psique luchadora llega hasta el agotamiento de sus fuerzas, sin embargo no consigue lo anhelado. La jaris sólo en algunos momentos y por poco testifica que se encuentra cerca y otra vez se va. El practicante sufre horriblemente por el abandono Divino. Su nus, a pesar de la hazaña del logro de la oración interior incesante, pierde su lucidez. Las noches los demonios intentan distraer al monje de la oración o por lo menos no dejarle orar claramente. Muchas cosas no parecen claras y la psique se hunde en una duda y busca persistentemente a Dios. En su alrededor sólo encuentra demonios descarados.

“…¿a Ti Señor hasta cuando… por qué me abandonas?” (pag 40-41).

Entonces podemos hablar del llanto, la pena del Adán en los límites de nuestra vida personal. Entonces podemos comprender la tristeza de Adán después de cometer el pecado. Así se sentía también el Yérontas Siluán. El abandono o privación de la Jaris, lo vivía igual que su mismo progenitor Adán. Por eso escribe dolorido y suplicante: «El Adán, el padre de la humanidad, conocía al Paraíso, la dulzura de la divina agapi (amor, energía increada). Así después de su expulsión del Paraíso a causa de su pecado, abandonado de la agapi de Dios, lloraba amargamente y se lamentaba con profundos suspiros. El desierto resonó por sus sollozos. Su psique se torturaba con el pensamiento: “he decepcionado a mi amado Dios”. No se arrepentía tanto por la belleza de Edén, cuanto por la pérdida de la divina agapi que atrae insaciablemente la psique hacia el Dios.

Lo mismo también cada psique que por el Espíritu Santo ha conocido a Dios y después ha perdido la jaris, comprueba el luto adánico. La psique cuando decepciona y falla al Señor se apena y se arrepiente intensamente.

Adán se lamentaba y torturaba en la tierra y la tierra no le daba alegría. Anhelaba a Dios y gritaba:

“Mi psique ansía y tiene sed al Señor y Le busco con lágrimas.

¿Cómo no buscarle?

Cuando estaba con Él, mi psique deleitaba pacíficamente y yo era inaccesible e intocable para los enemigos.

Pero ahora ha adquirido poder sobre mí el espíritu maligno que sacude y tortura mi psique. Por eso mi psique se funde para el Señor hasta la muerte. Mi espíritu se precipita hacia el Dios y nada terrenal me puede consolar; mi psique no encuentra consuelo en ninguna parte, pero anhela sedienta a verle y disfrutar de Él hasta saciarse.

No puedo olvidarle ni un momento y de mi gran dolor, gemido y lamento, digo: «Ελέησόν με, ο Θεός, το παραπεσόν Σου πλάσμα». “Dios mío ten misericordia de mí, Tu criatura decaída”.

Así se lamentaba Adán y ríos de lágrimas caían de su rostro a la tierra. Todo el desierto escuchaba con asombro sus gemidos. Animales y pájaros se callaban por la pena. Y Adán se lamentaba porque por su pecado fueron privados todos de la paz y la agapi…

Y yo he perdido la jaris y clamo junto con Adán:

“Señor, ten compasión, misericordia de mí, dame espíritu de humildad y agapi”

¡Oh agapi del Señor! Aquel que te conoce te busca incansablemente y cada día clama: “Te anhelo Señor, y con lágrimas te busco. ¿Cómo no te voy a buscar?

Tú me has dado el Espíritu Santo para conocerte y esta divina gnosis atrae incesantemente mi psique cerca de Ti”.

Adán con lamento clama:

No me agrada el silencio del desierto.

No me atraen las cimas de las montañas.

No descanso por la belleza de los bosques y los prados.

No alivia mi dolor el canto de los pájaros.

Ahora nada me proporciona alegría.

Mi psique está rota por la magnitud de la pena.

He ofendido a mi amado Dios.

Y si el Señor me volviera aceptar al paraíso allí también lloraría y me lamentaría: porque decepcioné y amargué a mí amado Dios”.

Adán al ser expulsado del Paraíso, emanaba fuentes de lágrimas de su corazón herido.

Lo mismo cada psique que ha conocido al Señor se lamenta y llora por Él y dice:

“¿Dónde estás Señor? ¿Por qué escondes Tu rostro?

Mucho tiempo hace que mi psique no ve Tu Luz (increada) y te busca desesperada.

¿Dónde está mi Señor? ¿Por qué no Le veo en mi psique? ¿Qué Le impide habitar en mi interior?

No existe en mi interior la humildad de Cristo y la agapi para los enemigos.

Porque el Dios es Agapi (amor increado) infinita e ininterpretable». (pg. 487-489)

Entonces el atleta (practicante) vive y experimenta la muerte existencial. Porque la verdadera muerte es separación del hombre de Dios. El Dios es vida y el alejamiento de la vida trae inevitablemente la muerte. En este período el practicante vive y experimenta la memoria de la muerte como carisma. Repetimos no se trata de desesperación como la humana, sino de una desesperanza por Dios. No se trata de un miedo humano, sino un temor a Dios por la Χάρις (jaris). Esto lo entendemos, porque en el segundo caso se desarrolla la inspiración y la oración! Realmente la memoria de la muerte, según los Padres, no es un recuerdo de la muerte, porque esto pueden tenerlo todos los hombres viendo lo perecedero y la corruptibilidad del mundo. También es esto, pero principalmente la memoria de la muerte es carisma.

Con el término “memoria a la muerte”, la escritura ascética de los Padres no da a entender la conciencia del hombre que está acostumbrada sobre su mortalidad; es decir, el simple pensamiento de que moriremos, sino un especial sentido y sentimiento espiritual que está inspirado de la Jaris. Con la memoria a la muerte empieza la concienciación y el presentimiento de lo reducida que es nuestra existencia terrenal. A veces muy flojo y otras muy fuerte, finalmente se convierte en un sentimiento profundo de la corruptibilidad, el desgaste y lo pasajero que es todo lo terrenal y de esta manera cambia el posicionamiento del hombre ante cualquier cosa del mundo. Para él lo que no permanece eterno pierde su valor y aparece el sentimiento de que todas las adquisiciones terrenales son vanas. La atención del nus (el espíritu y energía del corazón) sale del mundo exterior que le rodea y se enfoca y concentra en su interior, donde la psique afronta en su propia cara el inefable abismo de la oscuridad. Este espectáculo aterra la psique y nace la oración intensa que es constante día y noche. El tiempo pierde su dimensión – en principio no porque la psique haya visto la luz increada de la vida eterna, al contrario, porque el sentimiento de la muerte eterna lo ha devorado todo. Finalmente después de pasar por varios estadios o fases, la psique entra en la órbita de la energía increada Jaris, en la esfera de la Luz increada divina sin principio ni fin. Pero esto no es una trascendencia filosófica, sino la vida en sentido real y no tiene necesidad de pruebas ni de demostraciones dialécticas.

Para él, el Dios ha muerto. El practicante o asceta espiritual en este estadio percibe la muerte en sus entrañas, en su existencia entera. Igual que cuando siente la energía increada Jaris en su interior, vive una experiencia de felicidad y gracia (una resurrección espiritual) y todo exteriormente está resplandeciente, lo contrario ocurre con el sentido de la muerte que domina su existencia. Todo es inerte, sin vida. Nada le satisface. Ve a todos los hombres mortales. Por eso no busca, ni quiere poder sobre los mortales. ¿No es un espectáculo macabro ver a uno ser soberano de mortales y muertos y hacerse soberano de un cementerio?

Esta es la kénosis (vaciamiento, despojo) del hombre según el prototipo de Cristo. Los Santos por supuesto que pasan por este estado. Es un hades, una vivencia del infierno. Las llamas del infierno queman la disposición, el deseo, aún hasta este mismo cuerpo…

Un joven monje en una carta que ha mandado a su Padre espiritual, se expresa de la siguiente manera sobre este estadio que vivía: “…Como sabrá, había empezado a perder la oración.  Ahora la he perdido totalmente. Intento hacer la oración del corazón o de Jesús, pero me cansé y no tengo el calor ni el ánimo que tenía antes…

El que haya perdido la oración me aflige y me preocupa mucho. Me siento como un animal que come y duerme. Tengo una tristeza y angustia profunda. Me consuela algo lo “así lo quiere el Dios” y tengo paciencia. Pero esta paciencia tiene sus límites. Me duele mucho. Lloro continuamente día y noche. Más llora mi corazón. Me siento vacío. No puedo orar y me siento muerto. Nada de este mundo me satisface. A lado mío lo veo todo muerto. Los hombres que encuentro los veo todos como mortales, cadáveres andantes. Todo a mí alrededor me habla de la presencia y la agapi de Dios, pero también todo me habla sobre Su ausencia. No puedo entender por qué los hombres se ríen, disfrutan y se alegran. ¿Cómo pueden hacerlo? Los veo reír, cantar y bailar y yo lloro. ¡Porque veo que estas cosas las hacen hombres muertos y cadáveres andantes!

Tengo la impresión que el cansancio corporal proviene de esto. He perdido la oración, a Dios, la agapi. Estoy muerto, deprimido y dolido. Los que están a mí alrededor no entienden nada. Sobre todo me bendicen. Pero yo estoy amargado, lo he perdido todo. No se puede comparar la tristeza que tengo con la de la madre que ha perdido su hijo o su marido.

Casi tres años estaba bien. Todo era agradable. Festejaba la presencia de Dios. El día se hacía noche y viceversa. La alegría era inexpresable. Ahora soy el hombre más desgraciado del mundo. ¿Existe alguien que me puede entender? Sé con seguridad que el Dios existe. Existe el Dios pleno de agapi (amor, energía increada), pero yo no existo para Él. ¡Estoy muerto!

No sé qué hacer. Espero, tengo paciencia, intento llenar mis horas con algo que me dará descanso; pero todos son pseudo-fármacos y autoengaños. Todo falso, provisional.  Lo que antes me agradaba, ahora me aflige y me cansa. Estoy como si no fuera un hombre normal. Sí, no lo soy. No me parezco en nada a los demás. Por lo menos los otros tienen algunas cosas por las que se pueden alegrar. Yo no tengo ni puedo. Estoy como si fuera incapacitado para todo. Soy un animal que come, duerme, habla y vive con los hombres… pero no se alegra, no siente nada, se ha perdido la sensibilidad. Cada momento que pasa sin oración es un infierno. Siento las llamas que me rodean.

¿Yéronta, dónde está el error y la culpa? ¿Qué debo hacer? ¿Cómo vivir? ¿Cómo protegerme para no caer en la depresión y desesperanza tipo humana? ¿Hay terapia?

No sé qué preguntar más. Estoy perdido. Te escribo esta carta como un perdido, afligido, amargado y apenado pidiendo ayuda. Soy un hombre sin oración interior esto lo dice todo.

Mi corazón se ha secado. El Dios está lejos de mí, soy un cero…”

Es importante referirnos e intentar explicar este período de la vida espiritual, porque la pasan muchos pero no conocen qué es exactamente esta situación o estadio. Llegan hasta el último punto de la desesperación y depresión, ignoran el carácter de la vida espiritual y la instrucción de Dios. Así están perdidos, se deprimen y se desesperan. Hay casos que monjes abandonan hasta la vida monástica y vuelven al mundo, transgrediendo los juramentos y promesas que han hecho a Dios cuando fueron ordenados. Como también casos de fieles, laicos que abandonan la Iglesia y la fe ortodoxa. Algunos van a los psiquiatras para dar una interpretación a estas situaciones y otros se vuelven dementes.

A todos estos les decimos que esta situación o estado es normal, natural. Todos los que luchan “la buena lucha o combate” pasan por esta tentación. De esta manera adquieren experiencia espiritual. Por eso hace falta mucha paciencia, oración intensa y tenacidad. El Apóstol Pablo escribe: “Si soportáis la instrucción, el Dios os trata como hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no instruye o enseña? Pero si se os deja sin instrucción, de la que todos han sido participantes, entonces sois falsos, y no hijos” (Heb 12, 7-9).

Se debe de decir que la poca oración de este período corresponde en oración de muchísimas horas del período anterior. El hombre en este tiempo aprende a orar espiritualmente. Aprende muchas formas de oración noerá o del corazón. El nus del practicante o atleta espiritual por el gran dolor, con la gran metania se concentra al corazón. Llora.  El nus se lanza al corazón igual que el barco que hecha el angla al fondo del mar. Permanece allí y eso es la oración noerá o del corazón.

Cuando hayamos conocido que este estado es el natural, debemos de encontrar también la manera de afrontarlo. En esto consiste la enseñanza de los Santos Padres Ortodoxos.

San Diádoco de Fótica en la Filocalía t.1 nos dice al respecto: «87- La concesión pedagógica trae gran aflicción y humillación, y después una moderada desesperanza en la psique, para que la parte débil, vanagloriosa y ambiciosa de ella venga a la humildad. Pero inmediatamente trae temor a Dios y al corazón lágrimas de confesión y un gran deseo para perfecto silencio. En cambio la concesión, por repulsión a Dios, deja la psique que sea llenada de desesperanza, duda, increencia, ira, orgullo o soberbia. Debemos pues, con nuestra experiencia discernir el tipo de concesión y analógicamente comparecernos a Dios. En el primer caso, debemos ofrecerle agradecimiento y confesión, porque pedagogiza, instruye nuestra opinión ignorante, retirando Su jaris (increada), para enseñarnos como Padre bondadoso la diferencia entre virtud y malicia. En el segundo caso, debemos ofrecerle una incesante confesión de nuestros pecados, con lágrimas sin tregua y más separación de los hombres, para que podamos, con el suplemento de nuestros esfuerzos, expiar a Dios de manera que mire y cuide como antes nuestros corazones. Pero, debemos conocer que el combate se hace con verdadero enfrentamiento entre la psique y el satanás, me refiero al caso de la concesión pedagógica, entonces como dije, la jaris (increada) se aparta, pero ayuda la psique sin que ella lo conozca, para mostrar a los enemigos de la psique que la victoria es solamente de ella».

El mismo Padre dice que debemos afligirnos, apenarnos con buena disposición y equilibrio, y en este caso no atormentarnos:

69- La jaris al principio acostumbra a resplandecer con su luz (increada) en la psique con mucho sentido o sentimiento; pero progresando en las luchas, principalmente obra, energiza y opera a la psique que teologiza de manera desconocida sus misterios. En el primer caso energiza y opera así, para hacernos y ponernos alegres sobre el camino de las divinas contemplaciones (zeorías), ya que estamos llamados de la ignorancia a la gnosis (increada). Pero en medio de las luchas quiere proteger y dejar nuestra gnosis espiritual alejada de la vanagloria. Debemos pues, por una parte entristecernos o afligirnos moderadamente, como abandonados, para que nos hagamos más humildes y seamos sometidos más a la doxa-gloria (increada) del Señor; por otra parte, también regocijarnos como es debido tomando alas de la bondadosa esperanza. Tal como el exceso de tristeza sumerge la psique en la desesperación y en la falta de fe, lo mismo también, el exceso de alegría y gozo lleva la psique al presumido engreimiento o arrogancia; hablo sobre aquellos que en cuestiones espirituales son niños; porque el término medio entre la iluminación y el abandono de la jaris es la experiencia, y entre la alegría y la tristeza, la esperanza. Dice la Escritura: “Con mucha paciencia esperé al Señor y Él puso Su cuidado y me atendió” (Sal 40,1), y “Cuando me embargan muchas tristezas dentro de mi corazón, tantos son Tus consuelos que colman con deleite mi psique” (Sal 93,19)».

…Es muy característico lo que dice san Nicodemo el Aghiorita refiriéndose a la estrella que han perdido los reyes magos yendo hacia el Cristo: «¿Pero, tú, hermano, cuántas veces te has amilanado y dudado, cuando ha faltado de ti el padre celeste que te estaba conduciendo; cuántas veces has gemido y quisiste volver hacia atrás, o sea, dejar el camino de la virtud que decidiste caminar y regresar otra vez al camino anterior del pecado, cuando la jaris (gracia, energía increada) de Dios se retiró de ti momentáneamente y te dejó probar alguna pequeña tentación o amargura del corazón u oscurecimiento del nus? Por ello, yo a razón de esta duda y amilanamiento tuyo he reducido que tú en este estado de virtud aún eres un niño y por eso siempre quieres comer leche, es decir, sentir la dulzura de la jaris, y al ser privado un poco de ella enseguida te conviertes en desesperanzado, estás perdido y te desesperas gritando tu también como Pedro cuando peligraba hundirse a la mar: “Señor sálvame” (Mt 14,30)».

Pero yo también te respondo, igual que entonces Jesús Cristo respondió a Pedro: “hombre de poca fe, ¿por qué has dudado y asustado?”. ¡Y qué admirable es seguir a Jesús Cristo cuando va hacia al monte Tabor para metamorfosearse! Es decir, ¡qué admirable es si ejercitas la virtud, aplicas y cumples los logos, mandamientos del Señor, cuando la jaris, la luz increada de Dios ilumina tu nus con los divinos resplandores!

¡Qué gran cosa es si muestras la paciencia y la valentía cuando la jaris de Dios endulza tu corazón con su calor natural, con su dulce recogimiento y con sus alumbrantes conceptos! Lo admirable es seguir a Cristo cuando va a la montaña de Gólgota para crucificarse, es decir, lo admirable es cuando te ejercitas a la virtud, no decaigas de ella cuando vengan las angustias, las aflicciones y las tentaciones, puesto que ellas son las sequedad, la dureza del corazón y la privación de recogimiento. La gran valentía entonces se pone a prueba, cuando la jaris increada de Dios te prive su dulzura y tú no te desanimas ni dudas de la fe para nada.

Metania o metanoízate es decir, cambia de parecer, confiésate y arrepiéntete, y hazte humilde, humíllate hasta el suelo, porque en las tentaciones que has encontrado al camino para la virtud no fuiste valiente sino asustado, desanimado, dudando de la fe y desesperado cuando para probarte se retiró por un poquito de ti la jaris de Dios. Agradezca al Señor que otra vez con Su jaris increada te ha visitado y no te dejó perderte totalmente, psalmodeando con David: “Si el Señor no me ayudara, pronto mi psique estaría al hades” (Sal 93,17). Y ruégale que te vuelva a dar las primeras dulzuras y alegrías de Su jaris; igual que le rogaba el mismo David. Haz también actos visibles como por ejemplo, abrazar la Cruz del Señor o Su icona-imagen, sobre todo sin haber nadie que te vea, clama y di tu también aquellas palabras de Job: Señor no te dejaré y no me voy de aquí hasta que me bendigas y calientas mi psique con recogimiento y con tu divina energía increada jaris, “no te dejaré, si no me bendices (Gen 32,26).

Dile también las palabras de la mujer Cananea: «Sí Señor, los perros también comen las migajas que caen de las mesas de sus amos» es decir, Señor dame un poco de aquellas jaris y consuelos que das a tus hijos espirituales y amigos, y pídele antes de que decida darte tentaciones, te fortalezca con Su energía increada Jaris ; tal y como dice san Isaac el Sirio para que puedas con su fuerza soportarlas felizmente” (San Nicodemo el Aghiorita: “Ejercicios espirituales” pg 176-177 y 178)».

La enseñanza patrística aconseja paciencia, oración, mas obediencia y referencia a los maestros que conocen por experiencia estas situaciones realmente benditas. Naturalmente, hacen falta hombres que han pasado estos estadios. Ellos son los verdaderos y correctos pnevmáticos (guías espirituales) que pueden conducir el pueblo de Dios. Este gran valor tienen los monjes en la vida contemporánea. Ellos dan alivio descanso (espiritual), inspiran, conducen y serenan al hombre.

San Diádoco de Fótica junto con todas las cosas espirituales que nos ha dicho y las hemos puesto en nuestro pensamiento, recalca que es imposible para nosotros adquirir la perfección de la divina Jaris. Por eso la psique se duele, y por eso la hace falta luchar de modo que poco a poco reciba la Jaris (gracia) que es la increada energía:

90- Al principio del período espiritual, si amamos con ardor la virtud de Dios, el Espíritu Santo da en la psique saborear la dulzura de Dios con mucho αίσθηση sentido, sentimiento y con cada información interior el nus puede con conocimiento exacto entender el premio perfecto de sus esfuerzos que realiza para Dios. Pero en adelante esconde este regalo precioso y vivificante, de modo que aunque trabajemos todas las demás virtudes, consideremos que no somos nada, por la razón de que no tenemos aún el hábito de la divina agapi. Entonces, principalmente el demonio del odio molesta las psiques de los luchadores, de tal manera que despierten odio contra aquellos que los aman, la energía destructora del odio trae hasta traición. Por eso la psique sufre más, por una parte, por el recuerdo de la agapi espiritual, y por otra, sin poder adquirirla con αίσθηση sentido, sentimiento, por estar privada de los esfuerzos ascéticos más perfectos. Es necesario, pues, que esforzándonos a nosotros mismos, trabajemos la perfecta agapi (amor, energía increada) para que lleguemos a saborearla con cada αίσθηση sentido, sentimiento e información interior. Porque la perfección de la agapi nadie puede conseguirla mientras se encuentra dentro del cuerpo, excepto los santos que llegaron hasta el martirio y la perfecta confesión de la fe. Porque aquel que ha llegado hasta el martirio, es transformado completamente y no tiene el apetito de comida con facilidad; porque, aquel que es alimentado de la divina agapi (amor energía increada), ¿qué más deseará de este mundo? Por eso el sabio Pablo, lleno de gnosis espiritual, de su propia experiencia nos anuncia el futuro disfrute de los justos: “La realeza de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz, gozo y alegría que da el Espíritu Santo” (Rom 14,17); siendo todo esto fruto de la perfecta agapi. Así que, aquellos que progresan a la perfección pueden saborear desde aquí abajo continuamente la perfecta agapi. Totalmente perfecta nadie la puede adquirir, excepto cuando lo mortal sea absorbido por la vida (2ªCor 5,4).

Cerrando este capítulo como una sinopsis podemos escribir el logos del Archimandrita Safronio: «Pero por grande que sea el primer regalo de la Divina Jaris, si no se asimila, es posible que el hombre pase por una sacudida y caiga. Un buen ejemplo tenemos a la persona del Apóstol Pedro. Encima del monte Tabor se encuentra en una bienaventurada incertidumbre. Después al tiempo del Padecimiento de Cristo Le niega. Pero cuando pasó el tiempo nos recuerda en su epístola la visión en el monte Tabor (2ªPed 1,16) como un testimonio para la verdad.

La asimilación de la Jaris (gracia) la energía increada no es para todos la misma. El camino normal de esta asimilación en líneas generales es el siguiente: La primera experiencia de visita divina toca profundamente al hombre y le arrastra totalmente hacia la vida interior, la oración y la lucha contra los pazos. Es un período de ricos sentimientos del corazón y lleno de fuertes vivencias y experiencias que atraen al nus entero a participar en ellas. El siguiente período es de privación o abandono de la Jaris, que hunde al hombre en gran aflicción y búsqueda embarazosa de las causas de esta perdida y el camino de vuelta a la donación de Dios. Sólo cuando pasan muchos años con intercambio de situaciones y etapas que generalmente se acompañan de la lectura de la Santa Escritura y las obras de los Padres de la Iglesia, conversaciones con Yérontas-guías espirituales y otros obreros de la piedad y después de largos años de guerra contra los pazos, el hombre descubre la luz de la gnosis (conocimiento increado por experiencia) de los caminos del Espíritu que viene secretamente (místicamente) y no por observación, “la venida de la realeza increada de Dios no viene por observación” (Lc 17, 20) ».

Esto es la conciencia dogmática, tal y como la hemos revelado, la vida profunda del espíritu y no una gnosis abstracta” (Sofronio Sajarof: “Contemplamos a Dios tal y como es”, pág.215-216).

 

La nueva venida de la Χάρις (jaris gracia, energía increada)

Después de la lucha por varios años viene de nuevo la Χάρις (jaris) al hombre y le llena de alegría interior. San Simeón el Nuevo Teólogo es el portador de esta tradición y experiencia. Nos dice que el que ha pasado este estado se convierte en “en un libro de inspiración divina para los demás”… En este estado el hombre se constituye en teólogo (o profeta) o más bien fuente de teología. Entonces la teología emana de toda su existencia…

Un respetado monje Aghiorita que pasó estos estadios me describió la nueva venida de la Jaris y lo que ofrece al hombre. “Por la Jaris de Dios pasé y superé este desierto de la vida espiritual. Entonces el Dios para mi parecía como si no existiera. Ahora las cosas son distintas, el Cristo con Su fuerza me ha sacado del hades que me encontraba. Y el mismo hades es un lugar donde no se introducen los rayos de la Increada Jaris o mejor dicho se vive como fuego. El hades de mi vida personal con la venida de la Jaris se ha convertido en todo iluminado. Igual que entonces el Cristo con Su bajada al Hades liberó los justos del Antiguo Testamento, lo mismo ahora el Mismo me arrastró de mi necrosis. El fuego del invierno y de la desesperación que antes me sobre-quemaba, ahora se ha convertido el luz increada de vida eterna y gnosis increada de Dios. Ahora percibo y entiendo muy bien la diferencia de la gnosis (conocimiento) cerebral o intelectual creada y la gnosis increada de Dios por experiencia vivida. La gnosis de Dios se ofrece a través de la iluminación (la oración noerá o del corazón) y la zeoría (contemplación) de Dios.

Entonces las aperturas eran grandes. Ahora vino un equilibrio interior. No dominan los grandes cambios que conmocionan la existencia. Ahora hay un equilibrio espiritual, estabilidad y verdad. Porque la verdad es la inexistencia del olvido, por consiguiente la existencia de la estabilidad.

Esta nueva venida de la Jaris tiene grandes consecuencias. Me ha inundado una profunda serenidad que no se perturba por nada. Esta serenidad y paz interior no son afectadas por nada exterior. Todas las vivencias psíquicas se han convertido en experiencias espirituales. Los sentimientos son muy profundos. La Jaris increada de Dios se ha unido con mi naturaleza y la ha transformado en luz.

Antiguamente vivía intensos cambios y perturbaciones. Unas veces fuego y otras veces luz. Unas veces en alturas espirituales y otras veces al fondo del infierno.

Todo que viví anteriormente con la primera venida de la Jaris por un corto espacio de tiempo ahora lo vivo establemente y permanentemente.

El corazón ha conocido su apacia (sin pazos). Ha llegado a la iluminación que no es la gnosis de los arquetipos, sino la oración interior del corazón o noerá. Esto se hace incesantemente, el corazón habla y escucha. Adquirió los sentidos noerós (espirituales) y con ellos percibe, olfatea, escucha, ve y palpa a Dios. La catarsis del corazón no la veo sólo como una liberación de los pazos y los movimientos contranaturales, sino también como concentración y recogimiento de todas las fuerzas de la psique. Me he liberado de esta persona (careto) especial que se desarrolla por los engaños terrenales. Está claro que el centro de todas las fuerzas se ha convertido el Dios, el Cual ya no es un valor, ni alguien que habita en los Cielos sino en mi vida. No siento ningún otro que pueda compararse con Él. Él lo es todo.

Mi existencia se ha “psicoterapiado”, sanado. La lucha con Dios dejó de existir. Ahora no existen preguntas agónicas ni incertidumbre sobre Sus energías increadas. La psique conoce bien a Dios. Le siente como médico. El corazón continuamente habla y ora. Dice la oración noerá o del corazón imparablemente. Muchas veces basta con la repetición de la palabra Jesús y se deleita y goza. Palpa a Dios. Es cierto que me siento como el mayor pecador. No existe pecado que no he cometido, sea con el loyismós-pensamiento, sea con el deseo o acción. Pero siento a la vez como si fuera un otro que ha pecado de esta manera. Es decir, como si existiera un otro cuerpo que haya pecado. Así que la metania (confesión, introspección y arrepentimiento) a pesar de que existe ha cambiado de carácter.

El cuerpo también se ha metamorfoseado y puede aguantar la nueva vida. Todo testifica la existencia de Dios.

Generalmente en este tiempo siento profunda paz, serenidad y equilibrio espiritual. He adquirido otro sentido de las cosas y veo con otros ojos toda la creación y los hombres.

El Cristo se ha hecho mi vida, mi alegría, mi paz y mi gozo. Incesantemente Le alabo. No encuentro palabras para agradecerle.

Vivo continuamente rezando “psique-alma mía bendiga al Señor y todos mis interiores Su Santo Nombre”.

Cada día resuenan fuertemente en el corazón los logos de San Juan el Crisóstomo (boca de oro): “Cristo ha resucitado y los demonios han caído. Cristo ha resucitado y los ángeles se alegran. Cristo ha resucitado y en la tumba no existe ningún muerto. Cristo ha resucitado y la vida se gobierna. Cristo levantándose de los muertos, se hizo el principio de los que han dormido (muerto). En Él pertenece la gloria y el poder por los siglos de los siglos amén”.

En este estado el hombre se constituye en teólogo (o profeta) o más bien fuente de teología. Entonces la teología emana de toda su existencia.

San Juan el Clímaco, logos 30, escribe: «12. El aumento del temor a Dios es el principio de la agapi. Y el final de la sanación y pureza es condición de teología. Aquel que ha unido totalmente sus sentidos (espirituales) con Dios es instruido a la teología por el mismo Dios, al contrario si no lo ha hecho, para este es peligroso y difícil teologar. 13. El Logos de Dios Padre consustanciado en aquel que habitará, le regalará perfecta catarsis, sanación, limpieza y pureza, mortificando la muerte. Es decir, transformar los pazos que mortifican la psique. Si el hombre no se convierte en recipiente santificado por la increada Jaris no puede ser teólogo. En vez de teología tenemos “tiología” logos del caído hombre mortal, en el cual por el pecado nace el escándalo de una teología que en vez de ser vida es portadora de la muerte (espiritual). 14. La pureza hizo teólogo destacado al discípulo (San Juan), quien con ella se hizo digno para predicar y sostener los dogmas de la Santa Trinidad».

… Sí, el hombre no pasa por estos estadios, según el logos de San Macario sobre estos pensamientos que nos hemos referido al principio, no puede considerarse Cristiano. Entonces “se hace Cristiano”. Mucho más, uno no se puede considerar Padre Guía Espiritual, si no ha conocido las venidas, las escondidas o abandonos y las nuevas llegadas de la Jaris, la energía increada divina. Porque entonces tendrá experiencia espiritual truncada (mutilada). Ciertamente es posible que el hombre se vaya de este mundo estando realmente al desierto de la vida espiritual, es decir, en este período de privación de la Jaris. Esto pasa en la mayoría de los Cristianos. A pesar de esto, si tiene paciencia y dispone de persistencia, él también entrará en la Realeza increada de Dios, tal y como se hizo con Moisés. No entró en la tierra prometida pero es el Gran Moisés que tiene tanta gloria, puesto que apareció durante la Metamorfosis de Cristo.

Debemos de rogar a Dios que abra el camino de Su gnosis a pesar de tener que pasar por tantas aflicciones y angustias espirituales. A la vez debemos de suplicarle que no nos abandone totalmente sino que en estos difíciles momentos nos proporciones alivio y consolación de manera que podamos aguantar el peso de las aflicciones.

El camino hacia la Realeza increada de Dios pasa por caminos misteriosos. La instrucción es incomprensible por la lógica o razón de la mente humana o del intelecto y los criterios de este mundo, pero es el único método seguro para la comunión, conexión y unión divina.

Me gustaría terminar estos pocos pensamientos sobre este gran misterio copiando enteramente el capítulo 12 de la epístola a los Hebreos que resume todo lo que hemos dicho hasta ahora y nos da consejos y conductas. (Emplazamos al lector que la lea).

Ierózeos Vlajos

 

“Hisijía y Teología ortodoxa” del Metropolita Ierózeos Vlajos:

Cap. 1. “ Nipsis e hisijía”

Hablando sobre la νήψις (nipsis, sobriedad) ortodoxa entendemos la rápida atención y vigilancia del hombre para mantener su nus y corazón limpios, sanos y sobrios de los loyismí (pensamientos compuestos o simples) e imágenes que mortifican su libertad interior y lucidez y le apartan de la comunión con Dios y Su conocimiento.

Esta nipsis es calificada por los Padres como divina, ἠσυχία (hisijía, paz y serenidad interior). Es obvio que la hisijía es toda lucha ascética del hombre por la catarsis (sanación, purificación) del corazón, la nipsis y la oración interior. Así pues, por hisijía entendemos principalmente aquel método que utilizaron todos los deificados o glorificados para unirse con Dios y superar la muerte, que es uno de los problemas mayores del hombre tanto existencialmente como biológicamente.

Ἠσυχασμός (Hisijasmós): Para los santos Padres la catarsis (sanación, purgación) es la eliminación de todos los loyismí del corazón y la permanencia de ellos en la lógica o la mente y la iluminación es la clarificación del nus por la energía increada Χάρις (jaris, gracia) de Dios. Se llama hisijasmós el método de catarsis e iluminación del corazón y del nus, y el modo por el cual se apocalipta (revela) el lugar del corazón (espiritual o psicosomático) que es el núcleo de la existencia del hombre. Éste es el único método por el cual el hombre renace espiritualmente. Utilizando este sistema uno puede ayudarse también para vivir la vida de los Misterios de la Iglesia. De otra manera los Misterios operarían infernalmente.

Entonces resulta claro que el método de terapia “psicoterapia” de nuestra Iglesia es la energización, es decir, la activación de la noerá energía (espiritual humana) del corazón de modo que ésta se mueva paralelamente a la energía lógica, racional de la mente o intelecto, cosa que constituye la base para el desarrollo posterior del hombre hacia la zéosis. El que ignora este método, no puede conocer que significa ser Cristiano Ortodoxo, ni tampoco la obra de la humanización de Cristo ni la finalidad de la Iglesia.

Por lo tanto, este método está contenido en dos palabras: “hisijía” y “teología”. La hisijía es el sistema o método de catarsis e iluminación del hombre y la teología es la gnosis increada (conocimiento increado) de Dios, por la que el ser humano llega a la finalidad de su creación y puede sanar y conducir a otros a la zéosis o glorificación o perfeccionamiento.

Ierózeos Vlajos

Copyright: www.pelagia.org/ Santo Monasterio del Nacimiento de la Zeotocos

Traductor: xX.jJ

Experiencias durante la Divina Liturgia

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«Κύριε, ἐλέησον…Kirie, eléison»

(«Κύριε, ἐλέησον» “Kirie eleison” es la oración más corta, condesada y concisa que lo dice todo. El “Kirie eleison” hace milagros. «Κύριε, ἐλέησον»  “Kirie eleison” es una calificación, petición general de cada necesidad mía, de cada caso mío, de lo que me pasa y de lo que quiero y como no sé lo que voy a pedir, entonces digo a Dios, eleisón me” o “kirie eléison”, y Él sabe lo que me va a dar.  

Eléison ἐλέησον significa ten compasión, caridad, misericordia, sanación, ayuda, alivio, consuelo, socorro… No tiene nada que ver con piedad que muchos lo traducen en castellano. Piedad en griego es ευσέβια (efsevia) de aquí viene el nombre Eusebio, piadoso en castellano o latino.

La respuesta del laós (pueblo) durante las continuas peticiones o súplicas en la Divina Liturgia es «Κύριε, ἐλέησον…Kirie, eléison»

«Κύριε, ἐλέησον…Kirie, eléison» es la oración más corta, condesada y concisa de nuestra Iglesia y lo dice todo. El “Kirie, eléison” hace milagros.

En el libro que se llama “Órdenes o Mandatos de los Apóstoles” en el cual están contenidas las enseñanzas orales, las tradiciones y las decisiones de los Apóstoles sobre temas de la Iglesia, se recalca especialmente que el «Κύριε, ἐλέησον…Kirie, eléison» en la Divina Liturgia deben decirlo todos los niños juntos1. ¡Porque no se entiende la Divina Liturgia sin los niños! ¡No somos protestantes ni papistas! ¿Quizás lo niños no son miembros del Cuerpo de Cristo, miembros de la Iglesia? Yo cuando era niño, entre 1030-1940, las madres ponían los niños entre el iconostasio y el altar, a la derecha los niños y a la izquierda las niñas y detrás seguía el pueblo, por supuesto separadas las mujeres de los hombres.

El mandamiento de las “Órdenes o Mandatos de los Apóstoles” sobre el «Κύριε, ἐλέησον…Kirie, eléison», que debe ser dicho también por los niños, nos muestra claramente cuál es el espíritu del Culto Divino de nuestra Iglesia. Los niños son espíritus libres, sencillos y puros, que muestra lo mucho que se perjudica no sólo el ambiente de culto en el Templo, sino el mismo Culto Divino por la ausencia de los niños. La Divina Liturgia no es un ritual o un banquete o un concierto en una sala protestante, sino Ceremonia Sagrada, Misterio, Sacrificio y Milagro, en ella debemos participar todos los miembros, como Cuerpo místico de Cristo. Según las “Órdenes o Mandatos de los Apóstoles” junto con el pueblo deben decir el «Κύριε, ἐλέησον…Kirie, eléison» todos los niños. Porque la “Realeza increada de los cielos en ellos permanece”.2

En la súplicas del Sacerdote el pueblo a través de los niños responde «Κύριε, ἐλέησον…Kirie, eléison». Pedimos el ἔλεος (eleos clemencia, compasión, misericordia, caridad, ayuda, piedad) para que el Dios tenga compasión, clemencia por nosotros a través de los niños. ¿Por qué? Porque nosotros los adultos somos pecadores y no aguantamos la justicia de Dios, por eso a través de los inocentes niños pedimos ἔλεος (eleos clemencia, compasión, misericordia, caridad, ayuda, piedad) y la filantropía al Sanador y Salvador Cristo. No conozco en qué corriente piadosa occidental en 1948 ha dominado la idea de sacar los niños fuera de la Iglesia. ¡Hay de nosotros, si nos domina esta corriente y sacamos los niños fuera de la Iglesia, lo pagaremos muy caro!

Pero volvemos al tema. Casí en toda la Divina Liturgia el sacerdote pide a los fieles suplicar para las múltiples y distintas necesidades que tienen en sus vidas. Pero los fieles sólo piden el ἔλεος (eleos clemencia, compasión, misericordia, caridad, ayuda, piedad).

– En Paz pedimos al Señor (Sacerdote) Ἐν εἰρήνη τοῦ Κυρίου δεηθῶμεν (ὁ ἱερεύες).

– Kirie eléison (el pueblo) Κύριε, ἐλέησον (ὁ λαός).

– Por la paz de arriba…, supliquemos al Señor. Ὑπέρ τῆς ἄνωθεν εἰρήνης…, τοῦ Κυρίου δεηθῶμεν.

– Kirie eléison (el pueblo)  Κύριε, ἐλέησον.

–Por la paz del mundo entero… Ὑπέρ τῆς εἰρήνης τοῦ σύμπαντος κόσμου…

– Kirie eléison (el pueblo) Κύριε, ἐλέησον.

– Por esta santa casa…Ὑπέρ τοῦ ἁγίου οἴκου τούτου…

– Kirie eléison (el pueblo)  Κύριε, ἐλέησον.

– Por los que navegan, los que vuelan, los que viajan, los enfermos, los esclavos, los que están poseídos de espíritus malignos…

-Ὑπέρ πλεόντων, ὁδιπορούντων, νοσούντων, καμνόντων, αἰχμαλώτων, ἱπταμένων, ὀχλουμένων ὑπό τῶν ἀκαθάρτων πνευμάτων…

– Kirie eléison (el pueblo) Κύριε, ἐλέησον.

Hacemos miles de súplicas, peticiones. La respuesta es Éleos, Éleos, Éleos (misericordia increada) » ἔλεος! «, » Ἔλεος! «, » Ἔλεος! », porque al pedir el ἔλεος (eleos clemencia, compasión, misericordia, caridad, ayuda, piedad) de Dios, es como si pidiésemos Su Realeza (energía increada) que nuestro Señor Jesús Cristo nos ha prometido. Aquel que pide Su realeza increada lo tiene todo. “Pedid primero la realeza de Dios… y todo lo demás, os será añadido” (Mt 6,33). Todas nuestras necesidades serán satisfechas. Con nuestras obras, pues, y nuestra vida, es decir, en praxis pedir primero la Realeza increada de Dios.

Lo de ἔλεος (eleos) de Dios es la fuerza y energía increada de la Divina Realeza. Teniendo el divino ἔλεος (eleos) tenemos todo lo que necesitamos para nuestra sanación y salvación. La Divina Liturgia hacia allí nos conduce, hacia la Realeza increada de Dios; es la misma, “Bendita la Realeza del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”.

El Dios escucha y contesta a un «Κύριε, ἐλέησον…Kirie, eléison», según la pureza y sencillez que tenemos en nuestro interior. Aunque grites mil Kirie, eléison, nunca tendrán efecto mientras sigues haciendo el mal, si sigues en acción en el pecado y permaneces sin metania.

«Κύριε, ἐλέησον…Kirie, eléison» hace milagros cuando estamos limpios, puros. Además, lo encontramos muchas veces al Evangelio:

Eleisón nos, Señor, hijo de David clamaban los dos ciegos que se encontraban al filo de la calle e inmediatamente ellos vieron (Mt 20,30).

Jesús maestro, eléison nos…, clamaban los diez leprosos que se encontraban al extremo de la ciudad y nada más acercarse a ellos se curaron y se limpiaron de la lepra (Lc 17.13-14).

Señor, eléison a mi hijo, que es lunático, y padece muchísimo…, imploraba su padre desgraciado, y el Señor hizo Su milagro» (Mt 17,15).

En el mar de Tiberiada, cuando comenzó la tempestad, los Discípulos se asustaron de la altura de las olas y asustados despertaron al Señor diciendo: “Señor, sálvanos, -eléison nos- nos estamos hundiendo (Mt 8,25). ¡Y el Señor se levantó, paró los vientos y al mar revoltoso y el milagro se produjo!

¿Qué gritaba la mujer Cananea detrás de Cristo? Eléison me, Señor hijo de David, mi hija se demoniza malamente… Y el Señor mientras comprobó su fe, para que tomen eejmplo las siguientes generaciones hasta hoy, hizo su milagro y dijo: “¡Mujer tu fe es grande! Hágase como tú quieres” (Mt 15, 22-28).

Por este «Κύριε, ἐλέησον…Kirie, eléison» empieza también la teología de la “oración del corazón o de Jesús o noerá”.  

Una vez una psique (persona, alma) joven me narró lo que la había pasado durante la oración nocturna. Oraba con el composkini (rosario ortodoxo) en el Nombre de Jesús Cristo, “Señor Jesús Cristo eléison me…” Hacía esta oración una, dos tres…horas, mucha oración. Girada, hundida al interior de su corazón.

Un momento dentro de la tranquilidad y el silencio que se encontraba aparece ante ella el diablo entero!  El diablo se arrodilló en sus pies y la dijo:

-Te ruego… (El diablo rogando!!! El diablo que es el miedo y el terror de muchos cristianos, de los de poca fe y cobardes… el diablo se pone de rodillas y ruega!), te ruego que no lo digas este Nombre, es decir, el de Cristo y yo te regalaré todo el mundo!

Le dijo: “No adores el Nombre del Señor y yo te regalaré todo el mundo. Yo te daré toda la gloria, poder y fuerza que quieras. Y como se trataba de una persona joven, añadió: “ Y te daré eros (amores sexuales) y muchos serán arrastrados a tus pies, sólo que no digas este Nombre!

El «Κύριε, ἐλέησον…Kirie, eléison» en la Divina Liturgia nos muestra tres cosas:

Primera: que la ceremonia es hecha no sólo por el Sacerdote sino también de la presencia obligatoria del pueblo y especialmente de los bondadosos e inocentes niños.

Segunda: con estas dos palabras “Kirie, eléson” confesamos que todos los bienes necesarios celestes y terrenales las recibimos gratis del Señor.

Tercera: es que para sanarnos y salvarnos tenemos necesidad del divino el ἔλεος (eleos clemencia, compasión, misericordia, caridad, ayuda, piedad). Sin la misericordia increada de Dios no hay sanación y salvación.
El puente de unión entre el Dios y el hombre que peca lo hace exclusivamente la divina misericordia (ἔλεος, éleos) increada. No son nuestras obras, ni nuestras supuestas virtudes y ayunos, tampoco nuestras vigilias y caridades nos salvan. Ninguna otra cosa “obliga” a Dios triádico a sanarnos y salvarnos, el Hijo y Logos (increado) de Dios bajar desde el cielo y convertirse en hombre, el Θεάνθρωπος (zeánzropos) Dios y hombre Jesús Cristo, a padecer, a ser crucificado, morir y resucitar en doxa (gloria, luz increada), sino sólo Su santísima misericordia (ἔλεoς) increada!

Por eso, en la Divina Liturgia la imploración in-interrumpible y constante, la más efectiva, ardiente y reducida súplica y oración es el «Κύριε, ἐλέησον…Kirie, eléison.» Con estas dos palabras se expresa nuestra posición real y correcta ante el Dios y todo el misterio de nuestra sanación y salvación.

Pidamos, pues, el ἔλεος (éleos clemencia, compasión, misericordia, caridad, ayuda, piedad), sin importar el tiempo y la hora, para nosotros mismos, para los nuestros y nuestros hijos, para los parientes y amigos, para todos los Cristianos Ortodoxos. Porque sólo el el ἔλεος (eleos clemencia, compasión, misericordia, caridad, ayuda, piedad) increado de Dios nos sanará y salvará a nosotros, a los demás y a nuestra Patria.

¡Kirie, eléison! ¡Kirie, eléison! ¡Kirie, eléison!

Protopresbítero Stefanos Anagnostópulos, de su libro: 

EXPERIENCIAS DURANTE LA DIVINA LITURGIA”.

 Traductor xX.jJ

 

ΖΩΗ ΕΛ-ΛΟΓΟΣ Vida en lógica suprema

Feliz Navidad copia

Traducción repasada el 22/10/2025

Desde la Santa Montaña del Athos

Desde la Santa Montaña del Athos, el jardín de nuestra Παναγία (Panaghía: la Santísima, la más Santa), dirigimos nuestras bendiciones fraternales. Nos congratulamos y compartimos con todos nuestros hermanos ortodoxos, honorables miembros del Cuerpo de Cristo, la alegría de celebrar las fiestas de la divina encarnación (humanización).

Alabamos y glorificamos junto con vosotros al Padre complaciente, al Hijo encarnado y al Espíritu Santo iluminador. Glorificamos asimismo a la perpetua Θεοτόκος (Zeotokos: Madre de Dios, la que a luz a Dios), quien, con su pureza inmaculada y su agapi (amor incondicional) perfecto, colaboró —con la energía de su voluntad— de modo decisivo en la Encarnación del Logos.

† Yérontas Georgios
Monasterio de San Gregorio, Athos

 

ΖΩΗ ΕΛ-ΛΟΓΟΣ Υ Α-ΛΟΓΟΣ

Vida el-Logos = en lógica, sensata
Vida a-logos = animal, insensata

Ahora que el Logos se ha encarnado, nuestra naturaleza humana supera la insensatez y la animalidad —la αλογία a-logía— y se transforma en el-Logos, es decir, en la Lógica suprema. No existe otra opción ni esperanza de vivir la vida el-Logos (la vida con la Lógica divina) fuera del Logos encarnado.

Puesto que el Logos se ha hecho cuerpo-carne, puede liberar y disolver nuestra a-logía (animalidad, insensatez, irracionalidad,) y elevarnos a la vida el-Logos (vida creada en la Lógica divina y espiritual), conforme a nuestra naturaleza, “como a imagen de Dios”.

El Logos, Cristo, cuando lo recibimos en nuestra ματάνοια metania cotidiana, vence nuestros pazos a-logos (pasiones irracionales, bajos instintos animales, vicios, adicciones) y logicotiza —es decir, hace lógica, cristifica— nuestra psiquealma y nuestro cuerpo.

La continua oración del corazón u Oración de Jesús —«Κύριε Ιησού Χριστέ, Υιέ και Λόγε του Θεού, ελέησον με Kirie Jesús Cristo, Hijo y Logos de Dios, eleisón me, que soy pecador»— hace la catarsis, purifica y gratifica nuestro corazón, de modo que en su interior pueda manifestarse el Logos Cristo.

Desde el pesebre de nuestro corazón —el centro mismo de nuestra existencia— el Logos transforma, metamorfosea la vida a-logos (insensata, animal) en vida el-Logos (en Lógica divina), vida divino-humana.

A cada momento corremos el riesgo de caer de la vida el-Logos en Cristo, a la vida a-logos, irracional o carnal, sin Cristo. Por eso la invocación continua del Logos mediante la oración del corazón es necesaria e incesante.

En el fondo mismo de los acontecimientos de la Navidad se revela la agapi infinita (amor increado) de Dios Padre y la humildad de su Hijo encarnado, que la teología patrística denomina kénosis (vaciamiento, despojamiento), pobreza, economía, infinita condescendencia y filantropía divina.

No existe otro camino hacia Dios que el que Él mismo ha abierto descendiendo a la tierra: el camino de la humildad.

El Logos encarnado es el cimiento de la Iglesia y de la existencia personal del hombre.

Para nosotros, los ortodoxos, nuestro Padre celestial crea el mundo y permanece siempre presente en la creación por medio de sus energías increadas. Incluso la flor más pequeña da testimonio de la presencia y sabiduría de Dios.

Como enseñan los Santos Padres, Él tomó de nosotros aquello que no tenía —la naturaleza humana— para darnos lo que nosotros no poseíamos: la zéosis (glorificación deificación). Así, Dios se hace hombre para que cada hombre, por la Χάρις (Jaris: Gracia increada) es decir, por la energía increada de Dios, pueda hacerse dios por participación.

El humanismo helénico antiguo alcanzó elevadísimos niveles, pero no pudo tender el puente sobre el abismo que separa a Dios del hombre. Ese abismo ha sido finalmente unido por iniciativa divina, mediante la Encarnación del Hijo.

Así, en la Cristogénesis (Navidad), nace el Θεάνθρωπος (Zeánthropos: Dios-Hombre), y con Él surge el nuevo humanismo: el zeantropismo (divino-humanismo). Se cumple así la profecía de Sócrates (Platón, Apología 31).

El th-zeantropismo heleno-ortodoxo, por tanto, no destruyó el antiguo humanismo, sino que lo asumió, lo purificó del paganismo y lo metamorfoseó, transformó…

…Pero ¿puede realmente liberar al ser humano este “humanismo” ateo y materialista, a menudo antieclesiástico, que pretende presentarse como liberación?
¿Puede el hombre ser verdaderamente libre cuando no se libera de su egoísmo y de sus pazos, y cuando su libertad creada no procede de la libertad increada de su Creador?

…El llamado “humanismo” ateo, que se enfrenta y enemista con el th-zeantropismo (divino-humanismo) de nuestra Tradición Ortodoxa, reduce al ser humano a su existencia terrenal y animal. Este “humanismo” lo considera un animal evolucionado, una máquina económica y consumista, apartando de su horizonte su origen divino y su dignificación en Dios y la eternidad, más allá de la existencia terrenal.

…Apostatar del Θεάνθρωπος (Dios y Hombre) equivale a volver al barbarismo.

Dicen los Santos Padres: «Cristo se ha hecho hombre para hacernos dioses por la Jaris (Gracia) increada.»
Se empobreció para enriquecernos.
Descendió a la tierra para elevarnos al cielo.
Se humilló para glorificarnos, divinizarnos.

Con la μετάνοια metanía continua y diaria —es decir, con la oración del corazón: «Jesús Cristo, Hijo y Logos de Dios, eleison me»— el Logos se encarna en nuestros corazones, tal como en la cueva de Belén. Ilumina las partes enfermas, malolientes y oscuras de nuestro establo interior, transformándolo en su morada luminosa. Entonces, nuestra psique-alma se alegra como la Señora Th-Zeotokos, los ángeles, el justo José y los pastores.

Aquellos que han intentado encerrar en su lógica humana el Misterio de la Encarnación del Logos o el nacimiento del Hijo de Dios, han fracasado. Han formado un Cristo tergiversado: un ídolo de la lógica, la razón creada y limitada, que no es el Dios manifestado, el Logos increado del Padre.

En cambio, los humildes, sabios y santos Padres nos han transmitido al Verdadero Cristo del Evangelio: Perfecto Dios y perfecto hombre;
el Logos de Dios, la Segunda Hipóstasis de la Santa Trinidad,
que asumió la naturaleza humana y la unió a Su divinidad
«sin confusión, sin cambio, sin división y sin separación» (IV Sínodo Ecuménico).

Así posee no sólo dos naturalezas perfectas, sino también dos voluntades y dos energías: la divina increada y la humana creada. Si fuera sólo Dios o sólo hombre, no podría salvarnos. Nos sana y nos salva porque es Θεάνθρωπος Zeántropos, Dios y hombre verdadero, cuyas dos naturalezas son completas y perfectas; dos naturalezas, pero un solo Cristo.

Por agapi infinita, tomó, se revistió y se rodeó de nuestra naturaleza humana enferma y mortal para sanarla, divinizarla e inmortalizarla.
Este es el Cristo verdadero en quien creemos ortodoxamente.

«El Misterio no requiere investigación, sólo alabanza con fe.»
Por este Misterio han teologizado nuestros santos Padres, y por él han dogmatizado infaliblemente los Santos Sínodos Ecuménicos.

Nos alegramos y gloriamos porque sólo nuestra Santa Iglesia Ortodoxa cree rectamente en Cristo, que es su Cabeza y Señor eterno. No lo sustituye con un papa infalible, ni exagera Su naturaleza humana hasta oscurecer Su divinidad, reduciéndolo a mero modelo ético. Tampoco confunde Sus dos naturalezas, como hacen los monofisitas.

Ciertamente, este tesoro de la Fe Ortodoxa lo poseemos en “vasos de barro” (2 Cor 4,7), es decir, en nuestras frágiles y pecadoras existencias. Pero, por la Jaris increada de Dios, guardamos el tesoro.
Este tesoro no puede negociarse ni diluirse en diálogo alguno o acuerdo humano.

El bienaventurado Paísios me escribió una vez: «Los dogmas no entran al Mercado Común.»

Y añado: la arrogante y orgullosa Europa —y el mundo entero— necesita hoy de estos dogmas, porque sólo ellos pueden conducir al ser humano al encuentro con el Verdadero Cristo, el que se encarnó de la Virgen, fue crucificado y resucitó.

Jesús Cristo no juzga a nadie —como Él mismo dijo (Jn 12,47)—, pero el mundo se juzga a sí mismo según su actitud frente a Él.

También nosotros, los ortodoxos, somos juzgados cuando no valoramos el tesoro inestimable de la Ortodoxia que se nos ha entregado y confiado. Clero y laós (pueblo) somos juzgados por cómo y cuánto creemos y vivimos ortodoxamente en Cristo.

Si no lo hacemos, la fe y la Βασιλεία (Vasilía: Realeza increada, espiritual, es decir la Jaris) se apartarán de nosotros y serán dadas «a un pueblo que produzca muchos frutos» (Mt 21,44)…

Jesús, el Cristo, es el verdadero Sacerdote, Rey y Profeta. Por medio de Él, el nuevo Adán, también nosotros, los cristianos, podemos recuperar los atributos profético, sacerdotal y real que habíamos perdido con la caída del primer Adán.

¡Cuán grandes y admirables son los dones del Señor Jesús!

Como profetas, podemos conocer los misterios de la  Βασιλεία Vasilía increada de Dios, aquellos ocultos desde los siglos (cf. Col 1,26).
Como sacerdotes —y sacerdotisas en el sentido espiritual— podemos ofrecer en sacrificio de alabanza toda nuestra existencia y toda la creación al Creador.
Y como reyes —y reinas— podemos reinar, con la χάρις (jaris: gracia, energía increada) de CristoDios, sobre nuestros pazos vicios irracionales, sobre nuestras pasiones y adicciones insensatas y animales, sometiéndolos al Espíritu de Cristo.

† Yérontas Georgios Kapsanis
Monasterio de San Gregorio, Santa Montaña del Athos

Traducción Χρῆστος Χρυσούλας Jristos Jrisulas https://logosortodoxo.es/