La nueva eclesiología (herética) del Patriarca Ecuménico Bartolomé

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Nota: el texto escrito más abajo lo firman seis Metropolitas, muchos Yérontas y Abad de monasterios, clérigos, monjes y laicos.

Aquellos de los clérigos, monjes y laicos desean participar en esta pequeña declaración de confesión ortodoxa pueden manifestarlo y declararlo escribiendo: “Estoy de acuerdo con el texto contra la “Nueva eclesiología herética del Patriarca Bartolomé” y la firmo personalmente. Enviar la afirmación con sus nombres, la calidad de clérigo, monje o laico y su profesión en la dirección: Periódico: Teodromía, c/ Tsimiskí 128 CP 54621 Tesalónica, Fax: 0030 2310 2765590 y e-mail: sinaxiorthkm@gmail.com

Con tristeza hemos sido todos testigos de los acontecimientos que han ocurrido hace unos meses en Tierra Santa. Entre tantas cosas, el Patriarca Bartolomé en el marco de su encuentro con el Papa Francisco en Jerusalén el 25 de Mayo 2014, declaró y presentó una eclesiología novedosa y totalmente ajena hacia la Ortodoxia; esto es la peor expresión y la culminación del camino desviado eclesiológico, que ya hace tiempo había comenzado; esta nueva eclesiología (herética) rechaza la indestructibilidad y la incorruptibilidad de la Iglesia; aunque la Iglesia, según los santos Padres, es el “Θεάνθρωπος Χριστός zeánzropos Jristós Dios y hombre Cristo” prolongado en todos los siglos y en toda la eternidad. Por eso la Iglesia no tiene “manchas, ni verrugas, tampoco arrugas o algo semejante1”. Por el contrario, según las palabras del Patriarca, la Iglesia a pesar de la voluntad del Omnipotente o Todopoderoso Cristo, se ha disgregado o dividido.

 

1. Redacciones de la eclesiología de la “iglesia disgregada o dividida”

“La Iglesia Una Santa, Católica y Apostólica, fundada por el “ἀρχῇ Λόγου arjí Logos en el principio Logos” , del “ser real de Dios ὄντος πρός τόν Θεόν, ontos pro ton Zeón,”, y “Dios realmente Logos, Θεοῦ ὄντος Λόγου ”, según el evangelista de la increada agapi y la verdad increadas, desgraciadamente se ha disgregado o dividido en el tiempo, durante su presencia en la tierra, a causa de la preponderancia y la supremacía de la debilidad del hombre y de la limitada, variable y finita voluntad humana. Así se formaron situaciones y grupos varios, de los cuales cada uno reivindica “autenticidad” y “verdad”. Pero la Verdad increada es Una, el Cristo, y Una Su Iglesia creada por Él.

Desafortunadamente, prevaleció el factor humano, y por la acumulación de añadidos “teológicos”, “prácticos” y “sociológicos”, las Iglesias locales fueron conducidas a la disgregación, división de la unidad de la fe, al aislamiento y a veces en un conflicto polémico2..

Esta posición no es del todo nueva; ya desde muy temprano, el Patriarca Ecuménico había expresado su opinión sobre la igualdad de la Iglesia Ortodoxa y de la herejía del Papismo:

“Ha surgido una compresión mistiríaca-sacramental de la Iglesia común, mantenida y transmitida diacrónicamente desde la sucesión apostólica […], pero la Comisión Mixta se ha permitido declarar que nuestras Iglesias se reconocen una la otra como Iglesias Hermanas y comparten en común la responsabilidad de salvaguardar la Una Iglesia de Dios, con fidelidad al plan divino, y con una forma específica a lo que concierne la unidad […] Con esta perspectiva promovemos nuestros creyentes, Católicos y Ortodoxos, a reforzar el espíritu de fraternidad, el que proviene de un Bautismo y de la participación a la vida mistiríaca-sacramental.3

“Para la concienciación de los elementos nocivos y perjudiciales de la vieja levadura, que es la condición de la verdadera y salvadora metania, el diálogo es muy beneficioso y útil […] Es decir, como una Iglesia reconoce que la otra es portadora de la donadora divina jaris* (gracia, energía increada) y cabeza o guía de la salvación, el intento de arrancar creyentes de una para la otra, queda excluido por este reconocimiento. (*El papismo no acepta la jaris gracia como energía increada sino como creada, esto es una blasfemia al E. Santo, según los Santos Padres. Aquí ya tenemos un error grave, no hablamos el mismo lenguaje que el papismo, puesto que no aceptan la jaris increada. Los herejes utilizan la misma terminología helénica ortodoxa con distinto sentido y significado, así el pueblo fiel está engañado). Porque cada Iglesia local no es una competidora de las demás Iglesias locales, sino un cuerpo con estas y desea que viva esta unidad en Cristo, es decir, la apocatastasiss, restablecimiento de la unión perturbada en el pasado, y no la absorción de la otra”4 .

Esta apertura y ampliación extraña y paradójica de la Iglesia no ha dejado fuera del círculo a los heréticos Protestantes; y sobre el tema en cuestión de la 9ª Asamblea General del Consejo Internacional de la Iglesia en Porto Alegre (febrero 2006), el señor Bartolomé, en el año 2008, dijo:

“Liberados de las rigideces y crispaciones del pasado y decididos a permanecer unidos y trabajar en común, hemos puesto hace dos años, en Porto Alegre, las bases para un nuevo período en la vida del Consejo5.

Para sorpresa de todos, el texto final de aquella Asamblea proclama sobre las “iglesias” del Consejo Internacional de las Iglesias (CII):

“Cada Iglesia es Iglesia Católica, pero no su totalidad. Cada iglesia cumple y realiza su catolicidad cuando está en comunión con las otras iglesias […] Uno sin el otro estamos empobrecidos, en quiebra”6

El metropolita J Ziziulas de Pérgamo, consejero teológico del Patriarca, también considera que están dentro, en la “iglesia”, todas aquellas divisiones, herejías y cismas que aplican cualquier “bautismo”:

“El bautismo crea un límite o frontera en la Iglesia. Ahora con este límite bautismal es normal que exista división, pero cualquier división dentro de estos límites no es lo mismo que la división que hay entre la Iglesia y los que se encuentran fuera de este límite bautismal […] Aún dentro al bautismo, aunque haya una división, una disgregación y un cisma, se puede hablar sobre Iglesia”7.

Ampliando de manera abstracta y arbitraria las fronteras de la Iglesia, el señor Juan Ziziulas delimitó sobre esto también el campo de las herejías; según él, toda herejía que no se opone expresamente del Símbolo de la Fe “hace eclesiología y es eclesiológica”, es decir, como el Monotelismo (una voluntad) y el Monofisismo (una naturaleza, de los llamados “precaledonios”), la iconoclasia, el anti-hisicasmo, el filetismo étnico etc.

“La herejía, es decir, la desviación de esto que cree y confiesa con el Símbolo de Fe la Iglesia, conduce automáticamente fuera de la Iglesia. Pero el problema comienza desde el momento que desde este punto de vista se absolutiza […]”8.

Todo lo anterior se ve como una proyección y ampliación de la antigua propuesta del Patriarca Athenagoras, mentor de los artífices y protagonistas de la Panherejía del Ecumenismo.

“En el movimiento hacia la unión, no se trata de que una Iglesia debe caminar hacia la otra, sino que todos reestructuremos la Una, Santa, Católica y Apostólica Iglesia, en coexistencia entre Oriente y Occidente, tal y como vivíamos hasta el 1054, a pesar de las diferencias teológicas que entonces existían9.

 

 2. La aplicación en práctica diacrónicamente de la nueva eclesiología.

Estas convicciones del Patriarca Ecuménico se han demostrado en práctica con distintas manifestaciones del ente ecumenista; por ejemplo, la presencia y oración común del Patriarca Ecuménico en la fiesta de entronización del Papa Juan Pablo II (Junio, 1995), en el entierro del Papa Juan Pablo II (abril 2005), en una misa papista en el Vaticano (Junio 2008), en sesiones de sínodo de obispos papistas (Octubre 2008) y en primera misa oficial del Papa Francisco (Marzo 2013); por la bendición común de fieles ortodoxos por Bartolomé y el cardenal Cassidy (fiesta patronal, Fanar, Costantinopla Mayo 1992), como también la coparticipación del Papa Benedicto XVI en la Liturgia Patriarcal en Fanar, (noviembre 2006), donde el Papa vistiendo el escapulario, recitó el “Padre Nuestro” y se coreó el “polyjronios, por muchos años”; Por la reciente oración común (Mayo 2014) en Jerusalén ante el Santo Sepulcro. Aún, por la adjudicación de un santo Cáliz como regalo al nuevo elegido obispo uniata de Karkavía (en Atenas, mayo 2008); por la participación del obispo papista Louis Pelâtre en vísperas de la agapi en Fanar Pascua 2009, costumbre que continuó para los próximos años, con entrada de los heterodoxos en el sagrado Altar por la Bella Entrada; por la participación del señor Bartolomé en el Sínodo de los Aglicanos en Labeth Palas (noviembre 1993). Todas estas cosas y muchas más, se han realizado con oraciones, alocuciones y manifestaciones eclesiológicas comunes. Bajo orientación ecumenista, el señor Bartolomé no dejó de instar al bienaventurado Neófito, Patriarca de Bulgaria para que regresara al movimiento ecumenista de donde se había alejado desde 199810.

 

 3. La negación del Símbolo de la Fe, “en creer en Una Iglesia”

Las declaraciones y los acontecimientos anteriores definen la línea eclesiológica firme del Patriarca Ecuménico Bartolomé. Su reciente declaración en Jerusalén manifiesta claramente la contradicción y es obvio el doble lenguaje de esta eclesiología herética, que es una característica del Ecumenismo, puesto que por un lado proyecta Una Iglesia y por otro lado, la califica como “disgregada o dividida en el tiempo”. Sobre el tema en cuestión, el texto crea confusión y obviamente no procede del Espíritu Santo, que es un Espíritu “ortodoxo, recto y correcto”11. Es obvio que esta posición es una negación consciente, por lo menos de la unidad de la “Una Iglesia”, como cualidad y hecho ontológico de ella. La inclusión de esta cualidad en el artículo eclesiológico del Símbolo de la Fe, constituye el testimonio de la autoconciencia y la experiencia de la Iglesia en Espíritu Santo y por consiguiente, aquel –clérigo o laico- que pone en duda o rechaza conscientemente la fe de la Iglesia, tal y como esta está determinada y delimitada con exactitud y precisión de los Términos de los Sínodos Ecuménicos y especialmente con los artículos del Símbolo de la Fe, obviamente decae del Cuerpo de la Iglesia, estando sujeto al cese o la excomunión, según los Sínodos Ecuménicos12.

 

 4. La Iglesia es eternamente indestructible y la unidad entre Cristo y fieles inquebrantable

¡La promesa contundente del Señor de que “las puertas del Hades (infierno) no prevalecerán”13 contra la Iglesia, y mucho más con la afirmación de que “lo insensato de Dios es más sabio que los hombres, y lo aparentemente débil de Dios es más fuerte que todos los hombres”14, derrumba y desmonta toda afirmación sostenida por el Patriarca de que “ha preponderado y prevalecido el factor humano” durante el II milenio de Su historia! Las afirmaciones de los santos padres en esta cuestión son claras: Cristo, “en medio” de la Iglesia, “la donó, dotó de poder, capacidad y fuerza de no ser removida, ni quebrantada, ni perturbada”15. San Gregorio el Teólogo llama la Iglesia “la gran herencia de Cristo, que nunca cesará, sino siempre caminando”15, mientras que San Juan Crisóstomo proclama que la Escritura llama a la Iglesia “montaña, por su inmutabilidad, y piedra, por su incorruptibilidad” 16. San Nectario de Pentápolis, conforme con la confesión de todos los santos Padres, asegura que la Iglesia es “la única columna y fundamento de la verdad”17, porque el Espíritu consolador permanece en ella en todos los siglos”18. La presencia continua del Espíritu Santo salvaguarda a la Iglesia, y por esto, la obra de Cristo es completa, perfecta y “terminada”, quien “habiendo terminado Su obra, ha dado el gozo y alegría a sus amigos”19.

En la Iglesia creemos como edificio o institución eterna divino-humana, “la que no sólo se extenderá en toda la tierra sino también en todos los siglos”20; y por consiguiente, no se derrota ni pasa por el tiempo; es obvio que esta dimensión espacio-tiempo no concierne una Iglesia “atemporal o fuera del tiempo”, sino militante “en el tiempo”, la que por supuesto a la vez es históricamente muy visible como unión y comunión de fieles21, porque es la ciudad “construida encima de la montaña” y “casa de Dios admirada por todos”22 .

La unidad sobrenatural de la Iglesia como Cuerpo de Cristo es algo que está hecho, absoluta e irrevocablemente garantizado por la Cabeza de la Iglesia23, el Cristo, con la continua presencia de Su Espíritu Paráclito o Consolador en Ella24, ya desde el Pentecostés hasta el fin del mundo. Los fieles como Cuerpo de la Cabeza, de Cristo, son Su complemento imprescindible, “la plenitud del que cumple todo en todos” 25; por eso no se puede entender la Una Iglesia “fuera del tiempo”, es decir, sin los fieles de la tierra; San Juan Crisóstomo dice: “Porque donde está la cabeza allí está también el cuerpo; no hay un intervalo para separar la cabeza del cuerpo; pues si hubiera una separación, ya no habría cuerpo, ni una cabeza (…). La unión de los miembros forma el cuerpo, no hay ninguno que no le sea necesario. Ved cómo muestra esta necesidad de todos los miembros. Es necesario, pues, que nada falte para que Su cuerpo esté completo. Cuando la cabeza tiene su complemento entonces el cuerpo es perfecto, cuando estamos unidos y congregados todos juntos” 26. Por eso también el Dios es glorificado en Cristo y en el Cuerpo de Cristo, la Iglesia, de la que Salvador y Sanador es el único Dios y hombre 27, quien “alimenta y cuida de ella” 28. El que no cree en la continuidad de la Encarnación, la Iglesia, no cree en Cristo; la Iglesia es la continuidad de la Encarnación que tuvo lugar en el tiempo. Y tal y como nuestro Señor fue visto, tocado y venerado en cuerpo y en el tiempo, del mismo modo continua ocurriendo con Su Cuerpo, la Iglesia –unida y santa- en el tiempo. Si aceptáramos la división de la Iglesia, aceptaríamos la anulación o aniquilación de la Encarnación y de la salvación del mundo29.

 5. Como Cristo “no es dividido”, la unidad es un hecho, dado como “propiedad” de la Iglesia.

La Iglesia teniendo como hecho ontológico Suyo la unidad, no la busca, sino que la mantiene: “solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz; la que estará reinando entre vosotros y os estará uniendo y manteniendo en un cuerpo espiritual”30; esta es la característica esencial de la Iglesia, puesto que “el nombre Iglesia no es separación, sino unión y acuerdo en paz”31. Una Iglesia dividida y truncada es una quimera, de risa y una fina fantasía. San Nectario de Egina el Milagroso, dirigido contra la teoría protestante sobre “la Iglesia invisible”, parece preguntar e interrogar al Patriarca Ecuménico: “¿Para qué está y qué sentido tiene el nombre de Iglesia, si los miembros son aislados y se desconocen unos a otros y no constituyen un sistema orgánico, ni una unidad real, en el verdadero sentido de la palabra?”32.

La unidad dogmática de la fe es, pues, un hecho de la Iglesia; así como Cabeza de la Iglesia, el Cristo, no se puede dividir33 , así también en la Iglesia hay “un Señor, una fe, un bautismo”34 y no una polifonía dogmática; la Iglesia forma una fe íntegra e unificada en su tripulación cristiana; según san Máximo el Confesor: “La Iglesia conecta y reúne a los fieles con una fe, una jaris (gracia, energía increada) y una llamada, contrayendo la unidad entre ellos” 35 .

 6. La escisión de los heréticos no perjudica la Iglesia.

Aquel que decae de la homofonía o consenso de la confesión teológica, y se convierte en sarmiento seco que se ha cortado de la vid36, el mismo es responsable de esto, como claramente lo advierte san Juan el Crisóstomo: “Permanece en la Iglesia y no serás traicionado por la Iglesia. Si abandonas la Iglesia, no es la Iglesia la causa (…). La Iglesia no te ha abandonado, sino que tú mismo la has abandonado (…). Si la abandonas, te arriesgas a convertirte como una bestia salvaje; pero no es culpa de este redil, sino de tu pusilanimidad (…). La Iglesia no es el muro, sino la fe y la vida” 37.

De acuerdo con lo anterior, la escisión de los heréticos latinos y la ausencia de los heréticos protestantes de la Iglesia Una y Católica no La ha perjudicado, (“no serás traicionado por la Iglesia”), ni La hizo daño, ni tampoco podría perjudicarla; de forma muy clara los Patriarcas ortodoxos en el Sínodo del siglo XVIII, manifestaron la naturaleza divino-humana incorruptible de la Iglesia, y la caída de los latinos, a causa del orgullo del papa: “Después de años bajo la influencia del demonio, el papa de Roma, habiéndose apartado y cayendo en innovaciones, en otros dogmas y otras enseñanzas raras, ha sido separado de los miembros del Cuerpo de la piadosa Iglesia y se escindió… Ahora, las cuatro partes de la vela del barco han sido mantenidas en su lugar, unidas y entrelazadas entre sí, por las que navegamos fácilmente sin naufragar entre las olas del mar de esta vida (…). Así, para nosotros, la Iglesia piadosa de Cristo se mantiene sobre cuatro pilares, es decir, los cuatro Patriarcas y se mantiene imperturbable, irreprochable e inquebrantable”38.

Por supuesto que, la herejía no es solamente un mal causado en los fundamentos esenciales de la fe eclesiástica, sino también en sus aspectos menores, los cuales en el tiempo siempre se empeoran. Junto con muchos otros santos, el Patriarca de Constantinopla, San Tarasio, observa: “Por lo que respecta a los dogmas, errar en pequeño o alto grado es lo mismo; porque en los dos casos, la ley de Dios es rechazada” 39. Y el gran Patriarca de Constantinopla, Genadio II, concuerda con esto: “El que peca, en grandes o pequeñas cosas concernientes de la verdad de la fe, es hereje”40.

 

 7. ¿Se ha abolido la Santidad o sacerdocio de los Obispos?

La interpretación coherente de esta nueva eclesiología hace al Patriarca y a todos los obispos “deficientes” con relación al verdadero sacerdocio o santidad de Cristo, y en consecuencia, son vicarios (o observadores, controladores locales), y no sucesores de sus tronos, son supervisores, y ya no celebrantes perfeccionados (los que han llegado al tercer estadio, la zéosis o contemplación de la increada luz) de los divinos Misterios de la Iglesia. Si el Patriarca Bartolomé tiene razón y dice la verdad, entonces los obispos no participan en la plenitud del sacerdocio o santidad de la Iglesia. Si la Iglesia, el Cuerpo de Cristo, se ha disgregado o dispersado en el tiempo, entonces la jerarquía eclesiástica, la que está en Espíritu Santo en comunión con la jerarquía celestial según San Máximo41, tiene fragmentada la iluminación de la Santidad o sacerdocio, porque “por la divina visión o contemplación, primero es iluminado el jerarca y a continuación transmite la iluminación a los que están a su cuidado, y a los que ha transmitido la iluminación los guía hacia el perfeccionamiento o la zéosis” (42).

De las anteriores breves y concisas, en lo posible, descripciones dogmáticas, está claro hasta qué punto se distancian de la Ortodoxia las declaraciones Patriarcales que se hacen en ciertas épocas: el Patriarca Ecuménico Bartolomé cree en una Iglesia “ampliada y dividida”; ampliada, porque considera a los heréticos de cualquier “bautismo”, como pertenecientes a la Iglesia en potencia, a pesar de sus dogmas heréticos y del cisma que les sitúa fuera de la comunión; y dividida, porque no existe intercomunión entre los ortodoxos y los heréticos. Según el Patriarca Bartolomé, a pesar de estar dividida “en la historia”, la Iglesia Una continua existiendo “en alguna parte y de alguna forma”. Pero es evidente en la fe de la Iglesia, que Su unidad es una cualidad ontológica inalienable de Ella, porque Ella es el Cuerpo del indivisible y todopoderoso Cristo Dios. Como Cuerpo de Cristo y culminación de Su obra, la Iglesia no puede dividirse, pues esto sería Su destrucción y “la derrota” de la Deidad, ni puede dejar de existir, porque Ella continúa el cumplimiento de sus promesas de la sanación y la salvación eterna sobre la tierra. La unidad del Cuerpo de la Iglesia está expresada entre otros también en la fe dogmática unificada y única, cuya duda constituye una herejía, duda de las condiciones, presuposiciones de nuestra sanación y salvación. Cristo ha revelado que el que se separa de la Viña, es decir, de Él mismo, se seca como el sarmiento y se pierde 43. El Señor Bartolomé considera que la Viña viva, exuberante y bendita del Cuerpo del Señor, es deficiente sin los sarmientos secos, que por su propia responsabilidad, se han cortado y disgregado, y es necesario, aún siendo seres muertos, como sea “injertarlos” de nuevo en Ella, en el Cuerpo celestial de la verdadera Vida, del Cristo Viviente.

 

 8. La reacción y resistencia pasada con la interrupción de la conmemoración del Patriarca Atenágoras

La eclesiología innovadora del Patriarca Ecuménico Bartolomé, ha impulsado al ecumenismo desde el punto de la devaluación de los dogmas y a causa de la característica del Patriarca Atenagoras llegue hasta la presente alteración terrible de la fe ortodoxa; obviamente, la proclamación de la “disolución” de la Iglesia Una es imprescindible para el ecumenismo, de tal forma que la “nueva iglesia”, “sea reestructurada y restablecida” en armonía con las especificaciones, requisitos y diseños ecumenistas.

Durante el tiempo del Patriarca Atenagoras, todo el Santo Monte Athos al completo, reaccionó a las aperturas ecumenistas de Athenagoras. Tres metropolitas de la Iglesia de Grecia ejercitaron la resistencia legítima prevista por los santos padres y los santos cánones, y aplicaron el canon apostólico 31 y el canon 15º del Concilio Primero-Segundo interrumpiendo la conmemoración del Patriarca. Lo mismo hicieron ocho monasterios athonitas: “Por decisión de la 52ª doble santa sinaxis (asamblea) extraordinaria Athonita del 13 de noviembre de 1971, […] y como autogobierno democrático, se deja a cada monasterio la libertad de actuar según su conciencia en esta cuestión” (44). Esta interrupción de la conmemoración, sin dar lugar por tanto a una separación o al cese total de la comunión, constituía una posición elogiable, porque como define el 15º santo canon del Concilio Primero-Segundo45 (año 861): los que actúen así “no rompen la unidad de la Iglesia con cismas, sino que por el contrario, la preservan y la libran de los cismas y las divisiones”; los que actúan con esta buena disposición interrumpen la conmemoración de los obispos heterodoxos, cuya voz no es conforme a la voz de la Ortodoxia ,“no condenaron a obispos, sino a falsos obispos y a pseudomaestros (o tiólogos)”, y por esta razón, “no solamente no serán expuestos a la pena canónica (…), sino que tendrán los honores debidos como dignos defensores de la Ortodoxia”46.

Estamos entristecidos, porque el camino de las cosas no inspira optimismo en cuanto a un cambio de dirección del Patriarca Bartolomé. Además en la próxima visita del papa Francisco al Fanar (Constantinópolis), con ocasión de la fiesta patronal de San Andrés, a finales del próximo mes de noviembre 2014, aparece otra vez en el sombrío horizonte una participación litúrgica creciente del papa heresiarca en la santa Liturgia ortodoxa, llevando el omoforio, con el abrazo litúrgico de la paz hacia él, (el cual no está previsto para los que no celebran y solamente asisten), con la recitación por él de la oración del “Padre Nuestro”, oración con clara referencia eucarística (“nuestro pan sobreesencial”), y que debe ser recitada por el que preside por parte del pueblo ortodoxo; así como la incensación del papa y la cesión del púlpito para predicar desde allí.

Todo esto no es una simple oración común, porque ciertamente la santa Liturgia, no comienza por “Acercaos con fe, piedad y temor de Dios”, sino por “Bendita sea la Realeza (increada…”47. (Por el traductor: Realeza increada, estado de tener y estar con la energía increada jaris-gracia y la doxa-gloria luz increada, y no reinos creados que predican los fantasmas del papismo y protestantismo; otra diferencia clara y muy grande que nos separa con los heréticos, mal utilizando y dando otro sentido a los términos helénicos). Según el padre Alexandre Schmemann “desde el punto de vista de la Parádosis (Divina Entrega, Tradición) el carácter mistiríaco (sacramental) de la Eucaristía, no puede estar limitado artificialmente a un acto, a un momento de todo el rito. Tenemos un “orden” en el que todas las partes y todos los elementos necesarios están orgánicamente unidos entre ellos en una estructura mistiríaca (sacramental). En otras palabras, la Efjaristía (Eucaristía) es un misterio desde el principio hasta el final y su cumplimiento o su terminación “es factible” por toda la divina Liturgia 48.

Rezamos de todo corazón y deseamos honestamente para que el Patriarca Ecuménico Bartolomé que se dé cuenta de su gran responsabilidad con respecto a los que conduce al engaño y por el despojo de la Iglesia de “la túnica de la verdad, tejida por la teología de lo alto por apocalipsis (revelación)”49. Nada, entre los dogmas ortodoxos, será nunca suprimido. Y nunca una decisión nueva, que altere a las antiguas, será añadida. Desarrollo dogmático no puede haber ninguno y de ningún tipo.50

“Mas el que os perturba con falsas enseñanzas llevará la sentencia y el castigo justo por parte de Dios, quien quiera que sea”51.

Ὁ δέ ταράσσων ὑμᾶς βαστάσει τό κρῖμα, ὅστις ἄν ᾖ»[51]

Traducido por: χΧ jJ logosortodoxo.es/ (en español)

 

Siguen las firmas de más o menos 2000 personas, Metropolitas, clérigos, monjes y laicos.

Aquellos de los clérigos, monjes y laicos desean participar en esta pequeña declaración de confesión ortodoxa pueden manifestarlo y declararlo escribiendo: “Estoy de acuerdo con el texto contra la “Nueva eclesiología herética del Patriarca Bartolomé” y la firmo personalmente. Enviar la afirmación con sus nombres, la calidad de clérigo, monje o laico y su profesión en la dirección: Periódico: Teodromía, c/ Tsimiskí 128 CP 54621 Tesalónica, Fax: 0030 2310 2765590 y e-mail: synaxisorthkm@gmail.com

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[1]. SAN JUSTINO POPOVITS, “Hombre y Dios-hombre”. Capítulos de Ortodoxa Eclesiología, Pág 182, y Ef 5,27.

[2]. El Patriarca Ecuménico al Patriarca de Jerusalén: Juntos guardamos las Termópilas espirituales y soberanas” http://www.amen.gr/article18151 (parágrafo 4).

[3]. «Common Declaration Signed in the Vatican by Pope John Paul II and Patriarch Bartholomew I, June 29, 1995», EWTN Global Catholic Network, http://www.ewtn.com/library/PAPALDOC/BARTHDEC.HTM. Βλ. καί Ἐπίσκεψις 520 (31-7-1995) 20.

[4]. Exposición a la delegación papal conducida por el cardenal William Keeler durante la fiesta patronal del Trono de Constantinopla (1998), en Episkepsis, nº 563 (31-11-1998).

[5]. Homilía sobre el 60 aniversario de la creación del Consejo Internacional de las Iglesias, en el templo de san Pedro en Ginebra, 17 Febr. 2008, en http://www.ec-patr.org/docdisplay.php?lang=gr&id=876&tla=gr.

[6]. Μτφρ. ἀπό τό Called to be the One Church, §6 καί 7 ἐν God, in your Grace … Official Report of the Ninth Assembly of the World Council of Churches, ὑπό Luis N. Rivera-Pagán, WCC Publications, Geneva 2007, σ. 257.

[7]. «Orthodox Ecclesiology and the Ecumenical Movement», Sourozh Diocesan Magazine (Ἀγγλία), τόμ. 21 (Αὔγουστος 1985), σ. 16.

[8]. “La Iglesia y Esjatología” metrópolis de Demetrias, Academia de estudios teológicos, Atenas, 2001, p. 30.

[9] Extracto del mensaje Patriarcal de Navidad 1967, del Archimandrita Athanasios J. Vassilopoulos, del amino del amor: visita del Patriarca Athenagoras en Iglatera- Noviembre, 1967, Atenas 1968 p. 87.

[10] Saludo de acogida de su santidad el Patriarca Ecuménico al Patriarca de Bulgaria, Neófito, en la sala del Trono (Constantinopla, 20 de septiembre de 2013, en http://www. ecpatr.org/docdisplay.php?lang=gr&id=1757&tla=gr : “Esperamos, Su Beatitud, que bajo vuestra sabia dirección, la Santa Iglesia ortodoxa de Bulgaria, participe según la tradición y la decisión de las reuniones pan-ortodoxas, en los diálogos inter-ortodoxos e inter-cristianos”.

[11] Salmos 50:12. y Santiago 5:12 “Que vuestro sí sea si, y que vuestro no sea no, a fin de que no caigáis en el juicio y la hipocresía”.

[12] Cf. 7º canon del Tercer Sínodo Ecuménico (ACO1,1,7,105e).

[13]. Mateo 16,18

[13]. Ματθ. 16, 18.

[14]. 1Cor 1,25

[14]. Α΄ Κορ. 1, 25.

[15] San Basilio el Grande, homilía a los salmos 45:5, PG 29B, 424B, C.

[16] San Gregorio el Teólogo, Homilía 4 (Contra el emperador Juliano), PG 35, 588C-589A. El texto de San Juan Crisóstomo se encuentra en las obras de San Juan Damasceno, Paralelos sagrados, PG 95, 1436A.

[17]. 1 Tim 3,5 Α΄ Τιμ. 3, 15

[18] San Nectario, 2º Tratados: I: Sobre la Iglesia, Una, Santa Católica y Apostólica. II: Sobre la Santa Tradición, ediciones Panagópulos, Atenas, 1987, p. 32.

[19] Pentecostarion, Maitines domingo de Pentecostés, canon yámbico, oda 1.

[20]San Juan Crisóstomo, Sobre el Salmo 44, PG 55, 203.

[21] De que es visible, esto se ve claramente de las Escrituras: cf. Hechos 2:41 y 2:47: “Y el Señor añadía cada día a la Iglesia más sandos y salvados”.

[22] Mateo 5:14, y San Cirilo de Alejandría, Comentario sobre el Profeta Isaías, 1, 2 PG 70, 69 A.B. Cf. Y a Eusebio de Cesarea, Preparación evangélica 6, 18 PG 22, 457D.

[23]. Ef 1. 22,23 Ἐφ. 1, 22.23

[24]. Jn 14,16 y Lc 24,49 Ἰω. 14, 16 καί Λουκ. 24, 49

[25] Efesios 1:22-23: “y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo”.

[26] En al epístola a los Efesios 1,2,3, PG 62,26.

[27] Efesios 3:21 “A Él la gloria en la Iglesia y en Cristo Jesús, por todas las generaciones de la edad de las edades”, y 5:23 “…así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador”.

[28]. Ef 4,29 Ἐφ. 5, 29

[29] “Un Sacerdote anóinimo ortodoxo griego: “sobre los recientes hechos de Jerusalén y sus implicaciones eclesiológicas”, en http//:www.orthodoxinfo.com/ecumenism/on-the-recent-events-in-jerusalem-and-their-ecclesiological-underpinnings.aspx

[30]. Ef 4,3 Ἐφ. 4, 3.

[31] San Juan Crisóstomo, Sobre la Primera Carta a los Corintios 1, PG 61, 13.

[32] San Nectario, Ibíd., p. 27.

[33]. 1Cor 1,13 Α΄ Κορ. 1, 13

[34]. Ef 4,5 Ἐφ. 4,5

[35] San Máximo el Confesor, Mistagogia 24, PG 91, 705B

[36]. Jn, 4-6 Ἰω. 15, 4-6

[37] San Juan el Crisóstomo: Cuando Eftropio se encontró fuera de la Iglesia 1, PG 52, 397

[38] Respuestas (1716/1725) de los Patriarcas Ortodoxos orientales a las imperfecciones de los anglicanos (respuesta 5), Juan Karmiris: “Los monumentos dogmáticos y simbólicos de la Iglesia católica ortodoxa”, Atenas, 1953, tomo II, p. 794 y siguientes.

[39] Séptimo Sínodo Ecuménico, Acta I, Mansi 12, 1031-1034.

[40] Al emperador, carta del 6 de marzo, por el cual responde Genadio Escolario a la situación, tomo 3, publicado por Louis Petit – X. A. Siderides, París, 1930, pag 161.

[41] San Máximo el Confesor, Comentarios sobre la Jerarquía Eclsiástica 5, 2.4 PG 4,161A

[42] San Máximo el Confesor, Comentarios sobre la Jerarquía Eclesiástica, 5, 2.4 PG 4, 164A. San Dionisio Areopagita, Comentarios sobre la Jerarquía Eclesiástica, 3, 2, PG 3, 428A.

[43]. Jn 15, 4-6 Ἰω. 15, 4-6

[44] Ver la carta del monasterio de Grigoriou en el periódico Theodromia 11/1 (enero-marzo 2009) 77. Todas las informaciones relativas figuran en las páginas 75-81.

[45] San Nicodemo el Aghiorita, el “Pidalion”, Astir, Atenas, 1982, p. 358.

[46] Cf. La opinión de San Nicodemo (Ibíd., p. 344) sobre los cánones del Concilio Primero-Segundo: “Son necesarios para la honestidad y la situación de la Iglesia, confirmados y validados por la Ley-Canon de Focio, de los intérpretes de los cánones y por toda la Iglesia”.

[47] Cf. Sacerdote A. Gotsopoulos, “Oración común con los heréticos. Acercamiento a la práctica canónica de la Iglesia”, en Theodromia, Tesalónica, 2009, pp. 118 y 113-118.

[48]. «Theology and Eucharist» (§6), http://www.schmemann.org/byhim/theologyandeucharist.html

[49] Contaquio del domingo de los santos padres del Cuarto Sínodo Ecuménico (13-19 julio).

[50] Cf. Arcipreste Georges Florovsky, “La Casa del Padre”, en anatomía de los problemas de la fe, the Anatomy of Problems of the faith, traducido por Aicim. Meletio Kalamarás, edición griega de Rigopoulos, Tesalónica, 1977, p. 133.

[51]. Gal 5,10

Traducido por: χΧ jJ logosortodoxo.es/ (en español)

 

LA ORTODOXIA ES LA ÚNICA FE VERDADERA, SANADORA Y SALVADORA

 

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Santa Metrópolis de Pireo

LA ORTODOXIA ES LA ÚNICA FE VERDADERA, SANADORA Y SALVADORA

El Santo Sínodo de la Iglesia de Grecia con su circular 2958 consolidó la fecha de 11 hasta 18 de octubre de cada año, como semana de lucha anti-herética. Aprovechado la ocasión, queremos comunicarnos con el pueblo creyente y amante de Cristo, para recalcar el máximo peligro que existe actualmente por la diversidad de herejías con múltiples nombres, que aparecen como lobos con piel de cordero, corriendo y combatiendo con ímpetu para devorar las psiques-almas humanas, “por las que el Cristo murió” (Rom 16,26). Señalar la importancia que tiene para nosotros los Ortodoxos Cristianos preservar la enseñanza patrística y hagiográfica de nuestra Iglesia.

En los esjatos últimos tiempos actuales que vivimos, ya domina la demoníaca doxasía (doctrina, veneración y alabanza) de que supuestamente en ninguna fe religiosa existe la verdad absoluta y la falsedad absoluta. Que supuestamente todas las creencias religiosas contienen verdades y mentiras y que realmente la verdad se encuentra en la combinación y unión de las creencias religiosas. Además, esto es el dogma básico del espíritu contemporáneo de ”la Nueva Era u Orden del Acuario”, según el cual podemos creer lo que queramos, siempre y cuando no se absolutiza nuestra fe, es decir, que no reivindiquemos la verdad absoluta, la que se encuentra en todos los credos religiosos.

Esto se llama sincretismo religioso, y desgraciadamente la larga acción corrosiva de las herejías y la prevalencia en buena parte del espíritu del ecumenismo, han provocado una alteración grave en la moral de la tripulación Ortodoxa. Desgraciadamente existen prójimos nuestros, los cuales manifiestan que son “Ortodoxos cristianos” y a la vez adoptan otras creencias extrañas y distintas que nuestra Ortodoxia y muchos de ellos ejercen prácticas de la red o complejo apócrifo-oculto contemporáneo de “la Nueva Era u Orden”, que absorbe elementos de las religiones orientales. Por ejemplo, mientras declaran que son “Ortodoxos cristianos” y llevan a cabo algunos de sus deberes religiosos, a la vez hacen ejercicios de yoga y meditación trascendental.  Declaran y creen en la reencarnación, en la astrología, en la práctica de la magia, y en incontables métodos de magias. Recurren a la “medicina holística” y otros “métodos terapéuticos alternativos”, que son los elementos básicos constitutivos de las religiones occidentales y “de la Nueva Era u Orden”.

Desgraciadamente el sincretismo religioso, socava también nuestra sana fe Ortodoxa, a través del espíritu ecumenista, el cual domina muchas personas eclesiásticas, patriarcas, obispos, clérigos, sacerdotes, archimandritas, monjes y teólogos laicos. Se trata del llamado “movimiento ecumenista”, que originalmente inventó el popurrí de los herejes protestantes, como intento de unión entre ellos; este movimiento se ha extendido al herético papismo y lamentablemente en los últimos años parte en nuestra Ortodoxia como una situación epidémica. El ecumenismo enseña que ninguna de las confesiones cristianas es la verdadera Iglesia de Cristo, por tanto tampoco nuestra Ortodoxia, sino que son “ramas” de la Iglesia.  La verdadera Iglesia consiste en la agrupación y unión de las “ramas”. Las particulares kakodoxías de las “iglesias” heréticas se califican como supuestas “tradiciones plurales”, y como “diversidades plurales de la tradición cristiana”. ¡La herejía para el ecumenismo cristiano se encuentra más allá del protestantismo!

Pero para nuestra fe ortodoxa no existen muchas “iglesias” y muchas verdades. Existe la “Una, Santa, Católica y Apostólica Iglesia de Cristo”, que no es otra que nuestra Ortodoxia, porque sólo ella tiene todos los elementos de la Παράδοσις (parádosis) Entrega y Tradición santa, hagiográfica y patrística. Sólo ella no se ha desviado de la enseñanza primitiva de la Santa Escritura y de los Padres Santos y Teoforos (portadores de la luz increada de Dios). Sólo ella no ha añadido ni ha quitado lo mínimo de nuestra fe de dos milenios de la una Iglesia creada e increada de Cristo. Creemos como Ortodoxos (y debemos creerlo) que lo que se autodenomina como “iglesia” fuera de la verdadera Iglesia que es nuestra Ortodoxia, es herejía y cisma. Creemos que la Iglesia, como cuerpo de Cristo no tiene errores ni se divide. Creemos también que nuestra sanación y salvación se realiza en Cristo y sólo dentro de Su Iglesia verdadera, como caja fuerte, salvaguardativa y administradora exclusiva de la Divina Jaris (gracia, energía increada). Al contrario, fuera de la Iglesia no existe salvación, como correctamente ha dogmatizado el gran Padre y didáscalos de la antigua Iglesia san Cipriano.

Por lo tanto, en las herejías del llamado “mundo cristiano” con sus múltiples diversidades y nombres, no hay sanación y salvación, porque no hay la sanadora y salvífica Jaris (gracia) increada de Dios, mucho menos en distintas religiones del mundo.

Llamamos, pues, a todos nuestros fieles ortodoxos que cierren herméticamente sus oídos ante los distintos falseadores, tanto como si se presentan bajo el manto de cristiano, como de otra religión. Porque nuestra separación voluntaria de la fuente de la vida, de nuestra limpia, pura y no adulterada autoconciencia ortodoxa, tendrá resultados devastadores para nuestro camino espiritual y muy posiblemente también para nuestra misma existencia biológica. Porque, como es conocido, en el campo de la falsa religión, desgraciadamente existen también las llamadas sectas catastróficas o cultos desastrosos, que han dado incontables muestras de destrucción y desastre en muchos de nuestros semejantes. ¡Por lo tanto, «Στώμεν καλώς stomen kalós mantengámonos bien firmes, en pie», porque ese es nuestro interés real!

Santa Metrópolis de Pireo,

16/10/2014

Traducción de xX.jJ

¡Fracaso y Peligro!

 ¡¡FRACASO Y PELIGRO!! 

Fracaso total con los diálogos y el peligro de orar en común con los heréticos

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Jueves 09 de octubre 2014

Tercera sesión ordinaria del Santo Sínodo de Obispos de la Iglesia de Grecia, bajo la presidencia de Su Beatitud el Arzobispo de Atenas y de toda Grecia, Hieronymus.
En cuanto al diálogo teológico en el Consejo Mundial de Iglesias, hizo hincapié en la necesidad de evitar toda forma de oración común con los heréticos. Determinando también cómo tienen que participar los miembros ortodoxos. Y en lo referente con el diálogo con el CMI (Consejo Mundial Iglesias) u otros heréticos: que ningún texto ha sido firmado y como aceptado por la Iglesia de Grecia. 

Su Eminencia se ha referido que el diálogo con varias confesiones heréticas se ha debilitado y fracasado. El diálogo con las Antiguas Iglesias Anticalidonias Orientales, el camino está en la valorización y crítica de temas litúrgicos y pastorales. Con el resto fracaso total.

No nos alegramos por el fracaso de los distintos diálogos con los heréticos Papistas, Protestantes, Paleocatólicos, Monofisitas y Anticaledonios. Desearíamos que el diálogo con el Papismo y todos los diálogos, que hubiesen conducido a un resultado positivo y los engañados heréticos vuelvan estar otra vez en el seno de la Ortodoxia. Pero algo así no ha ocurrido. Por eso, esto sólo puede producir tristeza en cada creyente Ortodoxo que ora y ruega que todo el mundo conozca la verdad de la Ortodoxia.

Sin embargo, el fracaso de los diálogos tiene unos parámetros interesantes. Primero, se demuestra que a pesar de las ocasionales quejas y críticas intensas y reservas, los representantes Ortodoxos participantes en los diálogos, parece que defienden la verdad de la Ortodoxia. Por lo menos la mayoría de ellos. Porque si hubieran cedido, los diálogos no hubiesen resultado al camino sin salida o fracaso. Esto es un parámetro realmente positivo.

Pero existe también el parámetro negativo. Diálogos de muchos años ineficaces que no conducen a ningún resultado, sin embargo, en muchos crean y alimentan muchas falsas ilusiones y autoengaños, de que no nos separa esencialmente nada con los heréticos y algún momento nos uniremos con ellos. Esta falsa ilusión no se cultiva solamente por parte de los heréticos, sino que se refuerza también por el hecho que los representantes Ortodoxos y sobre todo entre ellos algunos obispos, frecuentemente oran en común con los heréticos.

Por eso, muy correctamente el Sínodo de la Jerarquía Helénica acepta y se dirige severamente a los miembros ortodoxos que eviten la celebración de oraciones en común con los heréticos. Literalmente: “En lo referente con los diálogos, se recalca la necesidad que se evite cualquier forma de oración conjunta o en común”.

La razón de esta estricta y severa recomendación es obvia, como ya hemos apuntado. La oración en común y la coparicipación en celebraciones comunes, abrazos y visitas amistosas, cultivan una impresión falsa de unidad en praxis, sin haber llegado a ningún acuerdo sobre la fe. Esta falsa unidad es el mayor peligro de hoy en día.

Por consiguiente, es obligación y deber de todos los Ortodoxos permanecernos inflexibles e irreconciliables en estas pseudoformas de unión movidas por satanás.

El que tenga oídos que escuche…

No son simplemente peligrosas las oraciones en común;

¡¡¡SON TAMBIÉN INFRACCIONES DE LOS SANTOS CÁNONES!!!.

¡Atención al juego que juegan los descarados Ecumenistas (troleros)! No los creáis. UNO más UNO hace DOS.  Que dejen los falsos diálogos y las oraciones en común. De los heréticos, pues, los que quieran que vengan a bautizarse y así entran al seno de la Ortodoxia. También aquellos de los “ORTODOXOS” que se gustan en oraciones en común con los heréticos, no tienen otra cosa que hacer que pasar a la otra orilla del río, la de los heréticos. Entre nosotros y ellos hay una gran brecha. Casi la misma diferencia que existe entre increado, (Ortodoxia) y creado (heréticos). Esta es la Verdad. Y al que le gusta…

Περιοδικό “Ο ΣΩΤΗΡ”

Revista Ortodoxa “SOTIR”

Traducción de xX.jJ

Las prioridades de nuestras vidas, tal y como las muestra el Logos de Dios

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En nuestra vida espiritual es debido que las primeras cosas estén en el primer lugar. El logos de Dios nos ayuda a encontrar y a continuación poner estas prioridades de nuestra vida.

1. El primer deber nuestro en la vida es ocuparnos por los bienes espirituales, poniendo las inquietudes biológicas (tesoros materiales y terrenales) de nuestra vida y los asuntos mundanos en segundo lugar, confiados en la providencia de Dios para estas cosas, tal y como nos ha indicado el Señor:

“Mas buscad primeramente la realeza (increada) de Dios y su justicia, (la energía increada, las virtudes y los bienes espirituales) y todas estas cosas (terrenales) os serán añadidas. Así que, no os afanéis o inquietéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su inquietud. Basta a cada día sus problemas y su propio mal” (Mt 6,33-34).

Los hombres han revocado este orden, con el resultado que no se interesan sobre los bienes espirituales, porque creen que no son interesantes, en cambio las cosas de la vida (las biológicas, terrenales o materiales), tampoco pueden lograrlas, a pesar de sus esfuerzos duros y trabajosos.

Las peticiones por los bienes espirituales se anteponen también en la oración que nos ha enseñado el Señor con la oración conocida por nosotros “Padre nuestro, santificado sea Tu nombre, venga en nosotros Tu realeza (energía increada), hágase Tú voluntad…” Primero estas y después nuestras cosas diarias.

2. La primera obra en la lucha para nuestra divinización, santificación es la catarsis, sanación, pureza y claridad, de nuestro corazón, de nuestra conciencia y de nuestro nus (Nus es el espíritu humano o la principal energía de la psique, la atención e intuición). Estos cuando están limpios, iluminados e ilustrados, entonces nuestra vida entera está bañada de luz (increada) y en la verdad, tal y como ha enseñado el Señor:

“Limpia primero lo de dentro del vaso y del plato, de modo que no provenga de injusticia, sino de trabajo digno, para que también lo de fuera sea limpio. (Es decir, no te esfuerces parecer sólo exteriormente limpio, puro, sino que intentes lograr la limpieza, ilustración, divinización y santidad interior. Si no haces así, por mucho que limpies estos utensilios siempre permanecen sucios” (Mt 23,26).

«Καθάρισον πρῶτον τὸ ἐντὸς τοῦ ποτηρίου καὶ τῆς παροψίδος, ἵνα γένηται καὶ τὸ ἐκτὸς αὐτῶν καθαρόν» (Ματθαίου, κγ 26).

“La lámpara del cuerpo es el ojo; si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará lleno de luz; la lámpara que ilumina la psique es el nus. Si el nus, está sano, así será iluminada tu psique, eso si tu nus (energía de la psique) y tu corazón (esencia del nus) no se han quedado ciegos de la avaricia y de los tesoros terrenales y vanos; pero si tu ojo está enfermo y maligno, todo tu cuerpo estará oscuro, en tinieblas Así que, si tu ojo está oscuro y en las tinieblas, ¿cuánta no será la oscuridad? (es decir, algo parecido pasará en ti, en el nus y en la conciencia, que te fueron dados de Dios, entonces cuán densa será la oscuridad ética de tu psique-alma)” (Mt 6,22-23). 

«Ὁ λύχνος τοῦ σώματός ἐστιν ὁ ὀφθαλμός· ἐὰν οὖν ὁ ὀφθαλμός σου ἁπλοῦς ᾖ, ὅλον τὸ σῶμά σου φωτεινὸν ἔσται· ἐὰν δὲ ὁ ὀφθαλμός σου πονηρὸς ᾖ, ὅλον τὸ σῶμά σου σκοτεινὸν ἔσται. Εἰ οὖν τὸ φῶς τὸ ἐν σοὶ σκότος ἐστί, τὸ σκότος πόσον;» (Ματθαίου, στ 22-23).

3. Nuestra primera oración en el culto y adoración a Dios es que nos reconciliemos con nuestro hermano:

“Por tanto… anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda” (Mt 5,24).

El Señor nos animó a decir en nuestra oración:

“Y perdónanos nuestras deudas, pecados y culpas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores” (Mt 6,12).

Primero perdonamos y después pedimos que el Dios nos perdone.

4. Nuestra primera obligación en nuestras relaciones fraternales, antes de corregir al otro, tienes que corregirte a ti mismo.

“…saca primero la viga de tu propio ojo…” (Lc 6,42)

5. Nuestra primera ofrenda y entrega a Dios deberá ser de nuestro sí mismo. Esto hicieron los Tesalonicenses, quienes antes de dar sus caridades para los cristianos de Palestina, “sino que a sí mismos se dieron primeramente al Señor” (2Cor 8,5), es decir, creyeron y se dedicaron al Señor.

Antes que ofrezcas algo, primero el Dios te pide que Le ofrezcas tu psique.

6. La primera posición en nuestra oración tienen los otros, según la exhortación apostólica:

Primero hacer súplicas por… todos” (1Tim 2,1).

Si trabajemos metódicamente y con paciencia para que estas prioridades sean realizadas en nuestra vida, habremos dado sentido y significado en nuestra vida.

Daniel, Metropolita de los barrios de Atenas, Kesarianí, Byron e Imitós

Traducción de xX.jJ

La Metamorfosis del Salvador

 

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Homilía del siempre memorable Yérontas Georgios Kapsanis el Aghiorita

(Al final tenemos puesta la traducción del bello término teológico ortodoxo 75. Μεταμόρφωσις Metamórfosis, del gran léxico Alfa Omega).

Igual que todos los acontecimientos que nos relatan los santos Evangelistas se hicieron para nuestra sanación y salvación, así también la Divina Metamorfosis del Señor se hizo para nuestra sanación y salvación. No hay algo en la vida de nuestro Señor que no tenga un sentido y significado sanador y salvador, algo que no concierna nuestra sanación y salvación. Además por eso se ha hecho hombre para nuestra sanación y salvación.

También la Metamorfosis de nuestro Señor nos muestra no solamente la deidad del Señor y la doxa (gloria increada, luz de luces), la que tenía junto a Su Padre, antes de la creación del mundo – y la que ha manifestado en poco a sus Discípulos, no manifestó Su doxa en plenitud, sino algo de Su doxa, como podía, tal y como dice la himnología de la Iglesia-, pero también así nos mostró quién es y cuál es el propósito de nuestra vida.

El propósito y la finalidad de nuestra vida es que participemos de la Divina Luz (increada), de la Doxa (increada) de Dios, de la Realeza (increada) de Dios. Es la visión, contemplación del Rostro del Señor. Por un lado, el Señor se metamorfosea para que lo verifiquen también Sus Discípulos, quienes un poco más tarde se escandalizarían por Su muerte en la Cruz, y que realmente es el Hijo de Dios y el Dios verdadero. Pero se metamorfosea también para decirnos a nosotros que lo que ha ocurrido en mí, debe hacerse también en vosotros.  Todos estamos llamados a metamorfosearnos. Es cierto que el Señor se ha metamorfoseado por Su propia fuerza. Nosotros deberemos metamorfosearnos “de doxa en doxa”, que dice el Apóstol Pablo. No por nuestra fuerza y energía, sino a través de la Jaris (energía increada) y la Luz increada del Señor Metamorfoseado.

Sobre esta Luz increada hablaba también el Antiguo Testamento y algunos, como Moisés, recibieron la doxa increada de Dios. Pero ninguno del Antiguo Testamento se atrevió a decir que “YoSoY la Luz del Mundo”, por mucha Jaris y Doxa que hayan recibido de Dios. Sólo el Señor se atrevió a decir esto, porque Él es también la vida, es todo. ¿Y ahora, cómo nosotros pecadores y llenos de pazos participaremos de la Divina Luz increada? ¿Cómo nos haremos también luz? ¿Cómo retrocederán y se eximirán nuestros pazos y pecados que son tinieblas, oscuridad, ignorancia o desconocimiento? ¿Y cómo poco a poco la oscuridad que está en nosotros se irá reduciendo y a la vez aumentando la luz increada de Cristo? Esta es nuestra lucha, y por eso vemos al Señor Metamorfoseado y vemos a dónde tenemos que llegar nosotros también. Porque cada Cristiano debe hacerse imitador de Cristo y lo que ha ocurrido a Cristo debe hacerse también en nuestra vida, tal y como dicen los Santos Padres: debemos caminar a través de los escalones de la perfección espiritual, de la edad espiritual de Cristo y lo que ha ocurrido en Cristo hacerse también en nosotros.

Por lo tanto, en nosotros también se tiene que hacer la Metamorfosis mediante la luz increada de la Metamorfosis de nuestro Señor. Y aquí está nuestra lucha. ¿Cómo con nuestra metania, con nuestra oración, con nuestra humildad con nuestra obediencia, con la coparticipación al iluminante Cuerpo y Sangre del Señor –porque la Divina Comunión (Efjaristía) es Luz- como partícipes de todos estos santos carismas de nuestro Dios Trinitario, podremos nosotros también poco-poco reducir la oscuridad de nuestro interior y que aumente la Luz (increada) de Cristo?

Bienaventurados y felices son aquellos que viendo al Señor Metamorfoseado se ven también a sí mismo. Y por un lado, nos entristecemos para nosotros mismos, porque no vemos que esta Luz increada alumbre nuestra existencia; y por otro lado, nos alegramos por el Señor Metamorfoseado y le agradecemos; pero hoy Le rogamos humildemente que nos ayude a anhelar y adquirir la Luz increada, la Luz de Su Rostro. Anhelar a destituir el hombre interior y hacerlo iluminado, iluminado tal y como es el Cristo, quien es todo Luz increada, todo Vida, todo Resurrección y todo Verdad.

Y así, luchando en la buena lucha, aplicamos la Santa Voluntad del Señor, porque la Voluntad del Señor, como muchas veces lo hemos dicho, es convertirnos, metamorfosearnos y hacernos dioses/as por la Jaris (gracia, energía increada). ¿Y cómo se hará uno dios por la Jaris si está dentro en la oscuridad, si la Luz increada de Cristo no ha inundado su existencia?

Psalmodiamos en la Doxología: “en Tu luz contemplamos la luz”. Realmente podemos ver la luz sólo en la luz del Rostro de Cristo. Tenemos pues a Cristo iluminando. Tenemos la Zeotocos iluminadísima. Tenemos los Santos iluminados y nosotros también estamos llamados a convertirnos, metamorfosearnos y hacernos luz.

El Dios que nos ayude y las bendiciones de todos los santos, quienes han logrado la iluminación, el alumbramiento, la zéosis, vieron la luz increada de la Metamorfosis y muchos de ellos han sido vistos dentro de esta luz increada de la Metamorfosis. Porque los Santos no sólo han visto la luz increada de la Metamorfosis, sino también que los han visto dentro de esta luz increada los que se hicieron dignos de verlos. Acordaos de la vida de san Gregorio Palamás, que cuando llegó el momento de entregar su psique, los dos sacerdotes que estaban allí, un hieromonje y el otro casado, dignos sacerdotes, vieron el rostro entero brillar dentro a la luz increada de la Metamorfosis. Podría san Gregorio Palamás, que vino en la Santa Montaña con veinte años y anhelaba liberarse de la oscuridad y la ignorancia o desconocimiento clamando continuamente «φώτισόν μου τό σκότος fótison mu to skotos ilumina mi oscuridad e ignorancia o desconocimiento», ¿podría no ser iluminado y no fuera alumbrado en su interior por la Luz increada de Cristo? Esta luz increada, pues, busquemos y anhelemos con celo divino nosotros también de alguna manera. Con un celo sagrado supliquemos al Señor que nos haga dignos de luchar por esta luz, luz eterna, luz increada, luz que es la Realeza increada de Dios por lo que estamos llamados. Y si desde esta vida vemos y sentimos algo de esta luz increada, nosotros también tenemos la esperanza que el Señor nos hará dignos de vivir también en la luz de la Realeza increada celeste, la que deseo y anhelo para todos vosotros. Amín.

† Yérontas Georgios Kapsanis, Aghiorita

Traducción de xX.jJ

75. Μεταμόρφωσις Metamórfosis: la bella palabra en el léxico quiere decir transformación, transfiguración, cambio de faz, de forma o modificación exterior o interior.

Según Pablo la metamorfosis no es exterior y superficial, sino interior, psíquica y espiritual «… sino que estéis metamorfoseando continuamente por la renovación de vuestro nus, discerniendo y comprobando cuál es la voluntad de Dios, que es buena, perfecta y la que gusta a Dios» (Rom 12,2). Metamorfosis verdadera es la continua formación, conversión y renovación del pensamiento, los deseos, las conductas y movimientos del corazón y su voluntad. Para la consecución de esta metamorfosis la Santa Escritura y la Tradición de los Santos Padres nos muestran dos caminos. Primero, el camino místico. Aquí domina la jaris (gracia, energía y luz increada). El cristiano sube al monte Tabor de la Metamorfosis con la jaris (gracia, energía increada) del Espíritu Santo que recibe de los Santos Misterios. Segundo, la metamorfosis del hombre no se hace mecánicamente, simplemente con la participación típica a los Santos Misterios, sino también con la ascesis o ejercicio espiritual, el esfuerzo personal y la lucha de la psique para formación y crecimiento espiritual de sus tres partes de la psique por igual.

Los verbos μετανοώ (metanoó, cambio de mentalidad, arrepentirse y confesarse, metania), γίγνεσθαι, (gígnesze) convertirse y hacerse, convirtiéndose y haciéndose hijos de Dios (Jn 1,12) y μεταμορφόνω (metamorfono), transformarse, convertirse y cambio de mentalidad e imagen se enlazan entre sí y lo común de los tres es estar convirtiéndose, es decir, estar metanoizándose, metamorfoseándose y haciéndose; dentro de las Santas Escrituras manifiestan un tiempo continuo hasta la muerte, junto con el verbo κατηχούμαι (katijume, catequizarse) que es recibir catequesis.

San Profeta Elías

 

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(Por el siempre memorable Yérontas Georgios Kapsanis, Athonita)

La época que vivió  san Elías el Profeta (alrededor del 800 a. C), tiene muchos puntos en común con la época que vivimos nosotros hoy en día. Entonces, igual que ahora, era y es una época de gran apostasía (deserción) de la fe de los Padres.La apostasía se hace, por regla general, por razones de compromiso y conciliación, porque quieren que nos reconciliemos con la vida del pecado o quieren que nos conciliemos y amoldemos con los gobernantes, los políticos, los poderosos y la política de cada época.

También lo mismo ocurría entonces. El Israel, los reyes, los poderosos y soberanos querían tener compromiso y conciliación con los países idólatras, porque no creían que, con la fuerza de Dios, podían afrontar los pueblos idólatras. Por eso dejaban su fe en el Dios verdadero y aceptaban los ídolos y los falsos dioses, mas veneraban y transmitían también al pueblo esta idolatría.

Pero habían algunos pocos piadosos, fieles al verdadero Dios, quienes resistían y no adoraban a los ídolos. Por supuesto que estaban perseguidos, eran minoría, pero esto no les hacía temblar, doblar y cambiar. Porque, por regla general, la gente siente miedo, no descansan ni se alivian (psíquica y espiritualmente) cuando ven que son pocos, por eso quieren ir con los muchos, aunque los muchos vayan hacia el abismo y el desastre.

El que uno viva y camine con su propia fe y tenga pocos semejantes consigo, no alivia ni  da descanso. Se quiere ir como van todos, tal y como va la moda y la multitud. Así también se hacía entonces la corrupción de la multitud y de muchos hombres. Querían ir tal y como iba la clase dominante, el rey, los soberanos y los importantes, también la mayoría del pueblo. Y así se arrastraban y desviaban los hombres unos con los otros, pero siempre permanecían algunos pocos fieles. Porque en cada época no todos traicionan, ni desertan, sino que permanecen firmes en la fe y piadosos. Permanecen los luchadores y combatientes. Permanecen estos que no cambian la fe al verdadero Dios con nada terrenal y mundano. Además, por eso tenemos los mártires.

Los Mártires (testigos) de cada época son una minoría. Pero esta minoría mantenía la fe al verdadero Dios y se sacrificaba para la agapi al Dios verdadero.

Entre estos pocos que mantenían la fe al verdadero Dios y no claudicó fue también el glorioso Santo y Profeta de Dios Elías. La vida del Profeta Elías es una vida llena de milagros, de fe y de gran confianza en Dios Santo. Si estudiamos atentamente la vida del Profeta, veremos su valentía y el gran celo que tenía para el Dios. Veremos que no tenía miedo a nada, cuando se trataba de luchar por los derechos de Dios. Veremos qué y cuántos milagros hizo el Dios a través del Profeta.

Le rogamos para que nos ayude también a nosotros hoy que vivimos en una época que todo vale, todos están de acuerdo con todo, donde los muchos siguen la moda del ateísmo, contrarios y enemigos de la fe; pues, que el Dios nos haga dignos de mantener la verdadera fe de nuestros santos Padres, la que hemos recibido de nuestros antepasados, madres, padres, guías espirituales y maestros de la Iglesia. Mantengamos esta fe hasta la muerte, para que nos hagamos dignos de entregar nuestra psique a Dios, pero con fe al Dios Trinitario y con lo que nos entrega nuestra Santa Iglesia Ortodoxa.

Deseo y bendigo con todo corazón que el Profeta Elías sea nuestro ayudante y cooperante en nuestro despertar espiritual, y también nos ayude a los graves problemas ecológicos que hoy en día pasamos, catástrofes, temporales, incendios, seguías y tantos más, porque el Profeta Elías hace muchos milagros de este tipo.

Ojalá que el celote Profeta Elías que con su oración candente cerró el cielo por tres años y medio sin llover y vino una gran seguía y aridez, a causa de la gran impiedad que dominaba, y después de esto volvió a traer la lluvia y la bendición, viendo la metania y con el re-despertar espiritual nuestro, traer la frescura espiritual del Cielo a nuestras psiques y con sus divinas intercesiones nos conduzca al camino de la sanación, salvación y divinización nuestra. Amín.

† Archimandrita, Georgios Kapsanis, Athonita

Traducción de xX.jJ

El Icono Heleno-bizantino

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Con Alejandro Magno y sus sucesores se extendió el arte al Oriente, Siria, Asia Menor, etc.  Más tarde con la iluminación cristiana se desarrolló la pintura de la Iglesia y, con Bizancio, ésta llegó a su pleno esplendor.

El icono imagen, es un objeto funcional.  Incluye en sí la expresión y la contemplación.  Quiere tender un puente desde el mundo sensible al mundo espiritual. El icono es el idioma común de todos los cristianos del universo.

El tema fundamental del icono, es el hombre, el hombre redimido, no el terrenal.  De ahí que su expresión y representación ha de ser equilibrada, armoniosa, ligera y luminosa.  Se aleja así del retrato, pues no pretende mostrar el rostro cotidiano del hombre, sino su rostro glorioso y eterno.

La frontalidad es un rasgo esencial del arte iconográfico. Significa que el que lo contempla entra en comunión directa con el personaje celestial.

Las representaciones occidentales del Salvador, desde finales de la Edad Media, representan su naturaleza mortal. En este sentido el arte occidental nos conduce a una visión bipolar de igualdad entre la luz y la obscuridad. En cambio entre los helenos el arquetipo o el original es el bien, la luz increada mientras que el mal, las tinieblas es un trastorno del bien. “Todo está lleno de luz increada, el cielo, la tierra, el infierno”, cantan las Iglesias Helenas en la noche de Pascua.

El icono Heleno-Bizantino representa a Cristo resucitado, en la Metamorfosis del Monte Tabor, con toda la luz increada y la belleza divina. Por eso los santos son representados en el paraíso. Esta luz increada y belleza divina, a menudo viene expresada mediante el color dorado de los fondos.

 

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Por eso el arte Heleno-Bizantino nos conduce, por excelencia, a la luz increada y al bien.  En este arte no hay sombras. Los seres no están iluminados por uno u otro lado, sino que la luz divina penetra en todo. El icono transmite una fuerza beatífica. La expresión, la mirada, la visión, es un modo de conocimiento directo e intuitivo. El icono, por eso, se convierte en un canal privilegiado de despertar e iluminación espiritual.

El iconógrafo solía ser un monje. Se preparaba con un período de ayuno y oración para ser merecedor de la inspiración divina. Pintaba con materiales humildes, renunciando a su propia personalidad artística. Sigue los cánones establecidos por la tradición. El artista no es más que un vínculo a través de cuyo talento se hacen tangibles las ideas trascendentales y espirituales. Por esta razón la inmensa mayoría de iconos son anónimos. A través del anonimato, al no firmar sus obras, los iconógrafos expresan la auténtica virtud de la humildad, .

Grecia está llena de estas obras anónimas de gran valor artístico y espiritual.  Theófanes el Eleno, uno de los grandes iconógrafos del siglo XIV fue el maestro de los rusos y su gran discípulo fue Andrei Rublev. En la Santa Montaña, Athos,  quedan obras de incalculable valor, también en los Monasterios de Meteoros y muchos otros monasterios ortodoxos.  Los iconos más antiguos, que conservan estos monasterios, son anteriores al año 1000. Desde hace muchos siglos en el monasterio Íviron están representados también Sócrates, Platón y Aristóteles.

Un icono imagen vale más que mil discursos y millones de palabras de tecnólogos “tiólogos”.

(Entresacado de los libros de los Padres Cristianos Helénicos)

Traducción de xX.jJ

 

San Marcos el Asceta – Los tres enemigos gigantes

 

3gigantes copia

 

  1. Ἂγνοια (agnia) desconocimiento, ignorancia y oscuridad 
  2. Λήθη (lizi) el olvido 
  3. Ραθυμία (razimía), pereza física y espiritual

 

Escribe san Juan el Damasceno: “pazos psíquicos son el olvido, la pereza espiritual y física y la ignorancia o desconocimiento. De estos tres se oscurece el ojo de la psique, es decir, el nus (energía o espíritu del corazón de la psique) y es dominado por muchos pazos.«

En nuestro caso existen tres gigantes potentes y poderosos, sobre los cuales se sostiene toda la fuerza del diablo portador de todo mal; cuando estos gigantes sean rebajados, debilitados y destruidos, entonces fácilmente debilitará toda la fuerza de los espíritus malos astutos y malignos. Estos tres gigantes son: La άγνοια (agnia, ignorancia, desconocimiento y oscuridad), la madre de todos los males; ἡ λήθη (lizi) el olvido que es hermano, ayudante y colaborador de la άγνοια (agnia); y la ραθυμία* (razimía, pereza espiritual y física), es la que teje una nube negra y tenebrosa para prenda y tapadera de la psique y la que fortalece las otras dos, las da existencia y siembra en la psique negligente la maldad y la consolida.

*Ραθυμία (razimía) es una palabra compuesta y significa pereza espiritual, desidia, desánimo, indiferencia e indolencia de la psique y del cuerpo. La pereza espiritual por sí sola se llama también ακηδία (akidía) acedia. Ραθυμία (razimía) contiene la ακηδία (akidía) acedia. Pero la ακηδία (akidía) acedia no contiene la ραθυμία (razimía).

De la ραθυμία (razimía), el olvido y la άγνοια (agnia, ignorancia y oscuridad) se refuerzan las columnas de otros pazos y crecen. Porque estas tres maldades al ser ayudantes una la otra, resultan ser potentes fuerzas y fuertes soberanos del diablo, mediante los cuales el ejército de los espíritus malignos regresa, se fortalece y puede ejecutar sus voluntades malignas, que sin estas no pueden existir todas estas cosas que antes hemos dicho.

Pues, si quieres vencer los pazos que nos hemos referido y derrotar con facilidad el ejército de los bandidos espirituales, mientras te recojas a ti mismo con oración y ayuda de Dios y mientras tanto has descendido en las profundidades de tu corazón, descubra estos tres poderosos gigantes del diablo, el olvido, la ραθυμία (razimía, pereza espiritual y física), y la άγνοια (agnia, ignorancia y oscuridad), que son sostenes de los demonios, mediante los cuales retornan el resto de los pazos de la maldad y operan, actúan y refuerzan la psique de los ignorantes y los hedonistas. Y con mucha atención, diligencia del nus y ayuda divina, cuando hayas encontrado estas grandes maldades, las peores y las más destructivas, que los demás ni se imaginan e ignoran que existen, atácalas con las armas de la justicia que son contrarias a estas.

El olvido, combátelo con la memoria bondadosa que es la causa de todos bienes. La άγνοια (agnia, ignorancia y oscuridad), guerréala con la gnosis iluminada (conocimiento increado), con la que la psique se re-despierta y expulsa de encima suya la oscuridad de la άγνοια (agnia). La ραθυμία (razimía), atácala con la buena disposición o el buen ánimo que es arma perfecta para poner en orden y empujar la psique hacia la sanación y salvación..

Ἂγνοια (agnia) desconocimiento, ignorancia y oscuridad 

La agnia, desconocimiento, ignorancia en general.

La άγνοια (agnia, desconocimiento y oscuridad) es el jefazo de los pazos. En el sentido estricto religioso, significa el no conocimiento de las verdades religiosas y de los deberes del hombre hacia el Dios y generalmente la no gnosis, desconocimiento, ignorancia de las verdades básicas de la fe. Así que la άγνοια (agnia) es sinónima con la agnosía (desconocimiento). En los Padres nípticos encontramos las dos palabras alternativamente. Aún significa una vida que no tiene como base la enseñanza cristiana, sino que es opuesta a la ley Evangélica.

En el Nuevo Testamento la άγνοια (agnia, ignorancia y oscuridad) no es considerada como pecado capital. Por eso el Apóstol Pablo recalca a los Atenienses que el Dios deja de tener en cuenta, pasa por alto los tiempos de la άγνοια (agnia). Lo mismo recalca también el Apóstol Pedro en su kerigma a los Judíos, después de la crucifixión del Señor. Dice que el pueblo por lo menos por άγνοια (agnia) ha crucificado a Cristo. En estos casos la άγνοια (agnia) es excusable, hace falta indulgencia.

En la vida espiritual la άγνοια (agnia, desconocimiento, ignorancia y oscuridad) es una condición espiritual más general y una expresión de la conducta terrenal del hombre, pensamientos, deseos y aspiraciones terrenales. San Nikitas Stizatos se refiere característicamente: “Como la άγνοια (agnia,) del nus (energía o espíritu del corazón humano, el ojo de la psique) terrenal, es una profunda oscuridad que envuelve los ojos de la psique, entonces la convierte en tenebrosa y sumergida a la oscuridad en cuando las cosas divinas y humanas. Y esto se debe a la debilidad de mirar hacia el resplandor de la divina luz increada o disfrutar de aquellos bienes espirituales que se refiere el apóstol Pablo”.

Por lo tanto la άγνοια (agnia, desconocimiento, ignorancia y oscuridad) es una enfermedad grave de la psique humana y especialmente del nus. “Suciedad del nus” es calificada por los Padres.

Causa y resultados

La causa de la άγνοια (agnia, desconocimiento y oscuridad) es la conducta terrenal del hombre, la vida materialista, nos diría san Basilio el Grande. Así el nus no puede percibir las divinas realidades y situaciones. Así que la άγνοια (agnia) es fruto del pecado, de la caída y la esclavitud del hombre en su propia voluntad y en general su alejamiento de Dios.

El que ha decaído de la agapi (amor divino) en su interior, está dominado por la ley de la carne. Esta situación no le permite guardar cualquier mandamiento de Dios. Y en vez de virtudes ha preferido la vida hedonista, sensual, y finalmente, en vez de la gnosis (increada) de Dios, arrastra encima suyo la άγνοια (agnia, desconocimiento, ignorancia y oscuridad) de Dios», recalca San Máximo el Confesor: Pero aquí el tema se pone en su base adecuada. Porque diciendo άγνοια (agnia,) nos referimos a hombres, que inicialmente conocían la voluntad de Dios y se alejaron de él. Pues, personas que al principio conocieron la voluntad de Dios y después se alejaron y se sumieron a la vida sensual y al hedonismo, han perdido cualquier tipo de contacto con el Dios, olvidaron lo que conocían y cayeron en una imperdonable άγνοια (agnia).

Aquí tenemos una caída vertical, de una situación bendita que teníamos, caída en una agnosía (desconocimiento) de grado muy grande. Y aquí se encuentra el gran mal. San Nikitas Stizatos nos dirá otra vez: “Es una cosa terrible la άγνοια (agnia) ignorancia y algo más que impresionante, porque es una nube negra densa y convierte las psiques que dominará en negrísimas”. La άγνοια (agnia) separa la psique de su unión con el Dios. Hace al hombre entero paradógico, irracional e insensible.

Aquel que cae en la άγνοια (agnia, desconocimiento, ignorancia y oscuridad) no conoce los pecados-krimata de Dios… Con los que le examinan o controlan, se pelea y los que le perdonan los considera tontos. Cuando se hace rico, se convierte en arrogante y cuando se empobrece, en hipócrita. Cuando lo pasa bien, cae en varios actos atroces, indecentes e inopinables; y cuando lo pasa mal, llora su suerte. Si uno, pues, con la jaris (gracia, energía increada) de Dios no adquiere la gnosis (increada) de la verdad y el temor de Dios, queda herido profundamente no sólo de sus pazos, sino también de las tristezas, penas, depresiones y sufrimientos que le suceden. Estas son algunas de las consecuencias en el mundo psíquico del hombre a causa de la άγνοια (agnia).

Pero la άγνοια (agnia, desconocimiento, ignorancia y oscuridad) se refleja también al estado exterior del hombre; afecta de manera significativa también las relaciones interpersonales con sus semejantes. La άγνοια (agnia), pues, hunde al hombre en una oscuridad profunda, puesto que considera las delicias, los placeres y el hedonismo en general, como objetivo principal de su vida y considera las cosas inexistentes (no seres) como existentes (seres).

La profunda oscuridad 

La oscuridad, sobre todo la profunda oscuridad espiritual que es la άγνοια (agnia, desconocimiento, ignorancia y oscuridad), es calificada como «Δεινόν σκότος», “extrema oscuridad terrible”. Al que domina, no sólo no le acerca a Dios, sino que le aleja ya definitivamente. Es falta de temor a Dios. Y si la gnosis de Dios hace al hombre lógico, entonces la άγνοια (agnia) le convierte en á-logo (animal irracional, insensato), es decir, sin lógica no pudiendo discernir lo correcto del error. No sólo á-logo (ilógico) sino también insensible.

La άγνοια (agnia, desconocimiento, ignorancia y oscuridad) no solamente es un extremo terrible, es también la fuente de la maldad. San Máximo nos dirá: “Tres son los terribles males y principios de toda maldad: La άγνοια (agnia), la φιλαυτία (filaftía, egolatría, excesivo amor a uno mismo, su yo y al cuerpo) y la tiranía”. Pero los dos provienen de la άγνοια (agnia). Ella se encuentra en el punto más alto y es la causa de toda maldad. San Teódoro de Edesa dice: La vanagloria o ambición no se debe a la necesidad del cuerpo, sino a la άγνοια (agnia) del primer bien y la verdadera doxa (gloria y opinión). Causa de la vanagloria, ambición y generalmente de todos los males es la άγνοια (agnia). Porque para aquel que ha entendido correctamente la naturaleza de las cosas, de dónde viene y a dónde resulta cada cosa, no es posible después despreciar su propósito y dirigirse a las cosas terrenales. Porque la psique no desea aquello que aparentemente es bueno. Y si está tiranizándose de la mala costumbre, mal hábito o adicción, también fácilmente puede vencerla. Pero cuando aún había la costumbre, estaba auto-engañándose de la άγνοια (agnia). Por lo tanto, tiene que ocuparse del primer bien y despreciar todas las cosas presentes e informarse sobre la gran vanidad de ellas”.

San Gregorio el Sinaíta califica la άγνοια (agnia, desconocimiento, ignorancia y oscuridad) como “noche de pazos-pasiones”, oscuridad profunda donde el dominio lo tiene el diablo. Si la gnosis (increada) es fruto del Espíritu Santo, entonces la άγνοια (agnia) es la oscuridad ética. Resultados de esta oscuridad ética es todo lo opuesto a los carismas, dones del Espíritu Santo, es decir: odio, desgana, embriaguez, calumnia, psique con tifus, depresión o suciedad, curiosidad, juzgar, condenar…

La άγνοια (agnia), ignorancia, desconocimiento y el diablo

La causa de la άγνοια (agnia, desconocimiento, ignorancia y oscuridad) es el diablo. Como la άγνοια (agnia) proviene del alejamiento del hombre de Dios, está claro que el diablo en este caso juega un papel primordial. Él es el principio y el final de toda άγνοια (agnia), de cada tiniebla y de cada pecado. San Pedro el Damasceno observa que el diablo, después de la caída, perdió todo contacto con el Dios y a causa de su soberbia y su ingratitud se convirtió en un “desconocido” para el Dios. Esto significa firmemente que ya no quiere ser reconocido por Dios y permanece para siempre alejado de la sanación y salvación.

Tal y como la causa de la άγνοια (agnia, desconocimiento, ignorancia y oscuridad) es el diablo, lo mismo también él es la causa del engaño. Mientras que los que conocen a Dios se distinguen por la unidad entre ellos; en cambio aquellos que tienen el espíritu del engaño se distinguen por la división entre ellos. Porque los que se encuentran en la agnosía (desconocimiento) se mueven de engaño en engaño y nunca están parados en una parte. Así pues, la άγνοια (agnia,) equivale con el engaño o error. Por eso el diablo es también introductor y cómplice no sólo de la creación de la άγνοια (agnia), sino también del engaño o error de cualquier forma que aparece en el espacio de la vida espiritual.

La terapia

El objetivo de aquel que lucha para hacer la catarsis, sanarse y limpiarse de los pazos, es desterrar el mal astuto espíritu de su interior. Expulsar la oscuridad de la άγνοια (agnia) para ver amanecer la luz (increada) de Cristo.

De todo lo que se ha dicho anteriormente, podemos entender también el cómo lucharemos contra la άγνοια (agnia, desconocimiento, ignorancia y oscuridad). Aquellos que no tienen experiencia personal de la fe y del dogma, más el modo correcto de vida, deben ser enseñados de otros que son más expertos en estas cosas. Esta es la línea de san Gregorio el Palamás, quien siguiendo la auténtica tradición ortodoxa, considera necesaria la presencia del Yérontas, Guía espiritual, que conducirá la persona al camino seguro de la sanación y salvación. “Si quieres liberarte de todo esto, no confíes en tu propio loyismós, sino preguntar al Yérontas…”.

Así pues, el criterio de la ortodoxia y la verdad permanece el Yérontas, que en esencia muestra la humildad de aquel que pregunta, porque no se fía de su loyismós. Pero este Yérontas debe tener la gnosis increada de Dios y no encontrarse en engaño. Sólo aquel que ha llegado a la zéosis (glorificación, deificación) puede impartir y disolver la gnosis pseudónima, falsa. Al contrario aquel que se jacta por su gnosis, éste corta todo enlace con los hombres que han conocido a Dios y Su jaris (gracia, energía increada). Éste se encuentra en engaño, error.

San Pedro el Damasceno nos aconseja siete praxis físicas, diríamos, ejercicios físicos con los que uno puede sanarse y limpiarse de la άγνοια (agnia, desconocimiento, ignorancia y oscuridad).

1) Ησυχία, (hisijía)* tranquilidad, serenidad, quietud, o sea, comportamiento y conducta despreocupada, sin distracción, alejada de todas las preocupaciones mundanas. La principal preocupación que debe tener el hombre es cómo va a gustar a Dios, cómo podrá prepararse para el premio de la llamada suprema y cómo afrontará su enemigo, el diablo y los pazos. Y deber estar atento de no olvidarse de Dios, ni conducirse a la desesperanza, olvidando Su filantropía.

*Del léxico ortodoxo heleno-español:*(Ἡσυχία (hisijía), interior tranquilidad, paz y serenidad. Es la paz del corazón, el estado del nus sin molestias, permanencia en Dios y la liberación del corazón de los pensamientos-reflexiones (loyismí), de los pazos influenciados por el ambiente. La hisijía es el único camino para que el hombre llegue a la zéosis, expectación o semejanza. La hisijía del cuerpo es el ayudante para llegar el hombre a la noerá hisijía. Hisijasta es aquel que lucha con maneras especiales para la recogida del nus dentro al corazón).

2) Ayuno simétrico. En este ayuno medido, es decir, proporcional según las fuerzas físicas de cada uno, está contenido también el uso medido del agua.

3) Vigilia simétrica. Con este medio la psique domina el cuerpo y no lo deja desear las cosas contrarias de la psique.

4) Psalmodiar o cantar himnos divinos. Es también esto una oración que va acompañada con genuflexiones, de modo que se canse el cuerpo y con su esfuerzo la psique se vaya haciendo humilde.

5) Oración espiritual. Es la oración noerá (con el corazón), en la que no intervienen otros pensamientos en el nus. El hombre aquí pide que se haga sólo la voluntad de Dios que es también la voluntad salvífica. Queda solo con el Dios, sin ideas, ni fantasías, sin haber imprimido y retenido ninguna otra forma o imagen.

6) Lectura. Es el estudio de la Santa Escritura, de la vida de los Santos, de los Padres de nuestra Iglesia Ortodoxa, con lo que la psique aprende cómo vencer sus pazos y adquirir varias virtudes. Puede ser que al principio uno no pueda entender las cosas que estudia. Se necesita persistencia y paciencia. La gnosis vendrá más tarde, (y podrá discernir entre creadas e increadas energías y gnosis).

7) Es esto que nos hemos referido al principio del párrafo, es decir, preguntar a los experimentados. La inexperiencia puede conducir en malos entendidos, errores y engaños, en cambio la humildad es el camino más seguro para que uno conozca a Dios y sea reconocido por Él.

Después de todo esto uno debe tener paciencia en lo que ocurra y lo que el Dios permita pasar. No dar importancia a los sueños. Estar estudiando continuamente el nombre de Dios y pedir siempre una cosa: que se haga la voluntad de Dios. Entonces el nus empieza a iluminarse. Ver que sus culpas y errores son como los granos de la arena. Entonces su psique se quebranta, se hace humilde y se considera a sí mismo inferior a todo. Así empieza a comprender las donaciones de Dios y empieza a aplicar Sus mandamientos. Aplicando Sus mandamientos, empieza a subir uno en uno los escalones de la escalera de las virtudes. Y eso se hace hasta que el hombre llegue al último mandamiento que es el mandamiento de la agapi (amor desinteresado o divina energía increada). Y el que ha llegado a la agapi, ha llegado a Dios, porque “el Dios agapi es”.

La eliminación de la άγνοια (agnia, desconocimiento, ignorancia y oscuridad) es carisma de Dios. Se da a los que luchan, se esfuerzan e intentan. El Dios viendo el esfuerzo del hombre quita la nube que cubre el nus y le impedía ver claramente; es decir, le quita la άγνοια (agnia) y le regala la gnosis del sí mismo, la gnosis (increada) de los misterios y su verdad.

 El olvido  Η ΛΗΘΗ 

General Γενικά 

El segundo pazos, el segundo gigante de nuestra vida espiritual es el olvido. El olvido está estrechamente relacionado con la memoria. El hombre se mueve entre el recuerdo y el olvido. Sería un peso terrible para el hombre si se recordara de todo que ha vivido y ha ocurrido en su interior. El olvido, es decir, la omisión aligera y facilita al organismo psíquico la presión del peso de la memoria de cosas que uno no hace falta recordarlas ahora. Desde el otro aspecto, el olvido constituye una debilidad que puede tener consecuencias trágicas para el hombre, especialmente para su vida espiritual y su relación con el Dios.

Así que en la vida espiritual el olvido es una situación patológica de la misma psique del hombre. Sobre todo los Padres lo caracterizan como Hades. Es “maldad de la psique”, porque es olvidarse “de los bienes naturales”, puesto que es resultado de un comportamiento que ha precedido y no está libre de culpa.

El olvido por sí solo no tiene ninguna fuerza. Pero se refuerza con nuestra negligencia. “No digas, qué voy hacer. El olvido viene sin quererlo. Viene porque cuando tenías en tu memoria tu deber, lo has dejado de lado y no lo has tenido en cuenta”, recalca san Marcos el Asceta.

El olvido se produjo al hombre después de la caída, entonces cuando fue cortada su comunicación con el Dios y naturalmente se interrumpió también la memoria de Dios al hombre. Porque en toda la creación sólo el hombre puede recordarse a Dios y vivir con este recuerdo en la memoria.

Este olvido, pues, es ahora una fuerza enemiga en la vida personal del hombre que entra de cualquier manera, como un ladrón y le define su actitud y posición ante el Dios, que al final resulta ser una άγνοια (agnia, ignorancia, desconocimiento y oscuridad) deliberada de Dios. Devora inmediatamente cada loyismós bueno que tiene como objetivo su elevación, su sanación y su salvación. Por eso san Elías el Anacoreta recalca: “El olvido es el loyismós más potente de todos, y del olvido provienen todas las cosas mal astutas y viles, mas lo que el hombre hace, el olvido lo derrumba inmediatamente. Así que cada semilla bondadosa que cae en el campo de la psique, tiene la suerte de las semillas que han caído en la roca y las comieron los pájaros del cielo (Mc 4,4).

Escribe característicamente un teólogo contemporáneo: “Olvido no significa simplemente parar de pensar en Dios, sino desapegarnos de Él como vida, dejar de vivir con Él y dentro de Él. Y justo este olvido fue la base del pecado original. El hombre se olvidó de Dios, porque se dirigió en otra parte, deseó otras cosas, también amó más que todo a sí mismo. Giró la espalda a Dios y paró de verlo. Se olvidó de Dios y el Dios dejó de existir para él. El olvido, pues, no es simplemente muerte, sino el principio de la muerte. Así que la memoria que era fuerza de vida, ahora se ha convertido en sabor de muerte.

Causa del olvido 

Aquellos que han saboreado a Dios, dicen que cuando alguien Le saborea una vez es imposible que Le olvide.

¿Entonces, por qué los hombres nos olvidamos de Dios? ¿Cuál es la causa del olvido, de esta terrible enfermedad de la psique?

1) La primera y principal causa del olvido es la atracción y apego del hombre a las cosas sensibles y terrenales. San Marcos el Asceta apunta que: “Cuando la psique está cubierta del terrible olvido, entonces fácilmente el miserable y ciego nus nuestro se ata, apega en cualquier cosa que vemos, oímos y pensamos”. Y añade otro Santo: “La multitud de preocupaciones traen negligencia y olvido y nos dejan inmóviles para la virtud”, porque el hombre no puede o más bien no tiene tiempo para pensar en Dios. Por eso nuestra Iglesia con los continuos «πρόσχωμεν» (prósjomen, estad atentos) nos recuerda y nos ayuda a retener nuestro nus, para que no sea distraído y a continuación arrastrado a las vanas preocupaciones, “Porque la tiranía del olvido es grande”. Porque provoca encubrimiento de las necesidades básicas de la vida y añade cada vez más necesidades nuevas.

2) La audacia y las frecuentes relaciones y compañías.

San Hisijio, en la Filocalía dice: “debemos evitar la audacia, es decir, exceso de intimidad con los demás, tal y como evitamos la serpiente que se llama escudo. Aún muchas compañías y relaciones son como serpientes o víboras…”. ¿Pero por qué todo esto? Porque la audacia expulsa de la psique el temor a Dios. Así uno es conducido al “no vigilarse a sí mismo, sino vivir con indiferencia”. De la audacia el hombre es conducido hablar más de la cuenta. Audacia significa acercarse al otro sin razón, extender la mano a alguien para reírse y ver al otro con descaro o chulería. Todo esto es provocado por la audacia, que ha traído en la psique la falta del divino temor e hizo la psique olvidarse de Dios y conducirla al olvido.

3) Incredulidad, pereza y negligencia Η απιστία, η οκνηρία, η αμέλεια.

 La incredulidad y la pereza paralizan la voluntad y eliminan la luz de la gnosis en la nube del olvido. La negligencia que mostramos para conocer las donaciones de Dios, nos conduce en la ραθυμία (razimía pereza espiritual y física) y ella a continuación al olvido. Y finalmente en el olvido se debe el domino de nuestra άγνοια (agnia) desconocimiento, ignorancia y oscuridad en nuestro interior.

4) La falta de memoria a Dios.

El que uno recuerde siempre a Dios, tiene como resultado bueno, el tener en su interior espíritu de lucha. Cuando no Le recuerda, empieza en su interior una relajación espiritual que tiene como resultado el olvido, la omisión de Dios.

5) El engreimiento o endiosamiento.

La idea excesiva e hipertrófica que tenemos para nosotros mismos, convierte nuestro nus nubloso. Mareados de nuestras hazañas, olvidamos a Dios. Adán y Eva dentro al paraíso disfrutaban de las ricas donaciones de Dios. Pero cuando fueron conquistados por el loyismós de la soberbia, grandeza o endiosamiento, entonces se olvidaron de las promesas de Dios y de Dios y obedecieron la tentación.

6) Hoy en día la inversión y derrocamiento de los valores de la vida fácilmente conduce al hombre al olvido de Dios.

7) Pero también los distintos pazos con los sentidos tienen el mismo resultado. San Teódoro de Edesa, Filocalía, nos dice: “La filaftía (egolatría, excesivo amor a uno mismo y el cuerpo,) y la filidonía (amor al hedonismo, placeres) expulsan de la psique la memoria de Dios”. Pero también la ira, la rabia, la embriaguez y otros varios pazos psíquicos expulsan de nuestro interior a Dios y nos hacen incapaces a pensar en Él e implorarLe. El nus oscurecido por los pazos malignos se distancia del sentido espiritual. El campo de la memoria es endurecido por la maldad de los pazos. ¡Cómo va a quedar espacio para la memoria a Dios!

Detrás de todo esto, llámense pazos o por otras situaciones, está claro que se esconde siempre el por excelencia maligno, mal astuto y vil diablo, que es el introductor de todas estas situaciones. Y sobre todo se esconde como el lobo o la zorra en la niebla.

Resultados    

Sobre los resultados del olvido, san Hisijio, Filocalía, nos dice: “El maldito olvido es contrario de la oración del corazón (o de Jesús), como el agua al fuego. Y en cada momento es un adversario fuerte. Del olvido resultamos a la negligencia y de la negligencia al desprecio de los divinos mandamientos, a la ραθυμία (razimía, pereza espiritual y física) y a los instintos animales o deseos insensatos y así volvemos atrás como el perro cuando vomita, vuelve a comer sus vómito”. Estas cosas dice san Hisijio, en la Filocalía, sobre los resultados del olvido.

Aún más:

a) cubre la psique de niebla densa y no la deja ver la luz.

b) San Marcos el Asceta apunta que: “El olvido a Dios conduce al pazos del hedonismo, es decir, a la búsqueda de los placeres carnales e indiferencia por el sufrimiento de los demás”.

c) Olvido significa omisión de los mandamientos de Dios. Los mandamientos de Dios desvanecen en nuestro interior y no nos provocan ninguna impresión o entusiasmo.

d) Así no está lejos el camino para el oscurecimiento del nus por la άγνοια (agnia, desconocimiento, ignorancia y oscuridad).

e) El olvido es el refugio seguro del maligno, de donde el diablo con seguridad puede infundir sus loyismí (pensamientos, reflexiones, ideas) para la destrucción del hombre, a causa de su falta de fe e indiferencia sobre las cosas espirituales.

Terapia. Θεραπεία     

Algunos de los medios que que nos aconsejan los Santos Padres de nuestra Iglesia son:

a) Lucha o combate

Para lucha contra el olvido hace falta conocimiento bueno y correcto de la manera del combate contra este. El combate que debe realizar uno es luchar para que la psique se desapegue de la carne y el mundo y remontarse a las espirituales. Porque el apego a las cosas sensibles, sensuales constituye un estado contranatural de la psique.

b) Se necesita persistencia

El esfuerzo persistente para la aplicación de los divinos mandamientos en la praxis tiene especial importancia. La memoria no puede retener cosas que ha aprendido teóricamente. Se necesita intento y esfuerzo continuo. El intento metódico y persistente de la aplicación de la divina voluntad conduce poco a poco a la desaparición de los malos hábitos y la persistencia en los buenos, por consiguiente a la memoria de Dios y al olvido del mal.

c) Esfuerzo, intento y aceptación de las tristezas y sufrimientos de la vida.

San Marcos el Asceta apunta: “Si quieres tener continuamente tu pensamiento en Dios, no eches como injustas las tristezas o sufrimientos que te vienen, sino acéptalas como justas y que debían ocurrir en tu vida… De estos acontecimientos se remueve la memoria a Dios y es expulsado el olvido”.

En el intento de superar el olvido, el mejor ayudante nuestro es el mismo Dios- “Haz tu el bien que te recuerdas y lo que no tienes en tu nus te será revelado de Dios, cuando venga el momento adecuado”.

Una velita pequeña vence la oscuridad, porque la luz es algo que existe, en cambio la oscuridad es falta de luz. La memoria es algo que existe. Así que una pequeña memoria de Dios, un pequeño intento, puede borrar la oscuridad que provoca el olvido.

Un factor clave para no olvidarse de Dios, son otras dos cosas: El estudio de Su ley y la memoria de Sus donaciones. El profeta David tenía continuamente en su interior la memoria de Dios y Su voluntad, por eso decía: “Estudiaré en tus derechos y no me olvidaré de tu ley”. “Estoy pegado en tus testimonios”. “Estudiaba tus mandamientos, los cuales amé mucho” y muchas más expresiones correspondientes. No estudiaba la ley de Dios sólo ocasionalmente por deber o típicamente, sino con consecuencias en su vida personal. Resultado de este deleite de su corazón, de este anhelo fuerte que tenía para el Dios, fueron las grandes donaciones continuas que nunca olvidaba.

Todo esto es resultado de la intensa agapi que tenía por Dios. Esta agapi intensa, el celo ardiente es algo que expulsa de nuestro interior la bestia del olvido.

Los malos resultados del olvido los sana una vigilancia estricta del nus y la incesable invocación del nombre de Jesús Cristo. Tan intenso que san Gregorio el Teólogo nos dirá: “Es preferible que uno mencione a Dios más que respirar. Y si debe decir junto con Moisés, diría que también cuando nos acostamos en la cama, cuando nos levantamos y cuando hacemos cualquier otra cosa, imprimir en nuestra memoria a Dios para conseguir la sanación, la claridad y la pureza del corazón” David recalca: “Me acordé de Dios y deleité”.

Si, la memoria de Dios deleita nuestra psique, pues, no pongamos dificultades y dudas para disfrutar de la memoria de Dios. Con esta memoria “la diania (mente, intelecto, cerebro) se hace cielo”.

Así se aleja “el malísimo olvido”, se evita la oscuridad del nus y amanece en nuestros corazones la luz de la gnosis increada de Cristo Dios

Ραθυμία (razimía), pereza física y espiritual

 Ραθυμία (razimía) es pereza espiritual y física, relajación, indiferencia y desanimo, desgana, desidia, indolencia, flojedad de la psique y del cuerpo.

Sobre razimía y sus resultados en general.

La ραθυμία (razimía) es el tercer gigante de nuestro tema. Constituye una situación patológica del nus muy grande y se asemeja mucho con las dos situaciones anteriores, la άγνοια (agnia, desconocimiento, ignorancia y oscuridad) y el olvido. Diríamos que es una pereza, desgana, desánimo, indiferencia, desidia, inmovilidad, flojedad y cualquier otra cosa parecida que podría uno utilizar para calificarla en el aspecto espiritual.

 Según san Juan el Crisóstomo esta también es un rasgo de la naturaleza humana que busca más bien el placer carnal que el espiritual. En otro punto nos dirá que es “la declinación fácil hacia la perdición”, no porque el Dios la ha creado así, sino “por la predisposición o libre voluntad y preferencia del hombre hacia la ραθυμία (racimía)”.

La raíz de ella se encuentra en la esclavitud de la psique en los sentidos del cuerpo y del mundo sensual. Su raíz se encuentra dentro de la psique, dentro de nuestro nus oscurecido, que pierde su posición de primacía con su subyugación a las cosas materiales.

San Pedro el Damasceno ve la raíz de la racimía en la insensatez. “Si la sensatez es la salud de la parte lógica de la psique y un estado del hombre ilustrado con continua vigilancia, entonces la insensatez es todo lo contrario”. Es la embriaguez de la parte lógica de la psique, oscurecimiento del nus, demencia y mala astucia y generalmente una decadencia de las fuerzas espirituales en una relajación donde todo es permisible.

La ραθυμία (racimía) es el resultado de una decadencia general de la psique que la caracteriza la oscuridad y la ceguera espiritual. San Marcos el Asceta se refiere: “La ραθυμία (racimía)” es la que teje la prenda oscura, la nube negra y el revestimiento de la psique.

Ella hace que el hombre caiga en la bestialidad de los instintos animales. De la ραθυμία (racimía) uno se hace vicioso, cruel y duro en la psique. La psique del hombre es blanda y se moldea fácilmente. Pero sucede como al agua del río, que se hace duro como la piedra cuando se congela por el frío. Lo mismo ocurre también a la psique, después del pecado se hace dura como la piedra.

La ραθυμία (racimía) también hace dura e insoportable la ley de Dios en la psique. ¿Qué nos hace ver que los mandamientos son duros? Pregunta san Crisóstomo. “Nuestra ραθυμία (racimía)”, contesta. Es decir, cuando mostramos nuestra buena disposición y voluntad las cosas duras nos parecen blandas, y cuando mostramos nuestra razimía hasta las cosas blandas y ligeras nos parecerán difíciles e insoportables.

Detrás de la ραθυμία (racimía) se esconde el diablo. “¿No tienes miedo… que a causa de la razimía salte algún demonio y encontrando tu psique sin ocupación ni preparación, entre en ella con facilidad, puesto que tu casa no tiene puerta?”

Realmente hay gran riesgo, cuando no hay atención y cuidado para las cuestiones espirituales, el mal astuto o maligno puede hacer lo que quiere de nosotros. Las dos grandiosas parábolas, “los tálantos o talentos, y, las diez vírgenes”, nos pintan muy característicamente los resultados de la razimía. Sobre Adán, san Basilio el Grande se refiere: “Se adormeció su loyismós por la razimía”. Pero también Judas “por la ραθυμία (racimía) se hizo esclavo del enemigo”.

La lucha contra la ραθυμία (racimía)

  1. El ejercicio severo, duro o forzoso. Η άσκηση βίας.

Se necesita de nosotros mismos levantamiento violento, revolución contra nosotros mismos. Es decir, hace falta dureza. Y la dureza es “la experiencia del dolor físico y labor en todo”.

Según san Basilio el Grande: “Dureza es el esfuerzo, agotamiento del cuerpo que voluntariamente sufren los discípulos de Cristo con la eliminación de su propia voluntad y el confort del cuerpo, pero conectados con la atención y la vigilancia en el cumplimiento y aplicación de los mandamientos de Cristo”.

La severidad limpia al nus, le eleva, le santifica y destruye la ραθυμία (racimía), mas junto con ella se destruyen las devastadoras malas fuerzas de la psique.

San Macario el Egipcio nos da una manera más clara para luchar con dureza, severidad contra la ραθυμία (racimía). “Forzarse a sí mismo en todo, este es al camino del Cristiano. Es decir, forzarse a sí mismo para el bien, a pesar que el corazón no lo quiera. Forzarse a sí mismo en la agapi =amor, a pesar que no ama. Forzarse a sí mismo a compadecer al otro, a pesar que no sienta compasión o pena para el otro… forzarse a sí mismo en la oración, aunque la oración no sea espiritual”. “Esfuerzo físico continuo” nos dirá san Juan el Clímaco.

Con la severidad se emprende una incursión en las profundidades de la psique para catalizar y suprimir la ραθυμία (racimía) que anida en nuestro interior. Al principio la lucha será exteriormente, sin entender nada, mecánicamente. Pero luego con la ascesis, la psique se encantará de esta situación y después de largo y severo ejercicio exterior e interior se hará emanante.

Esta sugerencia hace también san Basilio el Grande: “La realeza increada de Dios no pertenece a los que tienen ραθυμία (racimía), sino en aquellos que se fuerzan a sí mismos y ellos la arrebatan. Si quieres, pues, arrebatar el cielo no seas perezoso, con ραθυμία (racimía), sino conviértete en severo, forjador. Apriete el cuello bajo el yugo de Cristo… No examines los errores ajenos…”. Y este logos como va dirigido a los monjes, es muy agudo y penetrante. “No creas que todos los que están en el monasterio se salvarán”. Estos también tienen que forzarse y ser severos a sí mismos en todo, expulsando la insaciable y voraz ραθυμία (racimía).

Es cierto que dentro de los textos ascéticos hay multitud de ejemplos que los Padres ejercían violencia, se forzaban a sí mismos y expulsaban la ραθυμία (racimía) .

Uno de los padres se puso un canon para no salir de su celda durante la cuaresma. Pero en cooperación con el maligno su celda se llenó de pulgas. Entonces ejerciendo violencia, dureza a sí mismo dijo: Aunque me muera no saldré de mi celda. ¡La tercera semana de la Gran Cuaresma de forma extraña ve una multitud de hormigas que hicieron desaparecer las pulgas!

Así ejercían violencia a sí mismos aquellos padres, cosas que para nosotros hoy día son incomprensibles.

El ejercicio de la dureza y severidad a nosotros mismos es relativamente fácil para vencer la ραθυμία (racimía) y sus terribles consecuencias en la vida espiritual. Es mucho más agradable que los cansancios y las consecuencias mortales de la ραθυμία (racimía) y la vida sin sentido dentro de las comodidades y la inercia.

2. Recuerdo o memoria de la muerte. Μνήμη θανάτου.

El recuerdo de la muerte es un arma potente y efectivo para aquella psique que ha decaído al profundo sueño de la ραθυμία (racimía).

Esta memoria de la muerte genera al hombre el luto, induce a la contención y templanza, recuerda que ella es la madre de la oración y las lágrimas del corazón, protege el corazón del apego pasional a lo terrenal y material, conduce al discernimiento y al temor a Dios, ayuda a la aplicación y el cumplimiento de los mandamientos de Dios y la lucha espiritual se afronta con pundonor, coraje y ánimo.

Dice en relación san Juan de la Escalera: “Por eso es necesario el recuerdo de la muerte, porque conduce a la actividad espiritual y empuja a la realización de la virtud. Se dijo que no es posible par uno vivir sólo con la piedad, si no tiene en cuenta que cada día es como el último de su vida… La memoria de la muerte hace al corazón no tener miedo, temor, porque lo libera de cualquier otro temor o miedo”.

Estos pocos goteos de san Juan, el de la Escalera, son muy característicos sobre como es de útil el recuerdo de la muerte para la expulsión de la ραθυμία (racimía) de nuestra psique.

3. Por su puesto, aún más ayudante es también el recuerdo o memoria de Dios. Ακόμη πιο βοηθητικό βέβαια είναι και η μνήμη του Θεού.

El verdadero destino del hombre es el litúrgico. Vive para estar alabando y glorificando su Creador y su Dios. Está claro que esto no se entiende con una oración típica. Debe ser una oración encarnada, porque entonces su vida se hace realista, cuando se convierte entera en tiempo de oración. Realmente es una misión muy grande, la que uno puede conseguirla luchando contra todos los pazos y particularmente contra estos tres gigantes: La άγνοια (agnia, desconocimiento, ignorancia y oscuridad), el olvido y la ραθυμία (racimía).

Terminamos, en forma de epílogo, con los sabios consejos de san Marcos el Asceta, quien ha dado también la denominación de estos tres pazos y los llamó Gigantes:

“Después de vestir las armas de la virtud con la fuerza y energía increada del Espíritu Santo, con cada tipo de oración y ruego, con valentía y coraje, derrotarás a los tres gigantes de los malignos astutos demonios que hemos mencionado. Con la excelente memoria de Dios, pensando siempre en lo que es verdadero, decente y respetuoso, más con lo que está en conformidad con la justicia y tiene buena reputación y cualquier otra virtud y obra que vale la pena, ganarás el malvado olvido y lo enviarás lejos de ti. Con la iluminada y celeste gnosis (increada) eliminarás la destructiva y oscura άγνοια (agnia, desconocimiento, ignorancia y oscuridad). Con la bella predisposición llena de virtud echarás lejos la atea ραθυμία (racimía) que siembra el mal en la psique.

Estas virtudes cuando las adquieras, no sólo con la predisposición, sino realmente -con la ayuda de Dios y la sinergía del Espíritu Santo- con mucha atención, vigilancia y oración, podrás sanarte y salvarte de los tres gigantes potentes del maligno que hemos mencionado. Porque la coexistencia de la verdadera gnosis (increada), el recuerdo de los logos de Dios y el buen ánimo, que con la ayuda de la jaris viva (gracia, energía increada) y con lucha, será instalada en la psique y con diligencia y esmero será mantenida; esta coexistencia elimina de la psique cualquier sombra del olvido, de la άγνοια (agnia, desconocimiento, ignorancia y oscuridad) y de la ραθυμία (racimía).

Entonces reina la divina jaris increada en la psique, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amín.”

San Marcos el Asceta Filocalía Tomo 1 175-176

Fuente: http: www.diakonima.gr

Traductor: xX.jJ

Teología Empírica Ortodoxa – Increado / Creado

ANALIPSIS 6

 

Teología empírica de la Iglesia Católica Ortodoxa según Padre Romanidis (entregas orales, por Ieroteo Vlajos) tomo 2º

 

Increado y creado (pág. 100)

Por todo lo que se ha expuesto anteriormente se ve claramente que Dios es increado, mientras que todo el mundo es creado. La palabra “άκτιστο” (aktisto, increado) se constituye de la a privativa y la palabra “κτιστός” (ktistós, creado) y manifiesta algo que no se ha creado, construido o formado, entonces tampoco se define. Así que, lo increado no tiene principio, comienzo ni fin; en cambio lo creado tiene principio de creación, es corruptible y tiene fin, al no ser que Dios no quiera que tenga un final.

Los santos durante la experiencia ven la energía-doxa (gloria, luz increada) de Dios, que se discierne claramente de la energía de las cosas materiales. Por ejemplo, el Apóstol Pablo caminando hacia Damasco, al mediodía ha visto, como el mismo dice: “…una luz venida del cielo, más brillante que el sol” y también escuchó una voz, (He 26, 13-14). Es decir, vio Luz que se distinguía de la luz creada del sol.

 a) Diferencia entre increado y creado.

La enseñanza fundamental de los Padres de la Iglesia, los cuales tienen la experiencia de los Profetas y los Apóstoles, es que entre lo increado y lo creado no hay ninguna similitud; porque la creación está hecha de la inexistencia o de la nada, vino en la existencia de la inexistencia por la energía (increada) creativa de Dios, el cual es el Ων (On) Ser o Existencia. El Hijo es el Ων (On) Ser o Existencia que ha nacido del Ων (On) Padre antes de los siglos y no provino del no ser o de la inexistencia, tal y como se ha hecho con la creación, por eso es el Dios increado.

«Las creaciones están hechas de la nada y lo que es de Dios es increado. Por lo tanto, el Logos, es de la esencia del Dios Padre, es increado. El Espíritu Santo, es de Dios Padre, es increado. ¿La Doxa-gloria es de Dios? Entonces es increada. ¿La Jaris-Gracia es de Dios o no? Si es de Dios, es increada. Estos son los predicados más fundamentales del pensamiento patrístico.

Por lo tanto, lo increado, no es simplemente aquello que no tiene origen o procedencia. Si uno lo toma en aspecto filosófico, si algo tiene causa, entonces debe ser creación, porque únicamente el Dios es sin causa».

El Ángel de la gloria que veían los Profetas en el Antiguo Testamento, era increado y no se iconiza (pinta, representa), porque no hay similitud entre increado y creado. Pero el Logos se iconiza después de la encarnación.

Durante la experiencia de la zéosis o glorificación, el de la visión divina sabe que la Doxa-gloria es increada y también las energías son increadas. No es posible para alguien llegar a la visión divina, ver la Doxa-gloria de Dios y sostener que el Logos de Dios es creación.

«Arriano decía que el Logos es creación. Pero no puede haber hombre que haya llegado a la iluminación y decir tal cosa. Porque de la experiencia de la zéosis, uno sabe que el Logos es increado, no es de la inexistencia o de la nada. El Logos es del Padre. Las creaciones son de la inexistencia o de la nada. En la iluminación ya no hay duda, porque el maestro del iluminado esto ya se lo ha enseñado.

Pero aquel que llega a la zéosis, sabe también por su experiencia que el Logos es increado y la Doxa-gloria también es increada, y que el Padre es increado, el Espíritu es increado y que el Espíritu es hipóstasis (persona o base substancial o esencial), etc. Todo esto ya es teología empírica, por experiencia vivida».

El término ομoούσιος (omousios, consubstancial o misma esencia), que fue utilizado para expresar que el Logos tiene la misma esencia con el Padre, es interpretación de Logos increado que veían los Profetas en el Antiguo Testamento.

Pero el término omousios-consubstancial, tampoco se puede entender lógica y filosóficamente, porque este término esencialmente se identifica con lo increado. Nosotros lo creado lo entendemos lógicamente, pero la esencia de Dios, de la que no participamos, no la conocemos, por eso la calificamos como increada.

«Lo de “ομοούσιος τω Πατρί, consubstancial del Padre”, es lo dicho. Esto no se puede entender filosóficamente, nadie puede penetrar en el significado. Consubstancial significa increado, nada más, o sea, increado es igual a amousios-consubstancial. Cuando decimos que el Logos es consubstancial del Padre, significa que el Logos es increado, como también el Padre es increado. Esta cosa no significa nada más.

La palabra increado no es captada por la lógica. El término ομοούσιος consubstancial nunca transmite comprensión; igual que el término Dios, no transmite comprensión. Pero la intención de estos términos, estos logos o verbos y conceptos que se dicen en el Antiguo y Nuevo Testamento, son para darnos un medio para conocer a Dios por la lógica o por la zéosis o glorificación. ¿Cuál es el fin o intención del verbo o dicho? ¿Conducirnos a la comprensión lógica o a la experiencia de la zéosis-glorificación que transciende la lógica?»

Está claro y cierto que los verbos-dichos tiene el propósito de conducirnos a la experiencia de la zéosis y no a la meditación o filosofía.

b) El puente entre increado y creado

Los hombres son creaciones del Dios increado. Entre creado e increado no hay ninguna similitud, y sobre todo, se observa una diferencia caótica entre ellos; a pesar de eso, el hombre llega al punto de ser partícipe de la doxa-gloria y energía increada de Dios, unirse con ella y adquirir la gnosis espiritual (increada) de Dios. Es maravilloso y sorprendente el cómo se hace esto. El puente que une lo creado con lo increado es la misma Jaris (gracia, energía increada) de Dios.

Los filósofos hablaban para lo natural y lo sobrenatural e insistían que la lógica del hombre puede comprender lo metafísico. Pero, según los Padres, el hombre con la lógica puede conocer las creaciones, en cambio la gnosis de la realidad increada es regalo de Dios y se hace con el “autovisionario ojo increado de Dios”, es decir, con la misma doxa-gloria, energía de Dios, según el salmo: “En tu luz contemplamos la luz” (Sal 35,10).

« ¿Puesto que no hay similitud entre el Dios y las creaciones, entonces cuál es el puente entre creado e increado?

En la gnoseología antigua de los filósofos helénicos hasta Cant y los años posteriores, etc., el puente entre creado e increado era la lógica, o razón, en aquellos que había este discernimiento, creían que la lógica del hombre puede comprender lo metafísico, lo increado. Generalmente este discernimiento existe en el cristianismo ortodoxo y en el islamismo. Los filósofos identificaban lo creado y lo increado. El puente era la lógica del hombre; ahora si es mediante revelación natural, la lógica comprende. Cuando la lógica no puede encontrar aquello que no puede encontrar, entonces viene como regalo de la apocálipsis, revelación sobrenatural; el hombre por la fe otra vez comprende; en un caso entiende por la fe, entonces otra vez lógicamente; por lo tanto, la lógica capta por la fe o por el método lógico. Así pues, una gnosis completa la otra.

Pero en la tradición patrística, no hay puente creado. Es decir, existe un puente entre creado e increado, pero el puente es increado. Porque el hombre, el cual no tiene el ojo autovisionario increado de Dios, por el cual el Dios se ve a Sí Mismo, es decir, el hombre no ve lo increado. Por eso la interpretación de los Padres en el salmo “en tu luz contemplamos la luz”, significa que dentro de la Luz increada veremos la Luz increada, es decir, el que no está dentro de la Luz no ve la Luz.»

En el Antiguo Testamento, mediante la doxa-gloria de Dios, los Profetas llegaban a la contemplación del Logos no encarnado, y en el N. Testamento los deificados, con la misma doxa-gloria increada veían la deidad del Logos. Al encarnado Logos se unió hipostáticamente (substancialmente o personalmente) la naturaleza humana con la divina; por eso en Su Persona se unió lo increado con lo creado, lo pasible con lo in-pasible, lo inmortal con lo mortal.

El puente gnoseológico para la experiencia de Dios no son los filósofos y los meditadores, sino los deificados; no es la gnosis humana, sino la Jaris (increada) de Dios, que energiza, opera en los deificados. Y esto, está claro que ocurre, porque existe el Θεάνθρωπος (zeánzropos, Dios y hombre) Cristo, al Cual se unieron hipostáticamente (substancialmente) la naturaleza divina con la humana.

c) La zeoría o contemplación de la Doxa-gloria increada de la Santa Trinidad.

La gnosis de la Santa Trinidad es conocida por la visión divina de la energía de Dios. El deificado adquiere experiencia personal y la energía de la doxa-gloria de la Santa Trinidad es increada.

«El deificado, cuando ha visto la Santa Trinidad sabe que es increada y también doxa, energía, etc. Todas estas cosas salen por la experiencia de la zéosis.»

La contemplación de la Luz increada de los deificados es inconfundible, inequívoca, es decir, verdadera, no hay mentira, el de la visión divina no es engañado. Con “el autovisionario ojo increado” de Dios, el deificado discierne la Luz increada, tanto de la luz creada del sol, como de la luz creada del diablo, quien algunas veces “se transfigura en ángel de luz” (2ªCor 11,14).

Existen claras diferencias entre la luz creada e increada, tal y como certifican los que “tienen experiencia instructiva”.

«La Luz increada no tiene forma ni figura, tampoco especie o tipo. Por eso se llama no formada, sin forma y sin especie. Esto es un golpe contra Platón, quien cree que el hombre debe conocer los tipos in-cambiables, inalterables o sea, los arquetipos. Es decir, esta terminología se enfrenta contra Platón. Y cuando los Padres dicen que la doxa-gloria de Dios es sin tipo o especie significa que no son los tipos del Platón, etc.»

Después de la encarnación de la Segunda Persona de la Santa Trinidad, la Apocálipsis de Dios se hace a la naturaleza humana del Logos. Esto significa que la naturaleza humana de Cristo, se hace fuente de la energía increada de Dios, pero lo que se manifiesta en Cristo es la doxa-gloria de Su deidad. Los Discípulos de Cristo fueron dignos algunas veces de ver la Doxa-gloria increada de la deidad en la naturaleza humana del Logos. Esta apocálipsis (revelación) se hace de dos maneras; con los milagros y con la aparición, revelación de la Realeza increada de Dios al monte Tavor y en el Pentecostés. Pero, sobre este tema hablaremos más abajo en el capítulo sobre la humanización del Logos.

De todo lo que se ha expuesto, se ve que el Dios Trinitario existe, no porque nos lo han dicho los filósofos, tampoco porque nosotros podemos adquirir demostraciones lógicas sobre Él; sino porque los Profetas, los Apóstoles y los Padres se hicieron dignos y capaces de ver Su Doxa-gloria, Su Realeza, Su Luz, como Logos no encarnado en el A. Testamento y como Logos encarnado en el N. Testamento.

Los términos “hipóstasis”, “esencia”, “energía”, “omousio o consubstancial”, “modo de existencia”, son formulaciones de la experiencia de los deificados. No se trata de términos filosóficos ni de meditaciones, sino de logos, dichos o verbos que expresan, a la medida de lo posible por la lengua humana, la experiencia de la visión divina, para conducir a los hombres a la participación de la doxa-gloria (increada) de Dios. El que reflexiona con estos términos filosóficamente, no puede adquirir gnosis auténtica y pura de la doxa-gloria increada del Dios Trinitario.

La energía de Dios en la creación (pág. 116)

Dos son los dogmas fundamentales de la Iglesia (ortodoxa) en relación con la creación. Lo primero es que el Dios ha creado la creación desde la nada o la inexistencia y no de las supuestas ideas; y lo segundo es que el Dios gobierna, mantiene y previene para ella con Su energía increada y no con leyes creadas.

Está claro y cierto que una es la energía de Dios, pero se distingue en muchas energías, según sus resultados; o sea, energía esenciadora, vivificadora, deificadora, sapienciadora, como también la creadora, la mantenedora, la proveedora y la glorificadora energía (increada) de Dios. Toda la creación participa analógicamente a la energía increada de Dios. Desde este punto, hablando sobre la energía de Dios en la creación, nos referiremos a la increada energía creadora de Dios y no a la increada glorificadora de la que participan los ángeles y los santos, tal y como veremos a continuación.

«Todos los seres participan de la creadora energía increada de Dios y no de la deificadora o glorificadora.»

En la energía glorificadora o deificadora participan los ángeles y los santos. En la creación existe la creadora la energía increada y la increada compositora o contenedora de Dios.

«La creadora energía increada es la que trae a la existencia, y la increada contenedora es la que conecta, contiene y mantiene. Tal y como hace el hidráulico que viene en casa para mantener las tuberías». 

Dentro de todo el universo no existen las llamadas leyes naturales, las cuales supuestamente puso el Dios dentro de la creación, y a continuación abandonó la naturaleza, sino logos naturales, la energía increada de Dios. Cristo se ha referido sobre este tema, cuando dijo sobre los pájaros del cielo: El Padre celeste les alimenta, sobre los lirios del campo que el Padre celeste adorna, y también para el hombre por quien se interesa personalmente (Mt 6,26-33). También, en esto se refiere el logos de Cristo: “17 Pero Jesús les contestó: «Mi padre trabaja continuamente y yo también como él.»

 17. Pero Jesús respondió a los judíos los pensamientos que tenían en sus mentes contra él: «Mi Padre trabaja sin cesar, porque no sólo creó al mundo sino también lo gobierna. Además, yo su Hijo también trabajo continuamente para la sanación y salvación de los hombres, ni siquiera el sábado interrumpo mi obra.» (Jn 5,17). Además, el Salmo 103, tiene muchas frases que indican la intervención personal de Dios a la creación: “Haces manar las fuentes a raudales y se deslizan entre montañas”, “el que envía hierbas verdes a las bestias”, etc.

«La energía increada de Dios está en todas partes presente y consume el universo».

Muchos Padres, principalmente, san Máximo el Confesor, cuando se refieren a la increada energía contenedora, mantenedora de Dios, que se encuentra en toda la creación hablan sobre “los logos de los seres”. Estos logos de los seres, no son los arquetipos y los géneros de Platón, tal y como sostenían los antiguos filósofos, sino la increada energía creadora y contenedora de Dios.

«Existe una diferencia entre los Padres y Agustín, en lo siguiente: Como Agustín identificaba la Doxa-gloria de Dios con los arquetipos y con los géneros de Platón, etc; la iluminación para Agustín no era la eterna, infinita o in-interrumpible memoria de Dios dentro al corazón, sino el avistamiento de los arquetipos de la esencia de Dios, cuando uno capte en su mente los arquetipos o los géneros, tipos.

Aquí debemos tener mucho cuidado, porque los arquetipos, algunas veces se utilizan de los Padres, pero los arquetipos para los Padres son sin géneros, no son los géneros platónicos; en cambio para Agustín son los géneros que se identifican con los arquetipos. Aquí, tenemos los géneros. Tenemos la ration o los rations (razones), es decir, que son los logos. Nuestros logos en latín se llaman “rations”. Agustín de vez en cuando se refiere a los rations.

Si solamente se limitara hasta allí, bien, sería correcto, porque esta es la enseñanza de la religión, porque uno debe conocer los logos (causas o razones) de los seres o entes. Pero los logos de los seres en nosotros no son los géneros arquetipos, estas cosas no son géneros o especies para nosotros, sino voluntades divinas, son destinaciones o asignaciones, etc., estas cosas son voluntades divinas. Para Platón no son voluntades divinas. Para él son aquellas cosas por las que el mundo es la copia de ellas. Es decir, si es el género humano, nosotros también somos copia de la idea del hombre o humano. Sí, pero el hombre no es copia de los logos de los seres o entes. Porque los logos de los seres son sin género. En la escritura patrística, los logos de los seres no tienen ninguna similitud con las creaciones».

Pero lo interesante, es que la enseñanza de los Padres sobre los logos de los seres no era filosófica, racionalista, sino empírica (por experiencia); porque los mismos, alguna vez con la increada energía iluminadora y deificadora de Dios, llegaron a ver la energía proveedora y mantenedora de Dios en la creación, cosa que se llama “zeoría física” (contemplación natural).

«El hombre si se encuentra en la iluminación, adquiere “zeoría física, natural” de los seres; es decir, dentro de la creación ve la energía increada de Dios. El iluminado teniendo la energía increada de Dios en su interior, ve la energía (increada) del Espíritu Santo en todas las creaciones».

Está claro y cierto que existen los grados de la “zeoría”, contemplación espiritual, según la situación o estado espiritual del hombre.

«Una es cuando ves por la fe la energía increada de Dios, es decir, entiendes la energía de Dios dentro de la creación, cuando aceptas la enseñanza de los Santos Padres. La otra es cuando ves la energía de Dios dentro de la creación, cuando participas de la increada energía iluminadora de Dios».

La apocálipsis de las energías increadas de Cristo (pág. 227)

El Cristo después de Su Bautismo al río Jordán empezó oficialmente Su obra. En realidad el Cristo reveló Su deidad, Sus increadas energías, mediante Su naturaleza humana. Es decir, con la humanización de Cristo la apocálipsis conecta y se une con el Θεάνθρωπος (zeánzropos) Dios y hombre, Cristo.

Los Apóstoles veían la energía de la naturaleza increada al Cristo por Sus milagros y Su enseñanza y más tarde tres de ellos vieron la Luz de Su deidad en la Metamorfosis del monte Tabor. El cuerpo de Cristo es la fuente de las energías increadas de Dios.

«Se debe recalcar que en Su vida terrenal, el Cristo no reveló Su naturaleza a los hombres, porque la veían con la naturaleza humana. Entonces viendo a Cristo todos sabían que era hombre, pero lo que hacía falta era la apocálipsis o revelación de la naturaleza increada de Cristo, que era de la misma esencia del Padre y del Espíritu Santo y también que es de las mismas energías, y que el mismo es increado sobre la hipóstasis (base substancial), sobre la esencia y sobre la energía.

Esta apocálipsis de las energías de Cristo se hace de dos maneras. Una es con los milagros. Es decir, hace milagros y de estos se ve claramente que el mismo es la fuente no sólo de las energías creadas, sino también de las increadas; puesto que el mismo hace milagros que sólo la energía increada puede cometer. Es decir, los resultados son de energías increadas. Uno podría creer que el Cristo es un medio o un órgano, por el cual se revela lo increado, sin que el Mismo sea fuente de las energías increadas. Es decir, se podría considerar que el Dios energiza, opera por el Cristo como hombre y que el Cristo se vea que hace los milagros, pero es el mismo Dios que hace los milagros mediante Cristo. Entonces podríamos con una Cristología de Arrianica tener milagros, tal y como tenemos milagros mediante los Profetas, etc.

Pero la esencia de la enseñanza ortodoxa sobre Cristo es que el mismo Cristo, el Logos de Dios, y el Cristo como Logos de Dios, no es simplemente un medio de milagros, sino que es la fuente de las energías milagrosas. Porque el mismo es el Logos que se encarnó y existe la contra-entrega de las cualidades o atributos; entonces, el Logos energiza y opera como hombre y también como Dios. Por lo tanto, Cristo no es un medio de energías increadas, sino la fuente de las energías increadas, etc. Esta apocálipsis de la esencia increada de Cristo se hace, primero con los milagros. Hace milagros que solamente Dios puede hacer.

La otra manera es Su enseñanza. Enseña cosas con autenticidad y poder del mismo Dios. Es decir, él mismo enseña como Dios. Tenemos milagros y tenemos enseñanza. Los milagros son resultados visibles de las energías increadas. Por lo tanto, el hombre viendo las obras, puede convencerse de lo que dice Cristo: “…ya que no creéis en mi, creed en mis obras… (Jn 10,38). Es decir, que los resultados son de las energías increadas; creed en esto, en las obras, ya que a mí me veis como hombre».

Aparte de Sus milagros y enseñanza, hay casos durante los cuales Cristo reveló la doxa-gloria increada de Su deidad como Luz increada.

«Si vemos detalladamente la Santa Escritura, veremos que existen tres estadios de enseñanza. El mismo Cristo dice, los que están afuera, les enseña con parábolas. Pero, “vosotros que estáis dentro”, que son los Apóstoles, aprenden directamente los misterios de la realeza (increada) de Dios, sin parábolas, (Mrc 4,11).

Por lo tanto, tenemos enseñanza en parábolas y tenemos enseñanza de los misterios de la realeza increada de Dios; y que los misterios de Dios son misterios de la Iglesia; y después de esto tenemos otro nivel de aprendizaje de la verdad, que es esto que llaman los Padres “zéosis”, la glorificación o apocálipsis (revelación) de la realeza increada o la gloria de Dios».

Una temprana metamorfosis de Cristo, es decir, revelación de la doxa-gloria increada de Cristo, se hizo en el caso de los dos alumnos de Juan el Bautista. Nos cuenta san Juan el Evangelista:

“Al día siguiente, Juan, estaba todavía allí con dos de sus discípulos, y vio a Jesús que andaba por allí y dijo: He aquí el Cordero de Dios. Y sus dos discípulos lo escucharon y siguieron a Jesús. Y volviéndose Jesús y viendo que le seguían, les dijo: ¿Qué buscáis? Ellos le dijeron: Rabí, (que significa Maestro) ¿dónde vives? Él les dijo: «Venid y lo veréis.»  Fueron y vieron donde vivía y se quedaron con él aquel día. Era como las cuatro de la tarde” (Jn 1,35-40).

«Los dos alumnos de Juan el Bautista, cuando se hicieron alumnos de Cristo, Le preguntaron “dónde vives? (Jn 1,39). ¿Esto significa que los Apóstoles rogaron a Cristo para que les enseñara la casa donde vivía? No. Significa que rogaron a Cristo que les apocalipte (revele) donde está su refugio o habitáculo, que es la doxa-gloria increada de Dios. Y durante un día entero los Apóstoles participaban de la experiencia de la zéosis. Por lo tanto, tenemos la primera experiencia de la zéosis, después del Percusor Juan. Tal y como el Percusor Juan tuvo esta experiencia de Cristo, así lo mismo la tuvieron también Sus Alumnos».

La mayor apocálipsis (revelación) de la Doxa-gloria de Cristo se hizo en la Metamorfosis del monte Tavor, delante de Sus tres alumnos, Pedro, Juan y Jacobo o Santiago. Aquí se ve que el Cuerpo de Cristo es la creada tienda de cabaña que cubría la deidad y así se interpreta el pasaje: “…y acampó o puso su tiende de cabaña entre nosotros” (Jn 1,14).

«Cristo toma los tres Apóstoles notables y se metamorfosea delante de ellos. Y apocalipta, revela Su realeza increada y Su doxa-gloria increada a los tres, en presencia de Elías y Moisés. Después Pedro comete aquel error y dice: “Maestro, ¡qué bien se está aquí! Hagamos tres tiendas… (Mc 9,5). Es decir, no entendió qué tienda tenían. Tenían ya la misma tienda creada (la naturaleza humana) que sustituye la otra tienda que hizo Moisés. Pues, aquí tenemos otra vez experiencia de la zéosis, porque la naturaleza humana de Cristo es fuente de la doxa-gloria increada.»

La aparición de Moisés y de Elías, durante la Metamorfosis de Cristo al Tavor, muestra que Él Mismo era el que aparecía no encarnado en el Antiguo Testamento. Y a él vieron el representante de la Ley (Moisés) y el representante de los Profetas (Elías).

«Tenemos la Metamorfosis. Allí está la esencia de la enseñanza ortodoxa. Los Apóstoles vieron a Cristo a apocaliptar (revelar) la deidad increada en ellos, y apocaliptar que el Mismo es el Cristo, quien había aparecido a Moisés y a Elías, por eso están también presentes. Esta es la apocálipsis. Esto es el dogma de la Santa Trinidad, que el Cristo es el Yahvé, el Señor de la doxa-gloria, quien aparece en el Antiguo Testamento y apocalipta, revela dentro de Sí Mismo al Padre. Esta es la Santa Trinidad.

La misma apocálipsis tenemos también al Nuevo Testamento, pero ahora se añade la naturaleza humana de Cristo. En la Metamorfosis tenemos apocálipsis de la doxa-gloria increada de Cristo, mediante la naturaleza humana de Cristo, y también la nube que ensombreció a los Apóstoles».

En el monte Tabor se manifiesta y revela el misterio de la encarnación del Hijo y Logos de Dios, puesto que la naturaleza humana es la fuente de la doxa-gloria increada de Dios. Y de este misterio de la encarnación fueron partícipes los tres Apóstoles.

«En la Metamorfosis, donde Cristo se ve en doxa-gloria increada, está encarnado. Por lo tanto, mientras en el Antiguo Testamento la doxa-gloria emanaba del Ángel del Señor, del Señor de la gloria. Del Ángel de la Gran Voluntad en Espíritu Santo, y el deificado tenía este contacto inmediato con el Señor de la gloria increada, con el Yahvé; exactamente ahora lo mismo tiene la Metamorfosis en el Nuevo Testamento, pero ahora interviene la naturaleza humana del Yahvé o del Ángel del Señor o del Ángel de la Gran Voluntad.

Pero la Luz increada, emana de la naturaleza humana de Cristo. Y se ve de esta apocálipsis que la naturaleza humana no es simplemente la portadora de la doxa-gloria increada de Dios, sino que esta misma naturaleza de Cristo también es fuente de la doxa increada de Dios; porque la unión hipostática es natural y por la jaris (gracia increada), igual que en un Apóstol. Porque podemos ver a Moisés en doxa-gloria increada, pero él no es fuente de la doxa increada de Dios; es portador de la doxa increada de Dios, en cambio en la Metamorfosis, la naturaleza humana es fuente de la doxa-gloria increada. Por eso el Cristo se apocalipta claramente también como la Segunda Persona de la Santa Trinidad. En cuanto al Padre es la fuente de la doxa-gloria increada, Cristo es fuente de la fuente. Por lo tanto, fuente el Padre, fuente el Logos y fuente el Espíritu Santo.

Esto lo sabemos de la experiencia de la zéosis y no simplemente leyendo la Santa Escritura. Uno puede investigar estas cosas leyendo la Santa Escritura, pero la culminación, si se interpretara correctamente la Santa Escritura, es la misma experiencia de la zéosis. Porque aquel que tiene la experiencia, sabe también qué escribe la Santa Escritura sobre este tema. Uno que no tiene la experiencia, puede investigar, si sigue la interpretación patrística. Pero si sigue la interpretación de un protestante o de un papista, no entenderá nada sobre la Metamorfosis de Cristo.

Por eso, en la tradición papista hace unos años, la fiesta de la Metamorfosis ha sido reducida en fiesta segundaria. Ya no es fiesta Soberana o Principal como era antiguamente. Y si lees la interpretación que hacen los papistas, sobre el tema de la Metamorfosis, son tonterías puras. Por ejemplo, tomad el gran teólogo de los papistas Danielu y leed lo que dice para la Metamorfosis, te horrorizas de las estupideces y las tonterías que dice.»

Los tres discípulos encima del monte Tabor se transformaron, es decir, se convirtieron, metamorfosearon, cambiaron y “el cambio lo vieron”. Uno no puede ver la Luz increada, si no se encuentra en estado de zéosis, si no se metamorfosean, transforman también los sentidos físicos. Así que la Luz increada fue contemplada de los Alumnos por la zéosis de ellos; es decir, interiormente. Se encontraban dentro de la Luz increada y vieron la Luz. “En tu luz contemplamos, vemos la luz” (Sal 35,10). Pero mientras la luz energizaba, operaba interiormente, mediante la zéosis, el Cuerpo teantrópino o divino-humano de Cristo, que era la fuente de la luz increada, estaba fuera de los Discípulos.

«Ahora, el que los Apóstoles puedan ver la Luz increada que emana de la naturaleza humana de Cristo como fuente, la misma Luz increada emana también de la nube luminosa; es decir, están dentro de la Luz increada y ven que la naturaleza humana de Cristo es fuente de la Luz increada, en la que ellos están dentro. Pero el Cuerpo de Cristo no ilumina a los Apóstoles interiormente, sino exteriormente. El cuerpo ilumina exteriormente, pero la Luz increada ilumina interiormente. No es la misma cosa.

Un ruso había escrito que la Luz ilumina exteriormente, pero los Padres dicen que la luz que ilumina exteriormente es demoníaca. Por lo tanto, de la manera que éste interpreta la Metamorfosis, resulta que los Apóstoles en la Metamorfosis tenían energía demoníaca, puesto que estaban iluminándose exteriormente».

«En la Metamorfosis la doxa-gloria increada de Dios se apocalipta a los Apóstoles de forma curiosa. La Luz tiene como fuente el cuerpo de Cristo, por lo tanto la naturaleza humana de Cristo irradia la Luz increada, esta Luz increada se hace visible a los notables Apóstoles, y que están acompañados de Elías y Moisés.

Pero sabemos lo siguiente: Cuando uno tiene la experiencia de la apocálipsis, el hombre “en la luz ve la Luz” (Sal 35,10). Es decir, para que uno vea la Luz increada, debe estar dentro de la Luz increada. Por lo tanto, la Luz increada nunca está exteriormente».

«En el caso de la Metamorfosis, la doxa-gloria increada de Cristo se apocalipta de la naturaleza humana de Cristo. Entonces, aquí algunos teólogos nuestros, siguiendo a un teólogo Ruso, han hecho una interpretación, que según san Gregorio Palamás, la Luz que se apocalipta de la naturaleza humana de Cristo en la Metamorfosis estaba fuera de los Apóstoles, en cambio en el Pentecostés está interiormente.

Esto es la energía. Porque si está exteriormente es demoníaco. Esta energía de los Apóstoles si es así es demoníaca. Está en el interior no fuera. El mismo san Gregorio Palamás recalca que la doxa-gloria que se apocalipta del cuerpo de Cristo se apocalipta también de la nube luminosa, porque la misma nube luminosa es la doxa de Cristo. Porque en el Antiguo Testamento, cuando decimos “columna de fuego” y “columna de νεφέλη (nefeli) nube luminosa”, la palabra nefeli significa doxa-gloria.

Entonces, significa que los Apóstoles no vieron sólo la doxa increada de la naturaleza humana de Cristo, sino que la veían dentro de ella, porque estaba dentro de la doxa increada, cubiertos de la nefeli, “nube luminosa” que es la doxa-gloria y la realeza increada de Dios. Por lo tanto, significa que la Luz estaba interiormente, pero el cuerpo de Cristo exteriormente. Entonces tenían alumbramiento interior, pero tal y como ellos tenían el alumbramiento interior alumbraba también el cuerpo de Cristo. Aquello que estaba exteriormente, no era la Luz, sino sólo el Cuerpo de Cristo, que en la Metamorfosis estaba fuera de los Apóstoles.»

La Luz que provenía de la naturaleza humana del Logos, era la Luz de la deidad y esta era increada.

«No tiene forma, ni figura ni especie, tipo o genero. Por eso se llama no formado, no figurado, sin género o especie e increada».

Los tres Alumnos vieron la Luz de la deidad, se hicieron partícipes de esta Luz increada; y como esta Luz increada es la Realeza increada de Dios, por eso también los tres Alumnos consiguieron ser partícipes de la Realeza increada de Dios.

De la narración de los Evangelistas y también del testimonio del Apóstol Pedro, los tres Discípulos, al monte Tabor vieron la doxa-gloria de Dios proviniendo del Cuerpo de Cristo, escucharon la voz del Padre y vieron el Espíritu Santo con la nube luminosa. Además, Cristo nunca estaba separado del Padre y del Espíritu Santo.

Esto se repite en cada experiencia de visión divina. Los santos durante la visión divina no ven Padre, Hijo y Espíritu Santo, sino deidad triluz (tres luces) que tienen la misma doxa-gloria increada, la misma Luz, las cuales tienen algo particular o especial que es la particular cualidad hipostática (substancial o personal), lo in-nacido del Padre, lo nacido o generativo del Hijo y lo procedente del Espíritu Santo. Y las tres Personas tienen común la esencia y la energía, en cambio la energía increada de ellos se contempla como Luz (increada).

La manifestación de la doxa-gloria increada de Cristo en la Metamorfosis del monte Tabor fue un acontecimiento importante en la vida de los Apóstoles y el acontecimiento fundamental a la vida de la Iglesia, tal y como veremos más abajo.

La Iglesia increada y la creada (pág. 246)

La Iglesia es un misterio y sólo así uno se aproxima en ella. No es una organización humana, sino un organismo teantrópino, divino-humano. Nosotros conocemos la Iglesia como Cuerpo de Cristo, según el Apóstol Pablo. Pero más allá de esto la Iglesia es la Doxa-gloria y Realeza increada donde habita el Dios y están llamados a habitar dentro de ella también Sus amigos. Así que, la Iglesia es increada y creada, y en la creatividad recibe la Jaris increada de Dios.

En principio la Iglesia es la doxa-gloria increada de Dios.

 «Antes de la creación, la Iglesia increada existía como increada doxa y realeza oculta en Dios, donde habita el Dios con el Logos y el Espíritu Santo.»

En este caso la Iglesia es increada, es decir, la doxa-gloria increada de Dios Trinitario, la Jerusalén de arriba, como madre de todos nosotros, (Gal 4,26). Por eso “nuestra forma de gobierno está en el cielo” (Flp 3,20) y por lo tanto, también la Iglesia “no es de este mundo” (Jn 18,36). A continuación, por esta doxa-gloria increada del Dios Trinitario, fue creado el mundo, al cual fue revelado la Iglesia increada de los cielos.

«Por la voluntad de Dios fueron creados los siglos y en ellos las potencias, fuerzas celestes y los incorpóreos nus o ángeles; y a continuación el cronos-tiempo y en este el cosmos-mundo, al cual fue creado también el hombre, conectando y teniendo en sí mismo la energía noerá (espiritual) de los ángeles, con el logos y el cuerpo humano».

Adán y Eva en el Paraíso, antes de la caída, como hemos visto antes, vivían dentro de esta Realeza increada del Dios Trinitario-Iglesia. Pero después de su caída, ellos perdieron la participación de la Realeza increada de Dios, por lo tanto, la Iglesia se salvaguarda en los justos y en los Profetas del Antiguo Testamento; pero ellos se encuentran bajo el dominio de la muerte.

La humanización de Cristo manifestó esta Iglesia increada al Cuerpo deificado de Cristo; el cual se constituye en fuente de la Jaris la energía increada de Dios. Esto se ve, como veremos más abajo, que la Jaris increada de Dios “se divide inseparablemente en los separados y se multiplica sin multiplicarse en muchos”, lo mismo se hace también con el Cuerpo de Cristo al Misterio de la Divina Efjaristía.

De todas formas, los que viven dentro a la Iglesia increada, que ahora se manifiesta y se revela más completa y perfecta en el cuerpo o carne de Cristo, se santifican, participando a la Jaris increada de Dios, y se desplazan a la Realeza increada de Dios, el Paraíso, la Iglesia celeste, la doxa-gloria increada de la Santa Trinidad. Con estas condiciones decimos que la Iglesia es la Realeza de Dios, no se trata de una realidad creada, sino de la doxa-gloria increada.

Por lo tanto, la Iglesia es increada y creada, porque es la Doxa (gloria, luz increada) y la creada naturaleza humana que tomó el Cristo. Pero esta creada naturaleza humana que tomó Cristo y la deificó, también participa de la Jaris increada de la divina naturaleza en potencia de la unión hipostática (substancial) de Su naturaleza divina y la humana, y esta se hace también fuente de la Jaris increada. Y los que conectan y se unen con Cristo se convierten en partícipes de la doxa-gloria increada de Dios y se glorifican o deifican por la Jaris increada; entonces se convierten en increados por la Jaris increada. Esto se hace con el Misterio del Pentecostés. ¡Así sea Amín!!!

Traducido por: χΧ jJ

 

La Iglesia es Una, Santa, Católica y Apostólica

 

Domingo de los Santos Apóstoles copia

La Iglesia es Una, Santa, Católica y Apostólica

Η Εκκλησία είναι Μία, Αγία, Καθολική και Αποστολική

 π. Λουκάς Γρηγοριάτης  Páter Lucas del Monasterio Grigoriu de Athos

La historia de la Iglesia testifica que la entonación de la autoconciencia era necesaria diacrónicamente.

Las herejías y los cismas hacían imperativo en definir los elementos y factores con los que uno distinguiría la Iglesia de las comunidades heréticas. Debido a que las herejías no siempre eran bien distinguidas y muchas veces tenían un contorno que parecía eclesiástico; de todos modos, la esencia de la herejía era siempre engaño, impase y desastre. El Apóstol Pablo para proteger los cristianos de las enseñanzas heréticas que conducían fuera del seno de la Iglesia, escribía categóricamente: “Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema” (Gal 1,9).

Además, para algunos de los grupos heréticos de la época apostólica el evangelista Juan dice que la enseñanza de ellos es de las “profundidades del Satanás” (Apoc 2,24) y que la enseñanza de ellos de que el Cristo no se hizo hombre real, es una conducta mental del anticristo: “2 En esto discerniréis si el espíritu es de Dios; El que confiesa que Jesús es el Cristo, es decir, Zeántropos-Dios y hombre, el Mesías hecho hombre, este es de Dios.

(En esta señal y criterio conoceréis y distinguiréis con certeza el espíritu de Dios: Todo hombre que manifiesta que tiene carisma del Espíritu y confiesa, no sólo con palabra sino también con obras, que Jesús Cristo se encarnó realmente y vivió como hombre, es decir, que vino en la tierra como Zeántropos-Dios y hombre redentor, este es realmente de Dios).

3 Y el que no confiesa que Jesús Cristo es Dios y hombre no es de Dios; esto es del anticristo, del cual habéis oído decir que estaba para venir y ya está en el mundo.

(Y todo aquel que dice que tiene inspiración del Espíritu y no confiesa que Jesús Cristo vino del cielo y se ha hecho hombre, éste no es de Dios. Es decir, negar a Jesús Cristo como Dios y hombre es el espíritu del anticristo, de quien habéis oído que está por llegar. Y ya está en el mundo representado por herejías, pseudo maestros y falsos profetas que están preparando el terreno para su presencia)” (1ªJn 4,2-3).

Durante el siglo cuarto, después de muchas luchas contra variopintas herejías antiguas y contra la herejía de Arrío, la Iglesia en el II Sínodo Ecuménico definió el Símbolo de la Fe de que la Iglesia es «Una, Santa, Católica y Apostólica». Con cuatro palabras describió el carácter de ella y la diferenció de cualquier otro tipo de forma eclesial que se parecía a la Iglesia sin serlo.

Así pues, de acuerdo con la letra y el espíritu del Símbolo de la Fe, la Iglesia es:

A´ «Una».

La Iglesia es Una, porque por su naturaleza está caracterizada por la unidad de la Fe, unidad de Culto, unidad de Gobierno, unidad Ética o vida espiritual y principalmente unidad de Espíritu Santo. Esta unidad de la Iglesia es aquel regalo sobrenatural por el que ha orado el Gran Sacerdote hacia el Padre Celeste: “21 Para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti, también que sean uno en nosotros… Padre, quiero los que tú me has dado estén conmigo donde yo estoy, para que vean y disfruten de mi doxa (gloria y jaris increada) que me has dado antes de los siglos y me has amado antes de la creación del mundo” (Jn 17,21-24). A causa de esta unidad sobrenatural los miembros de la Iglesia, en cualquier Iglesia local que pertenezcan, están conectados y unidos con la misma Fe Ortodoxa, celebran la misma Divina Efjaristía y viven la misma vida del Espíritu. Cada Iglesia local expresa y refleja la Una Santa Católica y Apostólica Iglesia, (San Irineo de Lion, “Control y vuelco de la falsa gnosis”). Cuando, a causa de la herejía, algunas personas o iglesias locales se separan y se aíslan de la Iglesia, ella permanece Una. No sufre división, disgregación o escisión. Es siempre la Iglesia de los Apóstoles, el mismo cuerpo de Cristo, aunque se han recortado y escindido los sarmientos secos-muertos.

B´ «Santa».

La Iglesia es Santa, porque santa es su Cabeza, el Cristo, y porque ella es Su santo teantrópino (divinohumano) cuerpo que se inspira enteramente del Espíritu Santo. La Iglesia, según el Apóstol Pablo, es la gloriosa Novia, la que el Cristo amó: así como Cristo amó la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado por el logos en el lavamiento del agua, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha” (Ef 5,25-27). Lo imperfecto o pecaminoso que se observa en el llamado hoy “espacio de la Iglesia”, no pertenece a la santa naturaleza de la Iglesia sino que es el pecado y la imperfección de nosotros sus miembros, quienes con la metania debemos estar santificándonos, divinizándonos y manteniéndonos miembros sanos del cuerpo santo de Cristo.

C. «Católica».

La Iglesia es Católica, porque contiene la plenitud de la Verdad, “la que ha sido una vez dada a los santos de la Fe” (Jud 3); porque es “…la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo” (Ef 1,3); y contiene “ …todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él” (Col 1,16); porque tiene todos los carismas, dones del Espíritu Santo y ofrece a los creyentes la plenitud de la Vida divina, porque en ella está “el Cristo que es el todo, y en todos” (Col 3,11).

D´ «Apostólica».

La Iglesia es Apostólica, porque está edificada “sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo” (Ef 2,20). La enseñanza, la tradición, la vida y la conducta de los Santos Apóstoles es el mismo Evangelio, impregna la vida entera de la Iglesia y se entrega en ella hasta hoy a través de los Santos Padres sin añadir, ni quitar o manipular nada.

Durante la época primitiva cristiana los Gnósticos, los Dokitas, los Montanistas, los Maniqueos y otros heréticos no cumplían estas cuatro condiciones. Por eso no eran Iglesia. Durante el tiempo de los Sínodos Ecuménicos, las comunidades de los Arrianos, de los Nestorianos y de los Monofisitas, a pesar de tener estructura eclesiástica (obispos, misterios, culto), como perdieron la integridad o plenitud de la Fe apostólica, no eran Iglesia. Tal y como hoy las “iglesias” anticaledonias, la romanopapista o romanocatólica y las confesiones protestantes, a causa de razones dogmáticas cada una de ellas no es Iglesia.

Seguro que suena pesado y duro este logos, de que en un número tan grande de pueblos cristianos de hace 1000 o 1500 años suceda que no tengan comunión dogmática, institucional o de culto con la Iglesia Ortodoxa, dejaron de ser Iglesia y cuerpo de Cristo. Pero debemos aceptar que como “iglesias” cristianas no llevan el carácter que las constituiría en Iglesia Una, Santa, Católica y Apostólica. Los romanocatólicos, por ejemplo, se autodenominan “católicos” y creen que en su “iglesia” subsiste la Iglesia Una, Santa, Católica y Apostólica. Sin embargo, graves desviaciones doctrinales y canónicas convierten la “iglesia” romanocatólica o papista esencialmente distinta de la Iglesia de los Apóstoles y los Padres. La primacía papal, lo infalible papal, el filioque, la creada Jaris, la concepción inmaculada, el humanocentrismo, el estado del Vaticano, etc…

Los Anticaledonios por otro lado quieren llamarse “Ortodoxos”. Pero la enseñanza cristológica de ellos no es Ortodoxa, porque la Iglesia la ha condenado como herética en cuatro Sínodos Ecuménicos (san Máximo el Confesor, san Juan el Damasceno, san Focio el Grande y otros).

Los Protestantes por otro lado han negado los dogmas fundamentales de la Iglesia, los principios éticos básicos y esencialmente la misma Iglesia. Por lo tanto no pueden todas juntas, ni cada una de las confesiones Protestantes aspirar al título de verdadera Iglesia. Por supuesto, tampoco como Consejo Internacional de Iglesias tienen derecho- ¡incluir también a los Ortodoxos!- «to be One Church», ser Iglesia Una»- ¡como si en los siglos no subsistiera la Iglesia Una, Santa, Católica y Apostólica, sino que ahora debe recomponerse!

Aunque todo esto que se ha dicho hasta ahora, por parte Ortodoxa se ve bien y teológicamente correcto, a pesar de esto circula también entre los Ortodoxos la cuestión problemática que se resume de la siguiente manera: Nuestro tiempo o época es diferente de la época que se hicieron los grandes cismas y rompieron la unida Cristiandad. Cuando se crearon los cismas, la necesidad de la diferenciación de los fieles de la naciente herejía era imperativa. Hoy en día, todo lo contrario, se intenta sanar los cismas, y el esfuerzo de todos los Cristianos ortodoxos para la terapia de estos es un deber sagrado. ¿Quizá nuestra confesión a la “Iglesia Una Santa Católica y Apostólica” debería funcionar no hacia la dirección de la exclusividad confesional sino hacia la unidad inter-cristiana?

En esta pregunta crucial, que presupone una percepción y concepto protestante sobre Iglesia y que es la esencia de la búsqueda del Ecumenismo contemporáneo, la respuesta está dada por san Basilio el Grande. Es un extracto de la epístola hacia el obispo Ortodoxo san Eusebio Samosata, entonces que se hacían los intentos y diálogos de volver a unirse los Omiusios con los Ortodoxos:

“A pesar de esto, no considero correcto alejarnos totalmente de los que no aceptan la fe, sino que considero correcto tener alguna atención para estos hombres, de acuerdo con las antiguas costumbres de la agapi y escribirles en común epístolas e invitarlos a la unión, ofreciéndoles consejos y advertencias con compasión, proponiéndoles como verdadera la fe de los Padres. Y si les convencemos, pues, que nos unamos con ellos en una comunión; si fracasamos, pues, que nos bastemos entre nosotros y expulsemos de nuestra conducta y moral este tambaleo y duda, asumiendo la sincera y evangélica forma de vida y conducta, con la que vivían los primeros seguidores del divino logos. Porque dice: Los que habían creído estaban unidos en un corazón y psique”. Si son convencidos por ti, esto será lo perfecto. Si no, habéis conocido quienes son adversarios y en adelante dejar de escribirnos epístolas (cartas) sobre la reconciliación (Epístola 128).

El didáscalos (maestro) ecuménico de la Iglesia nos entrega la forma ética y el método de diálogo de la Iglesia Una Santa Católica y Apostólica con los heterodoxos. Según con lo que escribe, el miramiento por la reanudación de los heterodoxos a la Iglesia es un deber de amor, pero no un fin en sí mismo. Si la unión no resulta amiga de Dios, porque no indica que está fundamentada a la Fe apostólica, es bastante para nosotros, los miembros de la Una Santa Católica y Apostólica Iglesia, permanecer unidos entre nosotros en la misma moral y ética Ortodoxa, tal y como la primera iglesia de Jerusalén, y expulsar de nuestro carácter las dudas y los titubeos de la ética tambaleándola de un lado a otro.

Ἱερομονάχου Λουκᾶ Γρηγοριάτου Ἅγιον Ὄρος, 19 Ὀκτωβρίου 2011

Hieromonje Luca del Monasterio san Gregorio, Santa Montaña 19-Oct-2011

 

El término: Καθολικός (kazolikós) católico

Καθολικός (kazolikós) católico– 1. El que se refiere al conjunto, a lo general o universal. Se trata de un tema o interés‖- total, entero o global. 2. Καθολικό (cazolikó) catolikó: (a) libro comercial, contable donde se reúnen todas las cuentas de una empresa, (b) Eclesiásticamente el templo principal, es decir, el lugar entre el pórtico y el altar donde permanecen los fieles de la Iglesia; monásticamente el templo principal del monasterio. 3. Καθολικά (kazoliká) en  latín universalia (a) Filosoficamente conceptos o categorías generales, en los cuales están sujetos todos los miembros de un genero o un orden, (b) Linguísticamente los atributos o cualidades generales que aparecen en la estructura de la mayoría de las lenguas humanas y en las cuales se sostiene que son entregas lingüísticas del hombre biológicamente definidas. (Léxico helénico por catedrático Mpampiniotis).

Καθολικός (kazolikós) palabra compuesta de “κάθε cada” y “ολικός total, todo entero”, o sea, “cada uno enteramente, íntegramente o totalmente”, esto teológicamente es de suma importancia.

 

Una Iglesia Santa Católica o Universal y Apostólica 

(Por http://el.orthodoxwiki.org)

«Una Iglesia Santa Católica o Universal y Apostólica», esta frase constituye el noveno artículo del Símbolo de la Fe de la Iglesia Ortodoxa, el cual se refiere a las cuatro cualidades de la Iglesia: unidad, santidad, catolicidad o universalidad y apostolicidad.

Esta confesión de fe de los Ortodoxos que está incluida en el llamado Símbolo o Credo de Nicea-Constantinopla, el símbolo más importante de todos los símbolos en la Iglesia Ortodoxa, expresa la profunda convicción de esta misma Iglesia y que se entiende a sí misma como constituida por el mismo Θεάνθρωπο (zeánzropo) Dios y hombre, Cristo y santificada de Su sangre, ya que está edificada e en in-interrumpida continuidad de la Iglesia de los primeros ocho siglos.

Se hace claro, por lo anterior, que la Iglesia Ortodoxa sostiene que no es una Iglesia parcial que se encuentra al mismo nivel o igualdad con las muchas iglesias que existen ahora, sino que encarna en sí misma la una y única Iglesia de Cristo. Exactamente porque la Iglesia es el cuerpo de Cristo, y porque también la cabeza de ella es una, el Jesús Cristo y por supuesto con una cabeza puede ser sólo un cuerpo con relación orgánica. Por consiguiente, no es una Iglesia parcial y fragmentada, sino καθολική (kazolikí) católica o universal, global, íntegra y completa, y como enseñanza suya tiene la enseñanza de Cristo y de los Apóstoles, que la ha mantenido intacta a través de los siglos, ilustrándola de varias formas.

En esta eclesiología concisa, las cuatro propiedades o cualidades de la Iglesia no consisten en cuatro características estancadas, sino más bien en una unidad y totalidad, donde uno se enlaza y contiene al otro, donde lo uno no se entiende ni existe sin los otros, y esto porque todo emana de la Persona o Personalidad de Cristo, como jaris (gracia, energía increada) del Señor Jesús Cristo y como agapi (amor, energía increada) del Padre y como comunión del Espíritu Santo (2Cor 13,13).

La Iglesia Ortodoxa es Católica o Universal

El concepto de la καθολικότητας (kazolikótita) catolicidad o universalidad eclesial se puede interpretar de dos maneras: local-geográficamente y modalmente o trópicamente. En el concepto local o geográfico significa la Iglesia que tiende a incluir en su seno todo el mundo, todos los pueblos de la tierra, según lo dicho: “Id a predicar el Evangelio en todo el mundo o todos los pueblos de la tierra” (Mrc 16, 15).

En el significado modal o trópico significa la Iglesia que constituye un todo unificado e uniforme, sin restricciones locales, temporales o cuantitativas-numéricas, que incluye en su seno todos aquellos que pertenecían y pertenecerán al cuerpo místico de Cristo “vivos y difuntos”, de todos los siglos, los fieles de todo el mundo sean vivos o los que han vivido antes de la presencia de Cristo y han salido con la fe desde la tierra hacia la Iglesia celeste.

La Iglesia puede existir y ser también Católica o Universal en los marcos de una Iglesia local (Grecia, Rusia…), basta que en esta existan los elementos que la hacen iglesia Una, tal y como se ha dicho anteriormente. Esta cualidad de universalidad o catolicidad entendía la Iglesia ya desde los tiempos antiguos. Es evidente que el concepto de catolicidad o universalidad como también la misma Unidad, expresa la identidad y la Iglesia Ortodoxa, excluyendo todos aquellos elementos (herejía, cisma) que distorsionan y tergiversan su esencia indivisible. Por consecuencia, la iglesia católica o universal es sólo una, es aquella que ha permanecido fiel en la pureza dogmática, en la base bíblica y tradicional, en sotiriología (sanación y salvación) correcta, y ha mantenido auténtica, sin engaños, manipulaciones y errores la teología, la piedad y los misterios (sacramentos). Fuente:  http://el.orthodoxwiki.org

«Católica», por hieromonje Luca, Monasterio san Gregorio Athos.

La Iglesia es Católica, porque contiene la plenitud de la Verdad, “la que ha sido una vez dada a los santos de la Fe” (Jud 3); porque es “…la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo” (Ef 1,3); y contiene “ …todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él” (Col 1,16); porque tiene todos los carismas, dones del Espíritu Santo y ofrece a los creyentes la plenitud de la Vida divina, porque en ella está “el Cristo que es el todo, y en todos” (Col 3,11). (Por Luca de san Gregorio, Santa Montaña).

Es obvio, por todo lo anterior, que el papismo con su estado vaticano y el cesar papa, ha tomado la palabra helénica católica y se ha autodominado “iglesia católica o romanocatolicismo”, es una falsedad, el papismo es de todo menos la “Iglesia Una Santa Católica y Apostólica” que solamente es la Ortodoxa.

El sentido del término católico usado por Roma es, por una parte, una reducción a uno solo de los aspectos del término, el que tiene que ver con lo geográfico territorial, y señala algo parecido a lo que la icumeni en el sentido que le daba el imperio, todas las tierras conocidas; por otra parte, lo interpreta sin relación a las otras tres notas de la Iglesia: la Unidad, la Santidad y la Apostolicidad, haciendo que ese universalismo se añada a la unicidad, cuando en realidad es una sola cosa con ella, sin distinción esencial. De ahí que sean habituales muchas confusiones. Cuando la Iglesia Ortodoxa proclama el Símbolo de Nicea-Constantinopla, está diciendo algo distinto a lo que se refiere el título de Católica que se atribuye Roma.

Traducción: χΧ, jJ Χρῆστος Χρυσούλας Jristos Jrisulas