Breve interpretación del Libro del Apocalipsis

 

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Breve interpretación del Libro del Apocalipsis del Evangelista Juan el Teólogo.

Por el Yérontas Athanasio Mitilineos

 

Contra-prólogo Ἀντί Προλόγου

El Apocalipsis del apóstol y evangelista Juan el Teólogo es el libro que provoca un interés intenso en muchos hombres de cada época, y especialmente en nuestros días, a causa de los acontecimientos universales. Pero emprender uno a aproximarse sin guía espiritual es peligroso.

Nuestro bienaventurado Yérontas padre Athanasio, con la iluminación del Espíritu Santo y con guía seguro e inconfundible la interpretación de los santos y sabios Padres de nuestra Iglesia Ortodoxa, ha interpretado el libro del Apocalipsis en 101 bellas homilías, las cuales se están oyendo ya a un nivel universal y son recibidas y aceptadas con mucho entusiasmo e interés.

En este libro se contiene un resumen muy breve de las 101 homilías que hizo el Yérontas, en el cual la Hermandad del Santo Monasterio con su trabajo esmerado y buena disposición y celo han dispuesto para la tripulación de la Iglesia en doxa del Santo Dios Trinitario.

Marzo 2012 La hermandad del Santo Monasterio.

Apocálipsis quiere decir revelación, donde no se utiliza el logos humano para encontrar la verdad, sino el Logos divino, es decir, es el mismo Dios quien me apocalipta, revela en mi corazón o nus la verdad.

 

Junto con el Dios Trinitario Σύν Ἁγίῳ Τριαδικῷ Θεῷ

Introducción

Hermanos míos, con mucho respeto, temor y oración continua uno debe abordar el logos de Dios, la Santa Escritura y especialmente el Libro más profético del Apocalipsis. La dificultad que proviene para hacer un resumen en todo el libro es evidente. Pero, implorando la ayuda del Santo Dios Trinitario, intentaremos con toda nuestra fuerza a ofrecer algo para la edificación de la Iglesia Ortodoxa de Cristo.

Antes de avanzar, desearía avisarles que no se utilizará una interpretación subjetiva, sino sólo de lo que está presentado y descrito en la enseñanza de nuestra Iglesia Ortodoxa. Se debe recalcar aún que el laós-pueblo de Dios debe estar estudiando este libro, según el mandamiento de Cristo: “Escribe en un libro lo que ves, y envíalo a las siete Iglesias que están en Asia… y no selles los logos de la profecía de este libro, porque el tiempo está cerca” (Apo 1,11 y 22,10)

Dentro de este Libro el creyente estará intentando a “enterarse de los tiempos y a esperar al atemporal e invisible, a Éste que para nosotros se ha hecho visible”, según san Ignacio (Carta III a Policarpo).

La tentación de que cada lector defina él los tiempos de los desenlaces de las profecías descritas, se limita por la condición que pone san Irineo sobre lo fundamental de la interpretación: “Lo más seguro y menos peligroso es que uno espere el desenlace de la profecía, en vez de meditar filosofando y hacer de adivino o mago” (Contra herejías V 30,2). Y añade san Andrés de Kesarea: “La experiencia y el tiempo apocaliptará (revelará) a los que están en nipsis (los sobrios espiritualmente), es decir, en aquellos que han hecho la catarsis del corazón”.

El libro del Apocalipsis es el ésjato (último) libro del Nuevo Testamento, y también de toda la Santa Escritura. Es el colofón del N. Testamento y tiene una correspondencia competente con el primer Libro, el Génesis, que consiste en el eje: caída-sotiría (sanación y salvación).

Así que, si el Génesis nos describe la Creación del Cosmos-mundo y del hombre y su caída, el Apocalipsis nos describe proféticamente el camino de la Iglesia y la creación dentro en el tiempo, la renovación del hombre, la recreación del creado mundo visible y la doxa-gloria eterna de ellos.

El Apocalipsis contiene en resumen el Misterio completo de la divina Economía, desde la Humanización (Encarnación) del Hijo y Logos de Dios hasta Su Segunda Presencia, el Juicio y la aparición de la increada Realeza de Dios.

Se refiere de la fundación en la tierra de la Realeza increada de Dios, es decir, de la Iglesia, su presencia histórica y su expansión universal. Se refiere también a la evolución de la lucha de la Iglesia con las potencias antidivinas o contrarias a Dios, pero también a las últimas plagas o heridas, que caerán sobre la humanidad impenitente, no arrepentida ni convertida que está sin metania.

Finalmente, la aparición del Anticristo, su destrucción definitiva, la Segunda Presencia de Cristo como Juez, la resurrección de todos los muertos de todos los siglos, el Juicio final, el castigo eterno de los impíos, la eterna doxa (gloria, luz increada) de los fieles, la apocálipsis-revelación de la Nueva Jerusalén es decir, la Realeza increada de Dios, la renovación del mundo visible y la eterna comunión de los fieles deificados, glorificados con el Cristo.

La idea central del Libro permanece siempre la Segunda Presencia de Cristo y el tema principal es la lucha de la Iglesia contra las fuerzas antidivinas con el resultado final la victoria de la Iglesia.

Todas estas cosas se describen con visiones, representaciones e imágenes, que constituyen la lengua simbólica del Libro.

El Apocalipsis, como libro del profético, apocalipta-revela no sólo las cosas futuras sino también las presentes, en relación con el tiempo de su descripción. El mismo Señor dice al evangelista Juan, -el escritor del Apocalipsis- quien se encontraba exiliado en la isla de Patmos: “Escribe las cosas que has visto, y las que son, y las que han de ser después de estas” (1,19).

El propósito del Libro es la preparación de los fieles en vista de las aflicciones, sufrimientos y dolores que vienen, y para consuelo de ellos, para el fin bueno de sus luchas y combates (físicos y espirituales); pero sobre todo, el preaviso a ellos para las venideras aflicciones y tribulaciones de modo que no sean escandalizados y consideren la Iglesia débil e indefensa y a Jesús como indiferente para Su Iglesia. Algo similar ocurrió también con el inminente pazos-pasión de Cristo, cuando los Discípulos fueron avisados precisamente para que no sean escandalizados, y más tarde entendiesen que el pazos-pasión era voluntario.

Así que, no debemos ver el Apocalipsis con el sentido estricto de la profecía, sino como un Libro que viene a fortalecer, levantar el ánimo, avisar y constatar, especialmente en tiempos que el sentimiento religioso está bajo y débil.

Es un Libro vivo, con mucha e inexpresable jaris (gracia energía increada) y frescura. Es una verdadera obra de arte del Espíritu Santo. Tiene cohesión, simetría, armonía, potencia del logos, riqueza de colores y tonos, variedad de temas, plasticidad, vivacidad y elocuencia. Es muy teológico, despertador de conciencias y despertares espirituales, es fascinante y encantador.

Tiene como escenarios el cielo y la tierra, y el tiempo de evolución de los hechos de la Historia universal y la Eternidad. Por eso es un error interpretativo el querer interpretar el Texto del Apocalipsis con base a un lugar, como Grecia, Constantinopla, una corriente, como el Mahometanismo, el Comunismo, o a un período de tiempo, como los cuatro siglos de ocupación turca, el siglo XX, etcétera. Todo esto por supuesto que está contenido en el horizonte óptico del libro del Apocalipsis, pero no se agota dentro de estos.

Un punto más que debe ser referido: ¿Cuándo comienza a cumplirse el Libro del Apocalipsis? Debemos apuntar que el Apocalipsis no se limita sólo en la época del santo escritor, ni en los ésjatos (últimos tiempos y acontecimientos) de la historia, sino que comienza desde el momento que se está escribiendo. Cualquier cosa que se realiza es preludio de los acontecimientos siguientes, con el resultado final con las cosas que sucederán durante la Segunda Presencia del Señor.

Intérpretes Ortodoxos, como san Andrés de Kesarea, buscan en el Apocalipsis la dimensión histórica, ética, teológica y mística del texto sagrado.

La dimensión histórica es aquello que ya ocurre o trata de ocurrir, como: las siete Iglesias de Asia Menor, los ésjatos (últimos acontecimientos y tiempos), el Anticristo y la Segunda Presencia de Cristo.

La dimensión ética es que puede enseñar, restablecer, mantener, inspeccionar, castigar y consolar.

Finalmente, la dimensión mística y teológica es el encuentro más profundo del significado y sentido del mensaje de Dios hacia el hombre, que ayudará a desarrollarse una relación personal del hombre y de Dios, como también todos los actos y energías increadas de Dios dentro en la historia y la Creación, que expresan las increadas sabiduría, fuerza y agapi de Dios.

Después de esta breve introducción reducida, ahora podemos ver un pequeño resumen también la interpretación de algunos párrafos del texto sagrado del libro del Apocalipsis:

Capítulo 1.

1 Ἀποκάλυψις apocálipsis-revelación de Jesús Cristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y la declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan,

  1. Ἀποκάλυψις apocálipsis-revelación de la divina voluntad y decisión sobre Jesús Cristo, la cual revelación el Dios ha dado a él como jefe de la Iglesia, para mostrar y manifestar a sus fieles siervos aquellas cosas que deberían ocurrir y realizarse en breves tiempos según la voluntad divina; y estas cosas las hizo conocer a su siervo Juan a través del ángel que le envió;

2 que ha dado testimonio del logos de Dios, y del testimonio de Jesús Cristo, y de todas las cosas que ha visto.

3 Bienaventurado el que lee, y los que oyen los logos de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca.

  1. Bienaventurado y dichoso es aquel que lee, y aquellos que escuchan los logos de esta profecía divina y aplican y cumplen con devoción y fe todas las cosas que están escritas en ella; porque el tiempo que se van a realizar todas estas cosas está cerca (Apo 1, 1-3).

Con este admirable epígrafe introductor empieza el libro del Apocalipsis.

Se distingue por su tono solemne, recordando el epígrafe de los libros proféticos del Antiguo Testamento; y se manifiesta el carácter del libro como «Ἀποκάλυψις Apocálipsis-Revelación». Se declara el prestigio y la autenticidad del Libro, porque su fuente es el Dios y el Jesús Cristo, sea cuando habla el mismo personalmente, sea mediante un ángel. También se hace hincapié, en toda la extensión del libro, que “el tiempo está cerca”.

Observamos que todas las profecías en el Antiguo Testamento, no indican ninguna prisa para el cumplimiento de ellas, mientras que aquí se recalca hasta la saciedad que el tiempo de realización de todo lo escrito es corto o está cerca. O sea, desde los tiempos de Abraham hasta el Nacimiento de Cristo pasaron 2100 años, y las profecías sobre el Cristo no indican una prisa para el cumplimiento. Pero para la Segunda Presencia de Cristo indican una prisa para el cumplimiento. Y han transcurrido 2000 años. ¿Quizás el final de la historia está cerca?

Después del Epígrafe introductor, el santo Evangelista se dirige hacia las Siete Iglesias de Asia Menor, en las que por mandamiento de Cristo envía el libro del Apocalipsis, que finalmente toma un carácter epistolar.

A continuación describe el registro histórico del Libro: “Yo Juan… estaba en la isla llamada Patmos… yo estaba en el Espíritu en el día Domingo, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta, que decía: Yo soy el Alfa y el Omega, el primero y el último. Escribe en un libro lo que ves, y envíalo a las siete iglesias que están en Asia: a Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardis, Filadelfia y Laodicea”. (Apo 1,9-11)

Y el santo Evangelista, como nos narra, se gira para ver quién le estaba hablando. Y ve “siete candeleros de oro”, y en medio de los siete candeleros, a uno semejante a hombre, vestido de una ropa que llegaba hasta los pies, y ceñido por el pecho con un cinturón de oro. Sus cabellos eran blancos como la nieve; sus ojos como llama de fuego; y sus pies semejantes al bronce bruñido, refulgente como en un horno; y su voz como estruendo de muchas aguas. Tenía en su diestra siete estrellas; de su boca salía una espada aguda de dos filos; y su rostro era como el sol cuando resplandece el mediodía en su fuerza. Cuando le vi, caí como muerto a sus pies. Y él me tocó, diciéndome: “No temas; yo soy el primero y el último; y el que vivo, y me convertí en muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos; y tengo las llaves de la muerte y del Hades. Escribe las cosas que has visto, y las que son, y las que han de pasar después de estas” (1,17-19). ¿Quién era pues, el revelado? Era el Dios Logos humanizado o hecho hombre.

Las “siete estrellas” son las siete Iglesias locales de Asia Menor que antes nos hemos referido. Naturalmente como no son las únicas ni las más grandes e importantes, por eso bajo en número esquemático de siete, se entiende la Iglesia Una, Santa, Católica y Apostólica, hacia la que el Cristo envía siete epístolas, o siete matices que conciernen la Iglesia. Es cierto que las Epístolas históricamente corresponden a siete receptores eclesiásticos, pero el contenido se extiende hacia toda la Iglesia.

Todavía, es digno de observación que las siete estrellas que son los siete obispos de las correspondientes Iglesias, se encontraban en la mano derecha de Cristo. Esto significa que la Iglesia de Cristo está bajo Su mano, bajo Su jurisdicción y providencia, con toda la tripulación, laicos y clérigos, y nada se Le escapa.

Capítulos 2-3

Y qué dice el Señor a Juan: “Escribe al ángel de la Iglesia de Éfeso”. De la misma forma también el Señor se dirigirá a las siete Iglesias; y podemos apuntar con mucha brevedad un punto central de cada Epístola. El caso nos interesa inmediatamente, porque el Señor, como hemos dicho, se dirige a los fieles de la Iglesia de cada época o de todos los tiempos, y por consiguiente también a nuestra época actual.

  1. Hacia la Iglesia de Éfeso

El Señor alaba esta Iglesia, porque reprobaron y condenaron los pseudo-apóstoles de los heréticos judaizantes, como también de los Nicolaítas. Sin embargo durante un intento contra los heréticos decayó algo la agapi (amor, cariño) de ella hacia el Jesús Cristo. “Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor” (Apo 2,4). La queja de Jesús es que el entusiasmo de la Iglesia de Éfeso, el ardor del corazón, la dedicación y el culto han aflojado. La agapi no se debe agotar sólo en la ortodoxia, digamos por ejemplo en la lucha contra los heréticos, sino también en la ortopraxía (acción correcta o ortodoxa) y en la elevación particular del corazón hacia Dios.

  1. Hacia la Iglesia de Esmirna.

Esta Iglesia es alabada por completo; no tiene ningún fallo. “Yo conozco tus obras, y tu tribulación, tu tristeza y tu pobreza, pero tú eres rico” (2,9). Aquí se describe un tríptico de la trayectoria cristiana: Las obras, como acción pastoral, y como obras de agapi y filantropía. El sufrimiento, tristeza, como elemento de pureza y autenticidad que manifiesta las dificultades por las fuerzas contrarias a Dios y las mundanas que combaten contra la Iglesia y la afligen de distintas maneras. La pobreza, como bien importante, que muestra la comprensión del espíritu evangélico y también es elemento de autenticidad y pureza del Evangelio.

Finalmente se describe la persecución futura por la que el Señor aconseja: “No temas en nada lo que vas a padecer”; y “sé fiel hasta la muerte”. La persecución es el clero de la Iglesia en el mundo. La Iglesia que es perseguida demuestra que se encuentra en el camino ortodoxo y tiene mucha jaris (gracia, energía increada) de Dios. Al contrario, la Iglesia que no es perseguida y que se concilia y alianza con el mundo, está reprobada por el Cristo.

  1. Hacia la Iglesia de Pergamo

La ciudad de Pergamo se llama por el Señor, trono del Satanás. Pero la Iglesia de Pergamo ha mostrado resistencia a la idolatría que entonces dominaba y tiene a su favor el martirio del Obispo Antipa. Pero hay también quejas de Jesús: “Y tienes a los que retienen la doctrina de los nicolaítas”.

Los nicolaítas eran heréticos que seguían la doctrina del gnosticismo y eran considerados como antinomistas (contra la ley o anarquistas). En nombre supuestamente de la libertad cristiana tenían una concepción flexible sobre la fe y los pecados carnales. Principio de ellos era: “La carne debe hacer lo que le da la gana”. Hoy desgraciadamente muchos cristianos nuestros con tener una percepción flexible sobre la ética y los pecados carnales, tienen como descendientes ancestros los Nicolaítas.

  1. Hacia la Iglesia de Tiatira

Esta Iglesia es alabada por la agapi, la fe, la diaconía (servicio) y su paciencia. Pero toleraba una pseudoprofetisa con el nombre simbólico de Isabel. Ella era cristiana engañada que servía al profetismo (médium o adivinadora), es decir, profecías demoníacas.

En nuestros tiempos hay muchos y muchas de este tipo, con el sobrenombre de “iluminados”, que aparecen como visionarios, médium o adivinadores, hipnotizadores… Todos estos usurpan la Iglesia y el clero y engañan a los fieles. Son fácilmente percibidos porque muestran un celo exagerado de la fe, pero en realidad son falsos y son reprobados por el Cristo.

  1. Hacia la Iglesia de Sardis

Punto central de la epístola: “Yo conozco tus obras, que tienes nombre de que vives, y estás muerto”.

¡Un logos terrible! Cada uno aquí encuentra a sí mismo. Se trata de una falsa imagen piadosa, un pietismo que en el fondo la vida espiritual está muerta. Es esto que apunta Pablo: “También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita” (2Tim 3, 1- 5).

  1. Hacia la Iglesia de Filadelfia.

Una epístola llena de alabanzas. “Por cuanto has guardado el logos de mi paciencia, yo también te guardaré de la hora de la prueba que ha de venir sobre el mundo entero, para probar a los que habitan sobre la tierra” (3,10). ¿Y cuál es esta tentación? Será la tentación de la fe y de la vida ética, que abrirán el camino al Anticristo. ¿Quién permanecerá fiel en la Persona teantrópina (divino-humana) de Cristo cuando habrá no sólo cataclismo de la increencia, sino también persecución y martirio para aquel que estará creyendo a Cristo?

“Guarda lo que tienes”; esta es la Parádosis (Divina Entrega o Tradición) de la Iglesia que debemos constante y firmemente mantenerla y guardarla.

  1. Hacia la Iglesia de Laodicea

La epístola hacia esta Iglesia combina vigor, severidad y ternura. “Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y ni frío ni caliente, te vomitaré de mi boca” (3,10).

Son los creyentes que como dice el profeta Elías “cojean por las dos rodillas” (3Re 18,21), entre el Cristo y el mundo. Son los Cristianos secularizados o mundanizados que tienen un engreimiento o idea grande sobre sí mismo de una gran y alta religiosidad. Se dificultan hacer la metania (confesarse, arrepentirse y convertirse), porque viven con la psicología de la autosuficiencia, presunción y vanagloria.

La respuesta de Cristo es: te vomitaré.

A pesar de eso, el Señor hace un llamamiento de metania (arrepentimiento, introspección, confesión y conversión): ”Yo a los que amo, los reprendo y corrijo. Sé, pues, ferviente y arrepiéntete. Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre la puerta (de su corazón), entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo. Al vencedor le concederé sentarse conmigo en mi trono, como yo también vencí (al malvado) y con mi ascensión me senté con mi Padre en su trono glorioso” (3, 19-21).

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Con el análisis de los tres primeros capítulos del Libro del Apocalipsis cierra la primera parte de todo el Libro. En esta parte se inspeccionó el presente de la Iglesia, como era de costumbre durante los años de san Juan Evangelista, con el envío de las Siete Epístolas a las Siete Iglesias de Asia Menor. Fue apocálipsis-revelación del presente, “las cosas que son”, sin que esto excluya la revelación de la vida interior de la Iglesia, como matices de todo su camino en la historia.

Pero mientras esté avanzando el camino de la Iglesia dentro de los siglos y esté acercándose hacia su final, que coincide con el final de la Historia, tanto más estarán densificando también las tentaciones con la culminación de la presencia del Anticristo. Así que la Iglesia se entrega en combates y luchas que se describen entre los capítulos 4,1 y 19,10. Es “lo que debe suceder después de estas cosas”.

El propósito por el que se expondrán las luchas futuras de la Iglesia es para instruir y preparar a los fieles, enseñarlos, consolarlos y ayudarlos a que no sean escandalizados, no tengan miedo a nada ni se secularicen o mundanicen.

Capítulo 4

Las visiones que verá san Juan Evangelista y que se refieren a las luchas de la Iglesia, empiezan con una apertura del cielo. «Después tuve una visión. He aquí que una puerta estaba abierta en el cielo, y aquella voz que había oído antes, como voz de trompeta que hablara conmigo, me decía: Sube acá, que te voy a enseñar lo que debe suceder después de todas estas cosas».

Pero, ¿cuáles cosas después? Son todas estas cosas que ha visto y escribió san Juan Evangelista en los primeros tres capítulos, después de la primera visión, donde vio glorificado a Jesús dictando el registro de las siete epístolas.

Y ahora sin interrumpirse la continuación orgánica, cambia el escenario y es traspasado desde la tierra al cielo. Realmente, cuando uno estudia el texto sagrado desde el capítulo 4º tiene la sensación de un espacio abierto, donde todo lo que se realiza, se encuentra unas veces en la tierra y otras veces en el cielo y otras entre el cielo y la tierra. Es una puerta abierta al cielo y esto significa la revelación de los misterios ocultos del Espíritu Santo.

“Y he aquí, un trono establecido en el cielo, y en el trono, uno sentado” (4,2). El trono es el símbolo de la doxa (gloria, luz increada) de Dios y el “sentado” es el Dios, que su nombre se evita ser dicho, pero se hace una viva descripción simbólica. El aspecto del que estaba sentado era semejante a piedra de jaspe y de cornalina; y había alrededor del trono un arco iris, en aspecto semejante a las esmeraldas. También alrededor del trono se encuentran otros veinticuatro tronos que estaban sentados veinticuatro presbíteros (ancianos) vestidos en blanco y con coronas de oro en sus cabezas. Es la κοινωνία (kinonía, conexión, comunión y unión) de Dios con sus creaciones y los ángeles.

Los veinticuatro Presbíteros (Ancianos) son la Iglesia triunfante, la Iglesia de los Santos sobre los cuales el Dios descansa y se regocija (Is 57,15).

Son Presbíteros (Ancianos) para que sea declarada la madurez espiritual de ellos. El número 24 es el doble del 12, que esquemáticamente significa una gran multitud de santos.

Las vestiduras blancas son el símbolo de la pureza o castidad y la santidad. Las coronas de oro son el símbolo de la victoria contra el mal, pero también que los Santos son el “sacerdocio real” (Ex 19,6 y 23,22. 1Ped 2,9. Apoc 1,6).

Los veinticuatro Presbíteros (Ancianos) estaban sentados, que revela el descanso y regocijo de la Realeza increada de Dios. “Están alrededor del trono” que recuerda la imagen de la Divina Liturgia.

La imagen completa muestra el profundo misterio de la agapi (amor, energía creada) de Dios y su comunión con Su creada creación.

Desde el trono preceden relámpagos, voces y truenos. La imagen que hemos visto toma una dinámica y anuncia la inaccesible majestuosidad del Pantocrátor (Omnipotente) Dios.

Las siete lámparas de fuego que arden ante el Trono de Dios y que son los siete Espíritus de Dios, es decir, el Espíritu Santo, la tercera persona de la Santa Trinidad en plenitud con Sus energías increadas.

Delante del trono de Dios, hay un mar brillante como de cristal que obviamente es el “suelo” de todo el escenario. Pero si es el “suelo” del escenario celeste, entonces para la tierra es su cielo, su techo, de donde el Dios supervisa y es el símbolo de la gnosis (conocimiento increado) de Dios de todas las cosas terrenales.

Alrededor del trono de Dios están cuatro animales, es decir, cuatro existencias angelicales, que están llenas de ojos y cada una tiene seis alas. La multitud de los ojos manifiesta omnisciencia de Dios y las múltiples alas, la agilidad en la rapidísima ejecución de las voluntades divinas.

El primer animal se parece a un león y muestra el esplendor real. El segundo se parece a buey y muestra la fuerza, potencia. El tercero es como rostro humano y muestra el genio humano. Y el cuarto parece como el águila y muestra la perspicacia, la percepción aguda y el vuelo hábil y cómodo.

Estos animales se consideran también los símbolos de los cuatro Evangelistas. Estos animales alaban a Dios perpetuamente con el himno: “Aghios, aghios, aghios o Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso, el que era, el que es, y el que siempre viene” (4,8).

Con el fin del himno, los veinticuatro presbíteros (ancianos) se prosternan y reverencian a Dios vivo el que está sentado al trono, mientras depositan las coronas de oro delante del trono, diciendo: “Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas” (4,11).

Capítulo 5

A continuación el santo Evangelista ve en la mano derecha del que está sentado en el trono, un libro de papiro escrito por dentro y por fuera, sellado con siete sellos. El libro en la mano derecha de Dios revela Su sapientísima memoria, el abismo de Sus misericordias increadas y Sus voluntades divinas; mientras que los siete sellos muestran lo desconocido de las divinas voluntades en todos los seres, sensibles y espirituales.

Entendemos que el contenido de este libro misterioso contiene lo que se va a escribir en el libro del Apocalipsis y desde los capítulos 6 hasta 22 que contiene toda la futura obra sanadora y salvífica de la Iglesia, de la historia del hombre y del universo. Este libro es conocida sólo por el Cordero inmolado y el que abrirá los sellos y dictará el libro del Apocalipsis que hoy nosotros tenemos en nuestras manos, con un lenguaje simbólico y profético.

A continuación el santo Evangelista escuchó una voz angelical preguntando: “¿Quién es digno de abrir el libro y desatar sus sellos?”. Y nadie de los seres sensibles y espirituales podía abrirlo. ¡Y Juan llora por esto! Entonces un presbítero le tranquiliza, porque se ha encontrado Aquel que va abrir el misterioso libro. Es “el León de la tribu de Judá, la raíz de David” (5,5). Es el Mesías Jesús, el Jesús histórico, el Humanizado o Hecho Hombre, Hijo y Logos de Dios, el que por su obra redentora predominó, para abrir el libro.

Y realmente continúa san Juan: “Y miré, y vi que en medio del trono y de los cuatro animales vivientes, y en medio de los presbíteros (ancianos), estaba en pie un Cordero como inmolado, que tenía siete cuernos, y siete ojos” (5,6).

En toda imagen visible a partir de aquí, el Cordero en pie como inmolado, -que es Dios Logos que para nosotros se hizo hombre y padeció-, tendrá una posición central en todo el libro del Apocalipsis. A partir de aquí la teología de la Cruz de los Evangelios es sustituida por la teología del Cordero inmolado, que naturalmente es la misma Teología con diferente imagen. Así que con la imagen del Cordero se completa también toda la imagen ensoñada, el Padre sobre el trono, el Espíritu Santo con las siete velas encendidas, y el Hijo como Cordero. Es toda la Santa Trinidad, tal y como aparece también en los Evangelios y donde trabaja el misterio de la divina Economía.

Los siete cuernos del Cordero muestran la plenitud de Su poder real y Su fuerza. Los siete ojos muestran la omnisciencia del Hijo. Los siete espíritus-velas muestran que el Hijo envía el Espíritu Santo al mundo, como también el Padre. “Pero cuando venga el Paráclitos, Espíritu Santo, al que yo os enviaré de parte del Padre, el Espíritu Santo de la verdad que la transmite a los hombres, el cual procede del Padre, como un río emana de su fuente, él os dará testimonio de mí” (Jn 15,26).

Y el santo Evangelista continúa la descripción de la imagen contemplativa: “Y he visto el Cordero que se acercó y tomó el Libro de la mano derecha del que está sentado en el trono. Cuando lo tomó, los cuatro animales vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero con incienso e himnos”. Esto muestra que tanto el mundo Angélico, como el mundo de los hombres reverencian y adoran la naturaleza humana de Cristo en culto, como también Su naturaleza Divina.

El hecho de la recepción del libro, se considera como un hecho cosmo-histórico, transcendental, por eso provoca la doxología (alabanza) de miríadas de ángeles, de los cuatro Animales, de los 24 Presbíteros (Ancianos) y de todas las creaciones del cielo, de la tierra y debajo de la tierra, diciendo: “El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria, la alabanza y la bendición” (5,12).

Capítulos 6-7

San Juan ve a continuación la apertura de los siete sellos que corresponden a siente imágenes apocalípticas-revelativas. Pero antes de avanzar en el análisis de estos, deberemos apuntar que con la apertura de estos sigue una nueva septenaria de imágenes visionarias que se abren con siete toques de trompeta de los siete ángeles. Después de esta septenaria, viene una tercera septenaria que se refiere otra vez a siete nuevas imágenes visionarias, con la característica del derramamiento respectivamente de las siete bombonas. Dentro de estas tres septenarias (conjunto de 7 imágenes), es decir, un total de 21 imágenes, tenemos las facetas o los aspectos visionarios del camino de la Iglesia y de la Historia.

Y ahora surge la pregunta. ¿Durante la exposición de estas imágenes-visiones, cómo se deben entender y ordenar con el tiempo o crónicamente? Es decir, ¿una septenaria de visiones cubre una serie de acontecimientos y con el final de estos comienza una nueva serie de acontecimientos-visiones? O sea, ¿cuál es la relación con el tiempo de estas tres septenarias de revelaciones?

Se han formulado dos nociones sobre la relación con el tiempo de las tres septenarias de imágenes -visiones.

La primera teoría o consideración acepta en círculos paralelos la repetición de las mismas cosas e ideas o acontecimientos de las imágenes septenarias de las visiones sucesivas y se llama teoría de la repetición o de la recapitulación o teoría cíclica. Se trata de circunferencias o círculos concéntricos ampliados continuamente, que tienen como centro el tiempo de la anunciación de la profecía, la cual se verifica continuamente dentro en la Historia, con última circunferencia los esjatos (últimos tiempos y acontecimientos). Es decir, cuando se hayan cumplido los acontecimientos de los siete sellos, comienza el cumplimiento de las siete trompetas; y cuando estas sean cumplidas, comienza el cumplimiento de las siete bombonas. Y cuando estas también son cumplidas, comienza otra vez el ciclo de los siete sellos… O sea que tenemos tres círculos paralelos de cumplimientos de septenarios acontecimientos, que continuamente se repiten hasta el fin de los siglos, con más densidad y tensión conforme van acercando hacia los últimos, ésjatos tiempos.

Típico caso-ejemplo: El evangelista Juan dice: “Hijos míos, ésjato-última y decisiva es la época actual. Y por la enseñanza de los Apóstoles habéis escuchado que el anticristo viene, y ahora han surgido muchos anticristos, que son órganos engañados y heréticos del anticristo. Por eso conocemos que es la última­­-esjato hora” (1Jn 2,18).

Última hora es cada momento, donde también aparecen los anticristos. Ellos continuarán apareciendo hasta que venga realmente la última hora con el Anticristo real, ya que los anteriores fueron sus precursores. Así que tenemos repetición del fenómeno anticristo, con condensación hacia los ésjatos-últimos (tiempos y acontecimientos) donde estará el por excelencia Anticristo.

El segundo método acepta el progreso rectilíneo periódico o cronológico de los acontecimientos que están simbolizados en las particulares visiones de los acontecimientos, y se llama teoría o contemplación cronológica. Es decir, cuando sean cumplidos los acontecimientos de la primera septenaria (conjunto de 7 imágenes), avanzamos hacia los acontecimientos de la segunda, sin tener repetición de estos, hasta llegar a los ésjatos-postreros tiempos de los acontecimientos.

Ejemplo: Dice el Cristo: “Inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potencias de los cielos serán conmovidas“ Mt 24,29). Como vemos, aquí se trata de una posición rectilínea de los acontecimientos. Esto no puede ser repetido, por lo tanto, cumple la teoría cronológica.

A pesar de esto los mejores intérpretes del Apocalipsis, antiguos y nuevos, aceptan la primera teoría sin excluir la segunda. Es decir, aceptan que una profecía, como también de los antiguos profetas, no se agota en un momento del tiempo, sino que está entrelazada con lo inmediato, el futuro y el futuro póstumo. Una profecía se repite y a la vez avanza.

Estos dos métodos pueden ser representados por una línea espiral, es decir, con un alza o trayectoria cuesta arriba, alrededor de una montaña en forma de cono, que después de cada círculo completo el escalador se encuentra en un punto más alto que el principio y a la vez puede ver la punta final superior. (P. Brasiotis: “Apocalipis de Juan, 1950).

Un punto más que se debe recalcar es que las cosas profetizadas por el Apocalipsis empiezan desde el momento que se dio el libro para su publicación, mientras que cada cosa que se realiza es un preludio de los acontecimientos que vienen con el resultado final la Segunda Presencia de Cristo.

Y ahora vamos a ver la apertura del sello de aquel Libro misterioso.

El Cordero abre el primer sello, y san Juan ve un caballo blanco y el que está sentado sobre el caballo tiene en su cabeza una corona y un arco, que son símbolos de victoria, poder y realeza.

El que está sentado es el Cristo o el Evangelio, que simboliza a Cristo o en general el Cristianismo que es predicado a las naciones por boca de los Apóstoles; es un amanecer del Cristianismo. “Y salió venciendo y para vencer”.

Aquí vale la pena que apliquemos los dos métodos de interpretación antes mencionados. El primer sello expresa el kerigma, predicación del Evangelio al mundo. Según la teoría cronológica, después de la propagación del Cristianismo por los Apóstoles en el mundo, se debería el primer sello haber expirado y a partir de aquí no tener ninguna divulgación del Evangelio. Pero según la teoría circular, el primer sello no se agota, sino que continúa el kerigma, predicación apostólica a través de sus sucesores hasta hoy en día y hasta el fin del mundo.

Con la apertura del segundo sello, salió otro caballo rojo bermejo y al jinete se le fue dado poder de tomar la paz de la tierra de modo que los hombres se mataran los unos con los otros. Realmente, el Evangelio cuando comenzó a transmitirse no fue aceptado por todos los hombres; por eso se lanzaron persecuciones contra los Cristianos y aparecieron los Mártires de la Fe.

Pero como el caballo blanco, es decir, la propagación del Evangelio estará extendiéndose continuamente dentro en la historia, así también el caballo bermejo, es decir, las persecuciones serán extendidas contra los Cristianos y así tendremos continuamente también nuevos Mártires.

Con la apertura del tercer sello, sale el caballo negro, y el que está montado sobre este, tiene en su mano una balanza.

Y se escuchó la voz: “Un denario será vendido el kilo del trigo y con un denario tres kilos de maíz. Pero no dañes, ni falte el aceite ni el vino”. Es una hambruna que va a venir, donde los hombres estarán muriendo de hambre.

Con la apertura del cuarto sello, se proyectó un caballo amarillo, que su nombre es «θάνατος zánatos muerte». El hades le seguía, y tomó el poder de matar la cuarta parte de la población de la tierra, con guerras, enfermedades, hambre y bestias salvajes. Todo esto será el resultado de la apostasía de los hombres de Dios.

Si nos fijamos un poco en la apertura progresiva de los cuatro primeros sellos, observaremos que tenemos un escalonamiento progresivo: la propagación del Evangelio, su persecución y el castigo de los perseguidores con hambre, con enfermedades y con guerras.

Quizás hasta ahora uno habrá creído que los creyentes se han perdido a causa de las plagas que se han lanzado. La respuesta viene a dárnosla la apertura del quinto sello: San Juan ve que “bajo el altar las psiques-almas de los que habían sido muertos por causa del logos de Dios y por el testimonio que tenían” (9,6).

Las psiques-almas de los Mártires piden la apocatástasis (restablecimiento), es decir, la resurrección de los muertos, pero se les advierte que descansen por poco tiempo aún, -se entiende al Paraíso-, hasta que también los demás hermanos suyos se hagan también Mártires y testigos, dentro en la Historia. Se trata del martirio y testimonio que deben tener los creyentes ante sus ojos, si realmente quieren ser fieles. Este pasaje es un punto fuerte a favor de la vida de las psiques-almas y la permanencia de estas en el Paraíso, que aquí se coloca por debajo del Altar de Dios.

Y venimos ahora al sexto sello que es muy extenso. Se divide en tres partes, de los cuales la primera parte se refiere a la perturbación y desorientación del universo y las dos últimas son diapsalmo (tipo salmo). La primera parte describe que con la apertura del sello hubo un gran terremoto; y el sol se oscureció y la luna se volvió toda roja como sangre; y las estrellas del cielo cayeron sobre la tierra y el cielo se partió en dos, desvaneció como un pergamino que se enrolla; y tenemos grandes cambios geopolíticos, todo monte y toda isla se removió de su lugar. Y los hombres de la tierra con mucho miedo se escondieron en las cuevas y entre las peñas de los montes;

Aquí aplicaremos el método rectilíneo que también utiliza el Señor en los Evangelios: “E inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potencias de los cielos serán conmovidas” (Mt 24,29). O como escribe san Pedro: “Pero el día del Señor vendrá como ladrón, y en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos, abrasados, serán disueltos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas” (2Ped 3,10). Se trata de los ésjatos, postreros acontecimientos y trastornos del universo, de donde vendrá, como veremos al final del libro, el nuevo Universo, la Realeza increada de Dios. Los acontecimientos de la Cruz, como el terremoto, el oscurecimiento del sol, etc. Fueron preludios de aquellas cosas que van a ocurrir entonces cuando se acerca la Segunda Presencia de Cristo.

Pero debemos de decir que antes que se hagan todas estas perturbaciones universales, habrá terremotos y perturbaciones sobre temas fe, tipos de caracteres, costumbres y las conductas éticas o moral.

En la angustiosa pregunta de la Iglesia ante estos acontecimientos trascendentales, ¿quién se puede salvar? (Mrc 10,26 Lc 18,26), viene inmediatamente el siguiente doble Diápsalmo (tipo de salmo) para dar la respuesta. Son dos visiones fascinantes, muy reconfortantes y consoladoras que muestran la posición de los fieles dentro en estas terribles perturbaciones y revueltas.

La primera escena-visión es terrenal, en cambio la segunda una breve pero amplia imagen de la vida celeste de los creyentes. Así que con estas dos visiones quiere informar al fiel que cualquier cosa que pase en la tierra que no tenga miedo, porque le espera en el cielo la bienaventuranza y la felicidad de Dios.

AY el primer diápsalmo: Los cuatro ángeles detienen los vientos vivificantes de la tierra. Un quinto ángel les dice que antes de proceder a esta obra desastrosa para el castigo de los infieles, que vengan a sellar a los fieles siervos de Dios en sus frentes. Es una representación simbólica de la clausula de la Escritura: “Conoce el Señor a los que son suyos” (2Tim 2,19). Ya la Iglesia sella sus fieles con los misterios del Bautismo y el sello de la Crismación.

¿Y cuál es el propósito del sellado? Desde luego no para evitar el Martirio, sino la protección de los fieles de el engaño del Anticristo. Por supuesto que debe tener también un carácter de protección más general porque el Cristo dice: “porque habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá. Y si aquellos días no fuesen acortados, nadie sería salvo; mas por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados” (Mt 24, 21-23).

Esta selladura tiene un una característica peculiar, según el caso y la época. Una selladura profética tenemos en Ezequiel 8,1-18 y 9,1-11. Otra selladura histórica tenemos durante la destrucción de Jerusalén a través de Vespasiano y Tito el 70 dC; los Cristianos se acordaron de los logos del Señor en relación a esto, ya que se marcharon de la ciudad y se salvaron (Mt 24, 16-21 Mr 13,14-19 Lc 21,20-24). La selladura de los fieles durante los postreros-ésjatos días no conocemos qué forma tendrá, pero entonces el Dios lo revelará a través de Su Iglesia.

Y el santo Evangelista oye el número de los sellados. Son 144.000 de las 12 tribus de Israel. No es exacto el número, sino simbólico, y se trata espiritualmente del Nuevo Israel, los Cristianos, también cristianos de los judíos y de las naciones.

Ahora vamos al Segundo Diapsalmo (tipo de salmo), según la solución del sexto sello. Aquí se ve la Liturgia-función de la Iglesia triunfante. Es una escena que muestra el futuro de los fieles que serán sellados en la tierra. Este diápsalmo es una de las páginas más bellas de la Santa Escritura y el punto culminante de libro del Apocalipsis.

“He aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar”, de todos los pueblos, tribus y lenguas de todos los siglos y épocas. Todos estos son los que han salido de la gran tribulación, y han lavado sus ropas, y las han emblanquecido en la sangre del Cordero, es decir, se han convertido en mártires y testigos de Cristo; por eso no hay para ellos lágrimas, dolores, hambre, sed, sufrimiento, fatiga y cansancio. Se encuentran siempre ante el trono de Dios y le alaban sin cesar.

Capítulos 8-10

Y ahora venimos a la solución del séptimo sello. Con la apertura de este sello se hace en el cielo un silencio de media hora; después aparecen siete Ángeles con siete trompetas y que la presencia de ellos abre una nueva septenaria (conjunto de 7 imágenes) de plagas o heridas.

El comienzo de la segunda septenaria (conjunto de 7 imágenes) no coincide que el final de la primera, es decir, no es una extensión del tiempo de la primera, sino simplemente una repetición detallada de ella. En la primera septenaria tenemos un diagrama grande de los acontecimientos, en cambio en la segunda tenemos una descripción más detallada de estos, más complicada, más difícil de entender y más terrible.

Primer toque de trompeta del primer Ángel: Granizo, fuego y sangre cayó sobre la tierra y la tercera parte de ella se quemó como también la tercera parte del reino vegetal.

Esta herida o plaga recuerda la primera y la séptima plaga de Faraón; aquellas antiguas plagas o heridas faraónicas fueron tipos históricos de las plagas esjatológicas. El castigo de Sodoma fue también un tipo histórico de esta plaga esjatológica. Lo sorprendente es que lo tipos históricos no dejan lugar para una interpretación alegórica.

Segundo toque de trompeta: Un objeto grande como una montaña ardiendo cayó sobre el mar y murieron la tercera parte de los peces, puesto que el agua del mar se hizo rojo como la sangre, y la tercera parte de los buques fue destruida.

Hoy en día una contaminación radiactiva por la explosión de una bomba atómica, puede traer tal desastre, como se prevé de la profecía. Pero esto los antiguos intérpretes eclesiásticos, les era imposible imaginar que iba a progresar tanto la ciencia técnica y conseguiría tantos logros que podrían dirigirse contra al mismo hombre. Aquí vale lo que dijo san Andrés de Kesarea: “El tiempo revelará a los nípticos o sobrios espiritualmente o los que están en nipsis”.

Tercer toque de trompeta: Otra vez desde el cielo cae una estrella, en estado candente y el nombre de la estrella es Ajenjo, queda afectada la 1/3 parte de las aguas dulces; de modo que muchos hombres mueren, no de la falta de agua, sino por la amargura del agua porque se habrá envenenado.

Probablemente también esta plaga, igual que la anterior, no tiene una característica alegórica sino realista; además, una contaminación del ambiente hoy en día es muy posible, por una guerra química, una explosión radiactiva etc., puede traer la muerte de muchos hombres.

Cuarto toque de trompeta: Con este toque, fue afectada la 1/3 parte del sol, de la luna y de las estrellas, es decir, de una manera el resplandor de estos a la tierra será reducido por los correspondientes cuerpos celestes en 1/3. Se trata de alteraciones meteorológicas y corresponde con la novena plaga de Faraón.

Hasta en esta plaga tenemos daño en el ambiente del hombre, pero en las siguientes tres plagas tenemos daño al mismo hombre.

Aquí se hace un intermedio de los toques de trompeta que traen consigo plagas e interviene un paréntesis para metania (introspección, conversión, arrepentimiento y confesión). Se trata de un Ángel en forma de águila que vuela al cielo y dice: “¡Ay, ay, ay, de los que moran en la tierra, a causa de los otros toques de trompeta que están para sonar los tres ángeles!” (8,13). Es un intento último del Cielo en crear el retorno de los hombres a Dios. Pero como no se arrepienten, ni se confiesan, ni se convierten, sobrevienen también las plagas restantes.

Quinto toque de trompeta: Con este toque cae en la tierra una estrella, y se le ha dado la llave del pozo del abismo. Según Areza de Kesarea, es el Diablo que a continuación trae muchos males en la humanidad. Y desde el pozo del abismo subió humo y el sol se oscureció. Del humo salieron saltamontes que parecían a caballos y en sus cabezas tenían algo que se asimilaba con el oro. Sus caras eran humanas y tenían cabello como cabello de mujer. Sus dientes como de leones, tenían corazas como corazas de hierro y el ruido de sus alas era como el estruendo de muchos tanques corriendo a la batalla; sus colas parecían como escorpios que afectan dolorosamente a los hombres. Y el rey de ellos es el Apolión.

¿Qué significan todas estas cosas? Por la descripción que aquí nos hace el Evangelista, no parecen ser seres biológicos; se asimilan más con maquinarias satánicas verdaderas y destructoras. Nos recuerdan bastante los aviones actuales, con revestimiento metálico en las alas como de los saltamontes. El nombre “Apolión” significa una persona destructora totalmente.

La plaga completa posiblemente insinúa guerras muy catastróficas. Los hombres por los resultados de estas guerras estarán buscando la muerte, pero no la estarán encontrando. Quizás se trate sobre enfermedades producidas por la radiactividad con resultados terribles y aún enfermedades psíquicas, por lo tremendo de estos acontecimientos, como es una guerra nuclear. La quinta plaga quizás sea una imagen contemporánea y realidad esperada.

Sexto toque de trompeta: Son desatados cuatro ángeles, que estaban atados al río Éufrates y se provoca una gran guerra terrible. Estos ángeles son malvados, es decir, demonios que provocan esta gran guerra. El número de los ejércitos es de doscientos millones de hombres. Y el lugar es Mesopotamia, el actual Irak. La caballería –que no son caballos biológicos- tiene de tres colores armaduras, rojas, amarillas y azules.

¿Quiénes son los “rojos”, “amarillos” y “azules”? De todos modos, todas las especificaciones de esta plaga, por parte de la ciencia técnica actual son absolutamente realizables, como también el número de los soldados. Sólo China hoy puede disponer de doscientos millones de soldados. El lugar de la guerra también es muy sospechoso, porque hoy allí hay muchos conflictos bélicos. ¡Quizás esta plaga advierte de una gran guerra o conflicto mundial de una forma no acostumbrada!

Y lo sorprendente: “Los otros hombres que no fueron muertos con estas plagas, ni aun así no se convirtieron, ni se arrepintieron de las obras de sus manos, ni dejaron de adorar a los demonios, y a las imágenes de oro, de plata, de bronce, de piedra y de madera…, y no se arrepintieron de sus homicidios, ni de sus hechicerías, ni de su fornicación (sexomanía), ni de sus hurtos” (9,20-21).

Capítulo 11 Κε­φά­λαι­ο 11.

Un ángel entrega a san Juan una caña para medir el templo de Dios, el antiguo, de Jerusalén y el altar ante el templo, y a los peregrinos que adoran en él. Pero recibe el mandamiento de no medir el patio del templo, porque se ha entregado a las naciones para que sea pisoteado o dominado durante cuarenta y dos meses como también la ciudad. Es una praxis simbólica que equivale con la selladura de los fieles.

La ciudad es la Iglesia. Esto significa que no sólo será saqueada en su interior, es decir, los verdaderos cristianos, ya que los ostentosos cristianos que serán afectados por la moral mundana y llegarán a alabar al Anticristo. ¡Realmente es terrible! Este párrafo del Apocalipsis se debe estudiar muy profundamente en particular de todos nosotros con mucha atención.

Y continúa el santo Evangelista con una nueva profecía (11,3-14). Se trata de los dos testigos o mártires que aparecerán durante los días del Anticristo y que según una interpretación de Padres muy destacados son el profeta Elías y Enoc. Los dos nunca han conocido la muerte sino que fueron ascendidos hasta el cielo.

Ellos ahora actuarán en la Ciudad Santa, la Jerusalén histórica. Vendrán como segundos precursores de la Segunda Presencia de Cristo, predicarán el kerigma de metania y retorno, mostrarán e inspeccionarán al Anticristo por tres años y medio, los mismos que el reino del Anticristo; después serán matados por él en la plaza de la histórica Jerusalén, y sus cuerpos permanecerán tres días y media sin ser sepultados.

Entonces todos los habitantes de la tierra –los que han aceptado al Anticristo- se alegrarán porque los habrán visto en sus televisiones, y por su alegría intercambiarán regalos entre sí. Pero, después de tres días y medio, todos los pueblos de la tierra sorprendidos verán, otra vez por la televisión, que los dos mártires serán resucitados y ascenderán al cielo. Esto es una profecía sobre los medios televisivos de comunicación.

Cuando ocurran todas estas cosas, entonces se hará un gran terremoto, de tal manera que una decima parte de la ciudad se habrá derrumbado y habrá matado siete mil personas. Son números simbólicos de la catástrofe de la ciudad y la muerte de hombres, para que sea confirmado que los dos Mártires, Elías y Enoc eran de Dios.

Séptimo toque de trompeta: Con el toque de trompeta del séptimo ángel, no comienza inmediatamente la séptima plaga sino que precede una praxis en el cielo, como una imprescindible preparación psíquica en vista de la aparición del Anticristo. Es un diapsalmos (tipo de salmo) donde se oyen grandes voces en el cielo. Es una oración de agradecimiento de los Santos, porque está tocando el final de la historia y el Juicio de Cristo para la humanidad.

Capítulo 12

En este capítulo se ve una visión tripartita. En la primera imagen aparece una mujer majestuosa y celeste junto con su hijo varón. La segunda imagen describe el combate del dragón-Diablo con el Arcángel Miguel y la caída del primero sobre la tierra. En la tercera y última imagen tenemos la ira del dragón que persigue la mujer de la primera imagen, la cual huye al desierto.

Ahora vamos a la primera imagen: “Apareció en el cielo una gran señal: una mujer vestida del sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas. Y estando encinta, clamaba con dolores de parto, en la angustia del alumbramiento” (12,1-2)

Magnífica imagen con grandísima importancia y con dos dimensiones. Se trata de la Madre del Mesías, de Jesús Cristo, la santísima Zeotocos María. Es una imagen de la Primera Presencia de Cristo, y a la vez, en la misma imagen, en dimensión esjatológica, es la Iglesia.

Sobre la Iglesia, el sol es el símbolo de Cristo “el Sol de la Justicia”. La luna es símbolo de la vida mundana alterable, que se encuentra bajo sus pies, y que muestra la transcendencia de la Iglesia sobre la vanidad del mundo. Las doce estrellas, son la enseñanza de los Doce Apóstoles, sobre la que se fundamenta. Sobre la primera imagen, que es la Santísima Zeotocos, “la que estando encinta, clamaba con dolores de parto, en la angustia del alumbramiento” (12,2), es la en Espíritu Santo concepción de Jesús Cristo, que se prepara la Zeotocos para darLe a luz.

Mientras se realiza la primera imagen, viene en escena la visión de la segunda imagen. “También apareció otra señal en el cielo: he aquí un gran dragón escarlata, que tenía siete cabezas y diez cuernos, y en sus cabezas siete diademas; y su cola arrastraba la tercera parte de las estrellas del cielo, y las arrojó sobre la tierra” (12,3-4).

Aquí el “cielo” no es el cielo espiritual sino el firmamento, como en el caso de la “Mujer”, y expresa dos realidades terrenales: el Misterio de la Piedad que es la Iglesia y el misterio de la ilegalidad o iniquidad que es el Diablo y su instrumento fiel el Anticristo que en la historia combaten contra la Iglesia (1Tim 3,16 y 2Tes 2,7).

El Dragón es el Diablo, mientras que el color rojo del dragón expresa “la ansiedad por matar y su sed por la sangre” (San Andrés de Kesarea). Las siete cabezas significan la multitud de sus instrumentos (y medios de comunicación) y su infiltración al mundo. Los diez cuernos muestran su fuerza y poder en el mundo. Las diez diademas son la aceptación del mal por parte de la gente, por las cosas que piensa y opera el monstruo satánico con múltiples cabezas. Lo que su cola arrastra la tercera parte de las estrellas del cielo expresa, tanto los ángeles caídos, como la caída de los Cristianos sin fundamento.

Después de todas estas cosas el Dragón estaba preparado para devorar el niño varón que la Mujer daría a luz. Son las operaciones escalonadas del Satanás tratando de destruir la obra mesiánica de Cristo. Y cuando la mujer ha dado a luz, el niño varón fue arrebatado al cielo; esto muestra que el Cristo que ascendió al cielo después de Su resurrección, no ha dejado capacidad y posibilidad al Diablo para destruirLe.

Pero el Diablo no se rinde. Se dirige hacia la Mujer-Iglesia. “Esto muestra que el apóstata (tránsfuga) diablo siempre está armado contra la Iglesia y todos los renacidos (espiritualmente) por la Iglesia dentro de los siglos desea tragarlos…” San Andrés de Kesarea.

Así que la Mujer-Iglesia huye al desierto, donde allí se ha preparado de Dios un lugar para permanecer el tiempo que reinará el instrumento fiel del Satanás, el Anticristo, es decir, los 3 ½ años que reinará en la tierra. Desde que el Cristo fundó la Iglesia sobre la tierra, el Diablo estará maniáticamente contra ella, y ella se irá yendo siempre al desierto, es decir, en las catacumbas o en cualquier otro lugar, sea localmente, sea trópicamente.

Y ahora vamos a la tercera imagen de toda aquella visión. San Juan Evangelista ve que se hace una guerra en el cielo entre el Arcángel Miquel con sus fuerzas celestes y el Dragón con sus fuerzas. Y “fue vencido y lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles demoníacos fueron arrojados con él” (12,9).

Entonces se oyó en el cielo el himno de los santos a Dios que finalmente fue vencido “el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche” (12,10).

La caída del diablo tiene tres fases. La primera fase de la caída es cuando el Eosforos (Lucifer) cayó del cielo, porque quiso igualarse a Dios, padeciendo de orgullo y de la arrogancia de ser equivalente a la deidad. La segunda fase de la caída es su quebrantamiento, destrozo por el sacrificio de Cristo en la cruz. Y la tercera será cuando el Señor vendrá otra vez, durante Su Segunda Presencia y el Diablo será arrojado al infierno eterno, y esto será ya su derrota y condena definitiva.

Y cuando el Diablo vio que fue arrojado en la tierra, persiguió la Mujer que había dado a luz el Varón, es decir, la Iglesia. Como vemos, el santo Evangelista narra personas y acontecimientos históricos con característica simbólica.

Entonces la Mujer-Iglesia huye al desierto volando con dos alas de águila, símbolo de la protección divina. Y el Dragón-Diablo vomitó de su boca un río de agua para ahogar la Mujer-Iglesia, que son todas las corrientes filosóficas, anticristianas y heréticas que durante los tiempos inundan la sociedad e intentan “ahogar” la Iglesia de la tierra.

Y la tierra, personificada abre su boca y traga el río diabólico entero, que muestra también que la creación se convierte en instrumento de Dios para salvar la Iglesia, tal y como ocurrió con el antiguo Israel cruzando el mar rojo se salvó de la manía de Faraón.

Pero otra vez, el Diablo después de este fracaso suyo se enfada y se llenó de ira “y se fue a hacer guerra contra el resto de la descendencia de ella, los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesús Cristo” (12,17). El diablo continúa la guerra contra el “esperma” de la Iglesia. Son los fieles Cristianos que han quedado en los pueblos y en las ciudades. Son el “remanente o la levadura” (Rom 11,5) de los que no se han rebajado para adorar, reverenciar al Diablo, dentro en la sociedad y la soberanía mundana que se llama civilización, socialismo o sociabilidad, libertad sin límites ni restricciones, liberación de la ética y de los mandamientos de Dios, axiomas, honores y alabanzas del mundo pecador.

Capítulo 13

Aquí tenemos la aparición de dos personas: del Anticristo y del Pseudoprofeta. San Juan ve al Anticristo como una bestia escarlata que tiene siete cabezas, diez cuernos y diez diademas que estaban escritas con nombres de blasfemia; y surge del mar, que es el símbolo del desorden mundano, de la inestabilidad y de la pecaminosidad mundana. La descripción es similar con el Dragón-Diablo de donde toma también su poder.

Y la segunda bestia, el Pseudoprofeta, le ve emerger de la tierra, señal de su soberanía malvada, teniendo dos cuernos de cordero y habla como dragón, que es señal de su hipocresía como bueno sin maldad pero en el fondo demoníaco.

De todos modos debemos apuntar que estas dos bestias serán personas humanas verdaderas históricas, que operarán “por la energía del Satanás” (2Tes 2,9). La segunda bestia, el Pseudoprofeta, será una especie de precursor, que estará hablando, predicando para el Anticristo y haciéndole publicidad.

Pero vayamos ahora al Anticristo para ver algunas de sus características de su actividad, de su gobierno y de su vida, por supuesto sin entrar a referirnos a todo en esta breve interpretación.

El mismo o en alguno de los que sirven sus voluntades, y parecerá que fue matado, y después provocará una impresionante supuesta resurrección, que será como una mala imitación de muerte y resurrección de Cristo.

De este falso milagro se maravillarán los hombres frívolos e infieles a Cristo en toda la tierra, los que adoran al Dragón-Diablo que ha dado un poder de este tipo al Anticristo. Parece ser que toda esta cuestión será proyectada por Medios de Comunicación de Masas, que están totalmente en su servicio y sus propósitos demoníacos. Además, esto se está haciendo actualmente, desde hoy en día a un nivel grandísimo.

Se concede de Dios, a causa de la gran apostasía (deserción) de los hombres, para que el Anticristo con injurias y blasfemias dirigirse contra el Dios y guerrear contra los fieles Cristianos y vencerlos, se entiende con el mal trato y el martirio.

El dominio del Anticristo será universal, porque “también se le dio autoridad sobre toda tribu, pueblo, lengua y nación” (13,7). Los santos Padres de nuestra Iglesia, que con su visión profunda y perspicaz investigan la Santa Escritura, encuentran que el Anticristo será de origen judío y será enmarcado por el pueblo hebreo para sus conquistas universales.

Pero vamos a ver también algunas características de la segunda bestia, el Pseudoprofeta. Él trabaja de cualquier manera para que sea adorado el Anticristo, incluso haciendo sorprendentes falsos milagros. Espiritismo, Magia, Filosofía, sistemas sociales humanocéntricos, kerigmas sobre ateísmo, serán su principal obra precursora para conducir la humanidad al Anticristo.

La relación de las dos bestias en la historia es tan estrecha, que por un lado, el Anticristo o los precursores parciales del Anticristo estarán operando dinámicamente con poder y soberanía, y por otro lado, el Pseudoprofeta o sus precursores estarán operando como una ideología o herejía, de todos modos con dimensión espiritual.

La actividad del Anticristo comienza inmediatamente después de la salida del Paraíso de los primeros en ser creados, cuando el Diablo escuchó el mensaje de sanación y salvación empezó actuar anti-salvíficamente. Esta actividad es “el misterio de la ilegalidad o iniquidad” y “que ya se está operando”, según el Apóstol Pablo (2Tes 2,7) y paralelamente está firme y contrario al misterio de la piedad, que es la Iglesia (1Tim 3,16).

La línea recta del misterio de la piedad es activada por Abel, Siz, Noé, Sim, Abraham, la Zeotocos (Madre de Dios) y llega hasta Jesús Cristo, que crea Su Iglesia sobre la tierra. La línea recta del misterio de la iniquidad es activada por Caín, Judas, Arriano, Occidente Cristiana, como percepción de cristianismo secularizado, mundanizado, del Pseudoprofeta y finalmente del Anticristo como persona.

¿Cuándo vendrá el Anticristo?

San Pablo refiriéndose sobre la Segunda Presencia de Cristo, apunta a los Tesalonicenses que si primero no viene la gran apostasía (deserción) y no sea revelado el Anticristo, no vendrá el Cristo, y sobre todo inmediatamente después del Anticristo. Por lo tanto, el tiempo (o fecha) de la venida del Anticristo que está vinculada con la Segunda Presencia de Cristo, permanece desconocido.

A pesar de esto el Señor nos ha dado muchos signos o señales sobre Su segunda venida. Es característico el ejemplo de Noé, donde la construcción del Arca no podía sobrepasar algunos límites lógicos, -como los 120 años de su construcción- tiempo suficiente para la posible metania de aquella generación, mientras que el tiempo (o la fecha) del cataclismo permanecía desconocido. Así también entonces, en los ésjatos tiempos, dice el Señor, cerca en este tiempo habrán estas señales o signos y estas serán muchas, y vendrá el Cristo y antes de Él el Anticristo.

Nuestros tiempos (o épocas actuales) ya han comenzado a mostrar algunas de las señales preanunciadas por el Señor.

Debemos aún señalar que el Pseudoprofeta operará de un modo de amenaza de cataclismo económico, impondrá un sello o chip en la frente o en la mano derecha a los que aceptarán el Anticristo. Se trata de una identidad indeleble y específica que será la negación del sello del Espíritu Santo (que es el Misterio de la Crismación) que hemos recibido con el Bautismo (sumergir, no rociar). El sello será constituido con el nombre del Anticristo o con el número del nombre que es el 666. De todos modos hasta que venga el Anticristo, su nombre permanecerá desconocido y cuando venga será apocaliptado-revelado sólo en aquellos que están en nipsis espiritual (o espiritualmente vigilantes y sobrios), es decir, a los que han hecho la catarsis del corazón.

Capítulos 14-16

Después de la amarga descripción de todo lo anterior, interviene un magnífico diápsalmo (tipo de salmo) de los 144.000 ciento cuarenta y cuatro mil, que tienen tres atributos o cualidades: son castos o vírgenes, se han dedicado a Cristo y en general están inmaculados, sin mancha (14, 1-5) en todos los aspectos o manifestaciones de sus vidas.

Con el cumplimiento del séptimo toque de trompeta , que contenía lo que concierne al Anticristo y al Pseudoprofeta, viene una tercera septenaria (conjunto de 7 imágenes) de plagas o heridas con forma de bombonas doradas, que se derraman, se vacían en la tierra por siete ángeles correspondientes.

Con el derrame de la primera bombona “vino una úlcera maligna y pestilente sobre los hombres que tenían la marca de la bestia, y que adoraban su imagen” (16,2). Se trata de una herida corporal real que recuerda la sexta plaga de Faraón.

Cuando el segundo ángel derramó la segunda bombona en el mar, el agua se ha pintado de rojo, con el resultado de morir cada vida marítima, y esto recuerda la primera plaga faraónica.

Con el derramamiento de la tercera bombona en los ríos y en las fuentes, las aguas se convirtieron rojas como la sangre y por supuesto fueron inadecuados para beber.

Con el derramamiento por el ángel de la cuarta bombona sobre el sol, se creó una ola de calor a los hombres, que viene a completar la plaga anterior de la falta de agua y sed. ¡Pero los hombres en vez de arrepentirse, blasfeman el santo nombre de Dios!

Con el derramamiento de la quinta bombona sobre el trono del Anticristo, se hace una oscuridad sensible o confusión espiritual y audible, es decir, una confusión entre los teatreros del Anticristo, y recuerda la novena plaga de Faraón. ¡Y una vez más no se arrepienten!

Y viene la tanta del derramamiento de la sexta bombona. Esta se refiere a la última guerra de la historia, el terrible Armagedón, que se hará en vísperas del gran día del Señor, es decir, de Su Segunda Presencia.

En el lugar de Armagedón, -que territorialmente pertenece a Palestina, pero aquí no se trata de este lugar-, habrá entre una gran destrucción entre sí de la humanidad que seguirá al Anticristo; y realmente todas las naciones habrán comenzado la gran guerra contra la ciudad amada, es decir, la Iglesia, y al final se encontrarán matándose los unos a los otros. Y esto se ve también de la guerra de Gog y Magog que se refiere al libro del Apocalipsis en el capítulo 20 (también Ezequiel 38, 1-23).

Y finalmente viene la plaga de la sexta bombona, que su contenido fue derramado al aire, con el resultado de que ocurran terribles fenómenos atmosféricos y geológicos. Y esta plaga o herida se parece a la séptima plaga faraónica. ¡Fue tan grande esta plaga o herida que los hombres en vez de arrepentirse llegaron a blasfemar el Santo Nombre de Dios!

Capítulos 17-18

Un ángel dice a San Juan: “Ven acá, y te mostraré la sentencia contra la gran ramera, la que está sentada sobre muchas aguas; con la cual han fornicado los reyes de la tierra, y los moradores de la tierra se han embriagado con el vino de su fornicación (17, 1-2). Y me llevó en espíritu al desierto; y vi a una mujer sentada sobre la bestia escarlata, que antes os conté, llena de nombres de blasfemia, que tenía siete cabezas y diez cuernos”.

Esta mujer estaba vestida de púrpura y escarlata, y adornada de oro de piedras preciosas y de perlas, y tenía en la mano un cáliz de oro lleno de abominaciones e inmundicia, suciedad de su fornicación; y en su frente un nombre escrito, un misterio: BABILONIA LA GRANDE, LA MADRE DE LAS RAMERAS Y DE LAS ABOMINACIONES DE LA TIERRA (17,5).

Vi a la mujer ebria de la sangre de los Santos y de los Mártires de Jesús; y yo me quedé asombrado con este espectáculo. Y el ángel me dice: “La bestia que has visto, era, y no es; y está para subir del abismo e ir a perdición” (17, 8).

Ya el santo Evangelista utiliza el nombre “Babilón” aunque entonces Babilón no existía; Babilón fue una ciudad que ejerció un dominio terrible sobre la tierra, y el pueblo de Dios había sido cautivado de ella. Pero entonces se asimilaba Roma con la antigua Babilón, con su cesarolatría (adoración al cesar) y las terribles persecuciones y castigos a los Cristianos. Sin embargo, se trata de una ciudad virtual, es decir, un centro de apostasía y corrupción que influye y afecta en todas las magnitudes geográficas, siempre por inspiración del Anticristo. Hoy en día el “centro” es “Occidente”, no en sentido geográfico, sino cultural que influye a todas las culturas y civilizaciones de la tierra.

Pero este “centro” de la apostasía no durará mucho. El Teólogo escucha un Ángel clamar con voz potente: “Ha caído, ha caído la gran Babilonia, y se ha hecho residencia de demonios y guarida de todo espíritu sucio e inmundo…” (18,2). Y entonces empieza el luto, el llanto y el dolor de los reyes de la tierra, y también de los comerciantes y de los armadores por su penuria.

Nuestro mundo de hoy en día es un mundo babilónico y podrido, que se prepara o está a punto de caer. Y los criterios para la caída son el ateísmo, el amoralismo, la arrogancia de la vida dentro de los lujos, la abundancia de bienes materiales y el derroche, cuando al mismo tiempo otros pueblos mueren hambre; esto muestra la crueldad abismal de los hombres. Y no se hunde sólo este mundo apóstata y demoníaco, sino a la vez se convierte también en residencia de los demonios, donde por supuesto que es ausente la jaris (gracia, energía increada) de Dios y la bendición.

En este mundo que se está derrumbando, se oye otra vez la voz del Cielo: “Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis parte de sus plagas” (18,4). Se trata de la relación de los fieles con los infieles. El Dios pide un éxodo (salida) de su pueblo, a veces trópica (manera o forma de vivir) y a veces local, territorial.

Noé y Tobit son ejemplos de salida trópica; no se marcharon de sus tierras. La huida de los cristianos de la asesina de Cristo Jerusalén, es una salida local. La salida o éxodos de los ésjatos-postreros tiempos será trópica (manera o forma de vivir) y también territorial o local, según y cómo el Espíritu Santo dictará entonces a la Iglesia.

Capítulo 19

Después de la destrucción de Babilón intelectiva o virtual, se oyó en el cielo una gran voz de gran multitud, que psalmodiaba: “¡Aleluya! Salvación, honra, gloria y poder son del Señor Dios nuestro; porque sus juicios son verdaderos y justos; pues ha juzgado a la gran ramera que ha corrompido a la tierra con su fornicación, y ha vengado la sangre de sus siervos de la mano de ella” (19,1-3).

Y nos encontramos ya en la última praxis y el desenlace final de todo el drama de la lucha de Cristo contra las potencias anti-divinas. Es digno de máxima atención desde el aspecto interpretativo, porque a partir de ahora el Profeta Juan lo que nos va a describir no está sujeto en secuencia cronológica, sino en la Primera y Segunda Presencia de Cristo, pasado, presente y futuro, futuro inmediato y el más remoto, ultimísimo, todo se encuentra en una y la misma imagen. Si buscamos la secuencia cronológica peligramos en aceptar las posiciones milenaristas, las cuales nuestra Iglesia las ha condenado, aunque sean de una forma muy espiritual. Como ejemplo, el de la batalla de Armagedón por la que hablaremos otra vez más abajo, sin significar que se hará dos veces, sino que repetimos su descripción, sin que sean buscados datos cronológicos.

Teniendo en cuenta todos estos datos avancemos, pues, en la interpretación del texto sagrado.

Después de las tres septenarias de plagas o heridas y las sucesivas imágenes del Apocalipsis, el santo Evangelista ve el cielo abierto, no para que sean apocaliptadas-reveladas los misterios del futuro, sino para que aparezca y se manifieste el Juez Cristo, el Juez de toda la Creación, visible e invisible.

Sale del cielo el caballo blanco y el sentado sobre este tenía el nombre: «ὁ Λόγος τοῦ Θεοῦ el Logos de Dios» (19, 11-13). Es el Juez Cristo que está acompañado de potencias celestes angelicales.

A continuación san Juan ve “a la bestia, a los reyes de la tierra y a sus ejércitos, reunidos para guerrear contra el que montaba el caballo, y contra su ejército” (19,19). Se trata, por segunda vez, sobre la última gran y terrible guerra de Armagedón que se ha referido al capítulo 16, como también por tercera vez se hará referencia en el capítulo 20.

¿Cómo debemos entender esta batalla que estarán todas las naciones y será capitaneada por el Anticristo y el Pseudoprofeta, contra al jinete Cristo-Juez? Quizás esto será como nos lo describe proféticamente Ezequiel. Refiriéndose a Gog (y el Apocalipsis inmediatamente un poquito más abajo (20,8) nos habla, y se trata del mismo tema) escribe:

“Esto dice el Señor Dios a Gog… en aquel tiempo, cuando venga Gog contra la tierra de Israel, (es decir, contra la Iglesia y los santos), dice el Señor Dios, subirá mi ira y mi enojo. Porque he hablado en mi celo, y en el fuego de mi ira: Que en aquel tiempo habrá gran temblor…; que los peces del mar, las aves del cielo, las bestias del campo y toda serpiente que se arrastra sobre la tierra, y todos los hombres que están sobre la faz de la tierra, temblarán ante mi presencia; y se desmoronarán los montes, y los vallados caerán, y todo muro caerá a tierra. Y en todos mis montes llamaré contra él la espada, dice el Señor Dios; la espada de cada cual será contra su hermano y yo litigaré contra él con pestilencia y con sangre, y yo le condenaré a la muerte; y haré llover sobre él, sobre sus tropas y sobre los muchos pueblos que están con él, impetuosa lluvia, y piedras de granizo, fuego y azufre” (38, 17-22). Aquí se cree que se trata de una guerra y destrucción mundial, a causa de la apostasía y la actitud enemiga contra la Iglesia.

Sobre la matanza entre hermanos que señala Ezequiel, podría realizarse entre Potencias antiteas (contrarias a Dios), como entre el ateo comunismo de oriente y el ateo materialismo de occidente y el ateo Sionismo de los judíos. Además un choque de este tipo hoy en día es muy posible y se espera.

Observamos que el jefe de estos ejércitos será el Anticristo y el Pseudoprofeta, los cuales son detenidos y arrojados vivos al lago del fuego, el eterno Infierno, donde finalmente el Anticristo y el Pseudoprofeta desaparecen del escenario de la historia.

Capítulo 20

Siempre sin haber cronológica sucesión histórica en los acontecimientos, pero las cosas descritas en una y la misma imagen, el santo Evangelista, ve un Ángel que ata con cadena gorda al Dragón, al Diablo y le arroja al abismo por mil años.

El atado del Satanás que hizo el Cristo con Su primera Presencia, manifiesta que permanece desactivado con su fuerza y poder mutilados, con el bloqueo de su atrevimiento y audacia, y naturalmente sólo para los que en conciencia son Cristianos bautizados.

Los mil años es un número redondo que manifiesta el tiempo entre las dos Presencias de Cristo en el mundo, o el tiempo del Evangelio, y no son mil años después de la presencia del Anticristo como enseñan los milenaristas antiguos y nuevos (testigos de Jehová).

Después de largo período del Evangelio, y un poco antes de la Segunda Presencia de Cristo, cuando los Cristianos habrán comenzado a secularizarse o mundanizarse, entonces será desatado el Satanás por poco, y entonces vendrá la gran apostasía, durante la cual actuará el Anticristo y el Pseudoprofeta, e inmediatamente después el Juicio y el final de la historia.

Todo esto se resume en el logos del ángel: “La bestia que has visto, era, y no es; y está para subir del abismo y va a perdición…” (17,8).

“Era” significa el tiempo antes de Cristo que actuaba el Diablo con la idolatría. “No es o no existe”, es el tiempo del Evangelio, el tiempo de las dos Presencias de Cristo o el tiempo de mil años. “Está para subir del abismo”, -no se trata de que suba del abismo-, es el desatado del Diablo y es el tiempo del Anticristo, es decir, los tres años. “Y va a la perdición”, significa que el Diablo finalmente va a la perdición, ya al eterno y definitivo Infierno.

Después de todas estas cosas, que marcan el final de la historia, san Juan ve al cielo “un gran trono blanco y al que estaba sentado en él, de delante del cual huyeron la tierra y el cielo, y ningún lugar se encontró para ellos” (20,11).

El trono de Cristo-Juez es evidente ya ante todas las creaciones lógicas visibles e invisibles, y se encuentra entre el cielo y la tierra. Es esto que escribe el apóstol Pablo: “Que el mismo Señor… bajará del cielo” (1Tes 4,16-17), o esto que describe el Señor: “Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria, y serán reunidas delante de él todas las naciones; y apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos” (Mt 25,31-32).

A continuación, con simples líneas pero muy fuertes, san Juan describe la resurrección de los muertos, pequeños y grandes, tanto en edad como en axiomas, y que han muerto de cualquier manera, natural o violentamente, dando cuentas ante el Cristo-Juez, a base de los libros abiertos de sus praxis o actos, que están en la memoria de Dios.

Mientras estas cosas estarán ocurriendo, en tiempo casi cero, el cielo y la tierra, es decir, el universo creado entero, estarán pasando de la corrupción a la incorrupción y de su forma antigua en forma nueva.

Capítulos 21-22

Y a continuación escribe el evangelista Juan: “Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más” (21,1). ¡El final del mundo creado es en realidad maravilloso! Nada desaparecerá de su esencia. Todo habrá cambiado de su forma, todo habrá pasado de la corrupción a la incorrupción, todo habrá recibido la doxa (gloria, luz increada) de Dios, y todo se convertirá en un “lugar, espacio” de la Nueva Jerusalén, de la Realeza increada de Dios.

Y san Irineo escribe: «No desaparece la hipóstasis (base substancial), la configuración y la esencia o substancia de la materia –porque aquel que la ha creado es verdadero y cierto- pero la forma de este mundo-cosmos pasa, se va, es decir, dentro en este mundo, dentro de estas formas, planos, se hizo la infracción de los primeros en ser creados, y el hombre se envejeció dentro en estos. Por eso, la forma, el plano de mundo presente se ha hecho provisionalmente, porque el Dios preconocía que los primeros en ser creados pecarían y sería introducida la muerte (física). Pero cuando pase esta forma, puesto que el hombre se hará nuevo –con su resurrección- de modo el hombre que ya no pueda envejecerse, corromperse y morir, entonces habrá nuevo cielo y nueva tierra. En la nueva creación el hombre estará permaneciendo siempre nuevo, intercomunicándose y relacionándose con el Dios» (San Irineo: Adversus haereses, V 29, 1-10, Cerf, Paris 1969).

A continuación san Juan ve bajar del cielo dentro en el nuevo mundo creado la ciudad Jerusalén, no la histórica y vieja, sino la nueva, la glorificada ya por la Realeza increada de Dios. Está iconizada como ciudad, porque entre los hombres y los ángeles habitará el Santo Dios Trinitario.

Y se escuchó una gran voz del cielo que decía: “He aquí la tienda de cabaña de Dios con los hombres, y él habitará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios” (21,3). En esta ciudad nueva, es decir, en la Realeza increada de Dios, no habrá ya lágrimas, luto, llanto, dolor y muerte, porque el primer plano, el estado caído del hombre, definitivamente habrá pasado.

Y el sentado sobre el trono Jesús Cristo, dijo: “He aquí, yo hago nuevas todas las cosas” (21,5).

Parte de la Realeza increada de Dios tendrán los vencedores del mundo y de los pazos. Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, magos, los idólatras y los mentirosos y todos que han vivido una vida falsa y vanidosa, tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, es decir, el Infierno eterno, la muerte segunda que es la peor, con la separación eterna de las existencias de Dios.

Pero junto con la característica de la Iglesia como nueva Jerusalén, se ha dado también la calificación de que la Iglesia es la novia de Cristo.

Y ahora el Escritor sagrado ve a un Ángel que le dice: “Ven y te mostraré la novia, la mujer del Cordero”. Y le conduce extáticamente (en extensión espiritual) en una montaña muy alta, y allí le muestra la Iglesia, como santa ciudad Jerusalén, que tenía la doxa (gloria, luz increada) de Dios.

Iluminador de ella era el mismo Cristo con Su brillantísima doxa increada. Tenía muro grande y alto, muestra de la eterna seguridad de ella de el mal. Tenía doce pilares, que son los doce Apóstoles y la enseñanza apostólica del Evangelio por los cuales nos introducimos en la Realeza increada de Dios. Los pilares los vigilan doce ángeles, imagen de la divina protección. En cada pilar también un nombre escrito de las doce tribus del Nuevo Israel, de cada nación, pueblo y raza de todos los tiempos.

La ciudad es cuadrada, que en cada lado hay tres pilares. Las cuatro triadas de pilares son la imagen de la disposición de las cuatro tríadas de razas del campamento en el desierto del antiguo Israel, con centro el Arca del Testamento, símbolo de residencia de Dios entre Su pueblo. Los cuatro lados son símbolos de los cuatro Evangelios que atrincheran la nueva ciudad-Iglesia, y determinan su contenido. La disposición en cuarteto de los pilares, expresa aún la señal de la Cruz.

Los cuatro lados de la ciudad ven hacia los cuatro puntos cardinales, hacia los cuales dirigen la misión sagrada, tanto con el kerigma de la Cruz, o sea del Misterio de la Encarnación, como también del Misterio de la Santa Trinidad que es representada por los pilares en tres.

El kerigma como kerigma de la Ortodoxia es uniforme, porque también cada una de sus cuatro partes tiene sus tres pilares, que es el dogma de la Santa Trinidad.

En la disposición cuarteta de la Ciudad se encuentran los cuatro atributos de la Iglesia como Una, Santa, Católica y Apostólica.

Los cimientos del muro son doce. Que es la enseñanza cimentada en la enseñanza de los doce Apóstoles. La medida de la ciudad es de plano cuadrado, que muestra la perfección absoluta de la Realeza increada de Dios. El interior del muro está constituido de doce piedras preciosas, y la ciudad de oro puro, muestra de la limpieza y del lujo de sus habitantes.

Templo no había en ella, porque el mismo Señor es el Templo de ella. Necesidad de luz del sol no hay, porque la Divina doxa (gloria, luz increada) ilumina. Allí nada sucio se puede introducir. Allí fluye sus aguas cristalinas el río de la vida que emana del trono de Dios y del Cordero, que recuerda el antiguo Paraíso que han perdido los primeros en ser creados. Este río místico, es el Espíritu Santo que procede del Padre y se envía por el Hijo. Este río es también la vida eterna y el santo Bautismo que renace al hombre.

En el medio de la plaza y a uno y otro lado del río, está el árbol de la vida, que produce frutos eternos, que es el Cristo. El antiguo tipo histórico fue el árbol de la vida en medio del antiguo Paraíso, mientras que al siglo presente es el Misterio de la Divina Efjaristía. Los frutos del árbol es la teognosía (conocimiento increado de Dios) con toda su bienaventuranza y felicidad paradisíaca.

Allí está también el trono de Dios y del Cordero, donde los fieles “contemplarán el rostro de él” (22,4), que es la eterna contemplación del rostro de Dios. Los habitantes de la ciudad llevan en sus frentes el nombre de Dios, que significa la eterna propiedad de Dios sobre los hombres, es decir, llevan la eterna doxa (gloria, luz increada) y el brillo sobre sus rostros, la eterna zéosis, deificación o glorificación y bienaventuranza, felicidad.

Ahora vamos al epílogo del libro del Apocalipsis, donde se asegura repetidamente por Jesús Cristo que viene pronto y lleva el salario Consigo para recompensar a cada uno según sea y según ha trabajado en su vida. Se asegura aún que lo que se ha escrito en este Libro es válido, digno de confianza y verdadero. “He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra” (Apo 22,12).

También se confirma que lo que se ha escrito en este libro es digno de creer y veraz.

Un mandamiento importante se da a Juan: “No selles los logos de la profecía de este libro, porque el tiempo está cerca” (22,10). Esto significa que debemos estudiar este libro con gran atención, y con esperanza esjatológica, porque el tiempo final de las cosas que se han escrito está cerca.

Y termina todo el Libro del Apocalipsis con el eterno Diálogo de Cristo y la Iglesia que es reforzada por el Espíritu Santo:

Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el primero y el último… Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las Iglesias. Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana. Y el Espíritu y la Novia dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente. Yo testifico a todo aquel que oye las palabras de la profecía de este libro: Si alguno añadiere a estas cosas, Dios traerá sobre él las plagas que están escritas en este libro. Y si alguno quitare de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida, y de la santa ciudad y de las cosas que están escritas en este libro. El que da testimonio de estas cosas dice: Ciertamente vengo en breve. Amén (de verdad) sí, ven, Señor Jesús.

La jaris (gracia, energía increada) de nuestro Señor Jesús Cristo sea con todos vosotros. Amén.

Ἡ χάρις τοῦ Κυρίου Ἰησοῦ Χριστοῦ μετά πάντων τῶν ἁγίων· Ἀμήν». Ἄνοιξη 1984.

+Yérontas Athanasios Mitilineos. Primavera de 1984.

Copyright: Monasterio Komnineon de “Dormición de la Zeotocos” y “san Demetrio” 40007 Stomion, Larisa, Fax y Tel: 0030. 24950.91220

Traducido por: χΧ jJ logosortodoxo.es/ (en español).

 

Humildad – La virtud de las virtudes

 

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POR LOS SABIOS Y SANTOS PADRES HELENO-ORTODOXOS

Cristo Dios dijo: “aprended de mí que soy humilde y apacible de corazón”.

El egoísmo es una enfermedad hereditaria de la personalidad, enfermedad del egó o yo. Porque si yo no tengo autoconciencia, conciencia de mí mismo, es decir, no tengo el yo o ego, entonces entendéis que la cosa es muy difícil y seria. Es decir, no tengo personalidad, estoy loco. Por lo tanto el egó-yo es lo que define la personalidad y el -ismo- es la enfermedad psíquica y espiritual. Y esta enfermedad cómo se define, es muy difícil. Es decir, cómo encontrarás el egoísmo, qué es aquello que hace el egoísmo, qué elementos, no sé, qué puedo decir, me quedo perplejo. Ni el mismo hombre puede entrar en esta pesadísima enfermedad que es la primera, quizás la única consecuencia de la caída del hombre, del pecado original. Por eso uno primero tiene que empezar obteniendo un autoconocimiento, preguntarse quién soy. Y el mejor medicamento, fármaco que destruye esta enfermedad es la HUMILDAD.

El modelo de humildad es el Cristo.

Humildad es parte de la deidad.

La humildad es una anónima jaris (gracia, energía increada) en la psique que no se puede nombrar sólo por aquellos que la probaron y la conocieron por la experiencia. Es una riqueza inexpresable, un don, un nombre, una energía increada y una donación de Dios.

La humildad es anónima, poliónima (multi-nombre) y multiforme.

Humildad es que uno se olvide inmediatamente de sus hazañas o de las obras buenas que ha hecho y el luto según Dios.

Humildad es una virtud que se relaciona y entrelaza directa e indirectamente con todas las demás virtudes.

Humildad significa negar el egoísmo.

Humildad es la sanación, apocatástasis, restablecimiento del egó o yo de la enfermedad del egoísmo.

Humildad es la metania, (introspección, conversión, arrepentimiento y confesión)

Humildad en la diania (cerebro, mente, intelecto) es la sencillez.

Humildad en la diania es conocer tus limitaciones y tu limitada razón.

Humildad en la diania es espíritu de aprendizaje.

Humildad del corazón es la comunión con las demás personas y con la creación entera.

Humildad de corazón es ver a las personas como imágenes de Dios, no despreciar ni rebajar a nadie, y no sentirte superior ni inferior a nadie.

Humildad de la voluntad es servir y amar al prójimo, y orar por él.

Humildad del cuerpo es vestir siempre decente, sencillo y limpio, no adornarse para impresionar.

Humildad según san Basilio es volver en tu propia realidad, valorar y estimar lo que realmente soy.

Humildad es el recuerdo de los pecados, porque el olvido de ellos provoca orgullo soberbia y engreimiento.

Humildad no es bajar la cabeza.

Humildad es considerarse a sí mismo como el último de los más grandes pecadores.

Humildad es concienciar y conocer con tu propio nus (espíritu) y mente tu propia enfermedad, debilidad e impotencia.

Humildad es adelantarse en las disputas y ser el primero en aplacar y disolver la ira y el odio al prójimo.

Humildad es conocer bien la jaris (gracia, energía increada) y la caridad de Dios.

Humildad es que uno sienta la contrición de su psique (por la continua metania) y la renuncia de su propia voluntad.

La humildad es producto de la gnosis (conocimiento increado) y la gnosis es producto de las tentaciones. En aquel que se ha conocido a sí mismo, se le da la gnosis de todo, y en aquel que se ha sometido a Dios, se le someterá todo, cuando haya dominado la humildad en sus miembros.

Humildad es que uno por el conocimiento de su debilidad y de la ignorancia que antes tenía, es que desconocía aquellas cosas que ahora ha aprendido, y así hay muchas cosas más que quizás las aprenda más tarde, según san Basilio el Magno.

Humildad es que uno se ha reconocido a sí mismo que es una creación variable, alterable y por nada presume, porque si tiene algo es por el Creador.

La humildad pues, nace de la gnosis (divino conocimiento increado), y de la misma nace el discernimiento del cual nace la clarividencia o perspicacia.

Humildad es fuente de la virtud o don del discernimiento.

La humildad es un techo divino que cubre nuestros ojos, para que no veamos nuestras hazañas.

La humildad es un abismo de pobreza y olvido de sí mismo, inmune e inaccesible a cualquier ladrón.

La humildad es “una torre fuerte frente al enemigo” (Sal 60,4).

La humildad es la puerta de la realeza increada celeste que introduce a los que se aproximan a ella.

¡Humildad y Agapi! (amor desinteresado, cariño y energía increada) ¡Pareja divina! Una eleva y la otra sostiene y mantiene a los que han sido elevados y no los deja que caigan jamás.

La humildad es la enseñanza espiritual de Cristo, que se guarda de los que son dignos, en cámaras místicas-secretas de sus psiques y no se puede expresar en palabras.

La humildad es un torbellino celeste que puede sacar la psique desde el abismo del pecado y elevarla hasta las alturas del cielo. Una persona una vez contempló en su interior la belleza de la humildad y quedando atónito y alucinado preguntaba por el nombre del padre de ella. Ella con una sonrisa luminosa y apacible le respondió: ¡Por qué quieres saber el nombre de mi padre, puesto que él es anónimo? No te lo diré antes de que alcances a tener a Dios en tu interior”.  ¡A Él la doxa-gloria de los siglos! Amín… ver también https://logosortodoxo.es/filocalia/la-humildad-por-san-juan-de-la-escalera/  

Traducido por: χρήστος Χρυσούλας jJ

 

Paraíso e infierno en la Tradición Ortodoxa

 

RE.1

TRADUCCIÓN REPASADA MARZO 2025

Paraíso y Infierno, en la Tradición Ortodoxa
P. Georgios D. Metalinos
Decano de la Facultad de Teología de la Universidad de Atenas

 

El Domingo de Apokreo (Domingo de la Carne), del Cuaresma la Iglesia conmemora la Segunda y Temible Παρουσία (Parusía: Presencia, Venida) de Nuestro Señor Jesús Cristo y psalmodiamos la frase del Sinaxario: «Hacemos memoria de la segunda y temible Parusía de nuestro Señor Jesús Cristo», esto certifica que la Iglesia, como Cuerpo de Cristo, vive la Segunda Parusía, Venida de Cristo como un hecho dentro de su adoración y culto, no como algo meramente esperado en la historia. Esto se debe a que, a través de la Divina Efjaristía, somos trasladados a la Realeza increada Celestial, más allá de la historia. Desde esta perspectiva, se aborda de manera ortodoxa el tema del Paraíso e Infierno.

En los Evangelios (Mt cap. 25) se habla sobre «βασιλεία (vasilía) realeza increada» y “fuego eterno”. En este pasaje, que se lee en la Liturgia del Domingo de Apokreo, la «βασιλεία (vasilía) realeza increada» es el destino según Dios para el hombre, mientras que el «fuego» ha sido preparado para el diablo y sus ángeles (demonios), no porque Dios lo haya querido, sino porque ellos no se arrepienten. La «βασιλεία (vasilía) realeza increada» está “preparada” para los fieles a la voluntad de Dios.

La «βασιλεία (vasilía) realeza increada (=doxa-gloria, luz increada)» es el Paraíso, y el “fuego” eterno es el infierno eterno, (Mt 16,46). Al inicio de la historia el Dios llama al paraíso, a la κοινωνία (kinonía: participación, conexión, comunión) con Su Χάρις (Jaris: Gracia, energía increada). Al final de la historia el hombre enfrenta el Paraíso y el Infierno. ¿Qué significa esto? Lo veremos a continuación. Sin embargo, nos apresuramos a decir que este es un tema central y básico de nuestra fe, la piedra angular del Cristianismo como Ortodoxia.

  1. El tema del paraíso y el infierno en el Nuevo Testamento es muy frecuente. Cristo en el Evangelio de Luca dice al ladrón: “hoy estarás conmigo al paraíso” (Lc 23,43). Pero el ladrón también se refiere al Paraíso cuando dice: “acuérdate de mí Señor… en tu realeza increada” (Lc 23,42). Porque el ladrón está en el paraíso, es decir, en la realeza increada, según san Teofilacto de Bulgaria (P.G.123,1106).

El Apóstol Pablo confiesa que incluso ya estando en este mundo, “y sé que este hombre -si en el cuerpo o fuera del cuerpo, no lo sé, Dios lo sabe- fue arrebatado al paraíso y oyó logos inefables e increados que el hombre no puede decir y describir ni le es permitido apocaliptarlos-revelarlos.” (2Cor 12,3-4). En el libro del Apocalipsis leemos: “Al vencedor le daré a comer del árbol de la vida, que está en el paraíso de mi Dios” (Apo 2,7). Y Arethas de Kesaria interpreta: “Paraíso debe entenderse la vida bienaventurada y eterna”. Paraíso-vida eterna-realeza increada y doxa-gloria increada de Dios son términos equivalentes.

En cuanto al Infierno: “en infierno eterno” (Mt 25,46), “en fuego eterno” (Mt 25,41), “en la tiniebla u oscuridad exterior” (Mt, 25,30), “en gehena de fuego” (Mt 5,22), “…el miedo lleva consigo infierno” (1Jn 4,18). Con todos estos términos se expresa esto que entendemos por el término “κόλασις kólasis infierno”.

  1. Paraíso e infierno no son dos lugares distintos. Esta apreciación es pagana, idólatra. Son dos estados o (modos de ser), que surgen de la misma fuente increada y se viven como dos experiencias distintas. O más bien, es la misma experiencia vivida distintamente por el hombre, según sus condiciones interiores. Esta experiencia es la visión, expectación de Cristo en la luz increada de Su deidad o divinidad, en Su doxa-gloria increada. Desde la Segunda Parusía, Presencia y por toda la interminable eternidad, todos los hombres estarán viendo a Cristo en Su luz increada. Y entonces saldrán fuera, y los que han obrado bien, pasarán a la resurrección de la vida eterna, bienaventurada y feliz. Y los que han obrado mal, para la resurrección de juicio y condena” (Jn 5,29).

Ante el Cristo se separan los hombres en dos grupos («ovejas» y «cabritos», derecha e izquierda). Es decir, en dos grupos; se distinguen aquellos que ven a Cristo como Paraíso («esplendor supremo») y aquellos que Lo ven como Infierno («fuego devorador», Heb. 12,29).

Paraíso e infierno aquí son la misma realidad. Esto indica la figuración, la iconografía de la Segunda Παρουσίας (Parusía: Presencia, Venida). De Cristo emana, procede un río alumbrante, con luz dorada en la parte superior, donde se encuentran los santos, y en la parte inferior, como un río de fuego, donde se encuentran los demonios y los impenitentes los no arrepentidos, que nunca estuvieron en metania). Por eso en el Evangelio de Luca se dice: “está destinado para la caída y la resurrección, levantamiento de muchos”. El Cristo para unos, los que Le aceptaron y siguieron la terapia “psicoterapia” del corazón que Él ha sugerido, se hace resurrección en Su vida eterna; y para los otros, los que Le negaron, caída e infierno.

Testimonios patrísticos

San Juan el Sinaita en la Escalera dice que la luz increada de Cristo es “fuego devorador, consumador y luz que ilumina”.

San Gregorio Palamás (E.P.E. 11,498) observa: “Él nos sumergirá y bautizará con Espíritu Santo y fuego; es decir, la que ilumina e infierna, de modo que cada uno reciba según la disposición de su estado interior que lleva” (T. 11,498); y en otra parte, (Escritos, ed. Christou, II, p. 145), dice: “La luz increada de Cristo siendo una sola es percibida y participada por todos, pero no de la misma manera, sino de manera diferente».

Por consiguiente, el paraíso y el infierno no son simplemente una recompensa y un castigo (sentencia), sino la manera o modo con el que estaremos viviendo la contemplación, expectación de Cristo, según el estado de nuestro corazón. El Dios no castiga realmente, aunque en la Escritura se hable de castigo con fines pedagógicos. Cuando más progresa uno espiritualmente, mejor conoce y entiende el lenguaje de la Santa Escritura y de nuestra Santa Parádosis, Tradición. El estado del hombre (limpio-sucio, puro-impuro, arrepentido-no arrepentido, convertido-no convertido) determina si percibe la Luz increada de Cristo como Paraíso o como Infierno.

  1. El problema antropológico en la Ortodoxia es cómo el hombre estará viendo eternamente a Cristo como Paraíso y no como infierno. Es decir, cómo participará de Su celestial realeza increada. Y aquí se ve la diferencia del Cristianismo como Ortodoxia y otras otras religiones. Estas últimas ofrecen y prometen algún tipo «ευδαιμονία» (efdemonía: felicidad y bienestar) y en concreto después de la muerte. Pero la Ortodoxia no es una búsqueda de la efdemonía, sino la terapia de la enfermedad de la religión, como continuamente enseña patrísticamente el padre Yanis Romanidis. La Ortodoxia es un hospital abierto dentro en la historia, “una clínica u hospital espiritual” como dice san Juan el Crisóstomo, que ofrece la terapia del corazón (catarsis) para que uno progrese a la iluminación del Espíritu Santo y finalmente llegar a la θέωσις (zéosis: divinización, glorificación), el único destino y objetivo del ser humano. Este camino, descrito en profundidad y muy completamente por el padre Yanis Romanidis y el Metropolita de Náfpaktos, Ierotheo Vlajos, es la terapia “psicoterapia”, sanación del hombre, tal y como la viven todos nuestros santos.

La vida en el Cuerpo de Cristo (en la Iglesia) tiene este sentido y propósito. Esta es la razón de la existencia de la Iglesia. En esto aspira y se dirige toda la obra sanadora y redentora de Cristo.

San Gregorio Palamás (Cuarta Homilía sobre la Segunda Venida) dice que la pre-eterna voluntad y propósito eterno de Dios para el hombre es «que entre y participe en la divina Realeza increada». Que el hombre alcance la θέωσις (zéosis: divinización, glorificación). Este es el propósito de la creación. Y continúa: “Pero la divina e inefable κένωσις kenosis (vaciamiento), la vida teántrico (divino-humana), los sanadores y salvadores pazos (pasiones, padecimientos) y todos los misterios, es decir, toda la obra de Cristo en la tierra, para este objetivo y fin fueron preordenados, economizado con providencia y sabiduría” (4 homilía: Sobre Segunda Parusía, Presencia).

  1. Sin embargo, lo que importa es que no todos los hombres responden a esta invitación de Cristo, y por eso no todos participan de la misma manera en Su doxa-gloria increada. Esto lo enseña por el Cristo en la parábola del rico y el pobre Lázaro (Lc cap. 16). El hombre niega, rechaza el ofrecimiento de Cristo, se convierte enemigo de Dios y deniega la ofrecida σωτηρία sotiría (sanación, redención y salvación) de Cristo; y esto es la blasfemia contra el Espíritu Santo, porque es en el Espíritu Santo como recibimos la llamada de Cristo. Estos son los que no se han arrepentido nunca.

Observa san Crisóstomo: “el Dios nunca se enemista, somos nosotros que nos hacemos enemigos de Él y Le denegamos”. El hombre impenitente sin metania, no arrepentido, se endemonia, porque él mismo lo elige. Pero el Dios no lo quiere esto. San Gregorio Palamás dice: “porque esto no es mi voluntad previa, ni os he creado para esto, ni para vosotros preparé el fuego; el fuego eterno inextinguible se ha preparado y encendido para los demonios que tienen la maldad como hábito inmutable e inalterable y que vosotros os habéis unido a la voluntad impenitente y opinión de ellos. Por lo tanto, habéis escogido convivir voluntariamente con los viles y malignos ángeles o demonios” (4ª homilía: Sobre Segunda Presencia). Es decir, es la libre elección del hombre.

El hombre rico y Lázaro ven la misma realidad, ven a Dios en Su luz increada. El rico llega a la Verdad, a la visión expectación de Cristo, pero no puede participar en esta luz increada como Lázaro. Lázaro es consolado por la luz increada, mientras aquel rico está sufriendo, quemándose y atormentado. El logos de Cristo “tienen a Moisés y los profetas”, para los que aún están en el mundo, significa que todos somos inexcusables. Porque existen los Santos que tienen la experiencia de la θέωσις (zéosis: divinización, glorificación) y nos llaman a incorporarnos a la forma y modo de vida de ellos, para alcanzar nosotros también a la zéosis como ellos. Por lo tanto, los que son infernados (condenados) como el rico, son inexcusables.

La actitud y la posición hacia el prójimo, revelan e indican lo interior del hombre y por eso es el criterio del Juicio durante la Segunda Παρουσία (Parusía: Presencia, Venida) (Mt 25). No significa que se pone de lado y se desprecie la fe del hombre en Cristo. Esta se da por supuesta, porque la actitud frente al otro muestra si tenemos o no a Dios en nuestro interior; (compárense expresiones similares en nuestro lenguaje impregnado por la ortodoxia: «el desalmado», «no tiene a Dios dentro de él»). Los primeros Domingos del Triódion en torno a nuestra actitud hacia el prójimo. En el primer Domingo, el Fariseo aparentemente piadoso, se autojustifica y se santifica a sí mismo y deniega, rechaza y desprecia al publicano. El segundo Domingo, del hijo pródigo, repetición del aparentemente piadoso fariseo, el “hermano mayor” se entristece por el regreso (salvación) de su hermano menor. Aunque aparentemente piadoso, tenía una piedad falsa que no generaba agapi-amor. El tercer domingo (de la Apocreo) esta actitud llega a ser el criterio de nuestra vida eterna.

  1. La experiencia del paraíso o del infierno es una experiencia irracional y superior al sentido, está más allá de la razón y la sensación. Es una realidad increada y no creada. Los Francos (papistas, protestantes, etc.) han creado un mito, de que el paraíso y el infierno son dos realidades creadas. Es mito de que los infernados (condenados) no ven a Dios, así como lo es el logos, idea de la ausencia de Dios. Los Francos han tomado y considerado también el fuego del infierno como creado, (por ejemplo, Dante). La Santa Tradición Ortodoxa permanece fiel a las Santas Escrituras, de incluso los infernados estarán viendo a Dios, por ejemplo, el rico de la parábola, pero como “fuego inextinguible consumidor”. Los francos escolásticos aceptaron el infierno como castigo y privación de la visión lógica de la esencia divina. Pero bíblica y patrísticamente, infierno es el fracaso del hombre y su negación a cooperar con la Divina Χάρις (Jaris: Gracia, energía increada), para llegar a la resplandeciente e iluminadora visión, expectación de Dios (paraíso) y a la agapi incondicional y desinteresada, “que no busca lo suyo” (1 Cor 13,8).

Por lo tanto, no hay ausencia de Dios, sino solo Su presencia. Por eso es terrible la Segunda Παρουσία (Parusía: Presencia, Venida) («¡Oh, qué hora será entonces…!», cantamos en los himnos). Es una realidad indiscutible, irrevocable hacia la cual está permanentemente orientada la ortodoxia, Es una realidad, en la que está establemente orientada la Ortodoxia, (“espero la resurrección de los muertos…” decimos al Credo). ¡Los infernados, aquellos que tienen el corazón duro y embotado, como los fariseos, (Marcos 3:5: «por la dureza de sus corazones»), ven eternamente el fuego como salvación! Porque su estado no admite otra forma de salvación. Ellos también terminan y llegan al final de su camino, pero sólo los justos terminan salvándose. Aquellos, los fariseos, se perfeccionan terminando infernados. La salvación para aquellos es el infierno, puesto que en sus vidas sólo buscaron la ευδαιμονία (efdemonía: felicidad, bienestar social y material). El rico de la parábola “disfrutó de sus bienes”. Lázaro aguantó los males con paciencia sin quejarse. Esto lo expresa el apóstol Pablo: “El valor del trabajo de cada uno aparecerá claro el gran día del juicio, porque ese día se apocaliptará-revelará con fuego, y el fuego probará la obra de cada uno y quemará lo podrido. Si la obra que uno ha edificado sobre este cimiento que es el Cristo, resiste la prueba del fuego, recibirá el premio o el salario; si se consume, lo perderá todo, aunque él se salvará con gran dificultad, pero como el que escapa atravesando las llamas del fuego. (Se salvará si la justicia de Dios lo juzga digno de salvación y perdón por lo menos por su buena disposición e intención)” (1Cor 3,13-15).

Justos y no arrepentidos pasan por el “fuego” increado de la presencia divina. Pero uno pasa indemne, intachable, mientras que el otro es quemado. Se «salva», pero como quien pasa por el fuego. Eutimio Zigavinós (siglo XII) dice en relación: “El Dios es como fuego que ilumina y embellece a los limpios, puros, y quema, oscurece a los sucios, impuros”. Y Teodórito de Kiro escribe sobre el término «será salvo»: «Será salvo por el fuego y también probado», como pasa quien atraviesa el fuego; y el que tiene cubierta o protección adecuada, no se quema; de lo contrario, «se salva», pero chamuscado.

Por lo tanto, el fuego del infierno no tiene relación con el “purgatorio” de los francos (papistas), ni es creado, tampoco castigo, ni una situación intermedia. Una consideración de este tipo es pasar la responsabilidad a Dios. La responsabilidad es completamente nuestra, es la aceptación o denegación de la terapia, redención y salvación ofrecida por el Dios. La “muerte espiritual” es una visión expectación de la divina luz increada, de la divina doxa-gloria increada, pero como fuego, fuego ardiente.

San Juan Crisóstomo, en su noveno discurso sobre la primera carta a los Corintios, señala: «la condena es inmortal… los que pecan recibirán como recompensa una destrucción eterna. Y el ‘ser quemado’, es decir, no soportarán la fuerza del fuego». Y continúa: «Y el que dice (es decir, Pablo), esto es: no se destruye, como las obras, hasta desaparecer, sino que permanece en el fuego. La salvación, de todos modos, es llamada de esta manera… Y también se dice entre nosotros ‘se salva en el fuego’, respecto a las materias que no se queman directamente».

Las percepciones, concepciones e interpretaciones escolásticas, que a través de la obra de Dante (Infierno) llegaron a nuestro ámbito, tienen consecuencias que llegan a versiones idolátricas; por ejemplo, la separación del paraíso e infierno como dos lugares distintos. Esto se hace debido al no haber discernimiento entre lo creado y lo increado. También la negación de la eternidad del infierno, en el sentido e idea de apocatástasis-restablecimiento de todos o con la noción del «Dios bueno» (Bon Dieu). El Dios realmente es “bondadoso, bueno” (Mt 8,17), puesto que ofrece la terapia y salvación para todos. “El Dios quiere que todos se sanen y se salven…” (1Tim 2,4). Sin embargo, es terrible el logos de nuestro Cristo, que escuchamos en los funerales: “Yo no puedo hacer nada por mí mismo; como escucho, juzgo, y mi juicio es justo, porque yo no busco hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre” (Jn 5,30). Además, es falsa también la noción de “teodicea, juicio divino” que se aplica en este caso. Finalmente, todo se atribuye a Dios (él salvará o infernará), sin tener en cuenta la “sinergia cooperación” como un factor de salvación. (Sinergia; cooperación energía de la voluntad humana con la energía de la voluntad divina, co-energía). La Σωτηρία (Sotiría: sanación, redención y salvación) sólo es posible en los términos de sinergia-cooperación del hombre con la Divina Χάρις (Jaris: Gracia, energía increada).

Según San Juan Crisóstomo, «Lo más, casi todo, es de Dios, pero a nosotros nos ha dejado algo pequeño». Ese «algo» es la aceptación de la invitación de Dios. El ladrón se salvó porque puso la llave diciendo “acuérdate de mí Señor”.

También es idólatra la percepción y noción sobre un Dios iracundo y enfadado contra el hombre pecador, mientras que el Dios como hemos visto, “nunca se enemista, nunca es enemigo”. Esta es la percepción y visión judicial, legalista de la nomenclatura mundana sobre el Dios que lleva también a la aplicación de castigos o penitencias en la confesión y no como fármacos, (remedios curativos y medios terapéuticos).

  1. El misterio del paraíso-infierno se vive y se experimenta también en la vida de la Iglesia dentro del mundo. En los sagrados Misterios de nuestra Iglesia Ortodoxa se realiza la participación del fiel en la Χάρις (Jaris: Gracia, energía increada), para que sea operada la Jaris en nuestra vida, en nuestro camino en Cristo. Principalmente en la Divina Efjaristía, lo increado, la divina Comunión, se convierte en nuestro interior en paraíso o infierno, dependiendo de nuestro estado. Principalmente, la participación en la Divina Comunión o Efjaristía es una participación en el paraíso o en el infierno dentro de la historia. Por eso, la participación en la Divina Comunión o Efjaristía está conectada y unida con toda la trayectoria espiritual del creyente. Cuando vamos a comulgar sucios, impuros y sin metania (confesión) entonces nos infernamos (nos quemamos). La Divina Efjaristía se convierte en “infierno” y “muerte espiritual”. No porque se transforme en algo así de forma natural, sino porque nuestra impureza y suciedad no la puede recibir como “paraíso”; dado que la Divina Comunión o efjaristía se llama “medicina, fármaco de la inmortalidad” (San Ignacio de Antioquía, siglo II); sucede exactamente lo mismo que un fármaco o medicamento. Si nuestro organismo no tiene las condiciones para recibirlo, entonces el medicamento opera y trae efectos negativos y en vez de sanar, mata. No porque la culpa es del medicamento, sino por el estado de nuestro organismo. Se debe decir también que, si no aceptamos al cristianismo como un proceso psicoterapéutico, curativo y los Misterios como medicamentos espirituales, entonces estamos conducidos a la religiosidad o enfermedad de la religión, es decir, en convertir el cristianismo en idolatría. Y esto, desgraciadamente se hace con frecuencia, cuando entendemos el cristianismo como “religión” (a conveniencia de los hombres no como apocálipsis).

Además, la vida presente, es se evalúa a la luz del binomio paraíso/infierno. “Buscad y pedir primero la realeza increada de Dios y su justicia…” (Mt 6,33), nos aconseja el Cristo. Nuestra vida debe ser una constante preparación para la participación al “paraíso”, es decir, comunión con lo Increado (cf. Jn 17,3). Y esto comienza ya en este mundo. Por eso dice el Apóstol Pablo: “He aquí, ahora es el tiempo propicio, he aquí, ahora es el día de la salvación” (2Cor 6,2). Cada momento de nuestra vida tiene una importancia y un significado salvífico. O ganamos la eternidad, la comunión eterna con el Dios o la perdemos. Por eso, las religiones y los cultos orientales que predican reencarnaciones son injustas con el hombre y hacen un daño terrible al ser humano. Porque trasladan el problema a otras vidas, en realidad naturalmente inexistentes. Sin embargo, solo existe una vida, nos salvamos o nos perdemos. Por eso, San Basilio dice: «Si llegamos a este fin debemos amar y perseguir con todas nuestras fuerzas lo que contribuye a ello, y lo que no lleva a ello, como algo sin valor». Este es el criterio de la vida cristiana. El cristiano escoge continuamente lo que contribuye a su salvación; en esta vida ganamos el paraíso o lo perdemos y terminamos al infierno. Esto es el criterio de la vida cristiana. Por eso san Juan el Evangelista dice: “El que cree en él, no es juzgado, pero el que no cree ya ha sido juzgado y auto-condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios, el hombre incrédulo por sí sólo libremente se ha eliminado de la sanación y la salvación” (Jn 3,18).

Por lo tanto, la obra de la Iglesia no es “enviar” a las personas al paraíso o al infierno, sino preparar al hombre para el juicio final. La obra del Clero es terapéutica y no moralista o eticoplástica, en el sentido mundano del término. La esencia de la vida en Cristo se conserva en los monasterios, cuando naturalmente son ortodoxos, es decir, patrísticos. El propósito de la psicoterapia, sanación, terapia ofrecida por la Iglesia no es hacer buenos hombres, sino ciudadanos de la Realeza celestial increada. Estos son los Confesores y los Mártires, los verdaderos creyentes, los Santos.

De esta manera así se inspecciona y se evalúa también nuestra misión apostólica. ¿Dónde llamamos? ¿A la Iglesia-Hospital/Clínica o a una ideología que se llama cristiana? En lugar de terapia, psicoterapia y sanación generalmente buscamos por costumbre asegurar un lugar en el “paraíso”. Por eso nos ocupamos de cultos y no de terapia. Esto, por supuesto, no significa el rechazo del culto o de la adoración. Pero sin ascesis (vida ascética práctica, praxis de terapia), el culto solo no puede sanarnos, santificarnos y divinizarnos; porque la Χάρις (Jaris: Gracia, energía increada) que procede y deriva del culto queda inactiva dentro de nosotros. La Ortodoxia no promete enviar al hombre a algún paraíso o a algún infierno, pero tiene la el poder, la fuerza y energía, tal y como se ve en las reliquias incorruptas, milagrosas y perfumadas de sus santos (incorruptibilidad=zéosis), de preparar al hombre de modo que vea eternamente la Χάρις Jaris y Βασιλεία Vasilía (Realeza increada) de Cristo como paraíso y no como infierno. Amín.

Protopresbítero Gheorgios Metalinós. Rector de la Universidad Teológica de Atenas

Traducción de xX.jJ https://logosortodoxo.es/

 

 

Apotegmas del nuevo santo Porfirios Kafsokalivita

 

Porfirio

Apotegmas del nuevo santo Porfirios Kafsokalivita del Monte Athos

 

 

  1. Cuando la psique (alma) está atormentada y turbada, su parte lógica queda desdibujada y mareada y no ve claramente. Solamente cuando la psique está serena, ilumina la parte lógica para que vea claramente la causa de cada cosa.
  1. La psique está en lo más profundo de nuestro ser y sólo el Dios la conoce.
  1. ¿Por qué perseguir las tinieblas, oscuridades? He aquí, encender la luz y las oscuridades se irán solas. Dejaremos que habite en toda nuestra psique el Cristo y los demonios se marcharán solos.
  1. Cuando venga en nuestro interior el Cristo, entonces vivimos solamente el bien y la agapi (amor, cariño) para todo el mundo. El mal, el pecado y el odio desaparecen solos, no pueden y no tienen sitio para quedar.
  1. Que no te intereses que te amen, sino tú ama a Cristo y a los hombres. Sólo así se llena la psique.
  1. En la psique que todo su espacio está ocupado de Cristo, no puede entrar y habitar el diablo, por mucho que lo intente, porque no cabe, no hay espacio vacío para él.
  1. Nuestro propósito no es condenar el mal, sino arreglarlo. Con la condena el hombre se puede perder, en cambio con la compresión y la ayuda, sanarse y salvarse.
  1. El mal empieza de los malos pensamientos. Cuando te enfadas, te disgustas y te amargas, aunque sea sólo con el pensamiento, estropeas tu ambiente espiritual. Impides que el Espíritu Santo actúe y envíe la energía increada y así permites al diablo que aumente el mal. Tú siempre tienes que orar, amar y perdonar, expulsando de tu interior cada malo loyismós (pensamiento, fantasía, idea, reflexión).
  1. El hombre de Cristo debe amar a Cristo, y cuando ha amado a Cristo se libera del diablo, del infierno y de la muerte.
  1. Orad sin desesperación, ni ansiedad, con serenidad y confianza a la providencia y la agapi (amor y energía increada) de Dios.
  1. No debéis luchar y combatir contra vuestros hijos, sino contra al Satanás que lucha y ataca vuestros hijos. Decidlos pocas palabras y hacer mucha oración por ellos.
  1. La oración hace milagros. No debe la madre basarse sólo en las caricias para su hijo, sino que se ejercite a la caricia espiritual de la oración.
  1. La redención y salvación de vuestro hijo pasa por vuestra santificación o divinización.
  1. La divinización o santificación no es una cosa inalcanzable, al contrario es muy fácil, basta que vosotros logréis la humildad y la agapi (amor desinteresado).
  1. Si quieres puedes divinizarte o santificarte también en la misma plaza Omonia (la plaza más céntrica de Atenas).
  1. Ruega a Dios que te perdone tus pecados. Y el Dios como le estarás rogando con humildad y dolor, te perdonará tus pecados y te curará también al cuerpo.
  1. Cuando estés orando, olvida tu enfermedad somática (física o corporal), aceptarla como una penitencia para la remisión de los pecados. Para más no te preocupes, déjalo a Dios y Él conoce Su trabajo.
  1. Nuestras enfermedades resultan para bien, cuando las aguantamos sin queja, rogando a Dios para que nos perdone los pecados y glorificando Su nombre.
  1. La gran tristeza, aflicción y sufrimiento no es de Dios, es una trampa del diablo.
  1. Llena tu psique con Cristo, con divino amor y con alegría. La alegría de Cristo te sanará.
  1. El Dios se cuida hasta del más mínimo detalle de nuestra vida. No es indiferente para nosotros y no estamos solos en el mundo.
  1. El Dios nos ama mucho, estamos en Su espíritu cada momento y nos protege. Esto debemos comprenderlo y concienciarlo muy bien y que no tengamos miedo de nada.
  1. Sólo la jaris (gracia, energía increada) de Dios y sólo nuestra agapi verdadera, que se sacrifica para los demás, puede sanar y salvar a nosotros y también a los otros.
  1. La agapi necesita sacrificios. Sacrificar humildemente algo de lo nuestro que en realidad es de Dios.
  1. La felicidad en el matrimonio existe, pero requiere una condición: haber adquirido los cónyuges la fortuna espiritual, amando a Cristo y aplicando y cumpliendo Sus logos, mandamientos. Así llegarán a amarse verdaderamente entre ellos y serán felices.
  1. El ascetismo o ejercicio espiritual ortodoxo no es sólo para los monasterios sino para todo el mundo.
  1. Muchos dicen que la vida cristiana es desagradable y difícil, yo digo que es agradable y fácil, pero requiere dos condiciones: humildad y agapi (amor, cariño) desinteresado
  1. Si viene la jaris de Dios, todos y todo cambia, ¡pero mira por dónde para que venga se necesita primero convertirnos en humildes!
  1. Puede ser que uno hable de sus pecados y sea orgulloso, soberbio, y otro que hable de sus virtudes y sea humilde.
  1. Que seamos humildes y hablar humildemente. La palabrería humilde es una trampa del diablo que trae desesperación y falta de acción, en cambio la verdadera humildad trae la esperanza y el trabajo de los logos, mandamientos de Cristo.
  1. No es posible que uno se convierta y haga cristiano con la pereza, hace falta trabajo, mucho trabajo.
  1. Lo más importante es que el hombre ame a Cristo y todos los problemas se arreglan.
  1. También ahora el Espíritu Santo quiere entrar en nuestros corazones, igual que entonces, pero respeta nuestra libertad, no quiere transgredirla. Espera que nosotros solos le abramos la puerta, entonces entrará en nuestra psique-alma y la metamorfoseará, transformará. Cuando venga y habite el Cristo en todo el espacio de nuestra psique, entonces se marchan todos los problemas, todos los engaños y todas las aflicciones, ansiedades y depresiones. Entonces se marcha también el pecado.

San Porfirio Kafsokalyvitis de Athos, nuevo Santo.

Traducido por: χΧ jJ

 

San Juan el Sinaita: La vanagloria y la soberbia u orgullo

 

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Repasada traducción 22/05/2025

San Juan Clímaco, la Escalera Divina –: Sobre la Vanagloria y la Soberbia (u orgullo)

Logos Vigésimo Primero: Sobre la Vanagloria

  1. Algunos, al tratar de hablar sobre los παθος (pazos: pasiones, vicios, adicciones, patologías, etc.) y los λογισμοί (loyismí: pensamientos simples o mezclados con la fantasía), suelen clasificar la vanagloria separadamente de la soberbia u orgullo. Por ello enumeran ocho los pensamientos capitales o principales. Pero san Gregorio el Teólogo, junto con muchos otros santos maestros, los reduce a siete.

Yo también me inclino por esta segunda opinión. Pues, ¿quién puede caer en la soberbia si ya ha vencido la vanagloria? La diferencia entre estas dos pasiones (pazos) es semejante a la que hay entre el niño y el hombre, o entre el trigo y el pan: la vanagloria es el inicio, la soberbia es el cumplimiento. En esta ocasión, hablaremos brevemente tanto del principio como del fin de esta impía vanagloria (también llamada arrogancia o engreimiento). Digo brevemente, pues quien pretenda filosofar, reflexionar extensamente sobre ella se parece a quien intenta pesar el viento.

  1. En cuanto a su forma, la vanagloria es una alteración del orden natural, una corrupción de las buenas costumbres, una perversión de los caracteres virtuosos y de las acciones rectas; además, pone al descubierto las faltas ajenas para exaltarse a sí misma. Los vanagloriosos destruyen con sus «buenas obras» y, a la vez que se enaltecen, acusan a los demás de sus defectos. En cuanto a su naturaleza, la vanagloria es disolución del esfuerzo, pérdida del sudor ascético, ladrona mentirosa de los verdaderos tesoros espirituales, hija de la incredulidad y precursora de la soberbia. Es un naufragio en el puerto, una hormiga en la era: pequeña, silenciosa, pero capaz de destruir todo el fruto y el trabajo del labrador.
  2. La hormiga espera a que el grano esté maduro para llevarlo; así también la vanagloria aguarda a que crezca y se acumule la riqueza espiritual. Entonces se lanza para robar y destruir. El espíritu de la desesperación o depresión se regocija cuando se multiplica el pecado; el espíritu de la vanagloria, en cambio, se alegra al ver multiplicarse la virtud, porque desea corromperla. La puerta de la desesperación es la multitud de heridas; la de la vanagloria, la abundancia de los trabajos espirituales.
  3. Observa y verás que esta repugnante pasión de la vanagloria llega incluso hasta la tumba. La encontrarás en las vestiduras lujosas, en los perfumes, en las pompas fúnebres, en las fragancias y en muchas otras cosas semejantes.
  4. El sol resplandece abundantemente sobre todas las cosas; de igual manera, la vanagloria se regocija en toda obra. Si ayuno, me vanaglorio; si intento ocultarlo, me vanaglorio por considerarme prudente. Si me visto con elegancia, me vence; si me visto con humildad y pobreza, también me vence. Cuando hablo, me domina; y cuando callo, me domina igualmente. Es como un abrojo: por dondequiera que se le arroje, siempre se posa con una espina hacia arriba.
  5. El vanaglorioso parece ser creyente, pero en realidad es un idólatra. Aparentemente respeta y venera a Dios, pero en el fondo busca agradar a los hombres, no a Dios. El vanidoso es ostentoso: su ayuno no será recompensado, ni su oración dará fruto, porque todo lo hace para recibir alabanzas humanas. El asceta vanidoso sufre doblemente: tortura su cuerpo, pero no recibe retribución espiritual alguna.
  6. ¿Quién no se reiría del siervo de la vanagloria que se presenta a cantar o a salmodiar, y que, influenciado por ella, unas veces llora y otras veces se ríe ante todos, buscando impresionar?
  7. A veces, Dios oculta a nuestros propios ojos los bienes espirituales que hemos adquirido, para protegernos. Pero viene aquel que acostumbra halagarnos -más bien, a engañarnos- y con sus alabanzas nos abre los ojos. Y apenas se abren, el tesoro espiritual se disipa de nuestro interior.
  8. El que halaga es servidor de los demonios, guía hacia la soberbia, destructor de la κατάνυξις (katánixis: compunción, dilatación del corazón) y el recogimiento, ruina de las buenas obras y desviador del camino recto. “Los que os llaman bienaventurados son los que os engañan” (Isaías 3,12).
  9. Una señal de quienes han avanzado en la virtud es que soportan con valentía, paciencia y alegría las injurias. Pero una señal de quienes están verdaderamente sanados -los santos- es que permanecen imperturbables e intactos ante los elogios y alabanzas.
  10. He visto a un hombre llorar y estar en luto (espiritual) por sus pecados, y al ser elogiado, enojarse por ello. Así, como sabios comerciantes, cambió el pazos (pasión, vicio) de la vanagloria por el pazos de la ira.
  11. “Nadie conoce las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él” (1Cor 2,11). Por eso deben avergonzarse y cerrar la boca los que alaban y elogian a los demás en su presencia.
  12. Si escuchas que tu prójimo -ya sea en tu presencia o en tu ausencia- te ha criticado o se ha burlado de ti, muéstrale cariño y elógialo tú a él.
  13. Es una gran cosa expulsar de la psique-alma la alabanza de los hombres; pero mucho más grande aún es rechazar los elogios que nos insinúan los demonios para sembrar en nosotros la vanagloria.
  14. No demuestra verdadera humildad el que simplemente se desprecia a sí mismo, sino aquel que, habiendo sido despreciado o injuriado por otro, no disminuye por ello su agapi amor desinteresado hacia él.
  15. Una vez observé cómo el demonio de la vanagloria sembraba pensamientos en un hermano, y luego revelaba esos mismos pensamientos a otro. Acto seguido, inducía a este último a comunicarle al primero lo que había «percibido», para que fuera considerado como profeta o vidente, poseedor de carisma de predicción. Este sucio demonio incluso puede provocar movimientos y estremecimientos en los miembros del cuerpo. No aceptes susurros cuando te hable de episcopados, magisterios o doctorados en teología. Ten cuidado: es difícil echar al perro que se ha acomodado junto a la mesa del carnicero. Apenas percibe que vivimos en paz y tranquilidad, intenta inducirnos a abandonar el desierto, la ascesis, y volver al mundo, diciendo: “Ve, porque hay almas que se están perdiendo, y tú debes salvarlas”.
  16. Así como una es la apariencia de los etíopes y otra la de las estatuas de piedra, de igual modo una es la forma que toma la vanagloria entre los cenobitas (los que viven en comunidad) y otra entre los eremitas (los que viven en soledad).
  17. Cuando los laicos visitan el monasterio, la vanagloria es la primera en percibirlo. Entonces incita a los monjes más ligeros a salir a recibirlos, a postrarse ante ellos con fingida humildad, y a poner rostro de piedad, que en realidad proviene del orgullo. Con actitud tímida, voz baja y gestos de humildad, observan las manos de los visitantes esperando recibir regalos. Los llaman «señores», «bienhechores», e incluso «salvadores», diciendo que después de Dios, a ellos deben sus vidas. Una vez sentados a la mesa, la vanagloria les sugiere aparentar abstinencia y templanza, fingiendo virtudes que no poseen. Y cuando llega la hora de la salmodia, hace que incluso los perezosos parezcan diligentes, los sin voz canten como calífonos, y los somnolientos se despierten con fervor con ganas de velar. Los incita a adular al que preside el coro para ser puestos en los primeros lugares y les hace llamarlo “maestro” y “padre”. Todo esto dura… hasta que los visitantes se marchan. A los que han sido elogiados y preferidos, los conduce al orgullo. A los que han sido pasados por alto y subestimados, los conduce al resentimiento.
  18. La vanagloria, muchas veces, en lugar de traer honra, ha causado deshonra. Porque ha provocado la irritación de los discípulos hacia sus maestros, avergonzándolos así delante de otros. A los irascibles, en presencia de hombres, la vanagloria los convierte en mansos, pero solo exteriormente. Y a quienes poseen carismas naturales, con un ataque sorpresa, sutil, los ha llevado muchas veces a la caída, precisamente valiéndose de esos mismos dones.
  19. ¡He visto a un demonio que expulsó a su compañero! Es decir, a un monje dominado por la ira, quien, al llegar los visitantes mundanos, se transformó bruscamente en alguien apacible por influencia de la vanagloria. En efecto, no podía operar al mismo tiempo con ambos pazos-pasiones: la ira y la vanagloria.
  20. El que se ha vendido a la vanagloria lleva una doble vida: exteriormente, con el hábito y apariencia de monje; pero interiormente, con sus pensamientos y deseos, vive como mundano.
  21. Esforcémonos por alcanzar la χάρις (jaris: gracia divina, energía increada) que viene de lo alto, y con mayor fervor aún, por gustar la δόξα (doxa: gloria divina, luz increada) soberana. Porque quien ha probado esta doxa-doxa, desprecia toda gloria terrenal. Me asombro cómo puede alguien despreciar la segunda si no ha saboreado antes la primera.
  22. Muchas veces, habiendo sido robados por la vanagloria, nosotros mismos logramos robarle a ella de forma inteligente. He visto a algunos que comenzaron una obra espiritual movidos por la vanidad, pero cuyo final fue digno de elogio, pues corrigieron el pensamiento inicial erróneo.
  23. El que se gloría de sus dones, carismas naturales, como la perspicacia, agudeza, la facilidad para aprender o leer, la buena dicción, el ingenio y otros talentos semejantes, jamás alcanzará dones sobrenaturales. Porque quien es infiel y vano en lo poco, lo será también en lo mucho.
  24. Para alcanzar la perfecta agapi (amor incondicional, desinteresado), los grandes carismas, la clarividencia y el poder milagroso, muchos se han esforzado en castigar sus cuerpos injustamente. Pero han olvidado, los pobres, que esos dones se alcanzan por la humildad, madre de todos ellos, y no por los meros esfuerzos físicos y castigos al cuerpo. El que exige regalos espirituales como retribución por su esfuerzo, ha puesto un cimiento débil. Pero el que se considera a sí mismo un siervo inútil y deudor, ese recibirá inesperadamente la riqueza espiritual de parte de Dios.
  25. Nunca te dejes persuadir por el demonio, ese destructor, cuando te aconseja mostrar tus virtudes supuestamente para edificación de los demás. “¿De qué le sirve al hombre ganar todo el mundo, si pierde su alma? ¿O qué dará el hombre a cambio de su alma?” (Mt 16,26).
    Nada edifica más a quienes nos observan que una conducta humilde, sincera y un logos sin fingimientos. Este ejemplo conduce a la humildad a los demás, lo cual es mucho más beneficioso y edificante que cualquier ostentación de virtud.
  26. Un Padre con el don de previsión relató esta experiencia: “Mientras estaba sentado en medio de una reunión de monjes, vinieron los demonios de la vanagloria y de la soberbia y se sentaron a mi derecha y a mi izquierda. Entonces, el primero me picó en el costado con el dedo, instándome a contar una visión que había tenido en el desierto. Pero yo lo rechacé y recité: ‘Sean avergonzados y confundidos los que buscan mi psique-alma; sean vueltos atrás y avergonzados los que me desean el mal’ (Sal 69,3). Entonces el segundo demonio, desde mi izquierda, me susurró: ‘¡Bravo! ¡Muy bien! ¡Has vencido a mi desvergonzada madre!’ Pero yo, utilizando correctamente el siguiente versículo, respondí: ‘Retrocedan avergonzados los que me dicen: ¡Muy bien! ¡Qué bien lo has hecho!’ (Sal 69,4).

Cuando le pregunté a este anciano: “¿Cómo es que la vanagloria es madre de la soberbia?’, me respondió: ‘Las alabanzas inflan y elevan la psique (alma); y cuando el alma está hinchada por el elogio, la soberbia la arrebata y la eleva hasta los cielos… solo para luego arrojarla a los abismos” (cf. Sal 96,6).”

  1. Existe una alabanza que viene del Señor: “Yo honro a los que me honran” ((1Re 2,30). Pero también existe otra alabanza que es fruto de la obra y el engaño del diablo, como dice el Señor: “¡Ay de vosotros, cuando todos los hombres hablen bien de vosotros!” (Lc 6,26).
  2. Reconocerás con claridad la primer alabanza o a gloria -la que viene de Dios- cuando la consideres peligrosa, la evites cuidadosamente y ocultes tus buenas obras en cualquier lugar en que estés. En cambio, reconocerás la falsa alabanza o gloria cuando, aun por algo muy pequeño, actúes “para ser visto por los hombres” (Mt 23,5). Este maldito demonio nos empuja a una vanagloria impía, instándonos a fingir virtudes que no poseemos. Nos engaña incluso con pasajes de la Escritura, diciéndonos: “Así brille vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras” (Mt 5,16). Pero el Señor, en su sabiduría, muchas veces permite que los vanagloriosos sufran una caída vergonzosa, privándolos de la gloria que buscaban, para su corrección.
  3. El inicio de la libertad frente a la vanagloria consiste en guardar la boca y amar los descréditos, desprecios. El progreso consiste en rechazar toda acción inspirada por los pensamientos de vanagloria. Y el grado más alto -si es que puede haber fin en este abismo- es obrar, en medio del pueblo, cosas involuntarias o que nos dejen expuestos, sin temor a ser avergonzados.
  4. No escondas tu vergüenza con el pretexto de no escandalizar a los demás. Sin embargo, no siempre se debe aplicar el mismo remedio: conviene adaptarlo según el tipo de enfermedad espiritual.
  5. Cuando busquemos la gloria, o incluso cuando esta venga a nosotros sin que la hayamos deseado, recordemos nuestro duelo según Dios, la oración temerosa y la contrición del corazón. Si hacemos esto, alejaremos de nosotros la desvergonzada vanagloria -si es que realmente practicamos la oración. De lo contrario, recordemos nuestra muerte. Y si ni aun esto basta, temamos al menos la vergüenza y el descrédito que siempre acompañan a esta gloria falsa. Pues está escrito: “El que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado” (Lc 18,14). Y esta humillación no será solo en la vida futura, sino también, con toda seguridad, en la presente.
  6. Cuando los que alaban -o más bien, los que engañan- empiecen a exaltarnos, recordemos inmediatamente la multitud de nuestros pecados, y con seguridad nos sentiremos indignos de tales alabanzas y honores.
  7. Algunos vanagloriosos llegan a creer que Dios está obligado a atender sus oraciones. Y a veces, el Señor les concede lo que piden incluso antes de que lo pidan, precisamente para evitar que se ensoberbezcan creyendo que obtuvieron algo por mérito propio o por la fuerza de su oración.
  8. Generalmente, los corazones sinceros, puros y sencillos -que no son ni cínicos ni falsos- no caen en esta venenosa pasión. Porque la vanagloria está llena de fingimiento, y excluye y destierra toda sencillez.
  9. Así como un gusano, al crecer, desarrolla alas y vuela, así también la vanagloria, cuando madura, da a luz a la soberbia. Y la soberbia es el príncipe, el comienzo y el fin de todos los males.

Escalón Vigésimo Primero

La vanagloria es la cabeza de la soberbia u orgullo, y el que no ha sido cautivado por ella, no caerá en la enemiga de Dios que es la descabezada soberbia.

 

La Escalera: Logos Vigésimo Segundo: Logos sobre la soberbia u orgullo

  1. La soberbia (o orgullo) es negación de Dios, invención de los demonios, desprecio de los hombres, madre de la crítica maligna, descendiente de los elogios y alabanzas, manifestación de esterilidad espiritual, alejamiento de la ayuda divina, precursora de la incoherencia, causa de caídas, origen de la epilepsia, fuente de ira y rencor, puerta de la hipocresía, sostén de los demonios, guardiana de los pecados, generadora de falta de misericordia, ignorancia de la simpatía y la compasión, inquisidora amarga, juez despiadado, adversaria de Dios y raíz de la blasfemia.
  2. El comienzo del orgullo es la vanagloria consumada; su estado intermedio es el desprecio del prójimo, la ostentación descarada de las propias obras, la autoalabanza interior y el odio a la corrección y al reproche. Su final es la negación de la ayuda divina, la exaltación de la capacidad propia y una conducta abiertamente demoníaca.
  3. Escuchemos, pues, quienes no queremos caer en una fosa profunda: muchas veces esta pasión se alimenta incluso de las alabanzas que dirigimos a Dios. No se presenta de forma descarada desde el principio, como para incitarnos a negar a Dios abiertamente.
  4. He visto personas que con la boca daban gracias a Dios, pero en su interior se glorificaban a sí mismas. De esto es testigo aquel fariseo que decía a Dios con jactancia: “¡Dios, gracias!” (Lc 18,11).
  5. Donde se produjo una caída, antes había habitado el orgullo, porque lo segundo es un preaviso de lo primero.
  6. Una vez escuché a un hombre venerable decir: “Supongamos que existieran doce pazos pasiones deshonrosas. Si uno ama excesivamente una de ellas -por ejemplo, la jactancia o la presunción, esta pasión ocupará también el lugar de las otras once”.
  7. El monje altanero contradice con vehemencia; en cambio, el humilde no conoce ni dirige una mirada altiva y desafiante al prójimo. El ciprés no se inclina hacia el suelo para caminar; del mismo modo, el monje orgulloso no puede adquirir la obediencia.
  8. El hombre altanero desea gobernar y dominar; de otra manera, en efecto, no puede -o mejor dicho, no quiere- perderse a sí mismo por completo.
  9. “El Señor resiste y aborrece a los orgullosos” (1 Pe 5,5). Entonces, ¿quién podrá compadecerlos? “El Señor aborrece a los de corazón altivo” (Pr 16,5); por tanto, ¿quién podrá purgar y limpiar a semejantes hombres?
  10. Lo que instruye y corrige al orgulloso es la caída; quien lo aguijonea es el demonio. El abandono de Dios conduce a la pérdida de la lógica, a la locura espiritual de la mente. Los dos primeros males muchas veces han sido curados por los hombres; pero el último, el abandono de Dios, es humanamente incurable.
  11. Aquel que rechaza los reproches y correcciones ha manifestado que padece esta pasión-pazos; en cambio, quien los acepta se ha liberado de sus cadenas.
  12. Si con este único pazos-pasión, vicio -sin que hubiera otro- pudo ser arrojado uno del cielo, debemos considerar si no será posible que solamente mediante la humildad podamos ascender al cielo.
  13. La soberbia u orgullo es la pérdida de toda nuestra riqueza espiritual y de todos nuestros esfuerzos ascéticos. “Clamaron, pero no hubo salvación” (Sal 17,42), sin duda porque clamaron con orgullo; y “se volvieron hacia el Señor, pero Él no los escuchó” (Sal 17,42), porque no eliminaban las causas de los pecados por los que pedían auxilio en la oración.
  14. Un yérontas (anciano sabio), dotado de gran discernimiento espiritual, aconsejó a un hermano orgulloso. Este le respondió: “Perdóname, Padre. No soy orgulloso”. El sapientísimo yérontas le dijo: “¿Qué mejor prueba podrías darnos de este pazos que tus mismas palabras: ‘no soy orgulloso’?”. A tales hombres les conviene mucho la práctica de la sumisión y la obediencia, una vida más rigurosa y humillante, y la lectura de las hazañas sobrenaturales de los Padres. Tal vez, así, haya una pequeña esperanza de sanación y salvación para estos enfermos.
  15. Es ridículo que alguien se gloríe por un adorno prestado. Del mismo modo, es extrema locura enorgullecerse por los dones de Dios. Enorgullécete solo de aquellas hazañas que poseías antes de nacer, pues todo lo que vino después de tu nacimiento te lo ha dado Dios -incluso tu nacimiento.
  16. Solo las virtudes que has adquirido sin la participación de tu nus (espíritu) ni de tu lógica (intelecto) pueden considerarse tuyas, ya que ambos te fueron concedidos por Dios. Las victorias que has logrado sin el uso del cuerpo son realmente tuyas, pues el cuerpo tampoco es obra tuya, sino creación de Dios.
  17. No te confíes antes de haber recibido la sentencia definitiva del Juez, recordando al invitado de la parábola evangélica, que entró en la sala del banquete y fue atado de pies y manos y arrojado a las tinieblas exteriores (cf. Mt 22,13).
  18. No levantes la cabeza con altivez, pues estás formado de tierra. Muchos, siendo santos e inmateriales, fueron expulsados del cielo.
  19. Cuando el demonio ha tomado posesión de la psique-alma de sus seguidores, se les aparece tanto en sueños como en la vigilia con la apariencia de un ángel santo o de un mártir, les revela supuestos misterios y les concede falsos carismas, para engañarlos y llevarlos a la completa perdición mental y espiritual.
  20. Aun si hubiéramos sufrido miríadas de muertes, no podríamos pagar nuestra deuda. Porque una es la sangre de Cristo y otra la de sus siervos; no en cuanto a la sustancia, sino en cuanto a su valor.
  21. No dejemos nunca de escudriñar y estudiar a los Santos Padres y los grandes iluminadores que nos precedieron, comparándonos siempre con ellos. Entonces descubriremos que no seguimos en absoluto sus huellas ni su verdadera forma de vida monástica, y que no hemos guardado fielmente nuestras promesas, sino que nos encontramos aún en una vida completamente mundana.
  22. El verdadero monje, por excelencia, es el ojo de la psique-alma completamente libre de elevación (soberbia) y con los sentidos corporales inmóviles. Monje es aquel que provoca contra sí mismo a los demonios como si fueran bestias salvajes, y los aleja cuando se aproximan. Monje significa un éxtasis incesante del nus (espíritu) y una pena constante por la vida presente. Monje es aquel que se ha unido a las virtudes, como el mundano se ha unido al hedonismo o placeres.. Monje es una luz inextinguible en el ojo del corazón. Monje es un abismo de humildad que ha hundido y aniquilado en sí mismo todo espíritu maligno.
  23. El olvido de los pecados provoca el orgullo; el recuerdo constante de ellos, en cambio, engendra humildad.
  24. La soberbia es una pobreza extrema de la psique-alma que se presenta en la fantasía como rica y cree vivir en la luz, mientras está sumida en la oscuridad. Este miserable pazos (pasión) no solo impide el progreso espiritual, sino que precipita al alma desde las alturas.
  25. El orgulloso es como una granada podrida por dentro, aunque reluce de belleza por fuera. El monje orgulloso ya no necesita al demonio: él mismo se ha convertido en demonio y enemigo para sí.
  26. La oscuridad no es compatible con la luz; del mismo modo, el orgullo no puede convivir con las virtudes. En el corazón del orgulloso germinan loyismí (pensamientos) de blasfemia; en cambio, en las psiques-almas humildes florecen contemplaciones celestiales. Así como el ladrón se esconde y huye de la luz del sol, el orgulloso desprecia a los hombres apacibles.
  27. Muchos orgullosos, no sé cómo, se han autoengañado, creyendo que habían alcanzado el estado de απάθεια (apázia: impasibilidad, sin pazos). Pero al llegar la hora de la muerte, vieron claramente su miseria. Aquel que ha sido capturado por el orgullo sólo puede tener esperanza si el Señor mismo lo auxilia, pues es vano esperar su curación de parte de los hombres.
  28. Una vez sorprendí y capturé este engaño sin cabeza, es decir, la soberbia, cuando intentaba entrar en mi corazón montada sobre la espalda de su madre, la vanagloria. A ambas las até con las cadenas de la obediencia, las azoté con el látigo de la humildad y les interrogué sobre cómo lograban introducirse en mi interior. Y ellas, mientras las flagelaba, me decían: “Nosotras no tenemos comienzo ni nacimiento, pues somos el origen y la raíz de todos los πάθος (pazos: vicios, asiones, emociones, adicciones, patologías, etc.) Nos combate sin cesar la contrición del corazón, fruto de la obediencia. No podemos soportar que alguien nos gobierne o nos dé órdenes. Por eso, cuando en el cielo se nos dio autoridad, desertamos. Con una sola palabra damos a luz todos los pazos contrarios a la humildad, porque todo lo que la favorece es contrario a nosotras. Habiendo triunfado en el cielo, ¿cómo podrás tú escapar de nuestro poder?”

“Nosotras acostumbramos aparecer incluso después de muchas humillaciones, después de actos de obediencia, de la tranquilidad, de la ausencia de resentimiento, de la mansedumbre y del servicio al prójimo. Nuestros hijos son: la caída de los hombres espirituales, la cólera, la maledicencia, la ira, el rencor, el resentimiento, la amargura, los gritos, la blasfemia, la hipocresía, el odio, la envidia, la autosuficiencia, la contradicción y la desobediencia. Solo hay una cosa contra la que no podemos vencer -y te lo confesamos bajo el peso de tus látigos: si te reprendes y te censuras constantemente y con sinceridad ante el Señor, entonces nos encontrarás más frágiles que una telaraña.

“Tú lo ves: el caballo del orgullo (soberbia) es la vanagloria; él cabalga sobre ella. Pero la santa humildad y la reprobación de sí mismo se burlan del caballo y del jinete, cantando con júbilo el himno de victoria: «Cantemos al Señor, porque se cubrió de doxa-gloria, arrojando en el mar al caballo y al jinete» (Éx 15,1), en el abismo de la humildad.”

Escalón vigésimo segundo: ¡el que lo ha subido, ha vencido!
Por supuesto, si verdaderamente lo ha logrado subir.

— San Juan del Sinaí (el Clímaco)

(Ver también  https://logosortodoxo.es/psicoterapia-ortodoxa/soberbia-arrogancia-y-vanagloria/)

Traducido por: χΧ jJ  logosortodoxo.es/

 

 

La humildad, por San Juan de la escalera

 

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  1. Aquel que pretende describir, por medio de palabras, de una manera exacta, la naturaleza, el sentido y el sentimiento de la energía increada de la agapi (amor) del Señor, y de la santa humildad de forma apropiada, y de la bienaventurada pureza con veracidad, del divino alumbramiento expresivamente, y del temor a Dios realmente, y de la íntima información interior sin error, y piensa que de esta manera con su explicación dará a entender las cosas a los que jamás las han saboreado y experimentado, parece aquel hombre que quiere explicar con palabras y ejemplos el sabor y la dulzura de la miel a aquellos que jamás la han saboreado. El segundo habla por hablar, por no decir, es un charlatán que parlotea; y el primero ignora que la vanagloria se burla exageradamente de él por las cosas que explica o que se ha convertido en un juguete de la vanagloria.
  2. Este logos o escalón presenta ante nosotros un tesoro para examinarlo, el cual se encuentra escondido en enseres de arcilla o mejor dicho, en cuerpos humanos. Un tesoro cuya cualidad no se puede entender con palabras. Este tesoro exteriormente solo tiene un título que es incomprensible, y el cual da grande e infinito trabajo a los que intentan explicarlo con palabras. Este título es: “LA SANTA HUMILDAD”.
  3. Los que son conducidos por el espíritu de Dios, pues, que se unan a nosotros en este consejo espiritual y sapientísimo, llevando espiritualmente en sus manos las placas de la gnosis-conocimiento (increado), escritas de Dios.

El consejo, pues, ha comenzado. Nos hemos reunido y hemos examinado cuidadosamente el significado y sentido de este interesante título. Uno decía que la humildad es que uno se olvide inmediatamente de sus hazañas o de las obras buenas que ha hecho. Otro dijo: considerarse a sí mismo como el último de los más grandes pecadores. Y otro: concienciar y conocer con su propio nus (espíritu) y mente su propia enfermedad, debilidad e impotencia. Otro decía: humildad es adelantarse en las disputas y ser el primero en aplacar y disolver la ira y el odio al prójimo. Incluso otro: es conocer bien la jaris (gracia, energía increada) y la caridad de Dios. Y uno más decía: es que uno sienta la contrición de su psique (por la continua metania) y la renuncia de su propia voluntad.

Y yo después de haber escuchado todo esto, y después de haber examinado solo con mucha diligencia y atención, no pude entender el sentido y significado de esta bienaventurada virtud. Por eso, como último de todos, como el perro que recoge las migajas de la mesa de estos sapientísimos y santísimos padres, he llegado en la siguiente conclusión: La humildad es una anónima jaris (gracia, energía increada) en la psique que no se puede nombrar sólo por aquellos que la probaron y la conocieron por la experiencia. Es una riqueza inexpresable, un don, un nombre y una donación de Dios, puesto que Él dice: “Aprended, no de un ángel, ni de un hombre, no de libro sino de mí”, es decir, de mí que estoy y permanezco operando en vosotros con mi luz increada y mi increada energía en vuestro interior, “de que yo soy apacible e humilde de corazón, de loyismós y de conducta moral y así hallaréis descanso y alivio de la guerra y las batallas de vuestros loyismí (pensamientos, reflexiones, meditaciones y fantasías) en vuestra psique” (cf. Mt 11,29).

  1. El aspecto de esta santa viña es distinto durante el invierno de los pazos; distinto en la primavera cuando empiezan a formarse los frutos; y diferente cuando llega la siega o recogida de las virtudes; sin embargo, todos estos aspectos concurren a una única alegría, deleite y a una fructificación. Por eso, en cada uno, según la época, manifiesta las correspondientes demostraciones, señales y frutos por donde se conocen.
  2. Cuando en nuestro interior empieza a florecer el racimo de esta divina virtud, inmediatamente sentimos fatiga y odio hacia toda gloria y alabanza humana, mientras que a la vez desterramos de nuestro interior la ira, el furor y el enojo. A medida que esta reina de las virtudes progresa y crece espiritualmente en nuestra psique, todo el bien que hacemos lo consideramos como nada o mejor aún, detestable, como una abominación. Principalmente pensamos que cada día que pasa crece el peso de nuestros pecados a causa de los sutiles e insensibles pecados, las faltas y las negligencias que dispersan la riqueza de nuestra psique.

En cambio, la abundancia de los carismas que el Dios nos dona, los vemos como una causa de mayor castigo, porque vemos que no los merecemos. Así el nus (espíritu del corazón de la psique) se protege de los ladrones al estar encerrado en el cofre de la modestia; escucha solo los golpes y las bromas de ellos sin que sea afectado en nada por todo esto; y esto porque la modestia es una caja o castillo inaccesible e inviolable a todos estos enemigos.

  1. Hemos atrevido a filosofar en pocas palabras sobre el florecimiento y el pequeño desarrollo de este fruto inmarchitable, es decir, la humildad. ¿Pero cuál es el perfecto premio de esta santa virtud, los que estáis familiarizados con el Señor? Preguntárselo a Él. Para la cantidad y la grandeza de esta divina virtud me es imposible hablar; más imposible aún expresar su cualidad. Sin embargo, intentaremos hablar sobre sus cualidades o propiedades, según los pensamientos que van llegando en nuestro nus (espíritu del corazón de la psique).
  2. La metania con el trabajo constante y el luto espiritual que está limpiado o purificado de toda mancha y la santísima humildad de los principiantes, estas virtudes difieren y disciernen una de otra como el pan entre la levadura y la harina. Porque primero es quebrantada y afinada la psique por la verdadera metania. Después por medio del agua del verdadero llanto y del luto divino es conducida en una unión con el Dios, amasada con Él por decirlo así. Luego, una vez se haya encendido con el fuego del Señor, endurece y aparece como pan estéreo, duro, tomando consistencia la divina humildad, es decir, está exenta y libre ya de la levadura de la maldad y del orgullo.

Y como cada una de estas tres virtudes, parecidas a una cadena compuesta de tres eslabones o mejor dicho, a un arco iris celeste, manifiesta la propia fuerza y energía y aspira al mismo objetivo, por supuesto que deberán tener también las cualidades o propiedades comunes. Así cualquier signo que nombres de una, lo encontrarás como cualidad también en las demás. Lo que acabo de decir con brevedad intentaré confirmarlo y demostrarlo.

  1. La primera y más eminente cualidad de esta triada, es la aceptación de la deshonra con mucha alegría, que la psique la recibe con los brazos abiertos y la abraza, con el pensamiento que alivia, cauteriza y pone fin a sus enfermedades psíquicas y a los grandes pecados. La segunda cualidad de ella es la desaparición de toda ira, irritabilidad, como también la modestia para este acierto. La tercera cualidad y el grado más elevado, es una sincera desconfianza y olvido de lo que uno posee o olvidarse de los méritos de sus obras buenas y también el continuo deseo de aprender e instruirse.
  2. Así como “el fin de la ley y de los profetas es el Cristo, para la salvación y justicia de todo creyente” (Rom 10,4), así también el fin de los pazos sucios, en cada uno que no tiene cuidado, es la vanagloria y el orgullo. Pero la humildad que es la cierva* espiritual (Sal 41,2), destruye estos pecados y protege y mantiene invulnerable de todo veneno mortal a aquel que la tomó y convive con ella. Es verdad, ¿en la humildad, cómo puede aparecer el veneno de la hipocresía?, ¿cómo el veneno de la detracción o maledicencia?, y ¿cómo y dónde anidará la serpiente en ella? ¡Y si de nuevo la serpiente anida al corazón, no queda aniquilada y muerta, cuando saca su cabeza fuera del corazón! En aquel que está conectado con la humildad no encontrarás odio, ni contradicciones, tampoco algún rastro de desobediencia, excepto cuando se trata de temas de la fe. *(La cierva, es conocido, por ser uno de los animales herbívoros. Pero de acuerdo con una concepción errónea de la antigüedad, persigue y come las serpientes (Claudio Eliano 2siglo dC, acerca de las cualidades de los animales, B9). Aquí en la escalera se asemeja como serpiente la vanagloria y la soberbia, como cierva la humildad).
  3. La humildad el que la tomó por esposa es dulce, inteligente, tolerante, pleno de compunción, compasivo con todos, apacible, radiante de alegría, dócil, poco contrariado, vigilante, activo y,-para que decir tantas cosas-, sin pazos (impasible); pues «en nuestra humildad se acordó de nosotros y nos libró de nuestros enemigos» (Sal 135, 23-24), de nuestras pazos (pasiones) y de nuestras manchas.
  4. El creyente humilde no investiga mucho ni prosigue en los secretos inefables; por el contrario, el orgulloso o soberbio quiere investigar, penetrar y disputar hasta en los inconcebibles juicios y razones de Dios.
  5. En un hermano de los más dotados de conocimiento se aparecieron visiblemente los demonios y le dirigieron alabanzas y bienaventuranzas. Pero él muy sabio les respondió: «Si dejáis de alabarme por los loyismí (pensamientos simples o unidos con la fantasía, reflexiones, imaginaciones) que traéis en mi psique, entonces cuando se vayan, llegaré a considerarme de que soy grande. Pero si no paran de alabarme, entonces por vuestras alabanzas estaré pensando en mi suciedad e impureza, puesto que “todo altivo y orgulloso es sucio y abominable para el Señor” (Pr 16,5). Váyanse, pues, y yo inmediatamente llegaré a ser grande; o bien continúen alabándome y yo con vuestra colaboración obtengo humildad más grande». Los demonios inmediatamente fueron sacudidos de estupor porque no sabían qué contestar y desaparecieron.
  6. Que tu psique para esta agua manantial vivificante, es decir, la humildad, no sea como una cisterna, unas veces desbordante y otras veces seca por el calor abrasador de la vanagloria, la codicia y la exaltación; sino que llegue a ser una fuente de impasibilidad, emanando de sus profundidades siempre el río de la humildad. Debes saber, amigo, que los valles son los que producen en sus interiores abundancia de trigo y frutos espirituales. El valle es la psique que permanece humilde entre las montañas, es decir, permanece entre las virtudes espirituales siempre sin orgullo, inamovible, imperturbable e inquebrantable.
  7. El Salmista no dice que hice ayuno, ni vigilia, ni dormí sobre la tierra, sino que “me hice humilde, y el Señor me salvó” (Sal 114,6). Por una parte, la metania nos eleva, y por otra parte, el luto divino golpea la puerta del cielo, en cambio la divina humildad nos abre la puerta. Pero yo confieso y venero la trinidad en la unidad y la unidad en la trinidad*. (*Estas tres virtudes, metania, luto divino y humildad, aquí se presentan como la misma naturaleza y esencia, indivisibles e inseparables como las personas o hipostasis de la Santa Trinidad.)
  8. El sol ilumina todo lo que vemos, y la humildad fortifica todo lo que se hace con lógica. Cuando falta la luz todo está oscuro; y cuando falta la humildad todas nuestras obras y hazañas son inútiles.
  9. En toda la creación, solo un lugar hay que el sol vio una sola vez; (es el fondo del mar rojo). Y sólo un loyismós muchas veces engendró la humildad; (la memoria de la muerte o el Juicio final o los padecimientos del Señor). Uno solo fue el día que el mundo entero deleitó y se regocijó de alegría; (el día de la resplandeciente Resurrección del Señor). Y sólo una virtud existe que los demonios no pueden imitarla, la humildad.
  10. Una cosa es enorgullecerse y otra no, y otra cosa es hacerse humilde. El primero juzga diariamente a los demás; el segundo no juzga a nadie; y el tercero, aunque esté libre de juicio y condena, juzga y condena a sí mismo continuamente.
  11. Una cosa es ser humilde; otra esforzarse para llegar a serlo, y otra, alabar aquel que es humilde. El primer caso, es de los perfectos, el segundo es de los verdaderos obedientes, y el tercero para todos los creyentes.
  12. Aquel que se ha hecho humilde interior y profundamente en el corazón de la psique, no es perjudicado de los logos que salen de sus labios. Porque la puerta de su boca no pronuncia lo que no tiene el tesoro del corazón.
  13. Cuando el caballo está solo, a veces se imagina que galopa; pero cuando corre con otros, entonces descubre su lentitud.
  14. Si el loyismós (pensamiento) ya no se jacta por sus virtudes naturales, esto es una señal que viene la salud. Al contrario mientras aún huele aquel mal olor, no siente el agradable perfume espiritual.
  15. Mi amado, dijo la divina humildad, no juzga, no reprehende, ni condena a los demás, no busca ostentar primacías, no utiliza sabidurías, hasta que esté unido a mí, porque una vez se haya unido no se somete ya a la ley.
  16. Los demonios malvados sembraron alabanzas en el corazón de un asceta que se esforzaba por adquirir la bienaventurada humildad; pero gracias a una inspiración e iluminación divina, encontró el medio de vencer la malicia de los espíritus malignos por medio de una piadosa artimaña. Se levanta, pues, y escribe en la pared de su celda los nombres de las virtudes más sublimes: el amor perfecto, la humildad angelical, la oración pura, la pureza incorruptible y otras semejantes. Y cuando los loyismí (pensamientos) comenzaron a alabarlo, les dijo: “Vamos al examen”. Acercándose a la pared en los nombres escritos, los leía y se gritaba a sí mismo: “Cuando poseas todas esas virtudes, entonces conocerás qué lejos estás todavía de Dios.”
  17. Cuál es la esencia y la potencia de este sol, (es decir, la humildad) no podemos presentarlo. Sólo de sus energías, de sus acciones y de sus cualidades logramos concebir la profundidad de su esencia.
  18. La humildad es un techo divino que cubre nuestros ojos, para que no veamos nuestras hazañas. La humildad es un abismo de pobreza y olvido de sí mismo, inmune e inaccesible a cualquier ladrón. La humildad es “una torre fuerte frente al enemigo” (Sal 60,4). “Al humilde el enemigo no encuentra beneficio, el hijo de iniquidad o más bien, el mal loyismós no lo oprimirá; al contrario, el humilde aplastará sus adversarios y derrotará a los que le odian” (cf. Sal 88, 23-24).
  19. Además de las propiedades especiales y ricas que hemos comentado, la humildad percibe que en el interior de la psique tiene otras cualidades selectas. Porque todas las que hemos comentado, excepto una*, manifiestan a los demás la riqueza espiritual. (*Creo que se refiere al autojuicio, la autocondena, la percepción y el sentimiento de que nuestras obras buenas o virtuosas no valen nada. Sobre esto habló antes en el quinto párrafo).
  20. Reconocerás sin error de que no has adquirido en el interior de tu psique la esencia de esta divina humildad, por la abundancia de la luz increada e inefable y por el indescriptible eros (amor ardiente) a la oración. Antes que sea logrado todo esto precede un estado en el que el corazón no desprecia a los pecadores y no critica, ni condena sus pecados, faltas o errores. Y antes de este estado precede otro, en el que el corazón odia toda vanagloria.
  21. Quien ha logrado conocerse a sí mismo perfectamente, este ha sembrado en tierra fértil. Pero aquel que no ha sembrado de esta manera, no podrá ver florecer en su interior la humildad. Quien ha logrado el conocimiento de sí mismo, este ha sentido el temor del Señor y caminando con esta percepción, sentido y sentimiento ha llegado a la puerta de la agapi (amor desinteresado).
  22. La humildad es la puerta de la realeza increada celeste que introduce a los que se aproximan a ella. Creo que de ella dijo el Señor: “1 «Amin, amin, en verdad de verdad os digo que el que no entra por la puerta del redil de las ovejas, sino a escondidas saltando por otra parte, ése es ladrón y salteador; (Es decir, el que se hace ilegalmente e indignamente pastor de ovejas lógicas de Dios, es sacrílego e usurpador de los fieles de la Iglesia) (Jn 10,9); y “YoSoY la puerta; el que por mí entrare, se sanará y se salvará; y entrará en el redil para encontrar seguridad y descanso; además, en tiempo de pasto saldrá y hallará alimento. (En otro sentido: por mí, toda psique o alma será segura y fuera de cualquier peligro espiritual, se alimentará de la salvadora verdad y obtendrá la vida eterna.)” (Jn 10,1), y todos los que entraron en la vida monástica por la otra puerta, es decir, sin ser llamados de arriba, son ladrones de su propia vida.
  23. Los que buscamos la humildad, pues, que no cesemos de examinarnos e interrogarnos a nosotros mismos. Y cuando con nuestro corazón sentimos a nuestro prójimo superior a nosotros, desde todo punto de vista, entonces se aproxima a nosotros la misericordia (increada), es decir, el regalo de Dios, la humildad.
  24. Es imposible que provenga fuego de la nieve. Pero más imposible aún encontrar humildad en los heterodoxos, porque esta hazaña sólo pertenece a los ortodoxos sobre todo a los que se han sanado, psicoterapiado y purificado de los pazos.
  25. La mayoría de nosotros nos consideramos pecadores; y quizás lo aceptamos sinceramente. Pero el corazón humilde lo pone a prueba y lo examina el ataque y la extenuación de parte de los demás.
  26. Aquel que lucha por llegar al puerto tranquilo de la humildad, no cesará jamás de pensar y utilizar varias maneras y logos, pensamientos e invenciones, investigaciones y búsquedas, procedimientos e ingenios, oraciones y súplicas, hasta que no aleje el barco de su psique de la tempestuosa soberbia; y eso con la ayuda de Dios y las formas de vida más humildes. Porque el que se ha sanado y salvado de esta soberbia o arrogancia, fácilmente arregla el resto de sus pecados como el publicano.
  27. Algunos, para promover su humildad durante toda su vida, se valen del recuerdo de sus pecados del pasado, incluso de los ya perdonados y, por este medio, golpean la conducta soberbia, vana y arrogante de sí mismos. Otros piensan en la Pasión de Cristo y se consideran siempre como deudores. Otros se tienen por poca cosa o se desprecian a sí mismos, a causa de sus faltas cotidianas. Otros derrumbaron al suelo el orgullo con las tentaciones, con las faltas y las enfermedades que en tiempos les ocurrían. Otros, por la penuria o falta de carismas, alcanzaron la madre de todos los carismas. También existen unos otros, -que desconozco si hoy en día existen-, que se humillan a sí mismos con las donaciones de Dios; y cuanto más se aumentan las donaciones de Dios, tanto más humildes se hacen, considerándose indignos de tales riquezas; y pasan así su vida y como si cada día se acrecentara su deuda por sus pecados. Ésta es la humildad, ésta es la beatitud y la bienaventuranza, esto es el premio superior.
  28. Cuando veas o escuches decir que alguien llegó en pocos años a la más grande apázia (impasibilidad, sin pazos), sepas que no ha caminado otro camino que este bienaventurado y breve camino de la humildad.
  29. ¡Agapi y humildad! ¡Pareja divina! Una eleva y la otra sostiene y mantiene a los que fueron elevados y no los deja que caigan jamás.
  30. Una cosa es la contrición; otra, el conocimiento de sí mismo y otra, la humildad. La contrición es engendrada por una caída. Porque quien cae, se quiebra, se mantiene en la oración y con una laudable desvergüenza; y como se siente agobiado, se apoya sobre el bastón de la esperanza expulsando el perro de la desesperación.

El re-conocimiento de sí mismo es una gnosis y conciencia correcta de su propia medida y un recuerdo incesante de los pequeños errores.

La humildad es la enseñanza espiritual de Cristo, que se guarda de los que son dignos, en cámaras místicas-secretas de sus psiques y no se puede expresar en palabras.

  1. Quien declara que ha olfateado plenamente en sí mismo la fragancia de la mirra de tal naturaleza y a la vez cuando escucha un elogio y se emociona o se conmueve en su corazón, en el momento en que se ve alabado, éste que no se equivoque, ya fue engañado y es falto de humildad.
  2. Escuché decir a alguien con profundo sentimiento de su psique: «¡No a nosotros, Señor, no a nosotros, sino a tu nombre da la gloria!» (Sal 113,9). Y esto, porque sabía que la naturaleza humana no puede, por ser como es, recibir elogios sin ser perjudicada por la alabanza. “Señor, liberado con tu fuerza y estando seguro, de ti recibiré la inspiración para alabarte en la iglesia grande o en mucha gente” (Sal 21,26), es decir, en el siglo venidero; porque antes no puedo llevar la gloria y la alabanza sin peligro.
  3. Si uno por la vanagloria finge que tiene virtudes que no tiene, esto es la forma del orgullo o soberbia más grande; por supuesto que el signo de profunda humildad es que nos presentemos a los demás como culpables de distintos supuestos pecados de modo que seamos desestimados. Así actuó el que tomó en sus manos pan y queso * 1, y el otro, campeón de la castidad, que con la impasibilidad de la psique, recorrió toda la ciudad despojado de sus vestimentas* 2. Estos luchadores no se preocuparán por el escándalo de los hombres, ya que obtuvieron a través de la oración una fuerza invisible para informar místicamente a todos sobre sus situaciones verdaderas. (*1 Este acontecimiento se refiere a abad Simón. Cuando venía un soberano a visitarle, conocerle y pedir su bendición. Apenas fue informado Simón que vendría el soberano se puso fuera de su celda a esperarlo con un abrigo y con sus manos comiendo pan y queso. Así el altísimo soberano al verle se decepcionó y volvió atrás y se marchó, (Gerontikón pag 117). (*2 Existe la opinión que se refiere a san Serapíon. Otros dicen que se trata del loco por Cristo, san Simeón de Emesa).
  4. Quien se preocupa por lo primero, es decir, evitar el escándalo, demuestra que la otra le hace falta, es decir la fuerza de la información. Porque cuando Dios está listo para escucharnos, podemos hacer y lograr todo. Que prefiera a ofender y entristecer más bien a los hombres que a Dios; porque el Dios se alegra cuando nos ve sufrir humillaciones con el propósito de suprimir, golpear y aniquilar la vanidad del engreimiento y del orgullo.
  5. El despojo total o exilio voluntario practicado en su grado más alto es causante de tan grandes hazañas, ya que sólo los muy grandes toleran y aguantan que sean burlados de sus conocidos. No te sorprendas de todo que te he dicho, porque nadie puede subir toda la escalera de un salto.
  6. “Nos conocerán todos como discípulos de Cristo, no por el hecho que los demonios se nos someten sino porque nuestros nombres están escritos en el cielo de la humildad” (cf. Lc 10,20).
  7. El limonero cuando está estéril hace que sus ramas se eleven solas hacia lo alto; pero cuando se inclinan hacia el suelo rápidamente comienza la fructificación. El que lo ha captado con su nus entenderá lo que quiero decir.
  8. En la divina humildad existen varios grados y escalones de subida a Dios: treinta, sesenta y cien. En el último grado logran subir los que han obtenido la apázia (impasibilidad, sin pazos); en el medio los valientes, con coraje y en el primer grado todos. Aquel que ha alcanzado el autoconocimiento nunca será engañado a emprender algo superior a sus fuerzas, sino que de aquí en adelante camina seguro y firme en este camino de la bienaventurada humildad.
  9. Los pájaros temen el aspecto del halcón. Así lo mismo los practicantes de la humildad temen el ruido de la contradicción.
  10. Son muchos que obtuvieron la sanación y la salvación sin carismas proféticos, ni alumbramientos, ni prodigios. Pero sin la humildad nadie podrá entrar en la cámara nupcial. Porque los dones los protege la Humildad, por el contrario, los dones en hombres frívolos e irresponsables han esfumado la humildad.
  11. Para que nos convirtamos en humildes, aunque sea sin nuestra voluntad, el Señor concedió también esto: que nadie mejor puede ver nuestros defectos y heridas que nuestro prójimo. Así estamos obligados a atribuir nuestra sanación o terapia al prójimo y a Dios y no a nosotros mismos.
  12. El humilde de mente y nus (espíritu del corazón de la psique) aborrece y elude su propia voluntad como engañosa; y en las oraciones y peticiones a Dios acepta con fe inquebrantable el conocimiento de Su voluntad y la obedece. Por otro lado, obedece a los maestros sin examinar ni observar la vida de ellos, sino que lo entrega todo a Dios quien se valió hasta de la boca de un asno para hacer que Balaam supiera lo que era imprescindible (cf. Num 22,28).
  13. Un hombre así de conducta humilde, cuando todo lo piensa, lo hace y lo dice según el Dios, incluso así no tiene confianza de sí mismo. Porque para el humilde la autosuficiencia es como un gusano y una carga pesada y para el soberbio todo lo contrario.
  14. Yo creo que sólo aquel que es ángel no es robado por los pecados, es decir, no cae en ningún pecado, porque escuché a un ángel decir: “En mi conciencia nada me reprocha; pero no por eso quedo justificado y salvado, el que me juzga es el Señor” (1Cor 4, 4). Por esta razón debemos criticarnos y reprocharnos continuamente, de manera que con humillaciones voluntarias expulsar los pecados involuntarios. De otra manera, todas estas cosas cuando rendiremos cuentas a la hora de la muerte nuestra situación será muy fea y severa.
  15. Aquel que pide a Dios las cosas más pequeñas de las que merecería, este seguramente recibirá más de lo que merece. Sobre este testifica el publicano, quien pedía sólo el perdón y recibió más, justicia, sanación y salvación (cf. Lc 18,10). Y el ladrón pidió que el Señor se acordará de él en Su realeza increada, pero heredó el paraíso (cf. Lc 23,43).
  16. En la humildad pura, sin manchas, es imposible que quede una sombra de alguna otra materia. Mientras continuamos pecando voluntariamente es imposible que esta humildad permanezca en nosotros. Pero cuando pecamos involuntariamente esto es una señal de su presencia.
  17. El Soberano Cristo conociendo que según la apariencia exterior se forma también la virtud invisible de la psique, por eso vistiendo el lienzo nos indicó el método a seguir en el camino de la humildad. Porque la psique con lo que se ocupa exteriormente llega a ser semejante y toma la forma de las cosas que hace.
  18. El poder fue la causa a un ángel de sentirse grande y enorgullecerse; por supuesto que no lo había recibido para caer en la arrogancia y la grandeza.
  19. De una manera se siente el que está sentado a un trono y de distinta manera el que está sentado en el estiércol. Quizás por eso, ese gran justo (Job) se sentó sobre el estiércol fuera de la ciudad. Cuando alcanzó la perfecta humildad entonces dijo con todo su corazón: “Por eso me retracto y me arrepiento en el polvo y la ceniza” (Jb 42,6).
  20. Creo que Manases pecó como ningún otro hombre, mancillando con ídolos el templo de Dios y todo el divino culto. Aunque el mundo entero hubiera ayunado por él, no habría podido compensar dignamente sus pecados. Pero la humildad tuvo el poder de sanar en él lo que era incurable.
  21. “Señor, si tú quisieras algún sacrificio de animales para el perdón de mis pecados yo te hubiera ofrecido. Pero a ti no te agradan los sacrificios de animales. El sacrificio gustado por el Dios es nuestra contrición y quebrantamiento por concienciar nuestro pecado, y el sacrificio para el cuerpo es el ayuno. Corazón puro que se ha quebrantado por la metania y tiene humildad, el bondadoso Dios nunca acaba extenuándolo” (cf. Sal 50,18-19), etc. Todos entienden la importancia de estos logos. “Pequé contra el Señor” clamó esta bienaventurada humildad, después de un adulterio y un homicidio, e inmediatamente vino la respuesta: “el Señor perdonó tu pecado” (2Re 12,13).
  22. Los Padres dignos de memoria eterna nos mandaron trabajos corporales para la adquisición de esta virtud. Yo por mi parte añadiría la obediencia y la rectitud del corazón, que por naturaleza son opuestas a la soberbia, arrogancia.
  23. Si el orgullo o soberbia pudo convertir en demonios a ciertos ángeles, la humildad, sin ninguna duda podrá convertir en ángeles a demonios; ¡por eso que tengan ánimo aquellos que habéis caído!
  24. Apresurémonos y luchemos con todas nuestras fuerzas para subir a la cabeza o cumbre de la humildad. Si no podemos, subamos por lo menos en sus hombros. Y si tampoco logramos esto, por lo menos no nos dejemos caer de sus brazos. Porque el que pierde la humildad, no sé cómo podrá ganar algo eterno o un premio en la eternidad.
  25. Los nervios que fortifican la humildad y los caminos que nos conducen a ella, pero que no son signos y demostraciones, son: la no posesión de bienes materiales, el exilio invisible, el disimulo de la propia sabiduría, hablar con simplicidad, la demanda de caridad, la disimulación de origen noble, destierro de la vana franqueza y el alejamiento de habladurías. Nada puede hacer humilde tanto la psique como la privación, la pobreza y vivir como un bendigo o mendigando la subsistencia. Sólo entonces se ve nuestra sabiduría y amor a Dios, cuando pudiendo ser grandes y elevarnos voluntariamente escapamos e huimos de la grandeza.
  26. Si alguna vez te armas contra algún pazos, llévate la humildad como aliada. Porque ella “pisoteará a la víbora y al basilisco y también al león y al dragón” (Sal 90,13), es decir, yo diría que: ella borrará el pecado y la desesperación y expulsará el diablo y el dragón del cuerpo.

La humildad es un torbellino celeste que puede sacar la psique desde el abismo del pecado y elevarla hasta las alturas del cielo. Una persona una vez contempló en su interior la belleza de la humildad y quedando atónito y alucinado preguntaba por el nombre del padre de ella. Ella con una sonrisa luminosa y apacible le respondió: ¡Por qué quieres saber el nombre de mi padre, puesto que él es anónimo? No te lo diré antes, hasta que alcances a tener a Dios en tu interior”. ¡A Él la doxa-gloria de los siglos! Amín.

La madre de la fuente es el abismo de las aguas; y fuente de la virtud o don del discernimiento es la humildad.

SAN JUAN DE LA ESCALERA O SINAITA

Léxico

Agapi amor divino, como término teológicos es la energía increada superior de la Jaris (gracia increada) cuando se trata de Dios. A nivel humano, energía creada, amor altruista desinteresado, cariño. La agapi proviene de Dios.

Jaris Gracia increada de Dios es energía divina increada, innata e inherente riqueza de la Deidad. También según el contexto es favor, carisma y regalo.

Luto según Dios en los textos patrísticos, es la lipi tristeza, aflicción o luto según Dios, es sufrimiento del que nace la metania. El “luto según Dios no se identifica con el luto cósmico o mundano, el que sienten los hombres cuando por ejemplo, pierden seres queridos, sino que es resultado de su concienciación del pecado y la creación de sanas vivencias y experiencias mediante la metania y el regreso al Señor. Se trata de un luto con originalidad propia, que con la increada energía divina Jaris, combina la alegría y la tristeza del luto (“luto alegre, pena-alegre”). No causa conflictos ni perturbaciones psíquicas, todo lo contrario trae paz y serenidad en la psique y buena disposición para cumplir los divinos mandamientos, logos y esperanza en Dios.

Metania Μετάνοια del verbo μετά-νοώ, metá=después, con, y noó= concibo, percibo con el nus como energía y el corazón como esencia. Quiere decir giro del nus (metanús), introspección y conversión de la conducta y mentalidad del hombre y sobre todo giro, cambio de actitud de la vida en pecado y del mal por la vida en Cristo. La metania en la Tradición Ortodoxa no proviene de una percepción psicológica de culpabilidad, sino de la apocálipsis (revelación) de la deformación de la psique y esta apocálipsis se manifiesta de la energía increada de la divina Luz en el corazón psicosomático del hombre. El nuevo Testamento empieza y acaba con la metania (Mt 3,2 Lc 24,47)

Νοῦς nus o (νοερά ενέργεια noerá energía), términos que los usan los Padres con varios significados; no se debe confundir con la diania (mente, intelecto, cerebro). En castellano es el espíritu del hombre o energía espiritual humana creada, o el ojo de la psique (alma), en helénico los Padres lo llaman nus o noerá energía para no confundir con la energía espiritual increada Jaris del Espíritu Santo. Cuando el nus queda preso o apegado en la diania por un loyismós, pensamiento, reflexión y en la fantasía o imaginación es cuando viene nuestra caída y el nus tiene que estar alerta, vigilante y sobrio para impedir la entrada en la psique de los malos loyismí, no caer en esta trampa. El nus constituye la fuerza y energía más alta del hombre es el «principal ojo” de la psique. El estado natural del nus, en el hombre creado por Dios, es la permanencia por la oración y la alabanza en la memoria de Dios, más la expulsión de los loyismí del corazón. Porque esta es exactamente la práctica ascética ortodoxa, el regreso y estancia del nus o su energía al corazón, el cual por causa de la caída del hombre se pierde y se esclaviza, se convierte en idólatra o se autodeifica y alaba sus propias creaciones en vez de agradecer y alabar a Dios. I. Vlajos: “Νοῦς nus, en la enseñanza patrística el término se utiliza diversamente. Unas veces el término le usan para mostrar la psique (alma), otras el corazón psicosomático o el espíritu del corazón y otras una energía de la psique. Pero principalmente nus es el ojo de la psique, la parte más pura, es la finísima atención. Se llama también energía noerá (espiritual humana) y su esencia es el corazón, está en todo el cuerpo principalmente en el cerebro, pero no se identifica con la energía lógica o racional del cerebro, ni con la emocional sentimental sino que contiene todas las energías.”

Pazos Πάθος, padecimiento, pasión, emoción, hábito, mala costumbre, vicio, patología; En la terminología patrística se llama así a todo movimiento anormal, en el sentido de no natural, de las fuerzas de la psique. Fuerzas que con su energía de la voluntad han tomado el camino equivocado. Todos los pazos que nacen de algún pecado que se repite, y así se consolida en la psique una tendencia pecadora o apego/adictiva, que con el tiempo llega a ser una segunda «naturaleza», influyendo los pensamientos y decisiones, dominando la voluntad y sellando toda su “psicosíntesis”. Es preferible reeducarlos, convertirlos y sanarlos, que oprimirlos o reprimirlos y finalmente se usarán de forma fructífera y no negativa.

Ψυχή Psique alma, ánima, el término viene desde la antigüedad y se usa igual hasta hoy. En el Nuevo Testamento y los santos Padres, se usa a menudo en vez de la palabra anzropos, humano, hombre, (Rom.13,1). A veces en la Sagrada Escritura significa simplemente la vida. (Mt 2,20. Jn 10,11. Rom 16,4), Pero psique se dice sobre todo del elemento espiritual, no material de nuestra existencia (Mt 10,28); Es la base substancial que vivifica el cuerpo. Es un componente de las dos partes de nuestra naturaleza; el otro es el soma, cuerpo. El cuerpo no contiene la psique sino que la psique contiene y conjunta al cuerpo. La prueba está cuando la psique sale el cuerpo se convierte en cadáver y se disuelve. Nus y logos están unidos e inseparables de la psique después de la muerte física; los animales tienen psique por energía por eso no tienen nus y logos (lógica).

Realeza de Dios/de los cielos, el nombre Reino (βασίλειο) no está en ninguno de los originales Elénicos. No es el significado habitual de la palabra (territorio o conjunto de personas que lo gobiernan); por lo cual proponemos la más cercana a la voz elénica original, Realeza. Realeza (cualidad, atributo) es el elemento básico de las enseñanzas de Jesús y el tema central de los libros del Nuevo Testamento, donde, con esta expresión, se manifiesta una nueva época que se inaugura con la obra de Χριστός (Jristós) Cristo y en la cual domina, en vez de odio el amor; en vez de la oscuridad tinieblas, la luz; en vez de la incredulidad, la luz de la fe; en vez de la desesperación, la esperanza. La nueva época se anuncia ya como actual presente, pero también esperada por completo en el futuro con la Segunda Presencia venida de Cristo. La realeza increada de Dios es el predominio entero de la energía increada de la voluntad de Dios en la vida de los hombres, tanto en la personal «la realeza de los cielos está dentro, en vuestro interior» (Luc 17,21), como en la vida social «que venga tu realeza en nosotros, hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo” (Mateo 6,10). La realeza de Dios, como realidad terrenal del presente, se materializa en las personas por la vida santa de los cristianos, «los hijos de la realeza” (Mt.8,12), y entonces coincide con la institución de la Iglesia.

Realeza de Dios es el Paraíso no como lugar, es la comunión del hombre con Dios. Esta Realeza la vivimos desde ahora como en el noviazgo, en cambio entonces la viviremos como en la boda. La Realeza de Dios no tiene fin. Es eterna, increada e interminable. Nada tiene que ver con reino, porque este término manifiesta un estado creado. La realeza increada es sinónima con la Doxa-gloria increada y con la Jaris-gracia increada.

Cómo hablar a nuestros niños sobre los demonios, el infierno y la muerte

 

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xXJj: Esta traducción está hecha en honor a mi nieta Ζωή (Zoí) Vida, de 5 añitos que la semana pasada me preguntó: ¿Yayo, Abuelo qué es la muerte? La verdad es que me pilló desprevenido; y espontáneamente la respondí: Cariño mío, por eso vamos a la Iglesia los Domingos y tomamos la Comunión o Efjaristía, estando con Cristo Dios y la Panayía, no morimos nunca… 10/2/2015

Es un serio error pedagógico hablar a los niños pequeños sobre los demonios con todo detalle. Porque si un niño escucha por primera vez cómo son exactamente, es imposible que no empiece a imaginarlos.

Los mayores, es posible que sean avisados por el peligro que tienen, si dejan que sean introducidos en la mente imágenes de los demonios, pero un niño pequeño, aunque le pre-avisemos, no puede fácilmente parar de pensar en algo que le tortura; y esto les puede conducir a un estado espiritual peligroso, o cuanto menos, puede sufrir pesadillas. Cuando los niños pequeños preguntan sobre el diablo o por la existencia de los espíritus del mal, es preferible no hacer un análisis minucioso, sino decir que no debemos poner nuestra atención en ellos más que los sueños o algo parecido.

Generalmente debemos hacer que los niños giren su mente a Cristo, a los santos y a los ángeles.

Es mejor enseñar a los niños la lucha cristiana sin referencia inmediata al combate contra los demonios. Los niños pueden aprender así naturalmente a santiguarse antes de dormir como bendición para la noche o utilizar la oración de Jesús: Kirie eléison o Jesús Cristo Dios eleisón me o compadécete de mí o que hablen ellos mismos al Señor y los santos/as con palabras suyas, cuando lo quieran.

Así cuando prueben una tentación, por ejemplo, miedo por pesadillas, utilizarán totalmente con naturaleza las armas correctas. Los niños pueden tener un komposkini (rosario ortodoxo) en la mano o debajo de sus almohadas y decir la oración de Jesús, aunque sea pocas veces en sus oraciones diarias.

La idea del infierno asusta a los niños. Por supuesto que esta idea también nos asusta a nosotros pero este miedo no es patológico. Lo que debemos cultivar a los niños no es el miedo al infierno sino la agapi-amor a Dios. Los niños pueden pensar seriamente el problema metafísico del mal y de la agapi de Dios. Y cuando hablamos sobre infierno (naturalmente no a niños) debemos recalcar que el infierno no es un lugar donde el Dios quiere mandar a los hombres malos, sino que el infierno es un dolor que nosotros mismos nos provocamos por la negación de la agapi (amor, energía increada) de Dios. Infierno es la visión contemplación de la luz increada de Dios que quema a los que no se han hecho a semejanza de Él. Incluso podemos decir que cuando uno está enfermo y se niega a tomar los medicamentos que le indica el médico, la culpa no será del médico si no se sana.

Como siempre, no existen recetas, solamente doy algunos consejos y ejemplos. Existen muchos casos en los que adultos han abandonado el Cristianismo porque creían que era la mejor manera de liberarse del núcleo asfixiante del miedo al infierno en el que se han criado. Incluso cuando hablamos de praxis malas o por hombres que las han cometido, es importante que el niño sepa que Cristo siempre está preparado para perdonarle por cualquier pecado o falta.

Cuando los niños hablan sobre el Cielo, a menudo expresan unas ideas sobre lo que podemos encontrar allí, pero estas ideas quizás teológicamente parecen ser incorrectas. Sin embargo, debemos ser muy cuidadosos para no estropear de su interior el deseo de que vayan al Cielo. ¿Podéis imaginar que alguien deseara ir a un lugar donde no hay comida, ni juguetes, ni animalitos queridos etc.? Debemos dar la impresión (y no es una impresión equivocada) de que el Cielo es incomparablemente mejor de lo que podemos imaginar. Algunos niños, apenas escucharon esto, preguntaron espontáneamente: ¿El Cielo es mejor que la noche de la Resurrección? ¿Mejor que el helado? ¿Mejor que cuando mama te pone a dormir? Nuestra Biblia nos enseña que habrá comida celeste, alegría y risas celestiales, etc. A lo que respecta sobre sus animales queridos, los niños quieren saber si su animal tendrá un lugar en el Cielo. No hay ninguna razón en este momento de explicarles teológicamente en qué se diferencia la psique de un animal de la psique de un hombre. Es preferible recordarles que Dios cuida todo animal por muy pequeñito que sea (Mt 10,29).

Cuando hablamos teológicamente, nunca debemos destruirle una idea que uno tenga en su interior sino la sustituimos por una idea más madura, la cual no supere el nivel de su percepción. En el Gerontikón se narra una historia de un monje que era antropómorfo, es decir, interpretaba de forma literal todas las expresiones hagiográficas, como las manos de Dios, los ojos de Dios… Pero los monjes ortodoxos le rectificaron. Otro monje le visitó y le preguntó: ¿por qué lloras? ¿No te alegras de haber vuelto a la fe ortodoxa? Y el monje respondió: Lloro porque me han quitado a Dios y ahora ya no sé a quién voy a venerar.

No queremos que nuestros hijos teman a la muerte. Debemos hablar de la muerte como un trozo de nuestra vida –el pedestal de la vida celeste- el escalón hacia la vida eterna con el Cristo.

Algunas veces los niños quieren con tanto anhelo ir al Cielo que expresan su deseo de morir e incluso poner fin ellos mismos a sus vidas. No debemos poner en el interior de estos niños el enfermizo temor a la muerte para moderar este deseo, sino explicarles que la muerte es bendita sólo si nos vamos de este mundo cuando el Dios nos llame, porque solamente Él conoce cuándo estamos preparados. No nos vamos al Cielo antes de que Él nos mande el billete. No hay receta sobre lo qué vamos a decir a cada niño, debemos intentar adaptar nuestra respuesta a cada caso.

Se trata de un problema que a menudo encuentra a los padres desprevenidos, no preparados. Es triste el hecho de que los niños pequeños hayan oído sobre el suicidio, pero es una realidad que los catequistas cristianos deben afrontarla.

Preguntas sobre el infierno y el Cielo, el bien y el mal, los demonios y la muerte, el suicidio… son preguntas que se harán mucho durante la edad infantil. Nuestras respuestas a estas preguntas como la de cómo nacen los niños, deben ser según el nivel del desarrollo del niño. No respondemos de igual manera a un niño de cinco años que a uno de diez si nos preguntaran lo mismo.

Del libro “conceptos sobre los niños en la Iglesia Ortodoxa hoy en día”, por Hermana Magdalena.

Traducción de xX.jJ

Ortodoxia y Helenismo en el mundo actual

 

 

synantisi-ellinismou-xristianismou-binteo

 

Homilía del Padre Gheórghios 10-2-2002

1) Hablando uno sobre el Helenismo y la Ortodoxia u Ortodoxia y Helenismo, se aborda un misterio, literalmente un milagro que fue realizado en la Historia. Porque la unión histórica de estas dos dimensiones ecuménicas produjo una cosmogonía. Se creó un mundo nuevo, una verdadera “nueva era” (new age). Hablando teológicamente, recreó y reconvirtió por completo el mundo entero. Y la unión de estas dos magnitudes como fuente inagotable de vida camina continuamente hacia la comunión, unión universal. Pero, en nuestra época se declara de forma hostil y decisiva la continuación de este lazo que tanto ha beneficiado al mundo.

Voy a intentar a describir estas dos dimensiones, definiendo históricamente el momento del encuentro y la unión de la forma de interconexión de estas, subrayando a la vez las principales amenazas para la continuidad de esta unión en estos tiempos difíciles.

Qué es el Helenismo Τι είναι ό Ελληνισμός;

El Helenismo es lo más elevado y sagrado que ha producido el mundo en su trayectoria histórica y los límites o fines de su búsqueda para la redención, resurrección y elevación de sus principios ontológicos (existenciales). Es la creación más grande en el mundo, es realmente la luz de la Icumeni (de toda la tierra habitada). No es racismo ni nacionalismo hablar así para el Helenismo, porque lo que antes he dicho son conclusiones del congreso internacional sobre la Ciencia, conclusiones de la ciencia de la Historia.

Cuál es la esencia del Helenismo, la Helenística: a) La primera cualidad o propiedad esencial de la Helenística es la Diocentridad (centro el Dios). En nuestra historia helénica no ha existido nunca el ateísmo. El ateísmo en su forma actual es una creación de los europeos de los últimos siglos, sobre todo los occidentales. Para definir el valor o la desvalorización del hombre Heleno de la antigüedad, se hace una referencia en su relación con lo Divino, tal y como esto se concibe, con el Dios. Eνθεος (enzeos) endiosado o en dios, es el verdadero hombre en la tradición helénica. Ενθουσιασμός (enzusiasmós) entusiasmo es la presencia de lo Divino – Dios en el interior del hombre y esto continúa hasta en nuestros tiempos.

Θέωση zéosis o deificación ortodoxa es arrendamiento de Dios en el interior del hombre, el Santo. Y hoy para calificar a uno negativamente se le dice ateófobo (no teme a Dios), el que “no tiene a Dios en su interior”. (Eres ateófobo o no tienes a Dios en tu interior, es una frase muy característica en el hablar diario, que se refiere a una persona insaciable, iracunda y conflictiva). Cuando el Apóstol Pablo calificaba a los Helenos atenienses de su época “muy piadosos, respetuosos con lo divino”, decía la verdad.

b) Otra cualidad o propiedad constitutiva de la conciencia helénica es el Humanismo. Es decir, el reconocimiento del hombre y los derechos éticos humanos. El humanismo helénico empieza por el conocido “hombre bueno y bondadoso”, para llegar al logos de Meandro (4º siglo adC): “Qué bello es el hombre o ser humano cuando realmente es hombre o humano”. La catáfasis (confirmación positiva) del hombre y su reconocimiento en las fronteras o límites del Helenismo o identidad helénica, cotejada con la unidad de las cosas humanas sin ningún corte en las áreas de la vida y la acción del hombre. Un ejemplo clásico de esta confirmación positiva e unificación es el lugar sagrado de Delfos. El monumento de todos los siglos está estructurado en tres niveles. ¡El primer nivel está compuesto por el altar divino o las cosas sagradas, “empezar de Dios”! El segundo nivel es el teatro, que es la escuela de la psique (alma, naturaleza espiritual), la Universidad láica de la Antigüedad helénica. Y el tercer nivel es el gimnasio, el lugar para cultivar el cuerpo. Todo hombre es recibido como psique y cuerpo, exactamente igual que en la Ortodoxia, porque todo hombre está creado “como o a imagen de Dios”, con base a su arquetipo Θεάνθρωπος (zeánzropos) Dios y hombre – Cristo y todo hombre tiene como destino el “como o a semejanza”, es decir, la unión con lo Divino, la Zéosis (glorificación o deificación).

Justo en estos temas Dios – hombre se observa con la mayor convergencia del Helenismo – Ortodoxia. El Cristo es aquel que dijo: “El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado”. Este logos debe ser el frontispicio de todas las entidades humanísticas y sociales del mundo. Porque significa que todas las instituciones son servidoras del hombre, sirven al hombre. Cada hombre. Porque cada hombre como criatura de Dios es superior a todo el mundo. Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su psique-alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su psique-alma? (Mt 16,26). El humanismo helénico se reconoce y se culmina en el Evangelio de Cristo Dios.

c) Otro elemento de la Helenicidad o identidad helénica es la agapi (amor incondicional y desinteresada) a la verdad, creada por el ateniense Clemente de Alejandría (b 215), como “búsqueda de la verdad”. Es la filosofía helénica. Los helenos no hablamos sobre sabiduría-sofía sino de filosofía, es decir, amor, amistad a la sabiduría-sofía, que es un movimiento dinámico hacia la Sabiduría-Sofía que finalmente es el Dios. Sofía-Sabiduría de Dios era para nuestros antepasados la “diosa” Atenea. Para los helenos Ortodoxos sabiduría-sofía de Dios es el Cristo. Este movimiento del Helenismo hacia la Sabiduría-Sofía real, existencial, es reconocido en un logos del Apóstol Pablo hacia los Corintios: “Porque los judíos piden señales, y los helenos-griegos buscan sabiduría” (1Cor 1,22). El Judío exige, solicita, y espera pasivamente lo esperado, igual que los Testigos de Jehová esperan el Armagedón, la gran Guerra de Dios, para que ellos también tomen las armas (sólo entonces…) para someter a todas las naciones de la tierra y así vivan una vida majestuosa, de príncipes por mil años en el paraíso milenario. Los Helenos buscamos para encontrar. Y “el que busca, encuentra”, tal y como dice el Cristo (Mt 7,8).

Clemente el Alejandrino con decir que la Filosofía Helénica “es búsqueda de la verdad”, da a entender también cuál es esta verdad. Y esto lo ha interpretado y definido San Cipriano de Caledonia (+258). La verdad, dice, es Aquel, es decir, Persona, que sólo él en la Historia se ha atrevido a decir: “¡YoSoY la Verdad!” (Jn 14,2). ¡A éste finalmente buscaban los antiguos Helenos en sus exaltaciones o elevaciones espirituales en todas las áreas: la ciencia, el arte y el derecho, como verdad, belleza y justicia! Los diversos aspectos de una indivisible y verdad entera en el Helenismo se centran en una Persona, y no en formas ideológicas abstractas. Era el “Dios desconocido y anónimo” que buscaban los Atenienses. Por eso yo acostumbro a decir, que el Apóstol Pablo en el Areópago Ateniense no destruyó, ni distorsionó, ni alteró la búsqueda helénica. Simplemente la giró y la dirigió hacia el Cristo: “Varones atenienses, en todo observo que sois muy religiosos; porque pasando y mirando vuestros santuarios, hallé también un altar en el cual estaba esta inscripción: AL DIOS DESCONOCIDO, ANÓNIMO. Al que vosotros adoráis, pues, sin conocerle, es a quien yo os anuncio” (Hec 17,23). Es decir, al que buscáis dentro de vuestra ignorancia, a este os predico y revelo; o sea, el buscado por el Helenismo, el Jesús Cristo.

  1. d) Virtud Helénica es también el reconocimiento de los límites o fronteras del logos (razón o lógica). Nunca el Helenismo ha conocido un racionalismo de tipo occidental, tal y como es descrito por Agustín con el famoso “credo intelligam”, creo para concebir o entender. Así la diania (mente, cerebro, intelecto) es finalmente el último receptor también del misterio. Y este juicio extendido llega hasta Descartes que decía: «cogito ergo sum» “pienso, luego existo”. La exploración intelectual es el cimiento de la existencia. En el Helenismo, tanto el antiguo como el cristiano-ortodoxo, es desconocido el absolutismo del “logos racional” (racionañismo occidental). El absolutismo racional es algo que tomó cuerpo y vida en la Revolución Francesa, en Robespierre, cuando la “diosa lógica” fue adorada al rostro de una Prostituta desnuda en el interior de un templo de la “Virgen Parisina” (Notre Dame). La transgresión de los límites del logos (la razón, racionalismo) para los Helenos se considera una “hibris”. (Hibris: Para los antiguos Griegos era, injuria contra la voluntad divina y el orden natural.)
  2. e) En el Helenismo es importante también la verdad social. “Estar o tener la verdad es estar en comunión”. Ya Heráclito en un fragmento dice que cuando compartimos (comulgamos) de algo entonces estamos o tenemos la verdad, pero cuando usurpamos entonces vivimos la mentira. Κοινωνία (kinonía, comunión, conexión, unión o sociedad) significa compartimiento de los bienes y no su usurpación. Por eso la Divina Eucaristía se llama también Θεία Κοινωνία (zía kinonía) Divina Comunión. El Cristo “se divide indivisiblemente en partes”, es decir, se comparte sin dividirse en nosotros que somos personas separadas. La comunión, la relación fraternal, son la verdad. Para nosotros los Helenos la verdad es una experiencia y no una cuestión y proceso intelectual. Por eso el Simposio (banquete) es diacrónicamente el epicentro de la existencia helénica. Pero el simposio fraternal –comida, cena- presupone “corazón bueno”, por eso siempre bendecimos levantando los vasos. Es el “corazón puro” de nuestra Fe, (“en corazón puro te glorificamos Señor”, cantamos en la Pascua).
  3. g) El Heleno cuando es auténtico y puro, respeta y reconoce la otredad. Acepta al otro y lo otro. La célebre frase tan dicha por algunos “todo el que no es Heleno es bárbaro”, no tiene una connotación racista. Significa la diferencia de civilizaciones. Sabéis que desde los tiempos de Tucídides también a los helenos de las regiones occidentales los llamaban “bárbaros”, porque estaban en niveles de cultura más bajos y hablaban de manera difícil de comprender. Por eso Sócrates en “Fedra” observa que, para ocuparnos de importantes problemas existenciales, debemos examinar qué dicen los sabios Helenos y también “los sabios de los barbaros”. Ellos también tienen sabios.

La catáfasis (afirmación positiva) de la otredad se ve de la antigüedad de nuestras colonias. Nunca tomaban forma de guetos, sino que iluminaban a todos los pueblos vecinos y los instruían en nuestra cultura. Las colonias de Europa occidental que condujeron a los países en repúblicas bananeras desde el siglo X y después, son desconocidas en el oriente heleno-ortodoxo.

¿Cuál y qué es la Ortodoxia?

2) Todo esto creo que es suficiente para definir indicativamente la Helenicidad o identidad helénica. ¿Pero qué y cuál es la Ortodoxia? Es la otra Identidad nuestra multidimensional. Diciendo Ortodoxia damos a entender el Cristianismo en su expresión auténtica, en las personas y la experiencia de nuestros Santos. Una dimensión teantrópina (divino-humana) como la Ortodoxia es difícil de explicar, es decir, no se encierra en una definición. Sólo convencionalmente me atrevería a decir que la Ortodoxia es la conciencia de la presencia del Dios Increado en la Historia y la capacidad del hombre creado para convertirse y hacerse dios “por la jaris, gracia, energía increada”. “El Dios se ha manifestado en carne y hueso” (1Tim 3,16), históricamente se hizo Θεάνθρωπος (zeánzropos), Dios y hombre, para deificar al hombre y divinizar, santificar el mundo. Esta es nuestra Fe.

Ό Θεός Λόγος (zeós logos) el Dios Logos, Jesús Cristo estaba en el mundo antes de Su encarnación, desde el principio de la creación. El Cristo como segunda persona de la Santa Trinidad crea el mundo. El Dios-Padre no se manifiesta nunca al mundo. El Yahvé Jehová del Antiguo Testamento es el Cristo “no encarnado”, que opera sin Su naturaleza humana en el A. Testamento y “encarnado” en el Nuevo Testamento. La Ortodoxia es el Cristo, Su logos increado, Su energía increada y Su vida increada. Sin Cristo no hay teognosía o conocimiento de Dios. Por eso la Ortodoxia no se identifica con ninguna religión, es decir, con una intención de acercar posiciones entre la distancia con Dios. Antes que nosotros amemos a Dios, Él nos ama; “Él nos amó primero” (Jn 4,10). Qué vamos a ofrecer nosotros a Dios, ¡puesto qué él es “el que ofrece, el ofrecido y el transmitido”! (Divina Liturgia).

La Epístola a los Hebreos, el primer libro litúrgico de la Iglesia, manifiesta que con nuestra Fe los sacrificios helénicos y judaicos fueron superados y abolidos. El Dios crea y mantiene el mundo y lo sana y salva por agapi (amor, energía increada). “16 Porque tanto amó Dios al mundo, que le dio su unigénito Hijo, para que todo aquel que en él cree no perezca, sino que tenga vida eterna.

  1. Porque de tal manera Dios amó a los hombres del mundo hundido al pecado, hasta el punto de entregar, por muerte en la cruz, a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree tenga vida eterna y no sea autocondenado a la perdición eterna” (Jn 3,16).

A Dios-Padre le conocemos “en Cristo”, en la persona de Jesús Cristo. No hay otra posibilidad de teognosía que la gnosis empírica de Dios en Cristo. Para acordarnos de Heráclito, de la participación al Θεάνθρωπο (zeánzropo) Χριστός (jristós) Dios y hombre Cristo. Con la Divina Comunión o Eucaristía participamos a Cristo, de Su Cuerpo y Sangre. Así participamos de la energía increada común de la Santa Trinidad y si hay pureza e ilustración en el corazón llegamos a la iluminación y la Zéosis (glorificación o deificación). Por eso sólo en Cristo hay sanación y salvación: “porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos estar sanos y salvos” (Hec 4,12). No existe ningún otro que pueda sanarnos y salvarnos sino sólo Jesús Cristo. El Cristo es la única posibilidad de salvación, es decir, de Zéosis (o glorificación, deificación). Por eso el Cristianismo no es una religión simple (creada por los hombres), sino apocalíptica, revelación de Dios. Sin Cristo no hay Cristianismo, no hay sanación ni salvación. Si perdemos o suspendemos a Cristo y nos quedamos con una forma de religión abstracta, entonces practicamos a una religión pero no somos cristianos Ortodoxos. Ortodoxia significa capacidad y posibilidad de Zéosis (deificación)-salvación. En este punto encontramos el criterio para todos los diálogos inter-religiosos de nuestra época.

Para no cansaros más con teorías, cuando uno quiere vivir de cerca la Ortodoxia, que visite en los eptánisos (siete islas del mar jónico), a nuestros Santos Esperidón, Gerásimo y Dionisio que están sus reliquias enteras e incorruptibles que hacen milagros y allí entenderá Qué es la Ortodoxia. El Cristo se ha encarnado para con Su Jaris (gracia energía increada) convertirnos y hacernos “dioses por la jaris (gracia, energía increada)”; es decir, lo que Él es por Su naturaleza. Y esto uno lo adquiere en la Iglesia dentro, en el Cuerpo de Cristo y de la comunión en Cristo. Cuando el hombre entero vive en la Iglesia. Por eso psalmodiamos: “A nosotros mismos y nuestros prójimos y toda nuestra vida entreguémonos a Dios”. Entreguemos toda nuestra vida a nuestro Cristo Dios.

3) Y a continuación surge la relación especial Helenismo y Ortodoxia, y también la superación del Helenismo dentro de la Ortodoxia. La mayor institución de la helenicidad o identidad helénica, tanto en Atenas como en Esparta, era la Iglesia, es decir, la congregación Municipal o Ayuntamiento y el Laós-Pueblo. La asamblea del Laós (pueblo) era el poder supremo, no los gobernantes, ni sus axiomas. Los gobernantes y funcionarios eran siervos-diáconos de todo el cuerpo del laós-pueblo. Por eso políticamente hablamos de ministros, es decir, siervos, y eclesiásticamente hablamos de diáconos, también siervos. Si quieren saber, la palabra hebrea cajal (Yahvé) proviene del griego y significa sinagoga, congregación.

Y de la Iglesia del Municipio (o Ayuntamiento) pasamos a la Iglesia de Cristo. El término fue absolutamente aceptado, porque la Iglesia de Cristo nació y se organizó en el ambiente helenístico. En el mismo espíritu se mueven las dos dimensiones. De la Iglesia de Municipio o Ayuntamiento, que la razón principal era el quórum legal en la toma de decisiones, hemos pasado de forma natural y pausadamente a la Iglesia (congregación) del Cuerpo de Cristo, y que tiene validez sólo con la presencia espiritual de Cristo, es decir, espiritualmente y no jurídicamente. Donde y Cuando está el Cristo, allí también está la Iglesia (Mt 18, 20). La Divina Efjaristía es la culminación de la presencia de Cristo en Su Iglesia, por eso la Divina Liturgia es el centro absoluto de la vida de la Iglesia.

4. El encuentro Helenismo-Cristianismo empieza en Palestina el I siglo después de Cristo. Palestina se había helenizado plenamente, principalmente la parte norte, la Galilea de las Etnias era claramente helénica con muchas ciudades helénicas. El año 33 dC, después del Penetecostés, es sensible la presencia del elemento helénico en la vida de la Iglesia. Los nombres de los “Siete” que después fueron llamados diáconos (Hechos 18), son helénicos (Stefanos, Timón, Parmenás, Nicolaos, etc.), porque eran helenistas judíos (o de matrimonios mixtos helenos con hebreas y viceversa). El Apóstol Pablo era el mayor helenista del I siglo. Además, el Cristo como también Sus discípulos hablaba también helénico. Y esto se ve en el capítulo XII del Evangelio de San Juan, en el encuentro de Cristo con los Helenos, que quisieron verle. Entonces el Cristo dijo aquel famoso y asombroso: “¡Ha llegado la hora que el Hijo del Hombre sea glorificado y deificado!” (Jn 12,23). Es decir, llegó el momento para que sea apocaliptado (revelado) el Θεάνθρωπος (zeánzropos) Dios y hombre, (hijo del hombre, es decir, el Mesías que es calificado por el profeta Daniel como hombre).

Porque esta manifestación-apocálipsis (revelación) de la Deidad de Cristo, no es la Resurrección (un acontecimiento natural para el Dios y hombre), sino la Cruz, el padecimiento o pasión y muerte. ¿Pero cómo muere cuando es Dios? ¿Cómo se mortifica la autovida y la fuente de la vida? “¿Cómo muere la vida y habita en la tumba?”. Estos «cómo» contienen el Misterio del Θεάνθρωπος (seánzropos) Dios y hombre.

Los “Siete” de los Hechos encarnan también otra coincidencia entre Helenismo-Cristianismo. El concepto de la diaconía, sobre “liturgias” funciones en la vida pública hablaban también los antiguos Atenienses, como forma superior de ministerio y diaconía hacia el conjunto social. En la lengua eclesiástica cada obra que se refiere al conjunto del pueblo se llama diaconía. Primer diácono de nuestra Fe es nuestro Señor Jesús Cristo. Pero también en nuestra vida política aquel que diaconiza o sirve al laós-pueblo se llama υπουργός (ipurgós) ministro (υπό-έργον ipo-ergon bajo de o sub-obra), es decir, sirviente del pueblo. Nosotros los Helenos Ortodoxos no tenemos soberanos o notables y señores feudales. Una vez decía a una persona notable de nuestra política que me dio el honor de llamarme para una conversación pública: por ejemplo, el Domingo antes de la Divina Liturgia, el Presidente de la Nación y el Obispo deben embellecer la Santa Metrópolis y limpiarla para que sea liturgizado el Clero y el Laós-pueblo. En su suma expresión este logos muestra la esencia de la cosa.

Pero hablando en el lenguaje de Makrigianis (héroe heleno), nosotros muchas veces escogemos diáconos-sirvientes para que se conviertan en nuestros príncipes y tiranos. Pero es característico que en la celebración de bendición o santificación de la toma de posición de las funciones de los alcaldes o ministros, en la oración decimos para ellos: “Han venido para servir y no servirse…” Esta es la Heleno-Ortodoxia. Todo lo demás que vivimos y se hace son cosas de los papistas y los francos…

Pero literalmente, después del año 70, en la Iglesia de Cristo domina el elemento helénico; después de la destrucción de Jerusalén por el imperador Tito de Roma y la propagación de la población de Jerusalén. El Helenismo prevalece y domina ininterrumpidamente con la lengua, la educación y su celo. La unión Divino-humana de la Iglesia se reconoce como un cuerpo histórico. El elemento divino es el Cristo, la Ortodoxia encarnada y personal. El elemento humano es la identidad helénica liberada de los elementos míseros y temporales. Todos los elementos diacrónicos del Helenismo, como hemos visto, están incorporados en la Iglesia a través de sus santos Padres. El Helenismo fue conducido al “nuevo” hombre y la “nueva creación”, la en Cristo κοινωνία (kinonía) comunión, conexión, unión y sociedad. Ningún individualismo, ninguna oligarquía y ningún absolutismo de cualquier tipo, puede llamarse heleno-ortodoxia nunca. De la democracia de los helenos nos hemos conducido a la igualdad y mismo valor de todos al cuerpo de Cristo.

Las congregaciones del laós-pueblo de la Iglesia (fiestas, ferias) dan testimonio de esta verdad, y principalmente la auténtica ortodoxia de nuestro monaquismo cenobio (vida común), que salvaguarda “la en Cristo democracia”, que en la praxis se convierte en Cristocracia. Porque a donde reina el Cristo, allí co-reinan también los renacidos en Cristo hombres, constituyéndose dentro en este mundo ciudadanos de Su realeza increada celeste.

5) La unidad de los fieles del Cuerpo de Cristo tiene una cosa paradójica. Es internacional e interracial, pero sin destruir y suspender la agapi (amor) hacia la patria. Las Potencias de este mundo que nos conducen continuamente desde el nacionalismo al no nacionalismo y viceversa. El acoplamiento de la nacionalidad y la internacionalidad es el misterio de la Ortodoxia. Cuando liturgizamos o celebramos alrededor del Santo Altar ortodoxos de distintas nacionalidades, vivimos nuestra unión internacional en Cristo. Cada uno de nosotros salva su nacionalidad o patria, pero todos vivimos la en Cristo patria celeste.

El Ortodoxo jerarquiza la nacionalidad a la internacionalidad y la patria terrenal a la celeste, la patria eterna.

El gran Sócrates en su diálogo con Kritón dice: “Lo más honorífico, lo más sagrado y gustado para los dioses es la patria, para los hombres sensatos, incluso más que el padre, la madre y los antecesores”. San Gregorio el Teólogo, nuestro Padre más helenista y el nuevo Sócrates de la sabiduría, dirá en el siglo IV en su epístola 37: “Es sagrado que uno honre a su madre. Cada uno tiene su propia madre. Pero la madre común de todos es la patria”. Por lo tanto, el amor a la patria está reconocido helénica y cristianamente. Además, para nosotros los Heleno-ortodoxos es un concepto religioso-teológico. Porque el Dios ha puesto las fronteras o límites de las naciones, dentro de los cuales podemos realizarnos todos los hombres, cada uno en su nación y su patria (Hec 17, 26).

San Cosme de Etolia, este nuevo Pablo del Helenismo, codifica toda la enseñanza en relación y resulta: “Mi patria es terrenal, falsa y vana, es decir, como provisional de la tierra de Arta, del pueblo Apócuton de Euritania… Mi patria eterna está en los cielos”. Esto no es un logos antinacionalista y apátrida, sino que se jerarquiza la patria terrenal y provisional, puesto que “esperanzamos la resurrección de los muertos y la vida del siglo venidero” en la patria celeste y eterna. Así que en la patria terrenal aprendemos a vivir una continua elevación y movimiento hacia lo alto: “Hacia lo alto mantengamos nuestros corazones, ¡hacia la patria eterna!”

6) Todo esto lo vivimos con la continuación de la παιδεία (pedía) educación helénica dentro en nuestra Iglesia. Παιδεία (pedía) educación para el Helenismo, antiguo y cristiano, es educación, instrucción, estructuración, configuración y formación del hombre completo en verdadero hombre, es decir, en hombre divinizado, el Santo. No es simplemente una educación y reproducción de conocimientos, sino la cultivación interior del hombre, para poder incorporarse en la κοινωνία (kinonía) comunión, conexión y unión en Cristo, viviendo fraternalmente con todos sus otros semejantes. Y esto se hace con la victoria de la sociabilidad sobre la individualidad. Ahora no vivimos al YO sino al NOSOTROS, acostumbraba decir Makriyanis. «Ηis problem», aprende a decir el Americano. Pero el Heleno Ortodoxo aprende a decir: “El problema del otro es también mi problema”. Este es el resultado de la educación verdadera heleno-ortodoxa, que no es sólo asunto del colegio, sino también de la familia y de la sociedad. Heleno-ortodoxo es aquel que no puede comer cuando su prójimo de al lado pasa hambre. Este es el verdadero heleno o griego ortodoxo.

La educación del Heleno-ortodoxo, tal y como dice san Basilio el magno en su obra clásica “Hacia los jóvenes”, conduce a la preparación de otra vida, la vida en Cristo. Todos los demás aspectos de nuestra vida (matrimonio, carrera, etc.) se someten y cooperan a este propósito. La eternidad empieza desde este mundo y esta conduce la educación de nuestros jóvenes, cuando está de acuerdo y conforme con nuestra tradición heleno-ortodoxa. Nuestros santos son orgullosos por su origen heleno y la educación helénica. San Basilio el magno se jactaba ante los “arqueólatras, adoradores de la antigüedad” de que su madre Emelia descendía de Heráclides, de los Dorios. ¿Quién de nosotros puede presumir de algo así? Nuestros grandes Padres son sucesores de los antiguos grandes filósofos helenos. San Gregorio el Teólogo, san Gregorio de Nisis, los más helenistas de nuestros Padres también en la educación. San Focio el Magno, el gran Patriarca. San Eustacio de Tesalónica el gran Confesor. San Gregorio Palamás el Megadidáskalos, y tantos más. Puede que algunos por razones de suma ascética que desprecien la educación helénica, pero son reprendidos y controlados por los demás Padres. San Gregorio el Teólogo (IV siglo) controlando estas tendencias extremistas, observa: No despreciaremos la educación, porque así lo creen algunos: Los Ortodoxos fanáticos que dejen de ser Ortodoxos cuando son extremistas y fanáticos.

Así fue reconocida la educación helénica –las letras helénicas- en nuestra tradición santa y patrística. Cuando el imperador Juliano (361-363) prohibió a los cristianos que estudiaran en colegios helénicos, los jerarcas como san Gregorio el Teólogo, Nonos de Panopolis… empezaron a escribir poemas en el antiguo heleno para que estudiaran los hijos de los Helenos cristianos. Así daban la oportunidad de aprender la lengua de sus antepasados. El mismo san Gregorio el Teólogo cuando fue llamado por un tal Staguerita, quien era arqueólatra (adorador antiguo culto pagano), que presumía de su educación clásica, le respondió: “Si tú tienes la educación de Ática nosotros también la tenemos; nosotros también tenemos la educación helénica”.

La educación helénica libremente se convierte en kerigma en nuestros templos. Nuestro culto todo está escrito en esta lengua. Por eso no se debe cambiar el lenguaje de nuestro culto, (las traducciones sólo para nuestra ayuda). Los que insisten en el cambio de la lengua de nuestro culto actúan anti-nacionalmente, porque conducen a que sea perdida la lengua. La única posibilidad permanente y estable de que sea salvada nuestra lengua, la lengua diacrónica de nuestra Etnia. Nuestro culto es el arca permanente de nuestra lengua. Esto se ve especialmente hoy en día. Y esto se realizó en una decisión histórica que se tomó en el siglo 16º por nuestro Etnarca Patriarca Ecuménico. Entonces las propagandas occidentales religiosas utilizaban el lenguaje vulgar, y la cúpula de la Nación decidió: que la lengua del culto sea intocable, pero el kerigma se hiciera en el lenguaje del pueblo. Así se salvaguardó la lengua helénica en todas sus formas diacrónicas.

La Helenicidad o identidad helénica cocamina con la Ortodoxia y es salvada dentro en la Ortodoxia. Esto se confiesa por los Grandes hombres de nuestra Etnia. “Cuando tomamos las armas, dijimos primero por la fe y después por la patria”, decía el gran héroe Kolokotronis. “Patria y Fe”, decía Makriyanis. Y el filósofo Francés Lecarieur en una entrevista el año 1998 decía: “El Heleno siente la Ortodoxia como su casa”.

7) Pero nuestro mundo actual crea dos grandes peligros y amenazas para la continuación de la unidad del Helenismo y de la Ortodoxia. La primera amenaza viene del pasado. Es el nuevo paganismo o nueva idolatría. Tal como comprobamos, y esto lo digo como investigador especialista, la mayoría de los movimientos-grupos de este tipo se mueven por centros que están en el extranjero. Los grupos nuevo-paganos intentan de cualquier manera a volver y hacer como religión oficial en nuestro país a los doce dioses del Olimpo; pero regados del apocrifismo occidental y que no provienen de un movimiento nostálgico de los Nuevos-helenos a la religión antigua de nuestros antepasados, sino de intentos organizados de Suecia, Francia, Italia… para la descomposición y la disolución de la unidad de nuestra Etnia (nacionalidad).

En nuestra tierra se mueven paralelamente más o menos 450 organizaciones parareligiosas o mejor dicho, cultos catastróficos, como se llaman en Europa. Son sectas hinduistas y budistas, pero en realidad son grupos apócrifos que provienen de Estados Unidos de América que descontroladamente hacen y deshacen a su antojo en Europa y en Grecia. Así desgraciadamente nuestro país se ha convertido en un campo sin vallas. Se mueven totalmente sin control alguno, puesto que los servicios secretos hace unos años casi están disueltos y nadie controla estos grupos desastrosos, para que sean percibidas y conocidas sus actividades anti-helénicas.

Los movimientos neo-paganos quieren volvernos al año 146 antes de Cristo, como si no hubiésemos continuado nuestra presencia histórica. A pesar de esto el año 1821 demostramos que todos estos siglos hemos sido grandes con el imperio Heleno-Bizantino (Románia, con capital Konstantinopla, la Nueva Roma) y lo Metabizantino en los brazos de la Iglesia gobernada por el enthnarca Patriarca. (Etnharca se llama el Patriarca que solamente dirige la nación o etnia cuando está esclavizada o dominada por un enemigo exterior, puesto que no se pueden ejercer los poderes políticos). Lo más precioso que tenía el Helenismo ha sido salvado en la Iglesia. El vivificante logos helénico, incluso hasta hoy en día, se encuentra en la lengua de nuestro culto, en los himnos de la Iglesia donde se salvaguarda diacrónicamente el logos helénico desde Omero hasta hoy en día. Mientras exista la Ortodoxia, será salvaguardado nuestro tesoro, nuestra cultura y civilización. Fuera de la Ortodoxia estas dimensiones o magnitudes se pierden.

El segundo peligro conecta con el futuro. La Nueva era (New Age) que apareció militar y políticamente como Nueva Era, con la caída de llamado socialismo existencial y la Guerra del Golfo Pérsico, o la “Guerra de los Golfos y del gran truco, engaño”, como yo la califico. La Nueva Era impone la globalización. No se trata de una internacionalidad, sino de una globalización, es decir, para la imposición de un plan y forma de gobernar en el planeta, que no se mueve solamente en la economía, sino también en la cultura, porque todo esto va junto. Los Heleno-Ortodoxos nos hemos acostumbrado a vivir en combinaciones de sociedades multiculturales (distintas religiones, distintas lenguas y distintas culturas). Pero todo esto no es un flujo natural de la historia sin forzarla y del camino de la sociedad; en cambio ahora nos incorporamos a unos marcos que se construyen y se imponen por un centro internacional, “la metrópolis católica o universal”, que diría el memorable historiador Kostantino Moskof. No se trata de una Ecumenidad y una universalidad de Alejandro Magno o del Apóstol Pablo, sino de una invención y creación de los arquitectos (masones) históricos de la Nueva Era. El Cristo declaró: “Y será un rebaño y un pastor” (Jn 10,16), dando a entender la Iglesia como Cuerpo suyo. Pero la pregunta es: ¿Un rebaño, pero bajo quién Pastor?

La globalización cultural y la sociedad multicultural en esencia es como hacer un puré, pisoteando las naciones y las culturas, para la disolución de todos nosotros por el insaciable omnívoro embudo de la Superpotencia Mundial, que todos sabemos por quienes está dirigida. Esto se hace con el holismo y la holística de la Nueva Era. Holismo y holística* significan: anulación de toda particularidad (nacional, religiosa…) y aplastamiento de todo, para el desarrollo y dirección de todos en unos principios y autoridades claramente de la Nueva Era, que crean hombres y una conciencia planetaria, que voluntariamente serán sometidos en la dominación despreciativa y degradada del Gran Hermano. La propagación de programas televisivos Big Brother (gran hermano) y ΒAR en muchos países a este objetivo sirve. Como tampoco se puede considerar como inocente el movimiento de imposición legal de la lengua Inglesa como nuestra lengua oficial. Para que al final quede solamente nuestro consentimiento. Una cosa es que uno conozca muchos idiomas y otra cosa es que uno subestime una lengua que es la raíz de la cultura europea y el cimiento de la cultura y la civilización universal. *Holismo y holística: Doctrina que propugna la concepción de cada realidad como un todo distinto de la suma de las partes que lo componen.

Cuando estuve en América esto decía a científicos helenos y al pueblo: Por qué tenemos que subestimar y sacrificar nuestra cultura y civilización que miles de años ilumina al mundo y es aceptada como salvación por los no Helenos. Con nuestra cultura y civilización –antigua y heleno-ortodoxa- nos convertimos en benefactores de la humanidad. Y esto es nuestro rol histórico. Porque es la cultura y la civilización que sana y salva los valores de la persona, la personalidad y la sociedad, con la incorporación armoniosa del hombre a la sociedad. Es el problema de “Parmenides” de Platón: la relación de uno con los muchos, que encontró su solución histórica al Cuerpo de Cristo, la Iglesia.

El profesor de Harvard y consejero del presidente de los Estados Unidos A. Erzioni escribió hace unos años que, para superar los distintos sistemas sociopolíticos arruinados, necesitamos la forma social de existencia, el municipio. Y me pregunto: ¡nuestros presidentes y ministros cuando visitan al presidente americano, han pensado alguna vez decirle que lo que buscan sus consejeros es la experiencia helénica de miles de años! O no se ocupan de cosas de este tipo, sino que se sienten parientes pobres ante el planetarca de cada tiempo. Decía san Basilio el magno, el organizador de la vida monástica cenovia (vida común), que lo “común” de los Helenos continúa en la Ortodoxia; nuestras comunidades, que se están basando al monaquismo ortodoxo, son el eterno modelo heleno-ortodoxo social; al que se apoyó nuestro imperio Bizantino y al cual debemos seguir su continuación histórica.

La Nueva Era es calificada por sus pensadores como la época o era del Acuario. Esto significa que el Acuario, es decir, el Diablo expulsa al Ιχθύs (ijzís) que es el Cristo. Vemos, pues, qué profundidad toma la cosa. La era cristiana debe entregar las armas al Acuario, al Anticristo que reclama el liderazgo y poder de todo el mundo.

8) Me preguntaréis: ¿Cuál es nuestra defensa y armadura? Os contestaré no como sacerdote sino como un investigador historiador de cuarenta años. El arca estable de nuestra cultura y civilización con todos sus componentes es nuestro cuerpo eclesiástico. Esto lo comprobamos en el espacio del Helenismo ecuménico (EUA, Australia, etc.), donde los ritmos de alteración son más rápidos. Allí el Helenismo se salva literalmente dentro en la Iglesia. Allí se salvaguarda nuestra conciencia nacional y nuestra lengua. Por eso combaten y guerrean tanto contra la Iglesia Ortodoxa. Aquí se intenta fomentar la anulación de la asignatura de nuestra religión ortodoxa y ya han conseguido quitar la ortodoxia del carnet de identidad. Esto se intenta hacer para que se desconecte totalmente el Helenismo de la Ortodoxia en todos los estamentos de nuestra vida nacional. Esta es la razón por la que lucharemos y resistiremos hasta la muerte. La “Escuela Secreta” fue un cuidado informal de la Iglesia en enseñar la lengua y nuestra historia a los hijos de los helenos esclavizados por los turcos durante el imperio otomano. Así nos hemos salvado con toda nuestra existencia histórica. Durante nuestra renombrada esclavitud si no tuviéramos el arca de Iglesia acabaríamos todos esclavos de los turcos o de los francos.

La Iglesia ha salvado nuestra forma de existencia, nuestra cultura y civilización y nuestra moral y ética. La Divina Liturgia es la fuente de nuestra cultura y civilización; “mantengamos bien firmes nuestros corazones hacia lo alto” y “amémonos los unos a los otros”. Esta “cruz” es nuestra civilización y cultura. Sin el “corazón limpio e ilustrado” no podemos acercarnos a Dios. Estas cosas vivimos en nuestra Divina Liturgia, esta conducta moral y ética, este tipo de carácter produce nuestra Iglesia en nuestras vidas. Dentro en esta arca salvaguardemos a nuestra identidad Heleno-Ortodoxa. Por eso la cuestión del carnet de identidad eliminando la religión ortodoxa no sólo es que se elimine la ortodoxia, sino pronto eliminarán también la nacionalidad, pero el PORQUE se elimina esto ahora lo sabemos.

Protopresbítero Gheorghios Metalinós, catedrático de la Universidad de Atenas.

¡El helenismo se cristianizó y no se helenizó el cristianismo como quieren decirnos algunos occidentales!

Traducción de xX.jJ

I Epístola a los Corintios 12, 13, 14

 

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I Epístola a los Corintios 12. 13. 14

(Traducción hecha del original en griego clásico)

12.- Los dones del Espíritu

1 Con relación a los dones espirituales, hermanos, no quiero que lo ignoréis.

2 Sabéis que cuando erais gentiles, paganos, estabais arrastrados y empujados a los ídolos inanimados y mudos.

3 Por tanto, os hago saber que nadie que hable movido por el Espíritu de Dios llama anatema (o maldice) a Jesús; y nadie puede llamar y confesar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo (inspirado por y con Su energía increada jaris-gracia).

4 Ciertamente, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo.

5 Y hay diversidad de ministerios y actividades, pero el Señor es el mismo.

6 Y hay diversidad de operaciones y energías increadas, pero el mismo Dios opera y energiza en todos y reparte todas estas cosas.

7 Pero en cada uno el Espíritu se manifiesta (dando estos carismas mediante la luz y la energía increada) para el bien espiritual común.

8 Porque a éste es dada por el Espíritu logos de sabiduría; a otro, logos de gnosis-conocimiento según el mismo Espíritu;

8 Porque el Espíritu da a uno la sabiduría divina para entender profundamente y enseñar con certeza y claridad las altísimas verdades de la fe; a otro, la capacidad de explicar y transmitir la sanadora y salvífica gnosis increada-conocimiento divino; según el mismo Espíritu;

9 a otro, fe viva para hacer milagros, por el mismo Espíritu; y a otro, carisma de sanaciones, curaciones por el mismo Espíritu;

10 a otro, la potencia de las energías increadas para hacer obras sobrenaturales; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus (y discernir los falsos de los verdaderos profetas o teólogos y hombres espirituales); a otro, el carisma de hablar diversas lenguas; y a otro, el carisma de interpretar lo que se dice en distintas lenguas.

11 Pero todo esto, son energías increadas del mismo y único Espíritu el que actúa, donando sus dones pequeños y grandes a cada uno en particular como él quiere.

12 Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también el Cristo (junto con todos los fieles, indistintamente los carismas que tengan, constituye un cuerpo espiritual).

13 Porque todos hemos sido bautizados en un solo Espíritu para formar un solo Cuerpo, sean judíos o helenos, sean esclavos o libres y de un mismo Espíritu todos hemos bebido (el agua viva, que es la energía increada jaris dentro a la Iglesia).

14 Además el cuerpo no se compone de un solo miembro sino de muchos.

15 Si el pie dijera: «Como no soy mano, no formo parte del cuerpo», ¿acaso por eso no seguiría siendo parte del cuerpo?

16 Y si el oído dijera: «Ya que no soy ojo, no formo parte del cuerpo», ¿acaso dejaría de pertenecer al cuerpo?

17 Si todo el cuerpo fuese ojo, ¿dónde estaría el oído? Si todo fuese oído, ¿dónde estaría el olfato?

18 Pero el Dios ha colocado a cada uno de los miembros en el cuerpo, como él quiso.

19 Porque si todos fueran un solo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo?

20 Ahora son muchos los miembros, pero el cuerpo es uno solo.

21 Ni el ojo puede decir a la mano: No te necesito, ni tampoco la cabeza a los pies: No tengo necesidad de vosotros.

22 Antes bien los miembros del cuerpo que parecen más débiles, son los más necesarios;

23 y a aquellos del cuerpo que nos parecen menos dignos, a éstos vestimos más dignamente; Así nuestros miembros menos dignos son tratados con mayor respeto y con más decoro.

24 Porque los que en nosotros son más decorosos, no tienen necesidad; pero el Dios ordenó armónicamente el cuerpo, dando mayor honor a los miembros que más lo necesitan,

25 para que no haya desavenencia en el cuerpo, sino que los miembros todos se preocupen los unos por los otros.

26 De manera que si un miembro padece, todos los miembros padecen con él, y si un miembro es glorificado, todos los miembros gozan con él y participan de su alegría.

27 Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular; 28 y así los puso el Dios en la Iglesia, en primer lugar apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros, luego los que hacen milagros, después los que sanan, los que ayudan a los necesitados, los que administran y los que tienen el don de lenguas (cada uno según su capacidad ha recibido su carisma y su sitio de Dios).

29 ¿Acaso son todos apóstoles? ¿son todos profetas? ¿todos maestros? ¿hacen todos milagros?

30 ¿Tienen todos dones de sanidad? ¿Todos tienen el don de lenguas o el don de interpretarlas?

31 Procurad, pues, los dones mejores. Pero yo os muestro un camino más excelente todavía, el camino de la agapi. (agapi-amor divino y energía increada).

 

13. Canto a la agapi increada, amor divino y desinteresado

1 Aunque hable las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo agapi-amor no soy más que una campana que suena o como unos platillos o címbalos resonantes.

2 Aunque tenga el don de profecía y conozca todos los misterios y las voluntades de Dios y toda la ciencia, y aunque tenga tanta fe que traslade las montañas, si no tengo agapi-amor, no soy nada.

3 Aunque reparta todos mis bienes entre los pobres, y entregue mi cuerpo a las llamas para gloriarme, sino tengo agapi-amor, de nada me sirve.

4 La agapi-amor aleja la ira, es magnánima, paciente, tolerante; la agapi no tiene envidia, no es presumida, ni se infla de orgullo y prepotencia,

5 no hace nada feo e indebido, no es grosera ni egoísta y no busca sus intereses, no piensa mal para su prójimo, ni se irrita, no toma en cuenta el mal del otro;

6 La agapi-amor no se alegra por la injusticia; se alegra y goza cuando domina la verdad,

7 todo lo disimula, sufre y aguanta, todo lo cree, todo lo espera, todo lo tolera.

8 La agapi-amor jamás decae y nunca falla; Pero, las profecías que hay ahora como dones del Espíritu Santo desaparecerán, las lenguas cesarán y las gnosis, conocimientos caducarán.

9 Todo esto en la vida futura quedará abolido, porque parcialmente conocemos y profetizamos.

10 Cuando vega lo perfecto, entonces desaparecerá lo parcial e imperfecto.

11 Esto que os escribo, lo comprenderéis con el siguiente ejemplo: Cuando yo era niño pensaba, razonaba y hablaba como un niño. Cuando llegué a ser hombre, se despojaron y desaparecieron las cosas de niño, las niñerías.

12 Porque ahora vemos confusamente como en un espejo de manera que quedan muchos enigmas e interrogantes que no podemos explicar. Entonces veremos y será claramente cara a cara, (en persona a Persona o hipóstasis a Hipóstasis). Ahora conozco parcialmente la verdad, pero entonces tendré perfecta la gnosis, tan perfecta como cuando fui reconocido por Dios (como apóstol).

13 Esto se hará en el futuro. Ahora hay tres cosas que permanecen: la fe, la esperanza y la agapi. Pero la más grande de ellas es la agapi (energía divina increada y amor desinteresado).

 

14.1-25 Profecía y glosolaliá (clamar o hablar en lengua)

1 Buscad la agapi-amor; y procurad los dones espirituales, pero sobre todo que profeticéis o teologizéis, (es decir, la inspiración, por la energía increada jaris, del carisma de profecía o teología para enseñar a los creyentes).

2 Porque el que clama-habla en lengua no habla-clama a los hombres, sino a Dios; pues nadie le entiende, aunque por el Espíritu habla misterios, (es decir, su psique iluminada está dirigida por la energía increada del Espíritu Santo y habla verdades místicas o logos inefables).

  1. Pero el que profetiza (teologiza) habla a los hombres para edificación, exhortación y consolación.
  2. El que habla-clama en lengua, (por supuesto que siente la energía increada del Espíritu Santo que le inspira e ilumina) y se edifica a sí mismo; pero el que profetiza (teologiza), enseña y edifica a toda la congregación de los fieles de la Iglesia.

5 Así que, quisiera que todos vosotros hablaseis en lenguas, pero más que profetizaseis; porque mayor es el que profetiza (teologiza) que el que habla en lenguas, a no ser que el mismo las interprete y explique para que la iglesia, los creyentes, reciban edificación espiritual.

6 Ahora pues, hermanos, si yo voy a vosotros hablando en lenguas, ¿qué os aprovechará, si no os hablare con apocálipsis (revelación de Dios), o con gnosis (conocimiento), o con profecía (teología), o con enseñanza?

  1. Así sucede con los instrumentos de música inanimados, como la flauta o la guitarra; si no dan distintamente los sonidos, ¿cómo se conocerá lo que se toca con la flauta o con la guitarra?

8 Y si la trompeta de guerra diere sonido confuso, ¿quién se preparará para la batalla?

9 Así también vosotros, si por la lengua no diereis logos bien comprensible, ¿cómo se entenderá lo que decís? Es como si hablarais al viento.

10 Tantas clases de idiomas hay, seguramente, en el mundo, y ninguno de ellos carece de significado.

  1. Pero si yo desconozco el valor del lenguaje seré un bárbaro, como extranjero para el que me habla; y el que me habla, un bárbaro ο como extranjero para mí.

12 Así también vosotros, pues que anheláis dones espirituales, pedid que os los de en abundancia para edificación y crecimiento espiritual de la iglesia, los fieles.

13 Por lo cual, el que habla o clama en lengua, pida en oración poder interpretarla.

  1. Porque si oro con el carisma de lengua, ora mi espíritu (nus o espíritu del corazón de la psique que se encuentran bajo la jaris la energía increada del E. Santo), pero mi mente o intelecto queda sin fruto (porque no puede conceptuar, intelectualizar y ofrecer beneficio espiritual a los demás).
  2. Entonces, ¿qué hacer? Oraré con el carisma en espíritu, pero oraré también con la mente-intelecto (entendiendo y explicando lo dicho). Cantaré salmos con el carisma en espíritu, pero también los cantaré con la mente o intelecto.
  3. Porque si con el carisma de lenguas glorificas a Dios ¿cómo dirá «amén» a tu acción de gracias el que ocupa el lugar del particular o simple oyente no iniciado, puesto que no sabe lo que has dicho?

17 Porque tú, bien das gracias y glorificas a Dios; pero el otro no está edificado espiritualmente.

  1. Doy gracias a Dios porque me ha dado el carisma y hablo en lenguas más que todos vosotros;

19 pero en la iglesia prefiero hablar cinco palabras con mi entendimiento, para enseñar también a otros, que diez mil palabras en lengua desconocida.

20 Hermanos, no seáis niños en el modo de pensar, sino sed niños en la malicia, pero maduros en el modo de pensar.

21 En la ley del A. Testamento está escrito: En otras lenguas y con otros labios hablaré a este pueblo; y ni aun así me escucharán, dice el Señor.

22 Así que, las lenguas sirven de señal sobrenatural, no a los creyentes, sino a los incrédulos (para que vuelvan en la fe); pero la profecía (teología), no a los incrédulos, sino a los creyentes (para que espiritualmente sean edificados e iluminados).

23 Si, pues, toda la iglesia se reúne en un solo lugar, y todos hablan en lenguas, y entran particulares ignorantes (que no saben que son los carismas) o incrédulos, ¿no dirán que estáis locos?

24 Pero si todos profetizan (teologizan), y entra algún incrédulo o algún particular ignorante, por todos es investigado y examinado en su interior;

25 y así lo oculto de su corazón se hace manifiesto; así, postrándose sobre el rostro, adorará a Dios, declarando en público que el Dios verdaderamente está entre vosotros.

 

26-40 Cánones prácticos para el buen uso de los carismas

26 Por lo tanto hermanos, cuando os reunís, cada uno de vosotros tenga salmo, tenga enseñanza, tenga lengua, tenga apocálipsis-revelación, tenga interpretación, hágase todos estos carismas (inspirados por el Espíritu Santo) para edificación e iluminación espiritual de los fieles.

27 Si habla alguno en lengua, sea esto por dos, o a lo más tres, y por turno y uno interprete.

28 Si no hay quien interprete, calle en la iglesia, y hable consigo mismo y con Dios.

  1. En cuanto a los profetas (teólogos), hablen dos o tres, y los demás juzguen si es un profeta o un falso profeta.
  2. Si algún otro que está sentado tiene una apocálipsis-revelación, cállese el primero.
  3. Pues podéis profetizar (teologizar) todos por turno para que todos aprendan y sean exhortados y consolados.
  4. Los espíritus de los profetas (teólogos) o los carismas de las profecías están sometidos a los profetas-teólogos, así pueden hablar o callar cuando lo quieran;

33 pues el Dios no es Dios de confusión, sino de paz.

34 Como en todas las iglesias de los santos, vuestras mujeres callen en las congregaciones; porque no les es permitido hablar, sino que estén sumisas, como también la ley lo dice.

35 Y si quieren aprender algo, pregunten en casa a sus maridos; porque es indecoroso que una mujer hable en la congregación.

36 ¿Acaso ha salido de vosotros el logos de Dios, o sólo a vosotros ha llegado?

37 Si alguno se cree profeta (teólogo), o guía espiritual, reconozca que lo que os escribo son mandamientos del Señor.

38 Pero si persiste en ignorarlos, pues, que permanezca en su ignorancia por la que dará cuentas.

  1. Por tanto, hermanos, aspirad al don de la profecía (teología), y no estorbéis que se hable en lenguas.

40 pero hágase todo decentemente y con orden.

Traducido por: χΧ jJ 

La áskisis según la Santa Escritura

 

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La áskisis según la Santa Escritura

Ἄσκησις: Áskisis o ascesis, ejercicio, práctica, entrenamiento, en la terminología cristiana Ortodoxa, se llama el combate, la lucha interior continua del hombre y el método que usa para adquirir el dominio de lo espiritual sobre lo material por corresponder a la llamada de Cristo para entrar en Su Realeza  (San Marcos 8,34). «La realeza de los cielos se fuerza y los que lo fuerzan lo arrebatan, Mateo 11,12». Esto se consigue con la áskisis, el esfuerzo del hombre en aplicar y cumplir los mandamientos de Cristo y de esta forma sanarse, pasando por las tres etapas de su vida espiritual: la Katarsis del corazón, la Iluminación del nus y la Zéosis por la increada energía Jaris. La áskisis es tarea de toda la vida, pero termina «en el descanso de la apácia (sin pasiones, apegos)» según San Teódoros (Filοkalía). Los 5 sentidos de la áskisis según San Nikitas Stizatos (Filokalía) son: el vigilante o atento, el estudio, la oración, la contención o autodominio y la hisijía (serenidad interior, calma, tranquilidad). Aquél que conectó sus sentidos con ellos, la vista con la vigilancia, el oído con el estudio, el olor con la oración, el sabor con el autodominio, contención y el tacto con la hisijía, rápidamente catartiza  el nus de su psique y debido a que con ellas lo afina, lo convierte en nus con apácia, perspicaz y clarividente.

La agapi (amor) atemporal del Todosanto Dios hacia el hombre, que se manifestó tan magnánimamente después de la creación del hombre en el tiempo, constituye una continua invitación del Creador hacia la criatura para que corresponda a ese Agapi (Amor) con su propio agapi (amor).

  Sabido es que Adán se creó ákakos (sin maldad) e inocente y en el Paraíso del gozo de los bienes materiales y espirituales ya estaba en comunión, conexión con Dios; pero dependía de sí mismo el sumergirse más profundamente cada día en el océano de la divina agapi y su disposición agapítica (amorosa) que desde el principio le había implantado el Creador en su corazón, para que el hombre se desarrollara diariamente en agapi (amor) y divino eros, que es cualitativamente superior, hasta conseguir su plena, perfecta, bienaventurada y feliz unión con la Todasanta Trinidad, y así se constituyera en zeántropos (dios-hombre) por la Jaris (la increada energía).

   Desde luego el Señor (Señor) plantó en el Paraíso el árbol del conocimiento del bien y del mal y le pidió al hombre que no saboreara de su fruto. Entonces le sería posible al hombre, obedeciendo a la divina voluntad y ejercitándose en la áskisis haciendo buen uso de su libertad, ir ganando el camino de la zéosis. La sinergia, colaboración, cooperacióon era indispensable aún en las distintas casas del Paraíso. La áskisis de Adán a la obediencia, fiel aplicación de la divina voluntad del Señor, era el camino y el medio para la plena y perfecta enarmonización de su voluntad con la voluntad de Dios Padre, de manera que Adán correspondiera plenamente a la divina agapi (amor).

   Todos conocemos donde concluiría sí Adán cumpliera el cannon de la obediencia por la áskisis. Metamorfoseándose de belleza en belleza, de  dínamis-potencia en dínamis, de doxa-gloria en doxa, llegaría a la zéosis con el resultado de la impecabilidad y la inmortalidad.

   Lloramos hoy por el pecado de Adán, que tiene consecuencias para todos nosotros. La desobediencia anuló la zéosis que se conseguiría por la áskisis y el apóstata, el hombre desertor, mientras rompió los lazos con la primera Iglesia, es decir, la comunión del Dios Trino con los ángeles y los primercreados, Dios le apartó de esta comunión y empezó a saborear los amargos frutos del árbol de la desobediencia.

  Sin embargo, la oscuridad de su exilio no le dejó impermeable al reflejo de la agapi (amor) de su Padre, que no cesó de llamarle e invitarle con miríadas de formas y maneras para su regreso. El Padre Celeste, como buen pedagogo, usó todos los medios (promesas, amenazas, la ley mosaica, profetas) para el regreso de Su pueblo y mediante él, el mundo entero.

  No obstante, ¡qué difícil es para el hombre después de la caída, negar y olvidarse de su propia voluntad y adoptar la voluntad de Dios! El hombre, como imagen de Dios se oscureció, su fisis (naturaleza) se ha enfermado, el nus se oscureció, la voluntad se volvió débil e indecisa con tendencia más bien hacia al mal que al bien.

   La áskisis ahora es particularmente necesaria para vencer las debilidades, para la catarsis de los oscuros pazos, para el fortalecimiento de la voluntad hacia el bien, para la adquisición de las virtudes y para la aplicación de la divina voluntad. Antes de la caída, la áskisis parecía como un esfuerzo para el cultivo de una tierra fértil. Ahora la áskisis parece como el esfuerzo para el cultivo de una tierra desierta, impenetrable, árida y seca, llena de cizañas y pinchos. Pero cuanto más difícil y dura es la áskisis tanta más necesaria es.

   En el Antiguo Testamento vemos que Dios llama a su pueblo a la metania (arrepentimiento, giro del nus hacia su interior). Le da la Ley; pero la metania y el cumplimiento de la Ley exigen áskisis. El contenido de la áskisis no es sólo el cumplimiento del decálogo, sino de muchos otros rituales, órdenes, ayunos, catarsis variadas, festividades. Mediante estos se pretende una cosa: la áskisis del hombre es que se haga la voluntad de Dios en los grandes y en los pequeños asuntos de su vida diaria. Cuando los ayunos acaban siendo el cumplimiento de una forma exterior, sin la renovación interior y la metania, se escucharán los duros reproches de los Profetas, los cuales censuran no sólo los ayunos sino también la crueldad, la injusticia y la hipocresía de los que hacen ostentación del ayuno. “ Dice el Señor: Yo no escogí este tipo de ayuno, sino que cuando me refiero al ayuno, quiero decir lo siguiente: que disuelvas toda unión con la injusticia, como también disolver los lazos que os estrangulan que os ponen aquellos con que os relacionáis, perdonar a los que han caído en el pecado de la desesperación, y romper y destruir cualquier escrito injusto, que repartas a los pobres de tu pan y comida, que acojas en tu casa a aquellos que no tiene un techo. Si ves a alguien que no tiene ropa, dale ropa para que se vista”.  Isaías Cáp. 58, 6-8 Pág.66+++”

  El eslabón, la anilla de conexión, de unión del Antiguo y Nuevo Testamento, San Juan el Bautista, principalmente es por excelencia un Askitís (asceta). Igual la Profetisa Ana: “no abandonaba el templo de día, ni de noche”   (Luc, 2,37). Ambos se hicieron merecedores de recibir el Espíritu Santo y reconocer al Mesías.

  ¿Qué significado podrían tener los cuarenta días de ayuno del Salvador en el desierto? ¿Acaso no es un aspecto de su extrema filantropía y de la humildad de nuestro Señor que quería dejarnos como ejemplo? “Porque el Señor ayunó 40 días, hizo obediencia a Dios para cumplir el ayuno que no hizo el primer Adán; los Santos Apóstoles determinaron que la cuaresma de ayuno antes de la pascua fuera de 40 días en honor al Señor, que ayunó 40 días en el desierto. Este ayuno no lo hizo Adán, y así perdió la incorruptibilidad, guardando nosotros esta incorruptibilidad que la disfrutaremos mediante el ayuno “ (Del Sinaxario del Domingo del Queso)

  El mismo Señor nos hablará de la puerta estrecha,  del camino torcido, por el verdadero ayuno, de la necesidad de forzarse el creyente a sí mismo gracias a la Realeza de Dios, como también de la necesidad de lucha intensiva. Todo esto constituye la quinta esencia de la áskisis, sin la cual a nuestra reaccionaria fisis-naturaleza no le es posible metamorfosearse transformarse por la increada energía Jaris.

  Además, el Señor con la totalidad de Su vida  (perfecto agapi-amor, pobreza, ayuno, contención, oración, obediencia) nos especificó el tipo del nuevo hombre como ascético.

  El ejemplo ascético del Señor lo siguieron los Santos Apóstoles y desde luego el asceta por excelencia, San Pablo, el cual no sólo se retiró al desierto de Arabia para áskisis, sino que sentía la fuerte necesidad de áskisis en toda su vida esforzándose, y esclavizó su cuerpo a la psique para que no pareciera un aprendiz (1ªCor. 9, 27).

Condiciones de la ortodoxa áskisis

Hemos hablado ya sobre la necesidad de la áskisis en relación a la identificación de la voluntad humana con la santa voluntad de Dios. Pero a pesar de esto, la enfermiza fisis naturaleza del hombre puede ser capaz de tergiversar y pervertir incluso nuestra necesaria, sanadora y salvadora áskisis y usarla como medio de perdición para el hombre que la ejercita. Es pues necesario examinar a continuación las condiciones de la verdadera y auténtica áskisis, tal como quiere la misma Tradición Ortodoxa, de manera que no exista el peligro de falsificación y fraude.

1º La áskisis no es el fin o la finalidad, sino el medio. El propósito y finalidad de la áskisis es siempre la unión del creyente askitís (asceta) con la Santa Trinidad en Cristo y desde luego dentro del Cuerpo de Cristo, la Iglesia. La áskisis constituye el camino hacia la unión zeantrópina (divino-humana). Es fácil para el practicante olvidarse del porque hace la áskisis y tomar el medio como fin. Entonces, su sanación y salvación dependerá de sus buenas obras y no de la increada energía Jaris de Dios. El resultado será su autojustícia (autoabsolución, tener derecho por uno mismo) o en eticísmo, moralismo-judicialismo, derecho de leyes mundanas que finalmente conduce al fariseísmo (cristianismo burgués o a la carta). ¿Además, en que beneficia que el hombre sepa unos principios morales o incluso que se haya hecho la catarsis, purficación de sus pazos sin llenarse plenamente con el Espíritu Santo? Se parecerá a un envase, que es bonito y limpio y a la vez vacío de la valiosa mirra del Espíritu Santo. Esto ocurre con todos los moralistas, todos los Estoicos y todos aquellos que hacen ayuno, contención y áskisis sin Cristo o usamos el nombre de Cristo para que parezcamos virtuosos.

   El Señor expuso categóricamente este asunto al principio de Su kerigma, y desde luego en la sexta bienaventuranza: “bienaventurados los καθαροί (kazarí, purgados, limpiados) de corazón, porque ellos verán a Dios” (Mat.5,8 -kazarí, aquellos que con la áskisis catartizaron, limpiaron su corazón de los pazos). Por la áskisis el hombre se purifica, para ser capaz de ver, conectar, comunicarse, comulgar y unirse con Dios.

 Desde entonces, todos los santos didáscalos de la Iglesia fomentaron su vida espiritual y su obra pastoral en esta misma línea.

  Es característica la enseñanza de San Diadoco de Fótica: “El ayuno tiene como jactancia a si mismo, pero no hacia  Dios. Porque el ayuno es el instrumento  que regula a los que quieren ayunar y los conduce a la σωφροσύνη (sofrosini,  moderación y prudencia, sanos frenos nus y diania-menteintelecto). No debemos tener una actitud orgullosa por nuestra áskisis, es decir, los luchadores de la vida espiritual no deben tener ni orgullo ni altanería, sino que deben aceptar el ayuno con fe en Dios, que es nuestra finalidad en la vida, es decir, la unión con Él. (Filocalía, tomo 1º, logos askítico 47). Lo mismo nos enseña San Simeón el Nuevo Teólogo.

  Esta enseñanza la entregó también el starets San Serafín de Sarov en el siglo XIX. A la pregunta de su discípulo Motovílov sobre la finalidad de la vida cristiana, San Serafín contestó que el propósito o finalidad de la vida en Cristo es que el creyente reciba y adquiera el Espíritu Santo. Desde luego, después de la oración del Santo, los dos fueron merecedores de vivir la presencia del Espíritu Santo, metamorfoseados dentro de la increada luz de Dios. Según San Serafín, las buenas obras son el medio para obtener la adquisición del Espíritu Santo.

  En este suceso vemos que los que se ejercitan hacen la áskisis en Cristo, se convierten y se hacen dignos ya en esta vida de recibir una inmediata y personal experiencia de Dios según su grado de καθαρότης (kazarotis, claridad, limpieza y pureza), que a la vez es un regalo, una gratificante donación de Cristo. Dios no permanece en ellos como algo exterior, lo otro, lo ajeno, el extranjero, sino que se convierte en accesible, sociable, comulgativo, participativo y abordable (percibido y sentido por los ojos y los sentidos de la psique el nus, el corazón y la diania). La medida de la energía de la áskisis da también la medida de la energía de la experiencia de Dios. Χαρά (Jará, alegría) interior, sentimientos de inexpresable agapi-amor hacia Dios, lágrimas de recogimiento, anonadamiento, momentos de resplandor del nus y la visión de la increada luz, constituyen distintas formas de experiencia de Dios, tal como vemos en las vidas de los Santos.

   San Gregorio Palamás resumiendo la teología de todos los Padres antepasados, nos enseña que es posible desde la vida presente a los practicantes en Cristo, es decir, a los que hacen la áskisis en Cristo, tomar, recibir experiencia personal de Dios y ver con los propios ojos espirituales (el nus y la diania), la increada luz -igual que la luz que vieron los discípulos durante la divina Metamorfosis en el Monte Tabor-, porque mientras que Dios por la ουσία (usía esencia) es inparticipable, imperceptible e invisible por el hombre, las energías de Dios, que son increadas (inactivables por el hombre) y emanan de la divina usía esencia, son participables, visibles, perceptibles y comulgadas (por la psique y el cuerpo del hombre). Con las increadas energías es posible, se puede unir el creado hombre con Dios. En el interior del hombre que contempla a Dios (el que llegó a la zéosis) se hace una unión de lo creado con lo increado y se restablece en la gloria y en la bienaventuranza del Paraíso.

  La cosecha, el fruto de la áskisis es la total obediencia del hombre a Dios y a continuación la perfecta obediencia de los insensatos e animales pazos al logos humano, el cual se constituye en dominante y soberano del hombre. Cuando el hombre se resigna y se somete a Dios y somete sus pazos al logos, entonces puede someter su áloga (animal, ilógica) naturaleza como rey de ella. Por eso los santos hacen milagros sobre la naturaleza, como Cristo, o conviven pacíficamente con animales salvajes que les obedecen y les sirven. Así se confirma la profecía mesiánica sobre la convivencia de lobos con ovejas y leones con bueyes (Isaías 65, 25).

  Fruto de la áskisis es también la vestimenta del creyente con la prenda de la humilde modestia que según el abad Isaac, es la prenda de que se vistió Cristo al hacerse hombre: “Por eso, cuando la naturaleza terrenal ve a un santo revestido con esta prenda de la humildad, reconoce la propia humildad de Cristo. Se acerca el humilde hombre a las perecederas fieras y enseguida que le ven son domadas de su ferocidad y se acercan a él como a su soberano, moviendo sus cabezas y besan sus manos y sus pies; porque olfatean en él aquella fragancia que difundía Adán antes de la desobediencia y que desapareció entonces de nosotros; otra vez, la presencia de Jesús Cristo renovó y nos lo volvió a dar, y perfumó con fragancia el género humano… pero también los demonios con su violencia, impetuosidad, su amargura, actitud y megalomanía, cuando se acercan al humilde modesto, se hacen como tierra y se marchita toda su maldad; más se les estropean todas sus maquinaciones y sus malastucias se quedan inenergizadas” (Askíticos que han llegado de San Isaac el Sirio, Atenas,  1871, pág. 95-96).

    Finalmente se tiene que señalar que por la áskisis, el hombre disgregado se unifica interiormente. Nus, voluntad y corazón ya no luchan entre sí. El por Cristo asceta, practicante con su libre voluntad, quiere a Cristo, con su nus piensa al Cristo y con su corazón ama a Cristo. Todo el hombre entero se cristifica y se convierte en un nuevo hombre en armonía. Su armonía interior se extiende, tal como hemos dicho, también a la aloga animal fisis naturaleza.

 2º) La áskisis activa dinamizando fortaleciendo la sinergia o cooperación.

   La sinergia, es decir la zeantrópica (divino-humana) cooperación para nuestra sanación y salvación, no se concibe por parte del hombre sin la áskisis. Dios sana y salva a los que quieren sanarse y salvarse. Cierto es que quiero sanarme y salvarme significa que lucho por ello.

   Los que ignoran o confunden la importancia y significado de la lucha y de la áskisis para la sanación y salvación, lo hacen porque no conocen la magnitud de la vileza, infamia y desprecio de belleza de la imagen de Dios en el hombre, o porque desprecian al hombre como si fuera totalmente incapacitado para cooperar libremente con Dios para su sanación y salvación.

   Los Santos Padres nos enseñan que difícil y áspero es el camino de la áskisis y lo mucho que se debe esforzar y cooperar el hombre para su sanación y salvación.

   El cristiano combate contra sus propios pazos y a la vez contra el Diablo, el cual es “como león que anda rugiendo buscando a quien va a tragar“(1ªPedro 5,8). El cristiano debe de renegar de Satanás, de su pérfida y destructora voluntad, odiarle y escupirle, con tal de aceptar, recibir y adoptar la voluntad bondadosa de Dios adhiriéndose a Cristo.

   La lucha contra el Diablo es difícil porque es astuto, trapero y seduce y engaña al hombre. El Diablo se metamorfosea en ángel de luz. Utiliza “fantasmas, figuras”, es decir, engañosas visiones como caras y espectros. Presenta lo malo como bueno, bello, atractivo, interesante, completo de significado, útil, y no como catastrófico, aburrido, vacío y sin significado. Después, la misma naturaleza del hombre reacciona con accedia, negligencia, descuido, pereza y pesadez.

   Por eso el cristiano debe estar continuamente en áskisis hasta su último suspiro. Las tentaciones y la posibilidad de caída están siempre presentes, aún para los perfectos cristianos y los yérondas (guías espirituales). Lo que cambia de una edad a otra es la clase de tentaciones y las formas.

   Finalmente, el contenido de la áskisis no es sólo negativo, es decir, la catarsis de los pazos y la lucha contra el Diablo, sino a la vez es positivo también, es la lucha de por la semejanza con Cristo, adquisición de las santas virtudes, de plenitud del Espíritu Santo y la continua comunión con Dios por la oración de corazón o noerá. Allí se culmina, se completa y se dignifica la áskisis.

3º) Es un trabajo para todos los cristianos, clérigos y laicos, monjes y mundanos. Cierto es que existen distintas maneras y varios grados de áskisis. Esto nos lo enseñan también los Padres. San Juan Crisóstomo por ejemplo: “no consideraba la vida monástica como una dirección superior, es decir, para los escogidos, sino más bien como un canon, regla general evangélico para todos los cristianos. Este punto está de acuerdo con la principal tradición de la antigua Iglesia, desde San Basilio y San Agustín hasta Teodoro el Estudita y los años posteriores” (por Florovsky: San Juan El Crisóstomo, el profeta del amor, “En rayos”tomo 18-1959-9).

  El oficio del Santo Bautismo, nos recuerda que también todos los cristianos están llamados para la áskisis, es decir, tanto en su lado positivo como negativo.

   El futuro miembro que se bautizará, mientras que reniega y echa lejos a Satanás, se unta de aceite también en la cabeza como los antiguos combatientes, para estar preparado para la guerra y ser capaz de combatir contra el enemigo. El neoiluminado se caracteriza como “soldado de Cristo”, por el que la Iglesia bendice que sea “invicto luchador contra aquellos que vanamente son sus enemigos”. Las oraciones del Pequeño y del Gran Hábito Monacal nos aseguran que “el don monacal” no es más que la perfecta dedicación continua y sin diversiones en la vida de la áskisis, la cual el cristiano empezó con el Santo Bautismo.

  Los monajós o monjes (solos con Dios) se encuentran en la cima de la áskisis. Toda la Iglesia practica y se alista junto a los monjes que constituyen la primera línea del ejército. El monje es el tipo, el ideal de todo cristiano, es una existencia de continua áskisis, que renuncia a cualquier cosa que no sea de Dios o la voluntad de Dios, para conseguir así la total dedicación y relación con Dios. Este total desprendimiento del mundo y dedicación a Dios se expresa con las promesas monásticas de la vitalicia obediencia, integridad y pobreza. ¿Pero el cristiano en el mundo -aunque esté casado- no debe de vivir también con el espíritu de obediencia a los mandamientos de Dios, de la pureza y el desapego, la independencia frente a los bienes materiales?

   El hecho que el monacato no era algo ajeno a la Iglesia, sino expresión del ideal de la áskisis para todo el cuerpo de los creyentes, se demuestra por el aprecio y respeto que tenía el pueblo fiel hacia los ascetas. Los más grandes Didáscalos y Padres provienen de las filas de los monjes (solos con Dios). Las costumbres monásticas del Culto, el ayuno y el orden eclesiástico muy temprano se introdujeron en la Iglesia que se encuentra en el mundo y no la de los monasterios, influyeron profundamente en su vida. Cristianos con estudios y con trabajos en altos sitios oficiales abandonaron muchas veces la gloria y poder del mundo para vestir el hábito monástico. Los monjes sustituyeron en la conciencia de la Iglesia a los mártires y carismáticos. No es correcto que interpretemos el monacato como resultado de influencias de otras religiones o sólo como protesta por la mundanización de la Iglesia. El monacato constituye el fruto del ideal askítico de toda la Iglesia. Cuando este ideal afloja, pasa por una crisis el monaquismo también. Aquí,  quizás debemos buscar la causa de la crisis que atraviesa el monaquismo hoy.

  El monaquismo es carne de la carne de la Iglesia y es natural que influya también a la Iglesia y que se refleje en él el estado mismo de la Iglesia.

4ª. La agapi-amor y la áskisis se enlazan, se entretejen y se complementan entre sí.

  Vivimos en la época de la Jaris (gracia increada energía), por la cual la plenitud de la ley y la condición de sanación y salvación es la agapi. Pero la agapi pueden conseguirla los cristianos con la áskisis. “Aquellos que aman este mundo, no pueden adquirir la agapi por los hombres” nos dice San Isaac el Sirio (Askíticos salvados, logos 81). Cada áskisis en su profundidad es preparación de la agapi. ¿Cómo va a repartir uno su comida con el hambriento, si no vence la gula (glotonería de la panza) con el ayuno?

¿Cómo se comportará con la persona del otro sexo, de manera como persona creada a imagen de Dios y no como REM (objeto), sí no ha ahogado la voluptuosidad y la sarcolatría (carnolatría) por la contención? La por Dios agapi es un aliciente y resultado de la verdadera áskisis, tal como vemos en las elogiables vidas de los Santos.

   Esta perfecta agapi la expresan también los siguientes logos del mismo Padre que antes nos referimos: “Corazón caritativo, compasivo, misericordioso es el que tiene ardor de corazón para toda la creación, es decir, para los hombres, los pájaros, los animales, los demonios incluso y por toda la creación, del recuerdo y la contemplación por los cuales corren lágrimas de los ojos; de la gran simpatía y caridad se empequeñece el corazón del compasivo y no es posible no sufrir, ver o escuchar algún mal o tristeza que siente la naturaleza; por eso, hasta por los animales, incluso por los enemigos de la verdad y los que le perjudican, desea, pide y ruega durante cada hora con lágrimas y ruega a Dios para protegerlos y que les conceda la misma misericordia, compasión y caridad; también pide y ruega por los reptiles, a causa de su cantidad de caridad, misericordia que se mueve en su corazón desmesuradamente”. (Logos 81, pág. 381)

  ¿Pero como es posible que el cristiano adquiera este corazón misericordioso sin una lucha dura contra las conductas de su carne? Cuando sin embargo, los eremitas y anacoretas adquieren esta agapi y sienten para el cosmos lo mismo que siente Dios, entonces pueden dejar la dura áskisis del desierto, volviendo al mundo, cerca de los hombres y asumir la tarea de padre espiritual y guía.

5º) La áskisis tiene carácter eclesiástico y no atomístico-individualista.
El regulador de la áskisis no es una diania enferma y morbosa del hombre, sino la voluntad de
Dios, tal como se expresa en los santos cánones de la Iglesia y los consejos del padre espiritual o Yérondas. Cuando y qué ayunará, por ejemplo, lo regula la Iglesia. El cristiano obedeciendo a la Iglesia practica la humildad y opera como católico (católico no como entienden los papistas, sino como lo entienden los ortodoxos, es decir, aquel hombre que contiene en su interior la conciencia de la Iglesia y a Dios mismo, `viene del καθόλου-kazolu-pleno, integro o cada todo), es decir, como hombre la conciencia individual de la cual se ha consagrado y enarmonizado dentro de la conciencia íntegra (católica, universal) de la Iglesia. Así el cristiano opera sinódica, eclesiásticamente, en conjunto, democrática, católicamente (con el sentido ortodoxo) con sus hermanos en Cristo, con los que constituye un solo cuerpo.
El cumplimiento, sobre todo, las abstinencias comunes, las oraciones y las costumbres eclesiásticas contribuyen al estrechamiento de la relación del practicante con la Iglesia Católica Ortodoxa, que se extiende en lo ancho y largo del tiempo.
El cumplimiento de cánones fruto de la propia voluntad y no de la voluntad del guía espiritual o de Dios, reglas individualistas en la áskisis y sobre todo en el ayuno, significa arrogancia maldita, por eso se condena severamente. “Si alguno de los ascetas sin necesidad corporal se enorgullece y las normas sobre el ayuno entregados por los antiguos padres, las cuales han sido determinadas para todos los cristianos y están custodiadas por la Iglesia las paraliza, aquel que se cree a si mismo como perfecto, anula los santos cánones, el que hace esto que sea anatema. ( Canon 19, sínodo de Gangra.) (De aquí viene la historia la historia de los Cátaros)
La obediencia al Yérondas es necesaria condición, indispensable para la verdadera áskisis. Con el desprendimiento de la propia voluntad se contribuye a la aceptación de la voluntad de Dios, tal como lo expresa el Yérondas. Obedezco al Yérondas significa que obedezco a Dios. Así se consigue la identificación de la voluntad del hombre con la voluntad de Dios y la sanación y salvación del hombre. Es característica la didascalia, enseñanza de San Simeón el nuevo Teólogo (Filocalía C-19): “Aquel que consiguió con claridad una fe pura en su padre (guía) por Dios, considera que viéndole a él, ve al mismo Cristo. Entonces cuando se encuentra junto a él o le acompaña, cree que se encuentra junto a Cristo y a Él sigue. Este obediente nunca deseará relacionarse con otro, ni preferirá ninguna cosa de más de este mundo que la memoria de Aquél y su agapi. ¿Porque qué es mayor y más beneficioso en el presente y en la futura vida que uno esté unido a Cristo? ¿Qué es más bello, dulce y gozoso que la visión de Cristo? Sin embargo, si se hace digno de conversar junto a Él, sin duda alguna de esta visión emanará y recibirá la vida eterna.
Además, la obediencia al yérondas protege al practicante cristiano de cualquier exageración o exceso, así como de cada situación espiritual engañosa o crítica, las cuales pueden tener serias consecuencias en su vida espiritual.

6º) La áskisis no desprecia el cuerpo, no somos matacuerpos sino matapazos dicen los Padres Nípticos de la Filocalía.

   La verdadera áskisis no tiene ninguna relación con el platónico o el maniqueo desprecio de la materia o del cuerpo. Los practicantes, ascetas practican no porque desprecian el cuerpo, sino porque quieren constituir el cuerpo en instrumento obediente a la psique; las veces que se presentaron desviaciones de esta regla, canon, por influencias heréticas y la Iglesia las condenó! Según el 51 Canon de los Santos Apóstoles, por ejemplo: “Sí algún Obispo, Presbítero, Diácono y todo el catálogo Jerárquico se abstiene de la boda y la carne, el vino, no por la áskisis, sino que lo desprecia, y olvida que Dios creó el mundo perfecto y que Dios creó al hombre masculino y femenino, pero insultando a la creación acusa a Dios que creó al mundo, que arregle su conducta, actitud o pensamientos, será excomulgado y echado fuera de la Iglesia; lo mismo para el laico”

  Según el Canon 47 de San Basilio: “los que detestan el matrimonio, repugnan el vino y “las creaciones de Dios dicen que son impuras” no es posible que sean aceptados en la Iglesia sin que se bauticen. Que no persistan en que se han bautizado en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, si consideran a Dios creador del mal ya que se convierten en heréticos igual que Markíonas y el resto de los heréticos. Relativo es también el Canon 53 de los Santos Apóstoles: “que se reprenda severamente a los que se mutilan y los que se castran para adquirir la engratia (contención, autodominio). A los autocastrados no se les permite ocupar ningún ministerio del sacerdocio o si los tienen, se les destituye, destrona.

  Característico del espíritu de la Iglesia Occidental es el Canon 13 del 6º Sínodo Ecuménico, el cual condena la Iglesia de Roma por mantener la costumbre que se separen de sus mujeres los futuros diáconos o presbíteros: “ Si alguien se atreve a moverse contra las Reglas Apostólicas, se priva y separa de su mujer legal a algún diácono, hipodiácono, presbítero o cualquiera de los que tenga algún ministerio en la iglesia, que sea destronado o destituido. Lo mismo cuando el presbítero o diácono se separe de la mujer como pretexto de piedad; que sea excomulgado”. “La misma regla pide, sin embargo, que los clérigos casados cumplan los días estipulados por la Iglesia de contención, abstinencia y oración sobre todo “en el  tiempo de los oficios sagrados”.

   Reveladoras también del espíritu evangélico de la Iglesia son las Reglas del Sínodo de Gangra, en la cual, a causa de los heréticos efstacianos (1º, 4º, 9º, 14º Canon), se condena a los que detestan y desprecian el matrimonio, a los que no comen carne (2º Canon), las vestimentas pobres de apariencia por hipocresía y no las prendas que se acostumbran a vestir en cada época ( 12º, 13º Canon), el abandono de Padres e hijos alegando como pretexto el pietismo o el servir a Dios (15º, 16º), y por parte de los castos, vírgenes, el  desprecio a los casados. “Si uno de los castos, vírgenes por el Señor, se ríe y desprecia a los casados queda anatematizado (Canon 10º)”.

   La áskisis según el Sínodo tiene valor sólo cuando se hace con humildad, modestia y conducta eclesiástica. “Dicen los Santos Padres que nosotros  elogiamos por igual a la castidad si se hace con humildad y modestia, y aceptamos la contención,  abstinencia si se hace con decencia, piedad y santidad, aceptamos también el desprendimiento de las cosas mundanas con conducta humilde, y apreciamos el matrimonio decente, así como también respetamos la riqueza adquirida con justicia y buenas obras” (Canon 21).

 

7º) La áskisis tiene carácter esjatológico (la esjatología la podemos vivir incluso desde este mismo momento, ya que desde la venida de Cristo, la esjatología ya ha quedado inaugurada, dentro de los misterios que se celebran en la Iglesia, aunque no hemos llegado a los tiempos finales aún).

   Nuestra Iglesia Ortodoxa, aparte de todo lo demás, se puede caracterizar como Iglesia de la áskisis. Esto lo testifican la cantidad de largos períodos de ayuno, abstinencia, vigilias, largos oficios y el estar de pie durante ellas (en la antigua Iglesia, como es sabido, no daban asiento cómodo), las severas amonestaciones a los pecadores, el respeto de los mundanos hacia los monjes severos y ascetas y el cansancio en largas peregrinaciones hacia los santos lugares.

  Es inconcebible para un cristiano occidental la abstinencia o quedarse en la Iglesia tres o cinco horas durante los largos oficios, tal como se quedan los Ortodoxos, sobre todo en Semana Santa. Al contrario, es costumbre en los protestantes comulgar mientras han hecho un desayuno fuerte, típico de los países del norte de Europa (con la panza llena toman la divina comunión y ahora en Españas también). Los papistas en América últimamente han anulado hasta esta “sombría” abstinencia del Viernes.

  Lo maravilloso y admirable, a pesar de eso, es que el espíritu ascético de nuestra Iglesia se combina y correlaciona con el espíritu esjatológico de presaborear la χαρά jará (alegría)  de la realeza de Dios, de la Resurrección y de la agapi-amor. La áskisis de los Ortodoxos es áskisis gratificante que alegra y regocija, tal como el luto es luto gratificante, regocijo, jarmolipi (penalegre). El cristiano con la áskisis se desprende y destruye al malicioso mundo para unirse con Cristo. Según San Isaac el Sirio: ”El que quiere encontrar la preciosa perla se introduce desnudo en el mar; y el hombre o  monje practicante sensato, desnudo e insolvente pasa la vida presente, actual, hasta que encuentre en sí mismo la preciosa perla, Jesús Cristo” (Logos 73). Aquí estriba el carácter esjatolójico de la áskisis, en la  preparación para el advenimiento de Cristo, del Novio de la psique y la metamorfosis de todo en Realeza de Dios (que se encuentra en nuestro espacio interior). Por eso la áskisis de espera al Novio no debe degenerar en un pesimismo, aversión o repugnancia por el mundo.

  Es pues, tan intenso el askítico-esjatolójico carácter de nuestra Iglesia, que si por casualidad perdiera este carácter, se convertiría en algo distinto, lo cual ni nosotros mismos podríamos reconocer. La escatología ortodoxa es el Hisijasmo.

La modernización de la Áskisis 

 ¿Es posible la modernización de la áskisis? El tratado de nuestro tema terminaría aquí si nuestro interés no fuera pastoral, sanador y salvador. A causa del interés del tema, examinaremos algunas preguntas ardientes en relación con la áskisis del cristiano contemporáneo.

1ª) ¿Quizás, para que la Iglesia se gane a los hombres contemporáneos y sobre todo a los jóvenes, acaso les presenta presentarles un cristianismo fácil o “light”, privado del carácter práctico, askítico? Realmente la práctica o ascetismo es algo incomprensible para el hombre contemporáneo, la conciencia de la cual se ha hecho mundana e influenciada por la cultura atea en que la vive hoy. Los ideales de esta cultura son: el éxito, el bienestar, el disfrute, el juerguismo, el botellón, el sexo, el individualismo, la autosuficiencia, etc. El sentimiento de pecado también casi se ha perdido. El pecado ya no es infringir, violar la ley ética, sino su no-violación, es decir, cuando al hombre se le impide por esta ley ética satisfacer sus emociones reprimidas y sus apetitos. Esto enseña Freud y en este principio se fundamenta el psicoanálisis freudiana y el estilo de vida que se forma a partir de este principio.

   Cuándo el pecado es un falso engaño del que uno tiene que exculparse, quedar libre, ¿qué significado tiene la áskisis y la lucha contra el pecado?

   Si el hombre ya no cree en Dios, el cual da significado y legitimidad a la vida humana, el mundo para el hombre contemporáneo se convierte en absurda, ilógica, tal como lo testifica la filosofía y el arte del absurdo, ilógico y disparatado.

   ¿Dentro en un mundo en su conjunto ilógico, disparatado y nihilista, qué significado puede tener la áskisis?

   Muchos teólogos del extranjero contestaron que la Iglesia se tiene que vaciar, olvidarse de si misma para ganar el mundo. Así predicaron que Dios ha muerto, así la Resurrección de Cristo no es un hecho histórico y el Evangelio no tiene pretensiones éticas estables (ética casual).

   Pero esto no es kénosis, vaciamiento, sino caída y giro de la Iglesia al mundo. Es comparación con el mundo.

  Si la Iglesia dejara de ser askítica, practicante, traicionaría a su Señor, el cual así la quiso. Traicionaría también al hombre, porque sin la áskisis sería imposible la zéosis, la finalidad de su vida por la Jaris, la increada energía del Espíritu Santo.

   Es dudoso si de esta manera fuese posible atraer a unos cuantos hombres. Los hombres que tienen inquietudes espirituales piden la verdad y no la mentira, piden y buscan una demanda esencial para sus vidas y no supuestos modernismos.

  Si la Iglesia no ofrece a estos hombres el “pan sustancial”, aunque sea muy indigesto para sus estómagos, se dirigirán a otras fuentes de sanación y salvación.
Por lo tanto la contestación a la primera pregunta es categóricamente negativa, tal como sería la respuesta de Pablo, cuando predicaba a los antiguos Atenienses o Corintios.

   2ª) Pero existe la segunda pregunta: ¿Está permitida la modernización y adaptación de la áskisis en las necesidades, en la situación psijosomática y la resistencia del hombre contemporáneo? Es conocido que la resistencia del hombre al dolor, las privaciones, el endurecimiento etc., se han reducido hoy sensiblemente a causa de la prorrogación de la vida por la medicina. Las condiciones de la manera de vivir, el ruido de las grandes ciudades, las velocidades de los medios de transporte, el ritmo rápido de vida, la inseguridad y el miedo, hacen al hombre hipersensible, nervioso y ruinoso.

   Estas comprobaciones llevaron a P. Evdoquimov a escribir lo siguiente: “la mortificación sería la liberación de cualquier estimulante: velocidad, ruido, estimulantes especiales, alcoholes de todo tipo. La áskisis sería más bien un descanso obligado, la disciplina de la calma, serenidad y silencio, asiduamente en diferentes períodos, donde el hombre reencuentra la capacidad de detenerse para la oración y la reflexión, aún estando dentro en el corazón de todos los ruidos del mundo y sobre todo sentir la presencia de los demás.

   Lo logos de discernimiento y filantropía pastoral permiten y quizás imponen una adaptación de la áskisis, con la condición de que no resulte ser un tranquilizante, sino que mantenga el carácter de privación, de desprendimiento de la propia voluntad, de lucha y sacrificio.

   Y aún en la Iglesia cuando por economía se permite a sus hijos lo mínimo de áskisis, esto se hace temporalmente hasta que las condiciones o la madurez permitan el aumento de condiciones para una  áskisis más severa.

  3ª) Finalmente existe la pregunta de la instrucción de la áskisis. Es decir, ¿cómo el creyente aprenderá a practicar, a ejercitarse, a askitar?

   La mejor instrucción de la áskisis es la adhesión del creyente a la vida y culto de la Iglesia. La Iglesia instruye a sus hijos con sabiduría y cariño en la áskisis. Las abstinencias sabiamente repartidas, los oficios recogedores, las Grandes Vigilias, los Saludos, las deleitosas fiestas entre abstinencias (como la Anunciación, la veneración de la Santa Cruz, etc.) durante el año litúrgico, inspiran,  facilitan y apoyan al practicante cristiano.  El problema es como se puede canalizar y trasmitir todo esto pastoralmente al pueblo. Antiguamente, el colegio de la áskisis era la familia ortodoxa. Allí aprendía el joven el ayuno, la contención, la abstinencia, las buenas tradiciones de la Iglesia y por eso podía cuando llegaba a la edad de exaltación de los pazos, controlarse y autodominarse.

  Hoy que la familia de muchos no es cristiana, debemos enseñar sistemáticamente estas sagradas tradiciones de la Iglesia en los colegios de Catequesis, en los kerigmas, y en toda ocasión pastoral.

   En esta época de apostasía (tránsfuga) ,de comparativismo, sincretismo religioso y confusión, nosotros proclamamos con modestia, humildad y fe el kerigma de la metania, el de la ἐγκράτεια (engratia,  contención, autodominio) y de áskisis para volver a nuestro Padre y Creador.

   El resurgimiento del ideal askítico en la Iglesia constituirá el medio más importante y a la vez el fruto de su renovación en el Espíritu Santo. Dará también un nuevo empuje y activación a su obra pastoral y misionera, el cual  pueden asumir sólo personas altruistas, de abnegación y sacrificio.

   Es característico un himno de la Iglesia que trae lágrimas de metania, este himno se psalmodea en las Vísperas del Domingo de los Quesos. Este himno es el resumen de la teología ortodoxa sobre la áskisis: “ Que empecemos con alegría el tiempo de ayuno, haciendo ejercicios espirituales para nosotros mismos. Que purifiquemos nuestra psique y nuestro cuerpo. Tal como ayunemos de las comidas, también dejaremos de satisfacer nuestras pasiones, y disfrutaremos las virtudes del Espíritu Santo. Encontrándonos dentro de las virtudes con el anhelo y deseo de adquirirlas, ojalá que todos seamos dignos de llegar y ver la respetuosa pasión de Cristo Dios, como también la Santa Pascua con alegría espiritual”.  Amén.

Archimandrita Georgios

Yérontas Santa Montaña Athos

Traducción de xX.jJ