Filocalia de los Santos Nípticos tomo 1. San Marcos el Asceta

Φιλοκαλία των Ιερών Νηπτικών

Άγιος Μάρκος ο Ασκητής

Filocalía de los Santos Nípticos tomo 1. San Marcos el Asceta

A) 200 capítulos sobre la Ley Espiritual

B) 226 capítulos a propósito de aquéllos que se creen justificados por sus obras

Breve biografía

Nuestro santo padre Marcos el Asceta floreció alrededor del año 430. Fue discípulo de San Juan Crisóstomo según Nicéforo Calisto (tomo II, libro 14, capítulo 53) y contemporáneo de San Nilo e Isidoro el Pilusiotis, ambos famosos ascetas. Dedicado al estudio de las Escrituras, escribió numerosos logos llenos de abundante sabiduría y beneficio espiritual. De estos, Nicéforo Calisto menciona 32 que enseñan todo el camino de la vida ascética, pero que lamentablemente no se han conservado. Solo ocho de sus discursos se han preservado, diferentes de los mencionados anteriormente, los cuales también son citados por Calisto y el crítico Fotios (lección 200).

De estos, el logos «Sobre la ley espiritual» es el primero, y el «A propósito de aquéllos que se creen justificados por sus obras » es el tercero, ambos divididos en breves capítulos, mientras que «A monje Nicolás» es el octavo. Estos logos se registran aquí como los más útiles entre los demás, ya que los tres pertenecen a la ley espiritual.

San Pedro Damasceno, el santo mártir, Gregorio el Sinaíta, el venerable patriarca Calisto, y Pablo el Benefactor también mencionan sus escritos, alentándonos a estudiarlos. Todos ellos han examinado sus obras y nos instan a hacer lo mismo.

La Santa Iglesia Ortodoxa de Cristo honra su memoria el 5 de marzo y elogia sus esfuerzos ascéticos, la sabiduría de sus logos y la χάρις jaris gracia, la energía increada que le fue concedida por Dios.

A) 200 capítulos sobre la Ley Espiritual

 

  1. Puesto que habéis expresado muchas veces el deseo de saber cómo es la ley espiritual (Rom 7,14) según el Apóstol, y qué deben conocer y hacer aquellos que quieren aplicarla y cumplirla, sobre esta cuestión os diré lo que está dentro de mis posibilidades.
  2. Primero de todo sabemos que Dios es el principio, el centro y el fin de todo bien. Y el bien es imposible de ser obrado y ser creído, sino sólo por la unión con Cristo Jesús y con la inspiración del Espíritu Santo.
  3. Cada bien, por economía (o administración) se ha regalado a los hombres. El que crea en esto, no lo perderá nunca.
  4. La fe firme es una torre fuerte. Y el Cristo se hace y es todo para aquel que cree.
  5. En cada intento y propósito tuyo, pon principio a Dios que es el principio de todo bien, para que se haga según Dios lo que has decidido hacer.
  6. El que actúa con humildad y tiene un trabajo espiritual, cuando lee las Sagradas Escrituras, entiende y relaciona todo consigo mismo y no con los demás.
  7. Suplica a Dios para que abra los ojos de tu psique-alma y puedas ver el beneficio de la oración y de la lectura entendida y aplicada en la praxis, en base a la experiencia.
  8. El que tiene algún carisma espiritual y siente compasión por los que no lo tienen, guarda este carisma gracias a esta compasión. El que es vanidoso y soberbio lo perderá, debido a los golpes que imparten los pensamientos de vanidad.
  9. La boca del que tiene sentimientos humildes, habla con la verdad; el que contradice la verdad se asemeja a aquel siervo que golpeó al Señor en la mejilla (Jn 18,21).
  10. No seas discípulo de quien se alaba a sí mismo, para que no seas aprendiz de la soberbia en lugar de la humildad.
  11. Que no se ensalce tu corazón a raíz de las reflexiones y compresiones relativas a las Escrituras, a fin de que no caigas en manos del espíritu de la blasfemia.
  12. No trates de resolver un asunto o problema difícil mediante la controversia, sino mediante lo que te promete e impone la ley espiritual, es decir, por intermedio de la paciencia, la oración y la sencillez de la esperanza.
  13. El que ora con el cuerpo sin tener todavía el conocimiento espiritual, es un ciego que grita: “Hijo de David, eleisón me, compadécete de mí (Lc 18,38).
  14. Aquel que en un tiempo fue ciego, una vez que recuperó la vista y reconoció al Señor, lo adoró y lo veneró ya confesándolo «hijo de Dios,» en lugar de «hijo de David» y lo reverenció.
  15. No te ensalces y no te enorgullezcas cuando derrames lágrimas durante la oración; es Cristo el que ha tocado tus ojos y ha sanado la ceguera (espiritual) de tu nus (espíritu de la psique).
  16. El que, a imitación del ciego, se ha sacado su manto y se ha acercado al Señor, se ha convertido en su seguidor y en heraldo de los dogmas más perfectos.
  17. La malicia, cuando uno la estudia con su pensamiento, torna insolente el corazón; cuando es eliminada, mediante la continencia o autodominio y la esperanza, torna el corazón arrepentido y quebrantado.
  18. Hay una serena, justa y benéfica contrición del corazón que lo conduce a esta katánixis (compunción, dilatación del corazón), y existe otra, sin embargo, desordenada, nociva y perjudicial, que hierre al corazón.
  19. El velar, el orar y el soportar con paciencia todas las tristezas y los sufrimientos, traen contrición segura y beneficiosa al corazón, siempre y cuando, debido a la avidez, codicia y ambición no quebremos la cohesión y el equilibrio que existe entre estas cosas. El que persevera en ellas, será socorrido incluso en las demás. El que las descuida y las olvida, en el momento de su muerte tendrá sufrimientos intolerables.
  20. Un corazón que ama los placeres o hedonismo se convierte, a la hora de la muerte, en prisión y cadenas para la psique-alma; el que ama el esfuerzo y la fatiga es una puerta abierta.
  21. Un corazón duro es como una puerta de hierro que conduce a la ciudad; pero se abre automáticamente para quien se encuentra en la pena y en la aflicción, como aquella puerta lo hizo con Pedro (Hec 12,10).
  22. Muchas son las maneras de la oración, cada una distinta de la otra; pero ninguna podrá causar daño, excepto si no es oración, sino trabajo u obra satánica.
  23. Un hombre quiso hacer el mal, primero rezó mentalmente como de costumbre. Y por economía de Dios fue impedido y después agradeció ampliamente al Señor.
  24. Cuando David quiso matar a Nabal del Carmelo, al recordar la divina retribución, fue impedido de realizar su propósito y agradeció ampliamente por eso a Dios (1Re 25). También sabemos lo que hizo cuando se olvidó de Dios, y cómo no paraba de desear el pecado, hasta que fue conducido al recuerdo de Dios nuevamente, por el profeta Natán (2Re 12).
  25. Cuando llegue el momento en que recuerdes a Dios, multiplica tu súplica, para que cuando te olvides de Él, sea el Señor el que te recuerde.
  26. Cuando lees las Sagradas Escrituras, trata de comprender los conceptos que en ellas se encuentran escondidos. Porque todo lo que se ha escrito en el pasado, ha sido escrito para enseñarnos (Rom 15,4).
  27. La Escritura llama la fe “hipostasis-base substancial de las cosas esperadas (Heb 11:1), y aquellos que no sienten ni reconocen en ella a Cristo, son llamados improbados (2Cor 13,5), es decir, dignos de reprobación.
  28. Así como mediante las obras y los logos se dan a conocer la reflexión y meditación, así también mediante las donaciones o beneficencias de Dios que recibe el corazón se manifiesta la recompensa futura.
  29. El corazón que es piadoso a los demás, obtendrá piedad; obvio que en caso contrario habrá de esperar las correspondientes consecuencias.
  30. La ley de la libertad, o sea, del Evangelio, enseña toda la verdad; muchos la leen sólo para saber algo del Evangelio, pero pocos lo entienden, en la medida en que obran de acuerdo con los mandamientos.
  31. No busques la perfección de esta ley en las virtudes humanas, porque no hay hombre perfecto en ellas; su perfección está escondida en la Cruz de Cristo.
  32. La ley de la libertad se lee con verdadera gnosis (conocimiento), y se percibe y se comprende con el trabajo de los mandamientos-logos, pero su plenitud se consigue con las misericordias y compasiones de Cristo.
  33. Cuando a conciencia nos esforcemos por actuar de acuerdo con todos los mandamientos (logos, principios espirituales) de Dios, entonces conoceremos la ley del Señor es inmaculada (Sal 18,8); y que nosotros la realizamos mediante nuestras buenas obras, pero sin las misericordias y las compasiones de Dios no se puede cumplir y aplicar perfectamente por los hombres.
  34. Todos aquellos que no tienen en cuenta que están obligados a aplicar y cumplir todos los mandamientos-logos de Cristo, leen la ley de Dios solamente con el cuerpo sin comprender lo que dicen ni las confirmaciones que dan (1 Tm 1,7). Es por esto que creen supuestamente pueden llevar cabo la ley y cumplirla mediante sus obras.
  35. Sucede, a veces, que hay praxis, acción que parece buena, pero, el motivo de quien la realiza no es bueno. También hay otra praxis que parece mala, mientras que el motivo de quien la hace es bueno. Esto no sucede solamente respecto de las obras, sino también respecto de las palabras. Esta antítesis o contradicción a veces se debe a la ignorancia o la inexperiencia, y otras veces la intención mala astuta y vil y otras a fines piadosos.
  36. El que dentro de las alabanzas y elogios esconde acusación, crítica y forma, no es fácilmente descubierto por los hombres más simples. Semejante a él es también quien se vanagloria, simulando ser humilde. Todos éstos, después de haber alterado y escondido en mucho la verdad con la mentira, después son descubiertos por las cosas.
  37. Existe el hombre que hace una obra aparentemente buena, pero en realidad es para defenderse contra el prójimo. Y existe otro que por no hacer esto, se beneficia espiritualmente.
  38. Existe el examen y el reproche hecho por maldad y por defensa, y otros que se hacen por temor a Dios y agapi (amor incondicional) para la verdad.
  39. No reproches a aquel que ya ha dejado pecar y está en la metania. Y si argumentas que reprochas según Dios, manifiesta primero, entonces, tus pecados personales.
  40. La procedencia de toda virtud es Dios, igual que el sol se encuentra en el origen de la luz del día.
  41. Cuando lleves a cabo alguna virtud, recuerda a aquel que dijo: Sin mí, nada podéis hacer (Jn 15,5).
  42. Los bienes eternos serán dados a los hombres una vez hayan sufrido tribulaciones y sufrimientos (Hec 14,22). Lo mismo los males también serán dados a los que pasan la vida con vanidad y voluptuosidad, placeres o hedonismo.
  43. El que sufre injusticia a causa de los hombres se libera y se salva de los pecados, y encuentra ayuda análoga de sus tribulaciones.
  44. El que cree en Cristo que habla de recompensa, sufre y soporta bien y con ánimos toda injusticia, en la medida de su fe.
  45. El que ora por los hombres que le son injustos y lo afligen, abate con ímpetu a los demonios; el que por otra parte, se opone a los que lo afligen con injusticias, es herido por los demonios.
  46. Es mejor sufrir una ofensa o injusticia de los hombres y no los demonios; sin embargo el que es grato al Señor ha vencido a ambos.
  47. Todo bien nos es enviado por el Señor por economía (o de su administración), aunque misteriosamente rehúye a los ingratos, a los desconsiderados, a los ociosos y vagos.
  48. Toda malicia termina en un placer prohibido, mientras que toda virtud en la consolación espiritual. Y la malicia, cuando te domina, te empuja hacia lo que le es propio; del mismo modo, la virtud te conduce a lo que le es natural.
  49. La acusación de los hombres trae aflicción y tristeza al corazón, pero expía y purifica a quien la soporta.
  50. La ignorancia induce al hombre a oponerse a lo que le es beneficioso, y cuando se descara acrecienta el mal que ya existe.
  51. Cuando no te sucede ningún perjuicio, espere aflicción. Y ya que sabes que un día rendirás cuentas (Heb 13,17), expulsa la ambición y la codicia de tu interior.
  52. Cuando pecas secretamente, no intentes a esconderte, porque todo está desnudo y patente a los ojos del Señor (Heb 4,13), a quien hemos de dar cuenta por nuestras praxis.
  53. Muéstrate espiritualmente al Señor. Porque el hombre mira el rostro, pero Dios mira el corazón (1Re 16,7).
  54. No pienses ni hagas nada si tu intención no es según la voluntad de Dios. Porque el que camina sin rumbo y sin una meta, malgastará su tiempo y se fatigará.
  55. Para el que peca sin ninguna razón y necesidad, es más difícil alcanzar al arrepentimiento y volver a la metania, porque la justicia de Dios no se equivoca y nada se escapa de ella.
  56. Un acontecimiento doloroso aporta, a quien es sensato, el recuerdo de Dios; análogamente, es motivo de tristeza para el que se olvida de Dios.
  57. Cada pena y sufrimiento involuntarios se convierten en motivo de recordar a Dios, y nunca te faltará el motivo para la metania.
  58. El olvido no tiene en sí mismo ningún poder, pero adquiere fuerza en la medida de nuestras negligencias.
  59. No digas: «¿Qué voy hacer? Pues, el olvido acude a mí aunque no lo quiera.» Esto se produjo porque, cuando te acordabas de Dios, no has hecho lo que debías.
  60. Lo que recuerdes que debes hacer bien, hazlo; así también el bien que te olvides, te será revelado. No entregues tu nus (espíritu de la psique) a un olvido irresponsable.
  61. Las Escrituras nos dicen: “El Hades (infierno) y la perdición están claramente delante del Señor. Esto lo dicen a propósito de la ignorancia y del olvido que se desarrollan en el corazón.
  62. El Hades (infierno) es la ignorancia: porque los dos son invisibles. La perdición es el olvido, porque ambas realidades consisten en haber perdido algo que ya teníamos.
  63. Examina y ocúpate de tus males y no de los del prójimo, así no será saqueado tu laboratorio y almacén espiritual.
  64. Difícilmente se perdona la negligencia que es la disipación de todo bien que tenemos el poder de cumplir; pero la caridad y la oración reparan y rectifican a quienes han sido negligentes para el bien.
  65. Toda aflicción según Dios es una real obra de piedad. Porque el verdadero amor se prueba en la adversidad por las cosas contrarias.
  66. No digas que has adquirido una virtud, sin aflicción y sufrimiento; no es una virtud probada la que ha sido adquirida con comodidad.
  67. Considera el resultado de todo sufrimiento no buscado y encontrarás en él el borrado y la destrucción de algún pecado.
  68. Muchos consejos dados por los demás a nosotros nos son de ayuda, pero para cada uno ninguno se adapta mejor que su propia opinión y consideración.
  69. Si buscas la psicoterapia, sanación ten en cuenta tu conciencia, haz lo que te dice y obtendrás mucho beneficio.
  70. Los secretos de cada uno son conocidos por Dios y por la conciencia, y de estos dos cada uno que se corrija.
  71. El hombre intenta y persigue, según su propia voluntad; pero es Dios el que produce el resultado final de las praxis del hombre, según su justicia.
  72. Si deseas recibir alabanzas de los hombres, sin tener alguna responsabilidad, ama primero ser inspeccionado por tus pecados.
  73. A cambio de toda la vergüenza que uno acepta en nombre de la verdad de Cristo, recibirá cien veces otro tanto de gloria, por parte de muchos. Pero es mejor que cada bien el hombre lo haga con miras a los bienes futuros.
  74. Cuando un hombre beneficia y hace el bien a otro con palabras o con praxis, que ambos comprendan que esto es donación de Dios. El que no comprenda esto, será dominado por el que lo comprende.
  75. El que alaba al prójimo por un motivo hipócrita, lo ofenderá en la primera ocasión, y él mismo se sentirá avergonzado.
  76. El que ignora la trampa y la insidia de los enemigos, es fácilmente degollado por ellos; y el que desconoce las causas de los pazos, cae fácilmente.
  77. La negligencia proviene del amor por el placer o hedonismo y por la negligencia se origina el olvido de los bienes. Porque Dios ha donado a todos el conocimiento-gnosis de lo que les conviene.
  78. El hombre aconseja a su prójimo como sabe hacerlo, Dios obra en quien lo escucha, según su fe.
  79. He visto personas ignorantes (espiritualmente) y simples que fueron humildes en su conducta, y sin embargo, se volvieron más sabias que los sabios.
  80. Un hombre ignorante, habiendo oído que los anteriores habían sido alabados, no imitó su conducta humilde y moderada, sino que vanagloriándose de su ignorancia, adquirió soberbia.
  81. El que desprecia la virtud y se vanagloria por la ignorancia (espiritual), no es tosco e ignorante solamente en su palabra, sino también en su conocimiento (2Cor 11,6).
  82. Una cosa es la sabiduría del logos y otra cosa es la virtud; del mismo modo, una cosa es la ignorancia y otra cosa la insensatez.
  83. La inexperiencia al hablar no causará ningún daño al que es piadoso, así como la sabiduría de los logos no perjudicará al humilde.
  84. No digas: «No sé lo que debo hacer y no soy culpable si no lo hago.» Porque si tú has hecho lo que bien sabes, todo el resto te será revelado en consecuencia, como cuando caminas por tu casa ves las habitaciones, una a continuación de la otra. No te conviene trabajar las cosas primeras trabajar las segundas que vienen después. Porque la gnosis-conocimiento ensalza e hincha, es decir, trae soberbia y el orgullo a causa del ocio y la pereza, mientras que la agapi (amor desinteresado) edifica porque lo soporta todo (1Cor 8,1· 13,17).
  85. Estudia a través de los logos de las Sagradas Escrituras con praxis y no elabores discursos aburridos y charlatanería, hinchándote de vanagloria solamente con pensamientos teóricos.
  86. El que ha abandonado la práctica y se apoya solamente en la simple gnosis-conocimiento, tiene en sus manos un bastón de caña en lugar de una espada con dos filos; esto durante la guerra le perforará la mano -como dicen las Escrituras – lo penetrará y le inyectará el veneno natural antes que se lo pongan los enemigos.
  87. Dios juzga y pesa todos nuestros pensamientos y meditaciones. Puede uno pensar la misma cosa de manera simple o pasional.
  88. El que aplica y realiza un mandamiento, que se disponga a recibir la tentación que a causa de ello le vendrá como prueba. Pues la agapi- amor por Cristo es puesta a prueba mediante las adversidades y las cosas contrarias.
  89. Nos seas nunca despreciativo, descuidando el curso de tus reflexiones y pensamientos. Porque Dios conoce sin error todo pensamiento.
  90. Cuando ves un pensamiento que te incita a buscar la gloria humana, debes saber con certeza que te depara vergüenza y deshonra.
  91. El enemigo conoce la justicia de la ley espiritual y busca solamente el consentimiento mental y espiritual. Así, o bien someterá a las fatigas de la metania a quien ha sido vencido, o bien, si éste no vuelve a la metania, le entristecerá con sufrimientos involuntarios y adversidades. A veces, induce a rebelarse contra las calamidades y los sufrimientos de tal forma, que le multiplica los dolores, y en el momento de la muerte demostrarlo como infiel a causa de su impaciencia.
  92. Muchos no soportaron contra tantos sufrimientos y dolores; pero sin la oración y la metania, nadie ha podido escapar de las desgracias.
  93. Los males toman fuerza uno al otro. Del mismo modo, los bienes se incrementan mutuamente y empujan a quienes los poseen hacia cuanto de bueno hay más hacia adelante.
  94. El Diablo nos indica e induce a pensar que los pequeños pecados son insignificantes y fútiles; porque no tiene otro modo para llevarnos a males mayores.
  95. La raíz del deseo turbio e indecente es la alabanza humana, mientras que la inspección de la maldad es la raíz de la sensatez, de la templanza y la cordura, no solamente cuando se la escucha, sino cuando se la acepta.
  96. Nada gana el que renuncia al mundo y luego permanece apegado a los placeres o hedonismo y pasiones, porque lo que antes hacía mediante el dinero y las riquezas, lo hace ahora, sin poseer nada.
  97. Del mismo modo el continente o autodominante, si adquiere riquezas y dinero, es hermano del anterior mentalmente; tiene la misma madre que él, es decir, el placer espiritual, pero de un padre distinto, porque se trata de otro pazos.
  98. Existe el hombre que corta un pazos para seguir una voluptuosidad o placer más grande; y es loado por los que ignoran su motivo. Y quizás ni siquiera él se da cuenta de que hace cosas de las que no obtiene ningún beneficio.
  99. Causas de todo mal son la vanagloria y la voluptuosidad o hedonismo; el que no las odia, no vence ni elimina ningún pazos.
  100. La raíz de todos los males es la φιλαργυρία filargiría (pasión por el dinero, avaricia, codicia i riquezas), pero es claro que ésta se forma con las dos causas precedentes, es decir, la vanagloria y la voluptuosidad o hedonismo.
  101. El nus (espíritu de la psique) es enceguecido por estos tres pazos: la φιλαργυρία filargiría (pasión por el dinero, avaricia, codicia y riquezas), la κενοδοξία kenodoxía vanagloria y la ηδονή hidoní el placer, o hedonismo.
  102. Estas tres son, según las Escrituras, tres hijas de la sanguijuela, amadas con un amor muy grande por la madre insensatez o fatuidad.
  103. La gnosis-conocimiento y la fe, que son las compañeras de nuestra naturaleza humana, no han sido debilitadas y agotadas por otra cosa más que por las maldades anteriores.
  104. Furor e ira, guerras y homicidios, y toda la serie de otros males, se han fortalecido y prevalecido terriblemente entre los hombres por fuerza de estas tres maldades.
  105. Debemos, pues, rechazar y odiar la φιλαργυρία filargiría (pasión por el dinero, avaricia, codicia y riquezas), la κενοδοξία kenodoxía vanagloria y la ηδονή hidoní el placer, o hedonismo, que son las madres de los males y madrastras de las virtudes.
  106. Con motivo de éstas maldades nos ha sido ordenado no amar el mundo ni las cosas que están en el mundo (1Jn 2,15). No para que odiemos sin discernimiento, a las criaturas de Dios, sino para que eliminemos las causas de aquellas tres maldades.
  107. Ninguno embarcado en una misión militar, se inmiscuye en las cuestiones de la vida civil (2 Tm 2,4). Porque el que quiere vencer los pazos mientras está liado con las cosas civiles, es como aquel que trata de apagar un incendio con paja.
  108. El que se irrita con el prójimo por motivos de dinero, gloria o placer, voluptuosidad, no ha entendido aún que Dios gobierna todas las cosas con justicia.
  109. 109 Cuando escuchas al Señor que dice: “Si alguno no renuncia a todo lo que posee no es digno de mí” (Lc 14,33), no debes entender esto como referido solamente a las riquezas, sino también a todas las acciones malas y viciosas.
  1. El que no conoce la verdad, no puede tampoco creer en verdad. Porque según el orden natural, la gnosis-conocimiento precede a la fe.
  2. Así como a cada una de las cosas visibles Dios ha asignado las cualidades naturales, así también lo ha hecho con los pensamientos de los hombres, lo queramos o no.
  3. Si alguno, pecando manifiestamente no vuelve en la metania y no ha padecido nada hasta el día de su muerte, puedes creer que su juicio será sin piedad.
  4. El que reza con humildad, soporta las calamidades y sufrimientos que le suceden; el que guarda rencor y resentimiento, no ha rezado aún con pureza.
  5. Si recibes un daño, o un insulto, o un ultraje, o eres perseguido por alguien, no pienses en el presente, sino que debes esperar lo que vendrá. Y te darás cuenta de que todo ha sido para ti motivo de muchos bienes, no sólo en el presente siglo, sino también en el futuro.
  6. Así como algunos enfermos hace bien el amargo ajenjo, así a los que tienen mal carácter y están pervertidos, les conviene padecer males. Porque estas medicinas mejoran la salud de los primeros y a los segundos les conducen a la metania.
  7. Si no quieres padecer males, no debes tampoco querer hacerlo, porque infaliblemente una cosa sigue a la otra. Porque lo que cada uno siembra, eso también cosechará (Gal 6,7).
  8. Cuando sembramos voluntariamente el mal y después involuntariamente lo cosechamos, debemos admirar la justicia de Dios.
  9. Puesto que existe un determinado tiempo entre la siembra y la cosecha, debido a esto, dudamos de la retribución.
  10. Si has pecado, no acuses a la acción o praxis sino al pensamiento, la idea; porque si el nus (espíritu de la psique) no se hubiera adelantado, el cuerpo no lo hubiera seguido.
  11. Actúa peor el que ocasiona el mal a escondidas que aquellos que lo ejercitan abiertamente. Por esto, el primero será castigado más severamente.
  12. El que urde engaños y ocasiona el mal a escondidas, es, según las Escrituras, una serpiente sentada en el camino, que muerde el talón de los caballos (Gen 49,17).
  13. El que alaba por algunas cosas al prójimo y al mismo tiempo le reprocha otras, está dominado por la vanagloria y la envidia. Con las alabanzas trata de esconder la envidia y con los reproches o acusaciones se presenta como una persona mejor que la otra.
  14. Como no es posible que convivan ovejas y lobos, también es imposible obtener la misericordia aquel que está engañando a su prójimo.
  15. El que junto con el precepto o mandamiento mezcla a escondidas su propia voluntad, es un adúltero, tal como se revela en la Sabiduría (Pro 6, 32), y, faltándole sentido común, está expuesto a dolores, sufrimientos y deshonores.
  16. Así como el agua y el fuego no pueden estar juntos, así se oponen la humildad y la justificación.
  17. El que busca la remisión de sus pecados, ama la humildad. El que condena al otro, pone un sello sobre sus propios pecados y males.
  18. No permitas que permanezca en ti ningún pecado no borrado, aunque fuera muy pequeño para que a continuación no te arrastre hacia males peores y mayores.
  19. Si quieres salvarte, ama el logos verdadero y sincero y, no rechaces nunca un reproche sin haberlo considerado.
  20. El logos de la verdad, es decir, la inspección, ha transformado la “estirpe de víboras” y les ha enseñado e indicado a huir “de la ira que viene” (Mt 3,7).
  21. El que recibe y acepta los logos de la verdad, recibe al Dios Logos. Porque dice: “40 El que os recibe a vosotros como enviados míos y os acoge, a mí me recibe, y el que a mí me recibe, recibe al que me envió al mundo” (Mt 10,40).
  22. El pecador es como aquel paralítico bajado desde el techo para ver a Jesús, quien, controlado por unos creyentes en Dios, recibe el perdón por la fe de ellos (Mrc 2,4).
  23. Es preferible rezar con devoción e intensamente por el prójimo antes que reprocharle cada pecado cometido.
  24. El que con rectitud vuelve en la metania, es objeto de mofa por los tontos. Pero esto es para él un signo de aprobación y agrado de Dios.
  25. El luchador que se priva de todo (1Cor 9,25), no cesará de hacerlo hasta que Dios no haya destruido la descendencia o esperma de Babilonia (Jer 27,16).
  26. Supón que son doce los pazos deshonrosos; si te hubieses apegado y amado a uno de ellos con tu voluntad, solo ese ocupará el lugar vacío que dejaron los otros once.
  27. El pecado es un fuego que arde. Cuanto más lejos dejes el material combustible, más rápidamente ese fuego se irá apagando. Análogamente, cuanto más material combustible agregues al fuego, tanto más se difundirá.
  28. Si te has agrandado y enorgullecido debido a las alabanzas, espera el deshonor. Porque se ha dicho: El que se ensalce será humillado (Lc 14,11).
  29. Cuando hayamos rechazado toda malicia voluntaria de nuestra mente y de nuestro corazón, deberemos combatir contra los pazos preconcebidos.
  30. Tal pre-concepción consiste en el recuerdo involuntario de los pecados y males pasados; y al que lucha le es impedido desarrollarse en pazos, pero en el vencedor esto es rechazado en el primer asalto y estímulo.
  31. El asalto o estímulo es el movimiento sin imágenes pecadoras del corazón o la fantasía como si fuera un paso estrecho de la montaña, que es tomado antes por aquellos que tienen experiencia.
  32. Donde el pensamiento está acompañado por las imágenes, allí hubo consentimiento, porque el estímulo o asalto sin imágenes es un movimiento sin pecado. Existe aquel que logra salir de él como un tizón extraído del fuego (Zac 3,2) y existe el que no vuelve atrás hasta que se reanime la llama.
  33. No digas: “sin quererlo me viene la tentación”. Porque aunque en todo caso no deseas esta praxis pecadora en sí misma, sin embargo, amas sus causas.
  34. El que ama las alabanzas, se encuentra en el pazos. Y el que se entrega a las quejas y lamentos por una tribulación que lo aqueja, ama la voluptuosidad, el placer o hedonismo.
  35. El pensamiento de quien ama la voluptuosidad o del hedonista es inestable como si se encontrara ubicado en una balanza. Y unas veces se lamenta y llora por sus pecados, otras veces combate y contradice al prójimo, defendiendo su voluptuosidad o hedonismo.
  36. El que a todo lo controla e inspecciona y retiene lo bueno que encuentra, a continuación huirá de todo mal astuto y vil.
  37. El hombre que sabe tolerar y tiene magnanimidad, abunda en virtud (Pro 14,29); semejante a él es aquel que presta atención para escuchar logos de sabiduría espiritual.
  38. Sin el recuerdo de Dios, no habrá verdadera gnosis-conocimiento. La gnosis espiritual sin el recuerdo de Dios es bastarda.
  39. Al que es duro de corazón, le va bien un buen logos relativo a un conocimiento más fino que le trae temor. Puesto que, sin temor, no acepta con agrado las fatigas y esfuerzos de la μετάνοια metania.
  40. Al hombre apacible y humilde le benefician los logos sobre la fe; porque éste no tienta la magnanimidad de Dios y no le acusa su conciencia por sus continuas transgresiones.
  41. No inspecciones a un hombre poderoso por su vanagloria; sino muéstrale la ignominia futura que caerá sobre él, porque de este modo, el hombre que es sensato aceptará de buen grado la inspección y el reproche.
  42. El que odia la inspección y el reproche (Pro 12,1) se ha entregado voluntariamente en el pazos. El que acepta el reproche y control, es claro que está desviado al pazos por la mala costumbre anterior.
  43. No quieras escuchar y conocer las malas acciones de los otros; porque así se te imprimen también los acontecimientos, las características las malas astucias de los otros.
  44. Si has escuchado ciertas malas palabras, enójate contigo mismo y no con quien las ha hablado, porque si escuchas con mala astucia corresponderás con mala astucia, para el que tiene un mal oído, es malo también el embajador.
  45. Si uno se encuentra con hombres que hacen y hablan discursos vanos, que se considere a sí mismo responsable de dichas palabras. Si no fuera por un motivo reciente, habrá ciertamente alguna vieja deuda.
  46. Si vieras que alguno te alaba con hipocresía, espera de él reproches, a su debido tiempo.
  47. Intercambia las aflicciones y sufrimientos del presente por beneficios futuros de manera anticipada, y tu esfuerzo y lucha nunca se debilitará debido a la negligencia.
  48. Cuando algún hombre te ayude materialmente y le elogias como bueno sin tener en cuenta a Dios, ese hombre después te parecerá astuto malo y vil.
  49. Todo bien viene del Señor, por economía y por divina condescendencia. Aquellos que traen dichos bienes son servidores de los bienes.
  50. Acepta con pensamiento equilibrado el confluir de los bienes y de los males. Es así como Dios derroca y transforma las anomalías de las cosas.
  51. Las cosas que nos suceden se deben a nuestros pecaminosos loyismí (pensamientos simples o unidos con la fantasía). Porque Dios ha asignado las acciones involuntarias convenientemente a las voluntarias.
  52. Las realidades sensibles son producidas por las inteligibles y proporcionan lo debido por decisión de Dios.
  53. De un corazón dominado por la voluptuosidad o hedonismo nacen pensamientos y logos viles y mortíferos, ya que por el humo conocemos lo que se está quemando.
  54. Permanezca firmemente con nipsis en tu nus (espíritu del corazón) y no te cansarás entre las tentaciones. Si te vas te allí, soporta las tristes consecuencias.
  55. Ruega para que no caiga sobre ti la tentación (Mt 6, 18), pero si te viniera, acéptala no como algo extraño, sino como algo tuyo.
  56. Aparta tu pensamiento de toda ambición y codicia y podrás ver las insidias y los engaños del Diablo.
  57. El que afirma que conoce todas las insidias y malas artes del Diablo, nos muestra que no se conoce a sí mismo perfectamente.
  58. Cuando el nus (espíritu de la psique) se libera de las ocupaciones del cuerpo, ve análogamente las astucias de los enemigos.
  59. El que se deja arrastrar por sus pensamientos, queda enceguecido por ellos y mientras ve las acciones del pecado, sus causas no las puede ver.
  60. Existe el hombre que visiblemente cumple un precepto divino, si bien, trabaja a un pazos, borra la buena acción mediante malos astutos pensamientos.
  61. Cuando te encuentres aún en el principio del mal, no digas: «No me vencerá». Porque en la medida que te encuentres en el mal, en esa medida has sido ya vencido.
  62. Toda cosa empieza por poco y poco a poco se desarrolla y se hace grande.
  63. El métodos de la malicia es una red tortuosa, y el que se enreda un poco, si es negligente, es encerrado y apretado por completo.
  64. No quieras escuchar las desgracias acaecidas a los enemigos, porque el que escucha tales palabras, recoge los frutos de su mala intención.
  65. No pienses que una tribulación y tristeza cae sobre los hombres a causa de los pecados. Hay hombres que son de agrado del Dios y sin embargo tienen tribulaciones y sufrimientos. Porque dice la Escritura: “que los perversos y los malos descendientes de los impíos serán perseguidos” (Sal 36, 28). Del mismo modo está escrito: “Todos los que quieran vivir piadosamente en Cristo Jesús, sufrirían persecuciones (2Tim 3,12).
  66. En tiempos de tribulaciones, cuídate de los asaltos de la voluptuosidad o hedonismo, ya que ésta es aceptada de buen grado porque consuela y endulza la tribulación y el sufrimiento.
  67. Algunos denominan sensatos a los que disciernen y analizan las realidades y cosas sensibles. Sin embargo, son sensatos aquellos que tienen dominio de sus malas voluntades.
  68. Antes que tus males hayan sido destruidos, no obedezcas a tu corazón. Porque de lo que le pongas de esto busca agregar más.
  69. Hay serpientes que se esconden en los valles boscosos y otras que se introducen en las casas, de la misma manera, hay pazos que toman forma con la mente y otras obran en la práctica; aunque puede suceder que se transformen, pasando de un tipo de imagen a otro.
  70. Cuando veas las cosas que están estables en tu interior, se muevan y agitan tu nus (espíritu de la psique) en algún pazos, cuando estás en hisijía (paz y serenidad interior), sepas que tu nus alguna vez ha precedido en praxis o acción y ha colocado estos pazos en el corazón.
  71. No se forma la nube si no es por el soplo del viento. Del mismo modo, el pazos no nace si no es por la fuerza del pensamiento.
  72. Si no obedecemos la voluntad de la carne, como dice la Escritura, evitaremos con la ayuda del Señor fácilmente las malas tendencias que anteriormente teníamos en nuestro interior.
  73. Las imágenes que se encuentran marcadas en el interior del nus (espíritu de la psique) son particularmente graves, viles y vigorosas. Las imágenes que se forman por el pensamiento son causa de estas y han precedido, es decir, primero las piensa el nus con la mente, no las ha expulsado y entonces se han instalado en el fondo del corazón como enfermizos pensamientos, fantasías y pazos.
  74. Hay una malicia que se instaló en el corazón por la una costumbre de largo tiempo,; y hay una malicia que combate a la mente con pensamiento mediante de las acciones cotidianas.
  75. Dios evalúa nuestras praxis de acuerdo con nuestras intenciones. Porque dice la Escritura: Se ha dicho: “Te dé el Señor según tu corazón” (Sal 19,5).
  76. El que no persevera en el estudio y en escrutar su conciencia, tampoco acepta con agrado las fatigas de su cuerpo por amor a la vida piadosa.
  77. La conciencia es un libro que lo tenemos por nuestra naturaleza. El que lo estudia en praxis activamente, recibe la ayuda divina.
  78. El que no asume las fatigas voluntarias que provienen del amor por la verdad, es instruido más duramente por las fatigas involuntarias.
  79. El que ha conocido la voluntad de Dios y según el poder que le haya sido concedido, la realiza, con pequeñas fatigas evitará las grandes.
  80. El que pretenda vencer las tentaciones sin la oración y paciencia, no las rechazará sino que quedará más liado y atrapado por ellas.
  81. El Señor está escondido en Sus mandamientos-logos y en aquellos que Lo buscan, se encuentra análoga con la disposición, la aplicación y el trabajo de los mandamientos o divinos principios espirituales.
  82. No digas: «He cumplido los mandamientos pero no he encontrado al Señor.» Puesto que, como dice la Escritura frecuentemente has encontrado conocimiento y virtud. Y aquellos que lo buscan con rectitud, encontrarán la paz (Pr 16,8).
  83. La paz es la liberación de los pazos; la cual no podrá ser encontrada sin la energía increada y obra del Espíritu Santo.
  84. Una cosa es la realización de un mandamiento y otra cosa es la virtud, aunque a veces se intercambien y una de la otra toma el motivo.
  85. Denominamos realización de un mandamiento el cumplir lo divino que ha sido mandado; es virtud, el que uno le guste de verdad la realización del divino mandamiento-logos.
  86. Tal como una sola es la riqueza material, pero se adquiere de múltiples maneras, del mismo modo, una sola es la virtud, aunque se logra de muchas distintas actividades.
  87. El que descubre y habla logos piadosos sin tener obras, enriquece de iniquidad también sus esfuerzos, como dicen las Escrituras, “entran en las casas de los otros” (Pro 5,10).
  88. Todo obedece al oro, dice el proverbio; pero las realidades espirituales y los pensamientos se arreglan por la χάρις jaris gracia, la energía increada de Dios.
  89. Se encuentra la buena conciencia mediante la oración; y la oración pura, mediante la conciencia. Porque por naturaleza una cosa necesita de la otra.
  90. Jacob confeccionó para José una túnica de múltiples colores (Gen 37,3). También el Señor regala al humilde el conocimiento-gnosis de la verdad, por medio de la jaris gracia increada, tal como está escrito: “El Señor enseñará sus caminos a los humildes (Sal 24:9).
  91. Obra el bien siempre según tus posibilidades, y cuando te surja la ocasión de dar más, no des menos, porque dice la Escritura: «Ninguno pone la mano en el arado y mira atrás, no puede arar el terreno; así también cada uno que asume a trabajar como alumno y apóstol mío y vuelve atrás a los suyos y a los hombres de este mundo, no es apto para el reinado de la realeza increada de Dios» (Lc 9,26).

 

San Marcos el Asceta

B) 226 capítulos a propósito de aquéllos que se creen justificados por sus obras

 

  1. La ilegalidad o iniquidad será inspeccionada y juzgada por los que tienen fe firme y han conocido la verdad, con las cosas que se escriben más abajo.
  2. El Señor, queriendo demostrar que cada mandamiento-logos es justo y constituye nuestro deber y que la adopción es Su donación, por medio de Su sangre regalada a los hombres, dice: “Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: Siervos inútiles somos, porque simplemente hicimos lo que debíamos hacer” (Lc 17,10). Por esto la realeza increada de los Cielos no es salario por las obras, sino χάρις jaris (gracia, energía increada) del Señor preparada para Sus siervos fieles.
  3. El siervo no pide la libertad como salario, sino que agrada al Señor como deudor y la espera por la jaris gracia increada.
  4. Cristo ha muerto por nuestros pecados, según las Escrituras (1Cor 15,3) y a quienes lo sirven bien, les regala la libertad. Porque dice Cristo: “Bien, siervo bueno y fiel, sobre poco has sido fiel, y te pondré sobre mucho; entra a tomar parte en el gozo y alegría de tu Señor” (Mt 25,21).
  5. No es aún siervo fiel el que se apoya sobre el simple conocimiento fino, sino aquel que muestra su fe mediante la aplicación y el cumplimiento de los mandamientos-logos de Cristo.
  6. El que honra al Señor, hace lo que Él manda. El que se equivoca o desobedece, soportará las consecuencias como es debido ya que se deben a él.
  7. Si amas el aprender, hazte amante y buen realizador de los divinos mandamientos-logos, porque la gnosis fina o conocimiento de las realidades divinas “hincha” (1Cor 8,1) al hombre.
  8. Las tentaciones inesperadas que nos vienen y nos acosan, son divina economía y nos enseñan providencialmente a amar la fatiga, el esfuerzo en trabajo por los mandamientos –logos y nos conducen aunque no lo queramos a la metania.
  9. Las tribulaciones y sufrimientos que caen sobre los hombres son el producto de nuestros males y de nuestros pecados. Pero si los soportamos mediante la oración, veremos que vuelven de nuevo los bienes.
  10. Algunos, recibiendo alabanzas por su virtud, han encontrado también el placer de la vanagloria, considerando dicha vanagloria como consuelo divino. Otros, reprochados por su pecado, se han sentido dolidos y este dolor benéfico lo han considerado como obra del mal.
  11. Los que, con el pretexto de su lucha, se enorgullecen y se levantan contra los que son más negligentes, consideran estar justificados por las obras de su cuerpo. Pero los que nos basamos solamente en la fina y sin obras gnosis-conocimiento, despreciamos a los que no conocen las realidades divinas, somos incluso más insensatos y tontos que ellos.
  12. Si no tenemos obras, aún la gnosis-conocimiento no es seguro incluso si es verdadero. Porque, respecto a cualquier realidad, la confirmación es dada por la obra.
  13. A menudo el conocimiento-gnosis es oscurecido por la negligencia en la práctica o praxis. Porque aquellos que han dejado de lado totalmente el trabajo espiritual, los recuerdos de ellos se borrarán de la memoria con el tiempo.
  14. Por ello, las Escrituras nos sugieren adquirir plena gnosis-conocimiento sobre Dios, para poder servirlo ortodoxamente mediante nuestras obras.
  15. Cuando realizamos los mandamientos con claridad, el Señor nos envía la correspondiente recompensa y nos beneficiamos psíquicamente según el propósito de nuestra intención.
  16. El que quiere hacer algo y no puede hacerlo, es como aquel que lo ha hecho delante de Dios, quien conoce los corazones. Y esto es válido, ya sea para el bien, ya para el mal.
  17. El nus (espíritu del corazón) también sin el cuerpo hace cosas malas y buenas. Pero el cuerpo sin el nus, nada puede hacer de esto, porque antes de la praxis se reconoce la ley de la libertad y el nus con su mente decide lo que va hacer y no hacer.
  18. Algunos que no cumplen los mandamientos creen de tener una fe que procede con rectitud. Otros, que los cumplen, esperan la Realeza increada como un salario que se lo debe Dios. Los dos se encuentran desviados fuera de la verdad.
  19. El patrón o señor no debe ningún salario a sus esclavos; éstos, a su vez, de no servir bien, no obtendrán su libertad.
  20. Si Cristo ha muerto por nosotros (Rom 5,8), como dicen las Escrituras, y nosotros no vivimos para nosotros mismos, sino para Aquel que ha muerto por nosotros y ha resucitado (2Cor 5,15), es evidente que estamos comprometidos a servirLe hasta la muerte. ¿Cómo considerar, pues, cosa debida la adopción de hijos?
  21. Cristo es el Soberano por esencia y Soberano según la economía; porque nos hizo cuando no existíamos y, muertos por el pecado, nos ha rescatado mediante Su Sangre y ha donado la χάρις jaris (gracia, energía increada) a aquellos que lo creen así.
  22. Cuando escuches de las Escrituras que Cristo recompensará a cada uno según sus obras (Mt 16, 27), no entiendas que se refiere a obras dignas de la gehena o infierno o del Reinado de la Realeza increada, debes entender que Cristo dará a cada uno una retribución por las obras relativas a la incredulidad o a la fe en Él; no como un mediador de negocios, sino como el Dios que nos ha creado y redimido por Su Sangre.
  23. Todos aquellos que hemos sido hechos dignos del bautismo, no ofrecemos nuestras buenas obras para lograr una retribución, sino para custodiar y guardar la pureza del santo Bautismo.
  24. Toda buena obra que realizamos, nos mantiene alejados de lo contrario, pero sin la jaris gracia increada no se puede alcanzar y añadir ninguna santificación.
  25. El continente se mantiene alejado de la gula; el que es pobre voluntario, de la avaricia, codicia y ambición; el silencioso, del mucho hablar, de la verborrea; el puro, del amor al placer o hedonismo; el decente, de la fornicación o lujuria; el autosuficiente, del amor por el dinero o avaricia, el apacible, de las discusiones; el humilde, de la vanagloria; el que se somete, de la contienda; el que se deja inspeccionar, de la hipocresía; del mismo modo, el que ora se mantiene alejado de la desesperación; el pobre, del deseo de tener muchas posesiones; el confesor de la fe, de renegar; y el mártir, de la idolatría. ¿Ves cómo toda virtud que se practica hasta la muerte no es otra cosa que la abstención del pecado? Pero abstenerse del pecado es obra normal natural, no un precio a pagar para recibir, en compensación, la Realeza increada.
  26. El hombre con dificultad custodia y guarda lo que es propio de su naturaleza, pero Cristo, mediante la Cruz, nos ha regalado la adopción.
  27. Hay un precepto-mandamiento parcial y otro que contiene todos los mandamientos. Con el parcial se manda dar a quien nada posee (Lc 3,11); con el otro, se ordena que uno renuncie a todos sus propios bienes (Lc 14,33).
  28. Hay una acción de la jaris gracia (energía increada) de la cual el que es niño no se percata, y hay una energía y operación de la malicia que es similar a la verdad. Está bien no detenerse y observar demasiado en estas cosas, para no caer en engaño; sin embargo no debemos condenarlas, no vaya ser que sean verdad, sino que deberemos presentar todo a Dios por medio de la esperanza, ya que Él sabe de la utilidad de ambas cosas.
  29. El que quiere cruzar el mar inteligible de los pazos, es, humilde, vigilante, paciente, magnánimo y continente. Sin estas virtudes, sólo perturba el corazón, aunque se esfuerce por entrar, no podrá atravesar ese mar.
  30. La ησυχία hisijía (serenidad y paz interior divina) es la rescisión de los males. Si luego agregamos las virtudes anteriores, conjuntamente con la oración, no hay ayuda más rápida que ésta para alcanzar la απάθεια apázia (impasibilidad, sin pazos).
  31. No es posible tener hisijía el nus (espíritu de la psique), si no se tranquiliza el cuerpo; tampoco se puede eliminar la pared divisoria que se halla entre ellos sin hisijía (serenidad y paz interior divina) y oración.
  32. Nuestra naturaleza inferior que trabaja los deseos de la carne o cuerpo, está contra de nuestra naturaleza espiritual que es inspirada por el Espíritu Santo. Pero aquellos que se comportan de acuerdo con las inspiraciones del Espíritu Santo, no llevan a cabo los deseos de la carne (Gal 5, 16-17).
  33. No hay oración perfecta sin invocación espiritual con el nus (espíritu de la psique). Dios atiende el nus que grita fuertemente sin distracción.
  34. Cuando el nus (espíritu de la psique) ora sin distracción con atención y perseverancia, refrena y quebranta su corazón. Un corazón pleno de contrición y de humildad, Dios no lo desprecia ni lo agota (Sal 50,17).
  35. A la oración también se la denomina virtud, aunque es la madre de todas las virtudes, porque las genera o la da a luz mediante la unión con Cristo.
  36. Lo que hacemos sin oración y sin buena esperanza, resultará de ello algo nocivo e imperfecto.
  37. Cuando oyes que los últimos serán los primeros y los primeros, últimos (Mt 20:16), entiende esto como referido a aquellos que son partícipes de las virtudes y a los que son partícipes de la agapi (amor desinteresado). La agapi está en el último lugar entre las virtudes, pero se convierte en la primera por su valor y deja todos las virtudes que se han realizado como últimas.
  38. Si en la oración te aprisiona la acedia (pereza espiritual) o estás entristecido por los modos variados del mal, recuerda tu muerte y los terribles infiernos. Más bien debes apegarte a Dios con la oración y la esperanza (Sal 72,28), antes que tener recuerdos exteriores, aunque éstos puedan ser útiles.
  39. Ninguna de las virtudes, por sí sola, puede abrirnos el camino hacia Dios, si todas ellas no dependen con orden una la otra, deberán vincularse entre sí.
  40. No es continente el que se nutre de loyismí (pensamientos simples o unidos con la fantasía), ya que, aunque sean útiles, no son más útiles que la esperanza.
  41. Es un pecado de muerte todo pecado del cual el hombre no se arrepiente. Y aunque un santo rogara por otro que cometió un pecado de este tipo, no sería escuchado.
  42. El que se arrepiente y vuelve correctamente en la metania, no calcula compensar con su fatiga los pecados anteriormente cometidos; pero con lo que hace, se torna propicio a Dios.
  43. Si tenemos el deber de hacer cada día todos los bienes que pueda hace el hombre, entonces, ¿qué podremos dar a Dios a cambio por nuestros pecados?
  44. Aunque podamos ejercitar al máximo nuestra virtud hoy, no trae recompensa, sino que es inspección de que en el pasado éramos negligentes.
  45. El que está espiritualmente atribulado y entristecido y descansa corporalmente o carnalmente, es parecido a aquel que está atribulado en su cuerpo pero disipado espiritualmente.
  46. La tribulación voluntaria de una de estas partes coopera para la otra: la intelectual-mental coopera en la carnal; y la de la carne en la intelectual o mental porque su combinación origina una gran fatiga.
  47. Es de gran virtud para nosotros soportar las aflicciones, tribulaciones que nos vienen y amar al prójimo que nos odia, según el logos del Señor (Mt 5,44).
  48. La prueba de agapi (amor desinteresado) no hipócrita es el perdón de nuestras faltas. Porque así es como el Señor ha amado al mundo.
  49. No es posible perdonar, desde nuestro corazón, las faltas y errores de los otros sin la verdadera gnosis-conocimiento espiritual, porque ella manifiesta en cada uno las aflicciones de los otros como propias.
  50. No perderás nunca lo que dejas perdonando para el Señor. A su debido tiempo se te devolverá multiplicado.
  51. Cuando uno olvida que el objetivo es la piedad, entonces la obra exterior de la virtud se torna inútil.
  52. Si en cada hombre la dirección torcida de su nus (espíritu de la psique) es perjudicial, tanto más en quienes han elegido rigurosamente cómo regla la exactitud de los logos o palabras, en praxis y en pensamientos.
  53. Ponte a filosofar en torno a los hechos que giran alrededor de la voluntad del hombre y la retribución de Dios. Porque las palabras no son más sabias ni más útiles que las obras.
  54. En las fatigas resultantes de llevar una vida piadosa son aliviadas por la ayuda divina. Esto debemos aprenderlo por medio de la ley divina y de la conciencia.
  55. Uno ha recibido una opinión y despistado la ha mantenido sin someterla a ningún examen. Otro la ha recibido y la ha comparado con verdad. Se pregunta: ¿quién de los dos ha actuado con mayor piedad?
  56. La gnosis verdadera es tener paciencia en las propias penas y no acusar a los hombres por las propias desventuras y desgracias.
  57. El que hace el bien buscando una retribución, no sirve a Dios, sino a la propia voluntad.
  58. No es posible al que ha pecado escapar del castigo, sino sólo con la metania que conviene a cada error y pecado.
  59. Algunos dicen que no podemos hacer el bien si no recibimos enérgicamente la jaris gracia (energía increada) del Espíritu.
  60. Siempre aquellos que con su voluntad y predisposición están dedicados a los placeres o hedonismo, no se ocupan hacer lo que pueden, creyendo que en su lucha se quedan sin ayuda de Dios.
  61. La jaris gracia increada se ha dado místicamente a los que fueron bautizados en Cristo, la cual actúa a los que trabajan los mandamientos. La jaris no deja de ayudarnos, pero depende de nosotros hacer el bien según nuestras fuerzas y posibilidades.
  62. Al principio la jaris gracia (energía increada) despierta la conciencia caída de un modo digno de Dios. Es por esto que muchos malhechores, una vez vueltos a la metania, son gratos a Dios y Le agradecen.
  63. A la jaris gracia (energía increada) se la encuentra escondida en la enseñanza del prójimo. A veces acompaña durante la lectura y, mediante un proceso natural, enseña su propia verdad. Si no escondemos, el talento de este proceso natural que hemos recibido de estas maneras, entraremos eficazmente en el gozo y la alegría del Señor (Mt 25,14-30).
  64. Quien busca las energías (increadas) del Espíritu antes de haber trabajado los mandamientos-logos, es similar a un esclavo comprado a un precio determinado, quien, en el momento de ser comprado, trata de hacer registrar junto a su precio también su libertad.
  65. El que ha descubierto que las aflicciones vienen por la justicia de Dios, éste, en la búsqueda del Señor, ha encontrado la gnosis (conocimiento espiritual) junto con la justicia (Pro 16, 8).
  66. Si tú entiendes, según lo que dicen las Escrituras, que en toda la Tierra están los juicios de Dios, cada acontecimiento desgraciado se hará para ti maestro de la teognosía (conocimiento de Dios).
  67. 67. Según lo que está pensando cada hombre, le viene lo adecuado y debido. La variedad de las tentaciones que le hacen falta, la conoce sólo Dios.
  68. Cuando sufres algo deshonroso por parte de los hombres, piensa en seguida que te vendrá alguna doxa-gloria de Dios. Así te librarás de la tristeza y de la turbación, aun estando en el deshonor, y en la gloria, cuando venga, serás fiel y libre de condena.
  69. Cuando seas alabado por la gente, según la complacencia de Dios, no mezcles nada ostentoso en lo que ha economizado Dios; para que no cambien las cosas y caigas en situación contraria.
  70. La semilla no puede crecer sin tierra ni agua. Así también el hombre no obtendrá nada sin esfuerzos y fatigas voluntarias ni ayuda divina.
  71. Sin la nube es imposible que caiga la lluvia. Así, sin un buen testimonio interior (buena conciencia), no es posible ser gratos a Dios.
  72. No te niegues a aprender aunque fueras sumamente inteligente y sabes mucho. Porque la divina economía o administración divina nos brinda más beneficios que nuestra inteligencia y sensatez.
  73. Cuando a causa de algún placer, el corazón resbala de su lugar natural, se torna difícil detenerlo, casi como si fuera un piedra pesada que rueda cuesta abajo y no se puede detener.
  74. Igual un ternerito inexperto que corre por los prados y termina en un lugar rodeado por precipicios, así es la psique-alma que poco a poco se deja arrastrar por los loyismí (pensamientos simples o unidos con la fantasía).
  75. Cuando el nus (espíritu de la psique) con la mente, con la valentía que otorga el Señor, libera la psique-alma de años de hábito pecaminoso, entonces el corazón se siente como si estuviera siendo arrastrado por verdugos que lo arrastran por aquí y por allá, ya sea por el nus como por el pazos.
  76. Así como aquellos que navegan en el mar, con la esperanza de una ganancia, soportan voluntariamente el ardor del sol, así también los que odian el mal, aman la inspección y el reproche. Puesto que, el ardor del sol es opuesto a los vientos, y la inspección es opuesta a los pazos.
  77. Igual que el viaje en tiempo de invierno o en el día sábado causa dolor a la carne y contaminación a la psique-alma, “Orad, por tanto, para que vuestra huida no sea en invierno, ni en sábado” (Mt 24,20), tal es la revolución de los pazos un cuerpo senil y en una psique-alma dedicada a Dios.
  78. Ninguno es tan bueno ni tan caritativo como el Señor. Pero el que no vuelve a la metania y no se arrepiente no es perdonado por Él tampoco.
  79. Muchos de entre nosotros nos afligimos por los pecados, pero recibimos bien y con agrado aquello que los causa.
  80. El topo que se arrastra bajo tierra, siendo ciego, no puede ver las estrellas. Del mismo modo, el que no tiene fe respecto a las cosas temporales, no puede creer lo que concierne a las eternas.
  81. Jaris-gracia (energía increada) antes de la jaris, es el verdadero conocimiento (gnosis) donado por Dios a los hombres. Sobre todo a los que la recibieron enseña a creer al donador Dios.
  82. Cuando una psique-alma pecadora no acepta con agrado los sufrimientos que la afligen, entonces los ángeles dicen de ella: “Hemos curado a Babilonia, pero no se ha sanado” (Jer 28,9).
  83. El que se olvida del verdadero conocimiento (gnosis divina), lucha a favor de los enemigos casi como si fueran éstos la ayuda y el interés de los hombres.
  84. Así como el fuego no puede durar en el agua, tampoco un mal pensamiento sobrevive en una psique-alma que ama a Dios, porque el filoteo (amigo de Dios) ama a los esfuerzos; y el esfuerzo voluntario es por naturaleza enemigo del placer o del hedonismo.
  85. El pazos que ha encontrado alimento y dominio por medio de nuestra voluntad, luego aunque éste hombre no lo quiera será dominado por la fuerza del pazos.
  86. Amamos las causas de los pensamientos involuntarios, y es por esto que éstos sobrevienen y nos atacan. En cuanto a los pensamientos voluntarios, es evidente que amamos sus objetivos y objetos.
  87. La presunción y la arrogancia son causas de blasfemia y maledicencia. Φιλαργυρία filargiría (amor por el dinero, las riquezas o avaricia) y la vanagloria son causa de la crueldad de corazón y de la hipocresía.
  88. Cuando el diablo ve que el nus (espíritu de la psique) reza desde el corazón, entonces ataca con grandes y malignas tentaciones. No quiere destruir pequeñas virtudes con grandes ataques.
  89. Un loyismós (pensamiento simple o unido con la fantasía) que se detiene mucho tiempo en el hombre, manifiesta la disposición pasional que tiene hacia tal cosa. Cuando es destruido en seguida, es índice de lucha y de oposición del hombre contra este loyismós.
  90. Tres son las regiones espirituales en las cuales el nus (espíritu de la psique) entra y se transforma: “según natura o naturaleza”, “sobre-natura” y “contra natura”. Cuando se halla según natura, se encuentra a sí mismo causante de malos pensamientos y confiesa a Dios sus pecados reconociendo las causas de los pazos. Pero cuando se encuentra en la región contra natura, se olvida de la justicia de Dios y combate a los hombres como si éstos le perjudicaran y le causaran daño. Cuando llega a la región sobre-natura, encuentra los frutos del Espíritu Santo, los que dijo el Apóstol: “amor, alegría, paz etc.” (Gal 5,22). Y sabe que si da preferencia a los deseos del cuerpo, no puede permanecer allí. Y el que abandona y cae de esta región cae en el pecado y en las terribles calamidades que le siguen, aun que no inmediatamente, sino a su debido tiempo, tal como se conoce la justicia de Dios.
  91. Para cada uno la gnosis espiritual puede ser verdadera en la medida que su humildad, su apacibilidad o mansedumbre y su agapi-amor lo confirman como tal.
  92. Todo aquel que fue bautizado Ortodoxo, ha recibido místicamente toda la χάρις jaris (gracia, energía increada). Pero es informado de esto analógicamente mediante la aplicación y el cumplimiento de los mandamientos (logos, principios espirituales).
  93. El mandamiento-logos de Cristo que se aplica y se cumple con conciencia regala consolación en función de la multitud de dolores y tristezas del corazón. Pero cada una de estas cosas se realiza a su debido tiempo.
  94. Hacer con perseverancia y firme la súplica por cada cosa, de este modo nada puede ser cumplido sin la ayuda de Dios.
  95. Ninguna otra cosa es más poderosa y efectiva que la oración y nada es más útil que la oración para lograr la buena disposición, buen ánimo y bendición de Dios.
  96. La oración encierra en sí misma todo trabajo y toda la actuación de los mandamientos-logos. Nada es más alto que la agapi (amor incondicional, desinteresado) de Dios.
  97. La oración libre de divagaciones es una señal del amor a Dios para el que persevera y se mantiene continuamente en ella. Pero que el nus (espíritu del corazón) y la mente sean negligentes y descuidados en la oración es índice de amor al placer o del hedonismo.
  98. El que vela, tiene paciencia y tolerancia y ora sin sentirse oprimido, evidentemente es partícipe del Espíritu Santo. Pero incluso el que es oprimido por estas cosas y las soporta con buena voluntad recibe de Dios una pronta ayuda.
  99. Un mandamiento-logos se diferencia del otro. Por lo tanto, hay una fe que es más firme, imperturbable y más segura que otra.
  100. Hay una fe que nace de las cosas y realidades que hemos escuchado (Rom 10,17), y existe una fe que es la esencia de las cosas esperadas, como dice el Apóstol: “La fe es la convicción firme y garantía de las cosas que se esperan, la prueba de aquellas que no se ven por los ojos físicos” (Heb 11,1).
  101. Es cosa buena beneficiar con las palabras a los que preguntan, pero es mejor ayudar con la oración y la virtud. Porque el que se ofrece a sí mismo a Dios mediante estas cosas, ayuda a sí mismo y también al prójimo.
  102. Si con pocas palabras quieres ayudar y hacer el bien a quien ama aprender, indícale la oración, la ortodoxa fe y paciencia en las tribulaciones y tristezas. Puesto que todos los otros bienes los encontramos por intermedio de éstos.
  103. Por las cosas que uno tiene esperanza en Dios, ya no se enfrenta ni discute por estos con los otros.
  104. Si todo lo involuntario tiene como causa las cosas voluntarias, según las Escrituras, nadie es tan enemigo del hombre como lo es él de sí mismo.
  105. De todos los males la ignorancia es la primera, segunda la incredulidad.
  106. Huye de la tentación mediante la paciencia y la oración. Si tratas de oponerte sin estos medios, la tentación ataca aún más fuerte.
  107. El que es apacible según Dios, es más sabio que los sabios; y el humilde de corazón es más poderoso que los poderosos. Porque éstos llevan y soportan el yugo de Cristo (Mt 11,29) con gnosis-conocimiento espiritual.
  108. Cualquier cosa que digamos o hagamos sin oración, será luego peligrosa o dañina, y nos acusará sin que nos percatemos mediante los hechos.
  109. A causa de las obras, los logos dichos) y el pensamiento uno se convierte y se hace justo. A causa de la fe, la jaris (gracia energía increada) y la metania muchos de convierten y se hacen justos.
  110. Así como es inusitado para el que está en metania enaltecerse y tener otro sentir de sí mismo, así es imposible tener sentimientos y actitudes humildes para el que peca voluntariamente.
  111. La humildad no es una condena por parte de la conciencia, sino que es la jaris (gracia increada) de Dios e información exacta interior de Su compasión y simpatía.
  112. Lo que es la casa para el aire, así es el nus (espíritu de la psique) para la divina jaris. Cuanto más cosas materiales sacas fuera de la casa, más entra en su lugar el aire, mientras que cuanto más cosas materiales se colocan dentro, tanto más se retira el aire.
  113. El material de una casa está constituido por objetos y alimentos. El material del nus (espíritu de la psique), por la vanagloria y la voluptuosidad o hedonismo, placer.
  114. El amplio espacio del corazón es la esperanza de Dios. Lo que oprime y disgusta es la preocupación por el cuerpo.
  115. Es una e inmutable la χάρις jaris (gracia, energía increada) del Espíritu Santo, pero actúa en cada uno como quiere (1Cor 12,11).
  116. Tal como la lluvia caída sobre la tierra ofrece a cada planta la calidad de nutrición que le conviene, dulce para las dulces, acre para las más ásperas, así la jaris-gracia increada cae y regala a las virtudes las convenientes y debidas energías.
  117. La jaris (gracia, energía increada) cuando cae en la psique-alma para el que tiene hambre de Cristo se hace alimento; para el que tiene sed, se hace agua fresca y dulce; para el que tiene frío, en prenda caliente; para el candado (y agobiado psíquicamente), en alivio y reposo, para el que ora, en información (interior) veraz; y para el que está en luto o tristeza se hace consolación.
  118. Por tanto, cuando escuches en las Escrituras diciendo “que el Espíritu Santo se posó en cada uno de los Apóstoles” (Hec 2,3) o “que cayó sobre el profeta” (1Re 11, 6 · 16, 13), o bien que “opera, actúa” (1Cor 12,11), o “que se entristece” (Ef 4,30), o “que se apaga” (1Tes 5,19), o “que es inducido a indignarse” (Is 63, 10); o aun, “que algunos tienen los primeros frutos (Rom 8,23), “mientras que otros están llenos del Espíritu Santo (Hec 2,4), no pienses que en el Espíritu Santo hay una escisión, un cambio o una mutación o alteración, sino que debes creer, como hemos dicho más arriba, que es inmutable, invariable y omnipotente. Por lo tanto, también cuando opera sigue siendo lo que es y a cada uno le concede lo que le conviene en modo digno de Dios. Porque el Espíritu Santo como un sol, se difunde y se ha vestido sobre los bautizados; pero cada uno de nosotros es iluminado en la medida en que ha odiado los pazos que lo obnubilan y oscurecen y los ha apartado, y a medida que uno los ama es oscurecido.
  119. El que odia los pazos destruye sus causas. Pero el que insiste en permanecer en las causas y los motivos, es combatido por los pazos sin quererlo.
  120. Cuando somos atacados por los malos pensamientos, debemos acusar a nosotros mismos y no de un pecado de nuestros progenitores.
  121. Las raíces de los malos pensamientos son las malicias evidentes que nosotros las defendemos y justificamos en toda circunstancia con manos, pies y boca.
  122. No es posible que nos ocupemos con familiaridad por la diania (mente, intelecto) con un pazos si no amamos sus causas.
  123. ¿Quién de nosotros tolera la vergüenza y luego se ocupa mentalmente con la vanagloria? O, ¿quién, si ama el desprecio, se turba cuando le insultan? ¿Y quién, teniendo el corazón plenamente quebrantado y tiene humildad (Sal 50,19), recibe bien dispuesto la voluptuosidad o placer de la carne? O, ¿quién, si cree en Cristo, se preocupa o pelea por las cosas temporales?
  124. El que es criticado y reprobado y no reacciona ni con palabras ni con el pensamientos contra aquel que lo hace, éste posee gnosis-conocimiento espiritual verdadero y manifiesta una fe firme en el Señor.
  125. Los hombres son falsos en sus balanzas para hacer una injusticia (Sal 61,10), mientras que Dios concede para cada uno lo que es justo y de justicia.
  126. Ni el que hace una injusticia tiene más ni el que la recibe tiene de menos; por tanto, ¡se va del mundo el hombre como una imagen, por tanto se turba inútilmente! (Sal 38,7 y ss).
  127. Cuando ves que alguno sufre mucho deshonor, debes saber que se ha llenado de pensamientos de vanagloria y ahora cosecha con disgusto lo que ha sembrado en su corazón.
  128. El que disfrutó más de lo debido de los placeres o hedonismo, pagará cien veces más con sus penas por sus excesos de los placeres o hedonismo.
  129. El encargado que da órdenes debe decir a su subordinado lo que debe hacer. Si éste no lo escuchara, debe preanunciarle el ataque de los males que lo afligirán.
  130. El que sufre una injusticia por parte de alguien, y no trata de devolvérsela, demuestra por esto que cree a Cristo, recibiendo cien veces más en esta vida presente y en herencia la vida eterna (Mrc 10,30).
  131. El recuerdo de Dios es dolor o fatiga del corazón ejercida por la piedad y respeto hacia Dios. El que se olvida de Dios, se conduce a una vida de placeres y se vuelve insensible.
  132. No digas: El que es sin pazos-impasible no puede ser afligido y entristecido, pues, aunque no sufre por sí mismo, debe sufrir por el prójimo.
  133. Una vez que el enemigo retiene y se adueña de las cuentas de muchos pecados olvidados, entonces obliga al deudor a hacer los mismos pecados y traerlos a la memoria, utilizando y aprovechando así fácilmente de la ley del pecado (Rom 7,23).
  134. Si quieres recordar continuamente a Dios, no rechaces como injustas las tribulaciones que te suceden; sino que deberás soportarlas pensando como algo que te aqueja justamente. Porque la paciencia, con cada sufrimiento, vuelve a activar la memoria, al tiempo que la decadencia reduce actitud espiritual del corazón y, mediante el relajamiento produce el olvido de Dios.
  135. Si quieres que tus pecados sean perdonados por el Señor, no manifiestes a los hombres que posees virtudes; porque lo que nosotros hacemos por las virtudes es lo que Dios hace también por ellas.
  136. Cuando hayas escondido una virtud, no te exaltes como si tú fueras virtuoso. Porque la virtud no es solamente esconder el bien, sino también no pensar en nada de lo que es prohibido de Dios.
  137. No te alegres cuando haces bien a alguien, sino cuando soportas sin rencor ni resentimiento la contradicción y enemistad por el bien que has hecho. Porque así como las noches suceden los días, así los males suceden a las buenas acciones.
  138. La vanagloria, la φιλαργυρία filargiría (avaricia o amor al dinero y la riqueza) y la voluptuosidad o hedonismo no permiten que una buena acción permanezca limpia, a menos que éstas no caigan antes, gracias al temor a Dios.
  139. En los dolores y sufrimientos que no hemos buscado se esconde la misericordia de Dios, que atrae a la metania al que muestra paciencia y lo libera del infierno eterno.
  140. Algunos que cumplen con los mandamientos esperan equilibrar la balanza con sus pecados. Otros expían y redimen a Aquel que murió por nuestros pecados. Busquemos, ¿cuál de los dos tiene la conducta y actitud correcta?
  141. El temor al infierno y el eros (amor ardiente) del Reinado de la Realeza increada de los Cielos nos procuran paciencia a las tribulaciones y sufrimientos; esto se produce no por nosotros mismos, sino por parte de Aquel que conoce nuestros pensamientos.
  142. El que tiene fe en las realidades futuras se aleja directamente sin pretexto de los placeres presentes. El que es incrédulo, se torna voluptuoso y endulzado por las cosas presentes y se hace insensible.
  143. No digas: «¿Cómo puede llevar una vida voluptuosa o hedonista el pobre, si no tiene las condiciones?» Porque es posible vivir una vida tal, aun más míseramente, por medio de los pensamientos.
  144. Una cosa es el conocimiento-gnosis de las cosas y otra es el conocimiento profundo (e increado) de la verdad divina. Así como el Sol es distinto de la Luna, así el segundo conocimiento es más beneficioso que el primero.
  145. El conocimiento/gnosis de las cosas se produce en proporción al trabajo y aplicación de los mandamientos, mientras que el conocimiento profundo (e increado) de la verdad divina, en la medida de la esperanza en Cristo.
  146. Si quieres salvarte y llegar al conocimiento pleno de la verdad (1Tim 2,4), trata siempre de alcanzar el más allá de las realidades sensibles y de unirte a Dios mediante la esperanza solamente. Porque si te encuentras involuntariamente desviado, te harán la guerra con los estímulos los demoníacos principados y potestades. Pero cuando los venzas con la oración, permaneciendo lleno de esperanza, conseguirás la χάρις jaris (gracia, energía increada) de Dios que te salvará de la ira futura.
  147. El que comprende lo que dice de modo místico o secreto san Pablo refiriéndose a que nuestra lucha es contra los espíritus de la maldad (Ef 6, 12), podrá comprender también la parábola que el Señor contaba para mostrar cómo debemos orar siempre sin desanimarnos ni cansarnos (Luc 18,1).
  148. La ley de Moisés ordena trabajar durante seis días y mantenernos en descanso y libres durante el séptimo (Éx 20,9). Esto prefigura que el trabajo u obra de la psique-alma es beneficiar mediante las riquezas o las acciones; pero su ocio y su reposo consisten en vender todo y darlo a los pobres, según el logos del Señor (Mt 18,21), y una vez encontrado el reposo mediante la pobreza voluntaria, ocuparse de la esperanza espiritual. San Pablo, solícitamente, también nos exhorta a entrar a este reposo, diciendo: Esforcémonos por entrar en ese descanso (Heb 4,11).
  149. Esto lo hemos dicho sin excluir lo que sucederá en el futuro y sin querer establecer que se convertirá en la recompensa completa; sino que queremos solamente decir que antes deberemos tener en el corazón la jaris gracia operante del Espíritu Santo y así, en proporción a ésta, entrar en el Reinado de la Realeza increada de los Cielos. Incluso el Señor, manifestando esto, nos decía que “el Reinado de la Realeza increada de los Cielos está dentro de ti” (Luc 17,21). Y también el Apóstol decía: “La fe es la garantía y la realidad de las cosas esperadas” (Heb 11,1), y también: “Corred de tal modo de poder alcanzar y ganar” (1 Co 9,24) y más aún: “Examinaos para ver si estáis en la fe. ¿O no reconocéis que Jesús Cristo vive en vosotros?, si no, entonces sois dignos de tentaciones y pruebas” (2Cor 13,5).
  150. El que ha conocido la verdad no se opone ni resiste a los acontecimientos dolorosos, porque conoce que éstos guían al hombre al respeto y temor de Dios.
  151. Los pecados antiguos, recordados en detalle, perjudican al hombre que tiene la buena esperanza en Dios. Porque si retornan y emergen con tristeza, nos alejan de la esperanza. Cuando nos vienen sus imágenes sin tristeza, meten en la psique-alma la antigua contaminación y fealdad.
  152. Cuando el nus (espíritu de la psique) se niega completamente de sí mismo y sostiene firmemente la esperanza, entonces el enemigo, bajo la apariencia de una supuesta confesión, representa con imágenes exactas los pecados que se cometieron, con el propósito de revivir los pazos pasiones que fueron olvidadas por la jaris gracia de Dios y dañar al hombre de manera oculta. Porque aunque el hombre sea fuerte y deteste y odie los pazos pasiones, inevitablemente se oscurecerá y caerá en confusión por los pecados pasados. Si además aún está sumido en la oscuridad y el amor de los placeres o del hedonismo, se trasladará a esa época y se ocupará con hostilidad de las ofensas del enemigo, de modo que esta memoria se convertirá en un vínculo con el pasado y no en una confesión.
  153. Si quieres presentar a Dios una confesión irreprensible, no recuerdes detalladamente tus errores y soporta con generosidad y valor las consecuencias.
  154. Las penas y los disgustos sobrevienen a causa de los pecados cometidos anteriormente y traen consigo lo que es debido para cada pecado.
  155. El que tiene gnosis/conocimiento y conoce la verdad, se confiesa a Dios no tanto con el recuerdo de las acciones que ha realizado, sino con la paciencia de las cosas penosas y tristes que le sobre vienen.

156 Si rechazas las fatigas, los esfuerzos y agotamientos corporales, no digas que volverás a la metania y te arrepentirás mediante las otras virtudes. Porque la vanagloria y la insensibilidad pos su naturaleza siempre sirven al pecado, incluso con intenciones y pretextos muy buenos.

  1. Así como las fatigas y los esfuerzos, los deshonores y los desprecios suelen generar las virtudes, así también la voluptuosidad o hedonismo y la vanagloria generan las maldades y los vicios.
  2. Cada placer del cuerpo deriva de un relajamiento precedente. Y es la falta de fe la que genera el relajamiento
  3. El que está bajo el dominio del pecado no puede por sí solo vencer la conducta y el sentir carnal, ya que en él el estímulo es incesante y se ha instalado en sus miembros.
  4. Los que están dominados por los pazos, es necesario rezar y subordinarse, porque a duras penas pueden mediante una ayuda luchar contra los malos hábitos precedentemente concebidos.
  5. El que con subordinación y oración lucha contra la voluntad carnal, es un atleta o luchador que tiene un buen método y da una prueba evidente de conducir la lucha espiritual mediante la abstención de las realidades sensibles.
  6. El que no abandona su propia voluntad y no la une a la voluntad de Dios, tropieza en sus obras y cae en poder de los enemigos demonios.
  7. Cuando ves a dos malvados que sienten amor el uno por el otro, debes saber que cada uno ayuda a las malas voluntades del otro.
  8. El orgulloso y el vanaglorioso se entienden de buena gana. Mientras que el orgulloso alaba al vanaglorioso que aparenta someterse servilmente, el vanaglorioso magnifica al orgulloso que le alaba continuamente.
  9. El oyente que ama a Dios trata de obtener una ventaja de estas dos cosas: si recibe un testimonio por sus buenas obras, se torna aún más animoso; si es amonestado por las cosas malas, es inducido a la metania. Pero para progresar es necesario también tener experiencia de vida; y para tener experiencia de vida debemos ofrecer nuestras oraciones a Dios.
  10. Es bueno atenerse al mandamiento capital y no preocuparse de los detalles, ni rezar por los detalles, sino que debemos solamente buscar y pedir el reinado de la Realeza increada y el logos de Dios (Mt 6, 33). Si nos preocupamos de las necesidades en particular, deberemos orar por cada una de ellas. El que hace algo o se preocupa de algo sin oración, no lleva las cosas a buen fin. Esto es lo que ha dicho el Señor: “Sin mí nada podéis hacer” (Jn 15:5).
  11. Si uno esquiva el mandamiento de la oración, le esperan desobediencias peores, que se lo pasarán la una a la otra como un prisionero.
  12. El que recibe y acepta bien los sufrimientos presentes gracias a la espera de los bienes futuros, ha encontrado el conocimiento de la verdad, y le será fácilmente liberado de la ira y la tristeza.
  13. Quien por amor a la verdad prefiere ser maltratado, despreciado y deshonrado, camina por la vía apostólica, ya que toma la cruz y es atado con cadena (Hec 28,29). El que sin estas cosas trata de prestar atención a su corazón, se engaña y se desvía y cae en las tentaciones y en las trampas del Diablo (1Tim 6, 9).
  14. No podemos vencer los malos loyismí (pensamientos simples o unidos con la fantasía) separados de sus causas, ni las causas separadas de los loyismí. Porque, cuando rechazamos solamente una parte de estas cosas, después de un corto tiempo mediante la otra nos encontramos sometidos a ambas.
  15. El que contiende con los hombres por temor de recibir dolores y ofensas, sufrirá aún más estando aquí por las desgracias que lo aquejarán, o será infernado sin piedad en el siglo futuro.
  16. El que quiere mantener alejada cualquier desgracia y mal, deberá orar respecto de todas las cosas que mantienen relación con Dios, debiendo también tener fija en Él la esperanza y, en cuanto le sea posible, no prestar atención a las realidades sensibles.
  17. Cuando el Diablo ve que un hombre se preocupa sin necesidad de lo que concierne a su cuerpo, primero lo sustrae y lo priva del conocimiento de las realidades divinas. Y luego su esperanza en Dios la corta como una cabeza.
  18. Si logras alcanzar el fortín de la oración pura, entonces no aceptes en ese momento el conocimiento de las cosas que el enemigo te presenta, para que no te suceda que puedas perder lo mejor. Es preferible enviarle flechazos desde lo alto con los dardos de la oración, mientras se encuentra acorralado abajo, que relacionarte y parlamentar con él, que nos presenta las cosas malas y viciosas y trama para apartarnos de la súplica que está en su contra.
  19. El conocimiento de las cosas, en el tiempo de la tentación o de la pereza o acidia, es útil al hombre; pero en el tiempo de la oración es generalmente perjudicial.
  20. Si se te ha sido dado por Dios a enseñar y no te escuchan y te desobedecieren, aflígete espiritualmente, sin que te perturbes en manifiesto exteriormente. Porque de afligirte, no serás condenado como quien desobedece, pero si te perturbas serás tentado en la misma cosa.
  21. Cuando enseñas y explicas, no escondas lo que conviene a los presentes; habla con claridad de las cosas bellas y de las cosas duras con insinuaciones y alusiones.
  22. No digas en su cara el error de quien no es un subordinado tuyo. Porque esto es tarea más bien derecho de autoridad que de consejo.
  23. Las cosas que se dicen en plural son apropiadas y beneficiosas para todos, ya que para cada uno se presentarán relevantes en su conciencia.
  24. El que habla con rectitud, debe también él creer que recibe de Dios las palabras que dice. La verdad no es de quien habla sino de Dios, que es quien opera y energiza.
  25. Con aquellos a quienes no tienes confesión y confirmación subordinación en ti, no contiendas cuando se resisten a la verdad, para no provocar odio, como dicen las Escrituras (Prov 9,8).
  26. El que cede ante quien es subalterno o subordinado cuando éste contradice inoportunamente, lo induce a error en la cosa que están tratando y lo prepara para transgredir las promesas de la obediencia.
  27. El que amonesta o corrige con temor de Dios al que peca, le provoca y le procura la virtud que es contraria a su error. El que lo hace con resentimiento recordándole las ofensas y dirigiéndose a él en modo malévolo e insultante, recae -de acuerdo con la ley spiritual- en el mismo pazos.
  28. El que ha aprendido bien la ley, teme al legislador. Y como le teme se aparta de cualquier mal.
  29. No tengas una doble cara y moral, es decir, una forma de hablar y de otra manera en tu conciencia. Este tipo de hombre es puesto por las Escrituras bajo una maldición (Sab Sir 28,13).
  30. Existe, como dice el Apóstol, el que dice la verdad y es odiado por los tontos e insensatos (Gal 4, 16). Y existe el que es un hipócrita, y por esto es amado. Sin embargo, ni la merced de uno ni la del otro dura mucho tiempo, porque a su debido tiempo el Señor dará a cada uno lo que le es debido.
  31. El que quiera eliminar las angustias futuras, debe soportar de buen grado las del tiempo presente. De esta manera, con el intercambio intelectual de una cosa por la otra como en un comercio, por medio de pequeños dolores, logrará escapar a los grandes castigos.
  32. AL hablar coloca seguridad en tus palabras para no jactarte y vanagloriarte, y guarda tu nus con su mente de no pensar que eres algo, para que Dios no retire Su ayuda y actúes de manera opuesta. Porque no depende solamente del hombre lograr el bien, sino con la ayuda del Dios Omnisciente.
  33. El Dios que vigila sobre todo, así como atribuye a nuestras obras los resultados justos, hace lo mismo también por los pensamientos y las reflexiones voluntarias.
  34. Los pensamientos involuntarios surgen de un pecado precedente, mientras que los voluntarios derivan de nuestra libre voluntad. Por lo tanto, las causas de los primeros son los segundos.
  35. A los malos pensamientos que vienen sin que lo queramos sigue la tristeza, por eso desaparecen también rápidamente; pero a los que vienen sin nuestra intención, sigue la alegría, y por esto es difícil liberarse y desligarse de ellos.
  36. El que ama el placer o hedonismo se entristece por los reproches y los sufrimientos. El que ama a Dios, se entristece por las alabanzas, las avaricias y las ambiciones.
  37. El que no conoce los castigos de Dios cruza espiritualmente por una calle que corre entre precipicios y es fácilmente derribado por cualquier viento. Si es alabado, se enorgullece y se infla; si se le hace un reproche, se amarga. Si come abundantemente, se torna lujurioso; si sufre, se lamenta. Si comprende, se hace ostentoso; si no comprende, finge. Cuando se hace rico, se convierte arrogante; si se empobrece, se convierte en hipócrita. Si se ha saciado, es desvergonzado; si ayuna, se hace vanaglorioso. Se enfrenta a los que le reprochan y mira como insensatos a los que lo perdonan.
  38. Si, conforme a la jaris (gracia, energía increada) de Cristo, no se adquiere un debido conocimiento de la verdad y temor a Dios, se arriesga a ser gravemente herido no solamente por los pazos, sino también por los sucesos tristes que le ocurren.
  39. Cuando quieres encontrar la solución de un problema o de un asunto intrincado, busca lo que, respecto de ello, es grato a Dios y encontrarás así la solución útil.
  40. En aquellas cosas que complacen a Dios, en estas toda la creación se pone al servicio. En aquellas que Dios rechaza, también la creación se opone.
  41. El que se enfrenta a los acontecimientos tristes que le suceden, lucha, sin saber contra los mandamientos de Dios. El que los acepta, conociendo bien que provienen de Dios y de Su voluntad, éste, según la Escritura, espera con paciencia al Señor (Sal 26,14).
  42. Cuando te sobreviene una tentación, aflicción o desgracia no busques el porqué o mediante de quién vino. Trata de sufrirla con rendición de gracias, sin tristeza, sin resentimientos y sin rencores.
  43. El mal de otros no nos agrega ningún pecado, siempre que no lo recibamos con reflexiones equivocadas.
  44. Si no podemos encontrar fácil a alguien que ha complacido a Dios sin tentaciones, pues, debemos dar gracias a Dios por todo lo que nos sucede.
  45. Si Pedro no hubiere fracasado a la pesca nocturna (Lc 5,5), no hubiera conseguido la pesca del día. Y si Pablo no hubiese quedado ciego en sus ojos, no hubiera vuelto a adquirir la vista física y la espiritual en el nus (espíritu de la psique). Y si Esteban no hubiera sido calumniado como blasfemo, no hubiera visto a Dios mientras los cielos se abrían (Hec 6, 13. 7, 56).
  46. Así como el trabajo según Dios se llama «virtud,» así también la tribulación y la tristeza que nos viene improvista y repentina se llama «tentación.»
  47. Dios tentaba a Abraham, es decir, le afligía para su bien y no para saber cómo era, porque ya lo conocía, ya que Él conoce toda cosa antes de ser generada. Pero quería, de este modo, darle motivos para la perfecta fe.
  48. Toda tribulación revela cuál es la inclinación de la voluntad, si ésta se inclina hacia la izquierda o la derecha. Por ello la tribulación accidental que nos sucede se llama tentación; porque esta proporciona experiencia, es decir, revela al hombre afligido sus voluntades escondidas.
  49. El temor de Dios nos obliga a combatir la maldad y el vicio. Pero mientras nosotros luchamos es la χάρις jaris (gracia, energía) increada de Dios la que la combate.
  50. Sabiduría no es solamente el conocimiento de la verdad mediante la consecuencia natural de las cosas, sino el soportar como propia la maldad y mala astucia de aquellos que nos perjudican y son injustos con nosotros. Porque los que se han quedado en la primera forma de sabiduría, se inflan de soberbia, mientras que los que han alcanzado la segunda, han adquirido la humildad.
  51. Si no quieres ser tentado de los malos astutos loyismí (pensamientos simples o unidos con la fantasía), acepta el desprecio de tu psique-alma y la tribulación o tristeza de tu cuerpo-carne, y eso no parcialmente, sino en todo tiempo, lugar, cosa y hecho.
  52. El que se deja voluntariamente instruir por las tribulaciones, no será dominado por malos astutos loyismí pensamientos involuntarios. Pero el que no acepta las primeras, es tomado prisionero, aunque no lo quiera, por los segundos.
  53. Cuando se te hace injusticia y eres perjudicado, y tus entrañas y tu corazón se endurecen, no te entristezcas, ya que la cosa fue provocada por voluntad o economía divina. Más bien, destruye con alegría todos los pensamientos que se levantan y te alientan en contra, sabiendo que con la desaparición de los pensamientos, apenas ellos aparezcan, desaparece también el mal. Sin embargo, si los pensamientos continúan, entonces también el mal aumenta.
  54. Sin la contrición o quebrantamiento del corazón, es imposible librarte del mal. Y lo que hace que el corazón se quebrante y se arrepienta es la triple continencia: en el sueño, en la comida y en el relajamiento del cuerpo. La superabundancia de estas cosas introduce a la vida placentera o hedónica y esto acarrea los malos pensamientos, por eso es contrario a la oración y al servicio o diaconía conveniente.
  55. Si te sucediera que debes dar órdenes a hermanos, mantente en orden en la posición en la que has sido puesto y no calles si no dices lo debido y lo que conviene, porque existen los que contradicen. Y si obedecen, recibirás la merced, salario por sus virtudes. Si no obedecen, los perdonarás en todo caso y así recibirás la recompensa correspondiente de Aquel que ha dicho: “Perdonad y seréis perdonados” (Mt 6, 14).
  56. Toda tribulación se parece a una reunión festiva; el que sabe comerciar gana mucho en ello, pero el que no sabe hacerlo, es perjudicado.
  57. Si alguien no te obedece después de que le has hablado por lo menos una vez, no lo fuerces enfrentándolo, toma para ti la ganancia de su falta, porque más que la corrección de éste, te beneficiará tu indulgencia y tolerancia.
  58. Cuando el mal hecho a uno repercute sobre muchos, no deberemos ser magnánimos ni buscar nuestra propia ventaja, sino la de muchos, para que éstos se salven (1 Co 10:33). Porque más beneficia la virtud que concierne a muchos que la de uno solo.
  59. Si alguno cae en un pecado cualquiera, y no se entristece en la medida debida de su error, cae nuevamente en la misma red.
  60. Así como una leona no se acerca amistosamente a un becerro, de igual modo la impudicia no recibe ni acepta con agrado la tristeza según Dios por los pecados.
  61. Como la oveja no se acerca al lobo para engendrar hijos, así la fatiga del corazón no se acerca a la saciedad para la concepción de la virtud.
  62. Nadie puede sentir fatiga, dolor y tristeza según Dios, si antes no ama sus causas.
  63. El temor de Dios, el control y el reproche por nuestras faltas producen tristeza. La continencia y la vigilia tienen relación con la fatiga y el dolor.
  64. El que no se deja enseñar por los mandamientos-logos y los consejos de las Escrituras, será azotado con la fusta del caballo y la vara del asno (Prov 26, 3). Si rechazara también éstos, entonces con la mordida o el bozal y las riendas le apretarán el cuello y le cerrarán las mandíbulas (Sal 31,9).
  65. El que se deja vencer fácilmente por las pequeñas cosas, será esclavizado también de las grandes. El que desprecia las pequeñas, con la ayuda del Señor resistirá a las grandes.
  66. No trates de hacer el bien con inspecciones y reproches a quien se vanagloria por sus virtudes. Ya que éste no puede ser al mismo tiempo amante de la ostentación y amante de la verdad.
  67. Todo logos de Cristo manifiesta la misericordia, la justicia y la sabiduría increada de Dios, y la potencia de ellas la pone mediante el oído a los que escuchan con agrado. Por tanto, los injustos y sin misericordia, escucharon con desagrado y fastidio y no pudieron comprender la sofía-sabiduría de Dios, sino que crucificaron al Maestro que la enseñaba. Nosotros pongamos atención a nosotros mismos para ver si lo escuchamos de buena gana, porque Él ha dicho: «El que cumple mis mandamientos/logos y los tiene interiorizados, ése es el que me ama; y al que me ama, lo amará mi Padre y yo también lo amaré y me apocaliptaré-revelaré a él, mediante la iluminación interior por la energía increada» (Jn 14,21). ¿Ves cómo Él ha escondido la manifestación de sí mismo en los mandamientos? De todas las virtudes, pues, la que contiene a todas es la agapi-amor hacia Dios y al prójimo, y consiste en la abstención de las cosas materiales y en la hisijía (serenidad de la mente y paz del corazón) calma de los loyismí-pensamientos.
  68. Sabiendo esto, el Señor nos manda: “No os preocupéis por el mañana” (Mt 6:34). Y es correcto. Porque, el que no se haya liberado de la preocupación de las cosas materiales, ¿cómo se liberará de los malos astutos pensamientos? Y el que se encuentre cercado por los pensamientos, ¿cómo verá la realidad del pecado que encubren los loyismí (pensamientos simples o unidos con la fantasía)? Esto es tiniebla y niebla de la psique-alma que proviene de las reflexiones viles, pensamientos malos astutos y las malas acciones-praxis. El Diablo tienta mediante los estímulos de los malos astutos loyismí, pero no viola ni fuerza sino que muestra y da el inicio del proceso; el hombre, por amor al placer y por vanagloria entra y corresponde con agrado. Su discernimiento le haría rechazar el estímulo, pero en la práctica le toma gusto y acepta. Pero el que no haya, por lo menos, visto este proceso general del pecado, ¿cómo rogará y suplicará a liberarse de este y será catartizado, purgado, sanado y purificado? ¿Y si no fuera catartizado sanado como accederá al lugar de la naturaleza pura? Y si no lo ha encontrado, ¿cómo verá la morada más interior de Cristo? ¡Ya que somos morada de Dios, según el logos profético, evangélico y apostólico! (Jn 14,23 · 1Cor 14,23 · Heb 3, 6).
  69. Deberemos pues, siguiendo con lo que hemos dicho antes, buscar la morada y golpear a la puerta, con perseverancia, mediante la oración, de tal modo que, ya sea aquí o en el final de nuestras vidas en la muerte, el Señor nos abra y no nos diga que como hemos sido negligente “no os conozco de dónde sois” (Lc 13,2). No sólo debemos pedir y recibir, sino custodiar lo que nos ha sido dado, porque hay algunos que han recibido pero luego han perdido. Por tanto, un simple conocimiento, o aun una experiencia accidental de las realidades que se han dicho, pueden tenerlos también aquellos que han empezado tarde a aprender, y los jóvenes. Pero en cuanto a la práctica constante y paciente, eso es sólo de aquellos que son píos y experimentados entre los ancianos, a los cuales ha sucedido a menudo perderla por falta de atención, luego de buscarla mediante fatigas voluntarias y de encontrarla. También nosotros no cesarnos de hacerlo así, hasta que la poseamos fija y permanente, sin que nos pueda ser quitada.
  70. Entre los muchos mandamientos de la Ley Espiritual, hemos separado estos pocos. Son preceptos que incluso el gran Salmista (Sal 1,2 y otros) sin cesar que aprendamos y hagamos los que asiduamente salmodiamos en el nombre de nuestro Señor Jesús. A Él la gloria, el poder, la doxa-gloria y la adoración, ahora y por los siglos. Amén.

Traducción xX Χρῆστος Χρυσούλας, jJ Jristos Jrisulas logosortodoxo.es/, 30-12- 2023

Acerca del amor al prójimo San Porfirio el Kafsokalivita

Περί της ἀγάπης πρός τόν πλησίον

Αγίου Πορφυρίου Καυσοκαλυβίτου – Βίος και Λόγοι

Acerca del amor al prójimo

San Porfirio el Kafsokalivita – Vida y Logos

La agapi hacia el hermano cultiva la agapi hacia Dios

Lo único buscado en nuestras vidas es la agapi (amor desinteresado e incondicional), la devoción y el culto o alabanza a Cristo y la agapi-amor hacia nuestros semejantes. Debemos ser uno con Cristo como cabeza. Solo así obtendremos la χάρις jaris gracia, la energía increada, el cielo y la vida eterna.

La agapi-amor hacia nuestro hermano cultiva el amor hacia Dios. Somos felices cuando amamos a todos los seres humanos en secreto. Sentiremos entonces que todos nos aman. Nadie puede llegar a Dios si no pasa por los seres humanos. Porque, “el que no ama a su hermano a quien ha visto, no puede amar a Dios a quien no ha visto” (1Juan 4, 20). Amemos, sacrifiquémonos por todos desinteresadamente, sin buscar recompensa. Entonces, el hombre encuentra equilibrio. Un amor que busca recompensa es egoísta. No es genuino, ni puro tampoco desinteresado.

Amémoslos y tengamos compasión de todos. “Y si un miembro sufre, todos los miembros sufren con él; vosotros sois el cuerpo de Cristo y cada uno en su parte” (1Corintios 12, 26-27). Esto es Iglesia; yo, tú, él, sentir que somos miembros de Cristo, que somos uno. La φιλαυτία filaftía egolatría (excesivo amor a sí mismo y al cuerpo) es egoísmo, egocentrismo. No debemos preguntarnos: ‘¿yo estaré en el Paraíso?’, sino sentir este amor por todos. ¿Entienden? Eso es humildad.

Así, si vivimos unidos, seremos bienaventurados y felices, viviremos en el Paraíso. Cada prójimo nuestro, cada cercano nuestro es “carne de nuestra carne’” (Efe 5, 30). ¿Puedo ignorarlo, puedo amargarlo, puedo molestarlo, puedo odiarlo? Este es el mayor misterio de nuestra Iglesia. Convertirnos todos en uno en Dios. Si hacemos esto, nos convertimos todos en Suyos. Nada es mejor que esta unidad. Esto es la Iglesia. Esto es la Ortodoxia. Esto es el Paraíso. Leamos la Oración Sacerdotal del Evangelista Juan. Presten atención a los versículos: “para que sean uno, así como nosotros… para que todos sean uno, así como tú, Padre, estás en mí y yo en ti… para que sean uno, así como nosotros somos uno… para que sean perfectos en unidad… para que donde yo esté, ellos también estén conmigo” (Juan 17: 11 · 21 · 22 · 23 · 24).

¿Véis? Lo dice una y otra vez. Destaca la unidad. ¡Que seamos todos uno, uno con cabeza a Cristo! Igual que uno es el Cristo con el Padre y el Espíritu Santo. Aquí se encuentra la mayor profundidad del misterio de nuestra Iglesia. Ninguna religión dice algo así. Nadie busca la delicadeza que Cristo pide, hacernos todos uno con Cristo. Aquí está la plenitud. En esta unidad, en esta agapi (amor incondicional y desinteresado), la agapi en Cristo. No cabe división, ni miedo. Ni muerte, ni diablo, ni infierno. Solo agapi-amor, alegría, paz, adoración a Dios. Puedes llegar a decir entonces con el Apóstol Pablo: “y ya no vivo yo el viejo hombre natural, sino que es Cristo el que vive en mí” (Gál 2, 20).

Podemos llegar fácilmente a este punto. Se necesita buena disposición, libre buena voluntad y Dios está listo para venir a nosotros. “Llama a la puerta” y “hace nuevas todas las cosas”, como dice en el libro del Apocalipsis de Juan (Apoc 3, 20 · 21, 5). Nuestro pensamiento cambia, se libera de la maldad, se vuelve mejor, más espabilado, más santo, más amable. Pero, si no abrimos la puerta al que llama, si no tenemos lo que Él quiere, si no somos dignos de Él, entonces no entra en nuestro corazón. Pero para ser dignos de Él, debemos morir al hombre viejo, para nunca morir más. Entonces viviremos en Cristo, incorporados con todo el cuerpo de la Iglesia. Así vendrá la divina χάρις jaris gracia, la energía increada. Y cuando venga la jaris, nos dará todo.

En el Monte Athos una vez vi algo que me gustó mucho. En una barca en el mar, monjes sostenían varios objetos sagrados. Cada uno provenía de un lugar diferente, sin embargo, decían ‘esto es nuestro’ y no ‘mío’.

Esparzamos nuestra agapi-amor hacia todos desinteresadamente.

Por encima de todo está la αγάπη agapi amor desinteresado. Lo que debe preocuparnos, hijos míos, es la agapi por el otro, su psique-alma. Todo lo que hagamos, ya sea oración, consejo o sugerencia, hagámoslo con agapi amor desinteresado. Sin agapi, la oración no sirve, el consejo hierre y lastima, la sugerencia daña y destruye al otro, que siente si lo amamos o no, y reacciona en consecuencia. Agapi-amor, amor, amor desinteresado e incondicional. La agapi hacia nuestro hermano nos prepara para amar más a Cristo. ¿No es hermoso?

Esparzamos, pues, nuestro amor hacia todos desinteresadamente, sin preocuparnos por su actitud. Cuando la divina χάρις jaris gracia, la energía increada de Dios entre en nosotros, no nos importará si nos aman o no, si nos hablan bien con amabilidad. Nosotros sentiremos la necesidad de amarlos a todos. Es egoísmo querer que los demás nos hablen bien o con bondad. No dejemos que lo opuesto nos moleste, nos entristezca y nos deprima. Dejemos que los demás nos hablen como sientan. No mendiguemos su amor (ni busquemos donde no la hay). Nuestra aspiración y pretensión debe ser amar y orar con toda nuestra psique-alma por ellos. Entonces, notaremos que todos nos aman sin que busquemos que lo hagan, sin forzarlos. Nos amarán libre y sinceramente desde lo más profundo de sus corazones sin que los forcemos. Cuando amamos sin buscar que nos amen a cambio, todos se reunirán a nuestro alrededor como abejas. Esto es válido para todos nosotros.

Si tu hermano te molesta, te cansa, debes pensar: «Ahora me duele el ojo, la mano, el pie; debo cuidarlo con todo mi amor» (cf. 1 Corintios 12:21). No debemos pensar ni que seremos recompensados por lo que consideramos bueno, ni que seremos castigados por las malas acciones que hemos cometido. Llegas al conocimiento de la verdad cuando amas con el amor de Cristo. Entonces, no buscas ser amado, eso es malo. Tú amas, tú das tu amor, eso es lo correcto. Depende de nosotros ser salvados. Dios lo quiere. Como dice la Sagrada Escritura: «…quiere que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad» (1Tim 2:4).

«… no debemos a nadie nada, excepto amarnos mutuamente» (Rom 13:8).

Cuando alguien nos perjudica o agrede de cualquier manera, ya sea con calumnias o insultos, debemos pensar que es nuestro hermano a quien el adversario ha conquistado. Se ha convertido en víctima del adversario, del diablo. Por eso debemos compadecernos de él y pedir a Dios que tenga misericordia y caridad de ambos. Pero si nos enojamos con él, entonces el adversario saltará sobre nosotros y jugará con ambos. Quien condena o hace crítica maligna a los demás no ama a Cristo. El egoísmo es el culpable. De ahí proviene la condena, (y se pierde la Jaris, amamos al pecador no el pecado, o condenamos y no amamos el pecado no al pecador).

Les contaré un pequeño ejemplo. Supongamos que alguien está solo en el desierto. No hay nadie. De repente, escucha a alguien llorar y gritar a lo lejos. Se acerca y se encuentra con una vista terrible: un tigre ha agarrado a una persona y la está desgarrando con furia. El desesperado pide ayuda. En pocos minutos, será destrozado. ¿Qué puede hacer para ayudarlo? ¿Correr hacia él? ¿Cómo? Es imposible. ¿Gritar? ¿A quién? No hay nadie más. ¿Quizás tomar una piedra y lanzarla al hombre para matarlo? Diremos ¡por supuesto que no! Sin embargo, es posible que esto suceda cuando no entendemos que la persona que nos trata mal está poseída por el diablo, el tigre. Nos escapa que cuando nosotros también lo enfrentamos sin amor, es como arrojarle piedras en sus heridas, haciéndole mucho daño, y el «tigre» saltará sobre nosotros, y ambos haremos lo mismo y peor que él. Entonces, ¿cuál es el amor que tenemos por nuestro prójimo y, sobre todo, por Dios?

Debemos sentir la maldad y el mal del otro como enfermedad que le castiga, le atormenta, le aflige y sufre y no puede liberarse. Por eso a nuestros hermanos o prójimos debemos verlos a bien con simpatía, nobleza y gentileza, diciendo en nuestro interior con sencillez: «Señor Jesús Cristo», para que nuestra psique-alma se fortalezca con la jaris gracia divina y no condenemos a nadie. Debemos ver a todos como santos (en potencia). Todos llevamos en nosotros al mismo viejo hombre. El prójimo, sea quien sea, es «carne de nuestra carne», es nuestro hermano, y «no debemos a nadie nada, excepto amarnos mutuamente», según el Apóstol Pablo (Rom 13:8). Nunca debemos culpar a los demás porque «nadie jamás odió su propia carne» (Efesios 5:29).

Cuando alguien tiene un pazos (patología, pasión, emoción enferma), debemos esforzarnos por enviarle rayos de amor, caridad y compasión para que se cure y se libere. Solo con la jaris gracia increada de Dios se logra esto. Debemos pensar que él sufre más que nosotros. En la vida comunitaria, cuando alguien comete un error, no debemos decir que tiene la culpa, está equivocado. Debemos estar atentos, con respeto y oración. Debemos esforzarnos por no hacer lo malo. Cuando soportamos la contradicción del hermano, es considerado como un testimonio. Debemos hacerlo con alegría.

El cristiano es gentil y amable. Preferir que nos sean injustos, así entrenamos en la agapi. Cuando el bien, la agapi-amor, entra en nosotros, olvidamos el mal que nos han hecho. Aquí se esconde el secreto. Cuando el mal viene de lejos, no podéis evitarlo. Sin embargo, el gran arte y habilidad es menospreciarlo. Con la jaris gracia increada de Dios, mientras lo ves, no te afectará, porque estarás lleno de jaris gracia.

En el Espíritu de Dios, todo es diferente. Allí, uno justifica todo ante los demás. ¡Todo! ¿Qué dijimos? «Cristo hace que llueva sobre justos e injustos» (Mateo 5:45). Yo digo que tú eres el culpable, aunque me digas que la culpa es de tal o de aquel. En última instancia, eres culpable de algo y lo encuentras cuando te lo digo. Este discernimiento debéis adquirir en vuestra vida. Debéis profundizar en cada asunto y no ver las cosas superficialmente. Si no vamos a Cristo, si no soportamos, cuando sufrimos injustamente, sufriremos constantemente. El secreto es enfrentar las situaciones de una manera espiritual.

Algo similar escribe el Santo Simeón el Nuevo Teólogo: «Debemos ver a todos los fieles como uno y pensar que en cada uno de ellos está Cristo. Y debemos tener tal agapi-amor por cada uno, que estemos dispuestos a sacrificarnos por él incluso por nuestra vida. Porque no debemos decir ni considerar a ningún ser humano malvado, sino ver a todos como buenos. Y si ves a un hermano que es molestado por algún pazos, no lo odies, piensa que está enfermo; odia los pazos que lo combaten. Y si ves que es tiranizado por deseos y hábitos de pecados anteriores, ten más compasión por él, no vaya a ser que también tú pruebes la tentación, ya que estás hecho de un material que fácilmente pasa del bien al mal». La agapi-amor por el hermano te prepara para amar más a Dios. Entonces, el secreto del amor a Dios es el amor al hermano. Porque, si no amas a tu hermano a quien ves, ¿cómo puedes amar a Dios a quien no ves? (San Simeón el Nuevo Teólogo, capítulos teológicos y prácticos) «Porque el que no ama a su hermano a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ha visto» (1Jn 4,20). (El Yérontas y santo Porfirio el texto anterior de san Simeón el Nuevo Teólogo rogó que lo escribiéramos con letras bonitas y lo pusiéramos en un cuadro y colgarlo en su celda, y sacar muchas copias y repartirlas en la gente). 

Luchemos por enviar nuestro buen ánimo, sentimiento y humor y buena disposición.

Debemos tener agapi-amor, mansedumbre, serenidad, paz. Así ayudamos a nuestro prójimo cuando está dominado por el mal. El ejemplo emite secretamente, misteriosamente su influencia, no solo cuando el otro está presente, sino también cuando no lo está. Luchemos por enviar nuestro buen ánimo y sentimiento. Incluso las palabras, cuando hablamos de la vida del otro que no aprobamos, él esto lo percibe y nos rechaza. Pero si somos compasivos y lo perdonamos, -así como el mal lo influencia- también lo influimos con bien, y aunque no nos vea.

No debemos enojarnos con aquellos que son blasfemos, ateos, perseguidores, etc. El enojo, el enfado, la rabia hacen daño. Sus palabras, sus males, deberíamos odiarlos, pero al hombre que los dijo no deberíamos odiarlo ni enojarnos y rabiarnos contra él. Oremos por él. El cristiano tiene amor, nobleza y cortesía y se comporta en consecuencia.

Como un asceta, que sin ser visto beneficia al mundo, porque la ola de su oración afecta al otro, transfiere el Espíritu Santo al mundo, así también esparzan su agapi-amor, sin esperar recompensa, con agapi-amor, paciencia, sonrisa, nobleza…

El amor debe ser desinteresado. Y solo la agapi- amor de Dios es un amor auténtico, desinteresado e incondicional. Frente a la persona que nos cansa y nos dificulta, el amor debe ofrecerse de manera suave, sin que el otro se dé cuenta de que estamos haciendo un esfuerzo por amarlo. Y no debemos mostrarnos demasiado exteriormente, porque entonces lo hacemos reaccionar. El silencio nos salva de todos los males. El dominio de la lengua, ¡gran cosa! De una manera misteriosa, el silencio irradia al prójimo. Permítanme contarles una historia.

Una monja, que anhelaba mucho la paz, le dijo a su yérontas con indignación y rabia:

-Esta hermana nos perturba en el monasterio con sus dificultades y su carácter. No podemos soportarla.

Y el Yérontas respondió:

-Tú eres peor que ella.

La monja al principio reaccionó y se sorprendió, pero después de las explicaciones del Yérontas, lo entendió y lo agradeció mucho. El Yérontas le dijo:

-Mientras el mal espíritu la domina y se comporta mal, también te domina a ti, que estás supuestamente en mejor estado, y juega con las dos. La hermana viene a esta condición sin quererlo, pero también tú, con tu reacción y tu falta de agapi-amor, haces lo mismo. Así que no la beneficias y tú también te dañas a ti mismo.

Con el silencio, la paciencia, la tolerancia y la oración beneficiamos al otro en secreto.

Cuando vemos a nuestros semejantes que no aman a Dios, nos entristecemos. Con la tristeza no logramos absolutamente nada. Ni siquiera con las indicaciones o sugerencias. Ni eso es correcto. Existe un secreto: si lo comprendemos, ayudaremos. El secreto es nuestra oración, nuestra dedicación a Dios, para que Su χάρις jaris gracia, energía increada opere. Con nuestro amor, con nuestro anhelo en el amor de Dios, atraeremos la jaris gracia de modo que atraiga a los demás que están cerca de nosotros, despertarlos (espiritualmente), estimularlos e incitarlos hacia el divino amor-agapi. O, mejor dicho, Dios enviará Su agapi-amor para despertarlos a todos. Lo que no podemos hacer nosotros, Su jaris gracia lo hará. Con nuestras oraciones haremos a todos dignos de la agapi-amor de Dios.

Sepan esto también. Las psiques-almas afligidas, enfermas y doloridas psíquica y emocionalmente y, las que sufren por sus pazos, ganan mucho la  agapi-amor y la jaris gracia de Dios. Algunos de estos se vuelven santos y muchas veces nosotros los acusamos. Recuerden al Apóstol Pablo, lo que dice: “Donde abundó el pecado, sobreabundó la divina jaris gracia, energía increada” (Rom 5:20). Cuando recuerdan esto, sentirán que ellos son más dignos que ustedes y que yo. Los vemos débiles, pero cuando se abren a Dios, se convierten en todo agapi-amor y todo divino έρως eros (amor ardiente). Mientras estaban acostumbrados de otra manera, ahora la fuerza de sus psiques-almas la dan por completo a Cristo y se convierten en fuego por el amor de Cristo. Así es como funciona el milagro de Dios en tales psiques-almas, a las que llamamos “perdidas”.

No nos desanimemos, ni nos apresuremos, ni juzguemos por cosas superficiales y externas. Si, por ejemplo, ven a una mujer desnuda o vestida indecentemente, no se queden en lo externo, sino entren en lo profundo, en su alma. Tal vez sea una buena psique-alma y tenga aspiraciones existenciales que expresa con su apariencia extravagante. Tiene dentro de ella un dinamismo, tiene la fuerza de la proyección, quiere atraer las miradas de los demás. Pero, por ignorancia, ha distorsionado las cosas. Imaginen que ella conozca a Cristo. Creerá, y toda esa energía la dirigirá hacia Cristo. Hará todo lo posible para atraer la divina jaris gracia de Dios. Se convertirá en santa.

Es una forma de proyección de nosotros mismos, de nuestro yo insistir en que los demás se vuelvan buenos. En realidad, queremos que nosotros mismos volvamos buenos y, como no podemos, lo exigimos de los demás y lo insistimos. Mientras todo se corrige con la oración, nosotros a menudo nos entristecemos y nos enojamos, juzgamos y condenamos.

Muchas veces, con nuestra ansiedad, miedos y nuestra mala condición psicológica, sin quererlo y sin darnos cuenta, hacemos daño al otro, incluso si lo amamos mucho, como, por ejemplo, la madre a su hijo. La madre transmite a su hijo toda su ansiedad y angustia por su vida, por su salud, por su progreso, incluso si no le habla de ello, incluso si no muestra lo que tiene dentro. Este amor, este amor natural, puede dañar a veces. Sin embargo, no sucede lo mismo con la agapi-amor de Cristo, que se combina con la oración y la santidad de la vida. Este amor-agapi hace santo, divino al hombre, lo tranquiliza y lo pacifica, porque la agapi-amor es Dios.

Que la agapi-amor sea solo en Cristo. Para beneficiar a los demás, debes vivir dentro en el amor de Dios, de lo contrario no puedes beneficiar a tu prójimo. No debes forzar al otro. Su hora llegará, su momento llegará, basta que tú ores por él. Con el silencio, la paciencia y sobre todo con la oración, beneficiamos al otro en secreto, místicamente. La jaris gracia, energía increada de Dios aclara el horizonte de su mente y su espíritu y lo asegura en Su agapi-amor. Aquí está el punto sutil y delicado. Cuando acepta que Dios es agapi-amor, una luz ilimitada vendrá sobre él, que nunca antes había visto. Así encontrará la salvación.

La mejor misión sagrada se lleva a cabo mediante el buen ejemplo, nuestra agapi-amor, nuestra mansedumbre y apacibilidad.

Debemos ser entusiastas (celosos) y diligentes. Entusiasta o celoso es aquel que ama de todo corazón a Cristo y sirve al prójimo en Su nombre. Agapi-amor a Dios y a los seres humanos; esto es pareja, no se separa. Pasión, deseo, lágrimas, con contrición, devoción, no a propósito. ¡Todo desde el corazón!

El fanatismo no tiene relación con Cristo. Sé un verdadero cristiano. Entonces, nada malinterpretarás, sino que tu agapi-amor “todo lo disimula, sufre y aguanta, todo lo cree, todo lo espera con paciencia, todo lo tolera” (1Cor 13:7). Incluso al extranjero, al no cristiano. Es decir, apreciarlo y respetarlo, independientemente de su religión, con un trato amable. Puedes cuidar a un otomano cuando lo necesite, hablar con él, relacionarte con él. Debe haber respeto por la libertad del otro. Al igual que Cristo “está de pie en la puerta y llama”, sin violarla, esperando que la psique-alma lo acepte libremente, así nosotros debemos estar delante de cada alma.

En el sagrado esfuerzo misionero, debe haber un enfoque y modo sutil para que las psiques-almas acepten lo que ofrecemos, palabras, libros, sin que resistan. Y algo más. Pocas palabras. Las palabras resuenan en los oídos y a menudo molestan. La oración y la vida tienen un impacto. La vida conmueve, regenera y transforma, mientras que las palabras permanecen estériles. La mejor misión se lleva a cabo con nuestro buen ejemplo, nuestro amor, nuestra mansedumbre. Escucha un ejemplo relevante.

Una vez, un sacerdote asistió a una conferencia con personas educadas, llevando consigo a un primo suyo. El orador habló mucho sobre un tema marxista. Los oyentes se entusiasmaron y lo aplaudieron al final. Pero, mientras aún estaba en el podio, vio al sacerdote y dijo:

-También tenemos a un sacerdote en nuestra conferencia. Si puede, que nos hable sobre el tema desde el punto de vista religioso y filosófico.

Lo dijo irónicamente pensando que lo humillaría y denigraría a la Iglesia. El sacerdote se puso de pie y dijo:

-No sé qué decir, hijo mío, pero he escuchado que tal sabio dice esto y aquél, dice aquello en esta página, otro dice esto y aquello en esa página, aquel dice esto y aquél… Moisés dice esto y aquello en esa página, Isaías, David, Cristo. Continuó recitando este pasaje del Apóstol Pablo: “¿Dónde está el sabio? ¿Dónde el maestro hebreo que dice que contiene y enseña la Ley? ¿Dónde el estudioso y confesor del engaño que ahora domina en el mundo? ¡Dios ha demostrado que es tontería e inútil la sabiduría que inspira y cultiva el mundo que se encuentra alejado de la verdad divina!…  pero Dios eligió a los débiles, simples y humildes, a los que el mundo tiene por necios, para avergonzar y humillar a los sabios y a los poderosos del mundo… para que nadie presuma delante de Dios, ni tampoco los Cristianos, porque la salvación se debe a Dios y no a ellos” (1 Corintios 1:20, 27, 29).

El “sabio” quedó en silencio, el orador. Lo importante es que el sacerdote lo dijo con mansedumbre y sin egoísmo. Era el obispo del Patriarcado. Cuando terminó, dijo:

-Yo no sé nada. Ustedes deciden cuál es la verdad.

Dijo al final el orador avergonzado:

-¡El sacerdote nos lo dijo muy bien! Anuló todo lo que dije.

La formación es grandiosa cuando se combina con la mansedumbre y la bondad, la apacibilidad y la agapi-amor. Esto es válido en todas las situaciones. Hablen cuando tengan la formación adecuada sobre el tema. Si no la tienen, hablen con vuestro ejemplo.

En las discusiones o relaciones y diálogos con los demás, hablen poco sobre la religión y vencerán. Dejen que aquel que tiene otra opinión explote, que hable, que hable… Que sienta que tiene que hacer con una persona tranquila y apacible. Debéis influir con vuestra amabilidad, nobleza y oración y luego háblenle un poco. No harán nada, si lo dicen en voz alta, si le dicen, por ejemplo, ‘¡mentiste!’. Y ¿qué saldrá? Estáis “como ovejas en medio de lobos” (Mateo 10:16). ¿Qué haréis? Ignórenlo externamente, pero oren en vuestro interior. Estén listos, capacitados, con valentía, pero también con santidad, mansedumbre, oración. Sin embargo, para hacer esto, debéis convertiros en santos.

La agapi amor desinteresado está por encima de todo.

La agapi-amor hacia Cristo no tiene límites, al igual que el amor hacia uno mismo y hacia el prójimo. Debe extenderse por todas partes, hasta los confines de la tierra. En todas partes, hacia todos los seres humanos. Yo quería ir a vivir con los hippies en Matala, por supuesto, sin pecados, para mostrarles el amor de Cristo, cuán grande es y cómo puede cambiarlos, transformarlos. La agapi-amor está por encima de todo. Les contaré esto con un ejemplo.

-Había un asceta que tenía dos discípulos. Trataba mucho de beneficiarlos y hacerlos buenos. Sin embargo, estaba preocupado por si realmente avanzaban en la vida espiritual, si progresaban y estaban listos para el reinado de la realeza increada de Dios. Esperaba una señal de Dios al respecto, pero no recibía ninguna respuesta. Un día, habría una vigilia en el templo de un otro asceterio, que estaba a muchas horas de distancia. En el camino tendrían que pasar por un desierto. Envió a sus discípulos por la mañana para que llegaran temprano y arreglaran el templo, y el Yérontas iría por la tarde. Los discípulos habían avanzado bastante cuando de repente escucharon gemidos. Era un hombre gravemente herido que pedía ayuda:

-Llévenme, por favor, les decía, porque aquí es desierto, nadie pasa, ¿Quién podrá ayudarme? Ustedes son dos. Levántenme y llévenme al primer pueblo.

-¡No podemos! le dijeron. Nos apuramos para ir a la vigilia, recibimos la orden de preparar.

-¡Llévenme, por favor! Si me dejan aquí, moriré, las bestias me devorarán.

-¡No podemos! Qué vamos hacer, tenemos que cumplir con nuestro deber.

Y se fueron. Por la tarde, el yérontas partió hacia la vigilia. Pasó por el mismo camino. Llegó al lugar donde estaba el herido. Lo ve, se acerca y le dice:

-¿Qué te pasó, hombre de Dios? ¿Qué tienes? ¿Cuánto tiempo llevas aquí? ¿Alguien te vio?

-Pasaron por la mañana dos monjes, y les pedí que me ayudaran, pero se apresuraban a ir a la vigilia.

-Te llevaré yo. ¡No te preocupes! -le dijo.

-No puedes tú, eres un anciano, no puedes levantarme, es difícil casi imposible.

-No, te llevaré. No puedo dejarte así.

-Pero no puedes levantarme.

-Me inclinaré, y tú agárrate de mí, y poco a poco te llevaré a algún pueblo cercano. Un poco hoy, un poco mañana, te llevaré.

Y lo tomó con gran dificultad y comenzó a caminar con ese peso en la arena, muy difícilmente. El sudor corría como un río y pensaba: «Incluso en tres días llegaré». Pero a medida que avanzaba, comenzó a sentir que la carga se hacía más ligera, más y más ligera, y en algún momento sintió como si no estuviera sosteniendo nada. Entonces se volvió para ver qué estaba sucediendo y se sorprendió al ver a un ángel sobre él. El ángel le dijo:

-Dios me envió para informarte que tus dos discípulos no son dignos del reinado de la Realeza de Dios, porque no tienen ἀγάπη agapi amor desinteresado e incondicional. (Evergetinós tomo 4, pag 281-286)

Traducción xX Χρῆστος Χρυσούλας, jJ Jristos Jrisulas logosortodoxo.es/, 23-12-2023

 

 

 

 

Logos sobre la educación de los hijos San Porfirio el Kafsokalivita

Λόγοι περί της αγωγής των παιδιών

Αγίου Πορφυρίου Καυσοκαλυβίτου – Βίος και Λόγοι

Logos sobre la educación de los hijos

San Porfirio el Kafsokalivita – Vida y Logos

 

  1. La educación de los hijos comienza desde el momento de su concepción.

La educación de los hijos comienza desde el momento de su concepción. El feto escucha y siente dentro del vientre de su madre. Sí, escucha y ve a través de los ojos de su madre. Percibe los movimientos y las emociones de ella, aunque su mente y espíritu aún no estén desarrollados. Se oscurece el rostro de la madre, también se oscurece el suyo. Si la madre está nerviosa, él también lo está. Todo lo que siente la madre, tristeza, dolor, miedo, ansiedad, etc., él lo experimenta también. Si la madre no desea al feto, si no lo ama, él lo siente, y se generan traumas en su psique-alma que lo acompañarán toda su vida. Lo contrario ocurre con los sentimientos sagrados, divinos de la madre. Cuando tiene alegría, paz y amor por el embrión, se los transmite secretamente, como sucede con los hijos nacidos.

Por eso, la madre debe orar mucho durante el período de embarazo y amar al embrión, acariciar su vientre, leer salmos, cantar troparios (cánticos ortodoxos) y llevar una vida santa. Esto incluso es para su propio beneficio, pero ella hace también sacrificios por el bien del embrión, para que el hijo se vuelva más santo, adquiriendo desde el principio fundamentos sagrados. ¿Han visto lo delicado que es para una mujer gestar y conllevar a un niño? ¡Cuánta responsabilidad y honor!

Os contaré algo relacionado con otros seres inanimados e irracionales y lo entenderán un poco. En Estados Unidos, hacen experimentos de la siguiente manera: en dos habitaciones idénticas, con las mismas temperaturas, riego y suelo, plantan flores. Sin embargo, hay una diferencia. En una habitación, ponen música suave y agradable. ¿El resultado? ¡Admirable! Las flores de esta habitación presentan una diferencia enorme en comparación con las otras. Tienen más vitalidad, sus colores son más hermosos y su crecimiento es incomparablemente mayor.

  1. Lo que salva y crea hijos buenos es la vida de los padres en el hogar.

Lo que salva y crea hijos buenos es la vida de los padres en el hogar. Los padres deben entregarse al amor de Dios. Deben convertirse en santos cerca de los hijos con su gentileza, paciencia, apacibilidad y amor. Deben poner cada día un nuevo enfoque, un nuevo estado de ánimo, entusiasmo y amor en los hijos. Y la alegría que les vendrá, la santidad que los habrá visitado, se extenderá a los hijos la divina energía χάρις jaris gracia. Para el mal comportamiento de los hijos, generalmente los padres son responsables. Ni los consejos, ni la disciplina, ni la severidad los salvan. Si los padres no se santifican, si no luchan, cometen grandes errores y transmiten el mal que tienen dentro de ellos. Si los padres no llevan una vida santa, si no hablan con amor, el Diablo fastidia, atormenta y hace sufrir a los padres con las reacciones de los hijos. El amor, la armonía y la buena comunicación, conexión entre los padres es lo que los hijos necesitan. Gran seguridad y certeza.

Los comportamientos de los hijos están directamente relacionados con la situación de los padres. Cuando los hijos o niños son heridos por el mal comportamiento entre sus padres, pierden las fuerzas y el deseo de avanzar en el progreso. Se edifican mal y la construcción de sus psiques-almas está en peligro de derrumbarse en cualquier momento. Permítanme contarles dos ejemplos.

Habían venido dos hermanitas a verme, y una de ellas tenía experiencias muy desagradables y me preguntaban a qué se debían. Y les dije:

-Es de la casa, es de vuestros padres.

Y mientras «veía» a una de ellas, dije:

-Tú todas estas cosas las has heredado de tu madre.

-Y sin embargo, ella dice, nuestros padres son personas tan perfectas. Son cristianos, se confiesan, comulgan, diría que vivimos inmersos en la Religión. Al no ser… que sea culpa de la Religión, responde ella.

Les digo:

-No creo nada de lo que me dicen. Solo «veo» una cosa. Vuestros padres no viven la alegría de Cristo.

Sobre esto, la otra dijo:

-Escucha, María. Tiene razón el papulis ancianito o abuelito (nombre cariñoso a un ancianito sabio e iluminado). Nuestros padres van al guía espiritual, al confesor, a la Comunión Divina, sí… Pero, ¿alguna vez tuvimos paz en casa? Papá siempre refunfuña, riñe y se queja con mamá. Siempre uno de ellos no comía, otro no quería ir a algún lugar juntos. Entonces, el ancianito o abuelito tiene razón.

Le pregunto: ¿Cómo se llama tu padre?

Me lo dijo.

-¿Cómo se llama tu madre?

Me lo dijo.

-Bueno, digo, en tu interior no te llevas bien con tu madre.

Ahora escúchame, por favor. En el momento en que me decían el nombre, «veía» al padre, «veía» su psique-alma. En el momento en que me decían el nombre de la madre, «veía» a la madre y «veía» cómo la hija miraba a su madre.

(¡El santo yérontas Porfirio «veía» o “proveía” en Espíritu Santo proféticamente!)

Otro día, vino una madre con su hija y me visitaron. Estaba triste. Lloraba con sollozos. Se sentía muy infeliz y desgraciada.

-¿Qué tienes, qué te pasa? le pregunto.

-Estoy desesperada con mi hija mayor, que echó a su esposo de la casa y nos engañaba diciendo muchas mentiras.

-¿Qué mentiras? le pregunté.

-Hace tiempo echó a su esposo de la casa y no nos dijo nada. Le preguntábamos por teléfono: ‘¿Cómo está Stelios?’ ‘Bien, nos respondía, en este momento ha ido a comprar el periódico’. Cada vez encontraba una excusa para que no sospecháramos nada. Esto duró dos años. Nos lo ocultaba, que lo había echado. Hace unos días lo supimos de él mismo, que casualmente nos encontramos con él.

Entonces le digo:

-Tú y tu marido son los culpables, y más tú.

-¡Yo! que tanto amaba a mis hijos, que no salía de la cocina, que no tenía vida personal, que los conducía a Dios y a la Iglesia, que los aconsejaba para su bien. ¿Cómo es que soy culpable?

Me dirigí a la otra hija, que estaba presente:

-Tú, ¿qué dices?

-Sí, mamá. El papulis ancianito (anciano sabio en plan cariñoso) tiene razón. Nunca, pero nunca comimos tranquilos en paz, ni disfrutamos de nada debido a las peleas que tenías con papá.

-¿Ves que tengo razón? Ustedes son los culpables, ustedes lastiman y crean traumas a los hijos o  niños. No son ellos los culpables, pero sufren las consecuencias.

Se crea una situación en la psique-alma de los hijos debido a sus padres, que deja huellas en ellos para toda la vida. Su comportamiento en la vida posterior, su relación con los demás, tienen una dependencia directa de las experiencias que llevan de su infancia. Crecen, estudian, se forman, pero en el fondo no cambian. Esto se ve incluso en los pequeños acontecimientos de la vida. Por ejemplo, te sucede tienes ansia o glotonería, antojo, quieres comer. Tomas, comes, ves algo más, lo quieres también, quieres más y más. Sientes que tienes hambre, un antojo que si no comes, te da una ansiedad, un temblor. Tienes miedo de que vas adelgazar y enfermar. Es algo psicológico, que tiene explicación. Puede ser, por ejemplo, que no conocieras a tu padre, que no conocieras a tu madre, que estés privado y hambriento, pobre y débil. Y esto que es un hecho espiritual se refleja y se manifiesta automáticamente como una debilidad del cuerpo.

En la familia, hay una gran parte de la responsabilidad de la situación espiritual de la persona. Para liberar a los hijos de varios problemas internos, no son suficientes los consejos, las coacciones o imposiciones, la lógica o razón y las amenazas (o moralismo seco racional sin jaris)). Probablemente empeoran las cosas. La corrección se logra con la (praxis, acción) de santificación de los padres. Hazte santo (ten la jaris) y no tendrás ningún problema con tus hijos. La santidad de los padres libera a los hijos de los problemas. Los hijos quieren cerca de ellos personas santas, con mucho amor, que no los aterren ni se limitarán en la enseñanza, sino que den un ejemplo santo y oración. Los padres deben orar en silencio y con las manos levantadas hacia Cristo, y abrazar a sus hijos en secreto, místicamente. Y cuando hagan travesuras, tomen algunas medidas educativas, pero no los presionen. Sobre todo, oren.

Muchas veces, los padres, y especialmente la madre, lastiman al hijo por un desorden que hizo y lo regañan injustamente. Entonces el hijo se lastima. Incluso si no lo regañas externamente, pero lo regañas internamente, te enojas o lo miras mal de manera salvaje, el niño lo entiende. Piensa que su madre no lo ama. Pregunta a la madre:

-¿Me amas, mamá?

-Sí, hijo mío.

Pero eso no lo convence. Ha sido herido. La madre lo ama, después lo acariciará, pero él inclinará la cabeza hacia atrás no cede. No acepta la caricia, lo considera hipocresía, porque se ha sentido herido.

  1. La sobreprotección deja inmaduros a los hijos.

Otro factor que perjudica a los hijos es la sobreprotección, es decir, el cuidado excesivo, la exagerada preocupación, la ansiedad y el estrés de los padres. Escuchad un incidente.

Una madre se quejaba de que su hijo de cinco años no obedecía. Yo la decía: «Es tu culpa», pero no lo entendía. Una vez fuimos con esta madre a dar un paseo por el mar en su automóvil. Tenía consigo al niño. En un momento, el pequeño se soltó de su mano y corrió hacia el mar. Había incluso un montón de arena y desde la parte trasera de éste se extendía abruptamente el mar. La madre se angustió, estaba lista para gritar, correr, porque vio al niño en la cima del montón de arena con los brazos extendidos haciendo equilibrio. Yo la tranquilicé, le dije que volviera su espalda hacia el niño y lo observara un poco de lado, de reojo. Cuando el niño se cansó de provocar a su madre, para asustarla y hacerla gritar como de costumbre, bajó tranquilamente y se acercó a nosotros. ¡Eso fue todo! Entonces la madre aprendió la lección de la crianza adecuada.

Otra madre se quejaba de su hijo único que no comía todas las comidas y especialmente el yogur. El niño tendría alrededor de tres años y fastidiaba y molestaba la madre todos los días. Le dije:

«Harás lo siguiente. Vaciarás la nevera de todos los alimentos. La llenarás con una cantidad específica de yogur. Los padres tendréis que fastidiarse durante algunos días. Cuándo es hora de comer, darás a Petros-Pedro yogur. No lo comerá. Por la noche lo mismo, al día siguiente lo mismo. Bueno, después tendrá hambre, probará algo. Llorará, gritará. Lo sufrirán. Después lo comerá con gusto».

Así sucedió y el yogur se convirtió en la mejor comida para Petros.

No son difíciles estas cosas. Y, sin embargo, muchas madres no lo logran y dan una educación muy negativa a sus hijos. Las madres que se sientan constantemente encima de sus hijos y los presionan y los aplastan, es decir, los sobreprotegen, han fracasado en su tarea. Debes dejar al hijo solo para que se preocupe por su propio progreso. Entonces tendrás éxito. Cuando te sientas constantemente encima de ellos, los hijos reaccionan. Desarrollan pereza, desgana, apatía, debilidad y generalmente fracasan en la vida. Es una especie de sobreprotección que deja a los hijos inmaduros.

Hace unos días vino desesperada una madre por los continuos fracasos de su hijo en los exámenes de ingreso a la universidad. Un estudiante sobresaliente en la escuela primaria, sobresaliente en la secundaria, sobresaliente en la preparatoria. Luego, fracasos, falta de interés del hijo y reacciones extrañas.

«Tú eres la culpable», le dije a la madre, y eres también formada con estudios. ¿Qué haría el hijo? Presión, presión, presión todo el tiempo, todos los años, «sé el primero, no nos avergüences, conviértete en alguien grande en la sociedad…». Ahora lo ha dado una patada a todo, ha rechazado todo, no quiere nada. Debes detener esta opresión y la sobreprotección y verás que el hijo entonces se equilibrará. Entonces avanzará cuando lo dejes libre.

  1. El hijo quiere tener cerca a personas de oración ferviente.

El hijo quiere tener cerca a personas de oración ferviente. No es suficiente que la madre le dé caricias sensibles, perceptibles, sino que también debe ofrecerle al mismo tiempo la caricia de la oración. El hijo siente en lo más profundo de su psique-alma la caricia espiritual que envía su madre secretamente, místicamente y es atraído hacia ella. El hijo experimenta y siente seguridad y certeza cuando su madre, con oraciones constantes, persistentes y cálidas, abraza secretamente al hijo y lo libera de lo que le oprime y aprieta.

Las madres saben cómo preocuparse, aconsejar y decir muchas cosas, pero no aprendieron a orar. Muchos consejos, indicaciones y sugerencias hacen mucho daño. No muchas palabras a los hijos y los  niños. Las palabras golpean los oídos, mientras que la oración va al corazón. Se necesita oración, con fe, sin ansiedad, pero también un buen ejemplo.

Un día vino aquí al Monasterio una madre desesperada por su hijo, Georgios/Jorge. Estaba muy «confundido». Volvía tarde por la noche con compañías no buenas. Su situación empeoraba cada día. Ansiedad, llantos y lágrimas de la madre.

Le digo:

-No digas nada, tú solo oración.

Establecimos a las diez y cuarto de la noche una hora común de oración. Le dije que no hable y deje que su hijo haga lo que quiera, que no pregunte «¿a qué hora viniste?» etc., sino que le diga así, con mucho amor: «Come, Georgios mío, en la nevera tenemos comida». Y que no le diga nada más. En general, que lo trate con amor y que no deje la oración.

La madre comenzó a aplicar esto, pasaron alrededor de veinte días y le dice:

-«Madre, ¿por qué no me hablas?

-Georgios mío, ¿cómo que no te hablo?

-«Madre, te pasa algo conmigo. No me hablas».

-Es algo extraño lo que me dices, Georgios. ¿Cómo que no te estoy hablando? Mira, ahora mismo te estoy hablando. ¿Qué quieres que te diga?

-Y Georgios no le respondió. Luego la madre vino al Monasterio y me dice:

«Yéronta, ¡hay que ver lo que me dijo el niño!»

¡Nuestro método tuvo éxito, ha triunfado! ¿Qué método? , le digo;

-Lo que te dije, no le hables, solo ora secretamente y el hijo se volverá en sí, en su sano juicio y se corregirá.

¿Crees que es eso?

Eso es, le digo. Quiere que le preguntes y le llames la atención: «¿Dónde estabas, qué estabas haciendo?». Y él debe gritar, reaccionar y venir aún más tarde.

-¡Oh, Dios mío! dice. ¡Cuántos misterios escondidos hay!

-¿Lo entendiste? Ya que te está hablando la situación, los hechos. Ahora te habla bien y está mejor. Él te atormentaba porque quería pelear contigo, para hacer sus travesuras. No lo regañas, ni lo reprimes y se siente triste. En lugar de sentirte triste tú cuando él hace sus cosas, ahora, que tú no te sientes triste y demuestras indiferencia, él se siente triste.

Un día, Georgios les anunció en casa que se iba, dejaba su trabajo e iba a Canadá. Les dijo a sus jefes: «Me voy, encuentra a alguien más para reemplazarme en este trabajo».

Yo, mientras tanto, les dije a los padres:

-Nosotros haremos oración.

-Pero él está listo… ¡Lo cogeré del cuello!», dice el padre.

-No, no lo molestes, le digo.

-Pero se va mi hijo, Yéronta.

-Déjalo ir, le digo. Ustedes dedíquense a la oración y yo también oraré con ustedes.

Después de dos o tres días, era domingo por la mañana, Georgios les dice:

-Me voy, iré con mis amigos.

-Bien, como quieras, le dicen.

Se fue. Tomó a sus amigos, dos chicas y dos chicos, alquilaron un auto y se fueron a la Jalkida capital de la isla Évia (de donde es san Porfirio). Fueron de aquí para allá… Luego fueron a San Juan el Ruso y de allí se dirigieron a Mantoudi, Santa Ana, más allá a Vasiliká. También fueron y se bañaron en el Mar Egeo, comieron, bebieron, se divirtieron. Luego tomaron el camino de regreso. Ya era de noche. Georgios conducía. Allí, en Santa Ana, el automóvil golpeó el codo de una casa. Lo chocaron. ¿Qué iban a hacer ahora? Lo levantaron era de noche y poco a poco lo trajeron a Atenas.

Llegó de madrugada a casa. Sus padres no le dijeron nada. Él se desplomó y se durmió. Después de dormir, se levantó y dijo:

Padre, esto y aquello… Ahora tenemos que arreglar el auto y cuesta mucho dinero.

El padre le dijo:

-Hijo mío, tú sabes. Tengo deudas, tengo a tus hermanas… ¿Qué haremos?».

-¿Qué puedo hacer, padre?

-Haz lo que quieras. Eres mayor, tienes cerebro. Ve a Canadá a ganar dinero, ve a donde quieras, a…

-No puedo, le dice. Tenemos que arreglarlo ahora.

-No sé, le dice. Arregla eso.

Entonces, al ver al padre así, se marchó. Fue y encontró a su jefe y le dijo:

-Jefe, esto y aquello me pasó. No me iré, me quedo. No tomes a otro a trabajar.

Le dice el jefe:

-Bueno, bien, hijo mío.

-Sí, pero necesito dinero.

-Sí, pero tú quieres irte. Tu padre debe firmarme.

-Yo te firmaré. Mi padre no se mezcla. Me lo dijo. Yo trabajaré y te daré el dinero.

¿No es esto un milagro de Dios? Cuando volvió, la madre, le dije:

-Tuviste éxito con la forma en que lo manejaste y nuestra oración fue escuchada por Dios. Y el accidente fue de Dios y ahora el hijo se quedará en casa y se corregirá.

Así fue con nuestra oración. Se hizo el milagro. Oración, ayuno y silencio, y los padres lo lograron y triunfaron. Después de un tiempo, vino el hijo y me encontró, sin que ninguno de los suyos le dijera algo. Georgios se volvió muy bueno y ahora está en la Fuerza Aérea. También formó una hermosa familia.

  1. Mucha oración y pocas palabras a los hijos.

Todo proviene de la oración, el silencio y la agapi amor desinteresado. ¿Habéis entendido los resultados de la oración? La agapi-amor en la oración, el amor en Cristo. Esto beneficia realmente. Cuanto más ames a los hijos con el amor humano, que a menudo es patológico, más se confundirán y su comportamiento será negativo. Pero cuando tu amor sea cristiano y sagrado, tanto entre ustedes y los hijos, entonces no tendréis ningún problema. La santidad y la jaris de los padres salvan a los hijos. Para que esto se realice, la jaris gracia divina debe influir en las psiques-almas de los padres. Nadie se santifica solo. La misma divina energía jaris luego iluminará, calentará y dará vida a las psiques-almas de los hijos.

Muchas veces me llaman desde el extranjero y me preguntan sobre sus hijos y otros temas. Hoy me ha llamado una madre desde Milán, Italia  y me preguntó cómo debe comportarse con sus hijos. Le dije lo siguiente:

«Ora, y cuando sea necesario, habla a los hijos con agapi-amor y cariño. Es mejor hacer mucha oración y pocas palabras por todos. No debemos hacernos molestos, pero oremos místicamente, en secreto y luego hablar y conversar con ellos, y Dios nos irá confirmando en nuestro interior si nuestra homilía, conversación o nuestras palabras son aceptadas por los demás. Si no es así cortemos, no hablaremos de nuevo. Solo oraremos místicamente, en secreto. Porque al hablar, nos volvemos molestos y hacemos que los demás reaccionen y, a veces, se molesten, se enfaden y se rabien. Por eso es mejor que uno diga las cosas en secreto en el corazón de los demás a través de la oración secreta, mística y cordial, en vez en sus orejas u oídos.

»Escucha, déjame decirte: ora y luego habla. Así debes hacer con tus hijos. Si constantemente les das consejos, te volverás aburrida y, cuando crezcan, estarán sintiendo una especie de opresión. Por lo tanto, que prefieras la oración. Háblales con oración. Diga las cosas a Dios y Dios les estará hablando en el interior de ellos. Es decir, no debes aconsejar a tus hijos así, con una voz que puedan escuchar sus oídos u orejas. Puedes hacer también esto, pero sobre todo debes hablar por tus hijos a Dios. Que digas: «Señor Jesús Cristo, ilumina a mis hijos. Te los encomiendo. Tú me los diste, pero yo soy débil, no puedo guiarlos; por eso, te ruego, ilumínalos». Y Dios les hablará e irán pensando y diciendo: “¡Oh, no debería entristecer o fastidiar a mi madre con esto que he hecho!” Y esto sale desde el interior de ellos por la energía divina jaris gracia de Dios.»

Eso es lo perfecto. Que la madre hable con Dios y Dios estará hablando al hijo. Si no sucede así, di, di, di… todo «por el oído», al final se convierte en una especie de opresión (o de rayadura, “no rayes” como dicen, ellos). Y cuando el hijo crece, comienza a reaccionar, es decir, empieza a vengarse, de alguna manera, de su padre, su madre que lo oprimieron. Mientras que uno es lo perfecto: que la oración sea agapi-amor en Cristo y la santidad de los padres. La radiación de la jaris, santidad y no del esfuerzo humano hace que los hijos estén bien. (Santidad es que los padres estén en el camino de la Jaris y la busquen evitando lo que la quita y obstruye)

Cuando los hijos están heridos, afectados y trastornados por un problema grave, no te afectes ni te enojes si reaccionan y dicen cosas feas, desagradables. En realidad, no lo quieren, pero no pueden hacerlo de otra manera en momentos difíciles. Después se arrepienten. Pero si te irritas y te enojas, te vuelves uno con el Maligno y él entra en juego y os manipula y revoletea a todos.

  1. La santidad de los padres es la mejor educación en el Señor.

Debemos ver a Dios en el rostro de los hijos y darles la agapi-amor de Dios. También los hijos deben aprender a orar. Para que los hijos oren, deben tener la sangre de padres que oran. Aquí es donde algunos fallan y dicen: si los padres oran, son piadosos, estudian las Sagradas Escrituras y han criado a los hijos “en la disciplina y en la instrucción del Señor” (Efesios 6:4), entonces naturalmente los hijos serán buenos». Sin embargo, vemos resultados opuestos debido a la opresión y el agobio a los hijos.

No es suficiente que los padres sean piadosos. No deben agobiar y oprimir a los hijos para hacerlos buenos por la fuerza. Es posible que expulsemos y alejemos a los hijos de Cristo cuando seguimos las cosas religiosas y espirituales de la Ortodoxia con egoísmo. Los hijos no quieren opresión ni agobio. No los obliguéis que os sigan a la Iglesia. Podéis decir: «Quien quiera puede venir conmigo ahora o más tarde». Dejad que Dios hable a sus psiques-almas. La causa de que algunos hijos de padres piadosos, cuando crecen y son mayores, se vuelvan desobedientes, rebeldes y abandonen la Iglesia y todo y corren a buscar satisfacción en otros lugares, es ese agobio, esa presión ejercida por los «buenos» padres. Los supuestos padres «piadosos» que se esforzaron por hacer de sus hijos «buenos cristianos», con este amor humano, los agobiaron, los oprimieron y ocurrió lo contrario. Se sienten oprimidos cuando son pequeños, y cuando tienen dieciséis, diecisiete u dieciocho años, reaccionan y llegan al resultado contrario. Comienzan por reacción a frecuentar con malas compañías y a decir cosas necias y palabras feas.

En cambio, cuando se desarrollan en libertad, viendo al mismo tiempo el buen ejemplo de los mayores, nos alegramos al verlos. Ese es el secreto, ser bueno, ser santo, tener la jaris para inspirar e irradiar. La vida de los hijos se que es influenciada por la radiación de los padres. Los padres insisten: «Ve a confesarte, ve a comulgar, ve a hacer esto…». Pero nada sucede. Mientras te ven a ti, lo que vives, eso es lo que irradias. Cristo irradia en tu interior; eso va a tu hijo. Ahí está el secreto. Y si eso sucede, cuando el hijo es pequeño, no necesitará esforzarse mucho cuando crezca. Sobre este tema exactamente, el sabio Salomón utiliza una hermosa imagen, enfatizando la importancia de un buen comienzo y una buena base. Dice en un versículo: “Aquel que, al despuntar el día o desde el amanecer, desde los primeros destellos de su vida se acerca a la sabiduría (divina), no se fatigará, porque ella erigirá su trono en las puertas de su hogar y tendrá el consuelo de él” (Proverbios 6:14). «Al despuntar el día o desde el amanecer» es el compromiso desde una edad temprana con ella, la sabiduría. La sabiduría es Cristo.

Cuando los padres son santos, poseen la divina jaris y transmiten esto a sus hijos, y los educan en el Señor, entonces el hijo, a pesar de las malas influencias del entorno, no se ve afectado, porque «junto a la puerta» se encontrará la Sabiduría divina, el Cristo. No se esforzará por obtenerla. Parece muy difícil  hacerse y ser bueno, pero en realidad es muy fácil cuando comienzas desde pequeño con buenas experiencias. Al crecer no necesitas esforzarte, tienes el bien dentro de ti, lo vives. No te esfuerzas, lo has vivido, es tu fortuna, tu patrimonio, que lo conservas, si prestas atención, durante toda tu vida.

  1. Con la oración y la santidad los maestros, pueden ayudar a los hijos en la escuela.

Lo que sucede con los padres también puede suceder con los educadores, los maestros. Con la oración y la santidad, pueden ayudar a los hijos en la escuela. La divina energía jaris gracia de Dios puede cubrirlos y hacer que prosperen. No intentéis corregir situaciones difíciles de manera o modos humanos. No se obtiene ningún buen resultado. Solo a través de la oración lograréis resultado bueno. Invocad la divina jaris gracia para todos. Que la gracia divina entre en sus psiques-almas y los transforme. Esto es lo que significa ser cristiano.

Ustedes, los educadores, inconscientemente, transmiten ansiedad a los hijos sin darse cuenta. La fe elimina la ansiedad y la depresión. ¿Qué decimos? «Encomendemos toda nuestra vida a Cristo nuestro Dios» (Divina Liturgia).

Correspondan al amor de los hijos con discernimiento. Así, si los hijos os aman, podréis guiarlos hacia Cristo. Ustedes serán el medio. Que vuestra agapi-amor sea genuina. No los amen de manera humana, como suelen hacer los padres; eso no ayuda. Agapi-amor en oración, en amor en Cristo. Eso es lo que verdaderamente beneficia. Recen por cada niño que ven, y Dios enviará Su energía jaris gracia y lo unirá a Él. Antes de entrar a la clase, especialmente en secciones difíciles, oren la oración cordial: «Señor Jesús Cristo…». Al entrar, abarquen a todos los hijos con la mirada, oren y luego hablen ofreciendo todo lo bueno de ustedes mismos. Haciendo esta ofrenda en Cristo, estaréis alegres. Así serán santificados, ustedes y los estudiantes. Viviréis en el amor de Cristo y en la Iglesia, porque os convertiréis en personas buenas a través de vuestro trabajo.

Si algún estudiante causa problema, hagan primero una observación general diciendo:

-«Hijos, estamos aquí para estudiar, para trabajar seriamente. Estoy aquí para ayudaros. Ustedes se esfuerzan para tener éxito en la vida, y yo, que os quiero mucho, también me esfuerzo y me canso. Por eso, les pido que hagan silencio para que logremos todos nuestro propósito de estar aquí».

No miren al que se comportó mal; si continúa, diríjanse a él no con enojo o enfado, sino seriamente y firmemente. Asegúrense de mantener la disciplina y el orden para poder influir también en sus psiques-almas. Los estudiantes difíciles no son culpables; los mayores son responsables, sus padres, a ellos se debe.

No hablen mucho sobre Cristo y Dios a los alumnos, pero oren a Dios por ellos. Las palabras caen en oídos sordos, mientras que la oración llega al corazón. Escuchad un secreto: el primer día que entren a la clase, no den lecciones. Háblenles amablemente. Una por una las palabras. Ámenlos con cariño. Al principio, no les habléis en absoluto sobre Dios ni sobre la psique-alma. Eso vendrá más tarde, otro día.

Pero el día que les hablen sobre Dios, prepárense bien y díganles:

-Hay un tema sobre el cual muchos dudan. Es el tema de “Dios”. ¿Qué opinan ustedes?

Luego, tengan una discusión, un diálogo. Otro día, el tema será la «psique-alma»;

¿Existe la psique-alma?

Luego, hablen sobre el mal desde el punto de vista filosófico. Díganles que tenemos dos seres o dos yo, el bueno y el malo. Debemos cultivar el bueno. Esto necesita el progreso, la bondad y la agapi-amor; a este debemos despertarlo para convertirnos en personas correctas en la sociedad. Recuérdenles esto: «Mi psique-alma, mi alma, despierta, ¿por qué duermes?» (Gran Canon, san Andrés de Creta). No se los digan así, pero con otras palabras, más o menos así: «Hijos míos, estén despiertos para la educación, para el bien, para el amor. Solo el amor hace que todo sea hermoso y llena nuestra vida de significado. El yo malo quiere la pereza, la indiferencia. Pero eso hace la vida aburrida, sin sentido y fea».

Sin embargo, todas estas cosas requieren preparación. El amor exige sacrificios y, a menudo, sacrificio de tiempo. Den prioridad a la formación para estar listos para ofrecerse a los estudiantes. Sean ustedes siempre sinceros y, sobre todo, alegres. Muestren todo su amor y sepan lo que quieren y lo que dicen. Pero también se necesita habilidad y arte en cómo comportarse con los estudiantes. Sobre esto, escuché algo divertido. Presten atención.

Un maestro, satisfecho con todos los alumnos, sufría por la indisciplina de un estudiante y quería expulsarlo de la escuela. Mientras tanto, llegó un nuevo maestro y tomó la clase. Para obtener información sobre ese estudiante en particular, el nuevo maestro, al enterarse de que le gustaban las bicicletas, el segundo día, cuando entró en la clase, dijo:

«Hijos míos, tengo una tristeza. Vivo lejos de aquí y mis pies me duelen cuando camino. Quiero usar una bicicleta, pero no sé cómo manejarla. ¿Alguien sabe enseñarme?»

Entonces, el estudiante indisciplinado se levanta y dice:

-«Yo, puedo enseñarte».

-Tú sabes?

Sí sé perfectamente.

Desde entonces, se hicieron muy buenos amigos, al punto de que el antiguo maestro, que lo observaba, se entristeció. Sintió que él mismo no era digno de imponerse al estudiante.

A menudo, hay hijos huérfanos en la escuela. La orfandad es difícil. Quien pierde a sus padres, especialmente a una edad temprana, se vuelve desdichado en la vida. Sin embargo, si ha adquirido como padres espirituales a Cristo y nuestra Virgen Panaghía, se vuelve santo. A los huérfanos trátenlos con amor y comprensión, pero sobre todo, conéctelos con Cristo y la Iglesia.

  1. Enseñen a los hijos a buscar y pedir la ayuda de Dios.

El remedio y el gran secreto para el progreso de los hijos es la humildad. La confianza en Dios proporciona seguridad absoluta. Dios es todo. Nadie puede decir que yo soy todo. Esto refuerza el egoísmo. Dios quiere que guiemos a los hijos hacia la humildad. No podemos hacer nada, ni nosotros ni los hijos o  niños, sin humildad.

Tengan mucho cuidado al animar y elogiar a los hijos. No deben decirle al hijo:

«Tú lo lograrás, eres grandioso, eres joven, eres valiente, eres perfecto…».

No están beneficiando al hijo de esa manera.

Sin embargo, podéis decirle que haga oración a Dios. Podéis decirle:

«Hijo mío, los dones que tienes, Dios te los dio. Ora para que Dios te dé fuerzas para cultivarlos y tener éxito. Que Dios te dé Su Jaris Gracia (energía increada)».

Esto es lo perfecto. En todos los aspectos, los hijos deben aprender a pedir la ayuda de Dios.

El elogio perjudica a los hijos hace daño. ¿Qué dice el Logos de Dios? «Pueblo mío, aquellos que, con adulación y por motivos egoístas, os elogian y os desean buena fortuna, os engañan. Además, agitan y crean confusión en el camino de vuestra vida y comportamiento» (Is 3,12). El que nos alaba, nos engaña, nos extravía y estropea nuestro camino en la vida. ¡Qué sabias son las palabras de Dios! El elogio no prepara a los hijos para ninguna dificultad en la vida, y salen inadaptados, los pierden y finalmente fracasan. Ahora el mundo está estropeado, arruinado. En el pequeño niño, todos hablan palabras elogiosas. No lo regañemos, no nos opongamos a él, no lo presionemos al niño. Pero aprende de esta manera y no puede reaccionar correctamente ante la menor dificultad. Tan pronto como alguien se le opone, se rompe, no tiene fuerza.

Los padres son los primeros responsables del fracaso de los hijos en la vida, y los maestros y profesores después. Los elogian constantemente. Les dicen palabras egoístas. No los acercan al Espíritu de Dios, los alejan de la Iglesia. Cuando los hijos crecen un poco y van a la escuela con ese egoísmo, se alejan de la fe, de la religión y la menosprecian, pierden el respeto por Dios, por los padres, por todos. Se vuelven desobedientes, duros y crueles, sin respetar ni la religión ni a Dios. Hemos creado egoístas en la vida y no cristianos.

  1. Los hijos con elogios constantes no se construyen.

Los hijos con elogios constantes no se construyen. Se vuelven egocéntricos y vanidosos. Querrán que todos los elogien constantemente durante toda su vida, incluso si les dicen mentiras.

Desgraciadamente, hoy todos aprenden a decir mentiras y los vanidosos, aduladores los aceptan, eso es su alimento. «Dilo, aunque sea mentira, aunque sea sarcasmo e ironía», dicen. Pero Dios no lo quiere. Dios quiere la verdad. Desgraciadamente, no todos entienden esto y actúan completamente al revés.

Cuando elogias constantemente a los hijos sin discernimiento, los tienta y los molesta el opuesto (el demonio, afectándolos negativamente). Les despierta el molino de pensamientos egoístas en sus mentes y, acostumbrados a los elogios de padres y maestros desde pequeños, pueden avanzar en los estudios, pero ¿cuál es el beneficio?

En la vida, saldrán egoístas y no cristianos ortodoxos. Los egoístas nunca pueden ser cristianos. Los egoístas quieren que todos los elogien constantemente, que todos los amen, que todos hablen bien de ellos, algo que Dios, nuestra Iglesia y nuestro Cristo no lo quieren.

Nuestra Fe Ortodoxa no quiere ese enfoque, esa crianza, esta filosofía de vida. En cambio, quiere que los hijos desde pequeños aprendan la verdad. La verdad de Cristo enfatiza que al elogiar constantemente a una persona, la conviertes en egoísta.

El egoísta está «confundido», guiado por el diablo y el mal espíritu. Así que, creciendo en el egoísmo, su primera tarea es negar a Dios y ser un egoísta inadaptado en la sociedad.

Debes decir la verdad, que la aprenda el hombre. De lo contrario, lo estás apoyando en su ignorancia. Cuando al otro le dices la verdad, se orienta, presta atención, escucha también a los demás, se modera y se controla.

Lo mismo se aplica al hijo, debes decirle la verdad, lo reprenderás para que entienda que lo que hace no está bien. ¿Qué dice el sabio Salomón? «Quien se niega a castigar a su hijo, lo odia, pero quien lo ama, lo instruye con cuidado, disciplina y esmero» (Proverbios 13, 24). Pero no debes golpearlo con un palo. Entonces, nos sobresaltamos de los límites y sucede lo contrario. Con el elogio constante desde la infancia, dirigimos a nuestros hijos hacia el egoísmo. Y al egoísta incluso puedes burlarte de él, siempre que le digas que es bueno, que hinches su ego. Y así piensa y dice: «Ah, aquel que me elogia, es bueno». Estas no son cosas correctas. Porque a medida que una persona crece con egoísmo, comienzan los «problemas» dentro de él, sufre él, y hace sufrir sin darse cuenta y no sabe qué hace.

La causa del desorden psíquico y mental es el egoísmo. Esto es algo que los propios psiquiatras admitirán cuando lo estudien, verán que el egoísta es un enfermo.

Nunca debemos alabar a nuestros semejantes y adularlos, sino guiarlos hacia la humildad y la agapi (amor incondicional) de Dios. Y no debemos buscar que nos amen, diciendo elogios a los demás.

Debemos aprender amar y no buscar y pedir que nos amen. Amar y hacer sacrificios, grandes si es posible, por todos los hermanos en Cristo desinteresadamente, sin esperar alabanzas y amor de ellos. Ellos harán por nosotros lo que Dios les diga. Si son cristianos también, darán doxa gracias y gloria a Dios por encontrarnos y ayudarnos o que le hemos dicho una palabra amable y buena.

Así es como debéis guiar a los hijos de la escuela. Esta es la verdad. De lo contrario, se vuelven inadaptados. No saben lo que hacen ni a dónde van, y nosotros somos la causa de esto, porque los hicimos así. No los guiamos hacia la verdad, la humildad y a la agapi-amor de Dios. ¡Los hicimos egoístas y ahora vemos el resultado!

Pero también hay hijos que provienen de padres humildes y desde pequeños, cuando son regañados, los orientan hacia Dios y la santa humildad. Estos hijos no causan problemas a sus semejantes. No se enojan cuando señalas sus errores, sino que tratan de corregirlos y oran para que Dios los ayude a no volverse egoístas.

Yo, ¿qué queréis que os diga? Cuando fui al Monte Athos, fui a algunos Padres o Yérontas muy santos. Ellos nunca me dijeron ‘bravo, bien hecho’. Siempre me aconsejaron sobre cómo amar a Dios y cómo ser siempre humilde.

Orar a Dios para que fortalezca mi psique-alma y amarlo mucho. Ni siquiera sabía de este ‘bravo o bien hecho’, nunca lo busqué no lo pedí. Por el contrario, me entristecía cuando mis Yérontas o Padres espirituales no me reprendían. Decía:

‘Vaya bendición, no encontré buenos Padres’. Quería que me disciplinaran, me reprendieran, me trataran duro. Estas cosas que os digo ahora, si un cristiano las escucha, ¿qué dirá? Se perderá, se extrañará y lo rechazará. Pero esto es correcto, humilde, auténtico.

Mis padres naturales o carnales nunca me elogiaban, yo tampoco deseaba el “bravo o bien hecho” de ellos. Por eso lo que hacía, lo hacía desinteresadamente. Ahora que la gente me elogia, me siento muy mal. Qué les puedo decir… Me revuelco por dentro cuando los demás me dicen ‘bien hecho’. Pero no me ha perjudicado haber aprendido la humildad. ¿Y ahora por qué no quiero que me elogien? Porque conozco que el elogio hace que el hombre vuelva vano, vacío, y expulsa la jaris gracia, la energía increada de Dios. Y la gracia de Dios viene solo con la santa humildad. El hombre humilde es el hombre perfecto.

¿No son bellas estas cosas? ¿No son verdaderas?

Quien escuche esto dirá: ‘¿Qué estás diciendo, amigo? Si no alabas al niño, ni siquiera puede estudiar, ni esto ni aquello…’. Pero sucede eso porque así somos nosotros y también hacemos a nuestro hijo así. Es decir, hemos abandonado la verdad. El egoísmo ha sacado al hombre del Paraíso. Esto es un mal muy grande. Los primeros hombres, Adán y Eva, eran sencillos y humildes, por eso vivían al Paraíso. No tenían egoísmo. Tenían, como se dice en el lenguaje teológico, “lo original”. Cuando decimos, “lo original”, entendemos los carismas que dotó Dios al hombre inicialmente, cuando lo creó, es decir, la vida, la inmortalidad, la conciencia, la independencia, la libertad, la agapi (amor desinteresado.) la humildad, etc… Luego el diablo logró por el elogio a engañarlos. Se llenaron de egoísmo. Pero lo natural del hombre, tal y como lo creó Dios, es la humildad. En cambio, el egoísmo es algo anormal no natural, es enfermedad, es contranatural.

Por tanto, cuando nosotros con nuestros elogios creamos al hijo o niño este “súper-ego”, le inflamos de egoísmo y lo hacemos mucho daño. Lo hacemos ser más propenso a las cosas diabólicas. Así conforme va creciendo, lo alejamos de todos los valores de la vida. ¿No creéis que estas cosas son las causas que se pierden los jóvenes, que los hombres se hacen rebeldes? Es el egoísmo que los padres desde temprana edad han sembrado a los hijos. El diablo es el gran egoísta, es gran Lucifer. Es decir, vivimos al Lucifer dentro de nosotros, vivimos al diablo. No vivimos la humildad. La humildad es de Dios, es algo necesario para la psique-alma humana. Es algo orgánico. Y cuando falta, es como si faltara el corazón en el organismo. El corazón da vida al organismo y la humildad da vida a la psique-alma. Con el egoísmo, el hombre está ya del lado del espíritu maligno, es decir, se desarrolla con el espíritu malo y no con el bueno.

Esto es lo logró hacer el diablo. Hizo que la tierra fuera un laberinto para que no pudiéramos entendernos entre nosotros. ¿Qué es lo que nos pasó y no lo entendimos? ¿Ven cómo hemos sido engañados? Hemos convertido nuestra tierra y nuestra era en un psiquiátrico correcto. Y no entendemos lo que nos pasa. Todos nos preguntamos: ‘¿Qué nos pasó, a dónde vamos, por qué nuestros hijos tomaron malos caminos, por qué se van de sus hogares, por qué abandonan la vida, por qué abandonan sus estudios, porqué caen en las adicciones, a las drogas…? ¿Por qué está pasando esto?’. El diablo logró hacerse como desaparecido, hacer ver que no existe y hacer que las personas usen otros nombres. Los médicos y los psicólogos a menudo dicen, cuando alguien está sufriendo: ‘¡Oh, tienes nervios! ¡Oh, tienes ansiedad!’ y cosas así. No admiten que el diablo incita y estimula el egoísmo en el hombre. Y, sin embargo, el diablo existe, es el espíritu del mal. Si decimos que no existe, es como negar el Evangelio que habla de él. Este es nuestro enemigo, nuestro adversario en la vida, el contrario u opuesto de Cristo, y se llama anticristo. Cristo vino a la tierra para liberarnos del diablo y regalarnos la psicoterapia espiritual y la salvación.

Pero los hijos de hoy, qué aprenden?

Aprenden a insultar y despreciar a los maestros. Esta es la enseñanza de hoy. Incluso insultan a sus padres. Hoy, ¿quién ama a su padre y madre? ¿Quién se preocupa por ellos? Es triste decirlo, pero los hijos los insultan y los padres dicen: ‘Mi hijo me insultó’. Bueno, entonces, ¿por qué te sorprende? Porque hiciste eso, lo hiciste así. Estos son los resultados que ves hoy. Hoy, todo es una tragedia. Cuando escucho sobre los acontecimientos actuales, me pongo triste. Me duele mucho. Pero hago la pregunta: ‘¿Estamos hablando, estamos haciendo lo que deberíamos hacer, para que cambien las cosas? ¿O estamos adoptando la psicología del mundo de hoy?’.

¡No tenemos derecho a hacer esto! Debemos ser inquebrantables en nuestra Fe, en nuestra verdad, en nuestra Ortodoxia. ¡No debemos ser dobles y mezclarnos con el mundo! Porque perderemos todo, no ganaremos nada. En cambio, predicaremos lo que es correcto y lo que siempre ha sido correcto, como lo enseñaron los Padres.

La conclusión es que debemos enseñar a los hijos a vivir humildemente y sin buscar elogios y ‘bien hecho o bravo’. Debemos enseñarles que existe la humildad, que es la salud de la vida.

La mentalidad de la sociedad actual hace daño a los hijos o  niños. Tiene una psicología diferente, una pedagogía diferente, que se dirige a hijos ateos. Esta mentalidad conduce a la anarquía, al desmán… Y veis los resultados de los jóvenes. Gritan hoy los jóvenes y dicen: ‘¡Deben entendernos!’. Pero no debemos ir nosotros hacia ellos. Por el contrario, oraremos por ellos, diremos lo correcto, lo viviremos, lo predicaremos, pero no nos adaptaremos a su espíritu. No debemos arruinar la grandeza de nuestra Fe Ortodoxa. No puede ser que, para ayudarlos, adoptar la mentalidad de ellos. Debemos ser quiénes somos y predicar la verdad, la luz.

Los hijos, los jóvenes aprenderán de los santos Padres. La enseñanza de los santos Padres enseñará a nuestros hijos sobre la confesión, la humildad, sobre los pazos perversos, sobre las malicias y el mal en general y cómo los Padres vencían su yo malo, el egoísta. Y nosotros que estemos orando y suplicando que Dios se asombre y entre en sus corazones.

Traducción xX Χρῆστος Χρυσούλας, jJ Jristos Jrisulas logosortodoxo.es/, 21-12- 2023

 

Sobre loyismí pensamientos del corazón San Porfirio el Kafsokalivita

ΠΕΡΙ ΛΟΓΙΣΜΩΝ ΤΗΝ ΚΑΡΔΙΑΣ

Αγίου Πορφυρίου Καυσοκαλυβίτου – Βίος και Λόγοι

Sobre loyismí pensamientos del corazón

San Porfirio el Kafsokalivita – Vida y Logos

 

De nuestro miniléxico, filocálico y psicoterapéutico https://logosortodoxo.es/filocalia/minilexico-filocalico/

Λογισμós/οί loyismós singular y loyismí en plural.

En los escritos patrísticos, se llaman los pensamientos simples o compuestos, unidos con la fantasía, razonamientos, meditaciones, reflexiones, concepciones, ideas o las tendencias conscientes e inconscientes de la psique, o vivencias enteras (donde actúan todas las fuerzas de la psique: nus, diania mente o cerebro, corazón, conciencia y voluntad. En el último de los casos tenemos la forma total de los loyismí. Éstos conectan con imágenes y con varios estímulos, que provienen de los sentidos físicos y la fantasía. Sobre todo existen los loyismí pecaminosos (avaricia, gula, ira, vanidad, soberbia, pereza, lamentación, lujuria). Mediante estos, los loyismí entran en la psique y activan los pazos mediante el siguiente proceso: choque o asalto del nus y el loyismós; conversación del nus con él; aceptación por la psique; cautiverio de la psique por el loyismós; deseo, ansia y caída en el pecado o en el pazos.

Sobre loyismí pensamientos del corazón

El ser humano tiene tales δυνάμεις dinamis (poderes, fuerzas y energías) que puede transmitir el bien o el mal en su entorno. Estos temas son muy delicados. Requieren mucha atención. Debemos ver todo de una manera benévola. No debemos pensar mal de los demás. Una mirada y un suspiro afectan a nuestros semejantes. Incluso la mínima irritación hace daño. Debemos tener bondad y amor en nuestra psique-alma; estas cosas y realidades deben ser transmitidas.

Cuidémonos de no enojarnos y enfadarnos con las personas que nos perjudican; solo oremos por ellos con agapi (amor desinteresado). No importa lo que haga nuestro semejante, nunca debemos pensar mal de él. Siempre debemos desear el bien, bendecir con amor. Siempre pensar el bien. Veis al protomártir Estaban, bendecía: “Señor, no les tengas en cuenta este pecado” (Hec 8,60). Lo mismo debemos hacer también nosotros.

Nunca debemos pensar para el otro que Dios le dará algún mal o lo castigará por su pecado. Este pensamiento trae mucho mal, sin que nos demos cuenta. A menudo nos enojamos y decimos al otro: “¿No temes la justicia de Dios, no temes que te castigue?”. Otras veces decimos: ‘Dios no te castigará por lo que hiciste’ o ‘Dios mío, no hagas daño a esta persona por lo que me hizo’ o ‘que no le suceda esto a aquel’.

En todas estas ocasiones, llevamos dentro de nosotros el deseo de que el otro sea castigado. En lugar de admitir nuestra ira por su error, expresamos de otra manera nuestra indignación y rabia, y aparentemente, pedimos a Dios por él. Pero, en realidad estamos maldiciendo al hermano.

Y si, en lugar de orar, decimos, ‘que Dios te lo devuelva, que Dios te lo pague por el mal que me hiciste’, entonces también estamos deseando que Dios lo castigue. Incluso cuando decimos, ‘que Dios lo vea’, la disposición de nuestra psique-alma actúa de manera misteriosa, afecta la psique-alma de nuestro semejante y él sufre daño, mal.

Cuando rumiamos o murmuramos mal, una mala fuerza sale de nosotros y se transmite al otro, como la voz con las ondas sonoras, y de hecho, el otro sufre daño. Es algo así como un hechizo cuando el ser humano tiene malos pensamientos hacia los demás. Esto se debe a nuestra propia indignación y rabia. De manera secreta, misteriosa transmitimos nuestra malicia. Dios no causa el mal, sino la malicia de los seres humanos. Dios no castiga, sino que nuestra mala disposición se transmite misteriosamente a la psique-alma del otro y causa el mal. Cristo nunca desea el mal. Al contrario, nos pide: “Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, orad por los que os insultan, os calumnian y os persiguen injustamente…” (Mt 5, 44)

El hechizo o deseo malo (mal de ojo) es una cosa muy mala. Es la mala influencia que ocurre cuando alguien envidia o siente aversión hacia algo o alguien. Requiere mucha atención. La envidia hace mucho mal al otro. Aquel que hechiza o desea el mal ni siquiera piensa que está haciendo mal. Han visto lo que dice el Antiguo Testamento: “Porque la hechicería oscurece las cosas buenas” (Sab Sal 4,12).

Pero cuando el otro es una persona de Dios, que está en metania se confiesa y se arrepiente y lleva la Cruz, nada le afecta. Todos los demonios pueden caer sobre él y no logran nada.

Nada permanece desconocido ni oculto para Dios, ni siquiera el susurro más ligero de murmullo en su contra.

Dentro de nosotros hay una parte del alma llamada “eticólogo” (conciencia). Cuando este eticólogo ve a alguien desviándose, se rebela, aunque muchas veces el que juzga ha cometido la misma desviación. Sin embargo, no se ocupa de sí mismo sino del otro. Y esto Dios no lo quiere. Cristo dice a través de Pablo: “Por tanto, tú, que enseñas a otro, ¿por qué no te enseñas a ti mismo? Tú, que predicas que no hay que robar, ¿por qué robas? Tú, que dices que no hay que cometer adulterio, ¿por qué lo cometes? Tú, que aborreces a los ídolos, ¿por qué saqueas los templos idólatras? Tú, que presumes por la gnosis de la ley, ¿por qué ofendes a Dios violando la ley? Porque por culpa de vuestras infracciones vergonzosas en los paganos de las naciones es blasfemado el nombre de Dios, como se ha escrito por el profeta Isaías” (Rom 2, 21-24). Puede que no robemos, pero matamos (en pensamiento); hablamos mal del otro y no de nosotros mismos.  Por ejemplo, decimos: “Deberías haber hecho esto; no lo hiciste, ¡mira lo que te pasó!”. En realidad, deseamos que el otro sufra daño. Cuando pensamos en el mal, realmente puede suceder. De manera misteriosa, invisible y sutil, disminuimos la fuerza del otro para ir hacia el bien y le hacemos daño. Podemos convertirnos en la causa de que se enferme, pierda su trabajo, su fortuna, etc. De esta manera, no solo causamos daño a nuestro prójimo, sino también a nosotros mismos, porque nos alejamos de la divina jaris gracia de Dios. Y entonces oramos y no somos escuchados. “Pedimos y no recibimos” (Sant 4,3). ¿Por qué? ¿Alguna vez habéis pensado en eso? “Porque pedís mal” (Sant 4,3). Debemos encontrar una manera de curar la tendencia que existe dentro de nosotros de sentir y pensar mal del otro.

Es posible que alguien diga: «Así como se comporta fulano, será castigado por Dios», y pueda pensar que lo dice sin malicia. Sin embargo, es muy delicado discernir si uno tiene o no malicia. No se muestra claramente. Es muy secreto lo que nuestra psique-alma oculta y cómo puede afectar a personas y cosas.

No sucede lo mismo si decimos con temor sagrado y devoción que el otro no está bien y rezamos para que Dios lo ayude y le conceda metania arrepentimiento, confesión y perdón; es decir, no decimos ni deseamos en el fondo de nuestro corazón que Dios lo castigue por lo que hace. Entonces, no solo no hacemos mal al prójimo, sino que le hacemos bien. Cuando alguien ora por el prójimo, una buena fuerza y energía emana de él y va hacia su hermano, lo cura, lo fortalece y lo vivifica. Es un misterio cómo esta fuerza sale de nosotros. Pero, de hecho, aquel que lleva el bien dentro de sí envía esta buena fuerza a los demás secretamente, místicamente y suavemente. Envía luz y energía a su prójimo, creando un círculo de protección a su alrededor y protegiéndolo del mal. Cuando tenemos buena disposición hacia el otro y rezamos, curamos al hermano y lo ayudamos a acercarse a Dios (sin que él o nadie lo sepa, sino caemos al orgullo espiritual creyendo que somos nosotros y no CristoDios quién trasmite la jaris a través de nosotros como instrumentos, como cables que pasa la energía, la luz divina).

Existe una vida invisible, la vida de la psique-alma. Esta es muy poderosa y puede afectar al otro, incluso si nos separan kilómetros. Esto también sucede con la maldición, que es una fuerza que energiza, opera para hacer el mal. Sin embargo, si oramos con agapi (amor desinteresado) por alguien, sin importar la distancia, transmitimos el bien. Por lo tanto, ni el bien ni el mal son afectados por las distancias. Podemos enviarlos a distancias infinitas. El susurro de nuestra psique-alma llega misteriosamente e influye en el otro, incluso si no decimos una palabra. Y sin hablar, podemos transmitir el bien o el mal, sin importar la distancia que nos separe del prójimo. Lo que no se expresa suele tener más poder que las palabras. Lo dice el sabio Salomón: “Nada permanece desconocido ni oculto para Dios, ni siquiera el susurro más ligero de murmullo en su contra» (Sab Sal 1,10). El murmullo, el susurro de nuestra psique-alma llega de una forma misteriosa e influencia al otro, aunque no expresemos ni una palabra. También sin hablar podemos transmitir el bien o el mal, por mucha que sea la distancia que nos separa de nuestro prójimo. Lo que no se expresa, por regla general, tiene más fuerza que las palabras.

¡Panaghía mía, hazle que glorifique tu nombre!

 Escuchad algo mío que os contaré. Una vez iba a mi pueblo pasando la ciudad Jalkida. En la estación de Jalkida veo a un niño que estaba subido en un caro con el caballo e intentaba pasar las rayas del tren. Su caballo no le obedecía y el niño comenzó a blasfemar a la Panaghía (Virgen Santísima). En aquel momento me entristecí y me apené mucho y espontáneamente dije: ¡Panaghía mía, haz que él glorifique tu nombre, te lo ruego! En cinco minutos, el carro del niño se volcó y lo aplastó. Se abrió el barril que estaba en la parte trasera y el mosto que tenía dentro lo cubrió. El niño, agarrándose la cabeza y temblando, empezó a gritar: «¡Ayúdame Panaghía, Virgen mía, Panaghía mía, Panaghía mía ayúdame!» Yo, desde arriba, al verlo, lloraba y le decía a nuestra Panaghía: «Virgen mía, ¿por qué lo hiciste así? Yo pedí que glorificara tu nombre, pero no de esta manera.» Me apené por el niño. Me arrepentí de ser la causa de lo que le pasó. Pensé que había hecho aquella oración con bondad cuando lo escuché blasfemar contra su nombre, pero quizás en mi corazón se había generado secretamente cierto resentimiento o enfado.

Os contaré otra historia y os asombraréis. No es nada de mi imaginación. Lo que os cuento es real. Escuchadlo.

Una vez, una señora visitó a una amiga por la tarde. En el salón, notó un hermoso jarrón japonés lleno de flores.

-¡Qué bonito jarrón! ¿Cuándo lo compraste?

-Me lo trajo mi esposo, dijo ella.

Al día siguiente, por la mañana a las ocho, la señora que había hecho la visita, mientras tomaba café con su esposo, recordó el jarrón. Le había causado mucha impresión. Así que, admirada, le dijo a su esposo:

-¡Qué puedo decirte sobre mi amiga! Su esposo le trajo un jarrón japonés muy bonito, colorido, con hermosas ilustraciones y decoraba toda la sala.

Ese mismo día, volvió a casa de su amiga por algún asunto. Mira, el jarrón había desaparecido. Le preguntó:

-¿Qué has hecho con el jarrón?

-¿Qué quieres que te diga?, le respondió. Esta mañana temprano, a las ocho en punto, mientras estaba en la habitación tranquila, escuché un fuerte «¡crack!» y el florero se rompió en pedazos. Así, sin que nadie lo tocara, sin que soplara viento, sin que nadie lo moviera.

Esa mujer no dijo nada al principio. Después le dijo:

-Mira qué te digo… A las ocho estábamos tomando café con mi esposo y, con admiración y alegría, le describía tu jarrón. Con mucho anhelo hacía la descripción. ¿Qué puedo decir, piensas que pudo haber actuado una mala fuerza? Eso solo sucedería si no te quisiera.

Y sin embargo, eso fue lo que pasó. No se dio cuenta de que dentro de ella había malicia. Eso fue envidia, celos, maleficio. La mala fuerza se transmite, estemos tan lejos como estemos. Esto es un misterio. No hay distancia. Por eso se rompió el florero.

Recuerdo algo más que también sucedió por envidia.

Una suegra envidiaba mucho a su nuera. No quería ver nada bueno en ella. Un día, la nuera compró una bonita tela estampada para un vestido. La suegra la vio y la envidió. La nuera guardó la tela en un baúl, en la parte inferior, debajo de todas las prendas, hasta que la modista viniera a coserlo. Llegó el día de la modista. La nuera fue a sacar la tela y, ¡qué vio! Toda la tela estaba cortada en pedazos, inutilizable. Y sin embargo, ¡el baúl estaba cerrado con llave!

La mala fuerza no tiene límites, no se detiene ni por cerraduras ni por distancias. La mala fuerza puede derribar un automóvil sin que haya ningún daño o avería aparente.

Con el Espíritu de Dios nos volvemos incapaces hacia todo pecado

¿Entendieron, pues, cómo nuestros malos pensamientos y malas disposiciones y ganas afectan a los demás? Por eso, debemos encontrar la manera de hacer la catarsis profundamente y purificar nuestro ser de cualquier malicia. Cuando nuestra psique-alma está santificada, irradia el bien. Enviaremos entonces silenciosamente nuestra agapi (amor desinteresado) sin decir una palabra.

Por supuesto, al principio esto es un poco difícil. Recordaos al Apóstol Pablo. Así estaba en el principio él también. Decía con dolor: “no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero: eso es lo que hago” (Rom 7,19).  Y a continuación: “En mi interior me agrada con todo mi corazón la ley de Dios; pero veo en mi cuerpo y en sus miembros una ley que lucha contra la ley de mi espíritu y contra de lo que me dicta mi conciencia y me esclaviza a la ley del pecado que domina en mi cuerpo y en sus miembros, es decir, domina a mi naturaleza física humana.  ¡Desgraciado y miserable yo el hombre! ¿Quién me librará de este cuerpo en el cual domina el pecado y por el pecado la muerte espiritual y física?” (Rom 7,22-24). Estaba muy débil entonces y no podía hacer el bien, mientras que le apetecía y lo deseaba.

Estas cosas las decía al principio. Pero cuando poco a poco se entregó a la agapi, la devoción y alabanza a Dios, el Dios al ver sus disposiciones se introdujo en él y se acampó en su interior la divina χάρις jaris gracia, la energía increada. Así logró vivir a Cristo. Entró el mismo Cristo en su interior y él que estaba gritando, “no puedo hacer el bien que deseo”, consiguió, por la jaris de Dios, convertirse incapaz de hacer el mal. Primero era incapaz de hacer el bien, luego que vino Cristo en su interior se convirtió incapaz para hacer el mal. Y de hecho gritaba: «Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí» (Gal 2,20). Lo decía, lo predicaba con orgullo, diciendo: «Tengo a Cristo dentro de mí», mientras que antes decía: «Quería hacer el bien, pero no podía». ¿Dónde se fue lo “desgraciado y miserable yo el hombre…”? ¡Se fue! De desgraciado se convirtió en agraciado. Le llenó la jaris, ya que antes se humilló, se hizo humilde.

¿Habéis entendido? Todos con el Espíritu de Dios nos hacemos incapaces hacia cada pecado. Nos hacemos incapaces porque en nuestro interior vive el Cristo. Estamos capaces ya solo para el bien. Así extraeremos la χάρις jaris gracia, la energía increada de Dios, nos convertiremos en divinos. Si nos entregamos allí, si nos entregamos a la agapi-amor de Cristo, entonces todo cambiará, todo se espiritualizará, todo se transformará, todo se metamorfoseará. La ira, el enojo, la envidia, los celos, la indignación, la condena, la ingratitud, la melancolía, la tristeza, la depresión todo se convertirá en agapi (amor desinteresado e incondicional), alegría, anhelo, y divino έρως ερος (amor ardiente). ¡Paraíso!

Traducción xX Χρῆστος Χρυσούλας, jJ Jristos Jrisulas logosortodoxo.es/, 17-12- 2023

 

https://logosortodoxo.es/alfa%cf%89mega-gran-lexico-ortodoxo/

Loyismós/i Λογισμós/οί, pensamiento simple o compuesto

Λογισμós/οί loyismós singular y loyismí en plural. En la escritura patrística, se llaman los pensamientos simples o compuestos buenos o malos unidos con la fantasía, razonamientos, meditaciones, reflexiones, concepciones, ideas o las tendencias conscientes e inconscientes de la psique, o vivencias enteras (donde actúan todas las fuerzas de la psique: nus, diania mente o cerebro, corazón, conciencia y voluntad. En el último de los casos tenemos la forma total de los loyismí. Éstos conectan con imágenes y con varios estímulos, que provienen de los sentidos físicos y la fantasía. Sobre todo los loyismí pecaminosos (avaricia, gula, ira, vanidad, soberbia, pereza, lujuria y lipi lamentación, depresión o tristeza,). Mediante estos, los loyismí entran en la psique y activan los pazos por el siguiente proceso: choque o asalto del nus y el loyismós; conversación del nus con él; aceptación por la psique; cautiverio de la psique por el loyismós; deseo, ansia y caída al pecado o al pazos.

El Metropólita Ierózaeos Vlajos nos dice que: “Los Santos Padres dicen que los loyismí provienen de muchas causas. Principalmente recalcan cuatro: Primero por la voluntad física del cuerpo (carne). Segundo de la fantasía por los sentidos de las cosas de este mundo. Tercero, por las supersticiones, tendencias, declinaciones e impulsos de la psique y cuarto por los efectos de los demonios. Vemos pues que muchas son las causas de las que provienen los loyismí. Unas son buenas y otras malas. Unos loyismí provienen del diablo y los pazos, y otros provienen de Dios, de los ángeles y de los santos. Por eso el discernimiento de los loyismí, si son de Dios o del diablo, es un carisma, don que lo ha logrado el que tiene gnosis (increada) espiritual de Dios. Entonces el trabajo del Padre espiritual es discernir el origen de los loyismí y sanarlos.

San Simeón el Nuevo Teólogo enseña que podemos cambiar de padre espiritual cuando este expresa la debilidad de discernir los loyismí. Los Santos Padres, los verdaderos psiquiatras y psicólogos se han ocupado muchos siglos antes que los psiquiatras académicos actuales sobre esta especie de guerra interior. Han hecho un análisis exhaustivo tan grande sobre la psique y la composición física, psíquica y espiritual del ser humano, que no hay espacio para expresarla ahora totalmente. En esto consiste la psicoterapia cristiana ortodoxa y en este sentido el cristianismo auténtico se parece a una ciencia y no una religión hecha de hombres. En los 5 tomos de la Filocalía de los Santos Padres Nípticos se desarrolla exhaustivamente este tema. (Enfermedad de la psique y salud, pág. 141-142).

 

 

 

 

 

 

Sobre el Misterio de la Μετάνοια Metania San Porfirio el Kafsokalivita

ΠΕΡΙ ΤΟΥ ΜΥΣΤΗΡΙΟΥ ΤΗΣ ΜΕΤΑΝΟΙΑΣ

Αγίου Πορφυρίου Καυσοκαλυβίτου – Βίος και Λόγοι

 

Sobre el Misterio de la Μετάνοια Metania

San Porfirio el Kafsokalivita – Vida y Logos

 

De nuestro miniléxico, filocálico y psicoterapéutico, https://logosortodoxo.es/?s=minil%C3%A9xico

  1. Μετάνοια Metania del verbo μετά-νοώ, metá=después, con, y noó= concibo, percibo con el nus como energía y con el corazón como esencia.

Quiere decir giro del nus y metanús, introspección y conversión de la conducta y mentalidad del hombre y sobre todo giro, cambio de actitud de la vida en pecado y en el mal por la vida en Cristo. La metania en la Tradición Ortodoxa no proviene de una percepción psicológica de culpabilidad, sino de la apocálipsis (revelación) de la deformación de la psique y esta apocálipsis se manifiesta por la energía increada de la divina Luz en el corazón psicosomático del hombre. El nuevo Testamento empieza y acaba con la metania (Mt 3,2 Lc 24,47)

Metania se llama también uno de los Misterios de nuestra Iglesia Ortodoxa, con el cual se facilita la absolución y perdón de los pecados, aceptación, confesión, arrepentimiento, rectificación y terapia, sanación. También se llama así a un gesto reverente que se acostumbra hacer en la veneración Ortodoxa. Hay dos metanias-genuflexiones distintas: una es un simple movimiento de la cabeza hacia abajo y otra grande reverencial, arrodillándose. (Ver también sobre este término en nuestro libro “12 Léxis apocalípticas” en el blog en español: logosortodoxo.es/).

 

Sobre el Misterio de la Μετάνοια Metania

San Porfirio el Kafsokalivita – Vida y Logos

La verdadera Μετάνοια Μetania traerá la santificación, la verdadera felicidad

No hay nada más sublime que lo que se llama μετάνοια metania arrepentimiento, introspección y confesión. Este misterio es la ofrenda de la agapi-amor de Dios al ser humano. De esta manera perfecta, el ser humano se libera del mal. Vamos, nos confesamos, sentimos la reconciliación con Dios, la alegría entra en nosotros y la culpa se va. En la Ortodoxia, no hay callejón sin salida. No hay callejón sin salida porque está el confesor, que tiene la divina χάρις jaris gracia (energía increada) de perdonar. ¡Qué cosa tan grande es el guía espiritual!

Yo lo tenía desde pequeño, y aún lo tengo ahora. Cuando cometía un pecado, lo confesaba y todo se iba. Saltaba de alegría. Soy pecador, débil; me refugio en la compasión de Dios, me salvo, me tranquilizo, olvido todo. Cada día pienso que peco, pero deseo hacer de cada cosa que me sucede una oración y no retenerla dentro de mí.

El pecado complica mucho al ser humano psíquica y emocionalmente. La complicación no se va de ninguna manera. Solo con la luz de Cristo se aclara la complicación de su desorden. La primera acción la realiza Cristo. “Venid a mí todos los que estáis psíquicamente cargados y cansados, agotados y afligidos, agobiados y deprimidos por vuestros pecados, autoengaños, sufrimientos y perturbaciones y yo os daré psicoterapia, alivio y paz en vuestra psique-alma y os haré descansar psíquica y espiritualmente” (Mat 11,28). Luego, nosotros, los seres humanos, aceptamos esta luz con nuestra buena disposición, que expresamos con nuestro amor hacia Él, con la oración, con los sacramentos.

Para que la psique-alma vuelva en la μετάνοια metania, se arrepienta y se confiese, debe despertar (espiritualmente). En ese despertar, ocurre el milagro de la metania. Aquí está la libre elección y predisposición del ser humano. Sin embargo, el despertar (espiritual) no solo depende del ser humano. El ser humano no puede hacerlo solo. Interviene Dios. Entonces viene la divina jaris gracia increada. Sin la jaris, el ser humano no puede volver a la metania arrepentirse y confesarse. La agapi-amor de Dios lo hará todo. Puede usar algo, una enfermedad u otra cosa, depende, para llevar al ser humano a la metania. Así que la metania se logra a través de la jaris gracia divina. Simplemente nosotros hacemos un movimiento hacia Dios y luego viene la jaris.

Puede que me digan: “Entonces, con la divna jaris gracia, todo se hace”. Eso es un punto delicado. Sucede exactamente aquí cuando digo: No podemos amar a Dios si Dios no nos ama. El apóstol Pablo lo expresa muy bien: “ahora que conocéis a Dios, o, mejor dicho, que sois conocidos por Dios…” Lo mismo ocurre con la metania. No podemos volver a la metania arrepentirnos y confesarnos si el Señor no nos concede la metania. Y esto es válido para todo. Es decir, es válido lo de la Escritura: “Sin mí no podéis hacer nada” (Jn 15,5). Si no hay condiciones para que Cristo se asombre y entre en nosotros, no viene la metania. Las condiciones son la humildad, la agapi (amor desinteresado), la oración, los arrepentimientos, el esfuerzo por Cristo. Si no hay un sentimiento puro, si no hay simplicidad, si la psique-alma es egoísta, la jaris gracia divina no viene. Entonces, a menudo, vamos a confesarnos, pero no sentimos alivio.

Cuando el hombre se confiesa, la jaris le sana y le libera de los traumas psíquicos.

No solo el ser humano es responsable de sus pecados. Los errores, los pecados y los pazos, pasiones, vicios no son solo experiencias personales del que se confiesa. Cada ser humano ha tomado consigo las experiencias de sus padres y especialmente de su madre, es decir, cómo vivía su madre cuando lo concebía, si sufría, lo que hacía, si su sistema nervioso estaba cansado, si tenía alegría, si tenía tristeza, si tenía melancolía. Bueno, todo su sistema nervioso afectó el sistema nervioso del feto. Así que cuando nace el niño y crece, lleva consigo las experiencias de su madre, es decir, de otro ser humano. Se crea una situación en la psique-alma del ser humano debido a sus padres, que lo lleva toda la vida, deja huellas dentro de él y muchas cosas que suceden en su vida son consecuencia de esta situación. Sus comportamientos tienen una relación directa con la situación de sus padres. Crece, se forma, pero no se corrige. Aquí está gran parte de la responsabilidad de la condición espiritual del ser humano.

Sin embargo, hay un secreto. Hay una forma de liberarse el hombre de este mal. Este modo o forma es la confesión general, que se realiza con la jaris gracia increada de Dios. Es decir, puede decirte el guía espiritual:

-¡Cómo me gustaría que estuviéramos en un lugar tranquilo, sin ocupaciones, y me contaras tu vida desde el principio, desde que te sentiste a ti mismo! Todos los acontecimientos que recuerdas y cómo los enfrentaste, no solo los desagradables sino también los agradables, no solo los pecados sino también las cosas buenas. Y los éxitos y los fracasos. Todo. Todo lo que compone tu vida.

He usado muchas veces esta confesión general y he visto milagros sobre esto. En el momento en que dices estas cosas al guía espiritual, la divina jaris gracia viene y te libera de todas las experiencias negativas, las heridas, los traumas psíquicos y emocionales y las culpas, porque en ese momento en que lo dices, el confesor ora fervientemente al Señor por tu psicoterapia, sanación y liberación.

Vino hace tiempo una señora que hizo este tipo de confesión y se ha beneficiado mucho. Mejoró mucho su estado psicológico, porque la estaba torturando algo. Ella pues, me mandó una amiga suya y fuimos fuera de Atenas en una roca en Kalisia. Sentamos y comenzó a hablarme. Le digo:

­Que me cuentes qué sientes. Si yo te pregunto sobre algo, respóndeme. Si no te pregunto, tú continúa diciendo tal como te sientes

Todo lo que ella me decía lo seguía no solo con atención, sino que ‘veía’ dentro de su mundo psíquico el impacto de la oración. La observaba dentro de su psique-alma y ‘veía’ que la divina jaris gracia (energía increada) fluía a través de ella, tal como la miraba yo. Porque en el πνευματικό pnevmatikós guía espiritual hay jaris, y en el sacerdote hay jaris. ¿Lo entienden? Es decir, mientras el ser humano se confiesa, el sacerdote ora por él. Al mismo tiempo, la divina jaris gracia, energía increada, viene y lo libera de las heridas psíquicas que lo han atormentado durante años, sin conocer su causa. ¡Oh, creo mucho en esto!

Al confesor puedes hablar como te sientes, pero no es eso tan importante como lo es el que está mirando en tu psique-alma el sacerdote orando y ve cómo estás y te transmite la jaris gracia de Dios. Se ha demostrado que este “mirar” es rayos espirituales que te alivian, te psicoterapian y te sanan. No vayáis a creer que son rayos naturales. Estas cosas son verdad. ¿Y qué pasó con Cristo? Tomó la mano de la mujer hemorrágica y dijo: “…percibí y sentí que ha salido una dinamis (milagrosa potencia y energía) de mí” (Lc 8,46). Dirás que: ¡Sí, pero él era Dios! Por supuesto, Cristo era Dios, pero ¿acaso los Apóstoles no hicieron lo mismo?

Todos los guías espirituales, los confesores tienen esta jaris gracia divina, y cuando oran, la emiten como conductos. Por ejemplo, cuando aquí queremos encender una estufa y ponemos un cable, pero no puede hacer el  contacto y calentar, porque el cable no está en el enchufe. Pero si el cable se pone en el enchufe, apenas entra en contacto, viene la corriente a través de este conducto. Estas cosas son espirituales de nuestra Fe  Ortodoxa, de nuestra Iglesia Ortodoxa. Puede que hablemos de cable, pero en realidad esta es la “divina psicoanálisis” (y divina psicoterapia).

Dios todo lo perdona con la confesión.

No volvamos atrás a los pecados que hemos confesado. Recordar los pecados hace daño. ¿Pedisteis perdón? Se acabó. Dios lo perdona todo con la confesión. No debemos retroceder y caer en la desesperación. Seamos siervos humildes ante Dios. Sintamos alegría y gratitud por el perdón de nuestros pecados.

No es saludable lamentarse demasiado por nuestros pecados y rebelarse contra nuestro propio mal llegando a la desesperación. La desesperación y la decepción son lo peor. Son una trampa de Satanás para hacer que la persona pierda su disposición espiritual y la lleve a la decepción, desesperación, la apatía y la indiferencia. La persona entonces no puede hacer nada; se vuelve inútil. ‘Debí hacerlo entonces, no lo hice, ahora no puedo hacer nada… Mis años han sido desperdiciados, no soy digno’. Se crea un sentimiento de inferioridad, un infructuoso auto-desprecio falso, todo es basura para él. ¿Saben lo pesado que es esto? Es una falsa humildad.

Todo esto son signos de una persona desesperada, dominada por satanás. La persona llega al punto de no querer ni comulgar ni nada, piensa que es indigna de todo. Intenta anular su acción, a sí mismo, se vuelve inútil. Esta es una trampa que prepara satanás para hacer que la persona pierda la esperanza en la agapi-amor de Dios. Estas son cosas terribles, opuestas al Espíritu de Dios.

Y yo pienso que he pecado y peco. No estoy yendo bien. Pero lo que me aflige y entristece, lo convierto en oración, no lo retengo dentro de mí, voy al guía espiritual, lo confieso, ¡se acabó! No volvamos atrás y digamos lo que no hicimos. Lo importante es lo que haremos ahora, a partir de este momento. Como dice el apóstol Pablo: “de una cosa pienso siempre y me ocupo: olvidando lo que queda atrás, me lanzo en persecución de lo que está delante y se debe realizar; y pretendo realizar con firmeza y celo el propósito de mi llamada, para recibir el premio que nos ha preparado Dios, quien nos ha llamado por Jesús Cristo arriba en el cielo” (Filip 3,14).

En el Apóstol Pablo iba el espíritu de la cobardía para impedirlo de si esfuerzo hacia Cristo, pero se animó y dijo: “Estoy crucificado con Cristo; y ya no vivo yo el viejo hombre natural, sino que es Cristo el que vive en mí…” (Gal 2,20). Y lo otro: “¿Quién podrá separarnos de la agapi-amor incondicional de Cristo? ¿La tribulación, la angustia, la persecución por parte de los infieles, el hambre, la desnudez, o cualquier peligro, o espada que nos amenaza de degollar?” Afrontamos a este peligro de muerte por espada tal como dice la Escritura, “Señor, por tu causa estamos expuestos a la muerte todo el día, hemos sido considerados por los perseguidores como ovejas destinadas al matadero” (Rom 8, 35-36). Y el profeta David: “No moriré, sino que vivir, y contaré las obras del Señor” (Sal 118,17). Recordaos de aquello tan bonito: “Yo amo a los que me aman, y los que me buscan encontrarán jaris gracia divina” (Proverbios 8,17).

En Cristo están todas las cosas hermosas, las saludables

Si amamos a Cristo, todo es fácil. Yo aún no lo he logrado. Ahora estoy tratando de amarlo. En Cristo están todas las cosas. Todas las cosas hermosas y saludables. La psique-alma sana vive los frutos del Espíritu Santo, que son “agapi-amor, alegría, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza o autodominio”. El hombre de Dios vive incluso lo que dice el apóstol Pablo en el himno del amor: “La agapi-amor es magnánima, tolerante, es benigna… no piensa el mal… todo lo cree, todo lo espera… la agapi-amor nunca cae” (1Cor 13, 4-8).

¿Lo tienen todo esto? Tienen la felicidad, a Cristo, al Paraíso. Y hasta el mismo organismo físico funciona maravillosamente, sin anomalías. La χάρις jaris gracia (energía increada) de Dios cambia al hombre, lo transforma psíquica y físicamente. Entonces, todas las enfermedades se van. No hay colitis, ni tiroides, ni dolor de estómago, ni nada. Todo funciona normalmente. Es agradable caminar, trabajar, moverse y tener salud. Pero primero debes tener salud psíquica. La base es la salud psíquica; le sigue la salud física. Casi todas las enfermedades provienen de la falta de confianza en Dios, y esto crea ansiedad y depresión. La ansiedad, la depresión proviene de la abolición del sentido espiritual, el religioso. Si no tienen agapi-amor por Cristo, si no se ocupan de cosas sagradas, seguramente se llenarán de melancolía y de mal. Pero, ¿qué pasa en el mundo? Permítanme contarles un ejemplo.»

Una joven fue a un médico y él le recetó hormonas. Le digo:

-Hija mía, ¡no las tomes! No soy médico, no quiero asumir la responsabilidad de tus acciones, pero entiendo que no debes tomarlas. Es mejor que vayas al menos a un endocrinólogo. Tu problema es más un asunto de endocrinología. Viene de las preocupaciones y disgustos. -De hecho, he pasado por preocupaciones y disgustos.

-¡Ahí está! Relájate, cálmate, confiésate, arrepiéntete, vuélvete a la metania  y todo se resolverá.

Así que fue a un endocrinólogo y le contó lo que le estaba pasando.

-¡Alto, alto, alto! le dice el médico. ¡No tomes en absoluto esas medicinas! ¡Tíralas! Te harán mucho daño.

Y después me telefoneó y me dijo:

-Lo que tú me has dicho, me dijo también el médico.

¿Veis, pues, lo que pasa? A través de la Confesión y la Divina Comunión, muchas personas han sido sanadas física, psíquica y espiritualmente.

Cuando alguien está vacío de Cristo, entonces vienen mil y una otras cosas y lo llenan: celos, odio, desesperación, melancolía, reacción, resentimientos, mentalidad mundana, alegrías mundanas. Tratad de llenar vuestra psique-alma con Cristo para no tenerla vacía. Nuestra psique-alma es como un depósito lleno de agua. Si arrojas el agua hacia las flores, es decir, hacia las virtudes, el camino del bien, vivirás la verdadera alegría y las maldades, las espinas, se marchitarán. Pero si arrojas el agua hacia las espinas, ellas crecerán y te ahogarán y se marchitarán todas las flores.

Todo debéis metamorfosearlo, transformarlo. Así viviréis con alegría, con la jaris gracia (energía increada) de Dios. “Todo lo puedo y lo consigo con la fuerza que me da el Cristo quien me fortalece” (Filip 4,13). No digas que lograrás algo ssolo. Nunca te imagines eso. Lo dijo el Señor: «Sin mí, no podéis hacer nada» (Jn 15,5). No hay otra manera. El hombre nunca debe confiar en sus propias fuerzas, sino en la misericordia y compasión de Dios. El hombre hará un pequeño esfuerzo, pero Cristo lo coronará. Es un error, un engaño creer que lograste algo por ti mismo. A medida que el hombre avanza y se acerca a Cristo, más se siente imperfecto. Mientras que el fariseo que dice: «Yo, yo soy bueno, hago esto, aquello…» está en un error y engaño.

La oración la alabanza a Dios transforma la depresión y la convierte en alegría.

Hoy en día, muchas veces el hombre siente acedia, tristeza, desesperación, apatía, pereza, desgana, melancolía, indiferencia, depresión y todo lo satánico. Está triste, llora, se deprime, no le importa su familia, gasta una fortuna en psicoanalistas para obtener medicamentos. La gente llama a estas cosas «inseguridades». Nuestra Fe Ortodoxa cree que estas son cosas tentadoras, provienen del demonio. El dolor es una fuerza psíquica que Dios puso en nosotros con el propósito de hacer el bien, la agapi-amor, la alegría, la oración. En cambio, el diablo logra tomar esta fuerza psíquica de la batería de nuestra psique-alma y la utiliza para el mal, convirtiéndola en depresión y llevando la psique alma a la depresión, la decepción, la acedia, la desgana, la apatía y la indiferencia. Atormenta al hombre, lo hace su prisionero, lo enferma psíquicamente.

Hay un secreto: transformar la energía satánica en buena. Es difícil y requiere preparación. La preparación es la humildad. Con la humildad, extraéis la divina jaris gracia, la energía increada de Dios. Os entregáis a la agapi-amor de Dios, a la adoración, a la oración. Pero aunque hagáis todo eso, no habréis logrado nada si no habéis adquirido humildad. Todos los malos sentimientos, emociones negativas, la inseguridad, la desesperación, la decepción, la depresión que quieren apoderarse de la psique-alma, desaparecen con la humildad. Aquel que no tiene humildad, el egoísta, por su voluntad egoísta, no quiere que le corten la voluntad, que lo toquen, que le den indicaciones. Se entristece, se pone nervioso, se rebela, reacciona, entra en conflicto consigo mismo y con los demás y lo domina la depresión.

Esta situación se psicoterapia y se cura con la divina χάρις jaris gracia, la energía increada de Dios. La psique-alma debe volverse hacia la agapi-amor de Dios. La sanación se produce cuando amas a Dios con anhelo, con ansias. Muchos de nuestros santos transformaron la depresión en alegría a través de la agapi-amor a Cristo. Es decir, tomaban esa fuerza psíquica, que el diablo quería destruir, y la entregaban a Dios, transformándola en alegría, deleite y regocijo. La oración, la adoración a Dios, (y sobre todo la monóloga “oración cordial” o “de Jesús”), cambian la depresión y poco a poco la convierten en alegría, porque la jaris de Dios influencia, actúa. Aquí necesitas tener la fuerza para extraer la jaris gracia increada de Dios, que te ayudará a unirte a Él. Se necesita arte, habilidad. Cuando te entregas a Dios y te conviertes en uno con Él, olvidas al mal espíritu que te arrastraba desde atrás, y ese así despreciado se irá, desaparecerá. Luego, mientras te dedicas al Espíritu de Dios, no mirarás hacia atrás para ver al que te arrastra. Cuando te atraiga la divina jaris gracia, te unes con Dios. Y cuando te unes a Dios y te entregas a Él, todo lo demás lo olvidas y te salvas. El gran arte, el gran secreto, para liberarte de la depresión y todas las cosas negativas, es entregarte a la agapi-amor de Dios.

Una cosa que puede ayudar a quienes padecen depresión es el trabajo, el interés por la vida. El jardín, las plantas, las flores, los árboles, el campo, pasear al aire libre, la caminata, todas estas cosas sacan a la persona de la inercia y le generan otros intereses. Tienen un efecto como medicinas. La dedicación a la arte, la música, etc., también hace mucho bien. Sin embargo, lo que considero de mayor importancia es el interés por la Iglesia, por el estudio de las Sagradas Escrituras, por las ceremonias, oficios, por la participación en la Divina Liturgia. Estudiando los logos y palabras de Dios, uno se cura sin darse cuenta.

Permítanme contarles acerca de una joven que vino a mí, el humilde. Sufría de una depresión terrible. No lograba nada con los medicamentos. Abandonó todo, su trabajo, su hogar, sus ocupaciones. Le dije lo que sé. Le hablé de la agapi-amor de Cristo, que captura la psique-alma, porque la jaris gracia increada de Dios llena la psique-alma y la transforma. Le expliqué que es demoníaca esa fuerza que se apodera de la psique-alma y convierte la energía psíquica en depresión, la derriba, la atormenta y la hace inútil. Le aconsejé que se ocupara de diversas actividades, como la música, que le gustaba, entre otras cosas. Sin embargo, enfaticé más la vuelta y la agapi-amor hacia Cristo. También le dije que dentro de nuestra Iglesia hay una cura, una psicoterapia a través de la agapi-amor a Dios y la oración, pero que esto sucederá con deseo ferviente.

Este es el secreto de la psicoterapia y sanación; estas realidades acepta y realiza nuestra Iglesia Ortodoxa.

Traducción xX Χρῆστος Χρυσούλας, jJ Jristos Jrisulas logosortodoxo.es/, 16-12- 2023

 

De nuestro https://logosortodoxo.es/alfa%cf%89mega-gran-lexico-ortodoxo/  134 Metania, Μετάνοια

Μετάνοια Metania (metanús), del verbo μετά-νοώ, metá= después (de), tras, con, luego o más tarde; y noó= comprender, concebir, percibo con el nus (como energía o espíritu humano) y el corazón (como esencia).

Μetania es arrepentimiento, penitencia, introspección, alteración, renovación, cambio, conversión, metamorfosis, renacimiento, despertar espiritual y enjertación del nus por el Espíritu Santo; giro del nus (metanús), conversión de la conducta del hombre y sobre todo, giro, cambio de actitud de la vida en pecado y en el mal por la vida en Cristo. La metania en la Tradición Ortodoxa no proviene de una percepción psicológica de culpabilidad, sino de la apocálipsis-revelación de la deformación de la psique y esta apocálipsis-revelación se manifiesta por la energía increada de la divina Luz en el corazón psicosomático del hombre.

La metania es la piedra angular de la vida espiritual. El nuevo Testamento empieza y acaba con la metania,  «…μετανοεῖτε (metanoíte)» que define un tiempo continuo, sin interrupción; cambiad de actitudes, conductas y modo de vivir porque la Realeza increada de los Cielos se ha acercado (Mt 3,2), y termina con: «y se proclamará en su nombre la mετάνοια (metania, la absolución y perdón de los pecados, faltas y errores) en todos los pueblos… (Lc 24,47), y diciendo esto les sopló en la cara diciendo: recibid divino, santo Espíritu (energía increada, la divina Jaris) a quien perdonéis los pecados les serán perdonados, a quienes retengáis les serán retenidos» (Jn 20,22). Vemos aquí que Cristo lo primero que decreta después de la resurrección es el Misterio de la Metania que lo trajo desde el sepulcro. San Juan el Precursor y nuestro Señor empezaron sus kerigmas (discursos) invitando a la metania que es el alimento de nuestra vida espiritual. Nadie puede psicoterapiarse, sanarse y salvarse si no lleva a cabo la metania. Sólo con la metania un gran ladrón “robó” hasta el paraíso.

Metania se llama también a uno de los Misterios de nuestra Iglesia Ortodoxa con el cual se facilita la absolución y perdón de los pecados. La metania es confesión, aceptación, arrepentimiento, rectificación, psicoterapia y sanación. El Misterio de la Santa Metania no es solamente una premisa imprescindible de la Divina Comunión, sino a la vez fuente de paz, serenidad de la psique, solución de problemas, entrada en la nueva vida de Cristo, renovación espiritual del nus y del corazón, su terapia e introducción a la divina energía increada de la JarisMetania y confesión van unidas, la metania sin confesión no da resultado y viceversa. Muchos utilizan este Misterio pero algunos lo hacen unilateralmente cumpliendo solamente una parte. Desgraciadamente tenemos personas confesadas y nunca metanoizadas (arrepentidas y convertidas). Se confiesan por ejemplo el Miércoles Santo para tomar la comunión el Jueves Santo y al día siguiente siguen haciendo lo mismo. Luego durante el año en alguna gran fiesta repiten lo mismo pero nunca cambian de actitud, ni mejoran ni convierten su conducta interior en ortodoxa. Este tipo de personas se confiesan pero no se metanoizan (no se convierten, no cambian). Tenemos otros que sí se arrepienten diciendo: “no lo volveré hacer”, “es cierto, lo entiendo, no tengo la conciencia tranquila…”, aceptando sus pecados pero no se confiesan. No se beneficiarán de nada por este reconocimiento. Son como las personas que saben que tienen una enfermedad y no van al médico ni toman los medicamentos ni se someten a la operación quirúrgica y por ello morirán.

También se llama metania a un gesto reverente que se acostumbra hacer en la veneración Ortodoxa. Hay dos metanias distintas: una es un simple movimiento de la cabeza hacia abajo y la otra implica una postración reverencial arrodillándose.

De acuerdo con la enseñanza de San Nikódimo el Ayiorita, la Metania y la Confesión debe ser:

1º) Voluntaria, es decir, nadie puede obligarnos al Misterio.

2º) Con recogimiento y devoción, con quebrantamiento del corazón porque hemos fallado a Dios “sólo en ti he pecado” (Sal. 50,6).

3º). Contundente, es decir, autocrítica y autoreproche. Aquel que vive la verdadera metania, mientras avanza en la virtud más pecador se considera. La verdadera metania trae el luto en la psique y a la vez una profunda alegría y paz que no puede reducir ninguna tentación y tristeza de este mundo. Es el luto alegre o pena-alegre del que hablan a menudo los Padres de la Iglesia.

4º) Recta. Es necesario que confesemos nuestros pecados con rectitud y exactitud, sin rodeos ni medias tintas. Es imprescindible el autoconocimiento tanto para la confesión como para la catarsis (sanación, limpieza).

5º) Sin vergüenza. La vergüenza es un sentimiento que lo usa el diablo para su beneficio. Cuando se trata de pecar, lo debilita y cuando decidimos que vamos a confesarnos lo agrava.

6º) Decidida. La metania y confesión es sincera, cuando tenemos tomada la decisión consolidada no repetir los mismos pecados. Pero la recaída no debe ser el argumento para evitar la confesión, “si voy a recaer para que voy”.

7º) Continua. Para que tengamos frutos en nuestra vida espiritual es necesaria nuestra frecuente aproximación al Misterio de la Confesión y no sólo cuando hemos hecho un pecado grande.

Escribe sobre ella San Isaac: “La metania es la más alta de todas las virtudes y su ejercicio no puede terminar sino sólo a la hora de la muerte. Por eso es necesaria siempre para todos y no existe límite de consumación o terminación. Porque el perfeccionamiento de los perfeccionados también es interminable. Por eso la metania no se debe limitar a ciertos tiempos definidos ni a ciertas praxis (actos), y debe durar hasta la hora de la muerte”.

San Juan el Clímaco en el capítulo 5 de su obra, “La Escalera”, manifiesta que: “Metania quiere decir renovación del bautizo. Metania es acuerdo con Dios para una vida nueva y adquiridora de humildad… Metania significa pensamiento de autocrítica, despreocupación de todo y ocupación de nuestra sanación y salvación. Es hija de la esperanza, repudio de la desesperanza y liberación de la infamia… reconciliación con el Señor y catarsis de la conciencia… castigo duro de la gula”

Ierózeos Vlajos, en su libro “Psicoterapia Ortodoxa”, nos enseña que: “Hablando sobre el regreso del nus al corazón, es decir, regreso de la energía del nus al corazón, debemos de hablar para los tres movimientos del nus: el cíclico, el directo y el espiral. El movimiento cíclico es “la introducción del sí mismo desde exterior hacia su interior, el uniforme recogimiento y recolección de las fuerzas o energías”. Durante este movimiento la psique mediante el nus hacia el corazón primero se vuelve a sí mismo y reúne todas las energías. De esta manera se eleva hacia la eternidad de Dios que es el Superior de todas las existencias. Este camino es inconfundible, no da la posibilidad al nus que se confunda y así concentrado se eleva a Dios. El nus se libra de todo lo creado, expulsa cualquier noción de la creación, de cada fantasía y se une con el corazón a través de la metania y allí se apocalipta (revela) el Dios, puesto que se hace la unión del nus con el Dios. Éste es el movimiento cíclico de la llamada teología apofática, siendo teología en el sentido heleno ortodoxo, como ciencia psico-terapéutica. Este movimiento cíclico del nus se consigue con la oración del corazón por la que el atleta espiritual lucha “girando el nus hacía sí mismo que es un movimiento cíclico e inconfundible” (San Gregorio Palamás). De este método terapéutico de la psique por la metania, sus primeros frutos son la apázia (sin pazos, impasibilidad), paz y serenidad interior activa. De este modo cuando vienen las tristezas, penas, ansiedades, fatigas y contrariedades se alegra y cuando llegan las alegrías se autocontiene y se autodomina, entonces siente y vive la pena alegre. Esta apázia es la mortificación vivificadora del Señor que se consigue por la energía increada de la Jaris del Espíritu Santo (San Nikitas Stizatos, Filocalía).

En toda la tradición biblio-patrística se habla sobre el perfeccionamiento del hombre, sobre su camino del “como imagen” hacia el “como semejanza”. Antes de la caída el hombre se encontraba a la iluminación del nus; después por la caída el nus se oscureció. Ahora el nus debe sanarse, limpiarse y regresar al estado que estaba Adán al Paraíso y de allí llegar a la zeosis-zeoría (contemplación o glorificación) de la doxa-gloria increada de Dios. Dentro de este marco se habla para catarsis, iluminación y zéosis. Este camino se califica y define como metania, como cambio y giro del nus”. Cuando hablamos sobre metania, entendemos la existencia humana entera, el nus, la diania, el corazón, la psique y el cuerpo del hombre, que se inspira y se dirige hacia el Dios. Es decir, se trata de una unión ontológica del hombre con el Dios a través del fuego inmaterial de la metania.

Yérontas Atanasio del Santo Monasterio Metamorfosis de Meteoros: La vía de la Iglesia Ortodoxa que es el Camino, nos ofrece maneras prácticas para nuestra sanación y salvación. No se limita sólo a la absolución de los pecados, sino que ofrece también la terapia y sanación. Nos recibe como pecadores, sucios y enfermos y nos convierte en saludables, limpios, divinizados y santos, gracias al Misterio de la Metania y de la Confesión que es el olvidado por muchos como el medicamento y baño espiritual de nuestra psique (alma).

Yérontas Sofronio Sajarof: «La metania conecta con la teología. Siempre en el hombre existe la metania, pero cambia de forma. Al principio es metania, porque se ha alejado de Dios, después por la pérdida de la divina Jaris y a continuación para encontrar más Jaris. Cuando uno se metanoiza (o hace la metania) recibe Jaris de Dios. Cuando recibe la Jaris (gracia, la energía increada), entonces ve mucho más sus defectos y pecados, hasta llegar a la Luz increada y convertirse él mismo luz. En la visión, expectación de la Luz increada, se ve como creado, construido, ve su corruptibilidad, su mortandad y desarrolla mayor metania. Así la metania conduce a la teología y se inspira de ella. La metania no se detiene ni termina nunca».

El camino de la metania no es una cuestión fácil, es un largo proceso practicante o ascético, una ciencia fina y un arte que lo aprendes cuando decides tener un guía experimentado, Yérontas que ha vivido todos los estadios de la metania. Esto es en el fondo la esencia de la Tradición Patrística, la transmisión de la luz y el espíritu de la metania de generación en generación. Amín.

Ver también sobre este término en nuestro libro “12 Léxis apocalípticas” en el blog en español: logosortodoxo.es/

Yérontas Efrén, de la Skiti de san Andrés de Athos: La metania es la condición básica para la oración. De otra manera el hombre se cansará de orar y finalmente parará y abandonará la oración. No puede haber una colaboración si no existe la verdadera metania. Metania, esta palabra tan importante y única, tal como nos la dijo CristoDios, es la primera palabra de Su enseñanza: Mateo 4:17 «Desde entonces comenzó Jesús a predicar y decir: μετανοεῖτε metanoite, convertíos, arrepentíos y confesaos, cambiar de modo de vivir, porque la realeza increada de los cielos se ha acercado; ha llegado la vida santa y espiritual de la redención, bienaventuranza y felicidad; (μετανοεῖτε metanoite, el verbo aquí en tiempo continuo, metania ininterrumpida)

Ματθ. 4,17 Ἀπὸ τότε ἤρξατο ὁ Ἰησοῦς κηρύσσειν καὶ λέγειν· μετανοεῖτε· ἤγγικε γὰρ ἡ βασιλεία τῶν οὐρανῶν»; esta es también la columna vertebral de Su enseñanza durante tres años enteros. Sobre la realeza increada de los cielos enseñan, hablan y escriben continuamente también los santos Apóstoles y los santos Padres teoforos (portadores de Dios o de la divina luz increada). Pero cuando el Cristo nos reveló-apocaliptó que: “la realeza increada de Dios está en nuestro interior”, entonces entendieron que habla sobre otra Realeza, que es la Jaris del Espíritu Santo en la psique-alma, que habita también en el cuerpo. No sólo en la psique sino también en el cuerpo mientras que aún el hombre está habitando en este mundo engañoso.

Traducción xX Χρῆστος Χρυσούλας, jJ Jristos Jrisulas logosortodoxo.es/,

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Sobre la lucha espiritual San Porfirio el Kafsokalivita

ΠΕΡΙ ΤΟΥ ΠΝΕΥΜΑΤΙΚΟΥ ΑΓΩΝΟΣ

Αγίου Πορφυρίου Καυσοκαλυβίτου – Βίος και Λόγοι

Sobre la lucha espiritual

San Porfirio el Kafsokalivita – Vida y Logos

Cuando Cristo llegue a nuestra psique-alma, transformará todo en nosotros.

El ser humano es un misterio. Llevamos dentro de nosotros la herencia de siglos, todo lo bueno vivido y experimentado por profetas, santos/as, mártires, apóstoles y, sobre todo, por nuestro Señor Jesús Cristo; pero también llevamos el mal que ha existido en el mundo desde Adán hasta hoy en día. Todo está dentro de nosotros, los instintos y todo, y buscan satisfacción. Si no los satisfacemos, en algún momento se vengarán, a menos que los canalicemos hacia lo superior, hacia Dios.

Por eso, debemos morir al antiguo hombre y vestir al nuevo. Esto lo confesamos a través del Misterio/Sacramento del Bautismo. Con el bautismo ingresamos en la alegría de Cristo. “Pues, los que habéis sido bautizados en Cristo, y le confesáis como Salvador, os habéis revestido de Cristo y os habéis unido con Él” (Gal 3,27). El segundo bautismo es la confesión, a través de la cual se produce la catarsis de los pazos, la extinción o mortificación de ellos. Así es como viene la divina χάρις jaris gracia (energía increada) a través de los Misterios/Sacramentos.

El Señor decía a Sus discípulos: “Cuando venga el Espíritu Santo, os lo enseñará todo” (Jn 14,26). El Espíritu Santo nos enseña todas las cosas. Nos santifica. Nos diviniza o deifica. Cuando tenemos el Espíritu de Dios, nos volvemos incapaces de cometer cualquier pecado e incapaces de pecar. Cuando tenemos el Espíritu Santo, no podemos hacer lo malo. No podemos enojarnos, odiar, difamar, no, no, no…

Debemos hacernos llenos, rebosantes del Espíritu Santo. Aquí radica la esencia de la vida espiritual. Esto es arte. El Arte de los artes.  Abramos las manos y precipitémonos en los brazos de Cristo. Cuando Cristo viene, lo ganamos todo. Cristo transformará todo en nosotros. Traerá despertar espiritual, paz, alegría, humildad, amor, oración, elevación. La divina jaris gracia de Cristo nos renovará. Si nos volvemos hacia Él con deseo, anhelo, devoción, έρως eros (amor ardiente), Cristo nos lo dará todo.

Sin Cristo, es imposible corregirnos a nosotros mismos, no podemos liberarnos de los pazos vicios, pasiones. Solos no podemos ser buenos. «Sin mí, no podéis hacer nada» (Jn 15,5). Por mucho que lo intentemos, no tendremos éxito. Solo tenemos que hacer una cosa, dirigirnos a Él y amarlo «con toda nuestra psique-alma y corazón» (Mrc 12,30). La agapi-amor incondicional a Cristo, solo ella es la mejor psicoterapia y sanación de los pazos.

Dios ha puesto una fuerza en la ψυχή psijí (psique, alma, ánima) del hombre. Depende de él cómo la dirige, ya sea para bien o para mal. Si consideramos lo bueno como un jardín lleno de flores, árboles y plantas, y lo malo como espinas, y la fuerza y energía como agua, entonces puede suceder lo siguiente: cuando dirigimos el agua hacia el jardín, todas las plantas crecen, se vuelven verdes, florecen y se llenan de vida. Al mismo tiempo, las espinas, al no regarse, se marchitan y desaparecen. Y viceversa.

Así que no necesitas preocuparte por las espinas. No te ocupes de expulsar el mal. Así es como Cristo nos quiere, que no nos ocupemos de los pazos y del mal. Dirigid el agua, es decir, toda la fuerza de vuestra  psique-alma, hacia las flores y disfrutaréis de su belleza, fragancia y frescura.

No os convirtáis en santos persiguiendo el mal. Dejad el mal. Mirad hacia Cristo y Él os salvará. En lugar de quedaros afuera alejando al enemigo, despreciarlo. ¿Viene el mal de aquí? Rechazadlo de manera suave desde allí. Es decir, viene a atacaros el mal, vosotros dad vuestra fuerza interna al bien, a Cristo. Rogad: «Κύριε Ιησού Χριστέ, ελέησόν με Kirie Iisú Jristé eleisón me Señor Jesús Cristo compadécete de mí, eleisón me»; Él sabe cómo daros y de qué manera. Y cuando os llenáis de bien, ya no os volvéis hacia el mal. Os volvéis buenos solos con la divina jaris gracia increada de Dios. ¿Dónde encontrará lugar entonces el mal? ¡Desaparece!

Todo es posible con Cristo. ¿Dónde está el esfuerzo y la lucha para volverse bueno? Las cosas son sencillas, simples. Llamar a Dios y Él cambiará las cosas para bien. Si le das tu corazón, no habrá espacio para nada más. Cuando os vistáis a Cristo, no haréis ningún esfuerzo por la virtud. Él os la dará. ¿Sufres de miedo, fobia y desilusión? Volved vuestros ojos con miras a Cristo. Amadlo suavemente, simplemente, humildemente, sin exigencias y Él mismo os liberará. Volved a Cristo y díganle con humildad y esperanza, como el apóstol Pablo:¡Desgraciado y miserable yo el hombre! ¿Quién me librará de este cuerpo en el cual domina el pecado y por el pecado la muerte espiritual y física?” (Rom 7,24). Por lo tanto, os moveréis hacia Cristo y Él vendrá de inmediato. Su divina χάρις jaris gracia (energía increada) actuará de inmediato.

Debéis luchar en la vida espiritual, sencillamente, suavemente, sin violencia.

Nuestra Fe Ortodoxa es perfecta y profundamente filosofada y divinofilosófica. Lo sencillo es lo más precioso y divino. Así debéis luchar en la vida espiritual, sencillamente, suavemente, sin violencia, sin presión, ni apretones. La ψυχή psijí (psique, alma, ánima) se psicoterapia, se purifica y se santifica, con el estudio de los logos de los Padres, con la recitación de salmos, lecturas de escrituras divinas, la práctica de la psáltica salmodias bizantinas (canto eclesiástico) y la oración.

Por tanto, entregaos a estas cosas espirituales y dejad todo lo demás. En el culto y alabanza a Dios podemos llegar fácilmente sin cansancio ni dolor y sangre. Hay dos caminos que nos llevan a Dios, uno es duro y agotador, con ataques feroces contra el mal, y el otro es fácil a través de la agapi-amor. Hay muchos han elegido el camino duro y «han derramado sangre para recibir el Espíritu» (Rom 7,24), alcanzando así una gran virtud. Personalmente, encuentro que el camino más corto y seguro es el de la agapi-amor. Sigan este camino también vosotros.

Es decir, pueden hacer otro intento. Estudien y oren, y tengan como objetivo avanzar en la agapi-amor de Dios y de la Iglesia. No luchen para expulsar la oscuridad de la habitación de la psique-alma. Abran un agujerito para que entre la luz, y la oscuridad se irá (así de sencillo es). Lo mismo ocurre con los pazos y debilidades. No luchen contra ellos, sino transfórmelos en fuerzas despreciando el mal. Sumérjanse en los himnos, reglas, adoración a Dios y al divino έρως eros (amor ardiente). Todos los libros sagrados de nuestra Iglesia, la Paraklitikí, el Orologio, el Salterio, los Mensuales, contienen logos divinos y amorosos hacia nuestro Cristo. Lean con alegría, amor deleite y regocijo. Cuando se entreguen a este intento sencillo con anhelo, sus psiques-almas se van psicoterapiando, haciendo la catarsis y se purificarán de manera suave, secreta, sin darse cuenta.

Las vidas de los santos, y sobre todo la vida de san Juan el Kafsokalivita, me impresionaron. Los Santos son amigos de Dios. Todo el día podéis disfrutar de sus hazañas e imitar sus vidas. Los Santos se habían entregado totalmente a Cristo.

Con este estudio poco a poco gradualmente adquiriréis la apacibilidad, la humildad, la agapi y vuestra psique-alma se va haciendo bondadosa. No escoger formas o maneras negativas para vuestra rectificación. No necesitan temer al diablo, al infierno, ni nada. Producen reacciones. Yo también tengo algo de experiencia en esto. El propósito no es sentarse, golpearse y esforzarse para mejorar. El propósito es vivir, estudiar, rezar, avanzar en la agapi-amor, en el eros (amor ardiente) de Cristo y la agapi-amor de la Iglesia.

El intento de unirse a Cristo, esto es lo santo, divino y hermoso, un camino que alegra y libera la psique-alma de todo mal. Amar a Cristo, anhelar a Cristo, vivir en Cristo, como el apóstol Pablo que decía: «Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí» (Gal 2,20). Ese debería ser vuestro objetivo. Que los demás esfuerzos sean secretos y ocultos. Lo que debe dominar es la agapi-amor a Cristo. Esto debería estar en la mente, en el pensamiento, en la imaginación, en el corazón y en la voluntad. Este esfuerzo debería ser el más intenso, cómo encontrarse con Cristo, cómo unirse a Él, cómo abrazarlo e incorporarlo dentro de ustedes.

Dejen todas las debilidades, para que el espíritu contrario no tome nota y os sumerja en la tristeza y depresión. No hagan ningún esfuerzo para deshacerse de ellas. Luchen con suavidad y sencillez, sin tensión, apretón y ansiedad. No digan: «Ahora me esforzaré, oraré para obtener amor, para ser bueno, etc.» No es bueno tensarse y golpearse para volverse bueno. Así reaccionarán peor. Todo debe hacerse de manera suave, natural y libre. No digan: «Dios mío, líbrame de esto», por ejemplo, la ira, la tristeza. No es bueno orar o pensar en un pasaje en particular; algo sucede en nuestra psique-alma y nos liamos aún más. Arrójate con ímpetu para vencer el pazos, y verás cómo te abrazará, te apretará y no podrás hacer nada.

No combatan directamente contra la tentación, no pidan que se vaya, no digan: «¡Por favor, Dios mío llévala!» Entonces la están dando importancia y la tentación aprieta. Porque aunque digan «llévatela, Dios mío», básicamente la recuerdan y más la alimentan. La disposición para liberarse, por supuesto, estará allí, pero será muy secreta y sutil, sin que se note. Debe hacerse místicamente, secretamente. Acordaos lo que dice la Santa Escritura: “Que tu mano derecha no sepa lo que hace la izquierda” (Mt 6,3). Toda vuestra fuerza debe dirigirse a la agapi-amor de Dios, a la adoración a Él, a la adhesión a Él. Así, la liberación del mal y las debilidades ocurrirá secretamente, místicamente, sin que se den cuenta y sin esfuerzo.

Yo también hago este esfuerzo. Encontré que es el mejor camino de santificación, sin dolor,  sin derramar sangre. Es decir, mejor arrojarme a la agapi-amor, estudiando los cánones (reglas), los troparios (cantos bizantinos), los salmos. Este estudio, investigación y sumersión, sin que me dé cuenta, dirige mi espíritu-nus con la mente hacia Cristo y endulza mi corazón. Al mismo tiempo, oro abriendo las manos con anhelo, con agapi-amor, con alegría, y el Señor me eleva en Su agapi-amor. Ese es nuestro propósito, llegar allí. Es verdad, este camino es sin derramamiento de sangre.

Hay muchos otros caminos, como, el recordar la muerte, el infierno, el diablo. Así, por miedo y cálculo, evitas el mal. Yo el desgraciadito, en la medida de lo posible, no he aplicado en mi vida esos métodos que cansan, provocan reacciones y muchas veces tienen resultados opuestos. La psique-alma, especialmente cuando es sensible, se regocija y deleita en la  agapi (amor desinteresado) y se entusiasma, se fortalece y se transforma, cambia y convierte todo lo negativo, feo y malo.

Por eso, prefiero el «camino fácil», es decir, el camino que alcanzamos mediante el estudio de las reglas o cánones de los santos. En esos cánones o esas reglas encontraremos formas que utilizaron los santos, los ascetas, los monjes, los mártires. Es bueno «robar» esto. Hagamos nosotros también lo que hicieron ellos. Se entregaron a la agapi-amor de Cristo. Dieron todo su corazón. Robemos su método.

El trabajo espiritual que realizas en lo más profundo de tu psique-alma debe hacerse en secreto, que no sea percibida.

El trabajo espiritual que realizas en lo más profundo de tu psique-alma debe hacerse en secreto, que no sea percibida, no solo para los demás sino tampoco para ti mismo. Que el bien que haga tu propio ser bueno no lo note el malo. «Que tu mano izquierda no sepa lo que hace tu derecha». La «izquierda» es nuestro yo opuesto, que, cuando se entera, arruinará todo. El opuesto es nuestro yo malo o nuestro sí mismo, lo decimos así de una manera más refinada. El nuevo es nuestro yo o nuestro sí mismo en Cristo, mientras que el otro es el antiguo. Se necesita habilidad para que el antiguo no se dé cuenta. Se necesita arte y, sobre todo, la jaris gracia, energía increada de Dios.

Hay algunos secretos. El Evangelio y Cristo mismo nos instruyen sobre cómo prevenir ciertas cosas que dificultarán nuestra lucha. Por eso dice esto: «Que tu izquierda no sepa…». Por ejemplo, ¿quieres experimentar y saborear alegría de Dios? ¿Cuál es el secreto aquí? Incluso si lo crees y pides la jará-alegría, y dices, «Dios no puede dejar de dármela», Él no la da. Y la causa sois vosotros mismos. No es que Dios no quiera dar esa alegría, pero todo el secreto está en nuestra propia sinceridad, simplicidad y delicadeza. Cuando falta la sencillez y dices, «haré esto y Dios me dará lo que pido, haré aquello, haré lo otro…», no sucede. Sí, voy hacer esto otro, pero con tanta discreción, (secretividad), con tanta sencillez, simplicidad y delicadeza, para que yo mismo, que lo estoy pidiendo, no me dé cuenta.

Haced todo de manera suave y sencilla, simple y delicada. No hagáis nada con intencionalidad. No digas, «lo haré así, para que llegue este resultado», sino hazlo suavemente, sin saberlo. Es decir, ora de manera sencilla, simple y no pienses en lo que Dios regalará en tu psique-alma. No hagáis cálculos. Sabéis, por supuesto, lo que Dios regala en la conexión en contacto consciente con Él, pero es como si no lo supierais. No lo discutas ni contigo mismo. Así que cuando digas la oración, «Señor Jesús Cristo compadécete de mí, eleisón me», dila suavemente, simplemente, y no pienses en nada más que en la oración. Estas son cosas muy sutiles y es necesario que opere y energice la jaris gracia increada de Dios.

Que tu corazón sea simple, no doble y mentiroso; bueno y no malo ni egoísta. La psique-alma sencilla, simple y buena es buscada por todos, descansan en ella y se acercan a ella sin temor, sin sospecha. Y la misma vive con paz interna, tiene una buena relación con todas las personas y con toda la creación.

El bueno, el verdaderamente bondadoso, aquel que no tiene pensamientos maliciosos y viles, atrae la jaris gracia increada de Dios. Principalmente la bondad, la sencillez y la simplicidad atraen la divina jaris gracia de Dios; son las condiciones para que Dios venga y «halle un lugar». Pero la buena persona debe conocer también las artimañas del diablo y de las personas, porque será muy molestado y fastidiado. Si no fuera así, debería vivir en compañía de los ángeles.

En la Santa Escritura el logos de Dios nos habla claramente sobre la sencillez y la simplicidad: “Amad la justicia, los que gobernáis la tierra; pensad rectamente acerca del Señor y buscadlo con sencillez de corazón, porque él se deja encontrar por los que no lo tientan, y se muestra a sí mismo a los que no desconfían de él. Los pensamientos tortuosos apartan de Dios, y el Poder, puesto a prueba, confunde a los necios. La sabiduría no entra en la psique-alma que maquina el mal, ni mora en un cuerpo sujeto al pecado” (Sabiduría Salomón 1, 1-4).

Sencillez y bondad. Eso es todo, esa es la clave para obtener la divina jaris  gracia, energía increada. ¡Cuántos secretos hay en la Sagrada Escritura! Una «psique-alma de artes malas», es la que está mal construida, la que fabrica el mal. Ni entra ni, aún más, habita en ella la sabiduría divina. Donde hay corrupción y mala astucia, no entra la jaris gracia increada de Dios.

“El pueblo asentado en tinieblas religiosas, en la ignorancia y el engaño, vio gran luz” (Mat 4,16)

Les he dicho muchas veces. Dedíquense al estudio de la Sagrada Escritura, de los Salmos, de los textos patrísticos. Dedíquense al estudio con divino έρως eros (amor ardiente). Busquen encontrar en el diccionario cada palabra y dedíquense a la lectura correcta, pura y significativa con la mente e intelecto claro escudriñando cada palabra. Investiguen cuántas veces dice la Sagrada Escritura una palabra, por ejemplo, la palabra “sencillez”, y cuántas veces dice otra. La luz (increada) de Cristo llenará vuestras psiques-almas. Así se cumplirá lo que dice el Evangelista Mateo: “El pueblo asentado en tinieblas religiosas y en la ignorancia y el engaño, vio gran luz espiritual (a Cristo), y a los asentados en región y sombra de muerte, esclavos psíquicamente, por la oscuridad del pecado, una luz increada desde el cielo resplandeció” (Mt 4,16).

Esta luz es la luz increada de Cristo. En cuando adquiramos esta luz (increada), conoceremos la verdad. Y la verdad es Dios. Dios lo conoce todo. Para Él, todo es conocido y luminoso. El mundo es la obra de Dios. Dios ilumina este mundo con Su luz increada. Dios mismo es luz increada. Es luz porque se conoce a Sí mismo. Nosotros no nos conocemos a nosotros mismos, por eso estamos en la oscuridad. Cuando dejamos que la luz nos impregne, entonces tenemos κοινωνία kinonía conexión y comunión con Dios. Si esto no sucede, entonces tenemos otras luces, mil luces, pero no tenemos la luz increada. Cuando estamos unidos a Él, Cristo nos hace luminosos. El gran resplandor, Su luz increada, la ofrece a cada uno de nosotros. Ojalá que la recibamos. Entonces adquirimos también una fe más profunda y firme y ocurre lo que dice el texto de la Sabiduría de Salomón: “…se manifiesta a los que no dudan”.

En aquellos que dudan, que tienen escepticismo y cuestionan, y que solo piensan con la lógica (de su intelecto o mente) y no están abiertos a Dios, Dios no se manifiesta. En las psiques-almas cerradas, Dios no entra, no fuerza, no transgrede, no viola. Por el contrario, en aquellos que tienen fe sencilla, sincera y simple, sin oscilaciones, Dios se manifiesta y les regala Su luz increada. La da abundantemente tanto en esta vida y mucho más en la otra.

Pero no piensen que todos aquí ven la misma luz (increada) de la verdad claramente. Cada uno la ve de acuerdo con su psique-alma, con su espíritu, con su educación, con su condición psicológica. ¿Entendieron? Por ejemplo, muchos ven una imagen o icona, pero no todos tienen los mismos sentimientos o emociones. Lo mismo sucede con la luz increada. La luz verdadera no alumbra lo mismo en todos los corazones. Es decir, el sol natural alumbra lo mismo, pero la casa que los cristales están negras, poco pasan los rayos de allí. ¿Entendéis? Por eso digo que lo mismo sucede con la luz increada, nuestros cristales están oscuros, nuestro corazón no está limpio y puro y la oscuridad no le permite pasar.

Incluso a nuestros santos/as y profetas les sucedía esto. Y aún así, según su limpieza y pureza, sentían la luz divina. ¿No son estas cosas una verdadera teología?

La alerta, vigilancia es el έρως eros para Dios

Mantengan siempre la memoria de Dios. Así, vuestra mente adquirirá flexibilidad. La flexibilidad del nus (espíritu de la psique) con la mente proviene de la vigilancia (alerta. La vigilancia es el έρως eros (amor ardiente) por Dios. Es tener siempre a Cristo en el nus con la mente y en el corazón, incluso mientras realizas otras tareas. Requiere έρως eros por Cristo, anhelo. Obtendrán la memoria de Dios a través de la oración cordial o de Jesús, “Señor Jesús Cristo…”, a través de las oraciones de la Iglesia, a través de los himnos, recordando las energías y acciones de Dios y, por supuesto, a través de la Sagrada Escritura y otros libros espirituales. Esto, por supuesto, requiere una bondadosa predisposición, libre buena voluntad; no se logra por coerción, presión o acción de obligar, sino principalmente a través de la divina jaris gracia increada. Sin embargo, la divina jaris requiere las condiciones, agapi-amor desinteresado y humildad.

Si vivís en la divina jaris gracia increada, el mal no os afectará. Si no vivís  lo divino, el mal os rodeará, la apatía, la indolencia os atrapará y sufriréis. Si veis apatía, indolencia, el hombre no está bien en la psique-alma. A menudo, cuando vemos a una persona tranquila, reservada, algo discreta, decimos: ‘Muy buena persona, una persona santa’. Sin embargo, puede ser apático, antipático, indolente. Los apáticos, los perezosos, no están bien ante Dios. La pereza es algo muy malo. La apatía es una enfermedad, es pecado. Dios no nos quiere apáticos, ni vivir como holgazanes, negligentes. ‘Olvidé hacer esta tarea, por ejemplo, cerrar la puerta cuando salí de la habitación’. ¿Qué significa ‘olvidé’? ¡Recuérdate! ¡Que tengas cuidado! En cambio el esfuerzo, el movimiento, el trabajo, la acción son virtud. El esfuerzo físico es una lucha, una lucha espiritual. Cuanto más descuidados sois, más os atormentaréis. Por el contrario, cuanto más devotos y cuidadosos sean, más felices serán.

En el Monte Athos, en la celda que tengo, la puerta tiene un viejo cerrojo. Hay que empujarla mucho para abrirla y entonces hace un ruido muy fuerte. Cada vez que alguien venía y la empujaba, el cerrojo hacía ‘kraaack!’. El ruido se escuchaba a cien metros de distancia. No podían abrirlo sin hacer ruido. Aunque era fácil y se los mostré, y practicaron, aún hacían mucho ruido.

Estas cosas parecen simples, pero están relacionadas con toda nuestra vida. Cuanto más os acercáis a Dios, más cuidadosos sois, sin buscarlo, en todas las cosas y también en las espirituales. Al cuidar de vuestras psiques-almas, con la divina jaris gracia increada os volvéis más inteligentes. ¿Habéis trabajado en vuestras vidas sin loyismí (pensamientos simples o unidos con la fantasía? Cometéis errores, pero la divina jaris gracia increada de Dios os cubre.

El cristiano no debe ser apático o indolente, no debe dormirse en los laureles. Debe, donde quiera que vaya, con su oración y su imaginación, volar. Y de hecho, el cristiano que ama a Dios puede volar con su imaginación. Volar entre las estrellas, en lo infinito, en el misterio, en la eternidad, en Dios. Debe ser sublime, volando alto. Debe rezar y sentir que también se convierte en Dios por la divina χάρις jaris gracia energía increada. Debe convertirse en plumaje y volar con su pensamiento. Y su pensamiento no es solo una simple fantasía. Esto que decimos “vuela” no es fantasía, es realidad, no es alucinación. El cristiano ortodoxo no vive en las nubes, como solemos decir; percibe, capta y comprende la realidad y la vive. Acepta lo que lee en el Evangelio y en los Padres, lo abraza, lo vive, lo interioriza y profundiza en los detalles, lo hace experiencias. Se convierte en un receptor fino de los mensajes de Dios.

Cuando uno se ha convertido en cautivo del bien, cesa el pecado y vive el Cristo.

Dentro de nosotros tenemos dos mundos-kosmos, el bueno y el malo. Ambos se alimentan de una misma fuente de energía. Esta energía es como la batería. Si el malo conecta la batería, nos conduce a la destrucción. Pero si lo hace el bueno, entonces todo en nuestra vida es hermoso, tranquilo y divino. Sin embargo, la misma energía de la batería alimenta tanto al bueno como al contrario de nosotros. Cada vez estamos cautivos en uno de los dos, ya sea en el bien o en el mal. Debemos emprendernos por estar en el bien en lugar de estar en el mal.

Permíteme compartir otro ejemplo. En todo el mundo existen ondas de radio, pero no las percibimos. Tan pronto como encendemos nuestro receptor, las captamos, las escuchamos, las sentimos.

Lo mismo ocurre cuando entramos en el mundo espiritual. ¡Vivimos en Cristo, volamos! Entonces sentimos grandes alegrías y tenemos experiencias espirituales hermosas; entonces poco a poco, nos convertimos en cautivos del bien, cautivos de Cristo. Y cuando alguien se convierte en cautivo del bien, ya no puede maldecir, odiar o decir mentiras. Simplemente no puede, aunque lo quiera. ¿Cómo podría el mal atacar su psique-alma con desesperación, desilusión, apatía, indolencia y cosas así? La divina jaris gracia increada lo llena y esas cosas no tienen el poder de entrar. No pueden entrar cuando su habitación está llena de amigos espirituales, que están en el éter, en el infinito, -me refiero a los ángeles, los santos, los mártires y sobre todo a Cristo. Lo contrario sucede cuando alguien se convierte en cautivo del hombre antiguo. Entonces está poseído por el mal espíritu y no puede hacer el bien; se llena de malicia, condena, ira, resentimientos, etc.

Cuando el mal os ataca, mantener y tener la flexibilidad y vuélvanse hacia el bien. El mal debéis transformarlo, cambiarlo en bueno. Esta transformación solo es posible con la divina jaris gracia increada. Por ejemplo, el agua se convierte en vino en las bodas de Caná. Ha aquí, esa es la transformación; condesciende lo sobrenatural… Esto es sobrenatural. Por supuesto que con elementos químicos se puede hacer vino o mantequilla y ser semejante al original, pero esto no es auténtico. ¡La verdadera transformación la realiza la divina jaris gracia increada! Para que esto suceda, el hombre debe haberse entregado «con toda su psique-alma y con todo su corazón» a Cristo (Mrc 12,30).

Recordaos a San Esteban, el primer mártir. Estaba poseído por Dios y, mientras era perseguido y apedreado, decía sobre sus perseguidores: «Señor, no les tomes en cuenta este pecado…» (Hec 7,60). ¿Por qué se comportó así San Esteban? Simplemente porque no podía hacer otra cosa. Era un cautivo del bien. ¿Piensas que es fácil recibir pedradas? ¡Trata de recibir una! Bueno, bien, bien, pero cuando una piedra te golpee, ¡empezarás a gritar «¡canalla!» y cosas así! Esto muestra que estamos poseídos por el espíritu maligno. Y entonces, ¿dónde puede entrar Cristo? Todo está ocupado dentro de nosotros. Pero tan pronto como entramos en la vida espiritual, tan pronto entramos en Cristo, todo cambia. Incluso un ladrón deja de robar, un asesino deja de ser un asesino, un sanguinario, un malvado, un resentido, un difamador… Todo cesa. El pecado cesa y vive Cristo. Así también el apóstol Pablo, que decía: «Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí».

La libertad no se gana si no liberamos nuestro interior de los problemas, de los conflictos y los pazos. Y esto, por supuesto, solo se logra con Cristo. En Cristo está la alegría. Cristo transforma el pazos la pasión en alegría.
Esta es nuestra Iglesia, esta es nuestra alegría, esto es todo para nosotros. Y eso es lo que la gente busca hoy en día. Y toman venenos y drogas para entrar en mundos de alegría; pero es una alegría falsa. Sienten algo en ese momento y al día siguiente están destrozados. Uno le frota, le devora, le destroza, le quema, en cambio lo otro, es decir, la entrega a Cristo, le vivifica, le da alegría, le hace disfrutar la vida, sentir fuerza y grandeza.

Esta es nuestra Fe Ortodoxa. Altitud, grandeza, jaris gracia, alegría, regocijo y deleite. ¡Cuánto las experimentaba estas cosas el profeta David! Decía: «Mi psique-alma anhela y desfallece por los atrios del Señor» (Salmo 83,3). ¡Qué hermoso, qué belleza!

En todas partes uno puede santificarse

Es una gran habilidad, un gran arte lograr que tu psique-alma se santifique. En todas partes uno puede santificarse. Y en Omonia (plaza central de Atenas) también se puede santificar, si así lo desea. En su trabajo, sea cual sea, puede volverse santo. Con la mansedumbre, la paciencia, la agapi amor desinteresado. Debéis poner cada día nueva serie, nuevo estado de ánimo, con entusiasmo y agapi-amor, con oración y silencio. No debéis tener ansiedad y angustia que producen dolor en el pecho.

Por ejemplo, puede suceder que les asignen tareas más allá de sus límites. No es correcto reaccionar, irritarse o quejarse. Esas perturbaciones traen mal al ser humano. Debéis considerar todo como oportunidades para la santificación. Y algo más. Hay otra ganancia: al asignaros mucho trabajo, aprendéis todo el proceso de trabajo, servís en más servicios, os volvéis más responsables. Adquirís conocimientos que tal vez necesiten más tarde. Si os asignan tareas que están más allá de vuestras capacidades, podéis decir con cortesía, por supuesto: «Perdóneme, no podré hacer este trabajo». Pero también podéis no decir nada y todo este esfuerzo os resultará beneficioso.

Así yo también, como os he dicho, cuando era niño, mi padre se fue a América a trabajar en el canal de Panamá. Yo era pequeño y mis padres pobres. Mi madre me mandó a trabajar en una tienda en Jalkida. Allí están un par de jóvenes más. Todos mandaban a mí y yo corría por todas partes. Todo lo que me decían lo hacía sin pensar mal. Esto me salió en bien. Un día que limpiaba la tienda, habían caído algunos granos de café sin ser molidos. Me asomé y los recogí para devolverlos al saco. El jefe que estaba en su despacho, me vio, entendió lo que iba hacer y me llamó; llamó también a los demás jóvenes y los dio clases de mi ejemplo. Allí se hacían grandes derroches y le causé muy buena impresión. Desde aquel día el jefe habló y nos repartimos los trabajos y pusimos en orden el almacén. Trabajaba en todo con cuidado, diligencia y sin objeciones. ¿He sufrido algún daño? No.

Debéis trabajar con diligencia, vigilancia, rapidez, simple y suavemente, sin ansiedad, con alegría y regocijo, con buena disposición. Entonces viene la divina Χάρις Jaris gracia, energía increada.

Debéis enfrentar todo con agapi, bondad, apacibilidad y humildad.

A menudo, uno puede sentir una angustia excesiva por la situación del mundo. Sufrir al ver que la voluntad de Dios no se cumple hoy entre los hombres o incluso en uno mismo. Experimentar dolor por el sufrimiento físico, psíquico y mental de los demás. Esta sensibilidad es un regalo de Dios y se encuentra con más frecuencia en las mujeres. Las psiques-almas que poseen esta delicadeza son particularmente receptivas a los mensajes y la voluntad de Dios. Sin embargo, estas psiques-almas sensibles corren el riesgo de ser explotadas. Si no entregan sus vidas a CristoDios con confianza, el espíritu maligno puede aprovechar su sensibilidad y llevarlas a la tristeza, a la depresión y la desesperación.

La sensibilidad no tiene corrección. Solo puede transformarse, cambiar, metamorfosearse, ser espiritualizada y convertirse en agapi (amor desinteresado e incondicional), alegría y adoración divina. ¿Cómo? Volviéndose hacia lo alto, con miras hacia Cristo. Deben convertir cada tristeza (sufrimiento, desesperación y depresión) en el conocimiento/gnosis de Cristo, en Su agapi-amor, en Su adoración. Y Cristo, que espera ansiosamente ayudarnos constantemente, os dará Su divina χάρις jaris gracia (energía increada) y Su poder y transformará la tristeza (depresión, melancolía, aflicción) en alegría, agapi-amor por los hermanos y adoración hacia Él. Así, la oscuridad se disipará. Acordaos del Apóstol Pablo. ¿Qué decía? “Ahora encadenado y encarcelado me alegro de sufrir por vosotros, y por mi parte completo en mi carne lo que falta a las tribulaciones y sufrimientos de Cristo por su cuerpo, que es la Iglesia” (Col 1,24).

Vuestra psique-alma que se entregue a la oración cordial: « Señor Jesús Cristo compadécete de mí, eleisón me», por todas vuestras preocupaciones, por todo y para todos. No miréis lo que os sucede, sino mirar la luz, a Cristo, como un niño mira a su madre cuando algo le sucede. Observen todo sin ansiedad, sin tristeza, sin presión, sin tensión. No es necesario forzarse y apretarse. Todo vuestro esfuerzo debe estar en miras hacia la luz, conquistar la luz (increada). Así, en lugar de entregarse a la tristeza, que no es del Espíritu de Dios, se entregarán a la doxología/alabanza de Dios.

Todas las cosas desagradables que quedan en vuestras psiques-almas y causan ansiedad, pueden convertirse en una oportunidad para la adoración a Dios y dejar de atormentaros. Tengan confianza en Dios. Entonces, estarán tranquilos y se convertirán en instrumentos Suyos. La tristeza muestra que no confiamos nuestras vidas a Cristo. ¿No dice el Apóstol Pablo: «en mil maneras somos atribulados y acosados, pero no nos abatimos; «?

Todo deben enfrentarlo con amor, bondad, mansedumbre, paciencia y humildad. Sean rocas. Todo puede romperse sobre ustedes, pero ustedes permanecerán imperturbables e inquebrantables. Sin embargo, dirán: «¿Es esto posible?». Sí, con la jaris gracia de Dios siempre es posible. Si lo tomamos humanamente, no es posible. Pero, en vez que os influyan negativamente, pueden haceros bien, que os hagan más firmes en la fe y en la paciencia. Porque el ejercicio para nosotros es toda reacción del entorno y las dificultades que nos rodean. Nos ejercitamos en la paciencia y la perseverancia. Oíd un ejemplo.

Una vez vino uno y me comentaba las quejas de su esposa, le digo pues:

-¿eres tan tonto como hombre?

-¿Son tonterías lo que digo?

– Grandes tonterías le digo. Esta mujer tuya, te ama mucho.

– Sí, pero me hace estas cosas…

-Te las hace para santificarte, pero tú como tonto tu mente no lo deja. Te enfureces y, en lugar de santificarte, te atormentas.

Sin embargo, este hombre si tuviera paciencia y humildad, no perdería las oportunidades de santificación.

La paciencia es una gran cosa, una gran virtud. Cristo dijo: Si no tienen paciencia, perderán sus psiques-almas; para ganarlas, deben tener paciencia, “19 ¡Ganad vuestras psiques-almas para la vida eterna con vuestra paciencia y perseverancia!” (Lc 21,19). La paciencia es agapi-amor; sin amor, no puedes tener paciencia. Sin embargo, también es cuestión de fe. En realidad, somos incrédulos porque no sabemos cómo Dios lleva las cosas y nos libera de las dificultades y las aflicciones. Rueguen a la Panaghía:

«Vuelve el lamento en alegría,

cambia el duelo en regocijo,

y transforma la aflicción en alegría y adoración,

¡Oh Madre de Dios, única llena de jaris-gracia!» (Cánon a la Zeotokos).

El deseo y disposición de amar a Dios lleva consigo cierto dolor. Cuando queremos vivir espiritualmente, sufrimos porque debemos cortar todos los lazos que nos unen a la materia. Pero cuando queremos complacer a nosotros mismos o a los demás, lo que damos es amor, una acción y energía (sentimiento); es una fuerza de nuestra psique-alma que una parte de ella lo «gastamos» allí. Requiere atención, qué orden y prioridad le damos a nuestra vida, para quién será la «salida».

La aflicción o sufrimiento, en el sentido de Dios, lleva consigo alegría. Uno avanza debido a ello. No deja en su interior la tristeza (sufrimiento, depresión o desesperación) que corroe la psique-alma. Cuando hay humildad, no hay tristeza y depresión. El egoísta se aflige y se deprime mucho por cualquier cosa, por todo. El humilde es libre e independiente de todos y todo. Esto solo se logra mediante la unión con Cristo. Todos los sentimientos y sentidos funcionan de acuerdo con la ley del Señor. Estén listos para vaciarse ante cualquiera. Esto es libertad. Donde hay agapi-amor, hay libertad. Viviendo en la agapi-amor de Dios, vivís en libertad.

Con el anhelo a Cristo, la fuerza de la psique-alma se escapa de las trampas del adversario.

Muchas personas, sobre todo algunos cristianos también, no aceptan en absoluto la existencia del demonio. Sin embargo, no puedes negar al demonio. Creo que existe diablo, y digo incluso que si eliminamos en creer en la existencia del diablo del Evangelio, ¿qué sucede? El Evangelio se va, desaparece. Dice la Santa Escritura: “Para esto el Hijo de Dios apareció como hombre sobre la tierra, para deshacer y destruir totalmente las obras del diablo” (1Jn 3,8) y “También los demonios creen pero tiemblan de miedo ante el justo Dios” (Sant 3,19). ¿Estos pasajes qué manifiestan? ¿No revelan sobre de la abolición del diablo por el mismo Cristo? No podemos ignorar la existencia del diablo, cuyas obras Cristo vino a abolir.

Pero yo les digo, en lugar de ocuparse del diablo y sus maldades, en lugar de ocuparse de los pecados, diríjanse a la agapi-amor de Cristo. Vemos qué dice el poeta al canon de san Onésimo:

Con el vigor de tu actitud y virtud, oh Onésimo,

has pisoteados y eliminado las trampas y maquinaciones del engaño,

convirtiéndote en instrumento de clamores de sabiduría divina,

bendito sea Dios de nuestros Padres. (Tropario b, oda 7)

Aquí uno admira el espíritu del poeta. Él pone arte en la estructura del himno, es decir, en la trama, en la trama de la palabra. ¿Visteis lo que dijo? Prestad atención a cada palabra. ‘Maquinaciones del engaño’. El malvado colocaba trampas y el santo Onésimo las destruía ‘con el vigor de su actitud y virtud´. Con el vigor de su actitud y virtud, vencía a todos. Amaba, ansiaba a Cristo. Así es como sucede.

Satanás crea el mecanismo del engaño. Sin que lo notemos, el malvado coloca trampas. Con el anhelo de Cristo, la fuerza de la psique-alma se libera de las trampas y va hacia Cristo. Esto es algo diferente; más noble. Luchar contra tu enemigo es un esfuerzo con empujones y presiones. Pero en la agapi-amor de Cristo, no hay empujones. Aquí, la fuerza de la psique-alma se transforma sin esfuerzo. No debes reaccionar con los mismos instrumentos. ¡Ignóralo! Esta indiferencia hacia el enemigo es un gran arte. Arte de las artes. Se logra solo con la jaris gracia divina. Enfrentar el mal con la jaris gracia increada de Dios se hace sin esfuerzo, sin sangre y sin resistencia.

¿Qué dijimos? ¿No dijimos que el diablo es ingenioso? Los mecanismos del diablo son astutos. ¡Miedo, fobias! Por eso nosotros también debemos crear mecanismos piadosos de defensa, sin malicia, ni mala astucia para destruir el poder y la fuerza de sus trampas. ¿Algo así dice no el Apóstol Pablo a los Efesios? “Porque nuestra lucha no es contra gente de carne y hueso, sino contra los principados y potestades, contra los dominadores de este mundo tenebroso que dominan sobre los hombres de este siglo pecador, contra los espíritus del mal, que moran en los espacios entre tierra y cielo. Por esto, recibid la armadura y las armas de Dios, para que podáis resistir en el día malo de ataques demoníacos y tentaciones y si aplicáis con exactitud vuestros deberes, los principios espirituales y mantenéis firmes vuestra posición, seréis vencedores y perfectos en todo” (Ef 4, 12-13). Cuando nos revestimos con la armadura de Dios, todo tendrá éxito; y de hecho, muy fácilmente. Todo es fácil cuando entramos en la jaris gracia divina. Entonces somos más libres, más fuertes. La jaris gracia divina nos protege. Si luchamos y amamos a Cristo, entonces obtenemos la jaris gracia divina. Armados con la jaris gracia divina, no corremos peligro, y el diablo nos ve y se va.

Yo, el pobre, el humilde, desde pequeño trabajé así y tengo un poco de experiencia. No quería pensar en las trampas, era indiferente respecto a ellas, no me importaban. Al principio, sin embargo, comencé de manera diferente. Me tumbaba en el suelo y decía que estaba muerto. Forzaba mi ser con la violencia de la muerte. Venían demonios y, en medio del miedo, decía: “Recuerda la muerte siempre, recuerda el infierno”. Lo dejé. Ya los había experimentado. Son buenos para los principiantes. Pero “el que teme no ha sido perfeccionado en la agapi-amor” (1Juan 4,18).

Escribe el santo Agustín: ‘Los pensamientos y las meditaciones me ocupan y me veo envuelto en discusiones’. Veis, aquí el viejo hombre hablaba con el nuevo, con el hombre según Cristo. Estaba teniendo una conversación. A mí no me gusta discutir con el viejo hombre. Es decir, me tira desde atrás, pero inmediatamente abro los brazos hacia Cristo y así lo desprecio con la jaris gracia divina, no lo pienso. Como el bebé abre los brazos y cae en los brazos de su madre, así hago yo. Es un misterio, no sé si entendéis la sutileza del asunto. Cuando intentas evitar al viejo hombre sin jaris gracia, lo vives. Pero con la divina jaris gracia, ya no te preocupa. Está en el fondo. Todas las cosas quedan dentro de nosotros, y las malas y feas no se van. Pero con la jaris gracia increada, se transforman, se metamorfosean. ‘Pongamos a un lado al hombre viejo, vestirnos del nuevo y vivir para Ti, nuestro Señor’, ¿no dice en la oración de la novena hora?

Cristo quiere unirse a nosotros y espera afuera de la puerta de nuestra psique-alma. Depende de nosotros recibir la jaris gracia divina. Solo la jaris gracia divina puede cambiarnos. No podemos hacer nada por nosotros mismos. La jaris gracia, energía increada nos dará todo. Pero nosotros debemos esforzarnos por disminuir nuestro egoísmo y la φιλαυτία filaftía (egolatría, excesivo amor hacia sí mismo). Ser humildes. Darnos a Cristo y todo lo reaccionario o retrógrado, corporal y psíquico, desaparecerá.

Acordaos del Apóstol Pablo que decía: “¡Desgraciado y miserable yo el hombre! ¿Quién me librará de este cuerpo en el cual domina el pecado y por el pecado la muerte espiritual y física?” (Rom 7,24). Esto lo decía porque, cuando se encontraba al principio, su psique-alma se sentía incapaz de hacer el bien. Hacía el mal que no lo quería, por eso confesaba: “Dominado y oscurecido por el pazos o el pecado, no entiendo este mal que hago; porque no hago lo que interiormente quiero, sino aquello que detesto y odio, eso es justamente lo que hago” (Rom 7,15). Venía el espíritu del mal para desviarlo de su intento. Venía y le amenazaba diciendo: “te morirás”. Pero cuando se abalanzó la jaris gracia increada de Dios en su psique-alma, entonces se marcharon todas las dificultades y clamaba con entusiasmo: “Estoy crucificado con Cristo; y ya no vivo yo el viejo hombre natural, sino que es Cristo el que vive en mí… ya que vivo en Cristo y Cristo vive en mí. Pero si muero también es ganancia para mí, porque así volaré hacia el cielo en plena comunión y unión con Cristo” (Gal 2,20 y Filip 1,21). ¡Has visto, ni muerte, ni infierno, ni diablo! Mientras antes era incapaz (el apóstol Pablo) de hacer el bien, después se volvió incapaz de hacer el mal. No podía, no lo deseaba. Se divinizó su psique-alma, se llenó de Cristo y no podía pensar o aguantar nada más en su interior,

Con la jaris gracia divina, todo es posible. Con la jaris gracia divina, los mártires de Cristo no comprendían los dolores que causaban los martirios. Con la jaris gracia divina, todo se vuelve indoloro. A este modo suave y blando tenéis que utilizar. No luchen por expulsar la oscuridad. No luchéis para expulsar la oscuridad. No lográis nada golpeando la oscuridad. ¿Estáis en la oscuridad y queréis liberarse? ¿Qué hacéis vosotros? Expulsáis con la fuerza la oscuridad, la golpean, pero eso no se va. ¿Queréis luz? Abran un pequeño agujerito y llegará un rayo de sol, llegará la luz. En lugar de expulsar la oscuridad, en lugar de expulsar al enemigo, para que no entre dentro de ustedes, abran los brazos al abrazo de Cristo. Este es el método más perfecto, no luchar directamente contra el mal, es decir, no combatir contra el enemigo, sino amar a Cristo, su luz (increada), y el mal (despreciándolo, no hacerlo caso) retrocederá y se retirará.

Cada ataque o asalto del maligno se enfrenta con desprecio.

El arma más importante contra el diablo es la Santa Cruz, que lo hace temblar. Pero la persignación debe hacerse correctamente. Es decir, con los tres dedos de la mano derecha unidas tocando la frente, el vientre, el hombro derecho y finalmente el hombre izquierdo, en señal de la cruz. La persignación se puede hacer simétricamente con las prosternaciones.

La conexión y comunicación con Cristo cuando es simple, suave, sin presión, hace que el diablo se vaya. Satanás no se va con presión, con fuerza o apretones. Se retira con la apacibilidad, mansedumbre y la oración. Se retira cuando ve que la psique-alma lo menosprecia y se vuelve hacia Cristo con agapi-amor. No puede soportar el menosprecio porque es orgulloso. Pero cuando te esfuerzas, el espíritu maligno toma nota y te ataca. No te ocupes del diablo ni le ruegues que se vaya. Cuanto más le ruegas que se vaya, más te abraza. Despreciad al diablo. No lo enfrentéis directamente. Cuando lucháis tenazmente contra el diablo, él ataca como un tigre, como un lince. Cuando le disparas una bala, él te arroja una granada. Cuando le lanzas una bomba, él te lanza un misil. No mires al mal. Mira el abrazo de Dios y cae en Sus brazos y avanza. Entregaos a Él, amad a Cristo, vivan con vigilancia. La vigilancia en aquellos que aman a Dios es esencial.

Las cosas son sencillas, simples y fáciles en la vida espiritual, en la vida en Cristo; solo necesitáis saber discernir. Cuando algo te moleste, un pensamiento, una tentación, un ataque, menospreciándolos a todos, dirigirás tu atención y tu mirada a Cristo. Él se encargará de elevarte después. Él te tomará de la mano y te dará abundantemente Su divina jaris gracia increada. Tú harás un pequeño esfuerzo. Tomas un millón y lo divides en pedacitos. Tomas una millonésima parte. La millonésima parte es el esfuerzo humano, es decir, un poco de disposición. Te mueves hacia Dios, y en un segundo, la jaris gracia divina llega. Piensas en ello y viene el Espíritu Santo. No hacéis nada. Os movéis hacia allí e inmediatamente viene la divina jaris gracia energía increada. Apenas que suspiréis, viene, opera y energiza. ¿Qué dice el Apóstol Pablo: “…el mismo Espíritu intercede por nosotros e inspira en nuestros corazones gemidos inenarrables de compunción y dilatación del corazón, que nos elevan hacia Dios” (Rom 8,26). ¡Sabiduría sublime! Estas cosas no son palabras simples, sino el vivo Logos de Dios.

Cuando veáis que el espíritu contrario viene a atraparos, no os asustéis ni lo miréis, ni intentéis sacarlo de vosotros. ¿Qué haces? El mejor método es el menosprecio. Abre tus brazos, abre tus manos a Cristo, como un niño que ve una bestia salvaje y no tiene miedo porque su padre está cerca y cae en Sus brazos. Usad este método, es decir, el menosprecio, en cada asalto del malvado y en cada pensamiento.

En aquel momento que vuestra psique-alma está en lucha y tiene necesidad, clamad: «Señor Jesús Cristo compadécete de mí, eleisón me»; prevenir y anticiparse todo con la oración. Este es un gran secreto. En el momento de la tentación, cuando intentas menospreciarla, el malo te atrapa, te paraliza, te aprieta y hace lo suyo, no lo que tú quieres. Debes anticiparte a abrirte a Dios. Pero para lograrlo, la jaris gracia divina debe iluminarte. Si esto no sucede de inmediato, el malo te atrapa y mientras tratas de echarlo, ya te ha atrapado. Oíd un ejemplo que os voy a decir.

Le pedí a alguien que hiciera algo por mí. Él se negaba diciendo que la ciencia lo explicaba de manera diferente. Yo insistía, pero él no cedía. Estuve a punto de enfadarme. Lo percibí y en aquel momento inmediatamente volví y me dirigí hacia Cristo y previne el mal.

Esta será nuestra manera o modo de actuar: elevaremos las manos a Cristo y Él nos derá Su jaris gracia (divina energía increada).

Oíd otro ejemplo.

Una vez estaba camino a Turcovunia (barrio con pequeña montaña de Atenas). El camino tiene una declinación grande. Esta declinación era unos doscientos metros. La punta del camino era más recto. Allí arriba la madre del Nico estaba hablando con otras dos mujeres. Hablaban sobre cosas del barrio Abajo en el fondo estaba su hijo Nico corriendo hacia abajo jugando con otros niños. De repente veo a Nico subir corriendo hacia arriba y caer en los brazos de su madre y comenzó a llorar.

-Eh, le dice, ¿qué te pasa?

-Me ha pegado el hijo de Manolás.

El llanto paró inmediatamente, al mismo momento que se puso en los brazos de su madre.

¿Qué quiero decir con esto? Pues, en la hora de la tentación, lo fácil es girar y volver hacia la persona amada, dirigirse a Dios y hacia allí mirar vivamente, bien con deseo e inmediatamente vendrá la fuerza, vendrá el bien. Es decir, mientras estáis viendo que el mal viene a poseeros, vosotros apenas lo percibís de lejos, despreciarlo y correr en los brazos de CristoDios. Basta que os de tiempo primero girar y volver hacia allí. Así que, cuando vayáis al bien, nos os acordáis del mal. Pero esto no lo podéis hacer sino os volvéis y os dirigís a Cristo. Decimos alguna vez: ¡Deprécialo el mal! Eh, pues, esto es fácil decirlo, pero no es fácil hacerlo. Este menosprecio, desprecio tiene un gran arte, una gran habilidad.

El menosprecio del espíritu maligno solo se logra con la jaris gracia, energía increada de Dios. Vuélvete hacia Cristo, corre hacia Cristo, abre tus manos hacia Cristo, trata de conocer a Cristo, ama a Cristo, siente a Cristo, y en este esfuerzo tuyo, cuando tus móviles son puros, limpios y sinceros, la divina jaris gracia increada abre tu psique-alma y te dice: “Despierta tú, que duermes en el sueño del pecado, y levántate de entre los muertos (espiritualmente) del pecado, y Cristo te iluminará” (Ef 5,14). Allí dentro, en la divina luz, estaremos viviendo siempre, cuando nuestra psique-alma ame y anhele a Dios. Así, con la jaris gracia increada de Cristo, todas los logos y palabras de Cristo son fáciles, sencillos y verdaderos, ya que dijo: “no dudéis, porque mi yugo es bueno, fácil y útil, y ligera mi carga de las obligaciones y deberes que yo os impondré y yo os ayudaré para llevarla” (Mt 11,30).

Algunos ven al diablo presentándose de diversas formas, haciendo ruidos, golpeándolos, etc. Esto sucede más a menudo en aquellos que están confundidos. Los grandes Padres, como San Juan Crisóstomo, San Basilio el Grande y otros, no nos hablan del diablo, cómo se manifiesta, etc. Ellos procedieron de esta manera, es decir, con agapi-amor incondicional a Cristo. El satanás se revela según quién eres. Cuando alguien no ha comenzado correctamente la vida espiritual o es afectado por algo hereditario, ve al diablo presentándose frente a él, haciéndole ruidos, etc. A veces, una persona puede padecer esquizofrenia. El esquizofrénico se ve afectado por las experiencias de la antigua vida de sus antepasados.

Y algo más. No le demos al diablo derecho y móvil. Es decir, yo no permito ni un solo pensamiento de rencor ni un pensamiento de egoísmo en mí, para que el diablo no encuentre una ventana. La ventana es el derecho, el móvil. Cuando te alejas de Dios, corres peligro, porque el diablo te encuentra ‘sin protección’ y te domina. Escuchen también mi experiencia, que tengo un poco sobre estas cosas.

La santa humildad es la confianza perfecta o total en Dios.

La confianza total y perfecta a Dios, esta es la santa humildad. La perfecta obediencia a Dios sin objeción, sin reacción, incluso si algunas cosas parecen difíciles y absurdas. Abandonarse en las manos de Dios. Lo que decimos en la Divina Liturgia lo dice todo: “Entreguemos toda nuestra vida en Cristo Dios”. Lo mismo también la súplica que se dice místicamente por el sacerdote: “A Ti encomendamos y entregamos toda nuestra vida y Te rogamos, te suplicamos…” (Divina Liturgia de san Crisóstomo). A ti, Señor, entregamos todo. Esta es la confianza en Dios. Esta es la santa humildad. Esta transforma al ser humano. Lo hace θεάνθρωπο (zeánzropo) dios-hombre.

El humilde tiene conciencia de su estado interno y, por muy malo que sea, no pierde su personalidad. Sabe que es pecador y se aflige por ello, pero no se desespera, no se decepciona y no se desanima a sí mismo. El que tiene la santa humildad no habla en absoluto, es decir, no reacciona. Acepta ser observado, ser controlado por los demás, sin enojarse ni justificarse. No pierde su equilibrio. Lo contrario sucede con el egoísta, el que tiene sentimientos de inferioridad. Al principio parece humilde. Sin embargo, si alguien lo molesta un poco, inmediatamente pierde su paz, se enoja, se perturba.

El humilde cree que todo depende de Cristo y que Cristo le da Su jaris gracia increada, y así avanza. Aquel que tiene la santa humildad vive ahora en la tierra en la Iglesia increada. Tiene siempre la alegría de Cristo, incluso en las dificultades y cosas desagradables. Lo vemos en la vida de los santos. ¿Qué era el apóstol Pablo? Un hombre como nosotros. Pero, ¿qué pasó? Se convirtió en un instrumento de Dios, un recibiente elegido. Sus palabras lo testimonian: “Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí… para mí, vivir es Cristo y morir es ganancia”. Estaba ardiendo de agapi-amor por Cristo. La humildad lo elevó allí. Quemarse, ardiendo por Dios; eso es todo.

Si tenéis agapi-amor desinteresado por el prójimo y por Dios, Dios os dará la humildad, os dará santificación. Si no tenéis agapi-amor por Dios y por el prójimo, si soys negligentes, Satanás os atormentará, el viejo hombre se vengará, culparéiss a todos y a todo, os quejaréis diciendo: ‘¿Por qué dejaste esto aquí, por qué allá?’. Y pensarás que la culpa es de las tareas, del trabajo, del esfuerzo y cansancio. Dirás: ‘¿Qué pasará con esta situación a la que he llegado, cómo me estoy comportando?’, sin darte cuenta de dónde proviene esa situación. Mientras tanto, eso es la venganza de los instintos.

Cuando una persona vive sin Dios, sin paz, sin serenidad, sin confianza, sino con ansiedad, agonía, decepción, depresión, desesperación, adquiere enfermedades psíquicas, físicas y mentales. La enfermedad psíquica, la psicosis, la neurosis, la mental, la depresión son situaciones y condiciones demoníacas. También la habladuría humilde es demoníaca. Se llama también sentimiento de inferioridad o de culpa. La verdadera humildad no habla, no dice palabras humildes, es decir, ‘soy pecador, soy indigno, el menor y peor de todos…’. El humilde teme que, con las palabras humildes, caiga en la vanagloria. La jaris gracia increada de Dios no se acerca aquí. En cambio, la jaris de Dios está donde hay verdadera humildad, la humildad divina, la total confianza en Dios. La dependencia de Él.

Es de gran valor renunciar a la voluntad propia, no tener ninguna voluntad propia. El esclavo no tiene voluntad ninguna; lo que quiere su señor. Así también el siervo fiel de Dios. Te conviertes en Su siervo, pero en Dios te libras y eres libre. Esa es la verdadera libertad. Quemarse por Dios. Eso es todo. Lo dijimos otra vez. Si te vences a ti mismo por Dios, te sometes a Él y vives en la libertad de los hijos de Dios: “…porque de aquel pazos por el que uno ha sido vencido, en este pazos se ha esclavizado” (2Ped 2,19). Sucede como en el caso del subordinado que tiene completa confianza en su Yérontas y Dios le da la jaris gracia increada. Recuerden al Profeta Eliseo. Tomó el manto, golpeó las aguas del río y no las dividió en dos, como lo hizo el Profeta Elías, porque todo lo hizo con egoísmo y no con humildad. Después de humillarse y darse cuenta de que no podía hacer nada solo, buscó con humildad la ayuda de su Yérontas, el Profeta Elías, y recibió la jaris la energía increada. Las aguas se dividieron en dos y se hizo un camino para que él pasara (4Re 2, 8-15).

Por supuesto, se necesita un poco de esfuerzo, pero la humildad extrema no se logra solo con esfuerzos y luchas. Es el resultado de la jaris la energía increada. Lo digo por experiencia: todo lo que tengo, lo tengo de la jaris. “Si no edifica el Señor la casa, en vano trabajan los que la edifican” (Sal 126,1). Todo lo da Cristo.

Seamos humildes en todo; en el pensamiento, en las palabras, en el comportamiento. Nunca nos presentemos ante Dios y digamos: “Tengo virtudes”. Dios no quiere nuestras virtudes. Siempre preséntate ante Dios como pecador, pero sin desesperación, sino “confiando en Su compasión y misericordia” (Triodion). Basta con encontrar el secreto.

El secreto es la agapi (amor incondicional y desinteresado) a Cristo y la humildad. Cristo nos dará humildad. No podemos amarlo con nuestras debilidades. Que Él nos ame a nosotros. Oremos mucho para que Él nos ame y nos dé el entusiasmo o celo para amarlo a Él también.

Si quieres filosofar y ser responsable de ti, sobre todo, echarás la culpa a ti mismo, te menospreciarás a ti mismo y te humillarás siempre. Es humildad creer que todos son buenos. Y si escuchas algo negativo sobre alguien, no lo creas. Ámalos a todos y no pienses mal de nadie, y ora por todos. No necesitas más filosofía. El corazón del vanagloriosos y egocéntrico no puede humillarse. Cuando lo controlan o lo corrigen, objeta fuertemente, mientras que cuando lo alaban y lo halagan, se comporta indebidamente. No importa lo que le digas, siempre quiere vanagloriarse más. Está ocupado girando en torno a sí mismo. Por otro lado, el pecador arrepentido que ha vuelto en la metania y se confiesa, deja de girar en torno a sí mismo, sale del sí mismo. Cuando se confiesa, no vuelve atrás.
El vanidoso vanagloriosos aleja su psique-alma de la vida eterna. ¡Al final, el egoísmo es pura tontería! Nuestra vanidad o vanagloria nos hace huecos. Cuando hacemos algo para mostrarnos y exhibirnos, nos volvemos vacíos psíquicamente y emocionalmente. Hagamos lo que hagamos, hagámoslo para agradecer a Dios; desinteresadamente, sin vanidad, sin orgullo, sin exhibición, sin egoísmo, sin, sin, sin… Sé un cantor en la Iglesia, en el monasterio. Tener una voz muy angelical y cantar a Dios sin saber que tantas personas te están escuchando, es decir, sin pensarlo. ¿Es posible? No es fácil. Esto es difícil. Por eso, muchos cantores se han extraviado. Por regla general, los buenos cantores tienen un gran egoísmo. No todos, por supuesto, pero la mayoría. Sin embargo, cuando tienes humildad, incluso si cantas hermosamente o lees hermosamente, no te afecta lo que piensan aquellos que te escuchan. Dirás, ¿y si cantas hermosamente y lees hermosamente y tu yérontas te escucha? No significa nada, si tienes humildad.

Debemos esforzarnos a toda costa por ser buenos. Eso es lo que intento, yo también, el pobre. Pero la fatiga viene de aquí, mi enfermedad me agobia desde allá, y no puedo hacer nada. Sin embargo, lucho. Quiero ser mejor, quiero amar y alabar a Dios con amor, con anhelo, y tengo sueños y hago esfuerzos, pero no logro nada. Pero esto me da alegría y una satisfacción de que finalmente estoy intentando amar a Cristo. No lo he logrado, pero lo deseo.

Quienes «tientan» a Dios son los que dudan.

El sabio Salomón dice que Cristo «se encuentra con aquellos que no lo tientan» (Sab Sas 1,2). Los que «tientan» a Dios son aquellos que dudan, vacilan o incluso peor aún, resisten el poder omnipotente y la sabiduría de Él. No debe nuestra psique-alma resistir y decir, «¿por qué Dios hizo esto de esta manera, por qué lo otro de otra manera, no podía hacerlo diferente?». Todo esto muestra una reacción interna y mezquindad; muestra la gran idea que tenemos de nosotros mismos, nuestro orgullo y nuestro gran egoísmo. Estos «porqués» atormentan mucho al ser humano, crean lo que el mundo llama «complejos», por ejemplo, «¿por qué soy muy alto?» o incluso lo contrario, «muy bajo?». Esto no se va del interior. Y uno ora y hace vigilias, pero ocurre lo contrario. Y sufre y se enoja sin resultado. Mientras que con Cristo, con la divina jaris gracia, energía increada, todo desaparece. Hay algo en el fondo, es decir, el «por qué», pero la jaris de Dios ensombrece al hombre y mientras la raíz es el complejo, allí encima crece un rosal con hermosas rosas y a medida que se riega con fe, con agapi-amor, con paciencia, con humildad, el mal deja de tener fuerza, deja de existir, es decir, no desaparece, pero se marchita. Mientras no se riegue el rosal, se marchita, se seca, se pierde, y de inmediato brota la espina.

Sin embargo, no es solo la reacción y los «porqués» lo que muestra que estamos tentando o probando a Dios. Tentamos a Dios cuando pedimos algo de Él, pero nuestra vida está lejos de Dios. Lo tentamos cuando pedimos algo, pero nuestra vida no está de acuerdo con Su voluntad, es decir, cosas en contra de Dios; ansiedad, preocupación, depresión, angustia, de un lado, y por otro lado, rogamos.

“Un vientre obeso no engendra sabiduría”

No te haces santo persiguiendo el mal. Deja el mal. Tened puestas las miras a Cristo y eso os salvará. Lo que hace santo al hombre es la agapi-amor incondicional, la adoración a Cristo que no puede expresarse, no se puede, no se puede… Y el hombre intenta hacer ejercicios, hacer esas cosas y mortificar su ser por la agapi-amor de Dios.

Ningún asceta se santificó sin ejercicios. Nadie pudo ascender a la espiritualidad sin practicar, sin ejercitarse. Se deben hacer ejercicios, ascesis. La metania, arrepentimiento, las vigilias, etc. son ejercicios, ascesis pero no con violencia. Todo debe hacerse con alegría. No son las prosternaciones que vamos hacer, no son las oraciones, es la entrega, la agapi-amor incondicional, el έρως eros (amor ardiente) por Cristo lo que lo hace fácil sobre las cosas espirituales. Hay muchos hacen estas cosas no por Dios, sino por ejercicio, por beneficio físico. Pero las personas espirituales lo hacen por beneficio psíquico, por Dios. Y también el cuerpo se beneficia mucho, no se enferma. Muchas cosas buenas vienen.

Dentro del ejercicio, las prosternaciones, la vigilia y otras austeridades está también el ayuno. «Un vientre obeso no engendra sabiduría». Esto lo sé por los Padres. Todos los libros patrísticos hablan sobre el ayuno. Los Padres enfatizan que no debemos comer alimentos difíciles de digerir, grasosos y pesados, porque hacen daño al cuerpo y, además, en la psique- alma. Dicen que el cordero come las hierbas de la tierra y es tan tranquilo. Mientras que el perro o el gato y todos esos carnívoros son todos animales salvajes. La carne hace daño al ser humano. Las hierbas, las frutas, etc., son beneficiosas. Por eso, los Padres hablan sobre el ayuno y condenan la glotonería y el placer que uno siente con las comidas ricas. Que nuestras comidas sean más simples. No nos ocupemos tanto de ellas.

No es la comida, ni las buenas condiciones de vida las que garantizan la buena salud. Es la vida santa, la vida de Cristo. Sé de ascetas que ayunaban mucho y no tenían ninguna enfermedad. No se corre ningún riesgo por el ayuno. Nadie ha enfermado por el ayuno. Los que comen carne, huevos y leche son los que más enferman, no los que tienen una dieta ligera. Esto está observado y comprobado. Incluso lo respalda la ciencia médica; ahora recomienda esto. Los que ayunan no solo no enferman, sino que se curan de enfermedades.

Pero para hacer estas, debéis tener fe. De lo contrario, os atrapa la glotonería, el apetito. El ayuno también es una cuestión de fe. No sufres daño con ayuno sino cuando no digieres bien tu comida. Los ascetas transforman el aire en alimento y el ayuno no les afecta. Cuando tenéis el divino έρως eros (amor ardiente), podéis ayunar con placer y todo es fácil; de lo contrario, todo te parece una montaña. Aquellos que entregaron sus corazones a Cristo y, con amor ferviente, pronunciaron la “oración cordial”, conquistaron y vencieron la voracidad, la glotonería y la falta de autocontrol.

Hoy en día hay muchas personas que no podían ayunar un día y ahora viven con una dieta vegetariana, no por razones de fe ortodoxa, simplemente porque creyeron que esto sería bueno para su salud. Pero debes creer que no te pasará nada si no comes carne. Cuando una persona está enferma, no es pecado que coma alimentos que no son de ayuno para apoyar su organismo.

La sal es necesaria para el organismo humano. Existe un rumor de que la sal hace daño. Esto no es correcto. Es un elemento necesario. De hecho, hay personas que lo necesitan mucho. A otros no les hace falta, mientras que a algunos les perjudica. Es una cuestión de elementos traza en el organismo. Se necesita un análisis microbiológico.

¡Yo qué sueños tengo! O sea, sobre el Monte Athos. He pedido trigo, para moler y hacer pan de trigo. Y pienso que mejor compremos legumbres, molerlas y mezclarlas, trigo con arroz, harina de soja con lentejas etc. Y además tenemos calabacines, tomates, patatas y otras verduras. Y con el Padre Hisijio teníamos un sueño. Una vez decíamos ir hacernos eremitas en alguna parte y comer. ¿Si acaso san Basilio el Grande no estaba allí al desierto, no hacía esto? Pero estas cosas a nosotros ahora no nos gustan.

Si no nos mortificamos, entrando en la ascesis ortodoxa, no hacemos nada. Debemos amar a Cristo y Él nos amará a nosotros. Todos los dolores pasarán, serán vencidos, se transformarán por Su divina χάρις jaris gracia (energía increada, el auténtico psicofármaco).

De alguna manera, si tienes en ti cinco grados de agapi-amor y utilizas dos para tus padres, otros dos para tus hermanos, ¿qué queda para Dios? Mientras que en Dios existen todos los amores del mundo. Si amas a Dios, amas todo, porque en Dios están todas las cosas, y así es como Dios quiere que lo ames Él mismo dice: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu psique-alma, con toda tu mente y con toda la fuerza de tu voluntad” (Mt 22,37).

Traducción xX Χρῆστος Χρυσούλας, jJ Jristos Jrisulas logosortodoxo.es/, 14-12- 2023

 

Sobre la oración San Porfirio el Kafsokalivita

Αγίου Πορφυρίου Καυσοκαλυβίτου – Βίος και Λόγοι

San Porfirio el Kafsokalivita – Vida y logos

 

Sobre la oración 

“Orad a Dios

con devoción, anhelo y agapi,

 dentro de la calma y serenidad,

con apacibilidad y sin presión”

 

Amigos en y de CristoDios-Hombre este capítulo del libro Βίος και Λόγοι Vida y logos, trata principalmente sobre la “monologa oración cordial, noerá, del corazón o de Jesús” «Κύριε Ιησού Χριστέ, ελέησόν με Kirie Iisú Jristé eleisón me Señor Jesús Cristo compadécete de mí, eleisón me»; la traduzco como “oración cordial”, aunque hay párrafos que habla también sobre la oración en general.

De nuestro gran léxico ALFAωMEGA: «Κύριε, ἐλέησον» “Kirie eleison” es la oración más corta, condesada y concisa que lo dice todo. El “Kirie eleison” hace milagros. «Κύριε, ἐλέησον Kirie eleison» es una calificación, petición general de cada necesidad mía, de cada caso mío, de lo que me pasa y de lo que quiero y como no sé lo que voy a pedir, entonces digo a Dios, eleisón me” o “kirie eléison”, y Él sabe lo que me va a dar.

Eléison ἐλέησον significa ten compasión, caridad, misericordia, clemencia, sanación, ayuda, alivio, consuelo, socorro… No tiene nada que ver con piedad que muchos lo traducen en castellano. Piedad en griego es ευσέβια (efsevia) de aquí viene el nombre Eusebio, piadoso en castellano o latino.

Pero decir, “Eléisonme ἐλέησον με Ten compasión, misericordia o caridad de mí”, implica no sólo el deseo de perdón que comienza del miedo, sino que se trata de la súplica sincera del amor filial, que pone mi esperanza en la misericordia de Dios, y uno reconoce humildemente que es demasiado débil para doblegar su propia voluntad y mantener una cuidadosa vigilancia sobre sí mismo. Es una llamada a la misericordia, es decir, a la jaris (gracia, energía increada) que se manifestará en el don por parte de Dios de la fuerza que nos permite resistir a la tentación y superar nuestras inclinaciones pecaminosas. Es como un deudor sin dinero que pide a su benigno acreedor no sólo que le condone la deuda sino que se compadezca también de su extrema pobreza y le dé una limosna; esto es lo que estas profundas palabras “Eléison me ἐλέησον με Ten compasión, misericordia o caridad de mí”, es como decir: «Dios misericordioso, perdona mis pecados y ayúdame a corregirme; despierta en mi psique-alma un fuerte impulso a seguir Tus mandatos. Dispensa Tu jaris (gracia, energía increada) en el perdón de mis pecados presentes, conscientes e inconscientes, y para que solo dirija hacia Ti la atención de mi nus (espíritu), de mi mente, de mi voluntad y de mi corazón negligentes.» https://logosortodoxo.es/alfa%cf%89mega-gran-lexico-ortodoxo/

 

Sobre la oración

San Porfirio el Kafsokailivita – Vida y logos

 

El mismo Señor nos enseñará la oración

El hombre busca y pide del cielo la χαρά jará alegría y la felicidad. Pide lo eterno, lejos de todos y de todo, busca a encontrar la alegría en Dios. Dios es misterio. Es silencio, es infinito, es el Todo. La tendencia de la psique-alma hacia el cielo la tiene todo el mundo; todos piden y buscan algo celestial. Todos los seres, a Él se dirigen aunque sea inconscientemente.

A Él que sea dirigido vuestro nus (espíritu de la psique) con la atención y mente continuamente. Amad la oración, el diálogo, la charla, con el Señor. Todo se resume en la agapi, el έρως eros (amor ardiente) por el Señor, el Novio Cristo. Haceos dignos de la agapi de Cristo. Para no vivir a la oscuridad, girad el interruptor de la oración para que la luz divina entre en vuestras psiques-almas. En la profundidad de vuestro ser se revelará el Cristo. Allí en lo profundo está “la realeza increada de Dios. “La realeza increada de Dios está en vuestro interior” (Lc 17,21).

La oración cordial se hace solo con el Espíritu Santo. “Igualmente, el Espíritu viene en ayuda de nuestra flaqueza y ablanda nuestros esfuerzos, sufrimientos y dolores; pero como nosotros en nuestras oraciones no sabemos orar y pedir lo que nos conviene, el mismo Espíritu intercede por nosotros e inspira en nuestros corazones gemidos inenarrables de compunción y dilatación del corazón, que nos elevan hacia Dios” (Rom 8,26). Nosotros no necesitamos ningún esfuerzo. Dirigíos a Dios con un estilo o actitud de dulos siervo humilde, con una voz rogatoria y suplicante. Entonces nuestra oración será agradable a Dios. Estar con devoción y reverencia ante el Crucificado y decir: «Κύριε Ιησού Χριστέ, ελέησόν με, Kirie Iisú Jristé eleisón me, Señor Jesús Cristo compadécete de mí, eleisón me”. Esto lo dice todo. Cuando el nus con su mente del hombre se mueve hacia la oración, en un milésimo del segundo viene la jaris gracia divina. Entonces el hombre se convierte en agraciado y ve todas las cosas con diferentes ojos. Todo está en amar a Cristo, la oración y el estudio. Tomamos un millón y los partimos en pequeños fragmentos; el esfuerzo del hombre es una fracción del millón.

Antes de la oración la ψυχή psijí (psique, alma, ánima) debe prepararse con oración. Oración por la oración. Escuchad lo que el sacerdote ora místicamente, en el momento que se lee el Apóstol durante la Divina Liturgia.

“Ilumina, oh Soberano filántropo (amigo del hombre), en nuestros corazones la inmaculada luz de Tu conocimiento divino, y abre los ojos de nuestras psiques-almas a la comprensión de tus kerigmas o logos evangélicos. Infunde en nosotros el temor de Tus bienaventurados mandamientos, para que, habiendo vencido todo deseo carnal, podamos alcanzar un estado espiritual, pensando y actuando en todo según Tu beneplácito. Porque Tú eres la iluminación de nuestras psiques-almas y cuerpos, oh Cristo nuestro Dios, y a Ti te ofrecemos la gloria, junto con tu Padre sin principio y Tu bondadoso y vivificante Espíritu Santo, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.”

En la oración entramos sin darnos cuenta. Necesitamos encontrarnos en un ambiente adecuado. La relación con Cristo, el diálogo, el estudio, el candelabro, el incienso, crean el ambiente adecuado para que todo sea sencillo, “con sencillez de corazón”. Leyendo los salmos, las oraciones, los oficios, con eros amor ardiente, sin darnos cuenta, nos volvemos santos. Nos alegramos y deleitamos con las palabras divinas. Esta alegría y gozo es nuestro esfuerzo para entrar fácilmente en la atmósfera de la oración, el precalentamiento, como decimos. También podemos traer a nuestra mente hermosas imágenes de paisajes que hemos visto. Este esfuerzo es suave, sin dureza, sin sangre. Pero no olvidemos lo que dijo el Señor: “Sin mí, no podéis hacer nada» (Jn 15,5).

El mismo Señor nos enseñará la oración. No la aprenderemos solos, ni algún otro nos la enseñará. No digamos que: “he hecho tantas postraciones, así ahora he asegurado la jaris gracia”, sino que pidamos resplandecer la luz increada de la divina gnosis/conocimiento y abrir nuestros ojos (psíquicos) para poder entender Sus logos.

De esta manera, sin darnos cuenta, amamos a Dios sir presiones, apretones, esfuerzo y lucha. Estas cosas que son difíciles a los hombres para Dios son muy fáciles. La oración se va haciendo sola. Y así de repente amaremos a Dios, cuando la jaris gracia increada nos habrá ensombrecido. Si amamos mucho a Cristo la oración se hace sola. Cristo estará siempre en nuestra mente y en nuestro corazón.

Pero para que podamos permanecer en esta situación o estado y no perderla, se necesita έρως eros divino (amor ardiente), hace falta agapi divina y ardiente a Cristo. El eros se dirige hacia un ser superior. El amado, el Dios, anhela al que ama y quiere que llegue al amado. Dios que ama al hombre con amor desinteresado.

La agapi-amor a Dios es superior, cuando se expresa con gratitud. Es necesario amar, pero no como un deber, sino como la necesidad de comer. Muchas veces nosotros nos acercamos a Dios por necesidad a tocar y sentir, porque nada de nuestro alrededor no agrada ni alivia y sentimos desierto, soledad o vacío.

Para que venga Cristo en nuestro interior, es necesario que nuestro corazón esté limpio.

La divina χάρις jaris gracia (energía increada) nos enseña nuestro deber. Para atraerla, se requiere agapi, anhelo. La jaris gracia increada de Dios quiere el divino έρως eros (amor ardiente). La agapi es suficiente para llevarnos al estado adecuado de “forma” para la oración. Cristo vendrá solo y se asombrará en nuestra psique-alma, basta que encuentre algunas cositas que Le agraden; buena voluntad libre, humildad y agapi. Sin estas no podemos decir «Κύριε Ιησού Χριστέ, ελέησόν με Kirie Iisú Jristé eleisón me Señor Jesús Cristo compadécete de mí, eleisón me».

Tomemos, por ejemplo, una radio. Cuando tenemos la antena hacia el punto “x1”, digamos, donde se encuentran la mayoría de los transmisores radiofónicos, la emisión de la emisora se escucha mejor. En el punto “2” no hay tantos transmisores y se escucha algo menos. En el punto “3” no se escucha bien. Lo mismo sucede con la conexión y comunicación con Dios y con la conexión con lo divino. Cuando la psique-alma está orientada hacia el punto “x1” la conexión y comunicación es muy buena, pero, esto, por supuesto se debe a dos condiciones básicas; a la agapi y a la humildad. Con estas condiciones la psique-alma conecta y se comunica con Dios, escucha Su voz, recibe Su logos, toma fuerzas y jaris gracia divina, y se metamorfosea (transforma); se dirige suavemente hacia Dios, se dilata su corazón y se regocija. Cuando hay menos agapi y humildad –posición 2- la comunicación con lo divino es menos efectiva; y cuando la psique toma la posición “3”, no hay buena o casi ninguna conexión y comunicación, porque está llena de pazos, resentimientos, odios, enemistades y no puede elevarse.

Para que Cristo venga en nuestro interior, cuando Le invocamos con el «Κύριε Ιησού Χριστέ, ελέησόν με Kirie Iisú Jristé eleisón me Señor Jesús Cristo compadécete de mí, eleisón me», nuestro corazón debe estar limpio, sin impedimentos, libre de odio, de egoísmo y maldad. Debemos amarle para que nos ame. Pero si hay y persiste algo negativo o malo en nuestro interior, también hay un secreto. Y el secreto está en pedirle perdón o comentarlo a nuestro guía espiritual, pero esto requiere humildad. Si corriges tus errores aplicando los logos de Dios y no tienes remordimientos de conciencia y tienes calma y haces obras buenas, entras en la oración suavemente, sin darte cuenta. Después simplemente esperas pacientemente poco a poco hasta que venga la jaris gracia divina.

En cada cosa que os suceda, en cada situación, asumid vuestra responsabilidad en lugar de culpar a otros. Orad con humildad y evitad auto-justiciarse o no auto-justificarse. ¿Observáis, por ejemplo, rivalidad o antagonismo hacia alguien? Vosotros oración con agapi, infundid la agapi en el antagonismo y la rivalidad. ¿Habéis escuchado calumnia? Orad. Prestad atención, ya que “el oído de la envidia escucha todo, no queda desconocido ni oculto ni el más mínimo murmullo en su contra” (Sabiduría Salomón 1,10). Evitad, pues, murmullos inútiles y guardad vuestra lengua de condenas. Porque ni la expresión más oculta quedará sin consecuencias, atrayendo malestar psíquico. Una boca que emite mentiras, odios, envidias, rivalidades etc., llevará a la muerte (espiritual) a la psique-alma.

Debemos pedir a Dios que se haga Su voluntad en nuestra vida.

Nuestras oraciones no son escuchadas porque no somos dignos. Debemos volvemos dignos para poder orar. No somos dignos porque no amamos a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Lo dice el mismo Cristo: “Si, pues, traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda” (Mt 5, 23-24). Debes reconciliarte primero con tu hermano y perdonar para ser digno. Si no haces esto, no puedes orar. Si no eres digno, no puedes hacer nada. Cuando arregles y taches todas las cuestiones pendientes y estés listo, entonces vas y ofreces tu ofrenda o regalo.

Dignos se hacen los que desean y anhelan ser de Cristo, aquellos que se entregan a la voluntad de Dios. No tener ningún deseo propio tiene un gran valor; es todo. El esclavo no tiene ningún deseo propio. El no tener ningún deseo propio puede hacerse de manera suave, con agapi-amor a Cristo y aplicando Sus logos-mandamientos. «El que cumple mis mandamientos/logos y los tiene interiorizados, ése es el que me ama; y al que me ama, lo amará mi Padre y yo también lo amaré y me apocaliptaré-revelaré a él, mediante la iluminación interior por la energía increada» (Jn 14,21). Requiere esfuerzo y lucha. Tenemos que luchar “contra los soberanos de las tinieblas de este siglo” (Ef 6,12). Tenemos que luchar “contra el león rugiente” 1Ped 5,8). No es permitido en nuestra lucha que consiga sus propósitos el polifacético diablo.

Esto requiere lágrimas, metania, arrepentimiento, oración, misericordia, súplica con la confianza en Cristo, no poca fe e incredulidad. Solo Cristo puede sacarnos del yugo de la soledad. Oración, metania, arrepentimiento y misericordia. Da aunque sea un vaso de agua si no tienes dinero. Y debes saber que cuanto más te santificas, más se escuchan tus oraciones.

No debemos chantajear a Dios con nuestras oraciones. No debemos pedir a Dios que nos libere de algo, una enfermedad, etc., o que resuelva nuestros problemas, sino pedir fuerza y fortaleza de Él para soportarlo. Como Él golpea con suavidad y amabilidad la puerta de nuestra psique-alma, así también debemos pedirlo amablemente, lo que deseamos, y si el Señor no responde, debemos dejar de pedirlo. Cuando Dios no nos da algo que pedimos persistentemente, tiene Su razón. Dios también tiene Sus “secretos”. Ya que creemos en Su providencia buena, ya que creemos que Él sabe todo sobre nuestra vida y siempre quiere el bien, ¿por qué no confiar? Oremos con sencillez y suavemente, sin pasión ni chantaje. Sabemos que pasado, presente y futuro, todo es conocido delante de Dios. Como dice el Apóstol Pablo, no hay criatura alguna que esté oculta ante el invisible Dios, sino que todo está desnudo y descubierto a los ojos de aquel a quien debemos un día dar cuenta” (Heb 4,13). No insistamos; el esfuerzo hace daño en lugar de bien. No persigamos para obtener lo que queremos, sino dejémoslo en la voluntad de Dios. Porque cuanto más lo perseguimos, más se aleja. Así que paciencia, fe y tranquilidad. Y si lo olvidamos, el Señor nunca olvida, y si es para nuestro bien, nos dará lo que necesitamos y cuando lo necesitemos.

Debemos pedir en la oración solo la salvación de nuestra psique-alma. ¿No dijo el Señor: “Buscad, pues, primeramente el reinado de la realeza increada y la justicia/virtud que Él quiere de vosotros, y todos estos bienes terrenales os serán añadidos junto con los incalculables bienes de la realeza increada de los cielos”? (Mt 6,33). Fácilmente, muy fácilmente puede Cristo darnos lo que deseamos. Y observad el secreto. El secreto es ni siquiera tenerlo en mente para pedir algo específico. El secreto es pedir nuestra unión con Cristo de manera desinteresada, sin decir ‘dame esto, aquello…’. Basta con decir, “Señor Jesús, compadécete de mí”. No es necesario que Dios reciba información de nosotros sobre nuestras diversas necesidades. Él las conoce mucho mejor que nosotros y nos brinda Su agapi-amor. El asunto es responder a ese agapi-amor con oración y aplicar Sus mandamientos. Pedir que se haga la voluntad de Dios; eso es lo más beneficioso, lo más seguro para nosotros y para aquellos por quienes oramos. Cristo nos dará todo ricamente. Cuando hay aunque sea un poco de egoísmo, no se puede lograr nada.

Debemos acercarnos a Dios solos con suavidad y sencillez en el corazón.

Cuando mantenemos con Cristo una relación de absoluta confianza, somos felices tenemos χαρά jará alegría, la jará-alegría del Paraíso; este es el secreto. Entonces, como san Pablo, clamamos: Además para mí toda mi vida es Cristo, ya que vivo en Cristo y Cristo vive en mí. Pero si muero también es ganancia para mí, porque así volaré hacia el cielo en plena comunión y unión con Cristo” (Fil 1,21) y: “Estoy crucificado con Cristo; y ya no vivo yo el viejo hombre natural, sino que es Cristo el que vive en mí. Mi vida presente, la que ahora vivo en la fe en el Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo a la muerte cruciforme por mí, para mi salvación (Gal 2,20). ¡Oh, qué es esto! ¡Locura! ¡Locura divina! Todas estas cosas se hacen suavemente y con sencillez.

Debemos buscar a Dios solos, con simpleza y sencillez. ¿Qué dice el sabio Salomón? Se necesita sencillez. “Ámense la justicia, ustedes los hombres de la tierra, piensen correctamente acerca del Señor y búsquenlo con sinceridad de corazón, porque él se deja encontrar por aquellos que no lo tientan, y se muestra a sí mismo a aquellos que no desconfían de él» (Sab Sal 1, 1-2). La sencillez es la divina humildad, es decir, tener confianza absoluta en Cristo; entregar a Cristo toda nuestra vida. Decimos en la Divina Liturgia: “…toda nuestra vida entregarla a Cristo nuestro Dios”, y en otro punto: “A ti entregamos toda nuestra vida, oh Soberano filántropo (amigo del hombre), y te suplicamos y te rogamos” (Divina Liturgia de san Crisóstomo).

Hace un tiempo, un obispo vino a hablar conmigo. Mientras recitábamos la oración, le pregunté:

-¿Qué quiere decir que oremos “en sencillez del corazón?

-Con sencillez, simpleza.

-¿Lo entiendes esto, venerable?

-Sí, lo entiendo.

-Eh, yo no lo entiendo, es misterio; esto se hace sólo con la divina jaris gracia increada.

-Ah, yo tampoco lo entiendo, me dice. Gracias por señalarme que solo mediante la divina jaris se comprende y se alcanza la sencillez y la simpleza.

Así debéis luchar en la vida espiritual, de manera sencilla y suave, sin presión, ni tensión, tampoco dureza o violencia. Lo suave y sencillo son formas de vivir la vida espiritual, ya que no se puede aprender externamente, de ninguna manera. Debe entrar místicamente, de manera secreta en tu interior, para que tu psique-alma abrace esta manera con la jaris gracia increada de Dios. Sin embargo, muchas veces, mientras intentamos lograrlo, el adversario se da cuenta y nos impide. Debéis aplicar el principio de “que no sepa tu izquierda qué hace tu derecha” (Mt 6,3).

Cuando quieres forzar o chantajear lo divino, no viene. Vendrá “el día que no lo esperas y la hora o momento que no conoces” (Mt 24, 50 y Luc 12,46). Tal y como me ha sucedido en la Isla de Patmos (ver pag 520).

Cuando se pierde la divina jaris gracia (energía increada), no hagáis nada. Continuar vuestra vida y vuestra lucha de manera sencilla y suave, hasta que, sin ansiedad ni agonía, la agapi, el eros divino (amor ardiente) y el anhelo a Cristo regresen. Y entonces todo va bien, y la jaris os colma y os alegráis. Uno de los secretos es las participación en los divinos oficios; entregaos a ellos y la χάρις jaris gracia (energía increada) de Dios vendrá.

La llave para la vida espiritual es la oración cordial o de Jesús

Oren a Dios con las manos abiertas. Este es el secreto de los santos. Tan pronto como abrían sus manos, la jaris gracia divina los visitaba. Los Padres de la Iglesia consideran y utilizan la monológica oración cordial como más efectiva: «Κύριε Ιησού Χριστέ, ελέησόν με Kirie Iisú Jrité eleisón me Señor Jesús Cristo compadécete de mí, eleisón me”. La clave para la vida espiritual es esta monologa oración. Esta oración no la pueden enseñar, ni los libros, ni un yérontas, ni una maestro, ni nadie. El único maestro es la divina χάρις jaris gracia (energía increada). Si les digo que la miel es dulce, es líquida, es así y asá, no entenderán a menos que lo prueben. Lo mismo ocurre con la monologa oración del corazón. Si les digo, ‘es así, lo sientes de esta manera, etc.’ no entenderán ni orarán, “sino en y por el Espíritu Santo” (1Cor 12:3).

Solo el Espíritu Santo, solo la jaris gracia increada de Dios, puede inspirar la oración. No es difícil decir la monologa oración del corazón o cordial o de Jesús; pero no podéis decirla correctamente porque vuestro antiguo hombre patalea dando coces. Si no entráis en la atmósfera de la jaris gracia increada, no podrán hacer la oración cordial. Tan pronto como escuchan una palabra ofensiva, ¿se entristecen? Y tan pronto como les dicen algo bueno, ¿se alegran y brillan? Con esto, muestran que no están listos, que no tienen las condiciones. Para que venga la jaris gracia divina, deben adquirir las condiciones, la agapi-amor y la humildad; de lo contrario, se crea una reacción. Para entrar en este “estado de forma”, comenzareis con la obediencia. Deben entregarse a la obediencia primero, para que venga la humildad. Al ver la humildad, el Señor envía la jaris gracia divina y luego viene la oración sola, sin esfuerzo. Si no hacen obediencia y no tienen humildad, la oración no viene y hay miedo al engaño. Prepárense lentamente, suavemente, y hagan la oración en vuestros corazones o nus con su mente. Lo que está en el nus con la mente está también en el corazón.

Cuando llega la jaris divina, pronuncias el nombre “Cristo” y el nus se colma, el corazón también se llena.

Sólo con la divina jaris gracia puedes orar. Ninguna oración se puede hacer sin la divina jaris. Recordad las palabras de la Sabiduría Sirac: “Porque en la sabiduría se pronunciará la alabanza, y el Señor lo bendecirá y dirigirá por el camino correcto” (Sab Sir 15,10). Es decir, sólo el que posee la divina sabiduría-sofía puede alabar adecuadamente a Dios. Y el Señor concede la jaris gracia solo para esto. Cuando llega la jaris, cuando llega la agapi, dices el nombre “Cristo” y tu nus y corazón se llenan, se colman. Esta agapi, este anhelo tiene también grados. Vivir esta agapi significa desear adquirir cosas espirituales, incluso en los sueños. Todo lo haces dentro de la agapi; te mueves a través de la agapi; haces todos los esfuerzos por agapi a Dios; sientes la agapi de Dios por gratitud sin esperar obtener algo más. Tiene mucho valor decir la oración cordial o del corazón con ternura y suavidad de la psique-alma, con agapi y anhelo, hará que no te parezca cansina; como cuando dices: “madre mía… padre mío” y sientes pleno descanso.

Por lo tanto, para adquirir la oración cordial, del corazón o de Jesús, nada de forzamiento, nada de presión y tensión, no hay que hacer nada de todo esto. No pensar, “lucharé para adquirir la oración y ganar el Paraíso”. No se debe pensar que ganarás cien veces más en el cielo. Pronunciar la monologa “oración cordial” sin cálculos, sin pensar en intereses propios, no con la intención de ganar algo. Y si haces mil prosternaciones para entrar al Paraíso, no tiene valor. Hacerlo por agapi incluso si Dios quisiera ponerte al infierno, que haga lo que quiera. Esto significa y es desinterés propio. No tiene valor hacer cien prosternaciones y no sentir nada. Haz 15-20 pero que se hagan con conciencia y agapi al Señor y para mejorar  en el cumplimiento de los mandamientos-logos. Así poco a poco los pazos se van, los pecados retroceden y suavemente sin presionarnos, entramos en la oración. Si estás vacío, lo que significa que no tienes agapi, aunque hagas prosternaciones y la oración cordial, no haces nada. Y cuando por cualquier causa entras en katánixis (compunción, dilatación del corazón), no pierdas la ocasión de decir la monologa oración cordial y así poco a poco, se convertirá en una vivencia, un hábito y una experiencia de vida. A medida que avanzas, lo que escuchas en el nus no es el pensamiento de la oración, sino algo diferente. Es algo que sientes en tu interior, pero sin que tú hagas algún intento. Este “algo” es la divina jaris gracia que te regala Cristo.

La κατάνυξις katánixis (compunción, dilatación del corazón) es un pazos divino, una pasión sagrada. Todo lo explico con la santa Escritura: “Pero uno de los soldados le pinzó y atravesó entre las costillas con una lanza, e inmediatamente salió sangre y agua pura” (Jn 19,34). Le pinchó con la lanza, y le hizo una herida. Esta raíz tiene la palabra κατάνυξις katánixis, del verbo “νύττω nito, κατανύττω katanito” que significa que estoy herido por la agapi a Dios. Lo dice allí en el Cantar de los Cantares: “Yo os conjuro, oh hijas de Jerusalén, si encontráis a mi amado, decidle que estoy profundamente herida de agapi-amor y desfallezco” (As As 5,8). Es decir,  la novia que busca al Novio Cristo, dice que está profundamente herida por su agapi hacia Él.  ¿Cómo viviré sin Él? Sufro profundamente cuando Él está lejos de mí. Por tanto κατάνυξις katánixis es dolor profundo; un Pazos divino, una Pasión sagrada.

Tomemos una imagen de las cosas humanas. El enamorado no puede vivir alejado de la persona amada, no hace falta que traiga la persona desde el nus con la mente al corazón, sino que apenas vea la amada, el corazón sobresalta, brinca de emoción. Cuando está lejos y la piensa, de nuevo salta su corazón. No hace falta hacer ningún esfuerzo. Lo mismo sucede con Cristo. Pero, por supuesto que allí está presente todo lo divino, el eros divino, la divina agapi, no la carnal. Está serena, en calma pero también entonada, más profunda. Y tal como en la agapi física, donde no ves la persona amada, sufres, así aquí también sufres. Pero también cuando estás con la persona amada, sufres por amor y te brotan lágrimas, igualmente aquí sufres por agapi y, sin darte cuenta, brotan lágrimas de agapi-amor, de katánixis (compunción o dilatación del corazón) y de alegría. Pero no siempre las lágrimas son una indicación; a menudo son resultado de debilidad femenina.

De manera suave debemos poner en nuestro nus (espíritu del corazón) a Cristo diciendo la monologa oración cordial

«Κύριε Ιησού Χριστέ, ελέησόν με Kirie Iisú Jristé eleisón me Señor Jesús Cristo compadécete de mí, eleisón me”.

La oración noerá (con el nus, espíritu del corazón de la psique) o del corazón o de Jesús se realiza solo por aquel que ha arrancado y obtenido la χάρις jaris (gracia, energía increada) de Dios. No debe hacerse con el pensamiento de «aprenderla, dominarla, alcanzarla», porque podemos caer en el egoísmo y el orgullo. Se necesita experiencia, anhelo, pero también sensatez, atención y prudencia para que la oración sea pura, lúcida y agradable a CristoDios. Un pensamiento como el «soy avanzado» lo arruina todo. ¿De qué podemos enorgullecernos? No tenemos nada propio. Estos temas son delicados y sutiles.

Oren sin formar imágenes o fantasías en sus mentes. No imaginen a Cristo. Los Padres enfatizaban mucho el estar sin imágenes en la oración. Con la imagen, hay resbalones, ya que en la imagen puede interceder otra imagen. Incluso el astuto maligno puede hacer intrusiones y perderemos la jaris gracia divina.

Que la oración se realice internamente con el nus y no con los labios, para no crear disgregación, división y así el nus vaya de un lado a otro. Con un modo suave, debemos poner a Cristo en nuestro nus o corazón, diciendo suavemente:

«Κύριε Ιησού Χριστέ, ελέησόν με Kirie Iisú Jristé eleisón me Señor Jesús Cristo compadécete de mí, eleisón me”,

Que no piensen en nada más, solo en las palabras «Señor Jesús Cristo, compadécete de mí». Nada más. Con calma, con los ojos abiertos para no correr peligro de fantasías y engaños, con atención y dedicación, diríjanse hacia Cristo. Reciten la “oración cordial” de manera suave y no forzosamente, sino cuando haya buena disposición y una atmósfera de katánixis (compunción, dilatación del corazón) y recogimiento, que es un regalo de la jaris gracia divina. Sin la jaris, se autoengañarán y pueden caer en luces falsas del maligno, engaños y extravíos.

No permitan que la oración se vuelva forzada. La presión puede generar una reacción en nuestro interior y causar daño. Muchos han enfermado por esta oración porque la hicieron bajo presión. Algo sucede, por supuesto, incluso cuando se hace forzada, pero no es saludable.

No utilicen métodos artificiales. No se necesita un pequeño taburete, ni inclinación de la cabeza, ni cierre de los ojos, ni ninguna posición especial.

Dicen muchos: «Siéntate en un pequeño taburete, inclínate y concéntrate».

Pero ¿dónde…? Probarlo y veréis. No es necesario concentrarse especialmente para decir la oración del corazón. No se necesita ningún esfuerzo cuando tienes divino έρως eros (amor ardiente). Donde sea que te encuentres, en un taburete, en una silla, en un automóvil, en todas partes, en la calle, en la escuela, en la oficina, en el trabajo, conduciendo, puedes decir la oración: «Señor Jesús Cristo, compadécete de mí», suavemente, sin presión, sin tensión ni apretón. No te ates al lugar. Todo está en el έρως eros (amor ardiente) a Cristo. Si tu psique-alma repite con devoción, con anhelo las cinco palabras, «Señor Jesús Cristo, compadécete de mí», nunca te saciarás. ¡Son palabras inagotables e insaciables! Decirlas durante toda vuestra vida. ¡Esconden tantos zumos divinos!

Ten el nus dirigido a Dios, y el corazón sobresalta espontáneamente de alegría.

Permítanme compartirles una experiencia reciente que tuve hace unos días. Vino aquí en Aghion Oros Athos un monje yérontas que se dedica a la oración cordial o de Jesús. Me preguntó:

-¿Cómo realizas la monologa oración de Jesús? ¿Te sientas en un taburete bajo, giras la cabeza y te concentras?

-No. En mi nus digo “Señor Jesús Cristo, compadécete de mí, eleisón me… Señor Jesús”, así lo hago dentro de mi nus con la mente y estoy atento sólo en las palabras.

– Yéronta, no estás expresando las cosas correctamente; estás hablando de manera engañosa. El nus debe estar en el corazón, por eso se llama “oración cordial”.

– Permíteme decirte algo más. En ocasiones de tentación, llevaba mi nus a la icona de Cristo Crucificado, con los pies clavados y sangrando, con la corona de espinas pinchando la cara, y yo arrodillado a Sus pies, Le decía: «Señor Jesús Cristo, compadécete de mí, eleisón me».

-¿Y no ponías tu nus en el corazón?

-No, le respondí.

Estás en un engaño grande, me dijo: El nus debe estar en el corazón, por eso se llama «oración cordial o del corazón». ¡Grave error, engaño grande!”

-Después hizo como si se marchara.

-Y le dije al monje, yéronta: escucha lo que te voy a decir. Allí cuando digo la oración cordial (o de Jesús), alguna vez mi jará-alegría se fortalece y cuando mi alegría se fortalece diciendo “Señor Jesús Cristo…», siento que el nus sobresalta dentro de mi corazón. Es decir, siento mi nus caer en el corazón y allí siento una jará-alegría, diciendo la oración. Empiezo con el nus de manera intelectiva y luego el nus se va sólo al corazón, cuando llega la alegría.

-¡Ah, así es, eso es! Me dijo. Perdóname porque he dicho que era un engaño.

El nus está allí donde piensa. El corazón no piensa. El nus bebéis tenerlo a Dios y el corazón sobresaltará espontáneamente de alegría; se regocijará, se compungirá y se dilatará. Para venir Cristo al corazón, debéis amarLe. Para amarle, Él debe amaros primero. Debe primero Él conoceros y después vosotros. Se asombrará también Él, si primero vosotros se lo pedís. Para que os ame, debéis ser dignos. Para ser dignos debéis hacer preparación.

En primer lugar, debéis ser desinteresados, alejados del interés propio egoísta. La oración debe ser desinteresada. Todo se realiza de manera mística, secreta y desinteresa. Es decir, no pensar que, si os concentráis con vuestro nus, la jaris gracia (energía increada) vendrá también en el corazón y tendréis sobresaltos. No debéis orar de esta manera sino con sencillez y humildad. Aspirar siempre la doxa-gloria (luz increada) de Dios. ¡Os he hablado sobre el ruiseñor! Él ora sin que nadie lo vea. Así debéis ser vosotros, desinteresados. Entregarse a la devoción y culto a Dios de manera mística, en silencio y en secreto.

¡Pero tened cuidado! Como dijimos, “que tu mano derecha no sepa lo que hace la izquierda”. No dejes que tu sí mismo malo lo sepa. Vivir el Paraíso y el nuestro sí mismo el malo no lo sepa y os envidie. No olvidéis que existe también la envidia del adversario.

Aún, la preparación es aprender a aplicar y cumplir los mandamientos-logos de Dios. Expulsar los pazos pasiones, condenas, juicios, ira, odio etc., de una manera suave y gentil. Es decir, no enfrentarse directamente al mal, sino despreciando el pazos girando hacia Dios. Dedicaos a los himnos, los troparios (cantos divinos) de los santos/as, de los mártires y los salmos de David. Estudiar la Santa Escritura y los santos Padres de la Iglesia. De esta manera vuestra psique-alma se suavizará, se santificará, se divinizará y estará preparada para escuchar los mensajes de Dios.

Poco a poco os irá visitando la jaris gracia (divina energía increada); entraréis en la jará-alegría. Comenzaréis a vivir la paz y, al hacerlo así, os haréis más fuertes con la divina jaris. No os estaréis enfadando, enojando, condenando, criticando mal, no tendréis mal humor, ni malos entendidos, aceptaréis todo con agapi (amor desinteresado, incondicional). Obtendréis aquello que dice el Apóstol Pablo: “La agapi-amor aleja la ira, es magnánima, paciente, y tolerante; la agapi no tiene envidia, no es presumida, ni se infla de orgullo y prepotencia, no hace nada feo e indebido, no es grosera ni egoísta y no busca sus intereses, no piensa mal para su prójimo y ni tiene en cuenta el mal del otro, no se irrita; La agapi-amor no se alegra por la injusticia; se alegra y goza cuando domina la verdad, todo lo disimula, sufre y aguanta, todo lo cree, todo lo espera con paciencia, todo lo tolera. La agapi-amor jamás decae y nunca falla, sino que permanece estable y eterna. Pero, las profecías que hay ahora como dones del Espíritu Santo desaparecerán, las lenguas cesarán, las gnosis, conocimientos y las ciencias de los hombres caducarán, vendrá tiempo que no serán útiles” (1Cor 13, 4-8). La “oración cordial o de Jesús” hace la catarsis y limpia la psique-alma y detiene al nus con su mente. La obra más perfecta se realiza en las profundidades abismales de la psique-alma humana, que están herméticamente cerradas y sólo son conocidas por Dios. Así vemos algo conmovedor, sensacional: seres humanos que se transforman en hijos de Dios, incluso cuando hayan alcanzado las profundidades de su auto-destrucción y auto-catástrofe.

Y yo el pobrecito, soy un trasto, este intento hago. No me manifiesto abiertamente en las oraciones, sino que oro de manera mística y secreta. ¿Lo entendéis? Viene la jaris gracia divina y también les envuelve a ustedes. Da una frescura, una jaris también a todos nosotros, que estamos aquí, que comemos juntos, que oramos juntos y nos relacionamos de manera sencilla. ¿Lo han entendido? Sólo un imprudente, alguien “duro de corazón”, a quien la oración no ha podido conmover, permanece ajeno de la jaris gracia divina. Oren para que Dios os revele las cosas desconocidas. Hay muchas cosas que desconocemos. Díganle a Cristo: “Lo que Tú quieras, lo que Tu agapi quiere, Señor”. Él os guiará; en Él deben poner sus miras.

La “oración cordial” no se hace sin un guía espiritual.

Para dedicarse exclusivamente a la «oración cordial» o de Jesús, es necesario contar con la dirección de un guía espiritual. La “oración cordial o del corazón” no se puede hacer sin la guía de un maestro espiritual. Existe el riesgo de que la psique-alma se desoriente, se extravíe y sea engañada. Es crucial prestar atención, ya que el guía espiritual enseñará cómo entrar en orden para la oración y evitar peligros como ver luces opuestas, vivir en engaño, oscurecerse y experimentar cambios agresivos en el comportamiento, etc. Esto podría dar lugar a la división y el conflicto de la personalidad.

¿Han observado cómo se gesta el engaño? Sin embargo, al avanzar en la oración cordial siguiendo los consejos del Yérontas, podrán vislumbrar la verdadera luz (increada).

El guía espiritual debe tener experiencia en la “oración cordial”. No puede enseñar a otros cómo orar si lo hace mecánicamente y no ha experimentado la oración con la jaris gracia de Dios. Lo expresará, por supuesto, basándose en lecturas y en las enseñanzas de los Padres. Aunque se han escrito muchos libros completos sobre la oración, muchos los leen sin comprender cómo orar. Podrían afirmar: “Los leemos, aprendemos la forma, nos preparamos, y Dios nos bendice y nos envía Su jaris gracia, y así comprendemos”. Sí, pero es un misterio. La oración y, sobre todo, la monologa “oración cordial”, es un misterio.

Se puede crear una terrible confusión y engaño con la “oración cordial”. Las otras oraciones las hacemos de alguna manera con nuestra diania mente (cerebro, intelecto). Simplemente las decimos y nuestros oídos las escuchan; tienen otra forma. Pero la monologa “oración cordial” es algo distinto. Es algo diferente que si en esta oración cordial la inclinación no proviene del buen yo sino del otro, el egoísta, seguramente empezarán a vislumbrarse luces, no la luz (increada) de Cristo, más bien, comenzarás a sentir una alegría falsa. Pero en tu vida y en tus relaciones, serás más salvaje, iracundo, ansioso y enojado. Bueno, aquí está la característica de aquel que está perdido y engañado. El engañado no reconoce ni acepta su engaño y perdición. Está obsesionado, fanatizado y actúa de manera perjudicial. Como sucede con los celosos, pero con celos no conscientes. Permitan que les comparta un ejemplo.

El Yérontas Macario el Egipcio, una vez asistió a una fiesta con su subordinado, quien iba delante. Aún siendo un principiante, tenía el celo o entusiasmo del aprendiz. Mientras caminaba el aprendiz, pues, encuentra a un idólatra que era sacerdote de los ídolos. Le habló mal, diciendo:

-A dónde vas, engañado.

Entonces aquel idólatra se enfadó, le pegó y le dejó casi inconsciente.

Después de un rato se encontró con el Yérontas. El Abad Macario, como era teoforo portador de Dios, cuando vio al idólatra en ese estado perturbado, le preguntó:

-Hombre de Dios, ¿a dónde te diriges?

Al escuchar estas palabras, el idólatra se calmó, se detuvo y respondió:

-Tu logos me ha suavizado y endulzado.

-Sí, dice el padre Macario-, veo que estás corriendo, pero no sabes hacia donde corres.

Pero lo dijo de manera humilde, cordial y fraternal.

Dice el idólatra:

-Tus palabras, cuando hablas, abren mi corazón, mientras que otro aquí, hace un rato, me dijo cosas opuestas y lo golpeé.

San Macario le habló tan bellamente, que poco a poco aquel hombre cambió su fe, se convirtió en monje y se salvó. Transmitió de manera buena y positiva el espíritu bueno, la energía increada, e impactó la psique-alma del idólatra. Mientas que el otro, el obediente, transmitió espíritu iracundo y perturbador, reflejando de lo que llevaba en su interior. (Abad Macario: Gerontikón, pag 71).

Por tanto, ya habéis oído y notado qué es el engaño. Cuando tienes a un yérontas o guía espiritual, no corres el riego de ser engañado. Al tener un yéronta teoforo, aprendes los secretos de la oración. Oras con el yéronta y gradualmente entras en la vida espiritual, aprendiendo a orar como él. Él no puede decirte: “haz así y asá…”. Simplemente, observas su ejemplo y lo imitas. Al acercarte al yéronta, él comparte contigo la enseñanza de la «oración cordial». Debes saber que si él no la practica, no te la enseñará. Pero, cuando ha vivido y vive la oración cordial, hay un misterio. El misterio es que tus palabras las escucha el enseñado, pero ve también la manera, cómo su corazón se abre y cómo habla, conecta y se comunica con Dios espiritual e intelectualmente (en contacto consciente con Dios con las palabras). Lo percibe su psique-alma. No sólo esto sino que conecta su psique-alma con la del maestro, y una psique-alma siente la otra. Sientes que estás en un “estado en forma”, cómo esta situación se desarrolla por la divina jaris gracia increada.

Estas cosas no son sencillas. Esto es enseñanza. Porque decimos la oración cordial no se enseña, pero realmente se enseña, cuando viven cerca de alguien que ora genuinamente. Al leer un libro sobre oración, es posible que no entiendas nada. Pero si tienes a tu yérontas cerca que ora, cualquier cosa que te diga la entiendes, la incorporas en tu interior y entras en la oración, y sin entenderlo estás conectando con él. No es el libro, no es una gnosis/conocimiento o saber, es el sentimiento, es la manera, es la apertura y el abrazo.

Y, ¿acaso esto que os comparto no es también una oración? Lo digo desde mi corazón, expresando cómo sentimos este sobresalto y anhelo. Si no es así, ¿cómo se explica que tenemos tanto anhelo?

La inundación de la divina agapi-amor llena la psique-alma de alegría y deleite.

Amemos a Cristo. Entonces, desde nuestro interior, brotará con anhelo, con fervor y con amor divino el nombre de Cristo. Clamaremos Su nombre en secreto, místicamente e incesantemente. Debemos estar delante de Dios con devoción, adoración, humildemente, sobre las huellas de Cristo. Que Cristo nos libere de cada aspecto de nuestro antiguo ser. Supliquemos que las lágrimas lleguen antes de la oración. Pero cuidado: «Que tu mano izquierda no sepa lo que hace tu derecha». Oremos con humildad, contrición y corazón quebrado: «¿Soy digno para que me des este tipo de jaris gracia, mi Cristo?». Entonces, esas lágrimas se convierten en lágrimas de agradecimiento. Me conmuevo; no hice la voluntad de Dios, pero busco Su misericordia.

Oren a Dios con anhelo y agapi-amor, en paz, con mansedumbre, con apacibilidad, suavemente, sin coerción, sin forzar duro. Y cuando decís la oración cordial, “Señor Jesús Cristo compadécete de mí, eleisón me”, díganla lentamente, humildemente, simplemente, con divino έρως eros (amor ardiente). Digan el nombre de Cristo dulcemente. Digan cada palabra, «Señor… Jesús… Cristo… compadécete de mí», suavemente, tiernamente, afectuosamente, en silencio, en secreto, mentalmente, pero con fervor, con anhelo, sin tensión, violencia o énfasis indecoroso, sin apretar ni empujar. ¿Cómo se expresa una madre que ama a su hijo? «Mi niño… mi niñita… mi pequeño… mi querido». Con anhelo. ¡Anhelo! Eso es todo el secreto. Aquí habla el corazón. «Mi niño, mi alma». «Señor mío, Jesús mío, Jesús mío, Jesús mío…» Lo que tienes en tu corazón, en tu mente, eso lo expresas «con todo tu corazón, con toda tu psique-alma, con todas tu fuerza de voluntad y con toda tu mente» (Lc 10,27).

¡Algunas veces es bueno decir fuerte en voz alta el “Señor Jesús Cristo compadécete de mí, eleisón me”, para que lo oigan también los sentidos, que lo escuche el oído! Somos cuerpo y alma y hay interacción.

Sin embargo, cuando te enamoras de Cristo, prefieres el silencio y la espiritual oración cordial. Entonces las palabras cesan. Es la interna quietud, el silencio, que precede, acompaña y sigue a la divina visita, la divina unión y la consolidación, unión de la psique-alma con lo divino. Cuando te encuentras en este estado, no se necesitan palabras. Esto es algo que vives. Algo que no se puede explicar. Solo aquel que vive este estado lo entiende. El sentimiento del amor te inunda, te une con Cristo. Te llena de alegría y deleite, lo que muestra que tienes dentro de ti la divina agapi-amor, el amor perfecto. La divina agapi-amor es desinteresada, simple, verdadera.

La forma más perfecta de oración es la silenciosa. El silencio. «Que toda carne calle». Allí se hace la  θέωσις zéosis (divinización, deificación, unión con Dios). En el silencio, en el misterio. Allí se encuentra la verdadera adoración, el verdadero culto. Pero para vivir, experimentar esto, debes alcanzar ciertas medidas. Entonces las palabras retroceden. Recordaos: «Que toda carne calle». Este modo, el del silencio, es el más perfecto. Así te vuelves divino. Ingresas en los misterios de Dios. No debemos hablar mucho. Dejemos que la jaris gracia hable.

Yo decía: “Señor Jesús Cristo compadécete de mí, eleisón me”, y nuevos horizontes se abrían. Lágrimas de alegría y felicidad rodaban de mis ojos por el amor y el sacrificio cruciforme de Cristo. ¡Anhelo! ¡Aquí se esconde la grandeza, el Paraíso! Porque amas a Cristo, dices estas palabras, estas cinco palabras con anhelo o ansias, con el corazón. Y gradualmente, las palabras desaparecen. El corazón está tan lleno que basta con decir una palabra, «¡Jesús mío!», y finalmente ninguna palabra. La agapi-amor se expresa mejor sin palabras. Pero cuando la psique-alma realmente se enamora del Señor, prefiere el silencio y la “oración cordial”. La inundación del amor divino llena la psique-alma de jará-alegría, regocijo y deleite.

Esta psique-alma antes se había destacado en el Salterio, en las oraciones del libro “Paraklitikí”, en los himnos y escritos del libro “Mensuales”, etc. Ahora las palabras han cesado. Experimenta y vive profundamente la divina humildad. Cristo ha descendido en su interior y siente la voz divina. Está dentro y fuera del mundo, dentro del Paraíso, es decir, en la Iglesia, en el Paraíso increado. Dice Ignacio Brianchaninov:

«La oración del corazón es muy deseable, el silencio del corazón es muy deseable, vivir en el desierto más aislado es muy deseable, porque estas condiciones son particularmente propicias para la oración cordial y el silencio del corazón».

El silencio del corazón significa que nada te distraiga. Vivir solo con Dios.

Dios está en todas partes y llena todas las cosas. Trato de elevarme hacia lo infinito, entre las estrellas. Mi nus con su mente queda abrumado y anonadado en la grandeza de la omnipotencia de Dios, calculando las distancias de millones de años luz. Siento al Dios omnipotente frente a mí y abro mi psique-alma para unirme a Él. Para participar en la divinidad…

En la oración, la intensidad es lo que importa

En la oración, lo importante no es la duración en el tiempo, sino la intensidad. Oren aunque sea por cinco minutos, pero entregados a Dios con amor y anhelo. Puede suceder que alguien ore toda una noche y otro solo cinco minutos, y la oración de los cinco minutos sea superior. Esto es un misterio, pero así es. Escúchenme, hijos míos, les contaré un ejemplo.

Un monje caminaba por el desierto y se encontró con otro monje. Se saludaron.

  • ¿De dónde vienes? -le preguntó.
  • Vengo de la aldea tal.
  • ¿Cómo van las cosas por allí?
  • Tenemos una sequía terrible. Estamos afligidos.
  • ¿Y qué hacen al respecto? ¿Oran?
  • Sí.
  • ¿Ha llovido?
  • No ha llovido.
  • Parece que no oraron con suficiente intensidad.

Hagamos una pequeña oración aquí al Señor para que nos ayude.

Y así, mientras estaban allí, comenzaron a orar. Inmediatamente apareció una pequeña nube que creció, se volvió oscura, descendió abajo y ¡llovió! Llovió mucho. ¿Qué pasó aquí? Hubo una oración intensa, lo significativo fue la intensidad.

«Con fervor y con fuerza», como dice San Macario. San Macario oraba extensamente, con toda su psique-alma, con todo su corazón y con toda su mente. Se había entregado en cuerpo y alma a la adoración o culto con devoción. Puede que levantase la mano así y permanecer seco debido a la fuerte intensidad. Lo mismo ocurre con alguien que pronuncia una maldición y levanta la mano contra alguien y puede transmitir el mal.

Alguien me dijo:

  • Queremos que ores por nosotros.

Le respondí:

  • Oraré con mi corazón, con humildad ante el Señor. Oraré «en coherencia».

Dice:

  • ¿Qué significa «en coherencia».
  • Es decir, una oración consciente, (contacto consciente con Dios a través de la oración) con el nus con la mente concentrada. Aquí tienes un ejemplo: una vez se reunió mucha gente en una plaza y pedían que el profeta David les hablara porque había ocurrido algo importante y toda la multitud gritaba. El profeta salió y les dijo:

«Cantad a Dios, salmodiad;

cantad a nuestro Rey, salmodiad;

porque Dios es el Rey de toda la tierra;

cantad en coherencia» (Sal 46,1).

Se quedó contento y me dijo:

  • ¿Dónde está en las Sagradas Escrituras, voy a buscarlo? ¿Qué salmo es?
  • Creo -le dije- que comienza así:

«Todos los pueblos aplaudan con las manos, aclamen y glorien a Dios con voces de alegría…» (Sal 46,1).

El hombre de Cristo lo hace todo oración.

Todos nuestros problemas, materiales, corporales, todo lo encomendamos a Dios. Como decimos en la Divina Liturgia, “… y toda nuestra vida entreguémosla a Cristo Dios”. Lo que Tú quieras Señor, “….hágase Tu voluntad, igual que en el cielo también en la tierra”.

El hombre de Cristo lo hace todo a través de la oración. Las dificultades y las tristezas las hace oración. Sea lo que sea que le suceda, inmediatamente comienza: “Señor Jesús Cristo…”. La oración beneficia en todo, incluso en lo más simple. Por ejemplo, si sufres de insomnio, no pienses en el sueño. Te levantas, sales y vuelves a entrar en la habitación, caes en la cama como si fuera la primera vez, sin pensar si dormirás o no. Te concentras, dices la doxología y luego tres veces el “Señor Jesús Cristo…” y así llega el sueño.

Todo con la oración se arregla. Pero debes tener agapi-amor, la llama de la oración. Que no tengas ansiedad sino confianza en la agapi-amor y la providencia de Dios. Todo está en la vida espiritual. Todo se santifica, lo bueno, lo difícil y las cosas materiales y espirituales y todo lo que hacéis, hacedlo por la doxa-gloria de CristoDios. ¿Cómo dice el Apóstol Pablo? “Ya comáis, ya bebáis, hagáis lo que hagáis, hacedlo todo para doxa-gloria de Dios” (1Cor 10,31). Cuando estás en oración todo se hace como debe ser. Cuando tienes la jaris gracia, todo se hace con alegría, sin esfuerzo y cansancio.

Cuando hacemos continuamente oración, Dios cada vez nos estará iluminando, incluso en los momentos más difíciles. Dios lo estará diciendo en nuestro interior. Dios encuentra maneras y formas. Podemos, por supuesto, combinar la oración con el ayuno. Es decir, cuando tenemos un serio problema o dilema, que preceda mucha oración y ayuno. Yo también así hacía muchas veces. De nuevo cuando tenemos peticiones sobre el mundo, decirla místicamente, secretamente; con la oración que se hace “a escondidas, en secreto” (Mt 6,6) y no se ve.  Mucha preocupación no facilita la oración. Dejad los teléfonos, las comunicaciones y muchas palabras con los hombres. Si el Señor no ayuda, ¿qué van hacer nuestros intentos? Por tanto, oración, y oración con agapi-amor desinteresado. Mejor ayudamos desde lejos con la oración. Los ayudamos de la mejora manera y la forma o modo más perfecto.

Cuando oramos por los demás, decir:

«Κύριε Ιησού Χριστέ, ελέησόν με Kirie Iisú Jristé eleisón me Señor Jesús Cristo compadécete de mí, eleisón me».

Oremos por la Iglesia, por todo el mundo, por todos. Toda la Cristiandad está inmersa en la monóloga “oración cordial o del corazón o de Jesús”. Si oráis sólo por vosotros mismos, esconde interés propio, es egoísmo. Pero cuando oráis por la Iglesia también estáis incluidos. En la Iglesia, Cristo está unido no solo con la Iglesia, sino también con el Padre y el Espíritu Santo. La Santa Trinidad y la Iglesia son uno. Vuestro anhelo debe estar en la santificación del cosmos-mundo, que se conviertan todos en Cristianos. Así, entráis en la Iglesia, vivís la jará-alegría del Paraíso, a Dios, porque toda la plenitud de la Deidad habita en la Iglesia.
Todos somos un cuerpo con Cristo como cabeza. Todos somos parte de la Iglesia. Nuestra Fe Ortodoxa tiene esta grandeza que une al mundo espiritualmente. El poder de la oración es enorme, muy grande, especialmente cuando es realizada por muchos hermanos. En la oración común, todos se unen. Debemos sentir al prójimo como a nosotros mismos. Esto es nuestra vida, nuestra alegría, nuestro tesoro, nuestro deleite. Todo es fácil en Cristo. Cristo es el centro; todos convergen hacia el centro y se unen en un solo espíritu y un corazón. Algo así sucedió en Pentecostés. Cuando todos están en audiencia la misma hora o momento, en el mismo lugar recitando el Salterio y todas las lecturas, se unen en audiencia por la χάρις jaris gracia (energía increada) de Dios, porque esto que dice el lector, lo escuchan y participan todos. La fuerza de todos se multiplica, como si vieran una cosa bella y lo miran todos con anhelo. Pues, la vista de ellos que se mezcla con esta belleza, los une. Por ejemplo, la liberación de Pedro de la cárcel: “Mientras Pedro estaba de este modo custodiado en la cárcel, toda la Iglesia oraba continuamente por él a Dios” (Hech 12,5). Esta oración rompió las cadenas y sacó a Pedro de la cárcel.

La agapi-amor y la adoración a Dios, el anhelo, la unión con Dios, la unión con la Iglesia, son el Paraíso en la tierra. Si arrancamos y atraemos la jaris gracia divina, todo es fácil, alegre y bendición de Dios. Encuéntrame alguna religión que hace al hombre perfecto y feliz. ¡Y esta grandeza es una lástima que no la entendamos!

Cuando enfrentamos algún problema, ya sea nosotros mismos o alguien más, debemos pedir oraciones también a otros y todos debemos rogar a Dios con fe y agapi-amor. Estén seguros de que Dios se complace en estas oraciones e interviene haciendo milagros. Esto no lo hemos entendido bien. Lo tomamos tan simple y decimos: «Reza por mí».

Debéis orar más por los demás que por ustedes mismos. Dirán: «Señor Jesús Cristo compadécete de mí, eleisón me», y siempre tendrán a los demás en vuestro interior. Todos somos hijos del mismo Padre; somos uno; por eso, cuando rezamos por los demás, decimos: «Señor Jesús Cristo compadécete de mí, eleisón me» y no «ten piedad de ellos». Los hacemos uno con nosotros mismos.

La oración por los demás que se hace suavemente y con profunda agapi, es desinteresada no egoísta y tiene un beneficio espiritual muy grande. Gratifica, llena de jaris al que ora, pero también gratifica a aquel por el que se está orando.

Cuando tienen un gran amor y ese amor os lleva a la oración, las olas de su amor afectan a la persona por la que estáis orando y crean a su alrededor un escudo protector, lo influencian y lo guían hacia el bien. Viendo su esfuerzo, Dios da generosamente Su jaris gracia tanto a ustedes como a esa persona. Pero debemos morir a nosotros mismos. ¿Entendéis?

Vosotros os entristecéis cuando los demás no son buenos, mientras que debéis dedicar a oraciones para que venga lo deseado por la jaris gracia de Dios. Con vuestra sabiduría, indicáis algo que no es del todo correcto. El secreto es otro, no lo que diremos o señalaremos a los demás. El secreto es nuestra dedicación, nuestra oración a Dios, para que prevalezca lo que debe suceder en nuestros hermanos por la jaris gracia de Dios. Eso es. Lo que no podemos hacer nosotros, lo hará Su jaris gracia.

En mi vida la primera posición la tiene la oración. No temo al infierno y no pienso al Paraíso. Sólo pido de Dios que se compadezca y tenga misericordia de todo el mundo y de mí. Si digo el «Señor Jesús Cristo compadécete de mí, eleisón me», intensamente, incluso cuando tengo gente alrededor, no me aparto de la oración. Es lo mismo, oro, los recibo a todos con el Espíritu de Cristo y estoy bien dispuesto a bendecir y orar para todo el mundo. Intento amar a Cristo. Esta es mi aspiración. A causa de mis muchas enfermedades, no puedo hablar mucho. Sin embargo, me ayuda más la oración que las palabras.

Rezo por vuestros asuntos, pero eso no es suficiente. Mi oración debe encontrar una respuesta de ustedes. Dios, que envía Su jaris gracia a nosotros, debe encontrar nuestros brazos abiertos para recibirla. Y lo que Él permita será para nuestro beneficio psíquico. Pero no nosotros orando y ustedes durmiendo.

A menudo me acusan, “pero yo, como si fuera sordo, no escuchaba lo que decían en mi contra. Como si fuera mudo e incapaz de hablar, como si no pudiera abrir mi boca, no les respondía en absoluto” (Salmo 37,14). Para los que os acusan, haced oración. Decir el «Señor Jesús Cristo compadécete de mí, eleisón me», y no compadécete de él, y estará en esta oración también el que os acusa. ¿Alguien os dice algo malo y os entristece? Esto Dios lo sabe. Vosotros abrid los brazos a Dios diciendo, «Señor Jesús Cristo compadécete de mí, eleisón me»; hacerle uno con vosotros mismos. Y Dios conoce lo que le atormenta al otro en su interior y viendo vuestra agapi-amor va en ayuda de esta persona. Él escudriña las profundidades del corazón. ¿Qué dice el Apóstol Pablo a los Romanos? “Pero Dios que penetra y analiza las profundidades de los corazones, conoce lo qué quiere expresar por estos gemidos del Espíritu y sabe que lo que pide para los creyentes es lo que Dios quiere” (Rom 8,27).

Oren por la catarsis de cada persona, para imitar la manera angélica en vuestra vida. Sí, los ángeles no rezan para sí mismos. Yo así oro por las personas, por la Iglesia, por el Cuerpo de la Iglesia. En el momento en que oráis por la Iglesia, se liberan de los lazos de los  pazos pasiones. En el momento en que glorifican, alaban vuestra psique- alma se ablanda, se alivia y se santifica por la jaris gracia divina. Quiero que aprendáis este arte.

Dios quiere que nos parezcamos a los ángeles. Los ángeles solo glorifican a Dios. Esta es su oración, solo la alabanza. Es una cosa muy fina, sutil la doxología-alabanza; trasciende las realidades humanas. Nosotros somos hombres materialistas, perezosos y mezquinos, por eso oramos a Dios egoístamente por nuestro propio interés. Oramos a Dios para que arregle nuestros asuntos, que vayan bien nuestros negocios, nuestra salud, nuestros hijos, pero oramos humanamente y por interés propio. La doxología-alabanza es una oración desinteresada. Los ángeles no oran para obtener algo, son desinteresados. Dios nos ha dado a nosotros también esta capacidad, si nuestra oración es un constante acto de alabanza/doxología, una oración angélica. Aquí está el gran secreto. Cuando hayamos entrado en esta oración, alabaremos a Dios constantemente, dejando todo en Él, como la Iglesia desea: «…encomendamos toda nuestra vida a Cristo nuestro Dios». Esto son las «matemáticas avanzadas, las más altas» de la Fe Ortodoxa.

Traducción xX Χρῆστος Χρυσούλας, jJ Jristos Jrisulas logosortodoxo.es/, 10-12- 2023

 

 

Principio del formulario

 

Sobre el divino έρως eros amor ardiente San Porfirio el Kafsokalivita

Βίος και Λόγοι

Αγίου Πορφυρίου Καυσοκαλυβίτου

Vida y logos

San Porfirio el Kafsokalivitas

Sobre el divino έρως eros amor ardiente

 

El que ama poco, da poco;

el que ama más, da más,

y el que ama demasiado,

¿qué tiene digno de dar?

¡Se da a sí mismo!

 

Amigos en y de CristoDios, en este texto las claves son estos tres términos teológicos helénicos, que al final del texto los ponemos desarrollados con su sentido y significado heleno/griego: a) έρως eros amor ardiente, b) αγάπη agapi amor incondicional, desinteresado y χαρά jará alegría divina, sinónima de la χάρις jaris-gracias, del χάρισμα jarisma (carisma, don) y Χριστός Jristós Cristo, etc.,  que los tres últimos dan la jará alegría… ¡les deseo a todos que disfruten de estas tres emociones sublimes y placeres divinos!!!!!

 

Sobre el divino έρως eros amor ardiente

Cristo es nuestro έρως eros amor ardiente, es la αγάπη agapi

Cristo es la χαρά jará alegría, la luz verdadera y la felicidad. Cristo nuestra esperanza. La relación con Cristo es αγάπη agapi amor incondicional y desinteresado, es έρως eros amor ardiente, un entusiasmo y anhelo de lo divino. Cristo lo es todo para nosotros. Él es nuestra agapi, Él es nuestro eros. El eros de Cristo nadie puede sustraer o arrebatar. De allí emana la alegría.

La χαρά jará alegría es el Cristo mismo. Una alegría que te hace humano. Es una locura espiritual, pero en Cristo. Este vino espiritual te embriaga como el vino no adulterado. Como dice David: “Tú Señor, has ungido con aceite perfumado mi cabeza, y me has embriagado con el cáliz rebosado de bebida deleitosa” (Sal 22,5). Esta embriaguez divina es regalo de Dios para los “bienaventurados que han hecho la catarsis de su corazón” (Mt 5,8).

Haced ayuno y prosternaciones en la medida de lo posible, asistid a las vigilias que deseéis para disfrutar, pero siempre permaneced alegres. Que siempre tengáis la alegría de Cristo, es una χαρά jará alegría que perdura eternamente y proporciona una tranquilidad segura y permanente, el placer divino y el encanto del bienestar y ser. Es la alegría total que supera toda alegría. Cristo quiere compartir esta alegría y enriquecer a sus fieles con ella. Deseo de todo corazón que “nuestra jará-alegría, que procede de esta comunión con Dios y nosotros, sea plena y perfecta también en vosotros” (1Jn 1,4).

Esta es nuestra Fe Ortodoxa; ahí es donde debemos dirigirnos. Cristo es Paraíso, hijos míos. ¿Qué es el Paraíso? Es el Cristo. Desde aquí comienza el Paraíso. Los que viven aquí en la tierra con Cristo viven en el Paraíso. ¡Es cierto y verdadero, creedme! Nuestra tarea es intentar a encontrar una manera o modo de entrar en luz (increada) de Cristo; no es simplemente cumplir las reglas o lo típico. La esencia es estar junto con Cristo; que se despierte (espiritualmente) nuestra psique-alma y amar a Cristo, y volverse divina y santa. Que se dedique al divino έρως eros amor ardiente. Entonces, Él también nos amará, y nuestra χαρά jará alegría será irrebatible. Más que nada, esto es lo que quiere el Cristo, colmarnos de alegría, porque Él es la fuente de la χαρά jará alegría. Esta alegría es regalo de Cristo. Dentro de esta alegría conoceremos a Cristo. No podemos conocerle si Él no nos conoce. ¿Cómo lo dice David? “A menos que el Señor edifique la casa, los que la edifican se esfuerzan en vano. A menos que el Señor cuide la ciudad, la guardia despierta en vano” (Sal 126,1).

Lo que busca y quiere adquirir nuestra psique-alma son estas realidades. Si nos preparamos adecuadamente, la χάρις jaris (energía increada) nos las regalará. No es difícil. Si arrancamos la jaris, todo es fácil, alegría y bendición de Dios. La divina jaris gracia toca siempre nuestra psique-alma y espera que le abramos, para entrar en nuestro corazón sediento y colmarlo. La plenitud es Cristo, la Panaghía, la Santa Trinidad. ¡Qué cosas y realidades más bellas!

Si amas, vives en plaza Omonia (plaza central de Atenas) y no eres consciente de ello, ni los  coches que ves, ni la gente que ves, ni nada de nada; estás inmerso en la persona que amas. Lo vives, te alegras, te complaces y te inspira. ¿No son ciertas estas cosas? Pensad si esta persona que amáis que sea el Cristo. Cristo en tu nus (espíritu de la psique) con tu mente y en tu corazón, Cristo en todo tu ser, Cristo en todo.

El Cristo es la vida y la fuente de la vida, la fuente de la χαρά jará alegría y la fuente de la luz verdadera, Cristo lo es todo. El que ama a Cristo y a los demás, éste vive la vida. La vida sin Cristo es la muerte, es un infierno, es la no agapi (amor incondicional), no es vida. La vida es el Cristo. La agapi es la vida de Cristo. O estarás en la vida o en la muerte, la elección es tuya.

Nuestro propósito es uno, la agapi a Cristo, a la Iglesia y al prójimo. La agapi, el culto a Dios, el anhelo, la unión con Cristo y la Iglesia, es el Paraíso en la tierra. La agapi a Cristo es la agapi al prójimo, a todos, incluso a los enemigos. El cristiano siente dolor y cariño por todos, quiere que todos se salven, que todos saboreen la Realeza increada de Dios. Este es el Cristianismo. A través de la agapi hacia al hermano aprenderemos y lograremos amar a Dios. Mientras lo deseamos, lo queremos y lo merecemos, la divina jaris gracia, energía increada viene a través del hermano. Cuando amamos al hermano, amamos la Iglesia y, por lo tanto a Cristo.  En la Iglesia también estamos nosotros, así que al amar la Iglesia, nos amamos a nosotros mismos.

CristoDios mío, una cosa deseo y pido: estar junto a Ti.

Amar a Cristo, nuestra esperanza y preocupación deben ser solo Él. Amar a Cristo, no por lo que Él pueda darme, ya que esto sería egoísmo; sino que nos ponga donde Él quiera. Siempre debo recordar que Cristo me colocará en la residencia que Él ha creado y preparado, como dice el Evangelio: “En la casa de mi Padre hay sitio y muchas habitaciones… os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros” (Jn 14,2-4). Lo correcto para nosotros es decir: «CristoDios mío, lo que Tú quieras, tu agapi; basta con vivir en Tu agapi».

Yo el pobrecito, qué queréis que os diga… soy muy débil. No he logrado amar a Cristo tanto que Le anhele mi psique-alma. Me siento que estoy muy atrasado. Así lo siento. No he llegado allí donde quiero, no vivo esta agapi. Pero no me desespero. Confío en la agapi de Dios. Le digo a Cristo: Mándame a donde Tu agapi quiere; esto deseo, esto quiero; en mi vida siempre te adoraba y te rendía culto.

Cuando estaba gravemente enfermo y me acercaba hacia los cielos, no quería pensar en mis pecados, sino en la agapi de mi Señor, en mi Cristo y la vida eterna. No quería tener miedo. Ahora, al acercarme al final de mi vida, no siento ansiedad, ni agonía. Pienso en la Segunda Parusía-Presencia cuando me presentaré y el Cristo me diga: “Amigo, ¿cómo entraste aquí sin traje de boda?” (Mat 22,12), bajaré la cabeza y diré: “Lo que Tú quieras Señor, lo que quiera Tu agapi. Sé que no soy digno. Mándame donde quiera Tu agapi. Soy digno del infierno, pero incluso si me pones allí, basta con estar junto a Ti. Una cosa deseo, quiero y pido: estar Contigo donde sea y como Tú quieras».

Intento entregarme a la agapi y al culto a Dios. Estoy concienciado de mi pacaminosidad y debilidad, pero vivo con la esperanza. Es malo desesperarse, porque el desesperado se amarga y pierde el buen ánimo, la disposición y su fuerza. Mientras que el que tiene esperanza, avanza hacia adelante. Como siente que es pobre, intenta y lucha para enriquecerse. ¿Qué hace el pobre? Si es inteligente intenta encontrar una manera de enriquecerse.

Aunque me siento débil y no he alcanzado mis metas, sin embargo no me desespero. Me consuela, como os dije, el hecho de que nunca dejo de intentar. Pero no hago lo que quiero. Orad por mí. El caso es que no puedo amar absolutamente a Cristo sin Su χάρις jaris gracia energía increada. Cristo no deja que se manifieste Su agapi, si mi psique-alma no tiene algo para atraerle o arrastrarle.

Y quizás este algo es lo que me falta, por eso ruego a Dios y digo: “CristoDios mío soy muy débil. Sólo Tú con tu jaris gracia divina conseguirás hacerme digno, al igual que el Apóstol Pablo que se alegraba y se jactaba, y que diga yo también junto con él: “Ya no vivo en mí, sino que es Cristo el que vive en mí”.

Me ocupo de estas cosas, buscando maneras y modos de amar a Cristo. Esta agapi es insaciable. Cuanto más amas a Cristo, más sientes que no Lo amas lo suficiente y más anhelas amarlo. ¡Pero sin darte cuenta asciendes más y más alto!

Cuando Cristo viene al corazón, la vida experimenta un cambio profundo.

Encontrar a Cristo es suficiente; Cuando encuentras a Cristo, no quieres nada más, se encuentra tranquilidad. Te conviertes en otro hombre; vives en todas partes, donde está el Cristo. Vives en las estrellas, en el infinito, en el cielo con los ángeles, con los santos/as, en la tierra con los hombres, las plantas, los animales, con todo. Donde está la agapi a Cristo la soledad desaparece; estás pacífico, alegre, en plenitud; no hay melancolía, tristeza, enfermedad, depresión, presión, ansiedad, desánimo, ni infierno.

Cristo es y está presente en todos tus pensamientos, en todas tus tareas. Tienes la χάρις jaris gracia increada y puedes soportarlo todo por Cristo; incluso el sufrimiento injusto. Sufrir las injusticias por Cristo, y sobre todo hacerlo con alegría. ¿Has elegido a Cristo para evitar el sufrimiento? ¿Qué dice Pablo? “Ahora encadenado y encarcelado me alegro de sufrir” (Col 1,24). Esta es nuestra Fe Ortodoxa: despertar espiritualmente la psique-alma, divinizarse, volverse santa, por la jaris gracia, energía increada; dedicarse sólo al divino έρως eros amor ardiente; y así Él la amará también.

Cuando entra el Cristo en el corazón, la vida cambia; el Cristo es el Todo. El que vive en su interior a Cristo, vive cosas que no se pueden decir, divinas y santas; vive en júbilo y deleite. Estas cosas son verdad, las han vivido ascetas en la Santa Montaña Athos. Continuamente con gran anhelo susurran la súplica: “¡Kirie-Señor Jesús Cristo…!”

Cuando Cristo entra en el corazón los pazos y los conflictos desaparecen; no puedes insultar, ni odiar, ni vengar, ni, ni, ni… ¡Los odios, las venganzas, los juicios condenatorios, los egoísmos, las ansiedades, las depresiones etc., desaparecen, Cristo y el anhelo de la luz sin crepúsculo dominan! Este anhelo te hace sentir que la muerte es el puente que pasarás en un momento para continuar la vida de CristoDios. Aquí en la tierra tienes un obstáculo, por eso hace falta la fe, y este obstáculo es el cuerpo. Mientras que después de la muerte, la fe queda abolida y ves a CristoDios, tal como ves al sol. En la eternidad, por supuesto, lo vivirás todo más intensamente y claramente.

Pero cuando no vives con Cristo, vives en la melancolía, la tristeza, el sufrimiento, la depresión y la ansiedad, no vives correctamente. Entonces surgen también muchas anomalías en el cuerpo. Se afectan el cuerpo, las glándulas endocrinas, el hígado, la vesícula, el páncreas y el estómago. Te dicen: “Para que estés bien de salud toma por la mañana tu vaso de leche, tu huevecito, tu mantequilla con dos o tres galletas” Sin embargo, si vives correctamente, si amas a CristoDios, con una manzana y una naranja están bien. El gran fármaco o remedio es CristoDios, todo se sana, todo “se psicoterapia” y todo funciona normal. La agapi-amor de Dios todo lo altera, todo lo transforma, todo lo cambia, todo lo metamorfosea, todo lo psicoterapia y todo lo sana.

Nuestra psique-alma se consuela mucho cuando anhelamos al Señor. No nos preocupamos por las cosas diarias y mezquindades mundanas; nos ocupamos solo de las realidades y cosas espirituales y superiores, viviendo de manera espiritual. Cuando vives al kosmos-mundo espiritual, vives en otro kosmos-mundo, vives en este que tu psique-alma ama y anhela. Pero tampoco eres indiferente al hombre, quieres que también él encuentre la σωτηρία sotiría (“psicoterapia”, sanación, redención y salvación).

La αγάπη agapi de Cristo es insaciable

Cristo el άκρον akron el extremo anhelado, el extremo deseado, no hay superior. Todas las cosas sensibles tienen saturación, se sacian, pero Dios no; esto es el todo; Dios es άκρον akron el extremo anhelado y deseado. Ninguna otra alegría, ninguna otra belleza, nada puede salirse y superar a Él. ¿Qué más y mejor que lo supremo?

El έρως eros amor ardiente a Cristo es el no va más, es algo distinto; no tiene fin, no se sacia, ni se satura; da vida, da vigor, da, da, da… Y cuanto más da, tanto más el hombre quiere enamorarse. En cambio el έρως eros amor humano puede corromper o desgastar al hombre, volverlo loco. Cuando hayamos amado a Cristo, todas las demás ágapes, amores retroceden. La agapi a Cristo no tiene saturación, es insaciable. El amor carnal se sacia, tiene saturación, y después se puede comenzar a tener celos, refunfuño, queja y puede llegar hasta el asesinato; puede transformarse en odio. La en Cristo agapi-amor no se altera. La agapi mundana poco se mantiene y poco a poco se apaga, en cambio la divina agapi-amor crece y profundiza. Cualquier otro amor o eros puede llevar al hombre a la desesperación y la depresión. Pero el divino έρως eros amor ardiente nos eleva a la esfera de Dios, nos regala paz, serenidad, alegría, deleite y plenitud. Los demás placeres son saciables, saturables, en cambio este placer es insaciable, insaturable; es un placer que nunca uno le aburre, es άκρον akron el extremo bien, la extrema bondad.

Sólo en un punto se detiene la saturación o el saciamiento, cuando el hombre se ha unido con CristoDios. Ama, ama y cuanto más ama tanto más siente que quiere amar. Ve que no se ha unido, no se ha entregado a la agapi de Dios. Siempre tiene la disposición, el deseo, la alegría de lograr alcanzar el extremo deseado, a Cristo. Ayuna, hace prosternaciones y oraciones, pero no se satisface. No entiende que ha alcanzado a esta agapi. Esto que desea, no siente que le ha colmado, de que lo ha recibido, y que lo siente y lo vive. Este divino έρως eros amor ardiente, esta agapi divina anhelan todos los ascetas. Se embriagan de embriaguez divina. Con esta borrachera divina, por un lado, puede que el cuerpo se envejezca, sin embargo, el espíritu se rejuvenece y florece.

Los cantos, himnos y los troparios bizantinos de nuestra Iglesia ortodoxa están llenos de divino έρως eros amor ardiente. ¿Habéis oído el tropario, himno a, Apóstol Timoteo? Dice: “Habiendo deseado ardientemente el punto más alto, te has unido con el amado y te has saciado del divino eros, oh Amante de Dios, Timoteo». Se ha hecho uno, unido  con el amado y se ha saciado, saturado, estaba en plenitud. ¡Oh qué palabras importantes! Debéis hacer colección de este tipo de palabras que muestran la divina agapi, la locura divina. ¡Nunca te sacias de ellas! ¡Sí, no se sacia la agapi a CristoDios! Cuanto Le amas, crees que no Le amas y tanto más quieres amarlo. Pero, a la vez se inunda tu psique-alma de Su presencia y la χαρά jará alegría del Señor que nadie te la puede quitar, ni sustraer. Entonces no quieres desear nada.

Algo similar escribe también san Isaac el Sirio: “La jará alegría que emana de Dios, es la más fuerte en esta vida y el que la saborea, no sólo no quiere fijarse hacia los pazos, sino que ni siquiera su vida interior desea, ni nada más sensible quiere desear que esta alegría, si esta está de verdad en el interior y no un engaño. La agapi (amor incondicional) a Dios es más dulce que la vida provisional terrenal… es más dulce que la miel; la agapi no se entristece ni teme a recibir una gran muerte a favor de los que le aman…el que recibe esta agapi toda dulzura de este mundo la considera inútil, innecesaria y sobrante; porque ninguna otra cosa se puede asimilar con la dulzura del conocimiento de Dios” (Ascética, Logos 88).

Y el clamor de San Agustín desde la profundidad de su corazón esto dice:

«Te amo, Señor, mi Dios, y deseo amarte siempre y más. Porque realmente eres más dulce que la mejor miel, más nutritivo que la leche más selecta, y más brillante que toda la luz estelar. Por eso eres para mí más precioso que el oro y la plata, y más valioso que todas las piedras preciosas…

Oh, agapi-amor que siempre es más cálido que todo, y nunca caes en la tibieza. ¡Ilumíname!… Te amo, Señor, porque tú me amaste primero. Y ¿dónde encontraré palabras suficientes para describir todas las muestras de tu amor supremo por mí?…

Me iluminaste además con la luz de Tu rostro, que pusiste como un letrero sobre el umbral de mi corazón…»

Con la divina agapi, todo se convierte en Cristo; todo se transforma en Paraíso.

Sobre la divina agapi habla muy bellamente también el cánon de san Pacomio, escrito por Teófanes.

Esta agapi por Cristo lo llevó a vivir una vida de autodominio y a adquirir alas espirituales, de modo que pudiera saborear directamente la gran iluminación de Dios. Te bordaba, oh Pacomio, el cálido eros de la apázia impasibilidad (sin pazos), aniquilando así las provocaciones materiales de las pasiones. Así que llegaste, con las alas del amor, a la misma fuente del resplandor de la Divinidad, (Oda V).

¡Ah, esto es un tesoro, son muy caras estas cosas, es excelente el poeta Teófanes! “Extremo de virtud”, es la agapi de Dios que es perfecta y absoluta. Cuando se dilata la psique-alma, cuando se hiere del divino anhelo, la carne débil y enfermiza se marchita. El divino anhelo vence todo dolor y así cada dolor se transforma y se hace agapi a Cristo. Amar a Cristo y Él os amará. Todos los dolores pasarán, se vencerán, se transformarán. Entonces todo se hace Cristo, se convierte en Paraíso. Pero para vivir en el Paraíso debemos morir, morir por todo, debemos estar como muertos. Entonces estaremos viviendo realmente, en el Paraíso. Si no mortificamos al antiguo hombre, no se puede hacer nada.

Amo mucho el poema de Veritis: “En compañía con Cristo”

-“En compañía con Cristo, anhelé vivir, y encerrar Su agapi ardiente en mis senos; y los senos son estrechos y se abren y se ensanchan, y cuando más aman, tato más no se sacian”-

Tanto y no te sacias. Cuanto bebes vino, tanto más quieres beber (como el alcohólico). Cuanto más te entregas a la agapi de CristoDios, tanto más quieres entregarte. A Él debemos amar con toda nuestra psique-alma, con todo nuestro corazón, con toda la mente y con toda nuestra fuerza de voluntad. Poner el enchufe de nuestro corazón a Su agapi para unirnos junto a Él. Esto pide el Señor no para Sí mismo por egoísmo, sino para regalarnos todo, la jará alegría, la felicidad.

El poeta consiguió esto. Amó a Cristo y fue amado por Él. Había encontrado el secreto de la divina agapi. No es difícil, al contrario es tan fácil descubrirlo. Depende de la manera, el modo y la preparación; requiere espíritu ortodoxo.

Esta αγάπη agapi amor incondicional, este έρως eros amor ardiente y este entusiasmo te lleva incluso hasta el martirio. Te hace sacrificarte, no tener en cuenta nada y no temer a nada. Te hace marcharte a lugares lejanos, en cuevas y en agujeros de la tierra. Esta locura divina tenía también san Juan el Kafsokalivita, el Santo que me inspiró. Desde la divina locura comenzaron los santos y los mártires; no temían nada, corrían al martirio con alegría y entusiasmo. El que ama poco, da poco; el que ama más, da más, y el que ama demasiado, ¿qué tiene digno de dar? ¡Se da a sí mismo!

A causa de esta agapi de ellos hacia Cristo los santos no sentían los dolores de los martirios, por muy duros que fueran. Acordaos de san Demetrio, san Jorge, santa Caterina, santa Bárbara, santa Paraskeva, los Cuarenta Mártires dentro en el lago congelado. “Nube de mártires”, como dice el Apóstol Pablo (Heb 12,1).

Todos estos santos y mártires, como aquí en la tierra, así también mucho más ahora, en el cielo cantan y alaban al Señor. Están en el Paraíso y ven el rostro de Dios “cara a cara”. Y esto es el Todo. Como dice en alguna parte de la Divina Comunión o Efjaristía: “Los que ven, contemplan Tu rostro, la belleza inefable”. ¡He aquí el Paraíso!  El Paraíso es que uno vea siempre el rostro de Dios. Es superior a las flores y a los pájaros exóticos, las aguas claras y las rosas y de todo lo bello que existe en la tierra. De todos los pequeños amores.

Cuando amas a Cristo, a pesar de las dificultades y el sentimiento que tienes por estas cosas, tienes la certeza que las has superado, porque te encuentras en conexión, comunión con la agapi de Dios. Sobre esto lucho yo también, -que Dios tenga misericordia de mí. Sobre estas cosas, realmente, me dedico duramente día y noche. Así es cuando amas a Cristo, quieres sufrir por Cristo.

Cristo es nuestro amigo

A Cristo Le sentimos como amigo nuestro, y realmente lo es. Él mismo lo asegura al decir: “Vosotros sois mis amigos…” (Jn 25,14). Como amigo debemos observarle y acercarnos a Él. Con familiaridad, con agapi y confianza debemos correr hacia Él, no con miedo de ser castigados, sino con ánimo y alegría que nos estará dando el sentimiento de amigo. Podemos decirle: “Señor, he caído, perdóname”, sabiendo y sintiendo que nos ama y nos recibe cariñosamente con agapi, perdonándonos. El pecado no debe separarnos de Cristo. Cuando creemos que nos ama y Le amamos, no nos sentimos extranjeros ni separados de Él, ni tampoco pecamos. Hemos asegurado Su agapi y sabemos que nos ama, sin importar cómo nos portemos.

En el verdadero amor, no hay el temor de perder nuestro respeto hacia Él. Aquí es válido lo que dice el Apóstol Pablo: “¿Quién podrá separarnos de la agapi-amor incondicional de Cristo? ¿La tribulación, la angustia, la persecución por parte de los infieles, el hambre, la desnudez, o cualquier peligro, o espada que nos amenaza de degollar?… Porque tengo la absoluta convicción y certeza de que ni la muerte por la que nos amenazan, ni por los bienes y deleites de la vida que nos prometen, ni los ángeles, ni los principados, ni los asuntos y acontecimientos presentes y futuros, ni las potestades, ni la altura de la gloria, ni la profundidad del desprecio y humillación, ni otra criatura alguna de las que vemos, podrá separarnos de la agapi-amor incondicional que el mismo Dios nos ha manifestado mediante Jesús Cristo, nuestro Señor” (Rom 8, 35·38-39). Esta relación es superior y única, la conexión de la psique-alma con Dios que nada rompe ni perturba.

El Evangelio es cierto que dice con palabras simbólicas sobre el injusto que se encontrará allí donde existe “el rechinar y grujido de los dientes” (Mt 8,12 y 13,42). Y de los Padres nípticos (sobrios) de la Iglesia Ortodoxa muchos hablan sobre el temor a la muerte y al infierno. Dicen: “Ten memoria de la muerte continuamente”. Estas palabras si las examinas profundamente provocan miedo al infierno. El hombre intentando evitar el pecado, hace estos pensamientos para ser dominada la psique-alma del temor de la muerte, del infierno, del diablo.

Todo tiene su importancia, el tiempo y sus circunstancias. La noción del temor es buena para los primeros estadios. Es para los principiantes, para los que vive en su interior el hombre antiguo. El hombre principiante que aún no se ha afinado, está contenido por el miedo o temor malo. El temor es imprescindible, ya que somos hombres materialistas y mezquinos. Pero esto es un estadio, un grado inferior de relación con lo divino. Lo llevamos al intercambio tratando de ganar el Paraíso o salvarnos del infierno. Esto, si lo examinamos bien, revela un interés propio, un egocentrismo. Cuando el hombre avanza y entra en la agapi de Dios, ¡para qué le sirve el temor o miedo? Cualquier cosa que haga lo hace por agapi, lo cual tiene un valor superior. Hacer el bien por temor a Dios y no por agapi no tiene tanto valor.

Avanzando, también el Evangelio nos da a entender que Cristo es la jará alegría, la verdad, Cristo es el Paraíso. Como dice el Evangelista Juan: “En la agapi-amor incondicional, desinteresada e increada no hay lugar para el miedo o temor, la perfecta agapi-amor echa fuera el miedo, porque el miedo en sí infierna y supone culpabilidad y castigo; y el que teme no ha logrado la perfección de la agapi” (1Jn 4,18). Intentando a través de temor o miedo, entramos poco a poco en la agapi de Dios. Entonces se va el infierno, se va el temor o miedo, se va la muerte. Nos interesamos sólo por la agapi de Dios. Hacemos todo lo necesario para esta agapi; lo que hace un novio para su novia.

Si queremos y Le seguimos, también esta vida con Cristo es jará alegría, aunque sea dentro de dificultades. Como dice el Apóstol Pablo: “Me alegro en mis padecimientos”. Esta es nuestra Fe Ortodoxa, allí debemos ir. Cuando esto lo consigas, qué más quieres; has ganado todo. Vives en Cristo y Cristo vive en tu interior. Después todo es muy fácil, obediencia, humildad y paz.

Cristo es el Novio de la psique-alma

La adoración a Cristo provino del Cantar de los Cantares del sabio Salomón. Este libro cultiva el anhelo divino, la agapi divina, la adoración o culto al  Novio celestial y la alerta relacionada con Él. ¡Qué palabras más bellas, eróticas, cariñosas, llenas de agapi, pasión, eros divino, aparentemente humanas pero son divinas! “Se dilata mi corazón por tu agapi”, dice un canto, indicando el sufrimiento de la psique-alma que busca a Cristo, la luz, la vida, el Dios, el Señor y el Salvador (Tropario a la santa Efimía).

En el Cantar de los Cantares, Cristo se presenta por excelencia como Novio. Cristo es el Novio de nuestra psique-alma, y ella es Su novia que Le sigue en todo, desde el martirio hasta el Gólgota y la Crucifixión, y también en la Resurrección. Cuando llegamos a experimentar esta agapi-amor, entonces Cristo se asomará en nuestro interior y colmará nuestra psique-alma de gozo y alegría.

La clave es dirigir continuamente la mirada hacia arriba, hacia Cristo, familiarizarse con Cristo, trabajar con Cristo, respirar con Cristo, sufrir con Cristo y alegrarse con Cristo. Que Cristo sea el todo para vosotros. Vuestra psique-alma que busque a Cristo clamando a su Novio: “Te anhelo, Novio mío…” Cristo es el Novio, es el Padre, el Todo. No existe cosa más bella y superior que amar a Cristo, ya que en Él encontramos todo, Cristo lo es todo: toda la alegría, todo el gozo, toda la vida paradisíaca. Tenemos todas las grandezas cuando tenemos a Cristo en nuestro interior. La psique-alma enamorada de Cristo permanece siempre alegre y feliz, a pesar de los esfuerzos y sacrificios.

La plenitud se encuentra en Cristo, y aquellos que niegan esta verdad están psíquicamente enfermos, poseídos por el espíritu maligno. Al negar lo que les falta, dejan sus psiques-almas vacías, permitiendo que el diablo entre en sus interiores. Así como un niño sufre profundamente si se le priva de sus padres, el hombre sufre aún más si se le priva de Cristo y de la Panaghía.

En el Cantar de los Cantares, se menciona sobre el Novio Cristo: “Yo dormía, pero mi corazón velaba; la voz de mi amado llama a mi puerta». La novia vela y sueña con Él. Aunque la psique-alma duerme, está orientada hacia Él, expresando así la plenitud de su devoción y dedicación. Le lleva continuamente en su mente y corazón, incluso mientras duerme, Le adora; ¿Lo entendéis? La adoración o culto se hace con toda su psique-alma y con todo su corazón y fuerza de voluntad.

¿Qué quiere decir esto? Pues, la única preocupación vuestra debe ser Dios. No como las demás preocupaciones y cuidados. Esta preocupación es distinta, es una forma de culto y adoración a Cristo. Esta es la preocupación que atrae, encanta y llena de alegría. No es algo que se hace a la fuerza o presión, o una obligación impuesta, sino una fuente de felicidad y placer espiritual. No es como una lección que lee el niño para ir al colegio. Es έρως eros amor ardiente comparable al amor ardiente entre dos personas pero de naturaleza superior y espiritual.

“Como la mujer encinta cuando se acerca el alumbramiento, se retuerce y da gritos en sus dolores, así hemos sido delante de ti, oh Señor. Hemos concebido, hemos tenido dolores de parto; como si hubiéramos dado a luz»,  dice Isaías (26, 17-18). Así también la psique-alma clama a Dios a causa del dolor que siente.

Buscar a Dios implica un esfuerzo duro y un intento, similar al dolor y llanto del parto, que alcanza su máxima intensidad cuando Cristo viene a nuestro interior.  Este dolor es más grande y conocido por aquellos que lo han experimentado, siendo un martirio insoportable…

Quien desee convertirse en cristiano Ortodoxo debe primero convertirse en poeta.

La psique-alma del cristiano debe ser fina, sensible, emotiva; debe volar, siempre volar, vivir en sueños; volar en el infinito, navegar entre las estrellas, en las grandezas de Dios, en el silencio.

El proceso de conversión a la fe cristiana ortodoxa exige convertirse primero en poeta, sufrir y amar. ¡Así es! Sufrir por aquel a quien amas. El amor implica esfuerzo y dedicación por el ser amado. Toda la noche corre, vela, se lastima los pies, para encontrarse con su ser amado. Se sacrifica, no tiene en cuenta nada, ni amenazas ni dificultades, haciendo todo por la agapi-amor. La agapi- amor hacia Cristo es distinta, es otra cosa completamente superior.

Y cuando hablamos de agapi-amor, no nos referimos simplemente a adquirir virtudes, sino al corazón que ama a Cristo y a los demás. Todo debe girar en torno a ese amor. Vemos a una madre con su pequeño hijo en brazos, mostrando un amor tierno y profundo hacia su psique-alma; vemos brillar su rostro mientras sostiene su pequeño ángel. Todo esto cuando lo ve el hombre de Dios, queda impactado y con anhelo dice: «Quisiera tener también yo ese anhelo por mi Dios, por mi Cristo, por mi Santa Madre y nuestros santos/as». Así es como debemos amar a Cristo, a Dios: con un deseo profundo y anhelo sincero, y es algo que se logra con la jaris gracia (energía increada) de Dios.

Pero nosotros, ¿poseemos esa llama por Cristo? ¿Corremos hacia la oración agotados, deseando descansar en la presencia de nuestro Amado, o lo hacemos a regañadientes, considerándolo una obligación? A veces preguntándonos: ¿Qué me falta y me siento así? Pues, falta el eros amor divino. La falta de amor divino hace que la oración carezca de valor y, en algunos casos, pueda ser perjudicial.

Si la psique-alma se desordena y se vuelve indigna del amor de Cristo, Él corta la relación, porque Cristo no quiere almas toscas cerca de Él. La psique- alma debe recuperarse para volverse digna de Cristo, debe volver a la μετάνοια metania, arrepentirse «setenta veces siete» (Mt 18,22). La verdadera metania traerá la santificación. No se trata de decir, «mis años han sido desperdiciados, no soy digno etc.», sino de recordar, «también yo recuerdo los días lentos en los que no vivía cerca de Dios…». Y en mi propia vida, habrá días vacíos. Tenía doce años cuando me fui al Monte Athos. ¿No eran años? Puede que haya sido un niño pequeño, pero viví doce años lejos de Dios. ¡Doce años!…

Escuchad lo que dice Ignacio Brianchaninov en su libro «Hijo mío, dame tu corazón»:

«Cada trabajo, tanto corporal como espiritual, que no involucra dolor o esfuerzo, nunca dará frutos para lo que se propone; porque la realeza increada de los Cielos se arrebata por la fuerza, y los violentos la arrebatan, y al decir violentos, se refiere al ejercicio constante y doloroso del cuerpo».

Cuando amas a Cristo, trabajas, te esfuerzas, pero es un trabajo bendito. Sufres, pero con alegría. Haces penitencias, prosternaciones, rezas, te sacrificas, porque estos son anhelos divinos, anhelo divino. Y dolor y anhelo y eros amor ardiente y alegría y gozo y agapi-amor. Las penitencias, las prosternaciones, la vigilia, el ayuno son esfuerzos que se hacen por el Amado. Es un esfuerzo para vivir con Cristo. Pero este esfuerzo no es forzado, no te quejas. Todo lo que haces de mala gana crea un gran mal tanto en ti como en tu trabajo. La tensión, el empuje generan reacción. El esfuerzo por Cristo, el verdadero anhelo, es el amor de Cristo, es sacrificio, es entrega. Esto es lo que David sentía: «Mi alma suspira y anhela los atrios del Señor» (83,3). Suspira con anhelo y mi psique-alma se derrite por la agapi-amor de Dios. Esto se ajusta a David y al verso de Bertitis que me gusta:

«Anhelo vivir en compañía de Cristo/hasta que llegue el momento de exhalar mi último aliento».

Se necesita atención y esfuerzo para entender lo que se estudia y abrazarlo. Este es el esfuerzo que hará el hombre. En la katánixis (compunción, dilatación del corazón), en el ardor y en las lágrimas entrará después, sin esfuerzo ni fatiga. Estas cosas seguirán, son donaciones, regalos de Dios.

¿El eros divino requiere esfuerzo? Con la comprensión de los himnos, cánones y Escrituras, eres atraído felizmente, entras en la verdad deleitando con alegría. «Has puesto gozo en mi corazón», como dice David. Así, espontáneamente, entras en la katánixis (compunción, dilatación del corazón), sin esfuerzo. ¿Entendido?

Yo, el pobre, deseo escuchar los logos de los Padres, de los ascetas, los logos del Antiguo y del Nuevo Testamento. Quiero sumergirme en ellos. Cultivan el divino έρως eros amor ardiente. Los deseo y lo intento, pero no puedo. Me enfermé y «el espíritu está dispuesto, pero la carne es débil» (Mat 26,41). No puedo hacer prosternaciones. Nada. Deseo, tengo entusiasmo y amor por estar en el Monte Athos y hacer prosternaciones, rezar, oficiar y estar con otro asceta. Es mejor ser dos. Lo dijo el mismo Cristo: «Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy en medio de ellos» (Mt 18,20).

La humildad, el desprendimiento y el desinterés

Cristo se sienta fuera de la puerta de nuestra psique-alma y toca, buscando que Le abramos; no entra dentro; no quiere amenazar y forzar nuestra libertad que Él mismo nos ha regalado. Lo dice en el libro del Apocalipsis: “He aquí, yo estoy de pie a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, yo entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo (y nos alegraremos los dos por su retorno y su salvación)” (Apo 3,20). Cristo es amable, está fuera de la puerta de la psique-alma y toca suavemente. Si le abrimos, vendrá en nuestro interior y nos dará todo de Sí Mismo de manera mística, secreta y sin estruendos.

Conocer a Cristo es imposible si Él no nos conoce primero. No puedo explicar exactamente estas realidades y cosas, son misterios. Escuchad al Apóstol Pablo: “pero ahora que conocéis a Dios, o, mejor dicho, que sois conocidos por Dios” (Gal 4,9). De manera similar, no podemos amar a Cristo a menos que Él nos haya amado primero. Cristo no nos amará si nosotros no nos hacemos dignos de ser amado por Él. Para que nos ame, debe encontrar algo especial dentro de nosotros. Quieres, buscas, pides, ruegas, pero no recibes nada. Te estás preparando para adquirir aquellas cosas que quiere el Cristo, para que venga Su jaris gracia (energía increada), pero no puede entrar, cuando no existe aquello que debe tener el hombre. ¿Cuál es esto? Es la humildad. Si no hay humildad, no podemos amar a Cristo. La humildad, el desprendimiento y el desinterés son esenciales en el culto y la adoración a Dios, como señala: “Que no sepa tu mano derecha lo que hace tu izquierda” (Mat 6,3).

Que nadie os vea, que nadie comprenda y vea vuestros movimientos hacia lo divino. Todas estas cosas que sean secretas, místicas de manera similar a la vida mística de los ascetas. ¿Os acordáis lo que os dije sobre el ruiseñor? Canta en el bosque, en el silencio, si dijeras que alguien lo escucha o alguien le elogia bien, ¡pero qué canto más bello en el desierto! ¿Habéis visto como se infla su garganta? Así sucede también con el que se enamora a Cristo. Si ama, “se hincha su garganta, padece, saca pelos de su lengua. Se va a una cueva, a una ladera y vive místicamente a Dios, “en nuestros corazones gemidos inenarrables de compunción y dilatación del corazón, que nos elevan hacia Dios” (Rom 8,26), porque por Él vivimos y nos movemos.

Así pues, cuando alcanzas humildad de este tipo y hayas atraído la jaris gracia increada de Dios que habite en tu interior, entonces lo has ganado todo. Cuando tienes la humildad, cuando te haya hecho cautivo de Dios, cautivo en el buen sentido, es decir,  cuando te has convertido en recipiente o instrumento de la jaris divina, entonces puedes decir como el Apóstol Pablo: “Ya no vivo en mi sino que dentro de mi vive el Cristo”. Es muy fácil realizar y lograr esto, es decir las cosas que Dios quiere. No simplemente fácil, sino facilísimo. Basta que nosotros hagamos la apertura. Cuando hemos hecho la apertura para recibir lo divino, nos hacemos dignos de Dios para que se asome en nuestro interior el Cristo. Y si se asoma en nuestro interior el Cristo, nos regala la libertad. ¡Dónde vas a encontrar palabras para estos misterios!… Todo el secreto está en la agapi, al έρως eros amor ardiente a Cristo, en la entrega al mundo espiritual. Entonces uno no siente soledad, ni nada; vive en otro mundo; allí donde la psique-alma se alegra, deleita y goza, en un mundo donde nunca se sacia.

Las Santas Escrituras y los Padres cultivan el έρως eros amor ardiente

Dentro de las Santas Escrituras salen todas las cosas. Es crucial leerlas de manera constante para descubrir los secretos de la lucha espiritual y la práctica cristiana. En mi amada Sabiduría de Salomón dice: “Dios de los padres, Señor de misericordia, que por tu logos hiciste todas las cosas, y que formaste al hombre para que dominara sobre las criaturas que tú has creado, para que rigiera el mundo con santidad y justicia, y administrara el juicio con rectitud de corazón.  Dame la sabiduría, compañera y consejera de tu trono, y no me excluyas de entre tus hijos, porque soy siervo tuyo, hijo de tu sierva, un hombre débil y de corta vida, falto de comprensión del juicio y de las leyes» (Sabiduría Salomón 9, 1-5).

Aquí vemos al sabio Salomón pedir de Dios de esta manera tan humilde Su sabiduría-sofía. Y Dios se la ha dado abundantemente. Todas estas cosas sabias que escribe no son suyas. Los logos de los cánones escritos por los himnógrafos (compositores de himnos divinos) son inspirados de este espíritu. Por eso yo los amo mucho estos logos. A estos logos tenéis que leer y reflexionar. Así adquiriréis el έρως eros amor ardiente. ¿Me dirás como yo los sé estos cánones? Es porque tengo locura, borrachera, divina embriaguez, no me sacio.

La persona, rostro de Cristo es una fiesta y el centro de toda la alegría. Qué es exactamente, no podemos entenderlo en profundidad, porque Dios es infinito, es misterio, es silencio; Dios es muy místico, pero está en todas partes. Dios vivimos, Dios respiramos, pero no podemos percibir y sentir Su grandeza, Su divina providencia. A menudo esconde las energías (increadas) de Su divina providencia. Pero cuando adquirimos la divina humildad, entonces lo vivimos y lo vemos todo; vivimos a Dios claramente percibiendo y sintiendo Sus misterios. Entonces ya comenzamos a amarle; y esto es algo que Él lo pide. Es lo primero que pide para nuestra felicidad, nuestro bienestar y ser, como dice: “Amarás a Dios con toda tu psique-alma, con todo tu corazón, con toda tu mente y con toda la fuerza de tu voluntad; este es el primer y gran mandamiento” (Mat 22, 37-38).

Este tipo de agapi, el amor divino, era característico de los santos y santas, incluyendo a San Porfirio, Obispo de Gaza, cuyo himno expresa su profundo amor por Cristo. Este tipo de agapi tenía también el santo que llevo su nombre.

¡CristoDios eres mi agapi!

No pienso la muerte; lo que el Señor quiera. Yo sólo quiero pensar en Cristo. Mi único deseo es pensar en Cristo. Abran también sus brazos y sumérjanse en los brazos de Cristo; entonces vive en vuestro interior; y aunque piensen que no lo aman lo suficiente, desearán acercarse más a Cristo y estar unidos a uno con Él. Desprecien los pazos (pasiones, vicios), no se ocupen del diablo y sus obras. Vuelvan su atención y diríjanse hacia Cristo. Para que estas cosas se realicen, es necesario que venga la divina χάρις (jaris), la gracia, esa energía increada que siempre está sanando lo enfermo y supliendo lo que falta.

«La jaris divina, siempre sanando lo enfermo y completando lo que falta».

Traducción xX Χρῆστος Χρυσούλας, jJ Jristos Jrisulas logosortodoxo.es/, 2-12- 2023

Los términos teológicos helénicos: a) ρως Eros el amor ardiente, b) Αγάπη  (agapi)  amor incondicional

 

  1. ρως Eros el amor ardiente

En los textos de la Filocalía la palabra eros en muchos casos tiene el significado platónico.

Eros- enamoramiento es la fuerte epicimía deseo ardiente y anhelo que empuja al hombre hacia Dios y a la vez, la energía que nos une con Él. El Eros de los cristianos no tiene diferencia de la agapi, aunque puede diferenciarse de la agapi en la medida que contiene más tensión, así como también, elementos del éxtasis.

Por el Padre Romanidis: “Según los Platónicos, el Dios no tiene eros para el hombre, sino que el hombre hacia el Dios. Para ellos, el eros es una carencia, porque el hombre, dicen, tiene eros hacia algo que le falta. Según sus puntos de vista esto ocurre en todas las secciones, aún hasta en las relaciones de Dios con el hombre. Esta carencia se llama eros en la antigua filosofía Elénica. Este eros lo tiene aquel que no está completo o perfeccionado. Entonces el eros es para el incompleto, imperfecto. La perfección según ellos es katastolí represión del eros. Así sólo el hombre como incompleto tiene eros, en cambio el Dios como es completo no tiene eros. El Dios no puede tener eros, porque es perfecto e independiente y por esta causa es el inamovible que mueve.

Por lo tanto, vamos a ver ahora lo que es válido en la tradición Ortodoxa. Allí donde san Dionisio el Areopagita dice que “también el Dios es móvil”, dice otra cosa también: “que hay algunos que discuten y pelean sobre el tema de si el Dios es el eros o la agapi; pues, es la misma cosa. Ellos dicen que no es la misma cosa. Otra cosa es eros y otra es la agapi. Así dicen que Dios tiene agapi, pero no tiene eros hacia el hombre, en cambio el hombre tiene eros, pero debe de tener agapi”. Sin embargo san Dionisio apelando a su propia experiencia de zéosis, concluye que: “el Dios no tiene sólo agapi para el hombre sino eros también. Además, para el Dios agapi y eros es la misma cosa”.

Por Ieoteo Vlajos, en su libro el “Prósopon (Persona, rostro) de la Ortodoxia”: Dios es Persona y ama al hombre, por eso san Máximo el Confesor siguiendo a san Dionisio el Areopagita dice: “Lo divino, los teólogos a veces lo llaman eros y otras veces agapi, algunas veces erotizado y agapitó (amado). Entonces como existe, se mueve como eros y agapi y como erotizado y agapitó (amado), mueve hacia sí mismo todas las cosas receptivas del eros y de la agapi. ((Es decir, el eros y la agapi las dos palabras con el mismo significado; agapi en la faceta divina es amor energía increada y en la humana es amor incondicional, desinteresado, altruista y eros como amor ardiente de Dios hacia el hombre y viceversa, podríamos definirlo en español).

 

  1. Αγάπη  (agapi)  amor, cariño. “Ὁ θεός ἀγάπη ἐστίν Dios es agapi-amor… Porque la agapi proviene de Dios” (1 Jn 4,7-8).

La Αγάπη (agapi) cristiana en su faceta divina y como término teológico ortodoxo es la primera y superior energía increada de las energías increadas de la Jaris de Dios. Se aproxima más a la misericordia increada y perdón de Dios que enseñaba Cristo Dios. La agapi está vinculada y unida estrictamente con la libertad y la verdad. Cada una depende y se enlaza con la otra, fuera de esta interrelación ninguna es auténtica. Dicen los Santos Padres Ortodoxos: Nadie puede conocer la increada agapi como energía increada de Dios si no es a través de la energía increada Χάρις (Jaris, Gracia) del Espíritu Santo. La agapi cristiana en su faceta secular, mundana se refiere al amor desinteresado, altruista o cariño, amor al cónyuge, a los padres, a los amigos, a los jefes y trabajadores, como también a las comunidades sociales y toda la creación.

Éste es el propósito de la psicoterapia de la Iglesia Ortodoxa, el convertir, mediante la constante metania (introspección, arrepentimiento y confesión), la φιλαυτία (filaftía, egolatría) que es el creado amor interesado egocéntrico y enfermizo a uno mismo y al cuerpo y convertirla en agapi desinteresada divina e increada de Dios. Ésta comprende tres estadios: catarsis, iluminación y zéosis o glorificación. (Ver también sobre este término en nuestro libro “12 Léxis apocalípticas” en el blog en español: logosortodoxo.es/).

 

 

Filocalía de los Santos Nípticos, Tomo 5 Método y regla precisa para aquellos que eligen la vida hesicástica. Santos Calisto e Ignacio, los Xanthopulos.

 

Filocalía de los Santos Nípticos, Tomo 5.

Método y regla precisa para aquellos que eligen la vida hesicástica.

Santos Calisto e Ignacio, los Xanthopulos.

Breve introducción por el traductor

Queridos amigos en Cristo, el Dios-Hombre; Jaris para todos de CristoDios y de mi Yérontas Fotios del  Santo Monasterio Grigoriu de Athos, de quien tengo su bendición; para mí, la experiencia de traducir este magnífico texto de los Santos Cálistos e Ignacio los Xanthopulos ha sido, y sigue siendo, algo majestuoso, divino y sublime. Considero este trabajo como una especie de mini-filocalía, una auténtica psicoterapia empírica que abarca lo físico, lo psíquico y lo espiritual. La realización de esta traducción ha sido para mí una oportunidad de realizar un exhaustivo autoexamen, sumergiéndome en una experiencia enriquecedora y viviendo momentos maravillosos e indescriptibles.

La clave de esta obra, desde mi perspectiva, radica en la comprensión de los términos helénicos fundamentales: Νούς (nus) espíritu del corazón de la psique alma, siendo el nus como energía y corazón como esencia en uno, Διάνοια (diania) dianús parte del nus, mente, intelecto, cerebro o inteligencia y Ησυχία hisijía  serenidad mental y paz cordial o del corazón. Por supuesto, no podemos pasar por alto otros 15-20 términos teológicos y patrísticos helénicos, los cuales están detalladamente explicados en nuestros Léxicos disponibles en nuestra página web.

Y yo, el traductor, xX jJ, nací en 1955 y crecí en Helas-Grecia, inmerso en la Santa Parádosi (entrega, depósito y tradición divina) y hablando la lengua del Nuevo Testamento.

Al haber nacido y crecido en Grecia, impregnado de la Santa Παράδοσις Parádosis (entrega y tradición divina) y familiarizado con la lengua del Nuevo Testamento, recuerdo con especial cariño a mi abuelo, un devoto hombre de fe ortodoxa con el mismo nombre, Χρῆστος (Jristos) Cristos, quien siempre me advertía: «Cuida de no perder tu nus cuando seas mayor; mantén siempre tu nus». Lamentablemente, al emigrar a Occidente a la temprana edad de diecinueve años, perdí mi nus, tal como muchos santos padres de los últimos dos siglos han señalado, indicando que el nus ha migrado hacia Occidente y ha sido transformado en lógica o razón, adoptando el racionalismo occidental a través de la διάνοια (diania), que comprende la dianús (parte del nus), la mente, el intelecto y el cerebro.

Hoy en día, observo cómo el nus regresa a Grecia, siendo reinterpretado como razón y lógica debido al racionalismo reinante. Sin embargo, surge un gran problema cuando colocan la razón o lógica de la diania, que es inferior y parte del nus, por encima del nus mismo, convirtiéndose así en esclavos de una lógica o racionalismo limitados. Lamentablemente, la mayoría de las traducciones erróneamente equiparan el nus con la inteligencia o la mente, conceptos que nada tienen que ver con el nus helénico, generando una gran confusión entre las personas. Esta confusión impide que alcancen su autognosía, su autoconocimiento y su psicoterapia, que, según dicen los Padres, conocerse a sí mismo es la hazaña más grande del ser humano, superando incluso la visión de ángeles o la resurrección de los muertos.

En Barcelona, el 10 de febrero de 1998, experimenté un despertar espiritual gracias a la jaris gracia, la energía increada del Espíritu Santo. De manera milagrosa, llegaron a mis manos los cinco tomos de la Filocalía y el libro del autor de la Filocalía, san Nicodemo el Aghiorita, titulado «La guerra invisible». Durante mi primera lectura, recibí frases clave o llaves para mi psicoterapia psíquica y espiritual, las cuales compartiré a continuación, atribuyéndolas a cada Santo Padre, aunque algunas no recuerde de quién son.

La primera frase, proveniente de san Gregorio Palamás, es: «Κύριε, φώτισόν μου τὸ σκότος» (Kirie fotisón me to skotos), que se traduce como «Señor, ilumina mi oscuridad e ignorancia». Cuando lo leí por primera vez en 1998, no comprendí mucho de lo poco que estaba en la Filocalía sobre san Gregorio, pero fue una apocçalipsis o revelación para mí, la más significativa. Al terminar de leer todos sus textos, me di cuenta de mi ignorancia y obscuridad, lo cual me llevó a una sincera reflexión en soledad en mi hogar y me dije: ¡Madre mía, no he comprendido nada de todo lo que he leído de este Santo, cuán enfermo, tenebroso e ignorante que soy!, y ¿ahora qué hago para adquirir algo de esto? La respuesta vino desde lo más profundo de mi corazón: «Ora, como lo hacía el Santo Gregorio Palamás, quien durante años clamaba, ‘Κύριε, φώτισόν μου τὸ σκότος'». Comencé a seguir esta oración, intercambiándola con la nonologa oración del corazón o de Jesús. Desde entonces, continúo con esta práctica, siendo consciente de la persistente oscuridad e ignorancia en mí, pero agradecido por el crecimiento y mejora que he experimentado, gracias a CristoDios y a san Gregorio Palamás por mantener esta luz que me permite ver mi propia oscuridad e ignorancia.

San Gregorio Palamás también comparte en el mismo texto otras dos frases significativas. Una de ellas expresa: «Con el movimiento circular del nus, donde no hay posibilidad de engaño (tomado de san Dionisio, movimiento circular de la psique en vez de nus), cuando la unidad o uniformidad del νούς nus (espíritu de la psique-alma) se convierte en trinidad (trinitario), sin dejar de ser mónada o unidad una, entonces se une con la primera divina Monada o Unidad Trinitaria, impide la entrada del engaño y se vuelve superior al cuerpo, carne, al mundo, a las interferencias mundanas y al dominador de este mundo, el diablo». Este concepto se explora también aquí en este texto de los santos Cálisto e Ignacio, los Xabthopulos en el capítulo 70 “más sobre el νούς nus”.

En 2002, de manera milagrosa, apareció otra obra titulada «El uso de la noerá energía y de la energía lógica del hombre», según san Gregorio Palamás, siendo esta mi segunda traducción oficial. Recientemente, he repasado la traducción al español, ya que en el original helénico se mejoró el texto añadiendo algunas aclaraciones. https://logosortodoxo.es/filocalia/tres-capitulos-sobre-la-oracion-pureza-y-catarsis-del-corazon/  

De mi santo de devoción desde niño, san Dionisio, aprendí sobre los tres movimientos de la psique-alma: el directo o recto, el espiral y el circular o cíclico. Siempre anhelé encontrar textos que desarrollaran estos movimientos, y gracias a la jaris gracia energía increada de CristoDios, los santos Padres, especialmente san Máximo el Confesor y san Gregorio Palamás, y otros, han abordado estos conceptos de manera excepcional.

https://logosortodoxo.es/psicoterapia-ortodoxa/los-3-movimietos-del-nus-segun-san-dionisio-el-areopayita/

Espero y deseo que disfruten, gocen y reciban mucha Jaris de esta traducción y para mí el traductor desgraciado que no posee la Jaris-Gracia Increada sino la des-gracia creada, sólo les pido que pidan un Kirie eléison a CristoDios para mí.

Santos Calisto e Ignacio (los Xanthopulos)  Breve biografía

El santísimo patriarca de Constantinopla, Calisto, conocido como Xanthopulos, vivió durante el reinado de Andrónico II Paleólogo, alrededor del año 1360. Después de aprender junto al santo Gregorio el Sinaíta (sobre cuya vida escribiría más tarde una extensa biografía), llevó a cabo su vida ascética en el Monte Athos, en el Skete de Magoula, frente al Monasterio de Filoteu. Vivió junto a su compañero asceta Marco durante veintiocho años. Pero también compartió una amistad tan profunda con Ignacio, quien también llevaba el nombre de Xanthopulos, que eran como una sola alma en dos cuerpos. Después de convertirse en patriarca, se embarcaron junto con el clero hacia Serbia para la pacífica unión de la Iglesia local, pasando por el Monte Athos. Fue allí donde el santo Máximo, apodado Kafsokalyvita, les dio la bienvenida con una salutación ingeniosa pero profética: «Este Yérontas perdió a su anciana», mientras entonaba el salmo fúnebre «Bienaventurados los inmaculados en el camino» (Salmo 118). Al llegar a Serbia, cambiaron la vida corruptible por la incorruptible.

Sobre estos dos santos, Simeón de Tesalónica dice en algún lugar, al hablar de la oración divinizante «Señor Jesucristo, Hijo de Dios, eléison me, compadécete o ten misericordia o piedad de mí», en el capítulo 295, lo siguiente: «Especialmente en nuestro tiempo, escribieron iluminados por el Espíritu sobre esta oración, siendo ellos también hombres de Dios, los dos teólogos y portadores de Dios y Cristo y verdaderamente divinos, es decir, nuestro santo padre Calisto, que fue hecho patriarca de Constantinopla por Dios, y su co-asceta, el santo Ignacio. En un libro relacionado que escribieron, filosofaron espiritualmente y con un espíritu divino sobre cosas elevadas, formulando en sus capítulos, que completan el número perfecto de 100, el conocimiento perfecto de esta oración. Ambos florecieron en la capital, abandonaron todo y, después de vivir primero una vida virginal y monástica como subordinados, vivieron juntos la vida ascética y celestial, inseparables, preservando sobre todo la unidad en Cristo, por la cual el mismo Cristo oró por nosotros al Padre (Juan 17, 21). Así se mostraron en el mundo como estrellas brillantes, según Pablo, aferrándose firmemente al logos de la vida (Filip 2, 15-16). Podríamos decir que lograron, más que muchos otros santos, la unión y la agapi-amor en Cristo, de modo que nunca hubo ninguna indicación de diferencia entre ellos, ni siquiera la más mínima sombra de desacuerdo, casi imposible entre los seres humanos.

Por eso se volvieron angelicales y mantuvieron la paz de Dios como prometieron y la convirtieron en su posesión, una paz que, como dice Pablo, Jesús Cristo es nuestra paz, Él que unió las dos partes (Efe 2, 14) y cuya paz supera todo entendimiento (Filip 4, 7). Así, murieron en paz y ahora disfrutan de la divina serenidad y ven más claramente a Jesús, a quien amaron con toda su psique-alma y buscaron sinceramente, y están con Él y participan plenamente en su dulce y divina luz increada. Recibieron este compromiso de luz desde aquí, habiendo hecho la catarsis, purificados por la θεωρία zeoría contemplación y las praxis y prácticas, y recibieron el divino resplandor como los Apóstoles en el Monte Tabor (Mat 17, 1-2). Esto se reveló claramente para que muchos pudieran confirmarlo; sus rostros, al igual que el de Esteban (Hechos 6, 15), brillaban porque la χάρις jaris (gracia, energía increada) no solo se derramaba en sus corazones sino también en sus rostros. Por eso, parecían brillar en sus rostros como el sol, similar al gran Moisés (Éxodo 34, 29-30), según testificaron quienes los vieron. Ellos, habiendo experimentado este bendito pazos (pasión, padecimiento) y conocido por su experiencia, hablan claramente sobre la luz divina, la energía increada y la gracia increada de Dios, así como sobre la santa oración (del corazón o de Jesús), presentando a los Santos como testigos.

 

 Esta obra es una fuente de enseñanzas y directrices relacionadas con la vida espiritual y la práctica del hesicasmo.

TEXTO

En relación con el ejercicio, el estilo de vida y su dieta, y sobre los muchos y grandes beneficios que la ησυχία hisijía brinda a quienes la practican correctamente. El presente trabajo se divide en cien capítulos.

La donación divina y sobrenatural y la χάρις jaris (gracia, energía increada) que coexiste y co-reside a través del Espíritu Santo en los fieles.

1. Para hablar de acuerdo con la enseñanza divina, nosotros, que somos instruidos por Dios, ya que llevamos la nueva ley escrita en secreto en nuestros corazones (Jeremías 31, 33; Hebreos 8, 10), más brillante que el fuego, y somos guiados por el Espíritu bondadoso y recto como hijos y herederos de Dios y coherederos de Cristo (Rom 8, 17), deberíamos vivir una vida angelical sin necesidad de que nadie nos enseñe: «Conoce al Señor» (Jer 31, 34; Heb 8, 11). Ahora, sin embargo, con nuestro alejamiento desde una edad temprana de lo superior y nuestro giro hacia lo peor, así como nuestra estafa por el terrible Beliar y su postura tiránica e intransigente contra nosotros, nos han llevado a alejarnos por completo de los mandamientos salvadores y divinos y a precipitarnos hacia abismos destructivos psico-fóbicos. Y lo más lamentable de todo: nos ha incitado a pensar y actuar en contra de nosotros mismos. Por lo tanto, como dice el dicho divino: “no hay nadie que conozca o busque con anhelo a Dios, porque todos nos hemos desviado del camino correcto y hemos sido degradados (Salmo 13, 2; 52, 3). Así que nos hemos convertido por completo en carne (Génesis 6, 3) y carecemos de la χάρις jaris gracia divina, increada y luminosa; por lo tanto, necesitamos exhortarnos y ayudarnos mutuamente en lo que es bueno.

El contenido de este logos, discurso se presenta debido a una pregunta de un hermano y de acuerdo con lo que quería, y también para cumplir con el mandato de los Padres.

2. Querido hijo espiritual, debido a tu anhelo de explorar las divinas y vivificantes Escrituras, según el logos del Señor (Jn 5, 39), y para sumergirte e iniciarte en ellas sin errar, has pedido muchas veces un logos y una regla escrita tanto de nosotros, los inútiles, para tu beneficio propio, o tal vez para el de otros, como tú mismo dices. Por lo tanto, si no antes, pero ahora, con la ayuda de Dios, hemos considerado que debemos cumplir este loable deseo tuyo; y por amor y beneficio tuyo, hemos dejado de lado la pereza y desgana que nos acompaña, mientras te admiramos excesivamente por tu diligencia en las cosas buenas y tu persistente laboriosidad. Por supuesto, en primer lugar, temimos la terrible condena que Dios amenazó contra aquel que esconde su talento (Mat 25, 25). Pero además de eso, también estamos cumpliendo una orden paterna que nos dejaron nuestros Padres y nuestros maestros espirituales, que es confiar en lo que nos enseñaron y enseñarlo a otros amantes de Dios. Por lo tanto, que Dios, el Padre de la agapi (amor incondicional) y generoso dador de todos los bienes en general, conceda a nosotros, los de lenguaje torpe y habla insuficiente (Éxodo 4, 10-12), un logos oportuno mientras abrimos nuestra boca, Él, quien a menudo dio palabras a animales mudos para beneficio de quienes las escucharon (Números 22, 28). Ahora a ti y a aquellos que estudien estos logos, como dijiste, ojalá que añada oído para escuchar con sabiduría y comprensión y vivir imperturbablemente como Él ama. Porque sin Él, como dice la Escritura, no podemos hacer nada (Juan 15, 5) útil y salvador, y si el Señor no edifica la casa, en vano trabajan los edificadores (Salmo 127, 1). Y esto es así.

El propósito prevalece en cada obra. Y el propósito de este discurso es aprender cuál es el fundamento.

3, En cada obra, el propósito va antes; y nuestro propósito es exponerte, según nuestra capacidad, lo que contribuye a tu progreso espiritual, mientras que tu propósito es vivir auténticamente de acuerdo con lo que diremos. Por lo tanto, primero debemos investigar cuál es la culminación de la edificación en Cristo a la que debemos aspirar y establecer un comienzo adecuado para el cimiento y fundación, de modo que cuando llegue el momento, o más bien, cuando lleguemos a recibir abundantemente la ayuda divina, podamos agregar el techo apropiado con la arquitectura del Espíritu.

El comienzo de cualquier obra en Dios es vivir de acuerdo a los mandamientos del Salvador, y el fin es nuestro retorno a la perfecta jaris gracia la energía increada del Espíritu Santo y divino que se nos ha sido regalado inicialmente en el santo bautismo.

4. Por tanto, el principio base de cualquier obra en Dios, para ser breve, es esforzarnos de todas las maneras posibles y con toda nuestra fuerza para vivir de acuerdo con la legislación de todos los mandamientos deificantes del Salvador. Y su fin, con la aplicación y cumplimiento de estos mandamientos, es regresar a la condición que nos ha sido dotada desde lo alto y desde el principio en la santa pila, es decir, la reforma y la regeneración espiritual perfecta de la jaris gracia, o como prefieras llamar a este regalo. Y después de quitarnos el antiguo Adán junto con sus obras, praxis y deseos, debemos vestir al nuevo y espiritual (Col 3,9-10), que es el Señor Jesús Cristo, como el muy santo Pablo dice: «Hijos míos, por los cuales sufro de nuevo dolores de parto hasta que Cristo sea formado en vosotros» (Gál 4, 19). Y también: «Porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos» (Gál 3, 27).

Cuál es la jaris gracia y cómo la lograremos. Cuáles son las cosas que la nublan y cuáles son las que la purifican.

5. Pero, ¿cuál es la jaris gracia y cómo podemos alcanzarla, y cuáles son las cosas que la oscurecen y cuáles vuelven a darle su lucidez y pureza, esto lo revelará aquel que en la psique-alma y en el lenguaje es más brillante que cualquier oro, San Juan el Crisóstomo, diciendo: “¿Qué significa el logos del Apóstol de que «reflejamos la doxa-gloria del Señor y somos transformados en esa imagen brillante» (2Cor 3, 18)? Esto lo mostraba con mayor claridad cuando operaba y manifestaba los carismas/dones de los milagros. Pero incluso ahora no es difícil de ver para aquellos que tienen ojos fieles. Es decir, en el momento en que somos bautizados, la psique-alma brilla más que el sol a medida que se limpia y se purifica por el Espíritu. Y no solo contemplamos la doxa-gloria de Dios, sino que también recibimos un resplandor de ella. Así como la plata pura, cuando se expone a los rayos del sol, emite sus propios rayos, no solo de su propia naturaleza, sino también del resplandor solar, del mismo modo, la psique-alma, cuando se purga y se purifica y se vuelve más brillante que cualquier plata, recibe un resplandor de la doxa-gloria del Espíritu, que se convierte en su propia luminosidad. Y esto es natural que se realice por el Espíritu Santo, del cual es el Señor.»

Y un poco más abajo dice: «¿Quieres que te muestre esto de manera más palpable, a través de los Apóstoles? Piensa en Pablo, cuyas ropas operaban terapias y curaciones milagrosas (Hechos 19, 12), y en Pedro, cuya sombra sola curaba (Hec 5, 15). Las ropas y sus sombras no tendrían tal dinami potencia y energía milagrosa si no llevaran la imagen del Rey y si sus destellos no fueran deslumbrantes. Porque las ropas del Rey son temibles incluso para los ladrones. ¿Quieres ver esta gloriosa luminosidad manifestada también en el cuerpo? “Miraron”, dice, “el rostro de Esteban, y lo vieron semejante al de un ángel” (Hec 6, 15).

Sin embargo, esto no fue nada en comparación con el resplandor que destellaba en su interior. Porque la luz (increada) que Moisés tenía en su rostro en ese momento (Éx 34, 30), la tenían ellos en sus psique-almas, o más bien en un grado mucho mayor; porque la de Moisés era más perceptible, sensible mientras que la de ellos era incorpórea. Y así como los cuerpos luminosos transmiten su esplendor a otros cuerpos cercanos, lo mismo ocurre con los creyentes. Por eso, aquellos a quienes esto les sucede son liberados de la tierra y ven los cielos como en un sueño. ¡Ay de mí! Aquí debo suspirar amargamente, porque aunque se nos ha regalado tal nobleza en el bautismo, no entendemos ni siquiera las palabras dichas, ya que rápidamente perdemos el sentido de las cosas divinas y somos atraídos por las cosas sensibles. Esta inefable y conmovedora luminosidad permanece en nosotros uno o dos días y luego la apagamos trayendo de vuelta el invierno de los asuntos mundanos  e impidiendo los rayos con la densidad de las nubes.»

Y en otro punto dice: «Los cuerpos de aquellos que agradaron a Dios se vestirán con tal luminosidad que no es posible verla con los ojos carnales. Dios dispuso que se nos dieran signos y huellas tenues de estas cosas tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. En el Antiguo, el rostro de Moisés se iluminó tanto que era inaccesible e insoportable a los ojos de los israelitas (Éxodo 34, 30). En el Nuevo, el rostro de Cristo brilló mucho más que el rostro de Moisés (Mateo 17, 2).» ¿Escuchaste las palabras del Espíritu? ¿Comprendiste el poder del misterio? ¿Sentiste cuáles son los dolores de la perfecta transformación espiritual que recibimos a través del santo bautismo y cuán grandes son los beneficios, la plenitud y las recompensas? Y que está en nuestro poder aumentar o disminuir esta jaris gracia sobrenatural, es decir, hacerla más brillante o empañarla, según dependa de nosotros. La causa es la tormenta de los asuntos mundanos y la oscuridad de los pazos pasiones, vicios que se originan a partir de ellos, que como un invierno o un arroyo salvaje se precipitan sobre nosotros con ímpetu e inundan nuestras  psiques-almas, sin dejarlas ni respirar ni mirar hacia lo que es verdaderamente bueno y bienaventurado, para lo cual han sido creadas.

Pero así como está maldita y amargada por el ruido y el humo de los placeres, la oscurecen, la sumergen y la ahogan. Mientras que, por el contrario, en estas cosas -es decir, las que se generan a partir de los divinizantes mandatos en aquellos que viven de acuerdo con las demandas, no de la carne, sino del Espíritu, de acuerdo con el dicho:

“Vivid según el Espíritu y no cumpliréis el deseo de la carne” (Gál 5, 16)-, son beneficiosas y salvadoras y conducen como una escalera hacia la misma cima y el último escalón, la agapi (amor incondicional), que es Dios (1 Juan 4, 8).»

En el santo bautismo recibimos la jaris gracia divina e increada de forma gratuita. Sin embargo, después la cubrimos con los pazos, y luego hacemos la catarsis y la purificamos nuevamente mediante cumplimiento de los mandamientos-logos.

6. Pero entonces, en el seno divino, es decir, en la sagrada pila bautismal, recibimos por completo la donación de la jaris gracia increada y divina. Sin embargo, si la cubrimos, cuando no deberíamos hacerlo, con el mal uso de las cosas temporales, y con la preocupación de los asuntos mundanos y con el torbellino de los pazos, aún así tenemos la posibilidad de nuevo, incluso de esa manera, mediante la metania y el cumplimiento de los mandamientos deificantes, de recuperar y recobrar ese resplandor sobrenatural y verlo brillar claramente. Por supuesto, su revelación se hace de acuerdo con la medida de la diligencia y la fe de cada uno; y antes de esto, con la ayuda y bondad del Señor Jesús Cristo, como dice San Marcos: “Cristo, siendo un Dios perfecto, regaló perfectamente su jaris gracia del Espíritu Santo a aquellos que fueron bautizados. Esta jaris gracia (energía increada) no es agregada por nosotros, sino que se apocalipta/revela y se manifiesta en nosotros de acuerdo con la labor de los mandamientos-logos. Y ella misma nos añade fe, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y a la plena madurez cuya medida es Cristo (Efes 4, 13). Así, lo que ofrecemos cuando renacemos de Él, proviene de Él, y estaba escondido dentro de nosotros por Él”.

Quien se gobierna según la voluntad de Dios debe cumplir todos los mandamientos-logos, pero la mayor parte de su esfuerzo debe dedicarse a aquellos que son más importantes que los demás y de alguna manera, más generales.

7. Por lo tanto, el principio y la raíz, como dijimos, de todo este esfuerzo es vivir de acuerdo con los mandamientos salvíficos, mientras que el objetivo final y el fruto es regresar a la perfecta jaris gracia increada del Espíritu que nos fue otorgada inicialmente a través del bautismo. Y, por supuesto, esta jaris gracia increada está dentro de nosotros, porque Dios no revoca Sus donaciones (Rom 11:29), pero está oculta por los pazos y se apocalipta/revela a través del trabajo de los deificantes mandamientos. Por esto, debemos esforzarnos, en la medida de lo posible, para cumplir todos estos mandamientos y apresurarnos de todas las maneras posibles rehacer la catarsis de la psique-alma para la revelación del Espíritu (1Cor 12:7) y ver la jaris gracia increada claramente. Como el bienaventurado David dice al Señor: “Tu ley es una lámpara para mis pies y una luz para mis caminos” (Salmo 118:105) y: “El mandamiento del Señor resplandece desde lejos e ilumina mis ojos” (Salmo 18:9), y: “Yo me conformaba a todos Tus mandamientos” (Salmo 118:128). Y el discípulo amado dice: “El que guarda, aplica y cumple con los mandamientos de Dios, permanece en el espíritu de Dios y Dios está unido con él por la jaris energía increada” (1 Juan 3:24), y: “Sus mandamientos-logos no son pesados” (1Juan 5:3). Y el Salvador dice: “El que cumple mis mandamientos/logos y los tiene interiorizados, ése es el que me ama; y al que me ama, lo amará mi Padre y yo también lo amaré y me apocaliptaré-revelaré a él, mediante la iluminación interior por la energía increada»…«El que me ama aplicará y cumplirá la enseñanza de mis logos, y mi Padre lo amará y vendremos a él y en él nos alojaremos permanentemente, metamorfoseando y convirtiendo su corazón y su cuerpo en templo vivificado y deificado del Dios vivo. El que no me ama no cumple la enseñanza de mis logos; y la enseñanza de los logos que escucháis no es mía, sino del Padre que me ha enviado» (Juan 14:21-24). Y especialmente en los primeros y más generales mandamientos, que son como las madres de los demás, debemos dedicar la mayor parte de nuestro esfuerzo. Así que, con la ayuda de Dios, alcanzaremos sin error nuestro propósito, es decir, el buen comienzo y el fin de nuestro deseo, que es la manifestación y apocálipsis/revelación del Espíritu (1Cor 12:7).

El comienzo de todo trabajo agradable es la invocación del nombre de nuestro Señor Jesús Cristo con fe, y con ello, la paz y la agapi (amor incondicional) que emanan de esta.

8. Por lo tanto, el comienzo de cualquier labor agradable a Dios es la invocación con fe del nombre salvador de nuestro Señor Jesús Cristo. Él mismo dijo: «Sin mí, no podéis hacer nada» (Juan 15, 5). Junto con esto está la paz, ya que dice: «Orad sin ira ni contiendas, sin dudas ni poca fe» (1Tim 2, 8), así como la agapi-amor, porque “Dios es agapi (amor incondicional) y la fuente de ella y el que permanece practicando en esta agapi-amor, Dios permanece en él (1Juan 4, 16). La paz y la agapi-amor no solo hacen que la oración sea bienvenida, sino que también a través de la oración nacen y florecen las mismas como divinos rayos gemelos, y crecen y se perfeccionan.

Con cada una de estas, y las tres juntas, se nos concede abundantemente la riqueza de todos los bienes.

9. De estas cosas, o más bien, con cada una de ellas individualmente y con las tres juntas, se nos regala en abundancia y se nos inunda con la riqueza de todos los bienes. Es decir, por la invocación con fe del nombre de nuestro Señor Jesús Cristo, esperamos con certeza recibir la misericordia y la vida verdadera que está escondida en Cristo (Col 3, 3), ya que a estas las deja que fluyan como de una eterna fuente divina el nombre del Señor Jesús, que invocamos con pureza y lucidez en el corazón. Con la paz que supera todo nus (espíritu de la psique), todo entendimiento y que no tiene límites (Filip 4, 7; Isaías 9, 7), nos hacemos dignos a reconciliarnos con Dios y entre nosotros. Y finalmente, con la agapi (amor incondicional), cuya doxa-gloria (luz increada) no se puede comparar con nada, ya que es el fin y la recapitulación de la Ley y los Profetas (Mateo 22, 40), de modo que Dios mismo es llamado agapi (1Juan 4, 8), nos unimos completamente con Dios, ya que nuestro pecado es anulado por la justicia de Dios y por la adopción de la jaris gracia (energía increada), que actúa dentro de nosotros de manera asombrosa a través de la agapi. Porque dice: “La agapi cubrirá multitud de pecados (1Pedro 4, 8), y: “La agapi-amor aleja la ira, es magnánima, paciente, y tolerante; la agapi no tiene envidia, no es presumida, ni se infla de orgullo y prepotencia, no hace nada feo e indebido, no es grosera ni egoísta y no busca sus intereses, no piensa mal para su prójimo y ni tiene en cuenta el mal del otro, no se irrita; La agapi-amor no se alegra por la injusticia; se alegra y goza cuando domina la verdad, todo lo disimula, sufre y aguanta, todo lo cree, todo lo espera con paciencia, todo lo tolera. La agapi-amor jamás decae y nunca falla, sino que permanece estable y eterna” (1 Corintios 13, 7-8). La agapi-amor todo lo soporta; la fe, la esperanza y la paciencia nunca la abandonan; el amor nunca pierde su valor.

Nuestro Señor Jesús Cristo, en el momento de Su pazos salvífico, pasión salvadora, dejó estas instrucciones a Sus discípulos como mandamientos de despedida y una herencia divina, así como después de la resurrección.

10. Por eso, el mismo Señor nuestro Jesús Cristo, bondadoso y dulcísimo, cuando llegó para Su pazos-pasión voluntaria en beneficio nuestro y cuando se reveló a los Apóstoles después de la resurrección, y también cuando iba a volver a Su Padre por naturaleza y nuestro Padre por la jaris gracia increada, les dejó todas estas cosas a los Suyos como un padre genuino y cariñoso, como mandamientos de despedida, agradables consolaciones y sólidas promesas, o más bien como una herencia divina irrevocable. Esto se ve en lo que les dijo a los Discípulos cuando llegó la hora de su pasión salvadora: “Todo lo que pidáis en mi nombre, os lo concederé» (Juan 14, 13), y: «de verdad en verdad os digo que todo lo que pidan en mi nombre al Padre os lo concederá. Hasta ahora no habéis pedido nada implorando en mi nombre. A partir de ahora pedid continuamente y recibiréis, para que vuestra alegría y gozo sean completos. Ese día pedid en mi nombre» (Juan 16, 23-26). Y de nuevo, después de la resurrección, les dijo: «Los que crean harán estos milagros; en mi nombre echarán demonios, hablarán en nuevas lenguas, etc.» (Marcos 16, 17-18).

Esto está de acuerdo con lo que también dice el discípulo amado: “Jesús hizo muchos más milagros y señales en presencia de sus discípulos, los cuales demostraban su deidad y no están escritas en este libro sagrado. Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre” (Juan 20, 30-31). Y el venerable Pablo dice: “Para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla” (Filip 2:10). Y también en los Hechos de los Apóstoles está escrito: “Entonces Pedro, lleno del Espíritu Santo, les dijo: «Soberanos jefes del pueblo y ancianos de Israel, ya que somos hoy interrogados por el bien que hemos hecho a un hombre enfermo y se nos pregunta de qué modo ha sido salvado y curado de su enfermedad, sabed todos vosotros y todo el pueblo de Israel que por la invocación en el nombre de Jesús Cristo, el Nazareno, a quien vosotros crucificasteis y Dios resucitó de entre los muertos, por Él se presenta éste curado delante de vosotros” (Hechos 4, 12).

Y nuevamente el Salvador dice: «Se me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra» (Mat 28, 18). También, con lo que dijo el Θεάνθρωπος zeánzropos Dios-Hombre Kírios-Señor antes de su crucifixión a los Apóstoles: «Les dejo la paz, les doy mi paz» (Juan 14, 27) y «“Estas cosas os he hablado para que unidos en mí tengáis paz» (Juan 16, 33), y «Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros» (Juan 15, 12) y: «Así sabrán todos que son mis discípulos, si tienen agapi-amor los unos por los otros» (Juan 13, 35) y: “Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mí agapi-amor. Permaneceréis en mi agapi, si guardáis y aplicáis en vuestras vidas mis logos-mandamientos, tal y como yo he guardado los logos-mandamientos de mi Padre y permanezco siempre en su infinita agapi (amor divino y energía increada). Estas cosas os he dicho para que sea transmitida y esté dentro de vosotros mi alegría y gozo y vuestra alegría sea completa y el gozo colmado” (Juan 15, 9-11). Y después de la resurrección, en varias ocasiones parece haberles dado la paz, apareciendo entre los suyos y diciendo: «Paz a ustedes» (Juan 20, 19). Y hacia Pedro, a quien le confió el liderazgo de los Discípulos, mostrando que el cuidado del rebaño es una especie de retribución por el ardiente agapi-amor hacia el Señor Jesús Cristo, le dijo tres veces: «Pedro, si me amas más que los demás, apacienta mis ovejas» (Juan 21, 15 ss.). Uno podría, no sin razón, decir también esto: que de estos tres mandamientos excepcionales se generan otros tres excepcionales. Estos son la catarsis de la psique-alma, la iluminación y la perfección o culminación(o la zéosis)

Con estos tres están entrelazadas todas las virtudes.

11. Si alguien desea examinar minuciosamente y con claridad esta triple cuerda, de alguna manera inseparable, encontrará que de ella cuelga y está tejida divinamente con ella toda la incorruptible púrpura de las virtudes. Porque la vida según Dios es como una cadena preciosa y una serie de colores dorados, donde una virtud está armoniosamente unida a la otra, todas adecuadas en una unidad, y todas juntas las virtudes completan una obra, por la cual el hombre que vive plenamente con ellas pueda deificarse o divinizarse. Y todas estas virtudes tienen como algunos vínculos y eslabones esta invocación salvadora del amado nombre del Señor Jesús Cristo con fe, y si quieres, con esperanza y humildad, y la paz junto con la agapi, este árbol tri-corpóreo de tres cuerpos divinamente plantado y dador de vida. Quien toque este árbol en el momento oportuno y saborea de él, como es natural, no cosecha, por supuesto, la muerte como el primer hombre en ser creado, sino una vida incorrupta y eterna.

El regalo y la venida del Espíritu Santo de Dios Padre a los fieles, se regala con la dinami (poder, potencia y energía) de Jesús Cristo y en Su santo nombre.

12. Por supuesto, la donación del Espíritu Santo de Dios Padre a los fieles y Su venida se regala con la dinami (poder, potencia y energía) de Jesús Cristo y en Su santo nombre, como lo afirma el mismo súper-dios y amante de las psiques-almas Señor Jesús Cristo a los Apóstoles: «Os conviene que yo me vaya, porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Paráclitos/Consolador. Pero si me voy, os lo enviaré» (Juan 16, 7), y también: «Cuando venga el Paráclitos, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad que procede del Padre» (Juan 15, 26), y nuevamente: «El Paráclitos, el Espíritu Santo, a quien enviará en mi nombre mi Padre» (Juan 14, 26).

Nuestros santos Padres sabiamente nos exhortan, a través de la iluminación del Espíritu Santo que tenían en su interior, a orar a nuestro Señor Jesús Cristo y de Él pedir la misericordia.

13. Por lo tanto, nuestros ilustres guías y maestros, muy sabiamente y con la iluminación del Espíritu Santo que moraba en ellos, enseñan que antes de cada buena obra y estudio, todos los cristianos, especialmente aquellos que desean entrar en el estado de la divina ησυχία hisijía y consagrarse a Dios, apartándose del mundo para reposar correctamente, deben orar al Señor y pedir de Él con persistencia, sin vacilación, Su misericordia (increada). Y deben tener ininterrumpida labor y estudio del santo y dulce nombre de Él, y esto deben tenerlo constantemente en el corazón, en el nus con la mente y en los labios. Y deben respirar y vivir y dormir y despertar y moverse y comer y beber en Él y con Él. En pocas palabras, deben esforzarse por hacer todo de manera similar. Así como cuando Él está ausente, todas las cosas malas fluyen hacia nosotros o, más bien, nada útil se acerca a nosotros, de la misma manera, cuando Él está presente en nosotros, todo enemigo es repelido y no nos falta ningún bien, y nada es imposible de lograr, como lo declara expresamente el Señor mismo: «El que permanece unido en mí y yo en él, ése trae mucho fruto. Porque sin mí nada podéis hacer. Separados de mí, sin mi jaris-gracia que es mi energía increada, vivificadora, sanadora y salvadora que emana de mí, nada bueno podéis hacer » (Juan 15, 5). Por lo tanto, este asombroso y venerado en toda la creación, tanto en cosa como en nombre, que está por encima de toda cosa y nombre (Fil 2, 9), también nosotros, los indignos, lo hemos invocado con fe y hemos desplegado ampliamente las telas de nuestro logos hacia Él. Y así comenzamos a hablar también sobre lo siguiente.

Aquel que desea caminar sin tropezar en el camino de la ησυχία hisijía según la voluntad de Dios, debe, junto con la renuncia total de todo, elegir también la perfecta subordinación.

14. En el nombre del gran Dios y Salvador nuestro Jesús Cristo, quien dijo: «Yo soy la luz, la vida y la verdad, el camino y la puerta que conduce al Dios Padre, y aquel que pase por mí será salvo y entrará y saldrá y encontrará pasto salvador» (Juan 8, 12; 14, 6; 10, 9), presta atención a lo que decimos y te aconsejamos sinceramente. Ante todo, elige para ti mismo, junto con la metania universal, en la sagrada ceremonia de renuncia al mundo, y una subordinación perfecta y sincera. Es decir, cuídate mucho de encontrar un guía y maestro inequívoco, sin desviaciones. Reconocerás esto si sus logos están respaldados por las Sagradas Escrituras y si su vida está llena de espíritu y concuerda con sus palabras. Además, debe tener una διάνοια diania (mente, intelecto) elevada pero una disposición y conducta humilde y ser virtuoso en su modales, como representan los logos tradicionales del maestro según Cristo. Y después de encontrarlo y unirte a él física y espiritualmente, como un hijo amoroso a un padre genuino, síguelo completamente y fielmente, centrándote en sus mandamientos como si él fuera el Cristo mismo y no como un simple ser humano. Y después de rechazar lejos de ti toda incredulidad y duda, incluso tus propios pensamientos y voluntades, sigue al maestro con simplicidad y sin curiosidad, paso a paso, teniendo tu conciencia como un espejo claro y limpio para obtener información clara y completa de tu obediencia incondicional a tu iniciador y guía espiritual. Y si alguna vez el diablo, el enemigo de todo lo bueno, te susurra pensamientos opuestos, entonces, como si se tratara de inmoralidad, fornicación y fuego, tírate literalmente de él hacia ti mismo y responde sabiamente al engañador que te presenta esos pensamientos, diciéndole que el guiado no guía al guía, sino que el guía es quien guía al guiado, y que yo no asumí el juicio de mi Yérontas (anciano sabio e iluminado guía), sino que él asumió el mío y no fui designado como el juez de él, sino que él es mi juez, de acuerdo con lo que escribe san Juan el Clímaco y otros similares. Porque no hay nada más genuino y auténtico que este estilo de vida, es decir, la subordinación, para aquel que ha elegido de manera decisiva rasgar los manuscritos de sus pecados y ser inscrito en el libro divino de los salvados.

Según el bienaventurado Pablo, el Hijo de Dios y nuestro Dios, el Señor Jesucristo, cuando se hizo hombre por nosotros y gestionó con mucha sabiduría el plan paternal de nuestra salvación, trazó el camino de la subordinación o sumisión, con el cual agradó como hombre y fue digno de ser elevado nuevamente por el Padre. Porque dice: “y, estando en su condición y forma de hombre simple, se humilló a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz, sin dejar ni un momento de ser también Dios perfecto. Por ello Dios le glorificó y le exaltó a lo sumo y como hombre le otorgó el nombre Kirios-Señor Jesús Cristo, que está por encima de cualquier otro nombre en la tierra y en el cielo, etc.” (Filip 2, 8-9). Entonces, ¿quién, con arrogancia, para no decir con ignorancia, espera alcanzar la doxa-gloria increada del Señor y Dios y nuestro Salvador Jesús Cristo y los trofeos y las recompensas paternas sin haber elegido el mismo camino de nuestro maestro y didáscalos (catedrático) Jesús Cristo? Porque incluso el discípulo, si desea ser semejante a su maestro, como un perfecto modelo, debe con todo el fervor de su psique-alma aspirar a seguir la vida y las obras de su educador y esforzarse cada día más por imitarlo. Además, sobre nuestro Señor Jesús Cristo, está escrito: «Y vivía obedeciendo a su padre y madre» (Luc 2, 51), y también el Salvador mismo dice: «No he venido a ser servido, sino a servir» (Mat 20, 28). ¿Y hay alguien que quiera vivir de otra manera, es decir, autocomplaciente y según su propia voluntad, sin un guía, y piensa que sigue correctamente la vida según Dios? No, por supuesto, porque supera los límites establecidos.

San Juan el Clímaco dice: «Así como aquel que no tiene guía fácilmente pierde su camino, de la misma manera aquel que sigue la vida monástica de manera autónoma e independiente fácilmente se pierde, aunque posee toda la sabiduría del mundo». Por eso, la mayoría, por decir no todos, aquellos que no son subordinados o sumisos y avanzan sin consejo, siembran muchas cosas soñando, con dificultad y sudor. En realidad, cosechan muy poco. Algunos, de hecho, en lugar de trigo, cosechan, desgraciadamente, ¡ay, malas hierbas!, porque siguen, como se ha dicho, la idorítmia* (singularidad, autosuficiencia) y la conducta y el juicio complaciente propio, de lo que nada es peor. Juan el Clímaco también testifica esto al escribir lo siguiente: «Aquellos de ustedes que han intentado bajar a esta arena de ejercicio espiritual; aquellos que quieren cargar sobre sus hombros el yugo de Cristo; aquellos que buscan trasladar su carga al cuello del otro (del Yérontas); aquellos que se apresuran a redactar voluntariamente el documento de venta de ustedes mismos, y en lugar de eso quieren que les escriban un documento de libertad; aquellos que pasan por este gran océano nadando, sostenidos por las manos de otros, sepan que han intentado seguir un camino corto y áspero, que tiene solo un error, llamado ιδιορρυθμία idiorítmia* (no sometido a ninguna regla, singularidad, autosuficiencia). Aquel que renunció de una vez por todas a la idiorítmia, en todo lo que considera bueno y espiritualmente agradable, llega antes de haber comenzado a caminar. Porque obediencia significa no confiar en uno mismo en nada hasta el final de su vida». Por lo tanto, también tú, aprende esto bien en profundidad y, deseando practicar la buena y sin reservas porción del camino celestial de la divina ησυχία hisijía, sigue las leyes que se han establecido correctamente. Acepta primero la obediencia con alegría. Luego, de manera similar, la ησυχία hisijía. Porque así como la praxis, acción es la base de la θεωρία zeoría contemplación, de la misma manera lo es la obediencia a la ησυχία hisijía. Y como está escrito, no desees desplazar los límites que establecieron los Padres. (Proverbios 22, 28), y «ay del solitario» (Ecl 4, 10). De esta manera, poniendo un buen comienzo en los cimientos, con el tiempo colocarás un techo brillante con la arquitectura del Espíritu. Porque, como se ha dicho, donde el comienzo o principio  es inadecuado, también el conjunto es para tirarlo a la basura y viceversa, donde el comienzo es adecuado, el conjunto será hermoso y armónico, a pesar de que a veces sucede lo contrario, un asunto que, por supuesto, se debe a nuestra predisposición y elección.

*Ιδιορρυθμία idiorítmia término ascético que significa que el monje «ajusta» él mismo sus propios asuntos, siguiendo su propia opinión y voluntad, sin obedecer ni consultar a un yéronta.

¿Cuáles son las señales de la verdadera subordinación, que, cuando las posee el verdadero obediente, se subordinará correctamente?

15. Pero dado que el discurso sobre la subordinación es extenso y difícil de abordar, y por eso aquellos que practican la subordinación lo hacen de diversas maneras, también debemos hacerte algunas pequeñas observaciones sobre esto para que las tengas como señales; cuando poseas estas como reglas y medidas infalibles, actuarás correctamente. Así que esto es lo que te diremos: Aquel que practica una verdadera subordinación debe, según creemos, cuidar de manera crucial las siguientes cinco virtudes.

Primera, la fe, es decir, tener una fe pura y sincera hacia su Padre espiritual, tanto que crea que ve a Cristo y que se subordina a Él, como dice el Señor Jesús: «Quien los escucha a ustedes, me escucha a mí, y quien los rechaza a ustedes, me rechaza a mí; y quien me rechaza a mí, rechaza al que me envió» (Luc 10:16), también: «Todo lo que no proviene de la fe es pecado» (Rom 14:23).

Segunda, la verdad; es decir, ser verdadero en obras y logos y en la precisa confesión de sus loyismí (pensamientos simples o unidos con la fantasía). Porque el Salmista dice: «El fundamento de tus logos es la verdad» (Sal 118:160), y: «El Señor se complace en la verdad» (Sal 30:24). Y Cristo dice: «YoSoY la verdad» (Juan 14:6); de hecho, se le llama la Autoverdad.

Tercera virtud es no hacer su propia voluntad, -porque, como se dice, es perjudicial para el subordinado hacer su propia voluntad-, sino siempre cortarla de manera voluntaria, sin ser forzado por su Padre espiritual.

Cuarta, no contradecir ni tener rivalidades en absoluto, porque la contradicción y la rivalidad no son de los piadosos. Como escribe el venerable Pablo: “Pero si alguno quiere ser contencioso y discutir, sepa que nosotros no tenemos esta costumbre ni tampoco las Iglesias de Dios» (1 Cor 11:16). Si ahora estas cosas se prohíben en general a todos los cristianos, mucho más se prohíben a los monjes, especialmente después de que han prometido someterse completamente, como quiere el Señor. Así que objetar y ser propenso a la contención proviene de una conducta y mente ligada a la incredulidad y la soberbia, como se ha dicho que el monje orgulloso contradice fuertemente. Lo contrario también es cierto, es decir, no contradecir y no tener rivalidades proviene de la fe y una disposición humilde.

La quinta virtud que el subordinado debe cuidar es la confesión precisa y sincera al Yéronta (guía anciano sabio, experimentado e iluminado), como en la ceremonia de tonsura hicimos una promesa como si estuviéramos de pie en el temible altar de Cristo, ante Dios y los santos ángeles, de tener principio y fin, junto con las otras promesas y acuerdos con el Señor, y la confesión de los secretos ocultos del corazón. Como dice el divino David: «Decidí confesar al Señor mi iniquidad, acusándome a mí mismo, y tú perdonaste…» (Salmo 31:5 (32,5). Y san Juan el Clímaco dice: «Las llagas que se revelan no empeorarán, sino que serán curadas». Aquel que guarda este conjunto de cinco virtudes con sabiduría y cuidado, que sepa sin dudar, que alcanzará desde aquí como adelanto y compromiso la bienaventuranza de los justos. Y estas son las características de la memorable obediencia o subordinación, que son una especie de raíz y fundamento.

Escucha ahora acerca de las ramas, el fruto y el techo. Nos lo cuenta nuevamente san Juan de la Escala: «De la obediencia nace la humildad, de la humildad el discernimiento, del discernimiento la visión o perspicacia, y de esta la previsión o prognosis», la cual es obra solo de Dios y la concede como un regalo excepcional y sobrenatural a aquellos que se divinizan o deifican y se vuelven bienaventurados y felices. Además de estas cosas, también conoce esto: según la precisión de tu subordinación, brota dentro de ti la humildad, y de nuevo, según tu humildad, surge el discernimiento, al igual que las demás virtudes. Y debes esforzarte con toda tu fuerza para correr sin desviarte del camino de la obediencia. Así llegarás con seguridad a la virtud avanzada. Pero si te tambaleas en algún punto del estadio de la subordinación, ten en cuenta que no terminarás bien el resto del camino que has comenzado, es decir, la gobernación o gobernarte según Cristo, ni te coronarás con la corona que dan a los vencedores. Pero que la obediencia y sus características que hemos dicho, te sirvan como una especie de guía, como lo que los marineros miran para mantener recto su rumbo. Así mirando constantemente hacia ella, podrás superar la gran tempestad de las virtudes y anclar en el apacible puerto de la apázia impasibilidad, sin pazos. Y si te encuentras con alguna tormenta o agitación, esto se deberá a tu falta de atención y desobediencia. Porque, como dicen los Padres, aquel que tiene una obediencia verdadera ni siquiera el diablo puede perjudicarlo y dañarlo. Para mostrarte cuán grande es la venerable altura de la obediencia milagrosa, recordaremos otra frase patrística.

Así dice la estrella luminosa de la gobernación según Cristo, que construyó como un nuevo Bezaleel (Éxodo 31:2) la Escala celestial: «Los Padres llaman arma al canto o salmodia, a la oración muro, a las lágrimas inmaculadas un baño; pero la bienaventurada obediencia la han llamado martirio, sin el cual nadie entre los maliciosos, hostiles y resentidos verá al Señor». Creemos que esto es suficiente para una revelación elocuente y elogio de la impecable imitación de la bienaventurada obediencia. Aún podremos aprender y discernir con la experiencia, por supuesto si miramos hacia arriba y examinamos cuál es la causa de nuestra ruina y mortalidad, aunque no fuimos creados así desde el principio, y cuál es la causa de nuestra regeneración e inmortalidad. Vemos, entonces, que lo primero, es decir, la corrupción, la causó la fe del primer Adán en sí mismo, su ιδιορρυθμία idioritmia (no sometido a ninguna regla) su desobediencia, de la cual provino la violación y la transgresión del mandato divino. Lo segundo, lo logró para nosotros la voluntad común y la subordinación al Padre del segundo Adán, nuestro Dios y Salvador Jesús Cristo, de lo cual surgió la aplicación y cumplimiento del mandato paterno. Porque, como dijo el Salvador: «Porque yo no he enseñado nada de mí mismo; el Padre que me ha enviado al mundo es el que me ha dado mandamiento de lo que tengo que decir y enseñar. Y conozco que su mandamiento es la vida eterna, porque el logos de Dios contiene energía increada vivificante y renovadora. Así, pues, lo que yo digo y enseño, lo digo y enseño exactamente como el Padre me lo ha dicho a mí» (Juan 12:49-50). Entonces, al igual que en el primer padre Adán y en aquellos que se le asemejan, la raíz y la madre de todas las aflicciones es la presunción o jactancia, así también en el nuevo Adán, el Θεάνθρωπος zeánzropos Dios-Hombre Jesús Cristo y en aquellos que desean vivir de acuerdo con Él, el principio, la fuente y el fundamento de todos los bienes es la humildad. A esta orden y posición vemos que mantiene el sagrado batallón de todos los hermosos Ángeles que está por encima de nosotros, así como también por nuestra Iglesia terrenal. Y hemos aprendido y creemos que aquellos que de alguna manera se desvían de esta institución y desean vivir con obstinación, por no decir con arrogancia, son cortados de Dios y de la herencia luminosa y celestial, y de la Iglesia universal o católica ortodoxa, y son expulsados y enviados a la oscuridad y al fuego del infierno o gehena. Y esto es lo que les ha sucedido a los malvados obreros del mal que acompañan al lúcifer y a varios herejes malintencionados y kakodoxos a lo largo del tiempo, según presentan los logos teológicos escritos. Estos, debido a su auto-complacencia y orgullo, fueron expulsados miserablemente de la divina doxa-gloria increada y alegría, y de la sagrada sociedad de los cristianos.

«Alguien sabio dijo que los opuestos son medicinas para los opuestos. Por lo tanto, ya que la causa de todas las tristezas y tribulaciones es la desobediencia y la arrogancia, mientras que la subordinación y la humildad son la causa de las cosas agradables, aquel que desea vivir sin reproche, debe vivir subordinándose a un padre probado y humilde, que extrae su fuerza de la experiencia de muchos años y el conocimiento de las realidades divinas, y cuya vida esté gobernada y adornada por la corona de las virtudes. Y la orden y el consejo de este padre deben considerarse como la voz y la voluntad de Dios. Porque, como se dice, “la salvación se encuentra en la abundancia de consejo” (Prov 11, 14), y “un hombre que no acepta consejo y está sin consejo es enemigo de sí mismo”. Ahora bien, si algunos de los Padres gloriosos lograron alcanzar la ησυχία hisijía divina y la perfección según Dios sin someterse, esto ocurrió por apocalipsis/revelación divina y raramente. Y se ha escrito que lo raro no se convierte en ley de la Iglesia, tal como una golondrina no hace la primavera. Pero tú, creyendo como ciencia preliminar de la hermosa ησυχία hisijía divina es la verdadera subordinación, deja que lo que ha sucedido una vez, y, por economía, y sigue lo que los venerables Padres han establecido en común. Así te harás digno de obtener también las recompensas de aquellos que viven según la ley. ¿Qué piensas? En cualquier camino desconocido, nadie elegirá comenzarlo sin un guía que lo muestre correctamente. De la misma manera, nadie se aventura en el mar abierto sin un capitán experimentado. Lo mismo se aplica a cualquier arte y ciencia, sin un maestro adecuado.

En cuanto al arte de las artes y la ciencia de las ciencias y el camino que lleva a Dios y al infinito océano inteligible, es decir, la vida monástica, que es similar a la vida de los ángeles, ¿se atreve alguien a practicarla y confiar en sí mismo para alcanzar el final sin guía, capitán y maestro experimentado y genuino? Cualquiera que sea este, realmente se engaña a sí mismo y se extravía antes de comenzar, ya está equivocado, porque no se practica según la ley. De manera opuesta, antes de comenzar, ha alcanzado el final aquel que se somete a las instituciones de los Padres. Porque, como se ha escrito, ¿de dónde más aprenderemos a luchar contra la carne como es debido, o a tomar armas contra los pazos y los demonios? Como está escrito, “junto a las virtudes están alineados los pazos, y son vecinos”. Y ¿cómo entrenaremos los sentidos del cuerpo y regularemos las fuerzas de la psique-alma como si fueran las cuerdas de una guitarra?

Además, ¿cómo distinguiremos las profecías y revelaciones, consuelos y zeorías contemplaciones enviados por Dios, pero también las trampas, engaños y fantasías demoníacas? Y en pocas palabras, ¿cómo mereceremos llegar a la unión con Dios y a los rituales teúrgicos y misterios sin la iniciación de un iniciador verdadero e iluminado? Es realmente imposible, imposible.

Prestemos atención también el recipiente de elección, el bienaventurado Pablo, el místico de los inefables misterios, la boca de Cristo, la luz del mundo, el maestro de toda la οικουμένη icumeni (tierra habitada), discutiendo y debatiendo con sus co-apóstoles sobre el Evangelio, sobre el logos, como dice, “no sea que haya corrido en vano” (Gálatas 2, 2). Prestemos atención incluso a esta Auto-Sabiduría, nuestro Señor Jesús Cristo, diciendo de sí mismo que “descendí del cielo no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del Padre que me envió” (Juan 6, 38), y sobre el Espíritu Santo, divino y vivificante, que “no hablará de sí mismo, sino que dirá lo que oye” (Juan 16, 13). Este orden vigente, que mantiene tanto los cielos como la tierra, nos llenará de temor, asombro, agonía y ansiedad tanto por nuestra insignificancia e indiferencia como por aquellos que, por locura y presunción, eligen vivir mal y peligrosamente, de manera idiorítmica, peculiar y desobediente.

Esta lucha es realmente temible, y miles son los ladrones e incontables las emboscadas de los piratas y los naufragios innumerables. Por eso, de los muchos, pocos son los que se salvan (Luc 13, 23). Pero estos que vivan como quieran, ya que la obra de cada uno será probada por el fuego, como dice la Escritura (1Cor 3, 13), y el Salmista dice: “Tú darás a cada uno según sus obras” (Salmo 61, 13).

Y en concreto, no solo como quieran, sino como se debe cada uno aceptar y vivir, así que el Señor conceda prudencia y sabiduría a todos. Pero tú, y cualquiera que quiera vivir según Dios, aprendiendo de estos logos como de un extremo todo el oro y el tejido espiritual de la bienaventurada obediencia, apresúrate, como dijimos antes, a encontrar a un maestro probado y perfecto. La comida sólida es, según el portador de Cristo, Pablo, para los perfectos que tienen los sentidos entrenados para distinguir entre el bien y el mal (Hebreos 5, 14), y de esta manera, buscando con esfuerzo, esmero y fe, no fallarás en tu propósito. “Porque todo el que pide con fe a Dios recibe, y el que busca encuentra, y el que llama a la puerta de Dios, se le abre” (Mat 7, 8).

El maestro que encuentres te iniciará con secuencia y orden en todas las cosas adecuadas, piadosas y divinas, aún más te guiará hacia lo más espiritual y agradable a Dios, inaccesible para muchos. Cuando ve que tu psique-alma se regocija en la moderación, la sobriedad y la sencillez en la comida, las bebidas, las coberturas y la vestimenta, y que te conformas con lo realmente útil, apropiado y necesario para cada ocasión, y no buscas lo superfluo y vano con lo que presumen aquellos que viven de manera necia con arrogancia y brillo, y así vuelven su espada contra sí mismos y su salvación. Y el gran Apóstol dice: «Cuando tenemos alimentos y ropas, contentémonos con ellos» (1Tim 6, 8).

Pero tú preguntas y deseas aprender también de nosotros por escrito lo apropiado para el principio, el intermedio y el final de la vida según Cristo. Tu pregunta es, por supuesto, loable, pero la respuesta es difícil de dar de inmediato. Sin embargo, con la ayuda de Cristo, según tu solicitud, nos aseguraremos de hacerlo. Sobre un fundamento sólido e inamovible, en la gloriosa obediencia perfecta, construiremos la legendaria residencia de toda la edificación espiritual, es decir, la divinizante ησυχία hisijía (serenidad mental y paz cordial). Y hablaremos en adelante apoyándonos en pilares inquebrantables, en los testimonios inspirados divinamente de los Padres.

Quien desee la auténtica y según Dios ησυχία hisijía debe cuidar, junto con la fe ortodoxa, de estar lleno también de buenas obras. La fe es doble. El hisijasta debe tener fe, pero también ser pacífico, sin distracciones, sereno, despreocupado, es decir, sin preocupaciones, silencioso, tranquilo, dar gracias a Dios por todo, reconociendo su propia debilidad, soportando valientemente las tentaciones y esperanza en Dios, esperando y confiando en Su misericordia.

16 A´ capítulo. El Señor dijo: “No todo el que me dice Señor, Señor, entrará en el reinado de la realeza increada de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre celeste” (Mateo 7, 21). Así que, querido amigo, si no amas solo con palabras la divinizante o deificante ησυχία hisijía, -que desde ahora mismo permite que aquellos que la viven genuinamente reciban claramente los resplandores del reinado de la realeza increada y de Dios, de manera más completa y perfecta en el futuro-, sino que la amas verdadera y realmente, ocúpate junto con la fe ortodoxa, de estar lleno también de buenas obras.

Luego, sé pacífico con todos, en la medida de lo que depende de ti, sin distracciones, despreocupado, sereno, es decir, sin ninguna preocupación y ansiedad, silencioso y tranquilo, por todo da gracias a Dios, ten conciencia de tu debilidad y, en general, mantén tus ojos vigilantes y sobrios ante las diversas tentaciones que te suceden cada día. Lucha con paciencia, magnanimidad y tolerancia contra cualquier agitación, tribulación y tristeza que te llegue de cualquier manera.

En cuanto al primero y al segundo, es decir, estar absorto y adornado por la fe ortodoxa y por las buenas obras, que te enseñe claramente el glorioso Adelfotheos hermano de Dios, Santiago/Jacobo, diciendo: «26. Las obras dan valor y vivifican la fe. Porque como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras es inútil porque está muerta. 18 Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras” (Sant 2, 26 y 18). Y antes que él, que te enseñe el maestro y doctor de todos, nuestro Señor Jesús Cristo, que dijo a Sus discípulos: “Id pues, a enseñar la metania y la verdad a todas las naciones; y a los que creerán y se harán vuestros discípulos, bautizadlos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a aplicar, cumplir y guardar todas las cosas que os mandé. He aquí YoSoY y estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo o de los siglos. (Estará siempre junto con nosotros porque Él es el Emanuel, del cual el nombre significa: el Dios con nosotros) (Mat 28, 19-20). Y el Teólogo dice que tres cosas busca Dios de cada persona que ha sido bautizada: fe ortodoxa, correcta en la psique-alma, templanza en el cuerpo y verdad en la lengua.

La fe es doble

Β” capítulo. Ten en cuenta que, según los logos transmitidos por la tradición divina, la fe es doble. Una es la fe general de todos los cristianos ortodoxos, en la cual fuimos bautizados desde el principio y en la cual esperamos morir. La otra fe la tienen pocos, aquellos que, cumpliendo todos los mandamientos divinos, regresaron a la imagen y semejanza y, así, adquirieron, con la luz de la χάρης jaris gracia divina e increada, la capacidad de poner toda su esperanza en el Señor. Y en concreto lo hacen de tal manera que, -¡oh qué grandeza!- no dudan en el momento de la oración en sus peticiones a Dios, sino que, con fe, reciben inmediatamente lo que es beneficioso, según los logos del Señor: «De cierto, en verdad os digo, si tenéis fe inquebrantable y no dudáis de la potencia y energía (increada) de Dios, no sólo haréis el milagro de la higuera, sino que aun si a este monte dijerais: quítate y échate al mar, se haría; y todo cuanto pidáis en oración con fe, lo recibiréis» (Mat 21, 21-22).

Así estos bienaventurados, con sus obras puras, han obtenido una fe segura, ya que rechazaron todo conocimiento, discernimiento, duda y vacilación, y se sumergieron completamente en la divina embriaguez de la fe, la esperanza y la agapi (amor incondicional) a Dios, experimentando la divina y bienaventurada transformación que es, según el bienaventurado David, la obra de la diestra del Altísimo (Salmo 76, 11). Pero no es el momento adecuado para hablar en profundidad sobre la primera fe. Sin embargo, es muy oportuno hablar sobre la segunda fe, que florece y nace como un fruto divino de la primera. Porque la fe es una especie de raíz y corona de la divinizante ησυχία hisijía, como también dice san Juan Clímaco: «Si no crees, ¿cómo encontrarás ησυχία hisijía, (paz en corazón y serenidad en la mente)?»

Y el divino David dice: «Creí, por eso hablé» (Salmo 115, 1). Y el gran apóstol Pablo dice: «La fe es la realidad de lo que esperamos, la prueba palpable de lo que no vemos» (Heb 11, 1), y: «El justo vivirá por la fe» (Rom 1, 17). Y el Señor, a los discípulos que le pidieron que aumentara su fe, les dijo: “Dijeron los apóstoles al Señor: Acrecienta nuestra fe, de modo que cuando vengan los escándalos, las tentaciones y los tropiezos poder vencerlos y con todo nuestro corazón poder perdonar a los hermanos. Entonces el Señor dijo: Si tuvierais fe como un grano de mostaza, podríais decir a este sicómoro: Desarráigate, y plántate en el mar; y os obedecería” (Lucas 17, 5-6). También dijo: «De cierto, en verdad os digo, si tenéis fe inquebrantable y no dudáis de la potencia de Dios, no sólo haréis el milagro de la higuera, sino que aun si a este monte dijerais: quítate y échate al mar, se haría; y todo cuanto pidáis en oración con fe, lo recibiréis» (Mateo 21, 21-22), y también: «Tu fe te ha salvado» (Mateo 9, 22).

El santo Isaac también escribe: «La fe es más sutil y fina que el conocimiento-gnosis, así como el conocimiento-gnosis es más sutil que las cosas sensibles o la percepción de estas. Por eso, todos los santos que fueron dignos de alcanzar ese estado, es decir, el éxtasis (extensión interior) hacia Dios, viven con la δύναμη dinami (poder, potencia y energía) de la fe en la delicia de ese estado sobrenatural. Al decir fe aquí, no nos referimos a la fe en las tres divinas y reverenciadas Hipóstasis (Personas o bases subsistenciales) y en la naturaleza única de la Deidad, y en la maravillosa Economía del Logos asumiendo nuestra naturaleza, aunque esta fe es muy elevada; sino que nos referimos a esa fe que surge en la psique-alma a partir de la luz de la χάρης jaris gracia increada, testificada por la διάνοια diania (mente, intelecto) y sostiene el corazón para que no sea perturbado, lleno de la esperanza apartada de toda presunción y engreimiento.

Esta fe no se manifiesta en la audición corporal, sino que revela a los ojos espirituales los misterios ocultos en la psique-alma y la riqueza divina oculta a los ojos de los hombres carnales, revelándose mediante la χάρης jaris gracia increada del Espíritu a aquellos que participan en la mesa de Cristo, al profundizar en Sus leyes, como Él mismo dijo, que “si aplican y cumplen mis mandamientos, enviaré al Paráclitos/Consolador, el Espíritu de la verdad, a quien el mundo no puede recibir, y Él os enseñará toda la verdad” (Juan 14, 17; 16, 13), etc. Y continúa diciendo: «Hasta que venga Aquel que es la consumación de los misterios y lleguemos a ser dignos de que estos misterios nos sean revelados abiertamente, la fe celebra los inefables misterios entre Dios y los Santos, que esperamos ser dignos de recibir también nosotros por la χάρης jaris gracia increada de Cristo, aquí como un compromiso y allá, en el reinado de la realeza increada de los cielos, como una verdad tangible, junto con aquellos que lo aman.»

Debes ser pacífico

C. Venimos ahora al tercer capítulo, que es ser pacífico con todos. Que te sirvan como un consejo vivo las palabras del bienaventurado David, así como las de portador de Cristo, Pablo, que resuenan más fuerte que una trompeta. Dice el primero: “Aquellos que aman tu ley tienen mucha paz, y no hay escándalo para ellos” (Salmo 118, 165), y: “Fui pacífico con aquellos que odian la paz” (Salmo 119, 7), y: “Busca la paz y síguela” (Salmo 33, 15). Y el Apóstol dice: “Buscad la paz con todos y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor” (Hebreos 12, 14), y: “En cuanto dependa de vosotros, vivid y estad en paz con todos” (Rom 12, 18).

Debes ser concentrado, sin distracciones

D. Para el cuarto capítulo, es decir, ser inalterable, sin distracciones hablará el santo Isaac, diciendo que si el deseo es el producto de los sentidos o percepciones sensible, entonces que se callen aquellos que afirman que guardan la paz de su διάνοια diania (mente, intelecto, cerebro) mientras viven con distracciones. Y no te relaciones con aquellos que tienen distracciones.

Debes ser despreocupado y sin cuidados

E. En cuanto al capítulo quinto, es decir, ser sin preocupaciones y sin cuidados, tanto por cosas buenas como de insensatas, te enseñan las palabras del Señor en los Evangelios que dicen: “Por tanto os digo: No os angustiéis, os estreséis y os preocupéis por vuestra vida, qué habéis de comer y beber, ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? ¿El Dios que os ha dado lo más valioso no os dará también lo inferior? Mirad las aves del cielo, que no siembran ni siegan, ni recogen en graneros, y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas? Y ¿quién de vosotros puede, aun preocupándose, estresándose y angustiándose, añadir a su estatura un solo codo? También en cuanto al vestido, ¿por qué os preocupéis, os estreséis y os angustiéis? Observad atentamente los lirios y las flores del campo, cómo crecen, no trabajan con fatiga, ni se cansan, ni tampoco hilan” (Mat 6, 25-28). Y más adelante: “No os preocupéis, os estreséis y os angustiéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o con qué seremos vestidos? Porque los gentiles o idólatras, que no conocen los bienes eternos y la providencia cariñosa de Dios, buscan con afán todas esas cosas. Pero vosotros nos os preocupéis y os angustiéis para estas cosas porque vuestro Padre celestial y bondadoso sabe que tenéis necesidad de todas ellas y os las dará. Buscad, pues, primeramente el reinado de la realeza increada y la justicia/virtud que Él quiere de vosotros, y todos estos bienes terrenales os serán añadidos junto con los incalculables bienes de la realeza increada de los cielos. Y no os afanéis, angustiéis y preocupéis por el mañana, porque el mañana se preocupa de sí mismo. Basta a cada día con sus propias ocupaciones y problemas” (Mat 6, 34). Y el Santo Isaac dice: «Sin despreocupación no busques luz en tu psique-alma, ni ησυχία hisijía, (paz en corazón y serenidad en la mente mientras tengas languidez, flogera y atontamiento en tus sentidos». Y san Juan el Clímaco: «Un pequeño cabello molesta el ojo, y una pequeña preocupación destruye la ησυχία hisijía. La ησυχία hisijía es deposición y expulsión de pensamientos y negación de preocupaciones razonables. Quien ha conquistado la verdadera ησυχία hisijía (paz en el corazón y serenidad en la mente), no se preocupará ni por su cuerpo, porque sabe que Dios, que prometió cuidar, no mentirá y cuidará de él».

Debes ser silencioso

F. La secuencia de nuestro discurso nos obliga ahora a hablar del sexto capítulo, es decir, del silencio. El Santo Isaac, pues, también habla sobre esto: «Quien detiene su boca de la crítica maligna y la charlatanería, guarda su corazón de los pazos. Y quien hace la catarsis de su corazón de los pazos, en cada momento ve al Señor. Cuando colocas todas las obras de la ησυχία hisijía en un lado y pones el silencio en el otro, encontrarás que el silencio es más pesado. Ama sobre todo el silencio, porque te acerca al fruto, mientras que la lengua no puede explicarlo. Por tanto, primero forcémonos a permanecer en silencio; y entonces, a través del silencio, nace algo en nosotros que nos conduce al propio silencio. Ojalá que Dios te dé sentir algo que nace del silencio. Y si comienzas este estilo de vida, no sé qué luz emanará dentro de ti». Y de nuevo: «El silencio es un misterio del siglo venidero, mientras que las palabras son instrumentos de este mundo». Y al Santo Arsenio esto le ordenó la voz divina por segunda vez: «Arsenio, vete, cállate, permanece en silencio, practica la ησυχία hisijía y serás salvo.»

Debes ser tranquilo, sereno y pacífico

G. También para el capítulo séptimo, es decir, vivir en la ησυχία hisijía (serenidad la mente y paz en el corazón, tranquilidad), son testigos confiables san Basilio el Grande y de nuevo el mismo San Isaac. El primero dijo: «La ησυχία hisijía es el principio de la catarsis de la psique-alma», y el segundo: «La regla de la ησυχία hisijía es el silencio sobre todas las cosas». Con estos logos, el primero señaló brevemente el principio de ella, y el segundo su fin. Y en el Antiguo Testamento se ha dicho: «¿Has pecado? Quédate en ησυχία hisijía» (Gén 4, 7), y: «Libérate de toda distracción y aprende que yoSoy Dios» (Salmo 45, 11). Y san Juan el Clímaco dice: «La primera obra de la ησυχία hisijía es la ausencia de preocupaciones por todas las cosas, ya sean razonables o irracionales. Porque aquel que abre la puerta a lo razonable, será capturado inevitablemente también por lo irracional. El segundo es la oración incesante, y el tercero es el trabajo intacto del corazón. Quien no ha aprendido las letras, no puede estudiar libros. Y más aún, aquel que no guarda la primera obra, no guardará las otras dos». También dice el Santo Isaac: «El deseo de la ησυχία hisijía es la espera constante de la muerte. Aquel que entra en la obra de la ησυχία hisijía sin este estudio no puede aguantar lo que necesariamente debemos esperar y soportar.»

Debes agradecer a Dios en todo

H. Igualmente, para el octavo capítulo, agradecer en todo, te sirva de maestro el Apóstol Pablo, que ordena: «Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros» (1Tes 5, 18). Y el Santo Isaac escribe: «La gratitud al que recibe, anima al donante a dar aún mayores donaciones que las primeras. Aquel que no agradece por las cosas más pequeñas será ingrato e injusto incluso en las mayores. Aquel que trae los carismas o virtudes de Dios al hombre es el corazón que siempre se mueve en agradecimiento ininterrumpido. Lo que lleva la tentación a la psique-alma es la queja que se mueve constantemente en el corazón. Una boca que siempre agradece recibe bendición de Dios, y en el corazón que tiene agradecimiento constante viene la χάρης jaris gracia, divina energía increada».

Debes reconocer tu debilidad

I. Cuánto beneficio recoge aquel que ha llegado a conocer su debilidad, que es el noveno capítulo, lo aprenderás observando el sexto salmo, donde el rey David dice: «Ten misericordia de mí, oh Señor, porque soy débil» (Salmo 6, 3). Y en otro lugar: «Soy gusano y no hombre, oprobio de los hombres y despreciado del pueblo» (Salmo 22, 7). Y el Santo Isaac escribe: «Bienaventurado el hombre que conoce su debilidad. Porque este conocimiento se convierte en el fundamento, la raíz y el principio de todo bien. Cuando alguien comprende y siente verdaderamente su debilidad, entonces aprieta su psique-alma desde la pereza que atormenta el conocimiento y acumula para sí mismo el tesoro de la vigilancia y la protección. El hombre que ha llegado a conocer el alcance de su debilidad ha alcanzado el grado perfecto de humildad».

Debes soportar valientemente las tentaciones

J. El capítulo que falta en nuestro discurso y completa el número diez, se refiere a que debes soportar con valentía y resistir con paciencia, magnanimidad y tolerancia ante las numerosas y variadas tentaciones que vendrán hacia ti. Escucha, por lo tanto, lo que está escrito en la Sagrada Escritura. Dice el Apóstol Pablo, portador de Cristo: “Porque nuestra lucha no es contra gente de carne y hueso, sino contra los principados y potestades, contra los dominadores de este mundo tenebroso que dominan sobre los hombres de este siglo pecador, contra los espíritus del mal, que moran en los espacios entre tierra y cielo”(Efesios 6:12), y: Si estuvieseis sin esta pedagogía, a la que a todos los verdaderos hijos de Dios participaron y saborearon, no seríais hijos auténticos, sino bastardos” (Hebreos 12:8), y: “Porque el Señor pedagogiza-educa y corrige al que ama, y le disciplina con castigos pedagógicos al que recibe como hijo” (Heb 12:6). Y el hermano de Dios, Santiago dice que un hombre que no soporta tentaciones es inútil (Sant 1:12). Y el santo Elías el Ékdiko dice: «Cada cristiano que cree correctamente en Dios no debe estar descuidado, sino siempre esperar y anticipar la tentación, para que no se sorprenda ni se turbe cuando llegue, sino soportar con gratitud el esfuerzo de la aflicción y entender lo que significa cuando canta o salmodia junto con el Profeta: Pruébame, Señor, y escudríñame; examíname calentando mis riñones y mi corazón (Salmo 25:2). Y el Profeta no dijo que “Tu pedagogía me derribó”, sino que “me enderezó por completo» (Salmo 17:36). No busques las causas de las tentaciones de dónde vienen, sino solo ora a Dios para que las soportes con gratitud, como dice el santo Marcos: «Cuando llegue la tentación, no busques por qué y de dónde viene, sino cómo la soportarás con gratitud y paciencia».

Y de nuevo: «Dado que no es fácil encontrar a alguien que haya complacido a Dios sin tentaciones, debemos agradecer a Dios por todo lo que nos sucede». Y: «Cada aflicción revela la inclinación de la voluntad, ya sea que se incline hacia la derecha o hacia la izquierda. Por lo tanto, cada aflicción o tribulación que ocurre se llama tentación, porque da al que es tentado la experiencia de sus deseos ocultos». Y el santo Isaac, junto con muchos otros, escribe esto: «La tentación beneficia a todo ser humano. Ya que beneficia a Pablo (2Cor 12:9-10), que se calle toda boca y sea declarado todo el mundo culpable delante de Dios (Rom 3:19). Los luchadores son tentados para aumentar su riqueza; los débiles para protegerse del daño que los hacen aquellos que duermen, para despertar (espiritualmente) a los que están lejos de Dios, para acercarse a Él, y los Suyos para entrar y establecerse en la casa de Dios con valentía y franqueza. A ningún hijo que no ha sido entrenado se le da la riqueza de la casa paterna para que la use. Y por lo tanto, Dios tienta y prueba primero, y luego muestra el carisma/don.

Doxa-gloria y gracias al Señor que con medicinas amargas nos ofrece el disfrute de nuestra salud. No hay nadie que, en el momento de su entrenamiento y práctica, no se entristezca, y no hay nadie a quien no le parezca amargo el tiempo en que se riega el veneno de las tentaciones. Porque sin ellas, nadie puede adquirir un temperamento fuerte. Y soportar de nuevo no depende de nosotros. Porque, ¿de dónde tiene el jarro de arcilla el poder de contener el agua si no lo hace estéreo y firme el fuego divino? Si nos subordinamos y pedimos con humildad y deseo constante, mostrando paciencia, recibimos todo con la χάρης jaris gracia, energía increada de nuestro Señor Jesús Cristo». Dice también el sabio Sirácides: «Hijo mío, si vienes a servir al Señor tu Dios, prepara tu psique-alma para las tentaciones. Mantén recto tu corazón, muestra paciencia y no te dejes arrastrar en el momento de la tribulación y tristeza» (Sirácides 2:1-2).

Debes tener esperanza en Dios y esperar de Él lo que es beneficioso.

16. Apega el ancla de tu esperanza en Dios, que tiene el poder de salvar, y espera de Él el resultado de las pruebas o tentaciones para tu propio beneficio y conveniencia. Porque la Escritura dice: «No os ha llegado ninguna tentación insuperable. Dios es fiel y no permitirá que seáis sometidos a pruebas superiores a vuestras fuerzas; junto con la prueba os dará fuerza para soportarla y superarla» (1Cor 10, 13), y que «no sólo esto, sino que nos alegramos también en los sufrimientos, conscientes de que los sufrimientos producen poco a poco la preciosa virtud de la paciencia, la paciencia fructifica y consolida la fidelidad, la fidelidad trae y consolidada la esperanza firme hacia Dios; y la esperanza no miente y no nos defrauda, porque la agapi-amor de Dios ha sido derramada en abundancia en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado» (Rom 5, 3-5), y: «El que persevere hasta el fin, ése será salvo» (Mat 10, 22), y: «Con vuestra paciencia ganaréis vuestras psique-almas» (Luc 21, 19). Y Santiago, el hermano de Dios dice lo siguiente: «Hermanos míos, tened por sumo gozo y suprema alegría cuando os caéis y os halléis en diversas pruebas y sufrimientos, sabiendo que la prueba de vuestra fe a Cristo produce constancia y paciencia. Mas la paciencia que sea inquebrantable, porque tiene como fruto obra espiritual completa en vuestro corazón, para que seáis perfectos e íntegros, sin que os falte cosa alguna (Sant 1, 2-4), y: «Bienaventurado y feliz el hombre que soporta la tentación con fe y esperanza, con resignación y firmeza; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de la vida eterna, que el Señor ha prometido a los que le aman» (Sant 1, 12).

También dice en la Escritura: «Pienso y estimo que los padecimientos de la vida presente no se pueden comparar con la doxa-gloria luz increada que ha de apocaliptarse-revelarse y darse en nosotros» (Rom 8, 18), y: «Con mucha paciencia esperé yo al Señor, y se inclinó hacia mí, y oyó mi clamor. Y me sacó del pozo de la desesperación y del lodo cenagoso; afirmó mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos. Puso luego en mi boca cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios» (Sal 40, 2-4).

Escribe también el bienaventurado Simeón el Traductor: «La psique-alma que está cautiva en los lazos del eros (amor ardiente) de Dios, no considera nada como tribulaciones, aflicciones, sino que las penas y tristezas son su deleite y se regocija en la adversidad. Y cuando no experimenta ninguna aflicción o tribulación por causa de su amado, entonces cree que padece más y evita el confort como si fuera un castigo».

El temor de Dios es doble, el temor de los principiantes y el temor de los perfectos.

17. No debemos descuidar ahora hablar del doble temor de Dios, aunque debido a nuestra decisión de mencionar el temor perfecto después del final de los diez capítulos que hemos marcado, hemos desviado un poco el orden del primer temor. Porque los Padres clasifican el temor después de la fe.

El primer temor de los principiantes.

Así que debes saber, querido amigo, que el temor de Dios es de dos tipos, el temor de los principiantes y el temor de los perfectos. Para el primer tipo, está escrito: «El principio de la sabiduría es el temor del Señor» (Pro 1, 7), y: «Venid, hijos, escuchadme; os enseñaré el temor del Señor» (Salmo 33, 12), y que «con el temor del Señor, cada uno se aparta del mal» (Pro 15, 27), y: «Donde hay temor, hay aplicación y cumplimiento de los mandamientos». También dice el Santo Isaac: «El temor de Dios es el principio de la virtud; dicen que nace de la fe y se siembra en el corazón cuando la διάνοια diania (mente, intelecto) se separa de la distracción del mundo para reunir los pensamientos que vagan debido a la dispersión y dirigirlos al estudio de nuestra futura apocatástasis restauración en la vida venidera. El principio de la verdadera vida del hombre es el temor de Dios. Sin embargo, este no se persuade a quedarse en la psique-alma donde hay dispersión en cualquier cosa. Así que esfuérzate y reflexiona como encontrar de alguna manera de poner el temor de Dios como punto de partida en tu camino; y en pocos días llegarás a la puerta de la realeza increada sin desviaciones en el camino.”

El segundo, el temor perfecto a Dios

Para el segundo, es decir, el temor perfecto a Dios, está escrito: «Bienaventurado el hombre que teme al Señor; amará sus mandamientos-logos con todo su corazón» (Salmo 111, 1), y también: «Bienaventurados todos los que temen al Señor, los que andan en sus caminos» (Salmo 127, 1), y: “Por lo tanto, reverenciad y temed al Señor, todos los santos y aquellos consagrados a Él, porque Él no permitirá que falte nada a quienes lo respetan” (Salmo 33, 10), y: «He aquí, así será bendito el hombre que teme al Señor» (Salmo 127, 4), y: «El temor del Señor es limpio y permanece para siempre» (Salmo 18, 10). También escribe San Pedro Damasceno: “La señal del primer temor es odiar el pecado y enojarse contra él, como aquel que fue herido por una bestia. La señal del temor perfecto es amar la virtud y temer la alteración o corrupción; porque nadie es inmutable. En todas las cosas de esta vida, siempre debemos temer la caída”. Por lo tanto, al escuchar esto con sensatez y prudencia, asegúrate ahora, junto con todo lo que hemos dicho anteriormente, de tener constantemente dentro de ti el primer temor, ya que es una especie de caja fuerte de tesoro muy seguro para cada buena acción. De esta manera, tus pasos serán guiados hacia el trabajo de todos los mandamientos-logos de nuestro Señor Jesús Cristo. Y avanzando en el camino de los mandamientos, adquirirás también el temor perfecto y puro, con el deseo de las virtudes y con la misericordia de nuestro bondadoso Dios.

Por amor a los mandamientos y la fe en el Señor Jesús Cristo, debemos, cuando la ocasión lo requiera, estar dispuestos a sacrificar incluso nuestra vida.

18. Cerca de lo anterior, debes saber también que, por amor a los mandamientos vivificantes y a la fe en el Señor Jesús Cristo, debemos, cuando la ocasión lo requiera, estar dispuestos a sacrificar incluso nuestra vida con alegría, es decir, no lamentarla. Así lo dice el mismo Señor Jesús Cristo: «Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará» (Marcos 8, 35).

Y debes creer sin dudar que la resurrección, la vida y toda salvación son obra de este Θεάνθρωπος zeánzropos Dios-Hombre Jesús el Salvador, como Él mismo dijo: «YoSoY la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá. Y todo el que vive y cree en mí no morirá para siempre»  26. «El que cree en mí aunque muera físicamente vivirá espiritualmente y volverá a tomar su cuerpo resucitado, incorruptible y eterno. Y cada uno que vive en la vida presente y cree en mí, no morirá jamás, estará viviendo espiritualmente en el siglo y su muerte física o somática será el puente que le trasladará a la eternidad» (Juan 11, 25-26), y también: «Porque tanto amó Dios al mundo, que le dio su unigénito Hijo, para que todo aquel que en él cree no perezca, sino que tenga vida eterna».[Porque de tal manera amó Dios a los hombres del mundo hundido al pecado, de modo que entregó, por muerte en la cruz, hasta su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, tenga vida eterna y no sea autocondenado a la perdición eterna] (Juan 3,16), y: «Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia» (Juan 10, 10). Así que, estés donde estés, olvida siempre el pasado y avanza hacia adelante, como se ha dicho (Filipenses 3, 13); y así corre tu carrera junto con el Señor Jesús Cristo, nuestro Señor, sin volver atrás. Es bueno, creemos, y muy beneficioso, presentar primero la práctica física del bienaventurado y grandioso Nicéforo para la entrada en el corazón mediante la respiración, lo cual contribuye de alguna manera a la concentración de la mente.

Así avanzará con buen orden la presente lección, con la ayuda de Dios. Pues, el mencionado hombre divino, junto con muchos otros que tienen su prestigio por testimonios escritos de los Santos, también dice lo siguiente.

Método físico para la entrada y salida en el corazón mediante la inhalación nasal y la oración que hacemos acompañándola, que es «Señor Jesús Cristo, Hijo de Dios, compadécete o ten piedad de mí». Este método contribuye de alguna manera a la concentración de la mente.

19. Hermano, sabes que lo que respiramos es el aire común, y lo respiramos no por ninguna otra razón sino por el corazón, porque este es la causa de la vida y del calor del cuerpo. Es decir, el corazón atrae hacia sí el aire de la respiración como un medio que expulsará, con la exhalación, parte de su propio calor, para que pueda mantener la temperatura adecuada. Causante, o más bien servidor de esta función, es el pulmón, creado por el Creador con una estructura ligera para actuar como un fuelle, permitiendo la entrada y salida del aire sin dificultad. Así, el corazón, con la respiración, se enfría, eliminando el calor, y realiza de manera incuestionable esta función, para la cual ha sido designado para mantener la vida.

Por lo tanto, tú cuando te sientes en una celda tranquila y concentras tu νούς nus (espíritu de la psique) con tu mente, hazlo pasar por la vía respiratoria que comienza en la nariz y guía el aire hacia el corazón; y empuja tu mente y oblígala a descender junto con el aire inhalado hacia el corazón. Y cuando entre allí, lo que sigue ya no será sin alegría y regocijo. Así como un hombre que ha estado ausente de su hogar durante mucho tiempo, cuando regresa, no sabe qué hacer de la alegría de encontrarse con sus hijos y su esposa; de la misma manera, cuando νούς nus con la mente se une a la psique-alma, se llena de un gozo indescriptible y felicidad. Por lo tanto, hermano, acostumbra tu νούς nus con la mente a no salir rápidamente de allí. Al principio, νούς nus con la mente se sentirá muy molesto por estar cerrado y restringido; sin embargo, una vez que se acostumbre, ya no tolerará estar fuera. Porque la realeza increada de los cielos está dentro de nosotros (Lucas 17, 21), y cuando el νούς nus con la mente lo observa allí y, con la oración lúcida y pura, lo persigue, considera desagradables y detestables todas las cosas externas.»

Y un poco más abajo dice: «Debes aprender también esto: cuando tu νούς nus con la mente está allí, no debes permitir que se quede en silencio y se vuelva lento, sino dale como tarea un estudio ininterrumpido lo “Señor Jesús Cristo, Hijo de Dios, compadécete o ten piedad de mí” y nunca lo detengas. Porque esto mantiene el νούς nus con la mente concentrada, la eleva invencible e inmaculada contra los ataques del enemigo, y aumenta diariamente su amor y anhelo por Dios». Estas cosas dice el bienaventurado Nicéforo, sabiamente, teniendo como objetivo principal, con la práctica de este método físico, devolver el νούς nus con la mente de su habitual divagación y cautividad, y concentrarla en la atención. Con la atención, se vuelve a conectar consigo mismo y, así, unirse a la oración. Y desde entonces, desciende al corazón con esa oración y permanece siempre en él; como también ordena otro de los teosofos Padres, explicando el pasaje anterior como hombre que ha adquirido experiencia en este trabajo sagrado, diciendo lo siguiente.

El método físico con la inhalación nasal y la invocación del Señor Jesús Cristo que la acompaña.

20. «Debemos revelar esto también al amante del conocimiento: cuando ejercitamos nuestro nus (espíritu de la psique) con la mente para descender al corazón junto con la entrada del aire de la respiración, entonces aprenderemos claramente que la mente con el nus que desciende no entra allí antes de abandonar todo pensamiento y volverse única y desnuda, sosteniendo solo la invocación de nuestro Señor Jesús Cristo y nada más. Además, cuando sale de allí y viene afuera, se dispersa y, sin quererlo, se diluye en la muy fragmentada memoria.»

Y el santo Juan Crisóstomo, similar a otros antiguos Santos Padres, ordena orar en el nombre de Jesús Cristo nuestro Señor dentro del corazón, con esta oración: «Señor Jesús Cristo, Hijo de Dios, compadécete o ten piedad de mí, que soy pecador»

21. Y el gran Juan Crisóstomo dice: «Les ruego, hermanos, que nunca transgredan ni desprecien la regla de la oración». Y más abajo: «El monje y el cristiano ortodoxo, ya sea que coma, beba, esté sentado, realice un servicio, camine por el camino o haga cualquier cosa, debe clamar incesantemente, «Señor Jesús Cristo, Hijo de Dios, compadécete o ten piedad de mí, que soy pecador»»

Y más abajo: «Así que, el nombre de Jesús, descendiendo al fondo del corazón de la psique-alma, humillará al dragón que tiene el dominio del corazón y psicoterapiará, salvará y vivificará la psique-alma. Por lo tanto, debes perseverar constantemente en la invocación del nombre del Señor Jesús, para que el corazón pueda absorber al Kírios-Señor y el Señor al corazón, y ambos se vuelvan uno solo.» Y nuevamente: «No separen su corazón de Dios, sino que perseveren y guárdenlo siempre junto con el recuerdo del Señor Jesús Cristo; hasta que el nombre del Señor se plante en el corazón y no piense en nada más, para que Cristo sea glorificado dentro de ustedes.»

Nuevamente, sobre la memoria, recuerdo de Jesús en lo más profundo del corazón con cada inhalación y con atención.

22. También escribe Juan Clímaco: «Que la memoria de Jesús se adhiera a tu respiración, y entonces comprenderás el beneficio del silencio y de la ησυχία hisijía (serenidad en la mente y paz en el corazón)». Y San Hisiquio dice: «Si realmente quieres derrotar los pensamientos y permanecer tranquilamente agradable en la ησυχία hisijía, y estar vigilante y sobrio en tu corazón con facilidad, que la invocación de Jesús se adhiera a tu respiración, y en pocos días verás que esto sucede». (ver https://logosortodoxo.es/filocalia/san-hesiquio-de-bazos-203-logos-sobre-nipsis-hisijia-y-oracion-de-corazon-o-de-jesus/)

Aquel que desea estar en nipsis vigilancia espiritual y sobria, especialmente el más principiante, debe sentarse en el momento de la oración en un lugar tranquilo y oscuro, para que la mente y el nus-espíritu se concentren de manera natural (separándose del entorno).

23. Lo anterior está establecido desde hace mucho tiempo y por grandes santos Padres, es decir, todo lo que hemos presentado con testimonios relacionados con orar, estudiar y estar en nipsis vigilantes y sobrios con la ayuda de la inhalación en el corazón, con la jaris gracia increada de nuestro Señor Jesús Cristo, el Hijo de Dios, y a través de Su nombre santo y salvador, y de Él pedir misericordia.

Sin embargo, añadimos también esto: aquel que se esfuerza por estar en nipsis vigilancia y sobrio en su corazón, especialmente el principiante, debe sentarse, siempre, pero especialmente durante el tiempo designado para la oración, en un rincón tranquilo y oscuro, como prescriben y ordenan los divinos Padres y maestros que tienen experiencia en este bienaventurado trabajo.

Porque la vista y la visión, por naturaleza, provocan la dispersión y la división de la διάνοια diania mente hacia lo visible, y así esta se perturba y se diversifica. Sin embargo, cuando esta se cierra, como dijimos, en un lugar tranquilo y oscuro, deja de dividirse y perturbarse debido a la vista.

Y así, el nus con la mente, queriendo o no, se serena de la dispersión y se acostumbra a reunirse en sí mismo, como dice San Basilio el Grande: «La el νούς nus con la mente que no se dispersa hacia afuera, ni se expande aquí y allá en el mundo a través de los sentidos o percepciones sensibles, vuelve a sí mismo».

La ausencia de divagaciones se otorga al nus y a la mente, en primer lugar, a través de nuestro Señor Jesús Cristo y la invocación con fe en el corazón de Su santo nombre. Contribuye de alguna manera también el método natural de la inhalación en el corazón y permanecer en un lugar tranquilo y oscuro, y similares.

24. Y antes de esto, o mejor dicho, antes de todo, el νούς nus con la mente logra este esfuerzo con la ayuda de la jaris gracia divina, con la invocación monológica, pura, sincera y cordial de nuestro Señor Jesús Cristo, que se realiza con fe, y no solo con el simple método físico de la inhalación que mencionamos o sentándose en un lugar tranquilo y oscuro, -esto no es así. Porque estas cosas no fueron inventadas por los divinos Padres para nada más que ayudar en la concentración de la mente y en el regreso del nus a sí mismo desde la acostumbrada dispersión y distracción, como dijimos, mediante los cuales nace en el νούς nus con la mente en el corazón la oración continua, pura e ininterrumpida, como dice San Nilo: «La atención del nus con la mente que trata de encontrar la oración, encontrará la oración. Porque la oración más que otra cosa sigue la atención. Por lo tanto, busquemos adquirir la atención; (Oración con atención y atención con oración, dice los santos Padres)».

Suficiente hasta aquí para esto. Ahora, tú, hijo, que deseas la vida y anhelas ver buenos días (Salmo 33:13) y vivir en el cuerpo como si fueras incorpóreo y espiritual, coloca tu vida en la siguiente regla y medida.

Cómo debe pasar el hisijasta desde la noche hasta la mañana. Principio de la enseñanza detallada.

25. Cuando sale el sol, después de invocar al bondadoso y todopoderoso Señor Jesús Cristo, para que te ayude, siéntate en un taburete en una celda tranquila y oscura. Y después de recoger tu νούς nus con la mente de la distracción común, externa y de sus rodeos y guiarla suavemente hacia adentro del corazón con la inhalación, retén la invocación, es decir, «Señor Jesús Cristo, Hijo de Dios, compadécete o ten piedad de mí».

Es decir, junto con la respiración, de alguna manera introduce también las palabras de la oración, como dice San Hisiquio: «Con tu inhalación, une la nipsis vigilancia y el nombre de Jesús, así como el estudio constante también de la muerte y la humildad. Porque ambos son muy beneficiosos».

Y junto con la invocación y lo que hemos dicho, también debes recordar el juicio y la recompensa de las praxis, acciones buenas y malas, considerándote a ti mismo más pecador que todos los hombres y más impuro que los mismos demonios, y por lo tanto, que estás destinado a ser castigado eternamente.

Cualquier pensamiento de los anteriores que te cause κατάνυξη katánixis (compunción, dilatación del corazón), luto o duelo espiritual y lágrimas, insiste en él hasta que pasen por sí solas.

Pero si aún no te has hecho digno de recibir la donación de las lágrimas, lucha y ruega humildemente para adquirirlas. Porque con ellas nos liberamos de los pazos y las contaminaciones y obtenemos los bienes y la salvación, como san dice san Juan el Clímaco: «Como el fuego consume la paja, así también la lágrima pura consume toda impureza corporal y suciedad psíquica».

Y otro santo Padre dice: «Aquel que quiere desechar los males, los desecha con el llanto. Y aquel que quiere adquirir virtudes, las adquiere con el llanto». Si no tienes κατάνυξη katánixis (compunción, dilatación del corazón), debes saber que tienes vanidad o vanagloria. Esta no permite que la psique-alma sienta κατάνυξη katánixis. Pero si las lágrimas no vienen a ti, siéntate y presta atención a estos pensamientos, junto con la invocación de la oración, durante una hora. Luego levántate y canta con cuidado la pequeña víspera.

Y nuevamente, siéntate y continúa la invocación con todas tus fuerzas, limpio y sin distracciones, es decir, lejos de toda preocupación, pensamiento y fantasía con mucha vigilancia en la sobriedad, serenidad durante media hora, según lo que dice: «Aparte de la respiración y la comida, al orar, abstente de todas las demás cosas, si quieres quedarte solo con tu nus-espíritu unido con la mente en el corazón».

Luego, después de santiguarse o sellar a ti mismo con el signo de la preciosa y vivificante Cruz, de manera similar a tu cama, siéntate en ella y trae a tu mente las cosas futuras, es decir, los placeres y los castigos, y cuán fluidos y engañosos son las cosas temporales, e incluso la deuda súbita y común, es decir, la muerte y el terrible examen o juicio después del final y antes del final. Y después de recordar brevemente el conjunto de tus pecados y pedir con fervor la absolución, el perdón, y examinar con precisión cómo pasaste el día, entonces acuéstate sosteniendo también la invocación, de acuerdo con aquel que dice: «Que el recuerdo de Jesús duerma contigo». Y duerme cinco o seis horas, o más bien, de acuerdo con la duración de la noche, duerme lo necesario.

Cómo debes pasar desde los maitines del alba hasta la mañana.

26. Cuando despiertes y alabes a Dios y lo invoques de nuevo para que te ayude, comienza primero con la primera tarea, es decir, orar en tu corazón de manera consciente, clara, pura e ininterrumpida, durante al menos una hora. Porque en ese momento, en su mayoría, la mente unida al nus o corazón está tranquila y serena, y también se nos ha ordenado sacrificar y ofrecer a Dios lo primero y lo mejor (Éxodo 22, 29), es decir, elevar incesantemente el primer pensamiento hacia nuestro Señor Jesús Cristo en contacto consciente con oración del corazón sincera.

San Nilo dice: «La verdadera oración la realiza aquel que siempre ofrece su primer pensamiento por completo a Dios». Después de esto, canta o salmodia el Oficio de Medianoche. Si aún no estás lo suficientemente firme para una mayor ησυχία hisijía y silencio, y por eso no puedes, como dijimos, pues, que comiences, o tal vez por otra razón, como a menudo sucede con los principiantes, y más raramente con aquellos que han progresado, pero aún no han alcanzado la perfección, porque los perfectos pueden hacer todo gracias a Cristo que los fortalece (Filip 4, 13), entonces haz lo siguiente.

Después de levantarte de la cama y mientras puedas ahuyentar el sueño, canta primero el Oficio de Medianoche con toda tu atención y prudencia. Luego siéntate y ora en tu corazón de manera consciente, pura e ininterrumpida, como dijimos, durante una hora, o más bien lo que el Dador de todos los bienes te dé. Porque san Juan el Clímaco dice: «Durante la noche, ocúpate principalmente de la oración, un poco de salmodia. Durante el día, prepárate según tu capacidad». Pero si, a pesar de todos tus esfuerzos, la negligencia y la pereza espiritual aún te dominan y tu mente está nublada por alguna circunstancia, levántate como sabes y continúa la oración. Luego, después de sentarte, intenta orar como mencionamos, asegurándote siempre de acercarte al Dios puro con una oración clara y pura. Luego levántate, canta con conciencia el exápsalmo seis salmos, el salmo quincuagésimo y el canon que prefieras.

Luego siéntate y permanece despierto, haz una oración sincera durante media hora. Nuevamente levántate y canta los himnos, la doxología habitual, la Primera Hora y luego haz la despedida. Lo que dices con tus labios, dilo con tanta devoción que apenas puedas escucharte a ti mismo, porque tenemos el mandato de ofrecer «frutos de labios» a Dios (Heb 13, 15). Y agradece con todo tu psique-alma, corazón y mente al amante y filántropo Protector, nuestro sapientísimo Dios, que nos ha permitido con Su infinita misericordia superar fácilmente la mar de la noche y contemplar la alegre etapa de este día presente. Y también ruega fervientemente para que nos haga dignos pasar sin tempestades y contratiempos la tormenta de los demonios y los pazos indecentes y despejada la tormenta, tenga misericordia de nosotros.

¿Cómo debes pasar desde la mañana hasta la hora de la comida?

27. Desde la mañana hasta la hora de la comida, después de entregarte completamente a Dios y suplicarle con un corazón compungido que te ayude en tu enfermedad, debilidad y acedia, dedicas tu tiempo, en la medida de lo posible, a una oración cordial o de corazón pura, sin distracciones e ininterrumpida. Durante la lectura, permaneces de pie y recitas las porciones designadas del Salterio, de los Apóstoles y el Santo Evangelio. Lo mismo debes hacer también en las súplicas a nuestro Señor Jesús Cristo y a la Purísima Zeotokos. En las demás lecturas de las Sagradas Escrituras, aunque estés sentado no molesta. Después de estas actividades, cantas conscientemente las Horas regulares, establecidas con gran sabiduría por los Padres de la Iglesia. Con toda la fuerza de tu psique-alma, rechaza la pereza, que es la maestra de todo mal, así como los pazos y sus motivos, por muy pequeños e inofensivos que parezcan.

Precaución contra la pereza. Es necesario que incluso el hisijasta (ermitaño) aplique y cumpla el orden eclesiástico.

28. San Isaac dice: «Cuidaos, queridos, de la pereza, la desidia porque en ella se esconde una muerte (espiritual) segura. Sin la pereza (espiritual), acedia el monje no caerá en manos de los demonios que intentan atraparlo. Dios no nos condenará en ese día por descuidar los salmos o la oración, sino porque cuando los descuidamos, abrimos el camino a los demonios; y ellos cuando encuentran espacio, entran en nosotros, cierran las puertas de nuestros ojos psíquicos o espirituales y nos llenan tiránicamente e suciamente con todos los males, que convierten a aquellos que los practican responsables de un castigo terrible por la divina decisión.

Y nos convertimos en esclavos de los enemigos porque hemos abandonado las pequeñas obras, que son dignas de toda atención para Cristo, como dicen también los sapientísimos Santos: aquel que no subordina su voluntad a Dios se subordinará al enemigo diablo. De manera que lo que te parece pequeño, será considerado como muros protectores contra aquellos que nos quieten capturar.

La realización de estas prácticas fue definida sabiamente por apocálipsis/revelación del Espíritu a aquellos responsables del orden de la Iglesia, para que se lleven a cabo dentro de la celda para preservar nuestras vidas; mientras que su incumplimiento por aquellos insensatos es considerado sin importancia y no calculan las pérdidas que sufren. Para ellos, tanto el principio de la vida monástica como el intermedio son una libertad desenfrenada, que es la madre de todos los pazos. Es mejor para uno luchar para no abandonar las pequeñas cosas que dar lugar al pecado a través del vacío que dejaron. Porque el fin de esta libertad intempestiva e inoportuna es una dura esclavitud.

En otro lugar, escribe: «¡Cuán dulces parecen los motivos de los pazos! Uno puede cortar los pazos en algún momento, y al alejarse de ellos, permanece en paz y se regocija por haberlos dejado. Sin embargo, no puede liberarse fácilmente de las causas de los pazos. Por eso somos tentados sin querer. Nos duele por los pazos, pero queremos que sus motivaciones permanezcan en nosotros. No deseamos los pecados, pero aceptamos con placer las motivaciones que los provocan.

Por eso, las segundas se convierten en la causa de las primeras. Quien ama las motivaciones de las pasiones o pazos, sin querer, se somete y se convierte en esclavo de los pazos pasiones. Quien odia sus pecados, los detiene. Quien los confiesa, alcanzará el perdón. Es imposible liberarse del pecado antes de que surja en nosotros una enemistad contra él, y es imposible para uno lograr el perdón y la absolución antes de confesar sus pecados y transgresiones.

Porque esta enemistad es una verdadera causa de humildad, y la confesión es una causa de katánixis (dilatación del corazón, compunción) que surge del corazón a través de la vergüenza o asco». Y en otra parte dice: “No hay pecado que no es perdonado, sino sólo para aquel pecado que no te arrepientes y no lo confiesas”. Pero hemos hablado lo suficiente sobre esto. Tú ahora, después de recitar las Horas mencionadas, come, manteniendo la oración durante la comida, así para adquirir el hábito, con la fuerza de la jaris gracia, ora sin cesar según el mandato (1Tes 5:17).

Pero el logos sobre la comida que sustenta el cuerpo con la inefable sabiduría del Creador debe esperar. Que se dé prioridad al logos sobre el alimento que sostiene y vivifica la psique-alma, que es, según los Santos, la sagrada y deificante o divinizante oración. Y con razón, ya que la psique-alma es superior al cuerpo.

Continuación sobre la oración. Debemos orar siempre.

29. Así como nuestro cuerpo, cuando carece de psique-alma, está muerto y sucio, de la misma manera, la psique-alma que no se mueve en la oración está muerta, miserable y sucia. Y que debemos considerar más dolorosa que cualquier muerte la privación de la oración, nos enseña el gran profeta Daniel, quien prefirió ser condenado a muerte en lugar de ser privado, aunque fuera por un momento, de la oración (Dan l 6:10 y ss.).

San Juan el Crisóstomo también nos enseña sabiamente: «Cada uno que ora, conversa con Dios. Qué grande es conversar el hombre con Dios, nadie lo ignora, pero nadie podrá representar con palabras este honor. Porque este honor es superior incluso a la grandeza de los ángeles».

Además: «La oración es una obra común de los ángeles y los seres humanos, y nada separa a los ángeles de los seres humanos en cuanto a la oración. La oración te separa de los animales irracionales y te une con los ángeles. Y rápidamente uno se trasladará a la vida, al modo de vivir y al gobierno de la vida, al honor, a la nobleza, a la sabiduría y prudencia de los ángeles, si toda su vida se dedica a tratar sobre las oraciones y al culto a Dios».

Y también: «Cuando el diablo ve la psique-alma fortalecida con virtudes, no se atreve a acercarse, porque teme el poder y la fuerza que le otorgan las oraciones, que alimentan la psique-alma más que los alimentos al cuerpo».

Otra enseñanza: «Las oraciones son los nervios de la psique-alma. Así como el cuerpo se mantiene, se une, se sostiene y vive a través de los nervios, y si los cortas, deshaces toda la armonía del cuerpo, del mismo modo, las psiques-almas se unen, se sostienen y siguen fácilmente el camino de la piedad con las santas oraciones».

Si privas a tu ser de la oración, es lo mismo que sacar el pez del agua. Así como el agua es la vida para el pez, igual es la oración para ti. Con ella puedes cruzar el aire, como el pez cruza el agua, ascender a los cielos y acercarte a Dios”.

Además: “La oración y la súplica hacen de los hombres templos de Dios. Así como el oro, las piedras preciosas y los mármoles hacen los palacios de los reyes, así también la oración hace de los hombres templos-naós de Cristo. ¿Qué elogio más grande se puede hacer a la oración que hacer a los hombres templos de Dios? Aquel que los cielos no pueden contener, Él entra en la psique-alma que vive con oraciones.”

Y aún más: “Y de esto se puede ver el poder y la fuerza de las santas oraciones, que el Apóstol Pablo que corría por todo el mundo como si tuviera alas, y tenía su casa en la cárcel, soportando azotes, arrastrando cadenas y viviendo en medio de sangre y peligros, él, que expulsaba demonios, resucitaba muertos y curaba enfermedades, no confiaba en nada de esto para la salvación de los hombres, sino que fortalecía su psique-alma con las oraciones. Así, después de los milagros que realizó y la resurrección de los muertos, corría hacia las oraciones, como un atleta en el estadio por la corona.

Porque la oración es la patrocinadora también de la resurrección de los muertos y de todas las demás cosas. La fuerza y poder que tengan las aguas en los árboles, eso tienen las oraciones en la vida de los Santos. Además: “La oración es motivo y ocasión de la salvación, la precursora de la inmortalidad, el muro inexpugnable de la Iglesia, el refugio inexpugnable, terrible para los demonios, salvadora para nosotros los piadosos.”

Y aún más: “Como cuando una reina entra en una ciudad, necesariamente lleva consigo toda la riqueza, así también la oración; cuando entra en la psique-alma, lleva consigo todas las virtudes”. Mas “aquello que es el fundamento para la casa, eso es para la psique-alma la oración.

Y debemos erigirla primero como base y raíz en la psique-alma, y sobre ella construir voluntariamente la templanza y la provisión para los pobres, y todos los mandamientos de Cristo.» Además: “La oración voluntaria de buena gana es la luz de la διάνοια diania (mente, cerebro) y de la psique-alma, luz increada, inextinguible e ininterrumpida. Por eso, el maligno coloca en nuestras mentes todo tipo de loyismí (pensamientos simples o unidos con la fantasía) y lo que nunca pensamos, lo recoge en la hora de la oración y lo vierte sobre nuestra psique-alma”.»

Y aún más: “La oración es una arma grande, una gran seguridad”.

El Teólogo Gregorio dice: “Mejor recordar a Dios que respirar”. Y de nuevo: “Piensa en Dios más constantemente que en respirar.” Y San Isaac: “Sin oración ininterrumpida, no puedes acercarte a Dios. Si después del esfuerzo de la oración dejas que tu mente se preocupe por otras cosas, provocas la dispersión de la mente. Cada oración donde el cuerpo no se esfuerza y el corazón no está abatido es un aborto muerto, porque esa oración está sin psique-alma.»

Y san Juan el Clímaco escribe: “La esencia de la oración es, en última instancia, la conversación y la unión del hombre con Dios; en su operación y energía, es la preservación del mundo, la reconciliación con Dios, la madre de las lágrimas pero también su hija, el perdón de los pecados, el puente por encima de las tentaciones, el muro entre nosotros y las tribulaciones, la destrucción de las guerras, la obra de los ángeles, la alimentación de todas las cosas incorpóreas, la futura alegría y gozo, el trabajo sin fin, la fuente de las virtudes, la causa de los carismas, el progreso invisible, el alimento de la psique-alma, la iluminación del nus con la mente y del corazón (o nus espíritu del corazón de la psique), el hacha que corta la desesperación, la prueba de la esperanza en Dios, la liberación de la depresión y de la tristeza, la riqueza de los monjes y los cristianos ortodoxos, el tesoro de los hisijastas, la restricción de la ira, el espejo del progreso, la apocálipsis/revelación del alcance de la virtud, la apocálipsis/revelación del estado espiritual, apocálipsis de las cosas y realidades futuras, el signo de la doxa-gloria (luz divina e increada). La oración, para aquel que realmente ora, es un tribunal, un criterio y un paso del Señor, antes del paso futuro.»

Y en otro lugar: “La oración no es nada más que el alejamiento del mundo visible e invisible”. Y el santo Nilo dice: “Si deseas orar, renuncia a todo para heredarlo todo. La oración es la elevación del nus con la mente hacia Dios. La oración es la relación en comunión del nus o corazón con Dios. Así como el pan es alimento para el cuerpo y la virtud para la psique-alma, de la misma manera, la oración espiritual es alimento para el corazón o nus-espíritu de la psique”. Y estas realidades así son. Es tiempo ahora de hablar sobre la dieta física, sobre el peso, la cantidad y la calidad de la misma, con la mayor concisión posible.

La dieta corporal, es decir, sobre cómo debe alimentarse el hisijasta.

30. La Escritura dice: “Hombre, tu pan lo comerás con pesar, y tu agua la beberás con medida” (Ezequiel 4, 10-11), porque esto es suficiente para que el que lucha vivir según Dios. Alguien dice: si no das sangre, no recibirás espíritu. También el gran Pablo dice: “Yo no corro ni lucho sin ton ni son a la aventura, ni peleo como quien da golpes al aire, sino que me impongo una disciplina y domino mi cuerpo, no sea que después de predicar la salvación a los demás, yo mismo quede descalificado de Dios” (1Cor 9, 26-27).

Y el rey David dice: “Mis rodillas flaquean por el ayuno, y mi faz se ha alterado por la privación de aceite” (Salmo 108, 24). Y el Teólogo: “Nada agrada tanto a Dios como con el ejercicio duro al cuerpo, y en las lágrimas recompensa con Su misericordia”.

Y el santo Isaac dice: “Así como la madre cuida de su hijo, así también Cristo cuida del cuerpo que sufre, y está siempre cerca de ese cuerpo. En un estómago lleno no hay conocimiento/gnosis de los misterios de Dios. Así como aquellos que siembran con lágrimas cosechan manojos de deleite y alegría (Salmo 125, 5), así la alegría sigue al padecimiento por Dios. Bienaventurado y feliz aquel que cierra su boca a todo placer o hedonismo que lo separa de su Creador.”

En otro lugar dice: “Con largas tentaciones y pruebas desde la derecha y desde la izquierda, después de haber probado mi yo en ambos caminos y recibido innumerables golpes del enemigo, y habiendo sido frecuentemente socorrido con gran ayuda secreta de Dios, adquirí experiencia a lo largo de muchos años y la prueba. Con la jaris gracia increada de Dios aprendí esto: que la base de todos los bienes, la liberación de la psique-alma de la esclavitud del enemigo y el camino que conduce a la luz y a la vida son estos dos tropos modos o métodos: restringirse a uno mismo en un lugar y ayunar siempre, es decir, gobernar sabiamente y prudentemente el propio ser, de manera que haya autodominio y moderación en el estómago, permanencia inmóvil en la ησυχία hisijía, y estudio constante de Dios.

De aquí proviene la subordinación de los sentidos; de aquí la nipsis vigilante sobriedad de la mente y del nus o corazón; de aquí se doman las pazos salvajes que se mueven dentro del cuerpo; de aquí viene la apacibilidad de los pensamientos, de aquí los diversos movimientos brillantes de la διάνοια diania (mente, intelecto, cerebro); de aquí el estudio de las obras sagradas de la virtud; de aquí los significados profundos, altos y sutiles; de aquí las lágrimas incontables que se derraman a cada hora y el recuerdo de la muerte; de aquí la pureza de la sobriedad que está completamente libre de cualquier fantasía que perturbe la diania mente; de aquí la perspicacia y agudeza del conocimiento/gnosis de aquellos que están lejos; de aquí emanan los conceptos y los significados más profundos, entendidos por la διάνοια diania (mente, intelecto) con la fuerza de los logos divinos, y los movimientos internos que ocurren en la psique-alma, y la diferencia y discernimiento de los espíritus malignos de las Potencias angélicas, y de las verdaderas visiones o contemplaciones de las vanas fantasías.

De aquí proviene el temor de los caminos que oculta el abismo de la diania mente, el cual corta la negligencia y la indiferencia, y la llama del entusiasmo que pisa todo peligro y supera todo miedo, y el fervor que desprecia y apaga de la diania mente todo deseo y causa olvido de toda memoria de las cosas provisionales que pasan junto con otras.

Y en pocas palabras, de aquí proviene la libertad del hombre verdadero, la alegría y gozo de la psique-alma y la resurrección y el descanso en el reinado de la realeza increada de los cielos junto con Cristo. Pero si alguien por negligencia descuida estas dos virtudes, que sepa que no daña solo a sí mismo de todas las cosas que hemos dicho, sino que también socava el fundamento de todas las virtudes al menospreciar estas dos. Y así como estas dos virtudes en la psique-alma son el principio y la cabeza del trabajo divino, y la puerta y el camino hacia Cristo, si uno las guarda y persiste en ellas, pero si las abandona y se aparta de ellas, termina en dos extremos opuestos, es decir, dando vueltas de aquí para allá y deleitándose ilícitamente en satisfacción de su panza o estómago».

En otro lugar dice: «Aquellos que al principio de su vida monástica son negligentes, desidiosos y ociosos, se acobardan y se perturban no solo al escuchar estos combates, sino también por el sonido de las hojas de los árboles, y son vencidos por pequeñas necesidades y por el miedo al hambre y por una ligera enfermedad, renuncian al ejercicio y vuelven atrás.

Pero los verdaderos y dignos luchadores no se sacian ni de hierbas ni de verduras, ni aunque vivan de raíces de hierbas secas, aceptan comer algo antes de la hora establecida, y también duermen en el suelo mientras el cuerpo está débil y tembloroso y sus ojos se nublan por el exceso de agotamiento del cuerpo.

Y si incluso por la debilidad se acercan a la muerte, tampoco retroceden para ser vencidos y caer, debido a su firme y heroica determinación y predisposición. Porque desean y anhelan violentarse a sí mismos por la agapi amor ardiente de Dios, y prefieren esforzarse y cansarse por la virtud que tener una vida transitoria y cualquier descanso que esta pueda ofrecer.

Y cuando las tentaciones los atacan, se regocijan más, porque a través de ellas mejoran, es decir, se hacen más perfectos. Y ni siquiera por los grandes esfuerzos que experimentan son conmovidos en absoluto en la agapi-amor de Dios, sino que hasta que se van de esta vida están dispuestos a aceptar valientemente las tentaciones y no las evitan, porque a través de ellas se vuelven perfectos».

Por lo tanto, nosotros también siguiendo a estos y a otros similares a ellos, y obedeciendo a Aquel que dijo: “Caminad por el camino real y no os desviéis a la derecha ni a la izquierda” (Prov 4, 27), te presentamos un tipo, regla y modelo intermedio que incluye la siguiente condición.

Cómo luchador debe alimentarse los lunes, los miércoles y los viernes.

31. Tres días a la semana, los lunes, miércoles y viernes, come siempre por la tarde, es decir, una vez al día. Come seis onzas de pan, alimentos secos con moderación, y agua hasta tres o cuatro vasos si lo deseas, siguiendo la 69ª regla de los Santos Apóstoles que ordena: “Si un obispo, presbítero, diácono, lector o salmista no ayuna durante la santa Cuaresma de Pascua, o los miércoles o los viernes, que sea depuesto, a menos que sea impedido por una enfermedad corporal. Si es laico, que sea excomulgado”. La abstinencia del lunes, por supuesto, fue determinada más tarde por los santos Padres.

Cómo debes alimentarte los martes y jueves

32. Los martes y jueves, come dos veces al día. En la comida, consume seis onzas de pan y comida cocida con moderación y un poco de comida seca. Bebe vino diluido, si es necesario, hasta tres o cuatro copas. Por la noche, come tres onzas de pan y un poco de comida seca o algunas frutas, y vino mezclado con agua en una o dos copas, si tienes mucha sed. La sed ayuda mucho en las lágrimas junto con la vigilia, como dice san Juan el Clímaco: «La sed y la vigilia presionaron el corazón; y con esta presión, el corazón derramó lágrimas».

Y San Isaac dice: «Ten sed de Dios para que te llene con Su agapi-amor». Pero si prefieres comer solo una vez en estos dos días, estarás haciendo lo correcto, ya que el ayuno, el autodominio y la moderación son la primera madre y raíz, la fuente y cimiento  de todos los bienes. Como dice un sabio nacional: «Elige una vida excelente, y la costumbre la hará dulce».

Y San Basilio Magno dice: «Donde hay predisposición, no hay obstáculo».

Y otro Padre teoforo (portador de Dios) dice: «El principio de la fructificación es la flor, y el principio de la práctica es el autodominio o moderación».

Pero estas cosas, y las siguientes, pueden parecer difíciles para algunos, incluso imposibles. Sin embargo, aquel que reflexiona sobre el fruto que proviene de ellas y tiene en mente la gran doxa-gloria (luz increada) que generan, las juzgará fácilmente y, con la ayuda de nuestro Señor Jesús Cristo y su propia diligencia tanto como sea posible, las proclamará con palabras, actos y obras, confirmando su verdad.

San Isaac también dice: «El pan humilde de la mesa de un hombre puro, purifica la psique- psique-alma de todo pazos en aquel que lo come. De la mesa de aquellos que ayunan, velan y trabajan en el Señor, toma para ti mismo el remedio de la vida y levanta o despierta tu psique-alma de su necrosis o mortificación; porque el Amado se sienta entre ellos y santifica sus alimentos, convirtiendo la amargura de sus dificultades en Su indescriptible dulzura, mientras que Sus servidores espirituales y celestiales los cubren junto con sus divinas comidas. El aroma del ayunante es muy dulce, y su encuentro alegra los corazones de aquellos que tienen discernimiento. La forma de vida del hombre moderado y auto-dominado es amada por Dios».

Cómo debes alimentarte los sábados y sobre las vigilias, y cómo debes comer durante ellas

33. Cada sábado, excepto el Sábado Grande (de la Semana Santa), debes comer dos veces, como se ha indicado para los martes y jueves. Esto se debe a las disposiciones de los sagrados Cánones y porque debes hacer vigilia todos los domingos del año, excepto el domingo de los quesos (Tirofagos) o si hay una vigilia cercana a las grandes festividades del Señor o de algún santo muy importante, entonces debes hacerla en ese día y omitir la vigilia del domingo.

Ya sea de esta manera o de otra, los sábados debes comer dos veces. Es beneficioso apresurarse siempre en el trabajo de la vigilia nocturna. Por eso, si surge una vigilia durante la semana, es muy beneficioso hacer también la vigilia del domingo, y te seguirá inmediatamente un gran beneficio. O más bien, como dice la Escritura, así tu luz brillará temprano, y tu salud se manifestará rápidamente delante de ti (Isaías 58:8).

San Isaac también dice: «En cada lucha contra el pecado y el deseo, el principio es el esfuerzo de la vigilia y del ayuno, especialmente para aquel que lucha contra el pecado que está dentro de nosotros. Y esto es una señal del odio al pecado y al deseo en aquellos que luchan en esta guerra invisible. Casi todas las asechanzas y asaltos de los pazos comienzan a disminuir con el ayuno.

Cerca de esto, la vigilia nocturna ayuda en la ascesis, ejercicio. Aquel que ama la compañía de esta pareja se convierte en amigo de la templanza y la sobriedad. Como el principio de todos los males es la satisfacción del vientre, así como la privación del sueño que enciende el deseo de la fornicación, así también es el camino santo de Dios y el cimiento de toda virtud es el ayuno, la vigilia y la vigilancia durante el culto a Dios».
Y nuevamente: «En la psique-alma que resplandece con el recuerdo de Dios y la vigilia ininterrumpida de noche y día, el Señor, para su seguridad, coloca una nube que la cubre durante el día y una columna de fuego que la ilumina durante la noche (Éxodo 13, 21-22), y la luz brillará en medio de la densa oscuridad». Aún más: «Elige para ti mismo el trabajo fino y detallado, es decir, la vigilia continua por las noches, mediante la cual los Padres se despojaron del viejo hombre y lograron la renovación de sus psiques-almas, corazones o nus y mentes. En esas horas, la psique-alma experimenta y siente la vida inmortal; y con esta conciencia, arroja la oscuridad de los pazos y recibe al Espíritu Santo».

Y otra vez: «Honra el trabajo de la vigilia para que tu psique-alma encuentre consuelo. No pienses, hombre, que en todo el esfuerzo espiritual de los monjes hay algo más grande que la vigilia nocturna. Un monje que se dedica a la vigilia con discernimiento de su nus y mente, no lo pienses que es de carne; verdaderamente este trabajo caracteriza a los ángeles. Una psique-alma que se esfuerza en el trabajo angélico de la vigilia obtendrá ojos querubínicos que mirarán constantemente y verán la zeoría contemplación celestial».

Pasa tus vigilias con oración, canto de himnos o salmos y lectura, pura, sin distracciones y con katánixis (dilatación del corazón, compunción), ya sea solo o con una compañía amada y de mentalidad similar. Después de cada vigilia, fortalece un poco tu cuerpo después del esfuerzo con comida y bebida, como en la cena. Es decir, come tres onzas de pan y algún aperitivo seco, según sea necesario, y bebe vino con agua hasta tres copas. Ten cuidado en un día de ayuno de no romper el ayuno, debido a la vigilia antes de la novena hora. Debes hacer una cosa y no dejar la otra (Mateo 23:23). Porque el fortalecimiento del cuerpo está lógicamente designado para hacerlo después de la vigilia.

Cómo debes comer los domingos. Varios otros temas. También sobre el esfuerzo y la humildad.

34. En los domingos, debes comer dos veces, siguiendo la misma pauta que en los sábados. Este principio o canon debe ser seguido exactamente, a menos que estés enfermo. Sin embargo, hay también días que los Padres han liberado del ayuno, ya sea por larga costumbre o por razones más recientes, ya sea santas o no. En estos días, no solo debes comer una vez ni limitarte a alimentos secos, sino que puedes disfrutar de todos los alimentos permitidos, incluyendo verduras, con moderación y en cantidades apropiadas. La virtud suprema es la moderación y autodominio en todas las cosas.

Nota: Se refiere a días o semanas de grandes festividades (Navidad, Pascua, Pentecostés, etc.) que tienen sus propias reglas. También menciona la semana después del Domingo del Publicano y el Fariseo, que tiene una dispensa por razones especiales.

Cuando se trata de enfermedades físicas, como se mencionó antes, no dudes en comer todos los alimentos útiles y legítimos que fortalezcan tu cuerpo. Porque los Padres enseñaron a vencer los pazos las pasiones, vicios (matapazos) y no maltratar y matar el cuerpo (no matacuerpos). Además, es apropiado, entre lo permitido para los monjes, comer moderadamente para alabar y agradecer a Dios, evitando así la soberbia. Debes evitar lo innecesario.

La falta de cosas, como dice San Isaac, enseña al ser humano autodominio y moderación sin deseo; sin embargo, con la abundancia y libertad en estas cosas, no podemos contener y dominar a nuestro sí mismo. No ames el descanso corporal, ya que, según San Isaac, la psique-alma que ama a Dios encuentra su descanso solo en Él. Es preferible, junto con el esfuerzo y la dificultad, elegir la humildad y rechazar lo superfluo. Porque el esfuerzo y la humildad, escribe un Santo, ganan a Jesús.

Cómo debes comer y comportarte durante las santas Cuaresmas, especialmente la Gran Cuaresma.

35. En cuanto a la dieta durante las santas Cuaresmas, e incluso durante toda tu vida, creemos que no es necesario explicarlo en detalle y de manera particular.

Debes seguir las mismas pautas que se indicaron cuando cumples la novena, también durante las santas Cuaresmas, excepto en sábados y domingos. Si es posible, hazlo con mayor precisión y cuidado, especialmente durante la santa y gran Cuaresma, ya que es la décima de todo el año y ofrece a los vencedores en Cristo los premios de sus esfuerzos en el glorioso y gran día de la Resurrección.

El discernimiento. El trabajo a medida es invaluable. La subordinación o sumisión

36. Sin embargo, todas estas instrucciones y similares deben aplicarse con un discernimiento preciso para lograr la convivencia armoniosa y pacífica del cuerpo y la psique-alma.

Como dice la Escritura: «Con sabiduría se construye la casa, con inteligencia se fortalece y con el conocimiento/gnosis correcto se llenan los almacenes de todo bien y riqueza valiosa» (Prov 24:3-4).

Y el divino Thalassios escribe: «La carencia y la privación, acompañadas de razón y discernimiento, son el camino real. La carencia sin discernimiento o la privación sin razón son inútiles, ya que ambas van en contra de la lógica».

Y San Isaac dice: «En la relajación de los miembros sigue la dispersión y la confusión de los pensamientos. El trabajo excesivo lleva a la negligencia y a la pereza espiritual y esta a la dispersión de los pensamientos. La diferencia entre la primera dispersión y la segunda es que en la primera sigue la guerra de la fornicación o lujuria, mientras que en la segunda sigue el abandono del asceterio y el movimiento de un lugar a otro. Sin embargo, el trabajo medido y laborioso es invaluable. La disminución de este fortalece el placer, mientras que el exceso lleva a la dispersión.”

Y el gran Máximo escribe: «No pongas toda tu atención en la carne, sino asigna a ella el ejercicio que puede soportar, y dirige la fuerza de tu nus con la mente hacia tu interior, al corazón. Porque el ejercicio corporal beneficia poco, mientras que la piedad es beneficiosa para todo (1Tim 4, 8)». Sin embargo, si la carne tira del equilibrio hacia su lado entonces tiraniza, carga y arrastra la psique-alma hacia tendencias y movimientos desordenados que dañan la psique-alma, como está escrito: «La carne desea lo contrario al espíritu, y el espíritu lo contrario a la carne» (Gál 5, 17), entonces, ponle la rienda de la autodisciplina y mátala, hasta que se vuelva obediente y se someta al superior, a la psique-alma.

Ten en cuenta las palabras del gran Pablo: «Porque aunque el hombre exterior se corrompe, el interior se renueva de día en día» (2Cor4, 16), y San Isaac dice: «Es mejor morir en las luchas que vivir descuidado y negligente. No solo son mártires aquellos que aceptaron la muerte por la fe en Cristo, sino también aquellos que mueren por aplicar y cumplir  Sus mandamientos. Y para nosotros, es mejor morir luchando que vivir en el pecado».

Y, sobre todo, debes hacer todas estas cosas con la opinión y la consulta de tu padre espiritual, que está según Dios. Porque así, con la jaris gracia (energía increada) de Cristo, las cargas pesadas y cuesta arriba se volverán ligeras, y te parecerá que corres cuesta abajo. Pero volvamos al punto de partida.

Cómo el luchador debe pasar el tiempo después de la comida hasta la puesta del sol. Debemos creer que, según la dificultad y medida de nuestro trabajo, se nos otorgan los carismas divinos.

37. Después de alimentarse adecuadamente como un atleta, y de acuerdo con el mandato del santo Pablo que exige que el luchador mantenga la autodisciplina y autodominio en todo (1 Cor 9:25), debes sentarte durante un tiempo considerable, especialmente para leer los escritos ascéticos de los Padres. Luego, duerma una hora, si los días son largos. Después, levántese y ocúpese un poco con su trabajo manual, manteniendo también la súplica o oración de Jesús. Después, realice la oración como se mencionó anteriormente, lea, estudie y asegúrese de humillarse a sí mismo y de colocarse por debajo de todos los demás seres humanos.

Porque la Escritura dice: «El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido» (Luc 14:11), y: «El que piensa que está bien firme, mire no caiga» (1Cor 10:12), y: «El Señor resiste a los soberbios, pero Su jaris gracia increada la da a los humildes» (Sant 4:6), y: «El principio de la soberbia es no conocer al Señor» (Sabiduría Sirac 10:12), y: “ hombres arrogantes e impíos pisoteaban constantemente tu Ley (Salmo 118:51), y: » Vivid en armonía unos con otros. No seáis orgullosos, poneos al nivel de los humildes. No os auto-engañéis y os consideréis como sabios » (Rom 12:16).

Y san Juan el Crisóstomo dice: «El que se cree de sí mismo que es nada o no es nadie, es el que por excelencia se conoce a sí mismo. Porque nada es tan querido por Dios como considerarse a sí mismo entre los últimos».

Y el santo Isaac dice: «En los humildes se revelan los misterios. Donde florece la humildad, allí brota la doxa-gloria (increada) de Dios. Delante de la jaris gracia increada corre la humildad, delante del castigo pedagógico, la presunción».

Y san Barsanufio dice: «Si realmente quieres ser salvo, escucha y practica; ya no pongas más tus pies en la tierra, eleva tu nus con la mente al cielo y estudia allí de noche y día. Esfuérzate por ser despreciado tanto como puedas, lucha por ver a ti mismo por debajo de todos los demás. Esta es la verdadera vía; aparte de esta, no hay otra para aquel que quiera ser salvo por la jaris gracia increada de Cristo que le fortalece (Filipenses 4:13). Que corra aquel que lo desee, corra y corra para alcanzar su objetivo. Doy este testimonio ante el Dios vivo, quien anhela otorgar vida eterna a todos los que lo desean».

Y san Juan el Clímaco dice: «No ayuné, no velé, no dormí en el suelo, pero me humillé y el Señor me salvó rápidamente» (Salmo 114:6). Antes que nada, busca lo «ignorado» o el anonimato, es decir, que nadie te tenga en cuenta, como dice san Barsanufio: «No preocuparte por nada te hace acercarte a la ciudad. Ser despreciado por todos te hace habitar en la ciudad. Y morir por todos te hace heredar la ciudad y sus tesoros. Si quieres ser salvo, guarda lo «ignorado» o el anonimato  y corre hacia lo que buscas».

Y este «ignorado», según el santo Juan, discípulo de san Barsanufio, es no igualarte a ti mismo con nadie y no decir acerca de ninguna buena obra que tú la hiciste. Luego, siéntate de nuevo y ora con pureza, lucidez y sin distracciones hasta que llegue la noche. Luego, recita el oficio vespertino habitual y haz la despedida. Y cree sinceramente que Dios nos recompensa con la distribución y proclamación de donaciones y premios, y con su consuelo, de acuerdo con nuestro esfuerzo y dolor por la virtud, y de acuerdo con el trabajo que hemos realizado, según las palabras del salmista sagrado: «Conforme a la multitud de mis congojas, tus consolaciones alegraban mi psique-alma» (Salmo 93:19).

También dice el Salvador: “Venid a mí todos los que estáis psíquicamente cargados y cansados, agotados y afligidos, agobiados y deprimidos por vuestros pecados, autoengaños, sufrimientos y perturbaciones y yo os daré psicoterapia, alivio y paz en vuestra psique-alma y os haré descansar psíquica y espiritualmente” (Mat 11:28). Y el gran apóstol Pablo: “…si padecemos con Cristo, para ser también glorificados junto con él. Pienso y estimo que los padecimientos de la vida presente no se pueden comparar con la doxa-gloria luz increada que ha de apocaliptarse-revelarse y darse en nosotros (Rom 8:17-18).

Y dice el sabio san Máximo Confesor: «La causa de la distribución de los bienes divinos es la medida de la fe de cada uno. Es decir, en la medida en que creemos, también tenemos la buena disposición de actuar. Por lo tanto, aquel que realiza el bien, según la proporción de su acción, muestra la medida de su fe y recibe según la medida de la χάρις  jaris gracia (energía increada). Por otro lado, aquel que no actúa, según la apraxia inacción, muestra la medida de su incredulidad y recibe según la incredulidad la privación de la jaris gracia increada. Por lo tanto, el envidioso actúa mal al envidiar a los demás por sus logros, ya que claramente depende de él y de nadie más la elección de creer y actuar y, de acuerdo con su fe, recibir la medida de la jaris gracia increada.”

Oremos y pidamos fervientemente que permanezcamos fieles durante el resto de nuestras vidas, y especialmente que los últimos días de nuestras vidas sean cristianos, sin dolor, sin vergüenza, en paz, y que tengamos una buena apología cuando nos enfrentemos al temible juicio del Señor y Dios nuestro Salvador Jesús Cristo.

La oración pura es superior a cualquier trabajo.

38. Cerca de todo esto, hermano, debes saber lo siguiente: cada método y cada regla, e incluso, si lo quieres, cada praxis diferente, todo ha sido establecido y regulado porque aún no podemos orar en nuestros corazones de manera pura, sin distracciones e ininterrumpidamente. Pero cuando logremos esto, con el favor y la jaris gracia increada de nuestro Señor Jesús Cristo, entonces, después de abandonar las muchas y variadas divisiones, nos uniremos al Uno y único de manera directa y por encima de todo logos, como dice el glorioso Teólogo: «El Dios, que se une y se conoce en los hombres que también se hicieron dioses por la χάρις jaris gracia, energía increada».

Esto es el resplandor en-hipostasiado (substanciado o fundamentado) en el corazón por el Espíritu Santo, que nace, como dijimos, de la oración del corazón, pura, concienciada y lúcida, sin distracciones e ininterrumpida. Sin embargo, esto es raro y solo uno entre mil es digno, por la χάρις jaris gracia, energía increada de Cristo, de avanzar a este estado.

Superar este estado, merecer la oración espiritual y lograr la apocálipsis/revelación de los misterios del siglo venidero, es un logro de muy pocos, uno en cada generación, con el favor de la jaris gracia increada, como escribe el santo Isaac: «Así como entre miríadas de seres humanos, apenas uno es el que ha cumplido los mandamientos-logos y las leyes sin faltas y casi ha alcanzado la lucidez y la pureza de la psique-alma, así es uno entre mil los que se ha hecho digno de llegar con gran cuidado a la oración pura, concienciada y lúcida y romper ese límite y lograr ese misterio.

Porque no son muchos los que han sido dignos de la oración pura, concienciada y lúcida, sino muy pocos. Sin embargo, aquel que ha llegado a ese misterio, después y más allá de la oración espiritual pura y lúcida, es solo uno en cada generación, por la jaris gracia energía increada de Cristo». Y más adelante: «Y si alguien ora solo con pureza, ¿qué diremos de la oración espiritual? Cada oración espiritual ha sido liberada de todo movimiento. Y la oración que se inclina hacia algo es inferior a la espiritual». Por lo tanto, tú también, si deseas merecer en Cristo Jesús estos nuevos misterios en obra y praxis, es decir, con la misma experiencia, en cada tiempo y en cada hora y en tu trabajo, esfuerza tu ser para llegar a orar en tu corazón de manera pura y lúcida, sin distracciones e ininterrumpida.

Para avanzar así, desde un niño que lacta, a un hombre perfecto con plena madurez espiritual, cuya medida es Cristo (Ef. 4, 13), lograr la bienaventuranza y ser proclamado como un fiel y sabio mayordomo (Luc 12, 42), porque manejas con sano juicio tus asuntos y logos (Salmo 111, 5-6), es decir, actúas según la lógica.

Por lo tanto, no serás sacudido en la eternidad, como escribe sobre esto el santo Filemón: «Hermano, ya sea de día o de noche, Dios te dignará orar sin distracciones con un nus con mente pura y lúcida, no te limites a tu regla, sino con toda la fuerza que tengas, extiéndete en la oración y dedícate a Dios. Y Él iluminará tu corazón sobre qué trabajo espiritual hacer». Y alguien de los iluminados santos con la sabiduría de Dios dijo: «Si quieres presentarte ante Dios con tu cuerpo como si no tuvieras cuerpo, adquiere oración ininterrumpida, escondida en tu corazón, y entonces tu psique-alma se convertirá antes de la muerte en un ángel». De manera similar, el santo Isaac, cuando le preguntaron cuál es el contenido general de todos los esfuerzos de esta obra, es decir, de la ησυχία hisijía (serenidad en la mente y paz en el corazón) para que, al llegar, sepa que ha alcanzado la perfección de la ησυχία hisijía, respondió: «Cuando alguien se haya hecho digno de lograr estable la oración del corazón continua.

Porque cuando alguien llega a esta oración, ha llegado al final de todas las virtudes y se convierte en la residencia del Espíritu Santo. Si alguien no ha recibido completamente la χάρις jaris gracia, energía increada del Paráclitos/Suplicante, no puede completar con comodidad la permanencia fija de esta oración. Cuando el Espíritu habita en alguien, la oración nunca se detiene, ya que es el mismo Espíritu que siempre ora en su corazón (psicosomático o espiritual de la psique).

Y entonces, la oración no se separa de su psique-alma, ni durante el sueño ni durante la vigilia; sino que cuando come, bebe, duerme o realiza cualquier otra actividad, incluso en el profundo sueño, los aromas y vapores de la oración se desprenden de su corazón sin esfuerzo. Y la oración nunca se aparta de él; en todas las horas, incluso si parece cesar externamente, la oración trabaja místicamente, secretamente en su interior.

Y este silencio de los puros se llama oración por un Santo. Porque los pensamientos de estas personas son movimientos divinos, y los movimientos del corazón puro y lúcido y de la diania (mente, intelecto) son voces suaves y apacibles con las cuales cantan secretamente, místicamente a Dios». Y muchos otros Padres divinamente iluminados, experimentados con la jaris gracia divina, escribieron muchas cosas maravillosas como estas, que omitimos para no alargar más el discurso.

El número de inclinaciones en el curso de veinticuatro horas

39. En cuanto a las genuflexiones, los Padres han establecido trescientas, que debemos realizar cada veinticuatro horas de los cinco días de la semana. Porque los sábados y domingos, y en otras fechas establecidas, e incluso semanas, por razones secretas y confidenciales, tenemos la orden de suspender las genuflexiones. Sin embargo, hay algunos que superan ese número, mientras que otros hacen menos, cada uno según su capacidad, fuerza y elección. Así que tú también haz tantas como puedas. Por supuesto, bienaventurado es aquel que se esfuerza siempre en todas las obras de Dios. Porque la realeza increada de los cielos se conquista con esfuerzo violento y lo arrebatan aquellos que se esfuerzan por sí mismos (Mat 11, 12).

La distribución de los bienes divinos no se basa solo en nuestra lucha y trabajo, sino también en nuestra disposición, receptividad, fe y disposición natural.

40. Así que sepamos también esto: la distribución de las donaciones divinas no se realiza, como dijimos antes, solo en función de nuestra lucha y trabajo, sino también según nuestro modo de vivir y nuestra disposición y receptividad, pero también según nuestra fe en lo que buscamos y nuestra disposición natural.

Y dice San Máximo: «El nus (espíritu de la psique) es el instrumento de la sabiduría, mientras que la lógica (del intelecto o mente) es el de la cognición/gnosis. La plenitud interna natural de nus y la lógica (mente) es el instrumento de la fe, que se forma con la sabiduría y el conocimiento/gnosis. Además, el instrumento del carisma de la sanación es la filantropía natural. Porque cada carisma divino tiene en nosotros el órgano receptivo adecuado y apropiado, como dinami (potencia y energía) o disposición o hábito. Por ejemplo, aquel que ha hecho la catarsis de su nus de todas las fantasías sensoriales recibe sabiduría.

Aquel que hace que la parte lógica de su psique-alma domine sobre los pazos pasiones innatas, es decir,  de la la ira (emoción) y del deseo, recibe la gnosis/conocimiento. Aquel que en su nus y su lógica tiene una convicción inquebrantable en Dios, recibe la fe que puede hacerlo todo. Y aquel que ha logrado la filantropía natural, después de arrancar completamente la filaftía/egolatría de sí mismo, recibe los carismas de sanaciones. Así son estas cosas.

Ten en cuenta también que nadie debe conocer tu trabajo espiritual, excepto tu maestro y guía. Y reza por nosotros los indignos, que hablamos pero no practicamos el bien y la bondad, para que seamos dignos de hacer primero lo que agrada a Dios y luego hablar y aconsejar a los demás. Porque, según el logos del Señor, aquel que aplica y cumple los mandamientos y enseña a los demás, será llamado grande (Mat 5, 19). Y a ti, que el Pantocrátor/Todopoderoso y misericordioso Señor te fortalezca y te ayude a escuchar con discernimiento y prudencia lo que escribimos y a practicarlo con devoción y anhelo. Porque no son justificados ante Dios aquellos que han escuchado la ley, sino aquellos que la han aplicado y cumplido, como dice el apóstol Pablo (Rom 2, 13). Y ojalá que te guíe y te dirija en cada obra buena y salvadora, y te instruya en la obra espiritual y sagrada con la ayuda del Espíritu y con las bendiciones de los Santos. Amén.

Sin embargo, como hemos hablado anteriormente sobre el discernimiento práctico, ahora es una oportunidad para hablar brevemente sobre la gran virtud del discernimiento universal y perfecto, tanto como podamos, ya que esta virtud es la más grande de todas las virtudes, según nuestros gloriosos Padres.

El discernimiento universal y perfecto. ¿Quién es aquel que vive según la naturaleza y carnalmente, quién según naturaleza y psíquicamente, y quién es aquel que vive sobrenaturalmente y espiritualmente?

41. Aquel que vive y obra carnalmente y contra natura, ha perdido completamente la capacidad de discernimiento. Aquel que se ha abstenido de los males y comienza a hacer el bien, según el dicho: «Apártate del mal y haz el bien» (Salmo 34, 15), él, como principiante y bien dispuesto a recibir enseñanza, toca un poco la sensación de discernimiento que es apropiado para un principiante.

Aquel que vive según natura y psíquicamente porque actúa con el pensamiento y vive de manera racional, el cual se llama medio, ve y discierne de acuerdo con su propia medida, tanto lo que le concierne a él como lo que concierne a sus semejantes.

Aquel que vive sobrenaturalmente y espiritualmente, porque ha superado los límites del hostil y vicioso principiante y del mediano, y ha progresado por la jaris gracia increada de Cristo hacia la perfección, es decir, hacia la iluminación inmanente, enhipostasiada (fundamentada) y el discernimiento perfecto, ve y discierne tanto a sí mismo clara y puramente, como también a todos los demás, mientras que él mismo, aunque es visible, no es visto por nadie, ni es discernido, ni, por supuesto, examinado, ya que verdaderamente es y se llama pnevmatikós espiritual, no con papel y tinta, sino de hecho, con praxis y jaris gracia divina, como dice el divino Apóstol: “En cambio el hombre espiritual, lo analiza e investiga todo, lo discierne y entiende fácilmente todo acontecimiento y a todo hombre, mientras que a él ningún hombre mundano (que vive de la forma de este mundo pecaminoso) y ajeno de la vida en Cristo Dios-Hombre, puede comprenderlo y juzgarlo” (1Cor 2, 15).

Continuación con el discernimiento con un ejemplo.

42. Entre los mencionados antes, el primero, el carnal, se asemeja al que camina en una noche profunda y salvaje. Debido a esto, y como deambula en una oscuridad profunda, no solo no ve ni se distingue a sí mismo, sino que tampoco sabe dónde camina ni a dónde va, como dice el Salvador: «El que anda en la oscuridad, no sabe dónde va» (Juan 12, 35).

El segundo, el principiante, parece caminar en una noche con cielo claro iluminado por las estrellas. Así que, iluminado de alguna manera por el brillo de las estrellas, camina avanzando lentamente y tropieza con las piedras de la indiscreción, falta de distinción y cae. Este, por lo tanto, se ve un poco a sí mismo y se distingue en la sombra, como dice la Escritura: «Despiértate, tú que duermes, y levántate de entre los muertos, y Cristo te alumbrará» (Ef 5, 14).

El tercero, el intermedio, parece caminar en una noche serena con luna llena. Así que, iluminado por el resplandor de la luna, camina avanzando de manera más estable y va hacia adelante. También ve a sí mismo como en un espejo y distingue a aquellos que caminan con él, como se ha dicho: «Haced bien y estad siempre alerta, como una lámpara que brilla en un lugar oscuro, hasta que el día amanezca y el lucero salga en vuestros corazones» (2 Pedro 1, 19).

El último, el perfecto y pnevmatikós guía espiritual, es como si caminara al mediodía clarísimo que es iluminado por los fuertes rayos del sol. Este ve claramente a sí mismo con la luz solar y se distingue y comprende a la mayoría, o más bien a todos, como dice el divino Apóstol (1Cor 2, 15).

Aún, ciertamente allí experimenta cualquier cosa que encuentre de cualquier manera; y él mismo camina sin errar y guía a aquellos que lo siguen sin obstáculos hacia la verdadera luz increada, la vida y la verdad. Para ellos está escrito: «Vosotros sois la luz del mundo» (Mat 5, 14).

El divino Pablo dice que: “Porque Dios, en tiempos de la creación, dijo: Brille la luz del seno de las tinieblas, es el que ha hecho resplandecer y brillar la luz en nuestros corazones para que nosotros conozcamos y demos a conocer a los demás la gnosis/conocimiento pura e iluminada de la doxa-gloria luz increada de Dios que se ha manifestado en persona por Jesús Cristo (2Cor 4, 6).

Y el bienaventurado David dice: «Haz brillar la luz de tu rostro sobre nosotros, Señor» (Salmo 4, 7), y: «Por tu luz veremos la luz» (Salmo 36, 10). Y el Señor dice: «Yo soy la luz (increada) del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz (increada) de la vida» (Juan 8, 12).

La transformación y alteración de cada uno y la excesiva doxa-gloria de la humildad.

43. Queremos que sepas también esto, que incluso aquellos que han alcanzado la perfección mediante la catarsis y la iluminación, hasta donde han podido (porque no hay perfección o terminación perfecta en esta era (o siglo) imperfecta, más bien, una “interminable perfección imperfecta”), debes saber que ellos tampoco son siempre inalterables, debido a la debilidad natural y a la presunción astuta que a veces se introduce furtivamente.

Es decir, experimentan alteraciones y engaños para su prueba. Pero en esos momentos, reciben una mayor ayuda de Dios. Lo que va en contra de esto, los Padres lo llaman «la porción de los lobos». Porque lo inalterable y lo inmutable están reservados para el siglo (o era) futuro. En el presente siglo, a veces hay un tiempo de pureza, paz y consuelo divino, y otras veces de confusión, zozobra y mal humor.

Y esto nuevamente depende del estado y progreso de cada uno, así como por razones que solo el Señor conoce. Pero también es para que tengamos evidencia de nuestra debilidad. Porque dice: «Bienaventurado el hombre que conoce su debilidad» (Job 37, 7), y Pablo: «y permitió el Señor estos peligros terribles y mortales para que no confiásemos en nosotros mismos, sino en Dios, que resucita a los muertos» (2Cor 1, 9). Y así, siempre debemos recurrir a Dios con humildad, metania introspección, arrepentimiento y confesión.

San Isaac dice: «Cuántas veces algunos transgreden los mandamientos de Dios y “psicoterapian”, sanan sus psiques-psique-almas con la metania, y Su jaris gracia los acepta. Porque en toda la naturaleza lógica, sin excepción, hay metábole cambio, al igual que cada persona experimenta varias alteraciones cada hora, y de muchas cosas podrá percibir sobre esto el que tiene el discernimiento; pero más le enseñarán sus propias pruebas diarias, si está y posea nipsis vigilancia, atención y sobriedad.

Y él podrá darse cuenta de esto observándose a sí mismo espiritualmente, aprenderá cuánta alteración en la mansedumbre y la bondad recibe su diania mente, intelecto cada día y cómo esta paz repentinamente se transforma en zozobra sin una causa aparente, y cómo se coloca en un gran y inexpresable peligro. Este es el motivo sobre el cual escribió con claridad y gran precaución y cuidado el bienaventurado Macario, para que los hermanos recuerden y sean enseñados, de modo que no caigan en desesperación y agobio en el tiempo de la alteración causada por las adversidades.

Porque en aquellos que se mantienen en el orden de la pureza siempre experimentan caídas, al igual que ocurre el frío en la atmósfera, incluso sin haber caído en descuido o relajación. Pero incluso cuando caminan según su orden, sufren caídas que van en contra de su propósito y su voluntad». Y más abajo dice: «¿Qué pasa entonces? “Las alteraciones”, nos dice San Macario, “ocurren en cada uno como el frío en la atmósfera”».

Presta atención bien a la frase «en cada uno», porque la naturaleza es una; para que no pienses que habló de los menos importantes y pequeños, y que los perfectos están exentos de alteraciones y permanecen inmutables sin pensamientos hostiles y pasionales, como dicen los herejes Eucitas; por eso, añadió «en cada uno». ¿Y cómo sucede esto, Macario? Nos dice que: «como cuando hace frío, y luego calor, y después cae granizo, y luego hay buen tiempo, así sucede también en nuestra práctica ascética. Guerra y luego ayuda de la jaris gracia divina. Y a veces la psique-alma está en una tormenta y se levantan olas amenazadoras contra ella, y nuevamente hay alteración y la jaris gracia divina visita su corazón y lo llena de alegría y paz de Dios, y pensamientos sobrios y pacíficos».  Aquí señala a estos pensamientos de la sobriedad, insinuando que los anteriores eran bestiales e impuros.

Y aconseja diciendo: “Si después de estos pensamientos sobrios, virtuosos y bondadosos sigue un ataque, no nos lamentemos ni nos desesperemos. Y en el momento del descanso que otorga la jaris gracia divina e increada, no nos jactemos, sino que en el tiempo de la alegría esperemos la tristeza”. Y avanzando, dice: “Sepan que todos los Santos perseveraban con esta obra. Mientras estemos en este mundo, no cesa de seguir a estas cosas en secreto también el gran consuelo para nosotros”.

Porque cada día y cada hora se nos pide que probemos nuestra agapi-amor por Dios con la lucha y la resistencia contra las tentaciones. Y al decir antes (San Macario) “no nos lamentemos”, da a entender que no debemos ser dominados por la tristeza y la acedia en la lucha´. Y continúa: “Así se allana nuestro camino de inmediato. Y quien quiera evitar estas cosas y desviarse del camino, se convertirá en presa de los lobos”. ¡Cuán admirable y magnífico es este Santo! ¡Cómo con pocas palabras confirmó la verdad y demostró que está llena de sabiduría y prudencia, eliminando por completo la vacilación del pensamiento del lector!

Dice que aquel que evita estas cosas y se convierte en presa de los lobos quiere andar fuera del camino. Se ha propuesto esto en su nus con su mente y quiere caminar por su propio sendero, no pisoteado por los Padres”. Y San Isaac continúa más abajo: “La humildad sin obras perdona muchos pecados. Por el contrario, las obras sin humildad son inútiles”. Y más adelante: “Como la sal en la comida, así es la humildad en cada virtud. Ella puede destruir la fuerza de muchos pecados. Por lo tanto, por amor a ella, debemos lamentarnos constantemente en nuestro corazón y mente con humildad y con la tristeza que da el discernimiento. Y si adquirimos el discernimiento, nos hace hijos de Dios y, sin buenas obras, nos presenta ante Dios. Porque sin humildad, todas nuestras obras y todas las virtudes y todas las obras espirituales son vanas e inútiles. Entonces, Dios quiere el cambio o alteración de la διάνοια diania (mente, intelecto); porque mejoramos en la mente. Esta es suficiente por sí misma estar ante Dios sin ninguna otra ayuda y rogar a favor de nosotros”.

Aún dice: “Un Santo dijo: cuando te llegue el pensamiento del orgullo o soberbia y diga que recuerdes tus virtudes, di: “Anciano, mira tu propia prostitución”.

La μετάνοια metania, la pureza y la perfección.

44. “La perfección de cada camino, de cada virtud”, dice San Isaac, “consta de las siguientes tres cosas: μετάνοια metania, pureza y perfección. ¿Qué es la μετάνοια metania? Es dejar atrás los pecados anteriores y lamentarse por ellos. ¿Y qué es la pureza en pocas palabras? Es un corazón compasivo para toda la creación. ¿Y qué es la perfección? Es la profundidad de la humildad, que significa abandonar todo lo visible, es decir, lo sensible, y todo lo invisible, es decir, lo inteligible, y no preocuparse en absoluto por ellos.

Además, μετάνοια metania es la doble necrosis mortificación voluntaria de todo. Y “corazón compasivo” significa que el corazón arde de amor por toda la creación, es decir, por los humanos, las aves y los animales, los demonios y cada criatura”.

Y de nuevo: “Mientras estemos en este mundo y vivamos con la carne, y aunque nos elevemos hasta los cielos, no podemos liberarnos de las obras y el trabajo y estar sin preocupaciones. Esto es la perfección, y perdóname. Más allá de esto está la preocupación, es decir, no tiene importancia ni sentido”.

Y San Máximo dice: “La vida de la virtud causa apázia impasibilidad, sin pazos de la predisposición de la voluntad, pero no de la naturaleza. Con la apázia de la predisposición viene al nus o al corazón la jaris gracia del placer divino”.

Y de nuevo: “Aquel que ha experimentado la prueba del dolor y el placer del cuerpo puede llamarse probado, porque ha experimentado la prueba de las situaciones placenteras y desagradables relacionadas con la carne. Perfecto es aquel que ha conquistado el placer y el dolor de la carne con la fuerza de la parte lógica de la psique. Y completo, es aquel que ha mantenido inmutables, con la intensidad del anhelo divino, las praxis, acciones y la zeoría contemplación”.

Por lo tanto, se ha establecido que la más grande de todas las virtudes es el discernimiento, porque aquellos que adquirirán el discernimiento por la benevolencia de Dios podrán, con la iluminación de la luz divina, discernir con precisión las cosas divinas y humanas y los ocultos misterios y las visiones ocultas. Que así sea.

Ahora ha llegado el momento de que, tan pronto como podamos, negociemos, como prometimos, el comienzo de la divinizante y sagrada ησυχία hisijía (serenidad mental y paz del corazón), de manera más evidente en cierto sentido. Que Dios nos preceda incluso en estas cosas que diremos ahora.

Las cinco actividades de la primera y de alguna manera preliminar ησυχία hisijía de los principiantes, es decir, la oración, la salmodia o canto de salmos, la lectura, el estudio y el trabajo manual.»

45. El principiante en la vida monástica debe pasar las veinticuatro horas con cinco prácticas que son agradables a Dios. Con la oración, es decir, recordando constantemente al Señor Jesús Cristo, como se mencionó anteriormente, con la respiración tranquila en el corazón, que entra y sale de la misma manera, con los labios cerrados, sin ninguna otra idea, imaginación o fantasía, lo cual se logra mediante una moderación contenida en la comida y el sueño, así como en los demás sentidos, dentro de la celda con sincera humildad; con la salmodia; con la lectura del Salterio sagrado, el Apóstol y los santos Evangelios, así como los escritos de los santos Padres divinamente inspirados, especialmente los capítulos sobre la oración y la nipsis vigilancia sobria, y otras palabras inspiradas por el Espíritu.; con el recuerdo de los pecados que causan dolor en el corazón y el estudio sobre el juicio de Dios, la muerte, el infierno y el disfrute, y similares, y con un poco de esfuerzo para controlar la acedia, desgana o pereza espiritual, .

Y debe regresar nuevamente a la oración, incluso si esto requiere esfuerzo, hasta que el νούς nus con la mente se acostumbre a depositar fácilmente su distracción con la atención exclusiva al Señor Jesús Cristo, la memoria continua de Él, y la constante vuelta y arraigo en la cámara interna (Mat 6:6), es decir, el lugar secreto del corazón. Y como escribe San Isaac: «Lucha por entrar en la cámara que está dentro de ti, y verás la cámara celestial. Porque ambos son uno, y desde una entrada ves ambas».

Y San Macario dice: «El corazón es el líder de toda existencia. Y cuando la jaris gracia increada domina en las partes del corazón, entonces reina sobre todos los pensamientos y sobre todos los miembros. Porque allí está el νούς nus (espíritu de la psique) y todos los pensamientos de la psique-alma. Entonces allí debemos prestar atención si la jaris gracia divina ha inscrito las leyes del Espíritu Santo. ¿Dónde? En el órgano hegemónico, en el trono de la jaris gracia divina, donde está el νούς nus y todos los loyismí (pensamientos simples o unidos con la fantasía) de la psique-alma, es decir, en el corazón».

Desde donde deben comenzar aquellos que desean practicar la verdadera ησυχία hisijía, y cuál es el principio, el progreso y la perfección.

46. La primera y de alguna manera preliminar práctica de los principiantes monásticos que desean practicar la verdadera ησυχία hisijía (serenidad mental y paz del corazón) es la siguiente. Comienzan con el temor de Dios, la aplicación y cumplimiento en la medida de lo posible de todos los mandamientos-logos divinos, la despreocupación por cosas razonables o irracionales, y sobre todo, la fe, la total evitación de los pecados y la inclinación genuina hacia Dios, como se dijo.

Y avanzan con una esperanza inquebrantable, avanzando hacia la madurez completa, cuya medida es Cristo (Efe 4:13), con el eros divino (amor ardiente) total y excelente que proviene de la oración del corazón pura y sin distracciones y se perfecciona con la oración espiritual inmóvil, imperturbable y tranquila y con la única éxtasis (extensión interior) y aprehensión hacia Dios y la unión con Él, el Deseado Supremo, que surge de una agapi (amor incondicional) perfecto.

Esto es el progreso y la elevación sin engaños hacia la zeoría contemplación espiritual a través de la praxis, acción, que sufrió el teóforo David y, transformado por esa transformación bendita, exclamó: «Dije en mi éxtasis: Todo ser humano es una existencia mentirosa y falsa» (Salmo 115:2). Y como dice el Apóstol Pablo a los Corintios: «Lo que el ojo no vio, lo que el oído no oyó, lo que ninguna inteligencia y mente humana imaginó, eso preparó Dios antes de la creación del mundo para los que le aman» (1Cor 2,9).

Y para completarlo, el gran Pablo concluye diciendo: «Y a nosotros nos lo manifestó Dios por medio de su Espíritu Santo; porque el Espíritu Santo lo penetra todo, hasta las cosas infinitamente profundas de Dios, (y Espíritu es capaz de transmitir las grandezas de Dios, las que puedan caber en cada διάνοια diania mente/intelecto e inteligencia humana)» (1Cor

La orden de la ησυχία hisijía para los principiantes

47. El principiante, como mencionamos anteriormente, no debe salir con frecuencia de su celda y debe abstenerse de la compañía y la observación de todos, excepto cuando sea absolutamente necesario, y aún entonces con precaución y raramente, como dice San Isaac: «Por cada cosa debes tener en cuenta que la ayuda que tienes por la precaución es mejor que la ayuda de las obras». Porque no solo en los principiantes, sino también en aquellos que ya avanzan, estas cosas causan dispersión y desviación hacia afuera, como dice nuevamente San Isaac, que el descanso perjudica solo a los jóvenes, mientras que la relajación perjudica tanto a los jóvenes como a los ancianos.

Y la ησυχία hisijía mortifica los sentidos externos y estimula los movimientos internos, mientras que la interacción fuera de la celda hace lo contrario: estimula los sentidos externos y adormece los movimientos internos.

Con esto, San Isaac indica la práctica y el buen camino de la ησυχία hisijía. San Juan el Clímaco caracteriza a aquellos que caminan y actúan bien en el camino de la ησυχία hisijía de la siguiente manera: «El hesicasta es aquel que lucha por limitar lo inmaterial (en nus con la mente) dentro del domicilio corporal, -algo sumamente paradójico.

El hesicasta es aquel que ha dicho: “Yo duermo, pero mi corazón vela” (Cantar de los Cantares 5:2). Cierra la puerta de tu celda a tu cuerpo, la puerta de la lengua a tus palabras y la puerta interna a los espíritus malvados».

La oración del corazón que se realiza con atención y nipsis, y cómo se energiza o activa

48. En la oración, que se realiza, como dijimos, con atención y nipsis sobriedad con la mente en el corazón sin ningún otro pensamiento e imaginación, el nus (espíritu de la psique) o el corazón, con el «Señor Jesús Cristo, Hijo de Dios», se eleva completamente inmaterial y sin palabras hacia el propio Señor Jesús Cristo, mientras con el «eléison me, compadécete o ten misericordia o piedad de mí» vuelve y se mueve hacia sí mismo, porque no tolera no orar por sí mismo. Pero cuando avanza en la agapi (amor incondicional) con la experiencia, con uno de ellos exclusivamente, se eleva hacia el Señor Jesús Cristo después de haber recibido información segura sobre lo segundo.

Así es como los Santos Padres transmitieron diferentes formas de orar, y ¿cuál es la oración?

49. Los Santos Padres no todos siempre transmitieron la oración completa, sino que algunos la transmitieron completa, otros la mitad, otros una parte y otros de manera diferente, quizás según la fuerza y la condición del que ora.

El divino Juan el Crisóstomo la entrega completa diciendo: “Les ruego, hermanos, nunca desprecien ni menosprecien la regla de la oración; porque he escuchado a algunos padres decir alguna vez: “¿Quién es el monje que, si desprecia o menosprecia la regla, se salvará?” Más bien, ya sea que coma, beba, se siente, realice un servicio, camine o haga cualquier otra cosa, debe invocar ininterrumpidamente el “Señor Jesús Cristo, Hijo de Dios, eléison me, compadécete o ten misericordia o piedad de mí”, para que este recuerdo del nombre de nuestro Señor Jesús Cristo estimule en guerra contra el enemigo.

Porque la psique-alma que se apresura a sí misma encontrará todo, ya sea astuto malo o bueno, a través de la memoria. Primero verá el mal en su corazón y luego encontrará lo bueno. Porque la memoria es la que despertará al dragón, y la memoria lo humillará. La memoria controlará el pecado que habita en nosotros (Rom 7:17), y la memoria lo destruirá, y movilizará todo el poder del enemigo dentro del corazón; y la memoria lo vencerá y lo arrancará poco a poco.

Así que el nombre del Señor Jesucristo, descendiendo al fondo del corazón, humillará al dragón que gobierna las partes del corazón y salvará y dará vida y alegría a la psique-alma. Por lo tanto, mantén constantemente el nombre del Señor Jesús Cristo, para que el corazón injiera (o coma, trague) al Señor y el Señor al corazón, y los dos se conviertan en uno. Pero esta obra no es cuestión de un día o dos, sino de mucho tiempo. Porque se necesita mucha lucha y tiempo para desterrar al enemigo y permitir que Cristo habite dentro”.

Y nuevamente dice: «Debemos asegurar, en dominar y controlar con el nus y la mente, y rechazar y restringir cada pensamiento y acción del malo con la invocación de nuestro Señor Jesús Cristo. Y donde está el cuerpo, allí debe estar también el nus con la mente, para que no haya nada entre Dios y el corazón como un tabique o barrera que atormente y oscurezca el corazón y separe así con la mente la atención del nus de Dios.

Y si alguna vez el nus con la mente agarra algo, no debe perder tiempo en los loyismí (pensamientos simples o unidos con la fantasía), para que el consentimiento a los pensamientos no le sea atribuido como una praxis, acción en el día del juicio delante del Señor, cuando Dios juzgará los secretos de los hombres (Rom 2:16). Por lo tanto, liberaos para siempre de las distracciones y quedaos cerca de nuestro Señor Dios hasta que Él tenga compasión (se compadezca) de nosotros (Salmo 122:2); y no pidáis nada más que la misericordia del glorioso Señor.

Pero al pedir la misericordia, la tenéis que pedir con un corazón humilde y arrepentido; y gritar desde la mañana hasta la noche, y si es posible, toda la noche, «Señor Jesús Cristo, eléison me, compadécete o ten misericordia o piedad de mí». Y forzar vuestro nus con la mente en esta tarea hasta la muerte. Porque esta obra requiere un gran esfuerzo, ya que la puerta es estrecha y todo el camino que conduce a la vida está lleno de dificultades (Mat 7,14), y entran en ella aquellos que se apresuran a sí mismos, ya que «el reinado de la realeza increada de los cielos se obtiene por la fuerza, dureza y violencia a sí mismo» (Mat 11:12).

Les ruego, entonces, no separen sus corazones de Dios, sino que permanezcan cerca de Él y guárdenlos siempre con el recuerdo de nuestro Señor Jesús Cristo, hasta que el nombre del Señor se siembre en vuestros corazones y este ya no piense en nada más para que Cristo sea glorificado en vuestro interior».

Antes de Crisóstomo, el apóstol Pablo menciona la parte «Señor Jesús», escribiendo: «Si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees con tu corazón que Dios lo levantó de entre los muertos, serás psicoterapiado, redimido y salvo. Porque el que cree con el corazón es conducido a la justicia o justificación y absolución, y el que confiesa con la boca es conducido a la salvación» (Rom 10:9-10). Y de nuevo: «Nadie puede decir “Señor Jesús” sino por el Espíritu Santo» (1Cor 12:3).

Añade «por el Espíritu Santo» refiriéndose a «cuando el corazón recibe la energía (increada) del Espíritu Santo» con la cual también ora. Esto es característico de aquellos que han progresado y han sido considerados dignos de recibir a Cristo habitando en sus interiores. Según esto, también dice san Diádoco: «El nus (espíritu o corazón de la psique) exige necesariamente de nosotros, cuando cerramos todas las salidas con el recuerdo de Dios, que le encomendemos alguna tarea que satisfaga su actividad. Por lo tanto, debemos darle por completo la obra de “Señor Jesús”. Porque nadie puede decir “Señor Jesús” sino con la iluminación del Espíritu Santo.

Sin embargo, el nus con la mente debe estudiar sin cesar estas palabras en lo profundo, para no desviarse en diversas fantasías. Aquellos que estudian ininterrumpidamente este glorioso y deseado nombre en lo profundo de sus corazones, ellos pueden ver alguna vez la luz de su nus (espíritu del corazón de la psique). Y esto porque, cuando este nombre es sostenido por la διάνοια diania (intelecto, mente) con gran cuidado, quema toda la impureza que cubre la psique-alma; y la psique-alma lo siente intensamente, porque nuestro Dios es fuego consumidor» (Heb 12:29)

Y con esto, el Señor invita la psique-alma a un gran agapi-amor por Su doxa-gloria. Porque cuando permanece mucho tiempo dentro de nosotros su nombre glorioso y anhelado con la memoria del nus con la mente y, nos acostumbra con el ardor del corazón a amar Su bondad, ya que ya no hay ningún obstáculo. Esto es la perla preciosa (Mat 13:46), que uno puede adquirir después de vender toda su posesión y al encontrarla, experimentar una alegría inefable.

San Hisiquio, al recomendar la invocación «¡Cristo Jesús!», escribe: «La psique-alma que se eleva alto en el aire a través de la muerte, en las puertas del cielo, teniendo a Jesús como su defensor, no solo no se avergonzará ante sus enemigos, sino que hablará con audacia y valentía. Como ahora, ante las puertas celestiales hacia ellos, siempre y cuando hasta la hora de la muerte no deje de clamar a CristoDios Jesús día y noche. Y Él le dará rápidamente lo que le es debido y justo, de acuerdo con la verdadera y divina promesa que hizo hablando sobre el juez injusto (Luc 18:1-8). Les aseguro que le dará lo que le es debido y justo tanto en esta vida como después de su partida del cuerpo».

Juan san  Clímaco se refiere solo el nombre «¡Jesús!», y dice: «Con el nombre de Jesús azota a los enemigos. Porque no hay arma más fuerte en el cielo y en la tierra». Y no agrega ninguna otra palabra. Y de nuevo dice: «Que tu aliento se adhiera a la memoria de Jesús, y entonces comprenderás el beneficio de la ησυχία hisijía (serenidad mental y paz del corazón)».

Las palabras de la santa y divinizante oración han sido espiritualmente iniciadas no solo por los santos Padres que mencionamos, sino también por los destacados apóstoles Pedro, Pablo y Juan.

50. Estas palabras de la sagrada oración uno las encontrará iniciadas místicamente no solo en los Padres teóforos que mencionamos, así como en sus semejantes, sino también, antes de ellos, en los mismos primeros y destacados Apóstoles Pedro, Pablo y Juan.

El primero, como mencionamos, dice: “Nadie puede llamar Señor a Jesús sino solo por el Espíritu Santo” (1 Cor 12:30). El segundo: “La  χάρις jaris (gracia, energía increada) y la verdad vinieron por Jesús Cristo” (Juan 1:17) y “Todo espíritu que confiesa que Jesús Cristo ha venido en carne, es de Dios” (1 Juan 4:2). El tercero, el principal de los discípulos de Cristo, en respuesta a la pregunta del Salvador y Maestro a los Apóstoles, “¿quién dicen los hombres que soy?”, hizo la bienaventurada confesión: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios eterno viviente, que tiene vida y da vida” (Mat 16:16).

Por eso, los gloriosos instructores nuestros después de los Apóstoles, especialmente aquellos que llevaron una vida célibe, eremítica y tranquila en ησυχία hisijía, consideraron estas frases, que fueron anunciadas esporádicamente y fragmentariamente por estos tres grandes pilares de la Santa Iglesia, como palabras divinas, y estas fueron establecidas por la apocálipsis/revelación del Espíritu Santo y testificadas por tres testigos muy confiables; y sabemos que con el testimonio de tres, se confirma todo asunto y logos (Deut 19:15, 2Cor 13:1).

Estos conceptos fueron recogidos por los Padres celestiales, y después de unirlos hábilmente y ajustarlos con la iluminación del Espíritu Santo que residía en ellos, los llamaron monumento de oración y los entregaron a los posteriores para que los guardaran y aplicaran de la misma manera. Ahora, presta atención a la secuencia y disposición de las palabras, cuán exquisitas son y cuánta sabiduría celestial contienen.

Pablo, como mencionamos, dice “Señor Jesús”, Juan dice “Jesús Cristo”, Pedro dice “Cristo, Hijo de Dios”, como si cada uno de estos tres siguiera al otro de cerca con la armonía y el vínculo de estas palabras divinizantes y litúrgicas. Porque comprobarás que cada uno de estos tres, toma el final del anterior como su comienzo y así continúa. Lo mismo observarás con la adición de la palabra “Espíritu”. Ya que después el bienaventurado Pablo dijo: “Nadie puede llamar a Jesús Señor sino por el Espíritu Santo” (1Cor 12:3), la palabra que tiene al final, es decir, “Espíritu”, la toma como el comienzo el tonante Juan, diciendo: “Todo espíritu que confiesa que Jesús Cristo ha venido en cuerpo, carne y sangre, es de Dios” (1Juan 4:2).

Estos escritos no los hicieron por sí mismos ni desde su propia mente, sino movidos por la mano del Espíritu Santo. Porque incluso la confesión divina de Pedro se hizo por apocálipsis/revelación del Espíritu Santo, ya que la Escritura dice: “Pero todo esto, son energías increadas del mismo y único Espíritu el que las activa, donando sus carismas pequeños y grandes a cada uno en particular como él quiere, para que haya en la Iglesia variedad de dones pequeños y grandes” (1Cor 12:11).

Por lo tanto, el trípode y la cuerda indisoluble de esta oración deificadora tejida, ensamblada y compuesta de manera muy sabia y científica, llega hasta nosotros y se aplica y se cumple de la misma manera.

Sin embargo, la adición de la palabra «ελέησον με eléison me compadécete, ten misericordia o piedad de mí» fue hecha y determinada por los divinos Padres posteriores en estas palabras salvíficas de la oración «Κύριε Ιησού Χριστέ, Υιέ του Θεού, Señor Jesús Cristo, Hijo de Dios», especialmente para aquellos que son más inexpertos en la virtud, es decir, para los principiantes e imperfectos. Porque aquellos que han progresado y se han vuelto perfectos en Cristo, se contentan con una sola de estas santas palabras « Señor Jesús Cristo, Hijo de Dios», y a veces solo en la invocación “Jesús”, y la abrazan y la aceptan como una obra de oración completa, porque con eso se llenan de un gozo indescriptible que supera todo nus y mente, visión y oído.

Así, los bienaventurados, saliendo de la carne y del mundo, mantienen cerrados sus sentidos y, dominados por un divino eros (amor ardiente), en un bienaventurado éxtasis de la divina dádiva y χάρις jaris (gracia, energía increada) que habita en ellos, se purifican y se iluminan, y llegan a la perfección, porque desde ahora ven vagamente, como en un espejo, como un presagio, la χάρις jaris sobrenatural, increada y sin principio de la Divinidad o Deidad sobre-esencial.

Se contentan con el recuerdo y el estudio, como dijimos, de uno de los nombres anteriores del Θένθρωπο zeántropo Dios-Hombre, Logos, y con eso son dignos del Espíritu y ascienden a inefables arrebatamientos, gnosis/conocimientos y apocalipsis/revelaciones.

Para informarnos con claridad y asegurarnos con toda certeza sobre estas cosas, nuestro dulcísimo Señor Jesús Cristo, el Hijo de Dios, cuyos logos, como dijo, son espíritu y vida (Juan 6:63), proclamó con gran voz que “sin mí no podéis hacer nada” (Juan 15:5), y “lo que pidáis por la oración implorando mi nombre, yo lo haré” (Juan 14:14), y de nuevo, “cualquier cosa que pidáis en mi nombre, yo la haré” (Juan 14:13), y todo lo demás, según lo que nos ha sido entregado por la divina y santa Parádosis-Tradición.

Los principiantes pueden orar a veces con toda la oración, otras veces con una parte de ella, pero siempre en el corazón, sin cambiar constantemente las palabras de la oración.

51. Los principiantes pueden orar a veces con toda la oración y otras veces con una parte de ella, pero siempre debe hacerse en el corazón y de manera ininterrumpida. Porque, según el Santo Diádoco, «quien permanece constantemente en su corazón, ciertamente se aleja de lo que se considera hermoso en la vida. Porque mientras vive espiritualmente, no puede conocer los deseos de la carne» (Gál 5:16). Este hombre, por lo tanto, se mueve dentro de la fortaleza de las virtudes, teniendo las virtudes mismas como guardianes para proteger la ciudad de la pureza. Por eso, las máquinas de los demonios en su contra quedan inactivas.

Y el Santo Isaac escribe: «El hombre que dirige su atención constantemente hacia su psique-alma, su corazón se regocija con las apocalipsis-revelaciones. Y aquel que reúne, deduce su contemplación en su interior, ve allí el resplandor del Espíritu. Quien se aparta de los vagabundeos y divagaciones de la mente, éste ve al Señor en su corazón.»

Sin embargo, no cambies constantemente las palabras de la oración, para que el nus con la mente no se acostumbre a la constante alternancia y traslado de palabras en una cierta inconstancia y desplazamiento, y permanezca desarraigada e improductiva, como los árboles que se mueven y se trasplantan constantemente.

Para que la oración fructifique en el corazón, se necesita mucho tiempo, esfuerzo, y diligencia. En general, cada bien se logra con gran dificultad y mucho tiempo.

52. Orar ininterrumpidamente en el corazón, así como más allá de eso, no se logra simplemente y casualmente, ni con poco y breve esfuerzo; aunque esto puede encontrarse en algunos casos raros por una economía divina secreta que Dios sabe. Pero para lograr esto se necesita un largo período de tiempo, esfuerzo, lucha física, psíquica y mental, intensiva y mucho esfuerzo duro hacia sí mismo. Porque, de acuerdo con la porción de la donación y la χάρις jaris gracia, energía increada que esperamos participar, debemos esforzarnos y agregar horas adicionales en esta lucha. Y según los maestros de las realidades y enseñanzas espirituales, esto significa expulsar y desterrar al enemigo del corazón y permitir que Cristo viva abiertamente y claramente dentro él.

El Santo Isaac dice al respecto: «Aquel que quiere ver al Señor inventa formas de hacer la catarsis y purificar su corazón con la memoria constante de Dios. Y así, en la luminosidad de su diania (mente, intelecto) verá al Señor en todo momento.»

Y el Santo Barsanufio afirma: «Si el trabajo interno junto con la jaris gracia divina de Dios no ayuda al hombre, en vano se afana en el trabajo externo. El trabajo interno con dolor de corazón trae catarsis y pureza y la pureza trae la verdadera ησυχία hisijía serenidad mental y paz del corazón. Esta ησυχία hisijía trae humildad, y la humildad hace al hombre residencia de Dios. De esta residencia, los pazos y los demonios son desterrados, y así el hombre se convierte y se hace en un templo de Dios pleno de santidad, iluminación, pureza y jaris gracia, energía divina. Así que bienaventurado aquel que ve al Señor como en un espejo en las profundidades impenetrables de su corazón y derrama sus oraciones ante Su bondad con lágrimas su súplica.”

El santo Juan de Carpathios dice: «Se necesita mucho esfuerzo y tiempo en las oraciones para encontrar en la totalidad una condición mental libre de molestias, un otro cielo del corazón, donde habita Cristo, como dice el Apóstol: “Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe viva y verdadera; probaos a vosotros mismos continuamente. ¿No conocéis que Jesús Cristo está dentro de vosotros? A no ser que no estéis formados a la vida en Cristo” (2Cor 13:5).

Y el gran san Juan el Crisóstomo dice: “Permanece constantemente en el nombre del Señor Jesús, para que tu corazón beba y consuma al Señor y el Señor beba y consuma tu corazón, y así los dos se conviertan en uno. Pero esta tarea no es cuestión de un día o dos, sino de mucho tiempo y esfuerzo. Porque se necesita mucho esfuerzo y tiempo para desterrar al enemigo y permitir que Cristo habite en el interior».

Estas palabras son suficientes; que el logos regrese a los asuntos anteriores en orden.

La oración del corazón o cordial, y cómo uno llega a la oración pura e inalterada.

53. Persistir en el método que hemos descrito de la oración cordial o del corazón y sin distracciones, incluso si la oración quizá no es completamente pura y sin distracciones, ya que puede ser obstaculizada por recuerdos hostiles, pasionales y los pensamientos, lleva al buscador espiritual a un estado llamado la «costumbre o hábito», y de esta manera, el luchador llega a orar sin esfuerzo, sin distracciones, puramente y verdaderamente.

Esto significa que el nus con la mente permanece en el corazón y no se introduce en él por la fuerza y sin ganas a través de la respiración y escaparse inmediatamente, sino que permanece allí siempre, orando de esta manera constantemente. Como dice San Hesiquio: «Aquel que no tiene una oración libre de pensamientos no tiene arma en la guerra. Cuando hablamos de oración, nos referimos a aquella que se realiza ininterrumpidamente en las cámaras impenetrables y secretas del corazón, para que sea azotado y encendido con la invocación de Jesús Cristo, aquel que nos ataca en secreto.” De nuevo en palabras del mismo San Hesiquio: «Dichoso aquel que está tan unido a la oración de Jesús con su diania mente, y lo llama incesantemente en su corazón, como el aire está unido a nuestros cuerpos o la llama a la vela. El sol, al pasar sobre la tierra, hace que sea de día. Y el santo y venerable nombre de Jesús Cristo, cuando brilla continuamente en la mente, generará innumerables conceptos brillantes como el sol.”

La oración cordial o del corazón sin distracción y el calor que se genera a través de ella 

54. Con los puntos anteriores, se revela lo que se llama la oración cordial o del corazón pura y sin distracciones, de la cual surge un cierto calor en el corazón, como se dice: «Mi corazón se calentó dentro de mí y de mi estudio y reflexión se encenderá el fuego en mi itnerior » (Salmo 38:4).

Este fuego, que el Señor Jesús Cristo vino a encender en los campos de nuestros corazones, antes llenos de espinas de pazos vicios y pasiones y ahora, por la jaris gracia, energía increada de Dios, llenos del Espíritu, como él mismo dijo: “Yo he venido a echar fuego en la tierra, ¡y qué más quiero, si este fuego ahora ya se ha encendido!, es decir, para los hombres de buena y libre voluntad he venido para encenderlos de entusiasmo, celo ardiente y diligencia en sus corazones; y a los de mala voluntad este entusiasmo y celo será fuego de odio contra mí y mis fieles” (Lucas 12:49).

Este fuego calentó entonces y encendió a Cleofás y su compañero, haciéndolos decir entre sí con éxtasis: «¿No ardía nuestro corazón en nosotros mientras nos hablaba en el camino?» (Lucas 24:32). Escribe también Juan Damasceno en algún tropario dirigido a la Santísima Zeotokos: «El fuego de mi corazón me impulsa a alabar el anhelo de la Virgen».

Escribe también San Isaac: «De la vigorosa práctica de las virtudes nace un calor excesivo, que enciende el corazón con los recuerdos ardientes que giran extrañamente en la diania mente. Este trabajo y atención afinan al nus o corazón unido con la mente con su calor y le otorgan la capacidad de ver.

A través de este calor, causado por la jaris gracia increada de la zeoría contemplación divina, surge el flujo de lágrimas. De las lágrimas incesantes, la psique-alma recibe la paz de los pensamientos. A través de la paz de los pensamientos, se eleva a la pureza del nus y mente. Y con la pureza de nus o corazón, el ser humano llega a ver los misterios de Dios. Después de esto, el nus llega a ver apocalipsis/revelaciones y signos, como vio el profeta Ezequiel».

En otro lugar también dice: «Las lágrimas y los golpes en la cabeza que ocurren durante la oración del luchador y el rodar por el suelo con fervor, despiertan el calor de su dulzura en el corazón, que, con un éxtasis (extensión interior) elogiado, se eleva y vuela hacia Dios y exclama: “Mi psique-alma tiene sed de ti, el Dios fuerte, el viviente. ¿Cuándo llegaré y me presentaré delante de Ti, oh Señor?” (Salmo 41, 3)».

San Principio del formulario

Juan el Clímaco también dice: «Cayó fuego en el corazón y resucitó la oración. Y cuando esta oración resucitó y fue llevada al cielo, se produjo una descarga de fuego en el ático de la psique-alma». Y en otro lugar dice: «¿Quién es el monje fiel o cristiano ortodoxo y sabio que ha mantenido inextinguible su fervor, y hasta su muerte, cada día no ha dejado de añadir fuego al fuego, calor al calor, deseo al deseo y cuidado al cuidado?».

San Elías el Ékdiko también dice: «Cuando la psique-alma abandona las cosas externas y se une a la oración, entonces la oración la envuelve como una llama y la quema entera como el fuego quema el hierro. Y la psique-alma permanece ciertamente la misma, pero no permite tocarla, así como el hierro encendido no se puede tocar».

Además, dice: «Bienaventurado aquel que ha sido digno de llegar a tales medidas en esta vida, y ha visto su cuerpo natural de barro transformado por la χάρις jaris (gracia, energía increada) en un cuerpo candente».

El calor se produce por diversas causas. La principal es la que proviene de la oración cordial pura y sin distracciones.

55. Debes saber que esta fervorosa calidez se produce y existe dentro de nosotros por varias razones y de muchas maneras. Esto se hace evidente a través de las diversas opiniones de los Santos que hemos presentado, pero, – dudamos en decirlo -, y también por nuestra propia experiencia. La calidez más importante de alguna manera es la que proviene de la oración cordial pura y avanza constantemente con ella, aumentando y reposando en la iluminación fundamentada o subyacente, es decir, hace realmente iluminado, según los Padres, al ser humano que se encuentra en este estado.

¿Cuál es la obra que sigue a la calidez cordial o del corazón?

56. Esta calidez, pues, luego neutraliza lo que anteriormente obstaculizaba que la oración fuera completamente pura. Porque nuestro Dios es fuego, un fuego que consume (la maldad de los demonios y nuestras pazos). Como dice también el Santo Diádoco: «Cuando el corazón, con un dolor que quema, recibe las flechas de los demonios, de modo que el combatiente piensa que son flechas reales, entonces la psique-alma, sufriendo dolorosamente los pazos, se encuentra al principio de la catarsis. Porque si no siente un intenso dolor por la insensatez del pecado, no podrá regocijarse abundantemente con la bondad de la virtud.

Entonces, aquel que desea hacer la catarsis, limpiar y purificar su corazón, que lo inflame constantemente con la memoria de Jesús Cristo (Heb 12, 29), solo teniendo estudio y trabajo incesante. Porque aquellos que desean desechar la impureza y la vasura no deben rezar a veces y a veces no, sino que siempre deben ocuparse de la oración y la vigilancia del nus o corazón con la mente, incluso cuando están fuera de los templos sagrados.

Al igual que aquel que desea purificar el oro, si deja que el fuego disminuya aunque sea por un momento en el crisol, provoca nuevamente la solidificación en el oro que se está purificando, de la misma manera, aquel que a veces recuerda a Dios y a veces no, aquello que cree que lo adquiere con la oración, lo pierde con la ociosidad y pereza (espiritual). La característica del hombre que ama la virtud es borrar siempre con la memoria de Dios el pensamiento terrenal del corazón, y así, poco a poco, el mal es consumido por el fuego de la memoria del bien, y la psique-alma regresa con más doxa-gloria (luz) a su brillo natural».

Así pues, manteniendo el nus con la mente sin obstáculos en el corazón, ora de manera pura y sencilla, según el Santo que dice: «Entonces la oración es verdadera y sin obstáculos, cuando el nus con la mente guarda el corazón mientras ora». También escribe el Santo Hesiquio: «Realmente es un verdadero monje o cristiano ortodoxo aquel que logra la nipsis sobriedad. Y tiene nipsis sobriedad real aquel que es monje en el corazón». (ver https://logosortodoxo.es/filocalia/san-hesiquio-de-bazos-203-logos-sobre-nipsis-hisijia-y-oracion-de-corazon-o-de-jesus/)

El anhelo y el eros (amor ardiente) que nacen de la calidez, la atención y la oración

57. Dentro de esta calidez y oración atenta, es decir, la oración pura, nace el anhelo y el divino eros (amor ardiente) y la agapi (amor incondicional) en el corazón hacia el Señor Jesús Cristo siempre recordado, como está escrito: «Las doncellas me amaron, me atrajeron», y: «Estoy herida por el amor» (Cantar de los Cantares 1,3-4 y 2,50). San Máximo dice: «Todas las virtudes ayudan al nus en el divino eros, pero más que todas, la oración pura y lúcida. Porque con ella, el nus con la mente se eleva con alas y vuela hacia Dios y se libera de todo».

Las lágrimas del corazón. El anhelo y el eros divino

58. De tal corazón fluyen también abundantes lágrimas que hacen la catarsis, purgan, purifican y dulcifican a aquellos que, por agapi-amor, son dignos de poseerlas, sin disminuir y secarse. Limpian las lágrimas que provienen del temor de Dios, mientras que endulzan las lágrimas del έρως eros divino (amor ardiente), con un fuerte y desbordante anhelo y eros por el Señor Jesús Cristo siempre recordado.

Entonces, lleno de entusiasmo, el corazón clama: «Me cautivaste con Tu anhelo, oh Cristo, y me transformaste con Tu divino eros», y: «Salvador mío, eres todo dulzura, todo deseo, todo anhelo insaciable, eres toda belleza y bondad indescriptible».

Y grita junto con el predicador de Cristo, Pablo: «La agapi-amor de Cristo nos posee y nos consume» (2Cor 5, 14) y: «¿Quién nos separará de la agapi de Cristo? ¿La tribulación, o la angustia, o la persecución, o el hambre, o la desnudez, o el peligro, o la espada?» (Rom 8, 35) y: «Estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni los ángeles, ni los principados, ni las potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni las alturas, ni la profundidad, ni ninguna otra criatura podrá separarnos de la agapi (amor incondicional) de Dios que es a través de  Cristo Jesús Señor nuestro» (Rom 8, 38-39).

Exhortación a no buscar los excesos. Incentivo para recordar continuamente a nuestro Señor Jesús Cisto en nuestros corazones

59. Para hacerse uno digno de obtener todas estas cosas y todo lo que sigue, lo cual no es el momento adecuado para explicar ahora, porque dice: «No pidas cosas antes de su tiempo» y «Lo bueno no es bueno cuando no se hace bien», y según el santo Marcos, «no es beneficioso aprender lo segundo antes de trabajar en lo primero, porque el conocimiento/gnosis lleva a la arrogancia debido a la ociosidad, mientras que la agapi construye porque soporta todo» (1Cor 8:2 y 13:7) – para merecer, pues, estas cosas, uno debe apresurarse y esforzarse siempre, como hemos dicho, llevando constantemente el recuerdo del Señor Jesús Cristo en lo más profundo del corazón y no externa y superficialmente, como dice el bienaventurado Marcos: «Si no se abre con una esperanza espiritual universal la región más interna, oculta y verdadera de nuestro corazón, no es posible reconocer con certeza lo que reside dentro, ni conocer si nuestras ofrendas lógicas han sido aceptadas o no».

El entusiasmo ferviente y la divina manifestación dentro de nosotros, junto con la iluminación inherente de la jaris gracia divina.

60. Así pues, de esta manera, uno se liberará fácilmente de las malas acciones y obras, así como de los pensamientos hostiles, pasionales y las fantasías indecentes, siguiendo la instrucción de las Escrituras: «Andad en el Espíritu y no realizaréis los deseos de la carne» (Gál 5:16). O más bien, saldrá y se liberará por completo de todo pensamiento y fantasía, ya que el entusiasmo ferviente quema y destruye con ardor todas las malas acciones que anteriormente llevaba a cabo consciente o inconscientemente, junto con los líderes los malévolos demoníacos.

Como dice San Isaac: «Aquel que con ferviente entusiasmo arranca las espinas que el enemigo siembra dentro de sí mismo es temido por los demonios y deseado por Dios y Sus ángeles. Para su progreso, podrá ser informado desde aquí la agapi-amor de Dios hacia él y la evidente manifestación y habitamiento (el residir) en él de la iluminación hipostática y divina de la χάρις jaris gracia, energía increada. Y si deseas que te lo diga, con gran alegría regresará a la original bondad, amabilidad y adopción espiritual que fue realizada en nosotros a través de la jaris gracia del bautismo».

Nuevamente, dice el Santo Isaac: «Esta es la Jerusalén y la realeza increada de Dios que está escondida dentro de nosotros según el logos del Señor (Luc 17:21). Esta tierra es una nube de la doxa-gloria (luz increada) de Dios, en la cual solo aquellos que son puros de corazón entrarán para ver el rostro del Señor (Mat 5:8)». Solo que no debe buscar el mismo la manifestación evidente de Dios, para no recibir a satanás, que es verdadera oscuridad, y que finge ser luz.

Energía divina y energía demoníaca

61. Cuando el nus con la mente percibe y ve la luz sin buscarla, no debería aceptarla ni rechazarla, como dice el venerable Marcos: «Existe una energía de la χάρις jaris gracia divina, energía increada que el niño espiritual ignora, y también hay una energía creada del mal que se asemeja a la verdad. Es bueno no observar estas cosas para no caer en el error, ni maldecirlas, por si acaso son verdaderas, sino recurrir a todo con esperanza en Dios, porque Él conoce la utilidad de ambas». En tales casos, uno debería preguntar a aquel que tiene la χάρις jaris (gracia, energía increada) y el poder de Dios, para que le enseñe y distinga cada una.

El maestro sin engaño e iluminado

62. Si encuentra a alguien que pueda enseñarle no solo lo que conoce de las Sagradas Escrituras, sino también lo que el mismo ha experimentado a través de la divina iluminación, entonces dele gracias a Dios. De lo contrario, es mejor no aceptar la luz que ha visto, sino refugiarse humildemente en Dios, considerándose a sí mismo con corazón sincero indigno de tal honor y zeoría contemplación divina, como es por supuesto lo que decimos ahora y se ha dicho anteriormente y como se dirá más adelante, y lo que hemos sido instruidos con la jaris gracia increada de Cristo de las bocas que no mienten y que se mueven y hablan por el Espíritu Santo, como también de las Escrituras inspiradas de Dios y de nuestra poca experiencia.

La verdadera iluminación y la falsa, o sea, la divina luz increada y la luz creada del astuto maligno

63. En algunos de sus escritos los gloriosos Padres aluden vagamente a las señales de la iluminación inequívoca, no engañosa y de la iluminación del engaño. Por ejemplo, el bienaventurado Pablo el Latrense responde a una pregunta similar hecha de su discípulo, diciendo que la luz de la dinami (fuerza y energía) diabólica es de naturaleza inflamable, llena de humo y similar al fuego sensible. Cuando una psique-alma moderada, purgada y purificada la ve, siente asco y repulsión.

Sin embargo, la luz divina es bondadosa, llena de alegría y puro, limpio; y cuando llega, santifica la psique-alma, llenándola de luz, alegría, apacibilidad y benevolencia, la suaviza y la hace compasiva y filántropa. Otros padres también expresan similarmente. Sin embargo, como las cosas mencionadas anteriormente las escuché de manera oral, así también tú las escucharás cuando llegue el momento adecuado. Porque ahora, no es el momento.

La fantasía decente y la indecente y cómo debemos afrontarla

64. Como mencionamos anteriormente sobre la fantasía o imaginación, especialmente la indecente, consideramos muy útil decir algunas palabras sobre ella, o más bien sobre cualquier tipo de fantasía, en la medida de lo posible. Esto se debe a que la maldita fantasía/imaginación se resiste tenazmente a la oración pura y lúcida y al trabajo inequívoco unificado del nus con la mente en el corazón y sin engaño. Por eso, los Santos Padres hablan de ella de muchas maneras y en su contra.

Así que esta fantasía/imaginación variada como el mitológico Dédalo y multifacética como las cabezas de la Hidra de Lerna, los Santos, la consideran y la llaman el puente de los demonios. Porque a través de ella, los demonios malvados y viles se acercan, entran en comunicación y se mezclan con la  psique-alma, convirtiéndola en una residencia de pensamientos estériles, pasionales, indecentes y hostiles.

Por lo tanto, es necesario desechar completamente la fantasía/imaginación, a menos que, por razones de metania, contrición, duelo o luto (espiritual) y humildad, y antes de estas por razones de estudio y contemplación de los seres o existencias, o incluso debido a alguna fantasía indebida uno quiere refutarla utilizando la fantasía decente.

Entonces, al enfrentar una fantasía indecente con una fantasía apropiada, y haciendo que la indecente y desvergonzada fantasía/imaginación arroje sus armas y sea derrotada por completo, uno puede emerger como vencedor. Por tanto, si actúas de esta manera, no solo te librarás del perjuicio de la fantasía indecente, sino que también te convertirás en la causa de tu propio beneficio, como alguien que dirige su propio ser con un juicio inquebrantable, porque neutralizas la fantasía indecente con la fantasía/imaginación apropiada y golpearás o incluso matarás a los enemigos con sus propias armas, como David derrotó a Goliat en el pasado (1Sam 17:51).

No solo la fantasía/imaginación indecente, sino también la fantasía adecuada es rechazada por los Santos en la oración pura y en el simple y unificado trabajo del nus con la mente.

65. Lo anterior es un ejercicio para aquellos que aún son niños en la virtud, es decir, para principiantes. Los avanzados, por otro lado, rechazan por completo tanto la fantasía/imaginación indecente como la adecuada, y las desechan, quemándolas y disolviéndolas como la cera que se derrite en el fuego.

Esto se hace para lograr la oración pura y lúcida, y la retirada y despojo del nus con la mente de todas las cosas, impresiones y percepciones, con el objetivo de una aproximación simple a Dios y, si lo quieres, para su recepción de Él y la unión sin formas y unificada con Él.

Porque san Hesiguio dice: «Cada loyismós (pensamiento simple o unido con la fantasía) es una fantasía en el nus con la mente relacionada con un objeto sensible. Dado que el asirio (el diablo) es nus espíritu, no puede engañarnos de otra manera que no sea utilizando las cosas sensibles y familiares para nosotros».

San Diádoco agrega: «Dado que cada pensamiento entra en el corazón a través de la fantasía de ciertos objetos sensibles, la luz bienaventurada de la divinidad o deidad ilumina cuando esta se aleja completamente de todas las cosas y arroja todas las formas y figuras. Porque la luminosidad de la deidad se manifiesta en el nus o corazón limpio y puro, cuando el nus con la mente se ha privado de todo concepto».

Y San Basilio el Grande también dijo: “Así como el Señor no habita en templos hechos por manos humanas (Hec 7, 48), de la misma manera no habita en algunas representaciones y criaturas del nus con la mente. Porque éstas se interponen y cierran como un muro ante la psique-alma engañada, que no puede mirar claramente hacia la verdad, sino que sigue viendo nublada como en un espejo (1 Cor 13,12).»

Y el divino Evagrio el Póntico dice: “Se dice que Dios se sienta allí donde le conocen. Por eso, el nus o corazón limpio y puro se llama el trono de Dios. Por lo tanto, el concepto y significado de Dios no se encuentra en los conceptos que le dan forma, sino en los conceptos que no le dan forma y no le moldean. Por esto, el que ora debe alejarse completamente de los conceptos que dan forma al nus con la mente. De lo contrario, el nus con la mente se moldeará cuando considere y contemple otro nus, y se dispondrá de manera diferente cuando considere y contemple su propia causa. De esto aprendemos que el conocimiento/gnosis espiritual aleja el nus con la mente de las formas y conceptos que lo moldean y, manteniéndolo sin forma, lo lleva a Dios.»

Finalmente, San Máximo el Confesor, en sus comentarios a Dionisio el Areopagita, dice: «Una cosa es la fantasía/imaginación y otra la comprensión, es decir, el significado, son dos dinamis (potencias y energías) diferentes y difieren en movimiento. La comprensión es energía y creación, mientras que la fantasía es pazos pasión e imagen que anuncia algún objeto sensible o se debe a algún objeto sensible. Y la percepción percibe los seres con su conformación directa, mientras que el nus con la mente se acerca, es decir, percibe los seres de manera diferente y no como la percepción o sentido. Por lo tanto, en el cuerpo y en el espíritu, donde se encuentran los sentidos, como dijimos, se observa el movimiento pasivo y el formativo; en cambio, el movimiento crítico y el perceptivo deben atribuirse a la psique-alma y al nus con la mente, y cerca del movimiento perceptivo de la psique-alma debemos incluir también el movimiento imaginativo o fantasioso. Este último se divide en tres categorías. La primera categoría es el movimiento imaginativo o representativo, que representa y hace perceptibles las cosas que la percepción ha captado. El segundo movimiento es el reproductivo, que reconstruye a partir de los restos antiguos sin apoyarse en ninguna parte las imágenes que se crearon originalmente, y se llama principalmente fantástico o fantasioso. La tercera categoría es el movimiento aquel en el que se forma cada placer y cada fantasía de un bien o mal supuesto que está acompañado de dolor y tristeza”. Por lo tanto, como dijimos, ninguna fantasía tiene lugar en Dios, porque Dios está generalmente por encima del concepto de todas las cosas y las trasciende.»

Y de nuevo, San Basilio el Grande dice: «El nus con la mente que no se dispersa hacia afuera, ni se esparce con los sentidos en el mundo, regresa a sí mismo y, a través de sí mismo, asciende al conocimiento/gnosis y noción sobre Dios. Y como está iluminado por esa belleza, olvida incluso su propia naturaleza». Por tanto, conociendo estas cosas, debes esforzarte en todo momento, con la ayuda de Dios, para orar sin fantasía, sin formas, sin configuraciones, con todo corazón o tu nus con su mente y la psique-alma puros y limpios, y con todos los métodos y maneras.

San Máximo el Confesor dice lo siguiente

Sobre la pureza y la perfección del nus con la mente, la psique-alma y el corazón.

El nus puro, claro y lúcido

66. Nus puro, claro y lúcido es aquel que se ha alejado de la oscuridad de la ignorancia y se ilumina con la luz divina.

La psique-alma pura, clara y lúcida

Psique-alma pura, clara y lúcida es aquella que se ha liberado de los pazos y se regocija incesantemente con la divina agapi-amor.

El Corazón puro

Un corazón puro es aquel que se presenta ante Dios completamente sin formas y la memoria sin tomar formas, listo para ser sellado solo con Sus signos, mediante los cuales Dios acostumbra apocaliptarse-revelarse. Junto con estas realidades ponemos las siguientes

Nus perfecto

Nus (espíritu del corazón de la psique) perfecto es aquel que, con verdadera fe, por encima de todo conocimiento/gnosis ha conocido de forma desconocida al Supra-Incognoscible y ha visto universalmente Sus creaciones, y ha recibido del Dios un conocimiento/gnosis contenido y comprensivo sobre la Providencia y el Juicio de Sus creaciones, por supuesto, en la medida en que esto es posible para los humanos.

Psique-alma perfecta

Psique-alma perfecta es aquella cuya potencia pasiva se inclina completamente hacia Dios.

Corazón perfecto

Corazón perfecto puede llamarse aquel que de ninguna manera tiene algún movimiento o inclinación natural hacia nada; al que Dios llega y, como en un lienzo bien limpio de extrema simplicidad, escribe Sus propias leyes.

El nus puro, claro y lúcido

Además, según el Santo Diádoco, solo el Espíritu Santo puede hacer la catarsis y purificar el nus (espíritu del corazón de la psique). San Juan Clímaco dice que solo el Espíritu Santo puede detener el nus con la mente. San Nilo dice: «Quien quiera ver la condición de su nus, que se prive de todas las percepciones y conceptos, y entonces lo verá semejante a una esmeralda o a un color celestial». Y otra vez: «La condición del nus con la mente es una altura espiritual e intelectual, similar al color celestial, a la cual llega en la hora de la oración la luz increada de la Santísima Trinidad». Y San Isaac: «Cuando el nus con la mente se despoja del viejo hombre y se reviste del nuevo hombre de la jaris gracia increada (Col 3, 9-10), entonces verá su pureza similar al color celestial, que fue llamado el lugar de Dios (Éx 24, 10) por los líderes de Israel, cuando se les reveló en el monte Sinaí». Por lo tanto, como hemos dicho, cuando te acercas a la oración de esta manera, es decir, oras puramente, sin fantasías y sin formas, te encontrarás siguiendo las huellas de los Santos. De lo contrario, serás un soñador delinerante y no un hisijasta, y en lugar de uvas, cosecharás espinas, ¡Dios no lo permita!

Cómo imaginaban los Profetas

67. Si algunos creen que las visiones, las formas y las apocalipsis/revelaciones de los profetas surgieron de la fantasía/imaginación y el orden natural, deben saber que están lejos de la verdad. Los profetas, al igual que los actuales místicos divinos, no veían ni imaginaban según el orden natural y la fantasía lo que veían e imaginaban, sino que sus nus con sus mentes recibían impresiones y fantasías de manera divina y sobrenatural, con la inefable dinami (poder y fuerza) y jaris gracia increada del Espíritu Santo, como afirma el gran Basilio: «Con cierta dinami (fuerza, poder y energía) inefable, es impresa la fantasía/imaginación de aquellos que tienen su nus puro y sin distracciones, y oyen como un eco dentro de ellos el logos de Dios».

Nuevamente: «Los profetas veían mientras recibían en sus nus (espíritus de la psique) las imágenes o tipos por el Espíritu». Y el Teólogo Gregorio: «El Espíritu Santo primero operaba en las potencias angélicas y celestiales. Luego operaba en los Padres y Profetas, de quienes algunos imaginaban a Dios o lo conocieron, mientras que otros preveían el futuro, ya que el espíritu dejaba Sus huellas en sus nus o corazones, y así tenían la cosas futuras como presentes».

Continuación acerca las fantasías/imaginaciones y las diversas zeorías contemplaciones.

68. Algunos todavía dudan porque aceptan las fantasías y las diversas teorías y contemplaciones, y se oponen a nosotros creyendo supuestamente que siguen a los Santos. Esto se debe a que, según el Teólogo Gregorio, Dios solo se bosqueja o se describe con el nus con la mente, no por Su esencia increada, sino por Sus atributos o cualidades, mediante la unión de diversas fantasías en una imagen/icona de la verdad; y también el divino Máximo el Confesor sostiene que el nus no puede alcanzar la απάθεια apázia (impasibilidad, sin pazos) solo mediante la práctica, a menos que haya sucesivas y variadas zeorías contemplaciones divinas, y otros Santos proclaman lo mismo.

Por lo tanto, aquellos deben saber que esos Santos no hablaron refiriéndose a la labor espiritual y gracia «por recepción», es decir, al conocimiento/gnosis y visión de Dios, que une al hombre con Dios de manera clara a través de la experiencia, sino que se referían a la zeoría contemplación «por imposición», es decir, a la zeoría contemplación que se recopila de la sabiduría, la analogía y la armonía de los seres o existencias, y se acerca vagamente al significado sobre Dios, que muchos o más bien todos en general pueden usar y pensar. Esto quedará claro para cualquiera que examine con atención los fragmentos anteriores de los Santos u otros similares.

Como está escrito: «Por la grandeza y belleza de las creaciones y criaturas se conoce al Creador» (Sabiduría de Salomón 13:5), pero no por el conocimiento/gnosis técnico y mundano, creado, frívolo y vano. Porque esta gnosis-conocimiento, como una esclava deshonesta que se jacta con orgullo de su capacidad científica, sofisticada y ostentosa, y que no se instruye en la fe evangélica y humildad y en la verdadera conformidad a las realidades divinas, se ha desbancado lejos de las sagradas puertas. Pero nosotros ahora estamos hablando del resplandecimiento perfecto e hipostático, como fue el que «experimentaron, sufrieron» de manera inefable los líderes de los Apóstoles que subieron con Jesús al monte Tabor, recibiendo la buena e indudable metamorfosis de la diestra del Altísimo (Salmo 76:11), y fueron dignos de ver la invisible realeza increada y la divinidad/deidad con sus ojos sensibles, que se metamorfosearon, transformaron hacia lo más divino, es decir, se volvieron espirituales por la dinamis potencia y energía increada del Espíritu Santo.

Lo que dista el este del oeste y el cielo de la tierra, y cuanto más superior es la psique-alma al cuerpo, tanto más lejos está la labor y la jaris gracia divina «por recepción» de la «por imposición». Porque la «por imposición», como dijimos, avanza externamente, recopilando del movimiento, regular, orden y reunión de los seres o existencias las diversas fantasías que las une en una imagen de la verdad y, por lo tanto, se eleva con fe hacia Dios.

La labor «por recepción » se realiza de modo directe e hipostático por Dios mismo dentro del corazón, a veces también fuera, y luego transmite también al cuerpo claramente el resplandecimiento divino y la iluminación divina de manera evidente. Esto sucede porque el corazón sufre de manera sobrenatural, según el sabio Máximo, pero no opera por sí mismo la ingénita zéosis deificación o divinización.

Porque este Santo dice: «Llamo zéosis ingénita al resplandor hipostático de la deidad/divinidad, esta no tiene nacimiento, sino una revelación incomprensible a los dignos».

En lo anterior está de acuerdo también el gran san Dionisio el Areopagita, quien dice: «Debemos saber que nuestr nus con la mente tiene dinami el poder y energía de percibir, con la cual ve las realidades inteligibles. También tiene la capacidad de unión, que supera la naturaleza del nus, y a través de esta se une con lo superior y más allá de él».

Y el Santo Isaac también dice: «Tenemos dos ojos psíquicos, como dicen los Padres, pero la utilidad de la zeoría contemplación no es la misma para cada uno. Con un ojo vemos lo oculto dentro de las naturalezas de las cosas, es decir, la dinami poder y energía de Dios, Su sabiduría y Su providencia para nosotros, que la percibimos por la santidad con la que nos gobierna. Con el otro ojo contemplamos la doxa-gloria (luz increada) de Su santa naturaleza, cuando Dios se complace en introducirnos en los misterios espirituales».

Y el divino Diádoco dice: «Todos los carismas divinos provienen del uno y mismo Espíritu Santo, tanto la sabiduría como la gnosis/conocimiento, así como todos los demás. Sin embargo, cada uno tiene su propia energía. Por eso, a uno se le da sabiduría, a otro gnosis/conocimiento por el mismo Espíritu, como testifica el Apóstol (1Cor 2:8). La gnosis une al ser humano con Dios a través de la experiencia misma, pero sin mover la psique-alma en logos sobre los seres o existencias; por eso, algunos que llevan una vida monástica son iluminados por el conocimiento con una percepción o sentido espiritual, pero sus psiques-almas no se mueven hacia logos divinos. La sabiduría, sin embargo, cuando se da con temor a alguien junto con el conocimiento/gnosis, -cosa rara-, revela las mismas energías de la gnosis/conocimiento; porque la gnosis tiende a iluminar con la energía, mientras que la sofía-sabiduría con el logos. La oración y la mucha ησυχία hisijía (serenidad mental y paz cordial) con total despreocupación producen la gnosis/conocimiento, mientras que la sabiduría se origina en el estudio de los logos de Dios que se realiza sin vanagloria, y sobre todo la jaris gracia increada de Dios».

Y el santo Máximo dice en los Comentarios: «El pozo de Jacob (Juan 4:5-14) es la Escritura. El agua es la gnosis/conocimiento contenida en la Escritura. La profundidad del pozo es la difícil interpretación de los enigmas gráficos. El recipiente para sacar agua es el aprendizaje del logos divino a través de la lectura, que el Señor no tenía, ya que es Autologos y no proporciona a los que creen la gnosis/conocimiento que proviene del aprendizaje y el estudio, sino que da a los dignos la sabiduría eterna y perpetua que emana de la eterna jaris gracia espiritual.

Porque el recipiente para sacar agua, es decir, el aprendizaje, toma una pequeña parte de la gnosis/conocimiento y deja lo total, que ningún logos puede captar; mientras que el conocimiento por jaris gracia divina tiene la totalidad, y de hecho sin estudio, de la posible sabiduría en los seres humanos, la cual brota de diversas maneras según las necesidades».

Y nuevamente el santo Diádoco dice: «Nuestro nus (espíritu de la psique) con la mente a menudo se siente incómodo en la oración, porque la virtud de la oración le impone concentrarse y limitarse mucho; mientras que en la teología se entrega con alegría, porque los objetos de las zeorías contemplaciones divinas son amplios e ilimitados. Para que no abramos el camino a nuestro nus con la mente para querer decir mucho y volar excesivamente de alegría, centrémonos principalmente en la oración, la salmodia y la lectura de las Sagradas Escrituras.

Pero no pasemos por alto las enseñanzas de los sabios hombres, cuya fe se manifiesta a través de sus logos. De esta manera evitaremos que la mente mezcle sus propias palabras con las palabras de la gracia divina o caiga en la vanagloria arrastrada por la mucha alegría y la palabrería.

Pero también en el tiempo de la θεωρία zeoría contemplación divina lo preservaremos de toda fantasía y haremos que casi todas sus concepciones estén acompañadas de lágrimas. Porque cuando el nus con la mente descansa en el tiempo de la ησυχία hisijía y se suaviza, y especialmente por la dulzura de la oración, no solo escapa de los peligros que mencionamos, sino que también se renueva cada vez más para moverse con fuerza y sin cansancio en las zeorías contemplaciones divinas; además, progresa en gnosis/conocimiento del discernimiento con gran humildad. Sin embargo, debemos saber que también hay una oración que supera cualquier medida y anchura; pero esta es solo para aquellos que, con cada percepción e información espiritual, están llenos de la divina jaris gracia increada.

¿Has oído? Dice que hay una oración que supera cualquier medida y anchura; pero esta es sólo para aquellos que están llenos por la iluminación de la divina jaris gracia increada con cada percepción e información espiritual, es decir, en el corazón de manera sobrenatural e hipostática o substancial. Esta, San Isaac la llama memoria sin sello, es decir, deforme, sin forma y simple. Otros Santos Padres le dan otros nombres.

Las cinco dinamis fuerzas (potencias y energías) de la psique-alma. Las fantasías que son familiares de la psique-alma y del nus con la mente. Debemos evitar completamente la fantasía, las formas, las impresiones y las configuraciones en la oración pura y en el trabajo simple y unificado del nus.

69. Como hemos dicho, la psique-alma tiene la capacidad de imaginar no solo por los demonios, sino también por su propia naturaleza, ya que posee cinco facultades: 1) el νούς nus, 2) la διάνοια (intelecto, mente) 3) la opinión o doxa-gloria, 4) la fantasía/imaginación y 5) la percepción o sentimiento. Del mismo modo que el cuerpo tiene cinco sentidos: la vista, el olfato, el oído, el gusto y el tacto. Así, la fantasía/imaginación es una de las facultades de la psique-alma, con la cual la psique-alma imagina o fantasea.

Por lo tanto, si la psique-alma desea gobernarse y aclarar correctamente sus propios asuntos, debe esforzarse por reorganizar y elevar completamente hacia Dios aquellas δυνάμεις dinamis (facultades o fuerzas y energías) que la unen más con Él, tanto en el presente siglo como en el futuro; porque a las otras dinamis, simplemente debe cuidarlas, utilizarlas según sea necesario y actuar según lo requiera. Veamos, entonces, lo que dicen los Padres y lo qué es razonable para esto.

Dice San Máximo: “Dado que la psique-alma es lógica y espiritual para sí misma, es decir, según su esencia por supuesto que es autónoma con propia hipóstasis (base substancia o subsistencial). Y si tiene su propia hipóstasis, operará según su naturaleza, tanto cuando está sola como cuando está con el cuerpo; es decir, pensará según su naturaleza y nunca dejará de razonar y usar las dinamis espirituales o psíquicas que tiene como facultades naturales. Porque las facultades naturales que tiene cualquier ser mientras exista, son inalienables.

Por lo tanto, la psique-alma, dado que existe y subsiste desde que fue creada, -porque así la ha creado Dios- siempre piensa, razona y conoce, tanto por sí misma como cuando está con el cuerpo, y para sí misma también por su naturaleza. Por lo tanto, no hay razón alguna para separar la psique-alma de las cualidades o facultades que tiene por su naturaleza propia y no para el favor del cuerpo, cuando se separa de él.”

Conocemos bien y aprendemos de los Santos que el νούς nus y la διάνοια diania (dianús, parte del nus, mente, intelecto), tanto en el presente como en el futuro, se mueven alrededor de Dios y colaboran, mientras que las otras dinamis (facultades, fuerzas y energías) solo en el presente siglo, ya que se avienen a él. Por lo tanto, la psique-alma, como un hábil gobernante que tiene por naturaleza el poder de sus dinamis (facultades, fuerzas) debe elegir actuar no solo para el presente, sino principalmente para el futuro, y esforzarse de cualquier manera en elevar, mover y unir el nus y la diania hacia Dios en el momento de la oración pura y en el sencillo trabajo espiritual e intelectual, unitario y único; mientras separa completamente el nus de la fantasía/imaginación y las otras dinamis (fuerzas, potencias y energías).

Porque, según San Nilo, “el estado de oración es un hábito sin pasión, sin afecto, que, con un eros (amor ardiente) supremo, arrebata y eleva al nus filósofo y espiritual a un nivel alto.” Porque cuando la psique-alma actúa de esta manera, conservará el valioso axioma (cargo, principio) que le corresponde.

Más sobre el νούς nus

70. Además, el propio νούς nus, siendo una sustancia indivisible, simple y autónoma, pura y luminosa, debe prestar atención y cuidado a sí mismo, desvinculándose de la fantasía/imaginación. Porque él también posee de sí mismo una fuerza natural para esto, al igual que para girar, regresar y moverse libremente hacia sí mismo.

Esta es la “posición o actitud” del νούς nus, que le es conferida por la jaris gracia divina, según lo afirma san Juan el Clímaco: “Solo el Espíritu Santo puede parar al νούς nus”. Pues, aunque el νούς nus, como una dinami (facultad, fuerza y energía) de la psique-alma, se mueve y de alguna manera está dominado por ella, también es llamado el ojo de la psique-alma, a pesar de que, como mencionamos, posee su propia fuerza natural, simple y autónoma. Por lo tanto, cuando el νούς nus está en relaciones naturales con la psique-alma y sus dinamis (fuerzas y energías, facultades), entonces es un νούς nus en potencia y se le llama “hombre psíquico”.

Pero cuando asume su propio valor físico y la esplendorosa naturaleza de su sustancia/esencia, la indivisible, completa e independiente, es decir, cuando se libera de las relaciones y los movimientos físicos y psíquicos y se ha hecho digno de “νούς nus en potencia” que es , convertirse en “”νούς nus en energía”, o sea, cuando avanza y alcanza al sobrenatural “hombre espiritual” que está por encima de la naturaleza, entonces ya regresa imperturbablemente a sí mismo y, a través de sí mismo, asciende sin restricciones, imparable y libre de todo hacia el concepto de Dios sin forma y sencillo, como dice san Basilio el Grande: “El νούς nus que no se dispersa hacia afuera ni se disuelve con los sentidos hacia el mundo, regresa a sí mismo y, a través de sí mismo, asciende al concepto de Dios. Y al ser sobreiluminado y sobrealumbrado con esa belleza, olvida incluso su naturaleza humana”. Y entonces, el νούς nus recupera lo “como a imagen y semejanza” y lo mantiene indemne y sano porque es νούς nus. Y a través de sí mismo, sin ninguna mediación adicional, se une espiritualmente, se comunica y se relaciona con el Nus divino, es decir, con Dios. Este es el movimiento circular, es decir, el regreso, la vuelta y la unión del νούς nus consigo mismo y, a través de sí mismo hacia Dios, sin peligro de engaño o equivocación, porque es una unión inmutable, indisoluble y directa que va más allá de toda comprensión y es una visión o contemplación que supera toda visión.

Dionisio el Areopagita dice: “Un movimiento de la psique-alma es el circular, es decir, su entrada en sí misma desde el exterior y la cohesión unitaria de sus dinamis fuerzas como en un círculo. Esto le otorga la capacidad de no extraviarse y, desde las diversas cosas externas, regresa y se concentra en sí misma. Luego, una vez que se vuelve unitaria, la une con las dinamis (fuerzas y energías) que son igualmente unitariamente unificadas, y así la instruye al Bien y la Bondad, que está por encima de todos los seres o creaciones y es uno y lo mismo, sin principio y sin fin. Otro movimiento de la psique-alma es el espiral; en este, la psique-alma se ilumina con gnosis/conocimientos divinos de manera familiar para ella, no de forma mental y unitaria, sino lógica y demostrativa, a través de operaciones complejas y transitorias. El tercer movimiento de la psique-alma es el «recto o directo», cuando no entra en sí misma ni se mueve con una mentalidad unitaria y única, como lo hace en el movimiento circular, sino que avanza hacia lo externo que la rodea. A partir de esto, como si fueran diversos y múltiples símbolos, asciende a zeorías contemplaciones simples y unificadas».

Y también San Máximo dice: «Cuando el νούς nus experimenta una unión directa con Dios, entonces la dinami (fuerza, facultad) del νούς nus de concebir y ser concebida queda completamente lenta, inactiva. Por lo tanto, cuando suelta esta dinami y percibe alguna de las creaciones, se separa a sí misma de Dios, porque interrumpe esta unión que trasciende toda comprensión. Mientras está unida con Dios de esta manera, traslada desde sí misma la ley de la naturaleza como una montaña inamovible, porque ha superado la naturaleza y se ha convertido, por participación, en dios».

Y de nuevo dice: “El νούς nus puro y lúcido, con su unión con la Causa de todos los seres, llega a una relación que supera toda comprensión; deja atrás la actividad variada y natural, el movimiento y la relación con todas las cosas que no son Dios y llega a la inefable conclusión donde, de una manera que trasciende el conocimiento/gnosis, retiene solo el silencio beatífico, que ni la razón o lógica ni la comprensión pueden revelar, solo la experiencia de aquellos que han sido dignos de disfrutarla más allá del entendimiento. Un signo evidente y claro de esto es la consciente y perfecta insensibilidad y dimensión de la psique-alma con respecto al presente siglo.

Por lo tanto, cuando el νούς nus no es ayudado por la psique-alma para moverse siempre hacia Dios, ni el mismo realiza y lleva a cabo su propia obra, es decir, regresar a sí mismo y ascender libremente al concepto de Dios, o más bien, cuando no logra ninguno de estos dos, sino que se une a la fantasía/imaginación, entonces se vuelve variado y se encuentra alejado de Dios.”

Aún un poco sobre la oración pura

71. Dice San Nilo: «Debes esforzarte por mantener tu nus con su mente, durante el tiempo de la oración, sordo y sin palabras, y así podrás orar». También dice: «Yo digo algo propio, que he dicho incluso a los más jóvenes. Dichoso es el νούς nus con su mente que, durante el tiempo de la oración, ha adquirido estar sin formas o sin imágenes, en una perfecta inmaterialidad».

Y San Filoteo dice: «Es muy raro encontrar personas cuya parte logística o lógica de la psique-alma esté en ησυχία hisijía (serenidad en la mente y paz en el corazón). Esto sucede solo en aquellos que, de esta manera, se las ingenian para conservar siempre en su interior la divina alegría y consolación».

Y San Basilio el Grande dice: «La oración es buena cuando hace que la psique-alma perciba claramente el concepto y significado de Dios; y esto es tener a Dios habitando en nosotros (2Cor 6:16), que uno tenga a Dios instalado en su memoria, cuando la continuidad de la memoria no se ve interrumpida por preocupaciones terrenales y el νούς nus con la mente no se ve perturbado por los pazos inesperados, sino que, evitando todas estas cosas, el hombre amante de Dios se retira a Dios».

Una cosa es la apázia sin pazos, impasibilidad del νούς nus con la mente y otra cosa es la verdadera oración, que es aún mayor

72. Debemos saber esto: según San Máximo, el νούς nus con la mente no puede alcanzar la apázia impasibilidad, sin pazos, solo mediante la práctica, a menos que primero haya experimentado muchas y variadas zeorías contemplaciones divinas de manera sucesiva. Pero, según el divino Nilo, es posible llegar a la apázia y no orar sinceramente, sino que el νούς nus con la mente se diversifica y se aleja de Dios.

Él dice específicamente esto: «Incluso si el νούς nus con la mente supera la zeoría corporal, aún no ha visto perfectamente el lugar de Dios. Porque puede estar en el conocimiento/gnosis de las nociones y variar según esa gnosis».

También dice: «Quienquiera que haya llegado a la apázia no significa necesariamente que ahora ore sinceramente. Porque puede quedarse en las sutilezas de las nociones de las cosas y distraerse con sus imágenes y alejarse de Dios».

Y de nuevo: «Cuando el νούς nus con la mente no dedica tiempo a las sutilezas de las nociones de las cosas, no significa que ya haya alcanzado el lugar de la oración. Porque puede quedarse en la teoría y con sideración de las cosas y analizar sus razones; las cuales, aunque son palabras desnudas, ya que son teorías de cosas, dejan su impresión en la mente y la alejan de Dios».

También dice san Juan el Clímaco: «Aquellos cuyo νούς nus ha aprendido a orar sinceramente son los que hablan principalmente al Señor cara a cara, como hablan los amigos del rey en su oído». De estas experiencias y otras cosas similares, puedes entender con precisión la diferencia y la imposibilidad de comparar las dos obras o trabajos espirituales, la «por recepción» y la «por imposición». Porque el trabajo de esta segunda es el estudio y las muchas y variadas teorías y consideraciones, mientras que el trabajo de la primera es la verdadera oración. Además, entenderás que la apázia del νούς nus es diferente de la verdadera oración y que aquel que tiene la verdadera oración, según los Santos, tiene ciertamente también un νούς nus con apázia. Sin embargo, no significa que aquel que tiene solo un nus con apázia sin pazos, impasivo, pueda adquirir también la verdadera oración. Así que estas cosas son así. Ahora volvamos al tema. Porque no solo lo que dijimos anteriormente, sino también la misma memoria de los bienes y los opuestos, tiende de alguna manera a dejar inmediatamente sus impresiones en el νούς nus con la mente y a guiarlo hacia la fantasía/imaginación. Entonces, hablemos un poco sobre esto.

Continuación sobre la fantasía/imaginación y las impresiones en la mente y sobre las señales del error y la verdad.

73 Si practicas la ησυχία hisijía y deseas estar solo con Dios, nunca admitas cualquier cosa que veas, sensible, mental o espiritual, dentro o fuera de ti, incluso si es la apariencia aparente de Cristo, la forma de un ángel o un sello luminoso que se forma como una fantasía en la mente, sino mantente escéptico y cauteloso en esto, incluso si es algo bueno, antes de preguntar a aquellos que tienen experiencia, como dijimos. Esto es muy beneficioso y muy querido por Dios, y es bienvenido por Él.

Siempre debes mantener tu νούς nus con la mente sin color, sin forma, sin imágenes, sin figuras, sin conceptos cualitativos o cuantitativos, y solo prestar atención, estudiar y reflexionar sobre las palabras de la oración, y hacer pensar dentro del movimiento cordial o del corazón, según san Juan Clímaco que dice: “El principio de la oración es que el νούς nus con la mente rechace desde el principio, con la oración monológica, la invasión de los pensamientos. Su estado medio es que el νούς nus permanezca en lo que dice y nada más. Y, finalmente, el fin de la oración es la aprehensión hacia el Señor».

Y San Nilo dice: «La oración superior es para los perfectos, que es una aprehensión del νούς nus con la mente y un éxtasis o extensión y salida perfecta de las cosas sensibles y sentidos, de modo que el espíritu se acerca suplicante a Dios (Rom 8, 26), que ve la disposición del corazón que se abre como un libro escrito y con letras o dígitos mudos le presenta su deseo. Así fue arrebatado Pablo hasta el tercer cielo, sin saber si estaba con el cuerpo o sin el cuerpo (2 Cor 12, 2). Así también Pedro vio la visión de la pantalla cuando subió al techo a orar (Hec10, 11-16).

La segunda oración, inferior a la primera, es cuando uno dice las palabras de la oración y el νούς nus con la mente sigue con katánixis (dilatación del corazón, compunción) y contacto consciente a Quien dirige su súplica. Sin embargo, la oración que se disipa y se mezcla con cuidados corporales está lejos de ser una oración real”.

Así que debes aplicar y cumplir estas cosas y no aceptar las demás hasta que los pazos se calmen y busques consejo, como mencionamos antes, de aquellos que tienen experiencia. Estas realidades que hemos dicho anteriormente, y similares a ellas, son en pocas palabras las señales del error. Presta atención ahora también a las señales de la verdad.

Las señales de la verdad y del bueno, bondadoso y vivificante Espíritu son la agapi (amor incondicional), la alegría, la paz, la paciencia, la bondad, la apacibilidad, la mansedumbre, la templanza o autodominio, que el divino Pablo enumera llamándolos los frutos del Espíritu Santo (Gál 5, 22).

Y nuevamente él dice: “Caminad como hijos de la luz; porque el fruto del Espíritu se distingue por completa bondad, justicia y verdad” (Efes 5, 8-9), mientras que el error tiene todo lo contrario. Y un sabio en asuntos divinos que fue preguntado dijo lo siguiente: “Para el camino sin error de la salvación que me preguntaste, querido, debes saber que hay muchos caminos que conducen a la vida y muchos que conducen a la muerte. Un camino que conduce a la vida es la aplicación y cumplimiento de los mandamientos-logos de Cristo. En estos logos-mandamientos encontrarás todas las formas de virtud, especialmente estas tres: humildad, agapi (divino amor incondicional) y misericordia. Sin ellas, nadie verá al Señor. Estas tres armas irresistibles contra el diablo, a saber, humildad, agapi y misericordia, nos las ha regalado la Santa Trinidad, y ni siquiera toda la chusma de los demonios pueden verlas. Porque los demonios no tienen rastro de humildad, ya que, debido a su orgullo y soberbia, se volvieron tenebrosos y el fuego eterno se preparó para ellos (Mat 25, 41). ¿Dónde está en ellos siquiera una sombra de agapi o misericordia, ya que tienen una enemistad irreconciliable contra la raza humana y no dejan de combatirla sin cesar? Así que, fortifiquémonos con estas armas, porque quien las tenga es invencible ante los enemigos”.

Y continúa diciendo: “Esta cuerda triple, que tejió y trenzó la Santa Trinidad, la vemos ser tres y una. Tres en nombres, si quieres, también en hipostasis (personas o bases subsistenciales), pero una en δύναμη dinami (poder, fuerza y energía) y en acción, en cercanía, inclinación y familiaridad hacia Dios. Por estas tres virtudes, el Señor dijo que «mi yugo es fácil y mi carga ligera» (Mat 11, 30), y el amado discípulo dice que «sus mandamientos-logos no son pesados» (1 Juan 5, 3)”.

Y más abajo: “Por eso, la psique-alma que se ha vuelto una con Dios por la pureza de la vida y la aplicación y cumplimiento de los mandamientos-logos y estas tres armas, que son Dios mismo, se vistió de Dios mismo. Y se convirtió en posición de dios con humildad, misericordia y agapi (amor incondicional divino); y después de superar la dualidad material y ascender por encima de la conclusión de la ley, es decir, la agapi (Rom 13, 10), se unió a la Trinidad supra-esencial y vivificante, encontrándola directamente y tomando luz (increada) de su luz (increada), sintiendo una alegría ininterrumpida y eterna”. Pero con estas es suficiente.

Entonces, como mencionamos algunas de las características y frutos del error y la verdad, de los cuales, según el divino Pablo, podremos entender de alguna manera qué espíritu tienen aquellos que actúan desde ellos, es razonable y necesario decir algunas cosas, con las opiniones de los Padres, sobre el consuelo que da cada uno de ellos, es decir, sobre el divino y verdadero consuelo y sobre el consuelo ficticio y demoníaco. Entonces, dice el divino Diádoco lo siguiente.

El consuelo divino y el ficticio.

74. Cuando nuestro νούς nus o corazón comienza a sentir el consuelo del Espíritu Santo, entonces también el satanás llega en la ησυχία hisijía de la noche, cuando uno entra en un sueño ligero, y con alguna percepción o sensación que parece dulce, consuela la psique-alma. Entonces, si el νούς nus mantiene cálidamente la memoria del santo nombre del Señor Jesús Cristo y utiliza como un arma contra el engaño este santo y glorioso nombre, entonces el engañador abandona su plan de intriga, pero desata una guerra abierta contra la psique-alma. De esto, el νούς nus aprende con precisión el engaño del maligno y aumenta aún más su experiencia en el discernimiento.»

Y nuevamente: «El consuelo que da el espíritu viene cuando el cuerpo está despierto o cuando está a punto de entregarse a un sueño ligero, cuando alguien, con cálida memoria de Dios, está pegado a Su agapi, amor. Sin embargo, el consuelo de la artimaña satánica viene cuando, como dije, el luchador está en un sueño ligero con una memoria moderada de Dios.

El primero, porque proviene de Dios, busca consolar abiertamente a los luchadores de la piedad con gran alegría de la psique-alma, aumentando la agapi-amor. El contrario, porque tiende a seducir la psique-alma con algún viento engañoso, intenta engañar la experiencia del sentido o percepción del νούς nus saludable cuando, en concreto alguien está en un sueño ligero y tiene una memoria tibia de Dios. Por lo tanto, si, como dije, el νούς nus con la mente se encuentra en un estado de continua memoria del Señor Jesús Cristo, dispersa esa brisa aparentemente dulce del enemigo y avanza con alegría a la guerra en su contra, teniendo como segunda y apropiada arma, después de la jaris gracia divina increada, la experiencia adquirida.»

Y continúa el Santo Diádoco: “Si la psique-alma, sin ninguna duda o fantasía, se enciende en la agapi (amor incondicional) de Dios, arrastrando de alguna manera también al cuerpo hacia la profundidad de esa inexpresable agapi divina, ya sea estando despierta o cuando, de la manera que mencioné, entra en un sueño donde actúa la divina jaris gracia increada, y no piensa en nada más que en el objeto de su agapi, es decir, en Dios, debe saber que este tipo de agapi es la acción y energía increada del Espíritu Santo.

A medida que toda la psique-alma se regocija por aquella inefable dulzura, no puede pensar en nada más en ese momento, porque se regocija con una alegría inmutable. Sin embargo, si, en medio de esta acción y energía divina, el νούς nus con el corazón siente la más mínima duda o pensamiento impuro, aunque utilice el santo nombre en defensa del mal y no tanto por agapi amor incondicional a Dios, entonces debe entender que ese consuelo proviene del estafador diablo y es una alegría superficial.

Esta alegría es desordenada y sin sabor y es causada por el enemigo que desea liar y corromper la psique-alma. Porque cuando ve al νούς nus con la mente presumir de la experiencia de su percepción, entonces, como mencioné antes, invita con consuelos aparentemente buenos a la psique-alma. Así, esta última se ve arrastrada por la aparentemente dulce y desenfrenada dulzura y no comprende la unión del espíritu maligno con ella. De esto conocemos el espíritu de la verdad del espíritu del engaño.

Sin embargo, es imposible que alguien pruebe con sensación, sentimiento de la psique-alma la divina bondad o reciba y experimente la malicia de los demonios, si no conoce con certeza que la jaris gracia (divina energía increada) ha habitado en lo más profundo de su νούς nus, mientras que los espíritus malvados merodean alrededor de los miembros del corazón. Los demonios nunca quieren que los humanos crean esto, para que el νούς nus con la mente no se arme así en su contra con la memoria de Dios.»

Pues, tienes suficiente sobre este asunto, así que quédate con esto. Porque, como dice el proverbio, nadie puede cruzar más allá de los Gádiros [Gibraltar]; y cuando encuentres miel, come un poco, no sea que comiendo en exceso causes náuseas (Prov 25:16).

El placer o gozo divino que emana del corazón

75. Es una oportunidad adecuada para decir: ¿Quién puede describir la dulzura de la miel a aquellos que nunca la han probado? Y mucho más incomparablemente, ¿quién describirá el gozo o placer divino y la alegría sobrenatural y vivaz que emana de la oración del corazón, pura, verdadera y genuina, y que brota incesantemente? Como dice el Θεάνθρωπος zeánzropos Dios-Hombre, Jesús: «Quien bebe de esta agua volverá a tener sed; pero, el que beba del agua que yo le dé, no tendrá jamás sed, además, el agua que yo le daré se convertirá en agua manantial espiritual de fuente inagotable que siempre brotará regalándole vida eterna» (Juan 4:14); y de nuevo: «El que tenga sed, que venga a mí y beba». 37. «Si alguno siente anhelo y sed no de bienes materiales y corruptibles, sino de serenidad interior y paz y sed de la vida divina bienaventurada, alegre y dichosa que venga conmigo y beba de la verdad y de la fe que yo ofrezco, así serán satisfechos sus más profundos y nobles anhelos y su psique-alma encontrará “psicoterapia” alivio y descanso». 38 Al que cree en mí, y lo dice la Escritura: “de las entrañas de su psique-alma brotarán ríos de agua viva y su corazón se convertirá en fuente de agua espiritual inagotable”, y no sólo será regado el mismo sino también los otros que están en relación con él, es decir, brotará la χάρις jaris gracia energía increada.»— y añade el Discípulo amado— «39 Estos logos los dijo refiriéndose al Espíritu que habían de recibir los que creyeran en él, y el Espíritu Santo aún no había venido, porque Jesús aún no había sido glorificado» (Juan 7:37-39). Y el gran Pablo dice: «Y como prueba de que sois hijos, Dios ha enviado a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, para que podáis dirigiros a Dios clamando: ¡Abba, es decir, nuestro Padre!» (Gálatas 4:6).

Este placer y gozo espiritual es también polionimo (muchos nombres) y anónimo

76. Este placer y gozo espiritual se ha llamado místico resplandor sobrenatural e hipostático, superabundante y supra-iluminante gnofos (luz que deslumbra), belleza incomprensible, lo supremo de lo deseable, visión y contemplación divina y zéosis; sin embargo, después de cualquier expresión de ello, permanece inexpresable, y después de ser conocido, sigue siendo desconocido, y después de ser entendido, es incomprensible.

Y dice el gran san Dionisio el Areopagita: “Por este gnofos resplandor supra-iluminante y supra-abundante rogamos nosotros también  a unirnos, ver y conocer sin visión y agnosia ignorancia o desconocimiento a Aquel que supera toda visión y toda gnosis/conocimiento, precisamente por no ver ni conocer. Porque esto es ver realmente y conocer. Y alabemos con superioridad al Supra-esencial, apartándonos de todos los seres o existencias”.

También dice: “El divino gnofos (deslumbrante luz increada que transciende toda luz) es la luz inaccesible, en la cual se dice que habita Dios (1Tim 6:16); y es invisible debido a la excesiva luminosidad. Y lo mismo es inaccesible, debido al exceso de la expansión de la luz. A esta luz viene cualquiera que se ha hecho digno de ver y conocer a Dios, precisamente por no ver y conocer, llegando verdaderamente a Aquel que está más allá de toda visión y gnosis/conocimiento, solo conociendo esto, que está después de todo lo sensible, lo comprensible y lo inteligible”.

Y el gran Basilio dice: “Los destellos de la belleza divina son completamente inexpresables e indescriptibles. Los logos no los alcanzan, ni caben en los oídos. Y si mencionas el esplendo de la aurora, y la luminosidad de la luna, incluso si dices la luz del sol, todo es muy pobre para dar alguna idea de ese brillo de la luz increada, y en comparación con la verdadera luz, son más deficientes que la profunda noche y la oscuridad espesa en comparación con el mediodía claro. Esta belleza los ojos corporales no pueden verla; solo se percibe con la psique-alma y el νούς nus o corazón (en uno nus como energía y corazón como esencia) y la διάνοια diania (mente, intelecto. Y a aquellos santos a quienes les ha alumbrado y brillado, les dejó el insoportable aguijón  del divino anhelo.

Ellos molestos e inquietos por la vida terrenal, decían: «¡Ay de mí! mi destierro ha sido prolongado!» (Salmo 119:5), y: «Mi psique-alma tiene sed del Dios fuerte y vivo. ¿Cuándo vendré y me presentaré delante del rostro de mi Dios?» (Salmo 42:3), y: «Es mucho mejor para mi morir y estar con Cristo» (Filip 1:23), y: «Ahora dejas ir a tu siervo, Señor, en paz, como prometiste» (Lucas 2:29), porque consideraban esta vida como una prisión. Y porque no se saciaban con la contemplación de la belleza divina, pedían que la contemplación del esplendor del Señor se prolongara durante toda la vida eterna”.

Y el teólogo Gregorio: “Donde hay temor, allí hay aplicación y cumplimiento de los mandamientos-logos de CristoDios. Donde hay aplicación y cumplimiento de los logos-mandamientos, allí hay catarsis de la carne de la nube que se interpone delante de la psique-alma y no la deja ver claramente el resplandor divino. Donde hay catarsis, allí hay resplandor; y el resplandor es la realización del anhelo de aquellos que desean las realidades superiores, ya sea lo máximo, o lo superior a lo máximo”.

Y el divino Gregorio de Nisa: “Si lavas con el cuidado de tu vida la impureza que se ha posado en tu corazón, volverá a brillar como antes la divina belleza, igual que ocurre con el hierro. Es decir, cuando con el afilado, se quita el óxido, entonces el hierro, que antes era negro, arroja destellos y rayos brillantes al reflejar el sol. Así también con el hombre interior, a quien el Señor llama corazón; cuando se deshace de la venenosa impureza y suciedad que se mostró en su forma por el moho del astuto maligno, entonces recuperará la semejanza con el Arquetipo y será bondadoso y bueno. Porque con lo Bueno, seguramente, sigue un bien similar”.

Y el santo Nilo dice: “Bienaventurado el que ha llegado a la ignorancia, que está inseparablemente ligada con la oración”.

Y san Juan el de la Escala: “El profundo duelo según Dios o luto espiritual y tristeza vio el consuelo, mientras que la pureza del corazón recibió el resplandor. El resplandor es una energía inexpresable, que se ve sin ser vista y se percibe sin ser conocida”.

Por eso son bienaventurados aquellos que, como entonces María en aquel momento (Lucas 10:42), prefirieron esta buena porción y ciudadanía, la espiritual e inafectada, y fueron considerados dignos de esta felicidad divina, para que, con gran alegría extática, junto con el apóstol Pablo, pudieran entusiasmarse abiertamente y exclamar: «Pero cuando se manifestó la bondad, la filantropía y al agapi-amor para con los hombres de nuestro salvador Dios, nos ha redimido y salvado, no por la justicia que hayamos practicado, sino por pura misericordia increada (energía), mediante el bautismo regenerador y la renovación que regala el Espíritu Santo, que derramó abundantemente sobre nosotros por Jesús Cristo, nuestro Σωτήρ sotir Redentor, Sanador/Psicoterapeuta y Salvador, a fin de que, justificados por Su salvífica χάρις gracia-gracia energía increada, seamos herederos de la vida eterna, conforme a la esperanza de la vida eterna que el mismo nos ha dado (Tito 3:4-7).

Y de nuevo: “Εs Dios que nos ha ungido por el Espíritu Santo, nos ha sellado y ha depositado las arras del Espíritu en nuestros corazones», (2 Cor1:21-22), y: “Pero llevamos este tesoro de la gnosis gloriosa (conocimiento espiritual) en nuestros cuerpos que son frágiles y débiles como vasos de barro, para que se vea que la excelencia de la dinamis potencia y energía increada y poder proviene de Dios y no de nosotros” (2 Cor 4:7). Esto en relación con aquellos. Ojalá que también nosotros, con las súplicas de aquellos, que son aceptadas por Dios, nos volvamos en parte semejantes como ellos, por la misericordia y la jaris gracia increada de Dios.»

El quiere encontrar y estar en la perfecta ησυχία hisijía, en definitiva debe ser apacible en el corazón.

77. Tú, hijo, es tiempo ahora, antes que nada más y junto con las otras de aprender que aquel que quiere aprender a disparar bien no tensa el arco sin poner un blanco delante de él. Así también aquel que quiere aprender a estar en ησυχία hisijía (serenidad mental y paz cordial), que tenga como blanco ser siempre apacible en el corazón.

Dice San Isidoro: “Para lograr la virtud, no es suficiente el ejercicio, sino que también se necesita la moderación durante el ejercicio. Porque si llevamos a cabo una lucha de mansedumbre, apacibilidad y la obstaculizamos con nuestra opinión tumultuosa, eso no es nada más que, aunque queramos salvarnos, no queremos hacer lo que se necesita para nuestra salvación”.

Y antes que él, el divino David dijo: “Guiará a los mansos y apacibles en el discernimiento, enseñará a los apacibles Sus caminos” (Salmo 25, 9). Y Sirácides: “A los apacibles se les apocaliptan/revelan los misterios”.

Y el dulce Jesús también dijo: “Aprended de mí, que soy apacible y humilde de corazón, y encontraréis psicoterapia y sanación, alivio y descanso, paz y serenidad en vuestras psiques-psique-almas” (Mateo 11, 29), y: “¿A quién miraré sino al manso, apacible y tranquilo que teme Mis logos?” (Isaías 66, 2), y: “Bienaventurados y felices los apacibles porque ellos heredarán la tierra prometida; [Bienaventurados y felices los que dominan su ira, porque ellos recibirán como herencia de Dios la nueva tierra prometida, la Jerusalén de arriba, o la Jaris-Gracia increada y desde esta vida disfrutarán los bienes de la herencia de la realeza increada celeste]) (Mateo 5, 5)”, es decir, el corazón que dará fruto con la ayuda de la jaris gracia increada treinta, sesenta y cien veces más, según las órdenes de los principiantes, los intermedios y los perfectos. El apacible no causa disturbios por nada y no se perturba, a menos que el logos sea sobre la piedad y la fe.

Cómo lograremos la apacibilidad. Las tres partes de la psique-alma, la irascible, la anhelante y la logística (o lógica).

78. Lograrás esto fácilmente, cuando lo evitas todo y al mismo tiempo diriges tu psique-alma hacia la agapi (amor incondicional), cuando guardas silencio la mayor parte del tiempo, comiendo con moderación y rezando siempre, como dijeron los Padres: “En la parte irascible (emocional) de la psique-alma pon el freno de la agapi, marchita la parte anhelante con autodominio y la moderación y en la parte logística o lógica de la psique-alma dale alas con la oración; así, la luz del νούς nus con la mente nunca se oscurecerá”. El freno de la ira es el silencio que se hace en el momento oportuno; para el anhelo/deseo incontrolado, la comida medida; para el pensamiento difícil de controlar, la oración monóloga.

Y de nuevo: “Hay tres virtudes que siempre dan luz al νούς nus con la mente: no saber la maldad del otro, soportar con tranquilidad las aflicciones y sufrimientos que vienen, y hacer el bien a los que te hacen mal. Estas tres virtudes engendran otras tres, mayores que ellas: la ignorancia del mal del otro engendra la agapi (amor incondicional), la paciencia sin perturbación ante las aflicciones engendra apacibilidad y la mansedumbre y, la bondad hacia los que te hacen mal trae la paz del corazón y la mente.

Y de nuevo: “Tres estados éticos generales existen en los monjes. El primero es no pecar en absoluto en praxis, acción; el segundo, que los pensamientos hostiles e indecentes no gobiernen en el psique-alma; el tercero, con la diania mente ver con discernimiento pero sin pasión las formas de las mujeres y de aquellos que te han causado dolor y tristeza”.

Uno debe volver a la metania y arrepentirse rápidamente por los pecados que comete y así cuidarse sabiamente para el futuro.

79. Si sucede que te tambaleas y resbalas en algo o caes en algún pecado apartándote de lo adecuado, debes reconciliarte de inmediato con aquel que te entristeció o entristeciste, y volver a la metania arrepintiéndote con tu psique-alma. También debes lamentarte, llorar y acusarte mucho a ti mismo. Y así, en el futuro, debes tener cuidado y protegerte sabiamente, como enseña el Señor Jesús: “Por lo tanto, si estás presentando tu ofrenda en el altar, y allí recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, a causa de tu comportamiento indigno e injusto, deja allí tu ofrenda ante el altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y luego regresa y presenta tu ofrenda a Dios” (Mat 5, 23-24).

Y el Apóstol Pablo: “Desterrad toda la amargura interior, la ira, los gritos, los insultos y toda clase de maldad contra el otro. Sed bondadosos, indulgentes y compasivos; perdonaos unos a otros, como Dios nos ha perdonado por medio de Cristo” (Efe 4, 31-32), y: “Enfadaos, no cuando se pica vuestro egoísmo e interés propio, sino cuando se tergiversa la verdad de Dios, entonces no llegáis a pecar; pero si sucede que os enfadáis y os enojáis entre vosotros, pues, que os reconciliéis antes de que se ponga el sol” (Efe 4, 26), y: “No busquen venganza, queridos, sino den lugar a la ira de Dios” (Romanos 12, 19), y: “No te dejes vencer por el mal; al contrario, vence el mal con el bien, con tu bondad y con tus obras buenas” (Rom 12, 21). Estas cosas se dijeron en relación a la reconciliación con los demás.

El resbalón y la metania

80. Para el resbalón ahora, dice el Santo Isaac: «No debemos afligirnos cuando resbalamos en algo, sino cuando persistimos en ello. Porque el resbalón ocurre muchas veces incluso a los perfectos; persistir en ello, sin embargo, es una completa necrosis (muerte espiritual). La jaris gracia divina mide nuestro pesar y tristeza por nuestros resbalones como un trabajo limpio y puro. Aquel que cae de nuevo esperando arrepentirse camina contra Dios con mala astucia. La muerte viene repentinamente sobre él y no tiene tiempo de completar las obras de la virtud, como esperaba».

También dice: «Debemos saber constantemente que, durante las veinticuatro horas del día y la noche, necesitamos la metania introspección y arrepentimiento. El significado de la μετάνοια metania, como aprendimos de las mismas cosas, es una súplica ininterrumpida a Dios con una oración llena de katánixis (compunción, dilatación del corazón) para el perdón de los pecados pasados y tristeza, pesar para protegernos de los futuros».

Y nuevamente: «La μετάνοια metania es la jaris gracia divina dada a los hombres después de la jaris gracia del bautismo. La μετάνοια metania  es un segundo renacimiento de Dios, y del compromiso o las arras que hicimos con la fe, esperamos el carisma con la μετάνοια metania. La μετάνοια metania es la puerta de la misericordia, abierta a aquellos que la buscan, a través de esta puerta entramos hacia la divina misericordia. Y fuera de esta entrada no encontraremos misericordia, porque todos han pecado, según las Sagradas Escrituras (Rom 3:23-24), y son justificados gratuitamente por la χάρις jaris (energía increada) de Dios. La μετάνοια metania es la segunda jaris gracia y nace en el corazón a través de la fe y el temor. El temor es la vara paterna de Dios que nos gobierna hasta que llegamos al paraíso espiritual; y cuando llegamos allí, nos deja y regresa. El paraíso es la agapi (amor incondicional) de Dios, en la cual se encuentra la felicidad que prometen todas las bienaventuranzas».

Y a continuación: «Como no es posible cruzar el mar grande sin un barco, así de la misma manera no podemos pasar sin miedo o temor a la agapi. La sucia mar de los pazos que está entre nosotros y el invisible paraíso espiritual, solo puede ser cruzada con la nave de la μετάνοια metania, que tiene los remeros del temor. Si estos remeros del temor no dirigen el barco de la μετάνοια metania con la cual navegamos al mar de este mundo yendo hacia Dios, entonces nos hundimos en el mar sucio».

La μετάνοια metania, el miedo, el amor, el dolor, las lágrimas y la autocondena o autocrítica

81. Y continúa el Santo Isaac: «La μετάνοια metania es el barco; el temor es el timonel; la agapi-amor es el puerto divino. Entonces, el temor nos embarca en el barco de la μετάνοια metania, nos lleva a través del sucio mar de la vida y nos conduce hacia el puerto divino que es la agapi (amor incondicional), donde llegan por la μετάνοια metania todos los que trabajan y están cargados (Mateo 11:28).

Y cuando llegamos a la agapi, llegamos a Dios; nuestro camino se ha completado y pasamos a la isla que está frente al mundo, donde están el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo».

El Salvador dice acerca del luto o duelo por Dios: « Bienaventurados y felices los que están en luto, afligidos por sus pecados y del mal que domina al mundo, porque ellos serán consolados por Dios» (Mat 5:4). Acerca de las lágrimas, el Santo Isaac dice: «Las lágrimas en la oración son signos de la misericordia de Dios, que la psique-alma mereció por su μετάνοια metania; y que su μετάνοια metania fue aceptada y la psique-alma comenzó a pasar a través de la llanura de la pureza con sus lágrimas. Si los pensamientos de las cosas temporales no son eliminados del hombre, y no arroja lejos la esperanza del mundo y no nace dentro de él el desprecio del mundo, y no comienza a preparar los útiles suministros para la salida del cuerpo, y no comienzan a moverse en la psique-alma los pensamientos sobre lo que viene después de la muerte, los ojos no pueden llorar. Las lágrimas provienen del estudio interno concienciado, puro e ininterrumpido y de los numerosos y continuos pensamientos que se realizan sin desviación, y de algún pensamiento sutil que se realiza en la mente y con su memoria provoca tristeza en el corazón. De todas estas cosas, las lágrimas aumentan y se multiplican cada vez más».

También dice san Juan el Clímaco: «Así como el fuego quema las hierbas, así también la lágrima pura quema cualquier impureza, ya sea corporal o psíquica. Démosle a nosotros mismos las lágrimas puras e inodoras de la memoria de nuestra muerte, porque en ellas no hay engaño del maligno ni orgullo, sino más bien catarsis, purgación y progreso en la agapi-amor a Dios, lavado del pecado y apázia impasibilidad, sin pazos».

También dice: «No tengas confianza en tus lágrimas antes de hacer la catarsis por completo. No puedes confiar en el vino que cierras en la botella tan pronto como sale del lagar».

Además: «Las lágrimas que provienen del temor, por sí solas son conservadoras; pero las lágrimas de la agapi-amor, antes de la perfecta agapi, uno puede perderlas, a menos que el fuego inextinguible de la agapi, en su acción y con su energía, inflame excesivamente el corazón. Y es admirable cómo lo inferior (las lágrimas del temor) en su momento es más seguro».

Nuevamente: «Las lágrimas de la memoria de la muerte generan temor. Del temor nace el sin miedo, la intrepidez y entonces se manifiesta la alegría. Cuando termine la alegría inexpresable, entonces florece la flor de la divina agapi».

Ahora sobre de la autocondena o autocrítica, dice el gran Antonio: «Esta es la gran obra del hombre, asumir su error ante Dios y esperar la prueba hasta su último aliento de su vida».

Y otro Santo, cuando se le preguntó: «¿Qué bien has encontrado, padre, en tu vida monástica?», respondió: «Acusarme a mí mismo en todo». Aquel que le preguntó elogió la respuesta diciendo: «De hecho, no hay otro camino que ese». Y el abad Pimén dijo: «Todas las virtudes entraron con gemidos en este mundo. Toma una de ellas, y verás que sin esfuerzo por ella el hombre dificilmente puede quedarse de pie». Le preguntaron cuál era ella y respondió: «El que elhombre se acuse siempre a sí mismo». Y volvió a decir: «El que se acusa a sí mismo, independientemente de lo que le suceda, ya sea una pérdida, sea una deshonra, sea un menosprecio o cualquier otra tristeza, considera primero que él mismo es merecedor de estas cosas y permanece sereno, nunca se perturba».

La sabia seguridad y la atención

82. También sobre la atención y la seguridad escribe el venerable Pablo: «Por tanto, ya que os habéis iluminado por Cristo, cuidado cómo os comportáis; que no sea como insensatos y necios, sino como sabios, apacibles, virtuosos y prudentes, aprovechando el tiempo y las ocasiones de la vida presente, porque los días, a causa del pecado que domina, están llenos de tentaciones y peligros espirituales (Efe 5, 15-16).

Y san Isaac dice: «¡Oh sabiduría, cuán admirable eres y cómo ves todas las cosas desde lejos! Bienaventurado aquel que te encuentra, pues él se ha liberado de la negligencia y la acedia de la juventud. Quien intenta adquirir con poco precio, es decir, con poco cuidado, el tratamiento o la psicoterapia de los grandes pazos, hace bien; porque eso es filosofía, estar y tener siempre nipsis vigilancia en sobriedad incluso en las cosas mínimas y insignificantes que hace. Haciendo así acumula reservas de grandes consuelos para el futuro y no duerme, no sea que caiga en algún error, sino que arranca las causas de antemano. Con las cosas mínimas soporta la pequeña aflicción y con ello hace desaparecer la grande. Por eso dice un sabio: «Mantente despierto y atento en favor a tu vida, porque el sueño de la diania mente es pariente e imagen de la verdadera muerte (espiritual)».

Dice también el divino san Basilio el Grande: «Quien es negligente en las pequeñas cosas, no pienses que destacará en las grandes».

El hisijasta debe esforzarse por todas estas cosas y, sobre todo, para estar y ser tranquilo, sereno y apacible y llamar con claridad y diligencia al Señor Jesús Cristo en su corazón.

83. Por lo tanto, lucha por todas estas cosas, pero sobre todo invoca en silencio, con apacibilidad y conciencia limpia al Señor Jesús Cristo en lo más profundo de tu corazón, como antes hemos dicho. Y así, avanzando en tu camino, tendrás la jaris gracia divina descansando en tu psique-alma.

Dice san Juan el Clímaco: «Que nunca se atreva alguien que se irrita por ira, enojo, presunción, hipocresía y resentimiento, a ver ni rastro de la ησυχία hisijía, no sea que salga de sus cabales y se vuelva loco. Pero si alguien está limpio de estos pazos pasiones, vicios, conocerá el beneficio de la ησυχία hisijía; pero creo que tampoco él lo afirmará».

Y no solo tendrás la jaris gracia increada descansando en tu psique-alma, sino que también estarás dando reposo completamente a tu psique-alma de la anterior molestia de los demonios y los pazos. Porque incluso si aún la molestan, no pueden dañarla, ya que no pertenece a ellos ni desea el placer que ofrecen.

El buen y extático eros (amor ardiente) y la belleza divina

84. Todo el anhelo de tal tipo de hisijasta y su έρως eros (amor ardiente) cordial y extático y todo su estado de ánimo psíquico se dirigen hacia la belleza suprema y bienaventurada, que los Padres lo llaman el extremo deseado.

Escribe al respecto el gran Basilio: «Cuando el έρως eros (amor ardiente) de la piedad domina la psique-alma, toda especie de guerra le parece ridícula, y todos los tormentos que sufre por el Amado la complacen más bien que la lastiman».

Y de nuevo: «¿Qué hay más admirable que la belleza divina? ¿Qué concepto es más hermoso que la grandeza y majestuosidad de Dios? ¿Qué anhelo de la psique-alma es tan agudo e insoportable como el que se despierta por Dios en la psique-alma que se ha hecho la catarsis de toda malicia y dice con disposición verdadera y sentimiento, “yo estoy herida por la agapi (Cantares 2, 5)?»

La guerra, la concesión pedagógica y el abandono a causa de la aversión

85. En adelante, este hisijasta es combatido por la concesión pedagógica y no por el abandono de la jaris gracia increada debido a la aversión. ¿Por qué? Para que su nus con su mente no se enorgullezca por todo lo bueno que ha encontrado.

Pero mientras es combatido y educado, gana cada vez más humildad, con la cual vence a aquellos que lo combaten con orgullo y se vuelve digno constantemente de mayores donaciones y progresa tanto como es posible en la naturaleza humana, aunque esté atado y apretado con cadenas inevitables y con el peso de la carne, y avanza hacia la apázia impasibilidad, sin pazos y la perfección según Cristo.

Dice el Santo Diádoco: «El mismo Señor dice que Satanás cayó como un rayo del cielo (Luc 10, 18), para que el malvado no vea las moradas de los santos ángeles. Entonces, ¿cómo puede aquel que no es digno de la comunión con los buenos siervos, pueda tener como residencia común con Dios al nus con la mente humana? Algunos argumentarán que esto se hace por concesión, y no dirán nada más. Porque la concesión pedagógica no priva en absoluto la psique-alma de la luz divina e increada; solo la χάρις jaris gracia energía increada, como ya dije, generalmente oculta la presencia en el mismo nus y la mente, para exponer de alguna manera la psique-alma a la malicia de los demonios, para que busque con temor y mucha humildad la ayuda de Dios, mientras estará conociendo gradualmente poco a poco la malicia del enemigo. Así también la madre cuando ve que el bebé rechaza amamantar por malhumor, lo aparta por un momento de su regazo para que tema la supuesta presencia de personas malas o diferentes bestias, y así con gran temor y lágrimas regresa al regazo materno. Sin embargo, la concesión que resulta de la aversión a Dios entrega la psique-alma, que no desea a Dios, a los demonios como prisionera. Pero nosotros no somos de los que retroceden (Heb10, 39), que así no sea; más bien, creemos que somos verdaderos niños de la jaris gracia (energía increada) de Dios, que nos amamanta con pequeñas concesiones y muchas exhortaciones, para que con la bondad de Dios lleguemos a ser hombres perfectos, con plena madurez espiritual (Efe 4, 13)».

Y continúa: «La concesión instructiva y educativa trae gran tristeza y humillación y moderada desesperación en la psique-alma, para que llegue la parte ambiciosa e insensata en humillación y  humildad. Inmediatamente, sin embargo, trae el temor de Dios y lágrimas de confesión en el corazón, y un gran deseo para un silencio perfecto. Sin embargo, la concesión por rechazo de Dios permite que la psique-alma se llene de desesperación, incredulidad, ira y orgullo. Por lo tanto, debemos discernir con nuestra experiencia el tipo de concesión y acercarnos a Dios en consecuencia. En el primer caso, debemos ofrecerle gratitud, apología y disculpas, porque educa nuestra opinión ignorante, retirando Su jaris gracia para enseñarnos como un buen Padre la diferencia entre virtud y maldad. En el segundo caso, debemos ofrecer una confesión incesante de nuestros pecados, lágrimas constantes y un retiro ascético más profundo, para poder expiar a Dios con nuestros esfuerzos adicionales, para que supervise como antes nuestros corazones. Sin embargo, debemos conocer que cuando la batalla se libra con un enfrentamiento real entre la psique-alma y el Satanás, me refiero al caso de la concesión educativa, entonces la jaris gracia increada retrocede, como dije antes, pero ayuda a la psique-alma sin que ella lo sepa, para mostrar a los enemigos de la psique-alma que la victoria es solo suya».

Y San Isaac dice: «Sin las tentaciones por concesión de Dios, no es posible que el hombre se vuelva sabio experto en las guerras espirituales, conozca a su Entrenador, perciba y sienta a su Dios y se fortalezca firmemente en secreto místicamente en su fe, excepto por la fuerza de la experiencia que ha recibido. Y cuando la χάρις jaris gracia (energía increada) ve que la arrogancia y la formación de grandes ideas sobre sí mismo y comienzan a surgir en su pensamiento pequeños inicios de presunción o jactancia, inmediatamente permite que las tentaciones se fortifiquen y se fortalezcan contra él, hasta que conozca su debilidad y enfermedad y recurra y se acerque a Dios con humildad. Con estas realidades, el hombre alcanza las medidas de la madurez espiritual perfecta con fe y esperanza en el Hijo de Dios y se eleva hacia la agapi (amor incondicional). Porque la agapi de Dios se manifiesta de manera maravillosa en el hombre cuando a veces cae en problemas que le quitan la esperanza; entonces Dios muestra su poder para la salvación y liberación. Porque el hombre nunca puede aprender y conocer la dinami (poder, energía y fuerza) divina mientras está en reposo y comodidad. Y Dios nunca mostró su energía increada de manera sensible, sino en la ησυχία hisijía y en el desierto o soledad en silencio, donde no hay conversaciones y perturbaciones por la convivencia de las personas».

La απάθεια apázia (impasibilidad, sin pazos). ¿Qué es la apázia humana?

86. Cerca de lo anterior, debemos agregar brevemente aquí el logos sobre la απάθεια apázia (impasibilidad, sin pazos) y la perfección y así concluir este tratado. Dice, pues, san Basilio el Grande: «Aquel que se ha convertido en amante de Dios y anhela concebir aunque sea un mínimo de Su apázia y desea experimentar la santidad espiritual, la paz, la mansedumbre, la ataraxia/imperturbabilidad y la serenidad de Él, así como la alegría y la felicidad que nacen de ellas, se esfuerza diligentemente por alejar los pensamientos de todo deseo material que atormenta y oscurece la psique-alma y, con ojos puros y lúcidos que nada los nubla y oscurece, contempla las cosas y realidades divinas, llenándose ávidamente de Su luz increada.

Y después de que su psique-alma haya practicado en este estado durante un tiempo, el hombre se vuelve familiar e íntimo con Dios en la medida de la similitud que ha logrado, así como querido y muy deseado por Él. Y esto porque ha logrado una hazaña tan grande y difícil y ha podido, a través de la materia con la que está unido, acercarse a Dios con una mente pura y separada de alguna manera de la unión de los pazos corporales».

Y esto es sobre la απάθεια apázia (impasibilidad, sin pazos). Sobre lo qué es la apázia humana, escribe lo siguiente San Isaac: «La απάθεια apázia (impasibilidad, sin pazos) no es no sentir las pasiones o pazos, sino no aceptarlas. De las muchas y variadas virtudes, tanto prácticas como psíquicas y mentales, que los luchadores adquieren, las pasiones pazos se debilitan en ellos y no pueden levantarse fácilmente contra la psique-alma. Ni siquiera la diania mente necesita prestar atención constantemente a ellas, porque cada hora tiene sus conceptos ocupados con el estudio y la conversación de las cosas excelentes y perfectas que se mueven en el nus con la mente por la conciencia y la prudencia.

Y cuando los pazos comienzan a moverse y a perturbarse, la diania mente se aparta repentinamente de ellas con la ayuda de algún concepto sensato que se destaca en el nus con la mente, y así los pazos permanecen inactivos, como dijo el bienaventurado Marcos: “El nus con la mente que, con la jaris gracia increada de Dios, completa las acciones de las virtudes y se acerca al conocimiento/gnosis, siente muy poco la parte mala e insensata de la psique-alma, porque el conocimiento/gnosis lo levanta a las alturas y lo separa de todas las cosas del mundo”. Y debido a su pureza, ligereza y velocidad del nus con la mente y su práctica, se hace la catarsis de los luchadores, el nus  se purifica y se vuelve claro, porque su carne se seca en la ocupación de la ησυχία hisijía y su larga permanencia en ella. Gracias a esto, la zeoría contemplación que tienen dentro de ellos, fácil y rápidamente domina a cada uno de ellos y lo lleva a la sorpresa que la acompaña. Por eso tienen cada vez más zeorías contemplaciones y su diania mente nunca carece de material para la comprensión, ni viven nunca sin aquello que el fruto del Espíritu Santo produce en ellos. Por la larga costumbre, se eliminan del corazón los recuerdos que mueven los pazos de la psique-alma y la energía y el poder de la autoridad del diablo. Porque cuando la psique-alma no se reconcilia con los pazos y no se reconcilia con ellos a través de su estudio, al estar constantemente ocupada por otra preocupación, entonces las fuertes garras de los pazos no pueden retener sus percepciones y sentimientos espirituales».

El divino Diádoco también dice: «La απάθεια apázia (impasibilidad, sin pazos) no es que los demonios no nos combatan, porque entonces tendríamos que alejarnos del mundo, según el Apóstol (1 Cor 5, 10), sino que mientras nos combaten, debemos permanecer invictos. Los guerreros con armadura de hierro son alcanzados por las flechas de sus adversarios, escuchan el sonido de la flecha e incluso ven las mismas flechas que les lanzan los enemigos, pero no resultan heridos debido a la solidez de su armadura. Pero nosotros, llevando la armadura de la santa luz increada y el yelmo de la salvación, y armados con todas las buenas obras, rompamos las filas y legiones oscuras de los demonios. La pureza no se logra solo dejando de hacer las cosas malas, sino eliminando por completo todas las malas mediante el esmero y cuidado de las cosas buenas».

Y el Santo Máximo divide la απάθεια apázia (impasibilidad, sin pazos) en cuatro tipos, diciendo: «Llamo primera απάθεια apázia al movimiento del cuerpo que permanece indemne ante el pecado activo. La segunda, el rechazo perfecto por parte de la psique-alma de los pensamientos hostiles e indecentes, mediante el cual se corrompe por completo el movimiento de los pazos de la primera απάθεια apázia, ya que no tiene los pensamientos indecentes y hostiles para estimularla. La tercera, la perfecta inmovilidad del deseo hacia los pazos, por la cual se produce la segunda απάθεια apázia, que consiste en la pureza de los pensamientos. La cuarta απάθεια apázia la llamo la perfecta eliminación de la diania mente de todas las fantasías sensoriales; de esta nace la tercera, que no tiene las fantasías sensoriales para dar forma a las imágenes de los pazos«. También dice: «La απάθεια apázia es un estado pacífico de la psique-alma, en el cual la psique-alma difícilmente se inclina hacia el mal».

Continuación sobre απάθεια apázia (impasibilidad, sin pazos) y la perfección

87. Y el Santo Efraín habla sobre la απάθεια apázia y la perfección de la siguiente manera: «Los απαθείς apazís, (sin pazos y con apázia), extendiéndose insaciablemente hacia el bien deseado, hacen que la perfección sea interminable, porque no hay fin para los bienes eternos».

Y añade: «La perfección es perfecta en lo que respecta a la fuerza humana. Sin embargo, es interminable porque supera a sí misma con las adiciones diarias y se eleva constantemente con las elevaciones hacia Dios».

Igualmente, el Santo Nilo habla sobre la perfección: «Debemos entender dos perfecciones, una temporal y otra eterna, de la cual escribe el Apóstol: “Cuando venga lo perfecto, lo parcial se extinguirá” (1 Cor13, 10). La frase “cuando venga lo perfecto” significa que no podemos contener la divina perfección aquí».

Además: «El venerable Pablo reconoce dos perfecciones. Reconoce al mismo hombre como perfecto y no perfecto. Lo llama hombre perfecto en cuanto a la vida presente y lo llama no perfecto en cuanto al verdaderamente perfecto. Dice, por tanto: “No quiero decir con esto que haya alcanzado ya la perfección y la victoria, sino que lucho continuamente y corro tras ella con la pretensión de darle alcance”, y un poco después: “Así que todos nosotros que somos perfectos, pensemos de esta manera” (Filip 3, 12 y 15)».

La εμπάθεια empázia (hostilidad o adicción del pazos, patológico), la ηδυπάθεια idipázia hedonismo (pasión por el placer, la προσπάθεια prospázia (tendencia hacia el pazos) y la απάθεια apázia (impasibilidad, sin pazos).

88. Dice también el Santo Elías el Ékdikos: «La materia mala del cuerpo es la la εμπάθεια empázia (hostilidad o adicción del pazos); de la psique-alma, el hedonismo; del νούς nus, tendencia hacia el pazos .El órgano de la primera es el tacto; de la segunda, los demás sentidos; de la última, la disposición de resistencia y controversia».

Además: «El hedonista está cerca del adicto del pazos; el tendencioso hacia el pazos, cerca del hedonista; y el apazís sin pazos, está lejos de todos».

¿Qué es el εμπαθής empazís adicto y hostil del pazos, el hedonista, el tendencioso y el απαθής apazís (impasivo, sin pazos) y cuál es su terapia o psicoterapia?

89. El εμπαθής empazís hostil y adicto pasionalmente al pazos o patológico, es aquel cuya inclinación al pecado es más fuerte que su lógica o razonamiento, incluso si no peca externamente. El hedonista es aquel que tiene la energía del pecado más débil que su lógica, aunque los pazos se muevan internamente. El tendencioso al pazos es aquel que está más cerca de la libertad que la esclavitud de los medios. El απαθής apazís, impasivo, sin pazos es aquel que ignora la diferencia entre todos estos».

Respecto a la terapia psicoterapia en relación, dice lo siguiente: «La εμπάθεια enpázia patología o adicción al pazos se elimina de la psique-alma con ayuno y oración; el pazos del hedonismo, con vigilia y silencio; y la tendencia hacia el pazos, con ησυχία hisijía (serenidad en la mente y paz en el corazón) y atención. La apázia consiste en la memoria de Dios».

La fe, la esperanza y la agapi

90. Pero como principio, medio y fin de todos los bienes, y si quieres también como donador y líder, están la fe, la esperanza y la agapi (amor incondicional), este triple y divino cordón, y sobre todo está la agapi, porque Dios es agapi, como dice el Apóstol (1Juan 4, 8). Por lo tanto, no es justo que no completemos nuestro tratado también con ellas. O más bien, como dice el santo Isaac, cuando uno alcanza la perfección de los muchos frutos del Espíritu, entonces merece la perfecta αγάπη agapi (amor incondicional y desinteresada), hablemos también de ella.

Escribe, pues, Juan Clímaco: «Por tanto, ahora después de lo dicho anteriormente, quedan estas tres cosas que aprietan y sostienen el vínculo de todo: la fe, la esperanza y la agapi-amor, y sobre todo la agapi es la mayor de todas (1Cor 13,13), porque el nombre de Dios es agapi (amor desinteresado e incondicional, energía divina increada). Pero yo veo la fe como un rayo, la esperanza como luz, y la agapi como un círculo solar, y todas como un reflejo y un resplandor. Porque la primera puede hacer y crear todas las cosas; la segunda es rodeada por la misericordia de Dios y no la deja desesperarse y deprimirse (Rom 5,5);  y la tercera ni cae ni cesa ni deja que aquel que ha sido herido por ella se calme de la bendita locura».

Continúa diciendo: «El logos sobre la agapi-amor es conocida por los ángeles, y en aquellos que es según la potencia de la energía de su resplandor. La agapi-amor es Dios, y aquel que quiere dar su definición se asemeja a un ciego que cuenta la arena del abismo. La  agapi-amor, en cuanto a su calidad, se asemeja a Dios tanto como es posible para los mortales; en cuanto a la energía, es embriaguez de la psique-alma; en cuanto a su característica especial, es fuente de fe, abismo de paciencia y apacibilidad y océano de humildad. La agapi-amor es principalmente el rechazo de todo pensamiento contrario, ya que la agapi-amor no cuenta ni piensa el mal (1 Cor 13, 5). La agapi-amor, la απάθεια apázia (impasibilidad o sin pazos) y la adopción solo en el nombre se diferencian; como la luz, el fuego y la llama coinciden en una energía, así entiéndelo también para estas».

Y san Diádoco dice: «En toda zeoría contemplación espiritual, hermanos, que la fe, la esperanza y la agapi-amor prevalezcan; pero sobre todo más la agapi-amor. La fe y la esperanza enseñan el menosprecio de los bienes visibles, mientras que la agapi-amor une la psique-alma misma con las virtudes de Dios, siguiendo y rastreando las huellas con sentido espiritual a Dios invisible». También dice: «Otra es la agapi-amor natural de la psique-alma y otra es la que el Espíritu Santo produce en ella. La primera se mueve cuando queremos, de acuerdo con nuestra voluntad, por eso es fácilmente saqueada por los malos espíritus cuando no mantenemos con fuerzay violencia nuestra predisposición amorosa. La segunda inflama tanto la psique-alma hacia la agapi-amor de Dios que todas las partes de la psique-alma se adhieren a la inefable bondad del divino anhelo con una disposición inmensamente simple. Porque entonces el nus con corazón lleno de energía espiritual, como si estuviera embarazado, emana una fuente de agapi-amor y alegría».

Y San Isaac dijo: «La agapi-amor que proviene de cosas mundanas es como una pequeña lámpara alimentada con su aceite y así mantiene su luz. O como un arroyo formado por la lluvia, y cuando falta el agua que lo creó, se detiene su flujo. Pero la agapi-amor que tiene a Dios como causa es como una fuente que brota, y sus corrientes nunca se detienen, porque solo Dios es la fuente de la agapi-amor incondicional, y su agua es inagotable». Y cuando le preguntaron nuevamente sobre la perfección de los muchos frutos del Espíritu, respondió: «Uno debe hacerse digno de merecer la agapi-amor perfecta de Dios». Y cuando le preguntaron cómo alguien sabe que ha alcanzado la agapi-amor perfecta, respondió: «Cuando en su διάνοια diania (mente, intelecto, cerebro) se mueve el recuerdo de Dios, su corazón se mueve inmediatamente hacia Su agapi-amor incondicional y sus ojos derraman lágrimas abundantes. Porque la agapi-amor, al recordar a los seres queridos, suele provocar lágrimas. Y tal persona nunca carece de lágrimas, porque nunca le falta la causa que lo lleva al recuerdo de Dios, de modo que incluso en el sueño conversa con Dios. Es una costumbre de la agapi-amor hacer estas cosas. Y esta es la perfección de las personas en esta vida».

Él dijo de nuevo: «La agapi-amor de Dios es cálida por naturaleza, y cuando cae sin medida sobre alguien, hace extática su psique-alma. Por eso, el corazón de aquel que la ha sentido no puede contenerla aunque tenga paciencia, sino que según la calidad y el grado de la agapi-amor que ha recibido, se observa en él una alteración inusual. Los signos sensibles evidentes son los siguientes: la cara de la persona se vuelve radiante y llena de alegría; su cuerpo se calienta; el miedo y la contracción se alejan de él y se vuelve extático; la fuerza que concentra su nus y mente se va y se vuelve como loco, como en éxtasis; considera la terrible muerte como gozo y alegría; la contemplación de sus nus con su mente nunca se aparta del estudio de las realidades divinas; aunque esté ausente, habla como si estuviera presente, sin que nadie lo vea. El conocimiento/gnosis y la vista física le abandonan, y no siente con sus sentidos el movimiento con el que se mueve en las cosas. Porque incluso si hace algo, no lo siente completamente, porque su nus está elevada a la contemplación divina y su diania mente con el pensamiento es como si siempre estuviera hablando con alguien más. Los Apóstoles y los Mártires alguna vez se embriagaron de esta embriaguez espiritual; y los primeros fueron por todo el mundo soportando desprecios y burlas, y los segundos los mártires sufrían terriblemente torturas y los partían en trozos perdiendo ríos de sangre, y mientras los torturaban no perdieron su entusiasmo, sino que soportaron todo con valentía; y aunque eran sabios, fueron considerados necios. Algunos vagaron por desiertos, montañas, cuevas y agujeros en la tierra (Heb 11:38), viviendo en un aparente desorden, aunque eran espiritualmente buenos obedientes. ¡Ojalá Dios nos haga dignos de llegar a esto!»

La Santa Comunión. Cuántos bienes nos proporciona la continua participación con conciencia pura

91. Nada más sinergiza coopera y ayuda tanto en la catarsis de la psique-alma, la iluminación del nus o corazón con la mente y la santificación del cuerpo y su transformación hacia lo divino y la inmortalidad, así como la prevención de los pazos y los demonios, o más bien, para decirlo más correctamente, en la unión y la comunión divina y regeneración con Dios, como la continua participación y comunión en los sagrados, inmaculados, inmortales y vivificantes misterios del precioso Cuerpo y Sangre de nuestro Señor y Dios y Salvador Jesús, con corazón sincero y disposición, tanto como sea posible para el ser humano.

Por lo tanto, es muy necesario hablar algunas cosas sobre este tema e incorporarlo en nuestro trabajo, y así concluir nuestro logos o tratado. La verdad de lo que decimos no solo se revela por lo que dicen los Santos, sino mucho más por los logos mismos de la Verdad y la Autoverdad.

Porque Él dice: YoSoY el pan de la vida. [48. «YoSoY el pan que transmite la vida real y eterna. Tal y como el pan natural material refuerza y propaga la vida física, lo mismo también yo con mi enseñanza y con mi cuerpo vivifico y alimento vuestras psiques-almas y les doy vida eterna».] 50 Pero este pan que yo os digo ahora que desciende del cielo, tiene potencia y energía incalculable e increada de modo que el que lo coma no muera espiritualmente, sino que disfrute mediante él la vida eterna.

51 YoSoY el pan vivo que descendió del cielo; si uno come de este pan vivirá para siempre; y el pan que yo les daré es mi sarx cuerpo y sangre, que yo ofreceré como sacrificio para la vida y la salvación del mundo». [51. «YoSoY el pan vivo, el que ha bajado del cielo, en mi interior tengo la vida que también la transmito a los demás; el que come de este pan vivirá eternamente. Y el pan que yo daré para que comulguen y se alimenten los fieles, es mi naturaleza humana o mi sarx (cuerpo y sangre) que la ofreceré como sacrificio para el despertar espiritual, la psicoterapia, terapia, redención y salvación de todo el mundo».] 53 Jesús les dijo: «Amín, amín, de verdad en verdad os digo que, si no coméis la sarx cuerpo y carne del Ηijo del hombre y no bebéis su sangre, a través del misterio de la divina Efjaristía, no tendréis vida en vosotros; 54 El que come mi sarx cuerpo y carne y bebe mi sangre, mediante el misterio de la divina Efjaristía, ya desde el presente tiene vida eterna y yo lo resucitaré al ésjato-último gran día del juicio. 55 Porque mi sarx cuerpo y carne es verdadera comida espiritual y mi sangre es verdadera bebida espiritual. 55. «En efecto, éste tendrá la vida eterna, porque mi sarx cuerpo y carne es alimento verdadero, espiritual y real, de lo que el fiel no sólo recibe refuerzo para la vida provisional. Y mi sangre es bebida verdadera, de la que el hombre no sólo satisface su sed o ansiedad provisionalmente, sino que se sacia eternamente». 56 El que come mi sarx cuerpo y carne y bebe mi sangre en mí permanece y yo en él. 56. «Cada uno que come mi sarx-cuerpo y carne y bebe mi sangre, se une conmigo en un cuerpo espiritual, de modo que éste permanece dentro de mí y yo en su interior y se convierte en templo mío». 57 Así como me envió el Padre vivo, y yo vivo por el Padre, así también el que me come vivirá por mí. 57. «El fruto que disfrutará de esta unión será la vida eterna. Así como el Padre me envió al mundo, quien tiene por sí mismo la vida increada y es la fuente increada de la vida, y yo como hombre también tengo la vida eterna, puesto que me la ha dado el Padre y yo vivo por Él; lo mismo el que comulga, mediante el misterio de la divina Efjaristía, vivirá también porque recibirá de mí la vida eterna». 58 Este es el pan que descendió del cielo; no como el maná que comieron los padres en el desierto y murieron. El que come este pan realmente celeste, resucitará gloriosamente de la tumba y vivirá eternamente» (Juan 6,48·51·53-58)

Y el cristóforo (portador de Cristo) Pablo dice lo siguiente: «Yo recibí del Señor lo que os he transmitido o sea, que Jesús, el Señor, en la noche que fue entregado, tomó pan, dio gracias al Padre, lo partió y dijo: «Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros; haced esto vosotros también en memoria mía y de mi sacrificio que ofrezco para vosotros». Después de cenar, hizo lo mismo con el cáliz, diciendo: «Este cáliz es la nueva alianza ο o nuevo testamento sellado con mi sangre; cada vez que la bebáis, en el misterio de la divina Efjaristía, hacedlo en memoria mía».  Pues siempre que coméis este pan y bebéis este cáliz de la Divina Ευχαριστία Efjaristía anunciáis la muerte redentora del Señor continuamente hasta que vuelva, en su segunda parusía-presencia. Por eso, el que come del pan o bebe del cáliz del Señor indignamente, será culpable y reo por sacrilegio e insulto del cuerpo y de la sangre del Señor. Por tanto, examine cada uno con mucho cuidado su propia conciencia, y entonces coma del pan consagrado y beba del cáliz consagrado. Porque el que come y bebe indignamente sin discernir que no se trata de comidas comunes del cuerpo, come y bebe su propia condenación y maldición. Porque no hace discernimiento espiritual entre el cuerpo y la sangre del Señor y las comidas comunes del cuerpo. Por eso muchos de vosotros que indignamente comulgáis de los divinos regalos, estáis enfermos y débiles, y otros han muerto. Si nos examinásemos a nosotros mismos con atención y nos arrepintiésemos de nuestras culpas y pecados, y viniésemos así en este gran misterio, no seríamos condenados así por Dios. Y si el Señor nos castiga, es para corregirnos y volvernos a la metania, para que no seamos condenados y perdidos definitivamente junto con el mundo del pecado» (1 Cor 11: 23-32).

Es necesario aprender el milagro de los Santos Misterios, qué son, por qué se dieron y cuál es su beneficio.

92. Escribe san Juan Crisóstomo: «Es necesario que aprendamos el milagro de los Misterios; qué son, por qué se dieron y cuál es el beneficio de la cosa. Somos un cuerpo (Rom. 12, 5) y miembros de nuestro Señor Jesús Cristo por su carne, su sangre y sus huesos (Ef. 5, 30). Aquellos que están iniciados, que presten atención a las cosas que vamos a decir.

Entonces, para que no nos convirtamos en un cuerpo solo por amor, sino que también nos mezclamos literalmente con su cuerpo, carne y sangre, nos permitió que esto sucediera con el alimento que nos regaló, para mostrar el anhelo que tiene por nosotros. Por eso, mezcló a Sí mismo con nosotros y amasó Su cuerpo con el nuestro, para que seamos uno, como un cuerpo unido con la cabeza. Porque esto es una cualidad de aquellos que anhelan en exceso. Esto insinuaba también Job al hablar de sus siervos, a quienes era extremadamente amado, que ellos para expresar el anhelo por él decían: “¿Quién nos dará de su carne para saciarnos?” (Job 31, 31).

Por esta razón, Cristo también hizo esto para guiarnos a una agapi-amor más profundo y mostrar Su anhelo hacia nosotros, dándose a Sí mismo no solo para ser visto por aquellos que lo desean, sino también para ser tocado y comido, y para que se hunda profundamente en sus carnes, y que se enreden con Él y satisfagan así todo su anhelo».

Además: «Aquellos que participan en el santísimo Cuerpo y la preciosa Sangre, están de pie junto con los Ángeles y los Arcángeles y las potencias celestiales, vistiendo la misma vestidura real de Cristo y sosteniendo las armas espirituales. Y aún no he dicho nada, porque visten sus vestimentas como el mismo Rey. Pero como es grande y terrible y maravilloso, así, si te acercas con pureza y conciencia clara, llegas a tu salvación, mientras que si te acercas con una conciencia astuta y malvada, te has acercado al infierno y al castigo. Porque aquel que come y bebe indebidamente el Cuerpo y la Sangre del Señor, come y bebe su propia condena (1 Cor 11, 29). Es decir, si aquellos que ensucian la vestidura del rey son castigados de la misma manera que aquellos que la rasgan, no es en nada ilógico, también aquellos que, con dianias mentes impuras, reciben el Cuerpo del Señor, podrían ser castigados de la misma manera que aquellos que lo perforaron con clavos. Y observa cuán terriblemente describió Pablo el castigo al decir: “Cuando alguien viola la ley de Moisés y se prueba la transgresión por dos o tres testigos, será condenado sin piedad. Pensad cuán más severo será el castigo para aquellos que pisotean al Hijo de Dios y consideró sin valor la sangre del Nuevo Testamento, con la cual también él fue santificado” (Heb 10, 28-29). Así que nosotros, los que participamos en este Cuerpo, los que saboreamos esta Sangre, naturalmente probamos Aquel que está sentado en el cielo, a quien adoran los Ángeles, que está junto al Poder inmortal. ¡Ay de nosotros! ¡Cuántos caminos para nuestra salvación existen! Nos hizo Su propio cuerpo, nos transmitió Su cuerpo y sangre; y ninguno de estos nos impide hacer el mal. ¡Qué insensibilidad, qué inconmovibles son!».

Nuevamente: «Un admirable Yérontas (anciano sabio, experimentado e iluminado) me contó que tuvo el privilegio de ver y escuchar algo así: aquellos que están a punto de abandonar la vida, si han participado con conciencia pura en los divinos misterios cuando están a punto de morir, son acompañados por ángeles y son llevados de aquí, gracias a la divina comunión o efjaristía».

Y el divino Juan Damasceno dice: «Dado que somos duales y compuestos, también el nacimiento debe ser doble. También nuestra comida debe ser compuesta. Por tanto, el nacimiento se nos da con el agua y el Espíritu. El pan es el mismo pan de vida, nuestro Señor Jesús Cristo, que descendió desde el cielo. Y así como en el bautismo, ya que es costumbre que las personas se bañen y se unjan con aceite, mezcló y unió con el aceite y el agua la jaris gracia (energía increada) del Espíritu y lo convirtió en un baño de renacimiento, de la misma manera, ya que estamos acostumbrados a comer pan y beber agua y vino, unió con ellos Su deidad o divinidad y los convirtió en Su Cuerpo y Sangre, para que a través de lo común y natural lleguemos a lo sobrenatural. Es un cuerpo verdaderamente unido a la deidad/divinidad, el cuerpo que tomó de la Santa Virgen.

No es que este cuerpo que fue asumido descienda de los cielos, sino que el pan y el vino se transforman en el Cuerpo y la Sangre de Dios. Si preguntas sobre el modo en que esto sucede, es suficiente con escuchar que es a través del Espíritu Santo. Así como de la Santa Virgen, por medio del Espíritu Santo, el Señor creó para Sí mismo carne, y nada más sabemos, excepto que el Logos de Dios es verdadero, activo y todopoderoso, mientras que el modo es inexplorable.

Así que para aquellos que participan dignamente y con fe, regala el perdón de los pecados y la vida eterna y se convierte en custodia de la psique-alma y del cuerpo. Pero para aquellos que participan indebidamente y sin fe, se convierte en infierno castigo de ellos, como también la muerte del Señor. Y no es el pan y el vino un símbolo del cuerpo y la sangre de Cristo, ¡nunca lo permita!, sino el mismo cuerpo de Cristo deificado o divinizado y la misma sangre. “Mi cuerpo”, dice el Señor, “es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida” (Juan 6, 55).

Es el cuerpo y la sangre de Cristo que acopla nuestra psique-alma y nuestro cuerpo, no se destruye, no se corrompe, no se desecha finalmente como los alimentos, sino que constituye nuestra existencia y nuestro mantenimiento. Limpia toda impureza. Toma un oro adulterado y nos purifica con el fuego que separa lo genuino de las mezclas, para que no seamos condenados en la vida futura junto con el mundo (1Cor 11, 32). Con esto nos purificamos y nos unimos al cuerpo de Cristo y con su Espíritu, y nos convertimos en el cuerpo de Cristo. Este pan es la primicia del pan futuro, que es el «επιούσιος epiúsios sobre-esencial para hoy suficiente» (Mat 6, 11).

Porque la palabra «επιούσιος» significa o el pan del futuro, es decir, el pan del próximo siglo, o el pan que recibimos para el sustento de nuestra existencia. El cuerpo del Señor es espíritu vivificante, porque fue concebido con el poder y la energía increada del Espíritu vivificante, y lo que nace con el poder y energía del Espíritu es espíritu (Juan 3, 60). Claro, no digo esto para negar la naturaleza material del cuerpo, sino para revelar su propiedad o cualidad vivificante y divina.

Estas cosas se llaman «antitipos o copias de las futuras», no porque no sean realmente el cuerpo y la sangre de Cristo, sino porque ahora participamos en la deidad/divinidad de Cristo a través de ellos, mientras que en aquellos tiempos lo hacíamos de manera espiritual, solo con la visión. Y el venerable Macario dice: «Así como el vino se extiende por todas las partes de aquel que lo bebe y se convierte en vino dentro de él, de la misma manera, aquel que bebe la Sangre de Cristo es regado por el espíritu de la Deidad, que se une con la  psique-alma perfecta, y la psique-alma con él. Y después de ser santificada de esta manera, se hace digna del Señor.

Como dice el Apóstol, todos hemos sido bautizados por el mismo Espíritu (1Cor 12, 13). Y con la Divina Efjaristía, aquellos que participan dignamente son considerados partícipes del Espíritu Santo, y así las psiques-almas dignas pueden vivir en los siglos. Y así como la vida del cuerpo no se mantiene por sí misma, sino desde fuera de sí misma, es decir, con cosas de la tierra, de la misma manera, Dios dispuso que la psique-alma no se sostenga por su propia naturaleza, sino por Su deidad/divinidad, por Su propio espíritu y luz, que le proporcionan alimento, bebida y vestimenta, que son la verdadera vida de la psique- alma. Porque la naturaleza divina también tiene un pan que da vida, a Él que dijo: «YoSoY el pan de la vida» (Juan 6, 48). Tiene también agua viva (Juan 4, 10), y vino que alegra (Salmo 103, 15), y aceite de deleite y gozo (Salmo 44, 8 (Mas. 45).

San Isidoro dice: «La participación en los divinos Misterios se llama κοινωνία kinonía comunión, porque nos regala la unión con Cristo y nos hace partícipes de Su realeza increada».

Y el santo Nilos dice: «Es imposible que el fiel sea salvo, reciba el perdón de los pecados y alcance la realeza increada de los cielos de otra manera que no sea participando con temor, fe y anhelo en los Misterios sagrados e inmaculados, el Cuerpo y la Sangre de Cristo».

También, san Basilio el Grande escribe en su carta al patriarcado de Cesarea: «Comulgar diariamente y participar del santo Cuerpo y Sangre de Cristo es bueno y beneficioso, ya que Él mismo dijo: “El que come mi sarx cuerpo y carne y bebe mi sangre, mediante el misterio de la divina Efjaristía, ya desde el presente tiene vida eterna; El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él” (Juan 6, 54 y 56). Y ¿quién duda de que participar continuamente en la vida no es otra cosa que vivir de muchas maneras? En cuanto a nosotros, comulgamos cuatro veces a la semana, los domingos, miércoles, viernes y sábados, y en otros días si hay una conmemoración de algún santo; de esto supongo que estos días celebraba la Divina Liturgia el Santo, porque no podía hacerlo diariamente, debido a las muchas ocupaciones.

Dijo también San Apolós que «el monje ortodoxo debe, si es posible, participar en los misterios de Cristo todos los días. Porque aquel que se aparta de ellos, se aleja de Dios. Mientras que aquel que participa constantemente en la Divina Comunión, recibe constantemente el cuerpo de Cristo.

Porque dijo la voz salvadora: “Quien come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él” (Juan 6, 56). Por lo tanto, esto es beneficioso para los monjes y para los fieles ortodoxos, recordar constantemente la pasión salvadora. El monje debe estar listo cada día y arreglarse a sí mismo para estar siempre digno de recibir los santos Misterios; porque a través de ellos merecemos recibir el perdón de nuestros pecados».

También dice san Juan de la Escalera: «Si un cuerpo, cuando toca otro, se altera en su energía, ¿cómo no se alterará aquel que toca el cuerpo de Dios con manos impuras?»

Y escribe también el libro Gerontikon: «Juan el Bostrense, un hombre santo y con autoridad sobre espíritus inmundos, preguntó a los demonios que habitaban en mujeres y que, debido a ellos, estaban poseídas por manía y sufrían terriblemente, y les dijo: “¿Qué que cosas son la que temen de los cristianos?” Y ellos respondieron: “Tenéis realmente tres grandes cosas: lo que lleváis colgado en vuestro cuello, lo que os bañáis en la Iglesia y aquello que coméis en la Liturgia”. Entonces él preguntó de nuevo: “¿Cuál de estas tres cosas teméis más?” y los demonios respondieron: “Si cuidarais bien lo que recibís comulgando, ninguno de nosotros podría dañar a un cristiano”». Así que lo que los demonios temen más es la Cruz, el Bautismo y la Divina Comunión.

Final de los temas que se han desarrollado en detalle, y un pequeño consejo para el que pregunta

93. Así que aquí, querido hijo, tu solicitud se ha satisfecho con la ayuda de Dios. Si esto se ha hecho como esperabas y deseabas, no lo sabemos exactamente; en cualquier caso, esta es nuestra fuerza, y Dios ama que actuemos según nuestra capacidad y fuerza.

Así que ten cuidado de no detener aquí tu amor por el conocimiento y tu diligencia, sino también mostrar en las obras tu amor por el conocimiento y tu buena disposición.

Porque dice el glorioso Adelfotheo (hermano de Dios): “Pero aplicad y cumplid el logos de Dios, y no os contentéis sólo con escucharlo, engañándoos a vosotros mismos. Porque si alguno sólo oye el logos de Dios y no lo practica, éste es semejante al hombre que mira su cara en un espejo. Porque él se ha visto a sí mismo en el espejo y se va, y se olvida enseguida de cómo era. (Espejo es el logos de Dios para conocer nuestras faltas; si no las observamos y no nos interesamos para arreglarlas, después de un rato nos olvidamos de nosotros mismos y del logos de Dios). Mas el que mira y se estudia atentamente en la perfecta enseñanza del logos del Evangelio, el de la libertad, y persevera en él, no siendo oyente olvidadizo, sino realizador de lo que mandan los logos del Evangelio. Éste será bienaventurado y feliz por practicar y realizar el logos divino y cumplir la voluntad divina. Si alguno se cree fiel y piadoso entre vosotros, y no refrena su lengua, se engaña a sí mismo y a su corazón por esta falsa percepción suya, sabed que su religiosidad es vana no vale para nada» (Sant 1, 22-26).

¿Cómo debemos escuchar y entender las palabras espirituales de los Padres?

94. En primer lugar, escucha y entiende con fe y con la debida devoción las instituciones divinas y espirituales de los santos Padres. Porque dice San Macario: «Las realidades y cosas espirituales son inaccesibles para los inexpertos; pero a la psique-alma santa y fiel viene la κοινωνία kinonía comunión del Espíritu Santo para hacerla que pueda entenderlas.

Y los tesoros celestiales del Espíritu se revelan solo en aquel que los ha probado. El ignorante y no iniciado ni siquiera puede entenderlos. Así que escucha con reverencia y devoción acerca de ellos, hasta que también tú, con tu fe, seas digno de alcanzarlos. Porque entonces aprenderás, con la experiencia de la psique-alma, a qué bienes y misterios pueden participar también aquí las psiques-almas de los cristianos ortodoxos. Con este conocimiento/gnosis, recogerás rápidamente los frutos y la utilidad de lo que has leído en las Escrituras o escuchado; y a través del aprendizaje y la práctica, avanzarás para promover y alentar con tu experiencia y guiar a otros hacia lo más espiritual y desconocido para muchos. Esto es lo que deseo que te ocurra, con tu apoyo en la mano todopoderosa de Cristo y Su guía. Amén».

Pero ya que muchos logos son enemigos del oído, al igual que la comida excesiva para el cuerpo, y «todo con moderación es óptimo», también nosotros, evitando el exceso y prefiriendo la medida real y la moderación, debemos, como si hiciéramos un resumen breve de este tratado, arrojar el ancla del logos.

Recapitulación: Cómo debemos orar. La verdadera iluminación y la dinami (fuerza y energía, poder) divina.Principio del formulario

95. Los Padres dicen: Quien desee tener una nipsis vigilante sobriedad sensata, que se esfuerce siempre por orar de manera pura y cuidadosa en lo más profundo del corazón con la inhalación, y solo preste atención y estudie y reflexione sobre las palabras de la oración, es decir, “Señor Jesús Cristo, Hijo de Dios, eléison me, compadécete o ten misericordia o piedad de mí”.

Esto hasta el tiempo que se iluminará el νούς nus dentro del corazón, como dice el santo Diádoco: “Aquellos que estudian ininterrumpidamente el glorioso y deseado nombre del Señor Jesús en lo más profundo de sus corazones, a veces pueden ver la luz de su νούς nus”.

Cuando esto suceda, con la ayuda de Dios, a partir de entonces avanzaremos sin error, ni engaño y sin obstáculos por el resto del camino de nuestra vida según Dios, ya que caminaremos en la luz o más bien como “hijos de la luz”, como dice el dador de luz Jesús: “Mientras tengáis la luz entre vosotros, creed en la luz, para que seáis hijos de la luz” (Juan 12, 36), y: «YoSoY la luz increada del mundo, y el que me sigue a mí fielmente, éste no andará en la oscuridad, sino que tendrá la luz increada de la vida». Y David le dice al Señor: “Con Tu luz veremos luz” (Salmo 35, 10).

Y el muy divino Pablo dice: “Dios, que dijo que de las tinieblas resplandeciera la luz, él resplandeció en nuestros corazones” (2 Cor 4, 6). Con esta iluminación, como una lámpara encendida e inextinguible, los verdaderos creyentes son guiados y ven claramente lo que está más allá de los sentidos y como son limpios y puros en el corazón (Mat 5, 8), se les revela y se les abre la puerta celestial de la vida angelical y condición. Y a través de esto, como de un sol, emana sobre ellos el carisma del examen de las psiques-almas, el discernimiento, la perspicacia, la previsión o prognosis y los similares; y en general, con este que alumbra en ellos toda la manifestación y apocálipsis/revelación de los misterios ocultos, y con la ayuda del Espíritu rebosan de dinami (fuerza y energía) sobrenatural y divina. Y con esta dinami sobrenatural, su parte terrenal se aligera, o más bien, la pesada carne se adelgaza y se eleva y vuela hacia arriba. Con este dinami potencia y energía iluminadora que el Espíritu Santo otorga, algunos de los santos Padres, incluso dentro del cuerpo, pasaron con los pies secos, como si fueran inmateriales e incorpóreos, ríos intransitables y mares inmensos, recorrieron largos y varios días de camino en un instante, y realizaron otros grandes milagros en el cielo, en la tierra, en el sol, en el mar, en desiertos, en ciudades, en cada lugar y país, con bestias y reptiles, y en general en toda la creación y con todos los elementos de la naturaleza, y fueron glorificados con todo. Y cuando se paraban en oración, sus cuerpos sagrados y venerables se levantaban de la tierra como si tuvieran alas, ya que el fuego irresistible, divino e inmaterial de la χάρις jaris (gracia, energía increada) convertía la densidad y el peso del cuerpo en ceniza y los hacía elevarse muy ligeros, -un milagro magnífico-, ya que eran espiritualizados y se elevaban hacia lo más divino con la palma teúrgica o deificadora del poder y la χάρις jaris gracia increada que habitaba en sus interiores.

Y después de la muerte, algunos de ellos y sus venerables cuerpos permanecen incorruptos, para demostrar claramente la χάρις jaris gracia increada y el poder sobrenatural que reside en ellos y en todos aquellos que tienen fe segura. Después de la resurrección común y mundial con la misma dinami potencia y energía iluminadora del Espíritu, de alguna manera adquiriendo alas, serán arrebatados entre las nubes para encontrarse con el Señor en el aire, como dice el iniciador o instructor místico de los inefables misterios, el muy divino Pablo (1Tes 4, 17), y así siempre estarán con el Señor.

Además de esto, el heraldo del Espíritu, David, canta: “Señor, caminarán con la luz de tu rostro y con la convicción y esperanza en Tu nombre, se estarán regocijando y deleitando todo el día, – por supuesto eternamente se entiende-, y con Tu justicia serán glorificados. Porque tú eres la doxa-gloria increada de su poder, y debido a tu buena voluntad, se demostrará invencible nuestra fuerza” (Salmo 88, 16, 18), y: “Los fuertes de Dios se levantaron muy por encima de la tierra” (Salmo 46, 10).

Y el de la voz tronante Isaías proclama: “Aquellos que esperan con paciancia en el Señor, renovarán sus fuerzas, tomarán alas como las águilas” (Isaías 40, 31). Y el santo Macario dice: “Cada psique-alma que, con fe y cuidado de todas las virtudes, se hizo digna desde aquí con fuerza y certeza interior de ser revestida completamente de Cristo y unirse con la luz celestial de la imagen/icona inmortal e incorrupta, merece recibir siempre un conocimiento/gnosis tangible de los misterios celestiales. Y en el día de la resurrección, con la misma imagen celestial de la doxa-gloria, el cuerpo se glorificará con la  psique-alma y será arrebatado, como está escrito, por el Espíritu a los cielos para encontrarse con el Señor en el aire, y se le concederá ser semejante al cuerpo glorificado del Señor (Filip 3, 21). Y así, psique-alma y cuerpo reinarán eternamente con Cristo.»

Otra recapitulación

96. Principio y causa de estas virtudes, más allá de la razón de las palabras, es la ησυχία hisijía (serenidad mental y paz cordial) con total despreocupación que mencionamos, la atención y la oración. Estas virtudes tienen como base un pedestal sólido y una fortaleza inexpugnable para cumplir en lo posible todos los mandatos divinos.

De la despreocupación, la ησυχία hisijía, la atención y la oración nace el movimiento y el ardor del corazón, que quema los pazos y los demonios, y hace la catarsis purificando el corazón como en un crisol.

De este nace el anhelo y el έρως eros (amor ardiente) interminable hacia el Señor Jesús Cristo. De este fluyen dulcemente los manantiales de las lágrimas del corazón, con las cuales la psique-alma y el cuerpo son purificados y ungidos con la μετάνοια metania, la agapi (amor incondicional), la gratitud y la confesión, como con un perfume aromático. De esto proviene la paz, la tranquilidad y la serenidad de los pensamientos que no tienen límite y superan toda comprensión y νούς nus (Filip 4:7), y de esto el esplendor como iluminador del blanco de la nieve.

Y finalmente, la απάθεια apázia (impasibilidad, sin pazos), -hasta donde puede llegar el hombre-, y la resurrección de la psique-alma antes que el cuerpo, y la transformación y el retorno a la imagen y semejanza a través de la praxis, práctica, la θεωρία zeoría contemplación, la fe, la esperanza y la agapi-amor, y la elevación total hacia Dios y la unión directa con Él, y el éxtasis y la pausa y la posición, -por ahora como en un espejo y como una representación (1 Cor 13:12), y como un preludio, pero en el futuro la unión completamente perfecta y eterna y el gozo y disfrute del rostro de Dios cara a cara.

La ησυχία hisijía con obediencia es realmente la vida sin engaño, verdadera, entregada de la parádosis-tradición patrística y vida agradable a Dios. Esto fue adecuadamente llamado por los Santos «vida oculta en Cristo».

97. Este es el camino y la vida espiritual e intelectual divina y la santa labor de los verdaderos Cristianos, la verdadera, sin engaño, genuina e inmaculada, la vida claramente oculta en Cristo (Col 3:3).

Esta la trazó, inició y reveló el θεάνθρωπος zeánzropos dios y hombre el dulce Jesús, la caminaron los santos Apóstoles y luego siguieron los fieles a ellos, después de ellos los gloriosos líderes y maestros nuestros, quienes desde el principio de la presencia de Cristo en el mundo hasta hoy brillan como estrellas luminosas en el mundo con las radiaciones de sus logos y tratados vivificantes y sus milagros.

Ellos difundieron entre sí uno al otro y en nuestros tiempos esta buena semilla (Mat 13:24), la santa levadura (Mat 13:33), las primicias sagradas (Rom11:16), el depósito seguro (1 Tim 6:20), la χάρις jaris (gracia, energía increada), el poder desde lo alto (Luc 24:49), la perla preciosa (Mat 13:46), la divina herencia paterna, el tesoro escondido en el campo (Mat 13:44), el compromiso o arras del Espíritu (2 Cor1:22), el sello real, el agua viva y ferviente (Juan 4:14), el fuego divino, la sal venerable, el don o el carisma, la virtud, el sello, la luz y cosas similares a estas. Esto se heredará y se transmitirá secretamente, místicamente de generación en generación hasta la segunda παρουσία parusía presencia o venida de Cristo. Porque aquel que prometió no miente: «He aquí, yoSoy y estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo; amén» (Mat 28:20).

Aunque existen otros caminos de salvación, este es el único y real que conduce a la adopción.

98. Hay, por supuesto, otros buenos caminos y estilos de vida, y si lo deseas, también hay trabajos buenos que conducen a la salvación y dan descanso a la persona que los practica, llevándola de la mano y llegándola hasta la condición de siervo o asalariado, tal y como dijo el Salvador: «En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones y lugares de permanencia» (Juan 14, 2).

Pero este camino del que hablamos es real y especial, y más alto y superior que todos los trabajos, tanto cuanto la psique-alma es superior al cuerpo, porque renueva al hombre que lo recorre correctamente y, de tierra y ceniza con la dinami potencia y energía increada del Espíritu, lo hace hijo de Dios y dios de una manera paradójica, tal como dice san Basilio el Grande: «Cuando el Espíritu Santo viene a la psique-alma del hombre, le da vida, le da inmortalidad, y aunque esté caído abajo, lo levanta (lo despierta espiritualmente); y lo que se movió con un movimiento eterno del Espíritu Santo, se convirtió en un ser santo. Y porque el Espíritu habitó en el interior de él, el hombre adquiere el valor de profeta, apóstol, ángel, dios, mientras que antes era polvo y ceniza (Génesis 18, 27)».

Este estilo de vida tiene muchos nombres porque su trabajo es muy alto.

99. Por eso, los santos Padres honran este camino con muchos y variados nombres gloriosos. Lo llamaron el camino del conocimiento/gnosis, praxis loable y admirable, zeoría contemplación acertada, oración que supera cualquier longitud, nipsis sobriedad vigilante del nus con su mente, trabajo mental y espiritual, obra del siglo futuro, vida angélica, vida celestial, tierra de los vivos, supervisión mística o secreta, pandemia espiritual, paraíso teúrgico, cielo, reino celestial, realeza increada de Dios, gnofos resplandor deslumbrante trascendental, vida oculta en Cristo, teofanía y visión, que es lo más sobrenatural, y similares.

Siguiendo a estos santos Padres, nosotros, que conversamos con el barro y la construcción de ladrillos (Éxodo 1, 14), es decir, con los pensamientos, logos y obras y malvados e impuros, nos hemos apresurado, querido, a cumplir con gusto tu solicitud.

Y, de hecho, como pediste, no dudamos en hablar más allá de nuestras capacidades gracias a tu amor hacia nosotros y el mandato de los Padres, como dijimos en el prólogo del tratado. En esta vida igual que la de los ángeles, preside la nueva y misteriosa economía y humanización del Logos (increado) e Hijo de Dios, con la buena voluntad y complacencia del Padre sin principio y con la sinergia, colaboración del Espíritu Santo.

Epílogo ético. Con la ayuda y la jaris gracia increada de Dios, también debemos, tanto como podamos, cuidar y esforzarnos por merecer estas donaciones sobrenaturales y máximas desde ahora, como un compromiso o arras, y no perderlas, Dios no lo quiera, por una pequeña negligencia.

100. Por lo tanto, ya que tenemos delante de nosotros, queridos, tales y tan grandes bienes, no solo como esperanzas y promesas futuras, sino verdaderos y reales desde ahora, os rogamos que apresurémonos mientras tengamos tiempo. Corramos, luchemos para merecerlos nosotros también con un pequeño y breve esfuerzo, y más con la donación y la χάρις jaris gracia energía increada de Dios.

Escuchemos al predicador divino Pablo, que dice: » Pienso y estimo que los padecimientos de la vida presente no se pueden comparar con la doxa-gloria luz increada que ha de apocaliptarse-revelarse y darse en nosotros.» (Rom 8, 18). O más bien, si luchamos, según él, recibiremos ahora desde como primicias y compromiso (Rom 8, 23). Porque si aquellos que son llamados desde una posición más baja a una relación, familiaridad y amistad real hacen todo tanto con obras, como con logos e invenciones, y a veces desprecian incluso su vida por esta doxa-gloria y honor, de la fluctuosa y temporal que a veces no termina siendo útil, sino una completa destrucción y desastre; ¿cuánto más, como es razonable, debemos esforzarnos y luchar cuando somos llamados a la comunión y en matrimonio y unión con Dios, el Rey de todos los reyes y el Creador, el único incorruptible y eterno que da a los suyos doxa-gloria y honor brillante y permanente?

Y no es solo eso; sino que también tenemos el derecho de convertirnos en hijos Suyos. Porque dice: » Pero los que le aceptaron y creyeron, como Redentor, Sanador y Salvador, les dio potestad, valor y fortaleza para poder renacerse y estar convirtiéndose y haciéndose* continuamente en hijos de Dios, a los que creen en su nombre. (*El verbo γενέσθαι (yenesze) aquí define tiempo continuo hasta el último suspiro de nuestra vida, por la metania, dicen los santos Padres) (Juan 1, 12). Nos da el derecho, no nos arrastra tiránicamente ni nos fuerza sin nuestra voluntad; porque siempre la tiranía hace que el oprimido se rebele contra el tirano, para curar el mal con mal. Dios hace esto honrando nuestra antigua prerrogativa de autodeterminación y autogobierno, y para que el bien sea hecho completamente por su placer y gracia, pero el logro de atribuirlo a nuestra atención y cuidado. Y Él, aunque es Dios y Señor, hizo toda su obra, -porque a todos los hizo igualmente y a todos los modeló de manera similar, y por el bien de todos murió, para salvarlos a todos por igual. Pero para nosotros queda acercarnos, creer y reconciliarnos con Dios, adorar con temor, con buena voluntad y agapi-amor al filántropo Señor y Previsor nuestro Jesús Cristo que nos amó realmente, hasta el punto de querer y soportar una muerte sin escrúpulos voluntariamente por nosotros, para liberarnos de la tiranía del diablo, el enemigo supremo desde el principio de la humanidad, reconciliarnos con el Padre y Dios, y hacernos herederos de Dios y coherederos Suyos, lo cual es lo más paradójico y más bienaventurado y bendito.

Por lo tanto, no alienemos y alejemos, por el bien de una pequeña y breve relajación, negligencia y cualquier placer falso, nuestras propias vidas, de tantos y grandes bienes, premios y disfrutes. Pero practiquémoslo todo y trabajemos, y si es necesario, no lamentemos ni siquiera nuestras propias vidas, como Él lo hizo por nosotros, aunque siendo Dios. Así seremos dignos de las donaciones de ahora presentes y las futuras, así como de las coronas. Que todos nosotros alcancemos esto con la aprobación y la χάρις jaris gracia increada del sumamente bueno y misericordioso, nuestro Señor y Dios y Salvador Jesús Cristo, quien se humilló tanto por nosotros y recompensa ahora a los humildes con Su divinizante χάρις jaris gracia, sobrenatural e increada. A Él le corresponde toda la doxa-gloria, el honor y la adoración, junto con el inmaculado y sin principio Padre y el Espíritu Santo coeterno, bondadoso y vivificante, ahora y siempre y en los siglos de los siglos. Amén.

Fuente: Filocalia de los santos Padres Nípticos tomo 5.

Traducido por xX Χρῆστος Χρυσούλας, jJ Jristos Jrisulas logosortodoxo.es/

 

Filocalía de los Santos Nípticos, tomo 5. Sobre la monóloga, sagrada y divinizante oración, San Simeón de Tesalónica

Φιλοκαλία των Ιερών Νηπτικών, Τόμος Ε΄

Άγιος Συμεών Θεσσαλονίκης

Για την ιερή και θεοποιό προσευχή

Filocalía de los Santos Nípticos, tomo 5.

Sobre la monóloga, sagrada y divinizante oración (de Jesús, o del corazón)

San Simeón de Tesalónica

Capítulo 296

Esta divina oración, la invocación de nuestro Salvador, «Κύριε Ιησού Χριστέ, ελέησόν με, Kirie Iisú Jristé eleisónme Señor Jesús Cristo, compadécete o ten misericordia, caridad de mí» es a la vez oración, súplica y confesión de fe; proporciona el Espíritu Santo, es donadora de dádivas divinas, catarsis del corazón, expulsión de los demonios, la residencia de Jesús Cristo en nosotros, fuente de conceptos espirituales y pensamientos divinos, liberación de los pecados, psicoterapia de psiques-almas y curación de cuerpos, donadora de iluminación divina, manantial de la misericordia de Dios, donante de apocalipsis/revelaciones divinas e iniciaciones a los humildes, y lo único salvífico, ya que lleva el nombre salvador de nuestro Dios, que es el único nombre que se nos ha dado, el nombre de Jesús Cristo, del hijo de Dios, y que no es posible ser salvado s por ningún otro nombre, como dice el Apóstol (Hechos 4:12).

Primero que todo, es una oración, ya que a través de ella pedimos la misericordia divina.

También es una súplica, ya que nos entregamos a Cristo con Su invocación.

Es una confesión o apología, ya que Pedro hizo esta confesión y recibió la bendición del Señor.

Y concede el Espíritu, ya que nadie puede decir «Señor Jesús» sino por el Espíritu Santo (1Cor 12:3).

Es también donadora de divinas dádivas, ya que por esta confesión, Cristo prometió a Pedro darle las llaves del reinado de la realeza increada de los cielos.

Y catarsis del corazón, ya que ve a Dios y lo llama, y hace la catarsis limpiando, psicoterapiando y purificando al que Le ve.

Y es expulsión de los demonios, ya que todos los demonios fueron y son expulsados por el nombre de Jesús Cristo.

Y el residir o el habitar de Cristo en nosotros, ya que al recordarlo, Cristo está en nosotros y con este recuerdo, Él habita en nosotros, llenándonos de alegría y gozo, como dice el Salmista: «Recordé a Dios y sentí gozo y alegría».

Y es fuente de conceptos espirituales y pensamientos divinos, ya que el Cristo es el tesoro de toda sabiduría y conocimiento/gnosis y los concede a quienes habita.

Y es liberación y redención de los pecados, ya que por esta confesión, el Señor dijo a Pedro: «Lo que desates en la tierra será desatado en el cielo».

Y es la psicoterapia de las psiques-almas y sanación de los cuerpos, ya que Pedro dijo: «En el nombre de Jesús Cristo, levántate y camina», y: «Eneas, Jesús Cristo te sana».

Y donadora de iluminación divina, ya que Cristo es la verdadera luz divina (increada) y transmite el esplendor y Su χάρις jaris (gracia, energía increada) a aquellos que lo invocan;  como dice también el Salmista: “Que sea el esplendor del Señor y nuestro Dios sobre nosotros”, y el Señor: “El que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Juan 8,12).

Es un manantial de la misericordia de Dios, ya que pedimos misericordia y el Señor es misericordioso y se compadece de todos los que lo invocan y otorga rápidamente lo justo a aquellos que claman hacia Él.

Es donante de revelaciones-apocalipsis divinas e iniciaciones a los humildes, ya que la misma fue dada a conocer mediante la apocálipsis/revelación del Padre celestial a Pedro, que era un humilde pescador, y Pablo fue elevado en el nombre de Cristo y escuchó apocalipsis/revelaciones, y siempre opera y energiza de esta manera.

Y es la única salvación, ya que no podemos ser salvados por ningún otro nombre, como dice el Apóstol, y Él es el Salvador del mundo, el Cristo; por lo tanto, en el último día, todos confesarán y alabarán, queriéndolo o no, que Jesús Cristo es el Señor, para la doxa-gloria del Dios Padre.

Este es el signo de nuestra fe, ya que somos llamados cristianos, y también es el testimonio de que somos de Dios. Porque el Apóstol dice: “En esto discerniréis si el espíritu es de Dios: “El que confiesa Señor a Jesús Cristo, es decir, el Θεάνθρωπος Zeánzropos-Dios y Hombre, el Mesías hecho hombre, este es de Dios” (Jn 4,2), como mencionamos anteriormente, y aquel que no lo confiesa, no es de Dios; es del anticristo el que no confiesa a Jesús Cristo.

Por lo tanto, todos los fieles debemos confesar constantemente este nombre, tanto para la declaración de fe, como por αγάπη agapi (amor incondicional) de nuestro Señor Jesús Cristo, de quien nada debe separarnos jamás; además, porque Su nombre otorga χάρις jaris gracia (energía increada), perdón, redención, psicoterapia, curación, santificación e iluminación, y sobre todo, la salvación. Porque con este nombre divino, los Apóstoles realizaron y enseñaron grandes y maravillosas obras. Y el divino Evangelista dice: «Estas cosas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios» (Jn 29,31), aquí está la fe, «y creyendo, tengáis vida en Su nombre» (Jn 29,31), aquí está la salvación y la vida.

Capítulo 297

Así que, que todo creyente proclame constantemente con el corazón o νούς nus con la mente (fijado en el corazón) y los labios esta invocación (del nombre de Jesús Cristo), ya sea cuando está de pie, caminando, sentado o acostado, y en cualquier actividad que realice, que se apresure siempre a ello. Encontrará así una gran serenidad y alegría, como conocen por su experiencia aquellos que se ocupan y se esfuerza por ello. Sin embargo, dado que esta obra es superior incluso a aquellos que viven en el mundo, e incluso a los monjes que tienen preocupaciones y servicios, todos deberían dedicar al menos algún tiempo a esta obra. Y todos deberían tener como regla practicar esta oración tanto como puedan, tanto los sacerdotes como los monjes y los laicos (cristianos del mundo). Los monjes, como consagrados a esto y porque tienen la obligación necesaria; y si están ocupados con los servicios y deberes, aún así deberían apresurarse, ya que deben practicar esta oración y orar al Señor ininterrumpidamente, incluso si se encuentran en confusión y en la prisión del pensamiento y del nus con la mente o a la cosa misma, no deben descuidarlo, engañados por el enemigo, sino que deben regresar a la oración y alegrarse de su regreso. Los sacerdotes deben cuidarlo como una obra apostólica y una predicación divina, ya que esta oración o súplica realiza operaciones divinas y activa, energiza la jaris gracia (energía divina) y representa la agapi (amor incondicional) de Cristo. Los laicos deben practicarla según su capacidad como un sello de sí mismos y como un signo de fe, una protección y santificación, resistencia y expulsión a cualquier tentación. Todos, por lo tanto, sacerdotes, laicos y monjes, tan pronto como nos levantemos de la cama, debemos primero poner a Cristo en nuestro corazón o nus con la mente (fijado al corazón) y recordar a Cristo primero. Y esto debe ser ofrecido a Cristo como un principio de cada pensamiento y como un sacrificio y ofrenda. Porque antes que cualquier otro pensamiento, debemos recordar a Cristo, quien nos salvó y nos amó tanto, ya que somos cristianos ortodoxos y nos llamamos así, y nos hemos revestido de Él en el santo bautismo, sellados con Su mirra en el Misterio de la Crismación, hemos participado y participamos en Su santa carne y Su sangre, y somos Sus miembros y templo, y a Él nos hemos vestido y Él habita en nosotros. Y por eso debemos amarLo y recordarLo siempre. Por lo tanto, cada uno debe dedicar un tiempo determinado y una medida de esta oración o súplica según su capacidad. Vamos a detenernos aquí en este tema. Dado que hay muchos recursos disponibles para aquellos que desean aprender más sobre esto. 23/10/2023

Fuente: Filocalía de los Santos Nipticos, Antonios Galitis, editorial «El Jardín de la Virgen María», 1986, Volumen V, páginas 281-283

Traducido por xX Χρῆστος Χρυσούλας, jJ Jristos Jrisulas logosortodoxo.es/