Filocalía t 5 Calisto Tilikudis Sobre el estudio y la práctica Hisijasta y Selección de los santos Padres sobre la oración y la atención.

Φιλοκαλία των Ιερών Νηπτικών, Τόμος Ε΄

Κάλλιστος Τηλικούδης

Filocalía de los Padres Nípticos, tomo 5

Calisto Tilikudis

a) Sobre ele studio y la práctica Hisijasta

b) Selección de los santos Padres sobre la oración y la atención.

* Calisto Tilikudis se identifica con San Calisto Angelikudis.

 

a) Sobre el estudio y la práctica Hisijasta

No es posible para uno volver a la μετανοια metania, arrepentirse sin ησυχία hisijía (paz cordial y serenidad mental) y tranquilidad. Ni es posible acercarse ni siquiera mínimamente a la pureza sin retirarse del mundo. Ni es posible, relacionándose y viendo a la gente, ser digno del contacto y la θεωρία zeoría contemplación de Dios. Por eso, aquellos que han logrado, con su diligencia, arrepentirse de sus pecados y hacer la catarsis de sus πάθος pazos (pasiones, emociones, vicios, etc.) y alcanzar el contacto y la contemplación de Dios -que es el fin y propósito de quienes viven según la voluntad de Dios y el anticipo, por así decirlo, de la herencia eterna y de Dios- buscan la ησυχία hisijía y tranquilidad por todos los medios y consideran necesario retirarse del mundo y evitar a las personas con toda la disposición de su psique-alma. Y entonces, en la ησυχία hisijía y tranquilidad, su principio es el duelo o luto (espiritual según Dios), la autocrítica, la autocondena, con las cuales el duelo se vuelve más puro; vigilias, posturas de pie, continencia y esfuerzo físico, que tienen como resultado común el flujo de lágrimas de los ojos de aquellos que piensan humildemente, con κατάνυξη k atánixis (compunción, dilatación, contrición), por supuesto, del corazón. Así se ocupan de la catarsis y la logran con la virtud práctica. El fin de todo esto es la paz de los pensamientos, como hemos dicho que el de los anteriores es el flujo de lágrimas. Y entonces el νους nus con la mente comienza de manera natural a examinar cuidadosamente las naturalezas de los seres y a comprender el arte de Dios y a adquirir conceptos divinos. Y su tarea es la contemplación del poder, la fuerza y energía, la sabiduría, la doxa-gloria, la bondad y otros atributos de Dios, y penetra en los misterios de las Escrituras y disfruta de los bienes sobrenaturales y goza de las alegrías y gracias ultramundanas y se convierte en un recipiente de la agapi-amor de Dios. Así, es dominada por la agapi-amor divina y se regocija y alegra, porque ha alcanzado el fin de las virtudes, es decir, la agapi-amor del Creador de todo, sin sufrir en esto ninguna desviación, ni siquiera como sospecha. Claro, como ser humano sujeto a cambios, sufre deslizamientos e impulsos pecaminosos y movimientos impropios por muchas causas, pero debe corregirse nuevamente, alejando la desesperación y tomando alas de la esperanza en la filantropía divina, ocupándose con lágrimas y oración y los otros bienes mencionados, y deleitándose tanto como le sea posible en el paraíso divino de la agapi-amor, sin ver ya nada, ni forma, ni materia, ni figura y, en general, nada más, excepto las lágrimas y la paz de los pensamientos y la agapi-amor de Dios. Porque con estas realidades se evita el peligro del engaño y, como recompensa, llega la salvación de la psique-alma que tiene humildad, templanza, nipsis (sobriedad y vigilancia) y reza en el nombre de nuestro Señor Jesús Cristo.

Cuando te sientes en tu celda, que tu νους nus (espíritu la psique con la mente en atención tenga confianza hacia Dios con humildad. La humildad debe extraerse de su propia bajeza e insignificancia; la confianza, del inigualable amor y perdón de Dios hacia el ser humano. Así, la psique-alma honra a Dios, cuando, con plena conciencia de su pecaminosidad, tiene confianza y ánimo en la filantropía de Dios y se entrega a ella. Por eso, el sagrado Pablo ordena acercarnos con confianza y franqueza al trono de la χάρις jaris gracia increada (Hebreos 4:16). Porque la confianza hacia Dios es realmente el ojo de la oración o el ala o alguna conexión supra-lógica. No para tener confianza porque uno es bueno -¡lejos de ti tal pensamiento!, sino para tomar alas de las esperanzas divinas, con la idea de la inefable filantropía y agapi-amor e indulgencia de Dios. Por lo tanto, reza con confianza y humildad y deja que te animen buenas esperanzas hacia Dios, según lo que hemos dicho, con la χάρις jaris de nuestro Señor Jesús Cristo.

Siempre debes buscar diligentemente lo que calma el cuerpo y libera el νους nus (espíritu de la psique) con la mente de molestias. Esto es: alimentación moderada, poca bebida, sueño corto, postura de pie según tu capacidad, genuflexiones tantas como soportes, apariencia humilde, vestimenta pobre, pocas palabras, las necesarias, dormir en el suelo y otras cosas que de algún modo doman el cuerpo. Junto con esto, usa lo que despierta νους nus (espíritu de la psique) con la mente y le ayuda a aferrarse a Dios. Esto es: lectura de las Sagradas Escrituras y de los Santos que las explican, también esto con moderación, salmodia con sentido, estudio de los logos (principios espirituales) de las Escrituras y de las maravillas que vemos en la creación, y oración con la boca hasta que la χάρις jaris (gracia energía increada) del Espíritu Santo la haga brotar del corazón; entonces es una fiesta diferente y es tiempo de otro festival, que no se dice con la boca, sino que se lleva a cabo en el corazón con la fuerza del Espíritu. Haz estas cosas como te escribo. Dobla las rodillas tantas veces como puedas y luego siéntate y reza. Cuando te canses en la oración, ve a la lectura, como hemos dicho, y luego vuelve a la oración. Y si te cansas nuevamente en la oración, levántate y canta, salmodia un poco y así vuelve otra vez a la oración. Y si nuevamente sientes acedía, ocúpate moderadamente con el estudio que mencionamos, y después continúa nuevamente la oración. Haz también un poco de trabajo manual, como obstáculo a la acedía (desidia, pereza espiritual), como has oído, santo, de los Padres. Siempre en toda tu labor piadosa, gustada a Dios, de la mañana hasta la mañana, que preceda la oración. Todo lo demás que dijimos sirve contra la acedía en la oración. Porque cuando la misericordia visita la psique-alma y la χάρις jaris (gracia, energía increada) del Espíritu Santo hace que la oración brote del corazón como de una fuente, de ahora en adelante el νους nus (espíritu de la psique) se ocupa solo de la oración y la contemplación, apartándose de todo lo demás, y solo la oración y la contemplación es su deleite en el paraíso de la divina agapi (amor incondicional).

De todas las obras de virtud, la oración es la más superior; genera las lágrimas del arrepentimiento, ayuda mucho en la paz de los pensamientos, impulsa al hombre a pensar solo en Dios que es la paz absoluta, genera la agapi (amor incondicional) de Dios. Solo esta hace la catarsis y purifica la parte lógica del psique-alma al imaginar a Dios, a quien se debe la catarsis incluso de los Ángeles; preserva la parte anhelante (deseo) de la psique-alma limpia, pura ante Dios, porque al conectarse y conversar con Dios que es infinitamente y sobrenaturalmente bueno y bondadoso por naturaleza, une todo el deseo del hombre a Dios; también calma y serena la parte irascible o emocional de la psique-alma, ya que cae ante Dios y le ruega y suplica y humilla la psique-alma y su egoísmo de esta manera, porque, ciertamente, nadie que ruega y suplica a Dios tiene una actitud y disposición sin humildad o iracunda. Por eso, en una palabra, todas las fuerzas del psique-alma y todas las acciones, prácticas y espirituales, las purifica la oración pura y las eleva, y más aún cuando va acompañada de la contemplación de Dios y del consiguiente divino έρως eros (amor ardiente), en la vida y práctica de la ησυχία hisijía (serenidad mental y pazo cordial) y tranquilidad, como dijimos antes. En la parte del corazón de donde brotan las lágrimas, allí debe estar dirigido tu pensamiento y que vea tu mente allí, inclinándose dentro de ti con una inspiración tranquila, cuando oras, y debe permanecer allí tanto como sea posible. Porque esto es extremadamente beneficioso y causa continuas y abundantes lágrimas, elimina el cautiverio de la mente y del espíritu, trae la paz mental y cordial, provoca la oración y ayuda a encontrar la oración del corazón con la ayuda de Dios y la χάρις jaris (gracia, energía increada) del Espíritu vivificador, en el nombre de nuestro Señor Jesús Cristo.

Debes saber, tú que ves y eres espectador de los misterios y gozador, que así como tenemos la dualidad de Dios y hombre, así también hay dos duelos o lutos, ya sea en género o en forma, y, por lo tanto, dos tipos de lágrimas. Diferencian mucho entre sí, aunque ambos son buenos y dados por Dios y provocan la benevolencia divina y, en consecuencia, la herencia divina. Los primeros tienen su inicio en el temor divino y de luto o duelo; los segundos, en la divina agapi-amor y Dios. Los primeros no alegran tanto, los segundos alegran y deleitan en extremo. Los primeros son de los principiantes, los segundos de aquellos que alcanzan la perfección con la χάρις jaris (gracia, energía increada).

Las labores de la ησυχία hisijía (serenidad mental y pazo cordial) son cinco. La oración, es decir, la memoria incesante de Jesús que se introduce en el corazón a través de la inspiración sin ningún otro pensamiento, que se logra con la continencia o templanza general, en la comida y el sueño y las demás sensaciones dentro de la habitación o celda con humildad; la salmodia a intervalos; la lectura de los sagrados Evangelios y de los santos Padres y los capítulos sobre la oración, y principalmente del Nuevo Teólogo, de Hesiquio y de Nicéforo; el estudio del juicio de Dios o la memoria de la muerte y cosas similares; y un poco de trabajo manual. Y nuevamente el regreso a la oración, aunque esto tenga dificultad, hasta que el nus (espíritu de la psique) con la mente se acostumbre a detener su deambular con la memoria del Señor y con la inclinación incesante en el corazón que tiene dolor o sufrimiento. Esta es la labor de los monjes principiantes que desean vivir en ησυχία hisijía (serenidad mental y pazo cordial). Este tipo, por lo tanto, debe evitar salir con frecuencia de su celda y debe evitar conversar y ver a cualquiera, a menos que sea absolutamente necesario, y aun entonces con cuidado, precaución y raramente. Porque estas cosas causan dispersión no solo en los principiantes, sino también en aquellos que ya han progresado.

En la oración que se realiza con atención, es decir, sin ninguna otra distracción, con el «Señor Jesús Cristo, Hijo de Dios”, el nus con la mente, completamente inmaterial e inmutable, se eleva hacia el Señor mencionado, mientras que con el «“eleisón me compadécete de mí o ten misericordia de mí», se vuelve hacia sí mismo, no tolerando no orar también por sí mismo. Sin embargo, cuando con la experiencia progresa en la agapi-amor, entonces solo con el primero se eleva hacia el Señor, después de haber recibido información sobre el segundo. Por eso, los Padres no parecen haber entregado siempre la oración completa. Uno la menciona completa, como Juan Crisóstomo; otro, como Pablo, menciona «Señor Jesús» con la adición «con el Espíritu Santo» (1 Corintios 12:3), es decir, cuando el corazón recibe la energía del Espíritu Santo, con cuya fuerza también ora, lo que caracteriza a aquellos que han progresado pero aún no han alcanzado la perfección, cuyo rasgo característico es la iluminación. Juan Clímaco dice: «Con el nombre de Jesús azota a sus enemigos», y: «Que el recuerdo de Jesús se una con tu respiración», y aparte de «Jesús» no añade nada más. Sin embargo, también se permite a los principiantes orar espiritualmente a veces con todas las palabras de la oración y a veces con una parte, como dijimos; pero no deben hacer cambios continuos para que la mente no se disperse. Con la persistencia en el método de la oración pura que hemos mencionado, aunque a veces no se vuelve completamente pura debido a varias impresiones hostiles, pasionales y pensamientos, el que lucha adquiere el hábito de la oración sin fuerza y violencia al mantener el nus con la mente (en uno) dentro del corazón y no introducirse violentamente con la inspiración y luego escapar nuevamente fuera, sino permanecer allí por sí mismo y orar. Y esto se llama oración del corazón. Prevalece en ella un cierto calor o ardor en el corazón, que disipa los obstáculos que existían anteriormente y que impedían que la oración se realizara completamente pura, y así el nus con la mente ora, permaneciendo sin obstáculos dentro del corazón. Dentro de este calor, ardor y oración, nace en el corazón la agapi-amor por el Señor Jesús mencionado, que hace que broten abundantes lágrimas dulces de deseo del Jesús que se recuerda.

Para que uno pueda merecer estas cosas y las que siguen, que no es el momento de mencionar, debe tener cuidado, como hemos dicho, de nunca perder el temor a Dios, junto con el recuerdo de Jesús en el corazón y no solo superficialmente, para evitar fácilmente no solo las malas obras, sino también los pensamientos pasionales, hostiles y para progresar y recibir también información de aquí sobre la agapi-amor de Dios hacia él. Solo no debe buscar su manifestación, para no aceptar a aquel que es oscuridad y finge ser luz. Es decir, cuando la mente ve luz sin buscarla, no la debe aceptar ni rechazar, sino preguntar a quien pueda explicarle para conocer la verdad. Y si encuentra a alguien que lo enseñe, no solo según lo aprendido de las Escrituras, sino como él mismo ha experimentado la bienaventurada iluminación, sea Dios glorificado; pero si no, es mejor que no acepte la visión, sino que se refugie humildemente en Dios, llamándose a sí mismo indigno de esta contemplación o visión, como nos ha sido enseñado y lo practicaron los Padres. Porque aunque en otros escritos mencionan los signos de la iluminación errante y no errante, como escuchaste oralmente lo que dije, así también sobre esto escucharás cuando sea el momento. Pero ahora no es el momento. Ahora, junto con otras cosas y antes que otras, debes aprender esto: que así como aquel que quiere aprender a tirar con arco no lo tensa sin apuntar a algún lugar, así también aquel que quiere aprender sobre la ησυχία hisijía (serenidad mental y pazo cordial) debe tener como objetivo la apacibilidad constante del corazón. Nunca debe perturbarse ni ser perturbado por nada, excepto por la fe y piedad. Esto puede lograrse fácilmente si evita todas las cosas y generalmente permanece en silencio. Pero si alguna vez ocurre alguna perturbación, debe arrepentirse de inmediato y condenarse a sí mismo, y en adelante debe tener cuidado para, tranquilamente y con una conciencia clara, después de haber comenzado a invocar a Jesús, como dijimos, adquirir, mientras avanza, la divina χάρις jaris (gracia, energía increada) para descansar en su psique-alma. Y esto no es todo; sino que la jaris también descansará la psique-alma completamente de los demonios y pasiones que la molestaban antes, y la alegrará con un gozo inefable e inexpresable. Porque aunque estas cosas vuelvan a molestar, no pueden actuar, porque la psique-alma no se inclina hacia ellas ni anhela su placer, ya que todo el deseo de este hombre se ha elevado hacia el Señor que le dio su χάρις jaris. Así que él acepta los ataques por la concesión de Dios, no por abandono. ¿Por qué? Para que su espíritu y mente no se enorgullezca del bien que ha encontrado, sino que con la guerra que sufre adquiera una humildad cada vez mayor, con la que no solo vence a los orgullosos enemigos, sino que también se considera digno de recibir donaciones cada vez mayores. Ojalá que nosotros también seamos dignos de estas donaciones del Cristo, quien se humilló por nosotros (Filipenses 2:8) y da abundantemente su χάρις jaris a los humildes (Santiago 4:6) ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

 

b) Selección de los santos Padres sobre la oración y la atención.

Toda la preocupación del asceta (practicante espiritual) debe ser no caer desde las alturas a las que ha llegado su psique-alma por la rebelión de los placeres o hedonismo. Porque, ¿cómo podrá mirar libremente hacia la luz espiritual con la que está emparentada el psique-alma que la lujuria ha encadenado? Por eso es necesario que practique sobre todo la templanza o continencia, que es el guardián seguro de la cordura, sano juicio, y que no permita que el soberano νούς nus con la mente se ocupe de pensamientos impuros. Es, por lo tanto, necesario el cuidado del hombre interior, para que νούς nus con la mente no se disperse y permanezca, de algún modo, enfocado a la doxa-gloria de Dios, para evitar la condena del Señor, quien dijo: ¡Ay de vosotros, γραματείς gramatís (escribas, escriba, teólogos de academia sin práctica) y fariseos hipócritas que os parecéis a sepulcros blanqueados, los cuales a la verdad se muestran hermosos por fuera, mas por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia! Así también vosotros, por fuera, ciertamente aparecéis justos ante los hombres, mas por dentro estáis llenos de hipocresía, basura e iniquidad» (Mateo 23:27-28).

Por eso se necesita una gran lucha, acorde con las leyes de Dios, tanto en el corazón como en los logos,  las palabras y acciones, para no recibir en vano la χάρις jaris (gracia, energía increada) de Dios (2 Cor. 6:1), sino que, al igual que la cera toma una forma con el moldeado, así también nosotros, con la enseñanza de nuestro Señor Jesús Cristo, nos moldeemos y nos formemos según el hombre interior y cumplamos en la práctica lo que dijo Pablo: “Despojado del hombre viejo con sus praxis malignas y maliciosas y revestidos del hombre nuevo, que se renueva sin cesar, de modo de adquirir el conocimiento-gnosis profundo de Dios y os hagáis continuamente más perfecta imagen de Cristo, creado de Dios” (Col. 3:9-10). Llama «viejo hombre» a todos los pecados y corrupciones individuales. Y formar el hombre interior según la nueva vida, como dice (Rom. 6:4), hasta la muerte, para ser dignos de decir verdaderamente: «Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí» (Gál. 2:20).

Por lo tanto, se necesita gran diligencia y cuidado vigilante, no sea que trabajemos los mandamientos en contra de algo de lo que hemos dicho y no solo perdamos una recompensa tan grande, sino que también caigamos en amenazas tan terribles. Cuando el diablo emprende sus artimañas y, sobre todo con gran violencia, lanza como flechas encendidas (Ef. 6:16) sus pensamientos en la psique-alma que reposa y la quema de repente, haciendo que los recuerdos que una vez implantó se vuelvan duraderos y difíciles de borrar, entonces con nipsisvigilancia sobria y atención más intensas debemos frustrar estas artimañas, como un atleta repele con gran precisión y rapidez las ofensivas de los oponentes. Y debemos encomendar todo a la oración y a la invocación de la alianza celestial para la abolición de la guerra y la desviación de los dardos. Esto también nos lo enseñó Pablo, diciendo: «En todo, tomad el escudo de la fe, etc.» (Ef. 6:16). Por lo tanto, cuando la psique-alma relaja un poco la concentración y la intensidad de la mente y acepta recuerdos aleatorios de cosas fortuitas, entonces el pensamiento, sin entrenamiento y conocimiento, se ve arrastrado hacia esas cosas y, al ocuparse de ellas durante mucho tiempo, pasa de una larga deambulación (o largo vagar) a otra y a menudo termina en pensamientos obscenos y desubicados.

Pero esta falta de atención y dispersión de la psique-alma debe corregirse y restablecerse con una atención más cuidadosa y estricta de la mente, ocupándola continuamente en el estudio y la contemplación de lo bueno. Porque el filósofo atento, teniendo el cuerpo como un monasterio y un refugio seguro de la psique-alma, ya sea que se encuentre en el mercado, en una fiesta, en una montaña, en un campo o en medio de una gran multitud de personas, está instalado en su monasterio natural, reuniendo en sí mismo el nus (espíritu de la psique) con la mente, contemplando y filosofando sobre lo que le conviene. El perezoso puede estar sentado en casa y sus pensamientos deambular y vagar afuera; en cambio, otro puede, estando en el mercado y sobrio como en el desierto, estar siempre enfocado solo en sí mismo y en Dios, sin recibir con sus sentidos los ruidos que provienen de lo sensible y atacan la psique-alma.

Aquel que se acerca a comulgar el Cuerpo y la Sangre de Cristo en memoria de Él (Lucas 22, 19), quien murió y resucitó por nosotros, no debe solo permanecer limpio de toda impureza carnal y espiritual (2 Cor. 7, 1), para no comer y beber su propia condenación (1 Cor. 11, 29); también debe mostrar en sus actos que tiene la mentalidad y conducta de Aquel que murió y resucitó por nosotros, no solo permaneciendo limpio de todo pecado, sino también muriendo al pecado, al mundo y a sí mismo, y viviendo para Dios (Rom. 6, 11).

De los pensamientos malignos, algunos no tocan en absoluto la psique-alma si nos protegemos y nos rodeamos con gran seguridad, mientras que otros nacen y crecen dentro de nosotros cuando mostramos negligencia; sin embargo, si los detenemos a tiempo, se ahogan rápidamente y se entierran. Otros, sin embargo, nacen, crecen y terminan en malas acciones, corrompiendo toda la salud de nuestra psique-alma cuando nos toma y nos domina una gran negligencia. Lo bienaventurado es no aceptar ningún pensamiento maligno en absoluto. Lo segundo es, cuando los pensamientos ingresan, rechazarlos rápidamente y no permitirles que se queden más tiempo, para no contaminarnos con su mala astucia y maldad. Si somos negligentes incluso en este estadio, aún hay, por la benevolencia de Dios, cura para esta negligencia y se han preparado muchos remedios para tales heridas por esa inexpresable Bondad.

Por lo tanto, te ruego, mientras estés en tu cuerpo, no dejes libre tu corazón. Porque así como el agricultor no puede estar absolutamente seguro de la cosecha de su campo, ya que no sabe lo que puede suceder hasta que lo guarda en su granero, así tampoco el hombre puede dejar libre su corazón mientras respire. Y así como el hombre no sabe qué desgracia encontrará hasta su último aliento, el monje tampoco puede dejar libre su corazón mientras respire, sino que siempre debe clamar a Dios pidiendo Su realeza increada y Su misericordia. El maligno, sabiendo bien que quien ora sin distracción puede lograr mucho, se apresura por cualquier medio, razonable o irrazonable, a distraer la mente.

Nosotros, sabiendo esto, debemos oponernos a nuestro enemigo. Y cuando nos pongamos de pie para orar y nos arrodillemos, no permitamos que ningún pensamiento entre en nuestro corazón, ni blanco ni negro, ni de la derecha ni de la izquierda, ni escrito ni no escrito, excepto la súplica a Dios y el destello y resplandor que viene del cielo a la psique-alma, la parte hegemónica, soberana de la psique-alma. Se necesita una gran lucha y mucho tiempo en oración para encontrar la condición del corazón y la mente completamente libre de molestias, que es otro cielo dentro de nuestro corazón, donde habita Cristo, como dice el Apóstol: «¿No sabéis que Cristo está y habita en vosotros?» (2 Cor. 13, 5). El que quiera ver el estado de su nus, corazón y mente, que se guarde de todos los conceptos y pensamientos, y entonces verá su νούς nus(espíritu de la psique) similar al color celestial del zafiro. El νούς nus no verá dentro de sí el lugar de Dios, a menos que se eleve por encima de todos los pensamientos y conceptos de las cosas. Y no se elevará por encima de ellos, a menos que deseche las pasiones que lo atan a las cosas sensibles a través de los conceptos y los pensamientos. Las pasiones, ciertamente, las desechará con las virtudes; los pensamientos y los conceptos sutiles con la contemplación espiritual; y la contemplación, finalmente, cuando la luz increada le sea revelada.

Traducido por: χΧ jJ  logosortodoxo.es/ 12/06/2024

 

 

Filocalía, tomo 5 Extracto de la vida de San Máximo el Kafsokalivita sobre la oración del corazón o de Jesús

 Φιλοκαλία των Ιερών Νηπτικών, Τόμος Ε΄

Όσιος Μάξιμος ο Καψοκαλύβης

Απόσπασμα από το βίο του Οσίου Μαξίμου του Καψοκαλύβη

Filocalía de los Santos Nípticos, tomo 5

San Máximo el Kafsokalivita

 

Extracto de la vida de San Máximo el Kafsokalivita sobre la oración del corazón o de Jesús

 

Al encontrarse el divino Gregorio el Sinaíta con San Máximo y conversando con él, entre otras cosas, le dice lo siguiente: «Te ruego, honorabilísimo padre, que me digas, ¿mantienes la oración noerá del nus o del corazón o de Jesús?»

Y él sonrió un poco y le dijo: «No te ocultaré, venerable padre, el milagro de la Θεοτόκος Zeotokos (la que dio a luz a Dios) que me ocurrió. Desde mi juventud, tuve una gran fe en mi Señora Zeotokos y le rogaba con lágrimas que me concediera la χάρις jaris gracia o el don de la oración noerá o del corazón. Un día, fui a su templo, como tenía por costumbre, y le rogaba nuevamente con inmensa fervor de corazón. Y mientras besaba con devoción su santa icona, de inmediato sentí en mi pecho y en mi corazón un calor y una llama que provenían de la santa icona y no me quemaban, sino que me refrescaban y me endulzaban, y traían a mi psique-alma una gran devoción y κατάνυξις katánixis (compunción, dilatación del corazón). Desde entonces, padre, mi corazón comenzó a recitar la oración interiormente y el νούς nus (espíritu de la psique) con mi mente (uno, unido con el nus, la atención al corazón) a endulzarse con el recuerdo de mi Jesús y de mi Zeotokos, y a tener siempre su recuerdo. Y desde aquel tiempo, la oración nunca ha faltado en mi corazón; perdóname.»

Y el divino Gregorio le dice: «Dime, santo, ¿alguna vez cuando decías en contacto consciente con la oración de «Señor Jesús Cristo, eleisón me», experimentaste un cambio divino o éxtasis, o algún otro fruto del Espíritu Santo?»

Y el divino Máximo le dijo: «Oh πατερ padre, por eso iba a un lugar desierto y deseaba siempre la ησυχία (paz cordial y serenidad mental) y tranquilidad, para disfrutar más del fruto de la oración, que es un amor excesivo a Dios y una arrebato del νούς nus (espíritu de la psique) hacia el Señor».

Y el santo Gregorio le dice: «Te ruego, padre, que me digas, ¿tienes estas realidades y cosas que dijiste?»

Y el divino Máximo sonrió de nuevo y le dijo: «Dame de comer algo y no examines mi engaño.»

Entonces, el divino Gregorio le dice: «Ojalá tuviera yo tu engaño, santo; pero te ruego que me digas, en ese momento en que νούς nus (espíritu de la psique) es arrebatado hacia Dios, ¿qué ve con los ojos noéticos espirituales? ¿Puede entonces νούς nus con la mente elevar junto con el corazón la oración?»

Y el santo Máximo le respondió: «No, no puede; porque cuando la χάρις jaris (gracia, energía increada) del Espíritu Santo viene al hombre a través de la oración, entonces la oración cesa, porque el νούς nus (espíritu de la psique) es completamente dominado por la χάρις jaris del Espíritu Santo y ya no puede ejercer sus propias facultades y fuerzas, sino que queda inactivo y se somete solo al Espíritu Santo, que lo lleva donde quiere, ya sea a un aire inmaterial de luz divina increada o a otra visión inexpresable o, a menudo, a una conversación divina. Y, en general, como el Παράκλητος Paráclitos (Consolador, Suplicante), el Espíritu Santo, quiere, así consuela a sus siervos; como conviene a cada uno, así le concede su χάρις jaris (gracia, energía increada). Y lo que digo puede verse claramente en los Profetas y Apóstoles, quienes fueron dignos de ver tantas visiones y los hombres se burlaban de ellos y los tenían por engañados y ebrios. Y el profeta Isaías vio al Señor sobre un trono alto y glorioso y alrededor de Él a los Serafines, y el protomártir Esteban vio los cielos abiertos y a Jesús a la derecha del Padre, etc. De la misma manera, ahora los siervos de Cristo son dignos de ver diversas visiones y contemplaciones, que algunos no creen, ni aceptan de ninguna manera como verdaderas, sino que las tienen por engaño y a aquellos que las ven los consideran engañados y locos. Y en esto me maravillo mucho y me sorprendo, cómo aquellos hombres se han endurecido y, como ciegos en la psique-alma, no creen en lo que el Dios veraz prometió dar a los creyentes a través de la boca del profeta Joel, diciendo que “derramaré (es decir, la jaris energía divina) de mi Espíritu sobre toda carne, y sobre mis siervos y mis siervas”. Esta χάρις jaris nuestro Señor la ha dado y la da ahora y la dará hasta el fin, según Su promesa, a todos Sus fieles siervos. Cuando, por lo tanto, esta χάρις jaris del Espíritu Santo viene a alguien, no le muestra las cosas habituales, ni las cosas sensibles de este mundo, sino aquellas que nunca ha visto ni imaginado; y entonces el νούς nus (espíritu de la psique) de esa persona es instruida por el Espíritu Santo en misterios altos y apócrifos u ocultos, que, según el divino Pablo, no puede ver ojo humano, ni puede el corazón y νούς nus con la mente del ser humano concebir por sí mismo nunca. Y para que comprendas cómo nuestro νούς nus (espíritu de la psique) los ve, considera esto que te diré. La cera cuando está lejos del fuego, es sólida y se puede tocar, pero cuando la pones en el fuego, se derrite y allí en la llama se quema y enciende y se convierte en luz, y así se consume toda en el fuego, y no es posible que no se derrita en el fuego y no se convierta como agua. Así también el νούς nus (espíritu de la psique) del hombre, cuando está solo sin unirse a Dios, entiende lo que corresponde a su fuerza y poder, pero cuando se acerca al fuego de la Deidad y al Espíritu Santo, entonces es totalmente dominado por aquella luz divina y se convierte todo en luz, y allí en la llama del Espíritu Santo enciende y se derrite en los divinos pensamientos, conceptos y significados; y no es posible allí en el fuego de la Deidad o Divinidad entender sus propias realidades y cosas y las que quiere.»

Entonces, el divino Gregorio le dice: «¿Hay otras cosas, mi querido Kavsokalivita, que se parezcan a estas que dices pero que sean del engaño?»

Y el gran Máximo le respondió: «Los signos del engaño son diferentes a los de la χάρις jaris (gracia, energía increada). El espíritu maligno del engaño, cuando se acerca al hombre, le confunde la mente y el nus y lo enloquece, endurece su corazón y lo oscurece, provoca cobardía, miedo y orgullo, le hace los ojos feroces, perturba la mente, provoca escalofríos en todo el cuerpo, le muestra en su fantasía una luz imaginaria no brillante y clara, sino roja, le vuelve la mente frenética y demoníaca, le impulsa a decir palabras inapropiadas y blasfemas con su boca; y quien ve ese espíritu de engaño, a menudo se enoja y está lleno de ira y no conoce la humildad, ni el verdadero luto o duelo (según Dios) y las lágrimas, sino que siempre se jacta de sus bienes, se vanagloria y se envanece y está sin sístole (contracción o recogimiento) y temor de Dios, siempre está en los πάθος pazos (pasiones, emociones, adicciones, vicios etc.). Y finalmente sale totalmente de su lógica y llega a una pérdida total. De este engaño, que el Señor nos libre con tus oraciones. Pero los signos de la χάρις jaris (gracia energía increada) son estos: cuando la jaris del Espíritu Santo viene al hombre, recoge su νούς nus (espíritu de la psique) con la mente y lo hace ser atento y humilde; le trae el recuerdo de la muerte y de sus pecados y del juicio venidero y del castigo eterno, y hace su psique-alma fácil de compungir, llorar y lamentarse; hace también sus ojos apacibles y llenos de lágrimas; y cuanto más se acerca al hombre, tanto más le apacigua la psique-alma y la consuela a través de las santas pasiones de nuestro Señor Jesús Cristo y Su infinita filantropía (amor, amistad al hombre). Y provoca en el νούς nus (espíritu de la psique) visiones, contemplaciones, expectaciones  altas y verdaderas; sobre la incomprensible δύναμη dinami (potencia, poder y energía) de Dios, cómo con una palabra trajo todo del no ser al ser; sobre su infinita δύναμη dinami que sostiene y gobierna todo y tiene la providencia de todo; sobre lo incomprensible de la Santa Trinidad y el inexplorado océano de la sustancia divina, etc. Y cuando el νούς nus del hombre es arrebatado por aquella luz divina y se ilumina con la iluminación de la gnosis divina (conocimiento divino), su corazón se vuelve sereno, apacible y muy manso y brota los frutos del Espíritu Santo: el gozo, la paz, la paciencia, la magnanimidad, la bondad, la benevolencia, la agapi-amor, la humildad, etc., y su psique-alma disfruta de un regocijo y deleite indescriptible.»

Al escuchar esto, el santo Gregorio el Sinaíta quedó extático y maravillado por lo que le decía el divino Máximo, y ya no lo llamaba hombre sino ángel terrenal.

Traducido por: χΧ jJ  logosortodoxo.es/ 08/06/2024

 

Filocalía, tomo I San Juan el Carpathios100 Capítulos consoladores para los Monjes de la India y logos complementario

Φιλοκαλία των Ιερών Νηπτικών, Τόμος Α΄ 

Άγιος Ιωάννης ο Καρπάθιος

100 παρηγορητικά κεφάλαια προς τους μοναχούς της Ινδίας

Λόγος ασκητικός και παρηγορητικός συμπληρωματικός των εκατό κεφαλαίων

Filocalía de los Padres Nipticos, tomo I 

San Juan el Carpathios 

 

a) 100 Capítulos consoladores para los Monjes de la India

b) Logos ascético y consolador complementario de los cien capítulos

(Amigos en CristoDios y Hombre, ya tenemos terminados los tomo, 1,2, y 4 y parte del 3 y 5 pronto terminamos tendremos completa la Filocalía de los Santos Nípticos)

Introducción:

Los mendigos que ofrecen flores primaverales a los reyes terrenales no solo no son rechazados, sino que muchas veces reciben algún regalo. Así, por vuestra orden, he reunido aquí y allá un centenar de buenos logos y os los ofrezco a vosotros, cuya ciudadanía y política de gobierno está en los cielos (Filipenses 3:20). Y deseo que sean bien recibidas y que me recompenséis como regalo las oraciones vuestras.

  1. Tan eterno como es el Rey de todo, con un reinado y realeza que no tiene ni principio ni fin, así también el celo o entusiasmo de aquellos que luchan voluntariamente por Él y por las virtudes se vuelve más beneficioso. Porque los honores de esta vida, por brillantes que sean, se desvanecen junto con ella. Pero los honores que Dios otorga a los dignos, dado que son otorgados con incorruptibilidad, permanecen eternamente.
  2. El bienaventurado David, componiendo el himno a Dios con la participación de toda la creación, mencionó a los ángeles y todas las fuerzas invisibles, y llegó hasta la tierra, mencionando también a las bestias, los animales, las aves y los reptiles (Salmo 148), porque creía que todas las creaciones adoran al Creador y deseaba que todas contribuyeran a la alabanza de Dios. ¿Cómo, entonces, el monje, que se compara con el oro de la tierra de Sufir, soportará alguna vez ser como drogado, perezoso o descuidar la himnología, alabanza?
  3. Así como la zarza estaba envuelta en llamas pero no se quemaba (Éxodo 3:2), así también aquellos que han recibido el carisma o don de la απάθεια apázia (impasibilidad, desapego, sin pazos), aunque tengan un cuerpo pesado y cálido, no son molestados ni perjudicados por el calor del cuerpo en absoluto. Porque la voz del Señor detuvo la llama de la naturaleza (Salmo 28:7). Esto es porque la voluntad y el logos de Dios separó aquellas cosas que naturalmente están unidas.
  4. La luna, que crece y mengua, es un símbolo del hombre, que a veces actúa bien y otras veces peca, y luego, con la μετάνοια metania (introspección, arrepentimiento y confesión), vuelve a la vida virtuosa. Así, el νους nus (espíritu de la psique) de quien ha pecado no se pierde, como algunos creen, de la misma manera que el cuerpo de la luna no disminuye, sino solo su luz. Del mismo modo, el hombre recupera de nuevo su esplendor con la μετάνοια metania, como la luna después de menguar se reviste de luz nuevamente. Porque la Escritura dice: «El que cree en Cristo, aunque muera, vivirá» (Juan 11:26) «y sabrá que Yo, el Señor, he hablado y lo haré» (Ezequiel 17:24).
  5. Si ocurre que te enfrentas a una rebelión de pensamientos impuros y cedes y eres derrotado, debes saber que te has separado temporalmente de la divina χάρις jaris (gracia, energía increada). Por eso has sido entregado a tu caída por un juicio justo. Esfuérzate, pues, y lucha para no quedarte nunca, por tu negligencia, lejos de la divina χάρις jaris ni un solo momento. Si logras superar tu desliz y saltar por encima del muro de los conceptos, las fantasías y los pensamientos apasionados y las repetidas y sucias embestidas de la astuta maldad de los enemigos, no seas ingrato con Dios, que te ha dado esta donación. Porque dice el Apóstol: «No yo, sino la χάρις jaris de Dios que está conmigo» (1 Cor 15:10), es la que me concedió este trofeo de la victoria y me elevó por encima de los pensamientos y recuerdos impuros y me libró del injusto, es decir, del diablo, y del hombre viejo. Por eso, estando ligero con las alas del Espíritu y liberado del cuerpo, pude volar por encima de los demonios que me perseguían, quienes, como atrapan a los pájaros con las varillas con liga, atrapan el νούς nus (espíritu de la psique) con la mente del hombre por el placer hedonista, que lo presentan con violencia, coerción e imposición. Aquel que me sacó de Egipto, es decir, del mundo, que es lugar de perdición de las psiques-almas, golpeó en secreto con Su mano, luchando y combatiendo por mí contra Amalec (Éxodo 17:8-16), y me dio la esperanza de que el Señor exterminará ante nosotros a las demás naciones de los πάθος pazos pasiones impuras (Deut 4:38). Este Dios nuestro nos dará sabiduría y fuerza (Daniel 2:23). Porque algunos recibieron sabiduría, pero no la fuerza del Espíritu para vencer a los enemigos. Él te elevará por encima de tus enemigos y te dará alas de paloma para volar y descansar en Dios (Salmo 54:7). El Señor hará tus brazos como un arco de bronce y te hará fuerte, dispuesto y vigoroso contra tu adversario, y pondrás bajo tus pies a todos aquellos que se rebelan contra ti (Salmo 17:40). Devuelve, pues, al Señor la χάρις jaris gracia de la pureza, porque no te abandonó a los deseos y voluntades de tu carne y de tu sangre y a los espíritus destructivos e impuros que los estimulan y provocan, sino que te guardó seguro con Su mano derecha. Edifícale un altar, como Moisés después de derrotar a Amalec (Éxodo 17:15). Por eso te alabaré y glorificaré, Señor, y cantaré tu nombre, glorificando Tus magníficas obras, porque salvaste mi vida de la destrucción y me arrancaste de las trampas y redes de la variada y astuta maldad que rodea al hombre en cada circunstancia.
  6. Los demonios malvados reavivan en nosotros los πάθος pazos impuros (pasiones, emociones, vicios, etc.) los renuevan, los elevan y los multiplican. El estudio cuidadoso del logos divino, especialmente cuando se realiza con lágrimas derramadas, mata y elimina los πάθος pazos, incluso si han perdurado por mucho tiempo. Y poco a poco, lleva a la inexistencia las acciones, praxis pecaminosas y destructivas de la psique-alma y del cuerpo. Nosotros solo debemos no descuidar la oración y esperanza persistente y sin vergüenza sentados cerca del Señor.
  7. ¿Por qué Cristo perfecciona el himno de la boca de los fieles que son como niños en cuanto a la maldad? Seguramente para aplastar con el canto al enemigo que nos tiraniza gravemente y vengativamente (Salmo 8:3), el enemigo de las virtudes y gran defensor de la maldad, el diablo. Así que nosotros, cuando alabamos al Señor con simplicidad, sencillez de corazón, aplastamos y destruimos las maquinaciones del enemigo. Porque «con la abundancia de tu doxa-gloria, Señor, destruiste a los enemigos que nos combatían» (Éx 15:7).
  8. Aquel que está deformado por el pecado, es como un aborto, este ahora consume solo la mitad de las carnales (Números 12:12). La otra mitad la recibirá con los castigos futuros, en el siglo venidero. Porque cada uno recibirá los frutos del camino que recorrió en su vida.
  9. El monje debe preferir el muy hermoso ayuno y no ser engañado por los πάθος pazos, y siempre cultivar una gran ησυχία hisijía (serenidad mental y paz cordial), y tranquilidad.
  10. Los demonios que odian nuestras psiques-almas incitan a algunos a darnos un elogio frío. Luego, nos animan a alegrarnos por ello. Así, si nos relajamos por la presunción y damos lugar a la vanagloria, no les costará mucho a nuestros enemigos demoníacos capturarnos.
  11. Debes estar más contento con quien te ridiculiza que con quien te elogia; este último no difiere en nada de quien te maldice, como dice la Escritura (Prov 27:14).
  12. Si intentas lograr la virtud del ayuno, pero fracasas debido a tu debilidad, entonces, tras quebrantar tu corazón, dirígete en agradecimiento a Aquel que provee para todo y es Juez de todos. Siempre y cuando te mantengas y te manifiestas humilde ante el Señor y nunca te enorgullezcas contra ninguna persona.
  13. El enemigo diablo sabe que la oración es para nosotros un defensor, mientras que para él es un enemigo y adversario. Deseando apartarnos de ella, nos induce el deseo de estudiar las obras de los escritores helenos-griegos antiguos, de quienes nos hemos alejado, y nos incita a ocuparnos de ellas. Pero no debemos dejarnos persuadir, no sea que nuestra cultivación vaya mal y, en lugar de recolectar higos y uvas, recojamos espinas y cardos. Porque la sabiduría de este mundo es necedad ante Dios (1 Cor 3:19).
  14. Dice la Escritura: «¡No temáis! Pues, he aquí os anunciaré buenas noticias de gran gozo y alegría, que será para todo el pueblo de Dios» (Lucas 2:10), no solo para una parte del pueblo. Y «todos los habitantes de la tierra te adorarán y cantarán a ti» (Salmo 65:4), no solo una parte de la tierra. El canto no es propio de aquellos que oran con lágrimas, sino de quienes están alegres. Así que, puesto que es así, no nos desesperemos en absoluto, sino pasemos la vida presente con alegría, teniendo en mente aquella futura alegría y felicidad. Pero debemos mezclar la alegría con el temor de Dios, como dice la Escritura: «Servid al Señor con temor, y alegraos con temblor» (Salmo 2:11). Las mujeres que estaban con María, salieron del sepulcro con temor y gran gozo (Mateo 28:8). Quizás también nosotros, alguna vez, con temor y alegría, saldremos de la tumba espiritual. Me asombra cómo podemos no tener temor, porque nadie es sin pecado, aunque sea Moisés o el Apóstol Pedro. Sin embargo, en ellos, la divina αγάπη agapi (amor incondicional y desinteresado), habiendo vencido, expulsa el temor o miedo (1Juan 4:18) en la hora de la muerte.
  15. Sobre que el apasionado, después de haber creído con todo su corazón y con humildad, recibe el carisma o don de la απάθεια apázia (impasibilidad, desapego, sin pazos), lo tienes testificado en la Escritura. «Hoy estarás conmigo en el paraíso» (Lucas 23:43); y, «tu fe te ha salvado; ve en paz» (Luc 7:50) de la bienaventurada apázia; y otras similares, como: «La uva madurará en el tiempo de la siembra» (Amós 9:13), y: «Hágase con vosotros según vuestra fe» (Mateo 9:29).
  16. Cuando, mientras enfrentamos con indignación los πάθος pazos impuros (pasiones, emociones, vicios, etc.), los demonios nos atacan con recuerdos impuros, entonces confiamos más en la fe del Señor y hacemos más segura nuestra esperanza en los bienes que Dios nos ha prometido, de los cuales los enemigos se apresuran en alejarnos por envidia. Porque si no fueran muy grandes los bienes venideros, los demonios no harían ataques tan frecuentes y envidiosos contra nosotros con pensamientos y conceptos impuros, pensando que así satisfacen su furia y que nos conducen a la desesperación con sus grandes e insoportables molestias.
  17. Algunos definen la virtud práctica como la gnosis (conocimiento) espiritual más verdadera; por lo tanto, esfuérzate en mostrar con tus obras tanto la fe como la gnosis (conocimiento espiritual). Porque quien se contenta ciegamente solo con la gnosis-conocimiento, escuchará que: «Profesan conocer a Dios, pero con sus obras lo niegan» (Tito 1:16).
  18. Más aún en tiempos de fiestas y de la divina Liturgia, especialmente cuando uno va a comulgar la Divina Comunión (Efjaristía), los demonios se apresuran a contaminar al asceta o practicante espiritual con fantasías impuras y emisiones de semen. Pero ni con esto lograrán quebrantar o paralizar a quien está acostumbrado a soportarlo todo con paciencia, perseverancia y valentía. Y no dejemos que los jorobados se jacten frente a nosotros como si estuvieran de pie rectos.
  19. Los demonios enemigos luchan contra la moralidad y la buena disposición, golpeando la psique-alma con diversas e indescriptibles tentaciones. De las muchas e inexplicables aflicciones se teje tu corona; y en las debilidades se muestra perfecta la fuerza de Cristo (2Cor. 12:9); y en las situaciones más sombrías suele florecer la χάρις jaris (gracia, energía increada) del Espíritu. Dice la Escritura: «La luz surge para los justos en la oscuridad» (Salmo 111:4), por supuesto, si mantenemos firme hasta el fin nuestra confianza y esperanza (Hebreos 3:6).
  20. Nada puede destruir tanto la virtud como las bromas pesadas y las risas tontas y la charlatanería. Y al contrario, nada renueva tanto la psique-alma y la hace acercarse a Dios como el temor de Dios y la buena atención, cuidado y el estudio incesante de los logos de Dios, y el armarse con la oración y buscar, de huella en huella, el beneficio de la vigilia.
  21. Es muy beneficioso y conveniente para la psique-alma soportar con firmeza toda aflicción, ya sean causadas por los hombres o por los demonios, y conocer con precisión que somos deudores de este mal trato y sufrimiento, y no culpar por eso a nadie más, sino siempre a nosotros mismos. Aquel que, por las aflicciones y sufrimientos que le ocurren, culpa a otros, se ha resbalado del sano y justo juicio que le corresponde.
  22. A veces, una persona se desvía de su buen camino, incluso si es notable en virtud, debido a las muchas tentaciones, desviándose de su buen orden, porque -como dice la Escritura- toda su sabiduría y habilidad han desaparecido (Salmo 106:27); y esto, para que no confiemos en nosotros mismos (2 Cor. 1:9) y para que Israel no se jacte y diga: «Mi propia mano me ha salvado» (Jueces 7:2). Sin embargo, ten esperanza de que serás restaurado a tu anterior buen estado psíquico, anímico y mental, una vez que, por orden divina, se aleje el malvado demonio que nos incita a ver y escuchar todo con pasión y nos empuja rápidamente con desesperación hacia el pecado. Y después de engrosar, cubrir e inflar el νούς nus (espíritu de la psique) y la mente, como con una nube densa, hace que la carne sienta un peso y una carga inexpresables; y el pensamiento o concepto innato que es simple e inocente, como el de los niños, lo hace astuto y avispadísimo en todo pecado, después de envenenarlo, tergiversarlo y corromperlo con la incertidumbre.
  23. El hombre que crece interiormente y progresa mucho en las virtudes es notable y grandioso. Sin embargo, este hombre notable y grandioso teme al pecado como el elefante teme o se asusta del ratón, no sea que, habiendo predicado a otros, él mismo se vuelva indigno (1Cor. 9:27).
  24. No solo cuando se acerque el fin del mundo, el diablo hablará logos y palabras contra el Altísimo, como dice Daniel (Dan 7:25), sino que también ahora, a veces, a través de nuestros propios pensamientos y conceptos, dirige graves blasfemias incluso contra el cielo, difamando al Altísimo y Sus criaturas y los santos Misterios de Cristo. Pero nosotros, sostenidos firmes en la roca de la gnosis-conocimiento espiritual, no temeremos por todo esto, ni nos asustaremos y asombraremos por la audacia y el valor del malvado diablo; y usando la fe y la oración más ferviente, recibiremos la ayuda de Dios y rechazaremos al enemigo.
  25. Cuando la psique-alma sale del cuerpo, el enemigo diablo se lanza contra ella con audacia, la combate y la insulta, y se convierte en un acusador severo y terrible de sus pecados. Pero entonces uno puede ver a la psique-alma que ama a Dios y tiene gran fe en Él, aunque muchas veces haya sido herida por pecados, no atemorizarse ante los ataques del enemigo y sus amenazas, sino más bien fortalecerse con la χάρις jaris (gracia, energía increada) del Señor y ser alentada por la alegría; ser valiente por los santos ángeles que la guían, y, rodeada por la luz de la fe, responder con gran valentía al astuto malvado diablo: «¿Qué hay en común entre nosotros, enemigo de Dios? ¿Qué hay en común entre nosotros, fugitivo de los cielos y astuto malvado esclavo? No tienes ningún poder sobre nosotros. Cristo, el Hijo de Dios, tiene poder sobre nosotros y sobre todo. A Él hemos pecado y a Él rendiremos cuentas, teniendo como garantía de Su gran misericordia hacia nosotros y nuestra salvación Su honrada y preciosa Cruz. Pero tú, destructor, aléjate de nosotros. No tienes nada que ver con los siervos de Cristo». Y mientras la psique-alma dice esto con valentía, el diablo se retira gritando y llorando en voz alta, incapaz de resistir el nombre de Cristo. Subiendo la psique-alma, vuela hacia abajo y golpea al enemigo como el halcón golpea al cuervo. Y después de esto, es llevada por los santos ángeles con alegría y gozo a los lugares que le han sido designados, según su estado.
  26. Que incluso una pequeña tentación permitida y concedida por Dios puede a veces impedir el progreso espiritual del diligente y activo, que te convenza el pequeño pez, la rémora, que puede inmovilizar un barco cargado solo con tocarlo. Y recuerda las palabras del gran Pablo: «Quise ir a ustedes una y otra vez, pero Satanás nos lo impidió» (1 Tes. 2:18). Pero no te alarmes por esto, sino oponte con paciencia y lograrás recibir la divina χάρις jaris (gracia, energía increada).
  27. Aquel que es muy rico en virtudes, si por negligencia se desvía de lo correcto, vienen contra él los hijos del oriente malo, los amalecitas y sobre todo los madianitas, es decir, las fuerzas de la fornicación, junto con sus camellos, es decir, con las memorias apasionadas, que son innumerables (Jueces 7:12) y destruyen todos los productos de la tierra (Jueces 6:4), es decir, cada buena acción, praxis y hábito. Y entonces Israel se empobrece y se angustia, y se ve obligado a clamar en voz alta al Señor. Y así, un buen pensamiento y concepto es enviado desde el cielo, que imita a Gedeón, con gran fe y humildad. Porque Gedeón dijo: «Mis mil hombres son los más débiles de la tribu de Manasés» (Jueces 6:14-15). Y sin embargo, logró enfrentarse con trescientos hombres débiles a tan gran multitud de enemigos, y erigir monumentos de victoria contra los enemigos, teniendo como aliado la divina χάρις jaris (gracia, energía increada).
  28. No podrás pisar sobre las serpientes venenosas, como la áspid y el basilisco (Salmo 90:13) etc., a menos que ores mucho aplacando y expiando a Dios, y recibas como defensores ángeles guardianes, que te lleven en sus manos y te levanten por encima del lodo de la mala disposición.
  29. Si alguien es derrotado, aunque haya luchado con fuerza, que no se desanime, ni se debilite por el esfuerzo, sino que se levante y se alegre diciendo las palabras de Isaías: «Aunque sean fuertes, serán vencidos, demonios malvados. Y si vuelven a cobrar fuerza, serán derrotados otra vez. Y cualquier plan que hagan, el Señor lo disolverá; porque Dios está con nosotros» (Isaías 8, 9-10), el Dios que levanta de nuevo a los que están quebrantados y causa gran llanto y tristeza a nuestros enemigos cuando nosotros volvemos a la metania y nos arrepentimos de nuestros pecados.
  30. Es imposible que no experimente tristeza aquel que es instruido con tentaciones. Pero después, estas personas que han cultivado el dolor, el sufrimiento y la aflicción en su corazón, se llenan de gran alegría, dulces lágrimas y divinos pensamientos y conceptos.
  31. Isaac quería bendecir a Esaú, y Esaú se apresuraba a recibir la bendición; sin embargo, ambos fallaron (Gén. 27). Porque Dios muestra misericordia, bendice y unge con el Espíritu no a quien nosotros deseamos, sino a aquel que Él ha destinado para servirle, incluso antes de que naciera. No nos inquietemos ni envidiemos cuando veamos a prosperar en virtud hermanos miserables e insignificantes. Además, has escuchado al Señor decir: «Dale lugar a este para que se siente en una posición superior» (Lucas 14,10). Yo admiro más bien al Juez, que juzga con tanta sabiduría y manera misteriosa: al que es menor, insignificante y último hacerlo primero y adelantado, y a nosotros que hemos sido los primeros con más tiempo en la práctica, hacernos los últimos. Cada uno de nosotros, organicemos nuestra vida según lo que el Señor nos ha regalado (1 Cor. 7, 17), si de verdad vivimos y caminamos guiados por el Espíritu (Gál. 5, 25), como dice la Santa Escritura.
  32. Nunca estés de acuerdo con tu discípulo u obediente cuando te dice: «Dame tiempo para probar y experimentar esto o aquello y así lograré la virtud». El que dice esto, es claro que hace su propia voluntad y transgrede las reglas o cánones de la más excelente subordinación u obediencia.
  33. Las desdichas del cuerpo y de la psique-alma, como verás, con el tiempo y con la divina aprobación, desaparecerán, aunque hayan crecido. Sin embargo, la misericordia de Cristo no disminuirá en absoluto. Porque dice la Escritura: «La misericordia del Señor se extiende desde este siglo hasta el venidero para los que le temen y respetan» (Salmo 102, 17).
  34. Las tesorerías reales se llenarán de oro; y los nus-espíritus de los verdaderos monjes se llenarán de la gnosis-conocimiento de Dios.
  35. A veces, el maestro se expone al deshonor al soportar tentaciones por el bien de aquellos que se beneficiaron espiritualmente. «Nosotros, dice el Apóstol Pablo, somos deshonrados, nuestra debilidad y enfermedad como una espina nos humilla; mientras que ustedes se han hecho gloriosos y fuertes con la jaris gracia increada de Cristo» (1Cor. 4, 10).
  36. La fuente y causa de la perdición a través de la carne es el pensamiento y concepto apasionado. Este pensamiento es expulsado de la psique-alma por aquel que se ha levantado y arrepentido después del pecado. Así que hicieron bien en lamentar más para que se expulsara de entre ustedes (1 Cor. 5, 2-4) el pensamiento maligno y profano que incitó al acto maligno. Por lo tanto, el duelo (según Dios) es contrario al espíritu de perdición y corrupción.
  37. ¿Quién anunciará al afligido en medio de la deshonra y la incapacidad de realizar virtudes, que verá a Jesús no solo en la vida futura, sino también en la presente, viniendo hacia él con gran fuerza, poder y doxa-gloria increada, a través de la απάθεια apázia (impasibilidad, sin pazos)? Y la psique-alma, que envejeció estéril y luego inesperadamente dio a luz un hijo de justicia, dirá las palabras de Sara: «Dios me ha dado risa» (Gén. 21, 6), es decir, me ha regalado una gran alegría a mí, que durante muchos años estuve sumido en una profunda tristeza por mis muchos pecados y pazos pasiones. O, como otro intérprete traduce: «Dios me ha dado juventud», es decir, mi juventud se ha renovado como la del águila (Salmo 102, 5). Porque antes había envejecido con los pecados y los pazos (padecimientos, pasiones, vicios, emociones) de la deshonra, y ahora he renacido y soy como un adolescente y encuentro la suavidad juvenil, yo que antes me había endurecido por la materia. Y ahora veo claramente las cosas del mundo, porque he recuperado la simplicidad y rectitud natural, ya que mi νούς nus (espíritu de la psique) ha sido psicoterapiado y sanado por la gran misericordia de Dios. Y mi carne se ha vuelto, como la de Naamán el sirio (4Reyes 5, 1-14), como la carne de los niños, porque me bañé en el Jordán del conocimiento-gnosis divino. Y me he vuelto sencillo en mis maneras por la jaris gracia energía increada de Dios, liberado de la voluntad del diablo serpiente y de la multitud de pensamientos, fantasías y conceptos astutos y materiales de la maldad que había adquirido anteriormente contra mi naturaleza.
  38. Imagina que el Señor te dice: «Alguna vez te quité este y aquel carisma, los cuales pensabas que satisfacían tu nus (espíritu de la psique) y te confortaban, y te di en compensación este y aquel otro carisma. Pero tú piensas en lo que te fue quitado y no ves lo que te fue dado en su lugar y así estás abatido y sufres y te lastimas por la tristeza; sin embargo, me alegras porque te entristeces por Mí. Porque yo te causo tristeza por tu propio bien, queriendo salvar y no destruir a aquel que considero Mi hijo».
  39. Ordena a ti mismo no comer algo, por ejemplo, pescado; y observa luego que el enemigo te empuja persistentemente hacia el deseo del pescado, y también que tú deseas con pasión y manía disfrutar de lo prohibido. Así comprenderás lo que le sucedió a Adán. Él, habiendo recibido el mandato de no comer de un solo fruto, corrió hacia este único fruto prohibido con gran deseo.
  40. Dios salva a unos a través de la gnosis (conocimiento espiritual) y a otros a través de la integridad y la inocencia sin maldad. Porque debes saber que Dios no rechazará al inocente (Job 8, 20).
  41. Aquellos que practican intensamente la oración, son asediados por tentaciones terribles y salvajes.
  42. Si elegiste vestirte con la απάθεια apázia (impasibilidad, sin pazos), no te quedes despreocupado, sino esfuérzate con todas tus fuerzas por alcanzarla. Porque gemimos deseando con gran anhelo vestir nuestra morada celestial, para que la mortalidad de nuestro cuerpo sea absorbida por la vida divina (2Cor. 5, 2-4), no solo corporalmente en la consumación del siglo, sino también espiritualmente desde aquí, como un adelanto o arras. Porque la muerte ha sido completamente aniquilada y vencida (1Cor. 15, 54), y todos los egipcios que nos oprimen y nos persiguen, es decir, los demonios, desaparecerán en las olas del mar (Éx. 14) de la δύναμι dinami (poder, potencia y energía) que nos ha sido enviado desde el cielo.
  43. Si olvidas lo que dijo Pablo: «Temo que, habiendo predicado a otros, yo mismo sea hallado indigno» (1 Cor. 9, 27), y: «El que cree estar firme, tenga cuidado de no caer» (1 Cor. 10, 12), y: «Tú, que eres espiritualmente maduro, cuida de ti mismo, no sea que también tú seas tentado» (Gál. 6, 1); y si olvidas el desvío y la iniquidad de Salomón (3 Reyes 11, 1-8) después de tanta χάρις jaris gracia, y si también olvidas la inesperada negación del apóstol Pedro, entonces puedes tener confianza en tu gnosis-conocimiento y jactarte de tu vida virtuosa y alardear de los muchos años de tu ascesis, ejercicio espiritual, y así, pues, darás lugar en tu interior al orgullo. Pero no descuides en absoluto, hermano. Teme más bien mientras respires, incluso si has alcanzado los años de Moisés; y ora diciendo: «Señor, no me rechaces en el tiempo de la vejez; cuando disminuyan mis fuerzas, no me abandones. Dios mío, mi Salvador, te alabaré y glorificaré por siempre» (Sal. 70, 6-9).
  44. El Señor te dice, como le dijo a Mateo: «Sígueme» (Mat 9:9). Entonces tú, cuando persigas con fervor a tu muy amado Señor, si en tu camino tropiezas con la piedra (Salmo 91:12) de algún πάθος pazos y caes inesperadamente en el pecado, o incluso muchas veces, porque hay lugares embarrados, te resbalas sin querer y caes, cuantas veces caigas y tu cuerpo sufra, tantas veces levántate y corre tras tu Señor hasta que lo alcances. «Así me presenté ante Ti en el templo de mi διάνοια diania (mente, intelecto) para ver tu δύναμη dinami (fuerza, poder y energía) y tu doxa-gloria que me salvan, y en tu nombre, Señor, levantaré mis manos para orar y seré escuchado; y sentiré como si estuviera lleno de alimentos grasos, gustosos y ricos; y mis labios se alegrarán al alabarte» (Salmo 62:3-6). Porque considero una gran cosa haber sido digno de ser llamado Cristiano, como me dice el Señor a través del profeta Isaías: «Es un gran honor para ti ser llamado Mi hijo» (Isaías 49:6).
  45. En otro lugar, la Escritura dice que el Padre dará bienes a los que le piden (Mateo 7:11), y en otro lugar que dará el Espíritu Santo a los que lo piden (Lucas 11:13). Con estas palabras entendemos que no solo el perdón y absolución de los pecados, sino también los carismas o dones celestiales son donados por Dios a aquellos que lo suplican con fe fuerte en Sus palabras. Porque el Señor promete estos bienes no a los justos, sino a los pecadores, diciendo: «Pues si vosotros, siendo astutos malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más el Padre celestial dará el Espíritu bondadoso (la jaris/gracia, energía increada) a los que se lo pidan? (¿Si dará el bien sublime y grandísimo, no es lógico y correcto que dará los bienes materiales, que incomparablemente son de valor mucho más pequeño?) (Lucas 11:13). Por lo tanto, pide con insistencia y sin dudar, incluso si eres pobre en virtudes y muy débil y lo que pides está por encima de tu valor; y recibirás estos grandes carismas, dones o virtudes.
  46. ¿Cómo se convencerá el incrédulo o el de poca fe de que la hormiga saca alas y el gusano se convierte en mariposa y que muchas cosas maravillosas suceden en la naturaleza, para eliminar la enfermedad de la incredulidad y la falta de esperanza y sacar alas y florecer como un árbol en la gnosis gloriosa (conocimiento espiritual)? Porque la Escritura dice: «Yo soy el que hace brotar el árbol seco y que da vida a los huesos secos y duros» (Ezequiel 17:24).
  47. De ninguna manera debemos dejar que las preocupaciones por las necesidades del cuerpo nos consuman, sino que con toda nuestra psique-alma tengamos fe en Dios, como dijo una vez un hombre bueno: «Confiad en Dios y Él confiará en vosotros». Y como escribe el bendito Apóstol Pedro: «Adquirid la templanza, la sobriedad y vigilad en vuestras oraciones y dejad toda vuestra preocupación en Dios, porque Él cuida de vosotros» (1 Pedro 5:7). Pero si aún dudas y no crees que Dios cuidará de ti, observa la araña y piensa cuán diferente es el hombre de la araña, de la cual no hay criatura más débil y frágil. Ella, pues, no tiene propiedades, no hace viajes marítimos, no va a los tribunales, no se enoja, no tiene almacenes, sino que con perfecta mansedumbre y templanza y en completa tranquilidad pasa su vida; ni tiene curiosidad por los asuntos ajenos, sino que solo atiende a su propio trabajo con calma e inactividad, como si dijera a aquellos que viven en la ociosidad que quien no quiere trabajar, tampoco debe comer (2 Tes 3:10); y tiene tanto silencio, que supera incluso a Pitágoras, a quien los helenos-griegos admiran más que a todos los filósofos, por su moderación y autodominio que tenía en la lengua. Sin embargo, Pitágoras, aunque no hablaba a todos, sí hablaba en secreto a sus seres más queridos en intervalos. Y muchas veces habló vanidosamente a bueyes y águilas y dijo algunas tonterías y absurdos. Tampoco bebía vino, solo agua. Pero la araña, con su extremo y total silencio, superó la moderación de la lengua de Pitágoras, y además despreció tanto el vino como el agua. Así pues, en tal estado de tranquilidad vive la inmóvil y humilde araña y no soporta caminar fuera de su lugar, ni vagar con su imaginación y fantasía aquí y allá, ni trabajar y esforzarse sin fin. Pero el Señor, que habita en las alturas y que mira a los humildes (Salmo 112:5-6) -y nada hay más humilde que la araña-, extiende Su providencia hasta ella y le envía cada día su poco alimento, haciendo que se acerquen a su refugio y caigan en sus redes los insectos que necesita para su sustento.
  48. Quizás alguien que es completamente esclavo de la glotonería diga que yo me alimento con muchas comidas y, como soy muy costoso, necesito involucrarme en las innumerables ocupaciones de la vida. Pero también él debe observar los grandes cetáceos del Atlántico, cómo son alimentados por Dios sin pasar nunca hambre; y cada uno de ellos consume tanta comida como una ciudad entera en un día. Porque la Escritura dice: «Todos esperan de Ti, para que les des su alimento a su tiempo» (Salmo 104:27). Entonces, Dios alimenta tanto al que come poco como al que come mucho. Así que, tú que tienes el vientre ancho y espacioso, escucha esto y de ahora en adelante confía completamente en Dios. Y sacude toda distracción mundana y las muchas preocupaciones de la mente y no seas más incrédulo, sino creyente (Juan 20:27).
  49. Si realmente queremos agradar a Dios y establecer la bendita amistad con Él, presentemos nuestro νούς nus (espíritu de la psique) desnudo ante Él, sin llevar con nosotros ninguna cosa de este mundo, ni arte, ni conocimiento, ni concepto, ni astucia, ni excusa, incluso si conocemos toda la sabiduría del mundo. Porque Dios rechaza a aquellos que se acercan a Él con arrogancia y gran opinión de sí mismos y se alimentan de vanagloria y están hinchados por ella. Algunos intérpretes correctamente dijeron que la vana arrogancia alimenta e hincha al hombre.
  50. ¿Cómo podremos vencer el pecado que nos ha sometido? Se necesita violencia. Porque como dice la Escritura: «El hombre con muchos esfuerzos y violencia rechaza su perdición» (Prov. 16, 26), luchando siempre por ascender hacia la santidad de sus pensamientos. No está prohibido por las leyes abolir la violencia con violencia. Así que, si aplicamos violencia, aunque sea muy débil, en nuestro esfuerzo, nos sentaremos en Jerusalén (Hechos 2, 2), es decir, en la oración continua y las demás virtudes, y esperaremos que nos llegue fuerza y energía del cielo. Esperaremos una violencia fuerte, y no débil como la nuestra, sino una violencia que no puede ser expresada con labios carnales, que vence con gran poder y derrota tanto las peores costumbres como la vileza de los demonios, así también vence la inclinación de nuestras psique-almas hacia lo peor y los movimientos impropios del cuerpo. Porque dice la Escritura: «Se oyó un sonido del cielo como un viento fuerte y violento», para domar la maldad, que siempre nos arrastra violentamente hacia lo peor.
  51. El enemigo, el diablo, acecha como un león en su guarida, y esconde para nuestro mal trampas y redes de pensamientos impuros y malvados. Pero nosotros, si no dormimos, también podemos tenderle trampas mayores y más terribles y redes y emboscadas. Porque la oración, los salmos, la vigilia, la humildad, el servicio al prójimo y la misericordia, la acción de gracias y la escucha de los logos divinos, se convierten en emboscada y trampa y foso y látigos y horca y redes para el enemigo.
  52. Después de haber avanzado mucho en edad, el divino David, agradeciendo a Dios quien lo eligió, dice al final de la doxología: «Ahora tu siervo ha encontrado la disposición del corazón para dirigirte esta oración» (2 Re 7, 27). Esto lo dijo para que aprendamos que necesitamos una gran lucha y mucho tiempo en las oraciones, para encontrar con esfuerzo el estado de mente completamente libre de molestias, que es otro cielo dentro de nuestro corazón donde habita Cristo, como dice el Apóstol: «¿O no saben que Jesús Cristo habita en ustedes?» (2 Cor. 13, 5).
  53. Si Cristo se convirtió en nuestra justicia y sabiduría enviada por Dios (1 Cor. 1, 30) etc., es evidente que también se convirtió en nuestro descanso y reposo. Porque dice: «Venid a mí todos los que estáis psíquicamente cargados y cansados, agotados y afligidos, agobiados y deprimidos por vuestros pecados, autoengaños, sufrimientos y perturbaciones y yo os daré psicoterapia, alivio y paz en vuestra psique-alma y os haré descansar psíquica y espiritualmente» (Mat. 11, 28). Bien se ha dicho que el sábado, es decir, el descanso, fue hecho para el hombre (Marcos 2, 27); porque sólo en Cristo encontrará descanso el género humano.
  54. Así como hay copa de caída y copa de ira (Is. 51, 17), también hay copa de enfermedad. Esta copa el Señor la toma de nosotros cuando llega el momento, y la entrega en manos de nuestros enemigos, de modo que ya no nosotros, sino los demonios caigan y enfermen.
  55. Así como para las cosas exteriores hay cambistas, tejedores, cazadores, guerreros, artesanos, así piensa también que para las interiores hay pensamientos jugadores, envenenadores, cazadores, piratas, profanadores, asesinos y otros; a los cuales debemos rechazar desde el principio con piadosa objeción y oración, especialmente a los profanadores, para que no contaminen el lugar santo y profanen al hombre de Dios.
  56. El Señor no se deja «robar» sólo con la lengua para salvar al hombre, como ocurrió con el ladrón en la cruz; también se deja «robar» con el pensamiento. Porque la mujer con flujo de sangre decía para sí: «Si tan solo toco el borde de Su manto, seré sanada» (Mat. 9, 21); asimismo, el siervo de Abraham rogó con su mente a Dios por Rebeca (Gén. 24, 12-28).
  57. Casi el mismo pecado empuja hacia Dios a quien se arrepiente y vuelve en la μετάνοια metania, cuando siente su hedor, peso y locura. A quien no quiere inclinarse a la metania, no lo empuja hacia Dios, sino que más bien lo retiene cerca de ella y lo ata firmemente con lazos irrompibles y los deseos que conducen a la perdición los hace más intensos y agudos.
  58. Cuídate de los filtros de Jezabel (2 Reyes 9, 22), de los cuales los principales son los conceptos, fantasías y pensamientos de orgullo, vanidad y vanagloria. Podrás vencerlos, con la χάρις jaris (gracia, energía increada) de Dios, si consideras tu psique-alma como insignificante y la humillas y te arrojas delante del Señor y Le llamas para que te ayude, y si conoces que los carismas o dones son celestiales. Por eso dice la Santa Escritura: «Nadie puede recibir nada si no le ha sido dado del cielo» (Juan 3, 27).
  59. Dice la ley: «Si han protestado contra él y no lo elimina, pagará» (Éx. 21, 36). A veces, en un banquete, surge el pensamiento vano y vanaglorioso queriendo decir algo fuera de lugar. Entonces los pensamientos angélicos protestan para que elimines al pensamiento o concepto charlatán y fuera de lugar. Si no lo eliminas con tu buen silencio, sino que, adormecido por el orgullo, le permites salir, entonces pagarás la deuda al ser entregado por el juicio divino a un gran pecado, o a grandes dolores corporales, o a serias disputas con los hermanos, o a ser castigado en el siglo venidero. Porque daremos cuenta incluso de un concepto o pensamiento vano y vanaglorioso, debido a la indisciplina de nuestra lengua. Por eso debemos guardar nuestra lengua con gran cuidado.
  60. Aquellos que son tentados por placeres hedonistas, ira, ambición, vanagloria y demás πάθος pazos pasiones, se dice que son quemados de día por el sol y de noche por la luna (Sal. 120, 6). Pide entonces a Dios que te cubra y te proteja con la fresca nube divina (la jaris), para escapar del calor abrasador de los enemigos.
  61. No des ánimo a los borrachos y glotones, ni a aquellos que quieren hablar desvergonzadamente, aunque hayan estado mucho tiempo en la vida monástica, para que no te cubra la podredumbre (Job 21, 26), como dice la Escritura, y no vayas junto con los impuros y los incircuncisos de corazón.
  62. Primero, Pedro toma en sus manos las llaves del reinado de la Realeza increada de los cielos (Mateo 16, 19), y luego se le permite caer en la negación (Mateo 26, 70), para que su orgullo se humille con la caída. Así que tú también, si recibes la llave de la gnosis divina (conocimiento espiritual) y sin embargo caes en varios pensamientos, conceptos y fantasías, no te extrañes. Alaba a nuestro Señor, el único sabio, que con diversas circunstancias pone un freno a la arrogancia que viene cuando progresamos en la gnosis-conocimiento de Dios. Porque las tentaciones son un freno a la arrogancia y presunción humana y son enviadas por la providencia de Dios.
  63. Si el Señor nos quita muchas veces las cosas buenas, como las riquezas de Job -«El Señor”, dijo, “me lo dio, y el Señor me lo quitó» (Job 1, 21)-, también quitará los males que nos ha traído el Eterno. Porque dice la Escritura: «Y las cosas buenas y las malas vienen del Señor» (Sab. Sirac 11, 14); y Aquel que nos dio las malas, nos dará la alegría y la doxa-gloria eterna. Porque el Señor dice: «Como me ocupaba de destruir y hacerles daño, así también los reconstruiré y no derribaré, plantaré y no desarraigaré» (Jeremías 38, 28; 24, 6). Por lo tanto, que calle el proverbio popular que dice: «A quien le van mal las cosas, no pueden irle bien». Porque el Señor que transformó las cosas para peor, ciertamente puede transformarlas de nuevo para mejor sin que lo esperemos.
  64. Aquel que ataca con fuerza y determinación a los demonios, ya sea con la continencia, la oración o cualquier virtud, recibirá de ellos golpes más fuertes como recompensa. Y esto hasta el punto de llegar a la desesperación, viendo su psique-alma condenada a la muerte espiritual, de modo que puede entonces decir: “En mi interior me agrada con todo mi corazón la ley de Dios; pero veo en mi cuerpo y en sus miembros una ley que lucha contra la ley de mi espíritu y contra de lo que me dicta mi conciencia y me esclaviza a la ley del pecado que domina en mi cuerpo y en sus miembros, es decir, domina a mi naturaleza física humana. ¡Desgraciado y miserable yo el hombre! ¿Quién me librará de este cuerpo en el cual domina el pecado y por el pecado la muerte espiritual y física?” (Rom7, 23-24). Porque me veo obligado, sin querer, a someterme a las leyes del adversario.
  65. No es casual que la Escritura mencione que algunos decían entre sí: «Levantémonos y vayamos contra un pueblo que confía en Dios y está tranquilo» (Jueces 18, 27), y: «Subamos y tratemos con ellos con lengua engañosa y arrastrémoslos desde la verdad hacia nuestro lado» (Isaías 7, 6). Porque los terribles demonios tienen la costumbre durante toda la vida de afilar las espadas de las tentaciones contra aquellos que han elegido la vida hisijástica (de quietud, tranquilidad y paz cordial y serenidad mental). Y atacan aún más a aquellos que tienen mayor fe en Dios, devoción y piedad, y con guerras insoportables los empujan a cometer el pecado en obra, para ver si pueden así apartarlos de la fe en Cristo, de la oración y de la buena esperanza, a los que han recibido la guerra de ellos. Pero nosotros no nos apartaremos de Ti, Señor, hasta que nos tengas misericordia, compasión y piedad de nosotros (Salmos 122, 2) y se aparten de nosotros aquellos que quieren devorarnos (Isaías 49, 19). No nos alejaremos de Ti hasta que ordenes que se aparten de nosotros los demonios que nos tientan y nos revivas con paciencia y firme απάθεια apázia (impasibilidad, despego sin pazos). Porque el período de prueba es la vida del hombre (Job 7, 1), y muchas veces, Dios, que ordena y premia las luchas, permite que estemos caídos por un tiempo bajo los pies de los enemigos. Pero el signo de una psique-alma grande y valiente es no desesperarse en las desdichas y desgracias.
  66. Si el demonio tiene tanta fuerza y poder que, incluso sin querer, cambia al hombre y lo lleva a su camino, sacándolo de su estado natural bueno, ¿cuánto más fuerza y poder tiene el Ángel cuando recibe la orden de Dios, para transformar toda la disposición y ánimo del hombre hacia lo mejor? Y si el frío viento del norte tiene tanta fuerza que puede transformar el agua, que es tan blanda, en hielo durísimo, ¿qué no puede hacer el cálido viento del sur? Y si el aire helado lo somete todo -porque ¿quién soportará el frío que congela? (Salmos 147, 6)-, por tanto, ¿cómo no transformará todo también el calor? Porque, ¿quién soportará el calor? (Sab Sirac 43, 3). Creemos, pues, que el carbón frío y negro de nuestra διάνοια diania (mente, intelecto, cerebro) tarde o temprano se volverá caliente y brillante por la influencia del fuego divino.
  67. Ahora también existe un estado de απάθεια apázia (impasibilidad, despego sin pazos) que constituye testimonio y señal para nuestro propio José que está oculto dentro de nosotros, es decir, nuestro νούς nus (espíritu de la psique). En este estado, νούς nus con la mente sale del Egipto de las pasiones; se aparta de las cargas apasionadas, pecadoras y de la esclavitud vergonzosa de las transferencias con el cesto y escucha una lengua que no había oído antes (Salmos 80, 6-7). Ya no escucha la lengua sucia e impura de los demonios que corrompe la mente, sino la lengua santa y luminosa de los Ángeles, quienes transforman el νούς nus con la mente de lo corporal y material, hacia lo incorpóreo e inmaterial. Esta lengua angelical ilumina la psique-alma que la recibe.
  68. He escuchado a algunos hermanos que enferman continuamente y no pueden mantener el ayuno y me dijeron: «¿Cómo podemos sin ayuno liberarnos del diablo y de los πάθος pazos (pasiones, emociones, padecimientos, etc.)?» A estos debemos decirles que, no sólo con la abstención de comida, sino también con el clamor del corazón podrán expulsar y desterrar tanto los males como aquellos que los infunden y los infligen. Porque dice la Escritura: «Clamaron al Señor en su angustia y los libró» (Salmos 106, 6), y nuevamente: «Desde el vientre del Hades clamé y escuchaste mi voz; que mi vida suba de la corrupción» (Jonás 2, 3-7). Por eso dice: «Hasta que pase la iniquidad -es decir, la molestia del pecado- clamaré al Dios Altísimo» (Salmos 56, 1-2), para que me haga el mayor favor y borre la influencia y estimulo del pecado con Su autoridad y elimine las imágenes de la mente apasionada. Si, por tanto, no has recibido el don o carisma de la continencia, templanza debes saber que el Señor te escuchará si le ruegas con oración y esperanza. Habiendo aprendido, pues, la decisión soberana, no te entristezcas ni te desanimes por la debilidad de la ascesis (práctica o ejercicio espiritual); es mejor trabajar para liberarte del enemigo con oración y paciencia agradecida. Si, por tanto, los pensamientos de la enfermedad y aflicción os expulsan de la ciudad del ayuno, vosotros id a otra (Mateo 10, 23), es decir, a la oración y la gratitud.
  69. Faraón dijo de forma suplicante: «Que Dios quite de mí esta muerte»; y fue escuchado (Éxodo 10, 17-19). De manera similar, los demonios rogaron al Señor que no los enviara al abismo y obtuvieron su petición (Lucas 8, 31-32). ¿Cuánto más será escuchado un hombre cristiano, que ruega ser liberado de la muerte espiritual?
  70. Aquel que por un tiempo es iluminado y se consuela por la divina χάρις jaris (gracia, energía increada), y después de su retirada cae en vagabundeos y rodeos de su νούς nus (espíritu de la psique) con su mente y se queja por ello y no muestra valentía, para recuperar con fervorosa oración aquella certeza salvadora, sino que se resiente y se molesta, es como el pobre que recibió limosna del palacio y se molesta porque no se le permitió cenar con el rey.
  71. «Porque me has visto, has creído, a partir de ahora en los siglos de los siglos, bienaventurados y felices serán los que creen sin haberme visto. Así creerán las futuras generaciones de mi Iglesia» (Juan 20, 29). También son bienaventurados y felices aquellos que, debido a la disminución de la χάρις jaris (gracia, energía increada), no encuentran consuelo en sí mismos, sino que más bien ven la continuación de las aflicciones y una profunda oscuridad, y aún así no se desesperan; más bien, se fortalecen por su fe, como si vieran a Dios invisible, y soportan todo con valentía.
  72. La humildad que se concede por la divina χάρις jaris (gracia, energía increada) en el momento oportuno por el cielo, a aquellos que la buscan con muchos esfuerzos, lágrimas y pesares, es mucho más poderosa y mayor que la humildad que sigue a aquellos que han caído de la virtud. Aquellos que fueron dignos de adquirirla, son verdaderamente hombres perfectos, no afectados ni influenciados por el pecado.
  73. Cuando el diablo dejó al Señor en el desierto, vinieron ángeles y le sirvieron (Mateo 4, 11). Sepamos, entonces, que así como la Escritura no dice que cuando el Señor fue tentado los ángeles estaban presentes, así también en la hora de nuestra tentación, los ángeles de Dios retroceden por un momento, pero no se van lejos. Luego, después de la partida de los demonios, los ángeles vienen a nosotros y nos sirven con conceptos y pensamientos divinos, con iluminación, devoción, consuelo, paciencia, dulzura y con todo lo que salva y fortalece y trae de vuelta la psique-alma cansada a su primer estado. Porque se ha dicho a Natanael: «Verás a los ángeles subiendo y bajando sobre el Hijo del Hombre» (Juan 1, 52), es decir, se dará al género humano el servicio y la ayuda de los ángeles.
  74. Que te recuerdes siempre de aquel sumo sacerdote que el diablo se le puso delante para resistirle (Zacarías 3,1) en cada pensamiento, concepto, palabra, obra y logos virtuosos. Así, no te sorprendas por las cosas que te suceden.
  75. El cristiano y el monje deben conocer la enfermedad y la debilidad, según el Salmo: «Compadécete o ten misericordia de mí, porque soy débil y enfermo (espiritualmente)» (Salmo 6, 3), y que es el alejamiento o apostasía de Dios, lo cual es la enfermedad del diablo y de los demonios.
  76. Así como el fuego hace que el hierro sea tan fuerte que nadie pueda tocarlo, así las densas oraciones hacen que el νούς nus (espíritu de la psique) con su mente sea más resistente en la guerra del enemigo. Por eso, con toda su fuerza, intentan provocar en nosotros la pereza en nuestra persistencia en la oración, porque conocen que la oración es un gran enemigo para ellos, mientras que es un defensor del νούς nus (espíritu de la psique) con su mente.
  77. David aceptó la disposición de los habitantes de Sicelac que salieron a pelear con él contra los extranjeros de otras razas, aunque se cansaron en el arroyo de Basor (1 Re 30). Porque cuando regresó a ellos después de derrotar a los bárbaros, y escuchó a algunos decir que no deberían dar una parte del botín a aquellos que, por fatiga, se quedaron en el arroyo, y aunque ellos, avergonzados, no hablaban, entonces el bondadoso David los defendió diciendo que se quedaron y protegieron los bienes y los instrumentos o utensilios. Y por eso les dio una parte igual del botín, tanto a los guerreros valientes y entrenados como a aquellos que mostraron entusiasmo al principio, pero luego se debilitaron y se cansaron. Examina entonces si algún hermano que mostró fervor al principio, pero luego cedió y desfalleció, puede considerarse como instrumentos de salvación la fe, la metania y el arrepentimiento, la humildad, el llanto, la paciencia, la esperanza, la magnanimidad, etc. Si se queda guardando estos, aunque no haga nada más, y soporta solo con la esperanza en Cristo, naturalmente recibirá algún regalo celestial.
  78. A aquellos que se han dedicado por completo a Dios, tanto en la práctica como en la θεωρία zeoría contemplación se les llaman levitas y sacerdotes. Aquellos que no siguen de cerca los πάθος pazos, sino que anhelan la virtud y se esfuerzan y la desean en lo más posible, y aunque muchas veces fracasan porque han sido debilitados por el mal, se les llama «Bestias de los Levitas» (Números 3, 41-45). Es razonable que, en el momento adecuado, también reciban el don o carisma de la απάθεια apázia (impasibilidad, desapego, sin pazos) solo por la misericordia y filantropía de Dios. Porque el Señor escuchó el deseo de los necesitados (Salmo 9, 38).
  79. Las embestidas que el enemigo diablo inflige contra nosotros, ya sea de manera manifiesta o invisible, a menudo las entendemos y las vemos. Sin embargo, los sufrimientos y dolores que el enemigo experimenta y sufre por nuestra causa, ya sea porque a veces logramos virtudes, o nos arrepentimos de nuestros pecados, o tenemos paciencia y perseverancia en situaciones difíciles, o rezamos y realizamos acciones similares, por las cuales él aprieta los dientes y es castigado y llora y se golpea, todas estas cosas por una economía divina nosotros no las vemos, para no caer en la vanidad o la relajación y flojera. Porque la Escritura dice: «Es justo que Dios pague con angustia a los que os afligen» (1Tes 1,6)
  80. Si el tronco del árbol, que envejece en la tierra y en la roca, y al entrar de nuevo en contacto con el agua rebrota como un recién plantado (Job 14, 7-9), es razonable que nosotros, que nos levantamos del sueño con la fuerza del Espíritu Santo, volvamos a brotar en incorruptibilidad, la cual hemos recibido por naturaleza, y demos frutos para la cosecha como el recién plantado, incluso si hemos caído en el «hombre viejo».
  81. Para la psique-alma que desprecia a sí misma y se desespera por las tentaciones excesivas y el número de pecados, y dice: «Nuestra esperanza está perdida, estamos perdidos» (Ezequiel 37, 11), ha sido dicho por Dios, quien no se desespera por nuestra salvación: «Viviréis y sabréis que yo soy el Señor» (Ezequiel 37, 6). Para la psique-alma que está perpleja, preguntándose cómo, a través de grandes virtudes, puede dar a luz a Cristo, se ha dicho: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti» (Lucas 1, 35). Y donde está la presencia del Espíritu Santo, no busques la consistencia y la ley de la naturaleza y la costumbre. Porque el Adorable y Santo Espíritu, siendo omnipotente, crea lo que no existe para que te maravilles. Pero también ennoblece y hace vencedor al νούς nus (espíritu de la psique) que antes fue vencido; porque el Paráclito (Suplicante), que viene de lo alto hacia nosotros con misericordia y caridad, está por encima de todo (Juan 3, 31) y te eleva por encima de los movimientos naturales y los πάθος pazos demoníacos (padecimientos, pasiones, vicios etc.).
  82. Lucha por mantener tu luz de lo lógico de la psique incólume. Si comienzas a ver con hostilidad y pasión, el Señor te ha cegado y ha retirado de ti las riendas de la virtud (Isaías 30, 11), y has perdido la luz de tus ojos (Salmo 37, 11). Pero incluso si esto sucede, no abandones la lucha, ni te paralices, sino únete junto a David: «Envía tu luz y tu verdad a mí, Señor, que estoy abatido, porque tú eres mi salvación, oh Dios mío» (Salmo 42, 3-5); porque enviarás Tu Espíritu y renovarás y rejuvenecerás la faz de la tierra» (Salmo 103, 30).
  83. Bienaventurado aquel que comerá aquí día y noche insaciablemente y beberá oraciones y salmos y se fortalecerá con la gloriosa lectura de las Santas Escrituras. Porque estas cosas producirán en la psique-alma una alegría inagotable en el siglo futuro.
  84. Con toda tu fuerza y poder, preserva a ti mismo de no caer; porque la caída no es apropiada para el atleta fuerte. Pero si sucede que llegas a caer, salta y levántate de inmediato y regresa de nuevo a la buena lucha; y si caes muchas veces por el retiro de la χάρις jaris (gracia, energía increada), levántate tantas veces; y hazlo hasta tu muerte. Porque está escrito: «Si el justo cae siete veces, es decir, constantemente en toda su vida, se levantará siete veces» (Proverbios 24, 16). Por lo tanto, mientras sostienes el arma del sagrado esquema con lágrimas y súplicas a Dios, estarás considerado entre los que están de pie, aunque hayas caído muchas veces; mientras te mantienes entre los monjes, recibes y aceptas las heridas como un valiente soldado y serás más elogiado, porque cuando te golpeaban, no te dignaste a retroceder o escapar y huir de la guerra. Pero si te marchas de los monjes, entonces aceptas las heridas en la espalda como un desertor, cobarde, renegado y sin valor.
  85. Peor que pecar es desesperarse. Judas el traidor era pusilánime y no tenía experiencia en la guerra, y por eso se desesperó; el diablo se precipitó sobre él y lo indujo al ahorcamiento. Pero Pedro, la sólida roca, después de cometer un grave pecado, la negación de Cristo, como un experimentado guerrero, no se paralizó ni se desesperó por su dolor, sino que, levantándose, ofreció amargas lágrimas desde un corazón afligido y humilde. Y al ver esto, el enemigo, como si fuera quemado por fuertes llamas en la cara, huyó precipitadamente con terribles lamentos.
  86. Contra estas tres cosas antes mencionadas, el monje y también el cristiano ortodoxo debe librar una guerra oculta: contra la glotonería o gula, la gloria (vana) y el amor al dinero, avaricia, codicia que es idolatría (Colosenses 3, 5).
  87. Un rey israelita derrotó a la nación de los trogloditas y a otros bárbaros con salmos, himnos, y odas espirituales, es decir, con los logos y los instrumentos de David. También tú tienes trogloditas bárbaros, los demonios que entran en tus sentidos y miembros del cuerpo, quemando tu carne y haciéndote ver, oír, y oler con pasión y placer hedónista, y decir palabras indecentes, y tener ojos llenos de adulterio, y estar perturbado interna y externamente, igual que el país de Babilonia. Por lo tanto, también tú, con gran fe y con salmos, himnos y cánticos espirituales (Efesios 5:19), debes destruir por completo a esos trogloditas que te empujan hacia los males.
  88. Así como el hombre desea ser salvado a través de otro hombre, también Satanás se apresura a castigar al ser humano a través de otro hombre. Por eso, uno no debe adherirse a alguien que desprecia las realidades divinas y es malvado y no guarda su lengua, para no ir con él al infierno. Porque incluso si alguien se relaciona con una persona justa, puede ser salvado. Porque aunque uno se relaciona con un malvado sin cuidado, es como si hubiera contraído lepra y será llevado al naufragio. Y ¿quién entonces tendrá misericordia y piedad de aquel que se acerca felizmente a la serpiente? Por lo tanto, debes evitar a aquellos que son descuidados en su lengua, contenciosos, conflictivos y están perturbados interna y externamente.
  89. ¿Quién es sabio y prudente y desea ser llamado amigo de Dios, para que se esfuerce con todas sus fuerzas en presentar su psique-alma al Señor tal como la recibió de Él, pura, sin mancha y completamente irreprochable, y por eso sea coronado en los cielos y alabado como bienaventurado y feliz por los ángeles?
  90. Una buena palabra, en un momento, convirtió al ladrón antes impío en puro y santo y lo llevó al Paraíso (Lucas 23:42-43). Y una palabra impropia cerró a Moisés la tierra prometida (Números 20:12). Por lo tanto, no debemos considerar el chismorreo y la charlatanería como una enfermedad menor; porque los chismosos y charlatanes excluyen a sí mismos del reinado de la Realeza increada de los Cielos. El hombre que tiene una mala lengua, aunque pueda prosperar en esta vida, no prosperará allí, sino que tropezará y será cazado como coto de caza por las malas represalias y será destruido (Salmos 139:12). Alguien sabio dijo correctamente que es mejor caer de una gran altura al suelo que caer por la lengua (Sirácides 20:18). Por lo tanto, debemos creer al Apóstol Santiago, que escribe: «Que todo hombre sea pronto para escuchar, lento para hablar» (Santiago 1:19).
  91. Para que nuestro νούς nus (espíritu de la psique) con la mente no se eleve y flote y nuestros sentidos o percepciones sensibles nos engañen con vanidad, es bueno prestar atención a aquel que dice: «Anda, pueblo mío, entra en los escondrijos de tu corazón, en el lugar oculto de todo sentido, el escondrijo que no tiene formas de cosas sensibles, que es iluminado por la απάθεια apázia (impasibilidad, despego sin pazos) y la divina χάρις jaris (gracia, energía increada); cierra la puerta a lo visible, ocúltate un poco, porque corta es toda vida humana». Luego dice: «Hasta que pase la ira del Señor» (Isaías 26:20). Como decía otro: «Hasta que pase la iniquidad» (Salmos 56:2). Porque «la ira del Señor» y «la iniquidad» parecen ser los demonios y los pazos y los pecados, como dice Isaías a Dios: «He aquí, te has enojado y hemos pecado» (Isaías 64:5). El hombre evita esta ira cuando constantemente presta atención a su corazón con oración y se esfuerza por entrar en los santuarios de su interior. Porque la Escritura dice: «Saca la sabiduría de lo más profundo del corazón» (Job 28:18), porque «toda la gloria de la hija del rey está dentro de ella» (Salmos 44:14); y trabajo «hasta que entre en el santuario de Dios y en la montaña que ha dado herencia, en la morada preparada, que tú, Señor, construiste, en el lugar santo, que Tus manos prepararon» (Éxodo 15:17).
  92. Aquel que realmente quiere renunciar al mundo, que imite al bienaventurado profeta Eliseo que no tomó nada consigo mismo (3 Reyes 19:20), debido a su gran y ardiente agapi-amor por Dios. Por lo tanto, después de haber distribuido todas sus posesiones a los necesitados y levantado la cruz del Señor, que se apresure a ir hacia Él con su consentimiento a la muerte o mortificación voluntaria, que se convierte en el preludio del reinado de la Realeza eterna.
  93. Cuando te des cuenta de que el Amoreo es fuerte dentro de ti como un roble (Amós 2:9), entonces ruega con insistencia al Señor para que seque el fruto del árbol, es decir, el pecado práctico, en praxis, y las raíces debajo, es decir, los pensamientos sucios e impuros, y el Señor eliminará al Amoreo de tu presencia.
  94. No debes sorprenderte cuando ves que los que no pueden estar en ησυχία hisijía (serenidad mental y paz cordial) nos molestan; es mejor orar por ellos, pero sin resentir. Y enfrentarse a ellos con una sumisión más fuerte a Dios y decir en voz alta: «Somete mi psique-alma a Dios (Salmos 61:6); en lugar de que me amen, me calumniaban; pero yo oraba (Salmos 108:4) por mi propia “psico-terapia”, sanación y la de ellos».
  95. Si no sopla un fuerte viento en el mar, no se levantan las olas; y si un demonio no viene a nosotros, la psique-alma no se perturba por los pazos, ni el cuerpo.
  96. Siempre que te calientes con la oración y la divina χάρις Jaris (gracia, energía increada), ya que te has vestido con las armas de la luz(Rom 13, 12):, dice la Sagrada Escritura para ti, «Tu vestidura está caliente» (Job 37, 17). Mientras que tus enemigos visten como un manto ancho la vergüenza (Salmo 108, 29) y la oscuridad del tártaro, abismo.
  97. Cuando recuerdes tus pecados, no dudes en golpear tu pecho, para que con estas heridas rompas el corazón embotado y endurecido y encuentres la mina del oro de la metania arrepentimiento y confesión (Lucas 18, 13); y te regocijarás en exceso por la riqueza oculta.
  98. Que siempre arda en el altar de tu psique-alma el fuego de las oraciones que conducen al estudio santo y superior de los logos (principios espirituales) del EspírituSanto.
  99. Si siempre te aseguras de llevar calzados en tus pies para estar preparado para el evangelio de la paz (Efesios 6, 15), ciertamente construirás también tu propia casa y la casa de tu prójimo. Pero si descuidas esto, serás escupido en secreto y de acuerdo con la ley heredarás el nombre de aquel a quien descalzaste (Deuteronomio 25, 9-10).
  100. Si, como dice Juan, Dios es αγάπη agapi (amor incondicional, desinteresado, altruista), y quien ama, permanece en Dios, y Dios en él (Juan 4, 16), entonces aquel que odia a su prójimo, al separarse de la agapi-amor, está evidentemente inmerso en el odio, rencor y resentimiento. Por lo tanto, el que odia a su semejante está separado de Dios, ya que Dios es agapi-amor y quien permanece en la agapi-amor permanece en Dios y Dios en él. A Él sea la doxa-gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén.

 

  1. b) Logos ascético y consolador complementario de los cien capítulos.

Nunca quieras estar por encima del monje, bendice al laico que tiene esposa e hijos y se regocija porque beneficia a muchos y dispersa abundantemente la misericordia y la caridad y no es en absoluto molestado por los demonios, y pienses que eres inferior a él en agradar a Dios. Tampoco te repruebes a ti mismo, como si supuestamente o aparentemente caminas para la perdición.

No digo que vivas impecablemente al permanecer entre los monjes, pero incluso si eres muy pecador, la aflicción de tu psique-alma y la tribulación son más valiosas para Dios que la virtud excesiva del laico. Tu gran dolor y sufrimiento, tu desaliento, tus gemidos, tu angustia psíquica, tus lágrimas, el tormento de tu conciencia, el desconcierto de tu pensamiento, la condena de tu mente, el llanto, el lamento de tu nus-espíritu, los gritos de tu corazón, la contrición, la fatiga, la desesperación, el desprecio, todos estos y similares, que a menudo les suceden a aquellos que se entregan al horno de hierro de las tentaciones, son infinitamente más preciosos y bienvenidos que el contento del mundano o laico.

Así que ten cuidado de no caer en la condenación por tu cuenta de la que habla la Sagrada Escritura: «¿Qué beneficio hemos obtenido al ir como suplicantes al Señor y al quedarnos siempre en Su templo?» (Malaquías 3,14). Es evidente que todo siervo que permanece cerca de su Señor a veces sufre azotes, golpes y acusaciones e insultos. Pero los que están fuera, por supuesto, evitan los golpes, como si fueran siervos extranjeros que no importan. «¿Qué beneficio obtenemos entonces?», dicen, «nosotros que sufrimos aflicciones en la psique-almay en el cuerpo, que siempre oramos y cantamos himnos? ¿Y los laicos o mundanos que ni rezan ni velan, se alegran y se regocijan y progresan y pasan con alegría y felicidad?» Y como dice el profeta: «Miren, se están construyendo casas ajenas, y nosotros deseamos lo mejor a los demás.» Y agrega: «Esto lo dicen los siervos de Dios, que tienen gnosis (conocimiento espiritual)» (Malaquías 3, 15-16). Pero deben saber (los monjes) que no sufren nada extraño al afligirse y probar varias tristezas tribulaciones soportando los padecimientos del Señor, que dice en el Evangelio: «Les aseguro que llorarán y se lamentarán ustedes que están cerca de mí, mientras que el mundo se alegrará. Pero esperen un poco más y os visitaré a través del Paráclito, Consolador, quitaré vuestra tristeza y os traeré a mí con pensamientos y conceptos de vida celestial y descanso y con lágrimas dulces, que han sido privados durante unos días debido a las tentaciones. Y os daré el pecho de mi χάρις jaris (gracia, energía increada), como la madre al niño que llora, y os fortaleceré con fuerza y energía celestial, a ustedes que se han debilitado por la guerra que han sufrido; y aliviaré y endulzaré a ustedes que han sido amargados, como dice Jeremías en las Lamentaciones por «Jerusalén que está en tu interior»; y os veré y se alegrará vuestro corazón con mi visita secreta, y su tristeza se transformará en alegría; y esta alegría nadie podrá quitarla de ustedes» (Juan 16,20-22).

Por lo tanto, no seamos miopes y ciegos y consideremos a los laicos más afortunados que nosotros; pero sabiendo la diferencia entre los hijos legítimos y los bastardos, prefiramos la miseria aparente de los monjes y su terrible aflicción, que termina en vida eterna y en la corona imperecedera de la doxa-gloria increada del Señor (1 Pedro 5,4). Prefiramos, pues, la tribulación de los ascetas que son considerados pecadores, – más correcto, diría justos-, y el estar colgados en la casa de Dios, es decir, en la clase o al batallón de aquellos que trabajan incesantemente en Cristo, en lugar de habitar en las moradas de los pecadores (Salmo 83,11) o relacionarnos con los mundanos, incluso si tienen grandes virtudes.

Te dice, oh monje, tu Padre celestial que te ama profundamente y te entristece y te aflige con diversas tentaciones: “Debes saber bien, pobre monje, que como he dicho por boca del profeta, me convertiré en tu instructor, te encontraré en el camino hacia Egipto y te estaré probando constantemente con aflicciones y tribulaciones. Los caminos inicuos y perversos te los cerraré con las espinas (Oseas 2,8) de mi providencia, es decir, te heriré con inesperadas desgracias, para impedirte hacer las cosas y obras que piensas con tu corazón necio. Y cerraré el mar de tus πάθος pazos con las puertas de mis compasiones (Job 38,8). Y estaré frente a ti como un leopardo que te devora con pensamientos y conceptos de auto-reproche y auto-condena y μετάνοια metania (introspección arrepentimiento y confesión) al hacerte consciente de tus pecados que ignoras. Todas estas cosas tristes son una gran jaris gracia de Dios. Y no solo como un leopardo, sino también como un aguijón (Oseas 13,7) seré, y te heriré con pensamientos de compunción, pinzamiento del corazón y angustias cardíacas, y no faltará dolor y tristeza en tu hogar”, es decir, la psique-alma y el cuerpo que serán bien trabajados y beneficiosamente educados por las dulces y melosas instrucciones de Dios. Pero el fin de los castigos y dolores y turbulencias y vergüenzas y temores y desesperaciones que usualmente ocurren a los ascetas, de todas estas sombrías cosas el fin es la alegría celestial y el gozo y deleite inefable y la doxa-gloria inimaginable y la incesante felicidad. “Por eso”, dice, “te afligí, para alimentarte con el maná de la gnosis (conocimiento espiritual; y te permití pasar hambre para beneficiarte al final y para introducirte en la realeza celestial”. Entonces los humildes monjes saltarán de alegría como los terneros cuando son liberados de sus ataduras, es decir, los padecimientos pazos carnales y tentaciones de los enemigos; y entonces pisotearéis a los demonios inicuos e ilegales que ahora os pisotean; y se convertirán en cenizas bajo vuestros pies (Malaquías 4,2-3).

Si eres, oh monje, piadoso y humilde y no te hinches de vanagloria y arrogancia, ni seas obstinado, sino que tengas katánixis (compunción, dilatación) en tu corazón y te consideres un siervo inútil (Lucas 17,10 Isaías 43,25). Cuanto más lejos esté el este del oeste, más alejados estarán tus pecados de ti, “y seré compasivo contigo, como un padre es compasivo con sus hijos’ (Salmo 102,12-13). Tú lo único que tienes que hacer es no alejarte ni huir de Aquel que te eligió para salmodiar y orar, sino aférrate a Él toda tu vida, ya sea con el coraje de la pureza, ya sea con una reverencia piadosa y la confesión firme y continua. Y Él te hará la catarsis y te purificará con su aliento. Y tendrás una humildad en tu espíritu; si tienes tal humildad y contrición, entonces tu error es mejor que la virtud de los mundanos. Y tus manchas son preferibles a la gran catarsis de los mundanos. ¿Qué es eso por lo que te afliges? De todos modos, alguna mancha te ha ocurrido. Pero mira; cuando alguien ensucia sus manos con alquitrán, se limpia con un poco de aceite. Mucho más tú puedes limpiarte con la misericordia de Dios. Así como no es difícil lavar tu ropa, mucho menos es difícil para el Señor limpiarte de cualquier mancha, incluso si todos los días, como es natural, sufres tentaciones. Porque cuando dices: “He pecado contra el Señor”, la respuesta es: “Tus pecados están perdonados; Yo soy quien los borra y no los recordaré”.

Lo que Dios limpia con Su voluntad, ni siquiera el gran apóstol Pedro puede volver impuro o condenar; porque se le dijo: “Lo que Dios ha limpiado, no lo consideres tú impuro” (Hechos 10,15). ¿No es Dios quien nos justifica por su propia misericordia y filantropía? ¿Quién nos condenará? (Rom 8,34); Porque cuando invocamos el nombre de nuestro Señor Jesús Cristo, nuestra conciencia se limpia fácilmente y nada nos diferencia de los profetas y los demás santos. Dios no nos destinó a su ira, sino a la salvación a través de nuestro Señor Jesús Cristo, quien murió por nosotros; de modo que ya sea que estemos despiertos en virtudes o suceda que durmamos, como es probable, por algunas imperfecciones, vivamos junto con Cristo, mirándolo siempre con grandes gemidos y lamentaciones incesantes y respirándolo. Así que vistámonos con la fe como armadura y llevemos como yelmo la esperanza de la salvación (1 Tes 5, 8-10), para que las flechas de la desesperación y el agobio no puedan penetrar en nuestro interior.

Pero tú mismo dices: «Me enojo y me indigno cuando veo a los mundanos que no se preocupan por nada». Pero debes saber, querido, que Satanás no necesita molestar a aquellos que se molestan por sí mismos y siempre están arrastrándose por la tierra con asuntos mundanos. También debes saber esto: que los premios y las coronas están destinados para aquellos que son tentados, y no para aquellos que no cuidan de Dios, ni para los mundanos que están acostados y roncando. «Pero yo, me dices, me preocupo demasiado y mis riñones están llenos de dolor (Salmo 37,8), como dice el profeta, y es una fatiga y una quebradura completa, y no hay terapia en mi cuerpo y cuidado en mis huesos» (Proverbios 3,8). Pero el Gran Médico y Psicoterapeuta de los enfermos está cerca, Él que levantó nuestras debilidades y que con Su herida nos psicoterapió y curó (Isaías 53,3) y nos psicoterapia y cura; está cerca ahora, aplicando los remedios y fármacos salvadores. Porque el Señor dice: «Yo he golpeado y yo también sanaré» (Deut 32,39). Así que no temas; cuando haya pasado mi gran ira, nuevamente sanaré (Isaías 7,4). Y como una mujer no olvida compadecerse de sus hijos, así yo tampoco te olvidaré (Isaías 49,15).

Y si el ave compadece a sus crías y las visita constantemente y les grita y les da alimento en el pico, mucho más mis misericordias y caridades se extienden sobre Mis criaturas, y aún más se extienden Mis entrañas sobre ti y te visito en secreto y te hablo intelectualmente y espiritualmente y te doy alimento en tu διάνοια diania (mente, intelecto) que está abierta como una golondrinilla. Te doy alimento del temor divino y alimento del anhelo celestial y alimento de gemidos de consuelo y alimento de katánixis (compunción, dilatación del corazón) y alimento de melodía y alimento de gnosis (conocimiento espiritual) más profundo y alimento de algunos misterios divinos. Si te estoy mintiendo, yo, el Señor y tu Padre, revísame, repréndeme y lo aceptaré». De esta manera, el Señor siempre habla mentalmente y espiritualmente con nosotros.

Sin embargo, yo sé que me he excedido y os he escrito mucho; pero ustedes me instaron a hacerlo. Alargué mi logos escrito para apoyar a aquellos que corren el riesgo de caer debido a la negligencia. Porque como me habéis escrito, se encontraron entre ustedes en la India algunos hermanos que estaban agotados por tentaciones excesivas e inesperadas y se están retirando de la vida y práctica monástica, diciendo que es opresiva y tiene innumerables peligros. Y abiertamente favorecieron a los mundanos, mientras que culparon el día en que tomaron el hábito. Por eso me vi obligado a extender el logos escrito y a usar palabras simples para que incluso el simple e iletrado pueda entender lo que se escribe. Por eso escribí muchas cosas, para que de ahora en adelante ningún monje tenga la suerte con los mundanos, sino solo consigo mismo; porque ellos, sin objeción, son superiores y más brillantes y más gloriosos que los reyes que llevan coronas, porque siempre están sentados cerca de Dios. Y yo que escribí estas cosas, os ruego a vuestro amor que siempre me recuerden en sus oraciones, para que reciba la χάρις jaris (gracia, energía increada) del Señor y termine esta vida con un buen final. Y el Padre de las misericordias y caridades y el Dios de toda consolación (2Cor 1,3) que les regale consolación eterna y una buena esperanza a través de nuestro Señor Jesús Cristo, a quien pertenece la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén.

Traducido por: χΧ jJ  logosortodoxo.es/ 08/06/2024

 

 

 

 

 

 

 

 

Filocalía, tomo 1 San Casiano el Romano Sobre los ocho pensamientos y conceptos de la maldad y sobre el discernimiento.

 

Φιλοκαλία των Ιερών Νηπτικών, Τόμος Α΄ 

 Άγιος Κασσιανός ο Ρωμαίος 

Προς τον επίσκοπο Κάστορα, περί των οκτώ λογισμών της κακίας

Λόγος προς τον ηγούμενο Λεόντιο, για τους αγίους Πατέρες της Σκήτης και για την διάκριση

Filocalía de los Padres Nípticos, tomo 1

San Casiano el Romano

a) Hacia Obispo Castor, sobre los ocho pensamientos y conceptos de la maldad

b) Logos sobre el abad Leontio, sobre los santos Padres de la Skiti Asceterio 

c) Sobre el discernimiento.

 

Habiendo previamente redactado el logos escrito «Sobre la formación de los Monasterios», con la confianza en tus oraciones, intentamos nuevamente escribir sobre los ocho pensamientos y conceptos de la maldad: la glotonería, la lujuria, la avaricia, la ira, la tristeza, la acedia, la vanagloria y el orgullo.

a) Hacia Obispo Castor, sobre los ocho pensamientos y conceptos de la maldad

  1. Sobre la continencia del vientre

Primero hablaré sobre la εγκράτεια engratia (continencia, autodominio, templanza) en las comidas, que es lo opuesto a la glotonería o gula, y sobre el modo de ayunar y la cantidad de alimentos. Y esto, no de mi propio conocimiento, sino según lo que hemos recibido de los santos Padres. Ellos, pues, no han entregado una única regla de ayuno, ni un único modo de alimentación, ni la misma medida, porque no todos tienen la misma fuerza, ya sea por edad, enfermedad o mejor condición física. Sin embargo, han dado a todos un único propósito: evitar la abundancia y rechazar la saciedad del vientre. Han observado en la práctica que es más beneficioso y ayuda a la pureza comer una vez al día en lugar de comer cada tres, cuatro o siete días. Porque dicen, aquel que se extiende excesivamente en el ayuno, después come excesivamente. Y debido a esto, a veces por la excesiva abstinencia de alimentos el cuerpo se debilita y se vuelve más reacio a las labores espirituales, y otras veces cuando se llena por el peso de las comidas, provoca negligencia y debilitamiento de la psique-alma. Asimismo, los santos Padres han probado y visto que no es para todos adecuada la alimentación con hierbas, ni con legumbres, ni todos pueden alimentarse solo con una rebanada de pan tostado. Y como dijeron, uno puede comer dos libras de pan y aún tener hambre, mientras que otro come una libra o seis onzas y se siente satisfecho. Por tanto, como dije, han entregado a todos una única regla de continencia: no dejarse engañar por la saciedad del vientre (Prov 24, 15), ni dejarse llevar por el placer del paladar. Porque no solo es la diferencia en la calidad de los alimentos, sino también la cantidad la que enciende los dardos ardientes (Efe 6, 16) de la lujuria y fornicación. Porque con cualquier alimento cuando el vientre se llena, genera la semilla de la corrupción. Y nuevamente, no solo la crápula del vino trae la embriaguez, borrachera y el mareo a la mente, sino también la abundancia de agua y el uso excesivo de cualquier alimento la aturden y la llevan al sueño. La causa de la destrucción de los sodomitas no fue la embriaguez del vino y los diversos alimentos, sino la abundancia de pan, según el profeta (Ezequiel 16, 49).

La enfermedad del cuerpo no es contraria a la pureza del corazón, cuando damos al cuerpo lo que requiere la enfermedad, no lo que desea el placer hedonista. Usamos los alimentos para vivir, no para esclavizarnos a los impulsos del deseo hedonista. La alimentación moderada y dentro de límites razonables ayuda a la salud del cuerpo, no quita la santidad. La regla precisa de la continencia, como la entregaron los Padres, es detenernos de comer antes de saciarnos. Y el Apóstol que dijo: «No os preocupéis de la carne para satisfacer sus deseos» (Rom 13, 14), no impidió el gobierno necesario de la vida, sino que prohibió la preocupación placentera hedonista.

Además, para la pureza perfecta de la psique-alma, no basta solo la continencia en los alimentos, si no concurren también las demás virtudes. Por tanto, la humildad con la obediencia y la mortificación del cuerpo benefician mucho. La abstinencia de la avaricia, no solo el no tener dinero, sino también el no desearlo, conduce a la pureza de la psique-alma. La abstinencia de la ira, de la tristeza, de la vanagloria, del orgullo, todo esto produce la pureza general de la psique-alma. La pureza parcial de la psique-alma, a través de la sobriedad, la logran especialmente el ayuno y la continencia. Porque es imposible que aquel que tiene el vientre lleno, haga una guerra mental y espiritual con el νούς nus (espíritu de la psique) contra el espíritu de la lujuria y fornicación. Así que, nuestro primer esfuerzo y lucha debe ser contener nuestro vientre y someter el cuerpo. No solo con el ayuno, sino también con la vigilia, el trabajo y las lecturas espirituales y con el recogimiento del corazón en el temor del infierno y el deseo del reinado de la Realeza increada de los Cielos.

  1. Sobre el espíritu de la lujuria, fornicación y el deseo carnal

El segundo combate y lucha que debemos enfrentar es contra el espíritu de la lujuria y el deseo carnal, el cual deseo comienza a molestar al ser humano desde temprana edad. Esta lucha es grande y difícil y tiene dos frentes. Porque, mientras que otros defectos libran la batalla solo en la psique-alma, la guerra carnal es doble, tanto en la psique-alma como en el cuerpo. Y por eso debemos emprender una guerra doble. Porque no basta el ayuno corporal para alcanzar la perfecta sobriedad, la templanza y la verdadera castidad, si no se acompaña de la contrición del corazón, la oración continua a Dios, el estudio frecuente de las Escrituras, el esfuerzo y el trabajo manual, que pueden frenar los impulsos desordenados de la psique-alma y apartarla de las fantasías obscenas. Sobre todo, ayuda la humildad de la psique-alma, sin la cual nadie puede vencer ni la lujuria o fornicación ni ninguna otra pasión o pazos. Primero, entonces, debemos con todo cuidado guardar nuestro corazón (Prov 4, 23) de pensamientos y conceptos impuros. Porque del corazón salen, como dijo el Señor, pensamientos malos, homicidios, adulterios, fornicaciones y demás (Mateo 15, 19).

Y el ayuno no se ha instituido solo para el sufrimiento del cuerpo, sino también para la atención y sobriedad del νούς nus (espíritu de la psique) y la mente, para que el νούς nus con la mente no se oscurezca por la glotonería y se vuelva incapaz de vigilar los pensamientos. Por lo tanto, no debemos poner toda nuestra atención solo en el ayuno corporal, sino también en la vigilancia de los pensamientos y en el estudio espiritual, sin los cuales es imposible elevarnos a la altura de la verdadera castidad y pureza. Así, debemos limpiar primero, según el mandato del Señor, el interior del plato y del vaso, para que también su exterior quede limpio (Mateo 23, 26).

Por eso, si tenemos el propósito de luchar legítimamente y recibir la corona (2Tim 2, 5), después de vencer el espíritu impuro de la lujuria o fornicación, no debemos confiar en nuestra propia fuerza y ejercicio, sino en la ayuda de nuestro Señor y Dios. Porque el hombre no deja de ser combatido por este espíritu hasta que cree verdaderamente que no por su propio esfuerzo y trabajo, sino con la ayuda de Dios se libera de esta enfermedad y asciende a la altura de la castidad. Y esto es algo que está por encima de la naturaleza. De alguna manera, aquel que ha sometido las excitaciones de la carne y los placeres hedonistas se eleva por encima del cuerpo. Por eso, es imposible que el hombre (por decirlo así) con sus propias alas vuele hacia el alto y celestial premio de la santidad y se convierta en imitador de los ángeles, si la χάρις jaris (gracia, energía increada) de Dios no lo eleva de la tierra y del barro. Porque con ninguna otra virtud los hombres, con la carne que llevan, se asemejan más a los ángeles que con la virtud de la sobriedad. Con esta virtud, aunque están aún en la tierra, su ciudadanía y su forma de gobernarse en la tierra están en los cielos, según el Apóstol Pablo (Fil 3, 20).

La señal de que hemos alcanzado completamente esta virtud es que la psique-alma no se apegue en el sueño a ninguna imagen de fantasía obscena. Porque aunque no se considera pecado esta reacción en el sueño, es un signo de que la psique-alma está enferma y no se ha liberado del πάθος pazos (pasión, vicio) carnal. Por eso, las fantasías obscenas que nos vienen en el sueño, debemos creer que son una advertencia de nuestra negligencia anterior y de nuestra enfermedad, ya que la enfermedad oculta en lo más profundo de nuestra psique-alma se revela durante la polución (flujo) nocturna durante el descanso del sueño. Por eso, el Médico de nuestras psiques-almas ha puesto el remedio en lo más profundo de la psique-alma, donde sabía que también se encuentran las causas de la enfermedad, diciendo: «Todo el que mira a una mujer con deseo, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón» (Mateo 5, 28). No corrige tanto los ojos curiosos y lujuriosos, como la psique-alma que reside en nosotros, que usa mal los ojos que Dios ha dado para el bien del hombre. Por eso, el sabio Proverbio no dice: «De todas maneras cuida tus ojos», sino: «De todas maneras cuida tu corazón» (Prov 4, 23). Es decir, ha puesto el remedio de la atención en el corazón que utiliza los ojos para lo que desea y quiere.

Así pues, esta debe ser la guardia y protección de nuestro corazón: cuando venga a nuestra mente el recuerdo de una mujer, ya sea madre, hermana u otras mujeres piadosas, que haya surgido por obra de la astucia del diablo, debemos inmediatamente apartarlo de nuestro corazón, no vaya a ser que al persistir mucho en ese recuerdo, el engañador, el diablo, nos arrastre al mal y nos precipite en el abismo de pensamientos obscenos y perjudiciales. Asimismo, el mandato dado por Dios al primer hombre nos ordena aplastar la cabeza de la serpiente (Gén. 3, 15), es decir, el inicio de los pensamientos dañinos, a través de los cuales intenta infiltrarse en nuestras psiques-almas. De lo contrario, al aceptar la cabeza, que es el inicio del pensamiento, aceptaremos también el resto del cuerpo de la serpiente, que es el consentimiento al placer hedonista, y esto precipitará nuestra διάνοια diania (mente, intelecto) en la acción, praxis ilegal.

Según las Escrituras, cada mañana debemos exterminar a todos los pecadores de la tierra (Sal. 100, 8), es decir, con la luz de la gnosis (conocimiento espiritual) discernir y eliminar los pensamientos pecaminosos de la tierra, la cual (tierra) es nuestro corazón, conforme a la enseñanza del Señor. Y mientras los hijos de Babilonia, es decir, los pensamientos astutos malvados, aunque sean pequeños, debemos golpearlos contra la roca (Sal. 136, 9), la cual roca es el Cristo. Porque si los pensamientos infantiles crecen y se fortalecen debido a nuestro consentimiento en ellos, no serán derrotados sin gran gemido y esfuerzo.

Después de lo que hemos dicho de la Sagrada Escritura, es bueno recordar también las palabras de los santos Padres. Así, San Basilio el Grande, obispo de Cesarea de Capadocia, dijo: «Ni conozco mujer ni soy virgen». Conocía tanto esto, que indicaba que el don de la virginidad o castidad no se logra solo con la abstinencia de mujeres, sino con la santidad de la psique-alma y la pureza, que se alcanzan con el temor de Dios. También dicen los Padres que no podemos adquirir completamente la virtud de la castidad si no obtenemos primero la verdadera humildad en nuestro corazón. Ni podemos ser considerados dignos de adquirir la verdadera gnosis divina (conocimiento espiritual) si en lo más recóndito de nuestra psique-alma reside la pasión de la lujuria. Mostraremos también por el Apóstol cuán grande es la hazaña de la sobriedad, y después de mencionar una sola frase suya, concluiremos: «Procurad la paz con todos y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor» (Heb. 12, 14). Que se refiere a nuestro tema es evidente por lo que dice inmediatamente después: «Que ninguno sea fornicario o profano como Esaú» (Heb. 12, 16).

Así pues, tan celestial y angélica es la hazaña de la santidad, que es combatida con más pesadas conspiraciones y engaños por los enemigos demonios. Por ello, debemos esforzarnos en tener no solo la abstinencia y continencia o autodominio del cuerpo, sino también la contrición del corazón y frecuentes oraciones con gemidos, para apagar con el rocío del Espíritu Santo el horno de nuestro cuerpo y carne, que el rey de Babilonia enciende diariamente con los asaltos y estímulos del deseo (Dan. 3, 19).

Además de esto, la vigilia según Dios es un arma poderosa para esta lucha. Porque así como la atención y la protección del día prepara la santidad nocturna, así también la vigilia nocturna según Dios prepara y facilita la pureza de la psique-alma del día.

  1. Sobre la φιλαργυρία filargiría avaricia, amor al dinero

El tercer combate o lcha es contra el espíritu de la φιλαργυρία filargiría (avaricia, codicia, amor al dinero), una lucha que es ajena y externa a la naturaleza humana, y que surge debido a la falta de fe del cristiano y del monje. Porque las provocaciones y estimulaciones de otras pasiones, me refiero a la ira y al deseo, tienen sus causas en el cuerpo y, en cierto modo, son innatas y comienzan desde el nacimiento. Por ello, se necesita mucho tiempo para vencerlas y gestionarlas bien. Sin embargo, la enfermedad de la avaricia viene de afuera y puede ser cortada más fácilmente si uno la aplica y la realiza con diligencia y atención. Pero si se descuida, se vuelve más destructiva que las otras pasiones y es difícil de erradicar, porque, según el Apóstol, es la raíz de todos los males (1Tim. 6, 10).

Pensemos de la siguiente manera: los movimientos naturales del cuerpo existen no solo en los niños, que aún no tienen juicio del bien y del mal, sino también en esos bebés que toman leche y que no tienen ni un rastro de placer, sin embargo, muestran signos de tener movimientos carnales por naturaleza. Asimismo, el aguijón de la ira se observa en los niños, cuando los vemos agitarse vigorosamente contra quienes los han molestado. Y esto no lo digo para acusar a la naturaleza como causa del pecado, de ningún modo, sino para mostrar que la ira y el deseo, aunque fueron unidos al hombre por el Creador para el bien y son, en cierto modo, características naturales del cuerpo, caen en acciones antinaturales debido a la negligencia. Porque el movimiento del cuerpo fue dado por el Creador para la procreación y la perpetuación de la humanidad mediante la sucesión y no para la lujuria o fornicación. Y la ira ha sido sembrada en nosotros para nuestra salvación, para que nos enfademos contra la maldad y no nos convirtamos en bestias contra los hombres. Por lo tanto, si usamos la ira y el deseo para el mal, no es la naturaleza humana pecaminosa ni debemos culpar al Creador, así como no culpamos a quien dio a otro una herramienta de hierro para un trabajo necesario y beneficioso, y este la usó para cometer un asesinato.

Dicho esto, para demostrar que la pasión de la avaricia no proviene de la naturaleza, sino solo de una disposición muy mala y corrupta. Porque esta enfermedad de la avaricia, cuando encuentra una psique-alma tibia e incrédula, al comienzo de la renuncia, le sugiere pretextos justos y aparentemente razonables para retener algunas de sus posesiones. Le dice que tendrá una vejez prolongada y enfermedades, y que lo que el monasterio da para las necesidades no es suficiente ni para un enfermo ni para un sano, y que aquí no cuidan a los enfermos como deberían, sino con mucha negligencia, y que si no ha guardado el oro o el dinero, morirá miserablemente.

Por último, le sugiere la idea de que tampoco puede permanecer mucho tiempo en el monasterio debido al trabajo pesado y la severidad del abad. Y cuando engaña su διάνοια diania mente con tales pensamientos, para adquirir al menos un denario, entonces lo persuade para que aprenda un oficio manual en secreto del abad, con el cual pueda aumentar el dinero que tanto desea. Más adelante, lo engaña miserablemente con esperanzas ocultas y le susurra las ganancias que obtendrá de su trabajo y el descanso y la despreocupación que conseguirá. Y una vez que se entrega completamente al pensamiento del lucro, no presta atención a ningún otro mal; ni la rabia de la ira si sufre algún daño, ni la oscuridad de la tristeza si no logra la ganancia, pero así como para algunos se convierte su dios su vientre (Fil. 3, 19), así para él su dios es el oro o el dinero. Por eso, el bienaventurado Apóstol Pablo, sabiendo esto, no solo llamó a la avaricia la raíz de todos los males, sino también idolatría (1 Tim. 6, 10).

Veamos entonces a cuánta maldad arrastra esta enfermedad al hombre, llevándolo incluso a la idolatría. Porque cuando el avaro aparta su mente del amor de Dios, ama ídolos, es decir, imágenes grabadas de hombres que están esculpidas en las monedas. Con tales pensamientos, se oscurece el monje o el cristiano y avanza hacia lo peor, no puede tener ninguna obediencia, se indigna, cree que padece injustamente y se queja de cada trabajo, objeta y, sin ningún respeto, como un animal salvaje, se precipita hacia el abismo. Ni siquiera se contenta con la comida diaria y protesta que no puede soportar hasta el final. Y dice que Dios no está solo allí, ni que la salvación se encuentra exclusivamente allí, y que si no se va de ese monasterio, se perderá.

Y así, teniendo como colaborador de su opinión corrupta el dinero que guarda, lo siente como alas y con ellas planea huir del monasterio. Por lo tanto, responde con orgullo y dureza a todas las órdenes que se le dan y, considerándose a sí mismo como un extraño y un intruso, si ve que algo necesita ser corregido en el monasterio, lo descuida y desprecia y critica todo lo que se hace. Luego busca pretextos para enojarse y entristecerse, para que no lo tomen por frívolo y que se va del monasterio sin causa. Y si puede engañar a otro con sus murmullos y palabras vanas y sacarlo del monasterio, también lo hace para tener un colaborador. Así, pues, encendido por el fuego de su dinero, el avaro nunca puede encontrar paz en su monasterio ni vivir bajo regla.

Y cuando el diablo, como un lobo, lo arranca del redil y lo separa del rebaño y lo lleva para devorarlo, entonces lo lleva al punto de hacer con gran diligencia en su celda los trabajos que detestaba hacer a las horas señaladas en el monasterio cenobio (de vida común), tanto de día como de noche. Y no le permite aplicar y cumplir ni los hábitos o costumbre de las oraciones, ni los ayunos, ni la regla de las vigilias, sino que, una vez que lo tenga atado por la locura de la φιλαργυρία filargiría (avaricia, codicia, amor al dinero) le convence que toda su disposición y diligencia la dirija a su trabajo manual.

Tres son las formas de esta enfermedad, las cuales son igualmente prohibidas por las Sagradas Escrituras y las enseñanzas de los Padres. Una forma es la que hace que los que eran pobres intenten ahora obtener lo que no tenían en el mundo.

Otra es la que hace que aquellos que una vez renunciaron al dinero cuando se hicieron monjes, se arrepientan y los pone a que busquen las cosas que ofrecieron a Dios.

La tercera es la que, desde el principio, después de atar al monje con incredulidad y tibieza, no le permite liberarse completamente de las preocupaciones mundanas, inculcándole miedo a la pobreza y desconfianza en la providencia de Dios, haciéndolo romper las promesas que hizo cuando renunció al mundo.

Encontramos ejemplos de estas tres formas condenadas en la Sagrada Escritura. Así, Giezi, porque deseó obtener dinero que no tenía antes, no consiguió la χάρις jaris gracia profética que su maestro quería dejarle como herencia. En lugar de una bendición, heredó la lepra eterna con la maldición del Profeta (2 Reyes 5, 25).

Y Judas, que quiso tomar dinero que había dejado anteriormente al seguir a Cristo, no solo cayó en la traición del Señor y se separó del coro de los Apóstoles, sino que también terminó su vida con una muerte violenta (Mateo 27, 5).

Ananías y Safira, al guardar parte de lo que tenían, fueron castigados con la muerte por la boca apostólica (Hechos 5, 1-10).

El gran Moisés en el Deuteronomio da una advertencia secreta a aquellos que prometen renunciar y abandonar el mundo y que por miedo e incredulidad se aferran nuevamente a las cosas terrenales: “Si alguien es cobarde y miedoso, no vaya a la guerra, sino regrese a casa y sentarse, no sea que haga que sus hermanos también teman” (Deut 20, 8).

¿Existe un testimonio más claro y certero? ¿No aprendemos de esto que aquellos que renuncian al mundo deben renunciar completamente a todo y así salir a la batalla, y no hacer un comienzo tibio y corrupto, alejando a otros de la perfección evangélica y llevándolos a la cobardía?

Lo que dice bien la Sagrada Escritura: “Es más bienaventurado dar que recibir” (Hechos 20, 35), lo interpretan mal, apresurándose hacia su engaño y el deseo de la avaricia, malinterpretando el dicho y la enseñanza del Señor que dice: “Ya que quieres ser perfecto, anda, vende tus posesiones y repártelas a los pobres, y adquirirás un tesoro en los cielos, después ven y sígueme” (Mateo 19, 21). Y así concluyen que es mejor que la pobreza dominar su riqueza y de ella dar a los necesitados.

Que aprendan estos que aún no han renunciado al mundo, ni han alcanzado la perfección monástica, ya que se avergüenzan de hacerse pobres por Cristo como el apóstol Pablo y con el trabajo de sus manos sostenerse a sí mismos y asistir a los necesitados (Hechos 20, 34) y cumplir con obras la promesa monástica y ser glorificados junto con el Apóstol. Y habiendo dispersado su antigua riqueza, luchar con Pablo la buena batalla con hambre y sed, con frío y desnudez (2 Tim. 4, 7). Porque si el Apóstol supiera que su antigua riqueza era más útil para la perfección del hombre, no la habría despreciado, ya que era un ciudadano romano distinguido (Hechos 22, 25).

Pero también los cristianos de Jerusalén vendían sus casas y campos y ponían el precio a los pies de los Apóstoles (Hechos 4, 34). No harían esto si supieran que los Apóstoles consideraban mejor alimentarse de sus propios bienes y no del trabajo de sus manos y de las ofrendas de los gentiles.

Más claramente enseña sobre esto el apóstol Pablo con lo que escribe a los romanos: “Ahora voy a Jerusalén para servir a los santos… Quisieron ayudar, y también eran deudores de ellos” (Romanos 15, 27). Y él mismo, estando en cadenas y prisiones muchas veces y agobiado y cansado por el viaje, lo cual le impedía trabajar como solía con sus manos para obtener lo necesario, enseña que recibió esto de los hermanos que vinieron de Macedonia, diciendo: “Los hermanos que vinieron de Macedonia completaron lo que me faltaba” (2 Cor. 11, 9). Y a los filipenses les escribe: “Sabéis también vosotros, filipenses, que al principio del evangelio, cuando partí de Macedonia, ninguna Iglesia compartió conmigo en cuanto a dar y recibir, sino solo vosotros, porque aun en Tesalónica me enviasteis una y otra vez para mis necesidades” (Filip. 4, 15).

Por tanto, que ellos sean también según la opinión de los avaros, más felices que el Apóstol porque de sus bienes le proporcionaron los necesarios. Pero nadie llegará a tal insensatez para decir eso.

Así que, si queremos seguir el mandato evangélico y la Iglesia establecida por los Apóstoles desde el principio, no debemos basarnos en nuestras opiniones subjetivas ni interpretar mal las cosas que han sido bien dichas. Sino que debemos abandonar nuestra opinión tibia e incrédula y grabar firmemente en nuestra mente la precisión del Evangelio. Así, podremos seguir las huellas de los Padres y nunca alejarnos de la atención y diligencia del monasterio cenobio (de vida común), renunciando verdaderamente a este mundo.

Es útil recordar aquí las palabras de un santo. San Basilio el Grande, obispo de Cesarea de Capadocia, le dijo a un senador que renunció al mundo con tibieza y retuvo parte de su dinero: «Perdiste el senado y no te convertiste en monje».

Debemos con todo esmero arrancar de nuestra psique-alma la raíz de todos los males, que es la φιλαργυρία filargiría (avaricia, codicia, amor al dinero) sabiendo bien que cuando la raíz permanece, las ramas brotan fácilmente. Pero esta virtud es difícil de alcanzar si no vivimos en un monasterio cenobio (de vida en común), donde no nos preocupamos ni siquiera por nuestras necesidades básicas. Recordando la condena de Ananías y Safira, nos aterrorizamos si queremos conservar algo de nuestra antigua propiedad. Además, temamos el ejemplo de Giezi, quien, debido a su avaricia, fue entregado a la lepra eterna. Y recordemos el ahorcamiento de Judas, temiendo tomar de nuevo algo de lo que despreciamos al convertirnos en monjes.

Sobre todo, tengamos siempre presente la incertidumbre de la muerte, no sea que en una hora inesperada venga nuestro Señor (Mateo 24, 44) y encuentre nuestra conciencia manchada de φιλαργυρία filargiría (avaricia, codicia, amor al dinero) y nos diga lo que dijo en el Evangelio al rico: «Necio, esta noche pedirán (los demonios) tu psique-alma; lo que has preparado, ¿para quién será?» (Lucas 12, 20).

  1. Sobre la ira

El cuarto combate y lucha es contra el espíritu de la ira. Es necesario, con la ayuda de Dios, cortar el veneno mortal de la ira desde lo más profundo de nuestro corazón. Porque mientras este espíritu maligno permanezca en nuestro corazón, cegando con sus turbaciones oscuras los ojos de nuestra psique-alma, no podemos discernir el beneficio de nuestra psique-alma, ni alcanzar la divina gnosis o conocimiento espiritual, ni poseer la perfección del buen pensamiento, ni participar en la verdadera vida espiritual, ni puede nuestrο νούς nus (espíritu de la psique) recibir la luz divina y verdadera. Pues está escrito: «Se turbaron mis ojos a causa de la ira» (Salmos 6, 8). Tampoco podemos participar de la sabiduría divina, aunque otros nos consideren muy sabios, porque está escrito: «El enojo reposa en el seno de los necios» (Eclesiastés 7, 9). Tampoco podemos adquirir lοs pensamientos y conceptos salvadores del discernimiento, aunque los hombres nos consideren prudentes, porque está escrito: «La ira destruye incluso a los prudentes» (Prov 15, 1). Ni podemos administrar justicia con un corazón cuidadoso, sereno y sobrio, ya que está escrito: «La ira del hombre no produce la justicia de Dios» (Santiago 1, 20). Ni podemos obtener la modestia y la dignidad que todos los hombres alaban, porque está escrito: «El hombre iracundo no es decoroso» (Proverbios 11, 25).

Quien quiera alcanzar la perfección y desea luchar legítimamente en el combate espiritual, debe estar libre del defecto de la ira y del enojo, y escuchar lo que ordena el cáliz de elección, el apóstol Pablo: «Toda amargura, ira, enojo, griterío, blasfemia y maledicencia sean quitados de vosotros, junto con toda malicia» (Efesios 4, 31). Al decir «toda», no nos dejó ninguna excusa para la ira, ni como necesaria ni como razonable. Quien quiera corregir a su hermano cuando peca o imponerle una penitencia, debe asegurarse de permanecer tranquilo, no sea que, queriendo sanar a otro, se enferme él mismo y escuche las palabras del Evangelio: «Médico, cúrate a ti mismo» (Lucas 4, 23). Y también: «¿Por qué ves la paja en el ojo de tu hermano y no consideras la viga en tu propio ojo?» (Mateo 7, 3).

Porque si por cualquier motivo se calienta mucho el impulso de la ira, ciega los ojos de la psique-alma y no la deja ver el sol de la justicia. Así como quien pone sobre sus ojos cubiertas de oro o de plomo, igualmente impide la visión y en la ceguera no hace diferencia el valor del oro, así también por cualquier motivo, razonable o irracional, si se enciende la ira, se oscurece la visión espiritual.

Solo usamos la ira de manera adecuada y natural cuando la dirigimos contra los pensamientos pasionales, viciosos, indecentes y hedonistas. Así lo enseña el profeta: «Enójense y no pequen», es decir, enfádense con sus pasiones indecentes y pensamientos y conceptos malignos, pero no pequen ejecutando lo que estos les dictan. Esto también lo expresa el siguiente versículo: «Mediten en sus corazones, en sus camas, y cállense» (Salmos 4, 5). Es decir, cuando lleguen a su corazón pensamientos y conceptos malignos, aléjenlos con ira y entonces, en la tranquilidad de la psique-alma como en una cama, arrepiéntanse con katánixis compunción, dilatación del corazón.

El bienaventurado Pablo también se refiere a esto cuando menciona este versículo y añade: «No se ponga el sol dejándoles con el enojo y enfado, ni den lugar al diablo» (Efesios 4, 27), es decir, no dispongan  así al Señor Jesús, el Sol de justicia, a enojarse con ustedes por consentir en malos λογισμοί loyismí (conceptos, pensamientos simples o unidos con la fantasía), de modo que se pongan en vuestros corazones y se alejen, permitiendo al diablo encontrar espacio con la partida de Cristo. Sobre este sol, Dios dice a través del profeta: «Para ustedes que temen mi nombre, se levantará el sol de justicia y sus alas traerán la psicoterapia y la terapia » (Malaquías 4, 2). Si tomamos el mandato literalmente, no se nos permite mantener la ira o enfado hasta la puesta del sol.

Entonces, ¿qué diremos de nosotros mismos que, por la ferocidad y furia de nuestro estado psíquico emocional o pasional, no solo mantenemos la ira hasta la puesta del sol, sino que la conservamos por muchos días? No solo expresamos la ira con palabras, sino que con nuestro silencio aumentamos el veneno del resentimiento y rencor para nuestra destrucción espiritual. No comprendemos que debemos abstenernos no solo de la ira activa, sino también de la ira mental y psíquica, para que nuestrο νούς nus (espíritu de la psique) y nuestra mente no se oscurezcan con la sombra del rencor y caiga del conocimiento espiritual y del discernimiento, quedando privado de la residencia del Espíritu Santo.

Por eso el Señor en los Evangelios nos manda dejar nuestra ofrenda en el altar y reconciliarnos primero con nuestro hermano (Mateo 5, 23), porque no es posible que sea aceptable si mantenemos ira, resentimiento y rencor dentro de nosotros. El apóstol también nos enseña lo mismo, diciendo: «Oren sin cesar» (1 Tesal 5, 17) y «En todo lugar, levantando manos santas sin ira ni contiendas y pensamientos de incredulidad» (1 Tim 2, 8). Por lo tanto, o no debemos orar nunca, lo que nos hace responsables ante el mandato apostólico, o debemos esforzarnos en seguir la orden y orar sin ira ni rencor, ni resentimiento.

Y como muchas veces, cuando nuestros hermanos se sienten heridos, entristecidos o perturbados, somos indiferentes diciendo que no se molestaron por nuestra causa; el Médico de psique-almas, es decir, el Psicoterapeuta (CristoDios), queriendo erradicar estas excusas, nos manda dejar nuestra ofrenda y reconciliarnos no solo si estamos molestos con nuestro hermano, sino también si él está molesto con nosotros, justa o injustamente. Debemos psicoterapiarlo y curarlo dando explicaciones, y luego ofrecer nuestro regalo. ¿Por qué insistir mucho en los mandamientos evangélicos cuando también podemos aprender de la antigua ley, que aunque se considera más indulgente, dice: «No sientas en tu corazón odio a tu hermano» (Levítico 19, 17), y en otro lugar: «El camino del rencoroso conduce a la muerte» (Proverbios 12, 28)? Aquí no solo se castiga el resentimiento, rencor activo, sino también el mental e intelectual.

Por tanto, de acuerdo con las leyes divinas, debemos luchar con todas nuestras fuerzas contra el espíritu de la ira y la enfermedad que tenemos en nuestro interior. Y no, al dirigir nuestra ira contra las personas, buscar la soledad y el aislamiento, porque supuestamente allí no hay motivos que nos inciten a la ira, y en el aislamiento lograremos fácilmente la virtud de la tolerancia y la magnanimidad. Porque somos orgullosos y no queremos culparnos a nosotros mismos y atribuir a nuestra negligencia las causas de la agitación y perturbación, deseamos separarnos de nuestros hermanos. Mientras culpemos a otros por las causas de nuestra enfermedad, es imposible alcanzar la perfección de la magnanimidad y tolerancia.

El aspecto más importante de nuestra corrección y paz no se logra a través de la magnanimidad y tolerancia de los demás hacia nosotros, sino a través de nuestra propia tolerancia, indulgencia y sin maldad hacia los demás. Sin embargo, cuando, evitando la lucha de la tolerancia y magnanimidad, buscamos la soledad y el aislamiento, entonces, cuantos pazos (pasiones, emociones, vicios, etc.) traemos allí de manera incurable, están escondidos dentro de nosotros y no se han perdido. Porque la soledad y el retiro de aquellos que no se han liberado de sus pazos, no solo sabe cómo mantenerlos, sino también cómo ocultarlos; y no les permite sentir en qué pazos están siendo derrotados. Por el contrario, el desierto hace que imaginen que han adquirido virtud y los persuade de que han logrado la magnanimidad, la paciencia y la humildad, siempre que no haya alguien que los irrite, estimule y los ponga a prueba. Y cuando surge algún motivo de ira que los enfurece y los prueba, inmediatamente los pazos que están almacenados y latentes dentro de ellos, como caballos sin freno, salen del lugar donde estaban en ησυχία hisijía (serenidad mental y paz cordial) y tranquilidad, alimentados por la larga hisijía y tranquilidad,  y con mayor violencia y ferocidad arrastran hacia la perdición a la persona que está sentada sobre ellos. Porque los πάθος pazos se enfurecen más cuando carecen de la prueba que proviene de los seres humanos. Y aún esa sombra de la tolerancia y magnanimidad, que aparentemente creemos que teníamos, cuando estamos con los hermanos, la perdemos debido a la negligencia del ejercicio y el aislamiento. Como las serpientes venenosas en el desierto que están tranquilas en sus madrigueras, entonces muestran su locura cuando alguien se acerca, así también las personas maliciosas que están en hisijía y tranquilidad no por virtud, sino forzadas por la soledad, entonces derraman su veneno cuando agarran a alguien que se acerca y los irrita. Por eso, aquellos que buscan la perfección de la mansedumbre y apacibilidad deben cuidar tanto como sea posible, no solo no enojarse contra los humanos, sino tampoco contra los animales, ni contra las cosas inanimadas. Porque me recuerdo, cuando estaba en el desierto, me enojé con una caña porque no me gustaba su grosor o su delgadez. También me enojé con la madera porque no pude cortarla de inmediato. También me enojé con una piedra de esas que producen fuego, cuando intenté sacar fuego y no salió rápido. Así que la ira se había fortalecido, de modo que se volvía incluso contra las cosas insensibles.

Por lo tanto, si deseamos alcanzar la bienaventuranza del Señor, no solo la energía operativa de la ira debemos impedir, como dijimos, sino también la mental. Porque no sirve tanto contener nuestra boca en el momento de la ira para no decir palabras locas, como limpiar nuestro corazón de resentimiento, rencor y no maquinar en nuestra mente pensamientos astutos malvados contra el hermano. Porque la enseñanza evangélica ordena que cortemos las raíces de los pecados, en vez de los frutos; porque cuando se corta la raíz de la ira del corazón, ni el odio, ni el rencor, ni la envidia avanzan en acción. Quien odia a su hermano, se le llama ανθρωποκτόνο anzropoktono asesino del hombre (1 Juan 3, 15), que lo mata con la disposición del odio mental; la sangre de este no la ven los hombres, ya que no se derramó con un golpe de espada, pero que fue asesinado mental y con la disposición voluntaria, lo ve Dios, quien no solo sobre las praxis, acciones, sino también para los pensamientos y las intenciones, otorga a cada uno coronas o castigos, como Él mismo dice a través del profeta: «He aquí, vengo a reunir sus obras y pensamientos» (Sabiduría Sirac 35, 22). Y nuevamente, el Apóstol dice: «Cuando sus pensamientos y conceptos se acusan o incluso se defienden y se confiesan entre sí, en el día en que Dios juzgará los secretos de los hombres» (Romanos 2, 15). Este mismo Señor enseña a desechar toda ira y dice en los Evangelios: «Quien se enoje contra su hermano, será culpable en el juicio» (Mateo 5, 22). Los manuscritos precisos (del Evangelio) así contienen este pasaje. Porque la palabra «εική ikí sin motivo» es una adición posterior. Y esto es evidente también por el espíritu de las Escrituras. Porque la voluntad del Señor es cortar de todas las maneras posibles la raíz y la chispa de la ira y no mantener ninguna excusa de ira, para que al enojarse al principio, aunque sea razonablemente, luego no caigamos en la locura de la ira irracional.

La psico-terapia, sanación perfecta para la enfermedad de la ira es esta: creer que nunca debemos enojarnos ni por causas justas ni injustas. Porque cuando la ira nubla la διάνοια diania (mente, intelecto, cerebro), ni el discernimiento, ni el pensamiento correcto, ni la justicia se encontrarán dentro de nosotros; ni nuestra psique-alma puede convertirse en un templo del Espíritu Santo, sino que el espíritu de la ira nos dominará oscureciendo nuestra diania (mente, intelecto, cerebro). Por último, debemos tener ante nuestros ojos todos los días la incertidumbre de la hora de nuestra muerte, y así vigilarnos y protegernos de la ira. Y sepamos que ni la templanza, ni la sobriedad, ni la renuncia al mundo material, ni los ayunos y vigilias nos beneficiarán en el día del juicio si nos encontramos culpables porque estamos poseídos por la ira, rencor y el odio.

  1. Sobre la λύπη lipi (aflicción, tristeza y pena)

El término Λύπη (lipi)  de nuestro Gran Léxico: https://logosortodoxo.es/alfa%cf%89mega-gran-lexico-ortodoxo/  Λύπη (lipi) pena, tristeza, pesar, depresión, aflicción interior psíquica, dolor, sufrimiento, es uno de los ocho pecados capitales y una virtud si se trata de lipi según Dios.

Existe la lipi “según Dios” y la lipi “según el cosmos-mundo”. La primera se identifica con la metania y el luto que nace de la esperanza a Dios y empuja al hombre hacia la lucha y el ejercicio espiritual. La segunda todo lo contrario, desanima al hombre y le conduce a la desesperación, melancolía, a un parálisis psicosomático y la depresión. La lipi por la pobreza o faltas materiales conduce a la muerte de la psique, según Apóstolos Pablo (2Cor 7,10). San Gregorio Palamás escribe: si investigas la lipi mundana, encontrarás que está inmersa en los pazos y proviene de ellos y del materialismo, en cambio, la lipi según Dios te conduce a la metania y sin duda a la “psicoterapia” sanación y salvación de la psique.

La λύπη lipi

La quinta lucha o combate nuestro es contra el espíritu de la λύπη lipi (aflicción, tristeza y pena) que oscurece la psique-alma y no le permite ninguna θεωρία zeoría (contemplación espiritual), impidiéndole realizar praxis y obras buenas. Porque cuando este espíritu malvado agarra la psique y la oscurece, no le permite orar con buena disposición de ánimo, ni perseverar en el provecho de las sagradas lecturas; no tolera que el hombre sea apacible y que muestre simpatía y piedad hacia sus hermanos, generándole odio por cualquier tipo de actividad, incluso por la promesa de la vida monástica. En general, la λύπη (lipi) remueve y confunde todos los pensamientos saludables y salvadores de la psique, paralizando su actividad y vigor, volviéndola estúpida y necia, y atándola con el λογισμός loyismós (pensamiento simple o unido con la fantasía) de la desesperación.

Por eso, si tenemos el propósito de luchar por la batalla espiritual y, con la ayuda de Dios, vencer a los espíritus astutos malignos, deberemos poner la máxima atención y custodiar y vigilar nuestro corazón contra el espíritu de la λύπη (lipi). Porque, así como la polilla roe el traje, y el gusano la madera, así la λύπη (lipi) carcome la psique-alma del hombre. Esta convence e induce al ser humano a evitar toda buena conversación espiritual y no permite aceptar una buena palabra de consejo, ni siquiera de amigos sinceros, ni a su vez darles una respuesta buena o pacífica; pero una vez haya captado toda la psique-alma, la llena de resentimientos, amargura, tedio, melancolía y depresión. Entonces le convence de rehuir de los hombres, como si éstos fueran culpables de su turbación. No permite a la psique entender y reconocer que su enfermedad, la lleva dentro y que no le viene del exterior, sino que se manifiesta cuando vienen las tentaciones y, con la prueba, es llevada a la superficie. Porque nunca un hombre será perjudicado por otro si no lleva almacenadas en su interior las causas de los πάθος pazos. Por eso, el Dios, creador de todas las cosas y Médico de las psiques-almas, Él, que es el único que conoce con precisión las heridas y traumas de la psique-alma, no nos manda abandonar nuestras relaciones con los hombres, sino eliminar en nosotros mismos las causas de la malicia y reconocer que la salud de la psique-alma no se practica por la separación nuestra de los hombres, sino con la permanencia y ejercicio junto con hombres virtuosos.

Cuando pues, abandonamos a los hermanos con un pretexto cualquiera, supuestamente razonable, no hemos eliminado las causas o motivos que producen la λύπη (lipi), solamente las hemos cambiado por otras, porque el mal, la enfermedad que tenemos dentro de nosotros las renueva por otras cosas y motivos.

Por eso, toda nuestra guerra beberá ser contra nuestros pazos que están en nuestro interior; porque, una vez que, con la χάρις jaris (gracia, energía increada) y la ayuda de Dios, los hayamos expulsado de nuestro corazón, entonces podremos vivir fácilmente, no sólo con los hombres, sino también con las bestias salvajes, según lo dicho por el bienaventurado Job: “Estarán en paz contigo las bestias salvajes” (Job 5:23).

Primero de todo deberemos luchar contra el espíritu de la λύπη (lipi) que trae en la psique-alma la desesperación, a fin de expulsarlo de nuestro corazón. Porque es éste el espíritu que no ha permitido a Caín arrepentirse después del asesinato de su hermano, ni a Judas después de la traición al Señor. Solamente una λύπη (lipi) debemos tener, que es la μετάνοια metania (introspección, conversión, confesión y arrepentimiento) por nuestros pecados, unida a la buena esperanza, por la que el Apóstol nos dice: La λύπη (lipi) según Dios produce una metania que nos conducirá a la sanación y salvación”, (2 Co 7:10). Y eso porque la λύπη (lipi) según Dios, al nutrir la psique-alma con la esperanza siguiendo la metania, está mezclada con la alegría. Por eso, esta λύπη (lipi, aflicción, tristeza y pena) según Dios convierte al hombre bien dispuesto y obediente en cada obra buena; se torna apacible, humilde, tolerante, paciente, capaz de soportar todo esfuerzo bueno y toda derrota, puesto que es según Dios. Y por esto se reconocen en el hombre los frutos del Espíritu Santo, es decir, la alegría, la agapi (amor), la paz, la paciencia, la bondad, la fe, la continencia (Gal 5,22). De la λύπη (lipi) contraria, reconoceremos los frutos del espíritu malo que son: la ἀκηδία acedia, el tedio, la intolerancia, la contradicción, la desesperación, la angustia, la depresión, el odio y la pereza en la oración. Esta λύπη (lipi, aflicción, tristeza y pena) debemos evitarla, al igual que la lujuria, la avaricia, la ira y los demás πάθος pazos. Esa λύπη (lipi, aflicción, tristeza y pena) se psicoterapia y se cura con la oración, la esperanza en Dios, el estudio y reflexión de los divinos logos y conviviendo o relacionándonos con hombres devotos e iluminados.

  1. Sobre la ἀκηδία acidia, tedio, desidia pereza espiritual

La palabra helénica-griega «Ακηδία» (akidía) se refiere a un estado de apatía, falta de interés o indiferencia, especialmente en un contexto espiritual o monástico pereza espiritual. En la literatura cristiana, especialmente en la tradición monástica, la acidia es vista como una de las tentaciones o dificultades que enfrentan los monjes y a los fieles practicantes, a menudo traducida como «acedia» o «desidia». Es una especie de fatiga espiritual o desaliento que puede llevar a la negligencia en las prácticas espirituales y una pérdida de fervor espiritual.

La ἀκηδία acidia

Nuestra sexta lucha y combate es contra el espíritu de la ἀκηδία (acedia), que se une y ayuda al espíritu de la λύπη lipi (aflicción, tristeza y pena), siendo este un terrible y pesado demonio, ofreciendo siempre una batalla contra los monjes y a los fieles practicantes.

Este demonio ataca, sobre todo contra al monje, al mediodía, provocando atonía, desasosiego, miedo y odio hacia el lugar donde se encuentra y contra los hermanos que están con él, y también contra cualquier trabajo y lectura de las divinas Escrituras. Le insinúa incluso pensamientos de cambiar de lugar y la idea de que, si no cambia y no se muda, aquí está perdiendo el tiempo y se esfuerza vanamente. Además, al mediodía le trae un hambre tal como no le sucedería después de tres días de ayuno, o de un largo viaje o de un gran esfuerzo. Luego le susurra varios λογισμοί loyismí (pensamientos simples o unidos con la fantasía), tales como que no podrá liberarse nunca de tal enfermedad, de tal mal o de tal peso, si no sale frecuentemente a visitar  sus hermanos, con el pretexto de que, supuestamente, por su visita serán beneficiados los enfermos. Y cuando no pueda engañarle con todo esto, después le sumerge en un sueño profundo, atacándole aun con más violencia y fuerza, y no podrá ser vencido si no es por medio de la oración, evadiendo toda charlatanería, con el estudio y reflexión de los divinos logos y con la paciencia ante las tentaciones. Porque si este espíritu no encuentra al monje defendido por estas armas, lo golpea con sus flechas, convirtiéndolo en inestable, fantasmagórico, perezoso, indolente, ocioso, conduciéndolo a recorrer varios monasterios, y no ocuparse de otra cosa más que lugares donde hay buenos banquetes y comidas. Porque la mente del que ha caído en la acedia no piensa más que en los pensamientos vanidosos de los que hemos referido o en la excitación que proviene de estas cosas. Y llegado a este punto, el demonio lo enrolla en asuntos mundanos, y poco a poco lo engancha mediante estas peligrosas ocupaciones, hasta que expulse al monje de la vida monástica.

El divino Apóstol, sabiendo cuán pesada es esta enfermedad, y queriendo, como médico sabio erradicarla completamente de raíz de nuestras psique-almas, nos muestra las causas que la generan y nos dice: “Os rogamos hermanos, en el nombre del Señor nuestro Jesús Cristo, manteneros alejados de todo hermano que se comporta indisciplinadamente y no sigue de acuerdo con la tradición que habéis recibido de nosotros. Vosotros sabéis cómo imitarnos, puesto que no nos hemos portado desordenadamente entre vosotros, no hemos comido gratuitamente el pan de nadie, sino que hemos trabajado día y noche con fatiga y afán para no ser una carga para vosotros; no porque tuviésemos potestades para no trabajar, sino con el fin de darles un modelo a imitar. Cuando estuvimos entre vosotros, les pedimos esto: si alguno no quiere trabajar, que tampoco coma. Sentimos que algunos de entre vosotros caminan indisciplinadamente, sin hacer nada, pero inmiscuyéndose en asuntos ajenos. A éstos nos dirigimos y les recomendamos en Cristo Jesús que coman de su pan, trabajando con tranquilidad” (2 Tes 3:6-12).

Escuchemos con cuanta sabiduría el Apóstol nos muestra las causas de la ἀκηδία acidia. Llama “desordenados, indisciplinados» a los que no trabajan; pone en evidencia con esta sola palabra una gran malicia, porque el que lo hace no es piadoso, es descarado al hablar e improvisado para criticar y acusar, y por eso inadecuado para la ησυχία hisijía (paz cordial y serenidad mental) y esclavo de la acidia. El Apóstol pues, nos ordena mantenernos alejados de tales personas como de una enfermedad contagiosa. Y con la frase: “no según la tradición que han recibido de nosotros (2 Tes 3:6), indica cómo aquellos son soberbios, despreciadores, malos difusores y anulan las tradiciones apostólicas. Después dice: “No hemos comido gratuitamente de nadie, sino que hemos trabajado día y noche con fatiga y afán (2Tes 3:8).

El maestro de las naciones, el heraldo del Evangelio, él que ha sido raptado hasta el tercer cielo, él que dice cómo el Señor ha establecido que aquellos que anuncian el Evangelio vivan del Evangelio (1Cor 9,14), él trabaja de día y de noche para no ser una carga para nadie. ¿Qué haremos nosotros, que frente al trabajo nos mostramos tediosos y buscamos el reposo del cuerpo? Nosotros, a quienes no nos ha sido confiado el anuncio del Evangelio, ni la preocupación de las Iglesias, sino sólo el cuidado de nuestra psique-alma. Y el Apóstol agrega, mostrando claramente el daño causado por el ocio y la inactividad: “…sin hacer nada pero inmiscuyéndose en todo” (2Tes 3:11). Del ocio o la inactividad viene la curiosidad, de la curiosidad, la falta de disciplina y de esta, toda malicia. Pero el Apóstol prevé una psicoterapia y sanación para todos estos y agrega: “A éstos recomendamos que coman de su pan trabajando sosegadamente” (2Tes 3:12). Y de modo aún más severo, agrega: “El que no quiera trabajar, tampoco coma” (2Tes 3:10).

Estos preceptos apostólicos teniendo en cuenta los santos Padres que vivían en Egipto, no permiten a los monjes permanecer ociosos e inactivos en ningún momento, sobre todo si se trata de jóvenes. Porque saben que con el trabajo alejan el tedio, obtienen su propia comida y ayudan a los necesitados. Éstos no trabajan sólo para obtener sus propias necesidades, sino también con su propio trabajo dan a los extranjeros, a los pobres y a los presos; porque creen que las buenas obras que hacen se convierten en un sacrificio santo y grato a Dios. También dicen esto los Padres: «El que trabaja, combate contra un solo demonio muchas veces y por el cual está oprimido, mientras que el ocioso está atormentado por miles de malvados y astutos espíritus.

Es bueno acordarnos también un λόγος logos del abad Moisés, hombre muy  y digno entre los Padres. En un breve período transcurrido, por mí en el desierto, fui tentado por el demonio de la acidia, por lo que acudí a su consejo contándole lo que me había ocurrido: “Ayer habiéndome atacado exageradamente la acidia, no me salvé de ella hasta cuando acudí al abad Pablo”. El abad Moisés me contestó así: «Ten coraje, valor y buen ánimo. No te has liberado de la acidia, sino que más bien te has entregado y esclavizado a ella. Debes saber, entonces, que ahora te atacará más, como a un desertor, si en adelante no te esfuerzas con paciencia, oración y trabajo manual para luchar contra ella y vencerla.

  1. Sobre la vanagloria

Nuestra séptima lucha y combate es contra la vanagloria. Este πάθος pazos (pasión, emoción) es multiforme, muy sutil y no es reconocido rápidamente ni siquiera de aquel que es tentado por él. Porque los ataques o asaltos de los otros pazos son mucho más manifiestos y por eso más fácil se combate contra ellos, puesto que la psique-alma reconoce al enemigo y con el rechazo a sus asaltos y la oración, inmediatamente lo derrumba. Pero la vanagloria, como hemos dicho, es multiforme y difícilmente de vencer. Porque se manifiesta en cada praxis, acción, en cada logos y voz, en silencio y en trabajo, en vigilia y en ayuno, en lecturas espirituales, en tolerancia y en ησυχία hisijía (paz y serenidad interior). Con todo esto intenta abatir al soldado de Cristo. A quien no ha podido engañar la vanagloria con ropa de lujo, prueba tentarlo por medio de ropa barata, de pobres. Y al que no ha podido combatir con el honor, lo combate con la creencia de que soporta los deshonores. Y al que no pudo engañarlo a vanagloriarse con la sabiduría de sus logos, le engaña con la hisijía y tranquilidad a vanagloriarse que es sereno, tranquilo y recogido. Al que no puede convencer con la suntuosidad de los alimentos, lo debilita con el ayuno para que obtenga alabanzas. Y en general cada obra, trabajo y ocupación este mal astuto demonio brinda la ocasión para promover la vanagloria.

Incluso inspira deseos para pedir la ordenación al axioma sacerdotal! Recuerdo a un yérontas (anciano sabio e iluminado), cuando vivía en la skiti asceterio quien al dirigirse a visitar a un hermano en su celda, acercándose a su puerta, sintió que estaba hablando. El yérontas, pensando que estaba estudiando las Sagradas Escrituras, se detuvo a escuchar. Y oyó que aquel, estaba fuera de sí volviéndose insensato por la vanagloria, ¡se imaginaba haber sido ordenado sacerdote, y que estaba despidiendo a los catecúmenos! Oyendo esto, el anciano empujó la puerta y entró. El hermano se adelantó y se arrodilló según la costumbre, tratando de saber si el yérontas había estado un buen tiempo detrás de la puerta. Pero el yérontas le contestó sonriendo: Llegué cuanto tú estabas despidiendo a los catecúmenos.” Ante estas palabras, el hermano cayó a los pies del yérontas, suplicándole que rogara por él, a fin de ser liberado de este engaño. He recordado este hecho para demostrar a qué grado de insensatez lleva al hombre este demonio.

El que quiera combatirlo con perfección y ser coronado con la corona de la justicia, usará de todo lo que haga falta para vencer a esta bestia polimorfa, teniendo siempre bien presente lo dicho por David: “El Señor ha dispersado los huesos de aquellos que buscan gustar a los hombres” (Sal 52,5). Y que no haga nada mirando a su alrededor, con el fin de obtener las alabanzas de los hombres, sino que busque solamente la dádiva que viene de Dios; rechazando y expulsando siempre los λογισμοί loyismí (pensamientos simples o unidos con la fantasía) que vienen a su corazón y lo alaban, debe humillarse ante Dios; de esta manera, con la ayuda de Dios, podrá liberarse del espíritu de la vanagloria.

  1. Sobre la soberbia u orgullo

La octava lucha o combate es contra la soberbia u orgullo. Es una lucha terrible y la más salvaje de todas las precedentes. Combate sobre todo a los perfectos, y trata de derrocar y destruir a aquellos que se han acercado casi a la cima de la virtud. Como una enfermedad contagiosa y perniciosa, no destruye solamente un miembro del cuerpo, sino el cuerpo entero, así también el orgullo o soberbia no destruye solamente una parte de la psique-alma sino la psique-alma entera. Cada uno de los otros πάθος pazos, aunque turba y agita la psique-alma, pero al combatir a una sola virtud aquella que le es contraria, y al intentar vencerla, oscurece y agita parcialmente la psique-alma. En cambio, el pazos del orgullo o soberbia oscurece toda la psique-alma y la lleva a una caída total.

Para entender mejor lo dicho, pensemos de la siguiente manera: La gula se esfuerza por corromper la εγκράτεια engratia (continencia, autodominio); la lujuria tiende a corromper la templanza o sobriedad; la φιλαργυρία filargiría (avaricia o amor por el dinero, codicia) está en contra de la pobreza; la ira, contra la apacibilidad; así, cada uno de los distintos pazos trata de corromper la virtud opuesta. Pero el orgullo o soberbia, cuando domina la mísera psique-alma, como un tirano feroz que ha ocupado una ciudad grande y excelsa, la destruye completamente desde sus cimientos. Testigo de todo esto es aquel ángel que cayó del cielo por causa de su soberbia u orgullo, quien creado por Dios y adornado de toda virtud y sabiduría, no quiso atribuir todos sus dones a la χάρις jaris (gracia, energía increada) del Señor, sino a su propia naturaleza. Y así llegó a concebir la idea de ser igual a Dios. Y el Profeta, confrontando este pensamiento, decía: “Tú has dicho con tu espíritu del corazón: Me sentaré sobre la excelsa montaña, pondré mi trono entre las nubes y seré parecido al Altísimo. ¡Pero tú eres un ser humano y no Dios!” (Is 14:13). E incluso otro profeta dijo: “¿De qué se jacta y se alaba en su malicia el poderoso?” (Sal 51,1). Conociendo estas cosas, temamos y pongamos toda atención en vigilar nuestro corazón del espíritu letal de la soberbia u orgullo, recordándonos siempre a nosotros mismos, cuando logramos alguna virtud, lo dicho por el Apóstol: “No yo, sino la χάρις jaris (gracia, energía increada) de Dios que está conmigo” (1 Cor 15:10); y lo que dice el Señor: “Sin mí no podéis hacer nada” (Jn 15:5), y también lo que ha dicho el Profeta: “Si el Señor no constituye la casa, vano es el trabajo de los constructores” (Sal 126,1); y aun este logos: “No depende de quién quiere ni de quien corre, sino de Dios que  mostrará misericordia” (Rm 9,16). Porque incluso si alguien tiene una disposición ardiente y una voluntad decidida, mientras esté atado a la carne y la sangre, no puede alcanzar la perfección sino solo por la χάρις jaris (gracia, energía increada) y la misericordia de Cristo. Dice Santiago: “Todo regalo bueno viene de lo alto (St 1,17). Y el apóstol Pablo: “¿Qué tienes que no lo hayas recibido? Y si lo has recibido, ¿por qué te alabas y te jactas como si no lo hubieras recibido? (1Cor 4,7), exaltándote y enorgulleciéndote como si fuera tuyo. De que la salvación nos provenga de la χάρις jaris increada y de la misericordia increada de Dios, testigo es aquel ladrón, que adquirió la realeza increada de los Cielos no ciertamente como recompensa por sus virtudes, sino por la χάρις jaris increada y la misericordia increada de Dios.

Conociendo esto, todos nuestros Padres, con una sola opinión, nos transmitieron que no podemos alcanzar la perfección de la virtud de otra manera que no sea a través de la humildad, la cual llega al hombre mediante la fe y el temor de Dios, la mansedumbre, la apacibilidad y la perfecta desapropiación (pobreza). Con estas virtudes se logra también la αγάπη agapi perfecta (amor incondicional, desinteresado), por la χάρις jaris (gracia, energía increada) y la filantropía (amor, amistad al hombre) de nuestro Señor Jesús Cristo. A Él pertenece la doxa-gloria por los siglos. Amén.

b) Logos sobre el abad Leontio, sobre los santos Padres de la Skiti Asceterio y sobre el discernimiento.

 

Debería cumplir con la promesa que hice al ilustre arzobispo Kástor sobre narrar la vida de los santos padres y sus enseñanzas. Ya he cumplido parcialmente esa promesa, oh santo Leontio, con lo que te escribí sobre la formación de la vida cenobítica (vida en común) y los ocho pensamientos malvados. Ahora, mi propósito es cumplir. Al enterarme de que el arzobispo al que mencioné ha partido hacia Cristo, consideré necesario, al sucederle tú en virtud y con la ayuda de Dios cuidar del monasterio, escribirte el resto de la narración.

Entonces, fuimos al desierto de la skete asceterio, donde vivían los padres más probados y valiosos, yo y San Germán, quien desde su infancia fue mi amigo espiritual, tanto en la escuela como en el ejército y en la vida monástica. Allí vimos al abad Moisés, un hombre santo que brillaba entre los demás, no solo en las virtudes prácticas sino también en la θεωρία zeoría contemplación espiritual. Por lo tanto, le suplicamos con lágrimas que nos dijera un logos de beneficio espiritual, con el cual pudiéramos alcanzar la perfección. Y después de suplicarle mucho, nos dijo: «Hijos míos, todas las virtudes, obras y acciones tienen un propósito, y aquellos que apuntan a él arreglan sus propias vidas y alcanzan la meta anhelada. Como el agricultor soporta el calor y el frío trabajando la tierra con entusiasmo, con el propósito de limpiarla de espinos y malas hierbas y el objetivo de disfrutar de los frutos. Y el comerciante, sin tener en cuenta los peligros del mar o de la tierra, avanza en el comercio con el propósito de obtener ganancias comerciales y el objetivo de disfrutar de esas ganancias. También aquel que se une al ejército no considera los peligros de la guerra ni las dificultades del exilio, sino que tiene como objetivo obtener rangos o axiomas debido a la valentía y el beneficio del rango o axioma como objetivo. Así que también nuestra propia lucha tiene su propio propósito y objetivo, por el cual soportamos con gusto y buena voluntad cualquier esfuerzo y fatiga. Por lo tanto, la abstinencia durante los ayunos no nos abruma. El esfuerzo de las vigilias nos complace. La lectura y el estudio de las Escrituras se hacen con entusiasmo y alegría. Y el esfuerzo del trabajo y la obediencia y el despojo de todas las cosas terrenales y nuestra permanencia en el desierto se hacen con placer. Pero ustedes también, que han despreciado la patria, la familia y el mundo entero y han emigrado, y ahora han venido a mí, que soy un hombre rural de pueblo e ignorante, díganme cuál es vuestro propósito. ¿Y a qué objetivo apuntan y aspiran?»

Entonces le respondimos: «Hacia el reinado de la Realeza increada de los Cielos». A lo que el abad Moisés respondió: «Habéis respondido correctamente con respecto a vuestro objetivo. Pero no me habéis dicho cuál es el propósito al que, si aspiramos, sin desviarnos del camino recto, podemos alcanzar la Realeza increada de los Cielos». Y luego, después de confesar que no lo sabíamos, el sabio Yérontas respondió: «El objetivo, pues, de nuestra vida monástica, como dijisteis, es el reinado de la Realeza increada de Dios. Y el propósito es la pureza de la psique-alma, sin la cual es imposible alcanzar ese objetivo. Por lo tanto, que siempre sea este nuestro objetivo y propósito. Y si alguna vez nuestro corazón se desvía un poco del camino recto, debemos corregirlo de inmediato y alinearlo, como con una regla, con nuestro propósito. Conociendo esto, el bienaventurado Pablo dice: «Olvidando lo que queda atrás y esforzándome hacia lo que está por delante, prosigo hacia la meta, para ganar el premio celestial al que Dios nos ha llamado» (Filipenses 3, 14). Por lo tanto, para este propósito nosotros también hacemos todo, despreciando todo, tanto la patria como la familia y el dinero y todo el mundo, para adquirir la pureza del corazón. Si olvidamos este propósito, inevitablemente, mientras caminamos en la oscuridad y nos desviamos del camino recto, tropezaremos con frecuencia y nos extraviaremos mucho. Esto le sucedió a muchos, que al principio de su renuncia despreciaron la riqueza y el dinero y el mundo entero, pero luego, por el bien de un destornillador o una aguja o una caña o un libro, se enfadaban y se enfurecían, lo cual no les habría sucedido si recordaran el propósito por el que despreciaron todo. Porque por αγάπη agapi (amor incondicional, desinteresado) al prójimo despreciamos la riqueza, para no disputar por ella y, al aumentar el deseo de ira, caer de la agapi en el odio. Entonces, cuando revelamos al hermano la disposición de la ira por cosas insignificantes, hemos abandonado nuestro propósito y no obtenemos ningún beneficio de nuestra renuncia. Como dice el Apóstol: «Y aunque entregue mi cuerpo para que lo quemen, si no tengo agapi-amor, no de nada me beneficio» (1Cor 13, 3). De esto aprendemos que la perfección no viene de inmediato con el despojo y la renuncia al mundo, sino después de haber alcanzado la αγάπη agapi amor, cuyas cualidades describe el mismo Apóstol diciendo: «El amor no es envidioso, no se enorgullece, no se enoja, no envidia, no se jacta, no se comporta indebidamente» (1Cor 13, 4-5). Todas estas cosas y realidades son las cualidades de la pureza del corazón. Para el corazón debemos hacer todo, despreciar el dinero, soportar con gusto los ayunos y las vigilias con alegría, y dedicarnos también a la lectura y los salmos, pero sin descuidarlo si alguna vez, debido a una ocupación necesaria y la divina ocupación según Dios, nos vemos impedidos por el ayuno y la lectura habituales. Porque no es tan beneficioso el ayuno como dañina es la ira; ni tan útil la lectura como perjudicial es menospreciar y entristecer al hermano. Porque, como dijimos, los ayunos, las vigilias, el estudio de las Escrituras, el despojarse de la riqueza y la renuncia del mundo entero no son la perfección, sino herramientas para la perfección, porque la perfección no se encuentra en ellos, sino que se logra a través de ellos. Así que en vano nos gloriamos del ayuno, la vigilancia, la limosna y la lectura de las Escrituras cuando no logramos la αγάπη agapi amor a Dios y al prójimo. Porque aquel que ha logrado la αγάπη agapi amor, tiene a Dios dentro de sí, y su νους nus (espíritu de la psique) con su mente está siempre atento y unido a Dios».

A estas cosas, respondió el Germanós: «¿Y quién puede, estando unido a la carne, tener siempre el νους nus (espíritu de la psique) con su mente en Dios, de manera que no piense en nada más? ¿Ni siquiera en visitar a los enfermos, ni en hospedar a los extranjeros, ni en el trabajo manual u otras necesidades del cuerpo, que son necesarias e indispensables? Y lo más importante, ¿cómo podrá la διάνοια diania (mente, intelecto) del hombre ver siempre al Dios Invisible e Incomprensible y estar inseparable de Él?» El abad Moisés dijo: «Que uno vea a Dios y esté inseparable de Él, de la manera que pensáis, es imposible para un hombre que lleva carne y está unido a la enfermedad y debilidad. Pero de otra manera uno puede ver a Dios. Porque la θεωρία zeoría (contemplación) de Dios se manifiesta y se entiende de muchas maneras. Dios no se conoce en Su bienaventurada e incomprensible esencia, eso está reservado para la futuro siglo solo para Sus santos. Pero también se conoce por la grandeza y belleza de Sus creaciones, por Su providencia diaria y cuidado, por Su gobierno y justicia y por los milagros que revela en cada generación a Sus santos. Entonces, cuando pensamos en la δύναμη dinami (poder, potencia y energía) infinita de Él y en Su ojo inmutable, que ve hasta los secretos de los corazones y nada puede escaparle, entonces sentimos temor en el corazón y Le admiramos y Le adoramos. Cuando pensamos que las gotas de lluvia están contadas por Él (Job 36:27) y la arena en el mar y las estrellas en el cielo, nos asombramos de la grandeza de la naturaleza y la sofía-sabiduría. Cuando pensamos en Su sabiduría inefable y Su filantropía (amor, amistad a la humanidad), y en Su magnanimidad incomprensible, que soporta los innumerables errores de aquellos que pecan, Le glorificamos. Cuando pensamos en Su gran agapi-amor hacia nosotros, que aunque no hicimos nada bueno, aunque es Dios, no lo consideró indigno de convertirse en hombre para salvarnos del error, nos movemos para anhelarle. Cuando pensamos que nuestro adversario, el diablo (1Pedro 5:8), Él lo vence dentro de nosotros solo por la buena predisposición y la inclinación al bien, y nos regala vida eterna, entonces Le adoramos y reverenciamos. Hay innumerables otras contemplaciones similares, que, según el trabajo espiritual y la catarsis, nacen en nuestro interior, y a través de ellas, Dios se manifiesta y se entiende».

Germanós preguntó de nuevo: «¿De dónde viene esto: muchas veces sin quererlo, muchos recuerdos nos molestan y pensamientos malignos nos engañan casi sin que lo sepamos, nos engañan entrando furtivamente y sin ruido en nuestra mente, de modo que no solo no podemos evitar que vengan, sino que también tenemos gran dificultad para discernirlos exactamente? Queremos saber si es posible que la mente esté completamente libre de estos pensamientos y no se moleste en absoluto». A esto respondió el abad Moisés: «Es imposible que la mente no se moleste por estos recuerdos. Pero aceptarlos y estudiarlos o rechazarlos es posible para aquel que lo intenta. El que se crean dentro de nosotros no proviene de nosotros, pero su expulsión está en nuestro poder, y la corrección de nuestra mente depende de nuestra predisposición, intención y cuidado. Porque cuando con sensatez y constantemente estudiamos la ley de Dios y nos dedicamos a salmos y himnos, ayunos y vigilias y recordamos constantemente las cosas futura, el reinado de la Realeza increada de los cielos y el fuego del infierno, y todas las obras de Dios, los malos pensamientos disminuyen y no encuentran lugar. Pero cuando nos ocupamos de preocupaciones mundanas y cosas carnales y nos entregamos a asociaciones y relaciones vanas e inútiles, entonces los malos pensamientos se multiplican en nosotros. Como el molino de agua no puede detenerse mientras fluye el agua, y está en el poder del molinero moler trigo o cizaña, así también nuestra mente, porque está en movimiento, no puede estar ociosa de pensamientos. Y está en nuestro poder darle o estudio espiritual o trabajo carnal».

c) La gran virtud del discernimiento

Viendo el abad que sentíamos admiración y asombro por todo esto, y que teníamos un deseo insaciable de sus palabras, después de guardar silencio por un momento, nos dijo: «Dado que vuestro deseo ha llevado tan lejos mi discurso y aún estáis ansiosos, entiendo que tenéis una verdadera sed de escuchar enseñanzas sobre la perfección. Por lo tanto, os hablaré sobre la excelente virtud del discernimiento, que es la ciudadela y reina entre las demás virtudes. Y os mostraré la excelencia de esta virtud y su altura y utilidad, no solo desde mis propias palabras, sino también con las antiguas opiniones de los Padres, de acuerdo con la χάρις jaris gracia increada que el Señor otorga, según el valor y el deseo de los oyentes, a aquellos que explican Su logos. Porque es una virtud no pequeña, sino uno de los dones más distinguidos del Espíritu Santo, como dice el Apóstol Pablo: «A uno se le da por el Espíritu logos de sabiduría; a otro, logos de ciencia según el mismo Espíritu; a otro, fe por el mismo Espíritu; a otro, dones de curación por el mismo Espíritu; a otro, operación de milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus» (1 Cor 12:8). Y cuando se completó la lista de los dones espirituales, dice: «Pero todas estas cosas las obra uno y el mismo Espíritu». Así que veis que el regalo del discernimiento no es pequeño ni terrenal, sino un gran don de la divina jaris gracia increada, cuyo discernimiento, si no lo sigue el monje con toda su fuerza y voluntad y no adquiere un discernimiento seguro de los pensamientos y conceptos que le vienen a la mente, necesariamente, como un vagabundo en la noche, no solo caerá en los peores abismos de la maldad, sino que también tropezará en los caminos llanos y derechos.

»Recuerdo que una vez, cuando era joven, fui a los lugares de Tebaida, donde vivía el bienaventurado Antonio. Se habían reunido yérontas (ancianos sabios) cerca de él y discutían sobre la perfección de la virtud, cuál sería la mayor de las virtudes que podría preservar al monje de las redes del diablo y del engaño sin dañarse. Entonces, cada uno, según lo que su mente pensaba, expresaba su opinión. Y algunos decían que el ayuno y la vigilia, porque con estas virtudes el nus (espíritu de la psique) con la mente se vuelve más sutil y viene la pureza, y así uno puede acercarse más fácilmente a Dios. Otros decían que la austeridad (pobreza  o desposesión) y el desprecio de las cosas que uno posee, porque así la διάνοια diania (mente, intelecto) se libera de los complejos lazos de las preocupaciones mundanas y puede acercarse más fácilmente a Dios. Otros preferían la virtud de la misericordia, porque el Señor dice en los Evangelios: «Venid, benditos de mi Padre, heredad el reinado de la realeza increada preparada para vosotros desde la fundación del mundo, porque tuve hambre, y me disteis de comer», etc. (Mateo 25:35). Y cada uno expresaba de esta manera varias virtudes, con las cuales, según su opinión, el hombre podría acercarse a Dios, y así pasaron la mayor parte de la noche con esta discusión.

»Por último, respondió el bienaventurado Antonio: «Todas estas cosas que habéis dicho son necesarias y útiles para aquellos que buscan a Dios y desean venir a Él. Pero no se nos permite dar la primacía a estas virtudes, porque hemos visto a muchos que hicieron grandes ayunos y vigilias y se retiraron al desierto, y tenían una perfecta austeridad, tanto que no reservaban ni su alimento diario para sí mismos, y lograron tanta misericordia que no tenían suficientes recursos para dar. Y luego cayeron lastimosamente de la virtud y resbalaron en el mal. ¿Qué es entonces lo que los hizo desviarse del camino recto? Nada más, en mi opinión y conclusión, que no tenían el don o carisma del discernimiento. Porque el discernimiento enseña al hombre a evitar los excesos de ambos lados y a caminar por el camino real. Y ni permite ser engañado por la continencia desmedida por la derecha, ni tampoco ser arrastrado por la indiferencia, la relajación y la negligencia por la izquierda. Y el discernimiento es un ojo de la psique-alma y una lámpara, según el Evangelio que dice: «La lámpara del cuerpo es el ojo; así que, si tu ojo es sencillo, todo tu cuerpo estará lleno de luz; pero si tu ojo es maligno, todo tu cuerpo estará en tinieblas» (Mateo 6:22). Así es la cosa. Porque el discernimiento, después de examinar todos los pensamientos, praxis y acciones del hombre, distingue y separa todo lo malo y desagradable a Dios y aleja el engaño. Y esto se puede aprender también de lo narrado en las Sagradas Escrituras. Saúl, a quien Dios primero confió el reino de Israel (1Reyes 5:17-23), porque no tenía este ojo de discernimiento, su mente se oscureció y no pudo discernir que era más agradable a Dios obedecer el mandato del Santo Samuel en lugar de ofrecer sacrificio. Y de lo que él pensaba que adoraba y ofrecía culto a Dios, de eso erró y fue desterrado del reino. Esto no le habría sucedido si tuviera la luz del discernimiento dentro de él. Esta virtud también es llamada por el Apóstol sol, diciendo: «No deje que el sol se ponga y te quedes con la ira o enojo» (Efesios 4:26). Esta virtud también se llama gobierno de nuestra vida, según lo escrito: «En la multitud de consejeros hay seguridad» (Proverbios 11:14). También se llama reflexión cuidadosa por la Escritura, y sin ella, se nos enseña en la Escritura a no hacer nada, de modo que ni siquiera se nos permita beber el vino espiritual que alegra el corazón del hombre (Salmo 103:15) sin discernimiento, según el refrán: «Bebe vino con moderación y cuidado» (Prov 24:33), y «Y ‘Ciudad edificada y sin murallas es el hombre que no actúa en todo con cuidadosa reflexión” (Proverbios 25, 28). Con el discernimiento se forma la sabiduría, el entendimiento y la percepción interna, sin los cuales ni nuestra casa interior puede ser construida, ni la riqueza espiritual puede ser recogida y acumulada, según el dicho: “Con sabiduría se construye la casa, con discernimiento se engrandece y con prudencia se llenan los almacenes” (Prov 24, 4). Esto se llama alimento sólido para aquellos que, por la ascesis (ejercicio espiritual) y la costumbre, tienen entrenados los sentidos espirituales y disciernen fácilmente entre el bien y el mal (Hebreos 5, 14). De todas estas realidades se demuestra claramente que sin el don o carisma del discernimiento no se forma la virtud ni permanece firme hasta el final, porque el discernimiento es madre y guardiana de todas las virtudes.»

»Esa fue la opinión de Antonio, con la que estuvieron de acuerdo los otros padres. Para confirmar ahora, con ejemplos contemporáneos, la opinión de San Antonio, recuerden también al anciano Herón y la trágica caída que sufrió hace poco frente a nuestros ojos, de qué manera, por la burla del diablo, cayó desde la altura de la vida espiritual y de la práctica en lo más profundo de la muerte. Recuerden que él permaneció cincuenta años en el desierto cercano con gran austeridad y constante continencia, y en el desierto más extremo y solitario, más que todos los que están aquí, permaneció y lo buscó. Él, después de tantos trabajos y luchas, fue engañado por el diablo y cayó en un grave error, y sumió en un luto inconsolable a todos los padres y hermanos que quedaban en el desierto cercano. Esto no le habría sucedido si estuviera asegurado con la virtud del discernimiento, que le habría enseñado a no confiar en su propio pensamiento y juicio, sino en el consejo de los padres y hermanos. Porque él, siguiendo su propio pensamiento y juicio, ejercitaba tanto el ayuno y la separación de las personas, que ni siquiera en la fiesta de Pascua venía a la Iglesia, para no verse obligado, si venía con los padres y hermanos, a comer legumbres u otra cosa que se ofreciera en la mesa y pensar que había caído del propósito que se había propuesto en su mente. Por lo tanto, él, engañado durante mucho tiempo por su propia voluntad, recibió a un ángel de Satanás y después de reverenciarlo y adorarlo como ángel de luz, fue ordenado por él a caer en un pozo profundo a medianoche, para aprender por experiencia que en el futuro no enfrentaría ningún peligro, debido a su gran virtud y a sus esfuerzos por Dios. Él, sin distinguir con su juicio quién le daba estos consejos, con su mente oscurecida, se lanzó al pozo a medianoche. En poco tiempo, los hermanos se enteraron, y con mucho esfuerzo apenas lograron sacarlo medio muerto. Y después de vivir dos días, murió el tercer día, dejando un luto inconsolable a los hermanos y al presbítero Pafnucio. Él, por su gran filantropía, impulsado y porque recordaba sus grandes trabajos y los muchos años que pasó en el desierto, no lo distinguió de los memoriales y ofrendas de los difuntos, para no ser contado entre los suicidas.

»¿Qué puedo decir de esos dos hermanos, que vivían más allá del desierto de Tebaida, donde solía vivir el bienaventurado Antonio? Estos dos, impulsados por un λογισμός loyismós (pensamiento simple o unido con la fantasía) y juicio sin discernimiento, decidieron ir al desierto más profundo, que no es cultivado y es grande, y allí no aceptar comida de humanos, sino solo si Dios les daba algún milagro. Y cuando los vieron deambular por el desierto, exhaustos por el hambre, los Mazices, que son de entre todos los pueblos salvajes el más salvaje y duro, cambiaron por divina providencia la ferocidad que los caracterizaba en filantropía, los encontraron y les ofrecieron pan. Y uno de los hermanos, en quien vino el discernimiento, aceptó con alegría y gratitud el pan, pensando que no era posible que esos hombres tan duros y salvajes, que se regocijan con la sangre de los humanos, les tomaran simpatía y les ofrecieran comida, después de haberse agotado, si no los hubiera incitado Dios. Pero el otro no aceptó comida, porque se la daban humanos. Insistió en su opinión sin discernimiento y murió de hambre. Aunque al principio ambos pensaron mal y tomaron una decisión irracional y destructiva, sin embargo, uno, porque le vino el discernimiento, corrigió lo que había decidido con arrogancia y sin precaución, mientras que el otro, al insistir en la idea tonta y al quedar fuera del discernimiento, provocó su propia muerte, que el Señor quiso alejar de él.

»¿Qué puedo decir de aquel, cuyo nombre no quiero mencionar, porque está aquí alrededor? Este recibió muchas veces al demonio como ángel y recibió de él revelaciones y veía constantemente una luz de lámpara en su celda. Por último, el demonio le ordenó sacrificar a su hijo, que vivía en el monasterio con él, como sacrificio a Dios, y así ser considerado digno de recibir el honor de Patriarca Abraham. Se sometió tanto a este consejo, que realmente iba a sacrificar a su hijo, si el hijo no lo veía afilando un cuchillo, algo que no acostumbraba a hacer, y preparando cuerdas para atarlo firmemente como sacrificio, y no se apresuraba a salvarse huyendo.

»Voy a extenderme bastante si les cuento también sobre el engaño del diablo a aquel monje de Mesopotamia, que mostró gran autodisciplina y estuvo encerrado en su celda durante muchos años y luego fue seducido y engañado tanto con revelaciones diabólicas y sueños, que después de tantos esfuerzos y virtudes, con las que superó a todos los monjes allí, cayó en el judaísmo y aceptó la circuncisión. Porque el diablo, queriendo engañarlo, le mostraba muchas veces sueños verdaderos para hacerlo aceptar fácilmente el engaño en el que al final lo hundiría. Así que una noche le mostró a todos los cristianos junto con los Apóstoles y los mártires, oscuros y llenos de vergüenza y deshonra, sumidos en la tristeza y el luto, mientras que a los judíos junto con Moisés y los Profetas, iluminados por una luz brillante y llenos de alegría y gozo. Y el estafador le aconsejaba que si quería disfrutar de la felicidad y la alegría de los judíos, aceptara la circuncisión. Y de hecho, fue engañado y lo hizo. Por lo tanto, es evidente de lo que hemos dicho que no todos estos jugarían de esa manera tan miserable y despreciable si tuvieran el don o carisma del discernimiento».

A estas cosas Germanós respondió: «Y con nuevos ejemplos y con interpretaciones de los padres antiguos, se demostró bastante que el discernimiento es la fuente, la raíz, la cabeza y el vínculo de todas las virtudes. Pero queremos saber de qué manera podemos adquirirlo y cómo distinguir entre el discernimiento divino y el falso, el ficticio y el diabólico». Entonces el abad Moisés dijo: «El verdadero discernimiento no se adquiere sino por la verdadera humildad, revelando a los padres no solo lo que hacemos, sino también lo que pensamos, y no confiando en nuestro propio pensamiento y juicio, sino siguiendo en todo los consejos de los γέροντες yérontes (ancianos sabios e iluminados) y creyendo que todo lo que ellos aprueban es bueno. Este método, no solo hace que el monje permanezca indemne con el verdadero discernimiento y la actitud correcta, sino que también lo preserva indemne de todas las trampas del diablo. Porque es imposible que alguien que regula su vida según el juicio y la opinión de los padres avanzados caiga en el engaño de los demonios. Porque incluso antes de que uno sea digno del don del discernimiento, la sola revelación y confesión a los padres de los pensamientos malignos los marchita y los debilita. Como la serpiente cuando la sacas de un agujero oscuro, corre para salvarse y desaparecer, así también los pensamientos malignos, cuando se revelan con una confesión sincera, corren para alejarse del hombre».

»Y para aprender con mayor precisión y con un ejemplo, les contaré la historia del abad Serapión, que decía a quienes se acercaban a él para ser preservados. Decía así: ‘Cuando era más joven, vivía con mi abad. Y cuando comíamos y nos levantábamos de la mesa, bajo la influencia del demonio, tomaba un trozo de pan y lo comía a escondidas de mi abad. Después de hacer esto durante mucho tiempo, fui dominado por este πάθος pazos y no pude vencerlo. Solo mi conciencia me acusaba, pero me avergonzaba decirlo al yérontas (anciano sabio e iluminado). Por economía divina, algunos hermanos vinieron al yérontas para su beneficio. Y el yérontas dijo que nada daña más a los monjes ni alegra a los demonios como ocultar los pensamientos y no contarlos a los padres espirituales. Les habló también sobre la continencia y autodisciplina. Y mientras decía estas cosas, me desperté y pensé que Dios había revelado al yérontas mis errores, y me conmoví y comencé a llorar. Entonces saqué el pan de mi bolsillo, que solía robar injustamente, y después de caer al suelo, pedí perdón por lo pasado y oré para no volverlo a hacer. Entonces el yérontas dijo: ‘Oh, hijo, te has liberado, y sin que yo hable, tu confesión y el demonio que te hería con tu silencio, una vez que te has confesado, lo has matado, aquel que te había dominado hasta ahora con tu voluntad, ya que ni lo resistías ni lo controlabas. En adelante, no tendrá lugar en tu corazón, ya que lo has revelado’. El anciano no había terminado de hablar cuando una energía demoníaca salió de mi pecho como fuego y llenó la casa de mal olor, tanto que los presentes pensaron que se estaba quemando azufre. Entonces el yérontas dijo: “Mira, el Señor ha dado con este signo una prueba de mis palabras y de tu liberación’. Y así se fue de mí con la confesión del πάθος pazos por la gula y la energía demoníaca, para que nunca más sintiera atracción por ese deseo”.

»Así que, ven ustedes, incluso por las palabras del abad Serapión, aprendemos que solo entonces somos dignos del don del verdadero discernimiento cuando no confiamos en nuestro propio pensamiento y juicio, sino en la enseñanza y las reglas de los padres. Porque el diablo no lleva a los monjes al precipicio con ningún otro defecto tanto como al persuadirlos de que violen los consejos de los padres y sigan su propio juicio y voluntad. Por lo tanto, deberíamos tomar ejemplos y aprender incluso de las artes y ciencias humanas. Porque si podemos tocarlas con nuestras manos y verlas con nuestros ojos y oírlas con nuestros oídos, no podemos lograrlas solos, sino que necesitamos a aquellos que nos enseñarán correctamente sus reglas. ¿No es absurdo pensar que el arte espiritual, que es el más difícil de todos, no necesita maestro? Y este arte es invisible y oculto y solo se considera y se contempla con la pureza del corazón, y el fracaso en esto no produce una pérdida temporal, sino la pérdida de la psique-alma y la muerte eterna».

El Germanós dijo: «La excusa de la vergüenza y el pretexto de una devoción dañina suele provocarnos el hecho de que algunos padres, después de escuchar los logos y silogismos de sus hermanos, no solo no los curaron, sino que los reprocharon y los sumieron en la desesperación, como nosotros también tuvimos la oportunidad de presenciar un caso así en las tierras de Siria. Un hermano allí confesó sus pensamientos a un yéronta anciano con toda sencillez y sinceridad, y desnudó sin vergüenza los secretos de su corazón. Tan pronto como el anciano los escuchó, comenzó a enfadarse y a enojarse con el hermano, acusándolo de los malvados pensamientos. A partir de este hecho, muchos que lo supieron se avergonzaban de confesar sus pensamientos a los yérontas ».

El abad Moisés respondió: «Es bueno, como dije anteriormente, no ocultar nuestros pensamientos a los padres, pero no contárselos a cualquiera, sino a yérontas espirituales que tienen discernimiento y no a aquellos que simplemente han envejecido. Porque muchos, mirando la edad, confesaron sus pensamientos y en lugar de encontrar curación, cayeron en la desesperación debido a la inexperiencia de los ancianos. Hubo un hermano muy devoto en el ejercicio. Molesto en exceso por el demonio de la lujuria, fue a un anciano y le contó sus pensamientos. Él lo escuchó, y como no tenía experiencia, se enfadó y llamó al monje miserable e indigno del estado monástico porque aceptó tales pensamientos. Cuando el hermano escuchó esto, se desesperó, dejó el lugar y tomó el camino de regreso al mundo. Por la providencia de Dios, el abad Apolós, el más experimentado entre los yérontas, lo encuentra. Al verlo perturbado y muy triste, le preguntó: «Hijo mío, ¿cuál es la causa de tanta tristeza?». Al principio, debido a la gran decepción, no respondió. Pero después, después de que el abad Apolós lo instó mucho, dijo lo suyo: «Los pensamientos a menudo me molestan y fui y se los dije a cierto anciano, y como me dijo, no tengo esperanza de salvación. Entonces me desesperé y me voy al mundo». Cuando el padre Apolós escuchó esto, le dijo muchas palabras de consuelo y aconsejó al hermano diciendo: «No te parezca extraño, hijo mío, y no te desesperes. Porque yo también, a la edad en que estoy con el cabello blanco, me molestan mucho estos pensamientos. No pierdas tu valentía por el fuego de este cuerpo, que no se cura tanto con el cuidado humano como con la misericordia de Dios. Solo dame este día y regresa a tu celda». Así lo hizo el hermano. El abad Apolós se fue y fue a la celda del anciano que había desesperado al hermano. Y después de pararse afuera, suplicó a Dios con lágrimas, diciendo: «Señor, Tú que envías las pruebas para nuestro beneficio, haz que la guerra que enfrentó el hermano recaiga ahora sobre este anciano, para que ahora aprenda con la experiencia, en su vejez, lo que no aprendió durante tantos años, para que sufra y simpatice con aquellos que están en lucha». Tan pronto como terminó la oración, vio a un hombre oscuro parado cerca de la celda y arrojando flechas contra el anciano, de las cuales fue herido y se volvió inmediatamente como borracho de un lado a otro. No pudiendo soportar más dentro de su celda, salió y siguió hacia el mundo por el mismo camino que había tomado el hermano menor. El abad Apolós entendió el evento y lo encontró y le dijo: «¿Adónde vas? ¿Y cuál es la causa de la turbación que te posee?». Entendió que la cosa se había revelado al santo abad, pero por vergüenza no dijo nada. Y el abad Apolós le dijo: «Vuelve a tu celda y de ahora en adelante conoce bien tu enfermedad. Y cree que o el diablo te olvidó o te despreció y por eso no fuiste digno de luchar con él. ¿Qué digo de luchar? No pudiste soportar el ataque del diablo ni siquiera por un día. Esto te sucedió porque cuando recibiste a un hermano menor que era combatido por el enemigo común, en lugar de fortalecerlo en la lucha, lo sumiste en la desesperación, sin tener en cuenta el sabio mandato que dice: «Libra a los que son llevados para ser ejecutados, y no te arrepientas de redimir a los que están destinados a ser asesinados» (Proverbios 24, 11). Pero tampoco la parábola de nuestro Salvador que dice que no debemos romper la caña rota ni apagar la mecha que aún humea (Mateo 12, 20). Porque nadie podría soportar los ataques del enemigo ni extinguir el ardor de la naturaleza que hierve si la χάρις jaris (gracia, energía increada) de Dios no protegiera la enfermedad y debilidad humana. Por lo tanto, después de que esta economía para tu salvación haya sido completada, pidamos juntos a Dios que retire el azote que te ha llegado. Porque Él nos hace sufrir y Él nos cura. Él golpea con Sus manos y nos cura de nuevo (Job 5, 18). Humilla y exalta. Mata y da vida. Baja al Seol y eleva (1Reyes 2, 6-7)». Después de decir estas palabras, el abad Apolós oró y de inmediato lo liberó de la guerra de la lujuria y le aconsejó que pidiera a Dios que le diera una lengua iluminada que hablara las palabras adecuadas cuando fuera necesario (Isaías 50, 4).

»Por lo tanto, de todo lo que hemos dicho, aprendemos que no hay otro camino seguro de salvación que confesar nuestros pensamientos a los padres que tienen un gran discernimiento, y de ellos obtener instrucciones sobre la virtud y no seguir nuestro propio juicio y pensamiento. Incluso si alguien se encuentra, como sucede a veces, con un anciano simple, o con algunos otros sin experiencia, no debe evitar revelar sus pensamientos a los padres muy probados y menospreciar la tradición de los ancestros. Porque ellos tampoco actuaron por su propia voluntad, sino por Dios y por las Escrituras inspiradas para transmitir esto a los posteriores, consultando así a aquellos que son avanzados en  la virtud, podemos aprenderlo de muchos lugares de las Escrituras inspiradas, y sobre todo de la historia de San Samuel. Él, aunque fue dedicado a Dios desde la infancia por su madre y se le permitió hablar con Dios, no creyó en su propio pensamiento y juicio, sino que una y otra vez, aunque Dios lo llamó, corrió hacia el anciano Elí, recibió instrucciones de él y lo consultó sobre cómo responder a Dios (1Reyes 3:9). Y aquel a quien Dios eligió como suyo, quiere ser guiado por el gobierno y la orden del yérontas para ser llevado a la humildad. Pero incluso a Pablo, a quien Cristo mismo llamó y habló con él, aunque podría haber abierto sus ojos de inmediato y mostrarle el camino de la perfección, lo envió a Ananías y le ordenó que aprendiera de él el camino de la verdad, diciendo: «Levántate y entra en la ciudad. Allí te dirán lo que debes hacer» (Hechos 9:6). Nos enseña con esto a seguir la guía de los avanzados, para que, de lo contrario, lo que sería bueno para Pablo lo malinterpretarían los posteriores y lo tomarían como ejemplo para ser autosuficientes, queriendo cada uno ser como Pablo, dirigido hacia la verdad por Dios y no a través de los Padres. Y que así son las cosas, podemos aprenderlo no solo de lo que hemos dicho, sino también de lo que mostró en la práctica el Apóstol, quien escribe: «Subí a Jerusalén para ver a Pedro y a Jacobo, y les anuncié el evangelio que predico, para no correr en vano, ni haber corrido en vano» (Gálatas 2:2), aunque la χάρις jaris (gracia, energía increada) del Espíritu Santo lo acompañaba, como lo demuestra el poder de los milagros que realizó. ¿Quién, entonces, es tan arrogante y orgulloso como para seguir su propio juicio y criterio, cuando el «cáliz de elección» confiesa que necesitaba el consejo de los Apóstoles más antiguos?

»Por lo tanto, está claro con todo esto que el Señor no revela el camino de la perfección a nadie, sino a aquellos que son guiados hacia Él por padres espirituales. Como dice la boca del profeta: «Pregunta a tu padre, y te informará, a tus ancianos, y te dirán» (Deuteronomio 32:7). Con toda nuestra fuerza y ​​cuidado, debemos adquirir dentro de nosotros el buen don del discernimiento, que nos preservará indemnes de cualquier exceso. Porque, como dicen los padres, los extremos de ambos lados dañan. Y el ayuno excesivo y la saciedad del vientre. Y la vigilia excesiva y la saciedad del sueño. Así como otros excesos. Porque conocemos a algunos que no fueron vencidos por la gula, sino por el ayuno excesivo y cayeron en el mismo pazos vicio de la gula, debido a la enfermedad que surgió del ayuno excesivo. Y recuerdo que yo sufrí uno así. Ayuné tanto que olvidé el apetito por la comida, y estuve ayunando durante dos o tres días y no deseaba comida en absoluto, a menos que otros me instaran a ello. Y de nuevo, con la astucia del diablo, el sueño se fue tan lejos que durante muchas noches me quedé despierto y le pedí al Señor que me diera un poco de sueño. Y corrí más peligro con el ayuno excesivo y la falta de sueño que con la gula y la saciedad del sueño».

Con tales y tantas enseñanzas, el santo Moisés nos ha complacido, para que, beneficiados, demos culto y alabemos al Señor, quien otorga tanta sabiduría a quienes Le temen. A Él sea honor y poder por los siglos de los siglos. Amén.

Traducido por: χΧ jJ  logosortodoxo.es/ 06/06/2024

Filocalía de los Santos Nípticos, tomo 1 San Isaías el Anacoreta 27 Capítulos sobre la vigilancia y protección del νούς nus y la διάνοια diania

 Φιλοκαλία των Ιερών Νηπτικών, Τόμος Α΄ 

Άγιος Ησαίας ο Αναχωρητής

27 Κεφάλαια περί τηρήσεως του νου

Filocalía de los Santos Nípticos, tomo 1

San Isaías el Anacoreta

27 Capítulos sobre la vigilancia y protección del νούς nus (espíritu de la psique) y la διάνοια diania (mente, intelecto, cerebro),

Breve biografía

El venerable padre Isaías el Anacoreta vivió alrededor del año 370 d.C. Fue contemporáneo del abad Macario el Grande. Estudiando día y noche las Sagradas Escrituras, extrajo de sus fuentes salvadoras abundante agua de sabiduría espiritual y escribió muchos y excelentes logos sobre diversos temas edificantes, los cuales conforman un libro completo. De estos discursos presentamos aquí este breve tratado, en beneficio de aquellos que desean cuidar y guardar su nus y mente. Este tratado enseña brevemente cómo repeler los asaltos de los pensamientos malignos, para no ser acusados por la conciencia, cómo meditar en lo divino y cómo mantener los tres aspectos del alma en pureza con ataraxia, serenidad, paz y habilidad.

Estos son los términos clave de este tratado divino:

  1. Νοῦς nus o νοερά ενέργεια noerá energía, términos que los usan los Padres con varios significados; no se debe confundir con la diania (mente, intelecto, cerebro).

Es el espíritu del hombre o nus como energía espiritual humana siendo el corazón como esencia, es el ojo de la psique (alma). Los santos Padres helénicos lo llaman nus o noerá energía para no confundir con la energía espiritual increada Jaris, gracia del Espíritu Santo. Cuando el nus queda preso o apegado en la diania por un loyismós, pensamiento, reflexión y en la fantasía o imaginación es cuando viene nuestra caída y el nus tiene que estar en alerta, vigilante y sobrio para impedir la entrada en la psique de los malos loyismí, y no caer en esta trampa. El nus constituye la fuerza y energía más alta del hombre es el «principal ojo” de la psique. El estado natural del nus, en el hombre creado por Dios, es la permanencia mediante la oración y la alabanza en la memoria de Dios, más la expulsión de los loyismí del corazón. Porque esta es exactamente la práctica ascética ortodoxa, el regreso y estancia del nus o su energía en el interior del corazón, este nus por causa de la caída del hombre se pierde, se esclaviza y se convierte en idólatra o se autodeifica y alaba sus propias creaciones en vez de agradecer y alabar a Dios.

  1. Vlajos: “Νοῦς nus, en la enseñanza patrística el término se utiliza diversamente. Unas veces el término lo usan para mostrar la psique (alma), otras el corazón psicosomático o el espíritu del corazón de la psique y otras una energía de la psique. Pero principalmente nus es el ojo de la psique, la parte más pura, es la finísima atención. Se llama también energía noerá (espiritual humana) y su esencia es el corazón, está en todo el cuerpo principalmente en el cerebro, pero no se identifica con la energía racional del cerebro, ni con la emocional sentimental, sino que contiene todas las energías”. (Ver también sobre este término en nuestro libro “12 Léxis apocalípticas” en el blog en español: logosortodoxo.es/).
  2. Διάνοια (diania) mente, intelecto, cerebro, inteligencia, ingenio, genio.

“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón… y con toda tu diania… Marc 12,30”.  Diania διά diá= dividido por, a través, para, por; y νούς nus. Diania (de dianús) es la mente, intelecto o cerebro la parte de la energía del nus que elige, parte, separa, divide y analiza un loyismós, pensamiento, fantasía, idea o reflexión. Es la capacidad lógica e intelectual de la mente del hombre, función de la cual es la deducción de conclusiones o la transformación y desarrollo de conceptos que resultan de los datos que se facilitan en el nus o corazón por “apocálipsis”, revelación, o mediante gnosis y percepción espiritual, o por observación de los sentidos; es decir, todo lo que percibe el nus interior y exteriormente, la diania lo desarrolla y lo exterioriza. La gnosis de la lógica de la diania es, pues, inferior a la increada gnosis espiritual que es percibida en el nus (energía) y corazón (esencia). La madre de todas las imperfecciones es el perfeccionismo intelectual humano que conduce al orgullo, la vanagloria intelectual y espiritual. “Conocemos bien que el Hijo de Dios ha venido y nos ha dado διάνοια (diania) iluminada, capacitada para conocer al Verdadero Dios” (1Jn 5,2). (Ver también sobre Diania en nuestro libro “12 lexis apocalípticas”, en el blog en español: logosortodoxo.es/).

 

27 Capítulos sobre la vigilancia y protección del νούς nus (espíritu de la psique) y la διάνοια diania (mente, intelecto, cerebro),

  1. La ira es una característica y cualidad natural del νούς nus (espíritu de la psique). Y sin ira, una persona no puede alcanzar la catarsis, la limpieza, pureza y lucidez, si no se enfurece contra todos los pensamientos astutos malignos que el diablo siembra en su interior. Y cuando Job lo encontró, insultó a sus enemigos con estas palabras: «Indignos y despreciables, faltos de todo bien, no os considero ni como los perros de mis rebaños» (Job 30:1, 4). Aquel que desea alcanzar la ira natural (es decir, la que se dirige contra el diablo y los πάθος pazos pasiones, emociones, vicios etc.) debe cortar todas sus voluntades hasta alcanzar el estado de su νούς nus (espíritu de la psique) con la mente (unidos en uno) tal como Dios lo creó.
  2. Si resistes el ataque del diablo y ves que se debilita y retrocede, no te alegres, porque la maldad de los espíritus malignos aún no se ha agotado, sino que sigue detrás de ellos. Están preparando una guerra peor que la primera, le han dejado atrás de la ciudad y le han dado la orden de no moverse. Y si resistes a ellos, huyen vencidos. Pero si te enorgulleces de haberlos expulsado y dejas la ciudad sin vigilancia, entonces otros vienen por detrás y otros se posicionan delante, y la pobre psique-alma no encuentra refugio en ninguna parte. La ciudad es la oración. La resistencia es rechazar los malos astutos pensamientos y conceptos en el nombre de Jesús Cristo. La base es la ira.
  3. Por lo tanto, queridos, mantengámonos con temor de Dios y guardemos la práctica de las virtudes y no pongamos obstáculos a nuestra conciencia. Cuidémonos a nosotros mismos con temor de Dios, hasta que nuestra conciencia se libere y junto con ella, nosotros también, y se realice una unión entre ella y nosotros. Entonces, la conciencia se convierte en nuestro guardián y nos muestra dónde fallamos. Pero si no le obedecemos, nos abandonará y entonces caeremos en manos de nuestros enemigos y ya no nos dejarán. Como nos enseñó nuestro Señor: “Ponte de acuerdo y reconcíliate con tu adversario pronto, mientras estás con él en el camino que conduce al juzgado” (Mateo 5:25). Algunos interpretan que el adversario es la conciencia, que resiste al hombre que quiere cumplir su voluntad pecaminosa. Y si el hombre no escucha su conciencia, entonces ella lo entrega a sus enemigos.
  4. Si Dios ve que el νούς nus con la mente se ha sometido a Él con todas sus fuerzas y no tiene otra ayuda más que a Él, entonces le fortalece y dice: «No temas, hijo mío Jacob, Israel reducido en número» (Isaías 41:13). Y nuevamente dice: «No temas, porque te he redimido. Te he dado mi nombre, eres mío. Si pasas por el agua, estoy contigo, los ríos no te arrastrarán, si pasas por el fuego, no te quemarás, la llama no te abrasará, porque yo soy el Señor tu Dios, el Santo de Israel, tu Salvador» (Isaías 43:1-3).
  5. Por tanto, si el νούς nus con la mente escucha estas palabras alentadoras, desprecia a los demonios diciendo: «¿Quién es el que me combate? Que se enfrente a mí. ¿Quién es el que me contradice? Que se acerque a mí. He aquí, el Señor es mi ayudante; ¿quién me hará daño? Todos ustedes se envejecerán como las prendas que las comen las polillas» (Isaías 50:8).
  6. Si tu corazón ha llegado a adquirir como natural el odio contra el pecado, entonces has vencido y te has alejado de aquello que engendra el pecado y ha puesto en tu memoria el infierno. Y sepas que Aquel que te ayuda permanece cerca de ti. Y tú no Lo entristezcas con ningún pecado, sino llora ante Él y di: «Tú Señor tienes la misericordia para librarme del pecado y los demonios, porque yo no tengo fuerzas para escapar de mis enemigos sin Tu ayuda». Y ten cuidado de no admitir pensamientos malvados, y Él te protegerá de todo mal.
  7. El monje y el cristiano ortodoxo debe cerrar todas las puertas de la psique-alma, es decir, sus sentidos, para no caer en pecado por causa de ellos. Y cuando el νούς nus con la mente ve que no es dominadο por ningún πάθος pazos (pasión, emoción, vicio etc.) se prepara para la inmortalidad y reúne todos sus sentidos y los hace un solo cuerpo.
  8. Si el νούς nus con la mente se libera de toda esperanza en este mundo, es una señal de que el pecado ha muerto dentro de ti.
  9. Si el νούς nus con la mente permanece libre de las cosas mundanas, entonces aquella distancia que existe entre el hombre y Dios desaparece.
  10. Si el νούς nus con la mente del hombre se libera de todos sus enemigos, es decir, de los πάθος pazos (pasiones, emociones, vicios etc.) y descansa, entonces está en una vida nueva y piensa en cosas nuevas, divinas e incorruptibles: «Donde esté el cadáver, allí se reunirán los buitres» (Mateo 24:28), (es decir, donde haya tranquilidad de las pasiones los πάθος pazos, allí también habrá pensamientos y conceptos divinos e incorruptibles).
  11. Los demonios suelen retirarse temporalmente con astucia, para que el hombre se sienta seguro creyendo que ha alcanzado la impasibilidad y deje de estar atento. Y entonces, de repente, saltan sobre su pobre psique-alma y la capturan como a un gorrión. Y si la vencen, la arrojan sin piedad a todo tipo de pecado, peor que aquellos por los que antes pedía perdón. Mantengámonos, por tanto, con temor de Dios y vigilemos y custodiemos nuestro corazón, realizando nuestro ejercicio espiritual. Y mantengamos las virtudes, que son un obstáculo para la maldad de los demonios enemigos.
  12. Nuestro Maestro Jesús Cristo, que conoce la crueldad de los demonios y se compadece del género humano, nos dio una orden estricta diciendo: «Pero sabed esto: que si el dueño de casa supiera a qué hora viene el ladrón, velaría y no dejaría que penetrara en su casa. Por tanto, estad preparados, porque a la hora que no pensáis, viene el Hijo del Hombre» (Mat 24:42-44; Marc 13:36). Y en otro lugar dice: «Pero mirad por vosotros mismos, no sea que vuestros corazones se carguen de glotonería, embriaguez y preocupaciones de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día» (Lucas 21:34). Por tanto, mantente firme y cuida tus sentidos. Y si mantienes en tu mente la memoria de Dios en paz, entonces verás a los ladrones demonios que intentan robarla en secreto. Porque aquel que presta atención cuidadosamente a sus pensamientos, percibe a aquellos que quieren entrar y contaminarlo. Los malos pensamientos perturban la mente, haciéndola inestable, hinchada y perezosa. Pero aquellos que conocen su maldad, permanecen imperturbables, orando al Señor.
  13. Si el hombre no odia las obras de este mundo, no puede dar culto y adorar a Dios. ¿Y qué es el culto y la adoración de Dios? No tener nada ajeno en su mente cuando le ora; no sentir otro placer cuando lo alaba; no albergar ninguna maldad cuando le canta; no tener odio contra nadie cuando prefiere a Él; ni tener envidia maliciosa que nos impida dirigirnos a Él continuamente y recordarlo siempre. Porque todos estos obstáculos oscuros son un muro que rodea la psique-alma desgraciada y no puede dar culto y adorar a Dios puramente mientras los tenga. Porque se convierten en obstáculos en su camino hacia Dios y no la dejan encontrarlo, glorificarlo dentro de sí y orar a Él con dulzura en su corazón para ser iluminado por Él. Por eso, el νούς nus con la mente siempre está oscurecido y no puede progresar según Dios, porque no se preocupa de cortar todas estas cosas con divina gnosis-conocimiento espiritual.
  14. Cuando el νούς nus (espíritu de la psique) salva los sentidos de la psique-alma de las voluntades y deseos de la carne y los guía hacia la απάθεια apázia (impasibilidad, desapego sin pazos,) y separa la psique-alma de los deseos de la carne, entonces si Dios ve la desvergüenza de los πάθος pazos (pasiones, emociones, vicios etc.) que se precipitan sobre la psique-alma para llevar los sentidos al pecado, y el νούς nus clama secretamente a Dios sin cesar, Él envía su ayuda y destruye todo esto de inmediato.
  15. Te ruego, mientras estés en la vida, no dejes tu corazón libre. Porque así como el agricultor no puede estar seguro de sus frutos, ya que no sabe qué puede suceder hasta que los recoja, así tampoco el hombre debe dejar su corazón sin vigilancia y protección mientras respire. Como el hombre no sabe qué πάθος pazos (pasión, emoción, vicio etc.) puede venirle hasta su último aliento, así no debe dejar su corazón libre hasta ese momento, sino siempre clamar a Dios para que lo ayude y lo tenga misericordia.
  16. Aquel que no encuentra ayuda en tiempos de guerra, tampoco puede tener confianza en la paz.
  17. Cuando uno se separa de la vida pecaminosa, conocerá con precisión todos los pecados con los que pecó contra Dios. Porque no ve sus pecados antes de separarse de ellos, lo que le parecerá amargo y difícil. Aquellos que alcanzan a esta medida lloran por sus pecados y se avergüenzan ante Dios, recordando las malas amistades que tuvieron con los πάθος pazos (pasiones, emociones, vicios etc.). Así que, hermanos, luchemos según nuestra fuerza y capacidad y Dios nos ayudará según la multitud de Su misericordia (increada). Y si no hemos guardado puro nuestro corazón, al menos hagamos todo lo posible por guardar nuestros cuerpos sin pecado, como Dios lo pide, y creamos que en el tiempo de la hambruna espiritual que nos ha sobrevenido, Él tendrá misericordia de nosotros junto con Sus Santos.
  18. Aquel que ha entregado su corazón a la búsqueda de Dios con verdadera devoción y piedad no puede pensar que es agradable a Dios. Porque mientras su conciencia lo repruebe por los pecados cometidos, no ha alcanzado la libertad. Mientras haya reprensión, hay también aquel que acusa; y mientras haya acusación, no hay libertad. Por tanto, si en tu oración no sientes reproche alguno por maldad alguna, entonces eres libre y has entrado en el santo descanso y reposo de Dios, según Su voluntad. Si ves que el buen fruto ha crecido y fortificado ya no lo ahogan las malas hierbas del enemigo; y que los enemigos no han huido solos ni han dejado de luchar astutamente contra tus sentidos; y si la nube ha arrojado su sombra sobre la tienda y el sol no te ha quemado de día, ni la luna de noche (Sal. 120:6); y si ves que has preparado la tienda para erigirla y guardarla según la voluntad de Dios, entonces con la fuerza de Dios has vencido. Y entonces Él arrojará Su sombra sobre la tienda porque es Suya. Y mientras haya guerra, el hombre tiene miedo y terror, ya sea que hoy venza o sea vencido; o mañana sea vencido o venza; porque la lucha y combate oprime todo alrededor del corazón. Sin embargo, la απάθεια apázia (impasibilidad, desapego sin pazos) es invencible, porque ya ha recibido el premio y ha dejado de preocuparse por alguna de las tres partes del hombre, porque han hecho las paces entre ellas y con Dios. Estas tres partes son psique-alma, cuerpo y espíritu. Cuando estas tres se convierten en una por la energía (increada) operativa del Espíritu Santo, ya no pueden separarse. Por tanto, no pienses que estás muerto para el pecado mientras te angustias, te entristezcas y eres atacado con ímpetu y violencia por tus enemigos demoníacos, ya sea despierto o dormido. Mientras el pobre hombre se encuentra en el estadio de la lucha, no puede estar seguro.
  19. Si νούς nus (espíritu de la psique) con la mente adquiere fuerza espiritual y se prepara para seguir la αγάπη agapi (amor incondicional, desinteresado) que extingue todas los πάθος pazos (pasiones, emociones, vicios etc.) del cuerpo y que, con su fuerza, no permite que ninguna maldad gobierne el corazón, entonces el nus con la mente resiste la maldad hasta separarla de las buenas disposiciones de la psique-alma.
  20. Examina, hermano, delante de Dios con gran cuidado a ti mismo cada día y observa tu corazón para ver qué πάθος pazos se encuentra dentro de él. Y arrójalo lejos de tu corazón para que no se convierta en causa de condenación.
  21. Cuida, pues, hermano mío, tu corazón y vela para enfrentar a tus enemigos. Porque son astutos y llenos de todo tipo de maldad. Y cree profundamente en tu interior que es imposible que el hombre que practica el mal haga el bien. Por eso nuestro Salvador nos enseñó a ser cuidadosos y vigilantes, diciendo: «Porque estrecha es la puerta y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la encuentran» (Mateo 7:14).
  22. Cuida de ti mismo para que nada de lo que conduce a la perdición te aleje de la agapi-amor incondicional de Dios, y vigila y guarda tu corazón y no descuides diciendo: «¿Cómo puedo vigilar y guardar mi corazón, siendo un hombre pecador?» Porque cuando el hombre abandona sus pecados y regresa a Dios con μετάνοια metania (arrepentimiento y confesión), la μετάνοια metania lo renueva y lo hace completamente nuevo.
  23. En todas partes la Sagrada Escritura, tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento, habla de la vigilancia y custodia del corazón. David dice: «Hijos de los hombres, ¿hasta cuándo tendréis el corazón endurecido?» (Sal. 4:2), y de nuevo: «Su corazón es vacío y vano» (Sal. 5:10). Para aquellos que piensan en vano, dice: «Dijo en su corazón: me quedaré inamovible» (Sal. 9:27). Y de nuevo: «Dijo en su corazón: Dios se ha olvidado» (Sal. 9:32), y muchas otras cosas similares. Por tanto, el monje y el cristiano debe entender el propósito de la Escritura, para quién y cuándo habla, y mantener continuamente la lucha de la ascética, ejercicio espiritual; debe estar atento a los ataques del diablo y, como buen capitán de barco, superar las olas, siendo guiado por la χάρις jaris (gracia, energía increada) sin desviarse de su camino y cuidando sólo de sí mismo; y acercándose a Dios, sin que su pensamiento vague aquí y allá, y sin curiosidad en su mente.
  24. El tiempo de las luchas requiere de nosotros la oración, igual que el capitán los vientos, las tempestades y las tormentas. Porque recibimos asaltos y ataques de pensamientos y conceptos tanto virtuosos como malos. El señor de las pasiones es el pensamiento piadoso y amoroso de lo divino. Nosotros los ascetas y hisijastas debemos, con prudencia, discernir y separar tanto las virtudes como las maldades, y qué virtudes practicar ante nuestros hermanos y cuáles en soledad, y cuál es la primera virtud, cuál la segunda y cuál la tercera; y qué pazos pasión, emoción o vicio es de la psique-alma y cuál del cuerpo, y cuál virtud es de la psique-alma y cuál del cuerpo; y de qué virtud proviene la soberbia u orgullo, la cual ataca la mente y el nus, de cuál viene la vanagloria, de cuál se acerca la ira y de cuál viene la gula o glotonería. Porque debemos derribar los pensamientos malvados y toda altivez que se levanta e impide a los hombres conocer a Dios (2 Cor. 10:5).
  25. La primera virtud es la despreocupación, es decir, la muerte o mortificación en relación con cada persona y cada cosa. Esta genera el deseo de Dios. Y esto a su vez engendra la ira natural, la cual resiste a toda tentación del diablo. Entonces el temor de Dios encuentra morada en el hombre y, a través del temor, se manifiesta la αγάπη agapi amor incondicional, altruista.
  26. Debemos rechazar el asalto y estimulación del pensamiento maligno de nuestro corazón con una contrariedad piadosa durante la oración, para no encontrarnos orando a Dios con los labios mientras pensamos en cosas inapropiadas en el corazón. Porque Dios no acepta la oración turbia y despreciativa del practicante o del hisijasta. En todas partes, la Escritura recomienda fervientemente vigilar y custodiar los sentidos de la psique-alma. Si la voluntad del monje y del cristiano se somete a la ley de Dios, según esta ley gobernará al nus (espíritu de la psique) con la mente todo lo que depende del nus y la mente como sus súbditos, es decir, todos los movimientos de la psique-alma y especialmente la ira y el deseo. Estos son los súbditos del nus y la mente. Practicamos la virtud y hacemos lo correcto, dirigimos el deseo hacia Dios y Su voluntad, y la ira contra el pecado y el diablo. ¿Qué se nos pide entonces? El estudio y gestión interior.
  27. Si la semilla de la obscenidad se siembra en tu corazón, mientras estás en tu celda, presta atención. Resiste contra la maldad para que no te domine. Recuerda que Dios está presente y te observa, y que lo que tienes en tu corazón es evidente ante Él. Entonces di a tu psique-alma: «Si temes que otros pecadores como tú vean tus pecados, cuánto más a Dios que todo lo ve». Y así se manifiesta el temor de Dios en tu psique-alma. Y si permaneces con Él, permaneces inmóvil ante los πάθος pazos (pasiones, emociones, vicios, malos hábitos, etc.) como está escrito: «Los que confían en el Señor son como el monte Sion, no se moverán, permanecerán para siempre en Jerusalén» (Sal. 124:1). Y en todo lo que hagas, cree que Dios ve cada uno de tus pensamientos y nunca pecarás. A Él sea la doxa-gloria y alabanza por los siglos. Amén.

Traducido por: χΧ jJ logosortodoxo.es/ 03/06/202

Filocalía, tomo 4 San Gregorio Palamás Tomo Aghiorita o Athonita a favor de los santos hisijastas.

Φιλοκαλία των Ιερών Νηπτικών, Τόμος Δ΄ 

Άγιος Γρηγόριος ο Παλαμάς

Αγιορείτικος τόμος υπέρ των ιερώς ησυχαζόντων. 

Filocalía de los Padres Nípticos, tomo 4

San Gregorio Palamás

Tomo Aghiorita o Athonita a favor de los santos hisijastas.

 

En cuanto a aquellos que, debido a su propia inexperiencia y su desobediencia a los Santos, rechazan las energías místicas e increadas del Espíritu, que operan de manera que supera al logos en aquellos que viven espiritualmente y se manifiestan en obras sin ser demostrables mediante logos y palabras.

Los dogmas que ahora son comunicados y conocidos por todos y que se predican públicamente eran los misterios de la ley de Moisés, los cuales solo los Profetas preveían, inspirados por el Espíritu.

Los bienes prometidos a los Santos en el siglo venidero son los misterios de gobierno y vida evangélica, los cuales ahora se hacen visibles hasta cierto punto y se dan como arras solo a aquellos que han sido considerados dignos por el Espíritu para verlos.

Sin embargo, si un judío de entonces no escuchaba con gratitud a los Profetas hablar sobre el Logos y el Espíritu de Dios, coeternos y preeternos, podía cerrar sus oídos, creyendo que escuchaba palabras prohibidas para la fe piadosa y contrarias a la declaración que enseñaba a los piadosos: «El Señor tu Dios es un solo Señor» (Deut. 6:4).

De la misma manera, ahora uno puede sufrir lo mismo, si no escucha con devoción los misterios del Espíritu, conocidos solo por aquellos que se han hecho la catarsis y son purificados mediante la virtud. Pero así como la realización de aquellas profecías reveló los misterios de entonces según lo que se hizo manifiesto y ahora creemos en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, una deidad de tres hipostasis (tripersonal), una naturaleza simple, no compuesta, increada, invisible, incomprensible para la mente y no tiene cabida en el νούς nus humano (espíritu de la psique), de la misma manera, cuando se revele el siglo venidero en el tiempo señalado, según la inefable manifestación del único Dios que tiene tres perfectas Hipóstasis, entonces los misterios se revelarán de acuerdo en todo, como las cosas de ahora evidentes.

Pero debemos prestar atención a esto: que, aunque más tarde se reveló a los confines de la tierra el dogma de las tres Hipóstasis de la deidad, sin negar en absoluto el concepto de un solo Dios, sin embargo, a los Profetas aquellos que lo conocían con precisión y antes de que se cumplieran los hechos, y lo aceptaban fácilmente aquellos que entonces se convencían con las palabras y logos de los Profetas.

De la misma manera, ahora no ignoramos los dogmas de nuestra confesión cristiana, tanto aquellos que se proclaman abiertamente como aquellos que son apocaliptados/revelados místicamente por el Espíritu a los dignos. Algunos no los ignoran porque han sido iniciados en ellos por su propia experiencia, es decir, aquellos que han renunciado tanto al dinero como a la gloria de los hombres y a los placeres corruptos del cuerpo por el bien de la vida evangélica, y no se han quedado solo en eso, sino que han confirmado esta renuncia con su sumisión a los avanzados en la edad según Cristo. Después de haberse dedicado a sí mismos y a Dios, liberados de todas las preocupaciones mediante la ησυχία hisijía (serenidad mental y paz cordial), la tranquilidad y la oración sincera, han trascendido a sí mismos y se han unido con Dios, y mediante la unión mística (supralógica o supraespiritual) con Él que supera el nus, han sido iniciados en los misterios que superan el nus y la mente o intelecto. Otros, por su parte, los han aprendido mediante el respeto, la fe y la agapi-amor incondicional hacia ellos.

Por tanto, nosotros también, escuchando al Gran Dionisio el Areopagita, en su segunda carta a Gayo, llamar a la χάρις jaris (gracia, energía increada) divinizante o deificante de Dios deidad o divinidad, θεαρχία (zearjía) principio divino y αγαθαρχία (agazarjía) principio de la bondad, concluimos que Dios, quien otorga esta χάρις jaris a los dignos, está por encima de esta «deidad» (la χάρις jaris gracia increada deificante); porque Dios no sufre multiplicación, ni alguien hablando así habla de dos deidades. Pero esta χάρις jaris deificante de Dios, como sostiene el divino Máximo escribiendo sobre Melquisedec, es increada y siempre existe, procedente del Dios eterno.

El mismo, en muchos otros lugares, la llama luz increada, no nacida y en hipostasis (en base substancial) que se revela a los dignos cuando se hacen dignos de ella, pero que no se hace o se crea en ese momento. Esta luz, él mismo la llama luz de la doxa-gloria inefable y pureza de los Ángeles. Mientras que el Gran Macario la llama alimento de los incorpóreos, doxa-gloria de la naturaleza divina, belleza del siglo venidero, fuego divino y celestial, luz inefable, increada y espiritual, prenda del Espíritu Santo, óleo de alegría santificadora (Sal. 44:8).

Así pues, quien se cuenta entre los masalianos y llama ditheístas (dos dioses, dobleteistas) a aquellos que dicen que la χάρις jaris deificante de Dios es increada, no nacida y en hipostasis -si hay alguien así-, debe saber que se opone a los Santos de Dios, y que si no se arrepiente, se expulsa a sí mismo de la parte de los salvados y cae del único solo por Su naturaleza Dios de los Santos.

De nuevo, quien mientras cree y se convence y está de acuerdo con los Santos, y no va poniendo «pretextos y excusas en el pecado» (Salmo 140, 4), desconoce el modo del misterio, pero a pesar de su ignorancia que no rechace lo que se dice abiertamente y claramente, éste que no desvalorice a buscar y a aprende de aquellos que conocen. Porque aprenderá que no hay nada inconsistente en las realidades, cosas divinas y en los logos divinos, especialmente en los más fundamentales, sin los cuales nada puede existir de ninguna manera, ni ningún misterio de modo divino que sea digno de Dios.

Quien sostiene que la unión perfecta con Dios se realiza solo mediante la imitación y la relación con Él, sin la χάρις jaris (gracia, energía increada) deificante del Espíritu, es decir, como sucede entre personas que tienen las mismas costumbres y se aman mutuamente, y considera la χάρις jaris deificante de Dios como una costumbre y disposición de la naturaleza lógica que se adquiere solo por imitación y no por una iluminación sobrenatural y una divina energía inexpresable (e increada), la cual los dignos ven invisiblemente y comprenden incomprensiblemente por νούς nus (espíritu de la psique), debe saber que, sin darse cuenta, ha caído en el error de los Masalianos.

Porque necesariamente el deificado será dios por naturaleza, si la divinización o deificación ocurre por una fuerza natural y se encuentra dentro de los límites de la naturaleza. No debe, por tanto, intentar atribuir su propio error a aquellos que están firmemente establecidos y causar desdén a los que son impecables en la fe.

En cambio, debe abandonar su alta opinión e idea y aprender de los experimentados o de sus discípulos, que la χάρις jaris (gracia, energía increada) de la deidad es completamente incomprensible y no hay fuerza en la naturaleza que pueda recibirla, porque entonces ya no sería divina χάρις jaris, sino una manifestación de la energía de una fuerza natural.

Entonces no sería algo paradójico la θέωσις zéosis (divinización o deificación) si se realizara con una fuerza que es capaz y receptiva de θέωσις zéosis; porque en ese caso, la θέωσις zéosis sería justificadamente obra de la naturaleza y no un regalo o don de Dios, y el divinizado o deificado podría ser dios por naturaleza y llamarse así literalmente. Porque la fuerza natural de los seres no es otra cosa que el movimiento inquebrantable de la naturaleza hacia la operación energética.

¿Cómo, entonces, la θέωσις zéosis saca al deificado o divinizado fuera de sí mismo si se encuentra todavía dentro de los límites de la naturaleza? No puedo comprender esto. Por lo tanto, la χάρις jaris de la θέωσις zéosis está por encima de la naturaleza, de la virtud y del conocimiento, y todo esto, según San Máximo, es infinitamente inferior a ella. Porque toda virtud y la imitación de Dios que podemos lograr hacen al virtuoso apto para la unión divina.

Pero la χάρις jaris realiza divinamente la misma unión inexpresable. A través de ella, Dios entero abarca completamente a los dignos, y todos los Santos abarcan completamente a Dios, tomando todo Dios en lugar de sí mismos y adquiriendo a Dios mismo como único premio de su ascenso hacia Él, unido a ellos como a Sus propios miembros, de la manera en que la psique-alma está entrelazada con el cuerpo, habiéndoles concedido estar en Él.

Quien afirma que son Masalianos aquellos que dicen que el νούς nus (espíritu de la psique) reside en el corazón o en el cerebro, debe saber que ataca injustamente a los Santos. Porque San Atanasio el Grande dice que la parte lógica o logística de la psique-alma está en el cerebro, mientras que el igualmente Macario el Grande dice que en el corazón está la energía del νούς nus. Casi todos los Santos están de acuerdo con ellos. Lo que dice San Gregorio de Nisa, que νούς nus no está ni dentro ni fuera del cuerpo, como inmaterial, no es contrario a la opinión de aquellos Santos. Ellos dicen que el νούς nus está en el cuerpo, porque está unido a él. Por lo tanto, expresándolo de manera diferente, difieren muy poco de él.

Porque no es contrario a quien dice que lo divino, como inmaterial, no está en algún lugar, aquel que dice que alguna vez el Logos de Dios habitó en el vientre virginal y purísimo, unido allí de manera supralógica con la naturaleza humana, por una inexpresable filantropía (amor, amistad al hombre).

Quien dice que la luz que resplandeció alrededor de los discípulos en el monte Tabor (Mateo 17:1-2) era una aparición tipo fantasma y símbolo, algo que se hace y se deshace, y no que existe por sí misma y está por encima de todo entendimiento, sino que es una energía inferior al entendimiento, contradice claramente las opiniones de los Santos.

Porque los Santos esta luz la nombran, tanto en los himnos divinos como en sus escritos, inexpresable, increada, eterna, intemporal, inaccesible, infinita, ilimitada, invisible para ángeles y hombres, belleza arquetípica e inmutable, doxa-gloria de Dios, doxa-gloria de Cristo, doxa-gloria del Espíritu, rayo de la deidad y similares.

El cuerpo de Cristo fue glorificado desde el momento en que lo asumió, y la doxa-gloria de la deidad se convirtió en la doxa-gloria del cuerpo. Pero la doxa-gloria era invisible en el cuerpo visible para aquellos que no pueden comprender estas realidades incluso para los ángeles son invisibles.

Por lo tanto, se metamorfosea, transforma, no tomando algo que no era, ni cambiándose en algo que no era, sino revelando a los discípulos lo que realmente era, abriendo sus ojos (psíquicos o espirituales) y haciéndolos ver, de ciegos que eran.

Mientras Él mismo permanecía igual, se veía ahora diferente a los Discípulos de lo que parecía antes, porque Él es la verdadera luz (Juan 1:9), el adorno de la doxa-gloria divina, y ahora brilló como el sol. Esta imagen es tenue, pero es imposible representar sin defecto o falta lo increado dentro de la creación.

Quien dice que solo la esencia de Dios es increada, pero no Sus energías eternas, de las cuales Dios es superior a todas, porque Él es quien obra todas las cosas que son obradas, debe escuchar lo que dice San Máximo el Confesor: «Todas las cosas inmortales y la misma inmortalidad, y todas las cosas vivientes y la misma vida, y todas las cosas santas y la misma santidad, y todas las cosas virtuosas y la misma virtud, y todas las cosas buenas y la misma bondad, y todos los seres y la misma entidad son evidentemente obras de Dios. Pero las primeras tienen un comienzo temporal de existencia, ya que en algún momento no existieron, mientras que las otras no tienen un comienzo temporal, porque no hay tiempo en que no existieron la virtud, la bondad, la santidad y la inmortalidad”. Y de nuevo: «La bondad y todo lo que se incluye en la noción de bondad, y en general toda vida, inmortalidad, simplicidad, estabilidad, infinitud y lo que se considera relacionado con la esencia de Dios, son obras de Dios y no tienen un comienzo o principio temporal. Nunca, digamos, la no existencia precedió a la virtud, ni a ninguna de las otras cosas mencionadas, incluso si aquellos que participan de ellas tienen un principio y comienzo temporal. Porque toda virtud es sin principio y no es más antigua que el tiempo, porque su único progenitor es eternamente Dios. Y Dios está infinitas veces infinitamente fuera de todos los seres, tanto de los que son participados como de los que participan».

Por lo tanto, aprenda de esto que no están sujetas al tiempo todas las cosas y realidades que recibieron hipostasis y existencia de Dios. Algunas de estas realidades y cosas son sin principio, sin anular en absoluto el concepto de la por naturaleza única y trinitaria Mónada o Unidad sin principio y Su suprema simplicidad supralógica. Esta absoluta carencia de partes de Dios tiene como imagen tenue al νούς nus (espíritu de la psique), que no es en absoluto compuesto, a pesar de sus concepciones innatas.

Quien no acepta los estados espirituales que se imprimen a partir de los dones o carismas espirituales de la psique-alma en el cuerpo de aquellos que progresan según Dios, y llama απάθεια apázia (impasibilidad, sin pazos) a la disposición de la mortificación de la parte pasional de la psique-alma, pero no también a la costumbre y disposición de la energía operativa hacia lo superior, con una aversión total a los males y una orientación hacia los bienes, con la eliminación de las malas costumbres y disposiciones y la adquisición de las buenas, este, según su opinión, niega también la vida de los seres con cuerpo en el incorruptible siglo futuro.

Es decir, si el cuerpo participa entonces junto con la psique-alma en los bienes inescrutables, seguramente participará también ahora, en la medida de lo posible, en la χάρις jaris (gracia, energía increada) que Dios otorga secretamente y de manera inexpresable al νούς nus y corazón (espíritu de la psique) que ha hecho la catarsis y está purificado. Y también recibirá las cosas divinas de una manera que corresponde al hecho de que es un cuerpo; mientras que la parte pasional de la psique-alma será transformada y santificada, sin ser mortificada en cuanto a la disposición y hábito, y santificará las disposiciones y energías del cuerpo, porque se habrá convertido en algo común de la psique-alma y del cuerpo.

Porque, según San Diadoco, el νούς nus de aquellos que se han despojado de los bienes de la vida por la esperanza de los futuros bienes, al moverse con vigor debido a la despreocupación, siente la inexpresable bondad divina y transmite, según su progreso, también al cuerpo su buena condición. Y esa alegría que entonces se produce en la psique-alma y en el cuerpo es un recordatorio infalible de la vida inmortal. https://logosortodoxo.es/filocalia/100-capitulos-practicos-san-diadoco-de-fotica/

Otra luz percibe el νούς nus, otra el sentido. El sentido percibe la luz sensible que muestra las cosas sensibles como sensibles. La luz del νούς nus es el conocimiento que existe en los conceptos. Por lo tanto, no perciben la misma luz la visión y el νούς nus (espíritu de la psique), mientras cada uno de ellos actúe según su propia naturaleza y dentro de las condiciones naturales.

Pero cuando los dignos tienen la fortuna de recibir χάρις jaris (gracia, energía increada) y fuerza espiritual y supralógica, entonces ven con el sentido y con el νούς nus cosas que están por encima de todo sentido y de todo el νούς nus, de una manera que «solo conoce Dios y aquellos que reciben estas divinas energías increadas», para usar la expresión de San Gregorio el Teólogo.

Esto es lo que hemos aprendido de las Escrituras. Esto es lo que hemos recibido de nuestros Padres. Esto es lo que hemos conocido con nuestra pequeña experiencia. Estos logos son los que ha escrito el más honorable entre los hieromonjes y nuestro hermano señor Gregorio (Palamás), con el título «En defensa de los santos hisijastas «, y los hemos firmado como conformes exactamente con las transmisiones y tradiciones de los Santos, para que sean seguros y confirmados aquellos que los lean.

El primero de los venerables Monasterios del Monte Athos, Hieromonje Isaac.

El abad de la venerable, real y sagrada Lavra (Laura), Hieromonje Teodosio.

También tuvo la firma del Abad del Monasterio de los Iveron, en su propio idioma.

El Abad del venerable y real Monasterio de Vatopedi, Hieromonje Ioannikios.

También tuvo la firma del Abad del Monasterio de los Serbios en su propio idioma.

El insignificante Hieromonje Filoteo, diciendo lo mismo, firmé.

El insignificante Hieromonje y Confesor del venerable Monasterio de Esfigmeno, Amfiloquio.

El insignificante Hieromonje y Confesor de Vatopedi, Teodosio.

El Abad del Sagrado Monasterio de Kutlumusiu, Hieromonje Theostiriktos.

El pecador Gerontios Marulis, miembro de la gerontía de la venerable Lavra, pensando lo mismo, firmé.

El insignificante Monje Kallistos Mouzalos.

El humilde Hieromonje Gerasimos, habiendo visto y leído estas verdades y aceptándolas, firmé.

El humilde anciano y insignificante Monje Moisés, pensando lo mismo, firmé.

El insignificante y humilde Monje Gregorios Stravolagkaditis, supuestamente hisijasta, pensando y sintiendo lo mismo, firmé.

El Yérontas e insignificante Hieromonje Isaías de la Skiti asceterio de Magoula, pensando lo mismo, firmé.

El insignificante Monje Marcos el del Sinaíta.

El insignificante Hieromonje Kallistos de la skiti de Magoula.

También tuvo la firma del Yérontas hisijasta sirio en su propio idioma.

El insignificante Monje Sofronios. El insignificante Monje Ioasaf.

El humilde Obispo de Ierissós y del Monte Athos, Jacob, criado y educado con las tradiciones athonitas o hagioríticas y patrísticas, y testificando que con los selectos Agioritas o Athonitas que firmaron aquí, también firma y está de acuerdo todo el Monte Athos, firmé yo también, coincidiendo y sellando. Y añado con todos los presentes lo siguiente: Que a quien no esté de acuerdo con los Santos, como nosotros y nuestros Padres poco antes que nosotros, no lo aceptaremos en comunión. Amín. 01/06/2024

Traducido por: χΧ jJ logosortodoxo.es/

Filocalía, tomo 4 San Gregorio Palamás A favor de los santos hisijastas

Φιλοκαλία των Ιερών Νηπτικών, Τόμος Δ΄ 

Άγιος Γρηγόριος ο Παλαμάς

Υπέρ των ιερώς ησυχαζόντων

Filocalía de los Padres Nípticos, tomo 4

San Gregorio Palamás

A favor de los santos hisijastas

 

(Al final del texto ponemos la interpretación de los dos términos importantes de este texto:

1.Ἡσυχία Hisijía, en general es tranquilidad, serenidad, sosiego, calma, silencio, interior y exterior, más concreto “serenidad mental y paz cordial interior y tranquilidad exterior”).

  1. Ήσυχασμός (hisijasmós) hesycasmo es el método de catarsis e iluminación del corazón y del nus humano, es la Cristocéntrica vida espiritual ortodoxa.)

 

Pregunta al autor sagrado

Padre, hiciste bien en presentarme también los logos de los Santos sobre nuestro asunto. Al escucharte resolver mis dudas, me asombraba cómo se hacía evidente la verdad; sin embargo, me venía a la mente, puesto que cada argumento se contradice con otro, como tú mismo dijiste, si podría haber alguna contradicción también en las cosas que tú sostienes. Pero, dado que sé que solo el testimonio práctico y empírico es indiscutible, y he oído a los Santos decir lo mismo que tú, ya no temo nada de eso. Porque, ¿cómo podrá ser fiable quien no se convence por los Santos? ¿Y cómo no deshonrará a Dios de los Santos? Porque Él mismo dijo a los Apóstoles y, a través de ellos, a los Santos posteriores: «El que a vosotros desprecia, a mí me desprecia» (Lucas 10:16), es decir, la misma verdad. Entonces, ¿cómo será aceptado por aquellos que buscan la verdad, el adversario de la verdad? Por eso te ruego, Padre, que me escuches para exponerte cada uno de los otros argumentos que he oído de esas personas que dedican toda su vida a la educación helénica-griega. Y luego tú también dime tu opinión sobre ellos y añade las opiniones de los Santos al respecto.

Es decir, los contrarios sostienen que estamos equivocados al tratar de encerrar nuestro νούς nus (espíritu de la psique) con la mente dentro del cuerpo. Más bien, dicen, que debemos intentar de todas las maneras posibles expulsarlo fuera del cuerpo. Por eso calumnian y deshonran a algunos de los nuestros y escriben contra ellos, porque aconsejan a los principiantes que miren su cuerpo y lleven su νούς nus dentro de ellos con la respiración, diciendo que el νούς nus no está separado de la psique-alma. Por tanto, ya que no está separado, ¿cómo se puede enviar a donde ya está? Además, afirman que nuestros maestros dicen supuestamente que introducen también la divina χάρις jaris (gracia, energía increada) dentro de ellos por las fosas nasales. Sin embargo, yo conociendo que esto es una calumnia, porque no he oído tal cosa de ninguno de los nuestros, concluí que en lo demás también atacan por malicia. Porque ellos tienen la costumbre de acusar a las personas incluso de cosas inexistentes y de distorsionar las existentes. Pero tú, Padre, enséñame por qué razón nos esforzamos con tanto cuidado en llevar el νούς nus dentro de nosotros y no creemos que sea malo encerrarlo en el cuerpo.

Respuesta: Que para aquellos que han optado por vigilar y cuidarse a sí mismo en la ησυχία hisijía (serenidad y paz interior divina y tranquilidad), no es inútil tratar de mantener el nus dentro del cuerpo.

Hermano, ¿no escuchas al Apóstol decir que nuestros cuerpos son templo del Espíritu Santo que está dentro de nosotros? (1Cor 6:19). Y también, que somos casa de Dios, como dice Dios: «Habitaré y caminaré en el interior de ellos y seré su Dios» (2 Cor 6:16). Entonces, dado que el cuerpo está naturalmente hecho para convertirse en morada de Dios, ¿qué persona lógica consideraría que no vale la pena instalar su νούς nus con su mente dentro de él? Porque, ¿no fue Dios quien puso el nus con su mente inicialmente para habitar en el cuerpo? ¿Acaso Él actuó mal? Estos logos y palabras, hermano, es apropiado decirlos a los herejes, que sostienen que el cuerpo es malo y una creación del astuto maligno. Pero nosotros creemos que es malo que el nus con la mente tenga mentalidad y conductas carnales, y no es malo que esté dentro del cuerpo, ya que el cuerpo no es malo. Por eso, aquellos que han dedicado toda su existencia a Dios, claman junto con David a Dios: «Mi psique-alma tiene sed de Ti, pero ¡cuántas veces también mi carne!» (Salmos 62:2), y: «Mi corazón y mi carne se regocijan en la presencia del Dios vivo» (Salmos 83:2). Y añaden junto con Isaías: «Mi vientre resonará como una lira y mis entrañas como un muro de bronce que Tú inauguraste» (Isaías 16:11), y: «Por tu temor, Señor, recibimos dentro de nosotros tu Espíritu de salvación, y confiando en Él no caeremos, sino que caerán aquellos que hablan inspirados por la tierra» (Isaías 26:17-18) y calumnian falsamente los logos, palabras y experiencias celestiales como terrenales.

Porque aunque el Apóstol llama al cuerpo muerte diciendo «¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?» (Rom 7:24), pero esto lo dice simplemente porque la mentalidad carnal y materialista es parecida al cuerpo. Por eso, comparándola con la mentalidad espiritual y divina, con razón la llamó cuerpo; y no solo cuerpo, sino muerte del cuerpo. Y un poco más arriba, aclarando más claramente que no critica el cuerpo, sino la tendencia e inclinación al pecado que entró en el cuerpo y carne con la transgresión de Adán, dice: «Soy un esclavo vendido al pecado» (Rom 7:14); y el vendido no es esclavo de nacimiento. Y nuevamente dice: «Sé que en mí interior, es decir, en mi cuerpo y carne, no habita el bien» (Romanos 7:18). Así que ves que no dice el cuerpo y la carne, sino el mal que habita en el cuerpo. Por lo tanto, esta ley que está en nuestros miembros y lucha contra la ley del νούς nus espíritu de la psique (Rom 7:23) es mala para habitar en el cuerpo y carne, y no el νούς nus.

Por eso, nosotros nos oponemos a esta ley del pecado, tratamos de expulsarla del cuerpo e instalamos en él la vigilancia del νούς nus con la mente, con la cual legislamos y gestionamos lo adecuado para cada δύναμη (facultad, fuerza, energía y poder) de la psique-alma y para cada miembro del cuerpo. En cuanto a los sentidos, determinamos cuáles deben percibir y en qué medida; esta tarea de la ley espiritual se llama εγκράτεια engratia (templanza, autodominio, continencia). En la parte pasional de la psique-alma, introducimos la virtud suprema, que se llama αγάπη agapi (amor desinteresado, incondicional, altruista). Pero también mejoramos la parte lógica o logística de la psique con esta ley, alejando todo aquello que impida al νούς nus elevarse hacia Dios; a esta parte de la ley la llamamos nipsis vigilancia y sobriedad.

Ahora bien, después de que alguien haya hecho la catarsis y purifique su cuerpo mediante la εγκράτεια engratia (templanza, autodominio, continencia) y transforme la ira y el deseo en fuentes de virtud a través de la agapi-amor, y presente su νούς nus puro en contacto consciente con la oración a Dios, entonces obtiene y ve dentro de sí la χάρις jaris (gracia, energía increada) que el Señor prometió a los que han hecho la catarsis y son puros de corazón. Y entonces podrá decir junto con Pablo: «El Dios que dijo que la luz resplandezca en las tinieblas, Él mismo ha brillado en nuestros corazones para iluminarnos con la divina gnosis (conocimiento espiritual) de la doxa-gloria increada de Dios en el rostro de Jesús Cristo. Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, es decir, en nuestros cuerpos» (2 Corintios 4:6-7). Si entonces mantenemos nuestro νούς nus con la mente dentro del cuerpo, ¿será esto indigno de la grandeza del νούς nus? ¿Quién puede sostener tal cosa, alguien que no es espiritual, sino con νούς nus desnudo de la jaris divina, pero νούς nus de hombre?

Nuestra psique-alma es una entidad multifacética y usa como instrumento al cuerpo que fue creado para vivir con ella. Entonces, ¿cuáles son los miembros que utiliza como instrumentos para que actúe esa facultad y potencia que llamamos νούς nus (espíritu de la psique)? Sin duda, nadie ha supuesto nunca que el νούς nus esté ubicado en las uñas, ni en los párpados, ni en las fosas nasales o los labios. Todos están de acuerdo en que está dentro de nosotros, aunque algunos difieren en cuanto a cuál es el primer órgano interno que usa como instrumento. Algunos consideran que está ubicado, como en una acrópolis (extremo alto de la ciudad), en el enkéfalos cerebro. Otros conceden a la διάνοια diania (mente, intelecto) como vehículo, el centro del corazón y el espíritu psíquico de la psique-alma que se encuentra purísimo allí. Nosotros ahora, conocemos con precisión que lo logístico (facultad y energía lógica de la psique) reside en el corazón como en un instrumento, pero no dentro de él como en un recipiente, porque es incorpóreo, ni fuera del corazón, porque está unido con él. Y esto no lo aprendimos de ningún hombre, sino del mismo Creador del hombre, que dice en los Evangelios que no es lo que entra por la boca, sino lo que sale lo que contamina al hombre; porque del corazón salen los λογισμοί loyismí (conceptos, pensamientos simpes o unidos con la fantasía) (Mateo 15:11 y 19). De manera similar, el gran Macario dice: «El corazón es el gobernante o soberano hegemónico de todo el ser. Y cuando la χάρις jaris (gracia, energía increada) domina en todas las partes del corazón, entonces reina sobre todos los λογισμοί loyismí y sobre todos los miembros. Porque allí está el nus (espíritu de la psique) y todos los λογισμοί loyismí de la psique-alma”.

Así pues, nuestro corazón es el almacén de los λογισμοί loyismí (conceptos, pensamientos simpes o unidos con la fantasía) y el primer órgano corporal de lo logístico de la psique (facultad lógica, racional). Entonces, cuando nos esforzamos en examinar y corregir nuestra parte logística de la psique con una vigilancia precisa, ¿de qué otra manera lograremos esto, sino reuniendo nuestro νούς nus (espíritu de la psique) con la mente que está disperso fuera por la mente y por los sentidos y devolviéndolo dentro de nosotros mismos y en concreto a nuestro corazón, al almacén de los λογισμοί loyismí? Por eso, Macario (Bienaventurado) -de nombre y hecho-, inmediatamente después de lo que dijo antes, añade: «Allí, por lo tanto, debemos atender, si la χάρις jaris ha escrito las leyes del Espíritu». ¿Dónde allí? En el órgano hegemónico gobernante, en el trono de la χάρις jaris, donde está el nus (como energía) y todos los pensamientos de la psique-alma, es decir, en el corazón (como esencia). (Por el traductor: San Gregorio Palamás dice no hay esencia sin energía ni energía sin esencia, por tanto discernimiento y no división mus como energía y corazón como esencia uno y la misma cosa).

¡Ves que es una necesidad muy grande que aquellos que han elegido cuidarse en la ησυχία hisijía (serenidad mental y paz cordial, y tranquilidad exterior) traigan y encierren dentro del cuerpo el nus con la mente, y especialmente en lo más interno del cuerpo, es decir, esto que llamamos corazón (psicosomático)! Si, según David, toda la doxa-gloria de la hija del Rey está dentro de ella (Salmos 44:14), ¿cómo nosotros la buscaremos fuera? Y si, según el Apóstol Pablo, Dios ha dado su Espíritu en nuestros corazones para clamar: «¡Abba, Padre!» (Gálatas 4:6), ¿cómo no oraremos dentro del corazón junto con el Espíritu? Y si, según el Señor de los Profetas y de los Apóstoles, el reinado de la realeza increada de los cielos está dentro de nosotros (Lucas 17:21), ¿cómo no estará fuera de la realeza increada de los cielos aquel que intenta sacar fuera su nus de dentro de sí? Y el sabio Salomón dice: «El corazón sano busca gnosis-conocimiento» (Prov 15:14), al que en otro lugar llama gnosis-conocimiento espiritual y divino. Hacia esto también los Padres nos exhortan a todos y dicen: «La nus espiritual tiene necesariamente un sentido (o percepción espiritual); este, que está y no está dentro de nosotros, no debemos dejar de buscarlo nunca».

¿Ves entonces que si alguien se compromete a luchar contra el pecado y a hacerse dueño de la virtud, y si busca encontrar la recompensa de la lucha por la virtud, o más bien el anticipo de la recompensa de la virtud, es decir, el sentido espiritual, es necesario que traiga su nus con la mente dentro de sí mismo y de su cuerpo? Sacar  el nus con la mente no fuera del pensamiento carnal, sino fuera de este cuerpo, para supuestamente alcanzar allí visiones espirituales, esto es el mayor engaño heleno-griego, la raíz y fuente de toda herejía o kakodoxía, invención y enseñanza de demonios, que engendra la insensatez y nace de la locura. Por eso, aquellos que hablan así, inspirados por los demonios, han perdido la lógica, razón y no entienden ni lo que dicen. Pero nosotros traemos el nus con la mente no solo dentro del cuerpo y del corazón, sino también dentro de sí mismo.

Que vayan acusando, pues, aquellos que dicen que, ya que el νούς nus espíritu de la psique no está separado, sino que está dentro de la psique-alma, cómo alguien podría enviarlo nuevamente hacia adentro, pues, que se acusen a sí mismos. Parece que desconocen que la esencia del νούς nus espíritu de la psique es una cosa y su energía es otra. O más bien, aunque bien lo saben, se han aliado voluntariamente con los embaucadores, engañando con la homonimia (mismo nombre). Porque no aceptan la sencillez de la enseñanza espiritual, aquellos que están afilados para las controversias mediante la dialéctica -según los logos de San Basilio el Grande-, derrumban la fuerza de la verdad con las oposiciones del falso conocimiento y la plausibilidad de los sofismas. Tales son aquellos que, no siendo hombre espirituales, pretenden juzgar y enseñar las cosas y realidades espirituales.

Porque ciertamente no se les escapa esto: que el νούς nus (espíritu de la psique) con la mente (en uno) no es como los ojos que ven las demás cosas visibles, pero no se ven a sí mismos. El νούς nus actúa observando lo demás, lo que es necesario, y esto es lo que llama «movimiento rectilíneo del νούς nus» el Gran Dionisio el Areopagita*; pero regresa a sí mismo y actúa por sí mismo cuando se ve a sí mismo. Esto lo llama «movimiento circular del νούς nus con la mente (unidos en uno)» el mismo Dionisio. Esta operación del νούς nus con la mente (en uno) es lo más elevado y lo que más le conviene, con lo cual, a veces, superando a sí mismo, se encuentra con Dios. Porque dice San Basilio el Grande: «El νούς nus con la mente que no se dispersa hacia el exterior…». ¿Ves por esto que el νούς nus sale de dentro, (desde el corazón)? Entonces, necesita regresar. Por eso continúa San Basilio el Grande: «…regresa a sí mismo, y a través de sí mismo asciende a Dios como por un camino sin peligro de error y engaño». Porque este tipo de movimiento del νούς nus, como dice también aquel infalible visionario de las cosas espirituales, Dionisio, es imposible que caiga en cualquier error y engaño. * (Expresión de San Dionisio el Areopagita. Corresponde a la concentración de las fuerzas del nus e intelectuales desde el exterior durante el «movimiento circular» del νούς nus con la mente, cuando él retorna a sí mismo. “Sobre los nombres divinos, capítulo 4, 9”).

Por lo tanto, el padre del error, el diablo, queriendo siempre alejar al hombre de este movimiento y llevarlo a aquel que permite la entrada de sus errores, nunca encontró hasta hoy, que yo sepa, a ningún colaborador que luche con bellos logos y palabras para atraer a los demás hacia esto. Ahora parece que ha encontrado ayudantes, si, como dijiste, existen tales personas.

Estos, pues, escriben también logos con palabras que conducen a estas opiniones y tratan de persuadir a muchos de que es mejor mantener el νούς nus fuera del cuerpo cuando oran, incluso a aquellos que han abrazado la vida superior y la forma de vida hisijástica (en serenidad mental y paz cordial). Y no respetan ni la definición característica que dio san Juan el Sinaíta, quien construyó para nosotros con logos y palabras la Escalera que lleva al cielo, es decir, que el hisicasta es aquel que lucha por contener el νούς nus con la mente incorpórea dentro del cuerpo. Lo mismo nos enseñaron nuestros padres espirituales, y con razón muy bien. Porque si no restringe el νούς nus con la mente (unido en uno) dentro del cuerpo, ¿cómo lo tendrá dentro de él, a quien está vestido con el cuerpo y que, como característica de la naturaleza humana, se extiende por toda esta materia formada? La superficie externa definida de esta materia (del cuerpo) no puede recibir la esencia del νούς nus mientras viva tomando la forma de vida adecuada hacia su conexión con el νούς nus con la mente (en uno).

Entonces, hermano, ¿ves cómo, no solo espiritualmente, sino también desde el punto de vista humano, se ha demostrado que es absolutamente necesario que aquellos que han decidido ser verdaderamente dueños de sí mismos y monjes en su hombre interior, es necesario que conduzcan o mantengan su νούς nus con la mente dentro del cuerpo? Por lo tanto, no es inapropiado enseñar a los principiantes a mirar principalmente dentro de sí mismos y a enviar su νούς nus con la mente (en uno) en su interior con la respiración. Porque nadie sensato y sabio impediría a aquel que aún no se ha convertido en un visionario de sí mismo, reunir su νούς nus con la mente dentro de sí con diversas invenciones.

El νούς nus con la mente de aquellos que recién han entrado en esta lucha, incluso cuando se concentra, continuamente escapa, y ellos deben esforzarse constantemente por traerlo de vuelta, aunque se les escapa porque son inexpertos, ya que es más ágil que cualquier otra cosa y extremadamente difícil de observarlo. Por eso, hay quienes los aconsejan prestar atención a la respiración que continuamente se difunde y se recoge, y retenerla por un momento, para que junto con ella retengan también el νούς nus con la mente, hasta que, avanzando con la ayuda de Dios hacia lo mejor y haciendo su νούς nus con la mente inmóvil hacia lo que los rodea y limpio de todo, puedan concentrarlo en una unión unitaria (uniforme, indivisa).

Esto puede verse siguiendo automáticamente en la atención del νούς nus; porque esta respiración entra y sale con tranquilidad y en cada esfuerzo que requiere concentración, especialmente en aquellos que practican la hisijía (serenidad mental y paz cordial) tanto en el cuerpo como en el νούς nus con la mente. Estos, descansando espiritualmente y cesando -en la medida de lo posible- todas sus obras, rechazan cualquier obra transitoria y externa de las fuerzas y facultades psíquicas de la psique-alma y cualquier obra relacionada con varios conocimientos, así como también de todas las percepciones a través de los sentidos y, en general, cualquier actividad del cuerpo que esté bajo nuestro control. Aún más, ellos rechazan también cualquier cosa que no esté completamente bajo nuestro control, como por ejemplo la respiración, en la medida de lo posible. Todo esto ocurre sin esfuerzo ni preocupación en aquellos que han progresado en la obra de la ησυχία hisijía (serenidad mental y paz cordial). Porque por necesidad ocurren automáticamente todas estas cosas con la entrada perfecta de la psique-alma en sí misma. Pero en los principiantes no verás que nada de lo anterior ocurra sin esfuerzo. Así como en la agapi (amor desinteresado, altruista) sigue la paciencia, -porque la agapi-amor todo lo soporta (1 Cor. 13:7)-, nosotros también aprendemos a esforzarnos para lograr la paciencia, para que podamos llegar a través de ella a la agapi-amor, así es también con lo anterior.

Y qué más podemos decir. Todos los experimentados se ríen de aquellos que, por inexperiencia, legislan en contra. Porque el maestro de estas cosas no es el logos y las palabras, sino el esfuerzo y la experiencia que viene después del esfuerzo, la cual recoge lo provechoso y rechaza las palabras estériles de los polémicos y exhibicionistas. Y dado que, como dice uno de los grandes Padres al respecto, el hombre interior, después de la transgresión de Adán, se acostumbra a asimilarse a las formas externas, ¿cómo no ayudará mucho a quien con diligencia se esfuerza por volver su νούς nus con la mente hacia sí mismo, de modo que no siga el movimiento ‘rectilíneo’, sino el ‘circular’ que es infalible, el no llevar sus ojos aquí y allá, sino fijarlos como en un punto de apoyo en su pecho o en su ombligo o al fondo de su corazón donde nace la voz? Es decir, al girar así externamente sobre sí mismo como un círculo, similar al movimiento circular del νούς nus con la mente que busca en su interior, con esta postura del cuerpo enviará al corazón la fuerza y energía del νούς nus con la mente que se dispersa hacia fuera con la vista. Ahora bien, si la fuerza del animal espiritual está en el ombligo del vientre (Job 40:16), porque allí está también la fuerza de la ley del pecado y le cede lugar, ¿por qué no habríamos de establecer en el mismo punto, armado con la oración, la ley espiritual que se opone a esa ley (Rom. 7:23)? Y esto, para que el espíritu maligno y astuto que fue expulsado con el baño de la regeneración (bautismo), no vuelva con otros siete espíritus más malignos y habite de nuevo en nosotros, haciendo que el estado final sea peor que el primero (Mat. 12:45).

«Moisés dice “Cuídate a ti mismo” (Deut. 15:9), es decir, de todo tu ser, no solo de algunas partes mientras descuidas otras. ¿Con qué medio debes cuidarte? Naturalmente, con tu νούς nus con la mente, porque con nada más puedes cuidarte de todo tu ser. Por lo tanto, pon esta vigilancia en tu psique-alma y en tu cuerpo, y con ella te librarás fácilmente de los pazos (pasiones, emociones, vicios, etc.) indecentes y malos, tanto corporales como de la psique-alma. Protege, entonces, a ti mismo, gobiérnalo, vigílalo, o más bien, protégete, vigílate y examínate siempre. Así someterás la carne al espíritu y nunca se ocultará el pecado en tu corazón (Deut. 15:9). Si, como dice el Eclesiastés, el espíritu que gobierna a los malos espíritus y pazos (pasiones, vicios etc.) se levanta contra ti, no abandones tu lugar (Ecl. 10:4), es decir, no dejes ninguna parte de tu psique-alma ni miembro de tu cuerpo sin vigilancia. Así vencerás a los astutos y malos espíritus que te tientan y te presentarás con confianza ante Aquel que examina corazones y riñones (Sal. 7:10), ya que tú los has examinado previamente. “Si nos juzgáramos a nosotros mismos, no seríamos juzgados por Dios” (1Cor. 11:31), dice Pablo. Y tras experimentar la bienaventurada pasión de David, dirás también tú a Dios: “La oscuridad no se oscurecerá para ti, Señor, y la noche brillará como el día; porque tú posees mis riñones” (Sal. 138:12-13). Dice que, no ha hecho Tuyo sólo la parte anhelante de la psique-alma, sino cualquier chispa de este deseo dentro del cuerpo, ya que ha regresado al corazón que lo genera, y a través del corazón se ha elevado hacia Ti y está colgado de Ti y adherido a Ti.

Es decir, como la parte anhelante de la psique-alma de aquellos que están apegados a los placeres sensuales y perecederos se vacía totalmente hacia la carne y por eso se convierten enteramente en carne, y el Espíritu de Dios no puede permanecer en ellos (Gén. 6:3), así también aquellos que han elevado su νούς nus con la mente a Dios y han hecho depender su psique-alma del anhelo divino, el cuerpo, carne se transforma y se eleva junto con la psique-alma y disfruta con ella de la unión divina, convirtiéndose en posesión y morada de Dios, no albergando más anidada enemistad contra Dios, ni deseando las cosas contrarias al Espíritu (Gál. 5:17).

¿Cuál es el lugar más adecuado para el espíritu maligno que ataca desde abajo a la carne y a nuestro νούς nus? ¿No es la carne, en la que, como dice el Apóstol, no habita ningún bien, antes de que se instale en ella la ley de la vida (Rom. 7:18)?

Por lo tanto, nunca debemos dejar esa carne sin vigilancia. ¿Cómo,  entonces, sería nuestra? ¿Y cómo no la dejaremos? ¿O cómo repeleremos el ataque del astuto maligno contra ella, especialmente aquellos que aún no conocemos cómo enfrentar espiritualmente a los astutos espíritus malignos? ¿Cómo sino entrenándonos con la forma externa para vigilar sobre nosotros mismos? Y por qué mencionar a los principiantes, cuando hay algunos de los más perfectos que han usado esta forma en la oración y han hecho que Dios los escuche. Y estos no son solo después de Cristo, sino también los de antes de Su venida a nosotros. Incluso el mismo Elías, el más perfecto en la visión de Dios, después de apoyar su cabeza en sus rodillas y así concentrar con mayor diligencia su νούς nus con la mente en sí mismo y en Dios, resolvió la larga sequía (3Re. 18:42).

Hermano, aquellos de quienes dices que has oído estas cosas, me parece que sufren de la enfermedad de los fariseos. Por eso no quieren observar, hacer la catarsis y limpiar el interior de la copa (Mat. 23:25), es decir, sus corazones. No siguen las tradiciones de los Padres, sino que se apresuran a sentarse en primera posición delante de todos como nuevos maestros de la ley. Desprecian la postura el tipo de oración del publicano que condujo a la justificación, e incitan a otros que oran a no adoptar la postura descrita por el Señor en los Evangelios, cuando dice que el publicano no quería ni alzar sus ojos al cielo (Luc. 18:13). En cambio, los que oran con la mirada puesta cuidadosamente en sí mismos se esfuerzan por imitar al publicano. Y aquellos que los despectivamente laman » ομφαλοψύχους omfalopsijos» (los que contemplan el ombligo) los desprecian y los difaman abiertamente -pues ¿quién de ellos ha dicho alguna vez que la psique-alma está en el ombligo?

Además de ser descubiertos como calumniadores, se han demostrado insultadores de esos admirables hombres, y no correctores de quienes erran, y que escriben no para la ησυχία hisijía (serenidad mental y paz cordial) y la verdad, sino por la vanagloria, y no para guiar hacia la nipsis vigilancia y sobriedad espiritual, sino para alejar de ella. Porque intentan desacreditar y despreciar, de todas las maneras posibles, tanto este trabajo como a aquellos que lo emprenden diligentemente, acusando esta técnica apropiada que se usa.

No les sería difícil llamarlos también despectivamente «κοιλιοψύχος kilio-psijos» (los que contemplan el vientre) ni a David, que dijo que «la ley de Dios está en el medio de mi vientre» (Sal. 39:9), ni a Isaías, quien dijo a Dios que «mi vientre resonará como un arpa y mis entrañas como una pared de bronce que Tú consagraste» (Isa. 16:11), y en general, difamar a todos aquellos que, mediante símbolos corporales, sugieren, nombran y exploran las cosas del nus, intelectuales, divinas y espirituales. Pero a estos no les causarán ningún daño y perjuicio, o mejor dicho, les traerán bendiciones y más añadiduras de coronas celestiales. Pero ellos mismos quedarán fuera de los sagrados velos y no podrán siquiera acercarse contemplar y tocar las sombras de la verdad. Y hay un gran temor de que reciban también castigo eterno, porque no solo se separaron de los Santos, sino que también atacaron con palabras en su contra.

Conoces bien la vida de Simeón el Nuevo Teólogo; casi entero fue un milagro y fue glorificado por Dios con milagros sobrenaturales. También conoces sus escritos, que si uno los llama escritos de vida no se equivocará.

Conoces también al venerable Nicéforo, quien, después de vivir muchos años en ησυχία hisijía (serenidad mental y paz cordial) y tranquilidad exterior, se retiró a los lugares más desérticos del Monte Athos y se dedicó a recopilar todos los pasajes de los Padres que se refieren a la práctica níptica y espiritual, los cuales nos entregó en un tratado suyo.

Estos dos Santos aconsejan claramente a aquellos que quieren, lo que dices que algunos intentan socavar. ¿Y por qué mencionar a los Santos antiguos? Hombres poco antes de nosotros, reconocidos y probados con la fuerza del Espíritu Santo, nos han entregado todas estas cosas y realidades con sus palabras. Y a este Teólogo (Simeón) lo proclamaron verdadero teólogo y seguro visionario de la verdad de los misterios de Dios.

Has oído hablar del llamado Theolepto, obispo de Filadelfia, quien, como una lámpara, iluminó al mundo entero; de Atanasio, quien adornó el trono patriarcal durante muchos años y cuyo cuerpo fue honrado y perfumado por Dios; de ese Nilo el Italiano, del celoso Gran Nilo; del Seliotis y de Elías, quienes no son en absoluto inferiores a los anteriores; de Gabriel y de Atanasio, quienes también fueron dignos de recibir el don profético. Has oído hablar de ellos y de muchos otros antes y después de ellos, que alaban y animan a aquellos que desean mantener esta tradición divina, la cual los nuevos supuestos maestros de la ησυχία hisijía (serenidad mental y paz cordial), sin conocer siquiera un rastro de ησυχία hisijía, y aconsejando no por experiencia sino por afán de parloteo y charlatanería, intentan abolir y enseñar otras cosas, deshonrando esta práctica, sin ningún beneficio para los oyentes.

Nosotros, sin embargo, hemos hablado personalmente con algunos de estos Santos y los hemos tenido como maestros. ¿Cómo podríamos ignorar a aquellos que han sido enseñados por la χάρις jaris (gracia, energía increada) y la experiencia, y volvernos a aquellos que van a enseñar por arrogancia, vanagloria y amor a la disputa y logomaquia? Esto no es posible. Tú, entonces, también evita a estos, clamando con sensatez junto con David: «Bendice, psique-alma mía, al Señor, y todo lo que hay dentro de mí bendiga su santo nombre» (Sal. 102:1). Y ofreciendo a ti mismo obediencia a los Padres, escucha cómo nos exhortan a enviar siempre nuestro νούς nus (espíritu de la psique) con la mente hacia nuestro interior. Amín. 01/06/2024

Traducido por: χΧ jJ logosortodoxo.es/

 

De nuestro Miniléxico https://logosortodoxo.es/filocalia/minilexico-filocalico/

  1. Ἡσυχία Hisijía o hesyquía, en general es tranquilidad, serenidad, sosiego, calma, silencio, interior y exterior.

Ἡσυχία (hisijía) en la tradición heleno-ortodoxa como término ascético-teológico, principalmente es la paz del corazón y serenidad de la mente, el estado del nus en serenidad y paz sin molestias, permanencia en Dios, la liberación del corazón de los pensamientos-reflexiones (loyismí) y liberación de los pazos influenciados por el demonio o el ambiente, de manera que permanezca en Dios. Es vivencia interior y no se relaciona necesariamente con las condiciones exteriores. La hisijía es el único camino por el que el hombre llega a la zéosis, expectación y conexión de la luz increada o al como semejanza. La hisijía del cuerpo es el ayudante para llegar el hombre a la noerá (del nus) hisijía.

San Simeón el Nuevo Teólogo dice: «Hisijía es estado imperturbable del nus y del corazón, serenidad, libertad y gozo de la psique, base sin olas, contemplación de la luz, rapto del nus, homilía ilustre y clara hacia Dios, ojo vigilante sin dormir, oración noerá o del corazón o de Jesús, asimilación y unión con Dios y finalmente zéosis y descanso sin dolor de los grandes dolores de la ascesis».

Ierotetheo Vlajos: «Hablando sobre la nipsis ortodoxa, entendemos la alerta, atención y prontitud del hombre en mantener y tener su nus limpio de distintos loyismí e imágenes que mortifican su libertad interior y su limpieza separándole de su comunión-conexión con Dios, que consiste en la gnosis increada (conocimiento espiritual) de Dios. Esta nipsis es calificada por los Padres de la Iglesia como “santa hisijía”. Así, pues, hisijía entendemos el método aquel que utiliza todo hombre para unirse con Dios y superar la muerte, que es uno de los mayores problemas del hombre».

 

  1. Ήσυχασμός (hisijasmós) hesycasmo es el método de catarsis e iluminación del corazón y del nus humano, es la Cristocéntrica vida espiritual ortodoxa.

Con este término expresamos la totalidad de la lucha cristiana ortodoxa que trata de cumplir los mandamientos de Cristo, la lucha contra los pazos, la catarsis del corazón, la atracción de la divina Jaris (energía increada), la consecución de los dones divinos, la Iluminación espiritual y la Zéosis o glorificación , y finalmente, la oración por todo el mundo.

El método de la gnoseología supranatural en la tradición Ortodoxa se llama Hisijasmo y se identifica con la nipsis-catarsis del corazón. El hisijasmo se identifica con la Ortodoxia. El hisijasmo fuera de la praxis hisijasta es patrísticamente o de parte de los santos Padres Ortodoxos impensable.

El hisijasmo no tiene ninguna relación con el pietismo (exterior) sino todo lo contrario. El pietismo ha sido desarrollado por los protestantes que trata de praxis exteriores, que no tienen nada de ver con lo interior. En la Ortodoxia hablamos de movimiento del como imagen al como semejanza y unión con Dios por la increada energía jaris, los misterios y la ascesis.

San Isaac el Sirio: En la vida Hisijasta se practica principalmente la oración noerá o del corazón o de Jesús (el centro de las fuerzas psicosomáticas del hombre): «Jesús Cristo Kirie-Señor, eleisón me, compadécete, ten misericordia o compasión de mi, que soy pecador».

Ἡσυχασμός (hisijasmós) hesycasmo: forma de vida de los Monjes anacoretas, que buscaban a conectar y comunicarse con el Dios a través del aislamiento, la hisijía y el silencio. El hisijasmo poco a poco se hizo un movimiento espiritual que consiste en autoconcentración, en el recogimiento, la nipsis y la oración incesante, principalmente la oración del corazón o la invocación del nombre de Jesús: «Κύριε Ιησού Χριστέ, Υιέ του Θεού, ελέησόν με. Kirie Jesús Cristo Hijo de Dios, eleisón me».

 

 

 

Filocalía, tomo 4 San Gregorio Palamás Decálogo de la Ley en Cristo

Φιλοκαλία των Ιερών Νηπτικών, Τόμος Δ΄ (σελ. 272-278).

Άγιος Γρηγόριος ο Παλαμάς

Δεκάλογος της κατά Χριστόν νομοθεσίας

Filocalía de los Santos Nipticos, tomo IV

San Gregorio Palamás

Decálogo de la Ley en Cristo

 

El Señor, tu Dios, es un solo Señor (Deut. 6, 4), reconocido como Padre, Hijo y Espíritu Santo. El Padre es no nacido. El Hijo ha nacido del Padre sin principio, sin tiempo y sin pasión, como Logos. Este, al ungir por Sí mismo Su la naturaleza humana que tomó de nosotros, fue llamado Χριστός Jristós Cristo. El Espíritu Santo procede del Padre, pero no por nacimiento, sino por procedencia (emanación). Él es el único Dios. Él es el verdadero Dios, un solo Señor en tres hipostasis: Padre, Hijo y Espíritu Santo, que no se divide en cuanto a la naturaleza, voluntad, doxa-gloria, fuerza y energía y en todos los atributos o cualidades de la divinidad. A Él solo amarás y a Él solo adorarás con toda tu mente, con todo tu corazón y con toda tu fuerza de voluntad (Deut. 6, 5). Y Sus logos, palabras y mandamientos estarán en tu corazón para que los realices, los cumplas, los estudies, los reflexiones y los pronuncies cuando estés sentado, cuando camines, cuando estés en la cama y cuando te levantes (Deut. 6, 6-7). Recuerda continuamente al Señor, tu Dios (Deut. 8, 18), y solo a Él temerás (Deut. 6, 13), y no olvides ni a Él ni sus mandamientos y logos. Así Él te dará la fuerza para hacer Su voluntad. Porque Dios no te pide nada más que le temas, le ames y andes en todos sus caminos (Deut. 10, 12). Él es tu doxa-gloria y Él es tu Dios (Deut. 10, 21).

Al aprender sobre los Ángeles celestiales, que son impasibles, sin pazos e invisibles, y sobre el diablo que cayó de allí, que es muy malo y sabio, impetuoso y astuto en engañar al hombre, no pienses que alguno de ellos es semejante e igual a Dios. Viendo la magnitud del cielo y su complejo movimiento, el sol resplandeciente, la luminosa luna, la claridad de las otras estrellas, el aire necesario para la respiración, el mar y la tierra que producen todo tipo de productos, no deifiques ninguna de estas cosas. Todos estos son siervos y creaciones del único Dios que los creó de la nada o del cero con Su logos (increado). Porque Él habló y fueron hechas, Él ordenó y fueron creadas (Salmo 32, 9). Por lo tanto, solo a Él, al Señor y Creador de todo alabarás y glorificarás y a Él te aferrarás con αγάπη agapi (amor incondicional) y a Él te arrepentirás día y noche por tus pecados voluntarios e involuntarios. Porque Él es compasivo y misericordioso, magnánimo, tolerante y de gran caridad (Salmo 102, 8) y eternamente realizador del bien y la bondad.

Él ha prometido y da el reinado de la realeza celestial (increada) y sin sucesión, la vida sin dolor, la vida inmortal y la luz sin crepúsculo e increada para que la disfruten aquellos que lo respetan, lo adoran, lo glorifiquen, lo aman y aplican y cumplen sus órdenes, mandamientos-logos. Pero Él mismo también es un Dios celoso (Éxodo 20, 5) y un juez justo y un vengador temible. Y a aquellos que Le desobedecen y Le desprecian y violan Sus mandamientos-logos, les impone el infierno eterno, fuego inextinguible, dolor incesante, tristeza inconsolable, vestiduras de oscuridad perpetua, región oscura y triste, rechinar lamentable de dientes, gusanos venenosos que no mueren, los cuales ha preparado para el primer rebelde, el diablo (Mateo 25, 41), y junto a él para todos aquellos que fueron engañados por él, lo siguieron y traicionaron a su Creador con sus obras, logos, conceptos y pensamientos.

No fabricarás jamás una imagen o semejanza de algo de las cosas que están en el cielo arriba, en la tierra abajo o en las aguas para adorarlas y glorificarlas como dioses (Éxodo 20, 4-5). Todas estas cosas son creaciones del único Dios, quien, en los últimos días, encarnado en un vientre virginal, apareció en la tierra y convivió con los hombres (Baruc 3, 38), y después de sufrir, morir y resucitar por la salvación de los hombres, ascendió con Su cuerpo a los cielos y se sentó a la diestra del Dios Altísimo (Hebreos 1, 3), con el mismo cuerpo que vendrá nuevamente con doxa-gloria increada para juzgar a vivos y muertos. Por lo tanto, harás la imagen/icona de Aquel que se hizo hombre para nuestra salvación, por agapi-amor a Él, y a través de la imagen/icona recordarás y adorarás a Aquel, elevando tu νούς nus (espíritu del corazón) con tu mente a través de la icona hacia aquel cuerpo digno de adoración del Salvador, que está sentado a la diestra del Padre en el cielo. También harás representaciones o iconas de los Santos y las reverenciarás, no como dioses, porque esto está prohibido, sino debido a la relación y disposición y al honor excesivo hacia ellos, ya que tu nus con tu mente se eleva mediante las imágenes/iconas hacia ellos. Así como Moisés hizo las imágenes de los Querubines y las colocó en el Santuario (Éxodo 25, 17). Además, el Santo de los Santos o Altar era una imagen/icona de las realidades y cosas supra celestes, mientras que el «Santuario terrestre» (Hebreos 9, 1), era una icona/imagen de todo el mundo. Moisés llamó santas a todas estas cosas no para glorificar las creaciones, sino para glorificar mediante ellas a Dios creador del mundo. Por tanto, tú no divinizarás las imágenes-iconas del Soberano Cristo y de los Santos, sino que a través de ellas adorarás o reverenciarás a Aquel que nos creó primero a Su imagen y luego se dignó en Su inefable filantropía a tomar Él mismo la imagen-icona humana y con ella hacerse descriptible. Y no solo reverenciarás la imagen de Cristo, sino también el tipo de Su Cruz. Porque es un signo grandísimo y Su trofeo contra el diablo y toda la tropa diabólica. Por eso los demonios tiemblan y huyen cuando ven que se hace el signo de la Cruz. Este tipo, incluso antes de la Crucifixión, fue grandemente glorificado por los Profetas y realizó grandes milagros. Pero también en la Segunda Venida de Aquel que fue clavado en la cruz, el Señor Jesús Cristo, quien vendrá a juzgar a vivos y muertos, este gran y temible signo de la Cruz lo precederá con gran fuerza, energía y gloria increada (Mateo 24, 30). Así que glorifícalo ahora para que entonces lo mires con valentía y seas glorificado junto a Él. También reverenciarás las imágenes/iconas de los Santos, porque ellos fueron crucificados junto con el Señor, haciendo en tu rostro el signo de la cruz y recordando su participación en los padecimientos de Cristo. También sus santas reliquias y cualquier reliquia de sus huesos, porque la χάρις jaris (gracia, energía increada) de Dios no se separó de ellas, así como la divinidad no se separó del venerado cuerpo de Cristo durante Su muerte vivificadora. Haciendo esto y alabando a aquellos que alabaron y glorificaron a Dios, porque se mostraron perfectos en la agapi-amor incondicional de Dios mediante sus obras, también serás glorificado por Dios y cantarás como David: «He honrado mucho a tus amigos, Dios mío» (Salmo 138, 17).

No tomarás en vano el nombre del Señor tu Dios (Éxodo 20, 7), haciendo un juramento falso por ninguna cosa terrenal, por miedo a un hombre o por vergüenza o para tu propio beneficio. Porque el perjurio es una negación de Dios. Por eso no jures en absoluto (Mateo 5, 34), sino evita totalmente el juramento, porque de él viene el perjurio que aleja al hombre de Dios y clasifica al perjuro entre los ilegales. Si dices la verdad en todos tus logos y palabras, te creerán como si tomaras un juramento. Y si alguna vez sucede que te sometes a un juramento -lo cual debemos evitar-, si es por algo conforme a la ley divina, lo cumplirás como legal, pero pedirás cuentas a ti mismo por haber jurado, y con limosnas, súplicas, luto y mortificación del cuerpo, pedirás la misericordia de Cristo, quien dijo que no jures en absoluto (Mateo 5, 34). Pero si juraste por algo ilegal, ten cuidado de no cometer la ilegalidad por el juramento, para que no seas contado con Herodes, el asesino de profetas (Mateo 14, 9-10). Y cuando rompas ese juramento ilegal, impón a ti mismo la ley de no jurar nunca más, y busca la misericordia de Dios usando con lágrimas los remedios más dolorosos mencionados anteriormente.

Un día de la semana, llamado también Domingo, porque está dedicado al Señor que ese día resucitó de entre los muertos, mostrando y certificando de antemano la resurrección común de todos los hombres, cuando cesará toda obra terrenal, este día lo dedicarás al Señor (Éxodo 20, 8). No harás ningún trabajo secular, mundano excepto los necesarios, y permitirás que descansen los que trabajan para ti o viven contigo, para que todos juntos glorifiquen a Aquel que nos compró con Su muerte y resucitó y con Él resucitó también la naturaleza humana. Recordarás la vida futura y estudiarás todas las órdenes y estatutos del Señor y te examinarás a ti mismo para ver si has transgredido o dejado de lado algo y te corregirás en todo.

También este día frecuentarás al templo de Dios y permanecerás en las reuniones sagradas y comulgarás con fe sincera y una conciencia sin condena el santo Cuerpo y Sangre de Cristo. Y comenzarás una vida más santa y te renovarás y te prepararás para recibir los bienes futuros. Por estos bienes, tampoco los otros días abusarás de las cosas terrenales; y el domingo, te abstendrás de todo, porque estarás cerca de Dios, excepto por las cosas más necesarias, sin las cuales es imposible vivir. Y así, teniendo a Dios como tu refugio, no te moverás de tu lugar y no encenderás el fuego de los παθος pazos (pasiones, vicios, adicciones, etc.) y no levantarás la carga del pecado. Así, el día de los sábados (Éxodo 20, 8), es decir, el domingo, lo dedicarás al Señor, sabatizando con la inacción de los males. A los domingos unirás también las grandes fiestas establecidas, haciendo lo mismo y absteniéndote de lo mismo.

Honra a tu padre y a tu madre (Éxodo 20, 12), porque a través de ellos, Dios te trajo a la vida, y ellos -después de Dios- son la causa de tu existencia. Entonces, tú también, después de Dios, los honrarás y amarás, si tu amor por ellos contribuye al amor de Dios. Pero si no contribuye, te alejarás de ellos inmediatamente. Si además son un obstáculo, y especialmente en la verdadera y salvadora fe, porque tienen una fe diferente, no solo te alejarás de ellos, sino que también los odiarás no solo a ellos, sino también a todos aquellos con quienes estás vinculado por parentesco o por alguna amistad u otra relación, y a tus propios miembros y deseos y a todo tu cuerpo y la relación con los παθος pazos (pasiones, vicios, adicciones, etc.) a través del cuerpo. «El que no aborrece a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y a su propia vida, y no lleva su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo» (Lucas 14, 26-27), dijo Cristo. Esto se aplica a los padres, amigos y hermanos según la carne. Pero a aquellos que son cercanos a ti en la fe y no te impiden la salvación, los honrarás y amarás. Si debes honrar así a tus padres según la carne, ¿cuánto más honrarás y amarás a tus padres espirituales? Ellos te trasladaron de la vida simple a la vida de virtud, te transmitieron la iluminación de la divina gnosis-conocimiento espiritual, te enseñaron la verdad, te regeneraron con el baño de la regeneración, pusieron dentro de ti la esperanza de la resurrección y de la inmortalidad y de la realeza y herencia eternas e inquebrantables, y te hicieron digno de los bienes eternos de indigno que eras. Te hicieron celestial y eterno, de ser terrenal y temporal que eras, y hijo y discípulo no de un hombre, sino del Θεανθρώπος (zeánzropos) Dios-Hombre Jesús Cristo, que te dio el Espíritu de adopción (Romanos 8, 15) y que dijo: «No llamen a nadie en la tierra ‘padre’ o ‘maestro’, porque uno solo es vuestro Padre y Maestro, el Cristo» (Mateo 23, 9-10). Por lo tanto, debes todo honor y agapi-amor a tus padres espirituales, porque el honor hacia ellos se refiere a Cristo y al Espíritu Santo, del cual recibiste la adopción, y al Padre celestial, del cual toma su nombre toda paternidad en el cielo y en la tierra (Efesios 3, 15). Te preocuparás de tener durante toda tu vida un padre espiritual, para confesarle todo pecado y todos los λογισμοί  loyismí (pensamiento simple o unido con la fantasía) y recibir a través de él la psicoterapia, sanación y el perdón. Porque a los padres espirituales se les ha dado el poder de atar y desatar las psiques-almas. Y lo que aten en la tierra será atado en el cielo, y lo que desaten en la tierra será desatado en el cielo (Mateo 18, 18).

Esta χάρις jaris (gracia, energía increada) y poder recibieron de Cristo. Por eso, les obedecerás sin ninguna contradicción, para que tu psique-alma no se pierda. Si quien contradice a sus padres según la carne en cosas que no prohíbe la ley de Dios es castigado con la muerte según la ley (Éxodo 21, 16; Mateo 15, 4), ¿cómo es posible que no va a rechazar el Espíritu de Dios y perder su psique-alma quien contradice a los padres espirituales? Por eso, consulta y obedece hasta el final a tus padres espirituales, para que tu psique-alma sea psicoterapiada, redimida y salvada y te conviertas en heredero de los bienes eternos e incorruptibles.

No cometerás adulterio (Éxodo 20, 13), para no convertirte en miembro de una prostituta en lugar de miembro de Cristo (1Cor 6, 15) y ser cortado del cuerpo divino y caer de la herencia divina y ser arrojado al infierno (gehena). Según la ley (Levítico 21, 9), la hija de un sacerdote que se prostituya será quemada, porque ha deshonrado a su padre; mucho más será culpable de condena e infierno eterno quien haya contaminado así el cuerpo de Cristo. Si puedes, practica la castidad, para que puedas pertenecer completamente a Dios y unirte a Él con agapi-amor perfecto, permaneciendo siempre cerca de Él toda tu vida y ocupándote constantemente de las cosas del Señor sin distracción (1Cor 7, 34), anticipando a la vida futura y viviendo como un ángel de Dios en la tierra. Porque la castidad es cualidad y característica de los ángeles, y quien persigue la castidad se asemeja a ellos en la medida en que es posible, mientras tiene cuerpo. O mejor dicho, se asemeja, antes que a ellos, al Padre que engendró al Hijo en castidad antes de todos los siglos, y al Hijo virgen que procedió primero con un nacimiento de un Padre virgen y que nació corporalmente en el momento oportuno de una Madre Virgen, y al Espíritu Santo que procede solo del Padre, no por nacimiento, sino por emanación o procedencia, de manera inexplicable.

Con este Dios se asemeja y se une con un matrimonio incorruptible quien elige la verdadera castidad y se mantiene virgen en la psique-alma y en el cuerpo, embelleciendo todos los sentidos, el logos y la διάνοια diania (mente, intelecto) con la belleza de la virginidad o castidad. Si no prefieres ser virgen ni has hecho esa promesa a Dios, se te permite casarte con una mujer según las leyes del Señor y convivir solo con ella y tenerla como tuya con santidad (1 Tes 4, 4). Abstente de otras mujeres con todas tus fuerzas. Y podrás protegerte de ellas si evitas las conversaciones inapropiadas con ellas, si no te deleitas en logos con palabras y canciones obscenas, y si apartas los ojos de la psique-alma y del cuerpo de ellas en la medida de lo posible y te acostumbras a no mirar con curiosidad la belleza de los rostros. Porque quien mira a una mujer y la desea, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón (Mateo 5, 28), y por eso es impuro ante Cristo que ve dentro del corazón, y de ahí se deriva a la vergonzosa acción física el desgraciado.

Y por qué hablo de adulterios y fornicaciones y de todas las contaminaciones relacionadas con la función natural, cuando también en las lujurias contra natura se arrastra el hombre de manera incontinente, indecente y lasciva observando con curiosidad la belleza de los cuerpos. Por tanto, si cortas de ti mismo las amargas raíces, no recogerás frutos mortales, sino que cosecharás la pureza, la divinización y la santidad que esta ofrece y sin la cual nadie verá al Señor (Hebreos 12, 14).

No cometerás asesinato (Éxodo 20, 15), para no perder la adopción de Aquel que da vida a los muertos, y para que tus obras no te hagan hijo del diablo, quien desde el principio es homicida (Juan 8, 44). Dado que el asesinato proviene de un golpe, el golpe de una ofensa, la ofensa de la ira, y la ira es provocada por el daño, golpe o insulto de otro, por eso Cristo dijo: «A quien quiera quitarte el manto, no le impidas tomar también la túnica o tu camisa» (Lucas 6, 29). También, a quien te golpee, no le devuelvas el golpe, y a quien te insulte, no le respondas con insultos. Así, tanto tú mismo como aquel que te maltrata se librarán del pecado del asesinato. Tú además recibirás de Dios el perdón de tus pecados, porque dice: «Perdonen, y serán perdonados» (Mateo 6, 14). Aquel que insulta y maltrata será condenado al infierno eterno. Porque Cristo dijo: «Quien diga a su hermano ‘necio’, será reo del fuego del infierno» (Mateo 5, 22).

Si puedes arrancar de raíz el mal, asegurando la bienaventuranza de la mansedumbre y apacibilidad en tu psique-alma, alaba y glorifica a Cristo, el maestro y colaborador en la realización de las virtudes, sin el cual, como has aprendido, no podemos hacer nada bueno (Juan 15, 5).

Pero si no puedes contenerte y te enojas, culpa a ti mismo por tu ira y pide perdón a Dios y a aquel a quien insultaste o maltrataste. Aquel que se arrepiente al principio del pecado, no llega a su final. Mientras que quien no se da cuenta de los pequeños errores, caerá también en los grandes.

No robarás (Éxodo 20, 15), para que Dios, quien conoce lo oculto, no te pague con un castigo mucho mayor. En lugar de eso, da en secreto a aquellos que están en necesidad de tus propios bienes, para que Dios, que ve en lo secreto (Mateo 6, 4), te recompense cien veces más y con la vida eterna en el siglo venidero.

No levantarás falso testimonio, para no asemejarte al diablo que calumnió a Dios ante Eva, y te vuelvas maldito como él (Génesis 3, 14). Más bien, -a menos que sea para evitar un daño mayor a muchos- incluso cubrirás la falta de tu prójimo, para no asemejarte a Cam, sino a Sem y Jafet y recibir la bendición como ellos (Génesis 9, 25).

No codiciarás nada de lo que es de tu prójimo (Éxodo 20, 17); ni propiedad, ni dinero, ni doxa-gloria, ni nada de lo que pertenece a tu prójimo. Porque el deseo, cuando se concibe en la psique-alma, engendra y nace el pecado; y el pecado, cuando se consuma, engendra y nace la muerte (Santiago 1, 15). Si no deseas lo ajeno, evitarás y te alejarás, si puedes, la avaricia, la ambición y el robo de lo ajeno. Más bien, da también de tus propios bienes a quien te lo pida y dar caridad o limosna al necesitado en la medida de tus posibilidades. No te niegues a prestar a quien te lo pida (Mateo 5, 42). Si encuentras algo perdido, devuélvelo a su dueño, incluso si es tu enemigo (Éxodo 23, 4). Así te reconciliarás con él y vencerás el mal con el bien (Romanos 12, 21), como te ordena Cristo.

Si aplicas y cumples con toda tu fuerza y energía lo anterior y vives de acuerdo a estas realidades, acumularás en tu psique-alma el tesoro de la piedad y agradarás a Dios. Él y los hombres de Dios te darán bienes y te convertirás en heredero de los bienes eternos. Ojalá que todos podamos alcanzar estos bienes, por la χάρις jaris (gracia, energía increada) y la filantropía (amistad al hombre) de nuestro Señor y Salvador Jesús Cristo. A Él le corresponde toda doxa-gloria, honor, alabanza y adoración, junto con su Padre sin principio y el santísimo, bondadoso y vivificador Espíritu, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén. 31/05/2024

Traducido por: χΧ jJ logosortodoxo.es/

 

Filocalía tomo 2, San Máximo el Confesor Séptima centuria Varios capítulos sobre teología, economía, virtud y maldad

Φιλοκαλία των Ιερών Νηπτικών, Τόμος Β΄ 

Άγιος Μάξιμος ο Ομολογητής Έβδομη εκατοντάδα

Διάφορα κεφάλαια περί θεολογίας, οικονομίας, αρετής και κακίας

Filocalía tomo II

San Máximo el Confesor

Varios capítulos sobre teología, economía, virtud y maldad 

Séptima centuria

  1. El logos natural, a través de las virtudes, eleva hacia el νούς nus (espíritu de la psique) a aquel que se dedica a la virtud práctica. El νούς nus introduce a la sabiduría a través de la θεωρίας zeoría contemplación a aquel que desea la γνώσις gnosis-conocimiento. El πάθος pazos (pasión, vicio, etc.) irracional arrastra hacia la percepción sensible a aquel que descuida los mandamientos, lo que resulta en que el nus quede atado al placer.
  2. Virtud significa el hábito más apacible y permanente del bien que no tiene nada ni de la derecha ni de la izquierda, sino que lleva el sello de Dios, en el cual nada es contrario. La causa de las virtudes es Dios. La gnosis enérgica, operativa de Dios es la transformación que hace, según el hábito, aquel que ha conocido verdaderamente a Dios, para rectificarse conforme al espíritu.
  3. Si el logos ha determinado como es natural el principio de cada ser, ninguno de los seres supera ni cae por debajo de sí mismo. Por lo tanto, la regla de los seres es el deseo y el reconocimiento de su Causa, mientras que su medida es la imitación operativa de la Causa, en la medida en que sea posible para los seres. El hecho de que el deseo de aquellos que se dirigen hacia Dios vaya más allá de la norma y la medida hacen que su camino sea inútil, porque no resultan a Dios, en quien se detiene el movimiento deseoso de todos, ya que recibe y acepta como fin autosuficiente el disfrute de Dios. Que el deseo de aquellos que se mueven hacia Dios esté fuera de la regla y la medida, hace inútil su camino, porque en lugar de Dios, resultan a la percepción sensible, donde se ha establecido el disfrute o gozo hedonista o placentero de los pazos pasiones, que no tiene existencia sustancial.
  4. El νούς nus que se elevó sin freno hacia la Causa de los seres, adquirirá total ignorancia al no considerar ningún logos en Dios, quien, en esencia y según toda causa, está por encima de todo logos. Cuando el νούς nus se retira de los seres y se concentra en Dios, no conoce ningún logos de aquellos de los cuales se ha alejado, porque ve de manera inexpresable solo a Aquel a quien ha llegado por la χάρις jaris (gracia, energía increada). Porque el νούς nus que se eleva en éxtasis hacia Dios, abandona incluso los logos de los seres incorpóreos. Porque no es posible observar junto con Dios algo de los que están después de Dios.
  5. Realmente es maldito es el pazos pasión o emoción de la arrogancia, que se compone de la combinación de dos males: el orgullo y la vanagloria. De estos, el orgullo niega la Causa de la virtud y de la naturaleza, mientras que la vanagloria altera y corrompe tanto la naturaleza como la misma virtud. Porque el orgulloso nada hace según la voluntad de Dios, y nada hace según la naturaleza el vanaglorioso.
  6. Es propio y cualidad del orgullo negar que Dios es el creador de la virtud y de la naturaleza. Y es propio y cualidad de la vanagloria aceptar distinciones en la naturaleza de los hombres para despreciar a algunos. Su fruto natural es la arrogancia, que es un hábito compuesto de malicia y contiene la negación voluntaria de Dios y la ignorancia de la igualdad natural de todos.
  7. La arrogancia, soberbia es una mezcla de orgullo y vanagloria. Muestra desprecio por Dios al acusar blasfemamente Su providencia, mientras que tiene alteración hacia la naturaleza, lo que la hace usar todo lo natural de manera antinatural, destruyendo así con este mal uso la belleza de la naturaleza.
  8. El «viento caliente» (Jonás 4, 8) no solo indica las tentaciones, sino también el abandono de Dios, que priva a los judíos de la concesión de los dones o carismas divinos. La afinidad espiritual disuelve la relación de la disposición hacia la carne y la une a Dios, enfocándose en Él con anhelo.
  9. La ley natural, cuando la percepción sensible no prevalece sobre el logos (razón), convence a todos sin enseñanza especial a amar a sus semejantes, teniendo la misma naturaleza humana como maestra para ayudar a los necesitados, y a desear para los demás lo que cada uno quiere que le hagan a él. Esto enseñó el Señor cuando dijo: “Comportaos y tratad a los hombres como queréis que ellos se comporten y os traten a vosotros” (Lucas 6, 31).
  10. La ley natural apunta a la relación voluntaria y unánime de todos con todos. Porque aquellos que están dotados de la lógica, por naturaleza tienen una disposición. Y aquellos que tienen una disposición, naturalmente tienen una conducta y un modo de vida. Aquellos que tienen una conducta y un modo de vida, claramente tienen por elección y predisposición el mismo vínculo entre ellos, que los lleva a todos con una sola opinión hacia el logos uno de la naturaleza, en el cual no hay división como la que domina ahora en la naturaleza debido a la φιλαυτία filaftía (egolatría, excesivo amor a sí mismo y al cuerpo, egocentrismo). La ley escrita, con el miedo a los castigos, refrena los impulsos desordenados de los insensatos y les acostumbra con su enseñanza a aspirar a la igualdad, con la cual el poder y la fuerza de la justicia, una vez estabilizada con el tiempo, se convierte en parte de la naturaleza y transforma el miedo en una disposición que se fortalece gradualmente junto con la predisposición hacia el bien, y hace del hábito una costumbre en un estado que se limpia y purifica con el olvido de los males anteriores y produce con él la amistad recíproca.
  11. La ley escrita, al impedir la injusticia mediante el miedo, crea un hábito de justicia. Con el tiempo, el hábito produce una disposición amante de la justicia, de la cual nace un estado permanente de bondad, que provoca el olvido de la maldad anterior.
  12. La ley de la χάρις jaris (gracia, energía increada) nos enseña a imitar a Dios mismo, quien nos amó tanto, más allá de Sí mismo -si se me permite decir-, incluso cuando éramos enemigos Suyos a causa del pecado, que asumió nuestra esencia sin alterar Su divinidad -siendo superior a toda esencia-, y aceptó nuestra naturaleza de manera sobrenatural, para convertirse en hombre y desear vivir como un hombre y no renunciar a hacer Suyo nuestro castigo y condenación. Y tanto nos divinizó por la χάρις jaris, cuanto Él se hizo hombre por economía, para que aprendamos no solo a ayudarnos unos a otros de manera natural y amarnos unos a otros como a nosotros mismos de manera espiritual, sino también a cuidar unos de otros más que de nosotros mismos de manera divina y a dar como prueba de nuestra agapi-amor mutuo el preferir voluntariamente la muerte de los unos por los otros conforme a la virtud. Porque el Señor dice: «No hay agapi-amor más grande que este, que uno entregue su vida por sus amigos» (Juan 15, 13).
  13. La ley de la naturaleza, hablando en resumen, es el logos natural que ha sometido la percepción sensible, para quitarle la irracionalidad de la que proviene la división de las cosas que están unidas por naturaleza. La ley escrita es el logos natural que, después de eliminar la irracionalidad de la percepción sensible, ha adoptado también el anhelo espiritual, que mantiene la interdependencia de los humanos. La ley de la χάρις jaris (gracia, energía increada) es el logos sobrenatural que tiene como objetivo la θέωσις zéosis (divinización, glorificación); cambia la naturaleza humana sin alterarla y muestra a la naturaleza humana como en una imagen/icona, de manera inefable, el Arquetipo que está por encima de la esencia y la naturaleza, y proporciona la eterna bienaventuranza y felicidad.
  14. El hecho de tener al prójimo como a uno mismo, significa preocuparse solo por la vida del otro, lo cual se refiere a la ley natural. Amar al prójimo como a uno mismo, significa proveer más, conforme a la virtud, a la bienaventuranza y felicidad del prójimo, lo que establece la ley escrita (Jonás 4, 9-11). Ahora bien, amar al prójimo más que a uno mismo, pertenece exclusivamente a la ley de la χάρις jaris (gracia, energía increada).
  15. Quien evita las causas de los placeres del cuerpo, aprende los logos de la Providencia, que impide el material que exacerba los pazos pasiones. Quien acepta los castigos dolorosos del cuerpo, aprende los principios o logos del juicio, que lo limpia de contaminaciones anteriores con dolores involuntarios.
  16. Si la Escritura nos presentó al Profeta lamentándose por la tienda y la calabaza -es decir, por la carne y el placer de la carne-, y a Dios queriendo salvar a Nínive, es evidente que de todas las cosas que los hombres valoran y aman, lo que Dios ama es mucho más superior y honorable; y en concreto, cuando esas cosas no tienen existencia esencial, sino que se creen que existen por un juicio erróneo. Estas cosas no tienen absolutamente ninguna razón de ser, pero solo la imaginación o fantasía, engañando a la mente, les da a través del pazos (pasiones, vicios, etc.) una forma hueca, pero no hipostasis (base substancial o subsistencial).
  17. La gnosis (conocimiento espiritual) exacta de los logos o principios del Espíritu se revela solo a aquellos que son dignos del Espíritu, quienes, después de mucho esmero en las virtudes al haber hecho la catarsis y limpiado su νούς nus (espíritu de la psique) y corazón de la suciedad de los πάθος pazos, como un espejo limpio y brillante, reciben la gnosis espiritual de las realidades divinas, que inmediatamente cuando cae sobre ellos se imprime y permanece en ellos como un rostro en el espejo. Pero aquellos cuyos pazos han manchado su vida, apenas pueden de meditaciones y conceptos lógicos deducir la gnosis de las realidades divinas -no tienen la osadía de creer que la han entendido y formulado con precisión.
  18. Quien ha recibido como forma de su νούς nus (espíritu de la psique) la gnosis que proviene de las virtudes con la χάρις jaris del Espíritu divino, se dice que «ha padecido» las cosas y realidades divinas, porque no la recibió de la naturaleza junto con la existencia, sino por participación con la χάρις jaris. Pero aquel que no ha recibido la gnosis de la χάρις jaris, aunque diga algo gnóstico (con conocimiento), no conoce por experiencia propia la fuerza de su logos. Porque el simple aprendizaje no da la gnosis que constituye hábito.
  19. El νούς nus (espíritu de la psique) que se ha hecho la catarsis completamente con las virtudes, puede lógicamente aprender los logos de las virtudes, haciendo suyo el rostro de la gnosis, la cual ha recibido de ellos las características divinas. Porque todo νούς nus por sí mismo es sin forma y características, y toma una forma adquirida, ya sea la gnosis generada por las virtudes con el espíritu, o la ignorancia que proviene de los pazos.
  20. Quien ha caído de la agapi-amor divina, tiene como rey la ley de la carne que reina con el placer, y no puede ni quiere guardar ningún mandamiento divino. Porque al haber preferido la vida hedonista sobre la vida y realeza que se lleva a cabo con el Espíritu de Dios conforme a la virtud, ha provocado en sí mismo la ignorancia en lugar de la divina gnosis-conocimiento espiritual.
  21. Aquel que no atraviesa y no pasa noerá (con la energía del nus) a la belleza espiritual y divina interior que se oculta en la letra de la Ley, crea la relación hedonista de la predisposición y voluntad, es decir, el apego a lo mundano y la amistad del mundo del pecado, ya que su aprendizaje se basa solo en palabras.
  22. La vergüenza de la boca es la ocupación νούς nus espíritu de la psique con la mente con conceptos, fantasías y pensamientos mundanos y corpóreos. Es decir, cuando permanecemos en la configuración corporal que muestra la letra de la Ley, es natural que nazca según la inclinación de la disposición el mundo, es decir, la disposición mundana y la ocupación intelectual con conceptos, fantasías y pensamientos hedonistas. Porque con lo que hemos conectado, eso es lo que estudiamos con nuestro nus e intelecto.
  23. O vergüenza de la boca es el movimiento del νούς nus con la mente que da forma a los pazos (pasiones, emociones, vicios etc.) y configura la belleza según el placer, para que la percepción sensible lo reciba y lo acepte. Porque sin la capacidad de la fuerza inventiva de la mente, ningún pazos se conduce de ninguna manera hacia la formación de una forma. O bien, «anatema» es el movimiento feo sin belleza y sin forma de los pazos, mientras que «vergüenza de la boca» es el movimiento mental que da forma al pazos para que la percepción sensible la acepte, y proporciona al pazos el material adecuado mediante sus invenciones.
  24. Aquel que cree que los sacrificios y festividades, los sábados y las lunas nuevas han sido ordenados por Dios en Su ley para el disfrute corporal y el descanso, se encontrará inevitablemente bajo la plena posesión de la energía de los pazos y la vergüenza de la impureza y suciedad de los pensamientos, fantasías y conceptos vergonzosos relacionados con los pazos. Y estará bajo el dominio del mundo corruptible y de la ocupación con conceptos y pensamientos orientados al cuerpo, así como del material y la forma de los pazos, y no podrá considerar valioso nada más allá de las cosas corruptibles y perecederas.
  25. Aquel que cree que es un mandato divino disfrutar corporalmente de las cosas que prescribe la Ley, éste acepta la glotonería como un regalo de Dios y vive con ella con alegría, de la cual genera, mediante el uso indebido, los modos y maneras que contaminan la energía de las cosas sensibles.
  26. Cuando la parte contemplativa de la psique-alma abraza la vida placentera y de lujo como un mandato divino de acuerdo con la letra de la Ley, entonces usa los sentidos de manera contraria a la naturaleza y no permite que se vea el uso natural de ninguna energía. Porque genera tanto el hábito como la energía de los pazos, y establece dentro de sí mismo como algo divino la glotonería o gula, creando así los modos que contaminan los sentidos mediante el uso indebido, de manera que los logos naturales y las semillas que se encuentran en los seres se destruyan.
  27. Ninguno que esté apegado al culto corporal de la Ley puede aceptar de ninguna manera un logos, concepto o pensamiento natural; porque los símbolos y la naturaleza no son lo mismo. Aquel que permanece en los símbolos de la Ley, no puede ver de acuerdo con lo lógico de la psique la naturaleza de los seres y captar los logos, principios que el Creador ha puesto esencialmente en los seres, porque hay una diferencia entre los símbolos y la naturaleza de los seres.
  28. Aquel que tiene como Dios a su vientre y considera gloria lo que es una vergüenza (Filip 3:19), está apegado con gran diligencia solo a los πάθος pazos de la deshonra como si fueran cosas divinas, y por eso se ocupa solo de lo temporal, es decir, de la materia y la forma de las cosas y del mal uso de la energía quíntuple de los sentidos. Porque cuando la percepción sensible se enreda y se une con la materia y la forma de las cosas, produce el pazos y mata y destruye los logos, principios naturales. Πάθος pazos y naturaleza, según el principio o logos de la existencia, nunca coexisten, porque nunca se ve en algún pazos ningún principio o logos de naturaleza, como tampoco ningún pazos nace junto con la naturaleza.
  29. Quien no cree que la Escritura es espiritual, no siente que es pobre en gnosis (conocimiento espiritual), aunque muera de hambre. Porque en verdad es hambre la falta de los bienes que hemos conocido por experiencia y la total carencia y penuria de los alimentos espirituales que sostienen y fortalecen la psique-alma. Y ¿cómo alguien podría considerar hambre o pérdida la eliminación total de aquellas cosas que no ha conocido nunca?
  30. En verdad tiene hambre el pueblo de aquellos que creen y conocen la verdad, así como la psique-alma de cada uno que ha abandonado la θεωρία zeoría contemplación espiritual por la χάρις jaris (gracia, energía increada) y se ha esclavizado a la servidumbre formal de la letra y no alimenta su νούς nus (espíritu de la psique) y mente con los altos conceptos, logos y pensamientos, sino que llena la percepción sensible con fantasía apasionada, con las formulaciones corporales de los símbolos de la Escritura.
  31. Aquel que no acepta la θεωρία zeoría contemplación espiritual de la Sagrada Escritura, junto con ella ha rechazado tanto la ley natural como la ley escrita de los judíos y ha ignorado la ley de la χάρις jaris, que da la zeoría contemplación espiritual a quienes caminan de acuerdo con ella. Por lo tanto, el que entiende la ley escrita corporalmente, no alimenta la psique-alma con virtudes. Y el que no capta los principios o logos de los seres, no se esfuerza por ofrecer a su nus (espíritu de la psique) y su mente la variada sabiduría de Dios. Y aquel que no conoce el gran misterio de la nueva χάρις jaris, no se regocija con la esperanza de la futura θέωσις zéosis (divinización, glorificación). La falta, entonces, de la contemplación espiritual de la ley escrita tiene como consecuencia la privación de la variada sabiduría de Dios que se entiende en la ley natural, y como resultado la completa ignorancia de la zéosis que será dada por la χάρις jaris de acuerdo con el nuevo misterio.
  32. Todo νούς nus (espíritu de la psique) e intelecto, mente que ha recibido de Cristo discernimiento y poder de visión, desea siempre y busca el rostro del Señor. El rostro del Señor es la verdadera contemplación y gnosis (conocimiento espiritual) de las realidades divinas mediante la virtud, que al buscarla aprende la causa de su pobreza y privación. Es decir, así como el rostro caracteriza a cada uno, así también la gnosis es lo característico o distintivo manifiesto de lo divino, y quien lo busca se dice que busca el rostro del Señor. Pero aquel que se vuelve carnal con los sacrificios sangrientos de acuerdo con la letra de la Ley, adquiere la ignorancia que desea, ya que acepta los mandamientos solo desde el aspecto del placer de la carne y se limita corporalmente solo al contenido de la letra que corresponde a la percepción sensible.
  33. Aquel que se limita al culto corporal de acuerdo con la Ley, genera como materia el pecado en praxis y obra, y como forma o especie plasma materialmente el consentimiento [del nus y la mente] hacia el pecado, con los placeres convenientes a los sentidos. Pero el que entiende la Escritura espiritualmente, mata la energía y acción del pecado como materia, y el consentimiento al pecado como forma, junto con las costumbres abusivas y de mal uso de la percepción sensible para el placer; y esto lo hace con los pensamientos, logos y conceptos naturales sobre la altura de la contemplación.
  34. Todas estas cosas, la materia, la forma o especie y los cinco modos de mal uso y abuso de los cinco sentidos relacionados con ellos, me refiero a la mezcla apasionada y contra natura de los sentidos con los objetos sensibles, es decir, los temporales y efímeros, después del paso acorde con la adoración corporal según la letra que se refiere a la Ley, y después de superar la ignorancia, el logos espiritual o el nus con la mente los entrega, a los logos y pensamientos más elevados de la contemplación natural para que sean destruidos, para que estos, al alcanzar la altura de la ley de la contemplación espiritual, destruyan y maten la relación global de los temporales y efímeros con la percepción sensible y el cuerpo, que se basa en los símbolos de la Ley.
  35. Sin la contemplación natural, nadie distingue la diferencia entre los símbolos de la Ley y las realidades y cosas divinas. Porque si uno, después de percibir primero con la contemplación natural la diferencia entre los símbolos y las realidades divinas y conceptuales, no desea llegar con el nus (espíritu de la psique) a la belleza de las conceptuales, dejando completamente de lado la percepción sensible, no puede separarse totalmente de la diversidad corporal que existe en los tipos. Mientras se mueve dentro de ella siguiendo la letra, lógicamente no satisface su hambre de gnosis (conocimiento espiritual), porque condenó a sí mismo como la serpiente a comer la tierra (Gén 3:14) de la Escritura, es decir, el concepto y significado corporal, y no, siguiendo a Cristo, a comer el cielo, es decir, el espíritu y la psique-alma de la Escritura, lo cual es el pan celestial y angélico. Quiero decir que no se alimentará con la contemplación espiritual y la gnosis (conocimiento espiritual) de las Escrituras con la iluminación de Cristo, que Dios da abundantemente a aquellos que Lo aman, como está escrito: «Les dio pan del cielo; el hombre comió pan de ángeles» (Salmo 77:24-25).
  36. La interpretación literal de la Escritura, que se hace según la percepción sensible, porque evidentemente engendra y nace los pazos y la disposición que tiende hacia lo temporal y efímero, es decir, la energía apasionada de la percepción sensible hacia los objetos sensibles, es necesario destruirla, como a los hijos y nietos de Saúl (2 Samuel 21:8-9), elevando las logos divinos como en una montaña a través de la contemplación natural, si de verdad deseamos ser llenos de la divina χάρις jaris (gracia, energía increada).
  37. La Ley cuando se entiende solo literalmente, daña e injuria la verdad, como por el pueblo judío, y por cualquier otro que imite su manera de pensar, limitando la fuerza de la Ley solo a la letra sin aceptar, para la revelación de la gnosis (conocimiento espiritual) que está oculta secretamente dentro de la letra de la Ley, la contemplación natural, la cual que es lo intermedio entre los tipos y la verdad y aparta de los tipos a quienes la siguen, devolviéndolos a la verdad; este, al contrario, como si negara completamente la contemplación natural y como si la excluyera de la mistagogía (iniciación mística) de las realidades divinas. Por lo tanto, esta interpretación corporal y temporal de la Ley, como está sujeta al tiempo y al cambio, deben destruirla con la contemplación natural en la montaña, es decir, en la altura de la gnosis, aquellos que tienen celo o entusiasmo por las visiones, expectaciones divinas.
  38. Destruye completamente el sentido y significado corporal de la Escritura aquel que en la práctica asesina, a través de la contemplación natural, la relación amante hacia placer y el cuerpo con la materia inestable y efímera, que se creó en la psique-alma por la letra de la Ley, [matando] como hijos y descendientes de Saúl, a través de la contemplación natural, la interpretación terrenal de la Ley, después de subir como en una montaña a la altura de la gnosis (conocimiento espiritual), y revelando ante el Señor con la confesión que antes interpretaba la Ley corporalmente. Así puede entenderse por los estudiosos la frase «que los colgaran bajo el sol ante el Señor» (2Re 21:8-9); es decir, sacar a la luz mediante la gnosis (conocimiento espiritual) la adherencia errónea a la letra, lo que significa mostrar en la altura de la contemplación la letra muerta de la Ley, mediante la divina gnosis-conocimiento espiritual.
  39. «La letra mata, pero el espíritu da vida» (2 Cor 3:6), dice la Escritura. Por eso, lo que tiene la propiedad o cualidad de matar, debe ser matado por el espíritu vivificante. Porque es completamente imposible que coexistan y trabajen juntos ambos, el elemento corporal y el divino de la Ley, es decir, la letra y el espíritu, ya que no es natural que aquello que puede quitar la vida esté de acuerdo con aquello que por naturaleza la da.
  40. El espíritu es el que da vida, la letra quita la vida. Por eso no es posible para uno practicar y realizar juntos la letra y el espíritu, así como no pueden coexistir lo vivificante que da vida y lo corruptor que desgasta y destruye.
  41. La circuncisión mística es la completa eliminación de la relación apasionada de la mente con el mundo creado. Porque, viendo naturalmente las cosas, sabemos que no es perfección la eliminación de la integridad natural que Dios ha dado. La naturaleza por supuesto no se perfecciona al ser mutilada según alguna técnica y al quitarle hábilmente aquello que Dios le dio durante la creación; de lo contrario, estaríamos presentando la técnica como superior a Dios para afirmar supuestamente la justicia, y estaríamos haciendo que la falta estudiada de la naturaleza fuera capaz de compensar la falta de justicia en la creación. Pero por la posición que tiene en el cuerpo el miembro que se circuncida, aprendemos a realizar voluntariamente la circuncisión de la disposición la psique-alma apasionada, con la cual la predisposición y voluntad se ajusta más a la naturaleza, corrigiendo la ley apasionada de la relación con el mundo creado.
  42. La in-circuncisión es algo natural. Y todo lo natural es obra de la creación divina y muy bueno, según el dicho: «Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era muy bueno» (Gén. 1, 31). Pero la Ley, al ordenar la eliminación de la in-circuncisión mediante la circuncisión como algo impuro (Gén. 17, 10-14), presenta a Dios como corrigiendo Su obra con técnica, lo cual es muy impío siquiera pensarlo. Por lo tanto, el que estudia desde el punto de vista natural los símbolos de la Ley, sabe que Dios no corrige la naturaleza con la técnica, sino que ordena circuncidar la parte pasional de la psique-alma que debe obedecer a lo lógico de la psique; esto se declara simbólicamente con la eliminación miembro corporal y se despoja por la gnosis-conocimiento espiritual a través del coraje de la voluntad que se manifiesta en la praxis, práctica. Porque el sacerdote que realiza la circuncisión simboliza la gnosis-conocimiento, que tiene por cuchillo contra el pazos pasión el coraje práctico del logos. Se extingue la tradición de la Ley cuando el espíritu prevalece sobre la letra.
  43. El sábado (Éx. 16, 23; 20, 10) es el descanso de los πάθος pazos (pasiones, emociones, vicios, etc.) y del movimiento de la mente en torno a la naturaleza de los seres. O, es la perfecta inactividad de los pazos y la cesación general del movimiento de la mente en torno a las creaciones y la perfecta transición hacia Dios. Aquel que ha alcanzado -en la medida de lo posible- este sábado a través de la virtud y la gnosis-conocimiento espiritual, no debe recordar en absoluto nada que como leña encienden los pazos, ni reflexionar en absoluto sobre las logos de la naturaleza, para no afirmar y dogmatizar, como los idólatras, paganos que Dios se deleita en los pazos o se mide con las medidas de la naturaleza, Él a quien solo el silencio perfecto le proclama y a quien le muestra la ignorancia extrema y perfecta.
  44. La «corona de bondad» (Salmo 64, 12) es la fe pura, adornada como con piedras preciosas por los altos dogmas y los logos y conceptos espirituales, y que corona, como si fuera una cabeza, el νούς nus (espíritu de la psique) y mente amante de Dios. O mejor, la «corona de bondad» es el mismo Logos (increado) de Dios, que con la variedad de formas de la providencia y del juicio -es decir, con la continencia de los pazos voluntarios y la paciencia de los involuntarios- rodea el nus con la mente como si fuera una cabeza, y con la participación de la χάρις jaris (gracia, energía increada) de la θέωσις zéosis (divinización, glorificación) hace el nus más hermoso que a sí mismo.
  45. Aquí se dice que la continencia es obra de la providencia porque hace la catarsis de los pazos voluntarios. La paciencia se dice que es obra del juicio de Dios, porque resiste a las tentaciones involuntarias y es símbolo de la filosofía práctica y conduce a la virtud, sacando de Egipto del pecado a aquellos que estaban cautivos en ella.
  46. Dios no ordenó honrar el sábado, las lunas nuevas y las fiestas porque quería que los hombres honraran los días -pues así ordenaría como mandato de la Ley que se adorara la creación y no al Creador (Rom. 1, 25) y que se consideraran sagrados los días y por eso dignos de adoración-; sino que indicó simbólicamente que se le honrara a Él a través de los días. Porque Él es el sábado, pues es el descanso, reposo de la psique-alma de los trabajos de la carne y la cesación de las luchas de la virtud; es la Pascua, como libertador de aquellos que están detenidos en la amarga esclavitud del pecado; es Pentecostés, como principio y fin de los seres y logos por el cual existen naturalmente todas las cosas. Observa cómo la Ley destruye a aquellos que la entienden corporalmente, convenciéndolos de adorar la creación y no al Creador, y de considerar por naturaleza sagradas las cosas que se hicieron para ellos e ignorar a Aquel por quien ellos mismos fueron creados.
  47. El mundo es un lugar limitado y una estabilidad limitada. El tiempo es un movimiento limitado, y por eso el movimiento de los que viven dentro de él está sujeto a alteración. Cuando la naturaleza supera tanto el tiempo como el lugar según la energía operativa y el concepto o significado, es decir, los necesarios, la estabilidad y el movimiento finitos, y se une de manera inmediata con la Providencia, entonces encuentra en la Providencia un logos simple y estable por naturaleza, que no está limitado por nada y por lo tanto no tiene ningún movimiento en absoluto.
  48. La naturaleza, porque está temporalmente dentro del mundo, tiene un movimiento que está sujeto a alteración debido a la estabilidad finita del mundo y al cambio de dirección o curso del tiempo. Cuando llega a Dios, como Él es por naturaleza mónada (unidad), tendrá una parada inmóvil y un automovimiento estacionario que será eternamente en torno a Aquel que es uno y único y siempre el mismo. Se ha dicho que esta es la instalación inmediata y permanente en torno a la primera Causa de aquellos que fueron creados por Él.
  49. El misterio de Pentecostés es la unión inmediata de la Providencia con las cosas develadas, es decir, la unión de la naturaleza con el Logos según el orden de la Providencia, en la cual no hay absolutamente ninguna indicación de tiempo y génesis o generación. El Logos es también nuestra trompeta (Lev. 23, 24), porque nos hace escuchar las gnosis, conocimientos divinos e inexpresables; es nuestra expiación (Lev. 25, 9), porque en Sí mismo disuelve nuestros pecados, ya que se ha hecho semejante a nosotros, y con el don o regalo de la χάρις jaris (gracia, energía increada) diviniza, deifica a través del Espíritu la naturaleza que pecó; y es nuestra Fiesta de los Tabernáculos (Lev. 23, 42), porque es la realización de nuestra inmutabilidad en el bien de acuerdo con el hábito de imitación a Dios que adquirimos, y el vínculo que nos une en nuestra transformación hacia la inmortalidad.
  50. Aquel que recibe con alegría los sacrificios sangrientos, es apasionado y hace que quienes le sacrifican cultiven los pazos; porque el verdadero adorador ama deleitarse y alegrarse con aquello que deleita a quien adora. Por eso, la Escritura entiende como sacrificios más bien la eliminación de los πάθος pazos y la ofrenda de las fuerzas naturales. De estas, el carnero (Lev. 5, 15) es un símbolo del logos, el toro (Éx. 29, 36) indica como un símbolo de la ira y la cabra indica el deseo (Números 15, 27).
  51. Sabemos que los sacrificios espirituales no solo son la mortificación de los pazos que se sacrifican con la espada del Espíritu, es decir, el logos de Dios (Ef. 6, 17), y el vaciado y derramamiento voluntario de toda la vida carnal como si fuera sangre, pero también la ofrenda de toda la conducta virtuosa y de todas las fuerzas naturales, que se dedican a Dios y se queman completamente con el fuego de la χάρις jaris (gracia, energía increada) del Espíritu para la perfección divina.
  52. El significado terrenal de la Escritura, cuando domina la psique-alma, expulsa los logos naturales, desapareciéndolos con el abuso de las fuerzas naturales. Porque cuando esto vive, realmente extermina y persigue y destruye los pensamientos y logos naturales, limitando la Ley solo a la carne y honrando como divinos los pazos del pecado, los cuales los λογισμοί loyismí pensamientos (simples o unidos con la fantasía) y los logos naturales, al tomar valor de la ley del espíritu, los golpean y los matan.
  53. Cuando alguien se ocupa lógicamente en la práctica de las virtudes, simultáneamente traslada naturalmente el significado de las Escrituras al espíritu, adorando a Dios en praxis, prácticamente a través de las altas θεωρίας zeorías contemplaciones de una manera nueva, como lo guía el espíritu, y no de la manera antigua que establecía la letra de la Ley (Rom. 7, 6) y que con su interpretación corporal más baja conforme a la percepción sensible hace que el hombre cultive los pazos, como los judíos, y sirva al pecado.
  54. Cuando alguien deja de interpretar la Escritura de manera corporal y conforme a la percepción sensible, inmediatamente recurre con la mente, intelecto hacia el espíritu a través de la naturaleza, haciendo espiritualmente aquellas cosas que el judío hacía corporalmente y provocaba la ira de Dios.
  55. Todo νούς nus (espíritu de la psique) y mente elevado y ensalzado según Dios y transformado, simultáneamente degüella tanto la energía operativa de los pazos como el movimiento impropio de los pensamientos y fantasías, así como los modos disolutos que resultan del mal uso de la energía operativa de los sentidos. Porque los pazos son asesinados por los pensamientos elevados de la naturaleza, después de ser vencidas triunfalmente en la alta contemplación espiritual.
  56. El poder del pecado, es decir, la mentalidad y conducta carnal, es eliminado por la χάρις jaris gracia increada del santo Bautismo, mientras que la obediencia práctica a los mandamientos divinos lo mata con la espada del Espíritu (Ef. 6, 17), es decir, con el logos de la gnosis espiritual-conocimiento divino que otorga el Espíritu, gritando en secreto al pazos del pecado, como gritó el gran Samuel a Agag: «Así como tu espada ha dejado a las mujeres sin hijos, así será sin hijo tu madre entre las mujeres» (1Reyes 15, 33).
  57. El pazos pasión de la glotonería ha dejado muchas virtudes sin hijos, usando como espada el resbaladizo pensamiento y fantasía del placer. Porque con la incontinencia mata las semillas de la templanza y sobriedad, con la avaricia destruye la equidad de la justicia y con el egoísmo corta el vínculo natural de la filantropía (amor a la humanidad). Y en general, el pazos pasión de la glotonería o gula destruye todos los frutos de las virtudes.
  58. La pasión de la glotonería mata los frutos divinos de las virtudes, y esta es muerta por la χάρις jaris de la fe, con la obediencia a los mandamientos divinos y con el logos de la gnosis-conocimiento espiritual.
  59. Nuestro Señor es verdaderamente la luz de las naciones (Is. 49, 6; Lc. 2, 32), porque con la verdadera la gnosis-conocimiento espiritual abre los ojos de la διάνοια (mente, intelecto) que estaban cerrados por la profunda oscuridad de la ignorancia, y porque con su divino comportamiento hizo de Sí mismo un excelente ejemplo de virtud para los pueblos creyentes y se convirtió para ellos en modelo y ejemplo de una persona virtuosa; hacia el cual, mirando como jefe de nuestra salvación (Heb. 2, 10), logramos imitar sus virtudes en la praxis, práctica, en la medida de nuestras posibilidades.
  60. Cualquiera que por envidia odia y calumnia a quien es más fuerte que él en las luchas de las virtudes y la riqueza del logos de la gnosis-conocimiento espiritual, es Saúl, que es asfixiado por un espíritu maligno (1Re. 16, 14), pues no soporta la gloria de la virtud y la gnosis espiritual del que es mejor que él. Y lo que lo lleva a una mayor locura es que no puede matar a su benefactor (Re. 18, 10-11). Muchas veces expulsa de mala manera incluso a su querido amigo Jonatán (1Re. 20, 30-34), es decir, el pensamiento innato de la conciencia, que lo reprende por su injusto odio y relata con verdad los logros y hazañas del otro.
  61. Oremos también nosotros a David espiritual, para que toque la lira de la zeoría contemplación y la gnosis-conocimiento espiritual en nuestro nus (espíritu de la psique) con la mente, que actúa como epiléptico por las cosas materiales, y para que expulse el espíritu maligno de la implicación sensible en las cosas materiales, para que podamos entender la Ley espiritualmente y encontrar secretamente el logos que está oculto en él y hacerlo nuestra posesión permanente, útil para el camino de la vida eterna.
  62. Todo aquel que desea su salvación, necesariamente se dedica ya sea a la práctica o a la contemplación; porque sin virtud y gnosis-conocimiento espiritual, absolutamente nadie ha podido salvarse jamás. Pues, por supuesto, la característica de la virtud es la sumisión de los movimientos del cuerpo y la sabia contención, con el logos ortodoxo como freno, de su impulso inclinado hacia lo impropio y utópico; ya que la característica de la contemplación es tener la prudencia para preferir y aprobar aquello que ha sido examinado y juzgado como ortodoxo, correcto.
  63. Lo que entiende es espiritual, y lo que es comprendido es perceptible; mientras que el alimento y, de alguna manera, la esencia de aquel que entiende es lo que es percibido y comprendido. Por lo tanto, es lógico que Dios, porque Él es percibido por los νόες noes (nus, espíritus) incorpóreos y se hace perceptible para ellos, en la medida en que pueden alcanzarlo, los ilumina interiormente, de modo que el nus perciba y entienda y se alimente.
  64. Una cosa es lo comprensible o concebible y otra lo noeró espiritual (que se percibe con el nus o corazón); porque, como dijimos, lo comprensible o concebible es como el alimento de lo noeró del nus de la psique.

Ya que aquello que se comprende, es decir, lo concebible, es mayor y se considera anterior de aquello que concibe, que es noeró (espiritual inteligible).

Porque se llaman noerós (inteligibles espirituales) aquellas cosas y realidades que, como son νόες noes (nus, espíritus), perciben las concebibles o comprensibles que están por encima de ellos.

Lo concebible es aquello que es percibido y comprendido, lo cual también es alimento de lo noeró (del nus), es decir, de lo que concibe.

  1. Debemos saber que los efectos o resultados llevan en la medida de lo posible las imágenes de las causas. Los efectos o causados son todas las cosas que han sido creadas. Las causas son aquellas que los crearon. No hay ninguna similitud entre causas y efectos (causados).
  2. (Este capítulo ha sido tomado de la obra de San Dionisio Areopagita.) Debemos saber que nuestro νούς nus (espíritu de la psique) con la mente tiene la fuerza y energía de concebir, mediante el cual ve las cosas concebibles; también tiene la capacidad de unión, que eleva la naturaleza del nus con la mente, y a través de esta se une a lo que está más allá de él. Por lo tanto, debemos comprender que la unión con Dios se realiza de esta manera y no a través de nuestros propios medios, sino mediante un éxtasis completo desde nuestro ser interior y al convertirnos en completos en Dios; porque es mejor pertenecer a Dios que a nosotros mismos. Solo a aquellos que pertenecen a Dios se les dará las cosas y realidades divinas.
  3. (Comentario sobre lo anterior.) El νούς nus (espíritu de la psique) con la mente, al intentar comprender, desciende hacia el interior de sí mismo hacia las comprensiones, concepciones o intelecciones.

Las comprensiones o concepciones son inferiores a aquel que concibe y comprende, porque son objetos de pensamiento y comprensión, y lógicamente constituyen la dispersión y división de la unidad del νούς nus con la mente; porque el νούς nus (espíritu de la psique) es simple e indivisible, mientras que las comprensiones son múltiples, pueden dispersarse y de alguna manera son formas del νούς nus con la mente.

Por eso lo mental o intelectual y lo noeró (del nus, espíritu), es decir, lo que se concibe y se comprende, es inferior a lo comprensible o inteligible, es decir, las cosas que se piensan y se conciben, comprenden.

La unión del νούς nus con la mente significa -como se explica más claramente a continuación- aquella unión mediante la cual el νούς nus con la mente se eleva hacia lo que está más allá de él, es decir, se acerca a la θεωρία zeoría contemplación de Dios, al salir de todo lo sensible e inteligible o comprensible y de su propio movimiento. Entonces recibe el rayo de la divina gnosis-conocimiento divino.

  1. Si lo noeró intelectual y espiritual (energía del nus) se mueve noerá espiritual e intelectualmente (unidos), es decir, según su propia naturaleza, entonces ciertamente concibe y entiende.

Y si piensa, ciertamente ama lo que pensó. Y si ama, ciertamente experimenta éxtasis hacia el objeto amado. Y si experimenta éxtasis, es evidente que también se apresura. Y si se apresura, seguramente fortalece la intensidad de su movimiento. Y si fortalece intensamente el movimiento, no se detiene hasta que se encuentre completamente dentro del objeto amado y sea voluntariamente y completamente abarcado por él, y acepte voluntariamente esa restricción salvadora, para llegar a ser de la misma calidad con todo aquello que lo restringe, de modo que en adelante no desee en absoluto ser conocido por sí mismo, sino por lo que lo restringe; igual que el aire se vuelve completamente brillante por la luz, y el hierro se vuelve completamente candente por el fuego, y como sucede en otros ejemplos similares.

  1. No hay una semejanza exacta entre las causas y las causadas (efectos), pero las causadas llevan, en la medida de lo posible, las imágenes de las causas, mientras que las causas mismas son superiores a las causadas (efectos) y están fundamentadas sobre ellos según su logos original. Porque los atributos o cualidades de las causadas (efectos), existen esencialmente y en abundancia dentro de las causas.
  2. Todas las creaciones, ya sea en el cielo o en la tierra, son causadas (efectos); y las causas son aquellas que las crearon, es decir, las tres hipóstasis de la Santa Trinidad, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Es evidente, por lo tanto, que no hay ninguna semejanza entre las causas y las causadas (efectos).
  3. Hay una estrecha relación entre los que piensan, comprenden y lo pensado, comprendido así como entre los que sienten y las sensibles. El ser humano, como está compuesto de psique-alma y cuerpo con sentidos, con la relación y cualidad mutua que tiene hacia las dos partes de la creación (lo pensado, comprendido y lo sentido), también se limita y limita; una es según su esencia, la otra es en δύναμη dinami (potencia y energía). Es decir, se limita por las sensibles y por las concebibles o comprensibles, porque es psique-alma y cuerpo, y puede limitarlas porque concibe y siente. Pero Dios existe de manera simple e ilimitada sobre todos los seres y cosas y las que contienen otras cosas, y las que son contenidas, porque no tiene ninguna relación completa con nada.
  4. Cada placer prohibido surge del pazos pasión a través de la percepción sensible y en relación con algo sensible. Porque el placer no es otra cosa que una forma de la percepción sensible y sensación que se moldea en la parte sensible del ser humano a través de algo sensible. O es una forma de la energía operativa de la percepción sensible compuesta por un deseo irracional. Porque si el deseo se suma a la percepción sensible, se convierte en placer, dándole forma; y la percepción sensible, cuando se mueve con deseo, provoca placer al recibir lo sensible. Por lo tanto, los santos, al comprender que la psique- alma, mediante el movimiento fuera de su naturaleza hacia la materia a través de la carne, adquiere y se viste una forma terrenal, ellos mismos pusieron como objetivo moverse de acuerdo con la naturaleza hacia Dios a través de la psique-alma y hacer que la carne también sea apropiadamente afín a Dios, embelleciéndola, en la medida de lo posible, con los divinos reflejos mediante la práctica de las virtudes.
  5. Los Santos pasaron magnánimamente la vida actual de luchas, de acuerdo con el verdadero y sin errores modo de movimiento natural. Unieron mediante lo lógico de la psique el sentido o percepción sensible que poseía [simples] los logos de los seres, y el nus (espíritu de la psique) con la mente que fue completamente liberado de la circunvolución alrededor de las cosas y se calmó y aún más de esta energía operativa y acción natural, ofrecieron el nus a Dios. Y después de haberse reunido así completamente en Dios, buscaron convertirse en uno con Dios a través del Espíritu, habiendo asumido completamente la imagen/icona celestial -en la medida de lo posible para los seres humano- y siendo atraídos tanto por la divina manifestación, si se permite decirlo, en cuanto también ellos mismos fueron atraídos y entregados a Dios.
  6. Dios y el hombre, como dicen, son el uno para el otro un ejemplo. Y así como Dios, por filantropía (amor, amistad a la humanidad), se convierte en hombre para el hombre, tanto como el hombre pudo, con la agapi-amor, hacerse semejante a Dios. Y así como el hombre con el nus (espíritu de la psique) es capturado espiritualmente por Dios hacia la gnosis-conocimiento espiritual, tanto el hombre hizo manifiesto, a través de sus virtudes, a Dios que es por naturaleza invisible.
  7. Cada uno que ha mortificado los miembros terrenales (Col. 3, 5) y ha apagado toda conducta de su carne y ha desechado de sí mismo la relación con la carne, con la que compartimos nuestro amor que solo se debe a Dios, y ha rechazado las características de la carne y del mundo por la divina χάρις jaris (gracia, energía increada) para poder decir junto con el bendito apóstol Pablo: «¿Quién nos separará de la agapi-amor de Cristo, etc.» (Romanos 8:35), éste se convirtió en sin padre (terrenal), sin madre (celestial), sin genealogía, como el gran Melquisedec, sin tener nada de la carne y la naturaleza humana que lo sostenga, debido a su afinidad con el espíritu.
  8. El fin de esta vida, creo que no es justo que deba llamarse muerte, sino liberación de la muerte y separación de la corrupción, liberación de la esclavitud, cesación de la turbulencia, eliminación de las guerras, retirada de la oscuridad, descanso de los trabajos, calma del fuego, cubrimiento de la vergüenza, evitación de los sufrimientos, en una palabra, fin de todos los males. Los Santos lograron todas estas realidades y cosas mediante su necrosis o mortificación voluntaria y mostraron que eran extranjeros y transeúntes en la vida (Heb. 11, 13), luchando valientemente contra el mundo y el cuerpo y las rebeliones del mundo y del cuerpo. Y después de haber sofocado el engaño que proviene del mundo y del cuerpo a través de la conexión de los sentidos con las cosas sensibles, mantuvieron inmaculado el axioma de su psique-alma.
  9. Es una prueba no pequeña de que dentro de nosotros se ha sembrado por naturaleza la gnosis-conocimiento de la providencia, nos lo da la misma naturaleza, sin haber sido enseñados de esto, y nos hace que en nuestras súbitas desgracias pedir con nuestras oraciones a Dios que nos salve. Es decir, cuando nos encontramos en una necesidad repentina, sin desearlo y antes de pensar en algo, invocamos a Dios. Es como si la misma providencia de Dios nos atrajera hacia sí misma y sin nuestro propio pensamiento, venciendo en rapidez nuestra capacidad mental, nos mostrara de antemano que la ayuda divina es más poderosa que todos los medios. La naturaleza no nos llevaría, sin desearlo, a algo que no fuera natural. Y todo lo que es naturalmente consecuencia de algo, es evidente en todos que tiene la fuerza de la verdad como una prueba fuerte e indiscutible.
  10. De entre los seres, algunos son buenos y otros malos, y estos son presentes o futuros. El bien que esperamos provoca deseo, mientras que cuando está presente, placer; y de nuevo el mal que esperamos provoca temor, mientras que cuando está presente, tristeza, dolor y sufrimiento. Así, en relación con los bienes, ya sean reales o imaginados, existe tanto placer como deseo, mientras que en relación con los males, existe tristeza, sufrimiento y temor. Pues cuando el deseo se realiza, provoca placer, mientras que cuando no se realiza, provoca tristeza, dolor y sufrimiento.
  11. Cada tristeza, sufrimiento y dolor, como se dice, es por naturaleza malo. Y si el luchador de las virtudes se aflige y sufre por los males de otros, como misericordioso, no se aflige, sin embargo, previamente según su intención, sino posteriormente debido a las circunstancias. Pero el contemplativo también es en estas cosas impasible, porque ha unido su ser (interior) con Dios y lo ha alejado de todas las cosas de aquí abajo.
  12. Todos los Santos atravesaron las cosas presentes adheridos sinceramente al logos divino, inequívoco y sencillo, sin apoyar el curso de sus psique-almas en ninguno de los placeres del mundo. Porque después de haber extendido sabiamente su nus (espíritu de la psique) con la mente hacia los extremos los logos humanos sobre Dios de los posibles de lograr, me refiero a los logos de bondad y amor, aprendieron que Dios se movió desde ellos y dio a los seres tanto la existencia como la bienaventuranza y felicidad, si es permitido decir, para que podamos hablar acerca de Dios, quien es el único inmóvil, en términos de movimiento; más bien es Su voluntad la que mueve y trae a la existencia y sostiene, pero Él mismo nunca se mueve.
  13. La psique- alma, al ser una sustancia noerá espiritual intelectiva y lógica, también concibe, comprende y reflexiona. Tiene como δύναμη dinami (facultad, potencia y energía) el νούς nus (espíritu del corazón de la psique), como movimiento la concepción o comprensión y como energía operativa el concepto o significado. Porque este es el fin de la concepción, comprensión, y de quien concibe y del que se concibe, ya que determina la relación entre estos dos extremos. Es decir, cuando la psique-alma concibe, deja de concebir, comprender aquello que ya ha sido concebido, habiéndolo comprendido. Porque aquello que ha sido comprendido una vez, ya no atrae la facultad y fuerza de la concepción. Así, cada concepción o comprensión implica una pausa en la percepción relacionada con lo que ha sido comprendido.
  14. Así como la ignorancia separa a aquellos que han sido engañados, de la misma manera la presencia de la luz espiritual reúne a los iluminados y los une y los perfecciona y los devuelve al Ser verdadero, arrancándolos de las muchas opiniones, alabanzas y las diversas formas, o mejor dicho, fantasías, y reuniéndolos en una gnosis (conocimiento espiritual) verdadera, pura y simple y saciándolos con la única luz que contribuye a su unión.
  15. Lo bueno es lo mismo que lo bondadoso, porque todo lo bondadoso y bueno es deseado por todos con toda causa, y no hay ningún ser que no participe en lo bueno y bondadoso. Porque en todos seres lo bueno y bondadoso, ya que es verdaderamente admirable, es deseado y amado y aceptado y preferido y bien querido. Ten en cuenta que el divino έρως eros (amor ardiente), que previamente existía en lo bondadoso bien, engendró y dio a luz έρως eros bondadoso dentro de nosotros, con el cual deseamos el bien y lo bondadoso, según lo que se dijo: «Me he convertido en amante de su belleza» (Sab. Sol. 8, 2), y: «Ámala y te protegerá; cuídala y te elevará» (Prov. 4, 6).
  16. Los teólogos llaman a lo divino a veces έρως eros (amor ardiente), a veces αγάπη agapi (amor incondicional y desinteresado), a veces erótico y amado. Por eso, como es έρως eros y αγάπη agapi, se mueve, y como erótico y amado, mueve y atrae hacia sí todo lo que es receptivo de έρως eros y la αγάπη agapi. Y para decirlo más claramente, se mueve, porque genera y nace una relación interna de έρως eros y αγάπη agapi en aquellos que son receptivos a ellos, y se mueve porque es intrínsecamente atractivo para aquellos que se mueven hacia Esto por deseo. Y una vez más, se mueve y es movido, porque tiene sed de ser amado, y anhela ser deseado, y ama ser amado.
  17. (Este capítulo ha sido tomado de una obra de San Dionisio Areopagita.) El divino έρως eros es por naturaleza extático, no permitiendo que los amantes pertenezcan a sí mismos, sino a sus amados. Y esto se muestra por las realidades y cosas superiores, por la providencia que tienen para las inferiores; y aquellos que son de la misma serie, por su cohesión mutua; y las inferiores, por su divina vuelta hacia las primeras. Por eso, el gran Pablo, que fue dominado por el divino έρως eros y experimentó su fuerza y energía extática, dice con su boca inspirada de Dios: «Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí» (Gálatas 2:20), como un verdadero amante que había sufrido y experimentado éxtasis hacia Dios, como él mismo dice (2Cor 5:13), y ya no vivía su propia vida, sino la vida de su amado, como excesivamente amada.
  18. (Y esto también es de San Dionisio.) Atrevámonos a decir también esto por el bien de la verdad, que Él, el Autor y Causa de todo, a causa del buen y amable έρως eros por todas las cosas, desde la excesiva bondad amorosa o erótica, sale de Sí mismo con Sus providencias por todas las criaturas. Y de alguna manera es atraído por la bondad, el έρως eros y la αγάπη agapi, y desde donde está por encima de todos y por encima de todo infinitamente más alto, desciende a todo con una fuerza y energía extática supra-esencial, sin salir sustancialmente de Sí mismo. Por eso aquellos que conocen bien las cosas y realidades divinas Le llaman celoso (Deuteronomio 5:9), porque tiene un gran y bondadoso έρως eros hacia las criaturas, y su deseo amoroso o erótico provoca Su celo y Le demuestra celoso; y aquellos que Le desean tienen celo o entusiasmo por Él, y Él muestra celo por aquellos por los que provee.
  19. Fuente y progenitor del έρως eros y de la αγάπη agapi, como dicen, es Dios mismo. Porque Él, aunque estas cosas existían dentro de Él, las proyectó hacia afuera, es decir, hacia las creaciones. Y de acuerdo con esto se ha dicho: «Dios es αγάπη agapi amor increado» (1 Juan 4:16), y de nuevo: «Dulzura y deseo» (Cantar de los Cantares 5:16), es decir, έρως eros. El objeto de la αγάπη agapi y del έρως eros es verdaderamente Él. Por lo tanto, el έρως eros amoroso al fluir de Él, se dice que Él, quien lo genera, se mueve; siendo Él mismo lo realmente valioso, amado, deseado y preferido, mueve a aquellos que están viendo y dirigidos hacia Él, según la fuerza de su deseo.
  20. Debes saber que Dios se convierte en promotor y mueve hacia la afinidad erótica o amorosa que activa el Espíritu; se convierte en mediador para ella y se ajusta a ella, de modo que sus criaturas sientan έρως eros y αγάπη agapi por Él. Decimos que «mueve», porque Él mueve a Sus criaturas, cada una de acuerdo con la naturaleza de su ser, para que regresen a Él. La palabra «promotor» ahora, aunque tiene un significado despectivo en lo secular, aquí significa la mediación que conduce a la unión con Dios.
  21. El impulso amoroso de lo bondadoso, que preexiste en la bondad, ya que es sencilla y se mueve por sí misma y emana de lo bondadoso, vuelve de nuevo hacia lo bondadoso, porque es infinita y sin principia. Esto revela nuestro deseo incesante de unión con lo divino. Porque la unión amorosa con Dios está mucho más allá y fuera de cualquier otra unión.
  22. (Este capítulo es de la obra de San Hieroteo.) El έρως eros, ya sea divino, angelical, intelectual, psíquico o físico, debe entenderse como una fuerza que causa unión y mezcla. Y mueve a los superiores a prever y cuidar de los inferiores; y aquellos que son de la misma serie, a tener una mutua cohesión y comunión; y finalmente mueve a los inferiores a regresar a las realidades mejores y superiores.
  23. (Este capítulo es de San Dionisio Areopagita.) Si la divina gnosis (conocimiento espiritual) contribuye a la unión de aquellos que han sido conocidos, y la ignorancia es siempre la causa de cambio o alteración y por lo eso es la causa de división para aquellos que ignoran, entonces aquel que cree ortodoxamente y verdaderamente, según la Santa Escritura, nada lo moverá desde la base de su fe ortodoxa y verdadera, en la cual obtendrá la identidad permanente que no tiene movimiento ni cambio. Aquel que se ha unido a la verdad conoce muy bien que está muy bien, y aunque muchos lo aconsejen como si hubiera perdido el juicio y la razón. Porque ciertamente estos olvidan que éste con la verdad de la fe ortodoxa y real ha salido del engaño; pero él conoce que no es lo que los demás dicen, es decir, un loco, sino que se ha liberado del deterioro del inestable y cambiante desgaste y corrupción del múltiple engaño a través de la simple y siempre invariable verdad.
  24. Los Santos llegaron a ser buenos y filántropos (amigos de los hombres), compasivos y misericordiosos, y persuadieron a sí mismos a tener el mismo espíritu de agapi-amor por todo el género humano. Con esta agapi-amor incondicional se convirtieron en poseedores, durante toda su vida, del bien más excelente de todos, es decir, la humildad, que preserva los bienes y destruye los males. Y así no fueron dominados por ninguna de las tentaciones que los molestaban, ni por las voluntarias que están en nuestro poder, ni por las involuntarias que no están en nuestra mano. Esto lo lograron reprimiendo con templanza y continencia las revueltas de las tentaciones voluntarias, y resistiendo las involuntarias con paciencia.
  25. La acción, praxis perfecta de la virtud la produce la fe ortodoxa, correcta y el temor sin adulterar a Dios. En la ascensión espiritual, la contemplación física sin error se acompaña de la esperanza segura, la prudencia y el juicio saludable. Y en la contemplación durante nuestra elevación hacia Dios, la acción la produce la agapi-amor perfecta y el νούς nus (espíritu de la psique) que, debido a su posición superior, se ha vuelto voluntariamente ciego a todas las cosas.
  26. El trabajo de la filosofía práctica (catarsis), como dicen, es hacer el νούς nus limpio y puro de cualquier fantasía pasional. La contemplación física, para hacer al nus poseedor de toda la verdadera gnosis-conocimiento de los seres, la relativa con la causa de su existencia. Y la iniciación teológica, para hacer que el nus sea similar a Dios, y tanto como sea posible, igual a Él por χάρις jaris (gracia, energía increada) de modo que, debido a su superioridad, ya no perciba nada de las cosas que están después de Dios.
  27. Lo que es el éter, es decir, el elemento ígneo, en el mundo sensible, eso en el mundo de la διάνοια diania (mente, intelecto) es la prudencia, como hábito capaz de iluminar y apocaliptar/revelar los logos espirituales particulares en cada uno de los seres, revelando sin error a través de ellos la Causa que existe en todo, y atrayendo el deseo de la psique-alma hacia Dios. Y lo que en el mundo sensible es el aire, eso en el mundo de la διάνοια diania es la valentía, como hábito capaz de mover, sostener y activar la vida espiritual innata, y estimular la incesante agilidad de la psique-alma hacia Dios. Y lo que en el mundo sensible es el agua, eso en el mundo de la διάνοια diania es la templanza, como costumbre que provoca la fertilidad vital del espíritu y engendra y genera el eterno encanto atractivo del anhelo por Dios. Y lo que en el mundo sensible es la tierra, eso en el mundo de la διάνοια diania es la justicia, como costumbre que engendra y genera todos los logos de los seres de acuerdo con su especie y otorga equitativamente a cada uno los regalos espirituales de la vida, y que es el inmutable fundamento de su ubicación en el bien.
  28. Así como, mientras la carne florece y engorda, la psique-alma sufre y se turba por los pazos, a medida que disminuyen la eficacia de las virtudes y la iluminación de la gnosis-conocimiento espiritual, de la misma manera, cuando la psique-alma es preservada e iluminada por la divina belleza de las virtudes y por la iluminación de la divina gnosis-conocimiento espiritual, el hombre externo se debilita, ya que la carne rechaza, debido a la presencia del logos, su bienestar natural.
  29. No es posible demostrar de ninguna otra manera que el hombre es hijo de Dios y Dios por la χάρις jaris (gracia, energía increada) si antes por su propia voluntad no ha renacido por el espíritu, porque tiene la fuerza de moverse por sí mismo e independientemente. El primer hombre descuidó este nacimiento deificante, divino e inmaterial, porque prefirió, entre los bienes inteligibles espirituales aún no revelados, lo agradable a la percepción sensible y evidente; por eso, justamente fue condenado a tener un modo de nacimiento corporal que no eligiera él mismo, material y corruptible.
  30. El hombre, en su estado actual, se mueve o alrededor de fantasías irracionales de pazos, engañado por el hedonismo, la sensualidad, o alrededor de artes e invenciones accidentales para sus necesidades, o alrededor de logos naturales de la naturaleza para aprender. Ninguno de estos desde el principio lo atraía obligatoriamente, porque estaba por encima de todo. Así debería ser el hombre inicial, sin distracción por lo que viniera después de él, o alrededor de él, o relacionado con él. Para alcanzar la perfección, solo necesitaba una cosa: el movimiento irrefrenable hacia lo que está por encima de él, es decir, hacia Dios, con toda su fuerza y energía amorosa.
  31. El primer hombre no tenía nada que intercediera entre Dios y él, que necesitara conocerlo y lo impidiera en su parentesco voluntario con Dios, que se realizaría a través de la agapi-amor en su movimiento hacia Él. Porque con la ayuda de la χάρις jaris (gracia, energía increada) estaba sin pazos, no podían engañarlo con placer las fantasías de los pazos, ya que no tenía necesidades, estaba libre de la necesidad ocasional de las artes para las necesidades; y como era sabio, era gracias a la gnosis-conocimiento por encima de la contemplación sobre la naturaleza.
  32. Dios, que dio con sabiduría la existencia a la naturaleza y puso en las capacidades de las sustancias lógicas místicamente Su gnosis-conocimiento, también nos puso en nosotros, como Señor generoso, el anhelo y el έρως eros (amor ardiente) naturales hacia Él, entrelazando también la fuerza de lo lógico de la psique con ellos. Así, podremos aprender fácilmente los modos de realizar este anhelo y no fallar en nuestra búsqueda de aquello por lo que luchamos por conseguir. Así, mientras nos movemos de acuerdo con este anhelo, somos impulsados a buscar lo relacionado con la verdad, así como con la sabiduría y el cuidado que son evidentes en todas las cosas con orden, deseando alcanzar a través de estas realidades Aquel por quien recibimos este anhelo.

Traducido por: χΧ jJ logosortodoxo.es/ 29/05/2024

Filocalía, tomo 2 San Máximo el Confesor, Sexta centuria Varios capítulos sobre teología, economía, virtud y maldad

 Φιλοκαλία των Ιερών Νηπτικών, Τόμος Β΄ 

Άγιος Μάξιμος ο Ομολογητής, Έκτη εκατοντάδα

Διάφορα κεφάλαια περί θεολογίας, οικονομίας, αρετής και κακίας

Filocalía de los Santos Nípticos, tomo II

San Máximo el Confesor

Varios capítulos sobre teología, economía, virtud y maldad

Sexta centuria

  1. La fuerza noerá (espiritual e intelectual o mental) de la psique-alma es inventiva. Cuando esta se separa de su relación con la percepción sensible, priva al cuerpo o carne del cuidado de procurarle placer, como hacía en su relación voluntaria, y no quiere consolar el sufrimiento del cuerpo debido a la total y continua dedicación de su pensamiento a las opiniones divinas y a los conceptos de las realidades divinas.
  2. El νούς nus (espíritu de la psique) y la percepción sensible tienen energías naturales opuestas, porque sus objetos tienen diferencias y heterogeneidades extremas entre sí. El nus (corazón psicosomático espiritual de la psique)) tiene como objetos las existencias espirituales e incorpóreas, que percibe naturalmente en su esencia, mientras que la percepción sensible o sentido tiene como objetos las naturalezas sensibles y corpóreas, que también percibe y comprende por naturaleza con la mente; (percibe las espirituales con el nus y físicas con la mente, es importante este discernimiento)
  3. El rechazo de las energías naturales de la psique-alma se convierte en el inicio del placer de la percepción sensible. Porque cuando la psique-alma se ocupa de los bienes que corresponden a su naturaleza, no tiene la fuerza que busca el placer del sentido o percepción sensible.
  4. Cuando, en la contemplación de los objetos visibles, lo lógico de la psique procede por delante de la percepción sensible, entonces el cuerpo, carne se priva de todo el placer que le es natural, porque no tiene el deseo desenfrenado y liberado de los frenos lógicos al servicio de los placeres. Por eso, necesariamente, cuando prevalece lo lógico o lógica en nosotros, sufre el cuerpo que se ha subordinado a la lógica por la virtud.
  5. Cuando el nus (espíritu de la psique) cree que la percepción sensible es su propia fuerza por naturaleza, entonces, enredado con las formas externas de las cosas sensibles, inventa los placeres carnales, ya que no puede superar la naturaleza de las cosas visibles, porque ha quedado atrapado en una relación pasional con la percepción sensible o sentido.
  6. No es posible que el nus (espíritu de la psique) con la mente alcance sus realidades espirituales inteligibles afines sin la contemplación de los objetos sensibles intermedios. Sin embargo, esta contemplación es completamente imposible sin la percepción sensible que coexiste con el nus (espíritu de la psique) y naturalmente se relaciona y es pariente con los objetos sensibles. Ahora bien, si el nus, al observar los objetos visibles, se queda en sus formas externas, creyendo que la percepción sensible que coexiste con ella es su energía natural; y así fácilmente cae dejando de lado las realidades espirituales inteligibles por naturaleza y abraza con ambas manos, -por así decirlo-, los cuerpos contrarios a su naturaleza. Mientras está dominada por estos cuerpos contrarios a la lógica, debido a su derrota por la percepción sensible de ellos, se convierte en fuente de λύπη lipi (tristeza, pena y sufrimiento) para la psique-alma al recibir continuas flagelaciones de la conciencia, y se convierte claramente en creadora del placer de la percepción sensible, engrosándose con las invenciones de maneras de atender al cuerpo. Pero si, al observar los objetos visibles, rompe inmediatamente su superficie sensible y ve los principios o logos espirituales de los seres, libres de las formas que los cubren, entonces causa el placer de la psique-alma que no ha sido atrapada por ningún objeto sensible en la contemplación, mientras que en la percepción sensible crea tristeza porque la ha privado de todos los objetos sensibles que están acordes con su naturaleza.
  7. Debido a que la tristeza de la psique-alma, es decir, el sufrimiento o dolor -porque ambos son lo mismo- es causada por el placer de la percepción sensible, mientras que la tristeza de la percepción sensible, es decir, el dolor o sufrimiento, lo crea por naturaleza el placer de la psique-alma, lógicamente, quien desea con esperanza la vida de nuestro Dios y Salvador Jesús Cristo, que se guarda en los cielos para ser dada a través de la resurrección de los muertos como herencia incorruptible, inmaculada e inmarchitable (1Pedro 1, 4), tiene gozo en su psique-alma y una alegría inexpresable y se regocija y deleita sin cesar con la esperanza de los bienes futuros, mientras que en la carne y la percepción sensible tiene tristeza, es decir, los dolores y sufrimientos que le causan las diversas tentaciones. Porque cada virtud la acompañan el placer y el dolor. Dolor en la carne, porque se priva de la percepción suave y amigable. Placer en la psique-alma, porque disfruta de los principios o logos espirituales libres de todo sensible.
  8. En la vida presente -esto significa el «tiempo presente»-, el νούς nus (espíritu de la psique) que sufre carnalmente debido a los muchos dolores que le causan las tentaciones enviadas por el bien de la virtud, debe siempre tener gozo y alegría en la psique-alma y complacerse con la esperanza de los bienes eternos, aunque sufra la percepción sensible. Porque, dice el divino Apóstol Pablo: “Pienso y estimo que los padecimientos de la vida presente no se pueden comparar con la doxa-gloria luz increada que ha de apocaliptarse-revelarse y darse en nosotros” (Rom 8,18).
  9. La carne pertenece a la psique-alma, y no la psique-alma a la carne; porque lo peor pertenece a lo mejor, y no lo mejor a lo peor. Debido a la transgresión de Adán, se mezcló con la carne la ley del pecado, que es el placer de la percepción sensible, la cual siguió como consecuencia la muerte de la carne con dolores, que se han inventado para la abolición de la ley de la carne. Por eso, quien comprende que la muerte intervino para el pecado y su abolición, tiene siempre alegría en su psique-alma, porque ve que la ley del pecado se desvanece de su carne con los diversos dolores, para poder recibir la futura vida espiritual, feliz y bienaventurada. Esta vida bienaventurada y feliz nunca se puede alcanzar si antes, en la vida presente, uno no vacía, como de un recipiente, la ley del pecado de la carne en su relación voluntaria con ella.
  10. Aquel que sufre en la carne debido a los dolores por la virtud, se regocija y se alegra al mismo tiempo espiritualmente por esa virtud, porque ve la belleza de las realidades venideras como si estuvieran presentes. Por esta razón, como dice el gran David, con la mortificación voluntaria de la carne, muere cada día (Salmo 44, 23) aquel que se renueva continuamente con el cultivo de la psique-alma por el Espíritu Santo, porque también el placer que experimenta es salvación, y el dolor o sufrimiento beneficioso. Y por tristeza, dolor o sufrimiento no me refiero al irracional que tortura la psique-alma de muchos con la privación de la satisfacción de las pasiones o pazos o la privación de cosas materiales, porque se lanzan de forma contra natural hacia cosas que no deben, y evitan nuevamente aquellas que no deben evitar; sino que me refiero al dolor o sufrimiento lógico, aceptado también por los sabios en las cosas y realidades divinas, y que acompaña el mal que está presente. Porque dicen que la tristeza o sufrimiento es un mal presente, que se crea en la psique-alma cuando el placer de la percepción prevalece sobre el discernimiento del juicio lógico, mientras que se crea en la percepción cuando el camino de la virtud se recorre sin obstáculos, y causa tantos dolores, tristeza o sufrimientos en la percepción sensible, como placer y alegría trae a la psique-alma que se acerca a Dios con la iluminación correspondiente a través de la virtud y la gnosis-conocimiento espiritual.
  11. Placer salvador se refiere al gozo de la psique-alma por la virtud, y dolor beneficioso al sufrimiento que la carne soporta por la virtud. Por lo tanto, quien está apegado a los πάθος pazos (pasiones, vicios, adicciones, etc.) y a las cosas materiales se lanza a lo que no debe. Y aquel que no acepta de buen grado las desgracias que lo privan de la satisfacción de los pazos pasiones y de las cosas, éste evita lo que no debe.
  12. Ni la divina χάρις jaris (gracia, energía increada) opera las iluminaciones de la divina gnosis (conocimiento espiritual) sin el instrumento que tiene la fuerza y energía natural para recibir la iluminación, ni el instrumento receptor opera la iluminación de la gnosis-conocimiento sin la χάρις jaris que la concede.
  13. La divina χάρις jaris del Espíritu Santo no opera ni energiza la sabiduría (1Cor 12, 8-9) en los santos, sin el νούς nus (espíritu de la psique) que recibe la sabiduría; ni la divina gnosis-conocimiento espiritual, sin la potencia y energía de la parte lógica de la psique que recibe la gnosis-conocimiento; ni la fe, sin la información del nus y lo lógico sobre las realidades futuras, que hasta entonces eran desconocidas para todos; ni dones de sanidad, sin la filantropía natural (amistad a la humanidad); ni ningún otro de los demás dones o carismas, sin la capacidad receptora y dinami (fuerza y energía) de cada uno. Tampoco el hombre puede adquirir por su dinami natural ninguno de los dones o carismas que enumeramos, sin la divina dina δύναμη dinami (fuerza y energía increada) que los concede. Esto lo manifiestan todos los Santos, quienes después de las apocalipsis-revelaciones divinas buscan los logos de las realidades apocaliptadas-reveladas.
  14. Quien pide a Dios sin pazos pasión, recibe la χάρις jaris (gracia, energía increada) para poder practicar las virtudes. Quien busca sin pazos pasión, encuentra en la θεωρία zeoría natural la verdad que existe en los seres. Y quien llama (Mateo 7, 7-8) a la puerta de la gnosis-conocimiento-sin pasión, llegará sin obstáculos a la χάρις jaris oculta de la teología mística.
  15. Quien busca sin pazos pasión las cosas divinas, recibirá sin duda aquello que busca. Quien busca con alguna pasión, no logrará lo que busca. Porque dice: «Pedís y no recibís, porque pedís con mal propósito» (Santiago 4, 3).
  16. El Espíritu Santo dentro de nosotros busca y explora la gnosis-conocimiento de los seres. Pero no busca para Sí mismo, porque es Dios y está muy por encima de toda gnosis-conocimiento, [sino para nosotros que necesitamos la gnosis]. Así como también el Logos se hace carne no para Sí mismo, sino para nosotros, completando el misterio de la Encarnación. Porque tal como sin carne con psique-alma espiritual, el Logos no realizaba de modo divino las cosas que pertenecen por naturaleza a la carne, así tampoco el Espíritu Santo opera a los santos los conocimientos-gnosis de los misterios, cuando ellos no tienen la fuerza que por naturaleza busca y explora la gnosis-conocimiento.
  17. Así como es imposible ver las cosas sensibles sin la luz del sol, así también sin luz espiritual, el νούς nus (espíritu de la psique) del hombre no puede recibir contemplación espiritual. La luz corporal ilumina por naturaleza el sentido para ver las cosas sensibles, mientras que la luz espiritual ilumina completamente el nus en la contemplación para comprender lo que está por encima de la percepción sensible o del sentido.
  18. Las fuerzas para buscar y explorar las realidades divinas, la naturaleza humana las tiene dentro de su esencia como semillas del Creador desde su entrada en el ser, mientras que las apocalipsis-revelaciones de las realidades divinas son causadas por χάρις jaris (gracia, energía increada) del Espíritu Santo con su efusión. Sin embargo, al principio, el diablo, a través del pecado, fijó estas fuerzas en la naturaleza de lo visible, y no había nadie que comprendiera o buscara a Dios (Salmo 52, 3), ya que todos los que participaban de la naturaleza humana tenían su fuerza espiritual y lógica limitada a la superficie de los objetos sensibles y no tenían ninguna idea de lo que está por encima de la percepción sensible. Por lo tanto, razonablemente, la χάρις jaris increada del Espíritu Santo, aquellos que se encontraron en este engaño sin la intención intima, después de desconectarlos de las cosas materiales, restauró la fuerza que estaba fijada en estas cosas. Y después de recuperar esta fuerza pura por la χάρις jaris, buscaron primero y exploraron las realidades y cosas divinas, y entonces buscaron y exploraron a través de la misma χάρις jaris del Espíritu.
  19. Es evidente que el fin de la fe es la salvación de las psiques-almas (1Pedro 1:9). El fin de la fe es la verdadera apocálipsis-revelación de aquello en lo que hemos creído. La verdadera apocálipsis-revelación de aquello en lo que hemos creído es la compenetración o comunión inexpresable con el objeto de la fe, según la fe de cada uno. Esta compenetración es el retorno final a su origen o principio de los que han creído. El retorno final a su origen o principio de los creyentes, aquellos que se mueven hacia Dios, es el cumplimiento de su deseo. El cumplimiento del deseo es el estado de movimiento perpetuo de aquellos que desean alrededor del deseado. El estado de movimiento perpetuo de aquellos que desean alrededor del deseado es el disfrute perpetuo e incesante de lo deseado. El disfrute perpetuo e incesante de lo deseado es la participación en las realidades y cosas divinas, que están por encima de la naturaleza. La participación en las cosas y realidades divinas que están por encima de la naturaleza es la asimilación de los participantes con aquello en lo que participan. La asimilación de los participantes con aquello en lo que participan es la identidad operativa de los participantes con aquello en lo que participan mediante la semejanza. La posible identidad operativa mediante la semejanza de los participantes es la θέωσις zéosis (divinización, glorificación) de aquellos que son dignos de la zéosis mediante la semejanza con aquello en lo que participan. La zéosis es, en resumen, la síntesis y la culminación de todos los tiempos y siglos y de todo lo que está en el tiempo y en el siglo. La síntesis y la culminación de los tiempos y siglos y de todo lo que existe en ellos es la unidad, en aquellos que se salvan, del principio puro y auténtico con el fin puro y auténtico. La unidad ininterrumpida del principio puro y el fin en aquellos que se salvan es la mejor trascendencia de las cosas según la naturaleza y cuya existencia se mide con principio y fin. La trascendencia de las cosas según la naturaleza y que están limitadas por principio y fin es la acción inmediata e infinita y eternamente continua en aquellos que son dignos de la mejor trascendencia de las cosas según la naturaleza, omnipotente y supra-poderosa energía increada de Dios. La acción inmediata e infinita y eternamente continua de la energía increada, omnipotente y supra-poderosa de Dios es el gozo, el placer y la alegría inexpresable y más allá de lo inexpresable de aquellos que reciben la energía divina mediante la unión inexpresable y por encima de todo entendimiento con Dios. Sobre esto, no es posible encontrar logos en la naturaleza de los seres, ni manera de entenderlo y expresarlo.
  20. La naturaleza no tiene los logos o principios de las realidades y cosas que están más allá de la naturaleza, ni las leyes de las que son contra natura. Por “más allá de la naturaleza” me refiero al gozo y placer divino e incomprensible que Dios otorga por naturaleza cuando se une por la χάρις jaris (gracia, energía increada) con los dignos. “Contra natura” me refiero a la indescriptible e inexpresable pena, tristeza causada por la privación de este gozo y placer, que Dios por naturaleza, de acuerdo con la calidad de la disposición de cada uno, acostumbra a otorgar a los indignos cuando se une a ellos de un modo no conforme a la χάρις jaris. Porque Dios, según la calidad de la disposición de cada uno, mientras se une con todos -como Él sabe-, da a cada uno el sentimiento o sensibilidad según cómo cada uno se ha preparado y transformado para recibirlo a Él que sin duda se unirá con todos en el fin de los siglos.
  21. Aquellos que buscan diligentemente los logos y modos o formas espirituales de la salvación, el Espíritu Santo los guía hacia la comprensión de ellos, no dejando inactiva y sin efecto la δύναμη dinami fuerza y energía que tienen por naturaleza de buscar diligentemente las cosas y realidades divinas.
  22. Primero uno busca mortificar el pecado hacia su predisposición y voluntad, y la voluntad hacia el pecado, y luego investiga cómo debe y de qué manera debe mortificar una a la otra. Y nuevamente, después de la perfecta mutua mortificación del pecado y de la voluntad y predisposición, busca la vida de la voluntad según la virtud, y la vida de la virtud según la predisposición y voluntad. Luego investiga cómo debe y de qué manera debe crear la vida entre ambas. Podemos entonces definir que la búsqueda es el deseo de algo deseado, mientras que la investigación es el método que contribuye al éxito del deseo hacia lo deseado.
  23. Verdaderamente, quien quiere salvarse, debe mortificar no solo el pecado en su predisposición y voluntad, sino también la misma predisposición y voluntad en el pecado. Y no solo resucitar la predisposición y voluntad para la virtud, sino también la virtud misma para la predisposición y voluntad, de manera que la voluntad y predisposición, muerta y separada completamente del pecado muerto, no lo sienta, mientras que viva completamente para sentir la virtud viva en una unión indivisible. Porque quien ha matado su predisposición y voluntad hacia el pecado, se ha integrado orgánicamente en el cuerpo de Cristo, participando en su muerte (Rom 6:5); y quien ha resucitado su predisposición y voluntad para la virtud, participa también en la resurrección de Cristo.
  24. El pecado y la voluntad, cuando están mutuamente muertos uno para el otro, tienen una doble insensibilidad. Y la virtud y la voluntad, cuando viven mutuamente una con la otra, tienen una doble sensibilidad y percepción, conscientes una con la otra.
  25. Cristo, que por naturaleza es Dios y hombre, es heredado sobrenaturalmente por nosotros como Dios mediante la χάρις jaris (gracia, energía increada) con una participación inexpresable, y por nuestra causa, haciéndonos Sus parientes al tomar como hombre nuestra forma, se hereda junto con nosotros a Sí mismo con una condescendencia incomprensible. Los Santos, previendo esto místicamente con el Espíritu, aprendieron que los padecimientos presentes que conectan con la virtud y referentes a Cristo, deben preceder a la doxa-gloria increada que será revelada en el futuro por Cristo.
  26. El νούς nus (espíritu de la psique) moviéndose solo con el deseo hacia la causa de los seres sin conocer, solo busca. Sin embargo, lo lógico de la psique, observando de diversas maneras, investiga los logos verdaderos de los seres.
  27. La búsqueda es el primer y simple movimiento de νούς nus con deseo hacia su causa. La investigación es la primera y simple distinción de lo lógico sobre su causa basada en algún concepto. La búsqueda nuevamente es el movimiento de νούς nus con un deseo ardiente hacia su causa de acuerdo con la divina gnosis-conocimiento espiritual. Y la investigación es el discernimiento que lo lógico de la psique hace sobre su causa durante la práctica de las virtudes, que se realiza con un concepto prudente y sabio.
  28. Los santos y divinos Profetas, después de buscar y explorar para la salvación de las psiques-almas, tenían el movimiento del deseo ardiente y fervoroso del νούς nus hacia Dios con ciencia y gnosis-conocimiento, y el discernimiento de lo lógico prudente y sabio durante la práctica de las cosas divinas. Y aquellos que los imitan, con gnosis-conocimiento y ciencia buscan la “psicoterapia” y salvación de las psique-almas, y explorando con prudencia y sabiduría, ejercen el discernimiento en las obras divinas.
  29. La gnosis-conocimiento de las cosas y realidades divinas es de dos tipos. Una es relativa, porque se encuentra solo en los logos y en los conceptos y no tiene la percepción activa o sentimiento activo de aquello que conocimos por experiencia; con esta gnosis nos servimos durante la vida presente. La otra es la gnosis principal y verdadera, que proporciona activamente por la χάρις jaris con participación toda la percepción y sentimiento de aquello que conocimos solo por experiencia, sin palabras ni conceptos; con esta gnosis divina, en la vida futura, recibimos la θέωσις zéosis (divinización) supra-natural que opera en nosotros de manera ininterrumpida. Se dice que la gnosis relativa, al estar en el logos y en los conceptos, mueve el deseo hacia la gnosis activa mediante la participación; mientras que la gnosis activa, que por la participación y la experiencia proporciona el deseo de aquello que conocimos, se dice que elimina la gnosis- conocimiento que permanece en el logos y en los conceptos.
  30. Hay dos tipos de gnosis-conocimiento. Una se encuentra en el logos y en los conceptos divinos y no tiene la percepción y sentimiento presente en especie de las cosas que se han concebido. La otra es activa y sin logos, ni palabras ni conceptos, y tiene solo el disfrute en especie de las cosas verdaderas. Es decir, como el logos naturalmente mediante la gnosis indica la parte cognitiva o gnóstica de la psique-alma y mueve el deseo de aquellos que se mueven con su fuerza hacia el disfrute de aquello que se indicó.
  31. Es imposible, dicen los sabios, que coexistan la experiencia de Dios y el logos sobre Dios, o con la percepción de Dios y Su comprensión. Por logos sobre Dios me refiero a la analogía de la contemplación cognitiva o gnóstica sobre Él, que surge de los seres. Percepción, me refiero, a la experiencia de los bienes sobrenaturales mediante la participación. Comprensión noesis me refiero a la gnosis simple y unitaria que tenemos de Él a partir de los seres. Esto quizás también se ve en todas las demás cosas, ya que la experiencia de una cosa cesa el logos sobre ella, y la percepción de una cosa hace inútil la gnosis sobre ella. Por experiencia me refiero a la gnosis activa que viene después de cualquier logos o palabra, mientras que por percepción a la participación de aquello que conocimos, que aparece después de cualquier noesis comprensión. Y esto quizás enseña secretamente el gran Apóstol Pablo, cuando dice: «Si hay profecías, se cesarán; si hay lenguas, pararán; si hay gnosis-conocimiento, se anulará» (1Cor. 13:8); refiriéndose a la gnosis que está en el logos con palabras y en los conceptos.
  32. Era necesario que el Creador por naturaleza de la esencia de los seres se convirtiera también en el Autor de la θέωσις zéosis (divinización) por χάρις jaris de las criaturas, para mostrar que el dador de la existencia es también el dador de la eterna bienaventuranza y felicidad. Ya que ninguno de los seres conoce nada más sobre sí mismo, sobre lo qué es en esencia, es lógico que ninguno de los seres puede prever por naturaleza algo de las cosas que sucederán, excepto Dios, que está por encima de los seres. Dios se conoce a Sí mismo, lo que es en Su esencia, y conocía la existencia de todas sus criaturas antes de crearlas, y por χάρις jaris (gracia, energía increada) dará en el futuro abundantemente a los seres la gnosis-conocimiento de sí mismos y de los demás, de lo que son en esencia, y revelará en ellos los logos (razones) de su creación que preexistían (en pensamiento) en Él unitariamente.
  33. El Logos de Dios, quien creó la naturaleza humana, no colocó en ella ni el ηδονή hidoní placer ni el οδύνη odini (pena, sufrimiento, dolor) de la percepción sensible, sino una fuerza y energía noerá (del nus) hacia el placer, con la cual podría disfrutar de Él de manera inefable. Esta fuerza y energía, es decir, el deseo natural del νούς nus (espíritu de la psique) hacia Dios, tan pronto como fue creado el primer hombre, la dio a la percepción sensible y obtuvo, en este primer movimiento, el placer hidoní que actúa sobre él contra natura a través de la percepción sensible. Entonces Dios, cuidando de nuestra salvación, en su providencia colocó junto a ella el odini (pena, sufrimiento, dolor) como una fuerza punitiva, según la cual plantó con sabiduría en la naturaleza del cuerpo la ley de la muerte, para que esté delimitando el deseo de la locura de la mente de moverse contra natura hacia las cosas sensibles.
  34. El placer ηδονή hidoní y el οδύνη odini (sufrimiento, pena, dolor) no fueron creados junto con la naturaleza de la carne, sino que la transgresión del mandamiento divino inventó el placer para corromper predisposición o voluntad, mientras que impuso el sufrimiento, pena o dolor odini como condena para la disolución de la naturaleza humana, de modo que el placer hidoní cause la muerte voluntaria de la psique-alma, que es el pecado, y el sufrimiento, pena o dolor odini con la disolución cause la descomposición de la carne. De acuerdo con Su providencia, Dios, para castigar el placer hidoní voluntario, dio a la naturaleza humana el sufrimiento, pena o dolor odini contra voluntario y la muerte que lo sigue.
  35. Debido al placer hidoní irracional que surgió en la naturaleza humana, luego vino el sufrimiento, pena o dolor odini racional con muchos padecimientos, en los cuales y de los cuales existe la muerte para eliminar el placer hidoní contra natura. Sin embargo, no para causar su destrucción completa, en la cual se manifiesta habitualmente la χάρις jaris gracia, energía espiritual del placer divino.
  36. La invención de los dolores voluntarios y la imposición de los involuntarios eliminan el placer y anulan su movimiento operativo. Sin embargo, no eliminan la fuerza que está como una ley dentro de la naturaleza humana y que crea el placer. Porque la vida virtuosa provoca la impasibilidad de la voluntad, pero no de la naturaleza. Con la απάθεια apázia (impasibilidad, sin pazos) de la voluntad, viene al al nus (espíritu de la psique) y al corazón la χάρις jaris (gracia, energía increada) del placer hidoní divino.
  37. Cada dolor, ya que por la energía operativa tiene como causa de su creación el placer hidoní que lo precede, es evidente que constituye una deuda, que según su causa se paga naturalmente por todos aquellos que participan a la naturaleza humana. Porque al placer hidoní, que es contra natura, ciertamente sigue el dolor natural en todos aquellos en cuya génesis precedió la ley del placer hidoní sin causa. Y sin causa me refiero al placer hidoní que provino de la transgresión de los primeros seres humanos, porque no siguió a ningún dolor o sufrimiento que había precedido.
  38. Era totalmente imposible que la naturaleza humana, que había caído en el placer voluntario y en la aflicción involuntaria, regresara a la vida original, si el Creador no se hubiera hecho hombre y no hubiera aceptado voluntariamente el sufrimiento, pena o dolor que se había inventado como castigo para el placer voluntario de la naturaleza humana, odini dolor y sufrimiento en el cual no había precedido su génesis o nacimiento de placer. Y aceptó un nacimiento que no tenía su origen en el placer hidoní, para liberar la naturaleza humana del nacimiento que provino de la condena.
  39. Después de la transgresión, todos los hombres tuvieron el placer hidoní precediendo naturalmente a su nacimiento, y absolutamente nadie existía libre por naturaleza del nacimiento apasionado con placer; todos, como si pagaran una deuda natural, sufrían los dolores, sufrimientos y la muerte a causa de ello. Y era totalmente imposible encontrar una manera de liberación para aquellos que eran tiranizados por el placer injusto y eran retenidos por los justos dolores y la consiguiente justísima muerte. El hombre, al tener el comienzo de su vida en la corrupción por el placer y terminar su vida en la corrupción con la muerte, padecía de manera lamentable debido al placer más injusto y los dolores justísimos a causa de él. Por tanto, para eliminar estos, así como para restaurar la naturaleza humana que padeció, era necesario inventar un dolor y una muerte que fueran a la vez injustos e inmotivados; inmotivados, porque no tendrían ningún placer precedente para crearlos, e injustos, porque no seguirían a una vida apasionada; de modo que, encontrando entre el placer injusto y el dolor y la muerte más justos, el dolor y la muerte más injustos, eliminaran por completo el origen más injusto que proviene del placer y el justísimo final de la naturaleza humana a causa del placer con la muerte, y liberaran de nuevo a la humanidad del ηδονή hidoni placer y el οδύνη odini dolor, y la naturaleza humana recuperara la felicidad original, sin que la contamine ninguno de los rasgos de aquellos que están bajo nacimiento y muerte. Por esta razón, el Logos de Dios, que es Dios perfecto por naturaleza, se convierte en hombre perfecto con psique-alma lógica y cuerpo por naturaleza susceptible a los padecimientos o pazos irreprochables como el nuestro, excepto que no tenía pecado. No tuvo en absoluto el placer que provino de la desobediencia precediendo a Su nacimiento en el tiempo de una mujer. El dolor o sufrimiento, que provino del placer y constituye el final de la naturaleza, lo aceptó voluntariamente por filantropía (amor al hombre), con el propósito de, sufriendo injustamente, eliminar el origen del nacimiento dominado por el placer injusto en la naturaleza humana -porque la muerte del Señor no era una deuda a pagar debido a ella, como ocurre con otros humanos, sino más bien un arma contra ella-, así como eliminar el final justo de la naturaleza mediante la muerte, porque no tenía como causa de su existencia el ηδονή hidoní placer ilícito, debido al cual entró la muerte y constituye el justo castigo de este.
  40. El Señor es por naturaleza sabio, justo y poderoso. Por lo tanto, realmente debía, como sabio no ignorara la manera o modo de la psicoterapia y curación del hombre; como justo, no hiciera tiránica la salvación del hombre que había sido capturado por el pecado con su voluntad; y como todopoderoso, no parecer débil para cumplir la psicoterapia y curación.
  41. La sabiduría de Dios se demuestra por el hecho de que realmente se hizo hombre por naturaleza. Su justicia, por el hecho de que en su nacimiento tomó una naturaleza susceptible a los padecimientos o pazos irreprochables, como nosotros. Su fuerza r poder, por el hecho de que a través de los sufrimientos y la muerte creó vida eterna y απάθεια apázia impasibilidad (sin pazos) inmutable para la naturaleza humana.
  42. El Señor mostró su sabiduría en el modo de la psicoterapia y curación, haciéndose hombre sin transformación ni alguna otra alteración. La equidad de la justicia la mostró con el tamaño de su condescendencia, tomando voluntariamente sobre Sí la condena, a la que está sujeta la naturaleza humana susceptible de padecimientos, y haciéndola un arma para eliminar el pecado y la muerte que provino de ella, es decir, el placer ηδονή hidoní y el dolor οδύνης odini que provino de ella. En la pasibilidad estaba la δύναμη dinami (poder, potencia y energía) del pecado y de la muerte y la tiranía del pecado a través del placer hidoní y el dominio de la muerte a través del dolor, pena, sufrimiento odini. Porque es evidente que en la pasibilidad de la naturaleza está el poder del placer hidoní y del dolor, pena odini. Cuando se intensifica el castigo natural con el dolor, pena sufrimiento odini, entonces tratamos de consolar de alguna manera la naturaleza con el placer hidoní. Porque queriendo evitar el sentimiento del dolor, pena o sufrimiento odini, recurrimos al placer, tratando de consolar la naturaleza que es molestada por el mal del dolor, pena odini. Pero al intentar atenuar con el placer hidoní los movimientos del dolor, simplemente aumentamos nuestra deuda, no pudiendo tener el placer ηδονή hidoní libre de odinis sufrimientos, penas o dolores.
  43. El Señor mostró su excesiva δύναμη dinami (poder, potencia y energía) cuando con los padecimientos que soportó hizo inmutable la naturaleza humana. Es decir, al dar a la naturaleza humana la απάθεια apázia impasibilidad (sin pazos), y con los dolores el descanso, y con Su muerte la vida eterna, restauró renovados con las privaciones de Su carne las costumbres y disposiciones de la naturaleza humana, y con Su encarnación dio a la naturaleza humana la χάρις jaris sobrenatural, es decir, la θέωσις zéosis (divinización, glorificación).
  44. Dios se hizo verdaderamente hombre y dio otro comienzo para un segundo nacimiento a la naturaleza humana, la cual termina a través del dolor o el sufrimiento en el placer de la vida futura. El primer antepasado Adán, con la transgresión del mandamiento divino, introdujo para la naturaleza humana otro comienzo de nacimiento diferente del primero, que proviene del placer ηδονή hidoní y a través del dolor termina en la muerte, la cual inventó con el consejo de la serpiente. Este placer hidoní no siguió a un dolor previo, sino que más bien terminaba en dolor. Y así, todos los que provienen de Adán según la carne, debido al origen injusto del placer, soportan justamente con él el final de la muerte a través del dolor. Por eso, el Señor se hizo hombre y creó otro comienzo de segundo nacimiento por el Espíritu Santo para la naturaleza humana y aceptó la dolorosa y justísima muerte de Adán, (que era ciertamente injustísima para Cristo, porque no tenía como origen de su nacimiento el injustísimo placer hidoní del primer ancestro en la desobediencia). Y así eliminó ambos, tanto el comienzo como el final del nacimiento de Adán, porque todas estas cosas no habían surgido originalmente de Dios. Y a todos aquellos que renacen espiritualmente de Él, los liberó de la culpa de la desobediencia de Adán.
  45. El Señor, habiendo eliminado el placer ηδονή hidoní que proviene de la ley del pecado para anular el efecto del nacimiento carnal en aquellos que nacen en la vida que Él da por la χάρις jaris (gracia, energía increada) del Espíritu, permite que estos acepten la muerte, que anteriormente se dirigía a la condena de la naturaleza, como una condena del pecado. Estos ya no tienen el placer hidoní del nacimiento que provino de Adán, sino solo el dolor o sufrimiento a causa de Adán, el cual actúa en ellos no como una deuda debido al pecado, sino en contra del pecado, por economía, debido a la condición de la naturaleza humana; porque cuando la muerte no tiene como madre el placer —del cual se convierte también en castigo-, se convierte ciertamente en padre de la vida eterna. Porque así como la vida placentera o hedonista de Adán se convirtió en madre de la muerte y la corrupción, también la muerte del Señor en lugar de Adán, siendo libre del placer de Adán, engendra y nace la vida eterna.
  46. Después de la transgresión de Adán, la naturaleza humana tiene como principio de su nacimiento la concepción y el nacimiento con placer mediante la siembra del padre, y como su fin, la muerte con dolor, sufrimiento y corrupción. Sin embargo, el Señor, como no tenía tal principio de Su nacimiento carnal, no pudo ser dominado por el fin, es decir, la muerte.
  47. El pecado, seduciendo al principio a Adán, lo llevó a transgredir el mandamiento divino (Gén. 3, 6), por lo que, después de dar existencia al placer o hedonismo e introducirse firmemente con el placer en lo profundo de la naturaleza humana, condenó a toda la naturaleza a la muerte, empujando con la muerte del hombre a la destrucción de las creaciones de Dios. Porque el sembrador del pecado y padre de la maldad, el malvado y astuto diablo, quien por su orgullo se alejó por sí mismo de la divina doxa-gloria increada y, por envidia hacia nosotros y hacia Dios, sacó a Adán del paraíso (Sab. Salomón 2, 24), ideó esto, es decir, destruir las obras de Dios y desintegrar todo lo que Dios había creado.
  48. El diablo, envidiándonos a nosotros y a Dios, y engañando al hombre haciéndole creer que Dios lo envidiaba (Gén. 3, 5), lo llevó a transgredir el mandamiento divino. Envidió a Dios para que no se manifestara en la práctica su admirable δύναμή dinami (poder, potencia y energía increada) de divinizar al hombre. Claramente envidió al hombre para que no participara de la doxa-gloria divina a través de la virtud. Porque el más impuro envidia no solo a nosotros por la doxa-gloria que Dios nos da por la virtud, sino también a Dios por su admirable δύναμή dinami para nuestra salvación.
  49. Así como en Adán la muerte era una condena de la naturaleza (Gén. 2, 17), porque tenía como principio de su nacimiento el placer (hedonismo), así también la muerte de Cristo se convirtió en una condena del pecado (Rom 8, 3), porque en Cristo la naturaleza humana encontró de nuevo su génesis, nacimiento libre de ηδονή hidoní placer.
  50. Si nosotros, que por la χάρις jaris (gracia, energía increada) del Espíritu hemos sido considerados dignos de convertirnos en casa de Dios (Heb. 3, 6), debemos mostrar tanta paciencia en los padecimientos por causa de la justicia para condenación del pecado, y, como si fuéramos malhechores, soportar voluntariamente la muerte deshonrosa aunque somos buenos, ¿cuál será entonces el fin de aquellos que desobedecen el Evangelio de Dios (1 Pedro 4, 17)? Es decir, ¿cuál será el fin, la condena, de aquellos que no solo mantuvieron con disposición viva y activa en su psique-alma y cuerpo por su voluntad y naturaleza hasta el final el placer del nacimiento de la naturaleza debido a Adán y que dominó la naturaleza, y tampoco aceptaron ni a Dios Padre que los llamaba junto a Él a través de su Hijo encarnado, ni al mismo Hijo y mediador que vino enviado por el Padre como dice Timoteo?: “Porque hay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres, el hombre Jesús Cristo, el hijo de Dios que se ha hecho hombre, es decir, el Θεάνθρωπος Zeánzropos Dios-Hombre;que se dio a sí mismo como rescate y redención por todos y liberación del pecado y de la muerte; testimonio dado a su debido tiempo por el mismo a los tiempos definidos por Dios” (1 Tim 2, 5-6). El cual Hijo, para reconciliarnos con el Padre, voluntariamente y con la voluntad del Padre entregó a Sí mismo a la muerte por nosotros, de modo que nos glorificara con Él, embelleciéndonos con la belleza de su divinidad o deidad tanto como Él aceptó ser despreciado por nuestros padecimientos.
  51. Dios será para todos los que se salven un lugar ilimitado, sin adversidades e infinito, convirtiéndose en todo para todos, según el grado de justicia de cada uno, o más bien según lo que cada uno haya sufrido aquí con gnosis-conocimiento por la justicia; otorgará a cada miembro de Sí mismo según la capacidad y fuerza de cada miembro, la cual se manifiesta a sí misma actuando y que conecta los miembros consigo misma, de modo se mantengan unidos entre sí, para que existan y vivan. Entonces, después de esto, ¿dónde se hallará el impío y el pecador (Prov. 11, 31), ya que carecerá de esta χάρις jaris (gracia, energía increada)? Es decir, aquel que no puede recibir activamente y enérgicamente la presencia de Dios, que constituye la bienaventuranza y felicidad, ¿dónde se encontrará cuando caiga de la vida divina que está por encima de siglo, el tiempo y el lugar?
  52. Aquel que no tiene a Dios para sostener su vida en la bienaventuranza, a Dios que se convertirá en el lugar de los dignos en la vida futura, ¿qué será de él, no teniendo a Dios como lugar en la instalación, permanencia y residencia de los dignos en Dios con bienaventuranza y felicidad? Y si con mucha dificultad se salva el justo, ¿qué será o qué le pasará a aquel que en esta vida presente no hizo nada relacionado con la piedad y la virtud?
  53. Dios, con la voluntad omnipotente de Su bondad, reunirá a todos, ángeles y seres humanos, buenos y malos. Sin embargo, todos estos no tendrán una comunión y participación igual en Dios, quien ha pasado entre todos sin distinción, pero a cada uno según su capacidad y receptividad.
  54. Aquellos que mantuvieron su libre albedrío o predisposición en completa conformidad en todo con la naturaleza y la hicieron receptiva a los principios o logos de la naturaleza según el principio de la bienaventuranza, debido a la conformación de su libre albedrío o voluntad con la voluntad divina, tendrán una plena participación en la bondad de Dios en la vida divina que estará brillando sobre ellos, ya sean ángeles o seres humanos. Sin embargo, aquellos que en todo hicieron su voluntad contraria a la naturaleza y la mostraron en sus acciones dispersando los principios o logos de la naturaleza, totalmente en oposición al principio de la bienaventuranza, debido a la oposición de su voluntad a la voluntad divina, caerán completamente de la bondad debido a su afinidad que tienen con la miseria. De esta condición resultará su separación de Dios, ya que no tendrán, según la intención de su opinión, el principio de la bienaventuranza vivificado por la energía de los bienes, donde por su propia naturaleza se manifiesta la vida divina.
  55. La balanza del libre albedrío o voluntad de cada uno en el Juicio será el logos de la naturaleza que inspeccionará su movimiento hacia la miseria o hacia la bienaventuranza, según la cual se determinará la participación o no de cada uno en la vida divina. Porque Dios se manifestará y reunirá a todos para la existencia y la existencia eterna. Pero para la bienaventuranza eterna reunirá de manera especial solo a los santos, ángeles y seres humanos, y dejará que la miseria eterna caiga sobre los no santos, como fruto de sus libres albedríos o libres voluntades.
  56. El misterio de la Encarnación divina no implica, junto con la diferencia de las dos naturalezas, una diferencia de la hipóstasis (base substancial). Por un lado, para que no sea un añadido al misterio de la Santísima Trinidad; y por otro, para que no haya nada que sea, por naturaleza, homogéneo y consustancial con la divinidad. Es decir, se realizó una unión de dos naturalezas en una hipóstasis y no en una naturaleza, tanto para mostrar que de la combinación de las dos naturalezas se formó una hipóstasis en la unión, tanto como para creer en la diferencia, según su peculiaridad natural, de las que llegaron a una unión indivisible -una diferencia que permanece fuera de cualquier cambio y confusión.
  57. En cuanto a Cristo, no hablamos de una diferencia de hipostasis (bases substanciales), porque incluso después de la Encarnación del Logos, la Trinidad permaneció como Trinidad, sin que se añadiera una persona a la Santísima Trinidad por la Encarnación. Hablamos de una diferencia de naturalezas, para no considerar la carne consustancial por naturaleza con el Logos.
  58. Aquel que no acepta la diferencia entre la naturaleza divina y la naturaleza humana de Cristo, no tiene de dónde asegurar la confesión de que el Logos se hizo carne (Jn 1, 14) sin cambio. Y esto porque no reconoce que en la única hipóstasis del único Cristo y Dios Salvador, después de la unión, se conserva intacto y sano tanto lo que fue asumido como lo que asumió.
  59. Si en Cristo después de la unión existe una diferencia por naturaleza entre la carne y la divinidad -porque la divinidad y la carne por esencia nunca son lo mismo -, entonces esta unión no se realizó en absoluto para formar una naturaleza, sino una hipóstasis, en la cual no encontramos en Cristo ninguna diferencia de ninguna manera, porque el Logos es uno y lo mismo con Su carne por la hipóstasis (base substancial). Si Cristo tuviera alguna diferencia, de ninguna manera podría ser uno. Pero como no admite ninguna diferencia en absoluto, entonces de todas maneras es acorde con la piedad, que Él sea y siempre se llame «uno» en cuanto a la hipóstasis.
  60. La fe perfecciona la agapi-amor incondicional a Dios a través de la esperanza. La buena conciencia a través de la aplicación y el cumplimiento de los mandamientos crea la agapi-amor desinteresado al prójimo. Porque la buena conciencia no tiene como acusador algún mandamiento transgredido. Y estas (la fe, la esperanza y la agapi-amor) las creen con el corazón solo aquellos que desean la verdadera salvación.
  61. No hay nada más rápido para uno que creer, ni más fácil que confesar verbalmente su fe. Lo primero manifiesta la agapi-amor incondicional del creyente hacia su Creador desde la psique-alma. Lo segundo manifiesta la disposición piadosa hacia el prójimo. La agapi-amor y la disposición sincera, es decir, la fe y la buena conciencia, son manifestaciones evidentes del movimiento del corazón, que no necesita material [externo] para renacer.
  62. Aquel que ha caído en una inmovilidad total hacia el bien, es necesariamente muy móvil hacia el mal. Porque es imposible estar inmóvil en ambos. Por eso, la Escritura llama «piedras» a la indiferencia de la psique-alma hacia los bienes, porque el psique-alma es insensible al bien; mientras que llama «madera» (Zacarías 5, 4) a la disposición hacia el mal. El movimiento de la percepción sensible, cuando se une con la energía del νούς nus (espíritu de la psique) crea la virtud que está unida con gnosis-conocimiento espiritual.
  63. Creo que la Escritura llama «pared intermedia» a la ley natural del cuerpo, mientras que «muro» (Ef. 2, 14) llama la relación con los pazos pasiones que establece la ley de la carne, es decir, el pecado. Porque solo esta relación con los pazos pasiones deshonrosas se convierte en un muro de la ley natural, es decir, de la parte pasional de la naturaleza, que separa como un muro el cuerpo de la psique-alma y no permite que el logos de las virtudes pase a la carne a través de la psique-alma en la práctica de los mandamientos. Pero cuando el logos pasa y vence la ley natural, es decir, la parte pasional de la naturaleza, entonces anula su relación con los pazos pasiones contra natura.
  64. Cuando el diablo roba astutamente y con engaño la gnosis- conocimiento espiritual innato relacionado con Dios y se lo apropia, es un ladrón, intentando desviar el respeto de Dios hacia él mismo. Aleja, por tanto, la capacidad de la contemplación de los logos espirituales que existen en las criaturas y restringe la fuerza noerá (espiritual del nus) solo a la superficie de las cosas sensibles. Cuando nuevamente comienza desde los impulsos naturales y arrastra de manera sofisticada la fuerza práctica de la psique-alma hacia lo contrario a la naturaleza, y persuade convincente a través de los aparentes bienes, entonces jura falsamente en el nombre del Señor y conduce hacia otras cosas, contrarias a su promesa, a la psique-alma que cree en él. El diablo es un ladrón porque arrebata para sí el conocimiento-gnosis de la naturaleza; y es perjuro porque convence a la psique-alma de ocupar en vano su fuerza práctica en las cosas contrarias a la naturaleza.
  65. O, nuevamente, el ladrón es aquel que para engañar a quienes lo escuchan, finge estudiar continuamente los divinos logos, cuya fuerza no ha conocido a través de las obras, y compra la gloria simplemente hablando de ellos, y persigue con sus logos el elogio de los oyentes para que lo consideren justo. Y, en pocas palabras, aquel cuya vida no se corresponde con sus palabras y cuya disposición de la psique-alma es contraria al conocimiento es un ladrón, sin distinguirse claramente de los bienes ajenos. A este justamente le dirá la Escritura: «Dijo Dios al pecador: ¿Por qué hablas de mis mandamientos y tomas mi pacto en tu boca?» (Sal 49, 16).
  66. Ladrón también es aquel que con sus maneras aparentes y comportamiento cubre y oculta la maldad de su psique-alma y con fingida mansedumbre cubre su disposición interior. Y así como el anterior con la recitación de los discursos y logos de gnosis-conocimiento roba la opinión de quienes lo escuchan, así este engaña con su comportamiento de manera hipócrita la percepción de quienes lo ven. Hacia este dirá similarmente la Santa Escritura: «Avergüéncense todos los que visten ropas extranjeras» (Sofon. 1, 8), y «El Señor revelará la falsedad e hipocresía de ellos en aquel día» (Isaías 3, 17). Cada día, en el oculto taller interior de mi corazón, creo escuchar a Dios decirme estas cosas, porque estoy claramente condenado por ambos pecados mencionados.
  67. Es perjuro, es decir, jura falsamente en el nombre del Señor, aquel que prometió a Dios vivir virtuosamente, pero hace lo contrario de su promesa y transgrede el acuerdo de una vida digna al no aplicar y cumplir los mandamientos. En pocas palabras, aquel que eligió vivir según los mandamientos de Dios, pero no muere o no se mortifica completamente para esta vida presente, es mentiroso y perjuro, porque juró a Dios, es decir, prometió andar el camino intachable de los combates divinos, pero no cumplió la promesa y por eso no tiene ningún elogio. Porque se elogiará a cada uno que jura a Él (Sal 62, 12), es decir, todo aquel que prometió su vida a Dios y cumple con la verdad de las obras de justicia los votos y juramentos de la buena promesa.
  68. Aquel que finge gnosis-conocimiento solo con la recitación de palabras, roba la mente de quienes lo escuchan para obtener gloria para sí mismo. Y aquel que con su comportamiento finge virtud, roba la visión de quienes lo ven para obtener gloria para sí mismo. Y ambos, robando con engaño, engañan: uno la mente de la psique-alma de quienes lo escuchan, el otro el sentido y la percepción del cuerpo de quienes lo ven.
  69. Si ciertamente se elogia a aquel que aplica y cumple sus promesas porque juró a Dios y realizó su juramento, es evidente que quien incumple sus promesas tendrá acusación y deshonra, porque juró a Dios y se demostró mentiroso.
  70. No se ilumina ciertamente con el Logos cada hombre que viene a este mundo (Jn. 1, 9). Porque muchos permanecen sin iluminación y sin participar de la luz de la gnosis-conocimiento espiritual. Pero es evidente que se ilumina todo hombre que, con su propia elección y voluntad, viene al verdadero mundo de las virtudes. Todo aquel que, por medio de la generación voluntaria, llega verdaderamente a este mundo de las virtudes, éste ciertamente es iluminado por el Logos y adquiere un hábito inamovible de virtud y un entendimiento infalible de la verdadera gnosis-conocimiento.
  71. No todos y todo lo que tiene el mismo nombre se debe entender de la misma manera. Cada cosa debe ser entendida según lo que la santa Escritura quiere expresar de manera particular, si queremos captar correctamente el propósito de las realidades y cosas que están escritas en ella.
  72. Ninguna de las cosas y realidades mencionadas en la Escritura -personas, lugares, tiempos u otras cosas, animadas e inanimadas, sensibles, espirituales e intelectuales- se narra ni se considera de la misma manera. Por eso, quien se ejercita en el conocimiento-gnosis divino de la Escritura sin error, debe, de acuerdo con las diferencias de lo que se dice o hace, aceptar de manera diferente cada una de las cosas que hemos mencionado, y atribuirle la interpretación que le corresponde según el lugar o el tiempo.
  73. Debemos enseñar a todos en todo el mundo a vivir y conducirse solo según el logos, y cuidar tanto de sus cuerpos como para interrumpir la relación de la psique-alma con ellos y no permitir en absoluto que la psique-alma imagine algo material. Esto porque la percepción sensible ha sido extinguida ya con la fuerza del logos, que al principio desplazó al logos y aceptó la insensatez del placer como una serpiente que se arrastra, y contra la cual fue establecida justamente la muerte, para dejar de dar al diablo la capacidad de entrada a la psique-alma.
  74. La percepción sensible es una en género, pero se divide en cinco tipos o especies, y a través de la energía perceptiva de cada especie persuade a la psique-alma que ha sido engañada a preferir lo sensible en lugar de Dios. Por eso, quien sigue sabiamente al Logos, antes de la inevitable e involuntaria muerte, prefiere e impone a sí mismo la muerte o mortificación de la carne, separando completamente su opinión de la percepción sensible.
  75. Cuando la percepción se adueña del νούς nus (espíritu de la psique), le enseña el politeísmo, ya que al esclavizarse a los pazos pasiones, adora como dios a través de cada sentido el correspondiente objeto sensible.
  76. Aquel que se enfoca únicamente en la letra de la Escritura predomina en su naturaleza solo la percepción sensible, según la cual se percibe y se ve únicamente la relación de la psique-alma con la carne. Cuando la letra de la Ley no se entiende espiritualmente, tiene la percepción sensible sola que lo limita en su expresión y no permite que el significado más profundo del texto llegue al νούς nus (espíritu del corazón de la psique) al corazón y al intelecto. Pero si la letra de la Escritura se corresponde únicamente con la percepción sensible, entonces quien la acepta solo literalmente, como los judíos, vive según la carne y muere diariamente en la elección del pecado debido a la viva percepción sensible, sin poder matar con el espíritu las praxis acciones del cuerpo para vivir la feliz y bienaventurada vida espiritual. Porque el divino Apóstol Pablo dice: «Porque si vivís según los bajos instintos animales, os espera la muerte espiritual eterna; pero si, vivís conforme los principios espirituales y las dinamis energías y potencias que regala el Espíritu, evitáis y dais muerte a las acciones carnales, y viviréis eternamente cerca y junto con Dios.» (Rom. 8, 13).
  77. Si encendemos la lámpara divina con la praxis, práctica y la θεωρία zeoría contemplación, es decir, con el logos iluminador de la gnosis-conocimiento espiritual, no la pongamos bajo un celemín (Mat 5, 15) (el recipiente que mide el trigo), para no ser condenados limitando al texto la ilimitada fuerza de la sabiduría. Sino pongámosla sobre el candelero, es decir, la santa Iglesia, en la altura de la verdadera contemplación, para que la luz divina e increada ilumine para todos.
  78. Quien soporta los asaltos de las tentaciones involuntarias con una conducta o actitud inquebrantable, como el bienaventurado Job y los valientes mártires, es una lámpara fuerte y mantiene inextinguible la luz de la salvación con valentía y paciencia, porque el Señor es su fuerza, su energía y su cántico (Sal. 117, 14). Pero aquel que conoce las artimañas del maligno y tiene experiencia de los enfrentamientos de las guerras invisibles, también se ilumina con la luz del conocimiento-gnosis espiritual y se revela como otra lámpara, diciendo algo similar que el gran Apóstol Pablo: «No ignoramos las maquinaciones y los planes del diablo» (2Cor 2, 11).
  79. El Espíritu Santo opera la catarsis en los dignos de pureza de virtudes, con el temor, la piedad y la gnosis-conocimiento. La iluminación de la gnosis de los seres, según los logos (razones) por los que existen, la concede a los dignos de iluminación con la fuerza y la energía, la voluntad y la prudencia. La perfección la concede a los dignos de θέωσις zéosis (divinización, glorificación) con la sabiduría plena, simple y completa, elevándolos directamente a la causa de los seres, a medida que es posible para el hombre; estos son conocidos únicamente por los atributos divinos de la bondad, con los cuales conocen a sí mismos por Dios y a Dios por sí mismos, sin que exista ningún obstáculo entre ellos -porque no hay nada intermedio entre la sabiduría y Dios-; y adquirirán la inmutabilidad permanente, habiendo pasado por todos los intermedios, en los cuales había antes el riesgo de errar en cuanto a la divina gnosis-conocimiento espiritual. Intermedios llamo a la esencia de las cosas espirituales inteligibles y las sensibles, a través de los cuales el νούς nus (espíritu de la psique) del ser humano asciende hacia Dios, la causa de los seres.
  80. La filosofía práctica (virtud) la realizan el temor, la piedad y la gnosis. La θεωρία zeoría contemplación natural con la χάρις jaris gracia energía increada del Espíritu, la logran la fuerza, la voluntad y la prudencia. La teología mística la concede solo la divina sabiduría.
  81. Así como sin aceite no se puede mantener la lámpara inextinguible, así sin el hábito que con logos, modos adecuados y comportamiento, conceptos correctos y pensamientos alimenta lo bueno, es imposible mantener la luz de los dones o carismas divinos. Porque cada don espiritual necesita del hábito adecuado que le arroje incesantemente, como aceite, el material noeró (intelectual de la mente y espiritual del nus y corazón), para mantenerse firmemente en quien lo ha recibido.
  82. Sin olivo no se puede encontrar en la naturaleza aceite verdadero y genuino; sin recipiente que reciba el aceite, no es posible retenerlo; y si no se alimenta con aceite, ciertamente se apaga la luz de la lámpara. Así también, sin las santas Escrituras no existe realmente la fuerza de los pensamientos y conceptos que corresponden a Dios; sin el hábito que como recipiente recibe los conceptos, nunca se formará un pensamiento y concepto divino; y si la luz de la gnosis-conocimiento espiritual que existe en los dones no se alimenta con pensamientos y conceptos divinos, no permanece inextinguible en quienes lo tienen.
  83. Creo que el olivo que está a la izquierda (Zac. 4, 3) significa el Antiguo Testamento, porque este se cuida más por la filosofía práctica, mientras que el que está a la derecha significa el Nuevo Testamento, porque este es maestro de un nuevo misterio y crea en cada fiel el hábito de la θεωρία zeoría contemplación espiritual. El primero enseña maneras de virtud, el otro ofrece logos de gnosis a aquellos que filosofan sobre las realidades y cosas divinas. Uno arranca el intelecto y el nus (espíritu de la psique) de la niebla de las cosas visibles y lo eleva a las realidades y cosas que le son afines espirituales y comprensibles, después de haber sido limpiado y purificado de toda fantasía material. El otro lo limpia de toda adherencia a lo material y con la fuerza de la valentía como martillo rompe los clavos que mantienen la elección de la voluntad orientada hacia el cuerpo.
  84. El Antiguo Testamento eleva el cuerpo hacia la psique-alma, racionalizándolo o haciéndolo lógico a través de las virtudes, y evita que el nus con el intelecto descienda hacia el cuerpo. El Nuevo eleva el nus (espíritu de la psique) con el corazón hacia Dios, encendiéndolo con el fuego de la agapi-amor divino. El primero hace que el cuerpo sea semejante al nus por la energía y acción de la voluntad. El segundo hace que el nus con el intelecto sea semejante a Dios mediante la adquisición de la χάρις jaris (gracia, energía increada) y tenga tal semejanza con Dios que, a través de él, Dios sea reconocido (a Quien por naturaleza nadie puede conocer en absoluto), tal como reconocemos de una imagen/icona el original.
  85. El Antiguo Testamento, como simboliza el ejercicio de la virtud, hace que el cuerpo esté de acuerdo con el nus con el intelecto en el movimiento. El Nuevo, porque causa contemplación y gnosis, ilumina con los pensamientos, conceptos y dones divinos el nus con el intelecto que está secretamente enfocado en él. El Antiguo proporciona al gnóstico (conocedor) los modos de las virtudes. El Nuevo otorga a los prácticos los logos de la gnosis verdadera.
  86. Dios se llama y se convierte en Padre por la χάρις jaris (gracia, energía increada) solo de aquellos que tienen el nacimiento espiritual voluntario según la virtud. Según esta, al tener en las virtudes las características de Dios que los engendró y dado a luz, como se ven en la cara las características de la psique-alma, hacen que quienes los vean glorifiquen a Dios por la transformación de sus modos, ofreciendo su vida como un ejemplo selecto de virtud para imitar. Porque Dios no es glorificado solo con palabras, sino con obras de virtud, que claman mucho más que los logos con palabras la majestuosidad divina.
  87. La ley natural es la izquierda porque se relaciona con la percepción sensible; ofrece a lo lógico de la psique los modos de las virtudes y hace activa la comprensión y la gnosis. La ley espiritual es la derecha porque se relaciona con el nus (espíritu de la psique); une con la percepción sensible los logos espirituales de los seres y hace lógico el ejercicio de la virtud.
  88. Aquel que ha demostrado que su gnosis-conocimiento se encarna con la praxis, acción y que la praxis se empsiquiza anima (o toma cuerpo animado) por la gnosis-conocimiento, ha encontrado el modo exacto de la energía divina. Aquel que ha separado una de la otra, o ha hecho que la gnosis-conocimiento espiritual sea una fantasía insustancial, o la praxis, acción un ídolo. Porque la gnosis sin praxis, acción no difiere en nada de la fantasía, ya que no tiene como apoyo la praxis; y la praxis, acción irracional se asemeja a un ídolo, ya que no tiene la gnosis que la empsiquice infunde animo (la haga tomar cuerpo animado).
  89. El misterio de nuestra salvación hace de la vida demostración del logos y del logos doxa-gloria de la vida vivida. La virtud práctica se convierte en contemplación realizada, mientras que la contemplación se convierte en praxis que es iniciada místicamente. Y para hablar brevemente, la virtud se convierte en la manifestación del conocimiento-gnosis y el conocimiento-gnosis en la fuerza que sostiene la virtud; y con ambas -virtud y gnosis- muestra que consiste en una sabiduría, para que sepamos que ambos Testamentos concuerdan en todo por la χάρις jaris y que, en su composición, se ajustan entre sí para la realización de un misterio más de lo que se ajustan la psique-alma y el cuerpo para formar un hombre.
  90. Así como la psique-alma y el cuerpo con su composición forman un hombre, así la praxis y la contemplación con su coexistencia constituyen una sabiduría gnóstica o cognitiva, y el Antiguo y el Nuevo Testamento completan un misterio. El bien por naturaleza pertenece solo a Dios, del cual participan y se iluminan y se vuelven buenos todos aquellos que son naturalmente receptores de iluminación y bondad.
  91. Aquel que comprende el mundo visible, contempla el mundo que es percibido. Porque imprime en su percepción sensible las cosas comprensibles inteligibles, da forma en su intelecto a los conceptos que percibe y traslada, en la percepción sensible la constitución del mundo comprensible e inteligible de muchas maneras, y en el intelecto la compleja composición del mundo sensible. Dentro del mundo comprensible e inteligible comprende el mundo sensible, trasladando al intelecto la percepción con los conceptos o logos de las sensibles, y en el mundo sensible comprende lo inteligible encerrado con profundo conocimiento-gnosis el intelecto en la percepción sensible con los tipos de las comprensibles e inteligibles.
  92. El primer logos sobre la Mónada (Unidad), el Profeta lo llamó «cabeza», como principio de toda virtud, como dice: «Mi cabeza en las quebradas o hendiduras de los montes» (Jonás 2, 6-7). «Quebradas de los montes» se refiere a los intelectos o mentes de los espíritus malignos, que devoraron nuestro nus (espíritu de la psique) e intelecto con la transgresión. «Tierra inferior» se refiere al hábito que no siente en absoluto el conocimiento espiritual-gnosis divina, ni tiene ningún movimiento hacia la vida virtuosa. «Abismo» dice a la ignorancia que sigue al hábito de la maldad y sobre la cual -como en otra tierra- se extienden los mares de la maldad. O de otra manera, «tierra» se refiere al hábito permanente de la maldad, y «cerrojos eternos » a los apegos apasionados a las cosas materiales, que mantienen el malísimo hábito.
  93. La paciencia de los santos agota la fuerza maligna del diablo que ataca contra ellos. Porque les persuade a considerar como adorno las luchas por la verdad y les enseña a disfrutar más de los sufrimientos que del confort aquellos que cuidan en exceso de la vida carnal. Hace que la debilidad y enfermedad natural de la carne en relación con el dolor o sufrimiento sea motivo y ocasión de excesiva fuerza espiritual. Mira, pues, cómo la ocasión o motivo de excesiva fuerza divina es la debilidad natural de los santos, por la cual el Señor demostró la inferioridad del diablo.
  94. El logos de la χάρις jaris gracia increada, después de pasar por muchas tentaciones, llegó a la naturaleza humana, es decir, a la Iglesia de las naciones, al igual que Jonás, tras muchas tribulaciones, llegó a la gran ciudad de Nínive, persuadió a la ley natural que reinaba a levantarse de su trono, es decir, de la previa disposición de la maldad que se conecta con la percepción sensible, a quitarse su vestidura, es decir, a despojarse de la vanidad de la gloria mundana de sus costumbres, y vestirse el sayo, es decir, el duelo y la ardua y áspera práctica de la dura penitencia adecuada a la vida en Dios, y a sentarse encima de la ceniza (Jonás 3, 6-7). La ceniza es la sensación de ser pobre ante Dios, sobre la cual se sienta cualquiera que aprende a vivir piadosamente y tiene el látigo de la conciencia golpeándolo sin piedad por sus pecados.
  95. Observa que «rey» llama la ley natural, «trono» la disposición apasionada que se conecta con la percepción sensible, «vestidura» la ropa de la vanagloria, «sayo» el duelo que acompaña la μετάνοια metania, «ceniza» la humildad, «hombres» aquellos que pecan con el deseo, «bueyes» aquellos que pecan con la ira, y «ovejas» aquellos que pecan en la contemplación de la cosas visibles.
  96. Quien, por amor a la virtud conforme a la ley divina, olvida los πάθος pazos pasiones, vicios de la carne considerándolos «izquierda», y debido al conocimiento sin error no es dominado por la enfermedad del orgullo y vanagloria por sus logros, que infla al hombre y se considera «derecha», se ha convertido en una persona que no conoce ni su mano derecha -porque no desea la doxa-gloria temporal- ni su mano izquierda (Jonás 4, 11), porque no se excita por los pazos de la carne. Parece que el logos llamó «mano derecha» la vanagloria por los supuestos logros, y «mano izquierda» a la incontinencia de los pazos pasiones, vicios vergonzosos. Porque el logos de la virtud no conoce el pecado de la carne, que se considera «izquierda»; mientras que el logos del conocimiento-gnosis no conoce la maldad de la psique-alma, que se considera «derecha».
  97. El conocimiento-gnosis lógica de las virtudes, es decir, el reconocimiento activo y verdadero de la causa de las virtudes, por naturaleza provoca la ignorancia total de los excesos y las carencias que se encuentran a la derecha e izquierda de la medianía de las virtudes. Porque si en lo lógico de la psique-alma no existe naturalmente nada irracional o paradójico, es evidente que quien se ha elevado al logos de las virtudes no conocerá en absoluto el estado de los irracionales, porque no es posible mirar simultáneamente dos cosas opuestas y, junto con una, percibir también la otra.
  98. Si dentro de la fe no hay lugar de ningún logos o razón para la incredulidad, así como la luz no puede ser causa de oscuridad, ni Cristo puede manifestarse con el diablo (2Cor 6, 14-15), es evidente que tampoco puede coexistir lo lógico con lo irracional o paradójico. Y si lo lógico de la psique-alma no puede coexistir jamás con lo irracional y paradójico, quien se ha elevado al logos de las virtudes no conocerá en absoluto el estado de los irracionales y paradójicos, porque solo conoce la virtud tal como es, y no como se piensa y se imagina, y por eso no conoce ni derecha con el exceso, ni izquierda con la falta. Porque en ambos es evidente lo irracional y paradójico.
  99. La incredulidad se refiere al rechazo de los mandamientos. La fe, a la aceptación de los mandamientos. La oscuridad es la ignorancia del bien, mientras que la luz es la gnosis precisa del bien. Cristo se refiere a la esencia y la hipóstasis del bien, mientras que el diablo a la peor disposición y hábito que genera todos los males.
  100. Si la lógica es la regla y la medida de los seres, entonces, idéntico a la irracionalidad o falta de lógica y, por lo tanto, paradójico moverse fuera de la norma y la medida o por encima de la norma y la medida. Porque ambas, en igual medida, a quienes se mueven así, les hacen caer del Ser absoluto. Lo segundo les convence de que su camino es incierto y no específico, y de que no tiene, debido a la falta de medida de su nus (espíritu de la psique) y mente, como propósito a Dios como su fin determinado de antemano, porque inventan algo supuesto mejor que el bien. Lo otro les convence de que su camino está fuera del objetivo hacia solo la percepción sensible, por la relajación de su nus y mente, y consideran como fin determinado aquello que se limita a su percepción sensible. Esto lo ignora, porque no lo sufre, quien está unido solo con el logos de la virtud y ha delimitado con él todo el movimiento de su fuerza noerá (mental y del nus), y por eso no puede concebir nada por encima de lo lógico racional o fuera de lo lógico racional.

Traducido por: χΧ jJ logosortodoxo.es/  28/05/2024