La resurrección de nuestra juventud, A. Mitilineos

La resurrección de nuestra juventud –

Atanasio Mitilineos, el Nuevo Crisóstomo

III Domingo – Evangelio de Lucas [7,11-16]

La escena, queridos míos, de la resurrección del hijo de la viuda de Naín, se describe de manera sencilla, pero muy vívida. Con una sola palabra, el Señor, como escuchamos en la lectura evangélica de hoy, resucitó a aquel joven que era hijo único de aquella pobre mujer viuda. Y le dijo: «Joven, te digo, levántate». Joven, hijo mío, a ti te lo digo: ¡levántate! Y el joven se levantó.

El pueblo fue tomado por temor y asombro, como nos describe el santo Evangelista Lucas. Y con mucha razón, el pueblo sacó la conclusión: «Un gran profeta se ha levantado entre nosotros, y Dios ha visitado a su pueblo».

Pero, queridos míos, hoy en nuestra época la juventud presenta una mortificación aún peor. Y esta mortificación es espiritual. Así como ante la muerte biológica de un joven todos decimos: «Qué lástima, un joven, un muchacho ha muerto» y hay mucho duelo, aún más profundo es el dolor cuando no se trata de una sola persona, sino de toda la juventud. Entonces pertenece a la mortificación de la juventud un gran lamento y muchas lágrimas. Caminamos por la calle y vemos a esos muertos vivos que pertenecen a nuestra juventud. Y les aseguro, la psique-alma llora, llora seguramente de todos aquellos que comprenden, que pueden sentir, discernir y llorar. Y lloran. Y se lamentan. Cuando ven a los muertos vagando de la nueva generación, de nuestros hijos, de nuestra juventud.

Pero si el Señor, queridos míos, realizó tres resurrecciones, al menos tantas se registran en los santos Evangelios, probablemente resucitó a muchos más, sin embargo, el Señor realiza muchas más resurrecciones espirituales. Y las realizaba, las realiza y las seguirá realizando.

Pero veamos las cosas más de cerca, como nos las describe el santo texto. Dice el santo Evangelista, cuando aquella comitiva del muerto salía por la puerta de la ciudad de Naín, el Señor entraba en la ciudad con una gran comitiva de muchas personas, admiradores Suyos, que lo seguían. Vio el duelo el Señor. Dijo a la madre: «No llores». Y entonces, «acercándose», dice el santo Evangelista, «tocó el féretro». Es decir, se acercó y tocó el féretro y al muerto que estaba dentro. Se ve aquí que existe la necesidad de que Jesús Cristo se acerque a la juventud muerta.

Pero, ¿cómo puede entenderse este acercamiento? Decimos que Jesús debe acercarse a la juventud. ¿Cómo lo comprendemos? ¿Cómo lo interpretamos? Este acercamiento se realiza por la Χάρις (Jaris: Gracia, energía increada) de Dios, cuando Dios da Su jaris-gracia, así como los rayos del sol iluminan objetos y personas, así también los rayos de la jaris-gracia divina vienen a despertar, acariciar, tocar, tocar de cerca, acariciar, como les he dicho, pero también debe venir el segundo elemento: el logos vivo de Dios, que se ofrece desde la Iglesia.

Por tanto, la jaris-gracia increada de Dios y el logos vivo de la Iglesia de Dios. Este logos vivo, que viene del exterior y se ofrece, debe encontrar puntos de contacto. Fíjense, el Señor dice: «tocó» al muerto. Por lo tanto, el logos de Dios debe encontrar estos puntos de contacto en la juventud muerta. Pero aquí se necesita mucha atención; porque cuando decimos «puntos de contacto» no significa que la Iglesia deba recurrir a artificios para atraer a los jóvenes. Hay una mala interpretación aquí. «Pongamos instrumentos musicales, porque a la juventud le gusta la música, los pongamos en el culto para atraerla», decimos. Porque además les gusta el ritmo del jazz, pongamos música con ritmo de jazz para atraer a los jóvenes. «¿Qué están haciendo?», preguntamos. «Estamos buscando puntos de contacto entre la Iglesia, el logos de Dios y el pueblo de Dios, especialmente los jóvenes». Es un error, queridos. Ningún artificio puede ser usado.

Se ha demostrado claramente que, cuando el logos de Dios se ofrece íntegro, puro, sin adulteración y con mucho amor —con un amor tan grande que llega y sobrepasa los límites del sacrificio personal—, entonces se crean verdaderos puntos de contacto. No es necesario modificar nada. Basta con que este logos de Dios sea vivo, puro—repito— y lleno de amor; porque la psique-alma busca lo verdadero, lo que se ofrece con sinceridad y con amor.

Por consiguiente, cuando hablamos de “acercamiento”, de “encontrar puntos de contacto”, esto no significa en absoluto que debamos hacer concesiones o compromisos que, al final, de modo dialéctico, nos lleven a ofrecer algo que ya no salva. Y un logos de Dios que no salva, una Iglesia que no salva, sobra que se ofrezca.

«¡Joven!», dice el Señor. Joven. ¡Qué hermosa es esta invocación del Señor: “Joven”! “Hijo mío joven”, que no revela un nombre, sino una edad. En verdad, la adolescencia y la juventud son las edades más bellas, pero también las más duras y difíciles. Atractivas, sí, pero difíciles. Tanto, que muchas veces, cuando uno envejece y mira atrás en su vida, puede sentir nostalgia de aquellos años juveniles; pero al recordar cuán duros fueron, desearía no volver jamás a ellos.

Problemas, muchos problemas. Problemas existenciales. Un joven se encuentra ante la vida y se pregunta quién es él mismo, quiénes son los otros, quién es Dios, qué existe realmente. ¿Tiene psique-alma? ¿No la tiene? ¿Cuál es el destino del ser humano? ¿Cuál es el propósito de la existencia? Estos llamados “problemas existenciales”, para un joven que piensa, son un tormento. Y aun el más superficial de los jóvenes tiene momentos en los que llega a un callejón sin salida, y puede preguntarse: “¿Vale la pena vivir o no vivir?”.

Problemas profesionales, lo vemos claramente en nuestros hijos: qué camino seguir y cómo lograr aquello que desean alcanzar.
Problemas morales —¡oh, cuántos problemas morales!

Problemas de orientación espiritual: “¿Qué debo seguir? ¿Cómo debo orientarme en la vida?”.
Problemas de relaciones. Y subrayamos especialmente este último, porque lo vemos muy claramente en nuestra época.

Vemos, queridos míos, que los jóvenes no tienen buenas relaciones con sus padres, con su hogar en general, con la Iglesia, con la sociedad. El anarquismo, esa despreocupación, ese “no me importa”, ese “da igual”, ese “solo yo existo en el mundo”, crean terribles problemas de relación. Tan graves, que, aunque solo existieran estos, podríamos decir que todos los demás sobran. Pero, si quieren saberlo, precisamente porque existen todos los demás, por eso el problema de las relaciones es tan agudo.

¿Quién, sin embargo, resolverá estos problemas? ¿Quién sino Jesús Cristo? Nuestra juventud debe comprender que se afana en vano en sus búsquedas: en la cultura, en las teorías materialistas y políticas, en los placeres, en las bebidas alcohólicas y en las drogas. Todo eso es en vano. No hallará nada allí. Todo eso conduce a un callejón sin salida, a un vacío.

Y entonces se oye la voz del Señor: «¡Joven, a ti te digo…!». «Joven, te hablo a ti, a ti te hablo. A ti. Yo, el Hijo de Dios hecho hombre; Yo, que fui niño, que fui adolescente y joven; que pasé por esa misma edad humana que tú ahora atraviesas; Yo soy aquel que aprendió de lo que padeció. Soy aquel que conoce por experiencia la vida. Yo que fui tentado por el diablo —el mismo que te tienta a ti—, pero lo vencí. Y vencí al mundo. Y vencí al diablo. Y permanecí sin pecado.

Joven mío, te hablo a ti personalmente. Tú que vives tan intensamente la crisis espiritual de tu tiempo. Tú que tienes profundas experiencias del pecado. Tú que incluso te has vuelto contra Mí. A ti me dirijo, joven mío. Te considero mi amigo y quiero ayudarte. Nadie puede ayudarte ni devolverte a la vida. Vuélvete hacia Mí, no para combatir contra Mí, sino para escucharme. ¿Qué tengo que decirte? ¡Levántate! “Joven, a ti te digo: ¡Levántate!”. Levántate. Sí, levántate. Yo, tu Señor, soy quien te creó erguido; y esa postura erguida —porque caminas sobre tus dos pies— es la expresión de que tú eres señor de la Creación, que eres rey y dominador de todo. Sí. Por eso Yo, tu Señor, soy llamado “Señor de los señores”. ¿De quiénes señores? De los señores que son los hombres. Por eso Yo soy llamado “Rey de los reyes”. ¿Rey de quiénes? De aquellos que reinan. ¿Y quiénes son los que reinan? Los hombres. Porque vosotros, los hombres, sois los señores y los reyes. Y Yo soy el Señor de los señores y el Rey de los reyes. Así, la postura erguida con la que te he creado es expresión de mi propia imagen en tu existencia. Esta postura erguida, además, manifiesta y expresa la búsqueda de Mí, tu Creador.»

Expresa además una diferenciación de tu propia vida frente a la vida de los demás animales. Por eso, siendo un ser honrado, no debes compararte con los animales, ni descender a su nivel ni desear parecerte a ellos. Eres de noble origen. No caigas en las pasiones y vicios (los pazos) que te igualan a los animales. Te he dado todos los bienes de la Creación. No busques más allá. Te di el vino, que alegra el corazón del hombre; no te embriagues. Te di el pan, que sostiene el corazón del hombre; no te vuelvas glotón. Te di toda la belleza de la vida; te di el don de alegrarte, incluso con tus propios sentidos. No bebas del cáliz de la fornicación o lujuria. No vayas tras la caza de los placeres de esta vida. Ten cuidado: cuando haces esas cosas, tú, que fuiste honrado, tú, que existes en dignidad, te igualas con los animales. Y aún más: desciendes por debajo de ellos.

La muerte es aquella que pone al ser humano en posición horizontal. Lo tiende en el suelo. Lo convierte en cadáver. De la palabra “caer”: lo convierte en cadáver, al hombre. La muerte. Pero YoSoY la Vida, que vengo a decirte: «¡Joven, levántate!». Juventud, levántate. En tu tiempo, joven mío, los hombres caminan a cuatro patas, mientras Yo los hice caminar sobre dos. Y caminando a cuatro patas, no pueden mirar hacia lo alto. Realmente solo consideran lo que ven. Lo que no ven, lo ignoran. Solo ven la tierra, porque miran hacia abajo. Solo ven lo material, solo viven lo pasional y patético. Caminando a cuatro patas, no pueden levantar su mente ni su corazón hacia Mí, no pueden buscarme ni reconocerme. Joven mío, vives en una época en la que los hombres caminan a cuatro patas.

Queridos, así habla el Señor a cada joven, a nuestra juventud. Pero nosotros los mayores… oh, nosotros los mayores… nosotros los mayores somos los que llevamos a la juventud al cementerio para enterrarla. Nosotros sostenemos el féretro, nosotros los mayores, el féretro de la juventud. La juventud no se desbocó sola. Nosotros, los mayores, le quitamos las riendas, eliminamos los “no”, las leyes, los mandamientos, los límites, y les dijimos que son libres y que pueden hacer lo que quieran, moverse como quieran. Y si incluso se vuelven contra nosotros y nos escupen, les decimos: «¡Bien hecho, hijos nuestros!». Así, nosotros quitamos todas esas riendas: las de la ley de Dios, de la lógica y de la humanidad. Y la juventud llegó a desbocarse.

Pero cuando el Señor, queridos míos, se acercó al féretro de aquel joven de Naín, dice el santo Evangelista: «Los que llevaban el féretro se detuvieron». Sí. Detengámonos también nosotros, los que llevamos el féretro de la juventud. Sí, de la juventud, del joven pueblo, del “pueblo en formación”, como dice el Salmista [Sal. 101,19]; a quien llevamos a la muerte, tanto corporal como espiritual, con nuestras leyes corruptas, con nuestra lógica y razón deteriorada, con nuestra educación corrompida, con las orientaciones mortales que damos a nuestros jóvenes, con la apostasía (diserción) que hemos creado. Detengámonos. Demos la oportunidad a Cristo de acercarse a nuestra juventud muerta. Y Él la resucitará. Y la devolverá a la madre Iglesia y a su madre, la patria. Algún día, comprendamos esto: solo Cristo resucitaba a los muertos, tanto corporal como espiritualmente. Porque Él es la Vida y la Resurrección. 19-10-1986

Homilía realizada en el Santo Monasterio Komnineo, Larisa, 19-10-1986, con inmensa gratitud a nuestro guía espiritual,
el venerable y bendito Padre Atanasios Mitilineos,

FUENTES: https://arnion.gr/index.php/diafora-uemata/omiliai-kyriakvn

Transcripción digitalización y edición de la homilía: Sr. Atanasios K. y Eleni Linardaki, filóloga.

Traducción Χρῆστος Χρυσούλας Jristos Jrisulas https://logosortodoxo.es/

 

 

 

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.