El Papismo no es Iglesia

 

 

 

 

¡El Papismo no es Iglesia!

Dejó de ser Iglesia cuando se convirtió en herejía
Por el Sr. Stergios N. Sakos, Profesor Emérito de la Universidad

 

[χΧ,jJ: La jerarquía herética de la religión papal ha mantenido durante siglos ocultos a sus engañados fieles las verdaderas razones y los hechos del Cisma. En lugar de eso, mediante diabólicas conspiraciones, ha intentado y aún intenta lograr su asimilación con la Iglesia Ortodoxa de Cristo.

Sin embargo, «¿qué tiene en común el fiel con el infiel y Cristo con Belial?» ¿Qué relación puede tener la Iglesia Ortodoxa de Cristo con la religión papal, que ha distorsionado la fe cristiana y ha masacrado al mundo entero?

Esta unidad y otras en nuestra Web https://logosortodoxo.es/category/herejias/, desenmascarará la realidad para los papistas. Esperamos que los temas de esta unidad también sean conocidos por las víctimas occidentales de la pandilla papal anticristiana.]

 

Al observar los acontecimientos con dolor, uno constata que el ecumenismo ha cumplido bien su propósito: destacar los aspectos positivos que, ciertamente, posee el papismo y presentarlo, en medio de la multitud de herejías y del caos de religiones, como muy cercano a la Ortodoxia.
¿Quién podría negar, por ejemplo, la notable actividad social de los papistas, tanto en Europa como en las misiones de América, Asia y África, donde misioneros heroicos llegaron incluso al martirio por su fe?
¿Quién podría negar que, gracias a ellos, millones de personas en todo el mundo cultivan su relación con Dios y viven con piedad y fe?
¿Quién no reconoce sus admirables logros en las ciencias y las artes, o su vigorosa defensa frente al materialismo, al ateísmo y a la incredulidad?
Pero, ¿acaso no han mostrado logros similares las ramas protestantes, e incluso los mismos “Testigos de Jehová”?

¿Quién ignora, además, los servicios y beneficios que ofrece la “iglesia” papista a los ortodoxos de la diáspora, las numerosas becas que concede a estudiantes y científicos ortodoxos?
¿Basta, sin embargo, la estima personal o la admiración de algunos beneficiados para que llamemos “iglesia hermana” al Estado secular del Vaticano y para que intercambiemos el saludo litúrgico del amor con el heresiarca papa, el jefe de una herejía?

En cuanto al hecho de que la iglesia papista cuenta con miles de “santos” completamente ajenos a la Ortodoxia —y que los santos ortodoxos tampoco son reconocidos por los occidentales—, esto mismo subraya y acentúa el abismo que nos separa.
Mientras que los santos de las Iglesias ortodoxas locales, como la de Rusia, Serbia, etc., son comunes para todos los ortodoxos, no ocurre lo mismo con los “santos” occidentales, porque simplemente no pertenecen a la única Iglesia.

Además, aunque millones de papistas den buen testimonio en el mundo, eso no absuelve la fea y mala conducta de otros papistas, incluidos algunos clérigos, ni constituye un honor para el papismo. Más bien lo hace culpable, pues mantiene en la oscuridad de la herejía a almas de buena voluntad.
Por esas psiques-almas ora la Iglesia Ortodoxa, dirigiéndose a su divino Fundador: «A los extraviados devuélvelos y únelos a Tu Santa Iglesia, Católica y Apostólica», la Ortodoxa.
Ora también «por la unión de todos», y no «por todas las Iglesias», por la sencilla razón de que no existen muchas Iglesias, sino una sola, a la cual rogamos que regresen todos los descarriados.

Por tanto, yerran aquellos teólogos y jerarcas ortodoxos —buenos y respetables en lo demás— que con demasiada naturalidad y comodidad llaman al papismo “Iglesia hermana” de la Ortodoxia.
De este modo, confiesan implícitamente que Ortodoxia y papismo constituyen juntos la única Iglesia, y que la única diferencia entre ambos sería geográfica: nosotros en Oriente, ellos en Occidente.

Recuerdo a un sencillo jerarca ya difunto, que no se distinguía por su formación teológica pero que poseía un profundo sentido de responsabilidad como obispo ortodoxo. Cada vez que se encontraba entre teólogos, preguntaba: «A ver, díganme ustedes, los teólogos: ¿es el papismo una Iglesia?» Y cuando recibía la respuesta negativa, asentía satisfecho: «¡Ya lo decía yo!».

A raíz de una publicación reciente, recordé con nostalgia aquella postura franca y sencilla, que en su rusticidad conservaba la verdad.
Concretamente, leí en un libro de un obispo —a quien respeto y amo desde niño por su formación y virtud— lo siguiente: «La Iglesia de Occidente celebra los santos Misterios, y los fieles romano-católicos que participan en la vida sacramental se encaminan hacia la salvación. Sin embargo, por motivos de exactitud en materia de fe, surgidos a raíz del Cisma, se interrumpió la comunión sacramental (intercommunió) entre la Iglesia Ortodoxa y la Iglesia Católica Romana. Esta interrupción constituye, por supuesto, el gran escándalo de la Iglesia cristiana, del cual son responsables principalmente los teólogos y líderes de ambas Iglesias».

Ni más ni menos, el autor atribuye también cierta culpa a nuestra santa Iglesia por la separación y la apostasía de los papistas.
Ciertamente se trata de un “gran escándalo”, como él mismo lo llama, pero no recae sobre la Iglesia, sino sobre aquellos que lo provocaron al desgarrar la túnica sin costura de Cristo y herir la unidad de Su Iglesia. El texto en cuestión considera responsables de la separación de los papistas de la única Iglesia “a los teólogos y líderes de ambas Iglesias”.
En cuanto a los teólogos y líderes de Occidente, no discuto el tema.
Sin embargo, también se atribuye responsabilidad a los teólogos y líderes de la Iglesia Ortodoxa.

¿Quiénes son estos?
Evidentemente, se refiere a San Focio el Grande, quien protegió a la Iglesia de la dictadura del papa y permaneció como símbolo de la Ortodoxia para el pueblo piadoso.
«La misericordia y la inspiración de Dios transmitieron tal luz al alma pura del santísimo patriarca, que resplandece e ilumina toda la creación», confesaban incluso los propios legados papales de Roma (J. D. Mansi, Sacrorum Conciliorum nova et amplissima collectio, 17A, 484–485).

También se refiere a José Brienio o Vrienio, quien, aunque en sus difíciles tiempos consideraba la unión con los papistas como un acontecimiento importante y salvador para el atribulado Imperio Bizantino o Romano-oriental —una “segunda economía de Dios después de la Encarnación”—, subrayaba sin embargo que, si no se resolvían las diferencias que habían alejado a los papistas de la Iglesia, cualquier unión sería “una división peor que la anterior, una ruptura, un engaño”.

Y finalmente, se refiere al discípulo de Brienio, Marcos de Éfeso, quien, colocando la libertad de la fe por encima de la libertad de la patria, proclamó: «No solo son los latinos cismáticos, sino también herejes, y nuestra Iglesia ha callado sobre ello porque su nación es más numerosa y poderosa que la nuestra. Pero nos separamos de ellos únicamente porque son herejes, por lo cual no debemos en absoluto unirnos a ellos, a menos que eliminen la adición al Credo y confiesen el Símbolo de la Fe tal como nosotros lo hacemos» (Mansi, Sacrorum Conciliorum, 31A, 885DE).

San Nicodemo el Aghiorita considera que los latinos “son herejes antiquísimos”, como muestran “los libros del sumo Patriarca de Jerusalén, señor Dositeo, el azote del papismo” (Pedalion, p. 55), a los cuales remite.

San Cosme de Etolia, con su sencilla enseñanza, advertía a los cristianos que debían temer al papa, porque él encarna la forma más astuta del Anticristo, (cf. S. N. Sakkos, El apóstol del pueblo esclavizado, Tesalónica 1996, p. 205).

San Nectario, al estudiar la historia del cisma papista, escribe: “La unidad de la Iglesia no se funda ni se sostiene en la persona de uno solo de los Apóstoles, sino en la persona de nuestro Salvador Jesús Cristo… De toda la Iglesia universal, únicamente la Iglesia Romana entendió de otro modo el espíritu de la unidad, y buscó alcanzarla por otros medios. Esta diferente concepción del modo de la unidad provocó el cisma, que, habiendo comenzado en los primeros siglos, fue creciendo con el tiempo, en la medida en que se aplicaban los principios de la Iglesia Romana, hasta llegar a la completa separación por las exigencias de los papas… En esto radica la causa del cisma, la cual es realmente gravísima, pues destruye el espíritu del Evangelio; y además constituye el más importante logos dogmático, porque es una negación de los principios del Evangelio. Los demás logos (y motivos) dogmáticos, aunque muy importantes, pueden considerarse secundarios y consecuencia de esta primera causa.” (Estudio histórico sobre las causas del cisma, t. I, Atenas 1911, p. 69).

También están Miguel Cerulario y Genadio Escolario… Sería muy extenso enumerar a todos los santos Padres y maestros de la Iglesia que, a lo largo de los doce siglos transcurridos desde la separación de los papistas hasta hoy, sin odio ni malicia, pero con humildad y valentía, han condenado la herejía papista.

Detengámonos solo en el nombre de San Gregorio Palamás, quien con gran fuerza desenmascaró al filo-papista representante de los ortodoxos, Barlaam el Calabrés, un tipo de “uniata” de su tiempo.
Inflexible e invencible, San Gregorio condena enérgicamente la “perversa adición” de la procedencia del Espíritu Santo también del Hijo y todas las demás doctrinas erróneas y kakodoxas del papismo, exhortando a los fieles a mantenerse vigilantes en los temas de la fe.
“La indiferencia en materia de fe —dice— es una tercera forma de ateísmo, después de la negación de Dios y del rechazo de Jesús Cristo.” (ver: https://logosortodoxo.es/san-gregorio-palamas/la-procedencia-del-espiritu-santo/)

La repercusión de la lucha de San Gregorio en la vida y la tradición de la Iglesia se refleja en el hecho de que la Iglesia estableció su conmemoración el segundo domingo de la Gran Cuaresma, inmediatamente después del Domingo de la Ortodoxia.
En ese día no se honra a uno de los antiguos y grandes Padres y teólogos —como San Atanasio el Grande, San Basilio el Grande o San Gregorio el Teólogo— porque en su época Occidente aún no se había separado, sino que pertenecía a la única Iglesia de Cristo.

Más tarde, sobre el fundamento doctrinal del primado del papa, elevado como un minarete sin base y a punto de derrumbarse, los papistas añadieron todo un conjunto de dogmas heréticos. De este modo se alejaron y se separaron de la Ortodoxia. Por eso, San Gregorio Palamás es honrado como expresor y encarnación de la Ortodoxia, porque venció al papismo, el cual ya en su tiempo había cristalizado sus errores heréticos. (Ver: https://logosortodoxo.es/herejias/ortodoxia-y-romanocatolicismo-el-papismo-principales-diferencias/)

San Gregorio Palamás (extracto de EPE Obras tomo I “Sobre procedencia del Espíritu Santo pág: 75)

«Pero vosotros, ¿qué decís? Vosotros enseñáis y afirmáis que existen dos principios en la Divinidad. Porque, aunque no lo afirméis abiertamente, de lo que decís se deduce necesariamente esa conclusión.
Tales son las “profundidades de Satanás”, los misterios del astuto maligno, que susurra a los oídos de quienes le prestan atención y lo escuchan, no con voz fuerte, sino con tono suave, ocultando el veneno de su significado.
Así, pienso yo, también susurró a Eva.
Pero nosotros, habiendo sido instruidos por la sabiduría divina de los Padres para no ignorar sus maquinaciones (las del diablo), y sabiendo que el “principio” (la fuente de la Divinidad) es en general invisible e incomprensible para la mayoría, nunca os aceptaremos en comunión mientras sigáis diciendo que el Espíritu procede también “del Hijo”…»

Análisis interpretativo, San Gregorio Palamás , aquí:

  • Defiende la enseñanza ortodoxa de que solo existe una única fuente o principio (ἀρχή arjí) en la Divinidad: el Padre.
  • Acusa a los latinos (cristianos occidentales) de que, al añadir el Filioque (“y del Hijo”), introducen un segundo principio en la Divinidad, lo que altera el dogma ortodoxo de la Santísima Trinidad.
  • Considera que esta enseñanza no proviene de la apocálipsis-revelación divina, sino de las “profundidades de Satanás”, es decir, de un engaño sutil y atractivo pero falso, del mismo modo en que el diablo engañó a Eva.
  • Concluye afirmando con claridad que no puede haber comunión eclesiástica con quienes aceptan el Filioque, porque esa enseñanza corrompe la misma fe en la Trinidad.

 

¿Y nosotros, ahora, nos atrevemos a poner en duda a estos santos Padres de la Iglesia, que con toda claridad señalaron al papismo como herejía, y a atribuirles incluso culpas?
¡Que Dios tenga misericordia de nosotros y guarde a Su Iglesia Ortodoxa de la kakodoxía… de nuestra “teología”! (9 de febrero de 2007)
Fuente: https://www.oodegr.com/oode/papismos/genika/oxi_ekklisia1.htm

 

El siguiente extracto proviene del libro: «El Papado según los Santos Padres»

San Justino Popóvits
«En la historia de la humanidad hay tres caídas principales: la de Adán, la de Judas, y la del Papa. La esencia de la caída en el pecado siempre es la misma: querer ser uno mismo bueno por sus propios medios; querer ser perfecto por sus propios medios; querer ser dios por sus propios medios. Pero, de esta forma, el hombre inconscientemente se iguala al diablo. Porque él también quería ser Dios por sus propios medios, reemplazar a Dios por sí mismo.»

Sin embargo, según la Verdadera Iglesia de Cristo, la Ortodoxa, que desde la aparición del Θεάνρωπος (Zeánzropos) Dios-Hombre Cristo existe en nuestro mundo terrenal como un cuerpo divino-humano, el dogma de la infalibilidad del Papa no es solo una herejía, sino una panherejía herejía universal. Ninguna herejía se ha levantado tan radicalmente y tan completamente contra el Dios-Hombre Cristo y Su Iglesia como lo ha hecho el Papado con el dogma de la infalibilidad del Papa-hombre. No hay duda: este dogma es la herejía de las herejías, una rebelión sin precedentes contra el Dios-Hombre Cristo. Este dogma es, ¡ay!, el exilio más horrible de nuestro Señor Jesús Cristo de la Tierra; una nueva traición a Cristo; una nueva crucifixión del Señor, solo que no sobre la cruz de madera, sino sobre la cruz dorada del humanismo papal.

El Ecumenismo es un nombre común para los falsos cristianismos, para las falsas iglesias de Europa Occidental. En él se encuentra el corazón de todos los humanismos europeos, con el Papado a la cabeza. Y todos estos falsos cristianismos, todas estas falsas iglesias, no son otra cosa más que una herejía al lado de otra herejía. Su nombre evangélico común es la παναίρεσις (panéresis) herejía universal. https://gr.pravoslavie.ru/149792.html  12/5/2022

Este extracto expresa la profunda crítica del San Justino Popóvits al Papado y al Ecumenismo, identificando la infalibilidad papal como una herejía fundamental que niega la verdadera naturaleza de Cristo y la Iglesia.

(Ver: Cómo el papismo perdió el método psicoterapéutico, terapéutico de la Iglesia https://logosortodoxo.es/la-religion-es-una-enfermedad/)

Traducción Χρῆστος Χρυσούλας Jristos Jrisoulas https://logosortodoxo.es/

 

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