El buen comienzo, p. Atanasio Mitilineos Domingo I de Lucas

El buen comienzo, p. Atanasio Mitilineos

Domingo I de Lucas 5,1-11

La admirable pesca y el llamamiento de los cuatro discípulos, 5:1-11.

5,1 Sucedió que al agolparse la multitud sobre él para oír el logos de Dios, él estaba de pie junto al lago Genesaret,

2 y vio dos barcas ancladas en el lago, pues los pescadores habían salido de ellas y lavaban las redes.

3 Subiendo a una de las barcas, la cual era de Simón, le rogó que se alejara un poco de la orilla, y, sentado, enseñaba a las multitudes desde la barca.

4 Cuando cesó de hablar, dijo a Simón: rema mar adentro, y echad vuestras redes para pescar.

5 Y respondiendo Simón, dijo: Maestro, después de bregar durante toda la noche, nada hemos pescado; pero obedeceré a tu logos y echaré la red.

6 Y cuando hicieron esto, capturaron tan gran cantidad de peces que casi se rompían sus redes.

7 E hicieron señas a los compañeros en la otra barca para que vinieran a ayudarles. Y fueron y llenaron ambas barcas, hasta tal punto que casi se hundían.

8 Al verlo Simón Pedro, se postró a los pies de Jesús, y dijo: ¡Apártate de mi barco Señor, que soy hombre pecador y no soy digno de estar contigo!

9 Porque el asombro lo había dominado a él y a todos los que estaban con él, ante la pesca realizada;

10 e igualmente a Jacobo/Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, los cuales eran compañeros de Simón. Pero Jesús dijo a Simón: No temas, desde ahora serás pescador de hombres vivos por tu kerigma y los conducirás al reinado de la realeza increada de Dios

11 Y después de arrimar las barcas a tierra, dejando todas las cosas, siguieron a Cristo como fieles discípulos.

 

El buen comienzo, p. Athanasios Mitilineos

Domingo I de Lucas 5,1-11

 

Queridos míos, ya estamos entrando en el período evangélico de Lucas. Terminó el de Mateo y, como os dije, ahora entramos en el período evangélico de Lucas. A partir de ahora, las lecturas evangélicas serán tomadas del Evangelio de Lucas. Por eso, la Iglesia nos presenta en este primer domingo de Lucas, hoy, un pasaje que se refiere al inicio del  κήρυγμα (kírigma: kerigma, predicación, discurso, sermón) de Jesús.

Todo muestra, como hemos escuchado en el pasaje evangélico, el buen comienzo. El primer, los primeros oyentes, los primeros discípulos, las primeras impresiones, el primer milagro, en un sentido amplio, un milagro de gran publicidad, porque ya había tenido lugar el milagro de Caná, los primeros frutos. Vale la pena ver todo esto. Porque nosotros también, en algún momento, hacemos algunos comienzos en muchos aspectos de nuestra vida, en todos los aspectos de nuestra vida.

Comenzamos. El Señor se encuentra en la orilla del lago de Genezaret, una mañana. Ya había algo de gente que deseaba escuchar de Su boca algún logos bueno. Era la gente que solía estar cerca de Juan el Bautista. Y había escuchado de la boca de ese profeta del desierto que Jesús era el Cordero de Dios, el que había profetizado Isaías, el que quita los pecados del mundo. Y Juan lo había señalado: «Este es el Cordero de Dios». Y Juan dijo también que no era digno de desatar las correas de las sandalias de Jesús. Era tan grande. Por supuesto, en términos de tiempo, Juan llega primero. Por eso decía: «Yo vengo primero, Él sigue, en cuanto al tiempo. Pero Él es antes de mí». Es decir, «es una personalidad tan grande que está por delante de mí». Y Juan también decía que el Espíritu Santo «como una paloma se posó sobre Jesús, como el dedo del Padre, señalando al Hijo». Y también se escuchó una voz desde el cielo que decía: «Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia. Y a quien todos deben escuchar».

Y Juan proclamaba todo esto en el desierto. Así preparaba el camino, como debía ser, por eso se le llama también el Precursor, preparaba el camino para Jesús. Y ahora, la gente que lo escuchaba en el desierto, cerca del Jordán, esa misma multitud ahora se agolpa en la orilla del lago de Tiberíades para escuchar a Jesús, «el Cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo».

Y el kerigma (predicación, discurso, sermón) del Señor, de Jesús, fue el primero. No sabemos, claro está, en ese lugar junto al lago, qué enseñó, porque Lucas lo registra de la siguiente forma: «Y sentado, enseñaba desde la barca a las multitudes». Enseñaba en la orilla, pero la multitud era tan grande que había un gran tumulto. Y pidió a Pedro —aún no era Su discípulo—, a Simón: «Por favor, ¿puedo subir a tu barca y desde allí predicar?». Así fue como el Señor se sentó. Estaba un poco más alto, se podría decir, que la orilla, y la gente lo veía desde allí, y allí el Señor predicaba.

Pero dice aquí: «Y sentado, enseñaba desde la barca a las multitudes. Y cuando cesó de hablar…». Así que el evangelista Lucas no nos conserva el contenido del primer kerigma de Jesús. Sin embargo, Mateo nos dice lo siguiente: «Desde entonces…». ¿Cuándo? Después del bautismo y de haber pasado cuarenta días en el desierto: «Jesús comenzó a predicar y a decir: «μετανοείτε metanoite, volved a la metania, arrepentíos, convertíos, cambiad de mentalidad y de forma de vida, porque el reinado de la realeza increada de los cielos que nos traerá el Mesías ya se ha acercado» (Mt 3:2). Entonces, ¿cuál fue el contenido del kerigma de Jesús? «μετανοείτε metanoite, volved a la metania, arrepentíos, convertíos, cambiad de mentalidad y de forma de vida, porque el reinado de la Βασιλεία (Vasilía: realeza increada) de los Cielos que nos traerá el Mesías ya se ha acercado». Este, de hecho, era también el contenido del kerigma (discurso, predicación) de Juan al pueblo, y ahora Jesús viene a conectar Su sermón con el de Juan, diciendo el mismo tema, tanto para honrar a Juan, diciendo que acertadamente predicaba lo que predicaba, como para comenzar desde Juan.

Porque, si preguntáis: «¿Cuál es el corazón de los kerigmas del Señor?», la respuesta es que la Βασιλεία reinado de la realeza increada de los cielos está cerca. Ha llegado. No está cerca de vosotros, está delante de vosotros. ¿Qué es la Βασιλεία? Es esta Persona divina y humana de Jesús Cristo. Por lo tanto, como el Hijo de Dios vino como hombre, la Βασιλεία Vasilía ha llegado. Claro que sí. Pero la Βασιλεία ha venido entre nosotros. Repito, la Βασιλεία del Cielo no es algo separado de Dios, no es algo separado de Cristo. ¡Es Él, este Jesús Cristo! Entonces, ese “se ha acercado”, diríamos: ¿Cuánto más se podría haber acercado? No podría acercarse más. Solo un salto, permítanme la expresión, entre comillas, un “salto” desde la boca de Cristo que era el kerigma, hasta llegar dentro de mí. ¿Quién? Jesús Cristo. Y hacer de Jesús Cristo mi propio Cristo. Esto se realizará finalmente en el misterio de la Santa Efjaristía. Como los discípulos, que tenían al Señor a su lado durante tres años, esa noche, en la cena que el Señor preparó, en la última cena, el Señor ya no estaba junto a ellos, sino dentro de ellos. Así que, permítanme decirlo, una sola zancada fue toda la historia. Es decir, Jesús, el portador de Su Βασιλεία Vasilía, estará dentro de nosotros.

La multitud, -otro punto- la multitud, los oyentes, se agolpaban alrededor del Señor. Querían escuchar. La verdad es que muchas veces, incluso para nosotros, nos molesta en exceso la gente. No se preocupa si tenemos o no necesidades, si podemos o no, pero en el fondo, la gente tiene razón. Tiene razón. Porque el pueblo tiene necesidades. Quiere, quiere ser salvado el pueblo. Esto es cierto. Así que, el evangelista Lucas lo señala: «Y ocurrió que al acercarse la multitud…». ¿Qué hizo la multitud? «Se acercaban a Él». «Acercarse» (ἐπικεῖσθαι epikisze) es una palabra compuesta de ἐπί (sobre) y κεῖμαι (yazco). Estaban sobre Él. ¿Cómo lo traducimos? Lo aplastaban, lo apretujaban. Y el Señor pidió a Simón, el futuro Pedro, que era pescador, que le prestara su barca por un rato… Su barca estaba cerca de la orilla, porque toda la noche habían estado pescando sin conseguir nada, así que la llevó un poco más adentro del mar, y desde allí comenzó a predicar a la multitud. Era la primera gran multitud, por lo que el evangelista Lucas la llama «ὄχλος ojlos», gran multitud. Pero, ¿cómo escuchaba esta multitud? ¿Escuchaba? Sí, escuchaba. Pero, ¿cómo escuchaba? Mostraban mucho interés, claro. Pero probablemente no podían llegar al fondo del significado y la realidad de la Βασιλεία Vasilía de Dios. Escuchaban sobre la Βασιλεία Vasilía de Dios. ¿Cómo podían llegar a comprenderlo? No importa. El Señor lo soporta. Conoce la debilidad humana y sus limitaciones. Llegará el momento en que esta multitud sabrá qué es la Βασιλεία Vasilía realeza increada de Dios. Ahora, el Señor simplemente predica sobre la Βασιλεία Vasilía de Dios.

Pero surge la pregunta: Nosotros, después de 2000 años de Cristianismo, habiendo escuchado repetidamente el logos de Dios, habiendo asistido a la Iglesia, comulgado, confesado una y otra vez, ¿realmente hemos comprendido el concepto de la Βασιλεία Vasilía realeza increada de Dios? Si buscamos, si hacemos una descripción de la Βασιλεία Vasilía realeza increada de Dios aquí en la Tierra, en nosotros, en la Tierra, ¿dónde está la Tierra? En la Iglesia. ¿Qué es la Iglesia? ¿Qué es la Iglesia? El Cuerpo de Cristo. ¿Qué hay dentro de nosotros? ¿Qué dijo Cristo? “La Βασιλεία Vasilía realeza increada de Dios está dentro de vosotros”. ¿Es Cristo el Rey de nuestros corazones? ¿Y cuál es esta Βασιλεία Vasilía realeza increada de Cristo? ¿Es subjetivo? ¿No es objetivo? La Iglesia de Dios, la Iglesia de Cristo, es tanto subjetiva como objetiva. Está dentro de mí y fuera de mí. ¿Por qué? Porque es también objetiva. Veremos el rostro de Cristo en Su Βασιλεία Vasilía. Veremos a los demás. Tanto subjetiva como objetiva. ¿Sabemos esto? ¿Sabemos la naturaleza de la Βασιλεία Vasilía realeza increada de Dios, a pesar de los kerigmas y del tiempo que ha pasado, 20 siglos? ¿Podemos decir que lo sabemos?

Este kerigma fue salvador. Trajo la salvación, la salvación celestial, la salvación eterna, esa que cambia al hombre. Y lo capacita para llegar desde la realidad terrenal de la Realeza —como os dije, es la Iglesia—, hasta la realidad celestial de la Βασιλεία Vasilía realeza increada, la objetiva, después de la resurrección de los muertos. Las lecciones sobre la Βασιλεία Vasilía realeza increada de Dios eran difíciles. No porque fueran difíciles, sino porque es como una persona que puede haber pasado por la primaria, la secundaria y hasta la universidad, y que después de 50 años alejada de los libros, tal vez cuidando ovejas o no sé dónde, si alguna vez lo llevas y le pides que escriba algunas cosas o hable contigo, ya lo habrá olvidado. Porque perdió el contacto y olvidó lo que aprendió. Así también, el hombre. Estaba hecho, estaba preparado para recibir la Βασιλεία Vasilía realeza increada de Dios. Pero al salir del Paraíso, el hombre se volvió más salvaje. Quedó “analfabeto”. Analfabeto respecto a las lecciones de la Βασιλεία Vasilía realeza increada de Dios. Por eso, las lecciones sobre el Βασιλεία de Dios parecen difíciles. Parecen difíciles. Hay que aprenderlas con especial atención, paciencia y perseverancia.

Sin embargo, el pueblo que había quedado en la ignorancia y en la falta de instrucción, ¿cómo podía comprender estas lecciones sobre la Βασιλεία Vasilía realeza increada de Dios? ¿Qué dije antes? El pueblo de Israel, que había sido descuidado por sus dirigentes… ¿acaso nosotros hoy qué hacemos? ¿No está también descuidado el pueblo de Dios? ¿No está ignorado? ¿No ha sido puesto al margen? ¿Quién trabaja verdaderamente por el pueblo? Solo hay excepciones. ¿Quién trabaja de verdad? Existen trescientas cincuenta herejías que recorren libremente nuestra patria. ¿Quién viene a clamar y a formar a nuestro pueblo? Y no se trata solo de señalar las herejías y advertir al pueblo que tenga cuidado. No, no, no… Lo que debemos hacer es anunciar al pueblo el mensaje ortodoxo. De este modo, sea cual sea la herejía que llegue, no podrá adherirse. ¿Acaso una cinta adhesiva se pega en una superficie sucia o polvorienta? Por supuesto que no. Así también, un pueblo formado en la fe ortodoxa y cristiana, aunque se presenten mil herejías, ¿se pegarán a su ser? No. Pero nuestro pueblo no está formado. Ese es nuestro drama.

¿Y de quién es la culpa? De nosotros. Nosotros. Nosotros tenemos la culpa.

El materialismo y el hedonismo, con el estilo de vida que llevamos, han puesto tapones en los oídos de los cristianos, de modo que no entienden nada. El materialismo y el hedonismo han embotado la mente y el corazón o espíritu de nuestros cristianos ortodoxos, y ya no comprenden nada. Y lo peor: se hace una condescendencia para que el pueblo pueda entender. Es como alguien que debería comprender lecciones universitarias, pero como ya no las entiende, descendemos al nivel de la primaria para ayudarle a comprender.

Lo dice el Apóstol en la carta a los Hebreos: «En otro tiempo os alimenté con leche. Según el tiempo transcurrido, deberíais ser ya maestros y, por lo tanto, recibir alimento sólido. Pero aún pedís leche». Así ocurre también aquí. Descendemos, descendemos, descendemos, lo simplificamos mucho. Y terminamos diciendo solo cinco cosas, nada más, acerca de la Βασιλεία Vasilía realeza increada de Dios. Pero esta condescendencia, dado que nuestro pueblo está atado al mundo, ya no la hacemos únicamente en el plano del lenguaje o de las ideas, sino que introducimos elementos mundanos. Y, en consecuencia, mundanizamos el logos de Dios. Pero es bien sabido: la secularización del cristianismo no salva. Recordad esto cuando os marchéis: el cristianismo mundanizado o secularizado no salva. (Ver: https://logosortodoxo.es/herejias/%ce%ba%ce%ba%ce%bf%cf%83%ce%bc%ce%af%ce%ba% ce%b5%cf%85%cf%83%ce%b7-ekosmikefsi-secularizacion-de-la-iglesia-una-herejia-muy-sutil-y-peligrosa/)

No obstante, Jesús comenzó a sembrar su primera semilla. Poco después, con la parábola del sembrador, mostrará que no todos los oyentes recibían el logos de Dios con fervor, con interés, con entusiasmo; y así, en la mayoría de los casos, el logos de Dios -que cae como semilla- se perdía. Solo una pequeña parte encontraba respuesta. ¡Qué pena, qué pena…!

Sin embargo, allí estaban ya los primeros discípulos en potencia. Eran dos pares de hermanos: Andrés y Pedro, Jacobo (Santiago) y Juan. Ya había existido un primer encuentro con Jesús Cristo. Recordad al apóstol Andrés, que había sido discípulo de Juan el Bautista. Y cuando Juan señaló al Señor… dice el texto que Jesús caminaba allí, a la orilla del Jordán, y exclamó: «He aquí el Cordero de Dios». Andrés lo oyó. Y junto con otro, fueron y lo siguieron. Y le dijeron: «Señor, ¿dónde vives?». Así pues, ya existía un primer contacto. Como dije antes, una gran multitud conocía a Jesús por la predicación de Juan. Así tenemos al primer par de hermanos, Andrés y Pedro. Andrés llevó a Pedro a Jesús. Después tenemos al segundo par, Jacobo y Juan.

Estas dos parejas de hermanos tenían dos barcas, cada pareja con la suya. Eran socios —«compañeros», dice el texto— en el trabajo, y vivían de la pesca. Era su profesión. Ciertamente, el evangelista Juan nos relata que, en las bodas de Caná, a las que fue invitado Jesús, también estaban allí algunos —no sabemos quiénes exactamente—, algunos discípulos. Pero aquí, en la orilla del mar de Tiberíades, ocurre algo conmovedor.

Después de que los dos pares de hermanos escucharon la predicación de Jesús y, sin duda, quedaron conmovidos, sucede ahora el milagro de la pesca milagrosa. Y sin embargo, las redes se rompían de la multitud de peces. Pescaron a mediodía. ¿Qué pescador echa las redes a esa hora? Pedro dijo: «Señor, a mediodía no se pescan peces. Además, toda la noche, que es el momento adecuado, no cogimos nada. Pero porque Tú lo dices, porque Tú lo dices, lo haré». Y fueron tantos los peces que las redes comenzaban a romperse.

Los discípulos, aquellos pescadores candidatos a discípulos, quedaron asombrados. Y el impulsivo Pedro se arrodilla delante de Jesús y le dice: «Aléjate de mí, Señor, porque soy un hombre pecador». No lo decía para rechazarlo, sino: «No tienes lugar Tú aquí, en mi barca. Yo soy un hombre pecador. Tú eres santo». ¿Y todo esto por qué? Porque tanto Pedro como los demás discípulos fueron sobrecogidos por algo. «Θάμβος zamvos», dice el texto. «Θάμβος» significa «asombro», ese abrir los ojos de par en par ante algo que no puedo explicar. Eso es «θάμβος». «Un asombro sobrecogió a Pedro y a todos los que estaban con él». Así veis que este asombro, este estupor, nunca se apagará de los ojos y del corazón de los discípulos, y por eso se convertirán desde entonces en discípulos de Cristo.

Son los primeros discípulos y más tarde Apóstoles. Y algo impresionante, que muestra la medida de ese asombro: «Y arrastrando las barcas a tierra, lo dejaron todo y lo siguieron». ¡Lo dejaron todo! No llevaron aquellos muchísimos peces a venderlos en Jerusalén o en otro lugar. Nada de eso. Los dejaron tal como estaban. Y como nos dice el evangelista Mateo sobre Santiago (Jacobo) y Juan: «dejaron la barca y a su padre, y lo siguieron». ¡Dejaron incluso a su padre para seguir a Cristo! Eso demuestra la magnitud del asombro. Y más tarde, en los tres años de la vida del Señor, viendo lo que vieron —sobre todo la Resurrección y la Ascensión—, conservaron ese asombro en su corazón. Porque, al fin y al cabo, la Resurrección y la Ascensión eran mucho más grandes que la impresión causada por una pesca milagrosa.

¿Podemos comprender toda esta historia? Si hoy alguien dejara a su padre y a su madre… ¡Hoy mismo! Le dirían: «Estás loco». Le dirían muchas, muchísimas cosas. Y sin embargo, el Zebedeo, queridos míos, el padre del segundo par de hermanos, Jacobo y Juan —fijaos, lo llamo por su nombre: Zebedeo—, si hubiera sido un padre común, habría dicho a sus hijos: «¿Qué? ¿A este vais a seguir? Quedaos aquí, que tenemos trabajo». ¿Quién conocería hoy a Zebedeo, a Jacobo y a Juan? Pero hoy conocemos a Zebedeo, al padre de ellos. ¿Por qué? Porque dejó que sus hijos siguieran a Jesús. ¡Pobres padres, vosotros que no dejáis a vuestros hijos seguir al Señor y servir a Su Evangelio! ¡Pobres padres…!

Y sin embargo, también hoy, queridos, alguien que estudia con sensibilidad el logos de Dios puede recibir esa transformación de la diestra del Altísimo, puede hacerse un discípulo ardiente de Cristo, puede sentir ese asombro en su corazón. Permitidme deciros algo por experiencia personal. Conozco a algunos hermanos cristianos, hombres y mujeres, que han recibido este asombro en lo profundo de su corazón. Permitidme que lo diga, para que no penséis que vivimos en una atmósfera utópica. El Señor Jesús siempre ha tenido, en todos los siglos y en todas las épocas, a Sus escogidos, a Sus discípulos.

¿Y cuáles fueron las primeras impresiones de la presencia de Jesús? La multitud apiñándose para escucharlo. La predicación dejando asombrados a los oyentes. Los discípulos sobrecogidos por lo que vieron y oyeron. Y el fruto: los cuatro primeros pescadores convertidos en Sus discípulos y Apóstoles. Y cuando más tarde, el día de Pentecostés, Pedro habló ante una muchedumbre inmensa —este mismo pescador—, como Jesús entonces junto al lago de Tiberíades, tres mil de sus oyentes creyeron en el nombre del Señor Jesús Cristo.

Queridos, ¡también nosotros comencemos! Puede que hayamos sido bautizados como cristianos ortodoxos, pero no hemos activado aún esa condición. Ahora, en septiembre, cuando tantas cosas comienzan, hagamos también nosotros un comienzo: que tomemos conciencia de lo que ya somos, cristianos ortodoxos bautizados. Pongamos más empeño en la ascesis (práctica espiritual), esa que mantiene y enriquece las virtudes. En nuestras relaciones familiares, con nuestros compañeros, en el trabajo, procuremos ser mejores. En todo se necesita un inicio, un buen comienzo. Y entonces nuestra vida empezará a cambiar.

El Señor Jesús, que entonces habló en la orilla del lago de Tiberíades, se habrá instalado en nuestro corazón. Ese será el milagro más impresionante. Más alto que aquella pesca milagrosa, que no fue sino figura de toda pesca de hombres a lo largo de la historia, realizada por la χάρις (jaris: gracia, energía increada) de Dios.

Para la doxa-gloria del Santo Dios Trinitario,

y con infinita gratitud a nuestro guía espiritual, el bendito yérontas Atanasio Mitilineos, trascripción de la grabación de su homilía a texto electrónico y edición: Eleni Linardaki, filóloga. Homilía del pronunciada en el Monasterio Sagrado de Komnineo, Larisa, 26-7-1992.

Fuente: http://www.arnion.gr/mp3/omilies/p _ athanasios/omiliai_kyriakvn/omiliai_kyriakvn_535.mp3

Traducción Χρῆστος Χρυσούλας Jristos Jrisoulas https://logosortodoxo.es/

 

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