
La fe ortodoxa, punto de partida y fundamento de nuestra psicoterapia, sanación y salvación
(Domingo VII de Lucas Resurrección de la hija de Jairo y terapia de la mujer con hemorragia)
Archimandrita Pablo Dimitrakópulos, teólogo y escritor
Metrópolis de Citera y Anticitera Citera, 9 de noviembre de 2025
La Iglesia celebra hoy, queridos hermanos, el séptimo domingo de Lucas. La lectura apostólica de este día proviene de la Epístola del apóstol Pablo a los Gálatas, mientras que el Evangelio pertenece al capítulo octavo del Evangelio según san Lucas.
En este pasaje, el evangelista Lucas nos relata dos milagros bien conocidos: el primero, la curación de la mujer hemorroísa (con hemorragia), y el segundo, la resurrección de la hija de Jairo.
Una vez más, aquí vemos que el Señor obra milagros en ambas ocasiones en base a la fe —a una fe ortodoxa, ardiente y firme—, tanto la de Jairo como la de la mujer hemorroísa.
Como nos enseñan los Santos Padres, la fe —la fe ortodoxa, verdadera y ferviente— es el punto de partida de nuestra psicoterapia y salvación, el fundamento sobre el cual se edifica todo el edificio de nuestra vida espiritual.
Como señala el apóstol Pablo en su Epístola a los Hebreos, es imposible agradar a Dios sin fe. Y aún más, esta misma fe no es un logro humano, sino un regalo de Dios, según vuelve a decir el apóstol Pablo en la Epístola a los Efesios: “Porque por la χάρις (jaris: gracia, energía increada) habéis sido salvados mediante la fe; y esto no procede de vosotros, sino que es regalo de Dios”, (Ef. 2,8). Se trata de un regalo precioso, que Dios ofrece no al azar, sino solo a aquellos que desean recibirlo, es decir, a quienes están dispuestos a corresponder al regalo de la fe.
Todos los santos de nuestra Iglesia fueron atletas de la fe, los que demostraron su autenticidad renunciando a sí mismos y crucificándose junto con Cristo. La fe es una cruz, porque requiere esfuerzo y lucha constantes para vencer los pensamientos de duda y desesperanza. Es una cruz someter tu lógica, tu razón a la voluntad de Dios y aceptar aquello que sobrepasa la lógica. Es una cruz sacrificar la opinión del mundo y sus placeres para agradar siempre a Cristo.
Es una cruz soportar sacrificios y pruebas, perseverar en todo por amor a Cristo, con la esperanza de gozar en el futuro aquello que ahora no se ve con los ojos del cuerpo, sino con los ojos de la psique-alma.
Volvamos al caso de la mujer hemorroísa. Como narra el evangelista, esta mujer sufría una hemorragia desde hacía muchos años, y ningún médico podía curarla. Cuando oyó hablar de Cristo, creyó firmemente que solo Él podía sanarla, y que bastaba tocar el borde de Su manto exterior para quedar curada. Mientras tanto, una gran multitud rodeaba al Señor por todas partes y lo apretaba tratando de acercarse a Él. Finalmente, la hemorroísa, después de mucho esfuerzo, logró acercarse y tocó el borde de Su manto, y en ese mismo instante fue sanada.
Vale la pena observar, hermanos míos, que la multitud no solo tocaba a Cristo, sino que literalmente lo presionaba. Y sin embargo, solo la hemorroísa fue curada. Y no solo fue curada, sino que también halló la salvación, conforme al logos del Señor: “Ten ánimo, hija; tu fe te ha salvado” (Lc 8,48).
Aquí vemos que el Señor no solo exalta y alaba la ardiente fe de la hemorroísa, sino que además le asegura su salvación.
¿Podemos acaso decir que el resto de la multitud que lo apretaba no tenía fe?
Todos los que rodeaban al Señor mostraban, al menos externamente, cierta fe. Sin embargo, el Señor solo elogia y ensalza la fe de la mujer hemorroísa, porque la fe de los demás tenía un carácter superficial, no ortodoxa; era un entusiasmo pasajero, sin profundidad, que no tocaba el fondo de sus corazones y, por tanto, esta fe no podía dar como fruto la salvación. Todos aquellos que rodeaban al Señor no se acercaban a Él conscientes de que son enfermos, si no corporal, al menos psíquica y espiritual. No se acercaban porque creyeran de verdad que solo el Señor podía curar, psicoterapiar las heridas de la psique-alma, sanar sus pazos (pasiones, adicciones, emociones y vicios) y sus males. No se acercaban con deseo y contrición de corazón, para pedirle la psicoterapia (sanación) de su psique-alma. Por eso, la fuerza psicoterapéutica y sanadora de la divina χάρις (jaris: gracia, energía increada), que solo ella puede psicoterapiar y sanar las enfermedades de la psique-alma, no entró en ellos.
Y aquí se plantea una pregunta: ¿Se parece nuestra fe a la fe de la hemorroísa o más bien a la del resto de la multitud que rodeaba al Señor?
De algún modo, todos nosotros mostramos que somos personas religiosas, que no somos incrédulos, que tenemos cierta relación con la Iglesia, ya que durante años asistimos a los oficios, escuchamos el Evangelio, ayunamos, oramos, hacemos limosnas, etc.
Pero, ¿cuántos de nosotros nos psicoterapiamos y nos sanamos realmente de nuestros pazos y del “hombre viejo”? ¿Cuántos encontramos la χάρις (jaris: gracia, energía increada) de Dios?
Nos acercamos a comulgar los Sagrados Misterios, recibimos a Cristo dentro de nosotros, lo tocamos y lo presionamos con nuestra lengua dentro de la boca, como el gentío que presionaba al Señor, pero ¿cuántos de nosotros somos realmente dignos de recibir la fuerza psicoterapéutica y sanadora de la divina jaris? ¿Cuántos comulgamos con la preparación adecuada y con la bendición de nuestro confesor espiritual? ¿Cuántos nos confesamos regularmente y obedecemos al consejo de nuestro padre espiritual?
Hemos dicho antes que la ortodoxa, verdadera fe significa someter nuestra lógica, razón a la voluntad de Dios y aceptar aquello que supera la lógica. Esta exigencia de Dios —-a de trascender la lógica, razón- se ve claramente en el caso de la resurrección de la hija de Jairo. Cuando Cristo llegó a la casa de Jairo para resucitar a su hija, dijo a los presentes que no había muerto, sino que dormía.
Y ellos, ¿qué hicieron?
Comenzaron a burlarse de Él, diciendo: “¿Qué es eso que dice? Nosotros vimos con nuestros propios ojos que está muerta, no dormida.” Lo que el Señor dijo parecía contrario a la razón.
¿Cómo puede alguien aceptar algo cuando sus sentidos le muestran lo opuesto? Especialmente hoy, en nuestra época, donde todo se juzga según la lógica, razón, nada se acepta si contradice la razón. Y, sin embargo, eso es precisamente lo que el Señor nos pide. Solo entonces tenemos fe verdadera, ortodoxa, cuando trascendemos nuestra lógica, razón.
La trágica realidad de nuestros días es que, lamentablemente, muchos cristianos permanecen prisioneros de su propia lógica razón (en la cárcel de su racionalismo). Y como no pueden ir más allá de ella, les resulta imposible recibir la jaris de Dios en su interior. Exteriormente parecen creyentes -van a la Iglesia, comulgan, participan en los ritos-, pero la psique-alma permanece enferma, esclavizada por los pazos y por el hombre viejo.
Es necesario, hermanos míos, que superemos nuestros propios conocimientos, nuestro juicio y nuestras conclusiones humanas, y que confiemos nuestra vida al Señor con sinceridad, honestidad y rectitud de corazón. Entonces Él nos concederá el regalo de la fe y también Su χάρις (jaris: gracia, energía increada), que psicoterapiará y curará nuestra psique-alma. Cuando empezamos a pensar y a luchar de esta manera, poco a poco superaremos nuestro propio yo y seremos dignos de recibir aquello que recibió la hemorroísa -la santa Verónica- y todos los santos: la psicoterapia, la curación, la catarsis y la santificación de la psique-alma.
Que esto se realice en todos nosotros, por la χάρις jaris y la misericordia de nuestro Señor Jesús Cristo, por las intercesiones de la Santísima Madre de Dios y de todos los santos. Amén. (Archimandrita Pablo Dimitrakópulos, teólogo y escritor)
Fuente: http://aktines.blogspot.com/2025/11/blog-post_61.html
Traducción Χρῆστος Χρυσούλας Jristos Jrisulas https://logosortodoxo.es/

“Ánimo, hija, tu fe te ha salvado”.
(La mujer con hemorragia y la resurrección de la hija de Jairo (Domingo VII de Lucas)
Por presbítero Athanasios Minás
“Ánimo, hija, tu fe te ha salvado”.
Fe: un sabor de la inmortalidad, fuerza que vence al mundo, camino hacia la filiación divina, virtud que anula la corrupción; medicina y medicamento para todas las enfermedades de la psique-alma y del cuerpo.
La fe ortodoxa, santa sabia, es la Roca sobre la cual se sostiene toda la edificación espiritual; la piedra angular porque abre los ojos, y los rayos de la luz iluminan la psique-alma, liberándola de la miopía del engaño. San Juan Damasceno dice: «Él nos restauró completamente».
Allí, en los Padres, hallarás, cristiano, que la fe se distingue de la ciencia, y el conocimiento mundano se distingue de la fe de un modo completamente distinto. Allí descubrirás que el conocimiento (gnosis) de Dios es la base de la fe ortodoxa, la χάρις (jaris: gracia energía, increada) y la voluntad del hombre. Se desarrolla en los corazones fieles que, mediante obras buenas, demuestran la fe como verdadera visión de Dios, la cual bendice el Señor Jesús Cristo en los Evangelios.
Por lo tanto, la fe ortodoxa es el vehículo del poder evangélico, la visión del corazón, por encima de todos los sentidos y todas las inteligencias, pues trasciende todas las fuerzas espirituales e intelectuales de nuestra psique-alma. Testigos de la verdad son hoy la mujer con hemorragia (hemorroísa) y Jairo, quienes obedecieron con fe, esperanza y amor el logos del Salvador. «Ánimo, hija», dijo a la hemorroísa. «No temas; solo cree…», dijo a Jairo.
Entonces, ¿cómo pueden los hombres caminar con el Θεάνθρωπο (zaánzropo) Dios-Hombre Cristo? Solo en la medida en que estén “enraizados y edificados en Él”. Nos enraizamos en Cristo mediante los sagrados misterios (sacramentos) y las santas virtudes ortodoxas, especialmente con la fe; agregando a la fe la virtud, a la virtud el conocimiento (gnosis), al conocimiento la piedad, devoción, a la piedad la filadelfia-fraternidad, a la filadelfia-fraternidad la agapi (amor incondicional, desinteresado).
Esta estabilidad de la fe se logra cuando llenamos nuestro corazón, nuestra mente y nuestra conciencia con su espíritu.
Hermanos, consideremos que, en este estado espiritual, todo el fundamento de nuestro ser está en Cristo y nuestra vida es de Cristo. Entonces, los esfuerzos y luchas espirituales producen alegría en la Psique-alma, una vez que se haya logrado la pacificación de las pasiones (pazos). Esta es la causa de la alegría espiritual; mientras que para los impíos que se burlan y dudan, como ocurrió hoy en la casa de Jairo, son motivo de gemidos y dolor. «Él, echando fuera a todos… gritó diciendo: la niña, levántate».
Se demuestra así, cristianos míos, que la fe en Cristo produce descanso, alegría del cuerpo y alegría resucitada en la psique-alma, y es causa de la victoria definitiva de los cristianos sobre el pecado, el diablo y finalmente la muerte.
Sin embargo, si deseas, hermano, alcanzar los límites extremos de la virtud y hallar el camino que conduce a Dios sin extraviarte, no des sueño a tus ojos, ni somnolencia a tus párpados, ni descanso a tus sienes, hasta que con muchos esfuerzos y lágrimas encuentres un lugar de desapego sin pazos para tu alma e ingreses en el santo templo del conocimiento (gnosis) de Dios; allí contemplarás la belleza de lo invisible (Padre Sarantis Sarantos).
La Sabiduría Subsistente o en Hipostasis (base substancial) del Padre, en el Espíritu Santo, dará donaciones celestiales para que, con discernimiento, contemples los fines últimos de los asuntos humanos y los razonamientos de los hombres, reconociendo su vanidad. Por consiguiente, la psique-alma que se ha liberado de toda malicia y del extraño pensamiento de la más mala arrogancia, y que ha adquirido la riqueza de un corazón simple e inocente mediante la fe ortodoxa, por la visita del Espíritu Santo se acerca directamente a Dios y a sí misma (véase San Porfirio, San Paísio, San Iakovos Tsalikis).
Entonces y solo entonces, lo que ve y oye por la jaris gracia increada lo considera confiable y verdadero sin vacilación, porque ha superado los abismos terribles de la incredulidad y se mueve por encima del Hades de la envidia y del engaño.
Aprendemos hoy, santa sabia, que: de todas las virtudes, la primera es la fe, que debe estar profundamente enraizada; cuando la psique-alma no duda en absoluto, sino que expulsa completamente el amor a sí mismo, egolatría. Porque esta es la barrera para el progreso de los que luchan en los combates espirituales. Esta introduce en la mente enfermedades (depresión) y pasiones corporales difíciles de curar. El amor a sí mismo, egolatría, es el amor irracional al cuerpo, que endurece y hace implacable al ególatra, amante de sí mismo, alejándolo de Dios, de Cristo y de Su Βασιλεία (Vasilía: reinado de la Realeza increada); según la Sagrada Escritura: «El que ama su psique-alma, la perderá» (Juan 12,25).
¡Pero ánimo, cristianos míos! Nuestra Santa Iglesia Ortodoxa otorga a su rebaño—como levadura—la verdadera fe apocaliptada-revelada, y el testimonio y la promesa en el Espíritu Santo, de que el presente, el futuro y el fin de los siglos pertenecen al Θεάνθρωπο (zaánzropo) Dios-Hombre Salvador Jesús Cristo. Jesús Cristo es el mismo ayer, hoy y por los siglos. A Él «toda rodilla se doblará en el cielo, en la tierra y debajo de la tierra» (Filipenses 2,10).
Al Señor Jesús, el Mesías, la gloria, la realeza, la psicoterapia, la sanación y la resurrección por los siglos de los siglos. Amén.
Presbítero Athanasios Minas, Fuente: http://aktines.blogspot.com/2025/11/blog-post_60.html
Traducido por Jristos Jrisulas Χρῆστος Χρυσούλας logosortodoxo.es/