
LA CREMACIÓN DE LOS MUERTOS
«Por eso Él, ¿cómo nos liberó del pecado y de la muerte? Pues con su crucifixión y con su muerte, como representante nuestro, como el Hijo del Hombre», como Él mismo dice (Hch. 7:56; Ap. 1:9,13, 14:14, Is. 52,12;53,5;56,2)
Y «No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él;» (1 Cor.3, 16-17)
Índice
A) LA CREMACIÓN DE LOS MUERTOS EN LA IGLESIA ORTODOXA. Emmanuíl K. Dundulakis
Master en Teología, Universidad Aristóteles de Tesalónica (Estudios de Teología Ortodoxa)
- La cremación de los muertos en la Sagrada Escritura
- La cremación de los muertos en la Santa Tradición
- Motivos de la posición negativa de la Iglesia Ortodoxa frente a la cremación de los muertos
B) La cremación de los muertos desde el punto de vista de la antropología y la ética cristiana
Georgios I. Mantzaridis, Profesor Emérito de la Facultad de Teología de la Universidad Aristóteles de Tesalónica
C) Preguntas y respuestas. Yérontas Atanasio Mitilineos, el Nuevo Crisóstomo
¿No es más preferible quemar a los muertos en vez de enterrarlos? ¿La Iglesia adoptaría fácilmente una ley
A) LA CREMACIÓN DE LOS MUERTOS EN LA IGLESIA ORTODOXA
Para responder a las cuestiones mencionadas anteriormente, es necesario partir de un enfoque del tema de la cremación en las fuentes de la apocálipsis/revelación, es decir, en la Sagrada Escritura y la Santa Parádosis/Tradición de la Iglesia.
- La cremación de los muertos en la Sagrada Escritura
No existen pasajes en la Sagrada Escritura que condenen explícitamente la cremación de los muertos. Sin embargo, en los casos del Antiguo Testamento donde se menciona la cremación, se observa su carácter negativo, ya que aparece como una acción abominable o como castigo, consecuencia de un acto impío o criminal. Un ejemplo representativo se encuentra en el Levítico, donde se dice: “Si la hija (prometida o casada) de un sacerdote se deshonra prostituyéndose, deshonra el nombre de su padre —será quemada en el fuego”.
Asimismo, en otros casos se confirma el carácter negativo y «castigable» de este fenómeno. También en otros casos se encuentra el uso de la cremación en contextos de enemistad, cuando los adversarios querían eliminar completamente a sus enemigos. Un ejemplo representativo es el caso de Amós 2,1. Según este pasaje, los moabitas quemaron los huesos del rey de Edom tras exhumarlos, convirtiéndolos en polvo para preparar cal.
Cabe señalar que la mayoría de los casos mencionados anteriormente se refieren a la quema de personas vivas, con excepción del mencionado en el libro de Amós.
Solo existe un caso de «cremación» que plantea dificultades interpretativas: la incineración de los cuerpos de Saúl y su hijo por parte de los habitantes de Jabés de Galaad antes de ser enterrados:
«Y tomaron el cuerpo de Saúl y el cuerpo de Jonatán su hijo… y los quemaron allí, y recogieron sus huesos y los enterraron.»
Algunos, comentando esta acción, la consideran simplemente un caso aislado relacionado con el tema; otros lo interpretan como un acto de venganza. También hay conjeturas sobre el uso de la cremación con el fin de proteger los cuerpos de nuevos ultrajes por parte de los filisteos y para facilitar la ocultación de sus restos. Finalmente, otros comentan que la cremación aquí podría referirse a la quema de perfumes y aromas (incienso) cerca de los cuerpos de los muertos, una práctica común con los reyes.
Kukulis, refiriéndose al tema de la cremación de los muertos en relación con el Nuevo Testamento, señala: «En ninguna parte del Nuevo Testamento se prohíbe la cremación de los muertos, pero tampoco se permite en ninguna parte.»
La palabra «cremación» aparece solo una vez en el Nuevo Testamento, en Hebreos 6,8, donde, en relación con otros pasajes, se interpreta como una expresión con matiz esjatológico.
La cremación de los muertos en la Santa Tradición
- La cremación de los muertos en los Padres y Escritores Eclesiásticos
Los escritores eclesiásticos que hacen mención del fenómeno de la cremación expresan su oposición a esta práctica. Tatiano se manifestó críticamente hacia la cremación, y Tertuliano (siglo II) la calificó como un acto inhumano que no concuerda con el espíritu cristiano, una postura que fue reiterada también por san Juan Crisóstomo.
Una muestra indicativa del juicio crítico de los Padres hacia la cremación se halla en Efstacio (Eustaquio) de Tesalónica (siglo XII). Este Padre relaciona la cremación con el mundo pagano, señalando:
«Era costumbre entre los helenos quemar a sus muertos, costumbre que aún perdura entre algunos bárbaros. Aquellos hacían esto… porque consideraban el cadáver como impuro; la quema era una forma de purificación del muerto, ya que el fuego purifica, y por eso también se realizaban purificaciones por medio del fuego… Sin embargo, está claro que no a todos les agradaba la cremación de los muertos.» San Nicodemo el Hagiorita, finalmente, señala que quienes recurren a la cremación de un difunto deben ser considerados y tratados canónicamente como homicidas.
- Cremación y resurrección de los muertos
En ciertos momentos, algunos organismos eclesiásticos han intentado interpretar la posición negativa de la Iglesia Ortodoxa hacia la cremación alegando, entre otros argumentos, la supuesta imposibilidad de la resurrección de los cuerpos cremados. Otros, interpretando de forma desacertada el versículo Mateo 3:9 y sin considerar el contexto, refuerzan la posibilidad de la resurrección también en estos casos.
Pero ¿cómo se posiciona la Iglesia Ortodoxa ante esta cuestión, según la enseñanza de los escritores eclesiásticos?
Un caso característico que refleja indirectamente -por parte de los perseguidores- la creencia de que la cremación obstaculiza la resurrección de los muertos es el que menciona Efsevio (Eusebio) de Kesárea.
Ya en el siglo II d.C., en la obra de Minucio Félix Octavio -que presenta un diálogo entre el pagano Cecilio y el cristiano Octavio- se destaca que los cristianos no evitan la cremación por su fe en la resurrección, sino por la tradición del entierro.
Debe considerarse erróneo todo intento de «limitar» la resurrección a ciertas categorías de difuntos, ya que: «La resurrección es obra del poder y energía increada de Dios» y constituye una «donación» regalo divino hacia la creación, con el fin de restaurar su belleza original69.
La resurrección, con su carácter y dimensión70 «universal», es la continuación natural del estado post mortem del ser humano y la ausencia de ella, «no podría mantenerse la naturaleza humana como tal.»
Relacionar la cremación con la impiedad o la incredulidad, y considerar que los impíos no resucitarán, no concuerda con la tradición de la Iglesia. Orígenes señala al respecto:
«De ahí que algunos de los creyentes más simples crean que los impíos no participarán de la resurrección, pero ¿qué entienden por resurrección, y qué tipo de juicio imaginan? No lo explican claramente.»
Ecumenio también subraya el carácter y dimensión «universal» de la resurrección: «¿Qué diremos entonces? ¿…será parcial la resurrección, como si los incrédulos no resucitaran? No es así: todos resucitarán, aunque no todos serán llevados a la doxa-gloria increada».
En conclusión, puede afirmarse que la resurrección es un » regalo (donación) irrevocable», una herencia de Dios hacia el hombre, dado que éste ha sido «honrado con la resurrección». Por tanto, también participan de ella quienes han sido cremados. Negarlo implicaría una forma de «mutilación» de esta expresión amorosa de Dios hacia el ser humano. Sin embargo, debe entenderse que la resurrección de quienes fueron cremados voluntariamente no implica justificación de dicha acción.
III. Motivos de la posición negativa de la Iglesia Ortodoxa frente a la cremación de los muertos
Aunque la Iglesia Ortodoxa Católica no ha intentado sistematizar de manera formal las razones que la llevan a oponerse a la cremación, los estudiosos del fenómeno han intentado en distintas ocasiones enumerarlas.
El argumento que apela a la fe en la resurrección del cuerpo y de los muertos en general para rechazar la cremación, ha quedado claro que no cuenta con fundamentos «lógicos» ni patrísticos. Asimismo, la vinculación de la cremación con costumbres paganas puede haber sido válida en los primeros siglos del cristianismo como argumento en contra, pero hoy día ya no puede sostenerse del mismo modo.
i) La tradición del entierro en el seno de la Iglesia Ortodoxa, en relación con el entierro corporal de Cristo, aunque algunos lo consideran un argumento poco sólido, se presenta como una de las principales razones por las que la Iglesia mantiene su oposición a la cremación y acepta el entierro de los cuerpos.
ii) La visión espiritual del cuerpo humano y su santificación mediante el bautismo, la Divina Efjaristía y los demás Misterios de la Iglesia, es otro factor que aboga por el respeto al cuerpo y, por ende, por la praxis del entierro y no la cremación.
iii) En los últimos cinco años, entre los argumentos que se han presentado contra la cremación de los muertos, también se destaca el respeto a la persona humana como una unidad psicosomática, que se extiende al respeto del cuerpo humano.
iv) En este contexto también se incluyen los cuerpos incorruptos de los santos, mártires y sus reliquias sagradas, con las cuales se consagran templos. Es indicativo el logos de Simeón el Nuevo Teólogo sobre los cuerpos de los santos: “Cuando llega el fin y la ψυχή (psijí: psique, alma, ánima, la que anima vivifica el cuerpo) se separa del cuerpo, entonces la χάρις (jaris: gracia, energía increada) del Espíritu Santo se apropia y santifica completamente todo el cuerpo, y por eso los huesos desnudos y las reliquias de los santos emanan perfume, sanaciones y curan toda enfermedad”.
v) La muerte es considerada por la Iglesia Ortodoxa como un “ascenso, promoción”, un sueño y un descanso. San Juan Crisóstomo señala al respecto: “Porque… vino Cristo, y murió por la vida del mundo, la muerte ya no se llama muerte, sino sueño y descanso”;
y continúa: “Por eso también este lugar (refiriéndose al cementerio) se llama κοιμητήριον (kimitírion)* lugar de descanso, para que comprendas que los que han fallecido yacen aquí no como muertos, sino como dormidos y descansando”. Esta visión de la muerte constituye, en nuestra opinión, otro motivo por el cual la Iglesia Ortodoxa acepta el entierro y rechaza la cremación. *(De aquí viene la palabra en español “cementerio”, porque la “c” en el latín-bizantino se pronuncia como K)
vi) El “papel pedagógico” que ejerce -según la Parádosis (Tradición) Patrística- sobre los fieles a través de la visión de los difuntos y de los cementerios, y más ampliamente la “memoria de la muerte”; lo lógico (parte de la psique-alma) opuesto de la sociedad occidental con su “fobia neurótica” hacia la situación previa a la muerte y sus dimensiones post mortem, no podría considerarse independiente de la postura negativa de la Iglesia Ortodoxa hacia la cremación de los muertos. En particular, la insistencia de las sociedades occidentales en rechazar, aunque sea de manera indirecta, la muerte y sus indicios visibles, las llevó al silenciamiento de la muerte, al intento de embellecerla o -en el último intento- a su rechazo mediante la cremación. No olvidemos que, según la Iglesia Ortodoxa, la visión de los dormidos (difuntos) y de los cementerios contribuye positivamente a la autoevaluación, reconsideración y reorientación de los fieles en el “misterio de la vida”.
vii) También se considera importante la contribución del entierro al desarrollo del arte (arquitectura, iconografía, etc.), en contraposición con la cremación, que actúa como obstáculo para cualquier forma análoga de progreso cultural.
viii) Por último, la reserva expresada por círculos forenses respecto a la cremación, como posible medio para encubrir homicidios, puede ser aprovechada por la Iglesia como argumento en contra de la cremación de los muertos.
Fuente: https://www.impantokratoros.gr/88D1EA4D.el.aspx
B) La cremación de los muertos desde el punto de vista de la antropología y la ética cristiana
Georgios I. Mantzaridis, Profesor Emérito de la Facultad de Teología de la Universidad Aristóteles de Tesalónica
El entierro de los muertos no constituye un tema dogmático en el sentido de un término dogmático. La resurrección de los muertos, en la que cree la Iglesia, no dependerá de si fueron enterrados o incinerados. Pero, por otro lado, el entierro de los muertos no es ajeno a la fe dogmática de la Iglesia. La preferencia por el entierro y el rechazo de la cremación de los muertos están estrechamente relacionados con la fe de la Iglesia respecto al ser humano y al propósito de su existencia.
La Iglesia no desprecia el cuerpo, sino que lo honra. El ser humano representa la icona/imagen de Dios no solo como psique-alma, sino también como cuerpo. Imagen de Dios es el conjunto, psique-alma y cuerpo. Y el propósito del ser humano como persona que iconiza, representa a Dios es albergar en sí mismo al representado, es decir, al mismo Dios. Todo lo demás se somete y se integra en ese propósito. Si la cremación del cuerpo llegara a servir este propósito, podría no solo ser aceptada, sino también deseada.
Los cristianos que eran condenados a la muerte por el fuego no la evitaban, sino que la soportaban mirando hacia su unión final con Cristo. Es significativa la súplica que formula san Ignacio el Teóforo para sí mismo: «Fuego y cruz, agrupaciones de fieras, cortes, separaciones, dispersión de huesos, mutilación de miembros, trituración de todo el cuerpo… que vengan sobre mí, con tal de que yo alcance a Jesús Cristo». Este deseo de completa aniquilación no se debe a enemistad hacia el cuerpo o la materia, sino a la αγάπη (agapi: amor incondicional, desinteresado) hacia Cristo. Es el anhelo de la manifestación de la verdad ontológica (existencial) de la icona-imagen.
La hostilidad, enemistad hacia el cuerpo se observa en las religiones orientales y en la idolatría. La Iglesia no ve el cuerpo con enemistad ni lo considera como una “señal”, es decir, tumba, como lo consideraba Platón, para querer aniquilarlo. El cuerpo humano es templo del Espíritu Santo. Es la Iglesia viva, dentro de la cual el ser humano es llamado a adorar, alabar y rendir culto a Dios. Y quienes adoran verdaderamente a Dios, fundan con sus reliquias las iglesias (templos) creadas, construidas, que albergan a los vivos. Por eso la Iglesia honra las reliquias de los santos y las conserva como tesoros preciosos.
Para la Iglesia, la naturaleza humana es tan sagrada y afín a Dios, que pudo unirse a Él en una sola e indivisible hipóstasis (base subsistencial, substancial). Así, en la hipóstasis de Cristo, el cuerpo humano se une de manera indivisible e inconfundible con Su divinidad, mientras que en las hipostasis humanas el cuerpo recibe la divina χάρις jaris energía, gracia increada y participa en la vida divina. Por eso el cristiano no desprecia su cuerpo, ni desea desecharlo como enemigo, sino que anhela su renovación en Cristo y su incorruptibilidad.
Quien ve el cuerpo muerto como reliquia, es decir, como un vestigio respetado de la existencia humana, desea honrarlo. Y en ese caso, el entierro o la posterior conservación de los huesos es sagrada. Además, hoy sabemos que incluso los huesos secos conservan viva la identidad biológica del difunto, cosa que no ocurre con las cenizas. Quien, en cambio, ve el cuerpo humano muerto como un cadáver macabro, es natural que lo rechace y quiera eliminarlo. No percibe ni discierne símbolos, sino objetos físicos con valor monetario, de uso o de intercambio comercial. Olvida el corazón y piensa racionalmente. Con la problemática propia de los grandes centros urbanos, considera más lógica y práctica la cremación de los muertos. La única laguna lógica que queda aquí es por qué realizar una cremación inútil, sin un uso simultáneo del material que puede derivarse del cuerpo muerto.
A lo largo de toda la historia del Antiguo Testamento y del cristianismo indiviso, la cremación de los muertos se enfrenta como una costumbre idolátrica y se considera una práxis repulsiva. En particular, la muerte por fuego en el Antiguo Testamento está vinculada con crímenes horrendos. El Nuevo Testamento da por sentado el entierro de los muertos, mientras que en la historia de la Iglesia solo los perseguidores de la misma recurrieron a la cremación de los cuerpos de los cristianos, para borrar su memoria y dañar la esperanza de su resurrección. En tiempos más recientes, finalmente, la cremación de los muertos también se aplicó como una forma de purificación del mundo de su presencia.
La voluntad de hacer desaparecer o conservar el cuerpo muerto en la tumba está directamente relacionada con la actitud del ser humano frente a la muerte. Cuando alguien desea olvidar la muerte, es natural que quiera hacer desaparecer todo lo que se asocie con ella o la recuerde. Y esto se ve reforzado por los sistemas de nuestra sociedad. Todo contribuye al silenciamiento de la muerte. En este clima, es natural que se busque también la desaparición del cuerpo humano muerto. El entierro en la tumba conserva la memoria: la memoria del difunto, pero también la de la muerte. Y para conservar esa memoria sin tortura, se necesita tener fe en la victoria sobre la muerte.
El cristiano cree en esa victoria y espera la resurrección: «Espero la resurrección de los muertos», dice el Símbolo de Fe (Credo). Espera la resurrección que concierne a toda su existencia psicosomática. Espera la resurrección del nuevo hombre a partir del cuerpo que se corrompe, como espera también el nuevo trigo a partir del grano que se pudre en la tierra. Cuando existe esa fe o esa esperanza, también la actitud hacia la muerte y el cuerpo muerto es correspondiente. Y esa actitud inspira la ética que se ha cultivado durante siglos en esta tierra, mientras que la cremación introduce una nueva ética.
La cremación de los muertos no ataca directamente el dogma de la resurrección. Pero ataca el sentimiento y la ética que cultiva ese dogma. Deforma la perspectiva y la esperanza de la Iglesia respecto al ser humano. Así, se afecta también el dogma, ya que este está orgánicamente unido con la ética, la “psicoterapia” y la vida de la Iglesia. En esta tierra, donde la cremación de los muertos no era desconocida, fue establecida por la enseñanza cristiana y se mantuvo posteriormente como evidente el entierro de los muertos. Un acto simbólico, que ya desde el Apóstol Pablo se compara con la siembra del grano de trigo y se vincula con la esperanza de la nueva vida. Cuando se apaga esa esperanza, el entierro pierde también su dimensión simbólica.
Por supuesto, el comportamiento desviado no puede ser prohibido, especialmente por la Iglesia, que siempre presupone la libertad humana. La Iglesia no impone la fe ni sus ritos a aquellos que son ajenos a ella. Pero aquellos que son ajenos a la Iglesia no pueden exigirle que bendiga sus elecciones arbitrarias. (Extracto)
Georgios I. Mantzaridis, Profesor Emérito de la Facultad de Teología de la Universidad Aristóteles de Tesalónica
C) Preguntas y respuestas.
Yérontas Atanasio Mitilineos, el Nuevo Crisóstomo
¿No es más preferible quemar a los muertos en vez de enterrarlos? ¿La Iglesia adoptaría fácilmente una ley así?
Prestad atención, hijos míos, a este tema.
El entierro de los muertos es una costumbre antiquísima y universal, mucho más antigua que la cremación. Por lo tanto, desde el principio, ha sido práctica común entre todos los pueblos y en todas las épocas enterrar a los difuntos. El entierro es lo más natural: lo que ya no vive sobre la tierra se descompone, y naturalmente vuelve a la tierra. En cambio, la cremación no es una praxis natural. La praxis más acorde con la naturaleza es, sin duda, el entierro.
Aun así, la cremación fue adoptada por algunos pueblos en épocas posteriores. Por ejemplo, los egipcios jamás incineraban a sus muertos. Es bien sabido que los momificaban, los embalsamaban, y muchos de esos cuerpos se han conservado hasta nuestros días. Tampoco los helenos (griegos) practicaban la cremación como costumbre general; aunque hay casos aislados, en su mayoría se inclinaban por el entierro.
En el cristianismo predomina el entierro. No solo porque Cristo fue sepultado, sino también porque este acto expresa de manera más profunda la fe en la resurrección. Decir que la cremación impide la resurrección sería absurdo. Sería una broma decir que, si quemamos un cuerpo, entonces no podrá resucitar. Es ridículo pensarlo. Para confirmarlo, recordemos el Apocalipsis 20,14: “Y la muerte y el Hades fueron arrojados al lago de fuego increado [para que no salgan más de allí, se habrán anulado para siempre]. Esta es la muerte segunda [es decir, la separación eterna de Dios, el terrible, horrible e interminable infierno]” (Ap 20,14).
El fuego, el agua y el mar devolverán los cuerpos. Es decir, en cuanto a la materia, el cuerpo no se pierde. ¿Cómo recogerá Dios esa materia para recomponer el cuerpo humano? Esa es una cuestión de Su sabiduría, de Su αγάπη (agapi: amor incondicional) y de Su δύναμις (dínamis: poder, potencia y energía increadas). No es asunto nuestro. El punto esencial es que la cremación no impide la resurrección de los muertos.
Pero, prestad atención: el entierro es una icona, una imagen viva de la fe en la resurrección. Por eso, en los kóliva (ofrendas con trigo hervido en los memoriales) usamos trigo, que además tiene un simbolismo geográfico y bíblico. Nos recuerda la Resurrección: así como el grano de trigo cae en la tierra y brota en una nueva forma, así también -dice san Pablo- se siembra el cuerpo en corrupción y resucita en incorrupción.
Enterrar a los muertos es, por tanto, un acto simbólico que representa la fe en la resurrección. Por eso usamos el verbo griego κοιμοῦμαι (kimúme), que significa “dormirse”. No decimos “quemar”, decimos “dormitorio”, no “crematorio”. El difunto está dormido, y se despertará. No es ceniza, sino que espera la resurrección.
En conclusión: el entierro es icona, símbolo y representación de la Resurrección de los muertos. Por tanto, los cristianos no deberían ser cremados o incinerados. La cremación es preferida por los panteístas o por quienes niegan la resurrección de los muertos.
Os recordaré dos artistas griegos muy conocidos: Dimitri Mitrópoulos, famoso director de orquesta, y María Kalas. Ambos dejaron testamento pidiendo ser incinerados. Esa decisión va en contra del dogma ortodoxo sobre la resurrección. No porque no vayan a resucitar, lo repito, sino porque se pierde la icona visible de la resurrección al evitar el entierro.
Por eso, la Iglesia jamás aceptará la cremación de los muertos como práctica, sino solamente el entierro. Si alguien es ateo, panteísta o de otra creencia y desea ser incinerado, está en su derecho. Pero en ese caso, esa persona ya no tiene relación con la Iglesia (Increada unida con la creada).
Yérontas Atanasio Mitilineos. Fuente: https://www.impantokratoros.gr/dat/storage/dat/27A550C9/peri_kafseos_nekron.mp3
Traducido por: χΧ jJ https://logosortodoxo.es/
2 comentarios
«Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios» (1 Corintios 6:20)
«Sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación» (1 Pedro 1:18-19 )
¿Quiénes somos nosotros los humanos para quemar algo que no sólo no es nuestro, sino que además es de Dios?
«Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó» (Gen.1, 27)
Al quemar nuestros cuerpos, es como si le qemásemos también a él.
Autor
Gracias φίλος amigo en y de CristoDios!!!