π. Αθανάσιος Μυτιληναίος- Σύγχρονοι νέοι και ιδανικά (Κυριακή ΙΓ΄ Λουκά)

Domingo XIII de Lucas (18:18-27)
La parábola del joven rico, p. Atanasio Mitilineos
“JÓVENES MODERNOS Y SUS IDEALES”
18 Un hombre distinguido le preguntó: Maestro bueno, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?
Λουκ. 18,18 Καὶ ἐπηρώτησέ τις αὐτὸν ἄρχων λέγων· διδάσκαλε ἀγαθέ, τί ποιήσας ζωὴν αἰώνιον κληρονομήσω;
Λουκ. 18,18 Και τον ηρώτησε κάποιος άρχων, λέγων· “Διδάσκαλε αγαθέ, τι πρέπει να κάμω, δια να κληρονομήσω την αιώνιον ζωήν;”
19 Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno?, ya que me consideras como un hombre simple; Ninguno hay bueno, el único bueno es el Dios.
Λουκ. 18,19 εἶπε δὲ αὐτῷ ὁ Ἰησοῦς· τί με λέγεις ἀγαθόν; οὐδεὶς ἀγαθὸς εἰ μὴ εἷς ὁ Θεός.
Λουκ. 18,19 Είπε δε προς αυτόν ο Ιησούς· “εφ’ όσον με θεωρείς απλούν άνθρωπον, διατί με ονομάζεις αγαθόν; Κανένας δεν είναι απολύτως αγαθός, στον οποίον και να ταιριάζη πλήρως το όνομα αυτό, ει μη μόνον ο Θεός.
20 Sabes los mandamientos: No cometerás adulterio; no matarás; no hurtarás; no dirás falso testimonio; honra a tu padre y a tu madre.
Λουκ. 18,20 τὰς ἐντολὰς οἶδας· μὴ μοιχεύσῃς, μὴ φονεύσῃς, μὴ κλέψῃς, μὴ ψευδομαρτυρήσῃς, τίμα τὸν πατέρα σου καὶ τὴν μητέρα σου.
Λουκ. 18,20 Γνωρίζεις τας εντολάς· να μη μοιχεύσης, να μη φονεύσης, να μη κλέψης, να μη ψευδομαρτυρήσης, να τιμάς τον πατέρα σου και την μητέρα σου”.
21 Él dijo: Todo esto lo he guardado desde mi juventud.
Λουκ. 18,21 ὁ δὲ εἶπε· ταῦτα πάντα ἐφυλαξάμην ἐκ νεότητός μου.
Λουκ. 18,21 Εκείνος δε είπε· “όλα αυτά τα εφύλαξα εκ νεότητός μου”.
22 Jesús, oyendo esto, le dijo: Aún te falta una cosa: vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, así tendrás tesoro en el cielo, después, ven y sígueme como discípulo mío fiel y obediente.
Λουκ. 18,22 ἀκούσας δὲ ταῦτα ὁ Ἰησοῦς εἶπεν αὐτῷ· ἔτι ἕν σοι λείπει· πάντα ὅσα ἔχεις πώλησον καὶ διάδος πτωχοῖς, καὶ ἕξεις θησαυρὸν ἐν οὐρανῷ, καὶ δεῦρο ἀκολούθει μοι.
Λουκ. 18,22 Οταν ήκουσε τα λόγια αυτά ο Ιησούς του είπε· “ένα ακόμα σου λείπει· όλα όσα έχεις πώλησέ τα και μοίρασέ τα στους πτωχούς και θα αποκτήσης έτσι θυσαυρόν στον ουρανόν και εμπρός ακολούθησέ με ως πιστός και υπάκουος μαθητής μου”.
23 Entonces él, oyendo esto, se puso muy triste, porque era muy rico y apegado a sus riquezas.
Λουκ. 18,23 ὁ δὲ ἀκούσας ταῦτα περίλυπος ἐγένετο· ἦν γὰρ πλούσιος σφόδρα.
Λουκ. 18,23 Εκείνος, όταν ήκουσε αυτά, ελυπήθηκε βαθύτατα· διότι ήτο πολύ πλούσιος και είχε προσκόλλησιν εις τα πλούτη του.
24 Al ver Jesús que se había entristecido mucho, dijo: ¡Cuán difícilmente entrarán en el reinado de la realeza increada de Dios los que tienen riquezas y dinero!
Λουκ. 18,24 ἰδὼν δὲ αὐτὸν ὁ Ἰησοῦς περίλυπον γενόμενον εἶπε· πῶς δυσκόλως οἱ τὰ χρήματα ἔχοντες εἰσελεύσονται εἰς τὴν βασιλείαν τοῦ Θεοῦ!
Λουκ. 18,24 Οταν δε τον είδε ο Ιησούς καταλυπημένον να φεύγη, είπε στους μαθητάς του· “πόσον δύσκολα αυτοί που έχουν τα χρήματα θα μπουν εις την βασιλείαν του Θεού!
25 Porque es más fácil pasar un kámilon (cuerda gorda que atan los barcos) por el pequeño agujero que abre una aguja, que entrar un rico en la realeza increada de Dios.
Λουκ. 18,25 εὐκοπώτερον γάρ ἐστι κάμηλον διὰ τρυμαλιᾶς ῥαφίδος εἰσελθεῖν ἢ πλούσιον εἰς τὴν βασιλείαν τοῦ Θεοῦ εἰσελθεῖν.
Λουκ. 18,25 Διότι είναι ευκολώτερον να περάση μια γκαμήλα από την μικρή τρύπα που ανοίγει ένα βελόνι, παρά ένας πλούσιος να εισέλθη εις την βασιλείαν του Θεού”.
26 Y los que oyeron esto dijeron: ¿Quién, pues, podrá salvarse? Ya que todos más o menos nos enredamos con el dinero, nos autoengañamos y somos atraídos por él.
Λουκ. 18 ,26 εἶπον δὲ οἱ ἀκούσαντες· καὶ τίς δύναται σωθῆναι;
Λουκ. 18,26 Εκείνοι δε που τον ήκουσαν είπαν· “και ποιός είναι δυνατόν να σωθή, αφού λίγο-πολύ όλοι ανακατευόμεθα με τα χρήματα και ελκυόμεθα από τα χρήματα;
27 El Señor les dijo: Lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios.
Λουκ. 18,27 ὁ δὲ εἶπε· τὰ ἀδύνατα παρὰ ἀνθρώποις δυνατὰ παρὰ τῷ Θεῷ ἐστιν.
Λουκ. 18,27 Ο δε Κυριος είπεν· “τα αδύνατα δια τους ανθρώπους είναι κατορθωτά και δυνατά στον Θεόν”.
Domingo XIII de Lucas (18:18-27)
Transcripción de la homilía del bienaventurado padre Athanasios Mytilineos sobre el pasaje evangélico del Domingo XIII de Lucas, con tema:
“JÓVENES MODERNOS Y SUS IDEALES”
(Pronunciada en el Monasterio Sagrado de Komnineu, Larisa, el 27 de noviembre de 1994).
La presencia del joven rico que se acerca al Señor y le pregunta qué debe hacer para heredar la vida eterna, queridos míos, realmente nos conmueve profundamente. Su pregunta es de una magnitud inmensa: «¿Qué debo hacer para heredar la vida eterna?» Y, sin embargo, la respuesta del Señor parece ser muy simple: “Aplica y cumple los mandamientos”. Así de sencillo: «Guarda los mandamientos». El joven quizás esperaba que le mencionara mandamientos grandes, extraordinarios y desconocidos, por eso le pregunta: «¿Cuáles son?». Y el Señor le enumera mandamientos del Decálogo, muy conocidos.
Así también, muchos de nuestros contemporáneos desprecian, queridos míos, los Diez Mandamientos, pues les parecen demasiado conocidos. Es propio del ser humano querer despreciar aquello que le resulta familiar. Siempre; ya sea un orador, los Mandamientos o la Divina Liturgia, siente la necesidad de rechazar y despreciar lo conocido. ¿Por qué? Porque piensa: «Eso ya lo sé, ya lo conozco». Dentro del ser humano no existe aquella renovación continua -porque ahí radica todo el trabajo-, aquella renovación constante que permita crear una pureza en la mirada, ver todo con ojos nuevos. ¡Poder ver lo mismo cada vez como si fuera algo nuevo! Esto es un asunto muy, pero muy importante.
Y esto no se aplica solo a los temas espirituales, sino también a la naturaleza que nos rodea y a las personas en nuestras vidas. Muchas veces nos aburrimos de ver los mismos rostros o personas: nuestra esposa, nuestro esposo, nuestros hijos, nuestros amigos. Sí, incluso podemos llegar a cansarnos de ellos. También podemos cansarnos de nuestro guía espiritual o de nuestros hermanos en la fe, diciendo: «Es lo mismo de siempre». Sentimos interés solo por lo nuevo. Lo mismo sucede con el entorno, las montañas, los árboles, el mar; «ya los conocemos, ¿qué novedad hay en ellos?». No los miramos con esos ojos renovados, capaces de verlos como si fuera la primera vez. ¿Dónde está el problema? En nuestro interior, solo dentro de nosotros. Lo mismo sucede con los Diez Mandamientos: «Oh, ya los conozco». ¿Qué dijo el joven? «Los he guardado desde mi juventud». Desde pequeño he guardado los mandamientos. Y, sin embargo, el camino de los mandamientos es el que conduce a la vida eterna. Si realmente los hubiera cumplido, no habría necesitado preguntar al Señor, pues, sabría que los mandamientos son el camino, la vía, para alcanzar la vida eterna.
Ahí, sin embargo, es donde radica el error del joven y su fracaso. ¿En los mandamientos? Sí, joven mío, hay cosas que nunca envejecen. Los mandamientos (logos, principios espirituales) de Cristo. No envejecen. Son eternos. Son siempre los mismos. Y si se quiere, en lo que respecta al Nuevo Testamento y a la persona de Jesús Cristo, “Jesús Cristo es el mismo ayer, hoy y siempre”, dice el apóstol Pablo. El mismo, ayer, hoy, mañana y por los siglos. ¿Entonces? Entonces, los diez mandamientos deben vivirse.
Sin embargo, también existe una superación de los mandamientos, y el joven buscaba precisamente esa superación. Y el Señor le dijo: «Una cosa te falta». «¿Qué, Señor?» «Vende todo lo que tienes y dalo a los pobres, y tendrás un tesoro en el cielo, y ven y sígueme».
¿Dónde recae el peso de esta propuesta? No en la riqueza, ni en «darlo a los pobres». Podría haber sido alguien sin riquezas y, por lo tanto, no tendría que vender nada. ¿Dónde está el peso? En «ven y sígueme». La riqueza del joven era solo un obstáculo que debía eliminar para poder seguir a Cristo. ¿Qué significa este «ven y sígueme»? Es la dedicación, la entrega total, que trasciende el simple cumplimiento de los mandamientos. No se trata solo de lo que cumplo, sino en quién me he convertido. Lo diré de nuevo: Ya no se trata de qué mandamiento cumpliré, o de si cumplí o no cumplí con los mandamientos, ni de cuánto los cumplí. Sino que, a partir de la aplicación de los mandamientos, ¿en quién me he convertido? ¿Cómo me he transformado, cómo me he modelado?
Pero, el joven permanecía perplejo sobre lo que debería aplicar y cumplir. No lograba superar a sí mismo y su apego a sus riquezas. Por eso el Señor le pidió que vendiera todo lo que tenía, no por ninguna otra razón, sino para liberarse del «tener» y pasar al «ser». Sin embargo, aunque el joven rico fracasara, algo admirable en él era la búsqueda de un ideal. Y esto tiene mucha importancia. Porque se trata de la vida eterna. «¿Qué debo hacer para ganar la vida eterna?» Y el Señor, como nos informa en el Evangelio de Marcos (también lo relatan Mateo y Marcos), allí dice que el Señor miró con simpatía y amor a este joven: «Y Jesús, mirándolo, lo amó». Era un joven simpático y admirable. ¿En qué era simpático? El que buscaba un ideal, y además un ideal extremo, el más alto: la vida eterna.
¿Qué son los ideales? Son los valores. Son todas aquellas cosas que atraen al ser humano hacia lo alto, lo apartan de la mediocridad de la vida y le muestran el «bien vivir» en el sentido espiritual del término. Porque el «bien vivir» también puede considerarse el hecho de tener qué comer y beber bien; pero en el sentido espiritual, el «bien vivir» significa convertirse en una persona más espiritual, una persona más elevada. Y los ideales son los que desarrollan el “a imagen” que todos tenemos. «Καθ’ εικόνα» (kaz´ icona: “a imagen”) significa que «ya soy humano, quiera o no, soy humano y no puedo ser otra cosa». Por lo tanto, los ideales y los valores desarrollan esa «a imagen» y la transforman, la llevan hacia el «καθ’ ομοίωσιν» (kaz´omíosin: «a semejanza»), alcanzar a imitar a Dios.
Los ideales, los valores, permiten al ser humano ser lo que debe ser. Es aquello que decía Píndaro: «Conviértete en lo que estás destinado a ser». Conviértete en aquello para lo cual estás estructurado. Conviértete en lo que eres, es decir, conviértete en una persona. Y los ideales y los valores son muchos: la religión, la patria, la familia, el conocimiento, la comunidad, la sociabilidad, la honestidad, el trabajo. Todo esto son valores. El apóstol Pablo escribe a los filipenses algo maravilloso al exponer estos valores. Dice: “Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que tiene buena fama; si hay alguna virtud, y si algo digno de alabanza, en esto pensad y haced estas cosas” (Filip 4,8). En la misma carta Más adelante añade: “Nuestra política de gobierno y nuestra patria está en los cielos, nuestro comportamiento es como los ángeles del cielo, de donde esperamos con mucho anhelo nuestro Salvador y Señor Jesús Cristo» (Filip 3:20). Vivimos en la Tierra, pero nuestro régimen de gobierno está en el cielo, es decir, la cima de los ideales es el cielo.
La cima de los ideales, de los valores, es el reinado de la Realeza increada de Dios, la vida eterna.
Todas estas realidades como valores las tenemos ya sea por apocalipsis-revelación, lo que nos revela el logos de Dios, o en potencia de la imagen de Dios que está en nosotros. Como seres humanos, que llevamos la imagen de Dios, tenemos lógica y pensamos, y de este modo podemos poseer un bello conjunto de valores e ideales. ¿Cómo reflexionaban y filosofaban los antiguos? Los antiguos helenos-griegos. Como dijo Píndaro: “Conviértete y hazte en lo que estás destinado a ser.” No es por apocálipsis-revelación, sino que es debido a la imagen de Dios que llevamos en potencia dentro de nosotros.
Y planteamos la pregunta: Los jóvenes de hoy, dado que la lectura del Evangelio de hoy trata sobre un joven, ¿tienen ideales? ¿Qué ideales tienen? Sabemos que nuestra época se caracteriza por una caída, una degeneración cultural y espiritual. Estamos ante algo que continuamente desciende. Y el resultado es que vemos fuertes signos de decadencia social, moral, cultural y humanitaria. Signos profundos. Salvo excepciones, nuestros jóvenes de hoy no tienen ideales. O, más precisamente, sus ideales son απαξίες (apaxíes: devaluaciones, desvalores, anti-valores), no valores. Απαξίες (apaxíes: devaluaciones, desvalores, anti-valores). Muestran su preferencia por cosas que en otra época habrían avergonzado a las personas. Es lo que escribe el Apóstol Pablo en su carta a los Filipenses: “Su dios es su vientre, buscan la gloria en praxis y situaciones vergonzosas y tienen puesto su corazón en las cosas de la tierra y en las conductas carnales” Filip 3,19. Todo lo que concierne a la satisfacción de los sentidos y los bajos instintos animales, eso es nuestro dios. Qué voy a comer, qué voy a beber, cómo voy a complacerme. Ese es mi dios. Y su gloria está en su vergüenza, la mente puesta en las cosas terrenales. Estos son los ideales, hoy en día, de nuestros jóvenes.
Además, Pablo describe el carácter y la ética del mundo antiguo, una ética que los cristianos han superado. Escribe en su carta a los romanos en el capítulo 1, no lo interpretaré solo lo leeré: «La ira de Dios se manifiesta desde el cielo contra toda la impiedad e injusticia de los hombres con mala astucia, quienes mientras conocen la verdad, viven en la injusticia; ya que la gnosis-conocimiento de Dios y su voluntad, a la medida que se puede caber en el hombre, en ellos está a la vista y conocida; porque Dios mismo se lo ha manifestado. Porque desde la creación del mundo, lo invisible de Dios, su eterno poder y su divinidad, se dejan ver a la diania (inteligencia, mente, intelecto) y se hacen visibles y perceptibles a través de las cosas creadas, tanto su eterna omnipotencia como cada divina perfección; hasta el punto que no tienen excusa por su vida pecadora; porque, conociendo a Dios mediante su creación, no lo glorificaron ni le dieron gracias por sus grandiosidades e innumerables donaciones; por el contrario, se dejaron engañar por sus meditaciones insensatas, tontas y falsas sobre los ídolos y la vida pecadora y así su diania (mente, intelecto) se obscureció, se embotó y su corazón quedó sucio. Alardeando de sabios, se convirtieron en necios; y cambiaron la doxa-gloria luz increada del Dios increado e inmortal por las estatuas materiales, por ídolos, que iconizan-representan hombres mortales, y de aves, de cuadrúpedos y de reptiles. Por eso Dios, por esta impiedad, desprecio y apostasía de ellos, los retiró su χάρις (jaris: gracia energía increada) y así ellos mismos se entregaron y se esclavizaron a los deseos perversos de sus corazones, a la sucia inmoralidad, de forma que ellos mismos degradan sus propios cuerpos; cambiaron la verdad de Dios por la mentira de la idolatría, y respetaron, adoraron y dieron culto a la creatura, a la creación ilógica y animal, en lugar al Creador que la ha creado y por eso debe ser bendecido y alabado por todos los siglos. Amén. Exactamente por esto, como han adorado dioses falsos y viciosos, el Dios permitió/concedió que sean entregados y esclavizados en pazos-vicios, pasiones vergonzosas; pues, por una parte, sus mujeres (sin tener vergüenza y respetarse a sí mismas) cambiaron las relaciones naturales del sexo por otras contra la naturaleza; por otra parte, igualmente también los varones, dejando las relaciones naturales con la mujer, se entregaron a la homosexualidad, de varón con varón, cometiendo acciones vergonzosas y asquerosas y recibiendo en su propio cuerpo el castigo merecido por su propio extravío. Y como no apreciaron y no quisieron tener el conocimiento verdadero y sabio de Dios, concedió/permitió Dios que sean entregados y esclavizados, sin poder discernir lo correcto y abandonados a su mente depravada, que los empuja a hacer lo que no deben. Y así en sus psique-almas y cuerpos se regaron y se llenaron de injusticia, malicia, perversidad, codicia, maldad; rebosantes de odio, de asesinatos, de disputas, de engaño, de malignidad; chismosos, calumniadores, aborrecedores de Dios, insolentes, altaneros, soberbios, inventores de maldades, desobedientes a los padres, insensatos, ilógicos, desleales que pisotean sus propios compromisos que hacen, ni cumplen su palabra y honor, sin amor ni cariño ante sus familiares e intolerantes, resentidos, duros y sin piedad en la desgracia ajena; los cuales, aunque conocen bien la voluntad, la justicia y la sentencia de Dios que declara dignos reos de muerte (espiritual y física) a los que hacen tales cosas, sin embargo, ellos no sólo las hacen sino que las aprueban y aplauden a los que las hacen» (Romanos 1:18-32).
Es una larga lista. Esas son las απαξίες (apaxíes: devaluaciones, desvalores, anti-valores). Nuestros jóvenes hoy se aferran a esas απαξίες apaxíes. ¿Qué? ¿Honrar a los padres? “Honra a tu padre y a tu madre”, es el quinto mandamiento que escuchamos hoy. ¿A qué padres van a respetar?… Para añadir que los ideales de nuestros jóvenes hoy, siempre son απαξίες (apaxíes: los desvalores, anti-valores) en una ociosidad organizada y sistemática. Es el pecado del segundo medio del siglo XX. La pereza. La pereza sin límites que se extiende a todos los aspectos de nuestra vida. Miren las plazas, alrededor de las 10 de la mañana. Sea invierno, sea verano, véanlos en nuestra ciudad, en Larisa. Jóvenes, muchachos y chicas. Salen… se sieeeentan, se sieeeentan. No me digáis que “es por el desempleo que se sientan”. No me digáis esto. Se sientan, inactivos. Más inactivos que las ranas. Son minimalistas, buscan hacer lo mínimo posible. Y al mismo tiempo piden dinero. ¿De dónde? De los padres. O roban. Por eso hoy el índice de robos es muy alto. ¿Por qué? Para despilfarrarlo en placeres. Placeres de todo tipo. El cigarro, las drogas, las bebidas alcohólicas fuertes, las interminables horas perdidas en las cafeterías, en las discotecas, en la televisión, en los bailes y las canciones, que tienen contenido demoníaco y también una apariencia demoníaca: el descuido, lo desaliñado, lo desvergonzado, con los pantalones intencionadamente desgastados para chicos y chicas. Con esa actitud que no refleja a jóvenes serios, ni a las chicas. Con pendientes los chicos. ¡Los chicos con pendientes! Con anillos y pelo largo. Con una inactividad deliberada. No es desempleo; es inactividad, es decir, una pereza intencionada. No quieren trabajar. Todo esto constituye las απαξίες (apaxíes: devaluaciones, desvalores, anti-valores) con las que hoy en día nuestros jóvenes buscan saciar su psique-alma. Es una pena. Es una gran pena.
Pero, ¿cómo llegaron nuestros jóvenes a estas απαξίες (apaxíes: devaluaciones, desvalores, anti-valores)? ¿Qué es lo que falla? Muchas cosas. Las dos guerras mundiales de nuestro siglo, el desorden y las reestructuraciones sociales, el desarrollo de un individualismo desenfrenado que llega a los límites de la anarquía, como la vivimos y conocemos hoy. Dios, Dios, Dios, la religión, la familia, la patria, fueron considerados un sistema inútil. Y “donde Dios está ausente, entonces todo está permitido”, dice Dostoyevski. Sí. Falta Dios. Entonces todo me está permitido.
Así tenemos un clima general de profunda decadencia, donde los jóvenes ya no tienen ideales. Más bien persiguen lo devaluado, las απαξίες (apaxíes: devaluaciones, desvalores, anti-valores). La familia no puede ayudar, porque desafortunadamente también está impregnada de ideas dañadas, destruidas. Aunque, por supuesto, hay excepciones. Pero incluso los hijos de buenas familias, cristianas si se quiere, que viven en este mal ambiente general que lo inunda todo, también sufren daño. El niño saldrá a la calle, a la sociedad, irá a la escuela y allí sufrirá mucho mal.
¿Qué podemos hacer? En una ocasión, queridos, sobre un niño poseído, el Señor dijo que “esta clase de demonios no sale sino con oración y ayuno” (Mt 17,21). “Señor”, dijeron los discípulos, “¿por qué no pudimos nosotros curar al niño?”. “Esta clase de demonios no sale sino con oración y ayuno”.
¿Qué significa esto? Significa que las personas de nuestra época son presa del diablo. Por eso, aquellos que entienden, aquellos que sufren, aquellos que aún conservan salud espiritual dentro de ellos, que hagan esto: que ayunen y oren. No descuidemos los miércoles, los viernes y las Cuaresmas. Ayunemos. Y roguemos al Señor que nos libere de los demonios que han caído sobre la humanidad y especialmente sobre nuestros jóvenes. Además, es necesario dar testimonio en todas direcciones: explicar, aclarar, iluminar. Nuestra educación hoy, tal como se ofrece, -¿y quién lo niega?- es un gran paralítico. La educación no puede hacer nada. Temo que incluso se ofrece de forma negativa. Sin embargo, los maestros que me escuchan, si tienen en ustedes una salud espiritual, entonces resistan. Digan a los niños, a sus estudiantes, sea en la primaria, secundaria o bachillerato, lo correcto. Haremos lo que podamos. Hemos llegado, y lo vemos, a un punto límite, al “no va más…
Queridos, nos regocijamos, por supuesto, por el joven del Evangelio que deseaba conquistar la vida eterna. No pudo, claro. No pudo porque su corazón estaba cautivo por la avaricia. Pero tenía aspiraciones, ese joven rico. Tenía aspiraciones. Veía y anhelaba ideales. Y entre nosotros, por supuesto, aún hay jóvenes con bellos ideales, con alta nobleza, con amor a Cristo. Doxa Gracias y Gloria a Dios, los hay. A esos jóvenes debemos cuidarlos, protegerlos, elogiarlos, darles valor en esta época tan desalentadora. Finalmente, haremos lo que podamos. Cada uno según lo entienda, según lo que comprenda, según lo que podamos preservar. Haremos lo que podamos, aunque sea dando testimonio. Aunque nadie nos preste atención, debemos dar nuestro testimonio. Siempre habrá algunos, será y es λείμμα (lima: remanente o levadura”, Rom 11:5 y Apoc 12,17), será el pueblo de Dios. Será “el pequeño rebaño” Luc 12:32), como dijo el Señor. A esos pondrá Su atención, les cuidará. A esos beneficiará. Y Dios, queridos, tenga misericordia y compasión de la nueva generación y la bendiga.
Athanasios Mytilineos
(Para la gloria del Santo Dios Tríadico, transcripción de la homilía a texto digital y edición)
FUENTE: https://arnion.gr/index.php/diafora-uemata/omiliai-kyriakvn
Traducido por: Χρῆστος Χρυσούλας Jristos Jrisulas https://logosortodoxo.es/
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