JESÚS CRISTO – LA VIDA DEL MUNDO

ΙΗΣΟΥΣ ΧΡΙΣΤΟΣ – Η ΖΩΗ ΤΟΥ ΚΟΣΜΟΥ

REPASADA TRADUCCIÓN 09/04/2025

JESÚS CRISTO – LA VIDA DEL MUNDO

© Ioanis Romanidis

 

CONTENIDOS

  1. El Cristo en el Antiguo Testamento y los Sínodos Ecuménicos
  2. Iniciación en la Vida y en «toda la Verdad», es decir, en Cristo, a través del Espíritu Santo en Pentecostés.
  3. Diagnosis y terapia
  4. El cuerpo de Cristo
  5. Profetizar y Teologizar
  6. Consecuencia y conclusiones

NOTA: [Discurso pronunciado durante el Consejo Ortodoxo del C.M.I. (Consejo Mundial de Iglesias) en Damasco, del 5 al 9 de febrero de 1982, y publicado en *Xenia Ecuménica*, núm. 39, págs. 232-275, Helsinki, 1983.]

 

JESÚS CRISTO – LA VIDA DEL MUNDO

Introducción

El principal objetivo de la fe, de la teología y del dogma sobre el Cristo y Su relación con Su Padre y el Espíritu Santo es conducir la humanidad 1) a la catarsis e iluminación del corazón, es decir, a la terapia del centro de la personalidad humana y 2) a la θέωσις (zéosis: glorificación o divinización), que es el perfeccionamiento de la personalidad en la visión, expectación o contemplación de la δοξα (doxa: luz increada gloria) y βασιλεία (vasilía: realeza increada) de Cristo a través de Sus Santos, los miembros de Su Cuerpo, de la Iglesia. La fe, la oración, la teología, el dogma y los Misterios Ortodoxos son los métodos “psicoterapéuticos” terapéuticos y las señales o faros sobre el camino de la catarsis e iluminación del corazón hacia la zéosis, la cual, cuando se alcanza, anula la fe, la oración, la teología y el dogma, ya que la finalidad última, definitiva de estos es abolirlos en la zéosis y la αγάπη (agapi: amor desinteresado y altruista) (1Cor 13, 8-10).

Por tanto, el tema “Jesús Cristo – La Vida del Mundo”, es, en su esencia, psicoterapéutico, sanador y perfeccionador por naturaleza, y en este sentido, eclesiológico.

Sólo los iluminados y glorificados son miembros del Cuerpo de Cristo y templos del Espíritu Santo. Desde esta perspectiva, la catarsis y la iluminación tienen algunos paralelismos con las ciencias terapéuticas, especialmente con la psiquiatría, pero la zéosis es conocida y preservada sólo en el núcleo de la tradición cristiana ortodoxa y posiblemente también en el judaísmo. Son parientes con las ciencias sociales, pero no como principios morales (moralísticos), sino como ascetismo o ejercicio espiritual psico-terapéutico.

Tal como no se puede separar la gnosis-conocimiento psiquiátrico de su aplicación práctica, igualmente la fe, la oración, la teología y el dogma no pueden separarse de la aplicación psicoterapéutica y sanadora. Así como uno no puede cambiar el conocimiento psiquiátrico en un sistema abstracto o metafísico, tampoco se puede hacer esto con la santa Tradición Ortodoxa.

La relación entre el diagnóstico y la psicoterapia es casi la misma para la teología patrística ortodoxa que en la ciencia médica. La verdad se mide por el éxito y el acierto de la psicoterapia, sanación y la terapia acertada demuestra el análisis descriptivo de los métodos y los medios por los que se consigue.

Dividiremos nuestro tema en los siguientes capítulos:

1) Cristo en el Antiguo Testamento y en los Sínodos Ecuménicos,

2) Iniciación a la Vida y en “toda la Verdad” de Cristo a través del Espíritu Santo durante el Pentecostés,

3) Diagnóstico y terapia,

4) El Cuerpo de Cristo,

5) Profetizar y Teologizar

6) Consecuencia y conclusiones.

1) Cristo en el Antiguo Testamento y en los Sínodos Ecuménicos

Hay un punto de vista esencial sobre las condiciones y fundamentos teológicos de todos los Sínodos Ecuménicos, relacionado con la Persona de Cristo, que fue rechazado, ignorado y omitido por aquellos que siguen a Agustín. Esto plantea la pregunta: ¿Hasta qué punto aquellos que operan, actúan de esta manera realmente aceptan estos Sínodos (Concilios)?

Con la única excepción de Agustín, los Padres sostienen que Jesús Cristo antes de Su nacimiento de la Virgen Zeotocos, en Su Persona creada es el Ángel del Señor, el Ángel de la Gran Voluntad, el Kirios-Señor de la Doxa-Gloria (increada), el Kirios-Señor Sabaóz, es Éste mismo que se apocaliptó-reveló “en Sí mismo” como Dios a los Patriarcas y a los Profetas del Antiguo Testamento. Arrianos y Eunomianos, ambos estaban de acuerdo que Cristo era Aquel el Cual hizo esto en Su Persona o Hipóstasis (base substancial, subsistencial), la cual existía antes de la creación de los siglos, pero ellos insistían que Éste fue creado «ex nihilo» (a partir de la nada) y, por lo tanto, no era de la misma naturaleza (ομοούσιος omoúsios) con el Dios, el Cual es solo Dios verdadero “por naturaleza”.

Para demostrar estos puntos suyos los arrianos y los eunomianos argumentaban, igual que el judío Trifón con Justino Mártir y filósofo, de que en la zarza ardiente y sin consumirse, no era el Ángel del Señor quien dijo “YoSoY el Ων (on) el ser o auto-existencia” (Ex 3,14), sino el mismo Dios mediante el creado Logos-Ángel. Los Padres sin embargo, insistieron que el Ángel-Logos también apocaliptó-reveló esto de Sí Mismo y no sólo acerca Dios. El Ángel del Señor habló de Sí Mismo, cuando dijo a Moisés: “¡YoSoY el Señor Dios de tus padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacobo!” (Ex 3,6).

San Atanasio argumentó contra los arrianos que el nombre de «ángel» a veces se aplica al Logos increado y otras veces a un ángel creado. Él insiste que no puede haber confusión entre un ángel creado y el Hijo increado de Dios, quien en algunas ocasiones es llamado «Ángel» en el Antiguo Testamento. Insiste, además, en que «cuando se ve al Hijo, entonces se ve al Padre, porque Él (el Hijo) es el resplandor (la irradiación) del Padre, y así, el Padre y el Hijo son uno…

Está muy claro que todo lo que dice Dios, lo dice mediante el Logos y no por medio de algún otro… Y el que ha visto al Hijo, conoce que ha visto a Él y no simplemente un ángel, ni alguien mayor que los ángeles, ni, en resumen, una criatura cualquiera, sino al mismo Padre. Y quien escucha al Logos, conoce que está escuchando al Padre. Así como quien recibe luz del resplandor, conoce que está iluminado por el sol. [5 San Atanasio el Grande, Contra los arrianos 3,12-14]. Como clave o llave para la interpretación del Antiguo y Nuevo Testamento, san Atanasio dice que “no hay ninguna cosa más que el Padre que energiza, opera… a través por el Hijo” *[6 Ibid, 3, 12.6. Al final de este capítulo el texto entero de san Atanasio]

Esto significa que el Antiguo Testamento es Cristocéntrico, puesto que el Cristo es el Ángel del Señor y de la Gran Voluntad antes de la encarnación, el Señor de la Doxa-Gloria (increada) y el Señor Sabaoz, en el Cual los patriarcas y los profetas ven y escuchan a Dios y mediante de Él reciben la χάρις (jaris: gracia, energía increada), la ayuda y el perdón.

El hecho de que tanto los ortodoxos como los arrianos estuvieran de acuerdo en que el Ángel-Logos era quien se manifestó y apocaliptó-reveló a Dios a los Profetas, y que este mismo era la Persona que se hizo Hombre y Mesías, debe considerarse como la llave para comprender las decisiones del Primer y los siguientes Sínodos Ecuménicos.

Es importante que uno entienda que Ortodoxos y Arrianos no discrepaban teóricamente sobre una Segunda Persona de la Santa Trinidad de una manera abstracta, cuya identidad y naturaleza alguien podría delinear subjetivamente mediante la reflexión sobre pasajes bíblicos con la ayuda de la filosofía eclesiástica y del Espíritu Santo. Aquello por lo que realmente discrepaban y discutían era la experiencia espiritual de los profetas y los apóstoles, en particular, si el Logos que se les aparecía en doxa-gloria era creado o increado, el Cual se manifiesta “en doxa (gloria, luz increada)” en ellos y se apocalipta-revela “en Sí Mismo” en ellos, como Icona-Imagen de Dios, revelando al Padre, como Arquetipo.

Debido a que los Evnomianos aceptaban las mimas tesis o posiciones que los Arrianos, respecto a las apariciones del supuesto creado Logos-Ángel ante los profetas, esta misma discusión fue trasladada al II Sínodo Ecuménico.

San Basilio el Grande con un poco de impaciencia e inquietud se dirige a Evnomio, de la siguiente manera: «No cesarás, oh ateo, de llamar inexistente, a éste que realmente existe, la fuente de la vida, a éste que da en todos los entes, seres la existencia. Él mismo encontró un nombre propio y adecuado a su eternidad cuando se reveló a su siervo Moisés, llamándose a sí mismo: “YoSoY el ὤν on o soy el que soy o el ser real o existente” (Ex 3,14). Y nadie podría contradecir que estas palabras fueron pronunciadas por el Señor, a menos que tenga el velo judío cubriendo su corazón al leer a Moisés, las que como velo cubren el verdadero sentido y significado cristiano (ver Cor 3,15). Pues está escrito: «Se apareció a Moisés un ángel del Señor en una llama de fuego en medio de la zarza» (Ex. 3, 28).  Aunque la Escritura, al mencionar primero un ángel en la narración, introduce después la voz de Dios que dice a Moisés: “YoSoY el Dios de tu padre Abraham” (Ex. 3, 6), y un poco después nuevamente: “YoSoY el ὤν on soy el que soy o el ser real o existente”. ¿Quién, pues, es a la vez ángel y Dios? ¿No es acaso aquel de quien hemos aprendido que su nombre es el “Ángel de la Gran Voluntad”? (Is. 9, 6)

Después resumiendo sus propias observaciones sobre el encuentro entre el Ángel-Logos y Jacob, que se encuentran en San Atanasio el Grande y en los Padres anteriores, San Basilio expresa el mismo principio exegético (explicativo) que hemos visto en el obispo de Alejandría, san Atanasio: «Es evidente para todos, que donde el mismo ser es llamado ángel y Dios, se indica al Unigénito, quien se manifiesta a las generaciones de los hombres y comunica a sus santos la voluntad del Padre. Por lo tanto, cuando se nombró a sí mismo ante Moisés, no se debe entender a otro sino al Logos de Dios, que en el principio es y estaba en Dios» (Logos contra Evnomiano pag 173-176).

Evnomio contestó a estos argumentos de san Basilio con la reivindicación de que el Hijo es el ángel del Ων-Ser, pero no el Mismo “Ων-Ser”. Este ángel se llama Dios para mostrar su superioridad o supremacía sobre todas las cosas que fueron creadas por él, pero esto no significa que él es “el Ων-Ser”. Así que Evnomio insiste que “el que envió a Moisés es era el On (Ser, existente), pero aquel por quien fue enviado y habló, era su ángel, y, para todo lo demás, Dios» (San Gregorio de Nisa, contra Evnomio 11, 3).

La habilidad y astucia sofística de este argumento puede parecer extraña, pero es significativa como testimonio del hecho de que la identificación del Ángel, quien es llamado Dios en el Antiguo Testamento, con el Cristo, el Unigénito Hijo de Dios y Creador, estaba tan firmemente afianzada y asegurada en la tradición, que los Eunomianos nunca podrían haber pensado en no cuestionarla, al igual que Agustín, un contemporáneo más reciente de ellos, estaba dispuesto a hacerlo en el norte de África, a pesar de que su supuesto maestro Ambrosio y todos los demás Occidentales Padres latinos estaban de acuerdo con la tradición que hemos descrito aquí.

San Basilio el Grande no podía contestar a las preguntas de Evnomio, contra sus argumentos, porque había muerto. Así que su hermano san Gregorio de Nicea ha hecho esto en sus 12 libros, “Contra Evnomio”, los cuales comunicó a san Jerónimo durante el II Sínodo Ecuménico, el año 381.

San Gregorio, entre otras cosas, sostiene que «si Moisés rechaza al ángel» (Ex. 33;15, 34: 9), pero aquel que le habla se convierte en su compañero de viaje y guía del ejército (Ex. 33, 17), entonces queda claramente demostrado que aquel que se llama a sí mismo con el nombre verdadero, el Unigénito es Dios.

Si alguien se opone a esto, entonces será defensor de la concepción judía, ya que no reconoce que el Hijo participa en la salvación del pueblo. Porque, si un ángel no acompaña a los israelitas y aquel que se designa mediante el nombre verdadero no es el Unigénito, como sostiene Eunomio, entonces no ocurre otra cosa sino la transferencia de las enseñanza y dogmas de la Sinagoga a la Iglesia de Cristo.

Por lo tanto, están obligados a admitir una de dos cosas: o bien que el Dios unigénito no estuvo en absoluto presente con Moisés, o bien que aquel que hablaba con el siervo (es decir, Moisés) era el mismo Hijo, aquel que es el «Ων-Ser» (es decir, el Dios existente). Sin embargo, los opositores presentan como objeción el mismo texto de la Escritura (Ex. 3, 2), que dice que primero habló la voz de un ángel y luego siguió el diálogo con el «Ων-Ser». Pero esto no es una objeción, sino una confirmación de nuestra posición. Porque también nosotros decimos que el profeta, queriendo revelar a los hombres el misterio de Cristo, llamó «ángel» al «Ων-Ser», para que no se pensara que, si en el diálogo solo se mencionaba el nombre «Ων-Ser», la mente de los oyentes se dirigiera exclusivamente al Padre, pasando por alto la presencia del Hijo (Contra Evnomio 11 3).

Estos textos de los ilustres y distinguidos Padres del I y II Sínodos Ecuménicos deberían ser demostraciones suficientes de que, para los Padres de los Sínodos, el dogma de la Santa Trinidad era idéntico a las apariciones de Cristo, el Logos no encarnado, a los profetas y del mismo Logos con Su naturaleza humana ante los apóstoles. Ninguno dentro de la Tradición Ortodoxa, excepto Agustín, dudó alguna vez de esta identidad del Logos con esa Persona concreta, que revelaba “en Sí mismo” a Dios invisible del Antiguo Testamento a los Profetas y, Quien se hizo hombre y continuó esta misma apocálipsis-revelación de la doxa (gloria, luz increada) de Dios dentro y mediante Su propia naturaleza humana, la que recibió de la Virgen.

La disputa entre los Ortodoxos, los Arrianos y los Evnomianos no era en relación sobre quién era el Logos en el Antiguo y Nuevo Testamento, sino en relación con lo qué era el Logos y cuál era Su relación con el Dios Padre. Los Ortodoxos sostenían que el Logos es increado, inmutable e inalterable, siempre existiendo eternamente desde la usía-esencia o hipóstasis del Padre, el Cual eternamente y por naturaleza es causa de la existencia de Su Hijo antes de todos los siglos. Los Arrianos y Evnomianos insistían que este mismo Ángel Logos es una creación-criatura alterable, mutable de Dios, el cual tiene Su existencia antes de los siglos ex nihilo, (de la nada o del no ser), no de la naturaleza de Dios sino por Su voluntad.

Así que la pregunta fundamental era la siguiente: ¿Los Profetas y Apóstoles vieron dentro de la doxa-gloria increada de Dios (según los Ortodoxos y los Arrianos) o dentro de la energía creada (según los Evnomianos), a un Logos increado o a un Logos creado? ¿Un Logos que es Dios por naturaleza y, por lo tanto, tiene todas las energías y poderes de Dios por naturaleza, o un Dios por la jaris (gracia), el Cual tiene algunas, pero no todas las energías del Dios Padre, por lo tanto, por la jaris y no por naturaleza? Tanto Ortodoxos como Arrianos y Eunomianos en principio estaban de acuerdo que si el Logos tiene todas las dinamis poderes, fuerzas y energías del Padre por naturaleza, entonces es increado, si no, entonces Él es creado o una criatura.

El problema central de esta controversia eran las experiencias de la apocálipsis-revelación o la zéosis glorificación, las que otorga el Dios, en Su Espíritu por Su Logos-Ángel-Cristo a los Profetas, Apóstoles y Santos.

Estas experiencias o más bien las mismas vidas de los santos están registradas en la Biblia, pero también en la continuación post-bíblica del Pentecostés dentro del cuerpo de Cristo, la Iglesia. Por lo tanto, ambos lados apelaban a los Padres de todos los siglos, empezando de las vidas de los que estaban registrados en el Génesis, y los que se habían extendido hasta su propio tiempo. No podían ponerse de acuerdo basándose en la autoridad de los testigos de su época, pero tenían un punto en común de discusión en el Antiguo y el Nuevo Testamento, así como en la tradición patrística precedente.

De esta manera, tanto los Ortodoxos como los herejes utilizaban indistintamente el Antiguo y el Nuevo Testamento para demostrar si los profetas y apóstoles vieron una hipóstasis divina creada o increada, o una persona, rostro de Cristo creada o increada. La argumentología es sencilla. Las dos partes enumeran todas las potencias, energías y poderes de Dios que están escritas en la Biblia. Hacen lo mismo para el Ángel-Logos-Hijo Unigénito. Luego comparan estas energías para ver si coinciden o no. No basta que estas energías y actividades sean simplemente similares, sino que deben ser idénticas.

Ambos, Ortodoxos y Arrianos, estaban de acuerdo plenamente con la tradición heredada del Antiguo Testamento, atestiguada por los Apóstoles y los Santos, en los cuales el Dios apocalipta-revela Su doxa (gloria, luz increada) en Su Hijo Encarnado, porque las creaciones no pueden conocer la increada usía-esencia de Dios y porque entre increado y creado de la nada, no hay ninguna similitud o semejanza.

Así, para demostrar que el Logos es creado, los Arrianos afirmaban que Él no conoce ni la esencia de Dios ni su propia esencia y que no es en absoluto semejante a Dios. Los Ortodoxos, en cambio, afirmaban que el Logos conoce la esencia del Padre y es en todo semejante al Padre, teniendo todo lo que tiene el Padre por naturaleza, excepto la Paternidad, es decir, el ser causa de su propia existencia y de la existencia del Espíritu Santo.

Ortodoxos y Arrianos estaban de acuerdo en que el Dios es en Sí Mismo por naturaleza, y lo que Él es y lo que hace por voluntad no se identifican, sino que discrepaban agudamente en la aplicación del discernimiento entre divinas esencia y voluntad o energía. Así, los Ortodoxos sostenían que el Dios es la causa de la existencia del Logos por naturaleza y de la existencia de las creaciones por voluntad; en cambio los Arrianos sostenían que ambos, es decir, el Logos y todas las demás creaciones son productos de la divina voluntad.

Contra estas tesis o posiciones los Evnomianos sostenían que la esencia y la energía increada de Dios es lo mismo y que el Logos es producto de la energía creada de Dios y que el Espíritu Santo es producto de la energía creada del Logos y que cada género creado es producto de las distintas energías creadas del Espíritu Santo. Según Eunomio, si cada género o especie no tuviera su propia energía procedente del Espíritu Santo, sólo existiría una especie creada o género creado y no muchos, según Evnomio.

Con estas ideas, Evnomio, en realidad imitaba a su manera el testimonio bíblico y patrístico de la zéosis glorificación. En la zéosis glorificación bíblica y patrística, todo creado y cada santo participa, comulga y está en comunión con el Logos, el Cual está presente en cada uno, multiplicándose indivisiblemente Su increada doxa (gloria, luz), la cual está completamente presente y no en parte en cada persona, estando en cada uno y dentro de cada uno, tal como enseñó Cristo (Jn 14 2-2) y apocaliptó-reveló en Pentecostés (Hechos. 2, 3-4), y la cual, en el Logos, también lleva consigo al Padre y al Espíritu Santo.

Esto significa que en Dios no hay arquetipos y que el Dios contiene no sólo los géneros o especies sino cada parte terrible de la existencia en todas sus múltiples formas. Así, que el átomon-individuo nunca está sacrificado por el Cristo en aras de un supuesto bien común, sino que al mismo tiempo el bien común es el bien de cada individuo. Como consecuencia del misterio de la Ascensión de Cristo en Su propia doxa-gloria principal y en Su aparición a Sus discípulos en Espíritu de la doxa-gloria en el Pentecostés. Él está ahora completamente presente en cada uno y en el interior de aquel que se encuentra en los estadios o etapas de iluminación y zéosis glorificación.

Por esta razón cada uno que toma la comunión (comulga) con el Cuerpo y Sangre de Cristo en la Divina Efjaristía, no recibe solo una parte de Cristo, sino la totalidad de la naturaleza humana de Cristo, la cual desde el Pentecostés se divide indivisiblemente (o se distribuye quedándose entera) a cada miembro de Su Cuerpo. Así por la coparticipación al pan efjarístico, el cual también está en el cáliz, que es uno, cada miembro del Cuerpo de Cristo recibe no una parte, sino la totalidad de Cristo, y se convierte en lo que ya es: templo o morada del Padre y del Espíritu Santo en el Logos Encarnado, en comunión con los demás miembros del Cuerpo de Cristo.

*[5-6] San Atanasio el Grande, Contra los arrianos 3,12-14.] Si el Logos no fuera uno con la esencia del Padre y no fuese un engendrado propio de la esencia del Padre, como el rayo o resplandor de la luz, sino que estuviese separado en naturaleza del Padre, habría bastado que el Padre diera solo, sin que ninguna de las criaturas tuviera comunión con el Creador en lo dado. Pero ahora, tal donación muestra la unidad del Padre y del Hijo. Pues nadie pediría recibir de Dios y de los ángeles, ni diría ‘Que Dios y el ángel te concedan’, sino ‘del Padre y del Hijo’, debido a su unidad y la manera común en que dan. Porque el Padre obra a través del Hijo, y así, quien recibe, tiene la χάρις (jaris: gracia, energía increada) de manera segura.

Si el patriarca Jacob, al bendecir a sus nietos Efraín y Manasés, decía: ‘El Dios que me alimentó desde mi juventud hasta el día de hoy, el ángel que me libró de todo mal, bendiga a estos niños’, no unía a los ángeles creados y de naturaleza creada con el Dios que los creó, ni dejando al Dios que lo sustentaba pedía la bendición para sus nietos de un ángel. Sino que, al decir ‘El que me libró de todos los males’, mostró que no se refería a ningún ángel creado, sino al Logos de Dios, a quien unía con el Padre en su súplica, pues por Él es que Dios libra a quienes quiere.

Porque conocía que este es llamado el Ángel de la gran voluntad del Padre, no decía que fuese otro quien bendice y libra de los males, sino Él mismo. No es que él mismo pidiera ser bendecido por Dios y quisiera que sus nietos fueran bendecidos por un ángel, sino que aquel a quien él mismo suplicaba, diciendo: ‘No te dejaré ir si no me bendices’ (y este era Dios, como él mismo dice: ‘He visto a Dios cara a cara’), a este suplicaba que bendijera también a los hijos de José.

Porque propio del ángel es servir al mandato de Dios; muchas veces se adelanta para expulsar a los amorreos, y es enviado para guardar al pueblo en el camino; pero incluso estas cosas no son obra suya, sino del Dios que le ordenó y le envió, y también le pertenece a Él el poder de librar a quienes Él quiera librar. Por eso, no otro sino el mismo Señor Dios que se apareció le dijo: ‘He aquí, yo estoy contigo, guardándote en todo el camino por donde vayas’, y no otro, sino el mismo Dios que se apareció, detuvo la conspiración de Labán, ordenándole que no hablara mal a Jacob; y él mismo no suplicaba a otro sino a Dios, diciendo: ‘Líbrame de la mano de mi hermano Esaú, porque le temo’. Y hablando con sus esposas, decía: ‘Dios no permitió que Labán me hiciera daño’.

«Por eso también David no suplicaba a otro sino a Dios mismo para ser librado, diciendo: ‘A ti, Señor, en mi aflicción clamé, y me escuchaste. Señor, libra mi alma de labios injustos y de una lengua engañosa’, y atribuyendo a Dios esta gracia, habló y pronunció las palabras del cántico en el Salmo diecisiete, en el día en que el Señor lo libró de la mano de todos sus enemigos y de la mano de Saúl, y dijo:  ‘Te amaré, Señor, fortaleza mía. El Señor es mi roca, mi refugio y mi libertador».

Y Pablo, después de soportar muchas persecuciones, no daba gracias a otro sino a Dios, diciendo:

“Y el Señor me ha librado de toda obra mala (2 Tim 4:18), y en Él hemos puesto nuestra esperanza; y no otro sino Dios bendijo a Abraham y a Isaac. Y cuando Isaac bendecía a Jacob, decía: ‘Dios te bendiga, y te haga crecer y multiplicarte, y llegues a ser una congregación de naciones, y te conceda la bendición de Abraham, mi padre’.

Si, pues, bendecir y librar es algo propio solo de Dios, y no hubo otro que librara a Jacob sino el mismo Señor, y el patriarca invocó al que lo libraba sobre sus nietos, es evidente que no unía a otro en su oración con Dios sino a su Logos, a quien por eso mismo también llamó ‘ángel’, porque solo Él es quien apocalipta-revela al Padre.

Lo mismo hacía el Apóstol cuando decía: ‘Gracia y paz a vosotros de Dios Padre nuestro y del Señor Jesús Cristo’. Pues así era segura la bendición, debido a la indivisibilidad del Hijo respecto al Padre, y porque la χάρις (jaris: gracia, energía increada dada) es una y la misma.

Porque si el Padre da, lo hace a través del Hijo y en el Hijo. Así lo dice el Apóstol escribiendo a los corintios: ‘Doy gracias a mi Dios siempre por vosotros, por la gracia de Dios que os ha sido dada en Cristo Jesús’.  Esto mismo puede observarse en la luz y su rayo: lo que ilumina la luz, eso mismo lo ilumina el rayo; y lo que es iluminación de la luz, eso mismo es el rayo. Así también, viendo al Hijo, se ve al Padre como su rayo; así, el Padre y el Hijo son uno.

Esto, sin embargo, no puede decirse de los seres creados y de las criaturas. Pues cuando el Padre obra, ninguno de los ángeles ni de las criaturas obra con Él, porque ninguna de ellas es causa creadora, sino que son seres creados. Además, están separados y distantes del único Dios, siendo distintos en naturaleza y resultando obras suyas; ni pueden hacer lo que Dios hace, ni, como ya he dicho, pueden conceder gracia junto con Dios, ni, viendo a un ángel, podría alguien decir que ha visto al Padre. Porque los ángeles, como está escrito, son ‘espíritus diáconos, ministradores, enviados para diaconía, servicio’, y anuncian a quienes reciben los dones y donaciones dadas por Dios a través de su Logos.  Y el mismo ángel, cuando es visto, reconoce que ha sido enviado por el Señor, como lo hizo Gabriel con Zacarías y con María, la Madre de Dios. Y quien ve una visión de ángeles sabe que ha visto un ángel y no a Dios»

2) Iniciación en la Vida y en «toda la Verdad», es decir, en Cristo, a través del Espíritu Santo en Pentecostés.

Todos los discernimientos que se desarrollaron y aclararon durante las conversaciones relacionadas con los dos primeros Sínodos Ecuménicos, se transfirieron y transmitieron a través de todos los concilios ecuménicos posteriores, los cuales, en realidad, fueron extensiones del Primer Sínodo. Pero los logos, términos, significados y conceptos de los Padres no pueden separarse de sus presuposiciones. Puede haber variedad en los términos y significados, pero no en sus presuposiciones y fundamentos de estos.

Las presuposiciones y bases de los logos, conceptos y significados de los Padres sobre Dios se encuentran en las etapas espirituales de: 1) la catarsis de corazón, 2) la iluminación del corazón y 3) zéosis (divinización, glorificación) del corazón y de toda la existencia de cada uno, en el cual el Logos se manifiesta en su Espíritu y en Si Mismo apocalipta-revela al Padre. Aquel que, por el Espíritu ve a Cristo ve al Padre. Esta experiencia es la piedra angular de las formulaciones dogmáticas en la tradición patrística.

Ya hemos citado algunos textos Patrísticos que muestran claramente que los Padres del Primero y Segundo Sínodos Ecuménicos tomaron como un hecho la tradición heredada, según la cual, en sus experiencias de zéosis, los Profetas, Apóstoles y Santos tuvieron una visión real de Dios en Su Ángel- Logos increado, antes y después de Su Encarnación.

El Cristo al apocaliptar-revelar la increada doxa (gloria, luz increada) o la realeza increada del Padre durante Su Metamorfosis como Su propia doxa-gloria natural, es decir, delante de los tres discípulos en presencia de Moisés y Elías, es una repetición de las mismas manifestaciones de Cristo como Kirios-Señor de la Doxa-Gloria increada en el Antiguo Testamento, pero ahora a través de Su naturaleza humana. El grave error del Apóstol Pedro al sugerir que se construyeran tiendas para el evento (una para Cristo, una para Elías y una para Moisés), imitando la Tienda del Testimonio en la que Moisés había experimentado la doxa-gloria increada de Dios, se debía al hecho de que la naturaleza humana de Cristo había reemplazado tanto la Tienda del Testimonio de Moisés como el Templo de Salomón, haciéndolos innecesarios; y que el Cristo mismo es quien apocalipta-revela Su doxa-gloria increada, que posee por naturaleza del Padre.

Según los Padres de la Iglesia, la homilía (discurso) y la oración de Cristo que está relatada en el Juan 13:31 y 17:26, contienen la promesa que cuando venga el Espíritu de la Verdad “Él… os conducirá a toda la Verdad” (Jn 16:13), se cumplieron durante el Pentecostés, que se ha convertido en experiencia continua de aquellos que desde entonces se han unido a la comunión de los glorificados, divinizados (los que alcanzaron la zéosis).

Esto no significa que los Profetas y Apóstoles no se habían conducido a la Verdad, algunos a través de la iluminación y otros a través de la zéosis (glorificación, divinización). Sino que significa que los Apóstoles serán conducidos a toda la Verdad con la apocálipsis-revelación del Pentecostés. De ninguna manera esto significa que la Iglesia sería

guiada gradualmente a una comprensión más completa de toda la Verdad, ni a la restauración, apocatástasis o creación de la unidad entre las iglesias divididas. La homilía (discurso) y la oración de Cristo por la unidad, se refieren a la unidad de los Apóstoles y los creyentes en la experiencia de la zéosis (glorificación, divinización), es decir, la visión, expectación de la doxa-gloria increada de la Santa Trinidad en la naturaleza humana de Cristo (Jn 17:24), regalada en su plenitud a través de la participación en la experiencia del Pentecostés.

La zéosis glorificación del Pentecostés, siguió las etapas de la catarsis e iluminación de los discípulos de Cristo, como se refleja claramente en la tradición evangélica. Los Evangelios de Mateo, Marcos y Lucas corresponden a la etapa de la catarsis del corazón de los catecúmenos, y el Evangelio de San Juan a la etapa de la iluminación y la zéosis (glorificación, divinización). En el estadio de iluminación, el amor egoísta e interesado se transforma en agapi-amor desinteresado y prepara los discípulos para ver en Cristo la deidad o divinidad de la Santa Trinidad, como doxa (gloria, luz increada) y no como fuego ardiente consumidor. La desinteresada αγάπη (agapi: amor, emoción de la energía increada) es la condición para que el creyente sea conducido “a toda la verdad”, a través del Espíritu de Cristo.

Esto significa que los dogmas y la espiritualidad están inseparablemente unidos en las etapas de catarsis e iluminación. Pero en el estado de zéosis, el dogma de la gnosis-conocimiento sobre Dios es reemplazado por la realidad increada, la cual el dogma quiere indicar, mostrar, pero no puede expresar.

San Gregorio el Teólogo, quien apela su propia experiencia de zéosis (glorificación, divinización) para refutar las afirmaciones de los eunomianos de que el hombre puede conocer la esencia (ουσία usía) de Dios, este punto lo recalca y enfatiza claramente sin ninguna duda 21 (Logos teológico 2,3). Se refiere que un filósofo (Platón) decía que “expresar a Dios es imposible, comprenderlo es difícil”.  San Gregorio discrepa, enfatizando y recalcando que “expresar a Dios es imposible, pero comprenderlo es aún más imposible; porque lo que ha sido comprendido podría tal vez ser expresado en palabras, aunque no de manera adecuada, sino al menos vagamente…” (Logos teológico 2,4). Esto significa que uno para comprender y expresar a Dios no es solo imposible para los incrédulos, sino incluso para los amigos de Dios, quienes han alcanzado la iluminación o la zéosis glorificación. Dios permanece misterio incluso cuando es visto y contemplado.

A pesar de esto, aquellos que llegan a la iluminación y a la zéosis glorificación, usan logos, frases, palabras y conceptos al hablar de Dios. Ciertamente, estos conceptos, significados y logos son inspirados por la experiencia de la zéosis (glorificación, divinización). Los padres espirituales emplean logos, conceptos y significados para conducir a los demás a través de la catarsis, hacia la iluminación, tal y como hacían los profetas, los apóstoles y el mismo Cristo. Por lo tanto, utilizar estos logos, conceptos y significados como un medio de reflexión y especulación filosófica sobre el Dios es un uso erróneo de estos; es decir, esto automáticamente conduce a alguien al engaño, al fraude, alejándolo de la posibilidad de estar catartizado (purgado, limpio ysanado) en su corazón y de alcanzar la iluminación. Este mal uso de los logos, conceptos y significados sobre el Dios es la fuente de todas las herejías (errores, fraudes y engaños).

La especulación, meditación piadosa y filosófica sobre la Biblia, así como la crítica bíblica dentro de estos marcos de relación, son caminos sin salida, los cuales no conducen a la realidad, la que el Cristo indica en el Antiguo y Nuevo Testamento. La Biblia no es apocálipsis-revelación o Logos de Dios, sino que está relacionada con estos. La apocálipsis-revelación y Logos de Dios son comunicados, participados y conectados en los hombres solo a través de la catarsis en las etapas de la iluminación y especialmente con la θέωσις (zéosis: divinización, glorificación), en las que la Pentecostés es transmitida de generación en generación como la base y el punto central de la tradición y sucesión apostólica.

En el Antiguo Testamento tenemos las manifestaciones y apariciones de Dios a los profetas a través del Ángel-Logos, el cual continúa apareciendo en Su Encarnación con doxa-gloria increada a algunos Apóstoles, por ejemplo, durante Su Metamorfosis. Él explica a Sus discípulos que dentro de poco ya no le verán, porque debe ir hacia Su Padre, pero otra vez dentro de poco ellos le verán, (Jn 16:11,16-33). Esto se realizó previamente en las apariciones de Cristo a Sus discípulos después de la Resurrección, manifestaciones en las que el mundo no podía participar libremente. A continuación, tenemos Su desaparición definitiva de la vista del mundo en su Ascensión y su reaparición en Pentecostés en el Espíritu Santo, el cual desde entonces forma a Cristo enteramente en cada uno de los discípulos y creyentes reconciliados con Cristo y amigos de Dios (Jn 16:27), quienes han superado el estado de siervo o esclavo (Jn 15:14-15).

El término y condición de Pablo sobre la Iglesia, como Cuerpo de Cristo, es el resultado de la nueva forma o manera por la que la naturaleza humana de Cristo participa al misterio de la presencia de Dios través del el Ángel-Logos en los iluminados y glorificados, dividiéndose en Sí mismo indivisiblemente en Su doxa (gloria, luz increada).

Así que, desde el Pentecostés, la naturaleza humana de Cristo también se divide indivisiblemente, de modo que está completamente presente en cada uno de los amigos reconciliados de Dios. Esto es precisamente lo que Cristo explicó que sucedería en Juan 14, 23. Así, cada amigo de Dios se convierte y se hace portador de todo el Cuerpo de Cristo y, al mismo tiempo, todos los amigos de Dios son un solo Cuerpo de Cristo reunidos en el mismo lugar participando en el uno, único Pan y en el uno, único Cáliz. Este es el Misterio de la Iglesia fundado durante el Pentecostés y “toda la verdad”, la que había prometido Cristo, de que el Paráclitos conducirá a Sus amigos. Así el Cuerpo de Cristo está edificado con la adición de los iluminados y glorificados o divinizados de cada generación hasta el fin de los tiempos.

Antes de la muerte y Resurrección de Cristo, incluso los glorificados o divinizados, como los Patriarcas y los Profetas, morían con muerte física y espiritual, y esperaban su resurrección espiritual y corporal, que los Padres llaman primera y segunda resurrección.

La muerte espiritual es o bien no ver la gloria de Dios, o ver esta misma doxa-gloria increada como un «fuego consumidor» y «tinieblas exteriores» del infierno. La primera resurrección es la visión, expectación o contemplación continua e ininterrumpida de la creación en la doxa-gloria increada de Dios en Cristo. como ocurre en la comunión de los Santos, más allá de la tumba, desde la muerte y resurrección de Cristo. Ellos han perfeccionado su unión o boda con Cristo, la que se completará con la resurrección definitiva y la apocatástasis (restauración) de todo. Más allá de la tumba, los creyentes tienen «las arras del Espíritu» en sus corazones, es decir, la oración noerá-espiritual o del corazón (2Cor 1, 22, 5, 5, Efe 1, 14).

No existe reconciliación sin el Misterio de la Cruz, el cual se identifica con la zéosis (glorificación, divinización). Nadie puede llegar a ser amigo de Dios, salvo que voluntariamente levante su propia cruz y siga a Cristo. Ser glorificado, divinizado significa ser crucificado, lo cual, a su vez, significa tener la fuerza y energía increada de Dios para metamorfosear, transformar el amor interesado y egocéntrico en divina agapi (amor desinteresado), es decir, “que no busca ni pide nada para beneficio para sí mismo”. Esta reconciliación del hombre con el Dios estaba operativa y energizada en los Patriarcas, los Profetas y los Apóstoles antes de la Crucifixión, porque ellos participaban al Misterio de la Cruz. Por ello, ellos se convirtieron en amigos de Dios y recibieron gratuitamente la libertad (la franqueza) para debatir con ánimo y lealtad con Dios a favor de la sanación y salvación de los demás.

El Misterio de la Cruz es la fuerza y energía increada reconciliadora de Dios, la que sana las enfermedades de aquellos que quieren aceptar la psicoterapia, terapia y sanación, obedeciendo hasta la muerte la voluntad del Dios Logos, el Cual dio la ley a Moisés y las bendiciones y bienaventuranzas a los Apóstoles. La Crucifixión voluntaria del Kirios-Señor de la Doxa-Gloria es manifestación plena, aunque no la única, en la historia de la fuerza y poder del Misterio de la Cruz. Cada zéosis (glorificación, divinización) de un amigo de Dios antes y después de la Crucifixión de Cristo es también manifestación de la fuerza, poder y energía increada de este Misterio.

3) Diagnosis y terapia

La tradición patrística se vio obligada a utilizar el lenguaje filosófico de su época para que la enseñanza se volviera comprensible y para combatir las desviaciones heréticas de la tradición eclesiástica. Sin embargo, esto no significa que la filosofía sirvió para entender la enseñanza de Cristo. En todo caso, los Padres rechazaban las meditaciones especulativas y abstractas sobre el Dios y Su relación con la creación, e insistían en una aproximación empírica, por experiencia de la comunión y unión con el Dios, mediante la catarsis y la iluminación del corazón. Dentro de estos marcos deben entenderse éstos términos que usan los Padres: «πράξις praxis acción » (catarsis, iluminación) y «θεωρία zeoría » (contemplación, visión, expectación). Esto no tiene ninguna relación con la distinción medieval occidental, entre acción social y zeoría contemplación especulativa (intelectual o meditativa) sobre el Dios, la cual para los Padres es demoníaca y fuente de todas las herejías.

«Πράξις» praxis (acción) es la catarsis del corazón y «θεωρία zeoría » es la visión, expectación de la doxa (gloria, luz increada) de Dios, que el corazón tiene por su fe interior de la iluminación o por la zéosis (glorificación, divinización). Θέωσις zéosis es visión, expectación de la doxa-gloria increada de Dios en Cristo. La zéosis no es iluminación o la simple participación en la Divina Efjaristía, como parece que creen algunos Ortodoxos hoy en día.

Estos discernimientos presuponen el hecho que el centro de la espiritualidad es el corazón, y no la διάνοια (diania: mente, intelecto, cerebro), y que es en el corazón donde se forma el teólogo, además del hecho de que el corazón usualmente no funciona adecuadamente. Aquellos cuyos corazones solo bombean sangre de manera natural, piensan y creen que el cerebro y el sistema nervioso son los centros cognitivos del hombre para analizar las relaciones internas y externas respecto al Antiguo y al Nuevo Testamento. El corazón parece se toma, en tales casos, como ese centro. Naturalmente, ellos concluyen que esto ocurre debido a la percepción primitiva y errónea de esto.

En cambio, la tradición Ortodoxa conoce y enseña que el corazón, paralelamente con el bombardeo de la sangre, cuando se cultiva adecuadamente es el lugar de la comunión, conexión y unión con Dios mediante oración ininterrumpida, es decir, la perpetua memoria de Dios. Los logos de Cristo “bienaventurados y felices los catartizados (los que han hecho la catarsis, sanados de sus pazos y pecados) del corazón, porque ellos contemplarán y verán a Dios” (Mt 5:8), se han tomado muy en serio, porque se han cumplido en todos aquellos que recibieron el carisma de la θέωσις (zéosis: glorificación, divinización) tanto antes como después de su Encarnación.

La Teología Patrística y Dogmática es, para los Padres, es la misma realidad y se aprende adecuadamente, cuando la διάνοια diania (mente, intelecto, cerebro) observa las energías y acciones del Espíritu Santo en el corazón y coopera, (co-energiza) en la expulsión de todos los λογισμοί (logismí: conceptos, pensamientos simples o unidos con la fantasía) -buenos y malos-, los cuales no pertenecen a ese lugar, para sustituirlos con el único pensamiento-oración-memoria de Dios, la monóloga bendición u oración del corazón o de Jesús.

Con el paso del tiempo, algunos Padres denominaron «νοῦς nus» a la energía y actividad de la psique-alma en el interior del corazón, cuando retorna en su estado natural, y conservaron los nombres «λόγος-logos» y «διάνοια-diania» para referirse a la lógica, la que hoy muchos llamarían el enkéfalos-cerebro y el sistema nervioso. Otros Padres incluirán la energía y actividad orante del corazón con el término «νοῦς-nus», en el cual se engloban también las actividades intelectuales y lógicas de la psique-alma reunidas en el cerebro. Para evitar confusiones, utilizamos los términos “noerá (o espiritual) energía” y “noerá (o espiritual) oración”, para definir y designar la actividad y energía del «νοῦς» nus en el corazón, la denominada “noerá (o espiritual) oración (o bendición noerá)”.

La oración del corazón se puede convertir y hacerse incesante, mientras que la oración de la διάνοια (diania: mente, intelecto cerebro) opera por la decisión de quien ora y en períodos de tiempo elegidos por él. Aquel que tiene el χάρισμα c-jarisma o don de la oración incesante en su corazón, ora también con su diania (mente, intelecto cerebro) cuando ora con y por los otros en su presencia, para la su instrucción, formación y edificación. De hecho, en esos momentos realmente, él mismo ora con su diania y, al mismo tiempo, ora en su corazón con el Espíritu, con la lengua de Pentecostés o con el logos que le fueron dado por Dios en Cristo. Una es la oración del hombre a Dios, y la otra es la oración del Espíritu Santo en Cristo hacia Dios.

En esto, Apóstol Pablo toma esta doble oración de los carismáticos, como un fenómeno natural en la Iglesia de Corinto, pero amonesta a los Corintios que tenían este carisma, porque no oraban también con la diania (cerebro, mente, intelecto) para el beneficio de los demás que estaban presentes, quienes eran capaces de orar solo con el cerebro (1Cor 14:14). En verdad, Pablo nos dice que, cuando los fieles alcanzan la filiación o adopción en Cristo, esto significa que: “Y como prueba de que sois hijos, Dios ha enviado a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, para que podáis dirigiros a Dios clamando: ¡Abba, es decir, nuestro Padre! De modo que ya no eres esclavo de las cosas y elementos del mundo, sino hijo de Dios; y si eres hijo, eres también heredero por la χάρις jaris-gracia increada de Dios mediante Jesús Cristo. (Gal 4: 6-7). Cuando Pablo habla sobre esta oración por el Espíritu o por la lengua, no se refiere a una oración audible para los demás. “Porque el que clama o habla en lengua extranjeras no habla-clama a los hombres ya que no le entienden, sino a Dios; porque nadie le escucha y entiende, aunque por el Espíritu habla misterios, (es decir, su psique iluminada está dirigida por la energía increada del Espíritu Santo y habla verdades místicas o logos inefables) (1Cor 14:2). “Ahora pues, hermanos, si yo fuera a veros y os hablara en idiomas o lenguas extranjeras, ¿qué os aprovecharía, si no os hablare con apocálipsis-revelación, o con gnosis-conocimiento, o con profecía-teología, o con enseñanza edificante?” (1Cor 14:6)

Esto no debe confundirse con el hecho de que los Apóstoles fueron percibidos y comprendidos por los oyentes cada uno en su propia lengua o dialecto durante el día del Pentecostés. Pablo habla para los que no tenían la oración del Espíritu en sus corazones, y, por lo tanto, no conocían que oraban los demás, ya que no escuchaban nada.

Pablo considera esta oración en el Espíritu o por las lenguas en el corazón como una condición del χαρίσμα c-jarisma o don de la profecía. Afirma que aquellos que recibieron la χάρις (jaris: gracia energía increada) y don de la oración de Dios están obligados a llegar a profetizar (teologizar): “Así que, quisiera que todos vosotros hablaseis lenguas/idiomas extranjeras, pero más quiero que profeticéis o teologicéis y tengáis la riqueza de la gnosis del Espíritu Santo para anunciar las voluntades del Señor; porque mayor es el que profetiza o teologiza que el que habla en lenguas, a no ser que el mismo las traduzca y explique para que en la Iglesia los creyentes reciban edificación espiritual” (1Cor 14:5). Esta donación de la oración en Espíritu es la venida de Dios en Cristo al corazón y el levantamiento del velo del corazón que oscurece la correcta lectura de Moisés. “Sino que hasta el día de hoy, siempre que leen a Moisés, el velo persiste tendido sobre sus corazones y sus rostros; mas cuando alguno de ellos sea conducido de vuelta al Señor Jesús Cristo, entonces es corrido el velo del su corazón para que pueda entender claramente la verdad. El Señor es espíritu, y donde está el espíritu del Señor, está la libertad, por el espíritu del Señor se quita el velo y la esclavitud de la ley y allí se encuentra la verdadera libertad” (2Cor 3,15-17).

Sin embargo, este don, donación de la profecía ya no predice la venida del Ángel de la Gran Voluntad, sino que explica cómo se ha cumplido la profecía del Antiguo Testamento en el Kirios-Señor de la Doxa (Gloria, luz increada), el Cual se hizo Cristo, por el Nacimiento como Hombre de la Virgen, y cuya obra fue perfeccionada a través de Su muerte, Crucifixión, Ascensión y el regreso en Espíritu Santo durante el Pentecostés. Esto ocurrió, porque éste que ora en lenguas o en el Espíritu, conoce personalmente al Cristo resucitado, que habita en su corazón con el Padre: «El que me ama aplicará y cumplirá la enseñanza de mis logos, y mi Padre lo amará y vendremos a él y en él nos alojaremos permanentemente, metamorfoseando y convirtiendo su corazón y su cuerpo en templo vivificado y deificado del Dios vivo» (Jn 14,23), convirtiéndose en templo de Dios y no simplemente en alguien que lee acerca de Él en la Escritura.

La oración en Espíritu o la oración noerá (del corazón o espiritual, con el nus), también se llama memoria incesante de Dios. Es esta la que desapareció con la caída, teniendo como consecuencia el oscurecimiento del nus y la dureza del corazón.

Hoy en día, generalmente existen dos sistemas de memoria que se conocen en los seres vivos:

1) La memoria celular, que es la que define el desarrollo y la actividad del individuo en relación consigo mismo

2) La memoria encefálica o cerebral que es la que regula y define las energías, las acciones y las relaciones del individuo consigo mismo y con su ambiente, el entorno.

Además, existe en los hombres una memoria de Dios no energizada, inoperativa o sub-activa en el corazón, la cual, cuando vuelve en su función normal (estado operativo natural), lleva a la restauración, apocatástasis de todas las demás relaciones, mediante la conversión, transformación del -amor egoísta e interesado, basado en el miedo, en una agapi-amor desinteresada liberada del miedo. «En la agapi-amor incondicional, desinteresada e increada no hay lugar para el miedo o temor, la perfecta agapi-amor echa fuera el miedo, porque el miedo en sí infierna y supone culpabilidad y castigo; y el que teme no ha logrado la perfección de la agapi»; [18. El temor o miedo al Señor, a causa de nuestra culpa, por la que nos juzgará, en aquel que ama no existe; pero cuando la agapi-amor es perfecta, ella echa fuera de la psique-alma al temor o miedo que le está infernando. Porque el miedo presupone y condiciona sufrimiento y castigo, a causa de la culpabilidad. Por lo tanto, aquel que tiene miedo a causa de su culpabilidad, está claro que no ha progresado ni se ha perfeccionado en la agapi-amor incondicional, desinteresada e increada] (1Jn 4:18).

La caída del hombre o situación, estado de pecado heredado es: a) el fracaso de la energía noerá en funcionar correctamente o que no funcione nada estando bloqueada, b) la confusión con las funciones del cerebro-enkéfalos y del cuerpo en general y c) Su consecuente esclavitud al miedo y al entorno o ambiente. Cada persona experimenta la caída de su propia energía espiritual en diversos grados, dependiendo de su exposición a un entorno de actividades inactivas o de baja intensidad. Lo contrario suele ser cierto, cuando el ambiente es dominado por la iluminación en Cristo en distintos grados.

Los resultados del funcionamiento incorrecto de las energías noerás o del nus (espirituañes), son las relaciones no naturales entre Dios y el hombre, entre los hombres entre sí y también la utilización interesada de ambos, Dios y hombre caído para la comprensión y la compensación individual de seguridad y felicidad.

El Dios o los Dioses que imagina el hombre que existen fuera de la iluminación, son proyecciones psicológicas a causa de su necesidad de seguridad propia. Debido al miedo, la ansiedad y la inquietud, sus relaciones con los demás y con Dios son por conveniencia y para provecho propio. Pero no menos, cada individuo sigue existiendo bajo la creadora y cohesiva doxa, gloria, luz, fuerza, jaris etc. (energías increadas) de Dios, incluso cuando no es miembro del cuerpo de Cristo, puesto que no se ha conducido en la iluminación mediante la catarsis de su noerá energía en el corazón. Esta reacción de su inmediata relación o comunión con el Dios, llega desde la corrupción, dureza o embotamiento del corazón, (es decir, corte, extinción de la chispa de la jaris, la increada energía), hasta la experiencia de la glorificación o divinización de los santos. Esto significa que todos los hombres son iguales en la posesión de la noerá-espiritual energía, pero no en el grado, cualidad o funcionamiento de ella.

Es interesante apuntar la clara y precisa distinción o discernimiento entre la espiritualidad que inicialmente está arraigada en la fuerza noerá (espiritual) del corazón y de la intelectualidad que está arraigada al enkéfalos (cerebro). Así, tenemos las siguientes cuatro categorías de hombres: 1) Aquellos con pocas facultades que alcanzan el más alto nivel de perfeccionamiento noeró- espiritual (del nus-espíritu). 2) Aquellos que con altísimas cualidades o facultades intelectuales caen en un nivel bajo, aún en el nivel más bajo de la imperfección noerá (espiritual). 3) Aquellos que alcanzan ambos niveles, o sea, en altísimas facultades, cualidades intelectuales y perfección noerá-espiritual del nus y 4) Aquellos que con poca capacidad intelectual y cualidades llegan a la corrupción, al embotamiento y dureza del corazón.

Estos factores son la llave de la comprensión de la didascalía-enseñanza patrística, la bíblica y las formulaciones de los dogmas de los Sínodos Ecuménicos. No tienen nada que ver ni hacer con la filosofía y las metafísicas, y son mucho más similares con la psiquiatría contemporánea. El hombre, no tiene la natural noerá energía, la que debería funcionar correctamente en el corazón. La terapia, psicoterapia de esta enfermedad, que se llama pecado ancestral u original, es el perpetuo recuerdo o memoria eterna de Dios, llamada de otra manera “ininterrumpida, incesante oración o iluminación”, la cual no tiene nada que ver ni hacer con la percepción agustiniana o platónica de iluminación mediante visión o la gnosis-conocimiento de los arquetipos.

La preparación adecuada para la visión, contemplación de Dios en Su doxa (gloria, luz increada) común junto con Cristo, es que uno se convierta en templo del Espíritu Santo mediante la conversión de la agapi-amor egoísta interesada y de conveniencia, en agapi-amor desinteresada y no utilitaria o de interés propio de esta. Esta conversión se hace en el más alto nivel del estadio de la iluminación que se llama θεωρία (zeoría) contemplación espiritual, es decir, visión o expectación – en éste caso es visión de los increados logos o energías increadas de Dios en la creación por la incesante oración y la perpetua memoria de Dios. La noerá energía (nus) se libera de su esclavitud en su διάνοια (diania, cerebro, mente, intelecto) en la lógica, razón, en los pazos y en el ambiente o el entorno y es influenciada únicamente por esta memoria de Dios, la cual funciona a la vez con las distintas actividades de la vida diaria. Cuando la noerá energía (nus) se encuentra en este estado o situación, el hombre se ha convertido en naós-templo de Dios en Cristo por el Espíritu Santo.

San Basilio el Grande escribe a San Gregorio el Teólogo que: «Esto es la morada de Dios: tener a Dios arraigado en uno mismo a través de la memoria. Así nos hacemos templo de Dios, cuando el recuerdo continuo de Él no se interrumpe por preocupaciones terrenales, cuando el νούς (espíritu de la psique) con la mente no se turba por pasiones inesperadas, sino que, evitándolas todas, la psique- alma con su nus amante de Dios se retira hacia Él y, expulsando todo lo que nos incita al mal, se ocupa en prácticas orientadas a la virtud, (Erga-obras 1 2,4 pag 69). San Basilio el Grande no dice aquí que un individuo se convierte en templo de Dios mediante la interrupción de la ocupación de sí mismo de sus ocupaciones terrenales, y pensar constantemente en Dios solo con su lógica, sino que se refiere a la memoria de Dios y la energía noerá-espiritual a la vez continúa con la ocupación con los asuntos diarios y especialmente cuando uno sufre molestias y fatigas.

San Gregorio el Teólogo (Logos teológico A´5), destinatario de esta carta, subraya lo siguiente: «Es necesario recordar a Dios más que respirar, y si se me permite decir algo tan audaz, no debe hacerse otra cosa más que esto… Si debemos mencionar también a Moisés [Deut 6,8], mientras descansaba, se levantaba, caminaba, o hiciera lo que hiciera, debía estar impregnado por la memoria de Dios, como sello hacia la pureza.» Una expresión profundamente contemplativa que destaca la centralidad de la memoria de Dios en toda acción del hombre espiritual.

San Gregorio el Teólogo insiste en que filosofar sobre Dios sólo se permite en aquellos que han superado a los exámenes (no académicos), las pruebas y han alcanzado la θεωρία (zeoría: visión, expectación, contemplación) y los cuales antes han sido catartizados, sanados y limpiados en la psique y cuerpo o al menos están en este proceso; es decir, en sus propias palabras, aquellos que han sido «examinados y aprobados en la θεωρία zeoría y, antes de esto, tanto la psique-alma como el cuerpo se han catartizado, purgado o están siendo purgados, al menos en alguna medida media» (Logos teológico A´3).

Este estado de θεωρία zeoría tiene dos etapas, que ya nos hemos mencionado: a) La correlación del ambiente de alguien mediante la memoria perpetua de Dios en el corazón y b) la visión ambiental, del entorno de uno y de sí mismo, erosionado por la doxa (gloria, luz increada) de Dios y con el alojamiento de la naturaleza humana de Cristo. La zéosis glorificación, divinización es regalo de Dios que uno no lo pide, sino que lo da el Dios a Sus amigos, de acuerdo con sus necesidades y con las necesidades de los demás.

Durante este último estadio de la doxa (gloria, luz increada), la oración incesante, la profecía y la gnosis-conocimiento de Dios (la Teología) terminan, puesto que son reemplazadas por la visión de la doxa-gloria de Dios en Cristo, momento en el que solo queda la agapi-amor: “Las profecías serán abolidas… lenguas cesarán… gnosis-conocimiento queda abolido… cuando venga lo perfecto…” pero “la agapi nunca recae nunca se acaba o disminuye, sino que queda permanente para siempre”(1Cor 13:8-9). “Porque ahora vemos como en el espejo borroso, como enigma de manera que nos queden muchas cosas desconocidas y oscuras, problemas y dudas insolubles, entonces conoceremos y veremos cara a cara, claro y limpio; ahora conozco una parte de la verdad, entonces la conoceré tal y como la he conocido” (1Cor 13:12). Aquí Pablo habla para una experiencia futura, la que el mismo conoció y vivió, “tal y como la he conocido y he sido reconocido, (por Dios)”.

Cuando, por su parte, la zéosis glorificación en Cristo por este encuentro “cara a cara” termina, entonces la noerá oración (del corazón), la profecía y la gnosis-conocimiento sobre Dios (Teología) retornan. Así, aunque todo esto había cesado en Pablo durante su zéosis, él volvió a la oración a través del Espíritu, a la profecía (teología) y a la gnosis, esperando la repetición de esta experiencia, ya sea en su forma intermedia o final, con la manifestación general de Cristo en doxa (gloria, luz increada).

Antes del Pentecostés la zéosis glorificación era provisional y no continuaba después de la muerte. Ahora la zéosis en el Cuerpo de Cristo es nuevamente una experiencia temporal aquí, en la tumba, pero para los Santos en Cristo es experiencia permanente después de la muerte de sus cuerpos. Además, la zéosis glorificación en el Cuerpo de Cristo no se limita al corazón ni se manifiesta sólo en la cara, tal y como ocurría con los profetas, cuya doxa-gloria había sido abolida (2Cor 3,7), sino que se extiende a todo el cuerpo de aquellos que han sido glorificados o divinizados. Así, incluso los cuerpos de los santos manifiestan la glorificación permanente de sus poseedores, ya que son inspirados irrevocablemente por su glorificación permanente, habiéndose convertido en reliquias sagradas.

Durante la zéosis glorificación, los pazos irreprochables del cuerpo como el sueño, el hambre, la sed, el miedo, las fobias, la muerte, el cansancio, la corrupción, se retienen, se suspenden. Desde otro punto de vista, el cerebro y el cuerpo funcionan regularmente, una vez que uno sea adaptado a verse a sí mismo y su ambiente o entorno envuelto abundantemente por la doxa (gloria, luz increada) de Cristo, la cual es tanto luz como gnofos (nube de luz que oscurece deslumbra, o luz que supera toda la luz) y nada de eso, puesto que no se parece a nada creado. Totalmente distinto de la iluminación es la zéosis que no es gnosis-conocimiento creado, porque es superior y está por encima de la gnosis-conocimiento creada, es gnosis increada. La primera zéosis glorificación de alguien se realiza con su pérdida de orientación, porque inicialmente ve lo increado, pero, cuando delinque o peca empieza otra vez a ver su ambiente creado en esta Luz, la que es el día del Kirios-Señor, que no tiene fin. Así, aunque la oración incesante y la gnosis sobre el Dios (teología) cesan y finalizan, sin embargo, la gnosis-conocimiento y la experiencia del ambiente del entorno del glorificado continúan.

La justificación, sanación, absolución y salvación solo por la fe, es la enseñanza de la Biblia. Pero esta fe psicoterapéutica, sanadora y salvadora es un estado de la iluminación del corazón, tal y como hemos descrito hasta ahora, la cual en algunas ocasiones se denomina fe interior o íntima: “Porque todos sois hijos de Dios mediante la fe en Cristo Jesús, porque los que os habéis bautizado en Cristo, os habéis revestido a Cristo” (Gal 3: 26-27). “Puesto que sois hijos, envió Dios en vuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama: ¡Abba, el Padre! De manera que ya no eres esclavo o siervo, sino hijo; y si hijo también heredero de Dios mediante Cristo” (Gal 4: 6-7). La adopción, salvación y oración del Espíritu Santo en el corazón son realidades idénticas. No hay salvación, justicia y perdón por la ley o por las obras, sino solo por Cristo, Quien dio la ley. La ley no da vida, sólo Cristo da vida: “Si se hubiera dado una ley capaz de vivificar, entonces la justicia y la salvación hubiera sido realmente por la ley” (Gal 3:21). Es la fe la que se forma en aquellos que tienen por el Santo Espíritu el regalo de la oración en los corazones, la que confirma la agapi-amor de Dios en Cristo y resulta a la agapi-amor “la que no busaca lo suyo” (1Cor 13:5).

Esta terapia, psicoterapia y transformación de la personalidad humana en relación con la humanidad en general, hace la diferencia sea muy clara y precisa entre los que se psicoterapian, se sanan y aquellos que aún no se han sanado. La Fe en Cristo sin el sometimiento a la psicoterapia, sanación en Cristo, no es fe para todos. Tener confianza en un médico, sin someterse a la terapia, tratamiento que él recomendó, sería exactamente el mismo tipo de antífasis-contradicción, en cuanto a la terminología.

Con el propósito de que esta psicoterapia, sanación se tendría en cuenta en relación con el mundo en general, se podría recalcar que si el Judaísmo profético y su heredero Cristianismo Ortodoxo apareciesen en el siglo XX, probablemente no se habrían clasificado como religiones, sino como ciencias médicas similares, como la psiquiatría, con amplia repercusión sobre la sociedad, debido al éxito por psicoterapiar, sanar en distintos grados la enfermedad de los parcialmente o insuficientemente funcionamientos de las personalidades humanas. De ninguna manera estas podrían confundirse con las religiones que, mediante diversos métodos y trucos mágicos, prometen la escapatoria de un supuesto mundo material proyectado por el mal o fenómenos ilusorios sin fundamento hacia un supuesto mundo de seguridad y ευδαιμονία (efdemonía: bienestar, dicha y felicidad).

Otra perspectiva sobre este tema es enfocarnos un poco más en las consecuencias de la percepción y comprensión bíblica y patrística sobre el paraíso y el infierno. Dios mismo es ambas cosas: paraíso e infierno, recompensa y castigo. Todos los hombres fueron creados para contemplar y ver incesantemente a Dios en la doxa (gloria, luz increada) de Cristo. Si Dios será para cada hombre paraíso o infierno, recompensa o castigo, depende de la correspondencia del hombre a la αγάπη (agapi: amor, emoción de energía increada, incondicional y desinteresada) de Dios en Cristo y de su aceptación de la receta para transformar su agapi-amor interesado y egocéntrico en agapi-amor de cualidad divina, “la cual no busca lo suyo”.

Con esto se entiende que ninguna religión o iglesia puede reivindicar para sí mismo el derecho de decidir quién va al paraíso y quien va al infierno, ya que todos, tarde o temprano, verán la doxa (gloria, luz increada) de Dios en Cristo, ya sea como luz o como fuego ardiente consumidor. La verdadera vida en Cristo es una preparación mediante la catarsis y la iluminación del corazón, de manera que esta visión, expectación sea paraíso y no infierno. La responsabilidad principal de aquellos que se encuentran en la etapa de la iluminación es iluminar a los demás, de modo que, mediante un amor desinteresado y no utilitarista, vivan y trabajen juntos en la comunidad, y al mismo tiempo se preparen a sí mismos y mutuamente para la experiencia eterna que cada uno tendrá.

El momento en que alguien separa el paraíso y el infierno y cree que estos son lugares, o que el infierno es la privación de la visión de Dios, entonces automáticamente introduce concepciones mágicas en la percepción y comprensión bíblica de la psicoterapia, terapia y sanación. Así la visión de Dios se convierte en paraíso para todos aquellos que por una manera u otra alcanzan este estadio. Esta magia puede adoptar la forma de predestinación, salvación solo por la fe o por las obras buenas, o por participación en los misterios o por las expiaciones sacerdotales de pecados o por una combinación de todo esto.

Estas variantes y cambios de la tradición mueven indefectiblemente la necesidad de cambio del hombre hacia Dios, cuya postura salvadora hacia el hombre está determinada por una obediencia servil y esclavizadora a Su voluntad. Estos no conocen que Dios ama a todas Sus creaciones sin excepción (incluido al mismo diablo) con la misma agapi-amor, que Dios ha sido y siempre será amigo de los hombres, y que es el hombre y no el Dios, quien necesita reconciliación, es decir, la psicoterapia, terapia y sanación de la parte disfuncional de su personalidad.

4) El Cuerpo de Cristo

El que Cristo vino con el Espíritu Santo y el Padre después de Su Resurrección, Su Ascensión y regreso para habitar en los fieles, esto es una premisa básica tanto del Apóstol Pablo como para del Apóstol y Evangelista Juan. Dada la relación de Apóstol Lucas con Pablo, el acontecimiento del Pentecostés, referido por Lucas, es muy posible que tenga una base eclesiológica Paulina. Sin embargo, desde un punto de vista importante, es decir, en relación con el fenómeno de la γλωσσολαλία glosolalia (hablar o clamar en lenguas), Lucas realmente se convierte en la clave para Pablo en lugar de lo contrario.

Cabe señalar que las epístolas del Apóstol Pablo se dirigen a aquellos ya iniciados en los misterios de la Iglesia. El Evangelio de Juan es un libro de catequesis después del Bautismo, destinado para aquellos que ya tienen el Espíritu Santo. Sin embargo, el Evangelio de Luca, al igual que los de Marcos y de Mateo, son catequesis antes del bautismo y los Hechos de los Apóstoles están destinados a una audiencia no iniciada en la vida interior de Cristo. No obstante, dado que Lucas fue discípulo y acompañante de Pablo, sus escritos presuponen y reflejan esa vida interior en Cristo. A pesar de esto, puesto que Lucas era discípulo y de Pablo, sus escritos presuponen y reflejan esta vida interior en Cristo.

Para el Evangelista Juan, la venida del Espíritu Santo es un cumplimiento de la promesa de Cristo, que preparará un lugar allí donde, cuando regrese, llevará Sus discípulos Consigo, de modo que los mismos estén donde está Él (Jn 14, 2-3). Mediante la intercesión de Cristo, el Padre dará a Sus discípulos otro Paráclito (Suplicador, Consolado, es decir, el Espíritu Santo), a quien ellos le conocen, porque habita en ellos y estará en sus interiores (Jn 14, 16-17). “En aquel día” los discípulos de Cristo conocerán que el Cristo está “en el Padre” y ellos están “en Cristo” y Él “en ellos” (Jn 14,20). Ellos ven a Cristo porque vive y vivirán (Jn 14,19). El Cristo estará revelándose en aquel que Le ama (Jn 14,21). El Cristo y Su Padre vendrán y habitarán en él (Jn 14,23). Cuando el Espíritu de la verdad venga, los enseñará toda la verdad y los recordará con todo detalle lo que Él les dijo (Jn 15, 26). Cuando el Espíritu de la verdad venga, que lo enviará el Padre mediante el Cristo, testificará sobre Cristo y los discípulos darán testimonio, porque ellos están con el Cristo desde el principio (Jn 15, 26-27). Cuando el Espíritu de la verdad venga, conducirá a los discípulos “a toda la verdad”, porque Éste no hablará “de Sí Mismo, sino que hablará de lo que ha escuchado y anunciará lo que ha de venir” a Sus discípulos. Él glorificará a Cristo, porque tomará de Él lo que tiene que anunciar a Sus discípulos. El Cristo dijo: “todo lo que tiene el Padre” es también Suyo. Por eso el Espíritu de la Verdad tomará de Él y lo anunciará a los discípulos. Después el Cristo repite que “aún poco tiempo y ya no me veréis más…” Después llega al punto final de los capítulos Juan 14-17: “Pero cuando venga Aquel, el Espíritu de la verdad, os guiará a toda la verdad. Porque no os hablará por su cuenta, sino que os hablará lo que ha oído del Padre y os anunciará las cosas que habrán de ocurrir en mi Iglesia.  Aquel me glorificará, porque tomará de mi infinita riqueza y os lo revelará. Todo lo que el Padre tiene es mío; por eso os he dicho que el Paráclitos tomará de lo mío, es decir, de mí sabiduría y conocimiento que son también del Padre y os lo revelará.  Aún poco tiempo y ya no me veréis más con vuestros ojos y dentro de otro poco (después de mi resurrección) me veréis, contemplaréis (espiritualmente en Espíritu Santo), porque yo me voy a mi Padre. [16. Todavía un poco ya no me veréis, y todavía otro poco y me veréis, es decir, inmediatamente después de mi resurrección, en Espíritu Santo me estaréis contemplando espiritualmente con los ojos de vuestra psique y me estaréis sintiendo en vuestro interior, porque yo me voy al Padre, al cual yo rogaré que os envíe el Paráclitos o Espíritu Santo.]

Después viene el punto definitivo de los capítulos 14-17: “Padre, quiero los que tú me has dado estén conmigo donde yo estoy, para que vean y disfruten de mi doxa (gloria, luz increada), que me has dado antes de los siglos, porque me has amado desde antes de la creación del mundo” (Jn 17,24).

Para Juan, la Ascensión de la naturaleza humana de Cristo es una condición absolutamente necesaria para el envío del Espíritu Santo por parte de Cristo, como se ve claramente en Lucas y, por extensión, en Pablo: Juan 16, 5-7 “Ahora voy al que me envió y como estáis tristes por la separación y las persecuciones que os he anunciado, ninguno me pregunta: ¿A dónde vas? Antes, porque os he dicho estas cosas, vuestro corazón se ha llenado de tristeza, de modo que no podéis estar atentos a mis promesas gratificantes y salvadoras. Pero yo os digo la verdad, os conviene que yo me vaya. Porque si no me voy, el Paráclitos, Consolador no vendrá a vosotros, pero si me voy, os lo enviaré. [7. Pero yo os digo la verdad, os conviene que yo me vaya, porque si no muero en la cruz y no me voy, el Paráclitos no vendrá a vosotros. Pero si ofrezco mi redentor sacrificio de expiación sobre la cruz y me voy de este mundo hacia mi Padre, os enviaré el Paráclitos.]

El que Juan no confunda las apariciones de Cristo después de la Resurrección con Su retorno en Espíritu Santo durante Pentecostés, es claro porque menciona las palabras de Cristo a María Magdalena: “No me toques, porque aún no he subido a mi Padre” (Jn 20,17). Pero en las posteriores apariciones mencionadas, Cristo le dijo a Tomás el gemelo que pusiera su mano en Su costado. Tomás creyó, más viendo que tocando: “Porque me has visto, has creído” (Jn 20,29).

El lugar de la casa común de este, quien ama al Padre en Cristo, es la naturaleza humana de Cristo, el Templo del Logos por naturaleza y de Su natural doxa (luz increada gloria), la que el Cristo como Logos ha recibido del Padre y por naturaleza participa con el Espíritu Santo. Al convertirse alguien en miembro del Cuerpo de Cristo, se convierte en templo de Dios y al mismo tiempo permanece en Dios, como en Su templo. El Pentecostés es el nacimiento y cumpleaños de la Iglesia, porque la naturaleza humana de Cristo está presente y unida por la jaris (gracia, energía increada) con cada miembro de Su Cuerpo; pero no como parte de Cristo en cada uno, sino el Cristo entero está en cada miembro por la Jaris increada. El Cristo se fue, porque debía volver en Espíritu Santo a través de una nueva presencia de Su naturaleza humana, la cual, como doxa-gloria increada de Dios, se reparte indivisiblemente entre muchos fieles, de manera que el Cristo por la jaris increada está presente en el interior y unido a cada miembro de Su Cuerpo. Al mismo tiempo, el Cuerpo de Cristo permanece Uno, de modo que Sus miembros sean uno con cada otro en la doxa (gloria) y βασιλεία vasilía realeza increada de la Santa Trinidad.

De acuerdo con los Hechos de los Apóstoles, el Cristo les dijo a Sus discípulos antes de Su Ascensión que pronto serán bautizados en Espíritu Santo (Hec 1,5 y Mt 3,12). Durante el Pentecostés “les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen” (Hec 2, 3-4).

En vista de la conexión de Juan sobre la venida del Espíritu Santo con la reaparición de Cristo en sus discípulos, como hemos visto, y las verdaderas apariciones de Cristo después del Pentecostés, por ejemplo, a Esteban (Hec 7,55-56) y a Pablo (Hec 9,3 y 22,6 y 17) etc, hay una probabilidad y una base incluso para aceptar que el pasaje de los Hechos 1,11, podría tomarse como realizado mediante el pasaje de los Hechos 2,1 y siguientes. Mientras Cristo ascendía “he aquí dos hombres que se les presentaron vestidos de blanco», diciéndoles a los Apóstoles que Cristo «volverá de la misma manera que le habéis visto ir al cielo· (Hec 1,11).

En cualquier caso, el «λαλείν ετέραις γλώσσαις hablar en otras lenguas» y el «αποφθέγγεσθαι apofzénguesze* hablar en apotegmas” no se deben confundir. El»αποφθέγγεσθαι apofzénguesze hablar en apotegmas” en el pasaje de los Hechos 2,4 significa profetizar, como se ve claro de toda la homilía del Apóstol Pedro en el pasaje 2,14 y siguientes. Primero, alguien recibe el carisma de γλωσσολαλίας (glosolalia: hablar o clamar en lengua) en el corazón y después es inspirado en el cerebro, mente para entender los profetas y a Cristo, con el fin de profetizar. Estas distinciones son claras en Apóstol Pablo y en Mateo. Una vez que el ser humano haya recibido la donación de glosolalia (clamar en lenguas), entonces el Espíritu Santo puede, si quiere, crear o no tales situaciones como en el pasaje en los Hechos 2, 6-13.

[*«Aποφθέγγεσθαι apofzénguesze producir en voz o hablar en frases breves que se formulan razones o juicios como axiomas; opiniones que son consideradas de indudable prestigio y en general con carácter didáctico. El sustantivo del verbo es la palabra αποφθέγμα apofzégma apotegma en español.»]

En cualquier caso, el bautismo en Espíritu es lo mismo con el recibimiento del regalo de la glosolalia y está claramente distinguido del bautismo en agua. Pablo primero fue glorificado en su visión con el Cristo en doxa (gloria, luz increada) y después fue bautizado (Hechos. 9, 18, 22, 16). Cuándo recibió el don de lenguas no nos lo dice, aunque se registró que lo poseía. Los doce discípulos de Apoló, los cuales habían recibido el bautismo de μετανοία metania de Juan, “cuando oyeron esto, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús. Y habiéndoles impuesto Pablo las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo; y hablaban en lenguas, y profetizaban (teologizaban)” (Hec 19, 5-6).

En el caso del ecatóntarco centurión Cornelio y su séquito, ellos primero fueron bautizados en Espíritu, puesto que han recibido la donación de don lenguas en y por la glorificación, y después se bautizaron en agua; por lo tanto, Pedro así ya no podría reaccionar: “Mientras aún hablaba Pedro estas palabras, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían el logos, discurso. Y todos de la circuncisión, los que habían venido con Pedro se quedaron atónitos de que también sobre los gentiles se había derramado el don del Espíritu Santo. Porque los oían que hablaban en lenguas, y que magnificaban a Dios. Entonces respondió Pedro: ¿Puede acaso alguno impedir el agua, para que no sean bautizados estos que han recibido el Espíritu Santo también como nosotros?” (Hec 10,44-47). En su apología (confesión) que hizo para esto, Pedro recordó lo que dijo el Cristo antes de Su Ascensión sobre el Bautismo en Espíritu Santo (Hec 1,5) y concluyó: “Si Dios, pues, les concedió también el mismo don que a nosotros que hemos creído en el Señor Jesús Cristo, ¿quién soy yo para estorbar a Dios? (Hec 11,17). La palabra helénica “ίση isi igual” en el texto significa que la donación recibida aquí no es solamente la misma, como en el Pentecostés, sino también igual, idéntica. Es esta idea de igualdad, la que se encuentra en el núcleo de los problemas en Corinto, donde muchos con sólo la donación de lenguas se consideraban a sí mismos que son iguales que los otros, sin darse cuenta que esto ocurre sólo cuando las lenguas se preceden o siguen la zéosis glorificación; puesto que durante la visión, expectación o contemplación de Dios todos los dones, carismas quedan abolidos excepto la divina agapi-amor.

Este bautismo en Espíritu, que culmina en la donación del don de lenguas y que normalmente está acompañado por el don de la profecía (teología), obviamente es el principio de la crismación, del misterio mediante el cual alguien se hace miembro del Cuerpo de Cristo y templo de Dios. Para el Apóstol Pablo la donación del don de lenguas-idiomas parece ser el mínimo requisito para convertirse en miembro del Cuerpo de Cristo. Es la base no solo de la profecía (teología), sino también de todos los carismas. Después de aquellos que hablan en lenguas, están los laicos o particulares y los no creyentes. Estos no son miembros del Cuerpo de Cristo, ni carismáticos.

Los laicos o particulares tienen un lugar especial en la Iglesia y dicen amén en los momentos adecuados durante las oraciones (1 Cor 14, 16). El hecho que ellos digan amén en las oraciones eucarísticas, significa que probablemente fueron bautizados con agua y esperaban la llegada del Espíritu Santo en sus corazones; es decir, la donación del don de lenguas, y así podrían participar en la comunión eucarística, como habían hecho los apóstoles antes del Pentecostés. Estos, obviamente, eran laicos bautizados de la comunidad apostólica.

Es obvio que los catecúmenos eran de procedencia pagana, idólatra, quienes no podían tener el mismo trato que los judíos. Los judíos aún se consideraban como fieles, siempre que no rechazaran completamente al Señor Encarnado de la Doxa (gloria, luz increada).

Estos, con los carismas mencionados en 1Cor 12, 4-10 (en los cuales se incluyen los «ministerios» y los «actos» que se enumeran en este pasaje, como se explica en 1Corintios 12:28-31) y estos con los carismas en los últimos versículos de la epístola, son todos miembros del clero, registrados según sus dones espirituales, pero no estrictamente por su actividad litúrgica, funcional o su ordenación. Ellos fueron llamados directamente de Dios, Quien otorga la donación de la oración en lenguas, después de la preparación adecuada por parte de un padre espiritual. Pablo dice que los Corintios puede que tengan muchos maestros en Cristo, pero no muchos padres: “pues en Cristo Jesús yo os engendré por medio del evangelio” 1Cor 4,15). Sin embargo, Pablo agradece a Dios, porque no ha bautizado a ninguno de los Corintios salvo a unos pocos. Esto significa que Pablo los introdujo, engendró en el campo de los carismas, en los cuales el cimiento o la base es hablar en lenguas o rezar en lenguas. En otras palabras, los carismas son fruto del bautismo en Espíritu Santo y una señal de que uno se ha hecho miembro del Cuerpo de Cristo. “Porque todos hemos sido bautizados en un solo Espíritu para formar un solo Cuerpo, sean judíos o helenos, sean esclavos o libres y de un mismo Espíritu todos hemos bebido (1Cor 12,13). Esto es evidentemente el bautismo en el Espíritu Santo. De todo lo que sigue, el Cuerpo de Cristo incluye solo a aquellos que han sido bautizados de esta manera.

Al igual que en los Hechos, para Pablo, hablar en lenguas es una señal clave de que alguien ha sido bautizado en el Espíritu Santo. Pero en el pasaje 1Cor 12,10 y 12,28-30, lo de “γένη γλωσσών géneros de lenguas” a primera vista se ve que está separado de los carismas, dones más altos, dando la impresión que la Iglesia puede operar y funcionar sin ellos. Sin embargo, el pasaje “no todos tienen el carisma de lenguas” (1Cor 12,30), no se refiere a los carismáticos más altos, sino más bien que los “laicos o particulares” y los “infieles” no hablan en lenguas, como está claro en el pasaje 1Cor 14, 15, 23, 24. Cuando Pablo enumera a los que el Dios ha puesto en la Iglesia, él empieza en el primer lugar con los Apóstoles y acaba con el “género de lenguas” en el último lugar. En el pasaje 1Cor 14,16 los “laicos, particulares” aquí no están incluidos, ni en el orden de la Iglesia en el pasaje 1 Cor 14,26, etc. La razón de esto es que aún no poseen en su interior la donación del don del Espíritu Santo para poder orar incesantemente en ellos, y por tanto no han sido colocados por el Dios en el Cuerpo de Cristo.

El que los carismas más altos incluyen los más bajos, pero no viceversa, está claro de lo que dice el Apóstol Pablo de sí mismo: “Doy gracias a Dios porque me ha dado el carisma y hablo en lenguas más que todos vosotros; pero en la iglesia prefiero hablar cinco palabras con mi entendimiento, para enseñar también a otros, que diez mil palabras en lengua desconocida (1Cor 14,18-19). Esto no significa que el Apóstol Pablo no ora en la Iglesia en lengua, es decir, en Espíritu, sino que en la Iglesia él estaba obligado a orar con la διάνοια (diania: cerebro, mente, intelecto) para la edificación de los demás: “Oraré con el carisma en espíritu, pero oraré también con la διάνοια intelecto, entendiendo y explicando lo dicho”76 (1Cor 14,15).

Con “los géneros de lenguas” el Apóstol Pablo obviamente se refiere a la oración, recitar salmos y psalmodiar, cantar himnos y odas espirituales: “antes bien sed plenos del Espíritu, hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones; dando siempre gracias por todo a Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesús Cristo (Ef 5,18-20). Así, algunos tienen “géneros de lenguas” y otros tienen además “interpretación de lenguas” (1Cor 12, 18,29). “Buscad y anhelad la agapi-amor; y procurad los dones espirituales, pero sobre todo que profeticéis o teologicéis, (es decir, la inspiración, por la energía increada jaris, del carisma de profecía o teología para enseñar y formar a los creyentes)… Así que, quisiera que todos vosotros hablaseis en lenguas, pero más que profetizaseis o teologizaseis; porque mayor es el que profetiza (teologiza) que el que habla en lenguas, a no ser que el mismo las interprete y explique para que la iglesia, los creyentes, reciban edificación espiritual” (1Cor 14, 1-5). Al igual que en los Hechos, así también aquí la profecía existe a causa de las donaciones de lenguas, pero este último no siempre puede conducir a la profecía. No hay muestra de que Cornilio y su séquito profetizaban, aunque hablaban lenguas como resultado de su zéosis glorificación.

Cuando el Apóstol Pablo dice: “quisiera que todos vosotros hablaseis en lenguas, pero más que profetizaseis; porque mayor es el que profetiza (teologiza) que el que habla en lenguas, a no ser que el mismo las interprete y explique para que la iglesia, los creyentes, reciban formación y edificación espiritual” (1Cor. 14, 5),  no da a entender que aquel que sólo “habla lenguas” debe aprender a interpretar los salmos y las oraciones en su corazón, es decir, traerlos en su diania (mente, intelecto) para que sean escuchados: “13 Por lo cual, el que habla o clama en lengua, pida en oración poder interpretarla. Porque si oro con el carisma de lengua, ora mi espíritu del corazón (y la psique-alma que se encuentran bajo la jaris energía increada del E. Santo), pero mi mente queda sin fruto (porque no puede conceptuar, intelectualizar y ofrecer beneficio espiritual a los demás). Entonces, ¿qué hacer? Oraré con el carisma en espíritu, pero oraré también con la mente (entendiendo y explicando lo dicho). Cantaré salmos con el carisma en espíritu, pero también los cantaré con la mente. Porque si con el carisma de lenguas glorificas a Dios ¿cómo dirá «amén» a tu acción de gracias el que ocupa el lugar del particular o simple oyente no iniciado, puesto que no sabe lo que has dicho? Porque tú, bien das gracias y glorificas a Dios; pero el otro no es edificado espiritualmente. Doy gracias a Dios porque me ha dado el carisma y hablo en lenguas más que todos vosotros; pero en la iglesia prefiero hablar cinco palabras con mi entendimiento, para enseñar también a otros, que diez mil palabras en lengua desconocida” (1Cor 14, 13-19).

Pablo nunca dice que alguien interprete lo que otro «habla en lenguas». Uno interpreta lo que el mismo “habla en lenguas” en su corazón. Por lo tanto, el pasaje 1Cor 14, 27-28 significa que “si habla alguno en lengua, sea esto por dos, o a lo más tres, y por turno y que uno interprete. Si no hay quien interprete, guarde silencio en la iglesia, y hable consigo mismo y con Dios”. Está claro que el intérprete, quien tiene la jaris (gracia, energía increada) de traer la oración del espíritu de su corazón a su diania (mente, intelecto) para que sea escuchada para la edificación de los demás.

El Apóstol Pablo se entristeció, porque un grupo de Corintios carismáticos, obviamente había convencido a los otros hacer un culto grupal del corazón, sin que transmitan la oración del Espíritu Santo a través de la lógica del intelecto, de modo que no pudieran escuchar los demás. Para Pablo, esto no está bien: “Porque tú, bien das gracias y glorificas a Dios; pero el otro no es edificado espiritualmente” (1Cor 14, 17) y “porque si con el carisma de lenguas glorificas a Dios ¿cómo dirá «amén» a tu acción de gracias el que ocupa el lugar del laico o particular o simple oyente no iniciado, puesto que no sabe lo que has dicho? (1Cor 14,16). Está claro que orar en lengua o por el Espíritu son términos intercambiables.

El apóstol Pablo discute de los tipos de voces que existen en el mundo, tanto las de objetos inanimados como flautas, arpas y trompetas, como también la humanas. El que Pablo hablara sobre voces en sí mismas, las cuales son producidas y no de voces confusas e incomprensibles, se ve claramente por el término “sonido confuso o voz indeterminada” en 1Cor 14,8, que significa una voz que no se oye. En el pasaje 14,9 Pablo habla de la debilidad de entender el logos (discurso o concepto), al no ser que sea transmitido con palabras formadas por la lengua. Luego continúa diciendo, “tantas clases de idiomas hay, seguramente, en el mundo, y ninguno de ellos carece de significado. Pero si yo desconozco el valor del lenguaje seré un bárbaro, como extranjero para el que me habla; y el que me habla, un bárbaro ο como extranjero para mí” (1Cor 14, 10-11).

Se ve claro que el capítulo 14 de la 1Epístola a los Corintios no se contradice en ningún punto con aquel punto que principalmente se planteó desde el principio como objeto de discusión: “Porque el que clama-habla en lengua no habla a los hombres, sino a Dios; pues nadie le entiende, aunque por el Espíritu habla misterios, (es decir, su psique iluminada está dirigida por la energía increada del Espíritu Santo y habla verdades místicas o logos inefables) 1Cor 14,2. Y “ahora pues, hermanos, si yo voy a vosotros hablando en lenguas, ¿qué os aprovechará, si no os hablare con apocálipsis (revelación de Dios), o con gnosis (conocimiento), o con profecía (teología), o con enseñanza? (1Cor 14,6).

Este hecho de que algunos Corintios hablaban en lenguas, pero no interpretaban ni profetizaban (o ni teologizaban), sería la demostración definitiva que esto, es decir, la “glosolalia” no sería lo mismo que «αποφθέγγεσθαι apofzénguesze* hablar en apotegmas” de los Hechos 2:1 y siguientes. Por otro lado, Pablo no hace la menor insinuación para que unos comprendan a otros. Se ve que sólo los laicos o particulares y no creyentes no podían participar en lo que ocurría. Sin embargo, cuando todo el cuerpo de los carismáticos se ocupa de la profecía (teología), entonces tanto los laicos como los no creyentes se dan cuenta y conciencian que “investigados y examinados en su interior por todos, así las cosas ocultas de sus corazones se hacen manifiestas” (1Cor 14, 24-25). Este es el diagnóstico del que hemos hablado en el último capítulo. Ellos adquirían la convicción de que los profetas (teólogos) realmente tenían a Dios en su interior. Pero la confianza definitiva y la subordinación de ellos en la terapia de los Padres espirituales, conduce a la adopción en Espíritu Santo y a la unión con el Cuerpo de Cristo, es decir, a la recepción del carisma de lenguas.

Así, el diagnóstico de la enfermedad espiritual del corazón por uno de los terapeutas con el carisma del discernimiento de espíritus (Cor 12,10), es la condición más fundamental y básica para la adquisición de la oración terapéutica del Espíritu Santo en el corazón, que es la que da la compresión de aquellas cosas que se refieren a Cristo y a Su Cuerpo, es decir, la Iglesia. Esto es porque “las lenguas sirven de señal sobrenatural, no a los creyentes, sino a los incrédulos, para que vuelvan en la fe; pero la profecía (teología), no a los incrédulos, sino a los creyentes, para que sean edificados e iluminados espiritualmente (1Cor 14, 22).

En otras palabras, las lenguas no son un signo para aquellos que tienen el carisma de la oración interior en su corazón, puesto que tienen el carisma de lenguas, sino para aquellos que no tienen este carisma. La profecía (teología), por otro lado, es una señal no para aquellos que no tienen esta fe, ya que no tienen el carisma de lenguas, el cual hace posible también la profecía (teología) y su comprensión, sino que es un signo para aquellos que tienen la fe, puesto que teniendo este carisma de lenguas comprenden la profecía (teología). Así que, uno debe empezar con la fe exterior la aceptación de la autenticidad o con la capacidad del terapeuta. Permanecer en el estado de oración y recitando salmos en su corazón, sin progresar por lo menos en la interpretación, la que edifica espiritualmente a los demás, es una detención del progreso y crecimiento espiritual y no será conducido a la αγάπη (agapi: amor desinteresado) la que “no busca lo suyo, sus propios intereses” (1Cor 12, 5) y “Por eso muchos de vosotros que indignamente comulgáis de los divinos regalos, estáis enfermos y débiles, y otros han muerto” (1Cor 11, 30).

La γλωσσολαλία glosolalia (clamar, hablar en lengua) no es un fenómeno exclusivo de Corinto. El Apóstol Pablo en la epístola a los Romanos habla sobre “el culto lógico” y sobre la metamorfosis, transformación mediante la renovación del νούς (nus: espíritu de la psique) (Rom 12, 1-2). Esto es posible mediante la liberación del nus de la ley que habita en los miembros de uno, y combate, lucha contra la ley, la que ha aceptado a través del nus y cautiva (al hombre) a la ley del pecado: “En mi interior me agrada con todo mi corazón la ley de Dios; pero veo en mi cuerpo y en sus miembros una ley que lucha contra la ley de mi espíritu y contra de lo que me dicta mi conciencia y me esclaviza a la ley del pecado que domina en mi cuerpo y en sus miembros, es decir, domina a mi naturaleza física humana.” (Rom 7: 22-23). “Doy gracias a Dios que, por Jesús Cristo, nuestro Señor me ha liberado, sanado y salvado. En conclusión, pues, es que yo trabajo en dos señores; con el espíritu y la conciencia sirvo a la ley de Dios, pero con el cuerpo y sus miembros sirvo a la ley del pecado. Por consiguiente, no hay condenación alguna para los que creen y están unidos a Jesús Cristo, los cuales viven y son gobernados de acuerdo con los mandamientos o principios espirituales del Espíritu y no de acuerdo con las codicias, con los deseos perversos y pecadores de la carne. Porque la ley del Espíritu, la jaris-gracia energía increada, la iluminación y la potencia del Espíritu Santo que cultiva, desarrolla y da la vida en Cristo, me ha librado de la ley, del dominio del pecado y de la muerte espiritual” (Rom 7, 25 y 8,1-2). “Y si Cristo está en vuestro interior, aunque el cuerpo está sujeto a la muerte a causa del pecado, sin embargo, vuestro espíritu tiene vida eterna gracias a la justicia y la sotiría redención, sanación y salvación que habéis recibido de Cristo” (Rom 8, 10). “Los que se dejan guiar por el Espíritu de Dios, ellos realmente son hijos de Dios. Y vosotros, cuando creísteis y os bautizasteis, no recibisteis en vuestra psiques-almas el espíritu de esclavitud y conductas tiranas, para recaer de nuevo en el temor, sino que recibisteis del Espíritu Santo la χάρις jaris-gracia energía increada de ser hijos adoptivos, que nos hace exclamar con ánimo y valor hacia Dios: ¡Abba! ¡Padre! El mismo Espíritu Santo da testimonio y confirma juntamente con nuestro espíritu de que somos hijos de Dios” (Rom 8, 14-16). En otras palabras, uno conoce la absolución, la justificación, la salvación y la adopción en Cristo por el Espíritu, cuando escucha la oración del Espíritu incesantemente en su corazón sin cesar.

El que esta ley del Espíritu de la vida en Cristo es el carisma de la 1Epístola a los Corintios y de los Hechos, está claro y cierto por el desenlace de la exposición de Pablo: “Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos” (Rom 8, 26-27). En otras palabras, para que uno sea miembro del Cuerpo de Cristo, debe tener este carisma de lenguas: “Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él” (Rom 8, 9). Entonces uno puede entender por qué san Juan el Evangelista llama al Espíritu Santo “el otro Paráclitos que literalmente significa suplicante, alguien que intercede, interviene por otro.

Quizás uno de los pasajes más asombrosos sobre el “género de lenguas” es el de Efesios 5, 18-20: “No os embriaguéis con vino, en el que hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu, hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones, dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesús Cristo” (Ef 5,18-20) («…sino sed llenos del Espíritu, hablándo entre vosotros…» (compárese la expresión «hablándo entre vosotros» con «hable para sí mismo y para Dios» de 1 Corintios 14,28). Esto ciertamente se distingue de “cantaré o psalmodiaré con el nus (espíritu o energía del corazón de la psique)”. Esto también es un reflejo claro de lo qué ha dicho Pablo para sí mismo en el pasaje 1Cor 14,8 “si la trompeta de guerra diere sonido confuso, ¿quién se preparará para la batalla?”, y también el testimonio sobre la naturaleza incesante de “los géneros de lenguas”.

A la luz de todo esto, uno puede dirigirse hacia la 1Epístola a los Tesalonicenses: “Estad siempre gozosos. Orad sin cesar. Dad gracias en todo, porque ésta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús. No apaguéis al Espíritu. No menospreciéis las profecías (o teología). Examinadlo todo; retened lo bueno. Absteneos de toda especie de mal” (1Tes 5,16-22). Esto es el resumen de lo que hemos examinado hasta ahora.

Por lo tanto, la ley del Espíritu de vida en Cristo no está en oposición a la Torá creada (Pentateuco), sino que es la que hace posible su cumplimiento. Uno puede ver por qué los Padres no piensan dentro de los marcos de que el Antiguo Testamento es la ley y el Nuevo Testamento la χάρις (jaris: gracia, energía increada). Para Pablo, la fe no es simplemente la aceptación de los dogmas, sino el carisma de lenguas en el corazón. Estas mismas posiciones se destacan claramente en la carta de Pablo a los Gálatas: “De manera que la ley ha sido nuestro maestro, instructor, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos salvados por la fe; pero venida la fe, ya no estamos bajo maestro” (Gal 3, 24). Pablo aquí no hace una contraposición histórica entre Antiguo y Nuevo Testamento en la terminología de la ley, la que supuestamente fue abolida por la jaris (energía increada) con la llegada de Cristo. Él habla sobre el discernimiento entre los catecúmenos bajo la conducción de la ley y también de aquellos que se han bautizado en el Espíritu en su época. Los Gálatas, como hijos espirituales, estaban bajo la conducción de la Torá, pero ahora, habiendo recibido el bautismo “en el Espíritu” ya no son particulares o laicos, porque tienen la ley increada del Espíritu Santo de Cristo en sus corazones. Aquí la fe no es solo una convicción o confianza en Cristo, sino fe profunda, íntima e interiorizada, la que viene como el carisma de lenguas: “porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos… Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre! Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo” (Gal 3, 26-27 y 4, 6-7). Absolución, reconciliación, justicia y salvación por la fe, el carisma de lenguas, bautismo en Cristo, reconciliación y adopción son una y la misma realidad.

En los marcos de la vida en Cristo, “ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús” (Gal 3,28). En el nivel de la oración en lenguas y profecías, todos son uno en Cristo. Así tenemos “todo varón hombre que ora o profetiza” y “toda mujer que ora o profetiza” de 1Cor 11, 4-5. Sin embargo, los hombres podían hacer esto con sus cabezas descubiertas y las mujeres con sus cabezas cubiertas, porque “quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo” (1Cor 14, 3). Puesto que uno profetiza para edificación de los demás (1Cor 14,3) y de la Iglesia (1Cor 14,4) uno esperaría que las mujeres también profeticen en la Iglesia: “Pues, podéis profetizar (teologizar) todos por turno para que todos aprendan y sean exhortados y consolados” (Cor 14, 31). Sin embargo, Pablo prohíbe a las mujeres hablar en la Iglesia (1Cor 14, 34-36), y, por otro lado, el mandamiento de Pablo es que las mujeres deberían profetizar con la cabeza cubierta parece que se refiere en relación con la ropa que vestían en las asambleas de la Iglesia. El hecho de que las mujeres profetizan (teologicen) paralelamente con los hombres es el cumplimiento primordial de la profecía del Antiguo Testamento mencionada por Pedro en su homilía en Pentecostés: “Y en los postreros días, dice Dios, derramaré de mi Espíritu (es decir, el Espíritu Santo derramará la energía increada jaris) sobre toda carne, y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán (teologizarán)…” (Hec 2,17).

Los profetas mencionados en Efesios 2,20 obviamente no son aquellos del Antiguo Testamento, sino los de la Iglesia, como en el caso de Efesios 3,5: el Cristo “en otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hombres, como ahora es revelado a sus santos apóstoles y profetas (teólogos) por el Espíritu”. Esto parece ser una clara referencia al hecho de que aquellos que tienen la segunda posición en la Iglesia son los profetas (teólogos) después de los Apóstoles (1Cor 12,8), la tienen porque el Cristo se ha apocaliptado (revelado) a Sí Mismo en doxa (gloria, luz increada) en ellos, tal y como lo había hecho a los Apóstoles. En otras palabras, ellos no sólo profetizaban (teologizaban) porque tenían el carisma de lenguas, sino también porque habían sido glorificados en Cristo a través del Espíritu Santo. Ante la duda de que los todos miembros del Cuerpo de Cristo, no son lo iguales, Pablo concluye diciendo: “…si un miembro es glorificado, todos los miembros gozan con él y participan de su alegría. Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular; y así los puso el Dios en la Iglesia, en primer lugar, apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros, luego los que hacen milagros, después los que sanan, los que ayudan a los necesitados, los que administran y los que tienen el don de lenguas, cada uno según su capacidad ha recibido de Dios su carisma y su sitio” (1Cor 12, 26-2). A la luz de Efesios 3,5 esto significa que los profetas (teólogos) fueron llamados de la misma manera que los Apóstoles. Obviamente desde esta perspectiva debe entenderse el pasaje Efesios 2,19: “Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas (teólogos), siendo la principal piedra angular Jesús Cristo mismo…”.

Lo que tenemos ante nosotros es una escalera de perfeccionamiento que culmina en la agapi-amor, la que “no busca lo suyo, sus propios intereses” (1Cor 13, 5) y la que solo “nunca decae” (1Cor 13, 8), cuando todos los carismas quedan abolidos con la venida de lo perfecto, es decir, la zéosis glorificación o expectación de Dios en el encuentro de “cara a cara o persona a persona” con el Cristo en doxa (gloria, luz increada) (1Cor 13, 10-12). Sin embargo, después de este encuentro, la agapi-amor permanece paralelamente con la fe y la esperanza y los carismas que las acompañan.

Lo que ha sido conocido como eclesiología eucarística es un fenómeno estructural, cuya original expresión conexa fue la realidad Paulina del Cuerpo de Cristo. En el centro de esta estructura estaba el diagnóstico de la enfermedad del corazón y su terapia con los conceptos de los carismas, de los cuales la oración del Espíritu Santo en el corazón era la condición indispensable y la base de la zéosis glorificación, divinización. Cuando la comunidad local era el Paulino Cuerpo de Cristo, la eclesiología eucarística era su expresión estructural fluida o natural. Sin embargo, con las diversas etapas de debilitación de este centro eclesiástico local, la estructura de la Iglesia sufrió una evolución, y el resultado de esta evolución, que fue el resultado de la determinación de aquellos que preservaron con valentía la tradición de la oración del Espíritu Santo en el corazón de generación en generación, puesto que ella es el centro o la columna vertebral de la tradición apostólica y sucesión.

El clero se supone que es elegido por los fieles, es decir, por aquellos que se encuentran en el estadio o etapa de iluminación o de zéosis glorificación. La elección era el reconocimiento de la autenticidad de la autoridad espiritual a la que alguien había llegado. El proceso histórico por el cual algunos patriarcas y metropolitanos llegaron a ordenar obispos que no habían alcanzado la experiencia espiritual a la que los dogmas conducen, pero cuyo misterio no podían expresar, se describe por Simeón el Nuevo Teólogo (quien murió en 1042) reconocido como uno de los más grandes de los santos padres. Esto significa que su análisis histórico es una parte integral de la autocomprensión de la Iglesia Ortodoxa.

En un trabajo relacionado con la confesión, a veces atribuido a San Juan el Damasceno, san Simeón explica que los “laicos o particulares” en la Iglesia fingían y simulaban como si hubiesen llegado a la iluminación –la que no tenían-, y empezaron a ser ordenados obispos (hoy igual que los obispos de academia, sin iluminación y zéosis). Debido a aquellos no iluminados aparecieron las herejías en la Iglesia. Sin embargo, esto no significa que alguien es ortodoxo, porque no introduce dogmas nuevos, sino porque está iluminado. Incapaces de encontrar tales candidatos, o habiéndolos encontrado, preferían a los indignos e inútiles.

Así, algunos obispos y metropolitas ordenaban obispos los cuales no habían llegado a la etapa o estadio de la iluminación. En lugar del estado de iluminación, estos «solo requerían que se expusiera por escrito el símbolo de la fe, y solo aceptaban esto, sin ser celosos por el bien ni oponerse a algo malo, procurando paz aquí en la Iglesia, que es peor que cualquier enemistad y gran desorden (aún hasta hoy en día). PG 95, 300ΑΒ,

En la persona de san Simeón el Nuevo Teólogo, uno puede discernir claramente la antigua lucha ancestral entre la tradición apostólica del diagnóstico, la psicoterapia y la sanación, y, de aquellos que rebajan y subestiman la sanación y salvación a una cuestión de fe y confianza en los dogmas, y en la recompensa y mérito por las buenas obras y la moral.

Cualesquiera que fueran las causas reales de la procedencia y del surgimiento del monacato, la oración del Espíritu Santo en el corazón permaneció su centro y su psique-alma. Ya desde los primeros días de la vida de San Antonio, el santo Atanasio nos informa que «oraba continuamente, aprendiendo que es necesario orar en privado sin cesar». San Juan Casiano nos informa que la oración incesante es la obra «de cada monje en su progreso hacia la memoria continua de Dios…»

Esta tradición estuvo muy viva también en los reinos Merovingios de los Francos. Sin embargo, el episcopado se transformó en un órgano administrativo de los reyes francos.

Así, aunque san Gregorio de Tours era un gran admirador de san Casiano, de san Basilio el Grande y de sus descendientes espirituales de Galia (Francia), realmente no entendía qué hacían. En su descripción sobre de la vida de Patroclo el Ermitaño, Gregorio escribe que “su comida era pan mojado en agua y salpicado con sal. Sus ojos nunca se cerraron para dormir. Oraba incesantemente, y cuando paraba de orar por un momento, gastaba su tiempo escribiendo o leyendo” (Historia de los Francos, 5, 10).

Gregorio cree que, para orar sin cesar, uno debe permanecer en cierta forma despierto constantemente. Además, dado que Patroclo era conocido por pasar su tiempo leyendo y escribiendo, esto le lleva a pensar que debía detenerse de orar para dedicarse a esas actividades. Su afirmación de que «los ojos de Patroclo nunca se cerraban para dormir» es extremadamente improbable. Solo cuando Pátroclo estaba en el estado de zéosis glorificación, divinización no dormía. Pero no comía pan ni bebía agua y lo más importante durante este estadio dejaba de orar también (lenguas cesarán-1Cor 13,8). Cuando él no estaba en este estadio de doxa (gloria, luz increada), oraba sin cesar, tanto cuando estaba despierto como cuando dormía, y cuando leía y escribía.

  1. Profetizar y teologizar

Lo que hemos observado hasta ahora son fuertes indicios de que profetizar y convertirse uno en profeta, según el Apóstol Pablo, es similar, por no decir idéntico, que teologizar y convertirse en teólogo, según el sentido de la tradición patrística. La desaparición del término “profeta” y “profecía”, puede ser que se deba en la aparición del Canon del Nuevo Testamento, en el que predominaron los términos presbítero y obispo y a la escasez de la experiencia de la zéosis glorificación, divinización y a causa de esto el de profeta con la subsiguiente escasez del don de lenguas. Pero, las realidades de los carismas de lenguas y de zéosis glorificación, no han desaparecido y se han mantenido vivos en el movimiento monástico, que se convirtió en el principal centro de esta tradición, la cual proporciona a la Iglesia con sus metropolitas, arzobispos, y, finalmente con obispos también.

Lo que hemos investigado en la Epístola 1Corintios 12, 13, 14, y especialmente 1Cor 14,26 es la Escuela Teológica de la Iglesia. Esta es la escuela en la que asistieron y estudiaron los Padres de la Iglesia. Recordamos el argumento más importante que utilizó san Gregorio el Teólogo contra los Evnomianos, que teologizar o filosofar sobre el Dios es permitido sólo en aquellos que han alcanzado la θεωρία (zeoría: expectación contemplación de la luz increada), lo cual significa que la oración incesante del Espíritu Santo está en el corazón, es decir, la memoria incesante de Dios, la cual se interrumpe durante la zéosis glorificación, divinización.

Así, para uno profetizar o teologizar es interpretar las Sagradas Escrituras bajo la dirección del carisma o don de lenguas y convertirse en profeta o teólogo es haber llegado a la zéosis glorificación, divinización.

Sin embargo, esta teología es puramente terapéutica y una expresión de la salud. El que uno vaya ascendiendo a la zéosis glorificación encima del carro de la oración incesante (o noerá, del corazón o de Jesús), es el camino para la psicoterapia, sanación, y llegar a la zéosis glorificación es el sabor del comienzo de la salud y del perfeccionamiento. A la vez esta zéosis glorificación es “la apocálipsis-revelación de toda la verdad” por el Espíritu Santo.

Según los Padres de la Iglesia, los profetas tenían también la oración incesante, que era el camino natural de ellos hacia la zéosis glorificación. Sin embargo, estas experiencias no contenían ni a los miembros del Cuerpo de Cristo, ni la anulación, eliminación definitiva de la muerte. Estas aún no eran el carisma de las lenguas del Pentecostés. Así, el último don abarca el anterior, pero no al revés. Por lo tanto, quien posee el último don comprende el sentido y significado del anterior. Aquel que tiene el carisma de lenguas u oración noerá o de Jesús, pero sin la zéosis glorificación, puede llegar a discernir el sentido del pensamiento profético. Pero quien no posee este carisma o don no puede serlo. “Y nosotros, en cambio, no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que podamos entender y conocer lo que Dios nos ha concedido, regalado…” (1Cor 2,12).

Dentro de una cohesión de este tipo, cada Corintio carismático, durante las reuniones, interpretaba un salmo o un punto de la enseñanza o una experiencia de la apocálipsis (revelación) o tenía algo que decir, interpretar y enseñar sobre el carisma de lenguas (1Cor 14,26): “En cuanto a los profetas (teólogos), hablen dos o tres, y los demás juzguen si es un profeta o un falso-profeta. Si algún otro que está sentado tiene una apocálipsis-revelación, cállese el primero. Pues, podéis profetizar (teologizar) todos por turno para que todos aprendan y sean exhortados y consolados. Los espíritus de los profetas (teólogos) o los carismas de las profecías están sometidos a los profetas-teólogos, así pueden hablar o callar cuando lo quieran, pues el Dios no es Dios de confusión, sino de paz (1Cor 14, 29-33). En otras palabras, los profetas conocen el método de profetizar. Así cada enseñanza e intercambio de opiniones o aspectos entre aquellos que estudian a los profetas, pero que aún no han llegado a ser profetas, debe realizarse bajo la dirección de los profetas. Son los glorificados o divinizados en Cristo, quienes juzgan a los demás, pero ellos no son juzgados por nadie: “En cambio el espiritual juzga todas las cosas; pero él no es juzgado de nadie. Porque ¿quién conoció la mente-intelecto y el espíritu del Señor? ¿Quién le instruirá? Además, nosotros tenemos la diania (mente, intelecto) y el espíritu-nus de Cristo” (1Cor 2, 15-16). Es decir, los νούς nus o las διάνοια dianias (mentes, intelectos, cerebros) de los Apóstoles y de los profetas se han hecho como los de Cristo, gracias a la zéosis glorificación, el resultado es que ya no viven, se han crucificado y muerto para el pecado, sino que vive el Cristo “en el interior de ellos”. Estos son por excelencia los amigos de Dios (Gal 2, 18-20).

Lo que tenemos en 1Cor 14, 26-33 es un intercambio de la experiencia del Espíritu Santo de uno bajo la dirección de los profetas para la edificación, el aumento de la comprensión, del entendimiento y del perfeccionamiento. Esta es la forma apostólica de confesión pública ante la Iglesia, como también queda muy claro en 1Cor 14,24; donde la profecía (teología) conduce al interrogatorio de los laicos o particulares y la revelación de las cosas escondidas, los secretos del corazón de ellos. Se ve muy claro y cierto que el término profecía de Pablo y el término teología de la percepción y concepción patrística son lo mismo. El profeta y el teólogo se forman a través de la catarsis, la iluminación y la zéosis glorificación, y en esta zéosis o glorificación la energía increada del Espíritu Santo erosiona la διάνοια (diania: mente, intelecto) y los pazos, de modo que transforma la agapi-amor interesada en agapi desinteresada, “la que no busca lo suyo”.

Lo importante es que Cristo, a Quien los carismáticos han conocido a través de la experiencia en sí mismos y de vez en cuando vieron a través del Espíritu Santo en doxa (luz increada gloria,) de Dios que es el Mismo Cristo, a Quien encontraron en el Antiguo Testamento en la zéosis glorificación de los Profetas. Pablo revela una breve observación la estructura fundamental del culto y de la fe de las comunidades apostólicas. “Porque si hubieran conocido la doxa (gloria, luz increada), nunca habrían crucificado al Señor de gloria-doxa increada (1Cor 2, 8). La forma en la que se inserta este pasaje y la singularidad de las epístolas de Pablo, significa que es la base de la fe de todos los creyentes. No puede haber ninguna duda sobre el sentido y el significado, porque un poquito más abajo Pablo dice que el Cristo fue Quien condujo a los hebreos durante la salida de Egipto y los apoyaba mientras estaban al desierto: “Porque no quiero, hermanos, que ignoréis que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube, y todos pasaron el mar; y todos en Moisés fueron bautizados en la nube y en el mar, y todos comieron el mismo alimento espiritual, y todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo (1Cor 10, 1-5). Los Gálatas recibieron a Pablo “como ángel de Dios, como Jesús Cristo” (Gal 4,14) -probablemente como una comparación de la filoxenía (hospitalidad, acogimiento) de Abraham del Ángel de la Doxa (gloria, luz increada). Pablo no ve a Cristo en el Antiguo Testamento como una especie de Mesías celestial o terrenal, sino como el Mismo Señor de la Doxa-Gloria, Quien se hizo Mesías por Su Nacimiento de la Virgen.

El nombre profeta, según el uso Paulino, significa aquel que ha visto al mismo Señor de la Doxa-Gloria increada, como los Profetas del Antiguo Testamento. Este es el factor clave de la experiencia del carisma de la profecía y es el centro del culto y del estudio de la congregación, asamblea Paulina de los carismáticos. La Santa Escritura que utilizaban era el Antiguo Testamento, en el cual, con el testimonio de su propia experiencia de los dones de lenguas, veían a Cristo por todas partes dentro de la vida de los profetas, como el Señor y Ángel de la Doxa-Gloria. Si leyeran el Antiguo Testamento con las condiciones, presuposiciones y perspectivas de Agustín y sus descendientes teológicos, no habrían existido Arrianos y Evnomianos, ni Sínodos Ecuménicos históricos, no, porque no existirían heréticos, sino porque no existirían Arrianos, ni Evnomianos, naturalmente tampoco Ortodoxos. El que uno teologice sobre un monoteísmo abstracto que cree encontrar en el Antiguo Testamento, o sobre una idea filosófica sobre el Dios, es como hacer astronomía con la fantasía, imaginación en lugar de con telescopios bajo la dirección de expertos. Desde este aspecto los Arrianos y los Evnomianos pertenecían a la tradición patrística y bíblica de la teología empírica, en cambio Agustín deambulaba en el campo del misticismo neoplatónico y del monoteísmo abstracto.

El que el Apóstol Pablo creyera que el Dios en Cristo por el Espíritu Santo apocalipta/revela “toda la verdad” durante la zéosis glorificación, divinización, se desprende claramente por su exposición sobre la distinción entre el niño y el hombre. “Cuando yo era niño pensaba, razonaba y hablaba como un niño. Cuando llegué a ser hombre, se despojaron y desaparecieron las cosas de niño, las niñerías. Porque ahora vemos confusamente como en un espejo de manera que quedan muchos enigmas e interrogantes que no podemos explicar. Entonces, es decir, cuando alcancemos la zéosis, veremos y será claramente, cara a cara, en persona a Persona o hipóstasis a Hipóstasis. Ahora conozco parcialmente la verdad, pero entonces tendré perfecta τέλεια (télia) la gnosis, tan perfecta como cuando fui reconocido por Dios como apóstol (1Cor 13, 9-12). Uno pasa de la niñez, que estaba bajo la ley, a la madurez a través de la fe, teniendo el don, carisma de lenguas (oración del corazón), en el cual la ley creada es reemplazada por la ley increada en el corazón en su naturaleza humana. Durante este tiempo, uno “ve como en un espejo oscuramente, de manera que quedan muchos enigmas e interrogantes, conoce y profetiza parcialmente” (1Cor 13, 9-12).

Pablo habla ante aquellos que profetizan como resultado del carisma de lenguas. “Cuando venga lo perfecto, entonces desaparecerá lo parcial e imperfecto… entonces tendré perfecta τέλεια (télia) la gnosis, tan perfecta como cuando fui reconocido por Dios como apóstol” (Cor 13, 10-12). Lo que Pablo dice es que uno no es profeta solamente porque, a través del don de lenguas, él profetiza (1Cor 12,29). Superior de la profecía (teología) es la abolición o suspensión (parcial) de esta por la (duración) de la zéosis glorificación que es la venida de lo perfecto, cuando uno “es conocido”, puesto que Pablo “fue conocido, reconocido” por el Dios. Esta es la experiencia que hace Apóstoles y Profetas.

Que el Apóstol Pablo se enfurecería completamente con la idea de que la Iglesia es conducida “a toda la verdad” o a una mejor percepción y comprensión hacia “toda la verdad”, se ve claramente por lo siguiente: “«Lo que el ojo no vio, lo que el oído no oyó, lo que ninguna inteligencia y mente humana imaginó, eso preparó Dios antes de la creación del mundo para los que le aman». Y a nosotros nos lo manifestó Dios por medio de su Espíritu Santo; porque el Espíritu Santo lo penetra todo, hasta las cosas infinitamente profundas de Dios, (y Espíritu es capaz de transmitir las grandezas de Dios, las que puedan caber en cada διάνοια diania mente/intelecto e inteligencia humana)» (1Cor 2, 9-10). Para Pablo el Dios apocalipta-revela a cada glorificado o deificado aquellas cosas de las que Dios ha preparado para los que le aman. En otras palabras, “toda la verdad” (Jn 16,13) en la que participarán aquellos que aman a Dios.

Se ve claramente que en ninguna parte del Nuevo Testamento encontramos la idea de que “toda la verdad” se apocalipta-revela en la Iglesia, o que la Iglesia está conducida a una comprensión de “toda la verdad”. “Toda la verdad”, la que es el Cristo, y se apocalipta-revela mediante Su Espíritu o Espíritu de la Verdad, a aquellos que son glorificados, divinizados en Su Cuerpo. Los otros miembros del Cuerpo de Cristo, quienes son miembros, porque tienen el don de la oración del Espíritu Santo incesantemente en sus corazones, conocen, profetizan o teologizan de manera parcial. Son aquellos que ven confusamente como en un espejo de manera que quedan muchos enigmas e interrogantes y en parte conocen y profetizan o teologizan, (1Cor 13,12). Los restantes entre los que creen en Cristo son niños bajo la ley. El que ellos deberían profetizar o teologizar para los Padres serían heréticos o laicos, quienes simularían que son Teólogos.

Dado que sería seguro suponer que el profeta era, en el pensamiento de Pablo, un miembro necesario de la estructura del Cuerpo de Cristo (Ef 2,19-22, 5-6 11-13 y 1Cor 12,28), cuya parte esencial son los cimientos del mismo, junto con los Apóstoles, también parecería seguir que sin ellos no hay Iglesia. Esto, por supuesto, es cierto, si entendemos que el nombre de profeta significa aquel que, como los Apóstoles, tiene la experiencia de la zéosis glorificación, divinización. Así, ya sea que se llamen profetas o Padres de la Iglesia, es secundario. Lo importante es que aquellos que con la oración incesante llegan a la zéosis glorificación son la piedra angular, el núcleo central y básico de la Santa Παράδοσις (Parádosis: Entrega y Tradición divina), ya que sin ellos no hay Cuerpo de Cristo.

Por tanto, ya sea que alguien tenga tales Padres en las Iglesias locales concretas, o en los monasterios, no cambia el hecho de que ellos son los expertos en el progreso de los miembros del Cuerpo de Cristo. Sin ellos los Misterios de la Iglesia se convierten en un sistema de magia. El Apóstol Pablo no dice que el Cuerpo de Cristo se edifica realmente mediante el bautismo, el crisma o crismación, la divina efjaristía, etc., sino por los Apóstoles y los profetas, entendiendo por Apóstoles y Padres, quienes generan espiritualmente a otros en Cristo, preparándolos para recibir la oración del Espíritu Santo en sus corazones. Solo dentro de estos marcos, los Misterios del Bautismo, del Crisma o unción, divina Efjaristía, Sacerdocio, confesión y metania, etc., no son magia.

Con las condiciones que se han dado y presentado en este estudio, debería ser claro por qué, excepto Agustín, ningún Padre de la Iglesia se ha imaginado a sí mismo estar dedicado a un supuesto intento de la Iglesia de entender mejor el misterio de Dios y de la Encarnación progresivamente con el paso del tiempo. La formulación y redacción del dogma no tiene ninguna relación con un intento de comprender estos misterios.

Todos los Padres están de acuerdo con san Gregorio el Teólogo, quien es llamado así porque había alcanzado la glorificación o zéosis, y se remiten a él que dijo: “Es imposible hablar de Dios, y mucho más imposible comprenderlo». Teología es la gnosis increada, conocimiento de Dios en oración incesante del corazón, el estudio de la Santa Escritura y del Dogma. Es un camino o guía hacia el Dios en un océano de presunciones, supersticiones y conceptos erróneos acerca de Él. Ambos son abolidos o suspendidos durante la visión, expectación de Cristo en doxa (gloria, luz increada) de Su Padre, por el Espíritu Santo, y simultáneamente es una experiencia que supera, trasciende los logos, los conceptos y los significados, y, que inspira estos logos, conceptos y significados creados, los cuales conducirán a otros hacia Él. Esto significa que uno debe determinar y establecer un discernimiento claro entre el dogma y el misterio de Dios. Agustín confundía los dos y creía que al aceptar uno podría comprender el otro por la fe. Pero el propósito y fin del dogma no es entender el misterio, sino que quede abolido o trascendido el dogma en el misterio de la zéosis glorificación que está por encima de la comprensión, puesto que el Dios es un misterio y permanece misterio incluso para aquellos que en Cristo ven a Dios. Además, nadie comprende el dogma, sino sólo cuando conoce su propósito y fin, y no lo confunde ni lo mezcla con el Mismo Dios.

La formulación del dogma en el Símbolo de la Fe (Credo) y en los Sínodos Locales y Ecuménicos de la Tradición Ortodoxa se ha hecho en cada caso para una reacción y oposición contra toda herejía y malinterpretación de los términos teologizados (teologúmenos) y para la protección de los falsos dogmas. Los Padres teologizan mediante la formación y conformidad de su noesis (percepción comprehensiva con el nus-corazón) con: 1) la noerá-espiritual oración del corazón incesante 2) la Escritura dentro de la Tradición de sus propios Padres y 3) su propia zéosis glorificación, divinización ya sea si estuvieran en este estadio o en la zéosis de los otros, pero no a través de la dialéctica y la especulación.

Para cerrar este capítulo, apuntar que Orígenes (aproximadamente 185-255) identifica la “glosolaliá o clamor de lenguas”, de la primera epístola a los Corintios, con la oración incesante del Espíritu Santo en el corazón y ve que esta tradición estaba funcionando también en el Antiguo Testamento, puesto que es la que hace revelar y destacar a los Profetas.

Los Padres Capadocios no muestran signos de desavenencia en este punto con Orígenes, hasta el punto que me fue posible investigar y verificar. Sin embargo, durante la época de san Juan el Crisóstomo (344-407), la tradición que había dominado en algunos círculos de Antioquía era que el carisma de la “glosolaliá o clamor de lenguas-idiomas” era el que tenían los Apóstoles en hablar lenguas de las naciones y pueblos donde estaban evangelizando. Pero no menos, este carisma de lenguas o idiomas presuponía que estaba acompañado por el carisma de la incesante noerá-espiritual oración del corazón, por la que se refiere san Juan Crisóstomo que Pablo describe en 1 Cor 14,14-16. San Cirilo de Alejandría (375-444) parece seguir un camino intermedio, puesto que apunta, tal y como nosotros también hemos recalcado, que “nadie escucha” (1 Cor 14,2). Él no parece ser tan seguro, como san Juan el Crisóstomo, de que esto significa que nadie entiende. Es claro que esta predisposición o tendencia estaba suficientemente desarrollada, de modo que los Apóstoles se encontraban en un nivel espiritual tal que, en comparación con sus propios carismas, los carismas sobrevivientes del Espíritu Santo en la Iglesia eran considerados inferiores. De todos modos, lo que es importante para este trabajo que realizamos, es que el carisma o don de la oración incesante en el corazón y la zéosis glorificación, divinización nunca dejaron de ser consideradas como núcleo o columna vertebral de la tradición desde la época de los profetas del Antiguo Testamento.

6) Consecuencias y conclusiones

1) Parece que, para ser coherentes con la comprensión paulina, la del cristianismo primitivo y la patrística sobre Jesús Cristo como la Vida del Mundo, sería necesario abordar el tema desde la perspectiva de la teología empírica (por experiencia), la cual abarca las ciencias terapéuticas, “psicoterapéuticas”. Probablemente, uno metodológicamente, puede distinguir la experiencia de la oración del Espíritu Santo en el corazón del interés por la vida después de la muerte, con el propósito de examinar este fenómeno en relación con aquellas ciencias afines a la medicina.

La existencia de la energía noética o noerá (del nus) y su funcionamiento o disfunción, no puede concernir únicamente a los teólogos. En verdad, su terapia hace la tradición, que conoce cómo lograr esta psicoterapia y sanación, en una ciencia más positiva que la psiquiatría en su forma moderna actual. En cualquier caso, la cuestión de reunificación de la cristiandad se debe de conseguir con la participación de científicos dedicados y experimentados en esta terapia y que estudien este enfoque. Podríamos señalar y anotar que ni la Biblia ni los Padres consideran la zéosis glorificación, divinización como una experiencia exclusiva de la vida después de la muerte. Terapeutas o “psicoterapeutas” normales y verdaderos no son solamente aquellos que tienen la incesante oración del Espíritu Santo en sus corazones, sino también los que tienen la experiencia de la zéosis glorificación, divización en esta vida. Ellos son los principales portadores de la tradición de la “psicoterapia” terapia de la energía noerá (o noética, espiritual), es decir, νοῦς (nus).

2) Esto significa que la tradición de los Profetas, Apóstoles y Padres, no es muy diferente que la tradición de las sociedades científicas contemporáneas. Las hipótesis, consideraciones y teorías no pueden separarse de la tradición de la comprobación, verificación empírica. La medicina no puede ser separada de la diagnosis (diagnóstico) y de la terapia. Diagnosis y terapia no pueden ser cambiadas en actos rituales o litúrgicos que no pueden producir la apocatástasis-restablecimiento de una salud verificada. De la misma manera, los misterios y la divina liturgia no pueden ser separados de la catarsis y la iluminación del νοῦς (nus: espíritu de la psique-alma), ni tampoco puede ser que la fe, la oración, la teología y el dogma sean separadas de la confirmación verificación empírica de la incesante oración del Espíritu Santo en el corazón y de la zéosis glorificación.

3) Pero en realidad, la fe, la oración, la teología y el dogma, por un lado, y los misterios (sacramentos) y la liturgia, por otro lado, se han separado de la diagnosis (diagnóstico) y la terapia de la enfermedad del νοῦς (nus). Esto ha ocurrido no sólo fuera de la Tradición Ortodoxa, sino dentro de ella también. De hecho, en algunos casos, esto ha sucedido también en amplios sectores de las iglesias sinodales y durante largos períodos de tiempo, especialmente cuando el monaquismo tradicional o patrístico ha sido reprimido o marginado temporalmente.

4) Uno puede fácilmente discernir de la relación entre iluminación y zéosis glorificación o entre dogma y misterio, que existe una gran amplitud para el desarrollo de los medios noéticos (mentales, intelectuales) y gloseológicos (lingüísticos) usados, que ayuden a preparar a alguien para recibir el don, carisma de la oración incesante y la fe interior, íntima con el fin de convertirse en un templo del Espíritu Santo y miembro del Cuerpo de Cristo. Pero este desarrollo noético y lingüístico no es un signo de una comprensión más profunda. La comprensión suprema es la participación en la zéosis glorificación, que supera y transciende el entendimiento y la comprensión intelectual.

El Pentecostés nunca puede ser superado y siempre está operativo, energizando en la iluminación y la zéosis glorificación. Ni la iluminación ni la zéosis glorificación se pueden constituir artificialmente. La identidad de la experiencia de la iluminación y de la zéosis glorificación entre los carismáticos, no supone identificación exacta en la formulación dogmática, especialmente cuando los carismáticos están separados geográficamente por largo período de tiempo. Pero cuando se encuentran, concuerdan fácilmente en la uniformidad de la formulación dogmática de su experiencia espiritual idéntica.

El gran impulso para una formulación dogmática idéntica se dio durante la época en que el cristianismo se convirtió en la religión oficial del Imperio Romano y facilitó la necesidad del gobierno de distinguir a los auténticos terapeutas de los charlatanes (matasanos, curanderos), de la misma manera que las instituciones gubernamentales actuales tienen la responsabilidad de diferenciar los auténticos miembros de la ciencia médica de los charlatanes matasanos curanderos o de las tribus primitivas para la protección de sus ciudadanos. La terapéutica ortodoxa se creía que era un fenómeno verdaderamente comprobado y verificado.

5) La tradición bíblica, tal como fue preservada por los Padres, no puede identificarse ni reducirse a un sistema de enseñanzas morales o ética cristiana. Más bien es un ascetismo terapéutico “psicoterapéutico”, el cual no se intimida por ningún grado de la enfermedad del nus o del corazón, excepto por su completa insensibilización, corrupción o embotamiento. El que uno tome y asume la forma de este ascetismo (ejercicio espiritual) sin su corazón y núcleo, y aplicarlo como un sistema de normas morales para la ética personal y social, equivale a presentar una sociedad de puritanos hipócritas que creen tener un derecho especial al amor de Dios debido a su moralidad, su predestinación o ambas.  Los mandamientos de Cristo no pueden cumplirse mediante una decisión de actuar o confiando en que uno es elegido. Un hombre con las piernas rotas no puede correr en una carrera, no puede correr la carrera, por mucho que lo desee. Solo puede lograrlo cuando sus piernas han sanado y han recuperado un nivel competitivo de fuerza. Del mismo modo, nadie puede cumplir los mandamientos sin antes pasar por la catarsis y la iluminación del νοῦς nus y alcanzar al umbral de la zéosis divinización, glorificación.

6) La aproximación patrística sobre el tema de la Asamblea General CMI Consejo Internacional de Iglesias en Vancouver el 1983, y que está descrito en esta introducción, debería de ser una clara indicación de que la atención también debería girar y dirigirse a un estudio cuidadoso de la identidad del Antiguo y del Nuevo Testamento, al ascetismo terapéutico “psicoterapeutico” y su Cristo-centrismo. Esto podría resultar clave para el diálogo con los hebreos.

Cristo en el Antiguo Testamento no es el Mesías, sino el Ángel del Kirios-Señor y de la Gran Voluntad, el Kirios-Señor de la Doxa-Gloria increada. No es algún Mesías que fue exaltado a deidad por el cristianismo primitivo. Al contrario, era el Señor de la Doxa-Gloria increada, Quien se hizo hombre mediante Su nacimiento de la Virgen Mariam y así se convirtió en Mesías.

7) Nunca en la historia de la Tradición Ortodoxa, se ha recalcado y considerado que los creyentes son una comunidad de iniciados, los cuales no tienen responsabilidad para la sociedad en general. Al contrario, el Cristianismo Ortodoxo se introdujo y penetrado en todos los aspectos de la sociedad, especialmente a través del ascetismo terapéutico o psicoterapéutico, en el cual participaban igualmente emperadores, funcionarios públicos, militares, intelectuales, comerciantes, campesinos, obreros, jóvenes y viejos, los cuales veían el monaquismo como centro de la áskisis (ascesis, ejercicio, práctica espiritual) del perfeccionamiento de sus terapeutas o psicoterapeutas.

8) El interés de la Παράδοσις Parádosis Ortodoxa (entrega, depósito y tradición divina) para todos los aspectos de la Sociedad, la cultura y las expresiones culturales también proviene del sentimiento, concienciación y percepción de que todos los hombres no sólo tienen la energía noerá-espiritual (del nus), sino también la doxa-gloria increada, la χάρις jaris increada y la βασιλεία vasilía realeza increada de Dios en su interior, aunque estas de una forma muy baja, casi inoperante, innenergizadas o casi inactivas debido a la enfermedad de su νοῦς nus (el ojo espiritual o espíritu del corazón de la psique) y su esclavitud en la lógica, la razón, los pazos y el ambiente o entorno, con consecuencia del predominio del miedo, la ansiedad, la angustia y las percepciones irreales exteriores. Los Ortodoxos también operan, actúan bajo la percepción y convicción de que: 1) Dios mismo opera, energiza directamente en cada ser humano, independientemente de sus convicciones y creencias equivocadas, erróneas y su estado terapéutico de salud espiritual. 2) Ama a todas sus creaciones con la misma agapi-amor. 3) Todos verán la doxa-gloria increada de Dios, unos como luz y otros como fuego y oscuridad, tiniebla exterior, en función de si sus corazones han sido iluminados o embotados, endurecidos.

9) No hay otra unión con Cristo de esta que se consigue a través de la catarsis, la iluminación y la zéosis glorificación, divinización, en esta vida presente. La estructura visible de la Iglesia Ortodoxa es a la vez la expresión de esta unión y el aval, la garantía de que todos aquellos que lo desean pueden introducirse y avanzar en este proceso de terapia o psicoterapia ofrecida por Cristo a través de Sus santos.

10) Los criterios para la reunificación de los Cristianos divididos, no pueden ser diferentes de los que rigen y se usan para la unión de las asociaciones científicas. Los astrónomos se horrorizarían ante la idea de unirse con los astrólogos. Los astrólogos tendrían que convertirse en astrónomos para ser aceptados. Del mismo modo, los miembros de una asociación médica moderna contemporánea se escandalizarían ante la sugerencia de fusionarse con matasanos charlatanes y curanderos de tribus primitivas. De la misma manera, los Padres de la Iglesia se horrorizarían ante la idea de unir su tradición con iglesias que tienen poca o ninguna comprensión del proceso de terapia “psicoterapia” de catarsis, iluminación y zéosis glorificación y a la vez dejar el lugar de co-asociación o autoridad institucional en manos de matasanos, charlatanes, curanderos o impostores espirituales. El problema de la unión se simplifica y se resuelve por sí solo y está en el éxito que las iglesias logren producir los resultados, por los que se supone que están. “Bienaventurados los catartizados purgados, psicoterapiados y sanados de sus pazos y pecados del corazón, porque ellos contemplarán y verán a Dios” (Mt 5:8).  Amín.

+Ioanis Romanidis, catedrático y sacerdote. https://www.romanity.org/htm/rom.e.21.insous_xristos _i_zoi_tou_çkosmou.01.htm

Traducido por: Traducido por: Χρῆστος Χρυσούλας Jristos Jrisoulas https://logosortodoxo.es/

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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