
La tradición patrística y san Gregorio Palamás
(Por Jean Claude Larchet, profesor de la Universidad de Estrasburgo)
repasada traducción 28/12/2025
La pregunta sobre la relación de san Gregorio Palamás con la tradición patrística seguramente no sería tan aguda si la obra teológica del “Maestro del Hisijasmo” no hubiese sido objeto de múltiples críticas, y particularmente si no se hubiese considerado como innovador o, aún más, como herético, tanto por teólogos bizantinos como también por latinos, de tal grado que nos parece necesario acercarnos a este aspecto.
En el mundo bizantino la disputa se limitó sustancialmente al siglo XIV y se acabó borrándose desde el momento en que varios sínodos reconocieron la teología que formuló Gregorio Palamás como ortodoxa y condenaron los aspectos de los principales adversarios. Sin embargo, en Occidente los latinos continuaron oponiéndosele. La polémica se reanimó fuertemente a principios de este siglo presente¹ (1998, fecha del congreso), y se alimentó sistemáticamente². Aún hasta hoy la teología de san Gregorio Palamás es objeto de crítica negativa y rechazo por parte de muchos teólogos y patrólogos latinos.
Esto que se llama “Palamismo” se considera por sus contrarios como un sistema particular de pensamiento, prototípico e independiente, por el cual se supone que es una creación de Palamás, es decir, que es una innovación teológica sin estar cimentada en la teología de los Padres de la Iglesia, y que no puede aspirar a un espacio de continuación de la enseñanza de ellos ni pertenecer a la Parádosis-Tradición santa³. La acusación de innovación ya se había proclamado contra san Gregorio Palamás en su época por sus contemporáneos adversarios, principalmente por Akíndinos. Las críticas contra la obra teológica de san Gregorio, en relación con esta acusación, conciernen principalmente a seis puntos:
- Su percepción sobre la gnosis (conocimiento) de Dios y el apofatismo (sí, lo que no es, afirmación negativa).
- El discernimiento entre la divina esencia y las divinas energías.
- El discernimiento entre la divina hipóstasis y las divinas energías, particularmente en lo que concierne al Espíritu Santo.
- Su catáfasis (sí, lo que es, afirmación positiva) sobre la característica de la Jaris (Gracia) increada.
- Su percepción y concepción sobre la Luz como energía increada.
- El método de la oración hisijasta y la participación del cuerpo en el recibimiento de la Χάρις (Jaris; gracia energía increada).
Estos puntos distintos, en realidad, están estrechamente conectados entre sí y todos se refieren a un tema en cuestión que fue la causa inicial de la llamada “disputa hisijasta”, y es: ¿de qué manera y hasta qué punto el hombre puede conocer a Dios y alcanzar la zéosis, deificarse, divinizarse, glorificarse por Él?
Es importante señalar las procedencias y las presuposiciones de las críticas contra la obra teológica de san Gregorio Palamás.
1. Al principio, en el mundo bizantino del siglo XIV, podemos distinguir tres focos de críticas:
a) La procedencia que la caracteriza es una corriente de pensamiento humanístico, particularmente influenciada por la antigua filosofía helénica y por las fuertes tendencias hacia la fisiocracia y la logicocracia (racionalismo)⁵. Barlaam es uno de los principales representantes expresivos de esta corriente.
b) La procedencia de las críticas consiste en la influencia del agustinianismo y, a continuación, del tomismo, que están ejerciendo influencia en ciertos teólogos de esta época⁶. En muchos puntos controvertidos, las tesis de Barlaam y de Akíndinos están marcadas por estas dos grandes corrientes de la teología latina. Aunque muchas veces no podemos diagnosticar una influencia inmediata, sin embargo, estamos obligados a comprobar una coincidencia; por mucho que estos teólogos bizantinos estuvieran en desacuerdo en muchos puntos con la teología latina, hay puntos que coinciden con ella.
c) La procedencia de las críticas contra san Gregorio se localiza en el comportamiento conservador, severo y tipocrático/formalista de algunos teólogos, por lo que podríamos decir, como dijo Meyendorff, “Escolasticismo neobizantino”⁷, apegado más a la letra que al espíritu de las formulaciones o terminologías, mostrando enemistad hacia la utilización de un léxico no acostumbrado. Akíndinos y Grigorás, en parte, participaron de esta corriente⁸, la cual ya desde finales del siglo anterior había mostrado su enemistad contra las formulaciones teológicas del patriarca Gregorio el Chipriota⁹. Apuntar también que algunos de los contrarios de Palamás estaban influenciados, en distintos grados, por los tres círculos anteriores de influencia, que también constituían corrientes del pensamiento bizantino en aquella época.
2. En el mundo latino, las críticas contra san Gregorio Palamás están fundamentadas casi todas en los principios teológicos agustinianos y del tomismo¹⁰. Los teólogos latinos utilizan ocasionalmente algunas de las críticas de los contrarios de san Gregorio Palamás, a medida de sus conveniencias y de sus intereses, en consonancia con las teorías de las dos teologías anteriores. Por ejemplo, Akíndinos encontró hasta en nuestros días seguidores ardientes entre los teólogos y patrólogos latinos¹¹.
¿Cuáles son las causas de las críticas contra las obras de san Gregorio Palamás por estas distintas partes que intentaron dudar de su procedencia patrística?
1) Las críticas provenientes principalmente del humanismo bizantino dudaron de la percepción palámica de la gnosis-conocimiento espiritual, en nombre de una concepción totalmente distinta de ella, la cual era fisiocrática y noisiárjica (comenzaba como principio el nus humano racionalista), procedente del neoplatonismo, y no reconocía al hombre ninguna otra posibilidad de conocimiento de Dios sino sólo la que podía adquirir de manera natural por su propio espíritu, nus y mente/intelecto. En este punto las críticas oscilaron entre dos corrientes contrarias: por un lado, Barlaam, que, partiendo de los límites delimitados del intelecto humano, rechazaba cualquier posibilidad de gnosis de Dios y, por otro lado, no admitía otro alumbramiento que el de la gnosis natural. Además, Akíndinos parecía estar de acuerdo algunas veces con la opción latina de la posibilidad de la bienaventurada gnosis de la divina esencia mediante el intelecto y la percepción humana.
Estas críticas provenientes del humanismo bizantino apuntaban igualmente a la espiritualidad hisijasta, principalmente a la participación del cuerpo en la oración y a la aceptación de la Jaris (gracia, energía increada). También podemos distinguir en estas últimas críticas una influencia del platonismo y del neoplatonismo, el cual despreciaba en un grado importante el cuerpo.
2) La teología de san Gregorio Palamás fue criticada también en nombre de algunos principios agustinianos con los cuales parecía irreconciliable¹³. Podemos señalar especialmente que la teología agustiniana, por un lado, rechaza el discernimiento entre esencia y energía (increada) en Dios¹⁴ y, por otro lado, excluye la Jaris increada, adoptando la teoría de las teofanías (aparición de luces), de acuerdo con la cual Dios no se manifiesta ni se hace accesible o partícipe sino sólo mediante medios creados¹⁶. Barlaam y Akíndinos no compartían esta teoría¹⁶.
3) La teología de san Gregorio Palamás fue criticada en nombre de los principios del tomismo, que no estaban de acuerdo con ella.
a) En primer lugar comprobamos una distinta percepción de la gnosis (conocimiento) de Dios y del apofatismo (afirmación negativa): el tomismo, por un lado, reconoce al hombre la posibilidad de ver la divina esencia (visión que constituye para él la fuente de la bienaventuranza) y, por otro lado, considera que el apofatismo concierne sólo a la manera de significar (modus significandi), no a la realidad indicada (res significata). Para Tomás de Aquino, la súper-transcendencialidad de Dios no es un atributo de Su esencia, sino una consecuencia del limitado nus
b) En segundo lugar comprobamos que la teología tomista rechaza el discernimiento o distinción entre esencia y energía, por la razón de que identifica la energía con la esencia, teniendo como base la metafísica aristotélica que define a Dios como energía pura.
c) En tercer lugar comprobamos que la teología tomista rechaza el concepto de Jaris/Gracia increada en nombre de una teoría sobre la Jaris como energía creada. A pesar de que se expresa con términos teológicos, la teología tomista se encuentra en continuidad con la teología agustiniana y de acuerdo con sus principios fundamentales.
En definitiva, la teología de san Gregorio Palamás fue criticada por los tradicionalistas severos a causa del carácter no acostumbrado de algunas de sus formulaciones. Particularmente, la teología de las energías (increadas y creadas) encontró en san Gregorio Palamás una exactitud y sistematización que no se había conocido jamás hasta entonces. La reinterpretación que propuso de antiguas expresiones análogas pero no idénticas, como “doxa, gloria”, “alumbramiento”, “luz”, “vida”, “dínamis, energía y potencia”, “sobre-esencia”, etc., reuniéndolas bajo el nombre de las energías, a algunos les hizo dudar y les pareció una innovación.
Sin embargo, las formas referidas de la obra teológica de san Gregorio Palamás se han realizado en nombre de principios que difícilmente pueden apelar a la Tradición. Esto está claro en lo que concierne al humanismo. En lo que concierne al agustinismo y al tomismo, en estos puntos de juicio y crítica desarrollaron un sistema de pensamiento extranjero y ajeno al pensamiento de los Padres helenos y de los primeros Padres latinos. En lo que respecta al tradicionalismo de algunos contrarios de Palamás, como el de Akíndinos, éste expresa una percepción equivocada de la Tradición: repetida, muerta, encerrada en sí misma, incapaz de elevarse por encima de la letra y de renovar sus expresiones tratando de responder a los problemas de la época. Al contrario, la teología Palamás muestra que en todos los puntos dudosos tiene muchos y antiguos cimientos patrísticos tradicionales.
1) En el tema de la gnosis de Dios, san Gregorio Palamás se incorpora dentro de una tradición antigua, entre cuyos grandes representantes se encuentran san Macario el Egipcio, a quien san Gregorio se refiere con frecuencia, san Diádoco de Fótica o san Simeón el Nuevo Teólogo. Todos ellos testifican una gnosis concreta de Dios, sentida y perceibida al corazón, basada en la experiencia, y que no está constituida por teorías de la lógica de la mente ni por representaciones del nus-espíritu, sino por la visión y la expectación de Dios que se da por la Jaris/Gracia (energía increada) y se co-celebra dentro de la Luz. La crítica latina reconoce indirectamente este cimiento y, apuntando a las bases de esta teología, cambia sus ataques contra esta corriente espiritual, intentando presentarla como “masaliánica”. Esta última acusación, dirigida contra san Gregorio Palamás por sus contrarios¹⁷, se muestra, sin embargo, sin fundamento, dado que el masalianismo se caracteriza por una serie de tesis, de las cuales la mayoría están ausentes en los escritores hisijastas y contra las cuales ellos mismos habían luchado¹⁸. El mismo Palamás, en su época, había combatido contra algunos renacimientos del masalianismo dentro del bogomilismo¹⁹.
Es digno de mención que san Macario o san Simeón el Nuevo Teólogo no son casos aislados. Su contribución consiste en haber puesto un valor especial en algunas características de la espiritualidad ortodoxa presentes en distintos grados en todos los Padres helenos²⁰. Así, la posibilidad de la visión de Dios dentro de la divina Luz con los ojos del cuerpo se expresa en escritores tan distintos como san Gregorio el Teólogo, san Juan Damasceno o san Andrés de Creta²¹.
2) El tema del apofatismo (afirmación negativa) en Palamás expresa tesis próximas a las de los Padres capadocios, de san Juan Crisóstomo, san Dionisio el Areopagita, san Máximo el Confesor y san Juan Damasceno, escritores a los que se refiere con frecuencia²². Sobre el concepto del apofatismo de san Dionisio el Areopagita, uno de sus diálogos lo yuxtapuso con Barlaam. Este último tenía también como punto de referencia al Areopagita, pero lo interpretaba según el concepto neoplatónico (tal como hacía Tomás de Aquino); en cambio, san Gregorio Palamás propuso una interpretación conforme a la teología de los Padres capadocios²³.
3) En el tema de la distinción entre la divina esencia y las divinas energías, san Gregorio Palamás se muestra enormemente beneficiario de los grandes maestros de la Iglesia, principalmente de san Basilio el Magno²⁴, san Gregorio de Nisa²⁵ y san Máximo el Confesor²⁶, que se cuentan entre los Padres que lo inspiran y a los cuales apela extensamente. Algunos historiadores y teólogos latinos, desgraciadamente, permanecen ciegos frente a estas fuentes, las cuales son evidentes, y bajo sus prejuicios califican despectivamente como “palamistas” los estudios que las sacan a la luz²⁷, mientras que sería mucho más correcto, desde el punto de vista histórico y del respeto a los textos, calificar las tesis de san Gregorio Palamás sobre este tema como “capadocias” o “maximianas” (de san Máximo el Confesor). A pesar de todo esto, no negamos que Palamás a menudo iluminó, concretó, depuró y, en cierto grado, sistematizó las tesis de los anteriores. Lo hizo con un sentido vivo de la Tradición, respetando el contenido y el espíritu del dogma, pero conociendo también la manera de renovar la expresión de los antiguos Padres para responder a los problemas de su época²⁸.
Los grandes Padres que apenas hemos nombrado no son casos aislados. El discernimiento, distinción entre la divina esencia increada y las divinas energías increadas está fijado y surge de la antigua Tradición, la cual se extiende más allá de los Padres capadocios, puesto que encontramos huellas de ella en Atenágoras, Ireneo de Lyon, Macario el Grande y Atanasio de Alejandría²⁹. La aportación de los Padres capadocios consiste en el hecho de que aclararon esta Tradición, impulsados por una situación crítica y crucial para responder al problema planteado por la concepción herética de Eunomio; del mismo modo que, más tarde, san Gregorio Palamás fue obligado a exponer y aclarar de nuevo frente a las tesis de Barlaam y de Akíndinos, las cuales, en algunos aspectos, estaban cercanas a las de Eunomio y a las de Agustín, con las que se encontraban en consonancia³⁰.
Observamos también, una vez más, que este cimiento tradicional de la teología palámica es reconocido indirectamente por los patrólogos y teólogos latinos adversarios de Palamás, cuando, con el propósito de destruir sus bases teológicas, trasladan sus ataques a los propios Padres capadocios³¹. Tal como ya señalamos, más allá de los Padres capadocios, la distinción entre esencia increada y energías increadas continuó en san Dionisio el Areopagita³², san Cirilo de Alejandría, san Máximo el Confesor y, posteriormente, san Juan Damasceno. En este punto resulta aún más revelador y esclarecedor que los adversarios de san Gregorio Palamás, al tratar de privarle de las fuentes de la Tradición, intentaran forzar y sacar de su contexto la interpretación del pensamiento de san Dionisio el Areopagita hacia una dirección neoplatónica y el pensamiento de san Máximo hacia una dirección tomista³³.
Además, san Gregorio Palamás consideraba que el discernimiento, distinción entre esencia y divinas energías no era un atributo o cualidad de escuelas teológicas ni de ciertos teólogos particulares, sino que había sido reconocido oficialmente por la Iglesia en su totalidad, desde el momento en que el Sexto Concilio Ecuménico introdujo en la teología la noción de energías, tal como la había desarrollado san Máximo el Confesor. Ciertamente, el marco era distinto, pero se estableció como base un principio ya válido en ambos casos, a saber: “que no exista ni se reconozca ninguna naturaleza sin su energía esencial”³⁴.
San Gregorio Palamás consideraba también que la distinción entre esencia y energías había sido ratificado indirectamente en el Primer Concilio Ecuménico, en el cual se proclamó que el nacimiento del Hijo procede de la esencia del Padre, mientras que la creación procede de la divina voluntad y, como consecuencia de ello, de la divina energía.
4) La distinción entre la hipóstasis y la energía, que se destacó especialmente en el diálogo sobre el filioque, al tratar de distinguir la manifestación eterna y el envío en el tiempo del Espíritu Santo de su procedencia, ya había sido aclarado antes de san Gregorio Palamás por el patriarca Gregorio de Chipre, quien demostró sus fundamentos en la Tradición, principalmente en la obra de san Atanasio, de los Padres capadocios, de san Máximo el Confesor y de san Juan Damasceno³⁶. Sin embargo, la teología de las energías —tanto en la obra de Palamás como en la de los Padres anteriores— ha sido acusada a menudo de tener un origen neoplatónico³⁷. Esta crítica, no obstante, es insostenible, dado que la teología de las energías (increadas y creadas), por un lado, excluye cualquier procedencia y desviación de ese tipo y, por otro, está unida a una percepción de Dios profundamente personal³⁸.
Esta crítica apunta, por regla general, a la frecuente referencia de san Gregorio Palamás a san Dionisio el Areopagita; sin embargo, la interpretación de los textos areopagíticos en clave neoplatónica ha sido hoy abandonada por la mayoría de los especialistas³⁹. También se ha afirmado que esta teología de las energías ofende la divina simplicidad⁴⁰. Pero esto, por un lado, se fundamenta frecuentemente en una concepción errónea del significado de la divina simplicidad, que no es la de los Padres⁴¹, y, por otro lado, revela de manera constante una mala comprensión de la tesis de san Gregorio Palamás, quien repetidamente demostró que su concepción no pone en peligro en modo alguno la unidad ni la simplicidad de Dios⁴².
5) La admisión de la Jaris/Gracia como increada está conectada y unida a la teología de las energías increadas, dado que la Jaris no es otra cosa que la divina energía dada como tal. Sus cimientos teológicos, por consiguiente, son los mismos que los de la teología de las energías increadas. Sólo me gustaría señalar aquí que el carácter increado se confirma claramente en la obra de san Máximo el Confesor⁴³, en cuyo texto principal san Gregorio se refiere con frecuencia; por el contrario, no existe ningún Padre heleno que afirme el carácter creado de la Jaris/Gracia⁴⁴. Muchos Padres latinos antiguos están de acuerdo con los Padres helenos, y podemos considerar que, en este punto concreto, es el agustinianismo, con su teoría de las teofanías, y el tomismo, con la Jaris/Gracia concebida como creada, los que se alejaron de la Tradición patrística⁴⁵.
6) Finalmente, en el tema de la espiritualidad hisijasta, la importancia que ésta atribuye a la oración monóloga (del corazón o de Jesús), practicada metódicamente, y la tesis o posición que reconoce el papel del cuerpo, los cimientos patrísticos son también múltiples e importantes. La historiografía latina quiso frecuentemente ver el hisijasmo como un movimiento particular, prototípico u original, nacido hacia finales del siglo XIII o principios del siglo XIV. Es cierto que grandes figuras como Nicéforo el Monje, Teolepto de Filadelfia y san Gregorio el Sinaíta desempeñaron un papel importante en el renacimiento del hisijasmo, pero sus raíces son muy antiguas y pueden reconocerse ya desde la época de los Padres del Desierto. San Gregorio Palamás remite con frecuencia, en lo relativo al cuerpo y al corazón, especialmente a san Macario el Grande. También podemos reconocer los principios del hisijasmo en san Diádoco de Fótica, san Marcos el Ermitaño, san Barsanufio, san Juan de Gaza, san Juan Clímaco, san Máximo el Confesor —quien afirma con especial énfasis la participación del cuerpo en la zéosis y a quien san Gregorio Palamás cita frecuentemente—, san Isaac el Sirio y san Simeón el Nuevo Teólogo, por mencionar sólo algunos ilustres representantes.
Quizá nos preguntemos por qué, a pesar de los evidentes cimientos patrísticos, la teología de san Gregorio Palamás continuó siendo rechazada como no tradicional y, sobre todo, como herética. Debemos señalar que, en el seno de la Iglesia bizantina, la antítesis no sobrevivió más allá del siglo XIV. Los sínodos de los años 1341, 1347 y 1351, los cuales ratificaron la conformidad de la teología Palamás con la fe ortodoxa, incorporaron sus explicaciones en la enseñanza dogmática de la Iglesia, poniendo fin progresivamente a la antítesis tanto de los humanistas como de los neoescolásticos bizantinos (que, además, no eran numerosos)⁴⁶. En el mundo bizantino y metabizantino no quedaron opositores, salvo casos aislados que, en su mayoría, eran seguidores de ideas tomistas.
La antítesis sobrevivió exclusivamente en la teología latina y en la historiografía, permaneciendo ligada a las presuposiciones agustinianas y tomistas. Esta antítesis es plenamente comprensible, puesto que el agustinianismo y el tomismo, por un lado, y la Parádosis-Tradición santa, expresada en la teología de san Gregorio Palamás, por otro, representan dos concepciones de la participación del hombre en Dios radical y definitivamente irreconciliables⁴⁷. Sólo gracias a la pérdida de influencia, en los últimos decenios, de estas dos corrientes que durante largo tiempo dominaron la teología de Occidente⁴⁸, podemos prever e intuir una esperanza de admisión universal de la obra de san Gregorio Palamás⁴⁹. Con satisfacción señalamos que algunos patrólogos romanocatólicos, arriesgándose a afrontar las críticas de algunos de sus colegas, han manifestado una auténtica simpatía hacia el maestro del hisijasmo y han contribuido a demostrar que su obra se encuentra en armonía con la tradición patrística y constituye su continuación⁵⁰. Estos estudios confirman de modo provechoso los numerosos trabajos de los historiadores ortodoxos, quienes antes o paralelamente iluminaron, mediante análisis profundos, los cimientos tradicionales de la teología de san Gregorio Palamás⁵¹.
Me gustaría completar esta presentación recordando que la fidelidad de san Gregorio Palamás a la tradición patrística no se manifiesta únicamente en relación con los puntos controvertidos de su obra teológica. Esta fidelidad se revela sobre todo en su vida y experiencia espiritual, arraigadas en la más pura tradición monástica de la Iglesia Ortodoxa, herencia de todos los siglos anteriores a su época. Es significativo que la primera obra escrita de san Gregorio Palamás sea una obra hagiográfica, La vida de san Pedro el Athonita, y que sus últimas obras sean homilías semejantes, tanto en esencia como en forma, a las de los grandes maestros de la Iglesia.
También debemos señalar que, en el transcurso de este período, san Gregorio Palamás escribió su obra teológica con el único propósito de defender la posibilidad y el poder del hombre de alcanzar una unión real con Dios, de recibir en sí mismo la plenitud de la vida divina y de transformarse y divinizarse verdaderamente por Su Jaris (Gracia increada), posibilidad, facultad y poder que las presuposiciones, condiciones y argumentos de sus adversarios negaban. Su contribución consiste en haber reafirmado en su época, en toda su profundidad, la verdad ya proclamada por los Padres helenos, que es también la esencia del mensaje cristiano: “Dios se ha hecho hombre para que el hombre llegue a ser Dios” (por la Jaris/Gracia, energía increada, y no por una des-gracia creada humana).
Jean-Claude Larchet, profesor de la Universidad de Estrasburgo
Sumarios de los Congresos Internacionales de Atenas y Limasol de Chipre.
Traducido por Χρῆστος Χρυσούλας (Jristos Jrisulas),
logosortodoxo.es/, heleno-griego nativo, formado en la Santa Parádosi-Tradición y en la lengua (katharévusa) del Nuevo Testamento, actualmente empleada en el pueblo fiel heleno-ortodoxo.