La fiesta papal del “Sagrado Corazón de Jesús”

La fiesta papal del “Sagrado Corazón de Jesús”
(Producto de un enfermizo misticismo demoníaco, emocional y del irracionalismo)

 

Santa Metrópolis del Pireo
Oficina para las Herejías y las Pararreligiones
En El Pireo, a 20 de octubre de 2025.

También en audio aquí: https://www.youtube.com/watch?v=ED9CABZ-kqM

El Papismo, desde que se separó, en el siglo XI, del cuerpo único e indivisible de la Una, Santa, Católica y Apostólica Iglesia de Cristo, la Ortodoxa y al haber quedado privado de la Divina Χάρις (Jaris: Gracia, energía increada) cayó en una serie de errores dogmáticos y herejías, tales como el filioque, la gracia creada, el purgatorio, el primado y la infalibilidad, la concepción jurídica de la salvación, la doctrina de la “satisfacción” de la justicia divina por medio de la muerte en cruz de Cristo, la mariolatría, etc. También alteró la vida misma de la Iglesia Occidental: la introducción del pan ácimo en la Divina Eucaristía, el modo de consagrar los Santos Dones, el bautismo por aspersión, la no concesión a los laicos de la Sangre del Señor, la negación de la comunión a los niños hasta la edad de siete años, la limitación del sacramento de la Unción solo a los moribundos, la sustitución de los santos iconos en los templos por cuadros de pintura mundana (de estilo naturalista), totalmente desprovistos de espiritualidad y devoción, la introducción de música secular en los templos, que recuerda más a conciertos musicales que al culto eclesiástico.

Asimismo, eliminó del santoral a Santos de la antigua Iglesia y añadió —y sigue añadiendo— a otros propios, la mayoría de los cuales no solo son de dudosa santidad, sino incluso de moralidad, e incluso asesinos, como el fundador de la temible orden de los jesuitas, Ignacio de Loyola, y el recientemente “canonizado” instigador moral y material del genocidio de 880.000 serbios ortodoxos durante la Segunda Guerra Mundial, el infame Alojzije Stepinac, condenado por la comunidad internacional por horrendos crímenes de guerra.

También alteró el calendario litúrgico, introduciendo “fiestas” no solo desconocidas para la Una e Indivisible Iglesia, sino también contrarias a su enseñanza dogmática, como por ejemplo la fiesta de la “Inmaculada Concepción de la Virgen María”.

Una de esas fiestas no testimoniadas y contrarias a la enseñanza de la iglesia del Papismo —y de hecho considerada una “fiesta principal”— es la de “El Sagrado Corazón de Jesús”.

¿De qué se trata?
“El Sagrado Corazón de Jesús (en latín Cor Jesu Sacratissimum, Corazón Muy Bendito de Jesús) es una de las devociones papistas más extendidas y conocidas, según la cual el corazón de Jesús se considera símbolo del amor ilimitado y apasionado de Dios por la humanidad… la fiesta litúrgica del Sacratísimo Corazón de Jesús se celebra el tercer viernes después de Pentecostés. Las 12 promesas del Sacratísimo Corazón de Jesús también son muy populares entre los romanocatólicos. Esta devoción se centra especialmente en el amor y la compasión del Corazón de Cristo hacia la humanidad, según la Iglesia” [1].

Sorprende la prehistoria y la historia de su establecimiento. Como se mencionó antes, esta recientemente instituida fiesta papal no tiene el menor fundamento en la Sagrada Escritura ni testimonio alguno en la Iglesia Indivisible de Cristo. Ninguno de los Padres menciona nada sobre el culto al “corazón de Jesús”. Se basa en visiones de ciertas mujeres papistas soñadoras, a las que supuestamente se les apareció Cristo pidiéndoles que comunicaran a los fieles de la “iglesia” papal que deseaba que se le rindiera culto a su corazón.

Según una publicación al respecto, tal tendencia comenzó en los tiempos más oscuros de la Edad Media, cuando el Papismo se hallaba en su máxima decadencia. “En los siglos XII y XIII, junto con el entusiasmo de los cruzados que regresaban de Tierra Santa, surgió una devoción a la Pasión de Jesús Cristo y especialmente prácticas en honor a las Santas Llagas” [2].

En la época del místico “santo” Francisco de Asís vivía una monja, Lutgarda, quien “entró en la vida mística a través de una visión del Corazón traspasado del Salvador, y completó su matrimonio místico con el Logos Encarnado mediante un intercambio de corazones con Él” [3].
¡Sí! ¡Aquella mujer soñadora imaginó que se casaba con Cristo y que Él “la visitó ofreciéndole cualquier don de gracia que deseara”! Y no solo eso, sino que “Cristo extendió su mano dentro de Lutgarda y, retirándole el corazón, lo reemplazó con el suyo propio, mientras al mismo tiempo escondía el corazón de ella dentro de Su pecho” [4]. ¡Totalmente blasfemas, irreverentes, impías e ingenuas son las cosas expresadas por aquella monja papista soñadora y fantasiosa!

Otra soñadora papista, Matilde de Hackeborn, vio a Jesús: “En una visión, relató que Jesús se le apareció y le pidió que lo amara con fervor y honrara lo más posible Su Sagrado Corazón dentro del Santísimo Sacramento. Jesús le ofreció Su Corazón como garantía de Su amor, como lugar de refugio durante su vida y como consuelo en la hora de su muerte” [5].

A continuación, se menciona a Gertrudis la Magna, quien fue una de las primeras “devotas” del “Sagrado Corazón de Jesús”, experimentando, según sus propios testimonios, ciertas visiones relacionadas.

Determinantes para el establecimiento de la fiesta fueron las visiones de la monja papista María Margarita Alacoque (1647–1690), quien afirmó haber recibido “revelaciones del Sagrado Corazón” de Jesús Cristo entre los años 1673 y 1675.
“La primera aparición tuvo lugar el 27 de diciembre de 1673, día de la fiesta de San Juan Evangelista, durante la cual Jesús permitió a María Margarita apoyar su cabeza sobre Su Corazón, diciéndole que deseaba que Su amor fuera conocido por toda la humanidad y que la había elegido para difundir la devoción a Su Sagrado Corazón. Poco después, tuvo visiones de ese corazón coronado de espinas, rodeado de llamas y con una cruz encima. Esta imagen se convirtió en la representación del Sagrado Corazón que María Margarita utilizó para propagar la devoción”[6].

Asimismo, afirmó haber tenido otras apariciones, durante las cuales Jesús Cristo le reveló diversos modos de culto al “Sagrado Corazón”.

Finalmente, otra monja papista, llamada “María del Divino Corazón” (1863–1899), declaró haber recibido varias inspiraciones interiores y visiones de Jesús Cristo.

Es verdad que la “iglesia” papal al principio trató con escepticismo y reserva todas esas intuiciones, que tenían un carácter de extremo subjetivismo, y no estableció ninguna forma de culto al “Corazón de Jesús”. Pero, después de una carta de “María del Divino Corazón” dirigida al “Papa” León XIII (1878–1903), en la que le pedía que “consagrara todo el mundo al Sagrado Corazón de Jesús”, este encargó a un grupo de teólogos que examinaran la petición a la luz de la Revelación y de la tradición sagrada. El resultado fue positivo, y en 1899 dispuso que la consagración de toda la humanidad al Sagrado Corazón de Jesús se realizara el 11 de junio de 1899 [7].

Posteriormente, el “Papa” Pío XI (1922–1939), con su encíclica Miserentissimus Redemptor (1928), reiteró la importancia de la consagración y la reparación al Sagrado Corazón de Jesús, y confirmó como “auténticas” las visiones de María Margarita Alacoque, declarando que Jesús “se apareció” a Alacoque y le “prometió que quienes honraran Su Corazón recibirían abundancia de gracias celestiales”. Paralelamente, “canonizó” a María Margarita Alacoque e incluyó la “Gran Promesa” de la Devoción de los Primeros Viernes en la bula de canonización del 13 de mayo de 1920. El Papa Benedicto XV alentó la práctica de esta devoción reparadora durante los primeros nueve viernes en honor al Sagrado Corazón [8].

Esta es, pues, la prehistoria y la historia de la institución de esta “gran fiesta” de la “iglesia” papal. Un conocimiento elemental de cómo se establecen las Fiestas en la Una e Indivisible Iglesia muestra la magnitud de la completa ausencia de espíritu eclesiástico genuino, de la mentalidad y del sentir del herético Papismo. Ninguna fiesta de la Iglesia tiene un origen tan superficial desde el punto de vista teológico y eclesiológico. Los Santos Padres, cuando fijaban las fiestas, estudiaban a fondo su concordancia con la dogmática de la Iglesia y examinaban con seriedad las fuentes, la historicidad y los datos.

Jamás se basaron en relatos aislados de “experiencias” personales de individuos imaginativos, imposibles de verificar como auténticas y que podían ser fruto de alteraciones psíquicas. Y lo más importante: tales experiencias podían tener un origen demoníaco, pues, según el Apóstol Pablo: “Y no es de extrañar, porque el mismo Satanás se metamorfosea y se disfraza de ángel de luz” (2 Corintios 11,14).

Los santos synaxaria (vidas de los santos), y especialmente las de los ascetas, están llenos de ejemplos de falsas experiencias de origen demoníaco. Por el contrario, las experiencias genuinas son raras. Para comprobar su autenticidad, los santos se sometían a intensas dudas y a fervientes oraciones a Dios, y solo las aceptaban como verdaderas tras apocalipsis-revelaciones divinas. Y lo más importante: nunca publicitaban sus experiencias espirituales; las consideraban parte de su vida interior personal.

Así se demuestra que las experiencias místicas de los papistas, al igual que las de todos los herejes (por ejemplo, las glosolalias de los pentecostales), no pueden ser auténticas ni inspiradas por el Espíritu Santo. En el mejor de los casos, son fenómenos de alteraciones psíquicas, estados de fuerte emotividad o de personas muy sugestionables.

Pero también pueden ser efectos de influencias demoníacas, pues los herejes, privados de la χάρις (jaris: gracia, energía increada) de Dios, se convierten fácilmente en instrumentos de fuerzas satánicas, las cuales atrapan a quienes están lejos de la santificadora jaris increada de la Iglesia, conduciéndolos al misticismo enfermizo, es decir, a la acción y energía demoníaca.

Por tanto, las visiones de las mencionadas mujeres papistas tienen, sin duda, el carácter de un misticismo enfermizo y de experiencias demoníacas.

Existe además otra dimensión importante en el establecimiento de esta “gran fiesta” del Papismo. Como se mencionó, la “iglesia” papal enfrentó con escepticismo las “visiones”, las supuestas “manifestaciones de Cristo”, las “conversaciones” con las visionarias, los “intercambios de corazones”, e incluso su “matrimonio místico” con Él, y los antiguos “Papas” se negaban a instituir la fiesta del “Sagrado Corazón”. En cambio, los Papas más recientes “reconocieron” como “auténticas” dichas visiones y establecieron la fiesta.

Surge, por tanto, la pregunta lógica: si, según la doctrina de la “iglesia” papal, cada “Papa” es “infalible”, ¿cómo puede haber desacuerdo entre ellos? En este caso, ¿quiénes fueron los “infalibles”, aquellos que no creyeron en tales visiones, o aquellos que las aceptaron como “divinas” y “auténticas” y establecieron la correspondiente “gran fiesta”?

Concluimos nuestro comunicado señalando que la decadencia del Papismo tiene un carácter universal, que se manifiesta en todas sus expresiones. Incluso sus propias “fiestas” evidencian su alejamiento de la Una e Indivisible Iglesia Ortodoxa de Cristo y la enorme distancia que lo separa de Ella. Muestran la ausencia de una auténtica espiritualidad inspirada por el Espíritu Santo, que ha sido reemplazada por estados de enfermizo sentimentalismo y subjetivismo.

La “gran” fiesta papal del “Sagrado Corazón” es el ejemplo más representativo. Su instauración se basó en individualismos subjetivos, en manifestaciones de estados emocionales enfermizos de unas pocas mujeres imaginativas o psíquicamente perturbadas, quizá incluso poseídas por espíritus malignos, productos del irracionalismo y la ingenuidad.
Lo mismo ocurre con su celebración, tal como se presenta en los medios de comunicación de la “iglesia” papal: tiene el carácter de un sentimentalismo ingenuo, carente por completo de espiritualidad. Se exalta una parte del cuerpo de Jesús —el corazón, es decir, el “centro” de la emotividad humana— para “revelar el amor de Cristo por el mundo”.

Pero, para nuestra Iglesia, la αγάπη (agapi: energía increada de la emoción del amor) de Cristo se manifiesta en Su Encarnación, en todo el Θεάνθρωπο Dios-Hombre, quien “se hizo cuerpo-carne” (Juan 1,14), y “Cristo teniendo la naturaleza gloriosa de Dios con sus infinitas cualidades, y como imagen-icona de Dios existía en forma de Dios, no consideró como codiciable tesoro el mantenerse igual a Dios, sino que se despojó y se vació a sí mismo y solo empequeñeció provisionalmente su infinita e increada doxa-gloria de su deidad, y tomó la naturaleza de siervo, haciéndose semejante a los hombres; y, estando en su condición y forma de hombre simple, se humilló a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz, sin dejar ni un momento de ser también Dios perfecto (Filipenses 2,6–8), para redimirnos de la esclavitud de Satanás, del pecado, de la corrupción y de la muerte.

Por consiguiente, Su αγάπη agapi-amor incondicional por nosotros los seres humanos no se limita a un órgano de Su Cuerpo —el corazón—, sino que se expresa en todo Su θεανδρικό (zandriko: divinaohumana) Persona y en Su obra redentora en la tierra.
El culto al “Sagrado Corazón” más bien desorienta a los fieles y, lo que es peor, los encierra en un sentimentalismo vano que los aleja de la verdadera κατάνυξη espiritual (katánixi: compunción, dilatación del corazón).

Y una última observación: La fiesta papal del “Sagrado Corazón”, fruto del enfermizo misticismo medieval papista y del irracionalismo, dio origen también a un tipo de “arte”. Los papistas, además de la cruz, utilizan “corazoncitos” como objetos de culto, amuletos y elementos decorativos, que remiten al culto del corazón de Jesús.
Desgraciadamente, estos “sagrados corazones” son aceptados —sin saberlo— también por muchos ortodoxos.
Por ello, recomendamos a nuestros hermanos evitar tales símbolos, que no solo no forman parte de nuestra tradición ortodoxa, sino que más bien provocan confusión espiritual y desviación del verdadero sentido de la fe. Amín.

[1]https://el.wikipedia.org/wiki/%CE%99%CE%B5%CF%81%CE%AC_%CE%9A%CE%B1%CF%81%CE%B4%CE%AF%CE%B1_%CF%84%CE%BF%CF%85_%CE%99%CE%B7%CF%83%CE%BF%CF%8D [2] Véase más arriba [3] Véase más arriba [4] Véase más arriba. [5] Véase más arriba. [6] Véase más arriba. [7] Véase más arriba. [8] Véase más arriba.

Fuente: Del Departamento de Herejías y Pararreligiones Santa Metrópolis del Pireo, https://imp.gr/category/%CE%B3%CF%81%CE%B1%CF%86%CE%B5%CE%AF%CE%BF-%CE%B1%CE%B9%CF%81%CE%AD%CF%83%CE%B5%CF%89%CE%BD/

 

Traducido por Χρῆστος Χρυσούλας Jristos Jrisoulas http://www.logosortodoxo.com/

 

 

 

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