
La Teología Bautismal, y Herejía Meta-Patrística
a) La Teología Bautismal, por Metropolita de Nafpaktos y San Blas, Hierotheos Vlajos
b) Teología Patrística y Herejía Meta-Patrística – Conclusiones por Santa Metrópolis del Pireo
c) Teología “meta (post)-patrística” o “neo-barlaamita”; ignorancia o negación de la santidad;
criterios para teologizar ortodoxa y correctamente. Por D. Tseleguidis, dogmatólogo de la Universidad de Aristóteles de Tesalónica
a) La Teología Bautismal
Hierotheos Vlajos
En el pasado y también en nuestra época se han realizado muchas discusiones sobre el Bautismo de los herejes; es decir, si los herejes que se han apartado de la fe ortodoxa y desean regresar a ella deben ser bautizados nuevamente o simplemente ungidos con el crisma, tras presentar libelo. Existen decisiones de Concilios locales y ecuménicos sobre este tema.
Sin embargo, en el texto que sigue quisiera referirme a un ejemplo concreto: el acuerdo entre la «Asamblea Permanente de Obispos Canónicos de América (SCOBA)» y la «Conferencia de Obispos Católicos de América (ACBC)», del 3 de junio de 1999. La traducción del texto original al griego fue realizada por el Protopresbítero p. Georgios Dragas, profesor de la Escuela Teológica de la Santa Cruz en Boston, quien además ofreció una breve descripción y crítica del texto acordado entre ortodoxos y católicos romanos en América.
La base de este documento es el acuerdo de Balamand de 1993, «Uniatismo, método de unión del pasado y la búsqueda actual de la plena comunión», al cual parece querer apoyarse.
El texto que comentamos -firmado en América entre ortodoxos y católicos romanos, con el título «Bautismo y comunión misterial (sacramental)»- se fundamenta, según he observado, en algunos puntos muy característicos que revelan todo el contenido del movimiento ecumenista contemporáneo.
El primer punto es que «el bautismo se fundamenta en la fe de Cristo mismo, en la fe de la Iglesia y en la fe del creyente, de las cuales procede su entidad» (13). A primera vista llama la atención la ausencia del Dios Trinitario, quizá para justificar cualquier interpretación amplia del Bautismo. La fe es, pues, el elemento fundamental del Bautismo.
El segundo punto es que el Bautismo no es un acto exigido por la Iglesia, «sino más bien el fundamento de la Iglesia. El bautismo fundamenta la Iglesia» (26). Aquí se presenta la idea de que el santo Bautismo no es el Misterio (sacramento) «introductorio» mediante el cual ingresamos en la Iglesia, sino el fundamento mismo de la Iglesia.
El tercer punto es que «el bautismo nunca fue entendido como una ceremonia privada, sino más bien como un acontecimiento comunitario» (13). Esto significa que el Bautismo de los catecúmenos constituía «una ocasión de μετάνοια (metania: conversión, arrepentimiento, introspección, confesión) y renovación de toda la comunidad» (13). El bautizado «está obligado a apropiarse de la fe común de la comunidad en la persona y en las promesas del Salvador» (14).
El cuarto punto es continuación y consecuencia de los anteriores. Si el Bautismo se fundamenta en la fe en Cristo, si es la base de la Iglesia y además obra de la comunidad, entonces el reconocimiento del Bautismo implica también el reconocimiento de la Iglesia. En el texto acordado se afirma: «Ambos miembros de esta Comisión Mixta, ortodoxos y católicos romanos, reconocemos en las tradiciones de unos y otros una enseñanza y una fe comunes respecto al Bautismo, pese a las diferencias en la práctica, las cuales, creemos, no afectan a la esencia del sacramento» (17).
Según el texto, existe una fe y enseñanza comunes sobre el Bautismo en las dos «Iglesias», y las diferencias existentes no afectan a la esencia del misterio (sacramento). Ambas partes reconocen una entidad eclesial «en cada una de ellas, aunque consideren que la vivencia de la entidad de la Iglesia por parte de la otra es defectuosa o incompleta» (17). Aquí se halla la «base segura del uso contemporáneo de la expresión “Iglesias hermanas”». La Iglesia Ortodoxa y la Iglesia Latina serían, pues, dos Iglesias hermanas, porque poseen la misma tradición, la misma fe y el mismo Bautismo, aunque existan ciertas diferencias.
Por ello, el texto sostiene repetidamente: «Consideramos que este reconocimiento mutuo de la entidad eclesial del bautismo, pese a nuestras divisiones, es plenamente conforme con la enseñanza perenne de ambas Iglesias» (26). Malinterpretando de modo discutible la enseñanza de san Basilio el Grande (y de san Nicodemo el Aghiorita), se afirma que las dos «Iglesias», pese a las “imperfecciones” existentes, constituyen la misma entidad de la Iglesia: «Por la gracia del don de Dios, ambos somos “de la Iglesia”, según la frase de san Basilio» (26).
El quinto punto es que se critica a Nicodemo el Hagiorita quien, al interpretar las posiciones de Cipriano de Cartago, de Basilio el Grande y del II Concilio Ecuménico, habla -como también los Padres filocálicos del siglo XVIII- de la ακρίβεια (akríbia: exactitud, precisión) y la οικονομία (ikonomía: economía) respecto al modo de recibir a los herejes en la Iglesia Ortodoxa. Es decir, a veces los Padres los reciben con exactitud (mediante el Bautismo) y otras con economía (mediante la crismación).
Pero incluso cuando la Iglesia recibe a alguien por economía, ello significa que en ese momento actúa el misterio de la salvación, precisamente porque la Iglesia está por encima de los Cánones -y no los Cánones por encima de la Iglesia- y porque la Iglesia es fuente de los Misterios y del Bautismo, y no el Bautismo fundamento de la Iglesia. La Iglesia puede aceptar a un hereje por economía sin reconocer como Iglesia a la comunidad que previamente lo había bautizado. Desde esta perspectiva se interpreta la decisión del II Sínodo Ecuménico.
No obstante, la confusión aumenta debido a una formulación del texto que admite diversas interpretaciones: debe aclararse «que el reconocimiento mutuo del bautismo no implica la resolución de todas las cuestiones que los dividen, ni el restablecimiento de la comunión eclesial entre ellos, aunque ayuda a eliminar un obstáculo fundamental en el camino hacia la plena comunión» (p. 28).
Del breve análisis se desprende cuánta confusión prevalece en los círculos ecumenistas en torno a estos temas, así como también que la aceptación del Bautismo de los herejes (papistas, protestantes que alteraron el dogma de la Santa Trinidad, etc.) se interpreta como aceptación de la existencia de Iglesia entre los herejes, y aún peor, que las «dos Iglesias», la Ortodoxa y la Latina, poseen unidad a pesar de las «pequeñas» diferencias, o que procedemos de la misma Iglesia y debemos buscar regresar y constituir la única Iglesia. Aquí se hace evidente la teoría de las ramas.
Ante tal confusión, es necesario mantener la postura de la ακριβεία (akríbia: exactitud, precisión) que salvaguarda la verdad de que quienes caen en la herejía están fuera de la Iglesia y no opera o energiza el Espíritu Santo para la θέωσις (zéosis: divinización, glorificación, deificación).
De todos modos, la llamada “teología bautismal” crea así enormes problemas para los ortodoxos. El texto mencionado presenta graves deficiencias eclesiológicas. Según la enseñanza patrística ortodoxa, la Iglesia es el Cuerpo teándrico divino-humano de Cristo, donde se conserva la verdad revelada/ apocaliptada -la fe ortodoxa- y se realiza el misterio de la θέωσις zéosis mediante los Misterios (Sacramentos: Bautismo, Crismación y Efjaristía), con las condiciones necesarias de participación en la energía catártica (sanadora, purificadora), iluminadora y divinizadora (glorificadora, deificante) de Dios. El Bautismo es el sacramento de entrada en la Iglesia. No es la Iglesia la que se fundamenta en el Bautismo, sino que el Bautismo de agua, unido al del Bautismo del Espíritu, se realiza dentro de la Iglesia y hace al hombre miembro del Cuerpo de Cristo. Fuera de la Iglesia, Cuerpo vivo de Cristo, no hay Misterios (Sacramentos), como fuera del cuerpo no hay sentidos.
Para concluir, cito el juicio final del Protopresbítero p. Georgios Dragas tras su «breve descripción y crítica»:
«Estas propuestas no pueden encontrar el acuerdo de todos los ortodoxos, especialmente de los de lengua o mentalidad helénica, y resultan más bien divisivas respecto a su verdadero carácter. La razón principal de esta conclusión crítica es la ausencia de un fundamento eclesiológico en toda esta investigación sobre los Misterios (sacramentos), así como la interpretación unilateral o incluso malinterpretación y tergiversación de los datos de la práctica misterial (sacramental) ortodoxa, especialmente en relación con los heterodoxos a lo largo de las distintas épocas. Las propuestas, las conclusiones y el texto acordado en su conjunto representan un escepticismo occidental. Su aceptación por teólogos ortodoxos significaría más bien una traición deliberada de las posiciones ortodoxas y una sumisión a perspectivas ecumenistas occidentales, lo cual debe rechazarse».
Fuente: https://www.oodegr.com/oode/oikoymen/baptismat1.htm
El lector interesado puede encontrar un análisis detallado de la oposición entre este texto ecumenista y las decisiones permanentes de la Iglesia en nuestro libro especializado: «Confieso un solo Bautismo… aquí en griego https://www.oodegr.com/oode/biblia/baptisma1/perieh.htm »,
que estamos acabando de traducir y lo pondremos en nuestra Web
b) Teología Patrística y Herejía Meta-Patrística – Conclusiones
I.M. de El Pireo https://analogion.gr/logos/heresies/251-metapaterikh-airesh
Hoy, miércoles 15 de febrero de 2012, a las 4:00 p.m., en El Pireo, en el Estadio de la Paz y la Amistad, por iniciativa de la Santa Metropólis del Pireo, se celebró una jornada teológico-científica bajo el tema «Teología Patrística y Herejía Meta-Patrística», a la que asistieron con su presencia reverendos arzobispos, superiores y monjas de sagrados monasterios, teólogos y alrededor de mil quinientos fieles.
El tema general de la jornada se desarrolló en dos sesiones por los ponentes: el Metropolitano de Nafpaktos y San Blas, Hierotheos Vlajos, los profesores universitarios p. Georgios Metalinós, p. Theodoros Zisis, Dimitrios Tseleguidis, Lambros Siasos, Ioannis Kurembeles, y el investigador Ioannis Marká.
De las presentaciones y del debate posterior surgió y fue aprobado por unanimidad el siguiente dictamen:
El término meta-patrístico, novedoso para el contexto heleno-griego, es tomado del protestantismo, donde se usa desde hace más de cuarenta años para indicar la necesidad de dar peso a la voz de las «iglesias» en cuestiones sociales y no en cuestiones de fe, porque «los dogmas dividen».
El lema de los meta-patrísticos de «superar a los Padres» es, desde la perspectiva ortodoxa, incorrecto e incluso blasfemo, porque la teología sin praxis y la Iglesia sin Padres —es decir, sin Santos— no son concebibles. Una Iglesia sin Padres sería un «falso organismo cristiano protestante», sin ninguna relación con la Iglesia Una, Santa, Católica y Apostólica, la Ortodoxa que confesamos en el Símbolo de la Fe.
El efecto más destructivo en la conciencia dogmática de los fieles ortodoxos lo ejerce el ecumenismo, porque relativiza y anula en la práctica la autoridad atemporal de la enseñanza de los santos Padres. En el espíritu del panherético ecumenismo se inscribe también el movimiento reciente de los teólogos meta-patrísticos. Estos teólogos parecen ignorar que la teología ortodoxa y segura proviene primordialmente de quienes han hecho la catarsis de los πάθος (pazos: pasiones, emociones, adicciones, vicios, patologías, etc…) e iluminados por la luz increada de la divina Χάρις (jaris: gracia energía increada), y que el criterio principal del carácter seguro de la teología eclesial es la santidad de los Padres que la expresaron.
Cuando se ignora o se deja de lado la santidad o la metodología ortodoxa de «seguir a los santos Padres», es inevitable la adopción del pensamiento libre y de la especulación teológica. Esto conduce a una teología «neo-Barlaamita», centrada en el hombre y basada en la lógica autónoma.
La teología meta-patrística, según los criterios de la Iglesia, es evidencia de una mente soberbia, y por ello es imposible su legitimación eclesial.
La teología científica y académica ortodoxa no está llamada a reemplazar la teología patrística-carismática, ni tiene derecho a presentar otra teología distinta de la auténtica de la Iglesia.
Los aspirantes a teólogos meta-patrísticos rechazan los límites claros que la Teología Patrística establece entre ortodoxia y herejía, adoptando un modelo más sincrético. (El sincretismo es la combinación o fusión de elementos culturales, religiosos, filosóficos o lingüísticos distintos en una nueva forma o modelo.)
La teología “meta-patrística” se aparta claramente de la teología tradicional, tanto en cuanto a métodos, condiciones y criterios para teologizar correctamente, como en cuanto al contenido de la teología eclesial patrística.
Estos teólogos meta (post)-patrísticos muestran poca tolerancia hacia lo diferente, acusando de «fundamentalismo patrístico» a quienes no coinciden con ellos y criticando sus teorías novedosas.
Es gran responsabilidad de los líderes eclesiales evitar la alteración de la fe, la teología y el testimonio ortodoxos en la actualidad.
La llamada teología meta-patrística se mueve hacia una perspectiva filosófica y especulativa, conduciendo directamente al protestantismo.
La Iglesia no es solo Apostólica, sino también Patrística, y constituye un triunfo glorioso de los Santos Padres que los teólogos meta-patrísticos no pueden refutar ni enfrentar, viéndose obligados a cambiar de rumbo y descartarlos.
Los miembros de la Iglesia continuaremos siguiendo a los Santos Padres, «siguiendo a los divinos Padres», sin movernos ni sobrepasar los límites que ellos establecieron.
Exhortamos a que todos despierten la conciencia patrística, junto con la necesaria vigilancia de los pastores de la Iglesia, para contribuir de manera decisiva a impedir la alteración que se intenta introducir de forma sutil y encubierta.
Todos los participantes en la jornada teológica aprobaron estas conclusiones.
Vale la pena recordar lo que escribió el difunto Metropolitano del barrio Glyfada Atenas, Pablos Glyfados, en la página de su Metrópolis: «La llamada teología meta-patrística conduce directamente al protestantismo».
Fuente: https://analogion.gr/logos/heresies/251-metapaterikh-airesh
c) Teología “meta (post)-patrística” o “neo-barlaamita”; ignorancia o negación de la santidad;
criterios para teologizar ortodoxa y correctamente
Tseleguidis, dogmatólogo de la Universidad de Aristóteles de Tesalónica, Pireo, 15/2/2012
Subtítulo: La soberbia y la desviación teológica de los aspirantes a teólogos “meta (post)-patrísticos”
Para evitar cualquier posible confusión terminológica, procederemos de inmediato a una aclaración necesaria del neológico término “meta (post)-patrístico”…
Esta nueva terminología científica admite diversas interpretaciones; sin embargo, las más prevalentes científicamente, en nuestra opinión, son las siguientes dos:
a) Cuando al primer componente de la palabra “meta” se le da un significado temporal, en cuyo caso, en la presente situación, se refiere al fin de la época patrística.
b) Cuando al primer componente de la palabra se le da un significado crítico, en cuyo caso la palabra compuesta “meta (post)-patrística” significa relativización, cuestionamiento parcial o total, revisión, nueva lectura, o incluso superación del pensamiento teológico de los Padres de la Iglesia.
Los teólogos científicos contemporáneos que intentaron, directa o indirectamente, autoidentificarse como “meta-patrísticos”, utilizaron alternativamente ambas interpretaciones, aunque principalmente la segunda, que se refiere a la relativización y finalmente a la superación de los Padres de la Iglesia.
La obra más destructiva en las conciencias del mundo teológico cristiano más amplio, en nuestra opinión, la realizaron los protestantes. Esto se debe a que ellos cuestionaron directamente la autoridad de los Sínodos-Concilios Ecuménicos de la Iglesia, así como toda su santa Παράδοσή Parádosi Tradición Apostólica y Patrística. Simultáneamente, anularon oficial, sustancial y formalmente la santidad de todos los santos conocidos, cuestionando así la experiencia del Espíritu Santo de la Iglesia militante sobre la tierra.
De manera correspondiente, la obra más destructiva en la conciencia dogmática del pueblo de la Iglesia Ortodoxa la realiza y continúa realizándola el Ecumenismo. El Ecumenismo constituye hoy el hediondo agente del sincretismo intercristiano e interreligioso y, por consiguiente, el más oficial agente de la herejía más peligrosa de todas las épocas, porque contribuye decisivamente a la disminución del criterio ortodoxo y de la autoconciencia ortodoxa. Específicamente, a través de sus representantes, local e internacionalmente, busca continuamente y gradualmente cada vez mayores “concesiones” a la conciencia eclesiológica y dogmática de los fieles ortodoxos espiritualmente desprevenidos. Y esto lo logra especialmente mediante la relativización o incluso la anulación práctica de la autoridad de la enseñanza de los santos Padres, y sobre todo de sus decisiones colectivas, en el marco de los Sínodos-Concilios Ecuménicos. Véase, por ejemplo, la flagrante y continua, aquí durante años, violación del II Canon del Quinto Concilio Ecuménico, que prohíbe expresamente la oración conjunta con los no están en comunión y heterodoxos, con la clara amenaza de destitución de los clérigos y excomunión de los laicos que lo infringen.
En este clima teológico más ampliamente secularizado, y especialmente en el propio espíritu del Ecumenismo que hemos descrito, se integra orgánicamente también el movimiento recientemente surgido de los aspirantes a teólogos “meta-patrísticos”. Sin duda, este movimiento tiene claramente también influencias protestantes, más evidentes principalmente en el carácter científico de la postura de los teólogos “meta-patrísticos” frente a la autoridad histórica de la enseñanza teológica de los santos Padres.
En nuestra breve posición teológica nos centraremos principalmente en la actitud y no en la persona de los teólogos “meta-patrísticos”, así como en los criterios de la teología que subyace en ellos.
Desgraciadamente, nuestros queridos hermanos en Cristo, los teólogos “meta-patrísticos”, con sus formulaciones audaces, o mejor dicho, con sus formulaciones extremadamente atrevidas, arrogantes y descaradas y posiblemente no conscientes, parecen prácticamente ignorar por completo qué es la santidad en sí misma, y por extensión, qué es en sí misma la vida guiada por el Espíritu Santo de los santos, la cual constituye, según la experiencia de la Iglesia, la condición fundamental para teologizar ortodoxa y correctamente. Más específicamente, parecen ignorar en sus textos que la teología ortodoxa y correcta se produce primordialmente solo por quienes se han hecho su catarsis y purificado de la impureza de sus πάθος (pazos: pasiones, emociones, adicciones, vicios, patologías, etc…), y sobre todo por quienes han sido iluminados y divinizados (portadores de la zéosis) por los rayos increados de la divinizante Χάρις (Jaris: Gracia, energía increada).
La tentativa audaz, de manera arrogante, con obstinación y de forma altanera de superar la enseñanza de los santos Padres por parte de los teólogos “meta-patrísticos” debilita la certeza necesaria para los fieles sobre la validez eterna de la teología patrística, mientras introduce de manera injusta y malastuta la teología probabilística de tipo protestante. De este modo, en realidad, “se traspasan los límites que nuestros Padres establecieron”. Pero esto viola brutalmente tanto la enseñanza patrística como el logos bíblico inspirado por Dios. [Véase Proverbios]
Sobre la base de lo anterior (y solo de esto), podríamos sostener científicamente que los aspirantes a teólogos “meta-patrísticos” claramente no poseen las condiciones de la teología patrística. Porque, realmente, ¿cómo podrían sostener que las poseen, cuando proponen audazmente y descaradamente la superación de los Padres de la Iglesia, o cuando intentan introducir en el pensamiento teológico eclesiástico una probabilidad teológica y gnoseológica de tipo occidental, que como condición previa requiere la protección académica y la especulación o meditación teológica? Esta misma soberbia, arrogancia y altanería conduce a renunciar a la presencia carismática del Espíritu Santo, que garantiza la autenticidad de la teología ortodoxa.
Los criterios científico-académicos que los teólogos “meta-patrísticos” proponen como pruebas de su objetividad no coinciden necesariamente con los criterios eclesiásticos para teologizar ortodoxa y correctamente, sobre todo cuando esos criterios se usan sin condiciones previas. La teología eclesiástica ortodoxa tiene criterios claramente y principalmente espirituales. El criterio por excelencia y supremo del carácter correcto de la teología eclesiástica es la santidad de los Padres teóforos (portadores de Dios o de la luz increada), quienes la formularon.
Provoca profunda tristeza la gruesa ignorancia y la soberbia basada en ella de los teólogos “meta-patrísticos”, quienes intentan, de manera totalmente ignorante, sustituir la molestosa para ellos teología patrística de la Iglesia Ortodoxa por su teología (tiología, palabras de tíos de academia, sin práctica) científico-académica actualizada. Con esta postura demuestran claramente que en realidad desconocen cómo los Padres son activamente teóforos y santos de la Iglesia. Ignoran, sobre todo, que la santidad de los Santos y la santidad del mismo Dios son una y la misma, según San Gregorio de Nisa. Es decir, la santidad de los santos tiene un carácter ontológico y es una propiedad increada de Dios, en la cual participando el creyente de manera directa y personal, y bajo claras condiciones eclesiásticas, se convierte en “en toda percepción y sentir espiritual” partícipe de la santidad del mismo Dios. Por lo tanto, es evidente que el carácter de la santidad de los santos Padres es increado.
Los grandes Padres de la Iglesia expresaron correctamente la Tradición Apostólica en su época, después de haberla vivido previamente de manera hesicástica, ascética y especialmente mistérica (sacramental). San Gregorio el Teólogo, San Basilio Magno, San Máximo el Confesor, San Simeón el Nuevo Teólogo y San Gregorio Palamás, por mencionar indicativamente a estos, actualizaron la Tradición Apostólica y Patrística, expresando en lenguaje teológico precisamente lo que otros santos Padres y los carismáticos creyentes teóforos (portadores de la luz increada) simples con pocos o nada de estudios vivían de manera increada y “en todo sentido y percepción espiritual” en su tiempo.
Volvamos ahora a los criterios de teologizar. Los criterios científico-académicos son creados. Por ello, aparte del seguro criterio de la santidad increada, la única garantía para una teología ortodoxa y correcta puede ser buscada, incluso por los teólogos académicamente instruidos pero privados de santidad, en la humildad que implica y expresa el método eclesiástico aplicado a lo largo del tiempo, el cual se indica en la conocida expresión patrística: “siguiendo a los santos Padres”. Esta humildad, que además aseguraba su santidad, fue poseída por todos los Padres teóforos (portadores de la luz increada) que participaron en los Concilios Ecuménicos, los cuales definieron correctamente la teología eclesiástica.
La especulación y meditación teológica y razonamiento al que los teólogos “meta-patrísticos” gustan referirse, y la consiguiente teología probabilística, no corresponden a la teología eclesiástica ortodoxa, sino a la heterodoxa y herética, que como acertadamente caracterizaron los Padres teóforos, es más “tecnología” que teología. Cabe destacar también la observación crucial de San Juan de Sinaí (la Escala), que “quien no conoce a Dios (se entiende experiencial y vivencialmente), razona de manera especulativa” (véase Logos 40,13).
Asimismo, San Gregorio Palamás cargaría sobre los barlaamitas latinos el razonamiento teológico bajo y humano, señalando de manera contraria que “nosotros, no siguiendo razonamientos, sino con logos de Dios, enriquecimos la confesión de la fe” (véase Sobre la Procesión del Espíritu Santo, Logos II, 18).
Pero cuando se ignora o se deja de lado la santidad, o incluso la metodología ortodoxa de teologizar “siguiendo a los santos Padres”, es inevitable adoptar el razonamiento (o meditación, especulación) teológico “libre” y la teología probabilística. Esto conduce esencialmente a una teología “neo-barlaamita”, que es antropocéntrica y cuyo criterio es la autonomizada lógica, razón. Así como Barlaam y sus seguidores cuestionaron el carácter increado de la luz divina y de la Χάρις Gracia, los teólogos “meta-patrísticos” hoy desestiman en la práctica el carácter increado y por lo tanto eterno de la santidad y la enseñanza de los Padres teóforos, a quienes pretenden sustituir en la enseñanza, produciendo, según su criterio, auténtica teología primaria propia.
Esto no constituye una lucha externa contra los Padres, sino que principalmente es una lucha contra Dios, porque lo que hace a los Padres de la Iglesia verdaderamente Padres es su santidad increada, la cual indirecta pero sustancialmente dejan de lado y anulan con lo que proponen en su teología “meta-patrística”.
La teología “meta-patrística”, según los criterios de la Iglesia que mencionamos anteriormente, es prueba de mente soberbia, presuntuosa y altanera. Por ello es imposible su legitimación eclesiástica. La teología eclesiástica es humilde y siempre “siguiendo a los santos Padres”. Esto no significa que la teología eclesiástica carezca de originalidad, dinamismo, espíritu renovador y actualidad. Por el contrario, posee todas estas características, porque constituye expresión de la presencia viviente del Espíritu Santo en aquel que teologiza de esa manera.
Los Padres de la Iglesia expresaron lo que vivieron desde la activación de su Pentecostés personal, siempre, sin embargo, de manera práctica, “siguiendo” y en concordancia con los Padres teóforos precedentes.
La teología académica y científica ortodoxa no está llamada, por supuesto, a sustituir la teología patrística – carismática, ni tampoco tiene derecho a presentar otra teología distinta de la auténtica teología de la Iglesia. Su tarea es acercarse, investigar y presentar científicamente el contenido de la teología primaria de la Iglesia, distinguir y dar a conocer los criterios de la verdadera teología. De este modo se logra y fortalece cada vez más la unión de la teología patrística-carismática con la teología científica. Y todo esto solo se promoverá cuando los que expresan la teología científica no estén personalmente privados de las condiciones espirituales ni ajenos a los datos eclesiológicos vivenciales.
La teología científica y académica, cuando carece de las condiciones mencionadas anteriormente, cuando le falta la expresión eclesiológica vivencial, es teología especulativa y pobre espiritualmente. Solo aborda de manera creada la realidad del mundo y de la vida, y expresa, en el mejor de los casos, las cosas de manera incompleta, y en ciertos casos, desgraciadamente, de manera errónea hasta herética.
Tenemos la opinión de que, si los teólogos “meta-patrísticos” tuvieran las condiciones espirituales de los Padres, intentarían humildemente y silenciosamente rectificar la verdad para su época, sin referencias despectivas o incluso ambiguas hacia los santos Padres. Y si las circunstancias los justificaran, entonces ciertamente serían ellos los expresores de la viva Παράδοση Parádosi Tradición Sagrada de la Iglesia.
Sin embargo, esto implicaría inevitablemente que sus palabras no estarían en oposición a lo dicho por los Santos Padres a lo largo del tiempo, y especialmente no entrarían en conflicto con sus decisiones en los Concilios Ecuménicos. Así, todo este ruido relativo a la teología “meta-patrística” sería innecesario.
Pero los aspirantes a teólogos “meta (post)-patrísticos” saben muy bien que la enseñanza de los santos Padres establece límites claros, los cuales o bien no les favorecen personalmente, o bien impiden sus objetivos estratégicos, que sirven a su querido Ecumenismo. Esta es la verdad. Todo lo demás es simplemente un envoltorio cuidadosamente elaborado.
En conclusión, podríamos sostener sin dificultad que la teología “meta-patrística” constituye un claro y flagrante desvío tanto del método como de la mentalidad de los Santos Padres. Un desvío, es decir, de la teología tradicional, tanto en cuanto al modo, las condiciones y los criterios para teologizar ortodoxa y correctamente, como en cuanto al contenido de la teología eclesiástica patrística de la Iglesia.
Dimitrio Tseleguidis, dogmatólogo de la Universidad de Aristóteles de Tesalónica.
Tradución Χρῆστος Χρυσούλας Jristos Jrisulas xX jJ http://www.logosortodoxo.com/