
El divino Logos espermático y san Justino filósofo y mártir
Traducción especial dedicada al Padre Francisco e hijo de DOXATV – Iglesia Ortodoxa https://www.youtube.com/@ortodoxonet
Índice
a) El Logos espermático. Texto navideño adecuado para lectura a niños de Secundaria y Bachillerato
b) Consideración del “Logos espermático” en la teología de san Justino, filósofo y mártir
c) El Logos espermático en el ámbito de la misión ortodoxa en África
1. ¿Qué es el Logos espermático?
2. «Id, pues, y haced discípulos a todas las naciones»
3. Ejemplos del “Logos espermático” en la sagrada misión ortodoxa en África
a) El Logos espermático
Texto navideño adecuado para lectura a niños de Secundaria y Bachillerato
El texto fue enviado por el catecismo del templo de Santa Bárbara, Municipio de Metamorfosis, Ática
[Por el traductor: Hay palabras que llegan como semillas destinadas a despertar muchos años después. Así sucedió en mi con el logos espermático. Lo escuché por primera vez cuando tenía quince o dieciséis años, en una clase del colegio que me dejó profundamente marcado. Me prometí que, cuando creciera, investigaría más, pero al salir a Occidente (a los 19 años) esa promesa quedó enterrada en mi interior, como una semilla dormida, guardada en la tierra oscura del alma.
Todo cambió el 02/02/2002, cuando conocí a CristoDios en el Monasterio de San Gregorio del Monte Athos. Mientras leía “La zéosis, la finalidad o propósito de la vida del hombre”, encontré nuevamente el término logos espermático, (en el segundo capítulo) y aquella antigua semilla despertó con fuerza, reclamando su cumplimiento. Desde entonces inicié una búsqueda seria, hallando en los Santos Padres textos que iluminaron mis dudas y apaciguaron mis guerras interiores. Gracias, en especial, a san Máximo el Confesor, pude comprender y experimentar la profundidad del término teológico gnosis increada, inolvidable gnosis y discernir entre la gnosis creada (https://logosortodoxo.es/teologia-ortodoxa/mistagogia-%ce%bc%cf%85%cf%83%cf%84%ce%b1%ce%b3%cf%89%ce%b3%ce%af%ce%b1-iniciacion-en-los-misterios/).
Hoy sé que Dios guarda nuestras semillas, incluso cuando nosotros las olvidamos, y las hace brotar justo en el momento en que estamos listos para recibir Su luz y saber quiénes somos, dónde estamos y hacia dónde vamos.]
¿Habéis oído hablar del «Logos espermático»?
La Iglesia nos dice que Dios no preparó solo a los judíos para la venida del Hijo de Dios, sino también a los demás pueblos, iluminando a ciertas personas para que hablaran de alguien que vendría a salvarlos.
¿No os convence?
Escuchad entonces lo que dijo Sócrates ante el tribunal de los atenienses: «El resto de vuestra vida lo pasaréis en este letargo, si Dios, cuidando de vosotros, no os envía a alguien que os salve».
Platón, en su obra «Πολιτεία (politía) La República», menciona que de modo paradójico se conserva una historia según la cual los hombres esperan a un Dios Salvador.
El romano Cicerón habla de una época en la que en todas partes gobernará un Maestro y Soberano: el Dios.
Confucio esperaba a un Santo que gobernaría el mundo con gran poder: un rey enviado por Dios, con el cual en una sola generación la humanidad volvería al Bien.
Los antiguos persas esperaban al Salvador, que nacería de una mujer virgen y sería mediador entre los hombres y Dios, y combatiría contra el espíritu maligno que había envidiado a los hombres.
Los habitantes de Siam, Ceilán y Japón creían que vendría alguien para salvar al género humano, satisfaciendo al Altísimo Dios por los pecados de los hombres.
Los Salivas, un antiguo pueblo de América, creían que el gran Dios había enviado desde el cielo a Su Hijo para matar a la terrible serpiente que devoraba a los pueblos del Orinoco.
Y muchos otros ejemplos, junto con lo que sabemos de los profetas.
¡Qué sabiamente lo preparó todo Dios!
b) Consideración del “Logos espermático” en la teología de san Justino, filósofo y mártir
Antónis Násios, Teólogo
A mediados del siglo II d. C., un grupo de escritores con formación y preparación filosófica asumió la defensa de la fe cristiana frente a las acusaciones falsas que constituían también la causa principal de las persecuciones.
El más importante de ellos es san Justino, el filósofo y mártir (prob. 100 – ca. 165 d. C.) [1], quien emprendió la difícil tarea de armonizar el Cristianismo con la filosofía helénica-griega.
A pesar de su conversión al cristianismo, san Justino aceptaba el calificativo de filósofo —«salve, filósofo»—[2], y continuaba llevando el tribón (túnica) filosófico como señal de su antigua condición.
San Justino nunca consideró que la filosofía y el conocimiento (gnosis) paganos fueran falsedad o engaño. Cree que las verdades de los filósofos provienen en gran medida del logos profético, el cual algunos filósofos conocieron y aprovecharon.[3] Además, sostiene que incluso los filósofos anteriores a Cristo contienen en sus reflexiones verdades que se les han revelado como «semillas (espermas) de verdad».[4]
En cuanto a la consideración del logos espermático, la terminología no es cristiana. Procede del vocabulario de la filosofía estoica y fue utilizada por san Justino con fines apologéticos, dado que Marco Aurelio, a quien se dirigía la Segunda Apología, era seguidor de la filosofía estoica.[5]
Según la enseñanza de los estoicos, el logos espermático se entiende o bien como el Logos divino universal y cósmico, o bien como un logos particular. Como Logos universal (καθολικό cazólico) y cósmico, reside en la materia, constituyendo esa fuerza intramundana, el principio divino que crea, penetra y vivifica todos los seres particulares. Puesto que el mundo es una unidad lógica, es natural que sus distintos miembros orgánicos tengan sus propios logos espermáticos, que están contenidos en el Logos divino universal. En el ser humano, el logos espermático es su propia ψυχή (psijí: psique, alma, ánima, la que anima, vivifica y contiene el cuerpo y no al revés, cuando la psique se va el cuerpo (soma) se convierte en πτωμα ptoma cadáver).
Así, el ser humano refleja esencialmente todo el universo, siendo él mismo un microcosmos, puesto que todo el mundo es concebido como un cuerpo animado y cohesionado por el Logos universal y cósmico. La función de los logos espermáticos es asegurar la identidad de las realidades a las que están asociados a través del cambio de los seres, del mismo modo que el esperma (semilla) humano tiene la capacidad de producir seres semejantes a aquel del cual provino el esperma (semilla).
Lo que observamos es que en el estoicismo los logos espermáticos poseen principalmente un carácter naturalista, y constituyen los principios de la generación, conservación y desarrollo lógico de los seres; además tienen un carácter panteísta, algo que caracteriza a toda la filosofía estoica.[6]
La enseñanza de san Justino filósofo y mártir sobre el logos espermático presenta diferencias respecto de la enseñanza correspondiente de los estoicos. Debemos descartar la idea de que para Justino el logos espermático es una emanación del Logos universal, como ocurre en el estoicismo. Asimismo, debemos descartar la posibilidad de que el logos espermático constituya una parte del alma humana, la parte lógica (racional). Para Justino, el logos espermático está relacionado con el Logos de Dios, tal como se menciona también en el prólogo del Evangelio según Juan.
El logos espermático es aquella energía u operación del Logos de Dios, mediante la cual, iluminando la διάνοια (diania: mente, intelecto, cerebro) de los seres humanos, la eleva y la guía hacia el hallazgo parcial de la verdad.[7]
San Justino se plantea a sí mismo la siguiente pregunta: puesto que el cristianismo encierra toda la verdad y apareció en la tierra hace 150 años, ¿acaso todos los que vivieron antes de Cristo no participaron de la verdad?
Y la respuesta que da es: «Hemos sido instruidos y hemos anunciado que Cristo es el primogénito de Dios y que es el Logos preanunciado, del cual participó todo el género humano; y quienes vivieron conforme al Logos son cristianos, aunque se les consideró ateos: como entre los helenos-griegos Sócrates, Heráclito y los semejantes a ellos, y entre los bárbaros Abraham, Ananías, Azarías, Misael, Elías y muchos otros… De modo que también los anteriores que vivieron sin el Logos eran inútiles y enemigos de Cristo, y asesinos de los que vivieron conforme al Logos».[8]
La humanidad participó siempre de la energía (increada) apocalíptica/reveladora del Logos. Esta energía no apareció por primera vez con la encarnación del Hijo, sino que incluso antes de su venida al mundo iluminaba a los seres humanos. Todos aquellos —no sólo los hombres del Antiguo Testamento que recibieron la apocálipsis/revelación del Logos inmaterial, sino también los filósofos guiados por el divino Logos espermático— que vivieron de acuerdo con las exigencias de su naturaleza lógica, eran cristianos y, por tanto, receptivos a la salvación.[9]
Según Justino, en ciertos filósofos existió una forma más imperfecta de apocálipsis/revelación mediante las semillas del Logos, «a causa de la semilla del Logos innata en todo género humano».[10]
Aquí, el término apocálipsis/revelación se usa en un sentido impropio; es decir, no se trata de apocálipsis/revelación en el sentido estricto del término, sino de una manifestación de Dios a los filósofos, especialmente a aquellos que tenían las disposiciones y condiciones necesarias para algo semejante. La verdad enseñada por los filósofos es fragmentaria, parcial y expresa sólo una parte de la verdad.
Es un hecho indiscutible que las semillas del Logos que existen en cada ser humano son un regalo divino y ponen al hombre en comunión con Dios. Algunos filósofos aprovecharon este regalo de tal modo que alcanzaron logros importantes: «No porque las enseñanzas de Platón sean ajenas a las de Cristo, sino porque no son completamente iguales, del mismo modo que tampoco lo son las de los demás: estoicos, poetas y escritores. Porque cada uno, viendo lo que le era afín gracias a la parte del divino Logos espermático, habló bien».[11]
San Justino sostiene que, de todos los filósofos, Sócrates fue «el más vigoroso en este respecto». El conocimiento de Cristo por parte de Sócrates no significaba un encuentro personal con el Logos, ni una apocálipsis/revelación al modo de los Profetas, sino que era fruto de la fuerza del logos natural humano. Así pues, Sócrates obtenía sus verdades «por medio de un razonamiento verdadero, investigador y crítico» [12], es decir, mediante la investigación lógica y la contemplación. Sin embargo, «nadie fue persuadido» finalmente por su enseñanza, a pesar de que lo que dijo era fruto del Logos espermático.[13]
Tanto san Justino como otros apologistas reconocen en el pensamiento filosófico indicios de verdad y no dudan en tomar prestados conceptos y expresiones de la filosofía a los cuales otorgaron un contenido cristiano. La teoría del Logos espermático de san Justino, así como la actitud globalmente positiva que mantuvo hacia la filosofía, sentaron las bases para el inicio de un diálogo fructífero y constituyeron un punto de encuentro entre cristianismo, helenismo y judaísmo. A través del pensamiento de los apologistas vemos el primer encuentro sustancial entre la teología cristiana y el pensamiento helénico-griego.
(El helenismo se cristianizó; no fue el cristianismo el que se helenizó, como muchos occidentales quieren presentar.)
Referencias
- Sobre Justino, véase Χρήστου P., «Justino», ΘΗΕ 6 (1965), col. 972–973; Skouteris K., Historia de los Dogmas, t. A, Atenas 1998; Theodorou A., Historia de los Dogmas. La historia del Dogma desde los tiempos apostólicos hasta el I Concilio Ecuménico de Nicea. Parte segunda: La historia del Dogma desde la época de los Apologistas hasta el 318 d.C., t. A, Atenas 1978.
- Justino, Diálogo con Trifón el Judío, P.G. 6, 472A.
- Justino, Primera Apología, P.G. 6, 396A, 416C–420B.
- «Parece que hay semillas de verdad entre todos», Justino, Primera Apología, P.G. 6, 396B; Skouteris, Historia de los Dogmas, p. 222.
- Theodorou A., Historia de los Dogmas, p. 47.
- Theodorou A., Historia de los Dogmas, pp. 47–48; Martzelos G., «La teología del Logos seminal y su importancia para los diálogos teológicos e interreligiosos», Simposio Interreligioso Internacional “Enfoque ortodoxo para una teología de las religiones”, Tesalónica.
- Theodorou, Historia de los Dogmas, pp. 48–49.
- Justino, Primera Apología, P.G. 6, 397C.
- Theodorou, Historia de los Dogmas, p. 50.
- Justino, Segunda Apología, P.G. 6, 457A.
- Justino, Segunda Apología, P.G. 6, 465B–C; Skouteris, Historia de los Dogmas, pp. 222–223.
- Justino, Primera Apología, P.G. 6, 336B.
- Skouteris, Historia de los Dogmas, p. 223.
Fuente: https://www.pemptousia.gr/2025/06/i-theoria-tou-spermatikou-logou-sti-theologia-tou-ioustinou/
c) El Logos espermático en el ámbito de la misión ortodoxa en África
Escribe el Obispo de Goma y del Gran Kivu, Timoteo
Querrían un Cristo que sabe cazar animales en el bosque.
- ¿Qué es el Logos espermático?
Cristo, «el Logos increado era y es siempre la verdadera Luz increada que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. [«Como Hijo y Logos de Dios, segunda hipóstasis-persona de la Santa Trinidad era y es siempre el Cristo, la luz increada y verdadera, la única fuente de la luz que ilumina a cada hombre que viene a este mundo»] (Jn 1: 9). Es decir, Cristo era y es Aquel que ilumina a toda persona de buena voluntad que viene a este mundo.
Cristo es la luz del mundo, como Él mismo dice en el Evangelio: “Otra vez Jesús les habló, diciendo: «YoSoY la luz increada del mundo, y el que me sigue a mí fielmente, éste no andará en la oscuridad, sino que tendrá la luz increada de la vida” (Jn. 8, 12). Por lo tanto, todo el que viene al mundo recibe gradualmente la luz de Cristo, según su capacidad espiritual de recibirla. Sin embargo, puesto que el hombre es un ser libre, tiene la posibilidad de rechazar o conservar esa luz. Puede aumentarla permaneciendo siempre unido a Cristo o disminuirla.
Según los Padres apologistas (siglos II y III d. C.), especialmente san Justino, Cristo, como Logos de Dios, fue quien iluminó también a los filósofos para que formularan ciertas verdades; de ahí la legitimidad de que los servidores del Logos hagan uso de algunas de sus enseñanzas o consideraciones, contemplaciones, en la medida en que contienen verdades acordes al espíritu del Evangelio.
El término mismo «Logos espermático» es filosófico, estoico, tomado y desarrollado con contenido cristiano por san Justino (probablemente 100–165 d. C.).
San Justino, filósofo y mártir, sostiene que incluso los filósofos anteriores a Cristo expresaron verdades en sus pensamientos y reflexiones, verdades que les fueron reveladas «desde lo alto» como «semillas de verdad».
«Parece que hay semillas de verdad en sus enseñanzas» (Justino, Primera Apología, P.G. 6, 396B; Skouteris, Historia de los Dogmas, p. 222).
San Justino sostiene que, entre todos estos filósofos, Sócrates es «el más claro y categórico en este asunto — el más vigoroso de todos en relación con esto».
San Justino y otros Apologistas reconocen también «indicios de verdad» en el pensamiento filosófico y no dudan en tomar prestados términos helénicos, conceptos y expresiones filosóficas, dándoles un contenido cristiano.
A través del pensamiento de los Apologistas asistimos al primer encuentro real entre la Teología Cristiana y el pensamiento heleno-griego.
Sin embargo, Cristo, como Logos de Dios, es la luz que ilumina a todo ser humano que viene al mundo, independientemente de su origen o trasfondo.
Esta verdad posee un valor universal y atemporal y se refiere a todos los paganos: africanos, europeos, asiáticos y otros que no habían conocido a Moisés ni a los Profetas del Antiguo Testamento. Y esto constituye un testimonio elocuente de la justicia de Dios.
El «Logos espermático» de los filósofos es un poco de luz, un rayo del Logos de Dios, mediante el cual Dios ilumina el νούς (nus: espíritu de la psique), el corazón y la mente (intelecto) de los seres humanos y así los eleva y los guía hacia el descubrimiento (anakálipsis) parcial de la verdad.
Es decir, constituye una primera apocálipsis/revelación de Dios al hombre. Esta aproximación inicial de Dios por parte del ser humano, este conocimiento (gnosis) de Dios, se realiza en la conciencia humana, la cual se considera la sede del Logos espermático.
Así, el conocimiento de Dios comienza en la conciencia humana, crece a través del estudio de la armonía del universo y de la creación visible, y se perfecciona mediante el conocimiento de la Παράδοσης Parádosis Tradición Escrita y Oral transmitida por Cristo y Sus Apóstoles, y conservada auténticamente (custodiada como tesoro) en la Iglesia Ortodoxa.
- «Id, pues, y haced discípulos a todas las naciones»
Cristo no dijo simplemente: «haced discípulos a todas las naciones», sino «Id» —«Id, y después de ir, haced discípulos a todas las naciones»—, es decir: «marchad, y una vez que marchéis, haced discípulos a todas las naciones». Y estas fueron sus últimas palabras, podríamos decir Su Testamento, que Cristo dejó a Sus Apóstoles (Mt. 28, 19).
¿A dónde debían ir? ¡A la Ιεραποστολή! (ierapostolí: santa, sagrada misión). Debían hacer a todos los hombres cristianos ortodoxos, discípulos de Cristo, santos.
Pero si no se hacen cristianos, ¿acaso no se salvarán?
Aquí surge una gran pregunta que debe conducirnos al estudio del logos de Dios, y no a razonamientos humanos que, como mínimo, esconden poca fe respecto a la gran misericordia y caridad de nuestro Señor.
Cristo responde a esta pregunta en varios pasajes del Nuevo Testamento, a veces subrayando las condiciones de la salvación y otras señalando las causas de la condenación. Dice:
–«El que crea y sea bautizado, se salvará; pero el que no crea, será condenado» (Mc. 16, 16).
-«Jesús les dijo: «Amín, amín, de verdad en verdad os digo que, si no coméis la sarx cuerpo y carne del Ηijo del hombre y no bebéis su sangre, a través del misterio de la divina Efjaristía, no tendréis vida en vosotros; El que come mi sarx cuerpo y carne y bebe mi sangre, mediante el misterio de la divina Efjaristía, ya desde el presente tiene vida eterna y yo lo resucitaré al ésjato-último gran día del juicio» (Jn. 6, 53-54).
Pero ¿qué será de aquellos que murieron antes de escuchar la predicación (el kerigma) de la salvación en Cristo, para poder creer, bautizarse y comulgar el Cuerpo y la Sangre de Cristo para salvarse? ¿Irán todos al infierno?
Una vez le hice esta pregunta a san Paísios. Me respondió: «No. No irán todos al infierno solo porque no conocieron a Cristo y a Su Iglesia. El Dios, que es Omnisciente, dirá: “Si este hubiese conocido la Ortodoxia, se habría hecho santo; por eso lo salvo”. ¡Y lo salva!»
En efecto, este Santo de la Iglesia tenía presente la verdad apocaliptada/revelada de Dios, que nos enseña que, si alguien no tuvo la oportunidad de conocer a Dios, será juzgado según su conciencia y no según la ley escrita, puesto que jamás escuchó nada al respecto.
El apóstol Pablo dice «según mi Evangelio», es decir, según el Evangelio de Cristo que él amó, predicó y asumió como propio: «Porque todos los que pecaron sin estar bajo la ley también perecerán, pero no será utilizada la Ley como medida de juicio contra ellos; y cuantos pecaron bajo conocimiento de la ley escrita de Moisés, según la ley serán juzgados. Porque no son justos y dignos de recompensa ante Dios los que oyen la ley, sino los que cumplen y aplican la ley, ésos serán justificados y salvados. Pues cuando los paganos de las naciones, que no han recibido la ley escrita de Dios, practican y hacen por el impulso ético natural lo que manda la ley, aunque no tengan ley, ellos mismos son su propia ley, porque tienen como guía sus conciencias» (Rom. 2, 12-16).
La conciencia, por lo tanto, es el lugar donde se manifiesta el «Logos espermático», el lugar donde cada ser humano que viene al mundo, independientemente de su origen o de la época en que vivió, es iluminado gradualmente por el Logos de Dios, nuestro Señor Jesús Cristo.
Pero ¿acaso este juicio basado en la conciencia —y no en la Ley— para quienes no conocieron la Apocálipsis/Revelación de Dios, no conocieron el Antiguo ni el Nuevo Testamento, ni la Iglesia, implica que se salvarán del mismo modo que los santos, que fueron bautizados, comulgaron los Sagrados Misterios, estuvieron en la metania, se arrepintieron, se confesaron, hicieron obras de misericordia y caridad, amaron a Dios y a su prójimo?
Por supuesto que no. No tendrán ni la misma doxa-gloria ni el mismo lugar en el Paraíso.
En el Libro del Apocalipsis, que habla de la condición de los salvados en el Paraíso, se dice: «En medio de la plaza de la ciudad, y a uno y otro lado del río, estaba el árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto; y las hojas del árbol son destinadas para la terapia de los hombres de las naciones» (Ap. 22, 2).
Y vemos una distinción similar en Ezequiel: «Y junto al río subirán árboles de toda clase para alimento; su hoja no se marchitará ni su fruto faltará. Darán fruto nuevo cada mes, porque las aguas que los riegan salen del Santuario. Su fruto será para comida y su hoja para sanidad y salud» (Ez. 47, 12).
Es decir, hay árboles fructíferos en el Paraíso (espiritualmente hablando), cuyos frutos son para los cristianos bautizados que se salvaron, y cuyas hojas son para las naciones. Con la palabra «naciones», se refiere a quienes se salvaron por la ley de la conciencia y no recibieron el Santo Bautismo.
¿Es injusto Dios por darles hojas?
Por supuesto que no. La justicia de Dios es incomprensible para el espíritu y mente humana.
- Ejemplos del “Logos espermático” en la sagrada misión ortodoxa en África
Entre nuestros antepasados africanos, el conocimiento de Dios estaba en gran medida mezclado con creencias sobre poderes divinos atribuidos a los ancestros fallecidos: “ancestrolatría”, culto a los antepasados. Creencias que el cristianismo acoge como punto de partida para la predicación, corrige y les da su verdadero sentido y significado.
Estos conocimientos, convicciones y creencias de nuestros hermanos locales nos ayudan a construir un puente entre el evangelizador y el oyente del mensaje. De lo contrario, no existiría entre ambos ningún punto de referencia ni, mejor dicho, ninguna vía o manera de acercamiento.
La frase que san Juan menciona en el Evangelio sobre Cristo —«Era la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene al mundo»— incluye y abarca al mundo entero.
En cada ser humano existen semillas de verdad, aunque no la verdad completa, que es solo Cristo. «YoSoY la verdad», dijo el Señor. San Justino, filósofo y mártir, utiliza esta realidad para hablar del Logos espermático.
La referencia al «Logos espermático» no aparece solo en filósofos antiguos como Sócrates, que habla de un solo Dios (en singular: “el Dios”) a pesar de vivir en un mundo politeísta, sino también en muchos otros filósofos y sabios de otros pueblos. No nos extenderemos ni analizaremos este tema en toda su amplitud.
En todas las tradiciones ancestrales existe la semilla del Logos de Dios, especialmente en la conciencia de cada persona y de cada pueblo.
Por supuesto, este conocimiento y experiencia contienen errores y desviaciones que la Biblia y, en general, la fe cristiana, completan y corrigen.
- Primer ejemplo. En la antigüedad, aquí en África, nuestros antepasados ya creían en la vida después de la muerte, antes incluso de conocer el cristianismo. Creían que el ser humano continuaba viviendo después de la muerte. No, claro está, en el Paraíso, ni en el seno de Abraham, sino en un lugar desconocido, en el más allá.
Allí, necesitaban ropa, comida, calzado, etc. Pero todo esto debía serles proporcionado desde la tierra, por los vivos de su tribu. A cambio, ellos les «concedían su protección».
Por eso las personas solían ir a las tumbas para dejar allí diversos objetos, que a veces rasgaban para evitar que fuesen robados. Creían que los muertos los utilizaban de manera incomprensible para ellos, es decir, para comer o vestirse, según el objeto depositado en sus tumbas.
De esta costumbre surgía la ancestrolatría veneración o culto a los antepasados, que eran considerados vivos y capaces de venir y ayudar cuando se les invocaba. Un antepasado muerto podía venir a luchar por ellos contra sus enemigos, miembros de otra tribu…
Existe, pues, toda una enseñanza escatológica. El misionero ortodoxo empieza —como san Pablo en Atenas— su predicación tomando como base estas creencias.
Y luego comienza a hablarles de la resurrección de los muertos, de los memoriales, del kolyva (masa de trigo hervido que se ofrece a la memoria de los difuntos), de las oraciones por el descanso de las almas. De este modo, la veneración o culto de los ancestros puede corregirse explicándoles la veneración o culto de los santos en la Iglesia y cómo alguien se convierte en santo.
También se puede explicar cómo un santo es honrado después de su muerte, aclarando que no es adorado, sino venerado u honrado. En este punto, el misionero puede explicar las diferencias entre las terminologías (veneración, adoración) y cómo se canoniza un santo en la Iglesia Ortodoxa, después de ser reconocido como tal en la conciencia del pueblo…
Los antiguos africanos también conservaban y veneraban los objetos dejados por sus antepasados y los utilizaban como tótems o amuletos, creyendo que poseían algún poder.
En cambio, en la santa Parádosis Tradición Ortodoxa los cristianos honran las reliquias de los santos y sus objetos personales, sin atribuirles poderes mágicos, sino creyendo que participan y transmiten la χάρις (jaris: gracia, energía increada) de Dios, que el santo poseía abundantemente en vida. Además, un santo es «universal», es ecuménico, es decir, pertenece a toda la Iglesia, no exclusivamente a su tierra, familia o tribu.
Todos estos aspectos de la vida y fe ancestral africana pueden constituir puntos de partida muy útiles para la enseñanza de las verdades cristianas de la fe Ortodoxa.
- Segundo ejemplo. En la antigüedad, antes de la difusión del cristianismo, existía entre los africanos —tras el nacimiento de un niño— una ceremonia llamada «ceremonia de nombramiento». Hasta recibir un nombre, el niño no era considerado plenamente persona. Con el nombre adquiría personalidad.
A partir de aquí, podemos desarrollar y explicar en profundidad el significado del bautismo cristiano y del nombre que uno recibe en ese momento. Se trata de un nombre que trasciende la realidad terrenal, porque está inscrito en el Libro de la Vida.
Para Cristo, la inscripción del nombre del creyente en el Libro de la Vida, que tiene lugar en el bautismo de cada persona, es mucho más importante que la expulsión de demonios: «No os alegréis de que los espíritus se os sometan; alegraos más bien de que vuestros nombres están escritos en los cielos» (Lc. 10, 20).
Aquí, el misionero ortodoxo puede avanzar en su reflexión teológica y hablar a los oyentes locales sobre el Nombre de Jesús, que está por encima de todo nombre: «y, estando en su condición y forma de hombre simple, se humilló a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz, sin dejar ni un momento de ser también Dios perfecto. Por ello Dios le glorificó y le exaltó a lo sumo y como hombre le otorgó el nombre Kirios-Señor Jesús Cristo, que está por encima de cualquier otro nombre en la tierra y en el cielo, para que al nombre de Jesús doblen su rodilla los ángeles del cielo, los hombres de la tierra y hasta los malignos espíritus del abismo, y toda lengua confiese Jesús Cristo Kirios-Señor para doxa-gloria de Dios Padre» (Fil. 2, 8-11).
Y desde ahí hablarles, naturalmente, del poder del Nombre de Jesús y de la invocación del Nombre de Jesús en la oración: «Señor Jesús Cristo, Hijo de Dios, ten misericordia o compadécete de mí», que es herencia del cristianismo y síntesis de toda la fe ortodoxa.
- Tercer ejemplo. La convicción de la presencia de Dios junto a nosotros, como Ser supremo, estaba profundamente arraigada entre los africanos incluso antes del Cristianismo. No conocían a Cristo, ni sabían la verdad fundamental de la fe cristiana: que el Dios supremo se hizo plenamente hombre para nuestra salvación y permaneció también lo que era: plenamente Dios.
Los antiguos africanos eran mucho más teocéntricos que antropocéntricos (humanocéntricos) en sus costumbres ancestrales. Cuando un africano emprendía un viaje, no se le decía «buen viaje», sino «que Dios te conceda un buen viaje», o «que los antepasados te den un buen viaje». Incluso al comer, no se decía «buen provecho», sino «que Dios te dé salud». Siempre pensaban que el buen viaje o la buena comida no eran fruto del esfuerzo humano, sino de la benevolencia de los antepasados o del poder invisible del Ser Supremo.
Además, querían que su Dios fuese como ellos. Muchas veces preguntaban a los misioneros:
«¿Ese Cristo del que nos hablan sabe cazar? ¡Porque solo les oímos hablar de pesca en el lago de Tiberíades!»
Querían un Cristo que supiera cazar animales en el bosque.
Esta realidad tuvo como consecuencia que, en varias traducciones de la Biblia protestante a diversas lenguas del Congo, se vertiera que Cristo dijo a Pedro y a los demás discípulos: «síganme y los haré cazadores de hombres», aunque el texto original dice: «los haré pescadores de hombres».
Aquí vemos su deseo de que Dios se parezca a ellos, y cómo su fe se ve influida por este deseo, llevándolos a un Dios «como ellos». Esta es una constatación evidente de la existencia del «Logos espermático» entre nuestros hermanos, porque en realidad Cristo vino al mundo semejante a nosotros, excepto en el pecado, y habitó entre nosotros:
«Y el Logos se hizo hombre de manera sobrenatural y plantó su tienda o acampó entre nosotros y nosotros hemos contemplado su δόξα doxa (gloria, luz increada) como de unigénito de la misma naturaleza del Padre, pleno de Χάρις Jaris (Gracia energía increada) y de Verdad» (Jn. 1, 14).
- Cuarto ejemplo. Otro ejemplo, esta vez en el ámbito litúrgico.
Las fiestas entre los antiguos africanos siempre comenzaban por la tarde, con los preparativos en el lugar de reunión o en las chozas de culto, y culminaban al día siguiente, desde la mañana hasta el mediodía.
La tarde anterior era la preparación de la fiesta; la mañana siguiente era el día principal de la celebración. Por eso, los africanos de hoy no tienen dificultad en comprender por qué celebramos las vísperas, que son en esencia la preparación para una fiesta del Señor, de la Madre de Dios o de un santo en la Ortodoxia.
- Quinto ejemplo. Incluso los practicantes de la magia en la antigüedad, cuando no lograban dañar a alguien con sus artes, decían: «Dios no lo quiso».
Aquí viene Cristo a completar esta idea diciendo a los creyentes: «¿No se venden cinco pajarillos por dos cuartos (unos 15 céntimos)? Con todo, ni uno de ellos está olvidado delante de los ojos de Dios. Pues aún los cabellos de vuestra cabeza están todos contados, quien observa y conoce hasta los más mínimos detalles de vuestra vida. No temáis, pues, más valéis vosotros que muchos pajarillos» (Lc. 12, 6-7). Y también: «Y seréis odiados de todos por mi nombre, pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá, sin que Dios lo permita, y esto sólo por vuestro beneficio espiritual y la propagación del Evangelio» (Lc. 21, 17-18).
El conocimiento (gnosis) que tenían los antiguos africanos sobre Dios estaba muy mezclado con la fe en el poder de sus antepasados, el poder de la magia o con sus supersticiones.
- También daban gran honor a las virtudes. Una mujer debía ser previsora. Por ejemplo, no debía salir de noche para pedir sal al vecino. Tenía que hacerlo durante el día. Si salía por la noche y encontraba un gato negro, sufriría un gran mal. No tendría la protección de sus antepasados.
Esta actitud puede aprovecharse ampliamente en el cristianismo, hablando de nuestra obligación de ser siempre prudentes y coherentes en nuestra vida espiritual, y puede servir además como pedagogía para la ama de casa: ser trabajadora y previsora como madre y esposa.
- Por último, existe algo que recuerda a la parábola de las diez vírgenes (Mt 25, 1-12). Nuestros antepasados valoraban especialmente la virginidad. Pero solo se entendía respecto a la mujer, aunque el cristianismo la considera para ambos sexos, hombre y mujer.
Puesto que según las costumbres locales es el hombre quien entrega la dote por la joven, una joven virgen daba derecho a pedir una dote mucho mayor que aquella que correspondía a una que no era virgen.
Este hecho tenía también un carácter educativo (es decir, era una enseñanza moral práctica) para las demás niñas que aún eran menores.
En el cristianismo, como es sabido, quienes guardan la virginidad son honrados, siempre y cuando lo hagan por la Βασιλεία (Vasilía: reinado de la Realeza increada) de los Cielos.
Tienen además la obligación de unir la virginidad con la caridad, de ser prudentes, sabias, de mantener siempre encendida su lámpara y de velar esperando el encuentro con su Esposo, Cristo, que «es la luz que ilumina a todo hombre que viene al mundo», a Quien corresponde toda doxa-gloria, honor y adoración, junto con el Padre y el Espíritu Santo, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén. ( (ver también sobre el mismo tema: https://logosortodoxo.es/navidad/logos-espermatico-de-la-venida-de-cristo/)
Traducción Χρῆστος Χρυσούλας Jristos Jrisulas https://logosortodoxo.es/