Sobre la Parádosis Tradición Eclesiástica, Atanasio Mitilineos

Sobre la Παράδοσις Parádosis Tradición Eclesiástica,

Atanasio Mitilineos, el Nuevo Crisóstomo

 

*[Amigos en y de CristoDios, el término clave aquí es Παράδοση (ις) Parádosi (s) singular, y la P en mayúscula significa la Ortodoxa Santa Παράδοση Parádosi Tradición, entrega, depósito, transmisión y traspaso. Al final del texto está el término desarrollado]

Domingo XII de Mateo, lectura apostólica: 1Corintios 15,1-11

La Resurrección del Señor hecho indudable, 15:1-11.

15:1. Además os recuerdo, hermanos, el evangelio que os he evangelizado y enseñado, y lo recibisteis con fe, en el que también perseveráis firmes e inquebrantables;

  1. por el cual también os estáis sanando y salvando, si retenéis el logos tal como os lo prediqué y enseñé; al no ser que creísteis en vano;
  2. Porque primeramente os he enseñado lo que a mi vez recibí: Que Cristo murió en la cruz por nuestros pecados, conforme lo habían profetizado las Escrituras;
  3. y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras;
  4. y que apareció a Kefás o Pedro y después a los doce Apóstoles.
  5. Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún, y otros ya duermen o han fallecido.
  6. Después apareció a Jacobo (Santiago); después a todos los apóstoles;
  7. y al último de todos, como a uno que nace antes de tiempo o como a un aborto, me apareció a mí.
  8. Porque yo soy el más pequeño de los apóstoles, que no soy digno de ser llamado apóstol, porque perseguí a la Iglesia de Dios.
  9. Pero por la χάρις jaris-gracia energía increada de Dios, hoy soy lo que soy, es decir, Apóstol; y su jaris no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos los demás Apóstoles; pero no yo, sino la jaris de Dios que está conmigo.
  10. Pues bien, tanto ellos como yo predicamos y ofrecemos a los hombres del mismo modo y el mismo Evangelio; así también vosotros habéis recibido el mismo Evangelio y esto habéis creído.

 

Sobre la Παράδοσις Parádosis Tradición Eclesiástica

Atanasio Mitilineos, el Nuevo Crisóstomo

Si tuviéramos, queridos míos, que preguntar qué es el Evangelio, podríamos responder brevemente: «La παράδοσις parádosis de la verdad».

Pero ¿qué es la verdad? La verdad es Cristo y Su logos. No Su logos, sino también Su logos. Porque Él mismo dijo: «YoSoY la Verdad». Por lo tanto, la verdad son Sus logos. Pero la fuente de Sus logos es Él mismo. Por consiguiente, la fuente de la verdad es Su persona.

Volviendo entonces a la pregunta, si debiéramos preguntar qué es el Evangelio, responderíamos: «La Verdad, la Parádosis de la Verdad». Es decir, Cristo y Su logos.

Sin embargo, muchas veces, queridos míos, olvidamos esta Parádosis de la Verdad, que es el Evangelio. El apóstol Pablo se encontró en una situación muy difícil, desagradable, cuando escribió la primera epístola a los Corintios y les dijo: «Además os recuerdo, hermanos, el evangelio que os he evangelizado y enseñado, y lo recibisteis con fe, en el que también perseveráis firmes e inquebrantables; por el cual también os estáis sanando y salvando, si retenéis el logos tal como os lo prediqué y enseñé; al no ser que creísteis en vano; Porque primeramente os he enseñado lo que a mi vez recibí: Que Cristo murió en la cruz por nuestros pecados, conforme lo habían profetizado las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras; y que apareció a Kefás o Pedro y después a los doce Apóstoles» (1Cor 15;1-4), etc. Es decir, algunos corintios ponían en duda la resurrección de los muertos.

Y, por supuesto, como dice muy atinadamente un Padre: «Si dudas de la resurrección de los muertos, entonces no hables más del Evangelio, ya no tienes nada». Y, en consecuencia, el apóstol Pablo, viendo cuán grande es este asunto, dedica un capítulo entero y larguísimo en defensa de la resurrección de los muertos, ya que, evidentemente, la garantía se funda en la Resurrección de Cristo. Y les dirá: «Os hago saber, hermanos», es decir, aquí «os hago saber» tiene el sentido de «Os lo recuerdo. Porque lo sabéis. ¿Pero acaso lo habéis olvidado?». No los hiere diciéndoles: «¿Lo habéis puesto en duda?». Les dice: «Os lo recuerdo, pues, hermanos, el Evangelio. Aquello que yo os anuncié. Aquello que vosotros recibisteis y sobre el cual os mantuvisteis firmes, por medio del cual sois salvos, si lo retenéis, siempre que realmente lo guardéis».

Aquí vemos, en esta expresión suya, queridos míos, todo el proceso de la parádosis transmisión de la verdad. Porque es un gran tema la parádosis transmisión de la verdad. Es aquello que yo recibí, debo entregarlo al otro. Pero lo que entregaré al otro, ¿cómo lo entregaré? Y aquel que lo reciba de mí y lo entregue a la siguiente generación, ¿cómo lo entregará? ¿Lo dará íntegro, correcto, tal como salió de la fuente? ¿O será distinto?

Así surge, queridos míos, un problema. Naturalmente, lo que aquí dice el Apóstol, que «yo os entregué el Evangelio -os anuncié el Evangelio- el cual vosotros recibisteis y sobre el cual os mantuvisteis firmes», en aquel entonces no se planteaba tanto como problema en la generación del Apóstol, porque él mismo fue quien recibió directamente de la Fuente el logos de Dios, al igual que los santos Apóstoles. Incluso dirá un poco más abajo, como oímos en la lectura apostólica, que: «Sea yo o sean ellos, así predicamos y así creísteis». «Así predicamos y así creéis».

Pero el tema es este: aquello que yo os entregué, ¿cómo lo recibisteis vosotros? Y aún más, cuando vosotros lo entreguéis después, ¿cómo lo recibirán los posteriores?

Cuando decimos, queridos míos, «Parádosis», ¿qué entendemos exactamente? Es lo que dice la palabra en una primera dimensión: aquello que recibo y transmito. «Lo que recibí —dice el Apóstol— eso mismo os entregué». ¿Qué? Que Cristo murió y al tercer día resucitó. Eso recibí, eso os entregué. Eso, básicamente, es Parádosis.

Pero la cuestión es que, cuando esta Parádosis se escribe, y esta Parádosis se escribió, eso es el Evangelio. Por ejemplo, lo que Pablo escribe a los Corintios, eso, queridos, está depositado, se convirtió en libro. Entonces surge la pregunta: Las generaciones posteriores, cuando lean esto, ¿cómo lo entenderán? Es decir, ¿cómo interpretarán el Evangelio? Porque si no hubiera problema de interpretación, entonces no habría tema de Parádosis. Si existiera una manera de que todas las generaciones comprendieran el Evangelio correctamente, exactamente como fue transmitido por el Señor a Sus discípulos, repito, no habría necesidad de Parádosis.

La Parádosis, por lo tanto, no es otra cosa que el sentir de la Iglesia, la manera exacta en que contempla las Escrituras. Cómo la Iglesia, siempre la Iglesia, desde la época de los Apóstoles, desde la Iglesia Apostólica hasta hoy, cómo la Iglesia contempla las Escrituras y qué piensa acerca de ellas. Es decir, cómo interpreta las Escrituras. Y así, la clave de la interpretación se encuentra dentro de este sentir de la Iglesia, es decir, dentro de esta Parádosis de la Iglesia. Es bien sabido que esto es algo absolutamente fundamental, de lo más esencial. Porque si no tengo esto en mis manos, ¿cómo podré comprender la Escritura?

Y no crean que esto es simplemente una cuestión teórica, con la que podamos entretenernos ahora y que pertenezca a ciertos círculos académicos. No, en absoluto. El experimento ya se hizo: se hizo con los protestantes. Ellos tomaron la Escritura y comenzaron a estudiarla. Y porque querían reaccionar contra la iglesia romanocatólica, la iglesia de Occidente, la iglesia de Roma, por esa razón empezaron a decir: «Estudien la Escritura y entiéndanla como puedan». Y así, cada estudioso se convirtió en una autoridad de interpretación.

¿El resultado? Como no aceptaron la Parádosis, el sentir, conducta y moral de la Iglesia, el modo en que la Iglesia interpreta, el resultado fue dividirse en mil pedazos. Y también la fe se fragmentó y se introdujo una multitud innumerable de herejías. Era inevitable. Porque cuando cada uno interpreta como quiere, ¿no se introducirán de surgir herejías? Cada protestante heredó el mayor defecto de su padre el Papa, hacerse infalible.

Acusan a nuestra Iglesia Ortodoxa de que mantenemos la Parádosis. Atención: no las tradiciones (con minúscula), sino la Parádosis (con mayúscula y con artículo definido). La Parádosis. No una parádosis cualquiera, sino la Parádosis. Un elemento concreto, esencial. La Parádosis. Y nos acusan por ello. E incluso, si quieren, nuestra misma época es tal que nosotros mismos, los ortodoxos, nos ponemos contra la Parádosis y decimos: «¿Y de dónde sacaste eso? ¿Y qué significa eso?».

Y muchos que quizás querrían vivir una vida espiritual, pero fuera de la Iglesia, fuera de la Parádosis de la Iglesia, como sucede a menudo con personas instruidas que toman la Escritura, la estudian, la admiran, pero la entienden como ellos quieren. Entonces eso no tiene ningún valor. Porque, sencillamente, la Escritura sólo se entiende dentro de la Iglesia. Sólo allí. Nunca puedo encontrar a Cristo si no estudio la Escritura dentro de la Iglesia; lo cual significa dentro del sentir y moral, con el sentir de la Iglesia.

Ahora bien, esta Parádosis está en el corazón mismo del cristianismo.

Podríamos responder, entonces, lo siguiente: cuando Cristo entregó la verdad a los Apóstoles, ¿qué dijo? Dijo lo siguiente: «Yo no hablé nada que no haya oído del Padre. Nada dije más ni menos de lo que oí del Padre. Y lo que oí del Padre, eso hablo». Pero lo que Cristo habla se confirma por el Espíritu Santo en el día de Pentecostés.

Por lo tanto, observamos que en las mismas Personas de la Santísima Trinidad existe una especie peculiar de transmisión o parádosis. Digo «peculiar» porque Dios es uno. La esencia de Dios es única. Y sin embargo, como «el cristianismo es imitación de la Santísima Trinidad», como dice San Gregorio el Teólogo, en este aspecto la Iglesia imita a la Trinidad. ¿En qué? En la Parádosis.

Ya que el Hijo no dice nada que no haya oído del Padre, y el Espíritu Santo confirma todo lo que el Hijo dijo en el día de Pentecostés —pues entonces se entendió plenamente—, pero lo importante es que jamás hubiera llegado Pentecostés si el hombre Jesús, tal como lo veían los hombres, no hubiese sido verdadero. Por tanto, el Espíritu Santo probó el día de Pentecostés que Jesús es verdadero, y por lo tanto es Θεάνθρωπος (zeánzropos) Dios-Hombre.

De modo que esta Parádosis dentro de la vida de la Santísima Trinidad, que muestra una disciplina que nos asombra, se convierte en modelo, en ejemplo para nosotros dentro de la Iglesia.

Así, ahora la fuente es Jesús Cristo. Él enseña. Los discípulos escuchan. Luego ellos reciben el mandato: «Id por todas las naciones, enseñándoles a guardar todo cuanto os he mandado».

¡Atención!: todo. Ni más ni menos. Y el valor, queridos míos, del Apóstol está en la fidelidad. El Apóstol no innova. Su valor no está en la originalidad. Su valor está en la fidelidad: en si transmitió con exactitud aquello que recibió.

Y después, esta Parádosis pasa a los santos de nuestra Iglesia, a los Padres. Y, en consecuencia, la Parádosis Apostólica se convierte en Parádosis Patrística. Y es el sentir, virtud y moral de la Iglesia. Es la clave para la interpretación de la Sagrada Escritura. Dice el evangelista Juan, de modo característico, en su Primera Epístola —yo os digo solo tres palabras, aunque él las repite varias veces con sinónimos: «Ὃ ἑωράκαμεν, ὃ ἀκηκόαμεν ἀπαγγέλλομεν ὑμῖν» “Lo que hemos visto y lo que hemos oído, eso os anunciamos”. Es decir: aquello que vimos y escuchamos, eso os transmitimos. Nada más de lo que vimos, oímos y lo que nuestras manos, añade más adelante: “palparon acerca del logos de la vida, y os lo decimos no para mostrarnos sabios, sino para que también vosotros tengáis la vida como la tenemos nosotros”. Es asombroso, amadísimos míos, este sentido de fidelidad.

Más tarde nos dirá san Atanasio el Grande algo admirable: «Hemos contemplado esa misma Parádosis desde el principio, y la enseñanza y la fe de la Iglesia Católica-Universal (Católica en sentido correcto de la palabra helénica, no la falsedad romanocatólica) la cual el Señor entregó, los Apóstoles predicaron y los Padres conservaron».

«Y los Padres la conservaron». Por lo tanto, el tesoro de la verdad se encuentra en aquello que los Padres guardaron, lo cual recibieron de lo que enseñaron los Apóstoles, los cuales a su vez oyeron de la boca de Cristo. «En esta Parádosis se ha fundamentado la Iglesia». «Aquí», dice, «está fundada, sobre esta Parádosis».

Así, amados, vemos que no podemos decir que tomaremos la Escritura para leerla como si fueran lemas de vida, explicándola como nos parezca o como nos convenga. O incluso eligiendo lo que nos gusta y dejando de lado lo que no. La Escritura entera es la verdad.

Pero quiero subrayar aún algo más. Muchas veces, cuando estudiamos la Escritura, pensamos que es solo una carta con letras. Como si alguien nos hubiera enviado una misiva, una epístola, y nos olvidáramos por un momento del remitente, quedándonos solo con el papel. Así sucede a menudo: queremos quedarnos en un versículo que deseamos aplicar. Correcto. Nadie lo niega. Pero olvidamos algo muy esencial: que no basta con decir: “Pondré por obra el Evangelio, con disciplina naturalmente”. No debo olvidar que detrás de lo que leo, detrás de aquello que con todo esfuerzo intento hacer mío, hay una Persona. No es solo una palabra, un logos. Es una Persona. Y esa Persona es Jesús Cristo. Por eso, la Parádosis no es una letra muerta. Es una realidad viva. Y la expresión más perfecta de esta Parádosis, no como letra, sino como vida, es la Divina Liturgia. Aquella noche en que iba a ser entregado tu Hijo, oh Padre, tomó en sus manos el pan y el vino y dijo: “Esto es mi Cuerpo, y esto es mi Sangre; porque soy Yo mismo lo que ahora os entrego”. Y la Iglesia conservó esta suprema Parádosis: la Divina Liturgia. Ese tesoro incalculable. Ya no tenemos una parádosis de letra, sino una Parádosis de Persona. Del mismo Cristo, que es… Su Cuerpo, la Iglesia. Así, Cristo y la Iglesia son Uno. Como la cabeza y el cuerpo. «Y el cuerpo de Cristo», dice el apóstol Pablo, «es la Iglesia». Cuando comulgamos dignamente, como se debe, el Cuerpo y la Sangre de Cristo, mantenemos la Parádosis, la Parádosis viva. Por eso dice el apóstol Pablo que este Misterio se celebrará «hasta que Él venga». No importa, amadísimos míos, aunque sean pocos los que lo guarden. Aunque solo quede un resto, un remanente. Siempre, no obstante, permanecerá la Ortodoxia.

Pero no la identifiquemos —quiero que despertemos un poco, que despertemos—, no la identifiquemos con “ELAS-GRECIA Y ORTODOXIA”. Alguna vez la Ortodoxia huirá de Grecia. Huirá. No sé a dónde irá. ¿A China? ¿A Uganda? ¿Al Polo Norte? No sé. ¿A los esquimales? No sé. Una sola certeza: la Ortodoxia permanecerá hasta que venga Cristo. Nos lo dijo el apóstol Pablo.

Por supuesto, si la Ortodoxia no permaneciera en Grecia —allí donde fue anunciada y desde donde partieron los misioneros—, eso sería verdaderamente algo muy doloroso para nosotros. Muy doloroso. Pero, tal como vamos, tal como pensamos y nos movemos los ortodoxos cristianos, temo que pronto perderemos esta gran gloria y honor nuestro. Así como lo perdieron también los judíos: el honor de reconocer a Cristo.

No lo penséis mal: Dios no es parcial. Dios no se deja llevar por sentimentalismos. No. “¿Has guardado? Te elevaré y te glorificaré. ¿No guardaste? Te rechazaré”. No vaciló —dice el apóstol Pablo en su carta a los Romanos— en rechazar a Israel. ¿Y tú quién eres? Tú eres un olivo silvestre. Te rechazará. Porque si rechazó al olivo cultivado por naturaleza, a ti, que eres silvestre y fuiste injertado, con mucha más razón te rechazará.

Por esta razón, si amamos también a nuestra patria, a Grecia, debemos prestar atención. Grecia existe porque existe la Ortodoxia. O mejor dicho, la doxa-gloria de Grecia es la Ortodoxia. Y la Ortodoxia es la Parádosis de la Iglesia, es la Parádosis de los Apóstoles, es la Parádosis de los Padres. Y nosotros somos el depósito viviente de esta herencia. Pero no debemos olvidar algo más. Los Padres, al igual que Platón, Aristóteles, Tales de Mileto, Sócrates y cualquier otro sabio e ilustre, así como los grandes artistas, no pertenecen solo a Grecia sino al mundo entero. Son patrimonio de toda la humanidad. Ciertamente, los Padres son griegos, pero pertenecen al mundo entero. No debemos, pues, gloriarnos diciendo que los Padres eran griegos. ¿Visteis lo que os leí? La opinión de San Atanasio el Grande. Y, sin embargo, los mismos Padres dirían: «Pertenecemos al mundo entero. Dondequiera que exista Ortodoxia. Y a vosotros os ignoramos». No debemos quedarnos, pues, solo con el nombre, con el mero título de que los Padres son griegos, sino conservar nuestra fe.

San Pablo dice: «Conservad las paradósis tradiciones». Guardad las paradósis tradiciones que yo os transmití. Esto significa que debemos mantenerlas, custodiarlas. ¿Y qué dice el Señor en el Apocalipsis en una de sus cartas a una Iglesia? «Mantén lo que tienes hasta que yo venga».

¿Y sabéis qué? Esta Iglesia de Asia Menor… —aunque las siete Iglesias de Asia Menor son figura de la Iglesia Una, Santa, Católica y Apostólica con siete dimensiones, siete aspectos; una sola es la Iglesia. Estas Iglesias locales son figura. Pues bien, aquella Iglesia que recibió la orden de mantener lo que tenía hasta que viniera Cristo, no lo mantuvo. Su lámpara se apagó. Definitivamente en 1922. Se apagó. Desapareció. Ved, no conservó la lámpara hasta que viniera Cristo. ¡Qué desgracia…!

Así pues, la voz de Cristo nos advierte: «lo que tenéis, retenedlo y mantenedlo hasta que yo venga» (Apocalipsis 2:25). Amín.

 

*[Amigos en y de CristoDios, el término clave aquí es Παράδοση (ις) Parádosi (s) singular, y la P en mayúscula significa la Ortodoxa Santa Παράδοση Parádosi Tradición, entrega, depósito, transmisión y traspaso.

El Cristo es Ortodoxo Católico y el Fundador de Su Una Santa Iglesia Católica Apostólica Ortodoxa, la de los 12 Apóstoles y Patrística-profética, continuación de los Hechos, que no en vano el libro acaba con punto y seguido, junto con Su bella Παράδοση PARADOSI Tradición Santa, Una, Única y Ortodoxa que παρέδοσε PARÉDOSE transmitió y entregó en nosotros el PARADISO Παράδεισον (Gén 2,8), bajo supervisión del Espíritu Santo… de la que las fuerzas demoníacas del Hades jamás destruirán…y del El Mismo Cristo que dijo: “He aquí YoSoY y estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén” Mateo 28, 20.”

El verbo es παραδινω paradino ο παραδιδω paradído y de este muy importante de las Santas Escrituras procede, tiene la raíz y sentido la palabra παράδεισος parádiso, en el sentido paraíso increado entregado de Dios al interior y unido al corazón del hombre, entonces el corazón y la psique hace un paraíso creado unido con el increado porque «…ἡ βασιλεία τοῦ Θεοῦ ἐντὸς ὑμῶν ἐστιν…la realeza increada de Dios está en vuestro interior (Luc 17:21), en nuestros corazones.

La palabra o término teológico Παρά-δοση compuesta de “para” elemento compositivo prefijal, mucho, demasiado y dosi/s dación. El verbo es παραδινω paradino ο παραδιδω paradído y de este muy importante de las Santas Escrituras procede, tiene la raíz y sentido la palabra παράδεισος parádiso, en el sentido paraíso increado entregado de Dios al interior y unido al corazón del hombre, entonces el corazón y la psique hace un paraíso creado unido con el increado porque «..ἡ βασιλεία τοῦ Θεοῦ ἐντὸς ὑμῶν ἐστιν…la realeza increada de Dios está en vuestro interior (Luc 17:21), en nuestros corazones.

El verbo es παραδινω paradino ο παραδιδω paradído significa: entregar, hacer entrega ‖transmitir, pasar‖ traspasar, transferir‖ depositar, confiar‖ impartir, dar, por ejemplo dar clases; παραδινομαι paradinome rendirse, entregarse, someterse ‖metafóricamente entregarse a mis pazos, pasiones o me he entregado a los brazos…

Παράδοση Parádosi en helénico significa: s/f entrega ‖ transferencia, traspaso, relevo‖tradición, εκ παραδοσις/εως ek parádosis/eos, por costumbre, de tradición, tradicionalmente‖ (clases) impartición de clases, enseñanza‖ rendición‖ y en la Iglesia Ortodoxa: Santa Tradición fundada por CristoDios,  “he aquí yosoy y estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén” Mt 28,20. (Estará siempre junto con nosotros porque Él es el Εμμανουηλ Emanuil o Emanuel en español, del que el nombre significa: Dios junto con nosotros). Del “nuevo diccionario 1 tomo de griego-español y 1 tomo de  español-griego”. Editorial: TEXTO COMUNICIÓN SERVIS, TRANSLASION & PUBLISHING. calle/ II AMYNTA ST., 116 ATHENS 35, GREECE. Tel +301 210 72 32 201, WWW.texto.gr. Ver también: https://logosortodoxo.es/teologia-ortodoxa/santa-tradicion-de-la-una-santa-iglesia-catolica-apostolica-ortodoxa/]

PARA GLORIA DEL DIOS TRINO

Homilía realizada en el Santo Monasterio Komnineo, Larisa, el 17-8-1980, con inmensa gratitud a nuestro guía espiritual, el venerable y bendito Padre Atanasios Mitilineos,

FUENTES: https://arnion.gr/index.php/diafora-uemata/omiliai-kyriakvn

Transcripción digitalización y edición de la homilía: Sr. Atanasios K. y Eleni Linardaki, filóloga.

Traducción Χρῆστος Χρυσούλας Jristos Jrisulas https://logosortodoxo.es/

 

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