Teología y experiencia: el mensaje de san Gregorio Palamás

Teología y experiencia: el mensaje de san Gregorio Palamás
(Por Georgios Galitis, Profesor de la Universidad Teológica de Atenas)

Repasado 01/01/2026

San Gregorio Palamás en la historia y en el presente

Actas de los Congresos Internacionales de Atenas 1998 y de Limasol de Chipre 1999

Editado por Santo Monasterio Vatopedi, Athos 2000

 

Nos encontramos al final de nuestro congreso internacional, en el que yérontas inspirados y sabios compañeros han expuesto el fruto de sus investigaciones y experiencias espirituales. Habiendo ascendido a las alturas de la teología de san Gregorio Palamás, que son difíciles de contemplar, ahora estamos llamados en esta mesa redonda a aterrizar y transmitir los conceptos finos, el pensamiento y la tradición del santo a nuestra época llana.

Es cierto que para un gran Santo que selló su época con su vida santa y con su enseñanza divinamente inspirada, y que también influyó decisivamente en los siglos siguientes hasta nuestra época, cualquier cosa que se diga, en tan poco tiempo como el que tiene el que os habla, es como una gota de agua en el océano. Un padre santo, por el cual se han ocupado multitud de genios sabios y se han escrito innumerables obras, un teólogo asceta a quien se ha dedicado un congreso con tres decenas de introducciones, no es posible tratarlo en su totalidad en tan breve tiempo.

A pesar de esto, me atrevo a ofrecer los siguientes pensamientos que están concentrados en un solo punto: el mensaje de san Gregorio Palamás para nuestra época y, especialmente, para la teología actual, puesto que este congreso se dirige principalmente a teólogos.

1. No hace falta mucho esfuerzo, al ojear las obras de este grandísimo teólogo, para darse cuenta de que su teología exhala el aroma de la experiencia. Realmente, san Gregorio Palamás es el teólogo de la experiencia, y su teología podría llamarse, por ello, teología empírica. Esto significa que su teología no es una creación intelectual, sino una expresión de la experiencia vivida existencialmente. No es fruto de una ocupación intelectual piadosa sobre las realidades divinas, sino un testimonio de la alteración ontológica del hombre, el cual se ve transformado por las divinas realidades y verdades.

En este sentido, el mensaje de san Gregorio Palamás a nuestra época, como en cada época, tiene un significado existencial para cada ser humano, y particularmente para los teólogos.

¿Cuál, pues, es este mensaje?

Creo que la respuesta debemos buscarla en los dos campos en los que se movió san Gregorio Palamás: por un lado, el campo de la θεωρία (zeoría: contemplación espiritual), es decir, el pensamiento teológico, y por otro lado, la praxis, es decir, la vida espiritual práctica.

2. En el campo zeorítico contemplativo, en nuestra época, san Gregorio Palamás puede hablar, ante todo, como teólogo. Esto se debe a que su pensamiento teológico, tal como está formulado en la multitud de sus escritos (casi todos ellos conservados), ha sellado el camino de la teología de los siglos posteriores hasta el día de hoy. Contribuyó a la formulación del dogma ortodoxo, poniéndolo en la línea de los grandes teólogos que comienzan con Orígenes, pasan por los Capadocios y san Juan Damasceno, y culminan en nuestro santo, el último de los grandes teólogos. Como se ha observado, después de un largo período de estancamiento, san Gregorio Palamás logró renovar la terminología teológica y dar nuevas direcciones al pensamiento teológico.1

El lugar tan importante que ocupa san Gregorio en el cuerpo teológico de la Iglesia Ortodoxa se debe en gran medida a su enseñanza sobre la distinción (discernimiento) entre esencia y energía increadas de Dios. Esta distinción no es un descubrimiento exclusivo de san Gregorio, sino que se encuentra en muchos Padres de la Iglesia Oriental. La atribución de san Gregorio reside en el hecho de que él primero profundizó y desarrolló con certeza y claridad esta enseñanza, combatiendo fuertemente y con muchos argumentos contra aquellos que dudaban de ella.

3. Aparte de su labor como teólogo en el campo zeorítico contemplativo, san Gregorio tiene una gran importancia para nuestra época como ejemplo de combatiente de la Ortodoxia. Sus luchas comenzaron en el campo puramente dogmático, donde dio duros combates, tanto por escrito como oralmente, contra el patriarca de espíritu latino Juan Becos, quien apoyaba el Filioque, y contra el calabrés Barlaam, quien rechazaba el Filioque. Sin embargo, Barlaam lo hacía basándose en conceptos intelectuales de artificio y tendencias agnósticas, no en la fe ortodoxa.

Más tarde, san Gregorio emprendió una dura lucha con epístolas, tratados escritos y homilías contra los anti-hisijastas, principalmente contra Akíndinos, Barlaam y muchos otros. Esta lucha, que inicialmente tomó un carácter dogmático, trató de defender la Hisijía (serenidad mental y paz cordial), un tema que en apariencia concierne solo a la vida espiritual. Sin embargo, en la tradición ortodoxa, dogma y vida espiritual están firmemente unidos e inquebrantablemente conectados, como muy representativamente había señalado Isidoro el Pilusiotis: «El baile de las virtudes está ciego si no está conducido por el dogma correcto.»

4. La forma de realización y conducción de la lucha por la Ortodoxia de san Gregorio: el diáLogo. San Gregorio Palamás no evitaba el diálogo; al contrario, lo buscaba. Su intención era aclarar, iluminar y disolver malas interpretaciones, y clarificar conceptos y enseñanzas que ya existían en la tradición ortodoxa, pero que las condiciones de su época requerían un mayor desarrollo y explicación. En su argumentación, utiliza abundantemente a los Padres anteriores, citando fragmentos de sus obras e intentando, con perspicacia, confirmar la verdad. Dialogaba sin violencia ni fanatismos, pero sin ceder ni dar un paso atrás, convirtiéndose así en un ejemplo de cómo los ortodoxos deben dialogar.

Especialmente hoy, que la Ortodoxia dialoga con los heterodoxos, el ejemplo de san Gregorio Palamás es instructivo y didáctico por excelencia. San Gregorio, al tratar un tema aparentemente práctico, como la posibilidad de la visión y la expectación de la luz increada, proclama y desarrolla la enseñanza dogmática sobre la esencia y la energía increadas de Dios, considerando que esta distinción (discernimiento) es clave para la solución del problema creado. Humildemente pienso y digo que esta distinción es también la llave para comprender y solucionar muchos de los problemas en los llamados diálogos ecuménicos que se están llevando a cabo. Si esta distinción se pusiera como base de las discusiones, y si los dialogantes con nosotros fueran capaces de aceptar esta distinción, muchos obstáculos se reducirían y el camino hacia el entendimiento mutuo sería mucho más claro. Pero más sobre este tema no es apropiado para este momento.

5. La importancia del mensaje de san Gregorio Palamás a nuestra época es incalculable, también en el campo práctico. Y aquí no me refiero solo a su vida santa, por la cual se consagró como «la belleza monástica» y el guía para aquellos que quieren subir al Sinaí espiritual; me refiero principalmente a su grandiosa contribución en cuanto a la experiencia vivida de la oración noerá (del corazón) o de Jesús. Esta oración monológica, practicada con el humilde composkini (un tipo de rosario con nudos de cuerda), ha sido llevada a cabo y sigue siendo practicada por miles de psiques almas divinizadas, glorificadas, (zéosis), como los hisijastas de Athos, de Sinaí (Monasterio de Santa Caterina), de los ascetas del desierto y de los monasterios kinovios (de vida común), aquellos que están con «las alas del divino eros (amor ardiente)» y «el incesante divino anhelo».

Pero incluso aquellos que se encuentran en medio de los ruidos y tumultos del mundo entran en la «caja registradora» (el corazón psicosomático), donde, con la oración monológica del corazón, encuentran su refugio, consuelo, y fuerza. Esta tradición de la oración noerá o del corazón, este gran tesoro de la Iglesia Ortodoxa oriental, ha llegado y sobrevivido hasta nuestros días porque la llama de su hogar se ha mantenido viva gracias a los grandes Padres Nípticos, quienes la alimentaron tanto con su experiencia vivida como con sus escritos.

Así, la contribución de san Gregorio Palamás constituye una estación o grado en la línea espiritual que comienza con los Anacoretas, pasa por los monjes Ἀκοίμητοι (akímiti: «los que no duermen» del siglo V)*, continúa con santos como Macario el Egipcio, Nilos, Diádoco de Fótica, Juan Clímaco, Hisijio el Sinaíta, Isaac y Efrén el Sirio, Máximo el Confesor, Simeón el Nuevo Teólogo, Ignacio y Calistos Xanzópuli, Nikíforo Cálistos, Gregorio el Sinaíta, hasta llegar a su maestro espiritual, san Teolepto de Filadelfia. Todos estos vivieron la oración del corazón y contribuyeron con sus escritos según su experiencia, agregando cada uno su piedra al edificio de la zeoría (contemplación espiritual) o expectación de la luz increada mediante la incesante oración del corazón o de Jesús. *[Los monjes Ἀκοίμητος (akímitos: «los que no duermen»), activos principalmente en el siglo V, fueron una comunidad monástica de carácter cenobítico cuya principal característica era la oración y alabanza ininterrumpidas, organizadas en turnos para que el culto no cesara ni de día ni de noche. Su centro más importante se encontraba en Constantinopla, y su fundador fue San Alejandro el Akímito. Además de su vida ascética y litúrgica, los Akímitos desempeñaron un papel relevante en las controversias teológicas de su tiempo, defendiendo las decisiones de los concilios ecuménicos de Éfeso (431) y Calcedonia (451) frente al nestorianismo y el monofisismo. Destacaron también por su carácter ecuménico, al orar en varias lenguas, y por su influencia en el desarrollo de la Divina Liturgia Oriental. En conjunto, los Akímito representaron una síntesis de oración continua, compromiso doctrinal y vida comunitaria, ejerciendo una influencia duradera en la historia del monacato cristiano oriental.]

San Gregorio Palamás encontró ya formada esta gran corriente espiritual, que sigue regando la vida espiritual de la Iglesia Ortodoxa. Su incalculable contribución consiste en que nuestro santo no solo resumió y recapituló, sino que también formalizó y preservó la enseñanza sobre la oración noerá o del corazón, no teóricamente, ni intelectual ni racionalmente, sino por medio de su vivencia personal y experiencia directa. No escribe sobre sus experiencias como hizo san Simeón el Nuevo Teólogo, sino que, comenzando desde sus propias vivencias, describe el estado o situación de la oración del corazón.

Lo singular en san Gregorio es que no se limita al método psicosomático del hisijasmo, sino que recalca especialmente la posibilidad y poder de la visión, la expectación de la luz increada, la θεοπτία (zeoptía), o visión divina, que constituye la zéosis del hombre (unión y divinización mediante la increada energía Jaris-Gracia-).

Esta posibilidad y este poder los sostuvo con numerosos argumentos tomados de la enseñanza de los Padres de la Iglesia, basados en la distinción (discernimiento) entre la esencia de Dios, inaccesible, no participable e invisible, y las energías increadas, que sí son participables y mediante las cuales Dios es conocido. Según san Gregorio, la expectación y visión de la luz increada constituye una experiencia de θεοπτία zeoptía y de θέωσις zéosis De este modo, la zéosis del hombre no consiste en un mero perfeccionamiento ético, sino que es un acontecimiento ontológico y existencial. Este hecho lo vivió primero él mismo y, posteriormente, la posibilidad, la capacidad y el poder de vivir esta experiencia los defendió y fundamentó con su logos y con la multitud de sus escritos, combatiendo contra diversos antihisijastas que dudaban de esta posibilidad y de este poder.

Así, san Gregorio Palamás, recapitulando la tradición hisijasta hasta su época, se convirtió en el genarca de una nueva serie de hisijastas, la cual, pasando por san Nicodemo el Agiorita, san Macario el Notarás y los Kolivades, llega hasta nuestros días con los santificados y divinizados yérontas, como los padres Sofronio Sájarov, Justino Pópovits, san José el Hesicasta, san Paisios y san Porfirios (todos hoy santos, limitándonos aquí a los ya difuntos), quienes enriquecieron la teología hisijasta con sus valiosos escritos, precisamente porque primero vivieron la divina Hisijía (serenidad mental y paz cordial).

6. Hasta ahora hemos desarrollado la tradición de san Gregorio Palamás por separado: primero en el ámbito zeorítico contemplativo y luego en el práctico. Esta distinción, ciertamente metodológica y planificada, se ha hecho por razones técnicas claras y nos conduce a un tema central del pensamiento de san Gregorio: la relación entre θεωρία zeoría (contemplación, expectación de la luz increada) y praxis, o más exactamente, entre θεολογία zeología teología y θεοπτία zeoptía visión divina.

Nuestro santo es categórico en este punto. Para él, la θεοπτία zeoptía no se identifica con la teología. No es evidente que el teólogo sea también θεόπτης zeóptis, es decir, visionario de Dios. Por otro lado, la teología encuentra el cumplimiento de su finalidad en la θεοπτία, en la visión divina. La luz increada es, para san Gregorio, “incomparablemente superior” incluso a la teología apofática, la cual es accesible a todos, ya que todo hombre puede practicarla.3

La teología se distingue de la unión con Dios y de la expectación de Su doxa-gloria (luz increada), que es algo “muy distinto y altísimo”. La teología dista de la θεοπτία tanto como el saber dista del poseer, la gnosis de la adquisición. Porque, como dice san Gregorio: hablar sobre Dios no es lo mismo que hablar con Dios.

Esta diferencia entre θεοπτία zeptía y teología san Gregorio Palamás se vio obligado a defenderla con insistencia contra quienes negaban la posibilidad de la visión de la divina luz increada. Barlaam, Akíndinos y los demás antihisijastas entendían la θεοπτία como una simple percepción intelectual de Dios, es decir, reducían la teología a un trabajo racional e intelectual. Por eso, en su segunda epístola a Barlaam escribe de manera tajante: «La θεοπτία se distingue de la teología».

Y en su Cuarto Logos contra Akíndinos, apelando también a san Gregorio el Teólogo, afirma: «Akíndinos no ha visto ninguna diferencia entre θεοπτία y teología, porque ignora que aquella visión y expectación es superior a toda teología, y no es percepción o sensación ni comprensión intelectual, sino energía increada inefable, vista invisiblemente y comprendida agnósticamente (sin saber cómo, desconocidamente), por aquellos que han sido hechos dignos de “ver y padecer el esplendor de Dios”».7

7. De todo lo anterior se deduce que san Gregorio Palamás es el santo que vivió la teología y teologizó desde la experiencia vivida. Aún más claramente: para san Gregorio, la teología es “padecer las realidades divinas”, tal como decía san Gregorio el Teólogo: «Estar continuamente adquiriendo a Dios, convirtiéndose en posesión y heredad de Dios».

Para él, la teología culmina en la oración incesante, que conduce a la θεοπτία, según la célebre sentencia de Evagrio —atribuida por la tradición a san Nilo: «Si eres teólogo, orarás verdaderamente; y si oras verdaderamente, eres teólogo». (ver aquí: https://logosortodoxo.es/oracion/filocalia-1-san-nilos-el-asceta-153-reflexiones-sobre-la-oracion-del-corazon/

Esta interrelación viva y coexistente entre teología y oración, teología y experiencia, constituye el mensaje de san Gregorio Palamás para nuestra época.

Hoy, si nuestra Teología padece de algo, no es por falta de teólogos -gracias a Dios, las Escuelas teológicas están llenas- ni por falta de escritos teológicos —gracias a Dios, las ediciones se suceden una tras de otra y uno no tiene tiempo de observarlas todas. La gran enfermedad de nuestra teología hoy es su autonomización, su consideración y valoración independiente de su principio vivificador, que es la experiencia espiritual, y su racionalización y mundificación o secularización (institucionalización como una nomenclatura de leyes mundanas), que ocurre cuando se aparta de su lugar natural: la Iglesia Ortodoxa.

Una teología mundanizada puede sentirse cómoda en los salones cósmico-mundanos y considerar como ambiente suyo y familiar las universidades de Occidente; pero, juzgada según las medidas y los patrones de san Gregorio Palamás y colocada en el lugar espiritual ortodoxo, parece más bien una charlatanería de silogismos y razonamientos sutiles sobre Dios, que constituyen una kakofonía molesta, si no se la conoce o se la desprecia como una simpleza insignificante.

8. En nuestra época, para que uno sea teólogo es muy fácil. Y siempre lo fue.
Pero ¿realmente uno es teólogo solo por tener un certificado escrito, un título de una escuela teológica?

Los Padres, y en primer lugar san Gregorio Palamás, contestan categóricamente: no. Para san Gregorio, la verdadera teología es la θεοπτία zeoptía, la visión y expectación divina. Los pocos que tienen esta experiencia son realmente teólogos. Para el resto de nosotros, los supuestos teólogos, queda pendiente la lucha para que nuestra teología llegue a ser vivida y empírica.

No hace falta alargar mi logos (discurso) desarrollando dónde y cómo se adquiere esta experiencia y vivencia. Está claro que el espacio donde se encuentra atesorada la χάρις jaris —la gracia, energía increada de Dios—, donde se adquiere la experiencia de Dios y donde se vive Dios, es la Iglesia Ortodoxa. La teología fuera de la Iglesia es, según dijo un antiguo teólogo, una piedra fría, si no un veneno mortal. Eventualmente puede ser irreprochable desde el punto de vista académico, pero no se diferencia de un museo o de un centro anatómico.

Solo en la Iglesia Ortodoxa la teología encuentra su plenitud y el propósito o la finalidad de su existencia. Esto no reduce su condición científica; al contrario, le proporciona material para su trabajo, guía el método de su investigación y la conduce a su meta, que es la finalidad misma de su trabajo.

Precisamente porque nuestra época es profundamente mundanizada o secularizada, racionalizada e institucionalizada, y materialista, tiene una necesidad urgente de la teología ortodoxa. Pero una teología meramente intelectual y racional es débil: no puede dar respuestas ni soluciones a las preguntas existenciales y a los problemas del mundo contemporáneo. La teología debe ser vivida y experimentada, servidora de la obra de la Iglesia, trabajo de psicoterapia espiritual, sanación, salvación y zéosis del hombre.

Una teología de este tipo es la que hace falta en nuestra época: una teología que pueda estar al lado del hombre como ayudante y Paráclitos (consolador e intercesor), protectora y conductora.

Este es el mensaje de san Gregorio Palamás para nuestra época.

Georgios Galitis. Profesor de la Universidad Teológica de Atenas

Sumarios de los Congresos Internacionales de Atenas y Limassol (Chipre)

Traducción: Χρῆστος Χρυσούλας logosortodoxo.es/

 

 

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