San Dionisio el Areopagita, y su carta a San Pablo sobre su conocimiento con la Panaghía Zeotokos en vida.

San Dionisio el Areopagita, y su carta a San Pablo sobre su conocimiento con la Panaghía Zeotokos en vida.

 

Hoy, 3 de octubre, la Santa Iglesia celebra la memoria de San Dionisio el Areopagita, discípulo de San Pablo en el Areópago de Atenas y patrono de los jueces.

La ciudad de Atenas puede presumir de la gran cantidad de santos que ha producido a lo largo de los siglos. Especialmente debe sentirse orgullosa de San Dionisio el Areopagita, quien está considerado uno de los grandes Padres y Jerarcas de nuestra Iglesia Ortodoxa.

Nació en Atenas hacia el 10 a.C. y pertenecía a una destacada familia aristocrática ateniense, la cual se encargó de educarlo en las grandes escuelas filosóficas de la ciudad, que, como toda Grecia en ese tiempo, estaba bajo dominio romano, pero aún conservaba su esplendor, disfrutando de ciertos privilegios, siendo el más importante el funcionamiento del Areópago. Dionisio estudió filosofía y se convirtió en un miembro destacado de la sociedad ateniense. De hecho, se le otorgó el cargo de uno de los nueve diputados miembros del Areópago.

Aunque vivía en una ciudad «desfigurada», donde el paganismo había corrompido la moral de los habitantes en su época, él vivía con prudencia y cultivaba sus virtudes innatas. Vivía como cristiano antes de ser cristiano. Todos lo admiraban y respetaban, pues en el ejercicio de sus funciones impartía justicia.

Hacia el 33 d.C., se trasladó a Heliópolis en Egipto para realizar estudios superiores. Una tarde primaveral, vio de repente que el sol se oscurecía, un denso manto de oscuridad cubría toda la tierra y la tierra se sacudía por un fuerte terremoto. El Θεάνθρωπος (zeánzropos) Dios -Hombre Redentor sufría en Palestina, y por eso toda la creación se estremecía. El piadoso Dionisio se sorprendió ante este evento sobrenatural y exclamó: «¡O un dios está sufriendo, o todo se destruye!» De hecho, anotó la fecha, el día y la hora en que ocurrió este conmovedor suceso, que quedó grabado profundamente en su alma y deseaba una explicación.

Después de completar sus estudios, regresó a Atenas y volvió a su puesto en el Areópago, administrando justicia. Hacia el 49 d.C., llegó a Atenas un predicador entusiasta de una nueva religión. Era el apóstol Pablo, quien fue invitado por los atenienses a exponer sus «semillas filosóficas» desde el atril del Areópago. Allí, el gran apóstol proclamó a los atenienses sobre el «Dios Desconocido» que adoraban, aunque lo ignoraban. Entre los oyentes estaba también Dionisio el Areopagita. El resultado inmediato de aquel maravilloso kerigma fue modesto. Solo creyeron Dionisio, una mujer llamada Damaris y algunos otros, como se relata en el libro de los Hechos de los Apóstoles (capítulo 17).

El kerigma del Apóstol de las Naciones causó una gran impresión en el piadoso Dionisio, quien aceptó el logos de Dios, el cual comenzó a dar frutos en su bondadosa psique-alma. Entonces invitó a Pablo a su casa, donde pidió saber más sobre la nueva fe. Cuando Pablo le narró los conmovedores eventos de la Pasión Divina, recordó los hechos sobrenaturales que había presenciado en Egipto. Se convenció de que el Dios que sufría era Cristo, el único Dios verdadero. Inmediatamente pidió ser bautizado, junto con su familia. Esta decisión llevó a muchos otros atenienses a rechazar la religión pagana y a ser bautizados, constituyendo así la primera Iglesia en Atenas, cuyo primer obispo fue el santo Ierotheo, un piadoso ateniense.

Dionisio se dedicó cuerpo y alma a la Iglesia de Cristo. Ahora, las virtudes que vivía no eran meros principios teóricos, sino la ley evangélica. De hecho, después de la muerte del santo Ierotheo, los cristianos atenienses exigieron que Dionisio fuera consagrado obispo de la ciudad. Como obispo de la gloriosa Atenas, trabajó con celo en el desarrollo de la Iglesia local. En pocos años, convirtió a numerosos paganos a la nueva fe.

Según la tradición, fue a Jerusalén para conocer y venerar a la Madre del Señor. Posteriormente predicó en varios países y luego regresó a Atenas. Durante la dormición de la Θεοτόκος Zeotokos (Madre de Dios), también fue arrebatado en una nube, como los santos apóstoles, y estuvo presente en su funeral.

Tras haber pastoreado durante muchos años en el episcopado de Atenas, consideró que debía continuar el resto de su vida como misionero. Fue a Occidente y se estableció en París, donde construyó una pequeña Ιglesia, que se convirtió en el centro de su misión. Predicó con fervor y celo entre los paganos de la región, muchos de los cuales abandonaron sus ídolos y adoptaron la fe en Cristo, fundando y consolidando una Ιglesia fuerte en el corazón de Europa.

Sin embargo, en esos años estaban en pleno auge las terribles persecuciones contra los cristianos por parte de los romanos paganos. Miles de fieles eran arrestados, torturados y ejecutados de las maneras más atroces y dolorosas. La actividad del santo obispo de París fue conocida por las autoridades romanas, y fue denunciado por los despiadados sacerdotes paganos druidas, quienes, entre otras cosas, realizaban miles de sacrificios humanos anualmente a sus sanguinarios dioses demoníacos. Lo denunciaron al emperador Domiciano (82-96), acusándolo de rechazar el culto al emperador y de no adorar a los «dioses» del imperio, incitando también a los ciudadanos a hacer lo mismo. Fue arrestado y llevado ante el gobernador local, quien intentó, primero con halagos y luego con amenazas, que renunciara a su fe. Dionisio, con un heroísmo sin precedentes y con valentía, denunció su fe pagana, que veneraba «dioses» salvajes, malvados e inmorales.

Tras su valiente defensa, se decidió su condena a muerte. Sería decapitado junto con sus heroicos seguidores Rústico y Eleφterio. Pero tras ser decapitado, ocurrió lo inesperado: el santo, sin cabeza, se inclinó, tomó su cabeza entre las manos y caminó dos millas, llenando de asombro a sus verdugos. Encontró a una mujer piadosa llamada Κatula, a quien entregó su cabeza. Ella se encargó de enterrarlo a él y a los otros dos mártires cerca de París. Su venerada reliquia de su cráneo se encuentra hoy en el Monasterio de Dojiaríu en el Monte Athos.

La memoria de San Dionisio, junto con los otros dos mártires, se celebra el 3 de octubre.

En nombre de San Dionisio, aparecieron después importantes escritos de gran valor teológico. Se trata de los célebres «Escritos Areopagíticos», que se convirtieron en la base de la teología mística de nuestra Iglesia.

Hoy, al honrar a San Dionisio el Areopagita, patrón de los jueces, recordamos también su fidelidad a San Pablo, su encuentro con la Panaghía Theotokos y su testimonio como filósofo cristiano y verdadero discípulo de Cristo-Dios.

¡Que por sus oraciones tengamos todos luz, discernimiento y paz en nuestra psique-alma!

Lámpros Skontzos, teólogo de Atenas

Carta de san Dionisio el Areopagita a San Pablo sobre la Panaghía Zeotokos.

 

Encuentro de San Dionisio el Areopagita con la Panaghía Zeotokos en vida
(Epístola de San Dionisio a San Pablo. Tres años después de su conversión, San Dionisio visitó a la Παναγία (Panaghía: Santísima, la más santa) Θεοτόκος (Zeotokos: madre de Dios, la que da a luz a Dios) en Jerusalén, en la casa de San Juan el Evangelista, quien la acogía allí desde la Asunción del Señor. A continuación, transcribo sus logos traducidos.)

Cuando San Dionisio el Areopagita se encontró con nuestra Panaghía, confesó lo siguiente: «No creía, lo confieso ante el Señor, oh admirable Conductor y Pastor nuestro, que, además del Altísimo Dios, podría haber alguien más lleno del poder divino, de la fuerza de la jaris (energía increada) divina. Pero ningún ser humano puede imaginar lo que vi y entendí, no solo con mis ojos espirituales, sino también con los físicos.

Así que vi con mis propios ojos físicos y psíquicos o espirituales a la Madre de nuestro Señor Jesús, teomorfa (como una figura divina) y más santa que todos los espíritus celestes. Fue un regalo de la jaris de Dios y de la condescendencia del pilar de los Apóstoles, Juan, así como de la infinita bondad, agapi, caridad, misericordia y simpatía de la misma Virgen.

Confieso, una y otra vez, ante el Dios Todopoderoso, frente al muy bondadoso Salvador y ante Su gloriosa, honorable y querida Madre, que cuando el jefe de los evangelistas y profetas, Juan, me condujo ante ella, la venerable, santísima y teomorfa Virgen María, aunque ella vivía en carne, brillaba y resplandecía como el sol en el cielo. Me envolvió un esplendor divino, un resplandecimiento intenso e inalterable que iluminaba no solo externamente, sino también internamente, junto con un aroma sobrenatural y maravilloso que alternaba constantemente.

Ni mi espíritu ni mi débil cuerpo pudieron soportar tantas y tan intensas señales o signos que constituían un anticipo de la bendición, la bienaventuranza y la doxa (gloria o luz increada) eternas. Mi corazón quedó paralizado, y casi apagó mi espíritu por la divina doxa-gloria y gracia (luz y energía increadas). Afirmo ante Dios que, si no hubiera mantenido en mi corazón y en mi recién iluminado νούς (nus: espíritu del corazón de la psique), Sus divinas enseñanzas e inspiración, habría considerado a la Virgen como un dios o diosa y la habría venerado tal y como veneramos al único Dios verdadero.

Porque ningún νούς nus puede imaginar a un hombre glorificado por la doxa-gloria de Dios superior a la doxa-gloria que fui digno de experimentar, yo, el indigno. Agradezco a mi Dios supremo y bondadoso, a la Virgen María, al pilar de los apóstoles Juan, así como a usted, la más alta y célebre cabeza de la Iglesia, quien me reveló con caridad tal beneficencia.”

 

Oración de San Dionisio el Areopagita:

«Trinidad supraesencial, supradivina y suprabondad, maestra que supervisas la divina sabiduría cristiana, guíanos a la supradesconocida y suprailuminada cima más alta de los logos de las Escrituras; allí donde están cubiertos en la hisijía-silencio los misterios de la teología y se apocaliptan-revelan, simples, absolutos e inmutables; llévanos al suprailuminado γνόφος gnofos del silencio místico -hisijía que con su profunda oscuridad suprailumina con su luz increada, y permaneciendo intocable e invisible, inunda con hermosísimos fulgores a los ángeles y a nuestros ciegos nus (espíritu de la psique)».
– San Dionisio el Areopagita
(Esta oración refleja una profunda experiencia espiritual del Santo, la cual personalmente me inspira y ayuda mucho.)

¡Doxa, gloria y gracias a Cristo Dios por Su Santo Dionisio el Areopagita!
(Mi santo protector e intercesor en mi enfermedad, quien me psicoterapió y me sanó. Desde niño, cuando leí sobre la llegada de San Pablo a Atenas y el seguimiento de San Dionisio el Areopagita, este acontecimiento me ha acompañado desde entonces. Recuerdo que mi deseo siempre fue seguir las huellas de San Dionisio, el verdadero psicoterapeuta, médico y filósofo cristiano, de Cristo Dios-Hombre.)

*Con el texto y la oración de San Dionisio el Areopagita que se presenta arriba (y existen muchas más demostraciones originales en griego), quedan silenciadas las bocas de los erráticos o heréticos que blasfeman contra la Santa Trinidad y la Panaghía Zeotokos. Esto demuestra, desde el principio, antes de ser compuesto el Nuevo Testamento, que esta creencia fue parte de los primeros cristianos (que muchos mencionan sin conocer la historia real, sino que creen en las invenciones de los líderes de sus sectas), transmitida a través de la Santa Parádosi (Transmisión, Tradición) divina y única de la Santa Iglesia Católica Apostólica Ortodoxa. La Santa Iglesia y la Santa Parádosi son como dos caras de la misma moneda, y ambas son equivalentes a la Santa Escritura, que es entregada y transmitida por la Santa Parádosi de la Santa Iglesia.

Además, la Zeotokos, la Mujer Jefa y Madre (espiritual) de los cristianos, estuvo presente en todos los acontecimientos importantes, como también con Su HUMILDAD divina y silencio, y presidió el I Sínodo Apostólico (Hechos 15:1–29)…

Παράδοση (Parádosi): Tradición Santa, Una, Única y Ortodoxa, que παρέδωκε (paredoke,) transmitió y entregó en nosotros el ΠΑΡΑΔΕΙΣΟ (Paradiso, Paraíso – Génesis 2:8), bajo la supervisión del Espíritu Santo… DE LA SANTA IGLESIA CATÓLICA, APOSTÓLICA ORTODOXA Y PATRÍSTICA, LA DE LOS 12 APÓSTOLES…
Parádosi, Paredoxe, Paradeison. Ver http://www.logosortodoxo.com/teologia-ortodoxa/santa-tradicion-de-la-una-santa-iglesia-catolica-apostolica-ortodoxa/

Χάρις (jaris) Gracia divina increada de Cristo Dios-Hombre, de la Θεοτόκος Zeotokos y Sus Santos/as, para todos, y no des-gracia humana creada!!!

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