Introducción a la Filocalía de los Santos Nípticos, Theoklitos Dionysiatis, Athos

Introducción a la Filocalía de los Santos Nípticos, Theoklitos Dionysiatis, Athos

 

El sabio **Yérontas Theóklitos Dionysiátis** el Aghiorita fue una de las figuras espirituales más importantes del Monte Athos en el siglo XX. Nació en 1916 en en el famoso Náfpaktos (Lepanto) y falleció el 20 de enero de 2006. Desde temprana edad se dedicó a la vida espiritual, buscando refugio en el Monte Athos, donde se unió a la hermandad monástica del **Monasterio de Dionisio**. Allí desarrolló una rica actividad tanto espiritual como literaria.

El Yérontas Theóklitos fue conocido por su profundo conocimiento teológico y sus escritos, que han influido a muchos fieles y monjes. Fue defensor de la teología patrística y de la tradición hisijasta, y escribió numerosos libros y artículos que abordan la espiritualidad ortodoxa y la vida monástica. Su obra y orientación espiritual constituyen un importante legado tanto para el mundo del Monte Athos como para la Ortodoxia en general.

Su amor por la oración, la humildad y la vida ascética convirtió al Yéronta Theóklitos en una figura inspiradora para todos los creyentes. Su obra sigue viva, y su legado continúa inspirando a quienes buscan la verdad y la pureza espiritual.

Introducción a la Filocalía de los Santos Nípticos, Theoklitos Dionysiatis

Los santos Padres dicen que Dios prepara «de lejos» Sus grandes obras. De hecho, Él prevé y prepara el encuentro de dos adecuados «instrumentos» del Espíritu para ofrecer a Su pueblo la sofía-sabiduría espiritual acumulada de Sus elegidos, que corría el riesgo de desaparecer en las polvorientas y carcomidas bibliotecas manuscritas de los sagrados Monasterios.

Se trata del encuentro, amistad y colaboración entre San Macario de Corinto y San Nicodemo el Aghiorita de la isla de Naxos, que constituye un hito bendito para la literatura eclesiástica, gracias al enriquecimiento de la Iglesia con un gran número de valiosos escritos que surgieron de la colaboración de este sagrado «dúo».

Como se desprende de la vida de San Nicodemo, después de una estancia de dos años en el Monasterio de San Dionisio, partió en 1777 hacia las Karyes del Monte Athos, donde se encontró con San Macario, obispo de Corinto, depuesto por los turcos debido a la participación de su familia de origen bizantino, los Notarás, en la revuelta de 1770. Allí, San Macario le entregó manuscritos de antologías de textos patrísticos (monásticos, ascéticos, hisijastas, teológicos) para que los preparara para su publicación.

Los textos fueron copiados aparentemente de códices manuscritos de los Monasterios del Monte Athos, pero no hay datos que esclarezcan si San Nicodemo añadió o eliminó algo de los textos seleccionados. En cualquier caso, el divino Nicodemo, después de corregir filológicamente los textos, los comparó críticamente con otros códices, añadió algunas de sus propias observaciones en los márgenes, escribió el Prólogo y las breves biografías de los autores, y entregó la obra completa a San Macario después de dos años. A continuación éste último recurrió al conocido y noble príncipe de Moldavia y Vlaquia, Juan Mavrocordato, a quien encontró en Esmirna y que asumió los costos de la publicación.

A estos textos, que en su totalidad expresan la agapi-amor incondicional al bien y en un sentido espiritual, identificado con la bondad, se les dio el título de ««Φιλοκαλία Filocalía», con la declaración explicativa de que esta amistad y agapi por el bien y la bondad, en estos altos niveles espirituales, pertenece a los «Santos Nípticos», es decir, a esos santos Padres ascéticos que alcanzaron el estado divino de la nipsis, la vigilancia y la continua atención de su νούς nus divinizado o glorificado. En un volumen de gran formato, la Filocalía vio la luz en Venecia en 1782, brillando como un faro espiritual para toda la Ortodoxia helenófona de habla griega.

Más tarde, el conocido hieromonje ruso Paísio Velichkovsky tradujo toda la Filocalía al eslavo, convirtiéndose en la delicia de los monjes ortodoxos y los pueblos eslavos. Paísio fue seguido por Teófano de Tambov alrededor de 1877, pero este gran asceta innovó eliminando toda la obra del hieromártir Pedro de Damasco, los Capítulos de Kallistos Katafygiotis y los Capítulos Prácticos de San Gregorio Palamás, reemplazándolos con textos más prácticos de los santos Efraín el Sirio, Barsanufio, Juan de la Escalera y las Catequesis de Teodoro el Estudita.

La Filocalía, basada en la edición de 1782, fue impresa en Atenas en dos volúmenes por Panag. Tzelatis en 1893, añadiendo también los «Capítulos sobre la Oración» del Patriarca San Kalistos. Después de la Segunda Guerra Mundial, se tradujeron fragmentos de la Filocalía al alemán, inglés y francés en Occidente, mientras que en Rumania esta gran obra fue traducida en su totalidad por el conocido teólogo padre Dimitri Staniloae, quien adornó los textos traducidos con comentarios teológicos y los publicó en 10 volúmenes.

También, para información bibliográfica, debe mencionarse que E. Kadloubovsky y G.E.H. Palmer publicaron en inglés dos volúmenes de la edición rusa, con textos seleccionados de la Filocalía, mientras que el p. Jean Gouillard publicó una antología en francés titulada «Petite Philocalie de la Priere du Coeur», con temas referentes a la oración del corazón o noerá o de Jesús, más bien oración del corazón, todos tomados del original griego. Estas publicaciones hicieron que tanto la oración del corazón como la tradición ascética y mística de la Ortodoxia fueran más conocidas en el mundo occidental, fomentando un gran interés por la vida espiritual ortodoxa.

En las ediciones de la Filocalía en griego, también debe incluirse la edición de la editorial «Astir», de los hermanos Alexios y Evangelos Papadimitriu. Se trata de una verdadera hazaña editorial de amor y dedicación, que debe reconocerse como una contribución significativa al pueblo de Dios de la ortodoxia helenófona de habla griega en una época llena de confusión espiritual debido a la invasión de corrientes occidentales en el ámbito ortodoxo.

Hace casi veinte años, esta editorial, alentada por factores de la Iglesia, decidió publicar la edición de acuerdo con los textos de Venecia de 1782. Sin embargo, aquella edición tenía imperfecciones, principalmente en la puntuación y en errores tipográficos, y no estaba exenta de algunos errores gramaticales y léxicos. Se reclutó entonces al diácono p. Epifanios Theodoropoulos, quien asumió la responsabilidad de la edición.

Así, la Filocalía resurgió «vestida», libre de errores diversos; se numeraron los textos que no tenían párrafos y, lo más importante, se rastrearon casi completamente las referencias a las Sagradas Escrituras y se incluyeron las citas correspondientes. Desde entonces, la Filocalía se ofrece en cinco volúmenes elegantes, atractivos, con bicolor, bellos adornos bizantinos, viñetas, los santos autores representados en dibujos lineales, y en el quinto volumen se incluye un extenso índice. Hasta ahora, la Filocalía de «Astir» cuenta con cuatro ediciones, lo que demuestra su impacto en nuestro pueblo ortodoxo.

Pero el tiempo y las condiciones siguen su curso, acompañados de cambios y transformaciones. En particular, ha habido cambios significativos en el lenguaje. Por lo tanto, es natural que el idioma de la Filocalía cause problemas de comprensión, menos agudos hace veinte años, más graves ahora y aún más severos en el futuro. Desde hace muchos años se ha entendido que los textos patrísticos deben hacerse accesibles al amplio público ortodoxo mediante una simplificación lingüística, lo que motivó a varios a emprender tal labor, específicamente para toda la Filocalía. Sin embargo, la tarea requería tiempo, habilidad y un gusto afín a las experiencias patrísticas. Quien asumió el esfuerzo de esta empresa fue el ya difunto juez Ant. G. Galitis, padre del profesor universitario de teología George Galitis, quien con sentido de responsabilidad, amor y gusto por los textos espirituales, llevó a buen término esta gran obra.

Yo personalmente tuve la oportunidad de leer hace ocho años la maravillosa labor de traducción de este juez, a quien conocí personalmente, y explicar cómo un servidor de la Justicia logró acercarse al espíritu de los santos Padres y reproducir con tanta precisión los finos y sutiles conceptos y significados espirituales de sus experiencias. El bienaventurado difunto fue desde su juventud un amante de los monjes y los monasterios y siempre se deleitaba en la Filocalía. Este elemento, junto con su innata sensibilidad ortodoxa, otorgada por su vida espiritual cristiana, explican la exitosa traducción de los textos filocálicos a un lenguaje sobrio y moderno, emprendida años atrás con el deseo de transmitir al amplio público ortodoxo los tesoros espirituales de los Padres.

Dios, posteriormente, dispuso también para el beneficio de los fieles la publicación de la Filocalía traducida a un lenguaje más simple. Esta labor lista para su publicación fue asumida por el relativamente nuevo editor de libros, el Sr. Nikolaos Jitoglu. Movido por un fervor divino, quiso ofrecer este monumental compendio de las más elevadas experiencias en el Espíritu Santo al pueblo ortodoxo helenófono de habla griega, sin calcular beneficios comerciales. Así, esta gran obra, que para muchos hermanos es un «jardín cerrado y una fuente sellada» debido al lenguaje, se convertirá en propiedad del público en general.

En cuanto a la importancia de las obras antologadas de los Santos Nípticos, repetiremos, junto con San Nicodemo el Agiorita, que la Filocalía es “…tesoro de la nipsis, sobriedad y vigilancia, custodia y talismán del νούς nus, escuela secreta de la oración del corazón o noerá-espíritu, una excelente guía para la educación práctica, un guía infalible de la θεωρία zeoría contemplación espiritual, el Paraíso patrístico, la cadena dorada de las virtudes, la ocupación continua con el nombre de Jesús, la trompeta que trae de nuevo la χάρις jaris (gracia, energía increada), y el anhelado instrumento de la θέωσις zéosis…”.

Estos términos se refieren principalmente a la oración del corazón o espiritual del nus. Y como se evidencia en todo el Prólogo de San Nicodemo, el objetivo de los editores de la Filocalía era promover esta oración, algo que se confirma no solo en otras obras de San Nicodemo, sino también en la práctica continua de la oración cordial o espiritual que ambos santos ejercieron durante toda su vida. Así, vemos en imágenes auténticas de San Macario que, a pesar de ser obispo, se le representa con vestimenta monástica, con el komboskini (tipo de con nudos) en la mano y con la santa cabeza ligeramente inclinada hacia la izquierda, como es habitual entre los practicantes de la oración cordial y espiritual. Por su parte, San Nicodemo, en los últimos momentos de su vida terrenal, repetía la oración monológica en voz alta, porque ya no podía decirla en silencio debido al debilitamiento de su νούς nus (espíritu de la psique), como él mismo decía.

Sin embargo, la Filocalía no solo enseña la oración cordial y espiritual, sino también la totalidad de la experiencia espiritual de los santos Padres en todas las dimensiones de los movimientos del νούς nus y el corazón. Refleja los destellos y las iluminaciones del Espíritu Santo sobre las psiques-almas puras de los Santos, como «fruto del Espíritu», así como los ecos de las batallas con los demonios invisibles, los πάθος pazos reprochables y los encantos del mundo.

Aunque la Filocalía, como colección de textos patrísticos, no agota toda la riqueza de la literatura patrística, queda claro que representa solo una parte de esta y de algunos santos Padres en particular. Sin embargo, representa plenamente las variadas experiencias espirituales, ascéticas, hisijásticas y teológicas de los divinos Padres de la Ortodoxia, que se distinguen por su unidad en lo esencial y su peculiaridad, gracias a la individualidad de cada uno. Por ello, se observan algunas particularidades en los medios ascéticos, en los métodos de trabajo espiritual, en el énfasis en ciertas virtudes y en el alcance espiritual y contemplativo de cada uno.

En el ámbito de los santos Padres, realmente observamos distinciones debidas a diferencias en su origen natural, educación, carácter, receptividad de los dones, que determinan sus peculiaridades, ya que, como dice San Máximo el Confesor, “el Espíritu Santo actúa según la disposición subyacente en la psique-alma” y que, “ni actúa la sabiduría, ni el logos con la palabra en el νούς nus que no es receptivo a la sabiduría y el logos”, lo cual significa que deja intacta la libertad de la psique-alma y que el Espíritu Santo actúa de acuerdo con los elementos naturales y adquiridos de cada uno.

Esto explica la variedad, las peculiaridades y los diversos movimientos del νούς nus (espíritu de la psique) de los santos Padres, como se evidencia en la Filocalía y en textos no incluidos en esta colección. El Espíritu Santo, para la edificación de la Iglesia, distribuye los dones o carismas según la capacidad receptiva de sus portadores y sus peculiaridades, como se ha dicho, sin que se rompa la unidad de su enseñanza en lo esencial, mientras que paralelamente «luchan legítimamente», con ayunos, vigilias y oraciones, con profunda humildad, con lágrimas de μετάνοια metania y agapi-amor y «con gemidos profundos».

Este modo de entrenamiento ascético y ejercicio espiritual genuinamente ortodoxo produce «gnosis-conocimiento» verdadera, porque en la psique-alma que ha hecho la catarsis, purgada y purificada resplandece la luz increada de la χάρις jaris gracia increada del santo Bautismo y habita el Paráclitos (Suplicador, Consolador), quien opera las iluminaciones y la unión mística, secreta con Dios. Y porque el Espíritu es unificador, «dividiendo los dones o carismas», la unidad en la enseñanza de los santos Padres es palpable y se evidencia también en la variedad de dones, carismas y características personales.

Se debería notar aquí que la unidad espiritual de los Santos, llamada «consenso de los Padres», constituye el criterio supremo de la verdad, con el cual se examinan las falsificaciones y las medias verdades que introducen en el recinto de la Iglesia aquellos «que tienen apariencia de piedad, pero han negado su poder y fuerza» (2 Tim. 3,5) y causan confusión entre los fieles que aún no tienen los sentidos espirituales entrenados para discernir el bien. La gran y eterna herida para la Iglesia es el racionalismo latente, las fantasías arbitrarias, los razonamientos y silogismos psíquicos o emocionales que no provienen del «ejercicio legítimo», es decir, de la «praxis, práctica», que es la condición previa para la «ascensión» a la θεωρία zeoría contemplación. Y la «θεωρία contemplación desenfrenada conduciría al precipicio», dice Gregorio el Teólogo.

Desde este punto de vista, la Filocalía, como enseñanza codificada de los santos Padres en todas las dimensiones de la vida espiritual y la teología, es una verdadera bendición de Dios, porque forma piadosamente, corrige santamente, señala al «que se disfraza como ángel de luz», otorga la certeza de la verdad «en χάρις jaris (gracia, energía increada)», guía a la μετάνοια metania, provoca la humildad, cultiva la doble agapi-amor, psicoterapia, purga, purifica y sana la psique alma, ilumina el corazón, diviniza la νούς nus y une al hombre con Dios en una comunión amorosa según la logos de Cristo: «Yo en vosotros y vosotros en mí» (Jn. 14,20).

Puede observarse que la Filocalía está dirigida principalmente a los monjes, pero replicaremos que también es accesible y beneficiosa para los no monjes. Porque contribuye a la formación de la psique-alma ortodoxa, y por lo tanto la protege del moralismo, que genera autosuficiencia «en las cosas mínimas», vanagloria y vana presunción. Además, ofrece abundantes elementos espirituales para vivir en el mundo, dado el orden jerárquico según el cual «los ángeles son luz para los monjes, y los monjes son luz para los laicos».

Es justo y apropiado cerrar estas líneas con las palabras de San Nicodemo: «…Venid todos los ortodoxos, laicos y monjes, que buscáis encontrar el reinado de la Realeza increada de Dios que está dentro de vosotros, y el tesoro que está en el campo de vuestro corazón, es decir, el dulce Jesús Cristo, con el propósito de que, una vez liberado vuestro νούς nus (espíritu de la psique) del cautiverio en lo terrenal y de su desordenada dispersión, y purgado, purificado y psicoterapiado el corazón de los πάθος pazos por la continua y temible invocación de nuestro Señor Jesús Cristo, con la cooperación de las demás virtudes enseñadas en este libro, os unáis primero con vosotros mismos y a través de vosotros mismos con Dios, según la súplica del Señor Jesús al Padre, que dijo: “para que sean uno, como nosotros somos uno”. Y así, unidos con Dios y completamente transformados por la divina energía increada y el éxtasis del divino έρως eros (amor ardiente), seréis divinizados al nivel más alto, con un sentido espiritual, una percepción intelectual y una certeza indudable, regresando al propósito original de Dios, que era la divinización del hombre, para glorificar al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, la única Divinidad suprema, a quien se debe toda doxa-gloria, honor y adoración por los siglos de los siglos. Amén.»

Traducido por jJ Jristos Jrisulas, xX Χρῆστος Χρυσούλας  logosortodoxo.es/

 

 

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